Full text
ESCUELA DE DOCT ORADO
INTERN A CION AL DE LA USC
Andrea del Carmen
Mila Maldonado
T esis doctoral
P olítica exterior e identidad en
el Ecuador de la Revolución
Ciudadana
Santiago de Compostela, 2022
Pr ograma de doctorado en Marketing P olítico, Actores e Instituciones en las Sociedades
Contemporáneas
TESIS DE DOCTO RADO
POLÍTICA EXTERIOR E
IDENTIDAD EN EL ECUADOR
DE LA REVOLUCI ÓN
CIUDADANA
Andrea del Carmen Mila Maldonado
ESCUEL A DE DOC TORAD O INTER NACIONAL DE LA UNIV ERSI DAD DE S ANTIAG O DE COMP OSTEL A
PROGRAM A DE DOC TORADO EN MA RKETING PO LÍTICO, ACTORES E IN STI TUCIONES
EN LAS S OCIEDADE S CO NTEMPO RÁNEAS
SANTIAGO DE C OMPOSTELA
2022
D./Dña.
Andrea del Car men Mila Maldon ado
Título de l a
tesis:
Política exterior e identidad en el Ecuador de l a Revolución Ciuda dana
Presento mi tesi s, siguiendo el proc edimiento adecuado al Reg lamento y dec laro que:
1) La tesis aba rca los resultados de la elaboración de mi trabajo.
2) De ser el caso, en la tesis se hace referenc ia a las co laboraciones que tuvo este trab ajo.
3) Confirmo que la tesis no incurre en ningún tipo d e plagio de ot ros autores ni de tr abajos
presentados por mí para la obten ción de otros título s.
4) La tesis es la versión defin itiva presentada pa ra su defensa y c oincide la ve rsión impresa con
la presentada en fo rmato electrónico.
Y me comprometo a pre sentar el C ompromiso Docume ntal de Supervisión en e l ca so que e l orig inal no
esté depositado en la Escuela.
En Santiago de Co mpostela, Sele ccione la fecha .
F irma electrón ica
AUTORIZA CIÓN DEL DIREC TOR/TUTOR DE L A TESIS
D./Dña.
Erika Jaráiz Gu lías
En condición de :
Director/a
Título de l a
tesis:
Política exterior e identidad en el Ecuador de l a Revolución Ciuda dana
INF ORM A:
Que la presente tesis, se corresponde con el trabajo realizado por D/Dña Andrea del Carmen Mil a
Maldonado, bajo m i direcc ión/tutorización, y a
utoriz o s u
pr ese ntaci ón
, conside r ando
que reúne los
requisitos exigidos en el R egla mento de Estudios de Docto rado d e la USC, y que como director /t utor de
esta no incurre en las causa s de abstención estable cidas en la Ley 40/2015
.
En Santiago de Co mpostela, Sele ccione la fecha
Firma electrón ica
AGRADECIMIENTOS
Hace algunos años r ecibí un obsequio de mi hermana Bárbara, un libro que trataba sobre la vida de la
‘Libertadora del Libertado r’, la quiteña Manue la Sáenz . Este parecía el presagio de una nueva etapa en
mi vida pe rsonal, p ero sob re todo acad émica, que tras haber ganad o una beca m e lle var ía desde mi
amada Carac as al Ecuador de la Revolución C iudadana. Luego de algunos años de con cluir ese viaj e, y
de estar en las entrañas de ese país mítico, m ulticultura l, di ver so, de gente amable y hermosos paisajes,
concluyo esta te sis doctoral como tr ibuto al que fuera mi segundo hog ar durante v arios años, Ecuado r.
Dicen que algunas grandes i deas han surgido en el m ed io de un café; y fue en un verano en Galic ia,
con Érika Jaráiz, José Manuel Rivera y tres cafés que na ció el verdadero proyecto que hoy conclu yo con
entera satisfacción. Son ellos a quienes quiero agradecer en primer lugar, por ser visionarios del que se
convirtió mi proyecto vital durante los últimos años, pero, sobre todo, por creer que sería capaz de
lograrlo. Gracias Erika por ser una tutora extraordin aria, comprensiva en lo humano y pac iente en mis
primeras inc ursione s con los dat os, y a Petene por retarme intelectual mente a ser ca paz de demostra r
con datos estadísticos que la p olítica exterior de la Revolución Ciudadana impacta e n l a i dentidad de los
ecuatorianos. También agradezco al Equipo de Investigaciones Polít icas de la USC del que am bos son
miembros, en espec ial a Nieves Lagares y a María Pereira, a q uienes conocí de sde mi s tiempos en la
mitad del mundo, po r darme una cál ida bienvenida a s u hermosa Galic ia.
También quiero agradecer al e x Director de la Facultad Latinoame ri cana de Cienc ias Sociale s
(FLACSO), Sede Ecuador, Juan Ponce, por autorizar en mayo de 2019 el uso de las bases de datos del
Proyecto las Américas y el Mundo , Capítulo Ecuador, de los años 2010, 2012 y 2014, y a Fra ncisco
Carrasco por f acilitar t anto las bases, como los cues tionarios respectivos. Agradezco especialmente
Beatriz Ze peda, coord inadora de los estudios de 2010 y 2014, por sus aportes para el mane jo de lo s
cuestionarios y por su entusiasmo al s aber que este proyecto haría uso de las bases de datos generadas.
Agradezco nuevamente al Equi po de Inve stigaciones Políticas de la USC por facilitarme l os datos del
Estudio Pre El ectoral realizado e n Ecuador en 2020 .
Agradezco a Jacques Ramírez, G uillaume Lon g, Ferna ndo Yépez, Simón Pa chano, René Ram írez,
Enrique Ayala Mora, Francisco Carr ión y a Katalina Barreiro por sus invaluables aportes, pero, sobre
todo, por su disposición, tiempo y ánimos para acabar con este proyecto. También quiero agradecer a
Marisol Barrera, parte del equipo del ex presidente Rafael Correa, por cuyo intermedio logré acceder a
varios de los en trevistados, así com o a Jorge Forero p or su colabor ación en el mis mo sentido.
Agradezco a mis padres por heredar me la cultura del esfuerz o, sin ustedes no es taría aquí. Su
ejemplo de t rabajo so n mi garra, de terminación y f uerza en ca da paso que doy. A m i herman o Juan
Arturo, testigo fiel del sacrificio y las ganas que movilizaron e sta tesis, gran apoyo y soporte
incondicional. Agradezco también a Pilar, Cristina y Yolanda por los ánimos y por t anto cariño. A las
dos mujeres más i mportant es de mi vida y a quienes siempre tengo present e, Andrea de Dios y María
del Carmen.
Agradezco a mis amigas y amigos repa rtidos por Venezu ela, Ecuador, Argent ina, Austra li a y
Galicia present es en toda s las e tapas, María Karina, Dani, Mary, Emilia, Rubencito, Ali , Churri, Liss,
Yu, Pil ar, Javier, Ka, Rafa y María de los Ángeles. Gracias a Concha y a Luis por co ncederme ese l ugar,
ese pedac ito de mar de su h ermosa G alicia. Un es pecia l agrade cimiento a Cri stian, por tu g enerosidad y
por estar presente en todo el proceso, por tu invaluable apoyo a lo largo de este intenso camino, por las
palabras de al iento, los ánimos y la s risas.
He quer ido dejar de último a qui en fuera mi pilar dur an te todo este proceso, a o amor da miña vida ,
Paulo Car los, a quien no solo agradezco, sino también dedico esta tesis. Tu pacien cia, ca riño, tiempo y
empuje determinan enteramente este proyecto. Si n t i, no sería posible. Y como diría Rosalía de Castro
“ ca nt ar t e he i , G a licia, na lengua ga lega, consolo dos males, alivio das penas” .
A tu Ecuador, Man uela
RESUMEN : La construcción de l a identidad na cional en s ociedades multiculturales y pluriétnicas ha
sido abordada de sde di versos ámbitos de l as ciencias sociales y polít icas. E n Ec uador, la lleg ada del
proyecto político “Revo lución C iudadana” en 2007, caracterizado po r un amplio lid erazgo y popularidad
en la f igura de Rafael Cor rea, la refundación del Estado, el reposiciona miento de Ecuado r a nivel
internacional y un marcado discurso nacional ista y soberanis ta, afianzado bajo l a égida del suma k
kawsay y la idea de la “Pa tria” como constructo simbólico de adhe rencias situado por encima de la
marcada regionalización y l as diferen cias étnico-racia les, ha cen de este un caso de i nterés y al mismo
tiempo, un r eto desde el a nálisis de la política exterior como un elemento present e e n el e studio de la
identidad nacion al. Así, la presente tesis do ctoral plantea como ob jetivo general de mostrar que la po líti ca
exterior está en la base de la construcció n de la identidad naciona l ecuatoriana, al menos durante el
periodo de la Revolución Ciudadana. Se parte de una metodologí a mixta q ue combina técnicas
cualitativas (análisis docu mental, en trevistas sem i estructuradas en profund idad) y cuantitativas (cuatro
estudios de opinión). Lue go de analizar el diseño de la política exte rior como política pública (2007-
2017), y l as percepciones de l os ecuatorianos mediante siet e ejes programático s c onstruid os ad hoc , se
realizó un m odelo estadístico de re gresión logística, obt eniendo como principales resultados: relevancia
estadística de 17 variables (de las 428 prob adas) agru padas en factores de política exterior, f actores
estructurales, factores institucional es y factores de política interna; la percepción de ‘amenaza’
estadounidense com o ele mento fundamental para la explicac ión de la política e xteri or como compon ente
de la i dentidad nacional e cuatoriana; la inclusión de fact ores de polít ica e xterio r en la semántica del
discurso de la R evolución Ciudadana co mo co nstructora de la identidad naciona l y, la percepc ión de
Ecuador como un país con m ayor influencia en el sistema internacional. Como principal conclusión se
afirma que la po lítica exter ior está en la base de la cons trucción de la identidad na cional ecua toriana, al
menos duran te el periodo de la Revolu ción Ciudadan a.
Palabras claves: Rev olución Ciudad ana, política ex terior, identidad y op inión pública
ABSTR ACT: The construction of national identi ty in multicultural and multiethnic societies has been
approached from various fields of social and political sciences. In Ecuador, the arrival of the political
project "R evolución Ciudadana" in 2007, character ized by broad l eadership and popularity i n the f igure
of Rafael Correa, the refou nding of the Sta te, the repositioning of Ecuad or at the i nternational level and
a mark ed nationa list and sovereignis t discourse, entrenched under t he aegis of the sumak kawsay a nd
the idea o f the "Homel and" as a symbolic co nstruct of adh esions l ocated above the marked
regionalization and ethnic-racial differences, m ake this a ca se of intere st and at t he same time, a
challenge from the analysis of fo reign po licy as an element present in the study of national identity.
Thus, this doctoral thesis proposes as a general objectiv e to demo nstrate that foreign policy i s at the base
of t he c onstruction of the Ecuadorian national ide ntit y, at least during t he period of the Revolución
Ciudadana. It is b ased on a mixed methodology that combines qualitative tech niques (docu mentary
analysis, in-depth semi-stru ctured interviews) a nd quantitative t echniques (four opinion studies). After
analyzing the design of foreign policy as p ublic policy (2007-2017), and the percep tions of Ecuado rians
through seven p rogrammatic axes built ad hoc, a l ogistic r egression statistica l model was carried out,
obtaining as m ain results: statistical relevance of 17 variables (of the 428 tested) grouped i nto f oreign
policy factors, structural factors, i nstitut ional factors, and domestic p olicy factors; the perception of a
US "threat" as a fundamenta l element f or the explanation of foreign policy as a c omponent of the
Ecuadorian n ational identi ty; the in clusion of foreign policy factors in the semanti cs of the di scourse o f
the Revolución Ciudad ana as a constructor of national identity and the perception of Ecuador as a
country w i t h gr e a t e r i nflue nce in the international system. As a main conclusio n, it is affirmed that
foreign p o l i c y i s a t t he base of the construction of t he Ecuadorian national i denti ty, at least during the
period of t h e R e vo l uc i ón Ci udadana.
Key words: Revo lución Ci udadana, foreign policy, identity and pu blic opinion
Glosario
PLANEX: Plan Nacional de Política Exterior (2005)
RC: Revolución Ciudadana
SBU: Salario Básico Unificado
SENAMI: Secretaría Nacional del Migrante
SENPLADES: S ecreta rí a Nacional de Planificación y Desarrollo
SETE CI: Secreta ría Téc nica de Cooperación Internacional
SIDH: Sistema Interamericano de Derechos Humanos
SIP: Sociedad Interamericana de Prensa
SUCRE: Sistema Unitario de Compensación Regional de Pagos
TIAR: Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca
UE: Unión Europea
UNASUR: Unión de Naciones Suramericanas
INTRODUCCIÓN
La construc ción de identidades en socied ades m ulticulturales y pluriétnicas representa procesos
complejos que han implicado el aborda je desde enfoques m ultidiscipli nares. Particularmente,
el caso de Ecuador r esulta de interés dado qu e his tóricamente la construcción de la identidad
nacional se realizó desde la lógica top down de la dimensión político-estatal, imponiéndose las
visiones dominantes excluyentes basadas en la etnia y la ra za, incapaces de ofrecer espacios de
expresión a todos los grupos socia les que hacían v ida al interior de l territorio desde antes y aun
luego de su independenci a. A esto se s uma la r egionalización costa-sierra, que contiene luch as
simbólicas que han funcionado como un b astión desintegra dor que s e ha mantenido hasta su
historia re ciente. Ambos eleme ntos han sido una dificultad para la construcción de la identidad
ecuatoriana en clave na cional que, aunque marcada por hechos coh esionadores como el
conflicto territorial con P erú, para auto res como Pachano (2003), se ha tratado de u n
“problema”.
La llegada del proyecto pol ítico de la Revolución Ciudadana, i niciado en 2007 y lider ado
por Rafael Correa, marcó una ruptura con la convulsa dinámica política, económica e
institucional reciente de ese país, caracterizada por altos niveles de in estab ilidad y un amplio
rechazo popular hacia los partidos políti cos. A dem ás de ser capaz de ca pital izar el descontento
de la s ociedad civil, el Movimiento Ali anza PAIS: Patria Alti va i Soberana , incluyó en sus filas
a divers as fu erzas polít icas y logró desdibuja r e n el voto la histórica regionalización costa-
sierra. Este p royecto polí ti co se propuso la refundación del Estado ecu atoriano, llevando a c abo
un proc eso de As amblea Nacional Const ituyente (2007) , del que derivó una nu eva
Constitución, conocida como la “Constituc ión de Montecristi” (2008), que definió al Estado
ecuatoriano como ‘int ercult ural’ y ‘plurinacional’. El nuevo pacto social, fundado bajo la égida
del s umak kawsay o “buen vivir” y respaldado por altos índices de popularidad concentrados
en la figura de Raf ael Corre a, fueron presagios de una nueva etapa polí tica, soc ial, institucional
y económica qu e iniciaba en Ecuador y que se cons olidó en una década de im portantes cambios,
dentro de un nuevo discurso nacionalista y soberanista con signi ficantes propios del sentimiento
nacional ecuatoriano.
Uno de los ejes más importantes del proyecto político de la Revolución Ciudadana, fu e la
concepción de la políti ca exterior como una política públi ca del Est ado ecuator iano; lo que
quiere decir que contó con una etapa de di agnóstico (Plan de Gobierno Ali anza P AIS), un a f ase
de diseño de polí ticas e specíficas, estr ategias y m etas para su a bor daje, y las etap as
subsiguientes de monitor eo y e valuación (Planes Nacionales de De sa rrollo 2007-2017), siendo
uno de los legados más i mportantes en esta área la capacidad de inc luir a l os asuntos
internacionales en la agenda pública. A esto se sum a la estabilidad política que permitió una
planificación de largo plazo con altos niveles de coordinación intra e inter institucional.
Teniendo en c u enta la importancia regional de la pol ítica exte rior de la Revolución
Ciudadana y los aspectos que han c aracterizado la construcción de l a identidad nacional
ecuatoria n a , a s í c om o la poca producción científica generada en Améric a Latina para abordar
el víncul o p ol í t i c a e x terior-identidad, entre las cual es destaca el predomini o del uso de técnicas
cualitativas y la ausencia de la opinión de los ciudadanos (Merke, 2008; Russell y Tokatlián,
2012; Portales, 2011; Colac rai y Lorenzini, 2010; C olacrai, 2010; Lorenz i ni, 2010; Pi gnatta,
2010; Benedetto, Rojo y Rom ero, 2010; Ceppi, 2010; Pereyra, 2010; Co rtes, 2010; Lechini
2010, Busso y Zubelzú, 2010; Santa Cruz, 2013; Anaya, 2013; Sán chez y Zapata, 2014;
Introducción
17
Cascante, 2014; B arceló, 2020; Jaramillo, 2020 y Tah Ayala, 2021), la presente tesis doctor al
se plantea como obj etivo general, d emostrar que la política exterior está presente en la bas e de
la i dentidad nacional ecuatoriana, al menos durante el periodo de la Revolución Ciudadana .
Adicionalmente, se traz an dos obj etivos espec íficos; el primero, con la fin alidad de analizar la
construcción de la política exte rior co mo política pública parte del proyecto nac ional de la
Revolución Ciudadana, y su efecto e n la identidad ecuatori ana en clave naci onal ; y, el segundo,
con el propósito de analizar l as p ercepc iones de la ciudadanía ecuatoriana s obre la política
exterior de la Re volución Ci udadana, con base e n siete ejes programáticos construidos en torno
a la planificación gubernamental en esta área .
La investigación se estructura en cinco g randes bl oques desarrollados en seis capítulos. En
el pr imero de ellos, se plantea el encuadre teórico de la política exterior den tro del campo de la
Ciencia Pol ítica (5900), en la disciplina de las Relaciones Inter nacional es (5901), con una
aproximación más certera a la subdisciplina de la Política I nternacional ( 59 0103), a partir de la
Nomenclatura par a los C ampos de las C iencias y las Tecnologías de la UNESC O. Es así que,
en e l Capítulo I. Políti ca ex terior: cambio y c ontinuidad, opinión púb lica e identidades
nacionales , se realiza un a a proximación a la naturaleza polisémic a de la po lítica exte rior desde
una dimensión teórico-epistemológica, desde s u carácter de cisional, entendida como política
pública, sin desconectar su análisis de elementos de la propia di námica y competición pol ítica
interna. De igu al forma, s e describ en los elementos que la configuran, tales c omo la orientación,
fines, objetivos, capacid ades e i nstrumentos, no exentos de cierta confusión, tal y como lo
plantea el teórico Kal Holsti.
En cuanto a la sistematización del desarrollo teóri co de la polí tica exterior, se opta por el
constructivismo como el gran p araguas teórico d el que p arte esta tesis d octoral. Del m ismo
modo, teniendo en cuenta que se propon e un e studio desde el Sur global, y como a proximación
al objeto de estudio, se plantea la introducción de América Latina en el marco de las Relaciones
Internacionales desde la crítica explícita al eurocentris mo que ha caracterizado e influenciado
su desarrollo, contraponiendo a un g rupo de autor es (De Sousa, 2009; De Toro, 1999; Lander
2000; Mignolo, 2010 y Quijano, 2014), quienes expresan en términos epist emológicos el
proceso –o de-construcción– de la im portación de conocimiento, bajo lo que han denominad o
como “colonialidad”, la “postcolonialidad” o la “desobediencia epistémica”.
En un segundo apa rt ado dentro del bloque teórico, se revisan los aportes de Kal Holsti,
Charles Hermann, G l en Palmer y Clifton Morgan, autores que han e labora do buena parte de la
literatura que aborda los proce sos de cambio y co ntinuidad en pol ítica exterior, s in l os cuales
no sería posible comprender, justificar y dimensionar teóricamente l as principales ruptur as y
continuidades en la acción exterior del Estado ecuatoriano t ras la lleg ada d el proye cto polít ico
de la Revolución Ciudadana.
Teniendo en cuenta que dentro de l a etap a cuanti tativa de esta tesis doctor al s e utili zarán
datos generados de cuatro estudios de opinión con enfoque de políti ca exterior, un t erce r
apartado teórico se concentra en el d esarrollo de l os principales aportes de la relación polít ica
exterior-opinión pública, con énfasis en los tres p ostul ados del Consenso Almond Lippmann
que atribuyen a la opinión públ ica: volatilidad , carencia de estructura-coh erencia e influencia
limitada , partiendo de los aportes de sus p rincipales defensores, así como l as dis cusiones qu e
los ha n r e b a t i do en los últimos 40 años. Dentro de este tercer apartado teórico se revisa la
pro duc c i ón c i e ntífica reciente generada en Amé rica Latina, d e la qu e dest aca el Proyecto L as
Américas y el Mundo com o iniciativa regional consolidada en v arios p aíses de la región,
iniciada por el Centro de I nvestigación y Docencia Económicas (CIDE) en México en 2004, al
que se adhieren p rogresivamente P erú, B rasil, Argentina, C hile, Colom bia, E cuador y Uruguay,
el cual contempla la imp lementación de estudios de opi nión bianuales con enfoque en políti ca
A NDREA M ILA M ALDONADO
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exterior de cada uno de esos países, generando sus respectivos informes. Destacando que esta
tesis doctoral cuenta con los permisos de FLACSO-Ecuador para el uso de los datos obt enidos
del capítulo Ecuador en el marco del mencionado Proyecto, con el objeto de conoc er los
alcances y no duplicar esfuerzos, también se revisan todas las investigaciones derivadas, siendo
relevante solo una de e lla s (Zepeda, 2020), que explot a los datos de las bases de datos tomando
como variable a la ident idad, pero desde una perspectiva des criptiva y comparada con
Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, M éxico y Perú, permitien do a este proye cto
doctoral ser primi genio e n Ecuador, como también lo reconoc en v arios de sus coordinador es e n
las entrevistas realizadas.
El último apa rtado del primer Capítulo se conc ent ra en el des arrollo del vínculo identidad -
política exterior . Tal y como lo hicier a Maja Zehfuss (2001) e n su trabajo: Constructivism and
Identity: A Dangerous L iaison , nos permitimos una traducción libre del texto para
preguntarnos, si en el caso del vínculo política exterior e identidad se tra ta de ¿otra re lación
peligrosa?. Dentro del ra streo, se i dentifican sus orígenes en las dé cadas de 1960 y 1970, y
como nos hemos referido en algunas de las l íneas iniciales, se tienen en cuenta los aportes de
los constructivistas com o el paraguas teórico que permitirá dar respuesta a nu estro objetivo
principal. A través de Pri zel (1998), se sistematizan cinco cate gorí as de identidades nacionales
y su relación con la política exterior.
Para complementar y actualizar el aná lisi s, re curri mos a otros trabajos más recientes como
los niveles de int erpreta ci ón de la identidad en la política exterior de Andrei Tsygankov (2014),
así como el modelo multidim ensional de Ursula Stark (2015), que a modo de prisma analítico
permite la observación de los aspectos normativos, culturales e históricos que confluy en en una
situación dada d e política exterior. Dent ro de este apartado se re cogen v arias de las críticas a
la naturaleza multidi mensional y transparadigmáti ca de los abordajes t eóricos de l a identidad.
Es así que, a través de Berenskoetter (2017), s e identi fican los p roblemas más importantes entr e
los que destacan t eóricos como Onuf (2003), q uien se opuso a impl ementar l a identida d
alegando su complejidad; su vínculo cercano con el desarrollo del con cepto de ‘cultura’; el
enfoque Estado-céntrico de algunos autores como Wendt (2005a) – en tanto que gran parte de
los significados identitarios surgen e n el plano doméstico (Vitelli, 2011)–, y las dificultades en
relación a las metodologí as y a la necesidad de proporcionar mayor rigor analítico. No obst ante,
para Stark (2015), los p roblemas inherentes a su naturaleza transparadigm ática son parte de su
riqueza; es tarea del investigador encontrar la manera adecuada de sit uar a la identidad en el
lugar que l e corresponde dentro del análisis de l a políti ca exterior y las Relaciones
Internacionales, teniendo en cuenta estas anotaciones.
El C apítulo II sistematiz a el objetivo general, los dos objetivos específicos que ya hemos
señalado al inicio de l a introduc ción, así c omo la s cuatro hipót esis a ser comprobada s a lo lar go
de esta tesis doctoral, las cuales están ligadas pr incipalmente a la identidad como variable
dependiente del estudio, a factores de política exterior, a las construcciones de imágenes
estereotipadas del ‘otro’ y a la influencia de Ecuador en el sistema internacional.
Para el logro del objeti vo general, los objeti vos es pecíficos y las hipótesis, se parte de una
metodología mixta que combina aspectos cualitati vos y cuantitativos, a través de los cuales se
triangulan tres téc nic as: el análisis documental, las encuestas de opinión y las entrevistas en
profundi da d s e m i - e s tructuradas. Así, en el Capítulo III. Metodología de la Investigación , se
describe e l di s e ño m etod ológico e n dos etapas; la primera, cualitativa , a travé s de la cual se
realiza el an álisis documental que permite dar estructura a los resultados. De dicha revisión se
obtienen, por una parte, l os principales elementos hi stóricos que h an configurado la identidad
ecuatoriana y la política exterior, desde la i nserción de Ecuador al s istema de Estados; y p or
otra, la identificación de siete ejes progr amáticos de l a pol ítica exterior de la Revolución
Introducción
19
Ciudadana , a partir de l os documentos oficiales elaborados en el área (p eriodo 2007-2017),
útiles para el proce samie nto de los resultados. En esta etapa se incluye la implementación de
nueve (9 ) entr evistas en profundidad y s emi-estructuradas como técnica p ara l a obtención de
datos relevantes de rep resentantes institucionales que formaron p arte del gobierno de la
Revolución Ciudadana , de dos de los coordinador es del Proyecto Las Américas y el Mundo,
Capítulo Ecuador de 2010 y 2014, y de expertos en el área de identidad.
En la etapa cuantitat iva se presentan las variables a ser utili zadas en el anális is cuantitativo
de los datos relevados de los cuatro estudios de opini ón que se indican a c o ntinuación:
1. Base de datos del Proye cto regional L as Américas y el Mundo, Capítulo Ecuador de
2010 (FLACSO, Ecuador) .
2. Base de datos del Proye cto regional L as Américas y el Mundo, Capítulo Ecuador de
2012 (FLACSO, Ecuador).
3. Base de datos del Proye cto regional L as Américas y el Mundo, Capítulo Ecuador de
2014 (FLACSO, Ecuador).
4. Estudio Pr e Electoral Ecuador, 2020, del Equipo de Investigaciones Pol íticas de la
Universidade de Santiago de Compostela.
En esta et apa también s e presentan las variables l ongitudinales ut ilizadas de ca d a uno d e
los cuatro estudios señ alados, y l as 428 va riables c ualitativas y cuantitativas de l a Base de datos
del Proyecto regional Las Américas y el Mundo, C apítulo Ecuador , de 2014, y su
operacionalización para poder ser utilizadas en el modelo de regresión logística.
En el Capítulo IV. Política exterior e identidad en los albores de la Repúbli ca del Ecuador ,
por medio del an álisis documental se recog en los principales elem entos que han c aracterizado
la i dentidad e cuatoriana y las relaciones internacionales de Ecuador d es de su inser ción al
sistema de Estados, lueg o de su independenc ia. En esa revisión distinguimos, por una parte,
cómo se d esarrolló la identidad nacional ecuatoriana, desde apo rtes que colocan de relieve la
etnia y la raza como aspectos im perativos de an álisis, según lo descrito por autores como Ibarra
(1998; 2003), Pachano (1993; 2003), Ay ala Mor a ( 1998; 1999; 2017); Quint ero y S ilva (1998);
y por otra, las condicion es de Es tado pequeño, colchón, p eriférico, depen diente y ¿víctima?
Esta última categoría permi te enlazar con el hist órico conflicto con P erú, que a l a vez que
cohesionador de la identidad bajo la idea de un enemigo común personalizado en el vecino del
sur, fue eje central de l a polí tica exterior ecuatoriana, al cual s e destinaron recursos ingentes
para su resolución. Por esas razones, se dedica especial atención a su caract erizac ión.
Siguiendo l a línea de ca mbio y continuidad del Capítulo Teórico, en el C apítulo IV. se
revisan los p rincipales temas de política exterior antes de la llegada de la Revolución
Ciudadana, con l a finalidad de poder observar e n el Capítulo V, cuáles fuer o n grosso modo , las
transformaciones sustanciales respecto a la década anterior.
En el Capítulo V. Polític a exterior de l a Re volución Ciudadana en clave de cambio y
continuidad , se realiza u na contextualización d e la l legada de Rafael Correa al pode r, y se
analizan los siguientes documentos oficiales en política exterior: la Constitución de l a
República del Ecuador (2008), P lan Nacional de Desarrollo 2007-2010, Plan Nacional de
De s a r r ol l o/ P ol ít ica Exterior 2007-2010, Plan Naci onal para el Buen Vivir 2009-2013, y el Plan
Na c i ona l p a r a el Buen V ivir 2013-2017. Adi cionalmente, se realiza un bal ance general d e l os
principales lineamientos y acciones emprendidas en esta área de gobierno.
El sexto y últim o capítulo t itulado Capít ulo VI. Política exterior d e l a Revolución
Ciudadana: percepciones e i mpacto en la identidad nacional, recoge los r esultados obtenidos
en dos grande s secciones , la primera: De sarroll o programático e institucional de la polític a
A NDREA M ILA M ALDONADO
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exterior de la Revolución Ciudadana y percepciones de la ciudadaní a ecuatoriana, que
sistematiza los siete ejes programáticos id entificados luego de la revisión de los documentos
oficiales del Capítulo V, por medio de los cu ales s e ordena est a secció n, a sabe r: Eje 1.
Institucionalidad ecuatoriana en polí tica exterior; Eje 2. Soberanía e integridad territorial;
Eje 3. Relaciones bilaterales; Eje 4. Multipolaridad, otros s ocios y Unión Europea; Eje 5.
Emigración, migración y Derechos Humanos ; Eje 6. Integración regional y Ej e 7. Medio
ambiente . Este capítulo evidencia la triangulación de las téc nicas ar ri ba mencionadas: la
revisión de los documentos oficiales, de los que se identifican los obj etivos, metas y
lineamientos de pol ítica exterior r elacionados y agr egados al eje correspondiente; los r esultados
de l as entrevistas; y los d atos procesados d e l os c uatro estudios d e opi nión. Estos últimos son
trabajados desde la perspectiva longitudinal, tom ando c omo base el mismo gr upo de preguntas
en distintos momentos del proyecto pol ítico de la Revolución Ciudadana ( 2010, 2012 y 2014 )
y luego de cuatro años de su conclusión (2020).
La segunda sección de resultados: Impac to de la p olítica exterior en la identidad
ecuatoriana dur ante el p eriodo de la Revolución Ci udadana, explora por medio de los datos
relevados de los cuatro es tudios de opinión, algunas percepciones de l os ec uatorianos sobre su
identidad. El capítulo concluye con un modelo de regresión logística a través del cual s e
demuestra si la política ex terior es un elemento presente en la construcci ón de la identidad
nacional ecuatoriana, durant e el p eriodo de la Revolución Ci udadana , utilizando para ello l a
base de datos del proye cto regional Las Américas y el Mundo, Capítulo Ec uador de 2014, dado
que para ese momento el proyecto político de la Revolución Ciudadana se consolidaba en el
poder en m ás de siete años y Rafael Correa iniciaba el que serí a el último de sus mandatos. Est e
método estadísti co será la piedra angular de la presente tesis doctoral, bajo el reto de conformar
un aporte inédito y novedoso para los estudios en el área.
El análisis de las variables i ndependientes que resul ten estadíst icamente s ignificativas se
realiza bajo un esqu ema realizado ad hoc , con ba se en cuatr o grandes grupos vinculados a la
identidad como variable independiente que facilitan la lectura de l os result ados: a) factores de
política exterior –con referencia ex clusiva a las relac iones del Estado ecuatoriano con otros
actores del sistema intern acional–, b) f actores estructurales –que incluy e v ariables d e c arácter
socio-estructurales–, c) f actores institucionales –asociada s al rol de l as insti tuciones en cuanto
a principios, valor es e i deología–, y d) fa ctores de política interna –relacionadas con los
sentimientos y otras variables que representan las imágenes del “yo”/” nosotros” frente al
otro/otros.
Finalmente, se recogen las Conclusiones obtenidas del estudio, haciendo énfasis en l a
comprobación de las hipótesis planteadas, los hal lazgos más si gnificativos, las l imitaciones y
los aportes, s iendo la p rincipal conclusión, que la políti ca exterior es un elemento pres ente en
la construcción de la id entidad ecuatoriana, al menos durante el p eriodo de l a Revolución
Ciudadana.
CAPÍTULO I. POLÍTICA EXTERI OR: CAMBIO Y
CONTINUIDAD, OPINIÓN PÚBLICA E IDENTID ADES
NACIONALES
Perfilar un concepto lo suficientemente amplio s obre política exterior resulta complejo. No
existe un consenso en la comunidad científica, ni siquiera entre los referentes de una misma
escuela de pensamiento en t orno a ello, s umado al hecho de s er uno de los términos más
discutidos de las Rela ciones Internacionales y e l Derecho I nt ernacional P úblico, lo que e n
conjunto di ficulta identificar su locus . Por estos motivos, el presente m arco teórico inicia con
la a claratoria de que la aproximación a la política ext erior como definición y objeto de e studio,
dependerá en gran medida del enfoque y el rol del Estado por el que opte el investigador 1 (Pérez,
2012). En las p róximas líneas se recogerán los principales aportes de autores que ofrecen una
perspectiva gene ral sin c aer en los determinismos de los diversos enfoques, sobre los cuales
insistiremos más adelante, particularmente, el constructivismo.
1.1. P OLÍTICA E XTERIOR : UNA APROXIM ACIÓN A SU NATURALE ZA POLISÉM ICA
La política exterior pued e definirse como el conjunto de acciones diseñadas pa ra el abordaje de
problemas y el logro de m etas en el ámbit o exterior (Hermann, 1990). De acuerdo a Holsti
(1991), es una estrategia que persigue el alcance de objetivos combinando orientac ión,
actitudes, compromisos, estilos dipl omáticos, posiciones e intereses, d elineados desde las
instancias legitimadas ha cia el ento rno externo o; la suma de las relaciones oficiales ext ernas
conducidas po r un actor i ndependiente qu e pu ede s er el Estado –o no– (Hill, 2003). El concepto
de P adelford y Lin coln (1977) sintetiza todo lo a nterior al enunciarla como el r esultado de un
proceso mediant e el cual los Est ados t raducen sus metas e intereses en cursos de acción
específicos con el fin de l ograr sus objetivos y prese rvar sus intereses y en esta mi sma línea,
1 La natur aleza del Estado como actor un itario posiciona a los aut ores de las distint as corrientes en su defensa o rechazo
y a otros con literatura más reciente, en una postura int ermedia. Des de el en foque clásico del Derecho Internacional, el Estado
goza de capacidad ju rídica in ternacional y p lena capacidad po lítica (Caldu ch, 1 993; Pérez, 2 009) y , para los realistas no ha sid o
relegado ni sustituido como el actor preponderante de l as Relaciones Internacion ales, q ue persigue metas relacio nadas con el
pod er y el interés nacional (Krasner, 1978). Keohane y Nye ( 1988) adoptan una postura ambigua a l aprobar lo anterior y
reconocer al mismo t iempo a o tros actores en los “canales múltiples” d e la interd ependencia compleja; p ara ellos “las relaciones
internacionales surgen cuando se flexibiliza el supu esto realista de qu e los Estados son las úni cas unid ades” (p. 4 1). En esta
línea, Vázquez y González (2015), coinciden en la capacidad –única– del Estad o de celebrar “activ idad es i ntern acionales –
tales– como (…) la firma de trat ados comerciales, convenios internacionales, relaciones intergubernamentales, inv asiones,
guerras, tratado s de p az, etc.” (p. 22 4), pero se muestran a favor de visib ilizar las transformacion es surgidas de la acción de la
sociedad civ il a través d e estructuras orgánicas y capilares lideradas p or ciudadanos o rganizados, tal y como o currió en América
Latina con la impleme ntació n d el mod elo neoliberal a finales del siglo XX, cuyas con secuencias contribuyeron al
posicionamiento d e nuevos actores tran snacionales (por ejemplo, los movimientos sociales indígenas). Otras ap roximaciones
reconocen que el Estado es el actor principal y no el único, haciend o posible ha blar de compañías, gobiernos regi onales y
actores no estatales con po lítica exterio r propia (Ald en y Aran, 2017; Smith , Hadfield y Dunne, 2008 ) o comunid ades soberanas
(Ca r l s n a e s , Ri s s e y Simmon s, 2002) y , aunque importantes, n o trascienden al Estado (Ho lsti, 1 989). También p ara Lasagna
(199 5 ) , l a s r e l a c i o n es que se generan de la po lítica exterior suele n ser en tre los Estad os, pero aprueba q ue no so n actores
exc l u s i v o s d e l s i s t e ma , porque como unidades p olít icas e stán en declive (Rosenau, 1968 ). Asimismo, Míguez (2020 ) reco no ce
que el Estado continúa siendo “la llave que orient a la estrategia de inserción internacional a través de sus políti cas,
promoviendo, p rofundizando o desalentando cond iciones histó ricas d e vinculación con el sistema mundial” (p. 2 3); no obstante,
la capacidad analítica p ara u bicar con precisión el agent e q ue toma las decisiones de política ext erio r sigue siendo un d esafío
(Milani y Pinheiro, 2017; Llende rrozas y Finkielsztoyn, 2013). Finalmente, Smith, Hadfield y Dunne (2008) resuelven q ue
estudiar el comportamiento del Estado es una dimensión ineludible de la política exterior y ello no convierte necesariam ente a
los autores en estado -céntricos ni e statistas.
A NDREA M ILA M ALDONADO
22
Modelski (1962) la considera un s istema de activi dades desarrollado para incidir en el cambio
de comportamiento de otros Estados y para ajustar sus actividades al entorno internacional.
Carlsnaes, Ri sse y Si mmons (2002), construyen s u concepto de política ex terior sobre la
misma base d e a cciones, obj etivos, lineamientos y compromisos que no solo son perseguidos
por los Estados sino por cualquier ‘comunidad s oberana’ e incluyen la interrelación de los
representantes de un gobi erno con otros actores gubernamentales y no guber namentales. Por su
parte, Helio Jaguaribe (1974), uno de los autores latinoamericanos más i nfluyentes, observa
matemáticamente a la p olítica exterior como “una ecuación d e optimización, en el ámbito
internacional, de los principales i ntereses de un país, teniendo en cuenta sus condiciones
internas y externas y los medios de acc ión d e que dispone” (p. 104).
Para Pearson y Rochester (2000) la política exteri or se diseña en fun ción de prioridades y
preceptos trazados por los tomadores d e decisiones o dirig entes estatales, quienes en la
búsqueda por alcanzar los fines propuestos escogen comportamientos adecuados a criterios
contingentes –originados por los inputs que recibe un gobierno desde el exterior–; t radicionales
–que responden a las pautas históricas que h an perfilado la polít ica exterior d e un país por largo
tiempo (Lasagna, 1995)– ; y/o, valorat ivos u orientativos –fundados en l as percepciones e ideas
derivadas de la experiencia del Estado y de las circunstancias estratégicas que han determinado
su lugar en la política mundial (Rosenau, 1976) – .
La pol ítica exterior es t ambién descrita como a quellas decisiones de carácter públi co
alineadas a los int ereses n acionales por las que opta n los gobiernos (Mayullema-Allaica, Pucha,
Espinosa y Urquizo, 2019; Velázquez , 2017); por lo que autores como Hudson (2013) y R ose
(1998) la definen c omo la prolongación de l a política doméstica por otros medios – innenpolitik –
o el resultado de la dinámica interna, a demás de una vía para obt ener insumos externos que
permitan satisfacer demandas locales (Vargas-A lzate, 2010). De allí la premisa básica que
afirma que las dimensiones internacional –aquello que implique la vinculac ión con actores fu era
de las fronteras nacional es– y doméstic a –l o que tiene lugar dentro d e ellas– son indivisi bles.
Uno de los principales autores que sustenta e sta idea es Bayless Maning ( 19 77), quien a cuñó el
término intermestic para definir los aspectos que son “profunda e inseparablemente
internacionales y domésti cos” (p. 306), así como difusos al momento de ubi carlos en una u otra
dimensión, en tanto que pueden re spond er a ambas sim ultáneamente.
Esto ha sido objeto de debate du rante muchos años, y par a Caldu ch (199 3), uno de los
errores más comunes es l a tendencia a analizar la “política exterior com o un ámbito teórico
desconectado de l a políti ca interna” (p. 2 ), esp ecialmente por tres motivos : en primer lugar, s i
se “ha ce referenci a al estado como actor, s e re qu iere entender qué pa sa dentro de ese ac to r”
(Llenderrozas y Finkielszt oyn, 2013, p. 168); en segundo lugar, para explic ar las elecciones que
toman los Estados, los académicos han visto l a necesidad d e tener en cu ent a los lí mites entre
ambos entornos –cada ve z más difuminados–, lo cual les ha supuesto un ard uo t rabajo e int enso
desarrollo teórico (Alden y Aran, 2012); y, te rcero, que las diferencias de los Estados en cuanto
a ni vel de desarrollo, régi men político, cultura, institucionalización, opinión pública y rasgos
de personalidad d e los lí deres –aspectos internos–, afectan indudablem ente al proceso de
política exterior en su conjunto (Boj ang, 2018).
La influencia doméstica como variable cent ral para explic ar lo qu e ocurre en l os asunto s
externos e s una p a r t e medular en la teorización sobre políti ca exter io r desde 1950, razón por la
cual, ha s i do de i m p ortancia para los realistas, e n especial, Kenneth Waltz (1959), que en su
propuesta de los t res niveles de análisis de polít ica exterior 2 o ‘imágenes’ – individual, estatal
2 Ken neth Waltz elaboró uno de los modelos más impo rtantes d e Análisis de Polít ica Exterior (APE). Su obra orig inal
Man, the State and the W ar se publicó en 1959 y su fi nalidad inicial e ra estudiar las causas del co nflicto –o la guerra–, pero l os
tres niveles desarrollados –que también defi ne como imágenes–, se han utilizado para explicar c ómo se comport an los Estado s
Capítulo I
23
y sistémico–, explica en el segundo nivel que el comportamiento del Estado en el sistema
internacional, responde a su estructura y necesida des i nternas y qu e el pro ceso de formulación
de la política exterior, incluye la interrelación de los a ctores subnacionales. Kissi nger (1973;
1966) por su parte, d estaca que la política domé stica no es i rrelevante p ara ningún período
histórico porque determina en gran medida la consecuc ión efici ente de metas y la gestión de
los recursos en política ext erior, al t iempo que afecta l a inte rpretación de l as acciones de otros
Estados. Así, para él so n t res los aspectos que permitirían evaluar de f orma sistemática el
impacto de la estructur a nacional en l os asuntos internacionales: el sistema económico, las
tradiciones hist óricas y los valores social es; que, sumados, también so n fundamentales al
momento en que los decisores opten –o no– por una política exterior revolucionaria.
Holsti (1989) recalca la postura de algunos r ealistas –entre los qu e incl uye a Steph en
Krasner (1978)– en cuant o al Estado como actor un itario cuyo comportamien to es una constante
reacción a la “dinámica política exterior más que a la interna” (p. 529); n o obstante, reconoce
que l os rea listas clásicos “también le dan importancia a la pol ítica interna como una varia ble
residual de las desviacione s de l a pol ítica ra cional” (p. 529) y, a su jui cio, la distribución del
poder después de la Segunda Guerra M undial demostró la ne cesidad de “explorar los p rocesos
políticos dentro de las na ciones (…) y no solo entre ellas” (p. 534). En esa línea, l os realista s
neoclásicos como Lobell, Ripsman y Taliaferro (2009) introducen a los factores domésticos en
sus explicac iones de polít ica externa, específic amente los recursos, l a influencia de actores
sociales, los grupos domésticos y los grupos de interés.
Los modelos M arxista/Sistema-Mundo/Dependencia también integran teorías sobre
relaciones gl obales e inte rnas que tienen lugar en el centro y la perif eria y dentro de cada una
de ellas con sus élites locales (Holst i, 1989). De igual modo, l os t eóricos de la interdependencia
compleja afirman que l as políticas i nterna y externa están estrechamente ‘eslabonadas’
(Keohane y Nye, 1988 ). Por su p arte, los n eorrealistas y estru cturalistas si stémi cos identificaron
“cadenas de unión entre las actividades i nternas y externas” (Pérez, 201 2, p. 22), como l a
llamada teorí a del l inkage 3 , desarrollada profusam ente por J ames Rosenau (1969), uno d e los
pioneros en la b úsqueda de correlaciones entre amb as actividades y en advertir sus interacciones
a parti r de una amplia taxonom ía de a utores, instituciones y escenarios inte rnacionales. Su base
fue la síntesis de c inco niveles de a nálisis –similares a las tres imág enes de Wa ltz–: individual;
de rol; gubernamental; s ocietal y si stémico 4 , que tuvo como finalidad la transversalidad y
explicación de los fenóm enos de p olítica exte rior desde cada uno de ellos (R osenau, 1966). El
resultado y alcan ce ter minó siendo limitado por las dificultades del autor en definir el
“encadenamiento” d e es tas áreas (Osorno, 1995 ), así como insuficiente y confuso por las
múltiples t axonomías; pero valioso al incorporar un instrumento metodológico que i ncluye a
otros actore s en la escena internac ional, reduciendo el monopolio del Estado (Llenderrozas y
Finkielsztoyn, 2013).
en el co ntexto internacional. E n el primer nivel, analiza el rol del ind ividuo en la polí tica exterior; en el se gu ndo n ivel, la
organi zación interna del Estado y; en el tercer nivel se centra en la estructura internacional donde los Estado s son vistos como
actores u nitarios que respond en a los estímulo s externos. Algunas de ellas serían discu tidas más adelan te en su trabajo Teoría
de la polí tica internacional (1967b). En (2001), Waltz publicó Man, State and War: A Theo retical Ana lysis en el que ab orda
las c a u s a s d e l a g u e rra d esde las pe rspectivas p sicológica, antropológica, filo sófica y política.
3 O t r o s t r a b a j os q ue se insertan en las teorías del li nkag e son los de M erle , M. (1991). Sociología de las Relaciones
Inte r n a c i o n a l e s . E n Mesa, R. (trad.). Mad rid: Alianza E ditorial; Hanreider , W. ( 1971). Compatibility and Consensus: A
Propo sal for the Conceptual Linkage of Exte rnal and Internal Dimensions of Foreig n Policy . En Hanrei der W. (ed.),
Comparative Foreign Policy: Th eoretical Essays, Nuev a York ; Wilkenfeld , J. (1973). Conflict B ehavior en Li nkage Po litics .
Nueva Yo rk y; Sm ith , S. ( 1990). Interna tional R elations . En L eftwich, A. (ed.). New Developments in Political Science. An
International Rev iew of Achieveme nts an d Prospects. Aldershot : Edward Elgar Publishing.
4 E l peso d e cada n ivel es mayor o meno r en “función de sus dimensiones (en cuanto a tamaño, recursos e inciden cia en
el sistema internacional) y d e su desarrollo social, político y económico” (Llenderro zas y Finkielsztoyn, 2013, p. 175).
A NDREA M ILA M ALDONADO
24
En la misma líne a de los estudios intermésticos, el trabajo de Robert Putnam (1988) –juego
de dos niveles o tw o level games – es uno de los más exhaustivos p orque ub ica en una rela ción
de doble vía a los factor es i nternos como determi nantes del contexto externo, y a la polític a
exterior como incidente en la polí tica interna. Su p ropuesta se sintetiza en la pregunta de si ¿la
política interna determina las relaciones i nternacionales o al revés? 5 a la que responde: “ ambas,
a veces” 6 (p. 27). Mi entras en el p rimer nivel –n acional– ubi ca a los sectores domésticos t ales
como los grupos de interés, l a opi nión pública o los p artidos p olíticos con los que el gobi erno
busca pactar para su con solidación efectiva en el poder; el segundo nivel –int ernac ion al– lo
concibe como el espacio en el que l os gob iernos maximizan sus destrezas y capacidades para
cubrir las demandas de e sos grupos y mini mizan l os efe ctos negativos de s us pare s externos.
De esta forma, el gobierno forma parte de un doble juego que se complejiza si las decisiones de
un plano son irrealizables en el otro (González, 2008).
Si bien, Putnam (1988) reconoce a Rosenau como uno de los prim eros en desarrollar
análisis internacionales y domésticos, discute la poca investigación derivada de las teorías del
linkage , de las que el propi o Rosenau (1966;1989) r econoció la existencia de ‘muchas l agunas’
y su incapacidad de expl icar de manera s atisfactoria cómo unos aspectos inciden en ot ros,
dificultad con la que ya se habían encontrado Snyder, B ruck y Sapin (1954) algunos años antes.
Otro de los trabajos más elaborados son los mod elos de Graham Allison (1971) –conocidos
como actor racional, org anizacional y burocrático–, que r ealizan dos apo rtes notables a los
estudios intermésticos: inc orporar en el m odelo burocrático a los actores subnacionales como
incidentes en la polít ica exterior y, des conocer a los Estados como actor es unitarios. A juicio
de Putnam (1988), tales aportes no evolucion aron mucho más allá de a firmar con cie rta
simplicidad que los interese s buroc ráticos son importantes en la formulación de la política
exterior 7 . Este autor también m uestra diferencias con Keohane y Nye, ya que atribuye a los
teóricos de la interde p endencia que el concepto de regímenes internacionales dominó el
subcampo al mismo tiempo que los factores domést icos perdieron el foco y trascendencia.
En relación a l o anterior y desde una perspectiva más amplia, Rosenau (19 89) destaca los
avances de las RRII en cuanto a evolución t eórica y generación de modelos como el de la
interdependencia compleja o los regímenes int ernaciona les y coincide con Putnam (1988) al
insistir en dos aspe ctos: el primero, que tales avances se lograron por l a f ragmentación y las
‘islas teóricas’ sin pu entes de comunicación entre s í, y el segundo, que se afirma en la dificultad
de identificar una teoría lo suficientemente ajustada a los estudios int ermésticos, que a la vez
que rec ono zca la autonomía de ambas esferas, no menoscabe su interdependencia 8 .
Otro de los autore s antes mencionado y cuyos aportes merecen ser destac ados es Gideon
Rose (1998), ya qu e otorga a los asuntos intermésticos el nivel de teorí a de políti ca exterior –
conjuntamente con el rea lismo ofensivo, realismo defensivo y el realismo neoclásico– bajo la
5 James Fearon (1998) plant ea en una interrogante similar: ¿qué t an importante es la p olítica doméstica en relación a los
factores sistémicos o estructu rales para explicar las p olíticas exteriores de l os Estados?. Para dar con la respu esta explica el
signifi cado de la p olítica doméstica a la lu z d e la polít ica exterior afirmand o que una teo ría de política d oméstica v ariará en
función de la forma en que se c on ciban las teorías sistémicas. Este autor también sostiene que la política doméstica da forma a
la p olítica exterior, por ejemplo, en la con figuración de políticas exteriores poco óptimas y que esas in teracciones d an lugar a
diversas prácticas estatales externas.
6 Trad u c c i ó n l i b r e d e l a autora de l a exp resión literal “both, sometimes” (Putnam, 1988, p. 427).
7 Algu n o s e s t u d i o s m ás recientes co mo el de Ald en y Aran (2017). Foreig n Policy Ana lysis. New approaches, retoman
el co mpone n t e b u r o c r á t i c o de All ison bajo la interrogante “Can bu rea ucracies d rive foreign po licy d ec isio ns?” (p . 1). –¿Pueden
las buro cracias conducir las decisiones de política exterior? –.
8 Otros autores que siguen los trabajo s i ntermésticos son: Vo lgy , T. y Schwa rz , J . (1991). Does Politics S top a t t he
Water’s Edge? D omestics Political Factors a nd Foreign Pol icy Re structuring in t he Cases of Great Britai n, Fr ance, and We st
Germany. Journ al of Politi cs. (53) 3, 615-643; y Milenky , E. (1978). Argentina’s Fo reign Policies . Bou lder: Westview Press.
Kaarbo, J. (2015). A foreign policy anal ysis perspective on t he domestic politics turn in IR Theory. International Stu dies
Review , 17 (2 ), 189-216.
Capítulo I
31
114). Algunos ejemplos de este tipo de sancione s son los embargos, boicots o las restricciones
en los contactos culturales , siendo esta última un aspecto fundamental del poder blando de las
relaciones entre países y de la his tórica diplomacia cultural , i nstrumento a los que han recurrido
los Estados para conseguir sus intere s es mediante un e nfoque más sutil. Su im portancia estriba
en que es uno de los pila res de las relaciones interestatales (S adikki, 2009), que incluye la
cooperación internac ion al y múltiples actividades que gene ran acercamientos “a través de l a
coordinación de sus representaciones di plomáticas y consulares medi ante convenios y
programas de cooperación científica, educativa y cultural” (Rodrígue z, 2015, p. 43). Al
restringirse delibe radamente, se cierran espacios q ue fomentan los negocio s y las inversiones,
así como la confian za y el entendimiento mutuo, ámbitos importantes de las relaciones
bilaterales estatales.
La efectividad e idoneida d del uso de las sanciones positivas y negativas genera apoyos y
rechazos en la comunidad académica y ent re los mi embros de la soci edad internacional.
Mastanduno (2008) circunscribe su análisis a los resultados de l as sanciones económic as
negativas, las que puede n servir al logro de objetivos , pero p lantea que su verdadera i ntención
puede ser l a de afectar a las pol íticas dom éstica s de un país, influir en su comportamiento
externo o dism inuir sus capacidades milit ares. En algunos casos, l as sanciones pueden estar
direccionadas a provocar un cambio de régimen o crear divi siones a lo interno de un gobi erno
para transformar el orden político o incitar a la pobl ación a presionar para un cambio de
políticas, ergo del propio gobierno; cu anto mayor sea la presión ec onómica, más probables son
estos e fectos. Sobre esto último, Mastanduno (2008) sostiene qu e, las s anciones económicas
también pueden gen erar un efecto cont rario al de seado por el Est ado san cionador, tal y como
una integración política entre los ciudadanos y sus lí deres o re sistenci a a la amenaza externa.
Adicional al efecto int egrador, las sanciones negativas pueden incurrir en gastos
significativos tanto para el país sancionado como para el sancionador, l o cual puede ha cerlas
insostenibles y dificultar que s e mantenga el apoyo políti co a lo largo del tiempo o dentro d e
una coalición de Estados. Los problemas públicos genera dos a causa de l os efectos
desproporcionados en ví ctimas inocentes, son otras de las desaprobaciones a su uso. Frente a
esto, algunos autores y Estados optan por las llamadas smart sanctions que pretende n limitar
los efectos en la pobl ación y dirigirlos a un a élite gob ernante, l as cuales, e n la mayoría de los
casos no han generado los “óptimos” resultados esperados (Mastanduno, 2008).
A juicio de Robert P ape (1997), las sanciones económicas negativas no resuelven los
problemas reales de l a polí tica exterior, l o que evidenció a través del e studio de 40 casos
declarados como “exitosos” entre 1980 y 1990, de los que obtuvo los siguientes resultados:
Examiné los 40 éxitos declarados y descubrí que sol o 5 se mantienen firmes. En
realidad, dieciocho se resol vieron m ediante el us o d irecto o indirecto de la fuerza;
en 8 ca sos no hay evidenc ia de que el estado ob jetivo haya hecho l as c onces iones
exigidas; 6 no califican como sanciones económicas; y 3 son indeterm inados. Si
estoy en lo cierto, entonces las sanciones ha n tenido éxito en sol o 5 de 115 intentos
y, po r lo tanto, no hay una base sólida para un opti mismo inclu so cali ficado sob re
los efectos de las san ciones 14 (p.1).
En l o que r e s p ecta a las críti cas de las sanciones p ositivas de t ipo económico, algunas de ellas
com o l a a yuda ext erna o la promoción de inversi ón extranjera s e pueden ejecutar con otras
intenciones por parte del Estado sancionador, que podría utilizar estos i nstrumentos para
generar consensos y apoyarse en la diplomac ia p ara –en un último ca so– abonar el camino para
14 Traducción libre d e la autora
A NDREA M ILA M ALDONADO
32
el uso de la fuer za militar. No obstante, la forma de sanc iones positivas también puede generar
efec tos distintos y en ocasiones contribuir con la expansión del comercio de un gobierno o
fortalecer sus capacidades (Mastanduno, 2008). E n cualquier caso, tanto l as sanciones positivas
como negativas son algunos de los instrumentos de los que disponen los Estados que no
implican el uso de la fuerza pa ra abordar los prob lemas y oportunidades en polí tica exterior y
su base jurídica se encuentra tipificada en el Derecho Internacional.
Si se sigue la línea ascendente de la Figura 2, el curso común orie nta a que si l as sa nciones
no cumplen su cometido , lo siguiente es la intervención política que incluye la propaganda ,
basada principalmente en la m anipulación intencionada de símb olos verba les con el obj etivo de
influir en otro Estado (Baldwin, 1985) y se dife rencia de las informaciones casuales por ser: a)
deliberada, es decir, parte de la manipulación y busca afectar opi niones y/o comportamientos;
b) parcial, por s er emitida por un a ctor cuya inten ción no es la de transmitir un m ensaje o h echo
con la mayor objetividad , sino desde su percepci ón o valoración; c) s electiva, ya que escoge
intencionalmente la información a ser transmitida así como la forma y; d) condi cionante, porque
pretende ad ecuar las conductas a un objetivo, valiéndose de informaciones parciales y en
ocasiones desfiguradas que sesgan la for ma ción de opiniones de los rece pt ores del mensaje. El
Estado que opta por este instrumento debe seleccionar claramente el m edio o los cana les por
los que transmiti rá el me nsaje, la info rmación qu e le f avorece y el públi co objetivo al que la
orienta (Calduch, 1993), a sí c omo los “mi edos, de seos y la debilidad del grupo” (Chabat, 1990,
p. 400).
La subversión es otro d e los instrumentos de i ntervención políti ca y puede ser ent endida
como la participación act iva de grupos locales no estatales con el objetivo de afectar, d egradar
o debilitar la autoridad de un gobi erno. I mplic a l a delegación de un actor internacional –
patrocinador– a un actor nacional – proxy – que acuerdan socavar al gobierno de un Estado
mediante acciones específicas (Lee, 2020). P ara s u implementación, el Est ado i niciador pu ede
valerse de miembros de sus fuerzas armadas u organismos de inteligenci a p ara que penetren las
sociedades de los Estado s objetivo y contribuir con l a generación de escenarios de violencia y
de dars e el caso, ser c atalizadore s de contradicciones sociales y a existent es. A juicio de Lee
(2020), es más probable que se utilice contra Estados que ya tienen disputas políticas y cuando
hay disponibil idad de ac tores en ese p aís para co operar con el Estado pat rocinador. De esta
forma, para que la subve rsión tenga lugar se deben dar dos condiciones: 1) la divergencia en
las preferencias políticas entre el Estado objeti vo y el Estado que pat rocina la subversión, y 2 )
la presencia de agentes locales no estatales en el es tado objetivo.
En comparac ión con el us o convencional de la fuer za, la subversión supone un menor gasto
económico, militar y admi nistrativo, y sus resultados no n ecesariamente son atribuidos a un
patrocinador externo, porque la ambigüedad que g enera l a participación de agentes foráneos y
no foráneos r educe la probabilidad de que el Estad o patrocinador suf ra represalias por parte del
Estado objetivo o de la comunidad internacional (Lee , 2020). Otr as form as de intervención
política menos comunes son los golp es de Estado u operaciones de cambio de régimen
destinadas a derrocar lí deres extr anjeros o ca mbi ar ins tituciones pol íticas 15 ; y la influencia en
procesos elec tor ales de otros países, sea por m edio de apoyos económicos a los candid atos
favoritos (Aidt, Albornoz y H auk, 2019) o presi onando para que se celebren elecciones e n
países cu yos s i s t e m a s presentan carencias democráticas (Kelley, 2012).
El fr a c a s o e n e s t e nivel u bica al Estado iniciador en la decisión de: a) continuar esc alando
la disputa mediante la aplicación de medida s punitivas que seguirá n aumentando la te nsión c o n
altas pr obabilidades de que la situación se salga de control o, b) reducir las pé rdidas y
15 Para Steph en Kin zer (2007) algunos ejemplos so n lo s golpes de Estado en Ch ile (1 973) Guatemala (1954 ) o Irán (1953)
que fu eron respaldados por Estados Unidos.
Capítulo I
33
retroceder, lo que conlle varía a la humillación públ ica y a la crítica nacional (Brighi y Hill,
2008). Con la primera iniciativa, el Es tado opta por el úl timo instrumento de polít ica exterior
en la escala ascendente, que es l a acción militar , resumida como la capac i dad de un Est ado en
influir por el us o d e la v iolencia, las armas y la fuerza (Baldwin, 1985) a travé s de medidas
legalmente aceptadas por la comunidad int ernacional (Bassey, 2 005). A este últim o grupo d e
instrumentos también se le conoce como diplomaci a armada . Al respecto de esto, Mearsheimer
(1992) afirma que, los Estados operan e n dos e sfer as en el á mbito internacional: la política y la
economía. Según su t esis, si las dos entran en confl icto, la primera dominará a la s egunda, por
esta razón, las c apacidades mili tares, tecnología, r eputación y equipamiento en general, inciden
en la efectividad del ataq ue o amenaza a ot ros Estados en contextos espec í ficos, sirviendo de
respaldo para la consecución de los objetivos de política exterior.
Sin duda, uno de los t emas más controvertidos luego de la Guerra Fría ha sido la
intervención militar ; su prominencia en los debates de política exterior así l o sugiere.
MacMillan (2013) diferencia tres aspectos guía de esta modalidad: 1) actos discretos de 2)
interferencia coercitiva en los 3) asuntos int ernos de ot ros Estados, que no cambian el estatus
jurídico de la pa rte intervenida como lo haría la co lonización o la a nexión. Las ra zones bajo las
cuales se ha implementado son humanitarias, defensa de la democraci a, poner fin a los
movimientos hostiles, det erminar los resultados de guerr as civiles y construir o transf ormar las
instituciones y capacidades de Estados denominados como frágiles o fallidos.
La intervención militar es para algunos una excepción a la regla del p rincipio de no
intervención p ero, en real idad pl antea un a di scusión más profund a s obre la soberanía estatal
(fuerzas territoriales vs. transnacionales), los patr ones de poder en el sistema interna cional y
coloca d e r elieve las di cotomías legit imidad/legalidad, acción rápida/obstá culos sostenidos en
el tiempo, s electividad/consistencia. Al ser una práctica reconocid a por los Est ados, amparada
en la Responsabilidad de P roteger 16 y no s olo un comportamiento o acción s ocial, se critica la
idoneidad y utilidad de esta medida c o ercitiva e n la s relaciones contemporáneas, a demás de las
dificultades estratégicas a razón de los aspectos operativos que conlleva (Mac Millan, 2013).
Los estudios de la intervención militar ha n hecho énfasis en su dimensión humanitaria qu e
Holzgrefe (2003) define como:
la amenaza o el uso de la fuerza a través de las fronteras esta tales por pa rte de u n
estado (o grupo de Estados) con el obje ti vo de preven ir o poner fin a violaciones
generalizadas y graves de los derechos fund amentales de personas distinta s a sus
ciudadanos, s in el permiso del Estado en cuyo territorio se aplica la fuerza 17 (p. 18).
A pesar d e l as aspiraciones de neutralidad e ind ependencia qu e estip ula la acción hum anitaria,
algunas críticas se posicionan en que esta responde al mismo contexto geopolítico amplio de
los aspec tos económicos y militares (Willit ts-King, El Tara boulsi y B ryant, 2018) y que se t rata
de una herr amienta de l os Estados pot encias p ara usar la fu erza cuando lo estimen necesario.
No obstante, su estudio conceptual e histórico sigue estando poco desarrollado y es la
modalidad de coerción por antonomasia de las relaciones internacionales c ontemporáneas.
16 L a Re s p o n sabilidad de Proteger (R2P) se aprobó en la Cumbre Mundial 2005 de la Organización de Naciones Uni das
(A/RES/60/1 ) y se b asa en que el Estado “es respon sable d e p roteger a su población del g enocidio, los crímenes de guerra, la
depuración étnica y lo s crímenes de lesa humanidad ”. En el caso de que el Estado n o se a capaz de h acerlo, la comu nid ad
internacional está auto rizada a usar “los medios d iplo máticos, h umanitarios y o tros me dio s pacífi cos apropiados (…) para
ayudar a pro teger a las poblaciones d el genocidio, los crímenes de guerra, la d epuración étni ca y los crímenes d e l esa
humanidad” (ONU, 2005).
17 Traducción libre d e la autora.
A NDREA M ILA M ALDONADO
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Para con cluir este aparta do, es importante acotar los aportes de C habat (1 990) que tom an
en cuenta al i mperialismo y colonialismo como instrumentos de política exterior que no son
contemplados por Brighi y Hill (2008) en su escala, probablement e por el escaso uso en las
relaciones i nternacionales contemporáneas. Al imperialismo l o define como una “proyecc ión
hacia el exter ior, directa o indirecta, del p oder políti co, económico o cultural de una nación;
implica la imposición de control (abier to o en cubierto, directo o indirec to) de una población
sobre otra”, mientr as que al colonialismo lo describe como una “proy ección natural de la
nacionalidad de los colonizadores al medio natural y social donde se inst alan” (p. 401-402).
Aunque pueden generar confusión, el r asgo común de ambos es la exp ansión de un Estado por
diversos fines y su princi pal rasgo distintivo es qu e el s egundo i mplica la tenencia o pos esión
de un t erritorio. Por su p arte, P érez (2012) destaca la existencia de autor es que incorpor an en
esta list a de instrumentos a la hegemonía , entendida como el liderazgo intelectual o moral, o la
dominación de un Estado que combina poder m aterial, ideología e instituciones, sea bajo la
forma de la coerción o el consenso (Harvey, 2003; Arrighi, 1999).
En estos primeros apartados se ha definido a la polí tica exterior analizan do su estrecha
relación con los aspectos domésticos, su aborda je interdisciplinar como p olí tica pública y los
principales el ementos qu e la conforman, tales com o los fines, objetivos, c apacidades materiales
y los recursos de los que dispone. En las siguientes líneas se sintetizará el desarr ollo teórico d e
la política exterior y se diferenciarán los principales aportes de las teorías de las Relaciones
Internacionales, núcleo fundamental de su existencia.
1.1.2. Política exterior y constructivismo
La consolidación teórica de l a polít ica exterior h a tenido un recorrido influenciado por el
desarrollo ontológi co d e las Relaciones Internacionales, lo que ha supu esto serias di ficultades
al momento de considerarla una di sciplina independiente (Hill, 2003; Hud son y Vore , 1995),
una subdisciplina (Carlsn aes, Risse y Simm ons, 2002) o un subcampo (Neack, 2019) d entro de
este campo. Esto no es un problema en sí mis mo, p ero da origen a los siguientes: a) el ‘lugar
secundario’ c omo objeto de estudio e n la producción científica, b) la ausencia de una identidad
disciplinaria, c) inconsistencias en su autoubicación epistemológica (Llenderrozas y
Finkielsztoyn, 2013, p . 167) c) anacronismo de a lgunos de sus postulados y d) reemplazo o
absorción por otros enfoques (White, 1999). Adicionalmente, algunos conceptos como el poder,
la se guridad, el interé s na cional, la soberanía, la cooperación, el conf licto o la razón de Estado,
complejizan el poder distinguirla eficientemente de l os enfoques teóricos dominantes,
especialmente del pa radigma rea list a y, a pesar de los aportes generados en l as últimas décadas,
el centro del debate académico si gue estan do en la (in)e xistencia de un desarrollo
epistemológico sólido a rticulado y autónomo como hemos evidenc iado en e l apartado anterior.
A juicio de Holsti ( 1989), varios tra bajos de muestran el apoyo mutuo, pero describe a esta
relación como ‘ecléctica ’. Mientras las RRII se centran en analizar la estructura del sistema
internacional y lo hace n responsable de moldear y limitar las preferencias racionales y estrategia
de los Estados, la polít ica exterior concentra s us e sfuerzos en la toma d e dec isiones y en los
procesos que tienen lugar a l o interno del Est ado y se nutre de la psicolo gía y la psicología
social pa ra comprender “la s barreras en el procesamiento de infor m ación y la s elección
racional” ( p . 555) . Por e llo, los asuntos que trata n l as RR II suelen vi ncularse más a la alta
política – c om p one nt es del sistema en su conjunto– y los de política exterior con la baja pol ítica
–decisiones de los actores y el proceso– por lo que, más que solaparse, se complementan.
A p esar de sus difer encias, insistim os en el hecho notorio de la dificultad que representa
para algunos académicos diferenciar a l os r eferentes teóricos de la políti ca exterior y de l as
RRII, quienes en m uchos estudios optan por describir los aportes de l a segunda, difuminando
Capítulo I
35
cada v ez más la líne a que las separa de la p rimera, obviando la propia naturaleza d e sus obje to s
de estudio. Es adeu do del investi gador, no solo tomar postura por aspectos como el rol d el
Estado o el marco de Análisis de Política Exterior de preferenc ia, sino también dist inguir los
rasgos principales de cad a una, sobre todo en lo que ti ene que ver con los post ulados clásicos;
o, al menos, en un esfuerzo de ejercicio int erdisciplinar, re conocer la incidencia m utua d e forma
explícita, en tanto que las t eorías de la políti ca exterior son i ntrínsecas a las teorías de l as
relaciones internacionales (Smith, 2013, p.13) y, que todas tienen ‘algún punto de contacto ’
(Llenderrozas y Finkielsztoyn, 2013), incluso aquellas no Estado-céntricas.
Varios de l os aportes exitosos en esta línea son lo s trabajos de Willi am Wohlfoth, Jeffrey
Checkel y Mi chael Doyle 18 (2016), Salomón y Pinhe iro (2013) y Llenderrozas y F inkielsztoyn,
(2013) que recogen los principa les postulados del realismo, liberalismo y constructivismo, a la
vez que logran aproxim arlos a la política exterior desde una p erspectiva epistemológi ca y
práctica. Ellos s erán el ej e vertebrador de este apa rtado, así como l as teorías de Gideon Ros e
que se i ncardinan en el enfoque neorrealista, pero o frecen una perspectiva y variables adapt adas
a la política exterior.
1.1.2.1. Constructivismo
El constructivismo observa al mundo –constr uido– a trav és d e un proceso d e
interacción entre agentes y su entorno más amplio; su peso reposa en lo social –en opos ición a
lo m aterial– y su centro gravita en t orno a l as identidades e intereses (Checkel, 2008; Wendt,
1999). D isti nto a los enfoque s revisados, el foco del aná lisis no son los E stados c omo unidades
individuales racionales, ya que el actor interesa e n la medida en que partic ipa en los procesos
de creación y difusión de normas que configuran esas ideas e identidades.
De acuerdo a este en foque, las identidades son significativas p orque son las responsables
de definir los intereses d el Estado/individuo y orientar sus acciones: para los constructivistas
estos actúan movi dos por los significados propios y los s ignificados que l os otros hacen de ellos
(Flockhart, 2012) y eso lo logran a través de l a formación de ideas so ciales, que sumadas,
conforman una estructura normativa, la cual se construye, transforma o socializa por m edio de
las intera cciones de los a gentes. De esta forma, los actores no poseen un por tafolio de intereses
que pueden utili zar indisti ntamente del contexto social, s ino que los de fin en a la vez que las
situaciones (Wendt, 1999 ); de ahí dos de sus premisas: la importancia del proceso que da origen
a los intereses de los Estados y la construcción mut ua de los age ntes y estructuras ( Hopf, 1998;
Adler, 2002).
La atención de l os cons tructivistas también se centra en l a anarquía, en tendida como
resultado del pro ceso s ocial de construcción de si gnificados colectivos (K ubálková, 2001), en
tanto que su concepc ión está relacionada con la seguridad del ‘yo’, y trae como consecuencia
que no exista un concepto de seguridad unívoco, y sí distintos, por la manera en que ese ‘yo’ s e
identifica con el ‘otro’ (Wendt, 1999).
El constructivismo no e s estrictamente una corr iente de RRII 19 , sino una teoría s ocial
amplia, aplicable a los estudios de la pol ítica internacional (Salomón y Pinheiro, 2013) , que ha
evolucionado en corto tiempo para convertirse en uno de sus paradigmas, contribuyendo
significativamente al análisis de la realidad social e internac ional (Jung, 2019). En su des arrollo
18 L o s t r a b a j o s de estos auto res se encuen tran en Smith, S. Hadfield y Dunne, T. (eds.) (2008; 2016). Foreign policy.
Theories, a ctors, cases . New York: Oxford University Press.
19 El constructivismo se liga a l as RRII en el llamado cuarto d ebate racionalismo-reflectivismo. Alguno s autores toman
como punto de partida la publi cación de Anarchy is what S tates M ake of it: T he So cial Constru ction of Power Politics (1992)
de Alexand er Wendt, pero, al hacer u n rastreo, se identifica a Nicholas Onu f (1989) como el p rimero en enunciar el término
constructivismo y a lo s ap ort es d e John G erard Ruggi e (1975 ) c omo originarios, aunque sin acuñarse la deno minación de
‘constructivismo’ a sus argumentos (Vitelli, 2014).
A NDREA M ILA M ALDONADO
36
se identifican dos importantes tendencias, la pr imera con origen en Est ados Unidos y la
segunda, europea. P ara Checkel (2008), las diferencias sust anciales entre ambas –que atañen a
la política exterior– se ubican en los planteamientos y los métodos que emplean. Aunque no es
un marco orientador como el realismo o el liber alismo, el constructivismo realiza aportes al
APE (especialmente la c orriente estadounidense), dos de ellos de amplia re ferencia como lo
son la burocracia y la toma de decisiones y un terce ro que Checkel (2008) define como el
imp acto de la sociedad internacional en la práctica d e la política exterior de los E stados .
De igual modo es relevante la atención de am bas corrientes en el lenguaje; mientras los
intelectuales estadounidenses lo definen como actos de argumentación o pe rsuasión capaces d e
incidir en el cambio d e opini ón de los tomadores de decisión en política ex terior, los eu ropeos
consideran que se trata de estructuras de significado que posibil itan ciertas acciones en el
ámbito externo.
Como es conocido, l as b u rocrac ias n acionales so n notables para el análisis por el rol qu e
desempeñan tanto en los Estados propiamente dichos como en la fase de diseño e
implementación de las pol íticas. S u expresión p ráctica son los mini sterios, secretarías o
agencias y suel en tener com o m isión defender el interés nacional y maximi zar algún ben eficio
material. El APE dedic a gran parte de su literatura a de sarrollar su rol, pero, el construc tivism o
le da un aporte significativo al explora r el origen d e los deseos e intereses que representan tales
instancias; de esta for ma, mientras el APE tradicional ‘exogeniza’ los intereses, el
constructivismo analiza c ómo s e erigen a tr avés de un p roceso de inte racción social – es decir,
los endogeniza 20 –. Los constructivist as proponen una nueva mirada a los act ores tradicionales
y enfati zan en los fa ctores en el nivel d e l a uni dad con el fin de que l as burocracias ejerzan un
rol distinto que trascienda al Estado nacional 21 (Checkel, 2008).
Bajo el análisis constructivista, la política exterior está impuls ada por los pr ocesos de toma
de decisiones, donde los distintos actores participan colectivamente. La visi ón tradicional
ligada al ámbito de las RRII, asume que las decisi ones son tomadas por actores racionales qu e
calculan y bus can maximizar s us i ntereses, sobre lo cual discrepa el APE al esti mar como
‘pocos’ los procesos de decisión que logran ser perfectamente rac ion ales y, en particular, los
enfoques cognitivos defi nen a los ag entes como ‘ racionales li mitados’ 22 , es decir incapa ces d e
entender y calcular sim ultáneamente costos, be neficios y alternativas. Si bien, su base es
diferente, el AP E y los enfoques cognitivos ti enen como aspecto común observar al actor o a
los actores como ‘asociales’ que deciden solos. A l r especto, el giro construct ivista propone una
nueva comprensión de la r acionalidad vinculad a a individuos profundamente sociales y
reflexivos, que no solo bus can ganancias y constantemente intentan persuadi rse y convencerse
mutuamente, como t al, sus intereses y preferencias están abiertos a redefinirse. De ahí que, s e
tome a la negociación com o aspecto complementario y a la argumentación y persuasión como
elementos claves de la toma de decisiones 2 3 (Checkel, 2008).
20 El con structivismo ‘endogeniza’ el p roceso de fo rmación de intereses, ya que en lugar de simplemente asumir q ue las
burocracias o l os Estad o ti enen intereses, exp loran cómo se construyen . Así, para l os realistas se debe ‘defend er el in terés
nacional’, para el con structivista es más important e ‘definir el interés nacional’ (Checkel, 2008, p. 75).
21 Un e j e m p l o s o n l a s Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) y las corporaciones nacionales, que han demostrado
su influenci a e n a c t o r e s y p olíticas esta tales.
22 Tra d u c c i ó n l i b r e d e la autora de ‘ boundendly rational’ (Checkel, 2008, p. 176).
23 La persuasión está estrechamente relacion ada a los a portes de la p sicología social y literatu ra experimental de ese
ámbito. Al gunos autores como Checkel, 20 01 (cit. en Checkel, 2 008) han obtenido como prin cipales hall azgos de esos estudios,
que la p ersuasión y la argu mentación desempeñan un p apel en la toma d e d ecisiones solo bajo ciertas cond iciones, po r ejemplo ,
cuando se p roducen en espacios privado s y fu era del o jo público . Estos resultad os han sido discutidos p or los constructivistas
europeo s, para quienes, lo s ag entes no solo son persu asivos porque tienen autoridad o discutan en ámbitos priv ados; son
persuasivo s porque están habilitados y legitimados por un discurso social más amplio d el que forman parte.
Capítulo I
37
Respecto al úl timo aspecto identificado por Ch eckel (2008), – i mpacto de la sociedad
internacional en l a práctica de la política exter ior de los Estados –, los constructivistas
vuelven a la discusión sobre los aspectos internacionales-domésticos y al nexo que los une y ,
también a los niveles d e análisis, ante lo cual, p roponen modelos de niveles cruzados o
transversales. Par a lograr e sto, han dedicado m uchas de s us investigaciones a teorizar y
documentar empíricamente la v ariedad de mecani smos que con ectan el si stema internacional
con actores, instituciones y políticas nacionales.
Las principales falencias del constructivism o s e hallan en el ámbito metodológico. La
corriente norteamericana tiene como método el estudio de casos y el ras treo de procesos,
demostrando poca claridad sobre todo con lo segundo, l o que deriva en la exist encia de “cierta
resistencia (…) a considerar estas investi gaciones como algo más que opiniones más o m enos
informadas (... ) una dificult ad adicional que en frentó el constructivismo en sus esfuerzos po r
establecerse en tanto perspectiva válida en la discip lina” (Vitelli, 2011, p. 13 0). A pesar de esto,
es ampliamente utili zada como marco teó rico en m últiples i nvestigaciones de política exterior
y RRII. Otra de las c ríticas a los constructivistas e s que no abor d an de for ma satisfactoria al
poder como categoría d e análisis , especialmente la corri ente europea vincul ada a las ideas de
Jürgen H abermas, tema sobre el cual la corriente n orteamericana tampoco l e ha especificado s u
rol (Checkel, 2008).
Ante la pr egunt a de si “¿e xiste una políti ca exterior c onstructivista?”, Vitelli (2014)
responde n egativamente, a l sostener que esta corriente no contempla un marco analítico qu e
permita identificar objetivos y evaluar sus resultados, pero, es útil para “reali zar investigaciones
empíricas sobr e políti cas exteriore s, sól o que las p reguntas de inv estigación para l as cual es esta
perspectiva r esulta útil son distintas de aquellas que tienen una dimensión prescriptiva” (p.165).
Todos los enfoqu es abordados demu estran que, solo si se conocen los detalles de los
asuntos espe cíficos de polít ica e xterior, se pueden dete rminar si las circunstanc ias bajo análisis
se corresponden verdaderamente con los parámetros conocidos de una teorí a dada, acción qu e
resulta mucho más difícil de lo que par ece, ya que r equiere una profunda famili aridad tanto con
la t eoría g eneral como con l os aspectos específicos (Smith, Hadfield y Dunne, 2008). En
cualquier c aso, los estudi os gravitan hacia la idea de que l as teorías aplicables son
complementarias en lugar de competitivas y que la políti ca exterior sigue siendo un tema central
de las Relaciones Internacionales, tanto d esde la perspectiva teórica com o práctica (Pé rez,
2012).
1.1.3. América Latin a y las Relaciones Internacionales: u n p roceso, d e-construcción
constante
La teorización en política exterior y Relacion es Internacionales desde Am érica Latina no
ha sido bien recibida, d esconocida e n el c entro de conocimiento e ignorada por intelectuales de
Estados Unidos y Europa (Briceño y Simonoff, 2017; Van K laveren, 1992). La mayoría de sus
propuestas han surgido atomizadas y, e n respuesta a la coyuntura de la región y del sistema
internacional (Villarroel, 2016). Tales situaciones han dado lugar a debates sobre si su
producción científica se encuentra en el nivel de desarr ollo teórico o si se trata de preceptos que
pertenecen a postul ados hegemónicos que han s ido mim etizados 24 para d ar respuesta a los
pro b l e m a s de l contexto ( Briceño y Sim onoff, 2017). S ean o no ciertas esas afirmaciones –y a
pro p ós i t o de ellas– tien en lugar las si guientes dos precisiones: que la absorción de tales
24 El términ o ‘mimetización’ fu e desarrollado d entro de los en foques p oscoloniales y en especial po r Ho mi K. Bhab ha
(1994) para re ferirse a “el deseo de un Otro reformado, reconocible, como ‘sujeto’ de una diferencia que es casi lo m ismo, pero
no exactamente. Lo que equivale a decir que el discurso del mimetismo se construye alrededor de una ambivalencia” (p. 112).
Es usado también como sinónimo d e emulación o imitación del c ompo rtamiento por ejemplo d e una p otencia h egemónica,
como una exp resión de dominaci ón por parte de esta última (Arrighi, 1999).
A NDREA M ILA M ALDONADO
38
conocimientos debió producirse dentro d e un cont exto de saberes l ocales preexistentes y; que
al importar ‘ conocimiento hegemónico’, l a periferia debió transformarlo y adaptarlo al contexto
particular, siendo el problema de esto últim o la ‘importación acrítica’ o la inexistencia de un
examen de pertinencia con la realidad (Tickner, 2012).
En la producción científica latinoamericana destaca un grupo de autores para quien es, el
‘poscolonialismo’ (De Sousa, 2009), la ‘postcolonialidad’ (D e Toro, 1999) la ‘ colonialidad del
poder’ (Quijano, 2014), ‘el pensamiento decolonial’, la ‘desobediencia epistémica’ (Mignolo,
2010b), o simplemente la ‘colonialidad’ (L ander, 2000; Mi gnolo, 2010b) son expresiones de
resistencia y alter idad en el conocimiento frente a las lógicas y propuestas vistas como
eurocé nt ricas desde la base de la du alidad modernidad-postmodernidad/colonialidad-
poscolonialidad. P or su parte, Homi K. Bhabha (1994) –teórico crítico y uno de l os m áximos
representantes del p oscolonialism o–, propuso la idea de un ‘tercer espac io i n between ’ que
trasciende esa l ógica bina ria ‘centro y periferia (imperio-colonia)’ (Briceño y Simonoff, 2017),
en el cual s e rompe con el discurso clásico de la realidad colonial en l a que se i mpuso una
cultura superior, al plantear que la cultura sometida generó resistencia, lejos de la quietud o
pasividad que en ocasion es se presupone y dio orig en a un ‘disenso pr oducti vo’ (Álvarez, 2011).
Ese tercer espacio lo denominó ‘hibridación’ 2 5 .
Según B oaventura De So usa S antos (2009), el poscolonialism o fue un viraje cultural en las
ciencias sociales que se produjo en la dé cada de 1980 y tiene dos grandes aborda j es
conceptuales: el primer o, asociado a un perio do hist órico que lleva implícito tanto la
institucionalidad y nacimiento de las nuevas repúblicas l atinoamericanas en el siglo XI X, como
las rupturas y continuidades con el sistema colonial que determinó s u forma de inserción al
sistema internacional. El segundo, –preferido po r De S ousa (2009)– tiene una perspectiva
‘culturalista’ y se concr eta en prácticas, estudio s culturales, lingüí sticos e identidades que
“deconstruyen la nar rativa colonial”, al tiempo que procur an sustitui rla y contiene en su esencia
una ‘ crítica implícita o explí cita’ (p. 277). Este autor también r ecurre al té r mino de hibridación
en el ámbito del poscolonialismo como un vínc ulo, una re la ción dependiente, –dialécticamente–
destructiva y productiva entre el ‘colonizador y el colonizado’, e ste último estere otipado desde
la lógica de deshumaniz ación de Fanon como ‘s alvaje, animal’ frente al primer o ‘civilizado ’
(De Sousa, 2009, p. 2 80 ). En línea simil ar, Néstor García Can clini (1997) reconoce desde l a
antropología que las cul turas no coexisten s in contradicciones ni confli ctos y se refiere a
‘culturas hí bridas’ como un c oncepto social incluyente donde las prácticas di versas se vi nculan
para dar origen a nuevos procesos (García Canclini, 2001).
En lo que re spe cta a los estudios poscoloniales y las Relaciones Internacionales, son tres
las etapas que se identifican: “…l a primer a en clave culturalista ( finales de los s etenta y
ochenta), l a segunda en clave de economía -política (década de los noventa) y la tercera en clave
geopolítica (noventa e inicio del siglo XX I)”. Esta di visión es, estrictamente ‘funcional’ p ara
dar secuencia, pero no es una ‘cat egorización ort odoxa’, por la propia dificultad en delim itar
cada et apa temporal y teóricamente, ya que nin guna predomina sobre otra y, porque “la
naturaleza mis ma de lo postcolonial disiente de ello. P or el contrario, cada etapa se ‘adapta’ a
la anterior e intenta sup lir l as carencias teóricas que la crítica y la autocrítica les aduce”
(Galindo, 2013, p. 104).
25 El concepto de ‘hibridación’ e s discutido por autores co mo A ntonio Cor nejo Polar (1997) quien cuestiona su
pertinen cia por ser u n término p roveniente de l a biología, así como su verd adera ‘capacidad hermenéutica’. Acheraïou (2011)
también d iscute l a propuesta de Bhabha (1994) p or considerarla ambivalente y, Sard ar (1998) la o bserva como una forma de
legitimación d el p redominio d e los valores d el centro. A p esar de sus detractores, este término ha sido ampli amente ut ilizado
y tiene un amplio alcance cultural, metodo lógico y t eórico. P ara Alfonso de Toro (2006) evidencia las diferencias centro
periferia y no las reduce.
Capítulo I
39
En el ámbito de las Relaciones Internacionales la tinoamericanas 26 , Pinar Bilgin (2008) y
Arlene Tickner (2012), emplean el término de ‘hibridización’ e hi bridación desde la misma
lógica dialéctica de nega ción y contención de un a cultura por ot ra. En tal sentido, la escasa
producción científica tiene relación di recta con la autorreferenciación de los campos de estudios
y la territorializac ión de l os académicos cuyos t rabajos han sido desarrollados dentro de los
parámetros de la academia occidental. De ahí que la transferencia de cono cimiento Norte-Sur
reproduzca lógicas hegem ónicas, más específicamente de ‘hegemonía int electual’, mediante
categorías de análisis estáticas que fijan l os parám etros de interpretación de l a realidad. E n
sintonía con esta idea, Raúl Prebish (1988) aporta l os t érminos de ‘dependencia intelectual’ y
“subordinación condicional de ciertos círculos de la periferia a teorías elaboradas en los
centros” (p. 208), los c uales, insiste, no se corresponden con la r ealidad política, social y
resultan ‘disfuncionales y contraproducentes’ (Ti ckner, 2012).
Carlos Escudé (1995), Briceño y Simonof (2017) y Tickner (2003 ) rastrean el trab ajo d e
Stanley Hoffmann (1977) – An A merican Social Science: International Relat ions –, referente
claro de la autoaf irmación de las Relaciones I nte rnacionales c omo una cienc ia social
(norte)americana. Otros autores como Gilpin (1981) registran el s esgo intele ctual, mi entras que
Holsti (1985) y Smit h (2000) reconocen a la comunidad académica estadounidense com o
dominante en la di sciplina. Por su p arte, Waltz (cit. en Tickner, 2012) sustenta que “sería
absurdo construir una te o ría de las rela ciones internacionales basada en países como Malasia y
Costa Rica” (p. 164).
Para evid enciar el etnoc entrismo más allá de los autores clásicos, en u n trabajo m ás
reciente, Tickner y Wæver (2013) cuantifican los artículos publicados en las revistas científicas
de relaciones internacionales más importante s de Estados Unidos de sde 19 70 hasta 2005 27 , con
relación a las nacionalidades de los investigadores, obteniendo como resultado una abrumadora
mayoría est adounidense. Es to no significa neces ariamente un sesgo en l a investigación qu e
realizan e sos autores, per o sí que “los números ha blan clara ment e a cerca de la invisibil idad de l
'resto del mundo'” (p. 174). Por otra parte, en lo que respecta a los i ntelec tuales europeos,
“América Latina simplemente parece un área demasiada remota y marginal para merecer algun a
atención” (Van Klaveren, 1992, p. 171).
La suma de estas (auto)afirmaciones fortaleció el imaginario de los p aíses de América
Latina como ‘distintos y peculiares’, cuyos estudi os debían circunscribirse a la antropología o
la economía polí tica desde las cuales se han abordado “el capitalism o periférico, la dependencia
y el imperialismo norteamericano” (Van Klave ren, 1992, p. 170). Al respecto de esto, algunos
autores latinoamericanos se desmarcan del sesgo políti co hacia la potencia hegemónica:
Esta no es una expresión de nacionalismo ingenuo, anti-norteame ricanismo o anti-
imperialismo: existe un considerable cuerpo de evidencia que sugiere que el
etnocentris mo de la te oría de relaciones internacionales, acuñada principalmente en
los Estados Unidos, co n fre cuencia ha con ducido a gobiernos del Terc er Mundo por
caminos equivoc ados (Escu dé, 1995, p. 17).
26 O t r o s a u t o r es en esta misma línea: Icaza, R. (2016 ). Acercamientos radicales a las Relaciones Internacionales . En T.
Leg l e r e t a l . ( E d s . ) Introducción a las Relaciones Intern acionales: América Latin a y la Política Global, México : Oxford
University Press México, 74-84; Ballestrin, L. (2013). Amé rica Latina e o giro decolonial. Revista Brasileira de Ciência
Políti ca (11) 89-117; F on seca, M. y Jerrems, A. (2012). P ensamie nto decolonial: ¿Una “nueva” ap uesta en las Relaciones
Internacion ales? Relacion es Internacion ales (19) 103–121; Quintana, M. (2008). Colonialidad del ser, delimitaciones
conceptuales CECIES, Pensamiento latinoamericano y alternati vo . Buenos Aires: Bi blos.
27 Las revistas re visadas por T ickner y Wæver (2013) fueron International O rganization, International S tudies Quarterly
e Internat ional Security (esta últi ma desde 1 980).
A NDREA M ILA M ALDONADO
40
Escudé (1995), como crítico del etnocentrismo intelectual estadounidense, no desestima que
haya sido inevitable, porque tanto Francia com o Gran Bretaña, – aunque influyentes–, no
tuvieron la capacidad de cambiar o al menos alterar el status quo y, en cons ecuenc i a, dieron
atención a sus propias pol íticas domésticas y exteriores, dejando el espacio li bre a los teóricos
estadounidenses. A todo esto, se suma la bar rera idiomática de América Latina, que a la par de
dificultar un flujo efe cti vo entre el Norte y el Sur (Van Klaveren, 1992 ), hi zo compleja la
penetración de conocimientos de otros espacios geográficos.
1.1.4. Política exterior en clave latinoamericana
El s ubdesarrollo latinoamericano h a condicionado el comportamiento en política exterior
de los países que integran la región y ha contribui do a que una de sus estrategias comunes sea
la búsqueda de autonomía c on re sp ecto a los lineamientos de la s potencias hegemónicas, sob re
todo, en el contexto de la Guerra Frí a y en la etapa posterior. Esto ha impli cado para ellos, tener
en cuenta t anto a los condicionamientos que i mpone el sistema, como los a spectos domésticos
(Ovando y Aranda , 2013). Aunque resulte tautológico, se debe hacer m ención de la re lación
centro-periferia pr esente también –y, sobre todo– en las agendas d e política exter io r de estos
Estados, de cuyo juego deriva una mayor o menor autonomía.
Al hacer un breve recorr ido podemos considerar a l a década de 1960 como significativa
para América L atina por que sentó las bases para l a producción científic a en pol ítica exterior ,
dado el rol que comenzaban a asumir algunos países de la región en las relaciones
internacionales. La creación del P rograma de Estudios Conjuntos sobre l as Relaciones
Internacionales d e Am érica Latina (R IAL) en el añ o de 1977, –i niciativa lid erada por el chileno
Luciano Tomassini–, agrup ó a diplomáti cos y académicos de t oda la región, “motivó debates
intelectuales (…) publicó decenas d e estudios y numerosos l ibros, apoyó act ivamente a divers as
cancillerías l atinoamericanas y pat rocinó cu rsos formando nuevos especialistas de l as
Relaciones Internacionales”. Su mayor aporte fue “la creación de un espacio de pluralismo
geográfico, ideológico y generacional en un campo académico por entonces desconectado,
genera ndo el conocim iento conjunt o que permiti ó el surgimiento de un a nueva comunidad
académica en el campo de las Relaciones Internacionales” (RIAL, 2018, p. 1).
Entre los rasgos más importantes de este programa podemos señalar: 1) el acentuado
carácter l atinoamerican o, 2) la especificidad en investigacion es sobre relaciones
internacionales, 3) la inquietud por modernizar la disciplina, 4) el pluralismo
académico e id eológico, 5) la aplicac ión de un c ódigo de en tendimiento entre
académicos, gobernantes y re presentante s no gubernamentales ( Villa rroel, 2016, p.
143).
Con el RIAL, América Latina inició la primera ola en política exterior, caracterizada por el
activismo de algunos de sus países. Su eje central fue las relaciones con E stados Unidos y e n
segundo orden los vínculos intrarregionales. En este contexto, se dio prioridad al contenido d e
la política exterior por e ncima del “proce so d e decisiones, incluyendo l as fases de diseño y
formulación, los actores que intervienen, las negociaciones y la implementación” (Van
Klaveren , 1992, p . 169). En la praxis , esta década fue un primer intento por consolidar su
autonom í a e n e l á m b ito int ernac ional, con acciones concre t as para la diversificación de ví nculos
externos y propuestas, en un entorno en el que la supr emacía de Estados Unidos e xperimentaba
un declive relativo. S in embargo, “tampoco se puso demasiado énfasis en la explicación de
comportamientos concretos de política exterior de los países de la región” (p.169) y la tendenci a
casi siempre estuvo orientada a contener el comun ismo, tal y como lo exigía Estados Unidos.
Capítulo I
47
4) No alineación-diversifi cación: su característica fundamental es que l as acciones y
transacciones externas so n amplias y diversas entre Est ados o grupos de Est ados y, aunque no
descarta l a participación extranjera, i ntenta mante ner un equilibrio y divers idad entre el número
y t ipos de agentes exter nos. En esta tipología el gobierno evita de forma i ntencionada los
compromisos militares con cualquier mentor real o potencial (Holst i, 2016). En el caso de
América L atina, los países que la int egran no evidencian la diversificació n como un objetivo
de sus agendas de polí tica exterior, d adas las l imitaciones estructurales que no s e l o han
permitido. Para Forero (2015) “e l problema de la diversificación es posi ble c ircunscribirlo a
países pequeños y media nos en proceso d e consol idación estatal con nivel es medios y altos de
desarrollo económico” (p. 293). No obstante, existen p aíses con patrones de comportamiento
internacional más activo y autónomo que buscan revertir e l condicionamiento:
…países del Sudes te Asiático, como Indonesia, Filipinas, Malasia, Singapur,
Tailandia y V ietnam ( Go h, 2007, p. 183); en paí ses d e Asia Central, como
Kazakistán, K irgistán, Tay ikistán, Turkme nistán y Uzbekistán (Tol ipov, 2007); y en
países latinoamericanos , como Argentina ( Rubio lo, 2012), Brasil (Vigevani y
Cepaluni, 2007), Chile (Faust, 2004), Colombia, México (Faust, 2002; Garza
Elizondo, 1996), Perú (Olano, 2012) y Venezuela (Tokatlian, 2011) (Forero, 201 5,
p. 293).
De esta forma, la diver sificación en política ex terior de países l atinoamericanos se pu ede
generar en dos dimensiones: la primera, e n la ampliación de los ámbitos de políticas públicas y
la segunda con incorporación de relaciones nuev as con otros países o regi ones distintos a los
históricos (Forero, 2015 ). Así, para Tokatlián ( 20 11), en la últi ma déc ada “Latinoamérica no
cambió su esquema de alianzas, pe ro sí acrecentó su diversificación y, con el lo, nuevos vínculos
con contrapartes diferentes al Occidente desarrollado” (p. 150).
Al combinar l os cuatro ti pos ideales de Holst i, exist en doce posibil idades t eóricas p ara el
cambio resumidas en la Tabla 1:
Tabla 1. Posibilidades teóricas para el cambio de K. Holsti
Cambio
haci a
Cambio
desde
Aislamiento Autosuficiencia Dependencia No alineación
Aislamiento
x
Autosuficiencia
x
Dependencia
x
No alineación
x
Fue nte: elaboración pr opia a p artir de Holsti (2016) 3 5
Holsti (2016) incorpora dos categoría s adicionales que denomina intentos abortivos para
referirse a las transformaciones que no se logran consolidar y cambio de una dependencia a
otra en los casos en que no se m odifica el patrón de comportamiento, s ino el socio. Además,
destaca que los países en desarrollo son quienes suelen hacer i ntentos o ca mbios efe ctivos de
política exter ior, sobre todo por l a impronta neocolonial que poseen. Aunque los países
ind us t r i a l i z a do s parecen estar m ás satisfechos con su forma d e rel ación, l os costos de
res t r uc t ur a c i ón podrían ser excesivamente altos para ellos, por lo que evitan realizarla.
P a r a op e r ativizar su p rop uesta, Holst i (2016) identificó un primer grup o de variables
independientes, que se subdividen en tres: los factores ex ternos (amenazas militares, no
35 Holsti, K. (2016). Re structu ring Foreign Policy: A Neglected Phenomeno n i n Foreign Policy T heory. En K. Holsti, M .
Mon terichard, I. Msabaha, T. Robinson, T. S haw, y J. Zylberberg, Why nat ions realign. Foreign Policy Restructuring in the
Postwar Wo rld (2da ed., págs. 1-20). London and New Yo rk: Routledge.
A NDREA M ILA M ALDONADO
48
militares y estructura del relacionamiento pr evio), los factores domésticos (amenazas i nternas,
condiciones económicas y fa ccionalización d e la p olítica), y los antece dentes de los factores
históricos y culturales (actitudes hacia los extranjeros y experiencia colonial).
En un segundo grupo se encuentran cuatro va riables intermediarias: percepciones y
cálculos de los responsables políticos, proc esos de formul ación de po líticas, factores de
personalidad del líder , y actit ud de l a élit e po lít ica hacia los actores externos . Sobr e l a
personalidad y aspectos psicológicos del l íder, H olsti (2016) menciona qu e rar a vez se pu eden
establecer como elementos importantes para expl icar las decisiones y acciones de polí tica
exterior, excepto cuando una sola figura es claramente responsable del liderazgo y/o
implementación de la política; y donde la evidenc i a razonable sugiera que, sin tal individuo, la
intención y las ac ciones h abrían diferido significativamente. En el caso de América L atina, esta
variable es fundamental.
El tercer grupo recoge l as variables dependi entes que incluyen el cambio c on base en tres
elementos: las políticas de desconexión , las acciones de reestructuración en el entorno e xterno
y las acciones hacia la penetración externa . A estas variabl es se puede agregar la int ención de
los formuladores de políticas de reestructurar la polít ica exter ior.
Para la organización de los datos, este autor i dentifica nueve (9) tipos de acciones
transacciones y/o compromisos , a saber: 1) número de tratados firmados; 2) número y/o Estados
como socios de tratados; 3) nuevos c ompromisos de capacidades militares en el e xtranjero o la
terminación de compromis os ante riores; 4) ca mbi os significativos e n el nú mero y el destino de
los estudiantes enviados al extranjeros; 5) patrones de vot ación en la ONU; 6) dirección del
comercio exterior y grad o de concentración com ercial; 7) tamaño absoluto del comercio, 8 )
número y dirección de vis itas al exterior del Jefe de Estado o de gobi erno; 9) número y
ubicación de misiones diplomáticas en el extranjero.
Finalmente, s eñala los si guientes indicadores utilizados en sus estudios: 1) expulsión o
admisión de personal m ili tar extranjero, bases y /o equipos; 2) expulsión y restricciones a
extranjeros, le v antamiento de restricciones previas; 3) nuevas re stri cciones sobre el movimiento
de diplomáticos extranjeros dentro del p aís anfitri ón; liberalización de tales re stric ciones; 4)
cierre del país a turist as de otros países, erigir barreras administ rativas que desalienten el
turismo o t erminar tales restricciones; 5) c ensura selectiva o total de li bros, publ icaciones
periódicas, películas, rad io y t elevisión o levantamiento de tales censuras; 6) restricciones a l a
inversión privada del exterior, o de países particulares o levantamiento de tales restricc iones;
7) nacionalización o expropiación de l a propiedad o empresas extranjeras; 8) r estricciones
severas en el núm ero d e estudi antes o académ icos provenientes d e paí ses específicos o
alteraciones signi ficativas a tales restricciones; 9) expulsión de organizaci ones humanitarias,
educativas o culturales e xtranjeras o restricciones a qui enes int entan obtener acceso; cambiar
tales políticas; y 10 ) restricciones contra l a import ación de algunos product os de ciertos p aíses
(Holsti, 2016).
Holsti es el pionero del concepto de cambio de política exterior , por lo que sus a portes son
imprescindibles al momento de explicar el cambio; sin embargo, sus aportes s on insuficientes.
Una de l as críticas prin cipales es que no fue capaz d e explicar por qu é dos Estados qu e
experimentan las mism as amenazas y con c aracterística similares, no respo nden al cambio d e
la mi sm a m a ne r a ( Fadel, 2018). Adicional a esto, existe una necesidad de actualizar sus
estudios. A c ont i nua ción, se resume su propuesta t eórico-metodológica en la Figura 5.
Capítulo I
49
SIMULTANEI
DAD
Figura 5. Propuesta teórico-metodo lógica d e Cambio en Polític a Exteri or de Kalevi Holsti (2016)
Variables independientes
Variables intermediari as
Variables dependientes
(1) Factores externos
a) Amenazas militares
b) Amenazas no militares
c) Estructura del
relacio n amiento previo
(vulnerabilidades,
intervención
extranjera, et c.)
(2) Factores domésticos
a) Amenazas internas
b) Condicio nes
económicas
c) Faccionalización de la
política
(3) Antecedentes de los factores
históricos y culturales
a) Actitudes hacia los
extranjeros
b)
Experiencia colonial
(1) Percepciones y cálc ulos de los
responsables pol íticos
(2) Proceso de formulación de políticas
(3) Factores de personalidad del líder
(4) Actitud de la élite políti ca hacia lo s
actores externos
Intención de reestructurar la
política exterior (reorientación)
- Políticas de desconexión
(si las hay)
- Accio nes de
reestructuració n en el
entorno externo.
- Accio nes hacia la
penetración ex terna (si
existe)
Tipos de accio nes, transacciones y/o compr omisos :
1. Número de tratados
2. Número y/o Estados co mo socios de tratados
3. Nuevos com promisos de c apacida des militares en e l
extranjero, o la terminació n d e compromisos anteriores.
4. Cambios signifi c ativos en el número y el d estino d e los
estudiantes enviados al extranjero para estudiar.
5. Patrones de votación en la Asamblea Ge neral
6. Direcció n del c omercio ex terior; grado de concentración
comercial:
7. Tamaño abso luto del comercio.
8. Número y d irección de visitas al ext erior del jefe de e stado
o gobierno
9. Números y ubicación de misiones diplomáticas en el
extranjero.
Indicadores
1. Expulsión o admisió n de personal militar extranjero, bases y/o equipos
2. Expulsión y restricciones a ext ranjeros, levantamiento de restri cciones previas
3. Nuevas restricciones sobre el movimiento de diplomáticos extranjeros dentro del país anfitrión; liberali za ción de tales restriccio ne s
4. Cierre del país a turistas de otros países, erigir barreras administra t ivas que desalienten el turismo o terminar tales restriccio ne s
5. Censura selectiva o total de libros, publicaciones periódicas, películas, radio y televisión o levantamiento de tales censuras
6. Restricciones a la inversión privada del exterior, o de países particulares o levantami e nto de t ales restricc iones
7. Nacionali za ción o expropiación de la propiedad o empresas extranjeras
8. Restricciones severas en el número de estudiantes o académicos provenientes de países específicos o altera c iones significativas a tales restricciones
9. Expulsión de organizaciones huma nitarias, educativas o culturales ext ranjeras o restricciones a quienes intentan obtener acceso; cambiar tale s políticas
10. Restricciones a la importación de productos de ciertos paí ses
Fuente: elabo ración propia
A NDREA M ILA M ALDONADO
50
1.2.3. Propuesta de cambio en p olítica exter ior de Charles Hermann
El s egundo autor de referencia es Charles Herman n, cuyo estudio Changing Course: When
Governments Choos e to Redirect Foreign Pol icy (1990) ofrece categorías analíticas úti les y al
mismo tiempo vá lidas pa ra se r operaciona lizadas . Su propuesta se basa principalmente en el
cambio o redirección que se produce a lo int erno de un m ismo gobierno, establ eciendo pa ra ello
cuatro niveles:
a. C ambios de ajuste: no se consideran un cambio fundamental porque sol o generan
modificaciones en el nive l de esfuerzo ( m ayor o menor) y e n el alca n ce d e l os receptores de las
políticas exteriores. Suel en ser cuantitativos y no corresponden a un cambi o sus tancial porque
no se transforma lo que se hace ni la forma en la que se hace.
b. Cambios en el pr ograma (medios): impl ican transformaciones en el método y el m edio
a través de los cuale s se intenta responder a una m eta o problema en el ámbito exterior, son
cualitativos (a diferenci a de los cambios de ajust e) e involucran nuev os instrumentos de
gobierno (por ejemplo, búsqueda de objetivos por medios diplomáticos en lugar de la fue rz a
militar). Lo que se hace y cómo se hace se modifica; no así los propósitos.
c. Cambios en los objetivos/metas (fines): en este ti po de cambio se s ustituye el problema
u objetivo inicial y los propósitos t ambién son reemplazados.
d. Cambios en la orientación internacional: son considerados como la forma más e xtrema
de cambi o, ya que involucra al a ctor con todos los ámbitos de sus relaciones internacionales, su
rol y actores, lo que impacta en múltiples políticas que se modifican de forma simultánea.
1.2.3.1. Condiciones que promueven el cambio: áreas de conocimiento
Además de l os niveles, Hermann (1990) id entificó las condiciones qu e prom ueven el
cambio e n cuatro ‘áreas de c onocimiento’: 1. sistema político interno, 2. toma de decisiones de
la burocracia, 3. cibernética y 4. enfoques del aprendizaje.
1.2.3.1.1. Sistema político interno
Esta perspectiva p arte de la premisa de qu e los responsables polít icos y su régi men
dependen del respaldo de grupos o facciones de poder que contribuyen con su l egitimidad, por
ejemplo, los grupos religiosos o étnicos dominantes, mil itares, los partidos políticos o la opinión
pública. Para Hermann ( 1990), la relación que s e construye entre estos grupos y el s istema
político vigente puede desenc adenar cambios importantes en política exterior por tre s factores:
el grado de institucionalización o compromiso con el gobierno y su política; e l grado de apoyo,
oposición o indiferencia de los actores d e la política dom éstica y el g rado d e relevancia del tema
en la lucha por el poder interno.
La pol ítica interna puede afectar a la política exterior en tanto se produzcan alguna de las
siguientes di námicas: que los problemas de política exterior sean tema c entral en la lucha por
el poder pol ítico; que las creencias y actitudes de los grupos o facciones políticamente
relevantes se modifiquen de forma significativa e impacten en la op inión públi ca; que se
produzca la realineación de los compone ntes ese n ciales d el sistema político, siendo
significativo que en est e últim o caso la política exte rior sería una consecuencia más d el
realineamiento del sistema pol ítico y no un aspecto central. Finalmente, añade Hermann (1990)
que la re e s t r uc t ur a c i ón del sistema económico t ambién puede ser considerada una fuente d e
cambio d e p ol í t i c a e xterior.
1.2.3.1.2. Toma de decisiones de la burocracia
La toma de d ecisiones d e la buro cracia focaliza l a atención en el nivel indiv idual
al reconocer al sujeto como el enca rgado de dirigi r las organizaciones, indi stintamente del
Capítulo I
51
sistema de gobierno que se trate, por ello, y para entender el cambio en pol ítica exterior es
necesario analizar las condiciones burocráticas que rigen el pro ceso de la política,
especialmente el talento humano en tanto que, la toma de decisiones es el “resultado de
negociaciones dentro de organismos burocráticos” (Holsti, 1989, p. 544).
Hermann (1990) coin cide con Holsti (2016) quie n como se obse rva en la Figura 5 (ver
variables i ntermediarias) da relevancia a la percepción de los responsables políti cos, al proceso
de formulación de políti cas y a los factores de per sonalidad como variables int ermediarias que
explican el cambio. Para el p rimero, la estructura de las organiz aciones guberna mentales y la
naturaleza del liderazgo político, a ctúan como elementos de resistencia a los cambios, es decir,
‘estabilizadores administ rativos’ (Goldmann 1988) que dificultan la reorientación de la pol ítica
de un gobierno una vez iniciada.
Es común creer que cu alquier cambio en polít ica exterio r debe superar la resistencia
‘ normal’ d e las estructur as, de los proc esos polí ticos, administrativos y d e personalidad –más
conocidos como ‘inercia burocrática’ o institucional y ‘ procedimientos operativos estándar’–.
Sin embargo, esto no siempre suc ede así, ya que no se han pe rfilado cuáles son las condiciones
específicas que se deben dar para superar tales resistencias y redirigir la políti ca exterior y,
porque “las organi zaciones complejas se compone n de individuos y unidades con percepciones,
valores e intereses conflictivos que tienen su origen en estrechos intereses particulares – así
como– negociación de recursos, de posiciones, (…) comisiones” (Hol sti, 1989, p . 545).
Mientras ma yor sea el cambio, más fuerte será la resistencia, por lo tanto, aquellos ge nerados a
en el nivel de prog rama (medios) serán más f áciles de asimilar que los qu e tengan lugar en el
nivel de problema/metas (fines) o en l a ori entación i nternacional . Com o opción para sup erar
estas resistencias, Hermann (1990) pl antea la incorporación de un a éli te técnico-política
especializada que sortee las restricciones de las org anizaciones que intentan mantener la políti ca
existente. El cambio de gobierno que se complemente con l a incorporación de nuevos lí deres
en l os distintos estamentos del Estado, tendrá más posibilidades de generar cambios exitosos
en política exterior.
1.2.3.1.3. Cibernética.
Los enfoques de la cibernética y de la teorí a del control explican cómo al momento
de establecer el logro d e u n objetivo, los responsables elaboran un monitoreo constante del flujo
de a cción con la finalidad de ide ntificar en qué estado de a vance se encuentran en relación a su
meta o la ap arición de pr oblemas a los cua l es se deban aplicar factores de autocorrección. El
sistema de control suele asociarse a l os cambios de ajuste , pero t ambién es aplicable para los
cambios de programa si empre que s e generen indi cadores acordes para el monitoreo y la
autocorrección temprana (Hermann, 1990).
Los cambios no contemplados o repentinos –qu e la teoría denomina com o ‘cambios
discontinuos en el ambiente’– afectan a la cibernét ica si es que no s e l ogra lidi ar con ellos. El
entorno internacional es un sist ema que tiene poco manejo de la certid umbre al evidenciar
múltiples perturbaciones que de ben ser reguladas, por lo que los teóricos rec omiend an
descomponer el entorno en varios subsist emas ordenados jerárquicame nte y con objetivos
priorizados –metas r egul adoras–. En cons ecuencia, los formuladore s de las polít icas asisten
pri m e r o a l a s p rioridades más altas en función de las necesidades del Est ado y una vez cubiertas,
pas a n a l s i gui ente ni vel. Si en l a r etroalim entación se e videncia alguna inconsistencia o
disconformidad, se debe identificar el área del problema y aplicar las medidas correctivas
(Hermann, 1990).
A NDREA M ILA M ALDONADO
52
1.2.3.1.4. Enfoques del aprendizaje
Para este enfoque el aprendiza je no consi ste solo en adquirir nuevos
conocimientos, sino en la modificación de m odelos o esquemas mental es exis tentes, por lo cual,
la posibili dad de cambio en la pol ítica exterior puede dars e cuando los líderes al en frentase a
un problema son capaces de reestructurar sus mod elos mentale s, redefinir el problema (medios
u objetivos) o generar una nueva forma de comprender l as relaciones entre sus esquemas
mentales y e l problema o la política diseñada p ara abordarlo. Esto influye sobre todo en la fase
de toma de decisiones de los responsables de la políti ca exter ior (Hermann, 1990).
1.2.3.2. Fuentes y etapas de cambio en política exterior
Hermann (1990) también definió cuatro f u entes de cambio delinea das por las ár eas de
conocimiento anteriores:
a) Conducción del líder: su base es la voluntad y el esfuerzo de los responsables políticos,
genera lment e del jefe de Estado o de gobierno quien promueve el cambio basado en s u
perspectiva. Para llevarlo a cabo, debe gozar de le gitimidad, poder y capacidad de obrar.
b) Componente burocrático: esta fuente pl antea u na contradicción p ara He rmann porque
en las condiciones qu e prom ueven el cambio, identificó a la inerci a institucional como uno de
los problemas más usuales que afec tan la redire cción en política exterior. Para evitar esto,
propone la incorporación de un grupo promotor de transformaciones que esté ubicado
estratégicamente en una o varias de las instancias u organizaciones con acc eso a los altos
funcionarios o tomadores de decisión. El diagnóstico de que un a pol ítica no fun ciona
adecuadamente, suele provenir de fun cionarios en niveles medios del gobierno, qui enes además
comprenden cómo opera el aparato gube rnamental y qué acciones se deb erían im plementar para
superar l as r esistencias (por ejemplo, en el Ministerio de R elaciones Exteriores). El autor
sugiere que es suficiente con el grupo mencionado y no es necesario que todos los actores del
gobierno promuevan y defiendan el cambio.
c) Ajuste o r eestructuración int erna : se refiere a los sectores de la so ciedad que son
relevantes para l a estabilidad de un régimen (élites) y a la posibil idad de qu e se conviertan en
agentes de cambio una vez que modifican sus puntos de vista o su composición.
d) Shock externo: s e ent iende como shock externo a los eventos que tiene n lugar en el
ámbito internacional, altamente visibles, con impacto en los r eceptores y que no pueden ser
ignorados por los líderes guberna mentales porque son capaces de desencadenar cambios
significativos en la política exterior de uno o más gobiernos. Se debe realiz ar una di stinción con
los eventos poco traumáticos que expresan un alcance r estringido, pueden ser ambiguos y cuyo
impacto es limitado.
Las cuatro fuentes de cambio puede n generar interacc ion es entre sí y d e esa ma nera operar
en conjunto para generar la reestructuración. También puede ocurri r que uno de ellos (por
ejemplo, un evento exter no) active otro (como la conducción del líder) y que creen el entorno
para la redirección de la polít ica exterior . La Figu ra 6 resume la propuesta de Hermann:
Capítulo I
53
Figura 6. El papel d e mediación de los procesos d e d ecisi ón entre los agentes de cambio y el g rado
de cambio de política
Fuente: elabora ción propia a partir de Hermann (1991 ) 36
Como se puede observar, Hermann (1990) da espe cial i mportancia al proce so de toma de
decisiones en cuanto al cambio en polí tica exterior. Es así que, d efinió siete etap as ne cesarias
para el cambio con sus r espectivos desarrollos. Cada una ocur re un a vez y siempre conduce a
un paso posterior hasta que se alcanza un resultado:
1. Expectativas iniciales de la política: las exp ectativas forman estándares con los
cuales s e puede ev aluar el desempeño d e la polít ica. Est a etapa es important e porque
si el fin origi nal está m al identificado, es poco probable que las expectativas sean
claras.
2. Respuesta de los actores externos/estímulo ambiental: algunos cambios en la
política exter ior requieren ac ción conjunta y, por lo tanto, no pueden ocurrir sin una
respuesta externa adecu ada. Además de los obj etivos, puede haber acciones de
terceros o eventos que transforman los fines, por eso es importante l a caracterización
de l os estímulos externos que deben entenderse en términos de cómo l os perciben
los encargados de formular las políticas.
3. Reconocimiento de i nfor mación discrepante: los est ímulos externos generan señales
en forma de r etroalimentación p ara los formul adores de políticas. C uando u n evento
externo da lugar a i nformación inconsistente con l as expectativas de la políti ca, s e
convierte e n una advertencia. La dificultad en est a etap a r adica en si esa señal e s
contemplada efectivament e, cómo se interpreta y si es necesario, una correcc ión a
tiempo de los desajustes.
4. Postulación de una con exión entre el probl ema y la política: si l a política va a
cambiar, un aspec to críti co es la conexión causal entre el problema y la polít ica
existente. El éxito o fracaso depende de trazar correctamente dicha conexión.
5. Desarrollo de al ternativas: par a minimizar la reestructuración a la que deben
someterse las person as y los gobi ernos, se pued e espe rar que los encarg ados de
formular políticas exploren formas de modificar la conducta mientras conservan los
ob j etivos originales; se genera un cambio drástico cuando se rechazan los objetivos
de l a p olítica misma. La reevaluación de obj etivos en política exterior ocur re cuando
36 Hermann, C. (1990). Changing Course: When Governments Choose to Redirect Foreign Policy. International Studies
Quarterly , 3 -21. Se realizó traducc ión libre del texto.
Conducción d el líder
Componente
burocrático
Ajuste o
reestructuració n
interna
Impactos exter nos
Cambio de pro grama
Cambio de
objetivos/prob lemas
Cambios en la
orientación
internacional
Proceso d e t oma de
decisiones
AGENTES PRI MARIOS DE
CAMBIO
DECISIÓN DE CAM BIO DEL
GOBIERNO
ALCANCE DE CA MBIO DE
POLÍTICA EXTE RIOR
A NDREA M ILA M ALDONADO
54
la evidencia sugier e que no procede el cambio. L o más complejo resulta c uando se
debe diseñar una opción completamente nueva.
6. Construcción del cons enso autorizado para nuevas opciones: en muchos casos la
política exterior es un co nsenso autoriza do que involucra a más de un tomador de
decisión. Como el poder es compartido entre múlti ples actores, se d ebe op ta r por un
conjunto de normas com unes que rijan el p roceso y den legitimi dad. En la m edida
en que los d ecisores sean i deológicamente afines, es más probable que se llegue a
un consenso sobre el cambio.
7. Implementación de una nueva política: antes de implementar una política nueva, es
necesario cont ar con el c ompromiso de los actore s, sob re todo de l os def ensores d e
la p olítica anterior, porq ue aún en esta última etapa pueden generar r esistencia. D e
esta forma, es important e establecer si l as perso nas y agencias encargad as están
totalmente comprometidas con ella.
Holsti y Hermann elaboraron dos de las propuesta s de cambio mejor estructuradas, siendo
más completa la del segundo autor porque precisa de talles acerca de l as fu entes y niveles en los
que se realiza el cambio e incluye a los aspectos i nternos y su incidenci a. En cualquier caso,
ambos estudios son marcos referenciales y gene rales para an alizar la reestructuración. Es
importante destacar el rechazo de algunos investigadores a la conducción del líder como fuente
de cambio (Gámez, 2005). S in embargo, se considera pertinente a los efectos del presente
estudio, dada la alta abs orción person alista de las interacciones exteriores d el Estado
ecuatoriano en la figura del líder del Ejecutivo en el periodo 2007-2016.
1.2.4. Modelo de los dos bienes de Glenn Palmer y Clifton Morgan
Otro de los estudios destacables en política exterior es el trabajo de Glenn Pa lmer y Clifton
Morgan A theory of foreign p olicy (2006), modelo de los dos bienes –conocido como the two-
good theory –, con el que trasc iend en la idea de que los Estados suelen estar motivados casi
exclusivamente por maxi mizar su seguridad y que , en contraste, procuran l a búsqueda de dos
‘bienes’ para obtener beneficios a través de ellos: el cambio y/o el mantenim iento.
Bajo esta perspectiva, s e entiende como cambio a toda acción o política que gene re
alteraciones en varias di mensiones del stat us quo ; mientras que el mant enimiento será todo
aquello que tienda a p reservarlo. Una de las pr emi sas de esta teo ría es qu e los re cursos d e los
Estados son escasos y que l os decisores deben dis criminar acertadamente si los destinan para
el cambio o el mantenimiento. La prin cipal aspir ación es lograr combinar d e forma pre cisa la s
políticas que buscan uno u otro bien con b ase en tres factores: 1 ) determinar qué tan cerca está
el stat u quo del punto que se qui ere lograr; 2) cons iderar qu e los recursos de política exterior
disponibles (capacidades materiales y militares, etc.) i nciden en los bienes que se pueden lograr,
lo que permite a los Estados mejor dotados t ener mayor capacidad de actuación en política
exterior, –esto sin obvia r las capacidades relativas de l os ot ros–; y 3) estim ar qu e, aunqu e l as
preferencias de los Estados para aplica r los dos bienes son importantes y la tendencia debería
inclinarse al mantenimiento, los recursos son limitados; por esta razón, se debe priorizar y
realizar concesiones sobre los dos bienes que se buscan producir (Palmer y Morgan, 2006).
La r e l a c i ón que existe entre el aumento d e las capacidades mate riales de los Es tados
contribuy e a que s e espere n más cambios por p arte de los Es tados fue rtes y mayor
mantenimiento en los débil es -por ejemplo, núme ro de alianzas y g astos en el exterior, ayud a
militar, etc.-. Se habla entonces de una premisa básica que se afirma sobre la base de ser
inversamente proporcion al: mi entras aumentan las capacidades o recursos de un Estado,
Capítulo I
55
también crece la cap acidad para generar cambios, mi entras que decrece para p roducir
mantenimiento (Palmer y Morgan, 2000).
En el trabajo titulado Jap anese security in the twenty-firs t century: whose job is it anyway
(2000) estos autor es de muestran l a aplic abilidad de l a teo ría de los dos biene s a las alianzas
entre Estados Unidos y Japón. Para Palmer y Mor gan (2000), las alianzas son un instrumento
que result a de intercambi os basados en la capacid ad r elativa que permi te a los Estados débiles
canjear cambios por mantenim ientos y a l os Est ados fuertes obt ener cambi os mientras ofr ecen
mantenimiento a los más débiles. En algún mom ento de su desarrollo, cada Estado ha tenido
que ceder parte de un bien por otro que considera más valioso.
Las alianzas pueden ser de dos tipos: las que se dan entre las pot encias so n ‘simétricas’ y
las que tienen lugar entre Estados débiles y fuertes o ‘asimétricas’. El costo de una alianza es
elevado, por lo que requiere un alto nivel de asertividad y eficiencia y obl iga al Est ado a analizar
si obtiene mejores resultados con una, que s in ell a; de esta forma, l a alian za sólo tendrá lugar
cuando ambos puedan obtener cambios y/o manteni mientos más económicos por medio de una
alianza propiamente dicha, que por otras pol íticas o posibilidades de las que dispongan. Una
alianza será ef ectiva cuando el resultado de su formación t ribute en el aumento de poder y en
lugar de lim itar el compo rtamiento de los actor es, les permita realizar m ás ac ciones en el ámbit o
internacional (Palmer y Morgan, 2000).
Adicional a todo lo m encionado, Palmer y Morgan proponen análisis cuantitativos de los
comportamientos de política exterior para apoyar sus propuestas, l as que gozan de amplio
respaldo empírico; su gra n aporte es l a construcción de un a teoría de polít ica exterior como un
avance importante sobre el análisis tradicional de las Relaciones Internacionales. S obre su
estudio, finalmente s e deben acotar dos precisio nes: la prime ra, que el abordaje teórico es
genera l y no si stémico; n o intenta explicar un a s ola política ext erior sino qu e, amplía el espectro
de análisis con li neamientos generales pa ra la construcción de una teoría; y, la segunda, que
aunque exist en aspectos que se vinculan empíricam ente al realismo y neorrealismo como -por
ejemplo la forma en qu e los Estados procur an proteger sus recursos para generar el cambio-,
logran distanciarse, ya que “no sugieren que los Estados deban as egurar su capacidad pa ra
proporcionar sostenimiento antes que procurar el cambio” (Vargas-Alzate, 2010, p. 80).
1.3. P OLÍTICA E XT ERIOR Y O PINIÓN P ÚBL ICA
Las aproximaciones conceptuales acerca de la op ini ón públ ica obligan a r ecurrir a tres de su s
autores y autoras de referencia, quienes en distintos momentos y d esde perspectivas diversas
han contribuido a su definición: Alexis de Tocqueville, Walter Lippmann y Noëlle-Neumann.
Mientras el primero de el los ha ce referencia a un ‘nuevo tipo de opinión pública’ respald ada en
documentos de investiga ción rigurosa, el segundo enfatiza en el rol e incid encia que tienen los
medios de comunicación en el comportamiento del público. Finalmente, la ter cera aborda desde
la lógica bottom up , la nece sidad de incorporar a los ciud adanos en el control social d e las
acciones de lo público (López-López, 2018).
El concepto de opinión pública fue utilizado algunos s iglos antes por Rouss eau, su primer
analista y crítico (Noëlle-Neumann, 1995 ), quien lo relacionó con la ‘voluntad ge neral’;
también por Kant, que lo perc ibió como un eje articulador de otros conceptos tales como la
‘ilu s t r a c i ón’ , e l ‘uso públ ico de la razón’, la ‘coinci dencia pública’ y la ‘ley pública’; y, Hegel
que l o a b or dó desde la dialéctica del ‘ entendimiento’ y la ‘razón’: de ahí su i mportancia
histórica para la filosofía p olítica y como componente inherente a la conformación del Estado
moderno ‘r acional’ con i ncuestionable valor in terdisciplinar para las ciencias sociales y
políticas, lo cual en ocasiones ha contribuido con su naturaleza polisémica (Villanueva, 2017 ,
p. 126-127).
A NDREA M ILA M ALDONADO
56
El desarrollo histórico de la opinión pública se ha c onstruido sobre la base de seis eleme ntos
que le otorgan singularidad: 1) la libertad de los indivi duos para pronunciarse acerca de l a forma
y fondo en la toma de dec isiones de los asuntos públicos; 2) la natura leza dual de su ca rácter
público: la c apacidad de ser publicada y/ o debatida frente a todos y por todos; 3) su ca rácter
racional; 4) que los ar gu mentos que sustentan su carácter racional se esgriman sobre la base de
las l eyes vigentes y en concordancia con los derechos humanos; 5) la creenc i a de que las
argumentaciones púb licas s on racionales, se encuentra n por enc ima de las percepciones
particulares y son capaces de g enerar consensos o principios de o rden g eneral; y, 6) la exig encia
de que el poder público se c omporte de forma raci onal y argumentativa con a portes al deba te y
las decisiones de gobierno (Villanueva, 2017).
Aunque se muestra escéptico de una diferenciación, siguiendo la tradición jurídico-política,
Bouza (2004) distingue dos conceptua lizaciones de la opinión pública: la primera –política– es
una visión arraigada a la ‘simple opi nión pop ular o general’, a l a us anza cl ásica que incluye el
esfuerzo de definirla de sde Francia antes y de spués de la Revolución; y, la segunda –
sociológica– que, con un origen signado por la i mpl ementación de encuestas, describe como
opinión pública “a lo que expresan numéricamente las encuestas, es decir: al agrega do numérico
de conductas verbales públ icas” (s/p.), las cuales se sistematizan a trav és de p reguntas y
respuestas r ecogidas en u n cuestionario, de cuyos datos se obtienen los insum os necesar ios pa ra
el estudio del comportamiento social de los individuos y sus orientaciones.
La di ferencia sustancial entre ambos enfoques radica en su bas e metodol ógica; sin
embargo, advierte Bouza (2004) que, la ope racionalización de un concepto no debe impl icar
‘graves posicionamientos metodológicos’ y, en cu alqui er caso, se debe enfatizar en el rol de los
individuos quienes conforman un ‘claro concepto empírico’. Especialmente, la segunda visión
ha sido criticada, p or la t endencia probada de los medios de comunic ación de i ncidir de form a
deliberada en las opiniones de los ciudadanos, lo cual conduce in ex orablemente a las
discusiones opinión pública/opinión publicada, público/masa y, al individualism o/holismo.
Para autores como Bou rdieu (1992) “la opinión públ ica no existe”, al menos “en l a
acepción impl ícitamente admitida por quienes h acen sondeos de opinión, o por quienes uti lizan
sus resultados” (p. 301 ). Este autor es un detr actor de los instrumentos estadísti cos y afirma la
existencia d e pretension es políticas detrás de la i mplementación de s ondeos de opinión qu e
inciden en la interpretación de las re spu estas y la difusión de sus resultado s. Para él, “el sonde o
de opinión es un instr umento de acción políti ca; su fun ción más i mportante consis te
posiblemente en imponer la ilusi ón de que existe una opinión pública como suma puramente
aditiva de opiniones individua les” (p. 301). No obstante, las mejoras técnicas y metodologías
nuevas y cada vez con m ayor pr ecisión, contribuyen al reconocim iento de las encuestas como
el mejor instrumento para obtener insum os válidos y actuale s de lo que piensan los c iudadanos,
aspectos que inciden en las decisiones de voto y en las propias acciones de gobierno.
1.3.1. Primera e tapa del desarrollo de l a relación op inión p ública y p olítica ex terior:
el Consenso Almond-Lippm ann
La opinión pública y su relación con la polí tica exterior ha sido uno de los objetos de
estudios más complejos de abordar. Su análisis remite nuevamente a la discusión interméstica;
específic a m e nt e a l r ol de la opi nión públ ica como actor interno con influencia propia en la
acción ex t e r i or d e l E stado y en las decisiones d e l os responsables polí ticos en ese ámbi to. En
este sentido, las corrientes realistas, liberales –y en poca medida el constructivismo–, cobran
fuerza por los apo rtes qu e han propor cionado al r especto (Foyle, 1997; Ho lsti, 1992) desde el
llamado ‘primer debate d e las Relaciones Internacionales’. El centro en disputa se ha ubi cado
en la aceptación o rechazo de la injerencia de la prim era sobre la s egunda.
Capítulo I
63
si el electorado er a realmente tan indisciplinado y descuidado como se sugería y cuáles eran las
cree n cias generales que suele utili zar el público para estruc tu rar actitudes en este ámbito.
A partir de su modelo jer árquico, Hu rwitz y Peffle y (1987) ofrecieron una de las respuestas
más claras a la s preguntas planteadas por Holsti (1992) y Sniderman y Tetlock ( 1986),
enfatizando en la naturaleza funcional d e la h eurí stica, desde l a cual, los i ndividuos organizan
la información que les permite si mplificar los ev entos que tienen lugar, “así, la escasez de
información no emp eora l a estructura y consistencia; al contrario, motiva el desarrollo y empleo
de la estructura”. Para ellos, “los individuos intentan hacer fre nte a un mundo
extraordinariamente conf uso (con recursos limitados para pagar los costos de la información)
estructurando puntos d e v ista s obre políticas exte riores específicas de acuer do con s us creen cias
más generales y abstractas” 50 (p. 1114).
Los resultados del estudi o de Hurwitz y Pe ffley ( 1987) demostraron qu e el púb lico posee
orientaciones generales que le ayudan a inform arse y fijar sus opiniones sobre t emas en política
exterior: en ese sentido, l a aparente ale atoriedad no es t al. El cuándo y bajo qué circunstancia
el públ ico se interesa o deja de interesar en los asuntos internacionales y sus preferencias
también que daron develadas, ya que las políticas específicas (por e jemplo, el gasto en defensa,
participación milit ar, política nuclear) se explica n mejor por las posturas del público –a las que
definen como creencias amplias y abstractas con respecto a las estrategias gubernamentales
genera lment e apropiadas y limitadas por los valores sobre l a comunidad internacional tales
como la moralidad de la guerra o el etnocentrismo–, que otras cue stiones como las no militares
o los derechos humanos. Así, las élites política s que hacen énfasis en el mi litarismo,
anticomunismo o aislacionis mo, ti enen mayor probabili dad de cont ar con una audiencia pública
más amplia, sobre todo si lo hacen con claridad y familiaridad.
Holsti (1992) –en clara s intonía con Hurwitz y Peffley (1987)–, señala que los miembros
del público pueden actuar como ‘ avaros cognitivos ’ para d ar s entido a sus decisiones en pol ítica
exterior; es decir, los ind ividuos desde ejercicios heurísti cos util izan creencias superiores que
sirven de guía para organi zar sus pensamientos sobre una gama de temas amplios de polít ica
exterior, las cuales trascienden a los modelos t radicionales de li beral/conservador o
internacionalista/aislacionista. Esta premisa se ha refor zado en investigacion es reciente s, dond e
se afirma que si b ien, el público puede carecer de información, no así de principios y que e l
flujo de info rmación d e arriba h acia abajo – top down – dejó d e ser imperativo (Kertzer y
Zeitzoff, 2017) . Autores como Goren, Schoen, Reifler, Scotto y Chittick (2016), hablan de un
‘conjunto de valores’ que se definen como predisposiciones inherentemente políticas disti ntas
a los valores humanos básicos –o los que aplican para las opiniones sobre bienestar económico
y problemas culturales– que darían sentido a tales heurísticas.
En l a lí nea de los ‘valores’, Kertzer, Powers, Rat hbun y Iyer (2014) tamb ién abordan la
preocupación d e la emocionalidad e inconsistencia del público, d emostrando qu e son los
‘fundamentos m orales’ l os que conduc en a p atrones predecibles de prefer encias en asuntos de
política exterior y permiten comprender el porq ué de su polarización. Así, los patrones de
fundamentos morales y, específicamente, los marcos morales pueden ser una técnica para que
los tomadores d e decisión movilicen a los ciudadanos hacia sus opciones, indistint amente de
que su tendencia sea realista o liberal.
O t r a c or r i ente de autores sost iene con fuerza que la opinión pública sobre polí tica exterior
es un p r oc e s o i mpulsado por las élit es; ejemplo d e ello son los líderes de lo s partidos políti cos
quienes pasan a s er orientadores al ofr ecer ‘pistas confiables’ d esde las cu ales los ciudadanos
dan forma y sentido a sus opciones (K ertzer y Zeitzoff, 2017; Eichenberg, 2016). Sin embargo,
esto no siempre ocurre así; existen casos en los que los miembros del público y las élites
50 Traducción libre d e la autora.
A NDREA M ILA M ALDONADO
64
comparten las m ismas heurísticas, se adhieren a valores análogos y llegan a op iniones si milares
simultáneamente. Esta opción refuerza la lógica to p down defendida por l os realistas, pero da ría
explicaciones al origen del comportamiento, preferenc i as, aprobaciones y/o rechazos del
público de los asuntos externos. No obstante, es mayor la o rientación a creer que “ el públ ico tal
vez esté mejor preparado para adoptar juicios en asuntos exteriores de lo que afirman muchos
de l os modelos de top down ” 51 (Kertzer y Zeitzoff, 2017, p. 543) aunque haga uso de ‘ata jos
informativos o cognitivos’ (Sniderman, Brody y Tetlock, 1991) a partir de las opiniones de sus
élites políticas confiables.
Arthur Lupia (1994) d ist ingue los atajos cogniti vos – shortcuts – del conocimiento
enciclopédico . Los atajos cognitivos son informa ciones accesibles que provienen de opiniones
de amigos, colegas, parti dos polít icos u otros grupos. S u característica fundamental es el poco
esfuerzo que im plican, lo cual los hace atractivos para el público, m ientras que su debilidad es
que pueden ser no confia bles en tanto que los proveedore s d e información pueden manipular o
engañar a aquellos votantes desinformados. Por su parte, el conocimiento enciclopédic o se
asocia a la recopilación d e datos disponibles en do cumentos oficiales, que suelen ser extensos
y estar expresados en len guaje técnico. Dadas sus caracter ísti cas, la falta de t iempo, interés o
eludir un esfuerzo intelectual, contribuyen a que los votantes recurran a los atajos cognit ivos o
informativos antes que al conocimiento enciclopédi co, ya que les permite compensar la falta de
información y aproximarse a las opiniones y comportamientos de las personas informadas.
Para investigadores como Eichenberg (2016) la ‘sensibilidad’ de los ciudadanos a la forma
en la que se redac t an las preguntas de las encuesta s es un aspecto a t ener en cuenta. Al carecer
de información d etallada sobre una v ariedad d e temas de polít ica exterior, los ciudadanos no se
involucran en una búsqueda extensa de esa información; a menudo usan claves simples
contenidas en la pregunt a mism a, que resuenan co n valores y p referencias más amplias. Com o
caso anecdótico, mencion a las p reguntas formuladas acerca de l a posibil idad de guerra con Irak,
específicamente, aquella s en las que se men cionaron a S addam Hussein o las bajas de tropas,
las cuales propo rcionaron ‘pistas’ qu e condicion aron el porcentaje que fa vorecía a l a guerra.
Este hecho genera alerta a los expertos y estudi osos de la opinión públic a por los sesgos o
intencionalidad que p udieran tener lugar, por lo tanto, es posible tener una evaluación confiable
de la opinión p ública so lo si s e consideran dos elementos: estudiar tanta s variaciones en l a
redacción de la pregunta como sea posi ble y analizar el desarrollo de las opiniones a lo largo
del tiempo (Eichenberg, 2016).
Ya desde finales de l a dé cada de 1980, Aldrich, Sulli van y Borgida (1989) defendían que
el público sí estaba informado sobre e stos temas y que las actitudes exteriores y de fensa tenían
un i mpacto imp ortante en las elecciones presidenciales de los Est ados Unidos. Esto se vio
reforzado con un estudio posterior de Aldrich, G elpi, Feaver, R eifler y S harp (2006) quienes
realizaron aportes orient ados a un nuevo consenso acerca de un público capaz de mantener
cohere n cia en sus puntos de vista acerca d e la política exterior, los cuales inciden en sus
opciones electorales. Sumados a los ava nces teórico-metodológicos y la interdisciplinariedad
con la psicología política, se h a dado forma a una visión compartida de un público con
perspectivas sensibles y matizadas que delinean sus comportamientos pol íticos y restringen la
formulación de las políticas exteriores.
En e s t e c ont e xt o, cob ra s entido el análisis de Hatemi y M acDer mott (2016) acerca d e la s
actitudes , l os va l or e s políti cos e ideologías, entendi das como el fundamento del ‘temper amento
individual’ o variables dependientes e independi entes que inciden en el comportamiento
humano y sus dimensiones sociales y psicológicas, s iendo las responsables de gui ar “todos los
dominios, incluida la afiliación a las redes soci ales, la selección de pareja, la percepción
51 Traducción libre d e la autora.
Capítulo I
65
fisiológica, la disposición psicológica, las características de la personalidad, la c onstrucción de
la moral, la toma de decisiones y (…) las preferencias políti cas” 52 (p. 345). A juicio de estos
autores, la combinac ión de los procesos biológicos con las condiciones sociales, a mbientales y
de desarroll o crean ‘siste mas’ que influyen en las preferencias, sentim ientos, pensamientos y
acciones posteriores d e los i ndividuos. Las actitudes, una ve z que son dot adas de significados,
ofrecen la persp ectiva vis ual a través de la cu al los indivi duos observan a otros y a su entorno,
y se configuran como el ‘sistema operativo del cerebro humano’ para indi car qué program a
implementar, cómo nego ciar y de cu áles continge ncias ambientales dispon e. Esto no niega el
rol que los constructos psicológicos, las inst ituciones o l as fuerzas soci ales tienen en las
preferencias y en las propias actitudes, o l a incidencia de los medios de comunicación, los
partidos o las élites en la i deología al guiar el di scurso y al establecer la agenda política; p ero,
coloca de relieve que los indivi duos son capaces de ‘auto-seleccionar’ en est os medios, recibir
información a la vez q ue procesarla de ma n era diferencial actualizando a sí sus aspectos
psicológicos y su propia arquitectura biológica.
Con el objeto de dar sentido a los contextos que dan origen al interés del p úblico, Baum y
Potter (2008) i lustraron e l proceso a través d el cual se pu eden d ar equili brios de corto y larg o
plazo en cuanto a la amp lia brecha de la informaci ón sobre política exte rior existente entre l os
líderes y el públ ico, demostrando el rol central que ejercen los medios de comunicación en su
reducc ión a lo largo del t iempo. La propuesta de l os auto res muestra como en contextos
conflictivos, la atención pública hacia la políti ca exterior (d emanda de noti cias) suele ser b aja,
suponiendo una amplia brecha y un equilibrio a favor de los líderes, es pecialmente, en las
primeras etapas (IGt1) . La demanda de la inform ación aumenta por varias razones causales:
discordia entre las élites o giros irracionales de lo s hechos por pa rte de los lídere s, lo que se
vuelve más probable a medida que s e p rolonga el conflicto y s e tr aduce en una b recha de
información más pequeña (IGt2). Asimismo, la respuesta del públ ico por l as víctimas generadas
a lo largo d e un conflicto impli ca otro equili brio a largo plazo (IGt2) donde la opi nión públ ica
puede moldear o restringir la pol ítica, lo cual se expr esaría también po r la reducción de l a
brecha. De esta f o rma, los medios de comunicación son un t ercer actor que controla el flujo de
información y no una simple cinta de transmisión pasiva, ya qu e, de s er así, no representaría
incentivos para que los l íderes respondan a los cambios en la demanda de información del
público (Baum y Potter, 2008).
Baum y Potter (2008), muestran la importancia de los medios de comunicación en los
procesos de absorción de información po r p arte del públ ico si n ignorar la influencia de los
líderes en los c ont enidos, quiene s por medio del encuadre de la retórica tie nen un efecto causal
independiente en las percepciones p úblicas de los conflictos y, en consecuencia, en la política
exterior. Ambos autores concluyeron que la in ci dencia de los medios d e comunicación se
produce en casi todos los aspectos de la relación entre opinión pública y la pol ítica exterior.
Dada l a r elevancia qu e sigue suponiendo el segundo postulado del Con senso, estudi os
recientes identifican cuatro f actores adicionales qu e sirven a los ciudadanos como ‘filtros’ para
formar sus opini ones so bre temas nuevos o complejos de política exterior: actitudes básicas
hacia la guerra y la fuerza militar, i deología, partidis mo y género. A l estar clarament e
reconoc idos, han surgido preguntas recurrentes acerca d e la existencia de ‘patrones universales’
en l a s op i ni on es de los ciudadanos, sobre todo al r especto del p rimer filtro, que buscan
apr oxi m a r l os hallazgos obse rvados en e l c ontext o estadounidense a ot ros obtenidos sob re todo
en las sociedade s europeas. Este esfuerzo homologador se encue ntr a con dos problemas
sustanciales: el primero, que fu era de Est ados Uni dos y Europ a, los estudio s de opinión pública
han r ecibido una atención por lo menos limitada, y e l segundo, que las encuestas de opinión no
52 Traducción libre d e la autora.
A NDREA M ILA M ALDONADO
66
solo s e centran en la posibili dad de guerra, si no que son extensivas a múl tiples temas de orden
global. Dados estos mot ivos, los investigadores optan por consi derar dos aspectos
condicionantes que influyen en el nivel de apoyo a la ac ción milit ar: las caracter ísticas
nacionales y la posición internac ional del país. Así, aunque los ciudadanos comparten juicios
universales sob re la gue rra, los qu e pertenecen a Estados con m ayor pode r rel ativo s e sient en
más cómodos con el uso de la fuer za que a quellos que pertenecen a país es p obres o m ás débiles
(Eichenberg, 2016).
1.3.2.3. Sobre la influencia limit ada de la opinión pública e n la políti ca exterior
Morales y S hiavon (2015) resumen y explican la dificultad de que la opini ón pública
incida en la política exte rior a través de t res razones de orden op erativo: “la propia dinámic a
burocrática d e las instituciones encargadas de esta política. La rapidez con la que se tienen que
tomar algunas decisiones y la especialización de l os cuadros encargados d e manejar la política
exterior” ( p. 678 ). Su combinación ha contribuido con que a lgunos teóricos (especia lmente los
realistas) no consideren a la opinión públ ica como insumo relevante, en tanto resulta complej o
articularla d entro del proceso de tom a de decisiones. Frente a esto, Foyle (1997) agrupa a
diversos autores que se o ponen a tale s razones y afirma que tal incidencia sí existe y se expres a
en fun ción de cuatro tend encias: a ) restrictiva, b ) condicional, c) mixt a y la d) falta de conexión
entre ambas (Foyle, 1997).
En la primera tendencia – restri ctiva –, Risse-Kappen (1991) d emostró que el público puede
incidir ‘dire ctamente’ en la formulación de las polí ticas, e specíficamente en la f ase de elección
de opciones y prio rización de objetivos po r parte de los tomadores de de cisiones, al r educir l a
gama de opciones o medi os pa ra implementar esos objetivos o ‘ganar concesi ones simbólicas’;
por ejemplo, un cambio de retórica en l ugar de reformas políticas. El públ ico también puede
afec t ar ‘indirectament e’ l as pol íticas al influi r en la formación de coaliciones entre las élites y
sus grupos. De esta forma, logra fo rtalecer o d ebilitar pos iciones d e la bu rocracia y otros actores
individuales que operan a lo interno del gobierno o dar lugar a c ambios y rea justes dentro d e
organizaciones p olíticas (por ejemplo, l os partidos pol íticos). Aunque es cierto que el impacto
indirecto es difícil de ra strear, ti ene l a capacidad de s er tan influyente como el directo. En
cualquier caso, los decisores no actúan en cont ra de amplios consenso s públicos; l o cual
significa que, además de incidir, la opinión pública puede ser una limitante en l as decisiones de
política.
La segunda tendencia – condicional – la lidera Thomas Graham (1994, c it. en F oyle, 1997),
de cuyo descubrimiento s e generaron cuatro componentes s ituacionales o condiciones que
determinan la incidencia de la opinión pública: 1 ) nivel de apoyo público a una política –desde
la poca i nfluencia (o menos del 50%) al dominio de la opinión del público sobre el proce so
político (es decir, 80% de apoyo)–; 2) efectividad de las estrategias comunicacionales de la
élite; 3) la etapa en la qu e se en cuentre l a pol ítica; y 4) conci encia d e las élites acerca de las
dimensiones que puede tener la opinión pública.
Una ter cera t endencia subraya la i nfluencia mi xta de l a opi nión públi ca y la polí tica
exterior. P ara demostrarl o, Foyle (1997) util iza algunos casos paradigmáticos entre los qu e
destaca la ren egociación del Tratado del Canal de P anamá –analizado p or George Moffett
(1985)– que , a p e s a r de los esfuer zos masivos de relaciones púb licas d e los defensores y
detractor e s , no m os t ró variaciones en las actit udes del público. El estudi o d e Moffet l egó un a
paradoja i mportante po r t ratar un evento históri co en el que, por una p arte, las presiones
externas hacían i neludible l a renegociación y por la otra, l as constricciones i nternas l a
dificultaban:
Capítulo I
67
Las e ncuesta s tendieron a magnificar el ni vel de apoyo y subestima ron el grado en
que las r enegociaciones entraban en conflicto con creencias latentes p ero muy
sentidas que aún tienen muc hos estadounidenses , lo que había llevado a
administracion es an teriores a decidir no e nfrentar el problema. Es ta a mbivalencia s e
reflejó en la respuesta poco e ntusiasta e n el Senado y l a lucha prolonga da para
obtener una frágil mayoría de dos ter cios para l a aprobación. Su existencia ll evó a
elementos dispares de l a Ne w Right , una vez movilizad a y unificada en la oposición,
a aprovechar un público a hora más atento para oponerse a la a dmini stración Carter
y su política exte rior “ideali sta ” 53 (Le es, 1985, p. 732).
Según Moffett (1985) lo s logros de la pol ítica sobre la renegociación del Canal de Panamá
fueron intangibles para l os estadounidenses, los r iesgos bastante evidentes y el agra vio a sus
cree n cias doloroso. Un segundo c aso paradigmático fue el esfuerzo de la administración del ex
presidente estadounidense Ronald Reagan y la bús queda de financiamiento para los contras en
Nicaragua. Existe evidencia que demostró el ini cio de un programa de diplomacia públ ica –
ineficaz– para aumentar l a aprobación de la opinión pública que estaba lim itando la cantidad
de fondos solicitados por el gobierno (Sobel, 1993; Parry y Kornbluth, 1988; Foyle, 1997).
Dentro de la cate gori zación de Foyle (1997), un úl tim o grupo de autores (Ja cobs y Shapiro,
1994) sugi ere la desc on exión entre la p olítica e xt erior y la opi nión pública a t ravés de casos
como el de Vietnam, do nde los lí deres –como lo hi ciera Lyndon Johnson –, no lograron los
cambios espera dos al intentar dirigir la opinión pública y, en consecuencia, decidieron
deliberadamente no tomarla en cuenta; o aquellos casos en l os que esta últ ima no incidió en
decisiones de asuntos externos.
Foyle (1997) retoma l a id ea de H olsti (1992) acerca de las creencias d e la é lite y demuestra
a través de e llas otra forma de incidencia de la opinión pública en la polít ica exterior. Este autor
atribuye a las c reen cias, la capacidad de af ectar las interpretaciones y respuestas d e los
individuos c on respecto al entorno político y s ervir de guía de acción, siendo ca p aces de a lterar
el comportamiento de la política exterior 54 . Específicamente, l as creencias de los decisor es
pueden comportarse como una variable media do ra de la influencia de la opinión pública: si las
élites están c onvencidas de su poca relevancia, tienden a no tomarla en c uent a e n el proceso d e
formulación de l a pol ítica; por el contrario, si creen que supone dificult ades el h echo de
ignorarlas –sob re todo cuando se les opon e–, suelen inclinarse a incluirla en sus valoraciones
de las políticas. P ara una mayor precisión Foyle (1997) l as divide en ‘no rmativas’ y ‘prácticas’.
Las primeras se b asan en el juicio de los indi viduos acerca de l a pe rtinencia de recibir aportes
desde la opinión públ ica que in cidan en las d ecisi ones de pol ítica exte rior. Las p rácticas
representan la de cisión de los líderes en cont ar con el apoyo del público pa ra que una políti ca
exterior tenga éxito.
La implementación de creencias normativas y prác ticas pueden dar origen a cuatro sistemas
de creencias distint os: del egativo , ejecutor , pragm ático y guardián (Foyle, 1997). Un s istema
de creencias “puede cons iderarse como el conjunto de l entes a t ravés de lo s cuales se r ecibe la
información r elativa al entorno físico y social”, compuesto por un conjunt o de imágen es que
recoge n un volumen considerable de informa ción y, que a su vez son cons ideradas sub -partes
53 T r a d u c c i ó n libre d e la autora.
54 E l e s t u d i o de Douglas Foyle (1997) planteó estudiar la viabilidad de utilizar a las creencias de opinión pública –
normativas y p rácticas– como p redictores d el comportamiento de los tomadores de decisiones en política exterior. Su estudio
de caso se basó en los comportamientos del president e de lo s Estados Un idos, Dwight Eisenhower y el secretario d e Estado,
John Fo ster Dulles. Los datos utilizados fueron comunicacion es privadas antes y después de su mandato; declaraciones públicas
previas a asumir el ca rgo ; y, declara cion es extemporáneas durante su tie mpo en el cargo complement adas con una encuesta de
las conclu siones d e fuentes secundarias so bre las creencias de ambos p ersonajes. La metodología fue el análisis de contenido
cualitativo.
A NDREA M ILA M ALDONADO
68
del mi smo (Holsti, 196 2, p. 245). Entendidos como ‘tipos ideales’, la Tabla 2 r esume –
cartesianamente– bajo d os interrogantes si es deseable y/o necesario el a poyo de la opinión
pública, en dependencia de las posibles creencias de la élite sobre esta últim a
Tabla 2. Orientación de las creencias de la opinión púb lica
¿Es necesario el apoyo público?
Sí
No
¿Es deseable
que la opinión
pública afecte a
las opciones de
política
exterior?
Sí
Delegativo
Ejecutor
No
Pragmático Guardián
Fuente: elaboración pr opia a partir de (1997) 55
El tip o de orientación delegativo ve como conveniente que los aportes de l a opinión públ ica
influyan en las decisione s polí ticas y, también co ntempla la necesidad del apoyo del públi co
para que una polí tica exterior tenga éxito. Es tos indivi duos se asumen como agentes que
persiguen los obj etivos c olectivos y utilizan re currentemente a la opinión públi ca como r ecurso;
casi nunca van en contra de sus deseos. El t ipo ejecutor realiza la tar ea d e otro y considera
deseable l a p articipación activa del público en la formulac ión de políticas , más no necesaria
para g arantizar el éxito. El tipo prag mático por s u parte, no estima como deseable l a opinión
pública pero sí necesario su respaldo una vez que se elige una política en específico. Finalmente,
para los guardianes la participación del público en las opciones de políti ca exterior no es
deseable y c reen que su apoyo tampoco es necesario para el éxito. Estos últimos se sum an a l a
visión realista de la emocionalidad y s ubjetividad de l a opinión públic a y se c onsideran
defensores del interés nacional (Foyle, 1997).
Los aportes de Foyle (1 997) reba tie ron el postulado realista al afirmar que la incidencia
de la opinión públ ica no es un aspecto que se pu eda plantear en ‘tér mino s absolutos ’ ya que
considera como su legado, el habe r planteado una pregunta más amplia acerca de las
condiciones en que se g e nera t al i nfluencia, espec íficamente al investi gar el vínculo entre las
cree n cias y l as respuestas de los t omadores d e decisiones hac ia la opinión pública. Concluye
así, que la incidencia de la op inión pública es variable en función de varios factores entre los
que se incluyen el tipo de decisión y el tema que se esté considerando.
Además del traba jo de Foyle y lo que Holsti (1992 ) denominó ‘evidencia anecdótica’ –po r
las experiencias de los presidentes estadounidens es Roosevelt, Eisenhower y Kennedy, quienes
se a poyaron en análisis de opinión durante sus administraciones–, existen dos tipos de estudios
que han afian zado el des afío a la tesis de ‘impermeabilidad’ de la política e xterior: l os análisis
cuantitativos-correlacionales 56 y los estudios de caso. Mientras los estu dios cuantitativos
55 Foyle, D. (1997). P ublic Opinion and Foreign P olicy: Elite b eliefs as a mediating variable. International Studies
Quarterly , 41(1 ), 141-169. Se realizó traducción libre del texto.
56 Alguno s ejemplos de análisis correlacionales i dentificados por Holsti (1992 ) son los estudios de Kusnitz, ( 1984 ) –
Publ ic Opin i o n a n d F o r e i g n P olic y: America's China Policy – acerc a d e la p olít ica estadounid ense h acia Chin a du rante tres
décadas d e l g o b i e r n o d e M ao Tse Tu ng d esde 1949, el cual d emostró correspondencias entre en niveles altos entre l as
preferencias d e l p ú b l i c o y la po lítica estado unidense. El autor j ustificó los h allazgos en l a visibilid ad del tema, cambios de
opinión n o aleatorios y d iferencias partidistas que, combinadas fortalecieron la creencia de las represa lias electorales, por lo
cual era necesaria la at ención de los d ecisores en la relación con Chin a. También el estudio de Monro e (1979) – Consistency
between Public P references and Nati onal Po licy Decision – se centró en la necesidad de d emostrar empíri camente la frecuencia
con la q ue las decisiones pol íticas estaban relacionadas con las preferencias del p úblico. Alrededor de d os tercios d e los casos
estudiados d emostraron la coherencia entre la opin ión púb lica y las p olíticas públicas, así como cierta variació n en la coherencia
entre áreas de p olítica sustantiva, sob re todo porque las decisiones de po lítica exterior suelen ser más coherentes con las
Capítulo I
69
reforzaron los vínculos de opinión pública-política exterior po r medio d e la hipótesis de la
retribución elector al: el votante castiga al ca ndidat o/partido por las fallas cometidas en política
exterior y rec omp ensa sus éxitos; los estudios de caso demostraron cómo, en ocasiones, la
política exterior puede limitar la acción de los decisores en ese campo 5 7 .
Al respecto d e los estudio de caso, Holst i (19 92) destaca como la in vestigación más
relevante The Politics o f Failure: Strategic Nuclear Arms Control, Pu blic Opinion, and
Domestic Poli tics in the Unit ed St ates, de Thomas Graham (1989), qu e constó de cuatro
estudios de casos d e políti ca estadounidense d e control de armas: Control Internac ion al de
Energía Atómica – Internat ional Control of Atomic Energy –, el T ratado d e Prohibición Parcial
de Ensayos – L imited Test Ban Treaty – y el Tratado s obre M isiles Anti-Balísticos – SALT I/ABM
Treaty ; SALT II –. El diseño de investigación con templó la revisión de datos de más de 500
encuestas de opinión pub licadas entre 1938 y 1988, cuyos análisis demostraron que el impacto
de la opinión pública fue importante en la negoc iación, ratificación e im plementación de las
políticas y var iable, “dependiendo de si el apoyo alcanzaba los ni veles de mayoría (50-59%),
consenso (60-69%), preponderante (70 -79%) o prácticamente unánime (80%+)” 5 8 (Holsti,
1992, p. 454). G raham (1989) explica el g rado en que la opi nión pública influye en las
decisiones de control de armas en tres f actores: “el nivel de ac titudes públicas, la c onciencia d e
las diferentes dimensione s de la opinión pública por parte de activist as políticas en competencia
y la sofisticación de las estrategias d e comunicación util izadas por facciones polí ticas en
competencia” (p. 3).
Dos de los autores que mejor sistematizar on todo el recorrido del import ante vínculo entre
política exterior y opinión pública fu eron F oyle (1997) y Holsti (1992) quienes coincidieron en
la necesidad d e seguir investigando y gener ando evidencias más su stanciales sobre su
naturaleza causal, especialmente para afianzar la confianza en los resultados generados de los
análisis correlacionales. El úl timo autor advirtió sobre la cautela al momento de hacer
inferencias desde un solo dato sobre la opinión públ ica, por l o cual es menester extr aer las
tendencias desde datos longi tudinales –sin desconocer algunas alteraciones intencionadas de
empresas especializadas como lo hiciera Gallup en 1956–; di señar encuestas con enfoque
estricto en pol ítica exterior; y construir preguntas estándar que p ermitan realizar análisis de
tendencias.
Tal y como se observa, el Consenso de Lippm ann y la mayor p arte de la literatura
desarrollada en la segun da mitad del siglo XX se centró en Estados Unidos. Su importancia
sigue si endo tal, que en i nvestigaciones recientes se si guen rebatiendo las tres imágenes y es así
que, en el último medio si glo s e comenzó a hablar de una oscilación ‘del pesimismo al
optimismo’ (K ertzer y Z eitzoff, 2017) o una ‘ evolución académica’ qu e se ha de cantado por
valorar a la opinión pública como un contra peso relativamente e stable a tener en cuenta por
parte de los responsables políticos. Se trata de “una pode rosa fuerza cu ya influencia en el
desarrollo de la políti ca exterior se r evela d ecisiva (…) desconocerla puede hacer fracasar las
preferencias pú blicas que co n l as políticas nacionale s . La consistencia en cuestiones de política exterior fue del 92%.
Finalmente, el trabajo de Page y Shapiro (1983) – Effects o f Public Opinion on Policy – demostró una congruencia de 153 c asos
(66%) entre los años 1935 a 1979, en los que l os cambios importa ntes en po lítica se correspondían con los cambio s en las
preferencias del públ ico, así como un nivel de congruencia del 62% en política exterior.
57 P a r a H o l s t i (1992) la ‘ev idencia an ecdótica’ y los an álisis correlacionales no su stituyen a los estud ios de caso qu e
pue d e n a r r o j a r i n f o rmación relev ante sob re cómo incide l a opinión públi ca en la p olítica exterior. Uno de lo s ejemplos
rast r e a d o s p o r e s t e autor es la in vestigación d e Parry y Kornb luth (1988) Iran-Contra 's Untold Story. Foreign P olicy, sobre la
participación estadounidense en Centro américa dur ante el gobierno de Reagan qu e inició un a campaña de relacion es públ icas
–dudo sas– para obtener apoyo del púb lico en la asistencia a los co ntras en Nicaragua. Alg unas encuestas evidenciaron el
rechazo del público a la participación militar de Estad os Un idos en ese lu gar, por lo cual se presume una relación directa entre
la opin ión del públi co y l as acciones d e un gobierno en específico, en tanto se estima que las acciones podrí an haber sido más
directas o masivas.
58 Traducción libre d e la autora.
A NDREA M ILA M ALDONADO
70
iniciativas exteriores más sól idas, por el contrario, reconocerla puede fo rtalecer la política
exterior de un gobierno” (Calduch, 1993, p. 34). Aun cuando son m uchos los avances, queda
pendiente s aber cuándo y cómo se ejerce la infl uencia d e la opinión pú blica en la polít ica
exterior e indagar en la compleja relac ión entre la opinión pública, el discurso de la élit e, las
cree n cias de la élite sobre la opinión públ ica y el comportamiento en política exterior (Baum y
Potter, 2008).
1.3.3. Elementos d efinitorios d e la relación opinión pública-política exterior en los
estudios latinoamericanos
A lo interno de América Latina se des arrollan múl tiples dinámi cas polít icas, económicas,
sociales y culturales de p aíses con intereses y obj etivos tan disí miles que dificultan considerarla
una región homogénea, c on una visi ón común de inserción en el sist ema internacional; ello a
pesar de compartir problemas tales como sistemas de gobierno hist óricamente débiles y
fragmentados, corrupción, narcotráfico, crimen o rganizado, emigración m asiva dentro y fuera
del continente, elevados índices de pobre za, una amplia brecha de desigual dad y precarización
laboral, entre otros (Gon zález y Schiavon, 2010). Adicional a esta r ealidad, el vínculo que se
establece e nt re los líderes y los ciudadanos suele estar basado en el pe rsonali smo, asumido por
los primeros como estilo de gobierno; o lo que es lo mismo decir, una ‘personalización de la
política’ centrada “en el ejecutivo, que r esalta las virtudes del presidente, una conexión
emocional de la ciudad anía y la capacidad del gob ernante para proveer ben eficios materiales a
sus gobernados” (Ortiz y García, 2014, p. 375).
La idea de l a ‘personalización d e la política ’ co nsidera qu e el efecto del carisma en la
aprobación p residencial y las percepciones ciuda danas posit ivas acerca d e la personalidad de
los responsables pol íticos, contribuyen a la condonación de iniciativas pol íticas erradas y
desaciertos. Esta afirmación –casi intuit iva– la confirman Ortiz y García (2014), luego del
análisis de la valoración de 22 líderes latinoamericanos, en cuyos resultados obser varon que
jefes de gobierno como Hugo Chávez y Álvar o Uribe –separados por una amplia brecha
ideológica– comparten l a cercanía a sus electora dos y algunos rasgos autoritarios; así como
otros líderes de p artidos de derecha, centro derecha e izquierda, que comprueban que en
América Latina el perso nalismo no está determinado por un a ideología pol ítica específica 59 ,
siendo un rasgo más común de lo pensado.
Además de la ‘personalización de la polí tica’, los sist emas pre sidencialistas
latinoamericanos otorgan c aracteríst icas singulares a la r elación entre la opinión públ ica y la
política exterior. La centralización del poder en el Ejecutivo incluye un alto grado de autonomía
en la formulación de los asuntos exteriores del Esta do, por lo c ual, l a pertinencia de contemplar
a la opinión pública en la toma de decisiones, está m uy ligada al criterio de l lí der. Al respecto
de esto, se contemplan d os enfoques: el psicológi co , que coloca de relieve las particularidades
de l os decisores y las cre encias qu e estos tienen sobre la opinión públi ca, del que derivan dos
tipos de líderes. Los líder es sensibles al ambiente externo, abiertos a la interlocución con ot ros
puntos de vista y l os líderes s electivos que m uestran toler ancia solo a l a i nformación que d é
fuerza a sus propios puntos de vi sta. El segundo enfoque se orienta al ám bito i nstitucional y
destaca las p resiones que el sis tema político impone a los dirigentes para q ue tomen en cuenta
o no a la op i ni ón p ú blica (Morales y Shiavon, 2015).
59 L a in vestigación de Alejandra Ortiz y Miguel Garc ía (201 4) "Porque te quiero te apoyo". Estilo de gobierno y
aproba ción p residencial en Améri ca La tina, se basa en datos de “15 mil encuestas c ara a cara llevadas a cabo por el Baró metro
de las Américas-LAPOP, correspondientes a 1 6 p aíses latinoameric ano s para los años 2008, 2010 y 2012” (p. 379). En los
niveles más b ajos de personalismo identifi caron a líd eres d e izquierda como Dilma Rousseff y Michel Bachelet, derecha y
centro derecha, como Sebastián Piñera o Juan Manuel S antos. En los niveles más altos, se encuentran Álvaro Uribe, segu ido
por Hugo Ch ávez, Rafae l Co rrea, Evo Morales y Ricardo Martinelli.
Capítulo I
71
La relación de las creencias particulares de los tom adores de decisión con la op inión
pública guarda estrecha relación con lo ya descrito acerca d e las creencias normativas y
prácticas de Foyle (1997) 60 , y fo rma parte de una d e las cinco grandes dimensi ones identificadas
por Cascante y Pignataro (2015) como v ariables q ue af ectan el vínculo entre polí tica exterior-
opinión pública. Aunque el desarrollo de esta idea se adhi ere a la literatura anglosajona, su
relevancia tiene lugar da do el contexto la tinoameri cano en el que se enfoca el pre sente estudio,
en cuyo caso, remite a u n país con si stema pr esidencialista con alta absorción personalista de
las interacciones exteriores del Estado; por esa razón se considera como el primer elemento
definitorio relevante.
Un segundo e lemento tiene que ver con l a importa ncia de la política exterio r ya no para los
líderes, si no para el pú blico –tambi én enume rado por Cascante y Pignataro (2015) como
‘sensibilidad del tema pa ra la opini ón públ ica’–. Es importante acotar que no todos los t emas
de política exterior son igual de im portantes para l a ciudadanía, o, dicho de otra forma, no s e
puede afirmar que “todos los elementos que componen la polít ica exterior formen parte de la
esfera de relevancia requerida para ser tom ados en cuenta por la opinión públ ica, dado que pa ra
la ciudadanía algunos temas serán más sensibles y focalizados que otros” (Pignataro y Cascante,
2017, p. 95).
Varias de las iniciativas guber namentales latinoamericanas de las últim as dé cadas denotan
una r elación a ctiva entre el Estado y los agentes sociales 6 1 –más o menos efectiva y/o crec iente
según el tema que se trate y el momento pol ítico (Oliveira y Pfeifer, 20 06)– y han abierto
espacios a una m ayor pa rticipación de la ciudad anía para la exigencia de r endición de cuentas
por parte de las instan cias guberna mentales y del funcionariado público. A sí, “parece posible
afirmar que los estudi os de opinión p ública tienen el potencial de p rod ucir no solo nueva
información, sino tamb ién una mayor rendición de cuentas y recepti vidad ( …) lo que
redundaría en mayor leg itimidad, credibilidad y poder de negociación” 62 (Pimenta, 2008, p.
94).
A pesar d e los avances, para gran parte del públi co latinoamericano, la política exterior
sigue si endo una política de Estado reservada exclusivamente a criterio del Ejecutivo o un
aspecto externo a l a agenda pública de debate que, con el paso del tiempo ha experimentado
una ‘reivindicación’. En las s ociedades con gobiernos de democraci a representativa, la
participación y la consulta popular permanente son un imperativo para las tomas de decisiones
y el ciclo de l as políticas públicas (Rom ero, 2011), en tanto que, “la ciuda danía podría poner
límites a los intereses p articulares de la élite gober nante” (Rabbia, Sader y Cagnasso, 2020, p.
81):
…se entien de que l a pa rticipación c iudadana deb e incluir el mundo de l a op ini ón
pública como un lugar central, en donde se debatan l os pr oblemas éticos y que esta
discusión parta de l a base de la pertinenc ia de s ociedad es moralmente pluralis tas , y
de l a promoción de una ética uni versal basada en los ideales p olíticos de la paz, la
responsabilidad de los gobiernos, el dere cho a disentir, el derecho a protege r, la
defensa de los dere chos humano s y la defensa del am biente… (Romero, 2 011, p.
210).
60 Ver: 1.3.1 .3. Sobre la influencia limitada de la opinión pública en la política exterior.
61 Algun as i nv estigaciones qu e demuestran esta relación e i ncluyen la acc ió n social en la política exterior son las de:
Milan i, C.; Pinheiro, L . (2017). The Politics o f Brazilian Foreig n Policy and Its An alytical Challenges. Foreign Policy
Anal ysis, 13 , 278 -296; y Pomeroy, M . (2015). Participación ciudadana y política exterior: la confluencia entre actuación
doméstica y tran snacional de la sociedad civil brasileña. Tesis doctoral . Universitat Autònoma de Barcelona.
62 Traducción libre d e la autora.
A NDREA M ILA M ALDONADO
72
También en lo qu e re sp ecta al legislativo existe ‘cierto gr ado de aislamiento’ con la política
externa qu e hace que no sea tan ne cesaria la popu laridad presidencial, que sí es menester par a
garantizar el respaldo de polít icas o aspectos domésticos l os cuales suelen im plicar una m ayo r
polarización partida ria y disputas. Es así que, “oponerse al Presidente en asuntos de política
externa, p uede, también, ser pe rjudicial para los l íderes pa rtidarios –en particular– y p ara los
legisladores –en general –, quienes pu eden ser catalogados de traidores o, en l a jerga política
latinoamericana, de ‘vende patria’” (Feliú y Urdinez, 2017, p. 98). P or ejemplo: “…los t ratados
internacionales en Chile poseen mayores ch ances de aprobación en el Con greso compa rados a
proyectos legislativos de política domésti ca y fiscal” o, las “votaciones sobre I slas Ma lvinas en
Argentina, un t ema c rítico para la políti ca externa” , que demost ró qu e “el éxito de las iniciativas
del Poder Ejecutivo es mucho mayor al de las del Congreso” (p. 98). Tod o esto hace que la s
temáticas de pol ítica ex terior no siempre sean relevantes o generen se nsibilidad para el
Legislativo.
Por otra parte, se atribuy e a los medios de comunicac ión incidi r en la form ación de “una
agenda públ ica separada de la opinión que los ciuda danos tengan sobre cuáles debe n ser las
prioridades gubernament ales” (Romero, 2011, p. 208). Por ello, en la relación opinión pública -
política exterior, los sect ores ideologizados son importantes por la consciencia que han tomado
acerca del rol de los m e dios de comunicación como moldeadore s d e las percepciones de la
realidad “por la vía de i mponer la terminología más favorable a sus pos tul ados” (p. 208-209).
Dada su re levancia, Cascante y Pignataro (2015) enumeran a la “capacidad de influenc ia en
medios de comunicación” como la ot ra dimensión de la relación opinión pública-política
exterior, la cual se c onsid era como el tercer e leme nto def initorio a tener en cuenta para nuestro
estudio.
Según Baum y Po tter (2008), la capacidad de influencia de los medios de comunicación
puede aumentar o mi nimizar el volumen de i nformación ac erca de un tópi co y modi ficar tanto
el contenido como el al cance de la opini ón púb lica. Algunos fenómenos como el llamado
‘efecto CNN’ evidencian esta i ncidencia sobre todo en fases ini ciales de l a implementación o
cuando s u desarrollo aun es incipiente. La p articip ación de los medios d e comunicación es más
factible si no existe consenso de las élites pol íticas y si hay incertidumbre políti ca dentro del
gobierno, situaciones habituales en América Latina. En la medida en que la política exterior sea
reac tiva al contenido de l as noticias, las decisiones que tom an los reporteros, productores y
editores son clave. Desde este punto de vista, l a decisión en p olítica exter ior se ha convertido
en un ‘epifenómeno’ de una nueva toma de decisiones (Robinson, 2002).
El cuarto elemento defini torio es la activación del vínc ulo opinión pública-política exterior
en torno a procesos e lectorales. La ideología y la i dentificación partidaria pueden tener f un ción
heurística y oper ar como atajos cogniti vos que ordenan las actitudes en política exterior y le
suman cierta estabilidad al pensamiento de l os ciudadanos (Morales y S chiavon, 2015). Es en
contextos electorales pre sidenciales donde se genera más acceso a ellos e identidad con las
élites (A ldrich, et al., 2006). Algunos estudios lati noamericanos están dirigidos a comprobar la
forma en que las decisio nes de políti ca exterior – tomadas o futuras– se utili zan en campañas
electorales, su incidencia en el voto y las consecuencias en los resultados electorale s.
Adicionalmente, demuestran que las posiciones ideológicas, a sí como la ‘visión posit iva’ de la
gestión d e l gob i e r no en su conjunto, determinan la forma en qu e los votan tes valoran y crean
opinione s s ob r e a s un tos específicos de polít ica exterior –especialmente, en socieda des con alta
polarización– s in embargo, sigue siendo un área poco estudi ada (Rabbia, Sader y C agnasso,
2020; Cascante y Pignataro, 2015).
Durante las contiendas elec toral es latinoamericanas, la relevancia de te mas de políti ca
internacional que causan ‘difere n ciación y contraste ideológico’, como la integr ación regional,
Capítulo I
79
interés en participar activamente de él y sobre todo, la lectura en clave n acional que hacen los
ciudadanos de este gr upo de países sobre los asuntos internacionale s – especialmente, Colombia,
Ecuador y México– ade más de la cr eencia del po der blando –cultura, dipl omacia y come rcio–
antes que el uso de la f u erza militar (González et al, 2011b). Un elemento destacable e s que los
datos generados ofrecen un perfil de l a concepción de integración que tiene este público
latinoamericano, la cual “deja f uera los aspectos políti cos, mi litares y sociale s: se rechaza la
unión monetaria y la construcción de instituciones supranacionales y, en parti cular, no se quiere
el libre movimiento de personas” (Maldonado y Crow, 2011, p. 232).
Dado el auge lento, pero sistemático del tema en la región, en Costa Rica los investigadores
Cascante y Pi gnataro (2015) analizaron l os estudios de opi nión del Centro de Investigación y
Estudios Políticos (CIEP) de 2013 y 2014 85 . Dado que e n ambos se abordan temáticas generales,
extrajeron elementos exclusivos de política exterior –específicamente tr es preguntas–. En tal
sentido, l os costarricenses manifestaron int erés po r la polí tica ext erior, que aumenta en cuanto
mayor nivel de formació n. Asimismo, se ob servaron alt os niveles d e desconocimiento de los
responsables gubername ntales y de los instrumentos necesar ios para su ejecución. En un a
investigación posterior Pi gnataro y C ascante (2017) demuestran que el p úblico es capaz de
distinguir e ntre las valoraciones de los aspectos internacionales y doméstico s: a l mismo tiempo
que evaluaron negativamente l a conducción de los asuntos internos, t uvieron una opi nión
positiva de la conducción de los aspectos externos.
Dada la importancia de la relación bilateral Nicaragua-Costa Rica, el Instituto de Estudios
Sociales en P oblación de l a Universidad N acional de Costa R ica realizó una encuesta sobre
perce p ciones de los costarrice nses al respecto de dicha relación 8 6 . La opinión de la ciudadanía
varió de ser ‘negativa’ a inicios del sigl o XXI , a ‘positi va’ al momento de la encuesta (2016),
lo cua l se at ribuye al trat amiento i nformativo ‘manipulado’ que h an r ealizado los medios de
comunicación costarricenses sobre l as personas de origen nicaragüense y la tendencia de l a
población a informarse (Díaz, 2018).
Finalmente, los estudios generados desde Amé rica Latina sobre opinión pública y temas
de polít ica exterior m ás r ecientes se realizaron en Argentina y B rasil en 2020 87 . El prim ero, con
el objetivo de responder “ ¿cuáles fueron las actitudes y preferencias sobre po lít ica exterior entre
simpatizantes de los principales candidatos presidenciales –M auricio Macri y Alberto
Fernández–?”, así como “¿Qué relación presentan estas posiciones con la evalu ación d e l a
gestión del presidente Macri, que buscaba su reelección, y con la valora ción de la si tuación
económica gen eral?” y “¿Qué rol juega la ideo logía políti ca en la conformación de estos
posicionamientos?” (Rabbia, S ader y Cagnasso, 2 020, p. 86). Los resultados demostraron “la
incidencia d e la polariz ación ideológic a, i ncentivada por el contexto el ectoral nacional de
octubre de 2019, respecto a la opinión pública en materia de política exterior” (p. 78).
El segundo estudio realizado en Brasil, analiza l a percepción del público de e se p aís acerca
de la Cooperación Internacional para el Desarroll o (Soldi, Mouron y Apolinário, 2020),
concluyendo que l a m ayoría de los encuestados, co nsidera que el p aís debe ría reducir o elim inar
85 L a p r i m e r a encuesta del E studio de Opinión S ociopolítica se ap licó del 11 al 29 de nov iembre de 201 3 y la segunda,
del 1 0 a l 2 9 d e n o v i embre de 2014 vía telefónica. E l tamaño de la muestra fue de 635 y 800; y , mar gen d e confian za de ± 3 .9
al 95% y ± 3 .5 al 95%, respectivamente (Casca nte y Pignataro, 2015).
86 La encuesta se realizó telefón icam ente d el 12 al 20 de abril de 2016 a 800 personas. El nivel de confianza es del ± 3.5
al 95% (Díaz, 2018).
87 Lo s au tores (Rab bia, Sad er y Cagnasso, 2020) aplicaron un cuestionario on line en 2019, a u na muestra no probabilística
de 1006 p ersonas residentes en l a p rovincia de Córdoba, Argen tina. “La v ariable dependi ente y de segme ntación es la intención
de voto en las elecc ion es presidenciales d el 27 de o ctubre de 2019” (p. 108).
A NDREA M ILA M ALDONADO
80
el gasto en ayuda exterio r, el cual se reduce aún más cuando conocen có mo ese dinero pod ría
haberse utilizado en el ámbito doméstico 88 .
Finalmente, se debe hacer referencia a la t esis doctoral O pinião pública, política externa e
redes sociais no Brasil de Jonatas Torresan (2020 ) cuyo objeto fue discutir las dinámicas de la
opinión pública y de la pol ítica exterior a partir de la difusión de internet y de las re des sociale s
en ese país entr e 2010 y 2020. El investigador ut ilizó las encuestas de opinión As Américas e o
Mundo (2010, 2014 y 2018) para analizar el posicionamiento del público. Asimismo, realizó
una investigación exploratoria p ara discutir cuáles son los principales atajos cognitivos
utilizados por la opinión públ ica brasilera para co nectarse a la polít ica internacional. Entr e los
principales h allazgos destacan: 1) crecimiento del acc eso a internet y redes so ciales
acompañado por un aum ento de la polar ización en la política doméstica y alteraciones en e l
interés de las noticias internacionales; 2) diversidad en los clústers hegemónicos, siendo los
principales Gobierno/política y medios; var i ación de la imagen positiva o negativa de un país y
el público en f unción del volumen y las conec tividades de las rede s. Por último, la actitud de la
opinión pública para temas domésticos most ró diferencias significativas en cuanto a temas
internacionales: el mismo público tuvo imágenes más positivas de países extranjeros en relación
a los no usuar ios de redes soc iales y se posicionó más próximo a ellos por los atajos c ognitivos
de las rede s soci ales al mismo tiempo que no asoció a otros países al esce n ario de polarización
doméstica.
1.3.5. Política exterior de la Revolución Ciudadana y su abordaje desde los sondeos
de opinión
Los aportes m ás significativos en cuanto a evide ncia empírica de políti ca exterior de l a
Revolución Ciudadana y sondeos de opinión, lo c onforman t res investi gaciones elaboradas en
el marco del Proyecto r egional Las Américas y el Mundo del Centro de Investigación y
Docencia Económicas (CIDE). El capítulo Ecuador contempló tres edici ones –2010, 2012 y
2014–, coordinado por la Facultad Latinoam ericana de Ciencias Socia les (FLACSO) en
colaboración c on el Instituto de Altos Estudios Na cionales (IAEN) 89 , el Progra ma de Nac ion es
Unidas para el Desarroll o (PNUD), el Banco I nt eramericano de D esarrollo (BID) 90 , el B anco
de Desarrollo de Am érica Latina (CA F) 91 y el F riedrich-Ebert-Stiftung Ecuador (FES- IL D IS).
Los principales elementos de las tres ediciones se recogen a continuación:
1. Ecuador, las Américas y el mundo 2010. Opinión públi ca y p olítica exterior (2011)
(2011) . La m uestra utilizada para est e primer sondeo fue de 1574 personas en la sierra,
costa y oriente de Ecuador (septiembr e a o ctubre d e 2010), teniendo en cuenta l as
variables sociodemográficas. El cuestionario se or denó en ocho temas: a ) interés,
contacto e identidad, b) amenazas, confianza y seg uridad, c) papel de Ecuad or y política
exterior, d) re glas del juego internacional: multi later alismo y globalizac ión, e) América
Latina, f) Estados Unid os, g) relaciones con o tros países y h) migración. C omo
principales resultados se identifican la fuerte identi dad nacional, perc epc ión de que
Ecuador es muy ‘importante’ a nivel regional, pero esto no i mplica que deba lider ar
procesos en la región; Es paña y Estados Unidos c omo los países mejor valorados para
e l f or t a l e c i m i ento de las relaciones bilaterales; América Latina como zona de influencia;
88 Lo s in vestigadores aplicaron una encuesta a 2 276 person as del 28 d e ju lio al 10 d e agosto de 2 016 (Soldi, Mouron y
Apolinário, 2020).
89 El In stituto de Altos Estudios Nac ion ales participó en los estudios de 2012 y 2014.
90 El Banco Interamerica no de Desarrollo (BID) solo participó en los estudios d e 2012 y 2014.
91 El Banco de Desarrollo de América Latina solo participó en el estudio de 2010.
Capítulo I
81
y s ensibilidad especial al fenómeno migratorio y las condiciones mate riales de los
ecuatorianos en los países de acogida.
2. Ecuador, las Américas y el Mundo 2012. Opinió n pública y política exterior (2013),
cuya muestr a es de 1503 personas de la sierra, costa y oriente de Ec uador y t iene en
cuenta l as mis mas va riables sociodemog ráficas. El cu estionario se divide en los
siguientes ejes: a) identidad y nac ionalismo, b) globalización y comercio internacional,
c) multilateralismo, d) contacto y conocimiento del m undo, e) amenazas, confianza y
seguridad, e ) papel de Ecuador y pol ítica exterior, f) países y líderes, g) Am érica Latina,
h) algunas relaciones bilatera les y g) movilidad humana. Los resultados más relevantes
son la fuerte identidad nacional; crecimiento del sentimiento lati noamericano y una
significativa identificación sudamericana; apertura a la gl obalización, inversión
extranjera y libre comerc io, con aprobación a l as negociaciones a la Unión Europea y
cuestionamiento a los Tratados de Li bre Com ercio; creciente preocup ación a las
amenazas globales; prio ridad a las ins tancias mul tilaterales para la resolución de
conflictos; Estados Unid os, Esp aña, Brasil y Japó n como los países mejor valorados y;
la movilidad humana como punto focal de la agenda de política exterior.
3. Las Américas y el Mun do: Ecuador 2014 (2015). Este tercer estudio parte de una
muestra de 1800 ec uato rianos y a difere ncia de los anteriores, el cuestionario se
estructuró en c in co grandes ejes: a) interés, contacto e identidad, b) papel de E cuador y
política exterior, c) multilateralismo y globaliz ación, d) A mé rica L atina y e) migración.
En esta oportunidad se obt uvo que la población manifestó una identidad du al nacional-
local; interé s porque Ecuador participe activament e e n el ámbito internacional; Estados
Unidos y Alemania como países con mejor valoración; América Latina como región
prioritaria para Ecu ador y; la movi lidad humana con la novedad que los ecuatorianos a
pesar de los im portantes procesos migratorios que han experimentado, muestran
‘reservas’ a los extranjeros e inmigrantes.
Los cuestionarios diseñados para estos sondeos, contemplan un amplio espectro que abarca
desde el interés de la ciudadanía en l a acción exterior, identidad, seguridad , valoración de lo s
objetivos de la agenda, m ult ilateralismo, relaciones bilaterales con l os paíse s de América Lati na
y otros, percepciones de los nuevos socios políticos y comerciale s del gobierno de la
Revolución Ciudadana (como R usia, China o Irán), h asta asuntos ligados a la migración,
derec hos de los ecuatorianos e n movilidad humana y perce p ción de los inmigrantes. Un
elemento di ferenciador d el capítulo Ecuador con r especto a otros estudios del P royecto regional
Las Américas y el Mundo es que no contempla encuestas a los líderes de opini ón o élites
políticas.
Oficialmente, el CIDE reconoce como resultados de estos sondeos de op inión, Capítulo
Ecuador, 13 tesis, siete (7) de ellas en el nivel de grado y seis (6) en posgr ado.
A NDREA M ILA M ALDONADO
82
Tabla 3. Tesis derivad as del Pro yecto regional Las Améri cas y el Mundo, Cap ítulo Ecuador
Datos de la tesis Nivel
Informe
o
Encuesta
Uso de los
datos
Carpio, M. (2013).
Análisis de impac to d e la
estrategia de inserción
del Ecuador en el c omercio internacional dentro del marco del plan
nacional p ara el buen viv ir (Pontificia U niversidad C atólica del
Ecuador)
Grado
(Licenciatura) 2010 No
Correa, A. ( 2013).
Del Caribe a la Mit ad d el Mund o:
inserción laboral
y producción de espacios. Migra ción cubana en Ec uador (F LACSO,
Ecuador)
Posgrado
(Maestría) 2010 No
Méndez, E. (20 13).
Migraciones
fronterizas de
afrocolombianos: una
realidad vista de sde el c umplimiento de la n ormativa internacional
de protecc ión al refugiado en la frontera norte de Esmeraldas en el
período 2005
-
2010
(FLACSO, Ecuador)
Posgrado
(Maestría) 2010 No
Sánchez, N. (2013). Narrat ivas de exclusión: niñas, niños y
adolescentes migrantes en Quito ( FLACSO, Ecuador). Grado 2010 No
Velástegui, M. (2013).
Análisis comparativo del impacto de
la aplicación d e la Dec laración de París en los proyectos de
cooperación estadounidense en el E cuador, antes y después de ser
signatario
(Pontificia Universidad C atólica del Ecuador)
Grado 2010 No
Espinoza, R. (2014).
Análisis del Ministerio de
Agricult ura,
Ganadería Acuacult ura y Pesca de Ecuador c omo inst itución
oferente de cooperación internacional para p aíses de América
Latina y el Caribe de ener o a junio del a ño 20 13 (Pontifica
Universidad Católica del Ecuador)
Posgrado
(Doctorado) 2010 No
Chacón, C. (2014).
Análisis del Proceso de
Integración Latinoamericana de Chile y s u funcionalidad para
Ecuador
(Universidad del Azuay)
Grado
(Licenciatura) 2010 No
Guncay, C. (2016).
Determinantes d e la inclu sión
económica de
Inmigrantes en el Ecuador, en los años 2012-2015 (Pontificia
Universidad Católica del Ecuador)
Grado 2010 No
Jijón, M. ( 2015). El papel de la cooperación rusa en el
Ecuador (Institut o de Altos Estudios Nacio n ales, Ecuador)
Posgrado
(Especialidad) 2 010 No
Robalino, A. ( 2016).
Influencia del Su mak Kawsay en
Ecuador como
marco teórico de un mo delo de desarrollo alt ernativo (2009-
2013)
(Pontificia Universidad C atólica del Ecuador)
Grado
(Licenciatura) 2010 No
Estrella, J. (2016). El buen vivir de los inmigrantes peruanos En la
zona Monjashuayco (U niversidad de Cuenca)
Posgrado
(Maestría) 2010 No
Valenzuela, L. (2016).
La escisión d el yo en relació n
a la
revictimización en solicitante s d e refugio colombianos. Análisis
desde la teoría psicoanalítica e n casos tratados en Asylum Access e n
el periodo 2014
-
2015
(Pontificia U niversidad Católica del Ecuador)
Grado 2014 No
Cadena, F. (2016 ).
Construcción partic ipativa de un
modelo d e
gestión económica y social para el c entro de servicios múltiples d e
la asociación de pa rticip ación social. Sembrando un fut uro de la
ciudad de Guayaquil, Ec uador (Universidad Politécnica Salesiana,
Ecuador)
Posgrado
(Maestría) 2010 No
Fuente: elaboraci ón propia
De este Capítulo derivaron varios artículos científicos, entre ellos el de Beatriz Zepeda y
María Eg a s L a p ol í t i ca exterior de la revolución ciudadana: opinión y actitudes públicas (2011)
basado e n l a p r i m e r a de las tres encu estas, el cual plantea como objetivo general consigna r la
opinión d e l os e c u a t orianos y ecuatorianas en torno a los e jes prioritar ios de la políti ca exter io r
de Rafael Corr ea. Com o principales resultados, a pesar d e que l a pobl ación se autoubicó
ideológicamente hacia la derecha (o ‘cons ervadora’ en términos de l as autoras), existen
coincidencias entre l os objetivos de la agend a del gobierno y las percepciones d e los
Capítulo I
83
ciudadanos, especialmente en cuanto a soberanía, medioambiente y migración ecuatoriana y
sus derechos.
En el ámbito de la integración y el multilateralismo, los encuestados mostrar on resistencia
a que Ecuador tenga mayor protagonismo en el ámbito i nternacional, optando por la opción de
regionalismo abierto antes que la int egrac ión política. Por su parte, la tensa relación de Ecuador
con Estados U nidos y l a dive rsificación de so cios políticos y comerciales no es bien observada:
en lugar de optar por una relación distante con la potencia hegemónica, se inclinaron por
aproximar los lazos con este país. En ese intento de diversificac ión comercial y política, los
ecuatorianos p erciben a Irán y Rusia como lejanos y poco confiables, y en el caso del p rimero
como una posible amenaza.
En términos generales, l os ecuatoria nos se m ostraron satisfechos con l a conducción de la
política exterior po r Rafa el Correa y el resto de l as políticas del gobierno e n las dist intas áreas
muestran una alta ac eptación, siendo la p olítica exterior la cua rta mejor v alorada –de cinco
políticas consultadas–. Las autoras con cluyen que, l a valoración positi va a l a conducción de la
política exterior se explica por los altos ni veles de popularidad de R afael C orrea para el
momento del estudio. En otras palabras, se debe a una política exterior personalista que expresa
la sim patía por el líder y responsable de diseñarl a. Como se puede notar, este artículo sólo
incluye algunos de los res ultados de la p rimera encuesta realizad a en 2010, abarcando de forma
insuficiente el primer periodo presidencial de Rafael Correa.
1.4. P OLÍTICA E XT ERIOR E I DENTIDAD N ACI ONAL : ¿ OTRA REL ACIÓN ‘ PELIG ROSA ’ 92 ?
Los estudios sobre identidad han e stado significativamente c on ectados a las investigaciones de
política exterior. El interés por su abordaje se ini ció en la dé cada de 1990 (Vucetic, 2017a)
específicamente entr e 19 93 y 1995 (Stark, 2015), con una clara impronta d e los aportes de l os
constructivistas t radicionales y m ás tarde de los construc tivis tas críticos –quienes optaron por
el concepto de ‘identific ación’ 93 –, siendo el principal ca nal de influen cia la identidad estatal ,
asumida como uno de los ‘caballos de batalla teóricos’ de las explicac iones de l a polít ica global
(Hopf, 2000). Sin embargo, iniciamos este ap artado con la advertencia de Srdjan Vucetic
(2017a): “El consenso s obre qué es la id entidad y qué hace en relación con la política exterior
no existe y es poco probable que se forje alguna vez” 9 4 (s/p).
El ra streo del vínculo identidad-política exte rio r de Ursula Stark (2015) ubica los orígenes
en las décadas d e 1960 y 1970, con la ge n eración fundadora de l A PE 95 que centró sus estudios
92 A finales de 2001 , Maja Zehfuss publicó un art ículo titulado: Co nstructivism and Ide nti ty: A Dangerous Liaison , e n el
que, como su nombre lo indica , describe a la relación de la identidad-constructivismo como ‘peligrosa’. Para d emostrar tal
afirmación, rebatió lo s aportes de Alexand er W endt sobre los qu e afirma ‘no funcionan’ , tanto por la i ncapacidad de vi ncular
cuestiones p olíticas como por las dificu ltades de d emostrar causalidad. También el trabajo de Richard Price y Ch ristian Reus-
Smit (1998). Dangerou s Liason s? Crit ical Internationa l Theory and Co nstructivism , define a la rela ción d el constructivismo
con la Teo ría Crítica de las Relaci on es Internacionales como ‘peligrosa’.
93 La ‘ iden tificación’ se uti lizó p ara analizar la c onstitución mutu a de l a polí tica exterior y las subjetivid ades polí ticas
(Vucetic, 2017b).
94 Traducción libre d e la autora.
95 Aunque destacamos aq uí el desarrollo de la identidad desde el campo de las Relaciones Intern acionale s y de la política
exterior, su origen se asocia a los estudios del psicoa nálisis, siendo m uy valorado el aporte de Er ic Erikson a cerca de la noción
de iden tidad y crisis d e identidad. El trabajo de Rog ers Brubaker y Frederick Co oper (2000) Beyond “Identity” , con textualiza
la p r o l i f e r a c i ó n q u e experimentó el término en diversas áreas y di sciplinas, especialmente desde 1960, y su inclusión en el
léxi c o p e r i o d í s t i c o , en la práctic a políti ca y en e l lenguaje social, sobre todo en Estados Un ido s. De esta forma, las
preo c u p a c i o n e s p o r la identidad se vincularon a los problemas de la ‘sociedad d e masas’ de los años 50 y las rebeliones de los
60. A finales de la d écada d e 1960 el mov imiento Black Power y otros movimiento s étnicos se asociaron a reclamos id entitarios
que se incrementaron y fueron cons iderado s p arte d el comienzo d el auge de dicho término por fuera de los espacio s in telectuales
y académicos. Para la década de 1970 la palabra ‘id entidad’ experi mentó un uso excesivo que decan tó en una crisis agudizada
en 1980 p or la fu erza q ue cobraron otras deno minaciones co mo la raza, la clase y el género –también conocidos como la
‘santísima trinidad’ de la crítica li teraria y de los est udios culturales–. Este breve resumen histórico d emuestra que la identidad
ha sido –y continúa siendo– uno de los términos más discutidos desde el género, la raza, la etnia, el nacionalismo, la
A NDREA M ILA M ALDONADO
84
en el análisis del ‘rol’ y la ‘cultura cívica’ o ‘polít ica’; conceptos afin es a la identidad que,
aplicados a diversos Es tados, ofre cerían resultados significativos que servirían de predictor es
de l os comportamientos en p olítica exterior 96 . Tales estudios perdieron relevancia, por lo que
el consenso de los académ icos asocia el origen ‘real’ de la identidad como concepto analítico
en esta área, con el surgimiento del constructivismo y las reformulac ione s teórica s de finales
de la Guerra Fría (Ber enskoetter, 2017; Stark, 2015; Aggestam, 1999 ). Cascante (2014)
coincide al señalar ese mom ento como el punto de partida de la relación, por tratarse de un
contexto clave d e r econstrucción de las identidades n acionales, fort alecimiento de nuevos
esquemas de integr ación regional y de cuesti onamientos a l re alismo, esp ecialmente a l a idea
del Estado como ‘caja negra’. De este m odo, la identidad se convirtió en la ‘ estrella fugaz’
conceptual de las Rela ciones Internacionales desde la década de 1990 (Berenskoetter, 2017) y,
a diferencia de l o que defienden Lapid y Kratoc hwil (1996), no se trató del ‘regreso’ de un
concepto (St ark, 2015), en tanto que nunca hubo compromiso sustanc ial de los teóricos en esos
primeros a bordajes de fe nómenos asociados a la identidad de la década de los se senta y setenta
(Berenskoetter, 2017).
La vinculación teórica de la identidad, la políti ca exterior y las Relaciones Internacionales
ha sido de interés dent ro de escuelas y p aradigmas distint os (St ark, 2015) – algunos
incompatibles (Berenskoetter, 2017)– de los que ha f ormado parte como elemento constitut ivo
(Williams, 1998). Partiendo de la naturaleza de los actore s como maximizadores de poder
racionales, para los realistas, la identidad puede entenderse como resultado de las presiones
sistémicas (Stark, 2015); mientras que, para los neorrealistas solo existe una –única– identidad
significativa común a todas las unidades e n la política global: la de los Estados e goístas; así, el
‘yo’ se identifica con el ‘i nterés propio’ (Hopf, 2010). Los liberales clásicos se refieren a ell a
en el contexto d e l a cooperación e ntre Estados e int egrac ión de comunidades pol íticas y por
medio de las ideas de normas compartidas e i mágenes del ‘yo’, pero –al igual que otros
enfoques– manti enen l a atención fijada en los estudios de l a seguridad que l e han dejado poca
autonomía a la identidad (St ark, 2015). Autores co mo M ichael Will iams (1 998) sostienen que
no sería posible comprender los debates actuales sobre la segurida d sin la a tención que merece
la identidad y lo que é l denomina como ‘sensibilidad liberal’. Y si bien, los construc tivist as
siguen m anteniendo uno de sus focos en la seguridad (Adler y Barnett, 1998; Katzenstein,
1996), hacen una reflexión en el nivel ontológico donde el sujeto de la política de seguridad es
la identi dad de la socie dad o del individuo (Wæver, Buzan, Kelstrup y Lemaitre, 1993) y
asumen que las amenazas mut uas s e construyen endógenamente po r el pro ceso de inter acción
entre los Estados (Wendt, 1992).
Algunos teóricos de las Relaciones Internacionales esgrimieron críticas hac ia las
perspectivas estructurales y materiales y su nuevo enfoque en el papel de las normas y l a
identidad en la p olítica mundi al. Por su parte, los analistas de pol ítica exterior adoptaron el
concepto de identidad e statal y nacional; y, especialmente los estudi os compara dos d e las
políticas exteriores cont emporáneas de los principales Estados “r evela n una luch a por la
identidad y su influencia en la política exterior” 9 7 ( Kaarbo, 2003, p. 159).
inmigración , l o s m o v i m i e n tos sociales y la cultu ra, dentro y fu era d e l a academia (Brubaker y Co oper, 2000). Otros autores
como Baum a n , Bo u r d i e u , Ha bermas, Gidden s, Tilly, Braud el, entre otros, también ha n realiza do estudios a ntropológ icos y
sociológicos de la id entidad, no siendo esta categoría el eje central de sus investigaciones.
96 De acuerdo a Máiz (2014) es i m po rtante diferenciar el concepto de i dentidad d e la cultura , y a que la ú ltima se refiere
a u n “conjunto de p rácticas, mito s, narrativ as e interacciones compartidas (…) – que– se seleccionan y se jerarquizan y tradu cen
en conocimientos y creencias comunes que confi gu ran la ide ntid ad colectiva de un grupo cultural” y “so n más amplias que las
identidades” (p. 21 ).
97 Traducción libre d e la autora.
Capítulo I
85
En las Relaciones Internacionales, el concepto de identidad resalta l a n aturaleza del Estad o
construida socialmente, así como sus intere ses y sirve para explicar las causas de la gue rra y la
paz, lo cual fue út il sobre todo en el conte xto d e la globalización y de los procesos de integración
en E uropa que soc avaron al Estado como entidad fija y dominante de la dinámica global. De la
mano de l os constructivist as, l a noción de identidad hizo una nueva lectura del Estado-nació n
westfaliano, su c omposición y del propio si stema internacional (Berenskoett er, 2017; Stark,
2015) y se comenzó a ha blar de Estados con ‘yoe s’ subsumidos como variables que dependen
de los contextos históricos, culturales, políti cos y sociales (Hopf, 2010). De ahí que para Adler
(1997) “la ‘vari able dependiente constructivista’ puede s er la transformación de identidades e
intereses” 98 (p. 344).
La trascendencia a la lógica westfaliana ofreció una nueva problemat ización en la
construcción d e la i dentidad de adentro/afuera y de las dimensiones int erna/externa, porque
como expresa Campbell (1992; 1998), “la constitución de la identidad se logra medi ante la
inscripción de límites que sirven para demarcar un ‘adentr o’ de un ‘a fuera’, un ‘yo’ de un ‘otro’
y un ‘doméstico’ de un ‘extranjero’” 99 (p. 8; 352). Con el objeto de ofrec er una explicación más
detallada al respecto de estas diadas, Berenskoetter (2017) centró el análisis en torno a cuatro
niveles. En el prim ero, – sistémico – algunos constructivistas como W endt (1992;1999) se
refieren a la evolución de un sist ema hobbesiano a uno kantiano en el que los ‘otros’ no se
reconocen como antagónicos sino desde una pers pectiva de identidad colectiva. Est e enfoque
posee como límites dar prioridad a la di mensión externa, asumir a la identidad como una
propiedad del Estado e ignorar la f o rmulación doméstica de las imágenes del ‘yo’ y del ‘otro’.
Berenskoetter ( 2017) de s taca un segundo nivel en el que se halla la comunidad de grupo o
regional y está basado en dos relatos. El prim ero, parte de la Teoría de la Identidad Social 100 y
se asienta sobre l a formación de la identidad colectiva por medio d e l a di námica: dentro del
grupo/fuera del gr upo; en consecuencia, ha y una fuerte cohesión entre los q ue forman parte d el
grupo, –a sumidos como parecidos– y se genera una exclusión o discriminación de los externos
–o di ferentes–. El segun do rela to se inscribe en la lógica integracionista y bajo la visión del
regionalismo argumenta que los procesos que construyen identi dades colectivas están
orientados int ernamente; es la interacc ión entre inst ituciones lo que permite el entendimiento
entre Estados y evita la construcción de ‘otros’ bajo connotaciones negativas 101 .
El tercer nivel – bilater al– se conce ntr a en la formación de identidad colectiva en
‘relaciones especiales’ dentro de las c u ales los Estados busca n reconoc imien tos, pero al mismo
tiempo se cuestionan cuál es se podrí an conside rar l os reconocimientos más im portantes. Dentro
de este nivel desta can los casos del ‘Estado central’ –caracterizado po r te ner funciones de un
‘imán’ que ejerce poder por m edio de ‘imágenes positivas’–; el desarrollo de identidades
98 Traducción libre d e la autora
99 Traducción libre d e la autora.
100 Se a trib uye a Jo nathan Mercer (199 5) la int roducción de la T eoría de la Id entid ad Social (SIT por sus siglas en ing lés)
a las Relaciones Internacio nales, a partir de la crítica que realizó al artículo de Wendt, Anarchy is What States Make of It: The
Social Construction of Power Politics (1992) . Su principal argu mento se basó en que las relaciones entre los Estados son
intrín secame nte co mpetitivas, en contraposición a la afirmación de Wendt sobre la rivalid ad y autoayuda como prácticas
socialmente construidas y no conse cuencia d e la anarquía (Larso n, 2017). Otro trabajo importante en esta línea es el de Tajfel,
H. Bill ig, M ., Bundy, R. y Flament, C. (1971). Social categorization and intergroup behaviou r, cuyo ob jetivo era evaluar los
efec t o s d e l a c a t e g o rización social sobre la conducta intergrupal cuando ni los cálculos de interés ind ivi dual ni las actitudes de
hos t i l i d a d p r e v i a m e nte existentes p odrían haber determinado la conducta discrimin ativa hacia un exogrupo. En la primera serie
de e x p e r i m e n t o s , s e encontró que los sujetos favorecían a su propio grupo en la d istribución de recompensas y p enalidades
reales en una situ ación en la que solo la variable de clasificac ión distinguía en tre el endogrupo y el exogrupo.
101 Algunos trabaj os de referencia son los de Herrmann, Risse y Brewe r (2004) sobre la identidad tra nsn acional en el
marco de la UE. Las pregunt as que orientaron su estudio fu eron l as sigui entes: ¿Es p osible u na identidad eur opea? ¿Cómo se
forman y mantienen los distinto s tipos d e identidad europea? ¿Cómo se v inculan estas id entidades con el pro ceso de in tegración
europea?. Los resultados d emostraron que lo s pro cesos d e formación de la i dentidad son mucho má s complicado s d e lo q ue
pueden explicarse por factores ma teriales e institu cionales.
A NDREA M ILA M ALDONADO
86
colectivas en clave amist osa de grupos reducido s; y l os ‘pro cesos bi late rales d e riv alidad’
(Berenskoetter, 2017, p. 12).
En la misma línea, Berenskoetter (2017) reconoce un último nivel: el estatal, que a
diferencia de los anterior es aborda el ámbito inter no y la agencia que pu eden llegar a ten er los
líderes polí ticos en l a co nstrucción de identidad n acional y a través d e ella just ificar v arias d e
sus políticas, haciendo usos instrumentales de las nar rativas –bajo l a idea de ‘individualidad
nacional’– e incluyendo las imágenes ester eotipadas de ‘otros’. Las lim itaciones que presenta
la identidad en este nivel es que puede descuidar l a dimensión externa y re ducir la imagen del
‘otro’ a una imagen pro yectada. El autor acota que la amplitud y compl ejidad de la política
internacional con figura espacios no contemplados por los niveles descritos, los cuales son
llenados a la v ez que creados por dive rsos actores y Est ados involucrados en el proceso d e
formación de identidades colectivas.
1.4.1. Aproxim aciones a la definición de l a identidad y su abordaje desde la p olítica
exter io r: ¿‘yo’, ‘yoes’, ‘otro’ y ‘otros’?
En las últ imas décadas, la identidad ha tenido un lugar i mportante y atención por parte de
especialistas y a cadémicos de l as Relacione s Inte rnacionales, especialmente de l os
constructivistas (Bucher y Jasper, 2016), quienes a la ve z que l a han defi nido e investigado
desde diversas form as –contribuyendo a la polisemia de l c oncepto–, también han coincidido en
tres aspectos básicos: discutir el supuesto de unidad estatal, no considerar al interés nacional
como elemento inexorable al poder, y considerar a la a narquía como un sistema de ‘autoayuda’
(Vitelli, 2011). Afirma Hopf (2016) que, a partir del trabajo de Wendt, se reconoció que la
dinámica del sistema internacional no se explica únicamente por la distr ibución de poder:
“también depende de la distribución de identidades. Es decir, los patrones de cooperación y
conflicto dependen de có mo los Estados se entienden a sí m ismos y a l os demás en el sistema
internacional” 102 (p. 5).
Las diversas tendencias de los abordajes teóricos s e pueden reunir en los siguientes grupos:
1) académicos que estudian cómo impa cta la ident idad en los proc esos de p olítica exterior y al
mismo tiempo cómo se ve afectada por las estr ucturas internacionales; 2) académicos que
buscan conectar l a investigación de la identidad constructivista al APE; 3) académicos que
utilizan el concepto de ‘identificación’ p ara examinar qué significa l a polít ica exterior p ara l a
constitución de s ubjetividades políti cas modernas (Vucetic, 2017a). Adicionalmente,
Tsygankov (2014) distingue a un grupo de constructivistas ‘densos’ que c reen que la identidad
es una realidad social dada y no una elección a tom ar –por lo t anto, los individuos no pueden
pensar fuera de e lla–; de un segundo grupo de constructivistas, para quienes la identidad puede
ser impugnada, reinterpretada e incluso elegida y más vinculados a las ideas de comunidades
de seguridad 103 .
El constructivismo ha contribuido a c omprender el proceso de for mación d e la identidad y
de l os intereses. P articularmente, la investigación sobre la identidad ha demostrado de fo rma
satisfactoria que las preferencias, los intere ses y l as estructuras normativas están
inseparablemente vinculadas a las identidades de los actores y que d eben ‘tomarse en serio’
para explicar la acción e statal y la dinámica de seguridad internacional. En la actualidad, el
102 Tr a d u c c i ó n l i b r e d e la autora.
103 El trabajo de Karl Deutsch et al (19 57) es uno de los primeros en hace r referencia a l as ‘comunidades de segurid ad’ a
las que define como “aqu ella en la que hay una seguridad real de que los miembro s de esa co munidad no se enfrent arán
físicamente, sin o que resolverán su s d isputas de alg una o tra manera” (p. 124). Por su p arte, el trabajo de Vincent Pouliot (2010)
International Securit y in P racti ce: The P olitics of NATO-Russ ia Diplomacy , inte nta d emostrar el surgimiento d e una
comunidad de seguridad como resultado de las in teracciones dentro del Consejo OTAN co n Rusia, en l a que ambas p artes
lograron l a cooperación y la exclusión de posibles enfrentamientos militares y violen tos.
Capítulo I
87
concepto sigu e siendo central par a las agendas d e investigación que busca n ir más allá d e los
supuestos rac ionalistas y materialistas de la acción estatal (Bucher y Jasp er, 2016) y se ha
perfilado como una ca te goría social que i mplica un ac to tanto discursivo como performativo
(Guillaume, 2002); una categoría de práctica y análisis social y políti co (Brubaker y Cooper ,
2000).
Dado el intenso interés del concepto en un amplio espe ctro de disciplinas y el uso habitual
en el discurso popular, desde una perspectiva g eneral la identidad puede d efinirse como una
categoría social dis tintiva que posee un doble sentido: social y personal. El prim ero, se asocia
al conjunto de p ersonas que se disti nguen po r u na ‘etiquet a’, sus p ropias reglas y atributos
particulares con s entido de pe rtenencia. El segundo, expresa algun a(s) característi ca(s)
distintiva(s) más o me nos inmutable(s) por la(s) que una persona siente or gu llo (Fearon, 1999 ).
La identidad encierra “la afirmación de los elementos que caracterizan a u n grupo humano, a
los cuales éste asigna un valor fundamental para su autodefinición y considera, a la vez, como
la expresión de ‘lo norm al’” (Pach ano, 2003, p. 38); t ener identidad significa tener un s entido
de sí mismo (Berenskoetter, 2017) en relación con los demás (Barnett, 2002; Telhami y Barnett,
2002; Hopf, 2016). Su const rucción conllev a intrín secamente a un di álog o entre col ectividades
que se perciben a sí mismas al tiempo que perciben y definen a los ‘otros’ (P achano, 1993) .
La condición s ine qua non de ese di álogo es la dif erenc i a y el reconocimie nto de aquellos
elementos que resultan distintos, como por ejemplo el aspecto físico, vestuario, rituales y
costumbres, religiones, práctica s e instituciones . Sin embargo, no son estos últi mos los
‘contenidos esenciales’ d e la i dentidad s ino la constatación empíric a de l a ‘contr aposición de
realidades’. Su materialización se produce cu ando se genera un proceso de ‘construcción
colectiva intelectual’ que cohesiona a los miembr os de un m ismo grupo, conjuga sus valor es y
genera expectativas sobre un futuro compartido que se afirma sobre un pasad o común (Pachano,
1993). S i bien, el sentido de pertenenc ia que gene ra la identidad puede definirse sobre la base
de la cultura, etnia, raza, religión e idi oma (Deng, 1995), también puede valerse de términos
alternativos como las instituciones cívicas y los valores políticos (Devetak y True, 2010).
La identidad se expresa a través de representaciones sociales o colectivas. Bourdieu (2006)
diferencia por una parte a las repres entaciones mentales o “actos d e percepción y de
apreciación, de conocimiento y de reconocimiento” (p. 169), basados en la práctica social y en
criterios objetivos (como la lengua, el acento o el di alecto), a travé s de los cuales los agentes
sitúan sus int ereses. Por otra parte, menciona a las r epresentaciones objet ales que se obs ervan
en ‘cosas’ tales como lo s emblemas, banderas o insignias, etc., o en actos y estrategias de
manipulación simbólica que buscan determinar “la representación (me ntal), que los otros
pueden hacerse d e estas propiedad es y de sus p ortadores” (p. 169). Un a vez per cibidos y
apreciados, pueden tener la función de ‘signos, emblemas o estigmas’ y ser “utilizadas
estratégicamente en función de i ntereses materiales pero también si mbóli cos de su portado r”
(p. 169).
La identidad forma pa rte del fundamento del Estado moderno y puede ser ent endida como
un ejercicio de poder por cinco razones: la primera, por ser una expresión de domini o simbólico;
la se gunda, por su potencialidad de ser un proye ct o que pretende definir la identidad del ‘otro’;
la t ercera, porque es capaz de generar resistencia (Si lva, 2004); la cuarta, porque quienes
con t r ol a n l a i d entidad pu eden imp oner sus versiones mediante la constituci ón di scursiva y no
int e gr a r ot r a s alternativa s de la sociedad (Vasquez, 1995); y la quinta, porque es “objeto de
producción política, el resultado de una heg emonía de entre v arios posib les, de una
movilización, pero tambi én, siempre, de un confli cto” (Máiz, 2014, p. 21 ). Y, en particula r, la
A NDREA M ILA M ALDONADO
88
identidad colectiva 104 , si bien puede servir de ‘radar social’, al mismo t iempo es capaz de
proporcionar un a ‘orientación que no es neutral’, fomentar det erminados valores, procura r
intereses y promover elecciones (Máiz, 2014).
La identidad es una categoría de análisis ampl ia que abarc a múl tiples aspectos de l a vida
social (Guill aume, 2002) que t ambién puede ser abordada en la esfera pública –desde arriba,
dirigida y colectiva– y/o privada –d esde abajo, su bjetiva e individual–. Su función es el l ogro
del ‘ideal de fr aternidad’ uti lizando pa ra ello a los sím bolos, rituales, ceremoni as, entre otros,
que generen ‘lazos de consanguinidad im aginarios’ (Silva, 2004) y en su inter ior –o contenido–
siempre hay algún nivel de disput a –o impugnación 105 – lo que im plica su variación en función
del grado de acuerdo y desacuerdo de un s ector respecto a las no rmas, l ím ites, vis iones del
mundo, análisis y significados (Abdelal, Herrera, Al astair y McDermot t, 2006). Bajo el
argumento de Máiz (2014), l as identida des son “ontológicamente subjetivas y
epistemológicamente obj etivas: resultado contingente de las prácticas de significación, so n
construidas, y al m ismo t iempo, son reales, están ahí, nos condicionan, son contestadas” (p. 20);
son una “relación entre significante y significado” “en el que un mism o significante puede
adoptar distint os s ignificados y t ener como co nsecuencia l ógica la imposibil idad de f ijar
significados últimos (…) –así– una misma i dentidad nom inal puede ser llenada con distintos
rasgos que la definan (Sánchez y Zapata, 2014, p. 98-99) .
Los teóricos de las Relaciones I nternacionales y de la política exterior abordan el concepto
de i dentidad desde la perspectiva nacional y/o estatal –en un sentido s ocial (Fearon, 1999) o
colectivo 106 – es decir, que hacen referencia a l a id e ntidad de una comunida d política –actor–
que se relac iona e interactúa con los demás de ntro de un contexto instituciona l (Barnett, 2002) .
Tal es el caso d e Ilya P rizel (1998 ), qui en defin e a la id entidad nacional como el r esultado de
la interpretación que las sociedade s hacen de su hi storia por me dio de creencias y per cepciones
acumuladas a lo largo del tiempo, y que form an pa rt e de la memoria colectiva –real o
imaginada– de un si stema de gobierno, que no es constante ni inmutable; se redefine
constantemente, en parte por la política exterior.
La identidad nacional tam bién se puede entender como una condición en la que una mas a
de personas s e identific a de la misma manera con l os símbolos nacionales, a los cuales
interioriza (Bloom, 1990); o una variable que expresa el vínculo m ediador entre el interé s –
política estatal en el ámbit o social– y la estru ctura interestatal, lo cual se opone a los estudios
convencionales de Relaciones I nternacionales en lo que respecta al c omport amiento del Estado
(Cha, 2015). De acuerdo a Wendt (1999 ), Price y R eus-Smit (1998), las identidades son las
104 En otro trabajo t itulado La construcción d e las ident idades p olíticas , Ramón Máiz (1 995) i dentifica como dimension es
analíticas d e l a identidad colectiva: “(1) formulación de las estructuras cogn itivas ( cognitive frameworks ) referidas a los medios
de acción; (2) activación de la interrelación entre los actores: comunicación, negociación, decisiones; y (3) realización de
inversiones emocion ales que permiten a los individuos reconocerse” (p. 16).
105 La impu gnación de la i dentidad s egún Abdelal, Herrera, Alastair y McDermott (2006): “se refiere al grado de acuerdo
dentro de un g rupo sobre el contenid o de la categoría compartid a” (p . 695) e “incluy e el grad o d e acuerdo dentro del grupo
sobre la no rma consti tutiva de u na identid ad, con senso y congruencia d e los fines sociales adscrito s a un a id entidad, acuerdo
sobre signifi cados adscrito s a g rupos ajenos; y coh erencia de modelos cognitivos compartidos” (p. 7 01). Traducción libre de
la autora.
106 Para Ab delal, Herrera, Alastair y McDermott (2006) la identidad colectiva es una catego ría social qu e varía en do s
dimension e s : c o n t e n i d o y c o ntestación. El contenido describe e l signifi cado de una identidad colectiva pu ede adoptar la forma
de cuatro tip o s n o e x c l u y e n tes entre sí:
1 . L a s n o r mas con stitutivas se refieren a las reglas formales e i nformales que definen la pertenencia a
un grupo. 2 . Los pro pó sitos so ciale s se r efieren a lo s objetivos que comparten los miembros de un
grupo. 3 . Las comparacion es relacionales se refieren a definir un grupo de identidad p or lo qu e n o es,
es decir, la forma en que v e a otros g rupos d e identidad, especialmente cuando esas opin iones sobre el
otro son una p arte defin itoria de la ident idad. 4 . Lo s mod elos cognitiv os se refieren a las visiones del
mundo o la comprensión de las con diciones e intereses políti cos y ma teriales que están moldeado s por
una identidad particular (p. 696). Traducción libre de la autora.
Capítulo I
95
una rápida transformac ión como resultado de una derrota milit ar; y 4) los cambios
generacionales también tienen la capacidad de alterar la identidad de una enti dad política.
A tenor de Wendt ( 1992), los a ctores ad quieren identidades, d efinidas como
“comprensiones y expe ctativas r elativamente estables y específicas de roles acerca de sí
mismos” 122 (p. 397) o co mo “una propiedad de los ac tores internacionales que genera
disposiciones moti vacio nales y conductuales” 123 (We ndt, 1999, p. 224) . La identidad
proporciona una cat egoría que puede cambiar, p ero que al mismo tiempo es ‘relativamente
estable’ (Zehfuss, 2001). Es por ello que, una vez creadas las estru cturas de identidad e
intereses, no son fáciles de transformar y p orque el sistema social se convierte en un hecho
social obj etivo para los a ctores. Adicionalmente, los actores pueden ten er i nterés en m antener
identidades estables debido a factores externo s como los i ncentivos induc idos por las
instituciones establecidas y las limit aciones internas como el compromiso con l as identidades
existentes (Wendt, 1999).
No obst ante, p ara el prop io Wendt (1999), aunque las i dentidades pueden ser difíciles d e
cambiar “no e stán grabad as en piedra” (p. 21), en consecuencia, deben verse c omo un producto
variable y en constante e volución de la interacción de ide as y prácticas, más que como algo
constante (Tsygankov, 2 014). Así, e l contenido de l as identidades no es fijo ni pre determinado:
los individuos están constantemente proponiendo y dando forma a los significados de l os grupos
a los que pertenecen (Abdelal, Herrera, Alastair y McDermott, 2006). Al ig ual que la memoria
de los individuos, la memoria colectiva tiende a s er inconsistente y selectiva, situación que
afec t a a la ide ntidad porque en la me dida que l a ‘ cust odia’ de esa memoria exper imente algun a
transferencia o ca mbio d e custodio, pu ede conducir a una redefinición de la ‘idea nacional’ y
con ello, alter ar o m odificar los parámetros del interés nacion al de una entida d polí tica. Algunos
ejemplos son la democratización del Brasil y la desaparición del nasserismo:
La dem ocra tización de Brasil y el declive del monopolio de l poder y la e ducac ión
de la élite criolla dieron c omo resultado un ca mbio en la identidad de e se país. Si
bien se había visto a sí mismo c omo parte del Occidente ‘il uminado ’ (un mito que
fue reforzado por la participación simból ica de Brasil en la Se gunda Guerra
Mundial), cambió a una mayor identificación con África, América Latina y el mundo
de habla portuguesa. No solo la cultura brasileña ya no busca im itar los patrones
europeos, sino que la orientación de la política exterio r del país es muy diferente de
lo q ue er a hace una generac ión. La desapa rición del n asserismo tras la gu erra ár abe
israelí de 1967 y el re sur gimiento de la burguesía egipcia como clase política
dominante llevaron a un cambio en la custodia y, por lo tanto, en l a definición de la
identidad de Eg ipto. Nasser había e nfatizado la h erencia árabe de Egipto y la
posición del Tercer Mundo, acusando a Egipto de una misión panárabe y el liderazgo
del Movimiento de Países No Ali neados. La m uerte de Nasser en 1970 condujo a l
redescubrimient o de una identidad egipcia distinta que se r emonta a la época
faraónica, viendo a Egipto c omo superior a los estados árabes “jóvenes” y
estableciendo parámetros mucho m ás estr echos en torno a los interes es nacionales
de Egipto 124 (Prize l, 1998, p. 36).
Ho p f ( 2016) t a mbién coincide con la posibilidad de cambio en la identidad, pero lo re duce a la
afi r m a c i ón de que “la identidad nacional de un Estado cambia dependiendo de con qué otro
Estado está interactuando (…) lo que significa ser Fra n cia es diferente cuando se interactúa con
122 Traducción libre d e la autora.
123 Traducción libre d e la autora.
124 Traducción libre d e la autora. Negritas propias.
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Estados Unidos, con Alemania y con el África francófona” (p. 5). Según R adoman (2018) las
identidades que dan forma a las políticas exteriore s no son fijas y podría n cambiarse con la
redefinición de los Estados de sus posi ciones internacionales, sus oportunidades y sus objeti vos
en un entorno o momento dado. En consecuencia: “las identidades se hacen y rehacen
constantemente”; “son procesos siempre i nacabados, no hechos dados de una v ez y pa ra
siempre” (Máiz, 2014, p. 20).
Del m ismo modo, la identidad puede cambiar por coyunturas críticas – criti cal j unctures –
que Marcussen (2001) de fine como situaciones que podr ían ser ca talogadas como crisis porque
ocurren po r fallas totales de procesos políticos, también desenc adenadas p or eventos externo
que ejemplific a a trav és de casos como el nazismo en la Segunda Guer ra Mundial para la
identidad del Estado-naci ón germánico o l a redefinición de l a identidad del Estado-nación
francés al finalizar la Guerra Fría (Marcussen, Risse, Engelmann, Joachim y R oscher, 1999).
Tales coyunturas críticas dan cabida a e sp acios de ideas nuevas sobre el orden político
promovidas por las élites y sobre la propia identidad c uando los ‘viejos’ conceptos se perciben
como fallidos o poco releva ntes. Las élites deben actuar sobre la ba se de lo que perciben como
conveniente, sean cuestiones polí ticas, económicas o de seguridad. Eso les permite defini r qué
ideas seleccionar para la lucha por el poder políti co. Aunque la noción de coyunturas críticas
explica cambios de i dentidad r ápidos percibidos como crisis, Marcussen et al . (1999) sostienen
que las nuevas id eas sob r e el orden social o el Esta do deben resonar con v alores y mitos pr evios
institucionalizados e integrados.
1.4.1.2. Críticas a la naturaleza ‘mult idimensional’ y ‘transparadigmáti ca’ de la
identidad
Berenskoetter (2017) res ume varios problemas en t orno a la perspectiva de identidad,
de los cuales rescataremos los más importantes. El primero de ellos es que, a pesar de su auge,
en la primera déca d a posterior a su implementación como categoría analítica, seguía siendo un
concepto vago y su comprensión compl eja, afectando las expectat ivas y generando
contrariedades en algun os teóricos, entre ellos Onuf (2003), quien se manifestó renuente a
implementarlo. El segundo problema fue el cómo se i dentifican las identidades y l as
ambivalencias en torno a lo que ‘es’ y lo que ‘hace’.
Un tercer elemento es que su base conceptual se construyó sobre los inte reses, situación
que ge nera confusiones porque plantean la interrogante de si todos los intereses e stán ligados a
la identidad y si se p ueden concebir algunos por fuera d e ese marco (incluyendo lo s
identificados por We ndt) . Un cuarto elemento es la relación también compleja de identidad-
cultura, sobre todo al respecto d e la capac id ad de disti nguirlas; en ambos casos, los
constructivistas recomiendan no leer l as relaciones como cadenas c ausales. Un último aspecto
destacado p or Berenskoett er (2017) es la utilidad del concepto para da r senti do a fenómenos
opuestos y su acepción del Estado que puede implicar tantas definiciones opuestas como
comunes –según el caso–, bien sea para explic ar confli ctos con marcados antagonism os o para
significar los aspectos q ue cr ean relaciones pacífi cas; ambigüedad qu e pu ede tornarlo como
vacío.
Otra de las crítica s se fija sobre Wendt, debido a su enf oqu e estato-céntrico de la ide ntidad
y la ‘pers oni f i c a c i ón ’ del Estado (W endt, 2005a ). Aunque el autor no d esmerece qu e gran part e
de los s i gni f i c a dos ide n titarios surgen en el plano doméstico (Vitelli, 2011) al respecto,
responde:
La verdadera pregunta que deberíamos hacernos, por lo tanto, es ‘¿bajo qué
condiciones debemos tratar a los estados como p ersonas? ’ No pude abordar esta
Capítulo I
97
pregunta en mi artículo anterior y todavía no tengo una respuesta. Per o
intuitivamente parece que la condición de persona estatal será un supuesto más út il
en las teorías de la política interna cional, donde el objetivo es explicar el
comportamiento de mucho s colectivos d iferentes, que en las teo rías de la po lítica
exterior, donde e l objetiv o es explicar el comportamie nto de una sola persona. Pero
para preguntar siquiera cuándo es legítimo tratar a los Estados como persona s,
primero tenemos que aceptar qu e es legítimo en absoluto 125 (Wendt, 2005a ).
Adicional a todo lo m encionado, existe un debate s obre los efectos de la identidad y los métodos
utilizados; se observan insuficienc ias c on ceptuales y la necesidad de comparaciones m ás
analíticas de las hipótesis que puedan de mostrar cómo la identidad puede afectar los re sultados
de la política exterior (Telhami y B arnett, 2002). Por su parte, “Banchoff (1999) critica las
teorías constructivistas por no de s arrollar un marco explicativo apli cable a una amplia gama de
casos y un método mediante el cual se especifica el conte nido de la identidad estatal” (Kaarbo,
2003 p. 160). En la misma lí nea, Abdelal, He rrera, Alastair y M cDermott (2 006) reconocen que
a pesar de l a proliferación de investigaciones sobre la identidad en las ciencias sociales, aún se
debe proporc ion ar ‘rigor analítico’, lo que contribuiría a que sea una varia b le medible en todas
las disciplinas y subcampos. No obs tante, exist en al menos seis metodolo gías –señaladas por
los mism os autores– que pued en ayudar en e sta labor. Por ejemplo, uno de los trabajos
publicados por Ol e Wæv er (2001), demostró cóm o los análisis de l os dis cursos internos sobr e
conceptos d e ‘nosotros ’, ‘Estado’, ‘nación’ y ‘pueblo’ pued e explic ar, y hasta cierto punto
predecir las políticas exteriores al establecer patrones de comportamiento.
Juliet Kaa rbo (2003) identifica a Michael Barnett (1999), c omo otro de los críticos, ya que
“sostiene que las teorías c onstructivistas no incorporan ideas del instit ucionalismo, que afirman
que no solo l os actores elaboran estr ategias en un e ntorno inst itucional, s ino que las identidades
se enmarcan y manipulan i ntencionalmente en di cho contexto ” (p. 160). Por otra p arte, Stark
(2015) s eñala qu e los enfoques constructivistas de identidad son tan diversos que dificultan
discutirlos como una Escuela teóri ca con coherencia. Eso incluye qu e t raten dimensiones
diferentes –col ectivas, individuales, sociales, etc.– y cada una con su propia comprensión
teórica particular de la identidad, t rayendo dos consecuencias: 1) problemas conc eptuales de
coordinación entre l os ac adémicos y t eóricos d e las Relaciones Internacionales y del APE, así
como pocos esfuerzos p or vincular los hallazgos con ot ras es cuelas y pa radigmas; y 2) un
problema conceptual por las definiciones ad hoc apl icadas a e studios esp ecíficos.
Aunque pudiera resultar paradójico, para la pro pia Stark (2015) estos ‘ problemas de
diversidad’ son part e de la riqueza y sustancia de un concepto qu e es ‘mu ltidimensional’ y al
mismo tiempo ‘tra nsparadigmático’; es tarea del i nvestigador e ncontrar la maner a adecuada d e
describir es a complejida d teniendo en cuenta los problemas de coordinación conceptual y
encajando las divers as di mensiones de la id entida d en el s itio que correspo nde para el análisis
de la política exterior y las Relaciones Internacionales.
1.4.2. Perspectivas de la cons trucción de la identidad n acional y su relación con la
política exterior
L a r e l a c i ó n de la política exterior con la identid ad nacional se pued e an alizar bajo tres
per s p e c t i va s : “(a) la polí tica exterior como reflejo de l a identidad nacional, (b) la pol ítica
ext e r i or c om o i nst rumento para la construcción de la identidad nacional y (c) la política exterior
y la construcción del rol i nternacional del Estado” (Cascante, 2014, p. 5), resumi das en la Figura
8:
125 Traducción libre d e la autora.
A NDREA M ILA M ALDONADO
98
Figura 8. Perspectivas de la co nstrucción de la identidad en la p olítica exterior
Fuente: elaboraci ón propia a partir de Cascante (2014 ; 2017)
La primera perspectiva contempla una alta in cidencia de los aspectos do mésticos en l a
conducción y el comport amiento internacional, y tanto l os mitos como los valores internos
comprometen la lectura de lo internacional y define n el rol del Estado en ese contexto
(Cascante, 2014). Uno de l os trabajos en esta línea pertenece a Walter Hixo n (2008) T he Myth
of American Diplomacy: National Identity and U.S. Foreign Polic y , que explica a trav és del
caso de los Estados Unidos c ómo la historia de la política e xterior de ese país es el r eflejo de la
identidad nacional y el p or qué ha impl icado el uso de la fuerza en sus act itudes externas con
tanta frecuen cia. P or m edio del análisis de la narrativa nacional de eventos como la limpieza
étnica de los i ndios, los empujes imperiales del s iglo XIX en México y Filip inas, las dos guerras
mundiales, la Guerra F ría y la gue rra de Ira k, su explicación se relaciona a l a idea de ‘identidad
nacional mítica’ que ha incorporado la noc ión de superioridad moral y el deber de p roteger a la
humanidad durante si glos, lo c ual ha impulsado a Estados Unidos a la guerr a, a ejercer el poder
por medio de l a fu erza – al que asume como derecho– y a i ncrementar su li stado de enemigos
externos; así, el mito ha apoyado a l a violencia y la violencia h a dado soporte al mi to,
delineando una diplomacia ‘patológicamente violenta.
En la segunda p erspectiva, el proceso opera en sentido contrario: la políti ca exte rior se
concibe como la herrami enta para construir la identidad nacional. En consecuencia, los líderes
políticos utilizan la r etórica internacional y los result ados de la política exterior para consolidar
sus objetivos en el plano doméstico; su imagen será el resultado de la co ntraposición con los
‘otros’ del sistema internacional. La aplica ción de e sta modalidad suele estar asociada a
procesos polít icos que experimentan debilidades (o así lo perciben sus líd eres) qu e b uscan l a
cohesión interna y la unida d nacional atacando a otros del sistema internacional (Casca nt e,
2014). Dentro de este g rupo destaca las t ipologías de identidad de I lya Prizel que desarrollamos
a profundidad en la siguiente sección (ver 1.4.2.1.).
La tercera p erspectiva se orienta a la definición de una imagen del Estado e xclusivamente
de cara al sistema internacional, apoyada en discursos y acciones de la p olítica exterior. El
resultado que pueden obt ener los líderes puede ser de éxito o de cont radicciones con la
construcción de la i magen int erna del Estado (C ascante, 2014). El fundamento de esta últ ima
línea e s el tr abajo d e W illi am La hneman (2003) y el concepto de rol desar rollado bajo la teoría
del ciclo de poder: “El rol equivale a más que una pos ición de poder, o un lugar , dentro del
sistema internacional (… ) sugiere respons abilidades y privilegios infor m almente legitimados
asociados con la posición y el lug ar (…) v a a la esencia misma de la conducción de la pol ítica
exterior” 126 (Doran, 1991; 2000 cit. en Lahneman, 2003, p. 98). Bajo esta visión, la polít ica
exterior t e ndr í a un a función edificador a de la ident idad nacional con la finalidad de que los
otros act or e s l a a s i milen y condicionen sus com portamientos con r elación a quien emite el
mensaje; por ejemplo, l os Estados que prioriz an la cooperación internacional proye ctan un a
imagen de compromiso con los valores de la sociedad internacional (Casca nte, 2017).
126 Traducción libre d e la autora.
Política Exterior com o
reflejo de la identidad
nacio nal
Importancia de los a spectos
domésticos
Política Exterior com o
instrume nto p ara la
cons trucción de la
identidad nacio nal
Herramienta para construir la
identidad
Política Exterior y la
cons trucción del rol
internaci onal del Estado
Imagen del Estado hacia
afuera
Capítulo I
99
1.4.2.1. Tipologí as de identi dades nacionales y su relación con la condu cción de la
política exterior
Prizel (1998) categoriza 5 tipos de i dentidades na cionales –que t ambién define como
‘tipologías de nacionalismo’– para representar la s relaciones que se pueden establecer entre
ellas y la conducción d e l a p olítica exterior. El pri mer grupo describe las id entidades nacionales
asentadas en instit uciones políticas en lugar de referencias mitológicas, anc estrales, religios as
o idiomáticas. Su característica principal e s qu e es as instituciones polí ticas están construidas
sobre la base del racionalismo de l siglo XVIII . Como consecuencia, l as políticas exterio res son
legalistas y dotadas de un ‘sentido de misi ón’. Estados Unidos y Gran Bret aña son algunos d e
los ejemplos que recrea n esta primera tipologí a; el primero, con la capa cidad de asociar la
‘democracia universal’ c on su propio bienestar na cional y el segundo, si bien no con la mis ma
retórica estadounidense, también ha difundido valores universales del racionalismo; pero
ambos, defensores de valores democráticos, derechos humanos y el derecho internacional como
elementos legitimadores de s u política exterior –aunque los apliquen de forma s electiva y
discrecional–.
El segundo grupo s e refi ere a las identidades nac ionales que e mergen de la dominación
imperial o colonial . Est os países expres an altos niveles de resentimiento político y cultur al
hacia l a entidad extranjera ‘intrusa’ que los ubi có al margen del sistema internacional y se
relacionó con ellos desd e una lógica centro-periferia. Sus principales rasgos son un intenso
sentimiento de injusticia política y social –por e j empl o, hacia los pueblos indígenas–, profunda
defensividad cultural y una fascinación por el pasado. Los objetivos más c omunes de política
exterior son la autoconser vación y la prosperidad e conómica. Al gunas evidencias se encuentran
en Europa c entral y o riental, México y algunos paí ses del c entro y d el sur d e Améri ca (Prizel,
1998). La n arrativa de la políti ca exterior del gob ierno de E cuador a p artir de 2007 se podría
incluir en este grupo.
A lo interno del segundo grupo destaca la variante de nacionalismo etnocultural, entendida
como una rea firm ación de la identidad y de rechazo a la dominación cultura l y polí tica e xterna
que e n el siglo XIX se carac terizó por fortalecer e l Estado y en e l siglo XX por despreciar a las
instituciones y oponerse a la autoridad estatal, sie ndo casos emblemáticos los de va rios países
de Europa del Este qu e evidenciaron un constante cambio en la definición del ‘otro’ en tres
momentos: antes de la Segunda Gue rra Mundial –de infer ioridad con rela ción a Occidente–,
después de la Segunda Guerra Mundial –de superi oridad con respecto a la URS S– y en l a era
posterior a la Guerra Fría –retorno al sentimiento de i nferioridad hacia Occidente– (Prizel,
1998).
La tercer a forma de identi dad nacional es explicada por P rizel (1998 ) a través d e l a
experiencia d e Fran cia c omo nación creada desde l a diversidad de sus pue blos multiétnicos y
alrededor de un Estado ce ntral fuerte, cuyas élites históricamente han considera do la
superioridad de su cultura y la gr andeza como bases de su legitimidad. En este sentido, F rancia
se ha caracterizado por un cambio de ‘misión universal’ a la postura de raison d'état que
fecundó en la identidad nacional una actit ud defensiva de l a herencia cultur al, combinada con
la determinación d e seguir una política exte rior que afirme su est atus como cultura única y gran
potencia. En la búsqued a de legitim idad, los gobiernos franceses han adel antado políticas con
ben e f i c i os p o c o perc eptibles –que podrían ser valoradas por el exterior como irr acionales–; sin
em b a r go, l e s h an permitido s uperar un l egado d e derrota, restaurar su coh esión nacional y su
sentido de propósito; y h an contado con el apoyo de l a opi nión pública y a que “respondían a
una ne cesidad psicológi ca de se ntido de misió n universal” 127 (p. 31). Existen así, claros
esfuerzos de los gobi ernos franceses por reconcili ar l as necesidades de identi dad nacional con
127 Traducción libre d e la expresión: “ a psychological need for a sense of universal misión ” (P rizel, 1998, p. 31).
A NDREA M ILA M ALDONADO
100
los rec ursos limitados del país que han de rivado en una política exterior p ara dójica: “parroquial
en su contenido, pero universal en sus atavíos” 128 (p. 31).
Un cuarto grupo recrea la identidad nacional de las antiguas colonias europeas del siglo
XX, singulares por la au sencia de ins tituciones tradicionales re ferenciales. En este caso, las
identidades nacionales h an resultado de la rebelión contra los poderes coloniales, liderada por
un grupo intermediario de la población local que, una vez logr ada la independencia suele
dispersarse po r: la falta de homogeneidad étnica , la presión de di versas agendas, ausen cia d e
apoyo institucional y porque el ele mento c ohesion ador era la propi a experiencia colonial. Todo
esto contribuye a que los modelos de polí tica exterior sean únicos e intenten constantemente
encontrar un contexto más ampli o que dé cabida a su propi a existencia nacional, a lo largo de
una base regional, utilizando para ello la adhesión a insti tuciones (por ejemplo, el Movimiento
de P aíses No Al ineados) que les puedan proporcionar una m ayor presencia dentro del sistema
internacional y legitimar su ‘anti-sentimiento’ como el sentido de identida d nac ional (Prizel,
1998). Se trata de un mo do de ser alte rnativo, cuya presencia ejemplific a que las dife rencias
son posi bles porque “desnaturaliza la p retensión d e que una id entidad particular es la v erdadera
identidad” 129 (Campbell, 1998, p. 350).
Los Estados recién indepe ndizados en América en el siglo XI X demuestran cara ct erísticas
asociadas a esta tipología que explica cómo la variable identit aria incidió en la cohesión int erna
y externa de di chos Es tados, a la vez qu e en sus esf uerzos por imponer p royectos de heg emonía
monocultural donde las élites políticas y económicas (y en algunos casos eclesiásticas) jug aron
un rol importante, dado que pose ían sus pr opias su bjetividades al respecto de lo que de bería ser
‘la nación’.
El último grupo de la tipología es el nacionalismo teocrático , que se identifica por l a alta
dependencia del asp ecto religioso, al que enti enden como cohesionador de la identidad
nacional, mientr as que al re sto de la cristiandad lo def inen como el ‘otro’. P rizel (1998) incluye
en este grupo a la Rus ia zarista e Irá n de finales del siglo XX, que utilizaron sus religiones
estatales pa ra apuntalar a una identidad na cional distinta y legitimar sus regímene s. El autor
advierte que las cinco c ategorías no son exh austivas y algunas id entidades nacionales no s e
corresponden con ningu na de ellas o solo contienen algunos elementos. S in embargo, t odas
ellas expresan coherencia y maleabilidad.
1.4.3. Niveles de interpretación de la identidad en la política exterior
En su trabajo Contested Identity and Foreign Policy: Interpreting Russia’s International
Choices publicado en 2014, Andrei P. Tsygankov propuso cinco niveles para la interpretación
y análisis de la identidad en la política exterior 130 que s e señalan en la Figura 9:
128 Tr a d u c c i ó n l i b r e d e la expresión: “ parochial in content but universal in its trappings ” (Prizel, 1998, p. 31).
129 Tr a d u c c i ó n l i b r e d e la autora.
130 A n d r e i P . T s y g a nkov (2014) aplicó su metodología y el enfoque de identidad impugnad a al caso d e Rusia,
específicamente a Dmitri Medv edev. Los resultados d emostraron l a hipótesis pl anteada: “una p olítica exterio r respaldada
internamente puede no considerarse exitosa si no cuenta con el respaldo de una audiencia externa rele vant e” (p. 32). El propio
autor d efine a este estu dio como prelimin ar y n o d efinitivo. Las cinco preguntas o rientadoras seleccionadas por él para cada
nivel fueron las siguien tes: 1. “¿ Cuáles son las accio nes y declaraciones de Medvedev hacia Europa?” ; 2. “¿Es Medvedev
partidario de un a cooperación eu rop ea?”: 3. “¿Es Medvedev un estatista occidentalizador?”; y , “¿Es l a po lítica europea d e
Medvedev comparabl e a las polític as en ot ras direcciones?” (p. 28). Traducción libre de la autora.
Capítulo I
101
Figura 9. Niveles/pasos d e interpretación de la p olítica
exterior de Andrei P. Tsygankov (2014)
Fuente: elaboración propi a
El primer nivel 1) registro de acciones de Estado tiene por objeto identificar si la polít ica
actual es cohe rente en relación a las políticas pasadas y busca establ ecer hechos sociales par a
su pos terior interpretaci ón a modo de cronología de a cciones, intentando re sponder l as
siguientes preguntas o rient adoras: “¿Cuáles fu eron las declaraciones claves emitidas por los
funcionarios estatales? ¿Cuándo y dónde se hic ieron estas declaraciones? ¿Qué pa sos prácticos
acompañaron a estas declaraciones? ¿Qué resultados produjeron?” 131 (p. 24).
La propuest a de Tsygankov (2014) enumera co mo segundo nivel 2) la i nterpretación d e
los documentos oficiales que apunta a establecer c ómo son vistas las acciones estatales por parte
de los responsables, es decir, cómo el Estado y sus representantes conc eptualizan y j ustifican
su política exterior, p ara lo cual, el analista –inductivamente– d eb e comprender las
motivaciones que los in spiran pudiendo valerse de las siguientes p reguntas guías: “¿Qué
lenguaje s e usa p ara caracterizar el país/región h acia el cual s e introduce la políti ca? ¿Se ve al
país/región o al ot ro co mo socio, amigo, aliado o algo más ? ¿Qu é auto-caracterizaciones se
emplean?” y, si “¿Se utilizan expresiones espe cíficas con respecto a los valores del yo, el grado
de confianza y los t ipos de relaciones con los demás? (p. 24)”. Otras pregunt as que permiten
comprender las motivaci ones son “¿Cómo just ifica el Es tado la necesidad de la política? ¿Qué
caracterizaciones se empl ean para v er los context os históricos, políti cos y éticos en los que se
introduce la política?” y si “¿Hay una reflexión sobre cursos de acción alternativos y sus
consecuencias?” 132 (p. 24).
El tercer ni vel 3) ubicación de la política dentro d e las escuelas de p ensami ento nacionales
plantea la interpretación como base para el análisi s. De acuerdo a Tsygankov (2014): “No basta
con comprender qué si gnifican las acc ion es para l os re sponsables inmediatos. Ta mbién se de be
determinar qué actores sociales a ceptan la polít ica, qué explica su aceptación y cómo esa
aceptación influye en la percepción nac ional general de la política” (p. 25). S i se parte de la
idea de que las acciones y lineamientos de los líderes p olíticos están carga das de significados
sub j e t i vos , a l conocer los niveles de apoyo de los sectores amplios de la sociedad se l ogra
det e r m i na r h a s ta qué punto son compartidos o intersubjetivos.
La herramienta propuesta por Tsygankov (2014) es la de analizar el enfoque de l as escuelas
o tradiciones de p ensamiento nacionales qu e contienen en su esencia una comunidad de ideas
131 Traducción libre d e la autora.
132 Traducción libre d e la autora.
Registro de la acción estatal
Interpretación de los documentos
oficial es
Ubicar la política dentro de las
escuelas de pensamiento nacionales
Seguimiento del reconoci miento
internaciona l
Comparaci ón de la política con otros
casos relevantes
A NDREA M ILA M ALDONADO
102
que responden a context os hi stóricos y en conjunto, revelan identidades en competencia. A
juicio del autor, el enfoque de las escuelas de pensamiento es important es por dos razones:
primero, porque aprueb a explorar el s ignificado intersubjetivo subsumido en el discurso
nacional de un momento específico, si endo útil sobre todo cuando l a identidad nacional es
controvertida y la pol ítica exterior está exenta a diversas influencias; l a segunda razón es porque
permite historizar el significado de la política e identificar si evidencia p atrones hi stóricos ya
delineados en el sistema de percepción nacional.
El enfoque de escuelas de pensamiento p uede guiarse mejor si el analista intenta determinar
en qué medida se difunde un significado subj etivo de política en su espa cio definido a nivel
nacional, utilizando para ello las siguientes interrogantes:
¿Cuáles son la s posibilidades lógicas de l a relación del y o co n el otro? ¿Cómo se
correlacionan tales posibilidades con las escuelas naciona les de pensamiento en
política exterior exist entes? ¿Qué imágenes del yo y del otr o tienen c ada una de estas
escuelas? ¿En qué metáforas y analogías históricas se basan más comúnment e?
¿Quiénes son los partidario s sociales, político s e institucion ales de estas escuelas?
¿Existe una escu ela que s e acerque más al apoyo de la política ofici al? Si tal es cuela
hegemónica no existe, ¿ha y segmentos dentro de diferentes escuelas que pueda n
aparecer c omo partidarios de la po lítica? ¿Los partidarios de l a política tienen
vínculos con sus iniciadores dentro d el Estado? ¿Quiénes son l os oponentes de la
política? ¿Cuáles son sus recursos para desafiar la política? 133 ( Tsygank ov, 2014, p.
25).
En el sigui ente nivel 4) Seguimiento del reconocimiento i nternacional , Tsygankov (2014)
insiste en que si bien, el discurso nacional es im portante, su recono cimiento internacional es
‘otra prueba crítica’ de que una visión subjetiva posee apoyo global o amplio, ya que todos los
Estados tienen ‘otros’ externos y la forma de involucrarlos es a través de sus políticas exteriores.
Una políti ca exterior puede generar ‘e sp eranza d e éxito’ c uando tiene apoyo interno, pero es el
apoyo externo lo que r eal mente garantiza su éxito. Para esto, el autor sintetiza dos c ondiciones
hipotéticas de éxito en política exterior:
Tabla 4. Condiciones de éxito de la política exterior
Apoyo naci onal
Sí No
Reconocimiento
internacional
Sí
Éxito
Esperanza
No
Esperanza
Fracaso
Fuente: elabora c ión propia a partir de Tsygankov (2014) 134
El apoyo ext erno es una forma d e reconocimiento y l egitimación del comp ortamiento de
un Estad o y l o c ons o li da a permanecer en es a ví a y no hacer revisión de su s objetivos. En este
133 Traducción libre d e la autora.
134 La tabla original “ T able 1. Two Conditions of Foreign P olicy Success ” (p. 26) se encuentra en Tsygankov, A. (2014).
Contested Identity and Foreign Policy: Interpreting Russia’s International Choices. Interna tional Studies Perspectives, 15 , 19-
35. Tradu cción libre de la autora.
Capítulo I
103
nivel el analista debe ex aminar las reaccion es de los lí deres d e la comun idad internacional,
utilizando para ello nueve (9) preguntas orientadoras:
¿Qué r eacciones de otros generó la política? ¿Se p ueden considera r estas
reacciones como de apoyo en general, de apoyo cauteloso o críticas? ¿Qué partes
de la política se aceptan y rechazan? ¿Existe una posición que se acerque
especialmente al apoyo de l a política? ¿Los partidarios de esta posición tienen
conexiones con los iniciad ores de la pol ítica? ¿ Qu iénes son los oponent es de la
política? ¿Cuáles son sus razones para oponerse a l a política y qué r ecursos hay
para des afiarla? ¿Q ué exp licaciones dan l os gob iernos y los expe rtos a t ales
reacciones?. En r elación con l a recepció n nacional, ¿ la recepci ón internaciona l
corre en la m isma dirección o en l a contraria? 135 (Tsygan kov, 2014, p. 25 ).
El último nivel de Tsygankov (2014) es 5) l a c omparación de la polí tica con otros casos
relevantes , que lleva con sigo el análisis de la coherencia de ot ras á reas pol íticas inspi radas en
la misma vis ión: “Además de estudiar el cont exto social inm ediato de una pol ítica, se pued e
ampliar el anális is identificando un universo m ás ampl io de casos relevantes para la política y
seleccionando uno pa ra una investigación más deta llada. Este último puede servir como
aproximación de una prueba de validez externa del significado establecido de política” 136 (p.
27). Realizando esta prueba se puede conocer si el significado subj etivo y la objetivación de un
caso de política adicional son congruentes con el del caso original.
El modelo de Tsygankov fue aplicado al mandato de Dimitri Medvedev y aunque su
aplicación es de reciente data, sirve para expli car el consenso e impugna ción que es capaz d e
generar la pe rcepción q ue los Estados tienen s obre sí m ismos y al res pecto de l os otros.
Adicionalmente, recupera aspe ctos históricos y culturales y pe rmite al analista situar a un
proyecto político específi co en relación a sus afirmaciones, lo qu e indiscut iblemente incide en
el éxito o fra caso de sus políticas y en particular, en e l grado de ace ptación de los cambios,
rupturas y continuidades de sus iniciativas de política exterior.
1.4.4. Modelo multidimension al para el análisis de la identidad en política exterior
Para comprender la co mplejidad de la ide ntidad como c oncepto ‘mul tidimensional y
transparadigmático’ aplicado a la política exterior, Ursula Stark (2015) elaboró un modelo que
comprende va rias dimensiones a modo de ‘prisma analítico’ que permite observar asp ectos
normativos, culturales, históricos y e mocionales que confluyen en una situación dada de política
exterior. La autor a lo plasma como un sistema de coordena d as tridi mensional –narrativa,
performativa y emocion al– que convergen en la ‘práctica’ (punto de origen), tal y como se
muestra en la Figura 10.
135 Traducción libre d e la autora.
136 Traducción libre d e la autora.
A NDREA M ILA M ALDONADO
104
Figura 10. Tres dimens iones de la identid ad. Diseño mu lti dimensional de
Stark (2015)
Fuente: elaboración propia a partir de Stark ( 2015) 137
El eje dimensión narrat iva se caracteriza por la i ntersubjetividad y el proceso hi stórico y
representa el conjunto de signi ficados construidos cultural e históricamente con respecto al ‘yo ’
de un actor de política ex terior. El conjunto d e sig nificados son una especie de ‘biografía’ que
establece continuidad a través de la narración del desarrollo histórico del actor c omo colectivo.
Stark (2015) señala que “Esta dimensión se vuelve particularmente relevante si vamos a
responder preguntas com o 1) “¿quiénes somos? ” 2) “¿de dónd e venimos?” y 3) “¿hacia dónde
nos dirigimos?” (p. 145). El gr ado d e intersubjetividad es d eterminante en esta di mensión
porque impl ica una con strucción social y no solo un aspecto subjeti vo; y, adicionalmente
trasciende a lo que en Relaciones Inter n acionales s e denomina como ‘cultura’.
Por otro lado, en el eje dimensión performativa es precisamente el carácter situacional y
performativo lo más rel evante. S u premisa es q ue los actores de p olítica exterior pueden
exponer tantas n arrativas como se an posibles e n una sit uación dad a 138 . La constel ación o
coincidencia de tales narrativas es s ituacional y está determinada sustancialmente por la
interacción específica de l a situación con ‘otros’. En consecuenc i a, este eje representa l a síntesis
de varias narrativas dife rentes en un ‘yo’ significativo constituido en una si tuación específica
en la qu e la política exteri or se pone en p ráctica. Y, como la política exterior es l levada adelante
por una serie de actores tamb ién difere nt es que advierten de significados cole ctivos o narrativas,
implica la simultaneidad de las di mensiones colectiva e individual de la identidad (Stark, 2015).
Finalmente, el eje emo cional indica que cualquier manifestación de la identidad está
carga d a de e m o c i on es. Existe así, una estrecha conexión entre identidad-autoestima; y s i l a
identidad m ue s t r a e sa co nexión, no se puede dejar d e hacer r eferencia a las actitudes y los
137 Stark, U. (2015). ‘Id entity’ in International Relations and Foreign Policy Th eory. En G. Hellmann, & K. Jørgensen
(eds.), Theorizing Foreign P olicy in a Globalized W orld ( págs. 126-149). London: Palgrave; Macmillan. Se realizó traducción
libre del texto.
138 Por ejemplo: español y europeo, o ecuatoriano y andino.
Capítulo I
111
internacionales (específicamente los conflictos del contexto cent roamericano) en la coyuntur a
local y en la construcc ión del discurso nacional; el segundo, el discurso q ue se configuró en
torno al asilo de Ge rardo Barrios sirvió de elemento de autoafirmación de la identidad nacional
costarricense y como el emento cohesionador d e l as élites locales, identificando a un ‘otro’
amenazante en sus países vecinos y no en las potencias hegemónicas.
En cuanto a Urugu ay, Nastacia Barceló (2020) est udia la construcción de identidad durante
el gobierno d el F rente A mplio (primer gobierno de Tabaré Vásqu ez 2005 -2010) b ajo el enfoque
constructivista y por medio del análisis de fuent es primarias de los órganos del Estado y
organismos regionales. Como conclusión, “Uruguay se debatió entre dos id entidades estatales,
la de miembro de MERCOS UR, distante de Estados Unidos y la de Estado no tan comprometido
con el bloque regional y próximo a Estados Unidos, prevalec iendo la primera, aunque sin
consolidarse plenamente” (p. 112).
Finalmente, Brasil re gistr a más de una decena de trabajos re levantes que dividi mos en dos
grandes grupos: los iniciados e n la primera década del siglo XX I y los desarroll ados a partir de
la segunda. En el primer grupo destacan los a por tes de Celso La fer (2001; 2009) en sus dos
ediciones de A Identidade Internacional do Brasil e a Política Externa B rasileira: passado,
presente e futuro , basadas en la c onstucción de l a i dentidad nacion al en medio del fenómeno de
la globalización y la forma en que afectó al relacionami ento internacional d e Brasil y su agenda
de política exterior. El autor también identifica aspectos hist óricos y territoriales que son
relevantes a la luz del concepto de i dentidad. De la últ ima edición destaca el rol del Minis terio
de Relaciones Exteriores como inst rumento de construcción de l a identidad int ernac iona l
brasilera y el encuadre d e Brasil dentro de la categoría de ‘ monster country ’, es de cir, un paí s
con grandes dimension es geográficas, pol íticas y económicas, lo q ue incide en su
autoreferenciación, posicionamiento y vinculación con ‘otros’ internacionales.
Lafer (2009) enfatiza además en la vinculación con los países vecinos y en especial,
estudia cómo es a relació n de uni ón, amistad y la histórica i ntegración regional dan forma a l a
identidad del país. El autor señala dos car acterísticas primordiales del ideal nacionalista de la
diplomacia brasilera: la emancipación y el logro de objetivos internos en el á mbito internacional
–sustitución de importaciones– hasta 1980. Fin almente, aborda l a ‘dialé ctica contradictoria de
mutua complementariedad’ de las dinámicas Este/Oeste y Nort e/Sur. B ajo su perspectiva, l as
lógicas de globalización y de fragm entación h an afectado neg ativamete el nacionalismo
desarrollista como pilar de la política exterior de ese país.
Un prim er trabajo de la investigadora brasileña María Soares (2005 a) no se centra en la
identidad, pe ro indaga la denominación de Sudáfrica y Brasil como países ‘int ermediarios’, así
como la autopercepción y el reconocimiento de l os otros Estados, en especial de las grand es
potencias. En un s egund o estudi o ( Soares, 2005b) i nicia con énfasis en la pec uliaridad de la
formación del Estado brasileño como resultado de la ne gociación y arbitrajes interna cionales y
no por la guerra, como sí ocur rió en otros Estados del sur de América, si tuación que le permitió
diseñar una pol ítica exterior como una cuestión de Estado ubicad a muy p or encima de l os
conflictos de la polí tica dom éstica. A su j uicio: “Esto tiene que ver con el p eculiar lugar d e l a
agencia diplom ática en l a estructura del aparato d el Estado y su l egitimidad en la conducción
de la polí tica exterior del p aís” y un “reconocimiento atestiguado por la estabilidad del principio
con s t i t uc i ona l de l a competencia del Ejecutivo en la conducción de la política exterior” (p. 5) 143 .
De m a ne r a qu e, la política exterior se concibe como uno de los instrume ntos de desarrollo
nacional de Brasil.
Dentro del prim er g rupo incluimos también las investigaciones de Vigev ani, Oliveira y
Cintra (2003), Nascimento, (2010) –que no explora la identidad como centro del análisis, pero
143 Traducción libre d e la autora.
A NDREA M ILA M ALDONADO
112
reconoce que es uno de los ejes del gob ierno de Fernando Henriqu e Cardoso – (Villafañe, 2010 ).
En el segundo grupo de investigaciones de Br asil se encuentra l a d e Dani el B uarque (2014) que
observa desde el ámbito de la comunicación, la es trategia brasilera en las C opas del Mundo de
1950 y 2014 para mejora r su imagen internacional . El enfoque trabajado es la marca nacional
e identidad competit iva y como metodología el análisis del discu rso de los artículos de los
medios extranjeros que cubrieron ambos mundiales. Los principales hall azgos fueron: a) el
cambio de los marcos uti lizados en B rasil en sus dimensiones polític as, económicas y
culturales, b) un ca mbio de tono de positivo a negativo y c) el uso de estereotipos sobre Brasil.
Un últi mo trabajo que destaca mos fue desarrollad o por André Pimentel (2016) que hace un
análisis comparado de las políticas exteriores de Lula da Silva y Dilm a Rou sseff, por medio del
APE y énfasis en el rol de las ideas y de las i dentidades bajo el enfoque co nstructivista. Como
principales rasgos disti ntivos de c ada gobierno, destaca que, durante la ge stión de Lula, hub o
mayor énfa sis y espa cio para que tanto Itamaraty como otros actores participara n en la
formulación de la polít ica exterior y avanzaran en el proceso de integr ación r egional, colocando
las relaciones bilaterales con países de América d el Sur como la máxima prioridad en política
exterior. C on Di lma, la diplomacia presidencial perdió impulso, en gran parte debido a las
preferencias de la pres identa de involucrarse m ás en los a suntos in ternos que en los
internacionales. En ambos gobiernos identifican la preservación de la auton omía nacional y el
fortalecimiento de la identidad sudamericana.
Otros estudios m encionan tangencialmente a l a i dentidad en relación a la p olíti ca exterio r
y no como eje central, en Venezuela (Boersner, 2011; Saavedra, 2009; R om ero, 2003; Mor a,
2004); en Perú (Alburquerque, 2017; M atas, 2010; Guerra-Barón, 2019a); Uruguay (López,
2015) en C olombia (Ardi la, 2009; Tickner y Mora les, 2015) con énfasis en los imaginarios de
política exterior (Bernal y Tickner, 2017) y en Chi le desde su relación con el territorio (Ovando
y Álvarez, 2011). Sea desde l a integración regio nal y la idea d e identidad común (Linares,
2010), andina o sub -andina (Molina, 2003) o desde la perspectiva d e la c onstrucción de una
identidad colectiva en l a Alianza del Pacífico (G uerra- Barón, 2019b), qu e es también vista
como una expresión de la identidad en Chile (Sanhueza y Soto, 2009).
Mauricio Jaramillo ( 2020) elaboró uno de los tra baj os más recientes sob re p olítica exterior
y la transformación de la identidad en Ecuador –y único en abordar esta tem ática en los últimos
años–. La principal hipótesis del autor se b asa en que “entre 2008 y 2011, Ecuador trans formó
su identidad dotándose de un nuevo rol en el s istema internacional, res ultado del proc eso
refundacional” (p. 153). P or medio de una revisión bibliográfica ut iliza como contexto l a
política exterior de los Estados periféric os, la tran sformación en el ámbito exterior de Ecu ador
durante el primer gobi erno de Rafal C orrea (200 8-2011) e interpreta di cha transfor m ación,
apoyado en los aportes de l liberalismo, neor realismo y construc tivis mo. Para e llo, utiliza como
variable dependiente la identidad y como independiente los ca mbios int ernos provocados e n el
proceso de construcción del Estado-nación.
Las principales conclusi ones de J aramillo (2020 ) son: 1) qu e la tr ansformación de la
identidad ecuatoriana se relaciona con “ el cambio discursivo y la autopercepción”; 2) la nueva
identidad construida en Ecua dor es de tipo personal y se observa una nueva construcción del
interés nacional vinculado a la sober anía, aspecto imp ortante y eje articulador de la política
exterior d e l a R e vol u ción Ciudadana; 3 ) nu eva n arrativa oficial con reformas orientada s a dotar
de rol y a ut oe s t i m a a los ecuatorianos; 4) convergencia de tr es procesos: “la puesta en march a
del restabl ecimiento del Estado, la consoli dación democrá tic a y un desp ertar exterior” (p. 170);
5) participación activa en procesos i mportantes de la región ( como la crisis Ven ezuela-
Colombia, UNASUR y diálogos de paz en Col ombi a); 5) una alte ración de la i dentidad
impulsada por la democratización que se vi o opacada por r asgos autoritarios por parte del
Capítulo I
113
primer mandatario; 6) el giro identitario no s olo obedece al liderazgo p opuli sta o caudillismo
encauzado en una sol a p ersona o líder, sino a m últ iples proc esos y contradicciones interna s-
externas que van desde el rechazo de l a presencia hegemónica d e Estados Unidos y la
integración regional, hasta los pr ocesos de movilidad humana de ecuatorian os o la importancia
de los movimientos sociales.
Entre los trabajos destaca la investigación de Beatriz Zepeda (2020) que explora los
resultados de una s erie de datos descriptivos de algunas preguntas sobre identidad nacional e
identidades regionale s su pranacionales, y subnacionales realizadas en el marco del Proyecto
Regional Las Américas y el Mundo de 2014 y 2015, en Argentina, Brasil, Chi le, Colombia,
Ecuador, M éxico y P erú. C omo principales hallazgos la autora i dentificó e l predominio de la
identidad latinoamericana en toda la región
El trabajo de más reciente data (Tah Ayala, 2021) analiza el dis curso nacionalista mexicano
alrededor del petróleo en su dimensión simbólica como elemento que forma la identidad
nacional desde l os inicios del boom petrolero de ese país, hasta el perí odo presidencial de
Enrique Peña Ni eto (2012-2018). La metodología empleada par t e del análisis del discurso y
algunas encuestas d e op ini ón de l os ciudad anos y los políticos sobre aspectos vinculados al
ámbito petrolero e hidro carburífero m exicano y el rol que ha ejercido en l o que se refiere a la
política exterior. El autor concluye que las reformas incidieron en el cambio de la visión
simbólica del petróleo e n las élites políticas y e n el sector empresarial; no así el público, que se
orientó a considerar el recurso como un aspecto importante y de propiedad colectiva.
La mayoría de las inves tigaciones revisadas son relevantes, pe ro carecen de una base
metodológica-empírica de mayor alcance y rigor y evidencian ausencia del u so de metodologías
apoyadas en datos cuantitativos y cua litativos (excepto López, 2015). Asimism o, ana lizan la
identidad en el nivel d e l os líderes políticos si n incorporar las percepciones de las y los
ciudadanos al respecto.
CAPÍTULO II. OBJETIVOS E HIPÓTESIS
2.1 O BJETIVOS E HIPÓTESIS DE EST UDIO
La presente tesis do ctoral se plantea con la fina lidad de dar r espuesta al siguiente objetivo
genera l y a dos objetivos específicos, los cuales se señalan a continuación:
Objetivo general: Demo strar que la polí tica exterior está en la base de la construcción de
la identidad ecuatoriana, al menos durante el periodo de la Revolución Ciudadana.
Objetivo espe cífico 1 : Analizar l a construcción d e la polít ica exterior como política
pública parte del p royecto nacional d e la Revol ución Ciudadana, y su efecto en l a
identidad ecuatoriana en clave nacional.
Objetivo específico 2 : Analizar l as p ercepciones de la ciudad anía ecuatori ana s obre la
política exterior de l a R evolución Ciudadana, con base en siete ej es programáticos
construidos en torno a la planificación gubernamental en esta área.
Asimismo, se formulan cuatro hipót esis centrales a ser contrastadas en el d esarrollo d e l a
investigación:
- Hipótesis I: Durante el pe riodo de la Revolución Ciudadana existen factores de polí tica
exterior ligados a la construcción de la identidad nacional ecuatoriana.
- Hipótesis II: La p ercepción de la “a men aza” estadounidense se convierte e n el elemento
fundamental para la ex plicación de la política exterior como componente de la
identidad nacional ecuatoriana.
- Hipótesis III: La s emántica del discurso construido por la Revolución Ciudadana
incluye factores ligados a l a política exterior como constructora de la identid ad nacional
de los ecuatorianos.
- Hipótesis IV: Tr as el p eriodo de la Revolu ción Ciudadana los ecuatorianos perciben a
Ecuador como un país con mayor influencia en el sist ema internac ional.
Para dar cumplimiento a los objetivos e hipótesis planteadas y poder facilitar el análisis de
los resultados, estos se organizan en torno a dos secciones:
1. Desarrollo p rogramático e institucion al de la pol ítica exter ior de la Revolución
Ciudadana y percepciones de la ciudad anía ecuatoriana:
Esta primer a se cción s e apoya en tres estudios de opinión y pol ítica exte rior realizados en
Ecuador e n e l m a r c o del Proyecto de I nvestigación liderado por el Centro de Investigación y
Docencia E c onóm i c as ( CIDE), titulado L as Américas y el Mundo , de los años 2010, 2012 y
2014, lle va dos a c a b o po r la Facultad L atinoamericana de Ci encias Social es ( FLACSO), s ede
Ecuador. Asim ismo, se a poya en el Estudio Pre E lectoral Ecuador de 2020, elaborado por el
Equipo de I nvestigaciones Políti cas de l a Universi dade de Santiago de Com postela (E IP-USC).
El análisis de las perc epciones de los ecu atorianos sobre l a polít ica exter ior de la
Revolución Ciudadana, se estruc tura en 7 Ejes identificados luego de la revisión exhaustiva de
Capítulo II
115
los documentos oficiales orientadore s de la polí tica exterior durante todo el periodo 2007-2017,
contando con los a port es y observaciones d e funcionarios de alto nivel con pa rticipación ac tiva
en el m ismo p eriodo, actores involucrados en la elaboración de los estudios de opinión Las
Américas y el Mundo (E cuador) y expertos en l as áreas d e identidad y pol ítica exterior, por
medio de entrevistas semi-estructuradas. La siguiente Tabla sintetiza los Ejes mencionados:
Tabla 5. Rev isión de los principales documentos orientadores de la p olítica exterio r
ecuatoriana y ejes identificados
Documentos oficiales orientadores de la
política exterior de la Rev olución Ciudadana Ejes identificados para el análisis
1. Constitución de la Rep ública del
Ecuador (2008), Plan Nacional de
Desarrollo 2007-2010
2. Plan Nacional de Desarrol lo/ Política
Exterior 2007-2010
3. Plan Naciona l para el Buen Vi vir 2009 -
2013
4. Plan Naciona l para el Buen Vi vir 2013 -
2017
1.
Institucionalidad e cuatoriana en
política exterior;
2. Soberanía e integridad territo rial;
3. Relaciones bilaterales;
4.
Multipolaridad, otros socios y Unión
Europea;
5.
Emigración, migración y Derechos
Humanos;
6. Integración regional;
7. Medio ambiente
Fuente: elaboración pr opia
2. Impacto de la p olítica exte rior en l a identidad ecuatoriana du rante el periodo de
la Revolución Ciud ada na:
Contempla el diseño de un modelo de regresión logísti ca par a demostrar que la política
exterior está en la base de l a construcción de l a identidad e cuatoriana, al menos durant e el
periodo de l a Revolución Ciudadana, apoyado en la encuesta de opinión pública sobre política
exterior Las Américas y el Mundo, Capítulo Ec uador, de 2014, siendo la variable dependie nte ,
la pregunta P4.2_A ¿Y qué se siente ust ed más? , bajo dos posibilidades: a) si se siente más
ecuatoriano que de su p rovincia, región , la variab le dependiente asume el valor 1; y, b) si se
siente más de su provincia que ecuatoriano, la vari able dependiente asume el valor 0.
Para la explicación del modelo de regresión lo gísti ca se tienen en cue nta los aporte s
teóricos de la literatura espec ializ ada en el vínculo opinión pública- políti ca exterior,
especialmente de la corr i ente constructivista revisada, por lo cual, las var iabl es introducidas se
estructuran en los siguientes cuatro grandes bloques vinculados a la variable dependiente:
a) Factores de política exterior , con r eferencia exclusiva a las relaciones del Estado
ecuatoriano con otros actores del sistema internacional;
b) Factores estructurale s, que incluye aquellas variables socio-estructu rales como sexo,
edad, etnia, sit uación lab oral o nivel de estudio, que, aunque fueron pro badas no resultaron
significativas en el modelo; pero sí aquellas relacionadas con la desi gualdad y recursos
económicos que se muestran en el esquema que sigue;
c) Factores i nstitucionales , que se asocian al rol que ejercen las instit uciones en c uanto
principios, valores e ideología, sean instituciones de carácter nacional o internacional; y
d) Factores de política interna , vi nculados a las percepciones, sentim ientos y otras
variables que representan los imaginarios del “nosotros” frente al “otro”, en este caso
car a c t e r i z a do por los g rupos de inmigrantes que h acen vida en E cuador. Dentro de este mismo
gru p o s e i nt r od ucen variab les referidas a conflictos o di ferendos que tienen l ugar en el territorio
ecuatoriano.
A NDREA M ILA M ALDONADO
116
El esquema qu e sigue recoge los cuatro grupos d e factores mencionados y las varia bles qu e
resultaron estadísticamente si gnificativas dentro del modelo de regresió n logíst ica sobre la
política exterior como parte de la base de la construcción de la ide ntidad ecuatoriana en clave
nacional durante el periodo de la Revolución Ciudadana:
Figura 11. Esquema explicativo sobre la política exterio r como parte d e la base de la cons tr ucción
de la identidad ecuatoriana en clave nacional durante el periodo de la R evolució n Ciud adana
Factores de política exterior
- Valoración de México
- Percepción de la relación de Ecuador
con Estados Unidos como “amenaza”
- Percepción de la relación de Ecuador
con México como “amigos”
- Percepción de la relación de Ecuador
con México como “socios”
- Percepción de la relación de Ecuador
con España como “rivales”
Factores estructurales
- Le afecta la desigualdad entre países
ricos y pobres
- Importancia en q ue Ecuador invierta
más recur sos en dar dinero a otros
países para su desarrollo
IDENTIDAD
Factores institucionales
- Valoración del FMI – Fondo Monetari o
Internacional
- Valoración de la C IDH - C omisión
Interamericana de Derechos
Humanos
- Significado de las siglas: MREMH -
Ministerio de R elaciones Exte riores y
Movilidad Humana
- Significado de las siglas: UN ASUR –
Unión de N aciones Suram erica nas
- Confianza en el Ej ército
- Confianza en la s organizaciones
ecuatorianas de DDHH
Factores de política interna
- Opinión sobre los estadounide nses
que viven en Ecuador
- Opinión sobre los haitianos qu e viven
en Ecuador
- Opinión que los extranjeros t raen
ideas innovadoras a Ecuador
- Conocimiento sobre el conflicto de
Chevron Tex aco
Fuente: elaborac ión propia
Adicionalmente, en el análisis del modelo estadístico, se integran varios elementos teóricos
reseñados en el Capítulo anterior, los cuales se resumen en el esque m a que sigue:
Capítulo II
117
Figura 12. Modelo explicativo sobre la política ex terior c omo parte de la b ase de la c onstrucción de la identidad ecuatoriana en clave nacional durante el
periodo de la Revolución Ciud adana
Fuente: elabo ración propia
Factores de
política inte rna
Factores de
política exter ior
Factores
estructural es
IDENTIDAD
ECUATOR IANA
Imágenes
negativas
Antagónico
Estados
Unidos; FMI
Identidades
nacionales que
emergen de la
dominación imperial
o colonial
“Otro”
Amigos;
no rivales
Discurso
Instituciones
Grupos de
inmigrantes
Nuevos
significa do s
Liderazgo
Élite política
Sociedad en
general
Enemigos
externos
Enemigos
internos
Representaciones
mentales y
objetales
ONG
ecologistas
Medios de
comunicació n
Aliado
Relaciones
bilaterales
Multipolaridad
Integración
regional
Centro
-
periferia:
Desigualdad
países
ricos/países
pobres
CAPÍTULO III. METODOLOGÍA DE LA INVESTIGACI ÓN
3.1. D ISEÑO DE L A INVESTI GACIÓN
El diseño metodológi co de la presente tesis doctoral trae consigo varios desafíos. El primer o
tiene que ver con la naturaleza del objeto de estudio, dado que, como se ha señalado en e l
Capítulo teórico, históricamente los ciudada nos h an perc ibido a la política exterior como un
aspecto alejado de su coti dianidad, situación que ha impulsado a investigadores a r ebatir este y
otros postulados del Consenso Alm ond-Lippmann. El segundo, se vincula con identificar cuál
es la m etodología más eficiente para demost rar que la política exterior puede considerarse como
un elemento que se encuentra presente en la base de la identidad de los ciudadanos.
Una forma de dar respuesta a estos dos des afíos es la integ ración de l a m etodología
cualitativa y cuantitativa, emprendiendo para ello una investigación mi xta, cuyo objeto “no es
reemplazar a l a investig ación cuantitativa ni a l a investigación cualitativa, sino utili zar las
fortalezas de ambos tipos de indagación, combinándolas y tratando de minim izar sus
debilidades potenci ales” (Hernández-Sampieri, Fernández y Bapti sta, 2 014, p. 532). E n l a
integración de ambas metodologías, se triangularán tres técnicas claramente identificadas:
a. Análisis documental
b. Encuestas de opinión
c. Entrevistas en prof undid ad semi estructuradas
3.1.1. Enfoques y técnicas de investigación
Como se ha mencionado, la tesis doctoral que se presenta implica una investigación mixta
basada principalmente e n el ámbit o cuantitativo, enfoque de investi gación que impli ca l a
recopilación de informa ción y evaluación de u n obj eto de estudio a partir de criterios de
medición num érica, otorgando resultados con c riterios de e xactitud (Hernández-Sampieri,
Fernández y B aptista, 20 14). Al respecto de la investigación en política ext erior e identidad,
Abdelal, Herrera, Alastair y McDermott (2006) señalan a l menos se is metodologías: el análisis
de discur so, las encuestas y el análisis de contenido como los m ás recurrentes; y a los
experimentos, el modelado basado en agentes y m apeo cognitivo como l os menos comunes.
Especialmente, las encu estas de opinión y las entrevistas estructuradas a grandes grupos de
personas son instrumentos útil es para que los indivi duos puedan est ablecer sus propias
autodefiniciones; ambos permiten realizar pre guntas específicas sobre la identidad y en
especial, “los datos de la encuesta han demost rado ser p articularmente útile s para explorar los
aspectos relacionales de la identidad” (p. 703).
Tomando en consider ación lo seña lado por los a utores, en este caso, se analizarán datos
derivados de varios estudi os (encuestas) de op inió n pública y p olítica exterior del Proyecto de
investigación regional Las Américas y el Mundo, Capítulo Ecuador, de los años 2010, 2012 y
2014 (fu e nt e s s e c un darias), así como algunos resultados del Estudio Pre Electoral Ecuador ,
realizado p or e l E q uipo de Investigaciones Polít icas de la Universidade de Santiago de
Compostela (EPI-USC) en el año 2020 (fuente prim aria).
En una segunda di mensión, se tom an criterios de la investigación cualitativa, por medio de
la revisión documental y la a plicación de e ntrevist as a nueve actores polític os, institucionales y
expertos de l as áreas de polí tica exterior, identidad, opinión pública e hi storia del Ecuador, lo
Capítulo III
119
que permitirá registrar observaciones del desarrollo en política exterior de la Revolución
Ciudadana, profundizar en los datos cuantitativos y otorgar una perspectiva especializada y
avalada por especialistas a los resultados estadístic os derivados.
3.1.2. Niveles de investigación
En cuanto al ni vel de inv estigación, se emplea el de tipo descriptivo , puesto que solo se
pretende extraer v ariables relevantes de l a pe rcepción de la ciudadanía del Ecuador en torno a
la políti ca exterior de la Revolución Ciudadana, así como también recopilar perspectivas de
actores polí ticos, i nstitucionales y a cadémicos, tanto desde un punto de vist a de participación
activa como funcionarios dur ante los gobie rnos de Rafael Correa De lgado, o como académicos
e investigadores adscrit os a centros d e estudios superiores. Asi mismo, si bien se p retende
otorgar respuesta las hip ótesis planteadas, l as mi smas solo im plican el manejo y análisis d e
datos preexistentes. En este sentido, Monje (20 11) proporciona un a def inición del ti po de
investigación descriptiva, sobre la que menciona:
Este tipo d e estudio busca únicamente describir situacio nes o a contecimiento s;
básicamente no está interesado en comprobar e xplicaciones, ni en proba r
determinadas hipótesis, ni en hacer prediccione s. Con mucha frecuencia las
descripciones se hacen por encuestas (estudios por enc uestas), aunque e stas también
pueden servir para proba r hipótesis específicas y pon er a prueba explicac iones (p.
100).
Por otro lado, se p retende aterrizar elementos p ropi os de la investigación no experimental , en
tanto no se busca inte rvenir o alterar ninguna v a riable i nvestigativa, sino solo extraer datos
relevantes de s u comportamiento natural. En este s entido, para Hernández-Sampieri, Fernánde z
y Baptista (2014), este tipo de investigación:
se realiza sin manipular deliberada mente variables. Es decir, se trata de estudios en
los que no hacemos variar en f orma i ntenciona l l as variables i ndependien tes p ara ver
su efec to sobre otras var iables ( …) en un estudio no e xperimenta l no se genera
ninguna situación, sino que se observan situaciones ya existentes, no provocadas
intencionalment e en l a i nvestigación por quien la realiza. En la investigación no
experimental las variabl es independientes ocurren y no es posi ble manipularlas, no
se tiene control direc to sobre dichas variabl es ni se puede influir en ellas, porqu e ya
sucedieron, al igual que sus efecto s (p. 152).
Cabe acotar que esta tip ología de investigación presenta criterios analíticos, relacionales y
asociativos entre elem entos diversos (Rojas, 2015); a modo de definición, se parte de la idea d e
que “las investigaciones correlacionales intent an descubrir si dos o m ás con ceptos o
propiedades de obj etos están asociados, cómo es su forma de asociac ión y en qué grado o
magnitud lo están” (Díaz-Narváez y C alzadilla, 20 16, p. 118). (…), po r lo que permiten gen erar
hallazgos parcialmente expli cativos , en este c aso desde un punto d e vista estadísti co-
matemático. Adem ás de sust entar la metodología de esta t esis en otorga r explicaciones tras l a
coh e s i ón de métodos c ualitativos y cuantitativos, el proyecto s e con stituye de carácte r
exp l or at or i o , debido a la ca rencia d e proyectos que relacionen las estr ategias de p olítica
exterior de los gobiernos de Rafae l Correa con la per cepción que tenga la ciudadanía de sus
resultados (Müggenburg y P érez, 2007) y, sobre todo, con el uso de h erramientas cuantitativas.
A NDREA M ILA M ALDONADO
120
3.1.3. Criterios metodológicos para el análi sis de la información
Para un análisis exhaustivo de la información, en primer lugar, se estudiarán l os datos de
las base s de da tos de los estudios 1) Las Américas y e l Mundo Capítulo Ecuador (2010, 2012 y
2014), y el 2) Estudio Pre Electoral Ecuador (2020) del Equipo de Inve stigaciones Polít icas de
la Universidade de Santiago de Compostela (EIP-USC), así como también las entrevistas a los
especialistas y ex funcionarios institucionales de Ecuador; para luego analizar la info rmación
en conjunto a través de su debida triangulación con la revisión documental. Finalmente, con los
datos relevados del Estudio Las Américas y el Mundo C apítulo Ecuador de 2014, se realiza un
modelo de regresión logí stica que pretende demos trar s i la polí tica exterior está pr esente en la
base de la construcción de la identidad ecuatoriana.
De este m odo, a l implicar un manejo riguroso d e información cu antiosa, se r equiere su
desarrollo en distintas etapas. En este sentido, se i ncorporan elementos del c riterio
metodológico inductivo-deductivo , en tanto se plantean cuatro hipótesis investigativas que
servirán como base par a e l desarr ollo del a nál isis, así c omo también su sometimiento a
validación o rechazos, p ara lo cua l es preciso organizar ade cuadamente la i nformación y, ta l
como su c ategoría lo dice, ‘deducir’ relaciones causales entr e las variables que se incorpo ran
en dicha evaluación:
En el razona mi ento deduc tivo primero deben conocerse l as premisas para qu e pueda
llegarse a una conc lusión, mientras que en el i nducti vo la conclusión se alcanz a
observando ejemplos y generalizando de ellos a la clase completa. Si desea estar
absolutament e seguro de una conclusión induct iva, el investigador tiene que
observar todos l os ejemplos ( Dávila, 2006, p. 186).
En otro orden, el método analí tico-sintético permi tirá examinar la informa ción rele vante del
proyecto de manera sep arada (por etapas, instru mentos, o bloques), esta blecer relaciones a
posteriori y una discus ión que establezca hitos para comprende r –a pr iori – parte d el
comportamiento de la ciudadanía ecuatoriana (co mo receptores de políticas públicas) en torno
a fenómenos de polít ica exterior y p ropios de la opinión públ ica. Est e m étodo puede s er
concebido como “la desc omposición de un fenómeno en sus elementos co nstitut ivos”, de este
modo considerado como “uno de los procedimientos más utilizados a lo larg o de la vida hum ana
para acceder al c onocimiento de las diversas facetas de la realidad” (Lopera, Ramírez, Zuluaga,
y Ortiz, 2010, p. 1).
3.2. E TAPA C UALITAT IVA
3.2.1. Análisis d ocumental
La revisión de la literatura es parte esencial de la investi gación académica. Siguiendo los
aportes de Xiao y Watson (2021), l a presente tesis doctoral toma la primer a tipología: revisión
como ba se para un estudio e mpírico. Para la sistematizac ión eficiente en el Capítulo I V y V, se
procederá en el siguiente orden:
1. Organización de los trabajos utilizando como filtros los criterios “identidad” y “política
exterior”: En este primer paso se organizan las obras y t rabajos publicado s en torno a dos de
los bloqu e s t e ór i c os propuestos en el primer Cap ítulo: i dentidad y polít ica e xterior , ambos
contextu a l i z a dos c o n Ecuador a modo de estud io de c aso. De esta forma, se incorporan
investigaciones desde disti ntas disciplinas que abordan la dos t emáticas q ue funcionan como
criterios amplios de inclusión.
2. Delimitación de la búsqueda al caso Ecuador y modelamiento de la muest ra. El segundo
paso se realizó p or medi o de la indagación de ob ras a través de las palabr as claves: identidad
ecuatoriana/identidad en Ecuador , política exterio r ecuatoriana , relaciones internacionales de
Capítulo III
127
a) Aspectos instituciona les y programáticos de la planifi cación de la Revolución
Ciudadana:
- ¿Cuáles son los principales elementos conceptuales que definen al proyecto político
de la Revolución Ciudadana?
- En el año 2005, previo a l a llegada de la Revolución Ci udadana, desde el Mi nisterio
de Relaciones Exteriores de Ecuador, se elaboró el P lan Nacional de Polí tica
Exterior (PLANE X) (20 06-2020) que fue un doc umento de planificación en esta
área . Según su e xperienci a, ¿se consideraron elementos de l PLANEX de ntro de los
nuevos documentos de planificación de la Revolución Ci udadana?
- Desde la perspectiva d e la p lanificación, ¿ cómo se diseñaron los principales
lineamientos de polít ica exterior y cómo se a rticuló con los Planes Nacionales de
Desarrollo del proyecto político de la Revolución Ciudadana?
- Hablando de aspectos in stitucionales relacionados con la formación del p ersonal
del servicio exterior, en 2010 la Escuela Diplomát ica fue trasladada al Instituto de
Altos Estudios Nacionales (IAEN), ¿cu ál fue el ori gen y finalidad de e ste proceso?,
¿cómo se concibió la formación de diplomáticos y a qué se debió este cambio?
- ¿Cómo fue pesado el nu e vo proceso de sel ección d e personal diplomático?, ¿en qué
consistió la acción afirmativa?
Entrevistados a los q ue aplica: Jacques Ramí rez, Francisco Carrión, René Ramírez,
Fernando Yépez, Guillaume Long, Katalina Barreiro.
b) Principales elementos de la política exterior de la Revolución Ciudadana.
- ¿Qué elementos d e la p olíti ca exterior ecuatoriana c ambiaron sustan cialm ente y
cuáles se mantienen?
- Dado el pasado histórico con Perú, ¿ cuáles fueron los aspectos más importa ntes de
la relación con el vecino de la frontera sur?
- ¿Cuáles fueron los aspectos más importantes de la relación con Estados Uni dos?
- ¿Cuáles fueron los aspectos más importantes de la relación con Col ombia?. Aspecto
a considerar: Plan Colombia.
- ¿Cuál fue el rol ejercido por Ecuador en cu anto a la integración r egional?, ¿cuáles
fueron las principales iniciativas lideradas por el gobierno de Ecuador?
- ¿Cuáles fueron l os principales ca mbios a nivel discursivo de l a ori entación
internacional?
- Según datos preliminares existe un aumento de la confianza del papel internacional
que deb e ten er Ecuador, aun t eniendo en cuenta su condición de Estado pequeño.
¿a qué atribuye este cambio?
Entrevistados a los q ue aplica: Jacques Ramí rez, Francisco Carrión, René Ramírez,
Fernando Yépez, Guillaume Long, Katalina Barreiro.
P r e gu n t a s dentro de este bloque exclusi vas a: Jacques R amírez, René Ramírez,
Fernando Yépez y Guillaume Long.
- Hablando de la Movil idad Humana como eje importante de la política exterior d e
la Revolución Ciudadana, ¿que podría decir al respecto de: l a protección de los
derec hos d e los migrantes y la Ci udadanía Universal?
A NDREA M ILA M ALDONADO
128
c) Identidad en la Revolución Ciudadana
- ¿La identidad nacional e s importante dentro de l proyecto político de la Revol ución
Ciudadana? ¿de qué forma?
- ¿Cómo se construyó el discurso/retórica de la Revolución C iudadana en la
dimensión identitaria?
- ¿Quiénes fueron los am igos/enemigos de l a Revolución C iudadana?. ¿cómo s e
construyó el otro intern a e int ernacionalmente?; e n clave de enemistad, ¿quién? y
amistad, ¿quién?
- En cuanto a la i mpugnación de la identidad durante el periodo de la Revolución
Ciudadana, ¿quiénes serían los grupos que la lideraron?
- ¿Cuáles fueron los grupos i nternos en pugna más importantes?
Entrevistados a los que apli ca: S imón P achano, Enrique Ayala Mor a, Jacques Ramírez,
Katalina Barreiro, Beatriz Zepeda, René Ramírez y Guillaume Long.
Preguntas dentro de este bloqu e exclusivas a: Bea triz Zepeda y Francisco C arrión.
- ¿Cuál fue el origen del Proyecto regional Las Américas y el Mundo en Ecuador?
- ¿Cómo fue su dirección del proyecto y cuáles considera los principales resultados?
- ¿Hubo consistencia entr e los lineamientos de política exterior del Gobierno y l a
percepción ciudadana?
Preguntas dentro de este bloqu e exclusivas a: Bea triz Zepeda.
- ¿Por qué se incluyero n preguntas vi nculadas a la i dentidad dentro de l os
cuestionarios de los estudios Las Américas y el Mundo, Capítulo Ecuador?
Preguntas dentro d e este bl oque exclusi vas a: Gui llaume Long, R ené Ramírez y
Fernando Yépez.
- ¿Cómo fue pensada la imagen internacional de Ecuador?
- ¿Cuáles serían los prin cipales hitos de la política exterior de la R evolución
Ciudadana que evidencien la implementación de los aspectos programáticos?
- ¿Cómo se concibió la m ultidim ensionalidad del concepto de soberanía d esde la
perspectiva del gobierno?
- Experiencia en el Proyecto del Yasuní ITT.
- Experiencia en el Acuerdo Multipartes con la Unión Europea.
Preguntas dentro de este bloqu e exclusivas a: René Ramírez.
- ¿Cómo se articuló el sumak kawsa y o buen vivi r al ámbito de las Relaciones
Internacionales de la Revolución Ci udadana?
- Al llegar la Revolución Ci udadana, ¿se hizo un e stado de l a cu estión acerca d e la
identidad?, ¿con qué se encontraron en términos de identidad?
- ¿Se pensó a la política exter ior como elemento cohesionador de la identidad
nacional?
Preg u n t as d e n t ro de este bloqu e exclusivas a: René Ramírez y Guillaume Long.
- Durante su gestión como Secretario/Canciller, ¿co nsidera usted que hub o una alt a
o b aja abso rción pe rsonalist a de las interacciones e xteriores del Estado por parte
del ex presidente Rafael Correa?
- Con base en su experiencia, ¿existió una alta o baja fragmentación institucional?
Capítulo III
129
3.3. E TAPA C UANTITAT IVA
3.3.1. Población y muestra de los estudios d e opinión
Según lo señalado en el apartado teórico 1.3. P olítica Exterior y Opi nión , para Holsti
(1992), existen tres condiciones necesarias a cumpli r, al momento de realizar análisi s de datos
en polít ica exterior: a) in ferencias solo a partir de análisis longitudinales que per mitan elaborar
tendencias; b) uso de enc uesta que tengan un enf o que en política exterior y, c) uso d e preguntas
estándar para poder analizar tales tendencias.
Teniendo en cuenta estas tre s condiciones, la presente tesis doctoral utiliza cuatro estudios
de opini ón. Los tres primeros pertenecen al Proyecto regional Las Américas y el Mundo ,
Capítulo Ecuador, de los años 2010, 2012 y 2014, coordinados por la Facultad Latinoamericana
de C iencias S ociales (FLACS O), s ede Ecuador. Estos tres primeros estudios forman parte de
una iniciativa regional i nédita iniciada en 2004, en México, por la Divisi ón de Estudios
Internacionales del Centro de Investigación y Docencia Económic as (C IDE), con la finalidad
de analizar las a ctitudes y percepciones de la ciud adanía sobre l os asuntos i nternacionale s, l os
que totalizan alrededor de 22 reportes monográficos nacionales de varios países
latinoamericanos, y 4 estudios comparados qu e comparten t anto las líneas de inv estigación
como metodología.
El último estudio de opinión utilizado es el Estudio Pre Electoral Ecuador del Equipo de
Investigaciones Políti cas de l a Universidade d e S antiago de Compostela (EIP-USC), aplicad o
en 2020, el cual incorpora una decena de preguntas específicas sobre l a políti ca exterior de la
Revolución Ciudadana, y otras variables que complementan el análisis longitudinal.
El primer estudio del Proyecto regional L as Américas y el Mundo, Ca pítulo Ecuador
(2010), se realizó entre el 13 de septiembre y el 19 de octubre de 2010 144 y fue coordinado por
el programa de Relaciones Internacionales de la Facultad Latinoamericana de Ciencias S ociales
(FLACSO), sede E cuador. El universo está compuesto p or ecuatorianos/as de 18 años
residentes en las 17 provincia s de Ecuador, su tamaño muestral es de 1574 encuestas r ealizadas
personalmente en las viv iendas particulares y su e rror muestral asociado es de ± 2.5%. Como
unidades primarias de muestreo, el estudio utili za a las 17 provincias ecuatorianas, con un a
asignación proporcional de la muestra por la densidad de cada provincia.
Tabla 10. Muestra de la encu esta Las Américas y el Mun do, Cap ítulo Ecuador 2010
Grupos de edad
2010
18 a 29
30 a 49
50 a 64
65 o más
Total
Válido
Hombre
41,7
43,6
47,8
60,4
44,9
Mujer
58,3
56,4
52,2
39,6
55,1
Total
100,0
100,0
100
,0
100,0
100,0
Fuente: elaboración p ropia a partir de los datos de Zep eda, B . y V erdesoto, L . (2011 ). E cuador, las A méricas y el mundo 2010 .
Opinión Pública y po lítica exte rior.
El segundo estudio del Pr oyecto regional L as Américas y el Mundo , Capít ulo Ecuador
(2012), se implementó de l 8 a l 28 de noviembre de 2012 145 , y estuvo coordinado por la Unidad
de Relaciones Académicas Internacionales (URA I) y la Uni dad de Consultoría y Proyectos de
la F a c ul t a d L a tinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), sede Ecua d or. El universo son
los e c ua t or i a n os/as de 18 años o más del áre a urbana y rural de las 10 provinc ias más pobladas
144 El cuestionario d el estud io d e opini ón Las A méricas y el Mundo , Capít ulo Ecu ador 2010, coordinado p or FLACS O,
Ecuador, se incluye el ap artado Anexo I.
145 El cuestio nario del estu dio de opinión La s Américas y el Mu ndo , Capítulo Ecuador d e 2 012, coordinado por la Unid ad
de Relaciones Académicas Internacionales (URAI) y la Unidad de Consultoría y Proyectos de la Facultad Latinoamericana de
Ciencias Sociales (FLACSO), Sede Ecuador, se incluye en el apartado Anexo II (Fo rmulario A) y Anexo III (Formulario B).
A NDREA M ILA M ALDONADO
130
de Ecuador y su tamaño muestral es de 1503 e ncuestas r ealizadas pers onalmente en las
viviendas particulares. Su error muestral es de ± 5% y las unidades primarias de muestreo son
las provincias seleccionadas, con una asignación de la muestra propor cional, en función de la
densidad poblacional de las mismas.
Tabla 11. Muestra d e la encues ta Las Américas y el Mundo, Capítulo Ecuador 2012
Grupos de edad
2012
18 a 29
30 a 49
50 a 64
65 o más
Total
Válido
Hombre
49,5
43,7
55,0
64,3
49,8
Mujer
50,5
56,3
45,0
35,7
50,2
Total
100,0
100,0
100,0
100,0
100,0
Fuente: elaborac ión propia a partir de los da tos de Carrión , F. y Ca hueñ as, H . (2013). Ecuador , las Amér icas y el Mu ndo 2012.
Opinión púb li ca y po lítica exterior.
El tercer estudio del Pr oyecto Regional Las Américas y el Mundo , Capítulo Ecuador
(2014), se realizó del 15 de di ciembre de 2014 al 15 de enero de 2015 146 , esta vez coordinado
por l a F acultad L atinoam ericana de Ciencias S ociales (FLACSO), sede Ecuador. El unive rso
vuelve a ser los ecua to rianos/as de 18 años o más y el tamaño muestral 1800 encuestas
realizadas personalmente en las viviendas particulares. Los dom inios de este estudio son las
regiones natur ales costa, sierra y Ama zonía, y el área de resid encia (u rbano/rural). En l a
estratificación del marco del muestreo se esta blecen t res va riables de estratificación: a )
geográfico, que identifica r egiones, provincias, cantones y p arroquias; b) área de residenci a
(urbano y rural); y, c) caracterización socioeconómica de la pobl ación por medio de l a
metodología de escalamiento óptimo. Su error muestral es de ± 2,3% (a nivel nacional).
Tabla 12. Muestra d e la encues ta Las Américas y el Mundo, Capítulo Ecuador 2014
Grupos de edad
2014
18 a 29
30 a 49
50 a 64
65 o más
Total
Válido
Hombre
48,1
48,5
49,5
62,1
49,7
Mujer
51,9
51,5
50,5
37,9
50,3
Total
100,0
100,0
100,0
100,0
100,0
Fuente: elaborac ión propia a part ir de los datos de Z epeda, B. y Carrión, F . (2015). Las A méricas y el Mundo: Ecuador 2014.
El último estudio a considerar es el Estudio Pre Electoral Ecuador , del Equipo de
Investigaciones Políti cas de l a Universidade d e S antiago de Compostela (EIP-USC), aplicad o
en 2020. El univer so son los ec uatorianos/as de 16 años o más y el ta maño muestral es de 1897
encuestas realizadas en n oviembre de 2020 pres encialmente. El error muestral es de ± 2,25%.
Aunque se trata de un es tudio pre electoral, se incluyeron pr eguntas e spe cíficas orientadas a
conocer las percepciones ciudadanas de los ecuatorianos sobre la polít ica exterior de Rafael
Correa y otras vinculadas a la inmigración.
146 El cuestio nario del estu dio de opinión La s Américas y el Mu ndo , Capítulo Ecuador d e 2 014, coordinado por la Unid ad
de Relaciones Académicas Internacionales (URAI) y la Unidad de Consultoría y Proyectos de la Facultad Latinoamericana de
Ciencias Sociales (FLACSO), Sede Ecuador, se incluye en el apartado Anexo IV.
Capítulo III
131
Tabla 13. Muestra d e la encues ta Estudio Pre Electoral Ecuador 2020
Grupos de edad
2020
16
-
17
18 a 29
30 a 49
50 a 64
65 o más
Total
Válido
Hombre
45,6
50,7
52,7
44,3
54,0
50,3
Mujer
54,4
49,3
47,3
55,7
46,0
49,7
Total
100,0
100,0
100,0
100,0
100,0
100,0
Fuente: elaboración p ropia a partir de los datos del Estu dio Pre El ectoral Ecuador 2020 . Eq uipo de Investigacio ne s P olíticas de
la Universidad e de Santiago de Co mpostela (EIP -USC) 147
3.3.2. Variables utilizadas en el an álisis cuan titativo. Desarrollo programático e
institucional de la pol ítica exterior d e la Revolu ción Ciud adana y percepciones d e l a
ciudadanía ecuatoriana
Tal y como se me ncio nó en la Tabla 6, e n f unción de los doc umen tos oficiales se
estructuraron siete ejes q ue ord enan la primera s ección de los resultados y facilitan su l ectura.
Para dar cumplimiento a las condiciones planteadas por Holsti (1992), teniendo como insumo
los tres estudios del Proyecto regional Las Américas y el Mundo, Capítulo Ecuador, de 2010,
2012 y 2014, se utilizan solo aque llas preguntas formuladas de forma idéntica en al menos dos
de los tres cuestionarios. En algunos c asos, se i ncorporaron otras que, aunque no se an igual es,
complementan el análisis de los resultados, denominadas aquí como variables de contexto ,
dentro de las cuales s e encuentran varias pr eguntas pertenecientes al Estudio pre Electoral
Ecuador 2020 .
A continuac ión, se presentan las variables util izadas en cada Eje, separando en cada uno
de ellos aquellas variables que permiti eron el an álisis longitudi nal , de las identificada s como
de contexto .
147 El cu estionario del Estudio Pre Electora l Ecuador 2020 . Equipo de Inv estigaciones Políticas de la Universid ade d e
Santiago d e Compostela (EIP-USC), se incluye en el apartado Anexo V.
A NDREA M ILA M ALDONADO
132
Tabla 14. Va riables longitudinales utili zadas en el Eje 1. Institucion al idad ecuatoriana en política exterior
Eje
Variable
Categorías
Años
Eje 1.
Institucionalidad
ecuatoriana e n
política exterior
Opinión de algu nos líderes polític os “Rafael Corr ea” Estudios 2010, 2012 y 2014: 0-
100; Estudio 2020 : 0-10
2010;
2012;
2014;
2020
Confianza en el Pr esidente Mucho; Algo; Poc o; Nada
2010;
2012;
2014
Significado de las siglas: M in isterio de Relaciones
Exteriores, Comercio e Integració n (MRECI) y Ministerio de
Relaciones Ext eriores y Movilidad Humana (MREM H)
Correcto; Incorrec to; N/S
2010;
2012;
2014
Conocimien to del Min istro de Relaciones Exteriores del
Ecuador Correcto; Incorrec to; N/S
2010;
2012;
2014
¿Qué tan de acuerdo o en
desacu erdo e stá con… ?: Puede
que la d emocracia tenga problemas, pero es mejor que
cualquier otra for ma de gobi ern o
Muy de acuerdo ; Algo de
acuerdo; Algo e n desacuerdo;
Muy en desacuerdo
2010;
2012;
2014
A nivel internacional , ¿ cree u sted que Ecuador tiene más
o menos impor tancia que hace 10 años? Más; menos; ig ual 2010;
2012
A nivel i nternacional, ¿usted cree que Ecuador tendrá más
o menos impor tancia dentro de 1 0 años? Más; menos; ig ual
2010;
2012;
2014
En s u opi nión, ¿qué es m ejor par a el f uturo d e Ecu ador
tener participación activa en asuntos mundiales?, ¿o
mantenerse ale jado de los asunt os mundial es?
Participación acti va;
Mantenerse ale jado de los
asuntos mundiales ; Ni lo uno
ni lo
otro
2010;
2012;
2014
Valoración d e la Política Exterior
Muy de acuerdo ; Algo de
acuerdo; Algo e n desacuerdo;
Muy en desacuerdo
2010;
2012;
2014
Para aumentar la influencia del país en el mundo ¿ qué tan
de acue rdo o en de sacuerdo estaría usted con que se
utilizara el rec urso?: Militar
Muy de acuerdo ; Algo de
acuerdo; Algo e n desacuerdo;
Muy en desacuerdo
2010;
2012;
2014
Para aumentar la influencia del país en el mundo ¿ qué tan
de acue rdo o en de sacuerdo estaría usted con que se
utilizara el
recurso?: Dipl omático
Muy de acuerdo ; Algo de
acuerdo; Algo e n desacuerdo;
Muy en desacuerdo
2010;
2012;
2014
Para aumentar la influencia del país en el mundo ¿ qué tan
de acue rdo o en de sacuerdo estaría usted con que se
utilizara el rec urso?: Cultural
Mu
y d e acuerdo; Algo d e
acuerdo; Algo e n desacuerdo;
Muy en desacuerdo
2010;
2012;
2014
Para aumentar la influencia del país en el mundo ¿ qué tan
de acue rdo o en de sacuerdo estaría usted con que se
utilizara el rec urso?: Comercial
Muy de acuerdo ; Algo de
acuerdo; Algo e n desacuerdo;
Muy en desacuerdo
2010;
2012;
2014
Dígame, ¿qué tan importan te debe ser cada uno de los
siguientes obj etivos para la política exterior del Ecuador:
¿Promover la venta de productos ecuatorianos en ot ros
países?
Muy importan te; Algo
importante; Poc o importante;
Nada impor tante
2010;
2012;
2014
Dígame, ¿qué tan importan te debe ser cada uno de los
siguientes obj etivos para la política exterior del Ecuador:
¿Atraer la inversi ón extranjera a Ecuador?
Muy importan te; Alg
o
importante; Poc o importante;
Nada impor tante
2010;
2012;
2014
Dígame, ¿qué tan importan te debe ser cada uno de los
siguientes obj etivos para la política exterior del Ecuador:
¿Promover la cu ltura ecuatoriana ?
Muy importan te; Algo
importante; Poc o importante;
Nada impor tante
2010;
2012;
2014
Dígame, ¿qué tan importan te debe ser cada uno de los
siguientes obj etivos para la política exterior del Ecuador:
¿Proteger los in tereses del ec uatoriano en otros países ?
Muy importan te; Algo
importante; Poc o importante;
Nada impor tante
2010;
2012;
2014
D í g a me, ¿qué tan importan te debe ser cada uno de los
s i g u i entes obj etivos para la política exterior del Ecuador:
¿ A t r aer turistas ?
Muy importan te; Algo
importante; Poc o importante;
Nada impor tante
2010;
2012;
2014
D í g a me, ¿qué tan importan te debe ser cada uno de los
siguientes obj etivos para la política exterior del Ecuador:
¿Combatir el terroris mo internaci onal?
Muy importan te; Algo
importante; Poc o importante;
Nada impor tante
2010;
2012;
2014
Fuente: elaboración propia a partir de los datos de l os e studios de 2010, 2012 y 2014 del Proyecto regiona l Las Américas y el
Mundo, Capítulo Ecuador, FL ACSO-Ecuador y del Estudio Pre E lectoral E cuador de 2020 d el EIP-USC
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