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Desarrollo profesional y profesionalización docente: perspectivas y problemas

Eirín Nemiña, Raúl; García Ruso, Herminia María; Montero Mesa, María Lourdes

Abstract

Con este trabajo pretendemos compartir algunas reflexiones sobre las relaciones entre la formación de profesores, su desarrollo profesional y la profesionalización docente. Forman parte de una investigación más amplia (Eirín, 2005) en la que hemos indagado sobre el recorrido profesional de un grupo de maestros especialistas en Educación Física. Este escenario nos ha ayudado a situar teóricamente los problemas y expectativas que caracterizan las vidas profesionales de profesores y profesoras, a través del diálogo con los significados atribuidos por aquellos autores con los que hemos ido construyendo este trabajo. Esperamos que este esfuerzo pueda ser de utilidad para aquellos que, como nosotros, están embarcados en la travesía por el desarrollo profesional de los docentes.

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VOL. 13, Nº 2 (2009) ISSN 1138-414X Fecha de recepción 17/06/2008 Fecha de aceptación 28/04/2009 DESARROLLO PROFESIONAL Y PROFESIONALIZACIÓN DOCENTE. PERSPECTIVAS Y PROBLEMAS Professional development and teacher professionalization. Perspectives and problems Resumen: Con este trabajo pretendemos compartir algunas reflexiones sobre las relaciones entre la formación de profesores, su desarrollo profesional y la profesionalización docente. Forman parte de una investigación más amplia (Eirín, 2005) en la que hemos indagado sobre el recorrido profesional de un grupo de maestros especialistas en Educación Física. Este escenario nos ha ayudado a situar teóricamente los problemas y expectativas que caracterizan las vidas profesionales de profesores y profesoras, a través del diálogo con los significados atribuidos por aquellos autores con los que hemos ido construyendo este trabajo. Esperamos que este esfuerzo pueda ser de utilidad para aquellos que, como nosotros, están embarcados en la travesía por el desarrollo profesional de los docentes. Palabras clave: Formación Permanente, Desarrollo Profesional de Profesores, Profesionalización Docente. Abstract: In this paper we want to share some thoughts and reflections about the relationship between teacher education, teacher´s professional development and teacher professionalization. These are part of a research (Eirín, 2005) about the professional lives of physical education teachers. Based on this work, we review the theorethical framework who had conducted the research, showing the sense and meaning from different point of view. As a result, we are building up our own thoughts.. Key words: Teacher training, teacher´s professional development, teacher professionalization. Raúl Eirín Nemiña, Herminia M ª García Ruso y Lourdes Montero Mesa Universidad de Santiago de Compostela E-mail: [email protected] Desarrollo profesional y profesionalización docente 1. La profesionalización docente En el ámbito docente, los términos profesión, profesionalismo, profesionalización constituyen uno de los vocablos comodín cuando hablamos de la enseñanza, y más concretamente de las personas que se dedican a la tarea de enseñar, los profesores. Como nos recuerda Montero (1996: 63) el campo semántico es amplio (profesión, profesional, profesionalización, profesionalismo, profesionalidad, etc.),… y dependiendo de su utilizaciónde quien los maneje, con que finalidad, desde que perspectiva intelectual, con que interesessus significados varían enormemente . En la misma línea argumental, el término profesional y sus derivados en palabras de Contreras (1997: 17) no son ni mucho menos expresiones neutras, sino que esconden en su seno opciones y visiones del mundo y el papel de la educación. La enseñanza no se puede definir sólo descriptivamente -por lo que nos encontramos como práctica real de los docentes en las aulas-, ya que, como todo en educación, se define también por su aspiración y no sólo por su materialidad. El objetivo último de la escuela es el de integrar a los nuevos miembros en la sociedad y, en su medida, intentar mejorar esta. Otro aspecto recogido en la literatura sobre la profesionalización es su carácter de proceso dinámico, de desarrollo y evolución de una ocupación, más allá de su aceptación como rango y estatus adquirido. En este sentido nos parece muy oportuna la reflexión de Ruiz de Gaúna, (1997) cuando dice, respecto a la profesionalización docente: ....no es un evento espontáneo o un estadio de gracia en el que se halla una ocupación. Más bien, describe puntos a lo largo de un continuo, representando el grado en el que los miembros de una ocupación comparten un cuerpo común de conocimiento y utilizan estándares compartidos de práctica en el ejercicio de ese conocimiento... (...) permitiendo que socialmente sea aceptada más como profesión que como simple oficio. (303) Con palabras similares, Darling-Hammond (2005, 375) señala que…la profesionalización no constituye el estado final al que se encaminan las ocupaciones, sino que es más bien un proceso continuo en persecución de un ejercicio útil y responsable de la misma. Esta idea de proceso, alejada del concepto tradicional y clásico de comparación con las profesiones más valoradas socialmente (abogacía, medicina, etc.), reclama una atención hacia aspectos del desarrollo profesional de los docentes. Como adultos inmersos en la sociedad del conocimiento, mas allá del rol tradicional de transmisores de contenidos, se demanda que los profesores actúen como guías del conocimiento de sus alumnos, como orientadores del proceso de aprendizaje. Como nos indica Pérez Gómez, (1998): “Bien lejos del concepto clásico de profesionalidad docente como posesión individual del conocimiento experto y el dominio de habilidades, la práctica profesional del docente es, a mi entender, un proceso de acción y reflexión cooperativa, de indagación y experimentación, donde el profesor aprende al enseñar y enseña porque aprende, interviene para facilitar y no imponer ni sustituir la comprensión de los alumnos, y al reflexionar sobre su intervención ejerce y desarrolla su propia comprensión (198). Un aspecto interesante de la profesionalización, como nos recuerdan Zeichner y Noffke, (2001) tiene que ver con su relación con la investigación de los profesores. Nos advierten que si la profesión docente, en las escuelas de primaria y secundaria, quiere abandonar la infancia y hacerse adulta como profesión, los profesores necesitan asumir la responsabilidad adulta de investigar, de forma sistemática y crítica, su propia práctica. 1 Desarrollo profesional y profesionalización docente 2. Distintas visiones de la profesión docente En su exhaustivo trabajo sobre la profesión docente Goodson y Hargreaves (1996), agrupan las diferentes acepciones del término en torno a cinco ideas o formas de entender la profesión docente: 2.1. Profesionalismo clásico Se fundamenta en la comparación de la enseñanza con las profesiones con alto estatus social (medicina, derecho, etc.). Estas se caracterizan por tener un conocimiento profesional común o cultura técnica compartida, una ética hacia el servicio a los clientes y la autorregulación por sus propias organizaciones. Respecto a la característica de las profesiones de poseer una cultura técnica compartida, señala que los docentes de secundaria, en cierta forma cumplen este criterio, pues son expertos en la materia que enseñan. No es el caso de los profesores de primaria, al no poseer el conocimiento fuerte de una asignatura y apenas compartir concepciones técnicas y lenguajes sobre el desarrollo de los alumnos o el aprendizaje. Jackson (1991) argumenta que el lenguaje que usan los profesores cuando hablan de su trabajo, es prácticamente el lenguaje común. Además, los docentes lo que realmente valoran en su trabajo es la experiencia práctica, no la teoría científica en que se basa. Por lo tanto, la enseñanza ni es técnica ni compartida, y no cumple este requisito para ser una profesión. Frente a esta situación se intenta articular un conocimiento propio de la enseñanza – donde se pueda situar su carácter práctico y experiencialen términos más científicotécnicos, como paso necesario para su consideración como profesión. Es el caso del programa de Shulman (1987:8) de búsqueda del conocimiento esencial de la enseñanza, cuya principal aportación es el concepto de CDC que el propio Shulman define como ...la especial amalgama de contenido y pedagogía, exclusiva de los profesores y que representa su especial forma de comprensión profesional. Este conocimiento diferencia los profesores noveles de los experimentados, y puede ayudar a situar el conocimiento intuitivo y práctico de los profesores en una forma codificada de conocimiento profesional y comparable que desarrollaremos en el siguiente capítulo. 2.2. Profesionalismo flexible Si en el modelo clásico la base de la profesión se sitúa en el conocimiento científico como señalamos en el punto anterior, en la concepción flexible de la profesionalización la clave está en la cultura de colaboración que surge en las comunidades de prácticos. Así, dado que el conocimiento científico base sobre la educación –entendido en el sentido que tiene en las ciencias naturalespresenta problemas epistemológicos, se promocionan comunidades de profesionales que trabajan colaborativamente. Estas comunidades profesionales trabajan en sus contextos particulares, sobre sus áreas específicas, compartiendo sus problemas e inquietudes de forma dialogada y con vistas a la mejora de su labor docente. Esta mejora de su función docente se produce mediante la construcción compartida de los significados de su práctica profesional. Aunque a veces se han quedado en un mero intercambio de trucos y consejos prácticos, más que en una reflexión sobre su propia práctica, o han sido controladas y colonizadas por burocracias educativas encerrando a los docentes en una “colegialidad 2 Desarrollo profesional y profesionalización docente obligatoria” –posiblemente en la antítesis de la idea de profesionalización dirigida por los propios actores-, es bien cierto que los profesores que participan en comunidades con un fuerte compromiso profesional, sean el departamento de su área o cualquier otra organización docente, presentan mayores niveles de profesionalismo que aquellos que trabajan en contextos menos colegiales y mas individualistas. Parece adecuado subrayar la importancia de la comunidad de prácticos y el contexto escolar –lo local frente al conocimiento científicocomo garantías de la profesionalización docente. Aunque un excesivo compromiso hacia estas comunidades locales pueden contribuir a una fragmentación de los docentes, lo que unido al frecuente aislamiento de estas comunidades entre sí y de su entorno cercano puede ocasionar la sustitución del criterio de acceso a la profesionalización desde el conocimiento, por el de unas élites profesionales como paradigma y reflejo de la actuación, pero que no constituyen una comunidad en el sentido amplio del término. El tratar la profesionalización como un tema predominatemente local, basado principalmente en el nivel de la comunidad escolar, sólo añadirá fragmentación y aislamiento creando contextos locales ejemplares, pero sin un modelo común claro. 2.3. Profesionalismo práctico El profesionalismo práctico intenta dar dignidad y estatus al conocimiento práctico que las personas tienen de la tarea que realizan. La validez y pertinencia de la experiencia docente, en otros momentos vista como una debilidad de la profesión, es considerada como fundamental y una fuente válida de conocimiento, más allá de la oposición teoría-práctica. Como nos recuerdan Elbaz (1990), Connelly y Clandinin (1988), las rutinas y el conocimiento que tienen los profesores de cómo hacer su trabajo (explicar los contenidos, enseñar estrategias, crear un clima de trabajo en clase, relacionarse con los padres y con otros compañeros, etc.) constituyen el conocimiento práctico personal o conocimiento del oficio. El concepto de enseñanza como práctica reflexiva Schön (1998), descrita como la capacidad y habilidad de emitir juicios razonables en situaciones interactivas e inciertas, muestra la idea de profesionalismo desde esta perspectiva práctica. El énfasis puesto en la reflexión de los profesores, en el compartirlas y hacerlas explícitas se sitúa como el argumento principal de la profesionalización desde esta orientación. Esta visión práctica y reflexiva de la docencia, desafía la idea de un profesionalismo basado en la posesión del conocimiento académico -ubicado en las estructuras universitariascomo garantía de profesionalización de los docentes. En su forma crítica, conecta la reflexión práctica de los docentes con temas más amplios de igualdad y justicia social. A pesar del interés suscitado y del atractivo de sus argumentaciones, presentan problemas a dos niveles; en primer lugar, no todo el conocimiento práctico personal es valioso desde el punto de vista educativo y social (por ejemplo, las imágenes de las experiencias del profesor en su etapa como alumno). En segundo lugar, el excesivo énfasis en la práctica diaria del profesor (“la práctica solo hace práctica” como nos recuerda Montero 2001), puede conducir a un abandono de los compromisos morales amplios con los proyectos sociales, para centrarse en aspectos como las competencias técnicas y las habilidades pedagógicas. Este excesivo enfoque hacia temas curriculares y el alejamiento del conocimiento universitario -con las posibilidades de acercamiento a la investigación independiente, a la crítica intelectual y a la comprensión de otros profesores en otros contextos-, puede convertir el conocimiento práctico, en conocimiento “parroquial”. 3 Desarrollo profesional y profesionalización docente 2.4. Profesionalismo expandido Una cuarta idea sobre la profesionalización docente se nos presenta en términos de contraposición entre expansión y regresión. De forma un tanto maniquea se presenta la imagen de un profesional en regresión como limitado al aquí y ahora, con habilidades derivadas de la experiencia, con los acontecimientos de clase percibidos aisladamente, concibiendo la metodología como introspección, valorando la autonomía individual, con escasa participación en actividades distintas de las profesionales, poca lectura de temas profesionales o limitada exclusivamente a actividades prácticas. En definitiva, la profesión de la enseñanza es vista como una tarea de naturaleza intuitiva. En contraposición, el profesional expandido deriva sus conocimientos de la relación entre teoría y práctica, la perspectiva del profesor va más allá de la clase, para abrazar el contexto social más amplio de la educación; los sucesos de clase se perciben en relación a otros aspectos de la escuela, compara su metodología con la de otros, da gran valor a las actividades profesionales, lee literatura profesional, asiste a actividades de formación teóricas y prácticas. En definitiva, la profesión de enseñanza es vista como una actividad racional, no intuitiva. Si bien las reformas educativas, en sus enunciados abogan de forma explícita por un profesionalismo expansivo, no está claro que las actuaciones posteriores que las desarrollan, obtengan los resultados pretendidos. Goodson y Hardgreaves (1996) se inclinan más por el término profesionalismo dilatado, producto de la participación mas o menos obligatoria en mayor número de actividades y reuniones de planificación colectiva, que del auténtico compromiso que implica el profesionalismo expandido. 2.5. Profesionalismo complejo El argumento que fundamenta esta quinta orientación de la concepción del profesionalismo docente se basa en que las profesiones deberían juzgarse por la complejidad del trabajo que realizan, situando la enseñanza en esta categoría. Esta complejidad se apoya en que se necesitan habilidades de resolución de problemas, la implementación de estrategias de aprendizaje cooperativo y habilidades de pensamiento complejo. Todos los profesores deben ser líderes de sus estudiantes y, como tales, conducir procesos de gran complejidad; como nos señala Sykes (1990, 20), deben ser “trabajadores eruditos, experimentados, reflexivos, comprometidos y enérgicos” Para estimular y apoyar el trabajo de los profesores en su afán de manejar la complejidad de su trabajo, se debe construir una cultura de profesionalización en las escuelas. Lo que parece evidente es que la complejidad de la labor docente es un elemento clave para la profesionalización, y además constituye la clave para prolongar el período de preparación profesional. Queda por determinar si el incremento de tareas complejas (tareas de gestión de clase, resolución de problemas, trabajo cooperativo, etc.) va en detrimento de otras áreas del trabajo docente más morales y comprometidas con valores (como el contenido y propósito del currículo y su relevancia para la vida de los alumnos) y que parecen escapar del control de los profesores. También parece interesante preguntarse si la creciente complejidad del trabajo docente, si le añadimos el fenómeno de la intensificación (Montero, 1999), es un estímulo hacia la profesionalización docente, o por el contrario todas estas demandas hacia el profesorado se realizan a costa de su salud, vidas y mantenimiento del estatus. La opción de quedarse encerrado en el aula, o cerrar la puerta, como nos recuerda Contreras (1997) y que otros agentes se preocupen del contacto con la comunidad, reduciendo el rol de toma de 4 Desarrollo profesional y profesionalización docente decisiones del docente, no parece muy acertada en un mundo en transformación tecnológica y con cambios culturales importantes que provocan retos en la escuela; una opción que no ayudaría a mejorar el camino hacia la profesionalización. 3. El Desarrollo Profesional En el campo de la formación de profesores, varios términos se han usado como sinónimos de desarrollo profesional del docente. Por una parte tenemos las definiciones próximas al concepto de formación (reciclaje de profesores, perfeccionamiento del profesorado, formación permanente, formación contínua, formación en servicio,...), y de otro aquellas acepciones que integran el término desarrollo (desarrollo de profesores, desarrollo profesional-personal, desarrollo del staff, crecimiento profesional…). Estas acepciones traídas directamente del ámbito anglosajón, en el que ha alcanzado una tremenda popularidad, han propiciado su utilización en nuestro contexto a veces con poca rigurosidad y ayudando a la confusión inherente al propio término. La pluralidad de significados y significantes que contiene, atravesados por diferentes concepciones, puntos de vista y valores hacen difícil su delimitación. Como señala García Gómez (1999) esta falta de [...] un significado unívoco y consensuado por parte de todas las personas e instancias que conforman la comunidad científica educativa, contribuye a resaltar la complejidad del mismo y dificulta la tarea de mostrar una definición. Esta perspectiva es compartida, entre otros, por Imbernón (1999) cuando sostiene que: “Cuando hablo de desarrollo profesional me refiero a todo aquello que tiene que ver con el cambio en la vida profesional del profesorado y no únicamente a los nuevos aprendizajes que requiere el profesorado, ya sean individuales como aquellos aprendizajes asociados a los centros educativos como “desarrollo profesional colectivo”. La formación es una parte del proceso de ese desarrollo profesional (otra parte importante es el modelo retributivo, de carrera docente, de clima laboral...). La formación se legitima cuando contribuye a ese desarrollo profesional de los profesores como proceso dinámico de profesionalización del profesorado, en el que los dilemas, las dudas, la falta de estabilidad y la divergencia llegan a constituirse en aspectos de la profesión docente y, por tanto, ayudan al desarrollo profesional” (191) Nos parece importante la matización sostenida por Montero (2004) y con la que coincidimos, al diferenciar aspectos incluídos por Imbernón en la cita anterior (modelo retributivo, carrera docente y clima laboral) más como contenidos propios del constructo profesionalización, que como aspectos ligados a la formación. No obstante, cada circunstancia particular, cada historia de vida de todo profesor contiene elementos entrelazados de cada categoría, y que contribuyen –o noa su desarrollo profesional. En la misma línea argumental Day (1998, 33) manifiesta que es importante definir el desarrollo profesional como multi-dimensional, como una interacción dinámica entre las diferentes etapas del profesorado en las que caben sus experiencias biográficas, factores ambientales, carrera profesional, vida y fases de aprendizaje a lo largo de la vida. Ahora bien, esta problemática de diversidad de acepciones y la relación entre formación y desarrollo profesional no debemos considerarla una anomalía que deba corregirse, sino como un indicador de la complejidad y el carácter conflictivo de la realidad educativa con la que tratamos, especialmente si tenemos en cuenta el juego de tradicciones y culturas distintas implícito en las mismas. 5 Desarrollo profesional y profesionalización docente El ejercicio de la docencia encierra en sí unas fuentes de tensión de presencia prácticamente permanente, a las que el profesor debe enfrentarse de forma coherente, aceptándolas y superándolas para conseguir que el trabajo docente sea agradable y permita la autorrealización del profesor. No se trata de dar una visión problemática de la educación, sino una visión positiva de los problemas a superar, con la idea de que la mejor forma de superarlos es conocerlos y afrontarlos. Este saber analizar es estar dispuesto a determinar los aprendizajes que se deben realizar en cada momento, es aprender a decidir qué es lo que conviene aprender-enseñar. Cuando esto se produce de forma interactiva, es decir, sobre las decisiones que toma el profesor hacia sus alumnos, así como las propias decisiones sobre sus propias necesidades de formación y posibilidades de desarrollo profesional, en ese momento hablamos de desarrollo profesional ligado al desarrollo personal. Esta situación nos permite introducir los trabajos centrados en las narrativas personales y los relatos de vida de los profesores que han realizado Carter y Doyle (1996), Elbaz-Luwisch (1997), que parten del interés inicial de considerar al profesor como persona. Es interesante destacar un cambio metodológico importante, al apoyarse en los relatos biográficos y las narrativas de los docentes como fórmulas para acceder a su conocimiento. (Bolívar et al., 1998, 2001; Bolívar, 1999) partiendo de planteamientos iniciales semejantes - la preocupación del profesor como persona-, se adentran en el terreno biográfico narrativo, entendiendo esta perspectiva como un nuevo paradigma dentro de la investigación educativa. El desarrollo profesional en un sentido amplio se relaciona con el desarrollo de una persona en su ámbito profesional. Más específicamente, el desarrollo profesional de los profesores, en palabras de Glatthorn (1995, 41), se refiere al crecimiento profesional que alcanza un profesor como resultado de su experiencia y el examen sistemático de su quehacer docente. Incluye entre sus componentes experiencias formales, como la asistencia a actividades de formación específicamente preparadas, congresos, reuniones profesionales, etc. e informales como lecturas de publicaciones profesionales, aprendizajes no planificados, experiencias y vivencias. Debe tenerse en cuenta el contenido de estas experiencias, el contexto en que se producen, así como los elementos facilitadotes y entorpecedores del mismo. Esta perspectiva, más allá de la idea de formación permanente y de promoción profesional hacia la dirección de los centros, se presenta como una cierta novedad en la profesión. Es relativamente reciente la idea de desarrollo profesional como un proceso de largo alcance en el que se incluyan oportunidades y experiencias planificadas que promuevan el crecimiento y el desarrollo en la profesión docente. Algunas de las evidencias que prueban este interés y apoyo al desarrollo profesional de los profesores son, en palabras de VillegasRemser (2003), la gran cantidad de literatura sobre el tema publicada recientemente que incluye documentos, ensayos e informes de investigaciones. La propia Villegas-Reimser (2003) señala como características del desarrollo profesional el hecho de que esté basado más en un modelo constructivista que en un modelo transmisor de conocimiento, lo que implica la consideración de los profesores como aprendices activos implicados en la preparación, observación y reflexión sobre su tarea docente. Lo considera como un proceso a largo plazo, reconociendo el hecho de que los profesores aprenden con el tiempo. Por lo tanto, el seguimiento del proceso por el que se relacionan nuevas experiencias con los conocimientos ya adquiridos por los docentes, se presentan como un catalizador indispensable del proceso de cambio. También estima importante la consideración del contexto en el que tiene lugar el proceso, así las mejores experiencias de desarrollo profesional tienen que ver con los contextos concretos de las 6 Desarrollo profesional y profesionalización docente escuelas y están relacionadas con las actividades diarias de los profesores, convirtiendo las escuelas en comunidades de aprendizaje. También incide en la relación íntima entre el desarrollo profesional con el de cambio educativo, al utilizar el primero como un proceso de construcción de una nueva cultura profesional, más allá de la idea clásica de adquisición de nuevas habilidades. Así, se concibe al profesor como un práctico reflexivo, alguien que entra en la profesión con una formación inicial y que adquiere nuevos conocimientos y experiencias apoyadas en sus conocimientos previos. En este proceso, el desarrollo profesional ayuda a los profesores a construir nuevas teorías y prácticas pedagógicas al tiempo que les ayuda a mejorar su pericia docente. Este desarrollo profesional se concibe como un proceso colaborativo que sin suprimir espacio para el trabajo y la reflexión personal, consigue los mayores beneficios en las interacciones significativas no sólo entre profesores, sino entre estos y otros miembros de la comunidad. El interés de agencias nacionales e internacionales de educación en reconocer la importancia del desarrollo profesional de los docentes, y apoyar iniciativas eficaces para su consecución, y por último, la aparición en la mayoría de las reformas educativas del componente del desarrollo profesional de los docentes como un elemento clave en los procesos de cambio. En este sentido, parece obligado recordar el capítulo III de la reciente aprobada LOE (2006) dedicado al ineludible protagonismo del profesorado y su desarrollo profesional. 4. La relación formación, profesionalización, desarrollo profesional El movimiento por la profesionalización de la enseñanza y la formación de profesores se fundamenta en varias razones. La primera está en la percepción de severas deficiencias dentro de los modelos tradicionales de formación de profesores, tanto el modelo de Escuela Normal para formar a los profesores de enseñanza primaria, como el modelo subyacente a la tradición académica en el caso de los profesores de secundaria. ¿Será capaz la normativa sobre el Espacio Europeo de Educación Superior de cambiar esta situación? La segunda razón se apoya en la fuerte necesidad de mejorar y reformar la educación para cumplir con los nuevos retos que debe enfrentar la educación en una sociedad en constante cambio. En tercer lugar presenta la creencia en los beneficios de la modernidad (la potencialidad del conocimiento científico y las prácticas educativas validadas científicamente como formula para mejorar la educación, así como la formación de profesores como condición necesaria para la mejora de educación). Por último, diversos factores sociológicos –irrupción de las TIC, creciente inmigración, desarrollo económico, etc., presionan en la línea de transformar la profesión educativa. Existen distintas consideraciones sociales de la profesión docente en los distintos países de la UE, y también algunas coincidencias. En la mayoría de los estados los profesores tienen el estatus de funcionarios públicos, aunque esta tendencia parece cambiar debido a las políticas de reducción de déficit público y ajuste presupuestario. Tradicionalmente se entendía la enseñanza como una ocupación a tiempo completo, para toda la vida. Actualmente, se producen cambios en la dirección de entender la profesión a tiempo parcial o en una fase concreta de la vida laboral de las personas. Como problemas más habituales destacamos la consideración de la profesión docente como una estructura de carrera plana, la feminización, así como la falta de profesores en algunos países, mientras otros se enfrentan al problema de exceso de profesores, unido a una 7 Desarrollo profesional y profesionalización docente edad media baja en la fuerza laboral docente actual. Además estos países se enfrentan con el problema de que las nuevas reformas y exigencias de la escuela deben ser puestas en marcha por "unos profesionales grises", desmotivados, lo que significa hacer un esfuerzo extra en la formación en servicio y el desarrollo profesional. Como telón de fondo de estas consideraciones descriptivas, se nos aparece el debate sobre la redefinición de la profesión. Se puede observar que el concepto tradicional de la enseñanza como transmisión de conocimiento o como profesión artesana se está quedando obsoleto. Existen sólidos argumentos para pensar que estas concepciones deben ser reemplazadas por otras concepciones más dinámicas, orientadas a un nuevo profesionalismo en general y un profesionalismo pedagógico en particular. La organización escolar, los métodos y las destrezas de enseñanza deben ser revisadas periódicamente debido por un lado a que la información se hace más accesible gracias a las TCI, y por otro, las demandas sociales sobre la educación hacen que la enseñanza sea una tarea compleja y con mas retos. El mantenimiento de una enseñanza de calidad demanda que los profesores revisen regularmente la forma en que aplican sus principios pedagógicos. También necesitan establecer un equilibrio entre el qué y el cómo de su enseñanza y revisar sus propósitos morales. Ser un profesional de la educación hoy en día significa elevar a un compromiso de vida la investigación de la práctica. Más allá del desarrollo de rutinas profesionales, habituales y deseables en todas las profesiones, los docentes necesitan implicarse en las diferentes clases de reflexión necesarias para aprender y cambiar. De entre las razones para propiciar las oportunidades de aprendizaje y desarrollo profesional, queremos señalar que el compromiso de los profesores con su trabajo incrementa a su vez el compromiso de los alumnos. Así, los profesores con entusiasmo por la labor docente trabajan más para hacer el aprendizaje significativo a sus alumnos, especialmente para los que tienen más dificultades o falta de motivación. Este entusiasmo se ve reforzado por la autopercepción de los profesores como educadores con amplios propósitos, que a su vez se retroalimenta por unas buenas posibilidades de desarrollo profesional continuo. Desafortunadamente la inversión en el desarrollo profesional dentro del contexto del desarrollo institucional, está lejos de realizarse. La mayoría de los profesores aún trabaja de forma aislada la mayor parte del tiempo. Las oportunidades para el desarrollo de la práctica basado en la observación y crítica de esa práctica son muy limitadas. A pesar de los esfuerzos por promover la cultura colegial, normalmente se limitan al nivel de la planificación o de la enseñanza, en vez de examinar la práctica en sí misma. En este contexto, la observación de Barth (citado por Day (2001) sobre el "lugar peligroso" de la escuela en el aprendizaje en la vida de los profesores no es sorprendente: ...los aprendices voraces son los principiantes; el primer año los profesores intentan desesperadamente aprender su nuevo oficio. La curva de aprendizaje permanece alta durante tres o cuatro años hasta que la vida comienza a ser rutinaria y repetitiva, donde la curva se hace plana. El próximo septiembre, igual que el septiembre pasado. Después de-¿quizá diez años?-, se habla de que los profesores, ahora sitiados, acorralados, cercados, y reducidos, son reacios a aprender. La curva de aprendizaje desciende; con 25 de años en la escuela, muchos profesores se definen como quemados...parece que la vida en las escuelas es tóxica para el aprendizaje de los adultos. Cuanto mas tiempo se está en ella, menos se aprende. Sorprendente. (Barth, 1996) Aunque muchos profesores comienzan sus carreras con un sentimiento de que su trabajo es socialmente significativo y que podrá deparar grandes satisfacciones, este sentimiento se pierde en las inevitables dificultades de la enseñanza, entremezclando temas personales, presiones sociales y valores contrapuestos, para engendrar un sentimiento de 8