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Carta pastoral del... Arzobispo de Santiago de Compostela sobre la catequesis cristiana

Santiago de Compostela (Arquidiocese)

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CARTA PASTORAL 1 del Escmó. <■ limo. Señor !■ 1« SMIIM DE COMPOSTELA SOBRE LA CAWESIS CRISTIANA S^-^TTI^CS-O: I mp . y E n c . d el S emin a r io C o n c il ia r C en t r a l 1830 CARTA PASTORAL del Exorno, é limo. Señor ÍBBKI ’ O HE StóM DE GOMPOSTELA SOBRE u c it wísis msTim S^.ZSrTZ^.0-0: I mp . y E n c . d el S emin a r io C o n c il ia r C en t r a l 1S3O se tmVHHSlDADh di : s an i iag o di : roMPOSrn u CARTA PASTORAL — <swa> — NOS EL DR. D. JOSÉ MARTÍN DE HERRER A Y DE LA IGLESIA, POR LA GRACIA DE DlOS Y DE LA SANTA SEDE APOSTÓ  LICA A r zo bispo d e S a n t ia g o d e C o mpo st el a , C a pe  l l á n M a y o r d e S. M., J u ez O r d in a r io d e su R ea l C a pil l a , C a sa y C o r t e , N o t a r io M a y o r d el R ein o d e L eó n , C a ba l l er o G r a n C r u z d e l a R ea l y d ist in  guida O r d en d e C a r l o s III, S en a d o r d el R ein o , d el C o n s ejo d e S. M., et c ., et c . -íLl Venerable ZDeáxx jr CaToilcLo ele ax-ukestra. Sa.3a.ta. jíLpostólica-jr ^etropolita-zxa Ig-leaia á.eSaxxtiag'o 5.0 Coznyo^tela, a.1 "Vezxera'blo ^.Toad. jr CaT3115.o 5-ela Colegial ele la Ccruíia, á xx-aestros -Arciprestes, Párrocos pd-enaás Clero, á loo TSeligflosos jr SSeligriosas, y á Ico fideo toS.cs 5.e oaaestra ^.rcl3.iS.iócesis: PAX VOBIS.-PAZ Á VOSOTROS. I ^1 a d a hay tan necesario para la subsistencia física del hombre como el alimento, y á nada se con  sagra con tanto afán y trabajo una buena madre, como á proporcionárselo á sus tiernos hijos. La cuestión de alimentos es de vida ó muerte para el individuo, para la familia, y para la sociedad, como que el hombre en to  dos los estados y circunstancias necesita comer para vivir, y debe tomar alimentos sanos, que le conserven y vigoricen, y abstenerse de los adulterados, corrompidos ó venenosos, que le pueden quitar la salud y la vida. Lo — 4 — mismo en el hogar doméstico y en las pequeñas aldeas, que en las grandes poblaciones, es indispensable vigilar sin descanso, para proveer á tan continua y universal necesidad, y evitar los gravísimos perjuicios, que pudie  ran seguirse de la falta de alimentos, ó de su mala cali  dad. El hambre es una de las plagas más terribles, que por sí sola conmueve y agita los ánimos, y nos obliga á toda clase de sacrificios. Los hombres que pueden, siem  pre deben hacer limosna, para ocurrir á las necesidades ordinarias de sus semejantes; pero cuando llega el caso de la miseria y del hambre, entonces están obligados á dar todo lo que les sea posible, y á ocuparse en aliviar la extrema necesidad, que padecen sus prójimos. Estos principios de sentido común y estas obligacio  nes del derecho natural tienen su aplicación á las nece  sidades del orden religioso y moral. Todos los fieles ne  cesitan el pan de la divina palabra, el alimento saluda  ble de la Doctrina Cristiana, y con él han de sostener la vida sobrenatural, que recibieron por la gracia del san  to Bautismo, y en la cual han de continuar hasta que envejezcan en las virtudes evangélicas, ó les llegue el momento de la muerte. Diariamente se alimenta el hom  bre con el manjar corporal , y frecuentemente ha de aprender lo que ignora, ó recordar lo que ya aprendió de la Doctrina Cristiana, que es, junto con los Santos Sacramentos, nuestro pan cuotidiano. Desde la infancia es preciso atender á esta necesidad, y poner especial cuidado en formar la tierna inteligencia del niño, para que cuando llegue á la adolescencia y á la juventud, se hallen asegurados en su alma los cimientos de una fe sólida y robusta. La instrucción religiosa es de suma necesidad para todas las clases sociales, y en todas las edades de la vi  da; y sin embargo, es demasiado cierto, dice el Sumo Pontífice Benedicto XIV (1), que no solamente los niños y los jóvenes viven en la ignorancia de las cosas divi  nas, sino que también muchos adultos y no pocos ancia  nos desconocen del todo la saludable doctrina, ya por que nunca la aprendieron , ya porque han olvidado poco á poco la que en otro tiempo habían aprendido. (i) Bul. Etsiminime. u — 5 — No basta conocer el mal, y deplorarle, sino que es menester ponerle remedio; bien así como en tiempo de hambre y carestía, no basta que los ricos se compadez  can de los pobres y de los hambrientos, sino que están obligados á hacer la limosna proporcionada á sus re  cursos, y á las tristes circunstancias de sus semejantes. La Iglesia Católica ha provisto siempre á esta gran ne  cesidad de enseñar la Doctrina Cristiana á todos aque  llos que la ignoran; porque sabe que con esto cumple el mandato sagrado de nuestro Señor Jesucristo cuan  do dijo á los Apóstoles: Id , pues, y enseñad á todas las naciones (1). Pero, ha puesto un cuidado especialísimo, una solicitud verdaderamente maternal en la enseñanza de la Doctrina Cristiana á los niños, continuando con ellos, aunque en distinta forma, los buenos oficios que dispensó y dispensa á los catecúmenos adultos, y organi  zando sabia y prudentemente esta obra en todas las Dió  cesis del orbe católico. Estimándola Nós como una de las principales y más provechosas entre las que abarca nuestro Apostólico ministerio, hemos resuelto, en descargo de nuestra con  ciencia, dirigiros, Venerables Hermanos, esta Carta Pas  toral, cuyo objeto es exponer la importancia déla Catc  quesis Cristiana , y la obligación de practicarla con fre  cuencia. Aunque la fe es un don de Dios, sin embargo, el asen  timiento á las verdades reveladas es un obsequio razo  nable al Autor de la revelación, y un justo tributo á la suma veracidad é infinita bondad del mismo Dios. Sus testimonios son en extremo creíbles (2f y nuestra razón conoce y demuestra los motivos de credibilidad, sobre  viniendo ó acompañando la moción sobrenatural de la di  vina gracia, que inclina á la voluntad á creer, al dictamen de la recta razón, que ve el orden y enlace, que el Cria  dor del hornbre ha puesto entre las verdades del orden natural y las del orden sobrenatural. Por esto, la Doctrina Cristiana ofrece vastísimo cam  po á la actividad de la inteligencia, iluminada por la fe; (i) Math. cap. 28. (2) Psal.92. se I.NIVfKSlUAIJK Dh SANTIAGO 1)1. ( 0MP0STHA u — 6 — y comenzando á esclarecer con hermosos destellos de rosada aurora el alma del niño cristiano, llega á brillar con luz meridiana, cuando éste aprovecha en su estudio. La Santa Iglesia, desde los primeros siglos, ha instruido frecuentemente á sus hijos; les ha dado conocimiento de las verdades más principales de la fe; les ha sostenido en esta misma fe por medio de la enseñanza oral, breve, sencilla, ordenada y constante, hasta hacerles aprender bien aquellos Misterios, cuya fe explícita es indispensa  ble para la salvación, y aquellos Sacramentos, cuya re  cepción está preceptuada por el mismo Jesucristo, con  tinuando después estas mismas instrucciones, y desarro  llándolas más y más, según la capacidad de los oyentes. De aquí nacieron las célebres Escuelas Catequísticas de Alejandría y Antioquía. De aquí las obras preciosísimas de los Santos Padres, que exponían el sentido genuino de la Tradición y de las Sagradas Escrituras; de aquí las famosas Catcquesis de San Cirilo de Jerusalén, y el libro de cathech i Sanáis ru dibus de San Agustín. Pero, la enseñanza de la Iglesia ofrecía dos caracteres muy diferentes, dos formas enteramente distintas. La una tenía el carácter didáctico, científico, fundamental, que exponía los dogmas del Cristianismo, para oponer  los á los errores de la filosofía pagana, y á las herejías, que nacieron en el seno mismo de la Iglesia. La otra presentaba el carácter pedagógico, elemental, sencillo, encaminado á condensar en breves palabras lo que todo cristiano había de creer y practicar, según las prome  sas, que había hecho, al recibir el Santo Bautismo. Esta enseñanza fué la que dió origen á los Símbolos de la fe, á los textos, que contenían el Decálogo, las oraciones y los Sacramentos , que juntamente con el símbolo, forma  ban el Catecismo de la Doctrina Cristiana. Y por esto desde los tiempos, en que era administrado generalmen  te el Santo Bautismo á los niños, y cuando ya eran me  nores en número los catecúmenos adultos, los ministros de la Iglesia se ejercitaban con gran celo en la obra de la Catcquesis, con el fin de mantener siempre claras las ideas de los artículos de la santa fe, inculcar á menudo los pre  ceptos del Evangelio, y explicar los requisitos necesa  rios para recibir dignamente los Santos Sacramentos. u — 7 — e La importancia de esta obra se comprende fácilmen  te considerando, que la Doctrina Cristiana, no sólo abar  ca las verdades, que los fieles están obligados á creer, como necesarias absolutamente para salvarse, sino también todas aquellas, que por precepto deben sa  ber y entender para conformar sus costumbres con sus creencias. De tal manera, que no sólo á los niños, sino también á los adultos es conveniente recordar con fre  cuencia las verdades de la Doctrina Cristiana; porque el texto del Catecismo es partí todo católico , en materia de religión y de moral, lo que el texto de los Códigos de le  gislación para un jurisconsulto, lo que los aforismos de Hipócrates para un médico de su escuela, lo que los clá  sicos para un literato,y lo que los modelos de elocuencia para un orador. En el Catecismo de la Doctrina Cristia  na están condensadas, ordenadas y propuestas las ense  ñanzas teológicas con tal arte, claridad y exactitud, que es digno de ser estudiado y retenido por todos los fieles. El Santo Concilio de Trento se ocupó, con gran dili  gencia, de que se compusiese un Catecismo para uso de los Párrocos, y fué el que dió á luz el Papa S. Pío V. El Concilio Vaticano se propuso componer un Catecismo para uso de los niños y de los fieles, y según nuestros informes, está ya terminado, y dispuesto en dos edicio  nes, una más extensa y otra más breve. De todos estos hechos resulta comprobada la impor  tancia de la Catcquesis Cristiana, y el aprecio en que todos debemos tener el Catecismo, á cuya enseñanza se dedicaron con tanto ahinco los hombres apostólicos, los celosos misioneros, los monjes de la edad media y los varones más ilustres de la edad moderna, sin que se cre  yesen rebajados en su dignidad; porque siempre creye  ron que la enseñanza de los artículos de la santa Fe y de los elementos de la religión y de la moral era digna de ocupar la atención de las inteligencias más privilegiadas. Veamos ahora las importantes disposiciones del De  recho canónico, relativas á la Catcquesis Cristianay que determinan las personas obligadas á hacerla, los días designados para cumplir este deber, el lugar en que se ha de ejercer este ministerio, y la insubsistencia de las excusas alegadas para dispensarse de su cumplimiento. u - 14 - de Diciembre de 1849; en la cual, lamentándose del te  naz empeño, con que los enemigos de la Iglesia trabajan seculárisar , <5 sea/descatolisar la enseñanza, dice á los Obispos: Procurad qus cu ningún casó, pero princi  palmente en materias de Religión, no se usen en las es  cuelas sino libros exentos de todo error. Prevenid á los Pastores eclesiásticos , que os presten su cooperación , x velad sobre las escuelas de niños. Haced de modo, que las escuelas no se confíen más que á maestros x maestras de conocida honrades , y que para ensenar á los niños los primeros elementos de la fe cristiana , sólo se usen los li  bros aprobados por la Santa Sede. En cuanto á esto , no dudamos que los Curas serán los primeros en dar ejem  plo, x que movidos por vuestras continuas exhortaciones, se dedicarán con ardor á enseñar á los niños los elemen  tos de la Doctrina Cristiana, teniendo presente, (pie este es uno de los principales deberes de su sagrada misión. Asimismo, debeis recordarles , que en sus instrucciones , ^a sea á los niños ó al pueblo, nunca deben perder de vis  ta el Catecismo Romano , publica do con arreglo al Conci  lio de Trento, por orden de San Pío V, nuestro predece  sor de eterna memoria, recomendado á todos los Pas  tores de la Iglesia por otros Soberanos Pontífices, y particularmente por Clemente XIII, como un auxilio el más poderoso para repeler los fraudes de las opiniones perversas , y para propagar y establecer sólidamente la verdadera y sana doctrina. Nuestro Santísimo Padre el Papa León XIII, desde el principio de su Pontificado, fijó su mirada penetrante en la obra importantísima de la Catcquesis Cristiana, y en su primera Encíclica Inscrutabilió^oá todos los Obispos del orbe Católico: A vosotros incumbe, Venerables Her  manos, poner cuidadosa diligencia en que la semilla de las celestes doctrinas se esparza ámpliamente por el cam  po del Señor, y las enseñanzas de la fe católica se inf un  dan desde muy temprano en los ánimos de los fieles, echen en ellos profundas raíces, y sean preservados del contagio de los errores. Cuanto mayor es el empeño, con que los enemigos de la Religión procuran enseñar á los ignorantes , y en especial á los jóvenes, doctrinas que oscurecen el entendimiento y corrompen , las costum- — 15 — brcs, tanto más acti'uamente se ha de trabajar cu que no sólo sea at>to y sólido el método de ensenar , sino princi  palmente, qnc la enseñanza misma sea en un todo confor  me á la fe católica en la literatura y en las ciencias, y so  bre todo en la Filosofía, de la cual depende en gran par  te la buena dirección de las otras ciencias. En la Carta, que el mismo Santo Padre dirigió al Emmo. Sr. Cardenal Vicario, con fecha 25 de Marzo de 1879, le decía: En Junio del año pasado Nos f ue pre  ciso escribiros acerca del grasísimo peligro , que corre la fe y la moral de nuestro pueblo de Roma, por las múlti  ples uías, que han sido abiertas á la incredulidad y al vicio, entre las cuales ya lamentamos entonces, como f u  nestísima, la de que hubiese sido casi del todo excluida de las Escuelas públicas la enseñanza del Catecismo. Al presente Nos sentimos impulsado por el deber de escribi  ros nuevamente sobre un hecho íntimamente conexionado con aquél , y también de la más alta importancia, quere  mos decir , sobre las Escuelas de Roma. Finalmente, en las Sinodales de este Arzobispado, que datan del año 1746, se encuentra la Constitución IX, tít. 20, que queremos quede aquí estampada como Ley Sinodal vigente, en un todo conforme con el espíritu de la Santa Madre Iglesia, que tanta importancia ha dado siempre á la Catcquesis Cristiana, sin cesar jamas de encarecer al Clero parroquial la estricta obligación, que tiene, de practicarla. Dice así: ^Que los Rectores expliquen la Doctrina Cristiana y exhorten á sus feligreses asistan á ella, y hagan noto  rias las muchas indulgencias,- que por ello están conce  didas. CONSTITUCIÓN IX La gravísima obligación, que tienen los Rectores de explicar á sus Feligreses la Doctrina Cristiana, está repe  tidas veces intimada en diversos Sagrados Concilios, espe cialmente en el Tridentino, cuya omisión nos seria muy sensible. Por tanto, mandamos, que todos los Rectores, no contentándose con el examen, que hacen á sus Feligreses en tiempo de Quaresma,se dispongan para explicarla to  áoslos Domingos, y Fiestas del año, instruyéndoles, ó so  bre algún Articulo de nuestra Santa Fe, ó Mandamiento, ó -16 — Sacramento, ó atraparte de la Doctrina Cristiana, ó hacer decir el Texto de ella en Romance; procurando, que todos sepan los Mandamientos de la Ley de Dios,y de la Iglesia y los Articnlos déla Fe,y los Santal Sacramentos, y las de  más Oraciones en Romance; y les declaren la obligación, que para ello tienen. Y convendrá que de lo que les hubieren enseñado un día de Fiesta, pregunten, y tomen quenta el siguiente día festivo, preguntándosela solamente á los mu  chachos; pero no á las Personas mayores, porque á éstas no conviene hacerlo con tanta publicidad, como al tiempo de la Misa, en que se explicará la Doctrina, obrando en ello con la discreción,y prudencia, que corresponde á su Empleo. Y después de haver enseñado lo susodicho, ó la parte de ello, que conforme á la disposición del tiempo les pareciese, exhorten á sus F'eligreses con brevedad , y claridad á temer, y amará Dios nuestro Señor, trayéndoles á la memoria los castigos, que Dios ha hecho en este mundo por el pecado, y los mayores con que amenasa en el Infierno: Los premios, que por nuestras buenas obras nos promete Dios en el Cielo, y los beneficios que hemos recibido, y cada día recibimos, especialmente el beneficio de nuestra Redención. Y encar  guen á los Padres de familia, que con cuidado velen sobre los de su casa, asi hijos, como criados, y no permitan, que en ellas haya persona, que ofenda á nuestro Señor, pecan  do mortalmente;y avísenles de la quenta, que de esto han de dar; y amonesten dios hijos,que honren á sus Padres, y á los criados, que obedezcan á sus Señores;y á los maridos, que amen á sus mugeres; y á las mu ge res, que obedezcan á sus maridos;y á donde huviere de ello necesidad, enseñen la moderación, con que han de vestir, y la templanza con que han de comer, y beber, y el daño que hace d las almas la ociosidad , y porque estas cosas son seminarios de muchos pecados. Y para que entiendan de quanta importancia es la explicación del Cathecismo, y Doctrina Christiana, y la asistencia de los Fieles á oirla, hacemos notorio, que N. SS. Padre Clemente XII por su Breve Pastoralis Officii, dado en Roma á 16 de Mayo de 1736, ha concedido d favor, asi de los que la explican, como de los que asisten d oirla en las Iglesias, ó Oratorios, todas las Indulgencias, remisio  nes de culpas, y relaxaciones de penitencias, que todos los demás Pontífices sus Predecesores tenían hasta entonces concedidas. Y añade pava todos los adultos, que verdadera  mente contritos habiendo confessado, y comulgado, se dedi  caren á este santo ejercicio de explicarla, ó de oírla, siete años, y siete Quarentenas de perdón por cada vez, que lo u — 17 — hicieren. Yá los que con Jrcquencia se ejercitaren en ense  nar dicho Cathecismo, y Doctrina Christiana, ó en apren  derla; si contritos, confesando y comulgando, rogaren á Dios por la pas y concordia entre los Principes Christianos, extirpación de herejías,y exaltación de nuestra Santa Madre Iglesia, concede Su Santidad Indulgencia plenaria,y remisión de todos los pecados en el dia de la Nativi  dad de Christo Nuestro Señor, el de la Pascua de Resurrec  ción, y el de los Santos Apóstoles S. Pedro y S. Pablo; y que todas las referidas indulgencias valgan para siempre. Y siendo debido, que nadie se prive de tantas gracias, y In  dulgencias, por falta de su noticia, mandamos á todos los Curas, que la den prompta en sus respectivas Feligresías, si no la tuvieren,y exhorten fervorosamente á todos sus fie  les d que pongan las diligencias debidas, para no malogra r tan precioso Thesoro, repitiéndola todos los años, en los dias cercanos d las tres Festividades, en que están asignadas dichas indulgencias plenarias, para que se preparen á con seguirlas? 1 Sobreabundan, como veis, VV. HH., las pruebas de la importancia, que en todos tiempos ha dado la Iglesia Ca  tólica ¿Lia Catcquesis Cristiana, y estrecha obligación, que ha impuesto á los que ejercemos la cura de almas, de atender á esta necesarísima instrucción. Sin embar  go ¡quién lo creyera! no faltan excusas para dispensar  se arbitrariamente de cumplir con este sagrado ministe  rio en los términos prescritos por la Santa Madre Iglesia. Es la primera, que nunca se ha hecho así. — Alo cual debemos responder que nunca se ha hecho bien, cualquiera que sea el número de Parroquias, en que tenga lugar esta lamentable omisión. Si el Sumo Pontífi  ce Inocencio XIII califica de ciertamente mala la costum  bre inmemorial de no hacer la Catcquesis en las Parro  quias, según está dispuesto, claro es que la mala cos  tumbre nunca puede prescribir contra la ley, ni podrán disculparse, y mucho menos eludir su responsabilidad en el tribunal de Dios, los que aleguen esta omisión de la Catcquesis, fundados en que nunca se ha hecho así, por  que contra ellos claman, el Santo Concilio de Trento, las Constituciones de los Soberanos Pontífices, los De  cretos de la Sagrada Congregación del Concilio y las Sinodales de este Arzobispado. - 18 - Alég ase como segunda excusa, la de que la Catcque  sis, tal como ki determina el Derecho Canónico vigente, es innecesaria; ya porque los maestros enseñan la Doc  trina Cristiana en las escuelas, ya también porque los padres de familia cuidan de que sus hijos la aprendan, no habiendo, por tanto, necesidad de que los Curas Pá  rrocos se molesten en enseñarla todos los Domingos y días de fiesta. — A esta excusa basta oponerla autoridad del Sumo Pontífice Inocencio XIII en su Bula Apostolici Ministerii, que ya hemos citado. Y añadimos, que nunca deben los súbditos faltar, por su propio juicio, á las dis  posiciones terminantes de una ley, bajo el pretexto de que ha cesado el motivo final de la misma ley. Ni el que haya en determinadas Parroquias cierto número de ni  ños, que sepan de memoria las preguntas y respuestas del Catecismo, es razón suficiente para juzgar innecesariala Catcquesis. Quien quiera que conozca los deberes propios de los Curas, y considere atentamente los altí  simos fines, que la Iglesia Católica se ha propuesto, al preceptuar, en los términos que lo ha hecho, la enseñan  za de la Doctrina Cristiana, confesará paladinamente, que no se puede omitir por ningún Párroco, como inne  cesaria, sin grave detrimento de las almas, que le están encomendadas. El deber del Pastor es conocer á sus ovejas, llamarlas con su propia voz á la casa del Señor, y apacentarlas con los pastos saludables de la enseñanza del Catecismo; que si hay entre sus feligreses, sean niños ó adultos, quien sepa el texto de aquél, de seguro que también hay, quien lo ignora, y á todos es necesario oir la voz del Pastor, cuando expone con palabras sencillas dicho texto del Catecismo, puesto que no basta saberlo de memoria, sino que es preciso entenderlo. Si el Párroco no hace la Catcquesis ¿1 los niños, á los rudos y á los ignorantes, no es posible que gradúe la instrucción de cada uno, y la aptitud suficiente para recibir la primera Comunión. Si tiene el derecho de dar la Comunión Pas  cual á sus feligreses, y administrarles otros Sacramen  tos, que son propios de su ministerio, también tiene la obligación de enseñar la Doctrina Cristiana , en los días que marca el Derecho, á fin de que los fieles tengan oca  sión de hacerse idóneos para recibirlos. Cuando el PáS( UNIVERSIDÁ DISAMIAC or cu m pos u — 19 — rroco encuentra á algunos de sus feligreses incapaces, por su ignorancia, de recibir la absolución sacramental, ó la Santísima Eucaristía, ó el Sacramento del matrimo  nio, está obligado en conciencia á enseñarles la Doctri  na Cristiana, á lo menos en los días, que manda el Con  cilio de Trento; y aun la caridad propia de un Pastor ce  loso dicta, que haga un sacrilicio, consagrándose parti  cularmente á remover aquel obstáculo, que tienen los referidos feligreses, para recibir los Santos Sacramen  tos, siendo dignos de gran compasión por su ignorancia. Además, y sobre esto llamamos muy de veras la atención de nuestros Venerables Curas párrocos, la Ca  tcquesis no es sólo un medio de instruir, sino también un medio de educar cristianamente á los niños y adul  tos, que concurren á ella; lo cual es obligación del Pas  tor de las almas en la forma, que tiene marcada la San  ta Iglesia. Es indudable que el Cura debe aprovechar el tiempo de la Catcquesis, para inclinar á los niños á que cumplan con sus deberes religiosos, y se aparten de los pecados y vicios, en que pueden caer fácilmente. No se ha de contentar, por ejemplo, con enseñarles la obliga  ción de oir Misa en los días de fiesta, sino que debe esti  mularles á que la oigan, y reprenderles, si no la han oido en aquel día. Debe enseñarles y recomendarles el silencio y la compostura en el templo; inspirarles sumo horror á la blasfemia, á las palabras impuras, y á todo lo que mancha la delicadísima virtud de la castidad. De  be prepararlos oportunamente á la Confesión y Comu  nión, que son el remedio universal de todos los vicios, y el estímulo más poderoso á la práctica de todas las vir  tudes. Y si por medio de la Catcquesis logra, que los niños y adolescentes, merced á las exhortaciones que allí reciben, vivan en gracia de Dios y observen las vir  tudes cristianas, bien puede decirse, que ha logrado con ellos el mejor y más sabroso fruto del ministerio parro  quial, porque escrito está: El adolescente según tomó su camino, aun cuando envejeciere, no se apartará de el. Adolcsccns juxta viam suam, etiam cum scnucrít , non reccdet ab ea (1). (i) Prov. XX1[,6. se UNR'ERSIDADE DE SANTIAGO nr.cnMPOsm.A u - 20 - Consiste la tercera excusa en decir, que es inútil que el Párroco quiera practicar la Catcquesis cu los Domin  gos y días de Jiesta; porque los niños se cansan de asis  tir, y le dejan sólo. — Á esta dificultad puede responder  se, que si el Cura no falta, tampoco le faltarán oyentes; y para que no descuide tan grave obligación, el Papa Clemente XI expidió en 1713 un decreto, por la Congre  gación del Concilio, prohibiendo expresamente todas las vacaciones para el Catecismo, y aun la interrupción de un solo Domingo en todo el año, añadiendo por un nue  vo Decreto en 1714, que debía hacerse el Catecismo, aunque no asistiese á él más que un sólo niño: etiamsi mdhis, nisi unus ad audiendum acccdat (1). El Cura Párroco nunca debe cansarse de cumplir con su deber; y cuando vean los fieles, que es constante en dar la en  señanza de la Doctrina Cristiana, siempre habrá quien le escuche. Su caridad le sugerirá piadosas industrias, y oportunos estímulos para lograr, que los niños sean constantes en la asistencia al Catecismo. A continua  ción de esta C a r t a P a s t o r a l pondremos una breve Ins  trucción, ó método práctico de hacer la Catcquesis, y sostener la concurrencia á ella, contando con que los Venerables Curas de este Arzobispado emplearán un gran celo, tomarán una decidida afición y mostrarán un vivo interés por esta obra tan importante. Reduciendo á breves y sencillas conclusiones la dis  ciplina eclesiástica vigente sobre la Catcquesis, man  damos: 1 .° Que los Venerables Curas párrocos, Ecónomos y encargados de las Parroquias de este Arzobispado ense  ñen la Doctrina Cristiana, en forma de Catecismo, á los niños, á los rudos, y á todos los feligreses, que la ig  noren. 2 .° Que dén esta enseñanza todos los Domingos y demás días de fiesta del año. 3 .° Que en cada Parroquia se haga la Catcquesis por el señor Cura, los Coadjutores, los Clérigos adscritos á la misma, y los Sacerdotes que vivan en la demarcación ( t ) Véase Guía práctica del Catequista por el Pbro. D. Enrique de Ossó, edición de Barcelona. Año 1872. Pág. 5o. u - 21 - parroquial, teniendo todos muy presentes las disposicio  nes citadas del Sumo Pontífice Benedicto XIV, y las si  guientes palabras del artículo 25 del Concordato de 1851: Los Coadjutores y defendientes de las Parroquias , y todos los Eclesiásticos destinados al servicio de Ermitas^ Santuarios, Oratorios, Capillas públicas é Iglesias no parroquiales, dependerán del Cura propio de su res  pectivo territorio , y estarán subordinados á él en todo lo tocante al Culto y Junciones religiosas. 4 .° Que los Seminaristas tomen parte en la Catcque  sis, á las órdenes de los Superiores del Seminario duran  te el Curso académico, y á las de sus respectivos Párro  cos durante las vacaciones. 5 .° Que en las Iglesias de los anejos de las Parro  quias, y en todas las no Parroquiales, distantes de la ma  triz ó principal, enseñen la Doctrina Cristiana los Coad  jutores y demás Sacerdotes, que en ellas celebren la Santa Misa los días festivos. 6 .° Que en tiempo de Cuaresma, y en la época del cumplimiento con el precepto Pascual, pongan los Cu  ras especial cuidado en enseñar la Doctrina Cristiana, y en preparar los niños á la Confesión y Comunión, dando instrucciones acomodadas á los que han de comulgar por primera ves, y haciendo en un día señalado la pri  mera Comunión y la general de los niños con la solemni  dad posible. Á cuyo efecto celebrarán la Santa Misa, y cuidarán de que, antes de la Sagrada Comunión, digan los niños los actos de fe, esperanza y caridad, y hagan otros de humildad, de penitencia y deseo de recibir el Pan de los Ángeles; y después de la Comunión, rezarán algunas oraciones, para dar gracias á Dios por tan sin  gular beneficio, y renovarán las promesas del Bau  tismo. Y 7.° Cuando haya que administrar los Santos Sa  cramentos de Confirmación, Penitencia, Eucaristía y Matrimonio á los que ignoren la Doctrina Cristiana, los Venerables Curas Párrocos se la enseñarán con toda caridad y diligencia, á fin de que se pongan en estado de recibir dignamente dichos Sacramentos, obtengan la gracia que por ellos se confiere, y con ella la salud eterna. se UNfr'ERSIDADE DE SANTIAGO DI. COMPOSTn.-i u - 22 - Ahora queremos, VV. HH., poner fin á esta nuestra C a r t a P a s t o r a l con las mismas palabras, con que ter  minamos la que, en 10 de Febrero de 1878, dirigimos so  bre el mismo asunto de la Catcquesis, al Clero de Santia  go de Cuba. "En vista de lo que llevamos expuesto reflexionemos seriamente, VV. HH., sobre lo que importa á la Iglesia católica la enseñanza de la Doctrina de Cristo; contem  plemos el tristísimo espectáculo que ofrece esta moder  na sociedad, donde tantos y tantos pugnan por apartar  se del culto del verdadero Dios, para tributárselo á la diosa Razón, al becerro de oro, ó á cualquiera otra falsa deidad, que personifique los vicios más degradantes. Veamos de dónde proviene esa falta de fe, esa indiferen  cia religiosa, esa incredulidad sistemática, esos errores tan monstruosos, que hoy pululan bajo diferentes for  mas; examinemos bien á qué se debe el olvido de las le  yes de Dios, la relajación tan general de las costumbres, el cinismo con que se defienden los mayores desórdenes morales, y el desprecio con que se miran los más puros y nobles sentimientos del hombre. Abramos el gran li  bro de la estadística criminal, observemos el número creciente de transgresiones de la ley, la temprana edad en que se cometen, y los medios singulares que se ponen en juego para llegar á la consumación de tantos horri  bles atentados; y esto bastará para demostrarnos, que si se menosprecia la Religión, es porque no se la co  noce bien; que si se conculcan las leyes de Dios y de la Iglesia, es porque no se han aprendido y practicado des  de la infancia; que si el error y el vicio penetran por to  das partes, es porque no se les opone el dique de una instrucción sólidamente religiosa y el de una educación constantemente cristiana. u Por tanto, VV. HH., á nosotros toca poner algún remedio á tan gravísimos males, á nosotros incumbe ve  lar por la instrucción religiosa de los fieles desde sus pri  meros años. Con vosotros contamos principalmente, VV. Curas Párrocos de toda nuestra Archidiócesis, es  perando de vuestro celo por la salvación de las almas, que sereis asiduos en una obra, de la que nadie, por sabio y discreto que fuere, por elevada que sea su jerarquía, se UNIVTRSIDADE DLSANTIÁGQ oi.coMpv.rnA u — 23 — debe desdeñarse. Tened siempre á la vista el ejemplo de nuestro Señor Jesucristo, que no sólo fue el amigo de los niños, sino que, reprendiendo amorosamente A sus Apóstoles, dijo: Dejad á los iiíh o s ‘ venir á mí, y no se lo estorbéis, porque de ellos es el reino de Dios. En -verdad os digo que el que no recibiere el reino de Dios como niño , no entrará en él . Y abrasándolos y poniendo sobre ellos las manos, los bendecía (1). “ Procurad con dulzura y con el atractivo de algún premio, reunir en el templo á los niños, ejercitándolos en recitar el texto del Catecismo, en responder á sus pre  guntas y en escuchar la sencilla explicación de lo que ya saben de memoria. Por último, vivid persuadidos de que nada importa tanto en una Parroquia para sostener la fe y la piedad, como la Catcquesis de los niños, á la cual van unidas, en Cuaresma y Pascua, la Confesión y la primera Comunión. N ¡qué! ¿no sabéis todos, VV. III I., cuán tierno y consolador, cuán útil y provechoso es ce - lebrar con la mayor solemnidad posible, la primera Co  munión de los niños? ¿No habéis asistido alguna vez á ese acto sublime? ¿No habéis experimentado entonces alguna singular emoción, ó no han asomado las lágrimas á vuestros ojos? ¡Ah! Este es el espectáculo más edifi  cante para los buenos, y más imponente para los malos. En aquel día dichoso el Señor derrama copioso raudal de beneficios sobre la multitud de niños agrupados en torno del Altar santo, y el Cura aparece como la per  sona más digna de respeto y de amor á los ojos de su pueblo. “ Dios nuestro Señor haga que esta exhortación pas  toral, que en cumplimiento de Nuestro deber, os hace  mos, VV. FIH.) tenga el más cumplido efecto, sacando á muchos de su apatía, aumentando el celo de los que ya catequizan, y sirviendo á todos de oportuno aviso para el día terrible de la cuenta, que el Justo Jues de vivos y muertos ha de tomar á los que nos ocupamos en el divino ministerio de la santificación de las almas/ Aprovechamos con gusto la presente ocasión para bendeciros á todos, VV. HH., con afecto de verdadera (0 Marc X, 14, f5 y 16.