scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Las prácticas de enseñanza realizadas/observadas de los «mejores profesores» de la Universidad de Vigo

Cid Sabucedo, Alfonso; Pérez-Abellás, Adolfo; Zabalza Beraza, Miguel Ángel

Abstract

El objetivo del presente trabajo consiste en identificar, hacer visibles, describir y analizar las prácticas de enseñanza que realizan los «mejores profesores » de la Universidad de Vigo. Para ello, planteamos un diseño cualitativo a través de la técnica de la observación. Antes de mencionar las principales conclusiones, hacemos constar que nos interesaba buscar referencias de «buenas prácticas», no hacer una evaluación de las prácticas docentes, buenas o malas, del profesorado de la Universidad de Vigo. La principal conclusión es que, incluso entre los «mejores profesores» predominan unas prácticas docentes, que podrían encuadrarse, mayoritariamente, en el enfoque «tradicional de la enseñanza», centrada en el profesor o en los contenidos de la materia. No debería sorprender el hecho, ni tampoco llevarnos a relativizar el interés de estudiar y hacer visibles las prácticas de docentes bien valorados, aunque tales prácticas no sean realmente innovadoras

Full text

Facultad de Educación. UNED Educación XX1. 16.2, 2013, pp. 265-296 ISSN: 1139-613-X 13 Las PrÁCtiCas DE EnsEÑanZa rEaLiZaDas/ obsErVaDas DE Los «mEJorEs ProFEsorEs» DE La UniVErsiDaD DE ViGo1 («bEst tEaCHErs» tEaCHinG PraCtiCEs CarriED oUt/obsErVED at tHE UniVErsity oF ViGo1) Alfonso Cid Sabucedo y Adolfo Pérez Abellás Universidad de Vigo Miguel A. Zabalza Beraza Universidad de Santiago de Compostela DOI: 10.5944/educxx1.2.16.10342 rEsUmEn El objetivo del presente trabajo consiste en identificar, hacer visibles, describir y analizar las prácticas de enseñanza que realizan los «mejores profesores» de la Universidad de Vigo. Para ello, planteamos un diseño cualitativo a través de la técnica de la observación. Antes de mencionar las principales conclusiones, hacemos constar que nos interesaba buscar referencias de «buenas prácticas», no hacer una evaluación de las prácticas docentes, buenas o malas, del profesorado de la Universidad de Vigo. La principal conclusión es que, incluso entre los «mejores profesores» predominan unas prácticas docentes, que podrían encuadrarse, mayoritariamente, en el enfoque «tradicional de la enseñanza», centrada en el profesor o en los contenidos de la materia. No debería sorprender el hecho, ni tampoco llevarnos a relativizar el interés de estudiar y hacer visibles las prácticas de docentes bien valorados, aunque tales prácticas no sean realmente innovadoras. abstraCt The aim of this essay consists of identifying, making visible, describing and analysing the teaching practices carried out by the «best teachers» of the University of Vigo. In order to achieve it, we set out a qualitative design through the observation technique. Before mentioning the main conclusions, we must Cómo referenciar este artículo/How to reference this article: Cid Sabucedo, A.; Pérez Abellás, A. y Zabalza Beraza, M. A. (2013). Las prácticas de enseñanza realizadas/observadas de los «mejores profesores» de la Universidad de Vigo. Educación XX1, 16 (2), 265-296. doi: 10.5944/educxx1.2.16.10342 Cid Sabucedo, A.; Pérez Abellás, A. & Zabalza Beraza, M. A. (2013). «Best teachers» teaching practices carried out/observed at the University of Vigo. Educación XX1, 16 (2), 265-296. doi: 10.5944/ educxx1.2.16.10342 266 ALFONSO CID SABUCEDO, ADOLFO PÉREZ ABELLÁS Y MIGUEL A. ZABALZA BERAZA las prÁcticas de enseÑanza realizadas/obserVadas de los «meJores... Facultad de Educación. UNED Educación XX1. 16.2, 2013, pp. 265-296 state that we were interested on searching for references of the «good practices», not on evaluating the teaching practices, good or bad, of the teachers of the University of Vigo. The main conclusion is that even among the «best rated teachers», some teaching practices dominate and these practices could be mainly included in the traditional perspective of education, one model focused on the teacher and the contents of the disciplines.These results are not surprising. In any case, they should not lead us to disregard the interest of studying and making visible the practices of highly rated teachers, although such practices are not truly innovative. introDUCCiÓn Que la Universidad está cambiando, es una realidad evidente. La profunda modificación de las coordenadas políticas, sociales, científicas y técnicas, en las que se mueven las universidades, y la necesidad de acomodarse a las nuevas demandas de formación que se le plantean, suponen un importante reto institucional, en cuya resolución están implicadas todas sus estructuras institucionales. En ese contexto de cambio (supuestamente hacia una mayor eficacia en el cumplimiento de su función formativa), la calidad de la docencia universitaria constituye una prioridad estratégica de las instituciones de Educación Superior en todo el mundo. En el ámbito europeo, las sucesivas declaraciones y comunicados de Bolonia 1999, Praga 2001, Graz y Berlín 2003, Bergen 2005 y Londres 2007, han recogido este compromiso como uno de los referentes básicos del proceso de convergencia hacia un Espacio Europeo de Educación Superior (EEES). La mejora de la calidad de la docencia es un proceso complejo, en el que intervienen muchos factores. De todos ellos, el que ejerce una influencia determinante en la calidad de la docencia es el profesorado y las prácticas formativas que éste desarrolla (Valcarcel, 2003). Los trabajos relativos a las prácticas de enseñanza han sido una constante en la investigación educativa (Brophy y Good, 1996; Jackson, 1991). Un poco más escasos en la universidad, por considerarse el profesorado poco dispuesto a que se puedan estudiar sus prácticas docentes. La cultura académica tiende a considerar la enseñanza, más de facto que en los discursos, como una «actividad solitaria» (lonely task) y «discrecional» (privately owned). Por otra parte, la Pedagogía y los pedagogos no son muy valorados en la Universidad (Lahire, 1997) y este hecho impide que se pongan en marcha estudios sistemáticos sobre la forma en que el profesorado afronta las tareas docentes. Como se valora más la investigación, de la que dependen la progresión en la carrera y el prestigio profesional (Reid y Johnston, 1999), parece lógico esperar que concentren sus prioridades en ella. La preocupación por la calidad de la enseñanza y del aprendizaje en la Educación Superior se inicia a partir de los años 70 (S.XX), pero no será 267 ALFONSO CID SABUCEDO, ADOLFO PÉREZ ABELLÁS Y MIGUEL A. ZABALZA BERAZA las prÁcticas de enseÑanza realizadas/obserVadas de los «meJores... Facultad de Educación. UNED Educación XX1. 16.2, 2013, pp. 265-296 hasta los 90 cuando se consolide debido al aumento considerable de investigaciones sobre la enseñanza y aprendizaje. Será tomada en serio en todo el mundo a partir del año 2000 (Álvarez, García y Gil, 1999a, 1999b; De Miguel, 2003; Rodríguez Espinar, 2003; Gros y Romaña, 2004; Biggs, 2005; Knight, Tait y Yorke, 2006; Canton, Valle y Arias, 2008). Esto no significa que no contemos con estudios anteriores. En nuestro ámbito, han sido habituales, desde los años 80, los estudios basados en los cuestionarios utilizados en los procesos de evaluación docente por parte de los estudiantes. Aunque indirectamente, eran procesos orientados a identificar las dimensiones que estarían presentes en el perfil de un «buen» profesor/a universitario (programación, explicaciones, trato a los estudiantes, evaluación, manejo de recursos didácticos, etc.). Podemos citar, entre otros, los trabajos de Mateo, 1987; Benedito, 1989; González y otros, 1989; Tejedor y Montero, 1990; De Miguel, 1991, Rodríguez Espinar, 1991; Cajide, 1994; García Ramos, 1997. Por otra parte, en los años 90 se produce un importante cambio en el enfoque desde el que se afronta el estudio de la enseñanza y las prácticas docentes. Se trata de un cambio debido a un doble cansancio: hartazgo de la complejidad sin contrapartidas prácticas de la investigación cuantitativa y hartazgo de la regulación (y su corolario de burocraticismo) de los enfoques deductivos. Por un lado, las investigaciones clásicas, de corte cuantitativo y con un fuerte aparato estadístico, no supusieron una gran aportación a la mejora de las prácticas docentes. El rigor de los procedimientos de análisis acabó difuminando, en ocasiones, el vigor de los estudios y su capacidad para configurar procesos de transformación de la enseñanza. La consecuencia ha sido que no se corresponde el número de investigaciones realizadas con la mejora en la modernización y efectividad de los procesos de enseñanzaaprendizaje. Por otro, se vuelven inapropiados los discursos desiderativos de la pedagogía tradicional, derivados de principios axiomáticos que buscaban el «deber ser» y estaban nutridos de consejos, normas e, incluso, recetas sobre cómo lograr una docencia efectiva. Tanto la mentalidad del profesorado como las condiciones del trabajo docente habían cambiado mucho. Los discursos deductivos y generales, con una fuerte tendencia a la regulación de las prácticas, fueron perdiendo protagonismo. La cultura posmoderna buscaba con insistencia la diversidad y ponía en valor la originalidad y la adaptación al contexto. Las situaciones de enseñanza en la universidad resultan excesivamente heterogéneas tanto en sus contenidos como en cuanto a los sujetos a los que van dirigidas como para que se puedan establecer normas 268 ALFONSO CID SABUCEDO, ADOLFO PÉREZ ABELLÁS Y MIGUEL A. ZABALZA BERAZA las prÁcticas de enseÑanza realizadas/obserVadas de los «meJores... Facultad de Educación. UNED Educación XX1. 16.2, 2013, pp. 265-296 comunes. Por otro lado, la discrecionalidad de los docentes y su corolario de «libertad de cátedra» hacía impracticable cualquier propuesta que intentara forzar el estilo particular de cada uno. Por estos motivos, de los input normativos se pasó a valoración de los output. Y así aparecieron los sistemas y los estándares de logro y las políticas de aseguramiento de la calidad. Este nuevo enfoque tampoco está dando buenos resultados. Provoca estrés y no poca resistencia de los docentes, que ven disminuida su capacidad creativa y desconsiderada su experiencia previa. La presión por la calidad nos está llevando, contradictoriamente, a una progresiva burocratización de la docencia y a un seguimiento artificioso de los modelos propuestos por los sistemas de evaluación. Aunque este tipo de justificaciones resultan, sin duda, discutibles, lo cierto es que en la primera década de este nuevo siglo se ha generado un clima muy propicio para buscar otros enfoques tanto en la investigación como en los procesos de mejora de la enseñanza. Uno de tales enfoques es el que se ha centrado en la identificación y análisis de las buenas prácticas (Bain, 2006). Al renunciar a regular cómo han de ser hechas las cosas, se trata de aprovechar el conocimiento y la experiencia generados por aquellas instituciones y/o profesores/as que han ido construyendo sistemas docentes eficaces y originales. Pese a que el constructo «buena práctica» nos sitúa en el contexto de lógicas borrosas, algo que suele rechazar la investigación convencional, abre un espacio de alto interés para la mejora, partiendo de los modernos enfoques del knowledge capturing (Egbu, Hari y Kumar, 2005; Cooke, 1994) y knowledge elicitation (Diaper, 1989; Belkin y Brooks,1988). El objetivo es recuperar con rigor y solvencia científica el conocimiento y la experiencia que los buenos docentes van acumulando a lo largo de su vida profesional. No para copiarlos mecánicamente, sino para tomarlos como referentes que nos permitan consolidar prácticas docentes cuya eficacia, comprobada por otros, resulta, cuando menos, plausible. De esta manera el profesorado es coherente con el principio de complejidad (no hay una referencia única de «buena práctica»), característica básica de los contextos docentes actuales y con los nuevos criterios de evaluación, que establecen la «idoneidad», la «adaptación» y la «viabilidad», como dimensiones básicas de las propuestas docentes de calidad. Consecuentemente, el propósito del presente trabajo consiste en identificar, hacer visibles, describir y explicar las prácticas de enseñanza que realizan los «mejores profesores» de la Universidad de Vigo. Hemos accedido a sus prácticas docentes, las hemos analizado y visibilizado, con el propósito de que se haga posible el debate didáctico y pueda servir, además, como referente (benchmarking) para que otros docentes puedan analizar su propia práctica y, de ser preciso, reajustarla. Con este proceso se podrá contribuir a mejorar la calidad de la enseñanza en la Universidad. Ese es el objetivo. 269 ALFONSO CID SABUCEDO, ADOLFO PÉREZ ABELLÁS Y MIGUEL A. ZABALZA BERAZA las prÁcticas de enseÑanza realizadas/obserVadas de los «meJores... Facultad de Educación. UNED Educación XX1. 16.2, 2013, pp. 265-296 1. FUnDamEntaCiÓn tEÓriCa 1.1. Prácticas de enseñanza Como ya había señalado De Landsheere (1969) y aún antes, en los 50, los sociólogos del grupo de Harvard (Allport, Parsons, Tolman, Sears, etc.) proponentes de las teorías de la acción, la «práctica» es un constructo elaborado a través de componentes de diversa naturaleza, unos objetivos y medibles y otros sólo inferibles. Pese a esa complejidad inherente al constructo, el estudio de las prácticas docentes ha recabado mucho interés en la investigación educativa. Resultan de especial interés las revisiones realizadas por Jackson, Harper y Jackson (2001), Bru y Maurice (2001), Fang (1996), Cotton (1995). En nuestro estudio, partimos de la definición de «práctica» como la manera singular, en la que un profesor/maestro hace las cosas. Como realidad bidimensional que es, la práctica consiste no solo en las acciones que resultan observables sino también en las motivaciones, en las que dichas acciones se fundamentan. Contiene, por tanto, aspectos visibles (la conducta) y componentes no visibles como las «ideas de partida», la elección de situaciones específicas, la toma de decisiones (Altet, 2002). Esta doble naturaleza de la práctica condiciona fuertemente el acceso a sus contenidos y características. Ha sido frecuente el uso de dispositivos de investigación de orden representacional que nos ofrecen una visión indirecta y mediada de las prácticas, las «prácticas declaradas». Las encuestas y cuestionarios, las entrevistas, etc. nos describen lo que los sujetos dicen que hacen. Por otro lado, la observación directa o a través de grabaciones nos permite acceder a las «prácticas reales» (contando siempre con el principio de indeterminación de Heisenberg que nos advierte de que los propios dispositivos de observación alteran la práctica que queremos observar). También hemos de tener presente que cuando hablamos de «prácticas de enseñanza» no podemos limitarnos a lo que sucede en clase (enseñanza interactiva), sino que dicha práctica incluye, además, la fase previa (enseñanza preactiva) y la fase posterior a la clase (enseñanza postactiva) (Jackson, 1991). Como somos conscientes de esa complejidad de la práctica, vamos a centrar nuestro estudio, en esta ocasión, en lo que sucede en las clases. Ya hemos analizado, en un trabajo anterior, las «prácticas declaradas» de algunos buenos docentes de la Universidad de Vigo (Cid, Pérez y Zabalza, 2009). En el presente trabajo nos centraremos en las «prácticas de enseñanza observadas», lo que hacen los profesores en la fase interactiva del proceso de enseñanza. 1.2. modelos de aproximación a la práctica docente A la práctica docente podemos acceder por tres vías: el discurso, la respuesta a un reactivo y el comportamiento (Larose y otros, 2011). 270 ALFONSO CID SABUCEDO, ADOLFO PÉREZ ABELLÁS Y MIGUEL A. ZABALZA BERAZA las prÁcticas de enseÑanza realizadas/obserVadas de los «meJores... Facultad de Educación. UNED Educación XX1. 16.2, 2013, pp. 265-296 El acceso a través del discurso lo realizamos, cuando se llevan a cabo entrevistas, focus group, debates, etc., en los que los sujetos narran y analizan su práctica. El discurso nos permite acceder a las «prácticas declaradas», aunque el particular juego de los componentes conscientes e inconscientes del relato hace que tal declaración no siempre coincida con lo que el sujeto «quiere decir» o «quiere ocultar». Es decir, las prácticas declaradas no necesariamente son prácticas modificadas en interés del sujeto que las narra. El acceso a través de respuestas a reactivos se lleva a cabo mediante el empleo de encuestas o cuestionarios en los que se van presentando diversas situaciones para que quien responde se sitúe frente a ellas y señale en qué medida se corresponden con sus ideas o con sus prácticas. Se trata, por tanto, de respuestas también mediadas y, en ese sentido, pertenecen a la misma categoría de las «prácticas declaradas». El acceso a la «práctica» se convierte así en un análisis de las huellas de la práctica (Larose y Jaillet, 2009), almacenadas en un soporte que las fija. Un tercer tipo de acceso es el que se realiza a través de la observación de comportamientos. Esta observación puede hacerse de manera directa, in situ, mediante protocolos que permitan la recogida de información factual, o bien, de forma indirecta, a través de grabaciones en soportes y con formatos y contenidos que pueden ser variables. Ésta es la opción que se ha empleado en este trabajo. La observación directa, a veces desarrollada por colegas, tiene una fuerte tradición en los sistemas universitarios anglosajones desde los años 60 (Fullerton, 1999). En España se incorporó más tarde, en torno a los años 80 (Álvarez, 1999, 2000; Bolívar y Caballero, 2008; Cid, 2009; Cubero y otros, 2005; Prados y Cubero, 2007). La mayor parte de las investigaciones sobre las prácticas de enseñanza se han focalizado en el «pensamiento de los docentes», las «representaciones» y las «creencias», es decir, sobre el discurso relativo a sus prácticas, utilizando cuestionarios o entrevistas. Estas investigaciones solo permiten obtener las representaciones que los docentes se hacen de su práctica y el sentido de las decisiones que desde ellas adoptan. La hipótesis de partida es que si las representaciones son estables, también lo serán las conductas que desde ellas se generan. Pero los datos empíricos establecen una débil relación entre representaciones y prácticas. Las «prácticas declaradas» (lo dicho sobre lo hecho) no permiten conocer «práctica real» (Bru, 2002). Por eso resulta preciso recurrir a la observación directa como vía para poder complementar la información. Los recientes avances de la tecnología han proporcionado variadas herramientas para la investigación de las «prácticas reales», mediante la grabación, especialmente en vídeo (Brophy, 2004). 271 ALFONSO CID SABUCEDO, ADOLFO PÉREZ ABELLÁS Y MIGUEL A. ZABALZA BERAZA las prÁcticas de enseÑanza realizadas/obserVadas de los «meJores... Facultad de Educación. UNED Educación XX1. 16.2, 2013, pp. 265-296 1.3. La enseñanza universitaria como «práctica docente» Ya se ha señalado que la práctica docente, en tanto que acción racional y voluntaria, constituye una realidad bidimensional con una parte visible (la conducta) y otra que no lo es (el pensamiento, la motivación, el sentido de las cosas). Los análisis de la enseñanza desde los modelos comunicacionales han insistido en este aspecto (Schröder, 1979; Zabalza, 2004). La literatura sobre docencia universitaria constata que los profesores tenemos nuestras teorías y creencias de lo que es la enseñanza y de cómo se produce el aprendizaje (Hativa y Goodyear, 2001). Esas teorías e ideas personales surgen de nuestra propia experiencia (la personal y la compartida, esto es, son representaciones personales pero también sociales) y se ponen en contraste con los modelos que la ciencia y la cultura pedagógica van generando en cada momento. Esa parte interna de la práctica (representaciones cognitivas y disposiciones actitudinales) tienen, entre otras funciones, la de orientar nuestras conductas. Función que no siempre consiguen. De hecho, la medida de la distancia entre el «discurso sobre la práctica» y la propia práctica ha sido uno de los objetivos frecuentes de la investigación educativa (Carlgren, Handal, y Vaage, 1994). Por otra parte, como ha resaltado Marentic-Pozarnik (1998) sólo a través del cambio de esas representaciones personales acaba lográndose un cambio estable de las prácticas docentes: «No general shift from a teaching to a learning paradigm in higher education is possible without a parallel change in the conceptions that college and university teachers have about teaching and learning»(p. 331). Esta bidimensionalidad entre pensamiento y conducta, entre lo visible y lo no visible de la práctica docente, la han modelizado Oser y Baeriswyl (2001) a través de una metáfora extraída del mundo del arte y de la danza: las «coreografías didácticas». Desde su perspectiva, el análisis de una «práctica de enseñanza» exigiría la distinción entre: 1. La estructura visible, la parte externa de la coreografía. El montaje que el profesorado hace del contexto de aprendizaje: objetos, espacios, tiempos, consignas, demandas, tareas, modos de organización, etc. 2. La estructura interna de la coreografía: los procesos mentales que provoca la coreografía externa. Distintas coreografías dan lugar a distintas actividades mentales y, por ende, a diferentes procesos de aprendizaje. Una coreografía simple como la lección magistral tiene efectos sobre el aprendizaje diferentes a coreografías más complejas y enriquecidas (trabajo en grupo, debates, realización de proyectos, etc.). De esta manera los autores diferencian entre 11 coreografías internas diferentes, a las que denominan «modelos base» del aprendizaje. 272 ALFONSO CID SABUCEDO, ADOLFO PÉREZ ABELLÁS Y MIGUEL A. ZABALZA BERAZA las prÁcticas de enseÑanza realizadas/obserVadas de los «meJores... Facultad de Educación. UNED Educación XX1. 16.2, 2013, pp. 265-296 En este trabajo, vamos a centrarnos en la «estructura visible» de la coreografía. De las muchas dimensiones y factores que condicionan y determinan la práctica docente (contextual, organizativa, personal, curricular y didáctica), solamente nos vamos a referir a la dimensión didáctica, es decir, a las actividades de enseñanza. Dimensión que, según Baeriswyl (2008), en su trabajo titulado «Nuevas coreografías: El sistema de enseñanza», consta de tres componentes: métodos de enseñanza, medios de comunicación y formas de interacción social. Sobre esos tres aspectos insistiremos. 1.4. «buenas prácticas» vs. «buenos profesores» Aunque el enfoque de investigación en el que se ubica nuestro trabajo reciba el nombre de «buenas prácticas», somos conscientes de que no es una denominación correcta. No lo es, al menos en el planteamiento que nosotros hemos hecho. Plantea un problema de extemporaneidad en la atribución. Otorgar a la práctica la cualidad de «buena» es una consideración que sólo puede hacerse a posteriori, puesto que está funcionando como una variable dependiente. En realidad, nosotros no deberíamos hablar de buenas prácticas sino de prácticas de «buenos profesores». Lo que nos consta es que los profesores son buenos (o más exactamente, bien evaluados). Así lo planteaba, también, Aton (2010): «the best practices of highly-rated college teachers». Las supuestas buenas y/o malas prácticas docentes del profesorado universitario han formado, desde siempre, parte del particular arcano de representaciones y mensajes que sobre la docencia universitaria se tiene en cada sociedad. Inicialmente, las universidades, sobre todo las públicas, no se preocupaban en exceso por la imagen o comentarios que pudieran suscitar sus prácticas docentes. Tampoco lo hacíamos los y las docentes universitarios. La enseñanza universitaria venía caracterizada por una condición combinada de opacidad y discrecionalidad que permitía a cada quien hacer las cosas como mejor le pareciera. Las cosas han cambiado sustancialmente en la actualidad y tanto las instituciones como los docentes, ambos bajo la presión de las nuevas políticas de garantía de la calidad y de meritoriaje, hacen enormes esfuerzos por desarrollar y hacer visibles prácticas docentes que puedan ser reconocidas como «buenas prácticas». Es en ese marco que han ido surgiendo importantes corrientes de innovación docente, vinculadas en ocasiones a Asociaciones nacionales o internacionales, a consorcios entre universidades o a instituciones individuales comprometidas con la incentivación de prácticas docentes innovadoras y de calidad. Más allá de las grandes Asociaciones Internacionales como AIPU (Asociación Internacional de Pedagogía Universitaria), también han ido surgiendo en España Asociaciones y consorcios orientados a identificar y visibilizar, a 273 ALFONSO CID SABUCEDO, ADOLFO PÉREZ ABELLÁS Y MIGUEL A. ZABALZA BERAZA las prÁcticas de enseÑanza realizadas/obserVadas de los «meJores... Facultad de Educación. UNED Educación XX1. 16.2, 2013, pp. 265-296 través de sus Congresos y Publicaciones, buenas prácticas docentes. Es el caso de REDU (Red Española de Docencia Universitaria) que publica una revista con su mismo nombre (http://redaberta.usc.es/redu ); AIDU (Asociación Iberoamericana de Didáctica Universitaria) que mantiene Congresos bianuales CIDU (Congreso Ineroamericano de Docencia Universitaria, actualmente en su 7ª convocatoria) en Europa y América Latina sobre docencia universitaria; el Consorcio de Universidades Catalanas que desarrolla un Congreso bianual CIDUI (Congreso Internacional en Docencia Universitaria e Innovación). Acciones más locales pero con el mismo propósito aparecen regularmente en universidades individuales que celebran sus Jornadas de Innovación Docente en las que abren espacio para que su propio profesorado exponga y haga visible las iniciativas de innovación docente que han llevado a cabo. En este nuevo contexto de revalorización de la docencia, van apareciendo en España interesantes aportaciones a las «buenas prácticas docentes». Buenas prácticas docentes que van desde los nuevos formatos de organización curricular y estructuración de los Planes de Estudio (Mateos y Montanero, 2008; Paricio, 2010), de integración de diversas disciplinas en módulos (Escanero, 2007) de trabajo en grupo por parte de los docentes (Rué y Lodeiro, 2010), de incorporación de nuevas metodologías (Araujo y Santre, 2008; Branda et alii, 2009; Valero y Navarro, 2008; Esteban Guitat, M, 2011, Rue, Font y Cebrian, 2011), de trabajo innovador con las TIC (Cebrián, 2007; Bautista, Borges y Forés, 2008), de nuevos formatos de evaluación (Barberá, 2004; Fernández March, 2004; López Pastor, 2009), etc. Lo que pretendemos en este trabajo es estudiar las prácticas docentes de los profesores que han sido bien evaluados tanto por sus estudiantes como en función de otros criterios de calidad. Docentes que, como podremos ver en los resultados de la investigación, llevan a cabo prácticas docentes de diverso grado de calidad. Como explicaremos en el apartado siguiente, nuestro proyecto no era identificar a priori buenas prácticas para, después, poder analizarlas en profundidad y hacerlas visibles. Hemos identificado buenos profesores y profesoras para, con su beneplácito, analizar sus prácticas docentes. Con todo, tanto si se parte de la identificación de «buenos profesores», como ha sido nuestro caso, como si se hubiera hecho desde la opción de las «buenas prácticas», sigue subsistiendo el dilema conceptual y semántico de definir y operativizar qué significa «ser bueno». Los enfoques han ido variando mucho en función del eje particular desde el que se realice la atribución de calidad: la eficacia (Bolívar y Domingo, 2007, Tupin, 2003), la excelencia (Herr, 1988), la satisfacción de los estudiantes, el rendimiento académico, la valoración de los colegas, etc. Todos ellos plantean importantes dificultades a la hora de determinar sus características y jerarquizar su relevancia para construir un modelo (Bru, 2002). 280 ALFONSO CID SABUCEDO, ADOLFO PÉREZ ABELLÁS Y MIGUEL A. ZABALZA BERAZA las prÁcticas de enseÑanza realizadas/obserVadas de los «meJores... Facultad de Educación. UNED Educación XX1. 16.2, 2013, pp. 265-296 1.2. tareas del alumno El segundo criterio de la subdimensión «métodos de enseñanza» hace referencia a las «tareas del alumno», que según la psicología cognitiva, pueden ser de dos formas: adquisición de conocimientos por la enseñanza y comunicación y adquisición de conocimientos por descubrimiento a partir de la acción. Por lo que respecta a las tareas de los alumnos, en esta fase de la lección, se corresponden con los de «adquisición de conocimientos por la enseñanza y comunicación, y más concretamente, con la función de «recepción»: escuchar, observar y tomar notas (Altet, 1994; Biggs, 2005). II. Fase de desarrollo Esta es la parte central de la exposición. Esta fase se caracterizaría por la realización de las actividades de presentación o creación de información. Es decir, por la organización, orientación y uso de indicadores, guías, focalizaciones, utilización de ejemplos, enfatización de los puntos importantes, evaluación del aprendizaje de los estudiantes, etc. (Gage y Berliner, 1988). 2.1. tareas del profesor Las tareas del profesor en esta fase, nuevamente, se corresponden con el criterio que hace referencia a la función didáctica de «información-trans- misión», en la que la intención dominante es la «presentación de información» (Altet, 1994a: 63-54). En esta fase, como aspectos más destacados, tendríamos que los profesores: • Exponen los contenidos organizados: En siete casos los profesores, una vez presentados los contenidos en la fase de inicio en una transparencia general, los van desarrollando ordenadamente, y utilizan los distintos epígrafes como indicadores o guías de la presentación. • Utilización de preguntas: Durante la presentación de la información, cinco profesores formulan alguna pregunta. El número de preguntas realizadas varía desde una, en un caso, hasta siete, en otro. Estas, según la clasificación de Skidmore, Pérez-Parent y Arnfielf, (2003), son de dos tipos: 281 ALFONSO CID SABUCEDO, ADOLFO PÉREZ ABELLÁS Y MIGUEL A. ZABALZA BERAZA las prÁcticas de enseÑanza realizadas/obserVadas de los «meJores... Facultad de Educación. UNED Educación XX1. 16.2, 2013, pp. 265-296 — Unas, las más abundantes, son de tipo abierto, se formulan a todo el grupo clase: ¿Hay alguna duda sobre esta cuestión? (t-3). ¿Cuál es la diferencia entre una tabla y una relación? (t-5). ¿De acuerdo? ¿Está esto comprendido? ¿Ninguna duda? ¿Ningún problema? (C-1). «When we think about» (ED-2). — Otras, las más escasas, son de tipo cerrado dirigidas a un/a alumno/a concreto: «P: Vamos a ver al fondo. ¿Un ejemplo de contaminación acústica o sónica? A: Una discoteca P: Bien. Pensemos en una discoteca de 500.000 megavatios. Justifícame los cinco apartados de la contaminación A: ... P: ¿Hay o no hay? A: Supongo que sí, pero no sé como ...» (t-6). • Utilización de ejemplos: En un solo caso, durante la exposición, la profesora, para explicar los «procesos de sincronización de los semáforos», utiliza el ejemplo de los «misioneros y caníbales», que deben cruzar un río (T-2). 2.2. tareas de los alumnos En esta fase de la lección se corresponden en 11 casos, como en la fase de inicio, con las de «adquisición de conocimientos por la enseñanza y comunicación, y más concretamente, hacen referencia a la función de de «recepción»: escuchar, observar y tomar notas. Sólo en un caso, el alumno «da una respuesta» (Altet, 1994a: 65-66; Biggs, 2005:80). III. Fase de cierre Esta fase se caracteriza por la realización de actividades de resumen, síntesis, recapitulación del trabajo desarrollado, realización de preguntas finales, motivación de continuidad o despedida (Imbernón, 2009). Las actividades de cierre solo son realizadas por el profesor y hacen referencia a: 282 ALFONSO CID SABUCEDO, ADOLFO PÉREZ ABELLÁS Y MIGUEL A. ZABALZA BERAZA las prÁcticas de enseÑanza realizadas/obserVadas de los «meJores... Facultad de Educación. UNED Educación XX1. 16.2, 2013, pp. 265-296 • Anuncio del fin de sesión y despedida «Lo dejamos aquí y el próximo día continuamos» (t-5). «Bueno, pues aquí el próximo día continuamos» (C-4). «Lo dejamos aquí, ¿alguna pregunta? (t-3). «Mañana veremos...»(ED-1) «All right» (ED-2) • Resumen: «Resumiendo. transistor, tres estadios: Región de corte... Región de saturación... Región activa... Conclusión: yo para poder utilizar un transistor tengo que aplicarle una tensión de fuerza... La próxima semana vamos a realizar algún problema implicando estos aspectos: transistor y tensión» (t-1). • Recapitulación: «Para acabar, únicamente un comentario de tipo medio-ambiental. Cabría preguntarse si el Proceso Haber-Bosch, es un proceso contaminante. Bueno, no es un proceso contaminante realmente... Bueno, pues eso es todo, acerca de la síntesis industrial de este proceso importante de Haber-Bosch de la fabricación del amoníaco. No sé si tenéis alguna duda u os ha quedado por ahí algo poco claro, lo podéis preguntar en la hora de tutoría y si no, lo podéis preguntar en cualquier momento» (C-3). 2.7.2. Los medios de comunicación Son los elementos que rigen en el proceso comunicativo la propia conducta de intercambio de señales entre el profesor y los alumnos. Están constituidos por los recursos empleados en la producción, transmisión y recepción de información entre los actores de la comunicación. Estos pueden ser recursos biológicos (voz, mímica, etc.) o tecnológicos (audiovisuales, films, ordenadores, representaciones gráficas, etc.) empleados en la comunicación. Nosotros seguimos la clasificación realizada por Parcerisa (2005), podemos decir: • Que dos profesores utilizan exclusivamente recursos visuales. Pizarra (T-2 y C-4). • Que tres profesores utilizan, combinan, recursos visuales: pizarra y transparencias (T-1, T-2 y C-3). 283 ALFONSO CID SABUCEDO, ADOLFO PÉREZ ABELLÁS Y MIGUEL A. ZABALZA BERAZA las prÁcticas de enseÑanza realizadas/obserVadas de los «meJores... Facultad de Educación. UNED Educación XX1. 16.2, 2013, pp. 265-296 • Un profesor utiliza, combina, recursos visuales e informáticos: pizarra y PowerPoint (T-5). • Tres profesores utilizan exclusivamente recursos informáticos: PowerPoint (T-3, T-4, C-1). • Un profesor utiliza exclusivamente recursos visuales: transparencias (T-6). • Un profesor combina recursos visuales y material en soporte papel: pizarra y fotocopias (ED-2). • Un profesor utiliza, combina, recursos informáticos y material en soporte papel: PowerPoint y fotocopias (ED-1). • Un profesor utiliza exclusivamente material en soporte papel: fotocopias (C-2). 2.7.3. Las interacciones didácticas Entendemos por interacción el conjunto de acciones dotadas de sentido, acotada por dos acciones relacionadas entre sí. Es decir, reacción recíproca, verbal o no verbal, temporal o constante, según una cierta frecuencia, por la que el comportamiento de uno de los participantes influye en el comportamiento del otro. La interacción en el aula es fundamentalmente verbal. Aquí diferenciamos dos criterios: las estructuras de participación y el nivel de participación. a) tipos de estructuras de participación Con la expresión de estructuras de participación queremos hacer referencia al sistema de normas y patrones culturales explícitos o tácitos, que rigen los intercambios y las relaciones sociales en el grupo de aula. Desde esta perspectiva, podemos distinguir dos tipos de estructuras básicas de participación: monologal/unidireccional y dialogal/bidireccional (Biggs, 2005). Las estructuras de participación, que hemos encontrado en los profesores observados, son en su mayoría, 11 casos, de tipo monologal/unidireccional y, en un caso, son de tipo dialogal/bidireccional. 284 ALFONSO CID SABUCEDO, ADOLFO PÉREZ ABELLÁS Y MIGUEL A. ZABALZA BERAZA las prÁcticas de enseÑanza realizadas/obserVadas de los «meJores... Facultad de Educación. UNED Educación XX1. 16.2, 2013, pp. 265-296 Podemos decir que, en su mayoría (once casos), estamos ante un discurso autoritario (Skidmore, 2000), en el que alguien que conoce y posee la verdad enseña a alguien ignorante en ella. b) Nivel de participación Finalmente, es necesario determinar quién es el encargado de llevar a cabo cada una de las actividades desarrolladas durante la interacción. Para ello, se utiliza una escala de cinco puntos: lo hace el profesor (P), lo hace el profesor con ayuda del alumno (Pa), lo hacen juntos (pa), lo hace el alumno con la ayuda del profesor (Ap) y lo hace el alumno (A) (Sánchez y otros, 2008). En consonancia con lo anterior, en la mayoría de los casos observados (once), es el profesor (P) el encargado de las actividades desarrolladas durante la interacción y, en un caso, lo hace el profesor con ayuda del alumno (Pa). 3. ConCLUsionEs En función de la revisión de la literatura y del análisis precedente, recogemos, a modo de síntesis, las conclusiones en la misma línea que los hallados en los estudios citados, como «trazos» más significativos, que: 1. Respecto a la primera cuestión: métodos de enseñanza En los 12 casos observados nos encontramos con que la metodología utilizada es la «lección magistral», de tipo «puramente transmisora», estructurada en las tres fases: de inicio, desarrollo y cierre. 1.1. Fase de inicio Esta fase suele ser corta y consta, en la mayoría de los casos, de un solo episodio. En ella, las tareas del profesor hacen referencia a la función didáctica de «información-transmisión», en la que la intención dominante es la de «presentación de información». En esta fase el profesor presenta el «enunciado del tema», hace «referencia a los contenidos anteriores», a la «presentación de los contenidos del tema» y, en algún caso, a la presentación de los objetivos». Por lo que respecta a la tarea del alumno, en todos los casos, se limita a «adquirir conocimientos por la enseñanza y comunicación»; concretamente, realizan la función de «recepción»: escucha, observa y toma notas. 285 ALFONSO CID SABUCEDO, ADOLFO PÉREZ ABELLÁS Y MIGUEL A. ZABALZA BERAZA las prÁcticas de enseÑanza realizadas/obserVadas de los «meJores... Facultad de Educación. UNED Educación XX1. 16.2, 2013, pp. 265-296 1.2. Fase de desarrollo Esta es la parte central de la lección, por ello, se le dedica la mayor parte del tiempo real de clase. En esta fase, las tareas del profesor, como en la fase de inicio, hacen referencia a la función didáctica de «información-transmisión», en la que la intención dominante es la de «presentación de información». En ella se hace referencia a la «exposición de los contenidos organizados»; a la «utilización de preguntas», fundamentalmente abiertas; y, en algún caso, a la «utilización de ejemplos». Por lo que respecta a las tareas del alumno, en once casos, se limita a la «adquisición de conocimientos por la enseñanza y comunicación». Concretamente, realizan la función de «recepción»: escucha, observa y toma notas. Solo en un caso, el alumno realiza la función de «dar una respuesta». 1.3. Fase de cierre Esta es la fase más corta de la lección en referencia al tiempo real de la misma. En ella el profesor hace referencia a las actividades de «anuncio de fin de sesión y despedida», la más frecuente con 10 casos; «resumen» y «recapitulación». Por lo que respecta a los alumnos no hay tareas que referenciar. 2. Respecto a la segunda cuestión: medios de comunicación La totalidad del profesorado observado, es decir, en los 12 casos, utilizan algún medio de comunicación, bien de forma exclusiva o combinan varios medios. Utilizan recursos visuales: pizarra y transparencias, informáticos (PowerPoint) y recursos en soporte papel (fotocopias). El más utilizado es el recurso informático o audiovisual (PowerPoint), ya que tres profesores lo usan de forma exclusiva y otro combinado con material en soporte papel: fotocopias. 3. Respecto a la tercera cuestión: interacciones didácticas 3.1. tipos de estructuras de participación La mayoría del profesorado observado (once casos) utiliza la estructura de participación monologal/unidireccional. En un solo caso, la estructura es dialogal/bidireccional. 286 ALFONSO CID SABUCEDO, ADOLFO PÉREZ ABELLÁS Y MIGUEL A. ZABALZA BERAZA las prÁcticas de enseÑanza realizadas/obserVadas de los «meJores... Facultad de Educación. UNED Educación XX1. 16.2, 2013, pp. 265-296 3.2. Nivel de participación Por lo que respecta a quién es el encargado de llevar a cabo cada una de las tareas desarrolladas, nos encontramos con que en la mayoría de los casos observados, once, es el profesor (P) y sólo en un caso lo hace el profesor con ayuda del alumno (Pa). 4. Triangulación Respecto a las tres subdimensiones de la comunicación didáctica: métodos de enseñanza, medios de comunicación e interacción didáctica, los datos anteriores pertenecientes a las «prácticas realizadas», obtenidos a través de la observación, son totalmente coincidentes con los datos pertenecientes a las «prácticas declaradas», obtenidos a través de la entrevista (Cid, Pérez y Zabalza, 2009). Esta coincidencia, que hemos encontrado entre «práctica declarada» y «práctica realizada», es discrepante con lo puesto de manifiesto por Bru (2002) que afirma justamente lo contrario. 4. DisCUsiÓn GEnEraL Habida cuenta de que el propósito de este trabajo era el identificar, hacer visibles y describir las «buenas prácticas», que realizan los profesores, «buenos profesores», de la Universidad de Vigo, hemos seleccionado los que mejor respondían a los criterios de calidad docente. Nos interesaba buscar referencias de «buenas prácticas», no hacer una evaluación de las prácticas docentes, buenas o malas, de nuestro profesorado. El objetivo fundamental del estudio era servir de punto de referencia para la mejora de la calidad de la enseñanza. Y a este principio nos hemos atenido. Es importante señalar este punto, como punto de partida, para reconocer que incluso entre los «buenos profesores», predominan unas prácticas docentes (en metodologías), que podrían encuadrase, mayoritariamente, en el enfoque «tradicional de la enseñanza». Si de ellas inferimos sus creencias implícitas (Kember, 1997), nos encontramos con una enseñanza «centrada en el profesor/contenido». No debería sorprender este hecho, ni tampoco llevarnos a relativizar el interés de la visibilización de «buenas prácticas docentes», aunque éstas sean poco innovadoras. En cualquier caso, esos profesores hacen las cosas, sin duda, de la mejor manera que saben. Y tanto sus estudiantes como sus colegas los valoran muy positivamente. Tal vez, esta situación sea debida a 287 ALFONSO CID SABUCEDO, ADOLFO PÉREZ ABELLÁS Y MIGUEL A. ZABALZA BERAZA las prÁcticas de enseÑanza realizadas/obserVadas de los «meJores... Facultad de Educación. UNED Educación XX1. 16.2, 2013, pp. 265-296 una condición que ya mencionamos al inicio de este artículo: la aproximación que se hace a la enseñanza pertenece más al ámbito de lo experiencial, que al de la formación como profesional de la docencia. Lo que ellos hacen, las prácticas de enseñanza que realizan, se debe a las experiencias anteriores, adquiridas durante años en las aulas como estudiantes, influenciadas por lo que interpretan que han aprendido y es como acaban enseñando (Borko y Putnam, 1996). Al profesorado universitario español no se le exige ninguna formación, ni acreditación pedagógico-didáctica, para poder impartir clases, a pesar de reconocerse su importancia de cara a mejorar la calidad de la enseñanza. Este hecho contrasta con las exigencias de otros países: Reino Unido, Noruega, Países Bajos, Suecia, Finlandia, Australia, etc., en los que este requisito es necesario. (Baum y Baum, 1998). En todo caso, como nos pone de manifiesto la literatura, pese a esa permanencia en formatos metodológicos tradicionales, lo que marca la diferencia en los «buenos profesores/as» es su interés y satisfacción rendimiento/aprendizaje de sus estudiantes. Esta característica también la encontramos en los profesores mejor evaluados de la Universidad de Vigo (Cid, Pérez y Zabalza, 2009). Como es sabido, resulta el gran motor del cambio en la didáctica universitaria. Y resulta coherente con uno los principios, en los que se basa el proceso de convergencia hacia el EEES: pasar de una docencia basada en la enseñanza a otra centrada en el aprendizaje. No obstante, ese horizonte didáctico no es fácil de alcanzar. La universidad, como institución, plantea fuertes resistencias al cambio (Lueddeke, 2003). Y el profesorado como colectivo está más acostumbrado a centrar su identidad en las disciplinas que dominan, que en las condiciones que exige su enseñanza a los estudiantes (Beijaard, Meijer y Verloop, 2004). Para finalizar, cabe señalar que, al ser el objetivo final de esta investigación el visibilizar ejemplos de buenas prácticas docentes, que puedan servir de punto de referencia para iniciativas de mejora de la docencia, tenemos que plantearnos de qué manera las buenas prácticas (que no las mejores, puesto que aún queda mucho camino por recorrer) identificadas, colaboran a ese propósito; y uno de los aspectos básicos en los que habrá que seguir investigando, es en la particular relación entre pensamiento y acción de los profesores. En qué medida ciertas concepciones de la enseñanza y el aprendizaje llevan a buenas prácticas docentes y, a la inversa, cómo actúan las buenas prácticas docentes en la transformación de lo que el profesorado sabe, siente y expresa sobre la enseñanza y el aprendizaje en la universidad. La planificación estratégica de los planes de formación del profesorado universitario ha de centrarse necesariamente en esa relación. Hoy en día parece asumido que, a falta de planes específicos y generalizados de formación, el punto de partida es la práctica. Pero resulta difícil alterar las prácticas, salir de los modelos tradicionales de docencia, si no se alteran las concepciones 288 ALFONSO CID SABUCEDO, ADOLFO PÉREZ ABELLÁS Y MIGUEL A. ZABALZA BERAZA las prÁcticas de enseÑanza realizadas/obserVadas de los «meJores... Facultad de Educación. UNED Educación XX1. 16.2, 2013, pp. 265-296 y creencias sobre la enseñanza (Oosterheert y Vermunt, 2003), para ello el vídeo es una buena herramienta (Wang y Hartley, 2003), pero resulta igualmente evidente que este ideal solo se podrá conseguir reflexionando sobre las prácticas (Schön, 1998). Esta es la finalidad que pretendemos propiciar con esta investigación: identificar y reconstruir buenas prácticas (a veces, incluso, no tan buenas), junto con las ideas que subyacen a ellas. Y ofrecerlas, tanto como marcos de referencia y modelos (en lo que tienen de buenas prácticas) como puntos para el debate (en lo que tienen de convencional o discutible). notas 1 Parte de los datos de este trabajo pertenecen al Proyecto de Investigación «Elicitación y representación del conocimiento de profesores universitarios protagonistas, de buenas prácticas docentes: ingeniería del conocimiento para la mejora de la calidad de la docencia», financiado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología. Referencia SEJ2004-01808 y 01808 y realizada por el grupo GIE, encuadrado en la RED RINEF-CISOC del catálogo de grupos de investigación de Galicia. 289 ALFONSO CID SABUCEDO, ADOLFO PÉREZ ABELLÁS Y MIGUEL A. ZABALZA BERAZA las prÁcticas de enseÑanza realizadas/obserVadas de los «meJores... Facultad de Educación. UNED Educación XX1. 16.2, 2013, pp. 265-296 rEFErEnCias bibLioGrÁFiCas Altet, M. (1994). La formation professionelle des enseignants. Analyse des practiques et situations pédagogoques. París: PUF. Altet, M. (2002). Une démarche de recherche sur la pratique enseignante: l»analyse plurielle. Revue Française de Pédagogie, 138, 85-93. Álvarez Rojo, V.; García Jiménez, E. y Gil Flores, J. (1999a). La calidad de la enseñanza universitaria desde la perspectiva de los profesores mejor valorados por los alumnos. Revista de Educación, 319, 273 - 290. Álvarez Rojo, V.; García Jiménez, E. y Gil Flores, J. (1999b). Profundizando la calidad de la enseñanza: aportaciones de los profesores mejor evaluados de la Universidad de Sevilla. Sevilla: Universidad de Sevilla. Secretariado de Publicaciones. Álvarez, V (Dir.) (1999). Profundizando en la calidad de la enseñanza: aportaciones de los profesores mejor evaluados de la Universidad de Sevilla. Sevilla: Instituto de Ciencias de la Educación. Álvarez, V. (Dir.) (2000). Propuestas del profesorado bien evaluado para potenciar el aprendizaje de los estudiantes. Sevilla: Instituto de Ciencias de la Educación. Araujo, U. F. y Santre, G. (2008). El aprendizaje basado en problemas. Una nueva perspectiva de la enseñanza en la Universidad. Barcelona: Gedisa. Aton, P. (2010). The best practices of highly-rated college teachers. Educational Measurement and Evaluation Revie, 1, 24-47. Baeriswyl, F. (2008). New Choregraphies of Teaching in Higher Education, en Farqueta, F.; Fernández, A. y Maiques, J. M. (Edits.), Actas del V Congreso Iberoamericano de Docencia Universitaria. Valencia: Universidad Politécnica de Valencia. [CD-ROM]. Bain, K. (2006). Lo que hacen los mejores profesores universitarios. Valencia: Universidad de Valencia. Barberà, E. (2005). La evaluación de competencias complejas: la práctica del portafolio. Educere. Revista Venezolana de Educación, 9 (31), 497-503. Barr, R. y Tagg, J. (1995). From Teaching to Learning: a new paradigm for undergraduate education. Change. November-December, 13-25. Baum, C. y Baum, D. (1996). A national scheme to develop and accredit university teachers. the International Journal for Academic Development, 1, 51–58. Bautista, G.; Borges, F. y Forés, A. (2008). Didáctica Universitaria en entornos virtuales. Madrid: Narcea Beijaard, D.; Meijer, P. y Verloop, N. (2004). Reconsidering research on teachers» professional identity. teaching and teacher Education, 20, 107–128. Belkin, N. J.; Brooks, H. M. (1988). Knowledge elicitation using discourse analysis, in B. Gaines & J. Boose (Eds.) Knowledge based systems, Academic Press Limited, 1, 107-124. Benedito, V. (1989). La evaluación del profesor universitario. Revista de Educación, 290, 279-291. Biggs, J. (2005). Calidad del aprendizaje universitario. Madrid: Narcea. Branda, L.; Fonts, A.; Martín, V.; Acarín, L.; González, B.; Castellano, B.; Martí, E.; Tort, G.; Aradilla, A.; Consùl, M. y Torrents, M. (2009). L»aprenentatge basat en problemes. Cendanyola del Vallès: Universidad Autónoma de Barcelona.