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Self-fashioning y posicionamiento del poeta en las correspondencias éticas del primer Renacimiento

Marías Martínez, Clara

Abstract

En este artículo se reivindica el interés de la configuración del «yo lírico» en las epístolas éticas del primer Renacimiento, es decir, aquellas escritas en verso por autores nacidos antes de 1535, con un contenido que alterna la reflexión ética con la experiencia individual. A través del análisis de configuración psicológica, ética y literaria del «yo poético» se trasluce la auto-representación del poeta y su posicionamiento en la correspondencia establecida con otro poeta: si se proyecta como un ser humano feliz o desgraciado, virtuoso o errado, como un maestro poético o un aprendiz.

Full text

Sel - ashioning y posicionamien o del poe a en las co espondencias é icas del p ime Renacimien o1 Cla a Ma ías Fundación Ramón Menéndez Pidal / Uni e sidad Complu ense de Mad id [email p o ec ed] Recepción: 04/05/2016, Acep ación: 23/06/2016, Publicación: 23/11/2016 Resumen En es e a ículo se ei indica el in e és de la con igu ación del «yo lí ico» en las epís olas é icas del p ime Renacimien o, es deci , aquellas esc i as en e so po au o es nacidos an es de 1535, con un con enido que al e na la e lexión é ica con la expe iencia indi i- dual. A a és del análisis de con igu ación psicológica, é ica y li e a ia del «yo poé ico» se asluce la au o- ep esen ación del poe a y su posicionamien o en la co espondencia es ablecida con o o poe a: si se p oyec a como un se humano eliz o desg aciado, i - uoso o e ado, como un maes o poé ico o un ap endiz. Palab as cla e ep esen ación del yo; epís ola poé ica; yo lí ico; co espondencia; Diego Hu ado de Mendoza; Juan Boscán; Alonso Núñez de Reinoso; Tomás Gomes; Jo ge de Mon e- mayo ; Juan Hu ado de Mendoza; F ancisco Sá de Mi anda; Diego Ramí ez Pagán; C is óbal de Tama iz; Sánchez de las B ozas; Bal asa del Alcáza ; Gu ie e de Ce ina Abs ac Sel - ashioning and poe ’s a i ude in he e hical co espondances o he Ea ly Renaissance This a icle endea ou s o emphasize he in e es o he con igu a ion o he poe ic I ha he e hical e se-epis les o he ea ly Spanish Renaissance cons uc , ha is, hose w i en in 1. Es e a ículo es una eelabo ación de algunas secciones de mi esis doc o al inédi a «Pensamien- o clásico y expe iencia au obiog á ica en la epís ola poé ica del p ime Renacimien o», de endida en ene o de 2016. Mi in es igación se ha is o en iquecida, po an o, po las obse aciones de mi di ec o , Ál a o Alonso Miguel, y de los miemb os del ibunal (N. Ba anda, I. Díez Fe nández, T. Fische , P. Ruiz Pé ez y R. Sanma ín). Ag adezco además las suge encias de los e aluado es ex e nos de es e a ículo. S udia Au ea, 10, 2016: 15-76 ISSN 2462-6813 (papel), ISSN 1988-1088 (en línea) h p://dx.doi.o g/10.5565/ e /s udiaau ea.213 16 Cla a Ma ías S udia Au ea, 10, 2016 e se by au ho s bo n be o e 1535, whose con en in e mingles he e hical ideas wi h he indi idual expe ience. Th oughou he analysis o he psychological, e hical, and li e a y con igu a ion o he poe ic pe sona i is possible o show he sel - ashioning o he poe and i s a i ude owa ds ano he poe in he co espondance be ween hem: i i is p ojec ed as a sa is ied o despe a e human being, i uous o sinne , a poe ic mas e o app en ice. Keywo ds Sel - ashioning; e se-epis le, Poe ic I; co espondance; Diego Hu ado de Mendoza; Juan Boscán; Alonso Núñez de Reinoso; Tomás Gomes; Jo ge de Mon emayo ; Juan Hu ado de Mendoza; F ancisco Sá de Mi anda; Diego Ramí ez Pagán; C is óbal de Tama iz; Sánchez de las B ozas; Bal asa del Alcáza ; Gu ie e de Ce ina En an o, es o que he esc i o sólo ea ues a me ced, seño , sin que o o haga juïcio de es a hija obscu a y ea, ha o bas a que a os os sa is aga. «Respues a de Gu ie e de Ce ina a Bal asa del Alcáza »2 Es a in es igación su ge de la conside ación de que las epís olas é icas3 del p i- me Renacimien o4 son, den o de la poesía áu ea, un escena io p i ilegiado pa a es udia la p oyección o sel - ashioning5 que los poe as lle an a cabo a a es de la igu a del emiso o «yo epis ola », y el posicionamien o que supone la cons- 2. Ce ina (2014: 1138), . 220-223. 3. Pa a la de inición del subgéne o, emi o a mi esis doc o al, en la que empleaba la e ique a de «epís olas é icas y au obiog á icas», pa a di e encia las de las sa í icas, me ali e a ias, amo osas y de con idencia amo osa. Ag adezco a Ped o Ruiz Pé ez su p opues a de simpli ica dicha e ique a a «epís olas é icas», ca ac e ís icas del Renacimien o opues as a las «epís olas mo ales», p opias del Ba oco, que se componen a inales del Quinien os y comienzos del Seiscien os. 4. Pa a la delimi ación del co pus, emi o ambién a la esis doc o al. Bas e acla a que me cen o en los au o es nacidos an es que Fe nando de He e a, es deci , en las dos p ime as gene aciones de poe as enacen is as, la de inno ación (p ime os en ensaya los me os i alianis as y las o mas clasicis as) y la de medio siglo, que cuen a con el ejemplo de los an e io es. 5. En el ámbi o anglosajón han p oli e ado los es udios sob e es a cues ión, que, en ocada a la epís ola en e so del Renacimien o, puede inspi a análisis in e esan es, como ha demos ado G eenbla (2005) espec o a cómo se ep esen a si Thomas Wya en sus e se epis les. En cuan o al ámbi o hispano, des acan el es udio de C uz (1992) sob e Ga cilaso, el de Lo enzo (2007) sob e Boscán; y la monog a ía sob a la au oconciencia poé ica de Ruiz Pé ez (2009). Sel - ashioning y posicionamien o del poe a en las co espondencias é icas del p ime Renacimien o 17 S udia Au ea, 10, 2016 ucción de una p ime a pe sona que se econoce como poe a y que se e alúa en el espejo del des ina a io, especialmen e cuando es e es o o poe a con el que se es ablece una co espondencia, en la que puede ap ecia se un equilib io o des- equilib io en cuan o a la con igu ación psicológica, é ica y li e a ia de ambos. Es deci , en es a clase de poemas, ex ensos, na a i os y con un ono con esional, el au o cons uye un «yo lí ico» con muchos elemen os au obiog á icos, juega a que se iden i ique con él. Y, cuando se di ige al o o, se p oyec a como in e io , supe io o igual en los planos an es mencionados: es más o menos eliz que su des ina a io, su compo amien o é ico y sus alo es mo ales son más o menos encomiables; y, cuando se a a de una co espondencia en e dos poe as, su dominio de la poesía es mayo o meno . A a és de es e juego, el poe a p oyec a una imagen de sí mismo, cons uye una iden idad an e el lec o p ima io —el des ina a io explíci o de la epís ola—, y an e los lec o es secunda ios cuando busca una mayo di usión, cuando no se a a de una epís ola p i ada6. En es e a ículo, as una p ime a in oducción en la que expongo cómo he ealizado el análisis del «yo» y o ezco una isión pano ámica, me cen o en analiza el sel - ashioning y el posicionamien o de los poe as en las co espondencias con o os7. Las co espondencias é icas, escena io de la con igu ación del «yo poé ico» La p ime a cues ión a la ho a de abo da es e ema es si se puede de ende una iden i icación del «yo lí ico» con el au o , en unción de la con luencia en e las expe iencias o muladas en p ime a pe sona en el poema, y la ayec o ia biog á ica que conocemos del poe a. Cuando se encuen a dicha coincidencia, y 6. Pa a el análisis en de alle de la ansmisión manusc i a y/o imp esa de cada co espondencia y la in luencia de la di usión en la concepción de la misma, éase mi esis doc o al. Bas e eco da que, den o del co pus, Diego Ramí ez Pagán y Alonso Núñez de Reinoso son los únicos poe as que e- ciben una epís ola, esponden a la misma, y publican el in e cambio en ida, en sus p opios can- cione os, A. Núñez de Reinoso (1552) y D. Ramí ez Pagán (1562), po lo que son los únicos que se bene ician de la imagen en el campo li e a io que al a ención les o o ga, ya que Boscán mu ió an es de que ie a la luz la epís ola a él dedicada po Diego Hu ado, como Sá de Mi anda espec o a la de Mon emayo , éase J. Boscán (1543) y F. Sá de Mi anda (1595). J. Mon emayo se bene icia del hecho de que un poe a mayo que él, Juan Hu ado, le esponda, y el in e cambio se publique en su p opio cancione o de 1554, ce ando la poesía de o a, éase J. de Mon emayo (1554). Las únicas co espondencias que solo u ie on di usión manusc i a ue on la de el B ocense y Tama iz, que pa ece p i ada, pues se conse a solo en un manusc i o con ob as del humanis a pa cialmen e au óg a o; y la de Alcáza y Ce ina, que se conse a en es cancione os manusc i os, en e los que des aca el compilado en México Flo es de ba ia poesía (1577), p o agonizado po Ce ina, po lo que ue más conocida que la an e io . 7. En mi esis doc o al incluía ambién el análisis del «yo poé ico» en las epís olas soli a ias, no co espondidas, de F ancisco Sá de Mi anda a An ónio Pe ei a, de Ga cilaso de la Vega a Boscán, y en el in e cambio incomple o (sólo enemos la espues a) de Juan Hu ado de Mendoza y Al a Gómez de Cas o. 18 Cla a Ma ías S udia Au ea, 10, 2016 hay e e encias al mundo eal del emiso , a su amilia, amigos, al des ina a io8… Es azonable de ende que exis e una dis ancia mínima en e el «yo poé ico» y el «yo au o ial». Po supues o, es a idea no implica ningún p esupues o de since- idad ni au en icidad, como ecue da Ángel Luján A ienza9 en la mejo mono- g a ía exis en e sob e la enunciación lí ica, en el caso del «yo p e endidamen e no ic icio» en que el poe a se p esen a como su p opia uen e. En segundo luga , se ha de analiza la con igu ación psicológica del «yo poé ico»: si es e se p e- sen a como un suje o eliz y sa is echo con su ida y su o ma de se ; si no se au o e a a en es os é minos o lo hace de mane a muy aga; o si se pin a como un se in eliz, desg aciado e insa is echo. La e ce a cues ión es la con igu a- ción é ica o mo al del «yo poé ico», es deci , si se mues a como un modelo de compo amien o o de pensamien o, de iende sus i udes y emi e consejos a su des ina a io; si se p oyec a como un se que ha come ido e o es pe o que es á dispues o a ap ende , ecuen emen e a a és del ejemplo que le o ece aquel a quien se di ige; o si se condena como un an i-modelo, que ha escogido la senda equi ocada. Po úl imo, es necesa io con empla la con igu ación li e a ia del «yo poé ico», en aquellos casos, la mayo ía10, en los que hace e e encia a su condición de poe a, con undiéndose así con el au o . Puede apa ece como un poe a que ei indica su labo o se eno gullece de sus log os an e el des ina a io, o como un ap endiz, que ene a al co esponsal cuando es ambién esc i o , y le dedica elogios, si uándose en un plano de in e io idad. Es e úl imo elemen o, más de e minan e en las epís olas me ali e a ias11 que en las é icas, me in e esa en la medida en que puede compa a se con las o as dos con igu aciones, pa a 8. A. L. Luján A ienza (2005: 189-207), a pa i de Paul Ricoeu , dis ingue es mecanismos de iden- i icación que con ie en el «yo poé ico» en «p e endidamen e no ic icio»: la au omención con nom- b e p opio, que pa a Lejeune es ablece el pac o au obiog á ico, jun o a la inclusión de un des ina a io eal (incluye el ejemplo de Ga cilaso a Boscán); la de e minación de la iden idad po las ci cuns ancias enuncia i as y enunciadas; y el empleo de «pu os p onomb es», el ex emo de inde e minación en que solo se exp esa un es ado de ánimo o un con enido de conciencia sin o a ealidad. De es os es mecanismos, solo los dos p ime os son pe inen es en el análisis de las epís olas é icas enacen is as. 9. A. L. Luján A ienza (2005) explo a la con igu ación del yo poé ico y dedica un epíg a e a los poe- mas en los que es e se p esen a como no ic icio, como eal (2005: 183-207). Aunque analiza siemp e ejemplos de la poesía del siglo XX (Machado, Ga cía Lo ca Blas de O e o, Gil de Biedma, Valen e, B ines,) y no de la poesía enacen is a, su es udio puede aplica se al co pus de epís olas é icas. 10. Aunque es un ema que en es e a ículo he de exclui , esul a de g an in e és el silencio que algunos suje os lí icos man ienen espec o a su condición de poe as. Diego Hu ado de Mendoza, po ejemplo, apenas pone en boca de sus suje os lí icos e lexiones sob e la poesía o sob e su quehace li e a io; mien as que el «yo» que p oyec a Ga cilaso en su epís ola y su elegía II a Boscán mencio- na la dedicación a las musas solo como pasa iempo y ali io del espí i u, sin ei indica su ca ác e inno ado , como sí hace Sá de Mi anda an e An ónio Pe ei a; y sin de ende su pasión y su en ega (pese a los pésimos esul ados) como Juan Hu ado de Mendoza en e a Al a Gómez de Cas o. 11. Pa a las epís olas sa í icas de con enido me ali e a io, éase la esis doc o al de Chi i e (2010). En algunas de las epís olas de mi co pus, especialmen e en la co espondencia en e Mon emayo y Ramí ez Pagán, apa ecen c í icas a poe as y es ilos que coinciden con las de es os poemas, pe o con meno p o agonismo. Sel - ashioning y posicionamien o del poe a en las co espondencias é icas del p ime Renacimien o 19 S udia Au ea, 10, 2016 e si hay una cohe encia o si el e a o del «yo poé ico» p esen a muchos ma i- ces espec o al « ú»12 al que se di ige, no se e a a uní ocamen e como in e io , igual o supe io al mismo, sino que es o depende del plano en que se mue a: psicológico, é ico o li e a io. Así, un au o que se mues a como in e io en uno de es os planos, puede ei indica se como modelo en o os. Con el in de comp ende es os ma ices y cómo es necesa io ene en cuen a odos es os planos del «yo poé ico», y de ad e i la g an plu alidad que mues- an las epís olas, he ep esen ado es os elemen os en una abla, que pe mi e ea- liza compa aciones en e los suje os lí icos de cada una de las co espondencias del co pus. Recojo en ella la posible la inculación del «yo poé ico» con el au o . A con inuación, en las siguien es columnas, ep esen o los es aspec os de la p esen ación del suje o li e a io. Den o de cada bloque he simpli icado las posi- bles opciones en es. La más posi i a ep esen a al «yo poé ico» como sa is echo o eliz en el plano psicológico; como sabio, modelo de i ud en el plano é ico; y como poe a que ei indica su labo en el plano li e a io. En el luga in e medio de cada bloque igu a la opción más mode ada: un «yo poé ico» que no es á ma cado psicológicamen e de o ma posi i a o nega i a, que é icamen e no se e ige como modelo ni como an imodelo, sino como ap endiz, con sus i udes y sus icios; y que li e a iamen e se econoce como poe a o menciona su labo , pe o sin ei indica el alo de la misma. Po úl imo, a la de echa se señala la cons ucción más nega i a y oscu a del «yo poé ico», que en el campo psicológi- co se e a a como insa is echo, in eliz y desg aciado (con ecuencia po causas amo osas, pe o ambién po o os mo i os, como el exilio en el caso de Núñez de Reinoso), en el campo é ico como un se humano icioso y e ado, como espejo de e o es; y en el campo li e a io como un mal poe a, o un ap endiz, en cualquie caso in e io al des ina a io, cuando se di ige a o o au o . Como cualquie in en o de clasi icación, la di isión del «yo poé ico» en es campos de p esen ación, el psicológico, el é ico o mo al, y el li e a io y, den o de cada uno de ellos, en es opciones posibles, es solamen e ap oximada y es á suje a a dis in as in e p e aciones. A eces, el escaso desa ollo de uno de los campos impide p ecisa cómo se e leja el suje o lí ico en él. O as eces, el ono i ónico o bu lón13 del «yo poé ico» puede lle a a malen endidos, como en los casos del in e cambio en e Mon emayo y Ramí ez Pagán o del in e cambio en e Alcáza y Ce ina. O as, el au o e a o es ambi alen e o e oluciona a lo la go del discu i del poema, como en la co espondencia de Mon emayo y 12. A. Luján A ienza (2005: 209-253) dedica un capí ulo a las igu as del ecep o lí ico. De la cla- si icación que ealiza, nos in e esa el ecep o que es una «segunda pe sona dis in a del lec o » (2005: 219-250), den o del cuál el que encaja con las epís olas é icas es el caso de la «apelación a en idades capaces de comunica se», especialmen e cuando el ecep o iene nomb e p opio, como en los ejem- plos que Luján (2005: 244-248) emplea del sone o de Ga cilaso a Boscán o de Acuña a Ca los V. 13. Has a donde sé, solo Fosalba (2011) se ha ocupado po ex enso del ecu so de la i onía y de su elación con Ho acio. 20 Cla a Ma ías S udia Au ea, 10, 2016 Ramí ez Pagán: el «yo poé ico» se mues a aleg e y espe anzado cuando se ima- gina su ida ideal, en el campo, jun o a su amigo y amada, pe o es o nos indica que le mue e la insa is acción con su ida eal y p esen e. Lo mismo sucede en el in e cambio en e Alcáza y Ce ina: cada uno se mues a insa is echo cuando desc ibe su p opia ida (la del p ime o en la aldea, la del segundo en la ciudad de Se illa), y posi i o en cuan o a la o a opción. O a di icul ad adica en la de e minación de la ac i ud é ica del «yo». En muchas epís olas, el «yo poé ico» no adop a el papel de maes o mo al del in e locu o . Pe o sí que se econoce su supe io idad mo al en el hecho de que inse e c í icas a o os, ecuen emen e a los co esanos. En es e sen ido, aunque los suje os lí icos de los in e cambios en e Mon emayo y Ramí ez Pagán y en e Alcáza y Ce ina no se moneen a su in e locu o , sí se p esen an como supe io es al es o, a as ados po los i- cios. O o mo i o po el que a eces esul a di icul oso pe cibi la con igu ación é ica es que algunos au o es la cons uyen con muchos ma ices. Po ejemplo, el «yo» de la epís ola de Tomás Gomes desa olla a lo la go del poema una ac i ud espec o a su in e locu o que, sin duda, puede ca ac e iza se de supe io idad mo al, pues o que analiza el compo amien o del o o, señala sus de ec os y pensamien os exage ados, y le exho a a cambia de ac i ud. Pe o, al inal, se e ac a de es a ac i ud y admi e humildemen e que él no iene po qué ene la azón. O o caso es el de Juan Hu ado de Mendoza con Mon emayo . Po un lado, desempeña el papel de maes o mo al y eligioso, pues esponde a las dudas que és e plan eaba sob e di e sas polémicas elacionadas con la é ica y con la e. Es e conocimien o que mues a en la espues a indica su supe io idad. Pe o, po o o, cuando habla de sí mismo en p ime a pe sona, el «yo poé ico» de Hu ado de Mendoza se condena como pecado y icioso. Po ello, en ambas epís olas he conside ado al «yo poé ico» como «ap endiz» en el plano mo al, pa a e leja de algún modo es as luc uaciones en e la supe io idad y la in e io idad. En la au o ep esen ación li e a ia ambién hay muchos ma ices, aunque sin duda es el campo en el que hay un sel - ashioning, au o ep esen ación o igu ación au o ial más elabo ados y mayo alejamien o de la ealidad. Po ejem- plo, Jo ge de Mon emayo y Diego Ramí ez Pagán c i ican a o os poe as, y en conc e o, a o os au o es de epís olas, po lo que se si úan implíci amen e como supe io es a los mismos. Pe o, po o o lado, cada uno elogia a su in e locu o , cuyos e sos conside a supe io es, lo que, aunque se deba a la alsa humildad, le si úa en una posición de insegu idad con espec o a su quehace li e a io. Sel - ashioning y posicionamien o del poe a en las co espondencias é icas del p ime Renacimien o 21 S udia Au ea, 10, 2016 Nº id Au o / emiso Des ina a io Iden i ica- ción en e Yo poé ico y au o (Alusiones au obiog á- icas) Yo eliz/ sa is echo Con igu ación psicológica Con igu ación é ica Con igu ación li e a ia Yo ambiguo o inde e - minado psicológica- men e Yo in eliz/ insa is echo Yo modelo de i ud (sabio), que emi e consejos o c i ica compo - amien os. Muchas e- ces supe io al ú Yo ap endiz de sabio, que con su expe iencia ha mejo- ado. Yo lle ado po sus icios, an i- modelo Yo que se ei indica como au o Yo que se mues a como poe a pe o no se ei indica, o que no alude a su poesía Yo como au o ap endiz. Muchas e- ces in e io al ú, que le inspi a o ayuda. Yo como au o ap endiz. Muchas e- ces in e io al ú, que le inspi a o ayuda. 1A Diego Hu ado de Mendoza (G anada 1503/ 1504- 1575) Juan Boscán X X X X 1B Respues a de Juan Boscán (Ba celona 1487/1492- 1542) Diego Hu ado de Mendoza X X X X 2A Thomás Gómez/ Tomas Gomes Alonso Núñez de Reinoso X X X - - - 2B Respues a de Alonso Núñez de Reinoso Thomas Gómez/To- mas Gomes X X X X 3A Jo ge de Mon emayo (Po ugal 1520/1525 - I alia 1561) Don Juan Hu ado de Mendoza X X X X 22 Cla a Ma ías S udia Au ea, 10, 2016 Nº id Au o / emiso Des ina a io Iden i ica- ción en e Yo poé ico y au o (Alusiones au obiog á- icas) Yo eliz/ sa is echo Con igu ación psicológica Con igu ación é ica Con igu ación li e a ia Yo ambiguo o inde e - minado psicológica- men e Yo in eliz/ insa is echo Yo modelo de i ud (sabio), que emi e consejos o c i ica compo - amien os. Muchas e- ces supe io al ú Yo ap endiz de sabio, que con su expe iencia ha mejo- ado. Yo lle ado po sus icios, an i- modelo Yo que se ei indica como au o Yo que se mues a como poe a pe o no se ei indica, o que no alude a su poesía Yo como au o ap endiz. Muchas e- ces in e io al ú, que le inspi a o ayuda. Yo como au o ap endiz. Muchas e- ces in e io al ú, que le inspi a o ayuda. 4A Jo ge de Mon emayo F ancisco de Sá de Mi anda X X X X 4B Respues a de F ancisco de Sá de Mi anda Jo ge de Mon ema- yo X X X X 5A Jo ge de Mon emayo Diego Ramí- ez Pagán. XX XX X 5B Respues a de Diego Ra- mí ez Pagán (Mu cia c. 1523- >1564) Jo ge de Mon ema- yo XX X X X 6A C is óbal de Tama iz ¿? F ancisco Sánchez de las B ozas X X X X Sel - ashioning y posicionamien o del poe a en las co espondencias é icas del p ime Renacimien o 23 S udia Au ea, 10, 2016 Nº id Au o / emiso Des ina a io Iden i ica- ción en e Yo poé ico y au o (Alusiones au obiog á- icas) Yo eliz/ sa is echo Con igu ación psicológica Con igu ación é ica Con igu ación li e a ia Yo ambiguo o inde e - minado psicológica- men e Yo in eliz/ insa is echo Yo modelo de i ud (sabio), que emi e consejos o c i ica compo - amien os. Muchas e- ces supe io al ú Yo ap endiz de sabio, que con su expe iencia ha mejo- ado. Yo lle ado po sus icios, an i- modelo Yo que se ei indica como au o Yo que se mues a como poe a pe o no se ei indica, o que no alude a su poesía Yo como au o ap endiz. Muchas e- ces in e io al ú, que le inspi a o ayuda. Yo como au o ap endiz. Muchas e- ces in e io al ú, que le inspi a o ayuda. 7A Bal asa del Alcáza (Se illa 1530 - Se illa 1606) Gu ie e de Ce ina X X X X 7B Respues a de Gu ie e de Ce ina Bal asa del Alcáza X X X X 30 Cla a Ma ías S udia Au ea, 10, 2016 al se icio de doña Bea iz de Luna como agen es come ciales, y posiblemen e habi ando en un mismo luga ) como i al (ambos c is ianos nue os o zados al exilio y sal ados de su p eca ia si uación g acias a la gene osidad de una pode o- sa p o ec o a, c is iana nue a como ellos). El «yo poé ico» de Tomás Gomes es p ác icamen e in isible, no hay un au o e a o, sino que la epís ola es á o ien ada hacia el « ú», po que su unción es cla amen e a a de sacudi la conciencia del des ina a io y de cambia su compo amien o. Ello explica que el «yo» se disculpe al p incipio y al inal, y que disimule su supe io idad median e el ecu so de la e ce a pe sona que en ealidad es un dis az pa a sí mismo. La espues a de Núñez de Reinoso a Tomás Gomes29 p esen a un a amien o del «yo poé ico» comple amen e dis in o, pues o que casi oda la epís ola es á esc i- a en p ime a pe sona, en una especie de monólogo o con esión de sus sen imien os y p eocupaciones. Sin emba go, Núñez de Reinoso no ol ida que, pa a log a una e dade a comunicación epis ola , iene que inse a após o es y llamadas de a en- ción al des ina a io. Además, ambos compa en las e e encias ex a- ex uales. Pese a que en ninguna de las dos epís olas apa ecen e sos di ec amen e di igidos a «la Seño a» y p o ec o a de ambos, Bea iz de Luna/G acia Nasi, y el lib o con el que se imp imen es á dedicado no a ella, sino a su sob ino Juan Micas (después, as el exilio inal a Cons an inopla, Joseph Nasi, duque de Naxos y a o i o del sul án o omano), es e iden e que se a a de un elogio indi ec o, y que lo que buscaban Tomás Gomes y Alonso Núñez de Reinoso e a que sus palab as de loa y g a i ud lle- ga an a los oídos de aquella que los había sal ado de la pob eza dándoles un abajo en el exilio. Es o mues a que, muchas eces, además del des ina a io p ime o; y del des ina a io gene al, el público lec o si ue on dadas a conoce , las epís olas cuen- an con un des ina a io secunda io encubie o al que el emiso se di ige de o ma indi ec a, al que el poema busca conmo e . Así como Diego Hu ado de Mendoza, al inse a en su epís ola a Boscán un pasaje di igido a su amada «Ma i a», p o- bablemen e busca a ag ada a la pe sona eal ocul a bajo ese dis az, segu amen e doña Ma ina de A agón; o Juan Boscán, al con e i la en p o agonis a de su epís o- la y de la segunda pa e de su cancione o amo oso, homenajeaba a su esposa, Ana Gi ón de Rebolledo, an o Tomás Gomes como Alonso Núñez de Reinoso desean adula , en compensación po su ayuda, o pa a ob ene más a o es, a doña Bea iz de Luna, si bien no la mencionan exp esamen e sino solo con el sob enomb e con el que e a conocida en e la «Nación po uguesa» de c is ianos nue os exiliados, «la Senho a». Es la misma écnica empleada po Diego Ramí ez Pagán en su espues a a Jo ge de Mon emayo , en la que elogia eladamen e a sus p o ec o es. Respec o a la con igu ación del «yo poé ico» de cada una de las epís olas de es e in e cambio, se encuen a el mismo epa o de papeles que en el de Diego Hu ado y Boscán en el plano psicológico, que pa ece se aquel en el que emiso 29. Ci o es a epís ola a pa i de la edición de Teijei o, en Núñez de Reinoso (1997: 215-221). Sel - ashioning y posicionamien o del poe a en las co espondencias é icas del p ime Renacimien o 31 S udia Au ea, 10, 2016 y des ina a io más se dis inguen y complemen an. La di e encia adica en que el «yo eliz» es en es e caso el p ime o que esc ibe, y el «in eliz» el que le esponde. El suje o lí ico de la epís ola de Tomás Gomes no exp esa su sa is acción de mane a abie a, sino que es a se deduce de los a gumen os con los que a a de saca al des ina a io de su melancolía, nos algia y desazón, especialmen e desde el . 120 en que a a de ei indica los bienes de la ida p esen e, que son los mismos de los que él dis u a. Sin emba go, no mues a la al a de empa ía del «yo poé ico» de la epís ola de Boscán, que ei e aba su elicidad y sa is acción sin ene en cuen a que ello pod ía en is ece aún más al des ina a io al hace más e iden e aquello de lo que ca ece. En odo momen o, el «yo poé ico» cons uido po Tomás Gomes se uelca con el « ú poé ico» y sien e con él sus penas, po lo que mues a empa ía y solida idad con él, aunque no comp enda su eacción aními- ca y a e de desengaña le y saca le de su idealización del pasado y su desp ecio del p esen e. El suje o lí ico p oyec ado po Núñez de Reinoso mues a una cie a e olución, desde el es ado anímico pesimis a has a un in en o po ap ecia lo bueno de su si uación ac ual: la amis ad con el des ina a io y los bienes que de ella ob iene, y la p o ección de «la Seño a». Además, es ablece un e dade o diá- logo psicológico con el « ú», ya que in en a ma iza las palab as de es e y explica - le cuál es la causa de sus males, en a izando que no es an o una cues ión ísica o ma e ial (de la dis ancia de su pa ia o de la aus e idad con que i e) sino aními- ca y me a ísica, una angus ia debida a la melancolía y al paso del iempo, que le a enazan po que no se encuen a a sí mismo. El «yo» es conscien e de que solo la o una de ene a an buen amigo debe ía abso be le y dis ae sus oscu os pensamien os: «¿Cómo con siemp e pensa / en ues o me esçimien o,/ en- go iempo de pena / ni de siemp e me mos a / an is e, an descon en o?» ( . 101-105). Pe o mues a su incapacidad pa a cambia de es ado de ánimo: «de anda sen ido/ de mí mismo yo me [e]span o» ( . 99-100). Nó ese que el es ado de ánimo del suje o lí ico se asemeja al de la poesía amo osa cancione- il, así como los ecu sos es ilís icos empleados, como la annomina io «pensa »- «pena » en las palab as- ima. É icamen e, como en la mayo ía de las epís olas, las pos u as de los suje os lí icos se ace can más. Po un lado, el «yo poé ico» de la epís ola de Tomás Gomes desempeña un innegable papel de maes o é ico, pues admi e que quie e « ep e- hende » y «desengaña » a su des ina a io, y que sus ideas buscan causa una eac- ción en el compo amien o y la ac i ud de es e, no se a a solamen e de una e lexión eó ica. Hay, po an o, una inalidad didác ica que lo si úa en una posi- ción de supe io idad, como quien, desde una mayo sabidu ía o una ac i ud más sana men almen e, sabe qué es lo que debe hace el « ú» pa a encon a se mejo y pa a ac ua de modo jus o (pa ece habe una cie a ec iminación y a iso de que, si no ap ecia los a o es de su p o ec o a, puede acaba pe diéndolos). Sin emba go, la humildad con que el «yo» acep a su posible al a de en endimien o o de pene- ación en el se humano y su echazo del papel de «Dios» que conoce el in e io de los homb es, o de «p edicado » que emi e no mas de conduc a, ebajan es a 32 Cla a Ma ías S udia Au ea, 10, 2016 supe io idad del suje o lí ico y le con ie en un papel de ap endiz, que admi e es a equi ocado, econoce la sabidu ía de su in e locu o , y le pide consejo a su ez. El «yo» de Núñez de Reinoso, pese a ello, no ecoge es a in i ación, y en su espues a no emi e consejos ni c i ica al des ina a io, sino que en odo caso le acusa sua e- men e de du eza, cuando le sugie e que bas an es penas iene como pa a ecibi e- p ehensión, que lo que necesi a es pe dón y comp ensión, que los amigos que idos llo en po él ( . 141-150). En algunos pasajes, la segu idad con la que Reinoso exp esa sus ideas é icas, en o ma de sen encias, indica que conside a que puede eje ce como maes o: «quien no espe a bien,/ no puede su i ya mal» ( . 134- 135). Además, emi e buenos deseos pa a su des ina a io, que en cie o modo pue- den in e p e a se como consejos, aunque exp esados con mucha delicadeza: que no se ma che a busca einos ex años30 (sin duda una e e encia a la posibilidad de con inua el exilio hacia Cons an inopla, como de hecho sucedió), que no pie da el iempo, que sea comp endido po la gen e con la que habla… Pe o al mismo iempo, el «yo» p oyec ado po Reinoso se mues a in e io é icamen e al « ú», y se e ela como su ap endiz y como dependien e de él: «yo lo pago con amo / que no engo más que da . /Vos, con ues o g an sabe / enmendáis odos mis daños» ( . 54-57), «pa a i i me dais medio» ( . 62). De odas las co espondencias del co pus, es aquella en la que el segundo en esc ibi mues a más ag adecimien o hacia su des ina a io y p ime emiso , y no po mo i os li e a ios —po inspi a le u hon a le con su epís ola—, sino psicológicos y é icos. En es o se asemeja a la ei indicación de los bienes de la amis ad que hace el «yo poé ico» de la epís ola de Ga cilaso a Boscán. Po úl imo, en la con igu ación del «yo lí ico» como poe a, ambas epís olas uel en a di e encia se. En la de Tomás Gomes el «yo» no se e ie e en ningún momen o a su condición de poe a, quizá po que es e au o solo lo e a de o ma ocasional y no necesi aba, po an o, p oyec a se de esa mane a an e el es o de esc i o es que pudie an lee su poema. La inalidad ex apoé ica de es a epís ola, de habe la, no se ía socio-li e a ia, es deci , ei indica un luga en el campo li e a io, alcanza la admi ación de o o esc i o o p esumi de las p opias do es poé icas; sino psicológica: in en a cambia el compo amien o y la ac i ud de su compañe o de o icio y de in o unio. Po ello, las únicas e e encias a la esc i u a que hay en es e poema son pa a menciona las ob as del des ina a io, del que sí se des aca su condición de poe a, además de su «pecado» (su o igen judío). En e las ac i idades y ac i udes co idianas del « ú» que enume a y que pa ecen 30. Es e consejo emi e a la máxima es oica o mulada en los e sos ho acianos «mu an caelum, non animum mu an , qui ans ma e cu un » («mudan el cielo, no el alma, quienes co en allende el ma »), p esen e p ecisamen e en una epís ola, la I, 11, . 27 (Q. Ho acio Flaco: 2002: 71-72). Séneca lo e oma en su epís ola XXVIII a Lucilio, «Animum debes mu a e, non caelum», y hay o as o mulaciones de Cice ón, Luc ecio… Aunque es Séneca el que más c i ica el cambio de esidencia pa a in en a mejo a el es ado de ánimo, como señala F. Na a o An olín (2002: 72: n. 16). Sel - ashioning y posicionamien o del poe a en las co espondencias é icas del p ime Renacimien o 33 S udia Au ea, 10, 2016 co esponde se con lo que hoy en día llama íamos un «cuad o dep esi o»31: el insomnio, la desgana en la comida, el descuido en el es i y en el luga , la poca a ención a la con e sación y a la compañía, la búsqueda de la soledad… Apa- ece, en la quin a es o a, la esc i u a. El «yo» no elogia en exceso las ob as del « ú», solo des aca su gen ileza, y las desc ibe como au obiog á icas («de ues as penas y males/esc ibís noches y días», . 41-42), hipe bólicas («las pin áis más mo ales/que el plan o de Je emías/ ni las u ias in e nales», . 43-45), y ale- gó icas ( inge que se a a de un pas o que iene en Lomba día amo es con la T is eza). Va ias es o as después, cuando Gomes cons a a cómo los males del « ú» empeo an cuando se c uza con iaje os que an o eg esan de España, lo que ac ecien a su melancolía, des aca que el e ec o de es e empeo amien o del es ado anímico es que se e ugia a escondidas y compone una ob a sob e «el pas- o des e ado», es deci , sob e su p opia expe iencia bajo una másca a pas o il32. La úl ima alusión a la condición de «c eado » del « ú» es á en la an epenúl ima es o a, cuando le dice «pues an as cosas sabéis/ de homb e muy ingenioso» ( . 162-163) y que «sabe compone / del iempo la cualidad» ( . 167-168). Como puede e se, en ealidad el e a o que se dibuja del des ina a io como poe a no pa e del elogio, sino que se pa ece más al au o e a o que Ga cilaso azaba de sí mismo en su elegía y en su epís ola, en las que des acaba la capacidad de la esc i u a pa a consola , dis ae y ali ia de las desg acias y p eocupaciones. En la espues a de Núñez de Reinoso, el «yo» ampoco se ei indica como poe a, aunque sí se econoce como al, y sus e lexiones ahondan, como en el caso an e io , en la es echa elación en e esc i u a y es ado anímico. Si bien Tomás Gomes elacionaba la is eza del des ina a io con su c eación (cuando hilaba la na ación de un es ado desg aciado con el hecho de que compusie a algo sob e esa is eza), pa a Núñez de Reinoso esa pena no es el mo o de la poesía, sino un obs áculo pa a la calidad de la misma. Así, en la p ime a es o a el «yo» admi e su al a de sabidu ía (mos ándose como un ap endiz) pe o no achaca a es e mo- i o los de ec os de su poema, sino a la al a de eposo y sosiego, pues «esc ibi e sos equie e/ en abajos no pensa , /y quien es o no u ie e, / ninguna cosa que hizie e/ se pod á e ni mi a » ( . 6-10). Es deci , el «yo poé ico» de Núñez 31. Es a asociación del es ado de ánimo del suje o lí ico con un cuad o dep esi o, que se asocia a la lí ica subje i a e in imis a opues a a la poesía social y co esana, ya ha sido apun ado con espec- o a o os poemas: Ma co San aga a (2005) ha de inido como accidia o aeg i udo la enunciación lí ica de Pe a ca en su Canzonie e, po ejemplo en el sone o «La i a ugge...» y en el Sec e um. 32. El empleo de másca as pas o iles en el con ex o epis ola apa ece ambién en au o es i alianos como Nicolò F anco (1515-1570), cuyo co pus ha es udiado Ponce (2015) (2016). En I alia hay una co ien e mucho más in ensa de academias pas o iles y de in e cambios epis ola es y de églogas cam- pes es o pisca o ias en e poe as con sob enomb e bucólico. En el caso de F anco, analizado en Ponce (2015) se p oduce en ca as en p osa (c. 850), no en e so, de ca ác e sa í ico y polémico, no é ico, pe o lo que iene en común con el co pus analizado en es e a ículo (especialmen e con Mon emayo - Ramí ez Pagán) es que el empleo de másca as pas o iles siemp e se da en el con ex o de un in e - cambio en e poe as, y que e ela el deseo de e i a se de la co e y de la se idumb e del mecenazgo. 34 Cla a Ma ías S udia Au ea, 10, 2016 de Reinoso econoce que la poesía que p o iene del su imien o ca ece de in e és público, y po an o no debe ía enseña se, algo que el au o con a iene cuando publica su no ela bizan ina y sus e sos, ma cados cla amen e po la is eza. En la segunda es o a ahonda en la idea de que ningún poe a es capaz de esc ibi nada de calidad si no es á en calma: «Mis bienes odos pe didos […]/ mis pesa es an c eçidos […]/ po lo cual yo no espe o/ cosa buena aquí esc ibi » ( . 11-17). El «yo», po an o, ebaja desde el inicio las posibles expec a i as del des ina a io y de los lec o es secunda ios sob e la calidad de la ob a; pe o al iempo que se denig a de ese modo, se jus i ica: no es que es os e sos ca ezcan de alo po su al a de dominio como poe a, sino que se debe a las ci cuns ancias, dado que «Home o/ si mu ie a como mue o/ pudie a menos dezi » ( . 18-20). Es a compa ación con el poe a canónico po excelencia implica en ealidad un au o-elogio, en an o que el «yo» se pone a la al u a de Home o, e incluso po encima de él, ya que al menos es capaz de exp esa más de lo que el g iego pod ía si es u ie a en su c í ica si ua- ción. A con inuación uel e a mos a su humildad al cali ica a su musa de « es- ida/ de is eza y mal compues a» ( . 21-22), «descon en a y desab ida» ( . 24). Y, en una cla a imi ación de Ga cilaso en su epís ola a Boscán, jus i ica que pese a ello con inúe la esc i u a po que la amis ad que les une es an es echa que solo es necesa ia la libe ad, no cuida el es ilo sino compone con «descuido suel o» ( . 31), «sin odeos» ( . 32) y sin «pesadumb e cu iosa» ( . 35). T as es e p eámbu- lo in oduc o io, no hay más e e encias a la condición de poe a o al alo de los e sos del suje o lí ico. El «yo» y el «noso os» en el in e cambio en e Jo ge de Mon emayo y Juan Hu ado de Mendoza La epís ola de Jo ge de Mon emayo a Juan Hu ado de Mendoza33 es una de las que iene un meno desa ollo del «yo poé ico» y un mayo p edominio de la e lexión abs ac a, en es e caso más eligiosa que ilosó ica. Po ello, los e ce os o mulados en p ime a pe sona del singula se si úan al p incipio del poema, en el p eámbulo me a-li e a io sob e la p opia esc i u a de la epís ola. En la espues a de Juan Hu ado a Mon emayo 34, que duplica en ex ensión a la an e io (algo inusual), al e nan pa es más pe sonales con o as en las que se inse an, de modo más habi ual que en o as epís olas, episodios en e ce a pe sona: un chis e ( . 43-48, sob e la « ejezica» anal abe a que ence a Pla ón y a A is ó eles), una anécdo a (la del homb e de hie o en los . 52-57), un cuen- o (la his o ia de la iloso ía clásica has a el c is ianismo, en los . 58-77), una 33. Ci o es a epís ola a pa i de la edición de A alle-A ce y Blanco en Mon emayo (1996: 418- 421). He co ejado con la edición de 1554 (ejempla U/744 de la BNE) y hallado una e a a, en el . 6, «in luye a» debe se «ins uye a». 34. Ci o es a epís ola po la edición de Mon emayo (1996: 422-430). Sel - ashioning y posicionamien o del poe a en las co espondencias é icas del p ime Renacimien o 35 S udia Au ea, 10, 2016 desc ipción abs ac a del homb e eligioso ( . 79-99), la compa ación en e el alma inocen e y la mal ada ( . 109-129), el e a o del alma de o a ( . 145- 153), un discu so sob e la inmo alidad del alma, la e y la edención ( . 208- 234), y un e a o de los monjes como modelos de i ud ( . 268-285). Con espec o a la p ime a pe sona del singula , se encuen a de o ma ei e ada en los p ime os ein iocho e sos, en los que el suje o lí ico mues a su ag adecimien o po habe ecibido una epís ola cuando nadie le esc ibía, y po habe podido es- c ibi una inspi ada po es a, pese a sus de ec os; y echaza los elogios ecibidos. Respec o a la cohe encia en e la con igu ación del «yo poé ico» en ambas epís olas, es mayo que en o as co espondencias: no hay un epa o de papeles an complemen a io en e un «yo» in eliz y uno «in eliz». En el e eno psicoló- gico, Jo ge de Mon emayo apenas aza un bo oso e a o de su suje o lí ico, a di e encia del de alle con que lo cons uye en sus epís olas a F ancisco Sá de Mi anda y a Diego Ramí ez Pagán. Como es a es una epís ola muy abs ac a, en la que se ecogen las ideas, pensamien os y p eocupaciones me a ísicas del «yo», pe o no su ida eal, es muy di ícil de e mina cuál es su es ado anímico. Pa ece que el «yo» pa e de una cie a desazón, la que le p o ocan an as p egun as sin espues a, an as dudas de ca ác e eligioso que solo no sabe esol e po al a de o mación o conocimien o; pe o al mismo iempo, mues a segu idad al p esen a sus indagaciones, y espe anza en que la espues a del des ina a io pueda mejo a su es ado de ince idumb e. El suje o lí ico que p oyec a Juan Hu ado, con mucho de alle, es bas an e luc uan e pe o po lo gene al pa ece que iende a la is eza y a la insa is acción, aunque el hecho de ecibi la epís ola de Mon emayo le haya animado y sacado de sus «desie os», es deci , de su e i o. Su es ado de insa is acción, con usión, locu a y anulación se deduce de a i maciones como: «si no sabes quién soy/ yo soy ninguno,/ como decía Ulysses al Cíclopa»35 ( . 178-179), ein e p e ación de la es a agema del in eligen e Ulises; «mis aças y designios me pe siguen,/ mis mismas i as descaesce me hacen» ( . 246-247), «unos el seso ienen en la coca36/ o os diz que en la boca el seso ienen/ mas donde quie a mi co du a es loca» ( . 259-261). É icamen e, ambos suje os lí icos coinciden en si ua se en un é mino medio: ni son modelos de i ud ni ampoco pecado es céleb es. Po una pa e, el «yo 35. Aunque pueda pa ece una e a a po «cíclope» de la p ime a edición en que apa ece la epís- ola de las de Mon emayo (1554: 253 ), «cíclopa» es co ec o, como indica la ima, ya que ima con «es opa» y « opa» como es pe inen e en los e ce os encadenados. 36. Aunque pueda pa ece una e a a, «coca» apa ece al cual en la p ime a edición que ecoge la epís ola de las de Mon emayo (1554: 255 ), y dado el gus o de Juan Hu ado po los coloquia- lismos, pod ía a a se de la acepción coloquial de «cabeza» (acepción 4ª según el dicciona io de la R.A.E.), si bien no apa ece en el Teso o de Co a ubias. En el CORDE apa ece en el pe iodo 1530-1560 con la acepción de la hie ba indígena, no con o a. Po el juego de al e nancia en e «boca» y «coca» ambién pod ía e e i se al e án «Habla la boca po do paga la coca», de cuya di usión da cuen a el hecho de que ue a ecogido po He nán Núñez (1549), po Sebas ián de Ho ozco y po Co eas. 36 Cla a Ma ías S udia Au ea, 10, 2016 poé ico» que cons uye Mon emayo se econoce insegu o espec o a sus cono- cimien os de é ica c is iana, pues pide consejo sob e di e sas cues iones del com- po amien o humano desde el pun o de is a eligioso. Admi e su igno ancia y busca, con es a epís ola, que su en endimien o ob enga p o echo de la sabidu ía del des ina a io, al que si úa como maes o. Dice no en ende , no alcanza ni un cabello, de emas an sensibles como el lib e albed ío. Sin emba go, es a humildad se compensa po el alo que concede al mismo hecho de especula , a su búsqueda del conocimien o («in en o jus o y azonable», . 30); po la sa is acción que le p oduce su in en o de comp ende las cues iones más di íciles; po la o gullosa na- ación de sus in es igaciones… Y, sob e odo, su magis e io se ad ie e en las con- clusiones a las que ya llegado espec o a algunas cues iones. Ha co ejado las inclinaciones del alma con las del cue po y las ha hallado desiguales: «si el homb e supe io a un bien se inclina/ declina el in e io a diez mil males» ( . 47-48). Y, al inal, ha concluido que las inclinaciones o pasiones del se humano no ienen eno, y siemp e ence la sensualidad sob e la i ud ( . 127-132). Además de es as ideas que ha alcanzado as su iloso a , el «yo poé ico» demues a ene un g an conocimien o de los ilóso os gen iles, pues, al igual que el de las epís olas po uguesas de Sá de Mi anda, enume a una decena de los p incipales y sus ideas sob e el alma: Demóc i o, E asís a o, Teó ilo, Pa ménides, Epicu o, los es oicos, Diógenes, Je jes, Empédocles, y A is ó eles (del que ci a De anima). En cuan o a su compo amien o é ico, no hay e e encias al mismo. Es a misma ambi alencia en e maes ía e insegu idad se encuen a en el suje o lí ico de la epís ola de Juan Hu ado de Mendoza. Po un lado, aunque econoce « e en los gen iles dichos buenos» ( . 101), no pa ece ene un do- minio de la é ica clásica como el de su in e locu o , quizá po desin e és, dado que conside a que aquello en lo que los ilóso os an iguos ace a on es lo que coincide con el pensamien o c is iano, las «p endas del di ino man o» ( . 102). Así, en aquello que conside a más impo an e, sí mues a un g an dominio: co- noce y explica el pensamien o c is iano, al y como equie e de él su in e locu o . Acep a, con odo, su insegu idad espec o al mé i o de sus le as o la inalidad de las mismas, en an o que eme que en ealidad no busque la mo al sino la glo ia: «digo en e mi emblando: “Tal a iende/ el que po in e és o ana glo ia/ de abajosas le as p endas ende”» ( . 106-109). Asimismo admi e su com- po amien o lejano de la i ud, al c i ica se po su g an sobe bia con espec o a la iloso ía, y ag adece que el « ú» le haya alabado an o, po que aunque no es á de acue do con los elogios, el habe le ele ado aho a le obliga a es o za se en da lo mejo de sí: «a se yo al me obliga,/ po ú il en ación que en mí menea» ( . 154-156). El au o e a o mo al más oscu o se e ie e a su en ega a las pa- siones (quizá a la sensualidad), y a su al a de au ocon ol y su laqueza, c í icas que ambién se hallaban en el «yo poé ico» de la espues a de Juan Hu ado a Al a Gómez de Cas o. Emplea la me á o a del uego y de la es opa, que se en- Sel - ashioning y posicionamien o del poe a en las co espondencias é icas del p ime Renacimien o 37 S udia Au ea, 10, 2016 cuen a igualmen e en la epís ola de Alcáza a Ce ina 37, y de la que Jesús Ponce38 indica su posible in e p e ación e ó ica, si se iene en cuen a el doble sen ido de « uego» y «es opa»: «… soy cual uego de la es opa/ que luego se a de mi a ición y i a/ endido a qualquie pena que me opa» ( . 181-183). En o o pasaje, el «yo» econoce su ialdad espec o al a o de la inmo alidad, po que «de lo ana me man engo» ( . 242); y que su único bien y joya es el has ío y ag az; pe o al mismo iempo p oclama su deseo de enmienda: « o nando a Dios, de mí me engo» ( . 246). En él, luchan, po an o, sus « aças y designios», sus «i as», sus «ansias» ( . 247-249) con su in en o de ol e la mi ada hacia Dios, algo que pone en p ác ica en la misma epís ola, cuyo ema cen al es el eligioso, no el amo oso. Po es o no es de ex aña que al inal de la epís ola, el «yo poé ico» con íe en que la mise ico dia di ina le sal e del in ie no al que sus pecados le condenan. En es e sen ido, es el «yo poé ico» más ce cano al demonio del co - pus, jun o al de la epís ola de Alcáza a su he mano Melcho , aunque en ese caso en o ma de en ación emenina. Po úl imo, quie o des aca la pa alela con igu ación li e a ia del suje o lí- ico de ambas epís olas, que en ello se asemejan al modelo c eado po Diego Hu ado de Mendoza y Boscán, en el que cada «yo» elogia al des ina a io y se conside a in e io a él, y el que esponde ei e a la inspi ación que le ha supues o el poema ecibido, se en iende que po la mayo acilidad de c ea a pa i de un esquema p e io (con el e o o mal que supone, pe o con la elección de me o, es o a y emas esuel os). El «yo» que cons uye Jo ge de Mon emayo , muy pa ecido en es o al de su epís ola al ambién maes o F ancisco Sá de Mi anda, y muy dis in o del de la en iada a su igual, Diego Ramí ez Pagán, desea ía con a con la ayuda de Ma e, Apolo y Me cu io a la ho a de esc ibi su epís ola; pues conside a una osadía di igi se a Juan Hu ado de Mendoza, y lo achaca a un mo imien o de su en endimien o, que busca ap ende . Rebaja de es e modo su epís ola a una con e sación («aunque yo hable/con igo», . 28-29), sin ninguna olun ad de es ilo, sino solo de conocimien o. Aunque el e so «ago ada/ ienes de mucho acá la insigne uen e» ( . 8-9) es ambiguo, al no queda cla o si el des ina a io ya no iene inspi ación, po habé sele ago ado; o si, po el con a io, los demás poe as no pueden esc ibi po que él ha abso bido oda la inspi ación y les ha dejado sin ella, el «yo poé ico» enseguida explici a que es in e io como li e a o, an o en el con enido como en la o ma de la poesía. Con as a la «es a- ña e udición» ( . 31) de Juan Hu ado con su igno ancia, y el «delicado es ilo» ( . 32) de él con su «g osse a pluma» ( . 33). Sin emba go, al inal de la epís ola el «yo» chan ajea de algún modo al des ina a io con un elogio amposo, po que dice que si no ha pe dido la dignidad ni su se pe ec o, end á que ecibi su 37. En los . 125-129 se señala que las campesinas encienden el uego, cenan con su es opa en las uecas y no le dejan cena con sosiego, éase Alcáza (2001: 295). 38. Ponce (2014: 1128). 38 Cla a Ma ías S udia Au ea, 10, 2016 poema y esponde le, pa a así mejo a le, po que es más «an iguo, doc o y más disc e o» ( . 138). Las alabanzas de Mon emayo a Juan Hu ado palidecen en compa ación con las que es e le dedica en su espues a. En p ime luga , ensalza el me o hecho de dedica le sus e sos, de « esuci a le» del ol ido al que le enían some ido o os poe as (quizá se e ie a a Al a Gómez de Cas o, que no le co espondía an o como deseaba, o a o os poe as que nunca le habían esc i o) y pe mi i le ol e a esc ibi una epís ola (pues u o que deja de hace lo en is a de que nadie le di igía una). Es o se asemeja al ag adecimien o mos ado po Boscán, que am- bién esponsabilizaba de su e o no a la esc i u a al hecho de habe ecibido una epís ola, pe o con una g an di e encia: Juan Hu ado se lamen a de que nadie le esc ibía mien as que él había enido que deja de compone sus «ca as mensa- ge as mal co e as» ( . 7); y Boscán había ecibido al menos dos poemas de Ga - cilaso, sin con es a a ninguno, que sepamos; y no había omado la inicia i a de en ia a ningún poe a amigo una epís ola. Si Mon emayo se si uaba en in e io- idad espec o a Juan Hu ado, es e cambia las posiciones, dado que señala que «a me llama en me o descendis e» ( . 11), y «alçás e e la sie a ene able/ de la con emplación» ( . 28-29), lo que implica que Mon emayo , como el sabio de la epís ola de Boscán, obse a desde lo al o, jun o a las musas, y desciende de su luga p i ilegiado pa a di igi se a Juan Hu ado. Mon emayo , pues, si e como mo o de la poesía de Juan Hu ado: «de o g acias a i cien mil haze e/po que u Musa así me a o esce» ( . 139-140). En segundo luga , Juan Hu ado dedi- ca muchísimos e sos a elogia no a Mon emayo como poe a en gene al, sino su epís ola en conc e o, an o en la o ma como en la elección con enido y la a gumen ación y e udición: « us oces dulces ne as» ( . 9), « us e ce as/… con un es ilo cándido y loable» ( . 29-30), «de é minos ch is ianos e ampa as e» ( . 35), «di e sas opiniones econ as e» ( . 37), «de e y azón do ado» ( . 131), « u ca a esplandesce/… demás de hon a me es bella y do a» ( . 143-144), «epís ola an cue da y an amiga […] la end é po casi casi mu o» ( . 157 y . 160), «se á leída y eleída/ po uya se , y po medida y ida/y buenamen e g a e, comedida» ( . 163-165), «sin pesadumb e […] y sin al a le g anos, es de peso/ que la moneda buena se lo suele» ( . 169-171). En una in e esan ísima e lexión me a-epis ola , el «yo» des aca que la epís ola ecibida no a a de amo (epís ola amo osa), ni de desg acias (elegía), ni maldice ni mu mu a (sá i a), ni lisonjea (epís ola de alabanza). En e ce luga , el «yo» elogia a a és de su au o-deg adación, cuando c i ica al des ina a io po habe le ensalzado, achaca sus elogios al amo que le p o esa, e incluso insinúa que se a a de una alsa humildad: « ecuso / juez en mi loo an a o able/ aunque en la ceguedad de amo e escuso» ( . 25-27), « í asme la pied a, el casco me un as» ( . 135), «el hon a me es lo que la en udesce [a la ca a]» ( . 144), «con alabanças me cas iga [la ca a]» ( . 159). Finalmen e, el «yo poé ico», mos ando que es un poe a c is iano, pide ayuda a Dios pa a su musa ( . 187-189), y señala que es el único que puede hace los aliosos: «mis me os poco al caso hacen/ si no es en cuan o Sel - ashioning y posicionamien o del poe a en las co espondencias é icas del p ime Renacimien o 39 S udia Au ea, 10, 2016 engan de Dios p enda» ( . 250-251). Mien as que los e sos de Mon emayo , según él, sí ag adan a Dios, lo suyos son como pecado es, que con iesan pe o no se enmiendan ( . 253-255). La única disculpa que se concede el «yo poé ico» es que si su epís ola es á esc i a en «es ilo agabundo», con escasa e udición, y si es demasiado ex ensa, y si además ha a dado an o en esponde , no es culpa suya, sino que es del p ime emiso : «con u le a dis e al daño causa» ( . 307). El «yo» y el «noso os» en el in e cambio en e Jo ge de Mon emayo y F ancisco Sá de Mi anda Los úl imos cua o in e cambios p esen an una mayo complejidad es uc u al y discu si a, con muchos más cambios de pe spec i a; y, al mismo iempo, una mayo cohe encia en e las dos pa es de la co espondencia, pues la con igu ación del «yo» es igual en el p ime emiso y en el des ina a io p ime o y segundo emiso , an o en el plano psicológico, como en el é ico y mo al, y/o en el li e a io. La epís ola de Jo ge de Mon emayo a F ancisco Sá de Mi anda39 es á cons- uida en o no a la p ime a pe sona del singula , así en la p ime a pa e me a- li e a ia ( . 1-51), como en el discu so que hace de su ida has a el momen o p esen e ( . 52-119), en la desc ipción de su momen o anímico ac ual ( . 120- 129), y en el elogio del des ina a io ( . 130-151). Desde el inicio se ad ie e el ca ác e inno ado y el juego con las pe spec i as poé icas, cuando el «yo» se di ige al p incipio del poema a un « ú» que no es el des ina a io, sino su p opia pluma, en los . 1-6 y 22-30. Se pe cibe cla amen e la di e encia de des ina a io po que el suje o lí ico a a a su p opia pluma de « os» mien as que a F ancisco Sá de Mi anda le a a de « ú». La p ime a apa ición del des ina a io no es en se- gunda pe sona del singula , sino en e ce a pe sona, lo que sua iza el hipe bólico elogio que le dedica: «siemp e anda/en la co e de Apolo sublimado» ( . 17). Y, po ende, la p ime a mención a un «noso os» no se e ie e al emiso y al des ina- a io, sino al poe a y a su pluma. La p esencia de pe sonajes emeninos, en con- as e con la masculinidad de emiso y des ina a io, di e encia es e in e cambio del an e io en e Mon emayo y Juan Hu ado, en el que habían desapa ecido po el p o agonismo de los emas eligiosos, y lo asemeja a o os an e io es. Al de Diego Hu ado y Boscán, po la inclusión de la amada del suje o lí ico, «Ma - ida», pues se desc ibe el p oceso de enamo amien o, el amo co espondido, y la sepa ación o zosa po los a a a es i ales del «yo», aunque no se inco po a como pe sonaje con el que se dialoga, como hacía el poe a-embajado , ni con el que se compa e la ida, como hacía Boscán, el g an adalid del ma imonio. Y 39. Ci o es a epís ola po la edición de Mon emayo (2012: 325-330), que po desg acia no incluye la espues a de Sá de Mi anda. P e iamen e había edi ado el ex o Mon e o (2009: 155- 158), co ejando el es imonio manusc i o del Cancione o de Luís F anco Co ea con el imp eso de 1595, y de e minando el segundo como más au o izado. 46 Cla a Ma ías S udia Au ea, 10, 2016 el mundo ideal, pues odos los emas que no sean el ap isco y la majada, es deci , odos los que han inundado el poema has a ese pun o, le pa ecen « iempo mal gas ado» ( . 84). En es a desc ipción de la ida pas o il que lle a ían, des aca el u u o, pe o Mon emayo emplea un ecu so que la uel e más eal: imagina los diálogos que end ían, y los plasma en es ilo di ec o, con los p ecep i os e bos di- cendi: « ú me di ás» ( . 88), «e yo di é» ( . 91), «di é» ( . 96), « ú me di ás» ( . 97). La acilación en el «yo poé ico» en e su iden idad p ime a y la de pas o Lusi ano se ad ie e en que es e diálogo se cie a con una alusión al inal de la compe ición poé ica con Da danio desde el pun o de is a ex e no, en luga de en p ime a pe - sona del singula : «Y cose á su boca Lusi ano;/ pedi e ha allí pe dón,/ y ú iendo/ po nasle sob e el homb o el b azo y mano» ( . 100-101). Después el «yo poé ico» eanuda el cuad o de la ida pas o il jun o a su amigo, el des ina a io, y las amadas de ambos, ambién ans o madas en las pas o as Ma i a y Ma ida, una ida en la que ambos oma ían las di icul ades con buen humo y odos los p oblemas se esol e ían ácilmen e, pese a que no se ían «pas o es» ocasionales, como en la ida del campo con la que soñaba Diego Hu ado de Mendoza, ni pe sonas acomo- dadas que dis u an de lo más ag adable del e i o, como el «yo» de Boscán y su esposa. No, Da danio y Lusi ano, los pas o es en los que se ans o man Ramí ez Pagán y Mon emayo en la an asía del segundo, ienen sus amos, y abajan con el ganado a cambio de una soldada, no es po an o una ida pas o il idealizada, sino ealis a, e osímil. A pa i del e so 142 es a an asía se in e umpe, po que el «yo poé ico» no puede con ene su deseo de in oduci un ema mucho más espinoso: «¡O quién dijese: ‘¡Ay de i, Cas illa!’» ( . 142). Pe o en seguida se au ocensu a, en un diálogo consigo mismo: «Mas yo, Jesús, ¿qué digo? Gua da ue a/ que no se usa e dad ni es bien decilla» ( . 143-144). A con inuación, en un nue o cambio de oces poé icas, el suje o lí ico dialoga con su pluma42, ella in en a esc ibi sob e la p eocupación que despie a la si uación polí ica española, dominada po la ambi- ción, y la hipoc esía, y el «yo lí ico» le exho a a calla se. Es o mues a una ez más la complejidad de es e «yo poé ico», pues Mon emayo siemp e busca mecanismos pa a deci o hace en su poesía aquello que echaza. De igual modo que c i icaba la adulación al des ina a io y al iempo la lle aba a cabo, en es e pasaje, median e el ecu so del desdoblamien o en e él y su pluma, y de la apelación a Demóc i o y He ácli o43, que p oduce un e ec o de dis anciamien o y de meno implicación, el «yo poé ico» inse a sus eladas c í icas polí icas mien as econoce que no debe ía hace lo. En el e so 157, el «yo poé ico», con un nue o subjun i o en p ime a pe sona del plu al, « ol amos al ganado,/ ol ámonos, Da danio, al campo y lo- 42. Es e pasaje, del . 150 al . 156, me pa ece de di ícil comp ensión al y como apa ece edi ado en Mon emayo (2012: 282). En Alonso (2002) apa ece edi ado como un diálogo en e el au o y su pluma, y así es como lo en iendo mejo . 43. De la a ición de Mon emayo po ambos ilóso os da cuen a su sone o lauda o io a la aduc- ción de F egoso (1554). Sel - ashioning y posicionamien o del poe a en las co espondencias é icas del p ime Renacimien o 47 S udia Au ea, 10, 2016 es» ( . 157-158), econduce el ema de la epís ola, pa a ol e de la ida eal, que solo le inspi a c í icas y desazón, a la ida pas o il. A pesa de odo, no uel e, como en la sección an e io , a desc ibi una ida ag adable compa ida con el des- ina a io, sino que, como Ga cilaso en su elegía a Boscán, con as a ambas idas. La del pas o Da danio se con ie e en la ida deseada: dedicado a la poesía jun o a su amada, la ambién poe a Ma i a, ambos en casa del p o ec o que le pe mi e i i , «pas o an sublimado» ( . 173), «p íncipe an al o y excelen e» ( . 182). A di e encia de Da danio, poe a lau eado y con un mecenas, el «yo lí ico» se p esen a como un pas o «desdichado», que ha malgas ado su ida ( . 184-185), y que ha i ido engañado sin da se cuen a de aquello que pe día (no queda cla o si se e ie e al amo o al mecenazgo de la p incesa Juana). Si es a epís ola, como acabo de expone , iene cons an es cambios de pe s- pec i a y juegos de másca as espec o al «yo poé ico», la espues a de Ramí ez Pagán a Mon emayo 44 no esul a an inno ado a en es e aspec o. Po lo gene al, el «yo poé ico» adop a la iden idad pas o il de «Da danio», y expone su pensa- mien o en p ime a pe sona del singula , eniendo muy p esen e al des ina a io, al que elogia y apos o a con inuamen e. Algunas eces habla de sí mismo en e ce a pe sona del singula , sin econoce se como Da danio, bien pa a deni- g a se: «no es mucho que p esuma/ Da danio de gigan e, siendo enano/ ze o que en la cuen a nada suma» ( . 5-6); o pa a ma ca la an asía pas o il: «Da da- nio y Lusci ano en el penoso/ ance del dis a o i án midiendo/ a pies el soli a- io mon e umb oso» ( . 172-174). El pasaje más inno ado de oda la epís ola desde el pun o de is a de la oz poé ica es aquel, inse ado den o del mundo pas o il p oyec ado hacia el u u o, en el que Da danio y Lusi ano lanzan p e- gun as espec i amen e con sus amadas y es la nin a Eco la que les esponde ( . 178-189). Es e diálogo us ado se plasma en es ilo di ec o, po lo que hay dos oces en p ime a pe sona (las de Da danio y Lusi ano), dos en segunda pe sona a las que se di igen (Ma i a y Ma ida) y el Eco. Además de es e pasaje, la epís ola p esen a una es uc u a complicada en cuan o al espacio en el que se si úa el suje o lí ico, po los con inuos sal os en e mundo eal y mundo ideal, como en la an e io . En es e caso incluso se complica más po que es os sal os no es án ma cados po el paso de la ida co esana a la ida pas o il, sino que el «yo poé ico» siemp e se si úa en el mundo de los pas o es, solo que dibuja es e de mane a nega i a y oscu a cuando quie e exp esa su descon en o con la ida eal (lejos de su amada y de su amigo) y de mane a posi i a cuando p esen a su an- asía. Así, el suje o lí ico p ime o se di ige al ú, al que ya nomb a como pas o , pa a ag adece le su epís ola y alaba le, si bien se con iene y deja es a a ea a la amada del des ina a io, ambién poe a. Después, pa ece que desea in i a los a su 44. Ci o es a epís ola po la edición de Alonso (2002). Ag adezco a mi di ec o de esis habe me pe mi ido consul a la edición de es os poemas que ealizó con no as pa a su a ículo sob e es e in e cambio. 48 Cla a Ma ías S udia Au ea, 10, 2016 «co ijo», y que la inspi ación llegue desde Mon emo -o- elho has a el Due o. Pe o en luga de comenza el desa ollo de la ida idílica e i ada, in oduce una sá i a li e a ia, en pa alelo a la de Mon emayo , con a aques pe sonales implí- ci os (pa ece que a Je ónimo de U ea po su aducción de A ios o45) y o os a aques más gene ales an o a los pe a quis as como a los que siguen cul i ando los me os adicionales. T as es as dos secciones me ali e a ias, una de alabanza al des ina a io y o a de c í ica a o os poe as, el «yo poé ico» in i a, en el e so 52, a que el pas o Lusi ano (es deci , Mon emayo ) acuda en su compañía, y así se eúnan los cua o poe as (los dos pas o es y sus amadas) en su co ijo y puedan dedica se los dos a compone en hono de sus esqui as amadas. Sin emba go, el suje o lí ico no desa olla es a an asía más que en dos e ce os, y en uno más la compa a con la ida co esana, algo que con as a con la ex ensa sá i a an iáulica que in oducía Mon emayo en su epís ola. Acep a su incapacidad pa a dibuja ese mundo con el que sueña, en con as e con el buen hace poé ico del des i- na a io (al que nue amen e elogia pese a nega lo). En nue o gi o emá ico, el «yo» decide habla de su amada, de su belleza y en endimien o, y del dolo que le causa, es deci , desc ibe el mundo eal en el que i e solo, sin la compañía del des ina a io y sin la de aquella a la que ama. T as es e au o e a o psicológico de su si uación desg aciada, el «yo» p oyec a es a pena sob e su condición de pas o y el paisaje ce cano al Due o que espan a a su ganado, que sueña con el paisaje del ío Segu a. El único pun o posi i o que in oduce el suje o lí ico es, en el mundo oní ico, sus sueños e ó icos con su amada poe a («en e sueños, a mí iene,/ dízeme e sos, házeme ca icias» ( . 130-131); y, en el mundo eal, la ce canía del des ina a io («m’ es u ecindad ico desca go», . 138); y la com- p ensión y p o ección de su mecenas, ans o mado en el pas o Aliso, que le con i ió en mayo al de su ebaño, aunque al mismo iempo «de Nep uno el iden e y g an gobie no/de la ma ige, y es segundo en ie a» ( . 145-146). En el e so 154 hay un nue o gi o, el «yo poé ico» ya no es á ce ca del Due o (donde al pa ece es á su amada desdeñosa), sino ce ca del ma , alusión que pa- ece e e i se a Valencia, donde es u o Ramí ez Pagán al se icio de los duques de Sego be, y allí desea ía in i a a su des ina a io, Lusi ano. En es e momen o se in oduce la an asía del suje o lí ico, cuyo comienzo es á ma cado po «ojalá» y po el modo condicional, « e íamos». Como Diego Hu ado en su epís ola a Boscán, y es e en su espues a (de modo más ealis a), se incluye en es e mundo ideal a o os amigos y poe as, en es e caso ambién con dis az pas o il, Ti si (sob enomb e poé ico de F ancisco de Figue oa) y Salicio, que puede in e p e- a se como el allecido Boscán, po que can a «de amo los bienes» ( . 164), algo que le ca ac e iza sob e odo a él; o como o o conocido po desdeña a «su iel y mise able aman e» ( . 171). Llama la a ención el que, en e a la a iedad de amis ades mencionadas en la co espondencia de Diego Hu ado y Boscán, en 45. Así lo in e p e a Alonso (2002b) y me pa ece que no hay o a iden i icación más ace ada. Sel - ashioning y posicionamien o del poe a en las co espondencias é icas del p ime Renacimien o 49 S udia Au ea, 10, 2016 es a solo se in i a a los amigos que son ambién poe as amo osos. En la pa e de la epís ola en la que más p edomina el «noso os», el «yo» desc ibe aquellas ac i idades que compa i á con el des ina a io en ese mundo pas o il idílico, desde los paseos (con los juegos con Eco an es mencionados), has a las ies as en el locus amoenus, los descansos y el abajo con el ganado, la ac i idad musical, la lec u a p o ana (de Pe a ca y del lib o del des ina a io, e e encia sin duda a uno de los cancione os imp esos de Mon emayo ); y la pesca. El úl imo e so del se en esio cons uye una p iamel in e sa, pues con as a es as ac i idades del mundo ideal, con el mundo co esano de la co e de Valladolid. La con igu ación poé ica del «yo» en es a co espondencia es muy equilib a- da, ya que ambos polos de la comunicación se p esen an de un modo muy simi- la , sin que uno adop e un papel cla amen e supe io en ninguno de los planos. Psicológicamen e, el suje o lí ico p oyec ado po Mon emayo es á cla amen e insa is echo y se sien e desg aciado en odos los ámbi os: no es co espondido en el amo , no iene a nadie que le p o eja o dé un pues o, y es á muy p eocupado po la si uación polí ica que a a iesa España. Si la epís ola ue esc i a en e 1558 y 1560, du an e la es ancia de Mon emayo en Valencia, donde es aba Ramí ez Pagán como capellán al se icio del duque de Sego be, don Al onso de A agón46, p obablemen e se e ie a a la c ecien e in ole ancia eligiosa de es os años, con los p ime os au os de e, o a la ines abilidad y luchas de pode co e- sanas en e los po ugueses y cas ellanos, con la segunda egencia de Juana de Aus ia, du an e la es ancia de Felipe II en Flandes. Mon emayo había es ado al se icio de la p incesa en la co e impe ial, como músico, y como aposen ado , cuando iajó a Po ugal as su ma imonio de 1552 a 1554 con el he ede o don Juan Manuel, el mismo p íncipe al que Sá de Mi anda en ió sus e sos en sucesi as en egas. A es a p incesa elogiaban an o Mon emayo como Sá de Mi anda en su in e cambio poé ico de en o no a 1553, y al ugaz ma imonio ue al que dedicó Mon emayo la edi io p inceps de su cancione o a inales de 1552 o 155347, así como la edición de Ambe es, 1554. La ama gu a del «yo poé ico», que pa ece ene un as ondo au obiog á ico po coincidi con la a- yec o ia de Mon emayo , se debe an o a mo i os pe sonales (po no goza de la p o ección y el pues o co esano que u o jun o a doña Juana de Aus ia) como a su isión pesimis a de la si uación de la co e y la polí ica. Coincide po ello con el ono y las denuncias de la ca a «Los abajos de los Reyes», esc i a po Mon emayo a comienzos de 1558 desde Ambe es. Quizá ambién in luye an en su isión oscu a de la ealidad española las c í icas que ecibió po su poesía eligiosa y que desemboca ían en su inclusión en el Índice de lib os p ohibidos de Valdés en 1559. Solo exp esa elicidad cuando alude a la amis ad y con e sa- ción con el des ina a io, y cuando an asea con la ida e i ada como pas o . En 46. P oponen es a da ación Mon e o y Rhodes (2012: 377: n. 59). 47. Véase Mon e o (2009: 152). 50 Cla a Ma ías S udia Au ea, 10, 2016 cuan o al suje o lí ico cons uido po Diego Ramí ez Pagán, p esen a la misma sa is acción pe o mo i os muy dis in os, dado que no mues a ninguna p eo- cupación polí ica, ampoco iene una p eca ia si uación pe sonal (pues o que ag adece la p o ección de su mecenas) y sus c í icas a los co esanos pa ecen más poé icas que au obiog á icas. Su único mo i o de desg acia es el amo oso, po la sepa ación de su amada. Pe o ni siquie a en su an asía sueña con la co espon- dencia amo osa, ya que imagina que él y su amigo llaman a sus amadas pe o solo les esponde el eco. La elicidad que le despie a su sueño no depende, po an o, de la sa is acción amo osa, sino del dis u e de la amis ad y de las ac i idades placen e as desa olladas en la na u aleza, desde las pas o iles has a la pesca. É icamen e, ambos suje os lí icos no dedican apenas espacio a e a a sus icios o i udes, pe o sí a c i ica a los demás, an o a los co esanos (con especial én asis en la epís ola de Mon emayo , como en aquella que di ige a don Jo ge de Meneses) como a los demás poe as del pa naso. Po ello me pa ece que adop an un papel de maes os, no el uno espec o al o o, sino en compa ación con sus coe áneos, a los que con emplan desde la supe io idad mo al. Especialmen e en el poema de Mon emayo , los a aques a los iciosos de la co e son an ácidos que pa ecen i más allá de la imi ación li e a ia. Cumple con odos los elemen os de la c í ica an iáulica cuando echaza a los co esanos con sus p i anzas, pasiones y es- pe anzas; a la co e como «ma de di isiones» ( . 57); a los a o i os, que acaba án hundidos; a los hipóc i as; a los plei ean es que pueblan las audiencias; a los que no ienen conciencia; a los que a ican pa a alcanza hon a o es ado… C i ica la al a de libe ad de exp esión, al sub aya que desea ía pode denuncia es os icios en la co e de o o ey. Y, po encima de odo, a aca a los «ambiciosos san os» y las « aposas mansas y ado midas» ( . 73-74); es deci , a los alsos, dela o es e hipó- c i as dispues os a cualquie cosa pa a saca p o echo, incluso a men i sob e los demás. Ex iende es as c í icas al mundo de la milicia, que Mon emayo conoció an bien como la co e cuando ue soldado en Flandes, pues el «yo poé ico» c i ica los ascensos debidos a la adulación a los o iciales «pomposos y en onados» ( . 80). La ama gu a del «yo poé ico» eapa ece incluso en su an asía pas o il, en la que eme que en e «un man o/ un os o y ojos bajos, que el p ime o/ que así lo e os ju a que es un san o/ y él es un lobo en aje de co de o» ( . 136-139); es deci , su isión es an pesimis a que incluso en el mundo ideal c ee que pueden su gi la hipoc esía y la alsedad. Es a con igu ación del «yo poé ico» puede elaciona se, sin duda, con la expe iencia de Mon emayo , sus sinsabo es en la co e, su p eca ia si uación, y, quizá, con las c í icas que ecibió po supues os e o es de doc ina en sus e sos y po su o igen judío, po ejemplo las coplas de Juan de Alcalá; c í icas que, lejos de ci cunsc ibi se a luchas de pode en e poe as, ue on e endadas desde el pode eligioso con la inclusión de su cancione o de o o en el Índice de lib os p ohibidos de Valdés. Al lado de es a c í ica é ica ace ada, el suje o lí ico de la epís ola de Ramí ez Pagán limi a muchísimo sus juicios mo ales, pese a la condición eligiosa del au o , que pod ía habe inspi ado una isión mucho más elabo ada sob e los icios de la sociedad de su iempo. Po el con a io, el «yo poé- Sel - ashioning y posicionamien o del poe a en las co espondencias é icas del p ime Renacimien o 51 S udia Au ea, 10, 2016 ico» limi a sus c í icas co esanas a un e ce o, en el que sin é icamen e se a aca a los plei ean es, los ambiciosos y a los ma e ialis as ( . 61-63). Renuncia a desa- olla el ema an iáulico y p e ie e el de los males amo osos po que, según dice, ya bas a con aquello que señaló el des ina a io en su epís ola: «Bas e que ú ambién pin as e aquella/ pesadumb e del caos indiges a/ de los que andan en co e y ue a d’ ella» ( . 85-87). Po ello no c i ica nada más, apa e de a sí mismo po i i de sus sueños («¡o also imagina , alsas cobdicias!», . 135); y, muy supe icialmen e, a los acomodados y pode osos («no co a emos las ajenas idas/ como suele co a - se de ije a/ en e gen es holgadas y comidas», . 207-209), y al co esano que no sabe dis u a de los pequeños place es co idianos como la pesca ( . 219). Po úl imo, la con igu ación li e a ia de ambos suje os poé icos es ambién muy simila , pues o que ambos mues an de oción hacia el o o, si uándose en una posición de in e io idad espec o a él, y po o o lado, c i ican con ie eza a o os poe as, lo que indica que se conciben como supe io es a ellos. Respec o al elogio mu uo, al mismo iempo que niega hace lo, el «yo poé ico» de la epís ola de Mon emayo ele a a Ramí ez Pagán a lo al o del Pa naso, pues ecalca que él no es nadie pa a alaba a quien el mismo Apolo eme ( . 15-17). Es a desigualdad se palía en la escena en la que el suje o lí ico imagina a ambos como pas o es poe as, componiendo e sos pa a sus amadas, y co igiéndose el uno al o o e cuan o a la mé ica y ima de los sone os. Pe o incluso en es a pa e ( . 88-102), Mon ema- yo se si úa po debajo, ci a un e so de Ramí ez Pagán como si ue a un clásico, y concluye la compe ición poé ica econociendo que él no es quién pa a co egi los «di inos pies» de su des ina a io, que disculpa á su osadía con buen humo . Al inal de la epís ola uel en a apa ece los elogios desmedidos, pues se dibuja a Ramí ez Pagán como inspi ado de o os mil poe as pas o es con su «g acia sobe- ana». Como Diego Hu ado espec o a Boscán, Mon emayo imagina a Ramí ez Pagán abajando en su poesía pa a ma a illa al mundo, y a i ma que se á «en nues a España celeb ado» ( . 177). Pe o además, elogia la poesía de la amada de Da danio, Ma i a, de quien ecalca su «al a poesía» y su «g acia», que se co es- ponden con el «ingenio» del des ina a io, que ha alcanzado incluso la condición de poe a lau eado, como de hecho le sucedió a Ramí ez Pagán en la Uni e sidad de Alcalá de Hena es, po sus e sos la inos. Ramí ez Pagán esponde con la misma admi ación hacia su amigo y poe a pas o , dado que le conside a digno imi ado del pas o i giliano Al esibeo, y se conside a a sí mismo un enano y un ce o en compa ación con él. El suje o lí ico sub aya el hono que supone ecibi una epís- ola, y an ex ensa, de alguien an encumb ado, y cómo es o le ele a; del mismo modo se habían mos ado ag adecidos Juan Hu ado de Mendoza y Sá de Mi an- da an e las o as epís olas de Mon emayo . Como, al igual que su des ina a io, no quie e excede se en los elogios, se con iene, y alaba, como es e había hecho, a la amada del mismo, que ambién es poe a y puede co egi le. Sin emba go, consi- de a que la poesía de su des ina a io es an al a que log a á que los bá ba os poe as huyan, y des aca su in e io idad, al mos a se incapaz de pin a le el mundo con el que sueña, po no pode llega a la desc ipción que él había ealizado en su epís o- 52 Cla a Ma ías S udia Au ea, 10, 2016 la: «¿Qué espí i u da á espí i u al e so/ si el que de Lusci ano se de i a?/ ¡Cómo pa esce ía an pe e so/ cualquie a pa del uyo, si ese uyo/ no uesse el p incipal del uni e so!» ( . 74-78). Aunque insis e en su deseo de e i a la adulación y en la since idad de sus elogios, no cabe duda de que el suje o lí ico cae en el mismo icio que c i ica, pues después insis e en el hecho de que la oz del des ina a io ma a illa a odo el mundo ( . 156), y en que es un poe a lau eado en su «cabeza sac a» ( . 168). La única ocasión en la que el «yo poé ico» pa ece más segu o de sí mismo es cuando se compa a con O eo al desc ibi su lamen o amo oso en un paisaje desolado: «Suena mi gai a, y po oí mi llan o/ dexa á de pace la más hamb ien a,/ el ío pa a, el sol no alumb a an o» ( . 124-126). Pe o siemp e que menciona la a ición conjun a a la música o a la poesía de él y el des ina a io, insis e en que es el segundo el que le mejo a: «con u çampoña empla emos/ mi cí a a» ( . 202-203); y el que iene mayo maes ía, ya que es a él a quien siguen nin as- si enas cuando oca el ca amillo du an e la soñada jo nada de pesca. Respec o a las c í icas, Mon emayo a aca, además de las endencias de la poesía epis ola a la adulación y la acuidad, como sub ayé al p incipio del análisis, a los «a chipoe as» que nunca quieb an el hilo de su discu so (a di e encia de lo habi ual en las epís olas, con sus cambios de ema), a los poe as concep is as que p esumen de su sabe , a los e ó icos que in en an cau i a con la o ma, a los que solo saben hace sone os y églogas (quizá se a e de un a aque a la imi ación excesi a de Ga cilaso), a los que abusan de las pa á asis mi ológicas, a los p in- cipian es adulado es, a los co esanos que solo han leído a Mena y a Boscán, y a los que p ac ican el pe a quismo po pu a moda y con ie en a sus damas iejas y eas en deidades. El «yo poé ico» de Ramí ez Pagán es an o o más ácido con los poe as coe áneos: a aca a los co esanos (del Pisue ga) que esc iben églogas, al aduc o de A ios o, a los pe a quis as exage ados, a los aduc o es de la épica clásica o los poe as épicos del momen o (no queda muy cla o), y a los que siguen cul i ando los me os adicionales, edondillas al «lacayesco ono» ( . 41). El «yo» y el «noso os» en el in e cambio en e C is óbal de Tama iz y F ancisco Sánchez de las B ozas En la co espondencia en e C is óbal de Tama iz y El B ocense eapa ecen algu- nas de las inno aciones discu si as que se han is o en las epís olas an e io es. La epís ola de C is óbal de Tama iz48 des aca, en es e sen ido, po la ep oducción en es ilo di ec o de las p egun as que los amigos del «yo poé ico» le hacen a su 48. Ci o es a epís ola po la edición de Mc G ady en Tama iz (1974: 435-438). Recojo el núme o de e so según es a edición, po se la que más acili a el acceso a es e ex o, si bien es e óneo, pues Mc G ady nume a de mane a con inua oda la co espondencia en e Tama iz y El B ocense, des- de los dos b e es poemas de alabanza po sus ob as, has a es as dos epís olas, y las dos pos e io es en e ce os encadenados. La nume ación co ec a se ía, donde pone e so 25, e so 1. Sel - ashioning y posicionamien o del poe a en las co espondencias é icas del p ime Renacimien o 53 S udia Au ea, 10, 2016 llegada a Se illa; y, especialmen e, po la con e sación, an o en es ilo di ec o como en indi ec o, que el suje o lí ico sos iene que u o du an e el iaje desde Salamanca con el cana io de su amigo. También llama la a ención el empleo de la e ce a pe sona pa a habla del «yo», las alusiones a la «péndola» de es e; y las e e encias en la misma pe sona pa a di igi se al « ú». Casi siemp e es os meca- nismos de dis anciamien o es án en secciones en las que se elogia al des ina a io. La espues a del B ocense a Tama iz49 iene menos no edades, no in oduce nin- gún diálogo en es ilo di ec o, po ejemplo. En lo que sí coincide con la an e io es en el empleo de la e ce a pe sona pa a elogia al « ú» sin cae an o en la adulación di ec a. Y añade o o mecanismo con un e ec o in e so: la exp esión de una máxima é ica de Ma cial en segunda pe sona del singula , pa a p o oca un e ec o didác ico mayo que en ó mula impe sonal. La epís ola de C is óbal de Tama iz es á exp esada desde un pun o de is a muy pe sonal, que se man iene a lo la go de odo el poema aunque, como he di- cho, a eces se sus i uya la p ime a po la e ce a pe sona del singula . A la que más ecue da de odo el co pus es a la de Ga cilaso a Boscán, pues o que se a a de la na ación del iaje que ha sepa ado al «yo» del des ina a io, y de la desc ipción de los sen imien os que los unen. La di e encia adica en que el «yo» p oyec ado po Tama iz esc ibe desde el é mino de su iaje, que es su luga de o igen, mien as que el de Ga cilaso lo hacía en mi ad del ayec o (en A ignon, cuando el iaje e a desde Ba celona has a Nápoles) y lejos de su pa ia. El ono del suje o lí ico, sin emba go, es con a io al que se ía espe able. Mien as Ga cilaso p oyec aba un «yo» bienhumo ado y aleg e, incluso en sus quejas sob e el camino, que no lamen aba la sepa ación del des ina a io sino que celeb aba el bien que la amis ad con él le p opo cionaba, Tama iz c ea un «yo» que, además de c i ica con mayo acidez las penalidades del iaje, no ap ecia los amigos y en ajas de su luga de o igen, y solo es á ma cado po la nos algia del des ina a io y odo aquello que compa ían du an e su es ancia en Salamanca. La in ensidad de la elación que aza el «yo poé ico» con su des ina a io, o el hecho de que puede a a se de una comunicación eal, p i ada (como se deduce de su ansmisión) son los dos hechos que pueden explica el a amien o nominal que le concede, «F ancisco mío cha issimo», sin duda el más a ec uoso y de con ianza de odo el co pus, más aún que en las epís olas di igidas a amilia es. Es a ce canía explica que el «yo» plan ee la epís ola como un in en o de sal a la dis ancia que les sepa a y ei in- dica el ecue do de su amigo: «pa a que a la la ga con e sá amos/ en la p esen e epís ola» ( . 29-30). Al e na la p edominan e p ime a pe sona del singula : «he aco dado de esc ibí elo» ( . 35), «mis amigos» ( . 41), « a íganme/ po que les cuen e algo de mi espacio» ( . 42-43), «lo que passé en Plasencia» ( . 44), «que i en Mé ida» ( . 45), «me p egun an» ( . 49)… con la p ime a del plu al que engloba 49. Ci o es a epís ola po la edición de Ca e a de la Red en Sánchez de las B ozas (1985: 214- 215). También la ecoge Mc G ady en Tama iz (1974: 438-439). 54 Cla a Ma ías S udia Au ea, 10, 2016 al «yo» y a sus compañe os de iaje («hemos llegado al in a nues a I álica», . 37); y con la e ce a del singula pa a e e i se al «yo» (enálage an empleada po Ga cilaso): «quien ha salido cansadissimo/ de camino an áspe o» ( . 31-32), «¿qué ida […] end á el que en Salamanca con en íssimo/ i ía con e sándo e?» ( . 53-54). La elación con los amigos de Se illa, a los que el «yo» ya no ap ecia (los llama «impo unos nescios», . 51), pues solo año a a los que ha conocido en su es ancia salman ina, se mues a a a és de la na ación de lo que ellos le p e- gun an, y de la ememo ación de dichas p egun as: «Me p egun an: ‘¿qué edi icios is es allá? Dezídnoslo’» ( . 49-50). Lo llama i o es que es e in e és de los amigos se illanos en el iaje se debe a que Tama iz ha pasado po luga es con impo an es uinas omanas, Mé ida y Cápa a (con el «quad ángulo», . 47, un a co omano cuad i on e), y ellos desean que les hable de los edi icios, lo que mues a una común pasión po las an igüedades clásicas. El «yo» dis ingue en e esos an iguos amigos, a los que, pese a sus p egun as, no quie e ela a su iaje desde Salamanca has a Se illa a a esando Ex emadu a (Plasencia, Mé ida y Cápa a); y el des i- na a io, el único al que quie e con a sus a en u as de malas en as y suciedad (quejas muy simila es a las de Ga cilaso), aunque sea po esc i o. El «yo» jus i ica su dis in a elocuencia po el di e en e in e és de unos y o os: los amigos de Se illa no le p egun an po e dade o in e és sino po cong acia se con él, mien as que el des ina a io de la epís ola sí que desea sabe cómo ha ido su camino desde que se despidie on is es. T as es a jus i icación, da comienzo la e dade a na ación del iaje, desde lo que conside a un «des e a desa mi pa ia,/ que pa a mí e a p opia» ( . 75-76), es deci , que el «yo» no se aleg a de habe llegado a su pa ia de naci- mien o po que había encon ado su e dade a pa ia allí donde había es ablecido buenas amis ades. Cuando desc ibe el camino, el «yo» inse a los diálogos con el cana io del des ina a io (en iendo que el pája o): «Nunca se nos pasó jo nada (c éeme)/ sin que de i hablásemos/. ‘F ancisco, o buen F ancisco’ ambos decía- mos» ( . 83-85). Según cuen a, el pája o y él alige aban el camino eco dando las ob as del des ina a io, y llamándole y nomb ándole. Po ello, desde que ha llegado a Se illa, ciudad «míse a» y « alle de lág imas» ( . 106-107) solo i e hundido, p esa de la nos algia, en un es ado muy simila al desc i o po Núñez de Reinoso en sus epís olas, pe o no po la ausencia de la pa ia, la amilia y los amigos, sino solo de un único amigo. El suje o lí ico se au o e a a según odos los ópicos del aman e desdichado50, pe o a causa de la sepa ación de su amigo, no de ninguna 50. En el ámbi o anglosajón se ha es udiado en p o undidad el amo en e homb es exp esado en la poesía, en pa icula en la de Shakespea e y John Donne ( éase Klawi e : 1994), en la que un «yo poé ico» masculino mues a su amo o deseo po un des ina io ambién masculino. En I alia, dall’ O o (1988) de iende que muchos au o es enacen is as emplea on el «amo soc á ico» y la amis ad como dis az del amo masculino, pa a e i a las acusaciones de sodomía: Ficino, Cas iglione Miguel Ángel, Gio anni Pico della Mi andola, Benede o Va chi, Gio dano B uno… Des acan o os es udios globales sob e I alia, como el de Saslow (1986); y el a ículo sob e las eo ías de Ficino y T e isani de Maggi (2005); así como los ex os legales, li e a ios y eligiosos Sel - ashioning y posicionamien o del poe a en las co espondencias é icas del p ime Renacimien o 55 S udia Au ea, 10, 2016 dama: es una ó ola ama ga, un pelícano, un pája o soli a io… «Pe dida ya mi glo ia,/ en las playas es oy de Babilonia,/ de Sión aco dándome» ( . 118-120). Tal y como sucedía en la co espondencia en e Mon emayo y Ramí ez Pagán, se incide en la conjun a in e p e ación musical y can o, algo que pod ía e leja una ac i idad eal (en el caso de Mon emayo segu o que sí, pues o que e a músico) o se una me á o a de la poesía, especialmen e cuando se mencionan ins umen os pas o iles como la zampoña o la lau a o el ca amillo. En es e caso, el suje o lí ico lamen a no escucha nunca más aleg e música, ni cán icos, ni oca la lau a jun o al B ocense, y po ello dice que abandona á la zampoña y el ó gano; y que se á como un á bol es é il, lo que el mismo «yo» acla a luego que son pa ábolas pa a de ini su dolo . Aunque pa ece que es a enuncia a las pa ábolas a a da paso a un discu so más di ec o de sus sen imien os, lo que hace el suje o lí ico es exp esa su mal de ausencia en e ce a pe sona, en ez de di igi se di ec amen e al des ina a io: «Mi buen F ancisco ál ame» ( . 136). La ca a se da po inalizada p ecisamen e po la al a de inspi ación que su e el «yo» po la dis ancia de su amado amigo. Es llama i a en es a epís ola la ausencia de la p ime a pe sona del plu al, pese al p o- agonismo de la elación amis osa en e emiso y des ina a io, que explica ía la e- memo ación de ac i idades conjun as. El único empleo de es a pe sona engloba al emiso y al cana io del des ina a io, que en su iaje conjun o compa en su admi- ación y año anza po el « ú». Es deci , que en es e poema no se ecalca lo que une a los dos polos de la comunicación, sino que lo que in e esa des aca es lo que los sepa a: la dis ancia ísica en e Salamanca y Se illa. La espues a del B ocense es á, como la an e io , a iculada con mucho equili- b io en e la p ime a y la segunda pe sona del singula . Sí hay una mayo p esencia de la p ime a pe sona del plu al pa a en a iza el in enso amo en e emiso y des- sob e el ema ecopilados po Bo is (2004). Toda ía no se ha explo ado en p o undidad es a posible línea de in es igación en la poesía enacen is a española, y has a donde sé, menos aún en las epís olas a amigos, en donde el modelo de Ho acio acili aba la imi ación del amo masculino, ya que, como señala Woods (2001: 11) en su manual, Ho acio apa ecía en odas las nóminas de esc i o es conside ados homosexuales como uno de los pun ales de la adición, an o en su ida como en sus e sos, pese al hecho de que en es os apa ecen an o jó enes como muje es y a la necesa ia ma ización de las elaciones e ó icas en la Roma an igua (2001: 41). Sin duda, en ex os como es os se plan ea un p oblema de in e p e ación: ¿Tama iz y El B ocense exp esan su elación en es os é minos po que es án imi ando a los clásicos y adop ando los oles de maes o y discípulo que compa en un «hones o amo »? ¿O simplemen e aplican los ópicos de la poesía pe a quis a a la elación de amici ia cice oniana o en e sodalicios, la inismos empleados po El B ocense? ¿O, la opción más pelig osa, puede habe un as ondo au obiog á ico y no solo a a se de un ópico li e a io? Hay que ene en cuen a siemp e o os ex os que e lejan la amis ad masculina, pa a compa a el ono y el discu so empleados. Po ejemplo, los sone os de Al a Gómez de Cas o a Juan Hu ado de Mendoza exp esan sen imien os muy pa ecidos. No obs an e, muchas eces los p opios au o es son con adic o ios. Como ecue da Woods (2001: 84), Mon aigne, an incula- do en emas y aíces con las epís olas de es e co pus, dis ingue en su ensayo L’ami ié en e el amo he e osexual, la amis ad en e homb es adul os (que ensalza en su elación con E ienne de la Boe- ie) y la pede as ia g eco omana, pe o ci a a Ca ulo y a Ho acio pa a exp esa sus sen imien os. 62 Cla a Ma ías S udia Au ea, 10, 2016 Hu ado de Mendoza y po Ce ina en sus poemas. A p ime a is a, puede pa- ece que no es an inno ado a discu si amen e como las an e io es co espon- dencias analizadas, dado que no hay diálogos ni ep oducción de pa lamen os de o os pe sonajes en es ilo di ec o. Sí que hay menciones al desdoblamien o en e el suje o lí ico y su p opia pluma («sus ac os [de la pluma] lle a án…», . 7 y 10), como en Mon emayo y en Tama iz, pe o el «yo» no dialoga con ella como en los o iginales pasajes del po ugués. Sin emba go, hay o os elemen os que con ie en a es a epís ola en un ejemplo muy llama i o den o del co pus. En p ime a luga , el «yo poé ico», as un comienzo de ono elegíaco, se mues a emendamen e i ónico, ácido, y bu lesco, algo que solo se encuen a en es e g ado en las epís olas de Diego Hu ado de Mendoza (especialmen e en la di i- gida a su he mano Be na dino y en la que esc ibe a Luis de Á ila sob e la ida del embajado ); y en la de Jo ge de Mon emayo a Diego Ramí ez Pagán. De es e modo, al mismo iempo que sub ie e el ema ho aciano de la ida ideal en la na u aleza y de la soledad, como examina é más adelan e; el «yo» adop a un ono que es habi ual en las epís olas del enusino. En segundo luga , Bal asa del Alcáza in oduce en su epís ola un mecanismo pa a inclui o ace ca al « ú» en su na ación, algo que log a mucho más que o os poe as y que con ie e el poe- ma en una comunicación exi osa. Es e mecanismo consis e, undamen almen e, en sal a la dis ancia eal que sepa a al «yo» (en la aldea) del « ú», p oponiendo al des ina a io un iaje imagina io. No se a a de in i a al « ú» a uni se a la ida aldeana, como Diego Hu ado o Boscán, pues o que la c i ica, y lo que desea es abandona la; sino a p opone le que se ponga en su luga , que haga un eje cicio máximo de empa ía y i a, como si ue a él, los ho o es que él su e. La inclu- sión del « ú» en ese mundo eal y denig an e pa a el «yo», pe o en el que él no es á, se consigue con las mismas he amien as que empleaban Diego Hu ado y Boscán en sus an asías posi i as: el impe a i o y el u u o. Examina é con mayo de alle es os dos elemen os que des acan en la cons- ucción discu si a de la epís ola. En la p ime a pa e del poema, el «yo» incluye el habi ual elogio al des ina a io y la ambién común au o-denig ación e inse- gu idad, du an e cua o e ce os encadenados en los que al e nan la p ime a pe sona del singula con la e ce a en e e encia a su pluma; y la segunda. A con inuación, el «yo» desc ibe su es ado anímico y la elación en e es e y la es- c i u a, pe o cu iosamen e no lo hace en p ime a pe sona más que en el p ime e ce o de es e pasaje (« i o», « engo», «mi eposo», . 16-18), ya que después lo exp esa de mane a impe sonal, «ya no hay…» ( . 19), enume ando odo lo que ha pe dido. Al inal de es e pasaje, cuando se elaciona el es ado psicológico del «yo» con el poema que es á esc ibiendo, se ein oducen las alusiones pe sonales: «el ingenio ha comenzado/ a que e os mos a de sus sudo es…» ( . 37-39); «no can a é, seño , blandos amo es» ( . 40); [o namen o] como aquel que de os el mundo espe a» ( . 48), «no i ezas, que nunca las aquis o», «con o me la lib ea que is o» ( . 49 y 51). Después comienza e dade amen e el ema de la epís ola, «la ida mise able del aldea» ( . 54), in oducida al « ú» con un «seño Sel - ashioning y posicionamien o del poe a en las co espondencias é icas del p ime Renacimien o 63 S udia Au ea, 10, 2016 […] os he de con a muy ancamen e» ( . 52-53), es deci , como si se a a a de una con esión en la que p ima la since idad. P ime o con as a su imagen ideal del campo cuando es aba en la ciudad, con lo que se ha encon ado, au- opa odia que, al mismo iempo, es una c í ica a odos los que han idealizado la ida aldeana en sus epís olas; de igual modo que Mon emayo censu aba la gene alizada adulación al des ina a io. Y después desc ibe sus ac i idades co i- dianas, conscien e de que su men e iaja a la ciudad, a Se illa, donde es án el des ina a io y la amada. Es e econocimien o de la insa is acción del se huma- no, que cuando es á en un luga siemp e es á pensando en el que ha dejado, ambién apa ece en las epís olas de Ho acio, po ejemplo en la I, 8, cuando el «yo» señala «en Roma año o Tíbu , en Tíbu Roma»62. Al habla del opaje de una campesina, de su co a saya y lo que deja al descubie o, in oduce al « ú», con un guiño e ó ico: «y aun mucho más, si más que éis, enseña» ( . 96). A pa - i de ahí el «yo» se p odiga en es os e os al « ú»: «si que éis llega un poco aden- o/ end éis po muy li ianos es os daños» ( . 98-99), «da os ha en las na ices» ( . 100); «decildes un donai e […] os di án una pulla» ( . 106-107). La p ime a alusión al «noso os» no iene un sen ido inclusi o, pa a engloba al «yo» y al des ina a io, sino que se e ie e al «yo» y a sus aldeanas. El suje o lí ico hace gala de su i onía, desc ibiendo una escena idílica pas o il y b uscamen e con i ién- dola en la ealidad in e nal: de los can os bucólicos a los oncos de asno. P on o el «yo» uel e a guia al des ina a io en su paseo ic icio po la aldea en que i e, p esen ándole las escenas co idianas. La segunda apa ición del «noso os» sí que si e pa a ace ca al des ina a io a los hechos; «dejemos és as y ol amos/ a a a … que hallamos» ( . 139-141). Rein oduce el u u o con que p esen a la escena al « ú» a las se anas o de o a-homb es: « e eíslas» ( . 142), «decilde» ( . 148), «halla es» ( . 149), «os han de paga » ( . 150), «da os ha» ( . 151), «que os deje» ( . 152), « ues o seso en ano lo busca es» ( . 153), «mi ad» ( 154). Cuando no le in i a a pone se en su piel, el «yo» se di ige al « ú» con p egun as, pa a no pe de el hilo comunica i o: «¿que éis sabe , seño …? Yo os de e mino con a …» ( . 163-164), « ed si con es e cuen o» ( . 181). T as some e a cues- ión, como en oda la epís ola, su sa í ica pe o ama ga na ación, conscien e de que es á e e iendo una adición, el «yo» e oma el ecu so de inclui al « ú» como es igo de las simplezas de los campesinos, es a ez de los homb es: «sa- li os heis» ( . 184), «gus a éis» ( . 185), «con a os han» ( . 187), «deci os han» ( . 190), « e éis» ( . 193)… La i onía y el sa casmo pe sis en en el suje o lí ico, po ejemplo cuando de ine a los incul os campesinos como «homb es sus ancia- les/ ha o bien a isados en su a o» ( . 185-186). En la pa e inal de despedi- da, el «yo» e ena sus deseos de segui con ando al « ú» sus penalidades, pa a no cansa le, y ei e a que pasa un b e e pe iodo en el campo es á bien, pe o más es insu ible. En es a sen encia ambién incluye al des ina a io: «en onces [si es 62. Ho acio (2002: 58). 64 Cla a Ma ías S udia Au ea, 10, 2016 un a o] la simpleza es gus o oílla/ po que allí la escucháis y, dando uel a/ con quien gus a e más podéis eílla» (205-207). El se en esio inal ambién ecalca la in i ación al « ú» a que iaje con él a a és de la imaginación pa a comp en- de cómo se sien e, en la aldea y lejos de su amada. La espues a de Ce ina a Alcáza 63 des aca, en el plano discu si o, po es a mucho menos cen ada en la p ime a pe sona del singula que la an e io , pues iene pasajes en e os en e ce a pe sona. En el p eámbulo de ag adecimien o y elogio, po supues o, sí que p edomina la p ime a y la segunda pe sona del plu al (muchas eces usionadas en un solo e so), ya que es la pa e en la que el emiso más se es ue za po hace llega su mensaje al des ina a io: « ues a ca a, seño , he ecibido», ( . 1); «andáis a adi ina me el pensamien o» ( . 6), «yo, que el dulce can a de los amo es/ ues os había leído, deseaba» ( . 7-8); «me habéis pin ado» ( . 11), «me mo ió ues a pin u a» ( . 19), «¡ ed has a donde llega mi locu a!» ( . 21), «espe o que e éis alguna cosa» ( . 26), «la pluma ues a me con- ida» ( . 31). A con inuación, cuando comienza el ema de la epís ola, la c í ica de la ida en la ciudad, Ce ina cons uye un suje o lí ico muy dis in o al de Alcáza : más que i ónico y bu lón, se mues a ama go y sa í ico, como él mismo econoce. En luga de desc ibi la ciudad desde un pun o de is a pe sonal, cen- ándose en lo que a él le a ec a, como había hecho el suje o lí ico de Alcáza , el «yo» de Ce ina mues a los icios desde ue a, en e ce a pe sona. Solo in oduce algunas ma cas pe sonales y deíc icos pa a ace ca la desc ipción: «aquí, seño » ( . 37); «no digo de sobo no» ( . 41), «¿qué di é, pues, seño …?» ( . 58); «¡ ed qué conciencia!» ( . 80). Es a pa e más mo al y abs ac a se desa olla has a el e so 85, en que el «yo» in oduce la igu a co ec ionis que ambién apa ecía en la elegía II de Ga cilaso, y admi e habe se inclinado hacia el ono i acundo de la sá i a. A pa i de es e momen o, el suje o lí ico cambia su ono y su ac i ud, e in en a se más cohe en e con la epís ola ecibida, aludiendo a los emas p e- sen es en ella, y empleando más la p ime a y la segunda pe sona del singula : «ya sien o que me o encendiendo en i a» ( . 85), «yo mos a a hoy colmo el aso» ( . 88). Como Mon emayo en su epís ola a Ramí ez Pagán, in oduce el ema de la necesa ia au ocensu a, po el pelig o que aca ea deci la e dad: «ya del mundo es ley que mue a/ quien dije e e dad» ( . 91-92). Po ello el yo decide que «mudemos plá ica/ pasando así po odo a la lige a» ( . 93). Es deci , enuncia a la sá i a g a e y se ia y gi a hacia un poema menos p o undo (como el de Alcáza ) po que es conscien e del iesgo que co e si sigue po la ía iniciada, que sus c í icas no solo an a en ende se como ópicos li e a ios, como una imi ación de la adición ho aciana, sino que pueden lee se como a aques a la sociedad de su iempo. La siguien e pa e del poema con as a la desc ipción de la aldea ealizada po el des ina a io en su epís ola, con su idea de la ciudad, siemp e acla ando 63. Ci o es a epís ola po la edición de Ponce de Ce ina (2014: 1130-1142). Sel - ashioning y posicionamien o del poe a en las co espondencias é icas del p ime Renacimien o 65 S udia Au ea, 10, 2016 de o ma ingeniosa que lo la ciudad es mucho peo . Al p incipio de es a pa e hay alusiones cons an es al des ina a io y a sus palab as: «decís; mas no, seño » ( . 95); « os decís» ( . 98), «seño » ( . 100). El con as e se acen úa cuan o Ce ina ecu e al mismo ecu so que había empleado Alcáza , y le hace iaja men almen e a la ciudad pa a que compa e con sus p opios ojos los males de los que se lamen a en la aldea, y los mucho peo es que le aqueja ían si es u ie a con él en Se illa: «allá, si os en adáis…/ acá no podéis e …» ( . 109 y 112), «salís allá a i a …/acá os i an y encla an» ( . 115-116), «si allá caéis po los su cos,/ acá halláis bes ias» ( . 118-119), «allá mi áis…/ acá … e éis» ( . 124-126). Ce ina hace ingeniosas e e encias a las desc ipciones de Alcáza del campo, que pa a asea, en un juego li e a io inédi o en el co pus. Solo en uno de los e ce os ompe la cohe encia, pues o que, en luga de desc ibi al « ú» en el campo y en la ciudad, se e a a a sí mismo psicológicamen e en uno y o o luga , y lo hace de un modo muy simila al «yo» que p oyec a Diego Hu ado de Mendoza en a ias de sus epís olas, como un suje o an asioso que no i e en la ealidad: «Allá, si el pensamien o las pisadas/ sigue donde yo es oy, acá me hace/ mil o es en el ai e mal undadas» ( . 121-123). Es e juego de con as a las ac i idades del « ú» en el campo con las que end ía en la «ciudad», habi ualmen e se con- densa en un solo e ce o, excep o en la úl ima de las desc ipciones, e e en e a las muje es, que se ala ga en dos e ce os, uno pa a el campo y o o pa a Se illa, po que es el ema que más se a a desa olla a con inuación, en pa alelo con lo que había hecho Alcáza . Es a sá i a con a las muje es, en la que el suje o lí ico de iende que las se illanas son oda ía más odiosas que las se anas ecolec o as de acei unas de las que enegaba Alcáza , se desa olla con el mismo con as e en e ambos luga es (pe o en ez de «acá» y «allá», con «esas» y «es as»), pe o de mane a más impe sonal. No hay ma cas de p ime a o segunda pe sona en cada e ce o, solamen e de mane a espo ádica: «ésas, si necias son, andáis en e ellas/ sigu o que no os juzguen y sigu o/ que no os enzan, si no podéis encellas./ És as más sabias son, mas yo p ocu o/ siemp e menos sabe y más llaneza/ an- o el a o es mejo cuan o es más pu o» ( . 139-144). Al igual que Alcáza , Ce ina in oduce e e encias cla amen e e ó icas y sexuales, algo que no ha de so p ende dada la ansmisión exclusi amen e manusc i a de es as epís olas y el ópico li e a io de las se anas. Del mismo modo que Alcáza incluía una anécdo a o cuen o bu lesco, de adición o al (no leyendas cul as como la de Alejand o Magno en la epís ola de Diego Hu ado a Luis de Á ila), Ce ina, que, como se e, es á siemp e a en o a esponde de mane a aco de a cada una de las pa es de la epís ola ecibida, dice que que ía co esponde le con o o aún más cómico, pe o nue amen e se au ocensu a pa a que no le acusen de malicioso ( . 169-174). Po ello solamen e comen a la conclusión del cuen ecillo de Al- cáza , y cie a el ema de las se anas y las se illanas, con un gi o con e sacional exp esado con la me á o a del caballo y las iendas, an ei e ada en odo el co - pus, c eo que a pa i del modelo de Ga cilaso: «no al an o os mil deslizade os/ de que se puede mal o ce la ienda» ( . 182-183). 66 Cla a Ma ías S udia Au ea, 10, 2016 La sección inal de la epís ola uel e a la compa ación en e los icios que se encuen an en la aldea y en Se illa, en e «allá» y «acá», siemp e con el én a- sis en que es os úl imos son peo es, y a la exp esión más impe sonal y sa í ica: «allá, si simples son, son muy g aciosos;/ acá necios sin gus o y desg aciados…» ( . 187-188). Como es habi ual, en la conclusión y despedida eapa ece la p i- me a pe sona: «me deshago y me con is o/ y quedo alguna ez an enojado/ que de a a con ellos me desis o» ( . 209-211). Ce ina cie a su epís ola con la misma excusa que Alcáza : el deseo de no cansa le más con sus «simplezas» y su «es ilo an bajo y an pesado» ( . 212-213), y con la misma alusión al dolo sen imen al, pincelada de un ema, el amo oso, al que no se le ha dedicado nin- guna a ención a lo la go del poema. La di e encia undamen al es que el poe a mayo p ome e que si no mue e y si su es ado anímico mejo a, le esc ibi á algo posi i o (es deci , no an sa í ico) elogiando la ida de aldea que Alcáza ha de- nos ado, es deci , que con aa aca á sus a gumen os con o os posi i os, en luga de la opción escogida en es a epís ola: no de ende las bondades del campo, sino sos ene que los males de la ciudad, de Se illa en conc e o, son mayo es. Es a p omesa de con inua la co espondencia solo apa ecía de mane a an cla a en la espues a de Boscán a Diego Hu ado. La ad e encia del se en esio inal de que es a «hija oscu a y ea» ( . 222) de Ce ina solo ha de lee la Alcáza , y no puede dá sela a lee a nadie más, esul a única en el co pus, y de g an in e és pa a comp ende la concepción del géne o po pa e de es os dos au o es. En el empleo del «noso os», Ce ina es algo más gene oso que Alcáza , si bien la mayo ía de las eces con un e ec o de exclusión del des ina a io, pues se e ie e a Ce ina y al es o de se illanos o habi an es de la ciudad, más que a Ce ina y a Alcá- za . La p ime a apa ición del «noso os» se da al desc ibi con ama gu a cómo un- ciona el pode en la ciudad, en la que los ciegos adies an a los que en «po culpa nues a» ( . 39). La segunda iene la misma unción que enía en una ocasión el «noso os» en Alcáza , pa a e e i se a emiso y des ina a io e in i a a cambia de ema: «mudemos plá ica» ( . 92). La e ce a ez es ambigua, puede e e i se a Ce ina y a los se illanos, o ambién a Alcáza , que e a o iundo de la misma ciudad, «nues a ciudad loca y luná ica» ( . 96). Después apa ece cla amen e e e ido a los u bani as en e a los campesinos: «en la ciudad […] común es ilo/ es acudi nos mal y mal con ino» ( . 100-101). Los siguien es usos se e ie en a los se illanos, «acá, seño , e éis las se illanas/ nues os días coge » ( . 128), «es o as [las se- illanas] nos ensalman» ( . 178). Discu si amen e, como se ha is o, la epís ola de Ce ina no esul a an inno ado a, ni su o aleza comunica i a consis e en el cons an e empleo del «noso os» que an o llama la a ención en la de Boscán, po ejemplo. Lo que des aca en ella es el es ue zo cons an e de Ce ina po esponde a los mismos emas que le había plan eado Alcáza , po dedica les la misma a ención (con una mayo ex ensión de la c í ica de las muje es) y po emplea el mismo ecu so de p esen a le su p opia ealidad como si el o o la es u ie a i iendo. Respec o a la con igu ación del suje o lí ico, como en odas las co espon- dencias úl imas que he analizado, los au o es se p oyec an de la misma mane a Sel - ashioning y posicionamien o del poe a en las co espondencias é icas del p ime Renacimien o 67 S udia Au ea, 10, 2016 en los es campos: el psicológico, en el que ambos se mues an insa is echos con su ealidad, aunque en luga de exp esa lo con ono elegíaco eligen la i onía o la bu la; el é ico, en el que se si úan en un plano supe io , pues c i ican o sa i izan a pa e de la sociedad; y el li e a io, en el que se pin an insegu os e in e io es al o o. Bal asa del Alcáza cons uye al inicio de la epís ola un suje o lí ico dominado po la is eza y la apa ía, no se sabe muy bien si po halla se lejos del luga que e a su hoga , o po habe pe dido los sen imien os amo osos que le inspi aban: Vi o an descuidado, de cuidoso, que engo ya po ie a muy ajena la que ue en algún iempo mi eposo, […] No aquella soledad que se solía g an ocasión de gus o al pensamien o, ni aquel ela la noche como el día. […] Todo a ya pe dido y odo al o; odo del se o nado de una ida que an del bien al ma ha hecho sal o. Tan o, que es la eliquia más asida, que en el alma quedó del bien pasado, una ama ga memo ia en is ecida. ( . 16-18, 22-24 y 31-36) El «yo poé ico» se pin a an desg aciado y hundido como el de Núñez de Reinoso en sus epís olas a su p ima, a Ma ía de Guzmán y a Tomás Gomes, pe o po el mo i o de su es ado de ánimo, que pa ece modelado sob e odo po la pé dida de la espe anza amo osa, se asemeja más al que p oyec a Ga cilaso en su elegía II. Al habla de un «bien pasado» o de que «del bien al mal ha hecho sal- o», o de su «ama ga memo ia en is ecida» pa ece aludi a un amo co espon- dido, que aho a se ha acabado, ocasionando su al a de inspi ación y de ganas de i i , y su incapacidad pa a dis u a la soledad que an es le e a ag adable; es deci , hay un con as e en e pasado eliz y p esen e in eliz que es opues o al que desa olla el «yo poé ico» de Boscán. Es e es ado elegíaco y melancólico, que en es e comienzo de la epís ola pa ece debe se al amo , a pa i del e so 52 se ans o ma en una ac i ud igualmen e nega i a del suje o lí ico, pe o po un mo i o muy dis in o al amo oso, la ida en la aldea a la que se ha is o o zado a i ; y con un ono ambién muy di e en e, mucho más i ónico y bu lesco que elegíaco y melancólico. El «yo poé ico» econoce que, cuando es aba en la ciu- dad, idealizaba el campo como locus amoenus, pe o aho a que se en en a a la ealidad, solo e lo «mise able» e «insu ible» que es. A pa i de ese pun o, el suje o lí ico desc ibe muy nega i amen e la al- dea, con c í icas que, en pa e, pa ecen ene una aíz au obiog á ica, y, en o a, esponde a la adición de sá i a con a los aldeanos. El «yo» se mues a desdi- chado po que, en luga de dedica se a las musas, iene que pe de el iempo en 68 Cla a Ma ías S udia Au ea, 10, 2016 isi a el silo y el molino pa a con ola la p oducción, que es an escasa que le hace culpa a los abajado es. Tampoco le ali ia i a caza zo zales con balles a, y le i i a ene que isi a a las a eado as de oli os, a a esando los su cos de los campos a ados. Admi e una ez más su ca ác e an asioso y con endencia a la i ealidad, an p opio del «yo» p oyec ado po Diego Hu ado de Mendo- za, dado que ecalca, como an es indiqué, que mien as es á obse ando a las campesinas, es á pensando en la ciudad. En ese momen o, el «yo» en is ecido e insa is echo se ans o ma en un se i ónico y bu lón, ya que desc ibe a las a eado as de oli os de mane a sexual y bu lesca: lle an la saya co a, huelen a humo o ajo, esponden con pullas a los pi opos, can an ho iblemen e… El inal del día en el campo, con el eg eso a casa al a a dece , que había sido dibujado de mane a idealizada po Hu ado de Mendoza y Boscán, es imi ado i ónicamen e po Alcáza . Una ez en la aldea, el es ado de ánimo del «yo» no mejo a, pues o que le i i an no solo las campesinas, que can an como si ebuzna an y que le moles an du an e la cena, sino las cuad ille as, que bailan «como locas, sin son» ( . 132), como los homb es iciosos que desc ibía Boscán, aunque el e ec o que le p oducen no es an o de desespe ación cuan o de isa, lo que mues a el cam- bio anímico que expe imen a desde ese momen o, pues a pa i del e so 139 desc ibe a las aldeanas según odos los ópicos de la se ana «de o ahomb es». El suje o lí ico uel e al ono elegíaco y se io cuando se lamen a del « ie o des ino» que le hace ene que sopo a a los campesinos con sus maldades y su igno- ancia, y pone como ejemplo un cuen ecillo o anécdo a de un se ano que ue he ido en una pelea y al que cuidaba una cuad ille a que le ha aba de pue co o de sa dinas, algo que al ez puede ene una conno ación e ó ica. Re o na al ono i ónico y bu lesco cuando c i ica la escasa cul u a de los campesinos, basa- da en can a es como los de Fe nán González, y con ideas an dispa a adas como «halla se donde se jun a el cielo con la ie a» ( . 194-195). Y cie a la epís ola con una ac i ud más mode ada, cuando econoce que no iene sen ido ala ga las quejas, y que la ida que lle a pod ía se delei osa pa a un a o, como ma e ia pa a después eí se, pe o no pa a an o iempo como debe pasa allí. Y ealiza una decla ación que pa ece suge i un an i-ho acianis- mo con espec o al deba e ace ca de la soledad y la ida e i ada: «no soy an melancólico que, siendo/ moles ia pa a mí an nue a gen e,/ pueda la soledad anda siguiendo» ( . 211-213). Es e e so, que p o iene del inicio de la canción II de Ga cilaso, «La soledad siguiendo/ endido a mi o una», como ha seña- lado Jesús Ponce64, pod ía en ende se ambién como un sín oma del cansancio po el ópico de la soledad en la poesía. Es deci , el «yo» admi e que es g ega io, que busca la compañía, y que po mucho que es a le disgus e, como la de los campesinos, la p e ie e a la soledad escogida po los de empe amen o melan- cólico. El se en esio que si e de colo ón e oma la ac i ud de la ape u a de la 64. Ponce (2014: 1129). Sel - ashioning y posicionamien o del poe a en las co espondencias é icas del p ime Renacimien o 69 S udia Au ea, 10, 2016 epís ola, con una alusión al mal de amo es causado po la dis ancia, que p o oca la is eza del «yo». Ce ina no pe ila an o el «yo poé ico» de su epís ola en el campo psicológico, sino en el mo al, como de alla é a con inuación. Solamen e se deduce de sus c í icas, p ime o ácidas y después más jocosas, a los u bani as en gene al y los se illanos en pa icula , que es á descon en o e insa is echo con la ealidad en la que i e. Pe o, espec o a su pe sonalidad, hay que espe a has a el . 127 pa a e cómo se de ine en los mismos é minos que Diego Hu ado de Mendoza y que Alcáza , como un se an asioso y soñado que i e más en su pensamien o que en la ealidad, y con la misma me á o a de las « o es en el ai e». Al inal de la epís ola alude a su es ado de ánimo pésimo al ene que i i jun o a los iciosos se illanos: «me deshago y me con is o/ y quedo alguna ez an enojado/ que de a a con ellos me desis o» ( . 208-210). Y, al y como había hecho Alcáza , cie a el poema con una mención a las penas amo osas, a «un dolo que me ap ie a, ex año, esqui o» ( . 214). É icamen e, el «yo» de Alcáza se con igu a como un se supe io , cul o y u bani a, que c i ica a los campesinos que abajan a su se icio en el silo, el molino, y el oli a , a los que a aca no solo po su al a de cul u a, o po la al a de a ac i o en el caso de las muje es, sino ambién mo almen e. Lamen a su i «bajezas», « anidades», «igno ancias», «malicias», «necedades», «simplezas» «pe- sadumb es», « illanías», «moles ias», g ose ías», y « o pedades» du an e su es an- cia en la aldea ( . 156-162). Ce ina desa olla con mucha más ampli ud el ema mo al, quizá po que cuen a con ello con una adición an iáulica que le o ece más a gumen os sob e los icios de la ciudad, que muchas eces mezcla o asimila a las c í icas de la co e, que an bien conoció en sus p ime os años. El suje o lí ico que cons uye Ce ina es un se supe io mo almen e a los demás, que es á en posesión de la e dad y que pod ía mos a al mundo, como buen sa í ico, los icios escondidos, pe o se au o-censu a y decide solo desc ibi aquello público y no o io, «pues lo demás deci no se consien e» ( . 35), ya que es una época en la que no es líci o, como lo e a en Roma, el a aque a a és de «pasquines» ( . 43-45), pues, además « iénese a pe de e dad diciendo» ( . 66), es deci , es una sociedad an dominada po la men i a y la censu a que quien ompe con el silencio y dice la e dad solo a a log a co e pelig o. Es e suje o lí ico c i ica que los amigos pa ciales y p i ados son los que modulan los ac os de los que gobie nan, de modo que los ciegos adies an a los que en, y la alsa hipoc esía manda a la emulación, la i anía, la en idia y la pasión. A aca la adulación que ha acabado con la e dad, y que la gen e se con en a solo con «pla ica y p opo- ne se» ( . 49-51), es deci , i e de la apa iencia y de la disimulación, ya que «ni los dichos con o man con los hechos» ( . 56). Cuando abandona la sá i a más abs ac a y desciende a los casos conc e os que a ec an a Se illa, a aca a los esc ibanos po sus cohechos, hu os y maldades; a los men i osos y lisonje os; a los que se en iquecen especulando y ampeando con el cambio («sin dine os,/ g andes iquezas an acumulando» . 69); a los le ados que in e p e an de mane a dis in a la misma ley según les con iene; 70 Cla a Ma ías S udia Au ea, 10, 2016 y a los que p ac ican el nepo ismo. Señala el cambio de o den social que ha aído un «mundo al e és», según el cual los nobles han pasado a se los icos, y los pob es nobles los «peche os»; los locos, co esanos a isados y los cue dos, pesados y enojosos. La sociedad es á an co ompida que a los de audado es se les conside a p uden es y a los aido es, mañosos; algo que Ce ina de ine magis- almen e con una e ec i a compa ación muy de ac ualidad: «Como del cue po salen los gusanos/ que el mismo cue po al in se an comiendo,/ se comen a Se illa se illanos» ( . 62-63). El suje o lí ico admi e su endencia a la sá i a y a la i a, po lo que se au ocensu a, como ya señalé an es, y decide adop a un ono más lige o, más simila al de Alcáza desc ibiendo la aldea. Po ello desde el . 94 con inúa denos ando las cos umb es de los se illanos, pe o lo hace de modo más es i o, con los juegos de ein e p e a las palab as de Alcáza , ecu so que an es indiqué; y no si uándose como supe io a odos, sino incluyéndose den o del colec i o: «Salís allá a i a con la balles a;/ acá os i an y encla an mil iciosos/ que es á con a i ud la mi a pues a» ( . 110-112). La posición de censo mo al desapa ece po comple o cuando desc ibe de o ma bu lona a las muje es se illanas en con as e con las aldeanas. Nue amen e hace e e encia a la censu a social, cuando p e ie e no con a a Alcáza un cuen ecillo, que pa ece ambién bu lesco e i ónico, po « emo de se enido/ o po de mala lengua o malicioso», lo que le hace es a «callado y encogido» ( . 172-174). Es deci , el «yo poé ico» de Ce ina con ola su discu so de mane a ei e ada. T as la sá i a de las muje es, con inúa el a aque a las cos umb es mo ales de la ciudad: la codicia de los me cade es, la p epo encia de los «en onados caballe os», la malicia de los «majade os» que se dedican al juego, las ca as y los dados… Hay dos elemen os que de inen Se illa, además de la co upción an es denunciada con la me á o a de los gusanos: la mu mu ación y la necedad, pues los se illanos c een, según Ce ina, que saben más que cualquie co esano a isado, que «es imposible/ que alguno pudo e lo que él no ha is o» ( . 205-206). Como se conside a supe- io , el «yo» p e ie e no a a con los se illanos. En el plano li e a io, Bal asa del Alcáza se mues a desde el p incipio in e- io a Ce ina, mayo que él, y humilde espec o a su poesía, que ebaja a « abajo y igilias de mi pluma» ( . 2), impe ec os en e a la pe ección de las ob as de su des ina a io, aunque llenos de buena olun ad. Es o es, cumple odos los ópicos de la humildad, incluido el de la incapacidad pa a esc ibi o pa a elegi el ema: «mil eces he pensado de esc ibi os/ y an as lo he dejado, de dudoso,/ sin sabe qué a a ni qué deci os» ( . 14-16). Como Núñez de Reinoso, al ex- p esa su es ado de ánimo nega i o jus o después de con esa su al a de inspi a- ción, pa ece elaciona ambos hechos. En es e caso, el «yo» es á aquejado de una nos algia muy dis in a a la del exiliado: ya no encuen a mo i os pa a segui a las musas ni pa a can a al amo ( . 19-21), pues o que del que enía solo queda un ama go ecue do. Sin emba go, el «yo poé ico» se con adice en el mismo hecho de la esc i u a: al iempo que dice habe pe dido la inspi ación y no sabe qué compone , econoce que «el ingenio ha comenzado/ a que e os mos a de sus Sel - ashioning y posicionamien o del poe a en las co espondencias é icas del p ime Renacimien o 71 S udia Au ea, 10, 2016 sudo es,/ el poco p emio que i ud le ha dado» ( . 37-39). Es deci , ecalca que su poesía no su ge de la inspi ación ni de las musas ni del sen imien o amo oso, sino del es ue zo, del sudo ; pe o p o enga de donde p o enga, ya ha o o con el bloqueo de esc i u a que le pa alizaba y le había hecho abandona la epís ola en o as ocasiones. Eso sí, el suje o lí ico, en unción de su es ado anímico, escoge un ema dis in o, como exp esa a a és de la an ho aciana p iamel: niega can a al amo , ni an siquie a el de los clásicos (He o y Leand o, Adonis), y se decla a incapaz de cualquie ado no; solo puede esc ibi «con o me a la lib ea» que is- e ( . 51): poesía «aldeana», sencilla, campes e. Con es a a i mación, el suje o lí ico pa ece dis ingui en e la poesía que equie e «g acia, es ilo, o namen o» y « i ezas», aquella en la que el poe a elabo a la o ma, aquella que el mundo espe a de Ce ina (de nue o, una decla ación sob e lo que el es o de lec o es y poe as desean del des ina a io, que hemos encon ado en o as epís olas), y aquella que puede alcanza él, que pa ece hui del ingimien o y queda se en la expe iencia; que no p esen a un g an despliegue e ó ico, sino que se queda en la sencillez, en la « anqueza» a la que se e ie e más adelan e. El «yo poé ico» econoce su ca ác e an asioso cuando con as a la ealidad que ha encon ado en la aldea con el ópico ho aciano de la ida e i ada dedicada al es udio y a la c eación: él c eía que al ma cha se al campo, la belleza de la hie ba y las lo es se ían «agudas espuelas que al cuidado/ a i asen el gus o y aun la mano,/ pa a pin a el bien que allá he dejado» ( . 61-63); es deci , enía la idea de que, en la ida e i ada, la inspi ación esu ge y uno puede dedica se a compone elegías amo osas lamen ando la ausencia de la amada que dejó en la ciudad. Pe o la ealidad, en e a es a idealización, es que en el campo iene an as a eas que ealiza (no manuales, no es que él mismo enga que mole ; sino de con ol de un p opie a io sob e una he edad: isi a el silo, el molino, las acei une as…), que no le quedan ni iempo ni ganas pa a compone . Pese a ello, se inspi a de al modo pa a c i ica y bu la se de los aldeanos y de las se anas, que a los doscien- os e sos el suje o lí ico se au ocensu a, y decide « e ena se» aunque pudie a ex ende se sob e el ema de la cul u a de los campesinos. Ce ina inicia su espues a con un cla o elogio del en onces jo en poe a Al- cáza , del que, según dice, había leído poesías amo osas, y con iaba en e o as mues as de su ingenio. Po es e mo i o, la epís ola en iada po su admi ado le ha aleg ado an o po el poema en sí, po sus «dulzu as y p imo es», su pin u a «na u al» de la aldea, po se «muy a isada», «bien compues a» y «ace ada»; como po habe sa is echo, adi inando su pensamien o, su deseo de que cul i- a a o os emas apa e del amo oso. El elogio es bas an e desmedido, po que Ce ina a i ma que, aunque la aldea sea an ea, como Alcáza la ha desc i o an bien, «ma a á de amo a quien la ea» ( . 15). Es a a i mación le da pie a una im- po an e e lexión me apoé ica, que exp esa con i meza, desde su condición de poe a consag ado: «es mayo o meno la he mosu a/ según a bien o mal ade e- zada» ( . 17-18), es o es, sub aya la impo ancia de la o ma, del lenguaje. Pe o, al igual que Alcáza , después niega segui esa ía, pues o que desc ibe su es-