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Un camino de tulipanes

Paz Fentanes, Laura

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52 | EVOHÉ Un camino de ulipanes po LAURA PAZ FENTANES Allí es aban o a ez, una mañana más. Siemp e en di ecciones opues as, pe o con caminos c uzados. Él hacia el cen o a ende lo es con su ca i o y su abu e e pa a sen a se du an e el día. Ella hacia el a abal a su abajo ambién. Él con la calma de quien iene odo el incie o día po delan e. Lau a Paz Fen anes na Cá ed a Valen e de San iago de Compos ela Ella con las p isas de quien a a de e i a llega a de al abajo. Quizás, si no uese po la pa simonia de él y la p isa a asada de ella no llega ían a c uza se odos los días en el mismo pun o. E iden emen e no le pasa solo con él. No es la única pe sona que e odos los días Monog á ico ANTONIO GAMONEDA | 53 que a de camino al abajo. También es án en su camino (¿o ella en el de ellos?) los epa ido es de la pizze ía, el cama e o del ba … pe o con ellos la elación es dis in a. Los conoce ambién po habe comido o omado el ca é en nume osas ocasiones donde ellos abajan. Así que en su eco ido se saludan e incluso in e cambian ápidas palab as, casi olá iles. Es, cie amen e, una si uación de desigual- dad, es deci , ella sí sabe más de ellos, o al menos de sus idas labo ales. Sabe en qué u nos p e ie en abaja , qué días y, de algu- nos, incluso de dónde son o cuáles son sus e dade as aspi aciones. Sin emba go, ellos no saben nada de ella. No in aden su espa- cio p o esional po que lo desconocen, pe o, po o o lado, saben o as cosas que ella desconoce de ellos. Es más, saben cosas que sus compañe as de abajo igno an: cómo le gus a el ca é, que es in ole an e a la lac o- sa, cuál es su pizza a o i a… Pe o, a su ez, sus compañe as saben cosas de ella (y ella de ellas) que nadie más de su en o no (y del de ella) saben. A eces piensa en la (imp obable) posibilidad de que algún día una he mana de alguna compañe a apa ezca en el abajo pa a lle a le la comida que se haya dejado ol idada en la ne e a o algún ma ido que enga a a isa a su esposa de que han expulsado al niño del colegio. En odos esos escena ios le incomoda pensa en el choque de mundos. En la p esen ación de un mundo a o o en el que una es el puen e de unión, pe o en el que ealmen e ninguno de los dos mundos acaba de conoce ese puen e po que ya no son las mismas ías de ci culación que po la mañana en casa o hace dos minu os en el descanso. Po supues o que si eso le pasase a ella no se moles a ía en p esen a a los dos mundos, po que son dos ealidades que no se conocen ni se an a ol e a e . No necesi an pasa po esa a sa social y, dicho sea de paso, a ella ampoco le ilusiona p esidi es e ipo de e en os sociales. Pe o eso nunca le pod ía pasa a ella, que no iene ni he mana, ni esposo, ni mucho menos niños. Hay una g an can idad de lazos sociales que se es ablecen, como si se a ase de una especie de able o con hilos de lana suje os po chinche as. Algunos hilos se man ienen ensados, o os se han a lojado de an o usa los, o os son inos como la ela de a aña y o os son de un g oso semejan e al de la lana Mindwoodness. Desconozco si exis e un é mino en español pa a es e ipo de ma e ial, pe o su aducción li e al es la más ap opiada pa a es a imagen: ‘lana men al’. Cla o que odo es e pensamien o, que pasa con ecuencia po su men e, se des anece ápidamen e pa a apu a el paso. Al igual que pasa con las pe sonas, hay lo es a ena y lo es cal. Y, po segui el símil, hay lo es más es é icas, más al as, con más espinas… y lo es a las que algunas pe sonas cuidan, o as a las que iegan o a las que a ancan de cuajo. 54 | EVOHÉ En ocasiones se p egun a si o as pe sonas con las que se c uza en el camino, aunque no an a dia io, llegan ambién a de a algún luga o, quizás, demasiado p on o y po eso espe an en una e aza. T a a de queda se con la mayo can idad de ca as posible, aunque es ho ible pa a ello, pa a pode comp oba si es án en el camino al día siguien e. Hay algunos, como “el seño de las lo es”, que empeza on así, los io un día y luego o o y o o más, has a que se hicie on habi uales. Compañe os de camino, en ocasiones incluso de di ección. En o os casos su in uición le dice que no ol e á a encon a se con quienes ha is o ese día, especialmen e cuando son pe eg inos. Le hace mucha g acia pensa que ha podido encon a se con un seño de Bo deaux y guia lo a la pensión más ce cana y económica, mien as que no e a sus pad es, que i en a unos pocos quilóme os, en semanas. Cla o que es una g acia ama ga, sa cás ica, casi i ónica. Al día, los se es humanos se c uzan con decenas y decenas de pe sonas, que se han c uzado con más pe sonas y esas pe sonas se han c uzado con o as has a que suman miles en conjun o, pe o po sepa ado algunos son un g ano de a ena; o os, de cal. Aunque segu amen e has a el g ano más bondadoso de a ena ha enido alguna ac i ud calcá ea con quien menos se lo me ecía. “El seño de las lo es”, como ha bau izado al homb e con el que se c uza odos los días a al a de sabe su nomb e, ende unas osas p eciosas. Muchas eces ha pensado en comp a alguna, pe o no end ía sen ido lle a la al abajo y cuando eg esa a casa, él aún no ha acabado su jo nada po lo que no se c uzan nunca dos eces en el mismo día. Tiene ca a aleg e, pe o cansada, jo ial e inocen e, pe o cu ida po el paso de la ida. Sin conoce lo lo clasi ica ía como un g ani o de a ena, pe o ella iene muy mal ojo pa a esas cosas, po ello nunca le ha se ido de nada p ejuzga . En las úl imas semanas “el seño de las lo es” ha ampliado su epe o io y aho a ende ambién ulipanes, que son sus lo es p e e idas. De hecho, es el pequeño dibujo que iene la bolsa de ela en la que lle a el uni o me del abajo y el ápe pa a la ho a de come . Cuando la bolsa es á lo su icien emen e sucia y conside a que debe la a la la sus i uye po o a en la que no hay dibujo, sino una g an ase: “Somos lo es: nos semien an, nos iegan, polinizamos, nos ma chi amos y nos con e imos en abono pa a la ie a que nos pa ió. Pe o, si no nos cuidan, podemos queda nos en e ados y no ge mina nunca”. Es o quizás la haga e como una maníaca de la lo a. Sus compañe as de abajo b omean a eces con que su ocación e a la de mon a una lo is e ía en un puebli o de las a ue as. Ella las deja deci e incluso alimen a el chisme. Una ez le con ó a una compañe a que su obsesión po las lo es se debía a que su mad e enía la casa an llena de lo es que incluso había una habi ación- in e nade o en la que nadie podía en a po que no cabía ni una hoja más. Pe o no es así, como ampoco es cie o que sea una aman e sob emane a de las lo es. Su casa no es á llena de ellas y ella no las comp a, quizás po que le pa ece un au o egalo is e. Sin emba go, cuando le egalan lo es siemp e le pa ece algo he moso, le hace c ee que alguien ha is o una lo que le ha eco dado a ella y no ha podido e i a lle á sela. No le gus a p ejuzga , como ya hemos dicho, po que se le da mal y lo que piensa de una pe sona al inal acaba esul ando se odo lo con a io. Sin emba go, sí p ejuzga cuando e a alguien egalando un amo a o a pe sona o, habi ualmen e, a una seño a escogiendo las lo es que deco an su balcón. Exis e una e ique a callada, que oza lo mís ico, en el mundo de las lo es. Al igual que pasa con las pe sonas, hay lo es a ena y lo es cal. Y, po segui el símil, hay lo es más es é icas, más al as, con más espinas… y lo es a las que algunas Monog á ico ANTONIO GAMONEDA | 55 pe sonas cuidan, o as a las que iegan o a las que a ancan de cuajo. Es o es algo que le disgus a en ex emo: coge las lo es de un ja dín o de espacios públicos solo pa a sa is ace el deseo p opio de un indi iduo de ene algo boni o pa a después e mo i len amen e en el salón de su casa aquello que, al p incipio, le pa eció bello. Hay si ios en los que coge lo es de pa ques es á p ohibido y cas igado con mul as. Eso es algo que le hace p egun a se en qué an a ayuda cincuen a eu os de mul a a la lo a ancada, ¿acaso e i i á? No, aunque segu amen e, o eso p e ie e pensa , sea dine o des inado a la sección de ja dine ía del municipio (espe a y, sob e odo, desea que así sea). Es e ipo de sanciones siemp e se le han pa ecido a las que imponen unos gobie nos a o os en los ni eles de con aminación: si un país excede los lími es, paga (o más bien pagan sus habi an es). Pe o, ¿a quién? ¿A la capa de ozono? ¿Pa a qué? ¿Pa a que se comp e un p o ec o sola ? La p ime a ez que habló con “el seño de las lo es” ue él quien se di igió a ella. Sin ió dos mundos en a en con ac o, pe o uno de ellos e a ella misma. Jamás se hubiese a e ido ella a ompe (o i umpi , o p o umpi ) la elación que enían. Una elación isual. Hay pe sonas que es án des inadas a c uza se, sus caminos dibujan una c uz y “en el nomb e del pad e, del hijo y del espí i u san o, amén”, po que su elación jamás pasa de ahí. O os acaban luchando, incluso con a las leyes de la ísica, pa a con e i la pe pendicula idad en pa alelidad. Y, en muchos casos, el pun o de encuen o de las elaciones pe pendicula es hace que la p olongación de las líneas, es deci , que su a ance, las sepa e más y más has a pe de la noción del pun o encuen o (o desencuen o), del pun o ce o. “El seño de las lo es” se ace có pa a deci le que e a una pena que hubiese cambiado de bolsa (la del ulipán la había dejado secando en el pa io as saca la de la la ado a a las cua o de la mad ugada). Ella iba con p isa, como de cos umb e, pe o su comen a io (o más bien que se hubiese di igido a ella en ese momen o después de an o iempo c uzándose) le hizo pa a se. En onces ue ella quien le p egun ó, con cu iosidad, po qué y él le espondió que le gus aba el ulipán de su bolsa habi ual y po eso, y po se época de ulipanes, los había incluido en su epe o io. De p on o, “el seño de las lo es” cogió uno de los ulipanes de su ca o y lo a ó, haciendo un lazo con un hilo de lana, a una de las asas de su bolsa sus i u a. En ese lapso a ella le pa eció que él leía la ase de la bolsa sus i u a de ce ca y son eía. Le dio las g acias algo so p endida y se despidie on. A lo la go del día se le ocu ió que “el seño de las lo es” hab ía in en ado odo aquello pa a cap a la como clien a al da le un p ime egalo. Luego pensó que, de habe que ido eclama su a ención como clien a, pod ía habe lo hecho iempo a ás y, lo que le esul ó más e elado , que hubiese epa ado en su cambio de bolsa demos aba que él ambién se ijaba en las pe sonas que pasaban po su camino o, al menos, le había esul ado llama i a su bolsa, aunque como ella hubiese muchas. Bien es cie o que como él ambién había muchos, el cen o se llenaba de endedo es ambulan es pa a cap a la a ención de los u is as y, an e la llegada de la policía, se eían obligados a ma cha se olun a iamen e. En los días sucesi os comenza on a saluda se co dialmen e. Cuando su bolsa secó y pudo ol e a usa la, el ulipán que le había egalado “el seño de las lo es” ya había pe dido uno a uno odos sus pé alos, pese a los consejos de los ídeos de YouTube sob e cómo hace que una lo se man u iese como el p ime día. El mismo día que decidió que la lo ya e a cal y que debía i a la, “el seño de las lo es” ya había desapa ecido de su camino, como an as o as pe sonas que no ol emos a e jamás. De su egalo solo pe maneció el lazo de lana; de su pe sona, el ecue do.