El romancero tradicional de Galicia. Estado de la cuestión
Abstract
Este artículo ofrece una aproximación crítica a las principales labores de documentación y estudios centrados en el romancero tradicional de Galicia desde los primeros trabajos de campo hasta la actualidad
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J. L. FORNEIRO, «EL ROMANCERO TRADICIONAL…» BLO, VOL. EXTR. N.º 1 (2017), PP. 105-130 ISSN: 2173-0695 DOI: 10.17561/blo.vextrai1.4 ~ 105 ~ El romancero tradicional de Galicia. Estado de la cuestión José Luís Forneiro (Universidade de Santiago de Compostela) [email protected] ORCID ID: 0000-0002-8254-8832 ABSTRACT: This article offers a review of the main contributions to fieldwork, documentation and other related topics on the Galician (Spain) traditional ballads, from the earliest attested examples to the present. KEYWORDS: oral tradition, romancero, traditional Galician ballads RESUMEN: Este artículo ofrece una aproximación crítica a las principales labores de documentación y estudios centrados en el romancero tradicional de Galicia desde los primeros trabajos de campo hasta la actualidad. PALABRAS-CLAVE: tradición oral, romancero tradicional de Galicia 1. DESCUBRIMIENTO DEL ROMANCERO DE GALICIA EN EL SIGLO XIX La historia de la recolección y estudio de la tradición romancística gallega presenta, sin duda, singularidades notables respecto a sus homólogas ibéricas. Y decimos su recolección y estudio porque el romancero tradicional de Galicia no ofrece diferencias importantes respecto a sus vecinos peninsulares, ya que no posee temas propios y porque, a pesar de haberse transmitido secularmente en una comunidad con una lengua propia, ha conservado en gran medida el idioma original del género: la lengua castellana. La singularidad del romancero de Galicia se debe no tanto, pues, a las características de sus textos conservados por generaciones de gallegos de nación desde, probablemente, la Edad Media hasta nuestros días, sino porque su recogida y las teorizaciones que sobre él han sido postuladas por la mayoría de los estudiosos gallegos han diferido respecto a las prácticas e ideas de otros territorios, una vez que se asumió que el positivismo debía orientar el estudio de las diversas manifestaciones de la literatura tradicional. Es bien sabido por los especialistas en el romancero de tradición oral que las grandes recolecciones de romances en el siglo XIX se llevaron a cabo en la segunda mitad de la centuria en áreas periféricas del ámbito ibérico con lengua propia como Portugal, Cataluña y Asturias, y que en las áreas de lengua castellana habría que esperar hasta el siglo XX para que el romancero apareciese de forma abundante gracias al impulso de Ramón Menéndez Pidal y de su red de colaboradores. Sin embargo, la recogida del romancero gallego no fue tan fructífera como en las otras regiones periféricas durante las últimas décadas del siglo XIX. Las primeras versiones romancísticas que se recogieron en Galicia, unos textos del romancero más superficial, fueron publicadas por el médico, escritor y bohemio Jesús López de la Vega en 1863-1864, pero fue Manuel Murguía, marido de Rosalía de Castro, primer presidente de la Real Academia Galega y principal teorizador del galleguismo decimonónico, quien marcó con sus textos y teorías lo que se ha solido entender por el romancero de Galicia. Don Manuel comenzó negando la existencia de este género de la literatura oral en tierras galaicas:
J. L. FORNEIRO, «EL ROMANCERO TRADICIONAL…» BLO, VOL. EXTR. N.º 1 (2017), PP. 105-130 ISSN: 2173-0695 DOI: 10.17561/blo.vextrai1.4 ~ 106 ~ Aquí, en este país, en donde abundan las leyendas […] puede decirse que carecemos del verdadero romance, como si quisiese decir de esta manera nuestro pueblo que algo de profundo e insuperable le separa del resto de la nación. No conocemos tan completamente como es necesario la poesía popular, ni tenemos en esto a qué atenernos, más que a las propias y por cierto bien escasas observaciones; pero casi podemos asegurar que no se conoce en Galicia el romance, a no ser que se tengan por tales, algunos trozos de cortas dimensiones, en los cuales se rompe a menudo la repetición del asonante, como si repugnara a nuestro oído […] (Murguía, 1865: 256) Curiosamente, poco tiempo después Murguía cambiaría sus tesis sobre el romancero gallego (Cid, 2005/2006: 58-63). Tal cambio de opinión no se debió a que realizase amplias encuestas en las que consiguiese notables resultados, sino a nuevas publicaciones sobre este género de la literatura tradicional. Por un lado, el prestigioso filólogo catalán Manuel Milà i Fontanals en su artículo de 1877 «De la poesía popular de Galicia» incluía varias interesantes versiones romancísticas, a las que Murguía restó importancia, pero el hecho es que un año después, en 1878, el primer presidente de la Real Academia Galega anunciaba en un artículo de La Ilustración Gallega y Asturiana la inminente publicación de las Rimas populares de Galicia, obra que daría fe de la rica poesía tradicional gallega y muy especialmente de sus romances; asimismo durante los años siguientes siguió teorizando sobre las características del romancero de Galicia. Reconocía que en los romances gallegos predominaba la influencia castellana sobre la portuguesa, pero, al mismo tiempo, postulaba la existencia de una balada autóctona gallega acorde con la naturaleza racial de las gentes de la tierra, doblemente aria por su condición celto-sueva o celto-germánica, que relacionaba la tradición romancística gallega con la balada de los países celtas o de Alemania, y con la historia de Galicia, concretamente con el Camino de Santiago, cuya muestra literaria más significativa era el romance de Gaiferos de Mormaltán relativo a la muerte del Duque de Aquitania ante el altar del Apóstol Santiago en la catedral compostelana. Murguía comienza a madurar en su obra Galicia (1888) sus teorías sobre la identidad gallega, sobre el celto-germanismo de la raza gallega, y para ejemplificarlo recurre a romances falsos, mencionados o citados parcial o totalmente, como La dama Gelda, A fada fadiña, O Canouro, Gaiferos de Mormaltán, entre otros, o a las versiones tradicionales en menor o mayor medida manipuladas de temas como La flor del agua, La infantina o La mala suegra. Normalmente Murguía no ofrecía informaciones relativas al informante y al lugar de origen de este; así en esta obra, Galicia, tan sólo indicaba que la versión del romance de A Virxe de San Breixo (romance apócrifo) había sido obtenida en Padrón (A Coruña), en la tierra natal de su mujer, Rosalía de Castro, (Murguía, 1888: 165). Como Murguía, la mayoría de los otros colectores del siglo XIX del romancero de Galicia no solían hacer constar la procedencia de sus textos; esto lo podemos comprobar, por ejemplo, tanto en los romances editados por Antonio de la Iglesia, como en versiones romancísticas que no llegaron a ver la luz, como los textos que el liberal ourensano Quereizaeta le envió a Manuel Murguía. Otros recolectores, en cambio, sí consignaron el origen de sus versiones como Manuel Curros Enríquez (uno de los tres grandes poetas de la Galicia del XIX junto a Rosalía de Castro y Eduardo Pondal) que facilitó a Murguía romances de Beacán (A Peroxa, Ourense), o Juan Antonio Saco y Arce, autor de la primera gramática científica de la lengua gallega, y cuya colección romancística estuvo inédita durante más de un siglo, pues sólo vio la luz en 1987. Este gramático y sacerdote ourensano reunió un rico romancero originario de la capital de la provincia, así como de parroquias próximas, pero
J. L. FORNEIRO, «EL ROMANCERO TRADICIONAL…» BLO, VOL. EXTR. N.º 1 (2017), PP. 105-130 ISSN: 2173-0695 DOI: 10.17561/blo.vextrai1.4 ~ 107 ~ también de Entrimo, municipio bastante alejado de la capital y vecino de Portugal, o de ayuntamientos de las provincias de Lugo (Chantada) y de A Coruña (de la misma capital, así como de Arzúa, Noia o de zona del río Ulla, que también podría corresponder a la provincia de Pontevedra). En 1883, dos años después de la muerte de Saco y Arce, se constituyó la sociedad El Folklore Gallego, presidida por Emilia Pardo Bazán y animada por Antonio Machado y Álvarez, quien desde 1881 había emprendido la creación de las sociedades de El Folklore Español. Esta asociación compartía con el clérigo ourensano una actitud positivista ante el folklore, sin embargo, en los escasos trabajos que esta entidad dedicó al saber literario tradicional, algunos de sus miembros, como José Pérez Ballesteros o Antonio de la Iglesia manifestaron teorías o editaron textos sobre el romancero de Galicia de manera poco rigurosa (Forneiro, 2000: 48). Por su parte, los padres de la filología portuguesa, Adolfo Coelho, Teófilo Braga, Carolina Michaëlis de Vasconcelos o José Leite de Vasconcelos en su interés por el habla del norte del río Miño se preocuparon también por la literatura oral de la región, recogiendo así algunos romances gallegos en Portugal o en Galicia, o teorizaron sobre los orígenes comunes de ambos países (Braga), o bien criticaron las prácticas y tesis de los galleguistas de finales del siglo XIX (Leite de Vasconcelos) (Forneiro, 2000: 50-51). 2. LAS GRANDES ENCUESTAS DEL ROMANCERO GALLEGO EN LAS PRIMERAS DÉCADAS DEL SIGLO XX Así pues, la recolección del romancero gallego en el siglo XIX podríamos caracterizarla como tardía, parca en textos, así como en informaciones sobre estos. Este pobre panorama se vio todavía más enturbiado por las tesis de Manuel Murguía sobre la supuesta existencia de un romancero gallego autóctono, diferente de sus homólogos ibéricos, y enraizado con las culturas célticas y germánicas, principalmente, del que tampoco se ofrecía un número significativo de textos completos, pues en la mayoría de los casos se trataba de alusiones o de algunos fragmentos. No obstante, en las tres primeras décadas del siglo XX tuvieron lugar grandes encuestas concebidas dentro y fuera de Galicia, que no pudieron ofrecer un conocimiento cabal de la tradición romancística gallega porque todavía hoy permanecen en gran medida inéditas. En la primera década del siglo XX destacan las recolecciones llevadas a cabo por Alfonso Hervella Courel y por Víctor Said Armesto. El primero fue un notario, integrista católico y franquista de primera hora, que antes de 1909 recogió una riquísima colección de romances en la comarca ourensana de O Bolo de donde era oriundo. Esta colección fue presentada a la Exposición Regional Gallega que tuvo lugar en Santiago de Compostela en 1909 y de ella se conservan dos copias completas, que se encuentran actualmente en el Archivo Menéndez Pidal y en el Museo de Pontevedra, y una copia más reducida que Alfonso Hervella presentó como trabajo de ingreso en el Seminario de Estudos Gallegos. Algunos de los textos únicos o más notables del romancero reunido por Hervella Courel fueron publicados por el Seminario Menéndez Pidal y en trabajos individuales de algunos de sus miembros como Diego Catalán en sus artículos sobre algunos romances, Ana Valenciano para su Catálogo-Antología del romancero de Galicia, o José Luis Forneiro en sus publicaciones sobre el romancero gallego; en 2011 Xosé Ramón Mariño Ferro y Carlos López Bernárdez publicaron la versión depositada en el Museo de Pontevedra. Por otro lado, Armando Cotarelo Valledor, secretario de la Exposición Regional Gallega de 1909 se apropió de algunos romances de la colección de Alfonso Hervella que manipuló y publicó en varios artículos (Forneiro, 2004: 81-96).
J. L. FORNEIRO, «EL ROMANCERO TRADICIONAL…» BLO, VOL. EXTR. N.º 1 (2017), PP. 105-130 ISSN: 2173-0695 DOI: 10.17561/blo.vextrai1.4 ~ 108 ~ Contemporáneo del letrado de Viana do Bolo fue el filólogo y escritor Víctor Said Armesto (Pontevedra, 1874-Madrid, 1914), que se crió en una de las familias de ideas más avanzadas de la culta Pontevedra de finales del siglo XIX. Said destacó en la Galicia y en el Madrid de su juventud y madurez por su vasta cultura, y su interés por el romancero de tradición oral probablemente se debió a la influencia de Juan Menéndez Pidal, hermano mayor de Ramón Menéndez Pidal, que fue gobernador de Pontevedra entre 1899 y 1901. Said Armesto fue el primer gran recolector de romances no solo en las cuatro provincias gallegas, sino también en las tierras bercianas de lengua gallega. En su archivo, depositado en la Fundación Barrié de la Maza desde 1992, se encuentra la segunda gran colección de romances gallegos, tras los fondos gallegos de la Fundación Menéndez Pidal, que integra además de los materiales reunidos por Said, las versiones obtenidas por otros estudiosos gallegos como Manuel Murguía, Marcial Valladares o Aquilino Sánchez. La gran mayoría de estos textos está todavía por editar y junto a las versiones de campo obtenidas por Víctor Said hay numerosas reelaboraciones de romances tradicionales, e incluso romances falsos creados por él mismo. Sin duda, sorprende que un hombre de la formación y del conocimiento del romancero como era Said Armesto, quien por otro lado en su única gran obra publicada en vida La leyenda de don Juan (1908) censuraba el retoque de los textos de tradición oral, pudiese en época ya tan tardía dedicarse a la manipulación de los romances tradicionales y a la creación de textos apócrifos. La gran mayoría de los textos incluidos en la edición póstuma Poesía Popular Gallega (1997) son buena prueba de ello, así como los romances que se encuentran en el Cancionero Musical de Galicia publicado por José Filgueira Valverde en 1942, con los materiales que Casto Sampedro y sus colaboradores presentaron en 1909 a un concurso organizado por la Real Academia de San Fernando. La práctica totalidad de este corpus romancístico fue obtenido y preparado para esta edición por Víctor Said Armesto y durante décadas fue considerado como una de las pocas muestras de romancero auténtico (Forneiro, 2015: 546-549). Pocos años después, entre 1924 y 1925, Alejo Hernández, abogado salmantino y escritor erótico, recogió romances en el norte de Lugo y en A Coruña. Esta pequeña colección de unos 76 textos incluía junto a 45 versiones tradicionales, poemas no tradicionales (Valenciano, 1998: 53), algún romance apócrifo y algún texto ya publicado que se hacía pasar como nuevo, como la versión de Conde Alarcos publicada por Milà i Fontanals y que aquí se decía recogido por los Rosón de Lugo. Algunos de estos materiales procedían de la ciudad de A Coruña, como los textos transmidos por la señorita Wonenburguer, perteneciente a una familia industrial e ilustrada de la ciudad herculina. Se trata pues de una muestra del romancero urbano gallego de principios del siglo XX, lo cual otorga un notable interés a esta colectánea, ya que normalmente en Galicia ha primado el estudio del mundo rural en detrimento de la cultura urbana del país que ha sido tradicionalmente despachada por las élites intelectuales gallegas como una simple y desaborida copia de la cultura española, castellana o madrileña. También en los años 20 y 30 tuvieron lugar otras encuestas en suelo gallego animadas tanto desde el Madrid institucionista como desde el galleguismo organizado. Así, los musicólogos Juan Bal y Gay y Eduardo Martínez Torner vinculados al Centro de Estudios Históricos recogieron romances en Galicia desde 1928 hasta el estallido de la Guerra Civil. Aníbal Otero, filólogo lucense, que se incorporó como dialectólogo de la lengua gallega al Centro en 1931, ya había recogido romances con anterioridad. En la década de 1930 el Seminario de Estudos Galegos publicó tres monografías locales, Vila
J. L. FORNEIRO, «EL ROMANCERO TRADICIONAL…» BLO, VOL. EXTR. N.º 1 (2017), PP. 105-130 ISSN: 2173-0695 DOI: 10.17561/blo.vextrai1.4 ~ 109 ~ de Calvos de Randín (1930), Terra de Melide (1933) y Parroquia de Velle (1936), en las aparecían algunas versiones romancísticas, sobre todo en las dos últimas publicaciones. Todas estas encuestas llevadas a cabo en las primeras décadas del siglo XX supusieron un gran avance cuantitativo y cualitativo para el conocimiento del romancero gallego. Quedaba así fuera de toda duda que el romancero era un género bien conocido en Galicia, una vez que se reunieron versiones en las cuatro provincias, especialmente en las dos orientales. Por lo tanto, la tradición gallega no solo era rica en textos, sino que además destacaba en la conservación de versiones de los temas más antiguos, al igual que por la belleza y conseguida tradicionalidad de muchos de sus textos. Este conocimiento asimismo supuso la constatación de la improcedencia de las tesis diferencialistas manifestadas por Manuel Murguía al comprobar el castellanismo temático y lingüístico de los romances de Galicia. Así, en 1930 Aníbal Otero daba cuenta desde las páginas de Ahora, el periódico de los republicanos de Lugo, de la realidad de este genéro literario tradicional en tierras gallegas: Han pasado ya los tiempos en que nuestro historiador Murguía negaba la existencia de romances en Galicia, fundándose en búsquedas hechas a la ligera en la provincia de La Coruña, y en un conocimiento del espíritu gallego limitado o poco menos, a lo que en él hay de distinto, con respecto al de otros pueblos. Hoy afortunadamente, se puede demostrar que la tradición oral gallega es tan rica en romances como la de cualquier región ibérica. […] ello no obsta para que contrariamente a lo que creyó Murguía, este género popular, castellano por el origen, haya sido aceptado y conservado en nuestra tierra. […] (Otero, 1930: 4) Complementaria a esta caracterización del romancero de Galicia, fue la que manifestaron los autores de la monografía Parroquia de Velle, en la que también daban muy acertadamente cuenta de cómo era la poesía narrativa tradicional gallego: Os mais dos romances que se conservan en Galicia son de procedencia castelán. Na fala de Castela recítanse ou cántanse moitos diles, aparecendo outros salferidos de frases, palabras ou xiros que denuncian claramente o seu orixe. Mais á beira dista aportación, sen dúbida a mais importante, alcóntranse tamén elementos chegados, de seguro, de Portugal, e asimesmo un fondo indíxena, que quizáis teña a sua millor expresión nos romances burlescos. (Fernández Hermida, 1936: 38) 3. LA ETAPA FRANQUISTA (1936-1975) Desgraciadamente, la descripción cabal del romancero de Galicia expuesta por Aníbal Otero y por los autores de Parroquia de Velle apenas debió tener difusión en su momento ya que Otero publicó su artículo en un medio de difusión muy limitada, como era el órgano de los republicanos de Lugo, y porque la monografía sobre la parroquia ourensana vio la luz en el mismo año en que comenzó la Guerra Civil; esta y la posterior Dictadura de 36 años acabaron con las acciones que hasta el momento estaban llevando las gentes vinculadas a la Institución Libre de Enseñanza y al movimiento galleguista, y todo ello repercutió en el estudio del romancero de Galicia. Por un lado, el ostracismo al que, sobre todo en los primeros años de la posguerra, se vio sometido Ramón Menéndez Pidal y las personalidades ligadas al institucionismo krausista. Por otro, el férreo control que sufrieron los galleguistas en esos mismos años les impidió realizar cualquier tipo de actividad, y cuando finalmente el nuevo régimen les permitió un controlado activismo cultural, la intelectualidad galleguista, a diferencia de sus antecesores de la preguerra, dio
J. L. FORNEIRO, «EL ROMANCERO TRADICIONAL…» BLO, VOL. EXTR. N.º 1 (2017), PP. 105-130 ISSN: 2173-0695 DOI: 10.17561/blo.vextrai1.4 ~ 110 ~ prioridad a la creación de una cultura gallega urbana y europea. A nuestro juicio, la asociación del folclore con la Sección Femenina, y las grandes limitaciones del galleguismo posfranquista, llevaron a este a dejar casi totalmente de lado el estudio de la cultura popular de Galicia. De este modo, la recolección, edición y estudio del romancero gallego durante la etapa franquista fue tan pobre que apenas modificó la idea que se creó sobre este género de la poesía oral en los últimos años del siglo XIX, a pesar de las riquísimas colecciones que se reunieron desde la primera década del siglo XX hasta el estallido de la Guerra Civil. El hecho de que estas colecciones permaneciesen inéditas facilitó la vigencia de las tesis diferencialistas decimonónicas, propuestas principalmente por Manuel Murguía, ya que apenas se habían publicado nuevas versiones que enriqueciesen el corpus del romancero gallego conocido desde el siglo XIX. De los años de la Guerra y de la Dictadura del General Franco poco más se puede destacar que los artículos en los que se incluían romances de Fermín Bouza Brey (autor del primer estudio sobre un romance concreto: «Gerineldo en Galicia», publicado en plena guerra, en 1938), Antonio Fraguas, Pilar García de Diego, o los trabajos de Xosé María Álvarez Blázquez sobre Silvana (1956) o sobre la «Literatura popular gallega en torno a Pardo de Cela» (1965), en el que consideraba como un romance noticiero del siglo XV el romance apócrifo compuesto en el siglo XVII sobre la muerte del mariscal rebelde gallego Pardo de Cela, (Forneiro, 2008: 73-76), así como los romances que incluyó en sus libros Cantos de Aninovo, Nadal e Reis (1967) y en O libro da caza recollido polo pobo (1969). En esos años destacó la figura de José Filgueira Valverde, galleguista conservador que entre los muchos cargos que ejerció en el franquismo fue director del Museo de Pontevedra, y que publicó varios trabajos relacionados con el romancero. Así en 1966, un año después del artículo de Álvarez Blázquez publicó una nueva versión manuscrita del romance apócrifo Cantar do Mariscal (del que tampoco dudaba de su carácter falso), pero Don Xosé ya había dado muestras de su interés por la poesía narrativa tradicional de Galicia en 1941, pues su discurso de ingreso en la Real Academia Galega trató Da épica na Galicia Medieval, que solo vio la luz en 1973. En 1942, como ya indicamos antes, Filgueira Valverde publicó en el Cancionero Musical de Galicia reunido por Casto Sampedro entre 1884 y 1924, cuyos materiales romancísticos fueron recogidos y preparados para su publicación por Víctor Said Armesto. Este corpus, considerado auténtico durante décadas, fue una importante contribución al romancero gallego conocido hasta ese momento; hoy sabemos que se trata de romances manipulados o inventados, que presentan un estilo característico, de acuerdo con la estética y la ideología de un Said que, influenciado por los postulados murguianos, concebía la cultura popular de Galicia como profundamente celta. Asimismo, durante la etapa franquista también vieron la luz algunos importantes materiales romancísticos reunidos antes de 1936. En 1968 Ben-Cho-Shey (Xosé Ramón Fernández-Oxea), miembro de la Xeración Nós, publicaba la monografía local Santa Marta de Moreiras (1925-1935), en la que constaban algunas interesantes versiones romancísticas y la que se daba cuenta del castellanismo lingüístico y originario del género. En 1973 la Fundación Barrié de la Maza publicó Cancionero Gallego de Jesús Bal y Gay y Eduardo Martínez Torner, en la que se incluían junto a las respectivas melodías versiones fragmentarias de algunos romances obtenidos por estos musicólogos por tierras gallegas antes de la Guerra Civil, versiones que se conservan íntegras en el «Archivo Menéndez Pidal». En este pobre contexto en el que apenas se publicaron versiones romancísticas o estudios sobre el romancero de Galicia, contribuyeron a crear más confusión sobre el
J. L. FORNEIRO, «EL ROMANCERO TRADICIONAL…» BLO, VOL. EXTR. N.º 1 (2017), PP. 105-130 ISSN: 2173-0695 DOI: 10.17561/blo.vextrai1.4 ~ 111 ~ tema algunos miembros de la familia galleguista de los Carré. El padre, Eugenio o Uxío Carré Aldao, hombre próximo a Manuel Murguía, fue el autor del capítulo «Prácticas y costumbres» de la obra colectiva Geografía General del Reino de Galicia publicada en Barcelona en 1926 cuyas palabras sobre el romancero gallego son una muestra paradigmática del mantenimiento a ultranza del diferencialismo identitario y de la necesidad de competir con ventaja, no solo en el romancero sino en cualquier esfera de la cultura con los «patrones» de la literatura castellana: En cambio, son raras o escasean las canciones de gesta, no porque no las hayamos poseído sino porque alejada la guerra de nuestras fronteras en la Edad Media, con la tranquilidad que se disfrutaba surgen las canciones y romances populares. (Carré, 1926: 683) Esta voluntad diferencialista, basada en la consideración de Galicia como un país poseedor de una cultura más antigua que la de sus vecinos, de raíces celtas, y por tanto diferente de los otros pueblos ibéricos, la heredaron los hijos de Carré Aldao, que se ocuparon de aplicarla en diversos trabajos al romancero de Galicia, para lo cual aprovecharon parte de los romances ya publicados así como las colecciones inéditas de Manuel Murguía y Antonio de la Iglesia que se hallaban depositados en la Real Academia Galega. Leandro Carré Alvarellos publicó en 1951 un artículo con el significativo título de «¿Por qué consideramos gallegos algunos romances que figuran en el romancero castellano?», y su hermano Lois publicó en 1959 Romanceiro Popular Galego de Tradizón Oral, libro premiado en su momento por la emigración gallega en la Argentina, que pretendía ser una antología del romancero tradicional gallego. Sin embargo, esta obra no incluía algunas excelentes versiones publicadas de Said Armesto o de Aníbal Otero, ni tampoco se interesó por editar la extraordinaria colección romancística de Hervella Courel, en cambio, incorporó parte de los fondos inéditos de Murguía y de Antonio de La Iglesia, los dos mayores falsificadores del romancero en el siglo XIX. Lois Carré Alvarellos manipuló de manera sistemática los textos que publicó ya fuesen editados o inéditos, galleguizándolos lingüísticamente, y en su disparatado «estudio» introductorio, prescindía de lo dicho sobre el romancero gallego por Saco y Arce, Aníbal Otero, Carolina Michaëlis, Filgueira Valverde o Ramón Menéndez Pidal, para así mejor defender las tesis diferencialistas de Murguía, Teófilo Braga o de Eugenio Carré, a las que añadió una de «cosecha propia»: el género romancístico probablemente era de raiz gallega, una derivación de las composiciones más castizas del folclore gallego: la muiñeira y el cantar de pandeiro. Por otro lado, Faustino Santalices, abogado y político, que tras su jubilación en 1947 se dedicó a su gran afición, la música tradicional, concretamente, a los instrumentos de la gaita y la zanfoña, creó una imagen y una puesta en escena de la música tradicional gallega que en buena parte está hoy vigente 1 . De este modo, reforzó la confusión entre el 1 En Galicia ya en las primeras décadas del siglo XX se consideraba a la literatura transmitida por los ciegos como la más profundamente popular (Figueroa, 2010: 77 y 97), cuando en realidad los textos de la literatura de cordel difundidos por ellos eran «importaciones procedentes de la cultura ciudadana burguesa, por más que sus autores los hayan producido pensando en destinatarios populares» (Catalán, 1997: 333). Por ello, en Galicia, los ciegos han sido, junto a la Iglesia, los principales actores de la castellanización cultural y lingüística de las clases populares gallegas durante siglos, sin embargo, la consideración de los ciegos como los herederos de los juglares medievales es la causa de que desde algunas instancias culturales nacionalistas se les siga teniendo como los grandes conservadores de la tradición gallega a pesar de que su cancionero popular está formado de manera mayoritaria por composiciones en castellano.
J. L. FORNEIRO, «EL ROMANCERO TRADICIONAL…» BLO, VOL. EXTR. N.º 1 (2017), PP. 105-130 ISSN: 2173-0695 DOI: 10.17561/blo.vextrai1.4 ~ 112 ~ romance tradicional y el romance de ciego, que todavía perdura en buena medida, e igualmente fue el gran canonizador del Gaiferos de Mormaltán como el romance gallego por excelencia. Este texto no era más que un romance apócrifo creado por Murguía como ejemplo de la presencia de la cultura francesa llegada a través del Camino de Santiago en el acervo popular gallego; no era, pues, una de las composiciones que el primer presidente de la Academia Galega valoraba más para demostrar el carácter doblemente ario, celta y germánico, del país gallego y de su literatura oral. Sin embargo, Faustino Santalices conseguió que su interpretación de este texto se convirtiese en una de las canciones más populares de la música gallega; tanto es así que Álvaro Cunqueiro, el mayor escritor de la historia en lengua gallega, se emocionaba cada vez que oía la composición y llegó, incluso, a llamar Gaiferos a su coche Seat Seiscientos (Forneiro, 2011). El texto que cantaba Santalices no era el que publicó Murguía en su libro Galicia (1888) sino una versión retocada que Álvaro de las Casas (oscuro personaje del galleguismo de la preguerra) incluyó en su Cancionero Popular Gallego, que vio la luz en Santiago de Chile en 1939 (Forneiro, 2011: 92-95). En la Historia de Galicia (1962) dirigida por Ramón Otero Pedrayo, Vicente Risco, principal teórico del nacionalismo gallego de comienzos del siglo XX (ideología de la que renegó desde la eclosión de la Guerra Civil), era el autor del capítulo «Etnografía Espiritual», en donde se trataba, entre otros temas, de la literatura de tradición oral. Ahora Don Vicentiño había modificado notablemente la caracterización del romancero de Galicia que había manifestado en la revista Nós en 1928, y así pasó de «hai unha imensa difrenza antre o romanceiro galego e o romanceiro castelán» a asumir en buena medida el castellanismo temático y lingüístico del género: «foise vendo que os había de abondo nos dous idiomas, dos casteláns, moitos importados e outros compostos no país» (Forneiro, 2000a: 57 y 65). También ahora manifestaba su desconfianza sobre la autenticidad de algunos textos apócrifos creados por Manuel Murguía para demostrar el carácter ario y celta del pueblo gallego y, por ende, de su poesía narrativa oral. Risco, fallecería un año después de la publicación de esta importante obra colectiva sobre la cultura gallega en tiempos del General Franco, de cualquier manera su influencia sobre los medios intelectuales de la época era ya escasa, tras haber renegado del galleguismo político en 1936. 4. LA TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA Y LA IMPLANTACIÓN DEL ESTATUTO DE AUTONOMÍA Por todo ello, en 1975, tras los más de 35 años de Dictadura, el conocimiento del romancero de Galicia era, en realidad, peor que antes de la eclosión de la Guerra del 36. Es, sin duda, indicativo de esto que el poeta Salvador García Bodaño en la voz «cantiga popular» de la Gran Enciclopedia Gallega (1976) llegase a afirmar «la forma estrófica del romance no ha tenido en Galicia un cultivo popular amplio». A partir de la década de 1970 el mundo occidental tomaba conciencia del deterioro del medio ambiente, debido a la industrialización y urbanización acelerada de sus sociedades, que conllevaba la extinción de la vida agraria. De este modo, se produjo una idealizada reivindicación de las diversas manifestaciones de la secular cultura del campesinado, desde la arquitectura popular hasta el folclore. La España de los últimos años de la etapa franquista, modernizada gracias a los planes de desarrollo de los años 60, no fue ajena a este movimiento «neofolk», que en las posteriormente denominadas «nacionalidades históricas», Cataluña, País Vasco y Galicia, supuso también la reivindicación de la autonomía política y la recuperación de las lenguas autóctonas. En 1971 la Universidad de Santiago de Compostela crea el Instituto da Lingua Galega
J. L. FORNEIRO, «EL ROMANCERO TRADICIONAL…» BLO, VOL. EXTR. N.º 1 (2017), PP. 105-130 ISSN: 2173-0695 DOI: 10.17561/blo.vextrai1.4 ~ 113 ~ (ILGA) cuya primera y principal actividad fue el trabajo de campo con el fin de establecer el atlas de la lengua gallega. Desgraciadamente, los jóvenes encuestadores del ILGA no se preocuparon de recoger sistemáticamente en sus campañas muestras de la literatura oral, aun así obtuvieron textos orales que utilizaron en algunos de sus trabajos para ejemplificar algunos fenómenos del gallego contemporáneo (Fernández Rei, 1990 y 1996). De cualquier manera, podemos suponer que entre las grabaciones realizadas por este Instituto desde los años 70 debe haber más textos de la tradición oral. No sorprende que los dialectólogos del ILGA no tuviesen como objetivo la recolección de las diversas manifestaciones de la literatura tradicional de Galicia, pues, como ya indicamos antes, el galleguismo de la posguerra, reunido alrededor de la editorial Galaxia, apenas se había ocupado de la literatura de las clases populares gallegas. Desde 1975, tras el fin de la Dictadura, y tras la instauración del Estatuto de Autonomía de Galicia a principios de la década de 1980, la recogida y el estudio de la literatura tradicional han continuado estando olvidados de manera generalizada por la intelectualidad, las universidades y las instituciones públicas gallegas, si exceptuamos algunas raras excepciones. En el caso del romancero es muy significativo que las dos grandes iniciativas llevadas a cabo en Galicia para su recogida en los últimos años de 1970 y en los primeros años de 1980 viniesen de fuera. Así, por un lado, la etnomusicóloga suiza Dorothé Schubarth comenzó sus encuestas en 1978 y las continuó en los primeros años de la siguiente década, obteniendo un riquísimo corpus de canciones que formaron su Cancioneiro Popular Galego publicado en 7 volúmenes en donde se pueden encontrar más de quinientas versiones romancísticas. Con posterioridad Schubarth donó este acervo compuesto por 248 CD, con un número aproximado de 5.000 composiciones (<http://www.ghastaspista.com/novas/leenova.php?id=2994> [última actualización: 15/12/11]) al Consello da Cultura Galega; en la web de esta institución gallega se cita al musicólogo gallego José López-Calo que sobre el Cancioneiro Popular Galego manifestaba: «un libro ao que non é aventurado calificar como a máxima aportación xamais intentada cara á conservación e coñecemento do folklore musical de Galicia». Al mismo tiempo que Dorothé Schubarth recorría el territorio gallego en busca de todo tipo de muestras del cancionero popular de la tierra, el Seminario Menéndez Pidal de la Universidad Complutense de Madrid gracias al apoyo económico del National Endowment for Humanities de los Estados Unidos, así como de algunas subvenciones puntuales de instituciones españolas, llevó a cabo desde 1977 varias encuestas romancísticas por diversos territorios españoles, Galicia entre ellos. En la primera de las campañas, la de 1977, realizada en el norte peninsular (Palencia, Santander, Vizcaya, Asturias, León y Zamora), Diego Catalán y Jesús Antonio Cid entraron en suelo gallego, pero tan solo reunieron unas decenas de versiones fragmentarias. En la encuesta de 1980, con base en Villablino (León) un equipo del SMP obtuvo resultados más interesantes en la comarca ourensana de O Bolo, pues se recogieron unas 30 versiones. Así, tras esta recogida más esperanzadora, la provincia de Ourense formó parte de las regiones exploradas en la encuesta «Norte-81», y esta provincia, el sur de Lugo y el suroeste de León fueron las tierras encuestadas en la campaña «Noroeste-82»; finalmente en la campaña «Galicia-83» se encuestaron 179 lugares de Lugo, 79 de A Coruña y 10 de Pontevedra. De esta manera, el Seminario Menéndez Pidal recogió en estos trabajos de campo más de 3.700 versiones o fragmentos de versiones de más de 129 temas diferentes, trece de ellos desconocidos hasta el momento. Este corpus se sumó en el Seminario Menéndez Pidal a los fondos romancísticos gallegos del Archivo Menéndez Pidal, unos
J. L. FORNEIRO, «EL ROMANCERO TRADICIONAL…» BLO, VOL. EXTR. N.º 1 (2017), PP. 105-130 ISSN: 2173-0695 DOI: 10.17561/blo.vextrai1.4 ~ 120 ~ considera que son una misma cosa dos géneros diferentes como el romancero tradicional y la canción narrativa porque tiene «una concepción más abierta del género» y porque los romances de pliego «son productos netamente locales creados para satisfacer y/o dar cuenta de necesidades específicas del público regional al que están destinados» (Cirio, 2007: 36). Con este corpus «abierto» (34 textos) formado por versiones, muchas fragmentarias, del romancero tradicional más superficial y por canciones narrativas, prevalecen las versiones en castellano o en gallego, lo que le sirve para impugnar la tesis de José Luís Forneiro sobre el bilingüismo que caracteriza a la mayor parte de los textos del romancero tradicional gallego. Cirio justifica la primacía de la lengua castellana sobre la gallega en los romances de Galicia con una «explicación nativa» que le proporcionó Dolores Castiñeira Lago, al comentarle que, «debido a la dictadura franquista, ninguno de los romances que ella sabe está en gallego» (Cirio, 2007: 41). Así pues, gracias al testimonio de esta informante gallega de la Argentina sabemos que la lengua del romancero gallego es el castellano debido a la dictadura del General Franco. En fin, que los informantes siempre tienen razón y que así de «humanamente» trabajan algunos en el campo de las humanidades… Las denuncias de las falsificaciones murguianas no han sido tenidas en cuenta por estudiosos posteriores, por desconocimiento de estas, del romancero tradicional en general, o porque una vez más, se han ignorado publicaciones anteriores por razones ideológicas, por los aludidos intereses personales de promoción en el campo académico y cultural, o por ambos motivos. Un ejemplo de ello lo encontramos en una entrevista al musicólogo Xabier Groba (con motivo de la lectura de su tesis doctoral sobre el Cancionero de Casto Sampedro) quien manifestaba haber descubierto que Alejandra Murguía era una «das colaboradoras do erudito [Manuel Murguía] da que se descoñecía o seu labor. Unha muller cunha gran memoria» (Ameixeiras, 2010), «labor» que ya había sido «descubierta» y cuestionada, pues resulta muy sorprendente que una niña de pocos años, urbana, de clase media y de familia culta, pudiese ser una riquísima fuente de literatura tradicional, incluido el romance apócrifo portugués del siglo XVII, O Figueiral (Forneiro, 2001: 175-176). Por otro lado, también en 2010 fue editado póstumamente el libro El romance de Don Gaiferos de Mormaltán. Historicidad y tradicionalidad de Isidoro Millán González- Pardo (1922-2002), conde de Quirós, por Luís e Iris Cochón. En la introducción los editores manifiestan que el trabajo de Millán demuestra la autenticidad del Gaiferos de Mormaltán (Cochón, 2010: 22-23) y asimismo establecen un criterio «cuantitativo» según el cual «El hecho de que un romance haya sido recogido por dos o más investigadores, es condición casi obligada para que tal pieza pueda ser considerada popular o tradicional» (Cochón, 2010: 21), para así censurar duramente que Ana Valenciano considere auténticas las versiones únicas gallegas recogidas por Abel (sic) Otero y no el Gaiferos de Mormaltán. Todo ello expuesto en un párrafo en que se confunde a Marcelino Menéndez Pelayo con Ramón Menéndez Pidal, y en el no parece que conozcan las ideas de don Marcelino y de Milà i Fontanals sobre la cuestión nacional en España o Cataluña; también denuncian «el método, otras veces beneméritos (sic) del centralismo absorvente del pidalismo» (Cochón, 2010: 22). Por su parte, el trabajo de Millán no es más que un castillo en el aire, una colección de conjeturas eruditas ajenas a los estudios del romancero tradicional, en las que el conde de Quirós se muestra totalmente profano; las fuentes bibliográficas sobre el romance tan solo son gallegas y la más moderna es de 1980 (Millán, 2010: 45-46). Uno de los argumentos de Millán para demostrar la autenticidad del Gaiferos de Mormaltán es que Murguía no creía que el
J. L. FORNEIRO, «EL ROMANCERO TRADICIONAL…» BLO, VOL. EXTR. N.º 1 (2017), PP. 105-130 ISSN: 2173-0695 DOI: 10.17561/blo.vextrai1.4 ~ 121 ~ Duque de Aquitania hubiese muerto en Santiago de Compostela (Millán, 2010: 47), pero Murguía no creó ese romance para demostrar tal cosa, sino para defender la existencia de una balada gallega diferente del romancero castellano que habría recibido la influencia francesa a través del Camino de Santiago (Forneiro, 2000: 37-38). En 2012 el psiquiatra Santiago Lamas en su obra Fisterras Atlánticas, una colección de ensayos sobre el nacionalismo y la identidad social, se ocupa del Gaiferos de Mormaltán, en donde de manera confusa mezcla lo expuesto sobre el tema por los especialistas sobre el romancero gallego, entre los que incluye a Mariño Ferro, L. Bernárdez e Isidoro Millán, para concluir que es necesario reconsiderar la invención del Gaiferos de Mormaltán sobre todo tras el trabajo del conde de Quirós porque este es quien más páginas ha dedicado al asunto, a las fuentes, historia, lengua, métrica e identidad de Gaiferos con el Duque de Aquitania (Lamas, 2012: 85). Por otro lado, los libros de texto de lengua y literatura gallega no se han preocupado en actualizarse, a pesar de estar redactados o dirigidos, en muchos casos, por profesorado universitario, y ofrecen la misma visión de la literatura de tradición oral que hace décadas. «La literatura popular» se incluye en el capítulo de «os Séculos Escuros» (los siglos XVIXVIII en los que la lengua gallega dejó de ser una lengua escrita), como si no hubiese existido antes o después de esa época, del mismo modo que el romancero se estudia en los capítulos dedicados a la Edad Media y a los Siglos de Oro en las historias de la literatura española. Normalmente en el capítulo dedicado a la historia de la literatura gallega en Época Moderna se suelen incluir romances apócrifos como O Mariscal Pardo de Cela, Gaiferos de Mormaltán o O saqueo de Cangas polos turcos como si fuesen textos auténticos. El mismo tratamiento recibe el estudio de la literatura tradicional en las asignaturas de literatura gallega en las universidades gallegas, pues está incluida en los capítulos dedicados a la Edad Moderna. Por su parte, el mundo de la música tradicional gallega también desconoce la auténtica realidad del romancero gallego, y de la cultura tradicional en general, debido a la falta de contactos de ese ámbito con la filología y el estudio de la literatura oral, como se puede comprobar en la consideración de textos apócrifos como verdaderas canciones populares o en el desconocimiento o la ocultación de la presencia de la lengua castellana en la cultura popular de Galicia. El folk gallego, habitualmente integrado en la llamada «música celta», es uno de los sectores más potentes y exportables de la cultura de Galicia, pero lamentablemente la mayoría de sus intérpretes parecen saber muy poco sobre las canciones y músicas de origen tradicional que cantan y tocan. Algunos de ellos creen, como los escritores románticos de baladas de inicios del siglo XIX, que son continuadores naturales de la corriente tradicional popular, cuando su condición urbana, letrada, y su actividad comercial, los hace incompatibles con la tradición transmitida seculamente por las clases populares. Hace años, recuerdo haber oído o leído al cantante de Fuxan os Ventos y A Quenlla, Xosé Luís Rivas, Mini, de haberse arrepentido de haber grabado la canción popular A saia da Carolina, canción del verano en la Galicia de 1980 o 1981, porque su versión había substituido no pocas de las variantes autóctonas del tema de las diferentes tierras de Galicia. Se trató, pues de un fenómeno similar a las versiones vulgatas de los romances, que originarias del sur de España, gracias a sus fáciles melodías han venido substituyendo a las versiones autóctonas de las diferentes regiones españolas. Un tema que ha suscitado polémica en los últimos años dentro del ámbito de la música gallega de raíz ha sido la cuestión lingüística. En 1998 varios grupos grabaron el álbum colectivo Cantigas de Nadal, en donde todas las canciones estaban interpretadas
J. L. FORNEIRO, «EL ROMANCERO TRADICIONAL…» BLO, VOL. EXTR. N.º 1 (2017), PP. 105-130 ISSN: 2173-0695 DOI: 10.17561/blo.vextrai1.4 ~ 122 ~ en gallego. En su pleno derecho están los músicos folk a interpretar las músicas tradicionales con los instrumentos y arreglos que consideren oportunos o a traducir las canciones a la lengua que quieran, pero en este caso sorprende encontrar las letras de las canciones en gallego normativo, sin que se diga que se trata de traducciones de composiciones en castellano o, a lo sumo, bilingües. La Iglesia gallega ha sido durante siglos en el principal elemento castellanizador de toda la sociedad gallega una vez que decidió en el siglo XVI, tras el Concilio de Trento, que la lengua de Galicia era el castellano; así, el cancionero religioso tradicional, y particularmente su romancero religioso, son buena prueba de la castellanización lingüística llevada a cabo desde instancias eclesiásticas. La progresiva incorporación de la mujer a la esfera pública también tuvo su reflejo en el mundo de la música tradicional gallega; muchas jóvenes empezaron a tocar la gaita, instrumento considerado esencialmente masculino hasta el momento, y otras formaron grupos de pandereteiras que asimismo solían llevar a cabo trabajo de campo. La polémica surgió cuando estas rapazas interpretaban para públicos urbanos no pocas coplas en castellano que acababan de obtener de la tradición oral. Este hecho sorprendió e indignó a mucha gente a causa de diversos desconocimientos y prejuicios. Por un lado, debido a la concepción de que la literatura gallega, la cultura gallega en general, solo se puede expresar en la lengua autóctona, y a la idea de que las clases populares de Galicia, las que conservaron durante siglos la lengua del país, habían vivido sin apenas contactos con la lengua castellana hasta fechas recientes; hoy sabemos que esto no es cierto (Forneiro, 2004: 29-33), aunque muchos se resistan a admitirlo. Por otra parte, volvemos a lo señalado anteriormente: los grupos folk tocan música urbana, con mayores o menores anclajes en la tradición oral, incluido el lingüístico. El problema se plantea cuando se quiere reproducir también la lengua de las canciones recogidas del venero tradicional, porque en Galicia, por las razones indicadas, no se concibe que la cultura tradicional se haya podido expresar en otra lengua que no fuese la autóctona. Las coplas cantadas en castellano por las pandereteiras, como el romancero gallego, cuestionan esa idea preconcebida, así como son indicativas de la suposición de que algunos estudiosos gallegos ocultaron la existencia de un folclore en castellano, y de la creencia de que este es estático e inmutable. Los estudiosos de la literatura tradicional sabemos que esto no es así, que la tradición oral, incluso en una situación terminal, está siempre sujeta a la renovación, y por ello, en la actualidad, los paisanos de las aldeas de Galicia componen en castellano o traducen a esta lengua viejas canciones en gallego gracias al mayor contacto con la lengua oficial del Estado. El aludido surgimiento de la música y de la canción folk en la década de 1970 también supuso en Galicia la grabación de romances. Amancio Prada en su disco Vida e morte (1974) incorporó una versión del Gaiferos de Mormaltán heredera de la versión popularizada por Faustino Santalices. Otros solistas o grupos de los 70, 80 y 90 grabaron romances, en general los que se encontraban en el Cancionero Musical de Galicia de Casto Sampedro, y que se trataban, como ya indicamos, de versiones manipuladas por Víctor Said Armesto o del romance A lavandeira que compuso él mismo inspirándose en el folclore bretón. Así, Emilio Cao en sus dos primeros LP cantaba los romances Bernardino e Sabeliña (La princesa peregrina) y A lavandeira en Fonte do Araño (1977), y Romance do cego andante (El ciego raptor) en A lenda da pedra do destiño (1980); esta versión también fue cantada por Pablo Quintana en su LP O cego andante (1982). El grupo Fuxan os Ventos en el disco O Tequeletequele (1977) grabó una versión recogida por ellos mismos de uno de los pocos romances en lengua gallega Rufina (La pastora
J. L. FORNEIRO, «EL ROMANCERO TRADICIONAL…» BLO, VOL. EXTR. N.º 1 (2017), PP. 105-130 ISSN: 2173-0695 DOI: 10.17561/blo.vextrai1.4 ~ 123 ~ probada por su hermano), pero en posteriores trabajos discográficos incorporaron versiones tomadas del Cancionero de Sampedro: San Xosé e máis María (Galicia canta ao neno (1978), Romance de A lavandeira en Quen a soubera cantar (1981), Dona Eusenda (La mala hierba), Don Martiños (La doncella guerrera), A voda (La bella en misa) y O cego andante en Sempre e máis despois (1999), e A romeira (Una fatal ocasión) en Na memoria dos tempos (2002), este disco también incluía otros dos romances obtenidos por el grupo (Fraga, 2002) Malveliña (La mala suegra) y O cabaleiro (Santa Irene) que presentan respectivamente unos menores o mayores retoques galleguizadores en el aspecto lingüístico. Por su parte, el famoso gaiteiro Carlos Nuñez grabó el romance apócrifo A lavandeira en su segundo disco Os amores libres (1999). Tras la publicación a finales de la década de 1990 del Catálogo Exemplificado del Romancero de Galicia de Ana Valenciano y de El romancero tradicional de Galicia: una poesía entre dos lenguas de José Luís Forneiro, la inclusión de estos romances retocados sin indicación alguna de ello, así como la improvisación de los títulos son más que reprobables. Y más todavía lo es la grabación en 2010 del Gaiferos de Mormaltán en el disco Solsticio del grupo coruñés Luar na Lubre, que suele tener a gala eruditas introducciones de sus temas, y que lo presentaban de esta manera en su web, sin tener en cuenta lo manifestado sobre este romance por los especialistas en las últimas décadas: Romance tradicional. Guillermo X, duque de Aquitania, es probablemente el protagonista de este romance, quizás uno de los más antiguos que se conservan en lengua gallega. De origen germánico, pertenece al ciclo carolingio, cantado por los juglares y posteriormente por los ciegos, llegó hasta nuestros días gracias a ellos. Gaiferos de Mormaltán era el nombre caballeresco de este personaje que llegó en peregrinación hasta Compostela donde murió, delante del Apóstol Santiago.Ésta es nuestra particular versión de un tema recuperado y grabado por primera vez por el musicólogo ourensano D. Faustino Santalices, a quien le debemos el legado de muchas cantigas por él recuperadas, así como la revitalización de la zanfoña, un instrumento que estudió, reconstruyó y del cual dejó la más interesante de las grabaciones plasmada en un L.P. realizada en el año 1949. José Luís Forneiro en un artículo publicado en el periódico electrónico vieiros en 2010 recordó el carácter apócrifo del texto. No obstante, otras iniciativas desde el campo musical han sido más positivas. Así el Museo do Pobo Galego creó en 2007 el APOI (Arquivo do Patrimonio Oral da Identidade), archivo digital abierto, que tiene como objetivo salvaguardar y permitir el acceso a grabaciones de interés etnográfico y cultural, principalmente musicales. En el APOI se pueden encontrar los trabajos de campo realizados desde los años 70 por el sacerdote galleguista Xesús Mato o por Mini (Xosé Luís Rivas) e Mero (Baldomero Iglesias), dúo musical que antes integró la formación inicial de Fuxan os Ventos, o los materiales obtenidos por Dorothé Schubarth entre 1978 y 1983. El corpus clasificado como romances llega a 169 entradas, en las están incluidas el romancero religioso de Navidad o algunas canciones narrativas; la mayoría de los temas fueron recogidos en la provincia de Lugo y destaca una versión de la Muerte del Príncipe Don Juan. Asimismo, desde 2000 Acentral Folque (Escola de Música Popular e Avanzada) ha funcionado fundamentalmente como un conservatorio de música tradicional, pero no solo, ya que entre sus diversas producciones ha estado la edición de libros-disco de contadores, músicos y cantantes populares. El trabajo Florencio, cego dos Vilares (2015)
J. L. FORNEIRO, «EL ROMANCERO TRADICIONAL…» BLO, VOL. EXTR. N.º 1 (2017), PP. 105-130 ISSN: 2173-0695 DOI: 10.17561/blo.vextrai1.4 ~ 124 ~ estaba dedicado a uno de los últimos ciegos músicos andantes de Galicia, y en él se pueden encontrar ocho buenas versiones de temas romancísticos tradicionales. 7. TRABAJOS PENDIENTES Como aquí hemos expuesto, las tierras de Galicia, sobre todo las más aisladas, fueron intensamente exploradas a principios de las primeras décadas del siglo XX y durante la década del 1980 por investigadores gallegos y foráneos del romancero tradicional. Otras encuestas menores realizadas durante los últimos 150 años completan en buena medida la recolección del romancero gallego, de manera que no quedan áreas significativas que no hayan sido recorridas, una vez que sabemos que el romance en la Edad Contemporánea, por lo general, se ha conservado principalmente en áreas rurales, sobre todo en las más apartadas de la costa. De cualquier modo, la situación social, económica y demográfica de la Galicia actual, no aconseja la realización de encuestas romancísticas en nuestros días como se han llevado a cabo hasta ahora. La acelerada urbanización de la comunidad autónoma que se produjo entre 1986 y 2005 (Precedo, 2008: 3), iniciada ya durante la década de los 70, ha supuesto la despoblación parcial o total de muchos núcleos de población, cuyos habitantes se trasladaron fundamentalmente a la periferia de las ciudades gallegas; de este modo, Galicia hoy ha dejado de ser agraria, como lo evidencia el dato de que el 92% de la población está vinculada a los servicios y a la industria según la encuesta de población activa de 2010 del Instituto Nacional de Estadística (Ferrás, 2011: 20 y 13). Dada la pobreza de la mayoría de las recolecciones romancísticas de las tres últimas décadas en Galicia y, sobre todo, dada su nueva realidad económica y demográfica, los trabajos de campo podrían realizarse en aquellos municipios de tamaño intermedio o en aquellas villas o ciudades capitales de comarca (Ferrás, 2011: 17), que junto a las grandes ciudades gallegas, han recibido el flujo migratorio de los pueblos y aldeas. Aunque tal vez la mejor manera de recoger romances en la Galicia de principios del siglo XXI, como en las sociedades española y portuguesa en general, sea entrevistar a personas residentes en centros de ancianos, o formar a los profesores de la enseñanza secundaria para que enseñen a recoger a los alumnos muestras de la literatura tradicional a sus mayores. En Galicia ya ha habido experiencias de ambos tipos 3 , lo que sería procedente ahora es que se recogiesen de manera sistemática y rigurosa desde los ámbitos educativos y que se almacenasen digitamente de forma segura y con un acceso universal. Las administraciones públicas gallegas, principalmente la Xunta, y las grandes entidades privadas de Galicia tendrían que apoyar materialmente este proyecto que podría canalizarse a través de organismos como, por ejemplo, el Consello da Cultura Galega, el Servicio de Normalización Lingüística o el APOI. Semejante iniciativa sería un gran revulsivo para ámbitos tan dispares como los diversos niveles educativos o la atención a la tercera edad. De cualquier modo, los miles de textos del acervo romancístico gallego, inéditos o publicados, en los que destacan abundantes muestras de los estratos más profundos del romancero, como son los temas históricos, carolingios y caballerescos, nos permiten conocer la auténtica personalidad de este género literario de tradición oral en Galicia. Ahora bien, como hemos visto en este trabajo, el conocimiento de esta realidad está 3 En el ámbito de la enseñanza junto a Dolores Sanz podríamos añadir, por ejemplo, a Manolo Castro Mera, profesor de lengua y literatura gallega en diversos institituos de bachillerato, que animó a sus alumnos a recoger canciones (Quintáns, 2009). Respecto a la recolección de la tradición oral en centros de la tercera edad el Consello da Cultura Galega publicó una obra con materiales obtenidos entre gente mayor en Santiago de Compostela, Ourense, Tui y Viveiro (Vázquez-Monxardín, 1998).
J. L. FORNEIRO, «EL ROMANCERO TRADICIONAL…» BLO, VOL. EXTR. N.º 1 (2017), PP. 105-130 ISSN: 2173-0695 DOI: 10.17561/blo.vextrai1.4 ~ 125 ~ todavía hoy en el siglo XXI limitada a unos pocos especialistas, pues en Galicia aún predominan textos y teorías sobre esta poesía oral formulados hace 100 o más años, que algunos escritores, «estudiosos» o músicos siguen difundiendo o defendiendo por ignorancia o por razones personales o ideológicas. En ningún otro territorio ibérico están vigentes desde hace décadas estas falsificaciones o teorizaciones de origen decimonónico como en Galicia. Por todo ello, sería de desear que se llevase a cabo la edición, a ser posible en papel y digitalmente, por parte especialistas de los fondos romancísticos inéditos del romancero gallego que forman parte de los archivos de Víctor Said Armesto y de Menéndez Pidal; como ya hemos indicado, en el primer caso, habría que dejar de lado, inicialmente las versiones inventadas, falsas o manipuladas. El concurso de la Fundación Barrié y de la Fundación Menéndez Pidal son imprescindibles, por ser las depositarias de ambos legados, e igualmente sería necesaria la participación de las administraciones públicas gallegas, y también de la banca o de las grandes empresas de la comunidad autónoma, para la financiación de este proyecto que, por fin, normalizaría este campo de estudios en Galicia. La edición de estos materiales supondría una importantísima contribución para el conocimiento de la cultura y de la historia de Galicia, y más concretamente de la literatura oral de sus clases populares, y del contacto secular de las dos lenguas hoy oficiales en la comunidad autónoma. Por otra parte, la sociedad gallega tiene una deuda contraída con aquellos hombres y mujeres, gallegos y foráneos, que en el siglo XX se desplazaron hasta las aldeas más apartadas de Galicia (pensemos en los medios de transporte y en el estado de las vías en Galicia hasta hace pocas décadas) cuyos materiales aún hoy no han visto la luz (Said Armesto, Hervella Courel, Alejo Hernández Aníbal Otero, Bal y Gay, Martínez Torner, los equipos del Seminario Menéndez Pidal, etc). A partir de ahí ya no habría excusas para que los folcloristas locales, los músicos y los autores de los programas de literatura gallega ignorasen la auténtica realidad del romancero gallego, e igualmente podrían llevarse a cabo los estudios pertinentes relativos a este género literario en tierras gallegas. Sería deseable que también se realizasen proyectos similares relativos a los otros géneros de la literatura tradicional y popular de Galicia (la lírica, la leyenda, el cuento, la literatura de cordel, etc); en el caso del cuento, María Camiño Noia, profesora de Universidade de Vigo, asesorada por miembros del Centro de Estudos Ataíde Oliveira de la Universidade do Algarve, publicó en 2010 el Catálogo Tipolóxico do Conto Galego de Tradición Oral, que se suma así al catálogo del romancero gallego publicado por Ana Valenciano en 1998.
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