"El vampiro" de José Ángel Valente
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Mitos e Lendas | 75 “El vampiro” de José Ángel Valente AARÓN RODRÍGUEZ NO Facultade de Humanidades Universidade de Santiago de Compostela l relato de Valente, “El vampiro”, pertenece a un libro llamado El fin de la edad de plata publicado en 1973. Se compone de treinta y cinco textos distribuidos en tres capítulos: dieciséis en el primero, uno en el segundo y dieciocho en el tercero. El núcleo temático de la obra ha sido clasificado por Milagros Polo en tres apartados: el territorio del poder, el territorio del espacio sagrado y el territorio de la memoria. Para comenzar a abordar el texto es necesario hacer una breve introducción sobre el mito del vampiro a lo largo de la historia cultural y literaria. Un vampiro es una criatura que se alimenta de la esencia vital de otros seres vivos, normalmente de sangre, para así mantenerse activo. En algunas culturas orientales y americanas aborígenes, esta superstición es una deidad demoníaca o un dios menor que forma parte del panteón siniestro en sus mitologías. En la cultura europea y occidental, así como en la cultura global contemporánea, el prototipo de vampiro más popular es el de origen eslavo, es decir, el de un ser humano convertido después de morir en un cadáver activo o retornado depredador chupador de sangre. “Vampiro” es un vocablo que empezó a ser usado en Europa en el siglo XVIII. En la RAE fue incluido por primera vez en la novena edición de 1843. Tiene origen en el término “vampire” del inglés y francés, proveniente a su vez del término “vampir” en lenguas eslavas y del alemán, derivado del polaco “wampir” y este a su vez del eslavo arcaico “oper”, del cual existen raíces indoeuropeas paralelas en el turco y el persa. Significa a la vez: “ser volador”, “beber o chupar” y “lobo”. Por otra parte, hace también referencia a cierto tipo de murciélago hematófago. En cuanto al origen, es probable que el mito del vampiro en el folclore de muchas culturas desde tiempos inmemoriales provenga inicialmente de la necesidad de personificar la sombra, uno de los arquetipos primordiales en el inconsciente colectivo, según la conceptualización de Carl Gustav Jung, y que representa los instintos o impulsos humanos reprimidos más primitivos. Así, sería la encarnación del mal como entidad y una representación del lado más salvaje del hombre, latente en su sistema límbico y en conflicto permanente con las normas sociales y religiosas. Pero el mito tal como es conocido en nuestros días proviene de una compleja combinación de varias supersticiones, entre las que se incluyen las creencias sobre la sangre (a la que se atribuye el ser fuente de poder o vehículo del alma); el temor a la depredación, a la enfermedad y a la muerte (de la cual la expresión más palpable es el cadáver), así como fascinación temerosa por la inmortalidad y el instinto de supervivencia. Algunos estudiosos sugieren que el mito del vampiro, sobre todo el que se popularizó en Europa después del siglo XVII, se debe en parte a la necesidad de explicar, en un contexto de pánico colectivo, las epidemias causadas por enfermedades reales que asolaron Europa, antes de que la ciencia lograra explicarlas racionalmente. Algunas de estas enfermedades fueron la peste, la anemia, la rabia o la porfiria, conocida comúnmente como “la enfermedad de los vampiros”. Cabe añadir que existen personajes históricos relacionados de manera directa con el vampirismo, el más conocido es, sin duda, Vlad Draculea. También conocido como Vlad III o Vlad Tepes, es un noble héroe nacional rumano que en el siglo XV luchó contra E
76 | EVOHÉ la invasión de los otomanos y es famoso por la crueldad de sus métodos, en concreto por la técnica del empalamiento. Inspiró la novela Drácula de Bram Stoker, por lo cual es relacionado con el tema, aunque no existe ninguna evidencia histórica que bebiera sangre de sus víctimas. Existen otros personajes relacionados con el vampirismo como la condesa Elizabeth Bàthory, que mataba a doncellas vírgenes para beberse su sangre, o Gilles de Rais, un aristócrata que torturó a numerosos niños hasta ser capturado y ejecutado. La representación del vampiro en la época contemporánea es la adaptación del personaje Conde Drácula de la novela de Stoker publicada en 1897. Los vampiros fueron humanos, pero ahora están en un estado intermedio entre la vida y la muerte, de ahí que se les llame no-muertos, revinientes o redivivos. Esta naturaleza determina su aspecto físico: eran flacos, pálidos, con colmillos largos (aunque originalmente los dientes que tenían largos eran las paletas), en ocasiones se pueden trasformar en otros animales como en murciélagos, se alimentan primordialmente del fluido vital de sus víctimas, suelen ser de naturaleza demoníaca, no se reflejan en los espejos y “matarlos” era una tarea sumamente complicada (clavándoles una estaca en el corazón o haciendo que vean la luz del sol, entre otras maneras según la cultura en la que se adscriban). Centrándonos, ahora sí, en el texto de “El vampiro”, el tema principal es la conversión vampírica de un velador que se encuentra orando ante la presencia del difunto. Se trata de un cuento de terror iniciado con una introducción en primera persona del plural realizada por el narrador, para a continuación introducir al lector en la historia que se relata en tercera persona. El ambiente se podría decir que se trata de la postguerra, ya que “Los velatorios eran pan de cada día”, había numerosas muertes a diario que se podrían relacionar con esta época. Esta historia narra los sucesos ocurridos en un velatorio en el que el muerto es capaz de expresar su asco a través del vómito, y el único velador acaba por concertar su visión de lo que le rodea con la del muerto, convirtiéndose en un vampiro mediante el desengaño. La situación es tan fantástica como absurda en un personaje que se ve enfrentado a sus temores, a la muerte. El simbolismo se encuentra latente durante todo el fragmento. Por ejemplo, existe simbolismo en la lluvia como vemos en “Del cielo habían caído pesadamente sapos destripados” o “La lluvia caía aun espesa como lodo, llena de sapos reventados, de flácidas arañas celestes”, representada como un venirse abajo las miserias que el hombre había sublimado hacia el cielo, y que le hacen caer en la realidad. El calor y la lluvia son los dos motivos en los que más se persiste, “el calor era húmedo y gelatinoso”. Vlad Tepes, modelo de Drácula
Mitos e Lendas | 77 En el texto nos encontramos con numerosos recursos literarios como por ejemplo alguna aliteración, al llover “caían pesadamente sapos destripados”, se incide en el sonido “p” para señalar la pesadez con la que caía el agua. También en “rígido rostro una rara libertad” vemos como incide el autor en el sonido “r” para recalcar la tensión. Inclusive, se encuentran en el texto varios paralelismos como “mejor era velar”-“mejor era cabecear” o “pensó que los dientes”-“pensó que la mosca”, que insisten en la percepción del acontecimiento. Podemos encontrar algún hipérbaton ligero como “pobre era el difunto”, donde el autor pretende reflejar el rasgo de miseria por delante del propio difunto, ya que el orden lógico sería “el difunto era pobre”. En “el vampiro”, el símil puede llegar casi a la identificación como se observa en “La lluvia caía como mazazos, como llena de limo”. El magistral uso del lenguaje es capaz de transportarnos a otra realidad donde “olía a tiempo estancado y corrupto”. En el texto abundan sobre todo los sustantivos, pero el autor hace un uso excepcional de los adjetivos que dotan de mucha acción al texto, por ejemplo “muerto frenético”, “sapos destripados” o “infinita succión”. En cuanto al ambiente, se caracteriza gracias a la repetición de circunstancias sensoriales como “los dientes del muerto podían castañetear del frío” o “líquido viscoso, negro e invisible”. Como conclusión, el personaje principal tiene que aceptar su nueva condición y comulga bebiendo del lodo ensangrentado: “Sintió una inagotable sed. Bebió de bruces el lodo ensangrentado. Luego, en un sopor parecido a la muerte, comprendió que ya no podría morir.” José Ángel Valente y Claudio Rodríguez Fer.