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Una historia para la escalera monumental: entre la teoría y la práctica

Cortés López, Miriam Elena

Abstract

El tema que va a ocupar las siguientes líneas pretende hacer un análisis de cómo la escalera monumental evolucionó a lo largo de los siglos, especialmente desde su nacimiento, en paralelo a ese proceso de reinvención cultural que sufre la Italia del siglo XV. Cuáles son sus fuentes escritas y en consecuencia cómo surgen las distintas tradiciones o escuelas; cómo es valorado este elemento por los distintos arquitectos y teóricos en los sucesivos siglos y, en definitiva, cómo va aumentando su valor útil y simbólico. Esta teoría se quiere contrastar con el ámbito práctico, bien por medio de las propias imágenes que los escritores ofrecen en sus obras, y que en ocasiones pertenecen a lugares reales; bien a través de otros ejemplos dispersos por la geografía europea.

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Fig.4. M. Vicente de Oliveira. Escaleras del Palacio Nacional de Queluz. Autoría propia 99Una historia para la escalera monumental: entre la teoría y la práctica atrio nº 20 | 2014 Una historia para la escalera monumental: entre la teoría y la práctica Miriam Elena Cortés López* Universidad de Santiago de Compostela Resumen El tema que va a ocupar las siguientes líneas pretende hacer un análisis de cómo la escalera monumental evolucionó a lo largo de los siglos, especialmente desde su nacimiento, en paralelo a ese proceso de reinvención cultural que sufre la Italia del siglo XV. Cuáles son sus fuentes escritas y en consecuencia cómo surgen las distintas tradiciones o escuelas; cómo es valorado este elemento por los distintos arquitectos y teóricos en los sucesivos siglos y, en definitiva, cómo va aumentando su valor útil y simbólico. Esta teoría se quiere contrastar con el ámbito práctico, bien por medio de las propias imágenes que los escritores ofrecen en sus obras, y que en ocasiones pertenecen a lugares reales; bien a través de otros ejemplos dispersos por la geografía europea. Palabras clave: escalera, monumental, tratados, Europa. Abstract The main topic of this paper wants to show how the monumental staircase evolved during centuries, especially since its origins, at the same time that the Italian Renaissance in 15th century. What are their sources and, consequently, how the different traditions arise; how this element is valued by different architects and theorist in following centuries and, to summarize, how increased his functional and symbolic value. This theory should be contrasted with the practice area, either through pictures that writers show in their books, some of which belongs to real places; or through any other examples around Europe. Keywords: staircase, monumental, treatises, Europe * Becaria FPU (GI-1907). Este artículo se realizó dentro del marco del Proyecto de Investigación Encuentros, intercambios y presencias en Galicia entre los siglos XVI y XX, HAR2011-22899. Investigador Principal: J.M. Monterroso Montero (USC), financiado por la Dir. Gral. de Investigación (MEC) y Artífeces e patróns no monacato galego: Futuro, presente e pasado (INCITE09263131PR). Investigadora principal: Ana Goy Diz (USC), financiado por la Xunta de Galicia. ISSN: 0214-8293 | pp. 98-111 100 Miriam Elena Cortés López ISSN: 0214-8293 | pp. 98-111 Introducción Los siglos XV y XVI en Europa fueron decisivos en el renacer de la antigua cultura latina. Dentro de este contexto, Italia se alzaba como abanderada de la teoría de las artes y de las ciencias, con destacados humanistas que cogían el testigo de sus antepasados, para analizarlo y reinterpretarlo1. A pesar de que durante la Edad Media existieron más “renaceres” vinculados a otros puntos de la geografía europea, que tuvieron su momento glorioso por medio de los grandes imperios que constituyeron, tales como los territorios franco y germano; se puede decir que Italia despuntó sobre el resto, aun cuando salía de la oscuridad en la que quedó sumida desde el fin del Imperio Romano. Este progreso cultural se produjo gracias a las aportaciones de un grupo de hombres que especularon, investigaron y, en definitiva, trabajaron en la búsqueda de fórmulas con las que volver a llevar al país a su momento de gloria. Si se generó un deseo de embellecer las ciudades fue debido a que trabajaron en un momento relativamente fortalecido, que les facilitó poner a prueba sus conocimientos e inventos. Junto a esto cabe indicar cómo se estaba produciendo una revalorización del mundo de las artes y cómo comenzaban a disgregarse las artes serviles de las liberales2. En este proceso de renovación, el material del que disponían era amplio pues, en mejor o peor estado, el país contaba con grandes monumentos y obras de arte de un extraordinario valor histórico y artístico. A partir de estos documentos y de otros escritos procedentes de la Antigüedad Clásica tales como los Diez libros de Arquitectura de Vitruvio3 estos humanistas y artistas comenzaron a plasmar, bien por escrito4 o bien a través de la construcción, todo un repertorio ideológico5 que marcó el punto de partida para una larga serie de artistas y arquitectos no sólo italianos, sino también del resto de Europa. En este sentido, ahora hay que destacar esas fuentes escritas, también conocidas bajo el nombre de tratados de las artes6. Aunque existe diversidad temática, aquí cabe reseñar los tratados dedicados a varios aspectos de la arquitectura. Se trata de un corpus teórico, con fin aleccionador, que pretende instruir a quien hace uso de ellos. En ocasiones se complementan con ilustraciones que son la consecuencia de un proceso mental que se traduce al papel. Escritos en diversos idiomas, tuvieron una amplia difusión, si bien es cierto que en España sólo los más destacados fueron traducidos. A pesar de que se puede decir que este tipo de obras se ofrece por primera vez en Italia, en los sucesivos siglos alcanzarán un gran éxito y serán también escritas por importantes arquitectos de otros países vecinos, que llegarán a “construir” auténticas “enciclopedias” de arquitectura y que trabajan, por lo general, a las órdenes del rey o en las reales academias de arquitectura francesa e italiana7. 1. PANOWSKY, E.: Renacimiento y renacimientos en el arte occidental , Madrid, Alianza, 2004. 2. NIETO ALCAIDE, V., El Arte del Renacimiento , Madrid, Historia 16, 1996, págs. 22-25. 3. VITRUVIO POLIÓN, M., Los diez libros de arquitectura (ed. de la imprenta Real), Madrid, 1787, (ed. española, en casa de Iván de Ayala, Toledo, 1552), en Tratados de Arquitectura, Urbanismo e Ingeniería (comp. José Enrique García Melero, Colección Clásicos Tavera, Serie V, vol. 13). 4. El hecho de escribir los criterios científicos o de diseño, habla de un proceso intelectual que comienza a ser asociado con el artista, de ahí que éste trascienda el grado de artesano que hace objetos cotidianos, para convertirse en un intelectual. 5. Las artes comienzan a ser valoradas como instrumentos políticos e ideológicos al servicio de las familias más destacadas, de manera que van a ser los gustos de éstas las que configuren el arte del momento, gracias a la colaboración de los artistas que están al servicio de estos mecenas. NIETO ALCAIDE, V., El Arte del Renacimiento , op. cit., págs. 19-22. 6. SCHLOSSER, J., La Literatura artística: manual de fuentes de la historia moderna del arte , Madrid, Cátedra, 1986; VV.AA., T eoría de la arquitectura. Del Renacimiento a la actualidad , Madrid, Taschen, 2003. 7. Es el caso de P. le Muet, F. Blondel y de G. Boffrand en Francia; o de B. A. Vittone en Italia. 101Una historia para la escalera monumental: entre la teoría y la práctica atrio nº 20 | 2014 Son múltiples los temas que se ofrecen en estos libros, relacionados con todo el proceso constructivo del edificio. Se habla desde las partes que deben de componerlo, hasta las cualidades de los materiales que se emplean para la creación de ventanas, chimeneas o escaleras. Precisamente este último elemento, la escalera, pasa por ocupar uno de los capítulos más notables de estos libros, si bien es cierto que sufre un proceso evolutivo por el cual aumenta su tratamiento conforme van surgiendo nuevas obras. Este proceso es paralelo al de su construcción –el segundo tipo de fuente documental– que también se verá engrandecida conforme pasen los siglos. En este sentido la teoría ayuda a la práctica, ya que a partir de las “recetas” que se daban en estos tratados, los arquitectos obtenían repertorios de modelos para sus casas, palacios o cualquier otro tipo de edificación, dependiendo del efecto que se buscara. Lo que se pretende analizar en las siguientes páginas es la evolución del concepto de escalera monumental, tomando como base una serie de tratados de arquitectura que, por el tipo de contenido que desarrollan, han tenido especial trascendencia en la construcción de este elemento. Por ello, se hace una selección de obras de los más prestigiosos teóricos europeos, destacando sus aportaciones a la historia de la escalera monumental, con el fin de establecer una línea de evolución en el desarrollo de la escalera. Pero la teoría debe contrastarse con la práctica, y por ello también se hace una recopilación de aquellas escaleras que por sus características son el testimonio físico de dichos tratados, y que reflejan ideas y realidades. La escalera en los tratados de arquitectura Como ya se ha dicho, los tratados de arquitectura encontraron su momento de iniciación en el siglo XV, en relación con ese proceso de eclosión artística y recuperación de viejas formas y con la reinterpretación de las mismas. Este proceso, lento a lo largo de los siglos XV y XVI, cobró especial fuerza en las dos siguientes centurias. Y si, en los dos primeros siglos, fue Italia la que estableció las bases para esa teoría; se puede decir que a ella continuó la labor de los arquitectos y teóricos franceses que, ya desde el reinado de Francisco I, habían contribuido a la teorización de las artes. Si esto sucede a nivel general con los tratados de arquitectura, se podría decir que en el caso concreto del estudio de las escaleras va a acontecer algo semejante, pasando de ser un elemento que apenas ocupa un par de párrafos, a ser un elemento cuyo estudio requiera escribir un libro entero. Quizá la explicación se encuentre –como ya algún autor ponía de manifiesto– en que en la época anterior al Renacimiento la escalera fue considerada un mero recurso constructivo, con un valor estrictamente funcional8. Más allá de cuestiones simbólicas o artísticas, era la respuesta al problema constructivo que suponía atar dos niveles de un edificio de manera vertical. Prueba de ello y, en general, de la escasa valoración que tenía la arquitectura y el proceso arquitectónico como disciplina científica, es la poca –por no decir nula– actividad teórica de esos tiempos. Los inicios de esta labor comenzaron en el siglo XV al aparecer las primeras muestras de interés hacia la construcción de escaleras en la obra De Re Aedificatoria. Se trata del primer tratado de arquitectura conocido tras el descubrimiento de los Diez Libros de Arquitectura de Vitruvio. L.B. Alberti, autor del libro, emulando a su viejo antepasado romano, trató numerosos aspectos relativos al arte de construir, desde los materiales de obras, 8. GUILLAUME, J., “Genèse de l´escalier moderne” en CHASTEL, A. y otros (dir.), L´Escalier dans l´Architecture de la Renaissance (Actes du colloque tenu a Tours du 22 au 26 mai 1979) , París, Picard, 1985, pág. 9; PEVSNER, N., Breve historia de la arquitectura europea , Madrid, Alianza, 1994, pág. 236. 102 Miriam Elena Cortés López ISSN: 0214-8293 | pp. 98-111 sus propiedades, hasta la distribución conveniente de las edificaciones o sus partes9. La escalera, como elemento arquitectónico que es, aparece reflejada en algunas partes del libro, si bien es cierto que no adquiere la fuerza descriptiva que con el tiempo acabará ganándose. En consonancia con el poco valor descriptivo que se le otorgaba, tampoco se aportaban documentos gráficos que complementasen este apartado. No obstante, se estaba dando el primer paso al incluir el tema de la escalera en la obra escrita. Habrá que esperar al siglo XVI para ver las primeras muestras gráficas de escaleras. Se trata de las representadas en la obra de A. Palladio Los Cuatro Libros de Arquitectura. A pesar de que se mantuvo en la línea albertiana, Palladio estaba dando un paso más, porque añadía diferentes diseños de escaleras, si bien cabe destacar que añadió un ejemplo ya existente en Francia: las escaleras construidas en el Castillo de Chambord por orden de Francisco I10. (Fig.1) Aunque Palladio dibujó una escalera circular de cuatro revoluciones en vez de dos, lo curioso es como ya se estaban presentando modelos de escaleras que parecían tener cierto componente artístico y simbólico. La escalera central del Castillo de Chambord ya no era sólo una muestra de practicidad, sino que había un deseo por lo artístico –en cuanto a que se deseaba crear un efecto bello o estético– pero también por el alarde técnico, ya que se estaba investigando en nuevas formas que superasen la simple escalera de caracol a la que tenían acostumbrados los hombres medievales y los romanos. En relación a estos últimos, S. Serlio hizo una pequeña aproximación sobre el modo en que concebían la escalera. Lo hizo de manera indirecta ya que no dedicó un apartado específico a las escaleras, sino que las reflejó a partir de destacados ejemplos romanos como la Basílica de Pompeyo, en cuyo plano mostró las típicas escaleras de caracol que luego heredaron los hombres de la Edad Media. Del mismo modo ilustró cómo los 9. ALBERTI, L.B., De Re Aedificatoria , (ed. facs. de la ed. de Firenze, Lorenzo Torrentino Impressor Ducale, 1550), (prólogo de Javier Rivera; traducción de Javier Fresnillo Núñez), Libro I, cap. XIII, Madrid, Akal, 1991. 10. PALLADIO, A., Los cuatro libros de la arquitectura (ed. facs. de la ed. de Venecia, Dominico de Franceschi, 1570), (ed. española a cargo de Javier Rivera), 1er libro, cap. XXVIII, Madrid, Akal, 2008, págs. 140-141. Fig.1. Andrea Palladio. Escalera del Castillo de Chambord. Los cuatro Libros de Arquitectura . 103Una historia para la escalera monumental: entre la teoría y la práctica atrio nº 20 | 2014 romanos habían empleado la escalera de rampas rectas en el Coliseo, lo que daba prueba de que también fue un sistema habitual en su construcción11. A lo largo del siglo XVI, en Francia comenzaron a surgir las primeras referencias a las escaleras. J. A. du Cerceau lo hizo de una manera muy peculiar ya que sus obras consistieron en un compendio o recopilación (recueil) de modelos de “las más excelentes casas”, que él se limitaba a describir y a dibujar en planta y alzado12. A partir de estas ilustraciones se puede evidenciar como la escalera todavía no ocupaba el lugar que le corresponde. Aún estaba muy presente la influencia de la escalera redonda, si bien es cierto que comenzaba a intuirse la aplicación de tramos rectos de escalera en algunos modelos de casas13. Más interesantes resultaron los siglos XVII y XVIII. En este momento surgieron los grandes teóricos y arquitectos europeos y, en consecuencia, la producción de libros fue mucho más fluida. Sin embargo, una vez más, Italia y Francia volvieron a liderar el panorama14. A partir de este momento se sistematizó, de una u otra manera, el estudio de la escalera que ya se comenzaba a valorar como elemento imprescindible en la disposición del resto de las estancias, teniendo autonomía propia y cierta carga simbólica. Su organización se puso de manifiesto a través de unos 11. SERLIO BOLOÑÉS, S., Tercero y qvarto libro de architectura , (ed. española, en casa de Iván de Ayala, Toledo, 1552), en GARCÍA MELERO, J. E. (comp.)., Tratados de Arquitectura, Urbanismo e Ingeniería , Serie V, vol. 13, Madrid, Colección Clásicos Tavera, pág. 36. 12. DU CERCEAU, J. A., Le premier volumen des plus excellents batiments de France, París, 1576: Id., Le second volume des plus excellent Bastiments de France , París, 1579. Dos décadas antes, du Cerceau había publicado otra obra en la que hacía un relación de plantas y alzados de edificios desconocidos. Al respecto vid. Id., L ivre d´Architecture de Iaques Androuet du Cerceau , París, 1559. 13. En este punto cabe hacer una matización ya que la influencia de los castillos medievales sigue estando muy presente en los palacios renacentistas y muy especialmente en Francia. De este modo se sigue haciendo uso del típico esquema fortificado y con torres. En este sentido el Castillo de Chambord sería un buen ejemplo. Lo mismo sucede con otras edificaciones que mantienen ese esquema medievalizante. Las escaleras, dentro de esta tipología, era habitual que estuvieran emplazadas en las torres, ya que en la Edad Media se consideraba que debían de estorbar lo mínimo posible. La construcción de las torres favorecía el emplazamiento de un elemento que de por sí marca una línea vertical, en consonancia con ellas. Las torres se convertía así en elementos comunicadores y de ahí que la forma de la escalera se adaptara al círculo que solían formar las torres. 14 A pesar de que en España los dictámenes de Fray Lorenzo de San Nicolás van a ser fundamentales para la arquitectura nacional; o de la relevancia que tendrá el tratado de arquitectura de von Erlach dentro del panorama vienés. Fig.2. V. Scamozzi. Distintos tipos de escalera. Ouvres d´Architecture de Vincent Scamozzi . Nouvelle edition.1764 104 Miriam Elena Cortés López ISSN: 0214-8293 | pp. 98-111 criterios que tenían su punto de partida en el tratado de F. Blondel, Cours d´Architecture. Este académico francés, propuso como método de análisis la valoración de la escalera monumental desde seis puntos de vista, que posteriormente desglosó: situación, forma, grandeza o proporción, iluminación, decoración y construcción. Estos aspectos, de una u otra manera, presentaban una base de corte clasicista –conforme al gusto académico de Blondel– al estar estrechamente vinculados con los criterios vitruvianos de utilidad, solidez y belleza aplicados a la arquitectura15. F. Blondel constituyó el punto de partida para la escuela francesa, que luego continuarían Ch. d´Aviler, Ch. Etienne Briseux, J.F. Blondel o M.A. Laugier, entre otros. En cualquiera de los tratados de estos autores se perciben las enseñanzas del que había sido primer director de la Real Academia de Arquitectura Francesa16. Además también heredaron ese gusto por crear auténticas “enciclopedias” de arquitectura, que constan de varios tomos, en los que se analizaban numerosas obras de arquitectura, por lo general pertenecientes al ámbito francés. Como culmen del tratamiento de la escalera en este tipo de fuentes escritas, habría que hacer alusión a la obra de Ch. A. Jombert que dedicó un libro entero al estudio de la escalera en su Architecture Moderne ou l´art de bien bâtir pour toute sorte de personnes17, quedando patente la importancia que los franceses cedieron al estudio de la escalera y a su construcción. En cuanto a la tradición italiana, se puede decir que si se compara con la francesa va perdiendo en fuerza. Esto no quiere decir que haya que darle menos importancia porque, si bien es cierto que se fue reduciendo el número de teóricos que abordaron el tema, también cabría decir que los autores que siguieron teorizando sobre la escalera describieron unos modelos, si cabe, más originales que los franceses. Así se constata en lo expuesto por V. Scamozzi18; (Fig.2) o en ciertas recomendaciones que hizo Guarino Guarini19; sin olvidar alguno de los más bellos diseños de B. A. Vittone20. A lo largo del siglo XVIII, F. Milizia se mostró como heredero de la tradición francesa en Italia. La manera en que compuso su tratado sobre los principios de arquitectura reflejó el sistema típico francés –lo que se puede ver como una consecuencia de sus años de estancia en Francia21– así como su deseo de una organización metódica que anunciaba su vocación neoclásica, en la que abundaron los recuerdos a la Antigüedad. Como se puede ver, la evolución en la consideración de la escalera monumental es un proceso que discurrió en paralelo al discurso teórico del resto de elementos que conforman los grandes estudios de arquitectura: desde un primer momento en el que su explicación apenas ocupaba unas líneas, a la elaboración de libros que tienen como único cometido un análisis íntegro de los aspectos que afectaban a la construcción de una escalera. Este proceso discurrió en paralelo al diseño y creación de las más destacadas escaleras monumentales. 15 BLONDEL, F., Cours de Architecture , (de l´Imprimerie de Lambert Roulland en la maison d´Antoine Virré, rue du Foin), París, 1675. 16. VV.AA., Teoría de la arquitectura… , op. cit., pág. 258. 17. JOMBERT, Ch. A., Architecture Moderne ou l´art de bien bâtir pour toute sorte de personnes , (chez l´auteur, libraire du Génie & de l´Artillerie, rue Dauphine à l´Image Notre- Dame), 2 vol., París, 1764. 18. SCAMOZZI, V., Ouvres d´Architecture (nouvelle edition revue & corrigée exactement sur l´original Italien) , (chez Jombert, Libraire du Roi pour l´Artillerie & le Génie, a l´Image Notre Dame), Paris, 1764. 19. GUARINI, G., Archittetura Civile , (appresso Gianfrancesco Mairese all´Insegna di Santa Teresa di GESU), Turín, 1737. 20. VITTONE, B. A., Instruzioni elementari per indirizzo de Giovani allo studio dell´Architettura Civile (presso gli Agnelli Stampatori della Suprema Superiorita Elvetica nelle Prefeture Italiane), 3 vol., Lugano, 1760. 21. MILIZIA, F., Architettura Civile (quarta edizione veneta. Riveduta, emendata, ed accresciuta di Figure disegnate ed incise in Roma da Gio. Battista Cipriani Sanese) , (TIPOGR. Giuseppe Remondini e figli editrice) Bassano, 1823. 105Una historia para la escalera monumental: entre la teoría y la práctica atrio nº 20 | 2014 El valor de la escalera según los tratadistas europeos El culmen que constituyó esta consideración monumental de las escaleras estuvo precedido de un primer momento de configuración, que encuentra su punto de partida en el siglo XV cuando Alberti apenas se pronunciaba diciendo “Las escaleras son elementos perturbadores de los edificios” y por ello “los antiguos tomaron sus precauciones contra los obstáculos que ellas suponían”22. Según lo dicho, no sólo se podría evidenciar el poco respeto que el humanista presentó hacia este elemento de la arquitectura, sino que además se manifiesta la clara evocación hacia la importancia que empezaban a tener los criterios de construcción romana. Esto se subraya todavía más cuando dijo “odio la suntuosidad. Me gusta aquello que fruto de la inteligencia contribuye a la belleza y al buen gusto”23. Alberti desechaba el lujo en cualquier parte de la construcción. No obstante hablaba de “inteligencia” vinculada a la belleza. Y en cierto sentido esta idea la traspasó al tema de las escaleras al decir que se trataba de una “empresa ardua” que precisaba de una “reflexión madurada y reposada”24, con lo que se estaría hablando de un proceso intelectual que llevaría a una buena organización y construcción. Por otro lado, de esta última reflexión subyace una valoración positiva porque con ella se estaba subrayando la necesidad de pensar la forma más correcta de construirla. Además cuando Alberti dijo que “dicen que las escaleras son un obstáculo en el diseño de edificios” parece que estaba aludiendo a terceras personas, de las que él se excluiría, ya que poco después señalaba que la opción era no poner “obstáculos a las escaleras”25. Por tanto se puede ver que aunque en estos primeros momentos las alusiones referidas a escaleras son pocas, siguen una dirección positiva en la valoración de la misma, que se incrementaría en los siguientes siglos. Así en el siglo XVI, Palladio se mantuvo más o menos en la línea de su predecesor florentino, al recomendar un estudio previo y cuidado de las escaleras26. Si bien es cierto que aportaba una serie de consejos sobre los aspectos que debía de reunir la escalera, lo hizo de una forma poco sistemática y completa pero que anunciaba el orden que sí tendrían los tratados franceses desde F. Blondel. Por su parte Serlio ya pronunciaba la palabra “necesidad” en el uso de escaleras27, lo cual se incrementaría en la siguiente centuria cuando Blondel hablaba de “apariencia” en la situación de escaleras, con lo que se estaba reclamando para ella un espacio en el que no sólo fuera bien vista por el público, sino que además habría de ser un espacio cómodo y que ejerciera un poder distributivo en la organización de las estancias de la casa. Por tanto aquí sí que se estaba produciendo un gran cambio, porque no sólo se hablaba de comodidad, sino que por fin entraban en escena otros aspectos que estaban dirigidos por las “reglas de la elegancia y la belleza”, como son “las proporciones y los ornamentos”28. Es a partir de estas consideraciones por lo que Blondel llegó a la conclusión de que para que una escalera pueda considerarse monumental, debería respetar la serie de los “seis principios”. Desde Italia, V. Scamozzi, también escribió sobre la práctica de las escaleras. Defendía la necesidad de su construcción y llegó a establecer una comparación con el hombre, diciendo que las escaleras eran para el edificio lo que las venas al cuerpo humano29. Por tanto se concluye que para él la escalera también tenía una 22. ALBERTI, L. B., De Re Aedificatoria… , op. cit., pág. 374. 23. Ibid., pág. 379. 24. Ibid., pág. 91. 25. Ibid., pág. 91. 26. PALLADIO, A., Los cuatro libros de la arquitectura… , op. cit., págs. 134- 135. 27. SERLIO BOLOGNESE, S., Il secondo libro di perspettiva , pág. 19 v. 28. BLONDEL, F., Cours d´Architecture… , op. cit., libro III, cap. I, pág. 671. 29. SCAMOZZI, V., Ouvres d´Architecture… , op. cit., pág. 179. 106 Miriam Elena Cortés López ISSN: 0214-8293 | pp. 98-111 consideración importante en el discurso del edificio. Además de presentar una serie de buenos ejemplos a la italiana, hizo un resumen de tipos de escaleras y los lugares más apropiados para establecerlas. Este aspecto es interesante porque lo que estaba haciendo era presentar gráficamente una serie de modelos que podrían servir de orientación al arquitecto, especificando las cualidades que tenía cada uno de ellos. A lo largo del siglo XVII, arquitectos como Ch. d´Aviler30 o P. Le Muet31 en Francia; y Guarino Guarini en Italia, también estudiaron en sus obras este elemento. En España produjo una situación paradójica que guardaba relación con la escasa tradición que tenía el estudio de la escalera en los tratados de arquitectura32. De hecho, su ámbito teórico de la arquitectura se limitaba en muchos casos bien a la traducción de los tratados más destacados –especialmente italianos– bien a estudios sobre la obra de Vitruvio33, bien a obras de componente ingenieril. Poco más se puede hacer destacar, salvo las contribuciones de Fray Lorenzo de San Nicolás y J. de Caramuel Lobkowitz. Sus obras debieron de ser harto conocidas, y sus recomendaciones adaptadas al modo de hacer escaleras. La obra de Fray Lorenzo de San Nicolás tuvo una especial importancia ya que en ella se reconocía el valor artístico de la escalera cuando se decía que una “escalera bien fundada hermosea un edificio”34. Junto a esto, lo más importante de la obra era que en ella se aportaban varios sistemas de construcción de escalera, y por ello debieron de ser muchos los arquitectos que siguieron sus indicaciones35. Hasta el momento no se conoce la repercusión que pudo haber tenido esta obra en otros países, lo que sí se sabe es que el libro fue escrito para enseñar cuestiones técnicas a los estudiantes de arquitectura españoles. En el caso de J. de Caramuel, su libro también es imprescindible a la hora de analizar un aspecto inherente a la escalera: su oblicuidad36. Se puede decir que a partir del siglo XVIII, la escalera monumental se convirtió en protagonista de los escritos de arquitectura, lo que tiene su reflejo práctico en la construcción de los grandes palacios europeos37. Bien es cierto que existieron debates entre los propios teóricos, que discutían sobre cuál era el mejor sitio o la forma más apropiada. De este modo surgieron detractores como J. L. de Cordemoy que en su libro declaró que las escaleras eran un obstáculo para el edificio ya que alteraban la unidad del conjunto, además de dañar la belleza de la entrada del palacio38. En este sentido parece haber un retroceso en la valoración de la escalera monumental. Lo cierto es que se trató de un caso bastante aislado, ya que la mayor parte de los arquitectos del siglo XVIII, fuera en un sitio, fuera en otro, valoraron establecer la 30. AVILER, Ch., C ours d´Architecture qui comprend les ordres de Vignole (chez J. Mariette, rue Saint Jacques, aux Colonnes d´Hercules, & à la Victoire), 2 vol., París, 1710. 31. LE MUET, P., Maniere de Bastir pour touttes sortes de personnes (chez Melchior Tauernier Graueur. Imprimeur du Roy pour les tailles douces demeurant en Lisle du Palais sur le Quay qui regarde la Megiserie au coing de la rue du Harlay à la Rose Rouge), París, 1623. 32. El estudio de la escalera está más bien presente en los tratados de cantería o corte de la piedra, junto con los estudios de la construcción de bóvedas. Son obras de carácter técnico, mucho más instructivas y prácticas, que aportan medidas y métodos para construir dichas piezas. Destacan las obras de A. de Vandelvira, G. Martínez de Aranda o Juan de Portor, entre otros. 33. SAGREDO, D. de., Medidas del Romano , Toledo, 1526. 34. SAN NICOLÁS, F. L., Arte y Uso de Arquitectura (ed. facs. de la ed. de Madrid por D. Placido Barco Lopez, 1796, quarta impresión) (1ª ed. 1639-1664), (introducción a cargo de Ramón Betrán), cap. LX, Zaragoza, Colegio Oficial de Arquitectos de Aragón, 1989, pág. 163. 35. Ibid., pág. 165. 36. CARAMUEL LOBKOWITZ, J., Arquitectura civil recta y oblicua , (ed. facsímil de la ed.: Vegeven: Imprenta Obispal por Camillo Corrado, 1678) 3 vol., Madrid, Turner, 1984, págs. 17-18. 37 En Italia destacan las escaleras proyectadas para el Palacio Madama por F. Juvarra, así como las del Palacio Real de Caserta de L. Vanvitelli. En centrouropa se podrían citar las escaleras creadas por B. Neumann para los palacios de Wurzburgo, Augustusburg o Bruschal. En España destacan las escaleras de tres grandes palacios reales: el de Madrid, el de Aranjuez y el de Riofrío. 38. CORDEMOY, J. L., Nouveau traite de toute l´Architecture ou l´Art de bastir utile aux entrepreneurs et aux ouvriers , (chez J. B. Coignard, Imprimeur ordinaire du Roy & de l ´Academie Françoise, rue Saint Jacques, à la Bible d´Or), París, 1714, pág. 105.