V. Mínguez, P. González Tornel e I. Rodríguez Moya, "La fiesta barroca. El Reino de Valencia (1599-1802)"
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QUINTANA Nº11 2012. ISSN 1579-7414. pp. 337-354 343 Los estudios sobre el aparato festivo barroco han tenido en España un comportamiento heterogéneo, tanto en lo territorial como en la casuística. Desde los estudios generales de Yves Bottineau (“Architecture éphémère et Baroque espagnol”, Gazette des Beaux-Arts, 71, 1968, 213-230), Antonio Bonet Correa (Fiesta, poder y arquitectura, Madrid, 1990) y Victoria Soto Caba (Catafalcos reales del Barroco español, Madrid, 1992), se han sucedido algunos libros meritorios, amén de un elevado número de trabajos en revistas científicas, obras colectivas y catálogos de exposiciones que ayudan a ampliar el radio de acción. Andalucía se lleva la palma con las aportaciones de Reyes Escalera Pérez (La fiesta barroca en la alta Andalucía, Málaga, 1994), María Cuesta García de Leonardo (Fiesta y arquitectura efímera en la Granada del siglo XVIII, Granada, 1995), Fernando Moreno Cuadro (Arte efímero andaluz, Córdoba, 1997) y José García Bernal (El fasto público en la España de los Austrias, Sevilla, 2006). El ámbito castellano cuenta con la contribución de Fernando Rodríguez de la Flor (Atenas castellana. Ensayos sobre cultura simbólica y fiestas en la Salamanca del Antiguo Régimen, Valladolid, 1989) y María José del Río Barredo (Fiestas públicas en Madrid (1516-1808), Madrid, 1997). Por lo que mira a la comunidad valenciana, existe una gran tradición historiográfica especializada en esta temática, desde Pilar Pedraza (Barroco efímero en Valencia, Valencia, 1982) hasta María Monteagudo Robledo (El Espectáculo del poder. Fiestas reales en la Valencia moderna, Valencia, 1995), pasando por Beatriz Lores Mestre (Fiesta y arte efímero en el Caste- LA fIEStA bARROCA. EL REInO DE VALEnCIA (1599-1802). Víctor Manuel Mínguez Cornelles, Pablo González tornel y María Inmaculada Rodrí guez Moya. Castelló de la Plana. Universitat jaume I. 2010. 405 págs. ISbn: 978-8480217835 llón del setecientos, Castelló de la Plana, 1999). Pese a la proliferación de investigaciones, de las cuales se han señalado sólo algunas de importancia capital, éstas se concentran en puntos concretos de la geografía española. A este problema ha querido poner remedio el grupo de investigación “Iconografía e Historia del Arte” de la Universitat Jaume I, que con La fiesta barroca. El Reino de Valencia (1599-1802) comienza a materializar un proyecto de enorme valor para los especialistas en el arte efímero en sus distintas facetas. Consiste en recabar, organizar, analizar y publicar los testimonios gráficos de las conmemoracio nes festivas que han tenido lugar en los territorios de la Monarquía española durante el Barroco, siendo este ejemplar su primer exponente, centrado en el antiguo Reino de Valencia, y de una manera particular en su capital. En los últimos años se han multipli cado las posibilidades de consultar en formato electrónico las crónicas que dejan constancia de las celebraciones ligadas a la Corte y la Iglesia, existentes en los fondos antiguos de las bibliotecas, y por extensión de visualizar sus grabados, pero muchas resultan todavía inaccesibles en la red informática. Este contratiempo está en vías de solu ción gracias a éste y otros estudios sistemáticos que, previsiblemen te, irán saliendo a la luz en el futuro, con el deseo de que el plazo no se alargue en de masía. Los seis trabajos introductorios pertenecen a Pablo González Tor nel, Inmaculada Rodríguez Moya y Víctor Mínguez Cornelles, profesores de la men cionada universidad. Sus nombres figuran
QUINTANA Nº11 2012. ISSN 1579-7414. pp. 337-354 344 en la sobrecubierta, la ficha catalográfica y la zona reservada a la propiedad intelectual, pero no en donde conviene, que es al principio o al final de dichos escritos, por lo que ignoramos el grado de responsabilidad de cada uno de ellos. Entre otras publicaciones de diversa índole, dichos autores son conocidos por su labor investigadora en el ámbito de las ceremonias áulicas, la iconografía cortesana y la simbología regia en el medio valenciano y español y en la América colonial a lo largo de los siglos XVII y XVIII. Pero es el tercero el que se ha dedicado con más ahínco y asiduidad al asunto festivo y sus manifestaciones figurativas, como se puede comprobar en el apéndice bibliográfico, con títulos como Art i arquitectura efímera a la València del segle XVIII, resultado de la edición de su memoria de licenciatura, y Emblemática y cultura simbólica en la Valencia barroca: jeroglíficos, enigmas, divisas y laberintos. La especialización en la materia de dichos historiadores se ve aquí reflejada en la solvencia del discurso. El primer capítulo, que arranca con una bre- ve introducción sobre la crisis y apogeo del libro ilustrado español y las técnicas de estampación, se centra en la evo lución de la bibliografía que relata los festejos valencianos del seiscientos y el sete cientos, tanto profanos como religiosos, y de su apoyatura iconográfica, de la que a menudo forma parte la propia portada. Las imprentas de la principal ciudad del Rei no fueron fecundas en esta clase de encargos, dotados a menudo con numerosos graba dos, si bien de pobre factura. Buen ejemplo de ello son las Solenes fiestas, que celebró Valencia, a la Inmaculada Concepción de la Virgen María, editadas por Valda en 1663, ejemplar que incluye un montante de veintiocho carros, un arco de triunfo, diecinueve altares y una imagen que se emplearon en la demostración pública de agradecimiento por el decreto papal de aprobación del culto inmaculista. El siguiente ensayo informa de los preparativos y posterior desarrollo de los distintos modelos de funciones, en las que se implican todos los estamentos de la sociedad. Se dividen en tres grandes bloques: las fiestas vinculadas a la vida y muerte del soberano (proclamaciones, enlaces matrimoniales, nacimientos y honras fúnebres), las ligadas a la Iglesia local (ceremonias litúrgicas, reconocimiento de cultos y canonización de santos propios, caso de San Vicente Ferrer, San Luis Bel trán y Santo Tomás de Villanueva), y los sucesivos centenarios de la reconquista de la taifa de Valencia, llevada a cabo por Jaume I en 1238. Advertidos del suceso, ac cidental o cíclico, que da pie al festejo, los responsables del mismo lo dan a conocer a la ciudadanía, establecen las normas de comportamiento, apelan a la implicación de los estamentos sociales en los actos, por lo general muy costosos, y encargan a es critores y grabadores la traslación al papel de lo que allí acontece. El tercer escrito hace hincapié en la capital del Reino como marco para el espectáculo, cuyos edificios, plazas y calles se transmutan por medio de escenografías y se engalanan para honrar la comitiva que circula por ellas. El recorrido preferencial es el que se utiliza para la festividad de Corpus Christi: se inicia en una de las puertas de la catedral, ubicada en la misma plaza que el resto de los inmuebles civiles de rele vancia política, y después de transitar por las calles regresa a la catedral por la entrada opuesta. En definitiva, se levanta para cada efeméride una ciudad idealizada y efímera, alejada de los dibujos fehacientes ejecutados por Mancelli y Tosca, que luego se extiende a los textos escritos para la ocasión, tanto en su vertiente planimétrica como en sus mo numentos más representativos, como la catedral, la basílica de la Virgen de los De samparados, el consistorio y el palacio real. Una de las peculiaridades del arte barroco de este territorio del Mediterráneo estriba en los añadidos que durante esta época se han podido adaptar a la arquitectura gótica preexistente, sobre todo fachadas y torres, sin necesidad de remozarla. Este áni mo de revestir las edificaciones medievales casa a la perfección con la voluntad del arte efímero de ornamentar el espacio urbano. Entre las construcciones provisionales empleadas en esta etapa, cuestión abordada en la cuarta parte del libro, abundan los altares callejeros, carrozas procesionales y catafalcos como el de las exequias de Felipe IV en 1665. Estamos ante construcciones profusamente decoradas y provistas de novedades esti lísticas, como la columna salomónica y los motivos de hojarasca de influencia canesca en los ejemplos del dieci-
QUINTANA Nº11 2012. ISSN 1579-7414. pp. 337-354 345 siete, que luego serán trasvasadas a la obra de arte perdura ble, en plena efervescencia en este lapso temporal. En los ejemplares dieciochescos desaparece el soporte entorchado y se depura el ornato, como paso previo a la frial dad formal promovida por la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos. El penúltimo apartado analiza el vocabulario simbólico que da sentido a la arquitectura perecedera, mediante el cual se transmite al espectador la carga semántica inherente a la celebración. Para que cale el mensaje ideológico se re curre a la escultura y la pintura, la emblemática y la alegoría. Dependiendo del tipo de acto, el programa figurativo varía, aunque dentro de unos parámetros comunes a la Edad Mo derna. En las imprentas de la urbe verán la luz versiones castellanas de los emblemas de Alciato y de Juan de Solórzano, sin olvidar que Juan de Borja, autor de las Em presas morales, es precisamente valenciano. Pero la emblemática tendrá aquí mayor alcance a través de la modalidad de las divisas caballerescas y los jeroglíficos, lleva dos con profusión a los tórculos del Reino. La alegoría, encarnada por la Iconología de Ripa, tendrá igualmente una rápida difusión dentro de los relatos de aquellos aconteci mientos de la época que han merecido ser festejados. Por último se afronta el examen de las formas de esparcimiento popular orga nizado en paralelo a las ceremonias de la Valencia barroca, del que ha quedado constancia merced a las fuentes grabadas. La procesión, cuya modalidad sagrada apenas difiere de la mundana, es el tipo más relevante y espectacular de entretenimiento, encabeza da por las enseñas, a las que seguían los gremios con sus carros –incluida la tarasca–, las comunidades religiosas, el clero parroquial, el cabildo catedralicio y la corpora ción municipal. No menos efectistas son el engalanamiento de fachadas, el adorno del espacio público mediante jardines ad hoc, las luminarias, los fuegos de artificio, las representaciones teatrales, las funciones taurinas, las naumaquias y los alardes caballerescos, en especial los de la Real Maestranza. El catálogo de grabados, que justifica por sí sólo el esfuerzo y los medios invertidos en una edición de máxima calidad, especialmente pródigo en jeroglíficos, altares y carruajes, es un corpus iconográfico muy estimable para poder contrastar las manifestaciones de arte efímero que se han estampado en otros territorios de la geografía española. Finaliza este empeño editorial con una relación de las fuentes bibliográficas examinadas y un listado que aglutina las investigacio nes generales y singulares –valencianas– sobre la temática del arte efímero en el Antiguo Régimen. Hay mayor presencia de las últimas, como es natural, pero a costa del menoscabo de las primeras, prescindiendo de alguno de los clásicos citados en el párrafo inicial de esta reseña y omitiendo la bibliografía sobre los fastos organizados en la América virreinal, parte de ella redactada por los investigadores firmantes de los textos, y en las ciudades de la Europa barroca. Destacan en este sentido las obras de Maurizio Fagiolo dell’Arco (La festa barocca, Roma, 1997) y Maria Eugénia Reis Gomes (Contribuição para o estudo da festa em Lisboa no Antigo Regime, Lisboa, 1985), sin olvidar aportaciones actuales como el catálogo de la muestra Teatro y fiesta del Siglo de Oro en tierras europeas de los Austrias, y las actas del congreso El legado de Borgoña. Fiesta y ceremonia cortesana en la Europa de los Austrias (1454-1648), editadas, entre otros, por Krista de Jonge. Francisco Javier Novo Sánchez Universidade de Santiago de Compostela