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La poesía de Quevedo al margen del Parnaso: hacia una edición crítica y anotada de la “musa décima”

Alonso Veloso, María José

Abstract

This article characterises Quevedo's “musa décima”, his poetry not included in the posthumous editions, in order to deepen its features and to consider the future critical edition of the whole. The limits of the corpus are still blurred, due to the abundance of poems of doubtful attribution. After a brief contextualisation in the complex transmission of Golden Age poetry, the catalogue of poems, their textual sources and outstanding literary features are dealt with: jocular matter and antigongorism, burlesque sylvas and poems of praise, which situate the author at the beginning of his career. Unveiling this “peripheral” corpus will have an impact on the “nuclear” poetry of Quevedo.

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Vol.:(0123456789) Neophilologus https://doi.org/10.1007/s11061-024-09816-w La poesía de Quevedo al margen del Parnaso: hacia una edición crítica y anotada de la “musa décima” MaríaJoséAlonsoVeloso1 Accepted: 28 May 2024 © The Author(s) 2024 Abstract This article characterises Quevedo’s “musa décima”, his poetry not included in the posthumous editions, in order to deepen its features and to consider the future critical edition of the whole. The limits of the corpus are still blurred, due to the abundance of poems of doubtful attribution. After a brief contextualisation in the complex transmission of Golden Age poetry, the catalogue of poems, their textual sources and outstanding literary features are dealt with: jocular matter and antigongorism, burlesque sylvas and poems of praise, which situate the author at the beginning of his career. Unveiling this “peripheral” corpus will have an impact on the “nuclear” poetry of Quevedo. La resistencia de los poetas del Siglo de Oro a publicar sus versos —pensemos en Cetina, Rioja, Silvestre, Hurtado de Mendoza, Góngora, Quevedo o Villamediana— creó problemas irresolubles para los editores.1 Son varios los grandes autores barrocos cuyos poemas auténticos siguen mezclados con atribuidos y apócrifos.2 Fijándonos solo en dos casos señeros, ni siquiera la “vulgata” legada por Góngora a través del manuscrito Chacón y por Quevedo en El Parnaso ha permitido sortear el laberinto textual de copias de dudosa autenticidad, plagadas de errores e innovaciones, y textos espurios.3 En el caso de Quevedo, la transmisión de su obra fue especialmente compleja: si el corpus lírico incluido en las ediciones póstumas de 1648y 1670 plantea numerosas dificultades, aún no del todo resueltas, el catálogo de composiciones auténticas ajeno a ellas, la llamada “musa décima”,4 constituye un auténtico dédalo que aguarda un análisis y una edición global. * María José Alonso Veloso [email protected] 1 Universidade de Santiago de Compostela, SantiagodeCompostela, Spain 1 Blecua (1990, 13). 2 Carreira (2016). 3 Blecua (1990, 13). 4 Alonso Veloso (2008). M. J. Alonso Veloso El propósito del presente artículo es ofrecer una caracterización de esa parte de la poesía quevedesca, de límites difusos debido a la abundancia de poemas de dudosa atribución, y plantear unas líneas de trabajo que conduzcan a una delimitación del canon de la lírica de Quevedo, a la edición crítica y anotada del conjunto, así como a un mejor conocimiento de los rasgos de la “musa décima”. Tal objetivo aconseja una rápida aproximación a algunos casos significativos de la literatura barroca, que permitirá contextualizar los problemas de difusión póstuma de la obra quevedesca, desde 1648 hasta la actualidad; a continuación, se caracterizarán algunos de los rasgos del corpus objeto de estudio: su catálogo provisional, sus fuentes textuales, su métrica y sus temas, que sugieren interesantes líneas de trabajo para el futuro. Algunas calas en la transmisión de la poesía áurea La transmisión de la obra lírica de Lupercio y Bartolomé Leonardo de Argensola, Luis de Góngora y Diego de Silva y Mendoza, Conde de Salinas, ofrece interesantes puntos de comparación con la de Quevedo. Lupercio quemó sus versos antes de su muerte, acaecida de modo prematuro en 16135; en vida solo había publicado 40 composiciones. Bartolomé limó sus textos y se resistió a editarlos: solo imprimió 11 poemas en vida. Proyectó una posible publicación con anotaciones de Martín Miguel Navarro, pero ambos murieron, y la princeps de su obra poética apareció de forma póstuma, editada por el hijo de Lupercio, su sobrino Gabriel Leonardo de Albión. El volumen de las Rimas de 1634 acoge 94 composiciones de Lupercio y 190 de Bartolomé. Pese a las críticas de sus contemporáneos, que la tildaron de incompleta y no ajustada a los originales, es edición esmerada y fiable, por la exactitud de las atribuciones. Blecua recopiló 282 textos de Bartolomé, rescatados muchos de la transmisión manuscrita, pero las dudas y la prudencia lo llevaron a editar una parte como meros “poemas atribuidos en los manuscritos”. Una precaución necesaria también en el caso de Quevedo, que el filólogo no aplicó con rigor en su magna edición de la poesía completa. Carreira incluye, en su edición digital de la poesía de Góngora de 2016, 418 poemas “de autoría segura” y 62 “de autenticidad probable”.6 En su caso la calidad de los impresos es muy escasa, como lamentaron los ingenios del periodo. En cambio, algunos de los manuscritos conservados (Estrada, Rennert, Llaguno o Chacón) ofrecieron grandes dosis de seguridad, también en la datación de las composiciones, una de las grandes lagunas en la investigación sobre la lírica quevedesca. La complejidad de la obra lírica del Conde de Salinas se deriva de la falta de una edición impresa y de algún manuscrito autógrafo: entre las decenas de códices conservados, siete manuscritos reúnen un centenar de textos auténticos, el canon de su obra.7 En 2008, Dadson cifraba en 98 sus poemas seguros o probables, a los que 5 Los datos sobre los hermanos Argensola proceden del estudio de Blecua (1950, I, XXILVIII). 6 Puede consultarse la edición en línea de Sorbonne Université: http:// obvil. sorbo nneunive rsite. fr/ corpus/ gongo ra/ gongo ra_ obrapoeti ca. 7 Dadson (2016, 27). La poesía de Quevedo al margen del Parnaso sumaba 97 de autenticidad posible o dudosa. El hallazgo del legajo Osuna CT.543 en 2016 le permitió más que duplicar el canon de la obra poética de Diego de Silva y Mendoza —que pasó a 259 poemas—, subsanar alguna incertidumbre y fechar un número considerable de ellos.8 La localización de un documento puede implicar un salto cuantitativo y cualitativo en el conocimiento de la trayectoria literaria de un escritor. Salvando las distancias, el manuscrito MA22-03–06 (olim 87/V3/11) de la Fundación Bartolomé March incrementó la credibilidad de las atribuciones a Quevedo en el códice M-139 (olim 108) de la Menéndez Pelayo de Santander, testimonio único hasta entonces para muchos poemas satíricos, en particular las sátiras antigongorinas, que engrosan así el corpus de la llamada “musa décima”, objeto del presente estudio. La determinación del catálogo auténtico de la obra de un escritor es la base sobre la cual se asienta su estudio. Así lo entendió Quevedo, quien en 1631 plasmó dos proyectos filológicos que son, a un tiempo, reivindicación de su perfil de humanista y su ideal estilístico. Editó la obra de Francisco de la Torre, cuya verdadera identidad desató una controversia, y también la de frayLuis de León, estableciendo el canon de su lírica y preservándola para la posteridad: 23 poemas originales, a los que se añaden las traducciones clásicas y bíblicas, división tripartita que respeta la concreta ordenación en tres partes de su poesía ideada por el propio agustino. El valor de tal legado no admite duda, pues la princeps sigue tomándose como texto base de las ediciones actuales de la lírica luisiana.9 Quevedo no gozó de la misma fortuna. Como advertía Crosby (1973, 630), el problema no se limita a “one, or six, or ten poems”, sino que abarca “an entire lifetime of creative activity”: más de cien poemas a él atribuidos en la edición de Blecua, cinco veces la poesía original de fray Luis de León, han planteado alguna duda de autoría, y un número superior han sido rechazados por apócrifos sin argumentos definitivos. Al margen de las peculiaridades propias del género lírico en el Barroco, cuando se consolida la difusión impresa pero se mantiene el cauce manuscrito, con sus problemas asociados, la censura y la persecución política condicionaron también la transmisión de su legado poético. Cuando se debatía, en 1643, su liberación de la prisión en San Marcos de León, Juan de Chumacero eleva al rey informes que reflejan de modo elocuente el problema. Según relata, los papeles que le intervinieron al apresarlo fueron revisados, censurados y “retirados”; además, la falsa atribución a Quevedo de un poema interpretado como subversivo habría influido en su encarcelamiento10: Si en los papeles se hallare qué expurgar o castigar, él no se ha de huir ni puede. Yo también los he hecho ver todos, y reconocido por mí mesmo los manuscritos [...] Hanos parecido se debe retirar una sátira, por ser contra religiosos, y otros cuadernos que intitula Desengaños de la historia. No se ha hallado cosa 8 Dadson (2016, 12–13). 9 Remito solo a Ramajo (2006), quien cita las referencias bibliográficas de las ediciones previas. 10 Cito los documentos, modernizándolos, por la edición de Aureliano Fernández-Guerra, con notas de Menéndez Pelayo (1897, I, 352–53). M. J. Alonso Veloso particular concerniente a la causa por que se discurrió en su prisión. Antes supe en Roma, y con más certeza después que llegué a esta corte, no fue don Francisco el autor de un romance a cuya publicación se siguió el prenderle. Aún vivo entonces el escritor, ya padecía los efectos de dudosas autorías y apócrifos que entenebrecen su catálogo lírico hasta hoy. En su caso, abruma la magnitud de la dificultad que plantea la inexistencia de un catálogo fidedigno de su obra. Blecua afirmó que la transmisión de la obra de Quevedo es el problema más complicado de nuestra historia literaria desde el Renacimiento hasta hoy.11 Aludía a una complejidad ecdótica que, medio siglo después, sigue sin solución: carecemos de una edición crítica y anotada completa de la poesía de Quevedo, y el canon de su lírica está aún pendiente de definición. Conocemos el corpus esencial, fijado en la edición póstuma de 1648 y en menor medida en la de 1670, pero las fronteras entre lo auténtico y lo apócrifo se difuminan y confunden cuando nos situamos al margen de ese Parnaso. González de Salas acreditó la atribución de 660 poemas (554 en El Parnaso y 106 de los 213 impresos en Las tres musas), a los que Blecua sumó 216 procedentes de otras fuentes, al tiempo que rechazó más sin argumentos definitivos. Blecua aportó una lista de 307 apócrifos: 62 por razones contundentes, 135 por causas más vagas y 110 sin argumento alguno.12 En síntesis, al menos 250 de los que declaró espurios exigían una revisión. Las cifras extraordinarias de atribuciones dudosas en distinto grado, “an entire world of poems”, en palabras de Crosby, dificultan la estricta delimitación del canon. Dejando los textos más controvertidos, hoy se estima un conjunto de 865 composiciones de autenticidad bastante segura, a las que se añaden el cancionero manuscrito Heráclito cristiano, de 1613, y 51 epigramas a imitación de Marcial, si se admite la autoría de Quevedo. Otros 25 poemas publicados por Blecua son de probable atribución, aunque con dudas. En suma, un número de composiciones seguras que casi duplica el gongorino,13 más una lista incierta pero extensa de textos dudosos. La transmisión póstuma de la poesía de Quevedo (1648–2024) Quevedo no publicó en vida su poesía, salvo contadas excepciones: en antologías, colecciones de romances y pliegos sueltos.14 Conocemos su voluntad de imprimirla de acuerdo con un preciso diseño editorial,15 basado en criterios temáticos, relacionados con las nueve musas del Parnaso.16 Murió antes de terminar su proyecto, en 12 Crosby (1973, 631). 13 Carreira (2016). 14 Sobre la transmisión de la poesía de Quevedo, Jauralde (1982, 1986a, 1986b, 1998); Carreira (1990); Pérez Cuenca (1995, 1997, 2013); Plata (1997, 2000, 2021, 2023); Alonso y Candelas (2007); y Alonso Veloso (2010), entre otros. 15 Epistolario completo (482 y 486); y Rey (1994, 131–132), sobre las Flores de poetas ilustres (1605). 16 Vélez-Sáinz (2007) y García Aguilar (2013). 11 Blecua (1969, I, XI). La poesía de Quevedo al margen del Parnaso 1645, y su amigo, el erudito González de Salas,17 lo culminó. Este humanista, partícipe de la organización del conjunto, completó el volumen con mucho esfuerzo, pues los textos se dispersaron por el encarcelamiento de Quevedo, entre 1639 y 1643, y tras su fallecimiento. La publicación póstuma, impresa en 1648 con el título de El Parnaso español, incluyó solo seis de las nueve musas; muerto González de Salas en 1654, la edición no se completó hasta 1670,18 cuando el sobrino de Quevedo, Pedro Aldrete, dio a la estampa Las tres musas últimas castellanas,19 después de un proceso irregular.20 Todas las ediciones de la poesía completa de Quevedo durante los siglos xvii , xviii y xix conservaron la organización de los libros póstumos de 1648 y 1670, reconociendo su valor en la historia de la transmisión textual. Así sucedió, por citar solo algunas, con las impresas en Bruselas y Amberes (1670, 1699 y 1726), las de Ibarra (1772), Sancha (1794), Juan Pons (1866), Ramón Pujal (1869), Garnier Hermanos (1883) y Florencio Janer (1877). De modo inexplicable, esa colección de nueve musas se disgregó en las cuatro ediciones publicadas en el siglo xx . La de Fernández-Guerra y Menéndez Pelayo (1903–1907) renunció al criterio de las musas, sustituido por una ineficaz ordenación basada en las posibles fechas de redacción de los poemas, en una edición inconclusa. Su oposición al criterio editorial de El Parnaso español y Las tres musas dejó huella en ulteriores ediciones: Astrana (1932) y Buendía (1958) aplicaron un orden que combina lo cronológico y lo temático, y Blecua (1963 y 1969–1981) desdibujó de forma definitiva el proyecto original, con una nueva organización por temas. Hoy se admite que es preciso conservar la estructura y el contenido de ambas ediciones póstumas, respetados hasta la edición de Janer (1877), idea formulada por Crosby (1966a, 333, y 1973) y Rey (2000, 23), y secundada después por otros estudiosos. Tras su propuesta, se ha ido recuperando la disposición editorial del siglo xvii , en ediciones de musas individuales o antologías basadas casi en exclusiva en las seis primeras, las de El Parnaso: Crosby (1981), Rey (Polimnia, 1992 y 1999), Arellano y Roncero (Clío, 2001), Jauralde (2002), Rey y Alonso (Erato, 2011, 2013), Llamas (Melpómene, 2017), Vallejo (Urania, 2017), Arellano (El Parnaso español, 2020). Recientemente, se publicó la Poesía completa de Quevedo (Rey y Alonso 2021), primera edición íntegra que recupera el orden de 1648 y 1670, sentando las bases de una futura edición erudita, propiamente crítica y anotada. Paralelamente, se editó la colección de silvas (Rey y Alonso, 2024), la parte más importante de la musa Calíope, y está en marcha un proyecto de edición crítica y anotada de Las tres musas (Rey y Alonso 2022–2025). Las labores previas reflejan un notable avance en las últimas décadas, pues han supuesto el inicio de la gran tarea ecdótica pendiente: la edición crítica y anotada de las nueve musas, siguiendo las publicaciones póstumas. No obstante, la resolución parcial del principal problema contribuye a hacer más visibles otros a los que aún no 17 Crosby (1966b); Jauralde (1987); Cacho (2001); López Rueda (2003); Rey (2000, 2004); Sepúlveda (2004, 2007); y Alonso Veloso (2006, 2012a, 2013). 18 Sigo la edición facsímil de Pedraza (1999). 19 Crosby (1967); Pedraza (1999, XIV-XV); y Rey (2000, 19). 20 Pedraza (1999, XVII-XVIII); Moll (2002); y AlonsoVeloso (2008, 269–70). M. J. Alonso Veloso se había prestado similar atención. La crítica se sitúa hoy ante un nuevo reto aún no abordado en su conjunto y derivado de la recuperación del orden y el sentido de las ediciones de 1648 y 1670: la fijación de los criterios de edición de composiciones y grupos poéticos de autoría probada no antologados en las nueve musas. Por coherencia, no pueden mezclarse con los otros, como sucede en algunas ediciones modernas, pero tampoco cabe relegarlos al olvido, dadas su autenticidad y su importancia cualitativa y cuantitativa respecto al conjunto. Hace unos años, formulé una propuesta teórica sobre el modo en que podría acometerse dicho proyecto21; con posterioridad, analicé el conjunto de la poesía quevedesca, los testimonios manuscritos e impresos conservados, poniendo énfasis en la separación de los poemas auténticos y los de autoría dudosa o controvertida, en la entrada del Diccionario filológico de literatura española dedicada a la lírica de Quevedo.22 En 2021, dentro de la edición de la Poesía completa, ofrecimosun primer esbozo de la posible configuración de la décima musa,23 que ahora se estudia en sus rasgos generales como paso previo a su edición crítica y anotada. La “musa décima”: caracterización y planteamiento El interés de la “musa décima”, configurada por poemas dispersos, reside tanto en su propia identificación y catalogación, tarea clave para fijar el canon del autor, como en su heterogeneidad métrica, temática, estilística y textual. En una primera fase, es necesario delimitar, describir, editar y estudiar de manera conjunta las composiciones no publicadas en aquellas ediciones pero incluidas en la de Blecua. Por razones prácticas derivadas de la vastedad del corpus pendiente de análisis y confirmación, por el momento deben quedar fuera del proyecto aquellas que el editor y otros críticos ya descartaron por plantear dudas importantes de atribución, aunque, como se ha señalado, los argumentos aducidos carecen de la consistencia necesaria en muchos casos. El corpus cuyo estudio se pretende, en esta etapa inicial ceñida al catálogo establecido por Blecua, está integrado por un número muy relevante de composiciones, en torno a 200, de indudable o plausible autoría de Quevedo: la sección más amplia, casi 180 entre los “seguros” y los muy probables, como los epigramas a imitación de Marcial, representa una quinta parte de su producción poética, que habría superado el millar de textos; la menos extensa comprende 25 de autoría posible pero aún controvertida que por ahora solo cabe considerar atribuidos. La división entre unos y otros resulta aún provisional, imprecisión que un estudio exhaustivo podría contribuir a disipar. A continuación se exponen algunos de los pasos y criterios que permitirían abordar en el futuro la edición crítica y anotada de este corpus: 21 Alonso Veloso (2008). 22 Alonso Veloso (2010). 23 Rey y Alonso (2021). La poesía de Quevedo al margen del Parnaso 1. Elaboración de un catálogo actualizado de los poemas de Quevedo no incluidos en las ediciones póstumas de 1648 y 1670, que excluya tanto composiciones apócrifas como las de autoría insegura o aún discutida. Tal propósito implica dos tareas fundamentales: 1.1. Por una parte, decidir cuáles poemas pueden considerarse auténticos y cuáles no. La exacta delimitación del corpus es cuestión sustancial del proyecto, que ha de acometerse de modo riguroso, para incluir solo textos de probada autoría y que no hayan sido refutados como dudosos o apócrifos. Resulta crucial superar la disposición confusa que primaba en ediciones anteriores, como la de Blecua. Para ello es posible seguir las bases sentadas en la “vulgata” de la Poesía completa publicada en 2021, donde fueron descartados apócrifos, se recuperó el orden de las nueve musas, con las adaptaciones precisas, y se creó un esbozo de “musa décima” reproduciendo el texto crítico de Blecua. Ahora habría que hacer una edición crítica de los poemasy, tal vez, introducir algún cambio en su catálogo. Es posible que algunas herramientas de las humanidades digitales, en particular la estilometría, puedan contribuir al esclarecimiento de la atribución de ciertas composiciones, asunto al que se volverá al final de esta aportación. 1.2. La segunda decisión atañe a la ordenación de las composiciones, debido a la disparidad de fuentes de las que proceden y a su notable heterogeneidad temática, métrica y estilística. A falta de una edición o un manuscrito que nos guíe con un criterio ordenador específico, cabe proponer una agrupación que siga la estructura temática del Parnaso y Las tres musas24: avanzaría desde la poesía de elogio hasta la religiosa, pasando por la moral, la funeral, la amorosa y la satírico-burlesca, según el diseño previsto por el propio Quevedo. Se parte de una estimación inicial de 204 composiciones de autoría segura o muy probable, organizada de acuerdo con las siguientes agrupaciones temáticas: • 7 poemas encomiásticos, publicados la mayoría en libros de otros autores. • 1 poema moral. • 8 poemas fúnebres. • 12 poemas amorosos. • 97 poemas satíricos y burlescos, el corpus más abundante y fluctuante en la atribución, con una apreciable variedad métrica: 37 sonetos, 8 silvas, 4 madrigales, 1 canción, 1 poema en tercetos, 16 romances, 3 letrillas y jácaras, 8 décimas, 2 poemas en quintillas y sextillas, 12 en redondillas y 5 en otras estrofas. A la nómina señalada aun podrían añadirse los 51 epigramas que imitan los de Marcial, cuya autoría se muestra ahora más segura, tras el hallazgo de una segunda fuente 24 Así lo propuso de modo teórico Alonso Veloso (2008), con una plasmación práctica en Rey y Alonso (2021). M. J. Alonso Veloso textual que los atribuye al escritor. Serían en total, por lo tanto, casi 150 poemas jocosos. • 2 poemas religiosos. Y, como cancionero independiente, los 26 salmos integrados en el Heráclito cristiano. Un segundo bloque aparte contendría unos 25 poemas atribuidos a Quevedo pero de autoría más dudosa y discutida, a veces por copiarse en un único manuscrito o impreso, que reclaman un análisis exhaustivo antes de su inclusión en la «musa décima». Son 1 poema fúnebre, 8 amorosos, 14 satírico-burlescos y 2 religiosos. 2. Localización y descripción de testimonios manuscritos e impresos. Blecua realizó la recensión de fuentes textuales, y sus datos fueron actualizados por críticos posteriores, pero no se descarta que aparezcan nuevas copias.25 Nos hallamos ante una transmisión muy diversa, en la que casi cada poema exige estudio independiente: 2.1. Poemas autógrafos. El conjunto comprende 4 composiciones cuya única fuente textual es un manuscrito autógrafo: dos fúnebres, “No con estatuas duras”, “Salvó aventuradas flotas”; y dos burlescos, “A la orilla de un marqués” y “De todo meridiano pasto mosca”. 2.2 Poemas con una exclusiva transmisión impresa de época, a veces en antologías de varios autores, como Flores de poetas ilustres y Poesías varias de grandes ingenios: el soneto “Llegó a los pies de Cristo Magdalena” y las décimas satíricas “Mota borracha, golosa” y “Saturno alado, rüido”, respectivamente. En otros casos, los textos fueron editados en preliminares de obras ajenas, como 6 de los 7 de elogio, incluidos en libros publicados entre 1599 y 1613, que ofrecen una muestra temprana de la posición de un joven Quevedo en el campo literario de su tiempo. A ellos se suman dos poemas fúnebres impresos en la edición póstuma de las Obras de don Luis Carrillo y Sotomayor, de 1613; y el madrigal religioso “El que a Esteban las piedras endereza”, en Mercurius trimegistus de Jiménez Patón. Su específico contenido y su fijación a través de la imprenta habrían limitado otras formas de difusión. 2.3. Poemas con transmisión manuscrita y testimonio único. Sobresalen los que forman parte de antologías de época, como Cancionero antequerano: el único poema moral de la musa décima, “Malhaya aquel humano que primero”, y los amorosos “Piedra soy en sufrir pena y cuidado” y “Tú, rey de ríos, Tajo generoso”. El lugar de mayor relieve corresponde al grupo de casi 20 composiciones satírico-burlescas cuyo único testimonio es el manuscrito de la Menéndez Pelayo, entre ellas alguna célebre invectiva contra Góngora. En ciertos casos su limitada historia textual se ha enriquecido por el hallazgo de un segundo manuscrito, como sucede con tantas sátiras antigongorinas, copiadas también en el códice de la Bartolomé March de Palma de Mallorca.26 2.4. Poemas con transmisión manuscrita a través de múltiples copias. De muchos textos se conservan entre 2 y 8. Existen algunos con un número 26 Describió la fuente textual Plata (2000). 25 Como Jammes (1994); Pérez Cuenca (1995, 1997, 2000, 2013); o Plata (1997, 2000). La poesía de Quevedo al margen del Parnaso elevado de fuentes: del epitafio fúnebre al conde de Villamediana, “Aquí una mano violenta”, existen unas20 copias, y otro soneto dedicado al mismo noble, “Religiosa piedad ofrezca llanto”, tiene una decena demanuscritos. La abundancia de copias se observa en textos satíricos como “La voz del ojo que llamamos pedo”, con 13; las invectivas antigongorinas “Vuestros coplones, cordobés sonado” y “Ya que coplas componéis”, con 20 y 11 copias, respectivamente; los romances contra mulieres “No al son de la dulce lira” y “Ya que al Hospital de Amor”, con 10 cada uno; y la sátira contra Juan de Alarcón, “¿Quién es poeta juanetes”, con unos14. 2.5. Poemas con una doble transmisión, manuscrita e impresa. El romance burlesco “Así el glorioso San Roque”, con 15 testimonios, 2 impresos; y “En esta piedra yace un mal cristiano”, con 1 impreso y unos 30 manuscritos. 3. Estudio textual y edición crítica del corpus. A diferencia de lo sucedido con las ediciones póstumas, que contienen versiones cuidadas y definitivas de los textos, en este corpus la transmisión prioritaria es manuscrita, a veces poblada y enrevesada, lo que dificulta el cotejo, el estudio textual y la elección del texto base. Hay poemas de difusión más escasa pero también compleja por dudas de atribución y la posible censura de los textos. Los antigongorinos y las imitaciones de epigramas de Marcial ofrecen, en este sentido, un rico taller de edición con problemas filológicos de índole diversa. La recuperación del manuscrito de Palma de Mallorca, que apoya las atribuciones del códice de Santander, permite además corregir algunos posibles errores ope codicum, ahora que muchos poemas ya no tienen un único testimonio. Menciono solo algunos como muestra, por ejemplo “Este cíclope, no sicilïano”, que presenta en ambos manuscritos variantes de indudable interés27; y la silva “Alguacil del Parnaso, Gongorilla”, con cambios significativos sobre todo a partir del v. 70, que reclaman decisiones del editor crítico. En cuanto al poema “Quien quisiere ser Góngora en un día”, del que se conservan más testimonios que los dos manuscritos mencionados, fue publicado en vida de Quevedo, en 1631, en Juguetes de la niñez, que recoge versiones autocensuradas de los Sueños de 1627, por presiones inquisitoriales; el nuevo manuscrito permite proponer modificaciones en el texto hasta ahora conocido. En el caso de las imitaciones de epigramas de Marcial, copiadas en ambos manuscritos con diferencias en su número y orden, se ha sugerido la existencia de una “censura moral” en su texto,28 para mitigar la procacidad general de las composiciones. Más allá de esa cuestión, el cotejo de los testimonios permite 27 Sobresale el proyecto de edición de las sátiras antigongorinas atribuidas a Quevedo anunciado por Conde (2019, 2021a y 2021b), quien ha propuesto enmiendas e interpretado algunos poemas. Véase también el reciente análisis de Alonso Veloso (2024), que recoge variantes y posibles enmiendas en algunos poemas burlescos de la “musa décima” copiados en los manuscritos de Santander y Mallorca, en concreto alguna sátira antigongorina, como la silva “Alguacil del Parnaso, Gongorilla”, dos epigramas a imitación de Marcial y dos poemas contra una prostituta y una vieja hechicera. 28 Galán (1999 y 2016). M. J. Alonso Veloso Bibliografía citada Aguiar, E. M. & Silva, V. (2008). Camões e a comunidade luso-castelhana nos séculos xvi e xvii (1572– 1648). A Lira Dourada e a Tuba Canora. (pp. 55–92). Livros Cotovía. Alatorre, A. (1988). Quevedo: de la silva al ovillejo, Homenaje a Eugenio Asensio. (pp. 19–31). Gredos Alonso Veloso, M.a J. (2006). González de Salas, editor póstumo de Quevedo: los criterios de ordenación de poemas en la Musa V, Terpsíchore. Bulletin of Spanish Studies, 83(3), 329–359. https:// doi. org/ 10. 1080/ 14753 82060 00346 234 Alonso Veloso, M.a J. (2008). 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