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Iglesias y dinámicas sociopolíticas en el paisaje gallego de los siglos V-VIII

Sánchez Pardo, José Carlos

Abstract

A partir de la recopilación y análisis previo de las evidencias arqueológicas conocidas sobre edificios eclesiásticos en Galicia entre el fin del Imperio romano y la consolidación del Reino Astur y de su papel en el paisaje, se reflexiona aquí sobre los procesos sociales que estas fundaciones parecen reflejar en cada momento. El objetivo principal no es tanto el de ofrecer un estudio exhaustivo de la sociedad ni la vida eclesiástica de este período, sino el de reflexionar desde una perspectiva amplia y comparativa sobre el significado e importancia de las fundaciones de iglesias entre los siglos V y VIII en esta zona «periférica» del mundo tardoantiguo y altomedieval. Desde esta perspectiva podemos distinguir dos grandes etapas que corresponden, aproximadamente, a dos grandes procesos y contextos históricos. En primer lugar, el apogeo de los poderes supralocales, especialmente episcopales, en relación con la pervivencia de las estructuras socioeconómicas tardorromanas, y su control de la construcción de iglesias hasta aproximadamente la mitad del siglo VII. Posteriormente, el definitivo fin del paisaje tardorromano y la fragmentación política que lo acompaña sacarán a la luz un mayor protagonismo de las élites locales en la creación de iglesias. Este cambio se representa principalmente en la figura de los monasterios, como focos de estabilización en esta etapa de transición sociopolítica.

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Hispania, 2013, vol. LXXIII, nº. 243, enero-abril, págs. 11-50 ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368, doi: 10.3989/hispania.2013.001 Iglesias y dinámicas sociopolíticas en el paisaje gallego de los siglos V-VIII José Carlos Sánchez Pardo Universidad de Santiago de Compostela RESUMEN: A partir de la recopilación y análisis previo de las evidencias arqueológicas conocidas sobre edificios eclesiásticos en Galicia entre el fin del Imperio romano y la consolidación del Reino Astur y de su papel en el paisaje, se reflexiona aquí sobre los procesos sociales que estas fundaciones parecen reflejar en cada momento. El objetivo principal no es tanto el de ofrecer un estudio exhaustivo de la sociedad ni la vida eclesiástica de este período, sino el de reflexionar desde una perspectiva amplia y comparativa sobre el significado e importancia de las fundaciones de iglesias entre los siglos V y VIII en esta zona «periférica» del mundo tardoantiguo y altomedieval. Desde esta perspectiva podemos distinguir dos grandes etapas que corresponden, aproximadamente, a dos grandes procesos y contextos históricos. En primer lugar, el apogeo de los poderes supralocales, especialmente episcopales, en relación con la pervivencia de las estructuras socioeconómicas tardorromanas, y su control de la construcción de iglesias hasta aproximadamente la mitad del siglo VII. Posteriormente, el definitivo fin del paisaje tardorromano y la fragmentación política que lo acompaña sacarán a la luz un mayor protagonismo de las élites locales en la creación de iglesias. Este cambio se representa principalmente en la figura de los monasterios, como focos de estabilización en esta etapa de transición sociopolítica. PALABRAS CLAVE: Iglesias; Galicia; Tardoantigüedad; obispos; paisaje tardorromano; monasterios. Churches Buildings and Socio-Political Dynamics in the Galician Landscape in the Vth-VIIIth Centuries ABSTRACT: Following a previous collection and analysis of the archaeological evidences about church buildings in Galicia between the end of the Roman Empire and the consolidation of the Astur Kingdom, and their JOSÉ CARLOS SÁNCHEZ PARDO Hispania, 2013, vol. LXXIII, nº. 243, enero-abril, págs. 11-50, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368, doi: 10.3989/hispania.2013.001 12 role in the landscape, this work focuses on the social processes that these foundations seems to reflect along time. The main objective is not to offer a comprehensive study of society and church life of this period but, rather, to reflect from a broad and comparative perspective on the meaning and importance of the foundations of churches between 5th-8th centuries in this «peripheral» area of the Late Antique world. From this perspective we can distinguish two main stages that roughly correspond to two major processes and contexts. First, the peak time of supra-local powers, especially bishops, in relation to the survival of late roman economical structures, and the control of church-building until mid seventh century. Subsequently, the definitive end of the late roman landscape and the consequent political fragmentation will promove a stronger role of local elites in the creation of churches. This change is mainly represented by the monasteries, as focus of stability in this time of sociopolitical transitions. KEY WORDS: Churches; Galicia; Late Antiquity; bishops; late roman landscape; monasteries. INTRODUCCIÓN Planteando la cuestión: iglesias y transformaciones sociales entre la Antigüedad y la Edad Media En los últimos años se está produciendo un amplio debate europeo sobre las transformaciones sociales entre el fin del mundo romano y el inicio de la consolidación del feudalismo, gracias principalmente a las aportaciones de la arqueología, que ha puesto en tela de juicio algunas de las explicaciones tradicionales de los medievalistas sobre los paisajes altomedievales1. En España este debate ha comenzado a despegar recientemente en algunas áreas, gracias principalmente a la colaboración de la arqueología de gestión y la académica, y ha tenido su manifestación principal en el estudio del poblamiento rural2. Sin embargo todavía quedan diversos temas y ámbitos de estudio por incorporar a este debate. Uno de ellos son las iglesias. Las iglesias altomedievales no son en absoluto un tema ignorado en la bibliografía española. Al contrario, constituyen, junto con las necrópolis, uno de los elementos tradicionalmente más estudiados por la Arqueología Medieval y la Historia del Arte en nuestro país. Sin embargo, se trata en su mayoría de trabajos realizados desde perspectivas artísticas y tipológicas, que abordan ———— 1 WICKHAM, 2005. BROGIOLO, y CHAVARRÍA, 2005. FRANCOVICH y HODGES, 2003. HAMEROW, 2002. 2 QUIRÓS CASTILLO, 2009. KIRCHNER, 28 (Salamanca, 2010). IGLESIAS Y DINÁMICAS SOCIOPOLÍTICAS EN EL PAISAJE GALLEGO DE LOS SIGLOS V-VIII. Hispania, 2013, vol. LXXIII, nº. 243, enero-abril, págs. 11-50, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368, doi: 10.3989/hispania.2013.002 13 únicamente el edificio como monumento, al margen de su contexto, tanto físico como socioeconómico. Se hace necesario, por tanto, incorporar estas edificaciones al estudio del paisaje y las sociedades en que fueron generadas y en el que adquieren (y readquieren constantemente) su sentido3. Desde ese punto de vista, las iglesias constituyen una plataforma histórica de especial interés para la observación de los procesos sociales en la Alta Edad Media4. Estas edificaciones son a la vez centro religioso, lugar de reunión, espacio de representación y negociación del poder, manifestación de la existencia y canalización de excedentes, reflejos de un determinado orden cultural y materializaciones de un pensamiento artístico. En ellas se intersectan múltiples agentes y niveles de actuación, dando lugar a dinámicas cuyas evidencias son susceptibles de ser exploradas arqueológicamente. Concretamente, el proceso de creación de las primeras iglesias en el mundo rural, entre los siglos V y IX, es sin duda un fenómeno de gran interés. Al margen de la interpretación de su distinta intensidad y extensión en cada zona, es obvio que esta primera «eclesificación» por todo el antiguo Imperio refleja una transformación importante y nos acerca mejor a la geografía del poder, en sus distintas escalas, de este crucial período. Desde estas premisas, el objetivo específico de este trabajo es el de profundizar en el conocimiento de las sociedades del noroeste de la península ibérica entre mediados del siglo V y finales del siglo VIII, a través del análisis arqueológico de la figura de las iglesias y su articulación en el paisaje generado por esas formaciones sociales. Concretamente nuestro ámbito de trabajo será la actual Galicia, aunque a nivel político acudiremos a menudo a la original Gallaecia. Se trata de una zona habitualmente considerada «periférica» y menos romanizada, que posteriormente, al unirse a los emigrantes mozárabes del sur, habría generado una peculiar formación sociopolítica que llevaría a cabo la «Reconquista». En este sentido el noroeste peninsular parece especialmente interesante como área de observación de la interacción entre dinámicas endógenas y exógenas en este gran período de transición5. Y, como hemos señalado, las edificaciones eclesiásticas son un buen indicador de estas transformaciones sociopolíticas y el reflejo de distintos grados de poder y adaptación en cada momento. ———— 3 MORRIS, 1997. TURNER, 2006. QUIRÓS CASTILLO, 29 (Salamanca, 2011). BROGIOLO y CHAVARRÍA, 14 (Zagreb, 2008). 4 ZADORA RIO, 2005. BLAIR, 2005. CHAVARRIA ARNAU, 2009. WOOD, 2006. 5 LÓPEZ QUIROGA, 2004. JOSÉ CARLOS SÁNCHEZ PARDO Hispania, 2013, vol. LXXIII, nº. 243, enero-abril, págs. 11-50, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368, doi: 10.3989/hispania.2013.001 14 Los datos de partida y su problemática La base principal del estudio planteado es la recopilación y análisis de evidencias materiales de iglesias «tardoantiguas» en Galicia, es decir, aquellas encuadrables entre el siglo V y finales del VIII. Se trata de un conjunto de cincuenta casos recogidos a través de una exhaustiva revisión bibliográfica, tanto arqueológica como de la Historia del Arte. Estos casos han sido posteriormente integrados en un Sistema de Información Geográfica de otras evidencias arqueológicas del paisaje altomedieval gallego (asentamientos, necrópolis y vías de comunicación). En la tabla siguiente se recogen la localización, cronología propuesta y contexto arqueológico de cada una de estas edificaciones eclesiásticas, y en el mapa correspondiente se puede apreciar su distribución por el territorio gallego. Sería inviable, por falta de espacio, realizar aquí una descripción detallada de todas estas evidencias. Ésta, junto al estudio de sus problemáticas y perspectivas metodológicas, se puede encontrar en un reciente trabajo al que remitimos6. En todo caso, es necesario recordar la problemática que plantean algunas de estas evidencias, especialmente en relación a su datación o encuadramiento cronocultural. Esto se debe, por un lado, a la escasez de estratigrafías precisas. Aunque las actuaciones arqueológicas relativas a iglesias altomedievales en Galicia no son necesariamente escasas, hay muy pocos casos excavados con criterios rigurosos y menos aun los que se pueden adscribir con un cierto nivel de seguridad al período comprendido entre los siglos V y VIII. Entre ellos podemos destacar sin duda los yacimientos de Adro Vello7, Eirexa Vella de Bares8 y Ouvigo9, que gozaron de una excavación relativamente amplia y una publicación más o menos detallada. Junto a estos estudios más claros y mejor conocidos (aunque no exentos de problemas), contamos en Galicia con otra serie de excavaciones también relativamente recientes y/o estratigráficamente planteadas, que sin embargo no han llegado a demostrar con certeza la existencia de una estructura religiosa en este período tardoantiguo, aunque la mayor parte de los indicios así parecen apuntarlo. Este sería el caso, por ejemplo, de Currás-Tomiño10, San Xiao-Pipín11, Cidadela12, Vigo o Moraime13. Finalmente, debemos referirnos a otra serie de yacimientos importantes ———— 6 SÁNCHEZ PARDO, 20 (París, 2012). 7 CARRO OTERO, 3-4 (Santiago, 1987). RODRÍGUEZ RESINO, 2005: 41-43. 8 RAMIL GONZÁLEZ, 14 (A Coruña, 2003). 9 RODRÍGUEZ COLMENERO, 24 (Madrid, 1985). 10 GÓMEZ SOBRINO, GONZÁLEZ SANTISO y MARTÍNEZ DO TAMUXE, 3 (Ourense, 1980). 11 FARIÑA BUSTO, DE LA PEÑA SANTOS y SIERRA, 29 (Pontevedra, 1975). 12 COSTA GARCÍA, J. y VARELA GÓMEZ, 30 (Santiago, 2011). 13 CHAMOSO LAMAS, IV (Madrid, 1976). CARRO OTERO, XXXVI/101 (Santiago, 1988). IGLESIAS Y DINÁMICAS SOCIOPOLÍTICAS EN EL PAISAJE GALLEGO DE LOS SIGLOS V-VIII. Hispania, 2013, vol. LXXIII, nº. 243, enero-abril, págs. 11-50, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368, doi: 10.3989/hispania.2013.002 15 y conocidos, pero que fueron excavadas en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado, sin seguir, en la mayor parte de los casos criterios estratigráficos y sobre todo, sin dejar prácticamente documentación sobre dichas excavaciones. De esta manera se hace casi imposible evaluar los resultados, su fiabilidad y su representatividad, sobre todo teniendo en cuenta que en las últimas décadas se han producido muchos cambios en la interpretación de ciertos elementos que estos arqueólogos, principalmente M. Chamoso Lamas, usaban como datadores (por ejemplo, las famosas «laudas de estola suevas»). En todo caso, hay en todas estas iglesias muchas ideas de interés para nuestro trabajo, por ejemplo en Iria Flavia14, San Bartolomé de Rebordáns15, San Martiño de Mondoñedo16, Bretoña17 o Santa Eulalia de Tines18. Por otro lado, hay que referirse también a la problemática suscitada por el debate sobre las iglesias «visigodas», impulsado principalmente por L. Caballero Zoreda19. Esta intensa polémica, que ha evolucionado pero aún no ha llegado a un consenso, discute si aspectos de la arquitectura y estilos «visigodos» pertenecerían realmente a un contexto posterior a la conquista musulmana del 711. Esto podría redefinir considerablemente los marcos y contextos sociales bajo los que se interpreta este período20, introduciendo de nuevo la necesidad de factores y fuerzas exógenas para explicar la evolución del norte peninsular. Por tanto, aunque todos los casos aquí recogidos están sustentados por bibliografía especializada, y solamente representan los ejemplos más fiables de una lista más amplia de posibles casos, la cronología y adscripción de alguna de dichas iglesias puede ser puesta en duda. Por ello, añadimos una valoración del grado de «certeza» (alto, medio o bajo) de las evidencias disponibles en cada caso para realizar su adscripción cronocultural21. Y sobre todo, como hemos dicho, trataremos de entender cada caso dentro de su contexto histórico y arqueológico específico. Creemos que esto puede ayudar a desenredar un ———— 14 SUÁREZ OTERO, 2004. 15 CHAMOSO LAMAS y FILGUEIRA VALVERDE, 4 (Madrid, 1976). 16 CHAMOSO LAMAS, XXI (Braga, 1967); 4 (Madrid, 1975). 17 CHAMOSO LAMAS, 4 (Madrid, 1975). 18 CHAMOSO LAMAS, II (Barcelona, 1965); 16/1-4 (Santiago, 1971). 19 CHAVARRIA, 18/2 (Londres, 2010). UTRERO, 54 (Londres, 2010). CABALLERO y MATEOS, 2000. 20 A pesar de lo cual el debate permanece anclado únicamente en términos materiales y artísticos. 21 De manera general, consideramos con certeza «alta» aquellas evidencias materiales datadas con precisión y seguridad en algún momento determinado de este período. Certeza «media» incluye las evidencias que muy probablemente se pueden datar dentro de este período, pero presentan algún problema específico de definición o precisión. Certeza «baja» se refiere a evidencias con posibilidades de encuadrarse en este período pero que no se han podido demostrar plenamente. Como se ha señalado, hemos dejado de lado otra amplia serie de potenciales casos que, por el momento, no cuentan con un respaldo arqueológico mínimamente sólido. JOSÉ CARLOS SÁNCHEZ PARDO Hispania, 2013, vol. LXXIII, nº. 243, enero-abril, págs. 11-50, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368, doi: 10.3989/hispania.2013.001 16 poco el mencionado debate sobre las iglesias visigodas. Pretendemos así enmarcar la aparición de las primeras iglesias del noroeste peninsular en el ámbito europeo de las transformaciones de este período, calibrando su posible adecuación a las categorías de «Tardoantigüedad» y «largo siglo VIII»22 en las que se definen y reformulan las relaciones sociales, económicas y políticas que marcarán el origen del feudalismo. TABLA 1: ELENCO DE EVIDENCIAS MATERIALES DE IGLESIAS EN GALICIA ENTRE LOS SIGLOS V Y VIII NOMBRE Municipio Cronología inicial propuesta Certeza de evidencias Contexto arqueológico previo (iglesia superpuesta a) A Ermida Quiroga Siglos V-XI Baja Posible asentamiento romano del s. IV Adro Vello O Grove Siglo VII Alta Villa romana costera (ss. IIV), necrópolis desde V-VII Capela dos Martores Valga Siglos VI-VIII Baja No constatado Cidadela Sobrado Siglos VI-VIII Alta Campamento romano (ss. IIIV) y ocupación del V Córgomo Vilamartín Fines del s. VI Baja Posible asentamiento romano Currás-Tomiño Tomiño Siglos VI-XI Baja Castro, necrópolis y asentamiento rural hasta s. V Eirexa Vella de Bares Mañón Siglo VII Alta Factoría costera (ss. IV-VI) y necrópolis desde s. VI Ferreira de Pallares Guntín Siglo VII-IX Baja No constatado Iria Flavia Padrón Siglos III-V Alta Posible domus urbana (¿ecclesiae?) bajorromana Ouvigo Blancos Siglos IV-V Alta Villa romana Panxón Nigrán Fines del s. VII Media Villa-factoría romana costera y necrópolis de ss. IV-VI Petín Petín Mitad del s. VI Media Asentamiento romano y tardorromano Saamasas Lugo Fines VIinicios VII Media No constatado San Adrián de Amiadoso Allariz Siglos IV-X Baja Posible mausoleo bajorromano (s. IV) San Antolín de Toques Toques Siglos VII-X Baja No constatado San Bartolomé de Rebordáns Tuy Siglos VII-IX Media Villa suburbana hasta s. V-VI y posterior necrópolis San Estevo da Barcia Lalín Siglos VI-XI Baja No constatado ———— 22 LYSE HANSEN, y WICKHAM, 2000. IGLESIAS Y DINÁMICAS SOCIOPOLÍTICAS EN EL PAISAJE GALLEGO DE LOS SIGLOS V-VIII. Hispania, 2013, vol. LXXIII, nº. 243, enero-abril, págs. 11-50, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368, doi: 10.3989/hispania.2013.002 17 NOMBRE Municipio Cronología inicial propuesta Certeza de evidencias Contexto arqueológico previo (iglesia superpuesta a) San Estevo de Parga Guitiriz Siglo VII Baja Castro romanizado San Martín de Prado Lalín Siglos VI-XI Baja No constatado San Martiño de Mondoñedo Foz Siglo VI-IX Baja Probable villa romana San Pedro de Carcacía Padrón Fines del s. VII Baja No constatado San Pedro de Leis Muxía Siglo VI Baja No constatado San Pedro de Rocas Esgos Siglo VI-XI Media No constatado San Roque de Lugo Lugo Inicios del s. VII Alta Necrópolis romana (ss. I-V) San Sadurniño de Goiáns Porto do Son Siglos VII-IX Media Villa-factoría costera romana y mausoleo del s. V-VI San Salvador de Samos Samos Fines del s. VI Alta No constatado San Salvador de Soutomerille Castroverde Siglos VIII-IX Media No constatado San Vicente (¿do Miño?) Nogueira de R. Siglo VII Baja No constatada (aunque se halló tégula romana) San Vicente de Agrade Chantada Siglos VI-XI Baja Villa bajorromana del siglo IV San Xiao de Moraime Muxía Siglos VII-XI Media Villa romana y necrópolis de ss. V-XI San Xiao de Trebo Cariño Siglo VII-XI Baja Villa-factoría costera tardorromana San Xiao-Pipín Cangas Siglo VI-XI Baja Villa costera bajorromana del s. IV San Xoán de Baños de Bande Bande Siglos VI-XI Baja Necrópolis de inicios del s. VI San Xoán de Campo Lugo Siglos IV-X Baja No constatado San Xoan de Vilaronte Foz Fines del s. VII Media No constatado Santa Comba de Bande Bande Fines del s. VII Alta Posible monumento funerario tardorromano Santa Eulalia de Bóveda Lugo Siglos IV-IX Media Ninfeo de una villa romana del s. III-IV Santa Eulalia de Tines Vimianzo Siglos VI-IX Baja Villa bajorromana y necrópolis ss. IV-XII Santa María de Bretoña A Pastoriza Siglo VI Media Castro-asentamiento rural romano Santa María de Lugo Lugo Siglo IV Alta Posible domus ecclesiae urbana Santa María de Mosteiro Guntín Fines del s. VIII Media No constatado Santa María de Muxía Muxía Siglos VII-XI Baja No constatado Santa María de Xanza Valga Siglos VI-XI Baja No constatado Santa María Nai Ourense Siglos IV-V Alta Posible domus ecclesiae urbana Santiago de Mens Malpica Siglos VII-X Baja Posible oratorio-mausoleo de ss. V-VII JOSÉ CARLOS SÁNCHEZ PARDO Hispania, 2013, vol. LXXIII, nº. 243, enero-abril, págs. 11-50, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368, doi: 10.3989/hispania.2013.001 18 NOMBRE Municipio Cronología inicial propuesta Certeza de evidencias Contexto arqueológico previo (iglesia superpuesta a) Santiago de Proendos Pantón Siglo VIII-X Baja Probable villa romana Setecoros Valga Siglos VI-VII Media Asentamiento tardorromano Temes Carballedo Inicios del s. IX Media Mausoleo cristiano del siglo IV Vigo (Vicus Elanei) Vigo Fines VI-mitad VII Media Villa-factoría comercial costera romana (ss. II-VII) Xagoaza O Barco Fines del s. VI Baja No constatado FIGURA 1: MAPA DE DISTRIBUCIÓN DE LAS EVIDENCIAS MATERIALES DE IGLESIAS EN GALICIA ENTRE LOS SIGLOS V Y VIII. IGLESIAS Y DINÁMICAS SOCIOPOLÍTICAS EN EL PAISAJE GALLEGO DE LOS SIGLOS V-VIII. Hispania, 2013, vol. LXXIII, nº. 243, enero-abril, págs. 11-50, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368, doi: 10.3989/hispania.2013.002 19 POLARIZACIÓN SOCIAL Y ECONÓMICA EN EL CONTEXTO DE LA CRISTIANIZACIÓN RURAL (CA. 450-650 D. C.) Las transformaciones de la Gallaecia tardorromana ¿Cuál es el contexto de nacimiento de las primeras iglesias en el Noroeste peninsular entre los siglos V y VII? En los últimos años, la visión catastrofista de este período ha dado paso a una percepción más positiva pero sobre todo más compleja del mismo. En el caso de Galicia, aunque aún son necesarios nuevos estudios, hay que hablar de la pervivencia e incluso dinamismo de muchas de las estructuras socioeconómicas tardorromanas, aunque entendidas dentro de un contexto de transformaciones. Varios factores explican esta situación. En primer lugar, Gallaecia, como zona «periférica» en la parte más occidental del Imperio romano, no había desarrollado una imbricación tan profunda en sus estructuras políticas y económicas como otras áreas peninsulares. De manera especial, en el noroeste nunca tuvo demasiado peso el clásico binomio campo-ciudad, sino que los «aglomerados secundarios»23 serán los articuladores de (y para) un mayoritario mundo rural24. La crisis económica del bajo Imperio tampoco parece haber sido tan acusada en esta zona, sino que se mantienen en funcionamiento unos circuitos económicos propios, menos amplios pero igualmente eficaces y adaptados. Esto no implica, como habitualmente se ha sostenido, que no haya existido «romanización» en el noroeste, ni que ésta haya sido menos importante. Se trató sin duda de un proceso lento y prolongado, pero a la vez profundo e intenso, que terminó dando lugar a la sociedad galaicorromana25. En segundo lugar, también hay que relativizar y reinterpretar el significado del llamado «Reino Suevo» y del aporte germánico en Gallaecia. Los contingentes poblacionales suevos que se asentaron en el noroeste peninsular a inicios del siglo V fueron cuantitativamente pocos, y se concentraron casi exclusivamente en las zonas urbanas del triángulo Tuy-Braga-Oporto26. Los suevos se integrarían rápidamente y de forma relativamente pacífica a la forma de vida de las élites galaicorromanas27. El Reino Suevo debe entenderse más como una estructura sociopolítica que engloba a una serie de sectores, intereses y dinámicas tardoantiguas de esta zona que en términos étnicos o políti- ———— 23 PÉREZ LOSADA, 2002. 24 SÁNCHEZ PARDO, LXV (Salamanca, 2010). ARIAS VILAS y VILLA VALDÉS, 2005. 25 ARIAS VILAS, 1992. BALIÑAS, 1992. NOVO GUISÁN, 1992. 26 DÍAZ MARTÍNEZ, 1993. ARIAS VILAS, 1997. 27 DÍAZ MARTÍNEZ, 1993: 209-226. DÍAZ, 1997. JOSÉ CARLOS SÁNCHEZ PARDO Hispania, 2013, vol. LXXIII, nº. 243, enero-abril, págs. 11-50, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368, doi: 10.3989/hispania.2013.001 26 ras iglesias, sobre todo monásticas, entre los siglos VII-X. En ese sentido, como señalan Chavarría y Brogiolo, hay que desechar la tradicional idea de la construcción de templos en el mundo rural por las aristocracias y grandes propietarios durante la etapa de funcionamiento aun de sus villae y propiedades con la misión de cristianizar a los habitantes del entorno66. Las construcciones de estos sectores sociales corresponden más bien, como hemos indicado, a mausoleos, monumenta-martiria o, a veces, pequeños oratorios funerarios para uso privado dentro de sus propiedades rurales. En su creación, además de factores religiosos, influyen motivos de prestigio y representación social. Aunque esto tendrá probablemente un efecto impulsor de la cristianización rural, no constituye una red de organización ni encuadramiento eclesiástico. En general, una vez abandonada la parte residencial de la villa, en los siglos VI-VII, aparecen enterramientos más humildes que se superponen a las antiguas estructuras de representación67: Adro Vello, Currás-Tomiño, Bares, Panxón68, Rebordáns, San Martiño de Mondoñedo, Moraime, Tines… En todo caso este fenómeno suele ocurrir poco tiempo después de dicho abandono, a veces de manera inmediata, y también supondrá una importante base sobre la que se construirán, posteriormente, iglesias en estos lugares. Esto indica que existe una población viviendo y explotando el entorno inmediato. Como ya hemos señalado, podemos incluso pensar que en algunos casos asistimos no a un empobrecimiento general de los propietarios, sino más bien al enriquecimiento de algunos de ellos, que acaparan el resto de propiedades. De este modo, aunque se abandone la parte residencial, el sistema productivo y señorial podría seguir funcionando. Debemos, por tanto, ser cautos a la hora de juzgar estos procesos. En todo caso, no todas las villas desarrollarán necrópolis cristianas en ellas, antes o después de su aparente abandono, ni son necesariamente aquellas más lujosas las que lo harán. Tampoco el grado de conectividad es un factor determinante en ello. La respuesta hay que buscarla, probablemente, en las distintas dinámicas económicas, sociopolíticas y de cristianización de cada comunidad. En todo caso, es cierto que hay áreas que parecen más activas, como la costa, la zona de Ribas de Sil o el entorno de la ciudad de Lugo. ———— 66 BROGIOLO y CHAVARRÍA, 14 (Zagreb, 2008): 11. 67 CHAVARRIA ARNAU, 2007. 68 YZQUIERDO PERRÍN, 1993: 52-54. IGLESIAS Y DINÁMICAS SOCIOPOLÍTICAS EN EL PAISAJE GALLEGO DE LOS SIGLOS V-VIII. Hispania, 2013, vol. LXXIII, nº. 243, enero-abril, págs. 11-50, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368, doi: 10.3989/hispania.2013.002 27 Reflexiones sobre el contexto social y espacial de las primeras iglesias rurales en Galicia Desde mediados del siglo VI, y en conexión con el auge político y económico de unos pequeños pero importantes grupos de poder supralocal, comienzan a aparecer las primeras iglesias, como tales, en el ámbito rural galaico. Esta expansión será permitida e impulsada, además, por la consolidación desde finales del siglo VI de una liturgia hispánica específica que define y organiza la arquitectura y la distribución de los templos69. Es difícil calibrar cuál sería la dimensión de esta primera expansión de iglesias rurales. Una posible aproximación a este panorama concreto de edificaciones eclesiásticas en la Gallaecia de finales del siglo VI podría venir de la mano del Parroquial Suevo. Aun teniendo en cuenta que este documento solo reflejaría las iglesias pertenecientes al poder episcopal, se cuentan un total de 132 iglesias para la Gallaecia sueva, de las que unas 30-50 aproximadamente corresponderían a la actual Galicia70. Aunque las diócesis de Braga y Portus Cale poseen muchas iglesias (30 y 25 respectivamente), la mayor densidad de las mismas, teniendo en cuenta la posible extensión de cada diócesis71, estaría en Tui, con 17 iglesias en un área relativamente pequeña. FIGURA 3: DENSIDAD COMPARADA DE IGLESIAS POR DIÓCESIS EN EL PARROQUIAL SUEVO (CA. 572 D.C.). EN EL CASO DE IRIA Y LUGO SE DISTINGUEN LOS RESULTADOS OBTENIDOS SI SE CONSIDERAN VÁLIDAS LAS INTERPOLACIONES AL TEXTO. ———— 69 CHAVARRIA ARNAU, 2009, 15-90. 70 El número varía según consideremos válidas o no las interpolaciones añadidas a la diócesis de Iria y Lugo. F. López Alsina considera las de Iria como válidas LÓPEZ ALSINA, 1988: 155. 71 Partimos para ello de la reconstrucción de las diócesis del Parroquial Suevo que realiza RIVAS, 2003, lámina IX. Densidad aproximada de Iglesias por diócesis según Parroquial suevo (en Km2) JOSÉ CARLOS SÁNCHEZ PARDO Hispania, 2013, vol. LXXIII, nº. 243, enero-abril, págs. 11-50, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368, doi: 10.3989/hispania.2013.001 28 Aun sin especular sobre el restante número de iglesias privadas que debían existir, la cantidad de edificaciones eclesiásticas en Gallaecia a fines del siglo VI según el Parroquial Suevo no es desdeñable. Y sobre todo, parece corresponder sin complejos de «indigenismo» a una tendencia común de fundación de iglesias y monasterios en gran parte del antiguo Imperio romano entre los siglos VI y VII. Se trata generalmente de pequeñas construcciones, poco propicias todavía para la reunión de un amplio número de fieles, pero que suponen ya una innegable implantación física de la Iglesia en el territorio72. La creación de iglesias en este período parece estar relativamente bien controlada por los obispos, que debían autorizarlas y consagrarlas73. Los textos dejan ver que existía un importante componente de prestigio en estas primeras fundaciones de iglesias, pero también sabemos que solo las podrían hacer los individuos más poderosos ya que, además del coste económico de su construcción, estaba el de su adecuada dotación y mantenimiento. Estos fundadores debían, en teoría, contactar siempre con un obispo, que tomaba la tercera parte del patrimonio y rentas de la iglesia. De hecho, aún a mitad del siglo VII, en el concilio de Toledo del 647, se recrimina a los obispos de Gallaecia por abusar fiscalmente de sus iglesias74. Quizá podemos pensar que en este período los fundadores de iglesias están relacionados en mayor o menor medida con aristocracias residentes en el ámbito urbano, pero que poseen y controlan propiedades en el mundo rural, ya que, como veremos a continuación, todas estas iglesias están en el entorno de núcleos principales o en áreas bien conectadas con ellos a través de vías terrestres. No podemos incluso descartar que algunas de estas iglesias, en su relación o dependencia del mundo episcopal, supusieran ya una bisagra de articulación entre el mundo local y el estado suevo y, sobre todo, visigodo75. En todo caso no tenemos evidencias de pagos de diezmos u otro tipo de fiscalidad aplicadas en o desde estos templos, aunque sabemos que ya existían, de manera restringida, en algunas áreas76. Como ya hemos adelantado, las iglesias rurales más tempranas constatadas se concentran prácticamente en las áreas y ejes centrales de la Galicia romana, donde aquellos poderes poseían o controlaban propiedades, generalmente ligadas al comercio y a las vías. En ese sentido es interesante señalar que no siempre se trata de las áreas más ricas en recursos, por ejemplo a nivel agrícola o minero, sino ante todo de las mejor conectadas. Podemos citar ejemplos como las iglesias de Córgomo77, Petín78, Xagoaza79, Saamasas80, San Roque ———— 72 BROGIOLO y CHAVARRÍA, 2005: 127-143. 73 CHAVARRIA, 2008: 322. 74 WOOD, 2006: 13-16. 75 CASTELLANOS y MARTÍN VISO, 13 (Londres, 2005). 76 WOOD, 2006: 460. 77 RODRÍGUEZ COLMENERO, FERRER SIERRA y GARCÍA TATO, 2009: 87. IGLESIAS Y DINÁMICAS SOCIOPOLÍTICAS EN EL PAISAJE GALLEGO DE LOS SIGLOS V-VIII. Hispania, 2013, vol. LXXIII, nº. 243, enero-abril, págs. 11-50, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368, doi: 10.3989/hispania.2013.002 29 de Lugo81 o Bóveda82. Esta distribución confirma que se trata de un proceso más exógeno que endógeno, es decir, que todavía no surge tanto de y en las comunidades locales como de poderes y dinámicas más amplias, supralocales. Algunas de esas primeras iglesias, como Adro Vello, Goiáns, Vigo, Leis83 o Bares, se concentran en la costa gallega, en relación probablemente con el contexto de comercio a larga distancia que ya hemos comentado. Parece posible pensar que sus fundadores sean quienes promueven parte de dichos intercambios, ya que piezas decorativas de iglesias de este período, o al menos el mármol para hacerlas, como en Setecoros, llega a través de ese comercio84. Probablemente a través de esos intercambios llegarían también elementos de importación necesarios para el culto religioso: aceite, velas, vasos, platos, patenas… sin olvidar el comercio de reliquias, que aunque sería cuantitativamente puntual, tendría un enorme valor, prestigio e importancia en su contexto85. Si, como propone C. Wickham86 consideramos la capacidad de intercambio a larga distancia como un indicador de la fortaleza de las élites, tendríamos que hablar en la Gallaecia del siglo VI y primera mitad del VII, de un mayor poder del habitualmente pensado para algunas de las mismas. Al analizar la ubicación de estas primeras iglesias destaca su relación con estructuras romanas previas, especialmente villae o necrópolis. Este fenómeno, habitual en todo el occidente tardoantiguo, presenta todavía muchos problemas para su interpretación, pero parece probable que responda a una variedad de situaciones87. No debemos pensar que necesariamente haya relación entre la antigua propiedad romana, su dueño y el contexto de la nueva estructura eclesiástica. En todo caso, esta secuencia, al margen de la continuidad o no de los mismos propietarios, nos pone sobre la pista de un poder económico actuando en el mismo entorno tiempo después de la aparente desaparición de las antiguas élites tardorromanas, y probablemente poseyendo la propiedad o control de ese espacio, lo que explica que pueda fundar una iglesia en ellas. Esas nuevas iglesias heredarán la posición espacial, generalmente estratégica, que aquellas propiedades poseían dentro de los ejes centrales de comunicación y dinamismo de la Galicia tardorromana que sí seguirán prevaleciendo. ———— 78 RODRÍGUEZ COLMENERO, FERRER SIERRA y GARCÍA TATO: 79. 79 RODRÍGUEZ COLMENERO, FERRER SIERRA y GARCÍA TATO: 80-86. 80 YZQUIERDO PERRÍN, 1993: 56-57. 81 YZQUIERDO PERRÍN: 60-63. 82 BLANCO-ROTEA, BENAVIDES GARCÍA, SANJURJO SÁNCHEZ y FERNÁNDEZ MOSQUERA,6 (Madrid, 2009). 83 SUÁREZ OTERO, 2004: 91. 84 YZQUIERDO PERRÍN, 1993: 57-59. 85 LE JAN, 2001: 244. 86 WICKHAM, 2005: 707, 819. 87 CHAVARRIA ARNAU, 2007: 157-159. JOSÉ CARLOS SÁNCHEZ PARDO Hispania, 2013, vol. LXXIII, nº. 243, enero-abril, págs. 11-50, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368, doi: 10.3989/hispania.2013.001 30 Una propuesta explicativa podría ser, como señalábamos antes, que sea la Iglesia la que había acaparado propiedades y disponga ahora de la capacidad para fundar dichas estructuras en ellas. Más allá de esta primera consideración física está el nivel del significado o intención que esta reutilización pueda tener. Algunos autores consideran esta coincidencia espacial como una estrategia legitimadora, o como un reuso simbólico del pasado romano88, que además estaría controlado dado precisamente su potencial ideológico como «principio maleable para la reorientación del paisaje cultural»89 . Otros hablan principalmente de aprovechamiento de FIGURA 4: EVIDENCIAS MATERIALES DE POSIBLES IGLESIAS EN GALICIA ANTES DEL 650 D.C. ———— 88 BELL, 2005. 89 EFFROS, 2001: 118. IGLESIAS Y DINÁMICAS SOCIOPOLÍTICAS EN EL PAISAJE GALLEGO DE LOS SIGLOS V-VIII. Hispania, 2013, vol. LXXIII, nº. 243, enero-abril, págs. 11-50, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368, doi: 10.3989/hispania.2013.002 31 materiales, sin que esto implique necesariamente pobreza90. En nuestra opinión existen distintas respuestas según cada contexto. No todas las necrópolis de los siglos V-VI desarrollarán una iglesia sobre ellas, y, sobre todo, no todas lo hacen en este período (siglos VI-VII), sino que se trata de un proceso que se extenderá hasta el siglo X, por lo menos, a veces con un largo lapso de abandono en medio91. De hecho, una de las posibles razones para la creación de una iglesia en esos contextos es la identificación de un antiguo mausoleo y su consideración como un santo o mártir, es decir, una «inventio» de reliquias92. Se trata de un fenómeno habitual en toda la Alta Edad Media, y que en Galicia ocurrirá no solo en Santiago a inicios del siglo IX, sino probablemente también en el caso de Temes o Quiroga. Todo esto nos lleva, por tanto a la necesidad de distinguir entre la superposición espacial de iglesias y antiguos establecimientos romanos en la Galicia tardoantigua (siglos V-VIII), poco tiempo después del abandono de la villa, del reuso de antiguos lugares romanos en los siglos IX-XI. El primero parece estar más ligado a razones económicas de propiedad, mientras que el segundo podría relacionarse más con motivos simbólicos o legitimadores, especialmente en relación con el proceso «repoblador». Por último, y como excepción a esta mayoría de iglesias ligadas a contextos que podríamos denominar «centrales», hay que señalar que aparecen también ahora algunos primeros intentos controlados por los obispos de creación de iglesias en ámbitos más periféricos, como es la aparición de las sedes monásticas de Bretoña y Dumio, y la posible creación en este período del monasterio de Samos. Todavía son muy puntuales, pero su importancia será grande en el período siguiente, a través de las iniciativas privadas. A pesar de su fama, no tenemos datos fiables sobre la existencia en este período de eremitorios rupestres93. LA EXPANSIÓN DEL MONACATO Y LAS IGLESIAS PROPIAS EN UN CONTEXTO DE FRAGMENTACIÓN E INTENSIFICACIÓN LOCAL DE LOS PODERES (CA. 650800 D.C.) El «largo siglo VIII» en Galicia: de la fragmentación del mundo tardoantiguo a los nuevos espacios de poder supralocal En torno al segundo tercio del siglo VII, el panorama arqueológico precedente parece cambiar. El ambiente de continuidad de contextos culturales ———— 90 BRENK, 1987. CHAVARRIA ARNAU, 2009: 108. 91 FIXOT, 1989: 18. BELL, 2005: 131. 92 EFFROS, 2001. 93 FREIRE, 1998: 191-275. JOSÉ CARLOS SÁNCHEZ PARDO Hispania, 2013, vol. LXXIII, nº. 243, enero-abril, págs. 11-50, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368, doi: 10.3989/hispania.2013.001 32 tardorromanos previo se agota. Los materiales importados y las evidencias de contactos marítimos no sobrepasan la mitad del siglo VII. La mayor parte de los aglomerados secundarios y principales establecimientos tipo villa ya se han abandonado definitivamente. En cuanto al resto de asentamientos rurales tardorromanos, aunque en general parecen mantener una estabilidad de ocupación, sí se observan una serie de transformaciones o reajustes entre finales del siglo VI y/o a lo largo del siglo VII94. Podríamos interpretarlos como una fijación definitiva de la estructura de hábitat, quizá un cambio de granjas a verdaderas comunidades aldeanas95. En ese sentido apuntan los análisis de espacios agrarios gallegos, que muestran un proceso de estabilización e intensificación de la producción en este momento, principalmente a través de la construcción de terrazas agrarias96. Igualmente en esta época parecen aumentar las diferencias y jerarquizaciones en las formas de enterramiento con la presencia de sarcófagos monumentales que denotan alto estatus social (como los de estola y doble estola). Los textos no nos dan demasiada información para este período en Galicia, pero, en términos generales, parece producirse una desaceleración de los elementos de control supralocal previos, por ejemplo a nivel administrativo97. Los últimos años del Reino Visigodo, caracterizados por la inestabilidad política y social, tampoco parecen conllevar en Galicia ningún especial dinamismo de organización política. La invasión musulmana acelerará considerablemente esta desintegración de estructuras políticas superiores, aunque su impacto en la vida local de esta parte de la península ibérica fue muy escaso98. En general estos indicios parecen reflejar la transición social que, con diferentes ritmos e intensidades en cada zona, señala el definitivo fin del mundo tardorromano, caracterizado todavía por un cierto dinamismo político-económico supralocal, y el nacimiento del altomedieval, basado en comunidades aldeanas y poderes locales. Se trata de un proceso global en la antigua Europa romana99. La clave de la transición en cada zona es el grado de desestructuración con el fin del mundo tardorromano, que conllevará la posibilidad de crecimiento para nuevas élites, la aparición de «espacios de competición», que en muchas áreas europeas se refleja especialmente en las formas de enterramiento100. En el caso de Galicia, como hemos podido ver, esta transición parece producirse de manera más suave y tardía, con un eje en torno al siglo VII101, de ———— 94 LÓPEZ QUIROGA, 2004: 292-294. 95 SÁNCHEZ PARDO, XXXVII (Siena, 2010): 273-275. ISLA FREZ, 1992: 10. 96 BALLESTEROS ARIAS, 2010. 97 DÍAZ MARTÍNEZ, 57 (Salamanca, 2004): 367-375, 2006: 201-215. 98 PALLARES y PORTELA, 1997. 99 WICKHAM, 2005: 434-436 100 HÄRKE, 2001. HALSALL, 1995. 101 LÓPEZ QUIROGA, 2004, 290-296. IGLESIAS Y DINÁMICAS SOCIOPOLÍTICAS EN EL PAISAJE GALLEGO DE LOS SIGLOS V-VIII. Hispania, 2013, vol. LXXIII, nº. 243, enero-abril, págs. 11-50, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368, doi: 10.3989/hispania.2013.002 33 manera similar a otras zonas del occidente atlántico tardoantiguo102. Se plasmaría ante todo en una reestructuración territorial y el fortalecimiento de la actuación de los poderes a escala local tras el debilitamiento de las aristocracias mayores. Aunque aún queda mucho por estudiar, no parece tratarse de una ruptura, sino más bien de un reajuste sobre el anterior paisaje tardorromano, con una evolución desde un poblamiento en grupos familiares a verdaderas comunidades aldeanas103. Se trata en definitiva de una tendencia a la fragmentación sociopolítica104, pero sin que esto implique necesariamente debilidad, sino que parece constatarse cierta vitalidad, riqueza y articulación dentro de esa escala local105. Esta concentración de los poderes en el ámbito local parece ser una de las bases que explicarán más tarde, a inicios del siglo IX, el progresivo ascenso de un grupo de grandes propietarios reflejado en la documentación escrita. Por tanto, desde un punto de vista más amplio y comparativo, podemos encuadrar este proceso dentro del inicio de las llamadas transformaciones del «largo siglo VIII» que se constatan, con importantes matices, a lo largo de toda Europa Occidental entre finales del siglo VII e inicios del siglo IX y llevarán al nacimiento de los primeros reinos nacionales y el fortalecimiento de la presión sobre las comunidades, con sus correspondientes reflejos en el paisaje106. Se trata, obviamente, de procesos complejos que no se pueden reducir a explicaciones únicas107. En todo caso, nos interesa señalar que el noroeste peninsular no es una excepción ni representa la «excepcionalidad hispánica». La clave de lectura no es tanto la ruptura por la invasión islámica como la posterior organización y avance de una nueva estructura política supralocal, el Reino de Asturias, en consonancia con el ambiente político europeo. También hay que entender así la creciente presión de los omeyas en Al-Andalus en ese ———— 102 TURNER, 2006. 103 SÁNCHEZ PARDO, XXXVII (Siena, 2010); SÁNCHEZ PARDO (Londres, en prensa) 104 ESCALONA MONGE, 2006. 105 CASTELLANOS y MARTÍN VISO, 13 (Londres, 2005). 106 WICKHAM, 2000: 191. 107 C. Wickham hace especial énfasis en las fuertes diferencias regionales que caracterizan las distintas áreas económicas de Europa, tras el proceso de fragmentación y «localización» que, con diferentes ritmos e intensidades se desarrolla desde el siglo VI. WICKHAM, 2000. Teniendo en cuenta esta base, no pretendemos aquí «encajar» el caso de Galicia en un modelo (que en este caso debería ser el del «Mediterráneo Occidental») sino más bien sondear su coherencia dentro de unas tendencias generales. Como hemos tratado de señalar, el panorama gallego muestra un mayor mantenimiento de las estructuras tardorromanas, y una más suave y más tardía crisis del siglo VI, desembocando a su vez en un proceso más tardío y prolongado, pero no terminal, de fragmentación y «aislamiento» en este «largo siglo VIII». Sobre este especial dinamismo de Galicia dentro de su «periferia» y en el contexto del norte peninsular véase: BALIÑAS PÉREZ, 2002. JOSÉ CARLOS SÁNCHEZ PARDO Hispania, 2013, vol. LXXIII, nº. 243, enero-abril, págs. 11-50, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368, doi: 10.3989/hispania.2013.001 34 mismo período, que llevará a protestas de las antiguas familias visigodas por el mantenimiento de su estatus108. Sobre el impacto de la invasión árabe en la organización eclesiástica galaica La organización eclesiástica galaica parece mantenerse relativamente estable tras los ajustes de finales del siglo VI y hasta la conquista árabe de la península ibérica. En este período, los obispos de Gallaecia acuden con normalidad y regularidad a los concilios de la Iglesia del Reino Visigodo, aunque se constata una progresiva pérdida de su control efectivo sobre las iglesias locales109. Sin embargo, la invasión árabe del año 711 supondrá la práctica desarticulación del nivel superior de dicha organización, con el abandono de la mayor parte de las sedes episcopales de Galicia. Su proceso de reorganización posterior será largo e implicará una serie de cambios (obispos refugiados, desaparición de la sede de Bretoña, reajustes territoriales…). No obstante, esta desarticulación organizativa no supondrá ninguna ruptura en la vida eclesiástica local en el siglo VIII110. No tenemos ninguna evidencia arqueológica todavía de un abandono definitivo de un edificio eclesiástico en Galicia a partir del siglo VIII, y cuando las hay, como Ouvigo o Adro Vello, son muy posteriores. Esto no excluiría un posible abandono temporal. Sin embargo, en toda Galicia se aprecia el mantenimiento o recuerdo de muchas titulaciones de época visigoda en los siglos siguientes. Además, la continuidad del estilo artístico de las iglesias hispanovisigodas durante los siglos VIII, IX y parte del X también apunta a una pervivencia de aquel sustrato previo111. E igualmente, la continuidad de la tradición religiosa de carácter monástico y familiar de la iglesia galaica del siglo VII durante los siglos siguientes, hasta el XI, habla en contra de una cesura112. Encontramos más matices a esta idea general de continuidad en cada zona de Galicia. En el territorio de la sede de Iria no existió ninguna ruptura, ni siquiera a escala de organización diocesana, lo que incluye casi la mitad occidental de la actual Galicia113. En el caso de Lugo, aunque hubo un temporal abandono de la sede, sabemos que a mitad del siglo VIII, es decir, menos de 35 años después de la conquista, el poder Astur está incorporando iglesias a su órbita en ———— 108 MANZANO MORENO, 2000. 109 CHAVARRIA, 18/2 (Londres, 2010): 168. 110 BALIÑAS, 1992: 530-535. 111 YZQUIERDO PERRÍN, 1993: 72. 112 FREIRE, 1998: 138; BALIÑAS PÉREZ, 2002: 370. 113 LÓPEZ ALSINA, 1988: 155-165. IGLESIAS Y DINÁMICAS SOCIOPOLÍTICAS EN EL PAISAJE GALLEGO DE LOS SIGLOS V-VIII. Hispania, 2013, vol. LXXIII, nº. 243, enero-abril, págs. 11-50, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368, doi: 10.3989/hispania.2013.002 35 el entorno de Lugo114. En este período tan breve no puede haber dado tiempo a que desapareciese la tradición cristiana del territorio. Tampoco parece factible que se haya producido una destrucción sistemática, probablemente ni siquiera parcial, de las iglesias rurales existentes por parte del breve gobierno musulmán, ya que ésta no se produjo ni siquiera en otras zonas del sur peninsular115. En la mitad sur de Galicia la desarticulación fue más profunda y quizá pudieron abandonarse ciertos templos ligados a poderes supralocales. Sin embargo, no tenemos constancia de ningún proceso de «reevangelización» durante los siglos IX-X, cuando esta mitad meridional se incorpora al Reino Astur. Por tanto, aunque se produce una desarticulación de las estructuras superiores de organización eclesiástica en la mitad sur, hay que desechar las visiones de destrucción o desaparición del tejido eclesiástico local. Esta visión puede tener mucho que ver con discursos legitimadores posteriores elaborados por la monarquía astur-leonesa en los siglos IX-X116 en su incorporación de nuevos territorios y espacios de poder, relacionados con la idea del «desierto» y «despoblación». El proceso que realmente nos interesa es el de la pérdida de capacidad de control de las iglesias locales por los obispos galaicos y su relación con la fragmentación política y fortalecimiento de poderes locales. En todo caso, los obispos no desaparecen durante este período, sino que simplemente se comportarán como otros propietarios, incluso con manifestaciones de «propietariedad» de iglesias117. El auge de las fundaciones privadas Las evidencias materiales y la elevada cantidad de iglesias documentadas a inicios del período posterior, ya en el siglo IX118, hacen pensar en un crecimiento sostenido del número de edificaciones eclesiásticas desde mitad del siglo VII y durante el siglo VIII, una vez que descartamos la idea de un corte o ruptura en dicho proceso a escala local por la invasión árabe. Sin embargo, es arriesgado tratar de ofrecer un listado preciso de las fundaciones de este período. En todo caso, se tiende a usar como criterio de distinción a nivel artístico una menor calidad y pérdida de naturalismo en las elaboraciones artísticas «hispanovisigodas», sobre todo capiteles, a partir de mitad del siglo VII. Siguiendo este indicador, y algunos otros datos del contexto territorial y toponímico, podemos pensar que a esta segunda época corresponden, entre ———— 114 D’EMILIO, 2005. 115 MANZANO MORENO, 2000: 407-409. BALIÑAS, 1992: 530-535. 116 D’EMILIO, 2005. 117 WOOD, 2006: 198-215. 118 BALIÑAS, 1992: 531-532. LÓPEZ ALSINA, 1988: 155. JOSÉ CARLOS SÁNCHEZ PARDO Hispania, 2013, vol. LXXIII, nº. 243, enero-abril, págs. 11-50, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368, doi: 10.3989/hispania.2013.001 42 CONCLUSIÓN El estudio de las iglesias galaicas de los siglos V-VIII en su contexto arqueológico, geográfico e histórico saca a la luz un panorama que va mucho más allá de la simple idea de oscuridad y decadencia. Se trata más bien de una etapa compleja y con importantes procesos de fondo que la recorren en constante definición y redefinición. En ese sentido, el noroeste peninsular no es una excepción ni un ejemplo de aislamiento de las tendencias globales que recorren Europa en estos siglos. Más bien supone un caso más de la heterogeneidad que define dicho período151. De hecho es necesario recordar las importantes diferencias que encontramos entre áreas dentro de la propia Galicia, que impiden cualquier generalización fácil. La distinción entre zonas centrales y periféricas es útil, pero resulta aún más precisa si hablamos de una graduación entre ambos extremos. Debemos, por tanto, avanzar hacia un retrato más complejo y articulado de estos procesos, y las iglesias son un indicador válido para ello. Entre los siglos V, VI e inicios del VII, la periférica Gallaecia experimenta una simbiosis de influencias, con distintos grados de aislamiento y de apertura conviviendo y retroalimentándose. Se trata de un área que mantiene, proporcionalmente, más dinamismo económico que otras zonas centrales, debido precisamente a esa situación externa y a la menor dependencia del sistema romano campo-ciudad. En este contexto se desarrolla una etapa de apogeo de dinámicas de poderes supralocales representados principalmente por los obispos y las jerarquías eclesiásticas. Se trata de grupos que se beneficiaron del proceso de polarización social y económica de este período y parte de su poder se materializa y se consolida también a través de la creación de iglesias en los ámbitos más romanizados y mejor comunicados, especialmente en la costa. Sin embargo, a partir de mediados del siglo VII, este relativo dinamismo tardorromano parece agotarse y el protagonismo se traslada a la esfera local. Se trata de un proceso de fragmentación sociopolítica, con muchos grados y diferencias zonales, y tiene su reflejo físico en algunos reajustes en el paisaje. En este contexto de cambio, algunas élites encuentran huecos en los que afirmar su pequeño pero creciente poder y una de las estrategias de consolidación del mismo será la creación de pequeños monasterios, que acumulan y estabilizan patrimonios dispersos. Éstos, que inicialmente aparecen todavía en las zonas centrales, empezarán a extenderse a áreas más periféricas desde finales del siglo VII. Este contexto corresponde al inicio de un proceso general europeo de más amplio respiro, bien estudiado por C. Wickham, que se puede encuadrar como el «largo siglo VIII». ———— 151 WICKHAM, 2005: 825. IGLESIAS Y DINÁMICAS SOCIOPOLÍTICAS EN EL PAISAJE GALLEGO DE LOS SIGLOS V-VIII. Hispania, 2013, vol. LXXIII, nº. 243, enero-abril, págs. 11-50, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368, doi: 10.3989/hispania.2013.002 43 Como hemos visto, Galicia constituye un interesante laboratorio para explorar simbiosis y procesos sociopolíticos a distintas escalas en este período. A pesar de la problemática de los datos, el número de iglesias creadas durante este período en este territorio no parece desdeñable, y nos informa de una base de edificaciones eclesiásticas ya existente antes del auge de los siglos IX-XI, lo que debe hacernos reflexionar sobre el mito de los factores «exógenos» en la creación del Reino Astur Leonés y el avance de la «Reconquista». En todo caso aún quedan múltiples cuestiones sobre las que avanzar la investigación. Entre otras muchas, sería muy importante conocer mejor el alcance del pago de rentas a las iglesias ya que en este temprano período, la fijación de las áreas de enterramiento o los procesos de legitimación y reuso simbólico del pasado romano en estas edificaciones. Estas y otras cuestiones nos ayudarán a precisar el retrato de las dinámicas sociopolíticas que se entrecruzan en las iglesias altomedievales. 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