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La industria de la madera en Galicia, la significación del subsector del mueble

Miramontes Carballada, Ángel

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UNIVERSIDADE DE SANTIAGO DE COMPOSTELA DEPARTAMENTO DE XEOGRAFÍA La industria de la mader a en G alicia. La significación del subsector del mueble. TESIS DOCTORAL ÁNGEL MIRAMONTES CARBALL ADA Santiago de Compostela, 2009 1 ÍNDICE La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 3 Índice ……………………………………………………………………….. ………...1 Introducción, estado de la cuestión y fu entes ……………………………. ………...9 Capítulo 1 …………………………………………………………………... ……….29 1. El sector forestal y la distribución territorial de las masas arbóreas……... ……….31 1.1. La historia forestal de Galicia………………………………………... ……….34 1.1.1. En la Antigüe d ad……………………… ……………………….. ……….35 1.1.1.1. La agricultura y el fuego……………… ……………….. ……….35 1.1.1.2. La s actividades artesa nales de la cultura castreña y romana ………………… ………………………………………... ……….37 1.1.2. En la Edad Media……………………………………… ………. ……….38 1.1.2.1. El incremento de la actividad agr í cola………… ………. ……….40 1.1.2.2. Las ferrerías y la construcción………………… ………. …… ….41 1.1.3. En la Edad Moderna……………………………………………. … …….43 1.1.3.1. El monte y el sistema agr ícola tradicional ……………... ……….43 1.1.3.2. El despertar de la actividad industrial: la s ferrerías, las curtidurías y la construcción naval……………………………… ……….47 1.1.4. En el siglo XIX…………………… …………………………… ……….51 1.1.4.1. La etapa final del sistema agrícola tradicional…………. ……….52 1.1.4.2. La estructura de la propiedad de los mont es. De la desamortización a finale s del siglo XIX ………… ……………... ……….56 1.1.4.3. Las primeras repoblaciones. La expansión d el pino…… ……….62 1.1.5. Desde el siglo XX a la ac tu alidad………………… …………… ……….64 1.1.5.1. Las transformaciones de la actividad agrícola…………. ……….66 1.1.5.2. L a evolución reciente de l a estructura de l a propiedad y la leg isla ción de los montes…………………………………….. ……….69 A) Los “Montes Veciñais en Man Común” (MVMC)….. ……….72 B) La concentración parcelaria…………………………. ……….76 C) Inic iativas de r eestru cturación y puesta en valo r del monte……………………………………………………. ……….79 D) El P lan Forestal y las comarcas geoforestales de Galicia …………………………………………………... ……….88 1.1.5.3. La influencia de las r epoblaciones. Su evo lución y las especies arbóreas utilizadas…………………………………… .. ……….97 1.1.5.4. El problema de los incendios forestales……………… ... ……...108 1.1.5.5. La evolución del paisaje fore stal. Breve análisis de los tres Inventarios Forestales de Galicia…………………………... ……...121 1.2. El sector forestal en la actualidad……………………………… …….. ……...142 1.2.1. La representatividad forestal de Galicia a es cala e sp añola…….. ……...144 1.2.2. La distribución territorial de las masas arbór eas……………….. ……...149 1.2.3. Exposi ción de l as características básicas de los distrit os fore stales……………………………………………………………… ……...171 1.2.4. Reflexión final so bre la situa ción del s ecto r forestal ga lle go en relación a una posi ble utiliz ación en la industria transformadora de la madera ………………………………………………………………… ……...201 La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 4 Capítulo 2 …………………………………………………………………... ……...205 2. Una industria madura. Principales hitos de la t ra y ectoria de la industria transformadora de la m adera en la economía gallega………………………. ……...207 2.1. El proceso de industrialización durante los siglos XV III y XIX…….. ……...214 2.1.1. Siglo XVIII … …………… …………………………………….. ……...216 2.1.2. Siglo XIX………………………………… ……………………. ……...219 2.2. Desde comienzos del siglo XX a la actualidad……………… ………. ……...222 2.2.1. L os comienzos del siglo XX: el proceso y consecuencias de la instalación de una planta productora de pasta de p ap el………………. ……...223 2.2.2. Desde 1960 a la actualidad……………………………………... ……...235 2.2.3. Diferencia de comportamiento en l os dist int os subsectores de la industria transformadora de la madera en Galicia………… ………….. ……...253 Capítulo 3 …………………………………………………………………... ……...261 3. Caracterización y localización territorial de la indust ria transfor m adora de la madera de Galicia………………………………… …………………... ……...263 3.1. L os SIG ( Sistema de Información Geo gráfica) co mo herramienta para e l estudio de la industria transformadora de l a madera……………… ...........267 3.2. L ocalización territorial y caracterización del universo de las empresas transformadoras de la madera de Galicia………… ……………. ……. . .281 3.2.1. Análisis de la relación entre la localiz ación de las masas arbóreas y las empresas transformadoras de la madera…………… … . ……...311 3.2.2. Diferenciación y análisis de las empresas tr ansformadoras de la madera entre primera y segunda transformación y por subsector…….. ……...326 3.2.2.1. Número de empresas, volumen d e empleo y de facturación de l as empresas de la primera y de l a s egunda transformación de la madera……………………………………. ……...326 A) Número de empresas…………………… …………… ……...326 B) Volumen de empleo……………………………… …. ……...333 C) Volumen de facturación……………………………... ……...338 3.2.2.2. Número de empresas, volumen de em pleo y de la facturación de la s empresas por subsector……………………… ……...350 A) Número de empresas…………………… …………… ……...350 B) Volumen de empleo……………………………… …. ……...364 C) Volumen de facturación……………………………... ……...369 3.2.3. Análisis de l as empresas transformadoras de la m adera según producción: tipología y cantidad de producto………………… ……… ……...385 3.2.3.1. Análisis de las empresa s por la tipología de su producto………………………………………………………… ……...385 3.2.3.2. Análisis de las cantidades de ca da uno de los p roductos. ……...391 3.2.4. Análisis de l as empresas transformadoras de la m adera según la madera que consumen: especie, cantidad y procedencia……………... ……...402 3.2.4.1. Cantidad de madera según l as especies arbór eas transformada por municipio del mercado gallego……… ………. ……...417 3.2.4.2. Cantidad de madera según l as especies arbór eas transformada por municipio del resto de mercados……… …….. ……...422 La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 5 3.3. Análisis de la actividad del mueble en Galicia… ……………………. ……...436 3.3.1. El subsector del mueble dentro de la indust ria transformadora de la madera……………………………… …………………………... ……...438 3.3.2. Caracterización de las empresas del subsecto r del mueble……. ……...446 3.3.2.1. Tipología de las empresas de l subs ector del mueble…... ……...446 3.3.2.2. Distribución territorial de las empr esas del subsector d el mueble…………………………………………………………... .……..456 Capítulo 4 …………………………………………………………………... ……...461 4. Desarrollo Territorial de la industria de la madera: la actividad del mueble e n Galicia…………………………………………………………… ……...463 4.1. Teoría del Desar rollo Territorial. Procesos de innovación y desarrollo territorial: las rede s de innovación…… ………… …………….. ……...464 4.1.1. Bre v e evolución de las teorías sobre desarrol lo territorial e innovación …………………………………………………………….. ……...466 4.1.2. Caracterización de los componentes de un territorio innovador.. ……...471 4.2. Análisis de los c asos más significativos de la actividad del mueble en Galicia …………………………………………………………………….. ……...481 4.2.1. El caso del municipio de A Estrada (Pontevedra)……………… ……...489 4.2.1.1. Caracterización socioec onómica y t erritori al…………... ……...489 4.2.1.2. La industria del mueble en A Estrada……………… ….. ……...497 A) Origen y consolidación de la industria del muebl e en A Estrad a……………………………………………….. ……...497 B) L as características de las empresas del subsec tor del mueble en A Estrada………………………… …………. ……...499 4.2.1.3. Análisis de redes locales de innovación………………... ……...510 A) L os agentes e instituciones con incidencia en el subsector del mueble de A Estrada…………………… ... ……...510 B) La s redes locales de innovación en A Estrada………. ……...519 4.2.2. El caso del municipio de Sarria (Lugo)……… ………………... ……...526 4.2.2.1. Caracterización socioec onómica y t erritori al………….. ……...527 4.2.2.2. La industria del mueble……………………………… … ……...534 A) Origen y consolidación de la industria del muebl e en Sarria ………………… …………………………………. ……...534 B) Las características de las empresas del subsecto r del mueble en Sarria…………………… …………………… ……...535 4.2.2.3. Análisis de redes locales de innovación………………... ……...542 A) L os agentes e ins tituciones de Sarria con inc idencia en el subsector del mueble……………………………… ……..542 B) La s redes locales de innovación……………………... ……...549 4.2.3. El caso de Lourenzá (Lugo)…………………………………… . ……...555 4.2.3.1. Caracterización socioec onómica y t erritori al………….. ……...556 4.2.3.2. La industria del mueble……………………………… … ……...563 A) Origen y consolidación de la industria del muebl e en Lourenzá………………………………………………… .……..563 B) Las características de las empresas del subsecto r del mueble en Lourenzá…………………………………….. .……..564 La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 6 4.2.3.3. Análisis de redes locales de innovación………………... ……...569 A) L os agentes e inst ituciones de Lourenzá con incidencia e n el subsector del mueble………………… ... ……...569 B) La s redes locales de innovación……………………... ……...575 4.3. Análisis comparado de los casos…………………………… ………... ……...581 4.3.1. Difere n cias socioeconómicas y terr itori ales… …………………. ……...582 4.3.2. El dinamismo del subsector del mueble. Diferentes estructuras industriales……………………………………………………………. ……...585 4.3.3. Difere nt es grados de influencia de las redes de innovación…… ……...587 Conclusiones ……………………………………………………………….. ……...595 Bibliografía ………………………………………………………………… ……...607 Índice de gráficos, tablas y m apas ………………………………………... ……... 629 7 INTRODUCCIÓN, ESTADO DE LA CUESTIÓN Y FUENTES La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble 9 INTRODUCCIÓN Hoy en día en el territorio ga llego nos encont ramos c on un paisaje forestal comparable al existente en otros países europeos de amplia tradición fore s tal, en el que predominan especies forestales arbóreas destin adas a la p roducción industrial de madera. Est e aspecto se corr obora con los datos aportados por las actuales estadísticas forestales, que indican que las dos tercera s partes del territorio g allego están ocupadas por masas forestales y que éstas a portan la mitad d e la madera cortada anualmente en España. Esta situación, donde las m asas forestales gallegas se destinan a un a producción fabril, no es m ás qu e el resultado de los profundo s cambios que han suced ido a lo lar go de la his toria en el territorio de Galicia, princip alm ente desde mediados del siglo XX. Otro aspec to a destacar en relac ión con la madera en Galicia es que e n nueve de cada diez municipios ha y alguna empresa que transfor ma madera, lle gando en ocasiones a ser la principal actividad industrial de alguno de estos municipios, g enerando en ellos una serie de benefic ios socio económicos sumamente significativos. De lo anterior se deduce que en el territorio gallego h a y un a actividad: la industria de la madera, formada por el s ector fores tal como materia pr ima y por la industria transformadora de esa made ra, que tiene u na gran influenci a social, económica y de generación de riqu eza. En Galicia se desa rroll a toda l a cadena de la madera, d esde su producc ión en el mont e a su t ransformación en la s empresas. Sin embargo, como se comprobará en e sta tesis doctora l a p esar d el desarrollo que pres enta la industria de la madera existe un patente desequilibrio entre el t ipo de madera que se genera en los montes y la madera que demandan l as empresas m ás numerosas que son las carpinterías y las fábricas de m uebles. El monte gallego só lo cubre pa rcialmente la demanda d e madera de algunas empresa s transformadoras y c ada vez se c oncentra en unos subsectores mu y concretos como el aserrado, la past a de papel o la producción de chapas y tableros, es d ecir la industria de l a prim era transformación. Mientras que subsectores como el de l as carpinterías y fábricas de muebles, que son los que generan mayor valor añadido sobre la m adera transformada, m u y numerosas en la estructura fabril de toda Galicia, cada vez aumentan más su vo lumen de importación de madera. Un a specto en el que hay que hacer hincapié es e n destacar que todos los cambios que ha presentado el sector forestal gallego a lo largo del tiempo no se produjeron como consecuencia de pretend er su dinami smo, su potencialización o su relación con la industria transfo rmadora, sino que fueron provocadas por di ferentes La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble 10 cambios acaecidos, princip almente, en el medio rural gallego (crisis demo gráfica, crisis del sector primario, etc.). A esto hay que añadir q ue el estudio de la historia forestal de Galicia manifiesta fue rtes carencias en cuant o a la gestión y planificación, especialmente e n lo referente a la utiliz ación de técnicas sociales y culturales con objetivos económicos, como se mostrará en esta tesi s. El monte ha sido siempre un elemento de gran t rascendencia e incluso en las sociedades avanzadas está adquiriendo un valor creci ente por su carácter de recurso escaso. Y ello es así, tanto por su aportación a la mejora de la calidad de vida, a la estabilidad de los ec osis temas naturale s y a la gen eración de actividades de ocio, así como por la producción de materias primas re no vables con posibilidades de alto valor añadido. A esto ha y q ue añadir que el monte ti ene la capacidad de contribuir al desarrollo rural, promoviendo un aprovechamient o int egral y equilibrado de los recursos que a yuda a evitar el pro ceso de despoblación. A unq ue para t odo esto lo que sí necesita el monte es una buena ordenac ión y gestión qu e favo rezca la calidad a mbiental, la diversidad del paisaje, la conservación de la flora y la f auna y la s atisfacción de demandas sociales y económicas. Como most rare mos a lo largo de este trabajo, las co ndiciones estructurales de la riqueza forestal de Galic ia la sitúan en un l ugar privilegiado dentro de E uropa, a pes ar de las hectáreas destruid as progresivamente por l os incendios forestales. La p roducción forestal genera un elevado número d e empleos y un p orcentaje significati vo dentro del producto interior bruto de Galicia, como expondremos. Por otro lado, en Galicia nos encontramos con emp resas de todos l os subse ctores relaciona dos con la ind ustria transformadora de la m adera : primera transformación (subsectores: aserrado; producción d e produ ctos d e madera, chapa y t ablero; producción de pasta de papel) y segunda transformación (subsector: carpinterías y fábricas de muebles). Todas estas empresas tienen un a gran signifi cación territorial y socioeconómica dentro de la estructura de Galicia. Por todo esto, el objetivo principal de esta t esis doctoral es analiz ar las caracter ísticas principale s de la industria de la m ader a y su significación en el territorio ga lle go. A s u vez, para alcanzar este objetivo n os planteamos una s erie de objetivos secundar ios imprescindibles para alcanzar el principal. En primer lugar nos centra mos en estudiar la evolución y pe culiaridades del secto r forestal, del monte. Ya que es la primera de las partes qu e forman el bi nomio de la i ndustria de la madera, la capacidad La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble 11 de producir madera y l a m ateria prima. En s egundo l ugar nos preocupamo s por analiz ar la distribución territorial y las características d el universo de empres as que componen la industria transformadora de la madera. A su v ez, no s esforzamos en comp robar cómo y cuál es el grado de relación que ex iste entre el sector for estal y las industrias transformadoras de la madera que forman la industri a de la madera. En último lugar , una vez conocidas las características d e la industr ia transformadora de l a madera, profundizamos en el subsector de la carpintería y fábricas de muebles, p or ser el que tiene una ma y or presen cia territorial y por ser la actividad que genera mayor valor añadido sobre la madera una vez transformada. Para alcanzar estos obje tivos generales, estructu ramos la tesis en dos grandes partes y a s u vez en cuatro capítulos. En la primera parte estudiamos el sector fo restal, que incluy e el c apítulo 1. Mientras que en la segun da parte nos centra mos en la industria transformadora de l a ma dera que ab arca los capítulos 2, 3 y 4. Aunque l a estruc tura de la tesis se pued e dividi r en estas dos p artes, qu eremos destacar que siempr e mantuvim os un hilo argumental en el que se relacionan tanto e l monte, donde se ex amina la m ateria prima, como l a industri a transf ormadora de esa madera. En esta tesis analizamos la situación de equilibrio o de sequilibrio que existe entre e stos dos c omp onentes que conforman lo que nosotros consideramos como industri a de la m adera. Por lo que conociendo la evolución y el pres ente del sector forestal y , s obre todo, la situación de sus hectáreas arboladas, se puede comprender mejor la sit uación de l as activi dades de transformación de la madera y c omp render sus características d e producción. Antes de mostrar el contenido principal de los capít ulos realizamos la presente introducción y un estudi o del estado de l a cue stión de la industria de la mad era, comprobando la falta de estudios e investigaciones que desde el punto de v ista territorial existen en Galicia. D entro del estudio del sector f orestal a p esar d e que ex isten fue ntes de información generales, nos encontramos con que predominan estudios de biolog ía o de ingeniería de m ontes, pero que no tienen como ob jetivo principal estudiar los montes ga lle gos d esde el punto de vista territorial. Algo sim ilar nos sucedió con el estudio de las empresas de la industria transformadora de l a m adera, pues aunque fue tratado por ciertos economistas, que trabajamos y men cionaremos, se l imitan a estudios subsectoriales o a características mu y concretas. D e todos modos la m a yor carencia l a encontramos con los antecedentes de estudios que an alicen la indust ria de la madera en La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble 12 conjunto: el sector forestal y la industria transformadora de la m adera, que son sumamente escasos y poco actua l es. En la primera parte del trabajo para conocer el sector forestal y la distribución territorial de las masas a rbóreas dividimos el capítulo 1 en dos partes, en la primera se analiza la e volución hist órica de l sector forestal y e n la segunda el sector forestal en la actualidad. El estudio de la trayectoria histórica del sector fo restal tiene su justificación en la necesidad de conocer cuales fueron los avatares que originaron a lo largo del tiempo que el monte gallego se fuera transformando hasta llega r a la situación actual. E l apartado de la historia for estal se ha estructura do siguiendo la s diferente s edades: la Antigüedad, la Edad Media y la Edad Moderna, mientr as qu e r ealizam os sendos ap artados sól o con el siglo X I X y el siglo X X debido a la cantidad de ac o ntecimientos que influ y eron en la config ura ción de los montes g allegos durante esos s iglos. Entre los primeros acontec imientos estudiamos: la a parición de la agri cultura, la ganadería y actividades industriales c omo la cerámica, la minería, las her re rías o la c onstrucción naval; la defore stación provocada por el increme nto demográfico y el des arrollo d e l a actividad agrícola, l as dificultades de relación entr e el uso del monte como product or de m adera con la actividad agrícola-ganadera y activi dades in dustriales como las cu rtidurías o la construcción naval; la s ituación del sistema agríco la t radicional, el problema de los continuos cambios d e pr opiedad y l a significación q ue si empre t uvieron e n l a soci edad ga lle ga los montes veci nales en “man común” (MVMC). Dentro del s iglo XX nos centramos en: la e structura de la propiedad, l as r epob laciones, los incendios foresta l es y la legislación que i nfluyó en la ordenación y desar rollo de l os montes, el Plan Fore stal de Galicia. La segunda p arte d e est e capítulo en la qu e estu diam os el sector forestal en la actualidad, lo di vidimos en cuatro ap artados. En pr imer lugar realizamos una exposición de la significación y pot encialidades que tiene G alicia en el panorama forestal a escala española. En el segundo apartado estudiamos la dist ribución de las masas arbóreas a escala d e toda Galicia uti lizando el “Mapa de cober turas e usos do solo de Galicia”, que es la fuente de i nformación fore stal más actual de Galicia. Esta información, una vez trabajada, la volcamos en un S IG (Sistema de Inform ación Geo gráfica), l o que nos ha permitido obtener una serie de resultados que no hu biesen sido posibles de no utilizar esta herramienta. En el t ercer apartado se r ealiza una exposición de las cara cterísticas La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble 13 ge n erales de los 19 distritos forestales en que se divide Galicia, y a que es la escala territorial más espe cífica para ex aminar la si tuación de l os mont es gallegos. En el cuarto y úl timo apartado se realiza una i ntroducción al análisis de la incidencia del monte en la industria transformadora de l a madera en Galici a y así, comenzar a acercarnos a la situación de la industria de la madera en Galicia. El capítulo 2, el primero del segundo bloque de la tesis, comenzamos estudiando como evoluc ionó la indus tria tra nsformadora de la madera. Una actividad que, entre otras características, se trata de un cla ro ejemplo de la evolución y capa cidad de adaptación que tuviero n determinados sectores i ndust riales maduros dentro de l a estructura soc ioeconómica de Galicia y España. Para e x plicar los m otivos de la pervivencia d e esta actividad a lo largo de l a indus trialización del territorio gallego, no s centramos en los hitos históricos más significa tiv os del proceso de industrialización de Galicia, en los que ha e stado presente y h a sido un o de los prota gonistas (la i ndustria transformadora de la m adera). Una vez conocidos los principales antecedentes de l a evolución de la indust ria transformadora de la m adera, nos centramos en los p rincipales hitos que influyeron e n el desarrollo de la indust ria t ransformadora de la madera a lo la rgo del siglo XX y comienzos del si glo XXI. Especialmente nos detenemos en la instalación de la fábrica productora de p apel en la ciudad de Pontevedra, que como se comprobará s e trata de uno de los factores que más influyeron en la situación actual de la industr ia de la madera de Galicia. El objetivo p rincipal del capítulo 3 es p rofundizar en las características y el peso de las empresas transfor madoras de madera, así como en su influencia en el territorio. Para re alizar este capítulo se utiliza p rincipalmente la herramienta d el Sistema de Informac ión Geográfico (SIG), con el que analizamos las caracter ísticas de todas las empresas trans formadoras de la madera, trabajando v ariables como su facturación, empleo o consumos de m adera y, combinándolas con las características fo restales de los montes gallegos. Destac ar que nos centramos en l a e scala d e municipi o, con lo qu e conseguimos l ocalizar y di fere nciar los territorios con mayor si gnificación dentro de las empresas transformadoras de la madera. A su vez , re alizamos un resumen de las peculiaridades de la caracterización empresarial de las actividades de la industria transformadora de la madera. En el último subapartado, con el que co ncluimos este capítulo, profundizamos en l as características del sub sector del mueble de Galicia. Entre La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble 14 los motivos por los que consider amos importante su estudio destaca que es el subsector de la industria tra nsform adora de la madera que ti ene el m a y or número de empresas por todo el territorio g allego, porque ade más en algunos municipios concretos es una actividad que está influ y endo en la estructu ra soci oeconómica porque produce un producto final y porque se puede catalogar como l a fase final de la denom inada como cadena monte-industria (desde que se corta la ma dera en el monte a que se le realiza una última transformación industrial para su uso). En el primer apartado del capítulo 4 realizamos una breve exp osición de la teoría del desarrollo territorial y las red es de innovació n, para comproba r posteriormente la significación territorial de las empresa s dedicadas a la fa bricación de muebles dentro de estos posibles desarrollos locales. C oncretamente realizamos t res estudios de ca sos de los municipios con ma yor significación d entro de la actividad de las carpinterías y fábricas de muebles en relación a su entram ado socioeconómico: A Estrada (Pontevedra) , Sarria ( Lugo) y L ourenzá ( Lugo) . Los estudios de casos para cada uno tienen tres subapartados, en el primero se estudia su cara cterización socioeconómica y territorial, en el se gundo se muestran las carac ter ís ticas de su industria del mueble y , en el tercero se realiza un análisis de redes l ocales de innovación. En un últim o apartado de este ca pítulo se efectúa un análisis compara do de las variables de e stos tres municipios . Todo ello tiene la finalidad de comprobar el po sible dinamismo que la actividad del mueble impul sa en estos territorios, y poderlos caracterizar como p osibles desar rollos locales. Una vez analizado el sector forestal, la indus tria t ransformadora de la madera y el subsector del m ueble en Galicia, planteamos las conclusiones que se p ueden ext raer de nuestro análisis sobre el conjunto de componentes de la industria de la madera. Destacar que la estructur a de esta tesis doctor al se puede considerar como amplia y a que analizamos en conjunto dos de los sectores ec onómicos más i mportantes de Galicia desde su origen a l a actualidad, y a lo que h a y que añadir los estudios de casos dentro de los componentes de la teoría del desarrollo territo rial y los procesos de innovación . Además de la amplitud de temáticas estudiada s re aliz amos un traba jo de rec lasificación y depuración de diferentes fuentes de informació n c omo: el “Mapa de coberturas e usos do solo de Galicia” p ara el análisis forestal elabo rado por el S ITGA (Sist ema de Informac ión Territorial de Ga licia) y el Censo de Em presas de la Mad era de Galicia elaborado po r e l CIS-Madeira ( C entro de Innovación e Servizos Te cnolóxicos da La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble 15 Madeira de Galicia), pa ra volcarlos en un S IG pot ente que nos ofertó una serie d e resultados territoria l es muy interesantes. No queremos terminar es ta introducción sin manif estar nuestro agradecimiento a una serie de personas e i nstituciones por su a y uda y colaboración que p ermitieron el desarrollo y conclusión de la pre s ente tesis doctoral. A t ítulo personal, debo com enzar mencionado al IDEGA (Instituto Universit ario de Estudios e Desenvolvemento de Galicia) de la USC (Universida de d e S antiago de Compostela), ya que des de que me licencié en junio de 1999 comencé a trabajar en este centro pasando p or becario de colaboración, pre doctoral a investigador contratado. L o que me permitió participar en un número impo rtante de pro yectos de investigación, publicaciones, congresos, etc. y trabajando, p rogresivamente, c on dif erentes grados de responsabilidad. Moment os en los qu e t ambién fue fu ndamental la complicidad laboral y pe rsonal que ll eg ué a tener con los compañeros de l I D EGA c omo D elfín Pérez, Alfonso Ribas o Ángeles Piñeiro, entre ot ros. Al igual qu e primero Edelmiro L ópez y ahora Melcho r Fernández directores del IDEGA, fueron unos profesores que siempre me ofrecieron t odo tipo de facilidade s y apo y o p ara mi formación y conseguir el títul o de doctor en Geo grafía. En cuanto al grupo de inves tigación ANTE (Anál ise Territorial) del IDEGA-USC al que tengo el honor de pertenecer, ten go que agradecer a cada uno de sus m iembros los consejos y confi anza que depositar on en mi p ersona a lo largo d e estos años, principalmente a los coordinadores el c atedrático Rubén Lois González y al profesor Xosé Santos Sol la, que además se trata del tutor de la presente tesis. Así como al profesor Román Rodrígue z Gonz ález que fu e el inv estigador p rincipal de muchos de los proyectos en los que participé a lo largo de esos años. Por otro lado, desde hace más d e dos años t rabajo en el Área de For mac ión y Estudios del CI S-Madeira (Centro de Innovación y Se rvicios Tecnológicos de la Madeira de Galicia) en el Parque Tecnoló gico de Galicia en San Cibrao das Viñas (Ourense), t ras sup erar u n concurso de selección de personal, qu e se ha convertido en el centro en el que he podi do terminar mi tesis doctor al y completar mi s conocimientos sobre l a industria de la madera desde su más amplio significado. Ya que además de ser el único geógrafo del c entro, tuve la fortuna de in tegrarme perfectament e en un equipo de trabajo en el que predom inan ingenieros (fores tales, de mont es e i ndustriales) que me han permitido conocer desde estudios de l aboratorio (tratamientos de madera, tipos de colas, etc.), trabajos de campo (medición de parce l as, carac t erísticas d e e jemplares La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble 16 arbóreos, etc.) a colaborar con los técnicos de la carpintería dond e se transforma directamente la madera. Por lo que reaf irmo mi gra t itud a cada uno de mis compañeros y , prin cipalmente al director del centro Francisco Pedras Saave dra qu e desde mi llegada, además de mostrarme todo su apoy o para el desarrollo del proy ecto de i nvestigación en el que ejerzo de investi gador y coordinador y , ani marme para concluir mi t esis doctoral, continúa en un arduo trabajo de potenciar y dina miz ar el centro que dirige conocedor d e la significación que tiene este sector en Galicia y la n ecesidad que exis te de centros tecnológ i cos como el CIS-Madeira en Galicia. A su vez, ten go que ha cer un comentario indiv idual, concretamente so bre la profesora doctora María Pilar Alonso L ogroño, la di rectora de esta tesis doctoral. Me veo obli ga do a afirmar q ue para m i se trata d e mi madre a cadémica, ya que desde h ace muchos años comenzó a indicarme el c amino a seguir para tr abajar como geó grafo dentro del ámbito de la investigación y no se cansó de mostrarm e el esfuerzo que supone la realización de una tesis doctoral. A pesa r de que en muchos momentos ha sido complicado mantener el ritmo de trabajo como c onsecuenc ia de su profesionalidad, he intentado seguir todos s us consejos académicos y p ersonales con la seguridad y el cariño que concede lo que para mi es m i madre académica. Por lo que l os errores que se puedan encontrar en esta tesis son mi responsabilid ad, mi entras que las aportaciones más innovadoras e importantes no hubiesen sido trab ajadas sin los conocimientos y experiencia de la p rofesora doctora María Pilar A l onso Logr oño. Antes de m encionar a q uien dedico este tr abajo, quiero darle l as gracias a mi grupo de ami gos, esos q ue siempre están y s aben el esfuerzo que m e ha supuesto la realización de esta tesis: Se López, David Golda r, Alberto Re y , Pablo González, J uan Dopazo, David Pedreira, David Carballo y Oscar Chao . En último lugar, señalar que esta t esis doctoral s e la dedico a cinco perso nas: a mi padre L ui s Miramontes, a mi madre María Dolores Carballada, a mi hermano Luis Miramontes, a mi herm ana Anuska Miramontes y a mi p ar eja Azahara Soilán Cañás. Teng o l a fortuna d e que estas p ersonas coinciden en varios aspectos, uno de ellos es la paciencia que han tenido conmigo y el apo y o incondi cional que m e han dado para que alcance l os objetivos que si empre he tenido en la vi da. Metas que sin su ap oyo con total seguridad no conseguiría, entre las que se encuentr a la realización de esta tesis doctoral. La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble 17 ESTADO DE LA CUESTIÓN Y FUENTES. A pesar de la si gnificación que siempre tuvo el mont e en la sociedad gal lega y de la tradición que poseen las actividades transformadoras de madera , la realidad actual referente a la of erta de es tudios centrados en la i ndustria de la madera en Galicia es mu y reducida. Como y a indicamos en la introducción, aunque hay trab ajos que analiz an el sector forestal y otros que examinan la actividad de la industria transformadora de la madera, son sumamente raquíticos los estudios que combinen estos dos sec tores y analicen completamente la industria de la madera. De todos modos, en este capítulo l o que pr etendemos es mostrar los princ ipales estudios que hemos traba jado para pod er desarrollar la presente tesis que, aunque escasos, fueron fundamentales e i mprescindibles para pl antear nuestros an álisis y lle gar a nuestras conclusiones. A s u vez, mostramos la sit uación de déficit en que se encuentra la industria de la made ra respecto a las pub licaciones y estudios que se efectuaron sobre esta temática. Dada la diversidad de fuentes de información y bibl iografía que tr abajamos, consideramos que lo más adecuado es mostrarla agrupada en tres t emáticas que están relaciona das entre ellas: la industria de la ma d era, el sector forestal y la industria transformadora de la madera 1 . Por otro lado adelantamos, que alg un as de l as obr as más importantes aunque se ce ntran en uno de estos tres grandes temas, también nos aportaron en menor gra d o información sobre las otras actividades, lo que ya nos indi ca la relación que existe e ntre estos sectores y que e s mu y difícil analizar la industria transformadora de la m adera sin conocer el sector forestal y vice versa. Dentro de los estudi os que analizaron la industria de la m adera , p odemos destacar cinco obr as, s iguiendo una evolución cronológica: Rom aní y H ernández (1980); Fe rnández Leiceaga (1990); Prada Blanco (1991), Rico Boquete (1993) y González Gurriarán (1999). 1 Recor dar que en esta tesis en la industria de la madera se inclu ye tanto el sector foresta l, co mo mater ia prima, como las acti vidades de transfor mación de la mader a, que a su vez co mpone ta nto actividades de primera tran sformació n ( aser rado , pasta de papel, chapa y tabler os) como de la seg unda transfor mación (carp interías y fábric as de muebles). La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble 18 La primera, “ Las i ndustrias de l a madera de Gali cia” 2 se t rata de un tr abajo que realizaron unos prof esores de ge o grafía a comien zos de los años ochenta del siglo XX, donde desarrollaron un estudio en conjunto de una actividad que ya en ese mom ento tenía mucha significación en la sociedad y econ omía de Galicia. Puede considera rse como una de l as primer as obras a escala de Galici a que se centraron en l a i ndustria de la madera desde el punto de vista territorial, pero s e trata y a de un trabajo l ejano en el tiempo y además p or sus contenidos pued e considerarse como una primera aproximación al tema. La publicación “ Econo mía ( política ) do mont e galego” 3 , realizada p or el profesor de económicas Xoaquín Le iceaga, a pesar de que s e acerca a los 20 años de su publicación se m antiene m uy vi gente. Porque algunas de las características de los montes ga lle gos de aquel momento aún se ma ntienen en la actualidad, así como l a estructura empre sarial. P or lo que se puede c onsiderar como un a de las obra s de referenc i a dentro de la industria de l a madera de G alicia, aunque su enfoque es exclusivamente de producto económico. Los dos trabajos que m ás nos a y udaron a plantear la presente t esis doctoral son “ Montes e industria. O circuito da madeira en Gal icia” 4 del economista Alb ino P rada y la t esis doctoral de Eduardo Rico “ A riqueza f orestal de Galicia no século XX: producción e explotación” 5 . La r azón principal e s que y a e n estos tra bajos se plantea una sit uación de desequilibrio entre el sector fores tal y la industria transformadora de la madera en G alicia, tema central de nuestr a tes is doctoral, que como mostramos se mantiene en la actualidad, si cabe, en ma y or grado que lo que en estos traba jos se plantea. Por otro lado la l ectura de estos trabajos fue uno de los diferentes moti vos que nos animaron y nos mostraron la necesidad que hay en Galicia de estudios sobre la industria de l a m adera. La di ferencia más clara ent re estos dos trabajos es que aunque Eduardo Rico aporta un a ma y or cantidad de datos y v ariables, el tr abajo de Albino Prada es sumamente clar o e incide directamente sobr e las debilidades de l a industria de 2 ROM ANÍ BAR REIROS, R. y HERNÁNDE Z B ORGE, J. (198 0): Las indu strias de la made ra en Galicia. Secretariado de Publicaciones de la Universidad e d e Santiago de Composte la. Santiago de Compostela. P áginas: 11 8. 3 FERNÁNDE Z LEICE AGA, X. (1 990 ): Economía (política) d o monte galego , Servicio d e Publicació ns da Universid ade d e Santiago. Santiago d e Co m po stela. P áginas: 18 1. 4 PRADA BLANC O, A. (199 1): Montes e industria. O circuito da madeira en Galicia , Fundación Caixa Galicia. A Cor uña. P áginas: 302 . 5 RICO BOQUET E, E . (1 993): A rique za fores tal de Galicia no século XX : prod ucc ión e exp lotación . Universidad e de Santia go de Co mpostela. T esis do ctor al. La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble 19 la madera y , a su vez, sobre las actuaciones primordiales que se deben efectuar para el desarrollo de la industria de la madera de Galicia. La obra de otro economista, Gonz ález Gurriará n titu lada “ L a cadena empresarial de la madera en Galicia. Diagnóstico es tratégico y propuestas de mejora de su competitividad” 6 más que un estudio de investigación se trata de un informe de evolución y situación de la industria de la m adera que, aunque no pro fundiz a en cada una de las v ariables de este sector si que e fectúa un aná lisis general qu e nos permite observar la s características generales de la indust ria de la madera de Galicia. Aunque podríamos citar alguna obra más, como se pue de ver en l a bibliografía, consideramos que estas cinco son las que pa ra nuest ro trabajo hemos encontrado como más significativas en el estudio de la industria de la m adera. Un segundo grupo d e publicaciones y a lo form an artículos de revistas o publ icaciones temporales que suelen centrar sus objetivos en la industria de la mader a. Una de ellas es la revista del C I S- Madeira (Centro de Innovación y Servicios Tecnológi cos de la Madera de Galicia) que depende de la Xunta d e Galicia. Concretament e este centr o tecnológico publicó 15 ejemplares entre el año 1997 y el 2006. Aunq ue dentro de esta revist a se podían encontrar artículos demasiado específicos sob re algun a c aracterística de la madera (tratamientos químicos o el ataque de hon gos y term it as a la m adera), ex istían otros más ge n éricos y a su vez innovadores como “ Las cifras d el Tercer Inventario Forestal de Galicia y su incidenc i a en la Industria de Transformación de la Madera” 7 o “La industria del mueble” 8 que nos han resultado útiles para nuestra i nvestigación. Sin embargo, esta publicación ha dejado de editarse y por lo tanto se ha perdido una fu ente de información y fo co de muestra de estudios de la industria de la m adera sumam ente interesante. Desde hace unos años uno de l os a gentes más pr eocupados por p romocionar la industria de la mader a de Galicia lo forman: el Clu ster de la Mader a de Galicia, la asociación Monte-I ndustria, FEARMAGA (Federación Em p resarial de Aserraderos y Rematantes de Madera de Galicia) y FECEG (Federación de Empr esas d e Carpintería y Ebanistería de Galicia), que p ublican de form a aleat oria informes y publicaciones 6 GON ZÁLEZ GU RRIAR ÁN, J ., y o utros ( 199 9): La cadena empresarial d e la ma dera e n Galicia . Diagn óstico estratégico y propu estas d e mejo ra d e su co mpetitividad. Instituto d e Est ud ios Ec onómicos de Galicia. Fundación P edro Barrié de la M aza. A Coruña. P áginas: 544. 7 BERMÚDEZ, J. D. y T OUZA, M. C. (200 0): “Las c ifras del Te rcer Inven tario For estal de Galicia y su incidencia en la Indu stria d e T ransformación d e la Ma dera”. Revista del CIS- Madera. Número : 4. Ourense. P áginas: 6-24. 8 BERMÚDE Z ALVIT E, J. D. (2002): “La industria de l mueble”. Re vista CIS-Mad era. Número: 8. Ourense. P áginas: 7-26. La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble 20 digitales como Punto Forestal que muestran diferentes características d e l a industria de la madera y permiten seguir la evolución d e este secto r dentro de la estructura socioeconómica de Gali cia. A escala d e toda Es paña d estacan los inform es y estudios que realiz an desde CONFEMADERA (Confederación Española de Emp resarios de la Madera). Dentro de la bibliografía centrada en el sector for estal la relación es mucho más amplia y dive rsa. P or un lado, nos encontramos con obras históricas y por otro, con una serie de f uentes estadísticas que permiten la r eali zación de diferente s estu dios sob re el monte galle go. De todos m odos el número d e est udios se reduce al bus car l os qu e se centran en la i nfluencia y características territori ales de este sector. Dest acamos cuatro trabajos sobre los demás : Bouhier (1979); Balbo a (1990); Cruz (1994); Rico (1995) y Valdés y Gil (2001). La primera de las obr as es: “ La Galice. Essai géographi que d´ analyse et d´intérpretation d´un vieux complexe agrarie” 9 que a pesar d e no centrarse en exclusividad en el estudio del monte ga lle go, sí qu e nos oferta una descripción y caracter ísticas del paisaje gallego mu y completos y que nos muestra la evolución que siguió el monte gallego. De todos modos el trabajo que mejor delimita las diferentes etapa s por las que pasó el monte ga lle go y mu estra de un modo mu y cl aro sus características y l as diferente s funciones que desarr olló y , que puede of ertar en el futuro es: “ O monte en Galicia” 10 . Este es un claro ejemplo d e la satisfacción que p uede genera r el encontrar un estudio que trate tan adecuadamente la t emática sobre la qu e se pretend e realizar una investigac ión o una tesis doctoral, como es el caso. De hecho, aunque completamos una búsqueda y lectura de un considerable número de est udios del monte gallego, el trab ajo de Balboa, sin lugar a d udas es el más completo que existe sobre la evolución y l as caracter ísticas d el monte en Galicia, pues hace un recorrido histórico y un análisis actual (en aque l momento) sum amente esclarecedor. La publicación “ La destrucción de los monte s (claves histórico-jurí dicas) ” 11 realizada por Cruz Aguilar, la consideramos fundame ntal para conocer los m ontes 9 BOUHI ER, A. (197 9): La Galice. Essai g éograp hique d ´an alyse et d´intérp retation d´un vie ux comple xe ag rarie. Imprimerie Yonnaise. La Roche -sur-Yon (Vendeé) , 2 to mos. Páginas: 1 .51 6. 10 BALBOA LÓPE Z, X. (19 90): O mon te en Ga licia, Edito rial Xerais, Vigo. P áginas: 35 9. 11 C RUZ AGUILAR, E. (1994): La d estrucción de los mo ntes (claves h istórico -jurídic as). Universidad Complutense d e Mad rid. M adrid. P áginas: 287. La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble 21 ga lle gos, aunque tan sólo se centre en una característi ca como es la estructura de la propiedad. Pero por este m otivo adquiere mayor significación, porque la est ructurac ión de los montes es una de las c aracterísticas más “especiales” de los montes gallegos, como comprobare mos ( predominio de monte particular, la influencia de los Montes Vecinale s en Man Común, etc.). Otra obra importante, pero que se centra en unos de los aspectos que in fluy eron más en el desarrollo del monte gallego: las repobla ciones, es la ob ra: “ Política Forestal e r epoboacións en Galic ia (1941-1971)” 12 , de Eduardo R ico cu y a tesis doctoral, como indicamos anteriormente, ta mbién nos fue muy útil para el desarrollo de esta te sis doctoral y para los investig adores que tenemos nues tras líneas de trabajo centradas en la industria de la madera. De hecho como mostramos a l o largo de e sta tesis, las repoblaciones forestales desarrolladas en Galicia desde mediados del s iglo XX se pueden considerar como uno de los factores que infl u y eron de un modo más directo sobre el desa rrollo de los montes g allegos y que ha n tenido un a relación m u y fuert e con la industria transformadora de la mader a desde ese m omento. En último lugar, la publicación de Valdés y Gil: “ La transformación histórica del paisaje f orestal en Galicia” 13 es una obra que desta ca, principalme nte por dos motivos, en primer lugar por ser la úni ca que analiz a el monte gallego d esde las edades más antiguas a finales del siglo XX y , en se gundo lugar porqu e lo hace de un modo m uy claro y conciso, centránd ose en l os hitos más importantes. De hecho fue e l trabajo que seguimos como guía para desarrollar g ran parte del c apítulo 1 de la pr esente t esis doctoral. Dentro de la relación d e revistas a escala de Gali ci a destacamos O MONT E que elabora la A FG (Asociación Forestal de Galicia). De todos modos tenemos que incidir en que la oferta d e artículos es mu y dispar y tiene el problema de que su consult a resulta un poco difícil pues está más dirigida a sus asociados que al público en general. Otro tipo de do cumentos que utilizamos para la real ización del estudio del sector forestal son las fuentes e stadísticas e inventarios forestales. Dentro d e esta relación ha y una serie de informaciones históricas recogidas en distintas obras que nos aportaron 12 RICO BOQUET E, E . (19 95): Política Forestal e repobo ación s en Galicia (1941-1 971). Servicio de Publicació ns e I ntercambio Cie ntífico. Un iversidad e d e Santiago de Co mpostela. Nú mero: 1 67. Santiago de Co mpostela. Pá ginas: 202. 13 VALDÉS, C. M . y GI L, L. (2001): La tran sformació n histórica d el paisaje forestal en Galicia. Ministerio de Med io Ambient e. Mad rid. Páginas: 159 . La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble 22 datos de los si glos XVII y XV III como “ La R eal Audiencia de Galicia: catálogo de expedientes” 14 y el “Catastr o del Marqués de la Ensenada” 15 en el Archivo Históri co de Galicia localizado en la ciudad de A C oruña. Así como el “ Dicc ionari o geográfico- estadístico. Galicia” 16 , conocido como el Diccionario de Madoz. Datos más actuales, finales del siglo XX, los obtuvi mos de varias obras publ icadas por diferentes departamentos d e la Xunta de Galici a como “ O m onte galego en cifras” 17 y “O bosque avanza” 18 , que trabajaron dire ctamente los datos del Tercer I nventario For estal de Galicia, además de realizar alguna pequeña actualiz ación, reclasificación e incorporación de otras variables forestales. De todos modos los datos forestales más utili zados para analizar el secto r forestal fueron los que nos aportan los Inventarios F orestales y el “Mapa de usos e coberturas do solo de Galicia”. Los motivos pri ncipales del manejo de l os inventarios fueron: la cantidad de información qu e ofertan, la posi bilidad de realiz ar un estudio evolutivo de un p eriodo de 40 años y su carácter oficial. Aunque, como i ndicamos en el capítulo 1 de la t esis, en ocasiones ha y va riables que no son similares entre l os inventarios. Galicia dispone de tres inventarios: el “ Primer Inventario Forestal Nacional (1972)” 1 9 , el “ Segundo Inventario Forest al Nacional ( 1993)” 2 0 y el “ Terce r Inventario Forestal Nacional (2002) ” 21 . C ada uno de los inventarios tiene cuatro tomos, uno por provincia. Est os documentos permi ten a tr avés d e l os datos que apo rtan comprobar, entre otros fa ctores, como fue evolucion ando la productividad de los mont es así como la tip ología de l a madera que gene ran que ti ene como d estino l a industria transformadora de la m adera. 14 ARQUIVO DO REINO DE GALI CIA: R eal A udien cia d e Galicia: catálogo de expedientes. Dirección Xeral d e Patr im onio C ultural. A Co ruña. 15 CATASTRO DE L M ARQU ÉS DE LA ENSEN ADA (179 2): R espuestas gen erales. Archivo Histór ico del Reino de Galicia. A Coruña . 16 MADOZ, P . (18 45): Diccio nario geográfico – estadístico . G alicia. Mad rid. Varios tomos. 17 CONSELLE RÍA DE MEDI O AMBIE NTE (2001): O monte galeg o en cifras. Xunta de Galicia. Dirección Xer al de Montes e Med io Ambiente Nat ural. San tiago de Co mpostela. P áginas: 35. 18 CONSELLERÍ A DE MEDIO AMBIENT E (2001): O bosque ava nza. Xunta d e Galicia. Direcció n Xeral d e Montes e Me dio Am biente Natural. Sa ntiago de C ompostela. Páginas: 3 5. 19 MI NIST ERIO DE AGRICULT URA ( INST ITUTO NACION AL P ARA LA CON SERVACIÓN DE LA NATU RALEZ A) (197 2): In ventario f orestal n acional. Galicia . Ser vicio de P ublicaciones A graria s. Ministerio de Agricultura . Madr id. Tomos: 4 (uno po r pr ovin cia). Páginas: 7 0 (cad a tomo). 20 MI NIST ERIO DE AGRICULT URA ( INST ITUTO NACION AL P ARA LA CON SERVACIÓN DE LA N ATUR ALEZA) (19 93) : S egu ndo Inventario foresta l n acion al: 1 986-199 5. Galicia . Instit uto Nacional par a la Conservación d e la N aturaleza . Servicio de Inventario Forestal. Madrid . To mos: 4 ( uno por provincia). P áginas: 263 (c ada to m o). 21 MI NIST ERIO DE M EDIO AMBIENT E (DIRECCIÓN GENER AL DE CONSERV ACIÓN DE LA NATURA LEZA) (2 002 ): Tercer Inventa rio fo restal na cional, 1 997-200 6. Ga licia. Direc ción General de Conservación d e la Nat uraleza. M adrid . Tomos: 4. Pá ginas: 3 54 ( cada tomo). La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble 23 Para completar el estudi o de las carac terísticas del monte ga llego m ás vincu ladas con la industria transfor madora de la made ra, uti li z amos el “Mapa de coberturas e usos do solo de Galicia” 22 re aliz ado por el S ITG A (Si stema de Información Te rritorial de Galicia) del año 2005. Esta fu ente d e info rmación estadística y cartográfica l a utiliz amos como base par a realizar los estudios más actuales y e n detalle, lle gamos hasta la escala de distrito for estal. A lo largo de la tesis e xplicamos todo e l proce so de reclasificación que realiz amos de este mapa para in cluirlo en el SIG utilizado y concederle ma y or prot agonism o a las superficies de suelos ocupadas por masas arbóreas forestales. Para complementar mucha de la información que nos a portan tanto los inventarios como el mapa de usos del s uelo, uti lizamos estadísti cas de la FAO (Organización de las Na ciones Unida s para la Agr icu ltura y la Ali mentación) concre t amente de FAOSTAT-Montes y de la revista que editan titulada: Unasylva . A escala de Esp aña obt uvim os información del M inisterio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino y el anti guo Ministerio de Med io Ambiente y, a escala gallega de la “Consellería do Medio Rural” de la Xunta d e Gali cia. En último lugar citamos que nos fue de utilidad el Plan Forestal de España (200 2-2032) y el Pl an Forestal de Galicia (1992-2032). Dentro de la parte en la que estudiamos la i ndustria tra nsformadora de la madera, la relación de o bras utiliz adas es mu y ampl ia, causa directa de que an alizamos este sector desde sus orígenes a la a ctualidad. De todos m odos, la relación de estudios se reduce m ucho s i nos limitamos a las que estudi an esta actividad desde el punto de vista de su influencia territorial. De hecho la ma yoría d e las obras que utilizamos son de temáticas más generales que la propia industria transformadora de la made ra. Para conocer la evolución his tórica d e esta actividad p r oductiva, un sector indus trial maduro, trabajamos obras como: C armona y Nadal (2005); Beiras (1973); Fernández y López (2000); mientras que p a ra análisis más actuales y q ue tien en ma yor relación con el territorio: Rico (1997) y Méndez y Alonso (2000). A unque trabajamos bastantes m ás debido a que el número de estudios centrados en la sig nificación de los sectores industriales maduros han aumentado desde hace varias décadas. Pero la indust ria 22 SIT GA (20 05): Ma pa de coberturas e uso s do solo d e Ga licia . Consellería do M edio Rural. Xunta d e Galicia. Santia go de Co mpostela. Formato CD. La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble 24 transformadora de la ma dera casi siempre se an aliz a dentro del conjunto d e actividades que se ca t alogan como maduras. Una de las ob ras más t rabajada es l a de C armona y N adal: “ El e mpeño ind ustrial de Galicia, 250 años de histori a, 1750-2000” 23 . Es un estudio que además de sintetizar muchas de las publicaciones de estos autores, sob re todo para el caso de Galicia, l as del profesor Joan Carmona, en él encontramos un análisi s de la evolución de la indus tria ga lle ga desde mediados del siglo XV III a finales de l siglo XX y , entre los sectores qu e tuvieron m ás si gnificación dentro de la evolución d e la estructura ec onómi ca de Galicia destacan a la industria transformadora de la mad era. Una de las obras clásicas de la economía ga lle ga y , que sirvió como b ase de una amplia cantidad de e studios es la del catedrático de economía Beiras: “ O at raso económico de Galicia” 24 . Dentro del amplio y profundo estudi o que realiza de la situación de la economía gallega, destacó la d epend encia de l a economía española y la significación que tuvo el s istema agríc ola- ganadero, identificándolo como el único sector que presentaba u na integración vertic al 25 , mientras que l as d emás actividades económicas de Galicia presentan una falta de hom ogeneidad en la estructura sectorial interna, ent re los qu e se encuentra l a industria de la madera. Como comprobaremos e ste planteamiento en cierta medida se mantiene parcialmente en la actualidad. Otra obra que tr abajamos y que tuvo como una de sus referenc i as O atraso económico de Galicia, es el trabajo de Fernández Leiceaga y López Iglesias: “ Estructura e conómica de G aliza” 26 . Se tra ta de una obra mu y amplia en l a que se analizan todos los sectores económicos y otras va riables como l as demográfica s. En ella podemos comparar secto rialmente la indus tria de l a madera con otras ram as presentes en Galicia. De nuevo el autor Ri co Boquete, (Rico, 1997), p osee una obra qu e nos fue de suma utilidad para el desarr ollo de nuestro estudio de la industria transformadora de la madera: “La Creación d e Celulosas de Pont evedra y su influencia en el s ector forestal 23 C ARMONA, X. y N ADAL, J . (2005 ): E l emp eño in dustrial de Ga licia, 250 año s de historia, 17 50- 2000 . Fun dació n Pedr o B arrié de la Maza. A Coruña. P ágina s: 443 . 24 BE IRAS T ORRADO, X. M. (19 73): O atraso econ ómico de Galicia. E ditorial Galaxia. Vigo. Páginas: 258. 25 El aut or cuando hab la de integració n vertica l, pie nsa en un “ co mplejo agrario” inte grado para una ser ie de actividad es co mplementarias b asadas en la e xplotació n del ter ritorio . 26 FERNÁNDEZ LEICE AGA, X. y LÓPEZ IGLESIAS, E. (2 000): Estructura econó mica de Ga liza. Edicións Laio vento. N úmero: 1 37. Santiago de Co m po stela. P áginas: 596. La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble 25 de la provincia” 27 , y a que a pesar de que tan sólo se centra en el estudio de uno de l os subsectores de la industri a de la madera d e Galicia, la cr eación de esta em presa se trata de uno de los hit os qu e más i nfluyó en la i ndustria de l a madera de G alicia, como comprobaremos. De hec ho como consecuencia de la ins talación de esta empresa, se realizaron una g ran cantidad de repoblaciones forestales para producir madera para esta empresa, con lo que s e adulteró el comportamiento del monte gallego que perdura en la actualidad. Algo que ll evo también a la espe cializ ación de otros subsectores d e la industria transformadora de la madera dirigida a cu mplir las demandas de la empresa productora d e pasta de papel de Pontevedra, d e ahí la si gnificación d e ana lizar esta obra para nue stro t rabajo. Con una orientación diferente a las obras anteri ores, pero relacionada c on la evolución y la significación que pueden llegar a tener en el territorio sectores como la industria de la madera, está la obra de Méndez y Alonso: “ Innovación, p equeña empresa y desarrollo local en España” 2 8 en el q ue además de capítulos como: “Los caminos de la i nnovación en un marco territorial cohesionado. La industria del mue ble en la comarca soriana de Pinares” , se realiza una interpretación teórica sobre los factores que impulsan la construc ción de territorio s innovadores. Este lib ro, así como otros del mismo autor, Ricardo Méndez, además de utiliz arlos para estudi ar la industria transformadora de la madera fueron fundamentales para el capítulo en el que analizamos el subsector del mueble y la significación de esta actividad en tres municipios gallegos. Igualmente a partir de estas lecturas profundizamo s en el tem a trabajando con obras más clásicas c omo Ay d alot (1986) 2 9 ; Benko y Liepietz ( 1994) 30 ; Maillat (1995) 31 , ent r e otros. Dentro de la relación de revistas que manejam os, de stacamos: “ Economía Industrial” elabora da por el M inisterio de I ndus tria, Turism o y Comer cio, en la que encontramos artículos re lacionados con nuestra línea de inv estigación y que abarcan 27 RICO B OQUET E, E. (1997): La Creació n de Celulosas d e Pontevedra y su influencia en el sector forestal d e la provincia . Fundació n E m presa Pública, P ro grama de Historia Eco nó mica. Madrid. P áginas: 159. 28 MÉNDE Z, R. y ALONSO, J. L. ( coor ds.) (20 00): Inno vación, pequeñ a empresa y desarrollo local e n Españ a. Civitas. Madr id. P áginas: 323. 29 AYDALOT , P. (1986): Milieu x inn ovateurs en E urope . GREMI. P aris. 30 BEN KO G. Y LIP IETZ A. (19 94) ; Las regiones que ga nan. Distritos y redes. Los nue vos p arad igmas de la geo grafía econó mica. Edicio ns Alfons el Ma gnà nim/Genera litat Valencia na/Diputac ió pro vincial de Valéncia. 31 MAILL AT, D. (1995): “Les millieux innova teurs”. S cience s Huma ines. Nú mero: 8 . Pá ginas: 41 -42. La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble 26 desde estudios d e sectores i ndustriales maduros a análisis c oncretos de subsectores como la industria del mueble. Como principales f uentes de información en relación a l as actividades transformadoras de la madera utilizamos bases estadísticas de diferentes entidades como el IN E (Instituto Nacional de Estadística), de C ONFEMADERA (Confederación Española de Empres arios de la Mad era) y del IGE (Instit uto Gale go de Estadística), principalmente. De todo s m odos la fuente estadístic a más util izada es el “C enso de Empresas de la Madera de Galicia” elaborado por el CI S-M adeira (Centro de Innovación y S ervicios Tecnológicos de la Madera de Ga licia). Tal y com o se explica a lo largo de la t esis, esta base de datos nos ocasio nó un arduo trabajo de reclasificación y depurac ión d e datos, sin embargo conside ramos que el esfuerzo mereció la pena y a que su información s e volcó sobre un SIG que nos pe rmiti ó realizar estudios territoriales a escala de municipio de l a industria transformado ra de la m adera y su relación con el sector forestal en Galic ia. Además como base de apo yo a los datos del censo de empresas de la madera, también util izamos el Registro Industrial de G alicia (2006) de la Xunta de Ga lici a. En último lugar, para profundizar en el estudio de los casos relacionados con la industria del mueble realiz amos una serie d e entrevistas semiestructuradas a los principales agentes a e scala de esos municipi os re l acionados con esta ac ti vidad y con los verda deros protagonistas, los e mpresarios que nos aportaron mucha información y las claves p ara realizar el diagnóstico en el que se encuentra actualmente su actividad y la r elación que mantienen con su territorio. Para realiz ar este trabajo ut ilizamos diferente s artículos entre las que destaca n: Alonso L ogroño (1997 ) 3 2 ; Mecha (2001) 33 y Méndez (2001) 3 4 , los tres f ueron fund amentales para apr ender a tr abajar y lo grar toda la información que hemos podido conseguir para la realización de este trabajo. En definitiva, con este apartado queremos destacar que par a la realización de esta tesis doctoral se ut ilizaron una gran cantidad de public aciones y de di versas 32 ALONSO LOGROÑO, M ª. P. ( 1997): “Valoració n de las fuentes p ara e l análisis del sector industrial en Aragón”. Geo grap hicalia , número: 3 5. Zaragoza . Página s: 3–17 . 33 MECH A LÓPEZ, R. ( 200 1): “Fuentes cualitati vas de i nfor mación para la Geo grafía Industrial en el espacio rural”. Actas de las VII Jorna das de Geo grafía In dustrial . Grupo de Geo grafía Industrial (Asociació n de Geó grafos Espa ñoles), Zara goza. P áginas: 19 5–2 07. 34 MÉNDEZ GUTI ERREZ DE L V ALLE, R. (20 01) : “ El uso de entrevista s semiestruc turadas en los estudios sobr e sistemas pr oductivos locales y medios innovado res”. Ac tas de la s VII J ornadas d e Geogra fía Ind ustrial , Grupo d e Geografía Industria l (Aso ciación de Geógra fos Espa ñoles), Zara goza. Páginas: 209 –22 0. La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble 27 temáticas que nos supuso un esfu erzo que pensam os q ue ha merecido la pena. D e todos modos después de este trabajo de búsque da y d e lectura profunda de obras relacionada s con l a indust ria de la ma dera lle ga mos a dos realidades. La primera que la indust ria de la madera tiene una gran influencia en el territori o de Galicia y la segunda, que l a industria de la madera ca rece de estudios que f avorezcan su d esarrollo y eviten desequilibrios entre las activi dades que componen a la industria de l a m adera, como s e pretende mostrar en esta ivestigación. 29 CAPÍTULO 1 La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 31 1. EL SECTOR FORESTAL Y LA DISTRIBUCIÓN TERRITORIAL DE LAS MASAS ARBÓREAS. En este apartado nos pre ocupamos por conocer las características principales del sector forestal de Galici a. No se pretende r ealizar un estudio biológico, botánico o de ingeniería d e mont es, sino que el obj etivo p rincipal es conocer la distribuc ión territorial que prese ntan, principalmente, las masas arbór eas y comprobar s i ex iste o no relación con el sector de tr ansformación de m adera. La presenci a o ausencia d e esta materi a prima fue y es fundamental en el pasado, presente y futuro de esta actividad industrial dentro de Galicia. Cono ciendo la evol ución y el presente del sector forest al y, sobre todo, la situación de sus hectárea s arboladas, se p uede comprender mejor las caracter ísticas d e la industria transformadora de la madera. Este capítulo lo h emos dividido en dos p artes, en l a primera se an aliza la evolución histórica del s ector forestal y en la seg unda este sector en la a ctualidad. Los datos obtenidos de estos apartados nos plantean una de las p reguntas q ue motivó la realización de esta tesis: ¿Por qué Galicia siend o u no de los territorios qu e más madera corta y posee un a importante i ndustria de la primer a transf ormación de madera, sin embargo, no tiene tanta significación su m adera para la segun da transformación?, pregunt a que, como comprobaremos, se responde de un modo más acer t ado si s e conoce el sector forestal, antes qu e conociendo las p ropias características de la industria transformadora de la madera. El estudio de la trayectoria histórica del sector f orestal nos mostrará cuales son los avatares que originan que a lo largo del tiempo el monte galleg o se fuera transformando h asta l legar al momento actual. El ap artado se ha estructurado siguiendo las diferentes ed ades: la Antigüedad, la Edad Media y la Edad Moderna, mi entras que realizamos un apartado sólo con el s iglo XIX y otro que abarca todo el siglo XX. La razón principal de analizar por separado estos dos s iglos, como se ha comentado s e debe a la cantidad de acontecimientos que en estas centu rias acontecieron d e modo m uy directo sobre la configuración actual de los montes gallegos. Al remontarnos a la Antigüedad comprobamos como los montes en Galicia, al igual que en otros te rritorios, siempre tuviero n un a r elación mu y di recta con l as diferente s a ctividades que iban proliferando en la economía gallega: l a aparición de la agricultura, l a g anadería o actividades industriale s como la cerámica, l a mi nería o la La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 32 metalurg i a (Balboa, 1990; Prada, 1992; Valdés y Gil, 2001 o Carmona y Nadal, 2005). De he cho, y a en la Edad Media, el monte s e convirtió en un agente fundamental para el desarrollo socioeconómico gallego y, se comienz a a de tectar l a presión sobre los montes de la actividad a grícola y de actividades artesanal es como l as herrerías o l a construcción naval. Esta presión en l a Edad Moderna ya desem bocó en un a de forestación, provocada por el incremento demográfico y el desarrollo de la actividad agrícola. Además se comienzan a detectar las dificultades de r elación ent re el uso del monte como productor de madera con l a a ctividad agrícola-ganadera y a cti vidades artesanal es como las curtidurías o la construcción naval. En ese momento la práctica totalidad de la demanda de materia prima surgida de la construcción n aval, a es cala d e Esp aña, fue suministrada por los montes galleg os. Igua lmente en esta etapa, como mostraremos, se dieron una serie de hitos desa rrollados desde el gobierno de Esp aña ( Ordenanza de Montes 1748) que se centraron e n el territorio g allego. Entre ellos se favoreció la conversión de antiguos robleda les en pi nares, porque se trataba d e una especie mejo r adaptada a l terreno ( s egún los intereses económicos de esa época) y por su rápida proli feración. Dentro del estudi o del sec tor forest al a lo largo del siglo XIX, mostramos la crisis del castaño frente al auge del pino. Además se ha creido convenient e examinar la situación del sistema agrícola t radicional, sobre todo para mostrar el problema de los continuos cambios de propiedad, primero con la desamortiz ación y a continuación destacando la si gnificación que siempre tuvieron en la sociedad gallega los mont es vecinales en “man común” (MVMC) y que conlleva un i mportant e peso en la explicación de l a actual estructuración del monte g allego. En el siglo X IX se produjo otro hito que tr ansformó las superficies de los m ontes, que fue una intensificación productiva, conformand o un policultivo de subsisten cia. L a gran explot ación del terreno, obt eniendo más de una cosecha al año n ecesitaba una fertilización constante y abundante que sólo era pos ible con la int eg ración a grícola-ga n adera y la dedicación a tojales de grandes sup erficies. El inculto pasó a s er el soporte del siste ma a gríc ola tradicional, re stando a ve ces superficie forestal. A lo largo del periodo que va desde el siglo X X a la actualidad, además de estudiar las transformaciones de la a gricultura y l a ganadería, nos centramos en tres elementos que tuvieron mucha significación dentro d e la historia fo restal de Galicia: la estructura de la propied ad, las repoblaciones y los incendios forestales. A l estudiar la La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 33 estructura de la propiedad de los mont es, reincidimos en la s ignificación de los MVMC y en las diferentes actuaciones que se diseñ aron para reestructurar y pone r en valor los montes, así como en la legislación que influ y ó en la o rdenación y desarrollo de los montes, examinando el Plan Fore stal de Galicia. En cuanto a las repoblaciones destacamos que el territorio gallego, desde i nicios del siglo XX, fue objetivo de iniciativas tanto públicas como privadas centradas en la producción de un tipo de madera mu y específica y con un mercado m uy limit ado. En cuanto a los incendios forestales, a lo lar go de l a historia reciente, s e h an convertido en el principal problema del sector forestal gallego, con una serie de causa s y cons ecuencias que va n más allá de la protección del monte. En últim o lug ar, profundiz amos en la evolución del paisaje forestal utilizando los tres inventarios fore stal es de Galicia. La segunda parte de este capítulo, en l a que estu diamos el sector forestal en la actualidad, la dividi mos en cuatro apartados, t odos tienen la m isma finalidad: conocer la distribución territorial del sector forestal y , sob re todo la di stribución de las m asas arbóreas en estos m omentos. En prim er lugar r ealizamos una e xp osición de la significación y potencialidades que tiene Galici a e n el p anorama españ ol del se ctor forestal, que nos sirve a su vez de introducción sobre las ca racterísticas d e los montes ga lle gos que estudiamos en los siguientes apartados . En el segundo apartado estudiamos la distribución de las masas arbóreas a escala de toda Galicia. P ara realiz ar este estudio utilizamos el “Mapa de coberturas e usos do solo de Galicia” elaborado por el SITGA (Si stema de I nformación Territorial de Galicia. “Consellería do Medio R ural” (Xunta de Gal icia) actualizado al 2005, que es la fuente de información forestal más actual de Gali cia, con lo que nos ad elantamos a los datos que s e publicarán en el futuro Cuarto I nventario Forestal Nacional. De todos modos, el manejo de esta i nformación nos o casionó m uchas dificultades, pues volcamos toda la información en un S I G (Sis tema de I nfor mación Geográfica), concretamente el sofware ArcGis 9.2, para obtener su m áxima e xplotaci ón, pero se tuvo que utilizar mucho tiempo en reestructurar y depurar la infor mación. Gracias a este tr abajo se puede conocer con más facilidad la dis tribución territorial de las masas arbó reas en Galicia, así como sus característica s. En el t erce r apartado, se realiza una exp osición de las características generales de l os 19 distrit os forest ales en que s e divide Gal icia. Básicamente nos centramos en La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 34 conocer los principal es usos del suelo de cada uno de ellos, las ca racterísticas de su superficie forestal así como las especies y la titularidad de los montes. En el cuarto y último apartado de la situación actual, se realiza una reflexión sobre la incidencia del monte en la indus tria tra ns formadora de la m adera en Galicia. Porque no hay que olvidar que el objetivo de esta tesis es estudiar la indust ria de la madera en Galicia, p ero previamente hemo s creido fundamental analizar el desequilibrio e ntre la madera, es decir la materia prima base de la industria de la madera, que se produce en el monte gallego derivado d e sus propias características estructurale s, de la tra ye ctoria de estos espacios y de la madera que demanda la industria transformadora. 1.1. La historia forestal de Galicia. La fin alidad de este apartado, como se ha comentado, es plantear de un modo breve alguno de los princ ipales acontecimientos q ue fueron sucediendo y que influyeron en la conformación del a ctual sector forestal de Ga licia. La pretensión de esta tesis no es profundizar en los acontecimientos históricos y a estudiados por otros auto res (Vill ares, 1981; Balboa, 1990; Fernández, 1990; Prada, 1991; Valdés y Gil, 2001 o Carmona y Nadal, 2005), sino que es ext raer de estos trabajos los antecedentes principales que ay ud an a c omprender la situación del actual s ector forestal gallego. Por e llo se guimos un planteamiento de análisis de las dife rentes etapas y los difere nt es elementos que influyeron de un modo sig nificativo en la situació n actual del monte gallego. Con el desarrollo de todos los acontec imientos que se han ido produciendo a lo larg o de la historia dentro de la estructura forest al de Galicia, comprobaremos que si bien Ga licia e s una de la s comunidades autónomas españolas con mayor vocación forestal y capacidad productiva, s in embargo, la or denación de sus montes no ha tenido todavía un planteamient o adecuado. Esto es debido a las condic iones estruc turales, históricas y sociales del m edio rural gallego (prin cipalmente) y a inade cuadas p olíticas forestales. Hasta ahora el t ipo de aprovecha miento más generalizado ha sido el de "cor ta de oportunidad", s egún el cuál el monte pasa a fu ncionar como "caja de ahorros", qu e se corta pa ra satisfacer necesidades puntuales, con lo que al actuar como apoyo a otras actividades, no se le aplican los cuidados nece sar ios p ara un buen aprovechamiento, tal como una revisión de los principales ac ontecimientos relacionados con el aprovec h amiento del monte gallego nos permite compr obar. La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 35 1.1.1. En la Antigü edad . A pesar de que para co menzar el estudio de la hi storia de los m ontes galleg os retrocedemos hasta hace 9.000 años, concretame nte h asta el Pal eolítico, tenemos que señalar que el factor qu e influy ó m ás en la alteración de las masa s arbóreas en aquel momento fue uno de los que t ambién más influ ye en la actu alidad: la utili zación del fuego. Aunque, salvando l as dis tancias, comprobarem os como su finalidad y utili zación dista mucho del Paleolít ico al si glo XXI. De hecho las actividades prod uctivas tenían poco im pacto sobre el medio natural y a que se li mit aban a la recolección de vegetales y a la caza. Tal y como nos indica L uis Gil: “ Sin duda el fuego resultó el principal agente deforestador de la fase preagrícola, utili zándose para ampliar la superficie de pastos, útil a los herbívoros que eran objeto de caza. De los bosques también se obtenía la madera necesaria en las construcciones y la leñ a para cocinar y calentarse” (página 31, 2001) , aunque los débiles valore s demográfi cos y la selección de l os productos según la s n ecesidades hacían la utilización de la madera como la de un bien sostenible. En aquel momento, según los estudios realizad os (Rodríguez, 1991; Guit ián, 1995; Valdés y Gil, 2001) en los montes g allegos predominaba un amplio abanico de especies arbóreas: robles, ave llanos, alisos , abedules, pinos, alcornoques, encinas, etc., que disfrutaban de unas condiciones climáticas bastante favorables para s u desarrollo. De t odos modos entre el 7.700 y el 7.300 el desarro llo de ciertas actividad es primarias, principalmente ganaderas, ocasionaron que ciertas especies arbóreas como los pi nos y el abedul se concentraran y localizaran en las áreas d e montaña. Aunque no hay una constancia s egura de que en estas épocas estuviese completamente desarrollada la actividad ganadera ex tensiva, si existen perfiles e dáficos de ca rbones que con t otal seguridad r esultaron de la realización de quema s continuas para ampliar las zonas de pastos y mantenerlas limpias (Santos, 1992; Maldonado, 1994; Santos y otros, 1997). A pesar de que la acción del hombre en estos momentos no a lteró de un modo fuerte los mont es gallegos, se percibe como influ y ó en el d esarrollo de una tipología determinada d e e sp ecies arbóreas y , en mayor m edida, en l a distribución territorial de las mismas. 1.1.1.1. La agricultura y el fuego. Con el inicio del Neolítico la acción del homb re so bre los montes ga llegos adquirió unos índices d e ma y or i ntensidad. El aument o demográfico, la constitución de La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 36 poblados m ás rí gidos y menos móvi les y, sobretodo, el d esarrollo de la actividad agrícola y g anadera pro vocaron una continua reducción de las sup erficies de m onte arbolado. Difere nt es autores (Rodríguez, 1991; Guitián, 1995) coinciden en señalar que la actividad agrícola l legó d e la mano de la cultura m egalítica, hac e 5.000 años. Aunque se tiene una ma y or s eguridad en cuanto a la realización de las p rimeras pl antaciones de trigo que se remontan a hace 4.000 años. E n cuanto a la localización de estas plantaciones, se sabe que m uchas se desarrollaron en z onas por debaj o de los 800 metros de altitud y que estaban desprovistas de ve getación. Aunque también ha y constancia de que, utiliz ando la acc ión del fu ego, s e eliminaron zon as de monte arbolado, que una v ez s embradas, les ofr ecían un os va lores de producción más elevados gracias al enriquecimiento de los suelos con la car bonización de los mat eriales vegetales de los montes. A pesar de que la movi lidad de la pobl ación era menor que en etap as anteriore s, la utiliz ación del fuego como herramien ta para generar áreas de cultivo, donde antes ex istían ma sas arbóreas, provocó un aumento de la deforestación en Galicia. De hecho, como y a indicamos, la produ cción de las primeras cosec has sobre los montes quemados eran muy productivas, pero una vez que los suelos s e agotaban, reiniciaban el proceso en otras áreas de monte. Con lo que las hectáre as de m onte que se transformaban y qu emaban tardaban mu chos año s en vol ver a tener masas arbóreas, no superando en muchos casos las fases de matorral y t ojal (Rodrí guez, 1991; Guitián, 1995). La “t écnica” de generar nuevas áreas de cultivo den tro de las z onas de mont e mediante la utilización del fuego, el sistema de ro zas, en pleno verano se le prendía fuego, dejando que ardiese durante varios días hasta que se convirtiese en cenizas y después se esparciesen. En otoño y a se trabajaba el sue lo y s e sembrab a. Así e l monte daba una cosecha suplementaria de cereal, centeno o trig o (Catastro de Ensenada, 1792). Pero esta práctica de la roz a acababa con la vegetación y de jaba la tierra indefensa a la e rosión, de saparecía la part e or gá ni ca del suelo y allí no crecían las masas arbóreas. En contra, las rozas podían ser bene ficio sas, pues limpiaban la tierra de un modo radical d e insectos y malas hi erbas, mine raliz aban la m ateria orgánic a con lo que disminuía la acidez y , la ceniza fertiliz aba el sue lo y corregía las tex turas arcillosas. Además impedían el avance de l a ve ge t ación sobre la s c asas o los campos de cultivo, o La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 37 evitaban la formación d e masas arbóreas, que servían de refugio de especies como el zorro, lobo o jabalí. Lógicamente por realizarse todos los años en diferentes lugares, la transformación del mont e er a m u y important e (Miramo ntes, 2006). Des tacar que esta actividad se mantuvo hasta el siglo X I X, constatándos e tal actuaci ón desde la Antigüedad y consolidándose en la Edad Media. 1.1.1.2. Las actividades arte sanales de la cultur a castre ña y ro mana. Además del d esarrollo de la a ctividad agrícola en e l N eolítico, también se produjo el comienzo de una actividad artesa nal que demandaba importantes volúmenes de madera para utilizarla de combustible: la cerámica. Aunque el consumo aún fue mayor en la Edad del B ronce y en la Edad del Hierro, y a que con el desarrollo de l a metalurg i a el consumo de made ra s e mult iplicó por d os. Por un lado, com o combustible para elaborar nuevos utensilios en hierro y, por ot ro lado como consecuencia de que estas herramientas permitieron la i ntensificación de l a actividad ag rícola y la transformación de la m adera (realiz ación de hachas, cuñas de hierro, etc. ) (Nadal, 1992; Valdés y Gil, 2001; Carmona y Nadal, 2005). Por estos motivos, l a etapa entre el 3.500 y final e s del 1.500, coincidiendo con la etapa de la cultura castreña a lo lar go del 2.500, desta có por el fuerte pr oceso de defore stación que se ocasionó a las zonas de arbolado de Galicia. De todos modos esta defore stación se concentró en las área s de menor al titud y mejores condiciones climáticas que permití an el desarrollo de c ultivos, sobretodo de cereales, co mo fue gran parte de la franja l itoral y prelitoral. Mi entras que en las áreas de m ontaña la defore stación fue en m enor grado. De he cho en toda la franja orient al de Galicia predominaban los conjunt os arbóreos de robles que cumplían un papel fundamental dentro de las sociedades de ese mom ento, aportándole a la población y al ga nado unos frutos muy preciados: las bellotas (Ba lbo a, 1990; Fernández, 1990; Ramil, 1993). No fue hasta el 500 a.C. cuando se tiene constancia de una actividad ganadera estable. La ga n adería b ovina se utilizaba tanto como fuerza para la realización de actividades agrícolas y de tiro, como de produc ción de leche, cuero y carne. En menor medida c omenzó a consolidarse la g anadería porcina aportando carne y grasa a la población (Ramil, 1993; Guitián, 1995). Estas reses de ga nado s e alimentaban y criab an en las z onas de monte más próx imas a l os asentamien tos de p oblación, así como en zonas de monte transformadas para esta actividad ganadera. La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 38 Avanzando en el tiemp o, con la lle ga da d e la cultur a romana el consu mo de madera aum entó considerablemente debido a que se modificó l a estructura agropecuaria (nuevos aparejos d e labranza), se consolidaron y au mentaron en tamaño los núcle os d e población y , se realizaron grandes infraestruct uras que demandaban importantes cantidades de m adera: puentes, molinos, faros, etc. Aunque la verdadera acti vidad industrial que se desarrolló de l a mano de la cultura romana y , que ocasionó un importante deterioro de los mont es gallegos, fu e l a minería. El principal problema fue que esta a ctividad se desarrolló a lo largo de gran parte de la franja oriental de Galicia (y más allá d e sus lím ites llegando a León, Zamora o P ortugal) que por aquel entonces era la zona que tenía una m a y or riqueza desde el punto de vista forestal y, que se mantenía al margen de la a cción transformadora del hombre sobre el territorio. El considerable volum en de y acimientos de oro en la s sierras gallegas pro vocó que los romanos, además de transformar gran parte de este paisaje gallego (movimi ento de tierras, alteración de los cursos fluviales, vac iamiento de montañas, etc.) consumiesen grandes cantidades de m adera, tanto para r ealizar construcciones para dar cobijo a la mano de obra esclava qu e utilizaban para la explot aciones mi neras, como para construir las instalaciones de sus minas. La madera era ut ilizada tanto para estructurar las gale rías d e la minas (mediant e grandes vi gas) como par a realizar todo tipo de inst rumentos y herramientas. De h echo h ay d iferentes estudios que nos indi can que la alteración de l as masas arbóreas d e robl e y otras f rondosas ase ntadas en l os montes g allegos comenzaron a ser sustitui das por coníferas en toda esta et apa (en gran medida gracias a su ma yor poder de colonización) (Balbo a, 1990; P rada, 1992; Guitián; 1995). Una m uestra d e l a repercusión que t uvo l a actividad minera de l os romanos en los montes gallegos se p uede ob servar en el núm ero de expl otaciones que desarrollaron: 23 minas de oro, seis minas de estaño, tres de cobre, una de p lomo argentífer o y otra de hierro (Domergue, 1990). 1.1.2. En la Edad Media. A pesar de que está contrastado que la cultura romana tuvo un po der de transformación del mont e galle go mu y pronun ciado, a finales de la Ed ad Antigua y comienzos de la Edad M edia, coincidiendo con la cri sis de esta cultura, la alteración que se le efectuó al medio for estal fue perdiendo inten sidad. Lo que permitió q ue muchas de La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 39 las m asas arbóreas r ecuperasen sus ni veles d e crecimi ento y localizaciones más idóneas (Törnqvist, 1989; Ramil, 1994; Muñoz, 1997, Valdés y Gil , 2001). Tal es así que en ocasiones encontramos af irmaci ones como: “la Edad Media e s el m undo de la madera ( Le Goff, 1970)” y si nos centramos en el mont e gallego Valdés y Gil, afirman que: “ el monte cubierto de especies leñosas constituía un medio del cual se obt enían recursos indi spensables para la perpe tuación de las di stintas economías de la época, fueran éstas campesinas o s eñoriales. La elaboración de aperos de labranza o de almacenaje, la construcción naval y de edificios , la conservación de ciertos culti vos agrícolas como la vid, el cierre y separación de las tierras cultivadas, l a obtenc ión de leña par a al imentar l os fuegos de l as cocinas y calentar las viviendas, el uso de ciertas cortezas de árboles en el proceso del curtido de pi eles; todo ello era posi ble si se disponía del recurso maderable próximo y abunda nte”. En el Códice C alixtino que data del siglo X II: “ pasada la tierra de León los puertos del monte Irago y monte Cebrero, se encuentra l a tierra de los gall egos. Abunda en bo sques, es agradable por sus ríos , sus prados y sus riquísimos pomares, sus buenas frutas y sus clarísimas f uente s; es rara en ciudades, villas y sembrados” (página: 36, 2001). Por lo que en l a Edad M edia nos encontramos con un monte m ultifuncional que proporciona madera, l eña, frutos para los humanos y los animales, áreas de pasto para el ga n ado y nuevas ex tensiones pa ra cultivar ( estas dos últimas ac ciones r equerían de una transformación del monte). La implicación del monte dentro de la sociedad y de la economía condicionó la propia estructura de los asentamientos d e po blación, pues entorno a las aldeas se encontraban las zonas de cu ltivo, a continuación estaban las zonas de pasto para el ga nado (en muchos casos anteriormente eran zonas que estaban ocupadas po r masas a rbóreas) y a una di stancia un p oco ma yor era donde y a se encontraba el monte. Una muestra de las potencialidades qu e y a tenía el monte en este momento fue la política de a propiación de grandes extensiones de m onte por las clases sociales más poderosas, principalment e por parte de los monasterios pr oduciéndose un claro proceso de monopolización. Aunque la ex plotación y ut ilizaci ón del monte después fu ese colectiva (V illares y otros; 1990). En cuanto a estructura de los montes mediev ales y el p redominio de especies como los castaños y los robles sobr e las demás especies quedan contrastadas en l as La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 40 palabras de Portela: e l predominio del castaño parece indi scutible…pero esta superioridad de las me nciones no refleja exactamente que sea el castaño l a especie arbórea más abundante en la región; es necesari o po nerla en relación, más bien, con el hecho de que los castaños forman p arte importante de la alimentac ión h umana (…). Las menciones de árboles en general y las más abundantes de dehesas son el t estimonio de la utili dad general del bosque y, de una manera especial, del ap rovechamiento maderero, común a to das l as especies… Podemos decir que el estr ato arbór eo superior… estaba compuesto, en primer lugar, por los bosques de robles y c astaños… La presencia de sauces, acebos y pinos está atestiguada por la toponimia. Pero parece claro que estos árboles no ocupan una extensión comparable a la de los robles y castaños (en Ferreira, 1988, pág. 60). 1.1.2.1. El incremento de la actividad agrícola. A lo largo del siglo X y hasta el X III, en Galicia se produjo un creci miento demográfico significativo que provocó y fue de la m ano de un i ncremento de la actividad a gr ícola, con novedades como la lle ga da del c enteno. P ero e sta a celeración d e la actividad a grícola ocasionó una alteración i mpor tante sobr e el mont e, y a que se incrementó la roturación de hectár eas ocupada s por masas arbóreas. Este deterioro de los mont es se redujo considera blemente en el si glo XI V debido a la peste bubónica de 1348 (Duro, 1972; Villares, 1982; Lucas y Lucas, 19 96). Otra actividad que adqui rió mayor desarrollo y , tra nsformó considerableme nte el monte fue la ganadería. En l a Edad Media se pot enció la mul tifuncionalidad del ganado: fuerza p ara el trabajo agrícola, alimento, cueros (vestim enta), m edio de transporte y ciertos excedentes comenzaron a comercializarse. Las reses que predominaban eran de bovino, aunque también había con frecuencia cabezas de p orcino, de ovejas, de cabras y aves de cor ral. S in c ontar con estas últimas, la s áreas d e monte e ran l as que servían de alimento y p asto para la ganader í a, por lo que en m uchas ocasiones muchas hectáreas de monte se rotur aban e incendiaban pa ra generar nuevas áreas de pasto. D e todos modos hay que hacer hincapié en que estas transformacione s del monte no eran tan incontroladas y dañinas como en si glos más recientes, y a qu e los campesinos s e preocupaban de conserva r las mejores áreas d e casta ños y r obles, pues les a portaban una serie de alimentos, castañas y b ellotas, además de madera y leña fundamentales para su economía. P or lo que co mbinaban la ganadería, que l impiaba los bajos de los montes de La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 41 malas hierb as y aportaba abono a las t ierras, con l a agricultura y el ap rovechamiento del monte. Otra actividad agrícola que comenzó a desarrollarse y , que t ransformó de un modo mu y fuerte ciertas áreas forestales de Galicia, fu e el cultivo de la vid. S alvo en la “Costa da Morte” en todo el li toral gallego se pl an taron viñas, pero principalmente gran parte de l a franja norte d e la provincia de Ourense, aprovechando el recorr ido del río Sil y la part e noroeste de esta misma provincia por don de t ranscurre la p arte m edia y final del río Miño. Hast a el m omento todas las a ctividades que se d esarrollaron p ara mejorar y aumentar la productividad de los cultivos y de la gana d ería deterioraban considerablemente las áreas d e arbolado. Aunque se percibe en la Ed ad Media una predilecc ión y especial atención sobre una especie concreta de árboles: los castaños. El cuida do por parte de los campesinos y el a po y o de los mona sterios por realizar plantaciones de castaños eran consec u encia de lo preciados que e ran sus frutos: las castañas. Los campes inos las utilizaban como alimento propio, para el ganado y pa ra crear di ferentes tipos de harinas. Mientras que en los monasterios tenía la finalidad de convertirse en un bien de ntro de sus estru cturas económ icas. A su vez, tamp oco ha y qu e olvidarse de la gran calidad de su m adera (Valenzue la, 1865; Rodríguez Ga ldo, 1989; Rigueiro, 1997; Rios; 1997). El conjunto de castaños comenzaron a proliferar entre las áreas de cultivo y las área s de mont e más próx imas a los asentamientos de población, siendo favorecidas con cuidados frente a otras especies arbóreas ( en muchas ocasiones d emasiadas lim piezas del s otobosque, par a fa cilitar l a recogida de las castañas, y pod as, para obtener leña y madera, que en l ugar de favorecer su cr ecimiento lo li mitó). En muchos c asos se puede afirmar que se tra t aban de verdaderas áreas de monoculti vo de castaño. Esta proliferación de c astaños provocó que se encon trasen “soutos” a lo l argo d e todo e l territorio de Gal icia y , se convi erten en l a especie pr edominante del paisaje, llega ndo a superar al roble. Las á reas que tenían unos ma y ores índices d e densidad de castaños eran los valles de los ríos, toda la franja de la costa cantábrica, a lo larg o de la franja or i ental de Galicia y t oda la actual provincia de Ourense (Guitián Rivera, 1995) . 1.1.2.2. Las ferrerías y la construcc ión. La minería t ambién tuvo una relevante pr esencia en la Edad Media en Galicia, centrada en la producci ón de hierro, principalmente promovida p or l os monasterios, La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 42 aspecto que influ yó de un modo directo en el aumento del consumo de madera. De hecho, la localización de la ma y oría de estas explo taciones mineras se r egía por criterios de abundancia de agua y de montes con importantes vol úmenes de madera. De todos modos esta actividad siderúrgica no perduró mucho en el ti empo, ocasionado en gran medida por la mala calida d del hierro con respect o al de otros territorios. Aunque la presencia de grandes cantida des de agua y madera, s i permitieron que continuasen con su activi dad pequeñas ferrerías con un mercado que n o iba más allá del área local o c om arcal (Carmona y Nadal, 2005). La actividad que desde este m omento adquirió mucha relación con el sector forestal ga lle go fue la construcc ión y también la fabricación de objetos. Es sabido por todos l a gran dive rsidad de productos qu e se pu eden realiz ar con la transfo rmación de l a madera: edificios, embarcaciones, aperos de labranz a, ut ensilios para el hog ar, et c., lo que con el paso de los añ os incrementó progresivam ente el consumo de madera. U na de las actividades que consu mió gran cantidad de m adera a finales de la Edad Media fue l a construcción nav al, de h echo ex iste la seg uridad de que en l a totalidad d e los puer tos ga lle gos se realizan embarcaciones, no de gra n tama ño, p ero utiliz ando la m adera como material principal. La p ropia actividad d e estos pu ertos influ yó en l a l ocalización y distribución de muchos montes g allegos, pues todos los que se situa ban en las proximi dades de los m unicipios costeros rec ibían ma yores cuidados, y a qu e su cerca nía les reducía el tiempo y coste a los constru ctores de barcos y a su vez acercaban la madera a los pu ertos como vía comercial. Los puertos gallegos que tuvieron ma y ores volúmenes de actividad ex portadora de madera f ueron l os del norte, p rinc ipalmente los de A C oruña y Ribad eo. Aunque el beneficio que adqui rió la comercialización fue importante para la e conomí a gallega, la prá ctica to talidad de la madera se enviaba sin transformar o tan sólo c on leve a serrado o limpia do de los troncos. Mientra s que las maderas trabajadas qu e se exportaban y te nían un ma yor beneficio para la socioeconomía gallega e ran mucho m enores (F erreira, 1988; Armas, 1992; Valdés y Gil, 2001). Recordar que el t ipo de madera predominante de estas emb arcaciones er a la d e roble y castaño, mu y abundante en los montes gal legos, s in embargo t enían dificultades para obtener troncos per fectamente rectos y con una cierta lon gitud como solían ser el de las coníferas (pinos). Por lo que se pu eden ex traer dos ref l exiones: por un lado que la La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 43 presencia de coníferas en la Edad Media no era muy abundante y, que en a ños anteriores se había realizado un consumo pronunciado de este tip o de árboles. La s diferentes fases de crecimiento demográfico y c onsolidación de c iertos núcleos urbanos, también influyer on en el aument o de consumo de madera e incluso en el agotamiento de los montes más próximos a las ciudades (Valdés y Gil, 2001). 1.1.3. En la Edad Moderna. Como se comprobará a lo largo de este ap artado y, como y a d efinieron m últipl es autores como Labrada en 1804 o Murgía en 1914, la Galicia foresta l moderna se caracter izó por la eliminación progresiva de las m asas arbóreas de los m ontes, ocasionada por e l incre mento continuo de l consumo d e madera. I ncluso se llega a caracter izar la Edad Mod erna como el periodo de la “ crisis forestal” en Gali cia (Guitián, 1995). La estructura socioeconómica de Galicia se centraba en un sis tema agrícola tradicional en el que la realización de cultivos er a la actividad principal y la ganadería cada v ez era más import ante, mientras que los m onte s quedaban en un se gundo p lano y , como un territorio que tenía la finalidad principal de complementar la agricultura y la ga n adería (transformación del monte para realiza r n uevos cultivos, eliminación de las masas arbóreas por m edi o de la acción del fuego para crear zonas de prado, etc.). Si además de esta continua t ransformación del monte, l e unim os los altos consumos de madera que se produj eron a raíz del constante crecimiento del número de habitantes, con la presencia de ciertas actividades industriales como las fe rrerías, las curtidurías y la construcción naval, nos encontramos ante una de las etapas de la hi storia forestal ga lle ga en que el d eterioro y la deforestación fué más importante, p rincipalm ente de las área s d e monte arbolado. 1.1.3.1. El monte y el sistema agrícola tradicional. Una de l as causas más claras que provo caron el d eterioro de las masas arbóreas fue el i ncremento continuo de población desde el siglo XV I a finales del sig lo XVIII . De hecho tal, y como nos indica Villares (1985), l a población gallega se duplicó llega ndo en 1787 a m ás de 1.300.000 habitantes. Con lo que s e aumentaron las superficies destinadas a cultivos (a costa d e las d e mont e), se incrementaron los volúmenes de consumo de madera (realiz ación de ut ensilios de madera, la c onstrucción, etc.) y s e cr earon pastiz ales y praderas p ara el desarrollo de l a activi dad ganadera (de nuevo a costa d e las zon as de mont e). A lo largo de estos años fue cuando se constitu yó La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 44 realmente lo que s e denominó como el si stema agrícola tradicional de Gali cia ( Bouhier, 1979; Fernández, 1990; Balboa, 1990). Los sistemas agrícolas tradicionales se caracteriz aban por el aprovechamiento especializado del territorio, para lo que se establ ecían diferentes modos de uti lización del espacio, fundamentalmente en función de sus características eco lógicas, pero también de la distancia de las parcelas a los núcle os de población. La compl ejidad del sistema tradicional era grande al tratar se de un si stema m ixt o en el que la agr icultura, la ga n adería y la explotación forestal se complementab an pa ra cubrir todas las necesidades del campesino, de tal manera que el territorio depe ndiente de cada aldea tenía que disponer de dos tipos de elementos: por un lado los terrenos de cultivo, siempre los m ás próximos a la aldea, si s e exceptúan los culti vos t emporales de rozas y , por otro lado los terrenos de monte, a su vez divididos en arbolado ( para producción de leña y madera), matorral (con el que se elaboraba el abono de los campos de cultivo per manente o del que se extraía leña) y herbáce o, p ara pasto del ganado. La ex istencia de estos elementos en el p aisaje qu eda de m anifiesto en los pleitos de los siglos XVII , XV III y X IX que se desarrollaro n ante la Real Audiencia de Galicia. En el Archivo Histórico del Reino de Galicia-Real Audiencia de Galicia-S ección Vecinos, ap arecen m últiples disp utas entre pa rroqui as sobre la utiliz ación del monte para pasto del ganado, la realización de r ozas o re cogida de leña. Después de consultar esta información (Miramo ntes, 2006), queda const ancia, que dentro del aprovechamiento agr ícola tradi cional del mont e, la faceta más importante e imprescindible para el desarrollo agrícola fue el tojo, que era el elemento necesar io para p roducir abono. El t ojo más joven se ut ilizaba par a hacer las “ camas” del ganado y así se obtenía el abono, mientras que el toj o m ás viejo es un buen combustible. Según se ha podido saber, en la s eg und a mitad del s iglo XV III, cada camp esino necesitaba un a media de 36 a 40 c arros (Archivo Histórico del Rein o de Galicia – C atastro de Ensenada) , lo que i ndica que es una cantidad mu y im portante y po r lo tanto se entiende que esta especie arbusti va fuese fundam ental para e l desarrollo de l a vida de los campesinos (Miramontes, 2006). La consulta de los I nterrogatorios del Catastro de Ensenada ha per mitido corroborar las informaciones anteriores y además, en m uchos casos, precisar el ritmo de explotación de l os espacios de monte. Así, sabemos que a m ediados del si glo XVIII las La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 45 ramas de los robledales se cortaban c ada 7 o 12 añ os, según l a calidad del b osque, y que igualmente se podaban p ara leñ a los sauces, aliso s, o los alcornoques, esto s cada 6 años. Algo semejante ocurría con los tojales que se aprovechaban en turnos similares. Por otra parte, el “mon te inculto por naturaleza” s egún el C atastro, que se utiliz aba prefer entemente como pastizal para el ga n ado, se incendiaba periódicamente para destruir los matorrales leñosos y re ge n erar los pastos p ara la alimentación del ga n ado. Desde el si glo XVII, tenemos constancia, de q ue se realizaban rozas para el aprovec h amiento agrícol a del monte, (gracias a pleitos que se realizaron en la Re al Audiencia de Galicia), aunque como ya indic amos est e t ipo d e t écnica se u tiliz aba ya en la Edad Media. Otro acontecimiento socioeconómico que influ y ó cons iderablemente en el paisaje forestal ga lle go y en la propia estructura del territorio fue la ll egada en la Ed ad Moderna del m aíz y d e la patata. El cereal localiz ó s us cosechas más extensas a l o largo de toda l a fachada atlánt ica de Galicia, mientras que su repr esentatividad, aunque mu y significa tiva, fue menor en el interior. De hecho e l maíz se convirti ó en la base alimenticia y económica de muchos de los agricultores gallegos, tal y como indica Villares: “ el cultivo del maíz presentaba para el campesino grandes v entajas: al tos rendimientos (superando hasta diez vece s a los del ce nteno), ciclo vegetativo más corto y fácil panif icación. Además de posibilitar el incremento de la población, representa un elemento que fortal ece el sistema t radicional y per mite estirarlo hasta límit es insospechados, sin cambiar ni la t ecnología agraria ni las relaciones agr arias” (1985, pág in a: 102). A pesar de las pot encialidades alimenticias d e la p atata, en este periodo no adquirió su verdadero protagonismo dentro de la est ructura de las ex plotaciones agrícolas. De h echo s u verdadero auge y coloniza ción de muchas superficies de cultivo, como veremos será a partir del siglo X IX. De todos modos y tal como nos indica Carmona: “ ambos cultivos, introducidos en el marco de una agr icultura tr adicional, no hacen en ciertos casos más que ap untalar las condiciones generales d e tal tipo de producción, permitiendo aplazar las t ransformaciones necesarias a largo plazo” (1990, pág in a: 41) . La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 46 La s áreas de monte empezaron a recibir una importante presión por el incremento demográfico, el desarrollo y consolidación de una a gricultura tradicional y el aumento de la demanda de made ra. La reglamentación comunitaria que existía en ese momento para organizar la s tierra s agrarias (Bouhier, 1979), siempre se guiaba en dirección de ben eficiar y aume ntar las hectáreas d e tierra s de cultivo, frente a otros usos como el del propio monte. A pesar del sometimiento que tuvo el monte frente a otros usos del suelo como el desarrollo de la actividad agrícola, en la estruct ura socioeconómica de l a Galicia de la Edad Moderna tuvo gran significación l os montes comunales. Éstas se convirtieron en un complemento fundamental par a las economías de los agr icultores. En este periodo se estima que entre el 75 y e l 80% de los montes eran comunales. A su vez estos montes se dividían en dos tipos: los mon t es comunales “ de voces” y l os montes comunales en “man común”. Los p rimeros predominaron a lo largo de casi t odo el territorio gallego, a excepción de las antiguas provincias de Ourense y Tui donde eran ma yoría los de “m an común” (Saavedra, 1994). Los montes “de voces” tenían la ca racterística de ser proindivisos y de s er explotados por un conjunto de individuos que no tenían porque habitar en el mismo lugar y , c ada uno de ellos disponía de una extensión que utilizaba como considerase oportuno (princ ipalmente para realiz ar cultivos o la r ecogida de leña y m adera). Mientras que los montes comunales en “man común” y a no perten ecían a unas persona s concretas, sino que a una serie de habitantes de una aldea, un a par roquia o una estructura t errit orial superior. Aunque la diferencia más importante que encontra mos entre los montes “de voces” y los de “man común” es que l os segundos se regían por criterios de reside ncia y cualquier vecino tenía derecho de aprovechar y di sfrutar del monte sin diferenc i as de acceso al proindiviso. En cuanto a l a utilidad que l e daban a estos mont es, como y a se indicaba en la Edad Media, adem ás de abastecer d e l eña, m adera, frutos y áreas de p asto, el objetivo principal era la creaci ón de nuevas áreas d e cultiv os agrícolas, con una fuerte especialización en la producción de cereal. Esta ut ilidad en la Edad Moderna se incrementó m ucho, en gran medida por el aument o de la población y por l o tanto de la demanda de cer eal. El proceso, que no se dif erencia mucho entre las dos etapas históricas, era la tra ns formación que se le realiz aba a los montes para la posterior siembra de cereal, y a qu e se seguían realiz ando las rozas. Eso sí, cada vez en mayor La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 47 número y abarcando ma yor número de hectáreas d e mon te. De todos modos con el paso del tiempo esta utilidad principal del monte co munal fue perdiendo int ensidad y los montes pasaron a conv ertirse en suminist radore s d e abono al culti vo intensivo de ce real, principalmente maíz, en las áreas del litoral gallego. Por todo esto, se puede af irmar que el monte de la Edad Moderna se trata de un espacio fundamental par a la estructura s ocioeconómica de la población gallega que se caracter izaba por el desarrollo de una actividad agrícola tradicional qu e, entre otras peculiaridades, destacaba por tener un monte mu y “humanizado” (Saavedra, 1994). Este sistema centraba su a ctividad en la a gricultura , no dejó desarrollar el ciclo compl eto de los montes. R ealmente, el campesino de ese mo mento, del monte s ólo obtenía ciertas cantidades de frutos, castañas, algo de madera y de l eña, por lo que las grandes extensiones que podrían llega r a alcanzar los m ontes arbolados les dificultaban la realización de cultivos (su sustento principal) y el desarrollo de la actividad ganadera. Por l o que el p redominio de la agr icultura y la ga n adería con la utiliz ación del fuego como herramienta pa ra t ransformar el territorio a lo largo del ti empo, imposi bilitó el desarrollo d e los posi bles montes que tenían las condiciones natural es idóneas pa ra consolidarse y producir madera apta para otros usos . 1.1.3.2. El desp ertar d e la actividad industrial: l as f errer ías, las curtidurías y la construcción naval. El verdadero despegue de las ferrerías fue a finale s de la Edad Media, pero como indican Saavedra, 1982; Car mona, 1990 o Guitián 199 5, en el siglo X VIII funcionaron un considerable núm ero de ferrerías, se estima que cerca de 30. En ot ros territorios como el P aís Vasco se producía un hierro de mucha m a y or ca lidad que el gallego, llega ndo a t ener m ás de 200. Aunque, l o m ás si gnificativo de estas ferrerías en Galicia, era que se localiz aban en las sierr as orientales y consumían grandes cantidade s de madera de roble para garantizar su consumo de carbón vegetal. Por lo que este emplazamiento nos indica que en sus proxi midades ex istían cantidade s s uficientes de madera para desarrollar su actividad. De todo s modo s también sab emos que en ocasiones estas ferrerías s e vi eron en la obli gac ió n de generar s us carbones a bas e de matorral d e tallo grande, principalmente bre zos, que eran mucho más abundantes y próximos que los robles (Mig ués, 1996). La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 48 Un hecho muy sig nifi cativo dentro del desarrollo de esta actividad y de la historia industrial de Gal icia, que se produjo a finales del si glo XVIII, dejando de lado los problemas y conflictos sociale s y labor ale s que derivaron de l mismo, fue la instalación de Sargadelos una fundición de hierr o d estinada a la producción de armamento. Una d e las razones que dificultaron el d es arrollo de esta em presa fue la gran cantidad de recursos que demandaban de los montes pró xim os, lo que le impedía a la población de las prox imidades disfrutar de los r ecursos que obtenían de estos montes. Los recursos forestales cada v ez se van haciendo más escasos por la gran ut ilización que de ellos se hacen en esta etapa. Otra actividad indus trial que tuvo mucha presencia en la Galicia moderna fueron las fábricas de cu rtidos ( Fernández Vázquez, 200 2). Es tas fábricas l legaron a superar en número, en producción y en el consumo de madera a las ferrerías. De hecho, la actividad de las c urtidu rías c onsistía en elaborar una seri e de elementos en cuero fundamentales p ara la sociedad e incluso para co mercializar. Pero antes de transformar las grandes cantidades de cuero, para obtener esta mater ia prim a sumergían las pieles en pozos con corteza de árb oles (principalmente robl es y en menor medida castaños). Por lo que cua ndo la poblac ión se desplazaba a los montes a talar árboles para utilizar la madera, en muchos c asos le quit aban la corteza para d estinarlas al m erca do de las curtidurías. El deter ioro del m onte era mayor cuando s e desplazaban cuadrillas de personas a las z onas donde había robles y les quita ban su corteza. La y a mala situación de las masas arbóreas en los montes ga llegos, s e vio fuertemente dañ ada por el gran consumo de corteza por parte d e esta industria. Lo que a lo largo de estos años obli gó a que se cr easen un a serie de le yes y ord enanzas que i ntentaban control ar el consumo de la corteza de los árboles, aunque los resultados o bt enidos nunca fueron los esperados y las necesidades de la ép oca tampoco a y udaban mucho. Esta actividad lle gó a alcanzar tal dinamism o que ciertos territorios del int erior de Ourense, de Lugo y del área d e Santiago de Compos tela lleg aron a presentar una gran especialización en el tratamiento de los cueros, es más, s egún Guitián (1995) se superaron las 550 fábricas de curtidos en toda Galicia. Los inicios d e la constr ucción naval t al como la entendemos ho y se sitúan en Galicia en l a Edad Mod erna. Además d e los b eneficios socioeconómicos que generó también se caracterizó por el gran volumen de m adera que consumió y por la c reación La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 49 de una gestión de los montes gallegos para el abast ecimiento de prácticam ente toda la madera hacia la construcción naval. De hecho, uno de los primeros hi tos o acontec imient os que influ yó de un m odo más directo sobre el monte gallego en relac ión con esta actividad fue consecuencia directa d el desarrollo alcanzado, en este mom ento, por la construcción naval a escala de toda España. Nos referim os a la primera políti ca oficial de plantaciones que se desarrolló en Galicia. El objetivo principal no fue aprovechar las potencialidades naturales de l os montes ga lle gos, ni desarrollar una ordenación de los mismos, sino que fue cr ear la oferta de madera necesaria para la construcción naval (Carmona; 1983; La b andeira, 1992). Desde el Estado se estableció un espacio próximo al mar y a los ríos n avegables (tres le guas) 35 como reser va made rera pa ra cubrir la demanda de la constru cción nav al. Esta actuación insertada como una Instrucción por Toribio Pérez Bustamante, el 18 de marzo de 1656, se pue de catalogar c omo el embrión de lo que será la Ordena nza de Montes de Marina (Cruz, 1994). Además de la protección que debían de tener los mon tes de uso partic ular o comunal, se establecieron una serie de m edidas adicionales. P ara realizar las replantac ion es de las áreas co rtadas había que soli citar un p ermiso, los propietarios estaban ob ligados a r ealizar actuaciones de limpiez a y pod a, se prohibió l a realización de rozas y qu edaba prohibida la venta de madera fue ra del Reino. Estas actuaciones muestr an que la util ización de lo s m ontes quedaba totalm ente al servicio del Estado, que fomentaba las plantaci ones, prohibía l a exportación y le dab a la exclusividad de explotación de la madera al sector de la construcción naval. De todos modos, con la dinastía borbónica se em pezó a resquebrajar el sist ema. Felipe V, con el fin de o btener in gresos para l a Hacienda, int entó apoderarse d e tierras comunes, estableciendo la J unta de B aldíos 3 6 , pero las num erosas y duras quejas, llevaron a Fernando VI, en 1747 a l a supervisión de la J unta y a m andar la devolución a los pueblos de las tierras que disfrutaban antes de 1737 (Calvo, 1990). 35 Una legua eq uivale a 5. 555 metros. 36 Los b aldíos eran extensiones de terreno propied ad de la Co rona y se caracter izaban po r, c omo expo ne Alejandro Nieto: “zonas incultas, de ordinario pobr es y alej ad as del casco urbano p ero perfecta mente localizad as dentro del té rmino municipal y aprovec hadas co munalmente por los veci nos” (Calvo Po yato, J., ( 1990) : Venta de bald íos y tensió n social en A ndalucía a mediado s del siglo XVII . Agricult ura y Sociedad . Ministerio d e Agricultura, Pesca y Ali mentació n. Madr id. Nú m ero 55. P áginas: 95-124 ). La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 50 Siguiendo a C ruz (Cruz, 1994) podemos ve r como previa a la Marina de Felipe V, en la que profundizar emos en próximas líneas, ha y dos dispos iciones recopiladas en la Novísima 37 , una del 8 de juli o de 1717, en la que las maderas que sirviesen para la construcción naval, no se i nterviniese en su custodia y conservación. L a segunda era del 14 de diciembre de 171 9, en la que aun se potencian más los montes del litoral, pues estos montes tenían que enviar sus maderas a los ast illeros. También en 1717, la M arina creó una campaña de foment o para restabl ecer la hegemonía naval del imperio español después de las consecue ncias nefastas de la Guerra de la S ucesión (1713). Con l o que los m iembr os de la A rmada R eal comenzaron a acudir a los montes para conseg uir madera, princi palmente de roble, para la construcción de bar cos. Aunque fue en 1748 cuando se comenzó a m anif estar con t oda su fuer za la disputa de los derechos locales y de l as le y es generales sobre el aprovec h amiento de los montes. Esto fue c onsecuenci a de la inquietu d que estaba viviendo la construcc ión naval (Balboa, 1990). Tras estos preliminares, en el sig lo XVIII , se esta bleció l a Ordenanza de Mo ntes de Marina (31 de enero de 1748) que tení a como obje tivo la rest aurac ión y potencialización del sector naval. Por ello, desde la Marina se or ganizó la explotación de los montes aptos par a la construcción n aval. Se creó una encomienda, que tuvo mucha más repercusión que la de Pérez Bustamante, ya que a g ran des rasgos se expropiaron a municipios, vecinos y particulares de sus derechos se culares y , c rearon una empresa m ercantil p ública que m onopoliza y dis torsiona el comercio de la madera. En este mom ento, fue c uando se produjeron las primeras conversiones de antiguos robledales en pi nares, porque afirmaban que se trat aba de una especie mejo r adaptada al medio y que crecía más rápido. Además, toda la m adera de roble era para la Marina y sus asentistas. M ientras que los demás tipos de madera s e tas aban pa ra l os particulares al doble de lo que se le ofrecía a la Marina. Tan s ólo las l eñas y ramas, qu e se producían tras l as cortas de los árbol es, quedaban para los pueblos (Saavedra; 1982; B alboa; 1990). Si profundizamos un poco más en el contenido de est a O rdenanza, comprobamos como des de la Marina orden aron crear un inventario con gran detalle en 37 La No vísima e s un d ocume nto que se editó por pri mera vez en 18 06 y que agr upó y sintet izó el d erecho español hasta ese mo mento y sirvió de referencia p ara el desarro llo de o tras ley es así co mo la r ealización de estudios. La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 51 el que se distinguiese la propiedad (particulares, comunes, propios y reales), superficie, situación, número de árboles y su clase, calidad y edad (nuevos, crecidos y viejos). Así como los terrenos susceptibles de plantío (Cruz, 19 94). El destino de l a madera además de a la construcción naval, se diri gía tam bién a la construcción y restauración de edificios. Los grandes propieta rios eran las instituciones eclesiásticas y l os nobles absentista s. Las r elaciones sociales vinculadas a la tierra giraban en torno al foro, basado en un us ufructo en común de terrenos forestales. P or lo que los campesinos se veían muy p erjudicados, pues el monte era un complemento indisp ensable para las p equeñas ex plotaciones a grícola s -ganaderas (leña, madera, pastos, abono, etc.). Como venía sucediendo desde el siglo XVI, dura nte e l XVIII y parte del XIX, los montes de l litoral de España fueron a dministr ados por la Marina R eal. P or lo que el destino de la madera, como ya se indicó, era p rincipalmente suministrar de materia prima a la industria naval. Esta Ordenanza delimita ba un ámbito t erritorial d e aplic ación. Las compet encias se ejercían de fo rma territorial en los Departament os Marítimos de Cádiz, C artagena y Ferrol. El caso gallego, en 1749, se constitu yó com o el arsenal más completo de Europa, con un consumo m edio anual de 3.300 m etros cúbicos de mad era. Se utiliz aron todo tipo de especies arb óreas: robles, pinos, cedr os, ha y as, álamos ne gr os, cipreses, etc. Como consecuencia s e destru y eron enormes supe rficies d e arbolado en este territorio, principalmente robledales. Además del gra n cons umo de madera, el ma y or problema era la cantidad d e madera qu e se d esperdiciaba tras s u corta, pu es mucha de l a madera que necesitaba n eran piezas curvas de roble (Saavedra, 1985; Guitián, 1985; Valdé s y Gil, 2001). Con t odo esto, comprobamos como y a d esde el siglo XV I , los montes gallegos padecieron una fuerte transformación que se centró en imp lantar unas nu evas especies forestales que tenían un destino mu y limitado y con creto, como fue en esta etapa l a construcción na v al. 1.1.4. En el siglo XIX La s peculiaridades de los montes gallegos a lo lar go de este siglo no evolucionaron mucho con respeto a la situación de d eforestación, en la que se encontraban en épocas anteriores. De hecho, los cambios más importantes dentro del La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 52 monte gallego fueron consecuenc i a del paso que se produjo de un Antiguo Régimen al Estado liberal, que e ntre otros cambios eliminaron los privileg ios rentistas que basa ban su poder en e l dominio de la tierr a. Como comprobaremos, este cambio fue lento y parcial, pues r ealmente l o que s ucedió fue que l as t ierras pas aron de estar en manos del binomio de la nobleza y de la iglesia a estar en manos de l binomio de nobles ( se mantienen) e hidalgos, mientras que los que trabajaban estas tier ras seguían siendo los campesinos. Esta situación fue similar con la Desamortización donde el cambio de propiedad d e la tierra no se p rodujo, sino que, lo que ve rdaderamente se cambió fue l a propiedad de las rentas forales pasando a manos de nobles, hidalgos, funcionarios e incluso comerciantes urb anos. De hecho no será h asta la llegada de la Ley de Redención Foral de 1873, cuando un número considerable de campesinos accedieron a la propiedad de las tierra s qu e trabajaban (Valdés y Gil, 2001). Otro cambio significativo fue la nueva estructur a t erritorial administrativa de Galicia que se p rodujo en 1833 con la creación de n uevos municipi os, algo que influ y ó directamente sobre l a e structura forestal gallega, ya qu e gr an parte d e los montes ga lle gos eran de propiedad vecinal, regida por aldeas y parroquias. Además de estos acont ecimientos, destacar que el mo nte continuó fo rm ando parte de la actividad socioeconómica más importante de Galicia, la agricultura y la ga n adería, algo que j unto con el i ncremento demográ fico, la consolida ción de ci ertos núcleos urbanos y , por ta nto, el aum ento del consum o de m adera, impidieron el crec imiento y desarrollo natural de los montes gall egos. 1.1.4.1. La etapa final d el sistema agrícola tradicional . El siglo X IX se pued e tom ar como el último m omento en que tuvo si gnificación el sistema de rozas, coincidiendo con un periodo de intensificación productiva, conformando un policultivo de subsistencia. Aunque las rozas desaparezcan, no l o hace otro modo de aprovechar l os montes, menos g eneralizado que las rozas y , p or lo tanto más difícil de document ar, f ueron las roturacione s arbitrarias entre c osechas de centeno y b arbecho 38 , como corrobora Xesús Balboa (Balboa, 1990). 38 Se tratan de ciertas p arcelas d e tierras a grícolas que no se si embran en uno o m ás a ños. La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 53 En primer luga r y antes de hablar de e ste proceso de aprovechamiento tradicional de zonas de monte, queremos hacer hincapié en destacar qu e e sta práctica que se realizó a finales del siglo X IX y prin cipios del siglo XX, se cara cterizó por ser una de las primeras acciones que comenzaron a darle mayor significación al interés individual que al colectivo, expliquemos p orqué. La importanci a económ ica de este sistema de utiliz ación del monte n o fue demasiado destacada, pero sobresale por ser un a prá ctica qu e ejercieron determinadas familias a gríc ol as, para cubrir necesidades alimenticias inmediatas, s obre tierras colectivas. Estas actuaciones provocaron bast antes conflictos, pues muchos miembros de las colectividades de p ropietarios temieron que las p ersonas que rea lizaban estas plantaciones en z onas de montes colectivos no devol viesen las tierras. Ade más, como se explicó anteriormente , si la práctica de las rozas era una práctica que se realizaba en conjunto, este sistema s e realizaba de un a man era i ndividual fue uno de los inicios del progreso del individualismo ag rario. Desde el p unto de vista e cológico, esta actividad r esultaba empobr ecedora de las posibilidades productivas del monte. L a obtención de recursos alimenticios del modo más rápido e individual, no tenía nin gún i nterés de re ge n eración del su elo ni de los productos del monte y, sobre todo, no se sujetaba a ni nguna racionalidad colectiva orientada a conservar los recursos (Balboa, 1990). El monte gallego, adem ás de permitir la obtención de cose chas adiciona les de cereales, sostiene la ganader ía. Acl arar que hasta casi mediados del siglo XX la ga n adería no se especializó como actividad, sino qu e hasta ese m omento el pretendido equilibrio agroganadero estaba descoordinado debido a los esfuerzos que rea lizaban los campesinos por dinamizar su actividad ag rícola. La alimentación d el ganado, dependía de los recurso s que el m onte les aportase, de la ex tensión y d e su calidad. A pesar de esto, la ganadería se caracteriz aba por su carácter polival ente, ya q ue además de fertilizar las tierras y producir carne y l eche, era utiliz ada como fue rza de trabajo en las labores agr ícolas. De todos modos y , como nos e xpone Carmona (Carmona, 1990), el bovino ga lle go desde el siglo X VIII tuvo si gnificación den tro del comercio exterior. Además de un periodo de esplendor a lo largo de toda la segund a mitad del siglo XIX, con l as exportaciones de carne a Inglaterra (mercado q ue post eriormente fue absorbido por La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 54 territorios del interior de España, al amparo de l i ncremento de la demanda urbana española). La ganadería tuvo que e nfrentarse a la p rioridad qu e los campesinos concedía n a sus explot aciones a gríc ol as y , al escas o tamaño de las expl otaciones. P or lo que la ma y oría de l as nuevas zonas de pasto resulta ban del apropiamiento de ár eas de monte común. En este estado, los campesinos se vieron obli ga dos a mantener un sistema ga n adero m ixto y plurifuncional, hasta una c ierta e dad utilizado como fuerz a de trabajo y una etapa de engorde coincidiendo con el final de su ciclo vital. El alimento que le aportaba el monte lo podemos considerar como fundamental, ya que era n muy es casas las plantaciones de forrajes y las áreas de p rados. En cuanto a la utiliz ación del mont e por l as diferent es esp ecies d e ganado, las vacas er an la especie que tenía mayor sig nificació n económica (fuerza de trabajo, carne y l eche), por lo que les res ervaban los mejo res pastos comunales de los que se disponían, además de l os espacios que se apoderaban campesinos de un modo individual, como y a se ha indicado anteriormente. El cuidado que se le daba a estas vacas e ra de dos modos, o bien total libertad –vacas bravas 3 9 - o bien un cuidado más individual pasando un tiempo m ás o menos p rolonga do en el monte, de un día a var ias semanas. Otra especie era n l os caba llos que se adaptan mejor que l as v acas a las condiciones de alimentación que ofrecen los montes. La r azón principal es su ma y or movilidad lo que les per mite se leccionar m ejor los pastos que consumen y , aprovechan mejor los brotes de tojo. Por estos motivos la pr áctica totalidad de los caballos son bravos o salvajes (sólo s on controlados por l os due ños tres o cuatro v eces al año). En la actualidad este tipo de ga n adería ex tensiva ca balar se mantiene en muchas z onas de monte gallegas. Tradicionalmente, cuando s e agrupaban 4 0 las man adas de caballos además de m arcarlos se les cortab an las crine s que después se comerc ializ aban (para la confección de colchones) y sobre todo los caballos se vendían como anim ales de tiro, carga o t rabajo no sólo agrícola. 39 Co mo e xpo ne B alboa (Balb oa, 1990) este tipo de ganado sólo era sometido a a lgunos controles perió dicos por parte de sus dueños y el ap rovecha miento fundamental de estas vaca s era su carne. 40 El agrupar los ca ballos en u n recinto c errad o p ara m arcar lo s y co rtarles las crine s se mantiene en la actualidad, son lo s deno minados c urros, q ue tienen m ás l a finalidad de ser un bie n tu rístico q ue una aplicació n ganadera. La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 55 En cuanto a las ovejas y cabras, p redominaba el pastoreo en común. Los v ecinos y propietarios de los animales le concedían la responsabilidad a un pastor para que condujese y cuidase estas ovejas y cabras por los m ontes. También tenem os constancia según Balboa, ( Balboa, 1990) de que los pastores se turnaban según el número de ejemplares que tuviese cada uno. No obstante l a condición del pastor e ra variable y , muchas veces le pa gaban, bien un grupo de vecinos a tít ulo individual o bien el ay unt amiento. Respeto a la utilización del monte por parte del gan ado, destacar qu e se t rata de uno de los factore s que, en deter minados municipios , se priorizan sus benefic ios a los forestales, como an alizaremos en próximos apartados (deterioro de pl antaciones forestales, p rovocación de incendios para generar pastos, etc.). Aunque por otro lado, también hay que tener presente que ciertos montes gallegos se encuentran limpios de malas hie rbas gra cias a la acción de reses extensivas y, a lo larg o de i mportantes extensiones permiten que la re generac ión del m onte sea natural. Además abonan los montes, realizan labores de “lucha” contra ince ndios, etc. Por lo que d e nuevo nos encontramos ante una acción que se p roduce den tro d e un monte que tiene una doble lectura y, p ara qu e esta acc ión sea positi va debe de ser gestionada por e l hombre en busca de un equilibrio q ue sea válido p ara todos lo s imp licados. En este c aso el s ector forestal y la ga nade ría extensiva, alg o qu e se mantendrá también a lo lar go del tiempo. Si continuamos con el análisis de los usos tra dicio nales de los mont es gallegos a lo larg o del sig lo XIX, podemos comprobar l a extraordinaria importancia que este espacio tenía p ara la producción de la economía campesina. Aunque podrí amos hablar de muchos aprovechamientos complementarios: frutos, plantas m edicinales, caza, carbón vegetal, etc ., los d e ma y or entidad son la obt ención de madera y le ña. En definitiva, aunque l as actuaciones se re gían p or la lógi ca de las necesidades de subsistencia de una so ciedad arra i ga da a su terri torio y, que las transfor maciones del paisaje del mont e se reali zasen con un cierto “c rit erio”, consideramos que los sistemas agrícolas tr adicionales (p olicultivo de subsistencia) que se d esarrollaron en Galicia co n gran asidui dad hasta el sig lo X IX , se deben catalo gar como uno de los hi tos claves de la situación actual del sector for estal de Galicia. La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 56 1.1.4.2. La estructura de la propiedad de los m ontes. De la desamortización a finales del siglo XIX. Ha y que destacar qu e, incluso en l a actualidad, la cuestión de los montes sigue siendo una problemática im portante tanto desde el p unto de vista jurídico como polít ico, que enfrenta con frecuencia a l os a yuntamientos, comuni dades de vecinos y particulares. De hecho la conclusión que se puede sacar de este s ubapartado, co mo se comprobará, es que la estructura minifundista de l os montes galleg os, las propias caracter ísticas n aturales del territorio y la confus ión j urídica y legal de los montes que existía entre los funcionarios públicos y los campe sinos, derivó en que cualquier medida o acción dirigida a ordenar la estructura y t itular idad de l os montes galleg os fu ese un fracaso total o, en el mejor de los ca sos parcial. A demás en los c asos en que los montes cambiaron d e propi etarios o se definió al titul ar, siempre fue en beneficio de la Administración o de un grupo reducido de propietari os, mientras que los campesinos, en muchos casos, pasaron a t ener que pa gar por explotar los montes que durante m uchos años habían trabajado y “or denado” como esp acio fundamental dentro de su sistema agrícola tradicional (ver tabla 1) . Tabla 1. Relación cronológica d e las principales ac tuaciones q ue influyer on en la estructura de la propiedad de los montes gallegos h asta finales del siglo XIX. Actuacio nes r elaciona das c on la propiedad de los m onte s Finalidad básica Ordenanza d e la Mar ina. 174 8. Dos tercios de los montes esp añoles p ertenecían a la Marina y tod a la madera c ortada se dirigía a lo s arsenales y astillero s inde pe ndientemente de ser solicitada o no. Cortes de Cádiz. 1 789. Fracasa en e l i ntenso de m odif icar la Ordenanza de la Marina. Ordenanza d e Montes. 18 33. Ampliación de la distancia entre los intereses públicos y privados d e los m o ntes. Desamortizació n de Mendizábal. 1834. Obtención de recursos par a finan ciar la m ode rnizació n econó mica de Esp aña. Orden en 18 41. Conocer la situación de los montes. Desamortizació n Civil o Madoz . 1855 . Posib ilidad d e disponer d e nuevas superficies. Catálogo de Montes de Utilid ad Pública. 1859. Conocer la Administració n las carac terísticas de los m ontes. Catálogo de Monte s exceptuado s de la desa m ortiza ción. 18 62. Conocer la Ad ministració n las característica s de los m ontes. Ley de Monte s en Esp aña. 186 3. Explotació n del m onte de un modo “pro ductivista” Fuente: elaboración propi a. Como ya comenta mos anteriormente la Ordenanza de la Mar ina de 1748 influy ó directamente sobre los montes g allegos y , aun que posteriormente se s ucedieron una La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 57 serie de nuev as actuaciones, que también se aplicab an sobre el mont e de Galicia, tuvieron una re p ercusión menor (Artiaga, 1991; Cruz , 1996). Concretamente el 27 de a gosto de 1803, se fir mó en San Ildefonso la Real Ordenanza par a el gobierno de los mont es y arbolados de la jurisdicción de Marina, pero cada departamento territorial lo dividieron en provincias. Toda la mad era resultante de la corta de los árboles tenía como destino los a rsenales y astilleros, aunque éstos no hubiesen demand ado esta materia prima, y a qu e lo consi deraban como el lugar más idóneo par a su c ons ervación y almacenaje. En este pe riodo, los dos t ercios de los montes de España p ertenecían a la jurisdicción de la M arina (Balboa, 1990; Artiaga, 1991; Cruz, 1996). Esta Or denanza fue dur amente criticada en las Cortes de C ádiz de 1789, pero ninguna de las m odificaciones que se expusier on lle gó a aplica rse. Es más, en los periodos absolutistas el régimen de m ontes de Marin a r enació y, s e suprimió en los constitucionales (1814, 1821, 1823) hasta su desaparición defini tiva con la promulgación de las Ordenanzas generale s de mont es del 22 de diciembre de 1833. La Ordenanza de 183 3 si guió el camino equivocado, c entrándose en la destrucción d el régimen tradicional y ampliando l a dist ancia entre los intereses públicos y p rivados de los mont es. Esta Ord enanza se ll egó a catalo ga r como la prim era Ley de Montes (Ba lbo a, 1990). La s medidas m ás relevant es que se t omaron en España resp eto a la propiedad territorial fueron la a bolición de señoríos, la des vinculación de morgados, la desamortización civil y eclesiástica, junto a otras como, la abolición de los décimos, la reforma tributaria, la libertad de a rrendamientos o la supresión de la M esta. Todas ellas van dirigidas a la d esarticulación de la p ropiedad feudal y a la conversión de la ti erra en una mercancía susceptib le de circular lib remente; i nfluyendo directamente sob re los montes vecinales, que era un espacio complementario fundamental para las sociedades rurales. Hay que tener en cuenta que su realización estuvo ligada a problemas políticos como la reforma d el cl ero y , también s e amplía a las ó rdenes civiles, como las de Beneficiencia, Instrucción Pública, p ropios y comunales, de m anera que el Estado incauta t odos los bienes pertenecientes a las man os muertas, liquidando de esta forma la propiedad amortizada en España (Artiaga, 1990). La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 58 Así, la primera des amortización, la de Mendizábal en 1834, tenía como objetivo principal la obtención de r ecursos pa ra financiar la modernización económ ica del país y el fomento de su d esarrol lo económico. Los bie nes desamo rtizados se agrupan en dos grandes bloques: fincas rústicas y urban as y , censo s y foros (Artiaga, 1991). El 73% de la superficie que se desamortizaba eran m ontes, pero lo más importante no es esto, sino que el monte, como hem os visto, era un element o fun damental para el funcionamiento del sis tema agrario tradi cional gallego, que era un sistema mixt o en el qu e a gricultura, ga n adería y la explotaci ón fore stal se complementab an pa ra cubrir las necesidades del campesino. En cuanto al patrimonio colectivo afectado por la d esamortización en Galicia estaba constit uido básicamente por m ontes que aún siendo aprovechados e n común eran de titularidad vecinal, no municipal. La diferencia de lo sucedido en Galicia con el resto de España es bien evidente, mientras allí l os bienes comunales son abso rbidos por el patrimonio municipal, en Ga licia se mantiene la relación vecinal, que no log ra ser sustituida por el ay untamiento. Sin embargo, se produce una asimilación en tre dos tipos de bienes, de hecho los m ontes vecinales gallegos son catalogados en la desamortización como montes de los P ueblos. Por lo que la confusión sobre la propiedad de los m ontes en este mom ento no se solucionó y a pesar de l os “c ambios” los montes eran explotados y aprovechados por lo s campesinos con el d esconocimiento de quien era el verdadero titular de algunos de los montes que trabajaban para poder subsistir. El Estado, en el caso de Galicia, no p araba de encontrarse di ficultades para catalogar e identificar los fragmentados montes ga l legos. En 1841 se cre a una Orden en la que se solicita dat os sobre la situación de los montes y da la s re glas para su adminis tración, con lo que se disting uen tres ti pos de montes: los particulares cuyos dueños han queda do en libertad completa de manejarlos como cualquiera otra d e sus fincas, en segundo l ugar los comunes de P ropios de los pueblos, y de establecimi entos públ icos a cargo d e A y unt amientos y Diput aciones y , en tercer lugar, los de propiedad del Estado. La nula aplicac ión de e sta orde n , provocó que fuese re ctificada, ya qu e se p rodujeron gran cant idad de talas e incendios forestales en forma de protesta (Villares, 1994). A la desamortización de Mendizábal, le sucede l a desamortización civil de 1855, que para muchos estudiosos tuvo unas repercusione s ma y ores (Artiaga , 1991; Balboa, La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 59 1990; Villares; 1994). Pero antes de ex poner l as co nsecuencias de esta desamortización, nos parec e necesario destacar que esta s actuaciones eran inaplicables a los m ontes de los pueblos, comunes y de propios. No se c reó un es tímulo para la pr opiedad privada, porque monte es, por definición, aquel terreno que no necesita cultivo para produ cir frutos. Es más, en el caso de los montes el interés particular desem boca en la defore stación. A diferencia de la ti erra cultivable, la desamortización de montes no era necesaria ni conveniente, aunque si hubiese resultado beneficiosa (Cruz, 1994). Así, las desamortizaciones pusieron en las “manos vivas” 41 de la inici ativa particular tierras improductivas, entre las que est aban los montes públicos . La superficie vendida era inmediatam ente roturada, de forma que s e d estru y ó pa rte de l a riqueza forestal d e Galicia. En toda la franja litoral, don de se encontraban l as dehesas reales (aunque realmente ni aquí había espesas masas d e arbolado), el papel de los montes de Estado en la desamortización si tiene una cierta relevancia, m ás por su peso dentro de los bienes desamortiz ados que por s u propia i mportancia en el conjunto d e los montes. De todos modos tiene n sig nificación porque estaban ocupados por arbolado, en su mayor parte robl es y pi nos, propiciado por la p olítica forestal de los Borbones en el siglo XV III diri gida a la conservación y fomento de los montes maderable s en benefi cio de la Mar ina. Estos montes e staban sometidos a una regulación especial, como se explicó anteriormente. Otro punt o de vista de la desamortización, era el d e las comunidades rurales que lo veían como una amenaza, pues iba en contra de la propiedad de uso com unal. A partir de 1861 empezaron a tra mitarse las solicitudes de ex cepción 42 a l a Admini stra ción. De todos modos la acción de l a desamortización dentro de Galicia no fue muy fue rte pues se vendieron mu y po cos, debido a las dos caracterís ticas y a expuestas de los m ontes: el desconocimiento de la administración loc al y los a bus os que realiz aron sobre los campesinos. A pesar de esto, se vendieron m ás m ontes de Estado de los inventa riados en 1859, con lo que en 1901, prácticamente no ex istía ningún monte d e Estado. El interés de los compradores tenía una relación di recta con los posibles usos productivos de este 41 Las manos vivas se re fiere a las persona s, los campe sinos, que tr abaj aban y te nían e n la explotació n de las tierras s u medio de vida, tanto p ara la a ctividad agríco la como la ganadera. 42 Muchas co munidades rurale s solicitaron mantener algunos m ontes baj o la figura d e pr opiedad de uso comunal. La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 60 arbolado, tanto su uso genéric o pa ra madera o leña, como el empleo de la corteza de roble para el curtido. Por todo esto, los montes s e vieron sobreexplot ados, el grupo de propieta rios era muy reducido y los vecin os además de haber si do ex cluidos de los derechos que poseían sobre los montes, pasaron a tener que pagar por pastar y coger la m adera que necesitaba n p ara su consumo. Para conocer los montes gallegos y d ecidir cuales d ebían s er catalo gados o no, a lo largo de los años se efectuaron una s erie de C atálogos (Balboa, 1990 ). En 1855 el Cuerpo de I ngenieros de Montes divi dieron los montes públicos ga llegos e n tres clase s: en la primer a incluía la z ona forestal por excelenc ia cubierta p rincipalmente por monte alto, la seg unda clase e ra la zona intermedia y en la tercera la z ona baja dedicada a l a agricultura y al monte b ajo. En 1859, el 16 de febrero, surgió la necesidad de sab er cuales eran los montes ex entos o no de la venta, po r lo que el M inisterio de Fomento elaboró un Catálogo de Montes de Utilidad Pública e n tod a Españ a. E n Galicia s e catalogar on po cos montes pues el conocimiento de lo s municipios era muy precario. Para muchos autores (Balb oa, 1990; Valdés y Gil, 2001), est e catálogo, que tenía el nombre oficial d e Cl asificac ión General de l os Montes Públicos, se ut ilizó por el Estado para adueñarse de muchos m ontes mun icipales o comunales. El catálogo se realizó por provincias, or denadas p or orden alfabét ico y , a su vez, divididas en pa rtidos judiciales. En cada partido hi cieron los siguientes apartados: por un l ado los m ontes exceptuados de la desamortiz ación pertenec ientes al Estado, l os montes ex ceptuados pertenecientes a los pueb los y en último lugar los m ontes exceptuados per teneciente s a corporaciones civiles, con lo que pudi eron m odificar e n la catalogación los tipos de propiedad que imperaba sobre los montes. Para continuar “conociendo” las cara cterísticas de los m ontes, en 1862 se creó un nuevo do cumento, el Catálogo d e montes ex ceptuados de la d esamortiz ación. En el que solamente se consideraban expectables los monte s en los que la especie arbórea dominante fuese el pino, roble o h a y a y tuviese un a ex tensión mínim a de 100 hectáreas, los demás era n declarad os en venta. Tras esta serie de desamortiz aciones y creación de catálogos, en 1863 se redactó un a L ey de Montes de ámbito est atal, que continuó legislando de espaldas a la realidad y dirigiendo l as normas hacia la explotación de los montes por parte de la población urbana frente a la rural (Cruz, 1994). La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 61 Los numerosos montes del Estado ubicados en Galicia representaban el 65% de lo que el Estado tenía en toda España y, en sólo el 1,4% d e la supe rficie de G alicia (Ba bo a, 1990). El Es tado concentraba el 17,8% del robledal y el 8,4% de la superficie de castaños. De este patrimoni o el proceso desamortiz ador puso a la venta en 1859 el 64% de todos los montes del Estado e xi stentes y , se s iguier on vendiendo más, de modo que en 1901 sólo quedab an residuos. Se puede decir que el proceso des amortizador estuvo m uy conce nt rado en cortos p eríodos tem porales como fueron los años 1844, 1854-1856 y 1858-1867. Los m ontes de Estado fueron los más af ectados por l a desamortización de Madoz, mientras se cons erva la ma yor parte de los m ontes de los Pueblo s, a pesar del criterio progresivamente favora ble a la venta, aunq ue en r ealidad esto se produjo porque, como ya m encionamos anteriormente, los m ontes de Es tado eran los que poseían las masas arbóreas más i mportantes y , por l o tanto m ás atractivos para su compra, a pesar de que ocupaban poca sup erficie. En cuanto a l os montes de los P ueblos se vendieron pocos, porque eran mont es d e mala calidad, no aptos para el cultivo, constituidos sobre todo por monte bajo, tojo. Así, para c oncluir es te aparta do en el qu e analizamos las conti nuas transformaciones que tuvo el ré gimen de l a propie dad de los m ontes, principalmente en el siglo X IX, queremos s intetizar estas actuaciones con el objetivo de inte ntar clarificar un proceso que r ealme nte fue bastante complejo. Ha y que inc idir que el principal objetivo de este apartado no ha sido un análisis in novador de los contenidos y consecue ncias de la desamortización, alg o que ya han realizado otros autores c omo: Fernández, 1990; Balboa, 1990; Artiaga, 1991; Cr uz, 1994 o Villares, 199 4 entre otros, sino que es la capacidad de síntesis de cada uno de l os difer entes hec hos que influyeron en la propiedad de los m ontes en este periodo crono lógico, que estimamos fundamental para c omp render la actual y compleja estructura de la propiedad de los montes gallegos. • 1834 la Desamortización de Mendizábal tuvo como objetivo principal la obtención de recursos p ara financiar la moderniz ación económica del país, se vendieron las parti das de re ntas m ás volum inosas procedentes del clero regular. • 1855 la Desamortiz ación de Madoz, los b ienes desamo rtizados fueron inferiores a los de Mendizábal y menos atractivos, la mayoría de las propiedades p ertenecían al clero secular. Es ta des amortiz ación tuvo una incidencia l imitada sobre el conjunto de la propie dad t erritorial, también de montes, y a que a pesar de que se n acionaliza un importante grupo de La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 62 bienes, los montes de los pueblos logran conservar su t itularidad colectiva. De todos modos la desamortización de Madoz representa en Galicia un cambio si gnifica tivo en relación a las et apas anteriores, y a qu e hay una ma yor propo rción de fincas que se tra nsforman en una mercancía de la qu e se puede disponer libremente. Por lo que comprobamos, como los procesos de de samortiz ación que se desarrollaron a l o lar go del s iglo X IX, beneficiaro n de un modo mu y patente a l a Administración en contra de las clases soc iales m enos pudientes y que, encontraban en el monte una fu ente de in gresos y bienes fundamenta l p ara su subsis tencia. Por lo que la estructura y propiedad de los montes gallegos ha si do objeto de múltiples modificaciones. Además estas modificaciones no clar ificaron la compleja estructura de la propiedad de los montes y las diferentes actuaci ones que se desarroll aron lo que realmente consiguieron es que se marc ase con mayor clarid ad la doble visión que exist ía en ese momento sobre el monte: para la Administración y las cla ses pudient es se veían como un posible bien del que se podrían obtener beneficios y, p ara la po blación rural que los tra bajaba y explotaba era uno de los ejes centra les sobre l os que g iraba el sistema agrícola tradicional que e ra su actividad e conómica y su medio de vida. 1.1.4.3. Las primeras repoblaciones. La expansión d el pino. Difere nt es autores (García, 1975; Bouhier, 1979; Gu itián, 1995 y Valdés y Gil, 2001, entre otros) afirmaron que la deforestación galle ga alcanzada a mediados del siglo XIX fue la más im portante de la hi storia forestal d e Galicia. Este proceso era debido a las causas y a comenta das: incremento demográfico (a pesar de la emigración), consolidación de los núcleos urbanos, la puesta en servicio del monte a la agricultura y a la ganadería o, el de s arrollo de actividades c omo l a construcción nava l. Estos factores unidos a la enfermedad de la “tinta del castaño” fueron eliminando las unidades de c astaño que, ade m ás de h ab er sido la especie predominante de los montes arbolados de Galicia, habían apor tado elementos fund amentales para el desarrollo d e la sociedad gallega , t anto aportando un alimento b ásico como fueron l as castañas como una m adera de gra n calidad p ara l a co nstrucción y la indu stria. Así , en este momento se inició un proceso que tuvo co nsecuencias forest ales hasta nuestros días, como fue la ex pansión de l os pinares frente a la desaparición pau latina de los castaños. La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 63 De hecho, como ya indicamos e n el siglo XV III , se comenza ron a realiz ar repoblaciones de pinos para atender a la gran de manda de madera que exi stía por parte de la sociedad y de las actividades navales. Además la demanda se incre mentó por los intereses del exterior de esta madera, por l o qu e a esta actividad repobladora se l a v eía como un negocio s eguro y que ocasionaba pocos gastos. P or estos m otivos, aunque l a expansión de los pinares fue mu y fuerte, d e un mo do paralelo t ambién lo fue el ritmo de talas y el aumento de la d efore stación de los mont es gallegos. Estas iniciativas de r epoblar de un modo intensivo con pino fueron desarrolladas principalmente por pa rticulares, l os más pequeños en t amaño y número, mie ntras que en regimen público y colecivo fueron mucho m e nos en nú mero pero a barcando má s superficie. A d emás muchas de las repoblac iones l as realizaron propietarios que no tenían la actividad a grícola como principal y además, disponían de una cierta hol gura económica. Por lo que s u finalidad era la de obtener ben eficios de l a m adera lo m ás rápido posibl e y sin seguir algún criterio social o natural. Est a utiliz ación del monte llegó a impregnar en parte de l a sociedad gallega u n fuerte rechazo sobre el pi no, su poder de coloniz ación y su monocultivo. Este sentimiento lo muestra p erfectamente Lorenzo (1962): “ inzan cada vez máis os pi ñeiros na nos a Terra, matando a outra vegetación e enchendo o chan coa súa frouma. Polo o utono, cando a terra descansa, o piñeiro sinte certa ve rgoña das agullas verdes, coma se profanase o descanso imposto ós outros arbres e que el non respeta na sua présa por medrar e render aixina o seus cativos froitos, xa que n esta présa está a única r azón do seu ser. Outros moitos arbres medran no noso c han s en ter unha utili dade inmediat a, mailo pior dos piñeiros é a intervención da man do home, que rompe o equilibrio ó axudalo a enche r todo con perjuicio doutr os arbres moito máis valiosos. Porque, en r esumen de contas, todo o que se aproveita do piñeiro é ruín ”. De todos modos, en la a ctualidad, nos encontramos con diferentes estudios (Gil, 1990 y 1991; Guitián, 1 995; R amil y Gómez, 1996 o Al ía, 1996 ) que afirman que en Galicia y a exist ían subespecies de pino antes de qu e se produjese esta gran “invasión” desde el s iglo XVIII. D e hecho Valdés y Gil ( 2001) afirman que la ma y oría de las repoblaciones de pino que se realizaron en Galicia en el si glo XIX utilizaron rodales de pino de Galicia y del nor t e de Portugal. La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 64 Ante la falta de necesidad de saber si el pino es una especie autóctona o n o y , el momento en que y a tení a pre s encia sobre el territor io ga llego, lo qu e si se sabe con seguridad es que desde el siglo XIX, gracias a l a a cción del hombre, el pino comenzó a colonizar y ser l a especie predominante de prácticam ente todo el litoral gallego y otras zonas del prelitoral e interior. Á reas en las que las condiciones naturales eran las idóneas para esta espe cie y no para otras, y en zon as donde hasta el momento ex istían conjuntos estables de otras especies como el castaño. A modo de ejem plo podemos indicar que entre 1790 y 1838 en la provincia de Pontevedra los robles se redujeron en un 38%, mientras qu e l os pinos aumentaron en un 42%. En la p rovincia de Tui, los pinos pasaron de representar el 22% de las masas arbóreas a un 48% (Re y, 1995). A pesar de que las inici ativas que permitieron que el pino se convirtiese en la especie p redominante de los deforestados m ontes galle gos a lo largo del siglo XIX, a través de r epoblaciones privadas, d esde el Est ado, también se r ealizaron una s erie de actuac ion es como fueron las repoblaciones promovidas por los distritos forestales. Concretamente los t écnicos fore stales encargados de la gestión de los mont es asi gnados a los municipios , manifestaron que era necesario realizar una serie de repoblaciones por razones hidrológ icas y climatológicas, así c omo la necesidad de dirig ir estas nuevas hectáreas forestales haci a el d esarrollo agrícola y ganad ero (Balboa, 1990). De todos modos el resultado no se parec ió en nada a los obje tivos planteados. Además de que el número de actuaciones realiz adas y la superficie to t al repoblada fue m u y p equeña, no se mejoró ni el monte gallego ni la sociedad que de pendía de él. Por l o que se comprueba que la proliferación de los pinos en el t erritorio d e Galicia, ad emás d e estar apo y ado por la iniciativa pública, fue consec uencia directa de reforestación de la iniciativa privada con la única pretensión de obtener la ma yor c antidad de beneficios ec onóm icos, frente a cualquier otro t ipo de b eneficio social o e cológico . A su vez , reiterar que la l ocalización de l as primeras repoblaciones de pinos fue el litor al, principalmente el de la provincia de Ponteve dra, a sí como el prelitoral hasta adentrarse poco a poco en zonas más interiores. 1.1.5. Desde el siglo XX a la actualidad . Este es uno de los apartados m ás significativos de este capítulo, y a que a lo largo del siglo XX, se puede afirmar que fu e cuando tuvi eron lugar algunos de los acontec imientos más r epresentativos y que mar caron las pautas de la evolución del La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 65 sector forestal d e G alicia en l a actualidad. Aun que no ha y que olvida r que todas las actuac ion es se realizaron sobre unos montes que t ienen t ras de si, un núm ero importante de intervenciones, com o el br eve resumen realiz ado de l a historia de los montes ga lle gos nos ha permitido comprobar en los apartados anteriores. Igualmente a lo largo de todo el si glo XX es necesa rio referirse a las transformaciones de la actividad a gríc ola en esta etapa, pues como mos tramos se trata de una actividad que en Galicia siempre mantuvo mucha r elación con el desarrollo de los montes, tanto como espacio de actividades agr ícol as complementarias, como uso que compite por la ocupación del suelo. En otro subap artado, ana lizamos la evolución de l a estructura de l a propi edad de los mont es y su l eg islación en este siglo. Pues como hemos comentado la estructura y titularidad de los m ontes se trata de un a de l as pe cul iaridades más p ropias d e l os mont es ga lle gos y , que en muchas ocasiones ma y ores dificul tades ocasionaron p ara la puesta en valor de las diferentes p otencialidades del monte. Realizamos un breve a nálisis de los MVMC (Montes Vec iñ ais en Man Común) en e sta etapa, destacando l a si gnificación que tuvieron dentro de las diferentes comunidades d e p ropietarios de l as áreas con mayor carácter rural de Galicia. A su vez , comentamos una iniciativa como fue la concentración parcelaria que, aunque tiene un a fina lidad m ás agrícola-ganadera, también inf lu y ó e n determinadas hectáreas de m onte. A raíz del aná lisis de la concentración, realizamos un breve ap artado en el qu e m ostramos l as diferentes iniciativas de ree stru cturación y puesta en valor d el monte que se fueron desarrollando en Galicia, princip alment e, promovidas por la Administración que nos muestran la sensibilización que tiene n dentro de la estructuración de los montes y , la necesidad que existe de dinamizar las hectáreas forestales. Final izamos este ampl io apartado comentado el instrumento, a día de ho y , más imp ortante de ge stión y o rdenación de los montes galle gos como es el Plan Forestal de Galicia y las comarcas geoforestales de Galicia. Después de analizar la estructura y legislación de los montes gallegos, nos centramos en ex aminar, como se ha comentado, d os de l os hitos m ás i mportantes dentro del pasado y presente del sector forestal gallego: las repoblaciones y los incendios. Por último, para terminar este análisis de la sit ua ción del mont e en el sigl o XX, examinamos el paisaje forestal resultante observando los 3 inventarios forestales de La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 66 Galicia (1974, 1993 y 20 02) 4 3 . S e le presta m ayor a tención a las masas arbór eas porque es lo que más interesa a la industria transformador a de la madera. 1.1.5.1. Las transformaciones de la actividad agrícola. A lo l argo del si glo XX los ca mbios en la a gricultura fueron muy import antes y numerosos, entre ellos destaca que el sector a grario com enzó a perder si gnificación tanto en la producción como en el volumen de empleo de la estructura socioeconómica de Galicia (Fernández y López, 2000). Uno de l os ca mbios que influ yó directamente sobre el m onte fue la intr oducción de l a maquinaria (de un m odo lento y tardí o) y , sobre todo la i mportación de abonos quím icos. L a inco rporación de estos productos químicos permitió que los montes dejasen de ser ocupados y d estinados a producir el abono natural. Desde el punto de vista jurídico destacó l a supresión del Foro, la Ley de 1926, permitió que muchos campesinos, trabajadores de las tierras, pasasen a se r propietarios y , s e continuó con el proceso de individualización de los m ontes colectivos. A raíz de la creación de diferentes asambleas y asociaciones con la finalidad de m ejorar las condiciones socioeconómicas de los campesinos se plantearon iniciat ivas como el reconoc imiento privado de los montes vecinales, s u exclusión del Catálog o de Montes de Utilidad Pública y el reparto de esos montes ent re los vecinos (Valdés y Gil, 2001). De todos modos, una de l as mayores debilidades de l a base territorial de G alicia, que se fue manteniendo a lo largo del si glo XX, f ue el uso de l as tierras. Las estructuras agrar i as se c aracterizaban por su reducida di mensión y la gran fragm entación de las parce l as. Esta estructuración no era un problem a mi entras se mantuvo el sistema agrícola m ixto tradicional para el autoconsumo, pero en el momento que el mismo comenzó a evolucionar, la estructura d e la tierra s e convirtió en uno de los ma y ores lastres para la introducción de nuevos sistemas productivos y el aum ento de la rentabilidad y producción de las ex plotaciones. La necesidad de in crementar la dimensión física de la s ex plotaciones y la co ncentración de las fincas eran dos actuac ion es muy claras y nec esarias para el desarr ol lo del sistema agrícola, sin embargo, no se produjeron. Es más, en lugar d e aprovecha r ot ros ag ricultores la gran cantidad de 43 Quer emos acla rar que el T ercer Invetario Forestal se public ó en e l año 2 002, sin e mbargo lo s d atos m á s actuales q ue contie ne son hasta el año 19 98, p or lo que en muchas oca siones cuando n os referi m os al Te rcer Inventario Forestal p lantea mos el a ño 199 8 c omo ref erencia. S ucediendo lo mismo con el Se gundo Inventario Fo restal que au nque fue publicad o en el año 1993 sus dato s más act uales co n del año 1 987 . La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 67 tierras que se abandonar on tras la caída de la población ocupada en el sector agrario para reestructurar sus explotaciones, la práctica t otalidad de las tierras pasaron a ot ros usos no agrarios entre los que destaca el for estal (López, 1996). En el gráfico (ver gráfico 1) se puede obse rvar como desde mediados del si glo X I X (aun ex istía el s istema agrícola tradicional) a mediados del siglo XX el nú mero de hectár eas cultivadas aumentó, a unque de sde, los años de 1990 del siglo pasado el desce nso fue constante y progresivo hast a el año 2000. En el 2001 se recuper an l as tendencias al crecimiento y desde entonc es s e m antiene aunque, el total es sum amente inferior al de mediados del siglo XX. Gráfico 1. Evolución de la sup erficie cultivada en Galicia (1860-2004). 634.97 5 776.90 0 537.31 1 419.24 8 347.64 9 416.63 3 471.07 3 478.139 471.72 7 537.31 1 300.00 0 400.00 0 500.00 0 600.00 0 700.00 0 800.00 0 900.00 0 1931 19 72 1997 199 8 1999 2000 20 01 2002 200 3 2004 Hectáre as Fuente: elabo ració n prop ia a partir del Anuario de Estadística Agraria (varios a ños). Xunta de Galicia. Con el des arrollo d e la c oncentración parcelaria (d e l a que habla mos en el próximo apa rtado) a mediados del sig lo XX si qu e s e consiguió que se redujese al go la grave fr agmentación de las tierras y s e c reasen una serie de i nfraestructuras qu e modernizaron la propia actividad agrícola. De todos modos estas actuaciones se realizaron sobr e unas á reas mu y concretas d el terri torio ga llego que no van más allá del 13% de la s uperficie total y , que mantienen la u nid ad productiva a graria gallega mu y por debajo de la media d e España. Ad emás la pr áctica totalidad de l as concentraciones parce l arias que se d esarrollaron a mediados del siglo XX no siguieron unos criterios naturales y medioambie ntales muy coherentes con el territorio, generando en muchos La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 68 casos una transformación del paisaj e que en la act u alidad no se p ermitiría ( alteración de masas vegetales, cursos fluviales y de dren aje, etc.). Además en la evolución de la actividad ag rícola , se percibe como mientras el abandono de l as t ierras destinadas al cultivo des cendió y se m antiene en unos valores muy ínfimos dentro de la estructura socioeconómica de Galicia. La s hectáreas ocupadas por usos forestales se mantienen dentro de Galicia y, a demás mantiene una relación mu y directa con el descenso de las tierras a gr ícol as. P ues en los m omentos que el desce nso de las tierras a gr ícol as es ma yor, el aumento de las hectáreas forest ales es más importante, básicamente por la propia evolución nat ural de l os mont es qu e colonizan l as zonas agrícolas qu e son aba ndonadas. De t odos modos y como y a se pr ofundizará, la práctica totalidad de las nuevas h ectáreas for estal es se debieron al avance de un a vegetac ión espontánea que no se rigió bajo ningún crite rio de pl anificación forestal. Dentro de es e aumento de las hectárea s forestales también hay qu e tene r en cuenta las diferente s repoblaciones forestales iniciad as desde el siglo XVIII, primero por iniciativa pública y después por inicia tiva privada, aunque al igua l que sucedió con la colonización espontánea, ocasionó una se rie de cons ecuencias que tratare mos en próximos apartados. Tras l os continuos cambios del uso del su elo y e l d escenso d e las he ctáreas cultivadas, la esp ecialización en l a actividad ganadera iniciada a mediados del si glo XIX, centrada en la venta y exportación de carne, se consolidó como una de las fuentes de ingresos m ás i mportantes de los agricultores. Sin embargo, no fue hast a el si glo XX cuando la actividad g ana dera adquirió ma y or prot agonismo dentro de la lab or agrícola. La s reses de vacuno deja ron de util izarse como fuer za de trabajo dentro de la actividad agrícola por la m ecanización de ciertas actividades del campo y, por s u orientación hacia la produc ción cárnica y lá ctea. A pes ar de que dura nte m uchos años la actividad ga n adera y el monte estuvieron totalmente relacionadas (principalmente el monte un poco al servicio de la ga nadería, desde la lle gada de los piensos compuestos, la mencionada m ecanización, los fertilizantes ar tifi ciales y una selección de las r azas, acompañadas de un a ma y or intensidad del régi men de a ctividad de la ganadería) se rompieron gran parte de los lazos de complementariedad que ex istían entre el monte y el ga n ado. Esta ruptura la podemos considerar como ne gativa para ambas partes, aunque en ma y or m edida para l os propios montes porque, aunque el ac ondicionamiento de La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 69 hectáreas de monte para el ganado necesitaba de ciertas transformaciones, por un lado obligaba a los propietarios a cuidar el monte, el propio ganado limpiaba los montes, se obtenía abono y desde la sociedad se consideraba al monte como un bien a cuidar. 1.1.5.2. La evolución reciente de la est ructura de la propiedad y la l egislación de los montes. Alguna s cifras nos a yudan a centrar el tema de cambios de p ropiedad 44 desde comienzos del siglo XX a la actualidad. La superficie de G alicia está próx ima a los 3.000.000 de hectáreas, concretamente 2.947.667 hectá reas, de las que 2. 000.000 son monte, por lo se convierte en el uso del su elo más significativo del territorio de Galicia (IFN3, 1998). A su vez, la mayoría de las he ctáreas de este mont e son de propiedad particular, el 68%, que represe nt an 1.360.000 hectáreas, m ientras que los Montes Vecinale s en “Man Co mún” (MVMC) ocup an 600.000 hect áreas que representan el 30% del m onte gallego y, los montes de propiedad pública tan sólo ocupan el 2% de la superficie de monte, 40.000 hectáreas. Por lo tanto, nos en contramos con que el 98% del mo nte gallego es de propiedad privada, un 68% individual y un 30% colectiva (ver tabla 2). Factor que por un lado dificulta la puesta en m archa de cu alquier i niciati va de carácter general, c omo a su vez intentar realizar una gestión que cumpla los objeti vos que pretende un abanico tan amplio de propietar ios. Porque en Galicia ex isten m ás de 600.000 propietarios particulares que tan sól o tienen una media de 2,26 hectár eas por propietario. Otra caracter ística qu e dificulta la gestión y utiliz ación de este monte e s que se encuentran divididas en más de 6.0 00.000 parcelas, una media de 4,4 parcelas por propietario. Mientras que l os montes de propiedad privada colectiva, los MVMC tienen una media de 182,53 hectáreas por m onte y en G alicia nos enco ntramos con 3.287 m ontes veciñais en “Man Común” (Consellería de Me dio Rural, 20 07). Por otro lado, Galicia es una de los ter ritorios que tienen menos superficie forestal certificada, debi do principalmente, a qu e la m a y oría de los montes son p rivados y están mu y f ragmentados, según el P EFC (Asociac ión Española para la Certificación Foresta l). 44 Por el ca rácter jurídico del titul ar del monte se pueden distin guir tre s tipos de prop ietarios: p articular (cuando una explotació n e s p rop iedad de una p ersona física) , público ( cuando la explotación es pro pied ad de un organis mo público: municipio, Co munidad Autóno ma o del Estado) y vecinal (cua ndo el monte es pro piedad d e la comunidad d e vecinos que la cata loga n en “man co mún”). La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 70 Tabla 2. Síntesis de la estructura de la propiedad del monte e n Galicia. Fuente: elabor ación pr opia a partir de datos facilitados p or la Consellería d e Medio Rural. Xunta d e Galicia (2 008 ). Dentro de l a evolución de la estructura de la propi edad de los montes en Galicia, en el primer cuarto del siglo XX fu e cuando tuvo lugar la etapa d e redenciones forales. A consecuencia de la desaparición de los for os, los propietarios más i mportantes intentaron hac erse con la propieda d de los monte s comunales y, a nte esta situación y a modo de protección, fue cuando muchos montes fueron inscritos en los Catálogos. Como resultado de estas a ctuaciones, por p arte de los propietarios más importantes, de reparto de montes de aprovechamiento colectivo, se engrosaron patrimonios p rivados, siendo el origen de la ma y or parte d e l a p ropiedad privada d e l os m ontes actuale s. Los campesinos alcanzaron l a propiedad de sus tierra s p revio pago d e cantidades redentoras de los censos, desapareciendo así el ví nculo que confería unidad a la comu nidad vecinal desde el punto de vista jurídico, aunque permanecie sen los usos comunes. Entre 1923 y 1925 se p rodujeron una seri e de di spos iciones que acentuaron la intervención de la Adm inistración, oca sionado en ci erto m odo por dos motivos: la situación jurídica de los montes y sobre todo por la muni cipalización de los mismos. La primera norma fue e l Real Decreto de 1 de dic iembre de 1923, referida a las apropiaciones realizadas en l os m ontes de Estado, de propios y de comunes. La s principales condiciones que se establecían eran la posesión de al m enos un año y un día con anterioridad a l a pu blicación del decreto y la dedicac ión de la parcela a culti vo TIPOS DE PROPIEDAD ACTUA L GESTIÓN DE L MONTE PROPIEDAD PÚB LICA (2%) DIFERENTES ADM INISTRACIONES PROPIEDAD PRIVADA (98%) COL ECTIVA (30%) VA R AS MVMC DI RECTA IN D IVI DUAL (68%) PÚBLI CA AD M INI STRACIÓN FO RESTAL MIXTA PA RT I CULAR (Minifundismo. Montes partidos sin ninguna ge stión (Montes parti dos) CONVENI OS CONSORCI O La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 71 agrar io, a la formación d e prados artificiales o ar roz ales, o a la repoblación forestal. L a tasación del valor de las finca s de bía de b asarse e n el precio que tuviese en el m omento de su ocupación, sin tener en cuenta las mejor as r ealizadas. El sistema de pago se podía hacer en diez plazos anua les o al contado, en e l caso en que se tratase de montes de propios o comunes y , se dividiría en el 80 % dirigid o a los m unicipios y el 20% restante al Estado. La otra norma se puede dividir en dos órdene s. El 1 de febrero de 19 24 se publicó el reglamento que concretaba el modo de tramitar las solicitud es, aunque la escasa difusión que tuvo esta medida entre la pobl ación c ampesina provocó que el éxito de esta disposición fuese m uy reducida. Por lo que el 22 de diciembre de 1925 se constituye un R eal De creto que li mita l as di sposici ones anteriores a los t erre nos pertenecientes al Estado, reg ulando además las legislaciones en los mont es de propios y comunes (Balboa, 1990). Después de esta serie de intentos de reestructurar la propiedad de los m ontes, tras la Guerra Civil Es pañola (1936-1939), el 10 de marzo de 1941 s e creó la Le y del Patrimonio Forestal del Est ado, que se caracterizó por no alcanzar los objetivos pretendidos y además c ont ribuyó a que se produj esen muchas deforestaciones locales. Tenía la clara finalidad de satisfacer l as ne cesidades de orden social y abastecer el mercado n acional de m odo re gular , económico y seguro (una plantación intensiva con especies arbóreas de rápido crecimiento), con lo que pretendían participar e n el mercado (Fernánde z, 1990; C ruz, 1994). En los años posteriores a la posguerra, concre tamente en 1946, los montes públicos ocupa ban un 22,2% de l espac io de monte en Ga licia, c on cifra s re lativas semejantes a España (28,8%). Mientras que la g estión privada era responsable del 77,7% (Fernández, 1990) . En este mom ento también se aprobó l a Ley Hip otecar ia, el 29 de ma y o de 1941, qu e permitía a los municipios i nscribir ciertos montes, sin documentos oficiales, t an sólo con una certificació n remitida por el propio municipio. Con lo que l as actuacione s de esta le y permiti eron redirig ir la utiliz ación de los montes hacia una explotación irracional y con l a única fin alidad de producir gran ca ntidad de madera (Fernández, 1990; Rico, 1995). De nuevo en 1957 tuvo lugar un acontecimiento s ignificativo relacionado con la legislac ión de los montes: se crea una Ley de Montes . Pero esta Le y mantuvo los La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 72 criterios anteriores y la Administración, Ministeri o de F omento, Hacienda y Marina podía actuar sobre los montes ex ceptuados de la venta. Por lo q ue desde los ay unt amientos y corporaciones de mont es se com enzaron a present ar protestas por los abusos de la Administración (Balboa, 1990; Dans y M olina; 2005). Hasta 1959 las tierra s de g estión privada se elevan hasta el 83,6% del tota l, no debido sólo a l as desamortizaciones, sino a que la acción pública no sigue un proceso de forestac ión en el que in tervengan otros agentes ec o nómicos. Hasta 1972 , los montes públicos recuperan las p roporciones de p artida, in cluso superándolas, p ero la sup erficie de monte permanece est able. El núm ero de montes con sorciados 45 en Galici a, en 1972, es realmente importante, ya que suponían un 60 %, mientras que en Esp aña, sólo un 27%, del total de montes de gestión púb lica no es tatal y a su v ez, l os montes de utilidad pública no consorciados s uponían el 26% en Galicia, en España un 63% y los de entidades locales sólo el 14%. Por lo que la di stribución de los montes c onsorciados y los no consorciados se guían un comportamiento opues to entre G alicia y Es paña, ya que mientras los consorciados aumentaban e n Galicia se reducían en España (Cruz , 1994). Otra estructura de la propi edad forestal que sí tien e cierta significación en cuanto a l a sup erficie que representa, pero en m ucho m ayor grado en cuanto al valor social y económico que le aportó a la pob lación rural gallega, son los montes vecinales en “man común”. A) Los “Montes Veciñais en Man Común” (MVMC). El orige n de los Montes Vecina les en “M an Com ún”, M .V.M.C. e stá en el tradicional s istema de ex plotación que s e ca racteriza por el usufructo en común p or parte de los vecinos de las tierras de monte, consideradas como un complemento de las explotaciones agrícola-ganaderas, ya qu e aportab an fertilización, pastos, madera y leña, como se indicó en apartados anteriores. Los M. V.M.C. son mon tes de p ropiedad privada colect iva, sin asi gna ción de cuotas, lo que los difere ncia de los montes comunal es de otras zonas d e España, de propiedad municipal. El aprovechamiento se r egula de acuerdo a determin adas normas, aprobadas en asamblea general por la ma y oría de los vecinos comuneros. 45 Los mo ntes consorciad os so n de titularid ad pr ivada o de e ntidades pública s gesti onada po r la Administración forestal es tatal , en virtud de un con sorcio o convenio entre a mbas pa rtes. La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 73 Se pueden distinguir tres variedades de montes vecinales en cuanto a origen. Una es que los montes pueden ser poseídos con tal c arác ter desde tiempos inmemoriales. Otra son l os montes proc edentes de la d esamortización y , la ter cera, la forman los montes de origen foral. La gestión de estos M.V. M.C. depende de l a decisión de cada comunidad, por lo que puede ser: • Propia y directa por la comunidad de montes. • Propia con el apoy o de organizaciones profesi onales de las que son miembros las comunidades de montes. • Propia con el apoyo de convenios con la Administración o empresas. • Pública por ceder la gestión por medio de consorcio s a la Administ ración autonómica. En Galicia la propi edad vecinal ocupa la tercera parte de la sup erficie fo restal ga lle ga, pero posee l as tierras de p eor calidad est acional, al mismo ti empo que sólo una pequeña parte está arbolada. El resto está dominado p or matorrales, aun que tienen la potencialidad de transformarse en monte arbolado, p resentando distintos estados dependiendo de la economía de las comunidade s (ver mapa 1). El carácter privado de las comunidades queda establecido en la Le y de Montes Vecinale s en Mano Común de 1968 y su Re glamento de 1970. C aracterizados estos montes por su indivisib ilidad, inalienabilidad, imp rescriptibilidad e inembargabilidad. Una de las conse cuencias de esta le y fu e que las pr opiedades comun ales de los vecinos quedan sin apo y o legal. Una vez quitados l os montes a los vecinos y en poder de los ay unt amientos, el Estado, gestor de los grandes int ereses financieros y , entre ellos, los dos monopolios pa peleros, inter vienen a través de diversos organismos (primer o el Distrito Forestal y posteriormente el ICONA), repob lando directamente, o fomentando la repoblación con especies forestales como el pino y el eucalip to, sustitu y endo sistemáticamente a los castaños y robles (C. I.E.S., 1979). La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 74 Mapa 1. Distribución territor ial de los Montes Vecinales en “Man Común” en Galicia a escala municipal. Fuente: elabo ración p rop ia a partir d e dato s de la Consellería do Medio Rural. Xunta de G alicia. 20 07. En 1980 se aprobó una nueva Ley d e Montes Vec inales en Man Común que mantuvo la política de plantación de especies arbóreas de rápido crecimiento, mientras que prestó p oca atención a los marca dos problemas d el mundo rural gallego y el desarrollo de actuaciones que mejorasen el crecimiento y l as condiciones d e vida de los campesinos. En rel ación con los M.V.M.C. en la Ley 55/1980 se establ ece que " se regirán por esta ley los montes de naturaleza e special que, con independencia de su La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 75 origen, pertenezcan a l as agrupaciones vecinales en su calidad d e gr upos sociales y no como entidades administrativas y vengan aprovechándose consu etudinariamente en “man común” por los miembros de aquellas en su condi ción de vecinos" . Casi una década más tarde, concretamente en 19 89, s e aprobó una nueva le y : la Ley 13/1989 el 10 de octubre de “Montes Ve ciñais en Man Com ún”. Una de las razones de desarrollar esta nueva le y fue la si gnificación que tuvo y tienen est a tipología de montes en Galicia , al igual que haber sido una de las formas de propie dad que log ró sobrevivir a la organización municipal de l siglo XIX y a los di ferentes proce sos de desamortización. Una vez que la L e y d e 1968 tan sólo destacase por re conocer l a tipología de monte en “man común” y , la Ley de 1980 apli case una mayor lib eralización a este tip o de propiedad, la l ey de 1989 com enzó reconoci endo la naturaleza privada de estas t ierras a fa vor de las comunidades ve cinales, pues la anterior ausencia de este reconoc imiento le gal, sin lugar a dudas, fue la r az ón principal que i mpidió el aprovec h amiento real de estos m ontes y l a improductividad de m uchas de e stas parcelas de monte. Esta le y con cede a l os ve cinos plena au tonom ía para la gestión y disfrute del monte y , pretende incorporar e stas superficies dentro del sistema a grario y mejor ar su estructura económica . Además a lo l argo de las últimas décadas del sigl o XX, los mont es vecinale s en “man común” t uvieron que soportar el impacto y su m odificación o casionada por la realización de grandes infraestructuras que se han ido desarrollando en Galicia. Un ejemplo es la Autopista del Atlántico, que se trazó sobre gran cantidad d e estos m ontes. Al igual que el desarrollo turístico de Galicia tam bién tuvo mucha influencia sobre estos montes, sob re todo en los localizados en zonas costeras con los intentos de crear campings o áreas residenciales (se gunda r esidencia) de carácter t urístico. También se produjeron diversos c asos de especulación urbaníst ica de personas lle ga da s de fuera de Galicia. Con el agravant e de que los M.V.M.C. e n su mayoría se localizan en las áreas ga lle gas donde, entre otros factores, exist en mayores dificultades pa ra alca nzar un desarrollo socioeconómico, y es más agudo el abandono agrario, la pérdida de población, se produce un importante número de incendios forestales, predominan las repoblaciones con especies de pino y eucalipto o, s e acumulan cantidades i mportantes de biomasa combustible. La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 76 A pesar de que se suceden las caracter ístic as anteri ores en la mayoría de los MVMC, a día de hoy se puede n diferenciar tres gr upo s. El primero lo forman los montes que tienen una importante pres encia d e ganado, una reducida cober tura de matorral y los incendios forestales son menos frecuentes, y se corresponde con la provincia de Lugo. El s eg undo g rupo lo componen los montes localiza dos en el área oriental, donde la reducción de l a actividad ganadera es pronunci ada, donde existen grandes extensiones ocupadas por matorrales, los in cendios son frecuentes y la p érdida de población es continua y constante, toda l a franj a sureste de la provincia de Ourense. Mientras que el tercer gr upo lo forman los montes d e las área s interiores y costeras de la provincia de Pontevedra, donde los ma y ores pr oblemas son la desapari ción de los prados y las áreas de c ultivo que están siendo susti tuidas por plantaciones forestales intensivas con unas finalidades muy diversas y unos niveles de gestión m uy precarios (ver mapa 1). B) La concentración parce laria. Otra iniciativa que com enz ó en l as décadas d e 1970 y 1980 a l egalizarse como instrumento p ara optim izar la propiedad y uso, no s ólo de las super ficies fo restales, sino de todas las hectáreas agrícolas y ganaderas de Gali cia, fueron las ley es de concentración parcelaria. Para muchos autores (M artínez, 1955; Crecente, 2001; Ribas, 2004) el haber realizado una correcta concentrac ión parce laria hubiese si gnificado un antes y un después dentr o del d esarr ollo rur al de Galicia. De hecho afirma n que con una correcta concentración parcelaria (ord enación del t erritorio rural) el problema d el minifundismo de las ex plotaciones agrícolas y forest ales de Galicia, así como la infravaloración de las pot encialidade s del medio ru ral galle go, hubiesen si do superadas y el d esarrollo socioeconómico de Galicia hubiese s ido mucho mayor. A finales de la década de 1950 comenzaron a realiza rse los primeros trabajos de concentración parcelaria (bajo en amparo de la Ley d e Concentración Parcelaria d e 10 de agosto de 1955, qu e post eriormente fue modificada po r la Ley d e Concentración Parcelaria d e 08 de noviembre de 1962). Ya en ese m omento detectaron tres grandes problemas: la idiosincrasia de la población rural, la accidentada topo grafía y el altísimo grado de mi nifundismo. De todos modos se efe ctuaron di fere nt es actuaciones, aunque no se ría hasta l a décad a de 1970, cuando se inclu y e ron superficies de montes. Las parroquias que concentraron sus montes notaron cier tos beneficios com o el m ejor La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 77 aprovec h amiento de los recursos, la cre ación de nuevas redes de caminos y un ordenamiento jurídico de la propiedad (Cre cente, 20 01). Aunque estos resultados positivos deben de t omarse como ca sos individuales y , no pretender generalizar actuac ion es concretas para todo el territorio ga lle go, pues y a en esa época también se dieron casos de nula efectividad de la concentrac ió n de montes. En 1985 se aprobó u na nueva ley : Ley 10/1985, de 14 de agosto, de Concentrac ión Parcelaria para Galicia, en l a que se vuelve a reiterar el gran problema que ti ene desde el punt o de vista social y económico el m edio rural gallego, ocasionado por el fraccionamiento de l a propiedad en múlti ples fincas y la pequeña dim ensión de las explotaciones. Por l o que e sta le y pretendía ag rupar f incas disper s as, constituir unidades de explotación, social y económicamente rentables y realizar diferentes obras e infraestructuras e n el territorio. En esta nueva ley además de mantener a la parroquia como la unidad territorial para aplicar la concentración parcelaria, también recogía a l a comarca. Otro aspecto innovador en el que se puso bastante énfasis, aunqu e la realidad fue ot ra, se refiere a la protección de las espec i es forestales nobles y a utó ctonas, así como el incremento de superficie de aquellas ex plotaciones que no alcancen el umbral de la rentabilidad. Además se establecieron tres procesos para efectuar l a concentración parcelaria: • Concentrac ion es parcelarias de carác t er público • Concentrac ion es parcelarias de carác t er privado. • Sistema de permutas. Sin embargo, tras esta ley y, en vis ta de los es casos c asos de concentr ación parce l aria qu e se realizaron y l as di ficultades que se encontraron agentes que estaban dispuestos a concentrar sus ex plotaciones agrícolas y forestales, el 07 de abril de 1988 se dicta el Decreto 91/1988, por el que se regula l a conce ntración pa rcelaria de carácter privado. Aunque de nu evo, los continuos cambios tecnológicos y socioeconómicos impulsaron l a aprobación de la L e y 12/2001, de 10 d e septiembre, que modificó la Ley 10/1985 de concentración parcelaria p ara Galicia. E ntre los cambios más i mportantes destacan: que el apro vechamiento de las t ierras deb ía de s er racional, m ejorar los procesos de i niciación de las concentracione s, s e a umentan los estudios de viabili dad de las zonas, se reitera la pr otección y conse rvación de las especies arbóreas autóctonas, se regula la concentración de l as mas as forestal es y l a posibilidad de acordar l a concentración de los derechos de plantac ion es sobre las parcelas, entre otras. La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 78 De todos modos, a día de ho y , la concentración parcela ria está considerada como una asignatura pendiente. Mientras que desde muchos agentes e conómicos y especialistas agrarios, se afirma que la elim inación del minifundio hace tan sólo diez o doce años hubiese colocado al campo gallego en tre l as zonas punteras d e Europa. Una concentración parcelaria bien he cha, todavía ho y, p ermitiría que el camp o no quedase despoblado. La realidad es que tan sólo el 13% d el suelo a grario o forestal de Galici a ha sido objetivo de una concentración parcelaria y , qu e el 87% restante perm anece en el minifundio del sig lo XIX (Ribas, 2004). Esto unido a otros factores provoca el abandono del campo y el envejecimiento de su población. Prácticamente todas e stas personas aguantan mientras sus hij os no se indep end izan. Por lo que es ne cesario a yuda r a la profesionalización de las ex plotaciones agrícolas, ga naderas o forestales con grandes parcelas, en las q ue se pueda utilizar la m aquinar ia actual p ara reco ger de forma profesional abundantes c osechas de productos a grarios o a limentar un a granja con un mínimo de 50 cabezas de va cuno. C ualquiera d e estas propuestas es imposible m ientras cada propietario siga teniendo innumera bles fincas de dos o tres ferrados 46 ca da una. La concentración parcelaria (hecha acorde a los tiemp o s actuales) debería trazar parcelas de dos o tres hectárea s. Con ello se conseguiría que todas las tierras fuesen labora bles y económicamente rentables por su extensión. Ade más, debería llevar aparejadas otras medidas innovadoras que rentabilizasen los terrenos para qu e los propietarios no los abandonase n: creación de cooperativas de p ropietarios , p arques de maquinaria o bancos de tierras. Así s e posi bilitaría que quien no quisi ese trabajar las t ierras tuviese posibilidad de « arrendarlas » , reforestar o recibir por ellas algún t ipo de contraprestación económica. De esta forma, desaparecería e l abandono de las fincas, las explotaciones serían mucho m ás rent ables, permitirían que la ge nt e joven tuviese futuro, se profesionalizase en el sector primario (Villapol, 20 06). Desde un punto d e vi sta más forestal, hay que rec ordar que los montes g allegos suponen más del 67% de la superficie y h an sufri do un gran abandono a lo l arg o de las décadas, debido al escaso benefi cio que aportaban y el desinterés que par ece m ostrar la 46 El ferrad o es un una medida de volumen que e xiste en Ga licia y q ue se co rresp onde co n lo s metros cuadrad os d e terreno que hac en falta pa ra llenar el ferrado (recipiente) de madera, de trigo. Sirvió como indicador d e la calid ad de los terr enos d estinados a c ultivo, d e for m a q ue a ma yor ca ntid ad de m etro s cuadrad os que tenga un ferrado m e nor pro ductividad d el terr eno. A s u vez, lo s fer rad os tienen el pro blema de q ue cada muni ci pio establecía la su per ficie media que tiene un ferr ado por lo q ue realizan do medias pro vinciales e n A Cor uña un ferra do es: 5 41, 5 metros c uadrado s, en Lugo: 4 36, en Ourense: 53 2 y en Pontevedr a: 628 ( www.espacio forestal.or g , 200 9). La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 79 Administración de Galicia de que esto cambie. Par a que esto se modifique una de las actuac ion es que antes hay que emprender es la reestructu ración de la propiedad, con medidas que palíen o mi nimicen l os e fectos ne gativos del m inifundio. Ten emos grandes potencialidades sociales y medioambientales, pero t ambién tenemos el mi nifundio, obstáculo al desarrollo forestal y , como consecuencia, causa del abandono de tierras. Es imprescindible invertir la sensación que ex iste en la opinión p ública de qu e, la concentración es la aniq uilación del m onte, y crear el mont e ordenado, sostenible y consensuado para el desarrollo de Galicia. Es necesario re dimensionar las zonas ya concentradas (13%), y a q ue l a extensión de e stas nuevas parcelas (una h ectárea de m edia) no r esponde a las necesidades actuales. Además las fin cas resultant es de la concentración parcelaria no deberían tener en nin gún ca so menos de dos hectáreas de media. La concentración parce l aria debe de conside rarse como un elem ento más para reformar las estruc turas agrar i as en general y en particular las forestales. Tal y como afirmó R afael Crecente (Crece nt e, 2006): “ La concentración sigue siendo necesaria pero hay que desarroll ar primero una práctica d e ordenación territ orial para saber dónde s e precisa y dónde no. Hay que mejorar l a esen cia del procedimiento y log rar una may or coordinación entre las distint as consellerías y otras administraciones ”. Por lo que una v ez que a nalizamos b revemente lo s M. V.M.C. y l a con centración parce l aria pensamos que, los M.V.M.C. fueron y son fundamentales par a la sociedad ga lle ga y su devenir por la historia nos muestra l a conciencia de los gallegos rurales hacia el p apel de los montes en sus vidas. Pero la estructura de l a propiedad de los montes galleg os fra gmentada en múltipl es propietarios y , el deterioro de l os montes en “man común”, son uno s de los hándicaps que más dificultan la o rdenación de los montes gallegos y que li mi tan el aprovecha mient o de l a totalidad de sus pot encialidade s socioeconómicas, y dond e quizás actuaciones com o la concentración pa rcelaria podrían ay ud ar a solucionar este problema. C) Iniciativas de reestructuración y puesta en valo r del monte. Ante los problemas de la estructura de la propiedad forestal y las dificultades que exi sten para reordenar y poner en valor el mont e g allego, a lo l argo de este apartado, plasmamos pa rte de la legislac ión que se fue desarrollando en los últimos años, así como las diferentes iniciativas que desde la Administración, princ ipalmente, se La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 80 crearon para solucionar el problema de la estru ctur a de la p ropiedad en Galicia, con diferente s resultados y que determinan la situación ac tual en la que se encu entra la relación entre el sector forestal y las empresas tr ansformadoras de la madera. Para un a mejor exposición realiza mos una tabla con cada una de estas iniciativas y su influencia más directa en la industria transf orm adora (ver ta b la 3). Tabla 3. Relación de in iciativas d e reestructur ación y puesta en valor del monte y su influ encia en la indu stria transformadora. Iniciativa Mot ivo Influencia en l a industria transfo rmación Ley de Monte s 43/20 03 par a toda E spaña. Renovación. Ley de Monte s de 19 57. Necesidad de o rdenar y planificar los montes espa ñoles. Ley 10/200 6 p ara toda E spaña Complemen to Ley 43/20 03 Incendios forestales pr omoción de co nsum o de made ra certificada fre nte a ilegal. Decreto 105 /2006 Iniciativa galle ga en re lación a la Ley 43/200 3 Incendios forestales y re gulaci ón de ap rovecha m ientos y repo blaciones fore stales Ley 3/2007 Galicia apr ueba esta le y de prevención y lucha contra incendios for estales. Incendios forestales e i m p ulsa r la agrupación de los pr opietar ios forestales med iante unida des de gestión forestal (U XFO R). Dentro de la Ley 7/200 7, BANTE GAL (“O Banco d e T erras de Ga liza”) Luchar contra la excesi va fragmentación d e las par celas agrícolas y forestales. Posib ilidad d e producir mader a apta p ara tr ansformar. Registro d e Pr oyectos de Ordenació n y Planes T écnicos de Ge stión de Montes Articular una p olítica ad ecuad a para gestionar los m o ntes y ofrecer a los pr opietarios una serie de certificaciones y asesora mientos. Posib ilidad d e producir mader a apta p ara tr ansformar. Pro yectos Singulares Dinamizado res Dinamizar s uperficie a graria y forestal que está n en sit uación d e abando no. Posib ilidad d e producir mader a apta p ara tr ansformar. Fuente: elaboración propi a. Dentro de las no rmas legislativas qu e se han i do aprobando a lo largo de las últimas década s, destaca la Le y d e Montes 43/200 3, de 21 d e noviembr e, d e 2003. Tal y como se puede leer en la misma, su principal r azón de ser es renovar la Ley de montes que data de 1957, una ley que de spu és de 50 años se ha bía queda do obsoleta. El objetivo principal con el que se plant ea esta le y es la de ejercer como un i nstrumento eficaz para g arantizar la conservación de los montes, pr omover su rest aurac ión, su mejora y un aprov echamiento rac ional. L a le y se rige por los principios de la gestión forestal sost enible, en el que se bus ca: l a multifu ncionalidad, l a integración de la planificación forestal en la ordenación del t erritorio, l a cohesión territorial y subsidiariedad, el fomento de las producciones forestales y del d esarrollo rura l, la de conservación de la bi odiversidad for estal, la int egración de la política fo restal en los La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 81 objetivos ambientales interna cionales, la cooperación entre las administraciones y la obligada particip ación d e t odos los agentes so ci ales y económicos i nteresados en la toma de decisiones sobre el medio f orestal. La ley va a designar a las administraciones autonómicas como las re sponsables y competente s en m ateria forestal, aunque i ncide en la colaboración y cooperación que debe ex istir entre l as admini straciones para b eneficio de un medio forestal que no entiende de fronteras adm inistrativas. También concede mayor prota gonismo a las administraciones l ocales y qu e los propietarios de los montes sean los responsables de su ge stión técnica y m aterial ( Ley 43/2003, de 21 de noviembre, de Montes). La institución del Catálogo de Montes de Utilidad P úbli ca permanece y se refuerza con aquellos que más contribuyen a l a c onservación de la diversidad biológica. La le y constata la necesidad de la planificación fo restal a escala general, consagrando la existencia de la Estrategia Forestal Española y el Pl an Foresta l Español. En este ámbito, la novedad m ás im portante de l a l e y la constituyen los planes de orden ación de l os recur sos forestales (PORF). S e configuran como inst rumentos de planific ación for estal de ámbito comarcal integrados en el ma rco de l a o rdenación del territorio, con lo que la planificación y gestión f orestales se conectan con el decisivo ámbito de la ordenación territorial. Por lo que respec ta a los aprovechamientos forestales, la ley incide en la importancia de qu e los montes cuenten con su correspondiente instrumento de gestión, de tal manera que p ara montes ordenados o, en su caso, incluidos en el ámbito de aplicación de un PORF, la administración se l imitará a comprobar que el aprovec h amiento propu esto es conforme con las previsiones de dicho inst rumento. Se refuerza t ambién l a conservación de l os montes medi ante el establ ecimi ento de condiciones restrictivas para el cambio del uso for estal de cualquier monte, independientemente de su titularidad o régimen j urídico. En materia de ince ndios forestales, l a le y se hace eco de la importancia del papel de la so ciedad civil en su prevenc ión. Otro aspecto relevante de esta le y es l a previsión de m edidas de fomento de la gestión s ostenible de los montes, mediante subve nciones y otros incent ivos por las externalidades ambientales, además de considera r incluidos entre los fin es de i nterés ge n eral los orientados a la gestión forestal sosteni ble. La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 82 De todos modos pasados un par de años como consecuencia de la d etención de una s erie de deficiencias dentro de la Ley 43/20 03 se aprobó una nueva normativa en materia de m ontes, la Ley 10/2006. Se justificó e st a nueva le y como la necesidad de todo lo que ti ene que ver con la l ucha contra inc en dios forestales y con la protecc ión de los sistemas administrativos de reg istro y catalogo d e los distintos tipos de montes. Además pot encia el uso s ocial de los montes y dentr o del modelo d e ge stión forestal sostenible. La modificación más si gnificativa que se introduce en esta nueva le y es la referida al tratamiento j urídico de la lucha contr a los i ncendios forestales. Además de permitir que las comunidades autónomas desarroll en excepciones entre las m edidas que se aplican c ontra los in cendios fore stales, dentr o de las medidas destaca sobre la s demás: prohibir el cambio de uso forestal de los terrenos for estales incendiados durante al menos 30 años, así como la realiz ación de toda actividad incompatible con la regneración d e la cubi erta f orestal . Esta prohibi ción resultó de compro bar como una gran parte de los incendios forestales que se p roducen en Españ a y en Galicia son provocados. Eso sí, bajo un amplio abanico d e int ereses (d esde los agrícolas, d e propiedad, de urbanización, nuevo uso del suelo, et c.). Tras esta le y , el g obi erno gallego re accionó y complementó su contenido aprobando el Dec reto 105/ 2006, de 22 de juni o, por e l que se re gulan medidas relativas a la prevención de i ncendios forestales, a la p rotección de los asentamientos en el medio rural y a la regulación de aprovechamientos y r epobla ciones forestales. Entre sus objetivos destacan los siguientes: • Realizar tratamientos adecuados de la biomas a residual de los montes. • Regular los aprovechamientos del monte y de l as zon as agrícolas próximas. • Proteger los núcleos rurales frente a los incendi os , en el marco de un a política integral de desarrollo rural. • Regular las re pobl aciones forestales. Por lo que se percibe que el gobier no galle go c onoc e perfectamente las debilidades del monte gallego y de las m edidas urgentes que d eben d e e fectuarse para el aprovec h amiento, a su v ez, de sus grandes p otenciali dades y s ignificación dentro d e la estructura socioeconómica de Ga lici a. La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 83 Casi un año más tar de, ante la dificultad de luchar contra uno de los probl emas más importantes de Galicia para el sector forestal como son los incendios, el 9 de abri l se aprobó la Le y 3/2007 de prevención y defensa con tra los incendios forestales de Galicia. De ntro de esta l ey se plantearon una serie de objetivos entre los que destacan: • Definir e integrar sobre el t erritorio los diferentes planes de prevención y defensa de las distintas a dministraciones coordinad os desde l a Dirección Xeral d e Montes de la Consellería de M edio Rural de la Xunta de Galicia. • Actuar en los montes con una silvicultura preve ntiv a generaliz ada, aumentando la rentabilidad de los aprov echamientos y consiguiendo un a prevenc ión eficaz contra los incendios. • Refuerzo de las infraestructuras de preven ción y ex tinción de incendios. • Divulgación y educación de la población p romocionan do la gestión activa y el princ ipio de corresponsabilidad. • Impulsar la a grupación de los propietarios forestal es mediante uni dades de gestión foresta l (UX FOR). Dentro de los objetivos principale s de esta le y, la que destaca por su ambición y su carácter innovador es la puesta en funcionamient o de l as unidades d e gesti ón forestal (UXFOR). (Consellería do Medio Rural, 2008). La finalidad de estas unidades es la realización de : • Estructuración del espac i o forest al y de las zonas de influencia, cr eando discontinuidades en l os combust ibles forestales, mejorando la defensa contra los incendios forestales. • Mejorar la gestión forest al impuls ando proyectos de ordenación de los montes y de su planeamiento preventivo. • Mejora en la competitividad de la producción forest al. • Creación de mod elos sostenibles con viabilidad económ ica. A su vez el sist ema de reorganización de la gestión de la propiedad forestal consiste en la cr eación de parcelas forestales que formen una super ficie contigua (couto redondo) de ext ensión mí nima de 15 hectár eas. Est os procesos se i niciarán por propuesta firmada p or u n número d e propietario s que sup eren el 50 % d e l a superficie forestal a ge stionar d e fo rma conjunta. L a creación de las unidades s e podrá iniciar d e oficio cuando la reo rganización de l a gestión de la propiedad ya hubi ese est ado prevista en el plan de prevención y defensa contra los ince n dios forestales de distrit o. Continuando en la línea de actuac ión desd e la Xunta de Galicia por solucionar uno de los problemas socioeconómicos más imp ortantes de Galicia como es la estructura de la propiedad agrícola y forestal, el 0 1 de junio de 2007 entró en vigor “O La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 84 Banc o de Terras de G ali za (BA NTEGA L)” que tiene su origen en l a Ley 7/2007, de 21 de ma yo, de medidas ad ministrativas y tributar ias para la Conservación d e la Superf icie Agraria Útil y del Banco de Terras de Galiza (Consel lería do Medio Rural, 2008). Aunque su finalidad y aplicación v a más dirigida hacia la estructura de la propiedad agrícola consi deramos obligatorio hacer un a br eve exposición de esta actuac ión, pues como venim os comproba ndo la relación entre la ac tividad agrícola- ga n adera y el s ector forestal es sumament e directa, además de pres entar problemas similares como es la excesiva fr agmentación de sus parce las así como la necesidad de apoyar el dinamism o de sus amplias y necesarias pot encialidades para el desarrollo socioeconómico de Galicia y sobretodo del espacio rural. Desde la Consellería de Medio Rural consideraban qu e el principio general de este banco de tier ras es que la tierra es un factor de producción estra té gico y escaso y , por lo tanto debe de ser objeto, como mínimo, de un aprovechamiento dual . P or un lado, para producir b ienes di rigidos al autoconsumo y al me rcado y , por otro lado para la ge n eración de bienes de car ácter medioambiental y d e recreo dirigidos al c onjunto de la sociedad. P ero ad emás teni endo mu y en cuenta q ue no s encontramos ante una excesiva fragmentación en un elevado número de parcelas de p oca dimensión, un continuo descenso d el número de ex plotaciones y un a cont inua reducción de l a sup erficie agraria útil, como principales caracter ísticas de las ex plotaciones agrarias gallegas. A pesar de qu e l a situación de partida d e la estr uctura de la propied ad es m uy rígida y anclada, ex isten una ser ie de posibilidades que corroboran l a necesidad y la llega d a a buen puerto de este banco de tierras: exi ste oferta de tierras libres y ex iste demanda de tierras libres. A) Existe oferta potencial de tierra s libres p rocedentes de: • Fincas c on voca ción agrícola, en situación de abandono. • Terre nos de personas que abandonaron la actividad agraria po r cambio de empleo o por jubilación. • Explot aciones sin rele vo en la titularidad de las explotaciones. • Tierras trabajadas en a rr endamiento devueltas al propi etario por fin del plazo. B) Existe demanda potencial de tierras libres por parte de: • Explot aciones que pretenden ampl iar l a base t erritorial a través d e compras o arrendamientos. La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 85 Con este escenario se creó un banco para que ha ga las gestiones necesaria s para moviliz ar las tier ras media nte la tipología de arrendamientos. Un ba n co en que se pueden inscribi r las fincas que se of ertan p ara se r arrendadas, así como la p osibilidad de que los agricultores pue dan solicitar fincas en alquiler para ampliar su e xplot ación. La posibilidad de arrendamiento oscila entre los 5 y los 30 años. Durante este periodo el Bantegal podrá realizar en las fincas cedidas y en l as que integra n su patrimonio, las labores de m antenimiento que considere precisos, an tes o después d el a rrendamiento y , en situaciones d e riesgo o peligro. Por su parte el propietario podrá seguir realizando la explotación de la misma, así como el cultivo, mejoras y demás actuaciones que considere precisas. Además ha y que destacar que el propieta rio mantendrá sobre la finca los mismos derechos y obli gaciones d e la propiedad, titularidad y responsabil idad patrimonial. Por lo que podrá proceder a su vent a, donación o partición hereditaria, subrogándose en el caso de que fuese cedida en arrendamiento. El Bantegal a su vez ofrece g arantía de devolución al propietario acabad o el pe ríodo de arrendamiento, del cobro del precio establecido y de devolución de las tierras en norm al esta do de uso. En definitiva, se trata de una medida que intenta solucionar el grave problema del abandono de tierra s y del minifundio gallego (Consellería do Medio R ural, 2008). Otra iniciativa fue el Registro de Pro y ectos de Ordenación y Planes Téc ni cos de Gestión de Montes promovida por la Consellería de M edio Ambiente, Xu nta de Galicia en 1998. A p esar de q ue desde ese momento a la actualidad di chos proy ectos han variado considerablemente, se trata de una s erie de actuaciones mu y beneficiosas para la ordenac ión de los montes ga lle gos así como guía par a poner m uchos de ellos en valor. De hecho e stos pro yectos y pla n es tienen como objetivo articular una política adecuada para gestionar los montes y ofrecer a l os propietarios una serie de certificaciones y asesoramientos (Dirección Xeral de Montes, 2008). Según los datos más actuales de los que di sponemos en Galicia exi sten 219 proyectos o planes de or denación de mont es que abarc an un total de 77.4 64 hectáreas, un valor no mu y s ignificativo sob re el total de hectáreas de monte, pero sí apre ciamos caracter ísticas a tener en cuenta . En prim er l ugar todos l os distritos forestales, excepto el de Miño-A Arnoi a ( Ourense), poseen algún m onte q ue fue o e s objeto de estas actuac ion es. Por l o que el radio de acción de esta s iniciativas abarca a todo el t erritorio de Galicia y, en segundo lugar, se comp rueba co mo s obre los que se está actuando son La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 86 un claro eje mplo de la realidad de los montes gallegos, pues tiene n una superficie de media de 350 hectáreas, lo que nos m uestra que los montes están mu y fracci onados, son pequeños y su posible puesta en valor se reduce . Ad emás destacar que d entro de esta relación de montes, la mitad t ienen menos de 200 he ctáreas, pe ro hay casos, principalmente los mont es de los distritos de las á reas d e montaña (A Fonsagrada y Valdeorras-Trives), que aumentan considerablemente la media (Consellería do Medio Rural, 2008). El distrito forestal que presenta ma y or número de actuaciones es el de Cald as-O Salnés, sin embargo no es el que pos ee ma yor n úmero de h ectáreas. De hecho sus 29 actuac ion es se aplican sobre montes que tienen una media de 200 hectáreas. Mientras que el distrito forestal de Verín-Viana presenta un as actuaciones sobre montes que tienen una media de 660 hectáreas. Otro distrito qu e destaca es el de Vigo-Baixo M iño, pues a pesar de tener un a fuerte presencia de suel o urbano, en toda la zona este y norte posee una importante sup erficie de monte, much o del mismo son MVMC. El di strito de Terra Chá destac a tanto por el número de a ctuaciones como por las he ctáreas (Consellería do Medio Rural, 2008). Otra actuación que come nzó a desarrollar la Xunta d e Galicia con la pretensi ón de gestionar el territorio y pon er en valor la supe rficie agraria, fue a través de: Pro y ectos Singulares Dinamiz adores. Desde la Consellería d o Medio Rur al son consc ientes de que hay que actuar sobr e las 700.000 hectáreas de superficie agraria y forestal que están en situación de ab andono y es más, l a cu arta p arte del ter ritorio gallego (unas 610.000 hectáreas) s e correspond en con los y a estudiados M VMC, por lo que con el desarrollo de estos pro yectos se pretende que los montes dejen de estar in frautiliz ados, se conviertan en un fuente de riqueza y de aprovec hami ento multifuncional y ben eficiar a los propios comuneros. Con los Proy ectos Sin gulares Dinamizadores, se pretende que se desarrollen actividades como el silvopastoreo (utilizando vaca s , cab allos u ovejas) y que ejerza de instrumento eficaz y rentable para gestionar estos montes aprovechando l os recursos vegetales espontáneos, p otencie la actividad ganadera y l a fo restal. Ad em ás se lucha contra los incendios forestales, se incre menta la b iodiversidad y s e mejora la calidad de los paisajes forestales (Consellería do Me dio Rural , 2008). La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 87 Con el desarrollo de estos proy ectos, se p retende u na ge stión extensiva de l territorio que mantiene el medio “vivo” y “atractiv o” tanto para vi vir en el c omo para el desarrollo de otras actividades, pudiendo s er un revulsi vo en zonas de r egresión económica y demo gráfica. De hecho en la a ctualidad y a ex isten ejemplos que confirman que los beneficios obtenidos con el silvopastoreo son muy elevados en relación a l as inversiones necesarias. En definitiva, bus car la ord enación de usos y el aprovec h amiento multifuncional de la SAU, con la in troducción de animales de pastoreo compatibles con la optimiz ación y rendim iento p roductivo de los recursos forestales de ca d a zona. En el 2006 d entro de est os pro y ectos los t itulares b eneficiarios fueron 1.2 21, se crearon 149 pue stos de trabajo, se beneficiaron de estos usos 8.980 cabezas de gana do y se actuó sobre un total de 18.208 hectáreas. En últim o luga r, y tal y como indicamos anteriormente, un indicador que reitera las nefastas condiciones que tienen los montes gallegos desde el punto d e vista de su estructura, son las e scas as hectáreas forestales que están certificadas por el sistema PEFC de España. A ntes de mostrar los valore s, aclaramos que PEFC España (Asociac ión Española para la Certificación Forest al) es una entidad sin ánimo de lucro que entre otros obj etivos, tras r ecibir subv ención del Fondo Social Eu rop eo, pretende proporcionar informació n sobre la situación d e la Gestión Forestal d e los montes y una visión de la indus tria y el consumidor de produ ctos forestales ce rtificados. Por lo que se conceden dos tipol ogías de certificados: el GFS (certificación de la gestión forestal realizada en las superficies forestales) y la Certi ficación d e la Cad ena de C ustodia (cer tificación de los prod uctos y de su cadena) . A día d e ho y, la sup erficie forestal española certi ficada casi ocupa un mi llón de hectáreas, lo que re prese nta el 2% de tod a España y el 5,43% d e la super ficie for estal arbolada esp añola. Mientras que en Galicia la su perficie forestal certificada (cerca de 116.000 hectáreas) representa el 3,8% de la superficie total, el 5,8% de la superficie forestal y el 7,7 % de l a superficie forestal arbolad a de G alicia. Estos porce ntajes aunque son más elevados que los de España, pierden mucha s ignificación si recordamos que Galicia se trata del “almacén” forestal de toda España. De nuevo el p oseer unos altos porcentajes de p ropiedad privada y un gran número d e p ropietarios fueron las razones principales de que Galic ia no tenga m ás super ficies for estales certificad as. De t odos La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 88 modos hay comunidades como Castilla la Mancha o Ext remadura que t ienen significación forestal y no p oseen ninguna hectárea forestal certificada. En definitiva, todas estas l ey es y medidas concr etas desarrolladas en relación con el sector forestal mu estran la ne cesidad de so l ucionar una serie de pro blemas que l a tray ectori a histórica seguida por el sector forestal ha ido acumulando. D) El Plan Forestal y las comarc as g eoforestales de Galicia. Para conc luir el apartado sobre la evolución recient e de la estructura de la propiedad y la le gislación de los montes, debemos com entar las características generales del P lan Forestal de Galicia. Se trata d el document o más importante en el que se refiere a planificación de los montes y que marca las pautas a seguir para solucionar las debilidades de estos espa cios, así como el aprovechami ento de sus potencialidades. A su vez, describimos las características de las comarcas geoforestales que result aron de la delimitación del territorio de Galicia después de h aber estudiado sus características territoriales. En el planteamiento de estos puntos iremos introduciendo la descripción de los m ontes ga lle gos d es de el punto de vi sta del predomi nio de determinadas especies arbóreas, su distribución y l a posi ble relación con las empr esas tr ansformadoras d e l a madera. En España exist e el P lan Forestal Español 2002-2032 (PFE), que es un m arco normativo y tien e e l carácter de planificación y e s tablecer los objetivos generales y las directrices que garantice n el cumplimiento de los com promisos internacionales. El PFE apuesta por la colabor ación de la Admini stración General del Estado con las Comunidades Autónomas para apo y ar y respaldar las actuaciones qu e las C omunidades hay an realizando o p roponen sus respectivos document os estratégicos de planificación. El P lan Forestal Español se estru ctura en tres gra ndes partes: l os mont es españoles, la política forestal y las acciones prioritarias a desarrol lar. (PFE, 2002). Pero antes de l a confección de este plan estatal, h ay que destacar l a existencia d e planes propios en varias comunidades autónomas como Galicia, que fue el segundo plan forestal autonómico en a probarse, concretamente en 1992, 10 años antes de la creación del actual Plan Forestal de España. Tal y como indican desde el PFE de ntro de estos planes autonómicos a pesar de ser “ signif icativamente diferentes entre sí, tant o en su estructura, contenido, principi os y prior idades ”, es “ bastant e mayor la proporción de problemas, amenazas, retos y oportunidades com unes ” (Minist erio de Medio Ambiente, La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 89 2001). El denominador común de todos ellos responde a l a articula ción de los programas agrupados e n dos ejes de int ervención: ej es verticales, que agrupan programas territoriales de ámbito autonómico, que p ueden d esarrollarse a través de planes provinciales y /o c omarcales y , los e jes tra n sversales, que a grupan diversos programas horizontales (PFE, 2002). En cuanto a la base legal de estos planes, nos encont ramos con que también es diversa; o bien no existe y entre otras medid as se propone la elabora ción de una le y forestal autonómica, o bien s e basa en una le y forestal autonómica que insta la elaboración de un plan, o incluso pueden rela cionarse c on normas o directrices de ordenac ión del territorio. En relac ión al seguimiento y evaluación de los planes, no todos re cogen órganos ni procedimientos de revisión del plan, ni tam poco de finen indicadores de evaluación y seguimiento. Ante esta situación e l objetivo principal del Plan Foresta l Español, se centra en procurar que la políti ca forestal se des arrolle me diante i nstrumentos adecuados a cada uno de los nivel es de decisión y escalas territorial es sobre los que se va a aplicar. Además estas polí ticas deben adecuarse al marco ins titucional vigente y, deben disponer de los m ecanismos inst itucionale s de cooperación entre las diferentes admini straciones forestales compet entes (CES-Galicia, 2004). Por tod o esto, a continuación y si guiendo la línea del mar co normativo de l sector forestal, hacemos referencia al Plan Forestal Gallego, que tiene un a vi ge ncia de 40 años (1992 a 2032) y s e estructura en planes quinquenales. Presenta tres g randes líneas estr atégicas: consider a a la comarca como la u nidad óptima para el d esarrollo del se ctor, estim a como objetivo estratégico el desarrollo de una polí tica de declaración de esp acios natu rales protegidos y establece crear un Centro Superior de Estudios Forestales (qu e s e tradujo en las Escuelas d e Ingeniería Forestal y Montes de Lugo, dentro de la Universidade de Santiago de Compostela). Este Pl an Forestal fue redactado entre 1989 y 1992, siendo aprobado el día 17 de Julio de 1992 p or la Comisión de Agricultura , Gandería e Mont es del Parlamento de Galicia. Sus obj etivos iniciales fueron pl anteados bajo condiciones e conómicas y ambientales severas como: incendios forestales con carac t erísticas de catástrofe, montes fuertemente des capitalizados, bajos precios de l a m adera, proceso admi nistrativo de La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 90 calificación de montes vecinales e inexi stencia de prácticas si lvícolas en l os montes privados (Plan Forestal de Galicia, 1992). El objetivo central de l Plan For estal de Galicia, es establecer un equilibrio entre las funciones ambientales del monte y la obt ención de rendimientos económicos satisfactorios. Objetivo que coincide plenam ente co n el que pretendemos ex aminar en esta investigación. De todos modos, hay que mencionar, que la esencia d el P lan Forest al de Galicia 47 consiste en diseñar un modelo de monte que satisfa ga los requerimientos sociales y e conómicos ex istentes, que disponga de l a suficiente flexibilidad para permitir un ajuste sucesivo según la evolución de l as demandas y , que los r esultados que se vayan obteniendo en el transcurso del tiempo, si mplemente, tengan un carácter indicativo y que l as decisiones finales dependan de l os propietarios. Este planteamiento del P lan Forestal de Galicia, nos obliga a realizar una reflexión. El otorgarle al propiet ario toda la potestad para solu cionar todos los problemas que se viene n produciendo en los montes g allegos, nos pare ce una acción demasiado complicada. Ya que, l o que está m ás que contrastado, es que los propietarios de las pa rcelas de monte, año tras a ño, han buscado obtener beneficios d el modo más rápido: plantaciones de pino y eucalipto, con un destino mu y concreto que infrautiliza el verdadero valor de estas especies y en m a y or grado de aprovechamiento , del m onte a larg o plazo. L o que r ea lmente necesitan es asesoramiento y una s erie de ayudas o subvenciones, par a qué entre todos puedan desarrol lar un monte en Galicia que sirva a la sociedad y a todos los sectores económicos, sobre todo a la industria transf ormadora de la madera presente en Galicia. Si b ien, Galicia es una de las C omunidades Autónomas española s con may or vocación fore st al y capacidad productiva, la ordena ción de montes no ha tenido todavía una implantación adecuada. Esto es debido princ ipal mente a las condiciones 47 La p lena transfere ncia auto nómica en materia fores tal y co nservación de la naturaleza, f ue en la déca da de 1980. De acuerd o con los ar tículos 14 8 y 1 49 de la Constitución Esp añola, el ar tículo 2 7 y 3 0 del estatuto de Autonomía de Gal icia y los R.D. 331 8/82 , 3425 /83 y 15 35/84 . Actualmente las co m pete ncias referentes a l secto r forestal de Galicia se d ividen e n tres Co nsellerías p ero la p rincipal e s la Consellería de Medio Am bie nte. En 19 82 se crea la p rimera Conseller ía de Agricu ltura, Ga ndería e Montes. La Co nsellería de I ndustria y Co m ercio tie ne las co mpetenc ias en la s ind ustrias de la p rimera y seg unda transfor mación de la madera. Mientras q ue la Consel lería de M edio Am bie nte: ha concentrad o las compete ncias e n montes, incendios forestales, conser vación de la naturaleza , caza, pesca co ntinental, otras industr ias de pri mera transfor mación, investi gación y div ulgación. La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 91 estructurale s, históric as y socia les del medio rural gallego y quizás inadecuadas políti cas forestales. Hasta ahora, el ti po de aprovechamient o más generalizado, com o indicamos, ha sido el de "corta de o portunidad" s e co rta p ara satisfacer n ecesidades p untuales, con lo que al actuar como apoyo a otras ac tividad es, no se l e aplican los cuida dos cultura les necesarios. En el Plan Forestal de Galicia se estableció un m odelo de or ganización fo restal. Este “modelo” de monte se apoya en espe cies que se adapten a las distint as funciones del monte, de acuerdo co n las condiciones estacionales de cada lu ga r. Así, estructuraron el territorio en siete comarcas geoforestales con l a finalidad de que según sean sus caracter ísticas, utiliz ar e l tipo de espe cies más propias a repoblar. Las principales especies forestales índice empleadas son: el pino ( Pinus pi naster, P. radiata, P. sylvestris, P. uncinata, P. l aricio corsicana ) , Pseudotsuga menziesii, el eucalipto ( Eucalyptus globulus ) , e l castaño ( Castanea sativa ) , el roble ( Qu ercus robur ) y otras caducifolias. La s met as operativas del modelo de monte que s e plantean en el Plan Fo restal de Galicia son las sig ui entes (Plan Forestal de Galicia, 1992): • Mantener dentro de la categoría de "espacios sensib les objeto de planificación espe cial" los espacios protegidos ex i stente s e incorporar a esta condición los espacios que s e consider an esenc iales para la conservación de l a natu raleza o sean represent ativo s de la diversidad natural gallega . • Indicar l os espacios urbanos y p eriurbanos necesarios para absorber la crec i ente demanda de usos sociales y recreo. • Destinar los espacios con condiciones esta cionales desfavorables a aprovec h amiento cinegético, pastoreo extensivo y al desar rollo de la vida silvestre. • Aumentar la producción de madera en los terrenos con función preferentemente productiva. En el período de t iempo transcur rido desd e l a a probación del Plan Fore stal de Galicia, han sido implantados, entre otros, los pro gramas de forestaci ón de tierra s agrar i as y mejoras de bosques rurales financiados c on fondos europeos y , esto ha provocado una evolución del monte dist inta a l a prevista por el Plan Forestal. Tan sólo se han mejorado un nú mero reducido de espaci os naturales c on valor f orestal y no se han delimitado l os es pacios urbanos y p eriurbanos. Además, s e han efectuado numerosas repoblaciones, si bien no se han llevado a cabo l as transformaciones La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 92 estructurale s necesarias en los montes arbola dos y las especies utilizadas en estas repoblaciones, han estado condicionadas por l as subvenciones de cada año. Dentro del Plan Forestal de Galicia s e crearon una serie d e criterios de zonificación para actuar de un modo más acertado so bre las caracterí sticas de los montes. Aunque hay q ue adelantar que en Galicia, se dio un solapamiento de zonificaciones: por un lado el P lan Forestal en 199 2 establece las comarcas ge o forestales y en el año 2000 la Xunta de Galicia establece los distritos f orestales. La razón de ser de estas dos estructuraciones terr itor iales que nos indi ca el Pl an es que las comarcas se cr earon p ara conocer el modelo del monte gallego (s us especies y vegetac ión) mientras que los distritos f orestales para a ctuar sobre los montes c on la asignación de personal, i nstrumentos de lucha contr a incendios, etc., ¿ tiene sentido dividir un territorio pa ra conocerlo y después crear otra divisi ón par a actuar sobre él cuando amb as estructuras siguen el mism o fin que es el desarrollo del monte ? . Este solapamiento puede ser un factor que di ficulta la puesta en v alor d el m onte gallego, vuelve a ser un mal ejem plo dentro de la disciplina de la orden ación del territorio, ya que como iremos comprobando, a la hora de aplicar u na medid a, a yuda o subvención relaciona da con el s ector forestal surgirán disputa s por s aber a quién se aplican, a las comarcas o a los distritos (este tema lo volvem os a estudiar cuando hablemos de los distritos forestales). El Plan Forestal d e Ga licia, consti tuyó siete comar cas geoforestales: Costa Norte, Costa Atlántica, Meseta Central, Montañ a Nor occidental, I nterio r Sur, Valles Interiores y Montaña Suroriental. Las característic as de cada un a de l as c omarcas (ver mapa 2), se corresponde n con la realidad t erritoria l de comienz os de la década de los noventa, por lo qu e, nos permitirá tener una ima gen de esa realidad en es e momento y también de como fueron evolucionando los montes 4 8 . 48 Concretame nte se trata de un infor me “interno” de la Conseller ía de Agricultura, Ganadería y Mo ntes de la Xunta de Galicia de 1993. La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 93 Mapa 2. Distribución territorial de las comarcas geof orestales de Galicia. Fuente: elabo ración p rop ia a partir d el Pa ln Forestal de Galicia (1 993). -La comarca geoforestal Costa Norte está en la franja costera del norte de la provincia de Lugo y A C oruña, y tiene una superficie de 353.5 00 hectáreas. Se trata de un espacio que combina bastantes ríos con sierras de 1.000 met ros. Este territorio tiene un grado de ocupación mu y elevado de eucaliptos frente a otras especies, r esultado de un gran número de repoblaciones con esta especie en las últ imas décadas. En las zonas donde la profundidad del suelo no supera los 100 centímetros , el eucalipto cohabita con diferente s especies de pino que en muchos casos lle ga a convertirse en la especie índi ce (predominante). Las caducifólias (castaño y roble), especies que ti enen l a madera que La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 94 demandan las fábricas de m uebles, tan sólo tienen s ignificación en las escasas zonas con suelos de más de 100 centímetros de profundidad 49 (Xunta de Galicia, 1993). -La comarca geoforestal Costa Atlántica ocupa la zo na litoral y central de la provincia de A Coruña, dejando fu era l as zonas de más d e 5 00 metros de altitud que l a separan de la provincia de Lugo. Tambi én abarca la ma y o r p arte d e la provincia de P ontevedra, de la que sólo quedan l as cot as de m ás de 600 metros . Penetra en la p rovincia de Ourense a través de la cu enca baja del río Miño, llegando a l os lími tes con la frontera de Portu gal. Se trata de la c omarca más extensa de Galicia c on 1 .102.200 hectár eas. Además, en términos absolutos es la de ma y or actividad for estal, industrial y de servicios. De nu evo, el eucalipto y el pino so n las especies que predo minan sobre las dem ás. Est o se debe también a los procesos de repoblación que s e fueron desarrollando, apo yadas primero en el pino y d espués en el eucalipto. Estas son l as es pecies índic e en las zona s con suelos con menos d e 100 cent ímetros de profundidad. La p resencia d e roble y castaño se reduce a z onas de arbolado m ixto. El castaño es la especie índice en las z onas de suelos superiores a los 100 centím etros de profundidad pero, a su vez, comprobamos como en la serie a lternativa aparecen especies como el pino y eucalipto. En las zonas más interiores de esta com arca geoforestal aparecen peq ueños bosquetes de robles y castaños, pero su no conservación y cuidado i mpide que se pued an destinar a la industria de la transformación. -La comarca geoforestal Meseta Central ti ene una su perficie de 614.100 hectáreas y , como elemento principal destaca la meseta de L ugo, pe ro también in clu y e la zona oriental de la provincia de Pontevedra. Este territ orio tiene unas condiciones climáticas un poco más rigurosas que las de l as comarcas anteriores, s e trata del interior de Galicia, las tempera turas son más bajas, las helada s están m ás presentes y el número de lluvias son menos frecuentes. Por lo que el hábitat no es tan propicio p ara especies como el eucalipto. De todos modos, la presencia d el pino es bastante imp ortante y el eucalipto está en un p roceso de coloniz ación que nos indica s u capacidad de adapt ación. Mientras 49 Co mo indica el Man ual de Silvicult ura d el Castaño en Galicia elabor ado en la Escu ela P olitécnica Superior d e L ugo en el pro yecto AGROB YT E coor dinado po r Ped ro Álvarez ( 200 0): “La profu ndidad e s el pará metro más impo rtante a tener en cuen ta co n resp ecto al sue lo a la hora de repob la r con c astaño, ya q ue este fa ctor con dicion a en gran medida la res erva de n utrientes y d e hu medad del s uelo . El ca staño requiere suelos profund os, de más de 6 0 cm, y p referibleme nte de 1 00 cm de p rofundidad . E stos suelo s serán de textura lig era a med ia, n o desp reciando la pesada si existe un con tenido elevado de eleme ntos gruesos. En p endien te es may o r la toleran cia a la p esadez d el sue lo. Se deb en evitar lo s suelo s de pH inferior a 4 ,5 y a quello s q ue tiend an al encharca miento, aún siendo esta ciona l”. Mientras que especies como el e ucalipto o el pino, no necesitan de e stas caracte rísticas ed afológicas. La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 95 que los castaños y los r obles son las especi es predom inantes, salvo en l as zonas que tienen suelos con menos de 50 centímetros de profundi dad. -La comarca geoforestal Montaña Nororiental es el es pacio que mejor define l a sierra de los Ancares, en la provi ncia de L ugo. Tien e una sup erficie de 166.400 hectáreas qu e pertenecen a la provincia eurosiberiana. Este territorio se p uede poner com o ejemplo del bosque autóctono de Galicia. Se trata de un espacio que no posee grandes z onas urbanas, ni se realiz aron infraestructuras que imp actaran sobre su paisaje. Este esp acio natural sólo padeció las actuac ion es tradicionales de los sistemas agrícolas, además de una serie de ex plotaciones mineras a cielo abier to que dejaron s u actividad ya h ace décadas. Por lo que en contramos bastant es he ctáreas de mont e que mantienen un equilibrio con las actividades de la pob lación que habita en este ter ritorio. L a p resencia de especies como el c astaño y el robl e son las predominantes. En este territorio los conjuntos de estas m asas arbór eas ya constituyen verdad eros m ontes, donde coexisten con masas arbustivas, herbáceas y una gran varie dad de fauna. De todos modos en las zonas con suelos poco profundos la especie predomin ante son subespec ies de pino. -La comarca geoforestal Interior S ur se localiza en la provincia de Ourense y tiene una superficie d e 150.500 hectáreas, comprend e l as mesetas y d epresiones altas situadas al sur del Miño-Sil y las zonas mont añosas. Presenta m uchas analog ías con la comarc a Meseta Centr al, aunqu e su situación m ás al sur refu erza su matiz medit errá neo. De hecho, a p esar de que es ta comarca se l ocaliza en e l i nterior de Galicia, presenta un as caracter ísticas climáticas mucho más benévolas que la ot ra comar ca geofo restal interior. Concretamente s e producen menos hel adas y las temperaturas son más elevadas. Estas condiciones medioambientales son las que p ermitieron que la especie arbórea predominante sea el pino. -La comar ca geof orestal Valles I nteriores se caracteriza por ser un terr it orio casi cien por cien mediterráneo. Tiene una extensión de 312.000 hectáreas di stribuidas en dos perímetros. El p rimero a barca parte del valle del río Miño y todo el valle del Sil y , el segundo perímetro incl uye el valle d el Támega. Una vez más, la e specie índice predominante son las va riedades de pino. Sól o e n la s z onas con un suelo profundo la especie índice es el castaño que se combina c on m asas de subespecies de ro ble. -La comar ca geoforestal Suroriental abarca el suroe ste y s ur de la provincia de Ourense. El relieve de esta comarca es el m ás accidentado co n sólo un 6% d e la superficie con La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 96 pendientes inferiores a l os 20%. Las altitudes oscilan de los 700 metros al sur de la Limia hasta superar los 2.000 metros de Pena Trevinca. El t ratarse de un territorio con grandes pendientes y ten er un fu erte carácter ru ral , permite que la rep resentatividad de las especies índice se divida en partes iguales entr e variedades de pino y castaño. Estas últimas se localizan en las zonas con suelo más profundo. La representatividad de l as especies fo restales m ás importantes de cada u na de las c omarcas geoforestales, nos permite reafirmar q ue el territorio forestal de Galicia se caracter iza p or un p redominio de especies d e pin o y eucalipto. La razón más i mportante de esta realidad son las repoblaciones que se lleva ron en Galicia desde hace décadas. El caso más pronunci ado l o encontramos en las z onas forestales de Galic ia que tienen suelos poco profundos, m enos de 50 centímetros, donde todas las especies índice son pino y en altitudes de menos de 400 metros predomi na más el eucalipt o. C uando la profundidad del suelo es un poco ma yor , de 50 a 100 centímetros, el pino sigue teniendo mucha sig nificación pero con una alti tud inferior a los 700 metros, espe cies como e l castaño son las que tienen presencia. Si a la gra n c antidad de incendios forestales qu e s e p roducen en Galicia que empobrecen los suelos, le unim os los va lores de precipita ciones, las esc orrentías y erosión de los su elos, se convierte en un grave pr obl ema y que o frece com o resultado la escase z en la profundidad de los suelos. Problema que dificulta qu e especies como el roble y castaño s e asienten fuera de su h ábitat, y a que en las zonas de G alicia en las qu e se m antienen p rofundidades de más de 100 centímetro s, el castaño y el roble tienen mucha importancia. Este hecho nos indica que la ordenac ión de los mont es gallegos no requiere de grandes actuaciones ni de medidas “mágicas”, sino q ue si guiendo el proc eso natural de los montes en Galicia s e consolarían m asas de casta ños y robles. Por lo que lo que quizás habría que aprovechar e stas potencialidades naturale s, y donde una serie de cuidados (limpieza del sotobosque, t ala de ramas, etc.) para conseguir un crecimiento de estos árboles fuese más ordenado y se les pudiese n dar ot ras utilidades com o la industria de la transformación que ge neraría importantes b eneficios económicos. La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 97 1.1.5.3. La influencia de las repoblaciones. Su evolu ción y las especies arbóreas utilizadas. No cabe dud a que las r epoblaciones realiz adas a l o l arg o d el tiempo en Gal icia y en especial las l levadas a cabo desde mediados de l siglo XX a la actualidad, son uno de los factore s más determinantes para comprender l a situación actual de l sector forestal ga lle go como hemos comprobado en el apartado anterior. Dada la significación de este tema el apartado lo hemos dividido en dos partes: en l a primer a r epasamos como fue su evolución y en la segunda profundizamos en las especies arbóreas utili zadas. Tal y como hemos ido analizando e n los apartados an teriores, los diferente s procesos de repoblación que se fuer on sucediendo a lo largo de la historia fore stal de Galicia (r ecordar l a coloniz ación del pino p or toda la franja l itoral de Galicia, la pérdida de territorio de especies como el castaño y el robl e por otras especies gracias a la acción del hombre , etc.) s e caracterizaron por ser de inici ativa públ ica. Ad emás podemos afirmar, antes de coment ar la influencia de las rep oblaciones a lo largo d el siglo XX, que salvo pequeñas ex cepciones siempre se caracteriz aron po r pe rseguir unos fines económicos rápidos y concretos, por lo tanto en muchas ocasiones no se ut ilizaron las especies más compatibles con el ter ritorio ni con la ac tividad industrial más relaciona da con el sector forestal gallego. Hubiera sido mejor un pl anteamiento donde se hubiera desarrollado otras esp ecies diferentes al pino y eu calipto predominantes en las repoblaciones 50 . Centrándonos en las repo blaciones de mediados d el siglo XX h asta la actualidad. La m a y oría, cabe destacar, fueron de índole púb lica. Com o hitos de l as repoblaciones realizadas mencionamos aque llas m ás detacadas a esc ala de todo el territorio español. En 1901 se constituyeron las Divisiones hidrológico-forestales que organizaron el trabajo forestal en di ez unidades territoriales coi ncidentes con las grandes cuencas hidrográficas, en 1908 se p romulga la Ley de 24 de junio de C onservación de Montes y 50 T anto desde diferentes ad ministracio nes pública s c omo par ticulares p rop ietarios d e par celas de monte, comproba mos co mo desde el siglo XI X a firman q ue vie nen realizando sobre el terr itorio gallego u na seri e de repoblacio nes. Esta afirma ción no es cor recta, ya q ue una repob lación significa plant ar una serie d e masas arb óreas c omo herramienta ba se sobre la que se constituirá un bo sque. Sin embar go la realidad de las “ repo blacio nes” que se vie nen desar rollando en Galicia son una ser ie de plantaci ones de árb oles centradas en una sola e specie , primero fue el p ino y a co nti nuación el e ucalipto . Además según O Monte Galego en Cifras (20 01) se entien de po r bosque: “ ecosi stema d entro d el monte a rbolado c onstituído por una estructu ra d e á rboles, arbu stos y otro s vegeta les en la qu e d omina el estrato arbó reo, con u nas cond iciones microclimáticas en su entorno diferentes a las predomin antes de la zona y con una activida d funcio nal n ada, esca sa o moderada mente influída por el ser human o. Lo norma l es que tenga un origen natu ral, de to dos mod os cuando sea artificial es nece sario un lapso d e tiempo con siderable p ara que pued a formarse un bosq ue en sentido e stricto”. La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 98 Repoblación Fore stal, también llamada de “montes protectores”, la creación de las Confederaciones Hidrográficas en 1926, la elaboración del Pl an Nacional de Repoblaciones de los Montes en 1926, la Ley de 9 d e octubr e de 1 935 creando el Patrimonio Forestal del Estado o la elaborac ió n en 1939 del Plan Nacional para la Repoblación Forestal de España. El proceso de repoblación alcanzó su m áximo en el período de 1940 a 1980, durante el cual fueron reforestadas t res millones de hectáreas en España. Tal y como nos indi ca el Plan Forestal Español (PFE, 2002), buena parte de esta superficie re po blada no ha sido objeto de ningún tipo de gestión desde su implantación, presentan do una densidad excesiva, un a estructura inadecuada y una composición específica poco equili brada, a lo que h abría que añ adir la acu mulación de biomasa, factores todos que incrementan el riesgo en relación con la propagación de plagas e incendios forestales. La ma yor í a de las re poblaciones se realizaron en propiedad pública y sob re terrenos aus entes de arbolado. Las especies predominantes fueron las de nom inadas como de turno corto (PFE, 2002). A continuación profundizamos un p oco más en el proceso de repoblación forestal que si guió Galicia dentro del contexto de repoblacione s a esc ala es pañola. Para ello nos apoy amos en una tabla (ver ta bla 4) que hemos elaborado par a seguir con mayor claridad el proceso de repoblación en Galicia. Entre 1920 y 1940 se produce una p equeña alteración de lo que venía sucediendo en los procesos de repoblación hasta ese momento, las repoblaciones hasta entonces públicas, empiezan a hacerse privad as, p ero también se reanudaron l as públicas, siendo las especies de árboles predominantes en ambos casos los pinos. Dada la si gnificación que tuvieron las r epoblaciones desde ese m omento (1940) a la actualidad, se pueden distinguir tres períodos de actividad repobladora: • De 1940 a 1971. -Un pe riodo intenso c on la c onstitución del Patri mo nio For estal del Estado. -Un nuevo auge de las repoblaciones que abarcó de 1956 a 1965. -Un retroceso de 1965 -1971 debido a la apertura al ex terior. • De 1971 a 1986 se produjo un nuevo auge. • De 1986 a la actualidad. Se incr ementaron las re pob laciones con un cierto comportamiento heterogéneo. La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 99 Tabla 4. Síntesis de las repoblaciones forestales en Galicia. Fuente: elabo ración p rop ia. Después de 1940, y a con un nuevo régimen político, entró de nuevo en escena la política estatal. No desaparece la repoblación priv ada pero en esta nueva etapa se rá determinante la o ficial en el marco de gobierno. En 1941 se constitu ye Patrimonio Foresta l d el Estado (De creto de 10 de Marzo de 1941 ) 5 1 redactado po r Ceballos y 51 En cuanto a la actividad del P atrimonio Forestal del E stado (PFE), éste estab a autorizado a realizar convenios o co nsorcios co n las entidad es pr opietar ias d el monte. De las v entas d e la m ader a co rrespondía el 40% a la entidad a la que p ertenecía el terre no, el 35% a la Dip utación P rovincial y el 2 5% del P FE. Estas dos últi mas par tidas sub vencionarían a sí nuevas ac tivid ades d e refore stación. Mediados sig lo XIX Adm inist ración de l Estado (intensificación r epoblación ) Ferroc arril. Construcción naval . Ley de Mado z. Descapitilizació n siste ma agrícola tra dicional. 1920-1940 I ntensi ficación repo blacion es privadas 1940-1970 Patrimonio For estal del Estado (1 941) Mode rnización del monte Crisis siste ma agrícola tra dicional. No madera autóctona. Per iodo intensivo (19 56-19 65). 99% P inus Pin aster . Propie tario individual i mita Estad o. Comienza n incendios fore stal es. 1971-1985 Plantaciones de índole fina nciero product ivista. Finalidad m adera bajo cost e sólo 1ª transfo rmación. Monopolio de p inos y signi ficación eucalip to. Política diferente a otros ter ritorios (Suecia o F inlandia). 1986-Actualidad Entrada CEE (1986 ). Com petencia exterior . Nuevo deterio ro del sistem a agrícola tradicion al. PAC (1992) apoy o repobla ciones forestale s. FEOGA (1999). España. Program a de Forestac ión de Tierras Ag rarias. Xunta de Galic ia (1993) Prog rama de Forestac ión de Tierras Ag rarias. Nuevas actuac iones de índole púb lica. La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 100 Jiménez de Embrún, c on la misión de repoblar los mo ntes, estableciendo la p osibilidad de realizar consorcios co n propietarios de t errenos . En estos años poste riores a la Guerra Civil fue cuando la di ctadura consideraba la repobl ación como un elem ento clave para la modernización del monte, si bien rechazaba las maderas de gran calidad, favoreciendo únic amente las maderas adecuadas para la industria celulosa . Hasta 1951 se pe rsi guió un autoa bastecimiento para la consecución de una i ndependencia económica y política d el extranjero, por lo tanto f om entaba l a repobl ación con especies a las que les a plic aban un ciclo de corte corto. (Rico, 1995). Desde 1940 a 1971 en Galicia se repoblaron 535.897 hectáreas de las que el 60% fueron de carácter priva do, m ientras que públi cas fueron el restante 40%. Más de la mitad de las ti erra s repobladas en Galicia se localizan en la provincia de A Coruña y , de éstas el 91% se realizaron en montes particulares. Así, l a sig nificación de l a repoblación desarrollada en los mont es privados de la provincia de A Coruña entre 1940 y 1971 es muy representativa. Mie ntras que en Pontev edra tan sólo r epresenta el 9%, porcentaje muy inferior al que tuvo a principios del siglo XX y tendrá a finales de e se siglo. A su vez, consideramos op ortuno mostrar l os valores de la década que se comprende entre 1956 y 1965, y a que se considera un tiempo en el qu e las repoblaciones fu eron int ensas. De hecho de las 213.75 4 hectárea s de m onte p úblico repobladas d e 19 40 a 1971 en Galicia, 128.045 se ocuparon entre 1956 y 1965. En este periodo el monocultivo 52 del pino gallego se reduce a los montes privados de la p rovincia de A Coruña. Así, comprobamos como la p equeña diversificación forestal existente en esta etapa repobladora fue p atrimonio de la iniciativa pública, no de la privada (P rada, 1991; Rico, 1995). A lo largo de l a etapa que abarca de 1971 a 1 986, en Galicia se r epoblaron 289.238 hectáreas, lo que supuso una media anual del 20% de Es paña (Primer Inventario Forestal de E spaña, 1972). Además s e incr ementó la repobla ción de pino para abastecer a las em presas de la primera tr ansformación y de eucalipt o pa ra la producción de pasta de papel a lo largo, d e nue vo, del litoral gallego. En este periodo comienzan a tene r mucha significación uno d e los probl emas que pad ecen los mont es y la sociedad ga llega en genera l, los i ncendios fo res tales. Ya que l a presencia de amplias zonas de repoblación de p inos y eucalipto “facilitaron” la propa gación de los incendios. 52 En las rep oblac iones realiza das p or p articulares hasta 19 7 1 de staca el m onocultivo d e pino (P inus pinaster), c on los años será sustit uido p or el e ucalipto. La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 101 Como veremos e n el pr ó ximo apartado c on los incendios fore st ales e n estos momentos se conseguía abaratar el precio de la madera y adult erar los us os del suelo. Como consecue ncia de los incendios los ritmos de repoblación fore stal se re dujeron c on respecto a otros periodos, pero pronto se reinició la repoblación con e species mu y concre t as como el pino y en menor medida el eucalip to con un destino muy concr eto, la producción de pasta de papel (Anuario de Estadística Forestal, 2005 y 2006). Dentro de la ter cera etapa repobladora un hecho a t ener en cuent a f ue la integración de Españ a en el m arco comuni tario en 19 86, y a que originó la necesidad de enfre nt arse a una crec i ente liberalización y competencia exterior, donde la gran heterogeneidad de comunidades rurales en España, desembocó en dist intas respuestas frente a la pre sión externa de la CEE. A partir de ese momento el ámbito de mercado del rural gallego que estaba circunscr ito al territorio español, se vio obligado a competir con los países de la Comunidad. Con este colapso, el sistema agrario galleg o se reduce físicamente de forma gradual. En es e m omento el m onte galle go no consigue s u fun ción clara como base para el d esarrollo rural, con lo qu e se inició un p roceso de ruptura ent re el agropec u ario y el forestal. Además las explotaciones agrarias se encuentraron con considerables problemas para su adaptación té cnica y estructural (población ma yor, escasa cualificación, etc.). Pero sin duda, una de l as acciones qu e más influ yeron en las repoblaciones será la reforma de la P olítica A graria Comunit aria aprobada el 30 de J unio de 1992, el Reglame nto UE 2080/92 por el que se establece u n régimen comunitario de a y udas a las medidas forestales en l a agricultura . Así la repoblación forestal se plantea como una alternativa económica y social para los agricultor es, disminuyendo al mis mo tiempo el suelo agrícola. Así se constit uye un cambio en l a t endencia histórica de rot urar terreno forestal para uso agrario y , com enzó el proceso inv erso. El comportamiento d e las repobla ciones en esa etapa, a pesar de qu e i ncrementó la superficie forestal, pre senta un c omportamient o hete rogéneo (ver gr áfico 2). De hecho d esde 1989 a lo s primeros años de 1990 e l número de he ctá reas s e dobla anualmente, pasando de 1.000 hectá reas a más de 4.800 en 1991. Al igual que a partir de 1995, donde la superficie repoblada presentó un i ncremento mu y fuer t e y constante. Junto con las r epoblaciones apo yadas desde la U nión Eur opea, concretam ente desde la PAC (Política Agraria Común), hay que m encionar la s que pr omovía la Xunta de La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 102 Galicia (O Bosqu e Avanz a, 2001; O monte galego en cifras, 2001; Consellería do Medio Rural, 2008). Gráfico 2. Evolu ción de la su perficie forestal repobl ada en Galicia de 1989 a 2002. 1.053 2.684 4.222 2.316 3.749 7.853 9.586 13.421 7.793 6.077 4.845 2.825 2.148 0 1.000 2.000 3.000 4.000 5.000 6.000 7.000 8.000 9.000 10.000 11.000 12.000 13.000 14.000 15.000 1989 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2001 2002 Hectáreas Fuente: elabo ración p rop ia a partir d el Anuario de Estadístic a Agraria, el T ercer Inventario Fore stal de Galicia y la Xunta de G alicia. En Galicia el programa de forestación de tierras a grarias comenzó en novi embre de 1993 a tra vés de l D ecreto 250/93 de 24 de septiembre y las suc esivas ór denes anuales de la Xunta de Galicia. Este primer progra ma preveía la forestación y mejor a de 65.000 hectáreas, con una inversión próxima a los 156 m illones de euros. Hasta ahora se observó un aumento constante de las he ctáreas fores tales, pasando de las 2.316 hectáreas a fin de 1994 hasta las 38.320 a final de 1999, si endo las provincias de A Coruña y Lugo donde may or incid encia ha tenido el P rograma. El problema del minifundio en Galicia ha obstaculiz ado el desarrol lo del Programa, reflejándose en la superficie media de lo s expedientes t ramitados que en Galicia es de apenas 5 hectáreas, b astante inferior al resto de España en donde se superan li ge ramente l as 13 hectáreas (Anuarios de Es tadística Agraria y Anuario de Estadística Fore stal, varios años). De todos modos, según los datos más actua les que nos ofrece el Anuario de Estadística Forestal, en e l 2006 en Galicia s e repoblaron 13.552 con lo qu e G alicia se vuelve a s ituar con lo s valor es de rep oblación m ás elevados que tuvo en 1998. El mot ivo de este nuevo au ge repobl ador es que desde l a PAC se financió la re p oblación de 6.267 hectáre as. Además se mantiene un claro La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 103 predominio de espec i es de pino tanto como e specie única como en las repoblaciones mixtas con la utilizac ión de pino y ot ras especies como el eucalipto. Por último, i ndica r que muchas de e stas repoblaciones se realizaron sobre muchos de los montes qu e ardieron a lo largo de los primeros años del siglo XXI. Una vez conocida la evolución cr onoló gica de las re pobl aciones for estales en Galicia a lo largo d el siglo XX, a continuación pr ofundiz amos en las especies arbóreas que se utilizaron. El protag onismo de estos periodos repobladores los tuvieron t res especies: el Pinus pinaster (denomina do como “piñeiro do país” o “piñeiro gale go”), el Pinus radiata (o “piñeiro de repoblación”) y el Eucalyp tus globulus (eucalipto). El Pinus pinaster es ori ginario del área mediterránea, pero se le llama tambi én pino gallego porque se introdujo, como ya mencionam os, en l os montes gallegos d esde el siglo XVIII. Ya en el primer tercio del si glo XX era la especi e forestal más ex tendida en Galicia, ocupando má s del 50% de las hectáreas repobladas (Gil, 1990; Prada, 1991). La s principal es r azones las encontramos en que esta m adera era la m ateria prima demandada por los aserraderos que una vez que reali z aban la prime ra transformación d e la madera la destinaban a un amplio abanico de actividades (constru cción, seg unda transformación, etc.). Después de la Gu erra C ivil, esta madera se revalorizó gracias a un aumento de la demand a y de la n ecesidad de consolidar una estructura económica de posguerra. Esta especie fue utilizada t anto por los particulares c omo por las Diputaciones y el P atrimonio Forestal del Estado. P or otro lado, el Pinus radiata , se introdujo en Galicia en el sig lo XIX, pero desd e 1940 se utiliz ó masivamente en los procesos d e repoblación localizados en las franjas lit orales, l ejos del frío y de la s heladas. Mientras qu e el eucalipto se convirtió en la especie “protegida”, d esde 1944, de las repoblaciones públicas y privadas gallegas (Pra da, 1991). Estos procesos t erminaron con una pr ofusión de Pi nus pinas ter, P. radiata o P. sylvestris y Eucalyptus sp. en las z onas más ric as y húmed as del ter ritorio. Todo esto implicó que el proce so repoblador haya tenido gran éx ito por la constitución de oferta de una materia prima a bajo precio en estupen das condiciones de mercado para la industria del papel, de lo s tableros y la construcci ón, y nefasta para los sub sectores de la industria transformadora de la madera que pertenecen a la s egunda transformación y que en definitiva son los que may or valor añadido gener an. Además, todo esto lleva a una La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 104 crisis de la economía c ampesina, y a que la consideración del monte como productor de madera e n exclusiva de esta tipología de espec ies, im plica la expulsión del g anado, que deberá ser vendido o estabulado, supone re duc ir la superficie rotura d a eliminando cultivos en áreas mar ginales y reducir las hectárea s aprovechadas p ara la ob tención de abono. Los rec ursos de l os ca mpesinos disminuyen y se acentúa su dependencia del mercado, pues tienen que adquirir productos que antes obtenían de los montes. Además estas repoblaciones monoespecíficas también influ y en en otras consecuencias no deseada s como fueron los incendios forestale s. En cuanto a la evoluci ón de las especies utiliz adas en las repoblaciones, seguimos comprobando el peso espe cífico del grupo de las coníferas sobre las demás especies (v er gr áfico 3). La influencia del sector industrial que rea liza la prim era transformación sobre l a madera, así como el inte rés de l os p ropietarios d e los m ontes, como de la administración pública de util izar los m ontes como espacio generador de beneficios a corto pl azo, s erán los factores que es tán determinando l a evolución del monte gallego. Gráfico 3. Evolución de las esp ecies forestales util izadas en las repoblaciones realizadas en Galicia de 1989 a 1998. 0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 80% 90% 100% 1989 1990 1991 1992 1994 1 995 1996 1997 1998 coniferas fron dosas mixta Fuente: Elabo ración p rop ia a partir del Ter cer Inventario Fo restal de Galicia. De hecho a partir de 19 95 las repoblac iones de frondosas comenzaron a tener algo de p resencia pero no de especies autócton as, s ino que se trata de eucalipto. Si agrupamos las especies en tres grandes grupos: coníferas, eucalipt os y otras frondos as, se obs erva una ma y or importancia relativa de l as pr imeras, que incrementaron La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 105 ligeramente su cuota (del 54 al 62 %), así mism o la participación de las fro ndosas ronda el 5%, creciendo ligeramente de año en año, mientra s que los eucaliptos m uestran una tendencia decreciente en los porcentajes (del 41 al 33%) (ver gráfico 3). A pesar de que los dat os más reales y “actuales” so n los aportados p or los inventarios forestales, no alcanzan más allá de 199 8. El anuario de estadística forestal nos indica como desde el año 2000 al 2006 en E spaña y , concretamente en Galicia el pino sigue siendo la especie protagonista d e las r epoblaciones (m ás del 6 0% en ambos casos). Además la tipología de repoblación más util izada es la mixta. Uno de los aspectos más destacable s es que de ntro de la s repob laciones en Galici a con m asas mixtas está creciendo el formado por subespecies de pi no en unión con su bespecies de roble. De todos modos, en Galicia la presencia de masas mix tas de pino y eucalipto sigue siendo e l paisa j e forestal natural de los m on tes gallegos y por lo qu e s e ex trae de los últimos datos parece que se mantendrá en el fut uro (Anuario de Estadíst ica Forestal, 2006). El número de e species utilizado en repoblac ión es mu y escaso, a unque la diversificac ión de l a of erta por p arte d e l os nu evo s viveros ha p uesto d e m anifiesto una predisposición al empleo de nuevas especies, s ean ex óticas o nativas, o al empl eo de materiales mejorados en especies tradicionales, reflejado en los incrementos de comercia liz ación de Eucalyptus nitens, Pseudotsuga menziesii, Pinus radiat a m ejorado, Castanea x hybrida, Pr unus avium, Quercus rubra o Populus x euramericana s i bien todavía no tienen m ucha importancia en lo que s e re fiere a super ficie (Consellería do Medio Rural, 2006). De hecho de 1996 a 1999, unas 6.000 hectárea s de l a repoblación anual corre spond en a Pinus ra diata , disminu y endo su p articipación po rcentual d el 33 al 24%, debido a los problemas sanitarios que sufren m uchas plantaciones, espe cialmente las localizadas en estaciones poco favorables. Sin embargo, para Pinus pi naster se aprecia una evolución asce ndente de su utilización con una superficie repoblada que llega a 6.825 hectáreas anuales. Con Eucalyptus globulus se repueblan anualmente alrededor de 6.000 hec táreas p ero h ay que señalar qu e en la campaña 1998/1999 esta especie era subvencionaba en condi ciones bastante restrictivas, si bien en m uchos casos se plantó sin solicitar subvención al guna . Esta especie se em p lea hasta los 500 metros de altitud, a partir de la cual se e mple a Eucalyptus nitens (Consellería do Medio Rural, 2006). La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 106 Otras especies que se uti lizan, pero y a en m enor medida, son por ejemplo Pinus sylvestris , a la que le corresponden una s 750 hectáreas anuales de repoblación, promovida fundamentalmente por la Administración forestal. Otra especie que ha aumentado consid erablemente su superficie es P seudotsuga menziesii co ntando ya con unas 1.450 hectáreas, pr edominando en zonas in teriores y de mont aña. De Castanea sativa y Castanea x coudercii se emplean anualmente una media de 62 5.000 pl antas, siendo difícil precisar la sup erficie , y a que inclu ye t anto plantaciones de madera, como de fruto o mixt as. Otras especies utiliz adas en pro porciones mu y pequeñ as son Quercus rubra, Betula alba, Quercus robur, Prunus avium , Juglans regia, J. nigra, Fraxinus spp., Acer spp., Alnus glutinosa, Popul us spp. así como Pinus nigra subsp. corsicana . Por lo que la tendencia q ue se inició ya a mediados del siglo XX se mantiene en la actualidad, con un c l aro predominio de espe cies de pino en unión c on otras de eucalipto y en casos mu y concr etos con otras es pecies. Por lo que el camino creado de apoyo a la crea ción de una amplia oferta de pi no y eucalipto, tras realizarles un turno de corte muy reducido, se mantiene en la a ctualidad y después de una t ala o un incendio forestal se reinicia la reforestac ión con estas esp eci es arbóreas. La producción de planta f orestal en G alicia, hoy en día, s e realiz a tanto en viveros de l a Xunta de Galicia como en viveros de ca rácter privado. En l os últi mos años han aparecido un gran número de viveros privados, con un tamañ o, grado de tecnificación y orientación de producción mu y variable. Los privados atienden a la demanda d e plant a para repoblación, debido a qu e lo s trabajos que realiza la Administración s e ejecutan cada vez más a menudo me diante contrato, con la ejecución de la may oría de las actuaciones de repoblación por empresas privadas y debido a l a importancia que han adquirido las repoblaciones de propietarios privados o comunidades vecinales. Según el “Directorio de Industrias e Empr esas Forestais de Galicia”, creado por la “Dirección Xeral de Montes e Industrias Forestais” de la “Consellería de Medio Rural” de la Xunta de G alicia (2008), en Galicia hay 72 viveros, de los que cuatr o, uno po r provincia son gestionados por la Xunta de Galici a. Los viveros centran s u producción como e s lógico en las coníferas, principalmente especies de pino ent re las que dest aca el Pinus r adiata , y frondosas entre las que de stacan las dos especies de e ucalipto más pre sentes en Galicia, e l Eucalyptus globulus y el Eucalyptus nitens , m ientras que hay otras especies que están menos La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 107 presentes como Pinus sylvestris, Quercus robar o el Ilex aquif olium . De todos modos, comprobamos como ha y casos de viveros que combinan tanto el cultivo de coníferas como frondosas lle gando a ofrecer más de una d ecena de especies arbórea s (Consellería do Medio Rural, 2008). En cuanto a la localización de los viveros el ma y or núm ero se encuentran en los municipios que tienen may or actividad transform adora de la mad era como el municipio de L ourenzá (donde está una de las fábrica de muebl es más importante de Galicia, Muebles Hermida), en el municipio de Pontevedra y en su entorno próx imo (donde se asienta la pl anta de c elulosas ENCE) y en Santia go de Comp ostela debido a la presencia de la emp resa más imp ortante de España en cuanto a la produc ción d e tableros d e madera, FINSA, S.A. Junto a estas áreas también se localizan en l as z onas naturales con mayor potencialidad forestal como son los municipio s de La lín o Silleda. Por últi mo, otro territorio en el que la presencia de viveros e s relevante, son los municipios que tienen mejores vías de comunicación, lo que facilita el transporte. Entre las c onsecuencias que s e pueden extraer de la repoblación llevada e n Galicia a media dos del si glo XX, de stacan que se han constituído extensas masas monoespecíficas 53 , que tuvieron como principal repercusión dentro de la estructura socioeconómica del medio rural, la desaparición de usos alternativos. En los años de l a década de 1970, se aprecia como se acumuló co mbusti ble por silvicultur a inex istente, baja diversidad de especies, la política repobl adora buscaba prin cipalmente el rendimiento económico a corto plazo y se olvid ó de los usos tradicionales de l m onte. Todo esto nos indica que el proc eso r epoblador de Galicia no fu e, ni es todo lo positivo que se esperaba (Prada, 1990; Balboa; 1990; Rico, 1993 y 1995). Esto contrasta con lo ocurrido en territorios como Suecia y Finlandi a, con características territoriale s similares a Galicia y su medio rural (esc asa población, actividades tradici onales, e tc.) donde las repoblaciones forestales históricas de lo s siglos XV III, X IX y c omienzos del XX favorecieron un sistema de explotación basado en talas selectivas, que mantuvieron un industria transformadora loca l e hicieron factib le la gestión sostenible del recurso. Tal fue así, que en la actualidad la industria fore stal sueca es una de las p rincipales fuentes de empleo e ingresos del país además de ser la actividad que posee los may o res valores dentro de su com ercio ext erior. Pe ro lo m ás s ignificativo y , que diferencia tanto 53 Pr imero co n pino y desp ué s con e ucalipto, localizá ndo se de un modo m ás claro en los montes vecinales, se gún los datos tr abaj ados. La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 108 a Galicia con este país, e s que uno de los factores que p ermitió este desarrollo fue que la industria y los propietar i os de las tierras forestales se involucrasen en salvaguardar la biodiversidad y la va riación genética de sus m ontes . Por eso llevan muchas d écadas realizando un sistema de repoblación según las características naturales, culturales y sociales de cada uno de sus territorios. De hecho dentro de sus políticas de repoblación forestal destacan que la uti lización de los montes no es solo una cuestión d e cr ecimiento óptimo, e xt racc ión bara t a de madera y r eforestación , sino que se trata de aseg urar también el futuro de l as plantas, los animales y la s per sonas que viven en ellos. L o que permitió que, ade más de ser uno de los líderes mund iales de la industria de la madera (industria tr ansformadora de la madera y e l sector forestal), diversificar el tipo de actividades económicas relaciona das con el medi oambiente ( Bermúdez y Sanz, 2001). A diferencia de esta si tuación en Galicia, l as repob laciones provocaron un cambio en las especies, llevando al pr edominio del pino sobre las demás especies, así como del eucalipto. La política forestal no se preocupa de una polít ica territorial conjunta que tuviera en cuenta la sit uación medioambiental y socioecnómica de l os espacios afec t ados. 1.1.5.4. El problema de los incendi os forestale s. El tema de los inc endios forestale s es otro d e l os principales probl emas del sector forestal galle go y por lo t anto de la indust ria de la madera. Se buscan especies que puedan ser corta d as en periodos cortos de tiemp o. Si bien por otra parte la ordenac ión forestal podría ser un elemento estabili zador, aumentando las rentas de los montes y vinculando a l a población rural con su entorno na tural, y esto también a vec es podría evitar incendios. Como ya ex pusimos en el ap artado en el que hablamos del sistema agrícola tradicional, el fuego es una herramienta de míni mo esfuerzo que el hombre empleó desde tiempos prehistóricos para controlar la vegetación y tr ansformar el uso del territorio (nuevas cosechas a grícolas, pa stos ganaderos, urbanismo, parques eólicos, etc.). Pe ro el mal uso de esta herramienta tiene co ns ecuenc ias múltiples y a fecta al aire , al ciclo hidrológ i co y calidad del agua, al suelo, a l a vegetación, a la fauna y al clima. La gravedad de los incendios forestales dentro d e G alicia se viene produciendo desde hace más de 40 años (ver gráfico 4 ), pe ro lo más preocupante no es que se mantenga en el tiempo sino que con el paso de los a ños el número de incen dios cada vez La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 109 es mayor, a pesar de la sensibiliz ación que pare ce exi stir en la sociedad ga llega sobre este tema. Gráfico 4. Número de incendios forestales producido s en Galicia de 1970 a 2007*. 17.210 36.342 93.846 73.177 0 10.000 20.000 30.000 40.000 50.000 60.000 70.000 80.000 90.000 100.000 1970- 1979 1980- 1989 19 90-199 9 2000-2 007* númer o Fuente: Elabo ración p rop ia a partir de datos facilitado s por la “Consellería d o Med io Rural ” (Xunta de Galicia) y el Ministerio d e Medio Ambiente. * El 20 0 7 incluye hasta e l mes de septie m bre . Antes de estudiar los in cendios forestales producid os en Galicia, tenem os que hacer un inciso e i nsistir en un tema que dificulta la realiz ación de trabajos, estamos hablando de las diferencias que encontramos en estadísticas y fuentes de información que tra tan esta misma variable. Un claro ej emplo son los valores de la superficie total quemada en Galicia ent re 1980 a 1989 que recoge n t res fuentes como: el Instituto Europeo Fore stal, los A nuarios de Estadística Agraria del Ministerio de Agricultura y Boletines Estadísticos de l I CONA y, la t ercera son los datos ofrecidos por la Xunta de Galicia. El Instituto Forestal Europe o nos dice que entre 1980 y 1989 en Galicia ardieron 658.579 hectáreas, el Ministerio 647.064 y la Xunta de Galicia 661.898 hectáreas. Hecha esta advertencia d ecidimos uti lizar las series de datos más ex tensas cronológ i camente y las que ofrecen m ás info rmación con la se guridad de analizar la situación con más deta l le, es dec i r los ofrecidos p or la Xunta de Galicia y los del ministerio cuando trabajamos datos de España. Hasta finales de la década de 1960 y p rincipios de 1970 no existen datos estadísticos fiables sobre el número de incendios y de las características de las superficies quemadas. Pero si agrupamos el número de incendios fo restales por décadas desde este momento a la actualidad, comproba mos com o la s ituación es s umamente preocupante. La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 110 Entre 1970 y 1979 en G ali cia se p rodujeron 17.21 0 i ncendios, c antidad qu e en la siguiente década s e dobló, 36.342. P ero la situación aun adquirió t intes más dramáticos si comprobamos como e n l a siguiente década, de 1990 a 1999, casi se triplicó el número de incendios forestales, 93.846. L os datos más actuales, los de la década de 2000, sólo alcanza hasta septiembre de 2007, es decir 7 años aunque son menore s q ue la década pasada mantienen unos valores m uy preocupantes y co nfirman la “ estabili dad” y vigencia de este proble ma. Se t rata de una situació n que adquiere una significación negativa si comprobamos que más de la mi tad de los incendios producidos en España se localizaron en Galicia (ver gráfico 5). Desde 1996 a 2007 cerca del 55% de los incendios que se p rodujeron de media anual en España sucedieron e n Ga licia. Estos porcentajes van más allá de la representación del n úmero de i ncendios fore stales, y a qu e resulta muy extraño comprobar como est e hecho se pr oduce en una de las Comunidades Autónomas en la qu e son ma y ores los índices de prec ipitaciones y el porcentaje de población rural y , el monte es un área te rritorial f undamental para la economía de mucha población. Gráfico 5. Porcentaje del númer o de inc endios forestales d e Galicia d entro de los producidos en E spaña de 1974 a 2007*. 72,43 42,78 46,97 49,63 45,94 54,06 51,08 52,20 47,12 58,79 64,14 61,18 59,06 44,02 50,54 51,57 40,79 56,58 41,11 40,45 44,04 31,29 38,43 38,23 17,23 37,16 46,74 27,44 48,92 43,75 18,72 46,69 45,33 35,53 0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100 1974 1975 1976 1977 1978 1979 1980 1981 1982 1983 1984 1985 1986 1987 1988 1989 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007* Gali cia Resto Fuente: Elab oració n prop ia a p artir de datos facilitados por la “C onseller ía do Medio Ru ral” ( Xunta de Galicia) y el Ministerio d e Medio Ambiente. * El 20 0 7 incluye hasta e l mes de septie m bre . Dentro de este p eriodo de análisis los incendios en Galicia h a y varias f echas que destacan sobr e los demás: 1989 y 2006 (sobre la que hablamos más adelante). Concretamente en 1989 fue cuando s e alcanzar on las cifras más altas, con 200.000 La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 111 hectáreas afectadas. C omo consecue ncia de estos val ores tan p reocupantes, l a Subdirección General de Defensa contra Incendios For estales creó el Decreto 205/1990 de 15 de Marzo, diseñando una estr ategia, basada en un a estructura comarcal, con la finalidad de solucionar este problema. Así, establ ecieron planes a corto pl azo como el P L AN 90, que después derivó en los Planes I NFOGA y , en la actualidad, en el P L ADIGA (Plan de Prevención e Def ensa contra os I ncendios Forestais de Galiza) de los que hablaremos en próximas líneas, como instrumentos anuales de planificación para d ar solución al pro blema de los incendios. De todos modos se gún e studios sobre esta cuestión parece que estos planes han permiti do reducir notablemente la superficie de mont e quem ada en G alicia, pe ro no el número de i ncendios en los p rimeros años del siglo XXI (Bermúdez y Touz a, 2000). Al se guir observando la significación que tiene Gali cia en España dentro de los incendios forestales, en este caso y a partir de ah ora en l a últi ma dé cada, se confirma la tendencia negativa con v ariables como el porcentaje de la superficie fo restal quemada (ver g ráfico 6), quiz ás como consecuenc ia de lo s planes mencionados. Desde 1996 al 2007 e n Ga licia ardió, de media anual, c erca d el 31 % de t oda la supe rficie forestal quemada de España. Gráfico 6. Porcentaje d e la superficie forestal quemada de Galicia dentro de los incendios forestales producid os en España de 1996 a 2007*. 47 ,3 1 67 ,0 7 30 ,4 5 23 ,9 2 13 ,3 8 24 ,3 1 19 ,6 7 24 ,3 7 12 ,7 9 36 ,6 6 29 ,1 2 40 ,1 3 0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 10 0 19 9 6 1 99 7 1 99 8 19 9 9 2 00 0 2 00 1 20 0 2 2 00 3 2 00 4 20 0 5 2 00 6 20 0 7 * Gal i ci a Resto Fuente: Elabor ación pro pia a pa rtir de da tos facilitados po r la “Consellería d o Medio Rural” (Xu nta de Galicia) y el Ministerio d e Medio Ambiente. * El 20 0 7 incluye hasta e l mes de septie m bre . Con la representación del número de incendios forestales por comunidad autónoma y, a su vez de grandes inc endios (>= 500 h a.) comprobamos de nuevo como en Galicia se produjeron la mitad de l os de toda España (ver gráfico 7). Pe ro se observa La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 112 como pierde mucha r epresentatividad en cuanto al número de grande s incendios. Esta variable nos par ece interesante comentarla pu es reflej a muchas características del forestal galleg o. Por un lado, se comprueba c omo el territorio gallego tiene unas condiciones naturales qu e limit an la propagación de l fue go (muchos cursos fluviales, la topografía, suc esión de valles, e tc.). Otro f actor es la gr an cantidad d e pr o pietarios y lo fragmentada que esta la propiedad de los montes que, a su vez, está relac ionado con el amplio mosaico de usos que tiene n las tierras fo res tales que dificultan la generación de grandes incendios forestales. Gráfico 7. Por centaje del número de incendios forestales y d e grand es incendios (>=500 ha.) por comunidad au tónoma e n Esp aña d e 1996 a 2005. 0,40 6,32 9,49 5,14 0,79 0,00 0,00 3,95 1,19 8,70 1,98 0,00 11,07 0,40 1,19 32,41 0,00 17,00 0 10 20 30 40 50 País Vas co Cataluña Andalucía Asturias Cantab ria La Rioja Murcia C. V alenciana Aragón Castilla La Mancha Cana rias Navarra Extremadura Is las Baleares Madrid Castill a y León Ceuta GALICIA % Nº grandes Núm ero Fuente: Elabo ración p rop ia a partir de datos facilitado s por el Ministerio d e Medio Ambiente. A pesar d e que en próx imas líneas analizaremos en m a yor detalle las causas de los incendios forestales en Galicia, podemos ade lantar y afirmar el alto porcentaje de intencionalidad de los incendios forestales, concretament e el 85% de los que se produjeron de 1996 a 2005. Mientras que en el resto d e España, salvo Cantabria y Castilla y Le ón no superan el 40% los incendios int encionados (Los I ncendios Foresta l es en España 1996-2005, 2006). Una vez que conoce m os la nefasta s ignificación que tienen los i ncendios forestales que se producen en Galicia. Nos centramos en conocer un poco más las caracter ísticas d e estos incendios forestales. La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 113 La evolución del núm ero de incendios en l a última d écada se m antiene homogénea y const ante. Aunque tal y como mencionamos anteriormente destaca un año sobre los demás: 2006. Pues a pesar de que fu e un o de los años que menos i ncendios se produjeron, su acción fue devastadora y destacaron por concentrarse en un periodo de tiempo mu y reducido y p or destruir grandes hectáreas de m onte. Pero lo q ue aún es más “innovador” es qu e l a gran cantidad de estas hectáreas se en contraban arboladas. Mientras que el comportamiento y la representativid ad de la s uperficie rasa quemada desde mediados de la déca da de 1970 siempre superó con mucho a la superficie arbolada. P or lo qu e una vez que estudiamos el núme ro de incendios forestales producidos en Galicia, p asemos a analizar la evol ución de la supe rficie forestal total y su diferenciación entre arbolada y no arbolada 54 . De hecho y tal como comentamos anteriormente, se comprueba como en las últimas décadas aunque el núm ero de incendios no se redujo, si percibimos un descenso considerable en l a superficie forestal quemada. Concretamente entre la dé cada de 19 80 y los 7 años del 2000 la superci fie quemada se redujo en la mit ad pasando de 661.898 hectár eas a 296.549 hectáreas, a pesar d e qu e el 2006 fue uno de los peores años d e la historia de i ncendios forestales de Galicia. Por lo que los mencionados planes de lucha contra los incendios, las fuertes inversiones r ealizadas en muchas h ectáreas de m onte repobl adas y la limit ación de uso de madera quemada parece qu e han influido en la red ucción de super ficies forestales quemadas en Galicia (ver gráfico 8) . En cuanto a la tipología de las s uperficie s forest a les quemadas diferenciándolas entre arboladas y no a rboladas, se comprueba como la sup erficie ar bolada se ha reducido considerablemente. 54 Según “O Monte Galego e n Ci fras” (20 01) , Monte arb olad o es: “terre no pob lado con e species forestales arb órea s co mo mani festación ve getal d o minante y co n una fracc ión d e c abida c ub ierta por ellas igual o superior al 2 0%; e l concepto incluye la s de vesas d e b ase de cultivo o pastizal c on labo res sie mpre que la fracció n de ca bida cub ierta arb olada sea igual o supe rio r al 20 %. T ambién co mprende los ter renos con plantaciones monoespecífica s o p oco diversificadas de especie s forestale s arbó reas, sean autóctona s o alóctonas, siempre que la inter vención humana sea débil y discontin ua, excl uye a las tratada s como cultivos, o sea con una fuert e y conti nua interve nción humana p ara la o btenció n de fr uta, elementos decor ativos, hojas, c ompuestos químicos, flore s, plantas de j ardinería o varas (p osiblemente en e l futuro habrá que incluir aquí bio masa), más p róxi mas a los e cosiste mas agríco las q ue a los forestales, así co mo los p arques urbanos aunque estén arbo lados, los árb oles sueltos, los bo squetes d e cab ida menor de 0, 25 hectáreas, las alineacio nes d e p ies de anchura menor de 25 metros y las riber as arbo ladas con especies autóctonas o a silvestra das de estructura irr egular, o rigen natural y gran b iodiversida d”. Mientras que m o nte no arb olado : “terren o pob lado con especies de matorral y/o p astizal na tural o co n dé bil intervenció n humana co mo mani festación vegetal do minant e con pr esencia o no de á rbol es forestales, y en todo caso co n la fracción d e ca bida c ubierta p or éstas i nferior al 5% ( da mos por s upues to que no pued e haber te rrenos co n especies f orestales arbó reas d omin a ntes de una fracción de cabid a cubier ta inferior al 5%)”. La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 114 Gráfico 8. Evolución de la sup erficie forestal quemada en Galicia de 1970 a 2007*. 487 .100 661 .898 251 .934 296 .549 0 100 .000 200 .000 300 .000 400 .000 500 .000 600 .000 700 .000 197 0- 197 9 1980 -1 989 1 990 -1 999 200 0- 200 7 hec tá rea s Fuente: Ela bora ción pro pia a par tir de d atos facilitad os p or la “ Consellería do M edio Rural” (Xunta de Galicia) y el Min isterio de Medio Ambiente. *El 2007 incluy e hasta el mes de septie m bre. La s razones l as encontramos, como indicamos a l o la rgo de este capítulo, en que muchas zonas de arbolado fueron quemados para gener ar nuevas zonas de cultivo o nuevas zonas de p astos en los años de la década de 1970. S in embargo con el paso de los años, principalmente desde la dé cada de los años de 1990, se produjo un proceso inverso y en gra n medida por: las polí ticas de repo blación, l a demanda de las empres as de primera tr ansformación de la madera de un ti po de madera específico, la inversión de propietarios de hectáre as forestales no r esidentes y po r el abandon o de muchas explotaciones agrícolas-ganaderas. Con lo que muchas hectáreas de mo nte arbolado s e veían para los propieta rios como un territorio del que en un periodo de ti empo no muy larg o obtene r ben eficios económicos (v er gráfico 9) . De hecho en los años del 2000 al 2007, la superficie forestal no arbolada dobló a la superficie arbolada. Eso si, a excepción del año 2006 donde ardieron 54.002 hectár eas de m onte arbolado frente a 39.866 hec táreas de m onte no a rbolado, l o qu e le vuelve a conceder a ese año una cuasística diferente a l a media histórica. La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 115 Gráfico 9. Evolución de la sup erficie forestal quemada en Galicia de 1970 a 2007*. 242 .147 277 .189 65.58 7 113 .720 244 .953 384 .709 186 .347 18 2.829 0 50.00 0 100 .000 150 .000 200 .000 250 .000 300 .000 350 .000 400 .000 450 .000 197 0- 197 9 198 0- 198 9 199 0- 199 9 200 0- 200 7 hec tá rea s Super f ic ie arbo lad a Super f ic ie no arbo lada Fuente: Ela bora ción pro pia a par tir de d atos facilitad os p or la “ Consellería do M edio Rural” (Xunta de Galicia) y el Min isterio de Medio Ambiente. *El 2007 incluy e hasta el mes de septie m bre. A su vez queremos dest acar que, aunqu e cualquier incendio forestal es mu y perjudicial para e l territorio donde se produce , la s consecuencias de qu e afecte a una zona arbolada o a una no arbolada es mu y diferente. P or un lado, un monte con una estructura arbórea consolidada tiene mayor v alor so cial, económico y nat ural que una rasa. P rimero, porque el p eriodo natural y de estructuración que p resenta requiere de más tiempo. Segundo, las potencialidades de se r aprovech ado económica o socialmente son may ores y, en terc er lugar porque hasta que vuelva a recuperar su entr amado arbóreo, en caso de que se produzca, tiene que pasar mucho tiempo y en la may oría de los casos necesitan de unos cuidados y acciones hum anas que les a y uden a recuperar sus caracter ísticas naturales. Mientras que las zonas f orestales no arbóreas son territorios que suelen tener, o t uvieron en su momento, unas fi nalidades mu y claras (aprovechamiento a gríc ol a, ganadero, de l impieza, generación de pastos, etc.). Por lo año tras año o en periodos un poco may ores pero constantes, son quemadas para mantener e sos usos. Otro tema son las p osibl es causas d e l os incend ios forestales, que aunq ue son muchas existen fa ctores que inciden en la iniciació n y propagación d el fu ego como son: el empleo del fueg o en las práctica s agr ícolas (pri ncipalmente sobre zonas fore stales no La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 116 arboladas) , las ex tensas masas de especies a rbóreas pi rófitas 55 , la abu ndancia de combustible veg etal vivo o muerto en los montes y qu e muchos montes se encuentran en un generalizado estado de abandono. Cronológicam ente también debemos señalar como accione s que aume ntaron el riesgo de padecer un incendio forestal; quiz ás las no acer t adas repoblaciones masivas de los años de 1940 y 1950 qu e guardan una relación directa con l a r ealidad ex puesta de las extensas mas as de esp ecies arbóreas de pi no y eucalipto, la emi gración rural masiva en las d écadas de 1960 y 1970 y el abandono de los usos tradicionales ag rícolas que t ambién van de la m ano de que en los montes ga lle gos existen unos valores de combusti ble mu y elevados ( tojo, bre zales, t odo tip o de matorrales). De todos modos, la mayoría de los incendios forestales en Galicia s on un problema de clara intencionalidad. Un ejemplo lo en contramos en la razón de los incendios que tuvi eron l ugar en 1996, donde el 86,6% fueron intencion ados, frente al 65,6% de la media española . Así como que el 84% de los incendios forestales producidos en Galicia de 1996 a 2005 fueron intenci onados (ver gráfico 10) (Los Incendios F o restales en España 1996-2005, 2006). Gráfico 10. Porcentajes de las causas de los incendios forestales producidos en Galicia de 1996 a 2005. 1 % 5% 8 4% 8 % 2 % Ray o N e gl icencia I nt en c io na do Desc ono c id a Rep rod ucc ión Fuente: Elabo ración p rop ia a partir de datos facilitado s por el Ministerio de Me dio Ambiente. Esta realidad, fue m odificada po r le y cuando se prohibi ó la venta de m adera quemada para uso indus trial. Como afirmamos anteriormente, a partir de 1980 y en mayor medida en la dé cada de 1990, la superficie no arbolada quemada superó a la 55 Las semillas de las esp ecies piró fitas se ab ren y ger minan antes gracias a la a yuda d el fuego. Además en muchos casos, la a daptaci ón no se red uce a r eapare cer con ma y or f uerza después de l ince ndio, sino que par a la regenerac ión de muchas planta s es impre scindibl e que se p roduzca un incendio. La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 117 arbolada. Este hecho se debe a que la industria transformadora de la madera, sob re todo aserrader os, no pu eden abastecerse de madera quem ada. Es necesario señalar que los incendios forestales o casionan unas pérdidas que van más allá del sector forestal y qu e son de difíc il evaluación, como la degradación d el suelo, erosión, daños a l a caza y pesca, colmatació n de embalses, empobrec imiento del valor recreativo y paisajístico o la altera ción del ciclo del a gua . En cuanto a las especies arbóreas más afectadas, como y a fuimos indicando, son los pinos y l os eucaliptos las que sup eran con diferencia a las demás especies. Esto se debe, principalmente a que fueron y son las es pecies uti lizadas en los procesos de repoblación (plantaciones de monocultivo) (gráf i co 11). Estos valores aun adquieren mayor prota gonismo al c omprobar que el 42% de pino que arde en Españ a es galle go. El porcentaje aumenta al 60% cuando h ablamos d el euc alipto y c asi lle ga al 100% en el caso del roble. Mientras que el conjunto de otra s especies que a rden en Galicia sólo representa el 7% (Los Incendios Forestales en España, 2006). Gráfico 11. Superficies de las principales espec ies arbóreas q uemadas en Galicia de 1996 a 2005. 42.519 21.120 5.258 12.655 0 5.000 10.000 15.000 20.000 25.000 30.000 35.000 40.000 45.000 Pinus pi naster Eucalyptus gl obul us Quercus rob ur Otras especi es Fuente: Elabo ración p rop ia a partir de datos facilitado s por el Ministerio d e Medio Ambiente. Al estudiar los incendios forestales más actuales y su distribución t erritorial comprobamos como Galicia presenta unas características bastante concretas y que deben de s ervir de l íneas de actuación para combati r este grave problema. Incidir en que en la cartografía se utili zó la escala de distrito forestal porque es la que tiene competencias en cu anto al monte gallego y a l as inf raestructuras que exist en de lucha contra los incendios for estales. A su vez se repre sentan en porcentajes p ara una mejor La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 118 lectura del mapa y poder plasmar la variable de núm ero de incendios así como de superficie quemada (ver mapa 3). Mapa 3. P orcentaje 56 del número de incendios forestales y porce nta je de superficie forestal qu em ada por distritos f orestale s en Galicia durante el 2006 y 2007. Fuente: Elabora ción propia a partir de datos f acilitado s por la “ Consellería do Medio Rural” (Xunta de Galicia). *En e l distrito forestal d e Cal das-O Sal nés es donde se co ncentran los mayores por centajes tanto de núm ero de incendios como de s uperfi cie quemada, representanto el 20% de toda G alicia en a m bos ca sos. Al representar e l núme ro de incendios forestales qu e se produjeron en Galicia a lo largo del 2006 y hast a septiembre del 2007, se d etecta una localiz ación ter ritorial clara: la franja litoral atlántica y el sur de Gali cia. P ues los m ay ores valores los 56 Calculamos el por centaje del número de incendios forestal es y el porcentaj e de la super ficie forestal quemada de cada uno de los distritos forestales en rela ción con el núm ero total de incendios y la superficie to tal q uemada e n G alicia. Lo que d emuestr a que hay territo rios en donde hay m uchos i ncendios y sin e m bargo son p equeños y abar can poc a superficie y viceversa. La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 119 encontramos a lo lar go de toda la franja litoral at l ántica, en el distrito forestal de Caldas - O Salnés y e n una nueva á rea que a lo largo de la his toria no había tenido tanto significación como es la denominada como “Costa da Morte” (Fisterra, norte de O Bar b anza y oe ste de Berga ntiños-Mariñas Coruñe sas). En el sur de Galicia, en los distritos del sur de l as pr ovincias de Ourense y P o ntevedra es donde sucedi ó el ma y or número de incendios forestales. Las razones d e esta realidad consideramos que son varias: por un lado las tem peratura s son más elevadas, las condiciones territoriales son más propicias para la propagación y crecimiento de los incendios gr acias a una orografía menos accidentada y sobre todo el hab er sido y ser z onas de r epoblaciones forestales de especies como el pino y el eucalipto. Otras áreas en l as que los incendios tuvi eron m ucha presencia son los distritos que se encuentran en per iodos de desarrollo urb ano, económico o industrial como Vi go, O Condado u O Ba rbanza, que media nte la provoca ción de inc endios forestales “habilitan” determinadas zonas de s u territorio para la inst alación de nuevas infraestructuras o servicios como parques eólic os, urbanizaciones, áreas industriales, etc. Una situación similar la encontramos en los di stritos de las Rías Baixas donde, además de ser el área por excelencia de las repobla ciones de pinos, la gran actividad turística tiene “muchos intereses” en abarcar nuevos territorios para su crecimiento 5 7 . Mientras que dentro de l a caracterización de los dist ritos que menos padece n la lacra d e los incendios forestales d estacan áreas in teriores con carácter rural, principalmente en la provincia de Lugo, donde por u n lado el s istema a grícola tradicional tiene algo de vigencia, las r epoblacion es han sido menor es y por tanto se conserva n las pocas á reas de masas arbóre as aut óctonas (A Fonsa gr ada-Ancares o el interior de Terra de Le mos). Otro ej emplo que confirma que cuando u n m onte está puesto en valor y es ap rovechado por la pobl ación l ocal se encu entra en mejor estado d e salud y p adece menos p roblemas, como son los incendios for estales, lo encontramos en toda la franja norte de la provincia de Lugo. En este esp acio exist en amplias masas de eucalipto (los ma y ores ejempl ares de la Europa Atlántica) que se convierten en una de las principales fuentes de ingresos de mucha poblaci ón y es un t erritorio, como 57 A pesar de que p or Le y no se p uede n a lterar los uso s d e un suelo, la falta de una o rdenación del territor io ad ecuada en G alicia (P GOM), per m ite q ue se modifique n ciertas ca talo gaciones o pr im ero se eliminen las masas ar bór eas y después se i nicien una ser ie de “cambio s”. La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 120 mostraremos, en donde se encuentran algunas d e las empresas transformadoras de la madera más importantes de Galicia. En cuanto a la superfici e forestal afectada por estos incendios compro bamos como en la m a y oría de l os casos es ma yor el porcentaje de núm ero d e inc endios que d e hectáreas quemadas, como se ha indicado. L o que nos con firma qu e la mayor í a de los incendios forestales gallegos no suelen abarcar g ra ndes superficies pero si que ti enen una reiteración mu y p ronunciada. De t odos m odos hay dos casos en los que su representatividad a escala de toda Galicia es may o r en cua nto a la superficie quemad a que al número de incen dios: Fisterra y Deza-Tabeiró s. En la prim era s e detec tó a lo larg o del 2006 una tipología d e incendios que hasta el mom ento no se había producido en Galicia como fue mu chos incendios en un pe riodo de tiempo muy pequeño y que devastaron sobre todo hectáreas d e m onte arbolado, con unos p orcentajes de intencionalidad de prácticamente el 100%. En el segundo c aso, se trata de un territorio en el que por un lado tiene una cierta tend encia de desarrollo socioeconó mico orientado a la industria y los servicios, pero a su vez tiene una importante actividad agrícola y ga n adera por lo que la lucha por los usos del suelo “pudieron” provocar estos preocupantes problem as de i ncendios forestales. A s u vez, queremos ind icar qu e hay municipios como el de A Cañiza (Pontevedra) y Muiño s (Ourense) donde en un periodo de 10 años (d e 1996 a 2005) se produjeron más de 2.000 incendios ( Los I ncendios Foresta l es en España, 2006; Cons ellería do Medio Rural, 2008). Dada la repercusión ne ga tiva que oc asionan los ince ndios forestales en el territorio ga lle go, d esde la década de 1990, dif erentes Consellerías de la Xunta de Galicia, se vien en diseñando, como se ha mencionado , una serie de plan es específicos de lucha contra los i ncendios forestales, que además de pretender minim izar los daños ocasionados por los i ncendios y reducir su número, plantean una serie de actuaciones para mejorar las utilidades y potencialidades de los mont es g allegos. En l a a ctualidad el plan s e denomina como P LADIGA ( Plan de Pr evención e Defensa contra os Incendios Forestais de Galiza) q ue depende de la “Dirección Xeral de Montes e I ndustrias Forestais” de l a “Consellería do Medio Rural”. P ara ll evarlo a cabo este plan disponen de un documento en el q ue descri ben el monte ga llego (uso, especies, espacios naturales protegidos, propiedad , zonificación por ries go de incendio y vulnerabilidad del suelo) , aunque se per cibe una cierta debilidad en la inf ormación que La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 121 aportan y a las fuentes q ue util izaron para rea liz arlo, se centran en el T ercer Inventar io Foresta l d e Galicia , un documento que se publicó en 2003 y , por lo tanto se rea lizó en los años noventa, por lo que los datos no son los m ás verac es y ve rdaderos de los montes gallegos. En cualqui er caso destacar que P L AD IGA se pu ede considerar como el plan o actuación más importante desde el punto d e vista de presupuesto, personal e infraestructura de l gobierno gallego. Este hecho nos indica la conc iencia y conocimiento que existe en la s ociedad g allega sobre las nefa stas consecue ncias que ocasionan los incendios forestales en G alicia. Después del trágic o año 2006, el pl an desar rollado en el 2007 parece que obtuv o unos índices de acierto m ás adecuados, porque se han comenzado a re du cir los incendios forestales (Consell ería do Medio Rura l, 2008). 1.1.5.5. La evolución del paisaje f orestal. Breve a nálisis d e los tres Inventarios Forestales de Galicia. Lo que pretend emos con este apartado no es una m era expos ición de los datos que se r ecogen en estos documentos, sino que se tra ta de profundizar en alguna de las aportacione s de estos documentos que nos a y uda n a c omprender mejor la relación del monte gallego con l a ind ustria transformadora de la mader a, o lo que es lo mismo entr e la presencia y caracteríscticas de l a m aderia pri ma y su transformación. Ha y que tener en cuenta que esta fuent e de i nformación es la que nos aporta los datos más detallados de la distribución foresta l del monte gallego. Para r ealizar una contextualización territorial con mayor detalle, presentaremos diferente s varia bl es a e scala provincial, con la finalidad de relacionar, a posteriori , con la loc alización de las diferentes industrias de la madera. Destacar que c uando nos centremos en el estudi o de la industria transformadora de la madera, siempre t endremos presente estos apartados para analizar la relación ex istente entre las masas forestales y la propia actividad industrial. Recordamos que a pesar de todos los acpestos y p roblemáticas mencionadas, l os casi 3 m illones de hect áreas que tiene Galicia de superficie, 2.039.574 h e ctáreas están ocupadas por uso forestal , una potencialidad que si empre tenemos que tener pres ente. A su vez, de estos 2 millones de hectá reas, la ma y orí a se encuentran ocupados por monte arbolado, 1.405.451,21 hectárea s, mientras que tan sólo 634.123 hectáreas son monte La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 122 desarbolado (Tercer Inventario Forestal, 2002) 58 . P or lo que se comprueba que además de tener una gran superficie forestal, se posee un importante volumen de madera para transformar . El m a y or inconveniente es que esta gran cantidad de materia prima no es apta para todas las activi dades que se realizan den tro de la indust ria transformadora de la madera, limitándose a la primera transf ormaci ón (eucaliptos y pinos que abastecen a los aserraderos, chapas y tableros y productores de pasta de pap el y papel), a lo que se añade qu e en Galicia h ay numerosas empr esas de se gunda transform ación, muchas de las cuales deb en importar madera a pesar d e localiz arse sobre un im portante ár ea forestal. Profundizaremos en los datos de los inventarios forestales en España a escala de Comunidad Autónoma (no en todas) se han efectuado t res Inventarios Forestales Nacionales (IFN), en 1972, 1993 y 2002. El Inve ntario Forestal Nacional que se desarrolla en Esp aña tiene la finalidad de ser un instrumento c apaz de proporcionar i nformación de un modo hom ogé neo de l os ecosistemas forestales d e todo el territorio esp añol. En este sentido, el Inve nt ario Foresta l Nacional fue evolucionando a lo larg o de l os úl timos 40 años, desde l os años setenta en que se diseñ a el p rimer inv entario f orestal que t uvo como objetivo casi exclusivo la evaluación del potencial maderero d e los mont es, pasando por los ochenta, cuando se realiza el Segundo I nventario Forestal Nacional ( IFN2) que, además de tener el mismo objetivo que el primero, l e añadió una ser ie de parámetros ecológicos silvícolas y fitosanitarios. A mediados de los noventa comenzó el Tercer Inve ntario Foresta l N acional ( IFN3) se plantea qu e se d eben reco ger también t odos aquellos aspectos que dan respuesta a los criterios e indica dores de la gestión sostenible. El I nventario Forestal Nacional es un proyecto realizado por la Dirección General de C onservación de la Naturaleza de l desaparecido M inisterio de Medio Ambiente, con el objetiv o de proporcionar un a información secuen cial sobre el est ado y la evolución d e los mont es. Esta info rmación debe s ervir d e b ase p ara la tom a de decisiones en materia de ge stión fo restal. 58 Quer emos acla rar que el T ercer Invetario Forestal se public ó en e l año 2 002, sin e mbargo lo s d atos m á s actuales q ue contie ne son hasta el a ño 19 98, por l o que en muchas o casiones cuando nos referi mos al Te rcer Inventario Forestal p lantea mos el a ño 199 8 c omo ref erencia. S ucediendo lo mismo con el Se gundo Inventario Fo restal que au nque fue publicad o en el año 1993 sus dato s más act uales co n del año 1 987 . La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 123 Para l a realización del último i nventario forestal nacional (IFN3) s e utilizó como base cartográfica el Mapa Forestal 1:50.000, realiz ado p or el Banco de Datos de l a Naturaleza de la Dirección Gene ral de Conserv ación de la Natura leza del M inisterio de Medio Ambiente. La s fu entes de in formación son el trabajo de campo y l a recopilación de documentación de diferentes organismos e i nstitu ciones, concretamente en Galicia se tomaron datos en 7.527 parcelas (O Bosque Avanza, 2001). De todos modos, en prim er lugar, ha y qu e acl arar qu e la int erpretación y comparación de los inve ntarios forestales es compl icada. Como y a de cía Albino Prada (1991) y desde la Cons ellería de Medio Ambiente de la Xunta de Galicia (2001), estas comparaciones no deb en r ealizarlas exclusivamente ex pertos silvi cultores, sino que deben ser efectuadas por otros investig adores de ciencias como la historia, la economía o la ge ografía. Como veni mos mostrando, el predominio de una masa forestal e n un territorio dep ende d e f actores que van más allá d e las características naturales. Además, los conc eptos y variables de los t res inventarios, a veces no permiten comparaciones perfectas, unas veces porque se modi ficaron criterios de clasificación, t oma de datos o se utilizó otra metodología. Así, la compa ración de la superficie forestal arbol ada y desarbolada pre senta bastantes problemas, pero al ser el p arámetro más conocido y utilizado para dictamina r sobre el monte, ha y qu e tenerlo en cuenta. Más dificultades, presenta el cálculo de las especies a rbóreas, pues además de los cambios en la formación de estratos entre un inventario y otro, las mas as mix tas no ti enen un cr iterio único combinando especies. De todos modos y, supe ra ndo estas dificultade s, parece que esta fuente presenta la evolución más veraz y c orrec t a de la tra yec to ria de los recursos forestal es de los montes ga lle gos desde hace varias décadas (Prada, 1991; O monte Gale go en Cifras, 2001; O Bosque Avanza, 2001; Dans, F. y Molina, B, 2005). Comparando el Primer (1972) y Se gundo Inventario Forestal Nacion al (1993) en Galicia, observamos que en conjunto, se reduje ron aproximadamente 100.000 hectár eas de monte ar bolado, si bi en en el s egundo inventario s e recogieron 128.29 8 hectáreas de "otros terrenos ar bolados" que no aparecían en el anterior. Se observa que aume ntó el volumen maderable para el pino (Pinus pinaster, P. s y lvestris y P inus radiata), debido al aumento del diámetro, s i bien se produjo un descenso imp ortante tanto en superfi cie como en número de los árboles de pequeño diámetro, lo que condujo a la ralentización La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 124 de esta esp ecie y su aprovechamiento mad erero a med io plaz o. Se observa asimismo, un fuerte aumento en superfi cie y volumen maderable de l eucalipto (Eucal y ptus globulus) principalmente en la provi ncia de A Coruña. A s u vez , aumentó el volum en maderable de las frondosas de turno largo, aunque este dato e stá influenciado por un cambio en las fórmulas utilizadas, siendo las segundas un poco más generosas en su cálc ulo. Así, la evolución entre el IFN1 (1972 ) y el I FN2 ( 1993) en cuanto a la sup erficie forestal ocupa d a por coníferas descendió casi en 200.000 hectáreas, ya que en el IF N1, la mitad de la superficie ar bolada estaba ocupa da por coníferas (600.000 hectáreas) entre las que destaca el pi no (Pinus pinaster) con 400.000 hectáreas, d e las que l a mi tad se localizaban, de nue vo, en la provincia de A Coruña. El eucalipto pasó de ocupar 27.000 a 47.000 he ctáreas, pero hay qu e ser realista y aclarar que a esta superficie ha y que sumarle bu ena parte d e l os 200.000 hectáreas que se catalogaban como masas mix tas de pinos y eucaliptos, cuando realmente son eucaliptales puros (Prada, 1991). Para tener un a visión más clara de la evolución de los montes gallegos entre la década de 1960 y la de 1980, debemos considerar otr as c aracterísticas que tenemos recogidas en los inventa rios. Se trata del núm ero de pies 59 por grupos de especies, el volumen m adera ble 60 en m etros cúbicos, el crecimiento anual 61 por grupo de especie y la posibilidad anual de corte 62 en metros cúbi cos. Aclarar que analizamos los tres grupos de especies más sig nifi cativos de los montes gallegos: pino (sum amos los valores del Pinu s pinater y el Pinus radiata), eucalipto y frondosas. Así, comprobamos como el pino era la especie ma yor it aria de los montes ga lle gos e n 1972 (ver g ráfico 12) . Este predomi nio era consec u encia dire cta de la política repobladora des arrollada. El eucalipto, sin embar go en cuanto al núm ero de ejemplares t enía po ca representación, debido a que aún exi stían p ocas zonas d e monocultivo de esta especie. El grupo de las frondo sas se mantenía en térmi no medio en 59 Número de ár boles de un gru po determinado po r unidad d e espacio . (Dicc ionario For estal, 20 05). 60 El volumen d e m adera po r especie y clase diamétric a tota l y p or unidad de superficie es indispen sable para la planificación de e ste re curso forestal. 61 Se tra ta de la ca ntidad de metro s c úbicos que u na espe cie fore stal p uede ge nerar en un p eriod o d e tiempo y segú n la s caracter ísticas de l monte e n e l que se enc uentra a ntes de ser tr ansfor m ado p or la industria, r espetando lo s turnos d e cor ta más ade cuad os. 62 Es el volumen d e m adera q ue s e p uede apr ovechar an ual mente según un p lan d e co rtas or denado (Diccionario Forestal, 200 5). La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 125 cuanto al número de árb oles de este grupo, lo que p ermitió que las in dustrias de la primera transformación se siguiesen abasteciendo de madera gallega. Gráfico 12. Evolución del número de pies por especi e en Galicia (1972-1986). Fuente: Elabo ración p rop ia a partir del IFN1 y IFN1. El segundo inventario forestal, 1993, nos confirmó que el número de pinos se redujo casi a la mitad co n respeto al inventario an terior, pues su consumo industrial fue muy pronunciado a l o que siempre ha y qu e a ñadir la destrucción por causa de los incendios. Por su contra, el número de eucaliptos aumentó, a pesar de que su consumo fue mu y fuerte, pero su ex pansión y protección por parte del sistema de repoblación permitió que s u número fuese cada vez mayor. Mientras que el número de árboles frondosas, aumentó un poco, y fue sobre todo gracias a l a evolución natural de los montes gallegos tras los procesos de éxodo rural y ab andono agrario. El volumen maderable aumentó de l IFN1 al IFN2, el c aso de los pi nos sorprendió más porqu e el número de pinos en este pe riodo se h abía reduci do casi a la mitad, pero esto c onfirma que esta e specie en 1986 presentaba una potencialidad económica ma yor, pues eran menos en número pero el volumen de madera aumenta, a pesar de la gran cantidad de incendios forestales q ue padecieron (ver gr áfico 13). Lo mismo sucedió con el eucalipto pero en ma yor grado, ya que su volume n creció más, casi 7 millones de metros cúbico. Además h a y que desta car que ex istían 68 millones de eucaliptos en crecimiento. Mientras que el com portamiento de las frondosas era más natural y establ e. De todos m odos hay que des tacar dos hechos, p rime ro que estas especies (roble y castaño ) crecen de un modo espontáneo después de un incendio y en las z onas de cultivo abandonadas y, corroboramos lo s razonamientos de Albino Prada y 0 5 0 .0 0 0 100.000 150.000 200.000 250.000 300.000 350.000 400.000 450.000 500.000 P i n o E u c a li p t o F ro n d o s a s 1972 1986 La industria de la mad era en Galicia. La signi ficación del s ubsector del mu eble. 126 Xesús Balboa que y a rec onocieron que el I FN1 n o reco gió la r ealidad forestal g allega, se olvidaron de los re b rotes de estas e sp ecies (Balboa, 1990; Prada, 1991). Gráfico 13. Evolución del volume n de las especi es f orestales e n Galicia (1972-1986). Fuente: Elabo ración p rop ia a partir del IFN1 y IFN2 Tomando otra variable, el volumen de crecimiento anual de las es pecies forestales entre i nventarios se observa l a pérdida de m ás de 3 millones y medio de metros cúbicos al año. Tanto los pinos como las frondosas tuvi eron un comportamiento muy negativo, reduciéndose casi a la mit ad su volumen de crecimiento, mientras que el eucalipto presentaba el c omportamiento op uesto (ver gráfico 14). Los pi nos p erdieron 3,2 mi llones de metros cúbicos y fueron un eje mplo de la mala capitalización de las inversiones realizadas en el pasado. A m edio p lazo, el volumen maderable y la posibilidad anual de cortes racionales de est a esp ecie desaparecer án según la t rayectoria marcada por ese inventario. Los datos de l os eu caliptos nos indican que, a pesa r d el i ncremento qu e pu diera tener de demanda, no parecía neces ario el esfuerzo y apoyo que recibía de la repoblación, sino er a co n la intención de provoc ar un ex ceso de oferta 63 . El eucalipto pasó de representar el 16,7% al 31,1 % del conjun to del monte a rbolado y, su expansión hizo que casi a lcanzase los 2 millones de m etros cúbicos a nuales. Además el millón de nuevos pies de esta especie que existían en Galicia, supondrían i ncrementos tanto en 63 E ste e xceso d e oferta p rovocaría que su p recio c ayese mucho y p or lo tan to, las empresa s p rod uctoras de p apel, pasta d e pap el y triturado ras, se verían muy favorec idas. 0 1 0 . 0 0 0 2 0 . 0 0 0 3 0 . 0 0 0 4 0 . 0 0 0 5 0 . 0 0 0 6 0 . 0 0 0 P in o E u ca li p t o F ro n d o s a s miles metros cúbicos 1972 1986 [Document text truncated for crawler view.]