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El cuerpo y los trastornos de la conducta alimentaria: los imaginarios sociales del cuerpo de los profesionales de la salud

Labora González, Juan José

Abstract

Se exponen los resultados de una investigación cualitativa mediante entrevistas en profundidad sobre la percepción del cuerpo que tienen los/las profesionales del Trabajo Social y de la Psicología de las cuatro provincias de la comunidad autónoma de Galicia, que hayan trabajado tanto en el sector público como privado, como elemento que puede influir en los trastornos de la conducta alimentaria. Las entrevistas han sido realizadas a lo largo de los dos últimos años. Esta percepción ha sido analizada comoun elemento que influye en los trastornos de la conducta alimentaria. Esta investigación llega a tres conclusiones principales: Primera, el cuerpo es considerado por los profesionales como un instrumento para detener el tiempo cuando surgen problemas con la identidad personal, en especial cuando la paciente es una mujer. Segundo, los/las profesionales perciben cuerpo de sus pacientes como una responsabilidad en abierto conflicto con las percepciones sociales vistas como algo irrealizable, ideales y sometidas a parámetros inalcanzables. Finalmente, la percepción del cuerpo se orienta por imaginarios sociales en los cuales la moral (tabú y pecado) y lo biológico son claramente predominantes

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SOCIOLOGÍA Y TECNOCIENCIA, 8/2 (2018), 112-130 ISSN: 1989-8487 El cuerpo y los trastornos de la conducta alimentaria: los imaginarios sociales del cuerpo de los profesionales de la salud The body and eating disorders: Health professionals’ social imaginaries of the body JUAN JOSÉ LABORA GONZÁLEZ Dpto. de CC. Políticas e Socioloxía Facultade de CC. Políticas e Sociais Universidade de Santiago de Compostela [email protected] DOI: https://doi.org/ 10.24197/st.2.2018.112-130 RECIBIDO: 19/05/2017 MODIFICADO: 23/10/2017 ACEPTADO: 07/11/2017 Resumen: Se exponen los resultados de una investigación cualitativa mediante entrevistas en profundidad sobre la percepción del cuerpo que tienen los/las profesionales del Trabajo Social y de la Psicología de las cuatro provincias de la comunidad autónoma de Galicia, que hayan trabajado tanto en el sector público como privado, como elemento que puede influir en los trastornos de la conducta alimentaria. Las entrevistas han sido realizadas a lo largo de los dos últimos años. Esta percepción ha sido analizada como un elemento que influye en los trastornos de la conducta alimentaria. Esta investigación llega a tres conclusiones principales: Primera, el cuerpo es considerado por los profesionales como un instrumento para detener el tiempo cuando surgen problemas con la identidad personal, en especial cuando la paciente es una mujer. Segundo, los/las profesionales perciben cuerpo de sus pacientes como una responsabilidad en abierto conflicto con las percepciones sociales vistas como algo irrealizable, ideales y sometidas a parámetros inalcanzables. Finalmente, la percepción del cuerpo se orienta por imaginarios sociales en los cuales la moral (tabú y pecado) y lo biológico son claramente predominantes. Palabras clave: Cuerpo, Trastornos, Conducta alimentaria, Imaginarios Sociales. Abstract: This article presents the results of a qualitative research using in-depth interviews the last two years. Our research has focussed on how is constructed the perception of the human body by Social Workers and Psychology professionals in Galicia (Spain). This perception has been analyzed as an influent element in their work with alimentary disorders of the conduct. The research realized brings up three main conclusions. First, body is considered as the instrument used by diagnosed people to stop time and even reverse their personal evolution when they experience personal identity conflicts, especially among women patients. Second, professionals perceive that patients notice their bodies as their own building responsibilities in open contract with the society perceptions where our bodies appear somehow unreachable, ideal and under unreal parameters. Finally, body perception is driven by social imaginaries in which the moral (taboo or sin) and the biological are clearly predominant. Keywords: Body, Disorders, Eating behaviour, Social Imaginaries. El cuerpo y los trastornos de la conducta alimentaria 113 SOCIOLOGÍA Y TECNOCIENCIA, 8/2 (2018), 112-130 ISSN: 1989-8487 “Allí donde el mundo real se transforma en meras imágenes, las meras imágenes se convierten en seres reales, y en eficaces motivaciones de un comportamiento hipnótico” Guy Debord 1. INTRODUCCIÓN El cuerpo juega un papel de la mayor relevancia cuando se habla de los trastornos de la conducta alimentaria (en adelante TCA). El cuerpo asume la forma de una estructura biológica que en un momento determinado de la vida de las personas se puede llegar a alterar, a enfermar. Esto se muestra a través de un cuerpo deteriorado, pero, al mismo tiempo, lo hará a través de una autoimagen y un autoconcepto también alterados. Esta percepción alterada del propio cuerpo es lo que se “juega” en los procesos terapéuticos, y sociales que envuelven y desatan los TCA. Juego que asume una estructura compleja, y en el que participa de alguna manera, tanto el cuerpo de el/la paciente, como el cuerpo de el/la terapeuta o profesional de lo social, así como los imaginarios sociales que orientan, y de alguna manera construyen, la percepción del cuerpo, tanto social, como individualmente. Si giramos el foco con el que observamos el cuerpo, además de como estructura biológica, puede ser analizado como entidad social, veremos toda una serie de procesos sociales que determinan e influyen en él. Sobre todo en las sociedades occidentales contemporáneas de alto nivel de complejidad e hiperconectadas. Podemos observar como las nuevas tecnologías y las posibilidades de conexión constante y continua dotan a los mensajes de los medios de comunicación de unos altavoces que saturan la sociedad de significados que pueden influir tanto en una persona que se llegue a sentir mal con su cuerpo, y pueda tener dificultades para desarrollar una identidad personal con la que se sienta cómoda y reconocida, o que, a su vez, puede determinar la alteración de las pautas de comportamiento alimentario que terminen por hacer saltar la espoleta de la patología. En relación a los TCA se utilizará como definición operativa la propuesta por el DSM-5, es decir, el Manual diagnóstico de la Asociación Americana de Psiquiatría, que define estos trastornos como: “una alteración persistente de la alimentación o en el comportamiento relacionado con la alimentación que lleva a una alteración en el consumo o en la absorción de los alimentos y que causa un deterioro significativo de la salud física o del funcionamiento psicosocial” (Asociación Americana de Psiquiatría, 2014, p. 329). Diferenciándose como tipos 114 Juan José Labora SOCIOLOGÍA Y TECNOCIENCIA, 8/2 (2018), 112-130 ISSN: 1989-8487 de este tipo de alteraciones: la pica, el trastorno de rumiación, el trastorno de evitación/restricción de la ingesta de alimentos, la anorexia, la bulimia y el trastorno de atracones” (Asociación Americana de Psiquiatría, 2014). Dado lo expuesto, se ha llevado a cabo una investigación para determinar los significados vinculados al cuerpo en los/las profesionales que tratan e intervienen en los TCA. 2. METODOLOGÍA La técnica elegida para hacer esta investigación fue la entrevista cualitativa o en profundidad, ya que como señala Alonso (1998) esta técnica es la adecuada para la investigación de las representaciones sociales individuales; así como para el estudio de la interacción entre las “constituciones psicológicas personales y conductas sociales específicas” (Alonso, 1998, p. 77). A lo que se suma el que recientemente Verd y Lozares maticen que: “Una primera situación de investigación que justifica plenamente el uso de entrevistas cualitativas se produce cuando nuestra pregunta de investigación se interesa por hechos no directamente observables, ya sea porque transcurrieron en el pasado, ya sea porque se trate de representaciones, imaginarios u opiniones” (2016, p. 150). Se hicieron doce entrevistas de carácter individual en total a lo largo de los dos últimos años en las cuatro provincias de la Comunidad Autónoma gallega, correspondiendo seis de ellas a profesionales del Trabajo Social y el resto a profesionales de la Psicología. Los criterios que se utilizaron para el diseño de la muestra fueron: la existencia, duración y campo o área de la experiencia profesional de las personas entrevistadas; las problemáticas que atienden con mayor asiduidad. También se tuvieron en cuenta algunos marcadores de tipo socio estructural como el sexo y la edad de las personas participantes. Se utilizó además como indicador el hecho de que los/las profesionales pasasen por este tipo de trastornos o tuviesen familiares próximos o amigos/as íntimos con algún tipo de enfermedad mental. Las entrevistas fueron de carácter totalmente desestructurado en las que se utilizaron como áreas de exploración: 1. La percepción general de los TCA (definición, características, etiología, etc.), 2. La percepción de las relaciones familiares de las personas diagnosticadas, 3. El cuerpo y el patrón de belleza, 4. La posible influencia de los medios de comunicación y las redes sociales y 5. La intervención profesional con las personas afectadas por TCA. El cuerpo y los trastornos de la conducta alimentaria 115 SOCIOLOGÍA Y TECNOCIENCIA, 8/2 (2018), 112-130 ISSN: 1989-8487 Una vez realizadas las entrevistas se llevaron a cabo las transcripciones de las mismas y se aplicaron las técnicas de análisis de contenido y análisis del discurso usuales en investigación cualitativa (Bardin, 2002; Casamiglia y Tusón, 2004). Utilizando para ello una perspectiva semiótica que permita integrar los datos procedentes de la comunicación verbal y la comunicación no verbal. El marco de referencia elegido para esta investigación es el construccionismo como viene siendo definido por el pensamiento sistémico (Ceberio y Watlzlawick, 2006; Watzlawick y Krieg, 1994). 3. HISTORIA CORPORIS En última instancia cuando hablamos del cuerpo está en juego también la propia identidad de las personas (Chernin, 1994; Gordon, 1994; Lawrence, 1987, 1998), ya que la identidad y las dificultades que la sociedad impondría –en especial- , a las mujeres para desarrollarla, pueden ser vistas como parte de las causas que pueden desatar los TCA. A esto habría que añadir el hecho de que los patrones de belleza, la imagen prescrita en esta sociedad a cada uno/a de nosotros como obligatoria e irrenunciable, los imaginarios sociales del cuerpo, etc. No sólo afectaría a las personas diagnosticadas de alguno de los TCA, sino a los propios profesionales que los/as tratan. Así pues esa construcción que se está haciendo, en parte, por los procesos sociales vinculados a la medicalización deben ser tenidos en cuenta a la hora de hablar de la percepción de los/as profesionales. Haciendo uso de la noción de ruptura epistemológica de Gaston Bacherlard (1974), se diferencian, en concreto dos procesos paralelos que afectan al cuerpo como es la progresiva secularización que afecta a la comprensión de este, y al mismo tiempo un progresivo proceso de medicalización. 4. EL NACIMIENTO DEL CUERPO La historia de la reflexión sobre el cuerpo se puede rastrear en la sociedad occidental hasta Homero (Laín Entralgo, 1987; Snell, 2007). A partir de los análisis de Vernant (2001) se puede distinguir el cuerpo de los mortales y el cuerpo de los dioses. Se genera así la idea de un cuerpo con las características y facultades de mayor calado y un subcuerpo (derivado y precario). Éste siempre se entiende a partir de aquel, y se caracteriza por estar incorporado a la naturaleza y se define sobre todo a partir de su carácter efímero, de su caducidad, frente a la inmortalidad 116 Juan José Labora SOCIOLOGÍA Y TECNOCIENCIA, 8/2 (2018), 112-130 ISSN: 1989-8487 del cuerpo divino. Pero ese cuerpo, aún en esta época temprana también muestra la característica de ser un elemento construido socialmente. La belleza y el honor de los mejores (áristoi), están indisolublemente unidos, y se proyectan en el cuerpo, que metafóricamente adopta la forma de una pantalla en la que los valores sociales encarnan e incorporan un ideal social de vida y comportamiento. Pasado el tiempo, surgen las reflexiones de Platón en las que se da inicio en el pensamiento occidental a la interpretación dualista del cuerpo. Platón defenderá una interpretación del cuerpo como cárcel del alma (sôma sêma). Este dualismo marcará a partir de este momento parte de la historia del pensamiento sobre el cuerpo. 5. EL HOMBRE MÁQUINA En la Modernidad los imaginarios sociales que determinan las representaciones del cuerpo van a dar un giro de ciento ochenta grados. En el Renacimiento va a mudar la concepción de la medicina que venía dominando desde la Grecia antigua. Es decir, el modelo humoral que se puede encontrar en los escritos hipocráticos y que recoge en el siglo II d.C. por parte de Galeno (Trad. en 1997). Como señalan Porter y Vigarello (2005) la ruptura de este imaginario surge con la aparición en escena de Vesalio en el siglo XVI. En 1543 se publica De humani corporis fabrica (De la construcción del cuerpo humano), en esta obra Vesalio explica que las observaciones anatómicas de Galeno se corresponderían en realidad con la anatomía animal y no con la de los seres humanos. Hace aparición así la posibilidad del cuerpo enfermo que surge desde las profundidades de lo invisible, lo que significará con el tiempo la paulatina debilitación del imaginario que dominaba la medicina popular en esa época, es decir, el paradigma de la simpatía que imponía la creencia de que lo semejante cura lo semejante, que en su momento se trasladará de la magia a la ciencia (Frazer, 2011). Frente a este tipo de imaginarios la metáfora explicativa hasta entonces (el equilibrio) basculará hacia las metáforas que, tomando como modelos la nueva física y la ingeniería mecánica, apelarán al cuerpo como máquina. Este tipo de imaginarios corporales tienen su origen, en el campo del pensamiento, en la filosofía cartesiana. Descartes define en las Meditaciones Metafísicas el cuerpo como: “una cara, manos, brazos y toda esta máquina compuesta de huesos y carne” (1986, p. 123). El cuerpo, como dirá Javier de Lorenzo “queda reducido a la magnitud espacial, a la extensión cuantificable” (1991, p. 126). Esto terminará por conducir a Descartes al dualismo más salvaje que El cuerpo y los trastornos de la conducta alimentaria 117 SOCIOLOGÍA Y TECNOCIENCIA, 8/2 (2018), 112-130 ISSN: 1989-8487 se viera en la historia del pensamiento y que se mantendrá en la literatura científica, prácticamente hasta el siglo XX con las investigaciones de Husserl; éstas permitirán girar el foco con que se observaba el cuerpo, pasando éste a verse como algo constituido por la vivencia personal del propio cuerpo, lo que con el tiempo permitirá interpretarlo como una estructura construida a través de los imaginarios sociales de cada cultura, cada sociedad o de cada momento. 6. LA MEDICALIZACIÓN DEL CUERPO El siglo XVIII se va a convertir en el momento en que el cuerpo, va a ser objeto de intentos de dominio para tornarlo dócil. Es el momento en que va a hacer aparición la mirada médica, de la que nos habla Foucault (2007). El filósofo francés nos dice que en este siglo se produce un proceso que tiene dos caras Por un lado, el desarrollo de un mercado médico bajo la forma de clientelas privadas, la extensión de una red formada por un personal que ofrece intervenciones medicamente cualificadas, el crecimiento de una demanda de cuidados por parte de los individuos y de las familias; del otro, el surgimiento de una medicina clínica fuertemente centrada en torno al examen, al diagnóstico, a la terapéutica individual, a la exaltación explícitamente moral y científica (secretamente económica) del “coloquio singular” (2010, p. 623). El origen del proceso, Foucault lo centra en el problema del cuerpo, es decir, una instancia que a partir de ahora entra en la esfera de la política –de la biopolítica, para ser más exactos-, como un elemento a dominar y objeto de la gestión política. Para Foucault el cuerpo Aparece como portador de nuevas variables: no simplemente cuerpos escasos o numerosos, sometidos o insumisos, ricos o pobres, válidos o no válidos, fuertes o débiles, sino también más o menos utilizables, más o menos susceptibles de inversiones rentables, dotados de mayores o menores posibilidades de supervivencia, de muerte o enfermedad, más o menos capaces de aprendizaje eficaz. Los rasgos biológicos de una población se convierten así en elementos pertinentes para una gestión económica, y es necesario organizar entorno a ellos un dispositivo que asegure su sometimiento, y sobre todo el incremento constante de su utilidad (2010, p. 628). 118 Juan José Labora SOCIOLOGÍA Y TECNOCIENCIA, 8/2 (2018), 112-130 ISSN: 1989-8487 La medicina pasa de ser una práctica individual a ser una práctica social, la cual cada vez deja menos cosas fuera de su control. Al mismo tiempo, va surgiendo la dimensión clínica del hospital, es decir, “el hospital como lugar de formación y de transmisión del saber” (Foucault, 2010, p. 782). Esa dimensión clínica pivota sobre varios ejes, siendo uno de ellos la superposición de la enfermedad en los cuerpos, pero situando la sintomatología en un juego de relaciones, subordinaciones, divisiones y similitudes, que llegan a oscurecer y ocultar la presencia de la persona; de ahí que “la mirada del médico no se dirige inicialmente a ese cuerpo concreto, a ese conjunto visible, a esa plenitud positiva que está frente a él, el enfermo; sino a intervalos de la naturaleza, las lagunas y las distancias, donde aparecen como en un negativo” (Foucault, 2007, p. 9). Surge pues una representación del cuerpo como elemento orgánico que muestra los signos y síntomas de la enfermedad, interpretados, eso sí, siempre por el/la profesional de la medicina, que, en definitiva es a partir de ahora el que ostenta la legitimidad y el poder social para certificar cuando alguien está enfermo, cuando alguien debe ser ingresado en un hospital, cuando alguien sufre dolor y debe ser medicado para aliviar su tormento o cuando alguien debe ser ingresado en contra de su voluntad en una institución psiquiátrica…. A partir de este momento se encarna en la ciencia médica el poder social de asignar a determinadas personas la “etiqueta” de la enfermedad mental con todo lo que eso significa: encierro, limitación de derechos subjetivos o sociales, estigma, dificultades de relación con los otros y aislamiento, etc. Este dominio de la medicina sobre la identidad, y definición, del cuerpo acaba por permear la percepción de trabajadores/as sociales y psicólogos/as dada la jerarquía social de la medicina dentro del esquema organizativo de las profesiones en las distintas instituciones u organizaciones en las que prestan servicio estos/as profesionales. 7. LA CONSTRUCCIÓN DEL CUERPO El primero en exponer claramente el estatuto del cuerpo como construcción sociocultural fue Marcel Mauss. Mauss introduce el concepto de técnica corporal, definiéndola como “la forma en que los hombres, sociedad por sociedad, hacen uso de su cuerpo en una forma tradicional” (1971, p. 337). Es el primero en avanzar que mediante la socialización se estructura nuestra forma de movimiento, reposo y uso de nuestro cuerpo. Turner dice que “Tenemos cuerpos, pero somos también, en un sentido específico, cuerpos; nuestra corporeidad es una condición necesaria de nuestra El cuerpo y los trastornos de la conducta alimentaria 119 SOCIOLOGÍA Y TECNOCIENCIA, 8/2 (2018), 112-130 ISSN: 1989-8487 identificación social, de manera que sería absurdo decir “Llegué y traje mi cuerpo conmigo” (1989, p. 32). Turner reclama para la sociología el tema del cuerpo que él afirma que está en aquel momento colonizado por el imaginario biologicista, ya que considera que el cuerpo es un asunto de especial importancia para la reflexión sociológica puesto que en la corporeidad, como dice en la última cita, se está jugando la identidad social de los individuos. Se puede decir que, en realidad, Turner reclama la tematización del cuerpo hecha desde la sociología, ya que, según este sociólogo “el cuerpo en la teoría sociología tuvo una furtiva y secreta historia, más bien que ninguna” (1989, p. 61). Pero Turner reconoce que el cuerpo en la postmodernidad alcanza altos niveles de complejidad, ya que éste se presenta al mismo tiempo como “la cosa más sólida, más elusiva, ilusoria, concreta, metafórica, siempre presente y siempre distante: un sitio, un instrumento, un entorno, una singularidad y una multiplicidad” (1989, p. 33). Estas características y rasgos, inicialmente paradójicos, se explican a través de los procesos que afectaron al cuerpo en la contemporaneidad. Si en la antigüedad o en la modernidad, el cuerpo se consideraba una entidad natural y que por ser tal era un ancla a la que aferrarse ya que, en principio, no variaría con el tiempo, en la actualidad el cuerpo adquirió el carácter de una ficción culturalmente operativa y viva (Le Breton, 2002a). Esto quiere decir que el cuerpo se inserta en un trama de sentido y significado, lo que permite su diversificación a través de la aplicación de las técnicas de modificación corporal, y lo que es más, incluso permitiendo en la actualidad la reconstrucción corporal en el sentido biológico (aumento de pecho, alargamiento de piernas para ser más alto, cirugías estéticas de todo tipo, cambio de nariz, incluso para tener la nariz de la actriz x o la del actor y, etc.). Frente al cuerpo tradicional caracterizado por su carácter liminar, unificado, ininterrumpido y que nos distingue o excluye del otro, aparece el cuerpo de la postmodernidad caracterizado como un elemento de identidad individual, diversificado, interrumpido y que puede funcionar como elemento de conexión con los otros (Le Breton, 2002a). El cuerpo desde este punto de vista es una estructura especialmente permeable a los significados, pudiendo ser utilizado como instrumento para asegurar el orden social a través de su construcción mediante los distintos imaginarios sociales. Le Breton (2002a) comenta que si se echa una mirada superficial al asunto del cuerpo en la posmodernidad el discurso sobre el mismo puede parecer colonizado por la medicina y la biología, pero ambas disciplinas manejarían un saber oficial de carácter formal dictaminado por las instancias 120 Juan José Labora SOCIOLOGÍA Y TECNOCIENCIA, 8/2 (2018), 112-130 ISSN: 1989-8487 académicas de las universidades; y que vendría a legitimar las prácticas de ambas ciencias. Esta construcción social del cuerpo ejerce indudablemente una influencia en los procesos terapéuticos y de intervención social. Y hay que tener en cuenta que los propios profesionales tienen/son un cuerpo y se ven afectados por los imaginarios sociales de esta estructura. 8. LOS IMAGINARIOS SOCIALES DEL CUERPO Es necesario por lo dicho, echar una ojeada al cuerpo como “inagotable reservorio del imaginario social” (Le Breton, 2002, p. 65), ya que como señala Muñiz (2010) el cuerpo permite la emergencia de los imaginarios que lo rodean. 8.1. El imaginario biológico del cuerpo Los imaginarios biológicos del cuerpo funden sus raíces en las ideas que desarrolló Darwin. Hasta el punto de que, siguiendo a Showalter (1995), se podría hablar del darwinismo psiquiátrico que defendería que la enfermedad mental deja marcas en el aspecto físico de las personas. Este tipo de ideas serían el punto de partida de Lombroso, que llegó a publicar un estudio fotográfico de la faz de algunas mujeres que habían cometido algún crimen. Estas teorías se trasladan a la sociobiología a través del entomólogo E. Wilson, que, a su vez, influiría en toda la etología. 8.2 El imaginario del cuerpo sexuado Ya en 1935 Margaret Mead (1993, 1994) señaló que el cuerpo sexuado de todas las culturas no coincidía, sino que, algunos imaginarios determinaban la construcción social de determinados hechos biológico-sexuales. Hoy en día las teorías sobre la diferencia sexual existente entre hombres y mujeres han adquirido una gran complejidad. Frente a la dicotomía tradicional de hombre-mujer, en la actualidad se superponen otras, forzando lo que se ha denominado la heteronormatividad. Entran en juego las diferentes orientaciones sexuales, amplificadas por los nuevos fenómenos: heterosexualidad, homosexualidad (y sus diferentes manifestaciones: osos, daddies, chubbies, nutrias, lobos, etc.), bisexualidad, asexualidad, polisexualidad, etc. Y a esto se sumaría el travestismo, la transexualidad y los distintos gustos sexuales: sadismo, El cuerpo y los trastornos de la conducta alimentaria 127 SOCIOLOGÍA Y TECNOCIENCIA, 8/2 (2018), 112-130 ISSN: 1989-8487 los profesionales, y el cuerpo reducido a imagen, patrón o canon inalcanzable. Algo que no se toca, que es tabú y pecado; algo que nos define pero más allá de lo real, algo situado en los niveles u-tópicos del ser humano, algo sin lugar. Encontramos, pues, el cuerpo como estructura física, biológica, medicalizada, es decir, el cuerpo como objeto; frente al cuerpo como construcción social mediada por la acción de los medios de comunicación y que convierte al cuerpo en un problema identitario e individual para las personas (para ser más exacto para las mujeres). Todo esto genera la percepción de que existe una sensación de malestar consustancial a la psicología de la mujer, una sensación de malestar provocado por su cuerpo, lo que puede llevar a algunas personas a sentir deseos de invertir el avance del reloj, de conseguir que su cuerpo se desvanezca o de la posibilidad de vivir sin ningún cuerpo en absoluto, en definitiva a desaparecer de sí. 128 Juan José Labora SOCIOLOGÍA Y TECNOCIENCIA, 8/2 (2018), 112-130 ISSN: 1989-8487 REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Alonso, L.E. (1998). La mirada cualitativa en sociología. Madrid: Fundamentos. Asociación Americana de Psiquiatría (2014). 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