Full text
Yola nda Pér ez Sánch ez
Tese de doutor ament o
El baln eari o de Mon dariz.
La cr eació n de un lugar
(1873 - 1931)
Depart amento de Histor ia da Arte
Facultade de Xeogra f ía e Hi storia
Santi ago de Compost ela
2005
EL BALNEARIO DE MONDARIZ
LA CREACIÓN DE UN LUGAR
(1873-1931)
Tesis Doctoral presentada
por Yolanda Pérez Sánchez
Dirigida por
Mª Luisa Sobrino Manzanares
Universidad de Santiago de Compostela
Departamento de Historia del Arte
Santiago de Compostela, Abril 2005
EL BALNEARIO DE MONDARIZ
LA CREACIÓN DE UN LUGAR
(1873-1931)
Yolanda Pérez Sánchez
Tesis Doctoral
Universidad de Santiago de Compostela
Departamento de Historia del Arte
A mis padres
ÍNDICE GENERAL
Página
PREFACIO ............................................................................................................................... ..... 11
INTRODUCCIÓN . ...................................................................................................................... 17
I PARTE. EL BALNEARIO DE MONDARIZ: LA CREACIÓN DE UNA
FANTASMAGORÍA .................................................................................................................. 31
I.1. EL BALNEARIO DECIMONÓNICO: MANIFESTACIÓN DE
UN MODO DE VIDA ................................................................................................................ 33
I.1. 1. Rasgos definidores del termalismo decimonónico: elementos
de la fantasmagoría ................................................................................................................ 36
I.1.1.1. Agüista-consumidor ....................................................................................... 38
I.1.1.2. Campo/ Ciudad .............................................................................................. 47
I.1.1.2. Mito/ Ciencia .................................................................................................. 55
I.2. ORIGEN DEL BALNEARIO DE MONDARIZ .......................................................... 65
I.2.1. Descubrimiento de los manantiales ........................................................................... 65
I.2.2. Los fundadores ............................................................................................................. 69
I.3. PERIODIZACIÓN ............................................................................................................... 85
I.3.1. 1873-1898: consolidación del balneario .................................................................... 87
I.3.1.1 Las aguas .......................................................................................................... 89
I.3.1.2 Agüistas ....................................................................................................... ..... 95
I.3.1.3. El semanario La Temporada en Mondariz . ................................................ ... 104
I.3.2. 1898-1907: el Gran Hotel y otros grandes proyectos ........................................ .... 118
I.3.2.1. “La vida en Mondariz” ............................................................................ .... 123
I.3.2.1.1. Los cuidados del cuerpo y el alma ......................................... .... 125
I.3.2.1.2. Los placeres del cuerpo y el alma ........................................... .... 136
I.3.2.2. La finca de Sanmil en Pías ....................................................................... .... 152
I.3.2.2.1.La granja ...................................................................................... .... 155
I.3.2.2.2. El museo etnográfico-arqueológico .................................. ......... 158
I.3.2.3. Las comunicaciones y el tranvía Mondariz-Vigo ............................. ......... 164
I.3.2.4. Publicaciones ............................................................................................ .... 172
I.3.3. 1907-1931: la ciudad-balneario ............................................................................. .... 178
I.3.3.1. Afluencia ..................................................................................................... .... 188
I.3.3.2. El balneario, “tempro de galeguismo” ................................................... .... 197
I.3.3.3. Nuevas publicaciones ............................................................................... .... 216
I.3.4. Decadencia ............................................................................................................... .... 222
I.4. EL BALNEARIO DE MONDARIZ Y MONDARIZ-BALNEARIO:
LA CREACIÓN DE UNA IDENTIDAD ......................................................................... .... 229
I.4. 1. Parámetros que crean su identidad ...................................................................... .... 234
I.4.1.1. El balneario de Mondariz, centro de civilización y modernidad ........ .... 238
I.4.1.2. Una historia y una tradición propias ...................................................... .... 246
I.4.1.3. Encarnación del mito del fundador en Enrique Peinador Vela ......... .... 256
II PARTE. LA ARQUITECTURA .............................................................................. .........271
II.1. EL BALNEARIO, ARQUITECTURA DEL OCIO ........................................... ......... 273
II.1.1. El balneario, sus cometidos y su historia. Antecedentes ................................. .... 273
II.1.2. Arquitectura del ocio en Galicia a finale s del XIX: Hoteles, balnearios y casas de
baños ............................................................................................................................... .... .... 283
II.1.3. Precedentes de arquitectura del ocio en la obra de Jenaro de la Fuente:
la Casa de baños “La Iniciadora” en Vigo y “La Concha de Arousa”
en Villagarcía ...................................................................................................................... .... 290
II. 2. ORIGEN DEL ESTABLECIMIENTO: PRIMERAS CONSTRUCCIONES .. .... 295
II.2.1. Ubicación y límites geográficos ........................................................................... .... 295
II.2.2. Las fuentes: Troncoso y Gándara ....................................................................... ... 298
II.2.3. Primeros edificios .................................................................................................. ... 304
PREFACIO
Por supuesto, esta tesis no habría sido posib le sin el respaldo de mi directora, la
catedrática Mª Luisa Sobrino Manzanares, cuya estimulante energía ha sido en buena
medida trasladada a este trabaj o, que ha dirigido con extrao rdinario interés. A ella le
debo certeras apreciaciones que han gu iado y reorientado mi trabajo.
Asimismo, me gustaría citar a mis compañer os en los proyectos desarrollados en el
departamento de Historia del Arte y en la Asociación de Arte y Estética
Contemporánea: María Álvarez, Federico López, Pedro de Ll ano, Miguel Anxo
Rodríguez, Emanuela Saladini y Manuel Segade, por su inolvidable complicidad.
Por último, quisiera recordar a quienes han sufrido conmigo el largo proceso de
elaboración de esta tesis: a mis amigos , por la confianza y energía que me han
prestado en estos años, sobre todo a Marí a, y, muy especialmente, a mis padres y
hermanas, y a Juan Gil, por su incondicional apoyo y su cariño.
15
16
INTRODUCCIÓN
“Preferimos ocuparnos de menos hechos... Bastarán algunos de ellos, si están lo
suficientemente bien examinados, para llevarnos a un mejor conocimiento” 3
SIGFRIED GIEDION
“La cuestión de la arquitectura es de hecho el problema del lugar, de tener lugar en el
espacio. El establecimiento de un lugar que hasta entonces no había existido y que está
de acuerdo con lo que sucederá allí un dí a: eso es un lugar. Como dice Mallarmé, ce qui
a lieu, c'est le lieu . (...) El establecimiento de un lu gar habitable es un acontecimiento. Y
obviamente tal establecimiento supone siempre algo técnico. Se inventa algo que antes
no existía; pero al mismo tiempo hay un habitante, hombre o Dios, que desea ese
lugar, que precede a su invención o que la causa. Por ello, no se sabe muy bien dónde
situar el origen del lugar” 4
JACQUES DERRIDA
3 C i t a d o p o r R O V I R A , J . M . e n " S i g f r i e d G i e d ion: pensar históricam ente". Introducción a Escritos escogidos de
Sigfried Giedion. Coordinado por JARAUTA, F ., LÓPEZ ALBADALEJO, J. y TORRES, J.Mª. 1997: 32.
4 DERRIDA, J. 1999: 133.
17
18
INTRODUCCIÓN
El balneario de Mondariz, situado al sureste de la provincia de P ontevedra, inicia su
historia en 1873, cuando sus aguas son d eclaradas de utilidad pública. Mondariz 5 fue
el balneario gallego más importante al menos hasta la primera década del siglo XX,
cuando La Toja empieza a cobrar una ma yor relevancia. Esta tesis analizará el
período comprendido entre 1873 y 1931. Vari os factores contextuales dotan de
coherencia a este período: su coincidencia con el auge y decadencia del termalismo,
y el proceso de reestructuración social y política que comienza con la restauración
alfonsina en 1874 y se diluye con la procla mación de la II República en 1931. Hay,
además, otras razones más concretas que nos han decidido a cerrarla en 1931: ese
año desaparece la empresa de la fam ilia fundadora y artífice del lugar, Aguas de
Mondariz. Establecimiento minero-medicin al de los Señores Hijos de Peinador , que en 1932 se
transforma en Aguas de Mondariz S.A ., y, con ello, la principal fuente de información
de esta tesis: el semanario La Temporada en Mondariz , publicado en el balneario desde
1889. En estos años se culmina el largo proceso de creación de un nuevo espacio: en
un periodo de cincuenta años, aproximadame nte, el balneario de Mondariz no sólo
se convierte en un lugar con un carácter propio, sino que alcanzará una autonomía y
una identidad tales que permiten la crea ción del municipio Mondariz-Balneario, el
más pequeño de España, en 1925.
5 A lo largo de este trabajo me referiré en alguna ocas ión al balneario –es decir, los terrenos propiedad de los
Peinador en los que se construyen las instalacione s del establecimiento–, simplemente con el término
Mondariz, que no debe confundirse con el municipio de l mismo nombre, del que se desgaja el de Mondariz-
Balneario en 1925.
19
El objetivo de este trabajo es desvelar lo s mecanismos de construcción del balneario
de Mondariz como “lugar”. Se trata de ex plicar el proceso mediante el cual el
hombre “toma posesión” de un espacio natu ral convirtiéndolo en habitable, en un
anclaje identitario y significat ivo. Esto se ha planteado desde una doble perspectiva:
considerando su formación como empresa y núcleo habitacional, proceso en el que
va configurando sus elementos de iden tidad como institución decimonónica y,
posteriormente, como villa; y, por otro la do, desde los estudios del lugar, se ha
abordado la configuración de su espaci o y arquitectura como una forma simbólica
que no depende exclusivamente de las circ unstancias socioeconómicas o el contexto
arquitectónico en que se involucra su crea ción y evolución, sino que se relaciona con
unas estructuras que superan este contexto y amplían el nivel de significación del
lugar.
El enfoque elegido no es habitual en la bibliografía sobre el fenómeno balneario,
mayoritariamente compuesta por estudios rea lizados desde la medicina, la geografía,
la historia del turismo, o bien desde la so ciología y la historia del termalismo; pocos
abordan su capacidad específica para gene rar arquitectura –entre ellos destacaremos,
además de la citada publicación c oordinada por I. de Solà-Morales, Arquitectura
balneària a Catalunya (Barcelona, 1986), El balneario: la ciudad ensimismada (Santiago de
Compostela, 1994) de Mª A. Leboreiro Am aro sobre el fenómeno en la zona que
correspondería a la antigua Gallaecia romana (Galicia y norte de Portugal), y El agua
en el seno de las aguas. La ordenación del espacio balneario en el Cantábrico (Valladolid, 2001)
d e M ª d e l R o s a r i o C a z – . L a p r e s e n t e t e sis ha tenido en cuenta este tipo de
planteamientos, pero integrándolos como fa ctores que rodean a la constitución del
lugar. Excepto una tesis inédita de la doctora Mª Jesús del Castillo Campos
defendida en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, no
había ninguna otra investigación monográfica sobre Mondariz y, como es lógico, se
centra fundamentalmente en la facet a hidroterapéutica del balneario 6 . En cuanto a
los numerosos trabajos teóricos sobre el lugar, hay una carencia de aplicaciones
específicas sobre un espacio, exceptuando tal vez la obra de Dominique Rouillard,
20
INTRODUCCIÓN
Le site balnéaire (Liège, 1984) en el que se vale de la semiología para analizar la
configuración de la villa termal de Houl gate, en la costa francesa, y su imagen.
Se ha partido de dos hipótesis de trabajo:
1ª Mondariz, como villa-balnearia decimonóni ca, es un objeto cultural propio de su
época y su manifestación arquitectónica es la materialización de un modo de vida
acotado en el espacio y en el tiempo, pero que debe su existencia a modelos
anteriores que plantean una genealogía. As í, se ha considerado que el termalismo
decimonónico pertenece a una tradición que, partiendo de la Antigua Roma,
encuentra su forma más definida en la madurez de la villeggiatura en el siglo XVI y
continúa desarrollándose en las villas y pa lacios suburbanos del XVIII hasta llegar a
las villas balnearias del XIX. Los paralelis mos entre estas manifestaciones formales
están relacionadas con las semejanzas ideológi cas que las sustentan y que se articulan
teniendo en cuenta necesidad es prácticas y rentables, recurriendo al mito para su
legitimización. El balneario de Mondariz co mparte los rasgos generales de una villa
termal decimonónica, y además tiene un de sarrollo característico que debe ser
expuesto, pero deriva de la cristalización en un modelo de expresiones anteriores
que aclaran y facilitan la comprensión del fenómeno.
2ª Una segunda hipótesis de trabajo considera que la formalización del balneario de
Mondariz no sólo expresa la época en la que nace, sino que responde a la necesidad
de crear un espacio funcional, simbólico y significativo, a través de una determinada
organización espacial y unas formas arquitectóni cas. El balneario se constituye en un
lugar con un carácter propio y definido que , aún formando parte de un determinado
período arquitectónico, el Eclecticismo, debe su materialización espacial y formal a
unas estructuras que no atienden únicamente a consideraciones historicistas, sino a
factores simbólicos y ambientales.
6 CASTILLO CAMPOS, Mª. J. Historia del balneario de Mondariz hasta 1936 . Tesis inédita. Universidad
21
Estas dos hipótesis plantearon las dos pr eguntas fundamentales que articulan la
tesis:
1- Una vez establecida la genealogía del balneario decimonónico ¿qué rasgos
identifican Mondariz con las manife staciones arquetípicas del balneario
decimonónico, y cuáles lo hacen diferente y lo enraízan a su tiempo? De esto tratará
la Primera parte de la tesis.
2- ¿Qué elementos contribuyen a que el balneario Mondariz sea percibido como
lugar? ¿Cómo ha llegado a convertirse en un espacio con un carácter diferenciado y
reconocible? El análisis de su arquitectur a en la Segunda Parte, y el análisis
interpretativo del espacio y de sus formas en la Tercera y última parte de la tesis
intentarán dar respuesta a esta pregunta.
Queremos aclarar que esta tesis se centra en el fenómeno cultural y sociológico del
balneario de Mondariz y, muy especialmente, en su manifestación física: los edificios
que componen el establecimiento, así como la transformación del lugar que ello
implica. Los factores médicos y económicos que rodearon su creación se tratarán
sólo en la medida en que constituyen el c ontexto en que se desarrolla la institución
balnearia, y deben ser expuestos por su gr ado de incidencia en la misma, pero no
como elementos definitorios del proces o de creación de un lugar. Tampoco la
producción cultural del balneario –public aciones, museo, y otras iniciativas
destinadas a promocionar la cultura galle ga–, aunque parte importante de la
exposición, es el objeto principal de este trabajo.
Complutense. Madrid, 1993.
22
INTRODUCCIÓN
Desarrollo
Puesto que un lugar es la materialización en el espacio de un particular “modo de
vida”, antes de iniciar el análisis arqui tectónico, es necesario preguntarse por el
origen y el sentido de ese modo de vida. La Primera Parte de la tesis, “El balneario
de Mondariz: la creación de una fantasmagoría” 7 , expone cómo se desarrolla el
balneario de Mondariz y el uso que se le va a dar a ese espacio.
En el capítulo I.1. se indican los rasgos definidores del termalismo a finales del
siglo XIX y principios del XX. La hipót esis inicial plantea que el balneario
decimonónico creado en el campo 8 , es una nueva manifestación de un modo de vida
en torno a la naturaleza fijado por la v illa italiana del Rena cimiento, con la que
comparte usos y recursos ideológicos. Los estudios de J.S. Acke rmann, D.R. Coffin,
y, sobre todo, el de R. Bentmann y M. Müller 9 sobre la villa en la Italia del
Renacimiento, han sido de gran ayuda para definir este punto. Pero, además, el
balneario manifiesta su plena pertenencia al siglo XIX y a la emergente “sociedad
del espectáculo”, como demuestra su perfecta acomodación al concepto de
“fantasmagoría” empleado por Benjamin. Las claves de la “fantasmagoría balnearia”
se articulan a partir de tres enunciad os: Agüista-Consumidor, Campo/Ciudad y
Mito/Ciencia, cuya confluencia en el ba lneario determina la imagen y legitimación
social de este modo de vida.
Los tres capítulos siguientes tienen co mo objetivo presentar el desarrollo del
balneario de Mondariz como institución. El capítulo I.2. expone su origen desde el
descubrimiento de sus manantiales, y traza el perfil de sus fundadores. El capítulo
I.3. es un estudio diacrónico en el que se han diferenciado tres períodos divididos
7 Término con el que Walter Benjamin alude a las “imágenes mágicas” o “símbolos de deseo” creados por el
siglo XIX (BENJAMIN, W. 1999: 14). Benjamin lo em plea por primera vez para referirse al París
decimonónico, “ciudad-espejo” fascinante e ilusoria co mo una linterna mágica. K. Marx fue el primero en
utilizar este término para referirse a la apariencia enga ñosa de las mercancías como “fetiches” en el mercado,
donde el valor de cambio oculta la fuente del valor en el trabajo productivo. Pero Benjamin, más preocupado
por una filosofía de la experiencia histórica, se centra en el puro valor representacional de la fantasmagoría,
una mercancía-en-exhibición donde el va lor de uso y de cambio han perdido toda significación práctica. En el
París decimonónico, “todo lo deseable, desde sexo hasta estatus social, podía transformase en mercancía,
como un fetiche-en-exhibición que mantenía suby ugada a la multitud”. BUCK-MORSS, S. 2001: 98.
8 En términos generales se distinguen dos tipos de balnea rio: el balneario en la ci udad, y el balneario en el
campo. En esta tesis nos referiremos fundamentalmente al segundo tipo, en el que se incluye el de Mondariz.
9 Estos dos autores se centraron en el fenómeno de la vi llegiatura como ideología, donde confluyen estética,
economía, política y filosofía. BE NTMANN, R. / MÜLLER, M. 1975.
23
por tres acontecimientos significativos: la construcción del Gran Hotel en 1898, el
cambio de dirección del establecimiento en 1907, y la disolución de la empresa de
los Peinador en 1931, en plena decadenc ia del fenómeno termal decimonónico. El
capítulo I.4. se ocupa de exponer cómo los rasgos generales señalados como
configuradores de la fantasmagoría baln earia en el capítulo I.1 adquieren
especificidad en el caso de Mondariz. Para precisar la singularidad o el carácter de
Mondariz se pondrá de relieve cómo este balneario construye una identidad, de un
modo más o menos consciente en un inicio, y voluntariamente exhi bida en el último
período analizado, recurriendo a algunos de los mitos citados en el capítulo I.1,
fundamentalmente la idea de progreso y del fundador como su artífice, y a otros
recursos propios de la construcción de un a tradición y una identidad comunitarias.
La Segunda Parte: “La arquitectura” , presenta en términos descriptivos,
funcionales y estilísticos los edificios que componen el balneario: las primeras
construcciones, el Gran Hote l de Jenaro de la Fuente Domínguez, las últimas obras,
dirigidas por Antonio Palacios; así como otras construcciones secundarias y el
trazado paisajístico que, junto a los edific ios de carácter monumental, contribuyen a
crear un espacio autónomo y diferenciado que da lugar a una ciudad de las aguas. La
impronta de los cambios que se producen en la arquitectura de estos años está
presente en el conjunto de los edificios que componen el balneario de Mondariz: el
pintoresquismo de la segunda mitad de siglo, el Eclecticismo finisecular, esbozos de
la arquitectura regionalista y, todavía en un lenguaje ecléctico, la arquitectura
precursora del racionalismo de Antonio Palacios.
El capítulo II.1. plantea el origen de la arquitectura balnearia y su evolución
hasta llegar a su imagen prototípica en el si glo XIX, así como el tipo de arquitectura
del ocio en Galicia que cont extualiza la aparición del ba lneario de Mondariz: hoteles,
balnearios y casas de baños de mar, especi almente la casa de baños “La Iniciadora”
en Vigo y “La Concha de Arousa” en Villagar cía de Jenaro de la Fuente Domínguez
que hemos considerado los precedentes del Gran Hotel de Mondariz.
El Eclecticismo es el estilo que ha determinado la forma de la arquitectura
balnearia decimonónica en toda Europa, y naturalmente, en Mondariz. El Gran
Hotel de Jenaro de la Fuente Domínguez, será el principal símbolo del lugar y
24
31
I
EL BALNEARIO DE MONDARIZ: LA
CREACIÓN DE UNA FANTASMAGORÍA
“Toda la arquitectura colectiva de l XIX alberga al colectivo que
sueña” 16
WALTER BENJAMIN
“Los gustos y las modas, especialmente las diversiones populares,
pueden ‘crearse’ sólo dentro de unos límites muy estrechos; hay que
descubrirlos antes de explotarlos y darles forma. La misión del
historiador es descu brirlos de manera retrosp ectiva... pero también
tratar de comprender por qué, en términos de sociedades y
situaciones históricas cambiant es, llegó a sentirse tal necesidad” 17
ERIC HOBSBAWM
16 Cit. en BUCK-MORSS, S. 2001: 299.
17 HOBSBAWM, E. J./ RANGER, T. 2002: 318.
32
I.1. EL BALNEARIO DECIMONÓNICO: MANIFESTACIÓN DE
UN MODO DE VIDA
“Las imágenes arquetípicas no sólo renacen constantemente a lo largo de la historia,
sino que incluso las auténticamente antiguas muestran a menudo en el mismo seno de
lo mítico un sentido plenamente luminos o, impulsor, utópico; pensemos en el
nimbado recuerdo de la edad de Oro, un a edad enterrada y que no obstante, viene a
nuestro encuentro desde el futuro” 18
E. BLOCH
Un lugar se ordena y compone de acue rdo con el uso y, sobre todo, con la
“imagen”, requeridos por el particular modo de vida que acoge. El origen y las bases
ideológicas de éste permiten desvelar las claves más importantes de la configuración
y el significado de un lugar. El balneario de Mondariz es la respuesta arquitectónica
concreta al modo de vida “balnearia” que surge en Europa a finales del siglo XVIII
y alcanza su madurez en el último tercio del XIX. Este trabajo sostiene que, a su
vez, el balneario decimonónico es una nuev a manifestación de un modo de vida en
torno a la naturaleza que, desd e las villas de la Antigua Roma 19 , ha surgido de
manera intermitente en la cultura Occidental 20 , ligado al desarrollo de las ciudades y
el comercio, al poder, y a una con cepción hedonista de la existencia 21 . Se trata de la
villeggiatura , que designa la costumbre de retira rse de la ciudad para pasar largas
18 Cit. en BENTMANN, R./MÜLLER, M. 1975: 145.
19 David R. Coffin sitúa en el siglo II d.C. el origen de este fenómeno, que resurge con fuerza en el siglo XV,
convirtiéndose en un rasgo central de la vida it aliana en el Renacimiento. COFFIN, D. R. 1988: 15.
20 En 1910, Rudolf Borchardt ya había pu esto de manifiesto en su ensayo Villa la persistencia de la llamada
Vita Rustica como leit-motiv social y cultural desde la Antigüeda d. (BENTMANN, R./MÜLLER, M. 1975: 7).
Lewis Mumford, en La ciudad en la historia (1961), señalaba la temprana ocupación de la campiña circundante a
la ciudad ligada al descanso y actividades de ocio , así como la relación causal entre ambos espacios.
MUMFORD, L. 1979: 641-647.
21 Esta es la razón fundamental por la que en la Edad Media se produce un paréntesis en la manifestación de
este modo de vida. En un mundo teocéntrico, donde la Iglesia advertía sobre los peligros del goce, este tipo
de planteamientos eran un desafío al poder. No es casual que el resurgimiento de la villa se produzca en la
Italia del Renacimiento, donde el Humanismo vuelve a situar al hombre en el centro del Universo.
33
temporadas en una residencia campestre 22 . Estudios como el de J.S. Ackermann,
D.R. Coffin, y, sobre todo, el que R. Bentmann y M. Müller 23 han realizado sobre la
villa en la Italia del Renacimiento, revela n unas bases ideológicas y formales que se
mantienen sustancialmente en el balnea rio decimonónico, a pesar de las lógicas
diferencias entre los “modos” de produ cción y de conocimiento de las épocas en
que se desarrollan ambos fenómenos 24 . El modo de vida que articula la villa parte de
las mismas premisas básicas con las que se ha identificado el termalismo
decimonónico: responde al deseo, sentid o como una necesidad por las clases
privilegiadas, de buscar en la tranquilid ad y los “encantos” de naturaleza una
alternativa a la vida urbana, donde cuid ar cuerpo y espíritu, sin abandonar los
hábitos de ocio propios de su clase; y, una de cuyas características fundamentales
consiste en la conveniente sublimaci ón del aspecto productivo que lo sustenta 25 . [V.
Tablas 1 y 2]
Una cualidad esencial que distin gue al balneario moderno es la
mercantilización de su espacio. En el sigl o XIX, bajo el signo del capitalismo, el
balneario se transforma en lo que Wa lter Benjamin denominó “fantasmagoría”:
imagen mágica o símbolo de deseo creada por una época, convertida en mercancía.
El siglo XIX, regido por la idea de que progreso y civilización conducirían a una
sociedad perfecta, crea utopías al tiempo que supedita la sociedad al mercado.
Mientras que el acceso a la villa dependía de la pertenencia a una clase social, al
balneario, lugar de “peregrinación” merc antilizado, se accede a través de una
relación contractual. En la fantasmago ría balnearia, la naturaleza y,
22 Fueron los Medici quienes popularizaron el concepto de villa en el siglo XV. Alrededor de 1450, Cosimo
de Medici pide a Michelozzo que transforme una antigua casa-fortaleza, situada en Careggi, en una villa donde
“cultivar su alma”. En ella el mecenas florentino podía di sfrutar de la vida activa de la agricultura y, como
aconsejaba Petrarca, de la vida contemplativa, en compañía de su protegido, Marsilio Ficino, y otros
miembros de la Academia Florentina. Años más tarde, su nieto Lorenzo de Medici encarga a Giuliano da
Sangallo una villa próxima a una granja de su propied ad en Poggio a Caiano, dedicada a la producción de
queso, eliminando la clásica distinción entre otium et negotium de las villas en Antigüedad clásica. COFFIN, D.
R. 1988: 12-14.
23 Estos dos autores se centraron en el fenómeno de la v illegiatura como ideología, donde confluyen estética,
economía, política y filosofía. BENTMANN, R./MÜLLER, M. 1975.
24 Si aplicamos este esquema al balneario decim onónico, comprobamos que cada uno de los elementos
básicos definitorios de la villa suburbana tiene su correlación en el balneario. V. Cuadros 1 y 2
25 En el siglo XV era muy frecuente que la villa reuniese el aspecto productivo de una granja con el de un
secularizado retiro espiritual. Aunque en siglo XVI la villa se identificará sobre todo con un espacio de recreo
donde descansar de los asuntos políticos o mercantiles de la ciudad, en la Italia septentrional, donde este
fenómeno se dio con mayor intensidad, se mantendrá esta dualidad. La “santificación” de las tareas agrícolas
por la literatura humanista ofrece las bases para desarrollar toda una ideología legitimadora.
34
El balneario decimonónico: manifestación de un modo de vida. CAPÍTULO I.1
fundamentalmente, el agua, se han conve rtido en fetiches, objetos de deseo
expuestos ante el consumidor.
Por otra parte, estando la villa y el ba lneario separados por el umbral de la
modernidad, las herramientas legitimadoras de su ser social difi eren en la misma
medida que los recursos epis temológicos de ambas épocas 26 . La villa renacentista
recurre a la religión y al mito, apoyándose, como era habitual en el Humanismo, en
los modelos de la cultura clásica. El balneario decimonónico, además de adaptar
antiguas mitologías, recurre a la ciencia y a los nuevos mitos de la modernidad.
El lugar “es siempre un depós ito de tiempo en el espacio” 27 , en el que confluyen
función y representación. Esto implica un necesario vínculo con una época y una
sociedad determinadas, en este caso, la que corresponde al contexto europeo
finisecular. Como ha señalado Ignasi de So là-Morales, el balneario se caracteriza por
ser un lugar de ocio y disciplina, articu lado en torno a una concepción hedonista
basada en la vida social y el cuidado del cuerpo 28 . Los fundamentos de la vida
balnearia en su madurez, a finales del siglo XIX, residían, pues, en el contacto con la
naturaleza y la curación a través de las agu as, en un espacio colectivo marcadamente
elitista. El catalizador de este modo de vida es la burguesía empresarial, que
convierte al termalismo, es decir, la frecuentación de las fuentes minerales y
termales 29 , en una empresa rentable y en un embl ema de la vida social. Pero además,
como afirma Maria. A. Leborei ro, el balneario es “el espacio de representación en el
que una época se expresa” 30 . Es un modo de vida representado y articulado en torno
a unos mitos que contribuyen a crear la imagen “fantasmagórica” del balneario
decimonónico. Para comprender la forma y el sentido de ese escenario es necesario
conocer los elementos que conforman el imagi nario colectivo de la sociedad que lo
habita. La concretización de una función social en un lugar depende en buena
medida de los “símbolos de dese o” de la época, es decir, de aquello capaz de atraer a
26 La necesidad del proceso de legitimación, tal como lo entendemos aquí, coincide con la siguiente
afirmación de Peter. L. Berger y Thomas Luckmann: “la legitimación justifica el orden institucional
adjudicando dignidad normativa a sus imperativos prácticos”. (BERGER, P. L./LUCKMANN, T. 1986:
122).
27 MUNTAÑOLA THORNBERG, J. 1990: 72.
28 SOLÀ-MORALES, I. (Dir.) 1986: 67.
29 JAMOT, CH. 1988: 7.
35
la sociedad decimonónica a un espacio que , por ajustarse “perversamente” a esta
imagen ideal, se transforma en fantasmagoría. Los elementos que componen esta
fantasmagoría, y los instrumentos legitima dores de que se sirvieron sus artífices,
arrojan una luz clarificadora sobre la conf iguración del lugar. De ellos trata este
capítulo.
I.1.1. Rasgos definidores del termal ismo decimonónico: elementos de la
fantasmagoría
“Tous les établissements thermaux se resse mblent: une buvette, des baignoires, et
l´éternel salon pour les bals que l´on retrouve à toutes les eaux du monde” 31
G. FLAUBERT
“MODA: Io sono la Moda. Mia sorella.
MORTE: Mia sorella?
MODA: Sí: non ti ricordi che tutte e
due siamo nate dalla Caducitá?”
G. LEOPARDI 32
El balneario está determinado por dos fu nciones primordiales que condicionan la
configuración del lugar: el restablecimiento y cuidado de la salud, y el ocio como
prolongación de la vida social de las enriquecidas clases urbanas 33 . La función
“terapéutica” del balneario implica la observa ncia de una disciplina, impuesta por las
prescripciones médicas, pero el hecho de que sea una elección voluntaria, lo
convierte ante todo en una gran empre sa del ocio: “El balneario es libre y los
usuarios son clientes, compradores que han decidido emplear su tiempo y su dinero
30 LEBOREIRO AMARO M.A, 1994: 11.
31 GUSTAVE FLAUBERT, Voyage Aux Pyrénées et en Corse (1840). Cit. en GRENIER, L., JARRASSÉ, D.
1985: 53.
32 MODA: Yo soy la Moda. Hermana mía./MUERTE: Hermana mía?/MODA: Sí: no te acuerdas de que
ambas hemos nacido de la Caducidad?”. LEOPARDI Dialogo della moda e della morte (1824).
33 GRENIER, L. 1985: 40.
36
El balneario decimonónico: manifestación de un modo de vida. CAPÍTULO I.1
en la cura del propio cuerpo” 34 . Pertenece a lo que Benjamin denominó “industria
de la diversión” 35 , un lugar creado para la clase me dia-alta que acude a él buscando,
fundamentalmente, un espacio de recreo a su medida. El perfil de estos potenciales
clientes es determinante para definir l as características de ambas funciones. Los
propietarios de los establecimientos, cons cientes de que el éxito de su empresa
depende de la captación de esta selecta clientela, esgrimen los argumentos más
adecuados para atraerla. Crean una imagen del balneario marcadamente elitista, a la
medida de un “consumidor” urbano de clase media-alta, cuya principal “razón de
ser” consiste en el cuidado de la salud, a través de las aguas y el contacto con la
naturaleza, bajo el oportuno cuidado médico, y la suspensión de la vida en la ciudad,
siendo al mismo tiempo un espacio dota do de lo mejor que ha producido la
civilización y el progreso.
Existe una contradicción esencial en este planteamiento que se sintetizará en
dos binomios formados por términos opues tos: el binomio campo/ciudad y el
binomio mito/ciencia. Ambos binomios se re lacionan entre sí: el campo es el lugar
del mito, existe como representación, y se identifica con la pureza de un estadio
primitivo; la ciudad, en cambio, es el es pacio tecnificado creado por el hombre, el
lugar del artificio, de lo insano y lo an tinatural que produce la enfermedad. La
confrontación entre estos términos es c onsustancial a la condición humana y se
debe, según Raymond Williams, a su impos ible elección entre “un materialismo
necesario y una humanidad necesaria” 36 que intenta resolverse estableciendo
divisiones excluyentes como las citadas.
Estos componentes (agüista-consumid or, y los binomios campo/ciudad y
mito/ciencia), en los que se cifrará la c onfiguración social del lugar balneario, lo
convierten en un producto típico del XIX, y portan el germen de su decadencia.
Como producto capitalista, el balneario se convierte en espectáculo, en mercancía,
que en el proceso cuaja en fetiche de natura leza transitoria. Los balnearios surgen al
mismo tiempo que los escaparates de las ca lles principales. La moda, casi tanto
34 “El balneari és lliure i els usuaris són clients, compra dors que han decidit esmerçar el seu temps i els seus
diners en la cura del propi cos”. SOLÀ-MORALES, I. (Dir.) 1986: 69.
35 BENJAMIN, W. 1990: 179.
37
como la ciencia, sustenta el auge del baln eario. Esta es una de las claves de su
caducidad 37 . La ciencia y la tecnología evolucionan 38 , en cambio, los hábitos basados
en la moda son efímeros, exigen de una perpetua renovación: “La moda prescribe el
ritual según el que el fetiche que es la mercancía quiere ser venerado” 39 . Como los
pasajes decimonónicos, los balnearios pronto se convierten en estructuras
decadentes que ya no gobernarán la imagi nación colectiva y se reconocen como las
ilusorias imágenes oníricas que siempr e fueron, “residuos de un mundo
imaginario” 40 . Tras la II Guerra Mundial, aproxima damente, el modo de vida de los
balnearios, como el de los Grandes Hotele s, se convierte en un anacronismo.
I.1.1.1. Agüista-Consumidor
“Cada huésped que entraba a desayunar era bombardeado con la fantástica noticia:
‘La baronesa von Gall envía aquí a su hija menor; la baronesa en persona vendrá
dentro de un mes’ [...] Anécdotas de persona jes de noble cuna se servían, endulzaban y
sorbían; nos saciamos de escándalos de alto rango, bien untados de mantequilla” 41
KATHERINE MANSFIELD
El balneario decimonónico es un “producto” de la sociedad capitalista, construido a
la medida del deseo de l as clases privilegiadas, grupo marcado por unas necesidades
y unas costumbres muy definidas. La mayor parte de los agüistas 42 pertenecen a la
aristocracia y la alta burguesía, que ante todo demandaba orden 43 , seguridad, y
alternativas de ocio equiparables a su s elegantes costumbres urbanas. Los
36 WILLIAMS, R. 2001: 362.
37 BUCK-MORSS, S. 2001: 181.
38 Pronto los avances de la medicina y la química propi nan el descrédito del termalismo. El extraordinario
desarrollo de la farmacopea en los años treinta elimin a una de las principales razones para someterse al
tratamiento termal. Por otra parte, en los primeros años del siglo XX, se extiende el uso del agua corriente a
domicilio y el cuarto de baño totalmente equipado según los preceptos higienistas.
39 BENJAMIN, W. 1990: 180.
40 BENJAMIN, W. 1990: 190.
41 MANSFIELD, K : En un balneario alemán (1911) en Cuentos completos . DeBolsillo. Barcelona, 2003: 25.
42 Armand Wallon afirma que sólo a partir de la I Guerra Mundial se impone el término curista, hasta
entonces se utilizaba indiferentemente bañista o “buveu r d´eau”, es decir, agüista, aunque, poco a poco, el
primero va dejando paso al segundo. WALLON, A. 1981: 11.
43 Curiosamente, fue Goethe quien pronunció una de la s frases más ilustrativas y post-románticas de esta
fundamental exigencia burguesa: “prefiero la inju sticia al desorden”. AR ANGUREN, J.L. 1982: 69.
38
El balneario decimonónico: manifestación de un modo de vida. CAPÍTULO I.1
comportamientos que regían la vida de esta clase social serán cuidadosamente
contemplados en el diseño del balneario, d onde la estancia no solía ser inferior a los
veintiún días de rigor impu estos por el tratamiento 44 , y durante los cuales debía
asegurarse la comodidad del cliente. Los rasgos que definen al usuario tipo y sus
hábitos son convenientemente asumidos por la fantasmagoría balnearia que, dada la
homogeneidad de los valores burgueses, ad quiere una validez general para todo el
marco europeo.
La burguesía es sin duda la clase protagoni sta del s. XIX, períod o en el que adquiere
un mayor peso en la vida política y social. Desde su posición preponderante
moraliza y, con el proverbial paterna lismo del burgués decimonónico, impone
conductas a las clases trabaj adoras que, con el tiempo, también tuvieron su efecto
entre la nobleza y aristocracia. La distin ción entre lo público y lo privado que
domina este siglo, se tradu ce en una mayor valoración de la familia, que se convierte
en núcleo indiscutible de la sociedad. El modelo doméstico que adopta buena parte
de Europa, procede de la Inglaterra victoriana: la privacy se difundió por el
continente a través de los viajeros, comerciantes, las nurses , etc 45 . La familia integra
una institución casi sagrada, regida por un a serie de mitos y l eyes internas que dan
origen a un modelo idealizado, reflejado en multitud de pinturas y grabados de la
época que representan escenas de la vida co tidiana de una familia de clase media en
actitudes amables y recogidas. En ellas se revelan los roles de sus miembros: la
mujer, imagen de la virtud, junto a los niños en el hogar, y el hombre, indiscutible
cabeza de familia 46 . La religión ocupa un papel muy im portante, a partir de ella se
establecía una clara diferenciación entre las funciones del hombre y la mujer. La
esposa y madre ejemplar debía recluirse en el hogar, abandonado cualquier otra
ocupación, mientras delegaba en su marido to da participación en la vida activa. Esta
44 La normativa duración de los veintiún días de trat amiento sigue la indicación de Herodoto 450 años a.C.
CHABROL, E. 1933: 11.
45 En la imposición de este orden de cosas hay que dest acar el papel del evangelismo, doctrina que desde su
implantación a finales del s. XVIII, reunía a un mayor nú mero de fieles en Inglate rra, especialmente entre la
burguesía. Los tratados evangélicos c ontribuyen a difundir el modelo de vida doméstica, pues consideraban
que el hogar era el centro más adecuado para preservar la moral y las buenas costumbres y establecían una
clara diferenciación entre las funciones del hombre y la mujer. Este ideal es asum ido con gran éxito por la
burguesía inglesa hacia la mitad del s. XIX. PERROT, M. 1988-1989.
46 ARANGUREN, J.L. 1982: 100-1.
39
situación tiene sus efectos en otros aspectos de la vida cultural, pues las asociaciones
y clubes tomaron frecuentemente las mismas normas que alejaban a la mujer de su
seno (extraordinariamente aceptadas con el aval de un hombre de su familia) o bien,
restringían su acceso a espacios separados. Del mismo modo, la casa se dividió en
una serie de zonas diferenciad as: a los hombres se reservaban el salón de fumar, la
biblioteca, la sala de billar y el despacho, mientras que las mujeres disponían de sus
cuartos de estar para recibir a las visitas. Las zonas de encuentro se reservaban a la
sala de lectura, el comedor y el jardín. La servidumbre se alojaba normalmente en el
piso superior de las viviendas.
El recogimiento de la vida hogareñ a concedió un necesario valor a la
privacidad y el confort. La extraordin aria importancia que se concede a la
privacidad, encarnada en la familia y la vivienda, debe ponerse en relación con la
voluntad de acotar espacios, de proteger la propiedad y la intimidad, que ha sido
uno de los principales rasgos de la burguesía desde su ascenso al poder 47 . La
vivienda se convierte en reflejo de la mora l y su refugio, donde se encuentran todas
las necesidades del ciudadano comme il faut . El intento de convert ir el espacio privado
en un microcosmos se tradu ce en un interior revestido de tapicerías, terciopelos,
sedas y alfombras que apenas dejan un hueco libre, así como en la reunión de los
estilos decorativos más diversos. La cult ura ocupaba un lugar privilegiado, –la
biblioteca y el piano eran imprescindible s–, pero también la naturaleza tenía su
espacio en el hogar burgués. El jardín y el invernadero se cultivan con la misma
intensidad y siguiendo los mismos principi os que el interior, poblados de diversas
especies, principalmente plantas exóticas, se hicieron muy populares, sobre todo a
partir del Segundo Imperio, convirtiéndose en verdadero signo de lujo y elegancia.
La sociedad francesa, era el modelo de la sociedad cosmopolita europea hasta
principios del XX, y el París creado por Haussmann, con sus grandes avenidas
iluminadas y lujosas viviendas ab uhardilladas, la ciudad id eal. Si bien Inglaterra,
especialmente a partir de la primera década del XX, fue quizá el principal referente
47 “Geste propre... à la civilisation bourgeoise: verrouiller. La clôture, le coffre-fort, le mur de prison (....) tel a
été le trait le plus profond, la note permanente de la civilisation bourgeoise jusqu´à notre temps”.
“Gesto propio de la civilización burguesa: poner cerrojos. El cierre, la caja fuerte, el muro de las prisiones [...]
–tal ha sido el rasgo más marcado, la nota permanente de la civilización burguesa hasta nuestro tiempo–”.
Regine Pernoud, Histoire de la bourgeoisie en France , París, 1962, pág. 263. Cit. en ARANGUREN, J.L. 1982: 85.
40
El balneario decimonónico: manifestación de un modo de vida. CAPÍTULO I.1
Mondariz 73 . Igualmente significativo es el hec ho de que la primera película gallega
de ficción, Miss Ledya (1917), rodada por el fotógrafo José Gil, transcurra en el
balneario de La Toja. El guión, de Ra fael López de Haro, responde a una imagen
sumamente estereotipada y teatral de los pe rsonajes y situaciones, pero confirman la
adecuación y la aceptación popular del baln eario como principal escenario de las
intrigas de sociedad a principios del siglo XX:
“Miss Ledya, es una bellísima señorita nor teamericana, muy excéntrica, que viene a
Pontevedra en compañía de su padre, un acaudalado banquero yanqui. Miss Ledya va
a la isla de La Toja, dónde se encuentran, de incógnito, los reyes de Suavia, sobre los
cuales se fijarán las iras del anarquismo. La presencia de estos personajes, a quienes
rodean otros de carácter y posiciones dive rsas, origina pasiones, que por veces les
lleva a plácidos recreos por el río Lérez, a emocionantes fugas amorosas, a elegantes
escenas de salón o a miserables atentados terroristas...” 74 .
I.1.1.2. Campo/Ciudad
“Le luxe va rarement sans les sciences et les arts et jamais ils ne vont sans lui” 75
J-J. ROUSSEAU
“El arbolado y la vegetación completan y acaban de embellecer el idílico conjunto (...)
Semejantes a este rincón, hay infinitos en el valle de Mondariz, donde ha volcado
todos sus dones la naturaleza. Admirándolos, se dilatan con igual impresión de sosiego
el ánimo del convaleciente y el ánimo del tourista” 76
El ideal de la vida campestre como cont rapartida a la vida urbana existía mucho
antes de que la Revolución Industrial y sus efectos provocasen la demonización de
73 “A caza de gangas”. La Ilustración Española y Americana . Madrid, 30 de junio de 1900.
“Por amor al padre”. La Moda Elegante . Madrid, 22 de junio de 1900.
74 Faro de Vigo , 15-V-1916. Cit. en MARTÍN BLANCO, P. 2002: 282.
75 Discurso premiado por la Academia de Dijon en 1750, sobre un tema propuesto por la propia Academia
(“Si el restablecimiento de las ci encias y las artes ha contribuido a depurar las costumbres”, París, 1751,
segunda parte), donde Rousseau insiste en la idea, que desarrollará años más tarde en Julie ou la Nouv elle Héloïse
(1761), de la ciudad como espacio del lujo corruptor en el que cristalizan los males del hombre, oponiéndola
al campo, lugar de los sentimientos y de la noble ta rea de la agricultura. Cit. en GUBLER, J. 1985: 106.
76 Aguas bicarbonatado-sódicas de Mondariz propiedad de los Sres. Hijos de Peinador. Hauser y Menet, Madrid, 1900: 17.
47
la ciudad, convirtiéndola en el fo co de los males del hombre moderno 77 . La forma y
el ideal de la llamada Vita Rustica tienen su origen en la Antigua Roma 78 . Las villas
romanas son la primera manifestación de este modo de vida articulado por una
desarrollada cultura urbana que hace de la experiencia de habitar el campo un
arquetipo a la medida de sus necesidades. La ideología de fondo de la villa, según
afirma Ackerman, apenas ha variado desde en tonces, ya que, al contrario de lo que
sucede con otras tipologías, la villa cu mple una necesidad que ha permanecido
inalterable a través del tiempo, que debe m ás a la fantasía que a lo real y, además,
continúa siendo privilegio de las clases acomodadas. En la Antigua Roma, como
revelan las cartas de Plinio el Joven, se aconsejaba al hombre de ciudad adquirir una
pequeña propiedad en el campo para desi ntoxicarse de los excesos de la vida
urbana 79 . El elogio del campo era un tema frecu ente en la literatura romana de la
época imperial 80 . A mediados del siglo XIV, Petrarca vuelve a situar en el campo el
espacio ideal para la vida contemplativa y la creación artística y filosófica: “Whether
we are intent upon God or upon ourselves and our serious studies, or whether we
are seeking for a mind in harmony with ou r own, it behooves us to withdraw as far
as may be from the haunts of men and crowded cities” 81 . En el siglo XVI Palladio
escribía que la villa “es el lugar donde el cuerpo conserva más fácilmente la fuerza y
la salud; y en el que, finalmente, fatigado c on la agitación de la ciudad, se recuperará
77 Raymond Williams en su obra capital, El campo y la ciudad (1973), analiza la imagen y las relaciones entre
ambos espacios a través de su representación en la literat ura inglesa. A pesar de ello, sus reflexiones sobre la
manipulación y mistificación del campo y la naturaleza, as í como su persistencia histórica y la dependencia de
este proceso del desarrollo del capitalismo, son generalmente aplicables a otros ámbitos . En esta obra
Williams insiste en la selectividad que rige a todas la s tradiciones, idea fundam ental para comprender la
perpetuación del modo de vida campes tre como algo “encantador”, recurri endo para ello a los artificios
precisos.
78 Nos referimos en este caso a los efectos vitales de la idealización de la vida en el campo, es decir, a la
creación de una alternativa de vida real. Pues la primera re ferencia al mito de la Edad de Oro, se encuentra en
el s. IX a.C, concretamente en Los trabajos y los días de Hesíodo, donde primaba una épica de la labranza.
WILLIAMS, R. 2001: 40.
79 Plinio exhortaba a sus amigos a “gozar de la tranquilid ad del campo, lejos de la frivolidad de la ciudad”
(Carta IX, Libro I PLINIO CECILIO SEGUNDO, C. 1938: 60), como hacía él mismo en su villa a orillas del
lago Como, en el Norte de Italia. Allí practicaba la pesca y la caza, actividades que recomendaba
encarecidamente, pues “el ejercicio corporal, con la soledad y el silencio de los bosques, constituye un
poderoso estímulo para el pensamiento del estudioso” (Carta VI, Libro I. PLINIO CECILIO SEGUNDO,
C. 1938: 48).
80 Comentarios de Vicente Blanco García a la obr a de Plinio, en PLINIO CECILIO SEGUNDO, C. 1963:
37.
81 “Estemos concentrados en Dios, en nosotros mismos o en nuestros serios estudios, o estemos buscando
una mente en armonía con nuestro ser, es necesario que nos retiremos tan lejos como sea posible de los
lugares frecuentados por los hombres y de la ciudades abarrotadas”. F. PETRARCA, De vita solitaria (I,i,I) Cit.
en COFFIN, D. R. 1988: 10.
48
El balneario decimonónico: manifestación de un modo de vida. CAPÍTULO I.1
y reconfortará en gran medida” 82 . La nobleza y la alta burguesía del sigo XVIII,
intenta paliar la “nostalgia por el campo”, lugar de la inocencia perdida divinizado
por Rousseau, con la creación de su s propias “vaquerías” y otros edificios
pintorescamente rústicos. James Malton, auto r de un volumen dedicado a diseños de
villas, publicado en 1802, afirmaba: “the wise, the virtuously independent, who
prefer the pure and tranquil retirement of the country, to the foetid joys of the
tumultuous city, are they who take the mostly likely means to enjoy that blessing of
life, happiness” 83 . Esta idea que ha llegado práctica mente inalterable hasta hoy, está
en la base del balneario 84 .
La idealización del campo se refuerza capc iosa y sistemáticamente en su oposición a
la ciudad, a pesar de las diversas variac iones de ambos conceptos a través del
tiempo. En el balneario, este ant agonismo se reduce a aquellos aspectos
“estratégicos” que sirven a la fantasmago ría: el espacio urbano es fuente de
enfermedad física y mental, en cambio, el espacio balneario, abierto a la naturaleza,
es fuente de salud; la ciudad es el lugar del trabajo y las obligaciones cotidianas, que
generan fatiga y el estrés, mientras que el balneario impone otra rutina, basada en el
tratamiento y el ocio. Pero, en definiti va, son las clases urbanas quienes, con sus
prejuicios y sus hábitos, pueblan el ca mpo y trasladan a él sus necesidades. Las
dolencias que padece el agüista típico, citad as en una guía de las aguas de Mondariz
de 1879, son propias del habitante de la ciudad:
82 PALLADIO, A. I quattro libri dell´Architettura . Venecia 1570, II, 12. Cit. en NORBERG-SCHULZ, CH.
1992: 23.
83 “Los sabios, los virtuosamente independientes, que prefieren el puro y tranquilo retiro del campo, a las
fétidas alegrías de la ciudad tumultuosa, son los que tienen las mayores probabilidades de disfrutar esa
bendición de la vida, la felicidad”. Cit. en ACKERMAN, J.S. 1990: 222.
84 El mito de la vida campestre está ampliamente re flejado en la literatura y en las artes plásticas,
manifestaciones de las que se retroalimenta hasta la actu alidad. Horacio, Virgilio, Plinio el Joven, Poliziano en
el siglo XV, James Thomson, Shaftesbury y Pope en el XVIII, el romanticismo y gran parte de la novela
decimonónica han colaborado a crear una determinada imagen de la vida en el campo. La pintura también ha
sido una fuente de inspiración, de sde la decoración de los interiores pompeyanos, algunos tapices medievales
y las escenas de la vida campestre en las paredes de las villas palladianas fueron recuperadas por el revival de la
villa en el romanticismo. Como es bi en sabido, en el siglo XVIII en Ingl aterra se hace muy popular el género
que representaba la casa de campo, Canaletto y las pintur as de Claudio de Lorena inspirarán la factura de los
jardines ingleses colaborando decisivamente en la forma lización de la estética pintoresca. El siglo XIX genera
una gran cantidad de tratados de arquitectura y dise ño de jardines inspiradas en las villas palladianas.
49
“El abuso de sustancias aperitivas y excita ntes; la incompleta masticación de los
alimentos; ciertos medicamentos, los escesos venéreos y de las bebidas; la vida
sedentaria; los trabajos mentales muy continuados y los cambios bruscos de
temperatura son las causas más frecuentes de los padecimientos que buscan su alivio
en estas aguas” 85 .
La ciudad es el lugar del progreso, otro de los mitos de la modernidad que sostiene
la fantasmagoría balnearia, que se presenta c a si c o m o u n e ns a y o d e u n e s t il o d e v i da
perfecto, posibilitado por el alto grado de civilización y de medios alcanzados por la
cultura occidental. Los avances de la ci vilización industrial, principalmente los
nuevos medios de transporte y comunicaci ón, así como las comodidades y servicios
propios de los núcleos urbanos (iluminaci ón eléctrica, telégrafo, teléfono, etc.)
contribuyen en gran medida al desarrollo y el éxito del balneario. Como los grandes
cruceros de lujo, alardes de la tecnología de principios de siglo, el balneario es un
espacio prácticamente autónomo, se auto abastece considerando la necesidad de
ofrecer a sus visitantes todo lo que necesit an durante su estancia. El aislamiento del
exterior marca una primera diferencia, el entorno inmediato no le ofrece lo que
necesita, su modelo no es el tipo de vida austero del rural, sino la elegancia y el
esplendor que revisten las diversiones de las grandes ciudades. El espacio urbano es
pues, al mismo tiempo, el referente y aquello de lo que se huye.
La conciencia urbanística del siglo XIX insiste en la prioridad de creación de
espacios verdes y salubres, mientras las nuevas ciudades industriales son
extraordinariamente caóticas e insanas debi do a su rápido crecimiento y a la
especulación. Es un período fecundo en c ontradicciones, en el que, en palabras de
Giedion “las posibilidades del reposo iban desapareciendo; nadie tenía tiempo para
vivir con dignidad, la vida había perdido su equilibrio” 86 . El urbanista Camilo Sitte,
en su obra Construcción de Ciudades según principios artísticos (1889) aludía al efecto de la
ciudad sobre el ánimo:
85 Aguas bicarbonatado-sódicas de Mondariz. Fuen tes de Gándara las más alcalinas de España. 1879.
50
El balneario decimonónico: manifestación de un modo de vida. CAPÍTULO I.1
“El melancólico de las grandes ciudades es uno de estos enfermos mitad imaginario,
mitad real; padece nostalgia de la libre na turaleza; esta enfermedad, que puede llegar
hasta la completa indiferencia por el trabaj o, no se cura con el concienzudo respirar
de tantos y tantos metros cúbicos de ox ígeno u ozono, sino por la vista del verdor,
por la proximidad de la madre naturaleza tan querida. Debe contar con esto el
urbanizador” 87
La melancolía, el spleen que abate a la juventud europea finisecular 88 , enfermedad
tradicionalmente asociada al habitante de los núcleos urbanos, fue descrita por el
clérigo y escritor inglés Robert Burton en Anatomy of Melancholy (1621), obra muy
popular en toda Europa, que proponía los ba ños termales y el contacto con la
naturaleza como posibles remedios. Esta será una de las referencias para la
romántica fe en el poder restaurador de la na turaleza y su recreación en el paisaje. El
Higienismo dota de nuevos argumentos a esta actitud, refrendando científicamente
las virtudes de la vida al aire libre. Esto convertía a los balnearios, centros situados
en plena naturaleza, rodeado de bosques, jardines y, normalmente, con algún río
cerca, en un lugar paradigmático. Los propi etarios, conscientes de esta condición
“ideal”, la convierten en uno de los pr incipales elementos de la fantasmagoría
balnearia 89 . Partiendo de esta cualidad, Mª del Rosario Caz ha cifrado
“bachelardianamente” el sentido del balnea rio en “la necesidad del contacto directo
con las aguas vivas, en ese período en que la ciudad moderna va perdiendo la
capacidad de favorecer la comuni ón con el agua de los sueños” 90 . Según la autora,
cuando la ciudad industrial dificulta y ra cionaliza el acceso a las aguas, y la higiene
establece nuevas formas y rituales para su us o, los balnearios ofrecían “la presencia
hedonista de lo húmedo” 91 y devolvían su capacidad de activar sueño e imágenes.
86 GIEDION, S. 1979: 163.
87 SITTE, C. 1927: 201.
88 SENDRAIL, M. 1983: 366-7.
89 Un actitud similar alimentaba una de las principales cu alidades de la villa renacentista: sólo este modo de
vida, del que se excluyen la enfermedad y la melancolía, garantizaba la Кαλоκоγατια , ideal de la Antigüedad
que aspira a la belleza de cuerpo y alma. El padrone y sus invitados gracias al deporte, al ocio caballeresco, y a
la tranquilidad de la vida en el campo recuperan la serenidad y el equilibrio usurpados por la vida urbana.
BENTMANN, R./MÜLLER, M. 1975: 135.
90 CAZ, Mª del R. 2001:29.
51
Una característica esencial que define a la vida en el campo es la interrupción del
ritmo de vida urbano. El balneario im pone una nueva rutina y organización del
tiempo de acuerdo con la disciplina impuesta por el tratamiento y los espacios de
ocio. Se establece así una nueva relación con el Tiempo, que gira en torno al
tratamiento –visita a las fuentes, baños, pase o, comidas y paseos– y al ocio, que llena
las horas del día restantes, que son muchas. Tomar las aguas es el complemento de
la vida elegante del invierno, de manera que a los tradicionales paseos considerados
parte del tratamiento termal, se suman el ti po de diversiones que se encuentra en la
ciudad, desde los juegos de mesa a los recitale s de poesía. La música está presente en
casi todos los momentos de la vida del agüis ta, en el parque, en el comedor y en el
casino o salón de fiestas 92 , donde bailes, conciertos, representaciones teatrales, y
otros espectáculos, llenaban las veladas. La búsqueda del placer en las numerosas
actividades de ocio impregna ba de una frivolidad algo morbosa este modo de vida,
alimentado por el deseo de superar la en fermedad y que roza, por tanto, aunque
nunca se mencione, el ámbito de la muerte 93 . Esta especie de ambigüedad
consustancial al balneario, le concede un carácter especial que lo distancia de dos
instituciones con las que comparte cier tas semejanzas, pero que mantienen un
carácter mucho más coherente y definido: el Gran Hotel y el Hospital.
Las villas suburbanas y los balnearios son espacios destinados a las clases urbanas
adineradas, creadoras y principales usua rias de estos espacios. Obviamente, la
iniciativa y el concepto de villa suburbana, no pueden surgir de otro contexto, pues
el hombre que forzosamente debe vivir de l campo no comparte la visión idílica de
las clases superiores ni las pautas cu lturales urbanas que dominan esta
manifestación. Es la ciudad la que genera la “nostalgia por el campo” 94 que se
manifiesta en el nacimiento de la villa, cuyo uso inicial se consagra al ocio. La
posesión de una villa surge de una necesidad c asi mitológica, en virtud de la cual las
clases enriquecidas gracias a la industria y el comercio urbanos, pueden “colonizar”
91 CAZ, Mª del R. 2001:35.
92 SADDY, P. 1985: 97.
93 Esta extraña combinación de sensualidad y enfermed ad fue magistralmente reflejada por Thomas Mann en
su célebre novela La Montaña mágica (1924).
94 BENTMANN, R./MÜLLER, M. 1975: 7.
52
El balneario decimonónico: manifestación de un modo de vida. CAPÍTULO I.1
el campo y recuperar el víncul o primitivo con la naturaleza 95 . Es un modo de vida
creado a medida, y para disfrute y benefici o de una minoría perteneciente a la alta
sociedad, la alternativa de los pr ivilegiados. R. Bentmann y M. Müller definen la villa
como una fantasía social regresiva, basad a en la imposible recuperación de un
pasado arcádico, cuya falta de proyecci ón futura necesariamente produce una
“utopía negativa” que se manifiesta en la actitud escapista de la villa respecto a la
peor cara de ciudad 96 . En las residencias suburban as y el balneario las clases
pudientes podían satisfacer sus anhelos, ajustándose a los mismos términos
hegemónicos de los que gozaban en la ciudad 97 . Ambas son para las clases
poderosas espacios “tranquilizadores” que no sólo cuidan de su salud, sino que
garantizan su supremacía y el mantenimie nto del orden frente a la agitación que
caracteriza la ciudad, foco de progreso, pero también de males y enfermedades, de
revueltas sociales y de caos. En el es pacio de esta fantasía social, cerrado,
autosuficiente y convenientemente legitima do, no caben las tensiones sociales, sino
la afirmación y el refuerzo de un a estructura social y económica 98 . Se crea así la
imagen del deseo de la época, un mundo a la medida del hom bre moderno del que
han desaparecido las huellas de aquello que lo hace posible, basado, según Lewis
Mumford, en “una con cepción pueril del mundo” 99 . Una concepción perversa,
podría añadirse, desde el momento en que es totalmente intencionada y legitimada
por sus autores.
En definitiva, el balneario se concibe casi como un trasunto o una versión mejorada
de la ciudad decimonónica, de la que se han eliminado todos los aspectos negativos
o “molestos”. Aunque el balnea rio participa del concepto de paradiso artifiziato
exclusivo, al que no todos pueden acceder, el carácter represivo que necesariamente
formaba parte de la villa como encarnaci ón de un ideal socio-político basado en la
95 ACKERMAN, J.S. 1990: 10.
96 BENTMANN, R./MÜLLER, M. 1975: 85-99.
97 Los usuarios de la villa se corresponden con el Occupatus urbano que, a diferencia de la actitud respetuosa y
contemplativa con la que el Solitarius de Petrarca se introduce en el locus amoenus , busca un paradise artifiziato
donde, según el postulado estético de Aristóteles, el ar te complete “aquello que la naturaleza por sí sola no es
capaz de realizar”. BENTMA NN, R./MÜLLER, M. 1975: 109.
98 Es este aspecto evasivo y la manipulación sentimental del campo con el que se cubre este modo de vida lo
que Raymond Williams atacaba en El campo y la ciudad .
99 MUMFORD, L. 1979: 656.
53
explotación, no existe evidentemente en el balneario, donde la fantasmagoría se
sustenta en un intercambio de bienes. El balneario no comparte la intención utópica
de crear una ciudad ideal que albergue a una sociedad perfecta, como pretendía
Ebenezer Howard con la “Ciudad jardín” a finales del XIX, sino que más bien se
define como un espacio exclusivo y ensi mismado, muy conservador, que se sitúa
prácticamente en las antípodas de la natu raleza social de los proyectos utópicos 100 . Si
la villa puede identificarse con una “utopí a negativa”, el balneario encaja mejor con
la definición de “heterotopía” de Michel Foucault:
“lugares reales, lugares efectivos, lugares que están diseñados en la institución misma
de la sociedad, que son especies de cont ra-emplazamientos, especies de utopías
efectivamente realizadas en las cuales lo s emplazamientos reales, todos los otros
emplazamientos reales que se pueden encontra r en el interior de la cultura están a la
vez representados, cuestionados e invertidos, especies de lugares que están fuera de
todos los lugares, aunque sean sin embarg o efectivamente localizables. Estos lugares,
porque son absolutamente otros que todos lo s emplazamientos que reflejan y de los
que hablan, los llamaré, por oposición a las utopías, las heterotopías” 101
100 Los intentos de perfilar una comunidad ideal para el hombre surge en la Grecia Clásica como un nuevo
tipo de literatura, producida por f ilósofos y urbanistas, que denota la decadencia de la polis griega
(MUMFORD, L. 1979: 213). Esta idea fue retomada en el Renacimiento entre otros por Vasari, el primero en
llamar “ciudad ideal” a su proyecto (FUENTE, Mª .J. 1999: 204), y Tomás Moro que inaugura con su
conocida obra (1516) las utopías soci ales que continúan Charles Fourie r, Robert Owen, o Jean Baptsye
Godin, así como las teorías sociales de Carlyle, Morris, Ruskin o el francés Frédéric Le Play. En el siglo XIX
la búsqueda de un espacio habitable ideal se relaciona de manera directa con las insalubres condiciones de
vida de la nueva ciudad industrial. La preo cupación que esta situación provocaba en los higienistas, reflejada
en la publicación de obras como la del doctor Benjamin Ward Richardson, Hygeia, or the City of Health , (1875),
produjo algunas de las aportaciones más valiosa s al urbanismo del XIX (MUMFORD, L. 1979: 635).
101 No sería difícil definir el balnea rio como una heteropía basándonos en la descripción general de Foucault,
articulada a partir de seis principios: su producción es común a todas las culturas; una heterotopía puede
funcionar de distintos modos a lo largo de la historia; la heterotopía tiene el poder de yuxtaponer en un solo
lugar real múltiples espacios, que son en sí mismos incompatibles; las heterotopías están habitualmente
asociadas a cortes del tiempo, funcionan cuando se produce una ruptura con el tiempo tradicional; las
heterotopías implican un sistema de apertura y uno de ci erre que, a la vez, las aíslan y las vuelven penetrables,
de manera que el acceso a ellas se debe bien a un c onfinamiento, o bien exige el cumplimiento de ritos y
purificaciones; Finalmente, las heterotopías cumple n una función que puede encarnarse en dos polos
extremos: “crear un espacio de ilusión que denuncia co mo más ilusorio todavía todo el espacio real [...], o
bien, por el contrario, crean otro espacio, otro espaci o real, tan perfecto, tan meticuloso, tan bien ordenado,
como el nuestro es desordenado, mal administrado y em brollado. Ésta sería una heterotopía no ya de ilusión,
sino de compensación”. FOUCAULT, M. 1984.
54
El balneario decimonónico: manifestación de un modo de vida. CAPÍTULO I.1
I.1.1.3. Mito/Ciencia
“Es posible que la ‘vida’ sólo sea una tota lidad indiscernible de estructuras y formas.
Pero la ciencia es incompatible con lo in efable: necesita decir la ‘vida’ si quiere
transformarla” 102
ROLAND BARTHES
La fantasmagoría balnearia encuentra su legi timación en la ciencia tanto como en el
mito 103 . Hans Blumenberg, afirma que el mito no sólo se utiliza para dar sentido y
forma a la realidad, convirtiéndola en “h abitable”, sino que, de alguna manera,
justifica y valida socialmente un modo de vida relacionándolo con un valor supremo
indiscutible 104 . Es decir, en el contexto que nos in teresa, el mito, presentado a través
de una urdimbre ideológica ya enraizada en el imaginario colectivo, legitima un
nuevo ser social y oculta su función pr áctica. En una institución tan burguesa,
elitista y “fantasmagórica” como el balneari o este proceso es especialmente visible.
El balneario, para mantener su image n fantasmagórica necesita disfrazar el
entramado productivo.
El mejor antecedente de este proceso se encuentra en el fenómeno de la
villegiatura , tal y como se dio en el Renacimiento en Italia, cuando la villa, además de
procurar ocio y bienestar, se convierte en un espacio generador de bienes
económicos y centro neurálgico de una región 105 . Desde entonces se puede
distinguir claramente entre las villas su burbanas, destinadas exclusivamente al
102 BARTHES, R. 1999: 202.
103 El concepto de “mito” se utiliza aquí en el se ntido que le conceden Ad orno, Horkheimer y Hans
Blumenberg, como herramienta con la cual el hombre in tenta dotar de un cierto orden y sentido a un mundo
contingente, y marcado por la inte ncionalidad. Como afirmó Roland Barthes,: “El mito tiene carácter
imperativo, de interpelación: salido de un concepto hi stórico..., me viene a buscar a mi, se vuelve hacia mi,
siento su fuerza intencional” (BARTHES, R. 1999: 217). Sólo a partir de esta concepción del mito es posible
entender y justificar su uso en la actualidad. Nos alej amos por tanto de la habitual lectura representada por
Mircea Elidade, cuyo eje primordial es la interpretación del mundo a través de la presencia en él de las fuerzas
sagradas.
104 Este planteamiento es ampliamente desa rrollado por Hans Blumenberg en su obra Trabajo sobre el mito
( Arbeit am Mythos , 1979). Han sido de gran ayuda la obra de Franz Josef Wetz: Hans Blumenberg. La modernidad y
sus metáforas (WETZ, F.J. 1996) y el prólogo de Valeriano Bozal a Las realidades en que vivimos
(BLUMENBERG, H. 1999: 9-29).
105 Varios autores se han referido al pazo como la expr esión gallega de este modo de vida que se extendió
desde el siglo XV hasta el XIX, entre ellos J. J. MARTÍN GONZÁLEZ (1964: 318), A. BONET CORREA
(Prólogo a RIVERA RODRÍGEZ, MªT. 1982: 19-20) y A.Mª. PEREIRA MORALES (1979).
55
recreo 106 , y aquellas que se sustentan en la ex plotación de los recursos naturales,
incorporando una finalidad económica de la que este modo de vida carecía en la
Antigüedad. Ambas están ligadas al ideal cult ural de recuperar un estado de pureza
de características míticas, así como a la posibilidad de crear un entorno acorde con
“los placeres de la imaginación” sugeri dos o modelados, en buena medida, por las
expresiones literarias y pictóricas. En sus primeras manifestaciones, la villa
suburbana convierte la naturaleza en el locus amoenus , “lugar predilecto” de la
literatura antigua, espacio arcádico ideal recreado por la poesía bucólica de Teócrito
y Virgilio, al que se añaden objetos cu lturales generados por una sociedad
urbanizada, como ejemplifica la célebre villa de Adriano. Pero desde el momento en
que la villa se convierte también en un espacio productivo, despliega una nueva
mitología destinada a enmascarar esta fa ceta. Se convierte al capitalista en
humanista 107 , y la religión, valor supremo que unía a todos los miembros de la
sociedad, constituirá su mejor soporte 108 . Este nuevo modo de vida acude al mito
para dar validez a su función, a los suje tos que lo conforman, e, incluso a su
manifestación física, es decir, su forma lización en el espacio y su representación 109 .
Mientras que entonces el mito actuaba co mo principal elemento de control, en
el balneario decimonónico sobrevive, pr incipalmente, como reclamo y elemento
articulador de la fantasmagoría, en la me dida en que traduce los ensueños de una
época. Como corresponde a un siglo que, siguie ndo los dictados de la Ilustración, ha
106 El desarrollo de este tipo tuvo gran éxito en el siglo XVIII, cuando la serie de artículos de Joseph Addison
titulada “The pleasures of the Imagination”, sienta las ba ses de la estética pintoresca. La villa se convierte en
la vivienda predilecta de los comerciantes e industrial es, y “la mejor expresión arquitectónica de las grandes
aspiraciones de una época”. COLLINS, P. 1970: 37.
107 El Padrone , propietario de la villa, perteneciente a la nobleza urbana, se identifica con la imagen del “pater
familias” benefactor, cuya imagen oficial es la del hombr e de negocios y humanista. Su figura es elevada a la
categoría de demiurgo creador que conv ertía las tierras incultas en fértiles y hacía las mejoras necesarias para
construir en ellas su villa. A él se debe la conversión de la agricultura en una labor a la vez ética y estética,
como manifiestan “los libros de las villas” que legitima ban su rentable modo de vida. Precisamente es Alvise
Cornaro, uno de los más importantes terratenientes italianos del siglo XVI, el autor de las dos obras capitales
para la legitimación de este modo de vida, sentando con ellas las bases de la supraestructura humanista y
filosófica de la nueva cultura de las villas. En V ita Rustica y en su célebre Discorsi intorno alla Vita Sobria , utiliza
argumentos de tipo ético, estético y relig ioso. BENTMANN, R./MÜLLER, M. 1975: 29-33.
108 E n e l l a s e b a sa todo el aparato teórico con el que el trabajo y los beneficios que produce la agricultura son
convenientemente mitificados, convir tiendo esta práctica en una labor casi sagrada (“Santa Agricoltura”)
considerando su práctica, la forma de vida moral más elevada. En el fenómeno de la villeggiatura renacentista la
motivación económica se acompañaba de todo un proces o de glorificación humaní stica que convierte a la
villa en un paraíso terrestre.
109 En los frescos de las paredes de la villa se refleja su imagen idealizada a través de diversas panorámicas, y,
ocasionalmente, de la representación de las divers as etapas de su proceso de creación a modo de
documentación gráfica.
56
El balneario decimonónico: manifestación de un modo de vida. CAPÍTULO I.1
63
T
ABLAS 1 y 2
Cuadro 1
VILLA SUBURBANA
ELElvfENTOS CONSTITUTIVOS
Creador y usuario
Tanto el creador de la villa como sus invitados
pertenecen a las enriquecidas clases urbanas. La
gran burguesía italiana desplaza a los señores
feudales.
Principios articuladores
- Contacto con la naturaleza, como contrapartida a
la vida urbana
- Ocio (focalizado en el disfrute de la naturaleza,
deportes y ¡uegos al aire libre, recitales, bailes y
banquetes) y notonedad social.
- Rentabilidad y poder económico (necesaria
prox1m1dad a una finca agrícola, cotos de caza y de
pesca y la existencia de buenas com unicac1ones
con la ciudad)
Manifestación física
- A rqu1tectura abierta a la naturaleza (loJI!,ias y
ventanas)
- Espacio cerrado y jerarquizado. Lugar
autosuficiente y diferenciado estéticamente de su
entorno rústico.
- Arquitectura caracterizada por sus fachadas
escenográficas y por recurrir a referentes urbanos
y a la Antigüedadclás1ca.
MITO
Creador: Figura del Padrom como benefactor,
se remite la transcendente para legitimar la
relación señor/ siervo
Usuario: El Solitarius de Petrarca se convierte
en el Occtpatus urbano que transfiere al campo
sus hábitos.
- Evocación de la Arcadia = estado de
inocencia. Actualización y manipulación del
concepto de V ita Rustica.
- K0oxoyocuoc = desarrollo de la belleza
corporal y espiritual.
- Legitimación a través de la autarictas his tariae.
Humanismo agrícola: se recurre a Cato, Varro,
Columella ... , y se le concede un nuevo
contenido humanista: "el libro de las villas" (s.
XVI). Alvise Cornaro Vita Rustica: ideal
metafísico Encubre el capitalismo agrícola
bajo la "Santa Agricoltura». Eleva la versión
estetizante del capitalismo agrario a en el
ámbito ético al exceso religioso Ethos del
trabajo q ue encubre los objetivos económicos
- pamdiso terrestre (libro de B. Agostino Gallo
1550 Dieci Giornate della vera agicoltum e piaceri
della Villa)= Locu.s amoenus +virtus ru.stiCC1+Santa
Agrocoltum, convertido en pamdise artifiZ!ato
(Francesco Doni -1557). Naturaleza: escenano
del espectáculo social. La burguesía rep resent
ane 1 villa la antuigua vida de los señires
feudales: carrozas, juegos, recitales, etc.
- Roma: Arquitectura clásica, huellas de la
(�irtus Romanan
- I m pos1ció n de orden y cultura en el caos:
Geometría ideal y proporciones matemáticas
como garantes del orden divino de la villa.
CUADRO!
BALNEARIO DECIMONÓNICO
ELElvfENTOS CONSTITUTIVOS MITO
Creador y usuario
Acomodadas clases urbanas. - Fundador = Prohombre
- Usuario: clases urbanas enfermas y
hastiadas.
Principios articuladores
- Beneficioso contacto con la naturaleza frente a - Evocación de la Arcadia o paraíso
la insalubre vida urbana perdido. Sacralización de las aguas.
- Prolongación de las comodidades y vida social - Publicaciones balneanas.
urbana - La Ciencia y el progreso legitiman el uso
- Hidroterapia de las aguas, aseguran una estancia cómoda
- Explo !ación económ 1ca de la naturaleza y encubren los objel!vos económicos
focalizada en las aguas - ethos del traba¡o: beneficios sociales del
esfuerzo individual
Manifestación física
- Arquitectura abierta a la naturaleza (terrazas - Locu.s amoenus o paradiso terrestre convertido
cubiertas, galerías, balcones y ventanas) en pamdise artifiz iato
- Lugar auto suficiente y diferenciado de su - Ciudad ideal (urbanización de un espacio
entorno. rústico=progreso). Imposición de orden y
- Espacio cerrado y jerarquizado cultura en el caos.
- Edificios monumentales de carácter urbano.
64
I.2. ORIGEN DEL BALNEARIO DE MONDARIZ
I.2.1. Descubrimiento de los manantiales
El conocimiento de las aguas de Mondariz se
remonta, según el hist oriador gallego Celso
García de la Riega, a la época de la
romanización 132 . El historiador identifica
Mondariz 133 con los apelativos locales de
Búrbida , una de las ciudades gallegas
registradas por el anónimo de Rávena en el
siglo VII, y Bonisana , la tercera mansión de la
cuarta vía militar de Braga a Astorga en el
itinerario de Caracalla, situada entre Tude
(Tuy) y Turoquia. Esta tesis se refuerza con el
hallazgo de restos de una calzada romana en
las inmediaciones del establecimiento. Según
García de la Riega, el término Búrbida es una
derivación del vocablo céltico burbu , que
FIG. 2 Situación de Mondariz
[
Guía d
e
Aguas de
Mondariz
,c .
1922]
132 GARCÍA DE LA RIEGA, C. “Bonisana”. La Temporada , 1902, nº 10.
133 De acuerdo con los estudios toponímicos del profesor A. Moralejo Lasso, Mondariz es una palabra de
origen germánico, probablemen te visigodo, combinación de mund- “protección” y la terminación -riz que
deriva de ricus/rizi , latinización del gótico reiks , “señor”. MORALEJO LASSO, A. 1977: 40-41.
65
comparte el mismo tronco con el griego borborudso , raíces del verbo borbotear, y que,
presumiblemente, describía el efecto de las aguas bicarbonatado-sódicas de los
manantiales de Mondariz 134 . Nicolás Taboada y Leal, en Hidrología Médica de Galicia
(1877), transmitía la creencia de los lugar eños de que las aguas de la fuente de
Gándara habían sido utilizadas en la Edad Media por los señores del cercano castillo
de Sobroso, dominio de Pe dro Madruga, cuyas instalaciones serían destruidas
durante las guerras mantenidas entre este señor feudal y la casa vecina de
Sotomayor. La publicación Mondariz, Vigo, Santiago. Guía del turista (1912), atribuye
su desaparición a la orden de Alfonso VI, tras la batalla de Uclés (1108), de derribar
todos los baños que hubiera en España, según refiere la Crónica General 135 . El
hallazgo de restos de bañeras de piedra en las excavaciones que precedieron a las
obras de captación del manant ial, extendió la leyenda 136 . Gerardo Álvarez Limeses
también advertía los antecedentes romanos de la fuente de Troncoso a partir de la
“proximidad de las calzadas y cami nos viejos que a ella conducen” 137 , así como por
la cercanía del puente de la Cernadela. Segú n afirma este mismo autor, en el lugar de
Troncoso se habrían celebrado las bodas del rey portugués D. Dionis con la infanta
Isabel de Aragón, la “rainha santa”, en 1282. Estos vagos referentes del uso
histórico de las fuentes, más próximos al mito que a la realidad , serán glosados en
repetidas ocasiones en las publicaciones del balneario.
La primera referencia bibliográfica a las aguas de Mondariz se encuentra en la
Descripción de 54 fuentes mine rales del Reyno de Galicia (1772) de Pedro Gómez de
Bedoya y Paredes 138 , catedrático de la Universidad de Santiago de Compostela y
autor de la Historia Universal de las Fuentes Minerales de España (1764). En ella citaba la
existencia de tres manantiales: el si tuado en Troncoso, entonces llamado de
“Seidoiro”, las aguas de Pías y las de Soto lobre. Pascual Madoz las recoge en el
Diccionario Geográfico Estadístico Histórico de España y sus posesiones de Ultramar 139 (1848) y
134 Origen recogido por ALVAREZ LIMESES, G. 1936: 693.
135 Mondariz, Vigo, Santiago. Guía del turista . Est. Tip. Sucesores de Rivadeneyra, Madrid, 1912: 117.
136 TABOADA LEAL, N. 1877: 176.
137 ALVAREZ LIMESES, G. 1936: 697.
138 GÓMEZ DE BEDOYA Y PAREDES, P. 1772.
139 MADOZ P. 1848.
66
Origen del balneario de Mondariz. CAPÍTULO I.2
Pedro María Rubió en el Tratado de las fuentes minerales de España 140 (1853). Según
refiere Madoz, a mediados del XIX se c onocían las virtudes salutíferas de los dos
manantiales que formarán parte del baln eario de Mondariz, el de Gándara y
Troncoso:
“Hay en el término 2 fuentes medicinale s que producen muy buenos efectos à los
dolientes que las beben: la que se halla á orillas del Tea es nitrosa y sirve para curar
enfermedades cutáneas; y la del barrio de Sa n Pedro ferruginosas facilitan la digestión
y abren el apetito. Como no se han hecho análisis de las aguas, ni los hab. de esta
felig. han dado publicidad á las virtudes que encierran, no podemos hablar con mas
estensión 141 de ellas” 142
FIG. 3 El párroco Domingo Blanco Lage
[ Mondariz 1917 nº 20]
Sin embargo, será el párroco de Mondariz , Domingo Blanco Lage, quien pasará a la
historia como el descubridor oficial de l as aguas, según Alfredo Vicenti alrededor de
1862 143 , aunque el párroco ya se ocupaba de la fuente en la década anterior. Taboada
Leal afirma que el párroco descubre las fu entes durante su época de estudiante de
gramática latina, cuando, para asistir a clase en la parroquia del Vilar, debía atravesar
el lugar de Troncoso. En el cami no advierte que “del manantial del Saidoiro salía por
entre la arena de su suelo gran cantid ad de burbujas o bombillas. Este fenómeno
140 RUBIÓ, P.Mª. 1853.
141 En la transcripción de los documentos insertos en esta tesis se respetará la grafía de los originales, evitando
señalar los errores ortográficos y gramaticales, o la s expresiones que no corresponden a nuestra gramática
actual, con repetidos sic que podrían hacer bastante tediosa su lectura.
142 MADOZ, P. Tomo XI. 1848: 485.
143 A. VICENTI: “El antiguo Mondariz”. Mondariz . 1915, nº 7. Pág. 135.
67
llamó altamente su atención, y deteniéndose corto tiempo a meditarlo, se decidió a
probar el agua” 144 . El párroco, que era aficionado a la medicina y acostumbraba a
preparar remedios conocidos por los habi tantes de la comarca, comprueba la
eficacia de las aguas de Mondariz tras aconsejar su ingesta a un enfermo del
estómago, decidido a tomar las de Monzón como último recurso. Ante el buen
resultado de la prescripción, envía unas botell as al farmacéutico de la cercana villa de
Puenteareas para verificar las propiedades del agua con el análisis químico. Éste es,
probablemente, el verdadero origen de las aguas de Mondariz en el siglo XIX 145 ,
como, por otra parte, confirma la instan cia dirigida por el propio Domingo Blanco
al Ayuntamiento de Mondariz en 1870 146 . La revista Mondariz refería una versión un
tanto diferente, según la cual, el párroco había decidido recoger unas muestras de las
aguas y llevarlas a analizar, tras observar cómo un perro se curaba en la charca
llamada de Uhagón 147 . Esta historia encaja con las narraciones habituales referidas al
origen de las fuentes medicinales, que asoci aban su hallazgo, a modo de leyenda casi
mítica, con la curación de los lugareños o de algún animal que se acerca a las aguas
guiado por su instinto.
Domingo Blanco, con el apoyo del obispo de Tuy, Telmo Maceira, que
obtiene la confirmación de la efectividad de las aguas de dos profesores de esta
ciudad, acuerda el análisis de las aguas de la fuente de Troncoso por los doctores de
la Universidad de Santiago, Antonio C asares y Maximino Teijeiro, en 1864. En 1870
el párroco seguía ocupándose de la fuente sin obtener ayuda alguna 148 y, suspendido
su sueldo de párroco durante la regenc ia de Serrano, decide cobrar un pequeño
impuesto sobre las botellas que se rellenaba n en el manantial. Para ello, solicita
autorización en una instancia dirigida al Ay untamiento de Mondariz el dos de junio
de 1870, alegando su trabajo de canalizac ión, cuidado y divulgación de las aguas 149 .
144 TABOADA LEAL, N. 1877: 175.
145 Gerardo Álvarez Limeses ofrece la misma versión en su Geografía del reino de Galicia . ÁLVAREZ LIMESES,
G. 1936: 694.
146 Reproducida en “Historias de la fuente de Troncoso”. La Temporada, 1905, nº 1.
147 H. ARRANGUIZ:“Mondariz Antiguo”. Mondariz, 1921, nº 44, pág. 861.
148 Así consta en la certificación del secretario de la Di putación de Provincial de P ontevedra reproducida en el
folleto Las aguas de Mondariz. Historia s de la fuente de Troncoso (1902), “según la cual no figura en las cuentas
municipales de Mondariz, ni como ingreso ni como gasto, partida alguna que en los años 1862 a 1873 se
refiera a las aguas minero-medicinales de Troncoso, y tampoco en el concepto de Propios del Ayuntamiento”.
Las aguas de Mondariz. Historia s de la fuente de Troncoso . Est. Tip. Suc. de Rivadeneyra, Madrid, 1902, pág. 51.
149 “Historias de la fuente de Troncoso” La Temporada, 1905, nº 1.
68
Origen del balneario de Mondariz. CAPÍTULO I.2
Con ello se refería el párroco a la im presión de unas 200 copias del certificado
expedido por los catedráticos que analiz aron las aguas, que atrajo a los primeros
agüistas. Gracias a la colaboración de éstos, emprende la limpieza de los accesos al
manantial y la construcción de una rudime ntaria fuente y una piscina en la que
cabían unas ocho personas. Además, mejora la captación del manantial con una
arqueta provista de caño, empleando una pi edra de molino y otra labrada para la
cubierta 150 . En estos años comienzan a construirse las primeras casas destinadas a
albergue. Uno de los más antiguos agüist as de Mondariz recordaba que en 1868 el
párroco era la única persona que se ocupaba del manantial. Todas la tardes acudía a
Troncoso para construir las escaleras que ba jaban al manantial y pedir a los usuarios
de la fuente una contribución que consistía, según este testig o, en la cantidad de diez
pesetas 151 .
El Ayuntamiento remite la solicitud de Domingo Lage a la Diputación
provincial, que accede a su petición, orde nando al Ayuntamiento que invierta el
capital obtenido de la exportación de bote llas en la conservación de la fuente,
considerada de uso público. A partir de entonces, el Ayuntamiento empieza a
intervenir en los asuntos concernientes al manantial, arrendando su administración,
y esto será el origen de los futuros enfr entamientos con los hermanos Peinador por
la propiedad del mismo 152 .
I.2.2. Los fundadores
Las fuentes consultadas se contradicen en su versión acerca del descubrimiento de
las aguas termales de Mondariz por Enrique Peinador. La versión más repetida en
La Temporada y en Mondariz , es que éste conoce la existencia de la fuente de
150 Según una guía del Establecimiento publicada en los años cuarenta, estas obras se emprenden años antes
del análisis de las aguas, entre 1858 y 1862. Aguas de Mondariz de hijos de Peinador S.A . F. Mateu, Madrid . 1942:
3-4.
151 “Recuerdos, Á Don E. Comber”. La Temporada , 1906, nº 11.
152 “Audiencia territorial de La Coruña. Secretaría de l licenciado Botana. Pleito por el Ayuntamiento de
Mondariz con D. Sabino Enrique y D Gumersindo Ramon Peinador Vela sobre la propiedad de la fuente
minero-medicinal de Troncoso y monte Saidoiro en Mondariz. Sentencia nº veinticuatro”. La Temporada ,
1905, nº 7.
69
Troncoso gracias a los impresos que ma ndara publicar Domingo Blanco Lage.
Entonces, animado por los diputados pr ovinciales Ignacio Alcalde (vecino de
Puenteareas) y José Cuevas, conocedores de las aguas y del mal estado de la fuente,
concibe la idea de explotar sus aguas y cons truir un balneario. Para ello uniría el
manantial de Troncoso con el de Gándara, situado en el barrio de San Pedro, cuya
existencia constaba en los tratados de Ru bió y Madoz, pero fue “redescubierto” por
Enrique Peinador en 1872 153 . Otra versión informa con más detalle de que Enrique
Peinador llega a Mondariz el 8 de julio de 1870, como Dir ector interino de la fuente
de Troncoso y redescubre el manantial de Gándara en 1871 154 . En cambio, la más
fidedigna es la que consigna el médico dir ector del balneario, Isidro Pondal, en la
memoria anual de 1877, según la cual Enri que Peinador descubre el manantial de
Gándara en 1872 uno de sus recorridos por la cuenca hidrográfica de la comarca,
acompañado de un ingeniero, probablem ente el ingeniero de minas Isidoro
Sebastián Buceta 155 . Con la colaboración del médico hidrólogo Isidoro Casulleras
examinan las fuentes y determinan las propiedades de las aguas 156 . En 1872 el
manantial, junto a los terrenos en los que se situará el Establecimiento, fueron
adquiridos por la familia Peinador, los dos hermanos y su madre. Aunque intentan
formar una sociedad con personalidades “de Vigo y de Pontevedra altamente
calificadas en la banca, en el comercio y en la política”, ninguno acepta la propuesta.
La documentación que corresponde a los prim eros años de la empresa se refiere a
los propietarios como “Sra. Viuda e H ijos de Peinador” al menos hasta 1894 157 , ya
que dos años después en La Temporada aparece sólo “Hijos de Peinador”. El 22 de
febrero de 1873 el abogado Ramón Peinador , hermano de Enrique, solicita permiso
para la creación de un establecimiento te rmal en el terreno de su propiedad donde
brotaba el manantial de Gándara, así como la concesión del manantial de Troncoso,
cuyas aguas poseían mismas propiedades 158 . Bajo la dirección del químico Fausto
153 “Don Enrique Peinador Vela”. Mondariz . 1917, nº 28. Pág. 560.
154 A. VICENTI: “El antiguo Mondariz”. Mondariz . 1915, nº 7. Pág. 138.
155 Ibídem
156 ISIDRO PONDAL: “Memoria sobre las aguas bi carbonatado-sódicas de Mondariz. Año de 1877”.
Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid. (Caja 2781, nº 17).
157 UN CURIOSO: Guía General de la Provincia de Pont evedra: Hª, monumentos, usos del país . 1894: 31.
158 “Audiencia territorial de La Coruña. Secretaría de l licenciado Botana. Pleito por el Ayuntamiento de
Mondariz con D. Sabino Enrique y D Gumersindo Ramon Peinador Vela sobre la propiedad de la fuente
70
Origen del balneario de Mondariz. CAPÍTULO I.2
Garagarza, catedrático de la Universidad de Santiago, que realiza el análisis
cuantitativo y comparativo de las dos fuen tes, se inician las obras de captación.
FIG. 4 Documento en que las
aguas se declaran de utilidad
pública reproducido en L
a
Temporada con motivo de las
“bodas de oro” del balneario.
[
La Temporada
, 1923, n
º
]
minero-medicinal de Troncoso y monte Saidoiro en Mondariz. Sentencia nº veinticuatro”. La Temporada ,
71
Lo que es seguro es que las aguas de los dos manantiales de Mondariz son
declaradas de utilidad pública por decreto del Gobierno de la República el 16 de
junio de 1873, a petición de los hermanos Peinador 159 . Condición indispensable para
crear un establecimiento termal de la que carecían las aguas de Troncoso a pesar de
su antiguo uso, con lo que partir de ese momento pasan a ser de dominio privado de
los Peinador por concesión administrativa 160 . Enrique Peinador, junto a su hermano
Ramón, inicia la adquisición de los terre nos adyacentes a ambas fuentes. El terreno
llamado Saidoiro, en el margen izquier do del Tea, donde brota la fuente de
Troncoso, fue adquirido en 1886 161 . Ésta no fue tarea fácil, a largo de muchos años
tuvieron que enfrentarse a multitud de pr oblemas interpuestos por el Ayuntamiento
y otros “hombres políticos que no podían recelar en ellos ninguna clase de
competencia o rivalidad, les opusieron du rante largos años toda especie de
obstáculos” 162 . Hay que destacar, sin embargo, que los Peinador contaban con la
amistad de las dos personalidades más pod erosas de la provincia: Eugenio Montero
Ríos, uno de los principales apoyos de Enrique Peinador al comienzo de su
empresa 163 , y el marqués de Riestra, empa rentado con la familia Peinador 164 , hábil
“sorteador” político que se mueve entre liberales (actúa de mediador entre Montero
Ríos y su rival en el seno del Partido Libera l, el marqués de la Vega de Armijo), con
la protección de los políticos conservadore s González Besada y Bu gallal. A pesar de
lo cual, tanto las publicaciones del balnea rio como los testimonios de los agüistas
plasmados en el Álbum de Honor del es tablecimiento, dejan constancia de los
muchos inconvenientes que debieron afront ar, principalmente causados por los
1905, nº 3.
159 Publicado en la Gaceta el 18 de junio de 1873. “Mondariz en sus bodas de oro”. La Temporada , 1923, nº 2.
160 “Informe pronunciado en el pleito sobre reivindica ción de las aguas minerales de Troncoso (Mondariz) en
defensa de los Sres. D. Gumersindo Ramón y Enrique Peinad or, ante la sala de lo civil de la Audiencia de La
Coruña, los días 17 y 20 de enero de 1905 por D, Daniel Suárez Fernández, abogado de los colegios de
Coruña y Cádiz”. La Temporada , 1905, nº 8.
161 “Audiencia territorial de La Coruña. Secretaría de l licenciado Botana. Pleito por el Ayuntamiento de
Mondariz con D. Sabino Enrique y D Gumersindo Ramon Peinador Vela sobre la propiedad de la fuente
minero-medicinal de Troncoso y monte Saidoiro en Mondariz. Sentencia nº veinticuatro”. La Temporada ,
1905, nº 2.
162 A. VICENTI: “El antiguo Mondariz”. Mondariz . 1915, nº 7. Pág. 138.
163 Ibídem
164 El 10 de julio de 1898 La Temporada publica la noticia de la muerte en su quinta de Caeira (Pontevedra)
de Micaela López, viuda de Riestra, y pariente muy cercana de los Peinador”. La Temporada , 1898, nº 3.
El 30 de septiembre de 1910 Isidora Peinador, hija de Ramón Peinador Vela, se casa en la capilla del
balneario con Vicente Riestra Calderón, segundo hijo de los marqueses de Riestra. “Cosas de Aquí”. 1910, nº
18.
72
Origen del balneario de Mondariz. CAPÍTULO I.2
Ramón participó activamente, al igual que su hermano, en varias iniciativas
culturales y políticas. La Temporada lo caracterizó por su “encendido sentimiento
romántico que le acompañó hasta la muer te, ciudadano de arraigadas convicciones,
hombre de su tiempo, guardó fidelidad inconmovible al credo político que abrazó
en sus años mozos” 185 . Este mismo carácter comprometido y apasionado, es
elogiado por José Rodríguez Martínez –e l célebre “médico Rodríguez”, miembro del
grupo de republicanos federalistas liderados por Alfredo Vicenti–, en la dedicatoria
que deja en el Álbum de Honor del establecimiento en 1898. En ella, tras alabar el
buen trabajo de Enrique Peinador, se refi ere a su hermano como “mi queridísimo, el
idealista Ramón, íntimo, fraternal, corre ligionario, espíritu abierto a todas las
grandezas y generosidades, confidente y acompañante...”.
FIG. 7 Última página de la dedicatoria del Médico Ro dríguez en el Álbum de Honor del Establecimiento e
l
11 de octubre de 1898 [Archivo de Aguas de Mondariz]
La actividad de los Peinador debe inclui rse en el ambiente de la Pontevedra
decimonónica, que era entonces uno de los prin cipales focos de la política, la cultura
y la intelectualidad gallega 186 . Como afirma Xose Ramón Barreiro:
185 Fallece en Pontevedra el 16 de octubr e de 1928. “Don Ramón Peinador Vela”. La Temporada , 1929, nº 1.
186 La vitalidad de Pontevedra durante el siglo XIX se refl eja tanto en la proliferación de la prensa (se editan
un total de 127 periódicos) y en la creación de in stituciones como los Centros Artesanos, Colegios
Profesionales, Liceo, Casino, Liceo Recreativo de Artesanos, Sociedad de Juegos Florales, Sociedad de
Amigos del Progreso, Sociedad Arqueológica, Socied ad Económica de Amigos del País, así como varios
orfeones y Sociedades Musicales. PEREIRA FIGUEROA, M. 1982: 417-26.
79
“Pontevedra es, sin duda, la ciudad en la que existen agrupaciones más selectas que
han dejado su huella bien impresa. Nomb res como los de Indalecio Armesto, Said
Armesto, los hermanos Rodríguez Seoane, Conde Muruais, Casto Sampedro y otros,
llenan las mejores páginas escritas en la re vistas del momento. Sus casas eran lugares
de encuentro de una élite intelectual , y sus bibliotecas selectas proporcionaban
alimento a una juventud deseosa de cultura. No es casual que esta ciudad, pese a su
debilidad demográfica, pese a que no mani fiesta el crecimiento económico de otras
más prósperas sea, sin duda, la ciudad más culta de Galicia si, por supuesto,
exceptuamos Santiago” 187
La relación de los Peinador con el cí rculo pontevedrés propició, sin duda, su
preocupación por el desarrollo de la cultur a gallega, así como por la recuperación y
conservación de sus tradiciones. Este se ntimiento era compartido por otra fiel
amistad, Emilia Pardo Bazán, fundadora de la “Sociedad del Folklore Gallego” en
La Coruña en 1884 188 . J.A. Durán afirma que años antes de la creación de la
Sociedad coruñesa, esta nueva sensibilidad “estaba en Galicia moi afincada en
distintos círculo intelectuais de élite, por gracia de Murguía e de Vicenti sobre
todo” 189 . Existe, sin embargo, una diferencia entre la postura eminentemente
culturalista de la escritora y los Peinad or, cuyo interés por los estudios sobre
etnografía y el folclore provenía, en buen a medida, de la inquietud nacionalista por
reafirmar una identidad gallega. Prueba de ello es la constante vinculación de los
hermanos Peinador con algunos de los prin cipales representantes del galleguismo, y
muy especialmente con Manuel Murguía. La vinculación de la fa milia Peinador con
el ambiente cultural y político del galle guismo se pone de manifiesto desde los
primeros años y será continuada por En rique Peinador Lines, hijo de Enrique
Peinador Vela, en quien recae la di rección del establecimiento en 1907.
187 BARREIRO FERNÁNDEZ X. R. 1983-II: 228.
188 Miembro de esta Sociedad fue Fanny Garrrido , otra de la habituales colaboradoras de La Temporada .
189 DURÁN, J. A. 2001-II: 247.
80
Origen del balneario de Mondariz. CAPÍTULO I.2
FIG. 8 Isidro Pondal
[ Gaceta Balneológica 1900 ]
FIG. 9 Isidro Pondal
[ Galicia 1 de enero de
1909 ]
En estrecha colaboración con los propietario s, debe señalarse la labor de Isidro
Pondal Abente, primer médico director de l balneario. El médico director, como
delegado del gobierno, era la autoridad su perior del establecimiento, y se ocupaba
no sólo de la parte facultativa, sino de las cuestiones de policía e higiene. Las
publicaciones de la época hacen extensivos al médico los elogios dedicados a la
labor de los hermanos Peinador 190 . Al igual que Enrique Peinador, estudia Medicina
en la Universidad de Santiago de Com postela, donde se licencia en 1866, y es
investido Doctor tres años más tarde 191 . En 1874 oposita al cuerpo de Médicos de
Baños, consigue el segundo lugar y elige como destino el recién creado balneario de
Mondariz, según La Temporada “previendo la gran im portancia que llegarían a
190 En las páginas que Nicolás Taboada Leal dedica a Mondariz en su Hidrología Médica de Galicia , insiste en la
adecuación del recién nombrado Isidro Pondal para su cargo: “Profesor dignísimo que a su reconocida
ilustración reúne otras excelentes circunstancias que le recomiendan bastante para el exacto desempeño de
este destino. Sabemos que animado de un laudable celo coadyuva a favorecer los buenos deseos y plan
preconcebido del Sr. Peinador propietar i o d e l a f u e n t e d e l a G á n d a r a , y que ambos de consuno se esfuerzan
en dotar a aquél establecimiento de las mejoras y co modidades necesarias, proponiéndose además emprender
otras obras de mayor importancia hasta elevarlo a un gr ado de prosperidad y esplendor semejante al de otros
establecimientos de la misma clase”. TABOADA LEAL, N. 1877: 175.
Emilia Pardo Bazán dedicaba nuevos elogias al doctor Pondal en 1898:
“... hombre de sagacísima y certera obser vación, de estudio grave, de experien cia insustituible para esas aguas,
en las cuales lleva ejerciendo creo que veinte años. Mi afición a la medicina me ha hecho conocer a muchos
doctores ilustres, en cuya conversación encuentro siem pre gusto y enseñaza; por eso me he acostumbrado a
discernir al médico alto vuelo, y di go que lo es Isidro Pondal y que me rece la frase que el universalmente
renombrado Durand Fardel, lumbrera de la ciencia fr ancesa, pronunció en Vichy cuando le enseñé un
directorio trazado por otro gran médico español, Pérez Co stales: ‘Señora, teniendo en su patria de usted estos
doctores, no creo que sea sino galantería el consultarme a mí”.
E. PARDO BAZÁN: “La vida contemporánea. Mondariz” La Ilustración Artística . Barcelona, 22 de agosto de
1898. Artículo reproducido en Las aguas de Mondariz. Album-Guía . 1899: 30-3.
191 “Establecimiento de Aguas Bica rbonatado-Sódicas de Mondariz”. Gaceta Balneológica. 1900.
81
alcanzar estas aguas por su gran alcalinidad” 192 . Socio fundador de la Sociedad
Española de Hidrología Médica 193 , publicó varios trabajos sobre las aguas de
Mondariz. Isidro Pondal será médico di rector del balneario desde 1876 hasta 1917,
(a partir de 1906 con la ayuda de Casimiro Torres, médico de baños y catedrático de
la Universidad de Santiago 194 ). La Temporada afirma que deja el cargo debido a “un
cansancio invencible, desde el mismo año en que falleció el fu ndador D. Enrique
Peinador, con quien, lo mismo que con nues tro Don Ramón, le un iera, a través de
sus vidas paralelas un firme, constante y fraternal afecto” 195 . En 1918 el doctor
Camilo Pintos Reino toma la dirección 196 que, renunciando a la exclusividad
demostrada por Isidro Pondal a Mondariz, alterna con la de otros establecimientos
balnearios, hasta que en 1926 el doctor Ra món Llord y Gamboa ocupa la vacante de
médico director producida por el fallecimiento del doctor Pondal 197 , aunque al año
siguiente le sucede el doctor Celestino Compaired 198 .
No hay constancia de que el doctor Pondal 199 compartiese las inquietudes
galleguistas de los Peinador. Este compromiso fue, en cambio, evidente en su nieto,
el célebre químico y geólogo Isidro Parga Pondal 200 que, casado con Avelina
192 Isidro Pondal Abente, primo del poeta Eduardo Pond al, nace en Laxe (A Coruña) el 30 de abril de 1843.
En 1879 se casa con Teresa Araoz, con la que tiene una hija, Matilde, madre del geólogo Isidro Parga Pondal.
Fallece en Santiago el 30 de julio de 1925. “D on Isidro Pondal Abente. Datos biográficos”. La Temporada ,
1925, nº 10.
193 Gran Enciclopedia Gallega . Tomo XXIV, pág. 38.
194 “Cosas de Aquí”. La Temporada, 1906, nº 13.
195 “Don Isidro Pondal”. La Temporada, 1925, nº 9.
196 Camilo Pintos Reino nace en Santiago en 1867. Es Médico-Director de Baños por oposición desde 1894,
tuvo plaza en el balneario de Cuntis (Pont evedra) y en el de Arteixo (La Coruña).
197 “Dr. D. Ramón Llord y Gamboa. Dir ector del Establecimiento balneario”. La Temporada, 1926, nº 1.
198 “Dr. D. Celestino Compaired”. La Temporada, 1927, nº 1.
199 Isidro Pondal era primo del poeta Eduardo P ondal uno de los princi pales protagonistas del
“Rexurdimento” junto a Rosalía de Castro y Curros Enríquez.
200 Isidro Parga Pondal nace en Laxe el 17 de diciembr e de 1900. Licenciado en Ciencias Químicas en Madrid.
Es profesor del Facultad de Ciencia de la Univer sidad de Santiago de Compostela. Con una beca de
ampliación de estudios realiza estadías en Zurich en 1929, donde se inicia en la Geología. A su regreso, en
1931, la Comisión de publicación de la Real Sociedad Española de Física y Química le otorga el premio
“Alonso Barba” por sus notas sobre Geoquímica de la región gallega. Fue uno de la fundadores del Seminario
de Estudios Galegos. Cuando estalla la Guerra Civil en 1936, es separado de su puesto de profesor en la
Universidad de Santiago. Se retira a Laxe, donde cr ea un Laboratorio geológico que obtendrá un notable
reconocimiento en Europa. En 1983 fue investido doctor honoris causa por la Universidad de Santiago de
Compostela. Murió en Laxe en 1985.
“Estudios en el extranjero. El doctor Parga Pondal”, La Temporada , 1929, nº 8.
“Noticias”, La Temporada , 1931, nº 3
VIDAL ROMANÍ, J.R. 1974: 38-39.
82
Origen del balneario de Mondariz. CAPÍTULO I.2
Peinador, una de las hijas de Enrique Peinador Lines 201 , dirige un laboratorio de
análisis clínicos en el balneario desde 1927 202 junto al que será su cuñado, José
García Blanco, catedrático de Fisiol ogía en la Universidad de Santiago 203 . Isidro
Parga colaboró en la creación del Seminario de Estudios Galegos y, junto a Isidro
Pericot, impulsor de la investigación arque ológica gallega, dirige las excavaciones de
los castros de los alrededores de Mondariz-Balneario entre 1928 y 1929 204 .
FIG. 10 Isidro Parga Pondal y Avelina Peinado
r
Lines el día de su boda cel ebrada en el balneario de
Mondariz [ La Temporada 1925 nº 3 ]
201 “Notas locales”. La Temporada , 1925, nº 2.
202 “La evolución moderna de los análisis clínicos”. La Temporada , 1927, nº 5.
203 José García Blanco se casa con Georgina Peinador el 6 de julio de 1928. “La boda de Cuca Peinador y el
Doctor García Blanco”. La Temporada , 1928, nº 6.
204 “Castros de los alrededores de Mondariz-Balne ario. Exploraciones en el Castro de Troña”, La Temporada ,
1928, nº 8.
“La Citania de Troña”, La Temporada , 1929, nº 11.
83
84
I.3. PERIODIZACIÓN
“Mondariz es una época en la historia de Galicia y de España” 205
RAMÓN OTERO PEDRAYO
Obtenida la declaración de utilidad púb lica y el permiso de construcción de los
edificios necesarios, la empresa de los Peinador, Aguas de Mondariz. Establecimiento
minero-medicinal de los Señores Hijos de Peinador , inicia su andadura. El balneario de
Mondariz es una entidad con un carácter propio, formada por las particularidades
con las que se revisten los rasgos comunes de la fantasmagoría balnearia señalados.
Es decir, el balneario de Mondariz, como objeto inserto en un tiempo y un espacio
determinados que trascienden el ámbito gallego, responde a unas características
generales que conforman su carácter tant o como la realidad inmediata que lo
origina, y le conceden su es pecificidad. Esta realidad se refiere inevitablemente a los
factores económicos, sociales y culturales que lo rodean en el contexto gallego de
finales del siglo XIX y principios del XX y, fundamentalmente, a las intenciones y
actitudes de sus propietarios. Estas intenc iones, en buena medida condicionadas por
la fantasmagoría que planea inevitablement e sobre la creación del balneario, se
proyectan en su realización fí sica, y se prefiguran en las publicaciones del balneario,
que ponen de manifiesto ambos elementos: el imaginario y el real. Ellas serán las
principales fuentes de información en es te capítulo, en el cual se pondrá de
manifiesto el “carácter” del balneario de Mondariz desde su evolución como
empresa y los factores que intervienen en ello.
205 OTERO PEDRAYO, R. 1945: 309.
85
Para concretar su estudio se han diferenc iado tres períodos en el desarrollo del
balneario que, como veremos, se distin guen perfectamente en su crecimiento
arquitectónico, estableciendo una relación en tre este proceso y los cambios que se
producen en la institución y sus actores.
86
Periodización. CAPÍTULO I.3
I.3.1. 1873-1898: consolidación del balneario
Aunque el balneario de Mondariz nace como un establecimiento modesto, los
propietarios aspiran desde un principio a c onvertirlo en un gran balneario. En 1877
Nicolás Taboada señala la intención de Enrique Peinador de “dotar a aquel
establecimiento de las mejoras y comodi dades necesarias, proponiéndose, además,
emprender otras obras de mayor importanc ia hasta elevarlo a un grado de
prosperidad y esplendor semejante al de otros establecimientos de la misma
clase” 206 . La Guía de Galicia (1883), de Cesáreo Rivera y Víctor M. Vázquez, repetía
esta misma idea:
“El actual propietario de las de la Gá ndara ha proyectado grandes obras que, una
vez ultimadas, levantarán a Mondariz ha sta la altura de que es digno por la
comprobada condición medicinal de estas aguas. Tal hemos oído decir y creemos,
porque dicho señor propietario, merced a su actividad ha hecho que las aguas de
Mondariz sean hoy conocidas, sobre todo en España, casi tanto como sus rivales las
de Vichy y Spá.” 207
Los esfuerzos de esta primera etapa se diri gen, lógicamente, a consolidar la empresa
y a trazar una línea de desarrollo que la oriente hacia un tipo de termalismo
determinado: un termalismo de élite. El tipo de servicios con los que se dota al
balneario en este período, inicialmente reducidos a los básicos de alojamiento y
tratamiento, pronto se amplían con espaci os de ocio que cobr an una importancia
considerable.
En estos años de consolidación, los elemento s a partir de los cuales se instituye la
imagen de la empresa, y los que la fundamen tan, son la calidad de las aguas y de la
afluencia. De manera que los mayores esfuer zos en esta etapa se centran en acreditar
la excelencia de ambas. En esta tarea será fundamental el semanario La Temporada en
206 TABOADA LEAL, N. 1877: 175.
207 RIVERA C./VÁZQUEZ V.M. 1883.
87
Mondariz que, junto a la publicidad en la prensa y otros folletos informativos 208 , es el
principal órgano de difusión del establecimiento.
FIG. 11 Publicidad del balneario c. 1890 [Archivo de Aguas de Mondariz]
208 La primera publicación del balneari o que hemos localizado se encuentra en la Biblioteca Nacional. Se trata
de un modesto folleto de cuatro páginas titulado Aguas bicarbonatado-sódicas de Mo ndariz. Fuentes de Gándara las
más alcalinas de España publicado en 1879.
88
Periodización. CAPÍTULO I.3
FIG.17 Muelles situados en la parte
trasera de la fuente de Gándara.
[ Mondariz 1916 nº 19]
I.3.1.2. Agüistas
“A Mondariz, milagroso para el estómago, afluyen nuestros ‘ilustres enfermos’, los
descalabrados de las letras, de la política y del arte. Si deseáis conocer, sorprender en
su vida diaria a los escritores españoles del renombre, a los políticos de talla, á
Mondariz. Por allí ha desfilado en pocos años lo escogido de la inteligencia española” 230
EMILIA PARDO BAZÁN
“Oía decir: ‘Aparte Mondariz, que es un mode lo, en España es imposible estar en un
balneario’. Durante los veranos no se oía ha blar más que de Mondariz. En mi familia
todo el que estaba algo delicado bebía agua de Mondariz” 231
DR. DECREF
A pesar de la modestia de l as primeras instalaciones (como se describe en el capítulo
II.2), Mondariz tuvo prácticamente desde su origen una importante clientela.
Además de las aguas, los agüistas constituyen en estos años un reclamo primordial.
Lo importante, en este caso, no es tanto el dato cuantitativo como el cualitativo, es
229 A. VICENTI: “El Mondariz actual”. Mondariz, 1915, nº 7, pág. 151.
230 E. PARDO BAZÁN: “La vida contemporánea. Mondariz” en Las aguas de Mondariz. Álbum-Guía. 1899: 30-
3 (originalmente en La Ilustración Artística . Barcelona, 22 de agosto de 1898).
231 De un articulo escrito por el Dr. Decref que visita el balneario en 1916, invitado por Enrique Peinador
Vela, quien deseaba que se ocupase de la dirección del nuevo sanatorio.
DR. DECREF: “In memoriam”: Mondariz, 1918, nº 29, pág. 595.
95
decir, el tipo de agüista que atraía el establecimiento y, sobre todo, cómo se
divulgaban y utilizaban sus nombres.
El sucesivo recuento del número de agüis tas muestra cómo se multiplica en la
década de los ochenta: en 1873 acuden 52 enfermos, mientras que en 1883 la
concurrencia anual era de 600 232 . Todavía se trataba de una cifra relativamente
modesta, ya que ese mismo año el balneario de Lugo, gracias a la apertura de la línea
de ferrocarril A Coruña-Palencia, recibía unos 2500 agüistas 233 . Diez años después,
en 1894, Mondariz es, junto al ba lneario de Cuntis (1681 agüistas) 234 , el más
concurrido de la provincia de Pontevedra con 1960 agüistas, según registra el
médico director en su memoria anual 235 : 1864 “enfermos de la clase acomodada”, 83
“de la clase pobre” y 13 “de la clase de tropa” 236 . Esta cifra se dobla en los años que
rodean la construcción del Gran Hotel. La prensa recoge en imágenes las largas
colas se formaban para beber las cada día más celebres aguas de Mondariz.
FIG.18 Cola que formaban
los agüistas en el manantia
l
de Troncoso en 1897
[ Galicia Moderna 1897 nº 11]
232 RIVERA, C./ M. VÁZQUEZ, V. 1883: 131.
233 FERNÁNDEZ FERNÁNDEZ, X. 1996: 209.
234 Un Curioso: Guía general de la provincia de Pont evedra: Hª, monumentos, usos del país.
235 ISIDRO PONDAL: “Memoria sobre las aguas bi carbonatado-sódicas de Mondariz. Año de 1894”.
Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid. (Caja 2829, nº 15).
236 La Ley obligaba a proporcionar baños a los “pobres de solemnidad”, justificada c on el certificado oficial
preciso, y “por la cuarta parte del precio”, a los militares.
“Memorial” en Las aguas de Mondariz. Álbum-Guía. 1899: 69.
96
Periodización. CAPÍTULO I.3
La memoria médica de 1898 registra 2644 agüistas, (2542 “acomodados”, 94
“pobres” y 8 de “tropa” 237 ), sin embargo, otras fuentes de la época señalan que
Mondariz acoge ese año a 5.600 personas, fr ente a las 1.152 de la Toja o las 984 de
Caldelas de Tuy, los dos que le seguían más de cerca 238 . El lisboeta Jornal do Comercio
aseguraba que 6000 agüistas procedentes de varios puntos de Europa y América
habían pasado la temporada de 1898 en el balneario 239 . Alfredo Vicenti habla de
2000, y La Temporada afirmaba que el número de enfermos que anualmente
concurrían a Mondariz estaba entre 2000 y 3000, cifra que se doblaba con los
acompañantes y los turistas 240 , más próxima a los datos apuntados por el doctor
Pondal, y que siguen situando al balneario a la cabeza 241 . Esto lo convertía en el
establecimiento hostelero más importante de toda Galicia, si bien es preciso señalar
que Mondariz tenía la temporada oficial más larga: mientras que en la mayoría de los
balnearios empezaba el 1º de julio y term inaba el 30 de septiembre, en Mondariz lo
hacía desde el 1º de junio hasta el 6 de octu bre, y en los meses de mayo y octubre, al
menos desde 1912, se mantenía abierto uno de los hoteles secundarios del
establecimiento, el llamado número cinco.
Uno de los requisitos que una clientela distin guida exigía a las aguas termales era su
“conveniencia”. Como atestigua Emilia Pard o Bazán, algunas estaban socialmente
mejor consideradas que otras:
“...entre las aguas minerales las hay que es honroso beber, y las hay que es
sospechoso y denigrante... No he de especifi car estas últimas, líbreme Dios, por lo
mismo que su nombre, virtudes y efectos es tán en la memoria y en la mente de
todos; pero al frente de las primeras, de las que viste bien tomar y necesitar, figuran las
bicarbonatado-sódicas –Vichy, Mondariz–. Sin afirmar que sólo acuda a estas fuentes la
240
MARTÍNEZ CARRILLO, F/MIGUEL y PAREDES, E. de 1904: 23-24.
ISIDRO PONDAL: “Memoria sobre las aguas bi carbonatado-sódicas de Mondariz. Año de 1898”.
Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid. (Caja 2843, nº 12).
237
BLANCO VILA, L. 1978: 165.
238
“Mondariz”. Jornal do Comercio . Lisboa, 6 de junio de 1899.
239
“Mondariz y las industrias auxiliares”. La Temporada , 1898, nº 2.
241 A. VICENTI. “Mondariz” La Ilustración española y americana . 22 de junio de 1899.
97
gente de entendimiento, de verdadera activida d cerebral y de alta cultura, digo que en
ellas siempre la he visto en mayoría” 242
Algunos cronistas afirmaban que “el amor que le tienen los portugueses” y “la
predilección con que a él acuden los intelectuales”, eran los dos rasgos esenciales del
balneario de Mondariz 243 . Ya en 1888, cuando apenas contaba con una sencilla
fonda, Emilia Pardo Bazán identificaba M ondariz con la moderna alternativa a los
“regios monasterios en que se realizaba el ideal de Fray Luis de León, de vida ritma
y contemplativa” para “la flor y la nata de España y Portugal” 244 . Diez años más
tarde, inaugurado el Gran Hotel, La Temporada afirmaba que la mayoría de los
agüistas procedían de “grandes centros de pobl ación, en donde el predominio de la
vida intelectual suele alterar el funcionami ento de la vida orgánica y pertenecen en
su mayor parte a las clases acomodadas y cultas. Están pues acostumbrados a la
comodidad” 245 . En el capítulo I.1. se ha precisado el perfil urbano de la mayoría de
los usuarios de este tipo de es tablecimientos. Los artículos de La Temporada
confirman este perfil y difunden el agüis ta tipo que desean atraer. Empleando los
argumentos analizados en el capítulo I.1, inciden en la idoneidad del balneario en el
campo como lugar privilegiado para que l as acomodadas clases urbanas recuperen la
salud. La presentación de la naturaleza como antídoto a sus males es habitual en los
artículos dedicados a termalismo o a tera pias coadyuvantes, como la “aeroterapia”:
“Es de notar que las perturbaciones comunes en las clases pudientes y que piden este
género de cura, aunque originadas de lo que se llama sedentariedad excesiva, no
provienen tanto de la falta de ejercicio, como de la permanencia en lugares y medios
viciados por respiraciones numerosas. Poca defensa tienen contra este peligro las
damas de la alta y media sociedad, siempre re unidas en iglesias, teatros y salones, y las
cuales por añadidura suelen pasear en si tios insanos donde acumulan caballos y
coches enrareciendo o infestando el ambiente. En cambio, los hombres que creen
242 E. PARDO BAZÁN: “La vida contemporánea. Mondariz” en Las aguas de Mondariz. Álbum-Guía. 1899: 30
(originalmente en La Ilustración Artística . Barcelona, 22 de agosto de 1898).
243 J.R.C: “Los grandes balnearios de España: Mondariz”. Revista comercial Ibero-Americana , 1905 pág. 535
[Álbum de prensa del balneario. Archivo de Aguas de Mondariz]
244 PARDO BAZÁN, E.: “Mondariz (par a el álbum del señor Peinador)”. Galicia Moderna. Semanario de intereses
generales . La Habana. 1888, año IV, nº 182, p.2.
245 “Mondariz y las industrias auxiliares”. La Temporada , 1898, nº 2.
98
Periodización. CAPÍTULO I.3
procurarse esa defensa en la esgrima y la gi mnasia (..) que al aire libre producirían
resultados excelentes, se cultivan en las ciudades, dentro de locales reducidos y
angostos, cuyas detestables condiciones hi giénicas lejos de anularse, se agravan
después de concluidos los asaltos o lecciones con el empleo intempestivo de la
ducha.
A todos ellos, damas del gran mundo, políticos amarrados al bufete, escritores
sometidos a violenta producción cerebra l, hombres de casino y hombres de
negocios, importa tanto como a los niños raquíticos y a los adultos caquécticos
buscar la compensación y la regeneración en las curas de aire” 246 .
FIG.19 Dedicatoria de
Emilia Pardo Bazán en e
l
Á
lbum de Honor de
l
Establecimiento el 24 de
septiembre de 1887
[Archivo de Aguas de
Mondariz]
FIG.20 ültima página de la
dedicatoria de Emilio
Castelar en el Álbum de
Honor del Establecimiento
el 6 de septiembre de 1892
[Archivo de Aguas de
Mondariz]
99
246 “Curas de aire”. La Temporada, 1898, nº 2.
El aumento de la concurrenc ia en los primeros años se debe tanto a la creciente
popularidad de las aguas embotelladas como a las buenas relaciones de Enrique
Peinador en Madrid, como prueba el hecho de que diez años antes de la creación del
Gran Hotel, el Álbum de Honor del es tablecimiento, inaugurado en 1886 con una
dedicatoria del político repu blicano y krausista Nicolás Salmerón, reuniese firmas
tan célebres como la del Primer marqués de Estella, Fernando Primo de Rivera (25
de septiembre de 1887) Emilia Pardo Bazá n (24 de septiembre de 1887), J. de
Monasterio (16 de agosto de 1887), Gaspar Nuñez de Arce 247 (25 de agosto de
1888), Vital Aza (julio 1888), Carlos Arniches (agosto 1891) o Emilio Castelar (6 de
septiembre de 1892), entre otros miembros de la realeza y la aristocracia española y
portuguesa, como la condesa de Edla, Eli sa Hensler, mujer de D. Fernando II de
Portugal, que visita el balneario en 1887 y 1888 y su hijastro el infante de Portugal,
D. Augusto de Bragança 248 . Por otra parte, aunque no se ha localizado su firma en el
Álbum, la prensa de la época informa que en este período visitó el balneario uno de
los políticos más carismáticos de l XIX, Antonio Cánovas del Castillo 249 .
El médico director, Isidro Pondal, anotab a en sus memorias anuales el número de
agüistas, clasificados entre “enfermos de la clase acomodada” (el mayor número),
“pobres” y “de tropa”, así como su procedencia. La primera memoria,
correspondiente a la temporada de 1877, regi stra agüistas de las cuatro provincias
gallegas, Valladolid, Zamora, Madrid y Portugal 250 . En los años siguientes, hasta la
inauguración del Gran Hotel, se incorporan otras provincias españolas y la isla de
247 Emilia Pardo Bazán y Núñez de Arce coincidieron en el balneario de Mondariz en varias ocasiones. La
primera relata así los motivos por los que el escritor ac udía al balneario: “Es un mal terrible el que padece el
autor de los Gritos del combate : se llama la melena , y consiste en vómitos de sa ngre procedente del estómago.
Núñez de Arce presenta este fenómeno patológico por se gunda o tercera vez. La primera, hace años, puso ya
su vida en inminente riesgo. Salvó y acabó de conso lidar la curación en las aguas de Mondariz, para el
estómago incomparables. Allí por la mañana, en el paseít o de digestión de la linfa maravillosa, he conversado
con Núñez de Arce diariamente, largamente, adquiriendo la convicción de que el sonoro y grandilocuente
poeta es un espíritu entristeci do, pesimista y tradicionalista”.
“Un libro de Rubén Darío sobre España. La en fermedad de Núñez de Arce”, publicado en La Ilustración
Artística , nº 1.005 (1 de abril de 1901) con el título “E mbajadas. Un libro argentino. Núñez de Arce”.
PARDO BAZÁN, E. 1972: 115.
248 La condesa de Edla, su marido Fernando II y su h ijo el infante don Augusto, visitaron Royat en varias
ocasiones durante los años anteriores a la muerte de aquél en 1885.
249 J.R.C: “Los grandes balnearios de España: Mondariz”. Revista comercial Ibero-Americana , 1905 pág. 535
[Álbum de prensa del balneario. Archivo de Aguas de Mondariz]
250 ISIDRO PONDAL: “Memoria sobre las aguas bi carbonatado-sódicas de Mondariz. Año de 1877”.
Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid (Caja 2781, nº 17).
100
Periodización. CAPÍTULO I.3
Cuba, y aumenta sensiblemente el número de agüistas procedentes de Madrid y,
sobre todo, de Portugal.
FIG.21 Enfermos concurrentes
al balneario de Mondariz en 1880
[ISIDRO PONDAL: “Memoria
sobre las aguas bicarbonatado-
sódicas de Mondariz. Año de
1880”. Facultad de Medicina de
la Universidad Complutense de
Madrid, Caja 2769, nº 4]
En este primer período la afluencia por tuguesa es muy importante. Formada por
miembros de la aristocracia, del “clero, profesiones liberales, banca, comercio e
industria” 251 , además de numerosos médicos, co mponía un 25 por ciento de la
clientela del balneario, según estimaciones de Alfredo Vicenti 252 , quien escribió:
“Alguien ha dicho, metafóricamente hablando , que Mondariz es el único lugar de la
Península donde todos los años se realiza de verdad la unión ibérica. Nada más
exacto” 253 . La abundante afluencia portuguesa se debía, en gran medida, a la
facilidad del viaje desde la apertura de la vía férrea que a través del puente
internacional, inaugurado en 1886, unía la frontera entre Valença do Minho y Tuy.
El doctor Pondal refleja en sus memorias el número creciente de portugueses que
acude al balneario desde Lisboa, Porto, Co imbra, Viana do Castelo y la isla de
Madeira 254 .
Muchos diarios portugueses –entre ellos O Commercio do Porto , Século , Diario de
noticias , O Primeiro de Janeiro , cuyo propietario, Sr. Ferreir a Baltar, acudía todas las
251 “Mondariz y la colonia portuguesa” en Las aguas de Mondariz. Álbum-Guía. 1899: 58.
252 A. VICENTI: “El Mondariz actual”. Mondariz, 1915, nº 7, pág. 158.
253 “Mondariz y la colonia portuguesa” en Las aguas de Mondariz. Álbum-Guía. 1899: 58.
254 ISIDRO PONDAL: “Memoria sobre las aguas bi carbonatado-sódicas de Mondariz. Año de 1889”.
Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid. (Caja 2814, nº 22).
101
temporadas con su familia, al igual que el Sr. Barbosa, director del periódico lisboeta
As Novidades –, tenían corresponsales en el ba lneario que enviaban noticias casi
diariamente informando de llegadas, salidas, fiestas y otros eventos 255 . Un visitante
describía un paseo por el balneario en 1897 en el que se cruzaba “un portugués,
luego otro portugués, y otro y otro hast a el número de doscientos” y exclamaba
“¡Vamos que ni en Mozambique!” 256 . Azorín, en Veraneo sentimental (1929), crónica
de sus estancias en los principales balnea rios españoles, afirmaba: “En Mondariz no
hay más que portugueses” 257 . Los Peinador, conscientes de la importancia de esta
clientela, la mima y le dedica atencione s especiales. Todas su s publicaciones hacen
referencia a los vínculos históricos, ge ográficos y lingüísticos que unen a ambos
países. Además se les rinde diversos homenajes y obsequios, que son
convenientemente referenciados por la prensa española y portuguesa 258 . Algunas
fuentes aseguran que el balneario fue el cen tro de reunión de un grupo de exiliados
monárquicos, a los que el periodista Hermano Neves se refiere en su libro Guerra
Civil (1911) como “los de Mondariz”, que planificaron diversas acciones militares
desde el Sur de Galicia a la zona Norte de Portugal, en un infructuoso intento de
suprimir la Primera República y reinstalar la monarquía 259 . Ante algunos artículos
aparecidos en la prensa gallega sobre es te supuesto grupo de conspiradores, La
Temporada publica un artículo negando la perp etración de ese tipo de actividades en
el balneario 260 .
Las firmas del Álbum de honor, puntualmente publicadas en La Temporada, así como
los agüistas mencionados en el semanario, representan un selecto porcentaje de los
clientes del balneario. Su di vulgación acota la identidad social del establecimiento y,
255 V. Apéndice documental º 1
256 CUIÑAS, PIO L. “Mondariz (nota de un viaje corto)”. Galicia Moderna. Revi sta quincenal ilustrada . 1897, año
I nº 11. Pp 16-20.
257 AZORÍN: Veraneo sentimental . Aguilar, Madrid. Obras Co mpletas Vol. VII. 1962: 376.
258 En 1901, con motivo de una visita de excurs ionistas portugueses al establecimiento en 1901, La Temporada
dedica su número cinco íntegramente a Portugal, y obs equian a los visitantes con unas medallas de plata,
diseñadas por el escultor Ezequiel Ruiz Martínez. Las medallas, en bronce y metal blanco, tenían grabado en
uno de los lados los escudos de Galicia y de Portugal c on la inscripción “a los expe dicionarios portugueses”, y
en el otro el Gran Hotel con el lema “Recuerdo de Mondariz”.
Faro de Vigo . 30 de junio de 1901.
“Portugal y Mondariz”. La Temporada , 1901, nº 10.
259 CARRO OTERO, J. “Portugueses en Mondariz-Balneario”. El Correo Gallego . 30 de octubre de 1994. Pág.
32.
102
Periodización. CAPÍTULO I.3
especialmente en el caso del Álbum, establece una identificaci ón entre “las mentes
privilegiadas que lo componen” y las intenc iones de los propietarios del balneario,
convirtiendo este libro en:
“síntesis de su preocupación continua por elev ar los niveles artísticos y espirituales
[...] colección inmensa de pensamientos y de expresión de emociones, frutos de
mentes esclarecidas, de agudos ingenios , de intensos sentidores, pertenecientes a
todos los países de la tierra. Es el álbum de Mondariz testimonio vivo y palpitante de
cómo eminentes personalidades en la política, la literatura, el arte, la ciencia, el clero y
la milicia han sentido la influencia bie nhechora de esta agua y este clima y han
gustado la emoción estética de esta tierra bendecida” 261 .
Esta clase de clientela refuerza el pro yecto de los Peinador, y el balneario pronto
sofistica sus instalaciones. Los servicios b ásicos de alojamiento y tratamiento de los
primeros años deben ajustarse al creciente nivel social de los agüistas. Esto se
convierte en una necesidad imperiosa con l as visitas de miembros de la Casa Real
portuguesa: el rey D. Luis, el infante D. Augusto de Bragança, y la condesa de Edla,
reseñadas en la prensa 262 . Como en casi todos los baln earios europeos, la presencia
de miembros de la realeza fue una im portante promoción para el balneario 263 : “El
anuncio de la visita del infante portugués D. Augusto de Bragança contribuyó al
rápido crecimiento de Mondariz, y en menos de tres años surgió el balneario, con
maravillosos parques y espléndido confort” 264 . Para que el infante portugués
disfrutase de la temporada completa en el balneario, se construye un chalet en el
bosque del establecimiento, lo que genera un a primera diferenciación de clase en el
alojamiento. La función del balneario deja de ser a finales de la década de los
ochenta la de un modesto establecimiento termal que ofrecía cura y reposo, para
convertirse en un establecimiento al que ac udía una selecta socied ad en busca de un
albergue de calidad y alternativas de ocio . El balneario de Mondariz ha adquirido
260 “En Troncoso no pasa nada”. La Temporada , 1911, nº 3.
261 “Mondariz en sus bodas de oro”. La Temporada , 1923, nº 2.
262 “El propietario del Gran Hotel de Mondariz, D. Enrique Peinador, ha recibido una carta de la Casa Real
portuguesa preguntándole si el Gran Hotel está en condiciones para alojamiento del rey de Portugal D. Luis.
El infante Augusto no llegará al balneario hasta el 1º de julio próximo”.
La Voz de Galicia . 20 de junio de 1888.
263 SCHALL, C. 1994: 166.
103
unas funciones y un uso que lo di ferencian netamente de un pequeño
establecimiento rural.
I.3.1.3. El semanario
La Temporada en Mondariz
“Es la hora del almuerzo [...] en esto, otros hombres llegan, y, sin apenas detenerse,
van colocando encima de cada mesa unas largas y anchas hojas dobladas, cuyo color
es ligeramente moreno. Sobre todos los rumores álzase, desde tal momento, el rumor
inconfundible del papel que cruje entre lo s dedos cuando se le hace cambiar de
posición o de forma. El silencio, más tarde es absoluto. Nadie parece acordarse de que
las viandas humean en la mesa; de que el vino, en las copas, va perdiendo su
espléndida corona de brillantes; de que las burbujas del agua son, á cada instante,
menos turbulentas.
El interés de todo un millar de personas se refugia, entero, en aquellas hojas trigueñas.
Una de tales hojas está sobre mi mesa. Al alcance de mi mano. Es un periódico; es
este periódico que se publica en Mondariz, y que yo he visto, siempre abierto y
siempre solicitado, en las redacciones, sobre esa montaña obscura de papel que se
forma allí, en un rincón, á la llegada de los correos. Tiene el nombre elegante y
mundano de La Temporada ” 265
EL HIDALGO DE TOR (Francisco Camba)
Puesto que la base ideológica de la image n balnearia, como sucedía en la villa, se
alimenta del mito y la fantasía, la literatura es el medio más adecuado para su
creación y difusión. A mediados del siglo XIX el nacimiento de sociedades como
“La Société d´hydrologie médicale” de Pa rís, fundada en 1853 a iniciativa de los
hidrólogos Melier, Patissier y Durand Fa rdel, provoca la creación de publicaciones
especializadas, entre las cuales cabe destacar La Gazette des eaux , que se publicará
entre 1858 y 1914 266 . Desde la década de los ochenta los principales balnearios
europeos publican listas de agüistas y su s propias guías informativas sobre sus aguas,
264 FILGUEIRA VALVERDE, J. 1931: 85.
265 EL HIDALGO DE TOR (CAMBA, F.) “Mondariz” en A través de Galicia. Los pueblos. El Paisaje. Los
Balnearios . 1908: 132-3.
266 WALLON, A. 1981: 36.
104
Periodización. CAPÍTULO I.3
naufragio”, publicado el mism o año de su muerte en 1916 291 . El pintor y periodista
pontevedrés Prudencio Canitrot es el quinto autor con más artículos en La
Temporada. Junto a Basilio Álvarez, E. Peinador y A. Vicenti, entre otros, funda la
publicación agrarista Acción Gallega (1910) en Madrid.
FIG.26 Necrológica de Alfredo Vicenti en la
portada de la revista Mondariz [ Mondariz 1916 nº 17]
Entre los diez autores restantes destacan: Manuel Lustres Rivas 292 , periodista
arosano, ligado al agrarismo como Ram ón Cabanillas, aunque posteriormente se
distanciará del movimiento. El abogado y escritor, Narciso Correal y Freire de
Andrade 293 , colabora en varios números desde 1922 294 hasta 1931 295 . La práctica
totalidad de sus artículos se refieren a los fundadores y, sobre todo a Enrique
Peinador, en los aniversarios de su muerte. El escritor gallego Aurelio Ribalta, alto
291 “Restos de naufragio”. La Temporada. 1916, nº 17.
292 Gran Enciclopedia Gallega , Tomo 20, pág. 6.
293 Narciso Correal y Freire de Andrade, era abogado (dur ante algunos años lo fue del balneario) y escritor,
académico de número de la Real Academia Gallega y miembro correspondiente de la “Asociación de
Arqueólogos de Lisboa”.
“El Excmo. Sr. D. Narciso Correal y Freire de Andrade”. La Temporada , 1927, nº 16.
DANIEL SUÁREZ FERNÁNDEZ: “La última obra de Correal”. La Temporada , 1928, nº 14.
“El Excmo. Sr. D. Narciso Correal y Freire de Andrade”. La Temporada , 1929, nº 3.
294 N. CORREAL: “Mondariz. Las figuras del parque”. La Temporada. 1922, nº 16.
111
funcionario del Ministerio de Hacienda en Madrid, y fundador de la revista Estudios
Gallegos de Madrid 296 (1915), empieza a colaborar en La Temporada en 1905 con una
serie titulada “La leyenda de Mondariz I” 297 , y el último es un artículo titulado “El
cultivo de la lengua propia” 298 , publicado en 1922. El historiador pontevedrés Celso
García de la Riega, autor de Galicia Antigua , escribe en 1898 “Variedades. Castillo de
Sotomayor” 299 . Su última colaboración es un artículo titulado “Aclaración” 300 de
1908, en el que hace varias correcciones al libro de Murguía Apuntes históricos de la
provincia de Pontevedra, publicado en 1897 en La Temporada y en 1907 editado por la
imprenta del Establecimiento 301 . La proverbial enemistad entre ambos historiadores
radicaba, entre otros motivos, en el rechazo de Celso García de la Riega a las tesis
célticas sostenidas por Murguía, que habí an convertido a la “raza celta” en el
soporte cultural del pueblo gallego. Ramón Peinador mantuvo una larga amistad con
García de la Riega, con quien había colaborado en el periódico pontevedrés El
Progreso. Periódico Científico y Literario (1865-6) y del cual, según afirma el editor Soto
Freire en La imprenta en Galicia (1868) ambos “se retiraron después de algunos meses
por motivos altamente laudables” 302 , sin especificar de cuáles se trata. Ramón
Peinador apoyaba la tesis de que Colón había nacido en Pontevedra, planteada por
el historiador en varios foro s y publicaciones, entre ellos La Temporada , radicalmente
desacreditada cuando se descubren sus manipulaciones documentales.
Además de los autores citados y de los nu merosos artículos de especialistas en
hidrología y catedráticos en medicina, tanto españoles como portugueses, cabe
mencionar las colaboraciones de escritores y periodistas, entre los que destacan: el
comediógrafo Carlos Arniches, el portugu és Eugenio de Castro, la condesa de
Pardo Bazán, Francisco María de la Iglesi a (autor de la primera obra dramática en
295 N. CORREAL.: “Figuras gallegas del altrui smo. Los bienhechores del Mondariz”. La Temporada. 1931, nº
17.
296 Desde la cual organiza un ciclo de conferencias sobr e la problemática agraria en Galicia y defiende el uso
del gallego, lo que incita a Villar Ponte a proponer en 1916 la creación de “As Irmandades da Fala”. LEDO
ANDIÓN, M. 1982: 61.
297 A. RIBALTA: “La leyenda de Mondariz I”. La Temporada. 1905, nº 15.
298 A. RIBALTA: “El cultivo de la lengua propia”. La Temporada. 1922, nº 6.
299 C .G. DE LA RIEGA: “Variedades. Castillo de Sotomayor”. La Temporada. 1898, nº 4.
300 C. G. DE LA RIEGA: “Aclaración”. La Temporada. 1908, nº 13.
301 A partir del 22 de septiembre de 1907 se publica como folletín La Temporada .
302 SOTO FREIRE, M. 1998.
112
Periodización. CAPÍTULO I.3
gallego representada: A Fonte do Xuramento , 1882), Gonzalo López-Abente, Antón
Noriega Varela, Ramón Otero Pedrayo, Luis Peña Novo (uno de los principales
impulsores de las Irmandades da Fala, auto r de varios estudios sobre la realidad
socioeconómica gallega), Eduardo Pondal, D. Antonio Rey Soto, Vicente Risco,
Jaime Solá (periodista y escritor, director de Vida Gallega una de las principales
revistas ilustradas de principios de sigl o, que mantuvo una célebre polémica con
Risco, Losada Diéguez y publicaci ones nacionalistas, especialmente A Nosa Terra ,
por su apoyo al bilingüismo) o Francisco Camba “El Hidalgo de Tor” (hermano de
Julio Camba), entre otros muchos. Franci sco Camba asegura que Rudyard Kipling
también habría dejado “con un fruto de su fantasía milagrosa, un fulgor de llama en
el periódico de Mondariz” 303 , pero no hay constancia de ello.
A las colaboraciones puntuales de políticos como el líder agrarista Basilio Álvarez
(fundador de Acción Gallega ), Emilio Castelar, y Juan Armada, marqués de Figueroa
(que fue ministro de Agricultura y Obras Pú blicas, de Gracia y Justicia, y presidente
del Congreso de los Diputados), se su man las de diversos profesionales,
mayoritariamente gallegos, pero de gran relevancia social y profesional dentro o
fuera de la región: los ar quitectos Antonio Palacios 304 y Faustino Domínguez, el
escultor Francisco Asorey, el pianista Vare la Silvari (notable “musicógrafo” de la
segunda mitad del XIX), el filósofo Vict oriano García Martí, historiadores como
Marcelo Macías (autor de Aportaciones a la Hª de Galicia , 1929 y uno de los primeros
40 académicos de la Real Academia Gallega), P. Constanti (archivero del
Ayuntamiento de Santiago, historiador y u no de los primeros 40 académicos de la
gallega), o D. Diego Pazos y García (autor de La redención de los foros . Situación presente,
1908), arqueólogos como Jesús Carro (dir. de la Sección de Ar queología e Hª del
Arte del Seminario de Estudios Gallegos en 1926), Federico Maciñeira Pardo, Luis
Pericot e Isidro Parga Pondal (como direct ores de las excavaciones arqueológicas en
los alrededores de Mondariz).
303 EL HIDALGO DE TOR (CAMBA, F.) “Mondariz” en A través de Galicia. Los pueblos. El Paisaje. Los
Balnearios . 1908: 135.
113
Los contenidos de La Temporada a lo largo de sus casi 50 años de vida, pueden
dividirse en cinco bloques:
1- Artículos o secciones informativas que se refieren al propio establecimiento,
tanto a sus instalaciones y funciona miento interno, como a proyectos,
conflictos, celebraciones y otras noticias de interés.
2- Historia, cultura y opinión.
3- Medicina, hidrología e higiene.
4- Espacios dedicados a visitantes ilustres.
5- Textos: piezas literarias y escritos de agüistas (relatos, testimonios, etc.)
gráfico 2
0
50
100
150
200
250
300
350
400
450
500
550
600
650
700
750
800
850
900
Establecimie nt o
Pr oyectos y conflictos
C el ebr aci ones
C ultur a
C ultur a G alicia
C ultur a Mondari z
Per sonaj es ilustres
Textos
T emas principal es de La T empora da
304 A . P . : “ B a s e s p a r a e l p r i m e r c o n c u r s o d e l a r e v i sta Mondariz sobre temas interesantes para Galicia”. La
114
Periodización. CAPÍTULO I.3
A su vez, se pueden establecer subdivisione s dentro de estos grupos. Según revela el
gráfico nº 2 la mayor cantidad corresponde a los artículos que se refieren a la gestión
e información sobre el funcionamiento de l establecimiento, el segundo lugar lo
ocupan las crónicas, poemas o pequeñas na rraciones de diversos autores más menos
conocidos y de agüistas con “p retensiones literarias”; y, por último, el bloque de
artículos sobre cultura de Galicia, con es pecial atención al patrimonio artístico y
cultural de la región.
Según declara en 1899, La Temporada se había creado para:
“... propagar la eficacia de la s aguas, fomentar la rica industria que de ellas podía
derivarse, señalando las medidas de protección convenientes y allanando los
obstáculos opuestos a su desarrollo, recop ilar en breves crónicas los sucesos
ocurridos en cada período oficial, y propor cionar noticias, consejos e informaciones
útiles a los bañistas” 305
Sin embargo, la ideología de sus fundador es y de sus colaboradores más destacados,
marcará el contenido del semanario, que pronto cobra una trascendencia mayor.
Muchos artículos serán comentados o reproduc idos en otros diarios, como señala la
propia publicación en 1916:
“Guía y crónica del balneario, ha sido y segu irá siendo en primer lugar este periódico.
Pero al mismo tiempo, ha procurado con el auxilio de distinguidos colaboradores,
trabajar por el bien común, y ensanchar su esfera de acción más allá de los límites
que le estaban naturalmente trazados. No ha sido infructuoso ninguno de los dos
intentos. La voz de LA TEMPORADA ha enc ontrado eco en la prensa regional, en
la nacional y hasta en la extranjera, varias v eces en que se alzó para destruir errores, o
para censurar abusos” 306
Efectivamente, La Temporada denuncia anomalías y carencias que afectaban al
desarrollo de Galicia, sobre todo al sector agrícola y turístico, para las que solían
Temporada. 1921, nº 1.
305 “La Temporada” en Las aguas de Mondariz. Álbum-Guía. 1899: 68.
306 “Al recomenzar”. La Temporada , 1916, nº 1.
115
proponer soluciones. A ello se deben los numerosos artículos sobre agricultura, las
ventajas de la formación de cooperativas y la reivindicación de una política agraria al
modo de países como Holanda, Dinamarca, Noruega y Suiza, donde la agricultura
también es base de su economía y cuyas reci entes leyes permitían al proletariado el
acceso a la propiedad de las tierras 307 . A esta preocupación debe vincularse la
simpatía de los Peinador por Acción Gallega , el partido agrarista fundado por Basilio
Álvarez, y muy especialmente, como veremo s, la iniciativa práctica de crear una
granja modelo. Respecto al turismo, la ma yor reivindicación se centra en la urgente
necesidad de suplir las deficiencias del servicio en Galicia, a ello responde su
insistencia en la creación de una escuela de cocineros y maîtres d´hôtel , finalmente
asumida por el Centro gallego de Madrid , que inaugura un centro en abril de
1905 308 . Pero el mayor problema fue siempre el transporte. Su atraso y precariedad
en la región, pésimo para el desarrollo de cualquier empresa turística, es motivo de
preocupación constante para los Peinador, que le dedican numerosos artículos en
La Temporada . También esta lucha se concretará en una iniciativa: la creación de un
tranvía eléctrico que uniese el estableci miento con la ciudad más cercana, Vigo.
A lo largo de los años La Temporada se convertirá en una publicación comprometida,
sobre todo en la última etapa del balneari o en la que, además de glosar las “suaves
palpitaciones de la apacible vida balnea ria” y potenciar el turismo, el papel del
semanario consistía en “exaltar cuanto ha bla en honor y gloria de la Tierra [...]
paisaje y monumentos del nativo solar, dedi cando preferente atención a los estudios
etnográficos e históricos” 309 . La Temporada se hace eco de diversas demandas de la
intelectualidad gallega, como la necesidad de un museo de Arte en Santiago, que será
reproducido por varios diarios gallegos 310 . X. Ramón Barreiro afirma que un artículo
de Murguía publicado en el semanario el 18 septiembre de 1904 (“Necesidad de la
formación y publicación de un Diccionari o de la lengua gallega”), motiva la
fundación de la Real Academia Gallega al ser leído en La Habana por los
307 “Ejemplo que no se seguirá”. La Temporada , 1901, nª 6.
“La leche y el maíz”. La Temporada . 1906, nº 6.
308 J.R.C: “Los grandes balnearios de España: Mondariz”. Revista comercial Ibero-Americana , 1905 pág. 535
[Álbum de prensa del balneario. Archivo de Aguas de Mondariz]
309 “Al comenzar”. La Temporada, 1928, nº 1.
116
Periodización. CAPÍTULO I.3
promotores del proyecto: José Fontenla Leal y el poeta M. Curros Enríquez 311 . La
Temporada informa del proceso de su constituci ón hasta la formación de la primera
junta de gobierno 312 en el Real Consulado de La Coruña, en septiembre de 1905,
con Murguía como presidente, E. Carré Aldao, escritor y anfitrión de la librería en
cuya trastienda se forjó la tertulia de la “Cova Céltica”, secretario, y Pérez Ballestero
tesorero 313 .
310 “El Museo de Arte en Santiago”. La Temporada, 1924, nº 7.
311 BARREIRO FERNÁNDEZ X. R. 1983-I: 347-430.
312 “Academia gallega”. La Temporada , 1905, nº 16.
313 BARREIRO FERNÁNDEZ X. R. 1983: 347-430.
117
I.3.2. 1898-1907: el Gran Hotel y otros grandes proyectos
“Enrique Peinador [...] ve la prosperidad de una región; ve a los extranjeros afluyendo
a Galicia, descubriendo sus bellezas, tra yendo aquí progresos y bienes; ve la
superioridad de España sobre Francia en cuanto estas fuentes se dejen atrás a las de
Vichy, y ve el bienestar de la mejoría difundida entre los miles de personas que pagan
anual tributo a las náyades de Troncoso y de la Gándara. Y porque ve todo lo que
digo, Peinador ha gastado todo pródigamente . Al erigir el soberbio hotel, en muchas
cosas que son puro lujo y poesía, y que tien e algo de lo excesivo que Bourget nota en
la civilización de los Estados Unidos” 314
EMILIA PARDO BAZÁN
Una vez afirmadas las bases del balneari o, los hermanos Peinador emprenden
proyectos de mayor envergadura destinad os a convertirlo en un gran centro
modélico de ocio y salud, y una de las em presas turísticas más importantes del país.
A este fin responden la ampliación y mejora de los servicios e instalaciones con la
construcción del Gran Hotel, inaugurado en 1898, y la adquisición de la finca de
Pías, que acogía varias actividades producti vas, lúdicas y culturales, como el museo
etnográfico-arqueológico. Quizá la iniciati va más ambiciosa y que de llevarse a cabo
en su totalidad hubiese tenido mayor reperc usión estructural, fue la formación de la
sociedad para la construcción del tranvía eléctrico Mondariz-Vigo, que uniría el
establecimiento con una de las ci udades más grandes de Galicia.
Otro proyecto concebido en este períod o, e igualmente frustrado, es el
sanatorio para artríticos 315 frecuentemente mencionado en las publicaciones del
balneario como uno de los objetivos prioritarios de Enrique Peinador:
“En la última etapa o jornada de su vida gloriosa, digna ciertamente de eterna loa,
dos pensamientos hacían presa en su alta mentalidad; dos sentimientos caldeaban su
corazón; era uno de aquellos el dar cima a la empresa titánica, de fundar un
Sanatorio, a más del constituido por el Es tablecimiento hidroterápico sin rival en
España, y acaso en el mundo, que fuese como un complemento, una prolongación
314 PARDO BAZÁN, E.: “La vida contemporánea. Mondariz” La Ilustración Artística . Barcelona, 22 de agosto
de 1898. Artículo reproducido en Las aguas de Mondariz. Álbum-Guía. 1899: 30-3.
315 “Mejoras proyectadas”. La Temporada, 1906, nº 14.
118
Periodización. CAPÍTULO I.3
de la Universidad Compostelana, una clín ica médico-quirúrgica, en la cual,
eminencias españolas y extranjeras especia lizadas en las diversas ramas de aquellas
disciplinas científicas, ofreciesen sus sa bias enseñanzas de índole eminentemente
prácticas y sus sazonados frutos a los alumnos y a los pacientes que de unas y otros
tuviesen menester” 316
Esta ambiciosa obra incluía, además, una escu ela de terapéutica física y el Museo de
Historia Natural de Galicia. Las obras se in ician en 1909, cuando el establecimiento
está ya bajo la dirección de Enrique Pe inador hijo pero, como veremos, nunca
llegarán a culminarse y, en 1929, los pr opietarios del establecimiento donan el
edificio al Estado para dedicarlo a In stituto de Hidroterapia, Colegio Mayor o
Residencia de médicos y estudiantes, para ampliar estudios e instalar museos y
laboratorios 317 .
El proyecto que inicia esta nueva etapa de l balneario y el de mayor impacto social
será, sin duda, la construcción del Gran Hote l, cuyas instalaciones y servicios de lujo
lo convertían, según Emilia Pardo Bazán, en “el más suntuoso de la Península” 318 , y
en 1903 se consideraba “igual, si no superi or, á los mejores de Europa” El Gran
Hotel se convierte en el emblema del baln eario, la imagen principal que difunden
sus publicaciones y su mayor reclamo. La construcción del nuevo edificio tiene la
intención de insertar al balneario de Mondar iz en la moda de los grandes balnearios
europeos, con todas las exigencias de higien e, confort y lujo que ello implicaba. La
Temporada anuncia la continua adquisición de las mejores técnicas e instalaciones
balnearias y, en general, del más moderno equipamiento en todo el edificio, tarea
que se facilita y abarata cuando Enrique Pe inador abre en Madrid “un gran almacén-
depósito de la ‘Higiene Moderna’ y a su balneario de Mondariz lleva todo lo más
saliente de los aparatos que nos impone la Higiene” 319 . Las publicaciones del
balneario garantizan la observancia más estricta de las normas del Higienismo,
316 M. LEZÓN: “Después del Homenaje”. La Temporada, 1919, nº 17.
317 “Real Orden de interés”. La Temporada, 1929, nº 1, transcribe la Real Orden publicada en la Gaceta de
Madrid del 27 de febrero de 1929 y La Temporada, 1929, nº 16 la escritura de dona ción del edificio al Estado
por los Sres. Hijos de Peinador.
318 E. PARDO BAZÁN: “La vida contemporánea. Mondariz” en Las aguas de Mondariz. Álbum-Guía. 1899: 31
(originalmente en La Ilustración Artística . Barcelona, 22 de agosto de 1898).
319 ALFREDO P. VIONDI: “Cara abierta”. Faro de Vigo . 11 de septiembre de 1906.
119
detallando hasta el adecuado tamaño de las ventanas y las horas de sol, e insistiendo
en que los huéspedes accedan a los espaci os que deseen para comprobarlo, por
ejemplo a las cocinas 320 . Pero, fundamentalmente, son los extraordinarios servicios
del balneario, urbanos y modernos, lo que lo diferencia de la mayoría de los
establecimientos balnearios gallegos y es pañoles. El lujo de sus instalaciones
respondía a “lo excesivo” que advirtió Emilia Pardo Bazán:
“Peinador ha gastado pródigamente, al erigir el soberbio hotel, en muchas cosas que
son puro lujo y poesía, y que tienen algo de lo excesivo que Bourget nota en la
civilización de los Estados Unidos: a este orden de gastos de imaginación
corresponde la artística escalera del hotel, un modelo de suma elegancia, dibujado ad
hoc ; la ya construida serre de orquídeas, que el vapor del agua tibia se encargará de
desarrollar; el espléndido decorado de comedor, las bellas terrazas, el salón con su
teatro, la ornamentación del capilla, la rique za del mobiliario, la claridad y elevación
de las estancias y los cuartos de baño, el pr imor de ciertos servicios que nada cuestan
al huésped y le causan ilusión de residir en un palacio princier , y otros refinamientos
que no sé si en España podrán encontrarse” 321
Todas las habitaciones estaban ilu minadas de noche eléctricamente “mediante
dinamos y aparatos instalados en un anejo del edificio” 322 . Este es un dato
importante, ya que la luz eléctrica era todaví a un lujo, en Vigo, por ejemplo, se había
instalado sólo dos años antes 323 . También desde su inauguración contaban con
Servicio Telegráfico:
“El Establecimiento del Balneario, que como saben nuestros lectores es uno de los
más importantes del mundo, no sólo por su grandiosidad, por el lujo y las
320 Las aguas de Mondariz, Álbum-Guía. 1899: 8.
321 E. PARDO BAZÁN: “La vida contemporánea. Mondariz” en Las aguas de Mondariz. Álbum-Guía. 1899: 31
(originalmente en La Ilustración Artística . Barcelona, 22 de agosto de 1898).
322 La Temporada , 31-VII-1898.
323 “Fue el 22 de diciembre de 1896 cuando se inauguró la nueva fábrica con dos motores sistema Otto de 30
caballos, accionando dos dínamos de corriente cont inua, a razón de 250 voltios y 120 amperes” por la
“Sociedad para alumbrado y calefacción de las ciudades de Coruña y Vigo”, domiciliada en Lyon. Sobre el
acontecimiento comentaba entonces el Faro de Vigo : “El alumbrado eléctrico no es, propiamente hablando, de
una necesidad ineludible; pero se atempera y correspond e mejor que ningún otro con ese espíritu progresivo
de la época en que vivimos, y significa, cuando me nos, para los pueblos donde se establece, una directa
participación en el movimiento ascensional de perf ección a que todos aspiramos dentro del círculo de
120
Periodización. CAPÍTULO I.3
F I G . 2 8 C o l a d e a g ü i s t a s e n l a
fuente de Gándara [ L
a
Temporada 1928 nº 12]
A las diez de la mañana se celebraba la misa diaria en la pequeña iglesia del bosque
del balneario. La mencionada escritora ingl esa, Rachel Challice, que estudia en el
balneario las costumbres “ibéricas”, y especialmente, las costumbres femeninas 345 ,
describe el cuadro que ofrecían las mujere s en mantillas dirigiéndose a la capilla por
la mañana temprano o bien cuando caen las sombras de la tarde. La asistencia a los
oficios religiosos era tan numerosa que el do mingo por la mañana se veía a hombres
y mujeres arrodillados en la placita situada frente a la capilla 346 , que podía albergar a
más de 300 personas 347 . Martínez Cuadrado se ha referido a la burguesía española de
los años anteriores a la Segunda Repú blica como “la burguesía conservadora” 348 . En
la España de la Restauración alfonsina, firmemente inmersa en el neocatolicismo
que sigue al Concilio Vaticano I, la religi ón instituye uno de los principales valores
de la sociedad, y los propietarios del balnea rio insisten a menudo en que el balneario
no es sólo una empresa moderna sino que, sobre todo, cumple con los
imprescindibles mandatos de la moralidad y la religión:
“El progreso y el bienestar de España lleva ron siempre, como carácter distintivo, la
religión y la piedad: ahí está patente a to do el que quiera recorrer las brillantes
páginas de nuestra historia. Otras naciones se llaman civilizadas porque, en ellas, la
345 “Cosas de Aquí”. La Temporada , 1907, nº 1.
346 CHALLICE, R. A monograph of Mondariz 1908: 17.
347 Aguas bicarbonatado-sódicas de Mondariz propiedad de los Sres. Hijos de Peinador. Fototipia de Hauser y Menet,
Madrid, 1900: 14.
348 MARTÍNEZ CUADRADO, M. 1986.
127
industria y el comercio absorben toda la atención de sus habitantes, [...] Es que hoy
se llama progreso al desarrollo de solo la fu erza bruta, sin tener en cuenta para nada
las leyes de la moralidad y los principios de la religión [...] No, no hay verdadero
progreso sin las leyes de la moralidad y dond e ésta preside, existe la religión y cuando
la religión es pura y ferviente, lleva consig o los templos en los cuales se manifiesta
grande, majestuosa y digna de Dios a quien se dirige. Por eso los Sres. Peinador, que
con tanto afán vienen trabajando consta ntemente, para que, cuantos concurren a su
renombrado Balneario, puedan llevar en el una vida dulce, tranquila y apacible,
participando de esos sentimientos ca tólicos que abundan en un corazón,
verdaderamente español, no se olvidaron de proporcionar a sus favorecedores los
consuelos, todavía más dulces de nuestra Religión Sacrosanta, levantando una
hermosa Capilla, a fin de que mientras el cuerpo descanse de sus continuas y a veces
bien penosas fatigas, repose también el alma de los muchos y diversos pensamientos
que, con frecuencia, roban su tranquilidad y sosiego [...] De este modo los Sres. de
Peinador supieron reunir los dos extremos de la vida del hombre que, sobre todo en
estos tiempos, se alejan cada vez más: proporcionar salud al cuerpo y cuidar de la suerte del
alma ” 349
Debido a la estrecha vinculación Iglesia-Es tado, la religión se vive más como “una
actitud pública que una auténtica dispos ición espiritual”, por eso aparece una
“religiosidad de relumbrón, procesiones y discursos patriótico-religiosos, pero que,
en el fondo, no informa, o apenas, la vida” 350 . La oposición entre los términos que
caracterizan el segundo binomio señalados en el capítulo I.1. (Mito/Ciencia), se
acentúa en el balneario de Mondariz, inmerso en la compleja época de la
Restauración, atascada entre “dos absolutismos : el del catolicismo in transigente [...] y el
positivismo del siglo XIX, que se negab a a admitir nada fuera de la ciencia” 351 . Las
publicaciones del balneario intenta c onciliar esta aparente contradicción:
“En el Hotel de Mondariz, en el que se acepta todo lo moderno que contribuya al
confort y bienestar de los huéspedes, se c onserva con extraordinaria constancia, lo
viejo, lo rancio, lo puro de las veneradas ciencias de nuestros abuelos, de aquellas
creencias que simbolizadas en el estandarte de la Cruz, hacían ondear la bandera de la
349 “La inauguración de una capilla en el Establecimiento de los Sres. Peinador”. La Temporada , 1898, nº 4.
350 ARANGUREN, J.L. 1982: 97.
351 ARANGUREN, J.L. 1982: 159.
128
Periodización. CAPÍTULO I.3
patria en Oran; abatiendo a la media luna, y en los inmensos territorios americanos
derrotando a los horribles Yoolos indíge nas con las divinas máximas del sublime
Mártir del Gólgotha. Así es que se atiend e con tanto cuidado a la vida espiritual,
como a proporcionar el mayor número de esparcimientos honestos que hagan
agradable la estancia de los agüistas. Y si n embargo nada de intolerancia, nada de
exclusivismo, con el libre pensador o con el que profesa otra religión; no hay sino un
respeto profundo y las mismas cariñosas consideraciones a nuestros huéspedes” 352
La actitud general de los agüis tas es la de alabar el cuidado de Enrique Peinador por
garantizar en su establecimiento los “cuidados del alma”:
“Y sobre todo y por encima de todo esto , fuera un creyente fervoroso [...] ofrecen
testimonio estas palabras que de sus labios escuchamos y que son todo un programa
de conducta, dirigidas a uno de los hu éspedes del Establecimiento que llamar
pudiéramos Palacio de las aguas, en ocasión en que, celebrándose brillante
solemnidad artística, rogásele uno de lo s espectadores que comunicase las oportunas
órdenes para la prolongación de la fiesta o velada musical: ‘No se olvide Vd. –
contestóle en tono efusivo– de que esto es un Sanatorio y que yo estoy encargado de
velar por la salud del cuerpo, también, ¿por qué no decirlo?, bajo la dirección
espiritual de nuestro ilustre amigo Monse ñor Fariñas elocuentísimo orador sagrado y
escritor inspirado, por la del alma de los agüistas concurrentes al Establecimiento; y
una y otra podían sufrir quebranto si deja sen de acudir mañana con la oportunidad
debida al manantial prodigioso para recupera r la primera, y al templo, que es como la
prolongación del Establecimiento, para fortalecer la segunda” 353
La clase alta española consideraba de buen tono tener un confesor, y el balneario
contaba con monseñor Isidro Fariñas, “p relado doméstico y capellán de honor de
Su Santidad” 354 q u e r e g í a l a v i d a e s p i r i t u a l d e l Establecimiento. Isidro Fariñas 355 es,
352 “A nuestros lectores”. La Temporada . 1898, nº 1.
353 Manuel LEZÓN: “Después del Homenaje”. La Temporada . 1919, nº 18.
354 Mondariz , 20-III-1916, p. 230.
355 La Temporada ofrecía a sus lectores una detallada biografía de su capellán: “Nació monseñor Fariñas en la
ciudad de San Roque de la provincia de Cádiz. Hizo su s estudios eclesiásticos, con brillantez extraordinaria en
el Seminario Conciliar de San Bartolomé, de la ciud ad gaditana, donde recibió las Sagradas Órdenes,
celebrando su primera misa en San Roque. Inmediatamente , por méritos contraídos en su carrera, por fueros
de talento y de virtud, se le concedió la parroquia de Sant iago en Medi na Si doni a. La ej empl arida d de su v ivi r,
la sana orientación de su consejo, la oratoria plena de ardores de fe y de celo religioso insuperable, hicieron
que el señor Obispo de Lystria instase con gran empeño el traslado a Gibraltar del joven párroco, a quien
otorgó el honroso cargo de secretario suyo [...]. Al ti empo se inicia en Gibraltar un cisma promovido por la
129
junto al propio Enrique Peinador e Isidro Pondal, un personaje clave ligado durante
muchos años a la historia del balneario. Fue capellán del establecimiento hasta su
muerte en 1922 356 , año en que le sucede Rafael Ortega Cruz 357 , Camarero de Honor
del Papa Pío XI por decreto del 5 de agosto de 1925 358 .
FIG.29 Monseñor Fariñas
[ Galicia 1 de enero de 1909]
FIG.30 Monseñor Fariñas
[ Mondariz 1916 nº 10]
resistencia del pueblo a admitir el prel ado que S.S. designara y con tal motivo se echó de ver el fervor y el celo
del noble secretario, cuya cooperación en el arreglo de l cisma fue decisiva. Esta actuación y la conducta
ejemplar del Sr. Fariñas le valió en premio que el Pont ífice León XIII, de felicísimo recuerdo, le confiriese el
título de Prelado doméstico, en ocasión de hallarse en Roma, con su Obispo, Monseñor Fariñas. Siguió éste,
con la mayor unción y la más acendrada fe su labor apostó lica. Y estos hechos y sus trabajos para la apertura
al culto de la iglesia de Sagrado Corazón de Jesús, en la que invirtió grandes sumas de su peculio particular, le
valieron que S.S. León XIII le crease lector en Sagrada Teología. La constante lucha, el esfuerzo prodigado
sin tasa y sin reposo, en unión de los disgustos inherentes a todo cargo de importancia, sobre todo si el que lo
ejerce es joven y pone todas sus energías en el afán de conseguir el beneplácito de sus superiores, agobiaron al
joven sacerdote y Monseñor Fariñas determinó trasladars e a Madrid, en anhelo de tranquilidad y sosiego. El
primer año de su estancia en la Corte, conoció Mons eñor providencialmente -es palabra suya- a los Sres. de
Peinador y desde entonces el austero y docto sa cerdote es capellán del balneario de Mondariz.
Pronto se hicieron notar allí sus gesti ones. A vuelta de unos años, la perseverancia de Monseñor lograba
inaugurar el Asilo de Nuestra Señora del Carmen, dond e se alojan, gratuitamente atendidos con esplendidez
bajo un régimen facultativo, los pobres que acuden al célebre balneario. Funciona el Asilo desde 1900 y se
sostiene de las limosnas que dan los agüistas, cerca de quienes Monseñor Fariñas aboga de continuo por los
desheredados.
En 1901 y llamado por la colonia hispano-americana de París, predicó Monseñor Fariñas con elocuencia
suma, los sermones de Cuaresma en un templo de la ca pital de Francia, y tan excelente impresión causó su
oratoria espléndida, que el mismo año hubo de ser predicad or también en París, de los cultos de María en le
mes de mayo.
Monseñor Fariñas es misionero apostólico, caballero de la Orden de San Juan de Jerusalén, Capellán de
honor honorario de S.M. El Rey de España, Comendad or de la Orden de Villaviciosa de Portugal y
correspondiente de la Sociedad Geográfica de Lisboa”.
“Monseñor”. La Temporada, 1917, nº 17.
356 Muere el 16 de septiembre de 1922. La Temporada, 1922, nº 14.
357 L.P.: “Asilo de Nuestra Señora del Carmen”. La Temporada, 1924, nº 10.
358 “Don Rafel Ortega Cruz”. La Temporada, 1925, nº 14.
130
Periodización. CAPÍTULO I.3
La capilla del balneario, inaugurada el 16 de julio de 1898 por el obispo de Tuy 359 ,
estaba dedicada a la Virgen del Carmen, Patrona del establecimiento 360 . En ella se
celebraban diversos actos religiosos:
“La novena consagrada a la Virgen del Carm en se celebra con toda solemnidad del
culto católico. En el testero principal se admira un magnífico cuadro debido, según
se cree, al pincel del Rubens, que repres enta a la Virgen en el misterio de su
Asunción a los cielos. Este cuadro fue dona do por el Excmo. Sr. D: Manuel López
Quiroga con tal condición de que se le diese culto; y cumpliendo el encargo de tan
generoso donante, todo los años se celebra un tríduo durante los días 13, 14 y 15 de
agosto en honor del misterio de la Virgen [...] Esta capilla tiene el privilegio
concedido por su Santidad de ganarse en ella las indulgencias del Jubileo de Nuestra
Señora de los Ángeles, conocido vulgarmen te por el nombre de la Porciúncula. El
privilegio de estar incorporada a la Basílic a de San Juan de Letrán de Roma la
primera iglesia del mundo; y por eso pueden ganarse visitando esta capilla los días
que se visita aquella basílica las gracias e in dulgencias plenarias que allí se lucran que
son principalmente las festividades del Señor, de la Virgen y de los Apóstoles.
Pero, además, tiene el privilegio especial y al mismo tiempo grande, de reservar
durante la temporada la Sagrada Eucaristía en el tabernáculo de su altar.
Todas estas gracias las otorgó la silla apostó lica a esta Capilla, en virtud de breves y
rescriptos” 361
Los principales actos religiosos eran revest idos de la mayor solemnidad y a ellos
asistían altos cargos del clero. El de mayo r importancia, y uno de sus atractivos más
“pintorescos” 362 , sobre todo para los extranjeros, er a la festividad de la Patrona del
establecimiento, la Virgen del Carmen, f echa en la que solían “oficiar obispos y
predicar eminentes oradores” 363 . A los actos religiosos seguía una romería donde “la
gente del país” bailaba en el bosque “muñeiras y ribeiranas” y los agüistas
“rigodones en el parque” 364 . La procesión del Carmen se celebraba al anochecer,
359 “La inauguración de una capilla en el Establecimiento de los Sres. Peinador”. La Temporada, 1989, nº 4.
360 En la capilla también se daba culto a las imágenes del Sagrado Corazón de Jesú s, San José y San Antonio
de Padua.
361 “El Gran Hotel del Establecimiento”. La Temporada, 1914, nº 12.
362 CHALLICE, R. A monograph of Mondariz 1908: 17.
363 J.R.C: “Los grandes balnearios de España: Mondariz”. Revista comercial Ibero-Americana , 1905 pág. 535
[Álbum de prensa del balneario. Archivo de Aguas de Mondariz]
364 Ibídem
131
recorría el parque y el bosque, iluminado y adornado para la ocasión con cientos de
linternas chinas colgadas de los árboles, fe stones de flores y una gran alfombra
hecha con arena de colores en el parque. El balneario se engalanaba con diversos
ornamentos y arquitecturas efímeras rea lizadas por el maestro cantero Faustino
Rodríguez, director de algun as de las obras del establecimiento 365 . El decorado, las
mantillas de las mujeres que participaban en la procesión, las numerosas luces que
alumbraban el recorrido, los cantos que en tonaban los asistentes, y finalmente la
romería amenizada por música de gaita a la que asistían los lugareños, concedían a
las fiestas del establecimiento el aire “e xtremadamente pintoresco” que advertía la
escritora Rachel Challice 366 . Esta festividad, que Emilia Pardo Bazán encontraba
teñida “de una alegría italiana” 367 era uno de los principales eventos de la temporada,
y convocaba a numerosos turistas. Una viaj era inglesa narraba extensamente el
desarrollo de todo el ceremonial y la impresión que le había producido 368 ,
demostrando la mezcla de asombro y fasc inación que producía a la mentalidad
anglosajona esta unión entre religión y pla cer, que, de acuerdo con la definición del
balneario que se ha planteado en esta te sis, parece corporeizar una nueva metáfora
de su ambigüedad.
Una de las maneras con que las familias, y en concreto las mujeres, adquirían tono
entre la comunidad de agüistas era mo strando sus cualidades piadosas con
donaciones a la capilla. La Temporada da a conocer este gesto a todos los agüistas, e
incluso se crea una sección para dar cuenta de todos ellos al final de cada verano 369 ,
lo que, a su vez, servía al establecimiento para mostrar el nivel de su clientela 370 .
365 “Cosas de Aquí”. La Temporada, 1909, nº 9.
366 CHALLICE, R. A monograph of Mondariz 1908: 17.
367 EMILIA PARDO BAZÁN: “Crónicas de Es paña”. Mondariz, 1916 nº 14. Pp 320-22.
368 HARTLEY, C. GASQUOINE. 1911: 67.
369 “Regalos recibidos para la nueva capilla del Establecimiento durante esta temporada”. La Temporada , 1898,
nº 13.
370 Un ejemplo de este tipo de reseñas es el siguiente: “L a Sra. Dª Antonia Navarro ha regalado para la Capilla
del Establecimiento una magnífica imagen del sagrado Corazón de Jesús que acredita una vez más el buen
gusto de los escultores de Oporto Sres. Pumenta. Maña na fiesta del Apóstol Santiago á las ocho la bendecirá
el Ilmo. Obispo de Tuy. Damos las gracias a la Sra. Na varro cuya generosidad es tal que ha ofrecido regalar
para el verano siguiente otra imagen del Sagrado Corazón de María.
También la señora de Cernudo ha regalado dos precios os ramos de flores y entre otros obsequios hemos
podido admirar unos encajes regalo de la Sra . V iu da d e J un qu er a y u no s co rp ora le s r eg alo de la S ta . Mo ns er rat
de Córdoba”. “Cosas de Aquí”. La Temporada , 1898, nº 5.
132
Periodización. CAPÍTULO I.3
Estas donaciones pronto se sust ituyen por la suscripción para recaudar fondos para
la construcción del Asilo del Carmen 371 .
FIG.31 Alameda principal del parque, decorada para la procesión del Carmen el día 16
de julio [ Mondariz , 1920, nº 40]
En 1894 existía “en la falda del monte Said oiro” un almacén destinado al albergue
de los “pobres de solemnidad” 372 . En 1896, a iniciativa de monseñor Fariñas,
ayudado por algunas de las damas, es pecialmente la Marquesa de Monfalím 373 , La
Temporada anuncia la recaudación fondos para la creación de un Hospital de pobres
destinado a la “familias desvalidas que, de spués de haber vendido en sus pueblos
hasta los jergones de su modesto lecho pa ra emprender este largo viaje, llegan a
faltarle los medios de permanencia” 374 . Situado fuera del recinto, en la parte más
elevada del barrio de Troncoso 375 , el Asilo de Nuestra Señora del Carmen se
inaugura en 1900. En él se alojaban, gr atuitamente atendidos bajo un régimen
facultativo, los pobres que acudían al baln eario. A pesar de que la Ley contemplaba
la obligación de proporcionar baños a los “pobres de solemnidad”, este tipo de
371 “El Hospital”. La Temporada, 1898, nº 1.
“Suscripción a favor del proyecto del Hospital para pobres enfermos”. La Temporada, 1898, nº 3.
372 Guía General de la Provincia de Pontevedra . 1894.
373 “Mondariz y la colonia portuguesa” en Las aguas de Mondariz. Álbum-Guía. 1899: 59.
374 “El Hospital”. La Temporada , 1898 , nº 1.
375 PINTOS REINO, C. 1923: 24.
133
instalaciones eran algo excepci onal en los balnearios españoles 376 . El Asilo, servido
por Hermanas de la Caridad de Tuy, aloj aba cada año a más de 150 enfermos sin
recursos 377 . Además de los agüistas, “cerca de quienes Monseñor Fariñas aboga de
continuo por los desheredados” 378 otras entidades y particulares colaboran en la
manutención del asilo, especialmente los Peinador 379 . La Temporada insiste en estos
años en la dificultad de mantener la inst itución con las recaudaciones de los dueños
del balneario y de los agüistas, y por ello solicitan ayuda al gobierno. En 1926 una
Real Orden del Ministerio de la Gobernación, clasifica el Asilo como “Institución de
Beneficencia particular” 380 , que a partir de entonces se llamará Sanatorio Asilo,
“teniendo en cuenta que su finalidad primor dial consiste en acoger temporalmente a
los enfermos pobres que concurren al balnea rio para atender el restablecimiento de
su salud” 381 . Con este motivo se constituye una Ju nta de Patronato, presidida por el
entonces capellán del establecimi ento, monseñor Rafael Ortega 382 que se ocupará de
las obras y gestiones económicas necesarias 383 .
Como señaló X.R. Barreiro, la filant ropía es una de las “fórmulas máis
interesantes da ética burguesa. Plenamente integrada na moral católica, que admite o
dereito a propiedade sen límite con tal que se socorran as necesidades dos indixentes
por medio da caridade” 384 , en estas iniciativas la burguesía procuraba cierta
independencia de la Iglesia, eliminando su papel mediador y poniendo las bases para
una moral laica. En este período se habí an asentado las nuevas formas colectivas de
piedad nacidas en Francia 385 , y que toman forma en las Órdenes femeninas que se
ocupan en servicios útiles a la sociedad, y en las fiestas de caridad a beneficio de
376 Mª del Rosario Caz afirma que Trillo era el único luga r de España que tenía un Hospital hidrológico, un
sanatorio, y una hospedería. CAZ, Mª del R. 2001: 281.
377 J.R.C: “Los grandes balnearios de España: Mondariz”. Revista comercial Ibero-Americana , 1905 pág. 535
[Álbum de prensa del balneario. Archivo de Aguas de Mondariz]
378 “Monseñor”. La Temporada . 1917, nº 17.
379 Así consta en las actas de una reunión de la Junt a de Gobierno del Asilo de Nuestra Señora del Carmen
presidida por Isidro Fariñas, que La Temporada transcribe en 1913. En dicha reunión se anuncia que la
Diputación provincial de Coruña aumenta su contri bución de 250 a 500 pesetas ya que la mayoría de los
pobres pertenecen a esta provincia y solicitan que haga lo mismo la de la provincia de Orense. Finalmente se
agradece a todos los bienhechores, y especialmente a los Peinador, que sostuvieron los gastos del asilo
durante una semana. “Acta”. La Temporada . 1913, nº 18.
380 “Asilo de Nuestra Señora del Ca rmen de Mondariz-Balneario”. La Temporada ., 19 26, nº 9.
381 “Sanatorio-Asilo de Nuestra Señora del Carmen”. La Temporada ., 19 27, nº 10.
382 “Asilo de Nuestra Señora del Carmen. La sesión inaugural”. La Temporada, 1926, nº 10.
383 “El Sanatorio Asilo de Nuestra Señora del Carmen de Mondariz Balneario”. La Temporada ., 19 28 nº 8.
384 BARREIRO FERNÁNDEZ X. R. 1981: 153.
385 ARANGUREN, J.L. 1982: 98.
134
Periodización. CAPÍTULO I.3
pobres o enfermos. En el balneario se celebrarán numerosas fiestas y colectas de
esta clase, muestra del catolicismo social, paternalista, y puramente caritativo:
“Es costumbre en todos los países que se precian de civilizados y que profesan la
Religión de Aquel que es la Caridad misma, socorrer á los necesitados; más, para que
estos socorros sean abundantes, se han idea do fiestas en la que se hacen colectas y
piden limosna para los pobres, desde las más esclarecidas princesas y señoras
linajudas hasta la más modesta burguesa, si n que por ello se consideren degradadas;
antes bien, muy enaltecidas ante Dios y ante la sociedad” 386
FIG.32 Participantes en la
Fiesta de la Flor [
M
ondari
z
1916 nº 10]
Para recaudar fondos se celebraban periód icamente una serie de conciertos, “fiestas
de caridad” a beneficio del Asilo , como la “Fiesta de la Flor” 387 , a menudo
organizadas por las “Hijas de María de Mondariz” 388 y demás “bellísimas y elegantes
señoritas de la alta sociedad madrileña y, en general, del mundo aristocrático de
España y Portugal” 389 , cuyos nombres y aportaciones eran debidamente reseñadas
en La Temporada : En las celebraciones, además de las formaciones musicales del
balneario, solían colaborar los agüistas con sus “talentos”: cantando, bailando,
386 “Una gira a la quinta de Pías”. La Temporada . 1906, nº 11.
387 La primera de ellas se celebra el 15 de agosto de 1915.
“La fiesta de la Flor en Mondariz”. La Temporada . 1915, nº 12.
“El Asilo de Nuestra Señora del Carmen y la Fiesta de la Flor en Mondariz”. Mondariz , 1916, nº 10, pág. 230-
2.
388 “La vida en Mondariz”. La Temporada, 1907, nº 7.
389 J.R.C: “Los grandes balnearios de España: Mondariz”. Revista comercial Ibero-Americana , 1905 pág. 535
[Álbum de prensa del balneario. Archivo de Aguas de Mondariz]
135
tocando algún instrumento, recitando poesía, representando obras teatrales y
“cuadro vivientes” o “representaciones plásticas”.
El recurso a la caridad para organizar cu alquier evento festivo al margen de las
“normativas” veladas musicales, era casi requisito indispensable: “¡Cómo había de
haber en Mondariz fiesta sin caridad! Imposible” 390 exclamaba La Temporada . En
estas manifestaciones de lo que Em ilia Pardo Bazán denominó “caridad
danzante” 391 , se percibe de nuevo la ambigüedad de este tipo de espacios generados
por los valores de la sociedad que lo habi ta. El disfrute debía ser legitimado por
alguna intención noble y socialmente productiva:
“Brillante aspecto presentaba el salón de Fiestas del Establecimiento la noche del
miércoles en que se celebraba un concierto cuyos fondos se destinan a aumentar los
que ya existen para la fundación de un hospital de pobres enfermos. Mujeres las más
hermosas de España y Portugal, ataviada s con gusto y elegancia constituían el
principal encanto de la fiesta; y entre la pr ofusión plantas y al resplandor de multitud
de bujías eléctricas que iluminaba estanc ia, parecían más hermosas que nunca
adornadas con la joya de inestimable valor, con la más preciosa de toda las virtudes,
la virtud de la caridad” 392
I.3.2.1.2. Los placeres del cuerpo y del alma
“Bailes, conciertos, jiras, excusiones, amenas tertulias, mujeres hermosas, hombres
alegres, hospitalidad cariñosa y casi familiar, juegos a todas horas, amenidades por
minutos, alegría incesante... ¡Esto y unas cu antas docenas de vasos de agua es, en
síntesis, la vida que se hace en aquel hermoso rincón del mundo!” 393
CARLOS ARNICHES
A las doce y media una campana anunciaba el inicio de la comida, que se servía
hasta las dos de la tarde. El Álbum- Guía de las Aguas de Mondariz de 1899
390 “Puebla de las mujeres”. La Temporada , 1813, nº 12.
391 “Título de condesa. Diversiones. Auto móviles. Francisco Coppee”, publicado en La Ilustración Artística , nº
1380 (8 de junio de 1908), sin títu lo. PARDO BAZÁN, E. 1972: 259.
392 “Concierto de Caridad”. La Temporada , 1898, nº 6.
393 C. ARNICHES: “Mondariz ameno” en Las aguas de Mondariz. Álbum-Guía. 1899: 63.
136
Periodización. CAPÍTULO I.3
pronto, y donde jugaron “un papel púb lico reconocido como seres humanos
individuales, aparte de su función co mo esposas, hijas y madres, compañeras
matrimoniales y otros apéndices de los varones dentro y fuera de la familia” 420 .
FIG.35 Finalistas de un torneo de
tenis femenino en el campo de
l
balneario [ La Temporada 1924 nº 12]
Además de las excursiones a la finca de Pías, el balneario fa cilitaba el transporte para
jiras y paseos a las poblaciones cercanas a M ondariz, Puenteareas, Vigo y Tuy, y a
otras “curiosidades” de los alrededores 421 , como el puente de Cernadela, las
“pintorescas ruinas del románico castillo de Sobroso” 422 , el castillo de Sotomayor en
Mos, restaurado por el marqués de la Vega de Armijo 423 , el convento de Canedo,
antiguo palacio del conde de Salvatierra y cedido a la orden de los franciscanos en
1715, el santuario de la Franqueira, uno de los más famosos de Galicia 424 , los castros
de Troña, el Coto Redondo, de Frades, de Fozara, y monumentos megalíticos como
la piedra vacilante de Arcos. A todos ello s, y a la calidad de l paisaje que rodea a
Mondariz, se dedican extensos artículo s en las publicaciones del balneario 425 :
“un verdadero oasis [...] por su belleza solo comparable a la parte menos montuosa
de Suiza; aquel valle tan plácido, tan risueño, y los ríos Xabriña y Tea, que lo cruzan,
bajo túneles de olmos, alizos, zarzamoras y mimbreras. País de cuento de hadas,
420 HOBSBAWM, E. J./ RANGER, T. 2002: 310.
421 A. VICENTI: “El Mondariz actual”. Mondariz, 1915, nº 7, pág. 157.
422 J.R.C: “Los grandes balnearios de España: Mondariz”. Revista comercial Ibero-Americana , 1905 pág. 535.
[Álbum de prensa del balneario. Archivo de Aguas de Mondariz]
423 C. GARCÍA DE LA RIEGA: “El castillo de Sotomayor” en Las aguas de Mondariz. Álbum-Guía. 1899: 75.
424 “Santuarios famosos de Galicia: La Franqueira”. Vida Gallega, 1911, nº 23.
425 “Curiosidades en los alrededores de Mondariz”. Mondariz, 1916, nº 13, pág. 294-5.
143
donde la luz es reina y señora, y aquí ca e a chorros como aluvión de gloria, allá
agujerea una leve penumbra, enciende lumina rias de plata en la superficie del agua ó
vacila sobre si árboles copudos, pintando tembladores arabescos sobre los helechos y
el tojo que cubren la tierra...” 426
FIG.36 Agüistas en el puente que unía el Gran Hotel con el bosque del Establecimiento
[ Mondariz 1916 nº 16]
Pero, probablemente, lo más interesante de la estancia en un balneario, como en los
edificios de ocio del XIX, consistía en “ver y ser visto”. El parque y las terrazas de la
parte delantera del Gran Hotel, cubiertas la de la planta baja y descubiertas la de
entresuelo eran los espacios más concurridos, sobre todo “a la caíd a de la tarde, de
regreso de las excursiones”, allí los agüistas formaban “animadísimas peñas” 427 . El
amplio vestíbulo era uno de los departamen tos preferidos por los huéspedes, allí se
reunían las damas al regreso de su paseo y parecía, “por el número y la distinción de
los admiradores juveniles que allí se agrupan , el vestíbulo de algún favorecido teatro
madrileño” 428 , con una diferencia: “no por la socied ad, que es tan selecta como la de
los mejores centros de la Corte, sino por la amable y discreta confianza que reina
426 J.R.C: “Los grandes balnearios de España: Mondariz”. Revista comercial Ibero-Americana , 1905 pág. 535.
[Álbum de prensa del balneario. Archivo de Aguas de Mondariz]
427 A. VICENTI: “El Mondariz actual”. Mondariz, 1915, nº 7, pág. 154-5.
428 Aguas bicarbonatado-sódicas de Mondariz propiedad de los Sres. Hijos de Peinador. Hauser y Menet, Madrid, 1900: 6.
144
Periodización. CAPÍTULO I.3
entre los agüistas” 429 . También las amplias galerías de su interior se llenaban de
agüistas que huían del calor del verano, esp ecialmente la de planta baja, llamada “La
playa”, y la del entresuelo que, a través de un rústico puente, conducía al lugar más
frondoso del bosque.
FIG.37 Tarjeta postal con la imagen del salón comedor en 1898 [Archivo de Aguas de Mondariz]
El parque y el vestíbulo del Gran Hotel s on, antes de la construcción del edificio
llamado “La Baranda” el lugar del consumo. En el vestíbulo del Gran Hotel había
una joyería 430 , en la planta baja una peluquería y una perfumería, y en un local “anejo
a la Administración una librería donde se podía comprar tarjetas postales del
establecimiento y alrededores, así como “elegantes vasos de bolsillo para los
agüistas” 431 . En el parque pronto se instalan quioscos con sucursales de diversos
establecimientos comerciales: la del modisto coruñés Angel Taibo 432 , el quiosco
429 Ibídem
430 “Cosas de Aquí”. La Temporada, 1912, nº 6.
431 J.R.C: “Los grandes balnearios de España: Mondariz”. Revista comercial Ibero-Americana , 1905 pág. 537.
[Álbum de prensa del balneario. Archivo de Aguas de Mondariz]
432 “Cosas de Aquí”. La Temporada, 1903, nº 5.
145
“Madrid postal” que vendía ta rjetas postales, telas y joyas 433 , el “Kiosco Galicia”
propiedad de Ramón Lores, im presor del balneario, situado frente a la fuente del
Gándara, un verdadero “bazar” donde se podían encontrar:
“Objetos de arte de Eibar y Toledo, juguetes , calzado de lujo, bisutería cadenas,
relojes de acero y níkel y despertadore s de las mejores marcas, botonaduras,
imperdibles, pendientes, alfileres de corbat as, papeles y sobres para cartas, plumas,
lápices, portaplumas, navajas, cortaplumas, vasos de diferentes formas, paraguas y
bastones y otros muchos objetos de tanto g usto como utilidad que allí se venden a
precios muy moderados” 434
Rachel Challice señala que además de algu nos quioscos de papelería, juguetes y
libros, una de la mejores tiendas de Madrid tenía expuesta su mercancía
“artísticamente” de manera que las comp ras se hacía bajo la más “luxurious
condition of quiet and comfort” 435 , se trata de los almacenes “Villa de París” de
Madrid, que tenían una sucursal en Vigo, y venden su mercancías en el quiosco de la
avenida central del parque 436 . Cuando se inaugura el edificio “La Baranda”, que
centraliza la mayoría de las compras 437 , se abre un “Bazar de artículos alemanes, a la
manera de los que han obtenido un brilla nte éxito en Cestona, Panticosa y otros
balnearios del mismo propietario D. Albert o Keller. Dispone de un buen surtido de
Juguetes de Nürenberg y Bisutería de Pfordyheim” 438 . Las sucursales de las tiendas
de moda eran muy populares entre los agüistas portugueses:
“O Commercio fez este anno un negocio ra soavel; baste dizer que só o magnifico
estabelecimento Sucursal de la Villa de París , de Vigo, teve encommenda de perto de
150 fatos completos de homem, que foram primorosamente executados pelo habil e
attenciosos mestre Filipe Lopez, proprietario da Sastreria Americana , da Calle Carral,
de Vigo, que aqui vinha todas as semana s tomar medidas e provar. Grande numero
433 “Cosas de Aquí”. La Temporada, 1912, nº 3.
434 “Cosas de Aquí”. La Temporada, 1911, nº 2.
435 CHALLICE, R. A monograph of Mondariz 1908: 14.
436 “La vida en Mondariz”. La Temporada, 1907, nº 5.
“Cosas de Aquí”. La Temporada, 1909, nº 13.
437 UN VALLISOLETANO HIPERCLORHÍDRI CO: “Visite usted LA BARANDA”. La Temporada, 1926,
nº 11.
438 “Noticias”. La Temporada, 1926, nº 5.
146
Periodización. CAPÍTULO I.3
d´esses fatos foram para portuguez es. Aquelle estebelecimento era o rendez-vous
obrigado das acquistas elegantes” 439 .
A pesar de la instalación de estas modernas tiendas de moda en el balneario y de la
progresiva “urbanización” del lugar, su situ ación en el campo conlleva una relajación
en los hábitos de vestir. Las monografías del balneario insisten en que allí no son
necesarias las “ridículas exigencias del dichoso lujo” 440 . La escritora inglesa Annette
Meakin advertía que se pedía a las mujeres visitantes que no llevasen sombrero
“excepto para asistir a misa” 441 . Las únicas condiciones que deben cumplirse son las
del “descanso, recreo, elegante sencillez” 442 .
FIG.38 Kiosco
y
pista de lawn
-
tenni
s
[Archivo de Aguas de Mondariz]
Después de la cena, que se servía de ocho a diez de la noche 443 y hasta las doce, el
establecimiento ofrecía diversas actividades de ocio.
En comunicación con el Gran Hotel se situaba un anexo, al que en ocasiones
denominan casino, donde se encontraba el gran salón de fiestas. A ambos lados del
pasillo que comunicaba con el anexo, se situaba un salón destinado a billares y otro
439 “Noticias de Mondariz”. Primeiro de Janeiro . 1906.
440 S. NUÑEZ TOPETE: “La moda en Mondariz” en Las aguas de Mondariz. Álbum-Guía. 1899: 78.
441 MEAKIN, A.M.B. 1994: 376.
442 S. NUÑEZ TOPETE: “La moda en Mondariz” en Las aguas de Mondariz. Álbum-Guía. 1899: 78.
443 “Os grandes balnearios e estancias d´aguas: Mondariz”. Branco e Negro . Lisboa, 27 de marzo de 1898. Pág.
406 [Álbum de prensa del balneario. Archivo de Aguas de Mondariz]
147
a juegos de “tresillo, bézigue , ajedrez, damas, etc.” 444 . En el piso principal se
encontraban los gabinetes de lectura y es critura para señoras –en el que había un
altar “donde éstas podían rezar sus rosarios ó novenas” 445 – y caballeros, surtidos
ambos con papel y sobres para cartas, libro s y los periódicos, revistas e ilustraciones
más importantes de España Portugal , Francia, Alemania en Inglaterra 446 . Además en
1905 se crea la “Biblioteca el Balneario de Mondariz” formada por cinco secciones:
Mística, Instrucción y utilidad, Novela, Po esía y Teatro. El propósito era “recrear
instruyendo y de deleitar enseñando [...] de ofrecer flores fragantes y sazonados
frutos de ingenio, á los que necesitan dist raer sus ocios, en tanto que atienden el
remedio de dolencias físicas” 447 . En las actividades de oc io se observaba el mismo
cuidado por la moral y las buenas costum bres. A esto se deben las frecuentes
advertencias respecto a la inmoralidad del ju ego que se incluyen en las guías y otras
publicaciones del balneario, que insisten en que sólo se permiten los “juegos lícitos”:
“no permitiéndose aquellos que la ley prohíbe y los que, por el interés que se cruza u
otras circunstancias, pueden perjudicar el éx ito de la medicación, la armonía entre los
señores huéspedes o el crédito del Establecimiento” 448 .
“Es de advertir que los juegos enteramente líc itos son los únicos tolerados. En ello
han puesto toda su firme voluntad y cifran su legítimo orgullo los propietarios del
Establecimiento. Mondariz no será nunca un Mónaco ni un Monte Carlo” 449 .
De nueve a once de la noche, todos los días, se celebraban “conciertos, bailes,
representaciones teatrales, cuadros diso lventes, audiciones fonográficas, etc.” 450 en
el salón de fiestas. El cuarteto tocaba piez as de baile para las fiestas y los conciertos
de caridad a beneficio del Asilo del Carmen. El teatro del balneario recibía a
444 Aguas bicarbonatado-sódicas de Mondariz propiedad de los Sres. Hijos de Peinador. Fototipia de Hauser y Menet,
Madrid, 1900: 10.
445 Ibídem
446 LÓPEZ OTERO, J. 1900: 110.
447 M.R. BLANCO-BELMONTE: “La Bibliot eca del Balneario de Mondariz I”. La Temporada , 1905, nº 3.
448 “Guía del agüista en Mondariz. Recreos”. Mondariz, 1916, nº 14, pág. 224.
449
Las aguas de Mondariz. Álbum-Guía . 1899: 9.
“El establecimiento minero-m edicinal de Mondariz” en Las aguas de Mondariz. Álbum-Guía. 1899: 5-9
(publicado anteriormente por Alfredo Vicen ti, con el título de “Mondariz”, en Galicia Moderna, Revista quincenal
ilustrada , 15 de julio de 1898, Pontevedra).
450
148
Periodización. CAPÍTULO I.3
menudo a las compañías que estaban de gira después o antes de actuar en el Teatro
Rosalía de Castro de Vigo, inaugurado en 1902 451 . Y la inauguración de un teatro-
cine añade las proyecciones cinemato gráficas como alternativa de ocio 452 que, a
pesar de estar escasamente considerada, tenía entre sus defensores a Emilia Pardo
Bazán:
“Porque en todo balneario sobran horas, y esas horas vacías de la tarde, las llenará el
cine, de la más grata manera. El cine no pe sa sobre el pensamiento, aún cuando se
afirma que hace daño a los ojos y produce un mareo peculiar. Acaso me desacredite
con lo que voy a decir; pasaré por poco refi nada; pero, a un teatro mediocre, prefiero
un cine” 453
El 21 de junio de 1925 La Temporada anuncia que en los suces ivos días se filmará la
vida balnearia para proyectarla el domingo 454 : “El éxito obtenido con la proyección
de los film que recogen la vi da balnearia es muy halagüeño y el Sr. Gil ha sido objeto
de muchas felicitaciones. En números su cesivos daremos noticia de las escenas
filmadas” 455 .
La iluminación eléctrica y la vida social del balneario se apagaban a media noche 456 .
A su llegada al balneario, Francisco Camba se sorprendía del fabuloso despliegue del
servicio :
“Cuando los caballos han ido á detenerse ante la escalera del palacio, he aquí que
unos hombres se acercan á recibirme, y que otros forman calle, como un sólo
cuerpo, sobre las gradas. Tienen, todos, un fr ac de color, y, pendiente de las solapas,
451
“Teatro-Cine”. La Temporada, 1916, nº 9.
“Teatro del Balneario. Gira artística de la Sociedad Linares Rivas. Temporada de 1919”. La Temporada,
1919, nº 7.
452
E. PARDO BAZÁN: “La vida contemporánea”. La Temporada, 1915, nº 14.
453
“Espectáculos y Conciertos”. La Temporada . 1925, nº 3.
454
“Espectáculos y Conciertos. Galicia cinegráfica”. La Temporada . 1925, nº 4.
455
“Os grandes balnearios e estancias d´aguas: Mondariz”. Branco e Negro . Lisboa, 27 de marzo de 1898. Pág.
406 [Álbum de prensa del balneario. Archivo de Aguas de Mondariz]
456
149
algunas cosas que relucen notablemente [...] Uno recoge el equipaje, otro despide al
cochero, éste pregunta si he cenado, aquél me guía por una suntuosa escalera” 457
El buen funcionamiento de este engr anaje exigía una plantilla de personal
considerable, dirigida desde 1873, y al menos hasta 1917, por Francisco Álvarez 458 .
En 1907, etapa de mayor afluencia, el es tablecimiento contaba con 152 empleados:
setenta y un criados para el servicio de Gran Hotel, además del personal de
Administración, pintores, carpinteros, maqui nistas, impresores, ebanistas, canteros,
hortelanos, bañeros, cocheros, etc., a lo s que había que añadir los veinticinco
empleados en la finca de Pías 459 . Diez años más tarde se citaban 129 empleados
permanentes repartidos entre fuentes, almacenes, casa de máquinas, obras,
automóviles, fincas rústicas, administraci ón e inspección, a los que se sumaba el
personal del Hotel que prestaba servicio en la temporada: jefe de cocina y auxiliares,
camareros y camareras, recaderos, porteros, cocheros, chauffeur , lavanderas,
planchadoras, bañeros y bañeras, etc. 460 Algunos de estos empleados procedían de
ciudades alemanas y suizas 461 , como el maître d´hôtel monsieur P. Motzel, indiscutible
“generalísimo” 462 en la jerarquía del personal del Gran Hotel, y considerado “una
celebridad internacional” 463 . La viajera americana, Ru th Mathilda Anderson, hacía
referencia en 1939 a la “inglesa conve rsación” de su conserje suizo 464 .
Cada piso contaba para el servicio de los huéspedes con dos camareros y una
camarera para “arreglar las habitaciones y facilitarles las noticias que deseen o los
servicios especiales que necesiten, tales como peinadora, limpiabotas, barbero,
planchadora, etc” 465 . El hecho de que los criados y empleados tuvieran prohibido el
acceso a los principales espacios del balnea rio, y su circulación por las escaleras
457
“Organización del Establecimiento balneario de Mondariz”. Mondariz 1917, nº 26. pág. 532-3.
EL HIDALGO DE TOR (CAMBA, F.) “Mondariz” en A través de Galicia. Los pueblos. El Paisaje. Los
Balnearios . 1908: 110.
458
“La vida en Mondariz”. La Temporada . 1907, nº 6.
459
“Organización del Establecimiento balneario de Mondariz”. Mondariz, 1917, nº 26, pág. 532-3.
460
“Relación del personal del Hotel y Restaurant del Establecimiento en la temporada de 1923”. La Temporada .
1923, nº 16.
461
GRENDEL, F. 1984: 171.
462
J.R.C: “Los grandes balnearios de España: Mondariz”. Revista comercial Ibero-Americana , 1905 pág. 534
[Álbum de prensa del balneario. Archivo de Aguas de Mondariz]
463
ANDERSON, R. M. 1939: 87.
464
150
Periodización. CAPÍTULO I.3
laterales, producía un efecto de invisibilid ad que favorecía la sensación de “espacio
fantástico” sugerido por los grandes hot eles en esta época que, como grandes
máquinas mágicas, parecían funcionar gr acias a un servicio tan eficaz como
imperceptible 466 .
FIG.39 Em
p
leados tem
p
orales del Establecimiento
[
M
ondari
z
1917 nº 28
]
FIG.40 Em
p
leados
p
ermanentes del Establecimiento
[
M
ondari
z
1917 nº 28
]
465
GRENDEL, F. 1984: 166.
“Noticias convenientes a los señores hués pedes del Establecimiento (continuación)”. La Temporada . 1906,
nº 2.
466
151
FIG.41 Empleados de la casa de
máquinas [ Mondariz 1917 nº 27]
FIG.42 Empleados de las fincas
[ Mondariz 1917 nº 27]
I.3.2.2. La finca de Sanmil en Pías
“¡Qué guapas iban con los sombreros de palma adornados con flores!... algunas
parecían la siluetas de aquella s damas del Trianon de Versalles” 467
LA TEMPORADA
El Álbum-Guía de 1899 anuncia la
creación de “nuevos recreos en la
cercana granja de Pías, y multiplicará
las honestas distracciones de sus
huéspedes aprovechando todos los
elementos que brindan los ríos, las
FIG.43 Orillas del río Tea en la finca de Pías
[ Mondariz 1915 nº 7]
152
467 “La vida en Mondariz”. La Temporada . 1907, nº 10.
El balneario de Mondariz y Mondariz-B alneario: la creación de una identidad. CAPÍTULO I .4
Mondariz en 1873. De este modo se confirmaba año tras año su progreso y la
creación de lo prometido. Pero dada la breve vida del lugar como núcleo
poblacional no era posible una gran introspección histórica, lo que engrandece a la
figura primordial en la expresión de una historia local: Enrique Peinador Vela, su
gran protagonista, gracias a él existe el lugar, es el elemento fundacional y más
importante de un pasado que empieza tími damente con el párroco Domingo Blanco
Lage.
La historia del balneario queda grabad a en su arquitectura y configuración
urbanística. Como señalara Marc Au gé, las ciudades y pueblos imponen una
dimensión histórica al espacio al nombr ar sus calles y plazas convirtiéndolas en
conmemoraciones 847 . Tienden a volverse monumentos actuando como testimonios
y recuerdos, tal y como indica el origen de la palabra que de riva del verbo latino
monere, llevar o mantener en el recuerdo 848 . El hecho de dar nombres a caminos y
cruces juega un importante papel como factor identitario de un lugar, inscribe a los
personajes elegidos en la historia. La plaza de los Fundadores era el centro
neurálgico de la planificaci ón urbana del establecimiento en los años veinte, estaba
situada en el medio de los tres grandes ed ificios del establecimiento: el Gran Hotel,
La Baranda y el Hotel-Sanatorio. De esta plaza salía la Avenida de Enrique Peinador
Vela que llegaba hasta la fuente de Troncoso 849 , la calle que unía la iglesia de
Lourdes con la plaza de los Fundadores se llamaba Ramón Peinador, y el ramal de
ésta que cruzaba la calle de Enrique Peinad or era la Travesía de Ramón Peinador. El
primer tramo de la calle principal hasta el Ayuntamiento se llamaba 15 de octubre
1924, fecha en la que se propone la crea ción del nuevo municipio. Además estaban
la Calle Domingo Blanco Laxe, Calle Calvo Sotelo, ministro de hacienda que visitó
el balneario y bajo cuyo ministerio se re dacta el Estatuto Municipal de 1924, o la
Calle Miguel Martínez Hernández, en honor al delegado gubernativo que redimió
los foros de Tuy y que se inaugura con la presencia del mismo 850 .
846 Mondariz, Vigo, Santiago. Guía del turista . Est. Tip. Sucesores de Rivadeneyra, Madrid, 1912: 118.
847 AUGÉ, M. 1995: 75.
848 FUENTE, Mª.J. 1999: 57.
849 “Cosas de Aquí”. La Temporada, 1923, nº 9.
850 “Una lápida en Mondariz-Balneario”. La Temporada, 1927, nº 7.
255
La arquitectura es la forma más visible de conmemorar la historia. Las cristaleras de
la cúpula que cubría la fuente de Gándar a, según el proyecto de Antonio Palacios
que finalmente no llegó a rematarse, debían ilustrar la historia de las bodas reales
celebradas en Troncoso. Pero el monu mento conmemorativo más importante y
significativo del lugar es la estatua de Enri que Peinador Vela que presidía la plaza de
los fundadores. Hobsbawm y Ranger c onsideran que entre 1870 y hasta 1914 se
desarrolla una “manía de las estatuas y de los edificios públicos con decoraciones
alegóricas o simbólicas” 851 . La función del monumento c onmemorativo reside en la
perpetuación, o en la recuperación, de la memoria de un acontecimiento, un
personaje o una idea a través de su expos ición en el espacio urbano. El monumento
a Enrique Peinador responde a este mismo de seo de inmortalizar, a través del arte,
al personaje histórico clave en la crea ción del lugar, de crear un nuevo punto
“sagrado” en la configuración de su espaci o y, por su puesto, de visualizar un
elemento de identidad imprescindible en una villa de nuevo cuño, la figura del
fundador:
“Todos los pueblos y todas las profesione s han sentido la necesidad de honrar a sus
hombres notables. Los pueblos porque en e llos encontraron las más sólidas pilastras
para sostener el edificio de su gloriosa hi storia; y los profesionales porque también en
ellos hallaron la base más firme de su prestigio...” 852
I.4.1.3 . Encarnación del mito del fundador en Enrique Peinador Vela
“Puesto que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, para acercarse a Él, para
lograr en lo finito de los medios humanos , ser en esencia su semejante, no tiene el
hombre otro camino que el de proseguir la obra creadora iniciada en el Génesis al
sacar al mundo de la nada. Crear y crear siempre, superarse y propagarse e
inmortalizarse en el tiempo y en el espacio. El “crescite et multiplicamini” bíblico tiene
un sentido transcendente, de honda y sublime espiritualidad. Sobre la creación
orgánica en que la naturaleza plasma su deve nir sin limites, flota, como el espíritu de
Dios sobre las aguas, el germen eterno de la creación espiritual, tendida, como la
851 HOBSBAWM, E. J./ RANGER, T. 2002: 315.
256
El balneario de Mondariz y Mondariz-B alneario: la creación de una identidad. CAPÍTULO I .4
escala de Jacob, de la tierra al cielo, pa ra que el hombre se acerque a la Suma Verdad.
Crear, crear.. Suele decirse que el hombre debe dejar tras de sí un árbol, un hijo o un
libro.. ¿Que se dirá del hombre que deja en pos de sí todo un pueblo como el que
formó Peinador en torno a la fuente milagros a, semejante a la mítica fuente de Salud
que Ponce de León buscó en vano en los ingentes bosques de la Florida” 853
J.G. ACUÑA ( LA TEMPORADA )
El mito del fundador es una pieza fund amental de la imagen del balneario como
centro de civilización y modernidad y de la configuración de una historia y tradición
propias.
Las publicaciones del balneario articula n la narración histórica y su imagen
próspera y moderna en torno a un eje prin cipal: la figura de l empresario-prohombre
capaz de convertir un erial en un foco de civilización. La exalta ción de la figura del
descubridor-promotor era una consta nte en las villas balnearias creadas ex-novo 854 . Su
imagen se identifica con la de una especie de visionario capaz de percibir todo lo
que se puede hacer en un lugar alejado de la civilización. La figu ra del fundador de
una villa balnearia se corresponde con la del demiurgo platónico, constructor y
organizador de su propio mund o. Pronto se equipara a la figura del conquistador, y
su dura labor se califica de epopeya:
“ veni, vidi, vinci . Llegué pueden decir los Sres Hijos de Peinador, nada había, todo
cuanto ahora existe lo hizo nuestr o trabajo laborioso y constante; ví , lo que se podía
hacer aquí en bien de la humanidad; calcul é, proyecté, trabajé, me sacrifique en salud
y en intereses; vencí , hemos vencido todos los obstáculos, dificultades y
contratiempos en lucha empeñada con enem igos y adversarios; ahora ofrezco mi
victoria para beneficio de la utilidad públic a que se encarga de proclamar el triunfo
por los favores que recibe” 855
En la creación de su imagen mítica hay que considerar la fuerte atracción del campo
en la era industrial y el tipo de fantasías colonizadoras que despierta, citando a Lewis
Mumford: “Para los inquietos e intrépidos estaba la conquista y colonización de
852 DR. RODRÍGUEZ SOBRINO: “Monumento a Peinador”. La Temporada, 1919, nº 1.
853 J.G. ACUÑA: “El hombre y su obra”. La Temporada, 1924, nº 17.
854 ROUILLARD, D. 1984: 54-6.
257
nuevas tierras, mezcladas con la atracci ón romántica de la espesura virgen” 856 –los
Peinador tenían además un preced ente ya que, según informan Mondariz y La
Temporada , su madre era pariente cercana del fraile benedictino Rosendo Salvado,
misionero, obispo de Puerto Victoria y col onizador de Nueva Nursia, en la Australia
occidental 857 –. La “tarea colonizadora” de los Pe inador se alimenta del turismo que,
al igual que el colonialismo, tiene que ver con el intercambio y el tráfico de personas
y de mercancías, con el sueño del descubri miento, con “el aprendizaje del mundo” y
con la dominación de la riqueza 858 . Por otra parte, el neoimperialismo de fines del
siglo XIX despierta un gran interés por el persona je del colonizador, cuya imagen es
modelada por los mismos principios id eológicos que diseñan la imagen del
empresario, creando una figura paternalista y bienhechora enfrentada a la del nativo
ignorante y un tanto inocente. Se percibe como un coloni zador que impone orden al
entorno y reduce a los lugareños a tipos pintor escos, atractivos para el turista y que,
de acuerdo con su proverbial ignorancia an te los asuntos mundanos, se muestran
incapaces de comprender los beneficios que obtendrían vendiendo los terrenos:
“Varios capitalistas solicitaron con instanci a comprar algunos solares, con objeto de
edificar buenas casas, y a pesar de ofr ecer pagárselos a buen precio, sus dueños se
negaron rotundamente a vender la más pe queña porción de terreno. Este proceder
demuestra una vez más el especial carácter de la generalidad de nuestros paisanos,
que tanto perjudica a sus propios intereses como a los del país entero” 859
Aunque, en ocasiones, se aludía a la la bor de ambos hermanos, desde muy pronto
Enrique Peinador Vela, descubridor de l manantial de Gándara y gerente del
establecimiento hasta 1907, se convierte en el principal protagonista. Mientras que
su hermano Ramón se ocupaba, sobre todo , de la exportación de las aguas, él
consagrará su vida al balneario. Las descripc iones de su carácter transmiten la idea
de que no era un simple hombre de negocios , pues en él se reunían el hombre de
855 “Hasta el año que viene”. La Temporada, 1908, nº 19.
856 MUMFORD, L. 1979: 641.
857 “Don Enrique Peinador Vela”. Mondariz . 1917, nº 28. Pág. 558.
“El P. Rosendo Salvado”. La Temporada, 1925, nº 17.
858 GUBLER, J. 1985: 106.
859 “Aguas de Mondariz”. Mondariz . 1917, nº 20. Pág. 412. De la obra Hidrología Médica de Galicia publicada en
1877 por el doctor Nicolás Taboada Leal.
258
El balneario de Mondariz y Mondariz-B alneario: la creación de una identidad. CAPÍTULO I .4
acción y el soñador, el dinero y la in teligencia. Las alusiones al “sentido
ponderativo” de Ramón Peinador actuar án como adecuado contrapunto a la
“audacias ciclópeas” 860 d e E n r i q u e . S u i m a g e n e s l a de un empresario emprendedor
y tenaz dotado de una gran sensibilidad, un visionario que cree en una empresa en la
que otros temerían embarcarse:
“... toda esa lacrimosa literatura, esos plañid eros episodios, vertidos sobre el ‘gallego
triunfador’, carecen de la noble espontaneida d, que los había avalorado, en la ‘hora
indecisa de la lucha’; cuando el genio del vidente, roturando terrenos, adquiriendo
heredades, y cavando cimientos, arriesgaba en un colosal proyecto, arrestos y dineros,
que entonces empañados, por las incertidumbres del éxito , apartaban de la cooperación de
su empresa a los espíritus timoratos, y encendían, en bastardas y esotéricas
maquinaciones, a los que, intuyendo la lu z creadora que rasgaba los cielos de
Mondariz, sentían, por anticipado, la ofuscación envidiosa de sus destellos” 861
“Tanta riqueza, tanta vida, la ha creado principalmente un hombre de modestos
recursos, que empezó son disponer de capi tales, pero que rebosaba inteligencia y
energía: Enrique Peinador –de quien no escr ibo esto porque le profese amistad, sino
a quien precisamente profeso amistad por habe r hecho esto–. Si en España existiesen
muchos, muchos espíritus emprendedores y dotados de la imaginación de lo real que
posee Enrique Peinador, no nos veríamos hoy en el caso de envidiar las condiciones
prácticas de la raza que nos ha opuesto en la garganta el pie. Enrique Peinador no es
exclusivamente un industrial, aunque su em presa constituye tan lucrativa y floreciente
industria [...] en este positivo negocio de las aguas de Mondariz , ve más allá del
negocio: ve la prosperidad de una región; ve a los extranjeros afluyendo a Galicia,
descubriendo sus bellezas, trayendo aquí pr ogresos y bienes; ve la superioridad de
España sobre Francia en cuanto estas fuentes se dejen atrás a las de Vichy, y ve el
bienestar de la mejoría difundida entre lo s miles de personas que pagan anual tributo
a las náyades de Troncoso y de la Gándara” 862
860 “Mondariz en sus bodas de oro”. La Temporada, 1923, nº 2.
861 N. CORREAL: “Mondariz. Las figuras del parque”. La Temporada, 1922, nº 16.
862 PARDO BAZÁN, E.: “La vida contemporánea. Mondariz”, en Las aguas de Mondariz. Álbum-Guía. 1899:
31 (originalmente en La Ilustración Artística . Barcelona, 22 de agosto de 1898).
259
“Fue Peinador un vidente, y no adivinó sino que vio antes que nadie que poseer una
fuente minero-medicinal de la envergadur a clínica de Mondariz, era un negocio
eterno, y era una labor patriótica encunarlo en España e irradiarlo en América” 863
Como se ha señalado en el capítulo I.1, la figura del fundador es el paradigma del
hombre moderno, emprendedor, adalid del progreso y modelo para la sociedad, y
como sucedía en la villegiatura , se crea todo un ethos del trabajo, el empresario
moderno se convierte en el primer benefact or de su pueblo, su obra es ante todo
beneficiosa para la humanidad, en este caso para la “humanidad doliente” 864 :
“Cuatro nada más, en la provincia, como los señores Peinador, propietarios de este
establecimiento, que estudien cada día las comodidades del forastero y gusto refinado
de esta sociedad, cuatro repito, bastarían para modificar el modo de ser de esta
región y el concepto que se tiene en genera l de Galicia. [...] Allí no se perdona medio
alguno ni gasto por considerable que sea” 865
Con la única ayuda de su voluntad, los hermanos Peinador Vela “pusieron los
manantiales de estas aguas curadoras al se rvicio de los enfermos de todo el
planeta” 866 y son creadores de progreso que “aspiran, no sólo a la honrosa y justa
compensación de sus afanes, sino al mejor servicio de la humanidad doliente y al
fomento de una riqueza que puede reportar grandes utilidades a las cuatro provincia
de Galicia y a España toda” 867 . Para ello trasladan el mundo civilizado a un lugar
apartado y salubre donde acoger a los hom bres enfermos a causa de vida en la
ciudad:
“Puesto a averiguar, después de mis primeros días de estadía en este paraíso terrenal,
que empresa era la que lo explotaba, me enteran con los mayores detalles que esta
importante obra era el esfuerzo de un solo hombre iniciador desde sus comienzos
hasta lo actual, Don Enrique Peinador, que con el correr del tiempo había de
presentar en España este Establecimiento, gr ande, como lo ideó en sus esfuerzos de
863 H. RODRÍGUEZ PINILLA: “P einador, un vidente”. Mondariz . 1917, nº 28. Pág. 578.
864 ÁNGEL PULIDO: “En el álbum”. La Temporada . 1898, nº 1.
865 LÓPEZ OTERO, J. 1900: 111.
866 “Mondariz en sus bodas de oro”. La Temporada , 1923, nº 2.
867 “Epílogo” en VV. AA: Las aguas de Mondariz. Album-Guía . 1899: 80.
260
El balneario de Mondariz y Mondariz-B alneario: la creación de una identidad. CAPÍTULO I .4
luchador, y, haciendo conocer la bondad de sus manantiales de Gándara y Troncoso.
Y su espíritu batallador, de una perseverancia tesonera, basada en su fe y su virtud en
la labor, lo llevó a la cima de sus justas aspiraciones, y que legítimamente peden llevar
con gran satisfacción los sucesores de este bienhechor de la humanidad, ya que al
hacer conocer sus aguas curó y alivió a mu chos dolientes; y es de esperar que la
bandera que hizo tremolar en sus brazos con el lema de “Fé y Progreso”, seguirá en
su sitial de honor, no ya solo para ese balneario sino para orgullo de nuestra
España” 868
FIG.98 Fotografía de Enrique Peinador que presidía las
oficinas de la administración del Establecimiento, modelo
utilizado por Lorenzo Coullaut Valera para el monumento
[ Mondariz 1917 nº 28]
El hecho de que una sola persona haya cr eado una villa termal, un núcleo vivo y
productivo, con la única ayuda de su esfuer zo y la confianza en su trabajo, tiene un
gran atractivo para el hombre de finales del XIX. La imagen del colonizador, de
hombre emprendedor completa la del empresar io decidido y clarividente. La idea de
la “sociedad industrial” preside la España de la Restauración, en la que el hombre de
empresa despierta una gran admiración. Se establecía una relación directa entre
propiedad e inteligencia, principio ideológico del sistema, “porque según la supuesta
y mirífica armonía preestablecida sobre la que descansa el liberalismo conservador,
los hombres inteligentes, trabajadores y bu enos administradores son siempre los que
868 ANGEL RUBIO, Vice-cónsul de España en Maldona do, Uruguay: “En el Álbum del Establecimiento”.
“Mondariz. Valle del Eden”. La Temporada, 1919, nº 10.
261
conquistan la propiedad” 869 . De manera que el éxito de la empresa no se concibe sin
la inteligencia y de sus actores que cobran un protagonismo muy de acorde con la
valoración del individuo propia del capitalismo industrial:
“Empresa es por extremo difícil, a causa de sus muchos e importantes requisitos, la
creación de un buen establecimiento de aguas minero-medicinales [...] no tenéis nada
si falta un ilustrado Pondal que sepa, con su talento y delicadezas, el prescribirlas, y
un Peinador que, con su espíritu empren dedor, su generosidad y entusiasmo, las
presente, propague y acredite: sin este ultimo requisito, tanto valen los más
salutíferos manantiales, lo que perlas perdida en el fondo del mar, ó como
ferocísimas comarca escondida en el seno de ignorados e inaccesibles continentes.
He quedado profunda y agradablemente so rprendido ante la construcción del Hotel
Peinador, porque no nos tienen acostumbrados a semejantes prodigios los
propietarios de la aguas minerales en Espa ña. No merecen, en verdad, menos hoy el
crédito la concurrencia de estos mágicos manantiales; y aunque de empresas tales
resulte con justa recompensa favorecido el interés particular, nadie dejará de ver en
obra tan magnífica un fundamento serio de riqueza nacional, de prosperidad para la
comarca y de laudabilísimo bien a la humanidad doliente: aspectos que convierten al
fundador en un verdadero bienhechor púb lico y en un guerrero distinguido de los
que luchan por la cultura y el progreso de esta desgraciada patria” 870
La soledad con que Enrique Peinador acomet e su empresa y el enorme éxito de ésta
refuerzan el mito. En Francia, por ejempl o, desde mediados de l XIX las sociedades
de aguas son las principales responsables de l lanzamiento y desarrollo de una ciudad
de las aguas, que en los años veinte se completa con intervenciones de la
municipalidad hasta entonces apartada 871 . Sobre esto llamaba la atención el doctor
Hipólito Rodríguez Pinilla, ca tedrático de Hidrología Mé dica en la Universidad
Central:
“Porque hay que decir a los que se entusi asman con lo extranjero y postergan lo
nacional, que no existe en Europa un Baln eario cuyo esplendor como el Mondariz
haya sido logrado por el esfuerzo de un solo hombre como éste. Vichy es una ciudad
869 ARANGUREN, J.L. 1982: 80.
870 ÁNGEL PULIDO: “En el álbum”. La Temporada . 1898, nº 1.
871 JAMOT, CH. 1988: 411.
262
El balneario de Mondariz y Mondariz-B alneario: la creación de una identidad. CAPÍTULO I .4
balnearia, lo es Carlsbad; existen muchas termas tan lujosas y tan confortables como
Mondariz, pero son de poderosas Compañías y han sido muchos ingenieros, muchos
médicos y muchos siglos los que han levantad o ese crédito. Mondariz es de cuarenta
y tantos años y de un solo hombre: Peinador” 872
Esto le lleva a realizar enormes y costos os esfuerzos que inspiran otra típica
comparación de la época para defini r el paradigma del hombre moderno y
emprendedor, el self-made man americano, es decir, la heroica imagen del hombre
hecho a sí mismo. Alfredo Vicenti o Emilia Pardo Bazán, entre otros, recurrieron a
esta imagen del “gallego-yankee” 873 :
“Para completar la silueta del creador de M ondariz añadiré que en vez de aguardar a
que le construya el gobierno el trozo de ferrocarril que necesita para llevar
cómodamente a los viajeros desde Salvatierra ha sta el balneario, se le ha ocurrido lo
que se le ocurriría a un yankee (con paz sea dicho): construir él mismo el ferrocarril,
explotarlo él mismo..., y la ayuda del Gobi erno que la esperen cruzados de brazos los
apocados y los débiles” 874
Alfredo Vicenti también se refirió a Enrique Peinador como a un “Ayax moderno
que peleó sin doblarse con las te mpestades y con los semi-dioses” 875 . Ya se ha
indicado anteriormente que los Pe inador debieron superar numerosas
contrariedades. Desde el principio su empresa fue objeto de “malevolencia e
intrigas” 876 , a lo que se une la falta de apoy o del Gobierno, y las corporaciones
populares “dirigidas por algún enemig o del progreso y de la cultura” 877 :
“A las industrias nuevas y ya prósperas hay que convertir la mirada. Entre ellas,
ninguna vincula tantas esperanzas ni repres enta un venero tan inagotable de riquezas
como la hidrológica [...] pero es necesario que un vigoroso espíritu de solidaridad en
872 H. RODRÍGUEZ PINILLA: “P einador, un vidente”. Mondariz . 1917, nº 28. Pág. 578.
873 ALFREDO VICENTI: “A Enrique Peinador”. Mondariz . 1917, nº 28. Pág. 567
874 E. PARDO BAZÁN: “La vida contemporánea. Mondariz” en Las aguas de Mondariz. Álbum-Guía. 1899: 31
(originalmente en La Ilustración Artística . Barcelona, 22 de agosto de 1898).
875 ALFREDO VICENTI: “A Enrique Peinador”. Mondariz . 1917, nº 28. Pág. 567
876 A. VICENTI: “El antiguo Mondariz”. Mondariz . 1915, nº 7. Pág. 138
877 “Salutación”. La Temporada, 2 de mayo de 1909, nº extraordinario.
263
que coincidan particulares y corporaciones le preste eficaz ayuda a fin de impulsar su
desenvolvimiento en servicio de los intereses generales” 878
La imagen heroica de Enrique Peinador es todavía más clara tras su muerte 879 . Ese
mismo mes de octubre de 1917, La Temporada publica trabajos literarios de
Cabanillas, Antonio Rey Soto, Francisco Ca mba e Isaac Rego Arce, y reproduce un
artículo publicado en El Día de Madrid por José Millán Astray “dedicados a
enaltecer su santa memoria” 880 . A partir de entonces La Temporada inaugura cada
año con una esquela, editoriales, artículos y transcripciones de las dedicatorias de
los agüistas en el Álbum de Honor dedica das a ensalzar al desap arecido fundador y
lo convierten en un elemento muy presente , en la pieza clave de un pasado que ha
cobrado un carácter casi mítico:
“Solamente los hombres que logran interesar el corazón del pueblo y remediar de
manera efectiva y permanente las miserias de la humanidad tienen derecho al culto de
aquél y al agradecimiento de ésta. Eso hizo, eso logró D. Enrique Peinador Vela [...]
Por eso su nombre se repite, entre oleadas de bendiciones, y su memoria se afirma y
se consolida, lejos de desvanecerse y extinguirs e, con el transcurso de los días y de los
años” 881
“Cada año que transcurre, encontramos más acentuada, en este su famoso Balneario,
la eterna ausencia de su inolvidable fundad or; de aquel hombre diligente, talentoso, y
amante de Galicia, que se llamó Don Enrique Peinador Vela.
Los que ya de antiguo, bebemos estas linfa s minerales, recordámosle aún, en plena
virilidad; trasfundiendo a sus familiares, y subordinados, aquellas infatigables
energías, y aquel su nobilísimo ensueño de d ilatar los horizontes de Mondariz, para
transformar este lugarejo, –si le hubiera si do dable–, en visitada ciudad, como lo
había convertido, de paraje rústico, en villa pintoresca, urbanizada u progresiva” 882
Peinador no sólo es el paradigma del empr esario eficaz y laborioso, sino del gallego
responsable y generoso con su tierra. Po r eso fue especialmente valorado por los
878 “La Industria Redentora”. La Temporada . 1898, nº 9.
879 “Homenaje a Peinador”, “En fecha memorable”. La Temporada, 1919, nº 137.
880 “Gratitud eterna”. Mondariz . 1917, nº 28. Pág. 588.
881 “6 octubre 1918”. La Temporada, 1918, nº 18.
264
II
LA ARQUITECTURA
“La arquitectura abarca la considerac ión de to do el ambiente físico
que rodea la vida humana; no pode mos sustraernos a ella, mientras
formemos parte de la civilización, porque la arquitectura es el
conjunto de modificaciones y alteraciones introducidas en la
superficie terrestre con el ob jeto de satisfacer necesidades
humanas” 900
WILLI AM MORRIS
900 The Prospects of Architecture in Civilization , conferencia pronunciada en la London Institution el 10 de marzo
de 1881. Cit. en BENÉVOLO, L. 1994: 7.
271
272
II.1. EL BALNEARIO, ARQUITECTURA DEL OCIO
II.1.1. El balneario, sus cometidos y su historia. Antecedentes
Partiendo de la base de que el origen de un edificio responde a una determinada
demanda social, se plantea la primera pr egunta: ¿a qué tipo de necesidad responde
un establecimiento balneario?. Comúnmente se identifica con un lugar de uso
colectivo, al que se acude en busca de cuid ado físico, y en el que, en sus principales
manifestaciones a través de la historia, ha prevalecido un componente hedonista. El
concepto del baño como elemento regenera dor se encuentra ya en los santuarios
griegos de Epidauro y el Asklépeion de Pé rgamo. Las termas romanas añaden a esta
función la del placer, tanto en las depend encias destinadas al recreo del cuerpo y del
espíritu, como en la propia configuraci ón arquitectónica. Su naturaleza profana
entronca de manera directa con el termalis mo decimonónico. En ca mbio, la cualidad
de microcosmos que transmite el balnea rio decimonónico procede de un tipo de
arquitectura cuyo origen nada tiene que ver con las curas termales: los palacios y las
villas campestres del Renacimiento.
Aunque no se trata en este trabajo de ha cer un recorrido histórico por toda la
arquitectura balnearia occidental, la expos ición de los principales cambios que ha
sufrido desde su origen, en la Antigü edad, ayudará a comprender porqué ha
adoptado diversas formas hasta llegar a su im agen prototípica en el siglo XIX; ya
273
que, como todo proceso histórico, la hist oria de la arquitectura además de estar
estrechamente vinculada a su presente esta blece un continuo diálogo con el pasado.
La antigüedad de los tratamientos termales en Occidente se remonta a la civilización
griega, donde el agua era considerada un elemento de purificación y renovación,
cualidades destacadas por el célebre médi co Hipócrates de Cos y el historiador
Herodoto en el siglo V a.C. Las instal aciones que configuraban los santuarios
griegos consagrados a Asklepios, dios de la salud, en Pérg amo y Epidauro, se
ordenaban según un determinado ritual de curación. Entre los edificios que
formaban parte de ambos santuarios se en cuentran algunos de los servicios que
formarán parte de las villas termales del XIX: el manantial, el templo, los baños,
dormitorios, la biblioteca, y el teatro 901 . Además, otro rasgo fundamental vincula
estos templos con las villas termales del XIX: su relación con el paisaje y su manera
de adaptarse a la topografía del lugar.
En Grecia existían baños anexos a lo s gimnasios, de los que proceden las
termas romanas pero, al margen de las ci tadas funciones sagradas, no se creó la
necesidad de una construcción específica. Así pues, la arquitectura termal no tiene
un desarrollo pleno hasta la Antigua Ro ma, de cuya importancia se conservan
múltiples testimonios, principalmente de Séneca y de Plinio el Viejo en su Historia
Natural . Aunque las primeras termas conocidas s on las de Estabia, en Pompeya, del
siglo II a.C., son las construidas durante la Roma Imperial las que han marcado el
cánon. Hans Sedlmayr ha comparado la rele vancia simbólica de las termas en Roma
con la de las catedrales en la Edad Medi a o los palacios en el Renacimiento y el
Barroco 902 . Como todo edificio público, expresan la cultura que las crea, citando a S.
Giedion: en “ellas confluyen los valores técnicos, espaciales y sociológicos de
Roma” 903 .
Se sabe que la cultura del baño en la Antigua Roma sobrepasaba la simple
higiene cotidiana, implicándose en todo un proceso de regeneración y socialización.
Además de las grandes termas públicas, exis tían casas de baños privadas dotadas de
901 BLANCO FREIJEIRO, A. 1984: 297.
902 SEDLMAYR, H. 1965: 28.
903 GIEDION, S. 1975: 291.
274
El balneario, arquitectura del ocio. CAPÍTULO II .1
todas las comodidades, en l as que el baño también era colectivo, que atestiguan el
carácter social y hedonista de este hábito . Eran un elemento im prescindible en las
residencias urbanas y campestres. Los Baños más grandiosos, se deben a la
propagandística labor constructiva de los em peradores, desde Augusto, que inaugura
las Termas de su yerno y fiel colaborador Ag ripa en el 19 a.C., hasta el emperador
Constantino en el siglo IV d.C. Las monu mentales termas, junto a los mercados y
anfiteatros, eran los principales edificios pú blicos y centros de relación social en la
civilización romana, cuyas dependencias poseí an todo lo necesario para el cuidado
del cuerpo (gimnasio y baños), y del espíritu (salas de juegos, bibliotecas, galerías de
arte y paseos porticados). Estas constr ucciones demuestran los gustos de una
sociedad que se encuentra en un grado de civilización avanzado tanto cultural como
arquitectónicamente, y con abundantes recursos económicos.
La estructura tipo de estas termas respondía al ritual del baño en cuatro fases,
explicadas por Galeno en De methodo medendi , obedeciendo a una progresión
considerada idónea para alcanzar los efectos deseados de relajación y regeneración.
Este proceso empezaba con unos baños de aire caliente, seguid o de baños de agua
caliente ( calidarium ), temperatura intermedia ( tepydarium ) y uno de agua fría
( frigidarium ), para terminar con un baño de vapor en el sudatorium en el que podían
tomar masajes 904 . Ello generó una planta de orde nación paralela que sufrió algunas
variaciones a través de los siglos asumi endo una definitiva disposición axial 905 a
partir de las termas construidas por Nerón en e l 6 2 - 6 4 d . C . E l r i t u a l q u e e x i g í a e l
cuidado del cuerpo se completaba con otro s espacios destinados al esparcimiento
del espíritu. El edificio estaba rodead o de jardines cerrados por un muro ( perilobus ),
donde los asistentes a las termas podían p asear y charlar tras el baño. Detrás del
muro de la natatio se situaban una serie de estatu as, normalmente copia de modelos
helenísticos, estética que acentuaba la se nsualidad inherente a estos cuidados. Unas
salas en el interior de las termas se destinab an a bibliotecas, en las que se guardaban
904 SEDLMAYR, H. 1965: 19-28.
905 Los restos de las termas imperiales de Caracalla (212-216 d.C) y las de Diocleciano (298-306 d.C), indican
la disposición canónica de las termas: en la cabecera, or ientada a sudoeste para recibir la mayor cantidad de
luz solar durante la mañana, se situaba el calidarium, a éste seguía el tepydarium, el baño de vapor, y la piscina de
agua fría, el frigidarium. Al final de eje se sitúa una gran piscina descubierta, la natatio , a cuyos lados estaban los
vestuarios ( apodyteria ) . La palestra, sala al aire libre rodeada de column as donde podían acceder para practicar
un poco de ejercicio, se situaba en el centro de las termas o bien a ambos lados del eje principal.
275
los rollos de papiro a disposición de los usuarios 906 . Estos edificios se caracterizaban
por su concepción espacial, sus impresionant es dimensiones se debían a un sistema
constructivo basado en el desarrollo del arco y la bóveda 907 . A la monumentalidad
de estos edificios se sumaba la calidad de los materiales empleados en el interior:
mármol, plata, y mosaicos o frescos en las paredes que representaban escenas
mitológicas o de atletas. La percepción del espacio interior de las termas se
acentuaba con los efectos lumínicos que proporcionaban las grandes aberturas en
sus muros cubiertos con cristales, y el reflejo en los mosaicos y mármoles que
recubrían el interior. En algunas de ellas, como las de Caracalla, los ventanales del
calidarium llegaban hasta el suelo, ofreciendo magníficas vistas al exterior. Todo
estaba dispuesto para el disfrute de los sentidos y el culto al cuerpo.
El componente hedonista de las term as romanas constituye el precedente
intencional más claro de las villas termales del XIX, que también se convierten en
importantes centros de socialización que ot orgaban alivio al cuerpo y distracción al
espíritu. De hecho, la alusión al origen romano de muchos balnearios será utilizado
como perfecto reclamo en un siglo marcado por el historicismo, para apuntalar el
prestigio y la probada efectividad de las aguas en el pasado. También la arquitectura
recurre con frecuencia a la Antigua Roma para apoyar una determinada simbología.
Sin embargo, mientras el principio fundam ental de las termas romanas consistía en
el placer del baño, como refleja su prog rama arquitectónico, en el siglo XIX la
estancia en un balneario se debe, al menos oficialmente, a una necesidad médica, si
bien la mayor parte del tiempo se dedica a actividades de ocio propias de una
sociedad desarrollada. Por otra parte, mi entras el balneario decimonónico era una
empresa extremadamente elitista, las term as romanas, construidas por el Estado y
906 GIEDION, S. 1975: 300.
907 El desarrollo de otros elementos técnicos y constructi vo asociados a los baños públicos refleja el grado de
importancia que habían adquirido los hábitos de higien e en la civilización romana. La destacada labor de
ingeniería en el proceso de canalización y abastecimien to de agua es fundamental para su equipamiento, así
como la ideación de un sistema de calefacción, que consistía en unos tubos de aire caliente y unos grandes
braseros situados bajo el suelo y entre los muros. Por ot ra parte, la monume ntalidad de estos edificios se debe
a la pericia constructiva que había alcanzado la Antigua Roma en los abovedamientos de grandes superficies,
precisamente en las termas se emplean por primera vez las bóvedas en forma de cruz. Hans Sedlmayr ha
señalado la influencia de estas construcciones en é pocas posteriores. Los palacios franceses del XVII se
inspiran en la distribución en planta de las termas im periales, en las que destacab a el gran espacio central, y
posteriormente su concepción escenográfica del espacio infl uirá en los interiores de las iglesias y bibliotecas
barrocas. En el XIX, las soluciones técnicas empleadas en las grandiosas termas inspirarán a los arquitectos la
276
El balneario, arquitectura del ocio. CAPÍTULO II .1
cedidas a un arrendatario para su admini stración, eran de entrada gratuita o
cobraban un precio simbólico. La diferenc ia de categorías dependía únicamente de
su situación en la ciudad y era establecida por el pueblo no por la calidad de la
construcción 908 , aunque una vez en el interior de las termas, los miembros de la clase
social más alta tenían ocasión de distingu irse según la cantidad de sirvientes y
esclavos que les acompañasen.
Las termas imperiales siguieron utilizándose hasta la intervención de los invasores
bárbaros en el siglo VI. La civilizaci ón musulmana perpetuó algunos años la
costumbre de los baños públicos en Es paña, dejando ejemplos notables de su
arquitectura en la Alhambra de Granada y en el palacio de Medina Azara en
Córdoba. A las funciones de cuidado corpor al y centro de reunión social de las
termas romanas añade el hamman islámico un componente religioso, ya que la
limpieza del cuerpo era un medio para alca nzar la purificación del alma. Una orden
de Alfonso VI en 1108, recogida en la Crónica General , supuso el derribo de
numerosos baños usados en la Península, y el hábito se redujo considerablemente
durante el proceso de la Reconquista con la expresa prohibición de los Reyes
Católicos. En la Edad Media cristiana el componente lúdico y hedonista desaparece,
condicionado en buena parte por los juicios de la Iglesia que condenaba la práctica
de los baños públicos por in moral. Aunque el interés por las propiedades curativas
de las aguas permanece, la actividad arquit ectónica se centra en satisfacer otro tipo
de necesidades que estaban más de acorde con aquella sociedad, abandonando la
compleja ingeniería que los romanos habían desarrollado en torno al agua, como el
alcantarillado y, por supuesto, la arquitectur a termal. El interés del Renacimiento por
la cultura y los monumentos de la antigü edad clásica despiertan un nuevo interés
que revaloriza las prácticas de las aguas me dicinales y termales. Varias publicaciones
italianas se ocupan de transmitir los avances de la hidrología científica, entre otras el
Tractatus de Balneis (1417) del doctor Ugolino de Montecatini, considerado el
solución a problemas de construcción planteados por la necesidad de cubrir grandes espacios públicos, como
las estaciones de ferrocarril. SEDLMAYR, H. 1965: 28
908 Las Termas de Caracalla, en el sudeste de la ciudad se hallaban lejos de la zona más distinguida de Roma,
situada al nordeste, a ello se debe que, a pesar de su magnificencia, fueran frecuentadas por las clases más
277
fundador de la hidrol ogía italiana, o el De ómnibus mundi balneis (1496) de G. M.
Savonarola 909 . La continuidad del hábito de las curas termales en el siglo XVI fue
descrita por Michel de Montaigne, que aprovechó su búsqueda del remedio a sus
problemas renales en las aguas europeas para escribir sus impresiones en Voyage en
Italie par la Suisse et l´Allemagne (1580-1581). Aunque en el siglo XVII se dan los
primeros indicios de una regularización de la vida termal, existe sobre todo un
“termalismo de corte”, que inaugura la mo da de las curas termales entre las clases
altas 910 . Por lo demás, apenas puede hablarse de modestas casas de baños, pequeños
establecimientos con bañeras y duchas, en ocasiones con pequeñas piscinas, cuya
función, estrictamente curativa, se distanciaba enormemente del auténtico
fenómeno termal que sólo se manifiesta arquitectónicamente cuando terapéutica y
actividad social se unen.
No es hasta el siglo XVIII cuando se siente la necesidad de recuperar el aspecto más
hedonista de los baños termales . La ciudad inglesa de Bath 911 , reestructurada a partir
de 1702 por los arquitectos John Wood, padre e hijo, prefigura la imagen mundana a
la que, todavía en la actualidad, se asocia la palabra balneario. El desarrollo de otros
establecimientos termales europeos conf irman la moda balnearia en el XVIII,
especialmente Spa y Karlsbad 912 . A principios del XIX toda vía era habitual que los
agüistas, cada vez más atraídos por las ex celencias de la vida en el campo y las
bajas. Las clases altas preferían las termas de Agrippa o las de Nerón situadas cerca del campo de Marte, o las
de Trajano en el Esquilino que, según document os de la época, eran las más renombradas.
909 CRAPLET, M. 1985: 202.
910 En 1605, Enrique V crea en Francia el cargo “Surin tendant des bains, fontaines et eaux minerales de
France”. Luis XIII, acompañado del reina y del cardenal Richelieu visita en 1633 Fo rges-les-Eaux. La condesa
de La Fayette y Mme. de Sevigné visitan con frecuenci a “la casa del Rey” en Vichy. WALLON, A. 1985: 169.
911 Prueba de la vitalidad de esta ciudad en el XVIII es la recreación que hace la escritora inglesa Jane Austen,
en su novela La abadía de Northanger, de las costumbres y recorridos de lo s agüistas que acuden a ella, finales
de siglo. Esta obra, divertida sátira sobre la popularida d de las novelas góticas a finales de siglo, fue escrita
entre 1796 y 1798, aunque no se publicará hasta un a ño después de la muerte de su autora, en 1818.
AUSTEN, J: La abadía de Northanger . Plaza y Janés. Barcelona, 1998.
912 La ciudad de la actual República Checa, Karlový Va rý (Karlsbad), que significa “Baños de Carlos” en
honor del emperador Carlos IV, su presunto descubrido r en 1358, fue uno de los lugares predilectos de la
realeza e intelectualidad europeas durante el siglo XVIII. Esta ciudad contaba desde 1711 con una casa de
baños que empezó a atraer a un destacado número de a güistas, hasta que un incendio acaecido el 23 de mayo
de 1759 destruye más de dos tercios de la ciudad, ralent izando su actividad termal, impulsada años más tarde
con la aparición de las primeras construcciones de stinadas al ocio. En 1775 Johann Georg Pupp pone los
cimientos del futuro desarrollo del servicio hotelero c onstruyendo sobre uno de los edificios anteriormente
destinado a tratamiento termal, el restaurante más grande de Karlový Varý que se convierte a finales de siglo
en el centro social más visitado por los bañistas. En 1788, gracias a los beneficios que produce la venta de la
sal mineral, se construye un teatro y en 1792 la columnata de la Fuente Nueva.
278
El balneario, arquitectura del ocio. CAPÍTULO II .1
propiedades “milagrosas” del agua, se al ojasen en pequeñas fondas, o bien que
alquilasen una pequeña casita, o una habitación, en alguna de las casas cercanas a las
fuentes. Así procedía Goethe durante sus es tancias en Karlsbad y en Marienbad a lo
largo de las dos primeras décadas del XIX.
Los grandes balnearios que componen nues tro imaginario nacen en las décadas
finales del siglo XIX, y se extienden hasta los años veinte, sostenidos por un sistema
económico marcado por el naciente capitalismo . A partir de entonces, aristocracia y
burguesía se mezclan en el espacio elegido como centro de reunión social preferente
durante la temporada estival: los grande s hoteles de los balnearios. El modelo
establecido en Bath en el siglo anterior, será tomado por las estaciones termales del
continente que, especialmente en Fran cia y Alemania, se enriquecen con la
aportación de ciertos principios direct amente relacionados con el capitalismo
industrial desarrollado en el XIX, que dese mbocarán en el nacimiento de las grandes
villas termales 913 . La propiedad de la mayoría de los edificios que componen la
ciudad de las aguas estaba en manos de un a sociedad financiera que, gracias a la
debilidad de los poderes públicos, tienen un control absoluto sobre el plan
urbanístico y los equipamientos de estos centros 914 . Esta situación origina frecuentes
enfrentamientos entre empresarios y Esta do por las propiedades y derechos de
explotación, como sucederá en Mondariz.
E n e l ú l t i m o t e r c i o d e s i g l o , e l b a l n eario comienza a transformarse en “ciudad
de las aguas”, su configuración espacial obedecerá a una planificación arquitectónica
que traduce los cada vez más complejos r ecorridos del agüista. Los establecimientos
que surgen en este período forman un “conjunto de edificaciones relacionado, a
través de un esquema organizativo basado en la vida del agüista, sometida a un
horario y a unas actividades fijas a las que se superpondrán cada vez con más fuerza
las de carácter lúdico” 915 . En la primera década del sigl o XIX, J.N.L. Durand incluía
en sus Précis des leçons d´Architectu re données a l´École Polytechnique un proyecto de baños
913 JAMOT, Ch. 1987: 23.
914 Una de las mejores narraciones sobre los intereses que rodean la creación de un establecimiento termal en
el siglo XIX es la novela de Guy de Maupassant Mont Oriol (1886). MAUPASSANT, G. de. Mont Oriol.
Classiques Universels. Paris, 2000.
915 LEBOREIRO AMARO, Mª.A. 1994: 61.
279
con un vasto jardín al borde de un rí o con sus orillas pobladas de cafés y otros
servicios. Y añade que, en el caso de no tratarse de ba ños ordinarios sino de baños
termales que, por motivos de salud o de placer, exigían una estancia más o menos
prolongada, además de las instalaciones rela tivas al tratamiento deberían incluir:
edificios destinados a alojamiento, un templo, una sala de espectáculos, salas de
baile, de conciertos, de juego, cocinas, caballerizas y almacenes entre otras
dependencias 916 . Durand prefigura en esta descri pción algunos de los elementos que
formarán parte ineludible de una villa de aguas, en la que el ocio era tan importante
o más que el tratamiento. En Francia destac an los balnearios de Vittel, Aix-le-Bains,
Royat (famoso por las visitas de la emperatriz Eugenia de Montijo en 1862 917 ) y
Vichy. Las intervenciones estatales fr ancesas sobre las estaciones termales,
excepción en Europa, convierten a Vichy en la emblemática “ciudad de las aguas”
durante el Segundo Imperio, gracias al interés de Napoleón III por favorecer esta
estación, que visita asiduamente entre 1861 y 1866 918 . La planificación de las villas
balnearias en Francia lo convierte en el país de referencia para los promotores
europeos. En Italia, el balneario más célebre es el de Montecatini, donde se reunían
los más destacados miembros de la soci edad, el rey Vittorio Emmanuele, y los
protagonistas de la cultura italiana finis ecular, D´Annunzio, Verdi (asiduo visitante
entre 1882 y 1899), Puccini y Toscanini. En Alemania, los grandes centros de
reunión de la sociedad europea son: Wies baden, Homburg, el balneario alpino de
Bad Ischl (frecuentado por los empera dores Francisco José y Elisabeth de
Habsburgo), Marienbad, Karlsbad y, esp ecialmente, Baden-Baden. Algunos de los
más destacados personajes de la política y la cultura europeas, recorrieron el famoso
paseo de la Lichtentaler Allee, buscan do reposo o bien el placer del juego 919 , hasta
que en 1872 se prohíbe el juego organizado en Alemania y los célebres casinos de
Baden Baden y Wiesbaden, entre otros, deben cerrar sus puertas 920 . El casino
916 DURAND, J.N.L 1805.
917 SCHALL, C. 1994: 166.
918 UZU, F. 1994: 416.
919 Es conocida la adicción al juego del escritor ruso F. Dostoyevski, que le llevó a recorrer los más célebres
casinos de Europa central, la mayoría de los cuales estaban asociados a los establecimientos balnearios. Su
relación con el juego se reflejó en su novela El jugador (1866), que transcurre en una ficticia ciudad balnearia
llamada Roulettenburg. DOSTOYEVSKI, F: El jugador . Ed. Juventud. Barcelona 1999.
920 Prueba de la importancia del casino como espacio de representación social, es su lugar central en la
literatura que recrea el ambiente balneario decimonónico Entre las más justamente célebres, se encuentran El
280
El balneario, arquitectura del ocio. CAPÍTULO II .1
Hotel, situado en los Jardines de Mé ndez Núñez, junto al Kiosco Alfonso 936 . En
este contexto, es fácil suponer qué sign ificó social y arquitectónicamente la
inauguración de un establecimiento como el de Mondariz, el primero de los grandes
hoteles balnearios que tuvo Galicia. Además de las funciones añadidas propias de un
balneario, la ubicación del Gran Hote l de Mondariz en el campo marca una
diferencia fundamental respecto a la arquitectura de estos hoteles: Jenaro de la
Fuente, recurre al tipo palaciego caracterís tico de las residencias suburbanas. En
cambio, la distribución interna y los servicios de estos establecimientos guardan
lógicos paralelismos con el Gran Hotel de Mondariz, que resultan tan aclaradores
como las diferencias que marca el establecimiento de los Peinador.
Pascual Madoz refiere la precaria situación de las fuentes y establecimientos
termales gallegos a mediados del siglo XIX en su Diccionario Geográfico Estadístico
Histórico de España y su s posesiones de Ultramar (Tomo XIII). Entre ellos sólo destaca
las instalaciones del balneario de Acuña en Caldas de Reis, financiado por el
ministro de Gracia y Justicia del mismo nombre en 1812 937 . Esto es lo que dice de
Mondariz:
“Hay en el térm. 2 fuentes de aguas medi cinales que producen muy buenos efectos a
los dolientes que las beben. La que se halla a orillas del r. Tea es nitrosa y sirve para
curar enfermedades cutáneas; y la del ba rrio de S. Pedro ferruginosa facilita la
digestión y abre el apetito. Como no se han hec ho análisis de esta agua, ni los hab. de
esta felig. han dado publicidad a las virt udes que encierran, no podemos hablar con
más extensión de ellas” 938
En estos años aún prevalecía el concepto de balneario como servicio sanitario. Los
ayuntamientos acostumbraban a correr con lo s gastos de las modestas instalaciones,
a menudo reducidas a una piscina comunal abierta, similares a las utilizadas en la
Edad Media. Hacia mediados de siglo, la pr ivatización de las fuentes y el incremento
936 VIGO TRASANCOS, A. 1992: 20.
937 MADOZ, P. 1848: 282.
938 MADOZ P. 1848: 485.
287
del interés por los establecimientos termales da un giro a esta situación, y pronto
aparecen los primeros promotores decididos a invertir en un negocio que prometía
ser rentable. A instancias de la auto ridad provincial, las aguas de Lugo son
declaradas de interés médico y curativo por Real Orden en 1847, ese mismo año se
mejoran las instalaciones, atrayendo a numerosos agüistas 939 . El doctor Ramón
Otero contaba que el propietario de una de las cinco pequeñas instalaciones para
baños de Cuntis –llamado Castro– constru ye un casino que se convierte en el centro
de reunión social de los agüistas alojados entre las 62 casas que conformaban la villa
alrededor de 1866 940 . En 1877, Taboada Leal hacía re ferencia a las mejoras que se
estaban llevan a cabo en los balnearios de Ca rballiño, La Toja y, especialmente, en
Mondariz. En 1891, Ángel Rubido 941 señalaba la existencia de 28 manantiales en la
provincia de Pontevedra, de los que cabía destacar cinco establecimientos: Caldelas
de Tuy, Caldas de Reyes, Cuntis, Mondariz y La Toja. Pero es Mondariz, con su
Gran Hotel, el primer establecimiento importante de Galicia, al que sigue en
categoría otro proyecto de Jenaro de la Fu ente: el establecimiento de Caldas de Reis,
construido entre 1896 y 1900. Exceptuando l as obras del balneario de Lugo a finales
del XIX y el hotel del balneario de Inci o (Lugo, 1898), ambos de Nemesio Cobreros
y Cuevillas 942 , los edificios más importantes perten ecen a la primera década del siglo
XX: el arquitecto Daniel Vázquez-Gulias Ma rtínez proyecta los establecimientos de
O Carballiño (1901) y Cabreiroá (1905-8) en la provincia de Orense, y el
desaparecido Hotel-balneario de La Toja (1905-7) en Pontevedra, donde también
cabe destacar el de la Virg en de Cuntis (1908) y en Lugo el arquitecto Juan Álvarez
de Mendoza proyecta el de Guitiriz (1902-5).
Otro ejemplo de arquitectura del ocio ca racterístico de este período es la casa de
baños , también llamadas balnearios maríti mos, establecimiento que comparte
ciertos aspectos con los edificios dedicados a tratamientos termales. Al igual que los
balnearios, estas casas de baños tienen su período de apogeo entre la segunda mitad
939 OTERO ACUÑA, R. 1867: 232.
940 OTERO ACUÑA, R. 1867: 197.
941 RUBIDO, A. 1891: 129-31.
942 La estructura de estos establecimien tos, especialmente el balneario de In cio, se asemeja al Gran Hotel de
Mondariz: un gran cuerpo central flanqueado por dos laterales.
288
El balneario, arquitectura del ocio. CAPÍTULO II .1
del XIX y las primeras décadas del XX. Se situaban a orillas del mar y estaban
destinadas a ofrecer a los usuarios servicio s que iban desde las instalaciones en las
que podían tomar baños de agua dulce o salad a, hasta otros que las asemejaban a los
de un hotel: habitaciones, restaurante, salones de música y lectura, baile, etc 943 . Su
origen responde igualmente a razones de tipo médico y social: el auge terapéutico de
los baños de mar o “de oleaje”, y el veraneo fuera de las ciudades, extienden la
moda de este tipo de establecimientos, especialmente desde que la emperatriz
Eugenia de Montijo frecuenta las playas de Bi arritz y San Juan de Luz. En España se
hicieron muy célebres las playas del Norte, especialmente la de la Concha en San
Sebastián, gracias a las frecuentes visit as de Isabel II, y la del Sardinero en
Santander.
Las características arquitectónicas de l as casas de baños responden a factores
de origen diverso. Las concesiones de la autoridad marítima estaban limitadas en el
tiempo, lo que explica su carácter provisiona l y el consiguiente empleo de materiales
perecederos, principalmente la madera 944 . Por otra parte, la naturaleza del
establecimiento y las características del ri tual del baño en la época imponían otros
rasgos: los primeros establecimientos, le vantadas sobre columnas de madera a modo
de palafitos, adoptaron forma de U lo que, además de facilitar la obligatoria
separación entre las zonas destinados a hom bres y mujeres, creaba un espacio
resguardado para el baño. Con el paso de los años se fueron abriendo los brazos
laterales hasta tomar una forma rectangular. La fachada que daba al mar tenía una
amplia cubierta para proteger del sol a los usuarios que guardaban el obligado
reposo antes o después del baño, y muchas de ellas instalaban una pasarela o unas
escaleras que desembocaban directamente en el agua para facilitar el acceso a los
bañistas, que en su mayoría no sabían nadar.
La primera casa de baños de Galicia surge en 1874 de la iniciativa privada de un
grupo de accionistas de La Coruña apoyados por el alcalde de la ciudad. Se trataba
de un chalet de madera y caseta de ba ño muy modestos, situados en la playa de
943 LEBOREIRO AMARO, Mª A. 2000: 904.
944 GARRIDO RODRÍGUEZ, X. 2000-I: 715.
289
Riazor 945 . Entre 1874 y 1878 se presentan varios proyectos en diferentes ciudades
gallegas que nunca llegaron a ejecutarse, hast a que en 1878 se construye la casa de
baños “La Iniciadora” de Jena ro de la Fuente. Este tipo de establecimientos, por su
naturaleza y servicios, son lo más cercano en su planteamiento al Gran Hotel de
Mondariz que el maestro de obras había construido hasta entonces. Es preciso
destacar el papel pionero de Jenaro de la Fuente en estos ejemplos de la arquitectura
del ocio. A él se debe la primera casa de baños dotada de los servicios que
caracterizaban a estos establecimientos así como el primer hotel-balneario gallego.
II.1.3. Precedentes del Gran Hotel, arqui tectura del ocio en la obra de
Jenaro de la Fuente Domínguez: la casa de baños “La Iniciadora” en
Vigo y “La Concha de Arousa” en Villagarcía
Antes de encargarse del proyecto para el Gran Hotel de Mondariz, Jenaro de la
Fuente había hecho varias obras de gran im portancia en Vigo, pero ningún hotel
entre ellas 946 . La casa de baños “La Iniciadora” en Vigo y “La Concha de Arousa”
en Villagarcía, son sus primeros proyectos relacionados con la arquitectura del ocio.
Vigo no tuvo su primera casa de baños hasta que el indiano Cándido Soto decide
construir una en la playa de “Las baterí as”. La casa de baños, significativamente
bautizada con el nombre de “La Iniciadora”, es encargada a Jenaro de la Fuente
quien, prácticamente recién llegado a Galicia, firma los planos el 22 de diciembre de
1875. La memoria del proyecto subraya la urgente necesidad que tenía una ciudad
costera con las características de Vigo, de un establecimiento que permitiese tomar
945 FERNÁNDEZ FERNÁNDEZ, X. 1996: 217-219.
946 En 1888 realiza para Benito Gómez González (padre de los arquitectos Benito y Manuel Gómez Román),
un edificio que podría haber sido el precedente más clar o, pues pronto se convierte en el Hotel Universal,
pero su función primera fue la de residencia familiar. Así lo indicaba Pedro Areal en su trabajo sobre la
arquitectura de los hoteles de Vigo en el cambio de siglo: “En el expedi ente de la obra no se especifica el
destino de aquella construcción, pero todo parece indica r que ésta sería al residencia de la familia Gómez
Román, como de hecho así se constata a través de noticias posteriores. En un primer momento esto nos lleva
a pensar en una readaptación posterior del inmueble para la instalación del hotel en sus interior, sin embargo,
el hecho de encontrar anuncios del “Restaurante Universal”, que también disponía de habitaciones para los
clientes en fechas muy recientes a la construcción de inmueble, deja abierta la posibilidad de que desde un
principio se compartiera el servicio del hospedaje con el de vivienda pa rticular para los propietarios del
inmueble”. AREAL ALONSO, P. A., 1998: 52.
290
El balneario, arquitectura del ocio. CAPÍTULO II .1
baños de mar con las mínimas cond iciones de decoro y comodidad 947 . También los
ciudadanos vigueses se quejaban de la falta de este tipo de iniciati vas, como se lee en
un artículo de la prensa local:
“... Hace tiempo que la opinión pública y la prensa reclama una casa de baños en
Vigo, pues su creación atraería aquí mayor número de bañistas [...] la iniciativa
particular se encuentra aleta rgada en este asunto, y nadie más que ella podía dar cima
a estos trabajos. Si la casa de Caridad se encontrase con recursos para ello nosotros
rogaríamos a la Junta que estudiase el pr oyecto, pues corriendo su cuenta las barracas
que hoy se usan para baños, nada más justo que emprendiese la construcción de
dicha casas de baños que podía estar admi rablemente servida por los acogidos, o en
si defecto un baño flotante como los hay en otros puertos menos a propósito que el
de Vigo para esta clase de obras” 948 .
El establecimiento recibe curiosos elogio s que se hacen extensivos a su promotor.
C o m o s e v e r á e n e l c a s o d e l o s b a l n e a r i os, era habitual referirse a este tipo de
proyectos “civilizadores” como si se trat asen de obras benéficas que el empresario-
filántropo ofrece a la ciudad. Se elimina todo carácter mercantil para aludir al modo
en que estas iniciativas colaboran al progreso n o y a d e l a c i u d a d en que se instalan,
sino al país al que pertenecen:
“El domingo se ha abierto al público la Casa de baños La Iniciadora, que tan
señalados servicios y crédito presta a esta población [...], personas que en el
extranjero y América han visto casas de baños, convienen unánimes que La
Iniciadora es digna rival de las mejores de ellas, pues cuenta con 75 habitaciones,
doce con bañeras de mármol, la mitad para el servicio de hombres y la otra para
mujeres. Tiene un gran salón de descan so dotado con un gabinete de lectura,
restaurante y piano, todo esto bajo un techo pintado y alegre, donde las brisas del
mar juegan agradablemente con las enredaderas y el espíritu local, hasta el punto de
encontrarse dentro de él, cree uno que ha salido muchas leguas lejos del apático y
raquítico concepto del país gallego, que tan descuidado tiene el buen gusto y hasta las
más indispensables comodidades en establecimientos de esta y otra especie” 949
947 GARRIDO RODRÍGUEZ, X. 2000-I: 719.
948 Faro de Vigo , 4 de septiembre de 1875.
949 Faro de Vigo, 30 de abril de 1878, p. 2.
291
FIG.102 Proyecto de Jenaro de la Fuente para la casa de baños “La Iniciadora”, 1875 [GARRIDO
RODRÍGUEZ, X. 2000-I]
Entre la correspondencia de Jenaro de la Fuente se encuentra una carta escrita por
Cándido Soto, el 16 de marzo de 1887, en la que agradece su buena labor en la
construcción de la primitiva casa de baños “L a Iniciadora”, así como en la reciente
realización de unos planos para “ba ños flotantes” que, como sucede con otros
proyectos de la misma índole, hoy se desconocen 950 . El éxito de la casa de baños se
prolongó hasta bien entrado el siglo XX 951 : “La Iniciadora fue el punto obligado de
la sociedad elegante; allí se daban conciertos, se cantaba, ese bailaba, se hacía la corte
y hasta un poquito de gimnasia” 952 . Cándido Soto fue uno de los primeros
empresarios gallegos en crear una empresa en la que se combinaba el ocio con el
950 Xaime Garrido cita otros dos proyectos firmados por Jenaro de la Fuente para casas de baños: una
solicitud de Francisco Gil Acuña en 1883 y otra presenta da por Laureano Salgado, en la playa de Coia, en
1889. GARRIDO RODRÍGUEZ, X. 2000-I: 728.
951 En 1896 se traslada a la playa de San Francisco debido a las obras de enlace entre el muelle de la Lage y el
Berbés. En 1903 Jenaro de la Fuente realiza el nuevo ed ificio de “La Iniciadora” entre la nueva avenida de
Cánovas del Castillo y la calle Teófilo Llorente, en esta ocasión se trataba de una construcción de carácter
duradero, pues ya no estaba ligada a los baños de mar. De la Fuente proyectó un edificio de dos plantas en
ladrillo (el segundo destinado a hotel) en el que, siguiendo en la más pura línea ecléctica, opta por el estilo
Mudéjar, considerado por algunos historiadores y arquitect os de la época el más adecuado para la arquitectura
del ocio. Fue demolido entre finales de 1960 y pr incipios de 1970. GARRIDO RODRÍGUEZ, X. 1991.
952 MONTENEGRO LÓPEZ, A. 1990: 156.
292
El balneario, arquitectura del ocio. CAPÍTULO II .1
tratamiento terapéutico de las aguas. Y es el primer proyecto en que Jenaro de la
Fuente debe resolver ambas necesidades.
FIG.103 Casa de baños “La Concha de Arousa ” en Villagarcía de Arosa. 1888 [FERNÁNDEZ
FERNÁNDEZ, X. 1996]
Quizá alentados por el éxito de este es tablecimiento, en 1886 los hermanos José y
Laureano Salgado 953 , socios mayoritarios de “Aso ciación Gallega”, encargan en
nombre de ésta a Jenaro de la Fuente el proyecto de otra casa de baños, denominada
“La Concha de Arousa” en Villagarcía, uno de los principales centr os de veraneo de
Galicia 954 . Su estructura ya no responde a la forma de U, sino que adopta la forma
alargada propia de las casas de baños construi das en los últimos años del siglo. Este
tipo de planta se parece mucho a la que Je naro de la Fuente empleará años más
tarde en el Gran Hotel de Mondariz: un cuerpo central unido a dos pabellones
laterales por dos largos brazos. En su momento, esta casa de baños fue considerada
una de las mejores de España, ocupaba una superficie de 2.652 m², tenía un salón de
baile, un pabellón de mujeres al norte y al sur el de hombres, sesenta habitaciones,
953 José Salgado, licenciado en Derecho, fue diputado pr ovincial de Pontevedra, g obernador civil de Lugo y
miembro numerario desde su fundaci ón de la Real Academia Gallega. A Laureano Salgado, empresario, se
debe el tendido eléctrico de Bayona, Porriño y otras localidades, fue el constructor de la Aduana de
Villagarcía, de cuyo puerto era concesionario, e impulsor de la construcción del monumento de la Virgen de
la Roca en Bayona, obra de Antonio Pala cios. GARRIDO RODRÍGUEZ, X. 2000-I: 722.
954 FERNÁNDEZ FERNÁNDEZ, X. 1996: 220.
293
20 pilas o bañeras de mármol para baños fr íos o calientes, un restaurante, salón de
lectura y música, tocador para señoras y gab inetes de juegos. Además de un cuarto
para la maquinaria, donde una dinamo an exa a la caldera de vapor abastecía al
establecimiento de corriente eléctrica 955 .
955 GARRIDO RODRÍGUEZ, X. 2000-I: 722.
294
II. 2. ORIGEN DEL ESTABLECIMIENTO: PRIMERAS
CONSTRUCCCIONES
II.2.1. Ubicación y límites geográficos
El municipio de Mondariz-Balneario, el más pequeño de Galicia, con una superficie
de 2’5 kilómetros cuadrados, está situado al sudoeste de la Provincia de Pontevedra,
limita al norte y al sudeste con el municipi o de Mondariz y al sudoeste con el de
Puenteareas, coincidiendo con el límite ge ográfico determinado por el río Tea y su
afluente, el Xabriña. Este territorio está fuertemente marcado por la presencia del
río Tea que cruza el gran valle que lleva su nombre, y se extiende aproximadamente
desde Puenteareas hasta las orillas del Miño en Salvatierra. Al sudeste, en el llamado
valle de San Pedro 956 o Chan da Gándara, una zona protegida por las colinas
circundantes, se sitúa el balneario de M ondariz [FIG. 266]. Pertenecía a la feligresía
de santa Eulalia compuesto por once lu gares, entre ellos el de San Pedro y
Troncoso, donde brotan los dos manantia les del balneario: el de Gándara y
Troncoso respectivamente 957 .
956 “No puede La Temporada órgano de los intereses de es te ya famoso Establecimien to, prescindir de dar a
conocer a sus amables lectores, el edificio que se ha levantado en el hermoso va lle de San Pedro”, en “El
Nuevo Hotel del Establecimiento de Mondariz”, La Temporada. 1896, nº 3.
957 Así describía Madoz la feligresía de Santa Eulalia en 1848, unos veinte años antes de la creación del
balneario: “Sit. á las inmediaciones del río Tea, en te rreno desigual; combatida principalmente por los vientos
N. y O.; el clima es bastante saludable, pues no se padecen otras enfermedades comunes que fiebres y dolores
de costado. Se compone de los l. de Arco, Ceo, Frag a de Barcia, Moronzos, Paredes, Pedreira, San Pedro,
Souto, Subian, Troncoso y el que le da nombre, que componen 304 casas [...] El terreno es quebrado y
295
La ubicación de un balneari o dependía no sólo de la existencia del manantial o
manantiales, también era aconsejable que las instalaciones se acompañasen de unas
condiciones geográficas adecuadas. En M ondariz eran lo suficientemente buenas
para garantizar una estancia agradable: su situación en medio del valle ofrecía un
entorno paisajístico atractivo, y las c ondiciones climáticas fueron generalmente
calificadas de saludables en las memorias de los médicos del balneario y en las guías
de establecimientos balnearios españoles.
Otro factor decisivo era la existencia de núcleos de población más o menos
cercanos. Mondariz distaba unos 8 kilómetr os de Puenteareas, cabeza del partido
judicial, 16 kilómetros de Porriño y de Sa lvatierra, donde estaban las estaciones de
ferrocarril más próximas, unos 30 kilómetros de la importante ciudad portuaria de
Vigo y de Tuy, capital de la diócesis, y 50 kilómetros de Pontevedra, capital de
provincia 958 . Sin embargo, carecía de bu enas comunicaciones, condición
fundamental para el buen desarrollo de un balneario. En 1873 persistía la
precariedad a la que aludía Madoz a mediados de siglo 959 . La situación de la carretera
que enlazaba Mondariz-Puenteareas a escasos m e t r o s d e l a f u e n t e d e G á n d a r a f u e ,
sin duda, un elemento decisivo para la cr eación del establecimiento, pero, a pesar de
ser la única carretera que unía esta población con los centros urbanos más
próximos, su estado era lamentable. Tampoc o la carretera que unía Puenteareas con
Porriño y Vigo era mucho mejor. El estado de estas vías es descrito por el médico
director del balneario y algunos de los pr imeros agüistas. Uno de ellos narra su
accidentado viaje en 1878 desde La Coruña, cuando aún no existía el enlace
ferroviario entre esta provincia y la de Pontevedra y era necesario hacer la mayor
parte del recorrido en carruaje:
participa de las 3 calidades [...] Al N. de dicha felig. se halla el monte titulado Monte Mayor; al S. el Ferres, y al
E. el Sardin todos despoblados y de ba stante elevación. A la der. de este último se halla el castillo llamado
Sobroso, sito en una altura y de murallas algo desmor onadas. Pasan tambien por los lim. de la felig. de que
hablamos los r. Tea que tiene su origen en el valle de Teclas y confluye en el r. Miño, el cual tiene un puente
de madera llamado Cernadela; y el Jabrina que nace en Pr ado Cauda y sepulta sus aguas en el Tea, cerca de la
parr. de Villar; tiene tambien 2 puentes de madera titu lados Jabrina y Dornas: sus aguas bañan por der. e izq.
la felig. de que hablamos y dan impulso a dos moli nos harineros y artefactos. Los CAMINOS dirigen á
Cobelo, Pontevedra, Puenteareas y Franqueira; su estado es malo”. MADOZ P. 1848: 485-6.
958 Aguas bicarbonatado-sódicas de Mondariz propiedad de los Sres. Hijos de Peinador. Fototipia de Hauser y Menet,
Madrid, 1900: 1.
959 MADOZ, P. 1848: 282. Cfr. II.1.2
296
Origen del establecimiento: primeras construcciones. CAPÍTULO II .2
Una fotografía tomada en 1885 muestra el aspecto de la primitiva fuente de
Gándara. Como afirmaba un antiguo agüista , su “única decoración consistía en la
columna por la cual surgía” 976 . Este agüista recordaba que al poco tiempo disminuyó
el caudal de la fuente y hubo de llamarse a un herrero para que abriese un orificio en
la parte más baja de la columna, brotan do de nuevo abundante agua al tiempo que
disminuía el caudal de Troncoso, lo que, d ecía, demostraba el común origen de las
aguas de ambos manantiales. En los años siguientes se hacen nuevas reformas: “se
rebajó la rasante, se decoró la explanada en que se hallaba y al Sr. Sanjurjo de Vigo le
fue encargada la marquesina” 977 . Como vemos en las fotografías se trataba del tipo
más sencillo de buvette : planta cuadrada con el manantia l en el interior situado a un
nivel más bajo que el del suelo, con una sencilla marquesina y verja de hierro.
FIG.110 La fuente de
Gándara en 1898 [Álbum de
prensa del balneario.
A
rchivo de Aguas de
Mondariz
]
FIG.111 La fuente de
Gándara en 1899 [ Las agua
s
de Mondariz. Álbum-Guí
a
1899]
976 COMBER, E. “Recuerdos”. La Temporada, 1906, nº 7.
977 Ibídem
303
II.2.3. Primeros edificios
Antes de la construcción de la primera fonda del establecimiento, los agüistas se
alojaban en algunas casas del pueblo que admitían huéspedes 978 . En la revista
Mondariz aparecen las fotografías de las do s primeras fondas del lugar denominadas
“Casa Antela” y “Casa Covelo”, cuyo aspecto de casas de campo ofrece una idea de
la calidad del alojamiento en Mondariz en aquellos años.
FIG.112 Casa Antela, primera fonda
q
ue se
estableció en Mondariz [ Mondariz 1917 nº 20]
FIG.113 Casa Covelo.
[
M
ondari
z
1917 nº 20]
Existe cierto desacuerdo entre los escasos testimonios que describen los inicios del
balneario en cuanto al orden en que fuer on apareciendo las distintas construcciones
en la propiedad de los Peinador. Uno de los más antiguos agüistas, y colaborador
asiduo de La Temporada, E. Comber, recordaba haberse alojado en 1876 en una
sencilla construcción con “una simpát ica galería, sus muros cubiertos de
enredaderas, su tejado mas prolongad o hacia el Sur que al lado opuesto” 979 , llamada
la “casa pequeña”, situada en el parque, donde años más tarde se construiría el
campo de lawn-tennis . En una vista del establecimien to balneario en 1890 [FIG. 127],
aparece una casa lindando con la carretera de Puenteareas que según la revista
Mondariz fue el “primer edificio destinado a hospedería” 980 . Por su situación bien
podría ser la citada por Comber, años m ás tarde convertida en el cuartel de la
978 Uno de los agüistas más veteranos afirmaba que la llamada “casa de la modista”, que en 1868 albergaba a
unas catorce personas de Santiago y La Coruña, era la única que se respondía a las características de un
hospedaje. “Recuerdos, á don E. Comber”. La Temporada , 1906 nº 11.
979 COMBER, E.: “Recuerdos”. La Temporada, 1906, nº 7.
980 Dr. MARTÍN SALAZAR: “El espíritu de Peinador”. Mondariz , 1917, nº 28.
304
Origen del establecimiento: primeras construcciones. CAPÍTULO II .2
guardia civil que formaba parte de la seguridad del balneario 981 . En cambio, H.
Arranguiz, otro agüista veterano, recuer da que en la tempor ada de 1878 solamente
existía una pequeña casa adosada a la fuente de Gándara, cuyo aspecto reproduce en
un dibujo publicado en la revista Mondariz 982 . Alfredo Vicenti afirmaba en esta
misma revista, que el primer edificio fue “una modesta aunque linda casa” 983 en la
que se instaló Enrique Peinador con su esposa Avelina Lines y con su hijo
primogénito, ya que los propietarios se vi eron obligados a residir en Mondariz para
vigilar las obras del manantial de Gándara. No especifica su situación, pero asegura
que este edificio fue anterior a la primer a fonda y a la adquisición de terrenos para
parques y jardines.
FIG.114 Apunte a lápiz de la primera
construcción del balneario (según e
l
agüista H. Arranguiz) en 1878
[ Mondariz 1921 nº 42]
Por otra parte, ni el médico director en sus memorias anuales, ni Nicolás Taboada
Leal indicaban la existencia de ningún ed ificio antes de 1877, si bien este último
anunciaba la intención de los propietar ios de iniciar las obras de un gran
establecimiento:
“El Sr. Peinador se propone construir en la fuente de la Gándara y terrenos
adyacentes de su propiedad, muchas y gr andes obras que reúnan las necesarias
condiciones de comodidad, distracción y recreo, y a este propósito ya ha dado
principio a algunas. Hemos tenido el gusto de examinar los planos que acompañan a
la citada memoria, y en su vista podemos asegurar que si las lleva a feliz término,
981 “La vida en Mondaríz”. La Temporada, 1907, nº 5.
982 ARRANGUIZ, H. “Mondariz antiguo”. Mondariz , 1921. nº 42. Pág. 821.
983 VICENTI, A. “El antiguo Mondariz”. Mondariz , 1915, nº 7. p. 140.
305
logrará montar un magnífico establecimiento , que sin duda será uno de los mejores y
más importantes de Galicia” 984
FIG.115 Fuente de Gándara
y
fonda del balneario. C. 1890
[
A
rchivo de A
g
uas de Mondariz
]
A pesar de calificar al nuevo alojamiento de “magnífico establecimiento”, la fecha es
demasiado temprana para tratarse de los pl anos Gran Hotel, c on toda seguridad se
refería a los de la primera fonda. El médi co director, Isidro Pondal, indica que el
primer establecimiento de baños empieza a construirse junto a la fuente de Gándara
en septiembre 1879 985 y se inaugura la temporada siguiente 986 . En su breve
descripción indica que en la planta superi or había dieciséis habitaciones, y en la
planta baja cinco cuartos a cada lado de un corredor, los de la derecha eran baños en
los que se había dispuesto una bañera de mármol, a la izquierda se situaban los
despachos del médico y del Administrador, y en el resto de los cuartos se proyectaba
instalar un sistema completo de duchas y un pulverizador. En 1881 menciona por
primera vez una piscina en la que podía n bañarse cómodamente doce personas a la
984 TABOADA LEAL, N. Hidrología Médica de Galicia, Madrid 1877.
985 ISIDRO PONDAL: “Memoria sobre las aguas bi carbonatado-sódicas de Mondariz. Año de 1879”.
Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid. (Caja 2765, nº 11).
986 ISIDRO PONDAL: “Memoria sobre las aguas bi carbonatado-sódicas de Mondariz. Año de 1881”.
Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid. (Caja 2771, nº 24).
306
Origen del establecimiento: primeras construcciones. CAPÍTULO II .2
vez 987 . Siguiendo la descripción de la Guía de Pontevedra de 1894 la zona de baños
constaba de “cómodos gabinetes, provistos de bañeras de mármol blanco, elegantes
lavabos y demás accesorios. Tienen una sal a con varios aparatos hidroterápicos,
gabinetes de inhalación y pulverización. Hay un baño general para las clases
menesterosas, una sala de espera, periódicos y otros objetos de recreo” 988 .
FIG.116 Fonda del balneario
y
anexos en 1892
[
M
ondari
z
1915 nº 17
]
En una fotografía tomada alrededor de 1890 se observa una sencilla construcción de
piedra no muy diferente de una casa rural, aunque de mayor tamaño, que un agüista
recordaba del siguiente modo:
“La casa era un rectángulo perfecto comp uesto únicamente de un sótano y piso
encima; tenía un pasillo en medio, a lo largo del lado mayor, y cinco cuartos a cada
lado, porque aún cuando contaban se is huecos de balcón de antepecho que
correspondían a cada uno de los cuartos y ot ros seis a los de la parte que daba al
monte, el trozo de pasillo y los dos últi mos cuartos de al lado de la fuente de
Gándara, estaban unidos y allí era el comedor [...]
La cocina estaba en el cuarto contiguo al comedor, que daba al monte. Uno de los
seis huecos, al lado del parque era la puer ta; se subía por una escalera de madera de
987 ISIDRO PONDAL: “Memoria sobre las aguas bi carbonatado-sódicas de Mondariz. Año de 1881”.
Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid. (Caja 2771, nº 24).
988 Guía General de la Provincia de Pontevedra . 1894.
307
cinco peldaños y el cuarto a que daba acceso era el vestíbulo, punto de reunión de los
huéspedes, como si dijéramos el hall.
En el sótano estaban los baños y habitaciones de la servidumbre.
Esta casa que era de piedra, aunque es taba perfectamente aplantillada, cuando yo
llegué no tenía aún formados por fuera las juntas, y el lado que daba al camino sólo
estaba cerrado con tablas, porque el pens amiento de D. Enrique era continuar la
casa, como así lo verificó” 989
Los servicios de la fonda eran los básicos que podía ofrecer cualquier
establecimiento balneario modesto: estanc ias destinadas a baños, dormitorios y un
comedor. Su construcción junto a la fuente de Gándara facilitaba la canalización de
las aguas a la zona de tratamie nto, situada en el piso más bajo del edificio por la
misma razón. A partir de 1881 se amplían y mejoran las instalaciones de la fonda
con la construcción de un nuevo cuerpo un ido por una galería al primer edificio,
que lo prolonga hacia la carretera de Mond ariz, elevando el número de habitaciones
a ochenta, lo que permite alojar en 1885 a unos cien huéspedes 990 . Sin embargo,
Isidro Pondal manifestaba en esos años que el edificio no se ajustaba a la clase de
personas que en él se alojaban 991 . Poco antes de alzarse el Gran Hotel se destruye la
galería, dejando dos edificios independient es. Las publicaciones del establecimiento
denominan edificio número cinco a la c onstrucción anexa, y número seis a la
primera fonda [V. Plano nº 2 en Apéndices y Planos] que desaparece en 1908,
cuando se inician las obras de Antonio Palacios en la fuente de Gándara 992 .
El número de concurrentes aumenta a partir de 1878, en la década de los ochenta el
balneario se desarrolla con rapidez 993 y a la primera fonda se suman otros edificios.
Siguiendo los testimonios de E. Comber y Alfredo Vicenti 994 , tras la ampliación de
la fonda se construyen el chalet grande (edificio número 3), y seguidamente el chalet
989 ARRANGUIZ, H. “Mondariz antiguo”. Mondariz , 1921, nº 43. Pág. 845.
990 ISIDRO PONDAL: “Memoria sobre las aguas bi carbonatado-sódicas de Mondariz. Año de 1885”.
Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid. (Caja 2737, nº 29).
991 ISIDRO PONDAL: “Memoria sobre las aguas bi carbonatado-sódicas de Mondariz. Año de 1887”.
Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid. (Caja 2742, nº 3).
992 “Mejoras y proyectos”, La Temporada , nº extraordinario, 2 de mayo 1909.
993 “No desmayemos”, La Temporada , 1896, nº 3.
994 COMBER. E. “Recuerdos”. La Temporada . 1906, nº 7.
VICENTI, A. “El antiguo Mondariz”. Mondariz , 1915, nº 7, pág. 140.
308
Origen del establecimiento: primeras construcciones. CAPÍTULO II .2
pequeño (edificio número 4) en el bosque situado al Este del Establecimiento,
inaugurados en la temporada de 1889 995 .
FIG.117 Chalet nº 3 [Archivo de Aguas de Mondariz]
FIG.118 Chalet nº 3
[
M
ondari
z
1916 nº 18]
La construcción de casas unifamiliares o vill as cerca del establecimiento, era habitual
en los balnearios y para los promotores su puso una buena manera de rentabilizar su
inversión en la compra de terrenos adyacentes a los manantiales 996 . Por lo general,
los miembros de la nobleza y de la realeza preferían este tipo de alojamiento que les
permitía viajar con su propia se rvidumbre o parte de su séquito 997 . Como señalan las
publicaciones y guías del establecimiento , los chalets eran “preferidos por los
señores huéspedes que consideran de mayor atractivo la proximidad de la Capilla y
la relativa soledad del parque de que están rodeados” 998 . Pero además su alquiler
marcaba una cierta distinción social, son los primeros edificios que se crean para una
clientela de elevada clase so cial. El primer chalet de Mondariz se debió a las
995 ISIDRO PONDAL: “Memoria sobre las aguas bi carbonatado-sódicas de Mondariz. Año de 1889”.
Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid. (Caja 2814, nº 22).
996 SOLÀ-MORALES, I. (Dir.) 1986: 84.
997 En Aix-le-Bains a partir de 1880 se construyeron vari os palacios para este fin, y Napoleón III durante su
primera temporada en Vichy en 1861, se alojó en la v illa Strauss, propiedad del director de orquesta Isaac
Strauss, antes de construirse su propio chalet. UZU, F. 1994: 422.
998 “El Gran Hotel del Establecimiento”. La Temporada, 1914, nº 12.
309
frecuentes visitas de la condesa de Edla, viuda del rey portugués D. Fernando de
Coburgo, y del infante D. Augusto de Bragança. Su uso estaba destinado
expresamente a estas visitas y los primeros años se le denominaba chalet del Infante
don Augusto o chalet del príncipe de Br agança. Los chalets aumentan la capacidad
de hospedaje del establecimiento que, con la Fonda, podía alojar hasta 120
huéspedes.
FIG.119 Planta principal del chalet grand
e
o nº 3 [Archivo de Aguas
de Mondariz]
FIG.120 Planta baja del chalet grand
e
o nº 3 [Archivo
de Aguas de Mondariz]
El chalet del príncipe de Bragança o número tres constaba de dos plantas
independientes, ya que el acceso a la segund a planta se hacía a través una escalera
exterior, distribuidas de tal modo que cada una de ellas se dividía en dos
apartamentos. El chalet número cuatro, un se ncillo edificio de pied ra de dos plantas,
tenía nueve habitaciones en cada planta comunicadas entre sí por una escalera
interior. Dispuestos como viviendas para familias, contaban con “cocina
independiente, comedor, dormitorios y con el mobiliario y ropas necesarias sin
incluir los servicios de la fonda. Para esto s, claro está que tienen que traer quien los
alquile la servidumbre que pueda necesitar” 999 .
310
999 “El Gran Hotel del Establecimiento”. La Temporada, 1914, nº 12.
Origen del establecimiento: primeras construcciones. CAPÍTULO II .2
FIG.121 C halet pequeñ
o
o nº 4 en el 2000
[Fotog. de la autora]
FIG.122 Planta baja del chalet pequeñ
o
o nº 4
[Archivo de Aguas de Mondariz] FIG.123 Planta principal del chalet pequeñ
o
o nº 4
[Archivo de Aguas de Mondariz]
Es importante destacar el chalet núme ro tres entre las construcciones del
establecimiento, como primer síntoma de su orientación hacia un termalismo
mundano. El modelo en que se inspiró este chalet recuerda a las villas que imitan
construcciones neogóticas o suizas 1000 , disimuladas con ornamentaciones de madera
trabajada, de moda en los centros de veraneo europeos y que aparecen
frecuentemente en los repertorios de modelos arquitectónicos de la época 1001 . Son
edificios normalmente de planta rectangula r, distribuida de forma muy funcional, y
en su exterior destacan las estructuras de madera (techumbre, ventanas, porche) con
sus detalles ornamentales tallados en el mi smo material en la cornisa y barandillas.
Mientras que en el chalet número cuatro el modelo es más evocado que efectivo,
pues se trata de una sencilla construcción de piedra, el chalet número tres responde
1000 En 1867 Napoleón III había hecho construir en Vichy, un a serie de chalets suizos a lo largo del parque
d´Allier, para su familia y su séquito. UZU, F. 1994: 422.
1001 G. J. A. Davioud, arquitecto contratado por el Bar ón Haussmann en la reforma urbanística de París, dota
de un aire pintoresco al Bois de Boulogne, con unas construcciones al estilo de los chalets suizos entre 1855 y
1859. MIDDLETON R., WATKIN, D. 1979: 244.
311
completamente a las características citadas. La adaptación del referente foráneo a la
arquitectura local produce una curiosa combinación entre ambos. A pesar de
tratarse de un edificio que manifiesta la tradición constructiva de la piedra en el
muro y las ventanas (dinteles, jambas y alfeizares) recoge el elemento más
característico del chalet suizo: el amplio tejado a dos aguas con una cornisa saliente
sobre la fachada principal, en la que se di stinguen varios ornamentos de madera y un
balcón corrido en el primer piso. Aunque no existe el indicio documental que
permita atribuir ninguno de estos edificios a Jenaro de la Fuente, cabe la posibilidad
de que el maestro de obras realizase, al menos, el número tres, a juzgar por la
composición ornamental de las ventanas y, muy especialmente, la unión de las
molduras superiores de las ventanas de la planta baja, que anticipa uno de los
recursos ornamentales de la fachada del Gran Hotel.
FIG.124 y 125 Izda.: chalets en la villa termal francesa de Luchon (1885). [GRENIER, L. 1985] Dcha:
Lámina 37 de la Revue Genérale d´Architecture , Vol. XXIX. 1872. [Biblioteca de Jenaro de la Fuente. Cedida
p
or
J
or
g
e Alonso de la Fuente
]
Años más tarde, en el mismo lugar del par que donde se emplazará el Gran Hotel, se
levanta un “edificio provisional” 1002 con “un hermoso comedor, salón-restaurant,
salón de fiestas, gabinete de lectura, sala de billar, habitaciones particulares de los
propietarios y oficinas” 1003 . La planta de este pabellón tenía una forma de U, con los
brazos dirigidos al parque. Se construye en varias fases: primer o el cuerpo destinado
a comedor, al que se añade perpendicularmen te la cocina y más tarde, en el extremo
opuesto, un ala destinada a salón de recreo , salas de escritura y juegos. Aunque la
única imagen que se conserva, publicada en la revista Mondariz , supuestamente
1002 A. VICENTI: “El antiguo Mondariz”. Mondariz . 1915, nº 7. Pág. 140.
1003 COMBER. E. “Recuerdos”. La Temporada . 1906, nº 7.
312
El Gran Hotel. CAPÍTULO II .3
de agosto de 1889. De este modo afirmaba su permanencia en Vigo, donde crecían
sus vínculos personales y profesionales.
Su primera obra importante es la línea de seis casas
de Manuel Bárcena Franco, proyectadas en 1879,
aunque no se finaliza hasta 1884. Manuel
Bárcena 1016 , posteriormente conde de
Torrecedeira, es uno de los personajes de mayor
protagonismo en el Vigo fini secular, seguidor de la
política conservadora de Cánovas del Castillo, al
igual que otro buen cliente de Jenaro de la Fuente,
José Elduayen 1017 , con quien ambos mantenían
una buena relación. Las casas Bárcena fueron una
magnífica presentación en sociedad, aunque no es
su primera obra en la ci udad, la importancia del
edificio y de su propietario marcan el in icio de su popularidad entre la sociedad
viguesa, hasta su polémico nombramiento co mo Director Facultativo de las Obras
Municipales. A pesar de que la ley no perm itía a los maestros de obras ocupar estos
cargos y se promulgan varios decretos para evitarlo 1018 , era una situación bastante
FIG.128 El maestro de obras Jenaro de
la Fuente Domínguez [Imagen cedida
por Jorge Alonso de la Fuente].
1016 Manuel Bárcena y Franco representa la boyante burg uesía que toma las riendas constructivas en el Vigo
finisecular. Se forma en Inglaterra, y a su vuelta fund a la banca que llevará su nombre. Fue un personaje de
gran influencia en la ciudad, presidió el Casino de Vigo y ocupó durante algunos años la dirección de la
alcaldía. En 1880, a iniciativa suya, la Corporación Muni cipal patrocina la fundación de la Caja de Ahorros y
Monte de Piedad de Vigo. Formó parte del Senado por la provincia de Pontevedra. El título nobiliario de
conde de Torre Cedeira es concedido por la reina re gente Mª Cristina en Real Decreto de 15-XII-1890.
1017 José Elduayen y Gorriti, Marqués del Pazo de la Mer ced, llega a Vigo como Inspector de primera clase del
Cuerpo de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos. En 1857 es elegido diputado a Cortes por la ciudad y
su distrito cargo que desempeña hasta 1881 cuando es elegida la opción liberal de Ángel Urzaiz Cuesta.
Desempeñó a lo largo de su vida importantes cargos: Mi nistro de Estado, de Gobernación, de Ultramar, de
Hacienda; Gobernador del Banco Hipotecario y del de Es paña; Subsecretario de casi todos los Ministerios;
Presidente del Consejo de Filipinas; Vicepresidente de l Congreso de los Diputados; Gobernador civil de
Madrid; senador vitalicio; Presidente de la Alta Cáma ra, etc.. Fue nombrado hijo adoptivo de Vigo por las
numerosas obras que acometió en favor de la ciudad: en 1861 logra que el Ministerio de la Guerra autorice el
derribo de las murallas, permitiendo el ensanche de la ciudad; las obras de ampliación y reforma del puerto; el
malecón de enlace entre los muelles del puerto y el artifi cial de la Ribera del Berbés; la vía de comunicación
entre la estación de tren y el puerto (la calle del Rama l, posteriormente calle Colón) ; trazado de carreteras y de
la vía férrea; el cementerio de Pereiró; el sostenimiento del Lazareto, etc.
1018 El Real Decreto de 8 de enero de 1870 disponía en su artículo cuarto: “Las plazas de Arquitectos ó
Maestros mayores de las Catedrales o Colegiatas, Diputaciones, Ayuntamientos, Tribunales y demás
corporaciones, se proveerán precisamente en Arquitect os, cualquiera que sea el número de vecinos de la
localidad.” La denuncia de contin uas infracciones obliga a la promulga ción de un nuevo decreto el 1 de
octubre de 1876 insistiendo en que se resp ete lo establecido en el R.D de 1870.
Suplemento Revista de Obras Públicas , Madrid 1853-1900, tomo 24, p. 294. Cit. en BONET, A., MIRANDA,
F., LORENZO, S. 1985: 396-97.
319
común en todo el territorio español a fina les del XIX. Jenaro de la Fuente había
sustituido al arquitecto municipal Domi ngo Rodríguez Sesmero en diciembre de
1885, durante una ausencia de éste 1019 , antes de que en 1889 se le encargase
interinamente de la dirección de las obras municipales 1020 . Renuncia en marzo de
1890 para dedicarse a otras ocupaciones, como su labor docente en la Escuela de
Artes y Oficios 1021 y a sus numerosos encargos part iculares, entre ellos el Gran
Hotel de Mondariz 1022 . En 1894 es requerido de nuevo por el ayuntamiento que le
nombra Director Facultativo de las Obras Municipales 1023 , cargo que ocupará hasta
su muerte. A partir de su nombramiento acapara gran cantidad de los proyectos
importantes de la ciudad y, con ello, un gran número de enemistades que apoyan sus
ataques en la irregularidad de su cargo. La situación se agrava cuando se crea la
Asociación Gallega de Arquitectos en 1903 que , precisamente, encuentra en el caso
de Jenaro de la Fuente uno de los motivos para constituirse.
J e n a r o d e l a F u e n t e e s u no de los pocos maestros de obras de finales del XIX que
alcanzan un prestigio social y un poder considerables en la clasista sociedad
decimonónica, a pesar de su humilde pr ocedencia (su padr e trabajaba como
jornalero de campo), algo habitual, por otra parte entre los maestros de obras, y de
la impopularidad de esta cl ase profesional, duramente atacada por los arquitectos 1024 .
1019 Apéndice documental nº 5
1020 Apéndice documental nº 6
1021 Jenaro de la Fuente es uno de los profesores fundad ores de la Escuela de Artes y Oficios de Vigo creada
en 1886 y que desde 1887 dependerá del Ayuntamiento. Encargándose desde ese mismo año y hasta su
fallecimiento, en 1922, de la clase de Dibujo lineal y de Adorno , y a partir de 1888 de la asignatura de Dibujo
aplicado a la ornamentación, modelado y vaciado .
1022 Apéndice documental nº 7
1023 Apéndice documental nº 8
1024 Las décadas finales del XIX y primeras del XX son años de lucha para los arquitectos, empeñados en
acotar su terreno profesional cont inuamente mermado por maestros de obras e ingenieros, con los que
compartían ciertas atribuciones. En esta pugna por diferenciar a los de su clase, los arquitectos no sólo
argüían su formación superior y una mayor “artisticida d”, sino que esgrimían argumentos de carácter social,
conscientes de que los maestros de obras procedían, en su mayoría, de clases menos pudientes. Para estudiar
la carrera de Arquitectura era necesario cursar los estudios preparatorios, y trasladarse a Madrid o a Barcelona
desde 1871, durante al menos cuatro años, que fácilmente se prolongaban a cinco ó seis. Esta carrera exigía
además una dedicación plena, pues la asistencia a clase era obligatoria y ello suponía siete horas diarias, con lo
que no era posible compaginarla con otro trabajo. Por este motivo gran parte de los arquitectos del XIX
pertenecían a familias acomodadas. Este es el caso de los arquitectos gallegos Manuel y Benito Gómez
Román (hijos del contratista vigués Benito Antonio Gómez González), Siro Bo rrajo Montenegro, o el
tudense afincado en Vigo, Augusto G onzález Besada, que realizó estudios de Arquitectura en París aunque
nunca llegara a terminarlos. Todos ellos eran miembros de familias adineradas, y este era el caso común de la
mayoría de los arquitectos españoles. Los maestros de obras, en cambio, tenían mayor facilidad para alternar
sus estudios, de tres años de duración, con otras ocup aciones, ya que sus horarios eran más flexibles. Así
320
El Gran Hotel. CAPÍTULO II .3
Todo parece indicar que su fuerte vincul ación con el ayuntamiento vigués y la
envergadura de las obras que realiza en es ta ciudad, se debió, al menos en un
principio, a su contacto con las personalidades más influyentes de la época, para las
que proyecta varias obras y con quienes mant iene una buena relación. Entre ellos
destacan el promotor García Olloqui, re sponsable de las obras de ensanche en los
terrenos ganados al mar, y Manuel Bárcena, conde de Torrecedeira , quien le encargó
varios proyectos. Asimismo, trabajó para los alcaldes de Vigo, Primitivo Blein 1025 y
Prudencio Nandin 1026 , y altos cargos políticos como José Elduayen, marqués del
Pazo de la Merced, y Eugenio Montero Ríos 1027 . Jenaro de la Fuente se convirtió
desde muy pronto en un personaje social mente activo, era miembro de diversas
sociedades viguesas y colaboró en iniciativ as tan populares como la fundación de la
Escuela de Artes y Oficios, o la realizaci ón de los monumentos al almirante Méndez
Nuñez (1890) y a José Elduayen (1896). Es te tipo de actuaciones y su abundante
labor constructiva cimentaron su celebrida d, y contribuyeron a aumentar el apoyo
que necesitó frecuentemente a lo largo de su carrera.
Por otra parte, una sociedad en reciente estado de desarrollo y modernización,
como la gallega a finales del XIX, compor ta unas limitaciones de tipo coyuntural
que favorecen casos como el de Jenaro de la Fuente. Miguel A. Baldellou, en la
introducción a su estudio sobre la arquitect ura moderna en Galicia, apuntaba que los
intereses formales y la formación cultural de los arquitectos eran difícilmente
compatibles con los grupos de poder en la Galicia decimonónica 1028 . La figura del
maestro de obras, en principio más flexible y preocupada por satisfacer al cliente, se
acomodaba mejor al pragmatismo de las au toridades y al gusto dominante. La obra
de Jenaro de la Fuente satisfacía el in terés de sus clientes por las ornamentadas
consta el Reglamento de 1864 que regía la enseña nza disponiendo que “debería ser proporcionada en
términos que le sea posible acudir a sus trabajos perd iendo algunas horas y en épocas del año en que aquellos
tienen menos importancia” (Cit. en BASURTO FERRO , N. 1999: 52). Por otra parte no era necesario
trasladarse a la capital pues eran cinco las ciudades en las que se podían formar además de Madrid: Barcelona,
Valencia, Valladolid, Sevilla y Cádiz. Todo ello fac ilitaba que los maestros de obras procediesen de un
entorno familiar humilde y que combin asen el trabajo con los estudios.
1025 Proyecto de reforma de la fachada de la casa de Primitivo Blein. 13 de noviembre de 1889. Archivo
Municipal de Vigo, URB. Obras particulares 1813-1920. Caja 144, expediente nº 24. y ad ición de un piso en la
calle Carral en una casa propiedad de Primitivo Blein. 8 de mayo de 1895. Archivo Municipal de Vigo, URB.
Obras particulares 1813-1920. Ca ja 149, expediente nº 23.
1026 Archivo Municipal de Vigo, URB. Obras particulares 1813-1920. 1892. Caja 147.
1027 Jenaro de la Fuente es el autor del pazo del po lítico gallego en Lourizán (Pontevedra), obra de 1909.
1028 BALDELLOU, M.A. 1995-I: 11.
321
fachadas pétreas según el repertorio ecléctic o y, a principios de siglo, modernista
según la moda europea. Se daba una perf ecta adecuación entre el estilo constructivo
de Jenaro de la Fuente, que bebía de las principales revistas de arquitectura europeas
del momento, y las necesidades de la nueva clientela viguesa, dispuesta a mejorar el
escenario de su ciudad con edificios cuyas fachadas reflejasen la prosperidad y cierto
aire de modernidad que se re spiraba en el Vigo del cambio de siglo. A esto habría
que añadir un factor más pragmático: los moderados honorarios del maestro de
obras 1029 . Su titulación le permitía fijar una cant idad inferior al sueldo que percibía
un arquitecto por trabajos similares 1030 .
Es fácil explicarse porqué los hermanos Peinador decidieron encargar su Gran
Hotel a Jenaro de la Fuente, que en 1893, fecha del primer proyecto, estaba en su
mejor momento. Los duros ataques de lo s arquitectos aún no habían comenzado y
gozaba de un considerable prestigio prof esional gracias a algunos de los edificios
más importantes de Vigo: las casas para Manuel Bárcena Franco 1031 , las casas para
Josefa Cividanes 1032 , viuda de Rodríguez Laforet (1880), la casa para Bernardo
Rodríguez López 1033 (1883), el Hotel Universal 1034 (1888), las casas de Pedro
Román 1035 (1889), la de Ramón Arbones 1036 (1892) y la de Ledo, en la Puerta del Sol
(1893), entre otras de menor importancia. En 1891, con motivo de la inauguración
del edificio de Pedro Román –actual Biblioteca Central– El Imparcial de Madrid se
refería al “peritisimo arquitecto don Je naro de la Fuente, hombre de tanta
competencia como exquisito gu sto a quien se debe el embellecimiento de Vigo en
1029 Apenas existe información sobre el tema de lo s honorarios de los maestros de obras. Un abogado y
arquitecto afirmaba en la Revista de la Arquitectura Nacional y Extranjera que el 16 de septiembre de 1867 la
Academia de San Fernando, en un expediente incoad o a un maestro de obras de Elda, decretaba que los
maestros de obras debían percibir por trabajos de su pr ofesión la mitad de los que señalaba la tarifa vigente a
los arquitectos para casos análogos, pero después de l decreto del 8 de marzo de 1870, que reconocía la
igualdad entre maestros de obras y arquitectos al proyect ar y dirigir edificaciones particulares, no tenía sentido
seguir observando esta normativa. DÍEZ DE BALDEÓN GARCÍA, C. 1983: 175-6.
1030 P r u e b a d e e l l o e s l a c a r t a q u e l e d i r i g e D . C á n d i d o S o t o y C a s t r o , d u e ñ o d e l a c a s a d e b a ñ o s “ L a
Iniciadora”, en la que agradece los “módicos estipendios” cobrados por el maestro de obras, y le concede a él
y su familia el derecho a perpetuidad de bañarse gratuita mente en su establecimiento mientras el donante viva.
Apéndice documental nº 9
1031 Posteriormente Caja de Ahorros de Vigo. Situad a en la calle Policarpo Sanz nº 24 y 26 esquina a
Velázquez Moreno nº 20.
1032 Calle Colón nº 23 y 25, con fachadas tamb ién a la calle Uruguay y c/ Isabel II.
1033 Situado en la esquina de la calle Prín cipe con Colón nº 42, formando chaflán.
1034 En la calle Carral 34, frente a Montero Ríos y García Olloqui.
1035 En la actualidad biblioteca muni cipal, calle Joaquín Yañez nº 6.
322
El Gran Hotel. CAPÍTULO II .3
punto a construcciones que bastaban para acreditar el justo nombre que éste goza
en toda Galicia” 1037 . Un número especial del Faro de Vigo , publicado en 1953,
resumía este artículo:
“Y hablaba seguidamente el periódico de la suerte que ha tenido Vigo al incorporar a
su dinámica, y especialmente a su arqui tectura, a un hombre de las acusadas
condiciones técnicas y de la capacidad realiz adora de don Jenaro de la Fuente. Y es
bueno recordar a las generaciones actuales que “El Imparcial” era, en los tiempos en
que escribía tan justos elogios, el primer diario de España, tanto por su extraordinaria
difusión como por la calidad de su cuerpo de redactores.”
Los edificios de Jenaro de la Fuente ha bían dotado a Vigo del carácter urbano y
moderno que debía tener una floreciente ci udad finisecular, y eso era suficiente
muestra de su capacidad para convertir el modesto núcleo que era entonces el
balneario de Mondariz en un establecimiento de referencia. Por otra parte, Jenaro de
la Fuente había realizado anteriormente va rios proyectos de arquitectura del ocio:
Además de las dos casas de baños ya menci onadas (la casa de baños “La Iniciadora”
en Vigo y “La Concha de Arousa” en Villagar cía), Francisco Gil Acuña le encarga en
1883 un proyecto para el balneario de Cald as de Reis (Pontevedra) que, finalmente,
no llegó a realizarse 1038 . Años más tarde, en 1896, mientras dirige las obras de
Mondariz, el banquero Elisardo Domíngue z, posiblemente animado por las obras ya
casi finalizadas del mejor balneario de Galic ia, le encarga un establecimiento de la
misma clase en Caldas (Pontevedra) 1039 . Al prestigio y la experiencia profesional de
Jenaro de la Fuente, debe añadirse la citada competitividad de sus honorarios en
relación con los que cobraría un titulado superi or, pues la iniciativa de erigir el Gran
Hotel con todo el lujo y comodidades que habían previsto sus propietarios era,
ciertamente, una empresa muy costosa.
1036 Plaza de la Constitución nº 13.
1037 Noticia publicada en El Imparcial el 6 de agosto de 1891 y reproducida en SIGÜENZA, J.: “El artista a
quien Vigo debe su prestancia urbana” Faro de Vigo, número especial conmemorativo del centenario, (1853-
1953), pp. 257-258.
1038 Faro de Vigo , 16 de mayo de 1883.
1039 Faro de Vigo , 2 de mayo de 1904.
323
I.3.1.1 Características de su obra. Arquitectura del siglo XIX 1040
L a o b r a d e J e n a r o d e l a F u e n t e s e d e sarrolla en el período dominado por el
Eclecticismo, estilo que caracteriza la ar quitectura europea de la segunda mitad del
siglo XIX y cuyo origen está ligado a un a corriente de pensamiento nacida en
Francia a partir de las teorías de Victor Cousin, quien lo defi nía como “un sistema
de pensamiento constituido por puntos de vista diversos tomados de otros varios
sistemas” 1041 . Arquitectos y maestros de obras debían conocer las distintas
tendencias y familiarizarse con la dinámica de una arquitectura en busca de nuevas
formas. Jenaro de la Fuente es un buen ejemplo de asimilación de los gustos y
modas que, en su caso, no sólo estaba determ inada por el período, también su título
de maestro de obras admitía una mayor pe rmeabilidad a diferentes proyectos. Su
arquitectura tenía dos referentes inmedi atos: la arquitectura contemporánea, en
concreto la realizada en Vigo, y las public aciones periódicas que surtían su biblioteca
personal 1042 .
La adopción de un Eclecticismo pleno en Vigo, como en el resto de Galicia, es
ligeramente posterior al resto de España 1043 . El arquitecto municipal Domingo
Rodríguez Sesmero, todavía condicionado por el academicismo, comienza a adoptar
tímidas soluciones eclécticas a partir de la década de los sesenta. Fue su hijo
Alejandro, maestro de obras, quien realiz a los primeros edificios decididamente
eclécticos. Posteriormente, el arquitecto de origen polaco Michel Pacewicz introduce
1040 Sobre pensamiento y arquitectura en la segun da mitad del XIX ver Apéndice “Arquitectura y
Pensamiento en la segunda mitad del siglo XIX”.
1041 COLLINS, P. 1970: 117.
1042 Ha sido posible consultar la biblioteca de Jenaro de la Fuente Domínguez, gracias a la colaboración de su
descendiente, el arquitecto Jorge Alons o de la Fuente, quien conserva lo que se salvó del incendio de su
estudio hace algunos años. La biblioteca de Jenaro de la Fuente era muy extensa. Entre su documentación se
ha encontrado la póliza de seguros contra incendios, contratada en Barcelona con fecha del 6 de mayo de
1920 por diez años a la compañía The Northern, por un total de 73.000 pesetas, distribuidas como sigue:
50.000 se destinaban a cubrir el edificio en que el que tuvo su estudio durante años: “un edificio de sólida
construcción de piedra cal y ladrillo con los techos interi ores de madera y la cubierta de ladrillos que consta
de sótanos bajos y un piso destinado a habitaciones part iculares y sito en la ciud ad de Vigo provincia de
Pontevedra calle del Romil, nº 24”, “Quince mil pese tas sobre camas, mesas, sillas, cómodas, armarios,
lavabos, espejos, ropa blanca y de color, de cama, de me sa y de vestir, ajuar de cocina provisiones domésticas
y en general cuanto sea propio del mobiliario personal del Asegurado y de su familia y se halle o pueda
hallarse en el mencionado edificio” y finalmente, “Oc ho mil pesetas sobre la biblioteca que forma parte del
expresado mobiliario y en que su mayor parte se com pone de libros de arte, Arquitectura e Ingeniería”.
1043 V. 1.3. en Apéndice “Arquitectura y Pensam iento en la segunda mitad del siglo XIX”.
324
El Gran Hotel. CAPÍTULO II .3
elementos neogóticos y una arquitectura marcada por su procedencia francesa.
Algunas fuentes afirman que la razón de que Pacewicz se trasladase a Vigo desde
París se debió a la iniciativa de algunos propietarios que conocen al arquitecto en la
Exposición Universal de París de 1889, y deciden llamarlo cuando surgen
discrepancias entre Jenaro de la Fuente y un constructor al que habían encargado
varias obras 1044 . J.A. Martín Curty asegura que Pacewicz había trabado amistad con
el vigués Benito Sanjurjo cuando éste ef ectuaba sus estudios de Arquitectura en
París, e introduce al arquit ecto en la sociedad viguesa 1045 . Clientes tan importantes
como Manuel Bárcena, conde de Torrecedeira , le encargan varios proyectos antes de
su definitivo traslado a la ciudad en 1903 1046 . Es probable que este nuevo elemento
en el panorama constructivo vigués reafirm ase la tendencia de la arquitectura de
Jenaro de la Fuente hacia modelos frances es, sobre todo en sus proyectos de mayor
envergadura.
Por otra parte, como la mayoría de los pr ofesionales de su tiempo, Jenaro de la
Fuente proyectaba sus edificios basándose en modelos reproducidos en libros y
revistas concebidos para tal fin, la mayoría de ellos de origen francés. Algunos
formaban parte de su biblioteca personal, pero además tenía acceso a la cada vez
más importante biblioteca de la Escuela de Artes y Oficios de Vigo, centro del que
fue profesor durante treinta y seis años . En esa biblioteca se encontraba una
completa colección, desde 1893, de la revista The Studio ligada a las corrientes
modernistas, y que pudo haber inspirado parte de su repertorio marcado por ese
estilo en los primeros años de siglo. La Revue Générale d´Architecture dirigida por César
Daly 1047 , constituye uno de los mejores ejempl os de este tipo de publicaciones
periódicas, y una de las principales referenc ias utilizadas por Jenaro de la Fuente. Se
conservan todos los volúmenes que formaban parte de su biblioteca, la colección
1044 CONDE ALDEMIRA, A y SANTOS ZÁS, G. 1980: 613-616.
1045 MARTÍN CURTY, J.A. 1992: 16.
1046 Ampliación del pazo de Torrecedeira (1888) y la casa de Monterraso (1890), ambas en Cedeira.
1047 El título completo de la revista era: Revue Générale de L´Architecture et des Travaux Publics. Journa l des architectes,
des ingénieurs, des archéologu es, des entrepreneurs, des in dustriels du batiment, etc. Fue una de las publicaciones periódicas
de mayor difusión e influencia en la segunda mitad del XI X y, al igual que la práctica totalidad de la prensa
arquitectónica, apoyaba el Eclecticismo, frente a una minoría que apostaba por las soluciones neogóticas.
Trataba gran variedad de temas y ofrecía una explicaci ón detallada de los proyectos que presentaba en cada
número, junto a buenas y numerosas ilustraciones. Daly pensaba que un arquitecto tenía la obligación de
conocer varios estilos o su conocim iento del lenguaje arquitectónico sería tan superfluo “como el de un
325
completa, desde el primero, publicado en 1840, hasta el último, publicado en 1888.
Prueba de que la revista tuvo gran influe ncia en los arquitectos españoles durante
muchos años, es el testimonio de Resumen de Arquitectura que, en 1894 –cinco años
después de la desaparición de la revista fran cesa y uno de la muerte de su director–,
afirmaba que “para todos es una obra de consulta indispensable” 1048 . Los artículos
son de variado interés (higienismo, arque ología, nuevas técnicas y materiales de
construcción, maquinaria, etc.) y las ilust raciones son excelentes, en relación a las
que ofrecían otras publicaciones contemporán eas, muchas de ellas en color. Por la
variedad de sus temas, el carácter de “alta divulgación” y la profusión de láminas, La
Revue Générale d´Architecture se ajustaba a la perfecci ón a las necesidades de un
maestro de obras que, trabajando en una de las ciudades gallegas más activas del
XIX, necesitaba estar al tanto de las últimas tendencias en arquitectura para
satisfacer a una clientela ávida de noveda des y deseosa de adecuarse a las modas
europeas. Las marcas y anotaciones encontra das en los volúmenes de su biblioteca,
indican que eran consultados con frecuencia. En el índice de cada volumen Jenaro
de la Fuente traducía el título de los apartados que más le interesaban y añadía
pequeños comentarios a algunas láminas que guardan gran parecido con algunas de
sus obras 1049 . C. Daly fue, además, autor de u no de los más difundidos repertorios
gráficos del gusto arquitectónico de la burguesía urbana del diecinueve:
L´Architecture privée au XIX siècle, sous Napoleon III (1864-1872). Es posible que
también hubiese formado parte de la bi blioteca del maestro de obras, ya que,
desafortunadamente, un incendio destruyó buena parte de ella. En cualquier caso,
los modelos que figuraban en ese compendi o no debían diferenciarse mucho de los
ejemplos de viviendas francesas contempor áneas que periódicamente aparecieron en
la Revue Générale d´Architecture . Principalmente, ofrecía modelos de arquitectura
francés que no supiera latín”. Esto hizo de la Revue Générale d´Architecture un accesible medio de información y
aprendizaje de la arquitectura de todos los tiempos y estilos.
1048 ISAC, A. 1987: 123.
1049 Las láminas ocupan las páginas finales de la re vista y reproducen, por entero y en detalle, obras
arquitectónicas, escultóricas y de ingeniería de todas las épocas y culturas, desde planos de villas italianas, a un
calorífero, dibujos de bóvedas y capite les medievales, una calle del Cairo, ejemplos de arquitectura en hierro,
objetos ornamentales de todas las épocas, dibujos de mo saicos, iglesias, etc. Destacaban por su número los
hoteles y palacios franceses, y modelos tan contemporáneos a la edición de la revista como los planos de la
Exposiciones Universales de París con la reproducción de la Torre Eiffel y Les Halles Centrales.
326
El Gran Hotel. CAPÍTULO II .3
privada, hoteles urbanos 1050 y, sobre todo, viviendas su burbanas, de acuerdo con la
fascinación burguesa por una vida en contac to con la Naturaleza, sin renunciar a las
comodidades de la civilización modern a. Los hoteles combinaban en su
composición la herencia de la arquit ectura tradicional francesa con motivos
ornamentales que oscilaban desde el Clasici smo al Barroco más ostentoso. Se puede
afirmar que las publicaciones de Daly fueron importantes difusoras de la
arquitectura francesa de la segunda mita d del XIX. Sus ilustraciones marcaron una
determinada concepción de la arquitectura producida en este período y que, como
suele suceder con los estereotipos, en ocasi ones resulta más atrevida que la adoptada
por los propios franceses 1051 . Se adoptan y exageran sus elementos más llamativos,
como las grandes mansardas o las torres, que veremos en algunos proyectos de
Jenaro de la Fuente.
Las memorias descriptivas 1052 de los proyectos de Jenaro de la Fuente realizados
entre 1877 y 1893, a pesar de ser por lo genera l bastante escuetas, revelan algunas de
sus claves constructivas. Independientem ente de que algunas sean más extensas y
detalladas, conforme a la importancia de l encargo, obedecen a un mismo esquema
básico. En primer lugar, describe la loca lización y función a que se destinará el
edificio, los materiales que se van a em plear y, por último las “condiciones de
ornato”. Su obra más modesta obedecía a unos cuantos principios básicos que
determinaban el aspecto y la distribución de la arquitectura finisecular: la economía,
la normativa sobre ornato público estableci da por las Ordenanzas Municipales, y las
condiciones de higiene, sobre todo un a buena iluminación y ventilación. En las
construcciones de menor importancia, en las que la ornamentación era mínima,
alegaba: “La índole de la construcción que nos ocupa, por demás sencilla, nos omite
entrar en detalles de ornato, y la sola inspección de plano demuestra como se han
1050 La moda de los hoteles se ha identificado con la fisonomía de la ciudad ecléctica, caracterizada por una
abierta exhibición de lujosos motivos, destinados a sugeri r fácilmente la clase y distinción de sus propietarios,
que hallaban en este tipo su mejor soporte. BORSI, F. 1979: 52. Cit. en SÁNCHEZ GARCÍA, J.A, 2000-II:
377.
1051 HITCHCOCK, H.R 1989: 219.
1052 A mediados de siglo se regula la construcción en pr ácticamente todas las ciudades españolas con una serie
de ordenanzas relativas a la policía urbana. Antes de iniciar cualquier obra era necesario presentar el proyecto
en el Ayuntamiento y conseguir la aprobación del ar quitecto municipal, tras comprobar que cumplía las
327
satisfecho sus preceptos, ajustándoles á las ordenanzas de la localidad y á las
costumbres recientemente admitidas” 1053 , o bien: “La índole del proyecto aleja toda
exigencia de decoración, satisfaciéndose l as condiciones de ornato con la simétrica
disposición de los huecos de sus fachadas” 1054 . El pragmatismo que marcaba el
período formativo de los maestros de obras ex plica, en buena medida, el carácter de
sus memorias descriptivas: sus argumentos recuerdan los principios funcionalistas
del arquitecto y tratadista francés J.N.L. Durand 1055 , discípulo de Boullée y profesor
de la École Polytechnique de París, que tanto influyeron en la formación de
ingenieros y maestros de obras a mediados de siglo, según los cuales bastaba con
que el edificio lograse “la dis posición más adecuada y más económica” 1056 , para
cumplir los principales requerimientos estéticos 1057 .
La llegada de Jenaro de la Fuente a Vigo coincide con los años del ensanche de la
ciudad, de manera que muchas de sus obras caracterizarán las nuevas calles y
avenidas que conforman su estructura urba na moderna: las calles del Ramal (actual
calle Colón), Policarpo Sanz, Urzáiz y Marqué s de Valladares. Un breve repaso a los
proyectos más significativos de Jenaro de la Fuente anteriores a 1893, fecha del
primer proyecto del Gran Hotel de Mondar iz, ayudará a descubrir las principales
características de su obra y a situar el Gran Hotel en su trayectoria.
Ordenanzas Municipales, que controlaban entre otras cosas la conveniencia de la composición de las
fachadas.
1053 Memoria descriptiva de la casa de Navor Santa María Alonso en la calle Pobladores . 29 de mayo de 1878. Archivo
Municipal de Vigo, URB. Obras particulares 1813-1920, Caja 133. expediente nº 19.
1054 Memoria descriptiva del proyecto de una casa par a Jose Sotelo González en la calle Santa Marta . 26 de noviembre de
1878. Archivo Municipal de Vigo, URB. Obras part iculares 1813-1920, Caja 133. expediente nº 15.
1055 El arquitecto y tratadista francés opinaba que el fin de la arquitectura no era rea lizar edificios bellos, sino
procurar la utilidad y el coste mínimo de la constru cción. En sus clases cifró la búsqueda de un método
constructivo en la composición de los diferentes elem entos de la arquitectura que se combinaban entre sí
siguiendo un esquema rector jerárquico y basado en la geometría. Las formas básicas de las que parte son el
círculo y el cuadrado que se combin aban entre sí de acuerdo con los principios de economía y simplicidad.
De todo ello, y de las cualidades de los materiales, de riva naturalmente la estéti ca arquitectónica, despreciaba
el desmedido interés por la orname ntación. De la difundida idea so stenida por M.A. Laugier en su Essai sur
l´architecture (1752) sobre el origen de la arquitectura en la cabaña primitiva afirma que la arquitectura es un
fenómeno más complejo que parte de un proceso raz onado y evolutivo en el que complacer no puede ser
nunca el objetivo primordial. MIDDL ETON R., WATKIN, D. 1979: 30-31.
1056 KRUFT, H-W. 1990: 484.
1057 Los conceptos claves en su célebre Compendio de lecciones de arquitectura ( Précis des leçons d´Architecture données a
l´École Polytechnique, 1802-5) son los de “convenance” y “économ ie” son fundamentales DURAND, J.N.L.
1805.
328
El Gran Hotel. CAPÍTULO II .3
contrasta con la acentuación en el resto de los componentes. Esta obra le asegura un
futuro brillante entre la burguesía viguesa. Todo parecía indica r que “la ciudad que
crecía y se transformaba con gran rapide z había encontrado al hombre que podía
dar una respuesta bella, con visión de futuro y capacitación técnica a su
demanda” 1072 .
En 1880 recibe su segundo encargo importa nte, unas viviendas para el general
Salvador de la Fuente Pita, el célebre edificio de Lucas de la Riva, conocido
popularmente como edificio Rubira por la fa rmacia que ocupó el local situado en la
planta baja del chaflán hasta su demolición en 1965. A pesar de la temprana fecha de
este proyecto, el edificio no se c onstruye hasta veinte años después 1073 y , d e a cu er do
con la lógica evolución del maestro de obras hasta 1900, no obedece al proyecto
inicial. Las casas estaban situadas en un a zona privilegiada de la nueva ciudad 1074 , y
constaban de planta baja, entresuelo , dos pisos y buhardilla. El esquema
compositivo es el mismo de las casas Bárcena: división de la fachada en tres cuerpos
subrayados por el almohadillado, en la que destaca la parte central ligeramente
adelantada respecto al resto y en la que se acentúan los motivos ornamentales. La
marcada horizontalidad, unida a la robustez de la base del edificio, características de
la arquitectura de Jenaro de la Fuente, se contrarresta con la cantidad de huecos
abiertos en la fachada. En el piso entresuelo las ventanas se dividen en dos,
multiplicando el número de huecos para ampliar su luz y compensar su menor
altura. En el chaflán adopta una solución de galerías abiertas en forma curva que, de
llegar a realizarse en esos años, hu biese resultado muy innovadora en la
configuración arquitectónica de la ciudad 1075 . Este chaflán redondeado era muy
común en la arquitectura influenciada por el estilo Segundo Imperio francés, y desde
este momento lo empleará en varias ocasiones, al igual que las cubiertas
amansardadas con buhardillas que adopta en este edificio por primera vez.
1072 CONDE ALDEMIRA, A. y SANTOS ZÁS, G. 1980: 613.
1073 Los motivos de este retraso y las dificultades en que se ve envuelta esta construcción, han sido
investigados por J.A. Martín Cu rty. MARTÍN CURTY, J. A. 1996.
1074 Sus fachadas daban a las actuales calles de García Barbón, Colón e Isabel II, en el proyecto original:
Carretera de Circunvalación, calle del Ramal e Isabel II.
1075 Así lo atestigua el informe de la Comisión de Policía Urbana el seis de diciembre de 1880: “... observamos
en el chaflán proyectado para su casa que dará frente a las calles del Ramal, Duque de la Victoria y Ttravesía
de Isabel 2ª una innovación que los in formante conceptúan aceptable cual es la forma redondeada en vez de
la recta que antes se daba a dichos chaflane s” Cit. en MARTÍN CURTY, J. A. 1996: 69.
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