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Política exterior e identidad en el Ecuador de la Revolución Ciudadana

Mila Maldonado, Andrea del Carmen

Abstract

La construcción de la identidad nacional en sociedades multiculturales y pluriétnicas ha sido abordada desde diversos ámbitos de las ciencias sociales y políticas. En Ecuador, la llegada del proyecto político Revolución Ciudadana en 2007 caracterizado por un amplio liderazgo y popularidad en la figura de Rafael Correa, la refundación del Estado, el reposicionamiento de Ecuador a nivel internacional y un marcado discurso nacionalista y soberanista, afianzado bajo la égida del sumak kawsay y la idea de la Patria como constructo simbólico de adherencias situado por encima de la marcada regionalización y las diferencias étnicoraciales, hacen de este un caso de interés y al mismo tiempo, un reto desde el análisis de la política exterior como un elemento presente en el estudio de la identidad nacional. Así, la presente tesis doctoral plantea como objetivo general demostrar que la política exterior está en la base de la construcción de la identidad nacional ecuatoriana, al menos durante el periodo de la Revolución Ciudadana. Se parte de una metodología mixta que combina técnicas cualitativas (análisis documental, entrevistas semi estructuradas en profundidad) y cuantitativas (cuatro estudios de opinión). Luego de analizar el diseño de la política exterior como política pública (2007-2017), y las percepciones de los ecuatorianos mediante siete ejes programáticos construidos ad hoc, se realizó un modelo estadístico de regresión logística, obteniendo como principales resultados: relevancia estadística de 17 variables (de las 428 probadas) agrupadas en factores de política exterior, factores estructurales, factores institucionales y factores de política interna; la percepción de amenaza estadounidense como elemento fundamental para la explicación de la política exterior como componente de la identidad nacional ecuatoriana; la inclusión de factores de política exterior en la semántica del discurso de la Revolución Ciudadana como constructora de la identidad nacional y, la percepción de Ecuador como un país con mayor influencia en el sistema internacional. Como principal conclusión se afirma que la política exterior está en la base de la construcción de la identidad nacional ecuatoriana, al menos durante el periodo de la Revolución Ciudadana.

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ESCUELA DE DOCT ORADO INTERN A CION AL DE LA USC Andrea del Carmen Mila Maldonado T esis doctoral P olítica exterior e identidad en el Ecuador de la Revolución Ciudadana Santiago de Compostela, 2022 Pr ograma de doctorado en Marketing P olítico, Actores e Instituciones en las Sociedades Contemporáneas TESIS DE DOCTO RADO POLÍTICA EXTERIOR E IDENTIDAD EN EL ECUADOR DE LA REVOLUCI ÓN CIUDADANA Andrea del Carmen Mila Maldonado ESCUEL A DE DOC TORAD O INTER NACIONAL DE LA UNIV ERSI DAD DE S ANTIAG O DE COMP OSTEL A PROGRAM A DE DOC TORADO EN MA RKETING PO LÍTICO, ACTORES E IN STI TUCIONES EN LAS S OCIEDADE S CO NTEMPO RÁNEAS SANTIAGO DE C OMPOSTELA 2022 D./Dña. Andrea del Car men Mila Maldon ado Título de l a tesis: Política exterior e identidad en el Ecuador de l a Revolución Ciuda dana Presento mi tesi s, siguiendo el proc edimiento adecuado al Reg lamento y dec laro que: 1) La tesis aba rca los resultados de la elaboración de mi trabajo. 2) De ser el caso, en la tesis se hace referenc ia a las co laboraciones que tuvo este trab ajo. 3) Confirmo que la tesis no incurre en ningún tipo d e plagio de ot ros autores ni de tr abajos presentados por mí para la obten ción de otros título s. 4) La tesis es la versión defin itiva presentada pa ra su defensa y c oincide la ve rsión impresa con la presentada en fo rmato electrónico. Y me comprometo a pre sentar el C ompromiso Docume ntal de Supervisión en e l ca so que e l orig inal no esté depositado en la Escuela. En Santiago de Co mpostela, Sele ccione la fecha . F irma electrón ica AUTORIZA CIÓN DEL DIREC TOR/TUTOR DE L A TESIS D./Dña. Erika Jaráiz Gu lías En condición de : Director/a Título de l a tesis: Política exterior e identidad en el Ecuador de l a Revolución Ciuda dana INF ORM A: Que la presente tesis, se corresponde con el trabajo realizado por D/Dña Andrea del Carmen Mil a Maldonado, bajo m i direcc ión/tutorización, y a utoriz o s u pr ese ntaci ón , conside r ando que reúne los requisitos exigidos en el R egla mento de Estudios de Docto rado d e la USC, y que como director /t utor de esta no incurre en las causa s de abstención estable cidas en la Ley 40/2015 . En Santiago de Co mpostela, Sele ccione la fecha Firma electrón ica AGRADECIMIENTOS Hace algunos años r ecibí un obsequio de mi hermana Bárbara, un libro que trataba sobre la vida de la ‘Libertadora del Libertado r’, la quiteña Manue la Sáenz . Este parecía el presagio de una nueva etapa en mi vida pe rsonal, p ero sob re todo acad émica, que tras haber ganad o una beca m e lle var ía desde mi amada Carac as al Ecuador de la Revolución C iudadana. Luego de algunos años de con cluir ese viaj e, y de estar en las entrañas de ese país mítico, m ulticultura l, di ver so, de gente amable y hermosos paisajes, concluyo esta te sis doctoral como tr ibuto al que fuera mi segundo hog ar durante v arios años, Ecuado r. Dicen que algunas grandes i deas han surgido en el m ed io de un café; y fue en un verano en Galic ia, con Érika Jaráiz, José Manuel Rivera y tres cafés que na ció el verdadero proyecto que hoy conclu yo con entera satisfacción. Son ellos a quienes quiero agradecer en primer lugar, por ser visionarios del que se convirtió mi proyecto vital durante los últimos años, pero, sobre todo, por creer que sería capaz de lograrlo. Gracias Erika por ser una tutora extraordin aria, comprensiva en lo humano y pac iente en mis primeras inc ursione s con los dat os, y a Petene por retarme intelectual mente a ser ca paz de demostra r con datos estadísticos que la p olítica exterior de la Revolución Ciudadana impacta e n l a i dentidad de los ecuatorianos. También agradezco al Equipo de Investigaciones Polít icas de la USC del que am bos son miembros, en espec ial a Nieves Lagares y a María Pereira, a q uienes conocí de sde mi s tiempos en la mitad del mundo, po r darme una cál ida bienvenida a s u hermosa Galic ia. También quiero agradecer al e x Director de la Facultad Latinoame ri cana de Cienc ias Sociale s (FLACSO), Sede Ecuador, Juan Ponce, por autorizar en mayo de 2019 el uso de las bases de datos del Proyecto las Américas y el Mundo , Capítulo Ecuador, de los años 2010, 2012 y 2014, y a Fra ncisco Carrasco por f acilitar t anto las bases, como los cues tionarios respectivos. Agradezco especialmente Beatriz Ze peda, coord inadora de los estudios de 2010 y 2014, por sus aportes para el mane jo de lo s cuestionarios y por su entusiasmo al s aber que este proyecto haría uso de las bases de datos generadas. Agradezco nuevamente al Equi po de Inve stigaciones Políticas de la USC por facilitarme l os datos del Estudio Pre El ectoral realizado e n Ecuador en 2020 . Agradezco a Jacques Ramírez, G uillaume Lon g, Ferna ndo Yépez, Simón Pa chano, René Ram írez, Enrique Ayala Mora, Francisco Carr ión y a Katalina Barreiro por sus invaluables aportes, pero, sobre todo, por su disposición, tiempo y ánimos para acabar con este proyecto. También quiero agradecer a Marisol Barrera, parte del equipo del ex presidente Rafael Correa, por cuyo intermedio logré acceder a varios de los en trevistados, así com o a Jorge Forero p or su colabor ación en el mis mo sentido. Agradezco a mis padres por heredar me la cultura del esfuerz o, sin ustedes no es taría aquí. Su ejemplo de t rabajo so n mi garra, de terminación y f uerza en ca da paso que doy. A m i herman o Juan Arturo, testigo fiel del sacrificio y las ganas que movilizaron e sta tesis, gran apoyo y soporte incondicional. Agradezco también a Pilar, Cristina y Yolanda por los ánimos y por t anto cariño. A las dos mujeres más i mportant es de mi vida y a quienes siempre tengo present e, Andrea de Dios y María del Carmen. Agradezco a mis amigas y amigos repa rtidos por Venezu ela, Ecuador, Argent ina, Austra li a y Galicia present es en toda s las e tapas, María Karina, Dani, Mary, Emilia, Rubencito, Ali , Churri, Liss, Yu, Pil ar, Javier, Ka, Rafa y María de los Ángeles. Gracias a Concha y a Luis por co ncederme ese l ugar, ese pedac ito de mar de su h ermosa G alicia. Un es pecia l agrade cimiento a Cri stian, por tu g enerosidad y por estar presente en todo el proceso, por tu invaluable apoyo a lo largo de este intenso camino, por las palabras de al iento, los ánimos y la s risas. He quer ido dejar de último a qui en fuera mi pilar dur an te todo este proceso, a o amor da miña vida , Paulo Car los, a quien no solo agradezco, sino también dedico esta tesis. Tu pacien cia, ca riño, tiempo y empuje determinan enteramente este proyecto. Si n t i, no sería posible. Y como diría Rosalía de Castro “ ca nt ar t e he i , G a licia, na lengua ga lega, consolo dos males, alivio das penas” . A tu Ecuador, Man uela RESUMEN : La construcción de l a identidad na cional en s ociedades multiculturales y pluriétnicas ha sido abordada de sde di versos ámbitos de l as ciencias sociales y polít icas. E n Ec uador, la lleg ada del proyecto político “Revo lución C iudadana” en 2007, caracterizado po r un amplio lid erazgo y popularidad en la f igura de Rafael Cor rea, la refundación del Estado, el reposiciona miento de Ecuado r a nivel internacional y un marcado discurso nacional ista y soberanis ta, afianzado bajo l a égida del suma k kawsay y la idea de la “Pa tria” como constructo simbólico de adhe rencias situado por encima de la marcada regionalización y l as diferen cias étnico-racia les, ha cen de este un caso de i nterés y al mismo tiempo, un r eto desde el a nálisis de la política exterior como un elemento present e e n el e studio de la identidad nacion al. Así, la presente tesis do ctoral plantea como ob jetivo general de mostrar que la po líti ca exterior está en la base de la construcció n de la identidad naciona l ecuatoriana, al menos durante el periodo de la Revolución Ciudadana. Se parte de una metodologí a mixta q ue combina técnicas cualitativas (análisis docu mental, en trevistas sem i estructuradas en profund idad) y cuantitativas (cuatro estudios de opinión). Lue go de analizar el diseño de la política exte rior como política pública (2007- 2017), y l as percepciones de l os ecuatorianos mediante siet e ejes programático s c onstruid os ad hoc , se realizó un m odelo estadístico de re gresión logística, obt eniendo como principales resultados: relevancia estadística de 17 variables (de las 428 prob adas) agru padas en factores de política exterior, f actores estructurales, factores institucional es y factores de política interna; la percepción de ‘amenaza’ estadounidense com o ele mento fundamental para la explicac ión de la política e xteri or como compon ente de la i dentidad nacional e cuatoriana; la inclusión de fact ores de polít ica e xterio r en la semántica del discurso de la R evolución Ciudadana co mo co nstructora de la identidad naciona l y, la percepc ión de Ecuador como un país con m ayor influencia en el sistema internacional. Como principal conclusión se afirma que la po lítica exter ior está en la base de la cons trucción de la identidad na cional ecua toriana, al menos duran te el periodo de la Revolu ción Ciudadan a. Palabras claves: Rev olución Ciudad ana, política ex terior, identidad y op inión pública ABSTR ACT: The construction of national identi ty in multicultural and multiethnic societies has been approached from various fields of social and political sciences. In Ecuador, the arrival of the political project "R evolución Ciudadana" in 2007, character ized by broad l eadership and popularity i n the f igure of Rafael Correa, the refou nding of the Sta te, the repositioning of Ecuad or at the i nternational level and a mark ed nationa list and sovereignis t discourse, entrenched under t he aegis of the sumak kawsay a nd the idea o f the "Homel and" as a symbolic co nstruct of adh esions l ocated above the marked regionalization and ethnic-racial differences, m ake this a ca se of intere st and at t he same time, a challenge from the analysis of fo reign po licy as an element present in the study of national identity. Thus, this doctoral thesis proposes as a general objectiv e to demo nstrate that foreign policy i s at the base of t he c onstruction of the Ecuadorian national ide ntit y, at least during t he period of the Revolución Ciudadana. It is b ased on a mixed methodology that combines qualitative tech niques (docu mentary analysis, in-depth semi-stru ctured interviews) a nd quantitative t echniques (four opinion studies). After analyzing the design of foreign policy as p ublic policy (2007-2017), and the percep tions of Ecuado rians through seven p rogrammatic axes built ad hoc, a l ogistic r egression statistica l model was carried out, obtaining as m ain results: statistical relevance of 17 variables (of the 428 tested) grouped i nto f oreign policy factors, structural factors, i nstitut ional factors, and domestic p olicy factors; the perception of a US "threat" as a fundamenta l element f or the explanation of foreign policy as a c omponent of the Ecuadorian n ational identi ty; the in clusion of foreign policy factors in the semanti cs of the di scourse o f the Revolución Ciudad ana as a constructor of national identity and the perception of Ecuador as a country w i t h gr e a t e r i nflue nce in the international system. As a main conclusio n, it is affirmed that foreign p o l i c y i s a t t he base of the construction of t he Ecuadorian national i denti ty, at least during the period of t h e R e vo l uc i ón Ci udadana. Key words: Revo lución Ci udadana, foreign policy, identity and pu blic opinion Glosario PLANEX: Plan Nacional de Política Exterior (2005) RC: Revolución Ciudadana SBU: Salario Básico Unificado SENAMI: Secretaría Nacional del Migrante SENPLADES: S ecreta rí a Nacional de Planificación y Desarrollo SETE CI: Secreta ría Téc nica de Cooperación Internacional SIDH: Sistema Interamericano de Derechos Humanos SIP: Sociedad Interamericana de Prensa SUCRE: Sistema Unitario de Compensación Regional de Pagos TIAR: Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca UE: Unión Europea UNASUR: Unión de Naciones Suramericanas INTRODUCCIÓN La construc ción de identidades en socied ades m ulticulturales y pluriétnicas representa procesos complejos que han implicado el aborda je desde enfoques m ultidiscipli nares. Particularmente, el caso de Ecuador r esulta de interés dado qu e his tóricamente la construcción de la identidad nacional se realizó desde la lógica top down de la dimensión político-estatal, imponiéndose las visiones dominantes excluyentes basadas en la etnia y la ra za, incapaces de ofrecer espacios de expresión a todos los grupos socia les que hacían v ida al interior de l territorio desde antes y aun luego de su independenci a. A esto se s uma la r egionalización costa-sierra, que contiene luch as simbólicas que han funcionado como un b astión desintegra dor que s e ha mantenido hasta su historia re ciente. Ambos eleme ntos han sido una dificultad para la construcción de la identidad ecuatoriana en clave na cional que, aunque marcada por hechos coh esionadores como el conflicto territorial con P erú, para auto res como Pachano (2003), se ha tratado de u n “problema”. La llegada del proyecto pol ítico de la Revolución Ciudadana, i niciado en 2007 y lider ado por Rafael Correa, marcó una ruptura con la convulsa dinámica política, económica e institucional reciente de ese país, caracterizada por altos niveles de in estab ilidad y un amplio rechazo popular hacia los partidos políti cos. A dem ás de ser capaz de ca pital izar el descontento de la s ociedad civil, el Movimiento Ali anza PAIS: Patria Alti va i Soberana , incluyó en sus filas a divers as fu erzas polít icas y logró desdibuja r e n el voto la histórica regionalización costa- sierra. Este p royecto polí ti co se propuso la refundación del Estado ecu atoriano, llevando a c abo un proc eso de As amblea Nacional Const ituyente (2007) , del que derivó una nu eva Constitución, conocida como la “Constituc ión de Montecristi” (2008), que definió al Estado ecuatoriano como ‘int ercult ural’ y ‘plurinacional’. El nuevo pacto social, fundado bajo la égida del s umak kawsay o “buen vivir” y respaldado por altos índices de popularidad concentrados en la figura de Raf ael Corre a, fueron presagios de una nueva etapa polí tica, soc ial, institucional y económica qu e iniciaba en Ecuador y que se cons olidó en una década de im portantes cambios, dentro de un nuevo discurso nacionalista y soberanista con signi ficantes propios del sentimiento nacional ecuatoriano. Uno de los ejes más importantes del proyecto político de la Revolución Ciudadana, fu e la concepción de la políti ca exterior como una política públi ca del Est ado ecuator iano; lo que quiere decir que contó con una etapa de di agnóstico (Plan de Gobierno Ali anza P AIS), un a f ase de diseño de polí ticas e specíficas, estr ategias y m etas para su a bor daje, y las etap as subsiguientes de monitor eo y e valuación (Planes Nacionales de De sa rrollo 2007-2017), siendo uno de los legados más i mportantes en esta área la capacidad de inc luir a l os asuntos internacionales en la agenda pública. A esto se sum a la estabilidad política que permitió una planificación de largo plazo con altos niveles de coordinación intra e inter institucional. Teniendo en c u enta la importancia regional de la pol ítica exte rior de la Revolución Ciudadana y los aspectos que han c aracterizado la construcción de l a identidad nacional ecuatoria n a , a s í c om o la poca producción científica generada en Améric a Latina para abordar el víncul o p ol í t i c a e x terior-identidad, entre las cual es destaca el predomini o del uso de técnicas cualitativas y la ausencia de la opinión de los ciudadanos (Merke, 2008; Russell y Tokatlián, 2012; Portales, 2011; Colac rai y Lorenzini, 2010; C olacrai, 2010; Lorenz i ni, 2010; Pi gnatta, 2010; Benedetto, Rojo y Rom ero, 2010; Ceppi, 2010; Pereyra, 2010; Co rtes, 2010; Lechini 2010, Busso y Zubelzú, 2010; Santa Cruz, 2013; Anaya, 2013; Sán chez y Zapata, 2014; Introducción 17 Cascante, 2014; B arceló, 2020; Jaramillo, 2020 y Tah Ayala, 2021), la presente tesis doctor al se plantea como obj etivo general, d emostrar que la política exterior está presente en la bas e de la i dentidad nacional ecuatoriana, al menos durante el periodo de la Revolución Ciudadana . Adicionalmente, se traz an dos obj etivos espec íficos; el primero, con la fin alidad de analizar la construcción de la política exte rior co mo política pública parte del proyecto nac ional de la Revolución Ciudadana, y su efecto e n la identidad ecuatori ana en clave naci onal ; y, el segundo, con el propósito de analizar l as p ercepc iones de la ciudadanía ecuatoriana s obre la política exterior de la Re volución Ci udadana, con base e n siete ejes programáticos construidos en torno a la planificación gubernamental en esta área . La investigación se estructura en cinco g randes bl oques desarrollados en seis capítulos. En el pr imero de ellos, se plantea el encuadre teórico de la política exterior den tro del campo de la Ciencia Pol ítica (5900), en la disciplina de las Relaciones Inter nacional es (5901), con una aproximación más certera a la subdisciplina de la Política I nternacional ( 59 0103), a partir de la Nomenclatura par a los C ampos de las C iencias y las Tecnologías de la UNESC O. Es así que, en e l Capítulo I. Políti ca ex terior: cambio y c ontinuidad, opinión púb lica e identidades nacionales , se realiza un a a proximación a la naturaleza polisémic a de la po lítica exte rior desde una dimensión teórico-epistemológica, desde s u carácter de cisional, entendida como política pública, sin desconectar su análisis de elementos de la propia di námica y competición pol ítica interna. De igu al forma, s e describ en los elementos que la configuran, tales c omo la orientación, fines, objetivos, capacid ades e i nstrumentos, no exentos de cierta confusión, tal y como lo plantea el teórico Kal Holsti. En cuanto a la sistematización del desarrollo teóri co de la polí tica exterior, se opta por el constructivismo como el gran p araguas teórico d el que p arte esta tesis d octoral. Del m ismo modo, teniendo en cuenta que se propon e un e studio desde el Sur global, y como a proximación al objeto de estudio, se plantea la introducción de América Latina en el marco de las Relaciones Internacionales desde la crítica explícita al eurocentris mo que ha caracterizado e influenciado su desarrollo, contraponiendo a un g rupo de autor es (De Sousa, 2009; De Toro, 1999; Lander 2000; Mignolo, 2010 y Quijano, 2014), quienes expresan en términos epist emológicos el proceso –o de-construcción– de la im portación de conocimiento, bajo lo que han denominad o como “colonialidad”, la “postcolonialidad” o la “desobediencia epistémica”. En un segundo apa rt ado dentro del bloque teórico, se revisan los aportes de Kal Holsti, Charles Hermann, G l en Palmer y Clifton Morgan, autores que han e labora do buena parte de la literatura que aborda los proce sos de cambio y co ntinuidad en pol ítica exterior, s in l os cuales no sería posible comprender, justificar y dimensionar teóricamente l as principales ruptur as y continuidades en la acción exterior del Estado ecuatoriano t ras la lleg ada d el proye cto polít ico de la Revolución Ciudadana. Teniendo en cuenta que dentro de l a etap a cuanti tativa de esta tesis doctor al s e utili zarán datos generados de cuatro estudios de opinión con enfoque de políti ca exterior, un t erce r apartado teórico se concentra en el d esarrollo de l os principales aportes de la relación polít ica exterior-opinión pública, con énfasis en los tres p ostul ados del Consenso Almond Lippmann que atribuyen a la opinión públ ica: volatilidad , carencia de estructura-coh erencia e influencia limitada , partiendo de los aportes de sus p rincipales defensores, así como l as dis cusiones qu e los ha n r e b a t i do en los últimos 40 años. Dentro de este tercer apartado teórico se revisa la pro duc c i ón c i e ntífica reciente generada en Amé rica Latina, d e la qu e dest aca el Proyecto L as Américas y el Mundo com o iniciativa regional consolidada en v arios p aíses de la región, iniciada por el Centro de I nvestigación y Docencia Económicas (CIDE) en México en 2004, al que se adhieren p rogresivamente P erú, B rasil, Argentina, C hile, Colom bia, E cuador y Uruguay, el cual contempla la imp lementación de estudios de opi nión bianuales con enfoque en políti ca A NDREA M ILA M ALDONADO 18 exterior de cada uno de esos países, generando sus respectivos informes. Destacando que esta tesis doctoral cuenta con los permisos de FLACSO-Ecuador para el uso de los datos obt enidos del capítulo Ecuador en el marco del mencionado Proyecto, con el objeto de conoc er los alcances y no duplicar esfuerzos, también se revisan todas las investigaciones derivadas, siendo relevante solo una de e lla s (Zepeda, 2020), que explot a los datos de las bases de datos tomando como variable a la ident idad, pero desde una perspectiva des criptiva y comparada con Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, M éxico y Perú, permitien do a este proye cto doctoral ser primi genio e n Ecuador, como también lo reconoc en v arios de sus coordinador es e n las entrevistas realizadas. El último apa rtado del primer Capítulo se conc ent ra en el des arrollo del vínculo identidad - política exterior . Tal y como lo hicier a Maja Zehfuss (2001) e n su trabajo: Constructivism and Identity: A Dangerous L iaison , nos permitimos una traducción libre del texto para preguntarnos, si en el caso del vínculo política exterior e identidad se tra ta de ¿otra re lación peligrosa?. Dentro del ra streo, se i dentifican sus orígenes en las dé cadas de 1960 y 1970, y como nos hemos referido en algunas de las l íneas iniciales, se tienen en cuenta los aportes de los constructivistas com o el paraguas teórico que permitirá dar respuesta a nu estro objetivo principal. A través de Pri zel (1998), se sistematizan cinco cate gorí as de identidades nacionales y su relación con la política exterior. Para complementar y actualizar el aná lisi s, re curri mos a otros trabajos más recientes como los niveles de int erpreta ci ón de la identidad en la política exterior de Andrei Tsygankov (2014), así como el modelo multidim ensional de Ursula Stark (2015), que a modo de prisma analítico permite la observación de los aspectos normativos, culturales e históricos que confluy en en una situación dada d e política exterior. Dent ro de este apartado se re cogen v arias de las críticas a la naturaleza multidi mensional y transparadigmáti ca de los abordajes t eóricos de l a identidad. Es así que, a través de Berenskoetter (2017), s e identi fican los p roblemas más importantes entr e los que destacan t eóricos como Onuf (2003), q uien se opuso a impl ementar l a identida d alegando su complejidad; su vínculo cercano con el desarrollo del con cepto de ‘cultura’; el enfoque Estado-céntrico de algunos autores como Wendt (2005a) – en tanto que gran parte de los significados identitarios surgen e n el plano doméstico (Vitelli, 2011)–, y las dificultades en relación a las metodologí as y a la necesidad de proporcionar mayor rigor analítico. No obst ante, para Stark (2015), los p roblemas inherentes a su naturaleza transparadigm ática son parte de su riqueza; es tarea del investigador encontrar la manera adecuada de sit uar a la identidad en el lugar que l e corresponde dentro del análisis de l a políti ca exterior y las Relaciones Internacionales, teniendo en cuenta estas anotaciones. El C apítulo II sistematiz a el objetivo general, los dos objetivos específicos que ya hemos señalado al inicio de l a introduc ción, así c omo la s cuatro hipót esis a ser comprobada s a lo lar go de esta tesis doctoral, las cuales están ligadas pr incipalmente a la identidad como variable dependiente del estudio, a factores de política exterior, a las construcciones de imágenes estereotipadas del ‘otro’ y a la influencia de Ecuador en el sistema internacional. Para el logro del objeti vo general, los objeti vos es pecíficos y las hipótesis, se parte de una metodología mixta que combina aspectos cualitati vos y cuantitativos, a través de los cuales se triangulan tres téc nic as: el análisis documental, las encuestas de opinión y las entrevistas en profundi da d s e m i - e s tructuradas. Así, en el Capítulo III. Metodología de la Investigación , se describe e l di s e ño m etod ológico e n dos etapas; la primera, cualitativa , a travé s de la cual se realiza el an álisis documental que permite dar estructura a los resultados. De dicha revisión se obtienen, por una parte, l os principales elementos hi stóricos que h an configurado la identidad ecuatoriana y la política exterior, desde la i nserción de Ecuador al s istema de Estados; y p or otra, la identificación de siete ejes progr amáticos de l a pol ítica exterior de la Revolución Introducción 19 Ciudadana , a partir de l os documentos oficiales elaborados en el área (p eriodo 2007-2017), útiles para el proce samie nto de los resultados. En esta etapa se incluye la implementación de nueve (9 ) entr evistas en profundidad y s emi-estructuradas como técnica p ara l a obtención de datos relevantes de rep resentantes institucionales que formaron p arte del gobierno de la Revolución Ciudadana , de dos de los coordinador es del Proyecto Las Américas y el Mundo, Capítulo Ecuador de 2010 y 2014, y de expertos en el área de identidad. En la etapa cuantitat iva se presentan las variables a ser utili zadas en el anális is cuantitativo de los datos relevados de los cuatro estudios de opini ón que se indican a c o ntinuación: 1. Base de datos del Proye cto regional L as Américas y el Mundo, Capítulo Ecuador de 2010 (FLACSO, Ecuador) . 2. Base de datos del Proye cto regional L as Américas y el Mundo, Capítulo Ecuador de 2012 (FLACSO, Ecuador). 3. Base de datos del Proye cto regional L as Américas y el Mundo, Capítulo Ecuador de 2014 (FLACSO, Ecuador). 4. Estudio Pr e Electoral Ecuador, 2020, del Equipo de Investigaciones Pol íticas de la Universidade de Santiago de Compostela. En esta et apa también s e presentan las variables l ongitudinales ut ilizadas de ca d a uno d e los cuatro estudios señ alados, y l as 428 va riables c ualitativas y cuantitativas de l a Base de datos del Proyecto regional Las Américas y el Mundo, C apítulo Ecuador , de 2014, y su operacionalización para poder ser utilizadas en el modelo de regresión logística. En el Capítulo IV. Política exterior e identidad en los albores de la Repúbli ca del Ecuador , por medio del an álisis documental se recog en los principales elem entos que han c aracterizado la i dentidad e cuatoriana y las relaciones internacionales de Ecuador d es de su inser ción al sistema de Estados, lueg o de su independenc ia. En esa revisión distinguimos, por una parte, cómo se d esarrolló la identidad nacional ecuatoriana, desde apo rtes que colocan de relieve la etnia y la raza como aspectos im perativos de an álisis, según lo descrito por autores como Ibarra (1998; 2003), Pachano (1993; 2003), Ay ala Mor a ( 1998; 1999; 2017); Quint ero y S ilva (1998); y por otra, las condicion es de Es tado pequeño, colchón, p eriférico, depen diente y ¿víctima? Esta última categoría permi te enlazar con el hist órico conflicto con P erú, que a l a vez que cohesionador de la identidad bajo la idea de un enemigo común personalizado en el vecino del sur, fue eje central de l a polí tica exterior ecuatoriana, al cual s e destinaron recursos ingentes para su resolución. Por esas razones, se dedica especial atención a su caract erizac ión. Siguiendo l a línea de ca mbio y continuidad del Capítulo Teórico, en el C apítulo IV. se revisan los p rincipales temas de política exterior antes de la llegada de la Revolución Ciudadana, con l a finalidad de poder observar e n el Capítulo V, cuáles fuer o n grosso modo , las transformaciones sustanciales respecto a la década anterior. En el Capítulo V. Polític a exterior de l a Re volución Ciudadana en clave de cambio y continuidad , se realiza u na contextualización d e la l legada de Rafael Correa al pode r, y se analizan los siguientes documentos oficiales en política exterior: la Constitución de l a República del Ecuador (2008), P lan Nacional de Desarrollo 2007-2010, Plan Nacional de De s a r r ol l o/ P ol ít ica Exterior 2007-2010, Plan Naci onal para el Buen Vivir 2009-2013, y el Plan Na c i ona l p a r a el Buen V ivir 2013-2017. Adi cionalmente, se realiza un bal ance general d e l os principales lineamientos y acciones emprendidas en esta área de gobierno. El sexto y últim o capítulo t itulado Capít ulo VI. Política exterior d e l a Revolución Ciudadana: percepciones e i mpacto en la identidad nacional, recoge los r esultados obtenidos en dos grande s secciones , la primera: De sarroll o programático e institucional de la polític a A NDREA M ILA M ALDONADO 20 exterior de la Revolución Ciudadana y percepciones de la ciudadaní a ecuatoriana, que sistematiza los siete ejes programáticos id entificados luego de la revisión de los documentos oficiales del Capítulo V, por medio de los cu ales s e ordena est a secció n, a sabe r: Eje 1. Institucionalidad ecuatoriana en polí tica exterior; Eje 2. Soberanía e integridad territorial; Eje 3. Relaciones bilaterales; Eje 4. Multipolaridad, otros s ocios y Unión Europea; Eje 5. Emigración, migración y Derechos Humanos ; Eje 6. Integración regional y Ej e 7. Medio ambiente . Este capítulo evidencia la triangulación de las téc nicas ar ri ba mencionadas: la revisión de los documentos oficiales, de los que se identifican los obj etivos, metas y lineamientos de pol ítica exterior r elacionados y agr egados al eje correspondiente; los r esultados de l as entrevistas; y los d atos procesados d e l os c uatro estudios d e opi nión. Estos últimos son trabajados desde la perspectiva longitudinal, tom ando c omo base el mismo gr upo de preguntas en distintos momentos del proyecto pol ítico de la Revolución Ciudadana ( 2010, 2012 y 2014 ) y luego de cuatro años de su conclusión (2020). La segunda sección de resultados: Impac to de la p olítica exterior en la identidad ecuatoriana dur ante el p eriodo de la Revolución Ci udadana, explora por medio de los datos relevados de los cuatro es tudios de opinión, algunas percepciones de l os ec uatorianos sobre su identidad. El capítulo concluye con un modelo de regresión logística a través del cual s e demuestra si la política ex terior es un elemento presente en la construcci ón de la identidad nacional ecuatoriana, durant e el p eriodo de la Revolución Ci udadana , utilizando para ello l a base de datos del proye cto regional Las Américas y el Mundo, Capítulo Ec uador de 2014, dado que para ese momento el proyecto político de la Revolución Ciudadana se consolidaba en el poder en m ás de siete años y Rafael Correa iniciaba el que serí a el último de sus mandatos. Est e método estadísti co será la piedra angular de la presente tesis doctoral, bajo el reto de conformar un aporte inédito y novedoso para los estudios en el área. El análisis de las variables i ndependientes que resul ten estadíst icamente s ignificativas se realiza bajo un esqu ema realizado ad hoc , con ba se en cuatr o grandes grupos vinculados a la identidad como variable independiente que facilitan la lectura de l os result ados: a) factores de política exterior –con referencia ex clusiva a las relac iones del Estado ecuatoriano con otros actores del sistema intern acional–, b) f actores estructurales –que incluy e v ariables d e c arácter socio-estructurales–, c) f actores institucionales –asociada s al rol de l as insti tuciones en cuanto a principios, valor es e i deología–, y d) fa ctores de política interna –relacionadas con los sentimientos y otras variables que representan las imágenes del “yo”/” nosotros” frente al otro/otros. Finalmente, se recogen las Conclusiones obtenidas del estudio, haciendo énfasis en l a comprobación de las hipótesis planteadas, los hal lazgos más si gnificativos, las l imitaciones y los aportes, s iendo la p rincipal conclusión, que la políti ca exterior es un elemento pres ente en la construcción de la id entidad ecuatoriana, al menos durante el p eriodo de l a Revolución Ciudadana. CAPÍTULO I. POLÍTICA EXTERI OR: CAMBIO Y CONTINUIDAD, OPINIÓN PÚBLICA E IDENTID ADES NACIONALES Perfilar un concepto lo suficientemente amplio s obre política exterior resulta complejo. No existe un consenso en la comunidad científica, ni siquiera entre los referentes de una misma escuela de pensamiento en t orno a ello, s umado al hecho de s er uno de los términos más discutidos de las Rela ciones Internacionales y e l Derecho I nt ernacional P úblico, lo que e n conjunto di ficulta identificar su locus . Por estos motivos, el presente m arco teórico inicia con la a claratoria de que la aproximación a la política ext erior como definición y objeto de e studio, dependerá en gran medida del enfoque y el rol del Estado por el que opte el investigador 1 (Pérez, 2012). En las p róximas líneas se recogerán los principales aportes de autores que ofrecen una perspectiva gene ral sin c aer en los determinismos de los diversos enfoques, sobre los cuales insistiremos más adelante, particularmente, el constructivismo. 1.1. P OLÍTICA E XTERIOR : UNA APROXIM ACIÓN A SU NATURALE ZA POLISÉM ICA La política exterior pued e definirse como el conjunto de acciones diseñadas pa ra el abordaje de problemas y el logro de m etas en el ámbit o exterior (Hermann, 1990). De acuerdo a Holsti (1991), es una estrategia que persigue el alcance de objetivos combinando orientac ión, actitudes, compromisos, estilos dipl omáticos, posiciones e intereses, d elineados desde las instancias legitimadas ha cia el ento rno externo o; la suma de las relaciones oficiales ext ernas conducidas po r un actor i ndependiente qu e pu ede s er el Estado –o no– (Hill, 2003). El concepto de P adelford y Lin coln (1977) sintetiza todo lo a nterior al enunciarla como el r esultado de un proceso mediant e el cual los Est ados t raducen sus metas e intereses en cursos de acción específicos con el fin de l ograr sus objetivos y prese rvar sus intereses y en esta mi sma línea, 1 La natur aleza del Estado como actor un itario posiciona a los aut ores de las distint as corrientes en su defensa o rechazo y a otros con literatura más reciente, en una postura int ermedia. Des de el en foque clásico del Derecho Internacional, el Estado goza de capacidad ju rídica in ternacional y p lena capacidad po lítica (Caldu ch, 1 993; Pérez, 2 009) y , para los realistas no ha sid o relegado ni sustituido como el actor preponderante de l as Relaciones Internacion ales, q ue persigue metas relacio nadas con el pod er y el interés nacional (Krasner, 1978). Keohane y Nye ( 1988) adoptan una postura ambigua a l aprobar lo anterior y reconocer al mismo t iempo a o tros actores en los “canales múltiples” d e la interd ependencia compleja; p ara ellos “las relaciones internacionales surgen cuando se flexibiliza el supu esto realista de qu e los Estados son las úni cas unid ades” (p. 4 1). En esta línea, Vázquez y González (2015), coinciden en la capacidad –única– del Estad o de celebrar “activ idad es i ntern acionales – tales– como (…) la firma de trat ados comerciales, convenios internacionales, relaciones intergubernamentales, inv asiones, guerras, tratado s de p az, etc.” (p. 22 4), pero se muestran a favor de visib ilizar las transformacion es surgidas de la acción de la sociedad civ il a través d e estructuras orgánicas y capilares lideradas p or ciudadanos o rganizados, tal y como o currió en América Latina con la impleme ntació n d el mod elo neoliberal a finales del siglo XX, cuyas con secuencias contribuyeron al posicionamiento d e nuevos actores tran snacionales (por ejemplo, los movimientos sociales indígenas). Otras ap roximaciones reconocen que el Estado es el actor principal y no el único, haciend o posible ha blar de compañías, gobiernos regi onales y actores no estatales con po lítica exterio r propia (Ald en y Aran, 2017; Smith , Hadfield y Dunne, 2008 ) o comunid ades soberanas (Ca r l s n a e s , Ri s s e y Simmon s, 2002) y , aunque importantes, n o trascienden al Estado (Ho lsti, 1 989). También p ara Lasagna (199 5 ) , l a s r e l a c i o n es que se generan de la po lítica exterior suele n ser en tre los Estad os, pero aprueba q ue no so n actores exc l u s i v o s d e l s i s t e ma , porque como unidades p olít icas e stán en declive (Rosenau, 1968 ). Asimismo, Míguez (2020 ) reco no ce que el Estado continúa siendo “la llave que orient a la estrategia de inserción internacional a través de sus políti cas, promoviendo, p rofundizando o desalentando cond iciones histó ricas d e vinculación con el sistema mundial” (p. 2 3); no obstante, la capacidad analítica p ara u bicar con precisión el agent e q ue toma las decisiones de política ext erio r sigue siendo un d esafío (Milani y Pinheiro, 2017; Llende rrozas y Finkielsztoyn, 2013). Finalmente, Smith, Hadfield y Dunne (2008) resuelven q ue estudiar el comportamiento del Estado es una dimensión ineludible de la política exterior y ello no convierte necesariam ente a los autores en estado -céntricos ni e statistas. A NDREA M ILA M ALDONADO 22 Modelski (1962) la considera un s istema de activi dades desarrollado para incidir en el cambio de comportamiento de otros Estados y para ajustar sus actividades al entorno internacional. Carlsnaes, Ri sse y Si mmons (2002), construyen s u concepto de política ex terior sobre la misma base d e a cciones, obj etivos, lineamientos y compromisos que no solo son perseguidos por los Estados sino por cualquier ‘comunidad s oberana’ e incluyen la interrelación de los representantes de un gobi erno con otros actores gubernamentales y no guber namentales. Por su parte, Helio Jaguaribe (1974), uno de los autores latinoamericanos más i nfluyentes, observa matemáticamente a la p olítica exterior como “una ecuación d e optimización, en el ámbito internacional, de los principales i ntereses de un país, teniendo en cuenta sus condiciones internas y externas y los medios de acc ión d e que dispone” (p. 104). Para Pearson y Rochester (2000) la política exteri or se diseña en fun ción de prioridades y preceptos trazados por los tomadores d e decisiones o dirig entes estatales, quienes en la búsqueda por alcanzar los fines propuestos escogen comportamientos adecuados a criterios contingentes –originados por los inputs que recibe un gobierno desde el exterior–; t radicionales –que responden a las pautas históricas que h an perfilado la polít ica exterior d e un país por largo tiempo (Lasagna, 1995)– ; y/o, valorat ivos u orientativos –fundados en l as percepciones e ideas derivadas de la experiencia del Estado y de las circunstancias estratégicas que han determinado su lugar en la política mundial (Rosenau, 1976) – . La pol ítica exterior es t ambién descrita como a quellas decisiones de carácter públi co alineadas a los int ereses n acionales por las que opta n los gobiernos (Mayullema-Allaica, Pucha, Espinosa y Urquizo, 2019; Velázquez , 2017); por lo que autores como Hudson (2013) y R ose (1998) la definen c omo la prolongación de l a política doméstica por otros medios – innenpolitik – o el resultado de la dinámica interna, a demás de una vía para obt ener insumos externos que permitan satisfacer demandas locales (Vargas-A lzate, 2010). De allí la premisa básica que afirma que las dimensiones internacional –aquello que implique la vinculac ión con actores fu era de las fronteras nacional es– y doméstic a –l o que tiene lugar dentro d e ellas– son indivisi bles. Uno de los principales autores que sustenta e sta idea es Bayless Maning ( 19 77), quien a cuñó el término intermestic para definir los aspectos que son “profunda e inseparablemente internacionales y domésti cos” (p. 306), así como difusos al momento de ubi carlos en una u otra dimensión, en tanto que pueden re spond er a ambas sim ultáneamente. Esto ha sido objeto de debate du rante muchos años, y par a Caldu ch (199 3), uno de los errores más comunes es l a tendencia a analizar la “política exterior com o un ámbito teórico desconectado de l a políti ca interna” (p. 2 ), esp ecialmente por tres motivos : en primer lugar, s i se “ha ce referenci a al estado como actor, s e re qu iere entender qué pa sa dentro de ese ac to r” (Llenderrozas y Finkielszt oyn, 2013, p. 168); en segundo lugar, para explic ar las elecciones que toman los Estados, los académicos han visto l a necesidad d e tener en cu ent a los lí mites entre ambos entornos –cada ve z más difuminados–, lo cual les ha supuesto un ard uo t rabajo e int enso desarrollo teórico (Alden y Aran, 2012); y, te rcero, que las diferencias de los Estados en cuanto a ni vel de desarrollo, régi men político, cultura, institucionalización, opinión pública y rasgos de personalidad d e los lí deres –aspectos internos–, afectan indudablem ente al proceso de política exterior en su conjunto (Boj ang, 2018). La influencia doméstica como variable cent ral para explic ar lo qu e ocurre en l os asunto s externos e s una p a r t e medular en la teorización sobre políti ca exter io r desde 1950, razón por la cual, ha s i do de i m p ortancia para los realistas, e n especial, Kenneth Waltz (1959), que en su propuesta de los t res niveles de análisis de polít ica exterior 2 o ‘imágenes’ – individual, estatal 2 Ken neth Waltz elaboró uno de los modelos más impo rtantes d e Análisis de Polít ica Exterior (APE). Su obra orig inal Man, the State and the W ar se publicó en 1959 y su fi nalidad inicial e ra estudiar las causas del co nflicto –o la guerra–, pero l os tres niveles desarrollados –que también defi ne como imágenes–, se han utilizado para explicar c ómo se comport an los Estado s Capítulo I 23 y sistémico–, explica en el segundo nivel que el comportamiento del Estado en el sistema internacional, responde a su estructura y necesida des i nternas y qu e el pro ceso de formulación de la política exterior, incluye la interrelación de los a ctores subnacionales. Kissi nger (1973; 1966) por su parte, d estaca que la política domé stica no es i rrelevante p ara ningún período histórico porque determina en gran medida la consecuc ión efici ente de metas y la gestión de los recursos en política ext erior, al t iempo que afecta l a inte rpretación de l as acciones de otros Estados. Así, para él so n t res los aspectos que permitirían evaluar de f orma sistemática el impacto de la estructur a nacional en l os asuntos internacionales: el sistema económico, las tradiciones hist óricas y los valores social es; que, sumados, también so n fundamentales al momento en que los decisores opten –o no– por una política exterior revolucionaria. Holsti (1989) recalca la postura de algunos r ealistas –entre los qu e incl uye a Steph en Krasner (1978)– en cuant o al Estado como actor un itario cuyo comportamien to es una constante reacción a la “dinámica política exterior más que a la interna” (p. 529); n o obstante, reconoce que l os rea listas clásicos “también le dan importancia a la pol ítica interna como una varia ble residual de las desviacione s de l a pol ítica ra cional” (p. 529) y, a su jui cio, la distribución del poder después de la Segunda Guerra M undial demostró la ne cesidad de “explorar los p rocesos políticos dentro de las na ciones (…) y no solo entre ellas” (p. 534). En esa línea, l os realista s neoclásicos como Lobell, Ripsman y Taliaferro (2009) introducen a los factores domésticos en sus explicac iones de polít ica externa, específic amente los recursos, l a influencia de actores sociales, los grupos domésticos y los grupos de interés. Los modelos M arxista/Sistema-Mundo/Dependencia también integran teorías sobre relaciones gl obales e inte rnas que tienen lugar en el centro y la perif eria y dentro de cada una de ellas con sus élites locales (Holst i, 1989). De igual modo, l os t eóricos de la interdependencia compleja afirman que l as políticas i nterna y externa están estrechamente ‘eslabonadas’ (Keohane y Nye, 1988 ). Por su p arte, los n eorrealistas y estru cturalistas si stémi cos identificaron “cadenas de unión entre las actividades i nternas y externas” (Pérez, 201 2, p. 22), como l a llamada teorí a del l inkage 3 , desarrollada profusam ente por J ames Rosenau (1969), uno d e los pioneros en la b úsqueda de correlaciones entre amb as actividades y en advertir sus interacciones a parti r de una amplia taxonom ía de a utores, instituciones y escenarios inte rnacionales. Su base fue la síntesis de c inco niveles de a nálisis –similares a las tres imág enes de Wa ltz–: individual; de rol; gubernamental; s ocietal y si stémico 4 , que tuvo como finalidad la transversalidad y explicación de los fenóm enos de p olítica exte rior desde cada uno de ellos (R osenau, 1966). El resultado y alcan ce ter minó siendo limitado por las dificultades del autor en definir el “encadenamiento” d e es tas áreas (Osorno, 1995 ), así como insuficiente y confuso por las múltiples t axonomías; pero valioso al incorporar un instrumento metodológico que i ncluye a otros actore s en la escena internac ional, reduciendo el monopolio del Estado (Llenderrozas y Finkielsztoyn, 2013). en el co ntexto internacional. E n el primer nivel, analiza el rol del ind ividuo en la polí tica exterior; en el se gu ndo n ivel, la organi zación interna del Estado y; en el tercer nivel se centra en la estructura internacional donde los Estado s son vistos como actores u nitarios que respond en a los estímulo s externos. Algunas de ellas serían discu tidas más adelan te en su trabajo Teoría de la polí tica internacional (1967b). En (2001), Waltz publicó Man, State and War: A Theo retical Ana lysis en el que ab orda las c a u s a s d e l a g u e rra d esde las pe rspectivas p sicológica, antropológica, filo sófica y política. 3 O t r o s t r a b a j os q ue se insertan en las teorías del li nkag e son los de M erle , M. (1991). Sociología de las Relaciones Inte r n a c i o n a l e s . E n Mesa, R. (trad.). Mad rid: Alianza E ditorial; Hanreider , W. ( 1971). Compatibility and Consensus: A Propo sal for the Conceptual Linkage of Exte rnal and Internal Dimensions of Foreig n Policy . En Hanrei der W. (ed.), Comparative Foreign Policy: Th eoretical Essays, Nuev a York ; Wilkenfeld , J. (1973). Conflict B ehavior en Li nkage Po litics . Nueva Yo rk y; Sm ith , S. ( 1990). Interna tional R elations . En L eftwich, A. (ed.). New Developments in Political Science. An International Rev iew of Achieveme nts an d Prospects. Aldershot : Edward Elgar Publishing. 4 E l peso d e cada n ivel es mayor o meno r en “función de sus dimensiones (en cuanto a tamaño, recursos e inciden cia en el sistema internacional) y d e su desarrollo social, político y económico” (Llenderro zas y Finkielsztoyn, 2013, p. 175). A NDREA M ILA M ALDONADO 24 En la misma líne a de los estudios intermésticos, el trabajo de Robert Putnam (1988) –juego de dos niveles o tw o level games – es uno de los más exhaustivos p orque ub ica en una rela ción de doble vía a los factor es i nternos como determi nantes del contexto externo, y a la polític a exterior como incidente en la polí tica interna. Su p ropuesta se sintetiza en la pregunta de si ¿la política interna determina las relaciones i nternacionales o al revés? 5 a la que responde: “ ambas, a veces” 6 (p. 27). Mi entras en el p rimer nivel –n acional– ubi ca a los sectores domésticos t ales como los grupos de interés, l a opi nión pública o los p artidos p olíticos con los que el gobi erno busca pactar para su con solidación efectiva en el poder; el segundo nivel –int ernac ion al– lo concibe como el espacio en el que l os gob iernos maximizan sus destrezas y capacidades para cubrir las demandas de e sos grupos y mini mizan l os efe ctos negativos de s us pare s externos. De esta forma, el gobierno forma parte de un doble juego que se complejiza si las decisiones de un plano son irrealizables en el otro (González, 2008). Si bien, Putnam (1988) reconoce a Rosenau como uno de los prim eros en desarrollar análisis internacionales y domésticos, discute la poca investigación derivada de las teorías del linkage , de las que el propi o Rosenau (1966;1989) r econoció la existencia de ‘muchas l agunas’ y su incapacidad de expl icar de manera s atisfactoria cómo unos aspectos inciden en ot ros, dificultad con la que ya se habían encontrado Snyder, B ruck y Sapin (1954) algunos años antes. Otro de los trabajos más elaborados son los mod elos de Graham Allison (1971) –conocidos como actor racional, org anizacional y burocrático–, que r ealizan dos apo rtes notables a los estudios intermésticos: inc orporar en el m odelo burocrático a los actores subnacionales como incidentes en la polít ica exterior y, des conocer a los Estados como actor es unitarios. A juicio de Putnam (1988), tales aportes no evolucion aron mucho más allá de a firmar con cie rta simplicidad que los interese s buroc ráticos son importantes en la formulación de la política exterior 7 . Este autor también m uestra diferencias con Keohane y Nye, ya que atribuye a los teóricos de la interde p endencia que el concepto de regímenes internacionales dominó el subcampo al mismo tiempo que los factores domést icos perdieron el foco y trascendencia. En relación a l o anterior y desde una perspectiva más amplia, Rosenau (19 89) destaca los avances de las RRII en cuanto a evolución t eórica y generación de modelos como el de la interdependencia compleja o los regímenes int ernaciona les y coincide con Putnam (1988) al insistir en dos aspe ctos: el primero, que tales avances se lograron por l a f ragmentación y las ‘islas teóricas’ sin pu entes de comunicación entre s í, y el segundo, que se afirma en la dificultad de identificar una teoría lo suficientemente ajustada a los estudios int ermésticos, que a la vez que rec ono zca la autonomía de ambas esferas, no menoscabe su interdependencia 8 . Otro de los autore s antes mencionado y cuyos aportes merecen ser destac ados es Gideon Rose (1998), ya qu e otorga a los asuntos intermésticos el nivel de teorí a de políti ca exterior – conjuntamente con el rea lismo ofensivo, realismo defensivo y el realismo neoclásico– bajo la 5 James Fearon (1998) plant ea en una interrogante similar: ¿qué t an importante es la p olítica doméstica en relación a los factores sistémicos o estructu rales para explicar las p olíticas exteriores de l os Estados?. Para dar con la respu esta explica el signifi cado de la p olítica doméstica a la lu z d e la polít ica exterior afirmand o que una teo ría de política d oméstica v ariará en función de la forma en que se c on ciban las teorías sistémicas. Este autor también sostiene que la política doméstica da forma a la p olítica exterior, por ejemplo, en la con figuración de políticas exteriores poco óptimas y que esas in teracciones d an lugar a diversas prácticas estatales externas. 6 Trad u c c i ó n l i b r e d e l a autora de l a exp resión literal “both, sometimes” (Putnam, 1988, p. 427). 7 Algu n o s e s t u d i o s m ás recientes co mo el de Ald en y Aran (2017). Foreig n Policy Ana lysis. New approaches, retoman el co mpone n t e b u r o c r á t i c o de All ison bajo la interrogante “Can bu rea ucracies d rive foreign po licy d ec isio ns?” (p . 1). –¿Pueden las buro cracias conducir las decisiones de política exterior? –. 8 Otros autores que siguen los trabajo s i ntermésticos son: Vo lgy , T. y Schwa rz , J . (1991). Does Politics S top a t t he Water’s Edge? D omestics Political Factors a nd Foreign Pol icy Re structuring in t he Cases of Great Britai n, Fr ance, and We st Germany. Journ al of Politi cs. (53) 3, 615-643; y Milenky , E. (1978). Argentina’s Fo reign Policies . Bou lder: Westview Press. Kaarbo, J. (2015). A foreign policy anal ysis perspective on t he domestic politics turn in IR Theory. International Stu dies Review , 17 (2 ), 189-216. Capítulo I 31 114). Algunos ejemplos de este tipo de sancione s son los embargos, boicots o las restricciones en los contactos culturales , siendo esta última un aspecto fundamental del poder blando de las relaciones entre países y de la his tórica diplomacia cultural , i nstrumento a los que han recurrido los Estados para conseguir sus intere s es mediante un e nfoque más sutil. Su im portancia estriba en que es uno de los pila res de las relaciones interestatales (S adikki, 2009), que incluye la cooperación internac ion al y múltiples actividades que gene ran acercamientos “a través de l a coordinación de sus representaciones di plomáticas y consulares medi ante convenios y programas de cooperación científica, educativa y cultural” (Rodrígue z, 2015, p. 43). Al restringirse delibe radamente, se cierran espacios q ue fomentan los negocio s y las inversiones, así como la confian za y el entendimiento mutuo, ámbitos importantes de las relaciones bilaterales estatales. La efectividad e idoneida d del uso de las sanciones positivas y negativas genera apoyos y rechazos en la comunidad académica y ent re los mi embros de la soci edad internacional. Mastanduno (2008) circunscribe su análisis a los resultados de l as sanciones económic as negativas, las que puede n servir al logro de objetivos , pero p lantea que su verdadera i ntención puede ser l a de afectar a las pol íticas dom éstica s de un país, influir en su comportamiento externo o dism inuir sus capacidades milit ares. En algunos casos, l as sanciones pueden estar direccionadas a provocar un cambio de régimen o crear divi siones a lo interno de un gobi erno para transformar el orden político o incitar a la pobl ación a presionar para un cambio de políticas, ergo del propio gobierno; cu anto mayor sea la presión ec onómica, más probables son estos e fectos. Sobre esto último, Mastanduno (2008) sostiene qu e, las s anciones económicas también pueden gen erar un efecto cont rario al de seado por el Est ado san cionador, tal y como una integración política entre los ciudadanos y sus lí deres o re sistenci a a la amenaza externa. Adicional al efecto int egrador, las sanciones negativas pueden incurrir en gastos significativos tanto para el país sancionado como para el sancionador, l o cual puede ha cerlas insostenibles y dificultar que s e mantenga el apoyo políti co a lo largo del tiempo o dentro d e una coalición de Estados. Los problemas públicos genera dos a causa de l os efectos desproporcionados en ví ctimas inocentes, son otras de las desaprobaciones a su uso. Frente a esto, algunos autores y Estados optan por las llamadas smart sanctions que pretende n limitar los efectos en la pobl ación y dirigirlos a un a élite gob ernante, l as cuales, e n la mayoría de los casos no han generado los “óptimos” resultados esperados (Mastanduno, 2008). A juicio de Robert P ape (1997), las sanciones económicas negativas no resuelven los problemas reales de l a polí tica exterior, l o que evidenció a través del e studio de 40 casos declarados como “exitosos” entre 1980 y 1990, de los que obtuvo los siguientes resultados: Examiné los 40 éxitos declarados y descubrí que sol o 5 se mantienen firmes. En realidad, dieciocho se resol vieron m ediante el us o d irecto o indirecto de la fuerza; en 8 ca sos no hay evidenc ia de que el estado ob jetivo haya hecho l as c onces iones exigidas; 6 no califican como sanciones económicas; y 3 son indeterm inados. Si estoy en lo cierto, entonces las sanciones ha n tenido éxito en sol o 5 de 115 intentos y, po r lo tanto, no hay una base sólida para un opti mismo inclu so cali ficado sob re los efectos de las san ciones 14 (p.1). En l o que r e s p ecta a las críti cas de las sanciones p ositivas de t ipo económico, algunas de ellas com o l a a yuda ext erna o la promoción de inversi ón extranjera s e pueden ejecutar con otras intenciones por parte del Estado sancionador, que podría utilizar estos i nstrumentos para generar consensos y apoyarse en la diplomac ia p ara –en un último ca so– abonar el camino para 14 Traducción libre d e la autora A NDREA M ILA M ALDONADO 32 el uso de la fuer za militar. No obstante, la forma de sanc iones positivas también puede generar efec tos distintos y en ocasiones contribuir con la expansión del comercio de un gobierno o fortalecer sus capacidades (Mastanduno, 2008). E n cualquier caso, tanto l as sanciones positivas como negativas son algunos de los instrumentos de los que disponen los Estados que no implican el uso de la fuerza pa ra abordar los prob lemas y oportunidades en polí tica exterior y su base jurídica se encuentra tipificada en el Derecho Internacional. Si se sigue la línea ascendente de la Figura 2, el curso común orie nta a que si l as sa nciones no cumplen su cometido , lo siguiente es la intervención política que incluye la propaganda , basada principalmente en la m anipulación intencionada de símb olos verba les con el obj etivo de influir en otro Estado (Baldwin, 1985) y se dife rencia de las informaciones casuales por ser: a) deliberada, es decir, parte de la manipulación y busca afectar opi niones y/o comportamientos; b) parcial, por s er emitida por un a ctor cuya inten ción no es la de transmitir un m ensaje o h echo con la mayor objetividad , sino desde su percepci ón o valoración; c) s electiva, ya que escoge intencionalmente la información a ser transmitida así como la forma y; d) condi cionante, porque pretende ad ecuar las conductas a un objetivo, valiéndose de informaciones parciales y en ocasiones desfiguradas que sesgan la for ma ción de opiniones de los rece pt ores del mensaje. El Estado que opta por este instrumento debe seleccionar claramente el m edio o los cana les por los que transmiti rá el me nsaje, la info rmación qu e le f avorece y el públi co objetivo al que la orienta (Calduch, 1993), a sí c omo los “mi edos, de seos y la debilidad del grupo” (Chabat, 1990, p. 400). La subversión es otro d e los instrumentos de i ntervención políti ca y puede ser ent endida como la participación act iva de grupos locales no estatales con el objetivo de afectar, d egradar o debilitar la autoridad de un gobi erno. I mplic a l a delegación de un actor internacional – patrocinador– a un actor nacional – proxy – que acuerdan socavar al gobierno de un Estado mediante acciones específicas (Lee, 2020). P ara s u implementación, el Est ado i niciador pu ede valerse de miembros de sus fuerzas armadas u organismos de inteligenci a p ara que penetren las sociedades de los Estado s objetivo y contribuir con l a generación de escenarios de violencia y de dars e el caso, ser c atalizadore s de contradicciones sociales y a existent es. A juicio de Lee (2020), es más probable que se utilice contra Estados que ya tienen disputas políticas y cuando hay disponibil idad de ac tores en ese p aís para co operar con el Estado pat rocinador. De esta forma, para que la subve rsión tenga lugar se deben dar dos condiciones: 1) la divergencia en las preferencias políticas entre el Estado objeti vo y el Estado que pat rocina la subversión, y 2 ) la presencia de agentes locales no estatales en el es tado objetivo. En comparac ión con el us o convencional de la fuer za, la subversión supone un menor gasto económico, militar y admi nistrativo, y sus resultados no n ecesariamente son atribuidos a un patrocinador externo, porque la ambigüedad que g enera l a participación de agentes foráneos y no foráneos r educe la probabilidad de que el Estad o patrocinador suf ra represalias por parte del Estado objetivo o de la comunidad internacional (Lee , 2020). Otr as form as de intervención política menos comunes son los golp es de Estado u operaciones de cambio de régimen destinadas a derrocar lí deres extr anjeros o ca mbi ar ins tituciones pol íticas 15 ; y la influencia en procesos elec tor ales de otros países, sea por m edio de apoyos económicos a los candid atos favoritos (Aidt, Albornoz y H auk, 2019) o presi onando para que se celebren elecciones e n países cu yos s i s t e m a s presentan carencias democráticas (Kelley, 2012). El fr a c a s o e n e s t e nivel u bica al Estado iniciador en la decisión de: a) continuar esc alando la disputa mediante la aplicación de medida s punitivas que seguirá n aumentando la te nsión c o n altas pr obabilidades de que la situación se salga de control o, b) reducir las pé rdidas y 15 Para Steph en Kin zer (2007) algunos ejemplos so n lo s golpes de Estado en Ch ile (1 973) Guatemala (1954 ) o Irán (1953) que fu eron respaldados por Estados Unidos. Capítulo I 33 retroceder, lo que conlle varía a la humillación públ ica y a la crítica nacional (Brighi y Hill, 2008). Con la primera iniciativa, el Es tado opta por el úl timo instrumento de polít ica exterior en la escala ascendente, que es l a acción militar , resumida como la capac i dad de un Est ado en influir por el us o d e la v iolencia, las armas y la fuerza (Baldwin, 1985) a travé s de medidas legalmente aceptadas por la comunidad int ernacional (Bassey, 2 005). A este últim o grupo d e instrumentos también se le conoce como diplomaci a armada . Al respecto de esto, Mearsheimer (1992) afirma que, los Estados operan e n dos e sfer as en el á mbito internacional: la política y la economía. Según su t esis, si las dos entran en confl icto, la primera dominará a la s egunda, por esta razón, las c apacidades mili tares, tecnología, r eputación y equipamiento en general, inciden en la efectividad del ataq ue o amenaza a ot ros Estados en contextos espec í ficos, sirviendo de respaldo para la consecución de los objetivos de política exterior. Sin duda, uno de los t emas más controvertidos luego de la Guerra Fría ha sido la intervención militar ; su prominencia en los debates de política exterior así l o sugiere. MacMillan (2013) diferencia tres aspectos guía de esta modalidad: 1) actos discretos de 2) interferencia coercitiva en los 3) asuntos int ernos de ot ros Estados, que no cambian el estatus jurídico de la pa rte intervenida como lo haría la co lonización o la a nexión. Las ra zones bajo las cuales se ha implementado son humanitarias, defensa de la democraci a, poner fin a los movimientos hostiles, det erminar los resultados de guerr as civiles y construir o transf ormar las instituciones y capacidades de Estados denominados como frágiles o fallidos. La intervención militar es para algunos una excepción a la regla del p rincipio de no intervención p ero, en real idad pl antea un a di scusión más profund a s obre la soberanía estatal (fuerzas territoriales vs. transnacionales), los patr ones de poder en el sistema interna cional y coloca d e r elieve las di cotomías legit imidad/legalidad, acción rápida/obstá culos sostenidos en el tiempo, s electividad/consistencia. Al ser una práctica reconocid a por los Est ados, amparada en la Responsabilidad de P roteger 16 y no s olo un comportamiento o acción s ocial, se critica la idoneidad y utilidad de esta medida c o ercitiva e n la s relaciones contemporáneas, a demás de las dificultades estratégicas a razón de los aspectos operativos que conlleva (Mac Millan, 2013). Los estudios de la intervención militar ha n hecho énfasis en su dimensión humanitaria qu e Holzgrefe (2003) define como: la amenaza o el uso de la fuerza a través de las fronteras esta tales por pa rte de u n estado (o grupo de Estados) con el obje ti vo de preven ir o poner fin a violaciones generalizadas y graves de los derechos fund amentales de personas distinta s a sus ciudadanos, s in el permiso del Estado en cuyo territorio se aplica la fuerza 17 (p. 18). A pesar d e l as aspiraciones de neutralidad e ind ependencia qu e estip ula la acción hum anitaria, algunas críticas se posicionan en que esta responde al mismo contexto geopolítico amplio de los aspec tos económicos y militares (Willit ts-King, El Tara boulsi y B ryant, 2018) y que se t rata de una herr amienta de l os Estados pot encias p ara usar la fu erza cuando lo estimen necesario. No obstante, su estudio conceptual e histórico sigue estando poco desarrollado y es la modalidad de coerción por antonomasia de las relaciones internacionales c ontemporáneas. 16 L a Re s p o n sabilidad de Proteger (R2P) se aprobó en la Cumbre Mundial 2005 de la Organización de Naciones Uni das (A/RES/60/1 ) y se b asa en que el Estado “es respon sable d e p roteger a su población del g enocidio, los crímenes de guerra, la depuración étnica y lo s crímenes de lesa humanidad ”. En el caso de que el Estado n o se a capaz de h acerlo, la comu nid ad internacional está auto rizada a usar “los medios d iplo máticos, h umanitarios y o tros me dio s pacífi cos apropiados (…) para ayudar a pro teger a las poblaciones d el genocidio, los crímenes de guerra, la d epuración étni ca y los crímenes d e l esa humanidad” (ONU, 2005). 17 Traducción libre d e la autora. A NDREA M ILA M ALDONADO 34 Para con cluir este aparta do, es importante acotar los aportes de C habat (1 990) que tom an en cuenta al i mperialismo y colonialismo como instrumentos de política exterior que no son contemplados por Brighi y Hill (2008) en su escala, probablement e por el escaso uso en las relaciones i nternacionales contemporáneas. Al imperialismo l o define como una “proyecc ión hacia el exter ior, directa o indirecta, del p oder políti co, económico o cultural de una nación; implica la imposición de control (abier to o en cubierto, directo o indirec to) de una población sobre otra”, mientr as que al colonialismo lo describe como una “proy ección natural de la nacionalidad de los colonizadores al medio natural y social donde se inst alan” (p. 401-402). Aunque pueden generar confusión, el r asgo común de ambos es la exp ansión de un Estado por diversos fines y su princi pal rasgo distintivo es qu e el s egundo i mplica la tenencia o pos esión de un t erritorio. Por su p arte, P érez (2012) destaca la existencia de autor es que incorpor an en esta list a de instrumentos a la hegemonía , entendida como el liderazgo intelectual o moral, o la dominación de un Estado que combina poder m aterial, ideología e instituciones, sea bajo la forma de la coerción o el consenso (Harvey, 2003; Arrighi, 1999). En estos primeros apartados se ha definido a la polí tica exterior analizan do su estrecha relación con los aspectos domésticos, su aborda je interdisciplinar como p olí tica pública y los principales el ementos qu e la conforman, tales com o los fines, objetivos, c apacidades materiales y los recursos de los que dispone. En las siguientes líneas se sintetizará el desarr ollo teórico d e la política exterior y se diferenciarán los principales aportes de las teorías de las Relaciones Internacionales, núcleo fundamental de su existencia. 1.1.2. Política exterior y constructivismo La consolidación teórica de l a polít ica exterior h a tenido un recorrido influenciado por el desarrollo ontológi co d e las Relaciones Internacionales, lo que ha supu esto serias di ficultades al momento de considerarla una di sciplina independiente (Hill, 2003; Hud son y Vore , 1995), una subdisciplina (Carlsn aes, Risse y Simm ons, 2002) o un subcampo (Neack, 2019) d entro de este campo. Esto no es un problema en sí mis mo, p ero da origen a los siguientes: a) el ‘lugar secundario’ c omo objeto de estudio e n la producción científica, b) la ausencia de una identidad disciplinaria, c) inconsistencias en su autoubicación epistemológica (Llenderrozas y Finkielsztoyn, 2013, p . 167) c) anacronismo de a lgunos de sus postulados y d) reemplazo o absorción por otros enfoques (White, 1999). Adicionalmente, algunos conceptos como el poder, la se guridad, el interé s na cional, la soberanía, la cooperación, el conf licto o la razón de Estado, complejizan el poder distinguirla eficientemente de l os enfoques teóricos dominantes, especialmente del pa radigma rea list a y, a pesar de los aportes generados en l as últimas décadas, el centro del debate académico si gue estan do en la (in)e xistencia de un desarrollo epistemológico sólido a rticulado y autónomo como hemos evidenc iado en e l apartado anterior. A juicio de Holsti ( 1989), varios tra bajos de muestran el apoyo mutuo, pero describe a esta relación como ‘ecléctica ’. Mientras las RRII se centran en analizar la estructura del sistema internacional y lo hace n responsable de moldear y limitar las preferencias racionales y estrategia de los Estados, la polít ica exterior concentra s us e sfuerzos en la toma d e dec isiones y en los procesos que tienen lugar a l o interno del Est ado y se nutre de la psicolo gía y la psicología social pa ra comprender “la s barreras en el procesamiento de infor m ación y la s elección racional” ( p . 555) . Por e llo, los asuntos que trata n l as RR II suelen vi ncularse más a la alta política – c om p one nt es del sistema en su conjunto– y los de política exterior con la baja pol ítica –decisiones de los actores y el proceso– por lo que, más que solaparse, se complementan. A p esar de sus difer encias, insistim os en el hecho notorio de la dificultad que representa para algunos académicos diferenciar a l os r eferentes teóricos de la políti ca exterior y de l as RRII, quienes en m uchos estudios optan por describir los aportes de l a segunda, difuminando Capítulo I 35 cada v ez más la líne a que las separa de la p rimera, obviando la propia naturaleza d e sus obje to s de estudio. Es adeu do del investi gador, no solo tomar postura por aspectos como el rol d el Estado o el marco de Análisis de Política Exterior de preferenc ia, sino también dist inguir los rasgos principales de cad a una, sobre todo en lo que ti ene que ver con los post ulados clásicos; o, al menos, en un esfuerzo de ejercicio int erdisciplinar, re conocer la incidencia m utua d e forma explícita, en tanto que las t eorías de la políti ca exterior son i ntrínsecas a las teorías de l as relaciones internacionales (Smith, 2013, p.13) y, que todas tienen ‘algún punto de contacto ’ (Llenderrozas y Finkielsztoyn, 2013), incluso aquellas no Estado-céntricas. Varios de l os aportes exitosos en esta línea son lo s trabajos de Willi am Wohlfoth, Jeffrey Checkel y Mi chael Doyle 18 (2016), Salomón y Pinhe iro (2013) y Llenderrozas y F inkielsztoyn, (2013) que recogen los principa les postulados del realismo, liberalismo y constructivismo, a la vez que logran aproxim arlos a la política exterior desde una p erspectiva epistemológi ca y práctica. Ellos s erán el ej e vertebrador de este apa rtado, así como l as teorías de Gideon Ros e que se i ncardinan en el enfoque neorrealista, pero o frecen una perspectiva y variables adapt adas a la política exterior. 1.1.2.1. Constructivismo El constructivismo observa al mundo –constr uido– a trav és d e un proceso d e interacción entre agentes y su entorno más amplio; su peso reposa en lo social –en opos ición a lo m aterial– y su centro gravita en t orno a l as identidades e intereses (Checkel, 2008; Wendt, 1999). D isti nto a los enfoque s revisados, el foco del aná lisis no son los E stados c omo unidades individuales racionales, ya que el actor interesa e n la medida en que partic ipa en los procesos de creación y difusión de normas que configuran esas ideas e identidades. De acuerdo a este en foque, las identidades son significativas p orque son las responsables de definir los intereses d el Estado/individuo y orientar sus acciones: para los constructivistas estos actúan movi dos por los significados propios y los s ignificados que l os otros hacen de ellos (Flockhart, 2012) y eso lo logran a través de l a formación de ideas so ciales, que sumadas, conforman una estructura normativa, la cual se construye, transforma o socializa por m edio de las intera cciones de los a gentes. De esta forma, los actores no poseen un por tafolio de intereses que pueden utili zar indisti ntamente del contexto social, s ino que los de fin en a la vez que las situaciones (Wendt, 1999 ); de ahí dos de sus premisas: la importancia del proceso que da origen a los intereses de los Estados y la construcción mut ua de los age ntes y estructuras ( Hopf, 1998; Adler, 2002). La atención de l os cons tructivistas también se centra en l a anarquía, en tendida como resultado del pro ceso s ocial de construcción de si gnificados colectivos (K ubálková, 2001), en tanto que su concepc ión está relacionada con la seguridad del ‘yo’, y trae como consecuencia que no exista un concepto de seguridad unívoco, y sí distintos, por la manera en que ese ‘yo’ s e identifica con el ‘otro’ (Wendt, 1999). El constructivismo no e s estrictamente una corr iente de RRII 19 , sino una teoría s ocial amplia, aplicable a los estudios de la pol ítica internacional (Salomón y Pinheiro, 2013) , que ha evolucionado en corto tiempo para convertirse en uno de sus paradigmas, contribuyendo significativamente al análisis de la realidad social e internac ional (Jung, 2019). En su des arrollo 18 L o s t r a b a j o s de estos auto res se encuen tran en Smith, S. Hadfield y Dunne, T. (eds.) (2008; 2016). Foreign policy. Theories, a ctors, cases . New York: Oxford University Press. 19 El constructivismo se liga a l as RRII en el llamado cuarto d ebate racionalismo-reflectivismo. Alguno s autores toman como punto de partida la publi cación de Anarchy is what S tates M ake of it: T he So cial Constru ction of Power Politics (1992) de Alexand er Wendt, pero, al hacer u n rastreo, se identifica a Nicholas Onu f (1989) como el p rimero en enunciar el término constructivismo y a lo s ap ort es d e John G erard Ruggi e (1975 ) c omo originarios, aunque sin acuñarse la deno minación de ‘constructivismo’ a sus argumentos (Vitelli, 2014). A NDREA M ILA M ALDONADO 36 se identifican dos importantes tendencias, la pr imera con origen en Est ados Unidos y la segunda, europea. P ara Checkel (2008), las diferencias sust anciales entre ambas –que atañen a la política exterior– se ubican en los planteamientos y los métodos que emplean. Aunque no es un marco orientador como el realismo o el liber alismo, el constructivismo realiza aportes al APE (especialmente la c orriente estadounidense), dos de ellos de amplia re ferencia como lo son la burocracia y la toma de decisiones y un terce ro que Checkel (2008) define como el imp acto de la sociedad internacional en la práctica d e la política exterior de los E stados . De igual modo es relevante la atención de am bas corrientes en el lenguaje; mientras los intelectuales estadounidenses lo definen como actos de argumentación o pe rsuasión capaces d e incidir en el cambio d e opini ón de los tomadores de decisión en política ex terior, los eu ropeos consideran que se trata de estructuras de significado que posibil itan ciertas acciones en el ámbito externo. Como es conocido, l as b u rocrac ias n acionales so n notables para el análisis por el rol qu e desempeñan tanto en los Estados propiamente dichos como en la fase de diseño e implementación de las pol íticas. S u expresión p ráctica son los mini sterios, secretarías o agencias y suel en tener com o m isión defender el interés nacional y maximi zar algún ben eficio material. El APE dedic a gran parte de su literatura a de sarrollar su rol, pero, el construc tivism o le da un aporte significativo al explora r el origen d e los deseos e intereses que representan tales instancias; de esta for ma, mientras el APE tradicional ‘exogeniza’ los intereses, el constructivismo analiza c ómo s e erigen a tr avés de un p roceso de inte racción social – es decir, los endogeniza 20 –. Los constructivist as proponen una nueva mirada a los act ores tradicionales y enfati zan en los fa ctores en el nivel d e l a uni dad con el fin de que l as burocracias ejerzan un rol distinto que trascienda al Estado nacional 21 (Checkel, 2008). Bajo el análisis constructivista, la política exterior está impuls ada por los pr ocesos de toma de decisiones, donde los distintos actores participan colectivamente. La visi ón tradicional ligada al ámbito de las RRII, asume que las decisi ones son tomadas por actores racionales qu e calculan y bus can maximizar s us i ntereses, sobre lo cual discrepa el APE al esti mar como ‘pocos’ los procesos de decisión que logran ser perfectamente rac ion ales y, en particular, los enfoques cognitivos defi nen a los ag entes como ‘ racionales li mitados’ 22 , es decir incapa ces d e entender y calcular sim ultáneamente costos, be neficios y alternativas. Si bien, su base es diferente, el AP E y los enfoques cognitivos ti enen como aspecto común observar al actor o a los actores como ‘asociales’ que deciden solos. A l r especto, el giro construct ivista propone una nueva comprensión de la r acionalidad vinculad a a individuos profundamente sociales y reflexivos, que no solo bus can ganancias y constantemente intentan persuadi rse y convencerse mutuamente, como t al, sus intereses y preferencias están abiertos a redefinirse. De ahí que, s e tome a la negociación com o aspecto complementario y a la argumentación y persuasión como elementos claves de la toma de decisiones 2 3 (Checkel, 2008). 20 El con structivismo ‘endogeniza’ el p roceso de fo rmación de intereses, ya que en lugar de simplemente asumir q ue las burocracias o l os Estad o ti enen intereses, exp loran cómo se construyen . Así, para l os realistas se debe ‘defend er el in terés nacional’, para el con structivista es más important e ‘definir el interés nacional’ (Checkel, 2008, p. 75). 21 Un e j e m p l o s o n l a s Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) y las corporaciones nacionales, que han demostrado su influenci a e n a c t o r e s y p olíticas esta tales. 22 Tra d u c c i ó n l i b r e d e la autora de ‘ boundendly rational’ (Checkel, 2008, p. 176). 23 La persuasión está estrechamente relacion ada a los a portes de la p sicología social y literatu ra experimental de ese ámbito. Al gunos autores como Checkel, 20 01 (cit. en Checkel, 2 008) han obtenido como prin cipales hall azgos de esos estudios, que la p ersuasión y la argu mentación desempeñan un p apel en la toma d e d ecisiones solo bajo ciertas cond iciones, po r ejemplo , cuando se p roducen en espacios privado s y fu era del o jo público . Estos resultad os han sido discutidos p or los constructivistas europeo s, para quienes, lo s ag entes no solo son persu asivos porque tienen autoridad o discutan en ámbitos priv ados; son persuasivo s porque están habilitados y legitimados por un discurso social más amplio d el que forman parte. Capítulo I 37 Respecto al úl timo aspecto identificado por Ch eckel (2008), – i mpacto de la sociedad internacional en l a práctica de la política exter ior de los Estados –, los constructivistas vuelven a la discusión sobre los aspectos internacionales-domésticos y al nexo que los une y , también a los niveles d e análisis, ante lo cual, p roponen modelos de niveles cruzados o transversales. Par a lograr e sto, han dedicado m uchas de s us investigaciones a teorizar y documentar empíricamente la v ariedad de mecani smos que con ectan el si stema internacional con actores, instituciones y políticas nacionales. Las principales falencias del constructivism o s e hallan en el ámbito metodológico. La corriente norteamericana tiene como método el estudio de casos y el ras treo de procesos, demostrando poca claridad sobre todo con lo segundo, l o que deriva en la exist encia de “cierta resistencia (…) a considerar estas investi gaciones como algo más que opiniones más o m enos informadas (... ) una dificult ad adicional que en frentó el constructivismo en sus esfuerzos po r establecerse en tanto perspectiva válida en la discip lina” (Vitelli, 2011, p. 13 0). A pesar de esto, es ampliamente utili zada como marco teó rico en m últiples i nvestigaciones de política exterior y RRII. Otra de las c ríticas a los constructivistas e s que no abor d an de for ma satisfactoria al poder como categoría d e análisis , especialmente la corri ente europea vincul ada a las ideas de Jürgen H abermas, tema sobre el cual la corriente n orteamericana tampoco l e ha especificado s u rol (Checkel, 2008). Ante la pr egunt a de si “¿e xiste una políti ca exterior c onstructivista?”, Vitelli (2014) responde n egativamente, a l sostener que esta corriente no contempla un marco analítico qu e permita identificar objetivos y evaluar sus resultados, pero, es útil para “reali zar investigaciones empíricas sobr e políti cas exteriore s, sól o que las p reguntas de inv estigación para l as cual es esta perspectiva r esulta útil son distintas de aquellas que tienen una dimensión prescriptiva” (p.165). Todos los enfoqu es abordados demu estran que, solo si se conocen los detalles de los asuntos espe cíficos de polít ica e xterior, se pueden dete rminar si las circunstanc ias bajo análisis se corresponden verdaderamente con los parámetros conocidos de una teorí a dada, acción qu e resulta mucho más difícil de lo que par ece, ya que r equiere una profunda famili aridad tanto con la t eoría g eneral como con l os aspectos específicos (Smith, Hadfield y Dunne, 2008). En cualquier c aso, los estudi os gravitan hacia la idea de que l as teorías aplicables son complementarias en lugar de competitivas y que la políti ca exterior sigue siendo un tema central de las Relaciones Internacionales, tanto d esde la perspectiva teórica com o práctica (Pé rez, 2012). 1.1.3. América Latin a y las Relaciones Internacionales: u n p roceso, d e-construcción constante La teorización en política exterior y Relacion es Internacionales desde Am érica Latina no ha sido bien recibida, d esconocida e n el c entro de conocimiento e ignorada por intelectuales de Estados Unidos y Europa (Briceño y Simonoff, 2017; Van K laveren, 1992). La mayoría de sus propuestas han surgido atomizadas y, e n respuesta a la coyuntura de la región y del sistema internacional (Villarroel, 2016). Tales situaciones han dado lugar a debates sobre si su producción científica se encuentra en el nivel de desarr ollo teórico o si se trata de preceptos que pertenecen a postul ados hegemónicos que han s ido mim etizados 24 para d ar respuesta a los pro b l e m a s de l contexto ( Briceño y Sim onoff, 2017). S ean o no ciertas esas afirmaciones –y a pro p ós i t o de ellas– tien en lugar las si guientes dos precisiones: que la absorción de tales 24 El términ o ‘mimetización’ fu e desarrollado d entro de los en foques p oscoloniales y en especial po r Ho mi K. Bhab ha (1994) para re ferirse a “el deseo de un Otro reformado, reconocible, como ‘sujeto’ de una diferencia que es casi lo m ismo, pero no exactamente. Lo que equivale a decir que el discurso del mimetismo se construye alrededor de una ambivalencia” (p. 112). Es usado también como sinónimo d e emulación o imitación del c ompo rtamiento por ejemplo d e una p otencia h egemónica, como una exp resión de dominaci ón por parte de esta última (Arrighi, 1999). A NDREA M ILA M ALDONADO 38 conocimientos debió producirse dentro d e un cont exto de saberes l ocales preexistentes y; que al importar ‘ conocimiento hegemónico’, l a periferia debió transformarlo y adaptarlo al contexto particular, siendo el problema de esto últim o la ‘importación acrítica’ o la inexistencia de un examen de pertinencia con la realidad (Tickner, 2012). En la producción científica latinoamericana destaca un grupo de autores para quien es, el ‘poscolonialismo’ (De Sousa, 2009), la ‘postcolonialidad’ (D e Toro, 1999) la ‘ colonialidad del poder’ (Quijano, 2014), ‘el pensamiento decolonial’, la ‘desobediencia epistémica’ (Mignolo, 2010b), o simplemente la ‘colonialidad’ (L ander, 2000; Mi gnolo, 2010b) son expresiones de resistencia y alter idad en el conocimiento frente a las lógicas y propuestas vistas como eurocé nt ricas desde la base de la du alidad modernidad-postmodernidad/colonialidad- poscolonialidad. P or su parte, Homi K. Bhabha (1994) –teórico crítico y uno de l os m áximos representantes del p oscolonialism o–, propuso la idea de un ‘tercer espac io i n between ’ que trasciende esa l ógica bina ria ‘centro y periferia (imperio-colonia)’ (Briceño y Simonoff, 2017), en el cual s e rompe con el discurso clásico de la realidad colonial en l a que se i mpuso una cultura superior, al plantear que la cultura sometida generó resistencia, lejos de la quietud o pasividad que en ocasion es se presupone y dio orig en a un ‘disenso pr oducti vo’ (Álvarez, 2011). Ese tercer espacio lo denominó ‘hibridación’ 2 5 . Según B oaventura De So usa S antos (2009), el poscolonialism o fue un viraje cultural en las ciencias sociales que se produjo en la dé cada de 1980 y tiene dos grandes aborda j es conceptuales: el primer o, asociado a un perio do hist órico que lleva implícito tanto la institucionalidad y nacimiento de las nuevas repúblicas l atinoamericanas en el siglo XI X, como las rupturas y continuidades con el sistema colonial que determinó s u forma de inserción al sistema internacional. El segundo, –preferido po r De S ousa (2009)– tiene una perspectiva ‘culturalista’ y se concr eta en prácticas, estudio s culturales, lingüí sticos e identidades que “deconstruyen la nar rativa colonial”, al tiempo que procur an sustitui rla y contiene en su esencia una ‘ crítica implícita o explí cita’ (p. 277). Este autor también r ecurre al té r mino de hibridación en el ámbito del poscolonialismo como un vínc ulo, una re la ción dependiente, –dialécticamente– destructiva y productiva entre el ‘colonizador y el colonizado’, e ste último estere otipado desde la lógica de deshumaniz ación de Fanon como ‘s alvaje, animal’ frente al primer o ‘civilizado ’ (De Sousa, 2009, p. 2 80 ). En línea simil ar, Néstor García Can clini (1997) reconoce desde l a antropología que las cul turas no coexisten s in contradicciones ni confli ctos y se refiere a ‘culturas hí bridas’ como un c oncepto social incluyente donde las prácticas di versas se vi nculan para dar origen a nuevos procesos (García Canclini, 2001). En lo que re spe cta a los estudios poscoloniales y las Relaciones Internacionales, son tres las etapas que se identifican: “…l a primer a en clave culturalista ( finales de los s etenta y ochenta), l a segunda en clave de economía -política (década de los noventa) y la tercera en clave geopolítica (noventa e inicio del siglo XX I)”. Esta di visión es, estrictamente ‘funcional’ p ara dar secuencia, pero no es una ‘cat egorización ort odoxa’, por la propia dificultad en delim itar cada et apa temporal y teóricamente, ya que nin guna predomina sobre otra y, porque “la naturaleza mis ma de lo postcolonial disiente de ello. P or el contrario, cada etapa se ‘adapta’ a la anterior e intenta sup lir l as carencias teóricas que la crítica y la autocrítica les aduce” (Galindo, 2013, p. 104). 25 El concepto de ‘hibridación’ e s discutido por autores co mo A ntonio Cor nejo Polar (1997) quien cuestiona su pertinen cia por ser u n término p roveniente de l a biología, así como su verd adera ‘capacidad hermenéutica’. Acheraïou (2011) también d iscute l a propuesta de Bhabha (1994) p or considerarla ambivalente y, Sard ar (1998) la o bserva como una forma de legitimación d el p redominio d e los valores d el centro. A p esar de sus detractores, este término ha sido ampli amente ut ilizado y tiene un amplio alcance cultural, metodo lógico y t eórico. P ara Alfonso de Toro (2006) evidencia las diferencias centro periferia y no las reduce. Capítulo I 39 En el ámbito de las Relaciones Internacionales la tinoamericanas 26 , Pinar Bilgin (2008) y Arlene Tickner (2012), emplean el término de ‘hibridización’ e hi bridación desde la misma lógica dialéctica de nega ción y contención de un a cultura por ot ra. En tal sentido, la escasa producción científica tiene relación di recta con la autorreferenciación de los campos de estudios y la territorializac ión de l os académicos cuyos t rabajos han sido desarrollados dentro de los parámetros de la academia occidental. De ahí que la transferencia de cono cimiento Norte-Sur reproduzca lógicas hegem ónicas, más específicamente de ‘hegemonía int electual’, mediante categorías de análisis estáticas que fijan l os parám etros de interpretación de l a realidad. E n sintonía con esta idea, Raúl Prebish (1988) aporta l os t érminos de ‘dependencia intelectual’ y “subordinación condicional de ciertos círculos de la periferia a teorías elaboradas en los centros” (p. 208), los c uales, insiste, no se corresponden con la r ealidad política, social y resultan ‘disfuncionales y contraproducentes’ (Ti ckner, 2012). Carlos Escudé (1995), Briceño y Simonof (2017) y Tickner (2003 ) rastrean el trab ajo d e Stanley Hoffmann (1977) – An A merican Social Science: International Relat ions –, referente claro de la autoaf irmación de las Relaciones I nte rnacionales c omo una cienc ia social (norte)americana. Otros autores como Gilpin (1981) registran el s esgo intele ctual, mi entras que Holsti (1985) y Smit h (2000) reconocen a la comunidad académica estadounidense com o dominante en la di sciplina. Por su p arte, Waltz (cit. en Tickner, 2012) sustenta que “sería absurdo construir una te o ría de las rela ciones internacionales basada en países como Malasia y Costa Rica” (p. 164). Para evid enciar el etnoc entrismo más allá de los autores clásicos, en u n trabajo m ás reciente, Tickner y Wæver (2013) cuantifican los artículos publicados en las revistas científicas de relaciones internacionales más importante s de Estados Unidos de sde 19 70 hasta 2005 27 , con relación a las nacionalidades de los investigadores, obteniendo como resultado una abrumadora mayoría est adounidense. Es to no significa neces ariamente un sesgo en l a investigación qu e realizan e sos autores, per o sí que “los números ha blan clara ment e a cerca de la invisibil idad de l 'resto del mundo'” (p. 174). Por otra parte, en lo que respecta a los i ntelec tuales europeos, “América Latina simplemente parece un área demasiada remota y marginal para merecer algun a atención” (Van Klaveren, 1992, p. 171). La suma de estas (auto)afirmaciones fortaleció el imaginario de los p aíses de América Latina como ‘distintos y peculiares’, cuyos estudi os debían circunscribirse a la antropología o la economía polí tica desde las cuales se han abordado “el capitalism o periférico, la dependencia y el imperialismo norteamericano” (Van Klave ren, 1992, p. 170). Al respecto de esto, algunos autores latinoamericanos se desmarcan del sesgo políti co hacia la potencia hegemónica: Esta no es una expresión de nacionalismo ingenuo, anti-norteame ricanismo o anti- imperialismo: existe un considerable cuerpo de evidencia que sugiere que el etnocentris mo de la te oría de relaciones internacionales, acuñada principalmente en los Estados Unidos, co n fre cuencia ha con ducido a gobiernos del Terc er Mundo por caminos equivoc ados (Escu dé, 1995, p. 17). 26 O t r o s a u t o r es en esta misma línea: Icaza, R. (2016 ). Acercamientos radicales a las Relaciones Internacionales . En T. Leg l e r e t a l . ( E d s . ) Introducción a las Relaciones Intern acionales: América Latin a y la Política Global, México : Oxford University Press México, 74-84; Ballestrin, L. (2013). Amé rica Latina e o giro decolonial. Revista Brasileira de Ciência Políti ca (11) 89-117; F on seca, M. y Jerrems, A. (2012). P ensamie nto decolonial: ¿Una “nueva” ap uesta en las Relaciones Internacion ales? Relacion es Internacion ales (19) 103–121; Quintana, M. (2008). Colonialidad del ser, delimitaciones conceptuales CECIES, Pensamiento latinoamericano y alternati vo . Buenos Aires: Bi blos. 27 Las revistas re visadas por T ickner y Wæver (2013) fueron International O rganization, International S tudies Quarterly e Internat ional Security (esta últi ma desde 1 980). A NDREA M ILA M ALDONADO 40 Escudé (1995), como crítico del etnocentrismo intelectual estadounidense, no desestima que haya sido inevitable, porque tanto Francia com o Gran Bretaña, – aunque influyentes–, no tuvieron la capacidad de cambiar o al menos alterar el status quo y, en cons ecuenc i a, dieron atención a sus propias pol íticas domésticas y exteriores, dejando el espacio li bre a los teóricos estadounidenses. A todo esto, se suma la bar rera idiomática de América Latina, que a la par de dificultar un flujo efe cti vo entre el Norte y el Sur (Van Klaveren, 1992 ), hi zo compleja la penetración de conocimientos de otros espacios geográficos. 1.1.4. Política exterior en clave latinoamericana El s ubdesarrollo latinoamericano h a condicionado el comportamiento en política exterior de los países que integran la región y ha contribui do a que una de sus estrategias comunes sea la búsqueda de autonomía c on re sp ecto a los lineamientos de la s potencias hegemónicas, sob re todo, en el contexto de la Guerra Frí a y en la etapa posterior. Esto ha impli cado para ellos, tener en cuenta t anto a los condicionamientos que i mpone el sistema, como los a spectos domésticos (Ovando y Aranda , 2013). Aunque resulte tautológico, se debe hacer m ención de la re lación centro-periferia pr esente también –y, sobre todo– en las agendas d e política exter io r de estos Estados, de cuyo juego deriva una mayor o menor autonomía. Al hacer un breve recorr ido podemos considerar a l a década de 1960 como significativa para América L atina por que sentó las bases para l a producción científic a en pol ítica exterior , dado el rol que comenzaban a asumir algunos países de la región en las relaciones internacionales. La creación del P rograma de Estudios Conjuntos sobre l as Relaciones Internacionales d e Am érica Latina (R IAL) en el añ o de 1977, –i niciativa lid erada por el chileno Luciano Tomassini–, agrup ó a diplomáti cos y académicos de t oda la región, “motivó debates intelectuales (…) publicó decenas d e estudios y numerosos l ibros, apoyó act ivamente a divers as cancillerías l atinoamericanas y pat rocinó cu rsos formando nuevos especialistas de l as Relaciones Internacionales”. Su mayor aporte fue “la creación de un espacio de pluralismo geográfico, ideológico y generacional en un campo académico por entonces desconectado, genera ndo el conocim iento conjunt o que permiti ó el surgimiento de un a nueva comunidad académica en el campo de las Relaciones Internacionales” (RIAL, 2018, p. 1). Entre los rasgos más importantes de este programa podemos señalar: 1) el acentuado carácter l atinoamerican o, 2) la especificidad en investigacion es sobre relaciones internacionales, 3) la inquietud por modernizar la disciplina, 4) el pluralismo académico e id eológico, 5) la aplicac ión de un c ódigo de en tendimiento entre académicos, gobernantes y re presentante s no gubernamentales ( Villa rroel, 2016, p. 143). Con el RIAL, América Latina inició la primera ola en política exterior, caracterizada por el activismo de algunos de sus países. Su eje central fue las relaciones con E stados Unidos y e n segundo orden los vínculos intrarregionales. En este contexto, se dio prioridad al contenido d e la política exterior por e ncima del “proce so d e decisiones, incluyendo l as fases de diseño y formulación, los actores que intervienen, las negociaciones y la implementación” (Van Klaveren , 1992, p . 169). En la praxis , esta década fue un primer intento por consolidar su autonom í a e n e l á m b ito int ernac ional, con acciones concre t as para la diversificación de ví nculos externos y propuestas, en un entorno en el que la supr emacía de Estados Unidos e xperimentaba un declive relativo. S in embargo, “tampoco se puso demasiado énfasis en la explicación de comportamientos concretos de política exterior de los países de la región” (p.169) y la tendenci a casi siempre estuvo orientada a contener el comun ismo, tal y como lo exigía Estados Unidos. Capítulo I 47 4) No alineación-diversifi cación: su característica fundamental es que l as acciones y transacciones externas so n amplias y diversas entre Est ados o grupos de Est ados y, aunque no descarta l a participación extranjera, i ntenta mante ner un equilibrio y divers idad entre el número y t ipos de agentes exter nos. En esta tipología el gobierno evita de forma i ntencionada los compromisos militares con cualquier mentor real o potencial (Holst i, 2016). En el caso de América L atina, los países que la int egran no evidencian la diversificació n como un objetivo de sus agendas de polí tica exterior, d adas las l imitaciones estructurales que no s e l o han permitido. Para Forero (2015) “e l problema de la diversificación es posi ble c ircunscribirlo a países pequeños y media nos en proceso d e consol idación estatal con nivel es medios y altos de desarrollo económico” (p. 293). No obstante, existen p aíses con patrones de comportamiento internacional más activo y autónomo que buscan revertir e l condicionamiento: …países del Sudes te Asiático, como Indonesia, Filipinas, Malasia, Singapur, Tailandia y V ietnam ( Go h, 2007, p. 183); en paí ses d e Asia Central, como Kazakistán, K irgistán, Tay ikistán, Turkme nistán y Uzbekistán (Tol ipov, 2007); y en países latinoamericanos , como Argentina ( Rubio lo, 2012), Brasil (Vigevani y Cepaluni, 2007), Chile (Faust, 2004), Colombia, México (Faust, 2002; Garza Elizondo, 1996), Perú (Olano, 2012) y Venezuela (Tokatlian, 2011) (Forero, 201 5, p. 293). De esta forma, la diver sificación en política ex terior de países l atinoamericanos se pu ede generar en dos dimensiones: la primera, e n la ampliación de los ámbitos de políticas públicas y la segunda con incorporación de relaciones nuev as con otros países o regi ones distintos a los históricos (Forero, 2015 ). Así, para Tokatlián ( 20 11), en la últi ma déc ada “Latinoamérica no cambió su esquema de alianzas, pe ro sí acrecentó su diversificación y, con el lo, nuevos vínculos con contrapartes diferentes al Occidente desarrollado” (p. 150). Al combinar l os cuatro ti pos ideales de Holst i, exist en doce posibil idades t eóricas p ara el cambio resumidas en la Tabla 1: Tabla 1. Posibilidades teóricas para el cambio de K. Holsti Cambio haci a Cambio desde Aislamiento Autosuficiencia Dependencia No alineación Aislamiento x Autosuficiencia x Dependencia x No alineación x Fue nte: elaboración pr opia a p artir de Holsti (2016) 3 5 Holsti (2016) incorpora dos categoría s adicionales que denomina intentos abortivos para referirse a las transformaciones que no se logran consolidar y cambio de una dependencia a otra en los casos en que no se m odifica el patrón de comportamiento, s ino el socio. Además, destaca que los países en desarrollo son quienes suelen hacer i ntentos o ca mbios efe ctivos de política exter ior, sobre todo por l a impronta neocolonial que poseen. Aunque los países ind us t r i a l i z a do s parecen estar m ás satisfechos con su forma d e rel ación, l os costos de res t r uc t ur a c i ón podrían ser excesivamente altos para ellos, por lo que evitan realizarla. P a r a op e r ativizar su p rop uesta, Holst i (2016) identificó un primer grup o de variables independientes, que se subdividen en tres: los factores ex ternos (amenazas militares, no 35 Holsti, K. (2016). Re structu ring Foreign Policy: A Neglected Phenomeno n i n Foreign Policy T heory. En K. Holsti, M . Mon terichard, I. Msabaha, T. Robinson, T. S haw, y J. Zylberberg, Why nat ions realign. Foreign Policy Restructuring in the Postwar Wo rld (2da ed., págs. 1-20). London and New Yo rk: Routledge. A NDREA M ILA M ALDONADO 48 militares y estructura del relacionamiento pr evio), los factores domésticos (amenazas i nternas, condiciones económicas y fa ccionalización d e la p olítica), y los antece dentes de los factores históricos y culturales (actitudes hacia los extranjeros y experiencia colonial). En un segundo grupo se encuentran cuatro va riables intermediarias: percepciones y cálculos de los responsables políticos, proc esos de formul ación de po líticas, factores de personalidad del líder , y actit ud de l a élit e po lít ica hacia los actores externos . Sobr e l a personalidad y aspectos psicológicos del l íder, H olsti (2016) menciona qu e rar a vez se pu eden establecer como elementos importantes para expl icar las decisiones y acciones de polí tica exterior, excepto cuando una sola figura es claramente responsable del liderazgo y/o implementación de la política; y donde la evidenc i a razonable sugiera que, sin tal individuo, la intención y las ac ciones h abrían diferido significativamente. En el caso de América L atina, esta variable es fundamental. El tercer grupo recoge l as variables dependi entes que incluyen el cambio c on base en tres elementos: las políticas de desconexión , las acciones de reestructuración en el entorno e xterno y las acciones hacia la penetración externa . A estas variabl es se puede agregar la int ención de los formuladores de políticas de reestructurar la polít ica exter ior. Para la organización de los datos, este autor i dentifica nueve (9) tipos de acciones transacciones y/o compromisos , a saber: 1) número de tratados firmados; 2) número y/o Estados como socios de tratados; 3) nuevos c ompromisos de capacidades militares en el e xtranjero o la terminación de compromis os ante riores; 4) ca mbi os significativos e n el nú mero y el destino de los estudiantes enviados al extranjeros; 5) patrones de vot ación en la ONU; 6) dirección del comercio exterior y grad o de concentración com ercial; 7) tamaño absoluto del comercio, 8 ) número y dirección de vis itas al exterior del Jefe de Estado o de gobi erno; 9) número y ubicación de misiones diplomáticas en el extranjero. Finalmente, s eñala los si guientes indicadores utilizados en sus estudios: 1) expulsión o admisión de personal m ili tar extranjero, bases y /o equipos; 2) expulsión y restricciones a extranjeros, le v antamiento de restricciones previas; 3) nuevas re stri cciones sobre el movimiento de diplomáticos extranjeros dentro del p aís anfitri ón; liberalización de tales re stric ciones; 4) cierre del país a turist as de otros países, erigir barreras administ rativas que desalienten el turismo o t erminar tales restricciones; 5) c ensura selectiva o total de li bros, publ icaciones periódicas, películas, rad io y t elevisión o levantamiento de tales censuras; 6) restricciones a l a inversión privada del exterior, o de países particulares o levantamiento de tales restricc iones; 7) nacionalización o expropiación de l a propiedad o empresas extranjeras; 8) r estricciones severas en el núm ero d e estudi antes o académ icos provenientes d e paí ses específicos o alteraciones signi ficativas a tales restricciones; 9) expulsión de organizaci ones humanitarias, educativas o culturales e xtranjeras o restricciones a qui enes int entan obtener acceso; cambiar tales políticas; y 10 ) restricciones contra l a import ación de algunos product os de ciertos p aíses (Holsti, 2016). Holsti es el pionero del concepto de cambio de política exterior , por lo que sus a portes son imprescindibles al momento de explicar el cambio; sin embargo, sus aportes s on insuficientes. Una de l as críticas prin cipales es que no fue capaz d e explicar por qu é dos Estados qu e experimentan las mism as amenazas y con c aracterística similares, no respo nden al cambio d e la mi sm a m a ne r a ( Fadel, 2018). Adicional a esto, existe una necesidad de actualizar sus estudios. A c ont i nua ción, se resume su propuesta t eórico-metodológica en la Figura 5. Capítulo I 49 SIMULTANEI DAD Figura 5. Propuesta teórico-metodo lógica d e Cambio en Polític a Exteri or de Kalevi Holsti (2016) Variables independientes Variables intermediari as Variables dependientes (1) Factores externos a) Amenazas militares b) Amenazas no militares c) Estructura del relacio n amiento previo (vulnerabilidades, intervención extranjera, et c.) (2) Factores domésticos a) Amenazas internas b) Condicio nes económicas c) Faccionalización de la política (3) Antecedentes de los factores históricos y culturales a) Actitudes hacia los extranjeros b) Experiencia colonial (1) Percepciones y cálc ulos de los responsables pol íticos (2) Proceso de formulación de políticas (3) Factores de personalidad del líder (4) Actitud de la élite políti ca hacia lo s actores externos Intención de reestructurar la política exterior (reorientación) - Políticas de desconexión (si las hay) - Accio nes de reestructuració n en el entorno externo. - Accio nes hacia la penetración ex terna (si existe) Tipos de accio nes, transacciones y/o compr omisos : 1. Número de tratados 2. Número y/o Estados co mo socios de tratados 3. Nuevos com promisos de c apacida des militares en e l extranjero, o la terminació n d e compromisos anteriores. 4. Cambios signifi c ativos en el número y el d estino d e los estudiantes enviados al extranjero para estudiar. 5. Patrones de votación en la Asamblea Ge neral 6. Direcció n del c omercio ex terior; grado de concentración comercial: 7. Tamaño abso luto del comercio. 8. Número y d irección de visitas al ext erior del jefe de e stado o gobierno 9. Números y ubicación de misiones diplomáticas en el extranjero. Indicadores 1. Expulsión o admisió n de personal militar extranjero, bases y/o equipos 2. Expulsión y restricciones a ext ranjeros, levantamiento de restri cciones previas 3. Nuevas restricciones sobre el movimiento de diplomáticos extranjeros dentro del país anfitrión; liberali za ción de tales restriccio ne s 4. Cierre del país a turistas de otros países, erigir barreras administra t ivas que desalienten el turismo o terminar tales restriccio ne s 5. Censura selectiva o total de libros, publicaciones periódicas, películas, radio y televisión o levantamiento de tales censuras 6. Restricciones a la inversión privada del exterior, o de países particulares o levantami e nto de t ales restricc iones 7. Nacionali za ción o expropiación de la propiedad o empresas extranjeras 8. Restricciones severas en el número de estudiantes o académicos provenientes de países específicos o altera c iones significativas a tales restricciones 9. Expulsión de organizaciones huma nitarias, educativas o culturales ext ranjeras o restricciones a quienes intentan obtener acceso; cambiar tale s políticas 10. Restricciones a la importación de productos de ciertos paí ses Fuente: elabo ración propia A NDREA M ILA M ALDONADO 50 1.2.3. Propuesta de cambio en p olítica exter ior de Charles Hermann El s egundo autor de referencia es Charles Herman n, cuyo estudio Changing Course: When Governments Choos e to Redirect Foreign Pol icy (1990) ofrece categorías analíticas úti les y al mismo tiempo vá lidas pa ra se r operaciona lizadas . Su propuesta se basa principalmente en el cambio o redirección que se produce a lo int erno de un m ismo gobierno, establ eciendo pa ra ello cuatro niveles: a. C ambios de ajuste: no se consideran un cambio fundamental porque sol o generan modificaciones en el nive l de esfuerzo ( m ayor o menor) y e n el alca n ce d e l os receptores de las políticas exteriores. Suel en ser cuantitativos y no corresponden a un cambi o sus tancial porque no se transforma lo que se hace ni la forma en la que se hace. b. Cambios en el pr ograma (medios): impl ican transformaciones en el método y el m edio a través de los cuale s se intenta responder a una m eta o problema en el ámbito exterior, son cualitativos (a diferenci a de los cambios de ajust e) e involucran nuev os instrumentos de gobierno (por ejemplo, búsqueda de objetivos por medios diplomáticos en lugar de la fue rz a militar). Lo que se hace y cómo se hace se modifica; no así los propósitos. c. Cambios en los objetivos/metas (fines): en este ti po de cambio se s ustituye el problema u objetivo inicial y los propósitos t ambién son reemplazados. d. Cambios en la orientación internacional: son considerados como la forma más e xtrema de cambi o, ya que involucra al a ctor con todos los ámbitos de sus relaciones internacionales, su rol y actores, lo que impacta en múltiples políticas que se modifican de forma simultánea. 1.2.3.1. Condiciones que promueven el cambio: áreas de conocimiento Además de l os niveles, Hermann (1990) id entificó las condiciones qu e prom ueven el cambio e n cuatro ‘áreas de c onocimiento’: 1. sistema político interno, 2. toma de decisiones de la burocracia, 3. cibernética y 4. enfoques del aprendizaje. 1.2.3.1.1. Sistema político interno Esta perspectiva p arte de la premisa de qu e los responsables polít icos y su régi men dependen del respaldo de grupos o facciones de poder que contribuyen con su l egitimidad, por ejemplo, los grupos religiosos o étnicos dominantes, mil itares, los partidos políticos o la opinión pública. Para Hermann ( 1990), la relación que s e construye entre estos grupos y el s istema político vigente puede desenc adenar cambios importantes en política exterior por tre s factores: el grado de institucionalización o compromiso con el gobierno y su política; e l grado de apoyo, oposición o indiferencia de los actores d e la política dom éstica y el g rado d e relevancia del tema en la lucha por el poder interno. La pol ítica interna puede afectar a la política exterior en tanto se produzcan alguna de las siguientes di námicas: que los problemas de política exterior sean tema c entral en la lucha por el poder pol ítico; que las creencias y actitudes de los grupos o facciones políticamente relevantes se modifiquen de forma significativa e impacten en la op inión públi ca; que se produzca la realineación de los compone ntes ese n ciales d el sistema político, siendo significativo que en est e últim o caso la política exte rior sería una consecuencia más d el realineamiento del sistema pol ítico y no un aspecto central. Finalmente, añade Hermann (1990) que la re e s t r uc t ur a c i ón del sistema económico t ambién puede ser considerada una fuente d e cambio d e p ol í t i c a e xterior. 1.2.3.1.2. Toma de decisiones de la burocracia La toma de d ecisiones d e la buro cracia focaliza l a atención en el nivel indiv idual al reconocer al sujeto como el enca rgado de dirigi r las organizaciones, indi stintamente del Capítulo I 51 sistema de gobierno que se trate, por ello, y para entender el cambio en pol ítica exterior es necesario analizar las condiciones burocráticas que rigen el pro ceso de la política, especialmente el talento humano en tanto que, la toma de decisiones es el “resultado de negociaciones dentro de organismos burocráticos” (Holsti, 1989, p. 544). Hermann (1990) coin cide con Holsti (2016) quie n como se obse rva en la Figura 5 (ver variables i ntermediarias) da relevancia a la percepción de los responsables políti cos, al proceso de formulación de políti cas y a los factores de per sonalidad como variables int ermediarias que explican el cambio. Para el p rimero, la estructura de las organiz aciones guberna mentales y la naturaleza del liderazgo político, a ctúan como elementos de resistencia a los cambios, es decir, ‘estabilizadores administ rativos’ (Goldmann 1988) que dificultan la reorientación de la pol ítica de un gobierno una vez iniciada. Es común creer que cu alquier cambio en polít ica exterio r debe superar la resistencia ‘ normal’ d e las estructur as, de los proc esos polí ticos, administrativos y d e personalidad –más conocidos como ‘inercia burocrática’ o institucional y ‘ procedimientos operativos estándar’–. Sin embargo, esto no siempre suc ede así, ya que no se han pe rfilado cuáles son las condiciones específicas que se deben dar para superar tales resistencias y redirigir la políti ca exterior y, porque “las organi zaciones complejas se compone n de individuos y unidades con percepciones, valores e intereses conflictivos que tienen su origen en estrechos intereses particulares – así como– negociación de recursos, de posiciones, (…) comisiones” (Hol sti, 1989, p . 545). Mientras ma yor sea el cambio, más fuerte será la resistencia, por lo tanto, aquellos ge nerados a en el nivel de prog rama (medios) serán más f áciles de asimilar que los qu e tengan lugar en el nivel de problema/metas (fines) o en l a ori entación i nternacional . Com o opción para sup erar estas resistencias, Hermann (1990) pl antea la incorporación de un a éli te técnico-política especializada que sortee las restricciones de las org anizaciones que intentan mantener la políti ca existente. El cambio de gobierno que se complemente con l a incorporación de nuevos lí deres en l os distintos estamentos del Estado, tendrá más posibilidades de generar cambios exitosos en política exterior. 1.2.3.1.3. Cibernética. Los enfoques de la cibernética y de la teorí a del control explican cómo al momento de establecer el logro d e u n objetivo, los responsables elaboran un monitoreo constante del flujo de a cción con la finalidad de ide ntificar en qué estado de a vance se encuentran en relación a su meta o la ap arición de pr oblemas a los cua l es se deban aplicar factores de autocorrección. El sistema de control suele asociarse a l os cambios de ajuste , pero t ambién es aplicable para los cambios de programa si empre que s e generen indi cadores acordes para el monitoreo y la autocorrección temprana (Hermann, 1990). Los cambios no contemplados o repentinos –qu e la teoría denomina com o ‘cambios discontinuos en el ambiente’– afectan a la cibernét ica si es que no s e l ogra lidi ar con ellos. El entorno internacional es un sist ema que tiene poco manejo de la certid umbre al evidenciar múltiples perturbaciones que de ben ser reguladas, por lo que los teóricos rec omiend an descomponer el entorno en varios subsist emas ordenados jerárquicame nte y con objetivos priorizados –metas r egul adoras–. En cons ecuencia, los formuladore s de las polít icas asisten pri m e r o a l a s p rioridades más altas en función de las necesidades del Est ado y una vez cubiertas, pas a n a l s i gui ente ni vel. Si en l a r etroalim entación se e videncia alguna inconsistencia o disconformidad, se debe identificar el área del problema y aplicar las medidas correctivas (Hermann, 1990). A NDREA M ILA M ALDONADO 52 1.2.3.1.4. Enfoques del aprendizaje Para este enfoque el aprendiza je no consi ste solo en adquirir nuevos conocimientos, sino en la modificación de m odelos o esquemas mental es exis tentes, por lo cual, la posibili dad de cambio en la pol ítica exterior puede dars e cuando los líderes al en frentase a un problema son capaces de reestructurar sus mod elos mentale s, redefinir el problema (medios u objetivos) o generar una nueva forma de comprender l as relaciones entre sus esquemas mentales y e l problema o la política diseñada p ara abordarlo. Esto influye sobre todo en la fase de toma de decisiones de los responsables de la políti ca exter ior (Hermann, 1990). 1.2.3.2. Fuentes y etapas de cambio en política exterior Hermann (1990) también definió cuatro f u entes de cambio delinea das por las ár eas de conocimiento anteriores: a) Conducción del líder: su base es la voluntad y el esfuerzo de los responsables políticos, genera lment e del jefe de Estado o de gobierno quien promueve el cambio basado en s u perspectiva. Para llevarlo a cabo, debe gozar de le gitimidad, poder y capacidad de obrar. b) Componente burocrático: esta fuente pl antea u na contradicción p ara He rmann porque en las condiciones qu e prom ueven el cambio, identificó a la inerci a institucional como uno de los problemas más usuales que afec tan la redire cción en política exterior. Para evitar esto, propone la incorporación de un grupo promotor de transformaciones que esté ubicado estratégicamente en una o varias de las instancias u organizaciones con acc eso a los altos funcionarios o tomadores de decisión. El diagnóstico de que un a pol ítica no fun ciona adecuadamente, suele provenir de fun cionarios en niveles medios del gobierno, qui enes además comprenden cómo opera el aparato gube rnamental y qué acciones se deb erían im plementar para superar l as r esistencias (por ejemplo, en el Ministerio de R elaciones Exteriores). El autor sugiere que es suficiente con el grupo mencionado y no es necesario que todos los actores del gobierno promuevan y defiendan el cambio. c) Ajuste o r eestructuración int erna : se refiere a los sectores de la so ciedad que son relevantes para l a estabilidad de un régimen (élites) y a la posibil idad de qu e se conviertan en agentes de cambio una vez que modifican sus puntos de vista o su composición. d) Shock externo: s e ent iende como shock externo a los eventos que tiene n lugar en el ámbito internacional, altamente visibles, con impacto en los r eceptores y que no pueden ser ignorados por los líderes guberna mentales porque son capaces de desencadenar cambios significativos en la política exterior de uno o más gobiernos. Se debe realiz ar una di stinción con los eventos poco traumáticos que expresan un alcance r estringido, pueden ser ambiguos y cuyo impacto es limitado. Las cuatro fuentes de cambio puede n generar interacc ion es entre sí y d e esa ma nera operar en conjunto para generar la reestructuración. También puede ocurri r que uno de ellos (por ejemplo, un evento exter no) active otro (como la conducción del líder) y que creen el entorno para la redirección de la polít ica exterior . La Figu ra 6 resume la propuesta de Hermann: Capítulo I 53 Figura 6. El papel d e mediación de los procesos d e d ecisi ón entre los agentes de cambio y el g rado de cambio de política Fuente: elabora ción propia a partir de Hermann (1991 ) 36 Como se puede observar, Hermann (1990) da espe cial i mportancia al proce so de toma de decisiones en cuanto al cambio en polí tica exterior. Es así que, d efinió siete etap as ne cesarias para el cambio con sus r espectivos desarrollos. Cada una ocur re un a vez y siempre conduce a un paso posterior hasta que se alcanza un resultado: 1. Expectativas iniciales de la política: las exp ectativas forman estándares con los cuales s e puede ev aluar el desempeño d e la polít ica. Est a etapa es important e porque si el fin origi nal está m al identificado, es poco probable que las expectativas sean claras. 2. Respuesta de los actores externos/estímulo ambiental: algunos cambios en la política exter ior requieren ac ción conjunta y, por lo tanto, no pueden ocurrir sin una respuesta externa adecu ada. Además de los obj etivos, puede haber acciones de terceros o eventos que transforman los fines, por eso es importante l a caracterización de l os estímulos externos que deben entenderse en términos de cómo l os perciben los encargados de formular las políticas. 3. Reconocimiento de i nfor mación discrepante: los est ímulos externos generan señales en forma de r etroalimentación p ara los formul adores de políticas. C uando u n evento externo da lugar a i nformación inconsistente con l as expectativas de la políti ca, s e convierte e n una advertencia. La dificultad en est a etap a r adica en si esa señal e s contemplada efectivament e, cómo se interpreta y si es necesario, una correcc ión a tiempo de los desajustes. 4. Postulación de una con exión entre el probl ema y la política: si l a política va a cambiar, un aspec to críti co es la conexión causal entre el problema y la polít ica existente. El éxito o fracaso depende de trazar correctamente dicha conexión. 5. Desarrollo de al ternativas: par a minimizar la reestructuración a la que deben someterse las person as y los gobi ernos, se pued e espe rar que los encarg ados de formular políticas exploren formas de modificar la conducta mientras conservan los ob j etivos originales; se genera un cambio drástico cuando se rechazan los objetivos de l a p olítica misma. La reevaluación de obj etivos en política exterior ocur re cuando 36 Hermann, C. (1990). Changing Course: When Governments Choose to Redirect Foreign Policy. International Studies Quarterly , 3 -21. Se realizó traducc ión libre del texto. Conducción d el líder Componente burocrático Ajuste o reestructuració n interna Impactos exter nos Cambio de pro grama Cambio de objetivos/prob lemas Cambios en la orientación internacional Proceso d e t oma de decisiones AGENTES PRI MARIOS DE CAMBIO DECISIÓN DE CAM BIO DEL GOBIERNO ALCANCE DE CA MBIO DE POLÍTICA EXTE RIOR A NDREA M ILA M ALDONADO 54 la evidencia sugier e que no procede el cambio. L o más complejo resulta c uando se debe diseñar una opción completamente nueva. 6. Construcción del cons enso autorizado para nuevas opciones: en muchos casos la política exterior es un co nsenso autoriza do que involucra a más de un tomador de decisión. Como el poder es compartido entre múlti ples actores, se d ebe op ta r por un conjunto de normas com unes que rijan el p roceso y den legitimi dad. En la m edida en que los d ecisores sean i deológicamente afines, es más probable que se llegue a un consenso sobre el cambio. 7. Implementación de una nueva política: antes de implementar una política nueva, es necesario cont ar con el c ompromiso de los actore s, sob re todo de l os def ensores d e la p olítica anterior, porq ue aún en esta última etapa pueden generar r esistencia. D e esta forma, es important e establecer si l as perso nas y agencias encargad as están totalmente comprometidas con ella. Holsti y Hermann elaboraron dos de las propuesta s de cambio mejor estructuradas, siendo más completa la del segundo autor porque precisa de talles acerca de l as fu entes y niveles en los que se realiza el cambio e incluye a los aspectos i nternos y su incidenci a. En cualquier caso, ambos estudios son marcos referenciales y gene rales para an alizar la reestructuración. Es importante destacar el rechazo de algunos investigadores a la conducción del líder como fuente de cambio (Gámez, 2005). S in embargo, se considera pertinente a los efectos del presente estudio, dada la alta abs orción person alista de las interacciones exteriores d el Estado ecuatoriano en la figura del líder del Ejecutivo en el periodo 2007-2016. 1.2.4. Modelo de los dos bienes de Glenn Palmer y Clifton Morgan Otro de los estudios destacables en política exterior es el trabajo de Glenn Pa lmer y Clifton Morgan A theory of foreign p olicy (2006), modelo de los dos bienes –conocido como the two- good theory –, con el que trasc iend en la idea de que los Estados suelen estar motivados casi exclusivamente por maxi mizar su seguridad y que , en contraste, procuran l a búsqueda de dos ‘bienes’ para obtener beneficios a través de ellos: el cambio y/o el mantenim iento. Bajo esta perspectiva, s e entiende como cambio a toda acción o política que gene re alteraciones en varias di mensiones del stat us quo ; mientras que el mant enimiento será todo aquello que tienda a p reservarlo. Una de las pr emi sas de esta teo ría es qu e los re cursos d e los Estados son escasos y que l os decisores deben dis criminar acertadamente si los destinan para el cambio o el mantenimiento. La prin cipal aspir ación es lograr combinar d e forma pre cisa la s políticas que buscan uno u otro bien con b ase en tres factores: 1 ) determinar qué tan cerca está el stat u quo del punto que se qui ere lograr; 2) cons iderar qu e los recursos de política exterior disponibles (capacidades materiales y militares, etc.) i nciden en los bienes que se pueden lograr, lo que permite a los Estados mejor dotados t ener mayor capacidad de actuación en política exterior, –esto sin obvia r las capacidades relativas de l os ot ros–; y 3) estim ar qu e, aunqu e l as preferencias de los Estados para aplica r los dos bienes son importantes y la tendencia debería inclinarse al mantenimiento, los recursos son limitados; por esta razón, se debe priorizar y realizar concesiones sobre los dos bienes que se buscan producir (Palmer y Morgan, 2006). La r e l a c i ón que existe entre el aumento d e las capacidades mate riales de los Es tados contribuy e a que s e espere n más cambios por p arte de los Es tados fue rtes y mayor mantenimiento en los débil es -por ejemplo, núme ro de alianzas y g astos en el exterior, ayud a militar, etc.-. Se habla entonces de una premisa básica que se afirma sobre la base de ser inversamente proporcion al: mi entras aumentan las capacidades o recursos de un Estado, Capítulo I 55 también crece la cap acidad para generar cambios, mi entras que decrece para p roducir mantenimiento (Palmer y Morgan, 2000). En el trabajo titulado Jap anese security in the twenty-firs t century: whose job is it anyway (2000) estos autor es de muestran l a aplic abilidad de l a teo ría de los dos biene s a las alianzas entre Estados Unidos y Japón. Para Palmer y Mor gan (2000), las alianzas son un instrumento que result a de intercambi os basados en la capacid ad r elativa que permi te a los Estados débiles canjear cambios por mantenim ientos y a l os Est ados fuertes obt ener cambi os mientras ofr ecen mantenimiento a los más débiles. En algún mom ento de su desarrollo, cada Estado ha tenido que ceder parte de un bien por otro que considera más valioso. Las alianzas pueden ser de dos tipos: las que se dan entre las pot encias so n ‘simétricas’ y las que tienen lugar entre Estados débiles y fuertes o ‘asimétricas’. El costo de una alianza es elevado, por lo que requiere un alto nivel de asertividad y eficiencia y obl iga al Est ado a analizar si obtiene mejores resultados con una, que s in ell a; de esta forma, l a alian za sólo tendrá lugar cuando ambos puedan obtener cambios y/o manteni mientos más económicos por medio de una alianza propiamente dicha, que por otras pol íticas o posibilidades de las que dispongan. Una alianza será ef ectiva cuando el resultado de su formación t ribute en el aumento de poder y en lugar de lim itar el compo rtamiento de los actor es, les permita realizar m ás ac ciones en el ámbit o internacional (Palmer y Morgan, 2000). Adicional a todo lo m encionado, Palmer y Morgan proponen análisis cuantitativos de los comportamientos de política exterior para apoyar sus propuestas, l as que gozan de amplio respaldo empírico; su gra n aporte es l a construcción de un a teoría de polít ica exterior como un avance importante sobre el análisis tradicional de las Relaciones Internacionales. S obre su estudio, finalmente s e deben acotar dos precisio nes: la prime ra, que el abordaje teórico es genera l y no si stémico; n o intenta explicar un a s ola política ext erior sino qu e, amplía el espectro de análisis con li neamientos generales pa ra la construcción de una teoría; y, la segunda, que aunque exist en aspectos que se vinculan empíricam ente al realismo y neorrealismo como -por ejemplo la forma en qu e los Estados procur an proteger sus recursos para generar el cambio-, logran distanciarse, ya que “no sugieren que los Estados deban as egurar su capacidad pa ra proporcionar sostenimiento antes que procurar el cambio” (Vargas-Alzate, 2010, p. 80). 1.3. P OLÍTICA E XT ERIOR Y O PINIÓN P ÚBL ICA Las aproximaciones conceptuales acerca de la op ini ón públ ica obligan a r ecurrir a tres de su s autores y autoras de referencia, quienes en distintos momentos y d esde perspectivas diversas han contribuido a su definición: Alexis de Tocqueville, Walter Lippmann y Noëlle-Neumann. Mientras el primero de el los ha ce referencia a un ‘nuevo tipo de opinión pública’ respald ada en documentos de investiga ción rigurosa, el segundo enfatiza en el rol e incid encia que tienen los medios de comunicación en el comportamiento del público. Finalmente, la ter cera aborda desde la lógica bottom up , la nece sidad de incorporar a los ciud adanos en el control social d e las acciones de lo público (López-López, 2018). El concepto de opinión pública fue utilizado algunos s iglos antes por Rouss eau, su primer analista y crítico (Noëlle-Neumann, 1995 ), quien lo relacionó con la ‘voluntad ge neral’; también por Kant, que lo perc ibió como un eje articulador de otros conceptos tales como la ‘ilu s t r a c i ón’ , e l ‘uso públ ico de la razón’, la ‘coinci dencia pública’ y la ‘ley pública’; y, Hegel que l o a b or dó desde la dialéctica del ‘ entendimiento’ y la ‘razón’: de ahí su i mportancia histórica para la filosofía p olítica y como componente inherente a la conformación del Estado moderno ‘r acional’ con i ncuestionable valor in terdisciplinar para las ciencias sociales y políticas, lo cual en ocasiones ha contribuido con su naturaleza polisémica (Villanueva, 2017 , p. 126-127). A NDREA M ILA M ALDONADO 56 El desarrollo histórico de la opinión pública se ha c onstruido sobre la base de seis eleme ntos que le otorgan singularidad: 1) la libertad de los indivi duos para pronunciarse acerca de l a forma y fondo en la toma de dec isiones de los asuntos públicos; 2) la natura leza dual de su ca rácter público: la c apacidad de ser publicada y/ o debatida frente a todos y por todos; 3) su ca rácter racional; 4) que los ar gu mentos que sustentan su carácter racional se esgriman sobre la base de las l eyes vigentes y en concordancia con los derechos humanos; 5) la creenc i a de que las argumentaciones púb licas s on racionales, se encuentra n por enc ima de las percepciones particulares y son capaces de g enerar consensos o principios de o rden g eneral; y, 6) la exig encia de que el poder público se c omporte de forma raci onal y argumentativa con a portes al deba te y las decisiones de gobierno (Villanueva, 2017). Aunque se muestra escéptico de una diferenciación, siguiendo la tradición jurídico-política, Bouza (2004) distingue dos conceptua lizaciones de la opinión pública: la primera –política– es una visión arraigada a la ‘simple opi nión pop ular o general’, a l a us anza cl ásica que incluye el esfuerzo de definirla de sde Francia antes y de spués de la Revolución; y, la segunda – sociológica– que, con un origen signado por la i mpl ementación de encuestas, describe como opinión pública “a lo que expresan numéricamente las encuestas, es decir: al agrega do numérico de conductas verbales públ icas” (s/p.), las cuales se sistematizan a trav és de p reguntas y respuestas r ecogidas en u n cuestionario, de cuyos datos se obtienen los insum os necesar ios pa ra el estudio del comportamiento social de los individuos y sus orientaciones. La di ferencia sustancial entre ambos enfoques radica en su bas e metodol ógica; sin embargo, advierte Bouza (2004) que, la ope racionalización de un concepto no debe impl icar ‘graves posicionamientos metodológicos’ y, en cu alqui er caso, se debe enfatizar en el rol de los individuos quienes conforman un ‘claro concepto empírico’. Especialmente, la segunda visión ha sido criticada, p or la t endencia probada de los medios de comunic ación de i ncidir de form a deliberada en las opiniones de los ciudadanos, lo cual conduce in ex orablemente a las discusiones opinión pública/opinión publicada, público/masa y, al individualism o/holismo. Para autores como Bou rdieu (1992) “la opinión públ ica no existe”, al menos “en l a acepción impl ícitamente admitida por quienes h acen sondeos de opinión, o por quienes uti lizan sus resultados” (p. 301 ). Este autor es un detr actor de los instrumentos estadísti cos y afirma la existencia d e pretension es políticas detrás de la i mplementación de s ondeos de opinión qu e inciden en la interpretación de las re spu estas y la difusión de sus resultado s. Para él, “el sonde o de opinión es un instr umento de acción políti ca; su fun ción más i mportante consis te posiblemente en imponer la ilusi ón de que existe una opinión pública como suma puramente aditiva de opiniones individua les” (p. 301). No obstante, las mejoras técnicas y metodologías nuevas y cada vez con m ayor pr ecisión, contribuyen al reconocim iento de las encuestas como el mejor instrumento para obtener insum os válidos y actuale s de lo que piensan los c iudadanos, aspectos que inciden en las decisiones de voto y en las propias acciones de gobierno. 1.3.1. Primera e tapa del desarrollo de l a relación op inión p ública y p olítica ex terior: el Consenso Almond-Lippm ann La opinión pública y su relación con la polí tica exterior ha sido uno de los objetos de estudios más complejos de abordar. Su análisis remite nuevamente a la discusión interméstica; específic a m e nt e a l r ol de la opi nión públ ica como actor interno con influencia propia en la acción ex t e r i or d e l E stado y en las decisiones d e l os responsables polí ticos en ese ámbi to. En este sentido, las corrientes realistas, liberales –y en poca medida el constructivismo–, cobran fuerza por los apo rtes qu e han propor cionado al r especto (Foyle, 1997; Ho lsti, 1992) desde el llamado ‘primer debate d e las Relaciones Internacionales’. El centro en disputa se ha ubi cado en la aceptación o rechazo de la injerencia de la prim era sobre la s egunda. Capítulo I 63 si el electorado er a realmente tan indisciplinado y descuidado como se sugería y cuáles eran las cree n cias generales que suele utili zar el público para estruc tu rar actitudes en este ámbito. A partir de su modelo jer árquico, Hu rwitz y Peffle y (1987) ofrecieron una de las respuestas más claras a la s preguntas planteadas por Holsti (1992) y Sniderman y Tetlock ( 1986), enfatizando en la naturaleza funcional d e la h eurí stica, desde l a cual, los i ndividuos organizan la información que les permite si mplificar los ev entos que tienen lugar, “así, la escasez de información no emp eora l a estructura y consistencia; al contrario, motiva el desarrollo y empleo de la estructura”. Para ellos, “los individuos intentan hacer fre nte a un mundo extraordinariamente conf uso (con recursos limitados para pagar los costos de la información) estructurando puntos d e v ista s obre políticas exte riores específicas de acuer do con s us creen cias más generales y abstractas” 50 (p. 1114). Los resultados del estudi o de Hurwitz y Pe ffley ( 1987) demostraron qu e el púb lico posee orientaciones generales que le ayudan a inform arse y fijar sus opiniones sobre t emas en política exterior: en ese sentido, l a aparente ale atoriedad no es t al. El cuándo y bajo qué circunstancia el públ ico se interesa o deja de interesar en los asuntos internacionales y sus preferencias también que daron develadas, ya que las políticas específicas (por e jemplo, el gasto en defensa, participación milit ar, política nuclear) se explica n mejor por las posturas del público –a las que definen como creencias amplias y abstractas con respecto a las estrategias gubernamentales genera lment e apropiadas y limitadas por los valores sobre l a comunidad internacional tales como la moralidad de la guerra o el etnocentrismo–, que otras cue stiones como las no militares o los derechos humanos. Así, las élites política s que hacen énfasis en el mi litarismo, anticomunismo o aislacionis mo, ti enen mayor probabili dad de cont ar con una audiencia pública más amplia, sobre todo si lo hacen con claridad y familiaridad. Holsti (1992) –en clara s intonía con Hurwitz y Peffley (1987)–, señala que los miembros del público pueden actuar como ‘ avaros cognitivos ’ para d ar s entido a sus decisiones en pol ítica exterior; es decir, los ind ividuos desde ejercicios heurísti cos util izan creencias superiores que sirven de guía para organi zar sus pensamientos sobre una gama de temas amplios de polít ica exterior, las cuales trascienden a los modelos t radicionales de li beral/conservador o internacionalista/aislacionista. Esta premisa se ha refor zado en investigacion es reciente s, dond e se afirma que si b ien, el público puede carecer de información, no así de principios y que e l flujo de info rmación d e arriba h acia abajo – top down – dejó d e ser imperativo (Kertzer y Zeitzoff, 2017) . Autores como Goren, Schoen, Reifler, Scotto y Chittick (2016), hablan de un ‘conjunto de valores’ que se definen como predisposiciones inherentemente políticas disti ntas a los valores humanos básicos –o los que aplican para las opiniones sobre bienestar económico y problemas culturales– que darían sentido a tales heurísticas. En l a lí nea de los ‘valores’, Kertzer, Powers, Rat hbun y Iyer (2014) tamb ién abordan la preocupación d e la emocionalidad e inconsistencia del público, d emostrando qu e son los ‘fundamentos m orales’ l os que conduc en a p atrones predecibles de prefer encias en asuntos de política exterior y permiten comprender el porq ué de su polarización. Así, los patrones de fundamentos morales y, específicamente, los marcos morales pueden ser una técnica para que los tomadores d e decisión movilicen a los ciudadanos hacia sus opciones, indistint amente de que su tendencia sea realista o liberal. O t r a c or r i ente de autores sost iene con fuerza que la opinión pública sobre polí tica exterior es un p r oc e s o i mpulsado por las élit es; ejemplo d e ello son los líderes de lo s partidos políti cos quienes pasan a s er orientadores al ofr ecer ‘pistas confiables’ d esde las cu ales los ciudadanos dan forma y sentido a sus opciones (K ertzer y Zeitzoff, 2017; Eichenberg, 2016). Sin embargo, esto no siempre ocurre así; existen casos en los que los miembros del público y las élites 50 Traducción libre d e la autora. A NDREA M ILA M ALDONADO 64 comparten las m ismas heurísticas, se adhieren a valores análogos y llegan a op iniones si milares simultáneamente. Esta opción refuerza la lógica to p down defendida por l os realistas, pero da ría explicaciones al origen del comportamiento, preferenc i as, aprobaciones y/o rechazos del público de los asuntos externos. No obstante, es mayor la o rientación a creer que “ el públ ico tal vez esté mejor preparado para adoptar juicios en asuntos exteriores de lo que afirman muchos de l os modelos de top down ” 51 (Kertzer y Zeitzoff, 2017, p. 543) aunque haga uso de ‘ata jos informativos o cognitivos’ (Sniderman, Brody y Tetlock, 1991) a partir de las opiniones de sus élites políticas confiables. Arthur Lupia (1994) d ist ingue los atajos cogniti vos – shortcuts – del conocimiento enciclopédico . Los atajos cognitivos son informa ciones accesibles que provienen de opiniones de amigos, colegas, parti dos polít icos u otros grupos. S u característica fundamental es el poco esfuerzo que im plican, lo cual los hace atractivos para el público, m ientras que su debilidad es que pueden ser no confia bles en tanto que los proveedore s d e información pueden manipular o engañar a aquellos votantes desinformados. Por su parte, el conocimiento enciclopédic o se asocia a la recopilación d e datos disponibles en do cumentos oficiales, que suelen ser extensos y estar expresados en len guaje técnico. Dadas sus caracter ísti cas, la falta de t iempo, interés o eludir un esfuerzo intelectual, contribuyen a que los votantes recurran a los atajos cognit ivos o informativos antes que al conocimiento enciclopédi co, ya que les permite compensar la falta de información y aproximarse a las opiniones y comportamientos de las personas informadas. Para investigadores como Eichenberg (2016) la ‘sensibilidad’ de los ciudadanos a la forma en la que se redac t an las preguntas de las encuesta s es un aspecto a t ener en cuenta. Al carecer de información d etallada sobre una v ariedad d e temas de polít ica exterior, los ciudadanos no se involucran en una búsqueda extensa de esa información; a menudo usan claves simples contenidas en la pregunt a mism a, que resuenan co n valores y p referencias más amplias. Com o caso anecdótico, mencion a las p reguntas formuladas acerca de l a posibil idad de guerra con Irak, específicamente, aquella s en las que se men cionaron a S addam Hussein o las bajas de tropas, las cuales propo rcionaron ‘pistas’ qu e condicion aron el porcentaje que fa vorecía a l a guerra. Este hecho genera alerta a los expertos y estudi osos de la opinión públic a por los sesgos o intencionalidad que p udieran tener lugar, por lo tanto, es posible tener una evaluación confiable de la opinión p ública so lo si s e consideran dos elementos: estudiar tanta s variaciones en l a redacción de la pregunta como sea posi ble y analizar el desarrollo de las opiniones a lo largo del tiempo (Eichenberg, 2016). Ya desde finales de l a dé cada de 1980, Aldrich, Sulli van y Borgida (1989) defendían que el público sí estaba informado sobre e stos temas y que las actitudes exteriores y de fensa tenían un i mpacto imp ortante en las elecciones presidenciales de los Est ados Unidos. Esto se vio reforzado con un estudio posterior de Aldrich, G elpi, Feaver, R eifler y S harp (2006) quienes realizaron aportes orient ados a un nuevo consenso acerca de un público capaz de mantener cohere n cia en sus puntos de vista acerca d e la política exterior, los cuales inciden en sus opciones electorales. Sumados a los ava nces teórico-metodológicos y la interdisciplinariedad con la psicología política, se h a dado forma a una visión compartida de un público con perspectivas sensibles y matizadas que delinean sus comportamientos pol íticos y restringen la formulación de las políticas exteriores. En e s t e c ont e xt o, cob ra s entido el análisis de Hatemi y M acDer mott (2016) acerca d e la s actitudes , l os va l or e s políti cos e ideologías, entendi das como el fundamento del ‘temper amento individual’ o variables dependientes e independi entes que inciden en el comportamiento humano y sus dimensiones sociales y psicológicas, s iendo las responsables de gui ar “todos los dominios, incluida la afiliación a las redes soci ales, la selección de pareja, la percepción 51 Traducción libre d e la autora. Capítulo I 65 fisiológica, la disposición psicológica, las características de la personalidad, la c onstrucción de la moral, la toma de decisiones y (…) las preferencias políti cas” 52 (p. 345). A juicio de estos autores, la combinac ión de los procesos biológicos con las condiciones sociales, a mbientales y de desarroll o crean ‘siste mas’ que influyen en las preferencias, sentim ientos, pensamientos y acciones posteriores d e los i ndividuos. Las actitudes, una ve z que son dot adas de significados, ofrecen la persp ectiva vis ual a través de la cu al los indivi duos observan a otros y a su entorno, y se configuran como el ‘sistema operativo del cerebro humano’ para indi car qué program a implementar, cómo nego ciar y de cu áles continge ncias ambientales dispon e. Esto no niega el rol que los constructos psicológicos, las inst ituciones o l as fuerzas soci ales tienen en las preferencias y en las propias actitudes, o l a incidencia de los medios de comunicación, los partidos o las élites en la i deología al guiar el di scurso y al establecer la agenda política; p ero, coloca de relieve que los indivi duos son capaces de ‘auto-seleccionar’ en est os medios, recibir información a la vez q ue procesarla de ma n era diferencial actualizando a sí sus aspectos psicológicos y su propia arquitectura biológica. Con el objeto de dar sentido a los contextos que dan origen al interés del p úblico, Baum y Potter (2008) i lustraron e l proceso a través d el cual se pu eden d ar equili brios de corto y larg o plazo en cuanto a la amp lia brecha de la informaci ón sobre política exte rior existente entre l os líderes y el públ ico, demostrando el rol central que ejercen los medios de comunicación en su reducc ión a lo largo del t iempo. La propuesta de l os auto res muestra como en contextos conflictivos, la atención pública hacia la políti ca exterior (d emanda de noti cias) suele ser b aja, suponiendo una amplia brecha y un equilibrio a favor de los líderes, es pecialmente, en las primeras etapas (IGt1) . La demanda de la inform ación aumenta por varias razones causales: discordia entre las élites o giros irracionales de lo s hechos por pa rte de los lídere s, lo que se vuelve más probable a medida que s e p rolonga el conflicto y s e tr aduce en una b recha de información más pequeña (IGt2). Asimismo, la respuesta del públ ico por l as víctimas generadas a lo largo d e un conflicto impli ca otro equili brio a largo plazo (IGt2) donde la opi nión públ ica puede moldear o restringir la pol ítica, lo cual se expr esaría también po r la reducción de l a brecha. De esta f o rma, los medios de comunicación son un t ercer actor que controla el flujo de información y no una simple cinta de transmisión pasiva, ya qu e, de s er así, no representaría incentivos para que los l íderes respondan a los cambios en la demanda de información del público (Baum y Potter, 2008). Baum y Potter (2008), muestran la importancia de los medios de comunicación en los procesos de absorción de información po r p arte del públ ico si n ignorar la influencia de los líderes en los c ont enidos, quiene s por medio del encuadre de la retórica tie nen un efecto causal independiente en las percepciones p úblicas de los conflictos y, en consecuencia, en la política exterior. Ambos autores concluyeron que la in ci dencia de los medios d e comunicación se produce en casi todos los aspectos de la relación entre opinión pública y la pol ítica exterior. Dada l a r elevancia qu e sigue suponiendo el segundo postulado del Con senso, estudi os recientes identifican cuatro f actores adicionales qu e sirven a los ciudadanos como ‘filtros’ para formar sus opini ones so bre temas nuevos o complejos de política exterior: actitudes básicas hacia la guerra y la fuerza militar, i deología, partidis mo y género. A l estar clarament e reconoc idos, han surgido preguntas recurrentes acerca d e la existencia de ‘patrones universales’ en l a s op i ni on es de los ciudadanos, sobre todo al r especto del p rimer filtro, que buscan apr oxi m a r l os hallazgos obse rvados en e l c ontext o estadounidense a ot ros obtenidos sob re todo en las sociedade s europeas. Este esfuerzo homologador se encue ntr a con dos problemas sustanciales: el primero, que fu era de Est ados Uni dos y Europ a, los estudio s de opinión pública han r ecibido una atención por lo menos limitada, y e l segundo, que las encuestas de opinión no 52 Traducción libre d e la autora. A NDREA M ILA M ALDONADO 66 solo s e centran en la posibili dad de guerra, si no que son extensivas a múl tiples temas de orden global. Dados estos mot ivos, los investigadores optan por consi derar dos aspectos condicionantes que influyen en el nivel de apoyo a la ac ción milit ar: las caracter ísticas nacionales y la posición internac ional del país. Así, aunque los ciudadanos comparten juicios universales sob re la gue rra, los qu e pertenecen a Estados con m ayor pode r rel ativo s e sient en más cómodos con el uso de la fuer za que a quellos que pertenecen a país es p obres o m ás débiles (Eichenberg, 2016). 1.3.2.3. Sobre la influencia limit ada de la opinión pública e n la políti ca exterior Morales y S hiavon (2015) resumen y explican la dificultad de que la opini ón pública incida en la política exte rior a través de t res razones de orden op erativo: “la propia dinámic a burocrática d e las instituciones encargadas de esta política. La rapidez con la que se tienen que tomar algunas decisiones y la especialización de l os cuadros encargados d e manejar la política exterior” ( p. 678 ). Su combinación ha contribuido con que a lgunos teóricos (especia lmente los realistas) no consideren a la opinión públ ica como insumo relevante, en tanto resulta complej o articularla d entro del proceso de tom a de decisiones. Frente a esto, Foyle (1997) agrupa a diversos autores que se o ponen a tale s razones y afirma que tal incidencia sí existe y se expres a en fun ción de cuatro tend encias: a ) restrictiva, b ) condicional, c) mixt a y la d) falta de conexión entre ambas (Foyle, 1997). En la primera tendencia – restri ctiva –, Risse-Kappen (1991) d emostró que el público puede incidir ‘dire ctamente’ en la formulación de las polí ticas, e specíficamente en la f ase de elección de opciones y prio rización de objetivos po r parte de los tomadores de de cisiones, al r educir l a gama de opciones o medi os pa ra implementar esos objetivos o ‘ganar concesi ones simbólicas’; por ejemplo, un cambio de retórica en l ugar de reformas políticas. El públ ico también puede afec t ar ‘indirectament e’ l as pol íticas al influi r en la formación de coaliciones entre las élites y sus grupos. De esta forma, logra fo rtalecer o d ebilitar pos iciones d e la bu rocracia y otros actores individuales que operan a lo interno del gobierno o dar lugar a c ambios y rea justes dentro d e organizaciones p olíticas (por ejemplo, l os partidos pol íticos). Aunque es cierto que el impacto indirecto es difícil de ra strear, ti ene l a capacidad de s er tan influyente como el directo. En cualquier caso, los decisores no actúan en cont ra de amplios consenso s públicos; l o cual significa que, además de incidir, la opinión pública puede ser una limitante en l as decisiones de política. La segunda tendencia – condicional – la lidera Thomas Graham (1994, c it. en F oyle, 1997), de cuyo descubrimiento s e generaron cuatro componentes s ituacionales o condiciones que determinan la incidencia de la opinión pública: 1 ) nivel de apoyo público a una política –desde la poca i nfluencia (o menos del 50%) al dominio de la opinión del público sobre el proce so político (es decir, 80% de apoyo)–; 2) efectividad de las estrategias comunicacionales de la élite; 3) la etapa en la qu e se en cuentre l a pol ítica; y 4) conci encia d e las élites acerca de las dimensiones que puede tener la opinión pública. Una ter cera t endencia subraya la i nfluencia mi xta de l a opi nión públi ca y la polí tica exterior. P ara demostrarl o, Foyle (1997) util iza algunos casos paradigmáticos entre los qu e destaca la ren egociación del Tratado del Canal de P anamá –analizado p or George Moffett (1985)– que , a p e s a r de los esfuer zos masivos de relaciones púb licas d e los defensores y detractor e s , no m os t ró variaciones en las actit udes del público. El estudi o d e Moffet l egó un a paradoja i mportante po r t ratar un evento históri co en el que, por una p arte, las presiones externas hacían i neludible l a renegociación y por la otra, l as constricciones i nternas l a dificultaban: Capítulo I 67 Las e ncuesta s tendieron a magnificar el ni vel de apoyo y subestima ron el grado en que las r enegociaciones entraban en conflicto con creencias latentes p ero muy sentidas que aún tienen muc hos estadounidenses , lo que había llevado a administracion es an teriores a decidir no e nfrentar el problema. Es ta a mbivalencia s e reflejó en la respuesta poco e ntusiasta e n el Senado y l a lucha prolonga da para obtener una frágil mayoría de dos ter cios para l a aprobación. Su existencia ll evó a elementos dispares de l a Ne w Right , una vez movilizad a y unificada en la oposición, a aprovechar un público a hora más atento para oponerse a la a dmini stración Carter y su política exte rior “ideali sta ” 53 (Le es, 1985, p. 732). Según Moffett (1985) lo s logros de la pol ítica sobre la renegociación del Canal de Panamá fueron intangibles para l os estadounidenses, los r iesgos bastante evidentes y el agra vio a sus cree n cias doloroso. Un segundo c aso paradigmático fue el esfuerzo de la administración del ex presidente estadounidense Ronald Reagan y la bús queda de financiamiento para los contras en Nicaragua. Existe evidencia que demostró el ini cio de un programa de diplomacia públ ica – ineficaz– para aumentar l a aprobación de la opinión pública que estaba lim itando la cantidad de fondos solicitados por el gobierno (Sobel, 1993; Parry y Kornbluth, 1988; Foyle, 1997). Dentro de la cate gori zación de Foyle (1997), un úl tim o grupo de autores (Ja cobs y Shapiro, 1994) sugi ere la desc on exión entre la p olítica e xt erior y la opi nión pública a t ravés de casos como el de Vietnam, do nde los lí deres –como lo hi ciera Lyndon Johnson –, no lograron los cambios espera dos al intentar dirigir la opinión pública y, en consecuencia, decidieron deliberadamente no tomarla en cuenta; o aquellos casos en l os que esta últ ima no incidió en decisiones de asuntos externos. Foyle (1997) retoma l a id ea de H olsti (1992) acerca de las creencias d e la é lite y demuestra a través de e llas otra forma de incidencia de la opinión pública en la polít ica exterior. Este autor atribuye a las c reen cias, la capacidad de af ectar las interpretaciones y respuestas d e los individuos c on respecto al entorno político y s ervir de guía de acción, siendo ca p aces de a lterar el comportamiento de la política exterior 54 . Específicamente, l as creencias de los decisor es pueden comportarse como una variable media do ra de la influencia de la opinión pública: si las élites están c onvencidas de su poca relevancia, tienden a no tomarla en c uent a e n el proceso d e formulación de l a pol ítica; por el contrario, si creen que supone dificult ades el h echo de ignorarlas –sob re todo cuando se les opon e–, suelen inclinarse a incluirla en sus valoraciones de las políticas. P ara una mayor precisión Foyle (1997) l as divide en ‘no rmativas’ y ‘prácticas’. Las primeras se b asan en el juicio de los indi viduos acerca de l a pe rtinencia de recibir aportes desde la opinión públ ica que in cidan en las d ecisi ones de pol ítica exte rior. Las p rácticas representan la de cisión de los líderes en cont ar con el apoyo del público pa ra que una políti ca exterior tenga éxito. La implementación de creencias normativas y prác ticas pueden dar origen a cuatro sistemas de creencias distint os: del egativo , ejecutor , pragm ático y guardián (Foyle, 1997). Un s istema de creencias “puede cons iderarse como el conjunto de l entes a t ravés de lo s cuales se r ecibe la información r elativa al entorno físico y social”, compuesto por un conjunt o de imágen es que recoge n un volumen considerable de informa ción y, que a su vez son cons ideradas sub -partes 53 T r a d u c c i ó n libre d e la autora. 54 E l e s t u d i o de Douglas Foyle (1997) planteó estudiar la viabilidad de utilizar a las creencias de opinión pública – normativas y p rácticas– como p redictores d el comportamiento de los tomadores de decisiones en política exterior. Su estudio de caso se basó en los comportamientos del president e de lo s Estados Un idos, Dwight Eisenhower y el secretario d e Estado, John Fo ster Dulles. Los datos utilizados fueron comunicacion es privadas antes y después de su mandato; declaraciones públicas previas a asumir el ca rgo ; y, declara cion es extemporáneas durante su tie mpo en el cargo complement adas con una encuesta de las conclu siones d e fuentes secundarias so bre las creencias de ambos p ersonajes. La metodología fue el análisis de contenido cualitativo. A NDREA M ILA M ALDONADO 68 del mi smo (Holsti, 196 2, p. 245). Entendidos como ‘tipos ideales’, la Tabla 2 r esume – cartesianamente– bajo d os interrogantes si es deseable y/o necesario el a poyo de la opinión pública, en dependencia de las posibles creencias de la élite sobre esta últim a Tabla 2. Orientación de las creencias de la opinión púb lica ¿Es necesario el apoyo público? Sí No ¿Es deseable que la opinión pública afecte a las opciones de política exterior? Sí Delegativo Ejecutor No Pragmático Guardián Fuente: elaboración pr opia a partir de (1997) 55 El tip o de orientación delegativo ve como conveniente que los aportes de l a opinión públ ica influyan en las decisione s polí ticas y, también co ntempla la necesidad del apoyo del públi co para que una polí tica exterior tenga éxito. Es tos indivi duos se asumen como agentes que persiguen los obj etivos c olectivos y utilizan re currentemente a la opinión públi ca como r ecurso; casi nunca van en contra de sus deseos. El t ipo ejecutor realiza la tar ea d e otro y considera deseable l a p articipación activa del público en la formulac ión de políticas , más no necesaria para g arantizar el éxito. El tipo prag mático por s u parte, no estima como deseable l a opinión pública pero sí necesario su respaldo una vez que se elige una política en específico. Finalmente, para los guardianes la participación del público en las opciones de políti ca exterior no es deseable y c reen que su apoyo tampoco es necesario para el éxito. Estos últimos se sum an a l a visión realista de la emocionalidad y s ubjetividad de l a opinión públic a y se c onsideran defensores del interés nacional (Foyle, 1997). Los aportes de Foyle (1 997) reba tie ron el postulado realista al afirmar que la incidencia de la opinión públ ica no es un aspecto que se pu eda plantear en ‘tér mino s absolutos ’ ya que considera como su legado, el habe r planteado una pregunta más amplia acerca de las condiciones en que se g e nera t al i nfluencia, espec íficamente al investi gar el vínculo entre las cree n cias y l as respuestas de los t omadores d e decisiones hac ia la opinión pública. Concluye así, que la incidencia de la op inión pública es variable en función de varios factores entre los que se incluyen el tipo de decisión y el tema que se esté considerando. Además del traba jo de Foyle y lo que Holsti (1992 ) denominó ‘evidencia anecdótica’ –po r las experiencias de los presidentes estadounidens es Roosevelt, Eisenhower y Kennedy, quienes se a poyaron en análisis de opinión durante sus administraciones–, existen dos tipos de estudios que han afian zado el des afío a la tesis de ‘impermeabilidad’ de la política e xterior: l os análisis cuantitativos-correlacionales 56 y los estudios de caso. Mientras los estu dios cuantitativos 55 Foyle, D. (1997). P ublic Opinion and Foreign P olicy: Elite b eliefs as a mediating variable. International Studies Quarterly , 41(1 ), 141-169. Se realizó traducción libre del texto. 56 Alguno s ejemplos de análisis correlacionales i dentificados por Holsti (1992 ) son los estudios de Kusnitz, ( 1984 ) – Publ ic Opin i o n a n d F o r e i g n P olic y: America's China Policy – acerc a d e la p olít ica estadounid ense h acia Chin a du rante tres décadas d e l g o b i e r n o d e M ao Tse Tu ng d esde 1949, el cual d emostró correspondencias entre en niveles altos entre l as preferencias d e l p ú b l i c o y la po lítica estado unidense. El autor j ustificó los h allazgos en l a visibilid ad del tema, cambios de opinión n o aleatorios y d iferencias partidistas que, combinadas fortalecieron la creencia de las represa lias electorales, por lo cual era necesaria la at ención de los d ecisores en la relación con Chin a. También el estudio de Monro e (1979) – Consistency between Public P references and Nati onal Po licy Decision – se centró en la necesidad de d emostrar empíri camente la frecuencia con la q ue las decisiones pol íticas estaban relacionadas con las preferencias del p úblico. Alrededor de d os tercios d e los casos estudiados d emostraron la coherencia entre la opin ión púb lica y las p olíticas públicas, así como cierta variació n en la coherencia entre áreas de p olítica sustantiva, sob re todo porque las decisiones de po lítica exterior suelen ser más coherentes con las Capítulo I 69 reforzaron los vínculos de opinión pública-política exterior po r medio d e la hipótesis de la retribución elector al: el votante castiga al ca ndidat o/partido por las fallas cometidas en política exterior y rec omp ensa sus éxitos; los estudios de caso demostraron cómo, en ocasiones, la política exterior puede limitar la acción de los decisores en ese campo 5 7 . Al respecto d e los estudio de caso, Holst i (19 92) destaca como la in vestigación más relevante The Politics o f Failure: Strategic Nuclear Arms Control, Pu blic Opinion, and Domestic Poli tics in the Unit ed St ates, de Thomas Graham (1989), qu e constó de cuatro estudios de casos d e políti ca estadounidense d e control de armas: Control Internac ion al de Energía Atómica – Internat ional Control of Atomic Energy –, el T ratado d e Prohibición Parcial de Ensayos – L imited Test Ban Treaty – y el Tratado s obre M isiles Anti-Balísticos – SALT I/ABM Treaty ; SALT II –. El diseño de investigación con templó la revisión de datos de más de 500 encuestas de opinión pub licadas entre 1938 y 1988, cuyos análisis demostraron que el impacto de la opinión pública fue importante en la negoc iación, ratificación e im plementación de las políticas y var iable, “dependiendo de si el apoyo alcanzaba los ni veles de mayoría (50-59%), consenso (60-69%), preponderante (70 -79%) o prácticamente unánime (80%+)” 5 8 (Holsti, 1992, p. 454). G raham (1989) explica el g rado en que la opi nión pública influye en las decisiones de control de armas en tres f actores: “el nivel de ac titudes públicas, la c onciencia d e las diferentes dimensione s de la opinión pública por parte de activist as políticas en competencia y la sofisticación de las estrategias d e comunicación util izadas por facciones polí ticas en competencia” (p. 3). Dos de los autores que mejor sistematizar on todo el recorrido del import ante vínculo entre política exterior y opinión pública fu eron F oyle (1997) y Holsti (1992) quienes coincidieron en la necesidad d e seguir investigando y gener ando evidencias más su stanciales sobre su naturaleza causal, especialmente para afianzar la confianza en los resultados generados de los análisis correlacionales. El úl timo autor advirtió sobre la cautela al momento de hacer inferencias desde un solo dato sobre la opinión públ ica, por l o cual es menester extr aer las tendencias desde datos longi tudinales –sin desconocer algunas alteraciones intencionadas de empresas especializadas como lo hiciera Gallup en 1956–; di señar encuestas con enfoque estricto en pol ítica exterior; y construir preguntas estándar que p ermitan realizar análisis de tendencias. Tal y como se observa, el Consenso de Lippm ann y la mayor p arte de la literatura desarrollada en la segun da mitad del siglo XX se centró en Estados Unidos. Su importancia sigue si endo tal, que en i nvestigaciones recientes se si guen rebatiendo las tres imágenes y es así que, en el último medio si glo s e comenzó a hablar de una oscilación ‘del pesimismo al optimismo’ (K ertzer y Z eitzoff, 2017) o una ‘ evolución académica’ qu e se ha de cantado por valorar a la opinión pública como un contra peso relativamente e stable a tener en cuenta por parte de los responsables políticos. Se trata de “una pode rosa fuerza cu ya influencia en el desarrollo de la políti ca exterior se r evela d ecisiva (…) desconocerla puede hacer fracasar las preferencias pú blicas que co n l as políticas nacionale s . La consistencia en cuestiones de política exterior fue del 92%. Finalmente, el trabajo de Page y Shapiro (1983) – Effects o f Public Opinion on Policy – demostró una congruencia de 153 c asos (66%) entre los años 1935 a 1979, en los que l os cambios importa ntes en po lítica se correspondían con los cambio s en las preferencias del públ ico, así como un nivel de congruencia del 62% en política exterior. 57 P a r a H o l s t i (1992) la ‘ev idencia an ecdótica’ y los an álisis correlacionales no su stituyen a los estud ios de caso qu e pue d e n a r r o j a r i n f o rmación relev ante sob re cómo incide l a opinión públi ca en la p olítica exterior. Uno de lo s ejemplos rast r e a d o s p o r e s t e autor es la in vestigación d e Parry y Kornb luth (1988) Iran-Contra 's Untold Story. Foreign P olicy, sobre la participación estadounidense en Centro américa dur ante el gobierno de Reagan qu e inició un a campaña de relacion es públ icas –dudo sas– para obtener apoyo del púb lico en la asistencia a los co ntras en Nicaragua. Alg unas encuestas evidenciaron el rechazo del público a la participación militar de Estad os Un idos en ese lu gar, por lo cual se presume una relación directa entre la opin ión del públi co y l as acciones d e un gobierno en específico, en tanto se estima que las acciones podrí an haber sido más directas o masivas. 58 Traducción libre d e la autora. A NDREA M ILA M ALDONADO 70 iniciativas exteriores más sól idas, por el contrario, reconocerla puede fo rtalecer la política exterior de un gobierno” (Calduch, 1993, p. 34). Aun cuando son m uchos los avances, queda pendiente s aber cuándo y cómo se ejerce la infl uencia d e la opinión pú blica en la polít ica exterior e indagar en la compleja relac ión entre la opinión pública, el discurso de la élit e, las cree n cias de la élite sobre la opinión públ ica y el comportamiento en política exterior (Baum y Potter, 2008). 1.3.3. Elementos d efinitorios d e la relación opinión pública-política exterior en los estudios latinoamericanos A lo interno de América Latina se des arrollan múl tiples dinámi cas polít icas, económicas, sociales y culturales de p aíses con intereses y obj etivos tan disí miles que dificultan considerarla una región homogénea, c on una visi ón común de inserción en el sist ema internacional; ello a pesar de compartir problemas tales como sistemas de gobierno hist óricamente débiles y fragmentados, corrupción, narcotráfico, crimen o rganizado, emigración m asiva dentro y fuera del continente, elevados índices de pobre za, una amplia brecha de desigual dad y precarización laboral, entre otros (Gon zález y Schiavon, 2010). Adicional a esta r ealidad, el vínculo que se establece e nt re los líderes y los ciudadanos suele estar basado en el pe rsonali smo, asumido por los primeros como estilo de gobierno; o lo que es lo mismo decir, una ‘personalización de la política’ centrada “en el ejecutivo, que r esalta las virtudes del presidente, una conexión emocional de la ciudad anía y la capacidad del gob ernante para proveer ben eficios materiales a sus gobernados” (Ortiz y García, 2014, p. 375). La idea de l a ‘personalización d e la política ’ co nsidera qu e el efecto del carisma en la aprobación p residencial y las percepciones ciuda danas posit ivas acerca d e la personalidad de los responsables pol íticos, contribuyen a la condonación de iniciativas pol íticas erradas y desaciertos. Esta afirmación –casi intuit iva– la confirman Ortiz y García (2014), luego del análisis de la valoración de 22 líderes latinoamericanos, en cuyos resultados obser varon que jefes de gobierno como Hugo Chávez y Álvar o Uribe –separados por una amplia brecha ideológica– comparten l a cercanía a sus electora dos y algunos rasgos autoritarios; así como otros líderes de p artidos de derecha, centro derecha e izquierda, que comprueban que en América Latina el perso nalismo no está determinado por un a ideología pol ítica específica 59 , siendo un rasgo más común de lo pensado. Además de la ‘personalización de la polí tica’, los sist emas pre sidencialistas latinoamericanos otorgan c aracteríst icas singulares a la r elación entre la opinión públ ica y la política exterior. La centralización del poder en el Ejecutivo incluye un alto grado de autonomía en la formulación de los asuntos exteriores del Esta do, por lo c ual, l a pertinencia de contemplar a la opinión pública en la toma de decisiones, está m uy ligada al criterio de l lí der. Al respecto de esto, se contemplan d os enfoques: el psicológi co , que coloca de relieve las particularidades de l os decisores y las cre encias qu e estos tienen sobre la opinión públi ca, del que derivan dos tipos de líderes. Los líder es sensibles al ambiente externo, abiertos a la interlocución con ot ros puntos de vista y l os líderes s electivos que m uestran toler ancia solo a l a i nformación que d é fuerza a sus propios puntos de vi sta. El segundo enfoque se orienta al ám bito i nstitucional y destaca las p resiones que el sis tema político impone a los dirigentes para q ue tomen en cuenta o no a la op i ni ón p ú blica (Morales y Shiavon, 2015). 59 L a in vestigación de Alejandra Ortiz y Miguel Garc ía (201 4) "Porque te quiero te apoyo". Estilo de gobierno y aproba ción p residencial en Améri ca La tina, se basa en datos de “15 mil encuestas c ara a cara llevadas a cabo por el Baró metro de las Américas-LAPOP, correspondientes a 1 6 p aíses latinoameric ano s para los años 2008, 2010 y 2012” (p. 379). En los niveles más b ajos de personalismo identifi caron a líd eres d e izquierda como Dilma Rousseff y Michel Bachelet, derecha y centro derecha, como Sebastián Piñera o Juan Manuel S antos. En los niveles más altos, se encuentran Álvaro Uribe, segu ido por Hugo Ch ávez, Rafae l Co rrea, Evo Morales y Ricardo Martinelli. Capítulo I 71 La relación de las creencias particulares de los tom adores de decisión con la op inión pública guarda estrecha relación con lo ya descrito acerca d e las creencias normativas y prácticas de Foyle (1997) 60 , y fo rma parte de una d e las cinco grandes dimensi ones identificadas por Cascante y Pignataro (2015) como v ariables q ue af ectan el vínculo entre polí tica exterior- opinión pública. Aunque el desarrollo de esta idea se adhi ere a la literatura anglosajona, su relevancia tiene lugar da do el contexto la tinoameri cano en el que se enfoca el pre sente estudio, en cuyo caso, remite a u n país con si stema pr esidencialista con alta absorción personalista de las interacciones exteriores del Estado; por esa razón se considera como el primer elemento definitorio relevante. Un segundo e lemento tiene que ver con l a importa ncia de la política exterio r ya no para los líderes, si no para el pú blico –tambi én enume rado por Cascante y Pignataro (2015) como ‘sensibilidad del tema pa ra la opini ón públ ica’–. Es importante acotar que no todos los t emas de política exterior son igual de im portantes para l a ciudadanía, o, dicho de otra forma, no s e puede afirmar que “todos los elementos que componen la polít ica exterior formen parte de la esfera de relevancia requerida para ser tom ados en cuenta por la opinión públ ica, dado que pa ra la ciudadanía algunos temas serán más sensibles y focalizados que otros” (Pignataro y Cascante, 2017, p. 95). Varias de las iniciativas guber namentales latinoamericanas de las últim as dé cadas denotan una r elación a ctiva entre el Estado y los agentes sociales 6 1 –más o menos efectiva y/o crec iente según el tema que se trate y el momento pol ítico (Oliveira y Pfeifer, 20 06)– y han abierto espacios a una m ayor pa rticipación de la ciudad anía para la exigencia de r endición de cuentas por parte de las instan cias guberna mentales y del funcionariado público. A sí, “parece posible afirmar que los estudi os de opinión p ública tienen el potencial de p rod ucir no solo nueva información, sino tamb ién una mayor rendición de cuentas y recepti vidad ( …) lo que redundaría en mayor leg itimidad, credibilidad y poder de negociación” 62 (Pimenta, 2008, p. 94). A pesar d e los avances, para gran parte del públi co latinoamericano, la política exterior sigue si endo una política de Estado reservada exclusivamente a criterio del Ejecutivo o un aspecto externo a l a agenda pública de debate que, con el paso del tiempo ha experimentado una ‘reivindicación’. En las s ociedades con gobiernos de democraci a representativa, la participación y la consulta popular permanente son un imperativo para las tomas de decisiones y el ciclo de l as políticas públicas (Rom ero, 2011), en tanto que, “la ciuda danía podría poner límites a los intereses p articulares de la élite gober nante” (Rabbia, Sader y Cagnasso, 2020, p. 81): …se entien de que l a pa rticipación c iudadana deb e incluir el mundo de l a op ini ón pública como un lugar central, en donde se debatan l os pr oblemas éticos y que esta discusión parta de l a base de la pertinenc ia de s ociedad es moralmente pluralis tas , y de l a promoción de una ética uni versal basada en los ideales p olíticos de la paz, la responsabilidad de los gobiernos, el dere cho a disentir, el derecho a protege r, la defensa de los dere chos humano s y la defensa del am biente… (Romero, 2 011, p. 210). 60 Ver: 1.3.1 .3. Sobre la influencia limitada de la opinión pública en la política exterior. 61 Algun as i nv estigaciones qu e demuestran esta relación e i ncluyen la acc ió n social en la política exterior son las de: Milan i, C.; Pinheiro, L . (2017). The Politics o f Brazilian Foreig n Policy and Its An alytical Challenges. Foreign Policy Anal ysis, 13 , 278 -296; y Pomeroy, M . (2015). Participación ciudadana y política exterior: la confluencia entre actuación doméstica y tran snacional de la sociedad civil brasileña. Tesis doctoral . Universitat Autònoma de Barcelona. 62 Traducción libre d e la autora. A NDREA M ILA M ALDONADO 72 También en lo qu e re sp ecta al legislativo existe ‘cierto gr ado de aislamiento’ con la política externa qu e hace que no sea tan ne cesaria la popu laridad presidencial, que sí es menester par a garantizar el respaldo de polít icas o aspectos domésticos l os cuales suelen im plicar una m ayo r polarización partida ria y disputas. Es así que, “oponerse al Presidente en asuntos de política externa, p uede, también, ser pe rjudicial para los l íderes pa rtidarios –en particular– y p ara los legisladores –en general –, quienes pu eden ser catalogados de traidores o, en l a jerga política latinoamericana, de ‘vende patria’” (Feliú y Urdinez, 2017, p. 98). P or ejemplo: “…los t ratados internacionales en Chile poseen mayores ch ances de aprobación en el Con greso compa rados a proyectos legislativos de política domésti ca y fiscal” o, las “votaciones sobre I slas Ma lvinas en Argentina, un t ema c rítico para la políti ca externa” , que demost ró qu e “el éxito de las iniciativas del Poder Ejecutivo es mucho mayor al de las del Congreso” (p. 98). Tod o esto hace que la s temáticas de pol ítica ex terior no siempre sean relevantes o generen se nsibilidad para el Legislativo. Por otra parte, se atribuy e a los medios de comunicac ión incidi r en la form ación de “una agenda públ ica separada de la opinión que los ciuda danos tengan sobre cuáles debe n ser las prioridades gubernament ales” (Romero, 2011, p. 208). Por ello, en la relación opinión pública - política exterior, los sect ores ideologizados son importantes por la consciencia que han tomado acerca del rol de los m e dios de comunicación como moldeadore s d e las percepciones de la realidad “por la vía de i mponer la terminología más favorable a sus pos tul ados” (p. 208-209). Dada su re levancia, Cascante y Pignataro (2015) enumeran a la “capacidad de influenc ia en medios de comunicación” como la ot ra dimensión de la relación opinión pública-política exterior, la cual se c onsid era como el tercer e leme nto def initorio a tener en cuenta para nuestro estudio. Según Baum y Po tter (2008), la capacidad de influencia de los medios de comunicación puede aumentar o mi nimizar el volumen de i nformación ac erca de un tópi co y modi ficar tanto el contenido como el al cance de la opini ón púb lica. Algunos fenómenos como el llamado ‘efecto CNN’ evidencian esta i ncidencia sobre todo en fases ini ciales de l a implementación o cuando s u desarrollo aun es incipiente. La p articip ación de los medios d e comunicación es más factible si no existe consenso de las élites pol íticas y si hay incertidumbre políti ca dentro del gobierno, situaciones habituales en América Latina. En la medida en que la política exterior sea reac tiva al contenido de l as noticias, las decisiones que tom an los reporteros, productores y editores son clave. Desde este punto de vista, l a decisión en p olítica exter ior se ha convertido en un ‘epifenómeno’ de una nueva toma de decisiones (Robinson, 2002). El cuarto elemento defini torio es la activación del vínc ulo opinión pública-política exterior en torno a procesos e lectorales. La ideología y la i dentificación partidaria pueden tener f un ción heurística y oper ar como atajos cogniti vos que ordenan las actitudes en política exterior y le suman cierta estabilidad al pensamiento de l os ciudadanos (Morales y S chiavon, 2015). Es en contextos electorales pre sidenciales donde se genera más acceso a ellos e identidad con las élites (A ldrich, et al., 2006). Algunos estudios lati noamericanos están dirigidos a comprobar la forma en que las decisio nes de políti ca exterior – tomadas o futuras– se utili zan en campañas electorales, su incidencia en el voto y las consecuencias en los resultados electorale s. Adicionalmente, demuestran que las posiciones ideológicas, a sí como la ‘visión posit iva’ de la gestión d e l gob i e r no en su conjunto, determinan la forma en qu e los votan tes valoran y crean opinione s s ob r e a s un tos específicos de polít ica exterior –especialmente, en socieda des con alta polarización– s in embargo, sigue siendo un área poco estudi ada (Rabbia, Sader y C agnasso, 2020; Cascante y Pignataro, 2015). Durante las contiendas elec toral es latinoamericanas, la relevancia de te mas de políti ca internacional que causan ‘difere n ciación y contraste ideológico’, como la integr ación regional, Capítulo I 79 interés en participar activamente de él y sobre todo, la lectura en clave n acional que hacen los ciudadanos de este gr upo de países sobre los asuntos internacionale s – especialmente, Colombia, Ecuador y México– ade más de la cr eencia del po der blando –cultura, dipl omacia y come rcio– antes que el uso de la f u erza militar (González et al, 2011b). Un elemento destacable e s que los datos generados ofrecen un perfil de l a concepción de integración que tiene este público latinoamericano, la cual “deja f uera los aspectos políti cos, mi litares y sociale s: se rechaza la unión monetaria y la construcción de instituciones supranacionales y, en parti cular, no se quiere el libre movimiento de personas” (Maldonado y Crow, 2011, p. 232). Dado el auge lento, pero sistemático del tema en la región, en Costa Rica los investigadores Cascante y Pi gnataro (2015) analizaron l os estudios de opi nión del Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de 2013 y 2014 85 . Dado que e n ambos se abordan temáticas generales, extrajeron elementos exclusivos de política exterior –específicamente tr es preguntas–. En tal sentido, l os costarricenses manifestaron int erés po r la polí tica ext erior, que aumenta en cuanto mayor nivel de formació n. Asimismo, se ob servaron alt os niveles d e desconocimiento de los responsables gubername ntales y de los instrumentos necesar ios para su ejecución. En un a investigación posterior Pi gnataro y C ascante (2017) demuestran que el p úblico es capaz de distinguir e ntre las valoraciones de los aspectos internacionales y doméstico s: a l mismo tiempo que evaluaron negativamente l a conducción de los asuntos internos, t uvieron una opi nión positiva de la conducción de los aspectos externos. Dada la importancia de la relación bilateral Nicaragua-Costa Rica, el Instituto de Estudios Sociales en P oblación de l a Universidad N acional de Costa R ica realizó una encuesta sobre perce p ciones de los costarrice nses al respecto de dicha relación 8 6 . La opinión de la ciudadanía varió de ser ‘negativa’ a inicios del sigl o XXI , a ‘positi va’ al momento de la encuesta (2016), lo cua l se at ribuye al trat amiento i nformativo ‘manipulado’ que h an r ealizado los medios de comunicación costarricenses sobre l as personas de origen nicaragüense y la tendencia de l a población a informarse (Díaz, 2018). Finalmente, los estudios generados desde Amé rica Latina sobre opinión pública y temas de polít ica exterior m ás r ecientes se realizaron en Argentina y B rasil en 2020 87 . El prim ero, con el objetivo de responder “ ¿cuáles fueron las actitudes y preferencias sobre po lít ica exterior entre simpatizantes de los principales candidatos presidenciales –M auricio Macri y Alberto Fernández–?”, así como “¿Qué relación presentan estas posiciones con la evalu ación d e l a gestión del presidente Macri, que buscaba su reelección, y con la valora ción de la si tuación económica gen eral?” y “¿Qué rol juega la ideo logía políti ca en la conformación de estos posicionamientos?” (Rabbia, S ader y Cagnasso, 2 020, p. 86). Los resultados demostraron “la incidencia d e la polariz ación ideológic a, i ncentivada por el contexto el ectoral nacional de octubre de 2019, respecto a la opinión pública en materia de política exterior” (p. 78). El segundo estudio realizado en Brasil, analiza l a percepción del público de e se p aís acerca de la Cooperación Internacional para el Desarroll o (Soldi, Mouron y Apolinário, 2020), concluyendo que l a m ayoría de los encuestados, co nsidera que el p aís debe ría reducir o elim inar 85 L a p r i m e r a encuesta del E studio de Opinión S ociopolítica se ap licó del 11 al 29 de nov iembre de 201 3 y la segunda, del 1 0 a l 2 9 d e n o v i embre de 2014 vía telefónica. E l tamaño de la muestra fue de 635 y 800; y , mar gen d e confian za de ± 3 .9 al 95% y ± 3 .5 al 95%, respectivamente (Casca nte y Pignataro, 2015). 86 La encuesta se realizó telefón icam ente d el 12 al 20 de abril de 2016 a 800 personas. El nivel de confianza es del ± 3.5 al 95% (Díaz, 2018). 87 Lo s au tores (Rab bia, Sad er y Cagnasso, 2020) aplicaron un cuestionario on line en 2019, a u na muestra no probabilística de 1006 p ersonas residentes en l a p rovincia de Córdoba, Argen tina. “La v ariable dependi ente y de segme ntación es la intención de voto en las elecc ion es presidenciales d el 27 de o ctubre de 2019” (p. 108). A NDREA M ILA M ALDONADO 80 el gasto en ayuda exterio r, el cual se reduce aún más cuando conocen có mo ese dinero pod ría haberse utilizado en el ámbito doméstico 88 . Finalmente, se debe hacer referencia a la t esis doctoral O pinião pública, política externa e redes sociais no Brasil de Jonatas Torresan (2020 ) cuyo objeto fue discutir las dinámicas de la opinión pública y de la pol ítica exterior a partir de la difusión de internet y de las re des sociale s en ese país entr e 2010 y 2020. El investigador ut ilizó las encuestas de opinión As Américas e o Mundo (2010, 2014 y 2018) para analizar el posicionamiento del público. Asimismo, realizó una investigación exploratoria p ara discutir cuáles son los principales atajos cognitivos utilizados por la opinión públ ica brasilera para co nectarse a la polít ica internacional. Entr e los principales h allazgos destacan: 1) crecimiento del acc eso a internet y redes so ciales acompañado por un aum ento de la polar ización en la política doméstica y alteraciones en e l interés de las noticias internacionales; 2) diversidad en los clústers hegemónicos, siendo los principales Gobierno/política y medios; var i ación de la imagen positiva o negativa de un país y el público en f unción del volumen y las conec tividades de las rede s. Por último, la actitud de la opinión pública para temas domésticos most ró diferencias significativas en cuanto a temas internacionales: el mismo público tuvo imágenes más positivas de países extranjeros en relación a los no usuar ios de redes soc iales y se posicionó más próximo a ellos por los atajos c ognitivos de las rede s soci ales al mismo tiempo que no asoció a otros países al esce n ario de polarización doméstica. 1.3.5. Política exterior de la Revolución Ciudadana y su abordaje desde los sondeos de opinión Los aportes m ás significativos en cuanto a evide ncia empírica de políti ca exterior de l a Revolución Ciudadana y sondeos de opinión, lo c onforman t res investi gaciones elaboradas en el marco del Proyecto r egional Las Américas y el Mundo del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). El capítulo Ecuador contempló tres edici ones –2010, 2012 y 2014–, coordinado por la Facultad Latinoam ericana de Ciencias Socia les (FLACSO) en colaboración c on el Instituto de Altos Estudios Na cionales (IAEN) 89 , el Progra ma de Nac ion es Unidas para el Desarroll o (PNUD), el Banco I nt eramericano de D esarrollo (BID) 90 , el B anco de Desarrollo de Am érica Latina (CA F) 91 y el F riedrich-Ebert-Stiftung Ecuador (FES- IL D IS). Los principales elementos de las tres ediciones se recogen a continuación: 1. Ecuador, las Américas y el mundo 2010. Opinión públi ca y p olítica exterior (2011) (2011) . La m uestra utilizada para est e primer sondeo fue de 1574 personas en la sierra, costa y oriente de Ecuador (septiembr e a o ctubre d e 2010), teniendo en cuenta l as variables sociodemográficas. El cuestionario se or denó en ocho temas: a ) interés, contacto e identidad, b) amenazas, confianza y seg uridad, c) papel de Ecuad or y política exterior, d) re glas del juego internacional: multi later alismo y globalizac ión, e) América Latina, f) Estados Unid os, g) relaciones con o tros países y h) migración. C omo principales resultados se identifican la fuerte identi dad nacional, perc epc ión de que Ecuador es muy ‘importante’ a nivel regional, pero esto no i mplica que deba lider ar procesos en la región; Es paña y Estados Unidos c omo los países mejor valorados para e l f or t a l e c i m i ento de las relaciones bilaterales; América Latina como zona de influencia; 88 Lo s in vestigadores aplicaron una encuesta a 2 276 person as del 28 d e ju lio al 10 d e agosto de 2 016 (Soldi, Mouron y Apolinário, 2020). 89 El In stituto de Altos Estudios Nac ion ales participó en los estudios de 2012 y 2014. 90 El Banco Interamerica no de Desarrollo (BID) solo participó en los estudios d e 2012 y 2014. 91 El Banco de Desarrollo de América Latina solo participó en el estudio de 2010. Capítulo I 81 y s ensibilidad especial al fenómeno migratorio y las condiciones mate riales de los ecuatorianos en los países de acogida. 2. Ecuador, las Américas y el Mundo 2012. Opinió n pública y política exterior (2013), cuya muestr a es de 1503 personas de la sierra, costa y oriente de Ec uador y t iene en cuenta l as mis mas va riables sociodemog ráficas. El cu estionario se divide en los siguientes ejes: a) identidad y nac ionalismo, b) globalización y comercio internacional, c) multilateralismo, d) contacto y conocimiento del m undo, e) amenazas, confianza y seguridad, e ) papel de Ecuador y pol ítica exterior, f) países y líderes, g) Am érica Latina, h) algunas relaciones bilatera les y g) movilidad humana. Los resultados más relevantes son la fuerte identidad nacional; crecimiento del sentimiento lati noamericano y una significativa identificación sudamericana; apertura a la gl obalización, inversión extranjera y libre comerc io, con aprobación a l as negociaciones a la Unión Europea y cuestionamiento a los Tratados de Li bre Com ercio; creciente preocup ación a las amenazas globales; prio ridad a las ins tancias mul tilaterales para la resolución de conflictos; Estados Unid os, Esp aña, Brasil y Japó n como los países mejor valorados y; la movilidad humana como punto focal de la agenda de política exterior. 3. Las Américas y el Mun do: Ecuador 2014 (2015). Este tercer estudio parte de una muestra de 1800 ec uato rianos y a difere ncia de los anteriores, el cuestionario se estructuró en c in co grandes ejes: a) interés, contacto e identidad, b) papel de E cuador y política exterior, c) multilateralismo y globaliz ación, d) A mé rica L atina y e) migración. En esta oportunidad se obt uvo que la población manifestó una identidad du al nacional- local; interé s porque Ecuador participe activament e e n el ámbito internacional; Estados Unidos y Alemania como países con mejor valoración; América Latina como región prioritaria para Ecu ador y; la movi lidad humana con la novedad que los ecuatorianos a pesar de los im portantes procesos migratorios que han experimentado, muestran ‘reservas’ a los extranjeros e inmigrantes. Los cuestionarios diseñados para estos sondeos, contemplan un amplio espectro que abarca desde el interés de la ciudadanía en l a acción exterior, identidad, seguridad , valoración de lo s objetivos de la agenda, m ult ilateralismo, relaciones bilaterales con l os paíse s de América Lati na y otros, percepciones de los nuevos socios políticos y comerciale s del gobierno de la Revolución Ciudadana (como R usia, China o Irán), h asta asuntos ligados a la migración, derec hos de los ecuatorianos e n movilidad humana y perce p ción de los inmigrantes. Un elemento di ferenciador d el capítulo Ecuador con r especto a otros estudios del P royecto regional Las Américas y el Mundo es que no contempla encuestas a los líderes de opini ón o élites políticas. Oficialmente, el CIDE reconoce como resultados de estos sondeos de op inión, Capítulo Ecuador, 13 tesis, siete (7) de ellas en el nivel de grado y seis (6) en posgr ado. A NDREA M ILA M ALDONADO 82 Tabla 3. Tesis derivad as del Pro yecto regional Las Améri cas y el Mundo, Cap ítulo Ecuador Datos de la tesis Nivel Informe o Encuesta Uso de los datos Carpio, M. (2013). Análisis de impac to d e la estrategia de inserción del Ecuador en el c omercio internacional dentro del marco del plan nacional p ara el buen viv ir (Pontificia U niversidad C atólica del Ecuador) Grado (Licenciatura) 2010 No Correa, A. ( 2013). Del Caribe a la Mit ad d el Mund o: inserción laboral y producción de espacios. Migra ción cubana en Ec uador (F LACSO, Ecuador) Posgrado (Maestría) 2010 No Méndez, E. (20 13). Migraciones fronterizas de afrocolombianos: una realidad vista de sde el c umplimiento de la n ormativa internacional de protecc ión al refugiado en la frontera norte de Esmeraldas en el período 2005 - 2010 (FLACSO, Ecuador) Posgrado (Maestría) 2010 No Sánchez, N. (2013). Narrat ivas de exclusión: niñas, niños y adolescentes migrantes en Quito ( FLACSO, Ecuador). Grado 2010 No Velástegui, M. (2013). Análisis comparativo del impacto de la aplicación d e la Dec laración de París en los proyectos de cooperación estadounidense en el E cuador, antes y después de ser signatario (Pontificia Universidad C atólica del Ecuador) Grado 2010 No Espinoza, R. (2014). Análisis del Ministerio de Agricult ura, Ganadería Acuacult ura y Pesca de Ecuador c omo inst itución oferente de cooperación internacional para p aíses de América Latina y el Caribe de ener o a junio del a ño 20 13 (Pontifica Universidad Católica del Ecuador) Posgrado (Doctorado) 2010 No Chacón, C. (2014). Análisis del Proceso de Integración Latinoamericana de Chile y s u funcionalidad para Ecuador (Universidad del Azuay) Grado (Licenciatura) 2010 No Guncay, C. (2016). Determinantes d e la inclu sión económica de Inmigrantes en el Ecuador, en los años 2012-2015 (Pontificia Universidad Católica del Ecuador) Grado 2010 No Jijón, M. ( 2015). El papel de la cooperación rusa en el Ecuador (Institut o de Altos Estudios Nacio n ales, Ecuador) Posgrado (Especialidad) 2 010 No Robalino, A. ( 2016). Influencia del Su mak Kawsay en Ecuador como marco teórico de un mo delo de desarrollo alt ernativo (2009- 2013) (Pontificia Universidad C atólica del Ecuador) Grado (Licenciatura) 2010 No Estrella, J. (2016). El buen vivir de los inmigrantes peruanos En la zona Monjashuayco (U niversidad de Cuenca) Posgrado (Maestría) 2010 No Valenzuela, L. (2016). La escisión d el yo en relació n a la revictimización en solicitante s d e refugio colombianos. Análisis desde la teoría psicoanalítica e n casos tratados en Asylum Access e n el periodo 2014 - 2015 (Pontificia U niversidad Católica del Ecuador) Grado 2014 No Cadena, F. (2016 ). Construcción partic ipativa de un modelo d e gestión económica y social para el c entro de servicios múltiples d e la asociación de pa rticip ación social. Sembrando un fut uro de la ciudad de Guayaquil, Ec uador (Universidad Politécnica Salesiana, Ecuador) Posgrado (Maestría) 2010 No Fuente: elaboraci ón propia De este Capítulo derivaron varios artículos científicos, entre ellos el de Beatriz Zepeda y María Eg a s L a p ol í t i ca exterior de la revolución ciudadana: opinión y actitudes públicas (2011) basado e n l a p r i m e r a de las tres encu estas, el cual plantea como objetivo general consigna r la opinión d e l os e c u a t orianos y ecuatorianas en torno a los e jes prioritar ios de la políti ca exter io r de Rafael Corr ea. Com o principales resultados, a pesar d e que l a pobl ación se autoubicó ideológicamente hacia la derecha (o ‘cons ervadora’ en términos de l as autoras), existen coincidencias entre l os objetivos de la agend a del gobierno y las percepciones d e los Capítulo I 83 ciudadanos, especialmente en cuanto a soberanía, medioambiente y migración ecuatoriana y sus derechos. En el ámbito de la integración y el multilateralismo, los encuestados mostrar on resistencia a que Ecuador tenga mayor protagonismo en el ámbito i nternacional, optando por la opción de regionalismo abierto antes que la int egrac ión política. Por su parte, la tensa relación de Ecuador con Estados U nidos y l a dive rsificación de so cios políticos y comerciales no es bien observada: en lugar de optar por una relación distante con la potencia hegemónica, se inclinaron por aproximar los lazos con este país. En ese intento de diversificac ión comercial y política, los ecuatorianos p erciben a Irán y Rusia como lejanos y poco confiables, y en el caso del p rimero como una posible amenaza. En términos generales, l os ecuatoria nos se m ostraron satisfechos con l a conducción de la política exterior po r Rafa el Correa y el resto de l as políticas del gobierno e n las dist intas áreas muestran una alta ac eptación, siendo la p olítica exterior la cua rta mejor v alorada –de cinco políticas consultadas–. Las autoras con cluyen que, l a valoración positi va a l a conducción de la política exterior se explica por los altos ni veles de popularidad de R afael C orrea para el momento del estudio. En otras palabras, se debe a una política exterior personalista que expresa la sim patía por el líder y responsable de diseñarl a. Como se puede notar, este artículo sólo incluye algunos de los res ultados de la p rimera encuesta realizad a en 2010, abarcando de forma insuficiente el primer periodo presidencial de Rafael Correa. 1.4. P OLÍTICA E XT ERIOR E I DENTIDAD N ACI ONAL : ¿ OTRA REL ACIÓN ‘ PELIG ROSA ’ 92 ? Los estudios sobre identidad han e stado significativamente c on ectados a las investigaciones de política exterior. El interés por su abordaje se ini ció en la dé cada de 1990 (Vucetic, 2017a) específicamente entr e 19 93 y 1995 (Stark, 2015), con una clara impronta d e los aportes de l os constructivistas t radicionales y m ás tarde de los construc tivis tas críticos –quienes optaron por el concepto de ‘identific ación’ 93 –, siendo el principal ca nal de influen cia la identidad estatal , asumida como uno de los ‘caballos de batalla teóricos’ de las explicac iones de l a polít ica global (Hopf, 2000). Sin embargo, iniciamos este ap artado con la advertencia de Srdjan Vucetic (2017a): “El consenso s obre qué es la id entidad y qué hace en relación con la política exterior no existe y es poco probable que se forje alguna vez” 9 4 (s/p). El ra streo del vínculo identidad-política exte rio r de Ursula Stark (2015) ubica los orígenes en las décadas d e 1960 y 1970, con la ge n eración fundadora de l A PE 95 que centró sus estudios 92 A finales de 2001 , Maja Zehfuss publicó un art ículo titulado: Co nstructivism and Ide nti ty: A Dangerous Liaison , e n el que, como su nombre lo indica , describe a la relación de la identidad-constructivismo como ‘peligrosa’. Para d emostrar tal afirmación, rebatió lo s aportes de Alexand er W endt sobre los qu e afirma ‘no funcionan’ , tanto por la i ncapacidad de vi ncular cuestiones p olíticas como por las dificu ltades de d emostrar causalidad. También el trabajo de Richard Price y Ch ristian Reus- Smit (1998). Dangerou s Liason s? Crit ical Internationa l Theory and Co nstructivism , define a la rela ción d el constructivismo con la Teo ría Crítica de las Relaci on es Internacionales como ‘peligrosa’. 93 La ‘ iden tificación’ se uti lizó p ara analizar la c onstitución mutu a de l a polí tica exterior y las subjetivid ades polí ticas (Vucetic, 2017b). 94 Traducción libre d e la autora. 95 Aunque destacamos aq uí el desarrollo de la identidad desde el campo de las Relaciones Intern acionale s y de la política exterior, su origen se asocia a los estudios del psicoa nálisis, siendo m uy valorado el aporte de Er ic Erikson a cerca de la noción de iden tidad y crisis d e identidad. El trabajo de Rog ers Brubaker y Frederick Co oper (2000) Beyond “Identity” , con textualiza la p r o l i f e r a c i ó n q u e experimentó el término en diversas áreas y di sciplinas, especialmente desde 1960, y su inclusión en el léxi c o p e r i o d í s t i c o , en la práctic a políti ca y en e l lenguaje social, sobre todo en Estados Un ido s. De esta forma, las preo c u p a c i o n e s p o r la identidad se vincularon a los problemas de la ‘sociedad d e masas’ de los años 50 y las rebeliones de los 60. A finales de la d écada d e 1960 el mov imiento Black Power y otros movimiento s étnicos se asociaron a reclamos id entitarios que se incrementaron y fueron cons iderado s p arte d el comienzo d el auge de dicho término por fuera de los espacio s in telectuales y académicos. Para la década de 1970 la palabra ‘id entidad’ experi mentó un uso excesivo que decan tó en una crisis agudizada en 1980 p or la fu erza q ue cobraron otras deno minaciones co mo la raza, la clase y el género –también conocidos como la ‘santísima trinidad’ de la crítica li teraria y de los est udios culturales–. Este breve resumen histórico d emuestra que la identidad ha sido –y continúa siendo– uno de los términos más discutidos desde el género, la raza, la etnia, el nacionalismo, la A NDREA M ILA M ALDONADO 84 en el análisis del ‘rol’ y la ‘cultura cívica’ o ‘polít ica’; conceptos afin es a la identidad que, aplicados a diversos Es tados, ofre cerían resultados significativos que servirían de predictor es de l os comportamientos en p olítica exterior 96 . Tales estudios perdieron relevancia, por lo que el consenso de los académ icos asocia el origen ‘real’ de la identidad como concepto analítico en esta área, con el surgimiento del constructivismo y las reformulac ione s teórica s de finales de la Guerra Fría (Ber enskoetter, 2017; Stark, 2015; Aggestam, 1999 ). Cascante (2014) coincide al señalar ese mom ento como el punto de partida de la relación, por tratarse de un contexto clave d e r econstrucción de las identidades n acionales, fort alecimiento de nuevos esquemas de integr ación regional y de cuesti onamientos a l re alismo, esp ecialmente a l a idea del Estado como ‘caja negra’. De este m odo, la identidad se convirtió en la ‘ estrella fugaz’ conceptual de las Rela ciones Internacionales desde la década de 1990 (Berenskoetter, 2017) y, a diferencia de l o que defienden Lapid y Kratoc hwil (1996), no se trató del ‘regreso’ de un concepto (St ark, 2015), en tanto que nunca hubo compromiso sustanc ial de los teóricos en esos primeros a bordajes de fe nómenos asociados a la identidad de la década de los se senta y setenta (Berenskoetter, 2017). La vinculación teórica de la identidad, la políti ca exterior y las Relaciones Internacionales ha sido de interés dent ro de escuelas y p aradigmas distint os (St ark, 2015) – algunos incompatibles (Berenskoetter, 2017)– de los que ha f ormado parte como elemento constitut ivo (Williams, 1998). Partiendo de la naturaleza de los actore s como maximizadores de poder racionales, para los realistas, la identidad puede entenderse como resultado de las presiones sistémicas (Stark, 2015); mientras que, para los neorrealistas solo existe una –única– identidad significativa común a todas las unidades e n la política global: la de los Estados e goístas; así, el ‘yo’ se identifica con el ‘i nterés propio’ (Hopf, 2010). Los liberales clásicos se refieren a ell a en el contexto d e l a cooperación e ntre Estados e int egrac ión de comunidades pol íticas y por medio de las ideas de normas compartidas e i mágenes del ‘yo’, pero –al igual que otros enfoques– manti enen l a atención fijada en los estudios de l a seguridad que l e han dejado poca autonomía a la identidad (St ark, 2015). Autores co mo M ichael Will iams (1 998) sostienen que no sería posible comprender los debates actuales sobre la segurida d sin la a tención que merece la identidad y lo que é l denomina como ‘sensibilidad liberal’. Y si bien, los construc tivist as siguen m anteniendo uno de sus focos en la seguridad (Adler y Barnett, 1998; Katzenstein, 1996), hacen una reflexión en el nivel ontológico donde el sujeto de la política de seguridad es la identi dad de la socie dad o del individuo (Wæver, Buzan, Kelstrup y Lemaitre, 1993) y asumen que las amenazas mut uas s e construyen endógenamente po r el pro ceso de inter acción entre los Estados (Wendt, 1992). Algunos teóricos de las Relaciones Internacionales esgrimieron críticas hac ia las perspectivas estructurales y materiales y su nuevo enfoque en el papel de las normas y l a identidad en la p olítica mundi al. Por su parte, los analistas de pol ítica exterior adoptaron el concepto de identidad e statal y nacional; y, especialmente los estudi os compara dos d e las políticas exteriores cont emporáneas de los principales Estados “r evela n una luch a por la identidad y su influencia en la política exterior” 9 7 ( Kaarbo, 2003, p. 159). inmigración , l o s m o v i m i e n tos sociales y la cultu ra, dentro y fu era d e l a academia (Brubaker y Co oper, 2000). Otros autores como Baum a n , Bo u r d i e u , Ha bermas, Gidden s, Tilly, Braud el, entre otros, también ha n realiza do estudios a ntropológ icos y sociológicos de la id entidad, no siendo esta categoría el eje central de sus investigaciones. 96 De acuerdo a Máiz (2014) es i m po rtante diferenciar el concepto de i dentidad d e la cultura , y a que la ú ltima se refiere a u n “conjunto de p rácticas, mito s, narrativ as e interacciones compartidas (…) – que– se seleccionan y se jerarquizan y tradu cen en conocimientos y creencias comunes que confi gu ran la ide ntid ad colectiva de un grupo cultural” y “so n más amplias que las identidades” (p. 21 ). 97 Traducción libre d e la autora. Capítulo I 85 En las Relaciones Internacionales, el concepto de identidad resalta l a n aturaleza del Estad o construida socialmente, así como sus intere ses y sirve para explicar las causas de la gue rra y la paz, lo cual fue út il sobre todo en el conte xto d e la globalización y de los procesos de integración en E uropa que soc avaron al Estado como entidad fija y dominante de la dinámica global. De la mano de l os constructivist as, l a noción de identidad hizo una nueva lectura del Estado-nació n westfaliano, su c omposición y del propio si stema internacional (Berenskoett er, 2017; Stark, 2015) y se comenzó a ha blar de Estados con ‘yoe s’ subsumidos como variables que dependen de los contextos históricos, culturales, políti cos y sociales (Hopf, 2010). De ahí que para Adler (1997) “la ‘vari able dependiente constructivista’ puede s er la transformación de identidades e intereses” 98 (p. 344). La trascendencia a la lógica westfaliana ofreció una nueva problemat ización en la construcción d e la i dentidad de adentro/afuera y de las dimensiones int erna/externa, porque como expresa Campbell (1992; 1998), “la constitución de la identidad se logra medi ante la inscripción de límites que sirven para demarcar un ‘adentr o’ de un ‘a fuera’, un ‘yo’ de un ‘otro’ y un ‘doméstico’ de un ‘extranjero’” 99 (p. 8; 352). Con el objeto de ofrec er una explicación más detallada al respecto de estas diadas, Berenskoetter (2017) centró el análisis en torno a cuatro niveles. En el prim ero, – sistémico – algunos constructivistas como W endt (1992;1999) se refieren a la evolución de un sist ema hobbesiano a uno kantiano en el que los ‘otros’ no se reconocen como antagónicos sino desde una pers pectiva de identidad colectiva. Est e enfoque posee como límites dar prioridad a la di mensión externa, asumir a la identidad como una propiedad del Estado e ignorar la f o rmulación doméstica de las imágenes del ‘yo’ y del ‘otro’. Berenskoetter ( 2017) de s taca un segundo nivel en el que se halla la comunidad de grupo o regional y está basado en dos relatos. El prim ero, parte de la Teoría de la Identidad Social 100 y se asienta sobre l a formación de la identidad colectiva por medio d e l a di námica: dentro del grupo/fuera del gr upo; en consecuencia, ha y una fuerte cohesión entre los q ue forman parte d el grupo, –a sumidos como parecidos– y se genera una exclusión o discriminación de los externos –o di ferentes–. El segun do rela to se inscribe en la lógica integracionista y bajo la visión del regionalismo argumenta que los procesos que construyen identi dades colectivas están orientados int ernamente; es la interacc ión entre inst ituciones lo que permite el entendimiento entre Estados y evita la construcción de ‘otros’ bajo connotaciones negativas 101 . El tercer nivel – bilater al– se conce ntr a en la formación de identidad colectiva en ‘relaciones especiales’ dentro de las c u ales los Estados busca n reconoc imien tos, pero al mismo tiempo se cuestionan cuál es se podrí an conside rar l os reconocimientos más im portantes. Dentro de este nivel desta can los casos del ‘Estado central’ –caracterizado po r te ner funciones de un ‘imán’ que ejerce poder por m edio de ‘imágenes positivas’–; el desarrollo de identidades 98 Traducción libre d e la autora 99 Traducción libre d e la autora. 100 Se a trib uye a Jo nathan Mercer (199 5) la int roducción de la T eoría de la Id entid ad Social (SIT por sus siglas en ing lés) a las Relaciones Internacio nales, a partir de la crítica que realizó al artículo de Wendt, Anarchy is What States Make of It: The Social Construction of Power Politics (1992) . Su principal argu mento se basó en que las relaciones entre los Estados son intrín secame nte co mpetitivas, en contraposición a la afirmación de Wendt sobre la rivalid ad y autoayuda como prácticas socialmente construidas y no conse cuencia d e la anarquía (Larso n, 2017). Otro trabajo importante en esta línea es el de Tajfel, H. Bill ig, M ., Bundy, R. y Flament, C. (1971). Social categorization and intergroup behaviou r, cuyo ob jetivo era evaluar los efec t o s d e l a c a t e g o rización social sobre la conducta intergrupal cuando ni los cálculos de interés ind ivi dual ni las actitudes de hos t i l i d a d p r e v i a m e nte existentes p odrían haber determinado la conducta discrimin ativa hacia un exogrupo. En la primera serie de e x p e r i m e n t o s , s e encontró que los sujetos favorecían a su propio grupo en la d istribución de recompensas y p enalidades reales en una situ ación en la que solo la variable de clasificac ión distinguía en tre el endogrupo y el exogrupo. 101 Algunos trabaj os de referencia son los de Herrmann, Risse y Brewe r (2004) sobre la identidad tra nsn acional en el marco de la UE. Las pregunt as que orientaron su estudio fu eron l as sigui entes: ¿Es p osible u na identidad eur opea? ¿Cómo se forman y mantienen los distinto s tipos d e identidad europea? ¿Cómo se v inculan estas id entidades con el pro ceso de in tegración europea?. Los resultados d emostraron que lo s pro cesos d e formación de la i dentidad son mucho má s complicado s d e lo q ue pueden explicarse por factores ma teriales e institu cionales. A NDREA M ILA M ALDONADO 86 colectivas en clave amist osa de grupos reducido s; y l os ‘pro cesos bi late rales d e riv alidad’ (Berenskoetter, 2017, p. 12). En la misma línea, Berenskoetter (2017) reconoce un último nivel: el estatal, que a diferencia de los anterior es aborda el ámbito inter no y la agencia que pu eden llegar a ten er los líderes polí ticos en l a co nstrucción de identidad n acional y a través d e ella just ificar v arias d e sus políticas, haciendo usos instrumentales de las nar rativas –bajo l a idea de ‘individualidad nacional’– e incluyendo las imágenes ester eotipadas de ‘otros’. Las lim itaciones que presenta la identidad en este nivel es que puede descuidar l a dimensión externa y re ducir la imagen del ‘otro’ a una imagen pro yectada. El autor acota que la amplitud y compl ejidad de la política internacional con figura espacios no contemplados por los niveles descritos, los cuales son llenados a la v ez que creados por dive rsos actores y Est ados involucrados en el proceso d e formación de identidades colectivas. 1.4.1. Aproxim aciones a la definición de l a identidad y su abordaje desde la p olítica exter io r: ¿‘yo’, ‘yoes’, ‘otro’ y ‘otros’? En las últ imas décadas, la identidad ha tenido un lugar i mportante y atención por parte de especialistas y a cadémicos de l as Relacione s Inte rnacionales, especialmente de l os constructivistas (Bucher y Jasper, 2016), quienes a la ve z que l a han defi nido e investigado desde diversas form as –contribuyendo a la polisemia de l c oncepto–, también han coincidido en tres aspectos básicos: discutir el supuesto de unidad estatal, no considerar al interés nacional como elemento inexorable al poder, y considerar a la a narquía como un sistema de ‘autoayuda’ (Vitelli, 2011). Afirma Hopf (2016) que, a partir del trabajo de Wendt, se reconoció que la dinámica del sistema internacional no se explica únicamente por la distr ibución de poder: “también depende de la distribución de identidades. Es decir, los patrones de cooperación y conflicto dependen de có mo los Estados se entienden a sí m ismos y a l os demás en el sistema internacional” 102 (p. 5). Las diversas tendencias de los abordajes teóricos s e pueden reunir en los siguientes grupos: 1) académicos que estudian cómo impa cta la ident idad en los proc esos de p olítica exterior y al mismo tiempo cómo se ve afectada por las estr ucturas internacionales; 2) académicos que buscan conectar l a investigación de la identidad constructivista al APE; 3) académicos que utilizan el concepto de ‘identificación’ p ara examinar qué significa l a polít ica exterior p ara l a constitución de s ubjetividades políti cas modernas (Vucetic, 2017a). Adicionalmente, Tsygankov (2014) distingue a un grupo de constructivistas ‘densos’ que c reen que la identidad es una realidad social dada y no una elección a tom ar –por lo t anto, los individuos no pueden pensar fuera de e lla–; de un segundo grupo de constructivistas, para quienes la identidad puede ser impugnada, reinterpretada e incluso elegida y más vinculados a las ideas de comunidades de seguridad 103 . El constructivismo ha contribuido a c omprender el proceso de for mación d e la identidad y de l os intereses. P articularmente, la investigación sobre la identidad ha demostrado de fo rma satisfactoria que las preferencias, los intere ses y l as estructuras normativas están inseparablemente vinculadas a las identidades de los actores y que d eben ‘tomarse en serio’ para explicar la acción e statal y la dinámica de seguridad internacional. En la actualidad, el 102 Tr a d u c c i ó n l i b r e d e la autora. 103 El trabajo de Karl Deutsch et al (19 57) es uno de los primeros en hace r referencia a l as ‘comunidades de segurid ad’ a las que define como “aqu ella en la que hay una seguridad real de que los miembro s de esa co munidad no se enfrent arán físicamente, sin o que resolverán su s d isputas de alg una o tra manera” (p. 124). Por su p arte, el trabajo de Vincent Pouliot (2010) International Securit y in P racti ce: The P olitics of NATO-Russ ia Diplomacy , inte nta d emostrar el surgimiento d e una comunidad de seguridad como resultado de las in teracciones dentro del Consejo OTAN co n Rusia, en l a que ambas p artes lograron l a cooperación y la exclusión de posibles enfrentamientos militares y violen tos. Capítulo I 87 concepto sigu e siendo central par a las agendas d e investigación que busca n ir más allá d e los supuestos rac ionalistas y materialistas de la acción estatal (Bucher y Jasp er, 2016) y se ha perfilado como una ca te goría social que i mplica un ac to tanto discursivo como performativo (Guillaume, 2002); una categoría de práctica y análisis social y políti co (Brubaker y Cooper , 2000). Dado el intenso interés del concepto en un amplio espe ctro de disciplinas y el uso habitual en el discurso popular, desde una perspectiva g eneral la identidad puede d efinirse como una categoría social dis tintiva que posee un doble sentido: social y personal. El prim ero, se asocia al conjunto de p ersonas que se disti nguen po r u na ‘etiquet a’, sus p ropias reglas y atributos particulares con s entido de pe rtenencia. El segundo, expresa algun a(s) característi ca(s) distintiva(s) más o me nos inmutable(s) por la(s) que una persona siente or gu llo (Fearon, 1999 ). La identidad encierra “la afirmación de los elementos que caracterizan a u n grupo humano, a los cuales éste asigna un valor fundamental para su autodefinición y considera, a la vez, como la expresión de ‘lo norm al’” (Pach ano, 2003, p. 38); t ener identidad significa tener un s entido de sí mismo (Berenskoetter, 2017) en relación con los demás (Barnett, 2002; Telhami y Barnett, 2002; Hopf, 2016). Su const rucción conllev a intrín secamente a un di álog o entre col ectividades que se perciben a sí mismas al tiempo que perciben y definen a los ‘otros’ (P achano, 1993) . La condición s ine qua non de ese di álogo es la dif erenc i a y el reconocimie nto de aquellos elementos que resultan distintos, como por ejemplo el aspecto físico, vestuario, rituales y costumbres, religiones, práctica s e instituciones . Sin embargo, no son estos últi mos los ‘contenidos esenciales’ d e la i dentidad s ino la constatación empíric a de l a ‘contr aposición de realidades’. Su materialización se produce cu ando se genera un proceso de ‘construcción colectiva intelectual’ que cohesiona a los miembr os de un m ismo grupo, conjuga sus valor es y genera expectativas sobre un futuro compartido que se afirma sobre un pasad o común (Pachano, 1993). S i bien, el sentido de pertenenc ia que gene ra la identidad puede definirse sobre la base de la cultura, etnia, raza, religión e idi oma (Deng, 1995), también puede valerse de términos alternativos como las instituciones cívicas y los valores políticos (Devetak y True, 2010). La identidad se expresa a través de representaciones sociales o colectivas. Bourdieu (2006) diferencia por una parte a las repres entaciones mentales o “actos d e percepción y de apreciación, de conocimiento y de reconocimiento” (p. 169), basados en la práctica social y en criterios objetivos (como la lengua, el acento o el di alecto), a travé s de los cuales los agentes sitúan sus int ereses. Por otra parte, menciona a las r epresentaciones objet ales que se obs ervan en ‘cosas’ tales como lo s emblemas, banderas o insignias, etc., o en actos y estrategias de manipulación simbólica que buscan determinar “la representación (me ntal), que los otros pueden hacerse d e estas propiedad es y de sus p ortadores” (p. 169). Un a vez per cibidos y apreciados, pueden tener la función de ‘signos, emblemas o estigmas’ y ser “utilizadas estratégicamente en función de i ntereses materiales pero también si mbóli cos de su portado r” (p. 169). La identidad forma pa rte del fundamento del Estado moderno y puede ser ent endida como un ejercicio de poder por cinco razones: la primera, por ser una expresión de domini o simbólico; la se gunda, por su potencialidad de ser un proye ct o que pretende definir la identidad del ‘otro’; la t ercera, porque es capaz de generar resistencia (Si lva, 2004); la cuarta, porque quienes con t r ol a n l a i d entidad pu eden imp oner sus versiones mediante la constituci ón di scursiva y no int e gr a r ot r a s alternativa s de la sociedad (Vasquez, 1995); y la quinta, porque es “objeto de producción política, el resultado de una heg emonía de entre v arios posib les, de una movilización, pero tambi én, siempre, de un confli cto” (Máiz, 2014, p. 21 ). Y, en particula r, la A NDREA M ILA M ALDONADO 88 identidad colectiva 104 , si bien puede servir de ‘radar social’, al mismo t iempo es capaz de proporcionar un a ‘orientación que no es neutral’, fomentar det erminados valores, procura r intereses y promover elecciones (Máiz, 2014). La identidad es una categoría de análisis ampl ia que abarc a múl tiples aspectos de l a vida social (Guill aume, 2002) que t ambién puede ser abordada en la esfera pública –desde arriba, dirigida y colectiva– y/o privada –d esde abajo, su bjetiva e individual–. Su función es el l ogro del ‘ideal de fr aternidad’ uti lizando pa ra ello a los sím bolos, rituales, ceremoni as, entre otros, que generen ‘lazos de consanguinidad im aginarios’ (Silva, 2004) y en su inter ior –o contenido– siempre hay algún nivel de disput a –o impugnación 105 – lo que im plica su variación en función del grado de acuerdo y desacuerdo de un s ector respecto a las no rmas, l ím ites, vis iones del mundo, análisis y significados (Abdelal, Herrera, Al astair y McDermot t, 2006). Bajo el argumento de Máiz (2014), l as identida des son “ontológicamente subjetivas y epistemológicamente obj etivas: resultado contingente de las prácticas de significación, so n construidas, y al m ismo t iempo, son reales, están ahí, nos condicionan, son contestadas” (p. 20); son una “relación entre significante y significado” “en el que un mism o significante puede adoptar distint os s ignificados y t ener como co nsecuencia l ógica la imposibil idad de f ijar significados últimos (…) –así– una misma i dentidad nom inal puede ser llenada con distintos rasgos que la definan (Sánchez y Zapata, 2014, p. 98-99) . Los teóricos de las Relaciones I nternacionales y de la política exterior abordan el concepto de i dentidad desde la perspectiva nacional y/o estatal –en un sentido s ocial (Fearon, 1999) o colectivo 106 – es decir, que hacen referencia a l a id e ntidad de una comunida d política –actor– que se relac iona e interactúa con los demás de ntro de un contexto instituciona l (Barnett, 2002) . Tal es el caso d e Ilya P rizel (1998 ), qui en defin e a la id entidad nacional como el r esultado de la interpretación que las sociedade s hacen de su hi storia por me dio de creencias y per cepciones acumuladas a lo largo del tiempo, y que form an pa rt e de la memoria colectiva –real o imaginada– de un si stema de gobierno, que no es constante ni inmutable; se redefine constantemente, en parte por la política exterior. La identidad nacional tam bién se puede entender como una condición en la que una mas a de personas s e identific a de la misma manera con l os símbolos nacionales, a los cuales interioriza (Bloom, 1990); o una variable que expresa el vínculo m ediador entre el interé s – política estatal en el ámbit o social– y la estru ctura interestatal, lo cual se opone a los estudios convencionales de Relaciones I nternacionales en lo que respecta al c omport amiento del Estado (Cha, 2015). De acuerdo a Wendt (1999 ), Price y R eus-Smit (1998), las identidades son las 104 En otro trabajo t itulado La construcción d e las ident idades p olíticas , Ramón Máiz (1 995) i dentifica como dimension es analíticas d e l a identidad colectiva: “(1) formulación de las estructuras cogn itivas ( cognitive frameworks ) referidas a los medios de acción; (2) activación de la interrelación entre los actores: comunicación, negociación, decisiones; y (3) realización de inversiones emocion ales que permiten a los individuos reconocerse” (p. 16). 105 La impu gnación de la i dentidad s egún Abdelal, Herrera, Alastair y McDermott (2006): “se refiere al grado de acuerdo dentro de un g rupo sobre el contenid o de la categoría compartid a” (p . 695) e “incluy e el grad o d e acuerdo dentro del grupo sobre la no rma consti tutiva de u na identid ad, con senso y congruencia d e los fines sociales adscrito s a un a id entidad, acuerdo sobre signifi cados adscrito s a g rupos ajenos; y coh erencia de modelos cognitivos compartidos” (p. 7 01). Traducción libre de la autora. 106 Para Ab delal, Herrera, Alastair y McDermott (2006) la identidad colectiva es una catego ría social qu e varía en do s dimension e s : c o n t e n i d o y c o ntestación. El contenido describe e l signifi cado de una identidad colectiva pu ede adoptar la forma de cuatro tip o s n o e x c l u y e n tes entre sí: 1 . L a s n o r mas con stitutivas se refieren a las reglas formales e i nformales que definen la pertenencia a un grupo. 2 . Los pro pó sitos so ciale s se r efieren a lo s objetivos que comparten los miembros de un grupo. 3 . Las comparacion es relacionales se refieren a definir un grupo de identidad p or lo qu e n o es, es decir, la forma en que v e a otros g rupos d e identidad, especialmente cuando esas opin iones sobre el otro son una p arte defin itoria de la ident idad. 4 . Lo s mod elos cognitiv os se refieren a las visiones del mundo o la comprensión de las con diciones e intereses políti cos y ma teriales que están moldeado s por una identidad particular (p. 696). Traducción libre de la autora. Capítulo I 95 una rápida transformac ión como resultado de una derrota milit ar; y 4) los cambios generacionales también tienen la capacidad de alterar la identidad de una enti dad política. A tenor de Wendt ( 1992), los a ctores ad quieren identidades, d efinidas como “comprensiones y expe ctativas r elativamente estables y específicas de roles acerca de sí mismos” 122 (p. 397) o co mo “una propiedad de los ac tores internacionales que genera disposiciones moti vacio nales y conductuales” 123 (We ndt, 1999, p. 224) . La identidad proporciona una cat egoría que puede cambiar, p ero que al mismo tiempo es ‘relativamente estable’ (Zehfuss, 2001). Es por ello que, una vez creadas las estru cturas de identidad e intereses, no son fáciles de transformar y p orque el sistema social se convierte en un hecho social obj etivo para los a ctores. Adicionalmente, los actores pueden ten er i nterés en m antener identidades estables debido a factores externo s como los i ncentivos induc idos por las instituciones establecidas y las limit aciones internas como el compromiso con l as identidades existentes (Wendt, 1999). No obst ante, p ara el prop io Wendt (1999), aunque las i dentidades pueden ser difíciles d e cambiar “no e stán grabad as en piedra” (p. 21), en consecuencia, deben verse c omo un producto variable y en constante e volución de la interacción de ide as y prácticas, más que como algo constante (Tsygankov, 2 014). Así, e l contenido de l as identidades no es fijo ni pre determinado: los individuos están constantemente proponiendo y dando forma a los significados de l os grupos a los que pertenecen (Abdelal, Herrera, Alastair y McDermott, 2006). Al ig ual que la memoria de los individuos, la memoria colectiva tiende a s er inconsistente y selectiva, situación que afec t a a la ide ntidad porque en la me dida que l a ‘ cust odia’ de esa memoria exper imente algun a transferencia o ca mbio d e custodio, pu ede conducir a una redefinición de la ‘idea nacional’ y con ello, alter ar o m odificar los parámetros del interés nacion al de una entida d polí tica. Algunos ejemplos son la democratización del Brasil y la desaparición del nasserismo: La dem ocra tización de Brasil y el declive del monopolio de l poder y la e ducac ión de la élite criolla dieron c omo resultado un ca mbio en la identidad de e se país. Si bien se había visto a sí mismo c omo parte del Occidente ‘il uminado ’ (un mito que fue reforzado por la participación simból ica de Brasil en la Se gunda Guerra Mundial), cambió a una mayor identificación con África, América Latina y el mundo de habla portuguesa. No solo la cultura brasileña ya no busca im itar los patrones europeos, sino que la orientación de la política exterio r del país es muy diferente de lo q ue er a hace una generac ión. La desapa rición del n asserismo tras la gu erra ár abe israelí de 1967 y el re sur gimiento de la burguesía egipcia como clase política dominante llevaron a un cambio en la custodia y, por lo tanto, en l a definición de la identidad de Eg ipto. Nasser había e nfatizado la h erencia árabe de Egipto y la posición del Tercer Mundo, acusando a Egipto de una misión panárabe y el liderazgo del Movimiento de Países No Ali neados. La m uerte de Nasser en 1970 condujo a l redescubrimient o de una identidad egipcia distinta que se r emonta a la época faraónica, viendo a Egipto c omo superior a los estados árabes “jóvenes” y estableciendo parámetros mucho m ás estr echos en torno a los interes es nacionales de Egipto 124 (Prize l, 1998, p. 36). Ho p f ( 2016) t a mbién coincide con la posibilidad de cambio en la identidad, pero lo re duce a la afi r m a c i ón de que “la identidad nacional de un Estado cambia dependiendo de con qué otro Estado está interactuando (…) lo que significa ser Fra n cia es diferente cuando se interactúa con 122 Traducción libre d e la autora. 123 Traducción libre d e la autora. 124 Traducción libre d e la autora. Negritas propias. A NDREA M ILA M ALDONADO 96 Estados Unidos, con Alemania y con el África francófona” (p. 5). Según R adoman (2018) las identidades que dan forma a las políticas exteriore s no son fijas y podría n cambiarse con la redefinición de los Estados de sus posi ciones internacionales, sus oportunidades y sus objeti vos en un entorno o momento dado. En consecuencia: “las identidades se hacen y rehacen constantemente”; “son procesos siempre i nacabados, no hechos dados de una v ez y pa ra siempre” (Máiz, 2014, p. 20). Del m ismo modo, la identidad puede cambiar por coyunturas críticas – criti cal j unctures – que Marcussen (2001) de fine como situaciones que podr ían ser ca talogadas como crisis porque ocurren po r fallas totales de procesos políticos, también desenc adenadas p or eventos externo que ejemplific a a trav és de casos como el nazismo en la Segunda Guer ra Mundial para la identidad del Estado-naci ón germánico o l a redefinición de l a identidad del Estado-nación francés al finalizar la Guerra Fría (Marcussen, Risse, Engelmann, Joachim y R oscher, 1999). Tales coyunturas críticas dan cabida a e sp acios de ideas nuevas sobre el orden político promovidas por las élites y sobre la propia identidad c uando los ‘viejos’ conceptos se perciben como fallidos o poco releva ntes. Las élites deben actuar sobre la ba se de lo que perciben como conveniente, sean cuestiones polí ticas, económicas o de seguridad. Eso les permite defini r qué ideas seleccionar para la lucha por el poder políti co. Aunque la noción de coyunturas críticas explica cambios de i dentidad r ápidos percibidos como crisis, Marcussen et al . (1999) sostienen que las nuevas id eas sob r e el orden social o el Esta do deben resonar con v alores y mitos pr evios institucionalizados e integrados. 1.4.1.2. Críticas a la naturaleza ‘mult idimensional’ y ‘transparadigmáti ca’ de la identidad Berenskoetter (2017) res ume varios problemas en t orno a la perspectiva de identidad, de los cuales rescataremos los más importantes. El primero de ellos es que, a pesar de su auge, en la primera déca d a posterior a su implementación como categoría analítica, seguía siendo un concepto vago y su comprensión compl eja, afectando las expectat ivas y generando contrariedades en algun os teóricos, entre ellos Onuf (2003), quien se manifestó renuente a implementarlo. El segundo problema fue el cómo se i dentifican las identidades y l as ambivalencias en torno a lo que ‘es’ y lo que ‘hace’. Un tercer elemento es que su base conceptual se construyó sobre los inte reses, situación que ge nera confusiones porque plantean la interrogante de si todos los intereses e stán ligados a la identidad y si se p ueden concebir algunos por fuera d e ese marco (incluyendo lo s identificados por We ndt) . Un cuarto elemento es la relación también compleja de identidad- cultura, sobre todo al respecto d e la capac id ad de disti nguirlas; en ambos casos, los constructivistas recomiendan no leer l as relaciones como cadenas c ausales. Un último aspecto destacado p or Berenskoett er (2017) es la utilidad del concepto para da r senti do a fenómenos opuestos y su acepción del Estado que puede implicar tantas definiciones opuestas como comunes –según el caso–, bien sea para explic ar confli ctos con marcados antagonism os o para significar los aspectos q ue cr ean relaciones pacífi cas; ambigüedad qu e pu ede tornarlo como vacío. Otra de las crítica s se fija sobre Wendt, debido a su enf oqu e estato-céntrico de la ide ntidad y la ‘pers oni f i c a c i ón ’ del Estado (W endt, 2005a ). Aunque el autor no d esmerece qu e gran part e de los s i gni f i c a dos ide n titarios surgen en el plano doméstico (Vitelli, 2011) al respecto, responde: La verdadera pregunta que deberíamos hacernos, por lo tanto, es ‘¿bajo qué condiciones debemos tratar a los estados como p ersonas? ’ No pude abordar esta Capítulo I 97 pregunta en mi artículo anterior y todavía no tengo una respuesta. Per o intuitivamente parece que la condición de persona estatal será un supuesto más út il en las teorías de la política interna cional, donde el objetivo es explicar el comportamiento de mucho s colectivos d iferentes, que en las teo rías de la po lítica exterior, donde e l objetiv o es explicar el comportamie nto de una sola persona. Pero para preguntar siquiera cuándo es legítimo tratar a los Estados como persona s, primero tenemos que aceptar qu e es legítimo en absoluto 125 (Wendt, 2005a ). Adicional a todo lo m encionado, existe un debate s obre los efectos de la identidad y los métodos utilizados; se observan insuficienc ias c on ceptuales y la necesidad de comparaciones m ás analíticas de las hipótesis que puedan de mostrar cómo la identidad puede afectar los re sultados de la política exterior (Telhami y B arnett, 2002). Por su parte, “Banchoff (1999) critica las teorías constructivistas por no de s arrollar un marco explicativo apli cable a una amplia gama de casos y un método mediante el cual se especifica el conte nido de la identidad estatal” (Kaarbo, 2003 p. 160). En la misma lí nea, Abdelal, He rrera, Alastair y M cDermott (2 006) reconocen que a pesar de l a proliferación de investigaciones sobre la identidad en las ciencias sociales, aún se debe proporc ion ar ‘rigor analítico’, lo que contribuiría a que sea una varia b le medible en todas las disciplinas y subcampos. No obs tante, exist en al menos seis metodolo gías –señaladas por los mism os autores– que pued en ayudar en e sta labor. Por ejemplo, uno de los trabajos publicados por Ol e Wæv er (2001), demostró cóm o los análisis de l os dis cursos internos sobr e conceptos d e ‘nosotros ’, ‘Estado’, ‘nación’ y ‘pueblo’ pued e explic ar, y hasta cierto punto predecir las políticas exteriores al establecer patrones de comportamiento. Juliet Kaa rbo (2003) identifica a Michael Barnett (1999), c omo otro de los críticos, ya que “sostiene que las teorías c onstructivistas no incorporan ideas del instit ucionalismo, que afirman que no solo l os actores elaboran estr ategias en un e ntorno inst itucional, s ino que las identidades se enmarcan y manipulan i ntencionalmente en di cho contexto ” (p. 160). Por otra p arte, Stark (2015) s eñala qu e los enfoques constructivistas de identidad son tan diversos que dificultan discutirlos como una Escuela teóri ca con coherencia. Eso incluye qu e t raten dimensiones diferentes –col ectivas, individuales, sociales, etc.– y cada una con su propia comprensión teórica particular de la identidad, t rayendo dos consecuencias: 1) problemas conc eptuales de coordinación entre l os ac adémicos y t eóricos d e las Relaciones Internacionales y del APE, así como pocos esfuerzos p or vincular los hallazgos con ot ras es cuelas y pa radigmas; y 2) un problema conceptual por las definiciones ad hoc apl icadas a e studios esp ecíficos. Aunque pudiera resultar paradójico, para la pro pia Stark (2015) estos ‘ problemas de diversidad’ son part e de la riqueza y sustancia de un concepto qu e es ‘mu ltidimensional’ y al mismo tiempo ‘tra nsparadigmático’; es tarea del i nvestigador e ncontrar la maner a adecuada d e describir es a complejida d teniendo en cuenta los problemas de coordinación conceptual y encajando las divers as di mensiones de la id entida d en el s itio que correspo nde para el análisis de la política exterior y las Relaciones Internacionales. 1.4.2. Perspectivas de la cons trucción de la identidad n acional y su relación con la política exterior L a r e l a c i ó n de la política exterior con la identid ad nacional se pued e an alizar bajo tres per s p e c t i va s : “(a) la polí tica exterior como reflejo de l a identidad nacional, (b) la pol ítica ext e r i or c om o i nst rumento para la construcción de la identidad nacional y (c) la política exterior y la construcción del rol i nternacional del Estado” (Cascante, 2014, p. 5), resumi das en la Figura 8: 125 Traducción libre d e la autora. A NDREA M ILA M ALDONADO 98 Figura 8. Perspectivas de la co nstrucción de la identidad en la p olítica exterior Fuente: elaboraci ón propia a partir de Cascante (2014 ; 2017) La primera perspectiva contempla una alta in cidencia de los aspectos do mésticos en l a conducción y el comport amiento internacional, y tanto l os mitos como los valores internos comprometen la lectura de lo internacional y define n el rol del Estado en ese contexto (Cascante, 2014). Uno de l os trabajos en esta línea pertenece a Walter Hixo n (2008) T he Myth of American Diplomacy: National Identity and U.S. Foreign Polic y , que explica a trav és del caso de los Estados Unidos c ómo la historia de la política e xterior de ese país es el r eflejo de la identidad nacional y el p or qué ha impl icado el uso de la fuerza en sus act itudes externas con tanta frecuen cia. P or m edio del análisis de la narrativa nacional de eventos como la limpieza étnica de los i ndios, los empujes imperiales del s iglo XIX en México y Filip inas, las dos guerras mundiales, la Guerra F ría y la gue rra de Ira k, su explicación se relaciona a l a idea de ‘identidad nacional mítica’ que ha incorporado la noc ión de superioridad moral y el deber de p roteger a la humanidad durante si glos, lo c ual ha impulsado a Estados Unidos a la guerr a, a ejercer el poder por medio de l a fu erza – al que asume como derecho– y a i ncrementar su li stado de enemigos externos; así, el mito ha apoyado a l a violencia y la violencia h a dado soporte al mi to, delineando una diplomacia ‘patológicamente violenta. En la segunda p erspectiva, el proceso opera en sentido contrario: la políti ca exte rior se concibe como la herrami enta para construir la identidad nacional. En consecuencia, los líderes políticos utilizan la r etórica internacional y los result ados de la política exterior para consolidar sus objetivos en el plano doméstico; su imagen será el resultado de la co ntraposición con los ‘otros’ del sistema internacional. La aplica ción de e sta modalidad suele estar asociada a procesos polít icos que experimentan debilidades (o así lo perciben sus líd eres) qu e b uscan l a cohesión interna y la unida d nacional atacando a otros del sistema internacional (Casca nt e, 2014). Dentro de este g rupo destaca las t ipologías de identidad de I lya Prizel que desarrollamos a profundidad en la siguiente sección (ver 1.4.2.1.). La tercera p erspectiva se orienta a la definición de una imagen del Estado e xclusivamente de cara al sistema internacional, apoyada en discursos y acciones de la p olítica exterior. El resultado que pueden obt ener los líderes puede ser de éxito o de cont radicciones con la construcción de la i magen int erna del Estado (C ascante, 2014). El fundamento de esta últ ima línea e s el tr abajo d e W illi am La hneman (2003) y el concepto de rol desar rollado bajo la teoría del ciclo de poder: “El rol equivale a más que una pos ición de poder, o un lugar , dentro del sistema internacional (… ) sugiere respons abilidades y privilegios infor m almente legitimados asociados con la posición y el lug ar (…) v a a la esencia misma de la conducción de la pol ítica exterior” 126 (Doran, 1991; 2000 cit. en Lahneman, 2003, p. 98). Bajo esta visión, la polít ica exterior t e ndr í a un a función edificador a de la ident idad nacional con la finalidad de que los otros act or e s l a a s i milen y condicionen sus com portamientos con r elación a quien emite el mensaje; por ejemplo, l os Estados que prioriz an la cooperación internacional proye ctan un a imagen de compromiso con los valores de la sociedad internacional (Casca nte, 2017). 126 Traducción libre d e la autora. Política Exterior com o reflejo de la identidad nacio nal Importancia de los a spectos domésticos Política Exterior com o instrume nto p ara la cons trucción de la identidad nacio nal Herramienta para construir la identidad Política Exterior y la cons trucción del rol internaci onal del Estado Imagen del Estado hacia afuera Capítulo I 99 1.4.2.1. Tipologí as de identi dades nacionales y su relación con la condu cción de la política exterior Prizel (1998) categoriza 5 tipos de i dentidades na cionales –que t ambién define como ‘tipologías de nacionalismo’– para representar la s relaciones que se pueden establecer entre ellas y la conducción d e l a p olítica exterior. El pri mer grupo describe las id entidades nacionales asentadas en instit uciones políticas en lugar de referencias mitológicas, anc estrales, religios as o idiomáticas. Su característica principal e s qu e es as instituciones polí ticas están construidas sobre la base del racionalismo de l siglo XVIII . Como consecuencia, l as políticas exterio res son legalistas y dotadas de un ‘sentido de misi ón’. Estados Unidos y Gran Bret aña son algunos d e los ejemplos que recrea n esta primera tipologí a; el primero, con la capa cidad de asociar la ‘democracia universal’ c on su propio bienestar na cional y el segundo, si bien no con la mis ma retórica estadounidense, también ha difundido valores universales del racionalismo; pero ambos, defensores de valores democráticos, derechos humanos y el derecho internacional como elementos legitimadores de s u política exterior –aunque los apliquen de forma s electiva y discrecional–. El segundo grupo s e refi ere a las identidades nac ionales que e mergen de la dominación imperial o colonial . Est os países expres an altos niveles de resentimiento político y cultur al hacia l a entidad extranjera ‘intrusa’ que los ubi có al margen del sistema internacional y se relacionó con ellos desd e una lógica centro-periferia. Sus principales rasgos son un intenso sentimiento de injusticia política y social –por e j empl o, hacia los pueblos indígenas–, profunda defensividad cultural y una fascinación por el pasado. Los objetivos más c omunes de política exterior son la autoconser vación y la prosperidad e conómica. Al gunas evidencias se encuentran en Europa c entral y o riental, México y algunos paí ses del c entro y d el sur d e Améri ca (Prizel, 1998). La n arrativa de la políti ca exterior del gob ierno de E cuador a p artir de 2007 se podría incluir en este grupo. A lo interno del segundo grupo destaca la variante de nacionalismo etnocultural, entendida como una rea firm ación de la identidad y de rechazo a la dominación cultura l y polí tica e xterna que e n el siglo XIX se carac terizó por fortalecer e l Estado y en e l siglo XX por despreciar a las instituciones y oponerse a la autoridad estatal, sie ndo casos emblemáticos los de va rios países de Europa del Este qu e evidenciaron un constante cambio en la definición del ‘otro’ en tres momentos: antes de la Segunda Gue rra Mundial –de infer ioridad con rela ción a Occidente–, después de la Segunda Guerra Mundial –de superi oridad con respecto a la URS S– y en l a era posterior a la Guerra Fría –retorno al sentimiento de i nferioridad hacia Occidente– (Prizel, 1998). La tercer a forma de identi dad nacional es explicada por P rizel (1998 ) a través d e l a experiencia d e Fran cia c omo nación creada desde l a diversidad de sus pue blos multiétnicos y alrededor de un Estado ce ntral fuerte, cuyas élites históricamente han considera do la superioridad de su cultura y la gr andeza como bases de su legitimidad. En este sentido, F rancia se ha caracterizado por un cambio de ‘misión universal’ a la postura de raison d'état que fecundó en la identidad nacional una actit ud defensiva de l a herencia cultur al, combinada con la determinación d e seguir una política exte rior que afirme su est atus como cultura única y gran potencia. En la búsqued a de legitim idad, los gobiernos franceses han adel antado políticas con ben e f i c i os p o c o perc eptibles –que podrían ser valoradas por el exterior como irr acionales–; sin em b a r go, l e s h an permitido s uperar un l egado d e derrota, restaurar su coh esión nacional y su sentido de propósito; y h an contado con el apoyo de l a opi nión pública y a que “respondían a una ne cesidad psicológi ca de se ntido de misió n universal” 127 (p. 31). Existen así, claros esfuerzos de los gobi ernos franceses por reconcili ar l as necesidades de identi dad nacional con 127 Traducción libre d e la expresión: “ a psychological need for a sense of universal misión ” (P rizel, 1998, p. 31). A NDREA M ILA M ALDONADO 100 los rec ursos limitados del país que han de rivado en una política exterior p ara dójica: “parroquial en su contenido, pero universal en sus atavíos” 128 (p. 31). Un cuarto grupo recrea la identidad nacional de las antiguas colonias europeas del siglo XX, singulares por la au sencia de ins tituciones tradicionales re ferenciales. En este caso, las identidades nacionales h an resultado de la rebelión contra los poderes coloniales, liderada por un grupo intermediario de la población local que, una vez logr ada la independencia suele dispersarse po r: la falta de homogeneidad étnica , la presión de di versas agendas, ausen cia d e apoyo institucional y porque el ele mento c ohesion ador era la propi a experiencia colonial. Todo esto contribuye a que los modelos de polí tica exterior sean únicos e intenten constantemente encontrar un contexto más ampli o que dé cabida a su propi a existencia nacional, a lo largo de una base regional, utilizando para ello la adhesión a insti tuciones (por ejemplo, el Movimiento de P aíses No Al ineados) que les puedan proporcionar una m ayor presencia dentro del sistema internacional y legitimar su ‘anti-sentimiento’ como el sentido de identida d nac ional (Prizel, 1998). Se trata de un mo do de ser alte rnativo, cuya presencia ejemplific a que las dife rencias son posi bles porque “desnaturaliza la p retensión d e que una id entidad particular es la v erdadera identidad” 129 (Campbell, 1998, p. 350). Los Estados recién indepe ndizados en América en el siglo XI X demuestran cara ct erísticas asociadas a esta tipología que explica cómo la variable identit aria incidió en la cohesión int erna y externa de di chos Es tados, a la vez qu e en sus esf uerzos por imponer p royectos de heg emonía monocultural donde las élites políticas y económicas (y en algunos casos eclesiásticas) jug aron un rol importante, dado que pose ían sus pr opias su bjetividades al respecto de lo que de bería ser ‘la nación’. El último grupo de la tipología es el nacionalismo teocrático , que se identifica por l a alta dependencia del asp ecto religioso, al que enti enden como cohesionador de la identidad nacional, mientr as que al re sto de la cristiandad lo def inen como el ‘otro’. P rizel (1998) incluye en este grupo a la Rus ia zarista e Irá n de finales del siglo XX, que utilizaron sus religiones estatales pa ra apuntalar a una identidad na cional distinta y legitimar sus regímene s. El autor advierte que las cinco c ategorías no son exh austivas y algunas id entidades nacionales no s e corresponden con ningu na de ellas o solo contienen algunos elementos. S in embargo, t odas ellas expresan coherencia y maleabilidad. 1.4.3. Niveles de interpretación de la identidad en la política exterior En su trabajo Contested Identity and Foreign Policy: Interpreting Russia’s International Choices publicado en 2014, Andrei P. Tsygankov propuso cinco niveles para la interpretación y análisis de la identidad en la política exterior 130 que s e señalan en la Figura 9: 128 Tr a d u c c i ó n l i b r e d e la expresión: “ parochial in content but universal in its trappings ” (Prizel, 1998, p. 31). 129 Tr a d u c c i ó n l i b r e d e la autora. 130 A n d r e i P . T s y g a nkov (2014) aplicó su metodología y el enfoque de identidad impugnad a al caso d e Rusia, específicamente a Dmitri Medv edev. Los resultados d emostraron l a hipótesis pl anteada: “una p olítica exterio r respaldada internamente puede no considerarse exitosa si no cuenta con el respaldo de una audiencia externa rele vant e” (p. 32). El propio autor d efine a este estu dio como prelimin ar y n o d efinitivo. Las cinco preguntas o rientadoras seleccionadas por él para cada nivel fueron las siguien tes: 1. “¿ Cuáles son las accio nes y declaraciones de Medvedev hacia Europa?” ; 2. “¿Es Medvedev partidario de un a cooperación eu rop ea?”: 3. “¿Es Medvedev un estatista occidentalizador?”; y , “¿Es l a po lítica europea d e Medvedev comparabl e a las polític as en ot ras direcciones?” (p. 28). Traducción libre de la autora. Capítulo I 101 Figura 9. Niveles/pasos d e interpretación de la p olítica exterior de Andrei P. Tsygankov (2014) Fuente: elaboración propi a El primer nivel 1) registro de acciones de Estado tiene por objeto identificar si la polít ica actual es cohe rente en relación a las políticas pasadas y busca establ ecer hechos sociales par a su pos terior interpretaci ón a modo de cronología de a cciones, intentando re sponder l as siguientes preguntas o rient adoras: “¿Cuáles fu eron las declaraciones claves emitidas por los funcionarios estatales? ¿Cuándo y dónde se hic ieron estas declaraciones? ¿Qué pa sos prácticos acompañaron a estas declaraciones? ¿Qué resultados produjeron?” 131 (p. 24). La propuest a de Tsygankov (2014) enumera co mo segundo nivel 2) la i nterpretación d e los documentos oficiales que apunta a establecer c ómo son vistas las acciones estatales por parte de los responsables, es decir, cómo el Estado y sus representantes conc eptualizan y j ustifican su política exterior, p ara lo cual, el analista –inductivamente– d eb e comprender las motivaciones que los in spiran pudiendo valerse de las siguientes p reguntas guías: “¿Qué lenguaje s e usa p ara caracterizar el país/región h acia el cual s e introduce la políti ca? ¿Se ve al país/región o al ot ro co mo socio, amigo, aliado o algo más ? ¿Qu é auto-caracterizaciones se emplean?” y, si “¿Se utilizan expresiones espe cíficas con respecto a los valores del yo, el grado de confianza y los t ipos de relaciones con los demás? (p. 24)”. Otras pregunt as que permiten comprender las motivaci ones son “¿Cómo just ifica el Es tado la necesidad de la política? ¿Qué caracterizaciones se empl ean para v er los context os históricos, políti cos y éticos en los que se introduce la política?” y si “¿Hay una reflexión sobre cursos de acción alternativos y sus consecuencias?” 132 (p. 24). El tercer ni vel 3) ubicación de la política dentro d e las escuelas de p ensami ento nacionales plantea la interpretación como base para el análisi s. De acuerdo a Tsygankov (2014): “No basta con comprender qué si gnifican las acc ion es para l os re sponsables inmediatos. Ta mbién se de be determinar qué actores sociales a ceptan la polít ica, qué explica su aceptación y cómo esa aceptación influye en la percepción nac ional general de la política” (p. 25). S i se parte de la idea de que las acciones y lineamientos de los líderes p olíticos están carga das de significados sub j e t i vos , a l conocer los niveles de apoyo de los sectores amplios de la sociedad se l ogra det e r m i na r h a s ta qué punto son compartidos o intersubjetivos. La herramienta propuesta por Tsygankov (2014) es la de analizar el enfoque de l as escuelas o tradiciones de p ensamiento nacionales qu e contienen en su esencia una comunidad de ideas 131 Traducción libre d e la autora. 132 Traducción libre d e la autora. Registro de la acción estatal Interpretación de los documentos oficial es Ubicar la política dentro de las escuelas de pensamiento nacionales Seguimiento del reconoci miento internaciona l Comparaci ón de la política con otros casos relevantes A NDREA M ILA M ALDONADO 102 que responden a context os hi stóricos y en conjunto, revelan identidades en competencia. A juicio del autor, el enfoque de las escuelas de pensamiento es important es por dos razones: primero, porque aprueb a explorar el s ignificado intersubjetivo subsumido en el discurso nacional de un momento específico, si endo útil sobre todo cuando l a identidad nacional es controvertida y la pol ítica exterior está exenta a diversas influencias; l a segunda razón es porque permite historizar el significado de la política e identificar si evidencia p atrones hi stóricos ya delineados en el sistema de percepción nacional. El enfoque de escuelas de pensamiento p uede guiarse mejor si el analista intenta determinar en qué medida se difunde un significado subj etivo de política en su espa cio definido a nivel nacional, utilizando para ello las siguientes interrogantes: ¿Cuáles son la s posibilidades lógicas de l a relación del y o co n el otro? ¿Cómo se correlacionan tales posibilidades con las escuelas naciona les de pensamiento en política exterior exist entes? ¿Qué imágenes del yo y del otr o tienen c ada una de estas escuelas? ¿En qué metáforas y analogías históricas se basan más comúnment e? ¿Quiénes son los partidario s sociales, político s e institucion ales de estas escuelas? ¿Existe una escu ela que s e acerque más al apoyo de la política ofici al? Si tal es cuela hegemónica no existe, ¿ha y segmentos dentro de diferentes escuelas que pueda n aparecer c omo partidarios de la po lítica? ¿Los partidarios de l a política tienen vínculos con sus iniciadores dentro d el Estado? ¿Quiénes son l os oponentes de la política? ¿Cuáles son sus recursos para desafiar la política? 133 ( Tsygank ov, 2014, p. 25). En el sigui ente nivel 4) Seguimiento del reconocimiento i nternacional , Tsygankov (2014) insiste en que si bien, el discurso nacional es im portante, su recono cimiento internacional es ‘otra prueba crítica’ de que una visión subjetiva posee apoyo global o amplio, ya que todos los Estados tienen ‘otros’ externos y la forma de involucrarlos es a través de sus políticas exteriores. Una políti ca exterior puede generar ‘e sp eranza d e éxito’ c uando tiene apoyo interno, pero es el apoyo externo lo que r eal mente garantiza su éxito. Para esto, el autor sintetiza dos c ondiciones hipotéticas de éxito en política exterior: Tabla 4. Condiciones de éxito de la política exterior Apoyo naci onal Sí No Reconocimiento internacional Sí Éxito Esperanza No Esperanza Fracaso Fuente: elabora c ión propia a partir de Tsygankov (2014) 134 El apoyo ext erno es una forma d e reconocimiento y l egitimación del comp ortamiento de un Estad o y l o c ons o li da a permanecer en es a ví a y no hacer revisión de su s objetivos. En este 133 Traducción libre d e la autora. 134 La tabla original “ T able 1. Two Conditions of Foreign P olicy Success ” (p. 26) se encuentra en Tsygankov, A. (2014). Contested Identity and Foreign Policy: Interpreting Russia’s International Choices. Interna tional Studies Perspectives, 15 , 19- 35. Tradu cción libre de la autora. Capítulo I 103 nivel el analista debe ex aminar las reaccion es de los lí deres d e la comun idad internacional, utilizando para ello nueve (9) preguntas orientadoras: ¿Qué r eacciones de otros generó la política? ¿Se p ueden considera r estas reacciones como de apoyo en general, de apoyo cauteloso o críticas? ¿Qué partes de la política se aceptan y rechazan? ¿Existe una posición que se acerque especialmente al apoyo de l a política? ¿Los partidarios de esta posición tienen conexiones con los iniciad ores de la pol ítica? ¿ Qu iénes son los oponent es de la política? ¿Cuáles son sus razones para oponerse a l a política y qué r ecursos hay para des afiarla? ¿Q ué exp licaciones dan l os gob iernos y los expe rtos a t ales reacciones?. En r elación con l a recepció n nacional, ¿ la recepci ón internaciona l corre en la m isma dirección o en l a contraria? 135 (Tsygan kov, 2014, p. 25 ). El último nivel de Tsygankov (2014) es 5) l a c omparación de la polí tica con otros casos relevantes , que lleva con sigo el análisis de la coherencia de ot ras á reas pol íticas inspi radas en la misma vis ión: “Además de estudiar el cont exto social inm ediato de una pol ítica, se pued e ampliar el anális is identificando un universo m ás ampl io de casos relevantes para la política y seleccionando uno pa ra una investigación más deta llada. Este último puede servir como aproximación de una prueba de validez externa del significado establecido de política” 136 (p. 27). Realizando esta prueba se puede conocer si el significado subj etivo y la objetivación de un caso de política adicional son congruentes con el del caso original. El modelo de Tsygankov fue aplicado al mandato de Dimitri Medvedev y aunque su aplicación es de reciente data, sirve para expli car el consenso e impugna ción que es capaz d e generar la pe rcepción q ue los Estados tienen s obre sí m ismos y al res pecto de l os otros. Adicionalmente, recupera aspe ctos históricos y culturales y pe rmite al analista situar a un proyecto político específi co en relación a sus afirmaciones, lo qu e indiscut iblemente incide en el éxito o fra caso de sus políticas y en particular, en e l grado de ace ptación de los cambios, rupturas y continuidades de sus iniciativas de política exterior. 1.4.4. Modelo multidimension al para el análisis de la identidad en política exterior Para comprender la co mplejidad de la ide ntidad como c oncepto ‘mul tidimensional y transparadigmático’ aplicado a la política exterior, Ursula Stark (2015) elaboró un modelo que comprende va rias dimensiones a modo de ‘prisma analítico’ que permite observar asp ectos normativos, culturales, históricos y e mocionales que confluyen en una situación dada de política exterior. La autor a lo plasma como un sistema de coordena d as tridi mensional –narrativa, performativa y emocion al– que convergen en la ‘práctica’ (punto de origen), tal y como se muestra en la Figura 10. 135 Traducción libre d e la autora. 136 Traducción libre d e la autora. A NDREA M ILA M ALDONADO 104 Figura 10. Tres dimens iones de la identid ad. Diseño mu lti dimensional de Stark (2015) Fuente: elaboración propia a partir de Stark ( 2015) 137 El eje dimensión narrat iva se caracteriza por la i ntersubjetividad y el proceso hi stórico y representa el conjunto de signi ficados construidos cultural e históricamente con respecto al ‘yo ’ de un actor de política ex terior. El conjunto d e sig nificados son una especie de ‘biografía’ que establece continuidad a través de la narración del desarrollo histórico del actor c omo colectivo. Stark (2015) señala que “Esta dimensión se vuelve particularmente relevante si vamos a responder preguntas com o 1) “¿quiénes somos? ” 2) “¿de dónd e venimos?” y 3) “¿hacia dónde nos dirigimos?” (p. 145). El gr ado d e intersubjetividad es d eterminante en esta di mensión porque impl ica una con strucción social y no solo un aspecto subjeti vo; y, adicionalmente trasciende a lo que en Relaciones Inter n acionales s e denomina como ‘cultura’. Por otro lado, en el eje dimensión performativa es precisamente el carácter situacional y performativo lo más rel evante. S u premisa es q ue los actores de p olítica exterior pueden exponer tantas n arrativas como se an posibles e n una sit uación dad a 138 . La constel ación o coincidencia de tales narrativas es s ituacional y está determinada sustancialmente por la interacción específica de l a situación con ‘otros’. En consecuenc i a, este eje representa l a síntesis de varias narrativas dife rentes en un ‘yo’ significativo constituido en una si tuación específica en la qu e la política exteri or se pone en p ráctica. Y, como la política exterior es l levada adelante por una serie de actores tamb ién difere nt es que advierten de significados cole ctivos o narrativas, implica la simultaneidad de las di mensiones colectiva e individual de la identidad (Stark, 2015). Finalmente, el eje emo cional indica que cualquier manifestación de la identidad está carga d a de e m o c i on es. Existe así, una estrecha conexión entre identidad-autoestima; y s i l a identidad m ue s t r a e sa co nexión, no se puede dejar d e hacer r eferencia a las actitudes y los 137 Stark, U. (2015). ‘Id entity’ in International Relations and Foreign Policy Th eory. En G. Hellmann, & K. Jørgensen (eds.), Theorizing Foreign P olicy in a Globalized W orld ( págs. 126-149). London: Palgrave; Macmillan. Se realizó traducción libre del texto. 138 Por ejemplo: español y europeo, o ecuatoriano y andino. Capítulo I 111 internacionales (específicamente los conflictos del contexto cent roamericano) en la coyuntur a local y en la construcc ión del discurso nacional; el segundo, el discurso q ue se configuró en torno al asilo de Ge rardo Barrios sirvió de elemento de autoafirmación de la identidad nacional costarricense y como el emento cohesionador d e l as élites locales, identificando a un ‘otro’ amenazante en sus países vecinos y no en las potencias hegemónicas. En cuanto a Urugu ay, Nastacia Barceló (2020) est udia la construcción de identidad durante el gobierno d el F rente A mplio (primer gobierno de Tabaré Vásqu ez 2005 -2010) b ajo el enfoque constructivista y por medio del análisis de fuent es primarias de los órganos del Estado y organismos regionales. Como conclusión, “Uruguay se debatió entre dos id entidades estatales, la de miembro de MERCOS UR, distante de Estados Unidos y la de Estado no tan comprometido con el bloque regional y próximo a Estados Unidos, prevalec iendo la primera, aunque sin consolidarse plenamente” (p. 112). Finalmente, Brasil re gistr a más de una decena de trabajos re levantes que dividi mos en dos grandes grupos: los iniciados e n la primera década del siglo XX I y los desarroll ados a partir de la segunda. En el primer grupo destacan los a por tes de Celso La fer (2001; 2009) en sus dos ediciones de A Identidade Internacional do Brasil e a Política Externa B rasileira: passado, presente e futuro , basadas en la c onstucción de l a i dentidad nacion al en medio del fenómeno de la globalización y la forma en que afectó al relacionami ento internacional d e Brasil y su agenda de política exterior. El autor también identifica aspectos hist óricos y territoriales que son relevantes a la luz del concepto de i dentidad. De la últ ima edición destaca el rol del Minis terio de Relaciones Exteriores como inst rumento de construcción de l a identidad int ernac iona l brasilera y el encuadre d e Brasil dentro de la categoría de ‘ monster country ’, es de cir, un paí s con grandes dimension es geográficas, pol íticas y económicas, lo q ue incide en su autoreferenciación, posicionamiento y vinculación con ‘otros’ internacionales. Lafer (2009) enfatiza además en la vinculación con los países vecinos y en especial, estudia cómo es a relació n de uni ón, amistad y la histórica i ntegración regional dan forma a l a identidad del país. El autor señala dos car acterísticas primordiales del ideal nacionalista de la diplomacia brasilera: la emancipación y el logro de objetivos internos en el á mbito internacional –sustitución de importaciones– hasta 1980. Fin almente, aborda l a ‘dialé ctica contradictoria de mutua complementariedad’ de las dinámicas Este/Oeste y Nort e/Sur. B ajo su perspectiva, l as lógicas de globalización y de fragm entación h an afectado neg ativamete el nacionalismo desarrollista como pilar de la política exterior de ese país. Un prim er trabajo de la investigadora brasileña María Soares (2005 a) no se centra en la identidad, pe ro indaga la denominación de Sudáfrica y Brasil como países ‘int ermediarios’, así como la autopercepción y el reconocimiento de l os otros Estados, en especial de las grand es potencias. En un s egund o estudi o ( Soares, 2005b) i nicia con énfasis en la pec uliaridad de la formación del Estado brasileño como resultado de la ne gociación y arbitrajes interna cionales y no por la guerra, como sí ocur rió en otros Estados del sur de América, si tuación que le permitió diseñar una pol ítica exterior como una cuestión de Estado ubicad a muy p or encima de l os conflictos de la polí tica dom éstica. A su j uicio: “Esto tiene que ver con el p eculiar lugar d e l a agencia diplom ática en l a estructura del aparato d el Estado y su l egitimidad en la conducción de la polí tica exterior del p aís” y un “reconocimiento atestiguado por la estabilidad del principio con s t i t uc i ona l de l a competencia del Ejecutivo en la conducción de la política exterior” (p. 5) 143 . De m a ne r a qu e, la política exterior se concibe como uno de los instrume ntos de desarrollo nacional de Brasil. Dentro del prim er g rupo incluimos también las investigaciones de Vigev ani, Oliveira y Cintra (2003), Nascimento, (2010) –que no explora la identidad como centro del análisis, pero 143 Traducción libre d e la autora. A NDREA M ILA M ALDONADO 112 reconoce que es uno de los ejes del gob ierno de Fernando Henriqu e Cardoso – (Villafañe, 2010 ). En el segundo grupo de investigaciones de Br asil se encuentra l a d e Dani el B uarque (2014) que observa desde el ámbito de la comunicación, la es trategia brasilera en las C opas del Mundo de 1950 y 2014 para mejora r su imagen internacional . El enfoque trabajado es la marca nacional e identidad competit iva y como metodología el análisis del discu rso de los artículos de los medios extranjeros que cubrieron ambos mundiales. Los principales hall azgos fueron: a) el cambio de los marcos uti lizados en B rasil en sus dimensiones polític as, económicas y culturales, b) un ca mbio de tono de positivo a negativo y c) el uso de estereotipos sobre Brasil. Un últi mo trabajo que destaca mos fue desarrollad o por André Pimentel (2016) que hace un análisis comparado de las políticas exteriores de Lula da Silva y Dilm a Rou sseff, por medio del APE y énfasis en el rol de las ideas y de las i dentidades bajo el enfoque co nstructivista. Como principales rasgos disti ntivos de c ada gobierno, destaca que, durante la ge stión de Lula, hub o mayor énfa sis y espa cio para que tanto Itamaraty como otros actores participara n en la formulación de la polít ica exterior y avanzaran en el proceso de integr ación r egional, colocando las relaciones bilaterales con países de América d el Sur como la máxima prioridad en política exterior. C on Di lma, la diplomacia presidencial perdió impulso, en gran parte debido a las preferencias de la pres identa de involucrarse m ás en los a suntos in ternos que en los internacionales. En ambos gobiernos identifican la preservación de la auton omía nacional y el fortalecimiento de la identidad sudamericana. Otros estudios m encionan tangencialmente a l a i dentidad en relación a la p olíti ca exterio r y no como eje central, en Venezuela (Boersner, 2011; Saavedra, 2009; R om ero, 2003; Mor a, 2004); en Perú (Alburquerque, 2017; M atas, 2010; Guerra-Barón, 2019a); Uruguay (López, 2015) en C olombia (Ardi la, 2009; Tickner y Mora les, 2015) con énfasis en los imaginarios de política exterior (Bernal y Tickner, 2017) y en Chi le desde su relación con el territorio (Ovando y Álvarez, 2011). Sea desde l a integración regio nal y la idea d e identidad común (Linares, 2010), andina o sub -andina (Molina, 2003) o desde la perspectiva d e la c onstrucción de una identidad colectiva en l a Alianza del Pacífico (G uerra- Barón, 2019b), qu e es también vista como una expresión de la identidad en Chile (Sanhueza y Soto, 2009). Mauricio Jaramillo ( 2020) elaboró uno de los tra baj os más recientes sob re p olítica exterior y la transformación de la identidad en Ecuador –y único en abordar esta tem ática en los últimos años–. La principal hipótesis del autor se b asa en que “entre 2008 y 2011, Ecuador trans formó su identidad dotándose de un nuevo rol en el s istema internacional, res ultado del proc eso refundacional” (p. 153). P or medio de una revisión bibliográfica ut iliza como contexto l a política exterior de los Estados periféric os, la tran sformación en el ámbito exterior de Ecu ador durante el primer gobi erno de Rafal C orrea (200 8-2011) e interpreta di cha transfor m ación, apoyado en los aportes de l liberalismo, neor realismo y construc tivis mo. Para e llo, utiliza como variable dependiente la identidad y como independiente los ca mbios int ernos provocados e n el proceso de construcción del Estado-nación. Las principales conclusi ones de J aramillo (2020 ) son: 1) qu e la tr ansformación de la identidad ecuatoriana se relaciona con “ el cambio discursivo y la autopercepción”; 2) la nueva identidad construida en Ecua dor es de tipo personal y se observa una nueva construcción del interés nacional vinculado a la sober anía, aspecto imp ortante y eje articulador de la política exterior d e l a R e vol u ción Ciudadana; 3 ) nu eva n arrativa oficial con reformas orientada s a dotar de rol y a ut oe s t i m a a los ecuatorianos; 4) convergencia de tr es procesos: “la puesta en march a del restabl ecimiento del Estado, la consoli dación democrá tic a y un desp ertar exterior” (p. 170); 5) participación activa en procesos i mportantes de la región ( como la crisis Ven ezuela- Colombia, UNASUR y diálogos de paz en Col ombi a); 5) una alte ración de la i dentidad impulsada por la democratización que se vi o opacada por r asgos autoritarios por parte del Capítulo I 113 primer mandatario; 6) el giro identitario no s olo obedece al liderazgo p opuli sta o caudillismo encauzado en una sol a p ersona o líder, sino a m últ iples proc esos y contradicciones interna s- externas que van desde el rechazo de l a presencia hegemónica d e Estados Unidos y la integración regional, hasta los pr ocesos de movilidad humana de ecuatorian os o la importancia de los movimientos sociales. Entre los trabajos destaca la investigación de Beatriz Zepeda (2020) que explora los resultados de una s erie de datos descriptivos de algunas preguntas sobre identidad nacional e identidades regionale s su pranacionales, y subnacionales realizadas en el marco del Proyecto Regional Las Américas y el Mundo de 2014 y 2015, en Argentina, Brasil, Chi le, Colombia, Ecuador, M éxico y P erú. C omo principales hallazgos la autora i dentificó e l predominio de la identidad latinoamericana en toda la región El trabajo de más reciente data (Tah Ayala, 2021) analiza el dis curso nacionalista mexicano alrededor del petróleo en su dimensión simbólica como elemento que forma la identidad nacional desde l os inicios del boom petrolero de ese país, hasta el perí odo presidencial de Enrique Peña Ni eto (2012-2018). La metodología empleada par t e del análisis del discurso y algunas encuestas d e op ini ón de l os ciudad anos y los políticos sobre aspectos vinculados al ámbito petrolero e hidro carburífero m exicano y el rol que ha ejercido en l o que se refiere a la política exterior. El autor concluye que las reformas incidieron en el cambio de la visión simbólica del petróleo e n las élites políticas y e n el sector empresarial; no así el público, que se orientó a considerar el recurso como un aspecto importante y de propiedad colectiva. La mayoría de las inves tigaciones revisadas son relevantes, pe ro carecen de una base metodológica-empírica de mayor alcance y rigor y evidencian ausencia del u so de metodologías apoyadas en datos cuantitativos y cua litativos (excepto López, 2015). Asimism o, ana lizan la identidad en el nivel d e l os líderes políticos si n incorporar las percepciones de las y los ciudadanos al respecto. CAPÍTULO II. OBJETIVOS E HIPÓTESIS 2.1 O BJETIVOS E HIPÓTESIS DE EST UDIO La presente tesis do ctoral se plantea con la fina lidad de dar r espuesta al siguiente objetivo genera l y a dos objetivos específicos, los cuales se señalan a continuación: Objetivo general: Demo strar que la polí tica exterior está en la base de la construcción de la identidad ecuatoriana, al menos durante el periodo de la Revolución Ciudadana. Objetivo espe cífico 1 : Analizar l a construcción d e la polít ica exterior como política pública parte del p royecto nacional d e la Revol ución Ciudadana, y su efecto en l a identidad ecuatoriana en clave nacional. Objetivo específico 2 : Analizar l as p ercepciones de la ciudad anía ecuatori ana s obre la política exterior de l a R evolución Ciudadana, con base en siete ej es programáticos construidos en torno a la planificación gubernamental en esta área. Asimismo, se formulan cuatro hipót esis centrales a ser contrastadas en el d esarrollo d e l a investigación: - Hipótesis I: Durante el pe riodo de la Revolución Ciudadana existen factores de polí tica exterior ligados a la construcción de la identidad nacional ecuatoriana. - Hipótesis II: La p ercepción de la “a men aza” estadounidense se convierte e n el elemento fundamental para la ex plicación de la política exterior como componente de la identidad nacional ecuatoriana. - Hipótesis III: La s emántica del discurso construido por la Revolución Ciudadana incluye factores ligados a l a política exterior como constructora de la identid ad nacional de los ecuatorianos. - Hipótesis IV: Tr as el p eriodo de la Revolu ción Ciudadana los ecuatorianos perciben a Ecuador como un país con mayor influencia en el sist ema internac ional. Para dar cumplimiento a los objetivos e hipótesis planteadas y poder facilitar el análisis de los resultados, estos se organizan en torno a dos secciones: 1. Desarrollo p rogramático e institucion al de la pol ítica exter ior de la Revolución Ciudadana y percepciones de la ciudad anía ecuatoriana: Esta primer a se cción s e apoya en tres estudios de opinión y pol ítica exte rior realizados en Ecuador e n e l m a r c o del Proyecto de I nvestigación liderado por el Centro de Investigación y Docencia E c onóm i c as ( CIDE), titulado L as Américas y el Mundo , de los años 2010, 2012 y 2014, lle va dos a c a b o po r la Facultad L atinoamericana de Ci encias Social es ( FLACSO), s ede Ecuador. Asim ismo, se a poya en el Estudio Pre E lectoral Ecuador de 2020, elaborado por el Equipo de I nvestigaciones Políti cas de l a Universi dade de Santiago de Com postela (E IP-USC). El análisis de las perc epciones de los ecu atorianos sobre l a polít ica exter ior de la Revolución Ciudadana, se estruc tura en 7 Ejes identificados luego de la revisión exhaustiva de Capítulo II 115 los documentos oficiales orientadore s de la polí tica exterior durante todo el periodo 2007-2017, contando con los a port es y observaciones d e funcionarios de alto nivel con pa rticipación ac tiva en el m ismo p eriodo, actores involucrados en la elaboración de los estudios de opinión Las Américas y el Mundo (E cuador) y expertos en l as áreas d e identidad y pol ítica exterior, por medio de entrevistas semi-estructuradas. La siguiente Tabla sintetiza los Ejes mencionados: Tabla 5. Rev isión de los principales documentos orientadores de la p olítica exterio r ecuatoriana y ejes identificados Documentos oficiales orientadores de la política exterior de la Rev olución Ciudadana Ejes identificados para el análisis 1. Constitución de la Rep ública del Ecuador (2008), Plan Nacional de Desarrollo 2007-2010 2. Plan Nacional de Desarrol lo/ Política Exterior 2007-2010 3. Plan Naciona l para el Buen Vi vir 2009 - 2013 4. Plan Naciona l para el Buen Vi vir 2013 - 2017 1. Institucionalidad e cuatoriana en política exterior; 2. Soberanía e integridad territo rial; 3. Relaciones bilaterales; 4. Multipolaridad, otros socios y Unión Europea; 5. Emigración, migración y Derechos Humanos; 6. Integración regional; 7. Medio ambiente Fuente: elaboración pr opia 2. Impacto de la p olítica exte rior en l a identidad ecuatoriana du rante el periodo de la Revolución Ciud ada na: Contempla el diseño de un modelo de regresión logísti ca par a demostrar que la política exterior está en la base de l a construcción de l a identidad e cuatoriana, al menos durant e el periodo de l a Revolución Ciudadana, apoyado en la encuesta de opinión pública sobre política exterior Las Américas y el Mundo, Capítulo Ec uador, de 2014, siendo la variable dependie nte , la pregunta P4.2_A ¿Y qué se siente ust ed más? , bajo dos posibilidades: a) si se siente más ecuatoriano que de su p rovincia, región , la variab le dependiente asume el valor 1; y, b) si se siente más de su provincia que ecuatoriano, la vari able dependiente asume el valor 0. Para la explicación del modelo de regresión lo gísti ca se tienen en cue nta los aporte s teóricos de la literatura espec ializ ada en el vínculo opinión pública- políti ca exterior, especialmente de la corr i ente constructivista revisada, por lo cual, las var iabl es introducidas se estructuran en los siguientes cuatro grandes bloques vinculados a la variable dependiente: a) Factores de política exterior , con r eferencia exclusiva a las relaciones del Estado ecuatoriano con otros actores del sistema internacional; b) Factores estructurale s, que incluye aquellas variables socio-estructu rales como sexo, edad, etnia, sit uación lab oral o nivel de estudio, que, aunque fueron pro badas no resultaron significativas en el modelo; pero sí aquellas relacionadas con la desi gualdad y recursos económicos que se muestran en el esquema que sigue; c) Factores i nstitucionales , que se asocian al rol que ejercen las instit uciones en c uanto principios, valores e ideología, sean instituciones de carácter nacional o internacional; y d) Factores de política interna , vi nculados a las percepciones, sentim ientos y otras variables que representan los imaginarios del “nosotros” frente al “otro”, en este caso car a c t e r i z a do por los g rupos de inmigrantes que h acen vida en E cuador. Dentro de este mismo gru p o s e i nt r od ucen variab les referidas a conflictos o di ferendos que tienen l ugar en el territorio ecuatoriano. A NDREA M ILA M ALDONADO 116 El esquema qu e sigue recoge los cuatro grupos d e factores mencionados y las varia bles qu e resultaron estadísticamente si gnificativas dentro del modelo de regresió n logíst ica sobre la política exterior como parte de la base de la construcción de la ide ntidad ecuatoriana en clave nacional durante el periodo de la Revolución Ciudadana: Figura 11. Esquema explicativo sobre la política exterio r como parte d e la base de la cons tr ucción de la identidad ecuatoriana en clave nacional durante el periodo de la R evolució n Ciud adana Factores de política exterior - Valoración de México - Percepción de la relación de Ecuador con Estados Unidos como “amenaza” - Percepción de la relación de Ecuador con México como “amigos” - Percepción de la relación de Ecuador con México como “socios” - Percepción de la relación de Ecuador con España como “rivales” Factores estructurales - Le afecta la desigualdad entre países ricos y pobres - Importancia en q ue Ecuador invierta más recur sos en dar dinero a otros países para su desarrollo IDENTIDAD Factores institucionales - Valoración del FMI – Fondo Monetari o Internacional - Valoración de la C IDH - C omisión Interamericana de Derechos Humanos - Significado de las siglas: MREMH - Ministerio de R elaciones Exte riores y Movilidad Humana - Significado de las siglas: UN ASUR – Unión de N aciones Suram erica nas - Confianza en el Ej ército - Confianza en la s organizaciones ecuatorianas de DDHH Factores de política interna - Opinión sobre los estadounide nses que viven en Ecuador - Opinión sobre los haitianos qu e viven en Ecuador - Opinión que los extranjeros t raen ideas innovadoras a Ecuador - Conocimiento sobre el conflicto de Chevron Tex aco Fuente: elaborac ión propia Adicionalmente, en el análisis del modelo estadístico, se integran varios elementos teóricos reseñados en el Capítulo anterior, los cuales se resumen en el esque m a que sigue: Capítulo II 117 Figura 12. Modelo explicativo sobre la política ex terior c omo parte de la b ase de la c onstrucción de la identidad ecuatoriana en clave nacional durante el periodo de la Revolución Ciud adana Fuente: elabo ración propia Factores de política inte rna Factores de política exter ior Factores estructural es IDENTIDAD ECUATOR IANA Imágenes negativas Antagónico Estados Unidos; FMI Identidades nacionales que emergen de la dominación imperial o colonial “Otro” Amigos; no rivales Discurso Instituciones Grupos de inmigrantes Nuevos significa do s Liderazgo Élite política Sociedad en general Enemigos externos Enemigos internos Representaciones mentales y objetales ONG ecologistas Medios de comunicació n Aliado Relaciones bilaterales Multipolaridad Integración regional Centro - periferia: Desigualdad países ricos/países pobres CAPÍTULO III. METODOLOGÍA DE LA INVESTIGACI ÓN 3.1. D ISEÑO DE L A INVESTI GACIÓN El diseño metodológi co de la presente tesis doctoral trae consigo varios desafíos. El primer o tiene que ver con la naturaleza del objeto de estudio, dado que, como se ha señalado en e l Capítulo teórico, históricamente los ciudada nos h an perc ibido a la política exterior como un aspecto alejado de su coti dianidad, situación que ha impulsado a investigadores a r ebatir este y otros postulados del Consenso Alm ond-Lippmann. El segundo, se vincula con identificar cuál es la m etodología más eficiente para demost rar que la política exterior puede considerarse como un elemento que se encuentra presente en la base de la identidad de los ciudadanos. Una forma de dar respuesta a estos dos des afíos es la integ ración de l a m etodología cualitativa y cuantitativa, emprendiendo para ello una investigación mi xta, cuyo objeto “no es reemplazar a l a investig ación cuantitativa ni a l a investigación cualitativa, sino utili zar las fortalezas de ambos tipos de indagación, combinándolas y tratando de minim izar sus debilidades potenci ales” (Hernández-Sampieri, Fernández y Bapti sta, 2 014, p. 532). E n l a integración de ambas metodologías, se triangularán tres técnicas claramente identificadas: a. Análisis documental b. Encuestas de opinión c. Entrevistas en prof undid ad semi estructuradas 3.1.1. Enfoques y técnicas de investigación Como se ha mencionado, la tesis doctoral que se presenta implica una investigación mixta basada principalmente e n el ámbit o cuantitativo, enfoque de investi gación que impli ca l a recopilación de informa ción y evaluación de u n obj eto de estudio a partir de criterios de medición num érica, otorgando resultados con c riterios de e xactitud (Hernández-Sampieri, Fernández y B aptista, 20 14). Al respecto de la investigación en política ext erior e identidad, Abdelal, Herrera, Alastair y McDermott (2006) señalan a l menos se is metodologías: el análisis de discur so, las encuestas y el análisis de contenido como los m ás recurrentes; y a los experimentos, el modelado basado en agentes y m apeo cognitivo como l os menos comunes. Especialmente, las encu estas de opinión y las entrevistas estructuradas a grandes grupos de personas son instrumentos útil es para que los indivi duos puedan est ablecer sus propias autodefiniciones; ambos permiten realizar pre guntas específicas sobre la identidad y en especial, “los datos de la encuesta han demost rado ser p articularmente útile s para explorar los aspectos relacionales de la identidad” (p. 703). Tomando en consider ación lo seña lado por los a utores, en este caso, se analizarán datos derivados de varios estudi os (encuestas) de op inió n pública y p olítica exterior del Proyecto de investigación regional Las Américas y el Mundo, Capítulo Ecuador, de los años 2010, 2012 y 2014 (fu e nt e s s e c un darias), así como algunos resultados del Estudio Pre Electoral Ecuador , realizado p or e l E q uipo de Investigaciones Polít icas de la Universidade de Santiago de Compostela (EPI-USC) en el año 2020 (fuente prim aria). En una segunda di mensión, se tom an criterios de la investigación cualitativa, por medio de la revisión documental y la a plicación de e ntrevist as a nueve actores polític os, institucionales y expertos de l as áreas de polí tica exterior, identidad, opinión pública e hi storia del Ecuador, lo Capítulo III 119 que permitirá registrar observaciones del desarrollo en política exterior de la Revolución Ciudadana, profundizar en los datos cuantitativos y otorgar una perspectiva especializada y avalada por especialistas a los resultados estadístic os derivados. 3.1.2. Niveles de investigación En cuanto al ni vel de inv estigación, se emplea el de tipo descriptivo , puesto que solo se pretende extraer v ariables relevantes de l a pe rcepción de la ciudadanía del Ecuador en torno a la políti ca exterior de la Revolución Ciudadana, así como también recopilar perspectivas de actores polí ticos, i nstitucionales y a cadémicos, tanto desde un punto de vist a de participación activa como funcionarios dur ante los gobie rnos de Rafael Correa De lgado, o como académicos e investigadores adscrit os a centros d e estudios superiores. Asi mismo, si bien se p retende otorgar respuesta las hip ótesis planteadas, l as mi smas solo im plican el manejo y análisis d e datos preexistentes. En este sentido, Monje (20 11) proporciona un a def inición del ti po de investigación descriptiva, sobre la que menciona: Este tipo d e estudio busca únicamente describir situacio nes o a contecimiento s; básicamente no está interesado en comprobar e xplicaciones, ni en proba r determinadas hipótesis, ni en hacer prediccione s. Con mucha frecuencia las descripciones se hacen por encuestas (estudios por enc uestas), aunque e stas también pueden servir para proba r hipótesis específicas y pon er a prueba explicac iones (p. 100). Por otro lado, se p retende aterrizar elementos p ropi os de la investigación no experimental , en tanto no se busca inte rvenir o alterar ninguna v a riable i nvestigativa, sino solo extraer datos relevantes de s u comportamiento natural. En este s entido, para Hernández-Sampieri, Fernánde z y Baptista (2014), este tipo de investigación: se realiza sin manipular deliberada mente variables. Es decir, se trata de estudios en los que no hacemos variar en f orma i ntenciona l l as variables i ndependien tes p ara ver su efec to sobre otras var iables ( …) en un estudio no e xperimenta l no se genera ninguna situación, sino que se observan situaciones ya existentes, no provocadas intencionalment e en l a i nvestigación por quien la realiza. En la investigación no experimental las variabl es independientes ocurren y no es posi ble manipularlas, no se tiene control direc to sobre dichas variabl es ni se puede influir en ellas, porqu e ya sucedieron, al igual que sus efecto s (p. 152). Cabe acotar que esta tip ología de investigación presenta criterios analíticos, relacionales y asociativos entre elem entos diversos (Rojas, 2015); a modo de definición, se parte de la idea d e que “las investigaciones correlacionales intent an descubrir si dos o m ás con ceptos o propiedades de obj etos están asociados, cómo es su forma de asociac ión y en qué grado o magnitud lo están” (Díaz-Narváez y C alzadilla, 20 16, p. 118). (…), po r lo que permiten gen erar hallazgos parcialmente expli cativos , en este c aso desde un punto d e vista estadísti co- matemático. Adem ás de sust entar la metodología de esta t esis en otorga r explicaciones tras l a coh e s i ón de métodos c ualitativos y cuantitativos, el proyecto s e con stituye de carácte r exp l or at or i o , debido a la ca rencia d e proyectos que relacionen las estr ategias de p olítica exterior de los gobiernos de Rafae l Correa con la per cepción que tenga la ciudadanía de sus resultados (Müggenburg y P érez, 2007) y, sobre todo, con el uso de h erramientas cuantitativas. A NDREA M ILA M ALDONADO 120 3.1.3. Criterios metodológicos para el análi sis de la información Para un análisis exhaustivo de la información, en primer lugar, se estudiarán l os datos de las base s de da tos de los estudios 1) Las Américas y e l Mundo Capítulo Ecuador (2010, 2012 y 2014), y el 2) Estudio Pre Electoral Ecuador (2020) del Equipo de Inve stigaciones Polít icas de la Universidade de Santiago de Compostela (EIP-USC), así como también las entrevistas a los especialistas y ex funcionarios institucionales de Ecuador; para luego analizar la info rmación en conjunto a través de su debida triangulación con la revisión documental. Finalmente, con los datos relevados del Estudio Las Américas y el Mundo C apítulo Ecuador de 2014, se realiza un modelo de regresión logí stica que pretende demos trar s i la polí tica exterior está pr esente en la base de la construcción de la identidad ecuatoriana. De este m odo, a l implicar un manejo riguroso d e información cu antiosa, se r equiere su desarrollo en distintas etapas. En este sentido, se i ncorporan elementos del c riterio metodológico inductivo-deductivo , en tanto se plantean cuatro hipótesis investigativas que servirán como base par a e l desarr ollo del a nál isis, así c omo también su sometimiento a validación o rechazos, p ara lo cua l es preciso organizar ade cuadamente la i nformación y, ta l como su c ategoría lo dice, ‘deducir’ relaciones causales entr e las variables que se incorpo ran en dicha evaluación: En el razona mi ento deduc tivo primero deben conocerse l as premisas para qu e pueda llegarse a una conc lusión, mientras que en el i nducti vo la conclusión se alcanz a observando ejemplos y generalizando de ellos a la clase completa. Si desea estar absolutament e seguro de una conclusión induct iva, el investigador tiene que observar todos l os ejemplos ( Dávila, 2006, p. 186). En otro orden, el método analí tico-sintético permi tirá examinar la informa ción rele vante del proyecto de manera sep arada (por etapas, instru mentos, o bloques), esta blecer relaciones a posteriori y una discus ión que establezca hitos para comprende r –a pr iori – parte d el comportamiento de la ciudadanía ecuatoriana (co mo receptores de políticas públicas) en torno a fenómenos de polít ica exterior y p ropios de la opinión públ ica. Est e m étodo puede s er concebido como “la desc omposición de un fenómeno en sus elementos co nstitut ivos”, de este modo considerado como “uno de los procedimientos más utilizados a lo larg o de la vida hum ana para acceder al c onocimiento de las diversas facetas de la realidad” (Lopera, Ramírez, Zuluaga, y Ortiz, 2010, p. 1). 3.2. E TAPA C UALITAT IVA 3.2.1. Análisis d ocumental La revisión de la literatura es parte esencial de la investi gación académica. Siguiendo los aportes de Xiao y Watson (2021), l a presente tesis doctoral toma la primer a tipología: revisión como ba se para un estudio e mpírico. Para la sistematizac ión eficiente en el Capítulo I V y V, se procederá en el siguiente orden: 1. Organización de los trabajos utilizando como filtros los criterios “identidad” y “política exterior”: En este primer paso se organizan las obras y t rabajos publicado s en torno a dos de los bloqu e s t e ór i c os propuestos en el primer Cap ítulo: i dentidad y polít ica e xterior , ambos contextu a l i z a dos c o n Ecuador a modo de estud io de c aso. De esta forma, se incorporan investigaciones desde disti ntas disciplinas que abordan la dos t emáticas q ue funcionan como criterios amplios de inclusión. 2. Delimitación de la búsqueda al caso Ecuador y modelamiento de la muest ra. El segundo paso se realizó p or medi o de la indagación de ob ras a través de las palabr as claves: identidad ecuatoriana/identidad en Ecuador , política exterio r ecuatoriana , relaciones internacionales de Capítulo III 127 a) Aspectos instituciona les y programáticos de la planifi cación de la Revolución Ciudadana: - ¿Cuáles son los principales elementos conceptuales que definen al proyecto político de la Revolución Ciudadana? - En el año 2005, previo a l a llegada de la Revolución Ci udadana, desde el Mi nisterio de Relaciones Exteriores de Ecuador, se elaboró el P lan Nacional de Polí tica Exterior (PLANE X) (20 06-2020) que fue un doc umento de planificación en esta área . Según su e xperienci a, ¿se consideraron elementos de l PLANEX de ntro de los nuevos documentos de planificación de la Revolución Ci udadana? - Desde la perspectiva d e la p lanificación, ¿ cómo se diseñaron los principales lineamientos de polít ica exterior y cómo se a rticuló con los Planes Nacionales de Desarrollo del proyecto político de la Revolución Ciudadana? - Hablando de aspectos in stitucionales relacionados con la formación del p ersonal del servicio exterior, en 2010 la Escuela Diplomát ica fue trasladada al Instituto de Altos Estudios Nacionales (IAEN), ¿cu ál fue el ori gen y finalidad de e ste proceso?, ¿cómo se concibió la formación de diplomáticos y a qué se debió este cambio? - ¿Cómo fue pesado el nu e vo proceso de sel ección d e personal diplomático?, ¿en qué consistió la acción afirmativa? Entrevistados a los q ue aplica: Jacques Ramí rez, Francisco Carrión, René Ramírez, Fernando Yépez, Guillaume Long, Katalina Barreiro. b) Principales elementos de la política exterior de la Revolución Ciudadana. - ¿Qué elementos d e la p olíti ca exterior ecuatoriana c ambiaron sustan cialm ente y cuáles se mantienen? - Dado el pasado histórico con Perú, ¿ cuáles fueron los aspectos más importa ntes de la relación con el vecino de la frontera sur? - ¿Cuáles fueron los aspectos más importantes de la relación con Estados Uni dos? - ¿Cuáles fueron los aspectos más importantes de la relación con Col ombia?. Aspecto a considerar: Plan Colombia. - ¿Cuál fue el rol ejercido por Ecuador en cu anto a la integración r egional?, ¿cuáles fueron las principales iniciativas lideradas por el gobierno de Ecuador? - ¿Cuáles fueron l os principales ca mbios a nivel discursivo de l a ori entación internacional? - Según datos preliminares existe un aumento de la confianza del papel internacional que deb e ten er Ecuador, aun t eniendo en cuenta su condición de Estado pequeño. ¿a qué atribuye este cambio? Entrevistados a los q ue aplica: Jacques Ramí rez, Francisco Carrión, René Ramírez, Fernando Yépez, Guillaume Long, Katalina Barreiro. P r e gu n t a s dentro de este bloque exclusi vas a: Jacques R amírez, René Ramírez, Fernando Yépez y Guillaume Long. - Hablando de la Movil idad Humana como eje importante de la política exterior d e la Revolución Ciudadana, ¿que podría decir al respecto de: l a protección de los derec hos d e los migrantes y la Ci udadanía Universal? A NDREA M ILA M ALDONADO 128 c) Identidad en la Revolución Ciudadana - ¿La identidad nacional e s importante dentro de l proyecto político de la Revol ución Ciudadana? ¿de qué forma? - ¿Cómo se construyó el discurso/retórica de la Revolución C iudadana en la dimensión identitaria? - ¿Quiénes fueron los am igos/enemigos de l a Revolución C iudadana?. ¿cómo s e construyó el otro intern a e int ernacionalmente?; e n clave de enemistad, ¿quién? y amistad, ¿quién? - En cuanto a la i mpugnación de la identidad durante el periodo de la Revolución Ciudadana, ¿quiénes serían los grupos que la lideraron? - ¿Cuáles fueron los grupos i nternos en pugna más importantes? Entrevistados a los que apli ca: S imón P achano, Enrique Ayala Mor a, Jacques Ramírez, Katalina Barreiro, Beatriz Zepeda, René Ramírez y Guillaume Long. Preguntas dentro de este bloqu e exclusivas a: Bea triz Zepeda y Francisco C arrión. - ¿Cuál fue el origen del Proyecto regional Las Américas y el Mundo en Ecuador? - ¿Cómo fue su dirección del proyecto y cuáles considera los principales resultados? - ¿Hubo consistencia entr e los lineamientos de política exterior del Gobierno y l a percepción ciudadana? Preguntas dentro de este bloqu e exclusivas a: Bea triz Zepeda. - ¿Por qué se incluyero n preguntas vi nculadas a la i dentidad dentro de l os cuestionarios de los estudios Las Américas y el Mundo, Capítulo Ecuador? Preguntas dentro d e este bl oque exclusi vas a: Gui llaume Long, R ené Ramírez y Fernando Yépez. - ¿Cómo fue pensada la imagen internacional de Ecuador? - ¿Cuáles serían los prin cipales hitos de la política exterior de la R evolución Ciudadana que evidencien la implementación de los aspectos programáticos? - ¿Cómo se concibió la m ultidim ensionalidad del concepto de soberanía d esde la perspectiva del gobierno? - Experiencia en el Proyecto del Yasuní ITT. - Experiencia en el Acuerdo Multipartes con la Unión Europea. Preguntas dentro de este bloqu e exclusivas a: René Ramírez. - ¿Cómo se articuló el sumak kawsa y o buen vivi r al ámbito de las Relaciones Internacionales de la Revolución Ci udadana? - Al llegar la Revolución Ci udadana, ¿se hizo un e stado de l a cu estión acerca d e la identidad?, ¿con qué se encontraron en términos de identidad? - ¿Se pensó a la política exter ior como elemento cohesionador de la identidad nacional? Preg u n t as d e n t ro de este bloqu e exclusivas a: René Ramírez y Guillaume Long. - Durante su gestión como Secretario/Canciller, ¿co nsidera usted que hub o una alt a o b aja abso rción pe rsonalist a de las interacciones e xteriores del Estado por parte del ex presidente Rafael Correa? - Con base en su experiencia, ¿existió una alta o baja fragmentación institucional? Capítulo III 129 3.3. E TAPA C UANTITAT IVA 3.3.1. Población y muestra de los estudios d e opinión Según lo señalado en el apartado teórico 1.3. P olítica Exterior y Opi nión , para Holsti (1992), existen tres condiciones necesarias a cumpli r, al momento de realizar análisi s de datos en polít ica exterior: a) in ferencias solo a partir de análisis longitudinales que per mitan elaborar tendencias; b) uso de enc uesta que tengan un enf o que en política exterior y, c) uso d e preguntas estándar para poder analizar tales tendencias. Teniendo en cuenta estas tre s condiciones, la presente tesis doctoral utiliza cuatro estudios de opini ón. Los tres primeros pertenecen al Proyecto regional Las Américas y el Mundo , Capítulo Ecuador, de los años 2010, 2012 y 2014, coordinados por la Facultad Latinoamericana de C iencias S ociales (FLACS O), s ede Ecuador. Estos tres primeros estudios forman parte de una iniciativa regional i nédita iniciada en 2004, en México, por la Divisi ón de Estudios Internacionales del Centro de Investigación y Docencia Económic as (C IDE), con la finalidad de analizar las a ctitudes y percepciones de la ciud adanía sobre l os asuntos i nternacionale s, l os que totalizan alrededor de 22 reportes monográficos nacionales de varios países latinoamericanos, y 4 estudios comparados qu e comparten t anto las líneas de inv estigación como metodología. El último estudio de opinión utilizado es el Estudio Pre Electoral Ecuador del Equipo de Investigaciones Políti cas de l a Universidade d e S antiago de Compostela (EIP-USC), aplicad o en 2020, el cual incorpora una decena de preguntas específicas sobre l a políti ca exterior de la Revolución Ciudadana, y otras variables que complementan el análisis longitudinal. El primer estudio del Proyecto regional L as Américas y el Mundo, Ca pítulo Ecuador (2010), se realizó entre el 13 de septiembre y el 19 de octubre de 2010 144 y fue coordinado por el programa de Relaciones Internacionales de la Facultad Latinoamericana de Ciencias S ociales (FLACSO), sede E cuador. El universo está compuesto p or ecuatorianos/as de 18 años residentes en las 17 provincia s de Ecuador, su tamaño muestral es de 1574 encuestas r ealizadas personalmente en las viv iendas particulares y su e rror muestral asociado es de ± 2.5%. Como unidades primarias de muestreo, el estudio utili za a las 17 provincias ecuatorianas, con un a asignación proporcional de la muestra por la densidad de cada provincia. Tabla 10. Muestra de la encu esta Las Américas y el Mun do, Cap ítulo Ecuador 2010 Grupos de edad 2010 18 a 29 30 a 49 50 a 64 65 o más Total Válido Hombre 41,7 43,6 47,8 60,4 44,9 Mujer 58,3 56,4 52,2 39,6 55,1 Total 100,0 100,0 100 ,0 100,0 100,0 Fuente: elaboración p ropia a partir de los datos de Zep eda, B . y V erdesoto, L . (2011 ). E cuador, las A méricas y el mundo 2010 . Opinión Pública y po lítica exte rior. El segundo estudio del Pr oyecto regional L as Américas y el Mundo , Capít ulo Ecuador (2012), se implementó de l 8 a l 28 de noviembre de 2012 145 , y estuvo coordinado por la Unidad de Relaciones Académicas Internacionales (URA I) y la Uni dad de Consultoría y Proyectos de la F a c ul t a d L a tinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), sede Ecua d or. El universo son los e c ua t or i a n os/as de 18 años o más del áre a urbana y rural de las 10 provinc ias más pobladas 144 El cuestionario d el estud io d e opini ón Las A méricas y el Mundo , Capít ulo Ecu ador 2010, coordinado p or FLACS O, Ecuador, se incluye el ap artado Anexo I. 145 El cuestio nario del estu dio de opinión La s Américas y el Mu ndo , Capítulo Ecuador d e 2 012, coordinado por la Unid ad de Relaciones Académicas Internacionales (URAI) y la Unidad de Consultoría y Proyectos de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), Sede Ecuador, se incluye en el apartado Anexo II (Fo rmulario A) y Anexo III (Formulario B). A NDREA M ILA M ALDONADO 130 de Ecuador y su tamaño muestral es de 1503 e ncuestas r ealizadas pers onalmente en las viviendas particulares. Su error muestral es de ± 5% y las unidades primarias de muestreo son las provincias seleccionadas, con una asignación de la muestra propor cional, en función de la densidad poblacional de las mismas. Tabla 11. Muestra d e la encues ta Las Américas y el Mundo, Capítulo Ecuador 2012 Grupos de edad 2012 18 a 29 30 a 49 50 a 64 65 o más Total Válido Hombre 49,5 43,7 55,0 64,3 49,8 Mujer 50,5 56,3 45,0 35,7 50,2 Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 Fuente: elaborac ión propia a partir de los da tos de Carrión , F. y Ca hueñ as, H . (2013). Ecuador , las Amér icas y el Mu ndo 2012. Opinión púb li ca y po lítica exterior. El tercer estudio del Pr oyecto Regional Las Américas y el Mundo , Capítulo Ecuador (2014), se realizó del 15 de di ciembre de 2014 al 15 de enero de 2015 146 , esta vez coordinado por l a F acultad L atinoam ericana de Ciencias S ociales (FLACSO), sede Ecuador. El unive rso vuelve a ser los ecua to rianos/as de 18 años o más y el tamaño muestral 1800 encuestas realizadas personalmente en las viviendas particulares. Los dom inios de este estudio son las regiones natur ales costa, sierra y Ama zonía, y el área de resid encia (u rbano/rural). En l a estratificación del marco del muestreo se esta blecen t res va riables de estratificación: a ) geográfico, que identifica r egiones, provincias, cantones y p arroquias; b) área de residenci a (urbano y rural); y, c) caracterización socioeconómica de la pobl ación por medio de l a metodología de escalamiento óptimo. Su error muestral es de ± 2,3% (a nivel nacional). Tabla 12. Muestra d e la encues ta Las Américas y el Mundo, Capítulo Ecuador 2014 Grupos de edad 2014 18 a 29 30 a 49 50 a 64 65 o más Total Válido Hombre 48,1 48,5 49,5 62,1 49,7 Mujer 51,9 51,5 50,5 37,9 50,3 Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 Fuente: elaborac ión propia a part ir de los datos de Z epeda, B. y Carrión, F . (2015). Las A méricas y el Mundo: Ecuador 2014. El último estudio a considerar es el Estudio Pre Electoral Ecuador , del Equipo de Investigaciones Políti cas de l a Universidade d e S antiago de Compostela (EIP-USC), aplicad o en 2020. El univer so son los ec uatorianos/as de 16 años o más y el ta maño muestral es de 1897 encuestas realizadas en n oviembre de 2020 pres encialmente. El error muestral es de ± 2,25%. Aunque se trata de un es tudio pre electoral, se incluyeron pr eguntas e spe cíficas orientadas a conocer las percepciones ciudadanas de los ecuatorianos sobre la polít ica exterior de Rafael Correa y otras vinculadas a la inmigración. 146 El cuestio nario del estu dio de opinión La s Américas y el Mu ndo , Capítulo Ecuador d e 2 014, coordinado por la Unid ad de Relaciones Académicas Internacionales (URAI) y la Unidad de Consultoría y Proyectos de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), Sede Ecuador, se incluye en el apartado Anexo IV. Capítulo III 131 Tabla 13. Muestra d e la encues ta Estudio Pre Electoral Ecuador 2020 Grupos de edad 2020 16 - 17 18 a 29 30 a 49 50 a 64 65 o más Total Válido Hombre 45,6 50,7 52,7 44,3 54,0 50,3 Mujer 54,4 49,3 47,3 55,7 46,0 49,7 Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 Fuente: elaboración p ropia a partir de los datos del Estu dio Pre El ectoral Ecuador 2020 . Eq uipo de Investigacio ne s P olíticas de la Universidad e de Santiago de Co mpostela (EIP -USC) 147 3.3.2. Variables utilizadas en el an álisis cuan titativo. Desarrollo programático e institucional de la pol ítica exterior d e la Revolu ción Ciud adana y percepciones d e l a ciudadanía ecuatoriana Tal y como se me ncio nó en la Tabla 6, e n f unción de los doc umen tos oficiales se estructuraron siete ejes q ue ord enan la primera s ección de los resultados y facilitan su l ectura. Para dar cumplimiento a las condiciones planteadas por Holsti (1992), teniendo como insumo los tres estudios del Proyecto regional Las Américas y el Mundo, Capítulo Ecuador, de 2010, 2012 y 2014, se utilizan solo aque llas preguntas formuladas de forma idéntica en al menos dos de los tres cuestionarios. En algunos c asos, se i ncorporaron otras que, aunque no se an igual es, complementan el análisis de los resultados, denominadas aquí como variables de contexto , dentro de las cuales s e encuentran varias pr eguntas pertenecientes al Estudio pre Electoral Ecuador 2020 . A continuac ión, se presentan las variables util izadas en cada Eje, separando en cada uno de ellos aquellas variables que permiti eron el an álisis longitudi nal , de las identificada s como de contexto . 147 El cu estionario del Estudio Pre Electora l Ecuador 2020 . Equipo de Inv estigaciones Políticas de la Universid ade d e Santiago d e Compostela (EIP-USC), se incluye en el apartado Anexo V. A NDREA M ILA M ALDONADO 132 Tabla 14. Va riables longitudinales utili zadas en el Eje 1. Institucion al idad ecuatoriana en política exterior Eje Variable Categorías Años Eje 1. Institucionalidad ecuatoriana e n política exterior Opinión de algu nos líderes polític os “Rafael Corr ea” Estudios 2010, 2012 y 2014: 0- 100; Estudio 2020 : 0-10 2010; 2012; 2014; 2020 Confianza en el Pr esidente Mucho; Algo; Poc o; Nada 2010; 2012; 2014 Significado de las siglas: M in isterio de Relaciones Exteriores, Comercio e Integració n (MRECI) y Ministerio de Relaciones Ext eriores y Movilidad Humana (MREM H) Correcto; Incorrec to; N/S 2010; 2012; 2014 Conocimien to del Min istro de Relaciones Exteriores del Ecuador Correcto; Incorrec to; N/S 2010; 2012; 2014 ¿Qué tan de acuerdo o en desacu erdo e stá con… ?: Puede que la d emocracia tenga problemas, pero es mejor que cualquier otra for ma de gobi ern o Muy de acuerdo ; Algo de acuerdo; Algo e n desacuerdo; Muy en desacuerdo 2010; 2012; 2014 A nivel internacional , ¿ cree u sted que Ecuador tiene más o menos impor tancia que hace 10 años? Más; menos; ig ual 2010; 2012 A nivel i nternacional, ¿usted cree que Ecuador tendrá más o menos impor tancia dentro de 1 0 años? Más; menos; ig ual 2010; 2012; 2014 En s u opi nión, ¿qué es m ejor par a el f uturo d e Ecu ador tener participación activa en asuntos mundiales?, ¿o mantenerse ale jado de los asunt os mundial es? Participación acti va; Mantenerse ale jado de los asuntos mundiales ; Ni lo uno ni lo otro 2010; 2012; 2014 Valoración d e la Política Exterior Muy de acuerdo ; Algo de acuerdo; Algo e n desacuerdo; Muy en desacuerdo 2010; 2012; 2014 Para aumentar la influencia del país en el mundo ¿ qué tan de acue rdo o en de sacuerdo estaría usted con que se utilizara el rec urso?: Militar Muy de acuerdo ; Algo de acuerdo; Algo e n desacuerdo; Muy en desacuerdo 2010; 2012; 2014 Para aumentar la influencia del país en el mundo ¿ qué tan de acue rdo o en de sacuerdo estaría usted con que se utilizara el recurso?: Dipl omático Muy de acuerdo ; Algo de acuerdo; Algo e n desacuerdo; Muy en desacuerdo 2010; 2012; 2014 Para aumentar la influencia del país en el mundo ¿ qué tan de acue rdo o en de sacuerdo estaría usted con que se utilizara el rec urso?: Cultural Mu y d e acuerdo; Algo d e acuerdo; Algo e n desacuerdo; Muy en desacuerdo 2010; 2012; 2014 Para aumentar la influencia del país en el mundo ¿ qué tan de acue rdo o en de sacuerdo estaría usted con que se utilizara el rec urso?: Comercial Muy de acuerdo ; Algo de acuerdo; Algo e n desacuerdo; Muy en desacuerdo 2010; 2012; 2014 Dígame, ¿qué tan importan te debe ser cada uno de los siguientes obj etivos para la política exterior del Ecuador: ¿Promover la venta de productos ecuatorianos en ot ros países? Muy importan te; Algo importante; Poc o importante; Nada impor tante 2010; 2012; 2014 Dígame, ¿qué tan importan te debe ser cada uno de los siguientes obj etivos para la política exterior del Ecuador: ¿Atraer la inversi ón extranjera a Ecuador? Muy importan te; Alg o importante; Poc o importante; Nada impor tante 2010; 2012; 2014 Dígame, ¿qué tan importan te debe ser cada uno de los siguientes obj etivos para la política exterior del Ecuador: ¿Promover la cu ltura ecuatoriana ? Muy importan te; Algo importante; Poc o importante; Nada impor tante 2010; 2012; 2014 Dígame, ¿qué tan importan te debe ser cada uno de los siguientes obj etivos para la política exterior del Ecuador: ¿Proteger los in tereses del ec uatoriano en otros países ? Muy importan te; Algo importante; Poc o importante; Nada impor tante 2010; 2012; 2014 D í g a me, ¿qué tan importan te debe ser cada uno de los s i g u i entes obj etivos para la política exterior del Ecuador: ¿ A t r aer turistas ? Muy importan te; Algo importante; Poc o importante; Nada impor tante 2010; 2012; 2014 D í g a me, ¿qué tan importan te debe ser cada uno de los siguientes obj etivos para la política exterior del Ecuador: ¿Combatir el terroris mo internaci onal? Muy importan te; Algo importante; Poc o importante; Nada impor tante 2010; 2012; 2014 Fuente: elaboración propia a partir de los datos de l os e studios de 2010, 2012 y 2014 del Proyecto regiona l Las Américas y el Mundo, Capítulo Ecuador, FL ACSO-Ecuador y del Estudio Pre E lectoral E cuador de 2020 d el EIP-USC [Document text truncated for crawler view.]