El pergamino como aliado en la conservación. Las encuadernaciones del fondo del colegio de Santa María de Jesús de Sevilla (S.XVI-XVIII)
Abstract
El fondo del Colegio de Santa María de Jesús de Sevilla, es una fuente muy útil de información para la historia de la encuadernación. Sus volúmenes, datados entre el siglo XVI y XIX, permiten examinar la evolución de diferentes tipologías de cubiertas en pergamino flexible. Por otro lado, desde el punto de vista de la conservación, demuestran la idoneidad del material utilizado
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2019 EVENTOS II JORNADAS DE GESTIÓN DEL PATRIMONIO BIBLIOGRÁFICO
EL PERGAMINO COMO ALIADO EN LA CONSERVACIÓN. LAS ENCUADERNACIONES DEL FONDO DEL COLEGIO DE SANTA MARÍA DE JESÚS DE SEVILLA (S.XVI-XVIII) Yolanda Abad Méndez II Jornadas de Gestión de Patrimonio Bibliográfico Santiago de Compostela, 6 y 7 de junio de 2019 Esta obra está sujeta a la licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional (CC BY-NC-SA 4.0)
II Jornadas de Gestión de Patrimonio Bibliográfico Santiago de Compostela, 6 y 7 de junio de 2019 2 EL PERGAMINO COMO ALIADO EN LA CONSERVACIÓN. LAS ENCUADERNACIONES DEL FONDO DEL COLEGIO DE SANTA MARÍA DE JESÚS DE SEVILLA (S.XVI-XVIII) PARCHMENT AS AN ALLY IN CONSERVATION. SEVILLIAN SAINT MARY OF JESUS SCHOOL’S BINDINGS COLLECTION (S.XVI-XVIII) YOLANDA ABAD MÉNDEZ1 Biblioteca de la Universidad de Sevilla Resumen: El fondo del Colegio de Santa María de Jesús de Sevilla, es una fuente muy útil de información para la historia de la encuadernación. Sus volúmenes, datados entre el siglo XVI y XIX, permiten examinar la evolución de diferentes tipologías de cubiertas en pergamino flexible. Por otro lado, desde el punto de vista de la conservación, demuestran la idoneidad del material utilizado. Palabras clave: Encuadernación, pergamino, archivo Abstract: Sevillian Saint Mary of Jesus school’s collection is a very useful source of information for the history of binding. Its volumes, dated between the sixteenth and nineteenth centuries, allow us to examine the evolution of the different types of limp parchment binding. On the other hand, from the point of view of the conservation, they demonstrate the suitability of the material used. Keywords: Binding, parchment, archive Por Plinio conocemos la leyenda, según la cual, Ptolomeo V, rey de Egipto, prohíbe la venta de papiro para así frenar el aumento de la Biblioteca de Pérgamo. Si hubiera sido cierto, habría sido el responsable directo de la entrada en escena de un nuevo soporte, el pergamino. En realidad, los orígenes del mismo se remontan a mucho antes. El documento más antiguo conservado procede de Dura Europos y está datado en el siglo II a.C. No tuvo que ser el 1 [email protected]
II Jornadas de Gestión de Patrimonio Bibliográfico Santiago de Compostela, 6 y 7 de junio de 2019 3 primero ya que el uso de pieles como soporte de escritura se remonta al tercer milenio a.C2. Lo que consiguieron los artesanos de Eumenes II fue la perfección del producto ya conocido, dándole las cualidades óptimas para su uso en libros y documentos. La solidez de las hojas de pergamino, junto a otras propiedades, impusieron su hegemonía en Occidente como soporte documental hasta la aparición de la imprenta3. Pero muy pronto también se descubre su idoneidad como material para las cubiertas de los libros. Hay encuadernaciones en pergamino ya desde el siglo VIII4. Aunque es muy probable que su uso sea anterior y que naciera en ámbito archivístico, ya que proporcionaban un grado de apertura y flexibilidad muy adecuado para los libros de uso administrativo. Se trataba de encuadernaciones resistentes y relativamente fáciles de elaborar. Con la llegada de la imprenta y el aumento descomunal de la producción y comercio de libros, aflora la necesidad de encontrar soluciones económicas y resistentes. Esto hace que los encuadernadores vuelvan la vista a las técnicas empleadas desde antiguo para conservar las colecciones documentales5 y las trasladen a los libros impresos. Pero, aunque la presencia de encuadernaciones en pergamino en los fondos bibliotecarios es muy alta, donde realmente se hace presente su hegemonía es en las estanterías de todo tipo de archivos históricos. En este sentido, el universitario de Sevilla no iba a ser una excepción. La mayor parte de la documentación encuadernada presenta cubiertas en pergamino de diferentes tipologías y dataciones como se puede apreciar al pasear por sus calles. En la primera de las mismas, se sitúa el objeto de este estudio, el fondo del Colegio de Santa María de Jesús, más conocido como fondo del Seminario. En sus 343 libros y legajos se encuentra información de interés para el conocimiento de la historia del colegio creado por Maese Rodrigo Fernández de Santaella y por ende de los orígenes de la Universidad de Sevilla. Sin entrar en 2 P.Puig Ustrell. Los pergaminos: qué son y cómo se tratan. Gijón, 2008, p.18 3 La aparición del papel no supuso el abandono del pergamino como soporte documental, sino que ambos conviven sin problema. Será la imprenta la que lo relegue a usos minoritarios. 4 J.A. Szirmai, The archaeology of medieval bookbinding. Aldershot, 2000, p.292 5 N. Pickwoad. “Libros para leer. Encuadernaciones comerciales en pergamino y papel en la época de la imprenta manual” Grandes encuadernaciones en las Bibliotecas Reales. Siglos XV-XXI. Madrid: Patrimonio Nacional, 2012, p.96
II Jornadas de Gestión de Patrimonio Bibliográfico Santiago de Compostela, 6 y 7 de junio de 2019 4 disquisiciones sobre la fecha en que se puede considerar que inician los estudios universitarios en Sevilla y la extraña relación que se establece entre Colegio y Universidad6, se puede afirmar con certeza que el año 1518 marca el inicio de las actividades académicas7. Desde ese mismo instante se comienza a generar documentación que llegará hasta 1836, momento en que desaparece el Colegio de Santa María de Jesús. Once años después ocupará su sede el Seminario conciliar8. De ahí el nombre con el que actualmente se conoce al fondo. Conviene recordar que cuando Universidad y Colegio se separan en 1771, la primera se queda no sólo con la documentación del funcionamiento académico y orgánico generada durante el periodo que comparten, sino también los primeros documentos referentes a Maese Rodrigo y su fundación9. De cualquier forma, el resto de la documentación del Colegio pasa a formar parte del Archivo Histórico Universitario en 1969 tras la compra que de la misma llevó a cabo la Universidad hispalense10. Se trata de un conjunto de sumo interés cuyas encuadernaciones comparten el material con que fueron realizadas, pergamino, pero con diferencias evidentes según el contenido que encierran y algo más sutiles dependiendo de la datación y el taller de procedencia. Ninguno de estos volúmenes habría despertado ningún tipo de interés hace unos años por lo que a su cubierta se refiere. Se trata de estructuras eficientes, fuertes y a la vez flexibles, sin ninguna concesión a la belleza, excepto algún detalle minúsculo. Se observan claramente tres grupos de libros que se distinguen por su contenido y por la tipología de encuadernación predominante en el mismo. El primer grupo lo forman los volúmenes comprendidos entre las signaturas Sº 1 al 57. Contienen los expedientes de pruebas de legitimidad y limpieza de sangre de colegiales y familiares, desde 1518 hasta 1831. A pesar de las disposiciones de su fundador en las primeras Constituciones del Colegio11, para conseguir una 6 Para la historia de la Universidad de Sevilla remito a las obras de J. A. Ollero Pina La universidad de Sevilla en los siglos XVI y XVII. Sevilla, 1993 y F. Aguilar Piñal, Historia de la Universidad de Sevilla. Sevilla, 1991 7 J.A. Ollero Pina, ob.cit., p.47 8 F. Aguilar Piñal, ob.cit., pp. 134-135 9 J. Ysasi- Ysasmendi y J. Herráez Sánchez de Escariche, Guía del Archivo Histórico Universitario. Sevilla, 1993, p.8 10 E. Peñalver Gómez, V. Távora Palazón, “El archivo histórico de la Universidad de Sevilla”, Boletín de la Anabad 58/1 (2008), p.258 11 J.A. Ollero Pina, ob.cit., p.61
II Jornadas de Gestión de Patrimonio Bibliográfico Santiago de Compostela, 6 y 7 de junio de 2019 5 beca hacía falta demostrar la limpieza de sangre. El mismo trámite se exigía para el personal que trabajaba entre sus muros. Todos estos expedientes de diferente longitud y medidas, se iban acumulando año tras año surgiendo la necesidad de conservarlos de forma adecuada. Para ello se fueron encuadernando cada cierto número de años, pudiéndose datar la encuadernación probablemente poco después de la fecha del último expediente contenido en cada libro. Junto a dichos libros habrá de tenerse en cuenta el seminario 58 y el seminario 59 y su anexo con diferente información sobre colegiales y rectores desde 1517. A simple vista hay una gran similitud en todo el conjunto. Se trata de encuadernaciones en pergamino flexible en las que los cabos de los nervios y de los núcleos de las cabezadas, normalmente en piel curtida al alumbre, constituían el elemento de unión entre cubierta y texto12. Cubiertas anudadas13 o enlazadas14, encuadernaciones en pergamino flexible15, o simplemente encuadernaciones en pergamino16, son los diferentes términos con los que se describen los libros que presentan esta tipología de cubierta. Sólo en tres ocasiones se hace uso de cartón en las tapas; en este caso se trataría de encuadernaciones en pergamino semiflexible. Es el caso de los libros con signatura Sº46, 47 y 58. Se detectan muchas características en común. En primer lugar, el material elegido para la realización de la cubierta, un pergamino recio, grueso, oscuro en gran parte de los casos. Se escoge el lado del pelo, el más resistente, como lado externo de la cubierta. Eran libros pesados de dimensiones considerables. La aparente fragilidad de la estructura de encuadernación escogida se compensa ampliamente con las características del material utilizado. Las tapas se alargan y pliegan sobre el corte delantero bajando en forma de pequeñas solapas o cejas enfrentadas de diferentes medidas. 12 Los extremos de nervios y núcleos de las cabezadas salen a través de la bisagra, recorren una pequeña distancia sobre la tapa, vuelven a penetrar a través de otro orificio practicado a pocos milímetros de distancia sobre la cara externa de la cubierta, fijándose finalmente sobre la contratapa interior. El recorrido que la piel de alumbre recorre sobre la cubierta puede tener diferentes trayectorias: horizontal, oblicuo, ascendente, descendente, en forma de “v”, mixto. 13 N. Pickwoad, ob.cit., pp.107-116 14 J.Tacón Clavaín, Soportes y técnicas documentales. Causas de su deterioro. Madrid, 2011, p.41 15 Se trata de una traducción del término inglés limp parchment binding 16 Terminología muy común en los catálogos que poco o nada describe.
II Jornadas de Gestión de Patrimonio Bibliográfico Santiago de Compostela, 6 y 7 de junio de 2019 6 El material elegido para los nervios, núcleos de cabezadas y cierres es en la mayor parte de los casos la piel curtida al alumbre17. Se trata de un curtido mineral con el que se obtiene unas pieles de color blanquecino, muy resistentes y con excelentes cualidades desde el punto de vista de la conservación. El uso de este curtiente se remonta a los romanos y es posible que ya se conociera antes18. Tratándose del mismo tipo de material documental la elección de la estructura de cosido es homogénea. Cada expediente se cose de forma independiente con un cosido en plano. Posteriormente se unen los documentos elegidos con cosido sobre dos o tres nervios. Se utiliza hilo de algodón de diferentes tonos: natural, marrón, rojizo, anaranjado, azul, verdoso, … Las cabezadas, cuando las hay, son primarias, con múltiples enlaces a los cuadernillos. Se deduce interés por parte del artesano en que fueran fuertes y de calidad19. Figura 1. Seminario 10 Dos volúmenes se desmarcan del resto en cuanto al tipo de cosido se refiere. Se trata de los libros que custodian los expedientes generados entre 1692 y 17 Las excepciones las encontramos en los volúmenes Sº 2 y 3 con nervios de cuero, en el seminario 42 con nervios de cuerda, en el 46 y 47 con nervios planos de pergamino y piel de alumbre y en el 44, 46, 47 y 57 con lazos textiles. 18 M.D. Diaz de Miranda, “Encuadernaciones en cartera bajomedievales salidas de las manos de encuadernadores judíos. Estudio y evolución”, Doce siglos de materialidad del libro. Estudios sobre manuscritos e impresos entre los siglos VIII-XIX. Zaragoza, 2017, p.85 19 Con la llegada de la imprenta y el aumento espectacular de los pedidos, los encuadernadores empiezan a intentar ahorrar tiempo en las diferentes etapas de la construcción de una cubierta. Uno de los elementos que se vio afectado fueron las cabezadas, reduciendo enlaces a los cuadernillos. Es por eso que en los casos donde se siguen realizando las cabezadas a la manera tradicional, se puede deducir el interés en conseguir un producto de calidad a costa de restar beneficios económicos.
II Jornadas de Gestión de Patrimonio Bibliográfico Santiago de Compostela, 6 y 7 de junio de 2019 7 169720. Utilizan un tipo de cosido de archivo, de “puntada larga”21 sobre refuerzos de cuero. Se aprecia una evolución en el uso de la inclusión de hojas de guardas. No aparecen hasta el seminario 18 que contiene documentación datada entre 1644 y 1651. En la mayor parte de los casos sólo incluyen contraguarda y de una a tres guardas. Se pueden contar excepcionalmente cuatro en el seminario 38 y el 51. Llama la atención el uso de tres y cuatro guardas volantes en libros funcionales como los que se han examinado. No deja de ser un elemento que encarece el producto22, reservado para los libros de mejor calidad dentro del mundo editorial. En ámbito archivístico tiene menos sentido, aunque no deja de ser una demostración de lo equivocados que estaban los que consideraban este tipo de cubiertas como productos humildes y de poco valor. En el extremo contrario se situarían los libros con sólo una contraguarda construida con papel reutilizado (impreso o manuscrito). Era una forma de ahorrar. Sólo un volumen con esta tipología, el seminario 37, pero es de suma utilidad. Utiliza dos portadas de libros impresos con la fecha de realización, 1748. El último de los expedientes que contiene el libro se data en 1746. Se confirma, por tanto, la hipótesis de que fueron encuadernados en años cercanos a la fecha del último expediente incluido. Los cierres son en su mayoría correíllas de piel de alumbre o lazos como ya se ha señalado. Sin embargo, existe otra tipología utilizada en este primer grupo que aparece en volúmenes con solapa23. Utilizan un cierre compuesto por baga trenzada y botón de piel enrollada. Similar a este tipo de cierre es el encontrado en el seminario 58, aunque utiliza nudo de cabeza de turco. Desde la primera encuadernación, se encuentra información relativa al contenido, datación y signatura topográfica24, escrita con tinta ferrogálica sobre 20 Seminario 24 y 25 21 Traducción del término inglés “long-stich” 22 N. Pickwoad, ob.cit. p. 105 y “Onward and downward: how binders coped with the printed press before 1800”, A millenium of the book: production, design & illustration in manuscript & print, 900-1900. Delaware, 1994, pp.74-75 23 Se trata de los Sº 24,25,27,28,29, 30 y 37 24 Se utiliza la abreviatura Lib. seguida del número de orden. El mismo no coincide con el actual hasta el seminario 40 gracias a la aparición del seminario39 bis. Vuelven a diferir a partir del seminario 49 en que comienzan los expedientes de familiares. En este caso se inicia de nuevo desde Lib.1
II Jornadas de Gestión de Patrimonio Bibliográfico Santiago de Compostela, 6 y 7 de junio de 2019 8 el lomo. En pocas ocasiones dicha información va acompañada de pequeños dibujos de flores, cruces o arabescos, con clara intencionalidad decorativa. Analizando todos los elementos expuestos se pueden trazar coincidencias entre volúmenes que posiblemente se mandaron a encuadernar juntos o al mismo taller en fechas cercanas. Algunos ejemplos de los más evidentes son: 5-6-7, 24- 25, 46-47, 53-54. El segundo grupo inicia en el seminario 60 llegando hasta el 322. Se suceden los libros con apuntes contables datados entre 1599 y 1835. Al cambio de contenido le acompaña la variación en la tipología de encuadernación. Los volúmenes se cubren con encuadernación de cartera en pergamino flexible. Se trata de una tapa suelta que se prepara con anterioridad, como en el caso de los volúmenes anteriormente descritos, pero donde el elemento que enlaza cubierta y cuerpo del libro es directamente la costura. Los cuadernos son cosidos directamente a la cubierta atravesando unos refuerzos de piel que aumentan la resistencia en la línea de orificios de entrada y salida del hilo. Es el tipo de libro habitual para apuntes administrativos. Se adquiría ya encuadernado, con el cuerpo del libro en blanco esperando recibir contenido. Los libros son de dimensiones más reducidas y es por ello que el pergamino es un poco más fino. De cualquier forma, sigue siendo bastante resistente. Utiliza el lado pelo como cara externa de la cubierta excepto en cinco casos, en el seminario 68, 93, 113, 240 y 24, datados entre 1637 y 1688. En estos tomos se prefirió mostrar el lado carne, consiguiendo una cubierta de tacto suave y mucho más clara. Lado carne hacia el exterior presenta también el Sº 61, aunque merece mención aparte. Es un libro con notas de gastos realizados entre 1627-29. Su cubierta fue realizada con una hoja de pergamino con texto manuscrito, algo muy común en la historia de la encuadernación. En muchos libros se observa que las tapas se presentan cortadas a ras, sin vueltas. De hecho, a veces ni siquiera muestran los bordes rectos sino las orillas Figura 2. Seminario 178