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Galicia moderna: revista quincenal ilustrada, n. 17 (1898)

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O JK 13 JN'víS E '■ ‘ V •• •<, ‘ - > on obra los modelos cuyas fotografías publicamos hoy, dt*l distinguido, escultor gallego I). Francisco Yidal y Castro, autor también de otros muchos trabajos verdaderamente inspirados que han dado sólida fama al notable artista gallego, al cual felicitamos por su nueva obra. Aríu II Pontevedra• I de Enero de 1898 Núm. 17 EL AÑO NUEVO Fotografía de J, Campo Moreno. 4 '■§ M* ( Tarjetas y almanaques. — La plaga del aguinaldo En los escaparates de las librerías y de los comercios que venden objetos de fantasía, exíbense estos dias capri  chosas y bonitas tarjetas propias para felicitar las Pascuas y elegantes alma  naques de pared que han de reempla  zar á los que hoy penden en las ofici  nas, escritorios, gabinetes y comedo  res, exhaustos ya de hojas que han sido arrancadas una á una en el trans  curso del año. Hay calendarios para todos los gus  tos, desde el que ostenta signos religio  sos ó alegorías místicas, muy en conso  nancia con las ideas de las gentes recatadas, pudibundas y seráficas, has  ta los que llevan bellísimo cromo, á propósito para las damas elegantes. Para los jóvenes aficionados en ex  tremo al bello sexo, hay saladísimas morenas, angelicales rubias á las que tan solo falta hablar; hay Venus en  cantadoras que tienen veladas sus es  culturales formas por gasas finísimas, permitiendo entrever las puras líneas y los delicados contornos. Para los aficionados á paisajes, para los amigos de lo bello, hay encantado  res cromos de finos colores, copia de los cuadros más celebrados de nuestros artistas; los militares, los que sienten afición decidida por la milicia tienen también sus calendarios variados; y ni los músicos, los sportman, los cazado  res, ni los toreros, dejan de hallar almanaquas en armonía con sus aficiones y con sus gustos: á todos ha querido G omplacer la industria moderna, ha- ciendo verdaderos prodigios y ponién  dolos al alcance de todas las fortunas. Porque además de la elegancia, re  sultan muy baratos, y así como hasta hace pocos años eran los almanaques de pared patrimonio de ricos banqueros, aristocráticos señorones y altos funcio  narios públicos, y solo en sus escrito  rios ó en el bufete del abogado y en el gabinete de consulta del médico, se veían, hoy tienen almanaque todos los amaneenses y en la tienda del zapate  ro, en la habitación del pobre estudian  te, en la tienda de ultramarinos, ...en todas partes hay su correspondiente calendario. Es diminuto, adornado con cintas y lazos de seda, bordado en colores, coquetón, elegantísimo, el que se vé en el tocador de la señorita que brilla en salones y teatros; es grande, desprovis  to de todo adorno, colocado el taco ba  jo una alegoría de la justicia, el que existe en el despacho del juez ó de cualquiera otra autoridad; humilde, de colores más ordinarios, con la efigie de un santo el que posee en su posada el seminarista; muestra el retrato de la Regente el del monárquico y osten  ta la moza que cubre su cabeza con el flamenco gorro frigio, el del republica  no consecuente... A tal extremo llega la economía en los precios de las tarjetas y almana  ques que ¡de veras! compadezco á esos infelices que se dedicaban á pintar monos y garabatos en las tarjetas que les encargaban los chicos, para enviar á sus novias. Ahora solo por el placer de regala uno de esos bellísimos cromos, merece la pena de enamorarse. ¡Y es tan fácil! * * * No es la lotería nacional la única que, halagando con una cifra de millo  nes, nos obliga á desprendernos de al  gún dinero y aflojar el bolsillo; el mes de Diciembre, con su Noche-Buena, sus Pascuas y fin de año, acarrea una serie de gastos, capaces de dejar tem  blando al mortal que viva con mayor desahogo. Hasta nosotros llegan infinidad de tarjetas con expresivas felicitaciones que agradecemos, pero que traen la co  la del aguinaldo, según inveterada cos  tumbre. En el café, es necesario ad  quirir algunas rifas, obsequio de los mo  zos á sus parroquianos; hay que grati  ficar al sereno, dar propina á la servi  dumbre en la peluquería, enviar un regalito al amigo del cual hemos reci  bido algún favor... y uno tras otro, no dejan en paz al martillo, llamando á la puerta en busca del aguinaldo, el repartidor del periódico, el cartero, los barrenderos públicos, los ordenanzas de telégrafos, los porteros, la labandera, la lechera, el mozo que trae el vino, el hortelano, el farolero, el aguador, el sepulturero... ¡Echen ustedes medias pesetillas! Y dispónganse á oir los comentarios de los favorecidos; porque todos se consideran con derecho á un par de pesetas cuando menos. Todos bajan echando pestes y di  ciendo perrerías. — ¡Dos realillos! ¡Ya - ya una propina de Noche-Buena! — Pa  ra esto no necesitaba subir tanto pel  daño... y avergonzarme! Es una verdadera plaga la de los aguinaldos: dar mucho, no se puede sin exponerse á pedirlo en el año próxi  mo; despedirles con buenas palabras, obras son amores...; y repartir una pru  dente cantidad, vale tanto como arro  jar el dinero á la calle, pues además de llevárselo, van refunfuñando y tachán  donos de miserables. Y tras la Noche-Buena, viene el año nuevo y después llegan los Beyes; y un dia la murga, otro los chicos del zapatero que mal rasguean las cuer  das de la guitarra; los coros, las ron  dallas y comparsas que se organizan para cantar los villancicos, nos ase  dian, nos martirizan y esprimen el bol  sillo, mermando los caudales de tal mo  do que no hay nómina que se resista. ¡Cualquiera puede atreverse á los capones, á los pavos y al turrón! No hay remedio, es preciso sacrifi  carse, olvidar la mesa, el plato favori  to, la botella de champagne y concre  tarse á la sota, caballo y rey, como en cualquier otralépoca del año, haciéndo  se el sueco ante las Pascuas y viviendo solamente para los que se consideran con derecho al aguinaldo, cualel filipi  no rendido en nuestro archipiélago. Ellos podrán saborear el capón, co  mer opíparamente, festejar la Noche- Buena, la entrada de año y los Beyes. Nosotros no podemospermitirnos esos lujos; los aguinaldos, del mismo modo que los impuestos, aumentan de año en año y dentro de poco los paganos que  darán reducidos á muy corto número. JEfceppo INSTANTÁNEA DNA BARBERIA CLÁSICA Fotografía de J. E. I 1 APUNTES OE VIEEAJfüAN INSTANTÁNEAS, POR MANUEL CHICHARRO VISTA DE VÍLLAJUNN H VOIA EL CASTELKTE 1 I i 1 ' EN LA PLAYA y STIVADORAS COLOCANDO LA SAKD1NA EN LOS TABALES * * * ¡A la salud de ustedes, señores! Brindo por el champagne que es la aristocracia de los vinos. La niebla de los basos. El favorito de las damas. El príncipe de los postres. Su alegre burbujeo parece que se ríe de las penas de la vida. Aquí hay que reirlo todo. Será un sarcasmo, pero el que no rie no vive, y el que no vive no goza. Vivamos pues, para gozar, para reir. La risa es la desesperación de los melancólicos. -La hipocondría debe ser el envecenamiento por cuenta gotas. Yo no quiero llorar, odio los Je  remías y los Heráclitos. ¡Viva el champagne, esa musa de carcajadas homéricas! Consejero de los tímidos, galan  teador de la hermosura, máscara estenio en el Carnaval de los se' res. ¡A la salud de ustedes, señores! ¡r * * Que serio pasa . Y no me mira. Ingrato, cuando sabe que le adoro. ¡Oh; los hombresson muy rencorosos. n-aquel mesmo quedóii acordad' o casamento de Marcos, estonces de cincoenta anos, c-oa rapaza, .que'andaba n-os trinta. — «Que demoros, dicía aqu'ela noite Marcos falando c ‘ o Abade, así como así millor ó que quede.todo n-a casa e como dix 1 o outro, val mais qu ‘ o arrouben os parentes que non ós de fora.» ‘ O Abade pareceulle ben á determinaceón de Marcos y-este púxos ‘ en camiño pra recollel-os cartos que deixara en Madrí y-o mesmo tempo c ‘ o a idea de mercar n-a casa d f osen depositario as galas prá noiva. Marcos era agradecido y-aioda que ti vera que dir cargado quiria dal-a ganáncea ó seu amigo. Ohegou, pois, M . reos á vila d 1 os gatos ou d ‘ o oso, como queren algás. Foi parar á sua antiga pousada y-eu canto se sacudíu un pouco, ala se foi a ver 6 comerceante. — - «Sinor García, dixo xa alí, aquí me ten á darlb as graceas y-a recoller ises cartiños, pois teño de mentres empregal-os n-a térra.» — «Que dices, hombre, responden!le o comerceante. Yo no tengo aquí dine  ro alguno tuyo y si estás borracho puedes irte á dormir.» __ «Mire ben o que dice, Sinor, mire ben o que dice, contestoulle Marcos. Re  cordé que tai tres ano^ Ib entregue! aquí mesmo catro mil recia en rodas d 1 ouro...» __ «Nada, nada, berrou o comerceante, este hombre se ha vuelto loco ó bo  rracho. Si no te me largas de delante, picaro, llamaré á la pareja para que te lleve.» Comprenden o noso peisano que por aquel camino salía perdendo e facéndos' o risinado. tomou o camino de se ritirar dicindo: «boeno, sinor, desemule, que así como asfsiri eso ei vivir e pior siria que rómpese unha perna.» Mais como non era o labrego home que s £ afogase en pouca auga, foise á xunto d ‘ un abogado, púxolb o caso y-o dia siguente presenten á demanda contr o tendeiro, n-o correspondente xuzgado. ‘ O verse aquel citado, encomenzou a oabilar e comprendend' o que pudía prexudical-oseunome que sesoupera osucedi  do, aconsellouse con un seu compadre, comerceante d'omesmo nome e d ‘ omesmo 11. apellido, acordando qu ‘ o dia siguente se presentase o compadre c ‘ os cartos y-o desarrollaba demanda Marcos' adiantase dicindo que non ó demandado, stn<n á él correspondía pagar aquel diñeiro, pois éi e non o outro o rieibira. !)• estexeito, dicía o tendeiro de mala fé, o ga  llego colle os caitos e déixaur en paz, quedando todos ben y-o meu nome á salvo Chegou, pois, a acareón e n-o momento oportuno, adiantando ‘ s compadre d ‘ o Siñor García e poñendo sobr ‘ a mesa unha bulsa de diñeiro, dixo: — «Señor Juez, aquí hayunerror, deque es víctima mi amigoy compadre el Sr. García, merced á la ignorancia y estupidez de ese gallego, que equivocando las puertas, fue á reclamar del Sr. García su dinero que solo á mi entregó y, desde luego, pongo á su disposición.» Surriuse o que falara, mirón con ben fiinxida fúrea o demandado á Marcos e con lástema ó Xuez, y-o noso peisano, confuso e sen poderse esprical-o que pa  saba, nin acertab ‘ á moverse, nin á dicir uta boca é miña. Todos marmulaban, todos se rían xa d ‘ a burrada de Marcos, mais este, repoñóndose de repente e dirixíndose ó xuez, dixb: — «Siñor, non poido menos de alababa honradez d* o compadre d ‘ o Sr. Gar  cía e meu bon amigo. Ben sei eu que teño n-a sua man os cartos siguriños e nun  ca m ‘ estrevería á demandal-o ¡Asús, María! Eu di quén reclamo aqui ó d ‘ o Siñor García, que me debe outros catro mil reas e senón papes cantan.» Y-alar- gou o ricibo. O cadro trocouse. Quedaron os comerceantes mudos; pro ¿que lies quedaba xa que facer? Un estaba amarrado pobo ricibo, outro pol-a confeseón que aca  baba de facer y-os dous tiveron que soitabos cartos, con gran satisfauceón de Marcos. Este, como borne atento, antes de se poñer en camiño pasou pol-a casa d ‘ o Siñor García e dend* a porta díxolle: — «Ai, siñor; voste tendrá unha boa tenda; pro os gallegos, sin tanta fanfá^ rrea, témoslle tenda e trastenda. amador MONTENEGRO SAAVEDRA I * ♦ * No se que hay en el rio cuando en su lecho arrollador camina, arrancando con furia las adelfas que embellecen del cauce las orillas. Algo extraño hay en él, algo que atrae como atrae el abismo á quien lo mira, algo que hace temblar y al mismo tiempo con mágnético influjo nos fascina. No se que hay en el río; sus cascadas con terrible fragor se precipitan, y al chocar con las peñas queda el agua en espuma convertida. Las ondas entre tanto se agrandan y se agitan, se extienden por las márgenes, inundan la campiña y arrancando las mieses, de los pobres aumentan la ruina. El árbol al empuje del torrente se inclina sus crujidos son quejas del que lucha con denodado esfueizo por la vida. No sé que hay en el río, se parece al hombre que camina hácia su fin, dejando de su paso las señales marcadas con desdichas. II Ya no es aquel torrente que todo lo aniquila; ahora el agua del río, poco á poco en su lecho de piedras se desliza besando las adelfas y las olas y juncios de la orilla. ¿Que sugestión extraña al verlo nos anima? ¿Qué nos dice en sus notas, de sublime y eterna melodia? ¿Quien sabe las palabras de esa canción magnífica que el río nos repite y el hombre no descifra? ¿Que misterioso espíritu á las ondas hace mover con placidez tranquila? No sé, nadie lo sabe; es algo que cautiva, algo que hace soñar en paraisos de inefables delicias, llenándonos el alma de plácida alegría. No se que hay en el rio cuando manso entre juncias y adelfas se desliza, algo extraño hay en él, algo que atrae con poderosa fuerza sugestiva. Al verlo me parece el hombre justo que á su fin camina, levantada la frente, la bondad reflejada en las pupilas, dejando en pos de si, de su pasado la estela luminosa y brillantísima. josé SANTALÓ ARTISTAS GALLEGOS ASUNCIÓN MONTES Para los que siguen con interés el desenvolvimiento de las . Bellas Artes en Galicia, el nombre de la notable ar  tista, cuyo retrato publicamos, es de sobra ventajosamente conocido; para esos, para los que se dedican al culti  vo de la música, es Asunción Montes la pianista distinguida, la artista lau  reada, que interpreta de modo admira  ble las felices creaciones de los maes  tros más eminentes, que arranca al piano notas sublimes. Para esos no descubrimos novedad alguna, ponderando como se merece las relevantes condiciones artisticas de la pianista gallega; pero para los que, alejados del movimiento musical solo conocen á las artistas que en busca de glorias ó con el afan del lucro, reco  rren pueblos y ciu lades, presentándo  se en el escenario de los coliseos ó en los salones de los casinos, es Asanción Montes una desconocida, es una verda  dera sorpresa la que hoy experimen  tan, hallándose frente á frente ante la Mercedes de Rigalt de Galicia. Como la pianista barcelonesa qae forma parte de la distinguida colonia española en París, descuellan en Asun  ción tres principales cualidades: es ar  tista por temperamento, es modesta y es hermosa. Consagrada desde muy niña al estu  dio del piano, bajo la dirección de su tio, el reputado maestro Sr. Montes, reveló ya en las primeras nociones ap  titudes escepcionales para el arte su  blime de Mozart y apremiada por los insistentes ruegos de admiradores y amigos, tomó parte en 1882 en el certámen celebrado por el «Liceo Brigantino» de la Coruña, obteniendo el pri  mer premio. De aquella ñesta memorable recuér  dase todavía la brillantez con que Asunción Montes supo ejecutar el diL- cil Rondó de una de las sonatas de ~W,eber, llamado generalmente el Movi  miento perpetuo, obra elegida para el concurso. Posteriormente, en 188 1,- la Socie  dad Económica de Santiago, anunció un Certámen para conmemorar el pri  mer centenario de la fundación de di  cho centro, señalando como obra de te  ma para las pianistas la brillante «fan  tasía sobre motivos de la ópera Moisés», una de las más difíciles de Thalberg. A él concurrió la ya laureada pianista y de nuevo el galardón del triunfo co  ronó sus méritos indiscutibles, refren  dando sus títu'os un tribunal compe  tente, formado por maestros distingui  dos y alcanzando ovación ruidosa por parte del público que escuchó embele  sado á la artista . Su invencible modestia no le permi  tió continuar la senda de gloria em  prendida; Asunción no cree en sus mé  ritos, y tras el estuiio no interrumpi  do de las grandes obras, después de ha  ber oido á otros pianistas considérase pequeña, estima los elogios como cari  ñosas bondades, juzga sus premios co  mo fruto de indulgentes benevolencias: y solo accediendo á las instancias de amigos ó dejándose llevar de sus cari  tativos sentimientos, se la ve sentada al piano, contribuyendo á las fiestas benéficas ó de otro orden en Lugo, su pueblo natal, donde se la considera y admira con una admiración no exenta de legítimo orgullo. En la ciudad lucense es garantía de seguro éxito para el festival en quepreste su cooperación la notable pianista. La elección de las obras es caidadosamente hecha, y oyándola el Capricho brillante de Mendelssohn, acompañada de orquesta, ó el Concertstück de Weber y tantas otras que domina con per  fección deliciosa, no se sabe que apre  ciar más, si el talento del autor ó la maestría insu  perable de la de 1 icad a in  térprete que pulsa con ma  gistral habi  lidad el te  clado. Si un fonó  grafo de aca  bado perfec  cionamiento recogiese una página mu  sical cualquie  ra dicha en el piano por Asunción . y tran se u r r i d o algún tiem  po ella la oye  se, ignoran  do la treta, segura m ente que esclamaría: ¡Muy bien, m a g n í fi c o prodigioso! P o r q u e Asunción que no escatima plácemes á to  do ar t is t a , gusta del refinamiento, y reconocería de buen grado, ¡-in saberlo, su propio valer. A pesar de que el piano, no estando acostumbrado el oido, resulta instru  mento un poco incomprensible, como ocurre á veces con las bellas, atrevidas obras de eminentes compositores, á Asunción, antes de que termine, el pú  blico como impelido por irresistible fuerza, sugestionado, aplaude frenéti  co y las manos de todos los oyentes júntanse para batir palmas, como mo  vidas por eléctrica conmoción, cual si las notas del piano fuesen mágico r e - sorte. Y esos aplau  sos, que tantas veces escuché reso  nar estrepito  sos en la sa'a del teatro de Lugo, y esos elogios s i n - cerosquerivales y entusias  tas de Asun  ción le prodi  gan, p-récen  me p' co to  da vi q no bas  tan para pre  miar su labor artística real  zada por su simpática fi  gura. Para obsequiai debida  mente á Asun  ción Montes, sería necesa  rio que cada espectador tegiese una corona de laurel y oro sím  bolo de su grandeza de artista y otra de rosas naturales con que se ador  na á las mujeres hermosas. josé VEGA BLANCO AS MARINAS i Xa repinica o pandeiro n-as eiras X ‘ a nosa gaita comenza á tocar A mais garrida d ‘ as nosas muiñeiras Que n-os mociños mil cóchegas fan. jOuga! Hoxe e dia d' andar de ruada: As rapaciñas de cara xentil D olios azús, cabeleira encrespada, Pol-os rapaces esperan alí. ¡Ala, rapaces, Vamos alá! Os mais bailadores Mil puntos farán; Y-os que non sepan Han de tocar Oon modo e con xeito O cMs carras-chas II Non, non me mires asi d ‘ ese xeito; Porque me fas, mina rula, tolear; Sinto bulir n-o curruncho d ‘ o peito Non sei qué diaños 6 vel-o teu van; Qu ‘ eres a fror mais garrida e xeitosa Que n-as marinas de Sada naceu. D ‘ eses beiciños de mel e de rosa Hurtara un bico, a pecado non ser. I> ‘ esa muiñeira Ted ‘ o compás; Tocay mais aprisa O chds-carj'ás-chás, Pois xa as rapazas D ‘ este lugar Coradas cal guindas Poñéndose van. III Mesmo ó mirar as mociñas me cegó. ¡Dios non me dera! S ‘ o ceo está aquí! Si hastr' a Marica, a criada d ‘ o Crego, En vez de gorda está fraca e xentil. Esto é o mellor que n-o mundo s ‘ encerra: Non son mulleres, pois ánxeles son. ¡Que kaxa quen diga que n ‘ hay n-esta térra Prores, encantos, poesía, y-amor. D ( esta muiñeira Ted ‘ o compás; Tocay mais aprisa O chds-carrds-chás, Pois x ‘ as rapazas !) ‘ este lugar Córadas cal guindas Poñéndose van. IV Este é o bailar mais bonito e modeso, Este é o mais ledo e garrido bailar. Aquí no chan de Galicia, fermo.^o, ¡Cántos feitizos ós mozos lie fai. Xa s ‘ acabou de bailar a muineira, Xa a foliada rapaces finou, Y-ainda se sinte zoar feiticeira Esta cantiga con máxico son. Lonxe, mui lonxe Síntese o son Que fai d ‘ a gaitiña O finar o roncón, Como si fora Leda canción Qu ‘ os anxos n-o ceo Lie entoan á Dios. l . U. GRIS LÁ NOCI IK-BUKX A EN LAS ALDEAS (*) I Es la fiesta más respetada por la tra  dición. Tres, dos dias antes y sobre todo el víspera del 24 de Diciembre, los ausentes c Pr qtK ' ' ' "nosibili- No hay pobre ni rico, grande ni peque  ño que no celebre la noche-buena: no hay casa en donde no se haga la colación: en las mesas no faltarán el indispensable ba  calao con los sabrosos grelos ó la apetito  sa colliflor; las renombradas papas de arroz oue solo se hacen en ésta y en la -itas con vino tes:' destribuídos convenientemente, hállanse gruesas bollas de pan de trig), dos regulares jarros de vino y sazonadas fru  tas: ocho cubiertos de boje indican que otros tantos serán los comensales. Y en efecto, siéntanse todos. El anciano bendice la comida y da co  mienzo la faena gastronómica. Dejémosles que cenen... Ya terminaron. Todo es alegría y contento. ' Cada cual dice chistes á más picarescos y ocurrentes, que hacen agradable la ter  tulia. Fuera, y apesar del frío horrible que se nota, suenan voces juveniles y frescas: son los monos del inmediato lugar que, acompañados de la gaita, recorren las puertas dando atuneros y celebrando con canciones el nacimiento del niño Dios. Oigámoslos: Una voz fresca y sonora, canta: «Xa nacen o neno ISToso Salvador Xa non temos penas Xa non hay door. Y-os pastores levan.. Mantas e trapiños Oon que acochalo Qu ‘ está'en coiriño » Continúa el coro: Que frío torá o coitado... o coitado... o coitaa...do Envolto entre catro pallas .. ca tro pallas .. catro paa... Has N ‘ esta noite de xiada... de xiada .. de xiaa... da. De allá, lejos, vienen los ecos del (¿la  ida, ese cadencioso y rítmico canto de nuestras montañas. III El gallo, que es el reloj de las aldeas, anuncia, con su potente voz, la media noche. Poco después la campana de la parro  quia toca á misa y todos abandonan la mesa para ir á la iglesia. Oyese el sagrado oficio con religioso si  lencio, pero al llegar á la mitad suenan de improviso \os pa/ldciros, conchas, flau  tas y férvidos, produciendo un conjunto inarmónico y ensordecedor. Terminada la ceremonia retornan á sus casas en busca de de canso. Las canciones los ecos d l a/aliada, que se aleja, van extinguiéndose. Media hora más tarde cesa por comple  to aquella alegría; apáganse los sones de la gaita; callan las voces de los robustos mozos y la aldea, la poética aldea, reposa en dulce y apacible calma. f . PORTELA PEREZ EL COCINERO POR FUERZA Ó LA MUERTE DEL PAVO SUCESO DE NOCHE-BUENA Arturo era un Tenorio en toda la extensión de la palabra. Guapo, elegante, instruido y de ameno trato, era temible para las conquistas que había hecho de todas clases y categorías. Sus aventuras amorosas se contaban por docenas, y varias de ellas pudieron salir muy caras al enamoradizo jóven; pero entre todas, ninguna le puso en tal aprieto, ni fué tan ridicula como una que le ocurrió en un día señalado, un día de Noche-buena. Había en una rica casa de la Ciudad una linda doncella, un tanto vehemente, de cuyoWazón se había apoderado Arturo, después de algunos trabajillos; hasta tal punto que la indiscreta muchacha llegó á darle citas en la propia casa en que servía pensando sin duda en que no había de ser descubierta ó contando en todo caso para salvar la comprometida situación, si es que llegaba, con su no corto ingenio, facultad muy desarrollada en las mujeres graciosas y de poco juicio, entre las cuales podíacontarsejla linda¡doncellita. Enamorado áte como él creía enamorarse siempre acudía, Arturo diariamente á las citas de su conquista sin pararse á pensar los peligros que corría y las conse  cuencias que su travesara podía acarrearle. Para no inspirar sospechas á los porteros de la casa entraba siempre en ella así que anochecía, antes de que las luces se hubieran encendido y disfrazado cada día de una manera distinta, ardid que, en las pocas veces que había sido empleado, produjo el re  sultado apetecido. Y como la hora del anochecer tenía también la ventaja de ser aque  lla en que, la doncellita, que por deber madrugaba mucho, se retiraba á descansar á su dormitorio, sin que los amos la molestasen desde aquel momento, todo marchaba á, pedir de boca para los enamorados. Poco había, pués, que temer, descontada la sospecha que pudiera inspirar su en  trada en la casa, durante varios días, siempre á la misma hora, y ésta no era fácil que¡¡surgiese con el ardid del disfraz, ideado por la muchacha, el cual consistía el día del suceso en una blusa blanca y una gorra también blanca,disfraz con el que se puede pasar por cosas bien distintas. Aquella noche la estancia del jóven en la habitación de su ama  da iba á ser muy breve. Era hijo de familia y como tal debía reti  rarse á casa tempranito en noche tan señalada. Entró pues, en ella, decidido á despedirse pronto; y apenas el amoroso coloquio era comenzado, cuando en el pasillo que conducía al dormitorio de la doncella, sonó la voz del ama que la llamaba y qne apresura  damente se acercaba á la habitación. Arturo pensó en esconderse debajo de la cama; pero su novia, ligera como el pensamiento que en aquel instante acudió á su men  te, tomó de-encima de ella un blanco delantal y en menos de un peri* quete lo ató á la cintura del mancebo, á la vez que murmuraba á su oido —¡Calla! Ya era tiempo. La puerta de la alcoba se abría rápidamente y la señora de la casa, entraba en ella. —¿Qué es esto? Preguntó con sorpresa al ver á un hombre en la habitación de la sirvienta. — Nada, Señorita, este mozo que acaba de llegar, lo ha enviado una amiga mía á quien dije esta mañana que ustedes no tenían cocinero, para que vea Y. si le conviene. JARDINES DE ARAN JUEZ. — (Véase el núm. 8 de E l C orreo de E spaña )