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Galicia moderna: revista quincenal ilustrada, n. 27 (1898)

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//; , •> .■ isasi^ jgFyr' v '../; v j^ifcj &. ^ : --- 'iijfiHUA. V if^gvrSTA. QUINCENAL /Lüsj|lA,D\ DIRECTOR : Ü EfJEIOTi MMim ^o^rsvrr^A. HfUMCR.0 27 INSTANTÁNEA UNA FIESTA EN MUGÍA (PROVINCIA DE LA CORUÑ a ) Fot.* d» ti. L De vacaciones — ¡A refrescar! Pasaron el tremendo trance del examen los escolares, tomaron los helados en celebración de la nota alcanzada, hicieron el traje de verano, arreglaron la maleta, liaron la manta y gozosos, em  prendieron el camino de sus ca  sas, donde les esperan sus ancia  nos padres, los hermanos y los amigos para estrecharles entre sus brazos y felicitarles por el resultado de sus afanes y des  velos. §|¡|£fy Ya han escrito, la yegua de reluciente pelo con el albardóu nuevo y la sobremanta colorada, les sale al encuentro, les conduce por los vericuetos y caminos que : rodean prados y arboledas, el criado les entera del estado en -que se halla la cosecha, particír pales las novedades ocurridas en la aldea desde los carnavales, refiere la desgracia que al vecino más próximo | le acaeció, por morírsele una vaca, el : estrago que las ovejuelas han causado en tal ó cual finca y pondera los prepa  rativos que los mozos hacen para fes  tejar la romeria-.de San Juan. El estudiante, el señorito, es saludado por todos que ven en él un hombre de pró, un chico muy su  bido que llegará á ocupar elevado puesto en la sociedad; le contem  plan embobados los rústicos al  deanos, admirante, casi le vene  ran .... y antes que eche pié á tierra el futuro abogado, el mó dico en ciernes ó e 1 . sacerdote em  brionario, en todas las casas del lugar se comenta su llegada, se habla del porvenir brillante, se encomia su talento y su aplica  ción y se envidia á los afortuna  dos padres del estudiante, ¡Qué de preguntas llueven so  bre el chico! ¡Cuantas visitas re  cibe! ¡Como le miran las mozas! Para él son los más ricos man  jares, las preferencias en las fies  tas, los mimos de la madre, los elogios del párroco y la mochacha más bonita en el baile. No pierde el estudiante romeria ni feria alguna; va también á las faenas agrícolas, pero en calidad]fde obser  vador, para piropear á las rapazas, pa  ra reirse con los mozos; el estudiante no trabaja, está de vacaciones, descan  sa de las fatigas que los libros de tex- to le han proporcionado, y si en otros tiempos guardaba el ganado y ayudaba en los trabajos á su familia, ahora no puede; sus manos finas y delicadas no se acostumbran al manejo de los ape  ros de labranza; divertirse y pasear son las únicas obligaciones que sobre él pesan durante los cuatro meses del ve  rano. ¿Pero creerán ustedes que está con • tentó y satisfecho el escolar? No, en manera algnna, siente las nostalgias de la ciudad, echa de me  nos la amena conversación con la mo  distilla que enamoraba: las bromas en la posada, el taco del billar.... y la vi  da de la aldea, le aburre y fastidia pronto, á pesar de las ruadas y fiestas que le brindan constantemente place  res y dichas. A ver, ¿hay álguien que esté con  tento con su suerte? * * * Apenas se ha dejado sentir el calor y ya comenzó la época de refrescos; todavía se ven por ahi las capas que fueron nuestro abrigo en el invierno y ya los cafés expenden las gaseosas, se escucha el estampido del corcho que salta, dejando libre el paso á la dorada cerveza; abundan las bandejas con azucarillos y filas de vasos, y en los mostradores de los comercios de bebi  das ostentan su panzudo vientre los rezumantes botijos de agua fresca, ofreciéndose á las gentes para bañarse sibaríticamente por dentro, desde las fauces al esófago. Aún no lucieron sus colores los car telitos que anuncian la leche helada, el merengue, el mantecado y la fresa, pero pronto viene el Corpus y para en  tonces reservan su exibición, porque, fieles á la costumbre, no quieren anti  ciparse; sin embargo, todo está conve  nientemente dispuesto, destinado el mozo encargado de confeccionar los he  lados, preparaos los aparatos, eiioar • gada la nieve ó el hielo artificial y abarrotados los estantes con los vasitos, las pequeñas diminutas copas, las bandejitas y cuanto es complemento del servicio para refrescos. Una golondrina no hace la primave  ra, ni un par de fastidiosas moscas bas  tan para constituir la estación estival; por eso los sedientos que, fatigosos y jadeantes y con el sombrero en la ma  no, llegan hasta los divanes del cafó, pidiendo á todo'trance una chica.;, de cerveza, que mitigue sus ardores, no son tantos que obliguen á proclamar la llegada oficial de los helados. En Galicia no hemos llegado á con  tar en crecido número los puestos de refrescos que en otras poblaciones dan la nota de actualidad á los paseos de verano y que son como oasis que brin  dan al paseante atractivos y encantos; esos puestos regentados por linda, ape  titosa muchacha que sir.ve la limonada y á la vez .da-palique al parroquiano, aguadorcillas alegres, vivarachas, de picaresca mirada, que rien á carcajadas y seducen á cuantos van hasta su ve  lador. En cambio, tenemos unos vendedo  res ambulantes que echada la garrafa sobre la espalda y colgante en la mano el taller de hojadelata, que contiene los vasos y copas, con sus trajes de dril, li  geros, vaporosos, el sombrero de paja y la blusilla gris gritan con toda la fuerza que sus robustos pulmones les permiten: ¡Fresquita y buena! ¡Agua de limón! ¡A refrescar, señores! Yo preferiría los puestos que regen  tan las nereidos á los ambulantes ven  dedores. Porque la verdad, aunque no sea más que un vaso de agua, figúraseme que aprovecharía mejor contemplando las sonrosadas mejillas de una muchacha, que los lacios bigotes de un excarabi  nero... Boppo O SONO D ‘ O SOLDADO Non sei porque lembro todos sobr ‘ a térra de cote unha Igresia con noseo acabaron, cuberta de musgo comeun ‘ a facenda cautiva d ‘ as hedras, o pouco forrado por antr ‘ os carballos ¡Maldita sea ela! sacando direitas Eu antr { a manigua cheas de furruxe e baix ‘ as palmeiras a cruz y-a veleta. si lembr ‘ a terriña ¡Como voa o tempo! toleo por vela, Miña nai Sabela soño c ‘ os foguetes non tiña que darme; d ‘ a festa d ‘ aldea meu pai xa morrera; c ‘ o repiniqueo trabucos e cargas d ‘ a campá pequeña I soaudo alegrías, ou maguas eternas ¡Ai miña naimña! qu ‘ estás baix : a térra moi preto d ‘ o adro onde fan á festa, déixalleun curruncho 6 filio qu ‘ espera cumprir o seu tempo ou qu ‘ acabe a guerra pra bicar chorando a cruz de madeira posta de limosna pol-as maus alleas e levar morrendo n ‘ as niñas impresas aquela Igrexiña cautiva d ‘ as hedras por antr ‘ os carballos sacando direitas ckeas de farruxe a cruz y-a veleta. HKLionoKO F. GASTAÑADUA Dibujos de R. Canto ^jrerif ©ai ommmmm i No es posible liablar de Orense sin repetir una vez más el viejo y conoci  do cantar, porque en el parece conden  sarse toda la historia de la ciudad, y dentro de sus líneas contenerse los ele  mentos principales que la han dado vida. Sin las Burgas acaso no hubipra existido Orense, cuyo origen parece haber sido un núcleo de viviendas agru  pado alrededor de las antiguas termas; el puente, uno de los muy pocos que en el dilatado curso del Miño ponen en comunicación sus dos orillas, hubo de contribuir personamente á la prosperi  dad de la población, en cuyo progresi  vo florecimiento tuvo también gran parte la de muy antiguo venerada imágeh del Cristo, constante objeto de nu  merosas peregrinaciones. Desconocido aun el origen de la ve  tusta ciudad, limitadas las noticias de su fundación á más ó menos probables conjeturas, llama la atención sin em  bargo que la mayor parte de los nom  bres con que la designan los geógrafos ó historiadores de todos los tiempos, tienen un sentido etimológico que pa  rece confirmar que Orense nació á la vida de los pueblos por la sola eficacia de sus manantiales de hirvientes aguas. Los que atribuyen su fundación á los celtas, hacen derivar el nombre de las palabras or, agua y ens, caliente; los ' que la suponen romana, llamáronla Aguac calidac; y finalmente aquellos para quienes la población data de la época de los conquistadores suevos tie  nen por indudable que Orense se llamó Warin see, esto es, lago caliente. Difí  cil es por ahora apreciar el valor histó  rico de tales opiniones, pero, sea éste Tres oosfts hay en Orense que no las hay en España; el Santo Cristo, la Puente, y la Burga hirviendo el agua. cual fuere, la coincidencia antes apun  tada salta á la vista, y á robustecerla y demostrar la existencia de Ja ciudad romana, ha contribuido el descubri  miento de dos lápidas con sendas ins  cripciones, encontradas en los años 2 y 35 'del siglo presente. Contiene una de ellas un ex-voto de Cfajm Sulpicio Fla  vo á la diosa Tierra; la otra, hallada en una huerta inmediata á las Burgas, es un elegante cipo de granito, en el cual, en bellos caracteres del primer si  glo de la era cristiana se lee una dedi  catoria hecha á las Ninfas de las aguas por una dama romana que había obte  nido en las termas la curación de sus males. Monumento es este último del más alto interés para Orense, eñ cuyo Museo provincial figura. Por él sabe  mos que los famosos manantiales de las Burgas, hoy destinados exclusivamen  te á usos domésticos, fueron utilizados como medicinales por la población ro  mana, que supo apreciar mejor que no  sotros el valor de usar aguas, cuya temperajura, que varía en los distintos sur  tideros públicos y particulares entre 40 y 70 grados centígrados, basta por si sola para darles excepcional impor  tancia terapéutica. De la profunda oscuridad que en  vuelve los sucesos ocurridos durante el período romano en la vieja Auria, sur  ge ésta de repente á la viva luz de la historia, coincidiendo con las formida  bles invasiones de los bárbaros, que dieron en tierra con el ya caduco im  perio romano. Los Suevos, establecidos en ella como en el resto de G-alicia, de  bieron encontrarse con una población de alguna importancia, puesto que la erigieron en sede episcopal, si ya no existía antes, y algunos de sus reyes residieron largo tiempo dentro de sus muros. De entonces data también la construcción de la iglesia consagrada á S. Martin, llevada á cabo por Carriarico, que abrazó la fe católica, agradeci  do á un milagro que obró el santo cu  rando á un hijo suyo. Desde esta época reflójanse con enérgicos trazos en la historia de Orense, los hechos más sa  lientes de la historia nacional. La po  derosa monarquía sueva, despuósdel76 años de exis  tencia, desa  parece á ma  nos de Leovigildo, el cual entrando á sangreyfuego en Galicia, in  corpora aque  llos vastos do  minios al im  perio godo. Cuando la in  vasión sarra  cena, la ciu  dad de Orense es arrasada hasta los ci  mientos en el año 716 por Abdhul-Azin, hijo de Muza; conqu istada por Ordoño 1 es nuevamen  te destruida por los moros, y así permane  ce hasta que Alfonso III la reconquista y comienza su repoblación en el último tercio del siglo IX. Pero un siglo más tarde, los Normandos primero y después los Ara  bes al mando del terrible Almanzor, convierten la restaurada ciudad en montón de humeantes ruinas, y en este estado de desolación permanece has  ta los tiempos de Sancho II que compadecido déla precaria situación en que encontró el territorio gallego, se dedicó á restaurar y dotar algunas de sus iglesias. Para la de Orense nombró por Obispo á Ederonio, cuya memoria persevera entre nosotros por la lápida que se conserva en el templo de Santa María la Madre, que el mandó reedificar. Tras de tantas y tan repetidas calamidades, lu  cen al fin me  jores tiempos para nuestra ciudad y su iglesia. Favorécenla los re  yes con privi  legios y dona  ciones; concédenla fueros los Obispos á cuyo señor ío pertenece y pueblo y pre  lados siguien  do el ejemplo de las demás ciudades galle  gas, hacen sur  gir de entre los escombros de las pasadas lu  chas los mag  níficos edifi  cios que han llegado en su mayor parte hasta nosotros para atesti  guar el flore  ciente estado de las artes en aquel brillante perio  do y demostrar los grandes alientos y la fé inquebrantable con que se aco  metían las mas altas empresas. A la restauración de Santa María llevada á cabo por Ederonio, sigue la cons  trucción del palacio episcopal, co  menzada por D. Diego, el amigo del gran G-elmirez; poco después comien  zan las obras de la catedral de S. Martin, edificada en el mismo lugar que ocu  paba la anterior, obras á las que se dio tan vigoroso impulso, que á fines del siglo XII se había terminado ya la ca  becera del templo y el crucero, y en 4 de Julio de 1194 se consagraba con to  da solemnidad el altar mayor. No mas que medio siglo después terminaba la construcción de la catedral el Obispo D. Lorenzo y acometía la del magestuoso puente sobre el miño, según ase  gura su contemporáneo Lucas de Tuy. Esto no obstante, no bastó la rotun  da afirmación del Tudense para des  truir la creencia, muy generalmente admitida y perpetuada por lajtradición que supone obra romana el puente de Orense. Nuevas] investigaciones i sobre las vías romanas que cruzaban el terri  torio gallego, parecen confirmar ¡ esta opinión, y las piedras miliares de Bar  de las vías militares gallegas, Es muy posible que el puente que entonces de  bió existir sobre el Miño haya sufrido la triste suerte déla ciudad en los si  glos que siguieron ala dominación de Roma, no volviendo á reconstruise has  ta los tiempos de L. Lorenzo. De todos modos la obra del famoso prelado fue durante mucho tiempo la admiración de propios y extraños, por su hermosa construcción y magestnosas proporciones; y Ja musa popular que perpetuó su recuerdo por medio del antiquísimo cantar, pareció dejar en olvido en gracia á su belleza, las mil vicisitudes padecidas en distin  tas épocas por el viejo puente. Ya en el primer tercio del siglo XV se halla  ba este en tierra, haciéndose el paso del río por medio de dos barcas, una de las cuales pertenecía al Obispo y la otra al Concejo. En Agosto de 1443 es contrataron las obras de restauración Puente mayor giña y S. Lorenzo de Cañón son vesti  gios que señalan con relativa seguridad la existencia de un camino que debía pasar por Orense, continuando quizá á unir las capitales de los conventos ju  rídicos Bracarense y Lucense, mientras la Yia-nova desviándose hacia el N. E. seguiría á Astúrica, punto de enlace con Alonso Gromez, pedreiro, aplicándo  se á los gastos los dos dineros que per  cibía por portazgo el prelado, y seña  lándose nuevos arbitrios con el mismo objeto . A principios del siglo XVi volvian á hacerse obrasen el puente, y en 1508 se prohibía que pasasen por el carros car  gados; en 1564 una real provisión or  denaba un pago de maravedís, jiara laobra del puente que se vá mal reparando ij rapendo. según dicen las actas del Concejo; y en 1568 se reedificaba el castillo que tenía á la entrada; en 1574 era maestro de las obras del puente Fernando de la Calleja; en 1761 se nombró para reconocerle á D. Francis  co Zelaeta y á Fr. Plácido Iglesias, monee benedictino de Celanova, pues, quizá á consecuencia del temblor de tierra que se sintió en la"Ciudad el 31 D. Melchor Prado y no terminó hasta ocho años después. La última recom posición es de nuestros dias, puesto que se ejecutó durante el último cuarto del presente siglo. Tan prolongada serie de desdichas no es muy apropósito para inspirar con  fianza en nuestro hermoso puente y el no interrumpido tránsito que hoy por él se hace, pudiera algún dia acabar con las quebrantadas fuerzas del viejo gigante, privándonos á la vez de comu  nicación fácil con-'-el resto del mundo, La Burga de Marzo de dicho año, falseó el arran  que del arco mayor y una de las cepas por junto el plano de agua, tanto que debiendo pasar por él varias piezas de artillería que iban desde Chaves á la Coruña, hubo necesidad de conducirlas por el rio. En 1777 se dis  ponía á ejecutar nuevas reparaciones en el puente el arquitecto D. Pedro Fontenla, las cuales continuaban dos años después bajo la dirección del ar  quitecto Sr. Mazo. Otro largo período de obras empezó en 1827 á cargo de y de un monumento bellísimo que nos legaron las edades pasadas. Por eso ha sido tan aplaudida la idea de darle un sucesor mas en armonía con las ne  cesidades modernas, idea convertida ya en ley del reino, por las eficaces gestiones de un buen hijo de Orense, y cuya realización esperamos todos con impaciencia. abturo VAZQUEZ NÚÑEZ LOS HUMILDES _ «Si he de cumplir a conciencia la misión que me encomendó Labarta me decía yo, pocos dias hace — no de  bo limitarme á decir cosas de los gran  des y de los ilustres, solamente. Gali  cia en Madrid, no son ellos solos, por más que contribuyan á su fama y á su gloria. Los humildes, los pequeños, los insignificantes, son también Galicia. Di  gamos algo de los humildes. ^ ^ Cargué la Steinheil; me echó á la calleyá poco volvía á casa con unas cuan  tas placas impresionadas, propias para el fin que me había propuesto. Va desapareciendo de Madrid el tipo simpático y clásico del aguador, la solo se les vó en los barrios antiguos, donde, por causas que no me impor  tan. no ha llegado todavía el progreso del Lozoya. Pero quedan bastantes pa  ra que pueda hablarse de ellos como de algo que es todavía. Prototipo de la humildad y de la hon  radez ba sido siempre el infeliz proce  dente de Galicia que en la Corte se de  dica á surtir de agua al vecindario por un módico estipendio mensual. Ln las casas donde viven gentes las más ti  moratas y asustadizas, el aguador es el único extraño á quien no se vigila. To  dos saben que no hay ser más exento de malos propósitos ni más conforme con su posición humilde. El aguador es hombre de confianza para mil menudos servicios que hace siempre de buena voluntad é inteli  gencia, y á cambio de los cuales reci  be pequeñísimas recompensas . Acepta lo que le ofrecen, sin ofenderse, y ha  ce su camino y logra sin preten  siones. En eso está el miste • riodesu resigna  ción. Se priva de muchas cosas, mientras ejerce el oficio. Soporta el peso abrumador de la cuba en los helados dias del invierno como en los sofocantes del es  tío. Subiendo, sin cesar, escaleras, des  de la mañana hasta la noche, no tiene más esparcimientos que el ratito de conversación con sus compañeros, en la fuente, mientras las cubas se llenan. Y en estos momentos, que varias ve  ces he sorprendido, es cuando se pone de manifiesto la sencillez de su carác  ter. Los aguadores, entre si, hablan siem  pre de la terrina, del campo que deja  ron ó del que intentan comprar, de las galiñas, de las rapazas, de todo, en fin, lo de allá; nunca de política ó de las pasioncillas despreciables de esta vida madrileña. Gente salida de las aldeas no brillan por su ilustración, pero admiran por su instinto. Aquello que necesitan sa  ber para vivir, lo aprenden enseguida; con lo que no puede serles útil, no se preocupan. Confiados en la fortaleza de su cuer  po, no le cuidan exajeradamente, y co  men poco y duermen mas, con tal de ir empelando pesetiñas. Y el dia en que el gato logró su ambicionada gordura, dejan la cuba, se despiden de los compañeiros, y emprenden el regreso á su tierra, llevando mucho que contar en sucesos y costumbres que han obser  vado, y no poco en moneda corriente. No todos los aguadores son de Ga  licia, pero á todos los llaman aquí ga  llegos, los golfos y granujillas ¡Como si con eso les insultaran! ¿Qué suele haber de molesto en el apelativo, sabiendo que no hay condi  ción censurable, típica en el gallego? Son, como he dicho, humildes, fuertes, trabajadores, honrados. No hay memo  ria de que ninguno se hiciera célebre por crímenes ó delitos. Y con todo esto ¿habrá quien no en  tienda que es más un elogio que una mortificación, el dictado de gallego? Yo confieso que admiro á estos hom  bres entre los cuales no hace camino el germen socialista, ni las modernísi  mas tendencias de luchas de las clases bajas contra todo lo existente. Y eso que no puede haber comparación el estado de los que se quejan, con la vida de estos pacientísimos trabajadores. ¿Qué saben ellos, ni qué les importa de burgueses ni patronos? ¿Qué preocupa  ción les produce la jornada de ocho horas? De fijo que si se les preguntara, pedirian, por el con  trario, que el dia tuviese más, para de  dicarlas al trabajo. En fin, para termi  nar sintetizaré mis opiniones en este asunto, diciendo que si Jesús hubiera ve  nido al mundo en estos tiempos, no du  do de que asi como eligió apóstoles entre los pescadores, hoy hubiera ele  gido alguno de sus discípulos entre los aguadores . . tose CAMPO MORENO Madrid, Mayo 1S98 FRAGMENTOSDESCRIPTIVOS Al trasponer la puerta tuvo el padre de Carmela que cerrar los ojos deslumbrado por aquel sol brillante de verano que se precipitaba desde el cielo y caia en un des  bordamiento de luz sobre las lomas. A la sombra de estas danzaban las parejas pastoriles al son de las canciones popu  lares de la tierra. Del fondo de las tiendas brotaba el inquieto platillear de las alegres panderetas que bailaban de gozo entre las manos de las mozas agropadas en torno de las parejas de dazantes. Una de las robustas hijas del país echaba hacia atrás el pa  ñuelo de seda que caia como un cortinaje de colores chillones sobre el sonrosado de su frente, y entonaba una copla picaresca que arrancaba á las manos un aplauso y á los pechos varoniles un grito de la satisfacción colmada, un ¿aturuxo» prolongado. Al terminar el canto miraba la moza en torno suyo y sonreía á los galanes escuchando sus rendidas alabanzas que se confundían en el aire con las notas de la copla que ahora repetían las muchachas del coro acompañándose siempre con el canturrear de las bu  lliciosas panderetas. Después una nueva cantadora sustituía á la primera y se esfor  zaba en superarla, enrojeciendo por el esfuerzo y la intención de sus palabras que tras  cendía al alegre chispear de sus ojos felinos. Y otra vez el coro repetía la copla, hasta que los bailadores caían rendidos sobre el césped, riendo ellas y mirando á los hombres con malicia, rojos ellos de placer y de cansancio. Entonces del círculo que formaban las cantadoras y las mozas salían al me  dio otras parejas, y volvían, el baile á empezar, y á platillear las panderetas, enme  dio de una atmósfera candente que encendía los semblantes y lo envolvía todo en olea  das de polvo y humo que tiznaban los rostros. (1) Del cuento La Virgen de la Lantada que forma parte del libro Grandes y chicas, próximo á publi  carse. Los ciegos corrían de grupo en grupo detrás de sus desmedrados lazarillos que á duras penas se abrían paso entre la gente arrastrando á sus amos, tirándoles de una punta de la capa. Los vendedores de frutas y comidas llamaban al pasar á los romeros engatuzándoles con zalamerías y piropos. Las muchachas de rumbo de las aldeas in  mediatas discreteabaná las sombras de las tiendas coa algunos alegres señoritos que habían venido de las villas á lomos de bien enjaezados y piafantes alazanes. Y sobre las copas y los jarros, allá en el fondo de los improvisados ventorrillos, caíanlos es  pumosos vinos de la tierra, borbujeando de alegría y ánsias de chispear más tarde en las miradas brillantes de los ébrios. Y abajo allá abajo, entre las piedras puntiagudas y negras donde el mar deshacía el encaje afiligranado de sus crestas de espuma, tomaban el baño de ola las mocetonas j ay anas, las pálidas histéricas que venían á eckar el demonio el día de la fiesta el forzudo ganan que dejó el arado á la terminación del surco abierto, el viejo y el niño el labrador tostado y fornido y la aldeanita sonrosada, hombres y mujeres promiscua  dos, todos los que para eso habían venido hasta allí de luengas tierras, los hiios de los mrmfao 7 J Limarse precipitaba en fajas de espuma hacia la orilla, levantando túnicas y desnudando morvideces, besando pechos de nieve y estrechando esculturales bellezas pastoriles, tendiendo por momentos su alfombra blanquísima de aguas espumosas so  bre la fina arena esmaltada de nacáres brillantes, ó estrellándose airado en los carco  midos arre cifres á cuyos negros picos se agarraban descansando algunos osados nada  dores. Todas las miradas de las gentes de arriba convergían allá abajo. Y cuando una o. a atrevida penetraba más quedas otras en la playa, llenábase el aire de gritos y de risas, hundíanse los desprevenidos en el agua hasta el pescuezo, y una legión de blan  cos moceril tos no las lincas aMaanoc, an „1 __ __ •! 1 , . . , , , . -í , , --- O --- --- y una u« Uiaucos piececitos de las lindas aldeanas se desbandaba playa arriba huyendo á la ola eme subía, subía, nersiímifindnla.a siAmnra _ ___ ....... ........ -i , i JAIME SOLA MESTRE MIOSOTIS I ¿Te acuerdas cuando decia orilla del arroyuelo: — toma azules miosotis, colócalos en el pecho, azules son cual tus o.ios, azules son cual el cielo, ellos dicen «no me olvides» y aunque yo decirlo quiero, como sé que eres mujer tengo miedo, mucho miedo?. . 31 Hoy es Mayo, Mayo hermoso como el Mayo de aquel tiempo. El mism ) arroyo que entonces, corre entre heracleós y trébol, los alisos Sun los mismos, que oyeron tus juramentos, igual que entonces, miosotis, alegre sigo cogiendo, todo está igual... ¡todo nó! miro en torno y no te veo mas á pesar de estar solo ni lloro, ni me entristezco. Hoy tengo amada más fiel, amada en quien siempre creo. La llaman Virgen Purísima y es al que llora, Consuelo; es al que espera, Esperanza; e< al que sufre, Remedio, La llevo azules miosotis y ante su altar me prosterno, si la dig ’ o «no me olvides» ella me dice «te espero» y ante tan grata promesa que deja entrever un cielo, en oraciones fervientes santos amores la ofrezco y al ofrecerle miosotis como á tí en otro tiempo, siempre digo «en ti confio» pero nunca «tengo miedo.» iTERvoilio P. PLACER UNA PROCESION DE ALDEA B ij iuíj por el atrio 7 Delante de la Iglesia OS AK 0 RES D 4 A ROSIÑA Rosiñ' é a rapaza mais ]ind ‘ e graciosa Qu £ afollas cobixa gallego lugar: Non hai outra nena tan agarimosa Nin mais feiticeira se pod ‘ atopar. Por dentes, ten pelras; por olios, luceiros; Por beizos bermellos, roxiño coral; Y-os seus movementos son tan garruleiros Qu ‘ é a envexa de todal-as mozas do val... Pois ben: á Rosiña, Bertolo d ‘ Enxía, Amostroulle seica sen grande querer Y-a probe rapaza deixous 1 aquél dia Levar de promesas ¡6 cabo muller! Fai un mes, dos agros os dous namorados Xuntiños viraban falando do amor... D ‘ estonzas ten óla moi amoratados Os olios y-a cara baixoulle de cor. — ¿Que demos tiveche? — perguntalb a xente. — ¿Que íoi d ‘ aquil xenio qu ‘ agora non tes?... Y-a infelis neniña cliorand 4 e doente Por toda rimposta .... dá seb 1 6s seus pós. XAN PLA ZUBIRI INSTANTANEA Yigo — Paso de la artillería por la calle del Principe _ '1 Unha tarde era d ‘ aquelas d ‘ as canículas d ‘ o bran sin as brisas qu ‘ o serán sabe tnainiño traelas. E cand ‘ o sol xa non arde salen d l a casa Carmela e d ‘ o rio pol-a órela iba paseando esa tarde. A veira á veces d l o rio pasenino s ‘ achegaba y-outras o fresco buscaba d ‘ algún salgueiro sombrío. Preto d ‘ ela, recatado tamen Andrés a seguiu e n-as voltas s ‘ ascondíu d l aquel rio asosegado. Andrés ven porentr 1 os arbres qu l a moza se descalz iba e os braucos pés se rúo Haba, pés como feitos de marbrés. Algo d ‘ o cobado arriba foi as mangas recollendo, e remangada metendo as mans antr ‘ as ondas iba. Trenzas de cábelos louros d ‘ o peito lie penduraban cando suas mans sacaban d ‘ ay-auga os bran eos pelouros. Dempois de facer avio d ‘ aquelas podras redondas, correndo salen d ‘ as ondas, sentó use á veira d ‘ o rio. Vendoseestuvo uns momentos com* as angas que pasaban cal espello retrataban seus cores, seus movimentos. E cand ‘ os olios tornando fixaba sóbr 1 os cristales seus encantos virginales mais feiticeiros topaba. Pero mais fresca e garrida era par* Andrés Carmela, sintindo cal nunca o vela que d ‘ ela pend* a sua vida. / Nunca pudo maxinar que falar superan raudos aqueles brazos desnudos, aqueles pés sin calzar. E como xa non atura e a pasión ferve e reventa de sil peto í-e presenta diante d ‘ aquela hermosura. Un berro dou a rapaza cando Andrés xunto á si tiña e levantándose aguiña de fugir buscaba traza: Mais él con voz fóitieeira, agarrándolle unha man, de b¡cala con afan solo buscaba a maneira. Y ela forte com ‘ un touro, dando de pronto unha volta, co' a man que tinha solta guindoull 1 á cara un pelouro. A moza estonces repara qu ‘ Andrés queda suspendido, vendo ademáis qu ‘ está frido e o sangre saille d ‘ a cara. Mudad; a cor e terabrendo Carmela para Andrés mira e os saloucos que sospi ra as fe las U ‘ están quitan lo. --8on pequeñas estas magoas d¡ll ‘ Andrés o vela triste, meu peito, si, non resiste ver n ‘ os teus olios as vagoas. Por Dios, Carmela, ten calma, ¿que m ‘ importa est^i ferida si oufcras levo minha vida por ti sangrando n ‘ a yalma? Ti serapre de rain fugindo, ti de cote con arredo: ¿porque che da tanto medo éste amorqu 1 estou sufrindo? ¿Non vesquepor inaisqueloite por apartarse d ‘ o peito xa no encontró no meu leito asosego pol a noiie? Si aínda con inais desvio tanto amor de pagar tratas dime ¿por qué non me matas con un peloui o d ‘ o rio? — Falar Carmela precura respondendo á aquel palique — o mozo que á min me bique antes que tale c ‘ o cura; Muíler sin honestidade si hay quen a leve á o altar bendición non debe achar d' a man de ningún abade. — Ben o sei, Andrés contesta, mais non fun dono de rain: quérote, si. con bó fin, con unha pasión honesta. Tratara de boda eu cedo non adiando en ti desvío, si en tua nay eu confío, e á. ten pay non tenho medo. Quererme un pouco precura e antes d ‘ o Santo Patrón veras com ‘ a bendición xa nos bota o señor Cura. — Pois sendo asi, dille, deixa qu l esta ferida che labe e antfe nosoutro > acabe todo motivo de queixa — Y esto o decir, con un paño que sacou d ‘ a faltriqueira púxose d 1 o rio á veira a lavar le á Andrés o daño. Limpou d ‘ o sangre a ferida con un agarimo tal que non deixou mais sifial qu ‘ á piel un pouc ‘ ancendida E dempois .-o-a man sua dixo, collendo a d ‘ Andrés — vAiñonoSi mezo ¿non ves n ‘ o pinar que asoma a lúa? — Eu irei donde ti queiras, dixolle Andrés, mais repara que nunca un auga mais erara vin d ‘ este rio n ‘ as veiras. Nunca ouvin tantos paxaros cantar aqui seus amores, liin tanto cheirar as frores nin vin luceiros mais eraros. De ti misma unha rayóla sal cal si toras estrela, a y-alraa sinto, Carmela, rébulir como unha tola. Logo cando a casa virón de Carmela antr 1 os terreos, deron fin os parrafeos asi que se despediron. Mais Carmela sin desvío dixolle xa d ‘ el aparte: — Non vas, A ndrés, á lembrarte d ‘ os pelouriños d ‘ o rio? — Moza d ‘ os cábelos louros, repon, Andrés sin tardanza, ¿Quen por ter unha esperanza pode olvidar os pelourus? luis B. SEO a NE Santiago, 'S'.'S Dibujos de R. Couto