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Emprendimiento y Energías Renovables. Las Comunidades de Energías Renovables como base de un Desarrollo Rural Sostenible

Miramontes Viña, Vanessa

Abstract

Las comunidades de energías renovables (CER) se han postulado en la literatura académica como una potencial fuente de oportunidades para el desarrollo rural sostenible (DRS). Las nuevas líneas estratégicas del Gobierno de España apuntan a que podrían empezar a incentivarse de un modo más contundente. El objetivo del proyecto de investigación es valorar si los proyectos CER en el ámbito rural son una oportunidad para apoyar el DRS en Galicia. Para dar respuesta a esta pregunta se plantearon tres objetivos específicos: 1) Mejorar la comprensión sobre los factores que afectan a la CER, a través de una revisión sistemática de la literatura (RSL) que permitió identificar numerosos factores condicionantes agrupados en torno a cinco grandes capitales (económico, social, humano, físico y natural); 2) Facilitar la identificación de municipios idóneos para la creación de CER rurales, desarrollando un indicador compuesto (índice CRERAL) que integra muchos de los factores identificados en la RSL. Por último, explorar la intención individual de participar/invertir en CER rurales, a través de una encuesta desarrollada en un pueblo de Galicia, aplicando diversas técnicas cuantitativas (estadísticos descriptivos, análisis de conglomerados, análisis de componentes principales y de regresión múltiple) para determinar las características sociodemográficas y sociopsicológicas que influyen en la predisposición a participar y/o invertir en una CER rural

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TESIS DE DOCTORADO EMPRENDIMIENTO Y ENERGÍAS RENOVABLES. LAS COMUNIDADES DE ENERGÍAS RENOVABLES COMO BASE DE UN DESARROLLO RURAL SOSTENIBLE Vanessa Miramontes Viña ESCUELA DE DOCTORADO INTERNACIONAL DE LA UNIVERSIDAD DE SANTIAGO DE COMPOSTELA PROGRAMA DE DOCTORADO EN ECONOMÍA Y EMPRESA SANTIAGO DE COMPOSTELA 2020 DECLARACIÓN DEL AUTOR DE LA TESIS Emprendimiento y Energías Renovables. Las Comunidades de Energías Renovables como base de un Desarrollo Rural Sostenible Dña. Vanessa Miramontes Viña Presento mi tesis, siguiendo el procedimiento adecuado al Reglamento, y declaro que: 1) La tesis abarca los resultados de la elaboración de mi trabajo. 2) En su caso, en la tesis se hace referencia a las colaboraciones que tuvo este trabajo. 3) La tesis es la versión definitiva presentada para su defensa y coincide con la versión enviada en formato electrónico. 4) Confirmo que la tesis no incurre en ningún tipo de plagio de otros autores ni de trabajos presentados por mí para la obtención de otros títulos. En Santiago de Compostela, 18 de diciembre de 2020 Fdo: Vanessa Miramontes Viña AUTORIZACIO) N+DEL+DIRECTOR+/"TUTOR+DE+LA+TESIS Emprendimiento+y+Energías+Renovables.+Las+Comunidades+de+Energías+Renovables+ como+base+de+un+Desarrollo+Rural+Sostenible + Da.+M.+A> ngeles+Lo? pez+Cabarcos++ Da.+Noelia+M.+Romero+Castro+ + INFORMAN:+ Que+ la+ presente+ tesis,+ se+ corresponde+ con+ el+ trabajo+ realizado+ por+ Da.+ Vanessa+ Miramontes+Viña,+bajo+nuestra+dirección,+y+autorizamos+su+presentación,+considerando+ que+reúne+los+requisitos+exigidos+en+el+Reglamento+de+Estudios+de+Doctorado+de+la+USC,+ y+que+como+directoras+de+esta+no+incurre+en+las+causas+de+abstención+establecidas+en+la+ Ley+40/2015.+ De+ acuerdo+ con+ lo+ indicado+ en+ el+ Reglamento+ de+ Estudios+ de+ Doctorado,+ declaramos+ también+ que+ la+ presente+ tesis+ doctoral+ es+ idónea+para+ ser+ defendida+ en+ base+ a+ la+ modalidad+ de+ Monográfica+con+ reproducción+de+ publicaciones,+ en+ los+ que+ la+ participación+de+la+doctoranda+fue+decisiva+para+su+elaboración+y+las+publicaciones+se+ ajustan+al+Plan+de+Investigación.+ + + + + + En+Lugo,+18+de+diciembre+de+2020+ ! Relación de publicaciones (una única publicación previa al depósito) Autores: M. Ángeles López Cabarcos / Noelia Romero Castro / Vanessa Miramontes Viña Título: Autonomía energética local y desarrollo rural sostenible: Análisis de la predisposición a participar en comunidades energéticas renovables. Año: 2020 Revista: Revista Galega de Economía Volumen: 29 Páginas: 25 Contribución de la doctoranda: recopilación y tratamiento de datos y aplicaciones de las técnicas de análisis econométrico bajo las indicaciones de las coautoras, y colaboración en la redacción final del artículo. Capítulo/apartado del artículo en la tesis: en el capítulo 3, se realiza una reproducción del artículo que fue desarrollado en mayor detalle en la versión definitiva de la tesis. Los apartados específicos de dicho capítulo, son las secciones 3.2.2., 3.3., 3.4.1., 3.4.2., 3.4.2.2., 3.4.2.3, 3.5.1, 3.5.3., 3.5.4, 3.6 y 3.7. Indicios de calidad: indexada en SCOPUS (Q4), Dialnet, InDICEs del CSIC, en IDEAS- RePEc, REDALYC, REDIB, DOAJ y EconIS, entre otras. También aparece recogida por las herramientas de evaluación de la calidad editorial como MIAR, DICE , Latindex o CIRC. Índice h5 de google Scholar Metrics: 8 (mediana h5: 10) A mis padres VANESSA MIRAMONTES VIÑA 16 sería necesaria una evaluación cuidadosa de los impactos ambientales, sociales y económicos a lo largo de todo el proceso. Finalmente, realizamos el desarrollo de un segundo estudio empírico centrado en el municipio de Baltar, clasificado en la primera posición en el índice CRERAL generado en el segundo capítulo. El estudio se centra en el capital del municipio, Baltar, sobre él que se plantea un proyecto hipotético de creación de un pueblo bioenergético para analizar la predisposición a participar o invertir de su población en este tipo de iniciativas y los principales factores condicionantes de dicha predisposición, centrándonos en distintos aspectos de capital social y variables sociodemográficas y sociopsicológicas. El estudio se realizó a través de una encuesta que recoge mediante preguntas del tipo Likert las motivaciones y percepciones de los hogares de Baltar sobre distintos aspectos, relacionados con la actitud ante temas energéticos y medioambientales, valoración de diversos componentes de capital social (confianza interpersonal, confianza institucional, cooperación, identidad con el lugar, actitudes frente al cambio), valoración de la predisposición a participar o invertir en un proyecto CER y distintos aspectos financieros relacionados con la predisposición a invertir. De esta manera se consigue una muestra de 63 respuestas válidas. Bajo un enfoque exploratorio del estudio y con el objetivo de identificar qué factores condicionan la predisposición a participar o invertir, y tratar de definir un perfil de los potenciales inversores, aplicamos distintas técnicas que incluyeron el análisis descriptivo, el análisis de conglomerados y el análisis de regresión lineal múltiple. El análisis de conglomerados nos permitió identificar cuatro grupos con predisposición a invertir en proyectos CER. El primer grupo conformado por mujeres jóvenes, con un nivel educativo superior, que presenta una mayor predisposición a invertir en una CER, con una inversión y período de recuperación más cortos. El segundo y tercer conglomerado, están conformadó por personas del mismo rango de edad, género y nivel educativo, pero con una predisposición grande a no invertir en el grupo 2, observando que aquellos que tienen unos ingresos netos mensuales de entre 900€ y 1.300€ (grupo 3), tendrían una predisposición media a invertir en un proyecto CER. El último conglomerado, conformado por hombres en su mayoría, en edad activa para trabajar y con un poder adquisitivo superior a los conglomerados anteriores, muestran una predisposición alta a invertir en una CER pues estarían dispuestos a aportar un mayor capital que el resto, con un período de recuperación esperado similar a los otros grupos, pero esperando rentabilidades más altas. Para encontrar las configuraciones de variables que más contribuyen a explicar la varianza de la predisposición a invertir en una CER rural, previamente al análisis de regresión lineal múltiple, se ha realizado un análisis exploratorio de factores, en concreto un ACP. Este proceso ha permitido identificar cuatro factores (Preocupación por temas relacionados con la energía, Confianza y cooperación, Actitud hacia las ER e Identificación con la comunidad). Tras incorporar los cuatro factores del ACP, junto con las variables sociodemográficas, en un análisis de regresión paso a paso, se ha llegado a la configuración de un modelo explicativo de la predisposición a participar/invertir en una CER rural en el pueblo de Baltar que retiene como variables significativas al género e ingresos y solo una de las cuatro componentes principales, relacionada con la confianza interpersonal e institucional y con la capacidad percibida en la comunidad de cooperación y trabajo en equipo. Las CER, como forma de innovación social que fusiona tanto el emprendimiento como las ER, exigen un enfoque local para garantizar que su implantación en las áreas rurales contribuya de Resumen 17 modo efectivo a su desarrollo. Bajo este supuesto, la generación descentralizada de electricidad y/o calor ligada a su consumo en las propias áreas productoras puede contribuir al desarrollo socioeconómico y frenar la pérdida poblacional que sufren muchas áreas rurales. De esta manera, el desarrollo de proyectos CER puede ser beneficioso desde el punto de vista individual y colectivo; y generar impactos económicos, sociales y ambientales positivos. Con el trabajo desarrollado en este proyecto de investigación hemos llegado a la conclusión de que las CER pueden suponer una oportunidad para el logro de un DRS en Galicia y a nivel global. PALABRAS CLAVES: comunidades de energías renovables, emprendimiento rural, desarrollo rural sostenible, contexto local, predisposición a participar/invertir. 19 RESUMO As Comunidades de Enerxías Renovables (CER) son un elemento clave na xestión integral do emprendemento e a explotación das enerxías renovables (ER) nas zonas rurais, e están recibindo unha crecente atención na literatura académica. Responden á posibilidade e necesidade de crear novos modelos de negocio para unha transición enerxética e un desenvolvemento rural sostible (DRS). España é un dos países onde as iniciativas CER mostraron un escaso desenvolvemento, só parcialmente mitigado pola presenza dalgunhas cooperativas de ER, as cales non están integradas en ningún territorio en particular nin vinculadas con comunidades rurais específicas. A principal razón deste escaso desenvolvemento está relacionada co marco regulador, que ata datas recentes non abrira a porta ao desenvolvemento potencial de iniciativas de CER. Ademais deste factor institucional, o desenvolvemento das CER tamén depende de múltiples factores que poden estar relacionados coas diferentes formas de capital dispoñibles en cada contorna rural específica. O principal obxectivo desta tese de doutoramento consiste en destacar o papel que poden desempeñar conxuntamente o emprendemento e as ER no ámbito rural como unha oportunidade para a promoción dun DRS en Galicia. As zonas rurais de todo o mundo, e en particular nos países desenvolvidos, enfróntanse a graves problemas relacionados coa perda de importancia económica e de poboación. Recoñecendo que son esenciais para lograr un desenvolvemento sostible deben aplicarse estratexias e políticas eficaces para impedir a súa declive. A capacidade emprendedora presentouse como un factor clave para o crecemento económico e o desenvolvemento tanto no contexto urbano como no rural, obviamente con características distintas. De singular relevancia é tamén a contribución que poden facer as zonas rurais para combater o cambio climático. Pola súa banda, as ER son a resposta evidente para impulsar a necesaria transición enerxética, e están intrinsecamente vinculadas ás zonas rurais. Polo tanto, parece interesante analizar as conexións potenciais que poden existir entre estes dous conceptos. Aparte do suposto de que as zonas rurais poden promover a creación de novas empresas relacionadas co sector da ER, unha nova dirección da investigación é a de investigar como as ER poden fomentar outro tipo de emprendemento e de desenvolvemento económico nas zonas rurais, facilitando un acceso máis barato e equitativo da enerxía. Un concepto que fai relevancia a este suposto son as CER, isto é, á promoción de proxectos de ER por parte dun grupo de persoas ou membros da comunidade que se comprometen co proxecto de diferentes xeitos, como promotores, traballadores e/ou inversores. O desenvolvemento de proxectos CER nas zonas rurais parece ser unha estratexia prometedora para apoiar as estratexias de DRS. Para dar resposta á pregunta central da investigación a tese de doutoramento se estrutura en torno a tres bloques principais cos seguintes obxectivos específicos: mellorar a comprensión sobre os factores que afectan ás CER; facilitar a identificación de municipios apropiados para a creación de CER rurais; e explorar a intención individual de participar e/ou investir en CER rurais. Para conseguir o logro destes obxectivos se instrumentan diversas metodoloxías de investigación combinando enfoques cualitativos e cuantitativos. VANESSA MIRAMONTES VIÑA 20 En relación co primeiro obxectivo suscitado, adóptase un enfoque metodolóxico cualitativo, desenvolvendo unha revisión sistemática de literatura para identificar os factores condicionantes do emprendemento e as ER nas áreas rurais de países desenvolvidos, dentro da clasificación de economías de altos ingresos do Banco Mundial. A revisión sistemática de literatura é un enfoque que persegue minimizar o sesgo, reducir os efectos ao azar e aumentar a lexitimidade da análise de datos. Os pasos que se seguiron foron os seguintes: selección da base de datos; identificación das palabras craves; filtrado en función do título e resumo; lectura dos artigos e recuperación de artigos procedentes das citas bibliográficas. O conxunto total de artigos seleccionados relacionados co emprendemento foi de 87, mentres para as ER seleccionáronse 89 en total. Nunha primeira aproximación, analizamos a distribución destas publicacións en función de diversos criterios como anos de publicación, revistas, países, tipo de ER e tipo de emprendemento. En segundo lugar, realizamos unha revisión exhaustiva dos factores que se destacaron como precursores das ER e o emprendemento nos contextos rurais de países desenvolvidos. Sobre a base das contribucións incluíidas nesta literatura previa, consideramos cinco formas principais de capitais nos territorios rurais: capital natural (servizos ecosistémicos e potencial de ER), capital físico (infraestruturas), capital social (confianza, cooperación, redes, servizos sociais, apego ao lugar), capital humano (habilidades, orientación emprendedora, estrutura de poboación) e capital económico (taxas e calidade de emprego, estrutura económica, cambio de poboación, creación de empresas ou recursos financeiros). Unha vez identificados os factores máis relevantes na literatura académica en relación co emprendemento e as ER, resulta necesario recoñecer que todos estes factores, organizados dentro de cinco grandes capitais, suscitan múltiples interaccións entre eles, polo cal, para tratar de poñer de relevo a interrelación entre eles non só dentro do propio capital senón tamén entre capitais, elabórase para cada capital un diagrama de ciclo causal. Estas interrelacións supoñen para os responsables de políticas públicas e para os promotores de proxectos CER o recoñecemento de que non existen fórmulas xenéricas válidas para calquera contexto rural e que non pode actuarse só desde un capital correndo o risco de que desde outro capital estéanse xerando influencias que contrarresten ou limiten a eficacia das políticas e estratéxicas propostas. Este primeiro bloque permitiunos concluír que, mediante a identificación dos factores que poden condicionar o desenvolvemento de proxectos CER desde os diferentes capitais, contribuímos a resaltar como as iniciativas CER poden apoiarse na diversidade de recursos económicos, sociais, naturais, humanos e físicos dispoñibles nun contexto local específico, detectar as principais carencias de recursos e interactuar entre as súas interrelacións para contribuír ao logro dun DRS. Unha vez que identificamos os factores condicionantes do emprendemento e as ER no rural, os cales poden ser determinantes para o desenvolvemento de CER no devandito contexto, propoñemos un estudo empírico para abordar o segundo obxectivo suscitado neste traballo de investigación, e combinar os factores determinantes para o desenvolvemento do emprendemento e as ER na construción dun indicador composto que permitiu identificar as localizacións idóneas para o desenvolvemento de proxectos CER en Galicia. De entre as catro provincias galegas, o estudo realizouse en Ourense, debido á menor dispersión poboacional e a unha menor proporción de núcleos de poboación dispersos, con respecto ao resto de provincias. A literatura previa destacou a necesidade dun certo número de fogares Resumo 21 involucrados e situados uns preto doutros para a viabilidade dos sistemas compartidos de calefacción e electricidade. Co obxectivo de realizar unha configuración máis completa e axustada do índice, aínda que as condicións previas para o potencial desenvolvemento dun proxecto CER poderían agruparse en torno ás mesmas cinco dimensións principais de capital consideradas no capítulo anterior (natural, físico, humano, social e económico), consideramos necesario incluír unha dimensión específica para medir o potencial das ER de cada municipio, polo que se realiza unha división do capital natural noutras dúas dimensións relacionadas cos recursos naturais e servizos ecosistémicos e co potencial de ER. Do mesmo xeito consideramos pertinente separar o capital económico en dous compoñentes, o lado da oferta e o lado da demanda. Centrámonos nos municipios galegos clasificados como zonas pouco poboadas ou zonas intermedias, deixando fóra a aqueles clasificados como zonas densamente poboadas, segundo a clasificación da UE (sendo 86 dos 92 municipios de Ourense). Deste xeito, baseándonos nun conxunto de diferentes indicadores socio-económicos e socio-xeográficos baixo os sete capitais considerados, e incluíndo indicadores específicos para medir o potencial de aproveitamento das ER, aplicamos o proceso suxerido pola OCDE para a construción de indicadores compostos, co fin de obter un índice que nos permita clasificar estes municipios en función das súas condicións favorables para o desenvolvemento de proxectos de CER. O índice CRERAL (siglas de Community Renewable Energy Rural Appropiate Locations) foi desenvolvido utilizando a metodoloxía da Análise de Compoñentes Principais (ACP), para a estimación dos pesos dos diferentes indicadores seleccionados baixos os sete capitais considerados, así como a combinación das puntuacións obtidas en cada un destes sete capitais no indicador final. Mediante unha análise de robustez e sensibilidade con oito posibles configuracións do índice, combinando a aplicación de dúas posibles formas de ponderación (ACP ou pesos iguais (EW)) e dúas posibles formas de agregación (Aritmética (AA) ou Xeométrica (AG)), escollemos como configuración final do índice aquela valorada como máis estable e confiable seguindo o proceso definido por Salvati e Carlucci (2014). Obtendo que o índice mais estable é o modelo de AA con ponderacións ACP para cada dimensión e AA con ponderacións EW para o índice final. A análise do índice CRERAL identifica 32 municipios con alto potencial (>0,6) para o desenvolvemento de proxectos de CER. Estes municipios concéntranse principalmente no sur e sueste da provincia de Ourense. 65 municipios mostran un potencial medio (entre 0,2 e 0,6) para o desenvolvemento de proxectos CER e 8 municipios un potencial baixo (<0,2). Un índice composto como o desenvolvido podería ser un instrumento útil tanto para as comunidades rurais como para os encargados de formular políticas públicas, a fin de informar sobre a localización óptima dos proxectos CER. Neste estudo tamén se recoñece o requirimento dun importante apoio financeiro público, así como unha base de capital sólida e masa crítica suficiente que reforce a demanda local de enerxía. Isto podería axudar a garantir a eficacia, eficiencia e efectividade das intervencións gobernamentais. O índice CRERAL tamén podería desempeñar un papel relevante como instrumento de mitigación de riscos, reducindo o risco asociado á elección de localizacións subóptimas. É evidente que o índice CRERAL non é suficiente para decidir onde emprazar un proxecto de CER rural. Os procesos de planificación, a aceptación social e os aspectos técnicos e económicos deben avaliarse e xestionarse adecuadamente unha vez que se identificou unha localización adecuada. Ademais, sería necesaria unha avaliación coidadosa dos impactos ambientais, sociais e económicos ao longo de todo o proceso. VANESSA MIRAMONTES VIÑA 22 Finalmente, realizamos o desenvolvemento dun segundo estudo empírico centrado no municipio de Baltar, clasificado na primeira posición no índice CRERAL xerado no segundo capítulo. O estudo céntrase no capital do municipio, Baltar, sobre o que se suscita un proxecto hipotético de creación dun pobo bioenerxético para analizar a predisposición a participar ou investir da súa poboación neste tipo de iniciativas e os principais factores condicionantes de devandita predisposición, centrándonos en distintos aspectos de capital social e variables socio-demográficas e socio-psicolóxicas. O estudo realizouse a través dunha enquisa que recolle mediante preguntas do tipo Likert as motivacións e percepcións dos fogares de Baltar sobre distintos aspectos, relacionados coa actitude ante temas enerxéticos e medioambientais, valoración de diversos compoñentes de capital social (confianza interpersoal, confianza institucional, cooperación, identidade co lugar, actitudes fronte ao cambio), valoración da predisposición a participar ou investir nun proxecto CER e distintos aspectos financeiros relacionados coa predisposición a investir. Deste xeito conséguese unha mostra de 63 respostas validadas. Baixo un enfoque exploratorio do estudo e co obxectivo de identificar que factores condicionan a predisposición a participar ou investir, e tratar de definir un perfil dos potenciais inversores, aplicamos distintas técnicas que incluíron a análise descritiva, a análise de conglomerados e a análise de regresión lineal múltiple. A análise de conglomerados permitiunos identificar catro grupos con predisposición a investir en proxectos CER. O primeiro grupo conformado por mulleres novas, cun nivel educativo superior, que presenta unha maior predisposición a investir nunha cooperativa de ER, cun investimento e período de recuperación máis curtos. O segundo e terceiro conglomerado, están conformados por persoas do mesmo rango de idade, xénero e nivel educativo, pero cunha predisposición grande a non investir no grupo 2, observando que aqueles que teñen uns ingresos netos mensuais de 900€ a 1.300€ (grupo 3), terían unha predisposición media a investir nun proxecto CER. O último conglomerado, conformado por homes na súa maioría, en idade activa para traballar e cun poder adquisitivo superior aos conglomerados anteriores, mostran unha predisposición alta a investir nunha CER pois estarían dispostos a aportar un maior capital que o resto, cun período de recuperación esperado similar aos outros grupos, pero esperando rendibilidades máis altas. Para atopar as configuracións de variables que máis contribúen a explicar a varianza da predisposición a investir nunha CER rural, previamente á análise de regresión lineal múltiple, realizouse unha análise exploratoria de factores, en concreto unha ACP. Este proceso permitiu identificar catro factores (Preocupación por temas relacionados coa enerxía, Confianza e cooperación, Actitude cara ás ER e Identificación coa comunidade). Tras incorporar os catro factores do ACP, xunto coas variables sociodemográficas, nunha análise de regresión paso a paso, chegouse á configuración dun modelo explicativo da predisposición a participar/investir nunha CER rural no pobo de Baltar que retén como variables significativas ao xénero e os ingresos e só unha das catro compoñentes principais, relacionada coa confianza interpersoal e institucional e a capacidade percibida na comunidade de cooperación e traballo en equipo. As CER, como forma de innovación social que fusiona tanto o emprendemento como as ER, esixen un enfoque local para garantir que a súa implantación nas áreas rurais contribúa de modo efectivo ao seu desenvolvemento. Baixo este suposto, a xeración descentralizada de electricidade e/ou calor ligada ao seu consumo nas propias áreas produtoras pode contribuír ao desenvolvemento socioeconómico e frear a perda poboacional que sofren moitas áreas rurais. Deste xeito, o desenvolvemento de proxectos CER pode ser beneficioso desde o punto Resumo 23 de vista individual e colectivo; e xerar impactos económicos, sociais e ambientais positivos. Co traballo desenvolvido neste proxecto de investigación chegamos á conclusión de que as CER poden supoñer unha oportunidade para o logro dun DRS en Galicia e a nivel global. PALABRAS CRAVES: comunidades de enerxías renovables, emprendemento rural, desenvolvemento rural sostible, contexto local, predisposición a participar/investir. 25 ABSTRACT Community Renewable Energy (CRE) is a key element in the integrated management of entrepreneurship and the exploitation of renewable energy (RE) in rural areas and is receiving increasing attention in the academic literature. They respond to the possibility and need to create new business models for an energy transition and sustainable rural development (SRD). Spain is one of the countries where CRE initiatives have shown little development, only partially mitigated by the presence of some RE cooperatives, which are not inserted in any particular territory or linked to specific rural communities. The main reason for this scarce development is related to the regulatory framework, which until recently had not opened the door to the potential development of CRE initiatives. In addition to this institutional factor, the development of CRE projects also depends on multiple factors that may be related to the different forms of capital available in each specific rural context. The main objective of this doctoral thesis is to highlight the role that entrepreneurship and RE can play together in rural areas as an opportunity to promote a SRD in Galicia. Rural areas around the world, and particularly in developed countries, are facing serious problems related to the loss of economic and population relevance. Recognizing that they are essential to achieve a sustainable development, effective strategies and policies must be implemented to prevent their decline. Entrepreneurship has been presented as a key factor for economic growth and development in both urban and rural contexts, obviously with different characteristics. Of significant relevance is also the contribution that rural areas can make to fight climate change. For their part, RE are the obvious answer to promote the necessary energy transition and are intrinsically linked to rural areas. Therefore, it seems interesting to analyse the potential connections that may exist between these two concepts. Apart from the assumption that rural areas can promote the creation of new companies related to the RE sector, a new direction of research is to investigate how RE can promote other types of entrepreneurship and economic development in rural areas, facilitating cheaper and more equitable access to energy. A concept that makes this assumption relevant are CREs, as the promotion of RE projects by a group of people or community members who commit to the project in different ways, as promoters, workers and/or investors. The development of CRE projects in rural areas appears to be a promising strategy to support SRD strategies. In order to respond to this research question, the doctoral thesis is structured around three main blocks with the following specific objectives: to improve our understanding of the factors that affect CREs; to facilitate the identification of appropriate municipalities for the creation of rural CREs; and to explore the individual willingness to participate and/or invest in rural CREs. To achieve these objectives, various research methodologies were implemented, combining qualitative and quantitative approaches. In relation to the first objective, a qualitative methodological approach is taken, developing a systematic literature review to identify the conditioning factors of entrepreneurship and RE in rural areas of developed countries, within the World Bank's classification of high-income economies. Systematic literature review is an approach that seeks to minimize bias, reduce random effects, and increase the legitimacy of data analysis. The steps involved were: VANESSA MIRAMONTES VIÑA 32 1.3.3.2 Confianza institucional ........................................................................ 99 1.3.3.3 Aceptación social .............................................................................. 100 1.3.3.4 Apego al lugar ................................................................................... 101 1.3.3.5 Redes Sociales ................................................................................... 103 1.3.3.6 Redes de conocimiento ..................................................................... 104 1.3.4 Capital Físico .................................................................................................. 104 1.3.5 Capital Natural ................................................................................................ 106 1.3.5.1 Potencial de ER ................................................................................. 107 1.3.5.1.1 Potencial de recursos solares ............................................ 107 1.3.5.1.2 Potencial de recursos eólicos ............................................ 108 1.3.5.1.3 Potencial de recursos de biomasa ..................................... 108 1.3.5.1.4 Potencial de recursos geotérmicos ................................... 109 1.3.5.2 Preocupación por el medio ambiente y protección de la biodiversidad ..................................................................................... 109 1.3.5.3 Aspectos visuales, de localización y ruidos ...................................... 110 1.3.6 Factores institucionales ................................................................................... 111 1.3.6.1 Formales.. .......................................................................................... 111 1.3.6.2 Informales: Participación en el desarrollo de los proyectos y en la propiedad. .......................................................................................... 112 1.4 Diagramas de relaciones causales entre los factores condicionantes del emprendimiento y la implantación de ER en las zonas rurales de países desarrollados ........................................................................................................... 113 1.4.1 Capital económico. .......................................................................................... 115 1.4.2 Capital humano ............................................................................................... 118 1.4.3 Capital social. .................................................................................................. 120 1.4.4 Capital natural. ................................................................................................ 123 1.4.5 Capital físico. .................................................................................................. 126 1.5 Conclusiones ............................................................................................................ 128 CAPÍTULO 2 PROPUESTA DE UN INDICADOR COMPUESTO PARA LA IDENTIFICACIÓN DE LOCALIZACIONES IDÓNEAS PARA EL DESARROLLO DE COMUNIDADES DE ENERGÍAS RENOVABLES EN EL ÁMBITO RURAL ............................................................................................................. 131 2.1 Introducción ............................................................................................................ 133 2.2 Revisión de la literatura ......................................................................................... 135 2.2.1 Condiciones previas para el desarrollo de CER en zonas rurales de países desarrollados ................................................................................................... 135 2.2.2 Relación entre emprendimiento, ER y CER ................................................... 137 2.3 Datos y metodología ............................................................................................... 141 2.3.1 Área de estudio ................................................................................................ 141 2.3.2 Variables ......................................................................................................... 142 Índice 33 2.3.3 Metodología .................................................................................................... 150 2.3.4 Recopilación de los datos ............................................................................... 152 2.3.5 Construcción del Índice .................................................................................. 153 2.3.5.1 Estandarización y normalización de los indicadores ........................ 153 2.3.5.2 Ponderaciones de los indicadores y dimensiones ............................. 154 2.3.5.3 Agregación de los indicadores y de los subíndices .......................... 154 2.3.5.4 Construcción del índice bajo un análisis de sensibilidad y robustez… ......................................................................................... 155 2.4 Resultados y discusión ........................................................................................... 155 2.4.1 Descripción del Análisis de Componentes Principales y ponderaciones de los indicadores ................................................................................................ 156 2.4.2 Selección del modelo ...................................................................................... 158 2.4.3 Clasificación de los municipios de Ourense según el índice CRERAL ......... 160 2.5 Conclusiones ........................................................................................................... 162 CAPÍTULO 3 ANÁLISIS DE LA PREDISPOSICIÓN A PARTICIPAR Y/O INVERTIR EN COMUNIDADES DE ENERGÍAS RENOVABLES EN EL ÁMBITO RURAL ............................................................................................................. 167 3.1 Introducción ........................................................................................................... 169 3.2. Antecedentes sobre comunidades de energías renovables .................................. 171 3.2.1 La participación de la ciudadanía como elemento central de las CER ........... 171 3.2.2 Motivaciones y caracterización de los participantes y/o inversores en CER . 173 3.3 Área de estudio ...................................................................................................... 175 3.4 Datos y Metodología ............................................................................................... 178 3.4.1 Diseño de la encuesta ..................................................................................... 178 3.4.2 Metodología .................................................................................................... 180 3.4.2.1 Análisis de Conglomerados .............................................................. 181 3.4.2.2 Análisis de Componentes Principales ............................................... 182 3.4.2.3 Análisis de Regresión Lineal ............................................................ 183 3.5 Resultados ............................................................................................................... 183 3.5.1 Estadísticos Descriptivos ................................................................................ 184 3.5.2 Análisis de Conglomerados ............................................................................ 188 3.5.3 Análisis de Componentes Principales ............................................................. 192 3.5.4 Análisis de Regresión Lineal .......................................................................... 194 3.6 Discusión ................................................................................................................. 195 3.7 Conclusiones ........................................................................................................... 197 CONCLUSIONES .................................................................................................................... 201 VANESSA MIRAMONTES VIÑA 34 ¿Pueden las CER contribuir al logro de un desarrollo rural sostenible en Galicia? .................................................................................................................... 203 Implicaciones para los promotores de proyectos CER y los responsables de la formulación de políticas públicas .......................................................................... 204 Limitaciones y futuras líneas de investigación ............................................................ 209 BIBLIOGRAFÍA ...................................................................................................................... 213 ANEXOS .................................................................................................................................... 257 Anexo I – Emprendimiento en Galicia ........................................................................ 259 Anexo II – Energías renovables en Galicia ................................................................. 267 Anexo III – Referencias de la búsqueda sistemática de literatura ............................ 279 Anexo IV - Procedimiento para el cálculo del potencial de aprovechamiento de energías renovables ................................................................................................ 281 Anexo V – Material complementario del capítulo 2 ................................................... 285 Anexo VI - Encuesta ...................................................................................................... 295 35 ÍNDICE DE FIGURAS Figura 1 - Estructura del trabajo de investigación .................................................................... 46 Figura 2 - Distribución territorial del número de parques eólicos instalados en Galicia - Elaboración propia a partir de datos del Instituto Gallego de Estadística (IGE) ..... 62 Figura 3 - Esquema del procedimiento de la Revisión Sistemática de Literatura .................... 70 Figura 4 - Procedimiento para la selección de artículos de la búsqueda sistemática de literatura para las ER ............................................................................................... 73 Figura 5 - Tendencia temporal de los artículos sobre ER en el rural ....................................... 74 Figura 6 - Metodologías más utilizadas en las publicaciones sobre ER .................................. 75 Figura 7 - Principales ER recuperadas en los artículos seleccionados ..................................... 76 Figura 8 - Países con más investigaciones en temas relacionados con las ER ......................... 77 Figura 9 – Procedimiento para la selección de artículos de la búsqueda sistemática de literatura para el emprendimiento en las zonas rurales ............................................ 78 Figura 10 - Tendencia temporal de los artículos sobre emprendimiento rural ......................... 79 Figura 11 - Metodología más utilizada en las publicaciones sobre emprendimiento rural ...... 80 Figura 12 - Clasificación de las actividades empresariales recuperadas en los artículos seleccionados ......................................................................................................... 81 Figura 13 - Países con investigaciones en temas relacionados con el emprendimiento rural .. 82 Figura 14 - Marco conceptual para la clasificación de los factores que anteceden el desarrollo de CER y el DRS. ................................................................................. 85 Figura 15 - Factores institucionales. ...................................................................................... 115 Figura 16 - Relaciones causales entre factores en capital económico. ................................... 116 Figura 17 - Relaciones causales entre factores en capital humano. ....................................... 119 Figura 18 - Relaciones causales entre factores en capital social. ........................................... 122 Figura 19 - Relaciones causales entre factores en capital natural. ......................................... 124 Figura 20 - Relaciones causales entre factores en capital físico ............................................ 126 Figura 21 - a) Índice CRERAL; b) Índice del Capital Económico DS; c) Índice del Capital Económico SS; d) Índice del Capital Humano; e) Índice del Capital Social; f) Índice del Capital Natural; g) Índice del Capital Físico; h) Índice del Potencial de ER ................................................................................................... 161 Figura 22 - Distribución de la propiedad de la potencia instalada renovable en Galicia (datos a 30 de mayo de 2020). ............................................................................. 176 Figura 23 - Evolución de la población (2009-2018) y potencial de ER en Galicia. .............. 177 VANESSA MIRAMONTES VIÑA 36 Figura 24 - Diseño del ACP de la investigación .................................................................... 181 Figura 25 - Porcentaje de respuestas a las preguntas de preocupación por temas relacionados con la energía .................................................................................. 186 Figura 26 - Porcentaje de respuestas a las preguntas relacionadas con la actitud hacia las ER ........................................................................................................................ 187 Figura 27 - Cantidad a invertir en una CER por los encuestados ........................................... 188 Figura 28 - Dendograma (Análisis Jerárquico, Método de Ward) ......................................... 189 Figura 29 - Evolución del índice TEA y del porcentaje de la población de 18 - 64 años involucrada en negocios nacientes y negocios nuevos en España durante el periodo 2005 - 2018 ............................................................................................. 259 Figura 30 - Evolución de la ocupación en Galicia .................................................................. 260 Figura 31 - Evolución del índice TEA 2005 - 2018 ............................................................... 260 Figura 32 - Evolución del índice TEA y del porcentaje de la población de 18 - 64 años involucrada en negocios nacientes y negocios nuevos en Galicia entre 2005 - 2018 ...................................................................................................................... 261 Figura 33 - TEA en el contexto de España para el año 2018 ................................................. 261 Figura 34 - Evolución del TEA en función del sexo para el año 2018 ................................... 262 Figura 35 - TEA en función de la educación universitaria para el año 2018 ......................... 262 Figura 36 - Evolución del índice TEA en función de la renta ................................................ 263 Figura 37 - Distribución de la población emprendedora en función del entorno rural o urbano .................................................................................................................. 264 Figura 38 - Evolución de las iniciativas emprendedoras incipientes que prevén incremento de plantilla ......................................................................................... 264 Figura 39 - Sector de actividad para el año 2018 ................................................................... 265 Figura 40 - Cooperativas constituidas en Galicia 2008 - 2018 ............................................... 266 Figura 41 - Porcentaje de energía procedente de fuentes renovables en los Estados miembros de la UE ............................................................................................... 267 Figura 42 - Estructura de generación por tecnologías del sistema eléctrico nacional ........... 268 Figura 43 - Generación renovable por tecnología en el sistema eléctrico nacional ............... 268 Figura 44 - Potencia eléctrica instalada de Galicia con respecto a España ........................... 269 Figura 45 - Generación renovable por tecnología en el sistema eléctrico gallego ................. 270 Figura 46 - Evolución de la potencia eléctrica (MW) en Galicia ........................................... 271 Figura 47 - Número de centrales eléctricas por provincia en Galicia ..................................... 272 Figura 48 - Evolución de la potencia hidráulica (MW) instalada en Galicia ......................... 273 Figura 49 - Evolución de la potencia eólica (MW) instalada en Galicia ................................ 273 Figura 50 - Evolución de la potencia de biomasa (MW) instalada en Galicia ....................... 274 Índice de Figuras 37 Figura 51 - Evolución de la potencia de biogás (MW) instalada en Galicia .......................... 275 Figura 52 - Evolución de la potencia fotovoltaica (MW) instalada en Galicia ...................... 275 Figura 53 - Evolución de la potencia térmica renovable (MWt) en Galicia .......................... 277 Figura 54 - Evolución de la potencia térmica de biomasa (MWt) por tipo de uso ................ 278 Figura 55 - Superficie instalada de solar térmica (m2) en Galicia ......................................... 278 Figura 56 - Mapa de densidad de energía eólica para Galicia (W/m2) .................................. 282 Figura 57 - Mapa de insolación global diaria (kWh/m2·día) ................................................. 282 Figura 58 - Mapa de potencial geotérmico (MW/m2) ............................................................ 283 Figura 59 - Mapas de potencial de biomasa para Galicia (ton/ha·año) a) Restos forestales (masas existentes), b) Restos agrícolas, c) A implantar en terreno forestal, d) Cultivos forestales (suelo agrícola), e) Cultivos agrícolas (suelo agrícola) y f) Árbol completo (masas existentes) ...................................................................... 283 Figura 60 - Potencial de minihidráulica, masas superficiales de agua (km2) ......................... 284 Figura 61 - Potencial de biogás (m3) ...................................................................................... 284 Figura 62 - Folleto informativo proporcionado con la encuesta sobre proyectos de CER en otros países ...................................................................................................... 297 39 ÍNDICE DE TABLAS Tabla 1 - Términos de búsqueda incluidos y/o excluidos en Scopus ....................................... 71 Tabla 2 – Revistas con dos o más artículos publicados sobre las ER ...................................... 75 Tabla 3 - Revistas con dos o más artículos publicados sobre emprendimiento rural ............... 80 Tabla 4 - Relaciones causales entre factores en capital económico. ...................................... 117 Tabla 5 - Relaciones causales entre factores en capital humano. .......................................... 119 Tabla 6 - Relaciones causales entre factores en capital social. .............................................. 122 Tabla 7 - Relaciones causales entre factores en capital natural. ............................................ 124 Tabla 8 - Relaciones causales entre factores en capital físico. ............................................... 127 Tabla 9 - Definición de los indicadores ................................................................................. 147 Tabla 10 - Modelos alternativos para la construcción del índice CRERAL bajo diferentes combinaciones de métodos de ponderación y agregación .................................... 155 Tabla 11 - Cargas factoriales del ACP ................................................................................... 156 Tabla 12 - Ponderación ACP del índice CRERAL según el método de ponderación de los subíndices .............................................................................................................. 157 Tabla 13 - Matriz de correlación (coeficiente de Pearson) entre las puntuaciones obtenidas para las ocho configuraciones alternativas del índice CRERAL .......... 159 Tabla 14 - Promedio de la diferencia absoluta por pares en las puntuaciones de cada modelo alternativo para la construcción del índice CRERAL. ............................. 159 Tabla 15 - Municipios con mayor y menor puntuación en cada configuración alternativa del índice CRERAL .............................................................................................. 160 Tabla 16 - Posición en el ranking (índice CRERAL y subíndices) de los tres municipios con mayor y menor puntuación en el índice CRERAL ........................................ 162 Tabla 17 - Matriz de correlaciones ......................................................................................... 183 Tabla 18 - Características sociodemográficas. ....................................................................... 184 Tabla 19 - Disposición a participar en una CER rural ........................................................... 187 Tabla 20 - Test de Chi-Cuadrado para la independencia entre los grupos y la voluntad para invertir en proyectos CER ............................................................................. 189 Tabla 21 - Características de los conglomerados para invertir en un proyecto CER y los posibles inversores. ............................................................................................... 190 Tabla 22 - Análisis de Componentes Principales y fiabilidad estadística .............................. 193 Tabla 23 - Total de varianza explicada .................................................................................. 193 Tabla 24 - Resumen de los resultados del modelo de regresión ............................................ 194 VANESSA MIRAMONTES VIÑA 40 Tabla 25 - Resumen del modelo y Análisis de la Covarianza (ANCOVA) ........................... 194 Tabla 26 - Principales conclusiones del capítulo1. ................................................................. 205 Tabla 27 - Principales conclusiones del capítulo 2. ................................................................ 206 Tabla 28 - Principales conclusiones del capítulo 3. ................................................................ 207 Tabla 29 - Cooperativas constituidas y número de personas socias promotoras en los registros de provincias y en el registro central, según el sexo y la persona jurídica. Año 2018 ................................................................................................. 265 Tabla 30 - Potencia centrales eléctricas en Galicia para el año 2018 ..................................... 270 Tabla 31 - Potencia eléctrica instalada para las provincias gallegas ...................................... 271 Tabla 32 - Potencia eólica por provincia según el tipo de parque eólico ............................... 274 Tabla 33 - Potencia solar fotovoltaica por provincias (kW) ................................................... 276 Tabla 34 - Potencia térmica de biomasa (MWt) instalada en Galicia .................................... 277 Tabla 35 - Referencias bibliográficas de la búsqueda sistemática de literatura para las ER .. 279 Tabla 36 - Referencias bibliográficas de la búsqueda sistemática de literatura para el emprendimiento ..................................................................................................... 279 Tabla 37 - Estadísticos descriptivos de la base de datos del indicador .................................. 285 Tabla 38 - Métodos de transformación de la base de datos del indicador .............................. 287 Tabla 39 - Puntuaciones del índice CRERAL y los subíndices ............................................. 289 Tabla 40 - Clasificación de los municipios para el índice CRERAL y los subíndices ........... 291 Tabla 41 - Código de identificación de la encuesta ................................................................ 305 INTRODUCCIÓN VANESSA MIRAMONTES VIÑA 48 el capítulo anterior. El estudio se centra en concreto en la capital del municipio, Baltar, sobre la que se plantea el proyecto hipotético de creación de un pueblo bioenergético para analizar la predisposición a participar o invertir de su población. A través de una encuesta que recoge mediante preguntas tipo Likert las motivaciones y percepciones de los hogares de Baltar sobre distintos aspectos (actitudes ante cuestiones energéticas y cuestiones ambientales, valoración de diversos componentes del capital social, y valoración de su predisposición a participar o invertir en el proyecto y de distintos aspectos financieros relacionados con la predisposición a invertir), se consigue una muestra de 63 respuestas válidas. Con el objetivo de identificar qué factores condicionan la predisposición a participar o invertir, y tratar de definir el perfil de los sujetos que podrían mostrar una mayor o menor predisposición, aplicamos diversas técnicas que incluyen el análisis descriptivo, el análisis de conglomerados y el análisis de regresión lineal múltiple. Dado que este proyecto de investigación encuentra su principal motivación en la pregunta de si son los proyectos de CER en el ámbito rural una oportunidad para apoyar el DRS en Galicia, dedicamos los siguientes apartados a explicar qué son las CER y cómo se ha aproximado su estudio en la literatura académica, y a presentar una breve imagen de la situación de Galicia en relación con el DSR, el emprendimiento rural y el aprovechamiento de su potencial de ER. LAS COMUNIDADES DE ENERGÍA RENOVABLE Aunque los conceptos de energía comunitaria o comunidades energéticas (Seyfang et al., 2013) y CER (Walker y Devine-Wright, 2008) han atraído cada vez más atención en la práctica y la investigación académica, y se han realizado varios esfuerzos para definirlos (Berka y Creamer, 2018; Hewitt et al., 2019; Hicks y Ison, 2018), aún falta una definición claramente consensuada y completa (Brummer, 2018) y es posible que sea innecesario e indeseable aportarla, ya que los significados de las CER son plurales y controvertidos, y dependen del contexto (Creamer et al., 2019). La etiqueta de CER tampoco está totalmente estandarizada, y conceptos alternativos como los de organizaciones de ER locales (Boon y Dieperink, 2014), sistemas integrados de energía comunitarios (Koirala et al., 2016) o comunidades de energía sostenible (Heaslip et al., 2016; Romero-Rubio y de Andrés Díaz, 2015) se pueden encontrar en la literatura académica. Walker y Devine-Wright (2008) proporcionan uno de los marcos más aplicados para el análisis de las CER, distinguiendo entre una dimensión de proceso (por quién) y una dimensión de resultado (para quién), enfocándose así en las cuestiones relevantes de quién promueve, posee y/o controla el proyecto y quién se beneficia de él. Basándose en este enfoque, una definición general de las CER supondría que están relacionadas con desarrollos de ER con un alto grado de participación comunitaria en su propiedad y/o gestión y/o beneficios (Bauwens, 2016). Bajo formas legales alternativas, los ciudadanos pueden convertirse en inversores, propietarios, consumidores, productores y/o distribuidores al mismo tiempo (Roesler, 2019). El concepto de prosumidores también se ha aplicado a algunas iniciativas (van der Schoor et al., 2016), definiéndolos como “autoconsumidores de energías renovables”, que generan, almacenan y/o venden electricidad autogenerada a partir de fuentes de ER (Horstink et al., 2020). En el marco de la revisada Directiva Europea de Energías Renovables (Directiva (UE) 2018/2001), conocida como RED II, las CER se relaciona explícitamente con dos categorías alternativas: “comunidad de energías renovables” y “actuación conjunta de autoconsumidores de energías renovables” (Campos et al., 2020; Lowitzsch y Hanke, 2019). Esta última se refiere a los clientes finales que simplemente generan electricidad renovable para su propio consumo operando en el mismo Introducción 49 edificio o bloque de viviendas (art. 2.15 de la Directiva (UE) 2018/2001). La primera se define como una persona jurídica basada en la participación abierta y voluntaria, autónoma y controlada por accionistas o miembros (personas naturales, pequeñas y medianas empresas o autoridades locales), ubicada en las proximidades de los proyectos de ER, que son propiedad y están desarrollados por esa persona jurídica (art. 2.16, puntos a y b, de la Directiva (UE) 2018/2001). La RED II insiste en su orientación a brindar “beneficios comunitarios ambientales, económicos o sociales para sus accionistas o miembros o para las áreas locales donde opera, más que beneficios económicos” (art.2.16.c). En la conceptualización de las CER, se hace una distinción relevante en la literatura académica entre comunidades de interés y comunidades geográficas o basadas en el lugar (Walker, 2008). Las primeras se definen por algún objetivo común pero no implican un nexo geográfico, mientras que las segundas implican que los miembros están relacionados bajo una base espacial. Las comunidades de lugar se relacionan con valores compartidos dentro de un territorio o paisaje particular, y las comunidades de interés enfatizan la ética compartida o las circunstancias o problemas financieros (Hewitt et al., 2019). Teniendo en cuenta también esta distinción, suscribimos la definición de las CER proporcionada por Seyfang et al. (2013): “proyectos en los que las comunidades (de lugar o interés) exhiben un alto grado de propiedad y control, además de beneficiarse colectivamente de los resultados” (p. 978). Como señalan Hewitt et al. (2019) “Aunque a menudo se consideran sostenibles, democráticos, descentralizados, de base, cooperativos y locales, muchos proyectos de CER pueden abordar solo uno de estos aspectos” (p. 4). Se ha destacado su relación con la autonomía energética (Dobigny, 2019), una gobernanza democrática de la energía (Kunze y Becker, 2015; van der Schoor et al., 2016) o el movimiento de decrecimiento (Kunze y Becker, 2015; Rommel et al., 2018). La gran heterogeneidad y diversidad inherente al difuso concepto de las CER (Capellán- Pérez et al., 2018) es reconocida como una fortaleza que contribuye a su adaptabilidad a contextos alternativos (Becker et al., 2017; Hicks y Ison, 2018; Seyfang et al., 2013). Numerosos estudios han intentado caracterizar las diferentes formas de iniciativas de CER según su demografía, actores, tecnología de ER, organización, financiación, motivación o factores y barreras percibidos (Becker et al., 2017; Heaslip et al., 2016; Horstink et al., 2020; Koirala et al., 2016). Engelken et al. (2016) y Herbes et al. (2017) se basan en el concepto de modelo de negocio de Osterwalder (2005) para analizar la amplia gama de formas legales, objetivos, alcance y escala que se pueden adoptar bajo el concepto de CER. Klein y Coffey (2016) clasifican las iniciativas de CER según su modelo financiero. Dentro de su clasificación, las iniciativas que persiguen la autonomía energética de un pueblo rural entrarían en la categoría de comunidad sostenible intencional. Moroni et al. (2019) proponen una taxonomía de comunidades energéticas que distingue entre comunidades basadas en el lugar y no basadas en el lugar, y comunidades de propósito único o multipropósito. Las comunidades basadas en el lugar podrían considerarse simplemente como ubicadas físicamente, basándose en la densidad del asentamiento en un lugar compartido y con peculiaridades físicas o sociales locales. Las comunidades polivalentes muestran múltiples objetivos más allá de gestionar la producción y el consumo o la compra de energía. Los proyectos de CER relacionados con el logro de algún grado de autonomía energética en toda un pueblo y orientados a revitalizar su desarrollo socioeconómico podrían, por lo tanto, ser considerados comunidades locales y de usos múltiples según la taxonomía de Moroni et al. (2019). VANESSA MIRAMONTES VIÑA 50 Los pueblos bioenergéticos o bionenergy villages son seguramente el ejemplo más destacado de este tipo de proyectos de CER. Aunque originalmente se relacionaron con el uso de biomasa (Roesler y Hassler, 2019; von Bock und Polach et al., 2015), también han abarcado otras fuentes de ER (Ugalde et al., 2016). Roesler (2019) relaciona el concepto de pueblos bioenergéticos con la disponibilidad y el uso de recursos locales y el enfoque comunitario de invertir en infraestructura local para la producción de ER. El tamaño del pueblo no es un factor determinante para la posibilidad de crear un pueblo bioenergético, como muestra la evidencia de las iniciativas actuales, que revela que cerca del 40% de ellas están relacionadas con localidades de menos de 500 habitantes (Ugalde et al., 2016). Horstink et al. (2020) hablan de “comunidades energéticas de aldea” como un ejemplo de prosumidor colectivo de ER en la categoría de CER, diferentes de las cooperativas de energía, aunque pueden constituirse como cooperativas. Un concepto más nuevo es el de pueblos inteligentes o smart villages (Zavratnik et al., 2018), que en el contexto de la Iniciativa de Pueblos Inteligentes lanzada por la Unión Europea en 2017 se definen como “áreas y comunidades rurales que se basan en sus fortalezas y activos existentes, así como sobre nuevas oportunidades para desarrollar valor añadido, y donde las redes tradicionales y nuevas se potencian mediante tecnologías de comunicaciones digitales, innovaciones y un mejor uso del conocimiento en beneficio de los habitantes” (European Network for Rural Development (ENRD), 2018, p. 7). Aunque no se menciona explícitamente en esta definición, la concepción de la UE y de las iniciativas mundiales más importantes se centra principalmente en el papel de las zonas rurales en la transición energética (Zavratnik et al., 2018). El nivel municipal también ha sido reconocido como determinante en la transición energética (Dütschke y Wesche, 2018). Paredes-Sánchez et al. (2018) analizan la viabilidad económica de un sistema autosostenible de producción térmica distribuida en un municipio español. Süsser et al. (2017) revisan la transición energética exitosa de un municipio alemán para investigar el papel del apego al lugar y las características emprendedoras de los participantes en CER. Perspectivas alternativas apuntan al concepto de balance energético neto cero entre las áreas rurales y urbanas de un solo municipio, visualizando las áreas rurales como instrumentos para equilibrar a través de las ER la demanda energética de las urbanas (Poggi et al., 2020). En cuanto a cómo la literatura previa ha abordado el análisis de los proyectos de CER en general, van der Schoor y Sholtens (2019) identifican nueve áreas destacadas en su revisión de la literatura: estudios de transición, ciencia y tecnología, economía, aceptación, sociología, gobernanza, planificación (en general), (planificación) espacial y normas (sociales). De todos modos, estas áreas se superponen con frecuencia en los estudios de CER, lo que refleja la naturaleza multiactor y multidimensional del concepto (Li et al., 2013). Otra literatura interesante en el contexto de las áreas rurales, aunque no directamente relacionada con las CER, es la que se enfoca en la producción de ER en las granjas (Carreño-Ortega et al., 2017; Ge et al., 2017; Holstead et al., 2017; Jokinen et al., 2008; Karlsson et al., 2017; Monteleone et al., 2018; Morris et al., 2017; Schaffer y Düvelmeyer, 2016). Brummer (2018) también realiza una revisión de la literatura y encuentra que la mayor parte de las contribuciones sobre las CER está relacionada con el análisis de su distribución geográfica y relevancia cuantitativa, el papel de los esquemas de políticas de apoyo o los estudios de casos específicos de proyectos individuales. Pocos artículos describen explícitamente las barreras o los beneficios de las CER, por lo que realiza un análisis comparativo de cómo se han abordado estas cuestiones en los estudios centrados en Reino Unido, Alemania y EE. UU. Creamer et al. Introducción 51 (2019) sugieren que la investigación futura debería prestar más atención a los impactos de las CER. En relación con las áreas rurales, la literatura previa sobre proyectos de CER solo ha analizado de manera limitada su potencial para fomentar el desarrollo de las áreas rurales, y este sigue siendo un tema controvertido (Berka y Creamer, 2018; Clausen y Rudolph, 2020; Slee, 2015). A pesar de esto, muchos autores han abogado por la posible contribución positiva de las CER al DRS (Hicks y Ison, 2011; Süsser y Kannen, 2017) y a la resiliencia de las comunidades rurales (Hicks y Ison, 2011; Morrison et al., 2017). La resiliencia también se ha considerado uno de los resultados del emprendimiento rural (Steiner y Atterton, 2015). Se espera que los proyectos de CER en entornos rurales no solo permitan una provisión de energía probablemente más barata y seguramente más equitativa y económica (Becker et al., 2017; Hewitt et al., 2019), sino que también mejoren el desarrollo local mejorando las condiciones de vida y la actividad económica (Magnani et al., 2017). La propiedad local se ha considerado un factor facilitador de la contribución positiva de las ER al DRS (Clausen y Rudolph, 2020; Okkonen y Lehtonen, 2016) y podría mejorar el nivel y la calidad de los resultados del desarrollo económico en las economías rurales (Munday et al., 2011). Esto también permitiría descartar la metáfora de los "cubos con agujeros" (‘leaky buckets’) , que se refiere a cómo las áreas rurales donde se han colocado instalaciones de ER tradicionalmente han filtrado los beneficios a la economía en general (Slee, 2015). Okkonen y Lehtonen (2016) destacan que la reinversión de los beneficios de los parques eólicos en la comunidad tiene mucho más impacto en los ingresos y el empleo que su construcción y operación. Beery y Day (2015) encuentran en el contexto de un modelo input/output que la propiedad comunitaria conduce a un mayor impacto socioeconómico de la energía eólica que las estructuras corporativas. Así, los proyectos de CER podrían contribuir a garantizar que el desarrollo sostenible global no se realice a costa del DRS (Reddy, 2002). El vínculo entre emprendimiento y ER se ha analizado tradicionalmente desde la perspectiva del "emprendimiento en ER", es decir, limitando el alcance del análisis a la formación de nuevas empresas en el sector de las ER. van der Horst (2008) distingue seis tipos de actividades emprendedoras a lo largo de la cadena de suministro de ER: fabricación de tecnología de ER, instalación y mantenimiento, producción de (bio) combustible, asesoramiento y consultoría, producción de ER para la venta y producción de ER para uso interno. Así, las ER pueden ser consideradas como una especialización empresarial factible en áreas rurales, principalmente para agricultores (Jokinen et al., 2008), o como un sector potencial de la eco-economía rural (Kitchen y Marsden, 2009). La relación entre CER y emprendimiento también se ha abordado bajo corrientes alternativas del campo científico del emprendimiento: emprendimiento político (Young y Brans, 2017), emprendimiento institucional (Mahzouni, 2019), emprendimiento social (Becker et al., 2017; Morrison et al., 2017), emprendimiento asociativo (Cato et al., 2008), emprendimiento comunitario (Graziano et al., 2017) o emprendimiento local o “emplazado” (Süsser y Kannen, 2017). Süsser et al. (2017) destacan el papel de los emprendedores e innovadores locales como agentes de cambio en los procesos de transición energética local, concibiendo las CER como una innovación de base, como hacen también Seyfang et al. (2013) o Magnani et al. (2017), mientras que Hewitt et al. (2019) consideran a las CER como una innovación social. El papel de los empresarios individuales/locales también ha sido enfatizado por otros autores (Bergek et al., 2013; Walker, 2008) y Magnani et al. (2017) destacan el papel del promotor o impulsor del proyecto como ecoempresario. Okkonen y Lehtonen (2016) consideran que los proyectos de CER donde existe propiedad y control local son empresas sociales. Cato et al. (2008) afirman que la diferencia entre emprendimiento social y emprendimiento asociativo se basa VANESSA MIRAMONTES VIÑA 52 fundamentalmente en los aspectos de propiedad y control, e identifican a los promotores de iniciativas de CER como emprendedores asociativos que persiguen objetivos tanto comunitarios como personales. Hablan de la “energía emprendedora”, destacando la necesidad de desarrollar innovaciones para la energía sostenible de forma mutualista o asociativa. LA CONTRIBUCIÓN DEL EMPRENDIMIENTO, LAS ENERGÍAS RENOVABLES Y LAS CER AL DESARROLLO RURAL SOSTENIBLE Las zonas rurales han experimentado transformaciones importantes en los últimos decenios (Stathopoulou et al., 2004). En la producción agrícola ya no predominan los aspectos socioeconómicos, sino que se ha pasado a un escenario rural polivalente con múltiples actores e intereses que reconfiguran las zonas rurales (Müller y Korsgaard, 2018). Las zonas rurales han sido promovidas en los últimos años como un entorno atractivo con condiciones de vida agradable y oportunidades de empleo (Anthopoulou et al., 2017), convirtiéndose en un espacio multifuncional para el ocio, la recreación, el trabajo y la vida (Markantoni y Strijker, 2012). Las zonas rurales enfrentan desafíos, debido al desarrollo desigual, una característica destacada en la mayoría de los países, así como el declive económico y demográfico en muchas regiones rurales europeas, demostrando ser un reto cada vez mayor (Korsgaard et al., 2015; Müller y Korsgaard, 2018; Naudé et al., 2017). No obstante, cabe destacar que hay una variación significativa en el desempeño de las zonas rurales. Algunas de ellas tienen un buen desempeño y experimentan niveles crecientes de actividad comercial y servicio público, mientras que otras zona rurales están estancadas (Müller y Korsgaard, 2018). En relación con el emprendimiento rural, las zonas rurales han sido promovidas en los últimos años como un atractivo entorno que combina condiciones de vida y oportunidades de empleo (Anthopoulou et al., 2017). Los emprendimientos ubicados en las zonas rurales varían en cuanto al alcance de la ruralidad a medida que se comprometen con su ubicación de diferentes maneras, siendo importante para el desarrollo y recuperación local (Korsgaard, Müller, et al., 2015; Müller y Korsgaard, 2018). Aunque Newbery et al. (2017) señalan algunas características comunes entre las áreas rurales de países desarrollados y en desarrollo, también se pueden identificar diferencias importantes (Valchovska y Watts, 2016). Las zonas rurales de los países desarrollados afrontan con especial intensidad la amenaza de la disminución de la población (Delfmann et al., 2014), el fenómeno de la contraurbanización (Bosworth, 2008; Stockdale, 2006) y la reversión de la migración neta de las zonas rurales a las áreas urbanas, relacionada con la migración por estilo de vida, jubilación y retorno (Akgün et al., 2011). En cuanto a las decisiones políticas y el interés de la investigación en las zonas rurales de los países desarrollados, estas se han centrado principalmente en la necesidad de una mayor diversificación de la actividad económica rural (Krakowiak-Bal, Ziemianczyk, Wozniak, et al., 2017; Morris et al., 2017), mientras que en los países en desarrollo las principales preocupaciones se centran en la reducción de la pobreza (Corral et al., 2017). Los estudios relacionados con el desarrollo rural en Europa identifican algunos de los principales desafíos de las zonas rurales, especialmente de las más periféricas y aisladas, relacionados con la despoblación, el envejecimiento y el acceso limitado a servicios, mercados o recursos humanos y una mano de obra diversificada (Abreu et al., 2019; Dammers y Keiner, 2006; Fortunato, 2014; Steiner y Atterton, 2015). Si bien la ruralidad se ha atribuido tradicionalmente a un contexto espacial o geográfico específico, también abarca rasgos distintivos relacionados con el capital social, la gobernanza rural, los negocios, las redes Introducción 53 sociales, los recursos naturales o el paisaje (Akgün et al., 2010; Steiner y Atterton, 2015). Además, la prosperidad rural se concibe hoy en día como un concepto multidimensional que implica un equilibrio entre los objetivos económicos, humanos, sociales y ambientales y un enfoque en otras estrategias de desarrollo más allá de la modernización agrícola (Rivera et al., 2018), y los usos tradicionales de la tierra se están diversificando desde hace muchos años (Hain et al., 2005). Dammers y Keiner (2006), en su extensa revisión y análisis del desarrollo rural en Europa, presentan una tipología de áreas rurales y concluyen que nuevos nichos en las preferencias de los consumidores (agricultura orgánica, turismo rural), así como fuentes alternativas de ingresos (cultivos con ER) pueden mejorar la viabilidad socioeconómica de algunas zonas rurales. Teniendo en cuenta las características particulares del emprendimiento en contextos rurales (Akgün et al., 2011; Fortunato, 2014), existe un debate en curso sobre la necesidad de un desarrollo integrado o endógeno y la necesidad de sacar provecho de los recursos extralocales o no locales (Bosworth, 2008; Kalantaridis y Bika, 2006b), considerando también la posibilidad de beneficiarse de “lo mejor de ambos mundos” (Korsgaard, Ferguson, et al., 2015) y reconociendo la importancia de tener acceso a un mercado denso (Henderson y Weiler, 2010). Korsgaard, Müller y Tanvig (2015) distinguen entre emprendimiento en el rural y emprendimiento rural. El primero representa actividades emprendedoras con una integración limitada en un lugar específico. El último está íntimamente comprometido con el lugar y el apalancamiento de los recursos locales, concibiéndose como una actividad que se inscribe en su contexto espacial y se integra mediante el uso de recursos, creando no solo valor para el empresario sino también para el rural (Meccheri y Pelloni, 2006). A diferencia de la iniciativa emprendedora en el medio rural, el emprendimiento rural tienen un comportamiento altamente arraigado con el lugar (Müller y Korsgaard, 2018). Basándonos en estas dos clasificaciones realizadas para los emprendimientos en el entorno rural, nos centraremos en esta investigación en el concepto de “Emprendimiento Rural”. Un modelo de desarrollo endógeno basado en un enfoque ascendente (“bottom-up”) y la dependencia de los recursos locales han sido reconocidos como claves para un DRS, y el emprendimiento como un ingrediente necesario (Stockdale, 2006), aunque de una eficacia limitada en el corto a medio plazo (Baumgartner et al., 2013). Kitchen y Marsden (2009) describen el potencial de las áreas rurales para adoptar un marco de "ecoeconomía" que dependa de la realineación de las cadenas de producción y consumo locales basándose en el uso sostenible de los recursos naturales locales, incluida la ER. Se ha reconocido que el DRS es de suma importancia para lograr un desarrollo sostenible global (de los Ríos-Carmenado et al., 2016; Reddy, 2002), y las áreas rurales pueden hacer una contribución definitiva a los objetivos del cambio climático (Kitchen y Marsden, 2009; Marinakis et al., 2015) y a la transición energética (Graziano et al., 2017; Poggi et al., 2018; Streimikiene et al., 2012). La descentralización energética o energía distribuida, es decir, la producción a pequeña escala de electricidad o calor cerca de los sitios de consumo, ha sido señalada como un paso necesario en esta transición energética (Brummer, 2018), particularmente en áreas rurales (Paredes-Sánchez et al., 2018; Van Hoesen y Letendre, 2010), y las ER han sido identificadas como una fuente óptima para ser explotada bajo este modelo (Hain et al., 2005; Martire et al., 2015; Zabaniotou et al., 2017). von Bock und Polach et al. (2015) reconocen que la ER basada en el suministro descentralizado de energía puede contribuir positivamente al DRS. VANESSA MIRAMONTES VIÑA 54 Si bien la descentralización del sistema energético y una mayor autonomía energética a nivel local, ligada a la energía comunitaria, han sido propugnadas como un paso necesario en la transición energética, McKenna (2018) advierte sobre el riesgo de generar una mayor centralización de la utilización de las infraestructuras y no beneficiarse de las economías de escala. También es necesario un equilibrio entre la ocupación del suelo con instalaciones relacionadas con la generación de ER, otros usos del suelo y la preservación del paisaje rural (Poggi et al., 2018). Yildiz (2014) y Lowitzsch y Hanke (2019) también advierten sobre las dificultades financieras de la infraestructura descentralizada de pequeña escala, que no resultan atractivas ni para las grandes empresas energéticas ni para los fondos de inversión, por lo que se necesitan fuentes alternativas de inversión. Otras desventajas son las economías de escala reducidas, los costes de transacción más altos (debido al gran número de personas involucradas) y la posibilidad limitada de diversificar los riesgos en varios proyectos (Schreuer y Weismeier- Sammer, 2010). Se han propuesto como solución fuentes alternativas de financiación como el crowdfunding (Lam y Law, 2016; Martínez-Alonso et al., 2016). El desarrollo local sostenible necesita estrategias específicas y diferenciadas adaptadas a entornos urbanos o rurales (Goetz y Rupasingha, 2014; Mayer et al., 2016; North y Smallbone, 2006) en países desarrollados o en desarrollo (Newbery et al., 2017; Romano et al., 2017; Valchovska y Watts, 2016). El análisis del emprendimiento también presenta características y desafíos específicos en contextos rurales (Avramenko y Silver, 2010; Fortunato, 2014; Kalantaridis y Bika, 2006b) y en países desarrollados (Valchovska y Watts, 2016). Las ER muestran, además, características específicas en contextos rurales (Marinakis et al., 2017; Nadaï et al., 2015) y países desarrollados (Engelken et al., 2016). Dado que tanto el emprendimiento como las ER presentan características distintas y particulares en los entornos urbanos y rurales y en los países desarrollados y en desarrollo, está claro que el emprendimiento rural y la transición energética de las zonas rurales en los países desarrollados necesitan estrategias y formas de políticas de apoyo específicas (Fortunato, 2014; Fuller-Love et al., 2006; Romano et al., 2017). La investigación académica ha abordado de manera diferente el análisis del emprendimiento y las ER en las zonas rurales. La relación entre el emprendimiento y el desarrollo rural se ha estudiado principalmente en los países desarrollados (Pato y Teixeira, 2016), donde el emprendimiento ha sido promovido intensamente por los gobiernos y sus condiciones previas e impactos pueden evaluarse de manera más directa. Las ER y su relación con el desarrollo rural muestran una mayor concentración de estudios en países en desarrollo, principalmente relacionados con la necesidad de electrificar áreas rurales remotas, aunque algunas áreas de países desarrollados también muestran falta de electrificación en algunas áreas rurales (Munda y Russi, 2008). El análisis del emprendimiento y las ER, así como de las CER, en los países en desarrollo, está muy asociado al objetivo de estudiar cómo las comunidades rurales pueden empoderarse y volverse autosuficientes, mientras que en los países desarrollados la investigación ha abordado diferentes temas como la aceptación de los proyectos de ER, la competitividad de las zonas rurales y su relación con las urbanas, o la transición hacia un sistema energético sostenible (Engelken et al., 2016). van der Schoor y Scholtens (2019) también vinculan la investigación sobre las CER en países en desarrollo con la necesidad de mejorar el acceso a los servicios energéticos y la calidad de vida en estos contextos. Con respecto a cómo integrar estas consideraciones en el diseño de políticas, Akgün et al. (2011) destacan la necesidad de una evaluación cuidadosa de las políticas sectoriales para evitar apoyar actividades económicas no relacionadas con los recursos rurales, y Neto et al. (2014) reconocen la importancia de contar con actores locales a nivel local para incrementar la Introducción 55 efectividad y eficiencia de las estrategias de desarrollo. Olfert y Partridge (2010) alertan sobre la necesidad de políticas de desarrollo rural bien diseñadas y basadas en el lugar, no impulsadas por modas como los empleos verdes o los productos ecológicos que generalmente se emplean como un medio para lograr los objetivos nacionales. Las ER podrían verse como este tipo de modas, y la integración de las ER en las economías rurales y sus impactos positivos son muy controvertidos (Kulcsar et al., 2016; Munday et al., 2011; Slee, 2015). Del Río y Burguillo (2009) sugieren que los beneficios socioeconómicos de las ER dependen de características socioeconómicas específicas de los territorios (estructura productiva, relaciones entre actores, involucramiento de actores locales), mientras que Katsaprakakis y Christakis (2016) consideran que se maximizarían si los desarrollos de ER se combinan con la protección de las comunidades locales y la participación de inversores locales y organizaciones públicas. Sorprendentemente, las zonas rurales no han sido consideradas tradicionalmente en la planificación energética (Poggi et al., 2020), y en los planes de cambio climático de muchas regiones europeas la referencia a las zonas rurales se relaciona principalmente con los sectores primarios de la economía (Markantoni y Woolvin, 2013), sin tener en cuenta el papel potencial de la ER como motor de un DRS. A pesar de reconocer que las ER pueden ser cruciales para el DRS (OECD, 2012), una auditoría reciente de la UE concluye que sus sinergias siguen sin realizarse en su mayoría (ECA, 2018). Clausen y Rudolph (2020) señalan que los fundamentos políticos de la planificación y el desarrollo de las instalaciones de ER están motivados principalmente por la descarbonización del sector energético, en lugar de responder a las ambiciones del DRS. Katsaprakakis y Christakis (2016) muestran como la falta de un diseño estratégico en el marco legislativo griego de las ER y su interpretación distorsionada han llevado a un desarrollo anárquico de las ER. Por lo tanto, se necesitan políticas mejores, más equilibradas e integradas para fomentar una contribución sustancial del emprendimiento y las ER al DRS. Se reconoce así la importancia de impulsar el emprendimiento rural para contrarrestar la pérdida de población y la consiguiente descapitalización de las zonas rurales. Haciéndose necesario identificar y apoyar las distintas oportunidades de emprendimiento rural sostenible encaminadas a aprovechar el potencial (energético, agrícola, forestal y ganadero) de estas áreas para crear valor económico, social y ambiental. Las ER juegan también un papel transversal esencial en este sentido, pues pueden constituir una fuente de oportunidades de emprendimiento, a la vez que facilitan el desarrollo de actividades económicas en otros sectores no vinculados al sector energético. Son, además, fundamentales en el logro de un desarrollo sostenible. Si reconocemos que las ER y el emprendimiento rural pueden jugar un papel importante para el logro de un desarrollo sostenible en general, y de los entornos rurales en particular, resulta necesario analizar hasta qué punto en la actualidad ambos conceptos van de la mano en las políticas de desarrollo rural que se aplican en distintos territorios, con especial atención al caso de Galicia, y qué se puede hacer para potenciar o mejorar su contribución al desarrollo sostenible de las zonas rurales, considerando la posibilidad de que existan importantes sinergias entre ellos. Así, las ER pueden favorecer la actividad económica en las zonas rurales, y a su vez su viabilidad económica puede verse beneficiada con la creación de demanda local para el consumo eléctrico. Nos encontramos con que, ni en las políticas gubernamentales ni en la literatura académica se constata que se haya prestado mucha atención al papel que el binomio ER – emprendimiento rural puede jugar en el logro de un DRS. Una excepción es Graziano et al. (2017), que propone para el contexto escocés un nuevo paradigma bajo el cual promover la expansión de las ER, en particular la marina. Este nuevo paradigma prevé la aplicación de un apoyo institucional estable VANESSA MIRAMONTES VIÑA 56 para vincular el suministro de energía a la demanda local de energía para el desarrollo económico y social sostenible. Las CER son un elemento clave en la gestión integral del potencial emprendedor y de aprovechamiento de ER en las zonas rurales y están recibiendo una creciente atención en la literatura académica. Responden a la posibilidad/necesidad de crear nuevos modelos de negocio para una transición energética sostenible y un DRS (Graziano et al., 2017), y pueden verse como una forma de emprendimiento social (Becker et al., 2017). En general, las iniciativas comunitarias pueden proporcionar un marco apropiado para un desarrollo rural endógeno impulsado por procesos de “abajo a arriba” (bottom-up). Steiner y Atterton (2015) creen que es más probable que los emprendedores rurales tengan una orientación social que los urbanos, lo que ha contribuido al crecimiento de las empresas gestionadas por comunidades. Pero las empresas rurales de base comunitaria han recibido una atención limitada en investigaciones anteriores (Valchovska y Watts, 2016). Además de las CER, Meijer (2019) reconoce que las iniciativas comunitarias también pueden contribuir al desarrollo rural a través de acciones en otros campos (centros comunitarios, instalaciones deportivas, jardines comunitarios, rutas recreativas, renovación del patrimonio local, toma del control de escuelas rurales o enlaces de transporte público, o desarrollo de actividades para atraer turismo). MARCO INSTITUCIONAL DEL DESARROLLO RURAL EN GALICIA En Galicia, el declive demográfico que sufre el rural, como consecuencia de la pérdida que experimentaron las zonas rurales en el sector agrícola, los flujos migratorios rural-urbano y el saldo vegetativo negativo (Pose et al., 2020), hacen que el gobierno gallego haya desarrollado diversas estrategias y programas de desarrollo para ayudar a superar las perspectivas de pérdida poblacional (Programa de Desarrollo Rural 2014-2020 (PDR); Axencia Galega de Desenvolvemento Rural (AGADER); Fondo Galego de Garantía Agraria (FOGGA)), con el fin de lograr una política más coherente y eficaz que garantice el futuro del medio rural y contribuya al mantenimiento y la creación de empleo (Xunta de Galicia, 2014). La política de desarrollo rural tiene en cuenta el elevado peso económico y social del sector agrario en el conjunto de la economía gallega, así como la dependencia de la actividad agraria en una amplia parte del espacio rural. Por lo que alcanzar los objetivos del desarrollo rural, pasa por reforzar el sector agrario y forestal, así como mejorar la competitividad de las zonas rurales, al tiempo que se incentiva un modelo de producción diversificado y respetuoso con el medio ambiente (Xunta de Galicia, 2020c). Una recomendación clave es la necesidad de fortalecer una docena de pequeñas aldeas de 7.000 a 40.000 habitantes, a través, de cuatro estrategias: la cooperación entre municipios estrechamente relacionados entre sí mediante la integración de sus mercados de trabajo y servicios; el fortalecimiento de la estructura productiva; la mejora de la calidad y la variedad de las posibilidades educativas, comerciales y de ocio; la articulación de la red de comunicaciones y la mejora de la movilidad y la cohesión de los territorios (López-Iglesias et al., 2018). El PDR de Galicia establece como objetivos fundamentales: fomentar la competitividad de la agricultura gallega mediante la modernización de las explotaciones agrícolas y forestales; la incorporación de agricultores jóvenes en explotaciones orientadas al mercado y con capacidades de diversificar la economía; la ordenación del territorio; la mejora de la productividad de la industria agroalimentaria y forestal promoviendo la producción de alto valor añadido; conservar Introducción 57 y revalorizar el patrimonio natural de Galicia, promoviendo la gestión sostenible de los recursos naturales y la lucha contra el cambio climático; y mejorar la calidad de vida de la población rural fomentando la prestación de servicios básicos que ayuden a la fijación de población en el medio rural, la creación de empleo y la reducción del riesgo de pobreza (Xunta de Galicia, 2014). La aplicación del PDR de Galicia contribuye así a las seis prioridades del desarrollo rural de la UE teniendo en cuenta los objetivos transversales de innovación, medio ambiente, mitigación del cambio climático y adaptación al mismo (Xunta de Galicia, 2020d). Para implementar el PDR de Galicia se desarrollaron distintos programas. El programa LEADER (Liaison Entre Actions de Développment de l’Économie Rurale, que significa “vínculos entre acciones de desarrollo de la economía rural”), estuvo vigente desde 2007 hasta 2014, cuando evolucionó hacia el concepto de “Desarrollo Local Participativo” (DLP) (Xunta de Galicia, 2020d). El DLP se basa también en un enfoque “de abajo a arriba”, en donde las políticas o estrategias a aplicar serán más efectivas y eficaces si se deciden y ponen en práctica por los propios interesados, garantizando que se adecúen en la mayor medida a las necesidades de las poblaciones a las que van destinadas. Para ello es necesario contar con agentes socioeconómicos que se organicen en territorios y subregiones especificas, constituyéndose como asociaciones público-privadas, denominadas Grupos de Acción Local o Grupos de Desarrollo Rural en Galicia (Xunta de Galicia, 2020d). Estos grupos de apoyo se enmarcan dentro la estrategia de inclusión social y desarrollo local en las zonas rurales del PDR (Xunta de Galicia, 2014). Es también destacable el papel de diversos organismos públicos creados para estimular las economías rurales. La Agencia Gallega de Desarrollo Rural (AGADER) fue creada con el fin de promover y coordinar del desarrollo rural en Galicia, mejorando las condiciones de vida y contribuyendo a frenar la despoblación del territorio rural gallego (Xunta de Galicia, 2020a). El Fondo Gallego de Garantía Agraria (FOGGA), por su parte, es el organismo encargado de gestionar las medidas derivadas de la Política Agraria Común (PAC) a través de estrategias para el futuro a largo plazo de la agricultura y las zonas rurales, con los siguientes objetivos estratégicos: preservar el potencial de producción alimentaria sostenible en todo el territorio de la UE; apoyar a las comunidades agrícolas; y mantener comunidades agrícolas viables, en las que la agricultura es una actividad económica importante creadora de empleo local, que produce múltiples beneficios económicos, sociales, medioambientales y territoriales (Comisión Europea, 2010). SITUACIÓN DEL EMPRENDIMIENTO RURAL EN GALICIA La principal fuente de información y análisis sobre la situación del emprendimiento en el mundo es el proyecto GEM (Global Entrepreneurship Monitor). En su vertiente española, anualmente se publican informes relacionados tanto con el conjunto nacional como con el contexto específico de cada comunidad autónoma. Uno de los principales indicadores derivados de este proyecto es el de la Tasa de Actividad Emprendedora (TEA, por sus siglas en inglés), que mide todas las iniciativas emprendedoras de menos de tres años y medio que existen en un mercado. El informe GEM España correspondiente al ejercicio 2018 (GEM, 2019) muestra un aumento de la TEA desde el 6,2% en 2017 al 6,4% en 2018 (ver Figura 29 en Anexo I), por debajo de la media Europea (8,7%), pero por encima de economías como la de Italia (4,2%) o Alemania (5%). En la misma línea, crecen las expectativas de generación de empleo entre los emprendedores. No obstante, todas las cifras relacionadas con la calidad e impacto de la VANESSA MIRAMONTES VIÑA 64 energía total generada por fuentes de ER. En relación con Galicia, nos encontramos que la generación a partir de energía fotovoltaica fue 18.515 MWh, lo que viene representando el 0,10% de la generación renovable (Ver Figura 43 en Anexo II) (REE, 2020). Se espera que el potencial de energía fotovoltaica se incremente en unos 4 GW durante la segunda mitad del 2019 debido a la subasta de proyectos fotovoltaicos realizados en el año 2017 (UNEF, 2020). La energía fotovoltaica continúa en 2018 como la tercera fuente con mayor peso en el mix renovable a nivel España. El mapa de Comunidades Autónomas de 2018 nos muestra cómo, en términos de potencia instalada, Castilla – La Mancha y Andalucía siguen siendo los principales lugares de instalación de la tecnología fotovoltaica (UNEF, 2020). Sin embargo, podemos destacar que Galicia, situada en el noroeste de la Península Ibérica y a pesar de no tener valores de radiación particularmente altos, muestra una eficiencia superior a otras regiones con mayor exposición a la radiación (Maimó-Far et al., 2020). De acuerdo con el Registro de Productores de Energía Eléctrica, podemos encontrar en Galicia un total de 701 instalaciones en funcionamiento (UNEF, 2020). Continuando con otras de las tecnologías renovables, encontramos a la biomasa como una fuente de energía limpia y renovable que puede sustituir a los combustibles fósiles convencionales en el mercado de la energía. Se entiende por biomasa toda materia orgánica susceptible de ser transformada en bioenergía o bioproductos, pudiendo ser de origen agrícola, forestal, ganadero o proceder de industrias asociadas a estos sectores (Gregorio, 2020). Está considerada como el tercer recurso energético utilizado después del petróleo y el carbón, y puede contribuir de manera significativa a la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero cuando se produce de manera sostenible y se utiliza de manera eficiente (Pardo et al., 2020; Rico et al., 2020). España es una potencia europea en recursos biomásicos, en concreto, es el tercer país europeo por recursos absolutos de biomasa forestal, solo por detrás de Suecia y Finlandia, y el séptimo en términos per cápita. Cuenta con una superficie forestal de 27.664.674 hectáreas (57% del total de la superficie) y es el país de Europa con mayor incremento de bosques, con un ritmo de crecimiento anual del 2,2%, muy superior a la media de la Unión Europea que es del 0,51% (Gregorio, 2020). De hecho, el potencial de biomasa disponible en España asciende a 34 millones de toneladas al año, y la región de Galicia representa casi el 40%, con 13,7 millones de toneladas al año (Pardo et al., 2020). Pese a esta situación tan ventajosa, España se encuentra a la cola en el ranking europeo por aprovechamiento de los recursos forestales y agroganaderos en la generación de energía eléctrica, térmica, biogás/biometano y valorización de la fracción orgánica de los residuos municipales (Gregorio, 2020). En lo que respecta a la generación eléctrica, en España existe una capacidad a partir de biomasa equivalente a 518 MW de biomasa sólida, 224 de biogás y 290 MW de residuos renovables, lo que representaría un total de 1032 MW (Gregorio, 2020). Específicamente para el caso gallego nos encontramos con que la potencia eléctrica de biomasa es de 88 MW (INEGA, 2019). En el Anexo II ofrecemos en detalle la potencia instalada de ER en función de la diferentes tecnologías y mostrando la posición de Galicia frente a España (Figura 44), así como las potencias instaladas para las diferentes provincias (Tabla 31). Se incluye también esta información para otras tecnologías como la hidráulica, la minihidráulica, y la solar térmica, entre otras. CAPÍTULO 1 ANTECEDENTES DEL EMPRENDIMIENTO Y LAS ENERGÍAS RENOVABLES EN EL ÁMBITO RURAL DE PAÍSES DESARROLLADOS Capítulo 1. Antecedentes del emprendimiento y las ER en el ámbito rural de países desarrollados 67 1.1 INTRODUCCIÓN El logro de un DRS en las zonas rurales de países desarrollados se enfrenta como uno de sus principales retos a la necesidad de combatir la pérdida de población. Este gran reto de la despoblación se ve alimentado, además de por el descenso en los nacimientos, por la migración hacia las ciudades (Stockdale, 2006) que, en su base, se deriva de las dificultades para generar actividad económica y empleo en las zonas rurales (problemas de competitividad, bajo poder de negociación con el sector industrial y la cadena de distribución, o la lejanía de los focos de generación de conocimiento e innovación, entre otros). Las zonas rurales precisan, por tanto, la revitalización de su actividad económica, que puede conseguirse a través del fomento del emprendimiento. A su vez, el desarrollo de actividad económica y la capacidad de fijar población dependen del acceso y explotación sostenible de la energía, particularmente a través de las ER. Los sectores tradicionalmente vinculados a las zonas rurales (agrícola, forestal y ganadero), que siguen constituyendo sectores esenciales para el desarrollo socioeconómico y la conservación de la biodiversidad, atesoran un gran potencial para la explotación de recursos renovables para la generación de energía (Hain et al., 2005). Las CER en las zonas rurales podrían suponer un elemento clave en el logro de un DRS. La transición energética actual puede ofrecer nuevas oportunidades de desarrollo para las zonas rurales, por su abundancia de fuentes de ER (sol, viento, agua, biomasa) y la disponibilidad de tierras (Magnani et al., 2017; von Bock und Polach et al., 2015). Como han destacado Kitchen y Marsden (2009) y von Bock und Polach et al. (2015), las zonas rurales son escenarios transcendentales para promover un modelo de desarrollo local que tiene a la ER como uno de sus principales pilares. Esto es especialmente cierto cuando se ponen en práctica formas descentralizadas de producción y gestión de ER basadas en la comunidad. De hecho, en muchos países las zonas rurales son el lugar idóneo para el surgimiento de las denominadas CER (Magnani et al., 2017). Las CER se caracterizan por presentar diversos grados de participación pública en el desarrollo de proyectos y por la intención de brindar diversos beneficios a la comunidad (Marinakis et al., 2015; Rogers et al., 2012; Walker y Devine-Wright, 2008), atrayendo su atención como respuesta parcial al deterioro de las condiciones económicas, sociales y ambientales de las comunidades rurales (Bere et al., 2017; Dombi et al., 2014). Walker y Devine-Wright (2008) destacan que la forma que puede adoptar un proyecto de CER varía desde el punto de vista financiero, organizativo y jurídico, pudiendo incluir cooperativas de energía que sean propietarias de las infraestructuras energéticas, o la copropiedad y cogestión de los proyectos por parte de comunidades locales, empresas y el gobierno local (Boon y Dieperink, 2014; Karlsson et al., 2017; Wüste y Schmuck, 2012). En su desarrollo pueden también surgir escollos, como la aceptación por parte de los residentes rurales de las externalidades, por ejemplo, los ruidos o impactos ambientales (Bergmann et al., 2008; Kalkbrenner y Roosen, 2016; Kaygusuz, 2007; Rizzo, 2017); la incertidumbre causada por los frecuentes cambios en el marco jurídico, en particular respecto a las subvenciones (Jordao, 2010; Karlsson et al., 2017); la desigualdad en la distribución de los beneficios (del Rio y Burguillo, 2008; Jordao, 2010; Rogers et al., 2008); la transformación de los paisajes (Bergmann et al., 2008; Janhunen et al., 2014; Wang et al., 2009); y otros factores críticos desde el punto de vista social, político, económico y natural (von Bock und Polach et al., 2015). VANESSA MIRAMONTES VIÑA 68 El desarrollo de una CER se ha vinculado a distintos tipos de factores, pero no se ha llevado a cabo hasta la fecha un proceso sistemático de identificación de todos los factores que podrían resultan determinantes para el desarrollo de proyectos CER. Sin embargo, existe un nutrido cuerpo de literatura académica que ha estudiado los factores determinantes tanto del emprendimiento como de las ER en el contexto rural de países desarrollados. Entendiendo que en las CER confluyen tanto una vertiente emprendedora como una vertiente relacionada con el aprovechamiento de las ER, el análisis de esta literatura previa puede ampliar el conjunto de factores que pueden resultar significativos en su expansión en las zonas rurales de países desarrollados y contribuir al logro de un DRS, que podríamos definir como la búsqueda de una mejor calidad de vida para las generaciones actuales y futuras en las áreas rurales. En una primera aproximación, los factores condicionantes del emprendimiento, las ER y las CER en las zonas rurales pueden clasificarse en torno a dos grandes categorías (Magnani et al., 2017; Martinat y Tureckova, 2016). Por un lado, se encuentran los factores relacionados con las personas comprometidas con el proyecto, referidos a sus aptitudes y a la posesión de información para implicarse en su desarrollo, así como la posesión de capital económico, confianza y redes de apoyo (Álvarez et al., 2012; Doh et al., 2017; Gretzinger et al., 2018; Sánchez-Oro Sánchez y Fernández Sánchez, 2017; Seyfang et al., 2013). Por otro lado, se encontrarían los factores relacionados con las instituciones locales, tanto formales como informales (Álvarez et al., 2012; Doh et al., 2017; Gretzinger et al., 2018; Magnani et al., 2017; Schreuer y Weismeier-Sammer, 2010; Wirth, 2014). Se ha señalado también la necesidad de tener en cuenta la influencia del espacio y el lugar (Devine-Wright, 2011; Magnani et al., 2017; Neal, 2013), los recursos e infraestructuras (Ferreira et al., 2016; Krakowiak-Bal, Ziemianczyk, y Wozniak, 2017; Lafuente et al., 2010), las redes de conocimiento (Reidolf, 2016), y la propia “ruralidad” (Lee y Cowling, 2014; Pato y Teixeira, 2016), entre otros. Con el objetivo de profundizar más en la determinación de los factores condicionantes del desarrollo de proyectos CER en las zonas rurales, en este capítulo realizamos una revisión sistemática de literatura sobre el emprendimiento y las ER en el ámbito rural de países desarrollados. En base a esta revisión de la literatura, identificamos diversos factores condicionantes del desarrollo de CER organizados en torno a cinco formas de capital (económico, humano, social, natural y físico). Además, reconocemos que todos estos capitales y factores están interrelacionados y realizamos un esfuerzo para representar dichas interrelaciones a través de diagramas de ciclo causal. El resto del capítulo se compone de los siguientes apartados: en el apartado 2 se presenta una explicación detallada de la metodología utilizada para la revisión sistemática de la literatura; en el apartado 3 se desarrolla una clasificación de los factores condicionantes para el desarrollo de las ER y el emprendimiento rural para los cinco grupos de capital indicados; en el apartado 4 revisamos las interrelaciones entre capitales y factores; finalmente, extraemos las principales conclusiones del capítulo. 1.2 REVISIÓN SISTEMÁTICA DE LA LITERATURA Explicamos en este apartado el diseño metodológico para realizar la revisión sistemática de la literatura sobre los factores condicionantes de las ER y el emprendimiento en las zonas rurales de países desarrollados, y realizamos un análisis descriptivo de las muestras de artículos seleccionados en cada búsqueda (ER y emprendimiento). Capítulo 1. Antecedentes del emprendimiento y las ER en el ámbito rural de países desarrollados 69 1.2.1 Metodología La metodología que adoptamos es una revisión sistemática de la literatura (Annarelli et al., 2016; Pato y Teixeira, 2016; Reim et al., 2015). Según Cook et al. (1997), la revisión sistemática de literatura difiere de las revisiones tradicionales al utilizar un proceso replicable, científico y transparente. La utilización de este enfoque persigue el objetivo de minimizar los sesgos (es decir, el error sistemático), reducir los efectos al azar y aumentar la legitimidad del análisis de los datos (Annarelli et al., 2016). Todos estos beneficios dan lugar a resultados más fiables que constituyen la base para poder sacar conclusiones (Reim et al., 2015). En marzo de 2018 se realizó la búsqueda de literatura académica sobre las ER y el emprendimiento en el ámbito rural para identificar los factores condicionantes de su desarrollo. Limitamos esta revisión a países desarrollados, dentro de la clasificación de “economías de altos ingresos” o ‘high income economies’ del Banco Mundial (World Bank, 2020), ya que nuestro estudio se centra en Galicia, España, por lo que no tendría sentido realizar comparaciones sobre factores condicionantes con países que no se encuentren dentro de la misma clasificación. La revisión sistemática de literatura consistió en los siguientes pasos: en primer lugar, la selección de la base de datos; en segundo lugar, la identificación de las palabras clave para realizar la búsqueda; como un tercer paso, se hizo un filtrado en base a título y resumen de todos los artículos obtenidos inicialmente, para seleccionar solo aquellos correspondientes a países desarrollados según la clasificación del Banco Mundial; en cuarto lugar, se procedió a la revisión del contenido de los artículos a través de su lectura para determinar su encaje con el objetivo perseguido (identificación de factores condicionantes); como quinto paso, se consultó otra literatura de referencia sobre la temática general de las ER y el emprendimiento rural procedente de la lectura principal de los artículos seleccionados en el revisión de literatura (snowballling); y por último, ser realizó un agrupamiento de los artículos de la revisión en base a los criterios de clasificación propuestos en la investigación. La Figura 3 nos muestra un esquema del procedimiento desarrollado en esta revisión sistemática de literatura, y los siguientes subapartados explican con detalle los criterios considerados para la elección de la base de datos, la identificación de las palabras clave y la delimitación de los criterios para la clasificación de los artículos seleccionados. VANESSA MIRAMONTES VIÑA 70 Figura 3 - Esquema del procedimiento de la Revisión Sistemática de Literatura 1.2.1.1 Bases de Datos Pato y Teixeira (2016) explican las tres fuentes principales de bases de datos en los estudios de revisiones sistemáticas de literatura: Web of Science (WoS), Google Scholar (GS) y Scopus. La WoS es la base de datos con citas más antiguas, además de contar con las revistas académicas más prestigiosas. Por su parte GS y Scopus son bases de datos más recientes (creadas en 2004). Para poder definir cuál usar, encontramos que Adriaanse y Rensleigh (2013) indican que Scopus se comporta mejor que WoS y GS en lo que respecta a inconsistencias relacionadas con títulos y número de volúmenes incorrectos. Comparando las debilidades y fortalezas de las tres bases de datos, plantean que GS, aun cuando permite recuperar más información, presentan errores en lo relacionado con citas inadecuadas y está frecuentemente menos actualizada. Por su parte, Scopus abarca una gama más amplia de revistas y artículos que WoS (Pato y Teixeira, 2016). Centrándonos en las ciencias sociales, encontramos que Norris y Oppenheim (2007) indican que cuando se tienen en cuenta los aspectos relacionados con la funcionalidad, los registros y la cobertura, Scopus tiene una ventaja significativa sobre WoS y GS. En base a lo planteado previamente por los diferentes investigadores, decidimos utilizar Scopus como base de datos para la revisión sistemática de literatura, ya que es una base de datos multidisciplinar que garantiza cubrir un amplio abanico de revistas en diferentes áreas de conocimiento, debido a que los temas a analizar en nuestra revisión se relacionan con muy 6. Clasificación de los artículos de la revisión sistemática de literatura 5. Literatura de referencia Lectura de artículos recuperados del análisis de citas 4. Lectura de los artículos Revisión del contenido a través de la lectura completa de los artículos 3. Títulos y resúmenes Filtrado de los artículos por la lectura de títulos y resúmenes 2. Palabras claves Identificación de las palabras claves para la búsqueda sistemática de literatura 1. Base de datos Selección de la base de datos Capítulo 1. Antecedentes del emprendimiento y las ER en el ámbito rural de países desarrollados 71 diversos ámbitos de estudio. Centramos la búsqueda solo en los artículos y revisiones de revistas. 1.2.1.2 Identificación de las palabras clave El enfoque principal es recopilar la literatura relacionada con las ER y el emprendimiento rural. Para ello, las palabras claves para realizar la búsqueda fueron “rural AND renewable energy” y “rural AND entrepreneurship”, ya que solo se busca bibliografía que de forma explícita se enmarque en el ámbito rural para estas dos temáticas. Con el objetivo de perfilar lo mejor posible la búsqueda de literatura y evitar el posible sesgo, realizamos la búsqueda incluyendo términos equivalentes para cada concepto: - Rural OR farm OR woodland OR village. - “Renewable energy” OR “sustainable energy” OR “community energy” OR microgrids OR minigrids OR “small grids” OR “distributed energy”. - Entrepreneurship OR entrepreneurs OR “new business” OR “new firms” OR “new ventures” OR spinoffs OR “young firms” OR self-employment. Luego de comprobar los resultados obtenidos en las búsquedas de Scopus con las combinaciones de los diferentes términos equivalentes, consideramos las cadenas de palabras mostradas en la Tabla 1 como las definitivas para la revisión sistemática de literatura. Tabla 1 - Términos de búsqueda incluidos y/o excluidos en Scopus Términos de búsqueda ER “woodland” OR “village” OR “rural” AND “Renewable energy” OR “sustainable energy” OR “community energy” OR “microgrids” OR “minigrids” OR “small grids” OR “distributed energy” Emprendimiento Rural “woodland” OR “village” OR “rural” AND “new business” OR “new firms” OR “new ventures” OR “entrepreneurship” OR “entrepreneur” OR “business creation” OR “self-employment” OR “young firm” OR “spinoff” La búsqueda cubrió todos los años hasta el momento de realización de la misma, es decir, marzo de 2018, seleccionando solo artículos o reseñas indexadas en Scopus. Pato y Teixeira (2016) nos advierten acerca de las limitaciones de los análisis de revisión sistemática con respecto a las palabras clave elegidas, en donde es prácticamente imposible con sólo algunas palabras clave abarcar todo el contenido objeto de análisis. Sin embargo, sirven para captar los principales artículos científicos publicados en un área determinada de estudio. 1.2.1.3 Clasificación de los artículos Exportamos todos los artículos que nos devolvió la búsqueda en Scopus a una hoja Excel, y creamos una nueva base de datos con los siguientes campos: nombre del autor, título del artículo, año de publicación, revista, DOI y resumen. En la primera etapa del proceso de clasificación, leímos todos los títulos y resúmenes y seleccionamos sólo aquellos que efectivamente se encuadraban dentro de la clasificación del Banco Mundial para los países desarrollados en el contexto rural. En la segunda etapa, descargamos aquellos que habíamos clasificado como países desarrollados o que relacionaban conceptos que nos interesaban pero que no se contextualizaban de forma explícita en ningún ámbito de los plateados inicialmente. Leímos y VANESSA MIRAMONTES VIÑA 72 clasificamos cada uno de ellos según varias dimensiones, siguiendo la clasificación de Pato y Teixeira (2016): tema principal, metodología de investigación, año de publicación, países de análisis y fuente de publicación. En cuanto a los temas principales, y siguiendo la clasificación planteada anteriormente de ER o emprendimiento rural, los artículos se clasificaron de la siguiente manera. El tema principal para el apartado de las ER estuvo relacionado con el tipo de ER que se consideraba en el artículo, es decir, eólica, solar, biomasa, general o sin especificar. En lo relacionado con el emprendimiento rural se distinguió entre iniciativas empresariales del tipo agrícola, no-agrícola o ambas (minería, manufactura, servicios públicos, construcción, comercio, transporte, servicios financieros, personales y gubernamentales, entre otros). Con el fin de identificar el tipo de artículo según el método principal de investigación, siguiendo las contribuciones de Yadav (2010), Teixeira (2011) y Pato y Teixeira (2016), los artículos se dividieron en cuatro categorías: conceptual; apreciativo o discursivo; y empírico. Los artículos clasificados como conceptuales se centran principalmente en el desarrollo de teorías y no presentan datos o análisis para comprobar dichas teorías. Los artículos clasificados como apreciativos o discursivos se corresponden con apreciaciones, artículos críticos y juicios. Los artículos clasificados como empíricos se refieren exclusivamente al trabajo con datos, es decir, a la utilización de análisis econométricos o estadísticos. Los artículos empíricos, según lo explicado por Teixeira (2011) y Pato y Teixeira (2016), se clasificaron de acuerdo a las principales metodologías empíricas utilizadas: análisis descriptivo y exploratorio, modelos multivariantes, análisis cualitativo y encuesta. Los análisis exploratorios y descriptivos proporcionan procedimientos numéricos y gráficos para resumir un conjunto de datos de manera clara y comprensible. Los modelos multivariantes se ocupan de comprender los diferentes objetivos y antecedentes de cada una de las diferentes formas de análisis multivariante y la forma en que se relacionan entre sí. Incluyen el análisis de regresión, el análisis factorial y el análisis de conglomerados. Por último, el análisis cualitativo suele incluir estudios de casos y estudios etnográficos o narrativos. Finalmente, con el fin de identificar las principales fuentes de publicación, países más relevantes y años en que se realizaron las publicaciones, se realiza una clasificación con base a estos tres criterios. 1.2.2 Revisión sistemática de la literatura sobre los factores condicionantes de las energías renovables en el contexto rural de países desarrollados La literatura académica relacionada con las ER refleja una intensa actividad en años recientes, asociada a la aceleración experimentada por el desarrollo de las ER como consecuencia de los elevados costes de los combustibles fósiles. La acuciante crisis del modelo energético mundial, y la responsabilidad y la conciencia ecológica, están obligando a las industrias energéticas a avanzar hacia el desarrollo de fuentes de ER (Shamsuzzoha et al., 2012). Con el objetivo de identificar cuáles son los principales factores que influyen en el desarrollo de las ER, específicamente en las áreas rurales de países desarrollados, realizamos una revisión sistemática de literatura en Scopus empleando la cadena de palabras reflejada en la Tabla 1. La Figura 4 nos permite observar cómo se estructuró el proceso de selección de artículos que nos permitieron definir los factores que intervienen en el desarrollo de proyectos de ER en las áreas rurales. Capítulo 1. Antecedentes del emprendimiento y las ER en el ámbito rural de países desarrollados 73 Figura 4 - Procedimiento para la selección de artículos de la búsqueda sistemática de literatura para las ER Una vez realizada la búsqueda en la base de datos de Scopus siguiendo los términos de búsqueda propuestos en la Tabla 1, encontramos un total de 2.036 artículos que seguían nuestro criterio de búsqueda. Una primera selección basada en la lectura del título y el resumen nos llevó a un conjunto de 231 artículos, que se convirtieron en 58 tras una segunda selección basada en el análisis del texto completo; luego, empleando el análisis de citas, recuperamos otros 29 artículos, logrando un conjunto final de 87 artículos relacionados con las ER en el entorno rural para los países con altos ingresos según la clasificación del Banco Mundial. El conjunto de los 87 artículos abarca un período de tiempo entre 1995 y 2018, siendo el artículo más antiguo el de Tyler y Degoey (1995), y el artículo más reciente el publicado por Artículos recuperados a través de la búsqueda en la base de datos Total = 2036 Artículos seleccionados Total = 231 Artículos seleccionados Total = 58 Conjunto final de artículos Total = 87 Rechazados en base a título y resumen Total = 1805 Rechazados en base al análisis del texto completo Total = 173 Artículos recuperados a través del análisis de citas Total = 29 VANESSA MIRAMONTES VIÑA 80 Tabla 3 - Revistas con dos o más artículos publicados sobre emprendimiento rural Revistas Área Temática Nº International Journal of Entrepreneurial Behavior & Research Dinámica humana y social de la iniciativa emprendedora; Educación emprendedora; Gestión y transición en empresas más pequeñas, entre otras 7 Journal of Rural Studies Sociedades rurales actuales; Geografía rural; Economía agrícola 7 Regional Studies Políticas en el campo de los estudios regionales y la ciencia regional 5 Entrepreneurship and Regional Development Desarrollo económico; espíritu emprendedor y pequeña empresa; geografía científica y economía regional. 4 International Journal of Entrepreneurship and Small Business Política gubernamental sobre emprendimiento, autoempleo de los inmigrantes, género y emprendimiento, educación empresarial, iniciativa empresarial familiar. 4 International Journal of Entrepreneurship and Innovation Nuevas formas de organización, iniciativas emprendedoras, educación empresarial, financiación en la empresa 3 Journal of Small Business and Enterprise Development I Investigación sobre PYMES, iniciativa emprendedora y empresas familiares, financiación de las PYMES y capital riesgo. 3 Journal of Enterprising Communities: People and Places in the Global Economy Estudios de Desarrollo; estudios de creación de empresas y emprendimiento 2 European Journal of Innovation Management Gestión de la innovación en nuevos contextos. 2 Sociologia Ruralis Aspectos sociales, políticos y culturales del desarrollo rural. 2 Rural Society Ecología, medio ambiente y sostenibilidad, gobiernos, gestión de recursos naturales. 2 Economic Development Quaterly Estudios urbanos, planificación, desarrollo y economía 2 Otras revistas 45 Figura 11 - Metodología más utilizada en las publicaciones sobre emprendimiento rural 10% 7% 33% 50% Apreciativa o Discursiva Empírica - Análisis descriptivo Empírico - Multivariante Empírica - Encuesta Capítulo 1. Antecedentes del emprendimiento y las ER en el ámbito rural de países desarrollados 81 La Figura 11 presenta la metodología de las publicaciones que fueron seleccionadas. La investigación empírica representa la gran mayoría de los trabajos analizados: el 50% de los artículos leídos realiza una investigación metodológica basada en encuestas o cuestionarios; seguido del 33% que realiza un análisis multivariante; y por último para la investigación empírica, tenemos que el 7% realiza un análisis descriptivo. Además de la investigación empírica nos encontramos con artículos que desarrollan apreciaciones, críticas y juicios sobre la temática y que representan un 10% del total de publicaciones seleccionadas. Los artículos seleccionados los clasificamos dentro de tres grandes bloques de acuerdo a su actividad empresarial desarrollada: agrícola, no-agrícola y ambas actividades, refiriéndonos en esta última categoría a aquellos artículos que hablan de actividades agrícolas y no-agrícolas al mismo tiempo, por ejemplo, las actividades turísticas como una actividad secundaria para una explotación agraria (Müller y Korsgaard, 2018). Podemos observar que un alto porcentaje de los artículos (59%) abordan las actividades empresariales que no están relacionadas con el sector agrícola, por ejemplo, turismo (Doh et al., 2017; Iversen y Jacobsen, 2016; Reidolf, 2016), o TIC (Price Schultz y Jones, 2017; Sánchez-Oro Sánchez y Fernández Sánchez, 2017), entre otras. Seguido de aquellas publicaciones cuya temática es tanto las actividades agrícolas como las no agrícolas con un 29%. Por su parte, los artículos relacionados solo con actividades empresariales del tipo agrícola representan el 7,5% del total de las publicaciones seleccionadas (Figura 12). Figura 12 - Clasificación de las actividades empresariales recuperadas en los artículos seleccionados 010 20 30 40 50 60 Agricola No agricola Agricola y No agricola VANESSA MIRAMONTES VIÑA 82 Por último, en la Figura 13 podemos observar cuáles son los países con más investigaciones en temas relacionados con el emprendimiento rural. Entre los países con más artículos relacionados con el emprendimiento rural encontramos Reino Unido, con un total de 12 artículos, es decir, el 12,7% aproximadamente del total de publicaciones seleccionadas; seguido de Estados Unidos, con 11 publicaciones (10,1%); para el caso de España hemos seleccionado 8 artículos del total, un 7,6%; también encontramos artículos que consideran a más de un país para sus investigaciones, que representan 15 artículos del total, es decir un 15,18%. Adicionalmente podemos observar que existen publicaciones sobre otros países dentro de la clasificación del Banco Mundial, como es el caso de Australia, Austria, Canadá, Dinamarca, Estonia, Finlandia, Grecia, Holanda, Hungría, Israel, Italia, Japón, Noruega, Nueva Zelanda, Polonia, Portugal, Suecia y Suiza. Figura 13 - Países con investigaciones en temas relacionados con el emprendimiento rural El valor añadido de esta investigación es que nos proporciona una visión completa de la literatura sobre los factores condicionantes en el desarrollo de proyectos de ER y emprendimientos en las zonas rurales, aspectos que se explicarán en los siguientes apartados del capítulo. 0 2 4 6 8 10 12 14 16 Australia Austria Canada Dinamarca España Estados Unidos Estonia Finlandia Generico Grecia Holanda Hungría Israel Italia Japón Noruega Nueva Zelanda Polonia Portugal Reino Unido Suecia Suiza Capítulo 1. Antecedentes del emprendimiento y las ER en el ámbito rural de países desarrollados 83 1.3 FACTORES CONDICIONANTES PARA EL DESARROLLO DE LAS ER Y EL EMPRENDIMIENTO RURAL Una vez explicado el proceso en base al cual se ha identificado la literatura relevante y material para cubrir nuestros objetivos, y revisados los principales aspectos que caracterizan las muestras de artículos seleccionados, realizamos en este apartado una revisión exhaustiva de los mismos describiendo los factores que han destacado como precursores de las ER y el emprendimiento en los contextos rurales de países desarrollados. La literatura existente sobre zonas rurales que desarrollan proyectos de ER se ha centrado principalmente en el norte de Europa (por ejemplo, Alemania (Bamberg et al., 2015; Kalkbrenner y Roosen, 2016; Mattes et al., 2015; Yildiz et al., 2015), Holanda (Boon y Dieperink, 2014; van der Schoor y Scholtens, 2015; Wolsink, 2007), Bélgica (Bauwens, 2016) y el Reino Unido (Rogers et al., 2012; Seyfang et al., 2013; Van Vugt, 2001; Walker et al., 2007; Walker y Devine-Wright, 2008), como también se ha podido observar en la Figura 8 de los países más representativos dentro de la revisión sistemática de literatura realizada; mientras que se ha subrayado que los países de Europa meridional están atrasados en las iniciativas relacionadas con el sector de la energía, más concretamente en las comunidades energéticas rurales. Esto se atribuye generalmente a una menor disponibilidad de ingresos para la inversión, a una menor preocupación por el medio ambiente y a un desarrollo menor de las ER (Magnani et al., 2017). La identificación de los factores que condicionan el desarrollo de los proyectos de ER en comunidades rurales es un requisito previo para fomentar estas iniciativas, y la multiplicidad de criterios que se están desarrollando en este campo de rápido crecimiento demuestran la importancia de un esfuerzo conceptual en este sentido. Tanto para el emprendimiento como para las ER, encontramos en la literatura dos grupos de factores con semejanzas al momento de su clasificación, para el desarrollo del emprendimiento rural: los factores internos (Doh et al., 2017; Lundberg y Fredman, 2012), también definidos por otros autores como factores informales (Álvarez et al., 2012; Sánchez- Oro Sánchez y Fernández Sánchez, 2017) o lazos fuertes (Gretzinger et al., 2018), y entre los que destacan la experiencia previa y habilidades, la capacidad de establecer redes sociales, la motivación, confianza, etc. (Álvarez et al., 2012; Doh et al., 2017; Gretzinger et al., 2018). Y los factores externos (Doh et al., 2017; Lundberg y Fredman, 2012), que Álvarez et al. (2012) definen como factores formales (Sánchez-Oro Sánchez y Fernández Sánchez, 2017) o lazos débiles para Gretzinger et al. (2018), y que son los mencionados con mayor frecuencia en la literatura ya que consideran aspectos como la financiación de los proyectos empresariales, las políticas gubernamentales o la educación y formación en materia de emprendimiento, por ejemplo (Álvarez et al., 2012; Doh et al., 2017; Gretzinger et al., 2018). Estudios alternativos han clasificado estas condiciones previas en torno a diferentes formas de recursos, activos o capitales. Akgün et al. (2011) relacionan el desarrollo rural con el capital rural, como una combinación de capital natural (parte del entorno natural que es capaz de contribuir directa o indirectamente a la satisfacción humana), capital creado por el hombre (las capacidades económicas del entorno físico), capital humano (tamaño de la población en edad de trabajar e inversión en educación y formación de personas) y capital social (trabajo en red, confianza y relaciones dentro de las comunidades). Con respecto al desempeño económico rural, Agarwal et al. (2009) analizan la influencia del capital económico, humano y ambiental, así como factores menos tangibles o "blandos" (cultura, capital social). Preocupados directamente por el emprendimiento rural, Müller y Korsgaard (2018) destacan la importancia de recursos específicos en contextos espaciales específicos: físicos (recursos VANESSA MIRAMONTES VIÑA 84 naturales, materias primas, infraestructura y paisaje), humanos, sociales/comunitarios (alianzas locales profesionales y privadas con la comunidad y otros empresarios de la zona, formando pequeñas redes de negocios informales y cooperativas...), inmateriales (recursos culturales, históricos y patrimoniales como tradiciones, servicios culturales, historia y edificios históricos, leyendas, imágenes y una identidad local distintiva o marca de lugar), financieros, clientes y puntos de venta/mercados (locales y no locales). En relación al emprendimiento comunitario, Borch et al. (2008) reconocen que diferentes tipos de recursos humanos, sociales, físicos y financieros se combinan para constituir emprendimientos comunitarios en los municipios rurales. Garrod et al. (2006) proponen el concepto de capital campestre (countryside capital) para enmarcar los beneficios económicos para las comunidades rurales generados a través de usos sostenibles del medio rural, incluidos los activos naturales, físicos y sociales. Finalmente, en cuanto a la sostenibilidad y aceptación de las ER en zonas rurales, González et al. (2016) los relacionan con el capital social (relaciones y lazos sociales entre los miembros de una comunidad o grupo), el capital humano (habilidades, conocimiento y salud), el capital físico (infraestructura y tecnología a disposición de las comunidades para sustentar sus medios de vida, que determina en qué medida podría aumentar el capital humano y social), el capital natural (calidad del aire y el agua, la tierra y la biodiversidad) y el capital financiero (créditos, entradas regulares de dinero o transferencias del estado, como pensiones). Winkler et al. (2017), por su parte, analizan cómo la adaptabilidad de las ER a un contexto sociocultural local específico en una comunidad rural de Sudáfrica (una economía de ingresos medios altos según el Banco Mundial), depende de la compleja interacción social y los factores institucionales, ambientales, técnicos y económicos. Sobre la base de estas contribuciones, consideramos cinco formas principales de capitales en los territorios rurales: capital natural, capital físico (infraestructuras), capital social (confianza, cooperación, redes, servicios sociales, apego al lugar), capital humano (habilidades, orientación emprendedora, estructura de la población) y capital económico (tasas y calidad de empleo, estructura económica, cambio de población, creación de empresas o recursos financieros). El capital económico está relacionado con los recursos financieros que intervienen y se movilizan para la obtención de beneficios (Agarwal et al., 2009) y engloba numerosos factores que pueden organizarse en torno a dos grandes categorías: demanda y oferta (Verheul et al., 2002). El capital humano hace referencia a las aptitudes y conocimientos que tiene un individuo para ser productivo (González et al., 2016). El capital social está directamente relacionado con las relaciones que surgen entre las personas como individuos y con la sociedad (von Bock und Polach et al., 2015). El capital físico se refiere a la infraestructura y tecnología disponible (González et al., 2016). Por último, el capital natural está referido a todos aquellos recursos renovables y no renovables que podemos encontrar en el entorno (Helm, 2019). Estas cinco formas de capital aglutinan diversos factores que influyen en el desarrollo de iniciativas de emprendimiento, ER y CER y que facilitan un DRS que revierte de nuevo sobre los cinco capitales (Figura 14). Capítulo 1. Antecedentes del emprendimiento y las ER en el ámbito rural de países desarrollados 85 Figura 14 - Marco conceptual para la clasificación de los factores que anteceden el desarrollo de CER y el DRS. 1.3.1 Capital Económico El capital económico se relaciona con “los recursos de capital que se invierten y movilizan para obtener beneficios”, facilitando el buen desempeño de aquellas áreas con un stock elevado, y se asocia a diversos factores como la productividad, el empleo, la inversión, las empresas y la innovación (Agarwal et al., 2009, p. 310). La distinción entre factores relacionados con la demanda y con la oferta facilita una categorización más completa. Así, los factores de demanda incluyen principalmente aquellos relacionados con el potencial del mercado local: una masa crítica suficiente de población (Agarwal et al., 2009; Cato et al., 2008; Deller et al., 2019; Goetz y Rupasingha, 2014; Henderson y Weiler, 2010; Westlund et al., 2014) y empresas (Backman, 2015; Bosma et al., 2008; Bosworth et al., 2011; Graziano et al., 2017; Stephens et al., 2013), que puede verse afectada por la distancia a grandes centro urbanos (Agarwal et al., 2009; Deller et al., 2019), los movimientos migratorios (Dammers y Keiner, 2006; Sardadvar y Rocha-Akis, 2016) y por el tamaño de las empresas (Backman, 2015; Bosma et al., 2008; Goetz y Rupasingha, 2014) y la estructura económica local (Agarwal et al., 2009; Delfmann et al., 2014; Goetz y Rupasingha, 2014) y que depende también del grado de desarrollo económico, nivel de riqueza/pobreza y la dinámica de creación de empleo (Baumgartner et al., 2013; Carfora et al., 2017; Haapanen y Tervo, 2009; Kalantaridis y Bika, 2006b). Todos estos factores favorecen o limitan en mayor o menor medida la viabilidad económica de nuevas iniciativas emprendedoras. Los factores relacionados con la oferta reflejan la capacidad de promover nuevas iniciativas emprendedoras, que depende de la renta disponible y el nivel salarial (Baumgartner et al., 2013; Bosworth, 2009; Haapanen y Tervo, 2009; Magnani et al., 2017), de la dinámica de crecimiento de la población y del tejido empresarial (Agarwal et al., 2009; Delfmann et al., 2014; Goetz y Rupasingha, 2014), y de la capacidad financiera de la población y de los gobiernos locales y las VANESSA MIRAMONTES VIÑA 86 posibilidades de acceso a recursos financieros ajenos (Backman, 2015; Deller et al., 2019; Goetz y Rupasingha, 2014; Haapanen y Tervo, 2009; Lowitzsch y Hanke, 2019; Westlund et al., 2014). El riesgo de las iniciativas emprendedoras es también un elemento importante a tener en cuenta en relación con todos estos factores. En los siguientes apartados se analizan los principales argumentos que desarrollan los artículos seleccionados en la revisión sistemática de literatura sobre los componentes de capital económico que condicionan el emprendimiento y las ER en el contexto rural de países desarrollados, desglosados en función de su clasificación como factores de demanda o relacionados con la viabilidad económica de los proyectos de emprendimiento, y de oferta o relacionados con el riesgo de los proyectos emprendedores. 1.3.1.1 Factores de demanda La literatura sugiere que en las empresas urbanas los trabajadores tendrán una mayor productividad, debido a las economías de aglomeración, con mercados laborales amplios y profundos, donde la densidad de población se considera beneficiosa desde el punto de vista económico (Lee y Cowling, 2014). Por su parte, las empresas rurales pueden verse limitadas por densidades de población más bajas y mercados locales más pequeños (Hubbard y Gorton, 2011; Smallbone et al., 2003). El tamaño y la densidad de población limitados, junto con la demanda local limitada, dificultan los emprendimientos rurales (Fortunato, 2014). Lo que lleva a que las empresas rurales deban adoptar estrategias proactivas para hacer frente a la reducción de la demanda local; en acción conjunta con los gobiernos, que deberían aportar soluciones e incentivos para acceder a mercados fuera de su zona local, aumentando de esta manera la predisposición a la creación de nuevas iniciativas empresariales y el desarrollo económico local (Smallbone et al., 2003). El aumento de la población, que puede derivarse también de la inmigración (Stockdale, 2006), puede crear más demanda y estimular la formación de nuevas empresas (Delfmann et al., 2014; Wennekers et al., 2005). Este crecimiento de población puede ser un factor de atracción para nuevas empresas, pues varios estudios han demostrado que el crecimiento de la población está positivamente relacionado con las tasas de puesta en marcha de nuevas iniciativas (Armington y Acs, 2002; Bosma et al., 2008; Wennekers et al., 2005). Delfmann et al. (2014, p. 1037) plantean la idea de que “la creación de oportunidades se refuerza a si misma: más gente significa más combinaciones posibles y más oportunidades”, esto da como resultado una relación exponencial entre la población y las oportunidades a través de la recombinación, que se refleja en la formación de nuevas empresas. Las zonas rurales presentan la característica de que las empresas se dedican a una sola industria, lo que reduce la diversidad de la economía local, introduciendo un riesgo específico en el sector además de frenar la innovación en esas regiones, que a su vez se ven afectadas por factores como el aislamiento y la baja densidad de población (Fortunato, 2014), por lo que las zonas rurales carecen del impulso emprendedor, es decir, de la capacidad de creación de nuevos negocios, lo que sí se encuentra en las zonas urbanas. Arauzo (2005) sostiene que las empresas de nueva creación se ven afectadas positivamente por el nivel de actividad económica en una zona determinada. Dado que el empresario rural varía según la industria, y el potencial de crecimiento de los nuevos empresarios depende en gran medida de la base económica y la naturaleza de las regiones rurales, podemos encontrar que las zonas rurales se caracterizan a menudo por la lejanía de los mercados, despoblación, insuficiencias en infraestructura y gran dependencia del sector agrícola, lo que condiciona la puesta en marcha de nuevas iniciativas empresariales (Meccheri y Pelloni, 2006). Capítulo 1. Antecedentes del emprendimiento y las ER en el ámbito rural de países desarrollados 87 En el caso concreto de los proyectos relacionados con las ER, su viabilidad económica es importante, sobre todo desde el punto de vista de la demanda (Rodríguez Monroy y San Segundo Hernández, 2005). Esta viabilidad económica depende del acceso a financiación y de la asequibilidad de los sistemas (Feron et al., 2016), teniendo en cuenta una serie de factores como serían los costes de inversión, la demanda energética, el precio de la energía, los niveles de renta, etc. El coste de inversión es uno de los condicionantes más importantes del desarrollo de proyectos energéticos (Rahmann et al., 2016), y comprende todos los costes relacionados con la compra de equipos e instalaciones de la tecnología, construcciones, conexiones a la red nacional, servicios de ingeniería, etc. Los costes de mano de obra o los costes de mantenimiento del equipo no se incluyen dentro de los costes de inversión (Wang et al., 2009). El alto coste de las instalaciones y de mantenimiento de los proyectos de ER puede ser uno de los factores económicos condicionantes a la hora de participar en este tipo de proyectos (Ramsey et al., 2013). Los costes de operación y mantenimiento constan de dos partes. Una es el coste de operación que incluye los salarios de los empleados, y los fondos gastados para la energía, los productos y servicios para la operación del sistema de energía. Otra es el coste de mantenimiento que tiene por objeto prolongar la vida útil del sistema y evitar fallos. Sin embargo, los fondos gastados para el mantenimiento son menores que los daños financieros creados por un fallo del sistema de energía, además de aumentar el índice de credibilidad y confianza del sistema de energía (Rahmann et al., 2016; Wang et al., 2009). Süsser y Kannen (2017) ponen de manifiesto como los costes de operación y mantenimiento pueden generar beneficios para la comunidad, a través de la contratación local, es decir, empleo local durante las fases de construcción y operación del proyecto de ER. Un ejemplo de este impacto es el presentado por Loomis et al. (2016), que al explicar los empleos locales relacionados con la energía eólica en Estados Unidos, incluyen trabajos relacionados con la construcción, la operación y el mantenimiento de las instalaciones después de su construcción. En todo caso, el número bruto de empleos asociados al desarrollo de las ER es modesto y limitado a largo plazo (Bere et al., 2017; del Rio y Burguillo, 2008). Se ha considerado que el alcance de la demanda del mercado y el nivel de los precios son dos factores importantes para el desarrollo de proyectos de ER (He et al., 2018). Un ejemplo del efecto de los precios de la energía lo encontramos en el artículo de Forbord et al. (2012), donde explican como en Noruega el bajo precio de la electricidad es una barrera importante para el desarrollo de la bioenergía, indicando que el alza en los precios futuros de la electricidad será fundamental para el crecimiento de los proyectos de bioenergía. Por su parte, He et al. (2018), en relación con los precios de la energía, plantean el hecho de que los costes de la electricidad producida mediante fuentes de ER son más elevados que los generados a partir de combustibles fósiles, por lo que la fijación de precios de la electricidad a medio y largo plazo, así como un aumento en el precio de la electricidad, deberían favorecer que las ER sean más competitivas, concluyendo que los niveles más altos en los precios de la energía mitigarían las limitaciones de costes de las ER y harían que la fuentes de ER fueran competitivas frente a las fuentes de energías convencionales (Bergmann et al., 2006) y, por lo tanto, más deseables (Shamsuzzoha et al., 2012). He et al. (2018) también señalan que la demanda de mercado es un importante factor impulsor del desarrollo y aplicación de proyectos de ER. Es importante vincular el suministro de energía a la demanda local de energía para el desarrollo económico y social sostenible (Graziano et al., 2017), y a medida que los incentivos de la oferta y la demanda impulsen la VANESSA MIRAMONTES VIÑA 88 generación de electricidad a partir de fuentes renovables, también se reducirá su precio (Gottschamer y Zhang, 2016). 1.3.1.2 Factores de oferta La disponibilidad de capacidad financiera o recursos financieros para iniciar y ampliar iniciativas empresariales en las zonas rurales se enfrenta a que en estas regiones los recursos financieros son relativamente más escasos que en las zonas urbanas, lo que se suma a la falta de información sobre estos (Farja et al., 2017; Fortunato, 2014; Lee y Cowling, 2014). Podemos encontrar dos formas posibles de financiación para la puesta en marcha de proyectos empresariales: la financiación interna (Eschker et al., 2017) y la financiación externa (Backman, 2015; Bernardino et al., 2016; Morrison et al., 2017; Silva et al., 2011). La financiación interna, es aquella que se hace a menudo con recursos propios y suele ser el medio preferido de financiación para las pequeñas empresas, ya que proporciona a los propietarios el poder sobre la decisiones que se realizan, así como un control sobre las operaciones de las empresas en caso de contar con financiación externa (Eschker et al., 2017). El ‘bootstrapping’ y la obtención de fondos a través de miembros de la familia son las técnicas más utilizadas para la financiación interna (Yilmazer y Shrank, 2010). Autores como Psaltopoulous et al. (2005) concluyen que el riesgo empresarial percibido y las probabilidades de éxito de la empresa tiende aumentar si el capital que se invierte en ella es de sus propietarios. La financiación externa, por su parte, es aquella que se obtiene a partir de recursos que no son propios de los empresarios, procedente de subvenciones públicas (Santos et al., 2016), el sector bancario (Backman, 2015), o de canales más novedosos como el crowdfunding (Bernardino et al., 2016). Santos et al. (2016) estudian el impacto de las subvenciones en diferentes empresas portuguesas del rural, llegando a la conclusión de que las subvenciones tienen una influencia positiva en su tasa de supervivencia. De hecho, el apoyo público se considera como una fuente de ayuda a las empresas para superar las dificultades de acceso a la financiación externa (Colombo et al., 2013; Lafuente et al., 2010), además de esperar un aumento en la tasa de supervivencia de las empresas de reciente creación (Duhautois et al., 2015; Santos et al., 2016). Sin embargo, algunos autores (Alonso-Nuez y Galve-Górriz, 2011; Battistin et al., 2001) argumentan que la probabilidad de supervivencia de las empresas no depende de las subvenciones públicas. Por su parte, Holme et al. (2010) destacan el hecho de que existe la posibilidad de que cuando la política pública fomenta la rápida expansión de la creación de empresas mediante las subvenciones, como un mecanismo de crecimiento y desarrollo económico, puede aumentar inadvertidamente la probabilidad de fracaso de estas nuevas iniciativas. Las oportunidades de financiación bancaria son otra barrera a la que se enfrentan los empresarios rurales debido a la preferencia de este tipo de financiación por empresas más grandes con un alto potencial de crecimiento (Jagoda et al., 2016), por lo que el acceso a bancos locales es fundamental para la creación de empresas rurales (Backman, 2015). El sector bancario local influye en la tasa de formación de nuevas empresas, debido a que existen barreras de mercado en donde algunos individuos no pueden obtener los fondos financieros necesarios para su creación, por lo cual los bancos desempeñan un papel importante ya que mitigan los costes de información y de transacción para facilitar la asignación de los recursos (Backman, 2015). La obtención de financiación bancaria requiere la evaluación del proyecto desde dos puntos: la rentabilidad del proyecto, y la fiabilidad y capacidad del fundador de la empresa. Los Capítulo 1. Antecedentes del emprendimiento y las ER en el ámbito rural de países desarrollados 89 bancos locales tienen conocimientos sobre el mercado local en el que actuará la posible empresa, lo cual es una característica más importante que la información sobre el fundador de la empresa (Backman, 2015). Esto hace que se aumente la posibilidad de acceder a la financiación bancaria, al tener conocimientos de las condiciones económicas locales por parte de los bancos y que pueden ser utilizados en las decisiones de préstamo (Pollard, 2003). Otro factor importante que aumenta la posibilidad de obtener financiación para los proyectos empresariales es el aumento del número de bancos presentes en una determinada región. Un mayor número de bancos independientes aumenta la posibilidad de que al menos un banco acepte la solicitud después de un proceso de selección. Así pues, la probabilidad de recibir el crédito aumenta con el número de bancos presentes en el lugar (Backman, 2015). La presencia física de los bancos no se considera el único requisito para aumentar la tasa de creación de empresas, también lo es la estructura del sector bancario local, es decir, el tamaño de las sucursales y el tamaño de las operaciones, lo que da lugar a un mayor grado de especialización y lo que otorga a las sucursales bancarias una serie de ventajas, ya que permite acumular conocimientos específicos sobre diferentes sectores; este tipo de conocimiento es vital para la formación de nuevas empresa, debido a que con un mayor conocimiento, se denegarán menos préstamos para la formación de nuevas empresas (Parker, 2004). Además de la financiación a través de fondos públicos y préstamos del sector bancario, el crowdfunding está cobrando cada vez más protagonismo, especialmente para las empresas de tipo social. El crowdfunding se define como la cooperación colectiva de personas que ponen en común su dinero y otros recursos para apoyar los esfuerzos iniciados por otros (Bernardino et al., 2016), proporcionando fondos en condiciones menos costosas que los bancos a tipos de interés más elevados. Este tipo de financiación es el más común entre los emprendimientos del tipo social, en primer lugar porque los instrumentos de financiación no están concebidos para organizaciones con los objetivos, el tamaño, la forma de gobernanza y la condición jurídica de los emprendimientos sociales (Guézennec y Malochet, 2013). En segundo lugar, los emprendimientos sociales llevan asociada una percepción de alto riesgo y su tamaño limita el acceso a la financiación privada (Bernardino et al., 2016). Aun así, la mayoría de los proyectos de crowdfunding se basan en un modelo en el que los fondos se ofrecen como préstamos, con la expectativa de alguna tasa de retorno sobre el capital invertido (Belleflamme et al., 2013); en el caso de que el crowdfunder, es decir, la persona que aporta el capital, no reciba ningún tipo de recompensa por su financiación, aparte del altruismo, la generosidad o la promoción personal y empresarial, se considera a este modelo de patrocinio como una donación (Mollick, 2014). El acceso o disponibilidad de recursos financieros es también fundamental en los proyectos de ER (González et al., 2016), encontrándose muy condicionados por el riesgo de inversión, que se relaciona con variables como la eficiencia energética (Magnani et al., 2017; Seyfang et al., 2013; Wang et al., 2009); la madurez de la tecnología (Beccali et al., 2003; Cavallaro y Ciraolo, 2005; Wang et al., 2008) y la fiabilidad de los proyectos (Feron et al., 2016). Los proyectos de CER ofrecen la oportunidad de una inversión ecológica; pero, a su vez, las cuestiones financieras son un obstáculo clave para los proyectos comunitarios, en particular la financiación inicial de los proyectos (Bere et al., 2017; Dombi et al., 2014; Kalkbrenner y Roosen, 2016). Bere et al. (2017) destacan los diferentes obstáculos en la implementación de las ER, argumentando que los problemas para acceder a recursos financieros son obstáculos vinculados a la escasa participación del sector privado en los proyectos de energía rural (Painuly, 2001). VANESSA MIRAMONTES VIÑA 96 pérdidas de población, sino que supone una importante reposición del capital humano. Esa nueva población potencia la demanda de servicios, lo cual contribuye a su mantenimiento junto con los empleos, además de presentarse la oportunidad de nuevas iniciativas empresariales (Murua-Múgica y Eguía-Peña, 2016). La población extranjera es una población predominantemente joven, con un importante potencial para contribuir al desarrollo del área donde se ha asentado. Aún así, la nueva población, puede que no tenga un efecto económico y dinamizador de inmediato (Hedlund et al., 2017; Murua-Múgica y Eguía-Peña, 2016). Algunos estudios sobre el aporte de la inmigración a la renovación económica en las zonas rurales indican que, a pesar de que las oportunidades de empleo en las zonas rurales en general son escasas, se suele considerar que los inmigrantes tienen el potencial de crear su propio empleo, ya que reconocen nuevas oportunidades de negocio, comercializan nuevas ideas y establecen nuevos mercados (Eimermann, 2016; Hedlund et al., 2017; Vuin et al., 2016). En algunas investigaciones, se considera a los inmigrantes como más emprendedores que los nativos y los residentes a largo plazo (Kalantaridis, 2010). En particular, se considera que estimulan el desarrollo de nuevas industrias en las zonas rurales, contribuyendo así a la diversificación económica y a la transición hacia un rural más multifuncional (Eimermann, 2016; Hedlund et al., 2017; Lundmark et al., 2014). Aunque los inmigrantes rurales pueden operar en varios sectores (Müller, 2013), la literatura sugiere que la mayor parte de los emprendimientos se concentra en servicios como el turismo (Hedlund et al., 2017; Iversen y Jacobsen, 2016), y que la principal característica de estas empresas es su pequeña escala o microescala, lo que genera empleo de baja o nula cualificación, haciendo a los investigadores plantearse interrogantes acerca de la contribución a la revitalización económica de las zonas rurales (Iversen y Jacobsen, 2016; Lundmark et al., 2014), y concluir que la contribución al empleo a nivel local es limitada (Eimermann, 2016; Vuin et al., 2016). En contrapartida, encontramos la contribución en materia de innovación, debido a que los inmigrantes se encuentran mejor educados que los nativos y, por lo tanto, pueden importar nuevos conocimientos, aptitudes y redes externas (Bosworth, 2009; Hedlund et al., 2017; Kalantaridis, 2010). 1.3.2.4 Motivaciones: emprendimiento por oportunidad o por necesidad Las motivaciones para iniciar un negocio han sido agrupadas por Segal et al. (2005) en dos categorías: “empujar” y “atraer”. Las motivaciones de empuje se centran en factores externos que impulsan a una persona a iniciar un negocio, entre las que encontramos: la incapacidad para encontrar un empleo adecuado, las condiciones de trabajo no deseadas en un lugar determinado, acompañadas del deseo de permanecer en ese lugar y/o el alto coste asociado al cambio de ubicación. Mientras que las motivaciones relacionadas con la atracción se refieren a elementos internos como el deseo de riqueza, el crecimiento personal y la independencia, o el impulso para poner en prácticas las ideas creativas. Besser y Miller (2013) sostienen que las razones y motivaciones por las que los empresarios rurales pueden emprender difieren respecto a los emprendedores urbanos, e identifican dos tipos de emprendedores. En primer lugar nos encontramos con los emprendedores por oportunidad es decir, aquellos cuyas motivaciones son factores de atracción; y en segundo lugar los emprendedores por necesidad, los que están motivados por factores de empuje (Stephens et al., 2013). La disminución de las oportunidades de empleo y las tasas de pobreza más altas en las regiones rurales (Besser y Miller, 2013; Stathopoulou et al., 2004), el Capítulo 1. Antecedentes del emprendimiento y las ER en el ámbito rural de países desarrollados 97 apego a la comunidad (Dombi et al., 2014; Korsgaard, Müller, et al., 2015; van Veelen y Haggett, 2017), o las relaciones sociales (Álvarez et al., 2012; Hedlund et al., 2017; Morrison et al., 2017), son características que indican que los empresarios rurales pueden estar más motivados por factores de empuje, es decir, emprendimiento por necesidad, que sus homólogos ubicados en las regiones urbanas (Besser y Miller, 2013). La percepción de las oportunidades ha sido considerada la característica más distintiva del comportamiento emprendedor (Åmo, 2014; Capelleras et al., 2013; Price Schultz y Jones, 2017). En este contexto, Edelman e Yli-Renko (2010) sugieren que las percepciones de las oportunidades del empresario varían entre las características objetivas del entorno y los esfuerzos por iniciar un nuevo emprendimiento, existiendo una relación positiva entre la percepción de las oportunidades y el empresario naciente (Capelleras et al., 2013). Munkejord (2017) en su estudio sobre el emprendimiento en las regiones rurales de Noruega, determina que además de la percepción de las oportunidades para el inicio de una actividad empresarial también intervienen factores como: remuneraciones más satisfactorias, independencia, estatus y calidad de vida. La iniciativa emprendedora como una opción para participantes que buscan remuneraciones más elevadas con un salario satisfactorio, se refiere a aquellos interesados que tenían trabajo formal, pero por diferentes razones preferían crear su propio negocio, lo que les permitiría gozar de una condición social más elevada (Bosworth, 2010; Herslund, 2012). Cabe esperar que las personas que se incorporan al empleo autónomo a partir de un empleo remunerado tengan un mayor capital humano y una mayor motivación, así como información de calidad sobre las oportunidades de negocio (Haapanen y Tervo, 2009). Otro factor para la creación de empresas es la independencia, ya que la idea de ser su propio jefe para obtener independencia les permitiría organizar sus días de manera que pudieran satisfacer diferentes necesidades (Hilbrecht y Lero, 2014; Ramadani, 2015). También encontramos como un factor el relacionado con la condición social, es decir, la idea de disfrutar de una condición más alta como autónomos que en el caso de trabajadores en el mercado laboral (Munkejord, 2017). Un factor que ha tomado interés en la literatura desde hace varios años en lo relacionado con el emprendimiento por oportunidad es la experiencia previa (Carter y Monder, 2003; Eschker et al., 2017; McGranahan et al., 2011). La experiencia previa indica la acumulación de aptitudes emprendedoras (Haapanen y Tervo, 2009). Algunos autores consideran que la experiencia previa muestra una reducción de riesgo y aumenta el éxito y supervivencia de una empresa, por lo que los autores sugieren que las experiencias se correlacionan con una mayor propensión a iniciar sus propios negocios (Eschker et al., 2017; Fritsch y Kabel, 2012; Haapanen y Tervo, 2009). La iniciativa emprendedora por necesidad puede no necesariamente demostrar un crecimiento económico a largo plazo, o en el mejor de los casos, puede significar un crecimiento menor que si el emprendimiento fuera por oportunidad (Stephens et al., 2013). Esto se asocia a los factores que influyen en el emprendedor por necesidad, como el desempleo (Korpysa, 2010; Munkejord, 2017), la migración (Iversen y Jacobsen, 2016; Munkejord, 2017), la ubicación (Fortunato, 2014; Munkejord, 2017), o la pobreza (Peredo y Chrisman, 2006; Valchovska y Watts, 2016). Korpysa (2010) plantea en su investigación sobre los efectos del desempleo sobre las iniciativas emprendedoras que el aumento del desempleo es un factor que contribuye a elevar el nivel de actividad emprendedora. Como las posibilidades de encontrar un empleo son escasas, la única alternativa que tienen los desempleados para cambiar su situación en el mercado de VANESSA MIRAMONTES VIÑA 98 trabajo es emprender actividades profesionales que conducen a la creación de sus propias empresas, la mejora de sus competencias y el desarrollo de sus capacidades (Carree et al., 2002). En consecuencia, la tasa de desempleo influye en el proceso y las actitudes emprendedoras de dos maneras, condicionando por un lado la actividad del individuo y limitando por otro las oportunidades y posibilidades empresariales (Korpysa, 2010). La pobreza de ingresos y recursos, a veces también descrita como tensión económica y social, se encuentra entre los factores desencadenantes de la creación de empresas (Peredo y Chrisman, 2006; Valchovska y Watts, 2016). En países como el Reino Unido, las autoridades públicas suelen utilizar el término de privación para referirse a este concepto. Las situaciones de privación tienen en cuenta factores como el acceso limitado a la educación, el empleo, la vivienda, la salud y otros servicios sociales, así como los niveles de ingresos más bajos en términos relativos, es decir, cuando se comparan con promedios de ingresos a nivel macro (Long y Woods, 2011), por lo que la iniciativa emprendedora se ha considerado como una herramienta para superar estas desventajas (Valchovska y Watts, 2016). Siguiendo con los factores motivacionales, encontramos que las migraciones pueden ser una combinación de factores de empuje y atracción (Iversen y Jacobsen, 2016; Paniagua, 2002). Podemos encontrar que los deseos de escapar a las presiones de la vida urbana y las rutinas de empleo sean uno de los factores desencadenantes para el traslado al rural y la creación de una empresa (Iversen y Jacobsen, 2016), aunque pueden influir otra serie de factores como los despidos e incluso los divorcios (Paniagua, 2002). Aunque en la bibliografía se señala que muchos inmigrantes se ven empujados a la actividad empresarial debido a la discriminación, que bloquea otras opciones, o como resultado de un conocimiento limitado del idioma, lo que dificultad la entrada en el mercado laboral local (Collins y Low, 2010; Munkejord, 2017). Esto se suma a las condiciones especificas de los entornos rurales, como la lejanía, la poca densidad de población, demanda local limitada u opciones de financiación limitadas, que hacen que el impulso emprendedor en estas zonas sea menor que en las urbanas (Fortunato, 2014). La confluencia de los diversos factores relacionados con el capital humano (motivaciones, formación y experiencia, características personales), deriva en la aparición de la figura del emprendedor o personaje clave en el desarrollo de iniciativas emprendedoras. Esta figura es particularmente relevante en los proyectos CER, en los que se ha identificado la importancia de que una persona “influyente” (key influencer) participe en el proyecto. Los influyentes dentro de la comunidad son personas que ya tienen la atención de la comunidad en su conjunto, lo que puede resultar beneficioso para el éxito del proyecto (Heaslip et al., 2016). El emprendimiento en general requiere de un “actor principal” que asume el papel de agente de cambio, desarrollando nuevas actividades y creando nuevas estructuras organizativas (Vestrum et al., 2017). Un aspecto importante del actor principal es movilizar el apoyo para los nuevos emprendimientos y obtener acceso a los recursos financieros, físicos, humanos y de otro tipo, menos tangibles, necesarios para la creación de nuevas iniciativas empresariales (Zott y Huy, 2007). 1.3.3 Capital Social Los aspectos sociales son los factores que han tomado más importancia en la literatura académica de los últimos años en lo relacionado tanto con la aceptación de los proyectos de ER como con el espíritu emprendedor. El capital social puede describirse como “el intermediario en las relaciones entre las personas que de otro modo estarían desconectadas en las estructuras Capítulo 1. Antecedentes del emprendimiento y las ER en el ámbito rural de países desarrollados 99 sociales”(von Bock und Polach et al., 2015, p. 130), entendiendo de esta manera que el capital social puede utilizarse como un instrumento para resolver problemas de acción colectiva, aumentar la confianza y la cooperación. Las definiciones de capital social varían, pero en general se entiende que se relaciona con la propiedad del conjunto más que con la del individuo, y se refiere a las conexiones entre los individuos y las redes sociales, y la reciprocidad que surge de estas conexiones (Agarwal et al., 2009). Al igual que en los capitales explicados previamente existen un conjunto de factores que hemos identificado como parte del capital social, los cuales explicaremos a continuación de manera detallada, y entre los que se encuentran: la confianza interpersonal, la confianza institucional, la aceptación social, el apego al lugar, las redes sociales y las redes de conocimiento. 1.3.3.1 Confianza interpersonal La confianza es un concepto fundamental de las relaciones interpersonales y la colaboración (Declerck et al., 2013). Se ha demostrado que un mayor grado de confianza en los demás aumenta la participación o el compromiso de los ciudadanos, mostrando que la confianza es crucial para las decisiones económicas, como las inversiones financieras (Ding et al., 2015; von Bock und Polach et al., 2015). Walker et al. (2010) consideran a la confianza como un factor clave para el desarrollo de la energía comunitaria, destacando su importancia en los proyectos de ER (Wiersma y Devine-Wright, 2014). Büscher y Sumpf (2015) también ponen de relieve la importancia de fomentar la confianza entre las partes que desarrollan un proyecto energético comunitario. Se considera, así, a la confianza como un elemento clave en la primera etapa del desarrollo de un proyecto CER, que debe mantenerse a lo largo de todo el proceso (Alvial-Palavicino et al., 2011). Se ha afirmado que la confianza proporciona beneficios y es esencial para las relaciones estables, vital para el mantenimiento de la cooperación, fundamental para cualquier intercambio, y necesaria incluso para las más rutinarias de las interacciones (Yildiz et al., 2015). Distinguimos entre dos tipos de confianza: la confianza interpersonal (en otras personas) y la confianza institucional (en las instituciones) (Walker et al., 2010). La confianza interpersonal se considera fundamental para la participación cívica, para la forma en que las personas viven y cooperan en comunidades muy unidas, así como una base necesaria para desarrollar la confianza en sistemas sociales más amplios. Mientras que la confianza institucional se refiere a la confianza entre las personas y las instituciones locales dentro de las comunidades. Trabajar por y para la comunidad puede aumentar la confianza entre las personas y las organizaciones institucionales. Esta interacción existente entre la confianza entre las personas, y entre las personas y las instituciones, es parte de lo que hace que un enfoque comunitario de los proyectos de ER sea distintivo, deseable y atractivo para quienes abogan por su uso y desarrollo. Las relaciones sociales de confianza apoyan y posibilitan la cooperación, la comunicación y el compromiso de manera que se puedan desarrollar proyectos e instalar tecnologías de manera apropiada a nivel local (Walker et al., 2010). 1.3.3.2 Confianza institucional Han surgido varios estudios sobre la influencia de los entornos institucionales en la iniciativa emprendedora (Avramenko y Silver, 2010; Cannarella y Piccioni, 2010; Lang et al., 2014; North y Smallbone, 2006; Welter y Smallbone, 2011). Los investigadores coinciden en que los entornos políticos estables, los sistemas modernos de registro de empresas, la reducción de los requisitos burocráticos y la simplificación de la legislación empresarial, tienden a apoyar la iniciativa emprendedora (Lang et al., 2014). Por su parte, Welter y Smallbone (2011) ponen VANESSA MIRAMONTES VIÑA 100 de manifiesto que incluso con la presencia de vacíos institucionales, o en economías de transición donde existen alto riesgo e incertidumbre, se pueden estimular las iniciativas emprendedoras. Las zonas rurales están muy influidas por los gobiernos locales, que son los encargados de formular las políticas adecuadas y eficaces que apoyan y fomentan la iniciativas emprendedoras (Avramenko y Silver, 2010). Stathopoulou et al. (2004, p. 408) afirman que “el significado de la gobernanza transciende lo que sucede a las organizaciones de una región, aborda cuestiones relacionadas con la capacidad de representar a las regiones y a las organizaciones de fuera de la región, elaborando estrategias más o menos unificadas, y organiza la acción colectiva, crea coaliciones y asociaciones dirigidas a objetivos específicos”. De esta manera, la dimensión de los niveles de gobernanza distingue entre: comunitario, nacional, regional y local (North y Smallbone, 2006). Las políticas para estimular la iniciativa emprendedora y fortalecer la empresa en las regiones rurales pueden originarse en cualquiera de esos niveles. Cannarella y Piccioni (2010) ponen en manifiesto que las reglamentaciones confusas y las infraestructuras físicas y administrativas inadecuadas, provocan aumentos de la incertidumbre. Cuando los organismos públicos generan confusión, inestabilidad y falta de fiabilidad, estos obstáculos estimulan sentimientos de desaliento, desconfianza, frustración e insatisfacción generalizados. Combatir estas percepciones y generar confianza institucional puede tener un efecto positivo sobre la iniciativa emprendedora (Lang et al., 2014). 1.3.3.3 Aceptación social La aceptación social se ha estudiado sobre todo en relación a los proyectos de ER y CER, para cuyo éxito y sostenibilidad la opinión de la población y de los grupos de interés es decisiva. Puede influir en gran medida en la cantidad de tiempo necesaria para seguir adelante y completar un proyecto energético (Wang et al., 2009), y dar lugar a un aumento de los costes o incluso a la cancelación de los proyectos (D’Souza y Yiridoe, 2014; González et al., 2016). La aceptación social no se expresa como una cifra mensurable, pues no es un factor cuantitativo sino cualitativo (Wang et al., 2009). Implica un enfoque participativo e inclusivo de la comunidad local en los proyectos de ER (Feron et al., 2016; Urmee y Md, 2016), así como de las autoridades locales (D’Souza y Yiridoe, 2014). Desde este punto de vista, algunos estudios (Devine-Wright, 2010; Scotti y Minervini, 2016; Wüstenhagen et al., 2007) muestran como uno de los principales problemas de los proyectos de ER la falta de participación pública. Diferentes autores (Beery y Day, 2015; Wüstenhagen et al., 2007) distinguen tres dimensiones de la aceptación social en el contexto de las ER: Aceptación sociopolítica, de mercado y de la comunidad. La aceptación sociopolítica se refiere a la aceptación de la sociedad en su nivel más general, incluyendo las leyes creadas para incentivar e institucionalizar el uso de las ER como solución energética. La coherencia que existe entre las iniciativas nacionales y los contextos locales también está relacionada con la aceptación sociopolítica (González et al., 2016). El acceso equitativo a los mecanismos de apoyo financiero, las modalidades de propiedad y los sistemas de planificación espacial centrados en asegurar la coherencia, la transparencia y los procesos de colaboración en la adopción de decisiones, desempeñan un papel fundamental en la facilitación de la aceptación sociopolítica (Beery y Day, 2015). La aceptación del mercado se refiere al proceso de adopción de una innovación por parte de los consumidores y los inversores. Por último, la aceptación de la comunidad se refiere a los interesados locales, en particular los residentes y las autoridades locales. La aceptación de la Capítulo 1. Antecedentes del emprendimiento y las ER en el ámbito rural de países desarrollados 101 comunidad es fundamental para garantizar la sostenibilidad de las soluciones, y suele perderse cuando los inversionistas y los encargados de adoptar decisiones no son locales y, por el contrario, hacen caso omiso de las opiniones y la participación de la población (González et al., 2016). El papel de las comunidades locales en los proyectos de ER es un tema abordado en diferentes contribuciones (Beery y Day, 2015; Devine-Wright, 2010; González et al., 2016; Haggett y Aitken, 2015; Scotti y Minervini, 2016; Urmee y Md, 2016; van der Schoor y Scholtens, 2015; Wüstenhagen et al., 2007). Los investigadores han analizado cómo influye positiva o negativamente la aceptación de la comunidad, destacando que las comunidades locales involucradas en conflictos ambientales reclaman y presionan por soluciones sociotécnicas que tengan en cuenta tanto la justicia procesal como la distributiva (Batel et al., 2013; Devine-Wright, 2005; Scotti y Minervini, 2016; Wüstenhagen et al., 2007). La aceptación de la comunidad es mayor si esta percibe que el proceso de decisión que conduce a la ejecución es justo (equidad de procedimiento) y percibe a su vez la equidad en la distribución de los costes, los riesgos, y los beneficios del proyecto (equidad de distribución) (González et al., 2016). Por consiguiente, cuando los residentes de la comunidad participan en el proceso de toma de decisiones y están continuamente involucrados en la elaboración de políticas, es menos probable que la decisiones finales sean rechazadas más adelante, una vez establecido el proyecto (González et al., 2016; Scotti y Minervini, 2016; Seyfang et al., 2013). Determinados escenarios pueden hacer coincidir la transición hacia las ER con una asignación más justa de los beneficios relacionados con los recursos renovables y el proceso de toma de decisiones participativo, favoreciendo la aceptación social (Haggett y Aitken, 2015; van der Schoor y Scholtens, 2015). Por consiguiente, la sostenibilidad de los proyectos energéticos depende en gran medida del grado de aceptación de su población anfitriona. Además, esa aceptación será más fuerte si los participantes perciben que los proyectos contribuyen a mejorar sus vidas y medios de subsistencia (González et al., 2016), aumentando su sentido de pertenencia; además de evitar conflictos y generar apoyo a largo plazo (Urmee y Md, 2016). 1.3.3.4 Apego al lugar El apego al lugar se ha convertido en un concepto cada vez más popular para comprender las respuestas locales a las instalaciones de ER (Dombi et al., 2014; van Veelen y Haggett, 2017), pero también al tipo de iniciativa emprendedora que se desarrolla en el rural (Korsgaard, Müller, et al., 2015). Primero, para entender la relación entre el apego al lugar y las ER o el apego al lugar y el emprendimiento, es necesario comprender a qué nos referimos con el término, considerando que el término lugar esta relacionado tanto con el aspecto físico de lugar en sí, así como la variedad de significados asociados con ese lugar (Devine-Wright, 2009). La literatura previa ha tratado de identificar las relaciones que existen entre las personas y el lugar, incluyendo diferentes connotaciones, entre las que destacan: la identidad de lugar (Bauwens, 2016; Proshansky et al., 1983); el apego al lugar (Devine-Wright y Howes, 2010; Lewicka, 2011). Sin embargo, las diferentes y variadas investigaciones han contribuido a la falta de consenso en cuanto al significado y la interpretación de los conceptos (van Veelen y Haggett, 2017), donde lo que tienen en común es la preocupación por el significado, generalmente positivo, que se asigna a un lugar determinado (Vorkinn y Riese, 2001). En nuestra investigación nos centraremos en lo propuesto por Devine-Wright y Clayton (2010), los cuales han contextualizado junto a otros autores, al apego al lugar como VANESSA MIRAMONTES VIÑA 102 algo que tiene dos dimensiones: la física y la social (Devine-Wright y Clayton, 2010; Gunderson y Watson, 2007; Hidalgo y Hernández, 2001; van Veelen y Haggett, 2017; Vorkinn y Riese, 2001). La dimensión física puede referirse tanto al apego al lugar de manera funcional, es decir, la dependencia directa de las personas de los recursos físicos de un lugar para apoyar actividades específicas (Lin y Lockwood, 2014). Mientras que la dimensión social se refiere a los significados socialmente construidos que se dan en el lugar, permitiendo que los aspectos de un lugar se conviertan en parte de la identidad del individuo (Bauwens, 2016; Hernández et al., 2007; Lewicka, 2011). En esta línea, Korsgaard, Ferguson y Gaddefors (2015) realizan una contribución importante al diferenciar los conceptos de espacio (space) y lugar (place) y poner de relieve las importantes interacciones entre ambos. La literatura ha intentado relacionar los conceptos de apego al lugar y ER, con el fin de explicar las respuestas locales a las infraestructuras energéticas (Devine-Wright y Howes, 2010; van Veelen y Haggett, 2017; Vorkinn y Riese, 2001). Muchas investigaciones se han centrado en la forma en que el tipo de tecnología o la proximidad física influye en la aceptación y opiniones sobre los desarrollos de proyectos de ER (van Veelen y Haggett, 2017), mientras que otras proponen que el uso de ER en paisajes rurales requiere prestar atención no solo al uso y la forma de los paisajes, sino también a los significados culturales y los vínculos emocionales (Bridge et al., 2013). La forma en que surgen los proyectos de ER tiene una respuesta diferente dentro de la comunidad. Aquellos proyectos que surgen dentro de las comunidades rurales presentan una mayor aceptación, frente a los que son impuestos (van Veelen y Haggett, 2017). Los estudios sugieren que la propiedad comunitaria de la ER crea un mayor nivel de aceptación local (Barry y Chapman, 2009; Bell et al., 2013; Toke, 2005), además de jugar un papel importante en el impulso para el desarrollo de estos proyectos, debido a que nos encontramos con entornos con menores oportunidades de empleo, alto coste de vida, cierre de empresas locales (apego funcional) y los cambios demográficos asociados (apego social) (van Veelen y Haggett, 2017). Los proyectos de ER en el entorno rural pueden verse influenciados de modo negativo por el apego al lugar, pero también podemos considerar el apego al lugar como un importante motivador para establecerlos. El apoyo a estos proyectos se puede ver incrementado por el apego funcional y social y la percepción de la oportunidad de reconstruir el desarrollo rural (van Veelen y Haggett, 2017). Por otra parte, encontramos que el empresario rural, tal como lo definen Korsgaard et al. (2015), se compromete con su ubicación no principalmente como un espacio para el beneficio, sino como su “lugar”, es decir, un lugar de significado y vida social, lo que indica que son empresarios menos preocupados por los incentivos monetarios y el beneficio, y más por la búsqueda de aspiraciones personales, sociales y culturales. De esta manera, la iniciativa emprendedora rural se concibe como una actividad empresarial que se inscribe en su contexto espacial y se integra en él mediante el uso de recursos, creando no solo valor para el empresario sino también para el lugar, por lo que este no puede desarraigarse de la ubicación (Korsgaard et al., 2015). Esa preocupación y apego emocional que siente por el lugar puede servir de catalizador para el desarrollo de nuevos emprendimientos (Müller y Korsgaard, 2018). Todas las formas de emprendimiento tienen una dimensión espacial, que influye de dos maneras: la dotación de recursos espaciales y la creación de puentes espaciales. El uso de los recursos locales y los diferentes niveles de vinculación crean diferentes tipos de actividades emprendedoras (Müller y Korsgaard, 2018). Kibler et al. (2015) señalan como el apego al lugar puede influir en la elección de un lugar para la actividad emprendedora sin que se tengan en Capítulo 1. Antecedentes del emprendimiento y las ER en el ámbito rural de países desarrollados 103 cuenta los aspectos económicos. También se ha demostrado que la representación del lugar en forma de imágenes, patrimonio y marcas puede ser utilizada como un recurso por los emprendedores para el desarrollo eficiente de sus actividades (Anderson, 2000; Korsgaard et al., 2015; Müller y Korsgaard, 2018). El apego al lugar influye en la iniciativa emprendedora al ofrecer recursos que están singularmente vinculados a un lugar determinado. El arraigo a sus contextos locales influye fuertemente en las decisiones del emprendedor sobre qué producir, con quién colaborar, a quién contratar y a qué mercados atender (Müller y Korsgaard, 2018). Dadas las diferencias que existen entre las zonas urbanas y las rurales, los emprendedores rurales suelen presentar algún tipo de afinidad con su contexto local (Ferreira et al., 2016), por lo que la identidad de lugar puede considerarse como una fuerza movilizadora y con potencial transformador del comportamiento emprendedor (Lang et al., 2014). 1.3.3.5 Redes Sociales La capacidad que tienen los emprendedores de aprovechar sus estructuras, redes y vínculos sociales es importante para la iniciativa emprendedora, debido a que los vínculos sociales facilitan la explotación y descubrimiento de nuevas oportunidades, así como la identificación y aprovechamiento de recursos escasos (Gretzinger et al., 2018; Lafuente et al., 2010; Meccheri y Pelloni, 2006; Traphagan, 2017). Por redes sociales y de colaboración se entiende a las relaciones que los emprendedores establecen con personas ajenas a su empresa, tales como proveedores, clientes, gestores u otros emprendedores, y que, en general, sirven de apoyo a la supervivencia y el éxito de la empresa (Álvarez et al., 2012), ya que pueden aportar conocimientos sobre las cuestiones y la cultura local, lo que permite ofrecer oportunidades de crecimiento que de otro modo podrían haber quedado inexploradas (Eschker et al., 2017; Gretzinger et al., 2018). Morrison (2017) describe que existe tren tipos de capital social, relacionado con las redes que pueden conformar los emprendedores: el capital de unión (bonding), referido a aquellos lazos estrechos entre miembros de un mismo grupo que incorporan el sentido de permanencia e identidad local; el capital puente (bridging), relacionado con los vínculos entre personas de distintos grupos que facilitan las innovaciones compartidas entre redes; y el capital de eslabón (linking), que se relaciona con las conexiones con la esfera institucional y condiciona la capacidad de los grupos para acceder a redes y recursos más allá de la comunidad inmediata. En las economías rurales, las redes sociales desempeñan un papel relevante al afectar el comportamiento y las decisiones de los empresarios (Meccheri y Pelloni, 2006). Numerosos estudios han demostrado que los empresarios rurales hacen uso de las redes locales y del sentido de la comunidad al acceder a los recursos y las oportunidades (Müller, 2016; Müller y Korsgaard, 2018; Onyx y Leonard, 2010). Dos estudios realizados en una zona rural de Irlanda revelaron que los empresarios establecen sólidas relaciones recíprocas con su comunidad local, de manera que la comunidad ayuda a crear una nueva empresa, mientras que el empresario, a su vez, está muy comprometido con el desarrollo comunitario no relacionado con la empresa (McKeever et al., 2015; Müller y Korsgaard, 2018). Conclusiones similares se han encontrado en las zonas rurales de otros países como Noruega (Borch et al., 2008), Escocia (Anderson, 2000) y Suecia (Johannisson y Olaison, 2007). Sin embargo, las conexiones no locales, es decir, aquellas que van mas allá de la comunidad local, han sido resaltadas en varios estudios, señalando como los emprendedores rurales van mas allá del lugar local en busca de mercados, socios y recursos (Müller y VANESSA MIRAMONTES VIÑA 104 Korsgaard, 2018). Por ejemplo, Kalantarisdis y Bika (2006b) sugieren que los emprendedores emigrantes recurren a las redes de su lugar de origen para construir sus proyectos. Una conclusión similar alcanzan Korsgarrd, Ferguson y Gaddefors (2015), que consideran a los emprendedores rurales más selectivos y estratégicos a la hora de seleccionar socios no locales con aptitudes y recursos que no están disponibles a nivel local. Moyes et al. (2015) definen a este tipo de colaboración como capital social aumentado, lo que indica que el establecimiento de conexiones no locales es vital. Así, la inserción local y las relaciones externas pueden reforzarse mutuamente, en vez de considerarse contrapuestas (Dubois, 2016; Korsgaard et al., 2015; Müller y Korsgaard, 2018). 1.3.3.6 Redes de conocimiento Una red de conocimiento está formada por los agentes que aportan conocimiento sobre algo nuevo y útil para las empresas, y por los vínculos generados. En una red puede haber varios actores, empresariales y no empresariales. En el caso de los actores empresariales, nos podemos referir por ejemplo, a las empresas rivales o proveedores que compiten entre sí; y en lo referente a las organizaciones no empresariales, podemos encontrar las organizaciones de educación superior e investigación, el sector público, las instituciones financieras, asociaciones comerciales, o clientes, entre otros (Edquis, 2006; van Hemert et al., 2012). Especialmente en el caso de las zonas rurales, las redes de innovación se pueden encontrar geográficamente lejos incluyendo a proveedores, colaboradores y clientes extra-locales (Kalantaridis y Bika, 2011; Murdoch, 2000). En la literatura encontramos varios estudios sobre la innovación rural y las redes de conocimiento (Hoang y Antoncic, 2003; Jack y Anderson, 2002; Kauffeld-Monz y Fritsch, 2013; Moyes et al., 2012; Reidolf, 2016; Slotte-Kock y Coviello, 2010; van Hemert et al., 2011; Virkkala, 2007). Reidolf (2016) revisa diversas contribuciones que destacan la importancia de las redes formales y basadas en el mercado. Reidolf (2016) indica que no sólo los individuos y las organizaciones son importantes dentro de las redes de conocimiento. También los factores no humanos, como aspectos técnicos y recursos naturales que también juegan un papel dentro de estas. El contacto con el entorno exterior, lugares públicos como ferias, internet, medios de comunicación, etc., pueden crear nuevas oportunidades. Las redes pueden compensar la falta de actores locales (Huggins y Johnston, 2009) y sortear las desventajas relacionadas con la localización (Dubois, 2013), al tiempo que facilitan la creación de oportunidades para las empresas (Jack y Anderson, 2002). Las redes rurales unen el “adentro” y el “afuera” (Reidolf, 2016, p. 320), de modo que una empresa rural puede tener una ventaja competitiva cuando combina la interacción a nivel local con los contactos a nivel extra-local. Así, en las zonas rurales las redes deberían ayudar al emprendimiento, fortaleciendo la flexibilidad y las capacidades, ofreciendo oportunidad de mayor trascendencia, facilitando el acceso a los recursos (Gronum et al., 2012; Jack, 2010; Reidolf, 2016) y compensando la falta de masa crítica de las organizaciones en los sistemas regionales (Huggins y Johnston, 2009). 1.3.4 Capital Físico El capital físico se refiere fundamentalmente a la infraestructura de que disponen las comunidades (González et al., 2016). Asociamos el término de “infraestructura” con las instalaciones físicas presentes tanto en las zonas rurales como urbanas, si bien se puede hablar también de infraestructuras sociales y económicas (Krakowiak-Bal, Ziemianczyk, y Wozniak, Capítulo 1. Antecedentes del emprendimiento y las ER en el ámbito rural de países desarrollados 105 2017), que en nuestro caso estarían integradas en otros capitales. Las infraestructuras físicas se refieren a aquellas infraestructuras básicas que son necesarias para que una economía funcione, como lo son las redes de transporte, la red eléctrica, o los sistemas de alcantarillado y de eliminación de residuos, consideradas como un requisito previo para el comercio y otras actividades productivas, debido a que afectan directamente el crecimiento económico de una región y la capacidad de una empresa para participar eficazmente en él. Una infraestructura adecuada puede acelerar el desarrollo económico (Krakowiak-Bal, Ziemianczyk, y Wozniak, 2017). Considerando la infraestructura desde una perspectiva tecnológica, un factor que afecta el desarrollo de los proyectos de ER es la accesibilidad a la red, ya que la totalidad de la energía producida o el excedente de energía necesita ser exportado al mercado (Dragoman, 2014). Los proyectos de ER, ayudarían a mejorar la infraestructura de las comunidades, haciéndola más competitiva para el futuro (González et al., 2016). Sin embargo, cuando se trata de proyectos de ER a pequeña escala, la construcción de la infraestructura necesaria para apoyarlos puede considerarse demasiado costosa (Foxon et al., 2005; Heiman y Solomon, 2004; Neuhoff, 2005). También destacamos el hecho de que cuando una comunidad tiene fácil acceso a la red eléctrica ya existente hay pocos incentivos para crear un sistema autosuficiente (Hicks y Ison, 2011), lo que pone en manifiesto la importancia de la red eléctrica como infraestructura clave en el sistema energético de cualquier país (Haggett y Aitken, 2015). Relacionado con el concepto de CER hacemos mención al de microrredes, sistemas eléctricos localizados que pueden operar independientemente de las redes más grandes (Barbour et al., 2018). Algunos sostienen que los proyectos a menor escala son más ventajosos ya que evitan hacer mejoras costosas en la red o evitan una sobrecarga de la tensión de la red (Walker, 2008). La creación de estas microrredes basadas en ER producida localmente y distribuida directamente a los consumidores locales puede considerarse uno de los beneficios técnicos más importantes, creando así una comunidad autosuficiente en materia de energía (Hicks y Ison, 2011). La creación de empleo en las zonas rurales depende en gran medida de las infraestructuras físicas: agua corriente, sistema de alcantarillado, suministro de gas, telecomunicaciones, etc. (Ferreira et al., 2016; Krakowiak-Bal, Ziemianczyk, y Wozniak, 2017). La infraestructura pública genera una influencia positiva en el empleo, ya que el sector público en un factor clave en muchas zonas rurales (Agarwal et al., 2009). La infraestructura contribuye al crecimiento y al desarrollo mediante el aumento de la productividad y la reducción de costes, especialmente para las pequeñas empresas (Roig-Tierno et al., 2015); además su importancia se encuentra respaldada por las regulaciones europeas. Las inversiones en infraestructura forman parte de las políticas y objetivos europeos para el desarrollo rural, a través de programas como la Política Agraria Común (PAC) (Ministerio de Agricultura Pesca y Alimentación, 2020a), Estrategia Europea 2020 (Ministerio de Ciencia e Innovación, 2015) y Programas de Desarrollo Rural Sostenible (PDRS) (Ministerio de Agricultura Pesca y Alimentación, 2020b); donde plantean la superación de obstáculos en materia de infraestructura como una de las medidas que podrían contribuir a impulsar el emprendimiento rural. La infraestructura física también sirve para prestar servicios ambientales, como la preservación de la biodiversidad, la protección de la calidad y disponibilidad del agua, la preservación de la calidad del aire, el fortalecimiento de la resistencias a inundaciones e VANESSA MIRAMONTES VIÑA 112 clara del objetivo de esas empresas en el desarrollo rural (Pato y Teixeira, 2016; Smallbone y Welter, 2006). Podemos distinguir entre las políticas de fomento y apoyo a la iniciativa emprendedora y las de apoyo a las empresas más tradicionales. Las primeras incluyen la promoción de una cultura emprendedora, la educación emprendedora y las políticas de ayuda a las personas en las etapas iniciales de la puesta en marcha de un negocio (Álvarez et al., 2012; Ferreira et al., 2016; North y Smallbone, 2006); las segundas se relacionan con el crecimiento, la supervivencia y la competitividad de las empresas existentes (North y Smallbone, 2006). Por lo general, las políticas de fomento de la capacidad emprendedora se relacionan con la orientación al mercado (Avramenko y Silver, 2010; Drabenstott et al., 2003; Kropp et al., 2006), la incubación de las redes (Drabenstott et al., 2003; Hansen et al., 2000), la educación y la capacitación (Drabenstott et al., 2003; North y Smallbone, 2006), las tecnologías de la información y las comunicaciones (Drabenstott et al., 2003; North y Smallbone, 2006), o el fomento del emprendimiento entre los jóvenes (Drabenstott et al., 2003), las mujeres (Alario Trigueros y Morales Prieto, 2016; Kaygusuz, 2012; Lafuente et al., 2010; Sánchez-Oro Sánchez y Fernández Sánchez, 2017), y las minorías étnicas (Drabenstott et al., 2003; Shiv y Crick, 2004). Las políticas sectoriales pueden ser un importante estímulo para la actividad empresarial en las zonas rurales cuando se trata de reestructurar y modernizar los sectores tradicionales (North y Smallbone, 2006). Aunque McElwee y Smith (2012) también han determinado que las políticas son un obstáculo para el espíritu emprendedor y la diversificación de las empresas rurales, fundamentalmente, esto no se debe a la falta de potencial o ideas, sino más bien a la ausencia de un enfoque estratégico para abordar los problemas del desarrollo rural, especialmente en lo que respecta a la financiación de las empresas rurales (North y Smallbone, 2006). Los responsables de las políticas locales y regionales deben comprender el contexto para la toma de decisiones estratégicas efectivas (Deakins et al., 2016). 1.3.6.2 Informales: Participación en el desarrollo de los proyectos y en la propiedad Heaslip (2016) concluye que el enfoque ‘bottom-up’ o “de abajo a arriba” ha sido decisivo en el desarrollo de CER en Dinamarca e Irlanda, canalizado a través del apoyo voluntario individual y la creación de redes dentro de la comunidad. Schweizer-Ries (2008) apunta que el proceso “de abajo a arriba” debería ser la base de cualquier proyecto de ER comunitario exitoso a largo plazo, llegando a la conclusión de que el hecho de tener en cuenta los aspectos sociales aumenta la realización exitosa de la oferta y demanda de ER en el futuro, asegurando la integración con éxito en la vida de la comunidad rural a largo plazo. Además, las investigaciones demuestran que las redes dentro de una comunidad no solo aumentan la confianza en las personas y su capacidad para trabajar juntas, sino que también facilitan la adopción de decisiones mutuamente acordadas (González et al., 2016). En estos procesos vuelve a ser importante la figura de la persona influyente. Cass y Walker (2009) afirman que en pequeñas comunidades es mejor tratar con individuos que con un grupo, es decir, que sería mejor tratar con un solo representante del grupo, o el principal influyente. La persona influyente puede utilizarse para combatir tanto las barreras individuales (barreras personales) como las externas (debido a la participación del grupo comunitario) mediante la disipación de los temores personales y el desafío de las barreras sugeridas por los grupos opuestos a los proyectos de ER. Dado que el apoyo a los proyectos suele estar más extendido que el deseo a participar, de ahí la importancia del influyente como gestor (Busch y McCormick, 2014; Rogers et al., 2008). Capítulo 1. Antecedentes del emprendimiento y las ER en el ámbito rural de países desarrollados 113 La participación de todos los interesados, incluida la comunidad, es importante para evitar conflictos y generar apoyo a lo largo del tiempo. También se considera que la participación de la comunidad aumenta el sentido de pertenencia (Urmee y Md, 2016) y la aceptación social, además de crear resultados equitativos mediante el establecimiento de pautas de propiedad local transparente y de bajo riesgo (Beery y Day, 2015). Los promotores locales suelen tener lazos locales más fuertes y una mayor identificación con las comunidades que los promotores externos. A pesar de que la generación de beneficios para la comunidad es voluntaria, los promotores externos deben reconocer el alto grado de valor que aporta la participación de los miembros de la comunidad local y de la creación de resultados positivos para toda la comunidad (Süsser y Kannen, 2017). Los proyectos de ER cuya propiedad es de la comunidad y/o están dirigidos por ella pueden proporcionar beneficios a las personas, las comunidades y las regiones (Kalkbrenner y Roosen, 2016), si se garantiza la participación local y la asignación justa de los beneficios, y se reconocen las necesidades locales (Süsser y Kannen, 2017). En comparación con las instalaciones de ER financiadas internacionalmente y en gran escala, las de menor escala y con diferentes modelos de propiedad pueden ofrecer una mayor oportunidad de que los beneficios se acumulen a nivel local (Bere et al., 2017). Sin embargo, las pruebas son escasas. Ello se debe en parte a la lentitud de las instalaciones dirigidas por la comunidad y a las dificultades inherentes a la cuantificación de los efectos en el empleo ex ante y a nivel local (Lambert y Silva, 2012). Hay escasez de estudios europeos que relacionen de manera comparable los beneficios de las ER en pequeña escala, ya sean de propiedad comunitaria o no, con las inversiones en mayor escala (Bere et al., 2017). Entwistle et al. (2014) examinan las repercusiones económicas de las ER para las turbinas eólicas en Escocia de propiedad comunitaria e identifican importantes ingresos anuales procedentes de la venta y las subvenciones de la electricidad generada, que van desde "125.000 por MW instalado" hasta "280.000 en los lugares más ventajosos". Estos totales son significativos en comparación con los ingresos locales procedentes de los gastos de construcción y del alquiler y mantenimiento de los terrenos. Esto pone de relieve la importancia de la propiedad comunitaria para impulsar los ingresos locales y evitar su filtración hacia fuera de la localidad (Slee, 2015). 1.4 DIAGRAMAS DE RELACIONES CAUSALES ENTRE LOS FACTORES CONDICIONANTES DEL EMPRENDIMIENTO Y LA IMPLANTACIÓN DE ER EN LAS ZONAS RURALES DE PAÍSES DESARROLLADOS Una vez identificados los antecedentes más relevantes analizados en la literatura académica en relación con el emprendimiento y las ER en los contextos rurales de países desarrollados, resulta necesario reconocer que todos estos factores, organizados en torno a los cinco grandes capitales considerados (económico, humano, social, natural y físico), interactúan entre sí no solo dentro de su propio capital sino también entre capitales. En los siguientes apartados, y basándonos en las aportaciones de la literatura consultada, tratamos de formalizar estas interacciones mediante diagramas de relaciones causales. Usaremos las notaciones EC para referirnos al capital económico, HC para el humano, SC para el social, NC para el natural y PC para el físico. Dentro de cada capital, cada relación causal, implicando uno o más factores, se identificará con la notación correspondiente a dicho capital unida a números correlativos, mientras que al identificar relaciones entre factores de dos capitales distintos, se utilizarán las dos notaciones de dichos capitales separadas por un guion, indicando en primer lugar la VANESSA MIRAMONTES VIÑA 114 correspondiente al capital donde se origina la relación causal, y empleando también números correlativos para identificar más de una relación causal entre los mismos capitales. Además de las cinco esferas de capital, identificamos un nivel adicional correspondiente a los factores institucionales (IF). Estos han sido clasificados de diferentes maneras. Deakins et al. (2016) distinguen entre públicos (políticas e instituciones públicas) y privados (por ejemplo las imposiciones de las cooperativas sobre sus miembros o clientes en relación a las especificaciones sobre productos o procesos). Es más común la distinción entre factores formales e informales (Magnani et al., 2017; Serarols-Tarrés et al., 2007) que ya hemos descrito en el apartado anterior. En relación con el emprendimiento, Serarols-Tarrés et al. (2007) identifican entre los factores formales las medidas gubernamentales (normas y legislación en materias diversas como creación de empresas o fiscalidad), los servicios no económicos o programas de apoyo al emprendimiento (asesoramiento, formación…) y las ayudas y programas de apoyo económico para la creación de empresas (subvenciones, préstamos, garantías…). Magnani et al. (2017) reconocen entre los factores formales a los esquemas de apoyo financiero o las políticas sobre los usos del suelo, y entre los informales la cultura energética, el capital social comunitario o las normas de convivencia y responsabilidad, que nosotros incluimos dentro del capital social. Los medios de comunicación y redes sociales podrían considerarse también entre las instituciones informales (Holstead et al., 2017). En el marco de esta investigación, incluimos también entre estos factores informales los procesos de consulta comunitaria para el desarrollo de proyectos de ER (Lennon y Scott, 2017) o CER (D’Souza y Yiridoe, 2014) o los procesos de implicación de las comunidades a través de su participación en el diseño, la gestión y/o la propiedad de los proyectos de ER y CER (Heaslip et al., 2016; Jobert et al., 2007; Li et al., 2013; Nadaï et al., 2015; Wüstenhagen et al., 2007). Se ha destacado muy especialmente la importancia del papel de los gobiernos locales en el impulso a los proyectos CER (Kunze y Busch, 2011). Los factores institucionales formales e informales condicionan todas las formas de capital y a su vez se ven afectados por muchos de sus componentes (Figura 15). Así, a modo de ejemplo, mientras que Romich y Bowen-Ellzey (2013) explican cómo las políticas públicas y los programas de apoyo pueden mejorar el nivel educativo y así la confianza y aceptación de la energía eólica, o González et al. (2016) destacan la importancia de construir confianza a través de procesos de consulta y participación de las comunidades, Meccheri y Pelloni (2006) comprueban que la aceptación de apoyo institucional está condicionada por las características personales (esfera del capital humano) y el capital social, y Jagoda et al. (2016) verifican que el recurso por parte de las empresas rurales a agencias de apoyo gubernamental se ve frenado por, entre otros factores, la búsqueda de autonomía (que forma parte de la orientación emprendedora en la esfera del capital humano). Es relevante también el papel de las políticas públicas regulando el acceso a la explotación de recursos naturales como el suelo (Magnani et al., 2017; Monteleone et al., 2018; Prados, 2010), la actividad agroganadera (Starick et al., 2014) o los recursos de ER (Hain et al., 2005; Starick et al., 2014). Y el de las instituciones formales e informales en mejorar el conocimiento y la sensibilidad o concienciación en torno a los beneficios de las ER (Dombi et al., 2014; Janhunen et al., 2014; González et al., 2016; Cloke et al., 2017). Los factores institucionales condicionan también la relación entre el desarrollo de la actividad emprendedora o la implantación de ER en las zonas rurales y su contribución positiva al DRS. Así, se ha reconocido el efecto mediador que la propiedad comunitaria de instalaciones de ER supone para lograr que la implantación de las ER suponga una distribución equitativa de los beneficios y un impacto socioecómico positivo sobre la comunidad (Beery y Day, 2015; Capítulo 1. Antecedentes del emprendimiento y las ER en el ámbito rural de países desarrollados 115 Munday et al., 2011; Okkonen y Lehtonen, 2016; Slee, 2015). Obviamente para que esto se materializa se precisan dos condiciones: que las instituciones formales e informales permitan la participación en la propiedad (esfera de los factores institucionales) y que los miembros de la comunidad deseen invertir. Figura 15 - Factores institucionales. Por otro lado, todos los diagramas causales contenidos en cada esfera de capital confluyen en el mismo camino que une el emprendimiento y las ER con las CER, camino que se asume como impulsor de un DRS, desde el que se genera un proceso de retroalimentación de nuevo hacia las cinco esferas de capital entendiendo que ese DRS produce impactos positivos en ellas. Estudios como los de Berka y Creamer (2018) o Hicks y Ison (2011, 2018) ponen de manifiesto los impactos positivos de las CER sobre el desarrollo rural en términos económicos, sociales y ambientales, sin descartar la posibilidad de que se materialicen también efectos negativos, como los cambio en el paisaje (Prados, 2010; von Bock und Polach et al., 2015). Algunos ejemplos de los impactos sobre factores condicionantes concretos los encontramos en: Rogers et al. (2008), que constatan que las iniciativas CER contribuyen a mejora la aceptación social de dichos proyectos; Müller (2013), que afirma que el emprendimiento rural mejora la calidad de vida y el concepto de lugar o place; o Fergen y Jacquet (2016), que contrastan las expectativas previas al desarrollo de un parque eólico con su satisfacción tras la instalación, constatando que muchas resultan insatisfechas. Las CER se muestran también como impulsoras de la expansión de las ER y el emprendimiento (Graziano et al., 2017), contribuyendo, por ejemplo, a extender el tejido emprendedor gracias a la posibilidad de generar materias primas para la generación de electricidad o facilitando la prestación de servicios a la comunidad local (Surie, 2017). 1.4.1 Capital económico. Identificamos 13 factores principales dentro del capital económico. Por un lado, Fuller- Love et al. (2006) consideran que los factores económicos más representativos del desarrollo económico rural local se relacionan con la fortaleza económica de la región (asociada al nivel de actividad, PIB, diversificación sectorial, etc.), la competencia exterior y la capacidad de VANESSA MIRAMONTES VIÑA 116 acceso a los mercados. Este último factor lo dividimos en acceso a mercados locales y extralocales (Bosworth et al., 2011), relacionando además el acceso a mercados locales con la existencia de una masa crítica suficiente tanto de población (Delfmann et al., 2014; Goetz y Rupasingha, 2014) como de empresas (Bosworth et al., 2011). En muchos de los estudios consultados el desempleo (Agarwal et al., 2009; Haapanen y Tervo, 2009), el autoempleo (Goetz y Rupasingha, 2014) y la renta disponible (Delfmann et al., 2014; Goetz y Rupasingha, 2014; Haapanen y Tervo, 2009; Magnani et al., 2017) se han vinculado a la actividad emprendedora o la inversión en ER. También resulta determinante la capacidad de investigación, desarrollo e innovación (Olaniyi y Reidolf, 2015; Price Schultz y Jones, 2017; Ramsey et al., 2013). La seguridad energética se presenta como condicionante y como resultado de la inversión en ER (Graziano et al., 2017; Loomis et al., 2016; Morrison et al., 2017). Se ha prestado también mucha atención al concepto de embeddedness, tanto en relación con las ER y las CER (von Bock und Polach et al., 2015) como en relación con el emprendimiento (Akgün et al., 2010; Kalantaridis y Bika, 2006b; Müller y Korsgaard, 2018), entendiendo que su éxito en las zonas rurales depende del grado en que los proyectos están “embebidos” en su contexto local, en relación al origen de los inputs y el destino de los outputs. Finalmente, se incluyen los factores de acceso a fuentes de financiación (Backman, 2015; Deller et al., 2019; Goetz y Rupasingha, 2014; Marinakis et al., 2015), riesgo emprendedor (Karlsson et al., 2017; Morrison et al., 2017; Psaltopoulos et al., 2005) y viabilidad económica (Bosworth et al., 2011; Karlsson et al., 2017; Sliz-Szkliniarz, 2013; Valchovska y Watts, 2016). La Figura 16 muestra las relaciones causales entre los propios elementos del capital económico, así como las que se originan o desembocan en esta esfera. La Tabla 4 describe las relaciones causales definidas dentro del capital económico, así como las originadas en él y que impactan sobre otros capitales. Figura 16 - Relaciones causales entre factores en capital económico. Capítulo 1. Antecedentes del emprendimiento y las ER en el ámbito rural de países desarrollados 117 Tabla 4 - Relaciones causales entre factores en capital económico. Relación causal Justificación EC1 El riesgo asociado a la actividad emprendedora (que depende a su vez de la relación HC-EC6) también condiciona el acceso a fuentes de financiación. Meccheri y Pelloni (2006) señalan que los emprendedores con mayor acumulación de capital humano suelen tener menor aversión al riesgo, comprometerse en proyectos de mayor tamaño y, en consecuencia, atesorar una mayor probabilidad de precisar financiación externa. Psaltopoulos, Stathopoulou y Skuras (2005) también señalan la influencia de la acumulación de capital humano sobre la estructura de capital inicial al afectar a la percepción del riesgo del emprendedor. Por otra parte, la disponibilidad de fuentes de financiación local puede reducir el riesgo del emprendedor (Psaltopoulos et al., 2005). EC2 Un contexto de crecimiento económico (diversificación sectorial, presencial de grandes empresas y gran potencial de mercado) facilita la actividad de I+D+i (Olaniyi y Reidolf, 2015) y el asentamiento en el rural de empresas de base tecnológica (Lafuente et al., 2010), que pueden promover la implantación de emprendimientos en cualquier sector, también el de las ER, así como el desarrollo de formas de innovación social como las CER (Magnani et al., 2017; van der Horst, 2008) o modelos innovadores de negocio similares que contribuyan a la viabilidad económica de los proyectos (Karlsson et al., 2017). En el caso de los proyectos de ER, estos incrementan la seguridad energética (Angelis-Dimakis et al., 2011; Graziano et al., 2017) que es un pilar del desarrollo económico (Wang et al., 2009; Wüste y Schmuck, 2012). EC3 Un contexto de crecimiento económico condiciona la evolución del desempleo y del autoempleo. El desempleo se ha identificado como un elemento motivador del autoempleo (Goetz y Rupasingha, 2014; Korpysa, 2010). Y la situación del mercado laboral en general afecta a la renta disponible, que es un condicionante tanto de la capacidad de invertir en iniciativas emprendedoras (Haapanen y Tervo, 2009), como de la capacidad de la demanda local (Delfmann et al., 2014) y, por tanto, de la viabilidad económica de los proyectos. La viabilidad económica facilita la puesta en marcha de iniciativas de emprendimiento y ER que contribuyen al desarrollo rural, y este a su vez deriva en la regeneración económica (Berka y Creamer, 2018). EC4 Un contexto de crecimiento económico condiciona la masa crítica de población y empresas que configura la demanda local de productos y servicios, también la demanda local de energía que Graziano et al. (2017) identifican como necesaria para el éxito de los proyectos CER. La existencia de una demanda local sólida (junto con la disponibilidad de inputs reflejada en la relación NC-EC4) facilita la integración local (embeddedness) de los proyectos, y esta se ha demostrado como un factor facilitador de la actividad emprendedora incluso ante restricciones en la disponibilidad de recursos (Müller y Korsgaard, 2018). EC5 La configuración de la masa crítica de población y empresas y la dinámica del cambio en la población afectan al riesgo de iniciar un negocio (Delfmann et al., 2014), conectando con el ciclo EC1 que recoge la interrelación entre el riesgo y el acceso a la financiación. Se ha señalado, además, que el uso de diversas fuentes de financiación contribuye a la viabilidad y éxito de los proyectos (Heaslip et al., 2016; Warren y McFadyen, 2010). EC6 El acceso a mercados extra-locales (condicionado por la distancia a centros metropolitanos (PC-EC2), la disponibilidad de servicios naturales para atraer al turismo rural por ejemplo (NC-EC3), o la existencia de capital social puente (SC-EC6)) supone la posibilidad de incrementar la actividad económica en la esfera extra-local y el aumento de la competencia (Bosworth, 2008; Bosworth et al., 2011), afectando a la viabilidad económica de las iniciativas emprendedoras. EC5+EC6 puede ser la fórmula de desarrollo local más apropiada, aunando lo mejor de los dos mundos (local y extra-local) (Korsgaard, Ferguson, et al., 2015). EC-HC1 La integración local (embeddedness) reflejada en la creación de empleo local, el comercio local y el desarrollo local, contribuyen a incrementar los niveles de capital humano (en términos de masa crítica) en las economías rurales (Bosworth, 2009). EC-HC2 La escasez de renta es el detonante de la motivación de diversificar a través de ER, turismo rural, etc., la actividad agraria tradicional (Holstead et al., 2017; McElwee y Smith, 2012; Okkonen y Lehtonen, 2016; Phelan y Sharpley, 2012). EC-SC1 Las personas en autoempleo constituyen modelos a imitar (role models) que se integran dentro del capital social de una comunidad (conecta con SC-EC7). EC-NC1 La fortaleza de la economía facilita la conservación del capital campestre. EC-NC2 La innovación y la adopción de nuevas tecnologías facilita un mejor aprovechamiento de los recursos naturales, como el potencial de ER (Forbord et al., 2012; Hain et al., 2005; Ramsey et al., 2013; Zabaniotou et al., 2017). EC-PC1 La fortaleza de la economía facilita la dotación y adecuado mantenimiento de las infraestructuras. VANESSA MIRAMONTES VIÑA 118 1.4.2 Capital humano Para configurar el capital humano seleccionamos ocho factores identificados en la literatura analizada como condicionantes del emprendimiento rural y el despliegue de las ER en las zonas rurales de países desarrollados. En primer lugar, el capital humano se presenta como masa crítica de población en edad de trabajar (Akgün et al., 2011). Sin embargo, el capital humano suele relacionarse con el nivel de educación en casi todos los estudios consultados. Adoptamos la denominación de “acumulación de capital humano”, englobando tanto las vías formales (educación) como informales (experiencia) de dicho proceso (Meccheri y Pelloni, 2006; Psaltopoulos et al., 2005; Skuras et al., 2005). Ambos conceptos de capital humano se han visto mermados en las zonas rurales de países desarrollados por los procesos de despoblación (Stockdale, 2006). Destacamos además de forma separada el papel de competencias específicas (relacionadas con la gestión empresarial, el emprendimiento, o las ER), que se han considerado tanto un antecedente como un resultado del emprendimiento y de la implantación de las ER o de proyectos CER en el ámbito rural (Berka y Creamer, 2018; Deakins et al., 2016; Karlsson et al., 2017). Entre las competencias emprendedoras incluimos la creatividad (Freire-Gibb y Nielsen, 2014; Gretzinger et al., 2018; Price Schultz y Jones, 2017; Stephens et al., 2013). Un concepto relacionado y que merece atención especial es el de orientación emprendedora (Covin y Lumpkin, 2011; Lumpkin y Dess, 1996), que define el proceso estratégico de identificación de oportunidades y realización de acciones emprendedoras para aprovecharlas. En relación con el ámbito rural y la actividad agraria en particular, Duarte et al. (2008) vinculan a la orientación emprendedora las siguientes características: innovación, competitividad, agresividad, asunción de riesgos, proactividad y autonomía. Incluimos dentro de este constructo otro de los elementos singulares estudiados en la literatura, la predisposición a invertir (Kalkbrenner y Roosen, 2016), asumiendo que guarda una estrecha relación con la orientación emprendedora porque implica realizar una evaluación del riesgo y realizar una acción en consecuencia. Consideramos también la influencia de las características personales, fundamentalmente la edad y el género, que junto con el nivel educativo son las variables más comúnmente incluidas en los estudios como variables independientes o de control (Åmo, 2014; Baumgartner et al., 2013; Goetz y Rupasingha, 2014; McElwee y Smith, 2012). Las motivaciones del capital humano para iniciar un proyecto de emprendimiento o ER configuran otro de los factores considerados, englobando por un lado la distinción entre emprendimiento por necesidad y emprendimiento por oportunidad (Delfmann et al., 2014; Walzer y Blanke, 2013), y por otro las motivaciones relacionadas con el cambio en el estilo de vida que respaldan los movimientos migratorios de contraurbanización o vuelta de la ciudad al campo, o las relacionadas con la orientación social, ambiental o local de las iniciativas emprendedoras, y en particular de las CRE (Christmann, 2014; Fortunato, 2014; Morrison et al., 2017; Okkonen y Lehtonen, 2016; Walzer y Blanke, 2013). Estas motivaciones están también relacionadas con las expectativas o efectos esperados que se pueden asociar a las iniciativas de emprendimiento, ER o CRE, en términos de mejoras en la situación socioeconómica y en el medio ambiente (D’Souza y Yiridoe, 2014; Fergen y Jacquet, 2016; Groth y Vogt, 2014; Janhunen et al., 2014; Loomis et al., 2016; Martire et al., 2015; Süsser y Kannen, 2017). La inmigración es otro de los factores que ha recibido una gran atención en relación con el emprendimiento rural (Akgün et al., 2011; Bosworth, 2008, 2009; Iversen y Jacobsen, 2016; Kalantaridis y Bika, 2006a; Munkejord, 2017; Stockdale, 2006). Finalmente, destacamos el hecho de que en muchos estudios se pone de relieve la importancia de la existencia de una persona/influencia clave/significativa (Heaslip et al., 2016; Rogers et al., 2012; Valchovska y Watts, 2016) o entusiasta influyente como lo denominan Karlsson et al. (2017), que lidera el proceso de emprendimiento o creación de CER en el ámbito rural. En este sentido, Borch et al. (2008) prestan especial atención a la figura del emprendedor comunitario. Capítulo 1. Antecedentes del emprendimiento y las ER en el ámbito rural de países desarrollados 119 La Figura 17 muestra las relaciones causales entre los propios elementos del capital humano, así como las que se originan o desembocan en esta esfera. La Tabla 5 describe las relaciones causales definidas dentro del capital humano, así como las originadas en él y que impactan sobre otros capitales. Figura 17 - Relaciones causales entre factores en capital humano. Tabla 5 - Relaciones causales entre factores en capital humano. Relación causal Justificación HC1 Este ciclo causal comienza en la disponibilidad de masa crítica de capital humano (condicionada a su vez por EC-HC1). En cada contexto local esta masa crítica estará formada por personas con distintas características personales (género, edad) que se han demostrado explicativos de los factores que aparecen después (Haapanen y Tervo, 2009; Lafuente et al., 2010) (educación/experiencia, orientación emprendedora, etc.). La acumulación de capital humano por vías formales o informales determina el conjunto de competencias y habilidades que atesora el capital humano, que, en combinación con sus motivaciones o expectativas, configuran una mayor o menor orientación emprendedora que facilite la aparición de la figura del emprendedor o figura clave de influencia para la puesta en marcha de iniciativas emprendedoras. Así, la aparición de esta figura, condicionada por su orientación al emprendimiento, depende de la acumulación de capital humano por vías formales (educación) e informales (experiencia) que genera determinadas competencias (Åmo, 2014; Goetz y Rupasingha, 2014; Lee y Cowling, 2014; Morrison et al., 2017; Phelan y Sharpley, 2012; Stephens et al., 2013; Vaillant y Lafuente, 2007) y de características personales (género, edad…) (Åmo, 2014; Goetz y Rupasingha, 2014; Haapanen y Tervo, 2009; Vaillant y Lafuente, 2007). El desarrollo de iniciativas emprendedoras o de ER por parte de estas personas clave contribuye al desarrollo rural y este a la mejora del capital humano (Berka y Creamer, 2018). HC2 Este segundo ciclo causal integra el ciclo anterior (HC1), pero establece en el punto de partida la migración como fenómeno que puede impactar de forma negativa (emigración) o positiva (inmigración) sobre la masa crítica de capital humano de un determinado contexto local (Kalantaridis y Bika, 2006a). Afecta también a su caracterización sociodemográfica, destacando el envejecimiento de la población asociado a la vuelta al rural de las personas jubiladas (Dammers y Keiner, 2006). La inmigración, además, se ha vinculado con numerosos efectos positivos sobre los diferentes factores incluidos en la esfera del capital humano: acumulación de capital humano (Bosworth, 2009; Stockdale, 2006), competencias y habilidades (Bosworth, 2009), motivaciones (Iversen y Jacobsen, 2016) y orientación emprendedora (Bosworth, 2009). VANESSA MIRAMONTES VIÑA 120 Relación causal Justificación HC-SC1 La inmigración contribuye a la construcción de capital social puente (bridging), ya que los inmigrantes confían en sus relaciones extra-locales para construir sus redes de colaboración (Bosworth, 2008; Kalantaridis y Bika, 2006a). HC-SC2 Las motivaciones y expectativas (efectos sociales, económicos o ambientales esperados) condicionan la aceptación social del emprendimiento y las ER en el rural (D’Souza y Yiridoe, 2014; Fergen y Jacquet, 2016; Groth y Vogt, 2014; Heaslip et al., 2016; Janhunen et al., 2014; Jobert et al., 2007). HC-SC3 Las características personales (género, edad) condicionan factores del capital social como la confianza, la capacidad de cooperación o el place attachment (Romich y Bowen-Ellzey, 2013). HC-SC4 La estructura poblacional y el envejecimiento de la población pueden limitar la dotación de servicios (Delfmann et al., 2014). HC-PC1 La estructura poblacional y el envejecimiento de la población pueden limitar la dotación de infraestructuras (Delfmann et al., 2014). HC-EC1 La acumulación de capital humano formal (educación) e informal (experiencia) condiciona las tasas de creación de nuevas empresas (Westlund et al., 2014) y de su supervivencia (Haapanen y Tervo, 2009) y éxito (Skuras et al., 2005). Lee y Cowling (2014) señalan que las empresas que precisan mano de obra especializada es menos probable que se emplacen en zonas rurales. HC-EC2 El autoempleo está condicionado por la orientación al emprendimiento, que depende a su vez de la acumulación de capital humano, las características personales o la inmigración. HC-EC3 La innovación depende de la creatividad (Gretzinger et al., 2018; Price Schultz y Jones, 2017). HC-EC4 El riesgo asociado al emprendimiento se ve afectado por la orientación al emprendimiento y sus condicionantes específicos (características personales, acumulación de capital humano…). HC-EC5 La inmigración contribuye al incremento de la masa crítica y refuerza la demanda local de productos y servicios (Stockdale, 2006). HC-EC6 La motivación u orientación local, o social, o de estilo de vida contribuyen a una mayor integración local (embeddedness) de las iniciativas emprendedoras (Fortunato, 2014; Korsgaard, Ferguson, et al., 2015; Lundberg y Fredman, 2012; Morrison et al., 2017). 1.4.3 Capital social. Para configurar la esfera del capital social adoptamos la definición de Putman (1995), que se refiere a las normas, la confianza mutua y las redes que caracterizan las organizaciones sociales. Así, de los 16 factores incluidos bajo este capital, tres son la confianza (Kalkbrenner y Roosen, 2016; Rogers et al., 2012; von Bock und Polach et al., 2015; Wüstenhagen et al., 2007), los valores y normas sociales (Kalkbrenner y Roosen, 2016; Magnani et al., 2017) y las redes o formas diversas de colaboración como alianzas o clusters (Baumgartner et al., 2013; Bosworth et al., 2011; Farja et al., 2017; Gretzinger et al., 2018; Jagoda et al., 2016; McElwee y Smith, 2012; Morrison et al., 2017; von Bock und Polach et al., 2015). Incorporamos, además, basándonos en la revisión de la literatura, el concepto de apego al lugar o identidad con la comunidad (Kalkbrenner y Roosen, 2016; van Veelen y Haggett, 2017; Wüstenhagen et al., 2007) como un aspecto al que se ha prestado especial atención en relación con la aceptación de ER y la predisposición a participar o invertir en proyectos CER. Estos cuatro factores (confianza, normas sociales, redes y apego al lugar) configuran el corazón o núcleo central del capital social, en torno al cual establecemos otros factores como antecedentes y otros como consecuencias. Entre los antecedentes, destacamos el concepto de lugar (place), definido por Korsgaard, Ferguson y Gaddeford (2015) como la valoración de un lugar en relación con lo que se ha vivido y experimentado en él y al que se le atribuye un significado, y que se relaciona con dimensiones como la cultura, herencia e historia. Así, incluimos como factor específico dentro del capital social este concepto de lugar (place), que entendemos que se construye, a su vez, sobre la base de otros factores determinantes del capital social: las estructuras sociales asociadas Capítulo 1. Antecedentes del emprendimiento y las ER en el ámbito rural de países desarrollados 121 a las familias y las amistades (Avramenko y Silver, 2010; Freire-Gibb y Nielsen, 2014; Munkejord, 2017); la presencia de modelos a imitar (role models), que pueden proceder de la familia o de otros contextos (Avramenko y Silver, 2010; Freire-Gibb y Nielsen, 2014; Lafuente et al., 2007, 2010; Steiner y Atterton, 2015; Walzer y Blanke, 2013); el papel de las entidades y gobiernos locales como agentes de integración, cohesión y movilización social (Busch y McCormick, 2014; Marinakis et al., 2015; Westlund et al., 2014; Wilson et al., 2001); la existencia de servicios sociales para la comunidad (Delfmann et al., 2014; Jokinen et al., 2008); la herencia cultural e histórica; y las costumbres y estilos de vida (Garrod et al., 2006; Korsgaard, Ferguson, et al., 2015). Muchos de estos factores que configuran el concepto de lugar (place), se relacionan también con el concepto de ‘countryside capital’ o capital campestre (Garrod et al., 2006), que engloba características del mundo rural asociadas tanto con sus activos naturales como con sus activos físicos o “construidos” (como los asentamientos rurales), y sus activos sociales, como las tradiciones culturales locales. Por lo tanto, este capital campestre reúne en realidad elementos que forman parte del capital social, del capital natural y del capital físico. Consideramos que este concepto de capital campestre debe ser incluido en la esfera del capital natural. Como consecuencia o resultado de la combinación en distintos niveles de la confianza, las redes, los valores y normas sociales y el apego al lugar, nos referimos a los tres tipos de capital social comúnmente identificados en la literatura (Esparcia et al., 2016): capital social de unión (bonding), capital social puente (bridging) y capital social de eslabón (linking). El capital social de unión se refiere a las relaciones entre individuos con características comunes o pertenecientes al mismo colectivo o territorio. El capital social puente a relaciones entre individuos con características diferentes o pertenecientes a colectivos o territorios diferentes. Y el capital social de eslabón a las relaciones con las instituciones. En general, los estudios centrados en ER o CER no hablan de forma explícita del capital social bonding o bridging, sino que se centran en el análisis de los elementos del capital social (confianza, normas sociales, redes, apego al lugar), y el capital social linking no es mencionado tampoco explícitamente en ninguno de los estudios sobre emprendimiento que integran nuestra revisión sistemática de literatura. Finalmente incluimos como factores del capital social también la aceptación social de los proyectos emprendedores y de ER o CER (D’Souza y Yiridoe, 2014; Fergen y Jacquet, 2016; Groth y Vogt, 2014; Heaslip et al., 2016; Janhunen et al., 2014; Jobert et al., 2007; Lennon y Scott, 2017; Rogers et al., 2008; Rogers et al., 2012; Shamsuzzoha et al., 2012; van der Horst, 2007; van Veelen y Haggett, 2017; Wüstenhagen et al., 2007) y el compromiso para implicarse en diverso grado en el diseño, la financiación o la gestión de los proyectos (Alvial-Palavicino et al., 2011; Christmann, 2014; Graziano et al., 2017; Nadaï et al., 2015; Valchovska y Watts, 2016). La Figura 18 muestra las relaciones causales entre los propios elementos del capital social, así como las que se originan o desembocan en esta esfera. La Tabla 6 describe las relaciones causales definidas dentro del capital social, así como las originadas en él y que impactan sobre otros capitales. VANESSA MIRAMONTES VIÑA 128 1.5 CONCLUSIONES El trabajo de Forbord et al. (2012) constituye un buen ejemplo de cómo diversos factores deben interrelacionarse desde diferentes esferas de capital para posibilitar la actividad emprendedora. Concluyen que el desarrollo de nuevos negocios bioenergéticos depende de las siguientes condiciones: 1) Que exista una demanda de energía (incluido bajo la esfera económica de nuestro modelo de relaciones causales); 2) que exista una base de recursos para la producción de bioenergía (esfera del capital natural de nuestro modelo); 3) que estén disponibles tecnologías adecuadas, infraestructuras y competencias a lo largo de la cadena de valor (capital económico, físico y humano); 4) que haya emprendedores interesados en iniciar los negocios (persona clave en la esfera del capital humano de nuestro modelo); y 5) que el precio de otras energías no sea demasiado bajo (lo cual condiciona la demanda y la viabilidad económica en la esfera del capital económico). Reconocen también que los factores institucionales (apoyo financiero e implicación de los gobiernos locales) pueden afectar de modo positivo o negativo a cualquiera de estas cinco condiciones. Las CER se han presentado como una forma de innovación social (Hewitt et al., 2019; Magnani et al., 2017; Seyfang et al., 2013; Süsser et al., 2017) que puede contribuir de forma decidida al DRS y a la transición hacia un modelo energético sostenible que mitigue el impacto de los sistemas energéticos sobre el cambio climático (Graziano et al., 2017; Marinakis et al., 2015). El concepto de CER se ha vinculado a distintas formas de emprendimiento: político (Young y Brans, 2017), institucional (Mahzouni, 2019), social (Becker et al., 2017; Morrison et al., 2017), asociativo (Cato et al., 2008), comunitario (Graziano et al., 2017) y local o “emplazado” (Süsser y Kannen, 2017). Sin embargo, no se ha prestado suficiente atención al análisis de los procesos de planificación y desarrollo de CER desde la perspectiva del emprendimiento en general, y del emprendimiento rural en particular. El identificar y comprender cómo diferentes factores condicionantes del emprendimiento y del desarrollo de proyectos de ER puede influir sobre la posibilidad de iniciar proyectos de CER podría resultar determinante para orientar tanto a los responsables de las políticas públicas como a los promotores de proyectos CER a la hora de definir estrategias y planes específicos para su impulso. Esto se complementa además con la posibilidad de que el desarrollo de las CER en el ámbito rural suponga a su vez un impulso a la expansión de las ER y del emprendimiento bajo un modelo equilibrado de desarrollo endógeno que aproveche y racionalice la gestión de los recursos locales, creándose así un círculo virtuoso que contribuya a la creación del concepto de eco-economía rural concebido por Kitchen y Marsden (2009). Para ello, como advierten Graziano et al. (2017), se requieren políticas económicas que impacten tanto sobre el lado de la oferta (estímulos para la financiación de iniciativas emprendedoras, de ER y de CER y procesos para impulsar la participación de la comunidad en su diseño y desarrollo) como sobre el lado de la demanda (estrategias para el desarrollo de tejido social y empresarial en las zonas rurales que apoyen la viabilidad de las iniciativas y garanticen la demanda local de energía). Las políticas públicas deben, además, reconocer el papel fundamental que el emprendimiento y la revitalización de la actividad económica suponen para el DRS, en términos de frenar la despoblación, mantener servicios, evitar las emisiones asociadas a los desplazamientos a otras zonas para trabajar o acceder a servicios, mantener tradiciones y costumbres locales, o reforzar el capital social (Steiner y Atterton, 2015). Aunque algunos estudios previos en el ámbito del emprendimiento y las ER en el rural ya han resaltado la importancia de tener en cuenta factores pertenecientes a distintas esferas de capital (Agarwal et al., 2009; Akgün et al., 2011; Borch et al., 2008; Garrod et al., 2006; González Capítulo 1. Antecedentes del emprendimiento y las ER en el ámbito rural de países desarrollados 129 et al., 2016; Müller y Korsgaard, 2018; Winkler et al., 2017), pocos lo han formalizado en el ámbito de las CER. En este capítulo proporcionamos, por tanto, un marco conceptual completo e integrador que puede facilitar la orientación de futuras investigaciones hacia el análisis de relaciones causales entre factores específicos en cualquiera de los cinco capitales considerados y las CER, así como de interrelaciones entre factores situados en las cinco esferas de capital. Este marco conceptual ayuda a entender que cualquier intervención externa en una comunidad rural debe ser analizada de forma holística y con amplitud de miras tomando en consideración múltiples perspectivas (González et al., 2016). El ser conscientes de estas interrelaciones supone para los responsables de políticas públicas y para los promotores de proyectos CER el reconocimiento de que no existen fórmulas genéricas válidas para cualquier contexto local (Süsser et al., 2017) y que no puede actuarse solo desde una esfera de capital corriendo el riesgo de que desde otra se estén generando influencias que contrarresten o limiten la eficacia de las políticas y estrategias propuestas. Por ejemplo, en lugar de plantear políticas dirigidas a trasladar conocimiento innovador hacia áreas rurales que no tienen capacidad para absorber esas innovaciones, el mapa de relaciones causales entre factores y capitales que hemos propuesto permite identificar otros elementos sobre los que puede tener más sentido actuar, como la creatividad, o la capacidad de participación en redes y clusters, apostando por estrategias locales como la promoción del emprendimiento local (Stephens et al., 2013). Por su parte, los promotores de proyectos CER no deben dar por sentado que la implicación de la comunidad en su diseño, implantación o propiedad conduce a su aceptación social, sino que deberían prestar atención a cómo las ideas y sensibilidades en torno al concepto de lugar (place) pueden provocar respuestas diferentes en cada individuo de la comunidad (van Veelen y Haggett, 2017), o cómo las normas sociales y la confianza condicionan los diversos elementos de su orientación emprendedora y, en definitiva de su predisposición a participar o invertir (Kalkbrenner y Roosen, 2016). El mapa de relaciones causa-efecto que hemos elaborado en torno a los antecedentes de las CER ayuda también a identificar aquellos factores con una mayor potencial de impulso a su desarrollo (aquellos con más interrelaciones con otros factores dentro de la misma u otras esferas), así como factores que pueden generar un impacto multiplicativo o exponencial, como es el caso de la inmigración, fenómeno al que la literatura sobre emprendimiento rural ha prestado especial atención, y que se revela tanto como un antecedente y como una consecuencia del emprendimiento, en la medida en que los inmigrantes estimulan la actividad emprendedora local generando una revitalización de la economía local que atraiga a nuevos inmigrantes. En definitiva, mediante la identificación de los factores que pueden condicionar el desarrollo de las CER desde diferentes esferas de capital, contribuimos a resaltar cómo estas iniciativas pueden apoyarse en la diversidad de recursos económicos, sociales, naturales, humanos y físicos disponibles en un contexto local, detectar las principales carencias de recursos en cada esfera, y navegar entre sus interrelaciones para contribuir al logro de un DRS. CAPÍTULO 2 PROPUESTA DE UN INDICADOR COMPUESTO PARA LA IDENTIFICACIÓN DE LOCALIZACIONES IDÓNEAS PARA EL DESARROLLO DE COMUNIDADES DE ENERGÍAS RENOVABLES EN EL ÁMBITO RURAL Capítulo 2. Propuesta de un indicador compuesto para la identificación de localizaciones idóneas para el desarrollo … 133 2.1 INTRODUCCIÓN Las iniciativas de CER han experimentado un gran desarrollo en los países del norte de Europa, pero son escasas en los del sur (Magnani et al., 2017). En contextos rurales, la posibilidad de lograr la autonomía energética de todo un territorio o pueblo es un área de investigación especialmente interesante (Dobigny, 2019; van der Schoor y Scholtens, 2015). Conceptos relacionados son TEPOS (“Positive Energy Territories”) en Francia (Nadaï et al., 2015) o los pueblos bioenergéticos, desarrollados principalmente en Alemania y Austria (Mahzouni, 2019; Roesler, 2019; von Bock und Polach et al., 2015; Wüste y Schmuck, 2012), donde se han apoyado con políticas públicas específicas. El desarrollo de CER en áreas rurales exige políticas y apoyo financiero (Hicks y Ison, 2011; Magnani et al., 2017; Marinakis et al., 2017; Seyfang et al., 2013), pero las altas inversiones necesarias y los largos períodos de recuperación (Lowitzsch y Hanke, 2019; Polzin et al., 2015; Puhakka-Tarvainen y Renvall, 2012; Yildiz, 2014) pueden ser serias limitaciones. Los promotores potenciales de proyectos de CER y las autoridades públicas deben analizar cuidadosamente su viabilidad y éxito en entornos rurales específicos. La viabilidad y el éxito dependen no solo de los resultados de un análisis coste-beneficio considerando los costes e ingresos privados y sociales que se esperan de los proyectos (véase Paredes-Sánchez et al., 2018), sino también de múltiples factores que condicionan el despliegue de proyectos cooperativos de ER (Klein y Coffey, 2016; Mignon y Rüdinger, 2016), la aceptación social (Süsser y Kannen, 2017) o la voluntad de participar/invertir (Broughel y Hampl, 2018; Dóci y Vasileiadou, 2015; Kalkbrenner y Roosen, 2016). También dependen de un nivel apropiado de desarrollo local capaz de sostener la demanda energética local (Graziano et al., 2017). Se necesitan políticas bien diseñadas basadas en el lugar para el DRS (Neto et al., 2014; Olfert y Partridge, 2010), “tomando en consideración la gran variedad de factores en diversas ubicaciones geográficas que pueden afectar los posibles retornos de la intervención” (Neto et al., 2014, p. 412). Wirth (2014) pide un enfoque de políticas más diferenciado y subsidiario para considerar las condiciones institucionales locales (por ejemplo, normas y prácticas establecidas) en la promoción de CER. Como reconoce Roesler (2019), “no todas las localidades están igualmente bien configuradas para convertirse en una pueblo bioenergético” (p. 273). La identificación de ubicaciones óptimas para estas formas específicas de proyectos de CER ayudaría a reducir el riesgo percibido para los promotores potenciales (Dóci y Gotchev, 2016) y a apoyar un uso prudente de los escasos fondos públicos en busca de la mayor eficiencia, eficacia y efectividad de la gestión gubernamental (Abreu et al., 2019). Alguna literatura previa ha abordado de forma independiente la identificación del potencial emprendedor local (rural) (Baumgartner et al., 2010, 2013) y del potencial local (rural) de ER (Benedek et al., 2018; Díaz-Cuevas et al., 2019; Sliz-Szkliniarz, 2013). Sugerimos la posibilidad de combinar estos dos enfoques para identificar ubicaciones óptimas para CER rurales a través de un índice compuesto denominado CRERAL (Localizaciones Apropiadas de Comunidades de Energía Renovable Rurales, siglas que corresponden en inglés a Community Renewable Energy Rural Appropriate Locations). Esta propuesta aborda diversas brechas y oportunidades de investigación identificadas en la literatura académica. En primer lugar, este estudio coloca a las áreas rurales en el centro de los desafíos para lograr un desarrollo sostenible y avanzar hacia un sistema energético sostenible, respondiendo así a la advertencia de Poggi et al. (2020) en cuanto a que las zonas rurales “suelen ser “invisibles” en los debates locales sobre desarrollo energético” (p. 14). En segundo VANESSA MIRAMONTES VIÑA 134 lugar, el enfoque en las CER de áreas rurales de países desarrollados satisface las demandas de Valchovska y Watts (2016), quienes reconocen que “las empresas rurales basadas en la comunidad han recibido hasta ahora una atención relativamente limitada en la literatura académica, particularmente aquellas ubicadas dentro de economías desarrolladas” (p. 3), y Magnani et al. (2017), quienes señalan la falta de investigación empírica sobre iniciativas de CER rurales. En tercer lugar, siguiendo a Becker et al. (2017), quienes afirman que las similitudes en las áreas de investigación de CER y emprendimiento (social) “proporcionan un terreno fértil para el avance mutuo, tanto conceptual como empíricamente” (p. 25), la construcción del indicador propuesto se basa en la revisión de la literatura previa relacionada con el emprendimiento y ER (en áreas rurales de países desarrollados) para identificar factores relevantes que influyen en el despliegue de iniciativas de CER rurales. Y finalmente, teniendo como objetivo principal la identificación de ubicaciones apropiadas para proyectos de CER relacionados con la autonomía energética de las aldeas rurales, en base a un indicador compuesto que comprende diversos factores a través de diferentes dimensiones de capital (económico, natural, físico, humano y social), esta propuesta aborda el reconocimiento de McKenna (2018) de que los indicadores ambientales, económicos y técnicos deben analizarse para evaluar la idoneidad de los municipios para la autonomía energética. Las contribuciones realizadas en este capítulo son, además, importantes desde las perspectivas política, práctica y de investigación. Los responsables de la formulación de políticas públicas podrían basar las decisiones de financiación pública en la evaluación preliminar del lugar en que podrían ser más efectivas (Abreu et al., 2019). Los profesionales podrían identificar aquellas áreas con las mejores condiciones para iniciar el proceso de creación de una CER rural y reunir el apoyo comunitario necesario (Dütschke y Wesche, 2018). Los investigadores preocupados por el DRS podrían orientar su investigación futura hacia el estudio de cómo las diferentes formas de capital contribuyen al éxito de los proyectos de una CER en contextos rurales, y prestar mayor atención al análisis de su impacto, como demandan Creamer et al. (2019), pues el índice CRERAL propuesto también puede proporcionar un marco apropiado para este propósito tratando de sintetizar los diversos impactos de los proyectos de CER rurales. Aunque los indicadores compuestos se consideran controvertidos debido a cuestiones tanto conceptuales como metodológicas (Gan et al., 2017), su empleo resulta valioso para demandar y centrar la atención y estimular la discusión y el interés público sobre temas específicos (Li et al., 2012; Salvati y Carlucci, 2014). Desde el punto de vista metodológico, la construcción del índice CRERAL se realiza mediante la aplicación del Análisis de Componentes Principales (ACP), un análisis no paramétrico que asigna ponderaciones a los componentes del indicador en función de su significación estadística, haciendo que el análisis sea neutral e independiente de los usuarios (Mainali et al., 2014). El resto del capítulo está organizado de la siguiente manera: la siguiente sección ofrece una revisión de la literatura sobre los antecedentes de las CER, planteando que el análisis de los factores condicionantes del emprendimiento y las ER en el contexto rural, agrupados en torno a las diferentes formas de capital propuestas en el capítulo anterior, pueden influir en el despliegue de proyectos de CER rurales orientados a la autosuficiencia de todo un pueblo. La tercera sección presenta el área de estudio donde se basará el diseño del índice CRERAL y explica las variables específicas y la metodología aplicada en su construcción. La cuarta sección muestra y discute los resultados, y la sección de conclusiones presenta las implicaciones, limitaciones y posibles líneas de investigación futura derivados del estudio. Capítulo 2. Propuesta de un indicador compuesto para la identificación de localizaciones idóneas para el desarrollo … 135 2.2 REVISIÓN DE LA LITERATURA 2.2.1 Condiciones previas para el desarrollo de CER en zonas rurales de países desarrollados En el capítulo anterior hemos realizado una revisión sistemática de literatura para identificar los factores que influyen en el desarrollo del emprendimiento y las ER en las zonas rurales. Algunas investigaciones previas han tratado también de identificar los determinantes o precondiciones de las CER, con una gran mayoría de los estudios enfocados en el análisis del proceso para involucrar a las comunidades en los proyectos. La energía comunitaria en sí misma ha sido reconocida como un factor impulsor de la implementación de ER (Hain et al., 2005; Lutz et al., 2017) y una herramienta para superar las barreras comunes a la adopción de ER (Viardot, 2013). Li et al. (2013) destacan la importancia de los procesos de planificación participativa y de abajo hacia arriba para impulsar la aceptación social de las CER, que se ha reconocido que depende de las motivaciones y percepciones de los participantes, el grado de participación comunitaria, el tipo de planificación o el tipo de financiación (Boon y Dieperink, 2014; Heaslip et al., 2016; Rogers et al., 2012; Rogers et al., 2012). Seyfang et al. (2013) agrupan los factores de éxito para los desarrollos de CER en torno a cinco dimensiones: el grupo (personas clave comprometidas y un grupo organizador eficaz), el proyecto (disponibilidad de tiempo, información, habilidades, dinero y recursos materiales), la comunidad (confianza, compromiso y beneficios dentro de la comunidad), la red (intercambio de conocimientos) y la política. Estos factores de éxito también pueden ser las principales barreras que conducen al fracaso de los proyectos de CER. En este sentido, Rogers et al. (2012) identifican tres tipos principales de barreras: sociales (aceptación social y capital social), técnicas (falta de conocimiento en relación con la instalación y gestión) y financieras (altos costes de capital, subvenciones complejas, fluctuaciones en los precios de la energía). La profesionalización, las asociaciones y otras estrategias pueden ayudar a mitigar este riesgo de fracaso (Herbes et al., 2017). Muchos otros estudios también han destacado el papel de las políticas, y también de los flujos de financiación, como condiciones previas para las CER (Campos et al., 2020; Capellán- Pérez et al., 2018; Romero-Rubio y de Andrés Díaz, 2015; Strachan et al., 2015). En particular, Herbes et al. (2017), Mey y Diesendorf (2018) o Dütschke y Wesche (2018) reconocen el gran potencial de los gobiernos locales para colaborar con los actores de CER. Según Lowitzsch y Hanke (2019), los actores municipales facilitan la creación de confianza y la transferencia de conocimiento entre actores locales, ayudan a navegar a través de los aspectos regulatorios y burocráticos y pueden convertirse en contribuyentes financieros de los proyectos CER. El capital social y sus componentes se encuentran entre los factores más destacados que han llamado la atención de la literatura sobre las CER, como condiciones previas y como consecuencias relevantes (Berka y Creamer, 2018; Rogers et al., 2012; Rogers et al., 2012). Morrison et al. (2017) destacan el papel del capital social, junto con el de los emprendedores sociales y el apoyo de políticas, para reducir el riesgo de los proyectos de ER en las comunidades rurales, contribuyendo a su resiliencia y sostenibilidad. Van Veelen y Haggett (2017) analizan el papel del apego al lugar como potencial facilitador y barrera de las CER. Wirth (2014) analiza las precondiciones institucionales de las cooperativas de biogás e identifica el espíritu comunitario, la tradición cooperativa y las normas de localidad (energía local) y responsabilidad (proteger lo “local”) como factores clave que no solo influyen en la decisión de participar, sino también en la ubicación y escala de la planta. Sperling (2017) VANESSA MIRAMONTES VIÑA 136 identifica condiciones contextuales internas similares, y condiciones contextuales externas adicionales (visiones y planes, apoyo gubernamental a la tecnología y los procesos, y asistencia de expertos) en el caso de Samsø, una de las islas de ER más famosas. von Bock und Polach et al. (2015), en relación con los pueblos bioenergéticos, determinan que el capital social, la confianza y la cooperación son cruciales en la fase de implementación. Algunos otros estudios han analizado factores de éxito similares en relación con casos específicos de pueblos bioenergéticos (Mahzouni, 2019; Wüste y Schmuck, 2012). Otro conjunto de estudios se ha centrado en el análisis de la disposición de las personas a participar o invertir en CER (Kalkbrenner y Roosen, 2016; Koirala et al., 2018) o las motivaciones o razones para pertenecer a un proyecto de CER (Bauwens, 2016; Bauwens y Devine-Wright, 2018; Dóci y Vasileiadou, 2015). Salm et al. (2016) analizan los perfiles de riesgo-rendimiento de los posibles inversores en CER, identificando dos grupos principales: “patriotas locales” (local patriots) e “inversores de rendimiento” (yield investors). Del mismo modo, Broughel y Hampl (2018) se centran tanto en la voluntad de invertir como en las características sociodemográficas y sociopsicológicas de los posibles inversores. Ninguno de estos estudios está relacionado específicamente con iniciativas de CER rurales. Rommel et al. (2018) identifican ocho categorías de inversores: empresas energéticas, empresas y organizaciones no energéticas de propiedad pública, productores de energía independientes, agricultores, empresas diversificadas, desarrolladores de proyectos de energía, comerciantes individuales y asociaciones. Los proyectos de CER podrían incluirse en varias de estas categorías dada la diversidad de sus estructuras de propiedad (Capellán-Pérez et al., 2018; Hicks y Ison, 2018). Bergek et al. (2013) establecen una tipología de inversores/promotores de ER (actores que invierten en la producción de ER, diferentes de aquellos que simplemente financian tales inversiones) enfocándose no solo en una dimensión económica, sino también en una dimensión empresarial, de adopción de innovación e institucional, y considerando la influencia de cuatro factores principales relacionados con el inversor (motivos, antecedentes, recursos y características personales). En cuanto a los recursos, destacan que, más allá de los recursos financieros, las inversiones en ER están condicionadas por el acceso a recursos físicos (como suelo y fuentes de ER). Rogers et al. (2012) también mencionan el acceso a fuentes de ER como un factor condicionante para las CER. Aunque la disponibilidad de fuentes de ER es una condición previa obvia, en la literatura académica se han proporcionado algunas sugerencias interesantes que recomiendan la inclusión de las opiniones de las partes interesadas en la evaluación del potencial de ER (eólica y solar) a través de un enfoque participativo basado en SIG (Van Hoesen y Letendre, 2010), o señalan que la disponibilidad de fuentes de ER específicas puede resultar en formas legales y de propiedad específicas de CER (Rommel et al., 2018). Magnani et al. (2017) sugieren una relación recíproca entre las CER y el “paisaje energético” de un territorio (“el ensamblaje de características naturales, culturales y organizativas en torno a la energía específica de cada localidad”, p. 34), de modo que este paisaje puede condicionar las CER y también ser transformado por ella. El uso de herramientas técnicas o informáticas para la simulación y el diseño de sistemas energéticos comunitarios también es un tema relevante que ha merecido cierta atención (Huang et al., 2015). Mignon y Rüdinger (2016) se centran en factores más sistémicos que condicionan el despliegue de proyectos de ER cooperativos: fortalezas y debilidades en la estructura del mercado (poder de las empresas de servicios públicos dominantes), infraestructuras (capacidad de almacenamiento), instituciones (reglas blandas y duras, formales e informales), interacciones Capítulo 2. Propuesta de un indicador compuesto para la identificación de localizaciones idóneas para el desarrollo … 137 (entre actores dentro del sistema) y capacidades (recursos, conocimiento o experiencia). Destacan que estos factores son complementarios y dependientes entre sí. También hay estudios interesantes relacionados con la adopción de ER en granjas. Ruiz- Fuensanta et al. (2019) señalan la importancia de las inversiones regionales en investigación y desarrollo, mientras que el nivel de ingresos agrícolas o la intensidad energética regional no parecen significativos. Schaffer y Düvelmeyer (2016) encuentran impactos significativos de la capacidad de transformación tecnológica regional, la estructura agrícola (grado de profesionalización y consolidación de la agricultura orgánica) y los efectos del vecindario, mientras que la mayoría de los factores geográficos parecen tener menor relevancia. Ge et al. (2017) encuentran que las fincas diversificadas con una alta demanda de energía (factores estructurales) y aquellas con grandes áreas de tierra de bajo potencial agrícola (factores biofísicos) tienen más probabilidades de adoptar la producción de ER. Otra cuestión importante es garantizar un buen ajuste entre la cartera de ER desplegada en cada ubicación y el potencial de ER y las características socioeconómicas del territorio. Sliz- Szkliniarz (2013) presenta un método para desarrollar una cartera de ER óptima basada en los recursos disponibles a nivel regional y sugiere la conveniencia de tener en cuenta la viabilidad económica y la aceptación social. Winkler et al. (2017) desarrollan un modelo orientado a brindar a las comunidades locales una herramienta para determinar la tecnología o combinación de ER más adecuada teniendo en cuenta factores sociales, institucionales, técnicos, ambientales y económicos. Con un enfoque relacionado pero diferente, el objetivo de este capítulo es proponer una metodología para seleccionar ubicaciones apropiadas de proyectos de CER rurales. 2.2.2 Relación entre emprendimiento, ER y CER Especialmente en los países desarrollados, faltan estudios dirigidos a identificar otro tipo de antecedentes o precondiciones que puedan ser determinantes para la posibilidad de desarrollar proyectos de CER. Es necesario prestar atención a los factores a nivel local, ya que las variaciones en el desarrollo local no se explican suficientemente con un enfoque amplio en la escala espacial de una región o mercado laboral (Westlund et al., 2014). Un bajo nivel de agregación, como el municipal, ayuda en la identificación de problemas locales específicos (Delfmann et al., 2014). El nivel municipal ha sido adoptado en estudios previos relacionados con el desarrollo rural (Abreu et al., 2019; Baumgartner et al., 2013; Benedek et al., 2018; Goetz y Rupasingha, 2014; Westlund et al., 2014) y es apropiado en países con un alto grado de descentralización administrativa como España (Ruiz-Fuensanta et al., 2019). El nivel municipal de análisis permite considerar la notable heterogeneidad regional en el potencial natural de ER a partir de energía solar, eólica, biomasa o hidroeléctrica (Rommel et al., 2018), y muchos autores defienden que la transición energética sostenible debe planificarse a escala del ámbito municipal (Dütschke y Wesche, 2018; Poggi et al., 2020). Además de los factores revisados en el epígrafe anterior, se deben considerar otras circunstancias socio-geográficas locales que pueden influir en el desarrollo de CER rurales, a través de un conjunto de indicadores ambientales, económicos, sociales y técnicos, para apoyar una mayor difusión de la transición energética basada en la comunidad y evaluar la idoneidad de los municipios para la autonomía energética (McKenna, 2018; Süsser y Kannen, 2017). Este tipo de factores ha recibido más atención como consecuencias que como condiciones previas de las CER. Benedek et al. (2018), por ejemplo, bajo un marco analítico para identificar ubicaciones adecuadas para proyectos de ER, priorizan los territorios rurales con menor grado VANESSA MIRAMONTES VIÑA 144 vibrante que fomenta la formación de nuevas empresas (Agarwal et al., 2009). Un mayor número de oficinas bancarias por cada 1.000 habitantes se relaciona con la disponibilidad de recursos financieros (Backman, 2015; Goetz y Rupasingha, 2014). Finalmente, la contratación/subcontratación de actividades municipales puede verse como una medida de política local directa para promover el emprendimiento y como una medida indirecta e inversa del empleo público local (Westlund et al., 2014), mientras que los municipios más endeudados podrían tener una capacidad limitada para desarrollar políticas empresariales o para comprometer fondos para proyectos CER (Lowitzsch y Hanke, 2019). La dimensión de capital humano considera 9 indicadores: tasa de crecimiento de la población a 10 años, porcentaje de la población inmigrante sobre el total de la población, porcentaje de la población entre 25 y 64 años sobre la población total, índice de reemplazo poblacional, porcentaje de la población activa con educación superior, tasa de participación femenina en el mercado laboral, participación del sector privado en el empleo, porcentaje de trabajo por cuenta propia y tasa de desempleo. Una alta disminución a largo plazo de la población refleja una limitación estructural en la base de los recursos del capital humano (Johnson y Lichter, 2019; Stockdale, 2006). Los inmigrantes aumentan el capital humano disponible y, por lo tanto, mejoran el potencial de desarrollo económico de las zonas rurales (Akgün et al., 2011; Bosworth, 2008; Kalantaridis y Bika, 2006a). Con respecto a la estructura de edad de la población, se supone que las personas en edad de trabajar (25 – 64 años) tienen una mayor propensión a iniciar nuevas empresas en comparación con los jóvenes y los jubilados (Westlund et al., 2014), mientras que un índice de reemplazo de la población bajo proporciona un indicativo de los potenciales requerimientos de apoyo social resultantes de cambios en las estructuras de edad de la población (Abreu et al., 2019). Por otro lado, los niveles mas altos de educación están asociados con un mayor potencial para la aparición de nuevas empresas en sectores de rápido crecimiento o intensivos en conocimiento (Westlund et al., 2014), y una mayor productividad y condiciones de vida (Abreu et al., 2019). Aunque las mujeres han sido tradicionalmente consideradas una minoría entre los autónomos, y Goetz y Rupasingha (2014), Haapanen y Tervo (2009), y Fraune (2015) encuentran una menor participación de mujeres en CER, presumimos una relación positiva con el índice CRERAL basándonos en el hallazgo de Goetz y Rupasingha (2014) de que la participación femenina en el mercado laboral es una condición previa para el autoempleo en pequeñas zonas rurales no adyacentes. Una mayor proporción del empleo público en el empleo local total puede tener un impacto negativo en la formación de nuevas empresas, ya que los empleados privados podrían mostrar una mayor orientación emprendedora (Westlund et al., 2014). Finalmente, Goetz y Rupasingha (2014) encuentran que la relación inicial de autónomos y la tasa de desempleo se relacionan positivamente con el crecimiento del autoempleo. La literatura previa relacionada con el emprendimiento, las ER y las CER se ha acercado principalmente al capital social a través de la investigación cualitativa. Con el fin de recopilar indicadores cuantitativos capaces de captar diferentes aspectos del capital social, y con base en la información estadística disponible, seleccionamos 11 indicadores para la dimensión de capital social del índice CRERAL. Estos indicadores tienen como objetivo captar los componentes de la confianza (Bauwens, 2016; Dóci y Vasileiadou, 2015; Kalkbrenner y Roosen, 2016; Koirala et al., 2018; von Bock und Polach et al., 2015), la cooperación (von Bock und Polach et al., 2015) y el apego al lugar (Kalkbrenner y Roosen, 2016; van Veelen y Haggett, 2017) que definen el capital social. La literatura previa ha sugerido que el grado de servicios (infraestructura, instalaciones educativas y médicas y otros servicios públicos) en un determinado municipio puede afectar positivamente el emprendimiento, ya que implican Capítulo 2. Propuesta de un indicador compuesto para la identificación de localizaciones idóneas para el desarrollo … 145 menores costos medios de puesta en marcha (Delfmann et al., 2014) y simbolizan vitalidad en las zonas rurales (Jokinen et al., 2008). Deller et al. (2019) consideran la concentración de organizaciones religiosas, las asociaciones comerciales y organizaciones cívicas y sociales para reflejar el capital social y analizar la influencia en las tasas de creación de empresa en las zonas rurales de EE.UU. Las iniciativas y experiencias comunitarias previas (cooperativas, asociaciones, ordenación territorial comunitaria) pueden considerarse como una expresión de un fuerte capital social relacionado positivamente con la idoneidad de un municipio rural para desarrollar proyectos CER. Esto motiva la inclusión de los siguientes indicadores como representación de la confianza y la cooperación: número de cooperativas por cada 1.000 habitantes, número de centros culturales, deportivos o de ocio por cada 1.000 habitantes, número de entidades de servicios sociales por cada 1.000 habitantes, número de centros de salud por cada 1.000 habitantes, número de escuelas primarias y secundarias para la población menor de 16 años, número de personal sanitario por cada 1.000 habitantes, número de clubes y asociaciones por cada 1.000 habitantes y proporción de la superficie forestal bajo propiedad comunal en relación con la superficie total. También se incluye un indicador adicional relacionado con la participación electoral, ya que refleja la participación e implicación de la población y su confianza institucional (Agarwal et al., 2009; Delfmann et al., 2014). En cuanto al apego al lugar, consideramos que el porcentaje de población nacida y residente en el municipio en relación con la población total es un buen indicador. Finalmente, consideramos que el porcentaje de centros de población con 100 o más habitantes sobre el número total de centros de población en el municipio captura el enlace social necesario para promover el emprendimiento rural (Müller y Korsgaard, 2018) y las CER (Bauwens, 2016). El capital físico está formado por 8 indicadores, también limitados por los datos estadísticos disponibles. Fuller-Love et al. (2006) sugieren que una mejor infraestructura física, particularmente en relación a las redes de carreteras, es necesaria para mejorar la actividad económica. Krakowiak-Bal et al. (2017) consideran la infraestructura pública como un elemento básico del desarrollo local, y emplean cinco indicadores relacionados con el sistema de suministro de agua, el sistema de alcantarillado, la red de gas, la accesibilidad a las comunicaciones y los vertederos ilegales. Agarwal et al. (2009) analizan la influencia de la longitud de las autopistas y/o autovías en el desarrollo local. Muchos autores también han reconocido el papel fundamental de las tecnologías de la información y la comunicación y la conexión a Internet de banda ancha para el desarrollo rural, ya que permite a los empresarios rurales superar las desventajas de estar alejados de las áreas urbanas (Baumgartner et al., 2013; Fuller-Love et al., 2006; Morris et al., 2017; Pant y Hambly Odame, 2017). Finalmente, la infraestructura y los flujos de información son vitales para el emprendimiento rural (Avramenko y Silver, 2010). Los 8 indicadores elegidos son: porcentaje de kms de carretera con un ancho de vía de más de 6 m sobre la longitud total de las carreteras, porcentaje de viviendas con servicio de alumbrado público sobre el total de viviendas, porcentaje de núcleos de población con eliminación selectiva de residuos sobre el total de población, porcentaje de la población con servicio de depuración de aguas residuales sobre la población total, porcentaje de la población con suministro de agua sobre la población total, porcentaje de la población con sistema de alcantarillado público sobre la población total, porcentaje de la población sin internet inalámbrico de banda ancha sobre la población total, porcentaje de la población sin el servicio del Sistema Universal de Telecomunicaciones Móviles (UMTS, por sus siglas en inglés) sobre la población total. El capital natural se configura a través de 9 indicadores que abarcan diferentes aspectos relacionados con las zonas rurales (Garrod et al., 2006) o el capital rural (Akgün et al., 2011) VANESSA MIRAMONTES VIÑA 146 que contribuyen al desarrollo rural. Los recursos que configuran el capital rural están fuertemente relacionados con el concepto de capital natural, considerado de vital importancia para sustentar los ecosistemas y la vida humana (Ambrey et al., 2016) y para incentivar o limitar el crecimiento económico (Agarwal et al., 2009; Dammers y Keiner, 2006). Los recursos naturales y la calidad del medio ambiente son cada vez más importantes para el desarrollo rural, impulsando cambios en la agricultura (p.ej., la agricultura orgánica), la producción de energía (p.ej., la generación de ER) y, especialmente, en el turismo y la recreación (Eimermann, 2016), ya que el medio rural se considera hoy en día como una zona de consumo, y el aumento paralelo del consumismo verde ha creado oportunidades para los agricultores y empresarios (Agarwal et al., 2009; Dammers y Keiner, 2006). Estos recursos naturales incluyen diferentes elementos naturales, construidos y socialmente perceptibles o tangibles que apoyan el crecimiento económico, el desarrollo y el desempeño de las zonas rurales (Agarwal et al., 2009; Eimermann, 2016; Garrod et al., 2006). La literatura previa ha tratado de capturar estos diferentes elementos a través de indicadores alternativos. Como representante de la calidad ambiental de un territorio dado, Agarwal et al. (2009) consideran un índice de la belleza natural relacionado con la superficie catalogada como área protegida o similares, y Abreu et al. (2019) la proporción de área correspondiente a la red Natura 2000. De manera similar, la participación de la superficie terrestre protegida sobre la superficie total se incluye en la dimensión de capital natural del índice CRERAL. Un indicador adicional relacionado con el número de segundas residencias en un municipio se considera una representación de la belleza natural de una zona rural. Además, dado que el desarrollo turístico de las zonas rurales ha estado directamente vinculado a la calidad de su capital natural (Eimermann, 2016), también se incluye el número de plazas en alojamientos turísticos por cada 1000 habitantes, así como el número de bienes de interés cultural por kilómetro cuadrado de superficie, que se supone que permite el desarrollo de oportunidades empresariales (Korsgaard, Ferguson, et al., 2015). Dammers y Keiner (2006) reconocen que la agricultura y la silvicultura son vitales para la preservación del paisaje rural, por lo que se supone que un mayor porcentaje de la superficie forestal y agrícola en relación con la superficie total contribuye positivamente al emprendimiento rural. Dado que en Galicia estos recursos se encuentran seriamente amenazados por los incendios forestales, se incluye como indicador que afecta negativamente al capital natural y al desarrollo rural la proporción de superficie quemada anualmente en incendios forestales en cada municipio. Otros indicadores relacionados e incluidos en esta dimensión del capital natural son: el porcentaje de productores ecológicos certificados en relación con el número total de empresas agroforestales (Agarwal et al., 2009; Baumgartner et al., 2013) y el número de ganado en pastoreo por km cuadrado de tierra (Domínguez-García et al., 2012; Varga et al., 2016). Finalmente, las instalaciones naturales, como el número de zonas de baño con controles de calidad por cada 1.000 habitantes, también pueden ser relevantes para representar un capital natural mejorado que contribuye positivamente al desarrollo rural (Stephens et al., 2013). Por último, la dimensión dedicada a medir el potencial de las ER incluye 10 indicadores relacionados con el posible despliegue en la provincia de Ourense de seis tecnologías de ER: solar, eólica terrestre, geotérmica, pequeña hidráulica, biogás y biomasa. La extensión del índice CRERAL a otras provincias gallegas exigiría la integración de otras tecnologías como la energía marítima o la eólica marina. Los seis indicadores empleados para medir el potencial de generación de ER con estas seis tecnologías se extraen de bases de datos institucionales con el apoyo de un software GIS, siendo cálculos técnicos similares a los aplicados en la literatura previa (Benedek et al., 2018; Igliński et al., 2015; Sliz-Szkliniarz, 2013; Zabaniotou et al., 2017). La Tabla 37 del Anexo V proporciona información más detallada sobre los estadísticos descriptivos. En esta dimensión se incluyen cuatro indicadores adicionales, considerados como Capítulo 2. Propuesta de un indicador compuesto para la identificación de localizaciones idóneas para el desarrollo … 147 factores facilitadores o limitantes de los diferentes potenciales de ER. Similar a Benedek et al. (2018), la proporción de superficie terrestre incluida en Red Natura 2000 debe incorporarse como factor limitante para cualquiera de las tecnologías de ER consideradas. Además, la capacidad instalada previamente de pequeñas hidráulicas también se considera una restricción para el despliegue de nuevas instalaciones de pequeñas centrales hidroeléctricas, ya que las existentes han alterado el caudal (Corcoran; et al., 2013). Por el contrario, se considera como factor facilitador la existencia o capacidad instalada anteriormente de la energía eólica y solar, ya que no existen restricciones evidentes a la instalación de más turbinas o paneles solares y, en cambio, se asume una predisposición positiva de la población a nuevas instalaciones (Langer et al., 2018). Tabla 9 - Definición de los indicadores Código Indicador Periodo Signo Referencias Relacionadas Capital Económico del lado de la demanda POP_DEN Densidad de población (Total de población residente por km2; todas las cifras de población son a 1 de enero) 2012- 2018 (+) (Agarwal et al., 2009; Deller et al., 2019; Goetz y Rupasingha, 2014; Henderson y Weiler, 2010; Westlund et al., 2014) NET_MIG Saldo migratorio per cápita (diferencia entre el número de personas que entran y salen de un municipio, por cada 1.000 habitantes) 2012- 2018 (+) (Dammers y Keiner, 2006; Sardadvar y Rocha-Akis, 2016) GDP_CAP PIB per cápita (Producto Interno Bruto/población) 2010, 2012, 2014, 2016 (+) (Romano et al., 2017) POP_WEL Porcentaje de la población que perciben prestaciones sociales 2012- 2018 (-) (Baumgartner et al., 2013) UNE_CHG Variación del desempleo (relación entre la variación de desempleo, como la diferencia entre el desempleo en el año t y el t-1, entre el desempleo para el año t) 2012- 2018 (-) (Haapanen y Tervo, 2009) HER_INX Índice Herfindahl (sumatorio del cuadrado de las cuatros sectores económicos principales) 2012- 2018 (-) (Agarwal et al., 2009; Delfmann et al., 2014; Goetz y Rupasingha, 2014) FIR_SIZ Tamaño medio de las empresas (Sin empleados más autónomos por empresas) 2012- 2017 (-) (Backman, 2015; Bosma et al., 2008; Goetz y Rupasingha, 2014) FIR_DEN Densidad empresarial (número de empresas por cada 1.000 habitantes) 2012- 2018 (+) (Backman, 2015; Bosma et al., 2008; Stephens et al., 2013) DIS_MET Distancias a las áreas metropolitanas con una población superior a los 50.000 habitantes 2012- 2018 (-) (Agarwal et al., 2009; Deller et al., 2019) LAB_SEL Autocontención laboral (porcentaje de trabajadores residentes que están empleados dentro de los límites municipales) 2011, 2013, 2015, 2016 (+) (Kalantaridis y Bika, 2006b) Capital Económico del lado de la oferta POP_GRW_A Tasa de crecimiento anual de la población 2012- 2018 (+) (Delfmann et al., 2014; Goetz y Rupasingha, 2014) JOB_EDU Porcentaje de contratos formalizados con estudios superiores sobre total de contratos formalizados 2012- 2018 (+) (Baumgartner et al., 2013; Bosworth, 2009) INC_CAP Ingreso bruto per cápita (Ingresos brutos/población) 2012- 2016 (+) (Haapanen y Tervo, 2009; Magnani et al., 2017) VANESSA MIRAMONTES VIÑA 148 Código Indicador Periodo Signo Referencias Relacionadas FIR_CHG Variación del número de empresas (proporción de variación neta entre las empresas, como la diferencia entre nacimientos y fallecimientos, en el año t, y el total de empresas al principio del año) 2012- 2017 (+) (Agarwal et al., 2009) MUN_EXP Porcentaje de gastos de bienes y servicios municipales sobre el total de gastos municipales 2012- 2017 (+) (Westlund et al., 2014) BAN_OFF Número de oficinas bancarias por cada 1.000 habitantes 2012- 2018 (+) (Backman, 2015; Deller et al., 2019; Goetz y Rupasingha, 2014) HOM_OWN Porcentaje de casas propias (casas propias (pagadas o heredadas)/total de casas del municipio) 2011 Censo (+) (Goetz y Rupasingha, 2014; Haapanen y Tervo, 2009) MUN_DEB Deuda municipal per cápita (Deuda Municipal/población) 2012- 2018 (-) (Lowitzsch y Hanke, 2019) Capital Humano POP-GRW_10 Tasa de crecimiento demográfico a 10 años (Tasa de crecimiento demográfico en un período de 10 años) 2012- 2018 (+) (Baumgartner et al., 2013; Delfmann et al., 2014) POP_INM Porcentaje de población inmigrante respecto al total de población 2012- 2018 (+) (Akgün et al., 2011; Bosworth, 2008; Kalantaridis y Bika, 2006a) POP_25_64 Porcentaje de la población entre 25 y 64 años de edad respecto al total de población 2012- 2018 (+) (Westlund et al., 2014) POP_REP Índice de recambio poblacional (relación entre la tercera edad (60-64 años) y los jóvenes (15-19 años)) 2012- 2018 (+) (Abreu et al., 2019) POP_EDU Porcentaje del mercado laboral con estudios superiores 2011 Censo (+) (Abreu et al., 2019; Agarwal et al., 2009; Stephens et al., 2013; Westlund et al., 2014) POP_FEM Tasa de participación femenina en el mercado laboral (porcentaje de la población femenina entre 16 – 64 años) 2012- 2018 (+) (Goetz y Rupasingha, 2014; Haapanen y Tervo, 2009) PRI_EMP Porcentaje de empleados en el sector privado (Número de empleos en el sector privado/Número total de empleos) 2012- 2018 (+) (Delfmann et al., 2014; Westlund et al., 2014) SEL_EMP Porcentaje de empleados por cuenta propia (proporción de trabajadores por cuenta propia entre empleados en el sector privado) 2012- 2018 (+) (Goetz y Rupasingha, 2014) UNE_RAT Tasa de desempleo (en el grupo de población de 16 a 64 años) 2012- 2018 (+) (Deller et al., 2019; Goetz y Rupasingha, 2014; Westlund et al., 2014) Goetz and Rupasingha, 2014; Westlund et al., 2015; Deller et al., 2019 Capital Social VOT_TUR Relación entre la participación de los votantes en las elecciones municipales y la participación en las elecciones generales (porcentaje de electores que votaron en la elección local más reciente, en relación con la proporción que votó en las elecciones generales de ese mismo año) 2015 (+) (Agarwal et al., 2009; Delfmann et al., 2014) COOP_No Número de cooperativas por cada 1.000 habitantes 2012- 2017 (+) Propuesta propia CUL_CEN Número de centros culturales, deportivos y de esparcimiento por cada 1.000 habitantes 2012- 2015 (+) (Deller et al., 2019) SOC_SER Número de entidades prestadoras de servicios sociales por cada 1.000 habitantes 2012- 2018 (+) (Baumgartner et al., 2013; Delfmann et al., 2014) HEA_CEN Número de centros asistenciales por cada 1.000 habitantes 2012- 2018 (+) (Deller et al., 2019) SCH_No Número de escuelas primarias y secundarias para la población menor de 16 años 2012- 2018 (+) (Deller et al., 2019) Capítulo 2. Propuesta de un indicador compuesto para la identificación de localizaciones idóneas para el desarrollo … 149 Código Indicador Periodo Signo Referencias Relacionadas HEA_PER Numero de personal sanitario por cada 1.000 habitantes 2012- 2018 (+) (Abreu et al., 2019; Deller et al., 2019) ASSO_No Numero de club y asociaciones por cada 1.000 habitantes 2018 (+) (Deller et al., 2019) COM_FOR Porcentaje de la superficie forestal en propiedad mancomunada en relación con la superficie total de tierra 2018 (+) Propuesta propia POP_B&R Porcentaje de la población nacida y residente en el municipio en relación con la población total 2012- 2018 (+) Propuesta propia POP_CEN Porcentaje de lugares con mas de 100 habitantes con respecto al número total de centros de población en el municipio 2018 (+) Propuesta propia Capital Físico ROAD_6m Porcentaje de kms de carretera con el ancho de calzada superior a 6 me respecto a los kms totales de carretera del municipio 2015 (+) (Agarwal et al., 2009) LIG_HOM Porcentaje de viviendas con iluminación pública respecto al total de viviendas 2015 (+) (Krakowiak-Bal, Ziemianczyk, Wozniak, et al., 2017) POP_WAS Porcentaje de centros de población con recogida selectiva de residuos sobre la población total 2015 (+) (Krakowiak-Bal, Ziemianczyk, Wozniak, et al., 2017) POP_PUR Porcentaje de población con servicios de depuración sobre la población total 2015 (+) (Krakowiak-Bal, Ziemianczyk, Wozniak, et al., 2017) POP_WAT Porcentaje de la población con suministro de agua sobre la población total 2015 (+) (Krakowiak-Bal, Ziemianczyk, Wozniak, et al., 2017) POP_SEW Porcentaje de población con sistema de alcantarillado sobre la población total 2015 (+) (Krakowiak-Bal, Ziemianczyk, Wozniak, et al., 2017) POP_INT Porcentaje de población sin internet de banda ancha sobre la población total 2015 (-) (Baumgartner et al., 2013; Morris et al., 2017) POP_UMT Porcentaje de la población sin servicio Universal de Telecomunicaciones Móviles (UMTS) sobre la población total 2015 (-) Propuesta propia Capital Natural PRO_LAN Porcentaje de superficie protegida respecto de la superficie total (La máxima superficie incluida en algunas de las siguientes categorías: Red Gallegas de Áreas Protegidas, Red Natura 2000 u otras áreas internacionales como las Reservas de la Biosfera de la Unesco) 2017 (+) (Abreu et al., 2019; Agarwal et al., 2009) TOU_PLA Número de plazas en alojamientos turísticos por cada 1.000 habitantes 2012- 2018 (+) Propuesta propia basado en Eimermann (2016) CUL_INT Número de bienes de interés cultural por km2 de superficie 2017 (+) Propuesta propia basado en Korsgaard et al. (2015) FOR_AGR Porcentaje de superficie forestal y agrícola en la relación con la superficie total 2012- 2018 (+) Propuesta propia basado en Dammers y Keiner (2006) SEC_HOM Porcentaje de segundas residencias 2012- 2018 (+) Propuesta propia BAT_QUA Número de zonas de baño con controles de calidad por cada 1000 habitantes 2013- 2017 (+) (Stephens et al., 2013) FOR_FIR Porcentaje de superficie de tierra quemada anualmente en los incendios forestales 2018 (-) Propuesta propia ECO_FIR Porcentaje de productores ecológicos certificados en relación con el número total de empresas de la industria agroforestal 2018 (+) (Agarwal et al., 2009; Baumgartner et al., 2013; Dammers y Keiner, 2006) VANESSA MIRAMONTES VIÑA 150 Código Indicador Periodo Signo Referencias Relacionadas GRA_CAT Número de ganado de pastoreo por km2 de superficie (utilizando el ganado para la producción de carne como relación) 2012- 2018 (+) (Domínguez-García et al., 2012; Varga et al., 2016) Potencial de ER POT_SOL Potencial Solar (en kWh/m2·día, ver Figura 57 del Anexo IV) 2018 (+) (Benedek et al., 2018; Sliz- Szkliniarz, 2013) POT_WIN Potencial Eólico (en W/m2, ver Figura 56 Anexo IV) 2018 (+) (Benedek et al., 2018; Sliz- Szkliniarz, 2013) POT_GEO Potencial Geotermico (en MW/m2, ver Figura 58 Anexo IV) 2018 (+) (Colmenar-Santos et al., 2016; Østergaard et al., 2010) POT_BGS Potencial de Biogás (en m3, ver Figura 61Anexo IV) 2018 (+) (Benedek et al., 2018; Igliński et al., 2015; Sliz- Szkliniarz, 2013) POT_BMS Potencial de biomasa (en ton/ha·año, ver Figura 59 Anexo IV) 2018 (+) (Benedek et al., 2018; Zabaniotou et al., 2017) POT_SHY Potencial de Minihidráulica (en km2, ver Figura 60 Anexo IV) 2018 (+) (Corcoran; et al., 2013) PRO_LAN_RN 2000 Porcentaje de superficie incluida en Red Natura 2000 2018 (-) (Benedek et al., 2018) ICP_WIN Capacidad instalada de parques eólicos 2018 (+) Propuesta propia basado en Langer et al. (2017) ICP_SOL Capacidad instalada de energía solar 2018 (+) Propuesta propia basado en Langer et al. (2017) ICP_SHY Capacidad instalada de Minihidráulica 2018 (-) Propuesta propia basado en Corcoran et al. (2013) 2.3.3 Metodología Los indicadores compuestos son instrumentos poderosos para definir conceptos multidimensionales complejos que no pueden describirse fácilmente con un solo indicador. Aunque su uso no está exento de críticas (Gan et al., 2017), pueden contribuir a visualizar o exigir la atención sobre temas importantes que requieren una intervención social o política (Li et al., 2012; Salvati y Carlucci, 2014) y facilitar la comunicación entre los investigadores, los encargados de formulación de políticas y el público (Kotzee y Reyers, 2016). La construcción de un índice compuesto es un desafío metodológico, ya que la combinación de muchos indicadores en uno solo no es sencilla y exige una gestión rigurosa y transparente de los datos y del proceso, que implica varios pasos (Schlossarek et al., 2019). El Manual de la OCDE sobre la construcción de indicadores compuestos (OECD, 2008) proporciona una explicación detallada de estos pasos comunes. El primero es la selección de los indicadores individuales, que deben ubicarse en el contexto de una revisión bibliográfica sólida y profunda que pueda sugerir que se organicen de antemano los indicadores en torno a dimensiones o subíndices específicos (como es el caso de este estudio). El siguiente paso implica la recopilación, análisis y preparación de datos (normalización y/o estandarización). Luego, los investigadores se enfrentan a dos pasos cruciales, relacionados con decidir sobre la contribución individual de cada indicador a su dimensión específica o al índice general (ponderación), y cómo agregar esos indicadores individuales o dimensiones específicas para obtener el índice final (agregación). Por último, se recomienda un análisis de sensibilidad o robustez, especialmente con respecto a los métodos alternativos que se pueden aplicar en los pasos de ponderación y agregación. Capítulo 2. Propuesta de un indicador compuesto para la identificación de localizaciones idóneas para el desarrollo … 151 Hay dos categorías para los métodos de ponderación: los estadísticos y los basados en la evaluación de expertos/participantes. Este último suele derivar en la aplicación de ponderaciones iguales (EW – por sus siglas en inglés), mientras que entre los métodos estadísticos el ACP es el más comúnmente aplicado (Schlossarek et al., 2019). En cuanto a la agregación, la agregación lineal/aditiva (calculando el promedio aritmético) y la agregación geométrica/multiplicativa (calculando el promedio geométrico) son los procedimientos más típicos para la combinación de indicadores o dimensiones en un índice compuesto (Greco et al., 2019). El ACP es una técnica multivariante introducida por Pearson (1901) y popularizada por Jolliffe (1986), cuyo objetivo es reducir “la dimensionalidad de un conjunto de datos compuesto por un gran número de variables interrelacionadas, conservando en la medida de lo posible la mayor parte de la variación presente en el conjunto de datos ” Jollife (Jollife, 2002, p. 1). El ACP transforma un conjunto de datos multivariantes en un número menor de vectores no correlacionados o componentes principales (CP), que pueden ordenarse de manera que los primeros (los que representan la mayor proporción de la varianza) retengan la mayor parte de la variación originalmente presente en el conjunto de datos (Li et al., 2016). Estos factores retenidos pueden rotarse para que cada indicador original se cargue únicamente en uno de los CP (Gan et al., 2017). Entre sus diversas aplicaciones, el ACP se puede utilizar para derivar ponderaciones en la construcción de un índice compuesto (Greco et al., 2019; OECD, 2008), basándose en la varianza y covarianza del conjunto de datos, lo que constituye un método objetivo y fácil de calcular (Kotzee y Reyers, 2016). No obstante, la subjetividad está presente hasta cierto punto, ya que el investigador debe elegir el número de CP que desea retener o el método de rotación que desea utilizar (Greco et al., 2019). Se han utilizado indicadores compuestos basados en ACP para capturar o medir fenómenos bastante diferentes y complejos (Kotzee y Reyers, 2016) como la sostenibilidad nacional, regional, local o empresarial (de Freitas et al., 2019; González-García et al., 2019; Li et al., 2012; Salvati y Carlucci, 2014), el desarrollo rural (Abreu et al., 2019), sostenibilidad regional (Nogués et al., 2019), resiliencia (Kotzee y Reyers, 2016; Pontarollo y Serpieri, 2018) y vulnerabilidad (Tapia et al., 2017) a diferentes amenazas, la eficiencia de planificación espacial (Nogués et al., 2019), seguridad energética (Li et al., 2016) o sostenibilidad energética (Doukas et al., 2012; Mainali et al., 2014; Mainali y Silveira, 2015), barreras de entrada (Teague, 2016) y diferentes formas de desarrollo (humano, financiero, regional/local) (Katircioğlu y Taşpinar, 2017; Săndica et al., 2018) o bienestar socioeconómico (índice de equilibrio laboral de Fernández-Crehuet et al. (2016), o índice de fertilidad de Fernández-Crehuet et al. (2017)). En ocasiones, el objetivo ha sido no sólo comparar o describir una situación particular entre diferentes regiones o agentes, sino también pronosticar un comportamiento o fenómeno específico como la demanda turística (Li et al., 2017) o el consumo de energía (Zhang et al., 2012). Aunque el ACP tiene algunas ventajas sobre métodos alternativos como el análisis envolvente de datos (Salvati y Carlucci, 2014), también presenta limitaciones. Dado que el enfoque metodológico para la construcción del índice CRERAL se basa en la proposición preliminar de dimensiones concretas integradas por indicadores específicos, superamos algunas de las limitaciones señaladas por Gan et al. (2017) y Greco et al. (2019), relacionadas con la dificultad para definir el significado real de las dimensiones extraídas mediante ACP y la fluctuación del número de dimensiones extraídas en función de distintos métodos de extracción de los CP. Las ponderaciones derivadas de ACP y asignadas a cada indicador dentro de cada dimensión y a cada dimensión dentro del índice final no deben entenderse como una medida de VANESSA MIRAMONTES VIÑA 152 su importancia relativa, sino como una forma de reducir la redundancia del modelo de datos (Tapia et al., 2017). Para el análisis de ACP se utilizó el software R Studio, versión 1.1.463. Para tener en cuenta la sensibilidad y robustez del índice CRERAL, y siguiendo a Salvati y Carlucci (2014) y Tapia et al. (2017), este estudio considera la aplicación alternativa de ACP y EW como métodos de ponderación, y del promedio aritmético y el promedio geométrico como métodos de agregación, tanto en la construcción de cada una de las siete dimensiones como en la combinación de estas en el índice final. De ello se desprenden ocho posibles configuraciones del índice. Se seleccionará la que tenga una mayor correlación con las demás (Salvati y Carlucci, 2014). 2.3.4 Recopilación de los datos Los datos de los diferentes indicadores se obtuvieron de fuentes estadísticas públicas. La mayoría de los indicadores fueron recopilados directamente del Instituto Gallego de Estadística (IGE) (Instituto Galego de Estadística, 2019), sin ninguna transformación, mientras que otros necesitaron alguna transformación o fueron obtenidos a través de otras fuentes fiables o solicitados mediante comunicaciones personales. La mayoría de los indicadores fueron calculados como la media de 2012 a 2018 para evitar el efecto de incidencias coincidentes en un año en particular (Delfmann et al., 2014). Se seleccionó este marco temporal porque abarca varios años de la recesión que comenzó en 2009 y varios años del período de recuperación iniciado en 2014. Sin embargo, los datos de algunos indicadores se tomaron solo para el último año disponible debido a las restricciones de disponibilidad de datos o a la naturaleza del indicador. Así, dado que se supone que los indicadores de la dimensión del capital físico son acumulativos en el tiempo, no tiene sentido considerarlos como valores promedio. Si bien los indicadores seleccionados en el presente estudio no pueden considerarse una descripción exhaustiva del contexto de Ourense, ofrecen una visión completa del capital económico, social, humano, físico y natural, incluido el potencial de ER, de sus municipios. El número de núcleos de población de 100 o más habitantes (POP_CEN) se obtuvo consultando el padrón municipal de Ourense en el año 2018 a través de la Instituto Nacional de Estadística (INE) (Instituto Nacional de Estadística, 2019). A través de comunicaciones personales con los departamentos correspondientes de la Xunta de Galicia se obtuvieron los siguientes datos: el número de clubes y asociaciones (ASSO_No) se obtuvo del registro de asociaciones para 2018; el porcentaje de superficie forestal en propiedad comunal (COM_FOR) en 2018 se obtuvo de la Agencia Gallega de Calidad Alimentaria; la superficie de tierra quemada anualmente (FOR_FIR) de la Dirección General de Ordenación Forestal; y los datos sobre los productores ecológicos certificados (ECO_FIR) se recopilaron a través de la búsqueda en la base de datos del Consejo Regulador de Agricultura Ecológica de Galicia (Xunta de Galicia, 2020b). Los potenciales de ER se calcularon mediante el software SIG, QGIS 2.18. Para calcular cada potencial de ER, se utilizaron dos capas base: una capa ráster del potencial de cada tecnología de ER en Galicia, y una capa vectorial de los municipios de Galicia, disponible en el servicio de Información Geográfica de Galicia (Información Xeográfica de Galicia, 2019). La herramienta "Estadísticas de zona", del programa QGIS, calcula la media del potencial de cada tecnología de ER y municipio de la provincia de Ourense. El potencial eólico se obtuvo a partir de mapas de densidad de energía eólica para Galicia, disponibles en la página web del Global Wind Atlas (GWA) (World Bank y Technical University of Denmark, 2019). El potencial solar fue extraído del Atlas de Radiación Solar para Galicia desarrollado por Meteogalicia (Pettazzi y Capítulo 2. Propuesta de un indicador compuesto para la identificación de localizaciones idóneas para el desarrollo … 153 Salsón, 2011). El potencial geotérmico se calculó a partir del Mapa de Potencial Geotérmico de Galicia, desarrollado por el Laboratorio de Cartografía y SIG de la Universidad de Valladolid (Laboratorio de Cartografía y SIG, 2019). El potencial de biomasa está disponible en la aplicación Bionline del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), (2019), dividido en seis recursos diferentes (árbol entero, restos forestales, restos agrícolas, cultivos agrícolas, cultivos forestales, y a implantar en terrenos forestales). El potencial de minihidráulica se obtuvo a partir de los mapas de aguas superficiales disponibles en la página web del Ministerio de Agricultura y Pesca (2019). Finalmente, a partir del número de ejemplares bovinos y porcinos de cada municipio disponibles en el IGE, se calculó el potencial de biogás siguiendo la metodología propuesta por Iglinski et al. (2015), quienes estiman el potencial de biogás a partir de los excrementos de animales. Las capacidades instaladas de energía solar, eólica y minihidráulica se han recuperado del Instituto Gallego de Energía (Instituto Enerxético de Galicia (INEGA), 2019). 2.3.5 Construcción del Índice Tras la selección de indicadores y la construcción de la base de datos, el desarrollo del índice CRERAL engloba cuatro procedimientos principales: normalización y estandarización de los indicadores (Sección 2.3.5.1.); cálculo de las ponderaciones (Sección 2.3.5.2.); agregación (Sección 2.3.5.3.); y finalmente, la construcción de índice bajo un análisis de sensibilidad y robustez (Sección 2.3.5.4.). 2.3.5.1 Estandarización y normalización de los indicadores Todos los indicadores fueron supervisados visualmente para detectar valores atípicos mediante diagramas de caja (Tapia et al., 2017). Se probaron diferentes métodos de transformación para cada indicador (logaritmos, raíces cuadradas, cuadrado, raíz cúbica y raíz cuadrática) (Lévy Mangin y Varela Mallou, 2003). Para cada indicador se seleccionaron los métodos de transformación que más reducían la asimetría dentro de la distribución, si es que alguno lo conseguía (Tabla 38 del Anexo V). Cuatro indicadores cuyos valores atípicos y asimetría no se redujeron con ninguno de los métodos de transformación fueron eliminados de sus respectivas dimensiones (Personal sanitario por cada 1.000 habitantes de la dimensión de capital social, Porcentaje de hogares con servicio de alumbrado público de la dimensión de capital físico, Zonas de baño con controles de calidad por cada 1.000 personas de la dimensión de capital natural y Capacidad instalada en parques eólicos de la dimensión de potencial de ER), de modo que el conjunto de datos final consta de 61 indicadores. Para tratar adecuadamente los indicadores con diferentes magnitudes (OECD, 2008) se llevó a cabo una estandarización Min-Max (Doukas et al., 2012; Salvati y Carlucci, 2014). La Tabla 9 muestra la contribución esperada, negativa o positiva, de cada indicador al índice. Para los indicadores que contribuyen positivamente al índice se utiliza la Ecuación (1), mientras que para los indicadores con una contribución negativa se utiliza la Ecuación (2). " # $!,# % =$!,# − $$!%,# $$&',# − $$!%,# ((((1) " # $!,# % = 1 − $!,# − $$!%,# $$&',# − $$!%,# ((((2) ANEXOS Anexos 259 ANEXO I – EMPRENDIMIENTO EN GALICIA En España, los emprendimientos han surgido como alternativas para mejorar la economía personal, de esta manera, la población española involucrada en negocios que se encuentran en fases iniciales del proceso emprendedor vuelve a aumentar ligeramente en el año 2018, como podemos observar en la Figura 29, manteniendo así los niveles de participación por encima del umbral de seis personas emprendedoras en fase inicial por cada cien personas de población adulta (GEM, 2019). Figura 29 - Evolución del índice TEA y del porcentaje de la población de 18 - 64 años involucrada en negocios nacientes y negocios nuevos en España durante el periodo 2005 - 2018 - Fuente: (GEM, 2019) De acuerdo con el indicador de actividad emprendedora (TEA, por sus siglas en inglés) la población emprendedora en España se caracterizó, en primer lugar, porque 70,7% de esta emprendió motivada por una oportunidad de negocio frente al 22,6% que lo hizo motivada por una necesidad derivada de la falta de alternativas laborales. En segundo lugar, la edad media de las personas emprendedoras fue de 42,2 años, siendo el subconjunto de personas entre 35 a 44 años el que mayor peso relativo tuvo, 30,1% sobre el total. En tercer lugar, la participación masculina en la puesta en marcha o propiedad y gestión de negocios en fase inicial fue, mayor que la femenina, 53,1% frente a 46,9%, aunque cabe destacar que la brecha de genero ha vuelto a estrecharse con respecto a años anteriores (GEM, 2019). Cuando miramos con detenimiento el caso gallego, podemos observar que la variación de la ocupación consigue cifras positivas por cuarto año consecutivo (ver Figura 30), elevando la tasa de ocupación de la población de 16 a 64 años hasta el 63,55% para el año 2018, siendo superior a la del 2017, pero aun lejos de los nivel precrisis. VANESSA MIRAMONTES VIÑA 260 Figura 30 - Evolución de la ocupación en Galicia - Fuente: (Bande et al., 2017) En materia de emprendimiento en Galicia, este analizado en el informe GEM Galicia 2018, el cual analiza el emprendimiento desde la perspectiva de la población en general, desde la fase más reciente del proceso emprendedor, a la fase de consolidación de la empresa, pasando por las fases de puesta en marcha y primeros años de actividad, lo que definen como “actividad emprendedora (TEA)” (Fernández et al., 2019). El proceso emprendedor recoge aquella parte de la población adulta, es decir, entre 18 y 64 años, que ha expresado su intención de emprender. La suma de las iniciativas nacientes y nuevas, es decir, menos de 3 años de actividad, indican que para el año 2018 el índice TEA se sitúa en 5,60%, la mayor tasa desde 2009 (Figura 31), pero inferior al TEA del Estado (6,39%). Figura 31 - Evolución del índice TEA 2005 - 2018 - Fuente: (Fernández et al., 2019) -60 -50 -40 -30 -20 -10 0 10 20 30 40 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 2016 2017 2018 Ocupación en Galicia Anexos 261 La Figura 32 muestra el índice TEA desagregado para los últimos catorce años. De forma que se puede observar un aumento en las iniciativas nacientes mientras que el valor de las iniciativas nuevas disminuye para el año 2018 en relación con el año anterior. Las iniciativas nacientes aumentan del 1,42% en 2017 al 2,42% en 2018; mientras que las iniciativas nuevas pasaron de un 3,64% en 2017 al 3,18% en el año 2018. Figura 32 - Evolución del índice TEA y del porcentaje de la población de 18 - 64 años involucrada en negocios nacientes y negocios nuevos en Galicia entre 2005 - 2018 - Fuente: (Fernández et al., 2019) La Figura 33 identifica la posición de Galicia con respecto al resto de comunidades autónomas, en función del índice TEA. Podemos observar que ha pasado a ocupar el sexto puesto respecto al total de comunidades autónomas. Figura 33 - TEA en el contexto de España para el año 2018 - Fuente:(Fernández et al., 2019) VANESSA MIRAMONTES VIÑA 262 Como se ha mencionado previamente, en el año 2018 el actividad emprendedora ha aumentado, este incremento de la actividad emprendedora en Galicia se deriva del aumento asociado a la actividad emprendedora femenina, que pasa de 4,52% en 2017 a un 6,43% en 2018. La actividad emprendedora de las mujeres continúa así su tendencia al alza desde 2016, alcanzando el segundo mayor valor para toda la serie 2005-2018 y superando a la masculina en Galicia (4,76%), y también a la media española. La diferencia del TEA entre hombres y mujeres, que generalmente era menor en Galicia que en otras comunidades, en el último informa ha aumentado debido a la tendencia negativa del TEA hombre y positiva del TEA mujer, sugiriendo la posibilidad de la existencia de diferencias de género en el comportamiento emprendedor para el caso gallego. Figura 34 - Evolución del TEA en función del sexo para el año 2018 - Fuente: (Fernández et al., 2019) Otro dato significativo según el informa GEM del 2018 es el incremento de la actividad emprendedora entre las personas que poseen estudios universitarios, que en 2017 era 7,99% y en 2018 ha pasado a ser 14,58%. En cambio, el TEA de personas sin educación universitaria sufre un pequeño descenso del 4,50% al 4,30%, pero manteniendo una tendencia similar desde el año 2011. El TEA de la población universitaria ha sido superior en los últimos años al TEA de la población no universitaria, sin embargo, en el año 2018 esta diferencia ha aumentado considerablemente. Figura 35 - TEA en función de la educación universitaria para el año 2018 - Fuente: (Fernández et al., 2019) Anexos 263 Podemos identificar que la edad media de la persona emprendedora en Galicia en 2018 es de 42 años para las mujeres y 41 para los hombres. Aunque la evolución entre sexo es distintas. Mientras que la edad de las emprendedoras aumenta respecto al 2017, la de los emprendedores disminuye. Una de cada tres persona que emprenden en Galicia tienen estudios universitarios (32,97%). Este porcentaje es ligeramente inferior en el caso de las mujeres (31,75%) que en el de los hombre (34,69%). Dado que las iniciativas emprendedoras de personas con estudios universitarios suelen tener más posibilidades de sobrevivir y crecer en el futuro, además de generar empleo cualificado, estos resultados podrían favorecer a los expectativas futuras. Otras características importante a la hora de analizar la actividad emprendedora es el nivel de renta de las personas que emprenden, dado que la financiación en las primeras fases suele ser con fondos propios (Figura 36). Podemos indicar que existe una caída notable del porcentaje de emprendedores con niveles de renta superiores a 40.000 euros, que pasa de un 12,53% en 2017 a un 4,56%, en 2018. Por otro lado, el porcentaje de personas emprendedoras con niveles de renta entre 20.001 y 40.000 euros aumenta ligeramente del 4,26% en 2017 al 4,31% en 2018, mientras que el porcentaje de emprendedores con niveles de renta inferiores a 20.000 euros continua el crecimiento iniciado en 2016 y sube de un 5,06% a un 6,39%. Figura 36 - Evolución del índice TEA en función de la renta - Fuente: (Fernández et al., 2019) En un entorno como el de Galicia, resulta interesante identificar la localización de las iniciativas emprendedoras. En general, en los últimos diez años, 2 de cada 10 iniciativas emprendedoras se desarrollan en el entorno rural (Figura 37), es decir, un 83,04% en el entorno urbano, frente al 16,96% para el rural en el año 2018. Estas cifras pueden estar indicando la desigualdad en término de facilidades e infraestructuras para emprender en los entornos rurales y urbanos. VANESSA MIRAMONTES VIÑA 264 Figura 37 - Distribución de la población emprendedora en función del entorno rural o urbano - Fuente: (Fernández et al., 2019) En lo que se refiere a la previsión sobre la creación de empleo en los próximos 5 años, los resultados son diferentes en cuanto a la fase del proceso. En el caso de las iniciativas incipientes, por segundo año consecutivo, aumenta significativamente esta previsión, pasando de un 41,46% en 2017 a un 46,85% en 2018. Por su parte, en el caso de iniciativas consolidadas, se observa un estancamiento de las previsiones de incremento de plantilla, pasando de un 16,00% en 2017 a un 16,84% en 2018. Figura 38 - Evolución de las iniciativas emprendedoras incipientes que prevén incremento de plantilla - Fuente: (Fernández et al., 2019) Anexos 265 Teniendo en cuenta el sector general de actividad a la que se dedican las iniciativas emprendedoras en la fase incipiente en el año 2018 (Figura 39), al igual que en años anteriores, son aquellas concentradas en el sector servicios, con más del 70% del total de las iniciativas, especialmente el sector servicios orientados al consumidor, con un 44,32%. El sector servicio orientados al consumidor casi triplica a aquellas que se concentran en el sector transformación (17,98%). El sector servicio orientados a empresas representa el 21,88%; mientras que el sector extractivo o primario el 11,42%. En 2018, al compararlo con los años previos, la tendencia es de iniciativas empresariales en el sector servicios, especialmente de consumo, apreciándose incrementos en el porcentaje de iniciativas emprendedoras orientadas a los servicios a empresas, al sector transformador y al sector extractivo. Figura 39 - Sector de actividad para el año 2018 - Fuente: (Fernández et al., 2019) En resumen, en 2018 la persona emprendedora en Galicia es en un 57,66% de los casos mujeres. La edad media de la persona emprendedora se sitúa entre 41 y 42 años. En torno a un tercio de las iniciativas emprendedoras son promovidas por personas con estudios universitarios (32,97%). La renta anual de las personas emprendedoras se sitúa mayoritariamente por debajo de los 20.000 euros. Además, la iniciativa emprendedora se desarrolla en un entorno urbano (83,04%) para aprovechar una oportunidad de negocio (64,86%). Ahora si analizamos los datos en materia de economía social, concretamente en las cooperativas constituidas en el año 2018, podemos encontrar en la Tabla 29 que se han inscrito un total de 72 nuevas cooperativas para el año 2018 Tabla 29 - Cooperativas constituidas y número de personas socias promotoras en los registros de provincias y en el registro central, según el sexo y la persona jurídica. Año 2018 - Fuente: (Xunta de Galicia, 2018) Provincia Cooperativas inscritas Hombre Mujeres Personas jurídicas Total de personas socias A Coruña 18 43 41 0 84 Lugo 2 2 2 0 4 Ourense 15 32 17 0 49 Pontevedra 28 39 46 0 85 Reg. Central 9 11 9 3 23 TOTAL 72 127 115 3 245 VANESSA MIRAMONTES VIÑA 272 Podemos observar que la provincia de la Coruña es la que mas potencia instalada en centrales térmicas y de ciclo combinado presenta; mientras que la provincia de Ourense es la que presenta mas potencia instalada de energía renovables, 2.786 MW (38,36%), donde un 85,21% es procedente de la gran hidráulica; seguida de la provincia de Lugo 2.128 MW (29,30%), donde mas de la mitad (68,28%) corresponde a los parques eólicos. En lo que corresponde a la provincia de A Coruña y Pontevedra, los parque eólicos representan la mayor potencia instalada en materia de ER. Figura 47 - Número de centrales eléctricas por provincia en Galicia - Fuente: (Instituto Enerxético de Galicia, 2020) Potencia hidráulica La proporción de potencia hidráulica instalada en Galicia se mantiene mas o menos constante dentro del sector de las ER. La Figura 48 nos permite observar la potencia de energía hidráulica y Minihidráulica presente en Galicia en los últimos 10 años. 498 41 47 46 1611 2128 2786 737 3207 0 0 0 0 500 1000 1500 2000 2500 3000 3500 A Coruña Lugo Ourense Pontevedra Térmicas y ciclo combinado Energías Renovables Centrales de cogeneración y residuos [Document text truncated for crawler view.]