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Hypnos y Thánatos: la muerte como sueño en la Consolatio ad Apollonium

González-González, María Marta

Abstract

La pareja de hermanos Sueño y Muerte (Hypnos y Thánatos), con una personificación mayor del primero que del segundo, aparece ya en los poemas homéricos. La iconografía está bastante fijada a finales del s. IV a.C. y, gracias a las representaciones en la pintura de vasos, es especialmente célebre el episodio en el que los dos hermanos retiran del campo de batalla el cadáver de Sarpedón. En el texto de Plutarco Consolatio ad Apollonium 107C-107E no estamos ante un simple recurso poético basado en la imagen mítica de los gemelos hijos de la Noche. Se trata de algo diferente, entre comparación e identificación, y supone unas creencias escatológicas que permiten al autor establecer la conexión entre Hypnos y Thánatos contando con un tercer elemento: Psyche.

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Marta González González Hypnos y Thánatos: la muerte como sueño en Consolatio ad Apollonium La pareja de hermanos Sueño y Muerte (Hypnos y Thánatos), con una personificación mayor del primero que del segundo, aparece ya en los poemas homéricos. La iconografía está bastante fijada a finales del s. IV a.C. y, gracias a las representaciones en la pintura de vasos, es especialmente célebre el episodio en el que los dos hermanos retiran del campo de batalla el cadáver de Sarpedón. En el texto de Plutarco Consolatio ad Apollonium 107C-107E no estamos ante un simple recurso poético basado en la imagen mítica de los gemelos hijos de la Noche. Se trata de algo diferente, entre comparación e identificación, y supone unas creencias escatológicas que permiten al autor establecer la conexión entre Hypnos y Thánatos contando con un tercer elemento: Psyche. 1. Símil y metáfora en Plutarco Consolatio ad Apollonium 107C-107E:  δ Σωκρτης παραπλσιον λεγεν εναι τν θνατον τοι τ βαθυττ πν  ποδημ μακρ κα πολυχρον  τρτον φθορ τινι κα φανισμ το τε σματος κα τς ψυχς, κατ’ οδν δ τοτων κακν εναι. Κα καθ’ καστον πεπορεετο, κα πρτον τ πρτ. Ε γρ δ πνος τς στιν  θνατος κα περ τος καθεδοντας μηδν στι κακν, δλον ς οδ περ τος τετελευτηκτας εη ν τι κακν. λλ μν γ’ τι διστς στιν  βαθτατος τ δε κα λγειν; Ατ γρ τ πργμα φανερν στι πσιν νθρποις, μαρτυρε δ κα μηρος π’ ατο λγων· Νγρετος διστος, θαντ γχιστα οικς. λλαχο δ κα τατα λγει·  νθ’ πν ξμβλητο, κασιγντ Θαντοιο κα· πν κα Θαντ διδυμοσιν, ψει τν μοιτητα ατν δηλν· τ γρ δδυμα τν μοιτητα μλιστα παρεμφανει. Πλιν τ πο φησι τν θνατον εναι «χλκεον πνον» τν ναισθησαν μν ανιττμενος. Οκ μοσως δ’ δοξεν ποφνασθαι οδ’  επν «τν πνον τ μικρ το θαντου μυστρια»· προμησις γρ ντως στ το θαντου  πνος. Πνυ δ σοφς κα  κυνικς Διογνης κατενεχθες ες πνον κα μλλων κλεπειν τν βον, διεγεραντος ατν το ατρο κα πυθομνου μ τι περ ατν εη χαλεπν, «Οδν,» φη· « γρ δελφς τν  δελφν προλαμβνει.» Sócrates decía que, en verdad, la muerte era semejante a un sueño muy profundo, o a un viaje a un lugar lejano y por largo tiempo, o, como tercera posibilidad, a una disolución y desaparición del cuerpo y del alma, no siendo un mal ninguna de estas tres cosas. Examinaba estos argumentos de uno en uno empezando por el primero. Así pues, si la muerte es un sueño y ningún mal les ocurre a los que duermen, es evidente que tampoco existiría ningún mal para los que han muerto. Es más, ¿no es cierto que el más dulce es el más profundo? Es un hecho evidente para todos los hombres y Homero también da testimonio de ello cuando dice “sueño profundo, dulcísimo, muy semejante a la muerte” (Od. 13.80). En otra parte también dice esto: “Allí se encontró con Hypnos, hermano de Thánatos” (Il. 14.231), y “Hypnos y Thánatos, hermanos gemelos” (Il. 16.672, 682), mostrándonos la semejanza de estos en su apariencia: los gemelos son evidentemente quienes más se asemejan. En otra ocasión dice que la muerte es “sueño de bronce” (Il. 11.341) aludiendo de manera enigmática a la pérdida de nuestras sensaciones. No me parece que habló falto de inspiración el que dijo que “El sueño son los Pequeños Misterios de la muerte”: en efecto, el sueño es para la muerte una iniciación previa. Y muy sabiamente el cínico Diógenes, hundido en un sueño y a punto de abandonar la vida, cuando el médico lo despertó preguntándole si experimentaba algo penoso, dijo: “en absoluto, es el hermano que precede a su hermano”. Empezando por el principio, la referencia a Sócrates es inexacta, y lo es justo en el punto que más interesa para esta discusión. En Apol. 40 C-41 B, Sócrates menciona dos posibilidades: o la muerte es no sentir nada o es un cambio de morada para el alma. Discute entonces las dos posibilidades (dos, no tres) y dice que si la muerte es no sentir (“cual un sueño”), nada malo hay en ello y, si se trata de un viaje a otro lugar, ¿qué mejor que ir a reunirse con Orfeo, Museo, Hesíodo y Homero? El sueño aparece solo como una imagen con la que comparar la primera alternativa, la de la muerte como pérdida de la capacidad de sentir. Plutarco cambia sustancialmente el argumento: pasa de la comparación (οον πνος) a la identificación (ε γρ δ πνος τς στιν  θνατος..., “si la muerte es un sueño...”), un salto muy importante. Sin embargo, lo hace como sin darse cuenta, e inmediatamente vuelve a la comparación citando ejemplos homéricos: “sueño profundo, dulcísimo, muy semejante a la muerte”. Da la impresión de que Plutarco no es muy consciente de la importante diferencia entre estas dos afirmaciones,“la muerte es como un sueño” (una comparación nacida de la experiencia cotidiana, que puede ser común a todas las épocas y culturas) y “la muerte es un sueño” (metáfora que implica –esa es mi hipótesisla creencia de que la muerte no es un final absoluto, una creencia que, por supuesto, no se instala de un día para otro sino que, desde una perspectiva diacrónica, podemos analizar en diferentes estadios de elaboración y fijación). En los siglos I-II d.C. el término “sueño” podía aparecer en el lugar de “muerte” sin que esa identificación llamara la atención; el propio Plutarco pasa del símil a la metáfora de manera irreflexiva, es decir, en el marco de una ya larga tradición de creencias acerca de la inmortalidad del alma. En el texto de la Consolatio encontramos, más adelante, casi al final del tratado, otro pasaje en el que reaparece el sueño (en este caso sueño-νειρος y también sueño- πνος) y que es fundamental para el estudio de las creencias escatológicas griegas. Se trata de 120D, donde transmite Plutarco las ideas de Píndaro acerca del destino del alma: el alma es el único elemento de origen divino en el hombre, duerme mientras el hombre está despierto y viceversa, y es lo único que sobrevive a la muerte. Sólo es enteramente libre cuando se libera del cuerpo. 2. Símil y metáfora en la epigrafía funeraria. Aproximación cronológica En Homero y Hesíodo la imagen que une muerte y sueño ya aparece, como símil y como metáfora. Al símil citado antes, recogido por Plutarco, (Odiseo duerme un dulce sueño muy parecido a la muerte, Od. 13.79–80, νδυμος πνος … θαντ γχιστα οικς) podemos añadir Hesíodo, Trabajos y Días: los hombres mueren como si cayeran en el sueño (θνσκον δ’ σθ’ πν δεδμημνοι, 116). También encontramos metáforas: Ifidamante, herido por Agamenón, se hunde en un sueño de bronce ( Il. 11.241, κοιμσατο χλκεον πνον), como Prómaco bajo el golpe de la espada de Acamante (14.482–3, Πρμαχος δεδμημνος εδει / γχει). Aunque desde un punto de vista formal podamos aplicar y mantener la distinción entre símil y metáfora, no parece que entre ambos usos haya diferencias de fondo; no hay una explicitación de la idea de la muerte como un sueño ni se descubre tras esas imágenes una creencia asentada sobre la inmortalidad. Pero la imagen del sueño no es la más común en la literatura griega para referirse a la muerte. Ya desde Homero lo más habitual es emplear el símil de un viaje, imagen que ya hemos visto que Plutarco también menciona. En Platón, cuya influencia en Plutarco es bien conocida, la imagen del viaje es la más empleada, la preferida por el autor, mientras que la muerte como sueño apenas se utiliza y cuando aparece no lo hace de manera explícita. En cuanto a la epigrafía funeraria, en principio resulta también un corpus adecuado para analizar la aparición y desarrollo de las metáforas relacionadas con la muerte, con el atractivo de que los epitafios reflejan las creencias más divulgadas y no necesariamente asociadas a doctrinas filosóficas o corrientes religiosas concretas. Un repaso, aún no exhaustivo, de los testimonios nos permitirá confirmar provisionalmente que la asociación muerte-sueño no es nada usual y sólo parece asentarse en el cambio de era. La identificación Muerte-Sueño (Thánatos-Hypnos), solo imaginable en el marco de unas creencias que consideren la inmortalidad del alma, se instaló con bastante lentitud tanto en los textos como en las imágenes. La afinidad entre Thánatos e Hypnos era clara desde Homero y Hesíodo, que los presentan como hermanos gemelos. En cambio, la identificación entre ambos, la afirmación “la muerte es un sueño” es resultado de un proceso en el que el sueño (Hypnos) y los sueños (oneiroi) son progresivamente vistos como fenómenos en los que el alma manifiesta su existencia y su carácter divino. El Sueño pasa entonces a asimilarse a la Muerte ya no sólo no por una semejanza natural (semejanza que puede motivar las comparaciones entre uno y otra en cualquier época y cultura) sino por representar ambos situaciones de transición hacia la esfera de lo divino. En Plutarco la identificación entre Hypnos y Thánatos aparece en la Consolatio ad Apollonium en dos lugares clave, al inicio y al final de su argumentación de que la muerte no es un mal. En la epigrafía funeraria la metáfora no había aparecido hasta época helenística, coincidiendo en el tiempo con una nueva costumbre, la de decorar algunas tumbas con Eros, otra divinidad alada, como Hypnos y Thánatos, con capacidad de “arrastrarnos”, pero que cumple la función de suavizar la imagen de la muerte.