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Introducción ........................................................................................................................... 6 I. MARCO TEORICO 1. Fundamentos para una teoría narrativa de la Identidad EL CUERPO DEL TEXTO ................................................................................................. 11 1.1 Historias de Vida: las narrativas de la cultura popular ........................................ 11 1.2 Memoria Y Olvido: la invención del yo .............................................................. 21 1.3 Identidad personal, social y narrativa .................................................................. 28 1.3.1 Identidades ......................................................................................... 28 1.3.2 Lo personal, lo social, lo narrativo ..................................................... 30 2. Fundamentos para la construcción narrativa del femenino El TEXTO TIENE CUERPO ........................................................................................... 36 2.1 Género, sexo y sexualidad ................................................................................... 36 2.1.1 Género ................................................................................................. 36 2.1.2 Sexo ..................................................................................................... 44 2.1.3 Sexualidad ........................................................................................... 47 2.2 Cuerpo y lenguaje - El cuerpo/habla .................................................................... 49 2.3 Resistencia y libertad ........................................................................................... .55 3. Aproximaciones de la Psicología Social y Psicología Discursiva .................................... 61 II. INVESTIGACIÓN DE CAMPO 4. Aportes para la investigación Cualitativa en Psicología Social LA POSTURA ETNOGRAFICA ..................................................................................... 77 4.1 Consideraciones metodológicas ....... ..................................................................87 4.1.1 Entrevistas Narrativas (el registro atento) .......................................... 87 4.1.2 Análisis del Discurso (la interpretación crítica) ................................. 91 4.1.3 Pasos del análisis (esquema) .............................................................97 5. Contextos socioculturales ............................................................................................. 103 6. BRASIL - Historias de vida de Mujeres de Maria de la Paz ........................................ 116 7. GALICIA - Historias de vida de Mujeres de Villestro ................................................ 175 8. EQUADOR - Historias de vida de Mujeres de Nabón ................................................. 223 9. Consideraciones finales y conclusiones ........................................................................ 274 Referencial bibliográfico ............................................................................................. 286
El presente trabajo nace de la exaltación de la necesidad de oír, más también, de la atención puesta en práctica al intentar escuchar apoyada en teorías afines, resaltando cómo esa tarea se crea en el campo de trabajo y se convierte en el método y en el propio objeto de estudio, dentro de una investigación en psicología social. Amparados/as en la riqueza de una propuesta interdisciplinar, fuimos delineando este trabajo en tres países distintos, a partir del contacto con distintas comunidades en diferentes realidades sociales de Brasil, España y Ecuador. La cuestión que surge en esta investigación trata sobre las formas de resistencia que poseen mujeres dentro de su contexto habitual. Una resistencia, tal como la concibe Foucault (1990), libertaria, creativa y construida dentro del sentido material y lingüístico que proponen sus historias de vida. Por lo tanto, este es un trabajo analítico-descriptivo sobre la observación y escucha de entrevistas de mujeres de culturas populares a partir de sus narrativas de vida, comprendidas estas como una expresión subjetiva, tangible y colectivamente generada. Tratar además la narrativa como acción social supone encontrar una articulación entre el discurso constructor y el discurso reproductor de identidades, en ese caso, de la identidad de género, compuesta a partir de muchas clases distintas de discursos y presentándose aquí a través del lenguaje femenino, por supuesto subordinado y reprimido ya en su disposición socio-histórica. Así, una mirada sobre la construcción discursiva del “yo”, que es a la vez un concepto y una realidad, que es producto de diversos comportamientos, entiende que ambos, habla y cuerpo, están estrictamente relacionados. De ahí que, para plantear una investigación sobre género atravesado por el lenguaje oral como, igualmente, sus aspectos no verbales a través de la psicología social, es necesario comprender su interdisciplinaridad. Decidimos así emplear una posición analítica psico-socio-antropo-lingüística del proceso de producción y reproducción de esas narrativas.
Investigaremos, en el primero capítulo teórico, cómo se llega al concepto de identidad narrativa elaborado por el filósofo Ricoeur (1994; 1996), estudiando sus rasgos modernos y postmodernos. Nos valdremos para eso de los fundamentos de la construcción de narrativas de vida en contextos populares, trabajando especialmente el lenguaje y sus estrategias de ficción y memoria, constitutivas de un discurso social. Para eso nos respaldaremos en lingüistas y folcloristas como: Duranti (2000); Moure (2004, 2012); Sawaya (2001) y Montenegro (2007). El interés de tratar el tema de la identidad en la psicología no es nuevo. Pero tratar este tema desde el presupuesto de la narrativa como alternativa de estudio social, nos lleva a hacer otros esfuerzos de comprensión de la realidad construida y constitutiva a través de la voz de sus propias protagonistas. Con eso, en el segundo capítulo, seguimos hacia los aspectos no verbales del discurso, para desde ahí concebir la identidad de género como una construcción social reproductora de (pre)conceptos masculinos y femeninos. Concebimos el cuerpo/habla de estas mujeres como una práctica discursiva (Foucault, 1970), direccionando el énfasis al feminismo y la antropología para aclarar conceptos clave como son: sexo, sexualidad y cuerpo, para desde ahí entender las formas de resistencia a partir de su propia identidad construida o deconstruida. Para eso contamos con estudiosas como: Butler (2001, 2003), Maquieira (2001), Moore (1999) y Varela (1997). La obra de Foucault ha sido objeto de intensos y ricos debates en relación con problemas suscitados por las reflexiones sociales. Este autor es reconocidamente importante en el proceso del saber del cuerpo y su estudio social. Entre los conceptos referidos en el texto, enfatizamos los análisis de cómo el sistema corporal ha sido procesado social y políticamente en diferentes contextos (el biopoder), y también sobre cómo esto ha permitido a las personas resistir desde sus propios cuerpos (la resistencia). Tomando como supuesto que el cuerpo humano es el principal sistema de clasificación y metáfora del sistema social en muy distintas realidades culturales, comprendemos que es también a partir de él y con él que se inscriben y se producen los saberes y las resistencias individuales y colectivas. Por lo tanto, dentro de las ciencias sociales esta comprensión pasa también por su vivencia, por su materialidad, lo que supone inevitablemente su simbología y
lenguaje, ya que convertirse en un individuo social implica un determinado aprendizaje corporal. En el tercer capítulo tomaremos como base las aportaciones y los retos imperiosos de la psicología social actual, aliados/as a la postura de los estudios críticos con un marcado compromiso social (Potter y Wetherel (1987, 1992); Gergen y Shotter (1989), para, dentro de esa sección y bajo un posicionamiento postmoderno, acercarnos al giro lingüístico de la psicología social que, junto con la psicología discursiva, aporta a la teoría de estudio de los discursos una forma de acceso crítico a la realidad, tratada principalmente por Billig (1987); Potter y Edwards (2001) y Cabruja (1998). Así, con la aproximación teórica realizada, entramos en el siguiente apartado en la parte práctica del trabajo, donde afirmamos la elección metodológica por un camino etnográfico como herramienta para la investigación cualitativa en psicología social (Banister, 1994). Con eso exponemos la muestra de esta investigación, la cual analiza historias de vida narradas por mujeres inspiradas en el análisis del discurso (Potter y Wetherrell, 1987; Ibáñez y Íñiguez, 1997; Íñiguez, 2003), examinando también el lenguaje verbal y no verbal no como los estados internos de la conciencia, sino como acción social. De esta manera, abogamos por una ciencia responsable, comprometida, encarnada en la sociedad. Reconocemos aun el trabajo crítico y deconstructivista del feminismo que ha revelado que los seres humanos estamos sometidos a la cultura y al inconsciente, reconociendo las formas insidiosas y sutiles del poder social y psíquico. El feminismo atraviesa este trabajo como una conciencia crítica y política que resalta las tensiones y contradicciones que encierran los discursos hegemónicos y pretende ser una herramienta eficaz y constante para desenmascarar estos discursos cristalizados históricamente y respaldados por poderes específicos. Por lo expuesto, el estudio que se presenta intenta deconstruir para construir formas nuevas de hablar y de escuchar a la mujer a partir de su lenguajes oral corporal como método y como objeto de estudio, comprendiendo sus formas de expresión de una identidad en la misma realidad que las engendró: la cotidianeidad. Reconocemos, de este modo, que la experiencia de la realidad y todos los fenómenos psicosociales se constituyen en y a través del lenguaje. Sin embargo,
nuestros análisis de estos repertorios de lenguaje se direccionan no solo a la realización del habla, sino interpretando esas experiencias orales sin separar el lenguaje del sujeto que se expresa materialmente en el. Al final afirmaremos, con un respaldo teórico-práctico que el lenguaje es instrumento de poder y que el cuerpo es un espacio de inscripción de este poder. Liberar estas herramientas, acercando estos significados y las expresiones construidas mutuamente a partir de ellos es tarea ardua que necesita una escucha interesada e implicada con la transformación social. Es así que este trabajo pretende ser un análisis psicosocial de las construcciones discursivas de género, contribuyendo para una versión también crítica y política de la psicología social, posibilitándonos reconocer discursos dominados y dominantes oficialmente y rutinariamente reproducidos y hacer la definitiva reflexión práctica. Una reflexión que va más allá del ámbito teórico académico, que promueva acciones pertinentes, implicadas en prácticas sociales, y que suscite en fin otras investigaciones de ese tipo en el ámbito social.
A pesar de afirmar que la forma de narrar los hechos y su propia vida constituye un modo de hacer uso de la palabra en todas las culturas, sugerimos que la cultura de las clases populares no es especialmente otra cultura, pero sí se trata: (…) de grupos sociales que se sirven de distintos recursos lingüísticos como instrumento de lucha por un lugar social, por un reconocimiento de sus intereses y deseos propios, y que marcan sus formas de hablar y de hacer uso de la palabra afinada que esta con la experiencia de lucha por la sobrevivencia y por una vida digna. Estamos delante de grupos sociales cuya voz y cuyas formas lingüísticas están marcadas por la convivencia con la degradación y la opresión” (Sawaya, 2001, p. 176). Los autores citados arriba, Sawaya (2001) y Montenegro (2007), son investigadores de la cultura oral brasileña y analizan el uso del lenguaje oral en su contexto de vida en las periferias y zonas rurales de Brasil, tomando el habla así como nosotros/as las tomamos, como una acción sobre el/la otro/a, sobre el mundo, una práctica social que refleja también una lucha por la sobrevivencia. Sin embargo, algunas visiones de comunidades rurales, o pobres, se insertan en el contexto de la difusión y reproducción de los conceptos de marginalización cultural, social y personal. En este caso, admitimos en este discurso una estrategia de control social por la “dictadura del conocimiento”, excluyendo y marginalizando las clases sociales más pobres y periféricas. Trataremos así, el acto de estos hablas y cuerpos por las mismas especificidades que suponen, interpretándolas como discursos singulares de individuos que se encuentran marcados por este contexto social y que expresan este lugar a través de sus distintos lenguajes, con estilos y formas propias de reproducir y reclamar la diferencia. Nuestra posición busca, por lo tanto, contestar las posturas sociales de visiones “predestinadas” y de ciertas formas de inserción social marcadas por el fatalismo y por la alienación psicosocial, apoyadas por las denuncias de Martin-Baró (apud Caniato, Rodrigues y Silva, 2002), y teóricos de la psicología crítica que revelan que vivimos sobre el “imperio de la desvalorización de la vida humana”, forjado por el autoritarismo socio-económico del capitalismo y de la sociedad de consumo de masas por él engendrada. En medio a las condiciones vividas de estigma, pobreza, marginalización social y cultural, la voz y el cuerpo siguen siendo el vehículo predominante de transmisión de
la cultura y de la sabiduría popular que permite la expresión por veces de obediencia y por veces de resistencia a los condicionamientos socioculturales. En las comunidades de contacto, llama la atención el uso todavía preservado en Ecuador, zona rural andina, del idioma ancestral Kichua 1 , utilizado por las personas mayores y todavía preservado entre familias indígenas. A parte del idioma, el uso de las ropas tradicionales, marcadores de identidad, son especialmente preservados por las mujeres locales, como un lenguaje visual de lo que son, de lo que las representan. En este sentido, las clases populares utilizan la palabra y su propio cuerpo para sobrevivir, marcando su comportamiento por la verbalización de las circunstancias en que viven. Sea a través de expresiones de cuerpo o en la postura en relación al/a la oyente interlocutor/a, o incluso por medio de sus expresiones lingüísticas, las narradoras revelan su relación con el mundo y su forma de construirlo –actuando sobre él. Estos testimonios empiezan a crear así otra referencia histórica y cultural, que hasta entonces estaba circunscrita apenas a su propia clase, pequeños grupos de amigos y familiares. La vida, las experiencias, las luchas, las visiones de mundo y el trabajo adquieren nuevo status al ser socializado. Se transforma en un documento que presenta un retrato de la realidad, que pasa a disputar la hegemonía del imaginario social con otras versiones, representaciones construidas de otros lugares y por otras voces. Igualmente la condición de “periferia” en la que situamos nuestras informantes en las comunidades investigadas, exige la comprensión de lo que entendemos como centro, del perímetro y del contorno que fue establecido por los núcleos de poder. Nuestra mirada pretende circunscribir este espacio, haciendo el camino “alrededor” reconociendo los límites, traspasando los agujeros, las doblas, caminando por las entradas y salidas de este entorno social. El discurso popular no es simplemente un discurso alejado del discurso central, por el contrario, es un discurso lleno de caracteres propios mezclados con el deseo de estos colectivos de denunciar este mismo discurso. La condición social excluida no presupone un discurso excluido, más bien se le resiste. A pesar de eso, las mujeres de las culturas populares (rurales, periféricas) poseen el habla proveniente de los márgenes. El contexto marginal es atravesado por la 1 Idioma local proveniente del Quechua andino.
mala situación de instrucción, por las precarias condiciones de vida y especialmente por las condiciones de su género, que en consecuencia activan algunas estrategias de expresión e interlocución en el ambiente vivido, incluyendo de lenguaje. De todos modos, si las mujeres poseen un repertorio lingüístico distinto, puede ser también por el hecho de vivieren en una especial “socialización femenina” (Moure, 2012), que, como defiende Moure, no es tan específica así, y sí una característica aprendida por modelos de grupos dominados: “por otro lado, la idea de que las mujeres, desde la niñez, reciben pautas educativas o presiones sociales para no destacaren, para trabajaren en común y en silencio resulta atractiva principalmente para desarmar educaciones tiránicas o opresoras, no en otros sentidos”. (p. 108). Otro aspecto interesante revelado en estos discursos es su potencial transformador, eficaz, de auto conciencia y de negociación que hay en el habla de las culturas populares. Se trata todavía de revelar las estrategias y los modos de lidiar con los discursos de poder, revelando un modus operandi distinto del modelo de producción de víctimas que circula en los discursos sociales. Así, con las entrevistas realizadas comprendemos que, pese a las diferencias culturales entre las narradoras, el espacio de interlocución debe abrirse para discutir, defender una idea, escuchar otras ideas, inventar argumentos en defensa de su propio punto de vista y de su vida. Montenegro (2007) apunta que ésta también es una condición para adquirir el papel de ciudadana, a través del manejo de códigos sociales lingüísticos y de relación que esta incluye. Es exactamente a partir de este lugar dónde nos posicionamos como investigadores/as sociales responsables por la posición crítica y transformadora del entorno en el que vivimos. Resaltamos aquí la importancia de asumir nuevas maneras de abordar lo real, como estudiosos/as implicados/as con el espacio social, con métodos direccionados a su pertinente crítica transformadora. Ya que la asociación de creación, invención, imaginación e intuición son herramientas encontradas en el campo y utilizadas en la construcción de la expresión de estas realidades. En el acto de la entrevista, las narradoras dan continuidad a un oficio que vienen desarrollando desde hace mucho tiempo. El de contar cuentos, experiencias, lecciones
que la vida enseña. Las reuniones son el momento de escuchar, de “aprender la idea” pero se aprende también a decir. Es ese nuevo saber que lucha por tener más representación como la resistencia, en las prácticas y en las visiones de aprisionamiento de la voluntad popular especialmente en las condiciones de género dentro con las cuales están hablando. De hecho, como el personal también es político, ese momento de encuentro de mujeres es particularmente un movimiento de resistencia. Como corrobora Moure (2012, p. 89): “la idea de que mujeres, al reunirse para compartir experiencias, descubren muchos elementos en común y llegan a percibir que sus problemas personales pueden también estar determinados por estructuras sociales”. Las narradoras unen el saber cotidiano de las experiencias vividas intensamente a una comprensión de vida y del mundo que transciende a las determinaciones inmediatas. De este modo, en la expresión oral de las narradoras de las comunidades con las que entramos en contacto, topamos con discursos reivindicativos, otros irónicos, otros emocionados, que irrumpen modelos de comunicación y de representación dentro de su propia condición social, dislocándoles. A través de la ironía y de la emoción que permea su discurso la memoria es reconstruida y las entrevistadas experimentan el poder de direccionar su discurso y a sí mismo/a. El habla por lo tanto es su producción. Mientras a los hombres de las comunidades en contacto generalmente les es sancionado el espacio público –es aquel que naturalmente, o mejor, culturalmente migra por un sustento más digno, o el que está fuera de casa durante la mayor parte del día-, las mujeres son las que se quedan. Y esta acción las responsabiliza por todo lo que también queda: la casa, los/as hijos/as, la educación, el campo y la vida comunitaria. Su habla y su cuerpo les permiten por lo tanto organizar y mantener sus relaciones (no sin un repertorio enorme de estrategias) y reflejan el movimiento de la vida, los valores y los saberes de la propia comunidad. De acuerdo con Michel de Certeau (1994) el arte de decir a través del lenguaje es el resultado de un arte de hacer y de un arte de pensar. El acto de la palabra no se separa de la circunstancia: “El discurso ahí se caracteriza no tanto por una manera de
ejercerse, pero antes por lo que enseña. De hecho, es necesario entender otra cosa de lo que es dicho. El discurso produce entonces efectos, no objetos. Es narración, no descripción. Es el arte del decir” (p. 154). La cultura popular se formula en las artes del hacer, creando espacio para las micro resistencias de la mayoría silenciosa que produce, a través de las experiencias particulares, prácticas comunes, no necesariamente autorizadas y, por lo tanto, creativas y emancipadoras. Estas prácticas son también tácticas contra la exclusión. El autor mencionado teoriza sobre las prácticas cotidianas que producen las “maneras de hacer” de la “multitud anónima”. Para él, el habla del oprimido se revela a través del discurso de la carencia, sin embargo con reglas y leyes propias, capaces de producir conocimientos y prácticas con significativo grado de autonomía, y no apenas respuestas pasivas a las imposiciones del medio y de los aparatos de poder. Las narradoras de este trabajo, aun que normalmente “lo hagan sin decir”, cuando lo dicen están también “al hacer”, porque “hablar es hacer” y este parece ser el único lugar de pertenencia, de dirección, de localización en un entorno todavía muy hostil a la voz de la mujer. Al pertenecerse en esta habla, se es. Y más: algo en la narrativa escapa al orden de aquello que es suficiente o necesario saber. Y su cuerpo lo dice. Todavía, para el autor, y aquí la idea es muy apropiada a nuestros planteamientos, la narrativa es una ocasión del hacer y no solamente de contar las maneras de hacer sus experiencias. “El relato no exprime una práctica. No se contenta en decir un movimiento. Él lo hace” (1994, p. 156). La voz entonces, y su cuerpo a través de una relación estricta, son sinónimos de acción, de dislocamiento y de dinamismo, reflejan un movimiento singular que es individual y, a la vez, social. Las narrativas poseen una dimensión psicosocial, a veces con sus contenidos colectivos vinculados a las experiencias compartidas con la comunidad, a veces con contenidos más íntimos de la narradora y del microcosmos familiar construyendo así el dibujo de su propia identidad en construcción, in fiere.
En este conjunto, encontramos mujeres dispuestas a crear a través del contexto narrativo la trama de su vida en una conversación informal, muchas veces sentadas en el portal de su casa. En estas narrativas autobiográficas de tres distintos países y contextos, resaltamos el lugar constructor de las mujeres que encontramos, de su propia realidad, de sus cuerpos, de su familia, de su subsistencia, de su alegría y creencias. El ambiente hostil y adverso al aprendizaje formal, a las expresiones naturales de deseos y sueños no las permitía abdicar de la voz y de la postura corporal activa delante de la vida que las solicita diariamente. Es decir, más que un repertorio de conocimientos fijados y pre definidos, estas voces femeninas en proceso de elaboración reflejan un auto-conocimiento que se da en movimiento, en la relación comunicativa entre narradoras y oyente, reconstruyendo memorias y recuerdos con instrumentos propios de la cultura y de las relaciones sociales tratadas. &'( " !"!#)! *(+ La palabra teje la historia, no de un pasado ya vivido y apenas rememorado por el acto de narrar, pero de un presente hecho de incidentes, de acasos y de hechos que, a través de las prácticas discursivas, dan forma y revelan las narradoras y el espacio de producción del habla. Sin embargo, las narrativas hacen también una incursión al pasado individual y colectivo. Narrar, para estas mujeres, es la continuación de las historias no dichas de sus vidas. Esta experiencia es traducida por el recuerdo de episodios significativos, elegidos por las narradoras, a partir de la memoria, a pesar de esta no ser una precondición de su habla, es decir, se les es permitido hablar también de aquello que no se recuerdan. Seguimos las reflexiones sobre el significado de la memoria a partir de estudiosos del tema como Bosi (2003), Bruner (1997), Halbwacks (1990) y Smolka (2000), concibiéndola no como un simple recuerdo –o su olvidode hechos vividos, pero la construcción y ordenación de un texto vivo y vivido en el acto de narrarlo.
La memoria aquí, deja de ser pensada como un atributo estrictamente individual, pasando a ser considerada como parte de un proceso social. Aunque puedan parecer individuales, las memorias son piezas de una red, de un contexto social que nos contiene y es anterior a nosotros/as mismas, sirviendo también como cohesión y conexión temporal. Los trabajos de Halbwacks (1990) sobre memoria colectiva poseen como centro la afirmación de que “cualesquiera que sean los recuerdos del pasado que podamos tenerpor más que parezcan resultados de sentimientos, pensamientos y experiencias exclusivamente personalesellos solo pueden existir a partir de cuadros sociales de la memoria.” (Halbwacks apud Santos, 1998). Estos cuadros sociales son las representaciones colectivas, conflictivas y en constantes cambios relativos a distintos grupos, que socializan y constituyen los individuos y sus memorias. Dicho autor propuso también que la memoria colectiva tiene una dimensión individual o singular, como resultado de la elaboración subjetiva, que la distingue, de forma bastante específica, de la historia. Dentro del contexto, la memoria nunca parte del vacío, ella es construida junto con la organización de recuerdos tomados como suyos por los individuos. Sin embargo estos recuerdos son originarios del grupo, de la interacción de este individuo con otros grupos e individuos. Cada uno/a posee un recuerdo articulado con circunstancias de otros/as. Sin duda, el texto narrado es el lugar de posibilidad de la expresión de la memoria reconstruida, y el lenguaje se revela como el proceso más fundamental en la socialización de esta. De la misma forma, las narrativas orales articulan las memorias individuales y colectivas en una lógica que permiten análisis personales y sociales, en una implicación de difícil separación, una corroborando y reconstruyendo la otra. Smolka (2000), buscando entender las condiciones y formas de recordar y olvidarse, las maneras de contar, de hacer y registrar las historias, apunta: La posibilidad de hablar de las experiencias, de trabajar los recuerdos de una forma discursiva, es también la posibilidad de dar a las acciones borradas, confundidas, dinámicas, fragmentadas, cierta organización y estabilidad. Así, el lenguaje no es apenas instrumental en la (re)construcción de los recuerdos, es
constitutivo de la memoria, en sus posibilidades y sus límites, en sus múltiplos sentidos, y es fundamental en la construcción de la historia (p. 16). Toda conciencia del pasado está fundada en la memoria, sin embargo, el pasado es lo que uno/a recuerda o imagina que recuerda. Dependiendo del contenido y del contexto, el pasado se convierte en el presente a cualquier tiempo. En realidad, la importancia dada al pasado se refleja en las acciones que tenemos en el presente. O sea, la fuerza del presente da el significado al pasado. Según el historiador Lowental (1998), “la necesidad de utilizar el conocimiento de la memoria, de olvidar así como recordar, nos obliga a seleccionar, destilar, distorsionar y transformar el pasado, acomodando los recuerdos a las necesidades del presente” (p. 77). Así, hasta el acto de olvidar forma parte del proceso constructivo de la memoria. Los recuerdos necesitan ser continuamente descartados y combinados para que, con la ‘ayuda’ de aquello que olvidamos, sea posible clasificar y establecer orden en el caos de nuestras vivencias recordadas: “Tiene sentido olvidar. Olvidar mucho no es apenas deseable, es inevitable” (ibídem, p. 96). De hecho, narrar posibilita al sujeto producir efectos de sentido sobre su vida. Así, el estudio de la memoria permanece también relacionado al estudio del lenguaje. Desde las civilizaciones de lenguajes predominantemente orales, el discurso como forma de conocimiento permanece como testigo construido de saberes vividos socialmente. Además, las relaciones sociales construidas concomitantemente a las vivencias personales constituyen los recuerdos singulares que van a ser alterados y comunicados, reformulando el antiguo y creando el nuevo a cada relación discursiva: En verdad necesitamos de los recuerdos de otras personas tanto para confirmar nuestros propios, cuanto para darles continuidad. Complementadas por la de los otros. Compartir y validar recuerdos las torna más nítidas y estimulan su emergencia (…) En el proceso de entrelazar nuestros propios recuerdos dispersados en una narrativa, revemos los componentes personales para adecuar el pasado colectivamente recordado y, gradualmente, dejamos de diferenciarlos (Halbwacks, 1990, p. 75). Cada memoria, así como identidad, tanto individual como colectiva, es así múltiple, inacabada, inestable, performativa y experimentada más como una búsqueda que como un hecho. Es en ese sentido que comprendemos el valor de la memoria como constructora del presente y ordenadora de episodios ‘dignos’ de ser narrados.
Por lo tanto, a partir de análisis de las narrativas, defendemos la hipótesis de que el ‘yo’ de estas narradoras es construido por las relaciones discursivas que estas mantienen, permitiendo una re-significación del guion de sus vidas. Mediante tales narrativas, estas mujeres ejercen un papel activo en la reconstrucción de su memoria y en la organización de una idea coherente sobre sí mismas. La narrativa de una trayectoria vivida es igualmente una construcción no lineal, con acontecimientos descriptos bajo una lógica propia y singular de argumentos. Es un momento de realizar el “arreglo” de múltiples episodios, situaciones, escenarios, acciones y estados afectivos, evocados por la memoria. La apropiación de estos elementos revela, por lo tanto, el fondo ficcional de toda narrativa biográfica. Además, más allá de su connotación de “fingimiento” o “mentira”, ficción significa exactamente inventar, crear. La narrativa es una estructura de la experiencia capaz de integrar las dos clases de relatos – el histórico y el ficcional. Jeronme Bruner (1994, 1997, 1998), psicólogo constructivista, argumenta sobre la narración como un modo de “hacer la vida”. Según este autor, las narrativas son formas de interpretación y re-interpretación continuas de nuestra experiencia. La construcción de la historia de vida se encaja en las circunstancias actuales del narrador, o sea, sus recuerdos son hechos reales teniendo en cuenta su situación actual. Resalta el autor que la ventaja de este acto es la posibilidad de hacer de la vida un lugar de creación a partir de la narrativa, y afirma: “la vida no es ‘como ella ha sido’, pero como ella ha sido contada y re-contada” (1994, p. 36). O sea, como ella está siendo experimentada bajo la forma de narración. El/la narrador/a, según Bruner, es el producto de las situaciones en las que opera por causa de la reflexividad, que es a su vez la capacidad de reflexionar el pasado por el presente, y de su disposición de visualizar alternativas, que es su creatividad. La reflexividad y la creatividad permiten, todavía, el entendimiento de la identidad como una construcción narrativa. Un “sí-mismo” que surge remodelado en su discurso, en este diálogo rico constructor de significados. Para Bruner “el sí mismo no es algo estático o una substancia, sino una configuración de eventos personales en una unidad histórica que incluye no apenas lo que fuimos, pero también anticipaciones de lo que seremos” (1997, p. 91).
Por lo tanto, narrar también se configura como la extracción de significados de una vida cotidiana. La autora del discurso mezcla lo que ha hecho y sentido con lo que ella espera que ocurra y transforma eso en un relato comprensible en la construcción de nuevos significados. Así, el sujeto que narra elabora el guion de su vida en el momento de la narrativa. Y la exprime en el texto narrado, revelando su sentido en el efecto catártico que esta produce. En la narración, por lo tanto, el efecto catártico emerge del conocimiento de sí misma, fruto de una vida analizada. Para Ricoeur (1997), filósofo de la hermenéutica, “una vida examinada es, en amplia medida una vida depurada, explicada por los efectos catárticos de las narrativas tanto históricas cuanto ficcionales vehiculadas por nuestra cultura” (p. 495). En este caso, la narradora está fuera de sí para ir en dirección de sí misma. Al retornar a sí misma ella no es la misma: ha ganado distancia, ha construido, reconstruido, se ha delineado y apurado su mirada. Se considera así, la narradora, debruzada sobre los recuerdos de sus experiencias, alguien que tiene delante sí la opción de revelar el evento tal como ha vivido o de ocultar datos a su oyente. Si elige ser fiel o no a la experiencia misma vivida, ella puede actualizar en su habla los códigos más profundos que estructuran su concepción de mundo y los sentidos de su experiencia de vida. Por lo tanto, una representación oral de la historia de vida, en sus aspectos visibles y ocultos, de afirmación y negaciónincluyendo ‘lo que no soy, desde donde no he venido, para donde no voy’- puede ser también una mirada hacia sí misma, sobre sus acciones y sus tomadas de posiciones hacia la vida. Un discurso no idéntico, pero singular. Una narrativa constructora del sujeto a partir de su repertorio, sea ficcional o no: (…) las narrativas que los individuos producen no son un reflejo imperfecto de cosas que vieron e hicieron, tampoco un mundo cerrado sobre sí mismo de ideas o representaciones. Son, antes, un medio significativo por lo cual organizan su experiencia en el convivio con los demás. Narrando eventos vividos, los individuos crean un campo para la acción colectiva: los eventos tal cual narrados postulan ciertas identidades e impelen los actores participantes de la situación
“yo” es constituido mediante la confrontación del individuo tanto con su imagen especular, como con una otra, en un proceso de construcción recíproca. Los “yos” contribuyen a desarrollar la problemática de las construcciones identitarias colectivas. Sin embargo la identidad fue crecientemente requerida como una apropiada reflexión psicológica de un propio posicionamiento social complejo en la sociedad moderna. En su momento, nos advierte Simon (2004), una compleja diferenciación y organización social requiere una perspectiva paralela de uno/a mismo/a. Según el autor, precisamente la privatización psicológica, el subjetivismo reflexivo y las innumerables expresiones individuales de sí nos ubican en la postmodernidad, donde, por ese motivo se suelen apuntar las identidades colectivas como estando en extinción. Y justamente a través de la simple intención de deconstrucción de la concepción imperante del sí mismo en occidente se permite mostrar su ineluctable carácter político. No obstante, a partir del argumento de Simon, aportamos nuestros planteamientos en este trabajo. Si la sociedad fomenta esta inestabilidad colectiva, a la vez postulando la importancia de lo individual sobre lo social, construyendo identidades descentradas, flexibles, negociadas, agenciadas, momentáneas, así también serán las identidades referidas al colectivo y a los grupos, cada vez más dependiente del contexto, frágil y transitorio, pero no inexistentes: La compleja postmodernidad nos da acceso a una multitud de aspectos de sí y por lo tanto fortalece la identidad individual, pero al mismo tiempo provee una rica oportunidad estructural para las formaciones de varias identidades colectivas potenciales y latentes en crecimiento” (Simon, 2004, p. 64). De lo expuesto, aceptamos y colaboramos con la idea de que vivimos en medio de una multiplicidad de discursos que marcan fronteras políticas y estos construyen estas identidades colectivas, provisorias, contingentes y cambiantes, incluyendo la identidad sexual. Según Bauman (2007), identificarse con significa “entregar rehenes a un destino desconocido sobre el que no se puede ejercer influencia, ni mucho menos controlar. Por lo tanto, tal vez sea más fácil vestirse con identidades” (p. 70). Así, el trabajo de “vestirse” con identidades es como de hacer bricolaje con el material de vida y del entorno que se tiene a la mano o “al habla”. En este sentido, la
oportunidad de las narradoras de jugaren con su propio discurso no restaba en ningún momento la importancia del momento de creación, al revés, enriquecía su repertorio. A partir del reconocimiento de la importancia del estudio de estos discursos es que Potter y Wetherell (1992), situando la identidad en un continuo que va del polo interpersonal al intergrupal, examinan cómo se explican los típicos procesos sociales y psicológicos que producen conflictos intergrupales, estructurando los modos de interacción social que envuelven categorías y agrupamientos de personas, y argumentan: “La identidad es construida a partir de narrativas disponibles y prácticas discursivas que interaccionan con otras prácticas sociales” (Potter y Wetherell, 1992, p. 67). En consecuencia, nos parece pertinente encarar el concepto de identidad no meramente como una entidad sólida, construida a partir de presupuestos teóricos propios, sino a través de una politización de ese concepto, reconociéndola a partir explicaciones disponibles en un contexto sociocultural específico, con claras funciones sociales y políticas, deconstruyendo su posición imperante sobre el sujeto y la realidad. Hall (2003) también ve la identidad como un proceso nunca terminado, tampoco determinado, y sí condicional, afincado a la contingencia. Sugiere que es precisamente porque las identidades se construyen dentro de los discursos y no fuera de estos es que debemos considerarlas producidas en “ámbitos históricos e institucionales específicos, en el interior de formaciones y prácticas discursivas específicas, mediante estrategias enunciativas específicas” (p. 18). Tratar entonces la identidad como formas múltiples de actualizarse a partir de distintas maneras donde nos referimos a nosotros/as mismos/as, es intentar practicar la reconstrucción de una producción de significados alternativos en una creación continua de un/a mismo/a. O sea, la narrativa sobre sí mismo/a es también la creación identitaria de este/a. De hecho, las narrativas son a la vez modelos de mundo y modelos de sí mismo/a. Es a través de esas historias que nos construimos a nosotros/as mismos/as como parte del mundo. Se trata de compartir un sentido personal a través de un repertorio social y cultural. Lo que bien sintetiza Hall (2003):
Uso “identidad” para referirme al punto de encuentro, el punto de sutura entre, por un lado, los discursos y prácticas que intentan “interpelarnos”, hablarnos o ponernos y nuestro lugar como sujetos sociales de discursos particulares y, por otro, los procesos que producen subjetividades, que nos construyen como sujetos susceptibles de “decirse”. De tal modo las identidades son puntos de adhesión temporal a las posiciones subjetivas que nos construyen las prácticas discursivas. Son el resultado de una articulación o “encadenamiento” exitoso del sujeto en el flujo del discurso” (p. 20), o sea, una representación teatral del yo. En ese sentido, el filósofo Ricoeur (1994, 1996) propone un concepto llave como el de identidad narrativa, según lo cual la experiencia humana sólo tiene sentido cuando es articulada sobre una forma narrativa. Ella es revelada en el plano de la intriga, donde los personajes ganan rasgos identitarios revelados por la propia historia. Y explica: “la persona, entendida como personaje del relato, no es una identidad distinta de sus experiencias. Al contrario: comparte el régimen de la identidad dinámica propia de la historia narrada. El relato construye la identidad del personaje al construir su historia narrada. Es la identidad de la historia la que hace la identidad del personaje” (1996, p. 147). Atendiendo al deshacer del esencialismo de la identidad, construimos una identidad al narrarla. El discurso, por lo tanto, es la reconstrucción de uno/a mismo/a, con una identidad móvil, individual y social a la vez, donde el pasado es elegido por el presente de manera nueva por nuevas configuraciones. En otras palabras, Ricoeur afirma que en las narrativas autobiográficas se revela el carácter indeterminado de todo discurso social, en lo que la narradora puede tener acceso a la interpretación de los hechos en el momento mismo en que la referencia objetiva sobre esos hechos está siendo enunciada. Significa decir que la narración de sí mismo/a es siempre una construcción a posteriori que puede dar significado a una trayectoria, ordenando las acciones vividas y las acciones narradas. En este mismo trabajo expone: “la identidad del personaje es resultante de la trama construida en la interacción. Aunque el sí mismo sea la unidad narrativa, ese discurso reflexivo y auto-referente será diverso, variable, discontinuo e inestable” (ídem, 1996, p. 55). Por ese motivo, son varias las razones para analizar críticamente el concepto de identidad como operación que define los seres humanos desde discursos que se reclaman como verdaderos, donde se verifica un fuerte ejercicio de dominación. Parece
que el análisis crítico de las relaciones interculturales aboga por una destrucción de las identidades, lo que significa “poner en duda lo que comúnmente se acepta como vía para generar nuevas formas de acción social” (Gergen apud Cabruja, 1998). Es decir, descartar las nociones sustanciales de identidad para socavar las ideologías que enmascaran y las posiciones de sujeto que posibilitan. Este trabajo, por lo tanto, propone, a través de la propia voz y cuerpo de la mujer, visualizar una identidad cambiante y a la vez constructora de la realidad. La construcción de estas identidades a través de la narrativa va enseñando también rasgos de la propia construcción de un femenino. Curiosamente a ninguna de las entrevistadas se les ha cuestionado el significado de ser mujer, pero a cada texto narrado se creaban pistas de esa construcción, donde el género se dibujaba en un lenguaje oral delante de nosotras (entrevistada y oyentes) y también a través del lenguaje de su propio cuerpo.
& . Tras haber conocido algunas estrategias del texto oral en la construcción del “yo”, tratamos ahora de especificar un poco más nuestra mirada y nuestras intenciones con este trabajo exponiendo los rasgos constitutivos de un “yo” femenino y narrado en distintos lenguajes. Primeramente presentaremos las cuestiones todavía tan reticentes a algunas ciencias que no se permiten atravesar por los estudios feministas con su incontrovertida importancia. Los conceptos de género, sexo, sexualidad y cuerpo serán expuestos para en seguida direccionar el trabajo a su cuestión fundamental. Sugerimos, de pronto, que la construcción de un “yo” femenino, en este caso de una mujer, puede ser realizada también con la construcción oral de su historia de vida, pero puede darse igualmente a través de los rasgos de su cuerpo, de la materialidad del cuerpo/habla. Insistimos también que estas expresiones son vividas como forma de resistencia, de creación y reclaman todavía su libertad. Así, el cuerpo y el habla femeninos, interdependientes, se expresan con estrategias propias y se constituyen el punto siguiente de nuestros análisis. & /0!-1(1$ Según la antropóloga Moore (1999, p. 18), sería imposible dedicarse al estudio de una ciencia social prescindiendo del concepto de género, puesto que, al igual que el concepto de “acción humana” o de “sociedad”, este no puede quedar al margen del estudio de las sociedades y ciencias dichas humanas.
A la vez, pensar que algo es natural, es creer que es inmutable. Estos conjuntos de supuestos sobre la “naturalidad” conducen a ciertas prácticas opresivas y discriminatorias tanto sexuales como sociales. Es por eso que desde la crítica feminista sobre el sexo como algo inamovible surge el uso de la categoría de género como una construcción social. En este contexto, contemplamos el género como una relación de categorías socioculturales, tratando de valorar su análisis simbólico que se pone de manifiesto una vez comprendido cómo se articulan socialmente las mujeres y los hombres y cómo el resultado de esa articulación define y redefine la actividad social. Para esta autora, género es una categoría multidimensional que permite analizar los procesos subjetivos y las relaciones interpersonales. De hecho, el género comenzó a utilizarse cuando hacía referencia a la construcción sociocultural de los comportamientos, actitudes y sentimientos de mujeres y hombres. Así, esas diferencias no son naturales y estas asociaciones no proceden de la naturaleza biológica o social de cada sexo, sino que son una construcción social, apuntalada por las actividades sociales que determina y por las que es determinada. En la sociología, las cuestiones de género fueron estudiadas en estudios sobre la familia por grandes pensadores del siglo XIX. F. Engels y E. Durkhein establecieron rasgos de la familia contemporánea rompiendo con la tesis de que la dominación masculina existía desde siempre, desenmascarando la naturalización burguesa de la subordinación de las mujeres. Para estos sociólogos, según los estudios de Varela (2001), el desarrollo de la propiedad privada y el deseo de que ésta fuese transmitida a los hijos introdujo la monogamia (la primera forma de familia que no se basaba en condiciones naturales sino económicas), donde en seguida ocurriría la “gran revolución” que cambió los derechos compartidos e implantó el status de poder que el hombre varón ostenta hasta hoy. Según estos estudios, la familia debe progresar con la sociedad y cambiar en la medida en que ésta no lo haga. El Estado en seguida introduce su poder en la vida familiar y doméstica alterando los derechos de los parientes y estableciendo leyes de conducta familiar. Así se implanta el estatus de dominación del varón sobre la familia de carácter inminentemente romano, donde el pater familias era dueño de esta institución social: un
tránsito de la sociedad del derecho materno al derecho paterno y la definitiva sumisión de la sociedad a los valores patriarcales. Sin embargo, muchas/os estudiosas/os de la cuestiones feministas, como apunta Celeya (1999), dudan de la existencia del matriarcado en algún momento de la historia. De hecho, las evidencias de culturas en que las mujeres ejercían algún tipo de poder o derecho prevaleciente no beneficia en absoluto “al movimiento de liberación de la mujer, sino que redunda una vez más en la idea de la necesidad e inevitabilidad del cambio de los valores femeninos por los masculinos, del acatamiento del sistema patriarcal y el abandono de una postura antinatural por propia voluntad” (p. 10). Las cuestiones no fueron resueltas, la sociedad evoluciona y el poder todavía sigue siendo la gran señal de las relaciones sociales. No obstante, las cuestiones de género siguen siendo polémicas y ese tampoco es un tema suficientemente debatido con el merecido énfasis por la psicología social. El término género, como afirma Narotzky (1995), determina un enfoque social desarrollado por influencia de las ciencias sociales anglosajonas y del feminismo. “Es una construcción social y cultural que no se articula a partir de definiciones normativas de lo masculino y lo femenino que crean identidades subjetivas y relaciones de poder tanto entre hombres y mujeres como en la sociedad en su conjunto” (p. 89). Fue cuñado primeramente en los años setenta, por el feminismo académico anglosajón con la pretensión de diferenciar las construcciones sociales y culturales de la biología. Los estudios de Lamas (1999) nos aportan un recorrido de la construcción de esa categoría social, que además de un objetivo científico, poseía un claro objetivo político: “distinguir que las características humanas consideradas ‘femeninas’ eran adquiridas por las mujeres mediante un complejo proceso individual y social, en vez de derivarse ‘naturalmente’ de su sexo” (p. 147). En la actualidad, el término género, aunque muy ampliamente utilizado, no posee un significado claro y compartido en todos los ámbitos sociales. Como enfatiza otra vez Lamas: “Cada vez se habla más de la perspectiva de género; sin embargo, al analizar dicha perspectiva se constata que género se usa básicamente como sinónimo de sexo: la variable de género, y el factor género, son nada menos que las mujeres” (p. 148).
De hecho, incluir a las mujeres en esa categoría sin nombrarlas no facilita un modo de decodificar el significado que las culturas otorgan a la diferencia de sexos y tampoco la comprensión de las complejas conexiones entre las varias formas de interacción humana. Las diferencias biológicas no proporcionan una base universal para la elaboración de definiciones sociales. Comprendemos así que el concepto mujer no puede construir una categoría analítica universal de investigación, por eso mismo no pueden existir connotaciones analíticas en expresiones tales como “situación de la mujer”, “subordinación de la mujer” o “hegemonía del hombre” cuando se aplican universalmente. En ese trabajo nos centraremos en el concepto de mujer como actriz social, como una persona que experimenta, que actúa sobre la construcción del mundo y su influencia en la vida social, comprendiendo así la variedad de la noción de individuo y de persona de una cultura a otra al igual que ocurre con las de mujer y hombre. Según la definición de Stolcke, género son “aquellas categorizaciones de personas, de artefactos, acontecimientos, secuencias, etc. que se inspiran en imágenes sexuales sobre los modos en que las distinciones entre características masculinas y femeninas configuran las ideas de personas concretas sobre la naturaleza de relaciones sociales” (2004, p. 88). De esta forma en otro artículo, la autora defiende que la teoría de género puede conducir a una política de género nueva y subversiva tan solo si presta atención a las formas de poder y dominación, comprendiendo así el género también como una perspectiva relacional, “un proyecto político que exige la superación de todas formas de desigualdad social” (1992, p. 90). Lo que queda claro con las definiciones de Stolcke (2004; 1992) es que los estudios de las diferencias y de las desigualdades de género parecen liberarse de sus referentes biológicos al asumir que no todas las culturas representan de la misma forma la diferencia entre los sexos ni le atribuyen la misma importancia social. Esto es supuesto en el caso de las diferentes entrevistadas. Asimismo el concepto de género en la academia, desde donde se argumenta su origen, revela un término sintético que hace referencias a la construcción social de las relaciones entre mujeres y hombres, cuyo significado y significaciones políticas no están siempre claros.
De hecho, las relaciones de género se han visto transformadas por el sucesivo impacto de la occidentalización, de la colonización y del capitalismo internacional. Como otra vez lo arguye Moore (1999), el modelo naturaleza/cultura y mujer/hombre da por supuesta una unidad cultural que no está justificada, y excluye la posibilidad de que grupos sociales distintos perciban y experimenten las cosas de distinta manera. Como elemento alternativo de análisis es imposible dejar fuera de esta discusión a la filósofa Judith Butler con quien se suele relacionar la subversión del imperativo del cuerpo sexuado biológico aboliendo la categoría de género. Aludimos a la teoría queer 2 como una política deconstructivista que traduce esa indefinición argumentando que las distintas identidades sexuales son productos históricos y sociales, en lugar de naturales e intrapsíquicos y que las identidades fijas son tanto la base de la opresión como del poder político. Como lo apunta Gamson (1995): “el género es una asignación social (…) el sexo opuesto es ninguno” (p.159). Uno de los méritos de la teoría queer que se puede encontrar en su libro Gender Trouble, publicado en 1990, fue hacer la deconstrucción del concepto de género en el cual esta basada toda teoría feminista. El problema que la autora ha apuntado fue la inexistencia de este sujeto que el feminismo intenta representar, sacando de la noción de género la idea de que ese devenía del sexo para discutir de ahí la condición discursiva y cultural del sexo, así como se suele situar el género. Por lo tanto, lo que define el género es la acción simbólica colectiva y discursiva. La cultura marca a los seres humanos con el género y éste marca la percepción de todo lo demás: lo social, lo político, lo religioso, lo cotidiano. Según la autora podemos adoptar un género y mantenerlo o alterarlo. No son categorías fijas. Incluso un género fijo tiene que ir fijándose día a día, nunca queda fijo definitivamente, constantemente se rehace y se restablece en el modo que sea. Como lo esclarece Moure (2012): “hay tantos géneros como individuos y ni siquiera cada sujeto debe permanecer instalado en estas celdas toda la vida. Las personas cambian” (p. 19). 2 Queer significa, traducido del inglés, “raro”. Surge como un movimiento en los EEUU de los 90 poniendo en cuestión la distinción clásica entre género y sexo y la división del mundo entre hombre y mujer. Como teoría plantea una posición crítica con respecto a los efectos normativos de toda formación identitária, no sólo el sexual sino también las referidas a la raza o a la clase. Fuera de las leyes de género, intentan desmantelar la supuesta naturalidad y coherencia de las categorías sexo-género y sexualidad con las estrategias de preformación. Leer más : Butler, 2001, 2002 y Gamson, 1995.
Además, las diferencias sociales se construyen como productos históricos que distintos grupos configuran al relacionarse para acceder a todo aquello que consideran recursos necesarios. Y el género, en su diversidad cultural y social, no es sino una de las formas más recurrentes de creación de diferencias, que en su interrelación con otras construye el sistema de desigualdades en una sociedad. Así, lo que Butler (2003) argumentaba era que el género era inconstante y contextual, que no denotaba un ser sustantivo, pero, por ser una estilización repetida del cuerpo, que se cristalizaba en el tiempo, producía la apariencia de una sustancia, de una clase natural de ser. A partir de esta lógica de poder y de dominación, lo define: “un punto de relativa convergencia entre conjuntos específicos de relaciones, cultural e históricamente convergentes” (2003, p. 29). Ante esas circunstancias, no hay posibilidad de un acceso a “lo natural” como si lo natural fuera algo originario e independiente de concepciones culturales, de esto que damos en llamar “naturaleza”, aclara Butler, sino que sexo/género es ya una suerte de modelo donde ya estamos construidos de una manera determinada. Butler así, da un valioso paso teórico y político hacia adelante partiendo de una estrategia performativa de desestabilizar el sexo, el género y la sexualidad al insistir en que se tratan de fenómenos contestables, dinámicos y hasta subversivos que no deben ni pueden ser confinados al dualismo sexual biológico sino que deben ser rescatados de la regulación heterosexual normativa para ser reconocidos. Pero dentro de ese reconocido giro de estrategia de análisis, se suelen marcarse algunas críticas a su teoría. Una de ellas se refiere al alcance de su propuesta, puesto que no hay un programa de liberación universal, válida para todas las mujeres. Porque para algunas, esa subversión del cuerpo no tendría en absoluto un sentido de liberación sino que constituiría más bien el reforzamiento del status quo. Ahí está un buen motivo para el cuidado de los análisis del cuerpo como materialidad, reconociendo la importancia de la tendencia a las investigaciones destinadas a sacar la luz, y valorar, los saberes y las prácticas. Todavía siguiendo con las críticas, Maquieira (2001) afirma que en Butler, el género es producido discursivamente desde prácticas de exclusión y por consiguiente la lucha contra el género requiere la inclusión de todos los discursos posibles sobre el sexo, las prácticas sexuales y las identidades sexuales, pero que a la vez no permite esa libertad de todo, puesto que la mayoría de las personas no encuentran asignaciones de género ni fluidas, ni abiertas a la libre elección.
A pesar de los significativos cambios conceptuales y prácticos que la sexualidad femenina obtuvo a lo largo de los siglos, esta autora afirma que todavía no se ha cambiado la posición subordinada de las mujeres, ni su sexualidad fue contemplada como fruto de la autonomía y la elección personal. Así lo comprende Maquieira: “La imposición del deseo femenino como dependiente de la sexualidad masculina es inmutable por parte de la heterosexualidad obligatoria” (ídem, p. 182). Aun así, la sexualidad está implicada en distintos sistemas de dominación, permeables entre sí, como la clase, el género y la raza. Eso deviene también de las formas dominantes del pensamiento científico que no son solamente androcéntricas, son también racistas y clasistas. Estos tres elementos perméanse ideológicamente en la tendencia a naturalizar las desigualdades socioeconómicas. Afirma Stolcke (1999) que “justo cuando se dejó de hablar de raza para hablar de etnicidad, se sustituyó también, en la misma época, las interpretaciones biologicistas y esencialistas de las diferencias de sexo por un enfoque de género” (1999, p. 96). La pregunta clave planteada por la autora no se circunscribe a cómo se relacionan el sexo con el género y la sexualidad, sino en qué circunstancias históricas y en qué sentido las diferencias de sexo engendran desigualdades de valor y poder entre los seres humanos. Aunque la sexualidad, como toda actividad humana esté enraizada en el cuerpo, la estructura corporal, la fisiología y el funcionamiento no determinan directamente la configuración o el significado de la sexualidad, ya que la simbolización social envuelve mucho más a menudo de valoraciones positivas o negativas a los cuerpos y a las prácticas sexuales. A partir de estos planteamientos, desde la antropología del cuerpo se propone que el reto estaría en dotar diferentes significados al cuerpo y la biología, “lo que hay que cambiar son las actitudes, las creencias, los valores, más que el cuerpo” (Esteban, 2004, p. 33). En suma, asumimos la cuestión del cuerpo como origen e instrumento de las relaciones sociales con sus distintas formas de comunicación, y a partir del cual se propone formas creativas de resistencia. Es precisamente la pervivencia de la lógica de funcionamiento de ese viejo orden, que tanto sufrimiento ha generado, y que ha contribuido a la formación de
nuestro mundo, lo que es preciso transformar dentro y fuera de nosotros/as mismos/as para abrir espacios a nuevas experiencias de libertad, tanto del habla cuanto del cuerpo. Con eso, se hace sumamente necesario oponerse a la lógica del patriarcado y a su construcción negativa de la feminidad y del cuerpo femenino, pero también de los cuerpos en general, a través de un control y de una estrategia de utilización del discurso a favor de los cuerpos en expresión, en materialidad, en plena escritura de la vida, y de las formas de resistencia que eso encarna. && $%(!2$34 #$%567 Dentro de los estudios feministas no fue hasta los 70 donde el cuerpo se convirtió en un espacio de lucha política. Más adelante, se ha intentado buscar respuestas a las incógnitas de la diferencia, sobre lo masculino y lo femenino, el cuerpo sexuado y la dicotomía sexo/género, cuestionada por los estudios queer ya comentados anteriormente. El cuerpo es un nudo de estructura y acción, de experiencia y economía política. De este modo, todo avance feminista, todo “empoderamiento” implica siempre una experiencia del cuerpo visto y vivido. A partir de eso podemos afirmar que sin cuerpo no hay sexo, o por decirlo de otra manera, sin la existencia de un cuerpo físico no se puede observar el sexo biológico (visible) de las personas, que es a partir del cual se justifica el género en primer lugar y que más tarde deviene en una categoría social imperante y reguladora en nuestra sociedad. Sabemos que el discurso operacionaliza el poder, y como Foucault una vez lo ha cuestionado: “¿el análisis de la sexualidad como “dispositivo político” implica necesariamente la elisión del cuerpo, de lo anatómico, de lo biológico, de lo funcional?” (1976, p. 184). Y lo contesta negativamente argumentando que los dispositivos de poder se articulan directamente con el cuerpo, en sus cuerpos, procesos fisiológicos, funciones, placeres y sensaciones.
El cuerpo está imbricado en diversos dispositivos y conceptos, está en el cruce de las imposiciones mediáticas y tecnológicas, siguiendo el imperativo de las industrias alimenticias, cosméticas y farmacológicas moldeado a los micropoderes vigentes. Precisamente focalizamos aquí el concepto de biopoder de Foucault (1976, p. 168), que desde la administración de los cuerpos y gestión cuidadosa de la vida, trajo dentro de las instituciones un elemento indispensable en el desarrollo del capitalismo. Como afirma el filósofo, la articulación de ese “poder sobre la vida” no se realizará en el nivel de un discurso especulativo sino en la forma de arreglos concretos que constituirán la gran tecnología del poder en el sig. XIX, apuntando así que por primera vez en la historia lo biológico se reflejaría en lo político. Dentro de la misma línea de pensamiento, las disciplinas del cuerpo y las regulaciones de la población constituyen los dos polos alrededor de los cuales se desarrolló la organización del biopoder caracterizada por un poder cuya función “no es matar sino invadir la vida enteramente” (Foucault, 1976, p. 169). El ordenamiento y la regulación de la sexualidad se vuelven así necesarios tanto para la salud del cuerpo individual, como de la población. Todo el poder se expresaba en el significado de la administración de los cuerpos y gestión cuidadosa de la vida, surgiendo desde el acceso a la vida del cuerpo y a la vida de la especie. De este modo, en ese juego político el sexo adquiere gran importancia. Nosotros/as vivimos en una sociedad del sexo, de la sexualidad, donde los mecanismos de poder se dirigen al cuerpo, a la vida, a lo que la hace proliferar, a lo que refuerza la especie. Están aquí incluidos salud, progenitura, raza, porvenir de la especie y vitalidad del cuerpo social. Ahora bien, según Lamas (apud Maquieira 2001, p. 177): “el cuerpo es la primera evidencia incontrovertible de la diferencia humana”. Las normas y las prácticas sociales a través de las cuales se construyen las relaciones de género constituyen una interpretación selectiva de los datos de la naturaleza y por tanto del cuerpo humano, en su visible materialidad. El cuerpo y sus acciones, son entendidos así de acuerdo a los códigos de significado prevalecientes en una sociedad y culturas concretas. A partir de la institucionalización de las diferencias de género, se privilegia entre toda una gama posible de atributos corporales sólo aquellos que son necesarios para un sistema de reproducción humana específica y con base sexual.
Ante esta evidencia, el cuerpo femenino es regulado y controlado a través de prácticas y discursos específicos –régimen disciplinario de la feminidad, pero es necesario también resaltar que estas técnicas disciplinarias no solamente han actuado sobre el cuerpo de las mujeres, sino también y necesariamente están vinculadas con la regulación del cuerpo masculino y con procesos sociales de carácter más amplio. Así dicho, esclarecemos que no se trata de contribuir con el carácter misógino de los estudios del cuerpo de la mujer, sino de desenmascarar precisamente su esencia definidora y limitadora, abriendo espacio para un análisis del cuerpo como un instrumento de resistencia afirmativa, habla, acción y situación. En ese debate, cuestionamos además la existencia del cuerpo materia, previo al discurso. Ya que desde su visión dualista profundizada y solidificada que relaciona mente/cuerpo, este enfoque posee una tradición filosófica sustentada por relaciones de subordinación y jerarquías políticas y psíquicas y que invariablemente mantienen las jerarquías hegemónicas de género. Como afirma Esteban, “en esa visión dividida del ser humano, el cuerpo se presenta en una consistencia que nos permite transformarlo, abrirlo, trocearlo, descuartizarlo” (1996, p. 26). Tras ese debate por “una materialidad previa” es preciso tener en cuenta que nuestros argumentos se basan en una concepción de un cuerpo atravesado por la cultura, no pre-cultural o natural esperando el arreglo de la cultura. Así puesto, se hace inevitable poner en sus términos esa materialidad del cuerpo, encarnarlo, así como sus distintos lenguajes. Por eso mismo, las diferentes experiencias del cuerpo lo definen de una determinada manera o de otra así como las propias definiciones y conceptualizaciones que tiene el cuerpo son consecuencias de las distintas maneras de cómo se lo experimenta, o cómo “lo escuchamos”. En la investigación de campo, diversas impresiones fueron generadas en el contacto con las formas y las maneras de contar su vida y de vivirlas que experimentamos con el acercamiento prolongado con las mujeres las comunidades estudiada. Elegir la metodología de vivir dentro del cotidiano de estas mujeres nos dejaba cerca de su corporeidad más original, de aquellos dibujos que enseñamos con el cuerpo al estar diariamente en persona, situado/a en cada contexto. El cuerpo también instala la persona en la relación con la otra y con el entorno. Nuestra presencia, que es un elemento decisivo de la presentación de nuestra identidad, es también un rasgo esencial de la subjetividad de nuestro cuerpo. De modo que estos
rasgos subjetivos y materiales eran repetidos y registrados en la situación más íntima de las entrevistas. Entonces, dentro de esa perspectiva más integral del ser humano, comprendemos que la intencionalidad y su capacidad de creación le otorgan la categoría de sujeto de la experiencia, sentimental y física a la vez, entendido el sujeto dentro de una confluencia de subjetividad y corporalidad. Puesto en otros términos, no se trata de que el cuerpo no sea material, o de negar la materia del cuerpo en pos de un constructivismo radical, simplemente se trata de insistir en que no hay acceso directo a esta materialidad del cuerpo si no es a través de un imaginario social: no se puede acceder a la “verdad” o a la “materia” del cuerpo sino a través de los discursos, las prácticas y las normas. Teniendo en cuenta que el cuerpo es una materia que se aprehende con la razón que lo organiza, la materia (cuerpo) existe, pues es un artefacto, pero no se concibe sin las normas lingüísticas, sociales. Es real, pero accedemos a ella a través de artificios (como el género) y sin embargo las normas de género se hacen en el cuerpo. Siguiendo una vez más los argumentos de Butler en su libro Bodies that matter (1993), el yo es el cuerpo, es una materialidad organizada intencionalmente, un modo concreto de encarnación, y en lo que se encarnan diferentes posibilidades históricas. El cuerpo es una situación histórica, una manera de hacer, de dramatizar, de reproducir situaciones históricas. En definitiva el cuerpo es inducido a convertirse en un signo cultural. El cuerpo por lo tanto construye la realidad, es actividad, interpretación, inscripción, pero él también inscribe, a través de los actos del habla (que parte de ellos son corporales, físicos) la realidad. Así, el habla es un acto con dimensión corporal. El lenguaje y el cuerpo poseen un vínculo íntimo y problemático que reclama seguir siendo pensado. La cuestión planteada aquí es ¿cómo escuchar también el cuerpo, reconociendo a la vez su corporeidad, su materialidad que por una parte está fuera del discurso (nace, muere, envejece y enferma, produce vida), pero que no puede entenderse sin el discurso? Acentuamos así, una relación muy estrecha entre cuerpo y lenguaje que rompe con la noción de representación. El habla es tratada aquí como una acción cuya peculiaridad es su dimensión corporal. No se puede decir sin que el cuerpo no interfiera, esta es su condición intrínseca.
Dentro de estos saberes interrelacionados, trabamos diálogos con especialistas de la comunicación (Knapp, 1982 y Davis, 1985), que confirman a partir de estudios de la comunicación no verbal, que éstos se hallan inextricablemente unidos a los aspectos verbales y contextuales de la comunicación. O sea, la comunicación no verbal no podría ser estudiada aislada del proceso total de la comunicación. Como afirma Knapp: “Lo mismo que las palabras y las frases, las señales no verbales pueden tener múltiples usos y múltiplos significados (…) El comportamiento no verbal puede repetir, contradecir, sustituir, complementar, acentuar o regular el comportamiento verbal” (p. 27). Estos aspectos corporales poseen un lenguaje aprehensible en la interacción a través de una escucha sensibilizada, colaborando con la idea de que los gestos no se producen al azar durante la corriente del habla, y a través de una percepción aprendida del uso de la intuición todos tenemos la capacidad de descifrar hasta cierto punto estos lenguajes no verbales. La parte visible de un mensaje es por lo menos tan importante como la audible. Así lo resume Davis: La comunicación no verbal por lo tanto, es más que un simple sistema de señales emocionales y que en realidad no puede separarse de la comunicación verbal. Ambas están estrechamente vinculadas entre sí, ya que cuando dos seres humanos se encuentran cara a cara se comunican simultáneamente a muchos niveles, conscientes e inconscientes, y emplean para ello la mayoría de los sentidos: la vista, el oído, el tacto el olfato. Y luego integran todas estas sensaciones mediante un sistema de descodificación, que algunas veces llamamos “el sexto sentido”, la intuición (p. 16). Estos autores concuerdan en el hecho de que los seres humanos dan muestras de una pauta de actos sincrónicos del cuerpo/habla y son estos los que no podemos dejar de fuera en el análisis de la construcción identitaria de nuestras entrevistadas. De esta forma exponemos dos maneras de conceptuar esa carga material y subjetiva que posee el cuerpo en su relación con el habla: el lenguaje del cuerpo en sus múltiples sentidos de interpretación, estudiados dentro de los aspectos psicológicos, y también la condición corporal del habla, que llamaremos aquí el acto de habla. Estudiada por la teoría queer en distintas ocasiones, el acto de habla del cuerpo realiza una acción doble: la acción de la enunciación de lo dicho por el cuerpo. Lo que bien resume esa dimensión corporal del habla revela la autora Burgos, investigadora de las cuestiones queer (2008):
En esa habla que es del cuerpo, el acto de habla no alcanza a conocer por completo aquello que produce mediante su habla; el acto de habla no es, por tanto, capaz de ejercer sobre su intencionalidad un dominio y un control como la mayoría de las veces pretende. El cuerpo del hablante significa no solo lo que dice su habla. Estos aspectos ciegos, desconocidos, del cuerpo, del habla del cuerpo, señalan el límite de la intencionalidad de un acto de habla que dice más o que dice menos, o en forma distinta, de lo que se propone decir (p. 286). A partir de ahí, podemos argumentar que la materialidad está insertada en lo discursivo. Tal como la lengua, el cuerpo generizado sería un legado de actos y de discursos que se van sedimentando y no una estructura determinada. Sin embargo, el cuerpo no puede ser simplemente un producto de una construcción (aquí encontramos el limite constructivista), hay una materialidad previa, un cuerpo previo, que solo es accesible a través del lenguaje, o sea, desde su vinculación compleja entre el cuerpo y el lenguaje se da la capacidad de inscribirse, de escribir y de ser escuchado. O sea, los discursos habitan los cuerpos, se acomodan en ellos, y ya que el lenguaje es el dominio de lo que es propio, y de lo impropio también, del inteligible y de lo ininteligible, de lo que se nombra y de lo que no se nombra, el cuerpo puede ser lo que una persona quiere expresar. En todas las entrevistadas, en todas as comunidades y culturas contactadas, el cuerpo de la mujer reclama todavía libertad y lo hace con distintos lenguajes. Un cuerpo cuando habla, inscribe biológicamente, y biográficamente su acto, su performance en lo social. Precisamente lo que queda claro es que el cuerpo es condición y vehículo del habla. Por lo tanto el acto desmonta la oposición entre el material y el lingüístico ya que expone su imbricación e interdependencia. A partir de ese encuentro entre lo material y lo lingüístico, el cuerpo puede a través de agenciamientos, de su capacidad de acción, de su vivencia, o mismo en el propio acto de habla producir resistencia, producir biografías, producir sí mismos, producir libertad. Colaborando con esa idea, Esteban (2004) también resalta la importancia del cuerpo como materia, como experiencia dentro del análisis social. En sus estudios destaca la constante atención para no dejar el cuerpo, la materialidad carnal, fuera de la reflexión científica. Esta autora lo considera histórico, no biológicamente dado, sino constituyente en el orden del deseo, de la significación, de lo simbólico, del poder. Aquí proponemos,
consecuentemente, el lugar de resistencia asignado al cuerpo anclado en esta historia, en su historia, desde una perspectiva de experiencia integral del mundo. El cuerpo que somos esta efectivamente regulado, controlado, normativizado, condicionado por un sistema de género diferenciador y discriminador especialmente para las mujeres, por unas instituciones concretas a gran escala. Pero, como afirma la autora, “esta materialidad corporal es lo que somos, el cuerpo que tenemos, y puede ser un agente perfecto en la confrontación, en la contestación, en la resistencia y en la reformulación de nuevas relaciones de género” (Esteban, 2004, p. 40). El cuerpo/habla, que carga su propia inscripción simbólica, lingüística, material, puede escribir en lo real, con su cuerpo mismo, como en una danza, como un cuento. Acciones de la escritura del cuerpo, significantes que producen sonido, reacciones, otros actos de habla. Y esos podrían ser libres, condicionados solamente por sus mismos cuerpos. Es esta experiencia de resistencia que intentamos encontrar en el análisis de las entrevistas y a través del propio proceso de realizarlas. La resistencia como creación de uno/a mismo/a puede ser libertadora. &, !#( 7 Se trate de resistencia o de libertad, estos conceptos mantienen una estrecha relación con el poder. Siguiendo con los estudios Foucault (2005) sobre el poder precisamente, nos atrevemos a intentar relacionar estos dos conceptos con el tema del cuerpo de la mujer y su habla. En este trabajo, proponemos que las historias de vida contadas por estas mujeres están inscritas en sus cuerpos, y que debida a todas sus prácticas de sumisión no pueden ser libres hasta que no sean revelados, contados, relatados, reinventados, tal como sus historias. Recorriendo distintos paisajes, nos deparamos con mujeres con trajes típicos de su cultura, de su condición social y de su situación actual. Ellas nos enseñan como un bosquejo, una pintura, una escena, lo que son, lo que fueron y lo que les gustaría ser.
Sus formas fuertes o flacas, sus manos pesadas o ágiles son parte de esta historia de resistencia, contada suavemente entre una tarea y otra para otro cuerpo, oyente, admirado, aprendiz. Resistencia es un concepto que genera una multiplicidad de sentidos. Los discursos que pretenden perpetuar el estado actual de las cosas, niegan la posibilidad de la resistencia. La resistencia tratada aquí sigue el planteamiento que sugiere Foucault, las cuales serían justamente las luchas contra los privilegios del saber, contra el control de las expresiones y de la forma de acceder al saber. Pero que se oponen también a la deformación y a todo lo que pueda haber de mistificador en las representaciones que se imponen a las personas. De este modo comprendemos como resistencias todo lo que se expresa contra las diversas formas de subjetivización que nos vienen impuestas, contra las formas de sometimiento cotidiano, contra la sumisión de la subjetividad, y que tratan de enfrentarse a técnicas particulares del ejercicio del poder que se aplican a la vida diaria. De esta manera se entiende la resistencia como una forma propia de poder o de limitación del poder dominante. Para el pensador francés la resistencia es creativa, productiva y anterior al poder. Díaz (2006) así también lo concibe cuando afirma que la resistencia es co-extensiva al poder y es rigurosamente contemporánea. No es la imagen invertida del poder, pero es, como el poder, “tan inventiva, tan móvil, tan productiva como él. Es preciso que como el poder se organice, se coagule y se cimiente. Que vaya de abajo arriba, como él, y se distribuya estratégicamente” (2006, p. 117). Así, en el momento mismo en el que se da una relación de poder existe la posibilidad de resistencia. Según Foucault (2005), no estamos atrapados por el poder, siempre es posible modificar su dominio en condiciones determinadas y según una estrategia precisa, el poder no es una propiedad, ni una cosa, por lo cual no se puede aprehender ni conquistar. Los seres humanos estamos atrapados en relaciones de poder de una gran complejidad y especialmente para ello, no hay ningún instrumento de lucha definido. Sin embargo, la resistencia es seguramente uno de ellos. Como ya hemos señalado, no es sólo en términos de negación como se debe conceptualizar la resistencia, sino como un proceso de creación y de transformación.
La resistencia, como un proceso de creación y de transformación permanente, desempeña en las relaciones de poder el papel de adversario, de blanco, de apoyo, ya que los puntos de resistencia están presentes en todas partes dentro de la red de poder. De esta forma, como respuesta al ejercicio de poder sobre el cuerpo, exactamente sobre las afecciones, los afectos, las acciones, la resistencia aparece en distintos puntos del entramado social como fuerza que puede combatir al poder que intenta dominarla. En este caso, cuando se trata de los cuerpos dóciles, un cuerpo que puede ser sometido, que puede ser utilizado, que puede ser trasformado y perfeccionado, Foucault argumenta que ya en la era clásica “no es la primera vez que el cuerpo constituye el objeto de intereses tan imperiosos y tan apremiantes; en toda sociedad, el cuerpo queda prendido en el interior de poderes muy ceñidos, que le imponen coacciones, interdicciones u obligaciones” (2005, p. 140). El control después del renacimiento se ha ejercido a su vez en la economía, en la eficacia de los movimientos, su organización interna, la coacción sobre las fuerzas, donde la única ceremonia que realmente importaba era sobre el ejercicio. A estos métodos que permiten el control minucioso de las operaciones del cuerpo, que garantizan la sujeción constante de sus fuerzas y les imponen una relación de docilidadutilidad, es a lo que se puede llamar las "disciplinas". Así, el ejercicio del poder y la resistencia son indisolubles. Y nuevamente se trata del control sobre la vida, extendido a los cuerpos (el biopoder), la nueva tecnología de poder que se aplica sobre la mujer y el hombre hasta hoy. Todo lo que abarca a los seres humanos como especie es objeto de un nuevo saber, de una regulación, de un control científico destinado a hacer vivir. Como bien lo resume Díaz (2006, p. 116): (…) con el biopoder hay una consecuencia, y es una progresiva descalificación de la muerte, cada vez hay menos derecho a hacer morir, y más a hacer vivir. En el momento en que el poder es cada vez más el derecho a intervenir sobre la manera de vivir, la muerte es el final del poder, es exterior. Sobre la muerte el biopoder no tiene nada que hacer, él domina sobre la mortalidad, es decir sobre la gestión de la vida y la mayor o menor probabilidad de que se muera, pero no sobre la muerte misma, por ello la muerte se delega a lo más privado. Así, la última palabra del poder es que la resistencia es anterior, en la medida que las relaciones tienden a preservar los estados de dominación. Mientras que las
de una concesión sino es un movimiento y una serie de procesos” (Montero apud Burton, 2004, p. 4). Con estas influencias, enfocamos en nuestro estudio la necesidad de demarcar una psicología social orientada a la acción, considerando que ésta disciplina es capaz de analizar su propio discurso, concibiéndolo a partir de una posición crítica. En este sentido, nos fijaremos en los últimos desarrollos hacia ópticas interesadas en las condiciones de producción de un discurso social activo, o sea, buscamos los productos que surgen de la relación entre los hablantes y los oyentes (sean éstos científicos o no). En realidad, comprendemos que ese espacio de interacción está forzosamente marcado por un análisis contextual histórico y sociocultural que condiciona inevitablemente el comportamiento lingüístico y discursivo. Si bien es cierto que la perspectiva del análisis del discurso no tiene un papel predominante en la psicología social actual, no es menos cierto que ha evolucionado considerablemente en los últimos treinta años, especialmente en el contexto británico 4 con repercusión en el contexto latinoamericano 5 . Su aparición no sólo ha supuesto una nueva forma de acercarse al objeto de estudio de nuestra disciplina, sino también un profundo cuestionamiento epistemológico y metodológico de la misma. De hecho, estudios realizados en esta dirección apuntan que se ha generado en la psicología social un desplazamiento conocido como el giro lingüístico de las ciencias sociales hace ya algunas décadas. También llamado giro discursivo, esta nueva estrategia teórica y metodológica se interesaba al estudio de las formas de uso de la lengua, de las conversaciones y de los textos en su uso cotidiano, usual de estas prácticas Desde esa perspectiva, se puede afirmar que el sujeto postmoderno requiere el lenguaje y a la vez el lenguaje lo necesita para hacer funcionar esquemas de comportamientos y de visiones humanas. Llama la atención el enfoque puesto en la necesidad de mostrar las condiciones sociales que generan las prácticas discursivas, así como las necesidades y estrategias 4 Para saber más sobre el colectivo de la Universidade de Loughborough: ver Billig, 1987; Potter y Wetherell, 1987; y Edwards, 2003). 5 Dentro de las investigaciones brasileñas, destacamos Spink, M. J (2000).
que las posibilitan, desenmascarando el carácter esencial o naturalizado de las mismas (Iñiguez, 2003; Cabruja, et al., 2000; Billig, 1987). Según Iñiguez, este momento ha abierto la posibilidad de ver la acción científica como una práctica social equivalente a cualquier otro tipo de acción social, dotando la ciencia social de un basamento epistemológico de tipo no-representacionista, o sea: “opone el lenguaje cotidiano (es decir, lo que nosotros/as decimos cuando hablamos) al lenguaje científico especializado y formal, suscitando el interrogante sobre si hay o no hay que elaborar un lenguaje propio que sea capaz de explicar cómo es el mundo” (Iñiguez, 2003, p. 47). Dicho de otra manera, el lenguaje ya no sirve simplemente como representación de una acción, pasa a ser su co-creador. Y aún es más, el lenguaje cotidiano es invitado para explicar el mundo y la vida real. Así, la teoría de los actos de habla acaba con la visión representacional del lenguaje instituyendo en el habla una acción equivalente a cualquier otra y por lo tanto, regulada del mismo modo que están reguladas todas las acciones de los individuos. El construccionismo social de Gergen (Gergen y Shotter, 1989), actualizado con ese acercamiento distinto a la construcción de subjetividad pretende analizar el conocimiento a través de prácticas discursivas y afirma que éste está impregnado de la subjetividad de quien conoce y es definido así por los límites de sus prácticas interpretativas. Basándose en el neopragmatismo de Rorty, afirma que no hay ninguna forma privilegiada de acceso a la realidad. Con una concepción antirepresentacionista y antimentalista construye una meta-teoría y una teoría social sobre las formas que los individuos históricamente situados interpretan la realidad, se relacionan y construyen el mundo en que viven. Nos invita a pensar sobre nuestras prácticas sociales, abriendo un debate necesario en la psicología social cuando nos instala en una duda metódica permanente, al desnaturalizar procesos que claramente se revelan como construcciones históricas y culturales. Asimismo nos aclara que las interpretaciones que hacemos de la vida psíquica responden a las preconcepciones que compartimos acerca de la naturaleza humana y no a los hechos como realidades externas. Son construcciones sociales que pueden ser
estudiadas para comprender su génesis y evolución. De hecho, el campo de investigación deja de ser el mundo interior o la vida psíquica y se convierte en la forma en que construimos nuestras realidades. Así, inspirándonos en los autores ya citados utilizamos en este trabajo las prácticas discursivas como herramienta de análisis dentro de la psicología social, identificando y deconstruyendo, o sea, dejando al descubierto los factores ideológicos y de poder que ejercen estrecha influencia sobre la forma adoptada por aquella. Nos gustaría señalar que, como Foucault (2003), mejor se habla de prácticas discursivas que de discursos. Este autor los concibe como roles históricos y anónimos, siempre determinados en el tiempo y espacio. El discurso es constitutivo de los procesos sociales y psicológicos, y es construido, definido y articulado a través del lenguaje. Es decir, no son representativos de grupos particulares o de sus intereses, pero sí, son vistos con una dinámica propia, por su organización macro social. De hecho, en este trabajo coincidimos plenamente con esta opinión, puntualizando los discursos investigados como prácticas discursivas, acción impregnada de lenguajes, habla impregnada de cuerpo. Otro psicólogo postmoderno defensor del realismo, J. Harré (Brockeimer y Harré 2003, Harré y Tissaw, 2005) pretende a través de la capacidad interpretativa que nos ofrece el lenguaje hacer explícito el sistema de reglas que regulan los actos de las personas en sus actividades cotidianas, denominando esta perspectiva de etogenética 6 . Este autor también considera que las acciones de las personas y lo que dicen acerca de sí mismas no deben de ser considerados como aspectos de procesos cognitivos internos, sino en relación al conjunto de reglas que guían la acción social. Además de contribuir a un debate dentro de la psicología social, con una apertura para un pluralismo teórico y metodológico, este autor nos aproxima a cuestiones significativas de la construcción social de comportamientos basados en conceptos lingüísticos aprendidos socioculturalmente. Y destacamos estas reflexiones porque el proceso de deconstrucción de las ideas asumidas sobre la concepción occidental del sujeto permite mostrar, entre otras cosas, 6 Etogenía supone la búsqueda del origen o de la génesis de las acciones humanas. (Alvaro y Garrido, 2003)
que las categorías lingüísticas de las que disponemos para referirnos a nosotros/as mismos/as, y que han sido consideradas como naturales, tales como hombre, mujer, sexo; son de hecho reguladoras en un determinado orden social, participando activamente en el gobierno de la subjetividad dominante, pudiendo ser reconstruidos o reinventados. De lo expuesto podemos decir que un análisis de las prácticas discursivas nos informa tanto de la construcción y reconstrucción de la estructura social como de la conformación de los sujetos. Así, estructura social y discurso quedan conectados de modo que los aspectos discursivos, lingüísticos y de significado se relacionen con los procesos de construcción y mantenimiento de la estructura social. Según los psicólogos del colectivo catalán que contribuyen a los estudios críticos del discurso en psicología (Iñiguez, 2003), destacamos la idea de que al igual que las oraciones no pueden aislarse de sus textos y contextos, el proceso del discurso en las mentes de quien utiliza el lenguaje tampoco puede ser aislado del uso del lenguaje real en contextos sociales por hablantes en sus comunidades sociales y culturales. En conclusión: “El lenguaje, el discurso y el conocimiento por lo tanto, son esencialmente sociales” (p. 12). Nos resulta muy sugerente que el análisis de un discurso particular no pueda más ser estrictamente un ejercicio académico, puesto que en sí mismo ya constituye una herramienta para la comprensión y para la transformación. En ese sentido subrayamos que el énfasis en lo social se da tanto en su versión microsocial como en su variante cultural más larga. De hecho, comprendemos que una psicología que no es capaz de contribuir a un análisis serio y crítico de la sociedad, dados los problemas sociales, políticos y económicos fundamentales en Latinoamérica y en el mundo en general, sería, en el mejor de los casos, irrelevante. De esta manera y de acuerdo con Martin-Baró (1998): (...) no sean los conceptos los que convoquen a la realidad, sino la realidad la que busque a los conceptos; que no sean las teorías que definan los problemas de nuestra situación sino que sean esos problemas los que reclamen y, por así decirlo, elijan su propia teorización. Se trata de cambiar nuestro tradicional idealismo metodológico en un realismo crítico (p. 314).
En este compartido proyecto de liberación, asumimos por tanto un compromiso con una ‘intención liberadora’, resaltando nuestro enfoque en esta investigación como también en prácticamente todos los encargos profesionales y académicos que hemos realizado en el área de la psicología, resaltando especialmente un trabajo anterior en comunidades brasileñas periferizadas, mientras nos movíamos por la psicología comunitaria (Brandão y Germano, 2009). Siguiendo con las aportaciones, Semin (1997), para juzgar la importancia y el papel central que la lengua tiene, cree necesario utilizar el lenguaje como una herramienta capaz de distanciarse críticamente de la dualidad creada por los niveles individual y social de análisis, característico de la psicología tradicional, aproximando también ese concepto a la psicología social emergente. Este autor investiga la estrategia del uso de herramientas para comunicar nuestras intenciones y nuestras metas en el discurso y como esa comunicación impacta a los demás. Afirma que a pesar de que el reconocimiento de la importancia del lenguaje para la psicología social fue relativamente temprano, la propuesta del estudio de las relaciones interpersonales en esta disciplina está intrínsecamente relacionada con el estudio del discurso. Comprende así tanto el lenguaje y su uso estratégico como la realidad social primordial donde todos los procesos de la psicología social toman lugar, son manifestados y manejados: “Es a través de palabras que abordamos la interacción social y será a través de un mejor entendimiento de las palabras y su uso que podremos empezar a apreciar el comportamiento social” (p. 294). Desde este enfoque, y para aportar más aliados a nuestras investigaciones dentro de este nuevo campo de la psicología social, los estudios de Potter y Wetherell (1987; 1992) presentan que el trabajo en el campo de la psicología está constituido a través del dominio social del discurso. Utilizando la psicología social como un instrumento de investigación cultural, estos autores la consideran apropiada para hacer una distinta y productiva contribución, tratando así el discurso social como práctica, posible de ser explorado, trazado y definido para la comprensión de la cultura y de la sociedad.
Es evidente que los discursos y las prácticas sociales son inseparables. Por lo tanto, tratar los hechos como realidades obvias es dejar de examinar el campo social del discurso como personal, subjetivo y, sobre todo, muy manipulado ideológicamente. Creemos así que el sentido de una palabra, de una expresión, de una proposición no existe en sí mismo, sino que es determinado por las posiciones ideológicas puestas en juego en el proceso en que las mismas son producidas o reproducidas. De este modo, para localizar a partir de ahí el conocimiento en la relación social, en los espacios intersubjetivos, con una continuada autorreflexión, deconstruyendo los temas, métodos y teorías asumidas tradicionalmente por la disciplina, este trabajo no pretende encontrar leyes universales a partir de sus análisis, sino circunscribir el conocimiento a unas determinadas condiciones psico-sociales de producción. Desde este enfoque y a parte de rechazar la inmutabilidad dentro de una investigación en psicología social, pretendemos abrir vías de comprensión de la dinámica del cambio y la improvisación de una multiplicidad de significados en un discurso (Bruner, 1994), así como desenmascarar los que son promovidos en un momento socio-histórico concreto con los ejercicios de dominación que se hacen posibles a través del estudio del lenguaje. Sin embargo, este énfasis en el discurso no equivale a suponer una realidad simplemente “discursiva”, sino que estos tienen un papel básico en su construcción y reclaman para los sujetos participantes un papel activo, mezclando y creando sus significados. Trataremos así, las narrativas de las mujeres entrevistadas como un tipo específico de discurso, con una función lingüística y social definida, puesto que ellas poseen el signo de una producción singular y constitutiva de significados interpersonales. Lo anteriormente comentado nos localiza dentro de las investigaciones sobre narrativas en los estudios socioculturales, donde se verifica que estas ocupan un lugar especial, no sólo como “objeto de investigación”, sino sobre todo como un abordaje teórico. Según Brockheimer y Harré (2003): “surgida de un perfeccionamiento del método científico pos-positivista y de la emergencia de un nuevo camino para los
nuevos paradigmas, las narrativas abren paso a un cambio discursivo y narrativo de la psicología” (p. 525). Muchos investigadores están preocupados con el lugar social y cultural de las narrativas. La confianza en la narración y en su potencialidad creadora y, eventualmente, en su capacidad como medio para mantenerla o modificarla es fundamental. Nuestra postura se aproxima de estos estudios que operan con una versión extendida de las críticas post-modernas o post-estructuralistas de las narrativas, formulando una investigación consciente de las posiciones sociales de éstas como discurso construido y de las problemáticas de la subjetividad y significado de las historias (Andrews et al., 2008). Nos acercamos a la perspectiva de la psicología discursiva, en el área del lenguaje y de la psicología social postmoderna, que promueve un análisis de la psicología tradicional, abriendo nuevos términos de estudios, y en este contexto como lo de las versiones que las personas producen de la realidad y de sus estados psicológicos al crear una narrativa sobre sí mismas. Así, siguiendo esa línea de pensamiento proponemos, cuestionamos la manera en que la mente y la realidad son constructores conceptuales de las personas, a través del lenguaje, en el curso de sus ejecuciones de tareas cotidianas, en el contexto sociocultural que atañe a ese estudio. Considerando pues la narrativa como un registro de una experiencia, analizaremos aquí las condiciones de producción y transmisión de esas experiencias, reflexionando sobre los actos de narrar también como una experiencia particular, creada y compartida con un/a interlocutor/a. Por lo tanto, tratar de buscar el verdadero significado de la palabra narrativa reduce la noción y le resta su capacidad de elemento de articulación y producción de sentido en los discursos. Creemos más acertado interrogarse por lo que las personas hacen, qué efectos tratan de producir al utilizar narraciones y qué papel desempeña la narrativa en sus relaciones (Cabruja, et al., 2000). De todos modos, el lenguaje es concebido como el primer contrato social, un mecanismo integrador de la sociedad, condicionado de la misma manera a otros procesos lingüísticos. Los fenómenos lingüísticos por lo tanto son fenómenos sociales.
El lenguaje es el medio por el que se expresan los pensamientos, y no es inocente, sino intencionado. Por lo tanto, histórica e ideológicamente es un artefacto de poder. Como bien lo analiza Rojo (2003): este poder generador de conocimiento de los discursos explica que éste se convierta en objetivo y objeto de controversia. Por ello existe una regulación y un orden social de los discursos que establece restricciones, de modo que se limite el acceso y la circulación de determinados discursos en determinados contextos (p. 191). Así, para facilitar el análisis de la construcción de los procesos sociales subjetivos, es importante tener en cuenta que la narrativa implica la existencia de instituciones envueltas en la producción y difusión de discursos específicos mismos, formales o no, legitimados por alguna posición enunciativa. La propia concepción del lenguaje científico por ejemplo, y nuestra acomodación a ello, como el más adecuado para dotar de inteligibilidad al mundo que nos rodea, es una idea recurrente que nos hace caer frecuentemente en un discurso especializado, capaz de crear un lenguaje que sólo es comprendido dentro del mundo científico. Sin embargo, el discurso científico como cualquier otro, depende de formas lingüísticas: Son las narraciones y los discursos lo que hacen aparecer como plausibles, verosímiles o verdaderos, enunciados que tienen su máxima fundamentación en una buena lógica argumental, un razonamiento coherente, unas creencias justificables o unos hechos construidos al hilo del relato o de una narración que incide sobre los resortes de lo que socialmente se considera un discurso objetivo (Cabruja, et al., 2000, p. 72) Es decir, considerar el lenguaje científico como un argot, como una estrategia exactamente, como las que usan un grupo popular específico, en un barrio, o en distintas comunidades, es lo que hace interesante la propuesta planteada con el giro lingüístico ya comentado. Aun así el lenguaje científico (entendido como diferente al popular) se presenta de esta manera como un obstáculo para describir e interpretar el mundo real, tanto por sus límites en su alcance como por la acción misma que representa. En todo caso, si todo discurso posee una dimensión argumentativa y persuasiva (Billig, 1987), examinar su poder retórico es también reconocer los aspectos establecidos y constituidos del mismo. A parte, según ese autor, hay objetos en la psicología –como el argumento de los individuosque sólo pueden ser analizados de
una manera cualitativa, apoyando así nuestra elección por este método, que profundizaremos en el próximo apartado. Por lo tanto, al dar énfasis al momento de producción y al acto de construcción de los discursos, no ignoramos la dimensión constitutiva de los procesos sociales y humanos, sino reconocemos en esa dimensión los vínculos que se estrechan por las relaciones interpersonales que traspasan el día a día de las personas. Potter y Wetherell (1987) expusieron los fundamentos de un tipo de trabajo que ofrecía un nuevo camino de conceptualizar los tópicos de la psicología social y un método alternativo de análisis hacia la hegemonía de experimentos y encuestas. En este caso, su posición metodológica enfatiza el examen de las relaciones y las creencias en el habla, tal como es usada por los participantes en una interacción cualquiera. Sin embargo, según Edwards (2003) no hay una distinción clara entre teoría, métodos y descubrimientos: “Los descubrimientos se producen por el método, perfilan la teoría y, a su vez, son perfilados por ésta” (p. 146). Según este mismo autor (2007, p.48) la subjetividad es parte de la vida social, relevante para el lenguaje y la interacción social. Comprende así que no hay lenguas privadas, poniendo relevancia en el contextual e intersubjetivo “bajo un activo manejo en el curso de las prácticas sociales en camino que son esencialmente, y necesariamente, performances públicas, recordables y analizables” (p. 48). De este modo, la psicología social discursiva estrecha el estudio de las prácticas generales de comunicación de las personas junto con la interacción, la argumentación y también la organización de esas prácticas en distintas situaciones sociales (Pinheiro, 1999). Investiga no sólo cómo las historias son estructuradas y los caminos que toman, sino también quién las produce y por cuál significado; los mecanismos por las cuales son consumidas; y finalmente cómo las narrativas son silenciadas, contestadas o aceptadas. Todas estas áreas de investigación nos puede ayudar a describir, entender y hasta explicar importantes aspectos del mundo social y del psíquico. Precisamente, la atención de la psicología discursiva cae sobre la construcción del conocimiento en el discurso, y en el caso de nuestro interés en autobiografías orales
este conocimiento recae sobre sí mismo/a. Así, el énfasis de este tipo de estudio está en hacer inteligible cómo se produce el conocimiento, cómo la realidad y cómo el propio proceso de conocer resulta legible, buscando las estrategias de la propia interpretación de la realidad. Las interacciones discursivas que instauran las relaciones por lo tanto, crean y adquieren sentido por su construcción de, y en una situación, que es donde se construye el significado, el sentido y su interpretación. En definitiva, el interés primordial de esta área de la psicología es de carácter epistemológico, puesto que se interesa sobre la naturaleza del conocimiento, la cognición y la realidad, cómo se describen y explican los acontecimientos, cómo se construyen los informes reales y finalmente cómo se atribuyen los estados cognitivos. Tiene asimismo como objetivo de análisis el uso de los conceptos psicológicos del sentido común en el discurso diario. Considera igualmente que estos conceptos tienen una realidad propia y sus propias formas de funcionar, sencillamente porque son las maneras reales y disponibles empíricamente que la gente usa para hablar. Así, examina lo que dice la gente en calidad de acciones performativas de varias clases en el contexto en el que se dicen las cosas. Examinando también cómo, en que ocasiones y en el servicio de qué tipo de prácticas interactivas el discurso maneja sus bases objetivas y subjetivas. Según Harré y Stearns (1995) el uso del lenguaje es la mayor característica humana en actividad simbólica. “Intenta revelar la estructura de aquellas producciones discursivas en las cuales los fenómenos psicológicos son inmanentes y descubrir cómo las variadas habilidades cognitivas requeridas para lograr las tareas que los estudios de psicología requieren, desarrollan, integran y emplean” (p. 2). Así, los conceptos psicológicos son tratados en la psicología discursiva no como algo que tenemos, o que somos, sino como recursos para la acción, tornando nuestra disciplina más focalizada en las interacciones, más dinámica y específicamente cultural como resultado. Sin embargo, no estamos dispuestos a tratar el análisis de estas narrativas simplemente como estructura y acción. Nuestro interés está también relacionado con la
Sin embargo, es común el cuestionamiento en distintas disciplinas sobre el modelo de encuentro de hipótesis de la etnografía. De acuerdo con esta postura no se busca tanto verificar las hipótesis establecidas a priori como comprender el funcionamiento interno del objeto de estudio y elaborar un modelo de ese funcionamiento en forma de un “cuerpo de hipótesis plausibles” (Berteaux, 1997, p. 21). Así, construir poco a poco este cuerpo de hipótesis requiere un modelo basado en las observaciones, fructífero en descripciones de mecanismos sociales y en propuestas de descripción e interpretación (más que de explicación) de los fenómenos observados. Privilegiamos así también la intuición como estrategia de aprehensión de la realidad en construcción, no pudiendo ser analizada sino de una manera intersubjetiva. Por lo tanto, no hemos ido hasta allí para comprobar ninguna hipótesis planteadas a priori, como lo esclarece Berteaux (1997) “sino para elaborar algunas; y no sólo ni principalmente bajo la forma de hipótesis sobre la configuración de relaciones, de los mecanismos sociales, de los procesos recurrentes; sobre ciertos juegos sociales y lo que va en ellos; en una palabra, sobre toda clase de elementos que permitan imaginar y comprender cómo funciona eso” (p. 30). En cambio, nos fuimos dejando conducir por el contexto social y humano encontrado y permitiendo que las hipótesis surgiesen a partir del propio desarrollo de la investigación. Lo que se puede decir en apoyo de una hipótesis elaborada de esta manera es que se han examinado otras y que la que se ha elegido ha demostrado ser la mejor del momento. Como lo hacen las narradoras buscando las estrategias de su propia construcción discursiva. Así, el movimiento de búsqueda (o de encuentro) de hipótesis parece ser lo mismo entre narradores/as y investigadores/as. Se hace evidente que los relatos de vida pueden ocultar una gran riqueza de informaciones fácticas exactas y de descripciones fiables e incompletas. En todo caso, investigaciones etnográficas también reconocen que estas son parte del mundo social del cual están estudiando y que no pueden evitar tener efecto en los fenómenos sociales estudiados. Se trata aquí del ‘principio de la reflexividad’, o sea, como se posicionan ellos/as mismos/as en el contexto, proceso y producción de pesquisa ya que el/la investigador/a y el/la investigado/a hacen parte del mismo mundo social. Es decir, un/a
investigador/a social es un trazo de la sociedad que investiga la sociedad, por eso, cuando medimos algo, lo modificamos. Así, la investigación etnográfica da lugar pleno al sujeto investigador en una actitud de atención flotante, nunca neutral, siempre al acecho de una ocasional producción de sentido. Las producciones de los miembros del grupo estudiado son verdaderas instrucciones de investigación, puesto que constantemente llevamos en consideración el aprendizaje de la cultura del grupo observado. Sin embargo, considerando que este análisis parte de una preocupación etnográfica, las especificidades del papel de la etnógrafa dentro de una investigación en la psicología social, van más allá de la construcción de los significados, están también en el cuidado con la diferencia de sentidos que existe en las distintas comunidades y sus detalles y curiosidades culturales de los tres contextos investigados. Como ejemplo de contraste cultural en nuestras investigaciones etnográficas fuera de Brasil, el aprender a comer con las manos como las mujeres andinas o a vivir constantemente con el frio y la lluvia en Galicia eran aprendizajes personales y también maneras de acercamiento metodológico con las comunidades. Dentro de sus especificidades, la etnografía es una técnica descriptiva por defecto, por eso mismo frecuentemente utilizamos las notas de campo para la descripción concreta de los procesos sociales y sus contextos, como también para dejar notas de los sentimientos y sensaciones personales, que son utilizados necesariamente como un recurso analítico y un registro del desarrollo de las investigaciones. Como lo confirma la etnografía feminista: “No solo lo personal es político, lo personal también es teórico” (Gil, 2006, p. 32). Además utilizamos también la observación directa de las prácticas y de las interacciones en situación, el uso de conversaciones informales, el recurso a informadores centrales, consultas a estadísticas, documentos oficiales o fuentes escritas, optando siempre por el interés en objetos y sujetos de la misma manera que por ellos la técnica se legitima. De hecho, resulta muy significativo que esta postura sea compartida con las prácticas utilizadas por los estudios feministas (Cameron 1997, Wodak, 1997) y lo que recientemente se ha denominado las ‘investigaciones feministas’.
Dicho más explícitamente, no hay un método intrínsecamente feminista. Sin embargo, en los métodos cualitativos es interesante destacar cómo el trabajo feminista desarrolla discusiones de poder, subjetividad y comprometimiento político en pesquisa, con los cuales nos identificamos plenamente en este trabajo. Según investigadoras feministas: Lo que hace feminista la investigación feminista es el desafío para el cientificismo que rehúsa direccionar las relaciones entre el conocimiento (y la práctica que genera conocimiento) y poder, y una correspondiente atención a las cuestiones reflexivas en la manera de teorizar y transformar el proceso de producción académica, incluyendo la posición y responsabilidades del/a investigador/a (Banister, 1994 p. 124). Lo que identifica una investigación feminista por tanto es el compromiso a una epistemología especifica, feminista, que es un análisis teórico y político que critica las concepciones dominantes del conocimiento y plantea cuestiones sobre una genérica orientación y nuevos criterios de conocimiento. Dicho eso, subrayamos con esta aproximación las relaciones opresivas de poder -y las libertadorasdentro de las prácticas sociales en general, como también encontradas dentro de las prácticas de investigación, citando como ejemplo la influencia de estereotipos sexistas y culturales dentro del trabajo de campo que pueden incluso ser tomados como estrategia de pesquisa. En nuestro caso, esta estrategia funcionaba en la mayoría de los encuentros mujer/mujer, pero no en todos. Generalmente, el papel de investigador científico todavía está muy marcado por un género y una postura masculina, especialmente en algunas regiones con culturas marcadamente machistas. Y estar atentos/as a esta implicaciones de género es poner en evidencia una posición y una mirada crítica de las posibles manifestaciones culturales entre géneros y sus específicas implicaciones en la investigación. El reconocimiento de la fuerza de prácticas discursivas, la forma en que la gente se “posiciona” en esas prácticas y la manera en que la subjetividad individual se genera a través del aprendizaje y el uso de ciertas prácticas discursivas se mide con distintas estrategias metodológicas.
De esta manera, al contar un fragmento de su autobiografía, un/a hablante asigna partes y personajes en los episodios descritos, refiriéndose tanto a sí mismo como a otras personas, incluyendo a quienes están tomando parte en la conversación o apenas escuchándola. El sujeto, tal como lo define Íñiguez (1997), es una posición o un lugar donde los hablantes son deslocados e intercambiables, y donde, en una formación discursiva, hay más que una posición enunciativa. El/la autor/a del texto es también responsable de él, pero simultáneamente ese/a autor/a es construido/a por el texto y ambos aspectos son inseparables. Esta estrategia discursiva se conceptúa como “posicionamiento” (Bronwyn y Harré, 1990) y es referida a aquél que construye su narrativa, determinando la ‘fuerza ilocutoria’ de los actos de habla en su discurso. Sin embargo, nos referimos aquí también al papel que posee éste posicionamiento en relación con las estrategias tomadas por el sujeto que investia, pues este/a asume distintos roles y posiciones dentro del campo de investigación para actuar junto al sujeto investigado. Para precisamente posicionarse lo más respetuosamente cerca de las vivencias de sus informantes y comprender para describir sus diversos lenguajes tanto verbales, como corporales. Así, aparte de estar atentos/as a las estrategias lingüísticas y corporales en nuestras entrevistas, tenemos en cuenta también las particularidades de la retórica popular, junto con sus descripciones acerca de los valores y comportamientos observados. Manejar fragmentos orales de testigos reales, considerándolos representaciones de una cultura o de una parte de la sociedad requiere una reflexión propia del/a investigador/a o intérprete sobre este lugar como ser social insertado en un contexto dialógico de construcción personal. Nos aproximamos a la comprensión de la interpretación de estos contextos en un lugar de intercambio claro de cultura y de solidaridad, un lugar donde las vivencias no pueden más ser guardadas simplemente en libros o en contextos herméticos de academias. Es precisamente en ese ámbito que reclamamos la libertad de poder reproducir e interpretar las narrativas escuchadas y vividas, con un deseo de mantener estas historias
ordinarias y populares, vivas, no solamente por el hecho de escucharlas o transcribirlas, sino porque ellas también pueden tocar a quien las escucha y lee. Nos preocupamos también por encontrar maneras en las cuales las culturas periferizadas o populares puedan entrar en nuestras discusiones en sus propios géneros y términos para que podamos escucharlos y aprender de ellos. Ellos/as tienen un derecho universal de impartir información e ideas a través de cualquier medio y sin tener en cuenta las fronteras, y nosotros/as tenemos el deber de escuchar y comprenderlos/las a través de la implicación en nuevos actos de devenir. En este sentido nos comprometemos una vez más como investigadores/as a contribuir con proyectos de creación de un mundo libre. No solamente en términos de clareza en la postura investigativa, pero también en relación con a la ampliación de retos emancipativos y transformadores dentro de las ciencias sociales. Como resalta Behar: “Lo que es realmente valorativo en las etnografías después de que sus teorías se tornan pálidas, son los aspectos de experiencia de vida que la teoría del etnógrafo no puede limitar, no puede mantener en una caja” (2003, p.19). Como cada jornada etnográfica es reinventada, creada junto con las narrativas, nos permitiremos también crear apostando que “la ficción es tan buena cuanto la etnografía en que ella es basada” (así como la autora supone, la etnografía es tan buena como la ficción en que es basada). Aún con Behar: Una cosa permanece constante sobre la humanidad – que nosotros nunca debemos parar de intentar decir historias de quién nosotros creemos que somos. Igualmente, nosotros nunca debemos parar de querer escuchar la historia de cada uno. Si un día paramos, sería el fin de todo. Todo lo que somos nosotros como seres humanos sería reducido en un libro perdido en el universo, con nadie para recordarnos, nadie para saber que existimos un día (p. 37). Finalmente, las narrativas de vida que vamos a interpretar son trayectos, caminos particulares de mujeres de tres espacios culturales distintos revelándonos la singularidad de sus vidas y sus transformaciones a lo largo del tiempo en que estuvimos en contacto con las comunidades. Por lo tanto, el trabajo etnográfico que aquí se esboza sigue el sesgo de la lectura y de construcción de sentidos de Geertz (1989), extrapolando un simple método de interpretación de datos.
Investigar la importancia aparente y no aparente de estos tipos de habla en el análisis del discurso oral es reconocer que nuestras interpretaciones también son ficciones, algo construido, modelado por un patrón cultural y lingüístico que adoptamos (en ese caso el científico-académico). Con el objetivo final de pensar creativamente con éstos discursos, y no solamente sobre ellos. El estudio en las comunidades es más que un estudio sobre las comunidades, y la etnografía respalda el trato que damos a las narrativas, trazando la curva de un discurso social transformando el relato. La transcripción de este relato, por tanto, se revela en otra construcción, en una transformación de lo escuchado y vivido en un texto analítico. Así, intentando ser más observadores/as y menos explicativos/as, aprendiendo para después presentar, la siguiente “interpretación de la interpretación” está basada en la relación de troca y de construcción de mundos posibles que hubo en el contacto con estas mujeres y que ha permitido el respeto a su relato verbal y no verbal y un aproximarse de este discurso en una intención de comprenderlo y de hacerlo vivo. Por lo tanto, el papel del/a investigador/a merece una atención especial en el ámbito de la psicología social ante todo por su escucha atenta e interesada sobre lo que es dicho y lo que no es dicho en el contexto investigado, respetando la perspectiva propia de cada relato producido en relación. En este camino investigativo, la elección del instrumento de investigación se relaciona con los objetivos de la propia investigación y, a la vez, con los presupuestos teóricos que dan norte a las interpretaciones, tornándose así imprescindible aclarar la opción de la técnica de las entrevistas (tratadas aquí como actividad/medio) y el sentido de las interpretaciones (como actividad/fín), definiendo y confirmando así el modelo metodológico de esta pesquisa en narrativas orales presentado en seguida.
!"#$%&! A partir de aquí nos referiremos –cuando necesario- en femenino al sujeto singular de esta investigación y por consecuencia a las informantes, considerando importante resaltar la implicación personal, subjetiva y generizada en el que se ha realizado principalmente el trabajo de campo. En el espacio de encuentro con las comunidades, hemos optado por registrar las narrativas con un instrumento de fácil aplicación y que no interrumpiese el proceso de aproximación logrado tras la vivencia en las comunidades investigadas. En la entrevista, la presencia de una entrevistadora, que pregunta algo a la entrevistada, ubica a ésta en un lugar de interlocución y de construcción conjunta de un discurso propio, o sea, la entrevista no se define como un simple registro de discurso, sino como un importante contrato comunicativo, en verdad, una forma de interacción. Se ha establecido así, como metodología aplicada, la técnica de las Entrevistas Narrativas (en seguida E.N.), sistematizada por Schütze (apud Bauer y Jovchelovitch, 2000), que busca reconstruir acontecimientos sociales a partir de la perspectiva de los/as informantes. Esa propuesta sistemática de abordar narrativas con fines de investigación social cualitativa fue difundida en las últimas décadas. Entre sus objetivos, pretende estudiar un fragmento particular de la realidad socio-histórica, comprender cómo ésta funciona y cómo se transforma, haciendo hincapié en las configuraciones de las relaciones sociales, los mecanismos, los procesos y la lógica de acción que le caracteriza. La elección de la E.N. como técnica se justifica en esta investigación, una vez que atiende especialmente a la naturaleza de este trabajo y a sus objetivos. De hecho, entre las indicaciones preferentes para el uso de la técnica se encuentran los proyectos que combinen historias de vida y contextos socio-históricos. Como confirma Geertz
(1989): “Historias personales expresan contextos sociales e históricos más amplios, y las narrativas producidas por los individuos son también constitutivas de los fenómenos socio-históricos específicos, en los cuales las biografías se enraízan” (p. 104). Así, para empezar la entrevista necesitábamos apenas de una situación que animara y estimulara a la entrevistada a contar algún acontecimiento importante de su vida o contestar a una pregunta general. La situación estimuladora puede ser la sugerencia de un tema o mismamente a través de una pregunta inicial, como la utilizada en este trabajo, por ejemplo: “¿Qué me cuentas de las historias de tu vida?” o “Te gustaría contarme algo de la historia de tu vida?”. La técnica de la E.N. posee reglas que son desarrolladas dentro de un campo específico de estudio que tratan las políticas locales e investigaciones biográficas. Esas reglas van desde la preparación para la entrevista hasta los comentarios informales que son hechos cuando la grabadora está apagada. No obstante, el carácter espontáneo y libre de la narración siempre es privilegiado. En la entrevista, la presencia de una investigadora que pregunta, sin direccionar a la entrevistada, la remite al lugar de la alteridad social, le apodera con la palabra, el silencio y los ojos que dicen un sí misma como lo otra haciéndolas tomaren posiciones (tanto enunciativas como corporales) en cada proposición. Deducimos que el sujeto discursivo surge de la distancia marcada entre lo que se dice y la forma en que se dice, según Foucault (2003) son las condiciones de producción del discurso las que construyen y marcan el lugar desde el cual se habla, un lugar que condiciona tanto aquello que se dice, como la forma en que se dice, y añadiremos también la forma en que se escucha. Por lo tanto, tratar el sujeto del discurso como producto y efecto productivo de su interpretación es tener en cuenta la importancia de esa etapa de registro para toda la investigación. Se trata de un discurso que se construye a través de un trabajo de vínculos (explícitos o implícitos) de las relaciones disponibles en un momento sociohistórico determinado. En ese sentido, el sujeto se encuentra en una construcción dialógica de una realidad discursiva, en ese caso de su realidad discursiva, y la investigadora la reconoce y la acoge.
De esta manera, en todos los contactos fueron especificados los objetivos de las visitas, lo que ha permitido una troca genuina de intereses y ha evitado que nuestras entrevistas fuesen guiadas por expectativas. O sea, las expectativas que las narradoras podrían tener de las expectativas que nutríamos sobre ellas. Según Lopes, “no es el sujeto que ha vivido la vida quien la narra y sí éste que se construye en la situación de la entrevista” (2002, pp. 56,57). En la entrevista, las narradoras traen términos a su memoria y experiencia, para construir y presentar conceptos de sí mismas, de sus mundos y de sus esquemas teóricos, dando cuenta de estos esquemas identitarios para sí mismas y para sus oyentes a través de la narración. Por lo tanto, cabe resaltar reiteradamente la postura atenta, curiosa y receptiva de cualquier/a investigador/a con metodologías cualitativas en psicología social. Nos gustaría señalar, sin embargo que nuestros análisis de la identidad pone énfasis en su capacidad constructiva, inventada, pero no solamente por las representaciones o discursos, añadimos especialmente que no se puede analizar o comprender esa construcción sin llevar en cuenta los itinerarios corporales de cada narradora. Por itinerarios corporales, entendemos, junto con Esteban (2004), los “procesos vitales individuales pero que nos remiten siempre a un colectivo, que ocurren dentro de estructuras sociales de los sujetos, entendidas estas como práctica corporales” (p. 54). Llevando en cuenta la experiencia y el lenguaje, el contexto de las identidades corporales también es orientado en nuestros análisis de las historias de vida, aunque no sea el punto focal de éste. El cuerpo es visto aquí, como ya ha sido profundizado en apartados anteriores, como una manera distinta y alternativa de acceder al análisis de la existencia humana y de la cultura. Así, para algunos/as autores/as, este análisis respondería mejor que ningún otro a la reformulación necesaria de las distintas teorías sobre la identidad, la experiencia y la cultura. Sin embargo, como bien lo enfatiza la autora: “Un cuerpo todavía huérfano epistemológicamente, con el que apenas estamos aprendiendo a pensar y a escribir” (ídem, p. 24).
Ante todo el texto es aquí nuestro principal objeto de estudio y de interpretación, pues se trata de nuestra mirada sobre la mirada de las narradoras, sin incrustar la creencia de que debe existir una única lectura correcta, pues las propiedades del texto en sí realmente ofrecen una pluralidad de interpretaciones legítimas, ya que ésta se sitúa más allá del habla. Así, tomando el cuidado de no caer en una “superinterpretación”, reconocemos, junto con Eco (1993), que el texto posee una intención que es anterior al del/a autor/a y más aún al del/a propósito del intérprete. La superestimación de la importancia de las pistas se debe muchas veces a la tendencia a considerarse a los elementos más inmediatamente aparentes como significativos, mientras el propio hecho de ser aparentes debería permitirnos reconocer que son explicables en términos mucho más económicos (p. 58). Eco enfatiza lo real del texto y lo respeta, reconociendo su fondo cultural y lingüístico con una apuesta interpretativa, el lugar posible de una mirada cuidadosa. Afirma: “Se podría decir que un texto, después de separado de su autor (así como de la intención del autor) y de las circunstancias concretas de su creación (y, consecuentemente, de su referente intencionado), fluctúa (por decirlo así) en el vacuo de un abanico potencialmente infinito de interpretaciones posibles” (ibiden, p.48). De todas formas, el proceso de la interpretación no debería ser generado desde arriba. Según Banister (1994) este proceso debería ser persistentemente considerado como co-construido resaltando la producción articulada de “co-investigadores” (p.138) en el caso de la investigadora y las informantes. Sin embargo, diversas interpretaciones pueden ser ofrecidas, pero con una comprensión de éstas como provisionales y dirigidas específicamente, ya que está claro que una multiplicidad de interpretaciones disponibles podrían ser alzadas por contextos particulares y por distintas propuestas de investigaciones. Por lo tanto, incluso con el texto en manos, todavía no tenemos la capacidad de aprehender el ‘acontecimiento como acontecimiento’. Está aquí la dificultad de reconstruir el significado del acontecimiento de hablar, pues este no puede, ni por la escritura, ser finalmente fijado.
A partir de este argumento analizamos en estas entrevistas los efectos regulativos que se producen o se transforman desde estas prácticas discursivas. Utilizadas así para investigar esas historias, nuestra elección del A.D. tratará de reproducir creativamente a través de la voz de la mujer su propia acción social, definiendo la indeterminación de los conceptos de sexo, género y cuerpo, social y culturalmente producidos, a partir de su comprensión vivencial del femenino, vislumbrando también los aspectos no dichos o no desvelados en su habla. A continuación, nos centramos en los pasos del método de análisis empleado en el caso específico de este trabajo de encuentro con la construcción del femenino en sus textos. En un primer momento, se ha realizado la transcripción de las narrativas conforme el habla original de las narradoras, separando cada texto en dos conjuntos, correspondiendo al material indexado (cronológico) y el no-indexado (no cronológico). Siguiendo orientaciones de Bauer y Jovchelovitch (2000) las proposiciones indexadas hacen una referencia concreta a los comportamientos cotidianos narrados temporalmente, es el “quién hace qué, cuándo y por qué” (p. 106). Ya las proposiciones no-indexadas van más allá de los acontecimientos, revelando el ámbito reflexivo, y retórico de las historias y expresan valores, juicios, ideologías y contradicciones. En fin, su “sabiduría de vida” (ídem, p.106). Hacemos coincidir esta misma estrategia de análisis con otra teoría similar aplicada por Pujal (1993) en el análisis de sus discursos. Esta autora distingue dos familias de enunciados que esbozan distintas producciones sociohistóricas de planteamiento: las formaciones discursivas naturalizadoras y las desnaturalizadoras. Quien habla a través de las posiciones naturalizadoras no lo hace desde unos propósitos, voluntades y mundo propios, sino desde la sujeción a normas sociales y lingüísticas predefinidas, como un discurso empirista, estandarizado, reproduciendo
también las relaciones desiguales entre los géneros, reflejo de relaciones desiguales de poder. A su vez, las posiciones desnaturalizadoras determinan un lugar flexible del sujeto hablante, capaz de mostrar intenciones y propósitos propios del mundo plural y heterogéneo del cual el sujeto discursivo es su propio protagonista y en el que interviene, creando resistencias. Así aclarado, resaltaremos dentro del material cronológico/naturalizador cuatro aspectos que consideramos pertinentes al objetivo de análisis propuesto: Núcleos narrativos Se refieren a los segmentos de la narrativa relativos a escenas o episodios específicos que estructuran el enredo. Son obtenidos por “reducción” de las acciones y permiten una visualización del orden cronológico y de la relevancia de los episodios que componen su narrativa y de algunos temas recurrentes a estas narrativas. En un análisis sobre como el “yo” es modelado lingüísticamente al relatar los episodios de la vida, nos valemos de caracteres selectivos, incompletos que se asemejan a la construcción ficcional de la narrativa y que implican necesariamente a un habitus. (Bourdieu, 2000) El concepto de habitus se define como un conjunto de disposiciones perdurables, resultado de la interiorización de la estructura social, estructura de nuestras prácticas y representaciones. Como producto de la historia, el habitus da lugar a prácticas individuales y colectivas y funciona como un estilo de vida: es lo que nos lleva a pensar, sentir y actuar según las condiciones en que vivimos. Por lo tanto, la identidad será vista e investigada aquí como un producto de la interacción social, un habitus que remite necesariamente a la importancia del contexto de producción de los discursos y está reflejado en sus núcleos narrativos. Éstos están comprendidos en la trayectoria de vida de las narradoras y hacen referencia inevitablemente a su construcción identitaria de género, sexual y corporal. Así, resaltaremos algunos núcleos narrativos que estructuran los discursos, resaltando que nuestro concepto de género está basado en lo que nos ha sido enseñado
al respecto, en lo que experimentamos cotidianamente, y por supuesto, en lo que recurrentemente construimos al hablar, nuestro habitus. Personajes Serán enmarcados en cada texto según la percepción de la narradora, a partir de sus propias percepciones cualitativas para desde ahí establecer recurrencias de análisis interculturales. Del mismo modo, nos servirán de guía para desvelar sus relaciones entre la identidad personal, la colectiva y la narrativa, al puntualizar “los/as otros/as” que se ‘dibujan’ en la narrativa. Según Eckert y Rocha (1999, p. 39), “en la descripción narrativa de sí mismo hay una construcción de un personaje. El sujeto se rehace en la narrativa, tanto individualmente como en el colectivo, en un referente real o ficticio de un nombre propio”. De este modo, la identidad presentada en las narrativas no puede ser vista como previsible, con su significado literal, sino como interlocución, puesto que son hechas por participantes en relación, en interacción. Así, los personajes nos servirán de pistas para su propia construcción identitaria. Tiempo El análisis temporal será realizado en seguida, para comprender el modo particular en que la narradora lidia con el tiempo vivido y cómo comunica la secuencia de los días y años, “acelerando” o “retardando” intervalos de tiempo en función de la significación subjetiva de estos momentos. El texto narrativo posee un encadenamiento de orden temporal. Según Ricoeur (1994) la sucesión de hechos corresponde a la dimensión episódica de la narrativa, mientras el enredo es la dimensión configurante, de cuyos diversos acontecimientos se extrae la unidad del texto. El discurso configura los enunciados, expresando la historia en su orden temporal discursivo. Reconociendo la diferencia entre el tiempo real y el tiempo del discurso, Nunes (1995) afirma que, donde “a pesar de que el tiempo sea presentado en la narrativa, el jamás se reviste de la continuidad del tiempo real” (p.25). Por lo tanto, esa sección permite analizar el tiempo como una de las categorías del discurso, revelando incluso la
condición intersubjetiva de la comunicación, pues la enunciación es a la vez el punto de emergencia del presente y el tiempo propio del lenguaje, por lo tanto: “el único tiempo inherente al lenguaje es el presente axial del discurso, en el que ese presente es implícito” (Benveniste apud Nunes, 1995, p.22). Así, analizando las pluralidades del tiempo presente en las narrativas nos será permitido evaluar que las experiencias individuales, sociales o culturales interfieren en la concepción del tiempo y la memoria individual y colectiva y que éste posee su centro en el presente de la instancia de la palabra enunciada. Espacio y Ambiente: Contextos socioculturales Luego procedemos a la caracterización del espacio y del ambiente interpretando la significación del medio para la narradora en sus más distintos aspectos, marcadores de los episodios narrados de su autobiografía. Identificaremos los principales escenarios reales o ficcionales de su narrativa, con la expresión subjetiva generalmente asociada que interviene en sus itinerarios corporales siendo el relato de estos lugares repletos de materialidad. Este análisis aportará también claves para la construcción discursiva de su condición -popular, rural o periferizadaanalizando las estrategias de corroboración o consenso en su propia identificación. Pues estos temas son revelados dentro de sus contextos culturales específicos en dónde estas mujeres narran. Porque los textos tienen una posición condicionada y hacen parte de una institución reconocida, en un campo discursivo en la que cumplen las funciones de comunicación y representación, el lenguaje parece ser sobre todo “un dispositivo, un conjunto de prácticas sociales con las que establecemos nuestro rol en la sociedad, con las que regulamos nuestra intervención y ejercemos el poder de modificar la realidad” (Moure, 2005, p.64). El lenguaje situado, siguiendo el concepto de Haraway(1990) de conocimiento situado, nunca neutro, constituye por tanto el elemento de mediación entre el ser humano y su realidad, representando y construyendo ese conflicto y reclamando un estudio vinculado a las condiciones de su producción. Incluso la idea de realidad es definida desde una posición social particular, que configura una representación del mundo con un determinado sistema de interpretación, que reproduce y favorece las
relaciones de poder existentes. La realidad, por lo tanto, puede ser construida y condicionada por los discursos vigentes y por los ordinarios. En seguida analizaremos el material no-cronológico/desnaturalizador, una etapa más detallada de análisis que se compone del análisis del aspecto axiológico de sus narrativas. Es decir, del auto-conocimiento de la protagonista, su cosmovisón, la consciencia de sí y de la realidad en que vive, su reflexión general sobre su biografía (opiniones, valores, juicios, argumentación). Todo eso enfatizando el compromiso con la propia voz de estas autoras y actrices de su historia. En este apartado, identificaremos las construcciones ideológicas del texto a través del análisis retórico (Billig, 1987) de los códigos del discurso, sus formas de argumentar, actitudes cristalizadas, ritos de obediencia, poder y dominación, descifrando las prácticas discursivas y sus estrategias lingüísticas de construcción de sí mismas, a partir de ópticas como la resistencia y la libertad en la narración de un femenino en construcción. Por fin, e implicados/as con la ‘corporeidad’ de estos discursos en sus cuerpos y en el mío, describiremos los itinerarios corporales de las narradoras. Este aspecto del análisis es seguramente el más subjetivo, ya que nos detendremos a los registros de campo personales que hicimos tras cada entrevista, como también a nuestra extraordinaria vivencia cotidiana especifica con cada narradora en su comunidad, por eso, justificamos así su escritura en primera persona. El objetivo de este apartado es dejar claro la importancia que un análisis de la identidad construida discursivamente debe llevar inevitablemente en consideración los aspectos no-verbales, o corporales. Para ayudar en este tópico nos valdremos de las categorías propuestas por Davis (1985) de análisis de la comunicación no verbal, a partir de impresiones de cada entrevista como: posturas, señales vocales, movimientos de acercamiento/alejamiento, expresiones faciales, el toque/tacto. Así, tomamos como supuesto que la identidad de género es también siempre una identidad corporal, y analizamos este aspecto dinámico también a través de una vivencia y una percepción de nosotros/as mismos/as. Enfatizamos estos registros con la intención
de resaltar una práctica personal y profesional de aprehensión de respuestas corporales y escucha de estos códigos no verbales. Respaldados/as por una implicada atención al cuerpo, debemos como investigadores/as, entender que la atención a los registros de los códigos no-verbales: (…) pasa de considerar el cuerpo como un objeto a considerarlo como un sujeto, a identificar yoes y cuerpos, a leer y escribir también de otra manera las trayectorias vitales, sin dejar de un lado su materialidad ni observar los cuerpos desde fuera, y asumiendo, por tanto, las consecuencias que eso conlleva (Esteban, 2004, p. 11). A partir de esos cuadros presentaremos finalmente los análisis de la construcción de la identidad de género en cada narrativa para aportar las consideraciones analíticas pertinentes a estos discursos buscando trazar una línea de análisis inherente a nuestro tema central: cómo se construye una identidad de género, o el propio femenino a través de las narrativas autobiográficas de mujeres. TABLA Aspectos cronológicos/ naturalizadores Núcleo Narrativo Personajes Tiempo Espacio y Ambiente Aspectos no-cronológicos/ Desnaturalizadores Itinerarios Corporales
' ( Antes de presentar y analizar las historias de vida es necesario contextualizar un poco el ambiente en el cual fueron realizadas cada entrevista. Comprendemos de antemano los contextos como espacios y ambientes que conforman y componen el lenguaje y los cuerpos. Las entrevistas fueron realizadas en períodos distintos, a partir del 2004 en Brasil, en España en 2006 y finalizando con la temporada en el Ecuador en 2010. En cada pueblo, lugar y comunidad, las vivencias eran únicas y no llevaban la marca de una mirada comparativa, sino el valor de la situación presente, irremplazable, puesto que cada contexto marca y construye un modo de vida, una manera original de hablar y de construirse en el propio cuerpo. De esta manera, hacer un estudio atravesando tres contextos tan distintos supone, además de reconocer las diferencias culturales, examinar sus peculiaridades y captar el discurso del femenino siendo construido en el cotidiano. Éste, con todo, está marcado por experiencias de vida singulares y expresadas por un género que todavía está en construcción. El paso siguiente consiste en tratar de estudiar estas narrativas dentro de sus contextos particulares de expresión, ya que cada discurso señala rasgos reales e imaginarios de su identidad, con sus efectos ideológicos y estrategias retóricas. Sin embargo, todos estos implicados efectivamente con el lugar de generación de este habla, para poder a partir de ahí visualizar el alcance de este discurso. Por lo tanto, el lenguaje aquí estudiado es situado, lo que identifica esta relación entre las historias, el ambiente, los cuerpos y la vida de cada mujer, autora de su propia vida. En este sentido, elegimos presentar ese primer contacto con cada comunidad en primera persona, para enriquecer el matiz etnográfico de la investigación y la originalidad de este proceso.
•Brasil En Brasil, la comunidad de contacto fue la Maria da Paz, localizada a aproximadamente ocho kilómetros de Fortaleza, capital del Ceará, en la región noreste del país. Esa región está entre las más pobres de un país con media de esperanza de vida de la población entre los 75,8 años para las mujeres y los 68,1 años para los hombres. Además, Brasil presenta una gran concentración de renta, con uno de los mayores niveles de desigualdad social y económica del mundo. En ese escenario, las grandes ciudades brasileñas, cada vez más ricas, esconden en sus periferias la enorme pobreza de aquellas personas que las construyen, con la mayor parte de la población residiendo en áreas urbanas (83,3%), con gran concentración en las regiones metropolitanas (IBGE/2006, apud Pasinato y Santos, 2008). El conjunto Maria da Paz se caracteriza por estar circundado por un área de casas mayores, más abastadas, configurando el modelo típico de la división del espacio urbano de la región, donde es común encontrar casas de muy distintas clases sociales compartiendo el mismo barrio. En este caso, la diferencia social es bastante acentuada. Esa comunidad, que hace parte de la periferia de Messejana, ha conseguido transformar los barracos de lona y plástico en casas de hormigón por mérito y lucha propios, o sea, a través de la invasión de terrenos ociosos y grupos populares organizados con apoyo de movimientos sociales organizados y ONG’s locales. Ocupar tierras y en ellas montar campamentos, o barracos se convierte en los últimos treinta años en la forma común de reivindicar la reforma agraria en Brasil en la zona rural (MST- movimiento de los sin-tierra) y en la zona urbana (MSTS – movimiento de trabajadores sin-techo). De acuerdo con Sigaud (2005) el Estado brasileño “viene confiriendo legitimidad a la pretensión de los movimientos al desapropiar terrenos ocupados y redistribuir las tierras entre los que se encuentran en los campamentos o barracos” (p.255). Todavía es muy común en las comunidades de baja renta una migración interna hacia otras regiones, ciudades, barrios, un aventurarse en un nuevo destino, nuevos sueños, un movimiento poco estable, perpetuándose una tendencia de fuga, causada muchas veces por el dolor. Las ocupaciones se generalizan en todo el país, promovidas no solamente por el MST, pero también por los sindicatos de trabajadores rurales y por decenas de otras organizaciones creadas con el objetivo específico de ocupar tierras. El MSTS surge
después, en el ámbito urbano, luchando contra la especulación inmobiliaria, trabajando junto a la organización popular. El MSTS defiende una transformación profunda de la actual organización de la sociedad brasileña, como única manera de atender a los intereses de los trabajadores. Apuesta por la lucha directa, en especial a través de las ocupaciones de terrenos urbanos ociosos, orientada en el sentido de la construcción de poder popular. La comunidad presenta la imagen usual de mujeres y niños/as bulliciosos por las calles sin pavimentación, con pocos árboles y ninguna plaza, solamente un campo de fútbol que es utilizado mayormente por los niños y hombres en los fines de semana. Las mujeres diariamente recorren los movimientos cotidianos de organización de las tareas domésticas, frecuentemente ultrapasando los límites privados de su casa, visitando espacios vecinos, recreando la escena popular del término comunitario, donde “todas ayudan a todas” y los/as vecinos/as son tratados/as como parientes. Las mujeres son estereotipadas como las “habladoras” del local. Reuniendo las percepciones y las acciones de un barrio marcado por la rotatividad de sus moradores/as y la intermitencia de los agrupamientos familiares, organizan la vida cotidiana por la vía de la palabra. Esta es el hilo con que tejen sus vidas. Por lo tanto, a esas mujeres es reservado un lugar muy especial en la circulación y producción de informaciones. Esta comunidad ha pasado dos años viviendo en barracos de lona, hasta conseguir apoyo para construir sus casas. Esta lucha fue principalmente acompañada por la monja y misionaria católica Maria da Paz, motivo del nombre de la comunidad. En la época de la construcción de las casas, en los años ’95 y ’96, los moradores consiguieron también ayuda de la ONG Ceará Periferia para establecieren, y en la época de la investigación, había cerca de 160 familias distribuidas en 43 casas de bloque, además de una especie de cobertizo donde quedaba la sede de la comunidad: la Asociación de Moradores Comunidad Maria da Paz – AMCMP. Esta asociación funcionaba como un núcleo de mujeres que toman la delantera de las principales decisiones de la comunidad. Estas decisiones generalmente se refieren a la mejoría de las condiciones de vida locales, como: saneamiento básico, construcción de más casas y reivindicaciones por escuelas y centros de salud. Se caracteriza así por
una lucha constante por condiciones de vida saludables y de calidad, a pesar de esa ser una pendencia sin un final previsible. Hay muchos problemas materiales y sociales que atraviesan el ambiente familiar, dejando a esas mujeres expuestas a las más variadas situaciones de riesgo y obligadas a desarrollar estrategias de unión y solidaridad dentro de la propia comunidad. Y fue exactamente dentro de ese contexto que inicié mi período de investigación en “O Semeador”. La Asociación O Semeador lleva a cabo un trabajo educativo con niños y niñas de cinco a diez años en esta comunidad, establecida desde ’94 a partir de la invasión de terrenos y primeros asentamientos y luego, hace 17 años, a través de un colectivo de construcción de casas por los propios moradores. En la referida institución, el trabajo dedicado a la psicología en aquella la época se centraba en las intervenciones psico-educacionales, particularmente junto a los/as profesores/as del equipo, que trabajaban con los/as niños/as de la comunidad. También era desarrollado un trabajo directamente con los/as propios/as niños/as, con atendimiento psicológico individuales y en grupo. Además, fue creado un proyecto de visitas a la comunidad atendida con el objetivo de estrechar el diálogo con las madres de los/as niños/as asistidos/as por la asociación, lo que permitía el encuentro directo con las familias y sus historias en su propio ambiente. Estos encuentros eran marcados principalmente por la presencia de las madres de niños/as y, justamente en ese período, empecé el contacto con las diferentes mujeres relacionadas directamente con esta investigación. Durante la misma, la principal actividad que promovía junto a la asociación era las visitas domiciliares. En poco tiempo me hice “visible” en el barrio y a través de la lideresa comunitaria, una señora flaquita y sonriente, conocí a otras interesantes “personajes” del barrio. En estas ocasiones era común ver como los pequeños espacios de la vivienda eran compartidos con muchos miembros o “agregados” familiares.
En términos económicos, la agricultura es la mayoritaria ocupación de esta gente de zona erosionada. Hoy florecen principalmente maíz, trigo, papas, fréjol, cebada y hortalizas. La tecnología ha llegado a los invernaderos, y allí, con la presencia del especialista, se produce una abundante cosecha de fresas orgánicas y tomates. Además, pero con menos aportación, están las actividades de ganadería, artesanía y minería. En los primeros contactos con la gente era nítida la percepción de que no había observado. Había una infinita curiosidad y éramos, yo y la gente, sujetos de la observación. Un brillo de rareza y sorpresa en las miradas que se cruzaban y se permitían, se aceptaban, ya que observar es también dejarse ver. A parte de las constantes visitas domiciliares con el proyecto, preparábamos reuniones en cada comunidad, junto con coordinadoras locales, de ocio y arte a los/as mayores que tenían salud y disposición para acudir a estas actividades. En 2005, Nabón fue considerada “Patrimonio Cultural de Ecuador” por su relevante historia y interculturalidad (grupos blancos, mestizos e indígenas kichuacañaris). Sin embargo, se suman a estas características específicas los fuertes procesos de expulsión de la fuerza de trabajo (migración temporal y definitiva) y un largo proceso de feminización, uno de los índices más altos del país. La migración temporal se direcciona del campo a las ciudades fundamentalmente para trabajar en minerías, petroleras y en la construcción. Con efecto, y durante los años 80 y 90 hasta nuestros días, empieza y crece sin frenos la migración definitiva hacia los EUA (mayormente) y España. Por estas características, en Nabón los procesos de migración y feminización van de la mano. A partir de los ‘70, el proceso de reforma agraria (compra y venta de tierra y posterior legalización de comunas), al no lograr democratizar completamente la tierra, condicionó la reproducción de las familias a escasos medios productivos, con lo cual complementan sus ingresos con la migración y el trabajo de la mujer se sobrecarga, resultado de la ausencia de los hombres. La migración definitiva y las remesas de los emigrantes es un fenómeno que impacta en el orden familiar, profundiza desigualdades y diferenciaciones entre las familias, presiona y fractura el orden comunitario, comprende Herrera (2009). Asimismo, segundo este mismo autor, debido a la herencia colonial de Nabón, los roles
asignados a las mujeres y hombres, así como el racismo, tienen raíces en las haciendas y en las formas de socialización que se impuso a los hombres y mujeres durante la colonia, contrariando la teoría del feminismo comunitario de Paredes (2010), cuando afirma que la idea de que la colonia vino a traer el machismo es un indigenismo peligroso, pues mantiene las formas “tradicionales” de explotación a las indígenas, exaltando y exotizando un pasado sin memoria verdadera. Es decir, las diferencias de género condicionan las oportunidades para hombres y mujeres, y en el caso de las comunidades indígenas, está codificado también en su cosmovisión indígena. Dentro de ese debate se recuerda que el huasipungo 8 , forma de trabajo más importante de la hacienda, fue el principal instrumento de dominación en estas propiedades, sistema colonial que persistió hasta las primeras décadas del siglo anterior. Este sistema ordenaba las relaciones sociales de la época y dominó la sociedad desde el siglo XVI hasta los años de la reforma agraria. Sin embargo, al leer la clásica novela ecuatoriana de Jorge Icaza, “Huasipungo” de 1934, se puede fácilmente reconocer en el sistema actual, olvidado entre estos altos cerros, un proceso no tan alejado en el tiempo de trabajos forzados, desiguales y servicios discriminatorios. Así, en Nabón, la historia con la hacienda y el desarrollo del colonialismo interno, traducido en prácticas racistas, divide a la sociedad y segrega a una parte de la población. Este proceso de segregación y explotación basado en la piel, es un proceso que ha instituido relaciones sociales, subjetividades, imaginarios, etc., que se mantienen en la sociedad y que limitan el desarrollo de las mujeres indígenas, sobre todo impactan en su autoestima e identidades de género y clase. Era muy común ver mujeres indígenas trabajando para las casas de los mestizos en régimen de favores y deudas familiares ancestrales (físicas o simbólicas). Además, dentro de una cultura machista en su mayoría, el adulterio y la violencia domestica todavía siguen siendo “tradicionales”. Por todo eso, vivir en comunidades que se alejan (físicamente) y son alejadas (simbólicamente) del espacio de crecimiento y desarrollo actual, me ha permitido !"!!# #$%&&!!
percibir cómo este “asilamiento” produce la reproducción de antiguos paradigmas y naturalizaciones de comportamientos tradicionales. Pasados seis meses de vivencias cotidianas en Nabón, un pueblo del sur del Ecuador de altitud media 3000 m y casi 1.500 habitantes, después de un difícil proceso de adaptación al frío y elevadas altitudes, reconozco lo característico de esta experiencia y su determinante condición rural, con altos índices de pobreza y una sociedad feminizada producto de los procesos migratorios temporales y definitivos de la población masculina efecto de las pocas ofertas laborales de la zona. Por ser la única extranjera en todo el pueblo, mi presencia al final era inclusiva, con lazos fraternos construidos entre varias familias. Además, a parte del proyecto estaba involucrada también en actividades del asilo de la ciudad. En medio de todo ese aspecto intercultural, presento por fin las tres amables señoras que me han permitido compartir y analizar sus historias de vida de las cuales he aprendido mucho: EC1 Campesina todavía a los 65 años, huérfana y viuda vive sola en la ciudad, vendiendo empanadas. Siempre participaba alegremente de las reuniones que hacíamos. EC2 Vive en el asilo hace 7 años. Posé un hijo en los EEUU y otro en Quito. Tiene dificultades para ver y le encanta recibir visitas y contar sus historias. EC3 Vive en una bonita casa con su marido, tres hijas y dos nietos. Tiene problemas en las piernas y casi nunca sale de casa. También tiene un hijo en los EEUU, que huyó de deudas de peleas de gallos.
! l. Material Cronológico/naturalizador No Cronológico/desnaturalizador 1 2 3 perdi minha mãe muito nova, né? E fui morar com minha irmã. A história da minha vida é tão difí.… Assim, difícil assim, porque eu fui criada sem mãe, 4 5 Foi lá no Pio XII, ainda me lembro... Lá eu fui criada com ela E meu sofrimento já partiu da casa da minha irmã. 6 7 8 9 Ela me batia, me judiava muito, me maltratava muito... Ela me botou pra estudar, ela sofria muito por causa do marido dela. E aquele sofrimento que ela tinha com o marido, ela descarregava todo em mim 10 11 12 13 14 Aí eu fugi da casa dela e fui trabalhar nas casas, eu tinha mais ou menos uns 12 pra 13 anos. Comecei a trabalhar nas casas alheias, trabalhei 11 anos pra ficar lá, não ganhava nada, era só pra morar. só que eu não tive cabeça pra estudar, o que eu aprendia era da minha vida. Eu perdi a oportunidade de aprender. 15 16 17 18 Aí tinha um rapaz lá, era um namoradinho que eu arranjei com 14 anos, e a mulher não gostava que eu namorasse, aí eu fugi de lá. Aí, saí de lá e fui trabalhar noutra casa. Nessa outra casa, tinha o filho dela que ele olhava muito pra mim, mas eu não queria, e tive que sair de
19 20 lá, mas saí fugida com um outro rapaz que hoje é o meu marido. Fui morar na casa do pai dele, passei um tempão na casa do pai dele. 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 Mas aí eu saí de lá pra casa de antes, mas ele alugou um quarto e foi me buscar, aí me botou dentro do quarto, aí eu engravidei logo da minha menina mais velha. Eu ia fazer 17. Fiquei com ele e essa dita minha irmã disse pra ele, disse pra ele fazer o casamento e ele disse que tava certo. Mas aí ele começou a me judiar, começou a me bater, me batia demais. Só vivia me batendo, mas eu não tinha coragem de abandonar... Nesse tempo eu gostava dele, eu amava ele, eu era louca por ele, alucinada. Mas hoje eu não tenho mais aquele amor... Talvez, se eu tivesse tido coragem de abandonar, eu não teria nem tido tanto filho pra sofrerem como sofrem hoje... Sem eu ter condições de manter.. Aí eu fiquei sempre agüentando, né, porque um dia ele pode mudar, mas ele nunca mudou...continua do mesmo jeito. 35 36 37 38 39 Aí ele alugou outro lugar, porque até essa época ele trabalhava numa farmácia, ele era moço, cheio de disposição, a gente tinha uma vida até razoável, né, não era como hoje que estamos bem dizer sem nada, mas...se for coisa de Deus, Deus vai iluminar. 40 41 42 43 44 45 46 47 48 Aí eu peguei e fiquei nessa casa que a gente tava e ele foi pra outra, mas a minha irmã foi e disse que ia ajeitar os papéis pra gente casar, tá certo... Casamos. Saía, chegava de manhã, me batia, Mas quando era junto era melhor do que casado, depois piorou tudo, aí é que ele começou a judiar mesmo agora só o que ele nunca deixou faltar, foi na parte de alimentação. Ele foi muito bom, na época que ele trabalhava. Ele hoje vive deitado, e nós não temos convivência de marido e mulher não, é ele num canto e eu noutro. Aí nós
49 casamos e tudo e o sofrimento rendeu... 50 51 52 E eu dizia não, não vou deixar porque eu não tenho pra onde eu ir, outra que eu sabia que ele era o pai dos meus filhos. Porque eu já tinha duas meninas e um menino. 53 54 55 Os dois mais novos, eu tive lá na leste-oeste, perto da barra do Ceará, eu morei na rua do Grêmio dos Ferroviários, que é esse de 17 anos e o de 13. 56 57 58 59 60 Aí eu fui pra essa casa, quando ele se desempregou, a gente tinha o dinheiro só do meu mais velho. Ele depois me deixou e foi trabalhar numa construção duma mulher. Ela não pagava ele, mantinha ele de coisa, de alimento, de tudo né? Numa casa muito boa... mas ele morava com ela lá. Aí me deixou sozinha, né? 61 62 63 Às vezes era que ele vinha, aí esse meu menino mais velho que trabalhava, que pagava o quarto 64 65 66 67 68 69 70 71 72 Aí eu fui lá, descobri a casa dessa mulher e fui lá. Pedir a ele pra ele me ajudar, que eu não trabalhava, que era 60 reais o quarto, que o menino ganhava pouco, que ele me desse uma ajuda, mesmo que ele não quisesse voltar. Aí ficou assim, todo mês ele me dava trinta e o menino me dava trinta. Assim eu ia levando.. mas o menino saiu do trabalho, minha mais velha casou, a outra se juntou e não tinha quem pagasse, e o homem pediu o quartinho de volta. Eu peguei e agora pra onde é que eu vou? 73 74 75 76 77 Vim pedir na casa de uma irmã minha, numa casa separada assim da dele, e ela deixou eu ficar lá até eu arrumar um canto pra mim. Eu disse que ia morar mas não tinha como pagar, meu menino vendia jornal e disse que ia ajeitar um canto pra ele ir embora. Ai eu fiquei lá, passei um tempo na casa dela 78 aí de vez e quando ele (o marido) vinha, deixava alguma coisa e
79 80 81 82 83 84 voltava, de vez em quando ele dormia lá e depois voltava pra casa dessa mulher. Aí nessa época o meu cunhado bebia e dizia muita coisa comigo, a filha dele também dizia... Que eu morava de favor, cadê meu marido... Aí eu disse - menino quer saber de uma coisa, eu vou arranjar é um canto pra mim sair daqui, que não dá mais, nem que seja pra debaixo de um pé-de-pau, mas eu vou ter que sair, é o jeito. 85 86 87 88 89 90 91 92 93 94 95 96 97 98 99 100 101 102 Aí eu fui na casa da minha cunhada, pra ela arranjar um canto pra mim. E ela disse, “acolá tem uns barracos de lona, você quer ir pra lá,” eu disse - “eu quero”. Aí ele falou com meu irmão pra ir lá, mas os barracos eram pra comprar, e o homem disse que o barraco era 60 reais, e ele comprou. Aí eu vim... quando chovia era a água alta, eu e os três meninos. Aí quando já tava com uma semana, ele (marido) chegou com as coisas dele pro barraco. A mulher botou ele pra correr de lá, porque ele bebia muito e a mulher mandou ele sair. E isso eu operada, tava com quinze dias de operada, tinha tirado o útero. Aí eu disse, menino eu vou ter que ir, é o jeito, porque o meu cunhado ficava dizendo as coisas, chamava meu menino de mendigo, chamava eu de uma ruma de coisas, mandava eu ir atrás dele, a filha da minha irmã também falava coisas... aí eu me sentia triste né, e só tinha essa solução. “Eu vou que é melhor que eu ficar lá, eu não tenho como ajudar nada lá.” Mas eu sofri tanto... Ele tinha tudo do bom e do melhor lá. 103 104 105 106 107 108 Eu disse um monte de coisa com ele: “como é que vc abandona seus filhos e a sua mulher também, não dói o seu coração? Abandonar nós passando necessidade. Trocar seus filhos por uma mulher que nem lhe quer,” porque ela tinha o homem dela. Ela era bonita... Eu não sei se ele tinha um caso com ela, ou se morava só de favor...
109 110 111 112 113 114 115 116 117 118 Aí ele pegou e veio me bater, pegou o pau pra me bater, aí eu corri, e nisso o meu menino ainda desmaiou, aí foi aí eu entrei num barraco, ele pegou uma ripa de pau grande e jogou pra tacar em mim, mas caiu longe. Aí uma vizinha disse que ia chamar a polícia porque a gente tava fazendo confusão. “Eu vim desacomodar ele, não foi você não. Pode chamar, eu vou presa, mas digo o motivo.” Aí chamou o senhor de uma bodega e disse: “olha não vá atrás dele não, deixe ele aí.” E outra mulher disse pra eu me acalmar... Mas Deus tá em primeiro lugar. 119 E ele veio morar comigo nesses barracos. 120 121 122 Meu filho saía bem cedinho pra granja, perdia os estudos, pegava muito pesado, e ele vivia cansado, chegava de madrugada. “Mãe eu tô muito cansado, não agüento mais”, 123 124 125 aí ele arranjou uns pintinhos e ficou um monte de galinha, e vendeu, e me deu um dinheiro que a gente entrou no mutirão pra construir esse quartinho, que meus filhos ajudaram a construir. E ele também 126 127 128 129 130 131 132 Mas hoje ele não trabalha mais, vive em casa... A comida, são os vizinhos que dão. Às vezes dão um quilo de arroz, às vezes de feijão. Ultimamente agora eu tô sem gás, e temos que procurar lenha, e a situação tá muito difícil, e ele nem fala comigo, nem com o menino mais velho. Porque eu acho que se fosse assim, tudo reunido, eu acho que as coisas iam caminhar assim, mais pra frente, mas eu não tenho como obrigar ninguém, né? 133 134 135 136 137 138 Esse outro, não fala com ninguém aqui de dentro de casa, (se referindo ao marido) o meu do meio não dá mais satisfação, sai e não tem hora Eu já passei o dia na casa da minha irmã, mas ela também tá carente. E aí já fica mais abandonada.. Aí hoje o meu menino mais velho tava me dizendo. “Eu tô doido pra arrumar um canto, pra eu sair daqui, porque eu não aquento a vida daqui de dentro.”
139 pra chegar. 140 141 142 143 E eu noto que ele tá assim, quase desnorteado, esse mais novo, eu noto que ele tá assim... , assim, sem rumo, eu não sei se é a dificuldade que ele vê dentro de casa, ou se é por causa dessa namorada... 144 Mas aí, depois desses barracos, eu resolvi ficar só em casa, decidi parar e seja o que Deus quiser, ou com fome ou com barriga cheia. 145 146 147 148 149 150 151 Tem hora que eu saio e eu vou por aí na casa das pessoas, pra ver se eu me distraio, pra ver se eu melhoro mais, se tiro essas coisas da cabeça, eu sempre me senti só, nem quando a vida tá boa, eu não tenho apoio de marido, eu não tenho ninguém pra dizer que tá aqui pra me ajudar não tenho.. nem o apoio de uma família.. meus filhos querem ir embora.... Eu vou ficar por aí. 152 153 154 Eu dou conselho pros meus filhos pra eles se juntarem com pessoas boas, pra cuidarem deles. Aqui acolá tem um que ainda me ajuda. Eles não são ruins... 155 156 Eu peço muito a Deus, pra me dar força pra ver se eu consigo viver mais uns tempos... (choro)
59 Ela não pagava ele, mantinha ele de coisa, de alimento, de tudo né? Numa casa muito boa... Expresión de valor: ya que la “jefa” fornece productos/bienes variados - recompensa 61 Aí me deixou sozinha, né? mas ele morava com ela lá. Confirmación del abandono (autoanálisis) 72 Eu peguei e agora pra onde é que eu vou? Momento crisis, cuestionamiento antes de una actitud afirmativa. 88 E isso eu operada, tava com quinze dias de operada, tinha tirado o útero. Aí eu disse, menino eu vou ter que ir, é o jeito, porque o meu cunhado ficava dizendo as coisas, chamava meu menino de mendigo, chamava eu de uma ruma de coisas, mandava eu ir atrás dele, a filha da minha irmã também falava coisas... aí eu me sentia triste né, e só tinha essa solução. Auto-reflexión sobre el proceso de decisión personal de arreglar el problema - Auto-análisis: coraje y afirmación. 93 “Eu vou que é melhor que eu ficar lá, eu não tenho como ajudar nada lá.” Actitud afirmativa después de la auto-reflexión. Autoconsciencia de la imposibilidad de trabajo en aquél momento (post-operatorio), valentía; resolución. 97 Mas eu sofri tanto... Consciencia y expresión de todo el sufrimiento vivido. 102 Ele tinha tudo do bom e do melhor lá. Juicio de valor: consciencia de las ventajas recibidas por el marido en la anterior situación de trabajo (sin salario, pero con otros beneficios) Análisis de la elección del marido. 104 “como é que vc abandona seus filhos e a sua mulher também, não dói o seu coração? Abandonar nós passando necessidade. Trocar seus filhos por uma mulher que nem lhe quer,” porque ela tinha o homem dela. Ela era bonita... Eu não sei se ele tinha um caso com ela, ou se morava só de favor... Desahogo, enfrentamiento del marido. Y luego la dúvida reflexiva sobre una posible traición. 118 Mas Deus tá em primeiro lugar. Expresión de valor religioso. En el contexto, Dios trajo serenidad para aceptar la situación (la venida del marido para el barraco) 129 e a situação tá muito difícil, e ele nem fala comigo, nem com o menino mais velho. Porque eu acho que se fosse assim, tudo reunido, eu acho que as coisas iam caminhar assim, mais pra frente, mas eu não tenho como obrigar ninguém, né? Evaluación actual de la situación conyugal y familiar. Teoría sobre un futuro condicionado por El grado de unión familiar. Desaliento por la falta de perspectiva; imposibilidad de cambio; falta de opción; ejercicio de paciencia. 133 Eu já passei o dia na casa da minha irmã, mas ela também tá carente. E aí já fica mais abandonada. Aí hoje o meu menino mais velho tava me dizendo. “Eu tô doido pra arrumar um canto, pra eu sair daqui, porque eu não aquento a vida daqui de dentro.” Asume su propia carencia. Justificativa de la impotencia o de su papel insignificante en el logro de la harmonía familiar; marca del establecimiento de complicidad con el narratario. 140 E eu noto que ele tá assim, quase desnorteado, esse mais novo, eu noto que ele tá assim... , assim, sem rumo, eu não sei se é a dificuldade que ele vê dentro de casa, ou se é por causa dessa namorada... Expresión de la vivencia dolorosa de desarmonía familiar y de la inminencia (o actualidad) de desagregación familiar. Teoría de las dificultades del hogar y sobre el destino del hijo. 144 e seja o que Deus quiser, ou com fome ou com barriga cheia. Expresión de valor religioso: Dios proveerá.
145 Tem hora que eu saio e eu vou por aí na casa das pessoas, pra ver se eu me distraio, pra ver se eu melhoro mais, se tiro essas coisas da cabeça, eu sempre me senti só, nem quando a vida tá boa, eu não tenho apoio de marido, eu não tenho ninguém pra dizer que tá aqui pra me ajudar não tenho.. nem o apoio de uma família.. meus filhos querem ir embora.... Eu vou ficar por aí. Estrategias. Consciencia y autoanálisis. Recapitulación de la solitud continua. – Luego, decisión. 148 152 Eu dou conselho pros meus filhos pra eles se juntarem com pessoas boas, pra cuidarem deles. Aqui acolá tem um que ainda me ajuda. Eles não são ruins... Opinión sobre el valor de las relaciones afectivas: se evita el sufrimiento al elegir “pessoas boas” que asuman la responsabilidad sobre el/la otro/a. Juicio de valor: los hijos no son malos por cuidaren de ella ocasionalmente. 156 Eu peço muito a Deus, pra me dar força pra ver se eu consigo viver mais uns tempos... (choro) Expresión de valor religioso: Dios proveerá, fe y auto-dominio. Comentario La narradora revela un discurso muy “espacial”. Ya que no poseía una casa “base” de derecho, pues se quedó huérfana muy joven y vivía con la hermana mayor. Así, desde temprano empieza a huir de las casas donde vivía, huyendo del sufrimiento infligido en cada una de ellas. Entre las fórmulas estereotipadas de expresión y pensamiento de personas situadas “abajo del limiar de la escrita” (conforme expresión de Bosi, 2003) se hallan algunas frases enunciadas por la narradora, como los códigos religiosos u otros códigos socioculturales, utilizando aún como figuras retóricas de su discurso términos que sugieren un pedido de auxilio y protección. Reclama un interlocutor, lamentando la falta de cuidados y de atención: “não tenho ninguém pra dizer que tá aqui pra me ajudar, não tenho...” (148). Su condición de oprimida, donde los derechos del trabajo ni siempre son observados (ej: la ausencia del salario), la narradora afirma que el marido vive “en una casa muy buena”, entendiendo la situación como ventajosa e incluso interesante, aún cuando eso implicaba en un abandono de la familia o una probable traición. Del mismo modo, la narradora puede afirmar que el marido fue “muy bueno” en la época en que trabajaba, a pesar de sufrir de él abusos constantes. El léxico “bueno” connota el hecho del marido haber asegurado a ella ya sus hijos la alimentación y vivienda, aun cuando la agredía frecuentemente. Esto demuestra otra vez a típica valoración dentro de la situación de pobreza extrema y sumisión vivida por las mujeres de la
región, que en la mayoría de las veces, no pueden contar con el apoyo financiero del padre de sus hijos, teniendo ellas mismas que cuidarlas y proveer su sustento a cualquier costo, en la ausencia de sus compañeros. Aquí se desprende la ideología del sustento = felicidad, muy común en las periferias brasileñas. Constatar que el marido “era el padre de sus hijos” es otro rasgo asociado al universo de la mujer dependiente, dejando implícita la supervaloración del jefe de la familia. Expresa la valoración del conocimiento de la paternidad (incluso en circunstancias que estimulan la desestructuración familiar) y por lo tanto, las razones para mantener una unión infeliz, con una constante carencia. La narradora posee todavía en sus términos desnaturalizadores, muchas expresiones de carencia, esperando siempre ayuda de Dios, de las hermanas, de los vecinos o del marido, algo que disminuya su sufrimiento, de alguien que precisase intervenir. Con todo, permanece siempre “aceptando” al marido, lo que refleja la falta de perspectiva por el hecho de vivir sin opción. Sin embargo, cuando eso ocurre, es para corroborar la situación de desamparo y violencia. A cada nueva huída, una esperanza de cambiar, un nuevo guía. Estas actitudes también son sus auto-afirmaciones más poderosas, estrategias de libertad dentro de su realidad. En cada nuevo movimiento de resistencia, de cambio, la autora tiene la oportunidad de reconstruir su vida, aunque caiga otra vez en la estática de la “sufridora”. Por no haber aprendido a leer, alega que “ha perdido” la oportunidad de estudiar, pues: “No tenía cabeza para eso”, representando otra huída. Es muy común escuchar personas en la comunidad decir que “desistieran” de los estudios, como si reclamasen un sacrificio vinculado al aprendizaje, tanto financiero, como mental. Sin embargo, la autora afirma su capacidad de “aprender con a vida”. De hecho, en su discurso aparecen diversas expresiones de confirmación de hechos e ideas propias a partir de su auto-análisis constante, firme y fría. Esa frialdad en relatar los episodios es aclarada también en su estilo de vida, y ejemplificada con la narración del episodio de sacarse el útero, como algo sencillo, natural, en que trae subyacente la sub-valoración de la condición de mujer. Al largo de la narrativa de sus escapadas utiliza términos frecuentes de movimiento. Su narrativa es progresiva y secuencial, así como su caminar. Su búsqueda todavía no ha terminado con la casa actual, pues no se trata de su hogar. Sus hijos también entran en la lógica del
sacrificio por la sobrevivencia, hasta decidir huir también. Hay ahí una repetición del movimiento de fuga, como solución para los problemas: “Aí hoje o meu menino mais velho tava me dizendo. - Eu tô doido pra arrumar um canto, pra eu sair daqui, porque eu não aguento a vida daqui de dentro.”(145). La narradora atribuye a la falta de “rumbo” ese constante deseo de salir del lugar, creando un comportamiento nómade. Hoy, la narradora vive en la casa de una de las hijas, situación oriunda de la falta de recursos y de la falta de perspectivas. Destacamos también la reflexión final de la narradora sobre el hijo “desnorteado”. La falta de apoyo y estructura familiar puede estar causando este estado emocional o también “a causa de su novia”, es decir, los aspectos emocionales en la vida pueden influir mucho en la estructura entera de una persona, como ella también ha vivido. ,- Siempre cuando recorría la comunidad a pie, en el período de convivencia con sus moradores/as, su casa estaba cerrada. Sabía que tenía alguien en la casa porque se escuchaba música, a veces. La conocí cuando fue coger a su hija en la asociación, alguna vez, después del estudio dirigido que ocurría por las tardes: Luego me llamó la atención su mirada interrogadora, sus pasos lentos, cansados, pero aún así firmes. Cuando una de las lideresas de la comunidad nos presentó formalmente y pude yo hablar de mi investigación, ella me dijo que cuando quisiera podía pasar por su casa. Y aunque con la puerta cerrada, y algunas tentativas fracasadas, me encontré con ella en una cálida mañana. Ella estaba con su hijo pequeño en casa, llevaba ropas comunes, sin ningún adorno especial. El ambiente olía a fréjol tierno cocinándose; era casi la hora de la comida. Me ha pidió que entrara sin mucho ánimo ni en la voz, tampoco en el cuerpo, y se fue la cocina, dejando que yo la acompañara.
De hecho, la entrevista fue realizada en la cocina. Hacía calor, pero percibí que no había ninguna ventana abierta, solamente la pequeña puerta que daba para el jardín. Justo en el inicio de la entrevista, en los momentos informales antes de encender la grabadora, se notaba que su expresión era un poco de rareza: “¿qué será que quiere esta chica?”. Así, con una mirada a la vez afectuosa y cuestionadora, empezamos. Observaba como hablaba y cocinaba a la vez y, sentada en la mesa de la cocina, la seguía con atención. Con el hijo pequeño todo el tiempo en sus brazos, observaba la hora para ver si terminaba de preparar la comida antes que los otros hijos llegaran de la escuela. El marido, no sabía si venía. Su voz era clara, Dulce. Yo notaba que se sentía plenamente cómoda con mi presencia. Justo después de presentarme su casa, y hasta el final de la entrevista me focalizaba con atención. Yo buscaba proyectarme con ligereza en dirección a ella y a sus palabras, enseñando mi atención y empatía. No nos tocamos físicamente ninguna vez. A parte del hijo, que incluso durmiendo, no salía de sus brazos, estaba la mesa entre nosotras y su delantal cubriendo su ropa. Incluso con estas “barreras”, sonreía fácilmente entre los episodios narrados. Sus recuerdos eran en mayoría tristes y la hacían tener pausas consigo misma. En cada pausa, se direccionaba al fogón, con sus largas manos, o llevaba la atención al niño en sus brazos. El tono de su voz durante la entrevista cambió solamente en el final, quedándose más fuerte, con más atención. Percibo una actitud todavía más acogedora hacia mi presencia (con una postura más relajada, apoyándose en la mesa) y también con su propia historia. Fue justo en este momento en que llevó su hijo para la cama y yo apagué la grabadora. Al volver, todavía hubo tiempo para una última pregunta: “Si alguén fuera escribir la historia de tu vida, o si fueran hacer una novela, cómo sería el nombre? -La novela de mi vida?... La mujer sufridora (risas) este título sería muy bueno! Y el final de la novela como sería? El final de la novela, a sufridora vencía, yo tengo mucha fuerza que un día yo venga a vencer, yo voy a conseguir todo lo quiero, para mí y para mis hijos. Yo tengo paciencia…”
Nos despedimos sin ningún contacto – es común en la región, un toque físico en los saludos, un dar de manos, un abrazo o un besito,- pero con una sonrisa cómplice. Me pidió que volviera cuando quisiera, se disculpó por cualquier cosa normalmente existe esa actitud de “respeto”) y cerró la puerta después de mi salida. De lejos se escuchaba que subía el volumen de la radio. Nos encontramos otras veces por el vecindario, y en la asociación. Siempre con los hijos al lado, me recordaba que yo la “debía” una visita a su casa. Y a pesar de pasar por allí algunas veces, su puerta cerrada, siempre decía más.
" !" línea Material Cronológico / naturalizador Material No Cronológico / desnaturalizador 1 2 3 Eu ia começar quando eu vivia com a minha mãe, né? o meu pai ele era da polícia, Eu via o sofrimento dela, e ele se achava o maior... aí, a gente ficava com medo, 4 5 6 ele era muito violento e dava nela, queria dar nela... Chegava dentro de casa quebrava as coisas, tudo dentro de casa, quebrava televisão, quebrava tudo. 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 Aí ela pegava a gente...tudo pequenininho assim, eu acho que eu tinha uns nove anos, pegava a gente, eram seis irmãos, e ia tudo pro quintal, o quintal era grande...cheio de mato, um matagal medonho. E a gente ia lá pro quintal pra se esconder dele , quando ele chegava dentro de casa bêbado, quebrava tudo, queria matar ela, aí era muita confusão. Ela já morreu, ela, ele foi morar com outra mulher... essa mulher que vive com ele até hoje Até hoje eu não falo com ele, ele me marcou muito, faz uns três anos que eu não vejo ele, eu tenho uma mágoa muito grande dele, porque ele fazia isso com ela. 17 18 19 20 21 22 23 24 25 Aí ela ficou sofrendo pra criar a gente, Ele dava o dinheiro do jeito que ele queria... Ela era costureira, trabalhava fazendo costura pra fora, A gente morava lá na Aerolândia, e eu ainda tenho duas irmãs que inda moram lá - não se casaram, o resto se casou tudinho e foram embora. Eu tinha uns nove pra dez anos... ela nunca foi atrás dos direitos dela que ela tinha, aí pronto. aí eu me lembro muito disso... assim, da minha infância mesmo foi só isso. A lembrança dele judiar muito com ela e com a gente. 26 27 Depois disso eu fiquei maior assim né, tinha uns dezessete anos e já tive meu menino mais velho quando me juntei... muito nova,
28 29 30 31 32 33 34 eu ia fazer dezoito anos, eu tive ele e um mês depois eu fiz dezoito anos, que é o J.N. aí pronto, aí por diante eu fui viver a minha vida, o mesmo sofrimento,... aí comecei a sofrer também do marido, que bebe, e fica naquela coisa também. Mas ele é muito bom pra dentro de casa, quando ele tá trabalhando ele não deixa faltar nada, pros meninos tudo.. 35 36 37 38 39 40 41 Fez tratamento, já passou oito meses no A.A., aí depois de ir, começou a beber de novo. O único defeito dele é a cachaça, que ele não pára, de jeito nenhum. Eu acho assim, que se ele tivesse um empurrão assim, uma pessoa pra ajudar, ele conseguia parar, que ele já parou uma vez... Eu acho que se tivesse isso ele conseguia... 42 43 44 45 46 Aí às vezes fica ruim de viver assim com ele, porque eu me lembro das coisas do meu pai...porque, já passei tanta coisa por causa do meu pai, e voltar tudo de novo.... Essas coisas dele beber, botar boneco, querer matar a minha mãe... 47 48 49 50 fica gritando... Só que ele não faz isso comigo, não. Graças a Deus, até hoje... eu sei que é ruim às vezes, Aí eu acho que não dá não, aguentando as mesmas coisas que eu agüentava do meu pai... 51 52 53 54 Mas graças a Deus, até..fez, vai fazer 15 anos agora que eu tô com ele. Foi quando eu tava grávida do J.N.... aí a gente vai vivendo, né? Empurrando com a barriga como pode (risos). 55 56 Meu maior sonho assim é eu terminar minha casa, e ajudar minhas irmãs 57 Assim, elas não têm marido... têm filho mas o homem não
58 59 ajuda, são separadas. Elas vivem na casa que era da minha avó, lá na Aerolândia, 60 61 62 Só que a minha vó morreu, fez um ano agora, aí a casa ficou pra todos os filhos, mas nem é das minhas irmãs, nem vende, nem nada, aí elas vivem lá, emprestado. 63 64 65 66 67 68 69 70 71 72 73 74 75 76 77 78 79 80 81 82 83 84 85 Eu vim pra cá eu tava grávida do J., faz oito anos já, ele vai fazer oito... Eu tenho cinco filhos. Cheguei aqui na época dos barracos, da invasão.... de vez em quando ele trabalha com a pai, ajuda, de pedreiro, sabe? Eu tenho muita pena delas, delas duas. Eu acho que o meu maior sonho mesmo, se eu pudesse, era ajudar elas duas, comprar uma casa, pra elas viverem sem precisar de favor, né? Porque eu, graças a Deus já tenho a minha, mas elas não querem morar comigo; querem morar na Aerolândia.... Aí fica assim, morando de favor, se elas quisessem eu repartia minha casa com elas na hora, mas elas não querem sair de lá... Faz muito tempo que elas moram lá, mas de 30 anos e eu não quero sair daqui, que eu já tô acostumada, né? Não quero sair daqui pra ir pra lá. Eu vivo bem assim, dá pra viver, né? É muito menino, se a gente pensasse assim, é muito menino. Depois que vai crescendo é que a gente vai ver as necessidades.. Quando é pequenininho é bom, mas quando vai crescendo... quer uma coisa, quer outra, pede uma coisa e a gente não pode dar... É mais difícil quando eles crescem. O mais velho vai terminar a oitava, aí vou botar ele pra fazer alguma coisa, 86 87 E aí ele quer me dar dinheiro, mas ele precisa comprar as coisinhas dele, um xampu, uma bermuda, eu não posso dar. O pai, o que ganha é só pra comer e
88 89 pagar as contas, né? Aí eu deixo esse dinheiro mais pra ele mesmo. 90 91 92 Ele estuda à noite, e passa o dia sem fazer nada, ele é esforçado ele. Eu queria que ele fizesse assim, trabalhasse no mercantil, né? Seria legal 93 94 95 96 97 98 99 100 101 102 103 Lá na regional faz curso também, só porque ele ainda não atingiu a idade de dezesseis, pra começar lá. Fala alto, assim, quando o pai dele tá bebendo, se altera, fica falando alto. Sábado eu fui lá pra minha irmã, quando eu cheguei eles estavam aqui, brigando um com o outro, discutiam... Mas vai fazer ano que vem,.. mas ele é muito revoltado com o pai dele, por causa das cachaças Aí eu tô tendo um problema muito grande aqui com ele, porque ele deu pra brigar com o pai dela agora. aí eu tô tendo um problema muito grande, eu não sei o que é que eu faça, o que eu digo pra ele... porque ele não pode destratar uma pessoa assim que é o pai dele. Mesmo ele bebendo, porque eu sei que ele tá errado também. 104 105 106 Ele quer passar por cima dele, falar mais alto que ele.. aí eu fico no meio dos dois, sem saber o que faço, se eu vou prum lado ou se vou pro outro. Se eu dou razão a um ou se eu dou razão a outro... 107 108 109 110 111 112 113 114 115 116 117 Por causa de volume de rádio, aumentam... eles não conversam normalmente quando ele está bêbado... mas nem um fala com o outro, só quando ele arranja um trabalho que é pro menino ir, aí pronto, até que se falam, mas quando eles tão assim, parado, nem fala nem olha pro outro, nem nada... É difícil, viver desse jeito. Ele é alegre, conversa com os outros filhos, brinca com eles, mas com o J.N. não, ele se fecha, ... não sei por que... A R.... eu mudei muito... eu era muito danada assim, pra brincar, essas coisas... e eu me fechei, a R. agora é mais fechada, mais calma, sabe... o que eu tenho assim, as minhas
designios de la vida. Sale de la casa de los padres y cambia para los barracos. En este mismo lugar construye su casa, de donde no está dispuesta a salir. Esa idea de conquista de la casa propia es corroborada por las condiciones de vida difíciles de los moradores de aquella comunidad. Especialmente su casa poseía una estructura más grande, más firme, físicamente. Sobre este aspecto, se nota claramente el calor de la casa mucho más simbólico y su intención de transformarlo en un hogar. No parece fácil para la narradora abandonar este espacio seguro, aunque de “sufrimiento”, especialmente en un barrio condicionado por movimientos de ocupaciones constantes. !" La narrativa presenta un discurso pausado, reflexivo, con énfasis en los juicios y teorías sobre la situación presente y poco en acciones y episodios específicos. El pasado, el presente y el futuro se mezclan durante la narrativa en una clara función de ordenación de cuestionamientos y reflexiones durante la entrevista. Como un ejemplo, el trecho en que habla de su padre en su niñez: “quando ele chegava dentro de casa bêbado, quebrava tudo, queria matar ela, aí era muita confusão... Até hoje eu não falo com ele, ele me marcou muito, faz uns três anos que eu não vejo ele.”(13) La narrativa interrumpe la sucesión temporal linear con “flashback” y "flashfoward” siempre con el intento de reflexionar sobre los incrementos de los hechos en el tiempo presente. Este procedimiento ayuda a mantener la interlocutora informada de los efectos sobre su vida y la de su familia y también auto-valorizando la situación actual: “Ela já morreu, ela, ele foi morar com outra mulher... essa mulher que vive com ele até hoje.” (15); “só que a minha vó morreu, fez um ano agora, aí a casa ficou pra todos os filhos” (60) Sus pocas marcas temporales son frecuentemente presentadas con hechos de su propia vida, con el tiempo recordado de su edad: “tinha uns dezessete anos e já tive meu menino mais velho quando eu ia fazer dezoito anos, eu tive ele e um mês depois eu fiz dezoito anos (27); o de algún estado importante de su vida: “Eu vim pra cá eu tava grávida do J., faz oito anos já, ele vai fazer oito...” (74).
La narradora utiliza buena parte del tiempo de la narrativa oral para el trabajo de la memoria. Los recuerdos del pasado se relacionan con el presente Del discurso para evaluarlo y darle sentido. El pasado aquí es precioso, un verdadero “presente”. Así, el tiempo real del discurso se confunde con el tiempo imaginario de la historia. Al contar su historia, también se vale de expresiones futuras, anticipando deseos y sueños, sin embargo, poniendo en el presente todas las reflexiones y cuestionamientos. Como en el ejemplo que prevé un futuro para su hija: “Pra minha filha eu quero que ela estude também, vá ser alguma coisa, pra ela não ter o mesmo futuro que eu tive, assim, me encher de filho logo e ficar dependente do marido. Não quero isso pra ela...” (193). Por lo tanto, reagrupando los episodios pasados y futuros en un orden lógico, la narradora compone un relato pausado, utilizándose de muchos “aí” (entonces), marcando la sucesión de los hechos narrados, sin perder la dimensión simultánea del tiempo vivido. “El tiempo vivido del discurso es un tiempo lineal, mientras el de la historia es pluridimensional (Todorov apud Nunes, 1995, p.27). #$ '(.)* l. Transcripción Significado (análisis retórica) 2 Eu via o sofrimento dela, Reconociendo el dolor de la madre 3 e ele se achava o maior... aí a gente ficava com medo, Tentativa de comprender la superioridad del padre 12 Até hoje eu não falo com ele, ele me marcou muito, faz uns três anos que eu não vejo ele, eu tenho uma mágoa muito grande dele, porque ele fazia isso com ela. Duelo actual del padre por el sufrimiento antiguo de la madre 17 ela nunca foi atrás dos direitos dela que ela tinha, aí pronto Análisis de los derechos da madre 20 aí eu me lembro muito disso... assim, da minha infância mesmo foi só isso. A lembrança dele judiar muito com ela e com a gente. Reducción del período de la niñez a los malos-tratos del padre 26 me juntei... muito nova, Auto-análisis sobre su actitud de casarse temprano 30 o mesmo sofrimento... aí comecei a sofrer também do marido, que bebe, e fica naquela coisa também. Teoría de la repetición del sufrimiento de la madre y evaluación del sufrimiento causado por el marido (vidas parecidas). 31 Mas ele é muito bom pra dentro de casa, quando ele tá trabalhando ele não deixa faltar nada, pros meninos tudo.. Gratitud por el comprometimiento del marido con la sobrevivencia de su familia 33 O único defeito dele é a cachaça, que ele não pára, de jeito nenhum. Marido con el mismo “defecto” del padre 38 Eu acho assim, que se ele tivesse um empurrão assim, uma pessoa pra ajudar, ele conseguia parar, que ele já parou uma vez... Esperanza del marido y argumento retórico pidiendo ayuda para el marido parar de beber.
Eu acho que se tivesse isso ele conseguia... 41 Aí às vezes fica ruim de viver assim com ele, porque eu me lembro das coisas do meu pai...porque, já passei tanta coisa por causa do meu pai, e voltar tudo de novo.... Essas coisas dele beber, botar boneco, querer matar a minha mãe... Reflexión sobre su calidad de vida, recordando el sufrimiento que tenía con su padre. 47 Só que ele não faz isso comigo, não. Graças à Deus, até hoje... eu sei que é ruim às vezes, fica gritando... Juicios de valor: el marido bebe pero no agrede, “menos mal”. 50 Aí eu acho que não dá não, aguentando as mesmas coisas que eu aguentava do meu pai... Evalúa la repetición del sufrimiento de la madre 51 Mas graças a Deus, até..fez, vai fazer 15 anos agora que eu tô com ele. Foi quando eu tava grávida do J.N.... Recurso de la fe para sostener la situación 53 aí a gente vai vivendo, né? Empurrando com a barriga como pode (risos). Consciencia de la degradación y expresión irónica de su situación estática (asume la inercia). 55 Meu maior sonho assim é eu terminar minha casa, e ajudar minhas irmãs Expresión de un sueño: la vivienda es siempre vinculada a un posible estado de mejoramiento o mismo salvación 57 Assim, elas não têm marido... têm filho mais o homem não ajuda, são separadas, elas vivem na casa que era da minha avó, lá na Aerolândia, Evaluación de la situación de las hermanas, común en la región, juicio de valor – vivir “de favor” es peor que no tener marido. 63 Eu tenho muita pena delas, delas duas, eu acho que o meu maior sonho mesmo, se eu pudesse era ajudar elas duas, comprar uma casa, pra elas viverem sem precisar de favor, né? Expresa solidaridad con las hermanas. 66 Porque eu, graças a Deus já tenho a minha, mas elas não querem morar comigo, querem morar na Aerolândia.... Aí fica assim, morando de favor, se elas quisessem eu repartia minha casa com elas na hora, mas elas não querem sair de lá... Faz muito tempo que elas moram lá, mas de 30 anos e eu não quero sair daqui, que eu já tô acostumada, né? Não quero sair daqui pra ir pra lá. Se resigna junto con a fe sobre la teoría de la vivienda, y justifica la dificultad de las hermanas de salir de la casa y la suya. Afirma su intenção de ayudar, reconociendo que es difícil cambiar después de se establecer. 77 Eu vivo bem assim, dá pra viver, né? Evaluación contradictoria de la situación. Los varios “né” que aparecen en la narrativa esbozan una constante tentativa de convencimiento. Tanto para sí cuanto para el oyente 78 É muito menino, se a gente pensasse assim, é muito menino. Depois que vai crescendo é que a gente vai ver as necessidades.. Quando é pequenininho é bom, mas quando vai crescendo... quer uma coisa, quer outra, pede uma coisa e a gente não pode dar... É mais difícil quando eles crescem Teoría sobre la cantidad de hijos: no sabe se fue bueno tener 5 hijos, reflexiona. 83 o mais velho vai terminar a oitava, aí vou botar ele pra fazer alguma coisa, de vez em quando ele trabalha com a pai, ajuda, de pedreiro, sabe? Expresa preocupación con el futuro del hijo. 86 mas ele precisa comprar as coisinhas dele, um xampu, uma bermuda, eu não posso dar, o pai, o que ganha é só pra comer e pagar as contas, né? Aí eu deixo esse dinheiro mais pra ele mesmo. Reconoce sus necesidades y recusa su ayuda financiera, da así confianza para el hijo ser independiente.
90 ele é esforçado ele. Análisis del esfuerzo del hijo para estudiar. 91 Eu queria que ele fizesse assim, trabalhasse no mercantil, né? Seria legal Expresión de sus valores con la posibilidad del hijo trabajar . 94 mas ele é muito revoltado com o pai dele, por causa das cachaças Evaluación del malo relacionamiento padre y hijo - culpa de la bebida 96 Aí eu tô tendo um problema muito grande aqui com ele, porque ele deu pra brigar com o pai dela agora. Énfasis en la oportunidad de ser escuchada (discurso = denuncia). Aprovecha para enumerar sus problemas 99 Mas vai fazer ano que vem,.. El hijo crece - posibilidad de ganar dinero 100 aí eu tô tendo um problema muito grande, eu não sei o que é que eu faça, o que eu digo pra ele... porque ele não pode destratar uma pessoa assim que é o pai dele. Mesmo ele bebendo, porque eu sei que ele tá errado também. Evalúa y repite su problema y tiene consciencia de que no posee una posición definida dentro de casa, delante el marido y los hijos (ni física ni emocional). 104 aí eu fico no meio dos dois, sem saber o que faço, se eu vou prum lado ou se vou pro outro. Se eu dou razão a um ou se eu dou razão a outro... Expresa indecisión y falta de actitud en relación a los problemas que posee. 112 É difícil, viver desse jeito. Concluye con resignación (auto-análisis). 113 Ele é alegre, conversa com os outros filhos, brinca com eles, mas com o J.N. não, ele se fecha, ... não sei por que... Juicios de valor sobre el marido, encontrando puntos positivos y buscando respuestas a las cuestiones con el hijo mayor. 115 A R... eu mudei muito... eu era muito danada assim, pra brincar, essas coisas... e eu me fechei, a Rose agora é mais fechada, mais calma, sabe... o que eu tenho assim, as minhas dificuldades, minhas preocupações, eu não falo pra ninguém, eu guardo comigo mesmo... Eu não gosto mais de conversar assim, eu sou mais fechada aqui por dentro... calada. Auto-reflexión sobre su comportamiento sumiso. Se remite al pasado y concluye callada. 121 Eu acho que começou quando eu me juntei assim, e vi as dificuldades, que foram aparecendo...e aí eu guardei tudo pra mim... Teoría sobre el inicio de su reclusión. Guarda sus sentimientos por causa también de las dificultades que aparecieran. 124 Eu não acho bom, não, às vezes eu tenho vontade de conversar com uma pessoa, falar dos meus problemas, né? Eu gostava muito de conversar com a minha irmã mais velha, mas eu me fechei até pra ela mesma eu me fechei... Reconoce la necesidad de hablar con las personas sobre su vida. 128 não sei porque aconteceu isso comigo Expresión de duda sobre su comportamiento. La narradora evalúa sus cuestiones. 130 eu acho assim, que ela já vive tão sofrida, e eu não quero contar minhas coisas pra ela ficar mais preocupada ainda... Encuentra una salida para no hablar de los problemas para la hermanas. 132 aí eu não tenho com quem conversar... O marido é só assim, pra negócio de casa mesmo. Às vezes eu tenho vontade de sentar e conversar com ele mas, eu não tenho coragem, fico assim desanimada... Evalúa su relación con el marido y concluye que no “sirve” para conversar, queda desanimada. Estereotipo reforzado del “proveedor”. 136 Ele com essas bebidas dele eu me desanimo total. Fico sem ação, sem nada, agora...no momento, eu não tenho animação pra nada... Delega a su falta de acción a la bebida del marido 140 por que tem que fazer mesmo, Expresa insatisfacción sobre las tareas domesticas obligatorias 142 mas fica uma coisa aqui dentro de mim, querendo se soltar e não consigo, uma coisa presa, Expresa más una vez la dificultad de hablar y de se soltar
como se tivesse presa... (angustia) 144 Eu não me arrependi de ter meus filhos, mas se eu pudesse, eu não tinha nenhum.... por que as dificuldades que a gente passa é muito pesada... Evaluación sobre la dificultad de ser madre, con contradicción. 147 eu não fui preparada pra isso, né, pra construir uma família, e viver... Analiza su falta de preparo para la vida. 149 eu acho que eu saí de casa por necessidade, pra me afastar, dos problemas de casa, né? Auto-reflexión sobre sus comportamientos en el pasado. Dialoga: “né?” 151 Eu achava que eu me juntando, se eu me casasse, eu achava que a minha vida ia ser uma coisa boa, mas eu vi que não, é a mesma coisa, os mesmos problemas que a minha mãe passava, as mesmas coisas que eu vi ela passando, eu passo também, do mesmo jeito, quer dizer não teve melhora na minha vida... Evaluación sobre su casamiento y sus decisiones de vida: repetición de los pasos da madre. Común en esa región. Huir del sufrimiento de la casa de los padres para “caer” en un otro modelo parecido. 156 Quer dizer, melhora assim, que eu tive meus filhos, agradeço muito a Deus que eles são meninos bons, perfeitos, né? Não têm nenhuma doença graças a Deus... Mas é só isso mesmo, porque os problemas... é demais pra mim... Cuestionamientos sobre la condición de los hijos. Juicios de valor sobre la salude y la fe (frase fuerte en el final) 160 Também eu acho, que quando que era mocinha assim, tudo o que eu queria a minha mãe fazia, ela criou a gente muito bem, eu não tenho o que dizer dela não, tenho uma irmã mais velha, formada, tudo às custas dela... Recuerdos de la facilidad que poseía cuando tenía madre. Juicios de valor: madre boa, ayudava los hijos. 168 Às vezes eu acho a minha vida boa quando eu comparo com a das minhas irmãs, porque elas vivem sem marido...tem uma que tem três meninos e a outra tem dois. Nunca tiveram sorte de arranjar um marido, pra botar dentro de uma casa... Expresión de duda - a veces. Juicios de valor: es mejor tener marido dentro de la casa. 172 Mas às vezes eu acho melhor a vida dela do que a minha, porque pelo menos elas não têm marido pra ficar perturbando Eu vou ver do outro lado já é diferente... Cuestiona su propio argumento, comparando su situación con la de las hermanas. Los dos lados del análisis. 177 eu não sei o que pensar .Às vezes eu tenho vontade de desistir, eu acho que não dá mais, e aí eu me arrependo, -será que é bom eu viver só, com os meus filhos? Concluye con un cuestionamiento todavía. Tener o no tener marido? Expresión de insatisfacción. A pesar del sufrimiento, el marido aún es una “suerte”. 180 Mas aí eu me lembro da minha mãe, o que ela passava pra criar a gente,e aí eu volto atrás. Recurre al ejemplo de su madre (soltera) y se resigna (ejemplo da madre) 182 Eu quero que os meus filhos tenham muita saúde, um trabalho e vão viver a vida deles Expresa su deseo para el futuro de los hijos - trabajo e independencia 184 pro mais velho eu queria que ele não dependesse mais do pai, assim, que ele trabalhasse independente mesmo. Só pra ele. Desea primeramente la independencia del mayor 186 Tenho vontade de ver isso, digo pra ele estudar... quem já tem estudo ainda é difícil, eu digo muito pra ele... mas graças à Deus ele é muito estudioso, esforçado que só. Ele é um menino bom, é calmo, chega do colégio e fica em casa... só sai pro vídeo game e pronto... Isso quando o pai dele não leva ele pra ir trabalhar, né? Porque quando leva ele passa o dia lá e Juicios de valor: educación todavía es la esperanza. Evaluación sobre el comportamiento del hijo, calmo y estudioso = bueno. Resignado también?
chega pra tomar banho e ir pro colégio... 193 Pra minha filha eu quero que ela estude também, vá ser alguma coisa, pra ela não ter o mesmo futuro que eu tive, assim, me encher de filho logo e ficar dependente do marido. Não quero isso pra ela... Eu acho que é a coisa mais ruim do mundo é você ser sustentada por homens, sem tem uma renda pra vc mesmo. Expresión del deseo de diferencia para la hija. No recomienda sus pasos. Se arrepiente y se resigna. Juicios de valor: dependencia del marido. 197 Pra mim, eu espero criar eles, terminar de criar, e depois eu arranjar um emprego. Trabalhar pra me sustentar Expresión de deseo de cambios personales. Trabajo e independencia financiera (del marido). Crear los hijos es incompatible con algún trabajo (?) 201 Até hoje mesmo, se eu arranjasse uma coisa, a mais velha cuida dos meninos, ela faz tudo, banha os meninos, faz mingau, faz de comer... Reconoce la destreza de su hija, que puede ayudarle. 204 aprendeu comigo, eu sempre ensinei a ela a fazer as coisas.. Expresa satisfacción en poder transmitir algún conocimiento a la hija. Afirmación personal. 205 Eu acho que se eu trabalhasse a vida melhorava, eu sou tão estressada, dentro de casa eu fico assim, faltam as coisas pra eles e eu não posso dar. Não sei, eu nunca trabalhei... eu tenho um curso de corte e costura na regional, sei fazer algumas coisas.. Qualquer coisa que aparecer... Consciencia sobre la condición actual Juicios de valor: el trabajo mejora la vida. Comentario La narradora marca su historia con reflexiones de valor y no-cronológico, de contenido bastante retórico, lo que sugiere, en el texto, más reflexividad por medio de teorías, evaluaciones y argumentos, que de preocupación en relatar acciones y comportamientos concretos. Este lenguaje retórico permite una auto-evaluación de sus cuestionamientos y sus dudas. En su habla, aspectos paradójicos o incluso incoherentes se revelan a través de los modelos que construye, en los que están revelados sus patrones de reflexión, juicio y comportamiento a partir de sus constantes dudas y contradicciones. Además, elíje los tópicos de reflexión mezclados en un discurso sin tiempo definido y con muchos verbos intransitivos, representativos del “estado” – que expresan sentimientos, pensamientos, intenciones, creencias y ansias. Éstos revelan situaciones sin solución para las cuales la narradora intenta las respuestas coherentes: “eu acho assim, que ela já vive tão sofrida,” (130) “Às vezes eu tenho vontade de desistir, eu acho
que não dá mais, e aí eu me arrependo,” (177) “Às vezes eu acho a minha vida boa, quando eu comparo com a das minhas irmãs, (168); “Mas às vezes eu acho melhor a vida dela do que a minha.” (172); “não sei porque aconteceu isso comigo.” (128). Aún corroborando con su actitud “paciente” delante de la vida, reconocemos formaciones verbales condicionales, representativas de una esperanza lejana: “se eu pudesse era ajudar elas duas” (64) “se a gente pensasse assim, é muito menino” (78) “se eu me casasse” (151) “se eu arranjasse uma coisa” (201) “se eu trabalhasse a vida melhorava” (205). Reconoce en la repetición un factor en su vida y teme que su hija herede el mismo camino de sufrimiento. Aquí la importancia del pasado es marcada con la posibilidad de vivirlo otra vez. Al narrar, le es permitido configurar una nueva experiencia: “Aí, às vezes fica ruim de viver assim com ele, ... aí eu acho que não dá não, aguentando as mesmas coisas que eu aguentava do meu pai...” (42); “os mesmos problemas que a minha mãe passava, as mesmas coisas que eu vi ela passando, eu passo também, do mesmo jeito, quer dizer não teve melhora na minha vida”(153); “pra ela não ter o mesmo futuro que eu tive, assim, me encher de filho logo e ficar dependente do marido. Não quero isso pra ela... ” (194). Reflexionamos también, sobre la manera con que utilizaba la relación de interlocución para reclamar su carencia y atención. Aquí se revela la dimensión de alteridad de la narrativa y su carácter reflexivo. La dirección del discurso a una interlocutora expone la partilla de una nueva experiencia. Como en el siguiente extracto: “às vezes eu tenho vontade de conversar com uma pessoa, falar dos meus problemas, né? Eu gostava muito de conversar com a minha irmã mais velha, mas eu me fechei até pra ela mesma eu me fechei... não sei porque aconteceu isso comigo. Às vezes eu ando lá, ela pergunta as coisas... eu não conto mais, os meus problemas... assim, eu acho assim, que ela já vive tão sofrida, e eu não quero contar minhas coisas pra ela ficar mais preocupada ainda... aí eu não tenho com quem conversar...” (124).
Y en el medio de su texto, encuentra y declara soluciones, describe y analiza, aunque sin mucha convicción: “eu não fui preparada pra isso, né” (147). Y a veces aún es capaz de ironía, al figurar su situación actual: “aí a gente vai vivendo, né? Empurrando com a barriga como pode (risos)” (53). En un análisis de sus procesos más íntimos la narradora, a través de su habla, declara su dificultad en deshacerse de la cadena de sufrimiento que empieza en su niñez, desde el inicio de su discurso y permanece sin solución hasta el final del mismo. En diversos momentos de la narrativa la autora va apuntando sus valores, que percibimos que son atribuidos por circunstancias de las experiencias, otras veces por circunstancias de la propia narrativa. Cuando al describir reflexiona sobre su condición “más cerrada, más calma”, presenta su personaje en la narrativa así como se revela con el cuerpo en la entrevista, una mujer de movimientos lentos, resignada, que deja el tiempo pasar a favor de su propio destino. Aun cuando declara la impotencia de su madre para reclamar sus derechos, reconoce su dificultad de emplearse, creyendo y reproduciendo el modelo del trabajo como representativo de un posible cambio (futuro) de su vida. Los únicos ejemplos de cambios efectivos son por el relato sobre el casamiento y los hijos. Ambos se refieren a las verdaderas y muchas veces frustradas tentativas de modificación, de recolocación de sí, de reposicionamiento delante de la vida. Sin embargo, la dificultad de “desligarse” de las relaciones claramente repetidas revela un modelo característico de las mujeres de aquella comunidad. En otras palabras, características de la mujer que se casa temprano, que nutre la esperanza de cambio, en una tentativa de buscar un camino propio, pero que muchas veces suele ser el mismo camino de su madre, repitiendo la dependencia del marido, representado por el grande proveedor, y la pasividad delante su condición. El sufrimiento es su tema-base y la supervivencia, su gran justificativa. Aún así, ellas no prescinden del habla. Son mujeres, como la R., que están metidas en algún movimiento comunitario, que reconocen el poder de la educación y creación de los hijos y de sus relaciones estrechas dentro del cotidiano de la comunidad y que no dejan de soñar.
Los obstáculos a eliminarque podrían llevar a un proceso de mejoramiento, no son removidos. No obstante, ella posee sueños de cambio para su familia (casi siempre relacionada al trabajo) y para sí misma también. Se resigna sin dejar de soñar. Los sueños permean la narrativa como tareas todavía no realizadas. Y quizás no realizables, con todo, nunca abandonados. “ Toda historia de sufrimiento clama por venganza y exige narración” Ricoeur (1997, p. 116). , ¡Que difícil fue realizar aquella entrevista! Habíamos quedado ya varias veces que yo pasaría por su casa, pero la narradora nunca me indicaba directamente donde estaba. La conocí en una de las reuniones de padres de la comunidad, tenía la mirada firme, era sonriente y rápida, sin embargo, sin mucha implicación con los problemas que contaban de sus hijos en la asociación. Parecía demasiado joven para tener ya cinco hijos. Un día, haciendo otras visitas a la comunidad, me encontré con ella en la puerta de su casa, un barraco oscuro, pequeño, sin color. Sonrió con mi presencia y dijo: “¿quiere entrevistarme ahora?” Aproveché y confirmé. Hizo entonces una señal para que yo entrara en la casa y empezó rápidamente a arreglar un poco el local, gritando con la hija pequeña, un poco nerviosa. Pedí que no se preocupase por mí, que yo podría sentarme en cualquier lugar. Y efectivamente el único lugar disponible era una cama. La casa estaba compartida entre esa habitación y la cocina. Hecha de madera de construcción (taipa), la casa parecía extremamente frágil. Poca luz entraba en el cuarto, a pesar de estar en una región constantemente soleada. Parecía feliz con mi presencia, aun que un poco nerviosa. Se sentó en una caja cerca de la cama y empezamos la entrevista. Así, confirmando que el marido no estaba, advirtió que por eso era una buena hora para entrevistarla.
Su narrativa era acelerada, contaba los hechos recordados de forma sencilla y sus recuerdos la hacían mover-se mucho de su cajón. Tomaba la niña (la hija que nos asistía) en los brazos y en seguida la sacaba, algunas veces. Tocaba mi pierna, como confirmando cosas (señal común en la región de acercamiento confianza entre personas que se conocen) y seguía hablando. Miraba para el alto, para el techo, como que reflexionando, en el medio de la narrativa, o cuando hacía referencia a Dios. Sonreía entre pausas, a pesar de ser una narrativa bastante triste, llena de violencia. Parecía no implicarse con lo que relataba. Llevaba vestido un blusón y un pantalón cortísimo. Tenía una mirada firme y a la vez carente. Seguía la conversa con un ritmo intenso, su hija la admiraba con la mirada. Alguna vez se ha levantado para mirar hacia fuera (creo que para comprobar se o marido llegaba). Con el paso de la entrevista se puso más “dentro” de su historia, mirando más veces hacia bajo, como quien escucha sus propios análisis. Al final de la entrevista se emocionó y abrazó la hija. Luego, se levantó rápido, recomponiéndose, y dijo: “listo”? , dando por encerrada su historia. Me levante yo, pregunté si le gustaría decir alguna cosa más y me dijo: “Nos vemos en la escuela, sí?” señalando que yo ya podría irme. Se despide con un besito y saludó con la hija en los brazos. Después de eso, la encontré por la comunidad en diversas otras veces, y una de ellas me ha preguntado en tono bajo: “¿Ha servido la entrevista? Si quiere, lo hacemos otra vez!” con el mismo brillo carente en la mirada.
Finalmente es importante destacar el carácter comunitario de su experiencia de vida, típico de las regiones rurales, donde el apoyo y la propia trama de su vida envuelven necesariamente a gran parte de la comunidad. Espacio dimensional (físico) Local de mención en la E.N. (líneas) Ambientación Expresión subjetiva asociada Mingas Carretera 8 Fiesta, trabajo colectivo. Victória, conquistas, alegrías. Mingas Sub-centro 10 Trabajo duro, pero divertido Vitorias, logros. Casa 33, 41, 48 Paz sin marido; Trabajos manuales; Visitas periódicas. Trabajo, seguridad, alegrías Quito 50 Conmemoración, cantonización; Participación espacio político Felicidad. Comentario Se resalta en su narrativa una buena movilidad entre el espacio público y el privado, con una especial énfasis en lo público. Con libertad auspiciada por la familia y una relativa independencia del marido, la narradora resalta los ambientes importantes de su vida, como las mingas siempre acompañadas de una expresión asociada de alegría y conquistas. Es notable también cómo una mujer dentro de la sociedad machista en que se encuentra, posee una importante participación política, destacando los momentos de construcción de espacios públicos importantes para la ciudad, como la carretera principal y el sub-centro de salud, y también cuando es invitada a conmemorar en Quito el proceso de cantonización de Nabón, incluso reconociendo la grandeza de esos eventos: “Qué lindo estar ahí!” (61).
De hecho, a pesar de que los espacios y la vida comunitaria sean ambientes donde las mujeres participan o inciden con más fuerza, no quiere decir que sean espacios horizontales. Según Herrera (2009), uno de los elementos decisivos para los procesos de organización de las mujeres, el desarrollo de sus libertades, la organización de su lugar en el mundo y el despliegue de sus habilidades y destrezas, está relacionado con el tipo de carácter de relaciones de género presentes localmente (p. 92). Destacamos estas reflexiones porque la narradora apunta estos espacios como significativos en su texto y en su vida como mujer, encontrando ahí una afirmación distinta de su vida y de sus logros junto a la comunidad. En definitiva, el concepto de comunidad que nos referimos aquí se acerca al de Paredes (2010) en su feminismo comunitario, que lo presenta como una alternativa a la sociedad individualista que heredamos del occidente. En este modelo la idea central la constituyen grupos hermanos con visibilidades complementarias entre hombres y mujeres que puedan construir comunidades a partir de su propio cuerpo e identidades cambiantes. Colaborando con el concepto de Yuyal-Davis (1997) “Es importante no percibir “la comunidad” como una unidad natural dada, a la cual uno puede pertenecer o no. Las colectividades y “comunidades” son construcciones ideológicas y materiales, cuyas fronteras, estructuras y normas son el resultado de procesos constantes de lucha y negociación” (p. 111). En el discurso de la narradora EC3 es resaltada esta idea, combinada con sus propios ejemplos para señalar que el proceso de desarrollo, social, económico y político combina con la liberación del tiempo, con el proceso de organización y capacitación, y el cual termina convirtiéndose en una estrategia de organización social y colectiva para las mujeres y para la comunidad entera.
!" La narradora centra su relato en su juventud, un tiempo de libertad, de fiestas, de conquistas y de participación política. Elige decididamente ese espacio de tiempo en gran parte de su discurso y lo valora como singular para su construcción identitaria y a la de su comunidad. Con un discurso bien ritmado, con casi ninguna pausa reflexiva o emotiva, la narradora mantiene buenos flujos de movimiento pasadopresente, centrando, sin embargo, sus reflexiones y acciones en este pasado reciente, cuando era joven y construía las bases de su situación estable de vida actual. Se podría decir que estos recuerdos se confunden también con los de la comunidad, conformando una memoria única, colectiva, donde interpreta sus vivencias en conjunto con las vivencias colectivas, proporcionando coherencia simbólica, cultural, histórica, política y personal en la reflexión del pasado y del presente. De hecho, las historias de vida de mujeres rurales son también la expresión de una memoria colectiva producida en la interfaz entre la vida privada y la historia social y cultural. Funciona como un dispositivo cultural, una táctica generadora de sentido, donde la memoria es capaz de rehacer el vivido al narrarlo. Como afirma Bosi: “Escuchando testimonios orales constatamos que el sujeto mnémico no recuerda una u otra imagen. Él evoca, da voz, hace hablar, dice otra vez el contenido de sus vivencias. Mientras evoca él está viviendo actualmente y con una intensidad nueva su experiencia” (Bosi, 2003, p. 44) Curiosamente, y con un tono siempre alegre y respetuoso, se muestra en el final de la entrevista preocupada si esa iba a ser publicada en alguna revista local, porque todos la conocen y no quería comprometerse.
&'() *+,-. líneas Transcripción Análisis retórica 1,2 En mi vida me sentí bien, a veces algunas dificultades, porque nadie quiso así, no? Comprensión en carácter de síntesis a cerca de su bien estar. 11, 20 era bonito, una felicidad salir a estar ahí; Era muy divertido el trabajo de la minga Análisis de los sentimientos añadidos a la participación de las mingas 19 está lindo! (risas) Valoración de su propio trabajo colectivo 26 Me salió un hijo muy bueno, Énfasis en el buen carácter de su hijo hombre. 27 Las mujeres tratamos de defendernos lo mejor pero la mujer siempre es deshonrada. Di o no di motivo. Y siempre hay un motivo u otro. Los hombrecitos son más libres, salen, la preocupación de madre es más con un hombre que con una mujer, hay que buscarles. Las mujercitas sea como sea, son más apegadas a la madre… Conciencia de la violencia machista. Reflexión de los roles de género, enfatizando la libertad del hombre y la dependencia de las mujeres. 36 A mi ya no me quedaba otro remedio. Póngase que me arrepienta, y ahorita yo con mis hijitos, dar un mal ejemplo, hay que se conformar con lo que queda, no me queda más. Auto-análisis del comportamiento tradicional frente al casamiento; Énfasis en el ejemplo para los hijos. 44 Hay cosas que quiero aprender todavía, a cocinar, pues sufrí desde joven Asume su sufrimiento y expresa sus ganas de aprender 61 Qué lindo estar ahí! Conciencia de la importancia de su participación 66 Lo que me gusta de verdad es vivir en amistad con todos, perdonarse cualquier cosita que ha pasado mutuamente, yo sí, no he tenido rencor con nadie, porque si estoy con una venganza con otra persona no sirve de nada… Evaluación sobre sus valores personales; Actitud abierta; reconocimiento del valor de las buenas relaciones. 72 Cada uno tiene un criterio, no? Confirmación de una actitud equilibrada e imparcial. Comentario Empieza su narrativa con una síntesis de cómo encara su vida actual, manteniendo un auto-análisis coherente a lo largo del texto y finalmente recapitulando sus valores al final de su discurso.
Se percibe un pequeño espacio en su historia para su análisis retórico (material no cronológico), pero cuando lo hace trata de valorar y reflexionar sobre aspectos de su identidad y de la identidad colectiva en su experiencia de vida, con reflexiones punctuales, pero sin detenerse mucho. La narradora revela así en sus reflexiones un carácter crítico hacia los aspectos familiares, de género y comunitarios. Haciendo un esfuerzo para valorar sus acciones basadas en los ejemplos y en la experiencia. También afirma sus ganas de seguir aprendiendo: “Hay cosas que quiero aprender todavía” (44), relevando su carácter abierto y receptivo, valorando los momentos colectivos, la alegría de poder ayudarse mutuamente con la impresión de que eso también y especialmente puede favorecer a las mujeres que están todavía inmersas en modelos de culturas tradicionales como la suya, sirviendo también de ejemplo hacia sus propias hijas (dos madres solteras). Con estrategias claras de cohesión, de agrupamiento, y valores expresos de apoyo y colaboración mutua, la narradora construye un relato coherente con sus prácticas, utilizando por algunas veces la forma diminutiva (habito común del lenguaje de la sierra, incluso entre los hombres), mezclando también con el idioma kichua en su narrativa. El aspecto religioso también es resaltado cuando recorre una imagen de Jesús con cariño aceptando eso como un regalo o mensaje divino: “Y en el camino encuentro a “mi diosito” (64). Con una actitud imparcial y equilibrada, termina su relato dejando claro sus valores hacia el diálogo, la comprensión mutua y la buena relación con los demás.
#$% La conocí a través de un compañero de trabajo que me indicó su casa y la encontré precisamente en una de las visitas del proyecto a las familias con adultos/as mayores que no podían acudir a las reuniones del barrio por motivos de salud. Esta señora me recibió en su casa desde la primera visita con una alegría impresionante. Caminaba despacio pues tenía un problema en sus piernas y por este motivo no salía de casa hace algunos años. Vive con un sombrero dentro de casa, que le da una impresión sobria, austera y con su peso un poco aumentado a veces caminaba con un cayado, lo que le imponía todavía más respeto. De todas las veces que la visité no me presentó su marido ninguna vez, él mismo se presentó más bien en una ocasión. La sensación era de que ella mantenía un lugar de poder en la casa, con su gran jardín, tres hijas y dos nietos alrededor. Tejía y cuidaba de las partes fáciles del jardín. Aceptó la entrevista después que le explicara muy bien el motivo de mi investigación. Nos sentamos entonces en unas sillas del propio jardín interior de su casa. Pidió a su hija que nos preparase un café y empezamos. La entrevista fluía con mucha alegría, la narradora se ríase con todo el cuerpo, moviéndose entera con su propia risa, recordándose de sus hazañas cuando era joven. Parecía muy satisfecha con lo que decía y escuchaba, incluso un poco orgullosa de recuperar esa memoria de logros colectivos y verse implicada en tantas acciones importantes. A veces se acercaban sus nietos y quedaban escuchando sus historias un rato sin incomodar. No nos tocábamos nada, sólo en el momento de saludarnos. Así, con ropas de colores sobrios y pesadas por el frío, y un tono de voz ligero, divertido, terminamos la entrevista en medio de risas. Desconecté la grabadora pero ella seguía contándome episodios curiosos de su vida.
Por eso, volví allí muchas veces todavía. Su abrazo era caluroso y era un gusto sentarme a escucharla en sus tiempos de manos y piernas ágiles como su mirada y su voz.
-( # .#/# #01(23 Tras analizar las tres entrevistas, encontramos en esta investigación narradoras que, a través de ejemplos y de luchas diarias, rehacían su cotidiano con la ayuda del cuerpo y de la palabra, adoptando una actitud fuerte, a pesar de su opresión en relación al marido o a las condiciones de vida Por tratarse de tres señoras mayores, se percibe en su discurso y en su vida una doble discriminación, de género y generacional (tratamiento desigual y desfavorable a una persona en función del sexo y de la edad, respectivamente). Éstas les permitían desafiar sus estigmas y construir una identidad a partir de su propio cuento de vida. Lo que fue, o lo que ha podido ser configuran un modelo de vida que implica toda la comunidad y refuerza patrones de mujeres singulares en Nabón. Esta característica las ubica en una posición de resistencia hacia todas las experiencias significativas de su vida y su papel como autoras de cada historia. Además, aparte de lo que vivencia una extranjera en ese contexto al escucharles, les permitía a ellas también vivir en primera persona devolviendo el poder de la palabra en la propia publicación de su vida. Una autoridad compatible con la experiencia de vida, con sus respectivas libertades, memorias y deseos reconocidos. El periodo de vida que narran las tres mujeres hace referencia al proceso de modernización anterior al tiempo actual vivido en la ciudad. En aquella época, las mujeres de Nabón soportaban condiciones de vida extremamente precarias, en la medida en que la vivienda, salud, educación, alcantarillado, agua potable, empleo, no estaban disponibles por la ausencia del Estado, y por lo tanto, las familias enteras vivían no sólo la escasez de los medios de producción y de las condiciones naturales, sino también una precariedad institucional que les hacían permanecer en un estado sistemático de pobreza. Como ejemplo de aquella situación, las narradoras recuerdan algunos episodios con una fuerte carga simbólica o emocional añadida. Ej.: El problema de la falta de opción para estudiar: “No iba a estudiar porque no había escuela.” (EC1, 2) O cuando la había, el sacrificio para acceder, les hacían abandonar: “Nos pusieron en una escuela, y
cuando llovía subía una quebrada que no había quien pasarse, y a veces amanecíamos ahí…” (EC2, 40). También recuerdan sucesos que implican la falta de una asistencia médica básica, ausencia de hospitales, o cualquier centro de salud: “Mi papá se ha quedado huérfano de los padres en aquellos tiempos que daba la fiebre, no? ( EC2, 3) o cuando morían de alguna enfermedad sin nombre específico: “murió de riñón acabado” (EC2, 8). De hecho, la vida en la ciudad también representaba precariedad en aquellos tiempos, como la narradora EC2 relata: “venimos a Nabón, vivíamos metidos como chanchitos, en una casita de paja, el agua cogíamos lejísimos, en la acequia” (44). Sin embargo, es evidente que para la estructuración y modernización social las mujeres son una base fundamental en el mantenimiento de todas esas acciones, pues el trabajo de las mujeres es un elemento que brinda cohesión y estructura social y colectiva, principalmente en el caso de Nabón, donde la migración masculina sigue aumentando. No obstante, como expresado por las narradoras, esa participación todavía es condicionada por una tutoría masculina, como comenta EC3: “nos daban 14 metros para construir la carretera, sobre la inscripción de mi papá y mi hermano”(9), o en la propia ausencia del estado para obras como la carretera, en que se acudían a las mingas, el permiso se lo daba un familiar masculino, representante del acuerdo legal, lo que inhibía la expresión de la voz femenina como un espacio político por excelencia. Así, a nuestro entender, de los distintos procesos que condicionaban y limitaban la vida de las mujeres hay que resaltar la imbricada relación de clase, etnia y género, que están ligados íntimamente a los procesos históricos de la comunidad, y son también definidos culturalmente. Sin embargo, es evidente que las mujeres hoy se encuentran en mejores posiciones y situación que hace algún tiempo en Nabón. Aquí quisiéramos dibujar con palabras la fotografía más común del cotidiano del cantón: mujeres, en su mayoría en edad avanzada en constante labor del campo. Sembrando, deshierbando, cultivando, criando, embelleciendo con sus polleras coloridas las lomas verdes y afirmando una fuerza indiscutible, motor de toda una comunidad, que resiste.
De hecho, las mujeres son la mayoría aplastante en las mingas, en las reuniones, en los trabajos del campo, en las tiendas locales, en las asambleas 11 y esto crea condiciones para el desarrollo de su autoría. Esta presencia mayoritaria, se convierte en una realidad innegable que podría orientar acciones políticas, articulando elementos de fortaleza ya existentes para favorecer una conciencia que lleve a la acción transformadora. No obstante, en el cantón no existen organizaciones políticas de mujeres, no hay acciones específicas para los temas de violencia hacia las mujeres y su trabajo sigue siendo subvalorado por la estructura social. En verdad, la voz das mujeres de Nabón, apenas se escuchaba. Es fácil recordar cómo impresionaba el acento de “los pueblos de las montañas”. Siempre de tono bajito y dulce, usando preferiblemente diminutivos, desde en reuniones formales hasta en las riñas de gallos. Esto rasgo cultural, nos permite analizar los aspectos más regionales y locales de las herencias lingüísticas que supone una sociedad escindida étnicamente con procesos todavía por vivir de descolonización. Los recurrentes vocablos en diminutivos utilizados por las tres narradoras, aun más resaltados en el discurso de la narradora EC2, expresan una vivencia rural fuerte y un uso del lenguaje condicionado a sus procesos de vida, como también un determinado énfasis discursivo, direccionado a distintas representaciones. Como ejemplo, la idea de que un vocablo diminutivo puede representar una expresión de cariño, o de desprecio. Ej.: “La otrita, vive por Machala, por ahí” (EC2, 86); para generalizar, EC3: los “hombrecitos (29); mujercitas” (32); o para enfatizar: “mi diosito” (64); “mis hijitos” (37). A eso añadimos la frecuencia con que usan el pronombre usted, sin ninguna referencia especial, aplicándolo hasta mismo hacia los/as niños/as. Ej. EC2: “sin que usted imagine” (70). Ese hábito, sugiere una herencia bastante “colonizada” del lenguaje, como algunas otras expresiones que solíamos escuchar en todo el pueblo, como excusas exageradas, permisos recurrentes y el uso constante del diminutivo, revelando todavía una expresión servil en el lenguaje y en los cuerpos, con posturas y miradas frecuentes “de sumisión” o de inferioridad, fácilmente visible en las mujeres. 11 “las asambleas son un paradigma de los procesos locales de la descentralización de facto y no sólo tienen distinto carácter sino que muchas de ellas han sido cooptadas para ritualizar e instrumentalizar la participación con metodologías propias” (Herrera, 2009, p. 15)
La memoria nos habla de dónde venimos, qué problemas, qué luchas se dieron en medio, como así las mujeres estamos donde estamos, nos habla de cómo antes, también hubieron mujeres rebeldes. Nos permite recoger a mujeres de nuestras comunidades en sus resistencias antipartriarcales y nos permite reconocer a las que hoy todavía están en las comunidades y valorarlas, algunas de ellas ancianitas, valorar sus aportes a nuestras luchas como mujeres (Paredes, 2010, p. 48). Así, la memoria colectiva de estas mujeres permite indagar por las representaciones e imaginarios de identidades organizados al calor del proceso de construcción de una misma; actualizada, singular y siempre situada.
4 ! !5.6 ! !. Nuestro estudio se refiere a un análisis interdisciplinar de la identidad de género a partir de la voz de mujeres de culturas populares de Brasil, Galicia y Ecuador. Al concluirlo intentamos hacer un análisis de los principales puntos de mayor relevancia según nuestra percepción, de sus posibles aportes y retos, dentro de una perspectiva global, aunque no generalizadora, y, cómo no, también algunas posibles limitaciones. Desde un primer momento, éramos conscientes de que era un riesgo afrontar una investigación con los temas de lo femenino, a partir del análisis de distintos lenguajes en la construcción identitaria. La diferencia en afrontarle, no estaba en que una mujer lo hiciera, sino que decidiera hacerlo a través de voces de mujeres marginadas; buscando acercar el discurso científico al discurso ordinario y al revés, analizando distintos grupos culturales y sociopolíticos. Al tratar el habla de mujeres, nos encontramos con diversos caminos posibles de interpretación. A partir de los objetivos propuestos, encontramos formas de resistencia en contextos cotidianos por la comprensión de los significados socialmente compartidos por nueve mujeres que viven y narran historias de vida singulares. En mayor medida, este estudio se apoya en el cuestionamiento de género como categoría analítica para rebatir ciertas construcciones asumidas como naturales. Por lo tanto, reconocemos en este trabajo algunas iniciativas originales y estimulantes del rol que tenemos nosotros/as los/as psicólogos/as, de cara a los fenómenos y procesos psicosociales y lo que estos necesariamente envuelven. A partir de estos elementos, este trabajo se ha articulado desde tres rupturas epistemológicas que nos permitieron un relato innovador y desafiante de la función de la investigación social. La primera, es la idea de que el discurso es una construcción de la realidad, y para eso nos amparamos en la propuesta de la identidad narrativa (Ricoeur, 1994, 1997)
revelada en la comunicación oral. Los aspectos envueltos en la reelaboración narrativa del yo (histórico, ficcional y culturalmente situado) fueron teorizados en conceptos como el de memoria colectiva de Halbawacks (1990), que presupone una naturaleza social y constructivista de la memoria, visible en los recuerdos de los individuos. La siguiente ruptura se debe al hecho de considerar la metodología cualitativa como un aporte de cuño teórico para pensar las prácticas de la investigación en psicología social. Siguiendo los pasos de Billig (1987), Potter y Wetherell (1987) y Spink (2000), mostramos que esa forma de tratar los datos corresponde también a ciencia y está en creciente aplicación dentro de las propuestas que se distancian severamente de la de una psicología más extendida y tradicional, en línea con el positivismo. Y la última, y no menos polémica, es el reconocimiento de que el cuerpo también posee un lenguaje comprensible (Esteban, 2004). Es decir, consideramos el cuerpo en un lugar que está situado entre el material y el lingüístico y su capacidad de acción, junto con el habla (cuerpo/habla; acto de habla) pueden producir biografías. Analizando estos aspectos junto con las historias de vida, concluimos también que esas elocuentes manifestaciones no-verbales deben ser escuchadas como formas de resistencia en vistas a la liberación. En ese camino, nos deparamos con cuestiones advenidas de otras áreas de conocimiento que, colaborando con la base teórica de la psicología social, contribuirán para la discusión de temas afines, como la resistencia y la libertad (tratado por filósofos, lingüistas y literatos), y los variados problemas históricos y culturales; como la exclusión social, cuestiones étnicas y las propias relaciones de género (apoyadas por conceptos antropológicos, sociológicos y feministas). En el período de la realización de esta tesis, dentro de temas en contextos tan distintos, el crecimiento y el aprendizaje fueron sobresalientes en relación a las dificultades y retos. Por tanto, resaltamos que al trabajar con las narrativas de los sujetos de las investigaciones, estamos no solamente participando de su historia, expresada en su experiencia vivida. También participamos de la reconstrucción de esa identidad colectiva, estratégica, coyuntural, a través de la profusión de sentidos que revelan el habla y el cuerpo.
De ahí que el intersubjetivo sea tan importante en este tipo de investigación. Porque exige aprender a confiar en métodos de percepción que se experimentan en determinados contextos de relación, muchas veces no reproducibles en ningún otro lugar. Dentro de esas contribuciones, esta tesis también nos enseña la importancia de los variados feminismos para hacer circular la voz y el cuerpo de esas mujeres y de tantas otras implicadas en una transformación justa y social de la vida de todas las personas. Con una verdadera vigilancia al revelar los controles simbólicos a través del habla y del comportamiento, esa postura propone un diálogo más entero, más político, en su amplitud conceptual, dentro de las ciencias humanas; especialmente en la psicología social, como lo proponen psicólogas y feministas aliadas con esta transformación (Wodak, 1997; Brandão, 2011; Wilkinson, 1997). El avance científico y tecnológico, la rapidez de las informaciones, además del sentimiento de desamparo y de desilusión que permean la sociedad contemporánea, parece tener efecto en la disminución del comportamiento de sentarse y “charlar”. Sin embargo, ese habito todavía es común en barrios de la periferia y zonas rurales, revelando también un sentido reivindicativo –el relato de un dolor para un/a oyente empático/a y sensible. Dentro de la propuesta de identificar los principales temas y motivos que surgen en las narrativas de vida de las mujeres, distinguimos los significados que son codificados por las condiciones socioculturales, étnicas o de género, así como aquellas que revelan sus experiencias más singulares. Para ello, desarrollamos una actitud etnográfica durante todo el periodo de campo, proponiendo en seguida un método de análisis del material recolectado que pudiese abarcar la variedad de aspectos, reconocidamente importantes, enunciados por las propias entrevistadas. Entendemos pues, que aplicada a las ciencias sociales, la herramienta etnográfica ayuda precisamente a los/as investigadores/as sociales a escuchar de una manera mucho más integral el entorno y todo lo que este implica. Ya que diversas expresiones de este social no se forman, o tampoco pueden ser capturadas en la entrevista, sin embargo, son aprehendidas durante el tiempo en que convivimos con los grupos en contacto y junto con las vivencias en el colectivo del cual forman parte.
Por otro lado, creemos que nosotros/a tenemos, como investigadores/as sociales en general, mucho que contribuir para los endémicos problemas de injusticia social, entrando en contacto con prácticas de la psicología más críticas y comprometidas; y así, reafirmando una postura no-neutral que se alíe continuamente con los movimientos de resistencia cotidianos. Así, a partir de nuestra elección teórico-metodológica, analizamos la estructura de las narrativas, con la inspiración del análisis del discurso (Iñiguez, 2003). Observamos el plano de constitución de la historia contada, con vistas a explicar la organización de las acciones, los personajes y espacios enunciados por las narradoras, la categoría del tiempo y los aspectos más retóricos de su discurso, para comprender cómo ellas cuentan su vida y comunican el sentido más profundo de lo que se les ha ocurrido, incluyendo también en nuestros análisis la descripción de su expresión corporal en la construcción de estos sentidos. De todos modos, comentamos que la estrategia de disponer las entrevistas en cuadros de análisis fue estrictamente con fines didácticos, y ha servido para dar más espacio a nuestra interpretación y a su propia voz, con la intención opuesta: desencasillar sus propios análisis y sentidos más profundos. Incluso, el hecho de dejar registrado en el texto las lenguas originales de las narradoras revela también un respeto, como no podría ser de otra forma, a estas expresiones tan singulares que construyen estos espacios de aprendizaje. Aclarado todo esto, entramos en la difícil tarea de alinear todos los itinerarios recorridos durante la elaboración de esta tesis. Desde el inicio del texto, dejamos explícita que nuestra intención inicial no era la de realizar una investigación comparada. Sin embargo, a pesar de analizar estas entrevistas como singulares, surgían, en el proceso interpretativo, cuestiones referentes a los aspectos comunes observados en esas tres realidades interculturales. Las historias de vida de cada una de las mujeres analizadas son muy particulares, personales, propias e intransferibles. No obstante, a partir de la variedad de los discursos, fueron revelados con recurrencia por las autoras, los temas o núcleos narrativos –material indexado-, que parecen interesantes de ser señalados. Dejando claro, nuevamente, que ese material no es representativo del grupo de mujeres en cada situación, tampoco esas relaciones son estrictamente establecidas entre un país u otro,
sino que nuestra mirada está situada en aquellos argumentos que atraviesan los diferentes discursos analizados en sus específicos contextos. Estas mujeres occidentalizadas de culturas y lenguas diferentes, edades y formas diversas, entretejían sus discursos con temas circulares, que en su momento fueron analizados en cada grupo social (6.4; 7.4; 8.4). Estos núcleos que se repetían frecuentemente en sus repertorios orales eran: la Familia –núcleo común por excelencia; el Trabajo, que incluía sub-temas como la relación campo-ciudad, la supervivencia y su liberación personal; la Sexualidad, comprendidos ahí el Amor y el Matrimonio; las innumerables Violencias, Penas, Dolores e Injusticias; y la Resistencia, aspecto revelado muchas veces con sentido implícito –en el material no-indexado-, como su relación con el cuerpo, las distintas fugas y enfrentamientos, y hasta la emigración. Los núcleos narrativos elegidos para el análisis, a partir de la constancia en sus textos, no fueron casuales, de hecho, pueden indicar una intrínseca vinculación con una construcción identitaria basada en factores inextricables, como el habitus de clase, de género, de etnia y de generación por los cuales ellas narraban –factores sociales que las sitúan y determinan cuerpo y habla y que concedían su discurso la característica de una historia única e inédita. Asimismo, dentro de estos relatos individuales, vimos que el colectivo atraviesa constantemente su formación, y de una manera muy especial, percibimos cómo había una preponderancia en hablar primero del otro/a, para poder habar de sí mismas. Esa característica, junto con el carácter de dolor recursivo en los relatos, se colinda en la cuestión de intriga extraída de ese trabajo: ¿Existiría en fin un discurso femenino común, por el cual se expresan todas esas voces? Una peculiaridad recogida en este proceso es que, sobretodo, esa manera de hablar de las mujeres, condicionaba también nuestras entrevistas. Era notable la facilidad que poseían las informantes de contar un trecho de su historia de vida a una investigadora (en este caso), lo que marca que a pesar de diferentes condiciones de clase, etnia, generación, nuestro género imprimía un lugar en la relación y en la interlocución: mujer que habla, mujer que escucha.
Estas reflexiones nos permiten completar el tema de la construcción común de su identidad, o cómo las mujeres se refuerzan en estos espacios de compartir. Cuando nos reuníamos para realizar una entrevista, después de un largo período de acercamiento, había toda una preparación de sí mismas para ese encuentro. Cuando nos disponíamos a estar como oyentes dentro de la casa de una informante, o las acompañábamos en el campo, o participando de las reuniones en la asociación que trabajaban; esa aproximación era siempre hecha de forma empática, entera, para que, con esta disposición de cuerpos, nos facilitara la escucha de estos distintos lenguajes. Efectivamente, es posible afirmar que esa forma por la cual el cuerpo habla es una de las maneras de esa creación identitaria, ya que muchas veces las palabras no son suficientes para traducir la propia historia de vida. Ahora bien, aquél era el momento de contar su historia, de tejer con los hilos invisibles de la memoria, de aquello que contaron sobre ellas, y de los que a ella le gustaría visibilizar; así, en un performance saludable, la autora se preparaba para ese momento, apropiándose de él de una manera muy personal y creativa. De modo que también, para quien escucha, esa es la posibilidad de dar un espacio crítico para el entorno donde ellas estaban, pues la presencia de familiares o vecinos escuchando aquella historia, compartiendo un ejemplo de esa forma liberadora de (de)construcción de sí misma, revela el aspecto transformador del lenguaje. Así que, en aquél momento, la narradora también preparaba el cuerpo, entre adornos y posturas, alzadas o decaídas, entusiasmos o tristezas, reaccionando a la experiencia de hablar y oírse a sí misma. Por otro lado, y a pesar de este no ser el foco central de este trabajo, en nuestro camino encontramos cuerpos marcados por sus propias e impredecibles vivencias, como ejemplo de mujeres guerreras con manos firmes; otras encorvadas y sin respuestas; o de pelos sueltos, como su libertad. Sin embargo, no es la propuesta de este trabajo realizar una categorización estricta entre su vivencia y su cuerpo. A pesar de encontrar en los grupos sociales cuerpos con características parecidas, como en Ecuador –la baja estatura de las personas de la comunidades andinas, Brasil –señoras flacas por la condición social, y en Galicia –las vestimentas negras, todavía con la tradición de la eterna viudez,
no está en nuestros objetivos encuadrar esas vivencias a sus cuerpos, ya que podríamos caer en otro estigma. Lo más importante a resaltar aquí, es considerar la singularidad que se expresa a pesar de estos condicionamientos, y resaltada ésta, se libera. Como mencionamos en la parte teórica, el lenguaje es un instrumento de poder y está inscrito en el propio cuerpo, por eso, lo observábamos dentro de las comunidades aspectos comunes entre mujeres y hombres en determinada franja de edad y el ambiente. Al destacar el lugar donde la biología y la sociología se encontraban, estábamos especialmente atentos/as a cómo estos aspectos influenciaban en el habla (y al revés), y en los condicionamientos sociales y políticos de este determinado grupo. Eso implica, sobretodo, la importancia de aquellos/as que investigan lo social de dar visibilidad y estar sensibles a estos procesos. Estos procesos singulares y liberadores, saltaban entre líneas, incluso en sus propios cuerpos, en el discurso crítico de las mujeres (cf. material no indexado) como análisis sobre sí mismas y sobre la realidad de alrededor –aunque poco trabajados, incipientes. En esto entendemos que hay todavía mucho qué decir y qué escuchar. El estudio del cuerpo es un tema de interés recurrente dentro de las ciencias humanas, pero con ese particular análisis integral, no existen muchos campos difundidos dentro de la academia. Así que, una de las propuestas de esta tesis es acercar estos estudios, estas visiones, a una manera distinta de tratar el ser humano escindido, sin comprometernos con respuestas cerradas o verdades indisolubles. Sin embargo, nos parece significativo señalar que nuestra postura, la manera de caminar o la forma de nuestro cuerpo, hablan mucho de nuestra historia de vida, de nosotros/as mismos/as y del colectivo en el que estamos insertados/as. Debido a eso, cuando aprendemos a mirar al cuerpo con una actitud más instructiva, como quien escucha, podemos aprender más sobre nosotros/as mismos/as y nuestro entorno, y esa es, sin duda, una herramienta para el autoanálisis, las historias de vida, la autobiografía y la propia psicología. El cuerpo es un espacio de creación cuya herramienta es también el lenguaje. Creemos que la liberación de los seres humanos en general pasa por ese
autoconocimiento, a partir de los análisis individuales y colectivos de procesos de inspiración y transformación. Vale resaltar, en palabras de Paredes (2010), que: Nuestros cuerpos son el lugar donde las relaciones de poder van a querer marcarnos para siempre. Atributos de una existencia individual y colectiva – la cotidianeidad, la propia biografía y la historia de nuestros pueblos. Debemos descolonizar esa concepción escindida y esquizofrénica del alma por un lado y el cuerpo por otro. Partimos del cuerpo como una integralidad de corporalidad desde la bioenergética hasta la energética (p. 38). Así, este trabajo colabora con la idea de que el yo es el punto de partida para la liberación de otras mujeres. El control del propio cuerpo pasa por su conocimiento, escucha, acercamiento. Es la base física con que nos movemos dentro del mundo. La ignorancia, la incertidumbre y la vergüenza nos crean una alienación de nosotros/as mismos/as de sernos nosotros/as mismos/as. Queremos dejar aquí, claro, que nuestro objetivo con este trabajo es resaltar que la transformación en sí es el proceso más radicalmente político. Por eso el énfasis que damos a la comprensión de que el propósito no es solamente transformar la realidad, sino cambiar la relación individual con esa misma realidad. Se trata en fin, de poder acceder a ese saber y poder producir sentido a partir de su propia postura, también utilizando el habla. Analizados de una manera relacional estos dos lenguajes, cuerpo y habla, defendemos que el habla nunca es descorporalizada, y que esa es la condición necesaria para la creación y transformación de cualquiera identidad. Ahora bien, si realmente existe un discurso común de lo femenino y en el caso especial de este trabajo, compartido por comunidades tan distintas y distantes quizás fuera prudente revelar no un tema específico, sino una forma de decir, escuchada en todo el proceso de investigación: un reclamo de dolor expresado en sus cuerpos y hablas, revelados por matices los más distintos. Es decir, al observar cómo se constituyen los sentidos de sufrimiento (pathos) que parecen emerger como enredo de base en los diálogos de las mujeres, cuestionamos si la experiencia del sufrir, de la lucha, son procesos materiales y simbólicos compartidos por las mujeres en distintas culturas, clase social, o etnias.
De hecho, destacamos que, dentro de la propuesta de escuchar esa identidad en formación, la deconstrucción de esa misma identidad quien las hace son las propias narradoras. A partir de esas cuestiones, destacamos la problemática sobre la construcción social del género, no solamente porque excluye a hombres y mujeres de determinadas posibilidades de ser y accionar, sino porque reproduce relaciones de poder. Es necesario entonces utilizar el género como categoría social variable, inestable y construida, para manejarla como herramienta hacia la desbiologización del destino de mujeres y hombres y de la naturalización de los sexos. Al final, no buscábamos como hipótesis un aspecto de lo femenino que fuera compartido por todas ellas, sin embargo, lo que ellas nos revelan y que no es difundido es que lo femenino puede ser deconstruido. Eso fue posible a partir del reconocimiento de los análisis de las narrativas como realidades distintas construidas a través de un discurso común, o mejor dicho, discursos distantes construyendo una misma realidad. Éste es un lugar donde posicionar su identidad: en un discurso móvil, compartido y a la vez, universal. Estudiar cómo el lenguaje, el cuerpo y el género pueden entrelazarse en un proceso de construcción identitaria y libre para las mujeres parecía un desafío mayor que el resultado, sin embargo, nos hemos deparado con un resultado mucho más desafiante: algo mayor resalta de las historias de vida. Más allá de los temas importantes que las narradoras repiten, disfrutamos con la capacidad empática, flexible, cariñosa, cortés e incluso amorosa de tejer juntas su historia y su vida. Estos aspectos relacionales y esa capacidad de mantener vínculos de ayuda, de compañía, confiere un peso en nuestras relaciones sociales y en la forma como las concebimos, que nos hace pensar que, a pesar de poseer el habla y el cuerpo manipulados, condicionados por siglos y socializados por micro poderes distintos, abogamos que estos mismos cuerpos y hablas pueden ser (re)construidos de una manera dinámica, inacabada, autónoma. Más aún, discutir si esas características son o no femeninas, no es cuestión en este momento. A partir de nuestros análisis consideramos más urgente resaltar estos predicados (del cuerpo y del habla) como disponibles para cualquier persona que pretende evolucionar como ser humano libre.
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