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Psicología jurídica : familia y victimología

VVAA; Sociedad Española de Psicología Jurídica y Forense

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PSICOLOGÍA JURÍDICA FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA Francisco Javier Rodríguez, Carolina Bringas, Francisca Fariña, Ramón Arce y Ana Bernardo (Eds.) COLECCIÓN PSICOLOGÍA Y LEY Nº 6 SOCIEDAD ESPAÑOLA DE PSICOLOGÍA JURÍDICA Y FORENSE © 2008 Ediciones de la Universidad de Oviedo © Los autores I.S.B.N.: 978-84-8317-706-8 (Obra completa) I.S.B.N.: 978-84-8317-708-2 (Tomo 6) D.L.: AS-1696-2008 Imprime: Gráficas Covadonga Este manual ha sido financiado por la Consellería de Educación e Ordenación Universitaria, Dirección Xeral de Promoción Científica e Tecnolóxica do SUG, por FEDER (Fondos Europeos de Desarrollo Regional) y el Vicerrectorado de Investigación de la Universidad de Oviedo. ÍNDICE Presentación .................................................................................................................... 9 La primera singladura de la Psicología Jurídica en España ....................................... 11 Francisco Tortosa, Cristina Civera, Francisca Fariña, Elisa Alfaro FAMILIA E INTERVENCIÓN FORENSE EN JUZGADOS DE FAMILIA Socialización familiar en adolescentes en riesgo: La familia de ayer y de hoy ........ 41 María de la Villa Moral Jiménez Percepción del estilo educativo parental y su influencia en la actitud social de los menores entre 12 y 14 años ................................................................................ 51 Leticia Calle Bolivar, Aitana Iborra Hernández, Sebastián Corrales González Trastornos de personalidad y capacidad parental. Estudio descriptivo.................... 61 Raquél Domínguez Segura SAP y maltrato ................................................................................................................. 69 Mª Asunción Tejedor Huerta Motivaciones que subyacen al progenitor que aliena ................................................. 77 Mª Teresa Junco López Sintomatología presente en los menores implicados en el síndrome de alienación parental .......................................................................................................... 81 Mercè Cartié Julià, Ramón Casany Mora, Raquél Domínguez Segura, Mercè Gamero Pérez, Cristina García Pujadas, Mati González Jiménez Síndrome de Alienación Parental: Abordaje de un caso desde el juzgado de Familia de Oviedo (Asturias)...................................................................................... 87 Mª Teresa Junco López El Síndrome de Alienación Parental en los procesos de separación de la pareja. La situación actual en México........................................................................................ 91 María Cristina Pérez Agüero, Marlen Nicolette Zermeño León El tratamiento del Síndrome de Alienación Parental (SAP) en la red ......................... 97 Conxita Cartil Ferrer, Nuria Vázquez Orellana, Mª del Pilar Bonasa Jiménez, Mª Carmen Espada Sánchez, Vanessa Punset Decoppet, María Checa Casado, Pilar Adán Chavarría, Judit López Novella Criterios de decisión para las recomendaciones de guarda y custodia de los niños ................................................................................................... 105 Mila Arch Marín, Adolfo Jarne Esparcia, Asunción Molina Bartumeus Características psicológicas y sociales de los progenitores en procedimientos de custodia disputada..................................................................................................... 115 Mónica Rincón Acereda, Lourdes Marrero Castellano Custodia compartida: Solicitudes de esta modalidad de custodia en procedimientos amistosos y contenciosos, desde la entrada en vigor de la nueva ley de divorcio (15/05)................................................................................. 123 Mª José Catalán, Mª Begoña García, Carmen Alemán, Pilar Andréu, Antonio Esquiva, Mª Dolores García, Catalina Marín, Ana Mª Matás, Concepción Soler El asesoramiento psicosocial en las reclamaciones judiciales de régimen de visitas entre abuelos y nietos ............................................................... 131 Eva Sala Berga, Susanna Fernández Planas, Antonia Montaner Gorgoll, Cristina Paus Pujol MENOR Socialización de los adolescentes palestinos sin responsabilidad penal ................. 137 Sofián EL-ASTAL 5 La conducta inadaptada y la utilización de medios de comunicación por adolescentes............................................................................................................. 149 Carolina Bringas Molleda, Fco. Javier Rodríguez Díaz, Fco. Javier Herrero Díez Análisis diferencial del uso de medios electrónicos por adolescentes y comportamientos de conflictividad normativa.......................................................... 159 Carolina Bringas Molleda, Fco. Javier Rodríguez Díaz, Fco. Javier Herrero Díez Medios de comunicación y adolescentes: Efectos sobre el comportamiento antisocial violento directo e indirecto ........................................................................... 167 Miguel Clemente Díaz, Pablo Espinosa Breen Temática audiovisual y adolescencia: Evaluación y análisis psicosocial diferencial................................................................ 177 Carolina Bringas Molleda, Fco. Javier Rodríguez Díaz, Fco. Javier Herrero Díez, Ana Bernardo Gutiérrez El efecto mediador del desarrollo moral en la relación entre actividades de ocio y la conducta antisocial..................................................................................... 185 Pablo Espinosa Breen, Miguel Clemente Díaz Competencia social en menores en riesgo de desviación social y familiar.............. 193 Mercedes Novo, Dolores Seijo, Manuel Vilariño Conducta antisocial menores inmersos en procesos de separación o divorcio...... 199 Mercedes Novo, Francisca Fariña, Ramón Arce Efecto del entrenamiento en habilidades socio-cognitivas en la adaptación social de menores .......................................................................................................... 205 Dolores Seijo, Angel Egido, Mª José Vázquez Relación entre el estilo atribucional y el nivel de adaptación en menores................ 211 Dolores Seijo, Angel Egido, Mercedes Novo VÍCTIMAS Y VIOLENCIA Una aproximación al estudio de las actitudes sexistas en novios adolescentes..... 219 Luis Rodríguez Franco, Mª Ángeles Antuña Bellerín, Javier López-Cepero Borrego, Fco. Javier Rodríguez Díaz, Fco. Javier Herrero, Carolina Bringas Molleda Aproximación al estudio de las características de personalidad en víctimas adolescentes durante sus relaciones de noviazgo...................................................... 229 Luis Rodríguez Franco, Mª Ángeles Antuña Bellerín, Javier López-Cepero Borrego, Fco. Javier Rodríguez Díaz, Fco. Javier Herrero, Carolina Bringas Molleda Análisis funcional de la violencia de género y relación con la Ley Orgánica 1/2004 de protección integral contra la violencia de género desde el marco de la evaluación y el tratamiento psicológico .............................................................. 237 María F. Antolín Hevia, Juan Carlos Gutiérrez Pérez, Mª Filomena Rodríguez Lamelas Nuevas consideraciones de las víctimas de maltrato ................................................. 247 Belén Ordóñez La asistencia psicológica de urgencia a víctimas del delito....................................... 251 Mª José Rodríguez de Armenta, Juana Azcárate seminario, Josean Echauri Tijeras, María Martínez Sarasa La valoración de urgencia de la peligrosidad en la que se encuentra la víctima ..... 257 Mª José Rodríguez de Armenta, Juana Azcárate seminario, Josean Echauri Tijeras, María Martínez Sarasa Percepción social de víctimas y maltratadores desde la perspectiva del poder de género ........................................................................................................ 263 Mª Carmen Herrera Enríquez, Francisca Expósito Jiménez Atribución de responsabilidad y minimización en hombres penados por violencia contra la mujer: Un instrumento de evaluación .................................... 271 Marisol Lila, Juan Herrero y Enrique Gracia PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 6 Los programas terapéuticos con mujeres maltratadas .............................................. 281 Mª José Rodríguez de Armenta, Juana Azcárate seminario, Josean Echauri Tijeras, María Martínez Sarasa Relatos de violencia conyugal: Estudio comparativo entre mujeres que abandonan y no abandonan el hogar ................................................................................................ 291 Ana Sacau, Tânia Carvalho Los programas de terapia individual y de grupo con agresores en el ámbito familiar........................................................................................................ 301 Mª José Rodríguez de Armenta, Juana Azcárate seminario, Josean Echauri Tijeras, María Martínez Sarasa La victimización sexual: Nuevas aportaciones en el entorno forense....................... 309 Miguel Ángel Soria Verde Efectos de la resistencia de la víctima en delitos de agresión sexual sobre la atribución de la culpabilidad............................................................................ 315 Miguel Ángel Soria Verde, Inma Armadans Tremolosa, Rosa Viñas Racionero, Milagros Saiz Roca, Dolores Saiz Roca Intervenciones clínicas y psicosociales a víctimas: Trabajo realizado en la facultad de Psicología UADY, México ........................................................................... 323 Reyna Faride Peña Castillo, Lorena Gamboa Ancona Taller de prevención de la violencia de género ............................................................ 331 Diletta Rossi Daños secundarios en menores víctimas de un delito................................................ 339 Francisca Fariña, Ramón Arce, María Silvia Oyhamburu Clasificación y análisis de las estrategias de abuso psicológico en diferentes ámbitos ..................................................................................................... 347 Álvaro Rodríguez- Carballeira, Jordi Escartín, Clara Porrúa, Javier Martín-Peña, Carmen Almendros, Federico Javaloy, Neus Roca Evaluación del discurso legitimador del terrorismo: Aproximación a una escala de medida ......................................................................... 357 Laila Mohamed Mohand, Nadia Mohamed Mustafa, Dolores Seijo Martínez La violación de los derechos humanos más antigua del mundo: La prostitución.... 363 Inmaculada Valor Segura, Francisca Expósito Jiménez Relación violencia-consumo de drogas: La educación como valor........................... 373 Nadia Mª García Alas, Cristina Parajón Álvarez, Eduardo Gutiérrez Cienfuegos, Beatriz Pérez Sánchez Prevención de actitudes violentas a través de la “Educación para la ciudadanía”.. 379 Nadia Mohamed Mustafa, Laila Mohamed Mohand, Dolores Seijo Martínez FORMACIÓN, INVESTIGACIÓN Y EVALUACIÓN FORENSE Algunas reflexiones en torno a la Psicología Jurídica................................................. 387 Miguel Clemente Estudio de la oferta formativa especializada en psicología jurídica y forense a nivel estatal publicitada en Internet ....................................................................................... 405 Asunción Molina Bartumeus, Conchita Cartil Ferré, Mercé Farrés Iglesias, Anna Carmona Algueró, Nuria Vázquez Orellana, Carme Espada Sánchez, Andreu Antolín Llauradó, Mila Arch Marín, Emilia Franquesa Ventura Estudio piloto de los conocimientos de ética en psicología forense de los estudiantes de Psicología ................................................................................... 409 Asunción Molina Bartumeus, Mila Arch Marín, Adolfo Jarne Esparcia Análisis socio-histórico de la emergencia del discurso del abuso sexual en las sociedades contemporáneas......................................................................................... 421 Agustín Malón Marco PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 7 La percepción del delito de violencia doméstica de los profesionales de la justicia juvenil ........................................................................................................ 427 Francisco Romero Blasco, Anna Melero Merino, Carme Cánovas Amenós, Montserrat Antolín Martínez Estudio del Burnout en una muestra de policías ......................................................... 433 Ramón Arce, Juan Alonso, Mercedes Novo Personalidad y delincuencia: Un estudio a través del inventario Jesnessrevisado................................................. 445 Mónica Antequera Fariña, Antonio Andrés Pueyo Cometarios a la aplicación y análisis de la “Escala de gravedad de síntomas del Trastorno de estrés post-traumático (TEPT)” - de Echeburúa, Corral, Amor, Zubizarreta, y Sarasúa (1997)- en el ámbito de las periciales psicológicas en violencia de género.................................................................................................... 451 Maxim Winberg Nodal Adaptación y validación al castellano de la evaluación forense de Miller del test de síntomas (M-FAST) ....................................................................................... 461 Flor Zaldívar Basurto, José M. García Montes, Francisca López Ríos, Antonio Molina, Encarna Santiago Adaptación y validación al castellano de la entrevista estructurada de síntomas informados –SIRS-..................................................................................... 469 Flor Zaldívar Basurto, José M. García Montes, Encarna Santiago, Antonio Molina, Francisca López Ríos PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 8 PRESENTACIÓN El libro, que se pone en manos de los lectores, puede entenderse como un intento por ofrecer un marco actual de la actividad profesional del psicólogo jurídico, con la aportación de diferentes investigaciones de muchos y diversos profesionales. Se pretende, a su vez, dar continuidad con nuevos estudios y enfoques, que darán lugar a su vez a una amplitud de conocimientos, a la serie de publicaciones de las Sociedad Española de Psicología Jurídica y Forense (SEPJF). Es, en esos manuales, donde la SEPJF pone un especial énfasis para que de las muy diversas contribuciones académicas se deriven y divulguen aplicaciones a nuestra realidad social, fortaleciendo y consolidando la Psicología Jurídica, y ofreciendo, al mismo tiempo, alternativas de actuación a las administraciones de justicia. En este marco, el volumen de Familia y Victimología tiene por objeto la temática referida a la violencia y sus consecuencias, dividido en cuatro bloques: “Familia e Intervención Forense en Juzgados de Familia”, donde se muestran las características del ámbito familiar y su repercusión en los menores, haciendo especial incidencia en el fenómeno del síndrome de alienación parental (SAP), así como también en la intervención dentro del ámbito forense de los conflictos familiares; “Menor”, en el que niños y adolescentes cobran protagonismo, ocupándose de la adquisición de conductas prosociales o, por el contrario, inadaptadas, según su proceso socializador; “Víctimas y Violencia” donde se aborda la situación de las víctimas, tanto de la violencia de género hacia la mujer como de otros contextos relacionados con el menor; y “Formación, Investigación y Evaluación Forense”, que se refiere a estudios dedicados a cuestiones de ámbito forense, primando la valoración de instrumentos de evaluación. El deseo de los autores, en este marco, no puede ser otro que, los conocimientos y los estudios que presentamos, sirvan de referencia para conocimientos y futuros estudios, así como para estimular la trasferencia del conocimiento a la actividad profesional de la psicología jurídica y forense. Además, como no puede ser de otra manera, los editores de este libro queremos mostrar nuestro agradecimiento a todas aquellas personas que han contribuido con sus aportaciones académicas y científicas, esperando que ello sea estímulo tanto para la divulgación de su actividad como para la formación de futuros profesionales. Para finalizar, queremos agradecer a todos los autores su trabajo y la generosa aceptación de las sugerencias de los editores, siendo ello, sin lugar a dudas, lo que ha favorecido el éxito de esta obra que llega a la mano de nuestros lectores. Para todos ellos, nuestro agradecimiento más sincero. Los Editores. Oviedo 20 de febrero de 2008 PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 9 LA PRIMERA SINGLADURA DE LA PSICOLOGÍA JURÍDICA EN ESPAÑA Francisco Tortosa, Cristina Civera*, Francisca Fariña**, Elisa Alfaro* Cátedra de prevención de riesgos en los comportamientos Viales Mutua Madrileña- UVEG *Universidad de Valencia. **Dpto AIPSE. Universidad de Vigo. 1.Introducción La Psicología Jurídica1española no es una disciplina más al servicio del derecho (disciplina auxiliar); de hecho construye conocimiento y tiene entidad en, y por sí, misma. Ha abierto el siglo XXI con una serie de rasgos propios que definen una compleja realidad..., por cierto no exenta, como veremos, de retos, pero también de peligros. Su horizonte actual, enormemente prometedor, la muestra, como un ámbito sub-disciplinar (académico, profesional e institucional) cada vez menos emergente y SI más consolidado, como muestran las siguientes notas: 1. Aparece explícita en los curricula universitarios. Es materia de grado y postgrado (Alfaro, Real, Tortosa y Jölluskin, 2004). 2. El número de “contribuyentes” y “contribuciones” se ha venido incrementando con los años, un fenómeno claramente reflejado en los datos de la base de datos Psicodoc (Tortosa, 2004) 3. Recibe un tratamiento diferenciado en la investigación. En un destacable intento por delimitar las grandes líneas de investigación en la Psicología española durante la década 1989- 1998, aparece explícita en el área de “Psicología Básica” (Igoa, 2002), y de “Psicología Social” (Blanco y de la Corte, 2002), como también aparecía ya en el monográfico dedicado a la “Psicología Aplicada en Europa” al analizar los perfiles históricos de la profesión de psicólogo en España (Tortosa, Quintanilla, Civera y Díaz, 1993), o en el monográfico (Prieto y Yela, 1994) sobre “Psicología Aplicada en España” (Garrido, 1994), o en la revisión de la psicología española publicada en el Annual Review of Psychology (Prieto, Fernández-Ballesteros y Carpintero, 1994). 4. Recibe también un tratamiento no menos diferenciado en el ámbito profesional, donde define un campo de acción profesional perfilado (COP, 1998), con autonomía y reconocimiento dentro de la estructura del Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos. Muestra una cuota de mercado laboral en claro avance, que la ha ido convirtiendo en una destacada fuente de empleo para colegiadas y colegiados (ver Hernández-Gordillo, 1982; Díaz y Quintanilla, 1992; Santolaya, Berduyas y Fernández-Hermida, 2002), aún con una delimitación insuficiente del rol profesional. 5. Es un ámbito en el que se escribe mucho y en un número creciente de revistas, aunque poco especializadas en general, algo que comenzó a paliar el Colegio (1991, Anuario de Psicología Jurídica) y ahora la Asociación Española de Psicología Jurídica…. 6. Tiene sub-áreas diferenciadas con tradiciones propias, aún sin un reconocimiento legal explícito de alguna de esas especialidades. 7. Muestra una importante proyección internacional (especialmente en nuestros propios mercados lingüísticos), aunque algo falta de vertebración y conexión con otras comunidades psicológicas, incluso las más próximas 8. Es plural, teórica y metodológicamente, sin un núcleo duro fuerte transversal y con un cierto autismo entre aquellas especialidades, o entre “practicantes” y/o “investigadores de diferentes áreas de conocimiento y/o ámbitos de especialización profesional. 9. Defiende y demanda una interdisciplinariedad no siempre correspondida en términos de igualdad desde otros roles. Estas son notas de nuestro presente más inmediato; un presente que se ha configurado no sin esfuerzo, por lo que antes de apuntar hacia dónde parece que vamos, vamos a re- PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 11 Su huella se dejó sentir en el mundo del derecho (Francisco Giner de los Ríos, Adolfo Posada, Aniceto Sela, Alfredo Calderón). En el ámbito jurídico, defendieron expresamente el ideal de la educación como medio de rehabilitación de aquellos que se han desviado socialmente. Así, apuestan abiertamente por el correccionalismo reeducador, la filosofía a la que se atienen, en la actualidad, todos los códigos penales occidentales. De hecho, sus dos grandes proponentes, Giner de los Ríos y Luis Simarro se volvería hacia la psicología empujados por su preocupación educativa, su orientación antropológica y sus intereses profesionales. El primero, jurista y teórico de la sociedad, desde una consideración radicalmente social del ser humano, impulsaría el estudio de la Psicología y la Criminología. También el segundo, desde la Medicina y la Psiquiatría, se interesaría por aproximar la nueva ciencia de la Psicología al mundo del Derecho (Carpintero y Rechea, 1995). En esta tradición, sobresale Pedro Dorado Montero (1861-1920), uno de los grandes divulgadores del positivismo jurídico italiano y afecto al mismo a la hora de la fundamentación científica, se mostraba, en cambio, más orientado hacia el correccionalismo krausista en su pensamiento penal5. La función penal debía cambiar de represiva a preventiva, y de punitiva a correccional, educativa, y protectora. Se persigue la corrección efectiva del delincuente, el tratamiento individualizado sustituye a la pena y éste será definido no por la gravedad del delito sino por las exigencias psicológicas de cada delincuente. “Se debe convertir la pena, de instrumento de pago y responsabilidad, hasta cierto punto, mecánica, en un medio, puesto y utilizado inteligentemente para fines de bienestar social futuro. El criterio para medirlo es entonces el de la necesidad: el mismo que sirve siempre, o debe servir, para la graduación inteligente de todo medio; y no el del merecimiento. Habrá pues que adaptarla, en especie, duración e intensidad, al propósito que se persiga, un propósito, como todo, colocado en lo futuro; no al delito cometido. Con lo que, claro es, no necesitan los penalistas preocuparse de la cuestión de la responsabilidad (…) de lo que si tendrán que ocuparse es de trazar planes cuyo objeto sea impedir o mermar, en lo posible, la producción o repetición futura de delitos” (Dorado-Montero, 1905) En la misma línea, Constancio Bernaldo de Quiros (1873-1959), quien, discípulo de Giner, acentuaría la importancia de los factores antropológicos y sociológicos. Le preocupó de manera muy especial los continuos rechazos de los magistrados a los informes periciales, y ello pese a que “(…) en los últimos años, los tribunales parecen entrar por un camino más razonable, y a la vez más humano y seguro. No sólo se han sucedido declaraciones de irresponsabilidad por enfermedad mental más o menos evidente para el profano, sino que, además, un documento legislativo de justicia penal que, siendo el más moderno, ha podido recoger, bien o mal, las últimas ideas, como se dice, el Código de la Marina de Guerra, para aludir expresamente a ciertas modalidades epilépticas, cuando en el número sexto del artículo trece coloca entre las circunstancias atenuantes potestativas, la de ejecutar el hecho... en cualquier otro estado excepcional morboso que disminuya en el agente el imperio de la voluntad, sin privarle por completo de la conciencia de delinquir” (Bernaldo de Quirós, 1888). Con todo, justo es reconocer que muchas de las pericias realizadas estaban muy influidas todavía por las doctrinas de autores como Lombroso o Ferri6. Con aquellos, resultaron claves también los llamados médicos-filósofos. El ejercicio de la medicina llevó a algunos médicos a reflexionar sobre el comportamiento y el origen del conocimiento… y la acción, cuestiones que reclaman una cierta concepción del ser humano. Entre ellos merecen mención especial los neuropsiquiatras quienes, influidos inicialmente por el afán reformista (teórico-metodológico, clínico y asistencial) de Pinel (1745-1826) y su escuela, habían ido abandonando el reduccionismo orgánico para ir desplazándose hacia posturas psico y sociogénicas. Otra gran hornada de profesionales de la salud mental, liderados ahora por Luis Simarro (1851-1921) y Ramón Turró (1854-1926), iniciadores de las Escuelas de Madrid y Barcelona, se orientaría hacia el pensamiento centroeuropeo, y más en concreto hacia la nosología psiquiátrica alemana de Kraepelin y de las escuelas post-kraepelinianas (Carpintero, 2004, Civera y Tortosa, 2006; Serra y Tortosa, 2003; Tortosa, Civera y Esteban, 1998). Ambas corrientes, sin influencias claras entre ellas, pero dentro de un espíritu general institucionista, acogerán la orientación experimental, histológica y clínica plenamente germá- PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 18 nica, gran punto de inflexión de las ciencias de la vida. Este proceso vino a coincidir con dos acontecimientos de gran importancia cultural, el regeneracionismo y la renaixença catalana7. Y es que, resultaría clave, desde un punto de vista institucional, para la incorporación de ideas psicológicas, e incluso para encontrar un lugar para el psicólogo profesional en la sociedad española, la tradición médica. Los “médicos disponían de dominios institucionales adecuados para la incorporación del discurso psicológico. Como es lógico, no todos los enfoques psicológicos iban a disponer del mismo crédito en este proceso. La psicología que les interesaba a los médicos tenía que ser una psicología aplicada a problemas susceptibles de ser entendidos como problemas médicos o abordables a partir de estrategias médicas” (Blanco, 1997, 46). En menor medida, pero también con éxito en algunos dominios institucionales, los krausistas habían venido incorporando ideas y (psico)tecnologías aplicadas a la educación y la corrección. El mundo de la delincuencia fue un lugar de afortunada confluencia de ambas tradiciones, ambas también con fuerte presencia en el mundo del derecho, confluencia que se produjo en torno a la idea de diagnóstico (pronóstico) psicológico, una propuesta de “fácil digestión para los agentes sociales y políticos de la época” (Blanco, 1997, 47), que acabaría consolidando a la psicología jurídica como una de las vías regias de incorporación del rol de psicólogo. Las escuelas, en las que se alinean institucionistas, médico-filósofos, penalistas, criminólogos y otros profesionales sensibles a eso que, genéricamente, podríamos llamar cuestión social, van a moverse en un ambiente que, si bien con altibajos, resultaba algo más aperturista en lo social, lo político, lo económico y lo cultural. Esta situación propiciaría una mayor sensibilidad hacia colectivos desfavorecidos, como el proletariado, los enfermos mentales, o los delincuentes…, y ello tanto en los aspectos preventivos, como asistenciales, correccionales o intervencionistas. El denominador común va a ser su actitud europeísta, progresista y liberal, así como un reconocimiento del singular papel de la educación para la regeneración del país, dado su papel corrector. En aquel nuevo contexto se dieron algunos desarrollos clave para nuestra historia, desarrollos que, por cierto, tienen como denominador común el espíritu institucionista con su credo correccionista y asistencial en lo jurídico y lo patológico: Francisco Giner de los Ríos, Catedrático de Filosofía del Derecho de la Facultad de Derecho de la Universidad Central de España, quien había constituido el Instituto Español Criminológico en 1898, encarga al médico Rafael Salillas (1854-1923) que organice un Laboratorio (Seminario) de Criminología como parte integrante de dicha Cátedra8. El laboratorio sería formalmente inaugurado el 21 de Octubre de 1899, y tendría como objetivo estudiar los aspectos sociológicos y morfológicos del delincuente en relación con la Antropología criminal, y ofrecer docencia cualificada en criminología. Entre sus profesores el propio Giner de los Ríos, Salillas, Simarro, Bernaldo de Quirós, Navarro Flores, o Llamas Aguilaniedo. El Laboratorio comenzaría a publicar inmediatamente unos influyentes Anales del Laboratorio de Criminología. Si bien Salillas fue uno de los grandes introductores del positivismo criminológico de Lombroso en España, pronto se apartaría de las ideas etiológicas lombrosianas tales como atavismo y degeneración, rechazando de plano la idea del criminal nato, para inclinarse hacia una concepción del delito como un fenómeno de génesis y naturaleza sociales facilitado, eso sí, por ciertas predisposiciones personales y, por tanto, susceptible de prevención (higiene) y corrección, lo que le aproximaría al institucionismo (Salillas, 1901). El propio Salillas, entonces Secretario del Consejo Penitenciario y Director del Laboratorio de Criminología, pretende organizar una Escuela de Criminología9. Con la complicidad entre otros, de nuevo, de Giner de los Ríos logra esa Escuela Especial de Criminología10 en la prisión Celular de Madrid por R.D. de 12/III/1903 (Gaceta de Madrid de 13 de marzo), directamente dependiente del Ministerio de Gracia y Justicia. Con todo, la Escuela no lograría entrar en funcionamiento sino hasta enero de 1906, y unos meses después el propio Salillas sería nombrado Director de la Prisión Celular. Entre sus profesores, médicos, pedagógos y penalistas próximos al espíritu institucionista: Aramburu, Cossio, Antón y Ferrandiz, Oloriz, Castillo, o Simarro. Nacía para impartir docencia (asignaturas técnicas, administrativas y prácticas) a cuantas personas participasen en la administración de justicia penal (jueces, peniten- PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 19 ciaristas, policías, etc.) con una finalidad claramente renovadora, sensibilizar a los estudiantes en la convicción de que el delincuente debe ser tratado con métodos correccionales y humanitarios, y formarlos adecuadamente para ello, algo en lo que la psicología tendría un destacado papel (Gutierrez, 2005) El último al que queremos hacer referencia es a la creación de la Cátedra de Psicología Experimental en la Universidad Central (Real Orden de 5/V/1902). Luis Simarro, nombrado para ocuparla el 14 de mayo de aquel mismo año, forma parte de ese movimiento regeneracionista que abogaba por un intento de reformulación general de los conceptos psiquiátricos, educativos, asistenciales, orientadores... desde criterios racionales y científicos. Muchos de los integrantes de aquel vasto movimiento socio-cultural eran profesionales que se planteaban la necesidad de reformas legislativas y asistenciales, y que buscaban nuevos perfiles profesionales cada vez más especializados. Este autor, influido por las ideas británicas y francesas (en menor medida las alemanas), defendió una perspectiva genética de la vida psicológica que parte de las funciones biológicas para, desde una posición reflexológica y asociacionista, explicar el proceso continuo de adaptación. Se interesó por las aplicaciones prácticas de la psicología, desarrollando un activo trabajo de catalogación, experimentación y diseño de tests en área diversas (asociación, memoria, inteligencia, destrezas, percepción, atención) (Bandrés, Llavona y Campos, 1996). Pero Simarro, que pudo ser el primer institucionalizador de la psicología como disciplina, fracasó en su intento de llevar la psicología a una Universidad que continuaba impermeable11. La Psicología también estaría formalmente (aunque no de facto) ausente de la Junta para Ampliación de Estudios y de Investigaciones Científicas (1907), de las Secciones del Instituto de Estudios Catalanes; de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias… Fracasaría, pues, el modelo de incorporación disciplinar que estaba teniendo lugar en la mayoría de los países europeos, y comenzaría a entrar sólo de la mano de algunos perfiles. En definitiva, ni en Madrid, ni en Barcelona, la Psicología lograría ubicarse en la Universidad, pero en ambos focos conseguiría llegar a la sociedad. 5.Los últimos años de monarquía. Hacia una definición de perfiles profesionales La carestía, la corrupción, la agitación agraria y el problema industrial, la violencia social, el problema magrebi y el militarismo, abrieron, en la postguerra, una época de disturbios y de confusión social y política, que acabaría en la dictadura (1923-1930), con rey, del general Primo de Rivera (1870-1930). “Desaparecen las instituciones políticas representativas, los órganos legislativos, el sufragio universal, las libertades públicas y la posibilidad de exigir responsabilidades al gobierno. Entre los elementos positivos del nuevo régimen hay que contar con una época de paz social y de prosperidad material” (Abellán, 1989, 39). El fracaso del singular intento llevó, en el arco de fechas en que la crisis mundial del 29 es más fuerte al corto período de la II República (1931-1936), periodo de nacimiento formal de la psicología jurídica, como de tantas otras cosas. El modernizador intento sería definitivamente abortado por un nuevo pronunciamiento militar, el de ese grupo socioprofesional e ideológico que conformaban los militares africanos (Tuñón de Lara, 1984). Son los años en que entran en escena los miembros de la generación de 1901 (Germain, Mira, Mallart, Lorente de No, Sarró, Rodrigo, Rof-Carballo, Garma, Jaén, Ochoa, Valenciano, López-Ibor, Xirau, Laín, Zubiri, Lafuente-Ferrari, Gaos, García-Bacca, Zambrano, Ayala, de la Cierva, Goicoechea, Jiménez-Diaz, y también los Alberti, García-Lorca, Dámaso, Rodrigo, Gerardo Diego, Buñuel, Zambrano, Dalí, Casona, Mihura, Cossío), nacidos entre 1894 y 1908. Muchos de ellos dedicarían sus esfuerzos al cultivo de la ciencia con rigor, profesionalidad y vocación de especialismo, apareciendo los fundadores de una psicología aplicada a diferentes entornos (laboral, educativo, judicial, transporte, clínico…). El protagonismo corresponde a representantes de las Escuelas de Madrid y Barcelona. En la primera, bajo la influencia positivista de Cajal y Simarro, y la inspiración ideológica de la Institución Libre de Enseñanza y de Ortega, subyace un modelo próximo a las neuro- PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 20 ciencias, orientado hacia los procesos psicológicos, pero con una indudable preocupación por problemas filosóficos y humanísticos, y una fuerte atención hacia la asistencia humanitaria, la formación y la rehabilitación. La segunda, bajo la dominante influencia de Turró y la menor de una filosofía de las facultades y una pedagogía progresista, desarrolló un modelo de investigación bio-fisiológico, centrado en el estudio de los procesos molares, especialmente la personalidad, al que nada de lo humano, ni ninguna de las facetas de actuación profesional, era ajeno. Hubo mucha más proximidad en el caso catalán al laboratorio y a los departamentos universitarios, sin olvidarnos del papel de los psicotécnicos en los institutos de selección y orientación profesional, tan dominantes en el caso de la escuela madrileña. Se trata, en ambos casos, de científicos que dirigían su interés hacia ese ser humano concreto que se despliega en diferentes contextos, del que hablaban los institucionistas. Pese a las diferencias en los planteamientos de los integrantes de ambas genealogías, en ellos se mezclaban ideas constitucionalistas con otras procedentes de las psicologías dinámicas, dentro de una visión holista, dinámica, genética y funcional de los organismos. Como telón de fondo, ahora, la psiquiatría y psicotecnia francófona y alemana. La amplia genealogía intelectual madrileña encuentra en el neuropsiquiatra Rodríguez- Lafora (1886-1971) el eslabón que otorga soporte institucional y dirección al proyecto. Dedicó gran atención a la psicopatología, el psicodiagnóstico y la psicopedagogía infantiles, lo que le llevó a conocer y manejar numerosas pruebas mentales y a fundar, en 1925, un Sanatorio Neuropático y un Instituto Médico-Pedagógico en Carabanchel (Madrid). Mantiene una concepción unitaria y genética del individuo, donde la personalidad integra tanto dimensiones biológicas (temperamento) y psíquicas (p.e. introversión-extraversión) heredadas, como otras experienciales adquiridas (carácter) (Rodríguez-Lafora, 1932). Mientras, en la catalana, es clave la obra del médico y fisiólogo Augusto Pi i Sunyer (1879-1965). Su obra pivota en torno a la idea de unidad funcional; o, lo que es lo mismo, considera el organismo como una totalidad estratificada (bioquímica, nerviosa, psicológica) cuya función básica es mantenerse vivo, siendo lo psíquico el aspecto básico en el proceso de adaptación a un entorno que es complejo, ambiguo y cambiante. En Germain y Mira, personajes clave en la futura consolidación disciplinar desembocarán ambas tradiciones. De Lafora recibe Germain (1898-1986) la influencia de una triple tradición, la de Simarro con su entusiasmo por la ciencia positiva y sus implicaciones ideológicas, la de Cajal con su voluntad de investigación rigurosa, y la de un Ortega (1883-1955) que definiría una original variante de las filosofías existencialistas. Realiza una original actividad en el campo de la neuropatología, la orientación y la selección profesional y la psicología legal. Mira (1896-1964) recibe el positivismo metodológico, y la orientación genética, unitaria y funcional de los organismos de Pi y Turró. Su interés por la psicología personalista, de carácter holista, se muestra al integrar ideas psicoanalíticas con otras derivadas de la psicobiología, y de los estudios sobre aptitudes, lo que le llevó a un sistema ecléctico que se focalizó en problemas psicopatológicos y en la elaboración de instrumentos y técnicas de evaluación de personalidad. Fueron años efervescentes para las ciencias de la vida y, sobre todo, de las que se ocupaban del ser humano en cualquiera de sus dimensiones. En el caso concreto de nuestra historia, la carencia de revistas especializadas facilitaba que medios muy diversos (p.e., Revista Clínica de Madrid, Boletín de la Sociedad de Biología, Medicina Ibera, Siglo Médico, la página médica de El Sol, Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, Revista General de Legislación y Jurisprudencia, Revista de Sanidad Militar, Revista de Antropología y Ciencias Médico-Legales…) hubieran ido, y siguieran, publicando trabajos que incorporaban las nuevas ideas psicológicas. Pronto aparecen revistas especializadas, con objetivos editoriales abiertos a la psicología, bien porque respondían a intereses de investigación o aplicados en campos interdisciplinares, bien porque por su carácter cultural y de reflexión eran proclives a ella. En 1920 aparece Archivos de Neurobiología, Psicología, Fisiología, Histología, Neurología y Psiquiatría, fundada por por un Catedrático de Metafísica (Ortega) y dos psiquiatras (Lafora y Sacristan), y los Anales del Instituto de Orientación Profesional de Barcelona. En 1922 Luzuriaga inicia la Revista de Pedagogía, que completaba la panorámica abierta por el BILE o el Butlleti dels Mestres. En 1923 Ortega funda la Revista de Occidente, que presta atención a las escuelas psicológicas centroeuropeas. En 1924 aparecen las Memorias del Instituto de PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 21 Reeducación Profesional. En 1928 Mallart funda la Revista de Organización Científica del Trabajo, órgano de expresión del Comité Nacional de Organización Científica. En los años 30 Mira inicia la Revista de Psicologia i Pedagogia, y la Revista Catalana de Neurologia i Psiquiatria. Las aplicaciones psicológicas dominan el interés. Hubo además, un conocimiento de obras e instrumentos extranjeros a través de la lectura directa o las traducciones y adaptaciones, los viajes y las becas, de las ideas de Wundt, James, Baldwin, Dewey, Binet, Montessori, Pavlov, Bechterev, Preyer, Köhler, Claparede, Piaget, Freud. Se produce, en definitiva, una progresiva (y creciente) incorporación de escuelas y autores propiamente psicológicos. El wundtismo vino de la mano de los profesores de enseñanza media que eligieron su sistema, y el funcionalismo (europeo y norteamericano), como representativos de la psicología mundial, con poco peso del conductismo. El psicoanálisis comenzó a introducirse pronto, de la mano de filósofos, juristas, educadores y médicos, instalándose con fuerza en el mundo de las artes expresivas (Bermejo, 1993). El constitucionalismo, especialmente las ideas centroeuropeas, cobró gran fuerza entre los médicos; de igual forma que las ideas ginebrinas (Claparède sobre todo) la alcanzaron entre los educadores. Las psicologías del acto, fenomenológicas y existencialistas, incluso la Gestalt, tuvieron más impacto en el campo de la filosofía que en el de la psicología o la psiquiatría. Pero en especial fueron las aplicaciones, la psicología de las aptitudes y los tests los intereses dominantes. Otros desarrollos organizativos también propician el selectivo proceso de incorporación de conceptos y técnicas psicológicas. En 1924 nacía la Asociación Española de Neuropsiquiatras, destinada a estudiar y velar por el progreso de la especialidad. En 1926, al celebrarse en Barcelona la I Reunión Anual de la Asociación, se aprueban los Estatutos de la Liga Española de Higiene Mental, con sus secciones básicas (propaganda y educación popular, asistencia médica y protección social de los psicópatas, orientación profesional, pedagogía, prevención de la criminalidad, etc.).Un nuevo salto sería la creación del Consejo Superior Psiquiátrico (1931), que realizó una labor amplia (por ejemplo dicta las primeras Reglas para una estadística psiquiátrica nacional, crea el primer Dispensario de Higiene Mental; organiza el primer Patronato de Asistencia Social Psiquiátrica; planifica y cualifica personal subalterno de los establecimientos psiquiátricos públicos y privados, crea el Diploma de Enfermero; reglamenta las oposiciones a plazas de médicos de establecimientos psiquiátricos). Dentro de estos desarrollos, probablemente el institucionalmente más importante lo supuso la creación de los Institutos de Psicología, donde aparecieron o se propiciaron los primeros perfiles profesionales. Resultan de la acción de potentes grupos intelectuales y económicos que, inspirados en el progresismo, fomentaron iniciativas, al margen de la Universidad, que supusieran la adaptación de la ciencia a la mejora de las condiciones vitales, culturales, sociales y profesionales de los ciudadanos, sin olvidar a enfermos, accidentados y discapacitados. Y es que, la impermeabilidad de la universidad necesariamente había de llevar hacia otras vías de incorporación de ideas y tecnologías psicológicas, los Institutos de Orientación y Selección Profesional, unos centros públicos que llegaron a tener muchas más funciones que las que se desprenden de su nombre. Hubo dos Institutos de referencia en España, cada uno identificable con una de las Escuelas a las que antes hacíamos referencia, y que también actúan como punto de referencia de nuestra historia. El Instituto de Orientación Profesional de Barcelona (1918), con sus secciones de información, médico-antropométrica, psicométrica y de estadística, convertido en Sección de Orientación y Selección Profesional de la Escuela de Trabajo de la Diputación durante la dictadura, fue el primero. Luego la Sección de Orientación del Instituto de Reeducación de Inválidos del Trabajo (1923) en Madrid. La vinculación de los servicios de Orientación profesional con las iniciativas de enseñanza técnica y de Organización Científica del Trabajo quedó sancionada legislativamente en el Estatuto de Enseñanza Industrial (1924) que establecía un plan de organización de los servicios de Orientación, Selección y Enseñanza existentes, bien aceptada en el ambiente empresarial (Mallart, 1974). Los principales colaboradores de los Institutos habían tenido estancias en centros de Inglaterra, Suiza o Alemania, donde se aplicaban métodos psicotécnicos, a lo PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 22 que se añadió una activa tarea de formación propia y fluidos intercambios que propiciaron continuas visitas de trabajo. La promulgación del Estatuto de Formación Profesional (1928) elevó a la categoría de Institutos los servicios de Orientación existentes en Madrid y Barcelona (Real Orden de 22-XI-1928), encargándoles la tutela técnica, coordinación e inspección de las nuevas Oficinas-Laboratorio provinciales creadas –previstas en poblaciones donde existía Escuela de Peritos Industriales, luego Escuelas Superiores de Trabajo-, así como la selección y preparación del personal de dichos centros. La psicología comenzaba a extenderse por todo el territorio nacional (Serra y Tortosa, 2003). Una creciente red de Institutos provinciales, jurisdiccionalmente tutelados desde los de Barcelona y Madrid, llevó a las aplicaciones de la psicología prácticamente a todos los rincones del Estado español. Pese a mantener sus propios rasgos diferenciales, dentro de un ambiente de cordial relación científica y personal, su programa de actividades era similar: estudios relacionados con cuestiones de fisiología y psicología referentes al trabajo profesional; valoración de daños; simulación de síntomas; elaboración y valoración de pruebas técnicas; orientación y selección profesional; seguridad laboral; investigación y reconstrucción de accidentes; rehabilitación de accidentados; inspección de los servicios de carácter privado que con fines psicotécnicos organizasen las empresas; y, estudio de las condiciones de trabajo y racionalización y organización científica del mismo. En los Institutos de Psicología Aplicada y Psicotecnia aparecerán de forma incipiente muchos perfiles profesionales del hoy psicólogo. Ese proceso, mas que la ampliación de un núcleo inicial, supuso la reorganización de unidades científicas y sociales preexistentes en una nueva estructura. Algunos profesionales (educadores, filósofos, ingenieros, juristas, religiosos o médicos) comienzan a incorporar más que aspectos del rol del psicólogo entendido como docente e investigador, rasgos del algún perfil profesional, entendido como un especialista que aplica procedimientos y conocimientos tecnológicos para dar satisfacción a necesidades personales y sociales. 6. Hacia una definición de perfiles profesionales de la psicología jurídica Durante la restauración borbónica hemos visto, y vamos a ver, que se definen muchos de los perfiles que hoy quedarían recogidos en el perfil profesional de la “psicología jurídica” (COP, 1998). Son desarrollos que responden, más que a un progresivo programa institucionalizador sustentado en un proyecto científico-profesional, a esfuerzos personales que poco a poco irán, desde su actuación como profesionales y/o investigadores, definiendo unos perfiles e incorporando una ideas y una tecnologías psicológicas. También en este caso resulta clave la figura de Simarro, quien si bien no logró éxito en la institucionalización de una psicología universitaria, si logró, a través de su opción formal por la psicología, abrir las puertas de la psicología a un destacable grupo de médicos, que cambió buena parte de su actividad profesional para incorporar ideas y tecnologías propiamente psicológicas. No olvidemos que, desde la década de los 80 había venido realizando una activa labora en el campo jurídico. Participó activamente en uno de los debates más intensos en la época, el que se venía produciendo desde mediados de siglo sobre cómo debía ser el manicomio modelo, se discutía la importancia que la clasificación psiquiátrica debía tener en la estructura de un centro ideal. Simarro llegó a redactar un “proyecto de manicomio” modelo que no publicaría hasta años después (Simarro, 1893), un proyecto que utilizaba como criterio organizativo básico el diagnóstico de los enfermos; un criterio que no había podido utilizar en su etapa asistencial como director del Manicomio de Leganés. Trabaja con otros médicos, sobre todo con Salillas, en temas penales, participa en la docencia de la criminología, revisa la situación de los manicomios judiciales en Europa para plantear la necesidad, sustentada en un proyecto, de crear un manicomio judicial (penal) español, incluso actuó como “secretario de la comisión encargada de redactar un proyecto de ley acerca de las medidas de protección contra los locos criminales” (Bandres, Llavona y Campos, 1996, 193). PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 23 Su labor académica la compaginó con la práctica clínica, en la que también alcanzó un gran prestigio, que, de alguna forma, lo acercó a la Psicología Jurídica, como perito forense en casos judiciales de gran transcendencia social. En el primero se juzgaba al presbitero Cayetano Galeote, acusado de asesinar Monseñor Martínez-Izquierdo, arzobispo de Madrid-Alcalá. Su abogado, basó la defensa en un informe pericial realizado por Escuder, Vera y Simarro, en el que se diagnosticaba “paranoia primaria persecutoria”, que le eximía de responsabilidad. Los jueces no estimaron la prueba pericial eximente, provocando que la defensa, en primera instancia, perdiera el caso, recayendo en Galeote la pena de muerte. No obstante, el acusado, según transcurría el tiempo evidenciaba, cada vez más, su trastorno mental, lo que facilitó que en la apelación al Tribunal Supremo, éste fallase a su favor, anulando la pena de muerte por la reclusión en un hospital hasta su muerte 20 años después (Campos, 2002). Igualmente, Escuder, Vera y Simarro participaron en un caso judicial muy relevante de la época, interviniendo con un contrainforme a la pericia realizada por Charcot y Hardy, en la que se establecía trastornos mentales incapacitantes en la persona de D. Martín Larios. La transcendencia del caso se evidencia no solamente por los peritos tan importantes que participaron, sino también por las cuantías económicas que se manejaron fueron astronómicas. Así, Simarro y sus colegas cobraron 75.000 pesetas de la época (Campos, 2002), no podemos olvidar que estamos hablando de 1888. No menos impacto social tuvo el examen médico al que sometieron al infante Antonio de Orleans por Luis el examen médico que Simarro y Rodríguez-Lafora practicaron al infante Antonio de Orleans y Borbón. Informes periciales como los mencionados “constituyeron hitos decisivos en la lucha por la ampliación de la operatividad de los alienistas en el marco del sistema judicial” (Bandres, Llavona y Campos, 1996, 194). Uno de los discípulos de Simarro, Francisco Santamaría (1867-1925), inicia una línea de investigación en España, que con el paso del tiempo se ha convertido en una de las más representativas de la Psicología Jurídica en nuestro país: la psicología del testimonio (Gutiérrez y Carpintero, 2003). Santamaría realizó un estudio empírico sobre psicología del testimonio en su tesis doctoral12, en buena medida basados en los planteamientos y metodología de Binet (por ejemplo, 1897, 1900, 1905), un enfoque que, por cierto, no dista, excesivamente, del modus operandi que muchos investigadores siguen utilizando. La investigación (Gutiérrez y Carpintero, 2004) tuvo como base una experiencia implementada con jóvenes de ambos sexos, muestras cautivas pertenecientes a la Escuela de Criminología o a unos pocos centros de Secundaria. Todos los sujetos contemplaban una breve conversación entre dos personas ajenas que, en clase, solicitaban permiso para llevarse un libro e intercambiaban algunos objetos; transcurrido un día se preguntaba a los observadores acerca de cualidades o variables de la situación observada, contabilizándose aciertos y errores en sus respuestas13. De hecho, sus escritos no contradicen ni un método repetido (aunque con mayor complejidad y elaboración) en la investigación posterior, ni los supuestos en los que se basa el análisis de la credibilidad del testimonio: “(…) si en lugar de tomar el testimonio en conjunto, como un bloque, se analiza y descompone en diversas clases de datos se ve que cada uno de estos datos alcanzan una veracidad diferente, y por tanto, merece un grado distinto de credibilidad y confianza” (Santamaría, 1910, 78)14. Por otra parte, sus teorías sobre la influencia de la sociedad en la conducta del individuo le llevan a atacar la posición represora de la sociedad frente al delito, y oponerse plenamente a la pena de muerte. Otro científico relevante que se preocupó de la personalidad delictiva es el neuropsiquiatra Rodríguez-Lafora (Saiz, Saiz y Mülberger, 1996). Fundándose en estudios sobre herencia de la criminalidad y los trastornos mentales admite la existencia de cierto tipo de personalidad criminal, que induce a “la criminalidad grave y reincidente”, y que se manifiesta tempranamente. La manifestación temprana de tendencias hacia la criminalidad, de comportamientos desviados precoces que permiten marcar el inicio de una carrera delincuente, permitiría programas de prevención de carácter higienista, basados en el estudio de los procesos psicológicos más holistas, la personalidad15, la inteligencia y la afectividad indicadora del desarrollo moral (Rodríguez-Lafora, 1926). Pero no sólo habría que estudiarla directamente, sino que habría que indagar en las habilidades y aptitudes, en los procesos inconscientes, sugestionabilidad, sentido moral, y otras variables que se han relacionado con la transgresión o res- PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 24 peto de las normas (Carpintero y Rechea, 1995). De hecho, postuló la necesidad de crear centros institucionales en los que se diagnosticara, precozmente, la personalidad delictiva latente, asumiendo que existe una clase de personalidad criminal, que se manifiesta a edad temprana, y que conlleva a la criminalidad grave y reincidente16. No obstante, el autor considera que la mayoría de los transgresores no presentan personalidad criminal, sino que su conducta desviada se encuentra motivada en conflictos ocasionales, es más defiende explícitamente que los rasgos más definitorios de la personalidad individual se adquieren en su relación específica con el medio. En estos casos es posible, utilizando el tratamiento idóneo, su reinserción social global. No obstante, con toda probabilidad, lo más destacable en el campo fuera su informe al proyecto de reforma del código Penal, que se inició allá por 1928. Analizó, críticamente, aspectos de la inimputabilidad, las circunstancias atenuantes, el peritaje psiquiátrico y la peligrosidad. Lamentaba17 la falta de predicamento entre los juristas del consejo experto de especialistas en el comportamiento humano, pues está convencido de la importancia clave de los peritajes; y es que, en general, la actitud de los jueces no tomaba en serio los peritajes judiciales. Mediante la utilización experta de pruebas mentales se puede llegar a formular un psicodiagnóstico apropiado de la personalidad de los delincuentes como “seres temporal o permanentemente excepcionales”, que no tiene que ser condición suficiente para que el juez realice una valoración justa, pero que debiera ser necesaria (Rodríguez-Lafora, 1929a). Mantiene que el psiquiatra atiende al “actor” y el penalista al “acto”, pero ambos son importantes ya que sin el primero no se produciría el segundo. Probablemente una de las causas fundamentales de la reticencia de los jueces proviniese de la ausencia de una formación oficial de estos aspectos, y de la adecuación a un protocolo18 bien fundamentado científicamente, algo que no tardaría en cambiar (Iruela, 1988; Saiz, Saiz y Mülberger, 1996). Rodríguez-Lafora, y otros con él, estaba convenido de que “el peritaje psiquiátrico necesita una sistematización obligatoria que elimine automáticamente de ejercerlos a los médicos no preparados y además necesita llevar inherente una responsabilidad del perito cuando obra con reconocida impericia o con inmoralidad” (Rodríguez-Lafora, 1929, 57). Muy próximo a Rodríguez-Lafora aparece otro destacado neuropsiquiatra español, que, acabaría siendo el instigador del desarrollo institucional de la psicología española de nuestra postguerra. José Germain (1897-1986) ofrece, desde la Consulta de Neurología del Instituto de Reeducación de Inválidos del Trabajo19, estudios neuro-psiquiátricos20 a médicos que realizaban peritajes sobre accidentes laborales, su autentificación, el tipo de incapacidad, los derechos adquiridos y las bajas. En sobre la conmoción cerebral ofrece un estudio de los traumatismos cerebrales desde el punto de vista clínico y médico-legal, enfatizando que la evaluación de una incapacidad exige no sólo una gran precisión diagnóstica (problemática a veces porque la sintomatología conmocional no está siempre relacionada con la causa), sino además una investigación psicológica compleja (Germain, 1929). Aquel mismo año, en el libro de Antonio Oller (1887-1937). Primer director de la sección médica del Instituto, La práctica médica en los accidentes de trabajo, Germain se centrará sobre la simulación en general, y desde el punto de vista neurológico en particular (Germain, 1929a, 1929b: Oller y Germain, 1929). Estos trabajos, que definen un nuevo perfil de la psicología jurídica, marcan la transición hacia intereses cada vez más psicológicos (Tortosa y Martí, 1996). Especialmente relevante es el trabajo específicamente dedicado a la simulación, una simulación que “puede adoptar las formas más variadas, desde la simulación patente y sencilla hasta los mecanismos complejos de la simbolización instintiva” (Oller y Germain, 1929, 335). La principal etiología de la simulación (figurar un accidente que no se ha hecho en el trabajo; figurar una enfermedad que no se ha hecho en el trabajo; achacar a un accidente verdadero una enfermedad antigua; autolesiones; y, exageración y agravación de síntomas) es cobrar una indemnización, pero, en realidad, existen muchas causas que pueden convertir a una persona en simulador, entre ellas están las de orden monetario, religioso, de práctica forense, de miedo al esfuerzo, de índole social (militar y civil)… Respecto al diagnóstico, diferencian entre el general y el quirúrgico. En el primero, el que ahora nos interesa, señalan que PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 25 el diagnóstico detenido de los síntomas y la observación rigurosa de conductas es esencial, en “este sentido, el diagnóstico de simulación viene a ser un verdadero examen psicológico. De aquí que exija para realizarlo las mismas condiciones que se emplean en la clínica psiquiátrica” (Oller y Germain, 1929, 341). Los autores realizan una descripción exhaustiva del examen, que incluye un estudio psicológico del individuo, estudio sintomatológico detallado de los trastornos y concordancia de las respuestas. Señalan ciertas medidas profilácticas, pero indican que la más importante es, sin duda, elevar el nivel cultural y moral de los trabajadores para que, enseñándoles a manejar valores éticos positivos se le aleje de intentar todo tipo de fraudes perjudiciales para la sociedad. Un nuevo perfil venía a añadirse al cada vez más complejo de la psicología jurídica. 7. El fallido ensayo republicano: Fin de la primera singladura y primera definición formal de una psicología jurídica El fracaso de la dictadura, y la dramática situación internacional, abocaron a la monarquía a un callejón sin salida. Pronto se produjo el triunfo del republicanismo como forma racional de resolver la gobernabilidad, frente al más tradicional, pero confesional e irracional, régimen monárquico. Las rupturistas propuestas de los siempre minoritarios grupos progresistas fueron, por fin, bien acogidas por un público harto de la monarquía borbónica. Más antidinástico que antimonárquico, el pueblo español se mostró proclive a la primera propuesta de ensayo anti-borbónico. Un público que también mostraba un anticlericalismo que había ido cristalizando con los años, un anticlericalismo que, curiosamente, sostenían quienes seguían considerándose católicos, una diferencia que quizá no supo contemplar ni valorar adecuadamente el primer gobierno republicano. Subyacía, en lo económico, la siempre pendiente reforma agraria y el apoyo decidido a la industrialización; y en lo territorial, el siempre vigente, especialmente desde la instauración de la Casa de Borbón doscientos años atrás, problema de las autonomías. Por último, y como factor desestabilizador, se mantenía la necesaria reforma de las estructuras militares. Así pues, pese a que durante la última década alfonsina, tutelada por Primo de Rivera, se había llegado a alcanzar cierta paz social y prosperidad material, lo bien cierto es que los problemas de fondo del país (p.e. carestía, corrupción, reforma agraria, nacionalidades históricas, industrialización, competitividad, violencia, militarismo, clericalismo) continuaban sin resolverse. El evidente fracaso llevó, en años de crisis económica mundial y recesión, que en casi toda Europa habían llevado o llevaban a propuestas políticas autoritarias de diferente sesgo ideológico, al corto ínterin de la II República. El bienio reformador (1931-1933), inspirado en las élites intelectuales, intentaría sin éxito democratizar, y modernizar España. La bienintencionada Constitución del año 1931, generalmente inaceptada por las diversas fuerzas político-sociales representadas en Cortes, y además frecuentemente suspendida en su aplicación, elaborada por el primer gobierno republicano, perdió en su enfrentamiento con los estamentos de poder más conservadores (Ejercito, Iglesia y Burguesía Agraria), y además produjo un fuerte rechazo entre ciertas fuerzas de izquierda (Carr, 2003). Esta insatisfacción llevó a un rápido giro hacia los tradicionalistas, constelados en la C.E.D.A. de Gil-Robles, lo que propició el inicio del llamado bienio negro (1934-1936) que, en febrero del 36, llevó a un nuevo triunfo de las izquierdas, ahora consteladas en un Frente Popular. El nuevo intento liberal quedaría inmediatamente abortado, pues, como es bien sabido, en julio con el pronunciamiento del general Franco. Pese a las dificultades, fueron años en los que la ciencia española brilló con luz propia en el concierto europeo y mundial, constituyendo eso que se ha dado en llamar la edad de plata de la cultura española. En los Institutos de Psicología Aplicada y Psicotecnia cada vez se dibujaban más perfiles profesionales, y cobraba forma un primer embrión de un rol profesional de psicólogo; mientras en las Universidades y Centros de Secundaria comenzaba un leve giro hacia una psicología más psicológica que filosófica o pedagógica (Tortosa y Carpintero, 1980); y en el mundo del derecho continuaban produciéndose avances significativos. PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 26 En aquel contexto se produjo una creciente incorporación de escuelas y autores psicológicos (p.e. el wundtismo, el funcionalismo europeo y norteamericano, la reflexología y el conductismo, el psicoanálisis, el constitucionalismo, las ideas ginebrinas, las psicologías del acto, fenomenológicas y existencialistas, incluso la Gestalt). A aquella afluencia de ideas se le habían ido uniendo importantes desarrollos organizativos, que acabaron de cristalizar en los años 30 (Carpintero, 2004). Un ilusionante futuro se abría para las aplicaciones de la Psicología en diferentes ámbitos, en incluso para la propia psicología como disciplina autónoma. El gobierno republicano se mostró muy sensibilizado frente a la problemática social. Y ciertamente, la psicología, como en general las ciencias que se ocupan de los seres humanos, encuentra siempre un caldo de cultivo excelente en situaciones socialmente complicadas. En ese caldo emergería formalmente una “psicología jurídica” En los años 30, las explicaciones de la personalidad humana, y por tanto del comportamiento (normal, patológico, desviado, anómico, altruista…), seguían ubicándose a lo largo de un continuo que tenía (Carpintero, 2006, 55) los biologicismos (¿es la personalidad criminalidad una disposición heredada, que tiene que ver con algún tipo de degeneración biológica?) y los psico-sociologismos (¿es la personalidad criminalidad explicable en términos de modelos sociales, de hábitos adquiridos y de procesos imitativos?). Con diferentes formulaciones habían venido subyaciendo a todos los intentos explicativos, y a todos los planteamientos de intervención. En esos mismos años los planteamientos psicológicos dominantes sobre la personalidad humana (psicoanálisis vs ambientalismos) se enfrentaban prácticamente en todo, pero curiosamente coincidían en su interpretación sobre la personalidad, a la que consideraban como una estructura psicológica adquirida responsable en buena medida de la vida social, moral y legal de los seres humanos, eso sí con una base biológica. Pues bien, ambas orientaciones animarían la lucha de la incipiente psicología español por hacerse un hueco en el mundo del derecho. La línea psicoanalítica21 va a tener una fuerte influencia en el mundo del derecho, sobre todo penal, español, y ello pese a que la universidad española había permanecido bastante ajena al mensaje psicoanalítico22 hasta los años 30, en lo que la “República favorece la circulación del psicoanálisis (…) y permite un discurso social más abierto y un cambio en la situación de la psiquiatría. En los proyectos de ley sobre el divorcio, las Jornadas Eugénicas, las Semanas de Higiene Mental, etc. Debaten las ideas psicoanalíticas” (Muñoz, 1986, 818). De modo semejante a como ocurre en otros países, además de entre los psiquiatras tuvo una amplia repercusión entre los juristas, por lo que es fácil anticipar que lo tuvo en las zonas de confluencia de ambos colectivos profesionales. En general los trabajos de los juristas aparecen en fechas posteriores a las publicaciones médicas, y en ellos se puede observar un esfuerzo por aportar un nuevo espíritu con que contemplar el fenómeno criminal, la naturaleza del delito o el sentido de la pena y la coacción social (Carpintero y Mestre, 1984). El psicoanálisis se convirtió así en una llamada de atención para una revisión del complejo mundo de la justicia y del penalismo en la sociedad. Entre estos juristas destacan: César Camargo (1880-1965), Luis Jiménez de Asúa (1889-1970), y Quintiniano Saldaña (1878-1938)23. El magistrado Camargo, buen (y temprano) conocedor de los planteamientos freudianos (Camargo, 1927, 1932), publicaba (1930) sus ideas en un influyente libro, “El psicoanálisis en la Doctrina y en la Práctica Judicial”, donde expone sus ideas sobre el modus operandi del sistema judicial en casos penales. En ese sistema, más de carácter ideal que real, no sería necesario un Código Penal, ni fiscales ni abogados defensores al uso, ya que la función de estos últimos se limitaría, cuando el decisor judicial lo estimase, a colaborar con él, con el objeto de encontrar la actuación terapéutica más eficaz para su patrocinado. Finalizada la fase de instrucción, destapados los complejos así como los trastornos psicológicos del acusado, el juez realizaría su diagnóstico basándose en: el acto delictivo, considerando todos los detalles y circunstancias; los motivos de la actuación (complejos, medioambiente, entre otros); las características psicológicas o en su caso psicopatológicas del infractor, y el tratamiento terapéutico que se debería aplicar. Éste debería lograr orientar y guiar la libido o potencial, modificándola y sublimándola. Es decir, la práctica judicial debe orientarse a descubrir el complejo PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 27 Mata, P. (1868-1869). Criterio médico-psicológico para el diagnóstico diferencial de la pasión y la locura. Madrid: Imprenta de R. Berenguillo. Mata, P. (1878). Tratado de la razón humana en estado de enfermedad ó sea de la locura y de sus diferentes formas con aplicación á la práctica del foro: lecciones dadas en el ateneo científico y literario de Madrid. 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Se ha dicho, y por personas autorizadas, que los pronunciamientos de esta ciencia son producto de un empirismo desconcertado; que ciertas presuntas enfermedades son creaciones fantásticas de novadores; que no se puede comprender como existen filántropos de la caridad al revés, que experimentan una compasión a la vez dulcísima y angustiosa hacia aquellas queridas criaturas que se llaman los malhechores, para defender a las cuales de los rigores del código van predicando que cometieron un asesinato por locura razonada, por impetuosidad natural, por debilidad mental, por una excitación de los grupos musculares, porque se encontraban en un mal cuarto de luna, porque se hallaban en una crisis psíquica, por virtud de energías irruptoras, por manía impulsiva, etc, etc. Se ha dicho que es ya hora de concluir con ciertos sabios humanitarios que, para mejorar la condición de los señores delincuentes, querrían reducir el arresto a una formalidad, la sentencia a una especie de diploma, la pena a una cuenta corriente que se salda con la amnistía, y los presidios a casa de campo para veranear (…)“No se quedan cortos, a su vez, los psiquiatras y los defensores de su punto de vista. Censuran a los contrarios, Incalculable cantidad de infelices están, según ellos, sufriendo penas inmerecidas, o son sacrificados. La biología moderna, ha revelado que la justicia ha sacrificado hecatombes de enfermos. Ha demostrado también que existe una multitud de delincuentes que, sin duda, no son enfermos si se quiere hablar con propiedad, sino desequilibrados, cuyos actos no pueden explicarse por las deducciones sacadas del conocimiento de los actos de los individuos normales. Muchísimos de los tenidos por criminales, y hasta por criminales desahuciados, son no más que anormales, deficientes, locos, incapaces, débiles de espíritus por esta o por la otra causa, y más necesitados, por lo tanto, de un conveniente tratamiento terapéutico, profiláctico y protector que las capacite, tonifique y fortalezca, que merecedores del rigor penal a que se les somete. Nosotros declaramos que las cárceles albergan una multitud de criaturas que sirven de desesperación a las familias y a las autoridades, pero entre las cuales descubre el examen psicológico un gran número de ellas que no han gozado jamás de los mismos favores que la mayor parte de los hombres que ocupan un rango honorable en la sociedad (…) Pero hay un punto donde estas injusticias y estos errores abundan extraordinariamente, según reconocimiento casi unánime de los psicopatólogos y médico-legistas, y es el de los locos delincuentes una gran parte de los cuales son condenados criminalmente, no por otra razón, sino por la ignorancia que a los jueces y a los juristas en general acompaña sobre cosas que debían conocer” (Dorado-Montero, 1905). 3La medicina legal “es el conjunto de conocimientos físicos y médicos que pueden ilustrar a los magistrados, al resolver muchas cuestiones concernientes a la administración de la justicia, y dirigir a los legisladores al hacer cierto número de leyes” (Orfila, 1847, 3) 4“La teoría correccional ve en la pena puramente el medio racional y necesario para ayudar a la voluntad, injustamente determinada, de un miembro del Estado, a ordenarse por si mismo, porque y en cuanto la desarmonía que nace de su desorden perturba la armonía de todo el organismo racional de aquel. Según ella, en esto radica el fundamento y fin de la pena, y el criterio para establecer su género y su grado” (Röder, 1877); el traductor de esta edición fue Francisco Giner de los Ríos 5“(…) el sistema penal del porvenir debe ser algo así como la unión de la escuela correccionalista y de la positiva, la infusión del espíritu de la primera en el cúmulo no muy ordenado de datos de la segunda; el ensanchamiento del molde metafísico y cerrado de aquella, con la sangre joven y viva, procedente de la observación experimental que trae ésta (…)” (Dorado- Montero, 1895, Problemas de derecho penal. Tomo I, prólogo, Revista de Legislación; citado en Bernaldo de Quiros, 1908, 165) 6“Es alto, delgado y no mal constituido; pero lo primero que llama ciertamente en él vuestra atención es la excesiva largaría de sus brazos; estos penden, pesada y lateralmente, a lo largo del cuerpo, con las manos en semiflexión, un poco dirigidos hacia delante; ¿verdad que recuerdan algo de los ademanes del simio? Reparad ahora en la manera como este hombre está de pie: con el pecho erguido, rígido el cuello, la cabeza hacia atrás (…) tiene templado todo su organismo para la acometida y el ataque (…) es bizco, ¡qué órbitas tan grandes tiene, vedlas!, signos de atavismo y degeneración (…) ¿y su cráneo?, pequeño, pequeñísimo, como un puño, vedlo; cualquier sombrero, que no sea el que él usa, se le cala hasta los hombros” (Maestre, 1899). 7La burguesa, industrial y urbana Cataluña, fue el segundo gran foco de la psicología española. Muestra características diferenciales con el mundo madrileño (Siguán, 1981), ya que son años en lo que resurgen con fuerza ideas nacionalistas, y con ellas la defensa de la cultura y la lengua catalanas. A ello se une lo que Tuñón de Lara llama el gran tirón de la producción, que enconó los conflictos entre la oligarquía terrateniente que controla buena parte del poder político, y la nueva oligarquía burguesa que pasa a tener un substancial peso económico. Fruto de ello es la consecución, tras años de conflictividad social y búsqueda de reconocimiento del hecho diferencial, de un órgano de autonomía parcial, la Mancomunitat (1914) que propicia un fuerte desarrollo cultural interno y una activa política de protección social. 8Durante la segunda mitad del curso académico de 1932-1933, Quintiliano Saldaña (1878-1938) refundaría el Laboratorio en el seno de la Cátedra de Estudios Superiores de Derecho Penal y Antropología Criminal de la Facultad de Derecho en la Universidad Central de Madrid, que dirigía Jaime Masaveu Masaveu. Constaba de 3 secciones: Biología Criminal. Bio-tipología Criminal e Historia de la Criminalidad. En 1935 iniciaría su andadura Trabajos del Laboratorio de Criminología, una más de las revistas abortadas por la (in)civil guerra española. 9“Se trata de una institución en que el ‘espíritu’ dominaba sobre la finalidad instructiva, y, por ello no se cubrieron los cargos docentes por oposición o público concurso, sino que se designó a los profesores atendiendo a la notoriedad que en sus Ciencias gozaban” (…) “Con valer mucho las enseñanzas de la Escuela, absorbidas por los estudiantes con singular avidez, lo más transcendental de la obra era el espíritu que iluminaba a Salillas y del que quedó penetrado el Instituto. Contagiados de él todos los profesores, la Escuela de Criminología era un Centro de educación en el que el régimen instructivo fue el medio de crear el «ánima». Los catedráticos de la Escuela rimaban con el director, y, así, ese organismo era una verdadera corporación en la que anidaba un espíritu”. (Jiménez de Asúa, 1930, 139 y 141) 10 La Escuela tuvo varias creaciones, supresiones y transformaciones, buena prueba de su instrumentalización política. Su tercera refundación (1935) contempla, como también lo había hecho el Laboratorio, al criminólogo español Quintiliano Saldaña como Director de la Escuela. 11 La Cátedra que obtuvo para la docencia en psicología experimental (1902) estaba en la Facultad de Ciencias sin posibilidades real de influir en unos estudiantes en cuyo curriculum no tenía la disciplina un peso decisivo, su sucesor Rodríguez-Lavín tampoco logró mucho hasta el traslado de aquella a Filosofía y Letras. 12 “Estudio experimental acerca de la veracidad del testimonio”. Tesis para el doctorado en Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central, grado obtenido el 1 de abril de 1909. 13 “Voy a terminar sin comentarios. He sentado las premisas, el lector sacará la conclusión. Yo sólo diré que si a los sabios que PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 36 escriben la Historia y a los jueces que aplican la justicia les sirve de algo saber por dónde y en cuanto falsean los testimonios, entonces ni yo ni las 271 personas que me han ayudado, habremos perdido el tiempo (…)” (Santamaría, 1909, 9) 14 Eugeni d´Ors (1882-1954) trató también, aunque de manera menos rigurosa y con nulo impacto, el tema del testimonio, afirmando que la memoria en los testigos produce errores y que se tiende a fabular reconstruyendo los hechos. 15 “La personalidad resume sintéticamente la disposición hereditaria o constitucional (con su resultante, el temperamento), más la historia de las vivencias individuales del sujeto que ha modelado su complejo caracteriológico, el cual es la suma de las influencia exógenas moderadoras del carácter, que varía de un modo continuo en el transcurso de la vida del sujeto. La personalidad es, pues, algo mutable en sus características secundarias superpuestas (superestructura psicológica), pero invariable en su esqueleto primario elemental dependiente de la disposición hereditaria constitucional” (Rodríguez-Lafora, 1932, 99) 16 La prevención se consigue mediante “la organización de servicios profilácticos sociales. Servicios psiquiátricos abiertos (…) visitadores sociales (…) instituciones (…) donde se atienda a corregir la predisposición a la delincuencia del psicopático o del deficiente mental (…) Hay que salvar o curar al delincuente en potencia antes de que llegue a realizar el delito” (Rodriguez-Lafora, 1929, 555) 17 “(…) con frecuencia un informe psiquiátrico científico, serio, moderado y lleno de razones lógicas tropieza con la infiltrabilidad o impenetrabilidad intelectual de algún togado que evidencia una considerable ignorancia de la Psiquiatría y una falta de respeto debido al hombre que honradamente expone el fruto de su trabajo científico sobre cuestiones de gran complejidad” (Rodríguez-Lafora, 1929, 34) 18 Es imprescindible que “se dicten normas científicas imprescindibles y uniformes, es decir, una rutina mínima informativa, en todo peritaje psiquiátrico penalista. Deberán en éste figurar datos curiosos de varios sectores de investigación, a saber: la herencia psicopatológica; el estudio antropológico y médico de la constitución somática y del temperamento (periodicidad, accesos ocasionales, etc.); estudio endocrino y de las funciones vegetativas; análisis psicológico experimental de la inteligencia con sus reacciones; historia seriada de las vivencias y género de vida, análisis de los cambios de carácter en la evolución de la personalidad; estudio psicoanalítico del subconsciente y de los instintos primitivos, y, finalmente, análisis del comportamiento social del individuo en lo moral, religioso, social, político y estético” (Rodríguez-Lafora, 1929, 56) 19 Desde finales del siglo XIX, la preocupación en España por los problemas derivados de la siniestralidad laboral condujo a una importante actividad legislativa que se extendió a lo largo de las tres primeras décadas del siglo XX. Un hito significativo dentro de la misma lo supuso la ley de accidentes del trabajo de 1922 con la que se pretendió superar algunas de las carencias que se habían señalado en su antecesora, promulgada en 1900 (ver Pérez, 2002) 20 Recordemos que la psiquiatría española era entonces de clara influencia germánica, imperando la nosología krapeliniana, “(…) no obstante, la formación de Germain, buen conocedor de esta tendencia, era más amplia; su formación estaba influida además por la psiquiatría francesa y anglosajona” (Escardo, 1971, 170) 21 Entre 1922 y 1934, a lo largo de 17 volúmenes, la Editorial Biblioteca Nueva, en un ambicioso proyecto de José Ruiz Castillo (a sugerencia y recomendación de Ortega y Gasset) publicaba las Obras Completas de Sigmund Freud. 22 Varias tesis se han escrito sobre la entrada de Freud en España y la primera difusión de sus ideas: Mestre, Mª V. (1980). Freud en España. Un estudio de la recepción de su obra hasta 1936. Universitat de València. Egea, C. (1983). La introducción del psicoanálisis en España (1893-1922). Universidad de Murcia. Muñoz,J. (1986). Evolución de los conceptos psicoanalíticos en la psiquiatría española (1923-1936). Universidad de Murcia. Bermejo, V. (1993). La institucionalización del psicoanálisis en España en el marco de la A.P.I. Universitat de València, Llor, Mª C. (1998). El Psicoanálisis en España en el periodo 1936-1968, 23 Había aparecido en formato libro (1928) las seis conferencias que Cesar Juarros (1879-1924) impartiera en la Academia de Jurisprudencia de Madrid. 24 De esta suerte, “sobre el recuerdo de la antigua Escuela de Criminología”, nació, por decreto de 29 de marzo de 1932, el nuevo Instituto, «dedicado –observar el ensanchamiento de sus fines– a la preparación del personal del Cuerpo de Prisiones, a la ampliación complemento de estudios de otras carreras que se determinen y a la enseñanza libre de Ciencias penales» (artículo primero). Durante el llamado bienio negreo, tras la destitución de Victoria Kent (Villena, 2007) las cosas volverían a ser como antes y Saldaña, dentro de la tradición psicoendocrinológica que iniciara Marañón (Ferrándiz, 1996), refundaría la Escuela y el Laboratorio de Criminología 25 El Código Penal de 1932, es en parte de su autoría, junto con otros juristas (José Antón Oneca, José Arturo Rodríguez Muñoz, Niceto Alcalá Zamora, Mariano Ruiz Funes) y el psiquiatra José Sanchis Banús (1893-1932). Precisamente a propuesta de Sanchis-Banus se definirían e incluirían los conceptos de “enajenación” (psicósis endógenas de Kraepelin) y de “trastorno mental transitorio” como eximentes. La definición de “trastorno mental transitorio” es plenamente psicológica y justifica la intervención de peritos psicólogos en los Tribunales. “Están exentos de responsabilidad criminal el enajenado y el que se halle en situación de trastorno mental transitorio, a no ser que éste haya sido buscado de propósito”. El código Penal de 1995 psicologizará el problema de los eximentes, al refundir enajenación y TMT bajo el concepto de “anomalía o alteración psíquica”. 26 El delito es “la expresión en el autor del complejo de inferioridad y de la lucha por superarlo. El delincuente muestra con claridad el ‘estilo de vida’ de una persona provista de gran actividad, pero poco propicia a vivir en común. Al querer superar el sentimiento de minusvalía la acción delictiva se produce como protesta contra el ordenamiento social” (Jiménez de Asúa, 1935a,57) 27 Cinco años después, ya en su exilio argentino, publicará Psicoanálisis criminal, un libro que ofrece una elaborada propuesta sistemática de la aplicación de las ideas y procedimientos psicoanalíticos a la criminología. 28 “En su planteamiento psicológico, así, podemos encontrar en cierta medida aspectos de las escuelas que merecieron para él un más amplio respeto: el conductismo, el psicoanálisis, la personología (personalismo de Stern), la Psicología de la forma (Gestalt) y la psicología anormal (en la que se engloba los aspectos relacionados con el estudio de la personalidad (...) y se evidencia un claro rechazo a la psicología especulativa (...), así también como a la psicología estructural.” (Saiz y Saiz, 1996, 392) 29 La psicología “como ciencia es todavía demasiado joven para hallarse constituida e integrada en un sólo sistema de ideas. Diversos investigadores han descubierto técnicas distintas que les han permitido llegar a diversas descripciones para la descripción explicativa de los hechos y leyes de la vida mental; consiguientemente el estado actual se caracteriza por la simultánea existencia de distintas escuelas psicológicas, cada una de las cuales en su esfera es digna de atención y respeto, en tanto no trata de salirse de su marco de empirismo para invadir el terreno de la Metafísica o de la Filosofía (...).” (Mira, 1932, 2-3) 30 Entre la edición de esta obra y la de Brown (1926) Legal Psychology: Psychology Applied to the Trial of Cases, to Crime and its Treatment, and to Mental States and Process, o la de Stern (1926) Jugendliche Zeugen in Sittlichhkeitsprozessen sólo habían transcurrido seis años, y únicamente un año del manual de Burtt (1931) Legal Psychology, considerado el primer libro de texto en el área. 31 Para afrontarla debía comprender/explicar el comportamiento desviado de norma, y para ello desarrolló un ambicioso pro- PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 37 grama experimental (Fuster, 1930, 1931, 1932, 1932a; Mira, 1930, 1932, 1932a, 1933,1933a, 1934) para descubrir la capacidad moral y la motivación delictógena de los delincuentes. En este marco, la tesis (1930) que J. Fuster, médico del Instituto Mental de la Santa Cruz y Ayudante de la Cátedra de Medicina Legal, presentó en la Facultad de Derecho de la Universitat de Barcelona con el título de Contribución al estudio experimental de la psicología del delincuente (Pérez-Delgado y Mestre, 1994) 32 Conoce los principales estudios sobre testimonio (Binet, Sanctis, Stern, Whipple) y los principales tests de veracidad (el detector de mentiras de J.Larson, la prueba de Jung-Bleuler, el método de expresión motriz de Luria, que el propio Mira perfeccionara… 33 La leyenda negra que instrumentalizó el franquismo presentaba a Mira como un asesor del Servicio de Información Militar (SIM) para obtener confesiones de los detenidos políticos. El SIM era la Agencia de Inteligencia creada en agosto de 937, durante la incivil guerra española , por Indalecio Prieto, el entonces Ministro de Defensa Nacional de la II República (García, Arbulu y Carpintero, 1992) 34 Esa es otra historia (ver, por ejemplo Fariña, Arce y Novo, 2005) 35 Este Congreso conoció una importante Reunión preparatoria conjunta de psicólogos españoles y extranjeros (p.e. Janet, Myers, Lahy, Michotte, Ponzo, Langfeld, Claparède), que, en el verano de 1935, compartieron en el Palacio de la Magdalena de Santander unos días de trabajo, con el fin de discutir aspectos relacionados con la organización del congreso (Germain, 1955; Montoro y cols., 1989). En ella se determinó que el congreso tuviese lugar del 6 al 12 de septiembre de 1936 en las instalaciones del Instituto Nacional de Psicotecnia de Madrid, se estructuró el Programa científico, y se decidió también, a instancias de Germain, enviar a todos los participantes del congreso una encuesta que permitiera conocer la situación de la enseñanza de la Psicología y la actividad de los psicólogos en los distintos países, con el fin de sentar un curriculum formativo común a partir de las cuales acometer la definitiva instalación de las enseñanzas psicológicas en todos los países miembros de la hoy llamada Unión Internacional de Psicología Científica. 36 De bien poco sirvieron las muestras de apoyo y solidaridad de la comunidad científica internacional, de las cuales fue un fiel reflejo el Medical Bureau to Aid Spanish Democracy, dirigido por W.B.Cannon, dentro de cuya organización existía un comité de psicólogos, liderado por Hull, y que incluía a Tolman, Allport, Schneirla, Klineberg, Lewin, Maier, Murphy, y Razran entre otros (Finison, 1977). PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 38 FAMILIA E INTERVENCIÓN FORENSE EN JUZGADOS DE FAMILIA SOCIALIZACIÓN FAMILIAR EN ADOLESCENTES EN RIESGO: LA FAMILIA DE AYER Y DE HOY María de la Villa Moral Jiménez Dpto de Psicología. Universidad de Oviedo “La vida de un adolescente se quiebra cuando descubre que su padre no es el hombre perfecto que imaginaba. Cuando el adolescente ha perdido su paraíso infantil, dos caminos se le abren: puede tratar de hallar dioses sustitutos de los dioses perdidos que se llamaron papá y mamá e intentar encontrar así un nuevo paraíso o elaborar su pérdida y seguir creciendo”. Arthur MILLER. La muerte de un viajante. Decía André Malraux en La condición humana que se necesitan nueve meses para hacer un hombre, y sólo un día para acabar con él. Ahora bien, al nacimiento físico le sigue un nacimiento social en los términos expresados por Hannah Arendt (1957) en texto homónimo, quien propuso que los principios de familia son formas de natalidad mediante los que se nace, una y otra vez, a la vida social. Todo ello actúa como renovada forma de socialización y como proceso de naturalización de poderes, discursos, praxis, usos, significados, etc., como proceso de normalización e interiorización de las normas reguladoras de la sociedad (tribu) de pertenencia. A la interiorización de los modos de acción del entorno sociocultural mediante un proceso de influencia social (socialización) de agencias como la familia se suman otros tales como la enculturación como forma de interiorización de las pautas culturales del entorno, así como intentos de afirmación de la propia identidad personal (personalización). Semejantes procesos de eminente carácter psicosociológico se sirven de instituciones y estamentos salvaguardia de tradiciones, tales como la familia, entre otros, de gran raigambre socioantropológica (véase Engels, 1977; Goody, 2001; Malinowski, 1932; Segalen, 1992) y en actual proceso de transformación. En ningún caso, la familia ha de concebirse como unidad estática. Ha de evolucionar necesariamente con los tiempos, en caso contrario, su estancamiento sería signo de desadaptación. Se explicitan algunas de sus funciones básicas, tales como la acogida y socialización primaria de los nuevos miembros de la sociedad, así como ser el soporte emocional del individuo a lo largo de toda su vida o la garantía de seguridad que se convierte en asidero que se necesita en tiempos de incertidumbres (Moral y Ovejero, 1998, 2004). Sociedad, familia e individuo están obligados a cambiar en circunstancias entrópicas como las actuales con desregulaciones sociales y crisis varias (Fukuyama, 2000; Giddens, 2000; Giner, 1999; McGuigan, 1999; Myers, 2000; Tezanos, 2001). En la actualidad, la familia se enfrenta al desafío de la diversidad, en los términos expuestos por Gimeno Collado (1999), así como a nuevos cambios sociopolíticos y desarrollos tecnológicos propios de las sociedades del bienestar (véase Allones, 1999; Bernal, 2005; Iglesias de Ussel, 1998; Moral y Ovejero, 2004; Moreno, 1999; Martín-López, 2000; Pérez-Díaz, Chuliá y Álvarez-Miranda, 1998; Pérez, Chuliá y Valiente, 2000). Se va otorgando cada vez más entidad a la propia crisis de valores, al debilitamiento de los lazos afectivos, a la supuesta desinstitucionalización de la familia como instancia legitimada, así como a la relegación de algunos de sus aspectos instrumentales a otras instituciones en una sociedad compleja. Trátase de la familia en desorden, en los términos planteados por Roudinesco (2004). A pesar de la disminución de la autoridad paterna (la llamada por los antropólogos familia patriarcal matricéntrica), el menor peso relativo de los hogares nucleares, la puesta en entredicho de la contribución de la familia al funcionamiento del sistema social, la modificación de los roles marido-mujer, las formas alternativas de convivencia, el descentramiento de los afectos, la aparente superficialidad de los vínculos, la flexibilidad de las relaciones, y un largo etcétera de cambios operados, en un país como España la familia sigue siendo una institución plenamente vigente en unas condiciones psicosociológicas como las ac- PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 41 tuales. Este hecho se encuentra apoyo en la literatura sobre el tema, de modo que la satisfacción con la convivencia familiar es un indicador inequívoco de ajuste intergeneracional mediante una actitud proactiva amparado en la prioridad otorgada a la familia (Alberdi, 1999; Beltrán, 2001; Elzo, 2004; Gala, 2002; Gracia y Musitu, 2000; González, 2000; González-Anleo, 1999; Martín Serrano y Velarde, 2001; Moral y Ovejero, 1998; Palacios, 1999; Ruiz Bacáicoa, 2003). En ningún caso, las crisis han de ser interpretadas como síntomas de la desaparición de la familia. La familia como forma acostumbrada de reunión se nos aparenta como la institución más elemental de todas que evoluciona con las nuevas condiciones definitorias de la sociedad actual. Preguntémonos por El destino de la familia con Flaquer (1998, p. 199) y acerca del cómo de su resurgimiento: “¿Cómo se explica este reavivamiento tan espectacular de la familia, cuya representación pública hace unos tres decenios, estaba por los suelos, acusada de ser origen de un sinfín de males que aquejaban al conjunto de la sociedad? ¿Cómo ha sido posible volver a la vida a una institución que en algunos momentos casi se creyó muerta y enterrada?”. PLANTEAMIENTO: La familia de ayer y de hoy Vivimos en unas condiciones en las que la multifuncionalidad de la familia se evidencia al referenciar su papel como institución multifacética, complejo vital, agente de normalización y control social, estamento legitimado y agencia legitimadora, garantía de apoyo social, vehículo de transmisión mediante modelado, unidad de interacción o adalid de la representación del poder natural. La alusión a las profundas transformaciones operadas en la familia, que se identifican con supuestas crisis que responden y agudizan las crisis de la sociedad, se ha convertido en un tema recurrente y en objeto de discusiones, fructíferas algunas y maniqueas otras, cuestionándose la supervivencia de la familia al atenderse a un determinado tipo de familia que está en declive, la familia nuclear parece estar abocada a su fin, y a características meramente morfológicas o demográficas que encubren la incuestionable importancia psicosociológica de la familia en unas condiciones en que todo está siendo cuestionado. En cualquier caso, las perspectivas de la cultura familiar a comienzos del siglo XXI son en su conjunto halagüeñas (Bernal, 2005; Borobio, 1998; Elzo, 2004; Ibáñez, 2001; Martínez-Cortés, 1998; Mestre, 1998; Observatorio Vasco de la Juventud, 2007; Pérez-Díaz et al., 2000; Requena, 2006). La familia, aún en nuestros días, actúa como agencia socializante (normalizadora, se dirá desde algunos sectores), como modelo de actuación (en una condiciones en que se subestima su imagen como referente), como transmisora de valores (en un momento en que parecen estar en crisis), como mediadora (dado el declive de los liderazgos formales), como encarnación de las tradiciones (que se debilitan ante los cuestionamientos) o como poder naturalizado(ante el desvelamiento, a modo foucaultiano de los modus operandi de los poderes que encarna). Los cambios operados en el proceso de conceptualización de las tipologías de familia son múltiples, de manera que la decadencia de la llamada familia nuclear tradicional -“padre, madre y unos pocos hijos, sin parientes molestos”, convertida en modelo moderno estándar, según la apreciación de Toffler (1981, p. 44)- se evidencia en los últimos tiempos. Parece generalizarse la creencia relativa al fin de la familia nuclear y se conviene en el predominio del discurso público negativo sobre la familia. En cambio, hay quienes, como Coontz (1992), han cuestionado la edad dorada de la familia ofreciéndonos excelentes críticas del halo de nostalgia que rodea la pérdida de formas pasadas de vida familiar. Esta aparente añoranza que se siente al pensar en las formas tradicionales de familia, idealizándolas, constituye una manera de reforzarla, mistificándola. Autores como Palacios (1999) someten a la familia nuclear a un proceso de deconstrucción centrado en el análisis del matrimonio como algo que no resulta necesario para hablar de familia, la referencia a las familias monoparentales, el que los hijos del matrimonio sean tenidos en común ya no resulte un hecho definitorio, la actividad la- PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 42 boral materna, la implicación afectiva paterna, la reducción del número de hijos o la disolución de algunos núcleos familiares. Sin embargo, la pérdida cuantitativa de miembros en el núcleo familiar no tiene por qué implicar una descalificación pareja de la institución en sí, ni propiamente de sus vínculos. Tal como se apuntó en El nacimiento de la familia moderna de Shorter (1977), más que el número de miembros integrantes, lo que distingue a la familia nuclear de otro tipo de familia es un sentido especial de solidaridad mediante el cual los individuos se sienten partícipes de un clima emocional que deben proteger. La superación de la familia extensa no ha de representar en ningún caso la suposición errónea de que con ella se acaba la familia, sino, en todo caso, representa un signo de evolución sociohistórica natural. En la actualidad, el surgimiento de las denominadas familias postconvencionales, calificadas así por Meler (1998), debe vincularse al proceso de creciente individuación asociada, a su vez, a procesos socioeconómicos propios de las condiciones postindustriales. Efectivamente, el paso de la familia preindustrial a la familia postmoderna actual ha estado condicionado por los propios cambios sociodemográficos, económicos, políticos e ideológicos y culturales, principalmente, que se han interrelacionado recomponiendo todo un proceso de renovaciones estructurales, flexibilización de roles, diferenciaciones funcionales, diversificación de las formas de convivencia, y otros muchos cambios que son signo y síntoma de esta nueva realidad familiar. Asistimos a la derivación hacia un tipo de familia postpatriarcal, denominada también postmoderna (Burin, 1998; Cheal, 1991; Donati, 1998; Lüscher, Schultheis y Wehrspraun, 1990; Sánchez-Pardo, 1997; Singly, 1993). Con este apelativo se hace referencia a una familia que no representa la negación de la moderna, sino una forma renovada acorde con los cambios operados. Tales familias postfamiliares en términos de Beck-Gernsheim (1988) surgen como forma alternativa, o como simple evolución, a formas tradicionales y son definidas como un tipo de familia permeable, influida por el renovado valor de la vida privada y el escenario público, el sentido de fugacidad de la vida conectado con el imperio de lo efímero, en términos de Lipovetsky (1990). La familia como unidad de consumo, más que de producción, se inserta en unas condiciones donde la urgencia de lo inmediato se conecta con el incremento de la intensidad de los afectos y donde la búsqueda de la satisfacción se vincula a la urgencia de las gratificaciones inmediatas. En estas nuevas formas familiares el estado de la adolescencia - como modo de ser en el sentido aportado por Dolto (1990)-, y su institucionalización condiciona el surgimiento de nuevos lazos afectivos o evidentes cambios en las relaciones paternofiliales, junto con los habituales conflictos, problemas de comunicación o crisis varias que definían el estadío de la adolescencia, como algo pasajero, años atrás, aun cuando ahora se hable de cautividad en la adolescencia, en expresión de Castillo (1997, 1999). En las últimas décadas una fructífera línea de investigación se ha ido focalizando en las relaciones entre padres e hijos adolescentes, dadas las circunstancias cambiantes a las que se hallan sometidos, tanto el estatuto de los padres como referentes socializadores por excelencia y el declive de la imago paterna junto a la reducción del peso de la transmisión de valores y actitudes que sobrepasan los límites de la intimidad familiar (Burin, 1998; Flaquer, 1993, 1998, 1999; González Chavez, 1996; Sánchez-Pardo, 1997; Sulerot, 1993; Valero, 1995) como las identidades difusas de los postadolescentes contemporáneos (Moral y Ovejero, 2004). En la literatura psicosociológica sobre el tema abundan estudios desde diversas perspectivas de análisis de la particular vinculación entre padres e hijos adolescentes, ya sea focalizando la atención en los procesos de construcción de la subjetividad (Burin, 1998), en la centralidad del clima familiar en los proceso interactivos con el peer-group (Martínez y Fuertes, 1999), así como en los procesos adaptativos del adolescente (Moreno, Vacas y Bersabé, 2001) y en los sucesos vitales y las correspondientes estrategias de afrontamiento (Ruano y Serra, 2001). También se ha procedido a analizar la influencia de los estilos educativos paternos sobre el desarrollo socioemocional (Pichardo, 2000) y se ha abundado en las discrepancias en la percepción de los conflictos entre unos y otros durante las crisis de la adolescencia (Motrico, Fuentes y Bersabé, 2001) que se retroalimentan de las propias crisis de la sociedad contemporánea (Moral y Ovejero, 2004). Ciertamente, semejante fluctuación de la familia al compás de otras estructuras (políticas, de producción, sociales, ideológicas, etc.) se agudiza PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 43 PERCEPCIÓN DEL ESTILO EDUCATIVO PARENTAL Y SU INFLUENCIA EN LA ACTITUD SOCIAL DE LOS MENORES ENTRE 12 Y 14 AÑOS Leticia Calle Bolivar, Aitana Iborra Hernández*, Sebastián Corrales González** Práctica Privada. Palma de Mallorca. *Dpto de Psicología. Universidad de Alicante. **Dpto de Psicología. Universidad de Palma de Mallorca Introducción Partiendo de la teoría del aprendizaje social, Bandura sostiene que los humanos adquieren destrezas y conductas de modo operante e instrumental y que entre la observación y la imitación intervienen factores cognitivos que ayudan al sujeto a decidir si lo observado se imita o no. Estos factores se refieren concretamente a la capacidad de reflexión y simbolización, así como a la prevención de consecuencias basadas en procesos de comparación, generalización y auto evaluación. En definitiva, el comportamiento depende del ambiente, así como de los factores personales (motivación, retención y producción motora). Albert Bandura mantiene que el niño aprende los comportamientos sociales por observación e imitación de modelos, que pueden ser los padres, educadores, amigos o la televisión. Considera al aprendiz como una persona que contribuye de una manera activa a su propio aprendizaje. Las personas aprenden en un contexto social, y el aprendizaje humano es más complejo que un simple condicionamiento. Según esta teoría, la identificación de los niños con los padres es el elemento que más influye en la manera como adquieren el lenguaje, enfrentan la agresión, desarrollan un sentido moral y aprenden los comportamientos que la sociedad considera apropiados para cada género. No obstante el comportamiento no se desarrolla exclusivamente a través de lo que aprende el individuo directamente por medio del condicionamiento operante y clásico, sino también a través de lo que aprende indirectamente (de forma vicaria) mediante la observación y la representación simbólica de otras personas y situaciones. En todo esto intervienen los procesos de atención, retención, producción y motivación, al igual que factores tales como el estado de desarrollo del individuo, el prestigio y la competencia del modelo, las consecuencias observadas, las expectativas, el establecimiento de metas y la autoeficacia. Por otro lado, teniendo en cuenta la teoría del aprendizaje social, podemos entender que la actitud es una de las variables más estudiadas en psicología social debido a que constituye un valioso elemento para la predicción de conductas. Secor y Backman (1964), definen la actitud como cierta regularidad en los sentimientos, pensamientos y predisposiciones del individuo para actuar en relación con algún aspecto de su ambiente. A la hora de adquirir actitudes y conductas sociales, además de lo enunciado por Bandura, toma gran relevancia el grupo. Tomando la definición de Newcomb, entendemos como grupo un conjunto de dos o más personas que comparten normas con respecto a ciertas cosas y cuyos roles sociales están estrechamente vinculados. Relacionándolo con nuestro planteamiento, destacamos la influencia del grupo primario en la adquisición y desarrollo de dichas actitudes y conductas. En él las relaciones personales se desarrollan cara a cara con cierta frecuencia y a nivel íntimo y afectivo. En estos grupos se establecen normas y roles. La familia, el grupo de trabajo, los amigos, etc. son ejemplos de los mismos. El grupo primario practica un control informal sobre sus miembros, es ejercido de manera latente, siendo no institucionalizado pero no por ello menos eficaz. El comportamiento social actúa como expresión de ciertas actitudes sociales básicas de la persona. Para Moraleda, González Galán y García-Gallo (2004), las actitudes pueden ser de carácter prosocial, antisocial o asocial, constituyendo estás dos últimas variables de incompetencia social. PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 51 Tomando como referencia este último modelo de Moraleda, González Galán y García- Gallo (2004), las actitudes sociales están definidas por nueve variables: Tabla 1 ESCALAS DE ACTITUD SOCIAL Conformidad con lo socialmente correcto Acatar las reglas y normas sociales que facilitan la convivencia y respeto mutuo. La propia responsabilidad moral. Sensibilidad social Tendencia a sintonizar con los sentimientos ajenos. Ayuda y colaboración Tendencia a compartir con los demás lo propio y a construir soluciones por consenso. Seguridad y firmeza en la interacción Confiar en las propias posibilidades para conseguir los objetivos de la interacción y afrontar los problemas no evitándolos. Liderazgo prosocial Tendencia a dar ideas en el grupo, trabajar en torno a unos objetivos comunes, tomar la iniciativa y planificar actividades con espíritu de servicio. Agresividad y terquedad Tendencia a la expresión violenta contra personas o cosas, tanto en forma de amenazas o intimidación o experimentando sentimientos de envidia y tristeza por el bien ajeno. Dominancia Tendencia a buscar puestos de autoridad, dominando a los demás para conseguir el propio provecho. Apatía y retraimiento Desinterés de la persona por integrarse en los grupos, mostrándose reservado, crítico, alejado y aislado. Ansiedad y timidez Tendencia a la timidez y a la culpabilidad, manifestando miedo a expresarse y relacionarse. Las cinco primeras son características de actitudes prosociales: conformidad con lo socialmente correcto, sensibilidad social, ayuda y colaboración, seguridad y firmeza en la interacción, liderazgo prosocial. Las cuatro siguientes son características de incompetencia social, constituyendo agresividad y terquedad junto con dominancia las actitudes antisociales, y apatía y ansiedad, las de carácter asocial. La conducta social también depende de la influencia de otros individuos y la interacción social es una de las claves de este proceso. Si la conducta es una respuesta al estímulo social producido por otros, la interacción social puede ser concebida como la secuencia de esas relaciones estímulo–respuesta. La interacción social produce efectos sobre la percepción, la motivación y especialmente sobre el aprendizaje y la adaptación del individuo. Por otra parte, los procesos de socialización familiar y sus efectos en la personalidad y ajuste del niño y adolescente han sido objeto de estudio constante de psicólogos y pedagogos. La socialización de los hijos es la principal responsabilidad de las familias (en la mayoría de las sociedades), y las formas en que los padres logran este objetivo varían no sólo entre las culturas sino también entre las familias. Para Musitu y Allat (1994), la socialización es un proceso de aprendizaje no formalizado y en gran parte no consciente, en el que a través de un entramado y complejo proceso de interacciones, el niño asimila conocimientos, actitudes, valores, costumbres, necesidades, sentimientos y demás patrones culturales que caracterizarán para toda la vida su estilo de adaptación al ambiente. El proceso de socialización cumple una función fundamentalmente social, ya que constituye un proceso de inmersión cultural que en gran medida determinará la futura forma de actuar del adolescente, aprenderán las limitaciones y posibilidades que les depara su porve- PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 52 nir en la comunidad, controlarán sus impulsos y aprenderán roles que les permitirán expresarse considerando la existencia de los demás. La familia es en sí misma un proceso de socialización. En el campo de la psicosociología se considera que la socialización es la función familiar por excelencia. Como ya hemos señalado anteriormente, en la familia, como grupo primario, la socialización se desarrolla como una función psicológica, como interrelación de sus miembros y como función básica de la organización social. Tomando en consideración todo lo expuesto, el contexto familiar (grupo primario) es una de las principales fuentes de desarrollo y de aprendizaje de habilidades, por lo que a través de las interacciones de padres e hijos se van modelando los distintos comportamientos. La socialización/educación parental es la más estudiada y una de las más importantes. La línea general en la que se basan estos estudios se puede concretar en dos cuestiones fundamentales: ¿De qué manera los padres socializan/educan a sus hijos?, ¿Qué repercusiones tienen en los hijos las formas de socialización/educación parental?. En todas las investigaciones, desde los años 20, se observa una gran coincidencia al señalar con pequeños matices que hay dos grandes dimensiones que explican las prácticas parentales de socialización. Pero no es hasta los años 60 cuando encontramos la contribución más significativa en este área, la de Diana Baumrind, que señala dos dimensiones subyacentes en las relaciones paterno-filiales: aceptación y control parental. En la misma dirección, Steinberg, Lamborn, Darling, Mounts y Dornbusch, en 1994, obtuvieron también dos dimensiones similares: aceptación/implicación e inflexibilidad/supervisión. De esta manera quedan configurados los dos grandes ejes del modelo a partir de las relaciones entre las escalas que evalúan la implicación (apego, aceptación, amor, etc.) y la supervisión (disciplina, castigo, privación, control, etc.). Aunque la denominación de los ejes varía según los distintos autores, se observa una gran coincidencia en aceptar que los estilos parentales se explican mediante un modelo bidimensional cuyos componentes son: implicación y supervisión. A partir de estas dos dimensiones se definen cuatro tipos o estilos paterno-filiales: el autorizativo, con alta implicación y supervisión; el permisivo, con alta implicación y baja supervisión; el autoritario, con baja implicación y alta supervisión; y el negligente, como baja implicación y supervisión. Tomando como referencia el modelo teórico de Musitu y García (1991), basado en las investigaciones anteriormente citadas, describimos los ejes principales como: • Implicación/Aceptación: La propia relación paterno-filial supone que las conductas del hijo que se ajustan a las normas de funcionamiento familiar sean reconocidas por los padres a través de manifestaciones de aprobación y aceptación. El estilo de los padres se acercará a este eje en la medida en que expresen reacciones de aprobación y afecto cuando sus hijos se comporten de acuerdo con las normas familiares. • Coerción/Imposición: Es un estilo que se utiliza cuando los hijos se comportan de manera discrepante con las normas de funcionamiento familiar. Esta forma de actuación pretende, normalmente, suprimir las conductas inadecuadas utilizando simultánea o independientemente la privación, la coerción verbal y la física. Como los estilos de socialización de los padres se conceptualizan en dos dimensiones que caracterizan la relación paterno-filial, esta relación sólo se puede entender en toda su totalidad considerando al mismo tiempo las dos dimensiones. Al unirse éstas, los estilos de socialización de los padres pueden clasificarse en cuatro categorías caracterizadas por una forma determinada de afrontar la socialización de los hijos. • Estilo Autorizativo (alta coerción/imposición y alta aceptación/implicación): Lo constituyen aquellos padres que se esfuerzan en dirigir las actividades del hijo pero de una manera racional y orientada al proceso. Estimulan el diálogo verbal y comparten con el hijo el razonamiento que subyace a su política. Valoran tanto los PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 53 atributos expresivos como los instrumentales, las decisiones autónomas y la conformidad disciplinada. Ejercen el control firme en puntos de divergencia, pero utilizando el diálogo. Reconocen sus propios derechos especiales como adultos, pero también los intereses y modos del hijo. Afirman las cualidades presentes del hijo, pero también establecen líneas para la conducta futura, recurriendo tanto a la razón como al poder para lograr sus objetivos. • Estilo Indulgente (baja coerción/imposición y alta aceptación/implicación): Lo constituye aquellos padres que intentan comportarse de una manera afectiva, aceptando los impulsos, deseos y acciones del hijo. Consultan con ellos las decisiones internas del hogar y les proporcionan explicaciones de las reglas familiares. Permiten a sus hijos regular sus propias actividades tanto como sea posible, ayudándoles con las explicaciones y razonamientos, pero evitan el ejercicio del control impositivo y coercitivo, y no les obligan a obedecer ciegamente a pautas impuestas por las figuras de autoridad, a no ser que éstas sean razonadas. • Estilo Autoritario (alta coerción/imposición y baja aceptación/implicación): Lo constituye aquellos padres que intentan modelar, controlar y evaluar la conducta y actitudes del hijo de acuerdo con un conjunto de normas de conducta, normalmente de forma absoluta. Valoran la obediencia como una virtud y favorecen medidas punitivas y de fuerza para doblegar la voluntad cuando las acciones del hijo o las creencias personales de éste entran en conflicto con lo que piensan que es una conducta correcta. Confían en la inculcación de valores instrumentales como el respeto a la autoridad, respeto por el trabajo y respeto por la perseveración del orden y de la estructura tradicional. No potencian el diálogo verbal, y creen que el hijo debería aceptar solamente su palabra, ya que es la correcta. • Estilo Negligente (baja coerción/imposición y baja aceptación/implicación): Lo constituye aquellos padres que tienen serias dificultades para relacionarse o interactuar con sus hijos, al igual que para definir los límites en sus relaciones con ellos, permitiendo con indefensión que sean los propios hijos quienes las definan. Aceptan con dificultades los cambios evolutivos de sus hijos y tienen pocas expresiones de afecto. No se implican en las interacciones con ellos y no supervisan constante y consistentemente las actividades de los hijos. Las distintas conductas que se producen entre los miembros de una familia sirven de modelo y entrenamiento para la conducta que los niños y jóvenes exhiben en otros ambientes, debido a un proceso de generalización de las mismas. Este proceso comienza con la imitación de modelos de conducta de la familia, para después pasar a ser la tónica general en las relaciones interpersonales con independencia del lugar y los sujetos que interactúen. Los modelos de conducta que presentan los padres y otros adultos del entorno familiar, los refuerzos que proporcionan a determinadas conductas poco prosociales de sus hijos a través de la violencia con que responden a las conductas desagradables, unidos a las condiciones afectivas y emocionales que vive el grupo familiar, facilitan el aprendizaje de comportamientos de tipo violento. Dentro de la familia, además de los modelos y refuerzos, son responsables de la conducta de los niños y adolescentes las pautas de crianza de los padres. Otro factor que influye en la emisión de conductas poco prosociales es la incongruencia en el comportamiento de los padres. La incongruencia se da cuando éstos desaprueban un comportamiento poco adecuado, como puede ser la agresión y, cuando ésta ocurre, la castigan con su propia agresión física o amenazan al niño. Este contraataque por parte de los padres, aunque pueda funcionar momentáneamente, produce más hostilidad en el niño y, a la larga, acaba por manifestarse. Los padres que desaprueban la agresión y la detienen, pero con medios diferentes del castigo físico, tienen menos probabilidad de fomentar acciones agresivas posteriores. Esta inconsistencia en el comportamiento de los padres, también se ve en el hecho de que estos castiguen un comportamiento que en otras ocasiones es ignorado, no dando, por tanto, pautas consistentes a sus hijos. De esta manera el niño es incapaz de saber lo que debe hacer y lo que no debe hacer. PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 54 Se señalan como variables implicadas en la etiología familiar de comportamientos y actitudes poco deseados en aras a la socialización adecuada del menor, las siguientes: la carencia de estructuras que sirvan como marco de referencia; las prácticas de disciplina inconsistente, el refuerzo positivo a comportamientos poco prosociales, el aislamiento social de la familia, el rechazo paterno de los hijos, el empleo de castigos corporales, la carencia de control por parte de los padres y la historia familiar de conductas antisociales. Dada la innegable relevancia que toma el comportamiento de los padres en la determinación de las actitudes y conductas de sus descendientes, se considera oportuno señalar las consecuencias que para éstos tienen los distintos estilos de socialización/educación ejercidos por los progenitores. Así un hijo que ha sido educado según las pautas de un Estilo Educativo Autoritario puede: no adquirir suficiente responsabilidad como para poder obtener unos resultados académicamente buenos; experimentar un sentimiento de culpabilidad al no poder cumplir las expectativas de los padres, volviéndose resignado, actuando de una manera u otra según estén presentes o no los progenitores; desarrollar un autoconcepto negativo; buscar refuerzos positivos inmediatos, ya que se rige por valores hedonistas. Un Estilo Educativo Negligente puede producir comportamientos y sentimientos en el hijo como: inestabilidad y falta de equilibrio personal al no incorporar normas; baja autonomía personal; al existir escaso afecto, desarrollan un muy bajo autoconcepto y fácilmente buscarán afecto en cualquier lugar, por lo que son propensos a conductas desviadas; son más testarudos, se implican con frecuencia en discusiones, actúan impulsivamente. Son ofensivos, crueles, mienten y engañan con más facilidad; emocionalmente experimentan miedo al abandono, falta de confianza en los demás, pensamientos suicidas, pobre autoestima, miedos irracionales, ansiedad y pobres habilidades sociales. Un Estilo Educativo Indulgente puede conducir a las siguientes consecuencias: ante una acción incorrecta, son capaces de razonar sobre cuál o cuáles serían las conductas adecuadas y por qué; presentan una sólida internalización de las normas del comportamiento social, orientados especialmente hacia sus iguales y hacia las actividades sociales valoradas por los adolescentes; alto autoconcepto. Un Estilo Educativo Autorizativo puede dar lugar a las siguientes consecuencias: alta autoestima, autoconfianza y autocontrol como consecuencia de haber internalizado las normas sociales; mejor logro académico, desarrollo piscosocial y menos problemas de conducta; capacidad para tomar decisiones, así como de relación y cooperación con los demás. Planteamiento Se observa una falta alarmante de las conductas prosociales en la población adolescente, reflejando actitudes tales como: una marcada inconformidad con lo socialmente correcto o rebeldía ante lo preestablecido; insensibilidad social; falta de habilidades sociales en la resolución de problemas; inseguridad en las interacciones tendiendo a la expresión violenta contra las personas o cosas, manifestando miedo a expresarse, relacionarse, y defender los propios derechos con asertividad; y un cambio sustancial del liderazgo a la dominancia. Del mismo modo, se advierte una tendencia a formar grupos de iguales como principal referencia y vínculo seguro en el desarrollo social y personal. Por todo lo cual se plantean los siguientes objetivos: 1. Conocer la influencia del estilo educativo parental en la actitud social de los menores. 2. Averiguar qué estilo educativo genera más actitudes prosociales y, relacionado con esto, cuál suscita un mayor número de actitudes no prosociales. 3. Analizar qué tipo de actitudes no prosociales tienen más prevalencia. PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 55 Método Hipótesis Teniendo en cuenta todo lo expuesto, la hipótesis de partida es la siguiente: El Estilo Educativo Parental influye en la Actitud Social del menor. De esta hipótesis se extraen cuatro especificaciones: •El estilo autorizativo genera más actitudes prosociales que el resto de estilos. •El estilo indulgente genera menos actitudes prosociales que el estilo autorizativo pero más que el resto de estilos. •El estilo negligente genera más actitudes antisociales que el resto de estilos. •El estilo autoritario genera más actitudes asociales que el resto de estilos. Muestra De la población de partida de menores de doce a catorce años de Valencia, se seleccionó a aquéllos que cursaban el primer y el segundo curso de la ESO en los institutos de educación secundaria Carles Salvador del Municipio de Aldaia y Ferrer y Guardia del barrio de Benimaclet, obteniendo un tamaño de la muestra de 154 sujetos. De esta muestra inicial se seleccionó a aquellos sujetos que habían completado las dos pruebas, siendo el tamaño final de la muestra de 131 alumnos. Instrumentos Se administró a la muestra dos pruebas de evaluación que fueron cumplimentadas de forma voluntaria. La primera de ellas fue la escala de estilos de socialización parental en la adolescencia (ESPA 29) de Musitu, G. y García, F (2001) (Ver Anexo 1). La justificación del empleo de este instrumento se deriva del hecho de que muchos de los profesionales que trabajan con adolescentes consideran que el contexto familiar es clave para explicar su conducta. Un mayor conocimiento de las relaciones que mantienen con sus padres (el estilo de socialización) permitirá comprender mejor su funcionamiento y será un excelente apoyo a la intervención, ya sea con el adolescente o con los padres. El ESPA29 ofrece ese conocimiento. El adolescente valora cuál es la reacción de cada progenitor ante 29 situaciones relevantes de su vida diaria. Estas valoraciones permiten obtener medidas de la aceptación/implicación y coerción/imposición que manifiesta cada progenitor, así como medidas más específicas. Finalmente permite clasificar a cada progenitor dentro de un estilo de socialización: autorizativo, indulgente, autoritario o negligente. En segundo lugar se administró el cuestionario de actitudes y estrategias cognitivas y sociales (AECS) de Moraleda, M., González Galán, A. y García-Gallo, J (2004) (Ver Anexo 2). Este instrumento permite valorar con un enorme grado de detalle componentes actitudinales y cognitivos de los adolescentes en sus relaciones sociales. La dimensión de actitud social se sustenta sobre un modelo empírico trifactorial compuesto por variables prosociales, antisociales y asociales. Por su parte, el pensamiento social es perfilado en función de 10 variables bipolares repartidas entre tres factores: estilo cognitivo, percepción social y estrategias en la resolución de problemas sociales. El cuestionario cuenta con 137 elementos cuyo lenguaje y contenido se adaptan a la realidad de los adolescentes españoles. Procedimiento La cumplimentación de las pruebas se realizó entre los meses de Marzo y Mayo de 2006. Con la finalidad de controlar la influencia de las variables extrañas derivadas del experimentador, del orden de aplicación de las pruebas y del cansancio, ambas pruebas se pasaron en presencia de los mismos experimentadores, en el mismo orden (en primer lugar el ESPA 29 y en segundo lugar el AECS) y en dos sesiones. Se les proporcionaron las mismas instrucciones a todos los sujetos (las que se detallan en las pruebas), para no sesgar resultados. Únicamente en aquellos casos donde el sujeto preguntaba, se aclararon las posibles dudas. PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 56 Una vez establecidas las pautas de aplicación de las pruebas, se efectuó la administración de las mismas. Se pasaron ambos instrumentos a la totalidad de los sujetos para seleccionar posteriormente aquéllos que habían realizado ambos, obteniendo un tamaño muestral de 131 sujetos. De esta muestra se eliminó a aquellos sujetos que percibían discrepancias en el estilo educativo entre ambos padres. De esta forma quedó una muestra constituida por aquellos sujetos que percibían el mismo estilo educativo en ambos progenitores, compuesta finalmente por 77 sujetos, obteniendo cuatro categorías: autoritario, autorizativo, negligente e indulgente. Para finalizar se analizó el tipo de actitud social obtenido por estos sujetos, diferenciando entre actitud prosocial y no prosocial. Dentro de ésta, examinando el tipo de actitud no prosocial, con dos categorías: antisocial y asocial. Resultados y discusión Tomando como punto de partida la muestra obtenida de la Escala de Estilos de Socialización Parental en la Adolescencia (ESPA 29) de Musitu, G. y García, F (2001), un 61% de los menores consultados percibe un mismo estilo educativo para ambos progenitores, recibiendo de esta forma un mensaje educativo congruente y consistente de las dos partes. Sin embargo, el 39% de la muestra, percibe un estilo educativo diferente para cada progenitor, por lo que recibirá mensajes educativos y pautas a seguir inconsistentes, con las posibles consecuencias negativas que este hecho puede generar en él como actitudes y conductas poco prosociales. Siguiendo con esta muestra inicial y seleccionando los sujetos que perciben un mismo estilo educativo para ambos progenitores, se observa que la percepción del 40% de estos sujetos corresponde a un estilo educativo indulgente y el 34% al autorizativo, quedando el de carácter autoritario como el de menor prevalencia para nuestra muestra. Por lo tanto, el 40% de esta muestra considera que sus progenitores son afectivos en su comportamiento, aceptan sus impulsos, deseos o acciones y les hacen participes de las decisiones familiares; y sólo el 11% considera que sus progenitores intentan modelar, controlar y evaluar de forma absoluta su conducta y actitudes de acuerdo con un conjunto de normas, también creen que éstos valoran la obediencia como una virtud y recurren con frecuencia a medidas punitivas y de fuerza para doblegar su voluntad, inculcando valores instrumentales como el respeto por la autoridad, por el trabajo y por la perseverancia del orden y lo tradicional. Por otro lado, tomando como referencia la muestra obtenida del Cuestionario de Actitudes y Estrategias Cognitivas y Sociales (AECS) de Moraleda, M., González Galán, A. y García-Gallo, J (2004); un 60% de los menores consultados presentan actitudes prosociales y el 40% restante, actitudes de carácter no prosocial. Este 60% de la muestra se caracteriza fundamentalmente por acatar las reglas y normas sociales facilitando la convivencia y el respeto, son empáticos, generosos, seguros y poseen actitudes de liderazgo con espíritu de colaboración y ayuda. Sin embargo, el 40% se muestra generalmente como violento contra las personas o las cosas, envidioso, triste ante el bien ajeno, autoritario, desinteresado por el grupo, tímido, aislado, etc. Teniendo en cuenta estos últimos sujetos, observamos que el 58% de las actitudes no prosociales se corresponden con las de tipo antisocial con tendencia a la agresividad, terquedad y dominancia; y el 42% con las de tipo asocial, más propensas a la apatía, el retraimiento, la ansiedad y la timidez. Tras el análisis de la muestra correspondiente a los sujetos que habían cumplimentado ambas pruebas (ESPA 29 y AECS), se observa que el 61% percibe un mismo estilo educativo para ambos progenitores (siendo el 37% de carácter indulgente, el 35% autorizativo y sólo el 12% autoritario) y el 49% un estilo educativo distinto para cada progenitor (obteniendo mayoritariamente estilos de tipo autorizativo e indulgente con un 25% de prevalencia). Estos resultados son consistentes con los resultados reflejados de la muestra analizada inicialmente. Teniendo en cuenta la muestra de sujetos que perciben el mismo estilo educativo en PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 57 los dos progenitores, se puede señalar que el 58% presenta una actitud de tipo prosocial y el 42% de tipo no prosocial. Si se analizan estos resultados, se obtiene que el 59% de los sujetos con una actitud no prosocial es de carácter antisocial y el 41% de carácter asocial. Por otro lado, tomando esta muestra a modo general, se encuentra que el estilo indulgente es el que más conductas prosociales genera, un 69%, frente al estilo autoritario, que genera un 44% de actitudes prosociales y un 56% de actitudes no prosociales, siendo el índice más alto en este aspecto. Atendiendo a esto último, destaca que las actitudes no prosociales mayoritarias en el estilo negligente son de carácter antisocial en un 80%, y en el estilo autoritario de carácter asocial en el 60% de los casos. Todo esto nos indica que en nuestra muestra, los progenitores que utilizan el diálogo o el razonamiento, intentan comportarse de una manera afectiva, aceptando los impulsos, deseos o acciones de sus hijos y evitan el ejercicio del control impositivo o coercitivo; son los que estimulan más actitudes prosociales en sus hijos, caracterizándose estos últimos por: seguir las reglas y normas sociales facilitando la convivencia y el respeto, ser empáticos, generosos, seguros y poseer actitudes de liderazgo prosocial. También es interesante señalar que en la muestra, los progenitores que tienen serias dificultades para relacionarse o interactuar con sus hijos, al igual que para definir los límites en sus relaciones con ellos permitiendo con indefensión que sean los propios hijos quienes las definan y que aceptan con dificultades los cambios evolutivos de sus hijos y tienen pocas expresiones de afecto hacia ellos; son los que generan más actitudes antisociales en los menores, fomentando en cierta manera agresividad, terquedad y dominancia en las actitudes de los mismos. Frente a esto, se encuentra que los progenitores que intentan modelar, controlar y evaluar de forma absoluta la conducta y actitudes de sus hijos de acuerdo con un conjunto de normas, que valoran ante todo la obediencia como una virtud y recurren con frecuencia a medidas punitivas y de fuerza para doblegar su voluntad; son los que provocan más actitudes de tipo asocial en sus hijos, mostrándose éstos como apáticos, retraídos, ansiosos y tímidos. Expuestos los resultados, se pueden destacar ciertos aspectos planteados al inicio del estudio. El primer y principal objetivo marcado es conocer la influencia del estilo educativo parental en la actitud social de los menores. Esta influencia se ha ido analizando pormenorizadamente en el desarrollo de los resultados, obteniéndose un gran número de datos y matices que ya se han ido comentando a lo largo de este apartado. El segundo objetivo es averiguar qué estilo educativo genera más actitudes prosociales y relacionado con esto, cuál suscita un mayor número de actitudes no prosociales. Como ya se ha señalado, en la muestra utilizada para este estudio, es el estilo indulgente el que más actitudes prosociales genera, con un 69%; y por el contrario, es el estilo autoritario el que suscita un mayor número de actitudes no prosociales, un 56%. Por último, atendiendo al tercer objetivo, se ha analizado qué tipo de actitudes no prosociales tienen mayor prevalencia, obteniendo idéntico resultado, tanto para progenitores con un mismo estilo educativo como para los que tienen un estilo educativo diferente cada uno. La actitud no prosocial con más prevalencia en la muestra es la actitud antisocial, con un índice del 60% y 59% respectivamente. Conclusión Tomando como referencia las hipótesis planteadas al inicio del estudio y en base a los resultados obtenidos en la muestra en que los menores perciben el mismo estilo educativo por parte de ambos progenitores, se puede concluir lo siguiente: Los datos obtenidos permiten verificar la hipótesis de partida. Queda demostrado que el estilo educativo parental influye en la actitud social de los menores, ya que según se trate de un estilo educativo u otro, se produce una variación en la actitud social de los menores. En cuanto a la primera especificación de la hipótesis de partida, cuyo objetivo era averiguar que el estilo autorizativo genera más actitudes prosociales que el resto de estilos, los resultados obtenidos tras el análisis instan a refutarla. PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 58 La siguiente especificación de la hipótesis de partida se verifica de forma parcial, pues es cierto que el estilo indulgente genera mayor número de actitudes prosociales que el resto de estilos, pero no se verifica que este número de actitudes prosociales sea menor que los generados por el estilo autorizativo. En cuanto a las hipótesis planteadas en referencia a cómo se distribuyen las actitudes no prosociales en los estilos negligente y autoritario, los datos nos permiten verificar ambas hipótesis. Se observa que el estilo autoritario genera un mayor número de actitudes asociales y el estilo negligente suscita un mayor número de actitudes antisociales. Una vez finalizado el proceso de análisis del estudio realizado y, en aras a una mayor precisión metodológica, se considera oportuno mencionar aspectos a tener en cuenta en caso de futuras replicaciones. Uno de los aspectos que resultaría interesante valorar, sería el estilo educativo que los padres creen proporcionar a los menores. De esta forma resultaría posible establecer una comparación entre la percepción del estilo educativo de progenitores y menores, y así conocer si existe congruencia entre ambos. Finalmente convendría contemplar con cuál de los progenitores permanece más tiempo el menor y cuál de ellos es su figura de referencia. Este aspecto es relevante porque aquella persona con la que se sienta más identificado será la que mayor influencia desarrolle sobre el menor y este la tomará en mayor consideración su estilo educativo. Referencias bibliográficas Bandura, A., 2002. Aprendizaje social y desarrollo de la personalidad. Alianza. Madrid. Cerezo, F., 2002. Conductas agresivas en edad escolar. Pirámide. Madrid. Domjan, M., 1947. Principios de aprendizaje y de conducta. Thomson. Madrid3. Moraleda, M., González Galán, A., García-Gallo, J., 2004. Manual. Actitudes y estrategias cognitivas sociales. Tea ediciones. Madrid. Musitu, G., García, F., 2001. Manual. Escala de estilos de socialización parental en la adolescencia. Tea ediciones. Madrid. Musitu, G., García, F. (2004). Consecuencias de la socialización familiar en la cultura española. Psicothema, 2 (vol. 16), 288-293. Roldán Franco, A., (2005) Menores, violencia y familia. Proyecto, 54, 40-43. Urra, J., 1995. Menores: La transformación de la realidad. Editorial Siglo XXI. Madrid/México. PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 59 cioeconómico medio/medio-alto, que ostenta la guarda y custodia de los hijos comunes, que ha sido diagnosticada de Trastorno Límite de Personalidad, y que tendrá comorbilidad con algún Trastorno de Eje I (seguramente adicciones o trastornos afectivos). En referencia a los cambios de figura guardadora, esta característica podría asociarse a descompensaciones del TP o del trastorno comórbido, motivo por el cual a menudo se realiza un ingreso del sujeto, en este caso el adulto que ostenta la guarda y custodia, que ante la incertidumbre de duración y gravedad del episodio podría levar a la instancia judicial o al propio técnico que interviene a valorar la necesidad de un cambio de guardador del menor. Asimismo, las características propias de este TP dificultan su vinculación terapéutica (García, 2005), siendo ésta bien intermitente (en el momento del ingreso) o inexistente, motivo por el cual no se pueden producir cambios que permitan mejorar las habilidades parentales. La franja de edad en la que se haya comprendida la mayor parte de la muestra no resulta sorprendente, ya que es el período evolutivo más usual en las que los progenitores ejercen sus funciones de parentalidad. Por otra parte, que la madre sea la figura que mayoritariamente ostente la guarda y custodia de los menores ha sido un resultado esperado, a juzgar por la tradición judicial que cambió la obligatoriedad del padre como educador (siglos XVIII-XIX) al actual estatus quo en el que a la mujer se le ha otorgado un papel mucho más relevante en la función cuidadora de los hijos ya que durante generaciones se han encargado del cuidado de la casa y de los menores mientras el esposo trabajaba fuera (siglo XX); por esta razón la legalidad vigente ha aplicado la creencia de que la mujer es más válida a la hora del cuidado de los hijos comunes, sustentada por las teorías psicodinámicas del apego (Klein, Bowly) y la importancia de la figura materna. Huelga comentar que esta tendencia tan al alza en los últimos años, en la actualidad se encuentra bajo el punto de mira de los Equipos Psicosociales, que evalúan estas habilidades bajo criterios objetivos (basados en diferentes marcos teóricos). En referencia a los TP más frecuentes, los resultados obtenidos coinciden con diversos que estudios en los que El TP Límite es el que mayor tasa de prevalencia tiene (Caballo, 2005; Echeburúa y Corral, 1999. Extraído de Echeburúa y Marañón, 2001), así como el resto de los TP que en nuestra muestra se han encontrado (TP histriónico, esquizotípico y T.O.C). Aún así, estos porcentajes no pueden ser concluyentes debido a que la escasez de la muestra no ha permitido evaluar la presencia de otros TP, más frecuentes que los tres anteriores. Respecto el TP límite y el elevado porcentaje de mujeres (madres) diagnosticadas, la bibliografía indica que es un diagnostico que se diagnostica en este sexo en el 75% de los casos (APA, 2000, en Caballo y cols., 2005), coincidiendo, en este punto, los resultados obtenidos con las investigaciones realizadas anteriormente. Este aspecto también incluye al TP esquizotípico; este TP, parece que en las diferentes investigaciones epidemiológicas se asocia con el sexo masculino (Caballo y cols, 2005), aspecto que se repite también en el presente trabajo. En la vinculación al CSMA por parte del sujeto diagnosticado en TP, se ha encontrado que, a pesar de que el 51% de la muestra mantiene un seguimiento continuo, el 49% restante lo mantiene de forma puntual o directamente no lo mantiene. La relación encontrada entre el seguimiento continuo y la preservación al otro progenitor, así como con la existencia de una relación progenitor-hijo estable lleva a pensar que la intervención profesional mejora las habilidades parentales. No se puede concluir que los sujetos vinculados al seguimiento del CSMA lo hagan por el TP; la presencia de una elevada comorbilidad de trastorno, hacen suponer que cualquier síntoma egodistónico moverá al sujeto para buscar ayuda. Tendiendo a las características propias del TP Histriónico (teatralidad, emocionalidad extrema, seducción, habilidades sociales, necesidad de ser el centro de atención), su relación con la presencia de un estilo educativo sano podría justificarse desde el punto de vista de la psicológica evolutiva. Así, la construcción de un vínculo afectivo seguro en progenitores con este TP podría deberse a la propia emocionalidad de estos. En este sentido, la necesidad de apoyo y protección de los menores durante la primera infancia (Cortés y Duarte, 2000) unida a la teatralidad de estos progenitores, así como la expresión emocional de estos y sus habilidades sociales propician la creación de un vínculo afectivo seguro (Ainsworth, 1978). Este mismo planteamiento se comparte en el caso de la relación de este TP y la relación hallada PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 66 con los espacios de aprendizaje. La tendencia encontrada de este TP a disponer de capacidad empática y de promover la existencia de espacios lúdicos con le menor, iría en esta línea. Sobre la tendencia de este TP a mantener unas relaciones parentofiliales estables podría venir determinada por la dependencia y la necesidad de afecto, rasgos que también caracterizan a los sujetos histriónicos. Poco sorprendente devienen las relaciones encontradas entre el T.O.C y las capacidades parentales. Partiendo de las características de este trastorno: preocupación por las normas, los detalles y la organización, hasta perder de vista los objetivos, rigidez normativa y cognitiva, perfeccionismo que interfiere en su cotidianeidad, dedicación excesiva al trabajo (Caballo y cols. 2005) era esperable que este TP tuviese relación con la presencia de espacios de aprendizaje y de socialización, adhiriéndose de manera rígida a las convenciones sociales de lo que es positivo y/o negativo para el menor. Respecto a los espacios afectivos, la relación negativa encontrada partiría de los déficits propios de estos sujetos en el manejo emocional y en la su inexistente capacidad de introspección. La relación inversa entre este TP y la presencia de espacios lúdicos también se explica en base a las características propias de este TP. El trastorno límite de personalidad es más instable e impredecible de todos los TP encontrados en la muestra. Su patrón de relación inconstante y lleno de explosiones, bien de ira, bien de afecto, dificultan a estos sujetos en el momento de establecer vinculación afectiva con sus hijos. Asimismo su necesidad constante de afecto dificulta la promoción de autonomía de los menores y la socialización de los mismos. Por esta razón, probablemente aunque la mayoría de relaciones encontradas no son significativas éstas son negativas. Las dificultades emocionales de estos trastornos no permiten la creación de espacios íntimos de afectividad, motivo por el cual se explica que la relación entre estos ítems resulte negativa, además de significativa. En esta misma línea se hallaría la justificación de la relación inversa encontrada entre este TP y la existencia de espacios lúdicos, sobretodo en el momento que estos espacios pasan a formar parte de la socialización del menor y la promoción de autonomía de éste. Por otra parte, atendiendo a las disfunciones cognitivas, emocionales interpersonales, comportamentales y a las alteraciones de su identidad (García, A. 2005) y al malestar que todo ello genera en el paciente, éste sería el TP que más se beneficiaría de un seguimiento continuo en el CSMA, a pesar las dificultades existentes para que se vinculen a su referente (García, 2005). Desde el presente trabajo, no se puede afirmar si la vinculación terapéutica de los sujetos parte del TP o del trastorno comórbido. Cabe suponer que debido a las características egosintónicas de los TP la petición de ayuda se producirá con mayor facilidad si el trastorno comórbido, normalmente egodistónico, le genera malestar. En este caso, la dificultad del tratamiento se encontrará en el tratamiento del TP en sí, ya que el trabajo terapéutico se llevará a cabo, primeramente, enfocado a los síntomas del trastorno comórbido (Wessler, 2005). Aún así, encontradas relaciones positivas y significativas de la vinculación terapéutica con la preservación del otro progenitor y las aptitudes educadoras, se podría plantear que la vinculación terapéutica, en sí misma, ya es beneficiosa, sea cual sea el motivo de consulta. En referencia a las habilidades y capacidades parentales, se han encontrado variables que se relacionan entre ella de manera positiva. Así, parece que todos aquellos ítems que tienen que ver con las necesidades emocionales (apego, empatía, espacios afectivos) conforman un estilo educativo sano. Por otra parte, este estilo educativo sano se relaciona con la estabilidad en las relaciones parentofiliales y la capacidad para preservar al otro progenitor, aspecto que hace pensar en que son ítems imprescindibles para disponer de unas correctas aptitudes educadoras. A su vez, los espacios de relación íntima al estar relacionadas con los espacios de aprendizaje, con la estabilidad en las relaciones y en la accesibilidad a las mismas, recuerdan a los recursos necesarios, planteados con anterioridad, para establecer un vínculo afectivo seguro con el menor. En este sentido, la relación de apego se vería reforzada por la presencia de estas capacidades parentales, que a su vez engloban las que ya se han mencionado, y que parecería son imprescindibles para el adecuado desarrollo psicoafectivo de los menores. PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 67 Conclusiones A pesar de no poder afirmar, en el presente trabajo, que los TP interfieren en la capacidad parental (ya que haría falta la comparación de esta muestra con una muestra de población normal) sí se puede confirmar que, en función del TP, se producirán unos déficits concretos, en áreas específicas. La presencia de trastornos comórbidos dificulta el trabajo de identificación del TP, por el hecho de vincularse al tratamiento de manera positiva y continua, parece que influye en la paliación de dificultades en la capacidad parental. Recalcar, siguiendo este planteamiento, la importancia de que desde los recursos públicos de Salud Mental, se inviertan esfuerzos en la investigación de los TP para así mejorar el diagnóstico, hecho que por extensión repercute en la vinculación terapéutica. La conjunción de estos aspectos influirá en el bienestar de los menores, promoviendo así un adecuado desarrollo psicoafectivo, pilar fundamental de una parentalidad bientratante. Referencias bibliográficas Ainsworth, M. (1978): Patterns of attachment: A psychological study of the strange situation. Hillsdale, NJ. Erlbaum. Barudy, J. y Dantagnan, M. (2005): Los buenos tratos en la infancia. Barcelona: Ed. Gedisa. Caballo, V, López-Gollonet, C., Bautista, R. (2005): El trastorno obsesivocompulsivo de la personalidad. En Caballo, V. (coord.) (2005): Manual de Trastornos de personalidad: Descripción, evaluación y tratamiento. Madrid: Síntesis. Caballo, V. (2005): Conceptos actuales sobre los trastornos de personalidad. En Caballo, V. (2005) (coord.) Manual de los trastornos de la personalidad. Madrid: Ed. Síntesis. Caballo, V., Gracia, A., López-Gollonet, C., Bautista, R. (2005): El trastorno límite de la personalidad. En Caballo, V. (coord.) (2005): Manual de Trastornos de personalidad: Descripción, evaluación y tratamiento. Madrid: Síntesis. Caballo, V., López-Gollonet, C., Bautista, R. (2005): El trastorno histriónico de la personalidad. En Caballo, V. (coord.) (2005): Manual de Trastornos de personalidad: Descripción, evaluación y tratamiento. Madrid: Síntesis. Cortés, Mª. R., Duarte, J. (2000): El apego del niño a sus cuidadores. Madrid: Alianza editorial. DSM-IV-TR (2002): Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Barcelona: Ed.Masson. (Orig. 2000). Echeburúa, E y Marañón, I (2001): Comorbilidad de las alteraciones de la conducta alimentaria con los trastornos de personalidad. Psicología conductual, 9, 513-525. García, A. (2005): El trastorno límite de la personalidad por medio de la terapia dialéctica conductual. En Caballo, V (coord.) (2005): Manual de Trastornos de personalidad: Descripción, evaluación y tratamiento. Madrid: Síntesis. Maccoby, E.E (1992): The role of parents in the socialization of children. Development Psychology, 28, 1000-1017. Nardone, G., Giannotti, E., Rocchi, R (2003): Modelos de família. Conocer y resolver los problemas entre padres e hijos. Barcelona: Herder. Wessler, R.L. (2005): El tratamiento de diferentes trastornos de la personalidad por medio de la terapia de valoración cognitiva, En Caballo, V (coord.) (2005): Manual de Trastornos de personalidad: Descripción, evaluación y tratamiento. Madrid: Síntesis. PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 68 SAP Y MALTRATO Mª Asunción Tejedor Huerta Sección de Psicología Jurídica del COP de Asturias Introducción En este trabajo nos gustaría hablar sobre el alarmante aumento de “hijos y progenitores alienados”. Estos últimos solicitan ayuda para resolver su problema al no encontrar ninguna salida y sentirse doblemente alienados, por el progenitor alienador y por la justicia. Para empezar a hablar del Síndrome de Alienación Parental tenemos que centrarnos en su origen, que son los conflictos que surgen entre los padres y los hijos en los procesos de separación contenciosa. Sabemos por reciente investigación que el divorcio mejora la adaptación de los niños que vienen de matrimonios enfrentados, pero resulta perjudicial en el caso de los niños cuyos padres antes del divorcio mantenían unas relaciones menos conflictivas. Además, el tipo de conflicto puede ser más nocivo que su frecuencia. Como introducción sería conveniente leer este comentario de un progenitor alienado: “Imagina una semana en la que presentas la demanda de divorcio, eres arrestado y falsamente acusado de abuso sexual a tu hijo/a. Imagina también que te ingresan en el hospital con todos los síntomas de una ataque cardíaco. Entonces consideras estos eventos como los más importantes de esa semana. ¿Qué puede ser peor que el divorcio, arresto, cargos de abuso sexual a un menor y síntomas de un ataque al corazón? ¿Qué puede ser peor que perder un hijo/a? Sólo que tu hijo/a no ha muerto. Él o ella está vivo, sano y viviendo a pocos kilómetros de distancia. A pesar de una normal, saludable y querida relación con tu hijo/a sólo hace unas semanas o días, tu hijo/a ahora te odia, se niega a verte o a hablar contigo”. Bienvenido al Mundo del SAP (Opperman, 2004) (Síndrome de Alienación Parental) Aunque es bastante conocido por la mayoría, nos gustaría introducir a Richard Gardner, psiquiatra infantil y forense que realizaba peritajes judiciales y fue el primero que en 1985 definió el concepto de “Síndrome de Alienación Parental”. Por su experiencia con los hijos de padres divorciados, él sabía que los niños seguían queriendo mucho a ambos padres a pesar de la separación y del paso de los años, lo que siempre ha sido corroborado por numerosos estudios sobre este tema. Preocupado por el número cada vez mayor de niños que durante las evaluaciones para la custodia iniciaban un proceso de denigración hacia uno de sus progenitores, pudiendo incluso llegar a expresar odio, Gardner comenzó a estudiar estos síntomas en los niños y utilizó el término de “Síndrome de Alienación Parental”, para referirse a los síntomas que veía en los niños después de la separación o divorcio, consistentes en la denigración y el rechazo de un progenitor antes amado. Según lo define Gardner (1989): “El Síndrome de Alienación Parental (SAP) es una alteración que surge casi exclusivamente durante las disputas por la custodia de un hijo. Su primera manifestación es una campaña de denigración contra un progenitor por parte de los hijos, campaña que no tiene justificación. Este fenómeno es el resultado de la combinación de una programación (lavado de cerebro) de un progenitor y en la que el niño contribuye con sus propias aportaciones, dirigidas al progenitor objetivo de la alienación. Cuando aparece en el contexto de abuso parental real o negligencia la animosidad del niño puede estar justificada por lo que no sería aplicable el SAP para explicar la hostilidad del niño”. En un principio Gardner consideraba que el SAP nacía por la combinación de la influencia parental y las aportaciones activas del propio niño en la campaña de denigración, pero en sus sucesivas revisiones introduce aspectos que considera necesarios para poder PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 69 decir que estamos hablando de SAP, entre otros que se de en un contexto de lucha por la guarda y custodia de los hijos, que haya una campaña de difamación contra uno de sus progenitores de forma injustificada y que no haya razones probadas de negligencia o maltrato real hacia el menor. Gardner consideraba que esta campaña se inicia con un “lavado de cerebro” de los niños por parte de un progenitor y los hijos acaban haciendo suyas las manifestaciones que les han inculcado. Entiende Gardner que en el SAP hay tres circunstancias ineludibles para su ocurrencia: – Tiene que haber aportaciones del niño al rechazo, no únicamente mensajes de lavado de cerebro del adulto. – Debe descartarse la existencia de un abuso real, que lógicamente haría incompatible la determinación de un SAP – Además el SAP constituye en sí mismo una forma de abuso emocional infantil que debe tener en cuenta el tribunal. Otro aspecto que empezó a aparecer en los casos conflictivos de divorcio eran las denuncias de abuso sexual por parte de un progenitor, con el consiguiente impacto social y legal y que se fue incrementando con los años. Es crucial reconocer esto, porque el SAP frecuentemente aparece asociado con falsas acusaciones de abuso sexual u otras formas de abuso psíquico o emocional por parte del otro progenitor. Gardner identifica varios factores que contribuyen al desarrollo del SAP . – El primero es el lavado de cerebro a través de actos conscientes de programar al niño en contra del otro padre. Las críticas hacia el otro padre pueden llegar a ser prácticamente delirantes. – Existen también padres alienantes que programan a sus hijos de un modo sutil e inconsciente, y proclaman su inocencia en la programación mental. – Los niños tienen en el momento del divorcio factores emocionales que favorecen el desarrollo de este síndrome, existiendo diferencias en la vulnerabilidad de unos u otros a tal programación. – La venganza es una de las razones más comunes que los progenitores pueden tener a la hora de iniciar un comportamiento alienador, ya que para algunos ésta sería la única opción para curar las heridas dejadas por el divorcio o separación. Criterios de identificación de un niño alienado Dependiendo de la severidad del SAP, un niño puede exhibir todos o unos cuantos de los siguientes comportamientos y la acumulación de estos síntomas es lo que inclinó a Gardner a considerarlos un síndrome: 1. El niño está alineado con el progenitor alienador en una campaña de denigración contra el progenitor objeto, en la que el niño contribuye activamente. Se manifiesta verbalmente y en los actos. 2. Las razones alegadas para justificar el desacreditar al progenitor objeto son a menudo débiles, frívolas o absurdas. Un ejemplo de este aspecto es cuando un niño no quería visitar a su padre porque “no me dejó un folio para dibujar”. 3. La animadversión hacia el progenitor rechazado carece de la ambivalencia normal en las relaciones humanas. 4. El niño afirma que la decisión de rechazar al progenitor objeto es exclusivamente propia, lo que Gardner llama el fenómeno del «pensador independiente»: el hijo asegura que nadie lo ha influenciado y que ha llegado solo a adoptar esta actitud. 5. El niño apoya reflexivamente al progenitor con cuya causa está alineado. El hijo PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 70 asume la defensa del progenitor alienador en el conflicto, siente que debe elegir y quien tiene el poder y de quien depende su supervivencia es el progenitor alienador, por lo que no se atreve a acercarse al progenitor alienado o contará sólo lo negativo de las visitas para mantener al progenitor con el que convive contento, y éste podrá utilizar estas manifestaciones para echar en cara al otro progenitor el mal cuidado del hijo y afirmar que es el hijo quien no quiere ir con él. 6. El niño expresa desprecio sin culpa por los sentimientos del progenitor objeto u odiado, no siente ninguna culpabilidad por la denigración o la explotación del progenitor alienado. 7. Se evidencian escenarios prestados, por ejemplo, las afirmaciones del niño reflejan temas y terminologías propias del progenitor alienador. El hijo cuenta hechos que manifiestamente no ha vivido él o que ha escuchado contar. 8. La animosidad se extiende a la familia extensa y a quienes se asocian con el progenitor odiado. Como un virus, el SAP puede extenderse y contaminar a todos los miembros de la familia del progenitor odiado. Niños resistentes al SAP. También podemos encontrarnos niños que son más vulnerables a enrolarse en un proceso de SAP y niños resistentes al SAP y que puede deberse a diferentes motivos: – Que existan medidas judiciales respecto a las visitas, así como un seguimiento judicial de las mismas. – Que el progenitor alienador sea poco afectuoso y el progenitor alienado muy afectuoso. – También podemos encontrarnos con niños que desarrollan mecanismos de adaptación al conflicto: • Cuentan a cada progenitor lo que quieren oír. • Tienen una habilidad especial para filtrar la información. • Inhiben las manifestaciones emocionales hacia el progenitor alienado. Comportamientos clásicos de un progenitor alienador Algunos comportamientos que se han encontrado en progenitores que están induciendo el SAP en sus hijos, son: • Rehusar pasar las llamadas telefónicas a los hijos. • Organizar actividades con los hijos durante el período que el otro progenitor debe normalmente ejercer su derecho de visita. • Presentar el nuevo cónyuge a los hijos como su nueva madre o su nuevo padre. • Interceptar el correo y los paquetes mandados a los hijos. • Desvalorizar e insultar al otro progenitor delante los hijos y también en ausencia del mismo. • Rehusar informar al otro progenitor a propósito de las actividades en las cuales están implicados los hijos (actividades deportivas, actuaciones teatrales, actividades escolares...). • Hablar de manera descortés del nuevo cónyuge del otro progenitor. • Impedir al otro progenitor el ejercer su derecho de visita. •“Olvidarse” de avisar al otro progenitor de citas importantes (dentista, médico, psicólogo...). • Implicar a su entorno (madre, nuevo cónyuge, abuelos...) en el lavado de cerebro de los hijos. PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 71 • Tomar decisiones importantes a propósito de los hijos sin consultar al otro progenitor (elección o no de la religión, de la escuela). • Cambiar (o intento de cambiar) sus nombres o apellidos para que pierdan el del progenitor alienado. • Impedir al otro progenitor el acceso a los expedientes escolares y médicos de los hijos. • Irse de vacaciones sin los hijos y dejarlos con otra persona, aunque el otro progenitor esté disponible y voluntario para ocuparse de ellos. • Decir a los hijos que la ropa que el otro progenitor les ha comprado, es fea y prohibirles ponérsela. • Amenazar con castigo a los hijos si se atreven a llamar, escribir o a contactar con el otro progenitor de la manera que sea. • Reprochar al otro progenitor el mal comportamiento de los hijos. • Ridiculizar los sentimientos de afecto de los niños hacia el otro progenitor. • Premiar las conductas despectivas y de rechazo hacia el otro padre. • Aterrorizar a los niños con mentiras sobre el progenitor ausente insinuando o diciendo abiertamente que pretende dañarlos o, incluso, matarlos. • Presentar falsas alegaciones de abuso (físico y/o sexual) en los tribunales para separar a los niños del otro progenitor. • Cambiar de domicilio, incluso a miles de kilómetros, con el único fin de destruir la relación del padre ausente con sus hijos. Hay muchos más comportamientos que nos encontramos en estos casos, y que lo único que persiguen es la destrucción total del vínculo de los hijos con el progenitor con el que no conviven, sólo sirva decir que pueden presentarse de muchas maneras, activas o pasivas, pero el resultado es lo que llamamos SAP. Claves para sospechar que podemos estar ante un caso de SAP En muchas ocasiones, sobre todo si trabajamos de parte, podemos tener muchas dificultades para poder evaluar a toda la familia y pueden ser útiles las siguientes claves para sospechar si estamos ante un caso de SAP: 1. Los padres manipuladores siembran dudas sobre la capacidad de cuidados del visitador-alienado. Además discuten con sus hijos asuntos de crianza. 2. Creen sinceramente que el niño se beneficia de criarse sin la presencia del otro padre. 3. Pretenden romper la relación, pero no solucionar el problema del rechazo. 4. Los hijos tienen un mayor vínculo –aunque sea insanocon el padre alienante. 5. Existe resistencia del niño a visitar al padre. 6. Debe descartarse la existencia de un abuso o maltrato real. Si tenemos fundadas sospechas de que se puede estar iniciando o estamos ante un caso de SAP, siempre podemos recomendar el estudio integral de toda la familia por el equipo técnico de los Juzgados o por un perito nombrado por el Juez para conseguir la correcta evaluación de todos los implicados en este proceso. Efectos Sabemos que mediante el SAP el hijo llega a odiar y rechazar a un progenitor que le quiere y al cual necesita. Ese lazo que había entre el hijo y el progenitor alienado es destruido y más tarde será muy difícil reconstruirlo, sobre todo si ha pasado mucho tiempo. El progenitor PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 72 odiado llega a ser un forastero para los hijos y el modelo principal de los hijos va a ser el progenitor patológico, mal adaptado y probablemente con una disfunción. El niño es privado de todos los beneficios de relacionarse con ambos padres y hay multitud de estudios sobre los efectos negativos de la privación de un progenitor en los primeros años de la vida de un niño. Durante el proceso del SAP los recuerdos que los niños tenían de sus progenitores alejados van desapareciendo y es lógico pensar que si más adelante el hijo trata de recuperar su relación con el progenitor alejado, puede encontrarse con obstáculos que le impidan reiniciar esa relación. Es posible que este progenitor ya no desee o se sienta incapaz de volverse a relacionar, o incluso que ya no estén presentes, con la imposibilidad de recuperación, quedando un vacío para los hijos, además de otros sentimientos que pueden ir apareciendo, como culpabilidad, etc. Un niño no puede crecer y ser una persona sana, en todos los sentidos, si a lo largo de su infancia se le ha enseñado que un progenitor, al que antes quería y que le dedicaba tiempo, ahora es alguien odioso y vicioso. Esto afectará a su relación con otras personas del mismo género y afectará a sus futuras relaciones con otras personas adultas. La alienación es una forma de abuso contra los hijos porque puede producir un daño psicológico permanente en el vínculo con el progenitor alienado, que a veces puede ser peor que el abuso físico real que tiene una mejor recuperación. Los efectos del SAP sobre los niños y sobre el progenitor alienado son una forma de maltrato o abuso psicológico y emocional. Son muchos los autores que coinciden con este pensamiento. Los niños no pueden ayudarse a sí mismos, de ahí la importancia de una intervención adecuada para solventar este problema. Si la intervención no se produce, el niño queda abandonado y puede crecer con pensamientos disfuncionales, no tener nunca una relación positiva con el progenitor alejado y sus propios procesos de pensamiento son interrumpidos y sustituidos por otros patológicos que no les son propios. Hay acuerdo en que los niños que sufren el SAP pueden llegar a desarrollar trastornos psiquiátricos serios. Gardner hizo también mención de estos efectos en los niños víctimas del SAP como una forma grave de maltrato o abuso infantil de tipo emocional. Las consecuencias para los hijos son devastadoras y pueden manifestarse a corto, medio o largo plazo. El SAP puede provocar en los hijos víctimas una depresión crónica, problemas para relacionarse en un ambiente psicosocial normal, trastornos de identidad y de imagen, desesperación, sentimientos de culpabilidad (sobre todo cuando el hijo se da cuenta, una vez adulto, que ha sido cómplice, a pesar suyo, de una gran injusticia contra el progenitor alienado), sentimientos de aislamiento, comportamientos de hostilidad, falta de organización, personalidad esquizofrénica y a veces el suicidio. “Lavado de cerebro, programación, manipulación, cualquier término con el cual queramos llamar a este proceso, no podemos negar que es destructivo para el niño y para el progenitor alienado. Ninguno de ellos será capaz de llevar una vida normal y saludable a menos que el maltrato sea interrumpido” (Darnall, 1998). Estas experiencias manipuladoras no son algo puntual en la vida de los hijos, sino que son un proceso continuo y cotidiano que provoca unos efectos totalmente desajustados en los menores, viéndose implicados en una campaña “contra-natura” contra un progenitor hasta ese momento amado. Uno de los aspectos a tener en cuenta al informar sobre este proceso y para una posterior intervención efectiva es que cuanto más tiempo el progenitor alienador limite y corte el contacto de los hijos con el progenitor no-custodio, más ventaja tendrá de éxito en su manipulación. Además el progenitor alienador se asegurará de que el hijo sólo escuche comentarios negativos sobre el otro progenitor, y en este aspecto las familias extensas suelen contribuir activamente. Al mismo tiempo que la alienación progresa, los puntos de vista distorsionados de los hijos y el progenitor alienador tienden a apoyarse mutuamente; el niño muestra un rango de comportamientos consecuentes y puede rehusar tener cualquier tipo de contacto con el otro progenitor. PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 73 Existe una creciente preocupación por la gravedad de las consecuencias sobre los niños de esta forma de abuso siendo necesaria una sensibilización hacia los derechos de los menores, considerando el SAP como una práctica perniciosa que hace que tengamos que ser muy cautos a la hora de aconsejar la guarda y custodia e incluso la patria potestad a un progenitor alienador. Incluso los padres bien intencionados intentan a menudo influir en lo que dicen sus hijos durante los procesos en los que se deciden la custodia y el régimen de visitas. Aún así, los niveles suaves de programación y lavado de cerebro por parte de los progenitores tienen efectos muy importantes. El daño que se está permitiendo es enorme, no sólo a estos progenitores alejados, sino A LOS PROPIOS HIJOS. Son muchas las familias que están pagando las consecuencias del SAP. Considerando estos efectos tan alarmantes no es de extrañar que se pida continuamente que los tribunales intervengan para que este proceso sea castigado y parado. Darnall (1997) nos da una guía para prevenir los efectos tan devastadores de la Alienación Parental: Lo primero que tenemos que hacer es reconocer los síntomas de la Alineación Parental. Muchos de los síntomas o comportamientos se centran en el padre. 1. Cuando se dan oportunidades a los niños de decidir sobre las visitas, cuando no depende de ellos. Permitir a los niños decidir por ellos mismos las visitas cuando la sentencia dice que no hay tal opción es colocarlos en un conflicto. Además el niño va a culpar al progenitor no custodio por no darle la oportunidad de decisión sobre cuándo realizar las visitas. 2. Cuando dan toda la “información” a los hijos sobre la relación matrimonial o las razones del divorcio. El progenitor normalmente asegura que sólo intentaba ser honesto con sus hijos. Esta práctica es destructiva y dolorosa para el niño. 3. No aceptar el hecho de que los niños tienen sus propias cosas y que en muchas ocasiones les gusta llevarlas consigo cuando se trasladan a la casa del otro progenitor. 4. Resistirse o no aceptar cooperar, no permitiendo al otro progenitor el acceso a los expedientes escolares o médicos de los hijos, así como sobre las actividades extraescolares de los hijos. 5. Un progenitor culpando al otro por los problemas financieros, por romper la familia, por el cambio en el estilo de vida, por tener una nueva pareja, etc... 6. No aceptar la flexibilidad con las visitas en beneficio de los hijos. Incluso podría programar tantas actividades que el otro progenitor nunca tendría tiempo para la visita. Por supuesto, cuando protesta, es descrito como egoísta y poco comprensivo. 7. La asunción de que si un progenitor ha abusado físicamente del otro progenitor también lo hará con los hijos, aunque esto no siempre es verdad. 8. Preguntar a un niño que elija a uno u otro progenitor provoca en los niños una angustia considerable. 9. Los niños en condiciones normales perdonan y quieren ser perdonados si les dan la oportunidad. Deberíamos sospechar cuando el niño dice con calma que “no puede recordar ningún momento feliz con su progenitor o decir algo agradable de ellos”. Hay muchos progenitores que han sido separados de sus hijos sin causas lógicas. El grado de separación o alejamiento varia enormemente, algunos progenitores no han visto a sus hijos durante años, otros los ven unas cuantas veces al año o una vez al mes, pero bajo controladas y degradantes circunstancias. Creo que es justo decir que no son abusadores de menores, ni pervertidos sexuales, drogadictos o alcohólicos, aunque muchos de ellos han sido acusados falsamente de ello. Son simplemente padres y madres que tuvieron hijos con una PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 74 persona que ahora desearían que estuvieran bajo tierra y que sin ninguna razón lógica corta el acceso a los hijos. El daño que se está permitiendo es enorme, no sólo a estos progenitores alejados, sino A LOS PROPIOS HIJOS. Estrategias de intervención La intervención psicoterapéutica debiera hacerse siempre dentro del marco legal y con el apoyo de la Justicia para que pueda tener el efecto deseado. Gardner planteaba hacer intervenciones legales y terapéuticas teniendo en cuenta el tipo de alienación. Intervención en casos ligeros: el problema se suele solucionar con una sentencia judicial, otorgando la guardia y custodia al progenitor aceptado con un régimen de visitas al otro progenitor, sin necesidad de intervención ni terapéutica ni legal específica. Intervención en casos moderados: como medidas legales proponía mantener la custodia con el progenitor alienador para no perjudicar demasiado al niño pero los intercambios durante las visitas deberían estar controlados por un terapeuta que pueda informar al tribunal si surgen problemas, aplicar sanciones cuando no se cumple el derecho de visitas, e incluso, como medida extrema, propone una posible estancia en la cárcel. Intervención en casos severos: propone un cambio de custodia, intervención de un terapeuta durante este cambio y buscar un sitio neutral de transición, así como la obligación de someterse a un programa terapéutico por parte del progenitor alienador. Estas medidas presentan muchas dificultades porque el hijo podría no querer cooperar, resultando imposible el cambio de custodia, el hijo podría paralizarse o escapar, por lo que esta medida no ha sido aceptada como solución por muchos tribunales. El intento de hacer el cambio en un sitio neutral debería acompañarse de un programa de transición y estar respaldado por el tribunal. Si las sentencias no vienen acompañadas de unas medidas fuertes, incluso con sanciones económicas, para conseguir un cambio efectivo y permanente, el progenitor alienante puede tener éxito en sabotear cualquier tipo de recuperación de la relación del hijo con el progenitor alienado, provocando un empeoramiento del desorden. En la determinación del mejor interés para el menor, un juzgado debe considerar todos los aspectos relevantes del proceso y los intentos de destruir la relación del niño con un progenitor por parte del otro con el que conviven, son relevantes para la determinación del mejor interés para el menor. Conclusiones Es importante entender que el bienestar del niño es el fin que perseguimos. En sus manifestaciones más graves, el SAP es un fenómeno destructivo para los niños y las familias, pudiendo ser irreversible en sus efectos. Sin la intervención de los tribunales el progenitor alienado no tiene ninguna oportunidad de solucionar este problema. Debido a la naturaleza del SAP, los tribunales se han utilizado como clave para instaurar la alienación, de ahí la importancia de su reconocimiento. Una puntualización que consideramos importante es, aunque el evaluador va a iniciar su intervención en el ámbito civil en los procesos de separación o divorcio, debido a las peculiaridades de este trastorno y a los efectos tan devastadores que produce, nuestra recomendación sería proponer un traslado inmediato al ámbito penal para parar este maltrato sobre los menores. PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 75 los expedientes han sido efectuadas por los técnicos de esta investigación. En la revisión, se protocolizaron las variables consideradas de interés, con la creación de una plantilla específica de recogida de datos. Análisis estadístico Se realiza un estudio transversal y descriptivo de los síntomas descritos por Gardner (1985 y1998), acotados por Cartié et al. (2005), las condiciones necesarias para la aparición de este Síndrome, descritas por Aguilar (2005) y los efectos en los menores. Resultados La muestra se compone de un total de 96 menores. La frecuencia de edad queda acotada en la franja de 10 a 12 años. Del total de menores, un 28.6% reciben tratamiento psicológico (N = 28). Los síntomas y las condiciones más frecuentes en la formación del Síndrome, tal y como se puede observar en la tabla 1, son la polarización -12%- (POL), el fenómeno de pensamiento independiente -10%- (PENSIND), el apoyo activo al progenitor alienador -10%- (RECACT), las conductas expresas (COND EXP) -9%- y la generalización del rechazo a la familia extensa -8%- (GENREB). Tabla 1. Prevalencia de síntomas y condiciones necesarias SÍNTOMAS / CONDICIONES FREC. PORCENT PENSIND 63 10% ABSCUL 50 8% RECACT 64 10% DISCADULT 46 7% GENREB 50 8% AILLAMENT 19 3% PURGA 35 5% POR 31 5% RAPTO 5 1% APREND VICARI 19 3% COND EXP 57 9% REND ESC 19 3% BAIXA AUTOES 18 3% ALT COND 26 4% SONVIG 6 1% IMPUL 21 4% ESFIN 1 0% FUGAS 1 0% RACIONALIT 40 6% POL 77 12% No se ha encontrado relación entre la edad de los menores y las condiciones necesarias, valoradas por otros autores, para que se pueda desarrollar el Síndrome (r< 0.3, ns). Sí se vislumbra que determinadas condiciones guardan relación entre ellas; así, el miedo (POR) obtiene una correlación positiva con la variable aislamiento (AILLAMEN) (r = 0.32 > 0.3) y con purga emocional (PURGA) (r = 0.54 > 0.3). Asímismo, la conducta expresa (COND EXP) correlaciona de manera positiva con la purga emocional (r = 0.49 > 0.3) y con el miedo (r = 0.52 > 0.3). También se encuentra una relación directa entre el tipo del Síndrome de Alienación Parental (TIPSAP) y las variables PURGA (r = 0.32 > 0.3) y aprendizaje vicario (APREND VIC) (r = 0.34 > 0.3). PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 82 Por otra parte, tal y como se puede observar en la tabla 2, existe sintomatología externalizante (Achenbach, 1985) que correlaciona, entre ella, de manera positiva. Aquellos síntomas en los que se obtiene una relación más elevada son: alteración en la conducta (ALTCOND) y trastornos en el control de los impulsos (IMPUL) (r = 0.58 > 0.3); las alteraciones en el ciclo sueño – vigilia (SONVIG) correlaciona de manera directa con las dificultades en el control de los esfínteres (ESFIN) (r = 0.39 > 0.3;) las alteraciones conductuales (ALTCOND) y el rendimiento escolar (RENDESC) (r = 0.4 > 0.3) y las alteraciones en el ciclo sueño – vigilia (SONVIG) y el rendimiento escolar (0.41 > 0.3). Este último síntoma correlaciona, también, con el síntoma baja autoestima (BAIXAUT) (r =0.36 > 0.3). Tabla2. Relación entre sintomatología externalizante RENDESC BAIXAUT ALTCOND SONVIG IMPUL ESFIN FUGUES RENDESC 1 BAIXAUT 0.364 1 ALTCOND 0.403 0..247 1 SONVIG 0.411 0..316 0.229 1 IMPUL 0.306 0.068 0.584 0.279 1 ESFIN 0.206 0.213 0.168 0.397 0.193 1 FUGUES -0.050 -0.049 0.168 -0.026 -0.054 -0.010 1 Por otra parte, se observa que el motivo de las intervenciones periciales (RESIDUAL) correlaciona de manera inversa con el rendimiento escolar (r = -0.52 < -0.3) así como con las alteraciones en el ciclo sueño – vigilia (r = -0.37 < -0.3). En relación a los indicadores escolares, se constata la presencia de una relación negativa entre el rendimiento escolar (RENDIESC) y la socialización del menor (SOCIALITZ) (r = -0.37 < -0.3) y entre este último y la variable aislamiento (AILLAMENT) (r = -0.48 < -0.3). También, se obtiene una relación directa entre el tipo de Síndrome (TIPSAP) y el contacto de ambos progenitores con el centro escolar (CONTPRGES) (r = 0.33 > 0.3). No se ha encontrado relación entre la existencia de un régimen de visitas y el tipo de Síndrome evaluado (r < 0.3, ns). Como se visualiza en la tabla 3, es el progenitor custodio quien recurre con el menor a tratamiento psicológico, en un mayor porcentaje (69%). Respecto a los motivos de consulta profesional, no se ha encontrado relación entre éstos y la presencia de sintomatología externalizante en el menor (r < 0.3, ns). Es más, la relación que se constata es inversa en el momento que el menor presenta problemas en el ciclo de sueño – vigilia (r = -0.39 < -0.3) y problemas en el control de los impulsos (r = -0.36 < -0.3). Tabla 3. Derivaciones a salud mental DERIVACIÓN FRECUENCIA PORCENTAJE INSTANCIA JUDICIAL 4 14% ESCUELA 2 7% PROGENITOR CUSTODIO 20 69% AMBOS PROGENITORES 3 10% Discusión de resultados Los síntomas con peso específico ya detectados en el estudio anterior, “Síndrome de Alienación Parental: unidad sintomática discriminante” (Cartié at al., 2005), reaparecen con una alta tasa de prevalencia. Sobre las condiciones necesarias para favorecer la aparición del PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 83 SAP (Aguilar, 2005) se obtiene que la conducta expresa (interferencia de la comunicación entre el progenitor alienado y el/la hijo/a que van extendiéndose a diversas áreas, incidiendo en mayor profundidad y relevancia emocional), es la que aparece con mayor porcentaje. Esto podría deberse a que, tanto para la familia como para los profesionales, sea más fácil su identificación ya que se requiere un bajo nivel de inferencia. A mayor gravedad de SAP, se comprueba una tendencia en el menor a presentar alteraciones conductuales (sintomatología externalizante). Se constata, a su vez, que en estos casos, no se recurre a los profesionales de la salud mental. No obstante, en aquellos casos; en los que sí se recurre, es el progenitor custodio quien acompaña al hijo/a. La posible finalidad de esta actuación sería salvaguardarse ante la instancia judicial, el otro progenitor y/u otras instituciones. En referencia a las correlaciones halladas y siguiendo las hipótesis planteadas, se destaca que: La potenciación del aislamiento del niño/a, por parte del progenitor alienador, genera en el menor, miedo hacia el entorno, retroalimentándose así ambas situaciones. El aislamiento se produciría a partir del miedo frente a la exposición a actuaciones de purga relacionadas con todo aquello que tiene que ver con el progenitor alienado, según se desprende de los resultados obtenidos. El aislamiento al cual está sometido el niño/a propicia la exposición a un único modelo (aprendizaje vicario), lo que podría suponer una reproducción de patrones en el futuro modelo parental de estos menores. La falta de autoestima de estos niños/as parece compensarse con un mayor rendimiento escolar que conllevaría, en estos casos, a un aumento del aislamiento social. Es por este motivo, seguramente, que la dedicación al estudio podría suponer un refugio donde el/la niño/a se sienta a salvo de la dinámica familiar disfuncional. Cabe destacar que la conducta expresa aparece como el factor más importante; esto, probablemente, se deba a que las manifestaciones conductuales son evidentes y, por ello, requieren un mínimo nivel de interpretación. La baja autoestima se relaciona con las alteraciones en el ciclo de sueño/ vigilia, así como, con una dificultad en el control de los esfínteres. Atendiendo a que la franja de edad mayoritaria del niño/a alienado comprende de 10 a 12 años, supondría una regresión evolutiva. Esto podría explicarse como una respuesta a la angustia a la que el/la niño/a está sometido en esta situación familiar, lo que, a su vez, se relacionaría en gran medida con el aislamiento social del menor. En referencia a los indicadores académicos, se aprecia que el contacto entre escuela y progenitores aumenta cuanto mayor es la gravedad del SAP, amplificándose así el contexto del litigio. Atendiendo a los resultados encontrados, el éxito académico podría ser utilizado por el progenitor alienador para demostrar la ausencia de problemática en el/la hijo/a, por lo que solicitaría informes periciales para poder constatar el bienestar del menor, siendo la motivación instrumentalista. Contrariamente, a mayor presencia de sintomatología del menor se solicitan menos informes periciales para el procedimiento judicial correspondiente, tal y como se puede observar en los resultados obtenidos. En lo que se refiere a las visitas, no se constata relación entre el tipo de SAP y el incumplimiento de éstas. Sin embargo, en el presente estudio, no se ha contemplado ni el momento procesal, ni la calidad de las visitas, así como tampoco la vivencia de obligatoriedad en el cumplimiento de las medidas judiciales por parte de los progenitores. En cuanto a los indicadores evaluados de salud mental, se observa que a mayor presencia de sintomatología en los/las niños/as hay una menor asistencia a tratamiento psicológico. Esto podría explicarse como una evitación del progenitor alienador para que no se le relacione directamente con la etiología de la problemática. Por otra parte, evitaría el contacto entre el progenitor alienado y el hijo, entendiendo que éste es el origen del problema, justificando así su conducta obstaculizadora por considerarlo generador de la problemática. Este planteamiento avalaría, en el proceso cognitivo del progenitor alienador, lo innecesario de un abordaje terapéutico. PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 84 Conclusiones De las hipótesis planteadas, se concluye: § Si se ha confirmado la presencia de síntomas de tipo emocional-conductual, social y escolar en los menores alienados en función del tipo de SAP. Así mismo, cabe señalar, que estos menores reciben tratamiento psicológico en un bajo porcentaje. § No se ha constatado relación entre el tipo de SAP y el cumplimiento del régimen de visitas. Referencias bibliográficas Achenbach, T.M. (1985). Assessment and toxonomy of child and adolescent psychopatology. London: Sage. Aguilar, J.M. (2004). SAP: Síndrome de Alienación Parental. Córdoba: Almuzara. Bolaños, I. (2000). Estudio descriptivo del Síndrome de Alienación Parental. Diseño y aplicación de un programa piloto de mediación familiar. Tesis doctoral no publicada. UAB Bolaños, I. (2002). El Síndrome de Alienación Parental. Descripción y abordajes psicolegales. Revista de psicopatología clínica, legal y forense, núm. 3 (vol.2), 25-45. Bolaños, I. (2004). Hijos alienados y padres alienados. Asesoramiento e intervención en las rupturas conflictivas. Congreso de Psicología Jurídica en Red. Cartié, M.; Casany, R.; Domínguez, R.; Gamero, M.; Garcia, C. y González, M. (2005). Síndrome de Alienación Parental: Unidad sintomática discriminante. II Congreso de Psicología Jurídica. Universidad de Valencia. Gardner, R. A. (1985) Recent trends in divorce and custody litigation. Academy Forum, 29 (2), 3-7 Gardner, R. A. (1987). The parental alienation syndrome and the differentation between fabricate and genuine child sex abuse. Cresskill, New Jersey: Creative Therapeutics Gardner, R.A. (1991) Legal and psychotherapeutic approaches to the theree types of Parental Alienation Syndrome families. Court Review of American Judges Association, 28 (1) 14-21. Gardner, R.A. (1998) The parental alienation syndrome: A guide for mental health and legal professionals. Second Edition. Cresskill, New Jersey: Creative therapeutics. PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 85 SÍNDROME DE ALIENACIÓN PARENTAL: ABORDAJE DE UN CASO DESDE EL JUZGADO DE FAMILIA DE OVIEDO (ASTURIAS) Mª Teresa Junco López Juzgado de Familia. Oviedo Introducción El síndrome de alienación parental (Gardner, 1985) es un trastorno que se da en los hijos de parejas con rupturas conflictivas y consiste en que uno de los progenitores manipula y predispone a los hijos en contra del otro progenitor, de forma que llegan a manifestar hacia él/ella un odio injustificado que conduce no sólo a la interrupción de la relación de los menores con ese progenitor, sino también a la subyugación hacia el progenitor que aliena, constituyendo un tipo de maltrato emocional. Se expone un caso de una niña de 14 años, cuyos progenitores se separaron cuando ella contaba con cinco años. Su custodia fue encomendada a la madre, existiendo desde un principio dificultades para el ejercicio de las visitas paterno-filiales: incumplimiento de las mismas, tres denuncias de abuso sexual hacia el padre, (que fueron sobreseídas), fracaso de las medidas alternativas tomadas para lograr un cumplimiento de las visitas. A estas dificultades se añaden otros déficits maternos en el ejercicio de su rol, que aparecen con cierta frecuencia en progenitores que alienan. Finalmente, el juez, previo informe del equipo psicosocial, decidió atribuir la custodia al padre, inicialmente sin contacto con la madre y posteriormente con visitas con la intervención del punto de encuentro familiar. Se exponen los indicadores apreciados en la menor y en sus padres que llevaron al diagnóstico de la presencia del síndrome de alienación parental, así como el estado emocional de la menor antes y después del cambio de custodia y el resultado satisfactorio para la niña de la decisión adoptada por el juez. Exposición del caso Pareja que se separa de mutuo acuerdo tras seis años de matrimonio. Tienen una hija de cinco años en el momento de la separación. Acuerdan que la niña viva con la madre y se relacione con el padre todos los fines de semana y mitad de periodos vacacionales, lo cual es recogido en la sentencia de separación. Al mes de existir sentencia, la madre, unilateralmente, decide que las visitas pasen a desarrollarse en fines de semana alternos, algo que el padre acepta. A los siete meses de la sentencia de separación, cuando la niña tiene seis años, la madre denuncia un posible abuso sexual por parte del padre, algo que deduce al observar el rechazo de la niña a visitar al padre. No obstante, siete meses después de denunciar un posible abuso sexual, la madre firma el convenio regulador del divorcio, el cual recoge un régimen de visitas paterno-filial de fines de semana alternos y mitad de periodos vacacionales. Dichas visitas se cumplen durante dos años, al cabo de los cuales, cuando la niña tiene nueve años, la madre denuncia nuevamente un presunto abuso sexual hacia la hija por parte del padre, dando lugar a la suspensión de las visitas durante ocho meses. El contacto paterno filial se reanuda con la intervención del punto de encuentro familiar. Las visitas se desarrollan durante dos años y tres meses. La madre denuncia nuevamente un presunto abuso sexual por parte del padre, un amigo del padre y la socia del padre en el negocio que regentan conjuntamente. La niña tenía en aquel momento doce años. A consecuencia de dicha denuncia, todos ellos permanecen detenidos en dependencias policiales durante treinta horas. El contacto paterno filial se suspende durante nueve meses, tras el cual pasa a vivir con el padre porque se produce un cambio de custodia. La niña tenía en aquel momento catorce años. PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 87 Características de la madre Procede de una familia estructurada, de clase media. Es hija única. Siempre ha vivido con sus padres, incluso durante el matrimonio. Con estudios primarios, empieza a trabajar, a raíz de separarse, en empleos poco cualificados que no le satisfacen. Busca parejas que le aporten estatus económico y social. Coincidiendo con episodios estresantes (conflictividad conyugal, fallecimiento de su padre), presenta sintomatología de conversión (pérdida de conocimiento, imposibilidad para caminar, taquicardia), sin que se le detecte nada orgánico que justifique dicha sintomatología. Está en tratamiento psiquiátrico desde hace 10 años, teniendo prescrita medicación ansiolítica y antidepresiva. El cuestionario de personalidad aplicado (Millon) revela una persona con desconfiada paranoide y con elevada ansiedad. Su estilo educativo se caracteriza por la falta de supervisión estrecha sobre su hija, habiendo llegado a ser casi negligente en el ultimo año; por la exigencia de forma rígida de un buen comportamiento; por la ausencia de diálogo; por la sensación de desbordamiento por las necesidades educativas que plantea el crecimiento de su hija, a la que utiliza como confidente, implicándola en el proceso de separación. Su actitud hacia su ex cónyuge es ambivalente: No se hablan, le considera un abusador sexual, pero le invita a la primera comunión de su hija o pretende acudir a él cuando tiene dificultades educativas con la niña. Características del padre Procede de una familia estructurada de clase media. Es el mayor de dos hermanos. Vive con sus padres desde la ruptura conyugal. Su madre constituye un soporte importante en el cuidado de su hija. Tiene estudios primarios y ha desempeñado diversos empleos no cualificados que le suponen un excesivo horario laboral. Estuvo en tratamiento psiquiátrico y psicológico por espacio de dos años a raíz de producirse la ruptura conyugal, no deseada por él. Los cuestionarios de personalidad aplicados (Millon, MMPI) indican que se trata de una persona dependiente, compulsivo, con baja autoestima. Su estilo educativo pasa por la supervisión, la imposición de normas de forma razonada y el afecto. Respeta la imagen materna ante la menor y no la implica en el conflicto de la separación. No mantiene ningún tipo de comunicación con su ex esposa y no está dispuesto a trabajar en esa dirección. Indicadores apreciados en la menor y en la madre para diagnosticar SAP Síntomas de SAP que se aprecian en la madre • Medicaliza la vida de la niña. La lleva al pediatra, al hospital, buscando un informe que confirme sus sospechas de abuso o las hipotéticas secuelas psicológicas que produce en la niña el contacto con el padre. La lleva al centro de salud mental infanto-juvenil, donde está en tratamiento psiquiátrico durante siete años, con una asistencia a terapia irregular. La sintomatología que refiere la madre en la niña es: aumento del nivel de inquietud, disminución del apetito, trastornos del sueño y empeoramiento del rendimiento escolar cuando tiene que visitar a su padre. La sintomatología remite cuando se suspenden las visitas. Llegan a diagnosticarle un trastorno de las emociones de la infancia y le prescriben dumirox 50. Deja de asistir a las consultas en el momento en que consigue un informe.La madre señala que la niña padece dermatitis atópica y en una ocasión acude con ella al hospital por un supuesto ataque epiléptico. • Ausencia de resonancia emocional al hablar del presunto abuso sexual referido por su hija. Recibe con enfado la información de que no se detectan indicios de abuso en su hija. La información que da sobre el presunto abuso es vaga, confusa y contradictoria. • Ambivalencia respecto a la existencia de visitas paterno-filiales: las considera inadecuadas pero a la vez se queja de que el padre no va a ver a su hija. PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 88 • Argumentos típicos: el padre no se la sabe ganar, no la quiere, la lleva a lugares inadecuados (bares). No la puede convencer para que vea al padre. En cambio la describe como una niña obediente en general, salvo en este tema específico. • Le presenta a su hija las visitas con el padre como un castigo: Si no apruebas te mando con tu padre. • Habla en términos negativos del padre de su hija. Síntomas apreciados en la niña • Pretende atribuir el rol parental a la nueva pareja de la madre • Justifica de forma banal el no querer visitar a su padre: no quiere ir con su papá porque es malo y le hace daño, sin especificar qué tipo de daño. • Habla de su padre en términos negativos: bebe mucho, es agresivo, no me quiere, me deja sola, coincidentes con el discurso apreciado en la madre. • Ha venido manifestando dificultad para acudir a las visitas con su padre • Amenaza con fugarse y con intentos de autolisis si le exigen visitar a su padre. • Relata los presuntos abusos de forma poco creíble y sin resonancia emocional con la gravedad de lo que cuenta. Usa un vocabulario impropio de su edad: Con seis años manifiesta que su padre la arañó en el clítoris. Habla de ello sin que se mencione el tema y cuando ya ha sido sobreseída la denuncia. • Tiene una visión maniquea de sus progenitores, sin ambivalencia al valorarlos: en su madre todo es positivo y en su padre todo es negativo. A pesar de ello, se detecta en la menor miedo hacia su madre, a quien percibe como muy exigente. En la segunda evaluación suspendió cuatro asignaturas y tardó dos horas en ir a casa desde que salió del colegio por temor a la reprimenda de su madre. • No muestra sentimientos de culpa al hablar en términos negativos de su padre o al acusarlo de abuso sexual. • Generaliza el rechazo y la valoración negativa a la familia extensa paterna (abuelos, tíos y primos), cuando previamente había tenido una relación muy buena con los abuelos y primos. • Pretende hacer ver que la valoración sobre su padre procede de ella, sin haber sido influenciada por nadie. • Presenta baja autoestima, teniendo la idea de que es una niña mala. • Evaluada estando con la madre, no presenta sintomatología ansioso-depresiva. • Su rendimiento escolar es bajo y presenta dificultad para relacionarse con sus iguales. • Es sumisa y fácil de manejar. Medidas tomadas Se diagnostica un síndrome de alineación parental grave y se aconseja al juez un cambio de custodia sin relación con la madre durante seis meses, medida que fue aceptada por el juez. Transcurrido dicho periodo, se iniciaron contactos con la madre dentro del Punto de Encuentro Familiar y con la supervisión de un profesional para evitar que la madre intentara manipular a su hija. Las visitas consisten en dos horas semanales, estando el contacto telefónico restringido. En el PEF madre e hija reciben apoyo psicológico dirigido a modificar el tipo de interacción existente entre ellas. En la madre se trabaja sin resultado sobre sus creencias delirantes respecto al posible abuso de su hija. Con la menor se trabajan estrategias para evitar la presión emocional que ejerce la madre sobre ella, con un éxito irregular. Actualmente, lleva nueve meses viendo a la madre y se empieza a contemplar la posibilidad de que las visitas se empiecen a desarrollar durante dos horas fuera del PEF. Estado emocional de la menor tras vivir con el padre • No fue necesario trabajar una desprogramación. La diferencia entre el entorno materno y el paterno es tan evidente en cuanto a afecto, estímulos y supervisión de la niña que se integró rápidamente en el medio familiar paterno. PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 89 • Se adaptó con rapidez al nuevo centro. • Aprueba el curso a pesar de que la cambian de centro tras la segunda evaluación. En el curso actual suspende algunas asignaturas. • Se hace amigos • El padre tiene un contacto regular con los profesores • La niña desprende una alegría desbordante. • Se siente muy cuidada, acompañada y apreciada. • Quiere relacionarse con su madre, pero teme que se vuelva a reproducir lo del pasado. • Aun no sabe frenar los intentos de manipulación de la madre. • Llega a decir cosas que la madre quiere oír y que probablemente no son ciertas, como que el padre la deja salir un día hasta la una de la madrugada. • Han desaparecido sus problemas de salud. Actitud de los padres tras el cambio de custodia La madre • Sigue insistiendo sobre el tema de los presuntos abusos: no admite ninguna responsabilidad en dicha denuncia y se sigue preguntando por qué su hija se inventaría algo así. • Sigue estando convencida de que el padre la trata mal. • Sigue viendo peligro para su hija en cualquier actividad: leer el periódico, ir a un bar, etc. • Tras el cambio de custodia hizo un intento fallido de autolisis: se tomo unas pastillas y fue necesario hacer un lavado de estómago sin precisar ingreso hospitalario. Así conjuró la presión que decía sentir por parte del vecindario. Se consideraba etiquetada como mala madre por haber dejado que se llevaran a su hija. • Escucha de buen grado las recomendaciones que se le hacen sobre cómo tratar a su hija, pero no las sigue en absoluto. El padre • Dedica tiempo a su hija. • Han hablado de los presuntos abusos previos. La niña le pidió perdón y no se ha vuelto a hablar del tema • No deteriora la imagen materna • Colabora en las visitas. • Sigue sin fiarse de su ex mujer. Teme que en cualquier momento vuelva a intentar manipular a su hija. Referencias bibliográficas Gardner, R. (1985) Recent trends in divorce and custody litigation. Academy Forum, 29 (2), 3- 7 Gardner, R. (1998) The Parental Alienation Syndrome: A guide for mental health and legal professionals. (Second Edition). Cresskill, NJ: Creative Therapeutics. PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 90 EL SÍNDROME DE ALIENACIÓN PARENTAL EN LOS PROCESOS DE SEPARACIÓN DE LA PAREJA; LA SITUACIÓN ACTUAL EN MÉXICO María Cristina Pérez Agüero, Marlen Nicolette Zermeño León* Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Psicología. *Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal Introducción En la actualidad el divorcio es un fenómeno que lleva a una nueva concepción de la familia en la sociedad, ya que cada vez es mayor la cifra de niños que crecen en familias monoparentales. En las últimas 9 décadas las parejas que se divorcian han aumentado de manera significativa en México; según registros de las características anuales de nupcialidad reportados por el Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI, 2006) en la década de los 70, 3 de cada 100 matrimonios terminaban en divorcio; para el año 2005 la cifra aumentó a 12 de cada 100. Particularmente para el Distrito Federal 20% del total de matrimonios registrados (37 mil) terminan en divorcio. Si se considera el tipo de trámite que realizan las personas en el Distrito Federal para poder concluir su relación de matrimonio, la mayoría de estos se llevan a cabo por un camino “contencioso”, con un 73% que realiza el divorcio vía judicial y el resto por vía administrativa. En lo que respecta a los divorcios de tipo judicial, cuando hay hijos producto del vínculo matrimonial disuelto, se debe determinar la guarda custodia, el régimen de visitas y convivencias, y la patria potestad; se ha registrado que a la persona que le es otorgada la patria potestad en el 64% de las ocasiones es a la madre de los menores y en el 30% de los casos no hay resolución judicial al respecto (INEGI, 2006), ya que en muchas ocasiones estos casos no pueden ser resueltos debido en gran medida al alto grado de litigiosidad, porque las partes involucradas (generalmente ambos padres) no se ponen de acuerdo y comienzan una lucha legal que pareciera interminable. Tomando en cuenta la diversidad de puntos de vista que existen respecto a los efectos que el divorcio tiene en los niños (Amato, 2000; Bolaños, 2002; Escamilla, 1999; Fernández y Godoy, 2002; Guttman, 1993; Mantilla, 2000; Robinson, 1991) es importante señalar que el divorcio puede ser sano si es llevado en los mejores términos posibles, es decir, en donde los padres pueden llegar a acuerdos sobre su futura relación y obligaciones con sus hijos sin la intervención de un tercero, como abogados y jueces. Algunos autores coinciden en que no es tanto el divorcio lo que afecta a los niños, sino el lugar que estos ocupan en el conflicto de sus padres, lo cual será determinante en su evolución psicológica. En la investigación actual respecto a la separación de los padres que se fundamenta en gran diversidad de enfoques teóricos, todos estos convergen en el mismo punto: el conflicto constante y sin resolver entre los padres puede violar las necesidades del desarrollo de los niños (Fernández y Godoy, 2002; Kelly y Johnston, 2001; McIntosh, 2003). Cuando todos los intentos por resolver los problemas fallan, comienza a desarrollarse un grave conflicto en donde uno o ambos progenitores comienzan una lucha legal, argumentando cada uno sus razones para “quedarse” con los hijos. Los padres tienden a propiciar que sus hijos tomen partido en esta “disputa”, sobre todo cuando no se cumplen las tareas parentales de educación o manutención. Las peleas y desacuerdos se vuelven permanentes, toma un lugar primordial la necesidad de ganar y denigrar al otro cónyuge, y el bienestar de los hijos es olvidado. Aunque es normal que en determinado momento de la separación o ruptura familiar el niño estreche la relación con el padre custodio para buscar su protección y estabilidad, esto deja de ser adaptativo cuando se incrementa la intensidad de esta relación y se modifica la intencionalidad, es decir aumenta la desacreditación hacia la figura de uno de los progenitores, la transmisión de información negativa respecto a este mismo y se obstaculiza la relación con el otro progenitor de manera injustificada (Rincón, 2006). PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 91 Separación, divorcio y procesos 1. La manipulación/programación consciente y/o inconsciente del niño por parte del padre custodio con el fin de disminuir el amor del niño hacia el padre no custodio y de excluirlo de su vida. 2. El trasfondo de descripciones negativas y desvalorizadas del progenitor alejado por aquel que tiene la custodia, que el niño llega a hacer suyas, a veces agrandándolas y agravándolas. 3. Elementos accidentales que ayudan a fijar en los niños el “síndrome de la imagen del padre enemigo” Método Nuestra investigación se basa en recabar información con la ayuda de las nuevas tecnologías, concretamente Internet. El material sometido a estudio es el conjunto de información obtenida hasta Diciembre de 2006. Para el tratamiento de los datos se ha utilizado el programa EXCEL y otros programas informáticos diseñados en el entorno WINDOWS. En cada base de datos hay: a) datos de obtención directa de la base de datos y b) datos de obtención indirecta, elaborados a partir de los datos directos. Resultados Tabla I: Artículos publicados de 1988 a 2006 sobre SAP Año Nº Artículos 2006 1 3% 2005 3 9% 2004 2 6% 2003 5 15% 2002 3 9% 2001 1 3% 2000 1 3% 1999 0 0% 1998 4 12% 1997 4 12% 1996 0 0% 1995 3 9% 1994 1 3% 1993 0 0% 1992 0 0% 1991 1 3% 1990 3 9% 1989 1 3% 1988 1 3% Si bien su aparición en los medios y en diversas publicaciones de carácter científico era escasa desde su aparición en España, se observan 7 años clave en los que parece tener una mayor presencia como fenómeno contemplado por los diversos profesionales relacionados, los años 1990 (3), 1995 (3), 1997 y 1998 (4), 2002 (3), 2003 (5) y 2005 (3). Aparece pues como un fenómeno con carácter cíclico que aparece con cierta intensidad para pasar a prácticamente dejar de hacerlo, como si la atención quedara dispersa o no se contemplara su existencia en su importancia. PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 98 Tabla II: Formación relacionada con el SAP Origen Formación Nº Universidad 2 29% Colegios Profesionales 4 57% Centros privados 1 14% En el último año, 2006, según se recoge de la información obtenida, serán los Colegios Profesionales, tanto médicos como psicológicos quienes se encarguen de formar a sus colegiados y las personas interesadas en general sobre la existencia, la descripción y la importancia del SAP. En un segundo plano aparecen las Universidades ofreciendo dicha formación generalmente como parte de asignaturas más complejas y no tanto como asignaturas propias y concretas. Por su parte, los centros privados parecen empezar a manifestar su interés por presentarlo como oferta formativa dentro de sus actividades. Tabla III: Jurisprudencia sobre el SAP en España CCAA Nº Sentencias/Autos Asturias 6 14% Castilla León 6 14% C. Valenciana 6 14% Cataluña 5 12% Murcia 5 12% Madrid 4 9% Andalucía 2 5% Aragón 2 5% Cantabria 2 5% Islas Canarias 2 5% Islas Baleares 1 2% Extremadura 1 2% Galicia 1 2% Resto de CCAA 0 0% Para obtener estos resultados se ha consultado o la base de datos de ARANZARI sobre JURISPRUDENCIA en España. Se han encontrado 36 SENTENCIAS de la Audiencia Nacional que mencionen el SAP y 6 AUTOS del año 2002 hasta el 2006. Tabla IV Años Nº Sentencias/Autos 2002 1 2% 2003 1 2% 2004 6 14% 2005 17 41% 2006 17 41% En total 19 provincias diferentes. En este orden: Asturias 6, Alicante: 5, Murcia: 5, Madrid 4, Barcelona 3. Con 2: Las Palmas, Palencia, Segovia, Zamora, Zaragoza. Con 1: Cáceres, Cantabria, Islas Baleares, Lleida, Málaga, Orense, Sevilla, Tarragona y Valencia. PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 99 Por Comunidades Autónomas: Asturias: 6, Castilla-León: 6, Comunidad Valenciana: 6, Cataluña: 5, Murcia: 5, Madrid: 4, Andalucía: 2, Aragón: 2, Cantabria 2, Islas Canarias: 2, Islas Baleares: 1, Extremadura: 1, Galicia: 1. Tres Comunidades Autónomas del Estado Español, Asturias, Castilla-León y Comunidad Valenciana aparecen con 6 sentencias o Autos que hacen referencia al tema. Dichas Comunidades serán seguidas por Cataluña y Murcia (5), y Madrid (4). En el resto de Comunidades que conforman el Estado aparece tímidamente, concretamente en Andalucía, Aragón, Cantabria e Islas Canarias (2), y en Islas Baleares, Extremadura y Galicia (1). Opiniones sobre el SAP en la red Sobre el SAP encontramos en la red dos grandes tendencias, los que abogan por una ratificación de lo que pretende definir el SAP y los que se encuentran completamente en contra. Así por ejemplo Javier Urra, ex defensor del menor de la comunidad de Madrid ratifica la utilización de los hijos en los casos de separación y las falsas denuncias de abusos a los menores para interponerlos contra el otro progenitor. Javier Urra, que actualmente trabaja para Unicef, alerta del maltrato infantil, superior en número a la violencia contra las mujeres, y advierte de la «utilización de los niños en los casos de separación». Sobre la propuesta de impedir a los maltratadores que vean a sus hijos, Urra cree que es positiva, pero siempre y cuando la violencia esté demostrada. «Si hay maltrato, categóricamente digo que no habría que dejar que ese padre viese a sus hijos. Pero la presunción de inocencia debe mantenerse siempre. Por desgracia, estamos viendo muchos casos de denuncias falsas en las separaciones y divorcios relacionadas con supuestos abusos sexuales a los hijos. Eso provoca un dolor terrible. Es como cuando muchos padres separados dicen a sus hijos que no le hagan caso a su madre, que está loca. Al final, el menor termina tiranizándola». Asimismo encontramos un guía editada por el Defensor del menor de la Comunidad de Madrid, específica sobre el Síndrome de Alienación parental, con el subtítulo “ruptura de pareja e hijos” siendo su autor el psicólogo José Maunel Aguilar Cuenca, reflejando de forma clara, sencilla y didáctica la definición, y las consecuencias de la actitud de alienación por parte de los padres. Esta guía esta enfocada a los mismos padres y a cómo afrontar la separación y divorcio, sin la necesidad de involucrar a los niños. Consta de 16 páginas y esta disponible por internet de forma gratuita. En cuanto al reconocimiento del SAP, indica la psicóloga Asunción Tejedor Huerta que en la literatura sobre el tema van apareciendo datos sobre el reconocimiento de este síndrome en los tribunales de algunos países, si bien no aparece reconocido como síndrome en el DSMIV, pero creo que aún queda un largo camino por recorrer y mucho que luchar para que sea totalmente reconocido. Durante la celebración el 18 y 19 de octubre de 2002 de la Conferencia de Frankfurt sobre el SAP había un acuerdo general de que el SAP es un problema cada vez más extendido en todos los países. A principios de los años 80 había más madres alienadoras que padres, había algunos padres pero no tenían tanto éxito. Esto podía deberse al hecho de que los niños estaban generalmente más unidos a las madres como cuidadoras principales, por eso se solía aconsejar dar la custodia a la madre, incluso aunque ella hubiera podido ser agente del SAP. Poco a poco esa proporción ha ido variando y ahora se considera que está en un 50%. Cuanto más tiempo pasa un progenitor programador con sus hijos más tiempo tiene de programarles, si esa es su intención. En los primeros momentos del SAP los problemas se inician en las entregas/recogidas de los niños por el progenitor no custodio. Según Gardner, el progenitor que está “programando” al niño provoca la destrucción del vínculo entre el otro progenitor y el hijo, destrucción que, desafortunadamente, puede durar toda la vida (Gardner, R.A., 1999). Asimismo, Asunción Tejedor indica que la negación del SAP como síndrome ha causado un sufrimiento psicológico formidable a muchos hombres, mujeres y niños. Muchos abogados han conseguido convencer a los jueces que el SAP no existe y por lo tanto la animosidad de los niños contra sus padres estaba justificada. En los juzgados era común encontrar argumentos de abogados que alegaban que al no existir el SAP sus clientes no podían PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 100 estar provocando un síndrome que no existía, incluso podían alegar que la alienación había sido producida por el abuso o negligencia del otro progenitor. El primer paso en la búsqueda de la solución de la negación del SAP es la aceptación de la realidad, que es que el SAP existe. Aunque no aparezca en el DSM-IV tenemos que reconocer que existe. “Cuantas más sentencias reconozcan la existencia del SAP más probabilidad habrá de que se reconozca al SAP como síndrome para ser incluido en el DSM-IV “(Gardner, R.A., 2002). Aún así, muchos profesionales se muestran reacios a incluir el término SAP en sus informes al no estar reconocido como tal en el DSM-IV o a catalogarlo como un síndrome para no “etiquetar”, pero lo que no debemos olvidar es que está ahí y debiéramos estar preparados para poder intervenir y solucionar los efectos tan devastadores que produce. Ignacio Bolaños en el I Congreso de Psicología Jurídica en la Red (2004), indica que en relación al SAP este contexto es el caldo de cultivo que nos permite introducir el término de síndrome de alienación parental (SAP), propuesto por Richard A. Gardner en 1985. Este autor hace referencia a una alteración en la que los hijos están preocupados en censurar, criticar y rechazar a uno de sus progenitores, descalificación que es injustificada y/o exagerada. El concepto descrito por Gardner incluye el componente lavado de cerebro, el cual implica que un progenitor, sistemática y conscientemente, programa a los hijos en la descalificación hacia el otro. Pero además, incluye otros factores “subsconscientes e inconscientes”, mediante los cuales el progenitor “alienante” contribuye a la alienación. Por último, incluye factores del propio hijo, independientes de las contribuciones parentales, que juegan un rol importante en el desarrollo del síndrome. Poco o nada recoge sobre la participación del progenitor alienado. En contra de lo expuesto hasta el momento aparece la opinión de una psicóloga Argentina S. Vaccaro en 2002, manifiesta que El Parental Alienation Syndrome (PAS) de Gardner no cuenta, a su entender, con estudios empíricos que lo sustenten, investigaciones, o testeos. Tampoco, tiene que ser este síndrome editado en publicaciones médicas o científicas sin ser re-examinado. El síndrome es simplemente una opinión de Richard Gardner, basada en su experiencia clínica personal. Por supuesto, el hecho que el Parental Alienation Syndrome se base en la experiencia de un solo hombre no significa que existirían equivocaciones en él. Así y todo, es claro que el síndrome no está aceptado como un método científicamente confiable de reportar convincentemente un argumento para discernir si un abuso sexual es verdadero o falso. Por otra parte, muchos de los escritos de Gardner, incluyendo su Parental Alienation Syndrome, son discriminatorios y prejuiciosos contra la mujer. Esta parcialidad de género infecta (sic) el síndrome, y logra una poderosa herramienta para menoscabar la credibilidad de las mujeres que denuncian abuso sexual infantil. Porque el PAS perpetúa y exacerba la discriminación de género contra la mujer, y considera que el síndrome arroja mucha más sombra que luz sobre este difícil tema. Asimismo Trish Wilson indica que las madres son muy frecuentemente etiquetadas con el PAS, no los padres. La descripción de Gardner de las conductas de las madres bajo las 3 categorías del PAS en severas, moderadas, y leves no es solamente su criterio personal, sino que además pone al descubierto su sexismo y sesgo de discriminación contra las mujeres. El PAS está destinado a ser usado para argumentar contrariamente en el marco de un litigio por la tenencia de los /as hijos /as, en especial cuando se efectuaron denuncias por abuso sexual infantil. El objetivo final es alejar al niño de la casa y de la tenencia de la madre, y otorgar la tenencia plena al padre presuntamente abusivo. La etiqueta está colocada sobre la madre desde el momento que el PAS se presenta en la justicia. El PAS está diseñado de tal manera que garantiza a la madre quedar etiquetada a través de la duda si no “padecerá” este síndrome, y es posible que la consecuencia sea la pérdida de la tenencia de los /as niños /as. Ella tiene garantizada la pérdida de la tenencia a menos que esté asesorada para demostrar los errores sorprendentes que existen dentro del PAS. El personal judicial debe no sólo ser advertido que el PAS no está reconocido como un síndrome médico por la AMA (Asociación Médica Americana) y la APA (Asociación Americana de Psicología), sino que el empleo de este dudoso síndrome como un instrumento adaptado para quitar la tenencia cuando las madres aducen abuso, no puede ser silenciado (sic: “will not be kept quiet”). PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 101 De hecho es importante reconocer que la definición de síndromes o trastornos presenta sus inicios en la observación repetida de diversas características que se dan en casos o contextos similares, y es esa presencia repetida la que acaba en un reconocimiento internacional, por las comunidades científicas pertinentes, así que, teóricamente, se puede negar la existencia actual de un “síndrome”, pero no la existencia de unas actitudes y características repetidas, se las nombre como se las quiera nombrar. También es importante considerar que en el momento en que haya un reconocimiento internacional establecido será más fácil establecer medidas legales para evitarlo, ya que la propia definición ayudará a sistematizar la intervención. Por lo tanto para evitar caer en los errores que denuncian los que se muestran contrarios al SAP, es importante que este definido con unos criterios específicos, que hayan estudios empíricos que los apoyen, estudios que actualmente existen, y que la persona que diagnostique un SAP pueda ser requerido para demostrar su presencia, y por supuesto ser un profesional de la salud mental. Conclusiones En nuestro estudio comprobamos a existencia del SAP en la red observando que aparecen un mayor número de artículos en el año 1997 y 1998, un 12%, disminuyendo hasta que vuelve a incrementarse en el año 2002 (9%). Hasta alcanzar el 15% en el año 2003, esto coincide con una mayor presencia a nivel mediático del fenómeno SAP. En cuanto a la formación sobre el SAP en la red, prevalece la que ofrecen los colegios profesionales (57%), que tienen más vínculo con la formación del profesional en el rol del psicólogo forense. Aún está por debajo la formación universitaria (29%) que incluya en su programa el estudio del SAP y la formación en centros privados (14%). Además de esta formación más específica, hemos encontrado 7 asociaciones que proporcionan información sobre el fenómeno y links de referencia para la ampliación. En la Jurisprudencia sobre el SAP en España en la red como podemos comprobar, de las 17 Comunidades Autónomas y las dos ciudades autónomas, Ceuta y Melilla, sólo trece contemplan a nivel judicial la presencia del SAP como fenómeno a contemplar en el proceso destacando Asturias, Castilla-León y la Comunidad Valenciana con más sentencias (14%). Dichas Comunidades Autónomas parecen contar con jueces sensibilizados con la presencia y la importancia del SAP. Hay que destacar que en los años 2005 y 2006 se producen el mayor número de sentencias (41%) lo cual confirma que actualmente, y de forma progresiva, el SAP está mas presente en la resolución judicial de los conflictos familiares. Respecto a las opiniones en la red sobre el SAP, lo cierto es que las amplias y sucesivas descripciones ofrecidas por Gardner en sus diversos trabajos han servido para dar progresiva consistencia a un concepto que no está exento de polémica. La causalidad lineal con la que viene definido ha generado rechazo en algunos grupos de orientación feminista, mientras que asociaciones de padres separados han incorporado el término como un claro argumento técnico que demuestra la manipulación y la injusticia a que se sienten sometidos al verse alejados de sus hijos ante la pasividad de la justicia. Se han creado incluso páginas web sobre el tema (la más significativa es www.parentalalienation.com). No en vano, la falta de criterios técnicos o la versatilidad de los mismos cuando los hay, es uno de los motivos que han contribuido a generar una tendencia judicial “blanda” en este tipo de situaciones. Referencias bibliográficas Aguilar, J. M. (2006). Con mamá y con papá. Almuzara. Córdoba. Aguilar, J. M. (2004) S.A.P., Síndrome de Alienación Parental: Hijos manipulados por un cónyugue para odiar al otro. .Almuzara. Córdoba. Bolaños, I. (2000). Estudio descriptivo del Síndrome de Alienación Parental. Diseño y aplica- PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 102 ción de un programa piloto de mediación familiar. Tesis doctoral no publicada. Universitat Autonoma de Barcelona. Duarte, J. Cortés Arboleda, M.R. y J.Díaz, M.D. (2000). Síndrome de Alienación Parental. Conflictos matrimoniales, divorcio y desarrollo de los hijos. Pirámide. Madrid. Gardner, R.A. (1985). Recent trenes in divorce and custody litigation. Academy forum, 29, 3- 7. Gardner, R.A. (1987). The parental alienation síndrome and the differentiation between fabricate and genuine child abuse. Cresskill, NJ: Creative Therapeutics. Gardner, R.A. (1991). Legal and psycotherapeutic approaches to the three types of Parental Alienation Síndrome familias.Court Review of American Judges Association, 28, 14- 21. Gardner, R.A. (1998). Recommendations for dealing with parents who induce a Parental Alienation Síndrome in their children. Journal of divorce and Remarriage, 28, 1-21. Gardner, R.A. (1998). The Parental alienation síndrome: a guide for mental health and legal professionals. Creskill, NJ: Creative therapeutics. Gardner, R.A. (1999). Family therapy of the moderate type of parental alienation síndrome. The american journal of family therapy, 27, 97-107. Gardner, R.A. (1999). Differentiating between Parental Alienation Síndrome and bona fide abuse neglect. The american journal of family therapy, 27, 97-107. Lowenstein, L.F. (1998). Parent alienation síndrome: a two step approach toward a solution. Contemporary family therapy, 20, 505-520. Manonellas, G.N. (2005). La responsabilidad penal del padre .ADHOC-Villela Tejedor, A. (2006). El Sídrome de Alienación Parental: una forma de maltrato. EOS Gabinete de Orientación Psicológica. Villar, Ariel H. (2003). Impedimento del contacto de hijos menores y la comunicación paternofilial .Inémesis Wilfred von Bloch_Galhau, “Síndrome de alienación parental (PAS): influencia de la separación y el divorcio sobre la vida adulta de los hijos”, Revista Argentina de Clínica Psicológica, Vol. XI, nº2) www.amnistia-infantil.org www.apadeshi.org www.ayudaafamiliasseparadas.fiestras.com www.cop-asturias.org www.copmadrid.org www.kidetza.com www.elmundoseparado.com www.famp.es www.infocop.es/view_article.asp www.maltratospsiquicos.org www.nosdivorciamos.com www.noticias.juridicas.com www.padresdivorciados.org www.parentalalienation.com www.sospapa.es www.ucm.es PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 103 CRITERIOS DE DECISIÓN PARA LAS RECOMENDACIONES DE GUARDA Y CUSTODIA DE LOS NIÑOS Mila Arch Marin, Adolfo Jarne Esparcia, Asunción Molina Bartumeus* Dpto de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos. Universidad de Barcelona. *Presidenta de la sección de psicología jurídica del COPC. Introducción El auge que experimenta en nuestro país la participación de los psicólogos como peritos en los procedimientos judiciales, junto a el aumento constante de las tasas de separación y divorcio, han propiciado que la participación de los psicólogos forenses en procedimientos de familia con objeto de ofrecer al tribunal una valoración técnica que ayude a establecer el sistema de guarda y custodia de los hijos en casos de separación y divorcio, constituya actualmente, una intervención cotidiana. Una revisión de los criterios más aceptados por la comunidad científica, empieza por la máxima del mejor interés del menor que actualmente sustenta tanto la totalidad de doctrinas jurídicas del mundo occidental, como la pauta de actuación profesional (Guidelines for child custody evaluations in divorce proceedings, 1994). Este principio, que ha generado diferentes intentos de operativización tanto desde el entorno jurídico como desde el de nuestra disciplina (Uniform Marriage and Divorce Act ,1970; Michigan Custody Act, 1970; Sthal,,1994), no obstante, mantiene cierta imprecisión. Autores como Grisso (1986) ha relacionado este hecho con la falta de congruencia entre los criterios usados y los constructos psicológicos. La cuestión significativa no seria la aceptación del mejor interés de menor como principio guía (Guidelines for child custody evaluations in divorce proceedings, 1994) sino qué constituye ese mejor interés. A partir de esta principio, surgen una serie de criterios que podemos considerar como más consolidados, así, el concepto de padre psicológico (Goldstein, Freud y Solnit, 1973) el cuidador primario y las preferencias de los niños, son frecuentemente citados por los diferentes autores. El acceso al otro progenitor, es considerado como factor clave en la valoración de la custodia (Chasin y Grunebaum, 1981; Musetto, 1981; Maccoby y Mnookin, 1992). La continuidad intra y extra familiar, se entiende significativa por su influencia en la previsión del ajuste post-divorcio (Wallerstein y Kelly, 1980; Hetherington, 1989). Asimismo, El estado emocional y ajuste psicológico de los progenitores, tradicionalmente ha recibido un gran énfasis en las evaluaciones de custodia (Ramírez 2006); la edad de los niños, que permite considerar algunos aspectos en relación al momento evolutivo Hodges y Bloom, (1984, 1986); la conveniencia de no separar a los hermanos, efecto que se presume en nuestra regulación jurídica (Art. 92, Código Civil); la infraestructura en sentido amplio (disponibilidad horaria de cada progenitor, diferencias entre domicilios, etc.), también se han delimitado como criterios a considerar en las evaluaciones de custodia. Se han propuesto diferentes modelos para la evaluación de la custodia, sin embargo, la investigación sobre las practicas reales de los profesionales y el uso de criterios de decisión, es escasa, de hecho a nivel empírico únicamente contamos con la información proporcionada por los dos estudios realizados en este sentido: el de Keilin y Bloom en 1986 y su replica y ampliación una década después por Ackerman y Ackerman en 1997. En nuestro país, la única referencia disponible, aunque mas limitada que los anteriores, se encuentra en el trabajo desarrollado por Granados en 1990. Esta situación obliga a la extrapolación de datos del contexto anglosajon, con los riesgos de sesgos que ello comporta. El propósito de nuestra investigación es realizar un estudio piloto sobre la práctica profesional en la evaluación de la custodia de los niños y los criterios de decisión que utilizan los técnicos ante los tribunales de familia en sus recomendaciones sobre la guarda y custodia de los menores. PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 105 En su calidad de estudio piloto, el objetivo básico es la obtención de datos que nos permitan observar y, en su caso, ajustar el diseño definitivo de la investigación posterior. Concretamente nos proponemos obtener datos indiciarios en relación a: el perfil demográfico de los psicólogos forenses que realizan evaluaciones de custodia, el origen de la demanda de sus servicios, la metodología de las evaluaciones de custodia realizadas por los psicólogos expertos en esta materia, sus opiniones y creencias en relación a los distintos tipos de custodia y los criterios utilizados en la toma de decisión para la recomendación de una alternativa de custodia. A fin de poder facilitar a los profesionales españoles unas directrices objetivas y contextualizadas que les ayude en la realización de sus intervenciones. Método Sujetos El universo de sujetos de interés para nuestro estudio piloto fue delimitado como: psicólogos forenses ejercientes en Cataluña y expertos en evaluación de custodia. Teniendo en cuenta que la cualidad “psicólogo forense” en España no se corresponde en la actualidad con una titulación académica oficial ni con ninguna acreditación profesional, la selección de sujetos para el estudio piloto se ha realizado considerando la lista de psicólogos inscritos en el Turno de Intervención Profesional (TIP) del Colegio Oficial de Psicólogos de Cataluña (COPC) por entender que, a priori, constituyen una muestra representativa del universo. Se han establecido dos criterios de inclusión: a) Sujetos que forman parte del la lista TIP del COPC del 2006 y que, por tanto, cumplen los requisitos establecidos por la entidad para ser considerados como expertos. B) Que hayan realizado un mínimo de cuatro evaluaciones de custodia, criterio idéntico al utilizado por Keilin y Bloom(1986) en su estudio. Este factor es importante ya que la lista no especifica el ámbito concreto de intervención de los profesionales y, en nuestro caso, era necesario establecer la experiencia en evaluaciones de custodia. La muestra quedó constituida por 11 psicólogos de Cataluña especialistas en psicología forense de los que el 100% son mujeres. La edad media de los sujetos es de 39,91 años, pero con una D.T. de 8’9, siendo el valor más frecuente (18,2%) los 50 años. El valor mínimo es 29 años y el máximo 51 años. Material e instrumentos El instrumento utilizado consiste en un cuestionario que se ha elaborado a partir de los items usados por Keilin y Bloom (1986) y Ackerman y Ackerman (1997), en sus respectivos estudios. Se realizaron algunos ajustes a fin de adaptar el cuestionario al contexto español actual y se incluyeron algunos criterios que se han considerado en las evaluaciones de custodia en la última década en nuestro país. El cuestionario final consta de 95 Ítems que exploran las experiencias, actividades y creencias de los profesionales en tres áreas definidas como: 1) Información demográfica y experiencia /formación de los profesionales, 2) Evaluación de custodia y 3) Toma de decisión en custodia exclusiva y custodia compartida. Procedimiento Se invitó a participar en la presente investigación a la totalidad de los psicólogos que forman parte de la lista del TIP del COPC y cuyos datos de contacto son accesibles, remitiéndoles por correo postal una carta en la que se les informaba del objetivo general de la investigación, señalando la privacidad y los aspectos éticos oportunos. Se adjuntaba el cuestionario y un sobre franqueado para remitir nuevamente la respuesta. Se ha realizado un único envío a la población. PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 106 Resultados Características personales y profesionales de la muestra La mayoría de los sujetos (63,6%) disponen de formación posterior a la licenciatura. La media de años de ejercicio profesional como psicólogos se sitúa en 14,64 años, de los cuales una media de 8 constituyen práctica en entorno forense. La orientación teórica de los sujetos es diversa, siendo más frecuentes la cognitivo-conductual y la ecléctica (27,3% en ambos casos), seguida por la psicoanalítica (18,2%). Metodología de la evaluación de custodia Origen de la demanda y preferencias: El origen de la demanda de intervención señalada por los sujetos es mayoritariamente a solicitud de un único progenitor (77,55%), seguida por intervenciones solicitadas por ambos progenitores (9,73%) y las resultantes de nombramientos del tribunal a partir de la lista TIP (7,45%). Finalmente, en un 2,82% de los casos la intervención se produce por designación del tribunal a partir de la propuesta de los abogados y en un 1,82% por otras circunstancias. La preferencia por un tipo u otro de intervención, en función del origen de la demanda, es mayoritariamente indiferente (63,6%). Técnicas e instrumentos utilizados: Las técnicas de evaluación más utilizadas (100% de los casos) son la revisión documental, la entrevista individual con cada progenitor, la entrevista individual con el menor, la aplicación de pruebas al niño y las coordinaciones con otros profesionales. En gran medida (81,8%) también se utilizan la observación directa de la interacción progenitor-hijo y la aplicación de pruebas a los adultos. Los instrumentos utilizados mayoritariamente en relación a los menores son las técnicas proyectivas (81,8%). Asimismo, destaca con un 45,5% respectivamente la aplicación de las pruebas psicométricas: TAMAI y STAIC. Respecto a los adultos, las pruebas más aplicadas (36,4%) son las técnicas proyectivas de tipo grafico, seguidas por las psicométricas: 16PF-5 y MMPI-2 (27,3%) respectivamente. Opinión y valoración de alternativas de custodia: en cuanto a la opción de custodia preferida por los sujetos, un 45,5 % optan por la custodia exclusiva (C.E.) con un amplio régimen de visitas que incluye varias tardes intersemanales pero sin pernocta, seguido con un 18’2% que señalan la misma opción pero incluyendo pernocta. La custodia compartida (C.C.) con intercambios en días alternos y la C.C. con intercambios en semanas alternas son seleccionadas respectivamente por un 18’2% de los sujetos. La valoración del resultado de la C.C. basada en la propia experiencia del sujeto es considerada por un 63,6% de la muestra como moderadamente bueno. Decisión y recomendación Criterios utilizados para la recomendación de la custodia exclusiva: El resumen de los resultados, se encuentran detallados en la tabla 1 que aparece a continuación, ordenados por importancia que le otorgan los sujetos. Los factores que son considerados por los sujetos como más importantes para recomendar la C.E. son: un progenitor es un alcohólico activo (= 8,82), se ha alegado abuso sexual contra un progenitor (= 8,64), se ha hecho una alegación de maltrato físico contra un progenitor (= 8,09), un progenitor tiende a aplicar castigo físico a los hijos/as (= 8) , un progenitor amenaza con llevarse a los niños a otra localidad(= 7,45), un progenitor tiene antecedentes penales(= 7,45) y un progenitor es quien se ocupa activamente de la educación de los hijos(= 7,36). Los factores que se han considerado menos importantes son: un progenitor es 10 años mayor que el otro(=2,09), el progenitor es del mismo sexo que el hijo/a (= 3), un progenitor ha establecido una relación de pareja con una persona del sexo opuesto mientras que el otro progenitor vive solo/a (=3,18), el hecho de que el progenitor sea el padre(= 3,45) y el hecho de que el progenitor sea la madre (= 3,55). PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 107 CARACTERISTICAS PSICOLÓGICAS Y SOCIALES DE LOS PROGENITORES EN PROCEDIMIENTOS DE CUSTODIA DISPUTADA Mónica Rincón Acereda, Lourdes Marrero Castellano Juzgado de Primera Instancia Nº 5 de Familia. Palmas de Gran Canaria Introducción El análisis de la estabilidad emocional de los progenitores como objeto de estudio y evaluación ha cobrado interés en el ámbito de la Justicia, con la realización de informes periciales los procedimientos de familia en las que se disputa la custodia de los hijos menores. Las áreas evaluadas en los procesos de custodia disputada se centran principalmente en la valoración de la personalidad y ajuste psicológico de los progenitores, las actitudes parentales o estilo educativo, el ajuste general de los hijos y su adaptación a nivel familiar, escolar y social, la historia y dinámica familiar, las relaciones e interacción paterno-filiales y el entorno familiar, escolar y social (Ortega Monasterio, 1991; Marrero, 1998 y Ramírez, 2003). Ya a mediados de los sesenta las investigaciones de Holmes y Rahe (1967) en relación con el estrés destacaban al divorcio como el evento vital generador de estrés más destacado, tras la muerte del cónyuge. Sin embargo, el impacto de dichos eventos estresantes, se puede ver modulado por aspectos individuales y culturales tales como haber tenido la iniciativa de separarse, la edad propia y la de los hijos en el momento de la ruptura, la problemática previa o causas de separación y la historia personal de separaciones o divorcios en la familia de origen entre otros. En la evaluación psicológica de progenitores en procesos de separación y divorcio es esperable cierto grado de inestabilidad psicológica, en posible relación a diversos factores tales como la crisis vital por la que se atraviesa, los rasgos de personalidad previa, las dificultades emocionales que con la crisis se puedan ver agravados y afectar a sus niveles de adaptación familiar y social, entre otros. En la misma línea, la American Psychological Association planteaba en la década de los noventa que “la psicopatología puede ser relevante en una valoración en tanto que tenga impacto sobre el niño o la capacidad del padre, pero no es el foco de atención principal”. Así pues la mera comprobación de desajustes psicológicos en los progenitores no implica incapacidad para la custodia, dado que lo que resulta deseable establecer es la relación entre dichos rasgos de personalidad o desajustes clínicos y su influencia sobre habilidades parentales o sobre los procesos de interacción paterno-filial (Ramírez, 2003; Marrero, 1998; Cantón, Cortés y Justicia 2000; Urra, 2002). Tradicionalmente los dictámenes psicológicos han recurrido al uso de instrumentos psico-diagnóstico elaborados en el entorno clínico, contando con dificultades para la extrapolación de resultados al ámbito forense, dada la alta distorsión motivacional, la presencia de indicadores de desajuste psicológico en los progenitores asociados a la propia crisis o el agravamiento de los mismos, y la posibilidad de instrumentalización del dictamen de un progenitor contra otro en el litigio, siendo importante tener cuenta que el objetivo esencial de la evaluación psicológica en los procedimientos de disputa por la custodia es realizar un estudio especifico de las diversas dimensiones psicológicas positivas (capacidades intelectuales, habilidades personales, dimensiones mas saludables) y de las mejorables (déficits, áreas problemáticas, dimensiones psico-patológicas) con la finalidad de asesorar y auxiliar la toma de decisión judicial. El MCMI-II de Millon aporta elementos importantes respecto a la valoración de las características clínicas de las personas en los diferentes ámbitos forenses, siendo idóneo también para la valoración psicológica en procedimientos de custodia disputada, al evaluar los rasgos de personalidad de los padres, de sus estilos o formas de ser, así como también de una posible sintomatología clínica que puede interferir en un clima favorable para el desarrollo psicológico del niño. PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 115 Material y Método Procedimiento La evaluación psicológica y social consistió en la realización de entrevistas semi-es- tructuradas con cada uno de los progenitores y de los hijos a nivel individual, así como mediante la aplicación de una batería de pruebas psicológicas como parte de la práctica de la prueba psicosocial acordada por los Jueces y Magistrados en procedimientos judiciales de familia, atendidos durante el año 2004. Sujetos La muestra está constituida por 58 sujetos, 28 hombres y 30 mujeres, progenitores remitidos por los Juzgados de Primera Instancia de la provincia de Las Palmas, España, para realización de informe pericial, que incluya, entre otros aspectos valoración psicológica y social de las partes en litigio por la custodia de los hijos menores, con la finalidad de determinar el progenitor más idóneo para ostentar la guarda y custodia de los hijos habidos en la relación y el régimen de visitas más adecuado para el otro progenitor. Instrumentos Para la evaluación psicológica se seleccionó el MCMI-II de Millon como instrumento de estudio de la personalidad, basados en su alto nivel de fiabilidad (0.79), la disponibilidad de una edición con complementos explicativos a través de un Manual de Aplicación, la adaptación a la nosología diagnostica y psiquiátrica oficial y vigente y la disponibilidad de una adaptación española, con baremación en población autóctona, y con alto poder discriminante para evaluar la personalidad en el ámbito forense, y específicamente en los procedimientos de custodia disputada. Para la valoración social se hizo uso de las entrevistas semi-estructuradas, el análisis documental y el genograma. Resultados 1. La mayoría de los evaluados se encuentra entre los 31 y los 40 años, estando en esta categoría el 40% de las mujeres y el 50% de los hombres. 2. La edad de los hijos oscila entre 7 a 11 años, encontrándose el 40% de los primogénitos y el 71% de los segundos en esta categoría. PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 116 3. El 80% de los hijos convivía con la madre, mientras que el 20% restante lo hacía con el padre. 4. El nivel de estudios más frecuente de los progenitores evaluados corresponde al de Bachiller o Formación Profesional, (36%) aunque al diferenciar por sexos el nivel de estudios más frecuente en varones corresponde a los estudios Primarios (17%). 5. La categoría profesional más frecuente en los evaluados corresponde a personas sin cualificación o con preparación laboral mínima (60%). Al diferenciar por sexos el 40% de las mujeres se sitúan en la misma categoría mientras que el 32% de los varones se sitúa a la categoría cuatro con un mayor nivel de cualificación profesional. 6. Los procedimientos legales en los que se solicita la práctica de la prueba pericial corresponden principalmente a expedientes de Guarda y Custodia de Hijos No matrimoniales (parejas de hecho) en el 26.7% de los casos, seguidos de los procedimientos de Divorcio 23.3% y los de Separación en un 20% de los casos. 7. La inserción laboral de las madres es mayor (57%) que la de los padres (40%). 8. Los resultados de la aplicación del test de personalidad de Millon constatan en las madres valoradas puntuaciones superiores a 74 de T.B. en diversas escalas: a. Con respecto al perfil general, aparecen indicadores que señalan mayor frecuencia y variación de posibles cuadros clínicos. b. Con respecto a las Escalas Básicas de Personalidad destacan en Compulsividad (80%), Narcisista (40%) y Dependiente (36.6%) PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 117 c. Con respecto a los trastornos de personalidad propiamente dichos, una tercera parte (33%) en Escala Paranoide. d. Con respecto a los síndromes clínicos reactivos, clasificados por su gravedad en leves, moderados y graves, el 46.7% en Síndromes Graves, en la línea de la desconfianza y la suspicacia generalizada. 9. Los resultados de la aplicación del test de personalidad de Millon constatan en los padres valorados puntuaciones superiores a 74 de T.B. en diversas escalas: – Con respecto al perfil general, aparece una más reducida la frecuencia y variedad de presentación de posibles cuadros clínicos. – Con respecto a las Escalas Básicas de Personalidad los padres obtuvieron puntuaciones destacadas en Compulsividad (96.4%) y Dependencia (50%). – Con respecto a los trastornos de personalidad propiamente dichos, una cuarta parte (25%) puntuaron en Escala Paranoide. – Con respecto a los síndromes clínicos reactivos, clasificados por su gravedad en leves, moderados y graves, casi un tercio (28.57) puntuaron en Síndromes Graves, en la línea de la desconfianza y la suspicacia generalizada. PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 118 10. Existe un perfil similar tanto en las Escalas Básicas (Compulsividad, Dependencia) como en los Trastornos de Personalidad (Paranoide) y en los Síndromes Clínicos de Gravedad Severa, en la línea de la desconfianza y la suspicacia generalizada, en padres y madres separados, en procesos contenciosos por la custodia de sus hijos. Discusión Con relación a las variables sociodemográficas, el grupo de edad más frecuente en los progenitores evaluados, la mayoría de ellos se encuentra entre los 31 y los 40 años, conviviendo con hijos entre 7 y 11 años, fase crítica del ciclo vital de la familia, en el que ésta se enfrenta a crisis transicional en función del crecimiento y desarrollo de sus miembros, el incremento de eventos vitales diversos, la cambiante relación con los hijos, las modificaciones del propio ciclo vital de los progenitores como individuos y como pareja, siendo una época en que cada uno de ellos ha de enfrentarse al logro de metas específicas en el ámbito personal, formativo y laboral y social, lo que puede ocasionar un desbordamiento frente a las obligaciones a las que tiene que responder, en especial la mujer, con el doble rol de madre trabajadora. El nivel de estudios más frecuente en la población estudiada corresponde al de Bachiller o Formación Profesional, y la categoría profesional corresponde a empleos que requieren escasa cualificación, pudiendo estar relacionado con una mayor conflictividad interparental y menores habilidades para llegar a acuerdos entre personas con menor formación escolar y laboral, utilizando la vía contenciosa como medio de resolución del conflicto. Sin embargo, esta hipótesis habría que contrastarla estudiando a su vez el nivel educativo y cualificación profesional de las personas involucrados en procesos de separación o divorcio, establecidos de mutuo acuerdo. En relación con la inserción laboral destaca el alto porcentaje de madres trabajadoras y el escaso por parte de los padres, lo que puede relacionarse con el desequilibrio económico ocasionado en muchas familias tras la ruptura de la convivencia, manifestándose así desigual implicación y corresponsabilidad económica para el mantenimiento de las necesidades de los hijos. En ocasiones la falta de implicación paterna en subvenir las necesidades económicas de los hijos menores, identificando el mantenimiento material de éstos con el sostenimiento económico de la ex pareja, tiene como consecuencia una mayor implicación laboral materna generando en ellas una actitud negativa frente a los contactos de los menores con el padre, extendiéndose el conflicto a los contactos entre éste y los hijos. PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 119 Los procedimientos legales en los que se solicita la práctica de la prueba pericial corresponden principalmente a expedientes de Guarda y Custodia de Hijos No matrimoniales (parejas de hecho) pudiendo estos datos indicar una mayor presencia de las mismas en la sociedad española en general, dados los cambios sociales de una sociedad plural, abierta, y con esquemas de familia cambiantes, siendo previsible con la entrada en vigor de leyes como la de Divorcio, o las visitas de abuelos-nietos, la del matrimonio entre parejas del mismo sexo y la de custodia compartida, que se presenten modificaciones en cuanto a los procedimientos legales que solicitan la práctica de la prueba pericial. Relacionado con los resultados de la valoración psicológica propiamente dicha, los resultados de la aplicación del test de personalidad de Millon constatan Escalas Básicas de Personalidad Compulsiva (80%), Narcisista (40%) y Dependiente (36.6%) de las madres valoradas, así como Trastornos Paranoides en el 33% de ellas y Síndromes Clínicos de Gravedad Severa en la línea de la desconfianza y la suspicacia generalizada en el 46% de ellas. Dichos hallazgos pueden interpretarse siguiendo la significación clínica de tales escalas, que indican una mayor rigidez cognitiva para comprender y aceptar puntos de vista de los demás, para llegar a acuerdos así como un nivel de desconfianza y alarma desorbitada frente a las intenciones de los demás, unido a sentimientos de tensión persistente, que puede indicar una visión deformada y amenazante de la propia situación vital y de la relación con la expareja, propio de conflictos gestados durante largos periodos de tiempo. Asimismo las madres separadas que a su vez se encuentran a cargo del cuidado cotidiano de sus hijos menores, suelen vivir bajo una mayor presión económica, un mayor estrés laboral y deben hacer frente a un mayor número de sucesos vitales negativos, lo que sin duda contribuye a un equilibrio psicológico mejorable. Según Simona, Johnson y Lorenz (1996) citados por Cantón, Cortés y Justicia (2000) la inestabilidad emocional en la madre separada con la custodia se relaciona principalmente con la mayor frecuencia e intensidad de acontecimientos vitales negativos tales como dificultades económicas, inestabilidad laboral, cambio de domicilio, reducción de ingresos después de la separación, incremento de horas de trabajo fuera del hogar, agotamiento físico y emocional, unidos a síntomas emocionales predominantes en las madres de hogares monoparentales encargadas del cuidado de sus hijos, entre los que se cuentan la tendencia a la auto-inculpación, la preocupación excesiva y los sentimientos de soledad e inseguridad ante el futuro (Lorenz, Simona y Chao, (1996), citados por Cantón, Cortés y Justicia (2000). Así pues, siguiendo los planteamientos de Hetherington y Stanley Hagan, (1997), citados por Cantón, Cortés y Justicia, (2000) el progenitor con la custodia puede experimentar sensación de desbordamiento, al incrementarse su sobrecarga laboral, el aislamiento social, los requerimientos de atención al hogar y al cuidado de los hijos, teniendo que compatibilizarlo todo ello con las obligaciones financieras, responsabilidades que en los hogares no separados, tienden a repartirse entre ambos progenitores. Con relación al análisis de personalidad de los progenitores varones, los resultados de la aplicación del test de personalidad de Millon constatan Escalas Básicas de Personalidad Compulsiva (96.4%), y Dependiente (50%) de los padres valorados, así como Trastornos Paranoides en el 25% de ellos y Síndromes Clínicos de Gravedad Severa en la línea de la desconfianza y la suspicacia generalizada en el 28.7% de ellos, lo que puede indicar una mayor rigidez cognitiva para comprender y aceptar puntos de vista de los demás. Dificultades para asumir las rupturas y grandes niveles de desconfianza. Una exposición diferencial a eventos vitales estresantes que se centran especialmente en un incremento de las presiones económicas y los problemas de relación con su ex cónyuge en relación con el contacto con sus hijos, así como una educación de género orientada hacia las soluciones en lugar de hacia las emociones, puede estar en la base de un aparente mejor ajuste emocional en los progenitores varones durante los procesos de ruptura. El incremento de las presiones económicas al que se ven sometidos los padres sin la custodia, se relacionan principalmente con la adquisición de un nuevo domicilio, (ya que el familiar se adjudica por ley a los hijos y al progenitor que ostente su custodia), asunción de los gastos contraídos previamente por la sociedad matrimonial de gananciales en caso de in- PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 120 solvencia de la ex esposa, pago de una pensión de alimentos a sus hijos, y en ocasiones de una compensatoria a su esposa, viendo reducidos considerablemente sus ingresos y afectada su anterior calidad de vida, en muchos casos. Según Umberson y Williams (1993), citado por Cantón, Cortés y Justicia (2000) la separación puede comprometer la estabilidad emocional del progenitor varón que no tiene la custodia, incrementando la aparición de más conductas impulsivas, y de dependencia de sustancias, así como las conductas auto y hete-rolesivas. Las dificultades de los progenitores no custodios para contactar y relacionarse con sus hijos pueden verse agravadas por el surgimiento en los menores de actitudes de rechazo injustificado hacia ellos, fomentados desde el entorno de convivencia, estableciéndose el llamado Síndrome de Alienación Parental, con efectos destructivos sobre el vínculo afectivo así como sobre cada uno de ellos en particular, pudiendo generar en los progenitores actitudes de coerción y obligación de la relación o de impotencia y desmotivación, frente al contacto con ellos. Así pues, en los progenitores inmersos en procedimientos contenciosos por la custodia de sus hijos, se encuentran similitudes en algunas de las escalas clínicas del Millon, especialmente en las relacionadas con la Compulsividad, la Dependencia como Escalas Básicas, y los Trastornos de Personalidad Paranoides y Síndromes Clínicos de Gravedad Severa, en la línea de la desconfianza y suspicacia generalizada. Dichas características de personalidad generales, pueden ser tenidas en cuenta por los clínicos y los equipos forenses, al constatar un perfil con elevaciones de carácter clínico de varias escalas en los test, que se pueden traducir en los progenitores en proceso de separación y en litigio por la custodia de sus hijos, en grandes dificultades para romper el lazo o vínculo afectivo (dependencia), la rigidez y dificultad para llegar a acuerdos (compulsividad), suspicacia, desconfianza generalizada y nivel de alerta respecto a las intenciones de “la otra parte”, en un sistema adversarial contencioso, que fomenta el posicionamiento y la imposición de criterio por parte de un tercero. Finalmente, y en referencia con la situación emocional de los hijos durante la ruptura, y el efecto que sobre éstos puedan tener las dificultades emocionales de los progenitores, los hijos pueden verse afectados por el SAP y rechazar intensamente a la figura no custodia, privándose de la necesaria relación de afectividad, constituyendo una forma de abuso emocional sobre los menores con amplias y profundas consecuencias para ellos y su entorno (Aguilar, 2004; Tejedor, 2006). Por tanto y derivado de los resultados del estudio anterior se hace necesario la implementación de programas que aborden la problemática del divorcio desde un ámbito preventivo, ofreciendo asesoramiento a parejas durante la ruptura, reconduciendo procesos inicialmente contenciosos hacia mutuos acuerdos, mediante intervenciones en mediación, con la finalidad de minimizar los efectos negativos de la inestabilidad emocional, de habilidades parentales y económica de los progenitores y de sus efectos sobre los hijos durante el proceso de ruptura. Referencias bibliográficas Aguilar, J.M (2004). SAP. Síndrome de Alineación Parental. Córdoba: Almuzara. Asociación española de abogados de familia (2002). Los hijos menores de edad en situación de crisis familiar. Madrid: Dykinson. Canton, J, Cortes, M.R. Justicia, M.D. (2000). Conflictos matrimoniales, divorcio y desarrollo de los hijos. Madrid: Psicología Pirámide. Clemente, M (coord.) (1995). Fundamentos de Psicología Jurídica. 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Salamanca: Amarú Ediciones. LEY 43/03 DE 21 de noviembre en la que se modifica la ley de enjuiciamiento civil en las relaciones abuelos-nietos. LEY ORGÁNICA 1/04 de 28 de diciembre de protección integral contra la violencia de género. LEY 13/2005 de 1 de julio, por la que se modifica el código civil en materia de derecho a contraer matrimonio. LEY 15/2005 de 8 de julio por la que se modifican el código civil y la ley de enjuiciamiento civil en materia de separación y divorcio. Marrero J.L. (1998). Psicología Jurídica de la Familia. Madrid: Fundación Universidad y Empresa. Ortega Monasterio, L (1991). Psicopatología Jurídica y forense. Barcelona: PPU Ediciones. Perles Novas, F. (2002.) Psicología Jurídica. Málaga: Aljibe. Ramírez González, M (2003). Cuando los padres se separan. Madrid: Biblioteca Nueva S.L. Ramírez González, M. (1992). Los hijos como objeto de evaluación en los procesos de custodia disputada, Anuario de Psicología Jurídica, 61-69. Ruiz, P. (2003). 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FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 122 CUSTODIA COMPARTIDA: SOLICITUDES DE ESTA MODALIDAD DE CUSTODIA EN PROCEDIMIENTOS AMISTOSOS Y CONTENCIOSOS, DESDE LA ENTRADA EN VIGOR DE LA NUEVA LEY DE DIVORCIO (15/05) Mª José Catalán, Mª Begoña García* Carmen Alemán**, Pilar Andréu**, Antonio Esquiva**, Mª Dolores García**, Catalina Marín**, Ana Mª Matás**, Concepción Soler** Administración de Justicia, Audiencia Provincial de Murcia. *Administración de Justicia, Juzgados de Familia de Murcia. **Psicólogo jurídico Introducción Cambios de roles e implicaciones parentales A pesar de los cambios habidos en España en las últimas décadas, tanto en nuestra sociedad como a nivel legislativo, sobre la igualdad de género, debemos ser conscientes de que en muchas ocasiones nuestros argumentos más progresistas sobre la igualdad y equiparación de sexos es, en ocasiones, todavía más un debate dialéctico que una realidad en nuestro entorno más cercano. Echando la vista atrás y comparando la sociedad en la que actualmente nos desenvolvemos con la de hace 30 0 40 años, indudablemente vemos unos cambios fundamentales en la participación de la mujer en todo tipo de esferas, y en la implicación del hombre en las tareas domésticas y cuidado de los hijos. Pero no nos engañemos, todavía estamos a años luz de países como los nórdicos donde de manera mucho más real y efectiva se palpa, tanto en el ámbito público como en el privado, esa igualdad. No cabe duda de que España es un país plural y existe una gran diversidad a lo largo de su geografía, y podemos encontrar diferencias entre unas comunidades autónomas y otras, así como entre entornos urbanos y rurales. Las políticas sociales se encaminan hacia la desaparición de las desigualdades entre hombres y mujeres, a fin de que éstas se impliquen cada vez más en ámbitos como la política, y se fomenta su mayor integración y desarrollo en el campo laboral; y en los hombres se persigue una mayor implicación en las tareas domésticas y en el cuidado de los hijos. Observamos, sin embargo, que la igualdad está todavía muy lejos de ser efectiva. Sí, nos encontramos cada vez con más mujeres participando de la vida laboral, social y política, y más hombres que se manejan en el cuidado de los hijos comunes, pero sigue primando un modelo tradicional en el funcionamiento general de la sociedad, y de este modo seguimos encontrándonos que de manera habitual sigue recayendo sobre la mujer la mayor parte de los cuidados y atenciones de los hijos comunes, así como de las labores domésticas, teniendo que compaginar, en muchas ocasiones estas labores con el desempeño de una carrera profesional, siendo entendida la labor del hombre como de “ayuda” en esas cuestiones caseras. Esta clara distribución de roles ha tenido una indudable repercusión en la atribución de custodias a favor de las madres, siendo considerada de manera genérica por la sociedad como la persona más adecuada para el cuidado de los menores. Esta atribución no sólo se ha estado otorgando en los procedimientos contenciosos, sino que también ha sido la distribución habitual elegida por los progenitores en los procedimientos de mutuo acuerdo. La asignación de custodias paternas ha sido hasta ahora algo excepcional, ya que en primer lugar los hombres no solicitan de manera genérica la custodia y en caso de solicitarla parece que todavía prima la idea de que, si se le concede al varón, es por una clara inadecuación de la madre. PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 123 EL ASESORAMIENTO PSICOSOCIAL EN LAS RECLAMACIONES JUDICIALES DE RÉGIMEN DE VISITAS ENTRE ABUELOS Y NIETOS Eva Sala Berga, Susanna Fernández Planas, Antonia Montaner Gorgoll, Cristina Paus Pujol. Equipo de Asesoramiento Técnico en el Ámbito de Familia de Girona. Los equipos de asesoramiento técnico en el ámbito de familia lo forman profesionales de la psicología y del trabajo social especializados en el ámbito judicial y en el trabajo con familias. Realizan informes de asesoramiento psicosocial dirigidos a los jueces de Primera Instancia y de Familia de Catalunya, cuyo objetivo es facilitar una decisión judicial ajustada a las características particulares de cada familia. Planteamiento del problema El presente estudio surge del debate entre los miembros del Equipo Técnico de Girona suscitado a raíz del aumento de las solicitudes judiciales de valoración de conveniencia del régimen de visitas entre abuelos y nietos consecuencia de la entrada en vigor de la Ley 42/2003, de 21 de noviembre, por la que se reconoce explícitamente el derecho de visitas de los abuelos con sus nietos. Cabe decir que con anterioridad a la entrada en vigor de dicha ley ya se habían atendido demandas en este sentido por parte de los equipos técnicos de Catalunya, tal y como se aprecia en la siguiente tabla. Período del Período del 1/7/00 al 20/11/03 21/11/03 al 31/3/07 Demandantes Abuelos maternos 17 17 Demandantes Abuelos paternos 22 34 TOTAL 39 51 Aquí pretendemos compartir las observaciones fruto de la revisión hecha de los casos atendidos, que a su vez nos ha llevado a plantear la posibilidad de elaborar un estudio más detallado y con garantías metodológicas y estadísticas, que esperamos poder presentar en un futuro. Discusión En la exposición de motivos de la Ley se recogen como circunstancias familiares que justifican su promulgación y provocan la demanda de reclamación de visitas, principalmente, las rupturas familiares y la dejación de obligaciones por parte de los progenitores, otorgando a los abuelos la capacidad de “contrarrestar situaciones de hostilidad o enfrentamiento entre los progenitores”. Menciona también “la ausencia de uno de los progenitores” como otra de las circunstancias que motivan la ley. En la experiencia de nuestros equipos, encontramos un espectro más amplio de circunstancias familiares que propician la demanda de reclamación de visitas por parte de los abuelos. Naturalmente, los abuelos deberían acceder a la relación con sus nietos principalmente a través de sus propios hijos, pero en ocasiones, y por razones que a continuación detallaremos, esta no se produce. Así, las situaciones familiares que propician la demanda son: a. Abuelos versus pareja de progenitores: aquellos casos en los que los progenitores de los menores mantienen mala relación con los abuelos ya sean maternos o paternos. PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 131 b. Abuelos versus progenitor custodio: b.1) Cuando hay mala relación con el propio hijo b.2) Cuando hay ausencia de relación de los menores con el progenitor no custodio e hijo de los demandantes por las siguientes razones: • Progenitor ausente por muerte o desaparición • Progenitor con Orden de Alejamiento respecto del progenitor custodio y/o respecto de los hijos • Progenitor con suspensión del régimen de visitas • Progenitor ingresado en prisión • Progenitor drogodependiente • Progenitor con trastorno mental • Interferencias del progenitor custodio en el cumplimiento del régimen de visitas Asimismo, con esta primera aproximación hemos podido descartar algunas hipótesis generadas en el debate entre los miembros del Equipo y a su vez elaborar otras nuevas que podrán ser contrastadas en un futuro estudio. Recogemos a continuación dos ejemplos: • En los casos que existe orden de alejamiento o bien suspensión del régimen de visitas, el establecimiento de la relación de los abuelos, padres del progenitor no custodio, con los nietos podría suponer el acceso de este progenitor a la víctima o a los hijos. En base a este argumento, surgió la hipótesis que gran parte de las demandas provendrían del entorno familiar que se ve apartado del menor. Según la revisión de los casos atendidos observamos que no destaca esta tipología de situaciones, apreciándose heterogeneidad en las circunstancias familiares: progenitores drogodependientes, mala relación con el propio hijo, ausencia por muerte, etc. • En atención a la tendencia a otorgar la guarda y custodia a la madre, era de esperar que fueran los abuelos paternos los que principalmente solicitaran al juzgado el establecimiento de un régimen de visitas. Efectivamente, los abuelos paternos demandantes doblan a los abuelos maternos demandantes. En otro orden de cosas, a nivel metodológico y técnico las intervenciones en estos casos tienen áreas de exploración coincidentes con las valoraciones de régimen de visitas parento-filiales como por ejemplo: • Motivación para la demanda de visitas y para la oposición a las mismas: reivindicación de la propia figura de abuelos, temores de los progenitores custodios, etc. • Presencia en el pasado del menor: implicación en su crianza, lazos afectivos existentes, etc. • Recursos y habilidades de los adultos implicados para ajustarse a las necesidades de los menores: capacidad de empatía, capacidad de preservar al menor del conflicto existente entre los adultos, etc. • Viabilidad del régimen de visitas: reorganizaciones necesarias, repercusiones en el conflicto existente entre los adultos, etc. Como aspectos diferenciales entre unos y otros, nos encontramos frente a la necesidad de ampliar la exploración y la valoración a las relaciones intergeneracionales. En este sentido no podemos limitarnos a valorar la relación de los abuelos con los nietos exclusivamente, sino también de los abuelos con los progenitores. En estos casos pues, el conflicto entre los adultos aparece como uno de los elementos decisivos a la hora de valorar la conveniencia del establecimiento del régimen de visitas. Si en los casos de regímenes de visitas parentofiliales el conflicto no es uno de los aspectos más destacables para desestimar la conveniencia de su establecimiento, en los casos de las PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 132 visitas con los abuelos, y si el grado de conflicto existente es alto, este puede ser un handicap a superar previamente. En los casos de visitas entre padres e hijos, se prioriza la trascendencia del vínculo prevaleciendo su promoción y continuidad, teniendo en consideración las medidas que puedan mitigar los efectos del conflicto aunque éste permanezca. Mientras que en el supuesto de los abuelos el abordaje de la problemática familiar debe ser previo al establecimiento del régimen de visitas ya que la prioridad es proteger al menor del enfrentamiento entre los adultos. Para finalizar, decir que estas reflexiones son el pretexto, tal y como ya hemos mencionado, para futuras líneas de investigación con las que profundizar aspectos relacionados con esta cuestión como por ejemplo: • ¿Cuál es el rol que desarrollan en nuestros días los abuelos en comparación con generaciones anteriores así como las nuevas formas familiares y los nuevos conflictos a los que deben hacer frente? • ¿Cuáles son las características de las familias que recurren a los juzgados para resolver su conflicto familiar? • ¿Cuáles son las características de los miembros implicados en el conflicto? • ¿Cuál debe ser la metodología a utilizar para la evaluación familiar? • ¿Cómo hacer compatible el conflicto familiar, el derecho de visitas de los abuelos y el interés superior del menor? Referencias bibliográficas Acebedo, A. (2006). Las relaciones abuelos-nietos. Régimen de visitas. Reclamación judicial. Madrid: Tecnos. BOE núm. 280, de 22 de noviembre de 2003. Ley 42/2003, de 21 de noviembre, de modificación del Código Civil y de la Ley de Enjuiciamiento Civil en materia de relaciones familiares de los nietos con los abuelos. Colás, A. M. (2005). Relaciones familiares de los nietos con sus abuelos: derecho de visitas, estancia, comunicación y atribución de la guarda y custodia (Ley 42/2003, de 21 de noviembre). Navarra: Aranzadi. García, G. (2004). Las relaciones familiares entre nietos y abuelos según la Ley de 21 de noviembre de 2003. Madrid: Civitas. PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 133 MENOR SOCIALIZACIÓN DE LOS ADOLESCENTES PALESTINOS SIN RESPONSABILIDAD PENAL Sofián EL-ASTAL Universidad de Al-Azhar (GAZA-PALESTINA) Introducción Los agentes socializadores, que proceden tanto de la sociedad global como de los grupos primarios y secundarios, son múltiples y de diversa fuerza específica, según las distintas etapas del desarrollo y maduración del individuo. Las instituciones (movimientos juveniles, empresas, partidos políticos, sistema educativo, religión, etc.), la comunidad rural y/o urbana, los medios de comunicación social, familia, grupo de iguales, etc., todos ellos mantienen una interrelación, y actúan sobre el individuo para transmitir e inculcar las pautas sociales y culturales vigentes en la sociedad y grupos a los que pertenece, no siempre de manera idéntica y homogénea, pues su estructura, funciones y relación con el adolescente son diferentes (El-Astal, 1998; Garaigordobil, Álvarez y Carralero, 2004, Garrido y López, 1995). De entre todos los agentes socializadores, en nuestro estudio hemos considerado tres, por su especial importancia en la determinación de la conducta de los adolescentes en general, y de su comportamiento antisocial en particular; a saber: la familia, el grupo de iguales y la escuela. La familia. Aunque uno de los temas centrales del desarrollo en la adolescencia es el logro de la autonomía personal, los términos que la expresan giran en torno a las libertades de actuación dentro de la familia; a saber, libertad para tomar decisiones, para entablar nuevas relaciones y para asumir la propia responsabilidad en asuntos ideológicos y profesionales. A pesar de la conflictividad característica de las relaciones paternofiliales y maternofiliales, acentuadas por la distancia intergeneracional, el ejercicio del poder, la asunción de modelos y los cambios bruscos del adolescente, es obvio que la socialización familiar cataliza y perfila lo que física, intelectual y socialmente se le presenta al adolescente y a su familia como una avalancha de novedades (Rocheblave-Spanlé, 1972; Bronfrenbrenner, 1986; Caparrós, 1981; Musitu, Román y Gracia, 1988; Linero y Barajas, 1991). Nuestra idea es constatar su posible incidencia sobre la sociabilidad/asociabilidad de la conducta adolescente en aspectos como la calidad de las relaciones familiares, el control ejercido por la familia y el apoyo prestado ante los problemas característicos de esta etapa de la vida percepción de dicho apoyo. Con ello pretendemos aclarar las posibles relaciones entre el desajuste familiar en la adolescencia dada la intensidad afectiva, duración temporal y diversidad que presenta este agrupamiento primario. El Grupo de iguales presenta una serie de características diferenciales con respecto a otros grupos sociales, señaladas por Panella y cols. (1982). Una de las más relevantes, por su novedad para el adolescente, es la relativa posición de igualdad del sujeto con respecto al resto de los componentes del grupo. Las interacciones en el hogar vienen siempre determinadas, especialmente durante los primeros años, por una situación de dependencia del hijo con respecto a sus padres; el grupo de compañeros será uno de los primeros ámbitos en el que el individuo aprenda a desenvolver interacciones en términos igualitarios, dado que, aún cuando en el grupo se establezcan posiciones de jerarquía, éstas vendrán determinadas por características muy diferentes a las que se establecen en la familia. La homogeneidad o semejanza de intereses, conductas e incluso de edades, es otra característica importante del grupo de iguales, y diferencial con respecto a la familia. Por último, los dos aspectos señalados, igualdad y homogeneidad, favorecen el establecimiento de una tercera característica que hace referencia a la conformidad. Esta conformidad del individuo con respecto a los patrones de conducta del grupo está apoyada, además, en el hecho de que la pertenencia al mismo fue elegida por el sujeto, circunstancia que, de nuevo, permite establecer una diferencia entre el grupo de iguales y el grupo familiar (Otero, PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 137 Mirón y Luengo, 1991). La importancia del grupo de iguales en la determinación de la conducta del adolescente viene dada, además de por los aspectos mencionados, por la circunstancia añadida de que una de las funciones específicas de este tipo de grupos es la de crear normas conductuales y mecanismos que mantengan esas normas. En este sentido, los compañeros proporcionan una información directa e indirecta sobre una serie de conductas que resultan apropiadas y/o valoradas en determinadas situaciones, distintas a las que se le presentan al adolescente en el hogar. La influencia del grupo de iguales sobre la conducta del individuo será, por consiguiente, especialmente relevante con respecto a aquellas conductas que deben ser aprendidas específicamente, como es el caso de las conductas desviadas. De ahí nuestro interés en el análisis de los efectos que la relación que el adolescente mantiene con su grupo de iguales (desviados o no) tienen sobre su propia conducta. La escuela. Si hemos hablado hasta ahora del adolescente como individuo y componente de su familia, debemos preguntarnos cuál es el papel de la escuela en relación con el adolescente. Los adolescentes pasan más tiempo en el colegio que en cualquier otra actividad y los colegios han llegado a ser un medio social “privilegiado” en el que transcurre la adolescencia. Por el contrario, la influencia de otras instituciones, como la familia, el lugar de trabajo o la iglesia, se ha reducido. Esto significa que la responsabilidad del aprendizaje, no slo de habilidades académicas, sino también de capacidades vitales no puramente cognitivas, se ha transferido el ámbito educativo (Moreno, 1986). El adolescente se enfrenta con nuevas situaciones relacionadas todas, en mayor o menor medida, con la escuela: Debe adaptarse a los cambios corporales y desarrollar una aceptación de sí mismo, tal como aparece físicamente ante él y ante otros; debe adaptarse a su propia sexualidad y desarrollar una imagen sexual que le permita relacionarse con los demás; debe comenzar a planificar su vida adulta futura, encontrar una perspectiva laboral que le procure satisfacción e independencia económica; debe encontrar un “yo social” con funciones claras y diferenciadas en la sociedad adulta; debe construir un conjunto de ideas, ideales e interpretaciones del mundo que le sirvan de guía para su acción. Para ayudar a los adolescentes a enfrentarse con éxito a estas tareas, la escuela debe ser un factor importante en el desarrollo de la capacidad para tomar responsabilidades, la solución de los propios asuntos y la elección de un programa vital. Creemos que se deben aprovechar las nuevas capacidades con las que cuenta el adolescente: su capacidad de reflexión, de teorización, de crítica con respecto a lo establecido, su afán de independencia. Estas capacidades deben tener una vía de salida constructiva, teniendo en cuenta la inseguridad y ansiedad que en determinados momentos pueden acompañarlas (Moreno, 1986). En nuestra investigación no vamos a tratar ni la calidad de la escuela como estructura ni el éxito de los sujetos en su currículum académico. Tratamos de las percepciones que los sujetos tienen de la escuela y la satisfacción que experimentan respecto a una serie de elementos relacionados con ella. Es decir, buscamos una medida de ajuste, la percepción del sujeto de sentirse acogido e integrado en un ámbito que le sirve para complementar sus necesidades de afiliación e interacción social. En este sentido, lo que nos interesa no es tanto lo que convencionalmente se entiende como éxito o fracaso escolar, sino la calidad de la integración en un ámbito donde el sujeto va a vivir años trascendentales de su vida. Método Muestra La muestra total de este estudio la componen 1004 adolescentes comprendidos entre los 14 y 18 años de la franja de Gaza (Palestina). La unidad primaria de muestreo ha sido el centro educativo. Asimismo, el muestreo ha sido proporcional en base a los datos oficiales del ministerio de Educación palestino. Los criterios de proporcionalidad han sido: sexo, edad y hábitat. El muestreo fue aleatorio, estratificado y proporcional. El nivel de confianza es del 95,5% y el margen de error del 3,13%. PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 138 Instrumento de medida y Variables El instrumento utilizado para la recogida de los datos ha sido una encuesta de opinión, que denominamos “Cuestionario General”, compuesto por cuestionarios conocidos y utilizados en la literatura científica y otros elaborados por nosotros mismos, que han evidenciado satisfactoriamente su fiabilidad y validez. En la primera página se pregunta por los datos sociodemográficos básicos y, a continuación, figuran 255 items, ordenados temáticamente, que hacen referencia al conjunto de aspectos y dimensiones sobre los que interesa información. A.- Variables sociodemográficas. Hemos considerado un conjunto de variables sociodemográficas (sexo, edad y lugar de residencia) de acuerdo con nuestros objetivos. Con respecto a la edad, hemos tomado el conjunto de ellas que normalmente se adscriben a la adolescencia: desde los 14 hasta los 18 años, ambas inclusive. La variable “lugar de residencia” resulta interesante, no sólo porque aporta otro criterio socioeconómico, sino por implicar también referencias culturales, comunitarias y de oportunidades. Hemos distinguido al respecto tres ámbitos: rural o ciudad pequeña; urbano del centro de ciudades grandes, y periferia de las grandes ciudades. B.- Variables psicológicas y sociales. Se trata de las dimensiones de los adolescentes palestinos que vamos a estudiar. Han sido agrupadas por grandes áreas, cada una de ellas abarca una o más variables. La temática familiar comprende cinco variables: “Relación familiar”, “Control paterno”, “Control materno”, “Apoyo paterno”, “Apoyo materno”. La temática grupal recoge las siguientes variables: “Sociabilidad”, “Lugar de reunión”, “Antinormatividad grupal”. El factor residencial o comunitario comprende: “Tiempo de permanencia residencial”, “Satisfacción residencial”, “Cohesión Vecinal”. Las conductas sociales abarcan: “Conductas Antisociales”, “Consumo de tabaco, alcohol y drogas”. El área escolar viene dado por las variables: “Satisfacción Escolar”. Las conductas de ocio se expresan por las variables: “Satisfacción global con el ocio”, “Actividades de ocio”. El capítulo sobre sexualidad incluye las variables: “Edad conocimiento proceso embarazo”, “Fuente primera información sexual”, “Atracción homosexual”, “Información sobre SIDA”, “Actitud ante la Igualdad de los sexos”, “Actitud ante la Tolerancia sexual”. El área religiosa engloba las siguientes variables: “Calificación religiosa”, “Frecuencia de las prácticas religiosas”, “Creencia en Dios”, “Acuerdo con la religión”, “Influencia de la religión”. El capítulo de los valores recoge un amplio listado de valores finales e instrumentales. Un Conjunto de dimensiones que hemos denominado “Expresiones del yo” incluye las siguientes variables: “Insatisfacción Personal”, “Asertividad”, “Autoestima”. El comportamiento político incluye las variables: “Participación Política Convencional”, “Participación Política No Convencional”, “Powerlessness”. Procedimiento Una vez seleccionados los centros, y después de los permisos pertinentes, se pasaba el cuestionario a los chicos y chicas en horario lectivos. Inicialmente se les pedía su colaboración para participar en una investigación sobre un tema relacionado con gran interés para ellos. Con el fin de disminuir los efectos de deseabilidad social, el cuestionario era anónimo, se pasaba en grupo y por el investigador personalmente. Análisis de datos Se realizaron análisis descriptivos que proporcionaron la distribución de frecuencias, las puntuaciones medias y la desviación típica de cada una de las variables. Por razones de pertinencia o de claridad, los datos se expresaron frecuentemente mediante porcentajes. Para comprobar la existencia de diferencias estadísticas entre los grupos con relación a las variables, hemos utilizado, según los casos, la prueba (t) de Student, el análisis de varianza (ANOVA). Para el análisis de la covarianza entre las variables, nos hemos servido de la Correlación. Finalmente, para realizar análisis predictivos hemos utilizado el Análisis de Regresión Múltiple. PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 139 Por último, es interesante comparar nuestros resultados con los obtenidos por Serrano y El-Astal (2004). Tanto el adolescente palestino como español transmiten una imagen positiva de su familia. Un clima de menor conflictividad, de mayor cohesión y ajuste intergeneracional. La explicación a esta realidad reside en el buen funcionamiento de la familia: hay una buena comunicación y comprensión entre padres e hijos. Cabe destacar que el número de hijos y la distancia intergeneracional no influyen negativamente en la relación familiar. Téngase en cuenta que la familia española consta de los cónyuges y uno o dos hijos, y la familia palestina está formada además por los padres, por ocho hijos como media y en muchas ocasiones otros parientes; ambos adolescentes perciben buena relación familiar. En lo que se refiere al control de los padres, este es un elemento diferenciador de ambas culturas. Así observamos que el control del padre español sobre las hijas es mayor que el de los hijos. Esto se debe que las hijas pueden salir de casa cuando quieran para reunirse con sus amigas/os, y por consiguiente el padre refuerza el control. En cambio la chica palestina no sale de casa salvo cuando va al colegio, o sale acompañada por sus padres o por algún hermano mayor. Entonces no es de extrañar que el control sobre la chica está delegado en la madre (téngase en cuenta, que nuestros resultados indican que el 94,1% son amas de casa). Finalmente, los controles sobre los hijos de ambas culturas disminuyen a medida que se hacen los adolescentes mayores, y con ello, facilitan el camino hacia la autonomía. Su emancipación desde una etapa de un control casi absoluto a la independencia ha de constituir un proceso progresivo que ha de iniciarse por los padres durante la infancia y habrá de desarrollarse a lo largo de un programa educativo que fomente las tendencias a la iniciativa y responsabilidad. Por lo que respecta el grupo de iguales. Los resultados de nuestro estudio confirman la importancia que tiene la relación con los pares para el proceso de emancipación del adolescente y para su maduración personal, sexual y social. Realmente, esta conclusión no constituye ninguna novedad porque ha sido subrayada anteriormente por muchos autores (Jensen, 1985, p. 114; Fierro 1985, p. 125; Lloyd, 1985, p. 201; Ayestarán et al., 1986, p. 111; Serrano y otros, 1996, p. 43). Merece una mayor atención, a nuestro entender, comentar otro resultado: El hecho de que el grado de sociabilidad mostrado por los adolescentes palestinos es elevado en relación con la media teórica de la escala, y más bajo que el encontrado por Serrano y otros (1996) en los adolescentes españoles. Esta baja puntuación en relación con otros estudios, se debe probablemente a la estructura de los grupos de iguales en Palestina; dichos grupos están formados siempre por sujetos del mismo sexo. Otro resultado merece ser comentado, y con ello corroboramos las conclusiones de la investigación de Serrano y otros (1996). Se refiere a la existencia de diferencias entre el nivel de sociabilidad de los sujetos en función de la edad, dándose, como hemos señalado anteriormente, los mayores niveles en la adolescencia temprana (14-15 años). No obstante, las diferencias entre los diversos grupos de edades aparecen con significación estadística al comparar el grupo de 18 años con los demás grupos. Estos resultados parecen indicar una crisis progresiva en las relaciones interpersonales de los sujetos al pasar de la adolescencia a la juventud. Resulta difícil discriminar qué parte es debida a una mayor dificultad del adolescente tardío para interactuar con sus iguales y qué parte se debe a un decremento en el nivel de satisfacción por las mismas. Una posible interpretación alternativa podría venir de la consideración de la aparición de un efecto temporal de “reajuste” en las pautas de interacción social. Es decir, la cuestión no estribaría tanto en los jóvenes sean menos sociables que los adolescentes (con una mayor dificultad de interacción con su grupo de iguales o una disminución del nivel de satisfacción producido por dichas interacciones), sino en la necesidad de “reajustar” dichas interacciones y adaptarse a su nueva etapa evolutiva, en la que entran en juego otro tipo de interacciones como por ejemplo las relaciones de pareja o de trabajo (Serrano y otros, 1996). El análisis de regresión presenta una varianza explicada del 28%; habrá pues que tener en cuenta otras variables o dimensiones. Aparece en primer lugar la cohesión vecinal, es decir, PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 146 el grado de satisfacción con su comunidad y la percepción de un sentido de la misma, favorecen la valoración positiva de la sociabilidad. Esta vinculación positiva aleja el adolescente de comportamientos desviados. Así pues, el ambiente donde vive el adolescente palestino favorece el sentido de pertenencia social y de comunidad. A continuación, aparece la asertividad. La asertividad significa capacidad de autoafirmarse en el grupo. Esta capacidad está íntimamente ligada a la confianza básica de los sujetos en sí mismos, la cual, a su vez, depende de la buena relación con la familia y de la satisfacción escolar. Este resultado confirma la expectativa de que no existe ninguna oposición entre la relación con la familia y la integración en el grupo de amigos. Al contrario, en el proceso de emancipación, la buena integración grupal y la buena relación con la familia parecen interactuar o covariar. Por último, la escuela. Tal y como reflejan los datos, el adolescente palestino se muestra en general satisfecho con el entorno educativo en el que está escolarizado. Los hombres al compararse con las mujeres y los sujetos de 14 años en relación con sus compañeros de edades superiores son los más satisfechos con la calidad del profesorado que les enseña, las relaciones con sus compañeros de aula, las formas de programar y evaluar los contenidos y la infraestructura y normativa del centro al que asisten. Creemos, al igual que Serrano y otros (1996), que a estas edades, la escuela ofrece una serie de posibilidades que van más allá de lo puramente académico. Los hombres adolescentes se encuentran más satisfechos que las mujeres en todos los temas tratados. Probablemente, la razón estribe en las diferentes pautas de socialización entre los sexos, especialmente notable en el mundo árabe. En este sentido, quizá la muchacha adolescente perciba que la escuela como estructura y como elemento de preparación para la vida adulta es más consonante con la comprensión cultural del rol masculino que el femenino. Así como una buena preparación escolar es necesaria para el futuro del adolescente, las tareas propias del rol femenino (casarse, cuidar los hijos, atender la casa) suelen transmitirse en otros ámbitos más íntimos y personalizados. En lo que se refiere a la edad, encontramos que los de 14 años son los más satisfechos con la escuela, y a medida que aumenta la edad, disminuye dicha satisfacción. Probablemente, a medida que avanza el sujeto en edad se hace más crítico, exige más elementos para su formación que con frecuencia la escuela no otorga, incluso percibe más claramente las disonancias y carencias que la misma escuela tiene. Se observa que los sujetos de 15 años y residentes en zonas rurales son los únicos que puntúan bajo en la subescala correspondiente a la infraestructura y normativa del centro. El análisis de regresión presenta una varianza explicada del 25%, lo cual nos indica la existencia de otras variables, no consideradas en este análisis, que expliquen mayor variabilidad. Con todo, el coeficiente de determinación múltiple (0,25) nos muestra una asociación predictiva clara entre la satisfacción escolar y las variables que configuran la ecuación. Aparece el contexto comunitario expresado en una cohesión vecinal positiva y una alta satisfacción con el lugar de residencia. Ambas variables, y con esto estamos de acuerdo con Serrano y otros (1996), habrá que considerarlas como la aportación positiva que hace un entorno vecinal adecuado de cara a la valoración de la escuela como una parte más de este marco. La autoestima, con signo positivo, representa uno de los mediadores más contrastados en la investigación psicoeducativa sobre la valoración de los logros académicos. Es lógico, pues, que en nuestro análisis aparezca con un peso considerable en la ecuación y correlacione significativamente con la satisfacción escolar. En este sentido, resulta común asegurar que la situación psicológica de cada alumno incide de forma muy directa en el nivel de su rendimiento y es, por tanto, determinante de su éxito o fracaso escolares. El alumno psíquicamente ajustado posee un buen nivel de autoestima, se siente con fuerzas suficientes para llevar a feliz término lo que emprende, y es consciente de sus propias capacidades, actuando con confianza en sí mismo, libre de complejos, porque está seguro de que es aceptado y reconocido, tanto por la familia como por la sociedad. La fuerza psíquica del ser humano hunde sus raíces en la autoaceptación, a la que sólo se accede por el camino de una suficiente y razonable autoestima. Es lógico, pues, que en nuestro análisis aparezca la autoestima con un peso considerable en la ecuación y correlacione significativamente con la satisfacción escolar. También resulta PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 147 relevante la sociabilidad, centrada en la satisfacción al interactuar con el grupo de iguales. Su carácter positivo nos informa que unas relaciones positivas en este ámbito, favorecen la calidad de la satisfacción escolar. La relación, posiblemente interactiva, es lógica, por cuanto la escuela es un ámbito de socialización y ajuste social. Por otra parte, aparece la antinormatividad grupal con signo negativo. Ello entronca con una de las tesis que con más claridad va apareciendo a lo largo del trabajo. A saber, que cuando el sujeto se encuentra más integrado, que cuando los agentes de socialización resultan más eficaces en su papel de transmisores de normas y valores, los sujetos se hallan más lejos de comportamientos antisociales. En consecuencia, una buena integración escolar va asociado a que el sujeto interacciona cotidianamente con iguales adaptados y ajustados como él mismo. También, aparece en la ecuación la igualdad sexual con signo negativo. Parece, pues, que la escuela va asociada a una manera de entender las relaciones entre los sexos poco igualitaria, tradicionalmente “masculinistas”. Finalmente, cabría señalar que solo con una adecuada interacción e integración dosificadas, de lo personal en lo familiar y de lo familiar en lo social, y a la inversa, se logra el punto de equilibrio psíquico, emocional y afectivo que con mayor efectividad propicia en general el ajuste escolar. El adolescente que se halla bien integrado y aceptado en la familia como hijo y como hermano, trabaja a gusto en el colegio, donde goza de cierta relevancia entre sus compañeros y profesores y acaba bien integrado como alumno y compañero. Referencias bibliográficas Ayestarán et al. (1985). Psicosociología del adolescente vasco. Vitoria: Gobierno Vasco. Bronfenbrenner, U. (1986). Ecology of the family as a context for human development: research perspective. Developmental Psychology, 22, 723-742. El-Astal, S. (1998). Análisis psicológico de la adolescencia. Perfil psicosocial del adolescente palestino. Tesis Doctoral. Universidad de Santiago de Compostela. Felson, R.B., y Zielinski, M.A. (1989). Children’s Self-esteem and Parental Support. Journal of Marriage and Family, 51, 727-735. Fierro, A. (1991). Autoestima en adolescentes. Estudio sobre su estabilidad y sus determinantes. Estudios de Psicología, 45, 85-108. Garaigordobil, M., Álvarez, Z. y Carralero, V. (2004). 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Universidad de Oviedo Introducción Como es bien sabido, los medios de comunicación se han convertido en una importante instancia de socialización para los niños y adolescentes, junto con la familia y la escuela. Si bien la televisión ha sido el primer medio de comunicación electrónico por excelencia, cuya característica fundamental es la asimilación pasiva de contenidos, no debemos olvidarnos de las otras pantallas que también han supuesto una importante actividad de ocio para nuestros adolescentes. Nos estamos refiriendo al ordenador e Internet, que a diferencia de la televisión, suponen una mayor actividad en su utilización, así como los móviles, importante novedad en el consumo mediático de los jóvenes. A la hora de valorar el tiempo que dedican los adolescentes ante los diferentes medios de comunicación, en lo que se refiere al uso de la televisión, no cabe duda de que en los últimos años los niños desde edades muy tempranas pasan gran cantidad de tiempo observando la pequeña pantalla; ocupa ésta más tiempo que cualquier otra actividad, aparte de la escuela, viendo todo tipo de programación, incluida la dirigida a los adultos, ya que han invadido su banda horaria, e impregnando espacios que se emiten a altas horas de la noche. Los últimos estudios que se han hecho al respecto (Clemente, Vidal y Espinosa, 2000), manifiestan que el número de horas se sitúa en una media de 3.12, coincidiendo con otras investigaciones realizadas en nuestro país, como la Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación, y similares a los resultados de otros países occidentales. Se observa, además, que a mayor edad mayor consumo televisivo, lo que puede reflejar un bajo grado de control que sobre los niños ejercen sus padres. Además, diferentes estudios afirman que el consumo televisivo es mayor en varones que en mujeres, aunque otros estudios matizan esta cuestión, afirmando que ello se produce hasta la edad de diez años, momento en el cual ocurre lo contrario, hasta ya entrada la edad adulta (Núñez Ladevéze y Pérez Ornia, 2002). De igual forma, los hábitos de consumo de los padres, así como la educación que al respecto proporcionan a sus hijos, mediante la preocupación y el control en el uso de los medios, influyen en la adquisición de los hábitos del niño (Comstock y Paik, 1991). Si nos atenemos a la franja horaria, diversos estudios aseveran que existe más de un 16% de niños entre 4 y 13 años que ven la televisión los días escolares en un horario tardío, a partir de las diez de la noche (Urra, Clemente y Vidal, 2000). Esta visión está condicionada también por la presencia de aparato de televisión en el dormitorio de los niños, siendo un factor importante en su consumo. De hecho, aquellos que la poseen son más susceptibles de ver la televisión solos, y hay por ello un menor control paternal sobre los contenidos que visionan. Con respecto al uso del ordenador, puede usarse con fines lúdicos, como los videojuegos, que destacan por su interactividad y grado de realismo, o bien con fines educativos. Podemos decir que el número de consumidores de videojuegos se ha visto incrementado durante los últimos 20 años entre la población juvenil (el 70% de niños en edades comprendidas entre 2 y 18 años -un rango muy amplio, como se puede comprobar - tienen en su casa por lo menos una videoconsola). Al revisar estudios centrados en las características de los jugadores, en lo que se refiere a la edad, sexo, frecuencia de juego, actividades de ocio, usos que suelen hacer del ordenador, etc, se pueden extraer algunas conclusiones. La primera de ellas, es que los que más utilizan los videojuegos son los adolescentes, principalmente entre 14 y 18 años detectándose que según aumenta la edad del usuario hacia la edad adulta, esta actividad de juego va disminuyendo. Lo mismo parece ocurrir con los ordenadores, ya que algunos estudios PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 149 muestran la edad como una variable inversamente relacionada con su uso (Kerr y Hiltz, 1982). Generalmente, el comienzo con los videojuegos viene avalado por iniciativa del contexto familiar y social. Por lo que se refiere a las diferencias y distribución de género en el uso de los ordenadores existe evidencia de que este uso se ha retratado como más apropiado para los varones que para las mujeres, teniendo los primeros (los chicos) más experiencia. Y en la cantidad de uso de los juegos, se ha constatado ya en estudios tempranos (Colwell, Grady y Rhaiti 1995; Griffiths y Hunt, 1995) que hombres y mujeres presentan ciertas diferencias significativas, ya que el número de varones excede bastante al de las chicas: Suelen ser los hombres, y en los diferentes grupos de edad, quienes más juegan, con mayor asiduidad, presentando, además, mayor entusiasmo. Se ha estudiado, igualmente, la relación entre uso de videojuegos y la clase social, aunque en general se incide en una falta de correspondencia entre estas dos variables. Otros, aunque los menos, apuntan que los jugadores provienen de familias trabajadoras de bajo nivel educativo, y donde las madres no ejercen ningún trabajo remunerado (Roe y Muijs, 1998). Asimismo, las investigaciones sobre las costumbres en el uso de estos juegos en ámbitos urbanos, semiurbanos y rurales no ofrecen diferencias importantes (Garitaonandía, Juaristi y Oleaga, 1998). En el caso de Internet, como medio de comunicación relativamente novedoso, es propio de niños de todas las edades, y hoy día no parece haber diferencias de sexo entre los usuarios, aunque algunas investigaciones destacan un predominio del sexo masculino en los mismos. Su utilización hace referencia fundamentalmente al correo electrónico, al chat, donde en ambos casos pueden comunicarse con personas desde distintas partes del mundo, lo que da lugar a la formación de nuevas amistades, amistades que en muchos casos permanecen en el anonimato, pero que en otros pueden tomar la decisión de conocerse personalmente. También pueden usar juegos por medio de la red. Básicamente, son de resaltar los siguientes usos de este medio: − Correo electrónico: Es el uso más habitual y popular de Internet, y consiste en el intercambio rápido, económico, de mensajes como forma de ponerse en contacto con otras personas de cualquier parte del mundo, constituyendo una forma de comunicación conocida como e-mail. − Chat: Es una forma de comunicación que se produce en tiempo real. Las personas ‘hablan’, unas con otras, mediante un texto escrito que vamos leyendo según aparece en la pantalla del ordenador, y al que respondemos de forma inmediata, apareciendo de igual forma nuestro mensaje en la pantalla del interlocutor. Pueden participar en la comunicación varios usuarios a la vez, de manera que todos ellos reciben la misma información al mismo tiempo. No debemos olvidarnos del último fenómeno que ha supuesto una importante novedad en el consumo mediático del público más joven, como son los teléfonos móviles. De hecho, el rango de edad que va desde los 10 a 14 años poseedores de un teléfono móvil ha aumentado en los últimos años. Este medio se caracteriza por su vistosidad, pequeño tamaño, la privacidad que conlleva su utilización, y el novedoso uso de los mensajes de texto cortos, más conocidos como SMS, donde se pueden comunicar con otras personas de una forma breve y escueta. Mediante este método, es también posible el conocimiento de otras personas y realizar incluso nuevas amistades (Castells y Bofarull, 2002), sin contar la posibilidad que ofrecen de tener juegos en su pantalla, que le convierten en una minivideoconsola para el usuario. El creciente uso de las más nuevas tecnologías, como hemos planteado, lleva a referir como objetivo del estudio: Analizar el uso que los adolescentes realizan de los diferentes medios de comunicación en base a variables personales y sociodemográficas. Asimismo, conocer la opinión paterna del consumo mediático, y la posible relación entre el consumo de PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 150 medios y el repertorio de comportamientos antisociales reconocidos por nuestros adolescentes Método Participantes La muestra está conformada por 433 adolescentes asturianos, de entre 14 y 20 años, estudiantes de diversos centros de educación secundaria de la Comunidad Autónoma del Principado de Asturias. Hay una proporción equilibrada entre varones y mujeres (49,2% y 50,8%, respectivamente), y mayoritariamente, de clase social media (74%) Instrumentos utilizados Se han utilizado básicamente dos instrumentos de evaluación. En primer lugar, un cuestionario ad hoc de consumo de medios, donde se recoge una extensa información del uso que los jóvenes hacen de cada uno de los distintos medios de comunicación electrónicos -te- levisión, ordenador y videojuegos, Internet y los móviles-. También enfoca la percepción que los propios adolescentes tienen acerca de la preocupación y control de los padres en el consumo de estos medios (Urra, Clemente y Vidal, 2000; Espinosa, Clemente y Vidal, 2004). Se utiliza, en segundo lugar, un inventario de conducta antisocial (Espinosa, Clemente y Vidal, 2004), en el que se recogen una serie de conductas y actitudes consideradas antisociales, y en el cual, los sujetos debían de contestar si han realizado estas conductas en algún momento de su vida, eligiendo entre estas cuatro alternativas: Nunca; 1 ó 2 veces; a veces; a menudo. Procedimiento La aplicación de los instrumentos utilizados se ha realizado de forma colectiva en las aulas, en los diferentes centros de educación secundaria donde estudiaban los alumnos que conforman la muestra. Esta aplicación se ha realizado en dos sesiones, ya que estas pruebas estaban dentro de en un conjunto más amplio de instrumentos a aplicar. Las variables de interés para nuestro estudio, se agrupan: 1. Por un lado, las variables personales diferenciales de sexo y edad, realizándose tres agrupamientos por las diferentes edades: 14-15 años; 16-17 años; y >=18 años. 2. Por otro lado, las variables diferenciales situacionales, como localidad de residencia (zonas urbanas, refiriéndonos a las grandes ciudades, y zonas suburbanas), y de clase social, que catalogamos en función del nivel económico por ingresos mensuales, catalogándolos en dos grupos: alto y medio-bajo. 3. Otra variable diferencial considerada ha sido la percepción sobre la preocupación y control que los padres manifiestan por el consumo mediático de sus hijos. De esta manera, clasificamos en tres grupos, según el grado que se percebía: Casi nunca; a veces; A menudo. 4. Y por último, la variables agrupada por el nivel de reconocimientos de conducta antisocial de nuestros adolescentes, que se hemos dividido en tres grupos: Alto, medio y bajo nivel de conducta antisocial Frente a estas variables, se ha considerado aquellas relacionadas con el uso y consumo de los medios de comunicación, es decir: 1. Consumo de televisión. Es el consumo de visionado televisivo, así como el horario de televisión, tanto durante la semana del período lectivo como durante los fines de semana, así como la disponibilidad de aparato de televisión en el dormitorio de los adolescentes. 2. Uso del ordenador e Internet. Alude a la identificación del adolescente como usuario, afición a los videojuegos, así como las amistades constituidas a través de esta vía. PSICOLOGÍA JURÍDICA. FAMILIA Y VICTIMOLOGÍA 151 [Document text truncated for crawler view.]