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Boletín oficial del Centro Gallego, n. 110 (1912)

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AÑO IX AVELLAXKDA BUENOS Al REs), OCTUBRE 1 5 D E 1912 DEL CENTRO GALLE Casa S ocial : A venida G ral . M itre 782 P ublicación mensual E l que persevera vence COMISIÓN DIRECTIVA P residente Don Antonio Paredes Rey 1 JURADO V tce » José Insua i P residente Don Bernardino Prieto S ecretario » Joaquín E. Blanco i S ecretario » Alfredo Najurieta P ro » Feliciano M. Culler I V ocales » Juan A. Montes de Oca T esorero Raymundo Fernandez ■ - » » Javier Sola P ro » José Benito Iglesias B ibliotecario Don David Tesouro (■c (m) <5/ » » Antonio Paredes (liijo) V ocales » José Benito Rodríguez 1 COMISION REVISADORA DE CUENTAS » » Francisco Maquieira ?■) » » Antonio Besada i Sres. Don Ildefonso B. Paredes, don José » » José Resua 1 Lalín, D. Cárlos Peluffo, D. Lino Perez » Basilio Lalín 1 y D. Maximino da Costa. COMISIÓN AUXILIAR Y PROPAGANDA Sres. Manuel Camiña, José Eiras, Perfecto Perez, Justo Vilanova, Juan Neira, Pedro García, Ramón Lorenzo Otero, José Antelo, Vicente Fandiño, Manuel S. Antelo, Ignacio Iglesias y José Otero. 2 B oletí n O ficial del Centro G allego Fundado el 6 de Noviembre de 1905 Gasa Matriz: 445, CANGALLO, 455 -Buenos Aires Dirección Telegráfica: GALBANK En la Capital N. I 2 3 4 5 6 , , , . . „7 En el SUCURSALFS: (Flores) (Barracas) (Flores) Calle Rivadavia 7025 „ San Juan 3101 „ Corrientes 3220 „ Entre R íos 265 „ Belgrano 2828 „ Montes de Oca 1702 Rivadavia 3860 comús" saí P FerSo de B ' AÍreS>: de Zamora, Chas- En el exterior: Montevideo Cerrito 187. Capital autorizado y suscripto . . $ 30.000.000. — Fondo de reserva ............................. „ 4.179.987.58 | EFECTÚA TODA CLASE DE OPERACIONES BANCARIAS ABOTVA POR DEPOSITOS -En cuenta corriente ......... A plazo fijo, de 80 días • ’ »> 80 ,, »» ” j > 90 „ fi ?! ?? 180 ?? 1 añ o § m/n. » » » » » » » » » v s °/ /o » » » 1?n . , . . , A nrayor plazo convencional Bn caja de Ahorros después de 60 días, desde $ 10 c 1 1 hasta 10.000 4 V* CORRI Por adelantos en cuenta corriente ............................ no/ Por descuentos ............... .................... ................. ’ r , Por administrar propiedades ................................ ................... Convencional mintos e ^ la ' S C f m ^- 10 ^ expide cartas de crédito sobre todos los puntos de España, Francia, Italia, Inglaterra, Alemania, Portugal y otn Buenos Aires, Junio 30 1012 . ' ros. «I. Jff. Rfrauda JLuaces GERENTE B oletín O ficial del C entro G allego 3 Muestro Aniversario Los años pasan lentamente, los meses se suceden con monótona regularidad y los días van convirtiendo en plata las ca  belleras veneradas de aquel animoso gru  po de gallegos que en 1899, época de desfallecimientos, supieron afirmar la po  tencialidad galaica en Avellaneda dando vida, dando alma á este benemérito Cen  tro Gallego que es modelo de cultura, ejemplo de instituciones patrias y norte de todas las aspiraciones que se condensan en honra y gloria de nuestra excelsa Ga  licia. El Centro Gallego de Avellaneda es el Templo de nuestra Región en Sud Amé  rica. Nadie puede negarle el título de Iglesia madre adquirido en trece años de gloriosa lucha consagrada á educar, in  culcar amores patrios, fomentar la cultura, propagar las virtudes del hogar galaico y estrechar los vínculos fraternales' con íos hijos de la patria argentina que es la prolongación de la nuestra. Por eso, los que hemos mecido la cuna de este Centro Gallego, los que hemos estado atentos á sus palpitaciones, los que hemos puesto parte de nuestra vida á su cuidado, sentimos hoy la legítima satis  facción, el orgullo paternal de contemplar esta robusta Asociación la que será pila bautismal de nuestros hijos, de nuestros nietos y de todo corazón extranjero que al impulso de bellos sentimientos venga á latir con nuestros corazones. Hoy, día de legítima fiesta, repercuti  rá nuestra alegría allá lejos, lejos... en nuestro suspirado terruño y los robles, y los pinos y los «amieiros» se doblarán dul  cemente para hacer cariñosa reverencia á los gallegos que en Avellaneda llevan á la madre Suevia en el alma, á la ben  dita Galicia en el corazón... ---------- «o» ----------- SINE LABORE NIHIL ¡ Señor, señor, que la casa se viene aba  jo! ¡Una esquina se halla agrietada y empiezan á crugir los techos ! Aunque había en la denuncia mucha exageración, producida por el amor á la vida ó al miedo de volverse tortilla bajo el montón de escombros hacinados por el derrumbe, se notaba algo anormal, pol  lo que se hizo cavar alrededor del ángulo hasta el cimiento. Como á un metro de profundidad, se dió con un inmenso ni  do de pajas, hojas secas y otros desper  dicios que albergaba á luí numerosísimo hormiguero. Estos himenópteros, para su mejor comodidad, habían ido sacando grano á grano la mezcla donde se asen  taran los ladrillos, dejando á éstos casi en el aire. Algunos se hallaban ya dis  locados y amenazada la solidez del edi  ficio. Podría tildarse de demoledora aquella república porque, de no acudir á tiempo, concluiría por echar abajo la casa? Todo lo contrario: esa obra demostraba de un modo palmario hasta donde pueden llegar la inteligencia adunada con la constancia, la tenacidad y el empeño en realizar lo que uno se propone. Esa pared estorbaba el desarrollo del plan que se había trazado para la construcción de su palacio social, y entonces se hacía necesario proceder á su remoción. Pero ¿ una sola hormigui  ta podría llevar á cabo tamaña obra? No; trabajarían todas con tesón, con ahinco, de noche, de día, reemplazándose las unas á las otras, aportando cada una su más ó su menos de fuerza, habilidad é intelir gencia, unidas en un solo deseo, en un solo anhelo, sin susceptibilidades, sin co  mentarios, sin animosidades, sin censuras, sin reparar en quien hace más ó menos. La ofrenda es completamente igual, cada uno da lo que puede y va hasta donde sus fuerzas se lo permiten; todo ello en ho  menaje al bienestar común. ¡ Qué bello ejemplo nos dan estas fa  milias con su laboriosidad, sin rencores, sin envidias, sin pasiones! Aquí cabe parangonar el Centro Galle  go de Avellaneda con el hormiguero de la narración anterior, si bien hay la dis  paridad de que el Centro cuenta con me  nos individuos que el hormiguero, lo que no deja de ser lamentable. Pero la dife  rencia de número la llenan satisfactoria  mente el ánimo, la voluntad, la energía y la constancia de los miembros que lo componen. Parece un sueño, y sin embargo es una hermosa realidad que honra al elemento gallego en general y muy particularmente 4 B oletín Oficial del Centro G allego Corralón de Maderas y Fierros Postes, Varillas, Alambres, Torniquetes, Puertas, Ventanas, Tejidos de alambre, Puertas de fierro I. Artículos Rurales, Columnas de fierro, Pino Tea, Pino Spruce, selecto, Pino Americano, Maderas duras, Cedro aserrado Maderas para casillas, Fierro Galvanizado, Cal, Arena, etc. CONSULTEN NUESTROS PRECIOS Pedro Mendoza 404!*- - r«iei.te de Barracas - Buenos Aires Unión Telefónica 253, Barracas CONFITERIA. BAR Y BIOGRAFO JET-A BRT O A. IDS POR MAYOR Y MENOR AVENIDA Gral. MITRE 685 699 _A_ 'V EU ID X_j IsT EJ ID _A_ B oletín O ficial del Centro O allego al que constituye el Centro. Han trans  currido trece años, lapso de luchas cruen  tas, de empeños tenaces, de empujes enér  gicos, de victorias inesperadas y de satis  facciones que se creían utópicas. Con to  do, el alma de esa agrupación no ha cam  biado, el ambiente que se respira donde quiera que se halle uno de sus miembros es el mismo, el entusiasmo del primer día se ha vigorizado. Se está, puede decirse, en el comienzo del programa que se han trazado los que dieron vida á ese envi  diable núcleo de nuestros hermanos. No se llega nunca á la meta cuando se mar  cha por el camino de la perfección: nun-! ca son bastantes los éxitos alcanzados, es de todo punto necesario continuar labo  rando por el engrandecimiento de la colec  tividad, por su elevación social, econó  mica é intelectual. Son grandes las aspi  raciones, vastos los proyectos y de incal  culables beneficios su realización ; pero to  do ello es factible cuando se cuenta con la decidida cooperación de los asociados, cuando hay empeño en prestarse recíproco apoyo, cuando se alienta en los momentos difíciles y se deja libertad de acción á las comisiones directivas que han demos  trado una y cien veces, clara inteligencia y completo dominio de los asuntos con  cernientes al cargo que les ha sido con  fiado. Hay ¡que tener fe, mucha fe, sin dejar de concurrir cada uno con sus luces, con sus consejos é iniciativas, en la gestión de las personas encargadas de elevar el crédito y la eficacia de la institución. Los que hemos seguido de cerca la mar  cha progresiva del Centro Gallego vamos de sorpresa en sorpresa; cada año, cada aniversario lo encontramos en una situa  ción muy superior á la del anterior ; ve  mos con muchísimo placer que se va de triunfo en triunfo, de realidad en reali  dad, de prestigio en prestigio. Adelante, pues, que el porvenir es vues  tro. Todos para uno, uno para todos. Ade  lante sin desmayos ni desfallecimientos, que el trabajo todo lo vence : «labor im  probas omnia vincit». Bernardo RODRIGUEZ Comisiones del “ Centro Gallego ” de Avellaneda G B oletín O ficial del C entro G allego BORGARELLO k OBIGLIO Importadores de S®faiios Pleyel Gaveau Günther Steingraeber Rómhildt Krause Noeske Schwarz kmt ¡le Mayo 839 Rivadavia 838/46 Sucursales: R osario : Calle Cór  doba 883. B. B lanca : Chiclana 137. AGENCIAS en toda la R epú  blica . VENTAS A PLAZOS DESDE $ 20 M. N. MENSUALES Cambios, Alquileres, Composturas, Afinaciones. B ole tín Of icial del C entro G allego 7 ESTROFAS IGUALES I En las colecciones de obras del inmortal Espronceda se incluye esta bella estrofa: Son tus labios un rubí Por gala partido en dos, Arrancado para tí Déla corona de Dios. Pero el gran José' Zorrilla, en su canción Oriental, literalmente decía: Tus labios son un rubí Partido por gala en dos,... Le arrancaron para tí De la corona de un dios. II Fácil á mí me sería el saber quién comparó primeramente los labios á un rubí partido en dos; pero no quiero saberlo: oficiar de redentor es trabajo muy penoso, como nos lo enseña Dios. A mí me basta decir al carísimo lector que esos versos son de un vate ¡y no pueden ser de dos! M. C astro L ópez . «o» Solidaridad Española En día se me ocurrió pensar que numerosas sociedades gallegas existei en Buenos Aires, podían formar una c federación con el fin de mantener peirecta alianza entre ellas, y crear fondo común destinado al sostenimie , luna oficina de protección y defe üe los inmigrantes regionales y de foir fo comercial. Ea idea estaba lejos de ser origir otros la habían concebido antes y Principio, figura en los estatutos de to. as sociedades. Se trataba simplemente ciarle forma práctica. A ese fin prese a Ja Comisión Directiva del Círculo Ga  llego, de la que formaba parte, un pro  yecto de bases que ésta aceptó, y se pu  blico en «El Diario Español» del 2 de Jumo de 1907. Bastantes días antes, el doctor Malagarnga había hecho y entregado á la redac  ción del citado diario un estudio para dar forma, con carácter general, y bajo el nombre de «Solidaridad Española», á la idea que respecto á la confederación re  gional había aprobado el Círculo Galle  go Ese estudio que aún no había sido publicado, porque la dirección quiso es  tudiarlo a. su vez, dada su magnitud, apa  reció después. Mi proyecto fué aprobado y combatido c entro de ^as sociedades y colectividad de la Región; el del Dr. Malagarriga, no UYo impugnadores, que yo sepa; pero ninguno de los dos pudo realizarse. Desde entonces he pensado siempre en la necesidad de vincular á las diferentes sociedades, no ya gallegas, sino españolas y no solo de Buenos Aires, sino de toda la República, con el propósito de que todas ellas, sin menoscabo de los fi  nes de su institución particular, manten  gan entre sí una perfecta solidaridad, y puedan realizar obra de interés general. Y ic creído que esto se llenaría creando una Junta Central de las asociaciones confede  radas que tuviera á su cargo una ofici  na destinada a servirles de punto de unión por una parte, y á atender por la otra a todo cuanto se relacione con los inte  reses españoles (protección y encauzamient° de la inmigración, fomento y propa  ganda comercial, difusión del pensamiento español, etc., etc.) En realidad todas las sociedades cons  tituidas en el país, se han atribuido una especie de representación nacional ó re  gional, según su carácter. No se les pue  de restar méritos, respecto de los esfuer  zos hechos para la consecución de los fi  nes con que cada una se ha formado. Pe  ro no puede negarse que circunscriptas á ^u objeto, su acción no ha podido ir mu  cho mas allá del círculo de sus asociados. Entre tanto flota en el ambiente la idea de que puede y debe hacerse algo más. La colectividad española ha dado pruebas de reunir condiciones suficientes para lle  var a cabo las obras en que se empeñe, ancos, instituciones de beneficencia y de 8 B oletín O ficial del C entro G- allego i I tfi eií q JÍ I Vk <zsl $■ a si á 1 Sí 3i g¡. | ! $. 1 1 I 1 1 sí si i I si S- I a f JOAPIN E. BLANCO ESCRIBANO PUBLICO OFICINAS Avenida Mitre 190 Bmé. Mitre 519 AVELLANEDA ® UE1,0S AIRES PARTICULAR AVALA 748 — avellaneda t 1 i i ■I t ■i f I 1 a t i i I 9^3 Los distinguidos consocios D. Joaquín E. Blanco, Escribano Público, y D Feliciano M. Culler, Agente Judicial, ofrecen gratuitamente toda clase de consultas sobre asuntos judiciales, admi tí nistrativos, locales, provinciales ó nacionales, contratos, jestiones ante los establecimientos de crédito etc. etc. á los señores asociados con la sola presen tación del último recibo. Ofrecen también grandes ventajas á los aso  ciados que deseen utilizar sus servicios. i I i & i % i5 i Boletín O ficial del C entro G allego 9 mutualidad, centros sociales y otras múlti  ples manifestaciones de su actividad lo acreditan indudablemente. Pero se nota la falta de algo que solidarice los esfuer  zos : un punto central que sirva de conden  sación al objetivo de nacionalidad, que por su nombre y por su composición, tienen las diversas sociedades españolas. Y esto podría realizarse con la creación de la Oficina Central á que me he refe  rido, sostenida bajo la confederación ó en cualquier otra forma. He dicho que entraría en los fines de esta Oficina la difusión del pensamiento español, y he querido expresar con ello la divulgación de todo cuanto pueda en  altecer la patria en el campo de la acti  vidad intelectual. Sería éste, sin duda, uno de los trabajos más meritorios y útiles á realizarse. No basta, ciertamente, que tengamos una historia brillantísima; que en España se haya cultivado y se cultive el arte en sus diversas manifestaciones y con rasgos sobresalientes; que tengamos literatura propia y notable, tanto clásica como mo  derna ; que hayamos aportado nuestra con  tribución á los estudios científicos ; que nuestras instituciones jurídicas sean res  petables desde sus remotos orígenes y du  rante su evolución progresiva. Es nece  sario que todo ello se vulgarice, se di  funda entre nosotros y entre los demás para que se forme un concepto exacto del espíritu de la raza. No basta tam  poco que nuestros pensadores produzcan obras de aliento, si su personalidad y sus producciones han de quedar en el peque  ño círculo de unas cuantas personas. A raíz de los desastres sufridos, surgió un pesimismo que felizmente va desapare  ciendo; pero que su desarrollo revestía caracteres desoladores. El resurgimiento se inicia, á virtud de factores combinados, no siendo el de menor importancia, la ac  ción que están desarrollando los centros de cultura, y los esfuerzos de nuestros hombres de pensamiento y de estudio, por acreditar que no nos quedamos atrás. A veces nos juzgamos y se nos juzga mal, por falta de conocimiento cierto de lo que hemos hecho y de lo que estamos haciendo. Los diarios, periódicos y revis  tas, órganos de la colectividad cumplen su tarea de propaganda en la medida de sus fuerzas ; pero la difusión debe com  pletarse. Es necesario acudir al folleto bibliográfico, biográfico, etc., y llevarlo gratis no solamente á los grandes cen  tros, á las bibliotecas, sino á los estudian  tes y á la masa popular, y muy particu  larmente á ésta, que carece de otros me  dios para formar sus conocimientos. La labor de diverso orden que la Ofi  cina á que me refiero podría desarrollar, dentro del espíritu que informa estas lí  neas, sería muy provechosa. Y las socie  dades que la sostuvieran harían obra ver  daderamente nacional. Esta obra contri  buiría también á intensificar la cordialidad de relaciones con el país en que vivimos, por la compenetración del espíritu de la raza, por el intercambio de ideas y por  que no puede ser indiferente al espíritu americano todo lo que eleve el concepto de la madre patria. La venida de Altamira y de Posada, hizo ver á muchos que lo ignoraban, que en España hay profesores notables. Ha servido también para que sus libros se co  nozcan y se estudien. ¡ Cuanto refluye en favor nuestro, este simple hecho ! ¡ Y cuan  tas cosas no podríamos nosotros propa  gar y hacer conocer! Creo, pues, que vale la pena de pre  ocuparse de este asunto, cuyos lincamien  tos generales he querido esbozar simple  mente. La acción conjunta de todos ó de la mayoría á un fin tal, asegura su com  pleto éxito, sin ser gravosa ; y sus resul  tados pueden ser útilísimos en el orden moral y en el orden de protección á quien la necesite. La Oficina por ser creación de las so  ciedades, y por la propia acción que debe desarrollar, mantendría la solidaridad es  pañola. Y si el espíritu regional demandara una aplicación también regional de parte de sus recursos ó si de otro modo algún orga  nismo tuviera objetivos especiales, sobre todo en lo referente á la difusión inte-' lectual, no podría haber inconveniente en respetar tales decisiones, siempre natural  mente teniendo en mira el concepto na  cional ; ya que favorecer las partes im  porta favorecer el todo cuando no se va contra la unidad. José INSUA 16 B oletín O ftptal del C entro G- allego tros y avemarias rezados, Dios le liada producir tan excelentes cosechas. Muy bien jurado. Y en justa retribución de sus rezos se comía por San Martín el cocho que cebaba Xan Girólas. Por más que se rascaba el pccipucio, depósito de sabiduría, según Carolla, el labriego no acertaba á explicarse qué cla  se de milagro era el suyo pues se pasaba la vida destripa que te destripa terrones y dale que te dale á la azada haciendo producir á sus tierras tanta cosa buena para la boca de otros, mientras la suya se abría solamente para dar paso á la ácida borona y á las innocuas berzas, amen del agua 'que le corría por el pasapán co  mo para el molino. El caso en sí tenía muchos, pero mu  chísimos pares de bemoles. Eso de sudar y reventarse trabajando toda la vida para engordar á otros y después tener que es  tirar la pata sin dejar un par de zuecos nuevos á cada uno ele sus cachorros traía, y con sobrada razón, preocupadísima la dura calabaza del cuitado y se pasaba las noches de claro en claro descifrando el jeroglífico de su aperrada existencia. A fuerza de 'rascarse el coco y de simplificar la cuestión pudo el hombre después de medio siglo sacar limpio de polvo y pa  ja este apotegma bertoldinesco : la tierra es mía, yo la trabajo y el producto no lo como : luego yo soy un borrico en traba  jar para otros. Y como ‘ Dios puso por límite de la pa  ciencia la santa rebeldía Xan Girólas, tar  do en resolver pero rápido en ejecutar desató el nudo gordiano de sus penas con más decisión que Alejandro: Un buen día se sacudió la pesada carga con que le abrumaban sus «protectores» y recogien  do sus trebejos dió ancha espalda á sus tierras, á aquellas tierras que estaban ni  trosas por el sudor acumulado de sus abuelos. El, bien comprendía que eso era una deserción frente al enemigo represen  tado en aquel trance por el gobierno, el cacique y el cura, tres chupópteros no cla  sificados todavía, zoológicamente, por nin  gún entomólogo. Pero ¿no era triste, muy triste el pasarse medio siglo tostándose al sol y curtiéndose al aire entre terrón y terrón para llenarles el buche á aquellos gorriones insaciables ? Callado, resignado, con la cabeza baja como si quisiera hacer la última ofrenda de su servilismo metido hasta la médula Xan Girólas desde el barco que lo llevaba á América esperaba el momento de parti  da para dar el consabido ¡ adiós ! á la tie  rra que durante tantas generaciones tuvo encadenados á los suyos. Y cuando el lento balanceo del mons  truo marino le iba separando de la cos  ta un sollozo intentó en vano ahogar este grito de despedida : ¡ Adiós, tierra de lobos ! Y ese grito que las brisas recogieron y llevaron á la patria, ese grito salido del pecho de aquel aldeano era su rebeldía tantos años contenida; era la protesta elo  cuente de todos sus antepasados uncidos al carro triunfal de estas cuatro deidades negativas : la injusticia, la impotencia, la ignorancia y la imbecilidad... Aquí da fin en paz y en gracia de Dios el relato de la despedida de Xan Girólas y no pierdo la esperanza de relatar su vuel  ta á la aldea si Dios me da vida y salud. Amén. Idilio PAJARO NIEVES Avellaneda. % ------ «o» ------- El Diario Español UN TRIUNFO PERIODÍSTICO Conmemorando el 12 de Octubre fecha la más gloriosa en los fastos americanos nuestro queridísimo colega «El Diario Es  pañol ha publicado un número notabilí  simo, de esos que se guardan, de esos que se depositan en los archivos para servir de antecedentes á los historiadores de ma  ñana. Recorriendo sus páginas no se sabe que admirar más : si la parte literaria abonada con las mejores firmas de nuestra intelec  tualidad ó la parte artística en la que pu  sieron su bella inspiración afamados lá  pices. Un esfuerzo periodístico de esta índole para satisfacer las aspiraciones de una B oletín O ficial del C entro G allego 17 Apuntes de Avellaneda (Buenos Aires), una parte del Riachuelo Frente al Mercado Central de Frutos colonia que está dando al mundo ejemplos de su amor á España solo puede hacerlo quien ha sacrificado su vida á un quijo  tesco ideal, quien ha hecho de la Patria su Dulcinea. López Gomara, espíritu al  truista, hombre de corazón como pocos se ha pasado su vida luchando bravamente por el triunfo de la raza, por el presti  gio español en el Plata, y el éxito coronó sus esfuerzos al contemplarse los bellos fru  tos de esta fraternidad hispano americana, de esta comunión espiritual de pueblos protegida por la sombra de Colón. «El Diario Español» ha querido otra vez corresponder al cariño que los españoles y en particular los gallegos le tenemos pu  blicando ese número tan notable. El Cen  tro Gallego de Avellaneda guardará en su Biblioteca y en lugar preferente tan her  moso número para que sirva de guía pa  triótica á las generaciones venideras. Es  te número honra á España. Nuestra raza triunfa. INICIATIVAS GALLEGAS EL BANCO DE GALICIA Y BUENOS AIRES A mediados del año 1905, un núcleo de gallegos, inspirados en altos propósi  tos patrióticos, concibieron la formación de un Banco, cine, á la par, fuera tam  bién un vínculo para los numerosos galle  gos que diseminados por esta vasta Re  pública, habían conseguido imponerse á la consideración pública, formando con in  teligencia y actividad, una respetable van  guardia que ha bregado en primera fila contribuyendo en buena parte, al progre  so del país, de que tanto nos enorgulle  cemos los argentinos. Concebida la idea y ponerla en prác  tica, todo fué uno. Con esa paciente con  secuencia, con ese tesón que caracteriza á los hijos de aquella tierra, fué fundada una institución bancaria cpie bautizada con el nombre de «Galicia y Buenos Aires», abría modestamente sus puertas el 6 de 18 B oletín O ficial del C entro G allego Noviembre de 1905 con un capital auto  rizado de <1 3.000.000 c/1 y con el más franco y decidido ambiente en plaza. ¿ Que lejos estarían de pensar sus feli  ces iniciadores, que aquella obra conce  bida con nobles aunque modestas preten  siones, aquella obra de enaltecimiento y difusión del nombre de Galicia, fuera hoy después de 7 años escasos de vida, la po  derosa institución, á cuyo asombroso des  envolvimiento han concurrido el jornale  ro como el rentista, el comerciante como el industrial, que, sin distinción de na  cionalidades, han aportado, cada uno en su esfera de acción, el poderoso concur  so de .sus ahorros, sus capitales y su pro  paganda. Su capital inicial de 83.000.000 c /1 fué elevado en 1909 á 8 10.000.000 c/1, su  ma que se creyó suficiente para atender satisfactoriamente, las necesidades de una clientela siempre en aumento. Muy pron  to se dejó ver que era necesario no pó-> ner trabas al sorprendente desarrollo que día á día marcaba con cifras elocuentes la sólida prosperidad de la Institución. Fué entonces cuando el capital nacional y extranjero, con la confianza que en la historia comercial del país, sólo han con  seguido aquellas instituciones veteranas, cubrieron expontánea y ampliamente tres veces el aumento de 8 20.000.000 c 1 san  cionado por la asamblea de accionistas convocada el año pasado. La Institución se encuentra hoy sólida  mente afianzada por un fondo de reser  va que representa cerca del 30 por 100 de su capital, con cinco espléndidas pro  piedades, y con una administración sana, modesta y competente. Este sorprendente resultado, fué con  seguido apesar de haber afrontado dos años de crisis económica, ocasionada por los desastres agrícolas, lo que contribuye á robustecer la confianza depositada en su porvenir. Y á esa confianza el Banco ha respon  dido ampliamente, aportando su concurso al progreso, fomentando el ahorro, coope  rando al desarrollo del comercio hones  to, ampliando su benéfica acción con la instalación de sus 12 Sucursales que, co  mo ramas vigorosas, robustecen el tronco madre que les dió vida. Esta es hoy la institución que, habien  do vencido tocias las dificultades inheren  tes á una expansión tan rápida que no tiene precedentes, ha sabido salir triun  fante y majestuosa, navegando tranquila y segura de su descontado triunfo, y enarbolando al tope el hermoso nombre de GALICIA y BUENOS AIRES. UN ARGENTINO — - — «o» ---------- ¡nVCXJEI^TO! Para el inspirado poeta A. de Treviño (Oidverta La calentura me devoraba. Sentía una pesadez de cabeza atroz, y á pesar de to  do un bienestar inexplicable. Poco á po  co el enfriamiento de las extremidades del cuerpo, un retumbar de oídos enorme y una claridad diáfana, pura, como los ju  ramentos de la virgen doncella, como el irradiante matiz de la luz al atravesar el cristal, como el cariño inmenso de una madre.... después.... nada .... sentí la in  movilidad, y algo que se desprendía de la materia para flotar en el espiado. .. es  taba muerto. No quise elevarme á las regiones des  conocidas sin mirar antes mi cadáver. Tenía la boca torcida, un ojo cerrado, y el otro medio abierto, sin expresión, los brazos estaban ,el uno estirado como el palo de una escoba, el otro doblado con la mano abierta. ¡Vaya que era ridículo mi cadáver! No pudo dominar un gesto de disgusto. Sin embargo la curiosidad me detuvo para contemplar la escena que en mi tasa se desarrollaba. Mi esposa ¡ ángel mío !, lloraba, amar  gamente y mi primo Horacio procuraba consolarla teniendo una mano entre las suyas. ¡No llores, bien mío! ¡Al fin tenía que suceder! ¡Vale más que «Allah» se lo haya llevado! Mujer, ni que tu esposo hubiera sido un santo! ¡Ay, Horacio, aho  ra comprendo lo mucho que le amaba y lo desgraciada que seré sin sus consuelos ! ¡Era tan bueno! Tan cariñoso, tan... tan... ¡ Dáme un beso niña mía ; no estás sola en el mundo; él murió pero yo quedo aquí ! ¡ Gracias, gracias, no sabes el bien que me haces, y transida de dolor mi pobre esposa colocó su linda cabecita en el hom  bro de Horacio. Este la acariciaba besán- B oletín O ficial del C entro ó allego 19 cióla en la frente. ¡ Que escena más con  movedora ! Les aseguro que si no estoy muerto, los mato á ellos. Después de una gran pausa el chispo  rroteo de las velas se confundió con el ruido seco de los labios que producen al chocar lascivos, con la torpe materia que enciende, que conmueve, que aletarga en goce incomparable, en sensación indes  criptible ; y á unos cuantos pasos yacía mi cadáver, espantosamente feo, horrible, co  mo era el «no ser», la extinguida vitalidad de un corazón que latió con fuerza apasio  nada á los mismos impulsos... pero aho  ra inmóvil, yerto, frío, como el recuerdo de un desengaño... Mi esposa y Horacio se acercaron cogiditos de la mano. El miraba alegre, dibu  jándose en su bosa la sonrisa del triunfo ; ella le miraba á él con amor lascivo, co  mo nunca me había mirado á mí, como la pasión mira, casi con ferocidad, con éx  tasis salvaje, con amor inmenso, y entre aquellos dos 'seres felices, la asquerosa ma  teria de un cuerpo sin vida, inútil, insem sible... un abrazo frenético, un beso lleno de amor, entre la respiración agitada de un deseo comprimido, profanó aquel in  mundo cadáver de la desgracia y á quien ni la corriente poderosa de dos almas fun  didas en una pudo hacer extremecerse li  geramente... estaba muerto, y ellos vivos; en sus corazones la escoria vil de las pa  siones humanas, los inconsiderados deseos del impulso material !... Mi espíritu estaba inmóvil... reflexionan  do en la miseria de un mundo que acaba  ba de dejar; de pronto la imperceptible rá  faga de una brisa perfumada me impulsó y vagué muchos días... muchos años, no sé; hasta llegar á una región en las alturas donde las almas volaban confundi  das en diáfana nube de pureza alrededor de un majestuoso trono, y allí, entre mú  sica delicada de notas dulces, entre la nítida blancura de virginal emblema de pureza estaba el Creador, ese Ser incom  parable, grande como no lo puede con  cebir el limitado entendimiento humano, rodeado de inocentes angelitos que canta  ban el «¡Hosanna!» en voz celestial, de inmaculadas vírgenes de mirada cauta ; llegué y todos me recibieron con alegría. Era aquel un mundo donde las pasiones no predominan, donde no hay odios, ni envidias, ni egoismos, ni críticas, ni «chantagistas», ni bajezas, ni calumnias, ni atro  pellos... todo allí es grande, noble, su  blime; todo es bello, hermoso, ideal, di  vino... Era el mundo de la Verdad! Desde aquella altura inmensa contemplé el mun  do, y veía revolverse en hacinado montón, esos míseros gusanos vivos de la huma  nidad, procurando devorarse unos á otros, con saña, con rabia; la ponzoñosa vívora de la envidia con su asquerosa y eden  tina baba todo lo ensuciaba, y mordía con furor, el escorpión venenoso de la lujuria, triunfante, arrastrando trás de sí el carro de la vanidad y el orgullo; la espantosa, hiperbólica cabeza de la calumnia devorancto con insaciable furor á la virtud, la honradez y la nobleza, llegando hasta en  sañarse introduciéndose en lo que más debe ser respetado, el hogar y la fami  lia, y allá en el fondo de un abismo, nej gro como conciencia de «tinterillo», como la desesperación, espantoso como la ver  güenza perdida, horrible como la tortura del desengaño, las histéricas carcajadas del genio del mal, triunfante, gozoso, al  tivo amenazando con su filoso tridente á un gigante que ni le miraba; que con sus ojos llenos de bondad dirigidos al cielo y la sonrisa de la dulzura en sus labios rojos, permanecía tranquilo y feliz, sin impor  tarle las bajezas y miserias de los hom  bres, ni las críticas gratuitas de la gente sin corazón ni conciencia, era... el Poeta ; el de corazón de oro y sentimientos pia  dosos, el eterno soñador, con el espíritu Don Enrique Gómez Carrillo Ilustre literato, enamorado de la región galaica 20 B oletín O ficial del C entro G alle & ó rebosando dulzura y el alma llena de amor. Era el genio de la inspiración despre  ciando las miserias humanas, rodeado de las nueve doncellas de virtud inmaculada, bañando con un hálito embriagador la frente del amante apasionado. Era la fantasía soñadora del generoso impulso del amor sublime, sagrado, ideal, acariciando con vehemencia á su ídolo. Era en fin el sol brillante de salutíferos rayos que fructifica y dá vida, salud y esperanza ! ¡ Era el poeta ! José Pelisio GONZALEZ Buenos Aires. ----- « o » ----- EN GALIGIA ÍIN ARGENTINO ILC1STRE El doctor Alsina en ia Coruña — Concepto del prejuicio — La lente de la fotografía y la retina del pinror — El pesimismo del español contem  poráneo Conquistadores y pobladores — Los emigrantes y el hogar Labor pedagógica del paisaje La mujer gallega. Hace algunas semanas que está aquí, haciendo vida de vecino, un eminente hi  jo de esa tierra: el doctor Juan A. AL sina, que en Buenos Aires, con tanto aplauso de nacionales y extranjeros, re  gentó el departamento de inmigración. Los periódicos gallegos han dedicado á este grande hombre todo el respeto y el cariño que por su historia merece, y en el seno de las ilustres familias v que aquí viven ó cerca de estas dulces pla  yas tienen sus mansiones veraniegas, el doctor Alsina es considerado como un amigo de tiempo. Por todo, yo he creído de mi deber saludarle en nombre de «El Diario Español» y recoger sus impresio  nes sobre el país que está recorriendo. El doctor Alsina ha agradecido el salu  do, ha dedicado palabras de alto elogio al diario y á su director, y se ha pres  tado cordialmente al reportaje. Sus primeras palabras me presentan al doctor Alsina como un viajero totalmen  te libre de prejuicios, pues aun cuando manifiesta que entró en España cual un español tornando al hogar nativo después de una gran ausencia, esto no se opo  ne al concepto que yo me he formado. Prejuicio quiere significar, en lenguaje co  rriente, que es el verdadero lenguaje, algo así como la idea anticipada y triste res  pecto de las cosas. Y al llegar á un país amándolo ya no obliga forzosamente á errores en lo que se observe, si bien (y aquí está su mayor excelencia), han de recogerse detalles que acaso no se ad  virtiesen llegando con diferentes espíritus. Hay en los dos sistemas -el de quien viaja con prejuicios y el del que viene en  gañado por virtud de informaciones an  teriores — una diferencia análoga á la que, sobre un mismo paisaje, encuentran el glacial objetivo de la cámara fotográ  fica y la retina generosa del pintor. Aná  loga y no igual, porque la máquina, al no ver ciertos detalles, y al exagerar cier  tos contornos, lo hace siquiera honrada  mente, lo que no ocurre con el hombre de los prejuicios. Pero el pintor, por lo mismo que tiene un corazón capaz de en  tusiasmo y una inteligencia activa, vela piadosamente á ratos y á ratos exalta, la noción de lo visto, dando á su obra, junto con su gran fuerza de realidad, el valor personal del sentimiento. Lleva el doctor Alsina unos dos meses en esta tierra, y sin embargo puede ya, en presencia mía, expresarse así : — Ustedes los españoles, los españoles emigrados especialmente, no conocen á España. Nada tan injusto, tan equivoca  do por menos, como ese pesimismo de que, respecto á su patria, dan tantas mues  tras. España está muy lejos de ser una na  ción atrasada y una nación decadente. Yo encuentro en ella, y eso que aun no he salido de Galicia, toda la actividad en el orden de los progresos materiales que constituye el orgullo de Inglaterra y Ale  mania y en las esferas del espíritu una ver  dadera fiebre de adelantos, mayor que la de esas naciones tenidas por absolutamen  te prósperas. Calla un momento el doctor Alsina para añadir á poco, lleno de emoción y de ter  nura : — Yo, ante todo, soy americano, y por ello no puedo desconocer á España. Pues bien; esa nación, tan grande en la Amé  rica antigua con los descubridores y los conquistadores, y tan grande en la Amé  B oletín Oficial dél C entro G- a LL egó 21 rica actual con los pobladores que aún le manda, no ha muerto ni está vieja. Tiene hoy aquí, en el solar, la misma pujanza que en sus épocas ele mayor gloria. Estas son las impresiones del doctor Alsina respecto al estado general del país. Yo le ruego, más tarde, que se circuns^ criba el pedazo de España que ha visto. Y es sin duda interesante saber que no anda por esta tierra con ojos de turista, sino con atención de estudioso. Al pregun  tarle yo, cándidamente, si tales palabras quieren referirse á la inmigración, me res  ponde casi con severidad que la inmigra  ción gallega está ya juzgada y consagrada en su país. Los gallegos han merecido la plena con  fianza de la Argentina; hace treinta años no había casa alguna que no tuviese, como mayordomo, á un gallego, ni guar  dianes procedentes de otra región, ni es  cribanos que no hubiesen nacido en Ga  licia. A los gallegos entregaba, pues, ese país, tranquilamente, la vigilancia de su comercio ; á los gallegos les daba el cui  dado de los hogares; á los gallegos los hacía depositarios de la fe pública. Sería una ingenuidad risible — añade el doctor Alsina — que yo descubriese ahora las conveniencias de la inmigración ga  llega. Este notorio argentino solo quiere es  tudiar los triunfos de nuestra vida que la gran urbe sudamericana no pudo aun asimilarse. La casa, por ejemplo, es un problema en Buenos Aires y el doctor Al  sina está observando cómo vive el obre  ro gallego, para ver si en su país puede lo  grarse que las familias más pobres dis- Apuntes de Avellaneda (Bs. Aires). Un recreo en el lago Maciel 22 B oletín O ficial oe L C entro O- allegó pongan, como en este, de una casa entera, pues nada ama tanto el hombre como el hogar, ni nada le ata tan fuertemente al trabajo y le da tantas energías para la lucha. Recorriendo Galicia ha notado que el obrero, el campesino, el pequeño emplea  do y en general las gentes todas de exi  guos ingresos viven mejor que ahí. Tie  nen, como antes decía, una casa amplia, bien ventilada, y en ello encuentra ese hom  bre ilustre la razón más grande para ex  plicar esa especial y lacinante nostalgia que siempre sufren en América los tra  bajadores gallegos. Porque, de todas las tristezas de la emigración, ninguna tan duradera y tan honda como la producida por la pérdida del hogar. Los amigos pue  den sustituirse, los afectos de otro orden pueden acercarse, y cuando el que emigra marcha á un país del mismo idioma y gemelas costumbres, parecería lógico verle arraigar en él poco tiempo más tarde, como un árbol trasplantado á tierra her  mana de aquella donde hasta entonces hundió sus raíces. Pero mientras el inmigrante no logre habitar una vivienda en la cual se halle como el pájaro en su nido, tendrá vuel  tos constantemente los ojos al hogar que dejó, y en su cerebro el germen de algo así como un remordimiento. Proporcionar al inmigrante una habitación capaz de substituir á la que tuvo, es en la Argen  tina labor de muy hondo patriotismo. El eminente hombre político está apuntando precios ; precios de alquileres, precios de salarios, precios de jornales y tal vez, con todo esto y con otros datos que le sir  van de complemento, escriba, dentro de poco, una memoria sobre asunto tan tras  cendental. Dedica luego al paisaje de Galicia el canto de alabanzas que en esta región española suele siempre arrancar al via  jero ilustrado. Este paisaje explicó el doc  tor Alsina, con insuperable elocuencia, el carácter de todos los gallegos. Los galle  gos son humildes porque las soberbias montañas de su tierra natal les han hecho notar, continuamente, la diferencia entre su frágil pequeñez y la grandeza sólida que les rodea; son leales, porque estas frondas no esconden nunca la menor trai  ción ; son confiados, porque hasta los in-. viemos más crudos se hacen preceder de primaveras previsoras y de veranos pródi  gos; son sufridos, porque sufridas son también las plantas de estos valles, habi  tuadas á vivir contentas lo mismo bajo los rayos del sol que rodeadas por los dardos glaciales de la lluvia. — Nunca en parte alguna — añade — la naturaleza se ha compenetrado tanto con el hombre; nunca se ha visto una tal armonía entre los transitorios habitantes de una región y las especiales formas del elemento eterno. Y luego de una pausa, el doctor Alsina va entusiasmándose gradualmente. Gali  cia le ha subyugado hasta el punto de que, pensando estar en ella varios días tan solo, ha alquilado aquí una casa y no sa  be todavía cuándo se resolverá á decirles adiós. Era su propósito tomar España co  mo un lugar de tránsito, é irse, después de atravesarla rápidamente en el tren, á buscar descanso y emociones en otros paí  ses europeos. Pero Galicia le ha enamora  do, y cuando de ella salga será para re  correr España lentamente y embarcar des  pués, sin prisa alguna, en un puerto ga  llego. Una nota que ya ha sorprendido á otros viajeros ilustres, pero de la cual nadie sacó tan profundas consecuencias como el doctor Alsina, es la que dan las mujeres de Galicia. El doctor ha visto cpie la mu  jer en esta región no sólo es compañera sino colaboradora del hombre. Ella le ayu  da en todos sus trabajos : en los más difí  ciles, en los más rudos, en los más árduos y en los de mayor delicadeza. Cuando el hombre se ve obligado á abandonar el taller, la fábrica ó el cann po, no quedan estos incultos, ni se cierra el taller ni la fábrica apaga sus hornos, pues allá aparece entonces la mujer galle  ga pronta á continuar el trabajo que no se interrumpió más que el momento de la despedida. Esta mujer es una labradora incansable y es una operaría inteligente. La vió al borde de las carreteras, machacando «mo  rrillo», sin dolerse de sus dedos ensan  grentados, con estoicismo verdaderamente heroico ; y la vió, á la noche del mismo día, labrando esos encajes famosos, que se venden en todas las ciudades del mun  do, encajes que se creerían obra de ha- B oletín O ficial del C entro G alleoío 23 La Moureira, Pontevedra das y que han hecho aquellos dedos tan rudamente martirizados durante la maña  na y la tarde enteras. — La mujer — dice el doctor Alsina — tiene en esta región algo más que un culto, porque á ella se confían, amén de los menesteres que el hombre se ve en la fuerza de abandonar, aquellos que en épo  cas normales se conceptúan de mayor im  portancia. Por eso posee Galicia lo que acaso no tenga ningún otro país de igual tamaño é igual número de habitantes : una Rosalía de Castro, una Concepción Are  nal, una Sofía Casanova, una Emilia Par  do Bazán, una Pilar Castillo: la poesía, el pensamiento, el sentimiento y el arte de la región adoptando sus formas supre  mas en el alma y en los labios de las mu  jeres. A sus mujeres confía además Galicia la educación de la infancia. Por ser verano y estar cerradas las escuelas, el doctor Alsina no pudo examinar aun este aspecto de nuestra vida ; sabe, sin embargo, que aquí, especialmente en el campo, es la mujer quien educa á los niños. Claro que hay maestros, pero abundan mucho más las maestras. ¿ Esto será una obra consciente de Galicia? ¿Habrá, por el contrario obedecido á un movimiento sin lógica ? ¡ Qué más da ! Sea la reflexión su causa, ó tenga esta causa por padre al instinto, Galicia ha acertado segura  mente, pues, una de las ideas más ama  das por el doctor Alsina es la de cpie la función pedagógica debe ser casi tan ex  clusiva de las mujeres como la materni  dad. Y al poner fin á sus declaraciones lo hace diciendo que, acaso por no saber amar á sus mujeres, ó — con mayor clari  dadpor despreciarlas, perecieron Grecia y Roma, mientras los pueblos entonces bárbaros, que les confiaban la guardia del hogar, el cuidado de las sementeras y la educación de los hijos, son hoy las na  ciones más grandes de la humanidad. «Yo espero mucho de Galicia y bendigo ahora la corriente que lleva hacia mi país tan gran número de gallegos.» El Hidalgo de 'POR. La Coruña, á mediados de Agosto. --------- « o » --------- LIGA OE ACCIÓN GALLEGA La propaganda redentora de las asocia  ciones agrícolas de nuestra tierra ayuda  das desde América por los que al dejar Galicia no dejaron morir en su alma sus sentimientos filiales está transformando, rápidamente, el carácter de nuestra región y confiamos que, en muy poco tiempo, el «problema gallego» será la más importan  te preocupación de los politicastros de Ma  drid. Bien lejos estaban los gobiernos de sos  pechar que aquella modesta asociación antiforal de Teis fuera el punto de partida 24 B oletín O ficial del C entro G allego del colosal movimiento agrario-sociaT que tan asustados tiene á los señores caciques. Hoy Galicia está convertida en una fragua inmensa donde se forja su porvenir con ideas y sistema? que predominarán ma  ñana y le devolverán su antiguo esplen  dor perdido por el centralismo odioso con  tra el cual se revuelven hoy todas las re  giones ibéricas. El BOLETIN OFICIAL DEL CEN  TRO GALLEGO DE AVELLANEDA, alerta siempre á las palpitaciones gene  rosas de nuestro pueblo, ha venido preocu  pándose de esta magna cuestión y desde sus columnas ha enviado en muchas oca  siones jsü calurosa adhesión y su franco aplauso á todas las sociedades agrícolas de la Región y á todos los apóstoles del Redencionismo galaico que sacrifican su bienestar poniéndose al frente de tan no  ble causa. Reproducimos hoy las bases de la nueva «Liga de Acción Gallega» fundada en Orense por un puñado de patriotas y nos congratulamos de la marcha francamente revolucionaria que le han dado. He aquí el postulado en que se concreta el programa de la nueva Liga : «Primero.- La Liga Acción Gallega ini  ciará su propaganda con mitins agrarios en los que se predicará solidaridad y re  belión, al pueblo gallego. Segundo. — Fomentaráse la constitución de sociedades de resistencia, con objeto de combatir por todos los medios el caciquismo imperante. Tercero. — La Liga Acción Gallega reco  gerá las aspiraciones del pueblo para for  mular un programa detallado de lo que debe comprender la política gallega, y cu  ya realización progresiva por el Gobierno de Madrid constituirá el compromiso de honor de los diputados de Galicia. Cuarto. — Cuidará también en todo mo  mento, y desde hoy mismo, en que acusa su existencia y su acción, de que el Go  bierno escuche la voz de la Galicia, ya por medio de sus diputados, ya por medio de otros diputados que, sin ser gallegos, brinden su concurso á la Liga. Quinto. — La Liga Acción Gallega ten  drá representantes en toda Galicia, y se constituirá una Junta Central en Madrid, que funcionará á la manera de legación de Galicia cerca de los poderes centrales. Sexto. — Será órgano de este movimiento de regeneración política el periódico «Ac  ción Gallega», que reaparecerá el i° de Octubre, una vez terminada la serie de los mitins proyectados. Séptimo. — La Liga Acción Gallega ma  nifiesta su absoluta independencia de toda política que no sea esencial y exclusiva  mente gallega.» — Basilio Alvarez, Euge  nio López Aydillo, Ramón F. Mato, Ma  nuel Lustres Rivas, Javier Montero Mejuto y José Rodríguez Pavón. ------ «o» ------ • HISTÓRICO O sol queimaba de demo, eu c ’ a sede desligaba, y-entrei n ’ unha mala chouza a pedir un tanque d ’ auga. Serviume unha probe bella; tiña a roupa esfarrapada, tiña légañas n ’ os olios e nos beizos tiña baba. Collin o tanque e bebín a rentes d ’ a mesma asa. — Por este sitio — me dixen — non terá o cacharro babas. Entreguei o tanque a bella, dinlle, agradecido, as gracias, y-ela, vendóme marchar, pronuncipu estas palabras : — Este siñor e moi fino, mais a min non me fai gracia. ¡ Ocurréuselle beber por donde eu acostumbraba ! J en a ro M A RIÑ A S — • — «o» ------ ¡E MAIS SI....! Rugía el mar lleno de rabia, como un titán á quien violaran, á quien ultrajasen, clamando por sus mil bocas el bárbaro alarido, retorciéndose, arrojando la espu  ma de su rencor desesperado y bestial. Las aguas corrían furiosas, chocaban, te  nían desperezos hercúleos, rezongaban sor  damente, parecían sufrir hambre y sed. El Océano aquel tenebroso y bravio, in  dómito y libre, cuya pavura fuera siempre arredro inveterado para el fenicio, para B oletín O ficial del C entro G bllego 25 •el cartaginés, para el aventurado hijo de Génova, para el atezado argonauta de Lis  boa, para el audaz velero de Cádiz, sen  tíase atropellado como en un desfloramiento supremo, amancillada su virgini  dad... El mar se debatía, gritaba enloque  cido, protestaba siniestro contra aquel gran estupro... La Carabela, impasible, alada, seguía su ruta. Colón, en el puen  te escrutador atisbando la escena formida  ble dejaba parolar á un marinero : — Vos digo, almirante, que mentís. Tan eelta seis como yo mesmo. Si vos tuve de niño entre mis brazos ! manos y vos bendije. Teníais ojos de lu  cero. Parecíais nacido para grandes ha  zañas. Cristóbal Colón y Fonterosa, no sois genovés, que sois judío y gallego. El grito había sonado á guisa de im  precación socarrona, entre jocunda y des  piadada. Colón revolvióse iracundo, sujetó violentamente al marinero asiéndolo de un brazo y retorció lleno de saña repentina y terrible. — ¡ Calla, miserable, impostor, calla ! Pero el viejo tornó á reir. Su risa en las tinieblas del mar embravecido tuvo un eco de una jocundidad siniestra: Colón y Salcedo El almirante volvió sus ojos hacia el marinero. Era viejo y alegre, y de su ore  ja izquierda pendía un zarcillo áureo. Sus dientes, en la penumbra del crepúsculo, blanqueaban como los de un zorro, astu  tos y firmes. Los brazos, membrudos y morenos, estaban al aire, y el mechón de cabellos hirsutos que asomaban sobre su esternón, era blanco. El marinero, al sen  tirse avizorado, habíale dado suelta á su risa: — Rapaciño erais vos cuando yo nave  gaba por las costas inglesas. Al tornar, vuestro padre, aquel judío pontevedrés á quien vos negasteis muchas veces, mos  tróme á Cristóbal. Yo vos cogí entre mis — Cristóbal Colón y Fonterosa judío pol  la sangre, gallego por la cuna, sois un genio, pero sois un farsante. Y aquella risa tenaz, obcecada y tremen  da restalló de nuevo. Y en el mar, en aquel mar tenebroso y bárbaro, pareció reper  cutir la risotada entre alaridos. El viejo prosiguió hablando : — Conozco á vuestros padres, á vues  tros hermanos, sé toda vuestra historia... ¿Gustáis de que os la cuente, almiran  te ? Parecía descaecer la furia oceánica, y allá en lo remoto, brotaba la tenue luz mañanera. La «Pinta» y la «Niña» habían  se perdido en la lontananza, pero el rumor 32 Boletín O ficial del C entro G allego nia balear de Buenos Aires sigue sumarcha ascendente en el periodismo bonae  rense. LA DEFENSA Hemos recibido el número 196 de es  te órgano de la importante «Liga de Al  maceneros Minoristas y Anexos» con nu  trido material relacionado con ese nume  roso gremio comercial. ECOS SOCIALES INVITACION. — Avellaneda (Bs. As.) Octubre i.° de 1912.- Estimado conso  cio: Tengo el agrado de comunicar á us  ted que la Comisión Directiva acordó con  memorar el XIII aniversario de la fun  dación del «Centro Gallego» con el si  guiente programa : i.° Publicar un número especial del BOLETIN OFICIAL. 2. 0 Celebrar el domingo 20 del co  rriente un almuerzo en el local social. 3. 0 Reparto de ciento cincuenta trajes á los niños pobres de la localidad. Apieciable consocio : Si usted desea acompañamos en el almuerzo, se le re  comienda pasar por la Secretaría social á retirar su tarjeta hasta el día 16 del mes en curso á las diez de la noche, á fin de saber con exactitud el número de con  currentes, evitando á la vez los inconve  nientes del caso. En la seguridad que este acuerdo se  rá aplaudido por todos los señores so  cios, saluda á usted con su consideración y aprecio más distinguido. — A. Paredes Rey, presidente. — Joaquín E. Blanco, secretario. NUESTRAS FIESTAS. — Todo un acontecimiento teatral, resultó la velada celebrada en nuestro Centro la noche del sábado 28 de Septiembre próximo pasa  do, á beneficio de la distinguida y apre  ciada actriz de carácter señora Elena P. Subirana, de acuerdo con el programa publicado en nuestro número anterior. A las nueve de la noche del citado día, nuestro Salón de actos públicos, encon  trábase repleto de concurrencia, imponien  do un aspecto encantador. A los pocos minutos la numeiosa orquesta, acertada  mente dirigida por el reputado maestro Carlos Slocker, ejecutó una preciosa sin  fonía, original del mismo, que a su termi  nación, el público le tributó una estruen  dosa salva de aplausos. Acto seguido levantóse el telón y dio comienzo á la representación de la zar  zuela «La Buena Sombra» y el chistosí  simo juguete cómico «El brazo derecho», en cuya interpretación se desempeñaron admirablemente las señoras Encarnación Lobato, P. Martínez, la beneficiada se  ñora Elena P. de Subirana y los distin  guidos y estimados consocios señores Almanzor Paredes, Miguel Santamaría y Ni  colás Mosquera. Debido á la enfermedad que á última hora se apoderó del director del cuadro señor Ildefonso B. Paredes, de la que quedó afónico por completo, hubo nece j sidad, con el consentimiento del público y con gran pesar del mismo, de la Comi  sión Directiva y miembros del cuadro, de suspender la representación de la aplau  dida y bonita zarzuela «El Indiano», que tanto interés había despertado entre el público asistente, cuya obra había sido galantemente cedida por su autor, el doc  tor Xavier Santero, para representar en nuestro Centro, y en la que la beneficiada y el Director del Cuadro tenían los prin  cipales papeles. En los entreactos se exhibieron precio  sas y modernas cintas cinematográficas, y el tenor Piriz que á última hora en ho  nor á la beneficiada y del Centro Galle  go, se ofreció desinteresadamente, cantó con una dulzura digna de encomio, varios estilos nacionales que arrancó del audi  torio prolongadas y entusiastas salvas de aplausos. Al finalizar la representación de «El brazo derecho», el director del cuadro hi  zo entrega á la beneficiada, en nombre de los miembros del cuadro, de un es  tuche conteniendo un precioso reloj de oro con brillantes, y un pergamino con las firmas de todos los que habían to  mado parte en la función, como recuer  do de la noche de su «Serata D'honore». Un aplauso general partió del numeroso público, y previo un intervalo se dió co  mienzo al baile, en el cual se destaca- 1 2 3 ban unas ochenta parejas, reinando gran entusiasmo hasta las seis de la mañana del día siguiente. 33 B oletín O ficial Antes de terminar esta breve reseña, pecaríamos de indiscretos, si dejásemos de tributar un aplauso para la beneficia* da señora Elena P. Subirana, la aplau  dida y distinguida primera tiple señora Encarnación Lobato, las señoras P. Mar  tínez, A. Medina, la niña R. Braconi y los señores Paredes, Santamaría, Mosque  ra, Sitoula, Pórtela y al maestro Slocker, con nuestras felicitaciones á la digna Co  misión Directiva que no omite esfuerzos para que las veladas tengan todo el es  plendor y lucidez posible para orgullo de sus asociados. EN PREPARACION. — La Comisión Directiva, interpretando los buenos de  seos del .público que nos honra con su presencia y dando cumplimiento á los múltiples pedidos de las familias de los señores socios, ha resuelto que en la prói xima función á celebrarse se ponga en primer término la bonita zarzuela «El In  diano», á cuyo efecto está haciendo las gestiones necesarias para conseguir de su autor el permiso correspondiente. Acompañarán á esta obra la zarzuela de Zoria y música del malogrado maes* tro Antonio Reynoso, titulada «Justicia Criolla» y «El Puñao de Rosas», á cuyo efecto se ha dado comienzo á los ensa  yos. PESAME. — Se lo enviamos al muy distinguido consocio miembro de la C. D. don David Tesouro, por la pérdida del primer hijito con que su amable esposa doña Erminda Fernández le había obse  quiado el día 6 del corriente. A las 12 m. de dicho día la señora indicada tuvo un feliz alumbramiento, y media hora después el vástago ha deja  do de existir. ENFERMOS. — Muy mejorados de la enfermedad que los ha tenido postiados en cama los estimados consocios don Francisco Maquieira, don Basilio Lalin, don Serafín Fernández y don José M. Niño. SUBSANANDO DIFICULTADES. — Nuestro muy querido consocio Antonio Otero, domiciliado con casa de comercio en la calle Baudrix número 902, ha re  clamado, y con justa razón, de la publidel C entro G allego cación hecha en el número anterior de las bajas die socios por deudores, entre los que figura un homónimo domiciliado Ituzaingó 305. A fin de evitar esas confusiones, se pu  blicarán en lo sucesivo los domicilios de aquellos asociados que desgraciadamente hayan de ser dados de baja poi deudo  res, mientras no se reforme el Registro con los segundos apellidos de los aso  ciados. f NUEVOS ASOCIADOS Sabino García, propuesto por Robustiano Fernández y A. Paredes Rey. Antonio Olivero, por José B. Blanco y Francisco Fariña. fosé Magariño Solía, por Manuel Meaños y Manuel Camina. Manuel Ramos, por Rudesindo Antelo y José Antelo. José Casais, por José Vázquez y José Vázquez (hijo). Serafín Santiago, por los mismos. Benigno Pérez, por David Tesouro y fosé Benito Rodríguez. Andrés Collazo, por Antonio Paredes Rey y José Benito Rodríguez. fosé Anataroso, por los mismos. Emiliano Rodríguez, por Antonio Lojo y Carlos Sitoula. José Revoredo, por Alejandro Nóvoa y Carlos Sitoula. Emilio Rodríguez González, por Anto  nio Lojo y Carlos Sitoula. fosé Blanco, por los mismos. David Brion, por los mismos. Benito Paz, por los mismos. Tomás Rodiño, por Antonio Lojo y A. Paredes Rey. Roque Maneiro, por los mismos. Ramiro Fernández, por los mismos. Juan Sieira Dávila, por los mismos. Manuel García Tubio, por los mismos. fosé Piñeiro Vázquez, por los mismos. Juan Lampón, por los mismos. José Lampón, por los mismos. Vicente González, por Manuel Dorrego y Antonio Lourido. Manuel Loureiro, por Manuel Dorrego y Antonio Lourido. Juan Pose, por Antonio Lojo y Per  fecto Díaz. Ramón Estremeiro, por Carlos Sitou  la y Perfecto Díaz. 3-í B oletín O ficial del C entro G allego „on, por José B. Blanco y Francisco Fariña. Angel Ares, por José B. Blanco y Jo  sé L aciano. Manuel Martínez, por José B. Blanco y Francisco Fariña. Jesús Campaño, por los mismos. Gregorio Casal, por José B. Blanco y Marcelino Dieguez. Manuel Abeijón, por los mismos. Fermín Rodríguez, por Ramón Loren  zo Otero y Francisco Antelo. José García Domínguez, por José B. Blanco y Valentín Pérez. Bernardo Gorcoechea, por José 13 . Blan  co y Francisco Fariña. Juan Manuel Ligaz, por José B. Blan  co y Marcelino Dieguez. José Hevia, por José B. Blanco y Fe^ derico Ameijeiras. Bautista H. Alzuet, por Manuel Santa  maría y Ramón L. Otero. Manuel Varela Antelo, por Carlos Sitoula y Manuel Mcaños. Ramón Borrajo, por Carlos Sitoula y A. Paredes Rey. Emilio Collazo (hijo), por Francisco Maquieira y A. Paredes Rey. José Romero, por Manuel Dorrego y Antonio Laureiro. Francisco Crespo, por Juan Neyra v Manuel Camiña. José Brillosa, por los mismos. José Charlin, por Ignacio Iglesias y Antonio Paredes Rey. José Pampin, por Ignacio Iglesias y Ju  lio Lalín. Juan Gayarre, por Ignacio Iglesias y Antonio Paredes Rey. Antonio Paz, por José Benito Rodríguez y A. Paredes Rey. Antonio Bassenatt, por Ignacio Iglesias y A. Paredes Rey. Eugenio González, por los mismos. Benigno Varela, por los mismos. Antonio Suárez, por los mismos. Francisco Machio, por los mismos. Ramón Ferreiro, por los mismos. José Domínguez, por Carlos Sitoula y A. Paredes .Rey. Pedro Salas, por Francisco Fariña y A. Paredes Rey. Perfecto Barrientes, por Francisco Fa  riña y José B. Blanco. Ramón Conde, por los mismos. Elisardo Dieguez, por los mismos. Benito Abalo, por los mismos. Eduardo Blanco, por los mismos. Secundino Vázquez, por Juan Neyra y Carlos Sitoula. Juan Festón, por los mismos. José Grova Varela, por Manuel Fuen  tes Conde y Amadeo Monteagudo. BAJAS POR DEUDORES Vicente Ochoa, Mitre núm. 1040. Juan Bautista Fernández, Rosetti nú  mero 648. José Padin, Rosetti núm. 648. -------- «o» ---------- EL UNGÜENTO AMARILLO «No se habla sino de la emigración. En Vigo han embarcado 3.000 campesinos; en Coruña se aprestan á hacerlo otros tantos. Las lamentaciones, los lacrimosos y gemebundos párrafos suceden en las columnas de los periódicos á las frívolas paradojas. El gobierno se exculpa dicien  do que hay organismos oficiales encar  gados de estudiar el problema. Pero esos organismos no parecen dispuestos á pe  netrar de una vez en sus entrañas, y pro  blema mal planteado no puede jamás re  solverse. Ante todo, conviene saber al país la cifra exacta, no sólo de los emigrantes, sino de los que vienen ó los que regre  san ,á la patria. Porque se da el caso es  tupendo que mientras en la prensa se la  menta la emigración como una especie de sangría suelta, los datos oficiales nos dicen que en el último mes de Julio el número de los emigrantes que abando  naron nuestro suelo fué el de 9.773 espa  ñoles y 789 extranjeros; en junto, m.562, y el de los que entraron fué el de 14.766 españoles y 1.387 extranjeros; en total, 16.153, de manera que la balanza de la población ¡nos fué favorable en 5.591 in  B oletín Oficial del C entro G allego 35 dividuos. Por lo que respecta al mes de Julio, las juntas contra la emigración no han tenido seguramente que devanarse mucho el meollo. Pero vamos á aceptar todas las cifras aterradoras. De España emigran todos los años ciento cincuenta mil ciudadanos. Ha  gamos subir la cifra á un millón. ¿Qué es lo que se hace para evitarlo ? Porque los decantados organismos piensan en el modo posible de prohibir la emigración, de dificultarla ó de encauzarla. En cuan  to á las causas que la motivan, los re  medios no parecen por parte alguna. V esto es lo mismo que combatir los sín  tomas dejando subsistentes las causas de la enfermedad. Prohibir la emigración, no sería úni  camente insigne locura, sino medida es  téril. Cuando un hombre abandona la tie  rra en que nació, debe tener para ello serios motivos. El inmortal Curros Enriquez, obligado también á emigiar, lo es  culpió en uno de sus versos con frase lapidaria. No se dejan costumbres, há  bitos, ambiente, afectos é intereses y, tal vez, lengua y religión, sin una necesidad invencible. Llegado el conflicto á ser in  soluble, de nada sirven tópicos, ni me  nos medidas arbitrarias. Se emigra, lle  vando acaso un puñado de tierra espa  ñola para que pueda cubrir los helados aespojos, pero se emigra; y si esto es im  posible, violado el derecho natural, el or  den se perturba y sobreviene la catástro  fe. Dígase cuanto se quiera en otro sen  tido, el Aventino salvó al Patriciado. Reglamentar la emigración, evitar las explotaciones inicuas de las empresas in  dustriales, poner coto al engaño y al co  mercio de carne humana, disfrazado de contrato libre, está bien y es imprescin  dible ; pero esto no basta. Es preciso sa  ber por qué emigran los campesinos, los obreros y aun los industriales, y cambiar de orientación financiera, administrativa y, si fuese menester, política, para curar el mal en su origen y no en sus fata  les resultados. Y en este sentido, 'cuánto abandono y cuánta culpable indiferencia! Es preciso haber vivido en el campo, y sobre todo en el del Noroeste, para saber hasta qué extremos de miseria y angustia llega la vida del infeliz labriego. No basta que el dueño de la tierra le explote, y el del foro lo esquilme, y el Fisco le arruine y la socaliña municipal le arrebate el in  significante resto de su labor. Es preciso que el cacique y sus aborrecidos secua  ces atropellen su dignidad. Ni la vaca puede salir de su sendero, ni la concien  cia de su impuesto carril. Abandonar la tierra en estas circunstancias, es el re  curso heroico, pero recurso al fin, que queda á los modernos sudras, para sacu  dir un yugo aniquilador que, de hombres, les trueca en miserables irracionales. Y en esto debieran pensar, ante todo, las juntas contra la emigración: en pedir á los gobiernos atención á la agricultura, respeto al ajeno derecho y justicia con  tra las vejaciones, las injurias y los atro  pellos. No recordamos un solo caso en que ha  yan sido atendidas las quejas de los cam  pesinos humildes. Las coletiyas son archivadas en los estantes de los ministerios ; las individuales se hallan siempre en las administraciones de Hacienda y en los es  trados con arreglo á lo solicitado por quie  nes, por una defectuosa organización so  cial, pueden más que ellos. El último se  cretario de Ayuntamiento, se cree facul  tado para arrojar su piedra sobre Juan Rascatierra. Y ya no es el reparto ve  cinal, ó el cupo de Consumos, ó la exac  ción inicua la que le amenaza. Es el pro  ceso por desacato ó por supuestas faltas graves el que le obliga á abdicar de sus derechos de ciudadano y de su persona  lidad de hombre libre. Y los infelices emigran. La voz de un Ganivet ó de un Costa se pierde en el va  cío. Las reclamaciones de los centros in  dustriales ó de las Cámaras de Comer  cio por nadie se escuchan. Y luego se pregunta : «¿ Por qué emigran los españo  les ? ¿Qué haremos para encauzar la emi  gración? ¿Nos atreveremos á prohibirla?» Después de esto, lo que hay que admi  rar es que, en un mes — siquiera en un mes — hayan sido los inmigrantes más que los emigrantes. Revela este dato un amor á la patria en sus hijos, que dará segu  ramente sus frutos, aun á pesar de los errores de los gobiernos y de las juntas de emigración, las cuales, por lo visto, quieren todavía curar las más profundas, llagas con ungüento amarillo.» [De El Liberal de Madrid 36 B oletín O ficial del C entro G allego I V ista parcial de Vigo B oletín O ficial del C entro G allego 37 La verdadera cuna de Cristóbal Colón POR EL Doctor CONSTANTINO DE HORTA Y PARDO Caballero de la Orden Americana de Co  lón, (Knights of Colón), Socio corres  pondiente del Instituto Lusitano-Ameri  cano de Portugal, Miembro vita ’ icio de la Real Sociedad Geográfica de España, Individuo de la Asociación de America - cañistas y Colonistas de América, Associé de la National Educational Associatión de los Estados Unidos, Correspon  diente de la Sociedad Española de Bi  bliografía, Delegado por el Ayuntamien  to de la Habana y la Asociación de Profesores de la Isla de Cuba en el Con  greso Colombino internacional pedagó  gico de Chicago celebrado con motivo del 4 o Centanario del Descubrimiento de América, Miembro de la institución Pan- Americana de los Estados Unidos, Lau  reado con el premio «Luz Caballero» por la patriótica Sociedad Económica de Amigos del País de la República de Cuba, Director de la Biblioteca His  pano Americana de Ciencias Comercia  les, etc., etc. En números anteriores ya habíamos ma  nifestado nuestra entusiasta opinión sobre el opúsculo del Dr. Horta que está obte  niendo éxito enorme entre los hombres que se dedican á las altas investigaciones históricas en los dos continentes. Los des  cubrimientos felices hechos por el doctor Celso García de la Riega que dán, sin lugar á duda, por verídico el nacimiento del inmortal navegante en Pontevedra des  pertó en la intelectualidad galaica un Patriótico y legítimo entusiasmo caliendo al campo de las divulgaciones históricas nu  merosos escritores entre ellos el Dr. de Horta y Pardo con su referido opúscu  lo el que vamos á publicar en nuestro BOLETIN y en forma tal, que nuestros asociados podrán recortar mensualmente estas hojas para encuadernarlas y tener así tan meritísima obra. Cumplimos así el deber patriótico de ayudar á la divulgación de la fausta nueva del verdadero lugar del nacimiento de Cristóbal Colón, otra gloria de Galicia rei  vindicada gracias á los pacientísimos es  tudios del ilustre historiador García de la Riega. Difundan la verdadera historia Nos dirigimos á los historiadores, eru  ditos, literatos, periodistas, cronistas, es  critores, publicistas, personas de cultura, paz y buena voluntad; á la iglesia, al ejér  cito, á la marina, á las academias y socie  dades de cultura, á las escuelas y colegios, á los iberistas y americanistas, para que removiendo cielo y tierra, griten ante el mundo civilizado : ¡ ¡ Colón, nació en Galicia !! Rectificación histórica — Vindicación del pueblo gallego EUROPA Y LftS vms DE MFWEGfíCIÓN El sír '. o XIX, fue el siglo de los inventos y de I es evoluciones cienlífieas, el siglo XX será el de las rectificaciones históricas y geográfi  cas, que marcarán el destino de todos los pueblos, porque el des  tino de uno está enlazado con el de los demás. T. R oosevelt . Después de la caída de Constantinopla, en poder de los turcos, la ciudad lla  mada Santa, situada en las puertas de Asia, fundada por Constantino y heredera de los últimos restos del romano impe  lió, quedó incomunicado el Oociente con el Oriente y cerrado el paso al comercio directo entre Europa y el Oriente ; empe  zando el decaimiento de las florecientes repúblicas mercantiles de Italia, como Pi  sa, Amalfi, Yenecia y Génova, siendo ésta la que monopolizaba el comercio de Levante, sosteniendo activas relaciones con las plazas comerciales de España, Por  tugal y Galicia, pues los marinos de Gé  nova tenían fama de ser los más intrépidos navegantes de aquellos tiempos. En aquellos siglos, los grandes puertos y bahías de Galicia y Portugal, por su si  tuación geográfica y topográfica en la ex  tremidad Occidental del Europa, eran la escala forzosa entre el Norte y el Sud de Europa ; por lo que, los fenicios, los grie  gos, los cartagineses, los romanos y los árabes salidos del Mediterráneo, tomaban como base de sus operaciones los puertos gallegos y portugueses. Los pueblos del Norte como los normandos, los godos, los germanos, los ingleses y los franceses ve  nidos del mar del Norte, tomaban como orientación el cabo Finisterre y los puer  tos gallegos y portugueses, que formaban 38 B oletín O fiotal del C entro G allego la antigua Lusitania, lo mismo que hicie  ron los navegantes posteriores al descubri  miento de América. En efecto, Europa sentía la necesidad de hallar una ruta, para poder restablecer el comercio con los pueblos de Oriente, empezando á estudiarse por los cosmógra  fos, navegantes, geógrafos, físicos y mate  máticos, respecto á la nueva vía marítima, que había de comunicarla con los mares (le la India, siguiendo rumbo hacia el Sur, por las costas de Africa y por el Oeste ; y de aquí, los viajes de exploración y cir  cunvalación que empe aron á realizarse pol  los atrevidos nautas de aquellos tiempos. Los primeros exploradores que tomaron la delantera á los pueblos del Atlántico, fueron los portugueses y gallegos, salien  do las expediciones de los puertos de Por  tugal y Galicia, pueblos que por su posi  ción geográfica, tenían más ventajas que Inglaterra y Francia, reamando una serie de empresas marítimas y desde principios del siglo XV, empezaron á efectuar ex  ploraciones por la costa de Africa, con fi  nes colonizadores; no habiendo año que no se realizara alguna expedición á par  tir de 1412, que dió comienzo con la toma de Ceuta, por la costa de Africa hasta el Cabo de Buena Esperanza, que remonta  ron, dejando de esta manera expedita la vía para los mares de la India. Así, pues, en 1419 llegaron hasta el Cabo Non, que ningún navegante se ha  bía atrevido á traspasar por considerarse el límite de las tierras habitadas, indican  do este nombre desconsolador que no se le doblaba; en 1420 descubrieron las Islas Terceiras ó de Madeira; en 1444 las Islas Azores; en 1460 las Islas de Cabo Verde; en 1429 el Cabo Bojador ; en 1441 el Cabo Blanco; en 1441 el Senegal ; en 1470 Fer  nando Póo, descubrió la isla que lleva su nombre ; en 1486 el piloto gallego Bartolo  mé Díaz salía de Lisboa, pasando el límite 200 leguas más allá de sus antecesores, lle  gando á la extremidad austral* á cuya punta dió el nombre de Cabo de las Tor  mentas ; en 1497 Vasco da Gama remonta el Cabo Tormentas ó de Buena Esperanza llegando á las costas de la Cafrería Mo  zambique y Zamguebar, penetrando en el mar de las Indias, abriendo la nueva ruta y franqueando el paso para las Indias Orientales. La mayoría de los navegantes y cosmó  grafos de principios del siglo XV, creían unos que el Océano Atlántico más allá de las Islas Canarias, era imposible su na  vegación, no atreviéndose á cruzarlo, á cu  yo mar daban el nombre de «Mar Tene  broso»; otros marinos eran de opinión, que siguiendo rumbo hacia el poniente desde la extremidad occidental de Euro  pa — Galicia — se llegaría pronto á la costa de Asia y que en ese Océano existían tie  rras desconocidas que podían servirles de escala para una larga navegación, evitán  dose de esta manera, el largo viaje d.e la circunavegación del Africa. Al efecto, se intentaron algunas expedi  ciones que fracasaron, hasta que un hom  bre de excepcionales condiciones, hijo de aquellas rías y práctico en la navegación de altura, de conocimientos cosmográficos y náuticos, con indicios adquiridos como piloto en los viajes por las Canarias y Azores con sus compañeros los lusitanos, se atrevió á arrostrar los peligros de lo desconocido; ese hombre excepcional se llamaba «Cristóbal Colón y Fqnterosa» que, alentado por el éxito que en sus ex  ploraciones acababan de obtener los nave  gantes portugueses, concibió el proyecto 39 B oletín O ficial del C entro G allego de atravesar el Atlántico ó «Mar Tene  broso», como decían los antiguos, dando á conocer su proyecto á los hombres más eminentes y proponiendo á varios gobier  nos la preparación de una expedición. Este atrevido marino se llama Cristóbal Colón y Fonterosa, de cuyo origen, cuna y progenie, vamos á tratar en este trabajo de rectificación histórica, con el fin de dar á conocer al comercio mundial, su verdadera patria y destruir la falsa leyen  da de que había nacido en Genova. INVESTIGACIONES HISTORICAS Durante cuatro siglos de pesquisas inú  tiles, han estado los historiadores, erudi  tos y cronistas, revisando archivos, exhu  mando documentos, escrutando datos y compulsando fechas, examinando papeles y cotejando escrituras, desempolvando los carcomidos estantes de las bibliotecas, ha  ciendo estudios páleográficos, caligráficos, grafológicos y arqueológicos, hurgando li  bros, tomos y volúmenes, y apelando á deducciones y forzadas interpretaciones de vocablos ó frases, para determinar que la verdadera patria del navegante Colón, por haber éste -dicho al fundar el mayorazgo de su nombre, «que había nacido en Génova». La obscuridad en que se halla envuel  ta la verdadera patria del Almirante del Océano, las sombras que cubren su naci  miento, su infancia, su educación, su ju  ventud, sus ascendientes, su progenie y su vida, hasta su aparición en Castilla, con sus proyectos de descubrimiento de nuevas tierras; la confusión y divergencia de opiniones entre los autores, que han tratado de su vida en libros, folletos y artículos; la deficiencia de los documen  tos presentados por los apasionados au  tores italianistas, interesados en el no es  clarecimiento de la cuna del Virrey de las Indias, han creado innumerables du  das, dando lugar á que muchos autori  zados críticos le negasen la cualidad de Los principales exploradores y .v-srobi¡dores del siglo XV, asi como las nuevas rutas para el comercio intercontinental, que sigui ron ? a ca ,, a “ e Constantinopla en poder de los turcos, fueron hechas por los gallegos y portugueses, que se confundieron siempre como uu solo pueblo: y la presencia de los genoveses en Galicia y Portugal yutes la l.usitama) solamente se explica por el superior concepto que ios mann s del mediterráneo tenían formado de los lusitanos, á cuyos puertos afluían naves de todas las naciones y de todos los climas, oyéndose los acentos de todas las lenguas del mundo conocido, y en su consecuencia, los resultados del comercio entre toda clase de mer  cancías. genovés, á la vez que haciendo imposi-' ble fijar con exactitud, cuál fué la pa  tria nativa ; acentuándose las investigacio  nes históricas entre los colombistas á par  tir de 1892, conmemoración del cuarto centenario del descubrimiento de América. En este asunto de «rectificación histó  rica», están interesados tres pueblos, que son: Italia, Portugal y Galicia : llevando ó aportando sus historiadores y críticos, el valioso y eficaz concurso de sus co  nocimientos é investigaciones históricas, para aclarar la verdad, toda la verdad, res  pecto á la verdadera cuna del Descubri  dor del Nuevo Mundo; y esa investiga  ción y juicio histórico, ha de ir acompa  ñado siempre de un alto espíritu de im  parcialidad y despojo de todo apasiona  miento. Con la controversia sostenida á través del tiempo, por los historiadores, erudi  tos y cronistas, para determinar la ver  dadera patria del intrépido Colón, ocurre algo parecido á lo que sucedió con la del famoso guerrillero Viriato «el Régulo», que hizo temblar las águilas romanas, yen  do siempre al frente de los soldados* ga  llegos; y cada vez que obtenía un nue  vo triunfo sobre el ejército romano, re  gresaba á Galicia á descansar, cuya cu  na disputaron los portugueses durante al  gunos siglos. Con la patria de Peí ayo, «Pelagras Thudensis», hijo de Tuy, jefe de la reconquista ibérica, iniciador de la vía gloriosa que va desde Mondoñedo á Cóvadonga y de Govadonga á Granada para vengar la humillación del Guadátete, ocurrió lo mismo, cuya cuna se dispu  taron los cántabros y astures hasta la edad moderna ; sólo que la patria de Co  lón él mismo se la calló, por las razones que en este libro se exponen, mientras que, la de aquellos dos célebres guerre  ros, se perdió en la obscura noche de los tiempos, hasta que, las Ciencias His  tóricas con sil crítica analítica y su lógica deductiva, vinieron á probar que tanto Viriato como Pelayo, nacieron en Galicia. PONTEVEDRA, LA CUNA DE COLON La tan debatida cuestión de la verda  dera patria de Colón, que venía envuelta en la obscura noche de los tiempos, que era una incógnita para los historiadores E milio G ástelaií , excelso orador latino B oletín O ficial del C entro G allego 40 , v. r. -'-y' e ‘ K.Mitos,%caba de surgir nuevamente dej ^polvo de 1 - los archivos, cabiéndole la - gjolda de (^espejar la incógnita y correr ■' lás . sonijpfas que envolvían el pueblo en que' ¿Íílo al mundo, al eminente histo- •^•ia^ór y polígrafo doctor Celso García de \ v 4 £ l Riega, ilustre historiador y autor de varias obras de Historia y Geografía an  tiguas, y entre ellas «Galicia Prehistórica» y «Oestrimnis-Ophiusa», (Geografía anti  gua de Galicia). El señor García de la Riega, lleva más de treinta años con paciencia benedictina, investigando é inquiriendo en el campo de la historia y desentrañando todo le re  ferente á tal asunto, para buscar la ver  dadera cuna del vidente Colón; desente  rrando documentos oficiales y textos de aquellos tiempos, escritos en varios idio  mas, y señalando los errores en que han incurrido todos los historiadores, cronis  tas y críticos que de la vida de Colón se han ocupado, al tomar los datos del mismo origen, que es el dicho ó frase ó manifestación de Colón al constituir su Mayorazgo, «que había nacido en Ge  nova». Las pacientes y laboriosas investigacio  nes históricas llevadas á cabo por el bi  bliófilo y lexicógrafo doctor García de la Riega, corrieron las sombras y aclararon la obscuridad que envolvía la cuna del Almirante de las Indias, que ha resul  tado ser Pontevedra, ciudad del antiguo Reino de Galicia, limítrofe á Portugal, se  millero de marinos ilustres y patria de fa  mosos Almirantes y osados navegantes co  mo, Payo Gómez de Charino, Alfonso Jofre Tenorio, Alvarez-Páez, Xan de Ñova, Sarmiento Gamboa, los Nodales cé  lebres navegantes, los primeros que lle  garon al paralelo 72 lat. N.; hicieron un viaje á la América del Sud en el reinado de Felipe III y dieron la vuelta á la Tie  rra del Fuego; descubrieron el estrecho de San Vicente, hoy Lemaire, determina  ron las profundidades en las costas de Sud América y descubrieron varios islo  tes, entre ellos la Isla de Diego Ramos; y otros muchos navegantes que asombra  ron al mundo, y que pasaban por cas  tellanos, como puede verse en la obra de Teodosio V. Torres. Los pueblos galiciano y portugués, que formaron la Lusitania, están unidos pol  los mismos elementos naturales, formando una sola familia étnica, confundidos por un dulce y amoroso lenguaje que es co  mún á ambos pueblos, aparte la religión, usos, costumbres y temperamento, que se consideran un solo pueblo, llamando los portugueses á los gallegos, sus hermanos gemelos «da outra ribeira do Miño». Es tal la fraternidad de los portugueses de la provincia de Tras os Montes y los ga  llegos de Pontevedra, que en una misma familia hay individuos que son unos ga  llegos y otros portugueses; al gallego se le consideraba en Portugal como lusitano, como se consideró á los colonos, pues los portugueses del Tajo al Miño en nada se diferencian de los gallegos. Así, pues, nada de particular tiene que Colón pasara á Lisboa, centro en aque  llos tiempos de empresas marítimas y des  cubrimiento de nuevas tierras, á donde iban todos los navegantes y aventureros, pues Colón tenía predilección por Por  tugal, en donde había aprendido la na  vegación oceánica; además, como dice el historiador Oliveira-Martins, Lisboa era la maestra de la navegación marítima en el siglo XV y su Escuela de Náutica alcan  zaba hasta el Cabo Finisterré; y, como afirma el cronista D ’ Almeida, «los puertos de Portugal y Galicia, le eran tan conoci  dos á Colón' que á cualquiera hora de la noche, entraba sin riesgo alguno». Lo cual demuestra que le era familiar su ac  ceso por haberlos frecuentado cuando jo  ven, y que en ellos se había hecho ma  rino. DEMOSTRACION DEL DESCUBRIMIENTO Ninguna de las pruebas hasta el día aportadas al proceso, para probar la ver  dadera nacionalidad de Colón, ha dado resultado; los testimonios presentados son inadmisibles por la crítica histórica, por su dudosa autenticidad; los documentos justificativos son apócrifos los unos y mix  tificados los otros, por haberse agotado en Italia las fuentes de información res  pecto á la supuesta progenie de Colón, y los argumentos cpie se aducen, no resis  ten el más ligero análisis de la razón, ni del sentido común.