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La recepción de la antropología histórica del mundo antiguo en España

González García, Francisco Javier

Abstract

El presente trabajo ofrece una aproximación al impacto, en España, de la antropología histórica del mundo antiguo desarrollada en Francia en la segunda mitad del siglo XX. Tras una breve presentación del origen de dicha corriente interpretativa y de su recepción internacional, se ofrece una aproximación a la actividad desarrollada por los autores que llevaron a cabo su difusión en España y un análisis de las razones que pueden explicar el escaso arraigo de que gozó en la academia española.

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293Gerión, 42(2), 2024: 293-315 Gerión. Revista de Historia Antigua ISSN: 0213-0181 SECCIÓN MONOGRÁFICA La recepción de la antropología histórica del mundo antiguo en España Francisco Javier González García Universidade de Santiago de Compostela [email protected] https://orcid.org/0000-0002-9201-878X https://dx.doi.org/10.5209/geri.92889 Recibido: 5 de diciembre de 2023 • Aceptado: 3 de septiembre de 2024 ES Resumen: El presente trabajo ofrece una aproximación al impacto, en España, de la antropología histórica del mundo antiguo desarrollada en Francia en la segunda mitad del siglo XX. Tras una breve presentación del origen de dicha corriente interpretativa y de su recepción internacional, se ofrece una aproximación a la actividad desarrollada por los autores que llevaron a cabo su difusión en España y un análisis de las razones que pueden explicar el escaso arraigo de que gozó en la academia española. Palabras clave: Vernant; Centre Gernet; Miralles; García Gual; Bermejo; Iriarte. ENG The Spanish Reception of the Historical Anthropology of the Ancient World Abstract: This paper offers an approach to the impact, in Spain, of the historical anthropology of the ancient world developed in France in the second half of the 20th century. After a brief presentation of the origin of this interpretative current and its international diffusion, it offers an approach to the activity developed by the authors who made it known in Spain, as well as an analysis of the reasons that may explain its scarce roots in the Spanish academy. Keywords: Vernant; Centre Gernet; Miralles; García Gual; Bermejo; Iriarte. Sumario: 1. La antropología histórica del mundo antiguo en Francia: origen y consolidación. 2. La recepción en España. 3. ¿Por qué fracasó la antropología del mundo antiguo en España? 4. Referencias bibliográficas Cómo citar: González García, F. J. (2024): “La recepción de la antropología histórica del mundo antiguo en España”, Gerión, 42(2), 293-315. 294 González García, F. J. Gerión, 42(2), 2024: 293-315 1. La antropología histórica del mundo antiguo en Francia: origen y consolidación La consideración e interpretación de la historia y cultura clásicas promovida por la Altertumswissenschaft de tradición germana y basada en la aplicación del método históricofilológico se constituyó, en el siglo XIX, como la principal aproximación teórico-metodológica al estudio de la Antigüedad clásica. No fue, sin embargo, la única. La publicación en Francia, en 1864, de La Cité Antique de Numa Denis Fustel de Coulanges impulsó el desarrollo de una aproximación sociológica al mundo clásico de notable influencia sobre la sociología y la antropología europea de la época, disciplinas en pleno desarrollo en estos momentos, tal y como se manifiesta en las obras de Émile Durkheim o Max Weber.1 Esta aproximación sociológica francesa se continuaría, dentro del ámbito de los estudios sobre la Antigüedad clásica, a través de Gustave Glotz (1862-1935) y su obra La Cité Grecque, aparecida en 1928, y sobre todo con Louis Gernet, filólogo, historiador y antropólogo del mundo griego, discípulo del fundador de L’Année Sociologique,2 publicación en cuya edición estuvo implicado durante décadas. Una corriente en la que también se puede incorporar a otros clasicistas, como Henri Jeanmaire, un autor “muy cercano a la escuela sociológica”.3 La sociología francesa y la antropología de James G. Frazer fueron dos elementos fundamentales en la configuración de otra aproximación alternativa a la visión germánica del mundo clásico, aquella que desarrollaron autores como Gilbert Murray, Arthur Bernard Cook, Jane Ellen Harrison o Francis Macdonald Cornford, conocidos como el grupo de los ritualistas, o escuela, de Cambridge.4 Esta aproximación sociológica al mundo antiguo siempre constituyó una corriente muy minoritaria dentro de los estudios helénicos franceses, opuesta a la tendencia general por la que circulaba la disciplina.5 Sus orientaciones teóricas o sus planteamientos metodológicos dificultaron que sus practicantes pudiesen cursar carreras académicas estándar, viéndose relegados, como le sucedió a Gernet hasta su jubilación, a puestos en instituciones menores,6 o, como en el caso de Jeanmaire, a vivir en un aislamiento absoluto que lo llevó al suicidio.7 Tradicionalmente se ha venido otorgando un peso excesivo al influjo de la sociología durkheimiana dentro de los elementos constitutivos de la antropología histórica francesa del mundo antiguo que, a partir de la década de los años sesenta del siglo pasado, desarrollarían Jean-Pierre Vernant y sus colaboradores.8 No obstante, como indica Riccardo Di Donato en su contribución a esta sección monográfica, el origen de la antropología histórica vernantiana debe mucho más a la psicología histórica de Ignace Meyerson, su primer maestro, y a la huella dejada 1 Momigliano 1977; Prendergast 1983-1984; Sobre Fustel de Coulanges: Hartog 1988 y, en castellano, Reimond 2021. 2 Vernant 1996b, 108-109: “Era [Gernet] un helenista (…). Pero asimismo era sociólogo, discípulo de Durkheim, y miembro activo del grupo que intentó reactivar el estudio de las ciencias humanas (…). Lo conocí en 1948, a través de Meyerson, cuando se incorporó a la Escuela Práctica de París, a los 65 años, y seguí sus seminarios durante diez años como si fuesen una fiesta intelectual”. Ver también Vernant 2016, 45. 3 Vernant 1996a, 114 4 Ackerman 2002; Beard 2000; en castellano contamos con la tesis doctoral de Verdía Barbará 2010 y el breve estudio que Cid 2021 dedica a J. E. Harrison. Junto a esta escuela, otros autores anglosajones han desarrollado, también, aproximaciones al pasado clásico que han tenido en cuenta la perspectiva antropológica, como Eric Dodds o M.I. Finley; al tratarse de una cuestión muy colateral al presente trabajo, no prestaremos atención a su obra en las presentes páginas, remitiendo a los trabajos incluidos en Stray — Pelling — Harrison 2019 y Harris 2019 y las breves aproximaciones a sus vidas y obras de Molino García 2021 y Martínez Lacy 2021. 5 Para una aproximación general a este grupo de clasicistas dentro de la escuela sociológica francesa: Benthien 2011. 6 Vernant 1996a, 215: “Este hombre, que tanto tenía por decir y que habría podido formar a multitud de estudiantes, pasó la mayor parte de su vida enseñando el tema y la versión del griego en la Faculté des Lettres de Argel. Ya tenía más de sesenta y cinco años cuando pudo venir a la École Pratique des Hautes Études”. 7 Vidal-Naquet 2008, 76. 8 Humphreys 1971; argumento que, con el tiempo, se ha llegado a convertido en un lugar común: Redfield 1991, 71-72; González Alcantud 2016, 25-28. 295González García, F. J. Gerión, 42(2), 2024: 293-315 por esta en la antropología histórica de la Grecia antigua de Gernet, su “otro maestro” en palabas de Vernant9, que a la sociología durkheimiana.10 Un proyecto intelectual que, parafraseando a Vernant, consistía en crear una disciplina centrada en el estudio de todo lo que es propiamente humano: todo aquello que el hombre ha creado y producido en todos sus ámbitos de actuación a lo largo de la historia: útiles y técnicas, lenguajes, religiones, instituciones sociales.11 La rigidez e inmovilidad metodológica de los estudios clásicos franceses y su escaso interés por establecer una colaboración con otras ciencias sociales explican el distanciamiento de las disciplinas centradas en el estudio de la sociedad y la cultura greco-romana con respecto a la gran renovación metodológica e historiográfica que, protagonizada por medievalistas y modernistas, llevó a la creación de la revista Annales en 1929.12 Esta es, al menos, la situación que parece deducirse de las palabras de Vernant: Los estudios griegos, en la mayoría de los casos, permanecieron al margen de la gran renovación de las Ciencias Humanas que se produjo a principios del siglo XX. En el fondo, los helenistas, en líneas generales, se caracterizan, salvo excepciones, por no interesarse mucho por los estudios de Sociología, de Psicología y, aún menos, de Antropología. Había una tradición de estudios griegos basada en la Historia y en la Filología y se puede decir que ambas siguieron siendo sus dos pilares fundamentales. Siempre que los helenistas quisieron ampliar sus horizontes y abordar su objeto con instrumentos de análisis elaborados en otros ámbitos de investigación, fueron considerados como marginales, locos o fantasiosos (…). En Francia ellos [Louis Gernet y Henri Jeanmaire] fueron, después de Glotz, los primeros en vincularse con la escuela sociológica, intentando interrogar a Grecia a partir de los problemas que los sociólogos planteaban para el conjunto de las civilizaciones y de la vida social. Todos ellos ocupaban una posición algo exterior con respecto a la corriente principal de los estudios griegos (…).13 Pese a esta marginalidad, Vernant logró entrar en 1948 en el “Centre Nationale de la Recherche Scientifique” (CNRS), pasando a ser, diez años más tarde, “Directeur d’Etudes de la VIe Section de l’École Pratique des Hautes Études” y posteriormente, en 1968, de la Ve, hasta su elección como profesor para el “Collège de France” en 1974.14 Consolidada su posición académica fundó, en 1962, el “Centre de Recherches Comparées sur les Sociétés Anciennes”, vinculado a la “École Pratique” y asociado, desde 1964, al CNRS; centro que dirigió hasta a su jubilación en 1984, pasando entonces a ser denominado como “Centre Louis Gernet”.15 Su origen último se encuentra en una serie de reuniones promovidas a finales de la década de los cincuenta por un grupo de 9 Vernant 1996a, 108-109. Magisterios que, como reconoció Vernant (2016, 44), fueron fundamentales en su configuración como investigador: “Tengo ciertas ideas propias, una manera de enfocar los problemas desde el punto de vista de la psicología histórica. Esta fue la aportación de Meyerson; con respecto a Grecia (…) no me compararía con Gernet (…) pero, desde luego, nunca habría hecho lo que hice de no haber sido por Gernet”. 10 Para una revaloración del influjo de Durkheim sobre Vernant y sus colaboradores más directos ver Macé 2020, 4-6. 11 Vernant 1989, 306-307. Para una valoración del propio Vernant de la psicología histórica de Meyerson y la antropología histórica de Gernet: Vernant 1996a, 160-172 y 214-218. Con relación a Gernet y Meyerson ver, respectivamente, Di Donato 1982 y 1990. 12 A diferencia de lo que opina González Alcantud (2016, 29), no creo que dicho distanciamiento fuese consecuencia de una decisión tomada desde la propia dirección de Annales. Con respecto al debate y a la relación entre la Historia y la Antropología en general, cuestión en la que, en última instancia, se enmarca nuestro trabajo, pero en cuya exposición no podemos detenernos, resulta muy recomendable la lectura de Viazzo 2003 y González Alcantud 2019. 13 Vernant 1978. 170-171. 14 Hartog 2016, 6-9. Sobre su elección al Collége y las relaciones con otros miembros de dicha institución (Georges Dumézil, Claude Lévi-Strauss, Michel Foucault): Guimarães 2008a. 15 Iriarte 2008, 244. Con respecto a la creación y la historia del “Centre” ver Iriarte 2011, 93-125; Dosse 2020, 207-254 y 2008, 244. La evaluación externa que Oswyn Murray (2020, 2-12) realizó al “Centre Gernet”, a petición de la EHESS, en 1996 permite conocer su funcionamiento, con sus virtudes y carencias. Sobre 296 González García, F. J. Gerión, 42(2), 2024: 293-315 especialistas, caracterizados por su orientación marxista, en distintas civilizaciones y sociedades para reflexionar sobre los problemas básicos de sus respectivos ámbitos de estudio. Reuniones informales de las que surgió el impulso para la creación del “Centre” en 1962, que desde entonces “y sin dejar de ser comparativo, se convirtió en un polo de atracción para los helenistas”.16 A partir de este momento Pierre Vidal-Naquet y Marcel Detienne, que ya seguían el seminario de Vernant desde inicios de la década de los sesenta,17 pasaron a vincularse con el Centro; posteriormente se integraría Nicole Loraux18 y muchos otros investigadores más jóvenes en los años siguientes; hasta configurarse lo que, desde fuera de dicho grupo, pasó a ser denominado como la “Escuela de París”, calificativo que siempre generó cierta reticencia entre sus miembros.19 Este conjunto de investigadores, junto con sus discípulos y colaboradores, fue el responsable de la difusión internacional de la antropología histórica francesa del mundo antiguo. Pese a esta institucionalización, seguía siendo una disciplina marginal y minoritaria dentro de los estudios clásicos franceses. En opinión de Vidal-Naquet,20 a finales de la década de los sesenta del siglo pasado, el grupo de Vernant constituía la secta antropológica, una de las tres que, junto a la marxista encabezada por Pierre Léveque y con sede en Besançon, y la filológica de Jean Bollack y sus discípulos de Lille, resistían, dentro del ámbito de los estudios griegos, ante la Sorbona. Afirmación que, como ya se ha señalado,21 viene a poner de manifiesto la situación de distanciamiento de la aproximación antropológica, a pesar de su destacado lugar dentro los estudios clásicos franceses de finales del siglo XX, con respecto a la filología clásica y la historia antigua impartidas en la Universidad. Situación que ha expresado claramente Pauline Schmitt Pantel: Ahora bien, ¿hubo muchos historiadores franceses que siguieron los métodos de Vernant o de Vidal-Naquet? No (…). Además, en Francia, la tradición histórica en Historia Antigua es, por una parte, muy literaria, y, por otra, está muy ligada a la epigrafía (…) En Francia, además, se practica también un tipo de historia, muy interesante, sobre instituciones, prácticas, etc. que no necesita del planteamiento antropológico.22 El testimonio de Paul Demont, director de la escuela de doctorado de estudios antiguos y medievales de la Sorbona hasta 2018, muestra con claridad la existencia de estas dos distintas aproximaciones francesas, paralelas y apenas convergentes, al pasado griego. Entre los escasos sus tres primeras décadas de existencia, resultan muy interesantes los recuerdos, a veces divergentes, de Vernant (1996, 52-59) y Detienne (Genin 2021). 16 Vernant 2016, 48 y Guimarães 2008b, 13-18. Sobre las razones históricas, sociológicas y culturales que explican la aparición y desarrollo, en la Francia de posguerra, de esta preocupación por la Grecia Antigua: Leonard 2005. 17 Hartog 2016, 8. El primer contacto entre Vernant y Vidal-Naquet se produjo en 1957 y, desde 1960, este último pasó a ser un habitual del seminario de Vernant (Dosse 2020, 209). Tras su traslado a París desde Bélgica a principios de los años sesenta (Genin 2021, 162), Detienne comenzó a frecuentar los seminarios de Vernant y Gernet (Vidal-Naquet 1968, 112). Demont (2020, 2) ofrece una valoración del impacto que Vernant y sus seminarios ejercían sobre los asistentes. 18 Nicole Loraux se encuadra, por edad, en lo que Di Donato (2007, 90) denominó tercera generación del “Centre Gernet”. Vinculada desde 1966 con el “Centre” como participante habitual del seminario de Vernant (Dosse 2020, 228), pasó a ser en 1975 profesora de la EHESS, ocupando la cátedra de Histoire et Anthropologie de la cité grecque y desarrollando una intensa carrera, truncada por un ataque cerebral que limitó su actividad académica e investigadora (Iriarte 2007, 379). Una buena aproximación a su vida y obra en Iriarte 2021. 19 Iriarte — Sancho Rocher 2010, 93-96. Rechazo que, como ha indicado Ana Iriarte (Madrid Navarro 2021, 3-4), tiene mucho que ver con los distintos intereses de este grupo de autores y sus personalidades, claramente diferenciadas. Buena prueba de esta falta de homogeneidad la ofrece, por ejemplo, la marcha, en los años noventa, de Detienne a Johns Hopkins o la fundación de su propio centro por Loraux, Con respecto a la cuestión de la existencia, o no, de una escuela ver los trabajos reunidos en De Polignac (ed.) 2020. 20 Vidal-Naquet 1998, 209. 21 Miralles 2010. 32-33. 22 Manifestaciones recogidas en Iriarte — Sancho Rocher 2010, 94-95. 297González García, F. J. Gerión, 42(2), 2024: 293-315 doctorandos en literatura e historia griega, el influjo de la antropología histórica de herencia vernantiana era, según Demont, terriblemente reducido, al igual que entre sus directores de tesis. En opinión de nuestro autor, los trabajos de muchos antropólogos del mundo antiguo franceses se conocían y se citaban, pero más por respeto a los principios bibliográficos que por razones de fondo. Situación que también ocurría en sentido inverso: en muchas tesis planteadas desde una aproximación antropológica tampoco se citaban, o simplemente se ignoraban, muchos trabajos de filólogos clásicos.23 Esta ambigüedad también se aprecia en la recepción internacional de los presupuestos de la antropología histórica. La introducción de Vernant y Vidal-Naquet en el mundo anglosajón se produjo en un momento temprano, a través de una invitación de M. I. Finley para participar, en 1966, en un coloquio en Cambridge.24 A partir de aquí sus obras alcanzaron una proyección considerable en el mundo de habla inglesa. Así lo ponen de manifiesto las posteriores y numerosas visitas de ambos, y de otros colegas parisinos, a universidades americanas e inglesas, los Doctorados Honoris Causa de Vernant en Inglaterra (Oxford y Bristol), las múltiples traducciones de las obras de la escuela de París al inglés o la apertura de las universidades americanas para la docencia de algunos de sus miembros (Marcel Detienne). Pese a esta buena acogida del mundo anglosajón,25 la aceptación de los métodos del “Centre Louis Gernet” fue, en realidad, problemática, como han señalado James Redfield26 o Page duBois27 y en modo alguno generalizada dentro del ámbito académico de los estudios clásicos en lengua inglesa.28 El impacto en Estados Unidos e Inglaterra vino seguido por una gran proyección internacional, gracias a las traducciones de sus obras a diversos idiomas, a sus viajes a países extranjeros para participar en congresos internacionales, dictar ciclos de conferencias o realizar estancias de investigación, así como a la recepción en el “Centre Gernet” de investigadores de las más diversas nacionalidades.29 Un influjo que incluso se dejó sentir en Alemania dentro del ámbito de la Arqueología Clásica. En la década de los ochenta del siglo pasado, algunos arqueólogos clásicos alemanes, como Tonio Hölscher o Paul Zanker, intentaban renovar, actualizar y sacar a su disciplina de los presupuestos decimonónicos que todavía imperaban en ella.30 Este impulso y entusiasmo inicial que, entre determinados investigadores alemanes, despertó la recepción de algunas ideas francesas acabó chocando, sin embargo, con la tradición alemana, limitando, así, su alcance y difusión.31 23 Demont 2020, 5. 24 Miralles 2010, 32-33. Ese fue, también, el año de una de las primeras visitas americanas de Vernant como conferenciante del ciclo “The Languages of Criticism and the Sciences of Man” de la Johns Hopkins University; actividad que supuso el inicio de la “invasión estructuralista” en EUA: Stocking 2020, 1-5. 25 Ver Murray 2018 que recoge las opiniones de Oswyn Murray, Geoffrey Lloyd, Richard Buxton, Froma Zeitlin y Page Dubois. 26 Redfield 1991. 27 DuBois 1988. 28 Muchas de las cuestiones y problemas planteados por los autores del “Centre Gernet” no han sido todavía plenamente apreciadas, como recientemente ha señalado Stocking (2020, 10), por los clasicistas de lengua inglesa. El influjo de la antropología histórica francesa del mundo antiguo fue considerable, no obstante, en determinados investigadores ingleses y americanos, como, por ejemplo, Anthony Snodgrass (2020). La recepción e impacto de la obra de todos estos autores no fue siempre tan tibia, algunos gozaron de una influencia considerable en el mundo académico anglosajón, especialmente en EUA, como sucedió, por ejemplo, con Nicole Loraux gracias, en gran medida, a su aproximación a la historia de las mujeres en la antigüedad helénica: Pucci 2005. 29 Vernant 2016, 49-51. Contactos internacionales que establecieron una corriente de influencias en doble sentido, como, por ejemplo, las ejercidas sobre Nicole Loraux por algunos homeristas norteamericanos como Gregory Nagy o Laura Slatkin (Bouvier 2005). 30 Hölscher 2020 y Gehrke 2020 ofrecen dos buenos ejemplos de investigadores alemanes que recibieron esta influencia francesa. 31 Tal y como ha indicado Dietrich 2020, 11-12. 298 González García, F. J. Gerión, 42(2), 2024: 293-315 Entre los países en que la antropología histórica ha tenido una especial influencia podemos destacar Brasil e Italia. En el caso del país sudamericano, la recepción de Vernant, y con posterioridad de sus colegas del Gernet, se produjo totalmente al margen de los estudios clásicos, disciplina que no contaba con tradición investigadora en el Brasil de la época. La difusión del pensamiento de Vernant se produjo, en este caso, a través de la labor realizada por filósofos o antropólogos, como Marilena Chauí o Manuela Carneiro da Cunha, promotora de los dos primeros ciclos brasileños de conferencias de Vernant en Brasil en 1972 y 1977.32 Italia es, quizás, el país en que con más fuerza ha arraigado, dentro del ámbito académico, la aproximación, desde una perspectiva antropológica, al pasado clásico, con las Universidades de Pisa y de Siena como centros principales de práctica y difusión de esta disciplina33. En el caso de Pisa, los contactos se inician 1970 cuando Arnaldo Momigliano invitó a Vernant a un seminario de la Scuola Normale Superiore.34 Tres años más tarde, tras el congreso sobre el mito griego que organizó Bruno Gentili en la Universidad de Urbino, los trabajos del autor francés comenzaron a gozar de difusión en el país transalpino.35 Desde estos momentos se cerró un estrecho contacto y se abrió una línea de colaboración entre Vernant y el resto de los miembros del Gernet y la Universidad de Pisa, a través de Riccardo Di Donato y sus discípulos, que se concretó en múltiples viajes académicos tanto a la ciudad italiana como a París.36 La manifestación más directa, dentro del ámbito académico, de dicha influencia fue la creación, desde el curso 1993-1994, de una asignatura denominada “Antropologia del mondo antico” en el currículo académico de los estudios de lengua y literatura griega de la Universidad de Pisa y la fundación, desde el curso 2001-2002, del “Seminario”, posteriormente “Laboratorio”, “di Antropologia del Mondo Antico”, depositario y custodio de los archivos Louis Gernet y Jean- Pierre Vernant. La Universidad de Siena reúne en el “Centro Antropologia del Mondo Antico”, dirigido desde su creación en 1986 por Maurizio Bettini, otro importante grupo de antropólogos de la Antigüedad. El influjo de la escuela francesa sobre este grupo sienés es evidente, aunque no tan directo como en el caso del grupo de Pisa.37 El grupo de Siena, además, presenta como característica singular su aplicación de los presupuestos teóricos y metodológicos de la antropología histórica al ámbito histórico-cultural del mundo romano. Un buen ejemplo del arraigo y difusión de esta forma de entender el pasado clásico en el país transalpino lo ofrece, por ejemplo, una reciente publicación coordinada por M. Bettini que, en su subtítulo, se presenta como una antropología del mundo antiguo, y en la que han participado numerosos autores italianos pertenecientes a diferentes universidades e instituciones.38 32 Guimarães 2018, 348. Sobre la difusión de los autores del Gernet en Iberoamérica: Beledoni 2000; Nava Contreras 2003; Milanezi 2005; Moraes 2009: Cadavid Ramírez 2018; Carmona 2011; Joly, 2013; Aquino 2019. 33 Arraigo que, en gran medida, se puede deber también a la existencia, desde el siglo XIX, de una tradición propia de diálogo entre la Historia y la Antropología en Italia; a este respecto ver Buttitta 2019. 34 Taddei 2020, 11; Di Donato 2013, 207. Ver, también, la contribución de Di Donato al presente dossier monográfico. 35 Taddei 2020, 9. Los trabajos presentados a dicho congreso se pueden consultar en la edición impresa del mismo: Gentile — Paioni (eds.) 1977. Di Donatto (2013, 206-207) reconoce, no obstante, haber conocido su obra en 1966 a través de Arnaldo Momigliano. 36 Una breve presentación de estas relaciones se puede seguir en Taddei 2020, 13-15. 37 Asumiendo el rol de mitógrafo antiguo, Maurizio Bettini (en Bettini — Spina 2017, 7) ofrece, en su discurso conmemorativo del treinta aniversario de la creación del centro que dirige, un mito sobre su fundación en el que desempeña un papel fundamental una fórmula de invocación que incluye a Frazer, Lévi-Strauss, Vernant y Detienne, clara manifestación de las influencias que se encuentran tras la creación del centro y bajo las que se desarrolla su actividad. 38 Bettini (ed.) 2021. Dos ejemplos del arraigo que, en Italia, han tenido las ideas de los autores del “Centre Gernet” se pueden ver en Paradiso 2005, para el caso concreto de la obra de Nicole Loraux, y Pironti 2020, para el conjunto del grupo. 299González García, F. J. Gerión, 42(2), 2024: 293-315 2. La recepción en España Ni la escuela sociológica francesa ni los estudios de corte sociológico-cultural sobre el mundo antiguo derivados de la obra de Fustel de Coulanges arraigaron entre los ámbitos académicos españoles. Buena prueba de ello la ofrecen las traducciones castellanas de la La Cité Antique: la primera edición data de 1876, trece años después de su aparición en Francia, no volviendo a ser reeditada en castellano, en esta ocasión en Argentina, hasta 1945.39 Consideramos, siguiendo a González Alcantud,40 que dicha obra distó mucho de ser un éxito editorial o de público. Entre las décadas de los veinte y treinta del siglo pasado también se tradujeron al castellano, con reducido impacto, algunos trabajos de Glotz41 y de Gernet42 como parte de la edición española de la colección “La Evolución de la Humanidad”,43 reeditada en México décadas después.44 La difusión en España del pensamiento de Vernant y de la antropología histórica francesa del mundo griego antiguo se inició en 1965, año de aparición de las primeras traducciones castellanas de sus obras.45 Comenzó, así, una corriente continua de traducciones españolas de trabajos de diferentes miembros del “Centre Louis Gernet” que, hasta inicios de los años veinte del presente siglo, supuso la edición de más de medio centenar de títulos.46 Los recuerdos de Carlos García Gual nos ofrecen un buen ejemplo de la situación que, en esta época, vivían en España tanto la Universidad como el ámbito académico de los estudios clásicos:47 Acabé mi carrera a mediados de los setenta, y ni en las clases ni en los seminarios de mi Facultad oí mencionar nunca, que yo recuerde, el nombre de Jean-Pierre Vernant. Por entonces no se estudiaba Mitología como una materia propia en nuestra especialidad. Hay que decir, por otra parte, que la traducción española de Los orígenes del pensamiento griego es de 1965 y argentina, y los libros importantes de Vernant se publican luego, en años posteriores. Recuerdo que, en la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid, donde la sección de Clásicas tenía sólido prestigio, solo existía una asignatura optativa y de doctorado de “Religión Griega”, que impartía con rigor (…) Lasso de la Vega, con una orientación bastante filológica y germánica (…). En las Universidades de Madrid y Salamanca los estudios de Filología Clásica tenían por entonces un carácter muy predominantemente lingüístico y tanto la cultura como la literatura disponían de poco espacio en aquel plan de estudios (…) La orientación en la Universidad de Barcelona era, creo recordar, más literaria y menos centrada en la lengua. Pese a esta última afirmación de Gual, los recuerdos de Montserrat Jufresa sobre la universidad barcelonesa nos ayudan a matizar el influjo que en ella alcanzó la obra de Vernant y sus colaboradores y que, en gran medida, dependió de la figura de Carles Miralles: “En Barcelona, 39 Fustel de Coulanges 1876, publicada por el editor madrileño M. Tello; la reedición argentina apareció en Ediciones Emecé. 40 González Alcantud 2016, 46. 41 Glotz 1926 y 1929. 42 Gernet — Boulanger 1937. 43 En la barcelonesa Editorial Cervantes. 44 Los libros de Glotz y Gernet — Boulanger fueron reeditados, respectivamente, en 1956, 1957 y 1960 por UTEHA. 45 Vernant 1965a, trabajo publicado en Argentina por EUDEBA solo tres años después de su edición original en francés, y Vernant 1965b en la barcelonesa editorial Ariel, un año después de su aparición en Francia. 46 Búsqueda bibliográfica orientativa, no exhaustiva, realizada a partir de los catálogos de REBIUN (https:// www.rebiun.org/), la Biblioteca Nacional de España (https://www.bne.es/es) y Dialnet (https://dialnet. unirioja.es/). En las cifras arriba indicadas solo se computan una vez los títulos firmados por más de un autor. También se han descartado, por centrarse en temáticas ajenas a la que aquí nos ocupa, algunos trabajos de historiografía de François Hartog publicados en Sudamérica. Iriarte (2020, 2-4) ofrece una aproximación a la importancia que, en España, han tenido algunas de estas traducciones. 47 García Gual 2010, 100-101. 300 González García, F. J. Gerión, 42(2), 2024: 293-315 la tradición en Historia Antigua era más arqueológica y romana. A Carles Miralles, en Filología, sin embargo, sí le ha marcado mucho la lectura de Vernant”.48 Algo que sí dejan claro las afirmaciones de todos estos autores sobre sus épocas como estudiantes o profesores noveles es que la introducción y conocimiento en nuestro país de la antropología histórica francesa del mundo griego antiguo tuvo mucho más que ver con la difusión de sus obras dentro del mercado editorial español que con la enseñanza recibida desde las aulas: En aquella época [el franquismo] los libros se leían mucho por libre. El de Vernant no fue un libro que penetrara a través de la Facultad. Se leían fuera del ámbito académico (…). No influían en la enseñanza habitual de la Universidad. Claro que yo hablo de la Facultad de Filología, que se parecía mucho a la Sorbona y seguía la línea de la Filología alemana, en la teoría (…). Era una facultad con bastante prestigio, pero muy conservadora en el fondo. No sé si se introdujo académicamente a Vernant en Historia.49 Diría que Vernant se generalizó en los años setenta del siglo XX. Les origines de la pensée grecque (1962) ya había circulado en España en la segunda mitad de la década anterior, en francés y en la traducción de las Ediciones de la Universidad de Buenos Aires. Cuando apareció, en París, la segunda edición en 1969, al menos en mi entorno universitario e intelectual ya era, por entonces, muy conocido, considerado como un autor de referencia, sobre todo a partir de la publicación en la Editorial Ariel de Barcelona de una traducción española de Mythe et pensée chez les Grecs.50 Como ya ha sido señalado en otras ocasiones,51 la influencia de esta aproximación antropológica al mundo griego antiguo nunca ha gozado en España de una gran repercusión dentro del ámbito de los estudios clásicos y de la investigación sobre la Antigüedad, con la excepción de un reducido número de académicos, en cuya actividad docente e investigadora sí se dejó sentir dicha influencia: En esta época [1975], muchos filólogos [en España] no hablaban de Vernant o, cuando lo hacían, era con reticencia (…) Frente a los textos, los filólogos recurren a un método, a un savoir-faire, que en ocasiones corre el riesgo de convertirse en un fin en sí mismo. Vernant parecía extraer del texto [el mito de las edades de Hesíodo] lógicas que respondían a cuestiones consideradas inútiles por el discurso filológico y que abrían nuevas perspectivas.52 Todo lo que puedo decir sobre la cultura ibérica [con relación a la influencia de Vernant] es que siempre ha habido investigadores (…) que lo han leído, discutido y explicado en cursos —pese al problema que siempre implica la realización de una lista, podríamos mencionar, por diversas razones, a García Gual, Iriarte, Bermejo, Díez de Velasco y afirmo claramente que se podrían añadir muchos otros. Puedo asegurar que, en la Universidad de Barcelona, Vernant ha sido continuamente un punto de referencia, tanto en la Facultad de Filología como en la de Filosofía.53 Pasemos, pues, a exponer brevemente la labor de Carles Miralles, Carlos García Gual, José Carlos Bermejo y Ana Iriarte como receptores y difusores, en España, de esta aproximación antropológica al mundo griego antiguo. Carles Miralles fue el primer autor que, en sus escritos, manifestó interés por esta forma de entender la Grecia antigua. En 1970 publicó una recensión de la Anthropologie de la Grèce Antique 48 Manifestaciones hechas por Jufresa en Iriarte — Sancho Rocher (eds.) 2010, 142. 49 García Gual en Iriarte, Sancho Rocher (eds.) 2010, 142. 50 Miralles 2018, 317-318. 51 González Alcantud 2016, 46. 52 Miralles 2018, 326. 53 Miralles 2018, 334. 301González García, F. J. Gerión, 42(2), 2024: 293-315 de Louis Gernet en la que manifestaba claramente su apertura hacia las ideas y planteamientos expuestos en dicha obra y su positiva recepción de aquellas: En un clima más o menos hostil estamos caminando hacia un “ensemble” nuevo y más auténtico que nos explique mejor en nuestros orígenes: las bases de Gernet son ya solidarias de otras y se harán solidarias con otras más. Cuando volvamos a mirarnos en el espejo de nuestro origen, del origen de nuestra civilización, no nos veremos allí perfectos ni idealizados, sino de carne y hueso, realmente menos bellos que en una frase de Goethe, pero en la imagen del espejo podremos reconocemos a nosotros mismos.54 Nos encontramos, por tanto, en la España de finales del franquismo con una clara defensa de una visión antropológica del mundo griego antiguo, totalmente en línea con la que estaba desarrollando Vernant, y que utilizaba la antropología histórica como procedimiento para poner fin a la idea del “milagro griego” y acabar con la consideración de la Grecia antigua como origen natural de Occidente.55 Tres años después, ante un auditorio de especialistas españoles en estudios clásicos, Miralles señalaba la necesidad de introducir cambios en su ámbito de estudio, actualizar nuestra imagen de la Antigüedad y abrir los estudios del mundo clásico a disciplinas afines: (…) como profesionales de unas disciplinas usamos una metodología que tenemos en común —a grandes rasgos— con otros profesionales, y como apologistas de las nuestras no hemos remozado, de hecho, los grandes tópicos de una época que fue dorada, pero que, evidentemente, no es la nuestra. Lo cual, con todo, no significa que estos grandes tópicos no contuvieran verdades digamos universales, pero cuyo sentido, como siempre, no es el mismo confrontado con nuestra realidad. Repetirlos sin más no pasa de ser una fantasía morbosa en la que no querríamos incurrir en modo alguno. En estos planteamientos y en estas preguntas es posible conjeturar que nos acompañan, o que deberían acompañarnos, todos aquellos profesionales cuyo trabajo versa sobre el estudio y la conservación, en última instancia, del pasado, y sobre la inserción y el recuerdo de todo esto en el futuro.56 Miralles, además, se esforzó por establecer contactos directos y personales con Vernant y el “Centre Louis Gernet”. Esta relación se desarrolló mediante sus estancias y las de otros investigadores catalanes, como Montserrat Jufresa,57 en París o las diversas invitaciones realizadas a Vernant, Vidal-Naquet y a otros miembros del “Centre” para que impartiesen conferencias o seminarios en Barcelona.58 Estos contactos se plasmaron, entre 1989 y 1994, en un serie de acciones combinadas entre el “Centre Gernet” y el Departamento de Griego de la Universidad de Barcelona que acabaron fraguando en un proyecto de investigación común,59 codirigido por Loraux y Miralles. Este proyecto supuso la realización, durante esos años, de seminarios y sesiones de trabajo en Paris y en la Ciudad Condal que acabaron plasmándose en la publicación del libro que condensaba toda esa actividad.60 Contactos y colaboraciones que se extendieron, también, a otros grupos de antropólogos del mundo antiguo, como es el caso del Laboratorio de Pisa, cuyos miembros han participado en diversas actividades organizadas por el grupo barcelonés. Podemos considerar, por tanto, que, en el caso catalán, el influjo de la antropología francesa del mundo griego antiguo, a través de la acción mediadora de Carlos Miralles, no solo tuvo arraigo sino también cierta repercusión académica dentro del ámbito de los estudios clásicos. 54 Miralles 1970, 47. 55 Iriarte 2008, 244-245. 56 Miralles 1973, 8, para ambas citas. 57 Jufresa 2010, 157. 58 Miralles 2010 y 2018. 59 Titulado Figures du savoir en Grèce Ancienne; ver: Jufresa 2005, 193-194; Miralles 2006, 9-10. 60 Loraux — Miralles (eds.) 1998, publicado por Belin. 308 González García, F. J. Gerión, 42(2), 2024: 293-315 corrientes historiográficas y metodológicas desarrolladas en Europa duranta los dos primeros tercios del siglo XX. Su estrecha dependencia de docentes procedentes de la filología y la arqueología clásicas favoreció, además, su vinculación con modelos historiográficos y metodológicos alemanes; influencia que se incrementó como consecuencia del estrecho contacto de muchos profesores españoles con el mundo académico germano. Esta situación comenzó a cambiar a mediados de los años sesenta, con el acceso a la docencia universitaria en Historia Antigua de un reducido número de profesores no procedentes de la filología clásica y, sobre todo, a partir de la creación e implantación, entre 1975 y 1980, de la titulación de Geografía e Historia y de la especialidad de Historia Antigua en muchas universidades españolas.104 Este nuevo contexto permite comprender la aparición, como alternativas al imperante positivismo alemán, de nuevas teorías y metodologías históricas y fundamentalmente, en el caso español, del marxismo que, tímidamente introducido a finales de los sesenta, llegó a dominar el panorama de la Historia Antigua española en la década de los ochenta.105 El clima académico español no era, por tanto, el más favorable para la introducción de las ideas de una antropología del mundo griego antiguo de clara tradición sociológica francesa y fuertemente influida por el estructuralismo. Un buen ejemplo de esta situación lo ofrecen algunas de las afirmaciones que, sobre el grupo del “Centre Gernet”, realiza Enrique Ramos Jurado en un estado de la cuestión, publicado en 1994, sobre la investigación en mitología griega en España. La tibia acogida de las propuestas gernetianas dentro del mundo académico español se deben básicamente, según se recoge en dicho trabajo, al escaso interés manifestado por los especialistas hispanos en estudios clásicos hacia la mitología y la religión griegas y, sobre todo, a las dudas planteadas por el método estructural. Dudas que derivan de la consideración del estructuralismo como metodología ahistórica que no respeta una de las piedras angulares del método histórico-filológico: la primacía de la diacronía.106 En el panorama de los estudios clásicos españoles de las últimas décadas del siglo pasado predominaba, además, el eclecticismo como método.107 Tendencia según la cual, “cada autor crea su propia metodología conforme a la investigación que realiza”, aprovechando que “hoy día el abanico de metodologías es muy amplio y ninguna debería pretender ser exclusiva, sino que lo lógico es el sano eclecticismo”.108 También en el caso de la Historia Antigua española imperaba, en esta época, el método ecléctico: “en nuestra historiografía actual predomina un cierto eclecticismo metodológico en el que se combinan métodos de investigación positivistas con planteamientos e interpretaciones marxistas o estructuralistas”.109 Principio de método curioso si tenemos en cuenta que, desde hace décadas, el procedimiento científico ha centrado su atención en el establecimiento de unos claros principios teóricos y metodológicos que posibiliten el ordenamiento y la interpretación de los datos de la investigación científica.110 104 Con relación a estas transformaciones: Remesal 1988; Bravo 1994 y 1998; Wulff 1999; Wulff — López Domech — González Blanco — Ortuño 2016; Duplá 2021. 105 Bravo 1994, 85-93. Un dominio que no solo se manifestaba en la producción historiográfica o en los contactos con grupos o redes de investigación extranjeros (Plácido 2018) sino también en la traducción de obras de historia antigua al castellano (Prieto 2021). 106 Ramos Jurado 1994, 192. Crítica que, por ejemplo, incluso realizan autores como García Gual (en Colina — Jalón 2008, 124), quien, pese a reconocer la atracción del estructuralismo, afirma practicar una variante más abierta, más funcional, sin oposición entre sincronía y diacronía, enfocando lo sincrónico como resultado de la evolución diacrónica. Esta objeción persigue a la antropología histórica francesa del mundo antiguo desde siempre y, como indicó Dosse (2004, 254), no responde a la realidad, pues “la psicología / antropología histórica que [Vernant] promueve es signo de una ciencia del movimiento, y no de la voluntad de encerrar la historia en un estatismo del tipo que sea”. A este respecto ver la defensa de su método realizada por Vernant en Gentili — Paioni (eds.) 1977, 398-400. 107 Postura defendida, también, por autores como García Gual: Colina — Jalón 2008, 125. 108 Las citas pertenecen a Ramos Jurado 1994, 193 109 Bravo 1994, 88-89. 110 Principio que, hace casi cuarenta años, sistematizó Chalmers (1990, 39 ss.) a través de la formulación de que “la observación depende de la teoría”. 309González García, F. J. Gerión, 42(2), 2024: 293-315 Es verdad que, dentro del ámbito universitario español, se citaba e incluso se valoraba a los autores del Gernet.111 No obstante, la lectura, la cita y el uso de los trabajos de este grupo por autores españoles no implica, en todos esos casos, una adopción de sus puntos de vista o metodologías. Muchas de estas citas y menciones indican, en mi opinión, una tímida y respetuosa aceptación académica, derivada de su importancia como autores y del prestigio internacional de sus obras, en una línea similar a la indicada por Demont para el caso francés. Así, por ejemplo, Ramos Jurado, en su trabajo ya citado, acepta el prestigio de Vernant y de su obra (“una de las figuras señeras en la segunda mitad del presente siglo en este terreno [estudios mitológicos]”), al tiempo que remarca el carácter discutible de las conclusiones de algunos de sus trabajos. Se trata, por tanto, de una valoración positiva, pero matizada, que también alcanza al análisis estructural, método que, en su opinión, tuvo que ser corregido, o a la labor de otros autores de este mismo grupo, como Vidal-Naquet o Detienne. Un juicio que remata indicando que “no todo lo producido por esta tendencia es asumible” y considerando discutibles algunos de los puntos centrales de sus trabajos.112 Como se puede ver, dentro del ámbito de los estudios clásicos españoles se conocían sus obras, se les respetaba y consideraba, con matizaciones, como autores, pero, en el fondo, no se les seguía. Al igual que vimos que había sucedido en otros países, el peso de la tradición filológica alemana, tardíamente implantada en España, jugó un papel fundamental para la no adopción de la aproximación antropológica desarrollada por los autores del “Centro Gernet”. Lamentablemente, la antropología histórica del mundo antiguo ha sido y sigue siendo, en España, una disciplina minoritaria y residual en lo que respecta a su aplicación al mundo griego y prácticamente inexistente en lo relativo al mundo romano. 4. 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