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Antoloxía II

Valenciano Cerezo, Adrián

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98 | EVOHÉ ANTOLOXÍA II por ADRIÁN VALENCIANO CEREZO: “ME EMPIEZO” Me empiezo a besar, me empiezo a pensar, me empiezo a venir amado, no vestido de antes, por manos que deshilan todo ahora y fijan idilio flotante sintiéndolas blancas, ayudas, remantes: hola riomar, adiós tejido. “REINVERSIÓN” He decidido disfrutar del parque, ser cisnemente uno en el estanque, reflejo y ser, beber y ser bebido: aspirante a círculo regenerativo. “Y TE ABRE LAS EDADES” Un corazón te encuentra y te abre las edades, te instala el abril: don de puertas que flora rampante y aleluya tus canas e intenta recuperar lugares donde has nacido. “LA RAÍZ DE UN NIÑO” El ave desnuda y gesticula a lo lejos para decirle que escribe desde el bosque los años abandonados de alguien que se está deshojando, y permanece en él, en el bosque, y las razones son: el calor, la humedá, el amparo, y porque allí, en él, en el bosque, se afruta, se está afrutando la raíz de un niño. “CÓMO EXPLICARLO” Cómo explicarlo. Me dirijo a un sitio que ya soy para alcanzar luego un lugar que se está yendo porque escribir juega a cortar caras al silencio y esas caras tienen siempre otras caras. “ESCRIBIR” No lo conozco y llevo tres días de parto con él. ¿Qué era lo tratado? ¿Por qué hilo cantable vienen las palabras? Son un silbido sin amo, El pájaro mago. Viene a veces del azúcar, a veces de la falta de él, de savia, de pacto. EVOHÉ | 99 “ALGO AFRODITA” Tenemos un asombro que los ojos no niegan. Aunque los labios no, viva y sana luz llegan y con palabras crece evolución interna aunque hayas elegido no darte cuenta. Vive atenta y fluye tinta que es poema nato en ti desconocido: Nos nace Algo afrodita. “CON CATULO, CON GELMAN” el que ama nota un cambio reinando en él, un señor inconfundible que atrae pájaros que te miran de lugares que antes no existían, no necesitabas, no bebías, pájaros algunos que ya no terminan y siempre quisieron conocerte. 100 | EVOHÉ “CRÍTICA” Un poema puede estar bien o sólo estarlo a cachos, depende del hambre que despierte, la belleza que dispare, o lo muerto que repare a ratos su espacio. Para escribirlo hay quien habla de un pájaro seminal que riega el músculo de la sed, y de lo mucho que importa consultar a ese pico, que tan pronto embiste como besa despacito a quien siente el ángel líquido circular por ese músculo. “UNA TEORÍA DEL SUSURRO” un texto sin género se insinúa y ya ingresa en tu anteboca pidiendo verbo en forma de aliento, aún aire en el cielo de la boca bisbisea, alcanza presencia enorme de mínimo decibelio pero inyectable, un presilencio que flota en aleteo interno —ecos de colibrí— vacío de caso nominativo, repleto de voz agramatical, cuajado de sí desiderativo, huérfano de sitio nominal espera viajar de labio a lóbulo chorrito oral sin armazón de la sintaxis, verbal lamido.