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[ECOCIUDADANÍA Y EDUCACIÓN DEL CONSUMO ALIMENTARIO. BUENAS PRÁCTICAS SOCIOEDUCATIVAS…] SIPS - PEDAGOGÍA SOCIAL. REVISTA INTERUNIVERSITARIA [(2023) 42, 181-195] TERCERA ÉPOCA Copyright © 2015 SIPS. Licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0 Ecociudadanía y educación del consumo alimentario. Buenas prácticas socioeducativas en iniciativas ciudadanas de consumo responsable Ecocitizenship and Food Consumption Education. Socio-Educational Good Practices in Citizen Initiatives of Responsible Consumption Ecocidadania e educação do consumo alimentar. Boas práticas socioeducativas em iniciativas cidadãs de consumo responsável Kylyan Marc BISQUERT I PÉREZ*, Pablo Ángel MEIRA CARTEA* & Adolfo AGÚNDEZ RODRÍGUEZ** *Universidade de Santiago de Compostela & **Université de Sherbrooke Fecha de recepción: 05.VIII.2022 Fecha de revisión: 01.XI.2022 Fecha de aceptación: 15.XII.2022 PALABRAS CLAVE: educación del consumo; dieta; ecociudadanía; cultura de la sostenibilidad; buenas prácticas RESUMEN: El sistema agroalimentario industrial-globalizado constituye un factor crítico de la actual crisis socioambiental. Sus impactos contribuyen significativamente a superar los límites biofísicos del planeta y generan profundas brechas de desigualdad, mientras siguen sin alcanzarse los objetivos globales de seguridad alimentaria. En este marco, la construcción sociocultural de la dieta desempeña un papel fundamental en un sentido ambivalente: por un lado, puede favorecer la reproducción de dicho sistema; por el otro, puede impulsar alternativas configuradas bajo criterios de consumo responsable. De este modo, deviene en un elemento educativo de especial relevancia para promover la transición hacia sistemas agroalimentarios sostenibles. En este sentido, en el estudio que aquí se presenta se han explorado las buenas prácticas socioeducativas que desarrollan las iniciativas ciudadanas que disponen canales y espacios alternativos de consumo responsable de alimentos. Mediante un estudio de casos múltiple realizado en la provincia de A Coruña (Galicia) con la aplicación de 42 entrevistas eISSN: 1989-9742 © SIPS. DOI: 10.7179/PSRI_2023.42.12 http://recyt.fecyt.es/index.php/PSRI/ 181 2023 42 12 CONTACTO CON LOS AUTORES Kylyan Marc BISQUERT I PÉREZ. Universidade de Santiago de Compostela kylyanmar[email protected] FINANCIACIÓN Investigación financiada por la Diputación de A Coruña en el marco de la Convocatoria de becas de investigación de 2019 del Servicio de Acción Social, Cultura y Deportes (R.P. 2019/8027). Artículo elaborado en el marco del Programa de Ayudas para la Recualificación del Sistema Universitario Español para 2021-2023, modalidad Margarita Salas (Ministerio de Universidades - Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia; financiado por la Unión Europea - NextGenerationEU) y del Programme de bourses d’excellence pour étudiants étrangers del Fonds de recherche du Québec - Nature et technologies.
eISSN: 1989-9742 © SIPS. DOI: 10.7179/PSRI_2023.42.12 http://recyt.fecyt.es/index.php/PSRI/ [182] [Kylyan Marc BISQUERT I PÉREZ, Pablo Ángel MEIRA CARTEA & Adolfo AGÚNDEZ RODRÍGUEZ] SIPS - PEDAGOGÍA SOCIAL. REVISTA INTERUNIVERSITARIA [(2023) 42, 181-195] TERCERA ÉPOCA Copyright © 2015 SIPS. Licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0 semiestructuradas, se analizaron las características generales de dichas iniciativas, su organización y su dimensión socioeducativa. Así mismo, desde un enfoque ecociudadano de la educación del consumo y desde el marco de la cultura de la sostenibilidad, se valoraron las prácticas socioeducativas que las iniciativas analizadas desarrollan, identificando aquellas susceptibles de contribuir a construir un modelo de educación del consumo alimentario situado en las coordenadas de la educación ambiental. Por último, a partir del abanico de actividades que estas iniciativas presentan, se identificaron cuatro categorías que congregan al conjunto de buenas prácticas que constituyen valiosas fuentes de experiencia práctica para articular enfoques socioeducativos orientados a afrontar la crisis socioambiental desde el ámbito agroalimentario. KEYWORDS: consumption education; diet; ecocitizenship; culture of sustainability; good practices ABSTRACT: The industrial-globalized agri-food system is a critical factor in the current socio-environmental crisis. Their impacts contribute significantly to overcoming the biophysical planetary boundaries and it generate also deep inequality gaps, while global food security goals remain unfulfilled. In this context, the socio-cultural construction of the diet plays a fundamental role in an ambivalent sense: on the one hand, it may favour the reproduction of such a system; on the other, it may promote alternatives configured under criteria of responsible consumption. In this way, it becomes an educational element of special relevance to promote the transition to sustainable agri-food systems. In this sense, in the study presented here have been explored the socio-educational good practices developed by citizen initiatives that provide alternative channels and spaces for responsible food consumption. Through a multiple case study conducted in the province of A Coruña (Galicia) with the application of 42 semi-structured interviews, the general characteristics of these initiatives, their organization, and their socio-educational dimension were analyzed. Likewise, from an eco-citizen approach of consumption education and from the framework of the culture of sustainability, the socio-educational practices that the analyzed initiatives develop were valued, identifying those likely to contribute to building an education model of food consumption located in the coordinates of environmental education. Finally, based on the range of activities presented by these initiatives, four categories were identified that bring together the set of good practices selected, which are valuable sources of practical experience to articulate socio-educational approaches aimed at addressing the socio-environmental crisis from the agri-food field. PALAVRAS-CHAVE: educação do consumo; dieta; ecocidadania; cultura da sustentabilidade; boas práticas RESUMO: O sistema agroalimentar industrial-globalizado constitui um fator crítico da atual crise socioambiental. Os seus impactos contribuem significativamente a superar os limites biofísicos do planeta e geram profundas fendas de desigualdade, enquanto os objetivos globais de segurança alimentar não são atingidos. Neste contexto, a construção sociocultural da dieta desempenha um papel fundamental num sentido ambivalente: por um lado, pode favorecer a reprodução desse sistema; por outro, pode promover alternativas sob critérios de consumo responsável. Desta forma, torna-se um elemento educativo particularmente importante para promover a transição para sistemas agroalimentares sustentáveis. Neste sentido, no estudo aqui apresentado foram exploradas as boas práticas socioeducativas que desenvolvem as iniciativas cidadãs que dispõem canais e espaços alternativos de consumo responsável de alimentos. Mediante um estudo de casos múltiplos realizado na província da Corunha (Galiza) com a aplicação de 42 entrevistas semiestruturadas, foram analisadas as características gerais de tais iniciativas, sua organização e sua dimensão socioeducativa. Assim mesmo, desde uma abordagem ecocidadã da educação do consumo e desde o marco da cultura da sustentabilidade, foram valorizadas as práticas socioeducativas que as iniciativas analisadas desenvolvem, identificando aquelas suscetíveis de contribuir para a construção de um modelo de educação do consumo alimentar situado nas coordenadas da educação ambiental. Finalmente, a partir do leque de atividades que estas iniciativas apresentam, foram identificadas quatro categorias que congregam o conjunto de boas práticas selecionadas, que constituem valiosas fontes de experiência prática para articular abordagens socioeducativas orientadas a enfrentar a crise socioambiental desde o âmbito agroalimentar. Introducción A finales de la primera década del presente siglo, el proyecto de evaluación internacional del conocimiento, la ciencia y la tecnología agrícolas para el desarrollo (IAASTD, 2009) advertía de los profundos impactos del sistema agroalimentario industrial-globalizado sobre distintos sistemas de la biosfera –clima, suelos, agua, biodiversidad, etc.–, así como denunciaba sus efectos perniciosos sobre la salud humana y en la generación y agravamiento de dinámicas de injusticia social y deterioro de las condiciones de vida de grandes sectores de población alrededor del planeta. Estudios e informes más recientes confirmaron la contribución de dicho sistema a la agudización de la tendencia conducente a superar los límites biofísicos dentro de los cuales se reproduce la vida en la Tierra (IPCC, 2019; WBGU, 2020; Benton et al., 2021; entre otros), al tiempo que se continuaba denunciando la vulneración sistemática de derechos tan fundamentales como el de la
eISSN: 1989-9742 © SIPS. DOI: 10.7179/PSRI_2023.42.12 http://recyt.fecyt.es/index.php/PSRI/ [183] [ECOCIUDADANÍA Y EDUCACIÓN DEL CONSUMO ALIMENTARIO. BUENAS PRÁCTICAS SOCIOEDUCATIVAS…] SIPS - PEDAGOGÍA SOCIAL. REVISTA INTERUNIVERSITARIA [(2023) 42, 181-195] TERCERA ÉPOCA Copyright © 2015 SIPS. Licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0 alimentación (Elver, 2020). Así, Springmann et al. (2018) señalaron al sistema agroalimentario global como un importante factor de aceleración de los procesos que conducen a transgredir dichos límites planetarios: cambio climático, pérdida masiva de biodiversidad, alteración de ciclos biogeoquímicos, degradación de suelos, agotamiento de recursos hídricos o contaminación de ecosistemas terrestres y acuáticos. En este escenario, los avances globales en materia de seguridad alimentaria y reducción del hambre no sólo se han estancado en los últimos años, sino que incluso han empezado a revertirse (FAO et al., 2021). Esta situación se explica, al menos en parte, por la creciente concentración del mercado agroalimenta rio en manos de grandes conglomerados empresariales transnacionales que controlan la cadena de suministro y supeditan cualquier otro fin al lucro económico (Delgado, 2017). Esta dinámica, asociada a la lógica de crecimiento ilimitado y acumulación que caracteriza al régimen agroalimenta rio corporativo hegemónico (McMichael, 2016), además de ahondar en los impactos ambientales, provoca la exclusión de una parte de la humanidad con respecto a la realización efectiva del derecho a la alimentación y merma la capacidad de decisión de personas, comunidades e incluso gobiernos en torno a la configuración de sus dietas y sistemas agroalimentarios. Esto limita, en consecuencia, la concreción de la agencia como dimensión clave del derecho a la alimentación, entendida por el Grupo de Alto Nivel de Expertos en Seguridad Alimentaria y Nutrición (HLPE, 2020) como la “capacidad de individuos o grupos para tomar sus propias decisiones sobre qué alimentos comen, qué alimentos producen, cómo se produce, procesa y distribuye dentro de los sistemas alimentarios, y su capacidad para participar en procesos que dan forma a las políticas y la gobernanza del sistema alimentario” (p. xv). Afortunadamente, se estima que aún es posible responder al reto del crecimiento demográfico global previsto para las próximas décadas, garantizando la seguridad alimentaria y el acceso universal a una alimentación adecuada, al tiempo que se mantienen estables los sistemas clave de la biosfera, siempre que se adopten patrones sostenibles de producción y consumo alimentario (Gerten et al., 2020). Sin embargo, tanto la ventana de oportunidad como el margen de maniobra decrecen de manera exponencial, por lo que urge emprender un cambio de paradigma con respuestas realistas, audaces y drásticas (Bradshaw et al., 2021). Por todo esto, contribuir a la transición hacia sistemas agroalimentarios sostenibles, justos y democráticos debe ser una prioridad a la hora de afrontar la crisis socioambiental a través de la educación. En cualquier caso, la situación actual se encuentra aún lejos de alcanzar dicho horizonte. Por ejemplo, en el conjunto del Estado español, la alimentación representa, con amplia diferencia, el ámbito de consumo con mayor huella ecológica (Ministerio de Consumo y EC-JRC, 2022). Más concretamente, Galicia –contexto geográfico específico de esta investigación– es la segunda comunidad autónoma con una mayor huella de carbono asociada a la dieta (Esteve-Llorens et al., 2020). Sin embargo, gracias a la relativa persistencia de la dieta atlántica tradicional, caracterizada por un consumo de alimentos locales, de temporada, frescos y poco procesados (Casanueva, 2020), así como a la disposición de su particular estructura territorial y de la propiedad agraria, y a la aun recurrente práctica de la agricultura urbana, periurbana y familiar (Carreira & Carral, 2014), se puede considerar que Galicia cuenta con una buena disposición de partida para acometer una cada vez más necesaria transición agroecológica del sistema agroalimentario. Según los análisis de Aguilera y Rivera-Ferre (2022), ésta podría garantizar la seguridad alimentaria de la población ante los inciertos escenarios de futuro, siendo en todo caso indispensable para reducir drásticamente los impactos ambientales de la dieta, siempre que se adopten transformaciones sistémicas de calado, desde la producción al consumo. 1. Justificación y objetivos La dieta es aquí entendida como una construcción sociocultural compleja (Contreras & Gracia, 2005), conformada por el conjunto de hábitos y patrones de consumo que configuran los modos a través de los cuales los individuos y grupos humanos satisfacen sus necesidades alimentarias. Si bien la degradación y homogeneización de las distintas dietas bajo el modelo occidental dominante ha contribuido significativamente a sustentar el desarrollo del sistema agroalimentario industrial-globalizado –y viceversa–, del mismo modo la promoción de dietas sostenibles puede constituir una estrategia clave para estimular y apoyar la transición hacia sistemas agroalimentarios acordes (Meybeck & Gitz, 2019). Sin embargo, así como las dietas sostenibles se caracterizan por su carácter diverso, multidimensional y complejo, incluyendo componentes nutricionales, ambientales, socioeconómicos, culturales y éticos, entre otros (Johnston et al., 2014), son asimismo múltiples las concepciones sobre qué se entiende exactamente por sistema agroalimentario sostenible y cómo transitar hacia éste (Burlingame & Dernini, 2019; Campanhola & Pandey, 2019).
eISSN: 1989-9742 © SIPS. DOI: 10.7179/PSRI_2023.42.12 http://recyt.fecyt.es/index.php/PSRI/ [184] [Kylyan Marc BISQUERT I PÉREZ, Pablo Ángel MEIRA CARTEA & Adolfo AGÚNDEZ RODRÍGUEZ] SIPS - PEDAGOGÍA SOCIAL. REVISTA INTERUNIVERSITARIA [(2023) 42, 181-195] TERCERA ÉPOCA Copyright © 2015 SIPS. Licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0 De este modo, tanto por su relación con la situación de emergencia socioambiental, como por la diversidad de enfoques existentes al asociarla a la sostenibilidad, la dieta deviene en un elemento socioeducativo de especial relevancia para la educación ambiental (Damo, Brandão, & Meira, 2015), sobre todo cuando se concreta en el ejercicio de una ciudadanía activa y comprometida en el ámbi- to alimentario a través de la praxis colectiva (Lozano & Gómez-Benito, 2017). En esta línea, ante las debilidades y limitaciones de los enfoques individualistas centrados en los comportamientos de consumo, el informe del Science Advice for Policy by European Academies (SAPEA, 2020) para la construcción de un sistema agroalimentario sostenible, justo e inclusivo para la Unión Europea, destaca el mayor alcance de las transformaciones de carácter colectivo, la importancia de la participación y la gobernanza, la necesidad de explorar el potencial de enfoques alternativos previos y el relevante papel que desempeña la sociedad civil, los movimientos sociales y las iniciativas ciudadanas de base como agentes precursores de alternativas agroalimentarias. En este mismo sentido, en un escenario global de crisis donde se sobrepasan los límites planetarios y se vulneran sistemáticamente los derechos humanos, la educación ambiental debe contribuir a superar la mera proposición de medidas económicas y tecnológicas o la promoción de ciertas conductas individuales de consumo, para dirigir sus esfuerzos a construir “alternativas ecológicas, pedagógicas, éticas y socialmente responsables” (Caride & Meira, 2020, p. 30) desde perspectivas emancipadoras y reconciliadoras con la biosfera y sus diversas formas de vida. Entre éstas, los enfoques de la ecociudadanía y la cultura de la sostenibilidad ofrecen marcos de actuación apropiados para “transformar los modos de producción y consumo que están en la génesis de la crisis” (Meira & Torales, 2020, p. 15), incluyendo a los sistemas agroalimentarios. Más concretamente, para Sauvé (2014), promover la ecociudadanía supone poner en práctica la dimensión crítica, ética y política de la educación ambiental para contribuir a desarrollar competencias y alentar a las personas a ser agentes conscientes y activos, promoviendo aprendizajes colectivos y en la acción mediante la movilización de saberes, partiendo de compromisos comunes, generando pensamiento crítico y asumiendo posturas éticas. Por su parte, Gutiérrez (2018) vincula la formación de la competencia ecociudadana, basada en el empoderamiento individual y colectivo, a la emergencia de una ética ecosocial orientada a la construcción de futuros justos, inclusivos y sostenibles, que parte del reconocimiento de nuestra inter y ecodependencia en el marco de la finitud planetaria. Se supera así el legado antropocéntrico y etnocéntrico del proyecto moderno, así como las limitaciones de los enfoques que no cuestionan el modelo de desarrollo causante de la crisis ni emplazan a la acción para la construcción colectiva de una nueva cultura de la sostenibilidad. Por su parte, Herrero et al. (2011) señalan que, entre las líneas de acción vinculadas a dicha construcción, es menester incluir el reconocimiento y la experimentación de iniciativas ya existentes orientadas a configurar modelos de producción y consumo acordes a los principios asociados a este marco alternativo al crecimiento ilimitado. Para dicho fin, Prats et al. (2016) emplazan a reconocer y aprovechar el “aprendizaje acumulado a través de un abanico de experiencias de movimientos sociales que alumbran otros paradigmas” (p. 213), entre las que se incluyen las iniciativas ciudadanas que disponen espacios y canales alternativos para el consumo responsable de alimentos. Se pueden definir estas iniciativas como aquellas entidades, agrupaciones o emprendimientos colectivos –aunque también puedan ser individuales o de carácter familiar– que destinan su actividad a disponer espacios –mercados, tiendas, comedores, etc.– o canales –venta directa, reparto de cestas, compras colectivas, redes de distribución e intercambio de bienes y servicios, tiendas especializadas, etc.– que permiten practicar un consumo responsable de alimentos de forma alternativa a los espacios y canales convencionales de comercialización –grandes superficies, franquicias y cadenas comerciales, pequeño comercio no especializado, etc.–, en función de criterios éticos de sostenibilidad, equidad y horizontalidad. El espectro que integra dichas iniciativas es muy amplio y diverso, por lo que pueden presentar muy distintas formas organizativas, marcos de referencia a la hora de definir y adoptar criterios de producción y consumo (agroecología, permacultura, agricultura regenerativa, agricultura ecológica, consumo local, saludable, ético, de temporada, procedente de pequeñas explotaciones, etc.) y gradientes en su autopercepción como iniciativa económica o de activismo social. Estas iniciativas, con una destacable y ya dilatada presencia en Galicia (Bisquert & Meira, 2020), constituyen auténticos laboratorios de innovación sociocomunitaria en los que la ciudadanía actúa como un agente de transformación social, al (re) generar marcos socioculturales ligados al territorio, aportando nuevas prácticas socioeducativas y ensayando formas de gobernanza radicalmente democráticas y dinámicas de colaboración y agencia colectiva (Lema-Blanco et al., 2015). En definitiva, son espacios en los que se desarrollan competencias ecociudadanas y se construye la cultura de la
eISSN: 1989-9742 © SIPS. DOI: 10.7179/PSRI_2023.42.12 http://recyt.fecyt.es/index.php/PSRI/ [185] [ECOCIUDADANÍA Y EDUCACIÓN DEL CONSUMO ALIMENTARIO. BUENAS PRÁCTICAS SOCIOEDUCATIVAS…] SIPS - PEDAGOGÍA SOCIAL. REVISTA INTERUNIVERSITARIA [(2023) 42, 181-195] TERCERA ÉPOCA Copyright © 2015 SIPS. Licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0 sostenibilidad en el ámbito alimentario local y cotidiano. A partir de la experiencia práctica de estas iniciativas, la educación ambiental puede nutrirse para diseñar propuestas socioeducativas orientadas a transformar el sistema agroalimentario (Bisquert & Agúndez-Rodríguez, 2021). Como práctica pedagógica –y andragógica– con incidencia directa en la construcción social de la dieta, una educación del consumo alimentario que aspire a afrontar la crisis global desde una perspectiva realmente transformadora deberá asimismo situarse en estas coordenadas. De este modo, un modelo ecociudadano de educación del consumo pasa por promover la disposición de contextos y comunidades de aprendizaje en los que las personas puedan examinar conjuntamente sus valores, percepciones y actitudes sobre el consumo. Así, este modelo invita a asumir responsabilidades sobre los propios actos de consumo y sus implicaciones, evitando caer en dogmatismos y recetas cerradas de antemano. Se busca, por tanto, promover el empoderamiento individual y colectivo a través de análisis complejos y sistémicos, de la reflexión crítico-creativa, la proposición de respuestas colectivas y el despliegue de alternativas para la transformación social (Agúndez-Rodríguez, 2017). Partiendo de este marco, el fin último de este estudio era contribuir a fundamentar la construcción de una educación del consumo alimentario de carácter transformador, emancipador y situado en el contexto geográfico de referencia. Para tal efecto, los objetivos de investigación eran: 1) identificar, clasificar y caracterizar las iniciativas ciudadanas que promueven la creación de espacios y canales alternativos de consumo responsable de alimentos presentes en la provincia de A Coruña; 2) identificar buenas prácticas socioeducativas para promover el consumo responsable de alimentos desarrolladas por dichas iniciativas; 3) valorar su potencial socioeducativo para promover la ecociudadanía y la cultura de la sostenibilidad en dicho territorio. 2. Metodología En esta investigación, de carácter mixto, se adoptó como método el estudio de casos múltiple con propósito instrumental (Yin, 2014), dando continuidad a la línea de investigación iniciada en trabajos anteriores (Bisquert, 2021). La selección de casos se realizó sobre la base de los criterios indicados en la Tabla 1, saturando el universo de estudio a partir de un registro exhaustivo de casos potenciales a través de la revisión de estudios previos (Lema-Blanco et al., 2015; Bisquert & Meira, 2020; Bisquert, 2021) y de guías y recursos publicados por distintos organismos de referencia1. Tabla 1: Criterios de selección de casos de estudio Criterios Descripción Función principal de carácter agroalimentario Iniciativa relacionada con la producción, distribución, comercialización y/o consumo de alimentos, o bien con su dinamización. Orientación al consumo responsable de alimentos Adopción de criterios asociados a los componentes nutricionales, ambientales, socioeconómicos, culturales y éticos de las dietas sostenibles. Vocación transformadora Compromiso explícito con la promoción social del consumo responsable y/o sostenibilidad en general. Carácter alternativo Con respecto a los canales convencionales de comercialización (grandes superficies, franquicias y cadenas comerciales, pequeño comercio no especializado). Elaboración propia. De este modo, tras una aplicación más restrictiva de los criterios para descartar aquellos casos no ajustados estrictamente a éstos, se obtuvo una muestra heterogénea de 42 iniciativas identificadas en la provincia de A Coruña2, que fueron posteriormente clasificadas en diez categorías, establecidas tanto de una manera deductiva –basada en la literatura– como inductiva –en función de las particularidades de la realidad social de las propias iniciativas estudiadas en el contexto territorial de referencia–. A continuación, se presentan las iniciativas clasificadas por categorías, así como los municipios donde situaban principalmente su actividad:
eISSN: 1989-9742 © SIPS. DOI: 10.7179/PSRI_2023.42.12 http://recyt.fecyt.es/index.php/PSRI/ [186] [Kylyan Marc BISQUERT I PÉREZ, Pablo Ángel MEIRA CARTEA & Adolfo AGÚNDEZ RODRÍGUEZ] SIPS - PEDAGOGÍA SOCIAL. REVISTA INTERUNIVERSITARIA [(2023) 42, 181-195] TERCERA ÉPOCA Copyright © 2015 SIPS. Licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0 – Cinco proyectos productivos que practicaban la venta directa (PVD): Granxas de Lousada (A Irixoa), Ecolleita (Carral), Aleira3 Horta Ecolóxica (As Pontes), Os Biosbardos Cultura de Leira (Cambre) y Verdevea (Brión). – Seis asociaciones o cooperativas de productoras/es (AeCP): Colectivo Xebre (Coristanco), Lentura4 (Ames), Teceleiras (Aranga), Labrecos (Oza-Cesuras), Millo e Landras (Vilasantar) y Xestas (Porto do Son). – Cinco mercados de productoras/es (MdP), cuatro de ellos autogestionados y uno de gestión municipal externalizada: Entre Lusco e Fusco (Santiago), las Feiras Ecolóxicas do Barbanza (Ribeira), Labrega Natura (A Coruña), el Mercado de Alimento Labrego (Teo) y el Mercado de produtos ecolóxicos e de proximidade (A Coruña). – Una red de producción y consumo (RPC): O Careón (Melide, Palas de Rei, Vilasantar, Santiso y Arzúa). – Tres cooperativas de comercialización (CdCom): Mercado da Terra (Ferrol), Cousas da Terra y Legumia (Santiago). – Siete tiendas especializadas en alimentación ecológica y de proximidad (TE): Seiva de Abril, O Xardín dos Soños, As Cabaciñas y A Cesta da Saúde (Santiago), Ecotenda 78 (Ferrol), A Agra de Noé (Noia) y Horta+sá (A Coruña). – Dos cooperativas de consumo (CdC): Panxea5 (Santiago) y Zocamiñoca (A Coruña). – Ocho grupos de consumo (GdC): A Morangueira (Porto do Son), Fonte da Uz (Narón, Neda, Ferrol, San Sadurniño y Ares), GdC de Orro (Culleredo), GdC de Vedra (Vedra y Santiago), Millo Miúdo (Oleiros), Proxec- to Integral Compostela (Santiago), Xirimolo do Casino (Carballo) y GCR ConcienciArte (San Sadurniño). – Tres iniciativas de consumo social en centros educativos (ConSoc): EIM A Caracola (A Coruña), AMICOS (Boiro) y Amadahi (Oleiros). – Dos asociaciones dinamizadoras del consumo responsable de alimentos (ADCRA): SlowFood Compostela (Santiago) y ADR Mariñas-Betanzos (Abegondo). La recogida de datos se realizó a través de entrevistas semiestructuradas a personas integrantes de cada iniciativa estudiada, método que permitió incluir un amplio número de casos y, a su vez, explorarlos con cierta profundidad a través de las declaraciones de sus propios miembros. Un instrumento validado a través del método de juicio de expertos (Bisquert & Meira, 2019), dividido en cinco secciones que incluían preguntas abiertas, semiabiertas, cerradas, de escala y de orden, sirvió de guía para las entrevistas. Como resultado se obtuvieron datos cuantitativos e informaciones cualitativas acerca de las características generales de las iniciativas –localización, número y composición de sus miembros, año de fundación, motivaciones de origen–, de aspectos ligados a su gobernanza –modelos y procesos para la toma de decisiones–, sobre su colaboración con otras entidades y con relación al desarrollo de su dimensión socioeducativa –tipo de prácticas, finalidades, públicos destinatarios, colaboraciones para su organización–. Se aplicó una única entrevista por caso, con la participación de uno o varios miembros de las iniciativas. Se priorizaron las entrevistas presenciales en el propio contexto de actuación habitual de las iniciativas. Sin embargo, los condicionantes sanitarios y la disponibilidad de las personas entrevistadas obligaron a realizar algunas entrevistas mediante videoconferencia. Todas las entrevistas fueron registradas en audio para facilitar el posterior análisis de corte cualitativo. En este sentido, los datos cuantitativos –obtenidos en las preguntas cerradas, de escala y de orden del instrumento– fueron objeto de un análisis estadístico descriptivo, haciendo uso del programa IBM SPSS Statistics 27. Las informaciones cualitativas –registradas en respuesta a las preguntas abiertas y semiabiertas– se analizaron con el apoyo del software Atlas.ti 8, empleándose fundamentalmente para complementar y matizar los datos cuantitativos. Por último, para el análisis de las prácticas socioeducativas desarrolladas por las iniciativas estudiadas y su valoración en tanto que buenas prácticas, se aplicaron criterios generales para su identificación, considerando para tal efecto su eventual carácter endógeno –generadas por las propias iniciativas–, transformador –orientadas a provocar cambios duraderos en el contexto sociocomunitario inmediato-, situado –concebidas para el contexto específico, aunque sean susceptibles de ser replicables–, dialógico –que susciten el debate y el intercambio de perspectivas– y creador de nuevos significados –que generen representaciones y marcos culturales– (Rebollo et al., 2012). Así mismo, para valorar su potencial contribución a la construcción de una educación del consumo alimentario en el sentido anteriormente referido, se consideraron los siguientes criterios específicos basados en los enfoques de la ecociudadanía y la cultura de la sostenibilidad: – Promoción del empoderamiento y de la agencia ciudadana mediante aprendizajes colectivos, participativos y en la acción, a
eISSN: 1989-9742 © SIPS. DOI: 10.7179/PSRI_2023.42.12 http://recyt.fecyt.es/index.php/PSRI/ [187] [ECOCIUDADANÍA Y EDUCACIÓN DEL CONSUMO ALIMENTARIO. BUENAS PRÁCTICAS SOCIOEDUCATIVAS…] SIPS - PEDAGOGÍA SOCIAL. REVISTA INTERUNIVERSITARIA [(2023) 42, 181-195] TERCERA ÉPOCA Copyright © 2015 SIPS. Licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0 través de prácticas socioeducativas que involucren a los destinatarios en procesos de co-aprendizaje, experimentando conjuntamente la puesta en práctica de las propuestas emergidas en los mismos; – Fomento de la implicación en procesos de gobernanza democrática sobre la configuración de la dieta y del sistema agroalimentario, mediante la promoción de análisis críticos sobre los mismos y el desarrollo de formas deliberativas y horizontales de toma de decisiones; – Disposición de contextos de aprendizaje para el análisis colectivo de valores, percepciones y actitudes ante el consumo, así como para asumir responsabilidades éticas sobre los actos de consumo y sus implicaciones, siempre desde la perspectiva del potencial colectivo de cambio y nunca desde la culpabilización personal; – Estímulo del diálogo de saberes, de la realización de análisis complejos, de la reflexión crítico-creativa y de la toma autónoma de decisiones, a través del estímulo del debate y el intercambio de perspectivas, al tiempo que se facilita la emergencia de propuestas originales, evitando recurrir a la disposición de soluciones predefinidas o posiciones dogmáticas; – Promoción de respuestas de carácter colectivo y participativo en la generación de alternativas para la transformación social, compartiendo experiencias previas relevantes en esta línea y alentando a la implicación en iniciativas ciudadanas ya existentes o a la puesta en práctica de nuevas. Esta relación de criterios no era excluyente. Se trataba, más bien, de una referencia para orientar la identificación de buenas prácticas socioeducativas entre las actividades desarrolladas por las iniciativas estudiadas; es decir, los criterios no tenían por qué estar presentes conjunta y simultáneamente en las buenas prácticas identificadas, si bien estas últimas debían incluirlos en mayor o menor medida, o cuanto menos tener una clara orientación hacia la perspectiva trazada por los mismos. 3. Resultados 3.1. Características de los casos de estudio En cuanto a la caracterización del conjunto de iniciativas estudiadas, se pudo advertir en primer lugar que la distribución de los casos con relación a su posición en la cadena agroalimentaria presentaba un equilibrio relativo entre aquellas cuya función central se relacionaba, respectivamente, con la producción, la comercialización o el consumo6. Sin embargo, al distribuirlas según el número de personas que componían dichas iniciativas, la relación se decantó claramente hacia las que su actividad se situaba principalmente en el ámbito del consumo, destacando en este sentido las CdC, que fueron, con amplia diferencia, las iniciativas que aglutinaban a un mayor número de miembros. Del mismo modo, se observó que, si bien el sector productivo fue el que más reducía su peso relativo en cuanto a la proporción de personas que conformaban las iniciativas, dentro del sector de la comercialización, los MP y la propia RPC, donde eran las propias personas productoras quienes vendían directamente los alimentos, adquirieron una proporción claramente mayoritaria frente a otras modalidades especializadas en la comercialización –TE y CdCom–, conformadas por un número muy reducido de miembros (ver Gráfico 1). Gráfico 1. Distribución de las iniciativas estudiadas por sector del sistema agroalimentario en función del número de iniciativas (izquierda) y del número de miembros que las componen (derecha). Fuente: Elaboración propia.
eISSN: 1989-9742 © SIPS. DOI: 10.7179/PSRI_2023.42.12 http://recyt.fecyt.es/index.php/PSRI/ [188] [Kylyan Marc BISQUERT I PÉREZ, Pablo Ángel MEIRA CARTEA & Adolfo AGÚNDEZ RODRÍGUEZ] SIPS - PEDAGOGÍA SOCIAL. REVISTA INTERUNIVERSITARIA [(2023) 42, 181-195] TERCERA ÉPOCA Copyright © 2015 SIPS. Licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0 Cabe señalar que del total de 489 personas que, según la información proporcionada en las entrevistas, se estimó que formaban parte activa del conjunto de las iniciativas estudiadas, un 64% eran mujeres, mostrando por tanto una composición relativamente feminizada. Por otro lado, la muestra obtenida se hallaba geográficamente dispersa en el territorio provincial, aunque con una particular concentración en las áreas urbanas y metropolitanas de Santiago y A Coruña. Esto se pudo deber a la recurrente concentración de este tipo de iniciativas en las áreas de mayor densidad demográfica, si bien también se pudo apreciar la presencia de algunas iniciativas en áreas costeras o eminentemente rurales, en este caso vinculadas particularmente a la producción (ver Figura 1). Figura 1. Distribución territorial de los casos de estudio. Fuente: Elaboración propia sobre el mapa mudo «Concellos da provincia da Coruña» (Fuente: Emilio Gómez Fernández, CC BY-SA 3.0, vía Wikimedia Commons). En cuanto a la antigüedad de las iniciativas estudiadas, al margen de la aparición de algunas experiencias pioneras antes de 2008, fue precisamente tras este año marcado por la crisis económica global que se experimentó un notable crecimiento en la aparición de iniciativas vinculadas al consumo responsable de alimentos en la provincia, particularmente acentuado a partir de 2014, período en que se originaron más de la mitad de los casos (ver Gráfico 2). Las motivaciones más recurrentes identificadas precisamente en el origen de las iniciativas analizadas –entre una serie de 14 posibles respuestas basadas en la literaturaestuvieron directamente relacionadas con valores asociados al consumo responsable de alimentos, como la procura de una alimentación más saludable, la adopción de un modo de vida ambientalmente más responsable o la promoción de un modelo de alimentación más justo, obteniendo todas ellas un valor medio de 4,81 sobre una escala de 5. Mientras, las menos valoradas fueron de carácter económico, en el sentido de reducir el gasto doméstico en alimentación (3,4) o en el de desarrollar una actividad para obtener una fuente de ingresos (3,31), o bien relacionadas con la replicación de experiencias ya existentes (2,67). En cuanto a los modelos de gobernanza, el asambleario resultó mayoritario, adoptado por más de la mitad de los casos de estudio (23), mientras que, entre los procesos empleados para la toma de decisiones, la búsqueda de consenso fue claramente predominante (33 casos). En lo concerniente a las relaciones externas de las iniciativas analizadas, destacaron particularmente las establecidas con otras iniciativas vinculadas al consumo responsable de alimentos (41 casos), así como con otros colectivos y entidades sociales (37). Así mismo, en 23 casos las iniciativas formaban parte de espacios de coordinación más amplios, como redes (15), proyectos (10), plataformas o federaciones (en tres casos, respectivamente). Las relaciones con administraciones públicas se daban en la mitad de los casos, de los cuales 18 eran en el ámbito municipal, nueve con la administración autonómica y cinco con la provincial. Por último, las relaciones con instituciones académicas y educativas estuvieron presentes en casi la totalidad de los casos (41), destacando las mantenidas con escuelas de infantil y primaria (22), seguidas por las universidades (16), los centros de formación profesional (11) y los institutos de secundaria (7). Este último conjunto de relaciones se materializaba en el desarrollo de actividades educativas o, en menor medida, de proyectos de investigación.
eISSN: 1989-9742 © SIPS. DOI: 10.7179/PSRI_2023.42.12 http://recyt.fecyt.es/index.php/PSRI/ [189] [ECOCIUDADANÍA Y EDUCACIÓN DEL CONSUMO ALIMENTARIO. BUENAS PRÁCTICAS SOCIOEDUCATIVAS…] SIPS - PEDAGOGÍA SOCIAL. REVISTA INTERUNIVERSITARIA [(2023) 42, 181-195] TERCERA ÉPOCA Copyright © 2015 SIPS. Licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0 Gráfico 2. Cronograma del año de fundación de las iniciativas estudiadas. En azul, el número de iniciativas fundadas cada año; en gris; el acumulado hasta 2020. Fuente: Elaboración propia. 3.2. Dimensión socioeducativa de las iniciativas estudiadas Entre las prácticas socioeducativas promovidas por las iniciativas sujeto de estudio (ver Gráfico 3), los dos tipos más frecuentes presentaban un carácter meramente divulgativo –difundir información por redes sociales; ofrecer charlas y conferencias–, si bien en tercera y cuarta posición aparecieron dos tipos de actividades que implicaban una mayor interacción y participación de las personas destinatarias –celebrar eventos temáticos; desarrollar cursos y talleres prácticos–. Sin embargo, los tipos de actividad que implicaban una mayor intencionalidad educativa y proyección temporal –elaborar material didáctico; diseñar proyectos educativos estructurados– fueron significativamente menos frecuentes. Gráfico 3. Tipo de actividades socioeducativas desarrolladas por las iniciativas (frecuencias). Fuente: Elaboración propia. Consecuentemente, las finalidades expresadas en las entrevistas a la hora de desarrollar este tipo de actividades por parte de las iniciativas se orientaron, prioritariamente y en este orden, a dar visibilidad a las mismas, a concienciar a la ciudadanía sobre las implicaciones del modelo alimentario actual o a modificar los hábitos individuales de consumo. Por el contrario, se atribuyó una me- nor relevancia a promover procesos colectivos de transformación social, fuese involucrando a más personas en las iniciativas ya existentes o contribuyendo a generar otras nuevas. No obstante, el grado de adhesión a las diferentes finalidades presentó cierta dispersión según los diferentes