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Estudio normativo del valor afectivo de 478 palabras españolas

Redondo Lago, Jaime Mauro; Fraga Carou, Isabel; Comesaña Vila, Montserrat; Perea, Manuel

Abstract

Desde la perspectiva dimensional del estudio de la emoción se propone la existencia de dos dimensiones fundamentales a partir de las cuales puede explicarse toda la gama de emociones humanas. La primera dimensión es la valencia, cuyo rango comprende desde lo agradable a lo desagradable. La segunda dimensión es la activación, que se extiende desde la calma hasta la excitación. Actualmente, no se dispone de valores normativos de estas dimensiones que permitan la experimentación con material verbal en español. En este estudio, 360 participantes evaluaron la valencia y la activación de una muestra de 478 palabras mediante el Maniquí de Autoevaluación (Self-Assessment Manikin, SAM). Además de los resultados de las evaluaciones en ambas dimensiones, se adjuntan índices objetivos y subjetivos de la base LEXESP (Sebastián, Martí, Carreiras y Cuetos, 2000)

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Psicológica (2005), 26, 317-326. Estudio normativo del valor afectivo de 478 palabras españolas Jaime Redondo*1, Isabel Fraga*, Montserrat Comesaña* y Manuel Perea** * Universidade de Santiago de Compostela; ** Universitat de València Desde la perspectiva dimensional del estudio de la emoción se propone la existencia de dos dimensiones fundamentales a partir de las cuales puede explicarse toda la gama de emociones humanas. La primera dimensión es la valencia, cuyo rango comprende desde lo agradable a lo desagradable. La segunda dimensión es la activación, que se extiende desde la calma hasta la excitación. Actualmente, no se dispone de valores normativos de estas dimensiones que permitan la experimentación con material verbal en español. En este estudio, 360 participantes evaluaron la valencia y la activación de una muestra de 478 palabras mediante el Maniquí de Autoevaluación (Self-Assessment Manikin, SAM). Además de los resultados de las evaluaciones en ambas dimensiones, se adjuntan índices objetivos y subjetivos de la base LEXESP (Sebastián, Martí, Carreiras y Cuetos, 2000). Desde el enfoque dimensional de la emoción (véase Lang, Bradley y Cuthbert, 1990; Lang, Greenwald, Bradley y Hamm, 1993; Lang, 1994, 1995) puede definirse el repertorio de emociones humanas mediante una serie de dimensiones básicas. El origen actual de esta perspectiva, defendida ya por Wundt (1986) y adoptada por diversos teóricos (v.g., Mehrabian y Russell, 1974; Tellegen, 1985), se basa en el trabajo pionero de Osgood y colaboradores (Osgood, Suci y Tanenbaum, 1957) sobre el diferencial semántico. Estos autores llevaron a cabo un análisis factorial sobre una amplia variedad de juicios verbales y encontraron que la varianza de las evaluaciones podía ser explicada por dos dimensiones principales, la valencia afectiva y la activación, así como una tercera dimensión, menos consistente y con un peso mucho menor, denominada control o dominancia. 1 Este trabajo fue subvencionado mediante un proyecto de investigación de la Xunta de Galicia (PGIDIT-03PXIA20401PR), por una beca pre-doctoral de la Xunta de Galicia para Montserrat Comesaña y por un proyecto del Ministerio de Ciencia y Tecnología (BSO2002- 03286) para Manuel Perea. Agradecemos los comentarios y sugerencias de María Ángeles Alonso y de dos revisores anónimos sobre la primera versión del trabajo. Correspondencia: Jaime Redondo. Departamento de Psicología Social, Básica y Metodología. Facultad de Psicología. Campus Universitario Sur. Universidade de Santiago de Compostela. 15782 Santiago de Compostela (A Coruña). E-mail: [email protected] J. Redondo, et al. 318 Para evaluar un estímulo en las tres dimensiones citadas, Lang (1980) ideó una medida pictográfica no verbal: el Maniquí de Autoevaluación (Self- Assessment Manikin, SAM). Aunque la primera versión del SAM se aplicaba mediante ordenador, posteriormente se desarrolló una versión de “lápiz y papel” para la evaluación masiva de estímulos. Actualmente está disponible una versión del SAM para PC (Cook, Atkinson y Lang, 1987) y otra preparada para su uso mediante escáner: el ScanSAM (Bradley y Lang, 1999a). El rango del SAM, en la dimensión de valencia, se extiende desde lo agradable (representado por una figura sonriente) a lo desagradable (representado por una figura ceñuda). En la dimensión de activación, el rango del SAM comprende desde la excitación (representada por una figura de ojos desorbitados) hasta la calma (representada por una figura soñolienta). Por último, la dimensión de control abarca desde lo incontrolable (representado por una figura sobredimensionada) hasta lo controlable (representado por una figura diminuta). Por las razones comentadas más arriba, no suele emplearse esta última dimensión en la investigación. Por tanto, las evaluaciones de los estímulos efectuadas con el SAM suelen representarse en el espacio afectivo definido por la valencia y la activación. El objetivo de este trabajo es la obtención de los valores de referencia correspondientes a estas dos dimensiones afectivas (valencia y activación) para 478 sustantivos, siendo ésta la primera vez que se obtienen conjuntamente en nuestro país (para una revisión exhaustiva de las bases de palabras en castellano, véase Pérez, Campoy y Navalón, 2001). Cabe indicar que los 478 sustantivos del presente estudio también se incluyen en el trabajo de Muñoz-Yago (1983), ampliado más tarde por López-Burló (1985). Estas autoras recogieron estimaciones del índice subjetivo “agradabilidad” (pleasantness; véase Pérez et al., 2001), que podría considerarse como un análogo de la valencia afectiva. Dicho índice fue obtenido a partir de una escala de 7 puntos en una muestra de 2332 palabras. Asimismo, en un trabajo posterior, Campos y Astorga (1989) midieron el nivel de agrado-desagrado de 300 palabras en español, empleando para la medición de este índice una escala de 0 (muy desagradable) a 8 (muy agradable). Una ventaja del uso del SAM respecto a las escalas de López-Burló (1985) y Campos y Astorga (1989) es que, además de permitir la evaluación de los estímulos en otras dimensiones emocionales, ofrece una mayor facilidad a la hora de replicar los resultados, ya que se trata de un instrumento estándar, utilizado con frecuencia en el estudio de la emoción. De hecho, el SAM se ha utilizado para obtener los valores normativos de palabras (Bradley y Lang, 1999a), imágenes (Lang, Bradley y Cuthbert, 1999; Moltó et al., 1999) e incluso sonidos (Bradley y Lang, 1999b). Con el fin de controlar las características de los estímulos en futuros experimentos que utilicen la base de datos que aquí se ofrece, se incorporan los valores de otras variables compilados a partir de la base LEXESP (Sebastián, Martí, Carreiras y Cuetos, 2000). De esta forma, se incluyen, por una parte, índices objetivos como la frecuencia léxica (por millón de palabras), Valor afectivo de palabras españolas 319 el número de letras, el número de sílabas y el número de vecinos ortográficos2 y, por otra parte, índices subjetivos como la familiaridad, la concreción y la imaginabilidad (las puntuaciones de estos tres índices subjetivos estaban comprendidas entre 1 y 7, de manera que a mayor puntuación, mayor nivel de familiaridad / concreción / imaginabilidad). Es importante indicar que entre los índices psicolingüísticos incluidos en la base LEXESP no se encuentra ni la valencia ni la activación. MÉTODO Participantes. Un total de 360 participantes (45 hombres y 315 mujeres), estudiantes de Psicología de la Universidad de Santiago, con edades comprendidas entre los 18 y los 26 años (Media: 21,15; DT: 1,77) tomaron parte en este estudio. Con el fin de que la evaluación de las palabras se pudiera realizar en un tiempo razonable y evitar así el efecto de la fatiga, se dividió, de forma aleatoria, el conjunto inicial de 480 palabras en cuatro bloques de 120 palabras. En la sesión experimental cada participante evaluaba uno de estos bloques de 120 palabras. De esta forma, cada bloque fue evaluado por 90 participantes. Estímulos y aparatos. Se emplearon como estímulos 480 sustantivos3 seleccionados a partir de las normas de "agradabilidad" de Muñoz-Yago (1983), posteriormente ampliadas por López-Burló (1985). Estas normas se encuentran recogidas en diferentes bases de palabras, entre las que figura la de Algarabel (1996), que incluye 1917 palabras con las normas de “agradabilidad” de López-Burló (1985). Para llevar a cabo la selección de las palabras del presente trabajo, se ordenaron, en primer lugar, las 1917 palabras de acuerdo con su “agradabilidad”. En segundo lugar, se seleccionó aproximadamente una palabra por cada cuatro de las recogidas en dicha base (esto es, la primera, la quinta, la novena, etc.), con objeto de obtener una distribución homogénea en este índice afectivo. Para evaluar las palabras, los participantes utilizaron una versión adaptada por los autores de la versión de “lápiz y papel” del SAM (véase la Figura 1 en Bradley y Lang, 1994, p. 51), consistente en el escaneo de las figuras correspondientes a la valencia y la activación. Puesto que el SAM se presentaba en la pantalla del ordenador y con el fin de facilitar a los participantes la evaluación de las palabras mediante el teclado, se añadieron 2 Esta medida no la proporciona la base LEXESP y fue obtenida con el programa BuscaPalabras (Davis y Perea, 2004; véase Pérez, Alameda y Cuetos, 2003, para una base de vecinos ortográficos). A este respecto cabe indicar que dos palabras se consideran vecinas ortográficas cuando comparten todas las letras (en la misma posición) excepto una. Por ejemplo, “arroz” tiene un único vecino ortográfico (“atroz”), mientras que “capa” tiene veinte vecinos ortográficos (“lapa”, “mapa”, “tapa”, “copa”, “cara”, etc.). 3 Puesto que se detectaron, a posteriori, dos palabras repetidas, la muestra final se redujo a 478 palabras. J. Redondo, et al. 320 también los distintos valores de cada dimensión. Así, tanto la valencia como la activación se dividieron en una escala de 9 puntos (véanse Figuras 1 y 2), correspondiendo los valores más altos, respectivamente, a una mayor agradabilidad y a una mayor activación, y viceversa. En cada dimensión existe también un punto intermedio indicado con el valor “5”. Figura 1. Dimensión valencia del SAM. Figura 2. Dimensión activación del SAM. La sesión de evaluación se programó mediante el generador de experimentos Superlab-Pro (Abboud y Sugar, 1997). Tanto la presentación de las instrucciones como la evaluación de las palabras se llevaron a cabo mediante un ordenador PC en una cabina experimental insonorizada. Procedimiento. Aunque la secuencia de presentación de palabras se realizaba de forma totalmente automatizada, el experimentador estaba disponible durante la sesión para resolver cualquier duda que el participante pudiera plantear respecto al proceso de evaluación. Inicialmente, se presentaban instrucciones en la pantalla del ordenador que informaban al participante acerca del objetivo del experimento: Evaluar un conjunto de palabras en las dimensiones de valencia y activación mediante una escala pictográfica (el SAM). Seguidamente, se mostraba una imagen del SAM y se explicaba el significado de ambas dimensiones. Para confirmar que el participante había comprendido la explicación, a continuación se le pedía que evaluase tres palabras siguiendo exactamente el procedimiento que se Valor afectivo de palabras españolas 321 emplearía posteriormente durante el experimento. Aunque no se limitó el tiempo disponible para evaluar las palabras, con el fin de que la duración de la sesión fuese similar para todos los participantes se subrayaba que debían realizar sus evaluaciones lo más rápidamente posible. Finalmente se presentaban las 120 palabras siguiendo un orden aleatorio y de acuerdo con la siguiente secuencia: En primer lugar se presentaba el mensaje “Prepárate para evaluar la siguiente palabra” durante 2 segundos. A continuación, durante 4 segundos, aparecía en el centro de la pantalla la palabra que debían evaluar, en letras mayúsculas y negrita (tipo de letra Times y tamaño de 26 puntos). Una vez había desaparecido la palabra, el programa mostraba una figura con la dimensión valencia del SAM (Figura 1), solicitando su evaluación mediante el teclado numérico. Por último, se presentaba la dimensión de activación del SAM (Figura 2) con el fin de que el participante evaluara también la palabra en esta dimensión. La duración aproximada de cada sesión experimental fue de 45 minutos. RESULTADOS Y DISCUSIÓN En el Apéndice 1 se muestran los valores medios y las desviaciones típicas correspondientes a las evaluaciones de las 478 palabras en las dimensiones de valencia y activación, tanto para la totalidad de la muestra como para mujeres y hombres considerados separadamente4. Además de estos índices afectivos se incluyen, por este orden, el número de letras, el número de sílabas, la frecuencia léxica por millón, la vecindad ortográfica, y los índices subjetivos de familiaridad, concreción e imaginabilidad. Ambas dimensiones afectivas mostraron una muy elevada fiabilidad en términos de consistencia interna. En concreto, los valores del alfa de Cronbach fueron de 0,946 para la valencia y de 0,989 para la activación. Es relevante, asimismo, comparar los valores de valencia afectiva obtenidos en el presente trabajo con los recogidos por López-Burló (1985) en la variable “agradabilidad”. La correlación de Pearson entre ambos índices es elevada (r=0,81, p<0,001), lo que indica que, hasta cierto punto, miden una característica común (66% de varianza común). Si bien cuando se ofrece una base de datos, lo esencial es la información que ésta proporciona (véase el Apéndice 1), es importante señalar 4 El Apéndice 1 (en formato Excel) puede descargarse, junto a nuestro manuscrito, en la dirección web: www.uv.es/psicologica . En dicho apéndice se incluyen los valores medios (M) y desviaciones típicas (dt) de las 478 palabras en las dimensiones de valencia (val) y activación (act) para la muestra total y para mujeres (muj) y hombres (hom) separadamente. Se incluyen también el número de letras y sílabas, la frecuencia léxica por millón, el número de vecinos ortográficos, y los índices subjetivos de familiaridad, concreción e imaginabilidad. El término N/D (“no disponible”) en las columnas de familiaridad, concreción e imaginabilidad significa que no había datos para esos índices en la base LEXESP. Cabe señalar que la correlación de Pearson para las evaluaciones afectivas entre mujeres y hombres fue elevada (r=0,95, para la valencia y r=0,90, para la activación). J. Redondo, et al. 322 que la distribución de las evaluaciones en el espacio afectivo se aproxima a la forma de bumerán encontrada habitualmente (v.g., Figura 1 en Moltó et al., 1999, p. 62; Bradley y Lang, 1999a, p. 49) cuando se utiliza el SAM para evaluar estímulos en las dimensiones de valencia y activación (Figura 3). Esta relación queda reflejada en la elevada correlación cuadrática existente entre ambas dimensiones (R=0,704, p<0,001), que representa el 49,6% de la varianza. (La correlación lineal entre ambas variables sólo explicaba el 21% de la varianza.) Cabe señalar que la correlación cuadrática obtenida es ligeramente superior a la encontrada con imágenes por Moltó et al. (1999), que fue de R=0,64. 1 2 3 4 5 6 7 8 9 1 2 3 4 5 6 7 8 9 ACTIVACIÓN VALENCIA Figura 3. Distribución de las evaluaciones de las 478 palabras en el espacio afectivo definido por las dimensiones de valencia y activación. Valor afectivo de palabras españolas 323 Las evaluaciones de los participantes se extienden, prácticamente, a lo largo de todo el rango de valores de ambas dimensiones. Las palabras desagradables se agrupan, mayoritariamente, en el cuadrante inferior derecho de la gráfica. Es decir, para este tipo de palabras, se encuentra la habitual relación negativa (por ejemplo, véase Moltó et al., 1999, p. 63) entre valencia y activación; así, cuanto menor es la valencia de una palabra, mayor es su activación. Este resultado concuerda con la experiencia cotidiana, ya que las palabras que nos desagradan suelen provocarnos una elevada activación. Así, por ejemplo, la palabra “bomba” fue evaluada con una valencia media muy baja (1,72) y una activación elevada (7,88). Sin embargo, las palabras agradables (parte superior de la gráfica), abarcan prácticamente todo el rango de valores de la dimensión de activación, lo que sugiere que la valencia es independiente del nivel de activación. Así, encontramos palabras agradables, es decir, de valencia elevada, como “paz” (valencia: 8,06) evaluadas con valores bajos de activación (3,22); sin embargo, otras palabras como “sexo”, también agradables (valencia: 7,67), son evaluadas con un elevado valor de activación (7,02). Por su parte, casi todas las palabras de valencia intermedia o neutra fueron evaluadas con un nivel de activación intermedio (v.g. “curso”, valencia: 4,99; activación: 5,08) o bajo (v.g. “vapor”, valencia: 4,99; activación: 2,98). Este resultado no hace sino poner de manifiesto, nuevamente, nuestra experiencia habitual: es infrecuente que un estímulo de valencia neutra nos provoque activación. La ausencia de evaluaciones en el cuadrante inferior izquierdo, correspondiente a palabras desagradables y de activación baja, ha sido encontrada también por otros autores, utilizando como estímulos tanto palabras (Bradley y Lang, 1999) como imágenes (Moltó et al., 1999). Nuevamente, este resultado responde a la experiencia cotidiana: Lo desagradable suele provocar activación más que calma o relajación. La aproximación bidimensional empleada en este estudio nos permite apreciar, por ejemplo, que el extremo del brazo superior del bumerán, correspondiente a evaluaciones elevadas tanto en activación como en valencia, sólo se adivina. Por otra parte, aunque se observan evaluaciones en la región del espacio afectivo correspondiente a las palabras evaluadas como neutras en ambas dimensiones (valores próximos a 5), quizá existe una cantidad excesiva de palabras de activación baja y de valencia neutra. La ventaja del enfoque metodológico adoptado es que permite la incorporación, si fuera necesario, de nuevos estímulos a las diferentes regiones del espacio afectivo. En definitiva, una de las aportaciones de este estudio es que permite comprobar cómo una misma evaluación en valencia puede corresponder a distintos valores en activación y viceversa. Así pues, el enfoque bidimensional, frente a una perspectiva unidimensional (como la adoptada en los estudios de Muñoz-Yago, 1983 y López-Burló, 1985), permite una selección más precisa de los estímulos emocionales. Además, la utilización de un instrumento estándar de evaluación como el SAM, cuya efectividad para evaluar estados afectivos ha sido comprobada (v.g., Bradley y Lang, 1994), facilita la replicación de resultados. J. Redondo, et al. 324 El interés del presente trabajo se deriva de su amplio abanico de aplicaciones. Así, las palabras aquí evaluadas podrían actuar como estímulos en experimentos de condicionamiento clásico. De esta forma, las palabras con valores elevados en valencia y activación podrían emplearse como estímulos incondicionados apetitivos. Los habituales estímulos incondicionados aversivos se corresponderían con palabras de valencia baja y activación elevada, mientras que los estímulos neutros responderían a palabras con evaluaciones próximas a un valor neutral en ambas dimensiones. Además, la inclusión de índices psicolingüísticos, especialmente la frecuencia de uso, la vecindad ortográfica y la familiaridad de la palabra, además de la información sobre su longitud (en letras y sílabas), permiten el control (o la manipulación) de este tipo de variables. Dicho control es fundamental cuando se emplean palabras como estímulos en experimentos en los que se registra el tiempo de reacción. Otras áreas de aplicación pueden relacionarse con el “priming” afectivo, en el que el tiempo para evaluar un estímulo-test como positivo o negativo varía dependiendo de si el estímulo-señal y el estímulo-test comparten la misma valencia (véase Bargh, Chaiken, Govender y Pratto, 1992; Hermans, de Houwer y Eelen, 2001). En definitiva, la base de datos que aquí se presenta es de indudable utilidad para aquellos estudios en los que se pretende examinar los nexos entre cognición y emoción. Creemos que esta base redundará en un incremento del estudio de dichos nexos por parte de los investigadores en lengua castellana, lo que a su vez permitirá la comparación entre distintas lenguas (véanse, por ejemplo, Campos y Astorga, 1988; Harris, Aycicegi y Gleason, 2003). Así, en el marco de la Psychonomic Society, uno de los aspectos que actualmente se está fomentando es la creación de un archivo de bases de datos para uso de los investigadores (véase el número especial de Behavior Research Methods, Instruments, and Computers de agosto de 2004). Pensamos que este trabajo representa un modesto paso en esta dirección dentro de nuestro país. ABSTRACT Affective assessment of 478 Spanish words. In the literature of emotional processing, it has been posited that affective reactions can be characterized in terms of two continuous dimensions. One dimension is valence, ranging from unpleasant to pleasant. The second dimension is arousal, ranging from calm to excitement. However, there are no available norms on these two dimensions with Spanish words, and this poses limitations to researchers in the area of emotion and cognition. In the present study, we obtained reports of affective experience (valence and arousal) from 360 participants using the Self-Assessment Manikin (SAM). We include a database which provides normative ratings in the dimensions of valence and arousal for 478 Spanish words. We also include objective and subjective indices from the LEXESP database (Sebastián, Martí, Carreiras, & Cuetos, 2000). Valor afectivo de palabras españolas 325 REFERENCIAS Abboud, H. y Sugar, D. (1997). SuperLab Pro, version 1.04. Phoenix: Cedrus Corporation. Algarabel, S. (1996). Índices de interés psicolingüístico de 1917 palabras castellanas. Cognitiva, 1, 43-88. Bargh, J.A., Chaiken, S., Govender, R. y Pratto, F. (1992). The generality of the attitude activation effect. Journal of Personality and Social Psychology, 62, 891-912. Bradley, M.M. y Lang, P.J. 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