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Santiago Fernández Mosquera Lía Schwartz (1941-2020) Boletín de la Biblioteca de Menéndez Pelayo. 2020, XCVI-1, 257-262 257 LÍA SCHWARTZ (1941-2020) El año 2020 será recordado por la crisis mundial de una pandemia que colocó al mundo en una situación muy difícil y precaria. A todos nos afectó, y directa o indirectamente, también a la filología. De hecho, la profesora Lía Schwartz (Corrientes, Argentina, 1941- Nueva York, 2020) nos dejó el 31 de mayo de este nefasto año en la muy castigada ciudad de Nueva York. Su pérdida se unía a las anteriores de Alberto Blecua, Trevor Dadson, Manuel Alvar y, casualmente por las mismas fechas, a la de su maestro James O. Crosby. Lía Schwartz quiso acompañarse de ilustres colegas en este último aliento de su vida, tal vez porque una de las características de la profesora Schwartz fue la de congregar en su entorno a las figuras más sobresalientes de su especialidad, organizando congresos o participando activamente en las asociaciones que acogían sus intereses, como la AISO, de quien fue activa vicepresidenta, o la propia AIH, de la que ostentó su máxima representación. De hecho, Lía Schwartz se convirtió, por estas circunstancias y por su prestigio, en la mejor anfitriona del hispanismo mundial en Nueva York, pero también en todo EE.UU, incluso antes de que obtuviera su plaza definitiva en el Graduate Center de la CUNY. Muchos de los jóvenes tuvimos la primera oportunidad de acercarnos al hispanismo norteamericano gracias a
SANTIAGO FERNÁNDEZ MOSQUERA BBMP. 2020, XCVI-1 258 su respaldo, y muchos otros colegas ya consolidados, encontraron en Lía Schwartz y en su marido, el siempre admirado Isaías Lerner, a los mejores embajadores del hispanismo en América. Pocos como ellos amaban y reconocían el en ocasiones olvidado hispanismo peninsular, por decirlo en términos americanos. Esta actividad organizadora y administrativa la acompañó toda su vida. Nunca rechazó una de las tareas esenciales de la profesión que desempeñó en sus diferentes destinos, tan variados como sus inicios en la Universidad de Buenos Aires dentro de la Cátedra de Lengua y Literatura Griega y Latina (en donde se preciaba de haber sido alumna de Borges y de Ana María Barrenechea, entre otras figuras del brillante plantel bonaerense por esos años), en su traslado y primeros pasos en la University of Illinois, de la mano de James O. Crosby, con su primer trabajo ya estable como Assistant Professor y, desde 1986 a 1989, como Professor en la Fordham Universtiy de Nueva York, hasta consolidarse como catedrática de español en el prestigioso y apartado Dartmouth College, en el que también desempeñó, entre 1995 y el año 2000, su Cátedra de Español y Literatura comparada, además de ser Directora del departamento hasta su traslado al Centro Graduado de The City Universtity of New York, donde fue Distinguished Professor y también directora del departamento hasta el año 2011. Sería aquí, en la CUNY de Nueva York, en donde su desempeño de actividades académicas y de gestión de los innumerables cargos convirtieron al The Graduate Center de la 5ª Ave en el destino de buena parte de la cultura literaria hispánica. Allí se establecieron nuevas o heredadas instituciones que generaron una actividad deslumbrante por donde pasó la inteligencia hispanística mundial. Recordemos que bajo su dirección, o como responsable de acuerdos anteriores, tenían su sede en el Graduate Center la Cátedra Delibes, la Cátedra Xunta de Galicia para el estudio de la lengua y la cultura gallega, la Mercè Rodadera, la Cátedra Argentina, el Seminario de Crítica Textual y edición de textos hispánicos patrocinado por la Fundación Duques de Soria y la Hispanic Society –con la codirección de John O'Neill– y muchas otras actividades derivadas de los programas propios del centro. Todo este despliegue de actividad no le impidió haber sido anteriormente visitante en Princeton, en la University of Pennsylvania o
BBMP. 2020, XCVI-1 LIA SCHWARTZ 259 en la de Salamanca, por citar algunas, además de haber impartido innumerables conferencias y seminarios en muchos lugares de España y América; por supuesto, también en su adorada Argentina, con la que seguía manteniendo una relación directísima o, por citar las más cercanas, en las tres universidades gallegas, a las que acudía con alegre disposición. Esta labor no logró entorpecer su actividad docente e investigadora; antes bien, Lía Schwartz conseguía retroalimentarse sabiamente al compaginar su tarea administrativa y académica con la investigación y la docencia, porque de todas sus actividades se aprovechaba para brillar, mientras que los demás procurábamos aprender. Es cierto que se aprendía mucho de sus conocimientos de literatura clásica, de su saber sobre el Siglo de Oro, de su erudición acerca de la poesía neolatina, sobre la que abrió los ojos a muchos de quienes desconocíamos su impronta. Pero al mismo tiempo, su inteligencia, madurada con la necesidad de supervivencia en diferentes ámbitos y en distintas culturas, también enseñaba una forma de resistencia siempre eficazmente admirable. He querido subrayar estas actividades porque tal vez el paso del tiempo borre de nuestra memoria esa labor ingente que tanto ha hecho por la presencia del hispanismo en EE. UU y, más concretamente, en la ciudad de Nueva York, un pequeño mundo donde, en buena medida gracias a ella, brilló con luz propia. Y también para poner en valor una vertiente de su trabajo que no siempre se ha reconocido como valiosa en el mundo académico, más apegado en principio al prestigio de sus publicaciones más brillantes. Y, sin embargo, sus investigaciones han sido sin duda la más acendrada fortaleza a lo largo de su carrea. La figura de su maestro en EE. UU, James O. Crosby, marcó su especialización en Francisco de Quevedo. Como se ha recordado, el maestro y la mejor de sus discípulas nos dejaron por las mismas fechas, como si se tratase de uno de esos guiños que el destino reserva a quienes verdaderamente son grandes a lo largo de sus vidas. Sobre Quevedo arrojó una luz que nunca antes se había irradiado con igual brillantez, una luz que nacía de sus estudios clásicos en la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires (1959- 1965) y de su paso por la Universidad de Mainz (1965-1966) a donde llegó –siempre lo recordaba– tras un largo viaje en barco desde su
SANTIAGO FERNÁNDEZ MOSQUERA BBMP. 2020, XCVI-1 260 Argentina natal. Esta combinación de saberes griegos, latinos y hebreos, acomodados al enfoque más novedoso del hispanismo con su doctorado en la Universidad de Illinois (1967-1971), facilitaron una perspectiva diferente y abierta desde la que pocos –por no decir ninguno– podía acercarse a la obra del poeta madrileño. Es cierto que esta rica e envidiable base filológica la proyectó en otros campos y diferentes autores (en particular Bartolomé Leonardo de Argensola –a quien también editó– o inevitablemente en Cervantes –sus entradas en la Gran Enciclopedia Cervantina sobre la relación del escritos con los autores clásicos merecerían formar una publicación exenta), pero será Francisco de Quevedo el autor que la inclinó más decididamente al estudio de su obra y a los géneros frecuentados por el poeta, singularmente la sátira y la metáfora. Recordemos sus trabajos mayores: Metáfora y sátira en la obra de Quevedo (1983); Quevedo: discurso y representación (1987); De Fray Luis a Quevedo. Lecturas de los clásicos antiguos (2005), además de su rica labor editora: Quevedo. Poesía selecta (1989), en colaboración con Ignacio Arellano, con quien también editó la magna antología de Francisco de Quevedo Un Heráclito cristiano, Canta sola a Lisi y otros poemas (1998). Y se debe destacar en este campo ecdótico su dedicación a La Fortuna con seso y la hora de todos, publicada en 2003 dentro de la edición de las obras completas del autor, pero que fue reeditada, en un trabajo mucho más valioso, en La Hora de todos y la Fortuna con seso (2009), teniendo en cuenta, por vez primera, el testimonio del único manuscrito existente que pertenecía a James O. Crosby y que ahora se custodia en la Hispanic Society of America. Esta doble edición demuestra el rigor con que Lía Schwartz abordaba todas sus tareas. Los que tuvimos la oportunidad de estar cerca de ella en este proceso recordamos cómo la edición de esta obra le preocupaba y cómo, cuando fue posible y aún al poco de haber editado la versión primera, la profesora Schwartz no descansó hasta dar cuenta de ese testimonio largamente esperado que aportaba nuevas lecturas y una visión tal vez diferente del texto quevediano. Su tenacidad logró que seis años más tarde lograse cerrar ese desafío. La obra de Bartolomé Leonardo de Argensola también tuvo la suerte de contar con su dedicación ecdótica con su edición de las Sátiras menipeas (2011) que reunía su amor por el escritor y por el género que tanto le interesó, como demostrará con la recopilación
BBMP. 2020, XCVI-1 LIA SCHWARTZ 261 de cinco imprescindibles trabajos en Lo ingenioso y lo prudente. Bartolomé Leonardo de Argensola y la sátira (2013). Y no fue hasta momentos finales de su carrera más activa cuando pudo detenerse en ofrecernos varios ensayos esenciales sobre Cervantes, otro de sus autores preferidos: Cervantes ayer y hoy (2017). Debemos completar esta labor investigadora mayor con dos trabajos que recogen actividades bien queridas para Lía Schwartz: su colaboración con Antonio Carreira en el volumen de ensayos Quevedo a nueva luz: escritura y política (1997), fruto de un seminario anterior y, sobre todo, el homenaje a su profesor, Studies in Honor of James O. Crosby (2004) que, como todo buen discípulo, agradecía modestamente lo recibido del maestro. Cabe destacar que, con esa misma idea de fuerte raigambre académica, algunos de sus amigos y discípulos ejecutaron la idea largamente madurada de ofrecerle a ella un homenaje que permitiese, a quienes tanto la apreciamos y los que tanto hemos aprendido de sus palabras y de sus escritos, mostrar nuestro agradecimiento y nuestra admiración más rendida. La iniciativa llevada a cabo brillantemente por Sagrario López Poza, Nieves Pena, Mariano de la Campa, Isabel Pérez Cuenca, Susan Byrne y Almudena Vidorreta de publicar Docta y sabia Atenea. Studia in honorem Lía Schwartz (2019), un año antes de su desaparición, ha sido un gran consuelo para todos aquellos que siempre confiábamos en poder agradecerle su aportación al hispanismo de una manera más explícita. Este obligado agradecimiento incluso fue entendido por las instituciones españolas cuando en 1999 se le concedió la Encomienda de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio, más tarde refrendada en 2013 con la Orden del Mérito Civil y su nombramiento en 2016 como Académica correspondiente de la Real Academia de la Lengua Española. Por una vez, los reconocimientos institucionales fueron puntuales, y el homenaje de su colegas y amigos también oportuno para demostrar el permanente cariño de sus alumnos y de sus amigos, que seguirá siempre amparado en su obra, en el recuerdo de su incesante trabajo, en la alegría de su inteligencia, en la brillantez de sus intervenciones. Ella, con su profesor Lerner, como le gustaba llamar, han dejado una huella imborrable en la historia de la cultura y la literatura hispánica. Lía Schwartz se mantendrá siempre viva con
SANTIAGO FERNÁNDEZ MOSQUERA BBMP. 2020, XCVI-1 262 su enseñanza, con su recuerdo, en la memoria de quienes la admirados y apreciamos en vida, en todos aquellos que disfrutamos de sus agudezas y en los que seguirán aprendiendo de sus páginas. Evocaba su Quevedo el privilegio de escuchar con los ojos a los muertos. Recordemos ahora otras palabras del poeta en Providencia de Dios, para consuelo de quienes seguiremos disfrutando de su sabiduría: "Si la muerte no fuera docta, no fueran los mejores y más útiles maestros de los vivos los muertos". La desgracia nos ha arrebatado a Lía Schwartz, pero siempre nos acompañará, como la mejor maestra, su sabiduría y su recuerdo. SANTIAGO FERNÁNDEZ MOSQUERA UNIVERSIDADE DE SANTIAGO DE COMPOSTELA