scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

El poblamiento ibérico en el Noroeste Murciano: una aproximación al oppidum de Los Villaricos a través de su patrón de asentamiento

López Mondéjar, María Leticia

Abstract

El presente trabajo pretende llevar a cabo una primera aproximación al importante oppidum de Los Villaricos (Caravaca de la Cruz, Murcia), a través del análisis de la estrategia locacional de dicho centro y de las posibilidades que ofrece un estudio de conjunto del paisaje ibérico en estos territorios del Sureste peninsular. Se intenta abordar así el papel que pudo desempeñar este asentamiento en el Noroeste murciano, prestando especial atención a los criterios que definen la organización territorial ibérica en este sector regional.

Full text

CuPAUAM 36, 2010, pp. 7-25 El poblamiento ibérico en el Noroeste Murciano: una aproximación al oppidum de Los Villaricos a través de su patrón de asentamiento. Leticia López-Mondéjar Universidad de Murcia Resumen El presente trabajo pretende llevar a cabo una primera aproximación al importante oppidum de Los Villaricos (Caravaca de la Cruz, Murcia), a través del análisis de la estrategia locacional de dicho centro y de las posibilidades que ofrece un estudio de conjunto del paisaje ibérico en estos territorios del Sureste peninsular.Se intenta abordar así el papel que pudo desempeñar este asentamiento en el Noroeste murciano, prestando especial atención a los criterios que definen la organización territorial ibérica en este sector regional. PALABRAS CLAVE: época ibérica, patrón de asentamiento, organización territorial, Murcia, Los Villaricos, Cerro de la Ermita de La Encarnación. Riassunto Il presente lavoro si presenta come un approccio iniziale all’importante oppidum di Los Villaricos (Caravaca de la Cruz, Murcia), partendo dall´analisi del suo modelo insediativo e delle posibilità che offre uno studio di insieme del paessagio iberico di questi territori del Sud-est della Penisola Iberica. Si affronta così il ruolo di questo sito nel popolamento del Nord-ovest murciano, e si approfondisce inoltre i criteri che definiscono la organizzazione territoriale iberica in quest’area regionale. PAROLE CHIAVE: età iberica, modello di insediamento, organizzazione territoriale, Murcia, Los Villaricos, Cerro de la Ermita de La Encarnación. 1. INTRODUCCIÓN. El oppidum ibérico de Los Villaricos es uno de los yacimientos más destacados de la comarca murciana del Noroeste y del Sureste peninsular. A pesar de ello, sin embargo, y aunque las noticias sobre los restos arqueológicos de este sector regional murciano se remontan a época moderna, resulta también uno de los núcleos ibéricos más desconocidos de la actual Región de Murcia, quedando tradicionalmente, y aun hoy en día, a la sombra de importantes y célebres conjuntos ibéricos como los localizados en El Cigarralejo (Mula) o Coimbra del Barranco Ancho (Jumilla). La ausencia de excavaciones en el yacimiento y la escasa información aportada por los datos obtenidos en los trabajos de urgencia realizados en su necrópolis, han contribuido, en gran medida, a dicho desconocimiento, centrándose la atención, en cambio, en el vecino Cerro de la Ermita de La Encarnación. Este santuario ibérico experimentará, durante los siglos previos al 8 Leticia López-Mondéjar CuPAUAM 36, 2010 cambio de Era, una importante transformación edilicia, convirtiéndose en uno de los yacimientos clave para comprender el desarrollo del proceso de romanización en toda este área del Sureste peninsular. Los últimos estudios que, en el marco de la arqueología del paisaje se están desarrollando en otros ámbitos ibéricos de la Península, han puesto de manifiesto la amplia información que, junto alos datos propiamente arqueológicos, procedentes, sobre todo, de los trabajos de excavación, puede aportar el análisis de la decisión locacional que define a los núcleos de este periodo y, especialmente, a aquellos centros que, como Los Villaricos, debieron jugar un papel clave en la configuración del paisaje y en la articulación del poblamiento. Sólo en el marco de dicho paisaje ibérico, y del papel que este centro desempeñaría durante el Ibérico Pleno en la comarca del Noroeste murciano, podremos comprender el modelo de control y organización territorial de esta zona, así como los cambios que experimentará el vecino santuario de La Encarnación ante la presencia romana. Desde esta perspectiva, y teniendo especialmente presente la ausencia de datos arqueológicos más concretos sobre este oppidum murciano, creemos que puede ser interesante llevar a cabo una primera aproximación al patrón de asentamiento de este centro que nos permita ir más allá, ayudándonos a comprender su papel en el conjunto del poblamiento ibérico comarcal. Si bien se trata de una cuestión no abordada hasta ahora en ninguno de los estudios que han afrontado el análisis del mundo ibérico en este área regional, puede constituir, sin embargo, y gracias a las nuevas posibilidades que ofrecen las metodologías SIG, un excelente punto de partida para aproximarnos auno de los núcleos ibéricos más destacados de todo el Sureste peninsular. Partiendo de ese objetivo principal, atenderemos a los criterios que pueden ofrecernos una imagen más precisa de la decisión locacional de este asentamiento. Analizaremos asi aquellos rasgos que definen su emplazamiento, su carácter estratégico y el control que pudo ejercer sobre los territorios, recursos naturales y ejes viarios de su entorno para comprender dicho asentamiento en el conjunto del paisaje que, desde el siglo IV a.C. se configura en el valle del Quípar. 2. EL OPPIDUM DE LOS VILLARICOS Y SU LOCALIZACIÓN EN EL TERRITORIO COMARCAL: ASPECTOS DEFENSIVOS Y ESTRATÉGICOS DE SU PATRÓN DE ASENTAMIENTO. La comarca del Noroeste, en la que se sitúa el núcleo ibérico de Los Villaricos, se ubica en el sector interior de la actual Región de Murcia, al abrigo de las Béticas, drenada por los ríos Argos yQuípar, afluentes del Segura por su margen derecha. A pesar de ser una de las áreas murcianas más alejadas del litoral, este hecho no ha impedido, durante siglos, la comunicación constante entre estas tierras interiores y dicho ámbito costero, constituyendo los citados cursos fluviales y la propia disposición de los relieves que dominan y rodean la comarca, claras vías de enlace entre el sector litoral y el mundo andaluz granadino. Si bien la comarca ofrece claros rasgos en común con el resto del territorio de la actual Región de Murcia, presenta también un carácter propio, sobre todo si atendemos a sus condiciones climáticas y geomorfológicas, que la han dotado tradicional e históricamente de una originalidad que la diferencia ampliamente de las comarcas vecinas. Dentro de ella, es quizás el área del Estrecho de las Cuevas, también conocida como Estrecho de La Encarnación, uno de los sectores clave dentro de la comarca, sobre todo si atendemos a los ejes que marcarían la circulación por estas tierras, configurándose como un punto de paso natural y obligado en el acceso al valle del Segura. Es precisamente aquí donde se ubica el que debió constituirse como uno de los principales centros ibéricos de la zona, el oppidum de Los Villaricos, sin olvidar, también, la localización del citado complejo arqueológico de La Encarnación. Dichos yacimientos no hacen sino presentar este sector del Noroeste murciano como un área fundamental para comprender la dinámica histórica y los rasgos que definen el paisaje ibérico e ibero-romano en estos territorios del interior regional (figura 1) Es este emplazamiento, en un punto de especial interés dentro de la comarca, el que tal vez defina mejor al citado oppidum,ofreciéndonos una primera aproximación al mismo. Su patrón de asentamiento, si bien estará ampliamente con- dicionado por los propios rasgos orográficos de este área murciana y por los recursos que caracterizarán su entorno más inmediato, enlaza con aquel que caracterizaría a la mayor parte de los grandes centros ibéricos del Sureste peninsular y, concretamente, del ámbito murciano, como el vecino asentamiento de Los Villares. El oppidum de Los Villaricos aparece así situado en uno de los cerros que se elevan en las inmediaciones del curso del Quípar,en el mencionado Estrecho de las Cuevas, a unos 790 metros de altitud sobre el nivel del mar y a una cota muy superior a la de las tierras circundantes. Apesar de esa posición, claramente visible y destacada en el entorno, el asentamiento se emplaza en una amplia plataforma amesetada, de unas 7 hectáreas, que permitiría el desarrollo de un hábitat de considerable extensión durante el periodo ibérico (Brotóns Yagüe, 1995: 251, nota 11). Desgraciadamente, el escaso conocimiento que aun tenemos de este centro, y la ausencia de trabajos de excavación en el mismo, no nos permiten aproximarnos a la posible organización interna del espacio habitado, si bien, en superficie, parecen advertirse estructuras de vivienda (Melgares, 1974; Ramallo Asensio y Ros Sala, 1993). Por lo que respecta a la necrópolis y al santuario que quedarían asociados a este destacado núcleo ibérico, aparecen situados en sus proximidades. La primera se localiza a una cota inferior, a unos cientos de metros al suroeste del poblado y controlada visualmente desde éste. El santuario, por su parte, se ubica en la margen derecha del río Quípar, en el mencionado Cerro de la Ermita de La Encarnación, en un área de carácter forestal, como suele ser común a este tipo de emplazamientos, donde la vegetación pudo suponer un obstáculo visual para la conexión entre este área y el oppidum (Prados Torreira, 1994: 135-137). Volviendo a Los Villaricos, llama ampliamente la atención, en el marco del paisaje comarcal, el emplazamiento elegido por este núcleo. Ubicado junto al río Quípar,el cerro sobre el que se instala el poblado, aparece rodeado de destacados sectores de pendiente, presentando un fuerte cortado en su vertiente más oriental, por donde discurre el mencionado curso CuPAUAM 36, 2010 El poblamiento Ibérico en el Noroeste Murciano... 9 Figura 1. Localización del Estrecho de La Encarnación y emplazamiento del oppidum ibérico de Los Villaricos. 10 Leticia López-Mondéjar CuPAUAM 36, 2010 fluvial formando un estrecho desfiladero entre cantiles, así como también en sus vertientes norte y noreste, donde encontramos el Barranco de Cavila. El acceso al oppidum se presenta así impracticable por los sectores señalados, siendo únicamente la ladera más occidental, en la que, además situó ya Marín de Espinosa la posible entrada al espacio de hábitat, la que ofrece una mayor facilidad de acceso (Marín De Espinosa, 1856 (reed. 1975): 12-13; Melgares, 1974; Ramallo Asensio y Ros Sala, 1993: 69-70). A pesar de ello, esas dificultades de acceso, así como la elevada cota a la que este centro se sitúa en relación a las tierras de su entorno, le confieren, sin embargo, otras ventajas: unas óptimas posibilidades defensivas y un amplio dominio visual de las tierras, recursos, ejes viarios y asentamientos de su entorno. Por lo que respecta a esta última cuestión, y si atendemos a la amplia cuenca visual de este centro, se advierte claramente que debió ejercer un claro control visual de gran parte de las tierras aptas para las actividades agrícolas que se extienden en este sector comarcal (figura 2). No podemos olvidar además, en este sentido, que este área, en la que los cursos fluviales del Argos y del Quípar se localizan más próximos y en la que encontramos múltiples manantiales que favorecen el regadío, es precisamente una de las que ofrecen mayores posibilidades de explotación agropecuaria de todo el ámbito comarcal, siendo en ella en la que se han concentrado tradicionalmente este tipo de actividades (Alías, 1991; Madoz, 1850 (reed. 1989)). Junto a ese amplio y rico sector de altiplanos, el núcleo emplazado en Los Villaricos lograría, además, un importante control visual de la ruta de comunicación natural que siguiendo el cauce de los citados cursos fluviales y atravesando las fértiles altiplanicies señaladas, alcanzaría las tierras andaluzas, enlazando de este modo el ámbito granadino con el valle del Segura y con el propio litoral levantino. Figura 2. Cuenca visual del oppidum de Los Villaricos. CuPAUAM 36, 2010 El poblamiento Ibérico en el Noroeste Murciano... 11 La visibilidad de este centro quedará así únicamente limitada en dirección norte y noreste, debido sobre todo a las alturas que presentan las sierras de Las Cabras y de Burete, y al más que probable predominio de los espacios forestales que, como veremos, pudo caracterizar toda este área situada en la margen derecha del Quípar (Rivera, Obón y Asencio, 1988: 321-325; Alías Pérez, 1991). Desde este punto de vista, el emplazamiento parece responder a unos intereses concretos y, en este sentido, debemos suponer que existirían determinados sectores cuyo control debió ser primordial para el citado oppidum.Si atendemos asu cuenca visual ésta comprende, en un radio de 8kilómetros, todo el valle medio-alto del Quípar, el sector situado al suroeste del yacimiento y la rambla de Tarragoya. En este último, como hemos indicado, se concentran las tierras más aptas para la explotación agrícola y por él discurre la ruta natural de comunicación entre el área de Cehegín y los territorios granadinos, siguiendo probablemente un trazado similar al que hoy en día muestra la carretera que alcanza, desde Caravaca de la Cruz, el entorno de la población de Barranda. Junto a esa ruta principal, desde el oppidum se tendría también un importante control visual de las numerosas rutas ganaderas que discurren por la comarca del Noroeste murciano, entre ellas las que atraviesan todo este sector de altiplanos de Singla y Pinilla, y las que se dirigen a Archivel y hacia tierras lorquinas, atravesando el área de Campo Coy (figura 3). En cuanto al segundo de los aspectos apuntados, referido a las condiciones defensivas que caracterizan el patrón de asentamiento de este centro, su estrategia locacional le proporcionaría, como hemos señalado, una excelente protección natural gracias a las fuertes pendientes de su entorno. Ésta queda completada, además, con la construcción de una amplia muralla, de más Figura 3. Rutas de comunicación y vías pecuarias que discurren en las proximidades del Estrecho de las Cuevas y del oppidum de Los Villaricos. 12 Leticia López-Mondéjar CuPAUAM 36, 2010 de 350 metros de longitud, formada por un doble paramento de piedras irregulares, relleno de tierra y de otras de menor tamaño. Si atendemos a la tipología definida por P. A. Lillo, el oppidum que nos ocupa se engloba entre aquellos centros ibéricos regionales que completan sus condiciones defensivas con la construcción de un ‘cinturón’ en los sectores de más fácil acceso (Melgares, 1974: 174-181; Lillo, 1981: 15-17; Ramallo y Ros, 1993). Este tipo de fortificaciones disminuyen además en calidad, según P. A. Lillo, a partir de mediados del siglo IV a.C., siendo de mayor envergadura durante la fase más antigua del mundo ibérico regional. En este sentido, quizás sea uno de los más representativos el caso de Los Villaricos y del vecino oppidum de Los Villares. Éste, situado al otro lado del curso del Quípar, presenta en superficie una imponente muralla, completada con torres cuadradas distribuidas a lo largo de la misma (Ramallo y Ros, 1993: 69-70; García e Iniesta, 1984: 72-74). En general, serán fundamentalmente los grandes núcleos de población los que ofrecerán este tipo de estructuras defensivas, tal y como se observa en la propia comarca del Noroeste regional, donde únicamente centros como el que ahora nos ocupa o el vecino oppidum de Los Villares aparecen caracterizados por esas murallas. Junto a ellos, sin embargo, no podemos olvidar la presencia de ciertas excepciones, como el poblado de Los Molinicos, en Moratalla, cuyas estructuras defensivas ofrecen claros paralelos con las del área andaluza turdetana y cuya cronología, carácter y entidad parecen alejarlo de los rasgos que definen al núcleo instalado en Los Villaricos (Lillo, 1993: 27-50). Dejando a un lado el caso de Los Molinicos, el carácter funcional de este tipo de estructuras es también claro en la mayor parte de los oppida murcianos, en los que parecen adaptarse a la propia topografía natural del terreno, localizándose en aquellas áreas más desprotegidas del yacimiento. A pesar de ello, y aunque se ha valorado especialmente ese carácter práctico que, por otro lado, es más que claro en todos los casos, no podemos descartar el papel simbólico que dichas fortificaciones pudieron desempeñar en el marco espacial en el que se establecen estos centros (Lillo, 1981: 11-14 y 1985: 277; Grau, 2004: 6872; Moret, 2003: 177-180). Dicho papel, tendría también probablemente un cierto protagonismo en el caso de Los Villaricos, especialmente si atendemos a la entidad de este centro y al hecho de que sea el único núcleo comarcal, dejando a un lado el vecino oppidum de Los Villares, que ofrece este tipo de defensas. En este sentido, el propio panorama que ofrece el poblamiento ibérico en este ámbito regional pone de manifiesto la importancia del oppidum de Los Villaricos en el valle. El carácter secundario de esos otros centros, carentes de defensas, y su escasa entidad frente al citado oppidum,apunta a este núcleo como aquel que se situaría a la cabeza del territorio y de esos establecimientos rurales, cuyo patrón de asentamiento, refleja su interés por la explotación agropecuaria del entorno y unas escasas posibilidades defensivas que, en la mayor parte de los casos. De este modo, y si atendemos a los rasgos apuntados en relación a su estrategia locacional, el oppidum de Los Villaricos debió funcionar así, frente a estos centros, como el núcleo principal, articulador y organizador de todo el poblamiento de este área interior murciana. Partiendo de su destacada posición en el conjunto del poblamiento ibérico de los valles del Argos y el Quípar durante los siglos IV-III a.C., y también en conexión con esas defensas artificiales, no podemos descartar el interés de este asentamiento en ‘ser visto’, constituyendose como punto de referencia en el paisaje comarcal (Criado, 1999: 18-19; Grau, 2004: 68-72; Mañana, Blanco y Ayán, 2002: 38-39). En este sentido, sus murallas vuelven a ofrecer un carácter simbólico junto al meramente funcional, confirmándose además ese interés por la elección de un emplazamiento, como el indicado, predominante en el paisaje. A ello debemos añadir la propia continuidad de Los Villaricos tras la llegada romana al Sureste peninsular,aspecto que también puede interpretarse en esta misma línea. No podemos olvidar el interés de Roma por mantener el status quo en estos primeros momentos de su presencia en la Península Ibérica. Así favorecerá la continuidad, como se ha apuntado para otras áreas ibéricas peninsulares, de aquellos centros que pudieron funcionaron desde el periodo anterior como núcleos organizadores a nivel territorial, y en los que residió la elite indígena que se hallaba a la cabeza de estos territorios. Este hecho es también una de las claves que quizas expliquen la pervivencia de este oppidum hasta época imperial, así como la transformación edilicia que experimentará el santuario ibérico vincu- CuPAUAM 36, 2010 El poblamiento Ibérico en el Noroeste Murciano... 13 lado a él, en el vecino Cerro de la Ermita de La Encarnación. Si a todo ello sumamos, además, la localización de Los Villaricos junto a uno de los principales ejes naturales de comunicación de la comarca, tal y como demuestran la dispersión de las importaciones áticas e itálicas y la propia distribución del poblamiento a lo largo de la misma (Brotóns, 1995: 252-253; Brotóns y Murcia, 2008; Adroher y López, 2004: 97-110; Quesada, 1992: 66 y 2001-2002: 17-18; Quesada y Martínez, 1995: 248-249), debemos apuntar al claro interés de este centro por mostrarse como núcleo de referencia de toda este área. No olvidemos, en este sentido, que será precisamente en las proximidades de esa ruta natural de enlace entre las tierras andaluzas y el valle del Segura, donde se situará la mayor parte de los centros ibéricos e ibero-romanos documentados en este área regional, hecho que favorecerá, al mismo tiempo, la conexión visual entre el oppidum yesos establecimientos de segundo orden dispersos por el valle. En cualquier caso, y al margen del posible valor simbólico de las murallas de este centro, parece claro que la presencia romana en la comarca pone de manifiesto el carácter estratégico de dicho núcleo. Si bien la mayor parte de los establecimientos que aparecen dispersos en los valles del Argos y el Quípar a lo largo de los siglos IVIII a.C., parece abandonarse en estos momentos, el oppidum de Los Villaricos muestra una clara continuidad. A diferencia de otras áreas del Sureste donde el siglo II a.C. supondrá la desaparición y el declive paulatino de muchos de los grandes centros ibéricos del periodo anterior, en el Noroeste regional vemos una permanencia de este centro que además pudo incluso desarrollar, tal y como se ha planteado, un posible papel estratégico durante los conflictos desarrollados en la zona entre partidarios de César y Pompeyo (Brotóns y Murcia, 2008: 50-64). En este sentido, no podemos olvidar los dos castella localizados en la comarca, en las proximidades de las actuales poblaciones de Barranda y Archivel (Brotóns yMurcia, 2008: 50-64), destinados a lograr el control de la vía de acceso a Andalucía a través de estas tierras. Ambos pondrían de manifiesto la continuidad de dicha ruta al menos hasta el siglo Ia.C., ofreciendo, además, una clara conexión visual con el oppidum. Finalmente, la citada transformación edilicia durante el periodo ibero-romano del santuario vinculado al mismo, presenta también a Los Villaricos como un centro fundamental para comprender la integración de este área en la órbita de Roma. Todo ello confirma el carácter estratégico del asentamiento tanto en época ibérica como durante esas centurias previas al cambio de Era. En definitiva, la búsqueda de un emplazamiento próximo a las rutas de comunicación e intercambio constituye, junto a ese interés defensivo y por lograr una posición destacada en el territorio, un criterio fundamental para comprender la decisión locacional de este asentamiento, al igual que ocurre con algunos de los grandes núcleos ibéricos del Sureste peninsular, como el propio Tolmo de Minateda y el oppidum de Piedra de Peñarrubia, que ejercería un destacado control en el acceso al área de Castulo (Sanz Gamo, 1999: 281-284). 3. CRITERIOS ECONÓMICOS EN LA DECISIÓN LOCACIONAL DEL OPPIDUM DE LOS VILLARICOS. Sin olvidar los criterios apuntados y el papel que aspectos como los defensivos y estratégicos pudieron jugar en la elección de este emplazamiento, debemos plantear también, para lograr una visión más completa de su patrón de asentamiento, la importancia que otros factores desempeñaron, como aquellos de tipo económico. Si bien es cierto que no podemos dar un valor principal a los aspectos económicos ni hacerlos extensivos a la totalidad de los asentamientos (Hodder y Orton, 1999: 251-253 y 256-258), lo cierto es que, como se ha apuntado, ni los individuos ni las culturas parecen interesarse por lo general por territorios incapaces de satisfacer sus necesidades primarias y garantizar, en cierto modo, la supervivencia de la comunidad. Esto significa, para el ser humano, disponibilidad de agua, tierras, etc. (Macchi, 2001: 9). La mayor parte de los estudios que han abordado el análisis de los paisajes ibéricos y los rasgos que definen el patrón de asentamiento de los principales centros conocidos durante este periodo en el levante y sur peninsular apuntan al interés de estos núcleos por localizarse en áreas que no sólo les permitirían una posición estratégica, sino también, una amplia explotación de las tierras yrecursos del entorno capaz de mantener a una población más o menos numerosa. El escaso poblamiento documentado en las proximidades de Los Villaricos, como parece advertirse también en el entorno de otros núcleos 14 Leticia López-Mondéjar CuPAUAM 36, 2010 del Sureste, como el Cerro del Castillo de Lorca, yla aparente ausencia de posibles establecimientos rurales de carácter secundario que pudiesen funcionar como centros destinados a la explotación de estos territorios, debe probablemente implicar una explotación directa de esas tierras más próximas al oppidum por sus habitantes (Ruiz, 1987, 9-20). Desde este punto de vista el acceso a los posibles recursos naturales de su entorno constituye, junto a los criterios señalados, un factor más que nos aproximaría al patrón de asentamiento de este núcleo y, en general, a los rasgos que pudieron definir el modelo de explotación económica en este sector del Noroeste murciano. Las fuertes pendientes que caracterizan, como hemos apuntado, el entorno más inmediato del asentamiento de Los Villaricos, y especialmente su sector más oriental, condicionan en gran medida el acceso que los habitantes del mismo debieron tener a las tierras y recursos que se localizan en las inmediaciones del oppidum.El área de captación teórica del asentamiento quedaría así reducida, debido a la orografía que define el entorno del yacimiento. En el intervalo de una hora de camino, alcanzaría una distancia máxima de poco más de 4 kilómetros, frente a los teóricos 5 kilómetros que corresponderían a un terreno llano y sin dificultades para el tránsito. Este intervalo será todavía menor, e inferior incluso a los 3 kilómetros, en dirección noreste y sureste, donde se localizan aquellos sectores con pendientes más destacadas. El área total que quedaría encuadrada en esa isocrona de una hora de camino en torno al yacimiento, ofrece una extensión amplia, llegando a superar las 2800 hectáreas (figura 4). La mayor parte de los grandes núcleos ocupados durante el Ibérico Pleno y localizados en el territorio murciano se caracterizan por presentar áreas de captación teóricas que abarcan, en general, y a pesar en muchos casos de sus posiciones estratégicas e inaccesibles, amplias zonas de su entorno. Aun así, dichas extensiones varían ampliamente en función de las propias características orográficas del sector regional en el que se emplazan, tal y como se observa también, Figura 4. Mapa de pendientes en el entorno del Los Villaricos y extensión del área de captación económica del yacimiento. CuPAUAM 36, 2010 El poblamiento Ibérico en el Noroeste Murciano... 15 entre los vecinos centros ibéricos alicantinos de este mismo periodo. En este sentido, los estudios desarrollados en los valles de L’Alcoià y El Comtat muestran, para el Ibérico Pleno, territorios de explotación con extensiones que se sitúan entre las 2000 y las 400 hectáreas, advirtiéndose así la presencia de centros con amplias áreas de captación como es el caso de La Ermita de Planes, el Puig y el Castellar, frente a otros situados muy por debajo de esas cifras (Grau, 2002: 145-160). Volviendo al área murciana, dichas superficies oscilan entre las casi 3000 hectáreas del Cabezo del Tío Pío, en Archena, y las aproximadamente 1300 de Coimbra del Barranco Ancho de Jumilla, situándose a la cabeza núcleos como El Cigarralejo de Mula, Bolbax en Cieza, Las Cabezuelas de Totana y el Cerro del Castillo de Lorca, con una extensión de más de 2500 hectáreas. Tan sólo poblados y establecimientos de entidad secundaria, como algunos de los localizados en el propio Noroeste murciano, o el centro ubicado en Los Molinicos, cuyo desarrollo además cabría situar en un momento anterior a mediados del siglo IV a.C., ofrecen un área de captación más amplia, claramente en conexión con su carácter agropecuario y, en ocasiones, con su posición alejada de las principales rutas y ejes viarios de este periodo (Lillo, 1993). De este modo, podríamos decir que el núcleo de Los Villaricos se encontraría entre aquellos oppida ibéricos del Sureste peninsular que presentarían un acceso más amplio a las tierras y recursos agropecuarios del entorno. Éstos constituirían, si atendemos al patrón de asentamiento que presentan los centros mencionados y a los propios datos arqueológicos que han ofrecido muchos de ellos, la base de la economía de la mayor parte de estos grandes núcleos ibéricos murcianos. En este sentido, yacimientos como Bolbax, el Cerro del Castillo de Lorca o Las Cabezuelas de Totana, desarrollaron una economía que aprovecharía al máximo las posibilidades agropecuarias y forestales del entorno, definida además, probablemente, por la presencia de un excedente agrícola que pudo distribuirse a través de las diversas vías de intercambio y rutas naturales en las que quedarían insertos muchos de estos destacados asentamientos (Santos, 1994: 43-47; Lillo, 1981: 71 y 1985: 277-278; García e Iniesta, 1984: 71 y 74-75; Grau, 2000: 39-40; Chapa y Mayoral, 1998: 65-67). Volviendo al núcleo de Los Villaricos, y si atendemos de forma más concreta al área de captación inmediata de este centro, es decir, a aquella que quedaría englobada en un radio teórico de 2 kilómetros, vemos sin embargo que sería mucho más reducida. No alcanza las 300 hectáreas de extensión, hecho que necesariamente debemos poner en conexión con las dificultades de acceso señaladas para este yacimiento, que condicionan ampliamente la movilidad en aquel sector más próximo al mismo, donde las pendientes son más acusadas. Así, es realmente a partir de la isocrona de 30 minutos cuando la pendiente del terreno comienza a ser más fácil de salvar, siendo posible de este modo acceder a un área mucho más amplia en un tiempo más reducido. Este cambio entre ambos intervalos apunta, claramente, a la necesidad de un desplazamiento mínimo de media hora por parte de los habitantes de este asentamiento para acceder a aquellas tierras más aptas para las actividades agropecuarias, y en las que podrían desarrollarse más ampliamente las labores agrarias por parte de la población residente en dicho centro. Estos territorios, además, se localizan en su mayor parte al oeste y suroeste del oppidum,áreas a las que, como hemos indicado, el acceso desde el asentamiento debió ser mucho más fácil. Además, tal y como ya senaló Marín de Espinosa en función de los datos de superficie observados, es en dicho sector donde pudo localizarse el acceso al recinto del hábitat (Melgares, 1974: 45-48; Marín de Espinosa, 1856 (reed. 1975): 12-13). Más dificultades ofrece el acceso a aquel sector situado al otro lado del curso del Quípar. Las fuertes pendientes que enmarcan el cauce del río limitan la movilidad, requiriéndose así mayores costes de desplazamiento por parte de los habitantes de Los Villaricos para acceder a dicho área. Resulta interesante, en este sentido, advertir que la mayor parte de las tierras que quedan localizadas en ese sector oriental, en el entorno del vecino cerro de Los Villares y del Santuario del Cerro de la Ermita de La Encarnación, son fundamentalmente de carácter forestal. Su aprovechamiento en este caso, posiblemente para el desarrollo de actividades de tipo cinegético así como relacionadas con la explotación ganadera oforestal, pudo así otorgar a éstas un carácter secundario frente al interés que despertarían aquellas zonas de más fácil acceso, en las que se 22 Leticia López-Mondéjar CuPAUAM 36, 2010 partida para abordar un estudio del poblamiento ibérico en este ámbito regional, y logrando una primera aproximación a uno de los núcleos más destacados del Sureste peninsular. Como hemos señalado, su claro carácter estratégico, su extensión, su emplazamiento sus defensas naturales y artificiales, el área de culto vinculada a él, sus posibilidades económicas y el control que ejercerá sobre toda este área comarcal y sobre el resto de los núcleos documentados en ella, hacen de él el yacimiento clave para comprender el desarrollo del mundo ibérico en toda este área, y apuntan claramente a su importante papel en el marco del territorio comarcal. En este sentido, la actuación romana en este sector murciano, marcada por el desarrollo que experimenta el santuario del Cerro de la Ermita de La Encarnación, demuestra que Roma supo comprender desde el primer momento, el papel de este centro en el territorio. Sólo así se entiende el interés romano tanto por asegurar la continuidad del oppidum,siendo el único núcleo ibérico de todo el valle que se mantendrá hasta época imperial, como por consolidar simbólicamente este yacimiento a través de la transformación edilicia que desarrollará en su santuario (Ramallo, 1991: 63 y 1993: 133; Ramallo, Noguera y Brotóns, 1998: 11-69; Moneo, 2003: 157 y 341-344). BIBLIOGRAFÍA ADROHER AUROUX, A. M. y LÓPEZ MARCOS, A. (Dir.) (2004): El territorio de las altiplanicies granadinas entre la Prehistoria y la Edad Media: arqueología en Puebla de Don Fadrique (1995-2002).Sevilla. AGUAYO DE HORNOS, P. y SALVATIERRA CUENCA, V. (1987): “El poblamiento ibérico en las altiplanicies granadinas”. Iberos. Actas de las primeras Jornadas sobre el Mundo Ibérico (Jaén, 1985),229-238. Jaén. ALÍAS PÉREZ, L. J. (Dir.) (1991): Proyecto LUCDEME. Mapa de suelos. Escala 1:100.000. Caravaca - 910.Madrid. BLASCO BOSQUED, C. (2001): “El poblamiento en las cuencas de los ríos Duero y Tajo durante la Edad del Hierro”. BERROCAL-RANGEL, L. y GARDES, P.(Coord.): Entreceltas e íberos. Las poblaciones protohistóricas de las Galias e Hispania,201-212. Madrid. BONILLA MARTOS, A. L. (2004): “Poblamiento y territorio en el Suroeste de la provincia de Jaén en época ibérica”. Arqueología y Territorio 1, 119-133. BROTÓNS YAGÜE, F. (1995): “El poblamiento romano en el valle alto del Quípar (Rambla de Tarragoya), Caravaca de la Cruz (Murcia)”. NOGUERA CELDRÁN, J. M. (Coord.): Poblamiento rural romano en el Sureste de Hispania. (Actas de las Jornadas celebradas en Jumilla el 8 al 11 de noviembre de 1993),247274. Murcia. BROTÓNS YAGÜE, F. (2009): “La necrópolis tumular ibérica de “El Villar de Archivel” (Caravaca de la Cruz-Murcia)”. Actas del I Congreso Internacional de Arqueología Ibérica Bastetana (Baza, 7 - 10 mayo de 2008).Baza. BROTÓNS YAGÜE, F. y MURCIA MUÑOZ, A. J. (2008): “Los castella tardorrepublicanos de la cuenca alta de los ríos Argos y Quípar (Caravaca, Murcia). Aproximación arqueológica ehistórica”. Del imperium de César a la avctoritas de Augusto. Anejos del Archivo Español de Arqueología XLVII, 49-66. BURILLO MOZOTA, F. (1982): “Modelos sobre la utilización del medio geográfico en época ibérica en el valle medio del Ebro”. Memorias de Historia Antigua III-1979, 31-45. CASTRO LÓPEZ, M. y GUTIERREZ SOLER, L. (2001): “Conquest and Romanization of the upper Guadalquivir valley”. Italy and the West. Comparative issues in Romanization,145-160. Oxford. CHAPABRUNET,T. y MAYORAL HERRERA, V. (1998): “Explotación económica y fronteras políticas: diferencias entre el modelo ibérico y el romano en el límite entre la Alta Andalucía y el Sureste”. Archivo Español de Arqueología 71, 63-77. CIAMPOLTRINI, G. y ANDREOTTI, A. (2002): “Dalla preistoria all’età romana: archeologia del territorio”. CECCARELLI LEMUT, M. L. y GARZELLA, G. (a cura di): Un territorio all’incrocio di vie di terra e d’acqua: Bientina dall’Antichità al Medioevo,55-60. Pisa. CRIADO BOADO, F.(1999): Del Terreno al Espacio: Planteamientos y perspectivas para la Arqueología del Paisaje,CAPA6. Santiago de Compostela. CULTRARO, M. (2005): “Dimore sacre e luoghi del tempo: Appunti per uno studio della percezione dello spazio sacro nella Sicilia dell’Antica Età del Bronzo”. Papers in Italian Archaeology VI. Communities and settlements from the Neolithic to the Early Medieval Period. Proceedings of the 6 Conference of Italian Archaeology held at the University of Groningen, Groningen Institute of Archaeology, The Netherlands, April 15-17, 2003. Volume I, BAR International Series 1452 (II),588-595. D’ERCOLE, V., DI GENNARO, F. y GUIDI, A. (2002): “Valore e limiti dei dati archeologici nella definizione delle linee di sviluppo delle comunità protostoriche dell’Italia centrale”. MOLINOS, M. y ZIFFERERO, A. (a cura di): Primi popoli d’Europa. Proponte e riflessioni sulle origini della civiltà nell’Europa mediterranea,111-126. Florencia. DE LUCIA BROLLI, M. A. (1991): L’agro Falisco. Roma. FÁBREGA ÁLVAREZ, P.(2004): Poblamiento y territorio de la Cultura Castreña en la comarca de Ortegal,CAPA19. Santiago de Compostela. GARCÍA CANO, J. M. (1992): “Las necrópolis ibéricas en Murcia”. BLÁNQUEZ PÉREZ, J. y ANTONA, V. (Coord.): Congreso de Arqueología Ibérica: Las necrópolis,313-347. Madrid. GARCÍACANO, J. M. e INIESTASANMARTÍN, A. (1984): “Hipótesis sobre el desarrollo histórico de la cultura ibérica en el noroeste de la Región de Murcia”. Anales de la Universidad de Murcia, Filosofía y Letras XLII, 3-4, 71-76. GRAU MIRA, I. (2000): “Continuidad y cambio en la trama urbana del Conventus Carthaginensis durante el proceso de romanización”. Anales de Prehistoria y Arqueología. Universidad de Murcia 16, 33-51. GRAU MIRA, I. (2002): La organización del territorio en el área central de la Contestania Ibérica. Alicante. GRAU MIRA, I. (2004): “La construcción del paisaje ibérico: aproximación SIG al territorio protohistórico de la Marina Alta”. Saguntum (P.L.A.V.) 36, 61-75. HODDER, I. y ORTON, C. (1999): Análisis espacial en arqueología.Barcelona. LILLO CARPIO, P. A. (1981): El poblamiento ibérico en Murcia.Murcia. LILLO CARPIO, P. A. (1985): “La cultura ibérica en tierras murcianas”. Arqueología del País Valenciano: panorama y perspectivas. Anejo a Lucentum,273-280. Alicante. LILLO CARPIO, P. A. (1993): El poblado ibérico de Los Molinicos. Moratalla (Murcia).Murcia. MACCHI JÁNICA, G. (2001): “Sulla misurazione delle forme d’occupazione sociale dello spazio medievale”. Archeologia Medievale XXVIII, 7-21. MADOZ, P.1850 (reed. 1989): Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultramar.Región de Murcia. Murcia. MAÑANABORRAZÁS, P., BLANCO ROTEA, R. y AYÁN VILA, X. M. (2002): Arqueotectura 1: bases teórico-metodológicas para una arqueología de la arquitectura, TAPA25. ACoruña. MARÍN DE ESPINOSA, A. (1856 (reed. 1975)): Memorias para la historia de la ciudad de Caravaca.Barcelona. MARÍN RUBIO, E. (2004): “Una hipótesis sobre la organización del territorio en época ibérica en la cuenca del río Algarra”. Saguntum (P.L.A.V.) 36, 77-96. MELGARES GUERRERO, A. (1974): La carta arqueológica del término municipal de Caravaca de la Cruz.Universidad de Murcia. Tesis de Licenciatura inédita. MONEO, T. (2003): Religio Iberica. Santuarios, ritos y divinidades (siglos VII-I a.C.),Biblioteca Archaeologica Hispana n. 20. Madrid. MONEO, T. y ALMAGRO-GORBEA, M. (1998): “Santuarios y elites ibéricas”. ARANEGUI GASCÓ, C. (Ed.): Actas del Congreso Internacional. Los Iberos. Príncipes de occidente,93-98.Barcelona. MORET, P. (2003): “Fortifications ibériques tardives et défense du territoire en Hispaine Citérieure”. MORILLO, A. et al.(Coord.): Defensa y territorio en Hispania de los Escipiones a Augusto. Actas del coloquio celebrado en la Casa de Velázquez (19-20 marzo 2001),159-183. Universidad de León / Casa de Velázquez. ONGIL VALENTÍN, M. I. (1986): “Centros de poder yredistribución en época prerromana”. Norba nº 7, 163-166. CuPAUAM 36, 2010 El poblamiento Ibérico en el Noroeste Murciano... 23 24 Leticia López-Mondéjar CuPAUAM 36, 2010 PRADOS TORREIRA, L. (1994): “Los santuarios ibéricos. Apuntes para el desarrollo de una Arqueología del Culto”. Trabajos de Prehistoria 51, 1, 127-142. PRADOS TORREIRA, L., MOLINA LÓPEZ, E. y ALVAREZ MORALES, C. (1991): “Las transformaciones del paisaje agrario en época histórica: estudio de las fuentes documentales”. LÓPEZ GARCÍA, P. (Ed.): El cambio cultural del IV al II milenios a.C. en la comarca Noroeste de Murcia, vol. 1, 275-313. Madrid. QUESADASANZ, F. (1992): “El casco de Almaciles (Granada) y la cuestión de los cascos de tipo ‘Montefortino’ en la Península Ibérica”. Verdolay 4, 65-73. QUESADA SANZ, F. y MARTÍNEZ, A. (1995): “Un lote de armas procedente del yacimiento de Carranza (Huéscar de Granada) y la cuestión de las vías de comunicación entre Granada y Murcia”. Verdolay 7, 239-250. RAMALLO ASENSIO, S. F.(1991): “Un santuario de época tardorrepublicana en la Encarnación, Caravaca, Murcia”. Templos romanos en Hispania. Cuadernos de Arquitectura romana 1, 39-65. Murcia. RAMALLO ASENSIO, S. F. (1993): “La monumentalización de los santuarios ibéricos en época tardo-republicana”. Ostraka (Rivista di Antichità) II, 1, 117-144. RAMALLO ASENSIO, S. F. y ROS SALA, M. M. (1993): Itinerarios arqueológicos de la Región de Murcia.Murcia. RAMALLO ASENSIO, S. F., NOGUERA CELDRÁN, J. M. y BROTÓNS YAGÜE, F. (1998): “El Cerro de los Santos y la monumentalización de los santuarios ibéricos tardíos”. Revista de Estudios Ibéricos 3, 11-69. RECIO RUIZ, A. (2002): “Formaciones sociales ibéricas en Málaga”. CRUZ ANDREOTTI, G., et al.(Coord.): Mainake. Colonizadores e Indígenas en la Península Ibérica XXIV, 35-81. Málaga. RIVERA NUÑEZ, D., OBON DE CASTRO, C. y ASENCIO MARTÍNEZ, A. (1988): “Arqueobotánica y paleoetnobotánica en el Sureste de España. Datos preliminares”. Trabajos de Prehistoria 45, 317-334. RUESTES I BITRIÀ, C. (2006): “El poblamiento ibérico y romano en la Layetania litoral (del río Besòs a la Riera de Teià). Aplicación arqueológica de un SIG”. GRAU MIRA, I. (Ed.): La aplicación de los SIG en la arqueología del paisaje,227-246. Alicante. RUIZ RODRÍGUEZ, A. (1987): “Ciudad y territorio en el poblamiento ibérico del Alto Guadalquivir”. Los asentamientos ibéricos ante la romanización (27-28 febrero 1986),9-21. Madrid. RUIZ RODRÍGUEZ, A. (1999a): “Los Iberos del Alto Valle del Guadalquivir”. SALVATIERRA, V. y RÍSQUEZ, C. (Ed.): De las sociedades agrícolas a la Hispania romana. Jornadas Históricas del Alto Guadalquivir,61-79. Jaén. RUIZ RODRÍGUEZ, A. (1999b): “Origen y desarrollo de la aristocracia en época ibérica, en el alto Valle del Guadalquivir”. Les Princes de la Protohistoire et l’émergence de l’état. Actes de la table ronde internationale organisée par le Centre Jean Bérard et l’École française de Rome, Naples, 27-29 octobre 1994,97-106. Nápoles-Roma. RUIZ RODRÍGUEZ, A., et al.(2001): “El modelo político del pago en el alto Guadalquivir (s. IVIII a.n.e.)”. Territori politic i territori rural durant l’edat del Ferro a la Mediterrània Occidental, Actes de la Taula Rodona celebrada a Ullastret,11-22. Girona. RUIZ RODRÍGUEZ, A. y MOLINOS MOLINOS, M. (1993): Los iberos. Análisis arqueológico de un proceso histórico.Barcelona. RUIZ RODRÍGUEZ, A. y MOLINOS MOLINOS, M. (1999): “Las primeras aristocracias iberas del valle del Guadalquivir: territorios nucleares yformas sociales de clientela”. Ostraka (Rivista di Antichità) 8, 221-238. RUIZ RODRÍGUEZ, A. y SANMARTÍ, J. (2003): “Models comparats de poblament entre els ibers del nord i del sud”. Territoris Antics a la Mediterrània i a la Cossetània oriental,39-57. Barcelona. SAN NICOLÁS DEL TORO, M. (1987): “Excavación de urgencia en la necrópolis ibérica de ‘Casa Nieves’ (La Encarnación, Caravaca)”. Excavaciones y Prospecciones Arqueológicas,181-182. Murcia. SANTOS VELASCO, J. A. (1992): “Territorio económico y político del sur de la Contestania Ibérica”. Archivo Español de Arqueología 65, 33-47. SANTOS VELASCO, J. A. (1994): Cambios sociales yculturales en época ibérica: el caso del Sureste.Madrid. SANZ GAMO, R. (1999): “De los oppida ibéricos a las ciudades romanas en el territorio de la provincia de Albacete”. XXIV Congreso Nacional de Arqueología (Cartagena, 1997) 4, 281-284. VITALI, D. (1983): “La valle dell’Idice tra V e II secolo a.C.”. Monterenzio e la valle dell’Idice. Archeologia e storia di un territorio,83-86. Casalecchio di Reno. CuPAUAM 36, 2010 El poblamiento Ibérico en el Noroeste Murciano... 25