Un libro para la reina madre. La traducción del Memoriale Virtutum de Alonso de Cartagena en el entorno de Isabel de Portugal (1447-1496)
Abstract
Si bien la corte de Juan II se caracterizó desde fecha temprana por la difusión y promoción de las letras, configurando un importante círculo de literatos con el que también mantuvo un contacto estrecho la reina María de Aragón, es muy poco lo que se conoce del gusto literario y patronazgo cultural de su segunda esposa. La figura de Isabel de Portugal resulta mucho más escurridiza en las fuentes, un hecho que guarda relación con el breve periodo en el que participó en la corte como reina consorte y el apartamiento que sufrió tras la muerte de su esposo y posterior ascenso al trono de Enrique IV. Por ello resulta aún más significativa la conexión que existe entre el Memorial de Virtudes y la ya entonces reina madre.
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Open Access. © 2018 Diana Pelaz Flores, published by De Gruyter. This work is licensed under the Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 License. https://doi.org/10.1515/9783110596755-006 Diana Pelaz Flores, Universidade de Santiago de Compostela Diana Pelaz Flores Un libro para la reina madre: la traducción delMemoriale Virtutumde alonso de Cartagena en el entorno de Isabel de Portugal (1447–1496) Si bien la corte de Juan II se caracterizó desde fecha temprana por la difusión y promoción de las letras, configurando un importante círculo de literatos con el que también mantuvo un contacto estrecho la reina María de Aragón, es muy poco lo que se conoce del gusto literario y patronazgo cultural de su segunda esposa. La figura de Isabel de Portugal resulta mucho más escurridiza en las fuentes, un hecho que guarda relación con el breve periodo en el que participó en la corte como reina consorte y el apartamiento que sufrió tras la muerte de su esposo y posterior ascenso al trono de Enrique IV. Por ello resulta aún más significativa la conexión que existe entre elMemorial de Virtudesy la ya entonces reina madre. Elaborado en una fecha imprecisa, que oscila entre el inicio del reinado de Isabel I y la muerte de Isabel de Portugal, la confección de su traducción llama la atención tanto por la persona a la que se le dedica el esfuerzo textual, como por la autoría factual del manuscrito. A partir de la aparición de la obra, elaborada en un contexto afín y cercano a Doña Isabel, se pretende observar la relación que el texto mantiene con su dedicataria y la imagen que se busca ofrecer de la reina madre. Asimismo, se reflexionará acerca del desconocimiento existente en torno a la persona encargada de ejecutar la traducción, a fin de comprender el objeto del tratado en el ámbito de la olvidada “corte de Arévalo”. Nota: El presente texto se llevó a cabo en el marco de un contrato postdoctoral del programa estatal “Juan de la Cierva-Formación”. Este trabajo se ha realizado en el marco del proyecto: Las transformaciones del Estado: Estructuras políticas, agentes sociales y discursos de legitimación en el reino de Aragón (siglos XIV–XV). Una perspectiva comparada (HAR2015–68209–P), concedido por el Ministerio de Economía y Competitividad y dirigido por el profesor Carlos Laliena Corbera como I.P.
94 Diana Pelaz Flores 1 El Memorial de Virtudes y la reina Isabel de Portugal A diferencia de lo que ocurre en el caso de su predecesora, la reina María de Aragón,1 la vinculación de Isabel de Portugal con la promoción de las letras castellanas resulta difícil de rastrear. El desconocimiento de la biblioteca de la reina, así como la ausencia de tratados dedicados, encargados o dirigidos hacia su persona generan un distanciamiento entre la reina y nuestra capacidad para conocer sus gustos culturales y literarios, más allá de las lecturas devocionales y piadosas, y otras obras igualmente aconsejadas para las damas de la aristocracia.2 De ahí que la dedicatoria de la traducción del Memoriale Virtutum, cuando Isabel de Portugal era ya una mujer de avanzada edad, sea tan llamativa. Al interés inicial relacionado con la vinculación de esta obra con la reina madre, se le añaden otros aspectos, como son el hecho de que se trate de la traducción de un texto formulado en latín para un príncipe portugués y que la identidad de su artífice sea desconocida. La conexión entre la obra y la dedicataria ha de encontrarse, como bien ha señalado Isabel Beceiro Pita de manera reciente, en la capacidad del texto para subrayar la conexión familiar que existe entre la reina Isabel y el rey Duarte I de Portugal, a quien Alonso de Cartagena dirigió originalmente su tratado.3 Como el obispo de Burgos señalara en la composición de su prólogo, el hecho de escoger a Don Duarte para entregarle su obra residía en el interés mostrado por el entonces príncipe de conocer la naturaleza de las virtudes para poder cultivarlas 1 F. Gómez Redondo, Historia de la Prosa medieval castellana, III: Los orígenes del humanismo. El marco cultural de Enrique III y Juan II, Madrid, Cátedra, 2002, p. 3221. A. Echevarría Arsuaga, Dinastía: Reinas Mecenas en los albores del humanismo, A. Serrano del Haro Soriano y E. Alegre Carvajal (coords.), Retrato de la mujer renacentista, Madrid, Universidad Nacional de Educación a Distancia, 2012, pp. 67–90. F. Serrano, Del debate a la propaganda política mediante la Querella de las Mujeres en Juan Rodríguez del Padrón, Diego de Valera y Álvaro de Luna, in “Talia dixit”, 7, 2012, pp. 99–107. D. Pelaz Flores, A la más virtuossa de las mugeres. La Reina María de Aragón (1420–1445) como impulsora de las letras en la Corona de Castilla, in “Hispania”, LXXIV, 247, 2014, pp. 331–356. A. Vargas Martínez, La Querella de las Mujeres. Tratados hispánicos en defensa de las mujeres (siglo XV), Madrid, Editorial Fundamentos, 2016, pp. 91–145. I. Beceiro Pita, Poder regio y mecenazgo en el Occidente Peninsular: las reinas e infantas de las dinastías Trastamara y Avís, in “Anuario de Estudios Medievales”, 46/1, 2016, pp. 329–360. 2 M. Santos Silva, Philippa of Lancaster, Queen of Portugal: educator and reformer, in L. Oakley- Brown - L. J. Wilkinson (eds.), The Rituals and Rhetoric of Queenship. Medieval to Early Modern, Dublín, Four Court Press, 2009, pp. 37–46. 3 I. Beceiro Pita, cit., p. 346.
Un libro para la reina madre 95 y ser un buen gobernante.4 La estrecha relación fraguada entre el príncipe y el obispo, mientras se encontraba en Portugal en calidad de embajador del rey de Castilla, habría sido la responsable de la ejecución de un tratado de clara vinculación aristotélica, con influencias de las obras de Santo Tomás de Aquino, San Jerónimo, San Gregorio, Séneca u Homero y donde también tenían cabida otras enseñanzas procedentes de la historiografía conocida y manejada por Cartagena, como demuestra la aparición de episodios de la vida del rey Rodrigo o del Cid.5 Las dos partes en las que se divide la obra pretenden ser un compendio ético para el buen gobernante, lo que se expresa a través de la enumeración de las virtudes. A su vez, estas quedan divididas en la primera parte entre: teologales (fe, esperanza, caridad), intelectuales (sabiduría, ciencia, entendimiento, prudencia y arte), y morales (justicia, fortaleza, templanza, franqueza, magnificencia, magnanimidad, moderación, mansedumbre, afabilidad, verdad y cortesía). Finalmente, el autor se centra en las cualidades que han de caracterizar al estamento de la realeza de manera más específica, señalando la necesidad de cultivar la liberalidad, la magnificencia o la magnanimidad.6 Es interesante el hecho de que una obra, en origen compuesta para el príncipe de Portugal, sea motivo de dedicatoria a la reina madre de la soberana castellana. Esta situación llama la atención por un doble motivo: en primer lugar, por la diferencia de posición y de edad que separa a las dos personas que son objeto de la dedicatoria de un tratado cuyo contenido se refiere a la proyección del buen gobierno a través de quienes están en disposición de ejercerlo; en segundo lugar, por el carácter secundario que el sexo de los dedicatarios juega a la hora de conectar el tratado con su persona. ¿Cuáles son las razones que llevan al traductor a dedicar la obra a Doña Isabel? ¿Cómo justifica su elección en la reina madre y no en la ya proclamada reina, Isabel I? Las similitudes entre las figuras de Duarte I y de Isabel I en el momento en que se ponen por escrito, por un lado el Memoriale Virtutum y por otro su traducción, han llevado a diferentes autores a asegurar que esta última encontrara su razón de ser en la joven reina de Castilla.7 Sin embargo, 4 C. Martínez Gómez, Estudio, edición crítica y traducción del Memoriale Virtvtvm de Alfonso de Cartagena, Universidad Complutense de Madrid (Tesis Doctoral inédita), 2016. 5 Ma J. Díez Garretas, El Çid Ruy Díaz como Exemplum en la historiografía y en los Espejos del siglo XV: la Anaçefaleosis y el Memorial de virtudes de Alonso de Cartagena, in C. Fernández Alonso (coord.), Actas del Congreso Internacional El Cid, poema e historia (12–16 de julio de 1999), Burgos, Ayuntamiento de Burgos, 2000, pp. 329–333. 6 C. Martínez Gómez, cit., pp. 51–57. 7 M. Martínez Añíbarro, Intento de un diccionario biográfico y bibliográfico de la provincia de Burgos, Madrid, Imprenta de Manuel Tello, 1889, p. 106. F. Cantera Burgos, Alvar García de Santa María y su familia de conversos. Historia de la judería de Burgos y de sus conversos más egregios,
96 Diana Pelaz Flores el prólogo de la traducción se refiere de manera clara a Isabel de Portugal, “sobrina del dicho señor Rey [Duarte I], e madre de la muy alta e muy poderosa señora doña Isabel, Reina de Castilla”, por lo que no cabe la equivocación entre ambas. Precisamente la avanzada edad de Isabel de Portugal constituye para el traductor del Memoriale una cualidad a tener en cuenta de manera muy positiva, debido a la prudencia y la experiencia que confieren al individuo el paso de los años y el aprendizaje que ello conlleva. Más aún, el autor señala que “es madre fecha”, poniendo el acento en la maternidad como un episodio en la vida de la mujer que potencia su madurez y fortaleza, siendo un rasgo más a valorar. Al mismo tiempo, la maternidad de Doña Isabel contribuiría a realzar a su progenie, los infantes Alfonso e Isabel de Castilla, lo que repercutiría en la valoración favorable de la rama sucesoria que ellos habían representado en el devenir castellano. La edad es, precisamente, el aspecto sobre el que recae un razonamiento más concreto en lo que respecta a Doña Isabel, frente al resto de cualidades prescriptivas, que se presentan como condiciones comúnmente asociadas a los miembros de la realeza y de los cuadros aristocráticos, de un modo más amplio.8 Madrid, CSIC. Instituto Arias Montano, 1952, p. 455. F. Rubio, Don Juan II y el movimiento humanístico de su reinado, in “Ciudad de Dios”, 168, 1955, p. 86. S. González Quevedo, El “Oracional” de Alonso de Cartagena. Edición crítica, Valencia, Albatros, 1983, pp. 22–23. En efecto, la inmensa mayoría de los autores literarios del momento dedican sus obras a la nueva reina de Castilla: N. Salvador Miguel, La actividad literaria en la corte de Isabel la Católica, in Catálogo de la exposición Isabel la Católica. Los libros de la reina, Burgos, Instituto Castellano y Leonés de la Lengua- Caja de Burgos, 2004, pp. 172–196. 8 El texto completo del prólogo, donde se contienen las motivaciones del traductor a la hora de dedicar su obra a la reina Isabel de Portugal, es el siguiente: “Porque las cosas nobles e provechosas mientra más se estienden al pro común no solamente más nobles, mas aun divinas se fazen, segund que lo escrivió Aristótiles en el primero De las Éthicas, comigo pensando determiné trasladar en nuestra común lengua castellana un graçioso e noble tratado que de virtudes fallé, el qual de los dichos de los morales filósophos conpuso el de loable memoria don Alfonso de Santa María, obispo de Burgos, al muy illustre e muy ínclito señor don Duarte, Rey de Portugal, seyendo primero prínçipe, al qual Memorial de virtudes intituló. E por quanto aquesta sçiençia moral o de virtudes requiere eys condiçiones para se poder bien conprehender, las quales son: edad provecta, forma conpuesta, nobleza de linaje, inclinaçión natural a virtudes, subjeción de los apetitos o turbaciones humanas, prudencia [1rb] e esperiencia de cosas pasadas, e las tales se me representaron mucho en perfección en la muy excelsa e sereníssima señora la Infante doña Isabel, sobrina del dicho señor Rey, e madre de la muy alta e muy poderosa señora doña Isabel, Reina de Castilla, nuestra señora, juzgué a su señoría más le pertenescer. Lo primero, porque non en hedad tierna, mas ya madre fecha. Lo segundo, por la noble proporçión de su conpuesta forma. Lo terçero, non desecha la altura e real estado, así de os primeros d’ella como esso mesmo el suyo e del fruto de su bianaventurado vientre. Lo quarto, porque sus deseos así son subjectos a la razón que en maravillosa subjeçión los mantiene en extremo. Lo quinto,
Un libro para la reina madre 97 En cualquier caso, y más allá de la cercanía que sugiere el prólogo entre dedicante y dedicataria, es necesario considerar que el momento en el que se lleva a cabo la traducción no es, ni mucho menos, inocente. Pese a no saber el año exacto de su publicación, deben plantearse con claridad dos fechas extremas a la hora de componer el texto: 1474, año de la proclamación de Doña Isabel como reina de Castilla, y 1496, año de la muerte de Isabel de Portugal. El hecho de que Doña Isabel ya hubiera ocupado el trono pone de manifiesto el nuevo interés por recuperar la figura de la reina madre y exaltarla ante la corte de su hija, rescatándola del olvido en el que había vivido tras abandonar la corte de Enrique IV, inmediatamente después de la muerte de Juan II. En consecuencia, la ejecución de la traducción formaría también parte del proceso de dignificación de la rama dinástica a la que pertenecía la Reina Católica, en relación con el programa de propaganda laudatoria que Doña Isabel acometió a lo largo de su reinado, del que son testimonio ejemplos tan sobresalientes como la capilla funeraria que acoge a sus padres y su hermano en la Cartuja de Miraflores. El Memorial de Virtudes no solo reivindicaba la adscripción materna a la Casa real portuguesa, sino que presentaba a la reina madre como una persona experimentada, instruida y virtuosa, poseedora de las virtudes que distinguían al buen gobernante, y cuyo legado había trascendido en sus dos hijos, y más concretamente en la Reina Católica. Desde este punto de vista la obra podría no estar conectada únicamente al círculo de la reina madre, sino que podría estar relacionada además, con el de la Reina Católica, como un mecanismo de exaltación propagandística más complejo. Se trata de un planteamiento que no resulta desaventurado, más si se tiene en cuenta que alguno de los miembros del círculo íntimo de Isabel I procedía precisamente del reducido grupo de colaboradores con los que había crecido al abrigo de la Casa de Isabel de Portugal non niega la habituada subjección de las passiones humanas, de las quales non conosçí jamás otra señora más nin tanto arredrada. Lo sesto, porue así por el grande logar do se crió, commo por las cosas grandes e muchas que por su señoría han pasado, prudençia exquisita nudrieron en la dicha señora. Pues que así es, por la acomulaçión de virtudes e condiçiones en su señoría commo dicho es fallada por poner [1va] en esecuión alguna partezilla del deseo que he a su serviçio, a su señoría dirigir el ocçio de mi vigilia açepté ser muy bien empleado. A la qual, con grandíssima instançia e muy humill rreuerençia, suplico le plega mi exerçiçio rresçebir e mandar los errores en la presente traduçión fallados corregir, vezes muy muchas le suplicando delante su señoría mande la obra siguiente leer, porque só çierto en la leer dará dulçe govierno al ánima suya, la qual Nuestro Señor quiera desde agora por suya abçetar. Amén”. El Memorial de Virtudes: la traducción castellana del Memoriale Virtutum de Alonso de Cartagena, edición de Ma del M. Campos Souto, Burgos, Universidad de Burgos, 2004, pp. 191–192.
98 Diana Pelaz Flores desde su retiro en Arévalo. Tomar en consideración este detalle puede ser decisivo a la hora de formular una hipótesis plausible acerca de la identidad del autor factual de la traducción. 2 “Por poner en esecuión alguna partezilla del deseo que he a su servicio”. Una propuesta acerca de la identidad del autor Debido al escueto comentario que se desliza a propósito de la composición del prólogo a la obra, descifrar la identidad de su autor no resulta tarea sencilla. No obstante, los diferentes investigadores que se han acercado a la problemática de la traducción han valorado diversas opciones, situando al traductor como una persona cercana al círculo de Isabel de Portugal y afirmando, incluso, su origen portugués. Este último aspecto guardaría relación con el conocimiento de la obra primigenia y la vinculación de la reina Isabel con la casa real portuguesa y algunos rasgos estilísticos.9 Más concretamente, Ma del Mar Campos Souto, siguiendo a Tarsicio de Azcona, ha sugerido los nombres de algunos de los colaboradores más estrechos de la Casa de la segunda esposa de Juan II, señalando como posibles autores los nombres de Gutierre Velázquez de Cuéllar, el doctor Juan de la Villa, Hordoño de Villaquirán o Sancho de Villalpando, al considerar que se trataría de caballeros de ascendencia portuguesa en todos los casos.10 Plantear la autoría de cualquiera de estos personajes conlleva, sin embargo, dificultades. En primer lugar, no existe constancia de que ninguno de ellos fuera portugués; más concretamente, los casos de Gutierre Velázquez de Cuéllar, procedente de la villa segoviana homónima,11 y Sancho de Villalpando, oriundo de la villa de Dueñas,12 descartan esa hipótesis. Por otro lado, habría que tener en cuenta que no se conoce, hasta la fecha, que ninguno de los citados personajes tuviera una inquietud literaria clara como autor, perteneciendo todos ellos 9 T. González Rolán – A. López Fonseca, Traducción y elementos paratextuales: los prólogos a las versiones castellanas de textos latinos en el siglo XV, Madrid, Escolar y Mayo, 2014, p. 540. 10 Ma del M. Campos Souto, “So la sonbra de los árboles fazientes verano”: El participio de presente en una traducción castellana cuatrocentista, in “Moenia”, 7, 2001, p. 377. 11 M. Diago Hernando, El contador mayor Juan Velázquez de Cuéllar: Ascenso y Caída de un influyente cortesano en la Castilla de comienzos del siglo XVI, in “Cuadernos de Historia de España”, 2009, 83, pp. 157–161. 12 Archivo General de Simancas, Casas y Sitios Reales, Leg. 1, fol. 323. Granada. 1499, septiembre, 17.
Un libro para la reina madre 99 al ámbito burocrático y organizativo de la Casa de la reina viuda.13 La alusión al servicio a la reina (“poner en eseución […] el deseo que he a su servicio”) señala al ámbito de la Casa de Doña Isabel, como también se aprecia que el traductor no sería un experto conocedor del latín, aunque sí tuviera una buena formación al respecto (“le plega (…) mandar los errores en la presente traduçión fallados corregir”).14 Tampoco sería desinteresada la alusión al “ocio de su vigilia”, como el tiempo dedicado a la confección de la traducción, lo que sugiere una ocupación del autor distinta a la literaria, que se situaría en un espacio secundario.15 Como se ha señalado previamente, el origen castellano de los principales colaboradores de Isabel de Portugal se aleja de la caracterización del hipotético autor de la traducción conforme al estudio del texto que se ha formulado hasta la fecha. El rastreo posopográfico de los miembros que componen la Casa de la reina, primero como viuda y luego como madre, no contempla entre sus oficiales personajes vinculados por su origen al vecino reino de Portugal, no así lo que ocurre con el personal femenino del servicio cotidiano de la reina Isabel. En su desplazamiento a la corte castellana, acompañaron a la joven Isabel de Portugal como parte de su séquito doncellas de las principales casas nobiliarias lusas, entre las que destacan los nombres de Beatriz de Silva, Inés Serrana, Catalina Franca de Castro o Clara de Alvarnáez. La aportación cultural que estas mujeres podrían haber llevado a cabo en sus maridos fruto de su manejo de la lengua portuguesa y su participación de la cultura aristocrática del reino vecino llevan a postular la injerencia femenina a través de su matrimonio. Su procedencia, por un lado, y su cercanía a la reina Isabel de Portugal, por otro, habrían acercado el conocimiento de textos como el del Memoriale, además de establecer una vinculación más íntima en el servicio a la soberana. Este hecho podría conectar indirectamente a las damas portuguesas con el proceso compositivo de la obra, lo que permitiría situarlas como una pieza de gran influencia en la elección del texto a traducir. No parece oportuno, sin embargo, plantear la posibilidad de una obra de autoría femenina, puesto que la utilización de la voz masculina del autor aparece de forma inequívoca. 13 D. Pelaz Flores, La Casa de la Reina en la Corona de Castilla (1418–1496), Valladolid, Universidad de Valladolid, 2017, pp. 300–304. 14 La excesiva literalidad del autor a la hora de decidir cómo adaptar al castellano fórmulas sintácticas como la del participio de presente latino llevan a observar la praxis de un traductor inexperto, con un conocimiento limitado del sentido de determinadas palabras que dan al resultado final un marcado tono latinizante. Ma del M. Campos Souto, El uso del participio de presente, cit., pp. 377–382. 15 Ma del M. Campos Souto, El Memorial de Virtudes, cit., p. 192.
100 Diana Pelaz Flores Por lo que el texto permite deducir, el autor debía estar al servicio de la reina Isabel, mantener una conexión de relativa cercanía a la Reina Católica, tener un contacto cercano a la literatura portuguesa, conocer el latín y no dedicarse por entero a la producción literaria. Teniendo todas estas premisas en cuenta, ¿podría pensarse en Gonzalo Chacón como autor de la traducción? Si aceptamos la hipótesis de que se trata de un personaje cercano a la reina madre, pero también a la reina Isabel, y del “servicio” que parece desempeñar o haber desempeñado en la Casa de Isabel de Portugal, pocas personalidades hay que pudieran acometer un papel semejante y que mejor se hubieran distinguido después en la corte de Isabel I. Aunque es una deducción difícil de constatar, llama la atención que el nombre de Gonzalo Chacón no haya sido postulado como uno de los candidatos posibles a ocupar el papel del traductor del Memoriale. Gonzalo Chacón, hombre de confianza del Condestable Álvaro de Luna, comenzó su andadura al lado de la segunda esposa de Juan II como su guarda, en una fecha indeterminada pero próxima a la llegada de la joven reina a Castilla. Fue entonces cuando se concertó su matrimonio con una de las doncellas que habían acompañado a Doña Isabel como parte de su séquito, Clara de Alvarnáez, de acuerdo a un procedimiento común en la Casa de la reina para establecer alianzas matrimoniales que ampliaran y consolidaran una sólida red de contactos en torno a la reina.16 No ha de resultar extraño que el enlace se llevara a cabo entre una de las jóvenes damas portuguesas y uno de los principales valedores del Condestable de Castilla, más allá de la conocida enemistad que no tardó en fraguarse entre reina y privado. La introducción de personajes afines a Álvaro de Luna en el seno de la Casa de la reina ya se había observado en vida de la reina María de Aragón, a lo que se uniría la proximidad de todos estos personajes a la familia real y la corte.17 Tampoco sorprende en exceso que la reina viuda siguiera contando con sus servicios tras la desaparición de Don Álvaro de Luna, debidoa la ligazón que unía a su esposa con la reina y el desmantelamiento de la clientela lunista tras la ejecución de su señor.18 Precisamente su matrimonio con Clara de Alvarnáez fue el argumento 16 D. Pelaz Flores, Tejiendo redes, estrechando lazos. Amistad femenina, protección y promoción social en la Casa de la Reina de Castilla (1406–1454), in M. García Fernández – S. Cernadas Martínez (eds.), Reginae Iberiae. El poder regio femenino en los reinos medievales peninsulares, Santiago de Compostela, Universidade de Santiago de Compostela, 2015, pp. 277–300. 17 D. Pelaz Flores, Poder y representación de la reina en la Corona de Castilla (1418–1496), Ávila, Junta de Castilla y León, 2017, pp. 76–77. 18 William D. Phillips Jr. lo llega a situar como administrador de la Casa de la reina viuda, lo que lo colocaría ejerciendo las funciones de mayordomo (W. D. Phillips, Jr., Isabel of Castile’s Portuguese Connections and the Opening of the Atlantic, in B. F. Weissberger (ed.), Queen Isabel I of Castile. Power, Patronage, Persona, Woodbrigde, Tamesis, 2008, p. 21), probablemente debido
Un libro para la reina madre 101 que permitió a Juan de Mata Carriazo adjudicarle la autoría de la Crónica de Don Álvaro de Luna, tomando como referencia sus propias palabras al hilo de la narración cronística cuando se señala su vinculación a los infantes tras la muerte de Juan II.19 No sería la única obra compuesta por Chacón. De acuerdo con Adeline Rucquoi, la Historia de la Poncela de Francia y de sus grandes fechos en armas, igualmente anónima, también podría haber sido escrita por el comendador de Montiel, si bien se ha considerado la posibilidad de que Hernando del Pulgar fuera el verdadero artífice de la obra, tal como ha indicado Ana Isabel Carrasco.20 Puesto que la única referencia al autor se ciñe a la alusión a su tarea como embajador del rey de Castilla en Francia, de nuevo aparecen dificultades en la concreción de la autoría de la obra. Debido a los paralelismos de la obra con la Crónica de Álvaro de Luna, en la que se introduce un capítulo relativo a las gestas de la Poncella de Francia, y a su estrecha colaboración con la reina Isabel I, Adeline Rucquoi ha considerado a Chacón como la opción más razonable.21 La discreción que acusa el autor a la hora de dar pistas acerca de su identidad es un hecho compartido tanto por la Crónica de Álvaro de Luna y la a una confusión derivada de la onomástica que compartían madre e hija, dado que Chacón fue mayordomo de la princesa Isabel antes de que se hiciera con el trono (Ma I. del Val Valdivieso, Isabel la Católica, princesa (1468–1474), Valladolid, Instituto de Estudios Eclesiásticos Isabel la Católica, 1974, p. 55). 19 Estudio preliminar de la Crónica de don Álvaro de Luna, por J. de M. Carriazo y Arroquia: Crónica de don Álvaro de Luna, Condestable de Castilla, Maestre de Santiago, edición y estudio por J. de M. Carriazo y Arroquia, Madrid, Espasa Calpe, 1940, pp. XXXIV–XLVIII. Concretamente, el fragmento al que se refería era el siguiente: “[…] así por él lo valer como por cabsa de una muger que él ovo, la qual fue doncella criada de la Reyna Doña Isabél muger del mismo Rey Don Juan, al que ya diximos Gonzalo Chacón Comendador de Montiel. […] aquel noble caballero Chacon, que assi en la vida, como en la muerte, zeló, é guardó, é miró con noble corazon lo que debió de zelar é guardar, é mirar por su señor. […] por tan buen caballero ser como era Gonzalo Chacon, é de tantas virtudes”. Crónica de Álvaro de Luna, Condestable de Castilla, Maestre de Santiago, edición de J. M. Flores, Madrid, Imprenta de Antonio de Sancha, 1784, cap. CXXVIII, pp. 383–384. Aunque se ha llegado a poner en duda la conexión de la reina viuda con Chacón, debido a su adhesión al partido lunista, tampoco puede ser casual el hecho de que la Crónica del Condestable sea el único testimonio en el que no se asocia a la reina a la caída del privado regio, recayendo toda responsabilidad al respecto sobre Alfón Pérez de Vivero, a quien había apoyado previamente en su ascenso cortesano el propio Álvaro de Luna. 20 A. I. Carrasco Manchado, Isabel I de Castilla y la sombra de la ilegitimidad, Madrid, Sílex, 2005, pp. 201–211. 21 A. Rucquoi, De Jeanne d’Arc à Isabelle la Catholique: l’image de la France en Castille au XVe siècle, in “Le journal des savants”, 1–2, 1990, pp. 155–174.
108 Lledó Ruiz Domingo un ejemplo del modelo ideológico construido en el siglo XV en el que las mujeres de la familia real, especialmente la consorte, encarnan el modelo de intercesión mariana, en el que, como mujer o madre, suplica ante otro que ostenta el poder de decisión en favor de un tercero, especialmente su hijo.14 La mediación es una de las muestras de acción política difundidas como ideales para las mujeres del siglo XV, presente en obras de la época como El jardín de las nobles doncellas de Martín de Córdoba dedicado a la joven Isabel de Castilla.15 Más adelante, cuando se firma la concordia entre la Generalitat, el Príncipe de Viana y la reina Juana, en representación de Juan II, la imagen de esta vuelve a mostrarse como intercesora y garante de la concordia entre padre e hijo. Así lo muestran el maestre de Montesa, uno de los encargados de supervisar la redacción de la Capitulación de Vilafranca.16 Sin embargo, un día antes, el príncipe de Viana también había informado al consejo de Valencia, pero mostrando una imagen de la reina como simple delegada del monarca y en ningún caso como mediadora entre las partes.17 Comparando ambas misivas se evidencia como, por parte de la monarquía y sus allegados, se había creado una maquinaria propagandística, utilizando la información y la narración de hechos acontecidos para difundir los modelos ideales que de la reina Juana se quería plasmar y representar. 2.2 La cronística como mecanismo legitimador para el futuro A partir de 1462 se iniciaría una guerra civil en Cataluña que no concluiría hasta 1472, con victoria del rey Juan II, aunque Juana Enríquez no lo llegara a ver. Así 14 M. C. García Herrero, María de Castilla, reina de Aragón (1416–1458): la mediación incansable, in “e-Spania”, febrero de 2015, en línea, [consultado 12/04/2017]. URL: http://e-spania.revues. org/24120. 15 A. Múñoz Fernández, La mediación femenina como forma de acción política. Tiempos, contextos y transformaciones de un rol político (Castilla, siglos XIV-XV), in “e-Spania”, febrero de 2015, en línea [consultado 2/04/2017]. URL: http://e-spania.revues.org/24146. 16 AMV, LM 24, f. 89v [CXIX]: “Als molt magníffichs senyors e cars frares los jurats de la ciutat de València [...] com, ab la divina gràcia, entre la magestat del senyor rey e lo principat de Cathalunya, mijançant la intervenció, indústria e molta prudència de la dita senyora, se és seguida bona tranquilitat e concòrdia de totes e qualsevol differències, [...]. Lo mestre de Muntesa”. Vilafranca del Penedés, 22 de junio de 1461. 17 AMV, LM 24, ff. 89v-90r: “Als magníffichs, amats e feels de la magestat del senyor rey e nostres, los justícia, jurats e consell de la ciutat de València.[...] la il.lustríssima senyora reyna, havent facultat e poder de la magestat del senyor rey, nostre senyor, ha fermat los capítols de la concòrdia entre sa magestat e aquest principat en la forma concordada”. Barcelona, 21 de junio de 1461.
Escribir para construir 109 pues, ganado el conflicto bélico quedaba ganar la batalla futura, la batalla por la memoria. Por ello, en textos coetáneos y algo posteriores al reinado de Juan II encontramos una serie de alusiones a la reina Juana que pretenden caracterizar su figura institucional, alejándola de las acusaciones y críticas deslegitimadoras y fomentar una imagen de la misma basada en los valores ideales de una reina del siglo XV. Uno de los primeros ejemplos en este sentido sería la obra Joan Berenguerde Masdovelles, autor de parte del cancionero Cançoner dels Masdovelles. En sus composiciones reflejó su partidismo por Juan II y su esposa durante la Guerra Civil catalana. En el poema que dedica a la reina Juana el autor afirma que el pueblo está siendo movido contra la reina a pesar de ser persona de gran virtud, semejante a la reina Esther.18 Sin embargo, la mayoría de obras cronísticas y literarias se desarrollarían con la llegada de su hijo, Fernando, al trono de la Corona de Aragón. Este buscó eliminar cualquier atisbo de duda sobre su legitimidad y auspició a una serie de cronistas partidarios que legitimaran la figura de su madre, acusando al Príncipe de Viana de ser el principal causante de todas las intrigas acaecidas durante el tiempo que la reina y Príncipe estuvieron en Cataluña. En este sentido, podemos encuadrar las obras de Galíndez de Carvajal, Diego de Valera o en la crónica de Palencia.19 En segundo lugar, el rey Fernando procuró legitimar a la reina destacando su papel como madre y esposa. Valga por caso, el memorial de Diversas Hazañas de Diego de Valera y el relato que hace de la muerte de la reina, en el que remarca su carácter de esposa entregada, quien enfermó por la preocupación que le suponía ver como se ponía en riesgo la vida de su marido por una intervención de cataratas.20 Del mismo modo que en la crónica del reinado de Juan II, escrita por 18 Cançoner de Masdovelles, 167: Vostros grans fets, senyora virtuosa/ se mostren clar per les obras que n’ixen/ no contrestant molts malvats se desixen/ de reons vils, en forma cautelosa/ per afflequir la virtut demu[n]t dita/ e creure ffer al poble dissulut/ l’acustumat com sia corrumput,/ leuger creent un malvestat abita.(vv. 4–8)[...] Pus meraxent aveu, per Deu, ajuda, al creure meu, e sou, crech, aprovada com fonch Ester, retgina molt honrrada (vv. 1720)”. 19 N. Coll Julià, Juana Enríquez, lugarteniente real en Cataluña (1461–1468), Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1953, p. 13. 20 Mosén Diego de Valera, Memorial de Diversas Hazañas, Madrid, Espasa-Calpe, 1941, Capítulo XXXIX: “En este tienpo falleçió en la çibdad de Tarragona la ylustrísima reyna doña Juana [...] siendo presente el rey su marido [...]temiendo que del dolor en las quitar, le podría ocurrir otro mayor daño o peligro. De lo qual tan gran cuidado la reyna tenía, ansí con el enojo del trabajo del rey, como de no poder remediar en lo que tanto deseava, le vino callentura, de tal manera que en treze dias del mes de febrero del dicho año la ylustrísima reyna partió desta vida, en hedad floreciente, después de aver reçebido todos los sacramentos con muy gran reverencia e contrición, fablando muy católicamente, en consolación del aflexido señor e marido”.
110 Lledó Ruiz Domingo Gonzalo García de Santa María, jurista aragonés, por encargo de Fernando el Católico. En esta obra sobre el reinado de su padre, se mantiene este mensaje legitimador de la reina Juana Enríquez, especialmente en la narración del asedio a la Força Vella de Girona y se vincula con modelos de mujer del momento, como anteriormente se había hecho con la reina Esther, comparándola con Tamaris o Dido.21 3 Conclusiones Con todo lo anteriormente expuesto hemos pretendido mostrar los intentos de construcción de una memoria legitimadora de la reina Juana Enríquez tanto durante su reinado como posteriormente, durante el de su hijo Fernando. La escritura fue uno de los mecanismos de transmisión de este mensaje que buscaba afianzar en el recuerdo de su figura los elementos de definición ideales de una reina bajomedieval. Así, se creó una retórica propagandística que difundiera la imagen de la consorte como garante de la concordia, así como virtuosa, hermosa y comparable con modelos ideales como la reina Esther o Tamaris. Sin embargo, estos intentos no tuvieron un éxito más que parcial, puesto que el recuerdo, incluso historiográfico, de su reinado está lleno de luces y sombras. 21 Gonzalo García de Santa María, Serenissimi principis Joannis Secundi. Vita, Madrid, Biblioteca Nacional, 1940, p. 290: “E así acompanyada de algunas lágrimas el su delicado rostro, la Reina, jóven e fermosa, en tanta piedat aquel publo puso, que no solamente los justos, razonables e virtuosos, mas aún todos los de la conjuración egualmente responder morir con su Reina e Príncipe deliberaban, (...) maravillosa cosa en tal estado del ánima de la su excelena, nin la Reina Tamaris contra el rey de Persia, nin Dido en la defensión de la ceniza de Siqueo, imitar á ella se pudieran”.