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Libros y lecturas en la España de Carlos II

Rey Castelao, Ofelia

Abstract

En el reino de un rey, Carlos II, que aprendió a leer y escribir muy tarde, el acceso a la lectura y a los libros no era fácil para la inmensa mayoría de la población. El analfabetismo generalizado y el mal estado de la educación no merecieron atención por parte de los poderes civiles y eclesiásticos. Estos tampoco se preocuparon de la imprenta y del comercio del libro, salvo para controlar y censurar lo que se imprimía y circulaba. En ausencia de una política cultural, nadie intentó asociar la figura del rey a los libros y a la lectura, como sí se hizo en Francia en la misma época en torno a Luis XIV. Sin embargo, en ese panorama negativo se descubren aspectos positivos que se estudian en este artículo, y que permiten explicar la aparición de la generación de los novatores, una minoría cultural abierta a la novedad y a la influencia extranjera.

Full text

e-Spania Re ue in e disciplinai e d’é udes hispaniques médié ales e mode nes 29 | é ie 2018 S a égies a gumen a i es dans le dialogue espagnol / Góngo a e les humani és numé iques / La España de Ca los II Lib os y lec u as en la España de Ca los II O elia Rey Cas elao Edición elec ónica URL: h p://jou nals.openedi ion.o g/e-spania/27568 DOI: 10.4000/e-spania.27568 ISBN: 979-10-96849-06-2 ISSN: 1951-6169 Edi o Ci ilisa ions e Li é a u es d’Espagne e d’Amé ique du Moyen Âge aux Lumiè es (CLEA) - Pa is So bonne Re e encia elec ónica O elia Rey Cas elao, « Lib os y lec u as en la España de Ca los II », e-Spania [En línea], 29 | é ie 2018, Publicado el 01 eb e o 2018, consul ado el 02 mayo 2019. URL : h p://jou nals.openedi ion.o g/e- spania/27568 ; DOI : 10.4000/e-spania.27568 Es e documen o ue gene ado au omá icamen e el 2 mayo 2019. Les con enus de la e ue e-Spania son mis à disposi ion selon les e mes de la Licence C ea i e Commons A ibu ion - Pas d'U ilisa ion Comme ciale - Pas de Modifica ion 4.0 In e na ional. Lib os y lec u as en la España de Ca los II O elia Rey Cas elao In oducción 1 El einado de Ca los II ha me ecido menos a ención que el de su pad e, Felipe IV, an o po que el Siglo de O o ya había llegado a su decli e como po que a la ace a que nos in e esa se le ha aplicado el mismo concep o de decadencia que se a ibuye a ese pe íodo en gene al: Escasez y pob eza de la p oducción in elec ual, al a de soluciones pa a esol e los p oblemas que la explicaban y aislamien o con espec o al ex e io son los elemen os que lo de ini ían1. Los da os disponibles – ela i amen e escasos– no desmien en esa pe cepción, pe o la exis encia de un mo imien o in elec ual ape u is a y mode nizado , el de los no a o es, ab e una in e ogan e que es p eciso conside a , ya que su exis encia misma es la consecuencia del con ac o con el ex e io y del conocimien o de lo que se hacía en I alia y en F ancia. 2 Po o o lado, con iene señala que la desa ención a la época de Ca los II p o iene de una desespe an e al a de documen ación sis ema izable: Desde las di icul ades pa a sabe cuán as imp en as y lib e ías había en España, has a la casi imposibilidad de hace cálculos sob e al abe ización o sob e la p esencia de lib os en casas e ins i uciones, pasando po la di icul ad de ob ene ci as sob e el núme o de ediciones anuales. Todo lo cual pone a p ueba la capacidad de los in es igado es pa a llega a conclusiones –de ahí que la his o iog a ía se haya cen ado en el Siglo de O o–, y ab e una b echa casi insal able con espec o a la ecina F ancia, an ica en da os pa a el einado pa alelo, el de Luis XIV. 3 En e ec o, la abundancia de in o mación pe mi ió a Pe e Bu ke es udia cómo, de la mano de Colbe y del aba e Bignon, se ab icó la imagen in elec ual de un ey2, seño eando un complejo sis ema cul u al y un p oyec o de mode nización y de acionalización, que enían su cen o en la gene alización de la escuela, el impulso al sabe y a los sabios, la ape u a de academias y del obse a o io, la e i alización de la Lib os y lec u as en la España de Ca los II e-Spania, 29 | é ie 2018 1 imp en a eal, la eo ien ación de la indus ia y del come cio de lib os, la de ensa del ancés como idioma de la cul u a y del sabe , y de un sis ema censo io que, con i iendo al ey en p o ec o de los buenos lib os, disimulaba un é ea censu a3. 4 Del lado Su de los Pi ineos, la mona quía que acaba ía en manos de los mismos Bo bones que la ancesa, u o en su ono desde 1665 a un ey que a dó en sabe lee , que apenas leía, y al que e a inap opiado p esen a como un mecenas del sabe y de la cul u a4. En sín esis, Ca los II einó sob e un país poco al abe izado, con una indus ia imp eso a y edi o ial pob e y de icien e y un me cado de lib os dependien e del ex e io , y sob e au o es, edi o es, imp eso es y lec o es some idos al esc u inio de la Inquisición, lo que edundaba en pé dida de alo es expo ables al inal del glo ioso Siglo de O o, lo que incluía a la lengua cas ellana. Después de la Paz de los Pi ineos (1659) oda ía se publicaban en F ancia adiciones a la His o ia de España del pad e Ma iana u ob as his ó icas, en Pa ís se endían cien os de g amá icas españolas, se hacían aducciones de ob as y los lib os seguían llegando a las lib e ías5y biblio ecas ancesas6, pe o la mue e de Ana de Aus ia (1666) ma có el descenso de esa p esencia7. Y aunque Cha les So el, en su Biblio hèque ançaise (1664), seguía si uando el español como la p ime a de las lenguas ex anje as, lo hacía ya desde la supe io idad del ancés, y en pleno a ance del i aliano8. Po o a pa e, ciudades como Rouen, especializadas en lib os españoles, los ue on abandonando: An es de 1660, los au o es españoles e an mayo i a ios en sus ediciones, pe o en el úl imo e cio del XVII ue on supe ados po los i alianos, po cuan o España ya no e a una e e encia ni en la li e a u a ni en la eología9. 5 Sin emba go, se ía imp uden e acep a es e diagnós ico sin hace nos unas cuan as p egun as cla e y sin busca los aspec os posi i os, no an o la exis encia de los no a o es, como aquellos que pudie on in lui en la e olución gene al de la cul u a del país: Cuán os y quiénes es aban en condiciones de lee , y qué ías de acceso enían a la cul u a esc i a, si se hizo algo po mejo a la ins ucción y la educación, cuáles e a las dimensiones del me cado po encial de imp esos y lib os, qué capacidad enían las imp en as y lib e ías pa a p oduci y a ende al me cado y si hubo medidas o iciales pa a a o ece lo y educi la compe encia, qué incidencia u o el sis ema de censu a, cuán os y quiénes enían lib os y cuán os y qué ipo de lib os enían, qué papel juga on las biblio ecas colec i as, y en de ini i a, cuál e a el con ex o que pe mi ió el su gimien o de la gene ación de los no a o es10. Las mediciones imposibles: ¿Cuán os y quiénes sabían lee ? 6 En F ancia se ha podido calcula que en 1686 solo sab ía i ma el 21 % de la población, pe o es o supond ía un eno me po encial de lec o es –más de 4,2 millones de pe sonas, el iple que en España–, aunque desigualmen e epa ido, con ni eles supe io es al 30/40 % al no e de la línea Sain -Malo/Gineb a, e in e io es al su , incluso po debajo del 10% en amplias zonas del su oes e11. La F ancia más a o ecida e a la más u banizada y mejo comunicada y donde la Iglesia hizo mayo hincapié en la ins ucción eligiosa y anula la p esencia p o es an e. En ambos lados de esa línea, las muje es y la población u al dis aban de alcanza aquellos ni eles, c uzándose en algunos casos el ac o lingüís ico, que e a daba el ap endizaje en algunos e i o ios, si bien el cle o enseñaba la doc ina en pa ois12. Lib os y lec u as en la España de Ca los II e-Spania, 29 | é ie 2018 2 7 Ca eciendo de una base es adís ica simila y a al a de uen es iables y homogéneas pa a España, sabemos poco y no se pueden hace compa aciones. Los cálculos pa a Mad id median e i mas en esc i u as no a iales, dan en e el 36,3 % y el 39,2 % de i man es a mediados del XVII, ci a posi i a que ocul a las eno mes di e encias po sexo –po ejemplo, en los es amen os ellos i maban en un 67 % de los casos, ellas solo el 31 %– y po ni el económico. Nobleza, adminis ación y cle o es aban casi o almen e al abe izados, pe o no así el sec o del come cio y de se icios, si bien sus ci as c ecie on –del 66,3 % al 82,1 % en e 1659 y 1700–, más po necesidad de compe i en un pe íodo de c isis, que po acilidad de ob ene p omoción po es a ía. Pe o el a esanado no solo enía un ni el mucho más bajo, sino que descendió del 58,1 % en 1650 al 40,62 % en 1700, debido a que la c isis económica impedía en ia a los niños a la escuela13. Fue a de la capi al, hay pocos da os. Los es udios pa a Galicia demues an la escasa al abe ización u al y las di e encias en e núcleos u banos y sociedades u ales, pe o ambién indican una cie a mejo ía. Así, po ejemplo, en 1635 solo sabía i ma el 28 % de los homb es en San iago de Compos ela, en e el 16 y el 18 % en o as ciudades y illas y el 6 % en el campo; pe o en 1700, en las ciudades i maba en e el 22 % y el 30 % y en el u al en e el 13 % y el 18 %, lo que se co esponde con una si uación económica más posi i a que la de Mad id y con la apa ición de más maes os14. 8 No hubo en iempos de Ca los II ni una sola acción a a o de la educación en cualquie a de sus ni eles y mucho menos a a o de la ins ucción popula . En F ancia, las ó denes eligiosas educado as de nue o cuño ue on esenciales en la escola ización de los niños u banos pob es y Luis XIV obligó po ley (1686) a es ablece una escuela po pa oquia pa a los meno es de ca o ce años; es o obedecía a la e-ca olización del país as la e ocación del edic o de Nan es, y la mona quía delegó en la Iglesia oda la esponsabilidad, de modo que los esul ados ue on desiguales según los e i o ios, y con pocos p og esos en e las muje es y el campesinado. Pe o no hubo nada pa ecido en España: después de las no mas de 1623 que obliga on al cie e de escuelas y cá ed as de g amá ica municipales, se man u ie on las escuelas pa oquiales, las anejas a con en os, monas e ios, colegios de los jesui as, ca equesis, colegios de doc inos u o as ins i uciones bené icas, pe o su acción seguía siendo u bana y limi ada, y las a i as de los maes os e an al as y al ma gen de los sala ios de las clases popula es, en g an medida en pa o, mien as en el ámbi o u al, a al a de undaciones, odo dependía de los pad es. 9 La acción de los obispos, ascenden al en F ancia, no lo ue en España. Se celeb a on pocos sínodos en iempos de Ca los II y solo con ienen e e encias a la igilancia de la ins ucción eligiosa: Sin excepción, insis en en la ida y cos umb es de los maes os –el de la diócesis de Ba bas o en 1674, po ejemplo, o denaba que ue an examinados de ambas cosas po el obispo y igilados luego po cada pá oco–; algunos mencionan las ca illas y ca ecismos a u iliza –el de Za agoza de 1697 lo hace de modo explíci o–. El lado posi i o se obse a en diócesis icas como Toledo, donde en 1662 el sínodo del a zobispo Po oca e o o denó que en cada pa oquia hubie a un clé igo o sac is án pa a enseña a lee , esc ibi , con a , y el de 1682, que los maes os enseñasen la doc ina dia iamen e, además de ecomenda que es os uesen hábiles y su icien es en su o icio; uese e ec o o no de una acción eal de los p elados, lo cie o es que pasó de habe enseñan es – sac is anes en su mayo ía– en el 42 % de los pueblos en 1650-1660 al 59 % en 1680-169015. Esa ó mula del sac is án/enseñan e e a p opia de las diócesis del cen o y su de Cas illa, pe o en las del No e p edominaban los maes os de eje cicio lib e y, a eces, pagados po undaciones, escasas po en onces16. Lib os y lec u as en la España de Ca los II e-Spania, 29 | é ie 2018 3 10 O o signo posi i o del pe íodo de Ca los II es la llegada de los escolapios, a pesa de que u ie on di icul ades pa a ab i sus escuelas y colegios debido a la oposición de clé igos que se ganaban la ida como maes os y de las o as ó denes, como los anciscanos y me ceda ios, que no que ían compe ido es en el epa o de las limosnas. Así pues, los escolapios decidie on ins ala se en pueblos pob es o secunda ios del no e –Moyá en 1683; Oliana en 1690; Pe al a de la Sal en 1695; Balague en 1699–, median e acue dos con los obispos o con los municipios pa a impa i enseñanza g a ui a pa a los niños, a cambio de apo aciones en dine o o de las en as de bienes que les e an cedidos; aún así algunas escuelas u ie on que ce a po la oposición de aquellos g upos, como sucedió en Ba bas o, donde solo du ó es años17. 11 En cuan o al ac o lingüís ico como posible ac o de e aso en la des eza lec o a, la di e sidad e a en España más acusada que en F ancia y puede a i ma se que en casi el cua en a po cien o de la población no e a cas ellano-hablan e. Además, algunos es udios e elan que en los ni eles sociales in e io es y en e el campesinado de las zonas cas ellanas, había di icul ades pa a comp ende el cas ellano li e a io, lo que incluso a ec aba a la lec u a en oz al a, no siemp e comp ensible pa a la mayo ía anal abe a18. Las lenguas au óc onas enían eco en e el cle o, in e esado en hace en ende la doc ina, de modo que, po ejemplo, el sínodo de Calaho a de 1698 o denaba que se imp imie an cada año doc inas c is ianas en “lenguaje acomodado a las p o incias” que allí e an “ omance y ascuence”19; es o se cons a a ambién en Ca aluña y Valencia, pe o no así en o os e i o ios con idioma p opio, como Galicia. Ca alán y alenciano habían enido cie a impo ancia en la imp en a en el siglo XVI pe o es aban en eg esión en el pe íodo, pe o no había publicaciones en asco o en gallego, incluso en es e no se imp imie on ca illas de p ime as le as20. 12 En el ni el secunda io de la enseñanza, los colegios de los jesui as e an una densa ed que a endía a una nume osa clien ela p oceden e de las clases mejo si uadas. En iempos de Ca los II se c ea on sie e colegios más, en illas de impo ancia mediana – On enien e 1669, Cana ias en 1680; 1681, Cáce es; 1689, Lequi io e Higue a; 1698, Ce e a y Lo ca–. En odos se seguía el sis ema educa i o de la Compañía, lo que incluía his o ia eligiosa y p o ana, geog a ía, doc ina ju ídica, ciencias ísicas y na u ales, si bien se no aba cie a escle o ización. Sin emba go, en algunos cen os se acogió la eno ación cien í ica, en especial el Impe ial de Mad id y en e los p o eso es de los Reales Es udios; allí ue ca ed á ico en los años se en a el pad e José de Za agoza, au o de muchas ob as de ma emá icas y as onomía, con algunas con ibuciones o iginales, que ele ó la cul u a cien í ica española21. Es una o a posi i a a econoce . 13 Las uni e sidades pasaban po momen os malos, pe o la mona quía no adop ó medidas al espec o. La de Salamanca, la más an igua y pode osa, enía poco más de dos mil es udian es –5000 a comienzos de siglo–, pé dida que se de ec a ambién en Alcalá, Valladolid, San iago, e c., aunque, en sen ido con a io, en 1692 se puso en uncionamien o la uni e sidad de Palma en las Islas Balea es. Al menos en apa iencia, la ida uni e si a ia es aba enza zada en luchas in e nas y en p oblemas de p ecedencia en e colegiales, pe o ambién hubo pinceladas posi i as. Así, po ejemplo, aunque se man enía la iloso ía escolás ica, se conocie on algunas enciclopedias eu opeas, la ma emá ica de Juan de Ca amuel (1670) o el cu so del jesui a Claude Mille . Y en a ias uni e sidades, pocas, hubo pe sonalidades in e esan es. En Salamanca, el p o eso de medicina Luis Rod íguez de Ped osa, en cuya ob a (Selec a um, 1666) ci a a Gassendi, Cha le on, e c., o José Pé ez, lec o de Hobbes, Millie Dechales, Desca es, Riccioli, e c. Lib os y lec u as en la España de Ca los II e-Spania, 29 | é ie 2018 4 (1674); y allí se publica on las ob as ilosó icas del ca denal Sáenz de Agui e (1671-1675), muy ac ualizadas y con ci as a To icelli o a Galileo. En la uni e sidad de Valencia, la no edad en ó a a és de la ma emá ica, g acias a ca ed á icos como Juan B. Co achán (1696), quien llegó a elabo a un plan de e o ma de la cá ed a inco po ando las nue as endencias, y es u o ambién el mencionado pad e Za agoza, cuyo discípulo Félix Falcó, ue uno de los no a o es en la obse ación as onómica22. Imp en as, lib e ías y me cado edi o ial 14 Como ya se dijo, de la mano de Colbe , F ancia consolidó una indus ia imp eso a y edi o ial, concen ada, sos enible y compe i i a, aunque some ida a dos ensiones: las ediciones audulen as y el me cado clandes ino de i ados de un sis ema de p i ilegios y exclusi as que dejaba ue a a muchos imp eso es y edi o es, y la ue za del sis ema de censu a, en especial después de la e ocación del Edic o de Nan es. F ancia sacaba a la calle en e 200 y 400 ob as cada año; las lib e ías de Pa ís enían magní icos ondos, en e 2 500/3 000 lib os las más pequeñas y 60 000 las mayo es23; había imp en as en 158 ciudades, y sumando solo Pa ís, Lyon, Rouen y Bu deos, se supe aba el núme o de imp en as de España. 15 Po el con a io, Ca los II he edó una indus ia imp eso a dispe sa, pequeña y an icuada, incapaz de compe i po sus ele ados cos os –el papel se impo aba de F ancia e I alia, la iscalidad e a ue e–. En 1700, había imp en as en 32 núcleos u banos –28 en Mad id, 13 en Ba celona y en Za agoza, 11 en Valencia, 9 en Se illa, 6 en G anada, e c.–, y su capacidad p oduc i a e a escasa24. Pe o nada se hizo desde el pode , sal o publica leyes de ango meno (3-5-1682 y 22-12-1692) pa a ei e a la obligación de pedi licencia de imp esión y o as de 1680, 1681, 1684 pa a impedi la imp esión de gace as, memo ias y elaciones de sucesos mili a es y man ene la igilancia sob e lo que iba a Amé ica25. En esas condiciones, no solo e a imposible hace ediciones in e nacionales –ni siquie a eediciones y aducciones– ni e i a que, a pesa de las p ohibiciones de 1610 y 1617, muchos ex os se manda an a imp imi ue a, a F ancia sob e odo26. 16 No se puede achaca odo a la censu a y a la Inquisición po que leyes como la de 1627 des inadas a aumen a el con ol de la imp en a, e elan su ine ec i idad e incluso su debilidad an e la co upción. Ob iamen e, nada e a ácil y en iempos de Ca los II se cons a a la ue za y di e sidad de las censu as p e en i as. Los je ónimos de El Esco ial man enían su capacidad de censu a las imp esiones de los lib os del Nue o Rezado, ecibida del ey en 1575. Los gene ales de la Cong egación benedic ina de Valladolid habían p ohibido en 1657 que los monjes pudie an imp imi ob as sin su pe miso y en 1685 o dena on que no pudie an se c onis as del ey o de cualquie pe sona o ins i ución sin licencia e ins i uye on un sis ema de con ol sob e los lib os de His o ia esc i os po los eligiosos27. En las uni e sidades, los ec o es podían censu a las ob as de sus claus ales. En A agón e a necesa ia la licencia del o dina io pa a odas las ob as, sal o papeles ju ídicos, que con olaba el egen e de la Audiencia, y en Valencia y Ca aluña la censu a ci il e a compe encia de los i eyes. Todo lo cual daba ocasión a con lic os ju isdiccionales que hacían menos ope a i o el sis ema, en especial cuando se a aba de la Inquisición, cuyo con ol se dispu aban en onces mona quía e iglesia28. 17 En cuan o a la p oducción y en a de lib os e imp esos, Mad id e a el cen o más impo an e. A mediados del siglo XVII enía 48 lib e ías y una ac i idad in ensa29. Sus imp en as publicaban lib os, cla o es á, pe o sob e i ían con cosas meno es –no ma i a Lib os y lec u as en la España de Ca los II e-Spania, 29 | é ie 2018 5 o icial, pliegos suel os–, sin la necesa ia eno ación y sin que la imp en a eal si ie a de ejemplo30. El ma gen de ac i idad se io educido po la c isis económica y po las impo aciones, de modo que si po un lado en 1658 se denunciaba p esencia de me cade es anceses endiendo lib os en la capi al, po o o, imp eso es y lib e os se enza za on en plei os como el sos enido en e 1651 y 1668 bajo el p e ex o de la imp esión de lib os p ohibidos. En ese con ex o e uel o, desa olló su ca e a el me cade de lib os más impo an e del momen o, Gab iel de León. Miemb o de la He mandad de Lib e os (1642-1662) y expo ado de lib os a Lima a a és de su hijo, allí p esen e has a 1664 –llegó a en ia 46 cajones de lib os, 55 docenas de comedias, 200 a ados de las paces con F ancia, e c.–, su ac i idad más in ensa ue la de edi o , con más de 250 ediciones –en su mayo ía de eligión–, pa a cuya p oducción ecu ió siemp e a imp eso es mad ileños; publicó sob e odo ob as de eligión, li e a u a e his o ia, y algunas de na egación, albei e ía, clásicos, e c., odo lo cual publici aba a a és de ca álogos de en a –se conocen es de 1688 a 1690, uno solo de comedias–, en los que al lado de sus ediciones, había nume osos lib os imp esos en Mad id, en la ín y cas ellano. El o o g an negocio de Gab iel de León y de su amilia en e 1655 y 1700 ue la edición del A e de Neb ija en exclusi a pa a Cas illa, León e Indias, que ob u o a cambio de una no able can idad de dine o31. 18 Se illa dis u aba oda ía de la buena conexión con Amé ica, de modo que algunos imp eso es emplea on esa ía pa a ende sus p oduc os y e o za on su ac i idad con la de expo ado es de lib os de o os imp eso es de la ciudad, del es o de España y del ex anje o. Bajo Ca los II se expo a on desde allí 6 636 cajones de lib os des inados a los comp ado es ame icanos, pa a quienes los lib e os se illanos publicaban ca álogos, como el Ca alogus lib o um de Diego C anze (1680) que con iene los que en ió a Puebla de los Ángeles con licencia de la Inquisición, o los de Tomás López de Ha o. Es e imp eso publicó al menos 133 ex os de 1678 a 1693 y abajó ambién po enca go, haciendo algunos elacionados con Amé ica, como las ob as de So Juana Inés de la C uz. Desde 1662 e a ya expo ado a Indias, mien as man enía la en a de lib os al po meno . Su ed de elaciones y de ac o es en Amé ica le dio g andes opo unidades de negocio, que e o zó publicando ca álogos con su o e a, al menos cinco en e 1680 y 1689; el de 1682 iene 741 asien os (617 de lib os, 124 de comedias) y una pa e impo an e (330) es aban en la ín; un 45 % e an ob as de eligión –se mones, de oción, espi i ualidad–, 20,8 % de de echo, 7,8 % de medicina y 26,3 % de le as; de las comedias suel as se econ a on nada menos que 526 docenas (6 132 ejempla es). En g an medida e an ob a de imp eso es y edi o es de Se illa32, que, jun o con los de Cádiz, e elan una capacidad no able pa a desa olla sus negocios en un pe íodo de di icul ades33. 19 En cuan o a Ba celona, cuyo núme o de imp en as e a bueno, p oducía muchos pliegos de co del y menudencias, ba a os y en cas ellano, des inados a sec o es popula es o áneos, así como lib os de eligión34. En el pe íodo que nos in e esa, la co adía de lib e os, que enía el p i ilegio de edi a salmos, misas y ca illas de p ime as le as de Ba celona, es u o en pe manen e con lic o con la de imp eso es, lo que desde 1671 se adujo en plei os in e pues os po es os an e la Real Audiencia pa a pode ende lib os al público. En 1677 una eal p o isión con i mó los p i ilegios de los lib e os, pe o pe mi ió que los o os endie an en sus alle es y en 1680 se amplió ese pe miso a la en a de papel, imágenes, pliegos suel os y lib os sin encuade na . Los lib e os de endían la libe ad del o icio y la impo ancia de la o mación in elec ual pa a asegu a la calidad del p oduc o, pe o aún así, en 1684, el municipio ap obó las o denanzas de la co adía de imp eso es, Lib os y lec u as en la España de Ca los II e-Spania, 29 | é ie 2018 6 que les dio el monopolio de imp imi 35. Ese con lic i o ambien e e ela las luchas po un me cado en malos momen os. 20 Valencia, ciudad uni e si a ia y episcopal, y capi al polí ica de un eino, gene ó una ac i idad in e esan e, g acias al su gimien o de un g upo de no a o es. A lo la go del pe íodo, abaja on allí 25 imp eso es que publica on 258 ob as, en e una o dos cada uno, con excepciones los Villag asa, Macé, Mes e o Bo dáza , que supe a on las ein e. Se a aba de publicaciones en cas ellano (87,3 %) y la ín (9,3 %) y algo de alenciano (7.36 %), de au o es locales, clé igos muchos de ellos –de ahí la ecuencia de los se mones, idas de san os y ca ecismos–, pe o ambién bas an es abogados –publica on plei os–, y médicos – ex os de medicina–, apa eciendo la his o ia como ema ans e sal36 . Za agoza, o a ciudad capi alina, episcopal y uni e si a ia, con su p opio núcleo de no a o es, e a o o cen o edis ibuido y sus lib e os es aban ag emiados, aunque su ían el monopolio del Hospi al de G acia sob e los lib os de g amá ica, la ín y e ó ica di undidos en A agón37. Valladolid, G anada o San iago de Compos ela, donde se eunían nume osos clé igos, uni e si a ios o unciona ios, enían una demanda cons an e, de i adas co as y emas con encionales, pe o e an ambién edis ibuido as en sus zonas de in luencia. 21 Los imp eso es de las o as ciudades sopo aban la compe encia de las g andes, ni la des en aja de ca ece de p i ilegios o monopolios de edición, la es echez e inmo ilidad de la clien ela local y la al a de au o es y edi o es, po lo que es aban condenados a hace imp esos meno es y no in en a on mejo a la calidad. Y los lib e os, poco especializados, medioc es en exis encias y en su capacidad come cial, su ían los e ec os de la ci culación de lib os en e pa icula es y la mediación de me cade es o anspo is as en e los cen os p oduc o es o e-expedido es y los clien es locales más pode osos –en especial, las ins i uciones–, lo que les dejaba una clien ela escasa, local y p i ada. De modo que no se ad ie en cambios en es e pe íodo. 22 De lo ya dicho, se deduce que la o e a emá ica de imp eso es, edi o es y lib e os e a adicional, con una pa e undamen al de eligión. Se daba la pa adoja de que los ex os más ele an es, los del Nue o Rezado, con olados po los je ónimos de El Esco ial, se imp imían en Flandes y aunque en iempos de Ca los II se p e endió impo a de allí las ma ices pa a que los lib os se imp imiesen en España, no se hizo38. Po o o lado, muchos lib os de eología se manda on al ex e io : Bas e deci que la Cong egación benedic ina de Valladolid hizo que el Cu sus U iusque heologiae del pad e And és Mone a, insignia de su escuela eológica, se publica a en Lyon en 1672. Lo mismo sucedía en el de echo o en la his o ia, o os dos emas cla e, aunque no an o en la li e a u a39. 23 Imp en as y lib e ías endían sob e odo elaciones de sucesos; lib i os de piedad, a es de bien mo i o idas de san os, que ambién pasaban a Amé ica40; coplas e imágenes imp esas; ex os de la adminis ación y de las ins i uciones en el ámbi o polí ico, judicial, económico, mili a , sani a io y eligioso, e c.41 Y muchas piezas de ea o, suel as o en olúmenes cosidos. El ea o de ino un enómeno socio-cul u al en el XVII que epe cu ió incluso en la lec u a, allí donde no había ep esen aciones, de modo que solo en iempos de Ca los II se han con olado más de 340 ediciones, como las ya mencionadas de los he ede os de Gab iel de León42. 24 Po supues o, se imp imían los lib os básicos de la enseñanza, como las ca illas. En el siglo XVII la ca illa de Valladolid seguía es ando bajo el monopolio concedido en 1583 po Felipe II a los canónigos de la ca ed al, y seguía siendo el p oduc o imp eso más endido: Tex o de no más de ocho páginas, muy básico, sin g abados o ilus aciones, e a Lib os y lec u as en la España de Ca los II e-Spania, 29 | é ie 2018 7 consumido pa a la ins ucción p ima ia, al lado de o os lib os de o ien ación mo al y eligiosa, como el Ca ón ch is iano de ay Ge ónimo de Rosales publicado en 1673, que acaba ía con e ido en el segundo lib o de lec u a43. De la ca illa se publicaban e siones en Mad id, Ba celona, Ta agona, y las que p oducía la ca ed al de Valladolid en i adas eno mes y cons an es, se dis ibuían po medio de concesiones o es ancos, en especial en Andalucía, de donde una pa e iba a Amé ica44. 25 De o o ca iz e an los pan le os y libelos polí icos, una inno ado a p oducción clandes ina de i ada de las ensiones pa idis as de la Co e: U ilizados po don Juan José de Aus ia pa a c ea una opinión a o able a sí mismo y con a ia a la egen e du an e la mino ía de Ca los II, él mismo los some ió a censu a igu osa cuando accedió al pode , conscien e de su e ec o en la o mación de opinión. En el mismo con ex o, su gió la p ensa pe iódica: Fue ambién don Juan José quien impulsó la c eación de la Gace a en 1661, que se publicó con a ian es y po poco iempo en Mad id, Se illa y Za agoza; es ando aquel en Za agoza, en 1676, se c eó allí o o ó gano de p ensa, No icias Regula es de los Asun os del No e, ambién pa a glo ia de don Juan y con ida ambién b e e, y la Gace a O dina ia de Mad id salió semanalmen e desde 1677. Pe o as la caída del in an e bas a do en 1680 se p ohibió la publicación de es e ipo de imp esos45. 26 Lo que las imp en as españolas no p oducían, llegaba de o os países, de modo que España e a un me cado dependien e, pe o es o no debe magni ica se, po cuan o la coyun u a económica no e a a o able a es e come cio y en la mayo ía de las biblio ecas p i adas los lib os ex anje os e an poco nume osos, ya que el núme o de quienes podían accede a la in o mación y a los p ecios de esos lib os, e a limi ado, especialmen e en p o incias. La p oducción i aliana se conocía con acilidad g acias al asiego y a los iajes cons an es de clé igos, unciona ios, polí icos o mili a es, e a menos sospechosa que la ancesa y en su casi o alidad es aba en la ín, po lo que e a comp endida po ese ipo de lec o es y comp ado es46. En lo que espec a a F ancia, ambién una pa e de los lib os es aba en la ín y los me cade es anceses se hacían no a en España, pe o en iempos de Ca los II se no a el escaso conocimien o del ancés po pa e de la po encial clien ela hispana. Con e ido en idioma dominan e en la p oducción imp esa, en pa e po impulso o icial desde la Académie F ançaise47, e a necesa io sabe lo pa a accede a la cul u a ancesa, como econocía Gu ié ez de los Ríos, conde de Fe nán Núñez, en El homb e p ác ico (1680), jus i icándolo po lo mucho y bueno que había publicado en esa lengua, y po su mayo u ilidad con espec o al i aliano, sin nega la excelencia de los esc i o es de ese o o idioma. Ese in e és ambién se cons a a en la publicación de g amá icas ancesas: En 1673 se publicó en Za agoza, quizá po habe un g upo no a o , la G amá ica ancesa de Ped o Pablo Bille , eedi ada a ias eces en Mad id, al igual que la de Juan Ped o Ja ón, de 1688. Pe o si los pa icula es enían esos p oblemas pa a hace se con lib os ex anje os, no se puede deci lo mismo de las ins i uciones, en cuyas biblio ecas, en especial las de los egula es, e an abundan es po su conexión con las amas ex anje as de sus ó denes, sob e odo de I alia, de donde llegaban los g andes ex os eligiosos y de de echo canónico, pe o ambién de ilología, li e a u a o his o ia. Los dueños de los lib os: ¿cuán os, quiénes y dónde? 27 En su T aic é des plus belles biblio hèques, el pad e Louis Jacob de Sain -Cha les elogiaba en 1644 las biblio ecas ancesas iden i icando a sus p opie a ios con homb es sabios, algo que epe ía el abbé Pie e Le Gallois en o o a ado de 1680 e e ido a Eu opa48. 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E a VELASCO MORENO, “Nue as ins i uciones de sociabilidad: Las academias de inales del siglo XVII y comienzos del siglo XVIII”, Cuade nos Dieciochis as, 1, 2000, p. 39-55. Pablo PÉREZ GARCÍA y Jo ge CATALÁ SANZ, “Reno ación in elec ual y p es igio social. No a o es, academias e ins i uciones polí icas en la Valencia de inales del siglo XVII y p incipios del XVIII”, Sai abi, 56, 2008, p. 219-250. RESÚMENES En el eino de un ey, Ca los II, que ap endió a lee y esc ibi muy a de, el acceso a la lec u a y a los lib os no e a ácil pa a la inmensa mayo ía de la población. El anal abe ismo gene alizado y el mal es ado de la educación no me ecie on a ención po pa e de los pode es ci iles y eclesiás icos. Es os ampoco se p eocupa on de la imp en a y del come cio del lib o, sal o pa a con ola y censu a lo que se imp imía y ci culaba. En ausencia de una polí ica cul u al, nadie in en ó asocia la igu a del ey a los lib os y a la lec u a, como sí se hizo en F ancia en la misma época en o no a Luis XIV. Sin emba go, en ese pano ama nega i o se descub en aspec os posi i os que se es udian en es e a ículo, y que pe mi en explica la apa ición de la gene ación de los no a o es, una mino ía cul u al abie a a la no edad y a la in luencia ex anje a. Dans un pays où le oi a ai app is à li e e à éc i e o a d, l’accès à la lec u e e aux lib es ne u pas chose aisée pou la g ande majo i é de la popula ion. L’analphabé isme géné alisé e l’é a désas eux de l’éduca ion n’on pas é é l’obje de l’a en ion des pou oi s ci ils e eligieux. Ces de nie s n’on pas p ê é da an age a en ion à l’imp ime ie ou au comme ce du lib e, si ce n’es pou con ôle e censu e ce qui s’imp imai e ci culai . En l’absence de poli ique cul u elle, nul Lib os y lec u as en la España de Ca los II e-Spania, 29 | é ie 2018 18 ne songea à associe la igu e du oi aux li es e à la lec u e, comme cela se aisai alo s en F ance, à la même époque, au ou de Louis XIV. Néanmoins, dans ce pano ama de désola ion, des aspec s posi i s éme gen , qui son analysés dans ce e é ude e pe me en d’explique l’éme gence de la géné a ion des no a o es, pe i e mino i é cul u elle ou e e à la nou eau é e aux in luences é angè es. ÍNDICE Palab as cla es: Ca los II, España, lib os, lib e ías, imp en a, edición, ins ucción, biblio ecas, no a o es Mo s-clés: Cha les II, Espagne, li es, lib ai ies, imp ime ie, édi ion, ins uc ion, biblio hèques, no a o es AUTOR OFELIA REY CASTELAO Uni e sidad de San iago de Compos ela Lib os y lec u as en la España de Ca los II e-Spania, 29 | é ie 2018 19