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Nuevos y viejos actores: clientelismo político y poder local en perspectiva comparada (1905 - 1936)

Ferrández Pérez, Daniela

Abstract

Esta investigación trata de poner luz sobre el complejo fenómeno del clientelismo político y su desarrollo a escala local y a largo plazo. Para ello, han sido seleccionadas dos localidades muy distantes entre sí, pero con un gran número de similitudes políticas, sociales y económicas: Almoradí, en la provincia de Alicante, y Noia, en la de A Coruña. De esta forma, un enfoque prosopográfico aplicado sobre treinta y un años de recorrido, permitirá poner rostros a los actores más destacados de la política local, en una época convulsa y marcada por diferentes cambios de regímenes y discursos, pero con un nexo común: las redes cliente lares locales y sus dinámicas de actuación.

Full text

T ES IS DE D OCTORA DO NUEVOS Y VIEJOS A CTORES: CLIENTELIS MO POLÍTI C O Y POD ER LOCAL EN PERSPE CTIVA COMPARADA ( 1905 -1936). Daniela Ferr ández Pére z ESCOLA DE D OUTORAMENTO INTERNACIO NAL PROGRAM A DE DOUTORAMEN TO EN HISTORIA CONTEMP ORÁNEA SANTIAG O DE C OMPOSTELA A Ñ O 20 19 D E C L A R A C I Ó N DE LA AUTORA DE LA TESIS NUEV OS Y VIE J OS A CT ORES : CLIE NTE LIS MO PO LÍTI CO Y P ODE R LOCA L E N PERS PEC TIV A C OM PA RADA ( 1905 -1 936) . D ñ a D a n i e l a F e r r á n d e z P é r e z Presento mi t esis, siguiend o el procedimi ento adecu a do al Reglamento, y declar o que: 1) La tesis abarca los resul tados de la elaboración de mi trabaj o. 2) En su caso, en la tesis se hace refer encia a l as colaboraciones que tuvo este trabajo. 3) La tesis es la versión definitiva prese nta da para su defensa y coincide con la versión enviada en f ormato electrónico. 4) Confirmo que la tesis no incurre en ningún tipo de plagio de otros autores ni de tra bajos presentados por mí pa r a la obtención de otros títulos. E n S a n t i a g o d e C o m p o s t e l a , 10 de o c t u b r e d e 2 0 19 Firmado Danie la Ferrández Pérez. A U T OR IZ A CIÓ N DEL DIRE CT OR / TU T OR D E LA TE SIS NUEV OS Y VIEJ OS A CTO RES : C LIE NTELI SM O P OL ÍTICO Y PODE R LOCA L E N PERS PEC TIV A C OM PA RADA ( 1905 -1 936) . D . Dan iel Lanero T áboas INFORMA/N : Que la presente tesis, c orr esponde c on el t rabajo realizado por Dña. D aniela Ferrández Pérez , bajo mi dirección, y a utorizo su pr esen t ació n , c onside r ando que r eúne l os r equ is ito s ex ig i do s en e l R eg l am e nt o d e E s tu d io s d e D o ct o r ad o de la U SC, y q ue co mo d i rect o r d e é st a no i n cu r r e en la s c au s a s de ab s t e n c i ó n es t ab le c id as en Le y 40/2015. E n S a n t i a g o d e C o m p o s t e l a ., 10 d e o c t u b r e d e 2 0 19 F ir m a d o D a n i e l L a n e r o T á b o a s A Marta, por acom panarm e neste longo camiñ o. AGRAD ECIMIENTOS Esta tesis no hubiese si do p osible sin la colaboración altruista de un gran número d e personas, familiares, amigos y compañero s, pero m e gust aría extende r un agradecimiento especial a Marta Pérez Pousa, quie n siempre estuvo detrás emp ujando para que el tra bajo saliera adelante. El proye cto de investigació n iniciado cinco años atrás ha tenido que supera r múltiples vi cisitude s y obstácul os, por lo que se h a visto cuestionada s u continuidad en más de una ocas ión. Por ello, que haya pod ido superar todas las bar reras y al canza r sus objetivos se debe a l a acertada guía del doctor Daniel Lane ro Táboas, su constante asistencia, e mpatía y de dicación. Durante ese recorrido , ha resultado de gran ayuda contar con una fuent e de formación y recurso s como el grupo de Historia Agrar ia e Política do Mundo Rural (HISTA GRA) y todos los compañeros que lo integran, a todos ellos cabe ampliar este agr adecimi ento. A su vez, es p reciso men cionar al docto r Raúl Soutelo Vázquez por la le ctura de la parte gallega de este trabajo, apor tando al mismo su extenso conocimiento s obre el esp acio qu e habita. Por otra parte, no puede qu edar fuera de estos agradecimien tos el constante apoyo de m i madre, Mar ía José Pérez G alant, mi tía, María Jesú s Pérez Galant, y mi her mano, Guillermo Ferrández Pérez, así como de toda la familia capitaneada por Josefa Galant Esparza, fuente de conoc imiento, consejos y experiencia. Quiero agradecer tamb ién la l ab or d e l a doctora María Loren zo Martínez aportand o diversos puntos de vista sobre las diferentes vicisi tudes que tienen lugar durante la etapa predoc toral, así como la de todos los habitantes de “la casica”, com o fuente de re cuperaci ón necesaria para continuar el trabajo. Lo mism o puedo decir para la que consi dero mi familia gall ega, quienes también han so portado esta tesis, contribuyendo con su amistad a mitigar cualqu ier impedimen to. Es preci so en este pun to destacar e l caso de Alb a García Pico , quien ha pr estado sopo rte en tareas de traducción. En gener al, agrad ezco la p articipac ión en e sta me lodí a a las p ersonas que me han acomp añado durante el largo recor rido, reso lviendo duda s, con su ap oyo técnico o simplemen te sirvien do como r efugio. INTRODUCCIÓN La idea de desarrollar un estudio comparado y a largo pla zo sobre el complejo fenómeno del clientelismo político se gestó durante la realizació n del trabajo d e fin de máster “La r epre sión franquista en la retaguardia r epublicana y la retaguardia franquista desde una perspectiva comparada: el caso d e A rzúa (A Coruña) y Almor adí (Alic ante)” leído en el año 2014 en el marco del máste r interuniversitario en Hist oria Contemporánea. Dicho trabajo fue mi primer a aproximación empírica rea l hacia las c omplejas dinámicas sociales y políticas que marcaba n la vida c otidiana del primer tercio del S. XX., y, debido a mi poca e xperiencia hist oriográfic a, así como los condicionantes psicosoc iales emanados de una soc ialización presentista, y ca si siempre sesg ada en relación con las “verdades históricas”, todo ello me supuso un auténtico punto de inflexión con respecto al ejercicio de la profesión. Más allá de l a existencia d e una Historia lineal, de finida, ordenada y cerrada, qu e respondía pe rfectamente a la “foto fija” que se transmite e n el discurso ofic ial y gran p arte de la enseñanza secund aria, el ejer cicio de tareas emanada s de la inv estigación, tales c omo la crítica de fuentes, la comparativa historiográfica y el cuestionamiento de lo s relatos oficiales, ofrecían unas perspectivas nov edosas a la par que imprescindibles para seguir crec iendo en la disciplina. Quizá lo más im por tante dentro de este proceso fue el descubrimiento de lo que otros colegas calificaban como “mitos” del discurs o oficial. Forjados por la memoria, la historia dirigida y en ocasiones sus propios protagonistas, su e xistencia revelaba la necesidad de emple ar la máxima carte siana de la duda, en todo aquello que hasta el momento se me prese ntaba como una certeza historiográfica, º que iba mucho más allá del mero conocimiento sobre las sociedades del pasado que se adquiere durante la etapa universitaria, ya que se insertaba en la so cialización política del propio in dividuo. Memorias, relatos y discu rsos que p arten d el primer ámbito de socialización, la familia, para completarse durante el transcurso de los años con los mensa jes que emanan de la educación, los medios de comunicación, las conver saciones cotidianas desarrolladas fuera d e los lími tes de la profesión y el desarr ollo de una per sonalidad política c oncreta. En mi caso, existía ad emás un acontecimiento famili ar que h abía influido de forma clara en este pro ce so: el asesinato de mi bisab uelo en 1940 por mor de su militancia en el Partido Comunista de España y las ac tividades que pudiera desarrollar durante la G uerr a. A diferencia de otras memorias familiares en l as que los acontecimientos similares son silenciados y, por ende, suelen quedar fuera de los procesos de so cialización política de sus miembros, en este caso la memoria de aquel fusilamiento se insert aba de lleno en nuestras conversaciones, las explicaciones sobre el pasado y la construcción d e un relato. Se hablaba de la II República como el único período en el que existió justicia social en nuestra hist oria reciente, y el lugar en el que buscar una democracia que, desde que fue arrebatada por un golpe sa ngriento, solo se presentó ante los ciudadanos del Estado Español como un de stello de lo que fue. Sin duda, dicho axioma tuvo e videntes consecuencias en que desarrollara un interé s especial por un período histórico en particular , la II República y la Guerra, a la hora de ejercer la Historia como profesión específica. Esto mismo ocurre con la elección de los objetos de estudio, las perspectivas de aná lisis y las preguntas a re alizar a las fuentes que planteé al comienzo del citado trabajo final de máster. S in embar go, y como s e mencionó anteriormente, fue el desarrollo de dicho trabajo mediante el empleo de un método científico, profundizando en la discusión historiográfica y acudiendo a las fuentes primarias dire ctamente, lo que me llevó 18 a deliberar sobre la constr ucción de mitos históricos, y como esos mitos puede n influir en mi visión del pasado y cómo abordarlo. De esta forma, a la hora de realizar un tr abajo s obre la violencia política de posgu erra ejercida por el Régimen de Franco, estos imaginarios se repetían, si ca be, con mayor a siduidad, ya que su importancia en la elabor ació n de relatos sobre el pasado reciente de la España Contemporánea resulta evidente. Así, e l influjo de un discurso oficial construido al calor de casi cuare nta años de Dictadura sa caba a la luz múlti ples visiones del proceso q ue se inse rtan en la construcción d e una memoria ciudadana muy concreta, y que se sumaban a la so cializac ión primaria que tuvo lugar en el ámbito d e la familia y el territorio d e origen. C on todo, las herra mientas forjadas du ra nte los años de carrera y máster, la disponibili dad de abund ante bibliografía sobre la materia, junt o con una ace rtada dir ecc ión por part e del doctor Daniel Lanero, me ayudaron a cuestionar muchos de eso s mitos hasta ese momento presentes en mi concienc i a de historiadora. Todo ello me mostró otra s visiones sobre la “agitada” primavera de 1936, los casus belli del Golpe, los “matices” de la lucha d e clases, y su desarrollo dura nt e la II República y la Guerra, a l a vez qu e otros relativos a la idealización de la propia República como exponente máximo de democratización social. Las pesquisas mostraba n una continuidad de élites anteriores c uyas actuaciones se definían por el d esarrollo de prácticas clientel are s que cuesti onaban todo un imaginario prop io sobre la democratización acaecida en 1931. La re alidad se presentab a con una compl ejidad tal, que desbordaba cualquiera de las memorias imperantes en nu estra sociedad y, por ende, de las construcciones subjetivas del pasa do, presentes en toda socialización indivi dual. Como expuse, el punto ál gido de este proceso tuvo lug ar con el descubrimiento de una serie de documentos concretos durante la investiga ción efectuada en el marco de dicho trabajo, concre tamente, treinta y cinco c artas presentes en e l Centro Documental de la Memoria Histórica entre el alcalde republicano de l municipio alicantino de Almoradí, Aquilino Herrera, y el diputado a Cortes por el Partido Radical, César Oa rrichena Genaro. Herrera, c omo un pe rfil al que conocía y h abía investi gado por representar una de las figur as más importantes del período republicano en el municipio de Almoradí, solicitaba constanteme nte prebendas al diputado, tales como la colocación laboral de individuos, la intercesión administrativa en asuntos de interés local, o la dirección de la implantación de partidos de izquierda en el municipio desde 1931, disertando sobre si dar entrada en ellos o no, a personas que hasta el momento eran c onsideradas “caciques” de la Dictadur a. El fondo de carta s coincidía perfectamente con las definiciones de clientelismo polí tico que había apre ndido durante la carrera y perfeccionado en el cont exto del cita do máster. Por ello, este descubrimiento se mostraba como una contr adicc ión e n primer g rado que desembocó en el cue stionamiento de los relatos aprendidos e int erior izados, un punto de inflexión qu e poní a s obre la mesa una importante cantidad de nuevas preguntas y el deseo de responderlas. Todo ello fue g anando peso en el citado TFM al realizar un ejercicio comparativo del municipio de Almoradí con el de Arzúa (A Coruñ a), ya que los indicios apuntaban a que las cartas no reflejaban una concreción espec ífica de l municipio alicantino, sino la evidencia de que las redes clientelares operantes durante la Restauración no desistieron en la bú squeda de sus intereses per se con la llegada del 14 de abril. Como es lógico, desarrollaron estrategias concre tas par a continuar con una maquinari a del poder que as egura ba y acrece ntaba su reproducción mater ial con el paso de los años. Existía historiografía al re specto compuesta por un gran núm ero de estudios de caso que h a sta el momento d esconocía, intentos de sistematización más o menos certeros, reflexiones y análisis. No obstante, se echaba en falta una teoría sólida que articulase la respuesta a uno s proc esos que, sin duda , cuest ionan mitos muy estables en la con ciencia ciudad ana, concretamente la identifi ca ción de clientelismo 19 político con un caciquismo restaur acionista que desaparece sin dejar r astro tras el 13 de septiembre de 1923. Un corsé conceptual que im pide incidir sobre la continuidad de las élites políticas locales a largo plazo y las múl tiples preguntas que plantea este proceso, relativas a su capacidad de adaptación políti ca entr e regímenes y su im pac to en la democratización del sistema. Para esto, cabe poner el foco e n lo acontecido dur ante la II República, un importante objeto de debate historiográfico en la a ctualidad que abre una reflexión sobre los límites y posibilidades de la democrac i a c omo sistema. Historiografía: El concepto de caciquismo se evidencia como problemático desde que fue acuñado a fin ales del S. XIX, debido a las d ifere ntes co rriente s int erpretativas y debates qu e ha generado en disciplinas como la Historia , la Antropología, la Sociología o la Ciencia Política. Su origen formal se sitúa en el año 1884, cuando el diccionario de la R ea l Academia lo recoge por primera vez con un significa nte clara mente peyorativo, que bebía de las crítica s que intelec tuales como Gumersindo de Azcárate realizaban hacia la corrupción impera nte en el sis tema parlamentar io 1 . Sin embar go, ser á a p artir del “desastre” de 1898 cuando el concepto s e generalice gra cias al pensamiento regeneracionist a enarbolado por Joa quín Costa, que situará el fenómeno en el centro del debate político como la causa más significativa del “atraso” español. Así, para esta corriente , si el Estado español no había alcanzado un grado de desarrollo similar al de otras potencias europea s era po r la e xistencia de una oligarquía e specífica que e xpoliaba los recursos en beneficio propio, valiéndose de la corrupción del sistema político y electoral que solo era subsanable media nte la i ntervención d e un “cirujano de hierro”. Hipótesis que fueron asumidas por algunos de los int elec tuales más destacados de la época, como Ortega i Gasset o Azaña, quienes situaban al cacique como el principa l obst ác ulo para la democratización del sistema 2 . En el terre no de la historiografía propiamente dich a, los análisis del concepto en base a su potencial para explicar el deve nir de la sociedad es pañola a finales del XIX y principios del XX comenzaron a realizarse a partir de la década de l os 60. En este sentido, en la sistematización historiográfica rea lizada por Garrido Martín en 19 89 se definirán dos corrientes interpretativas principales, que variarán en sus modelos explicativos a la hora de dotar de centralidad al terreno de lo estrictamente político, o e n la búsqueda de respuestas en los análisis económicos 3 . La vertiente económica era compartida por historiadores como Manuel T uñón de Lara, Richard Herr o Alfonso Ortí quienes recogían el testigo del regeneracio nismo costista para definir el fenómeno como un síntoma del fracaso de la revolución liberal en España, y, por ende, del atraso. I nfluenciados por la teoría m arxista, sus explicac iones tenían como epicentro el ámbito socioeconómico del f enómeno, explicado en base a los con ce ptos de luch a de clas es y explotación. En este senti do, Tuñón de Lara identificó el caciquismo con el llamado “bloque de poder”, que definía una suerte de pacto entre oligarquías mediante el cual asegurarse el dominio político del p aís. El poder del caciq ue emanaba directamente de su posición económica, ya qu e era siempre identificable con la persona con mayo r patrimoni o -el “ricacho”- , o algún administrador que actuaba a su servicio. Por su parte, Alfonso Or tí definía el caciquismo como un simpl e reflejo institucional de l as relaciones de dominación loc al focaliza das en un ámbit o rural “mísero” y con evidentes d esigualdades sociales 4 . La dominación de clase sup onía el cajón de sastre e n el que vert er las diferentes hipót esis sin 1 MORENO LUZÓN, J. (2006): “A historiografía sobre o caciquismo espanhol: balanço e novas perspectivas” en Analise social , nº 178, pp. 9- 29 , p. 10. 2 Ibid ... 11. 3 GARRIDO MARTÍN, A. (1989): “Historiografía sobre el caciquism o: balance y perspectivas” en Hispania: revista española de Historia , nº 176, pp. 1349 - 1360, p. 1350. 4 ORTÍ, A. (1975): “Estudio introductorio” en COSTA, J.: Oli garquía y caciquismo , Madrid: Revista de trabajo, p. 256. 20 prestar atención a las distintas particular idades y de bates sobre el fenómeno, señalando el tópico constante del atra so rural y el consiguiente subdesa rrollo de la población ca mpesina. Sin embargo, estos primeros estudios comienzan a reflexionar sob re algunas particularidades del concepto muy útiles para su análisis. Entre ellas, cabría de stacar el conc epto de re d y la func ión de los diferentes nudos en estas, que prese ntarían como una estructura organizativa de las oligarquías locales en paralelo al Estado, donde “tanto los líderes lo cales de los partidos como los funcionarios locales podían pertenecer a la red caciquil, pero ellos cumpl ían funciones de esa re d en su papel de caciques y no en sus posiciones públicas” 5 . Resultan interesantes, a su vez, algunas de l as aportaciones realizadas por historiadores adscritos al modelo socioeconómico como Durán, Yanini o Riquer a la hora de conceptualizar el fenómeno del caciquismo. En el caso d e Yanini , destacaría su int ención de pos icionar el fraude electoral en un s egundo plano, identificándolo como un medio para la obtención del poder en lugar de un fin, una máxima pr esente en el conjunto teórico en el que se basa este trabajo 6 . En lo que atañ e a De R iquer romperá con muchos de los análisis imperantes hasta la fecha al señalar que además de un caciquismo ejercido por los propietarios rurales existiría otro similar de un matiz industrial, comenzando a res quebra jar el tópi co del atraso ca mpesino y entendiendo, por lo tanto, el ámbito socioeconómico en todas sus variables 7 . Pero sin duda fue Durán quien realizará un o de los principales aportes al poner sobre la mesa la nece sidad de investigar la realidad local y enfocar el estudio del caciquismo de un modo ascendente 8 . Gracias a sus trabajos, comienza a ganar peso la perspecti va que asegura que el sistema clientelar no era org anizado d esde Ma drid con el fin de extender los límites del Estado hasta la periferia, sino que sería el espa cio primigenio de desarrollo d e las relaciones política s, lo local, la base territorial de las redes de influencia caciquiles que se extenderían por el te rritorio nacional. El testigo sería recogido por Xosé Ramón Veig a Alonso, quien complementaría esta hipótesis mediante el estudio del caciquismo como un a var iable del clientelismo políti co, analizándolo con una p erspectiva local y en base a dos aspectos principales de su r eproducción que b ebían directamente del ámbito de socialización primigenio de los indi viduos: la familia y el territorio 9 . Por otra parte , y c omo se seña ló, la llamada esc uela política comenz ó a definir el concepto de c ac iquismo como un f enómeno meramente electoral, mot ivo por el c ual situaron sus análisis en el ámbito de la políti ca formal. Entre los investi gadore s más destacados de esta corriente cabría situa r a José Varela Ortega, quien dotó de un importante peso al favor administrativo como elemento vertebrador del sistema caciquil. El cacique, por su parte, no era n ecesaria mente un indi viduo que controla ba el poder económico, sino que su preminencia social y polí tica bebía directamente d el manejo del aparato administrativo. En consec uencia, este sistema solo era concebible en un marco de desmovilización política generalizada, en el que los ciudadanos no interfirieran mediante la práctica democrática en el devenir de estas oligarq uías 10 . Romero Maura será otro de los aband era dos de esta corriente al inte rpre tar el caciquismo como un reflejo de los sistemas de clie ntelismo político investigados en otros lugare s. A su ve z, será de los primeros hist oriadore s políticos en do tar de cap acidad de agencia a la clientela, desplazando el an alfa betismo y la desmovilización com o principales modelos explicativos, para 5 HERR, R. (1978): “La élite terrateniente española en el S. XIX” en Cuadernos de Investigación Histórica , p. 612. 6 YANINI, A. (1984): El caciquisme , Valencia: Institució Alfons el Magnànim, p. 2 2. 7 RIQUER, B. (1985): “Birguesos, politics i cacics a l´Espanya de la Restauració” en L´Avenç , nº 85, pp. 16-33. 8 DURÁN, J. A. (1972): Historia de caciques, bandos e ideologías en la Galicia no ur bana (Rianxo, 1910 -1914) , Madrid: Siglo XXI. 9 VEIGA ALONSO, X. R. (1999): “Los marcos sociales del clientelismo político” en Historia social , nº 34, páginas 27-44, p. 28. 10 VARELA ORTEGA, J. (1977): Lo s amigos políticos: partidos, elec ciones y caciqu ismo e n la España de la Restauración (1875-1900) , Madrid: Alianza, p. 342. 21 señalar el factor beneficio en el centro del tablero de motivaciones de los clientes. Las redes clientelare s, por lo tanto, no era n aparatos de explotación c ampesina sin más, sino que contaban con la t ransmisión de un flujo de recursos qu e satisfacía l as necesidades de los client es, y, en ocasiones, las del conjunto de la comunidad. Con trolar esos flujos de recursos a través de la política oficial sería la máxima común de todo cacique, por lo que cabía situar su análisis en el centro del ta blero. Junto con estos historiadores, Javie r Tusell también será uno de los máximos representantes de esta corr iente al defender como post ulado central la ne ce sidad de estudiar el encasillado como e picentro del sistema clientelar. Este punto de vista irá de la mano de la recuperación del modelo piramidal Estado -periferia de Joaquín Costa como marco interpretativo básico d el fenómeno, por lo que am bas cuestiones confluirán en una perspectiva analítica centrada en los procesos electora l es y e l turno restauracionista. Los puntos de vista de es tos autore s confluye ron en la llamada e scuela de la nueva historia política y tuvieron como r esultado la proliferac ión de un im portante número de estudios de caso centrados en los aná lisis elec toral es 11 . En el año 2001 este proceso daría lug ar a la publicac ión del libro El poder de la influencia , coordinado por Vare la Ortega, y que configuraba un mapa estatal de caciques aglutinando difere ntes perspectivas locales, con el fin de alcanzar una panorámica global. El mapa de perfiles señalaba la diversidad socioeconómica de los actores, ya que se componía d e i ndividuos adscritos a la burguesía agraria comercial en Valen cia, la gran propiedad en Anda lucía o los profesionales del Dere cho en Galicia. Princip almente se investigaban individuos adscritos a l a alta polí tica como diputados o senadores, utili za ndo en muchos casos la metodo logía prosopográfica em pleada en este tra bajo. Con todo, el fuerte arra igo y popularidad de esta corriente ayudaron a sit uar dos de los tópi cos más cuestionados por este tr abajo en la cen tralidad de muchas investigaciones, el analfabetismo y el atra so rural como causa, y el terr itorio electoral como desti no principa l del sistema: “Son cuatro las causas más reiteradas para exp licar la pervivencia hasta 1923 en la mayoría de los enclaves no urbanos de este ti po de reciale s, por posición social del cacique y su capacidad de influencia incluso más al lá de la esfera de la vida local . Se trata del atr aso econó mico y de l analfabetis mo su mado en tercer l ug ar a la escasa afluenci a de vo tantes decididos, pese a las coacciones, a e mitir el sufragio según sus prefe rencias i deológ icas. Y se alude, en cuarto lugar, a la reducida y muy l oca lizada capacida d organizativa estable y mov ilizadora de ca ra a los comicios de los dos part idos más identifi cados con las de mandas de los sectores d e men or renta, e l republic anismo y el socialismo” 12 . Sin embargo, la extensión de la nueva historia política también tuvo como resultado la publicación de obra s que, hasta hoy día, pueden ser consideradas re fe rentes en lo relativo al estudio de la materia clientelar en el Estado español. Uno de ellos es el libro Política en Penumbra coo rdinado p or Antonio Robles Egea, que se elabora en b ase a la cada v ez m ás demandada perspectiva multidisciplinar, a l inclui r a autore s procede ntes de la cienc ia política - 11 MORENO LUZÓN (2006): 18. 12 CARNERO ARBAT, T. (1977): “De mocratización ilimi tada y deterioro político en España, 1874-1930 ” e n VV.AA.: Democracia, elecciones y modernización en Europa: siglos XIX y XX . Alicante: instituto de cult ura Juan Gil-Albert, 1997, páginas: 203-240, p. 205. 22 como Ra món Maíz- o la antropología - González Alca ntud- 13 . La a pertura de los límite s estatales, al relacionar el caciquismo con el concepto de “clientelismo político”, que ya era trabajado por disciplinas como la Antropología, la S ociología o la Ciencia Política, permitirá incluir la perspectiva interna cional en los análisi s, desarrollando int ere santes estudios comparados con sistemas como el de la Italia Liberal o Portugal 14 . Con todo, esta corriente utilizará en la mayor parte de sus e xpresiones locales la política oficial como ce ntro del tablero de estudio. Debido a que el poder residía e n la adm inistración como mecanismo de distribución de fa vores, el fenómeno caciquil era subsidiario de esta y no estaba compuesto sim plemente por oli garc as, sino por burócratas, funcionar ios y profesionales liberales con capacidad para manejar el sistem a. El a para to tenía su sede en Madrid, y la finalidad última de con ec tar el Estado con los centros de poder pe riféricos, valiéndose del turno pacífico para perpetuarse. La ca pacidad de todos estos factores para tr ansferir al Estado español de estabilidad en su proceso de construcción y expansión ha sido r eseña da por autore s como Cruz Arta cho, que critica a la escuela de la nueva historia polí tica por dotar al caciquismo d e “un cierto halo de utilidad pública, aun cuando transitoria, en el pr oceso de modernización de los hábitos y la cultura política de los españoles” 15 . En contraposición a esta corr iente interp re tativa, cabría señalar a la escuela de la historia social agraria, que vuelve a sit uar los análisis socioeconómicos en la centralidad del estudio sobre el clientelismo. Al igual que la nu eva hist oria política, esta corriente se valdrá de la perspec tiva multidisplinar pa ra e laborar sus enfoques, otorgando un importante papel a herra mientas procedentes de disciplinas como la a ntropología s ocial. Recogiendo el testigo de Durán, most rarán preferencia por los estudios de c aso y el microanálisis, elaborando a partir del mismo un enfoque ascendente basa do en los marcos sociales definidos por Veiga Alonso, la familia y el te rritorio, en el que la s oligarquías lo cales no era n el últim o e slabón de la cade na caciquil, sino el primero . Además de esto, la His toria Social Agraria rechazará el tópico del fracaso de l a revolu ción liberal española al señ alar el pre dominio de prácticas e instituciones capitalistas sobre los re stos feudales del Antiguo Régimen. En consecue nc ia, lo que sucedía en España partía de una vertiente socioeconómica compartida con el r esto de los países europeos, lo que sitúa de nue vo el fe nómeno c lientelar en un e nfoque internacional 16 . Además, el desplazamie nto de la política oficial y la administración como ámbito predilecto de actuac ión del clientelismo para com enza r a hablar de r eproducción material e interés económico desplazó los análisis sobre los grandes proce sos político -electorales. La comunidad local y el ámbito rural se convertían, así, en dos de los principales objetos de estudio para comprender el fenóm eno clientelar, surgiendo nuevas y diferentes explicaciones sobre las lógicas y los porqués de los compo rtamientos políti cos rurales y campesinos. Ampliando lo que ya pre coniza ban algunas voces de la historia polí tica como R omero Maura, la causalidad de l fenómeno no residiría en el analfabetismo ni en l a apatía de la población, sino en una relación contractual cliente-patrón que te ndría como lógica comú n la capacidad de reproducción material y las diferentes estrategias para alcanzarla. Todo ello conseguía incluir al mundo rura l en genera l, y al c ampesinado en par ticular, como un sujeto ac tivo de la re lación, cuestionando su tópica incapacidad polí tica e inactividad social, y por lo tanto dotándolo de agencia en el marco de la España de la Restau rac ión, ya que hasta este momento estaba 13 ROBLES EGEA, A. (Coord) (1996): Política en penumbra: patronazgo y clientelismo políticos en la España Contemporánea , Madrid: Siglo XXI. 14 CASSIMIRI, S. y SUÁREZ CORTINA, M. (Coords)(1998): La Europa del sur en la época liberal: España, Italia y Portugal. Una perspectiva comparada , S anta nder: Servicio de publicaciones de la Universidad de Cantabria. 15 CRUZ ARTACHOS. (2009): “Clientes, clientelas y políticas de la España de la Restauració n” en Revista Ayer , nº 36, 1999, páginas 105-129, p. 110. 16 MORENO LUZÓN (2006): 24. 23 desplazado a la categoría de sujeto pasivo 17 . Junto con lo expuesto, la ruptura del corsé institucional y la perspec tiva multidiciplinar trajeron consigo una proliferac ión de análisis que interrelacionaba n factores políticos, sociales y económicos, constituyendo su paradigma la publicación en 1997 de las actas del congreso int ernac ional sobre pode r local, élites y cambio social en la Galicia n o urbana (1874-1936 ), una im portante referencia a ctual para la investigación del clientelismo en España 18 . Más allá del 13 d e septiembre: el cliente lismo e n la Dictadura de Primo de River a y la II República. Como se pudo compro bar, una de las p erspectivas comunes a ambas corrientes se rá el reconoc imiento d el caciquismo como un reflejo pa rticular del fenómeno glo bal del clientelismo político y los sistemas de patronazgo. Esta, er a una conditio sine qua non en la asunción de una perspec tiva mul tidisciplinar, que int egra se los estudios sobre la España de la Restaura ción en un mar co teór ico concreto y ya a plicado en otros escenarios y cronologías por la A ntropología, la Ciencia Política y la Sociología. Con todo, la equiparación conceptual traía consigo la máxima de desencorsetar el caciquismo del período de la R estaur ación y cuestionar uno de los principales mitos extendidos por la dictadura de P rimo de Rivera, relativos a que el golpe del 13 de septiembre h abía puesto fin al sistema, evidenciándose como el cirujano de hierro preconizado por Costa. Los primeros intentos de romper con el h erme tismo restauracionista que había caracter izado a los e studi os sobre cac iquismo tuvi eron luga r a comienz os de los años 90 dentro de la escuela política, donde se planteó la n ecesidad de ampliar los análisis el ectora les al período isabelino para mejor ar la comprensión sobre la m ateria 19 . En este sentido, los diferentes tr abajos que siguieron la línea descrita s eñalaron las similitudes entre Restaura ción y monarquía Isabelina, en lo que atañe al sistema clientela r y las dinámicas de fraude electoral 20 . Esto puso de relieve, de nuevo, que la natura leza del sistema no se circunscribía al corsé re stauracionista, lo que invitaba a explorar otros períodos como la di ctadura de Primo de R ivera o la II República. El ejerc icio era (y es) sin duda arriesgado, sobr e todo desde la concepción de clientelismo y caciquismo como un fe nómeno adsc rito exclusivamente a la manipulac ión elec toral, uno de los mayores impedimentos analíticos a la hora de am pliar los estudios más allá de 1923. Por otra parte, la metodol ogía empleada en estos estudios de caso supondrá un importante condicionante a la hor a de elaborar las interpretaciones. Como se dijo, la escuela política y los estudios electorales encontrarán un gran im pedimento par a extender los análisis a un p eríodo en el que no había ele cciones. Ante esto, una d e las dinámicas más comun es fue el estudio de las continuidades y sustituciones de perfiles considerados “cac iques” al frente de las instituciones de gobierno 21 , una práctica que comporta un gran riesgo metodoló gico en sí misma por varias cuestiones. La primera sería la de dota r de la etiqueta de caciques a individuos en base a su continuidad o susti tución entre r egímenes, algo que dejaría fuera una gran parte de los aportes multidisciplinares que entiende n el caciquismo como un fenómeno social y no 17 CRUZ ARTACHO (1999): 118. 18 FERNÁNDEZ PRIETO, L; NÚÑEZ SEIXAS, X. M.; ARTIAG A REGO, A; BALBOA, X.: Poder lo cal, elites e cambio social na Galicia non urbana (1874-1936) , Santiago de Compostela: Universidade de Santiago de Compostela. 19 ROMERO SALVADOR, C. (1999): “La suplantación campesina en la ortodoxia electoral” en PEIRÓ, I. y RÚJULA, P. (Coords): La historia local en la España contemporánea: estudios y refle xiones desde Aragón , Barc elona: L´Avenç, p. 85. 20 CABALLERO DOMÍNGUEZ, M. y ROMERO SALVADOR, C. (2006): “Oligarquía y ca ciquismo durante el período de Isabel II (1833 - 1868)” en Historia Agraria , nº 38, pp. 7-26, p. 24. 21 LINZ, J. (1972) “Continuidad y discontinuidad en la élite políti ca española: De la Restauración al régimen actual”, en Estudios de Ciencia Política y Sociología , págs. 361-423; DE PABLO, S. (1990):“Continuidad y cambio en las élites políticas locales, de la Restauración a la II República, el caso de Ál va” en Espacio, tiempo y forma, Serie V (Historia Contemporánea) , t. 3, pp. 237-248. 24 individual. Quedarían fu era los análisis de redes, y la posibilidad -investig ada en los estudios de ca so aportados por este trabajo- de que se produjeran relevos en las mismas en base a estrategias familiare s. P or otra parte , pr estar at ención a los cargos ocupados por ciertos individuos en lugar de los mecanismos de interc ambio clientelar desarrollados durante el ejercic io de dichos cargos comporta el riesgo, ad emás, de considerar “cacique” a un individuo solo por el puesto que ocupase en la administración. Esto implica, a su vez, que se entienda la posible sustitución de estos individuos como un cambio de sistema, sin ll egar a analizar si los nuevos actores transforman las dinámicas c lientelares o las adaptan sin más. Junto con lo expuesto, cabría hacer r eferenc ia al hecho de que estos modelos analíticos dejarían f uera la e videncia aporta da por la antropología re lativa al largo plazo de las relaciones clientelare s, entendiendo que un sistema de organización social ca racterizado por la existencia de múltiples compromiso s cruza dos entre patrones y clientes podía de saparecer si desapare cían las elecc iones, o si se ord ena ba d esde Madrid. Todas estas cuestiones desembocaron en la existencia de múl tiples hipótesis sobre lo sucedido más allá de 1923. A modo de ejemplo, y para el caso granadino, Cruz Artacho deliberó que la alta competencia emanada de las últimas elecciones de la Restauración en el citado distrito se traducía en el hecho de que el sistema clientelar se habí a erosionado por la participación de nuevos actores, y por lo tanto no podía tener continuidad 22 , sin considerar l a dificultad de establecer conclusiones sobre unas dinámicas forjadas al calor del largo plazo me diante una foto fija de unas elec ciones concretas. Por otra parte, el hecho de que proliferara un conjunto de estudios que comenzaban a reflexionar sobre la necesidad de incluir el l argo plazo en las investigaciones trajo consigo la profusión de diferentes modelos analíticos para el estudio del caciquismo en España. Un ejemp lo sería Cazorla Pérez, quien delimita el clientelismo español en dos subsi stemas, el clie ntelismo tradicional y el clientelismo de partido 23 . P ara este autor, las diferencias entre uno y otro radican en el hecho de que en e l clientelismo moderno (d e partido) los recursos no constituirían un monop olio del patrón, sino un rasgo definitorio del Estado de Bienestar que el inte rmediario distrib uirá a cambio de fidelidad polí tica, utilizando un partido como instrumento. Otro de los ejemplos lo constituye Robles Egea , quien, asumiendo la propuesta de clientelismo tradicional y clientelismo de partido, introduce para las dictaduras de P rimo de Rive ra y Franco el l lamado modelo de “clientelismo de partido único”, basá ndose para el lo en la a usencia de elecciones 24 . Con todo, no e xiste una p ostura clara y c onsensuad a sobre las t ransformaciones del sistema clientelar más allá d e 1923, ya que las dinámicas hist oriográ ficas, por nor ma general, se han marcado por los estudios de caso basados en las continuidades de perfiles concretos en altas capas de la administración 25 . Esta dinámica redunda en la existencia de conclusiones dispares, 22 CRUZ ARTACHO, S . (1996 ) : “Estru ctura y conflicto social en el caciquismo clásico. Caciqu es y c ampesinos en el mund o rural granadino (1890-1923)” en ROBLES EGEA, A. (co ord): Polític a en penumbra: Patronazgo y clientelismo político en la España contemporánea , Madrid: Siglo Veintiuno, Pp. 191-213, p. 212-213. 23 CAZORLA PÉREZ, J. (1995): “El clientelismo de partido en la España de hoy: u na disfunción de la democrac ia” en Revista de Estudios Políticos (Nueva época) , nº 87, pp. 35-52. 24 ROBLES EGEA, A. (1996): “Sistemas políticos, mutaciones y modelos de las re laciones de p atr onazgo en la España del S. XX” en ROBLES EGEA, A. (coord): P olítica en penumbra: Patronazgo y clientelismo político e n l a España contemporánea , Madrid: Siglo XXI, Pp. 229 - 251. 25 DE PABLO (1990): 242 ; VIG O FERNÁNDEZ, A. (2010): A ditadura de Prim o de Rivera en Lugo (1923 - 1930): Continuidade ou cambio? , Lugo: Deputación de Lugo; VEIGA, M. (2004): “O Réxime d e P rimo de Rive ra en Vigo e na provincia d e Pontevedra: Da espera nza á desilusión” en Pontevedra, Revista d e estudos pro vi nciais , 20, pp . 41-50; PONCE ALBERCA, J. (2009 ): “Entre el caciquismo y el regeneracionismo con servador: la Dictadura de Primo de Rivera (1923 -1930)” en PIÑEIRO MÁRQUEZ, M .A. ; MACARRO VERA, J.M.: Actas del VI Congreso de Historia de Carmona , Carmona: Ayuntamiento de Carm ona, pp. 19 9 -212; PALOMARES IBÁÑEZ, J.M. ( 1993): La Dictadura d e Primo de Rivera e n Valladolid: nuevos p olíticos para un nuevo caciqui smo , Valladolid: Secretariado de publicaciones de la Universid a d de Valladolid. 25 en la mayor parte de los casos, emana das de las dinámicas propias de los espacios investigados. Así, en algunos estudios se incorpora el mito del “ descuaje del caciquismo” preconizado por la Dictadura de Primo de R ivera en base a la documentación de una sustitución de élites a p artir de 1923 26 : “Los datos no dejan pues lugar a dudas sobre la discontinuidad en la clase políti ca producida por el golpe de se ptiembre (de 1923). No fu e la R epública la que barrió la clase social de la Restauración y la monarquía li bera l, sino la Dictadura d e P rimo de Rivera. Se llevó a cabo un proceso de sustit ució n de élite, debilitando las oligarquías tradicionales, activando la pequeña y mediana burguesía y cooptando en su lugar personal político en función de la repre sentación de intereses corpor ativos. De hecho, de los 429 asa mbleístas d e la dict adura de Prim o de Rivera, tan sólo 71 eran antiguos legisladores de la Restaurac ión” 27 . Por otra p arte, en otros, se identifica una sustit ución de élites en instancias superiores de la administración y la pervivencia de cuadros políticos destacados dur ante la Restauración en ayuntamientos e instit uciones locales 28 . La falta de conclusiones cla ras obliga a uti lizar l a perspec tiva multidisciplinar incorporando eleme ntos de la Antropología, la Sociología y la Ciencia Polí tica, y, con ello, analizar la base socio económica d e los prin cipales espacios de socialización - anter iormente definidos por Veig a Alonso como familia y territorio - p ara comprobar las mutaciones provoca das por e l Golpe de Primo de River a en el sistema clientelar. Además, los nombres de los ac tores pueden variar de un año a otro, pero la organización del clientelismo en redes invita a investigar hasta qué punto no existieron relevos estratégicos dentro de ella s, enc aminados a disfrazar sus actividades anteriores. Lo mismo sucede con los estudios sobre lo acaecido el 14 de abril de 1931, caracter izados por el análisis de re alidades locales con aportes diversos e intere santes, pero que, sin una perspec tiva comparada, difícilmente pueden aportar con clusiones generalizables. Ante este problema las investigaciones se han centrado en la búsqueda de pautas comunes que describan el comportamiento de las élites a la hora de r eadaptar su estatus económico, social y político anterior al r égimen republicano, centrándose en el ámbito electoral par a desarrollar s us trabajos. De esta forma, priman lo s análisis sobre las trayec torias políticas de las élites , centrados en las reconversiones partidistas acaecidas en 1931, que llevan a señalar al P artido Republicano Ra dical como p rincipal estructura de destino de los notables local es operantes durante la monarquía. Con todo, de e sta premisa se han obtenido diversas conclusiones en lo que respecta al impacto que tuvo este proceso sobre la democrati za ción republicana: des de la afirmac ión de que “la II República fu e el último disfraz de la Restaurac ión” 29 hasta la i dea de que “la II 26 LINZ (1972); YANINI MONTES, A. y GASCÓ, P. (2008): “Élites políticas en transición. España de 1875 a 1975” en Saitabi: revista de la Facultat de Ge ografía iHistòria , pp. 443-464. 27 LINZ (1972): 375-377 (Citado por YANINI y GASCÓ (2008): 453. 28 DE PABLO (1990): 242; VEIGA, MANUEL (2005): 42; VIG O F ERNÁNDEZ (2010): 100. 29 RODRÍGUEZ ACEVEDO, J. M. (2009): Ca ci quismo y cuestión agraria en Tenerife (1890 -1936) , Tenerife: Edicione s Idea, 2009. 32 se restringe a las pesquisas iniciales, con el fin de definir los sujetos del estudio y los objetivos de este, representando en un grafo a los diferentes individuos y clarificando cuestiones como su centra lidad en la estructura concreta, su gr ado r elac ional con el resto de actores (que pu ede variar en función del axiom a que indique la rela ción -parentesco, coincidencia en espacios políticos, simbólicos o de grupo -) y la capacidad de reproducción material y de poder del conjunto. De esta forma, los grafos que re flejan las posibles c onexiones de un grupo elabor ados mediante el ARS han se rvido para delimitar sobre qué individuos o estructuras grupales er a preciso aplicar la herramienta prosopográfica, capaz de aportar una dimens ión cualitativa a la investigación mediante la que explica r los resultados. Fuentes primarias para la elaboración de las fichas. Con todo, para obtener la información pres ente en las fichas ha sido preciso el ac ceso a diferentes fuentes de inv estigación que permitieran cruzar los datos, validarlos e indexarlos. Para e llo, se ha recurrido en primer término a la h emerografía histórica, cada vez más accesible debido a l ava nce en tareas de cataloga ción y digitalización on-line y su disp onibilidad en bases de datos. Mediante su a nálisis es posible delimitar dos procedimientos gl obales a la hora de estructurar la información, los discursos y los dat os relativos a la esfera cotidiana de los nodos investigados. Como resultado, es posible aseverar que el plano discursivo, utilizado e n muchos trabajos para definir las actuaciones de los individuos, pre cisará de un tra tamiento objetivizado que tenga en cuenta su int encionalidad a la hora d e trasladar una visión con creta sobre diferentes fenómenos. Así, un disc urso no tiene po r qué d efinir al individuo que lo pronuncia, sino que refleja la imagen que di cho individuo quiere transmitir a la esfera p ública, algo capaz de modularse en base a las difere ntes e strategias de lo s grupos en los dist intos períodos analizados. Un ejemplo interesante sobre esta afirmación lo constituye el almoradidense Antonio Girona, co nservador en los momentos iniciales del trabajo, cha pista -liberal prietista- tras 1908, jefe de la Unión Patriótica com arc al tras el golpe del 13 de septiembre y radical -socialista en la Segunda República, quien, transformará constantemente su discurso en cada período para adaptarlo a sus lógicas de reproducción mater ial y por consiguiente sus estrategias partidistas. Por lo tanto, para conocer con mayor profundidad su esfera c otidiana y el universo relacional que lo define, será necesario prestar atenció n a otro tipo d e informaciones pr esentes en la p rensa que pu eden pasar fácilmente desapercibidas. Estas inform aciones, por otr a p arte, no son fácilmente delimitables, puesto que atañen a todas las a ctuac iones -a p riori, poco interesantes- que la pren sa refleje sobre ese individuo o su familia. Es tas pueden aparecer a modo de publicidad, un i ndicador sobre su patrimonio, al igual que las concesiones estat ales o la publicación del nombre y el porcentaje de los a ccionistas de una sociedad mercantil. Junto con lo expuesto, la prensa también puede ser útil a la hora de reconstruir las relaciones de parentesco d entro de una red, sobre todo en espacios en los qu e las fue ntes sac ramentales - libros de bautismos, matrimonios y defunciones -, o civiles -padrones y regi stros- esc asean o son de difícil acceso. En este sentido, las esquelas pueden ser consideradas una de las más importantes aportaciones en esta materia, puesto que no incluirían únicamente el nombre del fallecido, sino que, en muchas ocasiones, se haría t ambién referencia a los de sus descendientes. Además, las noti cias que informan sobre el sepelio muestran información relevante sobre la composición de l grupo relacional del fa llecido, relativa a los a sistentes, el párroc o que ofic ia la cere monia o los portadores del féretro. En este gr upo también cabría incluir las publicaciones sobre enlaces m atrimoniales. Estas, pu eden aportar el lugar y la fecha de celebración de este y por lo tanto indicar en q ué libro p arroquial busca r el expediente. Más allá de ello, e n algunos casos las noticias sobre bodas incluyen e l nombre de los asistentes, los regalos que realizaron y los testigos. Sobre esta f igura -el testigo de boda-, una de las bases ana líticas de este trabajo, la 33 prensa pued e ampliar la información existente en el propio expediente matrimonial, situ ando al testigo -su posible ocupación de un cargo administrativo y judicial, su ra ma familiar...-. Además de los rituales c atólicos, la prensa suele hacer alusión a otro tipo d e celebrac iones y espacios d e sociabilidad en los que confluyen d iferentes élite s, sacando a relucir en muchos casos la composición de las r edes. Uno de los mejores ejemplos son los banquetes políticos, pero también las inaugu raciones, fi estas elitistas -privadas y públicas-, acompañamientos a visitas oficiales y un largo etcétera capaz de aportar luz sobre el univer so relacional de los individuos investigados, sus espac ios de sociabilidad y su dimensión cotidiana. Más allá de ello, la pr ensa podía publicar todo tipo de informaciones sobre esto s indi viduos difíciles de c ataloga r. El abanico es amplio, y será du rante la elaboración de la fich a prosopográfica -o del grafo analítico de r ed-, donde se estipule su aporte a la investigación. Como ejemplos de este ti po de datos publicados en pre nsa es posible señalar las listas de viajeros -en muchas ocasiones en compañía unos de otros -, las informaciones sobre reuniones -privadas o políticas-, las listas de sus criptores, las dir ectivas de partidos polí ticos, organizaciones y sindicatos, y un largo conj unto de fuentes en general nada descartables y difíciles de localiz ar fuera del campo hemerográfico. Pero la prensa puede sup oner una guía útil que en genera l se muestra incompleta a la hora de realizar las biogra fías de los investigados, puesto que los datos que mues tra, sin prejuic io de su valía, en muchas ocasiones resultan aislado s y difíciles de situ ar. De esta forma es indispensable conta r con todo el abanico de fuentes posible que enrique zca la inv estigación: desde las ya conocidas a ctas municipales hasta las listas de c ontribuciones, padrones de habitantes, expedientes d e asociaciones, y todas a quellas ca paces d e rellenar los apartados de las fichas prosopográficas. Es por este motivo por el que el tr abajo de archiv o se torna fundamental e n esta tare a, un espectro qu e comp arte con la prensa la dificultad de acotación. Así, en este trabajo, han sido realiza das aproximaciones documentales en diferentes ar chivos locales, provinciales y estatales. El primer nivel lo constituyen los archivos locales, sujetos generalmente a una cierta aleatoriedad con respect o a su o rganización y normativa interna. Concre tamente, han sido visitados los archivos municipa les de Noia y Almora dí, además del propio Ayuntamiento de Almoradí que actúa como espacio apartado d el archivo donde se conservan los libros de actas municipales. Los documentos utilizados en cada uno de est os archivos han variado en función de su disponibilidad, ya que, como se men ciona en múltiples ocasiones, en el caso almoradidense la documentación anterior a 1936 brilla por su ausencia. Por otra parte, en el Archivo Muni cipal de Noia ha sido posible acc ed er a documentación electoral -fragmentada e incompleta-, registros contributivos, matrículas industriales, las citadas actas muni cipales y corre spondencia. S i bien es cierto que todos estos fondos estarían incomple tos o restringidos a una cronología concreta, mediante el cruce de fuentes han supuesto un valioso aporte para completar las fichas prosopográficas. Dentro d e e ste escalafón archivístico cabría me ncionar también el archivo d e la Universidad de Santi ago de Compostela, donde se concentran expedientes estudiantiles que han a yudado e n el c aso noiés a definir l a profesión de un importante número de individuos investigados. En este nivel archivísti co tambi én cabría incluir las cesiones de documentación privada realiza das por individuos concre tos. En este sentido, re alizar una prospección sobre el volumen de esta documentación, capaz de poner nombr e a los individuos que la poseen, solo es posible mediante el trabajo de campo, la indagación y el conocimiento previo. En el caso noiés, donde la investigadora no c ontaba un capital relacional previo, ha se rvido de gran ayuda pa ra realizar esta tarea la colaboración del profe sor Raúl Soutelo, quien indicó nombres y contactos de 34 posibles poseedores de documentación. Se contactó, de este modo, con Jos é Luis Romaní, hijo de Rodrigo Romaní -uno de los principales actores políticos de Noia du rante la cronología investigada, que contribuyó con f otografías, información y do cumenta ción. Lo mismo ocurrió con Juan López, nieto de Juan López Medina, otro individuo clave en la Noi a de la II República, que aportó información e indicó un fondo epistola r que acababa de ser publicado. A su vez, en este esp acio h a se rvido d e gr an ayuda la colabo ración del g enealogista de ascendencia noiesa Daniel Smith Ramos, quien ha c edido información genealógica sobre un gran número de familias de la Noia de principios del S. XX que h a servido de guía para la posterior búsqueda en fuentes sacramentales. Este tipo de colaboraciones desinteresadas también se han registra do en e l municipio de Almoradí, si bien con un impacto menor sobre el resultado final del trabajo. C abe destacar los aportes documenta les de Javier Quiles -quien cedió la copia de un expediente incoado en 1939 sobre las a ctuac iones de algunos políti cos locales tras las elecciones d e febrero de 1936 -, a la vez que diferentes conv ersac iones con personas del municipio que, pese a que no pueden considerarse hist oria oral, ayudaban a situar a cier tos ac tores o a seleccionar las fuentes para su búsqueda. Estas actuac iones metodológicas permi tieron, además, r eflexionar sobre la forma en la que los persona jes por los que se pre guntaba permanecían en la memoria local. El segundo escalón archivístico en base a una división territorial lo compondrían los archivos diocesanos y parroquiales, con cretamente los de Orihuela y Santia go de C ompostela, que r ecoge n la documentación sacramental de los arciprestazgos que se encuentran b ajo su jurisdicción. Esta documentación se eviden cia como una fuente de gran u tilidad a la hora de reconstruir árboles gen ealógicos y grupos parentales conformados en base a figuras como las del testigo o el padrino. L os libros sacramentales disponibles pueden dividirse en tr es tipologías, bautizos, defunc iones y matrimonios, represe ntando esta última la que mayores aportes ha realiza do a la investigación al re coger el pare ntesco artificial conformado por testigos y padrinos. Con todo, esta fuente presenta dos problemas p rincipales, compuestos po r la titularidad privada de los archivos y las dificultades del proceso de trans misión documental entre parroquias y archivos diocesanos. Sobre la prim era de estas cuestiones, correspondiente a la titularidad privada, redundaría la dife renc ia c on los archivos públicos con respecto a las posibilidades de acceso, s ometida al criterio de los gestores y dificultada, en el caso de Orihuela, por la nec esidad de concertar las citas con semanas de antelación. Por otra parte, la lentitud en el proceso de transmisión de los documentos d e las parroquias a los archivos diocesanos provoca qu e, en estos últimos, muchos de los libros sacramentales necesarios no estén disponibles. Esto no ha s upuesto un impedimento de grandes dim ensiones en el ca so noiés, que conserva en el Archivo Diocesano de Santiago d e Compostela los libros sac ramentales d e la parroquia principal, San Martiño, en un rango de fechas comprendido entre 1881 y 1920, suficiente para realizar la s pesquisas en la cronología investigada. Sin embargo, en el c aso de Almoradí, los libros sacramentales disponibles en el Archivo Diocesano de Or i huel a no permitían emplea r la m etodología prosopográfica con la misma precisión que en Noia, d ebido a que el único libro accesible databa de 1904. De es ta forma, quedaba fuera de la do cumentación una gran parte de los matrimonios de los individuos investig ados, datados durante los últimos años del siglo XIX. Ante este problema, la solución fue la de acudir a la parroquia de la localidad alicantina con el fin de so licitar el acceso a la documentación que todavía no se h abía transferido al Archivo Diocesano, algo que hizo depe nder la i nvestigación de la age nda del párroc o y de su propio consentimiento. En este sentido, el trabajo en la parroquia estuvo sometido a vigilancia continua por el propio párr oco, ya que la inexistencia de un corpus normativo claro para el acceso a los documentos parr oquiales se tradujo en la aplicación de una gran cantidad de 35 restricciones -por ejemplo, la imposibilidad de rea lizar ning ún tipo de reprografía-. Además, dicho pá rroco solo permitió el a cceso e n dos ocasiones con un tiempo limitado de dos horas en cada una de ellas, impidiendo continuar la investigación en solicitudes de consulta posteriores. A todo esto, cabría sumar las dificultades añadidas que presenta de por sí el c aso Alicantino, motivadas por la propia dispersión demográfica del ter ritorio. Si bien es cierto que el muni cipio noiés se compone de cinco parroquias, c ada una con su p ropia do cumentac ión, las élites investigadas solían ef ec tuar los enlaces matrimoniales en el templo d e la v illa, la parroquia de San Martiño, posiblemente por e l hecho de que est a coincidía con su ve cindad. La e xcepción la conformar ía la familia Mariño Morales, residen te en la parroquia de Arga lo, cuyas fuentes también fueron consultadas en el Archivo Diocesano de S antiago. Sin embargo, en el caso Alicantino, sus propias c ara cterísticas territoriales dificultarían esta labor. Por un lado, en el estudio de caso es posible observar como muchos de los indi v iduos investigados en Almoradí procedían d e municipios cercanos, separados a dis tancias de e scasos kilómetros por carreteras llanas que facilitaban el contacto. Ante esto, muc hos de estos individuos seguirán realizando los rituales sacra mentales en sus municipios de origen, lo que en la actualidad se traduce en la existencia de una importante dispersión documental para su investigación. A esto ca bría sumar el desarrollo de una sue rte de mercado matrimonial comarcal motivado por los mismos factores, algo que también incidirá en la c itada dispersión. El siguiente nivel de arc hivos lo componen los a rchivos provinciales, concretamente el “Arquivo do Reino de Galicia” situado en la ciudad de A Coruñ a y el Archivo Histórico Provincial de Alicante, de igu al modo en la capital de la provincia. En el caso del archivo coruñés, e l fondo que mayores aportes ha realizado a este traba jo, lo constituye el de Gobierno Civil, que cuenta con expe dientes de aso ciaciones, de p artidos políticos, electorales, comunicacione s del gobernador con los dif erentes alcaldes y libros registro de cor responde ncia . Por otra p arte, en el caso Alicantino se mantiene el p atrón señ alado en el ar chivo muni cipal relativo a la escasa dispo nibilidad de fuentes. Así, el fondo de Gobierno C ivi l de esta entidad no ha supuesto un aporte documental destaca ble, pero sí otros fondos como el de soc iedades, donde se almacena n expedientes relativos a algunas empresas de la provincia. En última instancia, cabría citar los archivos de titularidad estata l y los de fundaciones como la de Antonio Maura , presente en la c iudad de Madrid. En el caso de los primeros ha sido posible acceder al Archivo Hist órico Nacional, d onde se depositan expedientes como el del delegado gubernativo Enrique Albert, muy valioso a la hora de poner luz sobre el proceso de sustitución clientelar ocurrido en Almoradí durante la Dictadura. A su ve z, cabría citar el Centro Documental d e la Me moria Histórica en la ciudad de Salamanca, que, si bien recoge documentación relativa a la Guerra Civil y la violencia política franquist a, conserva un importante número de d ocumentos utilizados po r la Dictadura de Franco para justificar los Consejos de Guerra realizados tras el fin de la g uerra. Entre esta info rmación se cuenta con corre spondencia cruzada entre las élites lo cales y algunos de sus prin cipales aliados en instancias supramunicipa les, que en el caso almoradidense h a permitido reconstruir el modus operandi de los partidos r epublicanos que controlaron la administración lo cal a partir de 1 931, mientras que, sobre Noia, además de lo expuesto para Almoradí, conserva documentación sobr e el corto período en el que Germá n Vidal Barreiro fue gobernador civil de Ciudad Real. En este escalafón archivísti co también se sitúa el Archivo General e Hist ór ico de Defensa de Madrid, que permite el acceso a algunos de los Consejos de Guerra incoados a indi viduos con una activa presencia políti ca durante la II Rep ública en Almoradí. Dichos expedientes, si bien, y como se explica en el punto corr espondiente, organizan la información para construir un relato preciso sobre hechos concretos, aportan importantes indicios sobre la trayectoria política de estos sujetos con anteriorida d al 18 de julio de 1936. Sin embargo, la subjetividad 36 de estos documentos obliga a su cruce con otras fuentes para obtener informac ión v álida que trasladar a las fichas prosopográficas. A todas estas actuaciones sobre fuentes p rimaria s cabría sumar el trabajo con bibliografía histórica, concretamente los compendios geográficos dirigidos por Francisco Carreras Candi, disponibles tanto para la provincia de A Coruña como para la de Alican te. Esta tarea ha resultado de especial utilidad para obtener una foto fija sobre los condicionantes demográficos y socioeconómicos del t err itorio a invest igar, bá sica para realizar una do cumenta ción previa que permitiera el desarrollo de las a ctuaciones m etodológicas descritas. Para supe rar los hándicaps que presenta esta fue nte para un estudio a largo plazo, principalmente el hecho de que la información se circunscriba únicamente a la fe cha de la publicación de dichos compendios geográfic os se ha utiliza do el Anuario Bailli-Bailiere, que recoge datos pormenoriza dos sobr e empresas, cargos y propiedades en ambos muni cipios. Como se podrá comprobar a lo largo del trabajo, esta fuente cuenta con una importante validez a l a hora de completar los apartados de las diferentes ficha s prosopográficas. El principal problema que presenta es e l cambio en las condicione s de acceso que ti ene luga r por mo r de su concentración con el ca talán Anuario Ri era y la conversión de ambos en el Anuario General de España desde el año 1912. Est e hecho i ncide en qu e p ara l a cons ulta de los anuarios posteriores a esta fecha sea necesario el acce so a la Bibli oteca Nacional de España y el trabajo en sala con microfilm. 1. MARCO TE ÓRICO: EL SISTEMA CLIENT ELAR. El clientelismo polí tico es un concepto que ha sido teorizado e investigado desde distintas perspec tivas en el conju nto de las ciencias sociales. Desde la an tropología hasta la historia, pasando por la ciencia políti ca o la sociología, no son pocos los autores que han tratado de dar respuesta a las características internas del fenóme no, difiriendo, en cuestio nes relativas a sus causas, significados y resultado s, como se pudo comprobar en la introducció n historiográfica. Pero si existe cierta unanimidad en algo es a la hora de d efinir el proceso cli entela r como una “relación de interc ambio desigual”, donde dos actores, el “ patrono” y el “cliente”, sustentan un sistema de rec iprocidad i nterpe rsonal 45 . Dentro del a banico de definiciones, el antropólogo James Scott es quiz á quien más profundiza en el aspecto del interca mbio, pu es lo disgrega en categorías fijas que explicarán el concepto yendo más allá de una domina ción oligárquica pe r se. Partiendo de la ba se de la desigualdad propiciada por el control de los recursos por parte del pat rón, las categorías definidas por Scott nos muestran que la sumisión del cliente tenía como clar o objetivo la reproducción de sus c on diciones materiales básicas de subsi stencia, algo que, podemos considerar que sustituye a la utilización de la a patía y el analfabetismo como principales explicaciones de partic ipación en un sistema claramente desigual 46 . Así, para Scott, el patrono proporcionaba al cliente medios básicos de subsistencia al otorgarle el acceso a la tierra de cultivo y la provisión de útiles de labra nza. Esto, se complementaba con una hipotética protección frente a peligros p rivados (bandidaje) o públicos (tribunales...), y una mediación a través de la utilización de la influencia ante el Estado y los poderes públicos. La rel ac ión se completaba con la caridad, mediante la cual el patrón podía subvencionar bienes públicos o privados en benefic io de la comunidad, así como propo rcionar un seguro de subsistencia para ti empos de crisis. Por su parte, el cliente responderá a estas concesiones m ediante la provisión de mano de obra básica, ya sea en calidad de empleado del patrón o con la prestación de trabajos y bienes suplementarios , y, como conce pto en el que la mayor parte de las invest igaciones ponen su punto de mira, la promoción de los intereses del patrono. Dicha promoción se puede traducir en fidelidades políticas que se expresan en forma 45 MORENO LUZÓN, Javier (1995): “Teoría del clientelismo y estudio de la política cac iquil ” en Rev ista d e Estudios Políticos Nueva Época, Nº 89, pp. 191 - 224; MAÍZ SUÁREZ, R. (1994): “Estructura y acció n: elementos para un modelo de análisis micropolítico del clientelismo”, en Revista interna ci onal de Sociología , n º 9-8, pp. 189-215. 46 Poniendo varios ejemplos entre lo que podemos considerar una co rriente interpretativa bastante extend ida, Teresa Carnero explica la sumisión al sistema clientelar en b ase a la apatía, desmovilización y analfabetismo de la po blación rural, todo ello ejemplo del atraso del mundo campesino. CARNERO, T. (1997): 205. A su vez, en el mismo sentido se han pronun ciado autores como Javier Tusell (TUSELL, J. (1978): “El sistema caciquil andaluz comparado con el de otras regiones españolas (1902-1923)” en Reis , nº 2, pp. 7 - 20.); Gemma Rubi (RUBI I CASSALS, Mª G. (2006): “El caciquism o político en la Cataluña de la Restauración: el caso de Manresa (1875 -1923)” en Spagna Contemporanea , nº 30, 27-48) o Alfredo Gómez (GÓMEZ MARTÍNEZ, A. (2005): “Cuenca bajo el caciquismo: elec ciones y pod er político (1903 -1 907)” en Estudios Humanísticos: Historia , nº 4, pp. 95 - 120). 38 de sufragio, pero tambi én de extensión de corrientes de opinión favorables, o de fensa de intereses ge nerales 47 . 1.1. C ACIQUISMO Y CLIE NTELISMO : DOS CARAS DE L A MISM A MONEDA . Ambos conceptos se r efiere n al mismo fenómeno, s i bien son muchos los trabajos que describen el caciquismo como el sistema propio de una época conc re ta: la Esp aña de la Restauración 48 . Sin embargo, esta conceptualizac ión nace de una premisa errónea, que no es otra que la identificación del sistema con la compra de votos y la manipulación electoral, elementos que, como se ve rá, no forman parte de las relaciones clientelare s establec idas a largo plaz o. Si acaso estas cuestiones relativas a las elecciones tuvieron lugar durante la España de la Restauración no fue tanto por la extensión de un sistema re lacional que no era ni autóctono ni novedoso, sin o por la comp etición de la dinámica de rede s y del patronazgo como org anizac ión social con l a extensión de actitudes democráticas que escapaban a su control. Además, la proliferación de competiciones entre r edes, con la consiguiente inca pacidad pa ra o rganizar los pro cesos electora les sobre una base de c onsenso, resultaba el caldo d e cultivo seguro para que los grupos en pugna utilizara n la ma nipulación y la c oerción como dinámica que garantizase e l control de unos puestos de gestión básicos para la reproducción de la red. 1.1.1. El mercado desigual: desigualdad, durabilidad y confianza. Para qu e una relación clientelar fructifique, resulta prec iso el cumplim iento de una serie de premisas básicas, siendo la primera de ellas el contacto personal . Patrón y cliente se conocen, co mparten territorio y cr onología, sellando una relación vertical que se s ustenta en el interés por la reproducción de las condiciones materiales por parte de ambos polos. Establecerán, de este modo, un c ontrato infor mal 49 , que no tiene por qué se r escrito ni ve rbal, sino que se asient a en las relaciones sociales de la comunidad, las cos tumbres y la evolución histórica. De hecho, si se realiza un recorrido por la composición del poder municipal en las postrimerías del Antiguo Régimen, es posible observar cómo las relaciones de patronazgo exist entes en el período investigado representan una evolución de los poderes municip ales en adaptación al marco impuesto por el desarrollo del Estado Liberal 50 . Lo mismo ocurr e si se presta atención a la disciplina antropológica, donde abundan estudios sobre patronazgo y clientelismo en distintas sociedades y é pocas a lo largo del globo terráqueo 51 , lo que dota de valor a la idea de 47 SC OTT, JAMES (1977): “¿Patronazgo o explotaci ón?” en GELLNER, E RNEST : Patronos y clien tes , Madrid: Jucar, p.38; Por su parte, Álvarez Junco, interpelando “la España clásica del ca ciquismo, la de la Restauración” citará el “ruralismos” y analfabetismo como causas del patronazgo, en una suerte de herencia no superada del Antíguo Régim en. ( ÁLVAREZ JUNCO, J. (1996): “Redes locales, lealtades tradicionales y nuevas identidades colectivas en la España del S. XIX” en ROBLES EGEA, A. (Comp.): Política en penumbra: patronazgo y clientelismo político en la España contemporánea , Madrid: S. XXI, pp. 71-94, p. 72). 48 ÁLVAREZ JUNCO (1996); ZAFRA VÍCTOR, M. (1996): “El m arco político y la génesis del caciquismo” en ROBLES EGEA, A. (Comp.): Política en penumbra: patroanzgo y clientelismo político en la España contemporánea , Madrid: S. XXI, pp. 95-116. 49 MORENO LUZÓN (1995): 194. 50 Un espejo en el que observar el de sarrollo de los poderes locales de Ga licia en los sig los anteri ores a la cronología abarcada por de este trabajo en FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ, A. (1995): “L os grupos de poder local en Galicia, 1750-1850” Noticiario de Historia Agraria , nº 9, pp. 129-153. Entre los autores que identifican las relaciones de pa tronazgo como herencia del A. Régimen: ÁLVAREZ JUNCO (1996). Una síntesis del proceso de transformación de las olig ar quías loca les desde comienzos del S. XIX en ZAFRA VÍCTOR (1996). 51 Sobre América Latina: STRICKON, A. y GREENFIELD, S. M. (1972) : Structure and process in Latin Americ a. Patronage, clientelism and power systems, U. New Mexico, Alburquerqu e ; BARTRA, R. (19 75): Caciqu ismo y poder político en el México rural, México, S: XXI ; So bre Asia: SCOTT, J. (1972): “Patron-client politics and political change in Southeast Asia” en The American Political Science Review, Vo l . 66, pp. 91-1 13 ; HASSOU N, J. P. (1993): “Des patrons 39 clientelismo como organización social en detrimen to de las explicaciones del fenómeno en base a aspec tos puntuales de l a re lación, como el favor o el voto. Independiente mente del espacio en el que se desarrolle, el clientelismo posee una serie de caracter ísticas básic as que permiten definirlo en su dimensión teórica. L a p rimera de ellas será la asimetría de la relación. En este sentido, el antropólogo social E. Gellner define la desigualdad del contrato clientelar en base al ejercicio del poder por una de las partes 52 , que se podría traducir en la gestión de los rec ursos necesarios para el desarrollo mat eria l de los clientes. Esto ha dado lugar a conceptos de finitorios del fenómeno tales como el de “amistad desequilibrada” 53 . Es este aspecto -la ne cesidad de recursos pa ra el desarrollo material- el que dota a la relación clientelar, po r otra parte, del axioma de la perdurabilidad temporal, que constituirá otro de sus rasgos distintivos. Más allá de los cor sés analíticos a los que e l concepto es sometido e n algunas de sus variables, resultando algunos estudios sobre caciqui smo en la Restauración ejemplo paradigmático, las transacc iones c lientelares cimentan r elaciones durade ras en el tiempo que no tienen por qué restringirs e a los estadios en los que pueda ser dividido el conocimiento histórico. Esto ocurre por su dimensión cotidiana, la c ual inserta el fenómeno en el ámbito de las relaciones personales de la comu nidad con un ethos característico que no se restringe a los períodos electorales, ni siquiera, a las épocas dond e existe sufragio 54 . Sin duda , esta afir mación resulta un elemento de discusión histori ográfic a en tanto en cuanto, el análisis exclusivo de los ciclos electorales, con sus correspondientes manipulaci ones, encasillados, favore s y chantajes constituyen un objeto de estudio de primer orden dentro de las investigaciones sobre caciquismo restauracionista, si bien, la t eoría del intercambio clientela r deja fuera de los elementos a interca mbiar las tran sacc iones puntual es com o la compra de votos . Por lo tanto, la re ciprocidad interpersonal con la q ue es definida la v erticalidad del patronazgo puede extenderse incluso durante varias generaciones, ya que la lealtad se debe a una red cuya posesión de los recursos insertos en el contrato clientelar servirá como salvaguarda para el mantenimiento de la re lación independiente del paso del tiempo. Dicho de otro modo, la i nclusión de una familia como cliente dentro de u na relación de patronazgo pon e a su disposición una compleja red de incentivos que desplaza las alte rnativas para su reproducción 55 , creando una situación de dependencia difícil de resquebrajar. Por lo tanto, la extensión en el tiempo de la propia relación será un elemento más de perdurabilidad, ya que l a convierte en “ deudora d e su tr ayectoria específica” 56 , puesto que el cliente nunca podrá devolver una contrapresta ción equivalente. Además, no s e descart a que los propios grupos familiare s, en su pape l como clientes de una red, a ctúen como e lementos de transmisión del sistema a las nuevas generaciones fraguad as en su seno, heredan do los vínculos, y “chinois” à Paris. Ressources linguistiques, sociales et symb oliques”, Revue Française de Sociologie, nº 34, pp. 97 -123 ; BUXTON, J. (1967): “Clienteship among the Mandari of the Southern Sudan ” en COHEN, R. y MI DLETON (Coords): Comparative Political Systems. Studies in the Politics os Pre-Industrial Societies. Nueva York: Natura l History Press, pp. 229 -2 46; Sobre América del Norte: LEMIEUX, V. (1977): Le patronage politique. Une étude comparativ e, Québec: Les presses de l´Université Laval; Sobre Centroamérica: CARLENE, J. (1991): Democracy and Default. Dependency and Clientelism in Jamaica, Boulder: Rienner; Sobre África: M AIR, L. (1959): “Clientship in East Africa” en Cahiers d´Etudes Africaines, Vol. II, pp. 315-325. 52 GELLNER, ERNEST (1986) : P atronos y client es , Madri d: Jucar, p 13. 53 MORENO LUZÓN (1995): 197 54 HERVÉS SAYAR, H. (1997): “O unicato bugallista: Po nteareas” en FERNÁNDEZ PRIETO, L; NÚÑEZ SEIXÁS X. M.; ARTIAGA REGO, A. y BALBOA, X. : Poder local, elites e cambio social na Galicia non urbana (1874 -193 6) , Santiago de Compostela: Universidade de Santiago de Compostela, pp . 21 3-225, p. 214. 55 MAÍZ SUÁREZ, R. (2005): “El c lientelismo de partido y la corrupción política” en MONTALBES , J.; CAZORLA PÉREZ, J.: Instituciones y procesos políticos , Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas, pp. 363 -390, p. 372. 56 Ibid. 40 reprimiendo actitudes i ndividuales que pusieran e n riesgo el contrato clientela r y, por consiguiente, la re producción material del grupo. “Ó cabo de 43 anos a seguir que levara o cabrito para a cas a do ca c ique, ao Chuco d e Arbes ocorréuse lle poñerse ben con Dios e morr er, pero ante s de botar a úl tima boqu eada, díxolle ao seu fil lo maior: se mo rro, non vo s esquezades do cabrito do s eñor Polica rpo” 57 . Según lo expuesto, el beneficio puntual no formaría parte de la r elac ión clientelar, en la que s e invierte en base a un as expectativas generadas, surgidas gracias a la manip ulación estr atégica de la escasez por parte de los patrones. Este sis te ma de posibi lidades a lar go plazo deviene en el surgimiento de una confianza recíproca que, a su vez, se most rará como garante para el mantenimiento del sistema. En este sentido, la confia nza supone un elemento intrínseco al establecimiento de contratos clientelare s, en tanto en cuanto existe la c ertidumbre , por parte del cliente, de que la relación se va a constituir como un mecanismo garante de su reproducción material. En palabras del politólogo Ramón Maíz, “Constituye una acción sel ectiva de r ecípr oca seguridad que permite a los individuos participar en el i n tercambio social en condiciones de incertid umbre, riesgo y vulnerabil idad que caracteriza n a determinados con textos sociales; e sto es, un particular nivel de pr o babi lidad subjetiva en el qu e un agente que cuenta con que otr o agente o g rupo de agente s emprenderá n de terminada acción, antes de que él pueda controlarla y, simultáne amente, en un contexto tal que ello afecte a su p ropia acc ión” 58 . En esta línea, pa ra el establecimiento de r elaciones de confianza cl iente-patrón son necesarias una se rie de premisas que, sin duda, re sultan caracter ísticas del pe ríodo y los lugares investigados. La primera de ellas e s la desconfianza en el propio sistema como estructura c apaz de proveer los eleme ntos básicos pa ra la re p roducción materia l, algo que ha sido bautiza do por la psicología política como familismo amoral , e quiparable a una actitud de c onfianza, lealtad y compromiso moral exclusiva para con aquellos que pertenecen al grupo fa miliar o social cercano 59 . En contextos de estas características la confianza se torna un valor exclusivo, esencial para los grupos familiares con esca sos r ec urs os a la hora de sortear la incertidumbre y la precarieda d en vist a de las expectativas existentes 60 , que s e deposita rá en relaciones personaliza das garantes de seguridad 61 . Es por esto por lo que la segunda de las premisas necesarias será la acumulación de u n elevado prestigio en ciertas figuras pertenecientes a la comunidad local, lo que les dota de legitimidad social como elemento indisp ensable para el depósito de la confianza 62 . Estas persona s, independientemente de si se presentan de forma individual o colectiva a través de su integración en una red, gara ntizan una alta proba bilidad en 57 El Agro Celta , 23/01/1926. 58 MAÍZ (1994): 199. 59 GARZÓN, A. (1988): “Familismo y creencias políticas” En Psico l ogía política , nº 17, pp. 101 - 128, p. 106. 60 MAÍZ (1994): 200. 61 CAZORLA PÉREZ (1995): 41. 62 GONZÁLEZ ALCANTUD (1997): El clientelismo político: perspectiv a socio antropológica , Barcelona: Antropos, p. 53. 41 torno a una r elac ión beneficiosa, lo que t ambién se cono ce como reputación 63 . Las redes clientelare s, en su dimensión más simbólica, aumentarán su reputación a travé s de diver sos mecanismos encaminados, por lo tanto, al fortalecimiento de los contratos clientelare s. La dimensión cotidiana de l clientelismo c ontribuirá a re forzar esta premisa mediante el cultivo del prestigio. Todo ello de ve ndrá en el mantenimiento de la confianza a largo plazo, a pesar de q ue ciertos ac ont ec imientos pudiesen inducir a lo contrario, creando relac iones de lealtad. 1.2. R ECURSOS DE INT ERCAMB IO APORTADOS PO R EL PATRÓN : M ECANISMOS DE INTERCAMBIO CLIE NTEL AR . 1.2.1. Una relación duradera: el día a día del clientelismo. Las acc iones y actitudes a través de las c uales se desarrolla el contrato patrón-cliente, que pueden englobarse dentro del concepto de mecanismos de interca mbio clie ntelar, resultan de una gran complejidad para se r investigadas por mor de su escaso rastro documental. Es cierto que las r elaciones entre i ndividuos cercanos a la cabeza de la pirámide de l a red , donde fluy en las estrategias de repro ducc ión de las condiciones materiales del grupo, a la vez que se consolidan el uso de los citados mecanismos de intercambio clientelar mediante la comunicación entre patrones -véase, a modo de ejemplo, las peticiones de contratación de individuos o de asistencia o prebendas para determinadas personas - son p erc eptibles a través de -sobre todo - la correspondencia, pero, en lo relativo a los vínculos d e la propia red con su clientela, suelen perm anecer en terreno de lo pe rsonal y, por lo tanto, imper ce ptibles mediante el prisma de las fuentes escritas 64 . Son, en su mayoría, acciones insertas en el ámbit o de lo cotidiano y emanadas de la sociabilidad en un determinado territorio, un e nte “conocido, pero no reconocido” 65 , lo que lleva , a su vez, a que pase n desapercibidas y no res ulten importantes para su registro documental. 1.2.2. Control de los recur sos Como se expuso anteriormente, la premisa básica para que un grupo o red pose a la capacidad de establecer vínculos clientelares en un sentido vertical r adica en el control de recursos básicos para la reproducción social 66 . En es te sentido, el patrimonio disponi ble pa ra el intercambio resulta un ente abstracto, dado que supera ampliamente el nicho ecológico para depender de todas las posiciones de gestión detentadas por la red, ya sea en su relación con la administración y e l Estado o a tra vés del control de ciertas profesiones liberales esenc iales pa ra el desarrollo social. Asi mismo, asumir el control de ciertos resortes d e la maqui naria estatal como un r ecurso válido para el ejercicio del intercambio, algo y a propuesto por autores como W. T. Stuart 67 , permite exp licar la existencia de redes clientelares en ascenso cuya base económica no es destacable, pero que poseen u na importante impl antac ión en organismos judiciales, polí ticos y de gestión de la vida cotid iana de las personas. En consecuencia, los recursos que la red incluye en el interc ambio con una familia van más allá de la mera subsistencia económica, si bien esta sería una de las premisas determinantes de la relación, para adentrarse en aspec tos múltiples como la prebe nda administrativa, el flujo de c apital , la repre sentación judi cial, etc. Sin duda, estos me canismos de int ercambio se definen por las 63 MAÍZ (1994): 199. 64 Sería preciso, para ello, recurrir a la Historia Oral, algo biológicamente imposible para el período tra baj ado. 65 ZAFRA VÍCTOR. (1996): 96. 66 GONZÁLEZ ALCANTUD (1997): 28. 67 STUART, W. (1972): “The explanation of patron-client s ystems: some structural and ecological perspectives” en STRICKON, A. y GREENFIELD, S. M.: Stru ct ure and process in Latin America. Patronage, cliente lism and power systems, Albuquerque: U. New Mexico, p. 19 - 42. 48 confrontac ión social. La entropía de l sist ema e conómic o social, dotado de energí a ascend ente y descend ente, daría como resul tado siempre el equilibri o dinámico” 83 . 1.2.4.2. Subsistencia. De esta forma, las r edes podían de sempeñar la protección frente al merc ado a través del empleo de tres instrumentos compatible s entre sí. El primero de ellos, ya explicado, estaría basado en la mediación con pode res exteriores con el fin de alcan zar consensos que beneficiasen a la clientela, o por lo menos solven taran las crisis de subsi stencia opo rtunas. El siguiente, no menos importante, resultaría del control por parte de los indi viduos adscritos a las redes de importantes m edios de producc ión en su territorio de actuación que permitieran garantizar la subsistencia de sus empleados o arre ndatarios a través d e diferentes me ca nismos como la contra tación, la subida de sue ldos o la disminución del precio de las rentas a grarias 84 . Sobre esto último, cabe destacar que pese a la diversidad de mecanismos de intercambio clientelar existentes en una sociedad compleja, las relac iones d e producción suponen un ámbito predilecto para la formación de contratos de patronaz go, ya que otorgan una posi ción privilegiada y piramidal al poseedor de los medi os productivos 85 .El hecho de que la pujante industria de curtidos, pa pel, maderas, conservas o zapatos tanto en Noia como en Almoradí estuviera en manos de individuos cercanos a la cabeza de la pirámide de las rede s investigadas así lo atestigua. A su vez , e l modelo de explotac ión pesque ra documentado pa ra el caso gallego también indica la exist encia de una e structura piramidal donde aflorase n re l ac iones de patronazgo. Los buques más comunes como las traíñas o los vapores poseían una tripulación dependiente de un patrón, que a su vez respondía ante el propietario del barco, quienes genera lmente e ran individuos vinculados a la burguesía villana e investigados en e ste trabajo 86 , como es el caso de la familia Pérez Neu. No obsta nte, las relaciones productivas desarr olladas bajo un modelo capitalista no son per se un elem ento que indique la existencia de contratos clientelare s, po r lo que no se puede afirmar que todos los obreros industriales, campesinos y marineros de los casos in vestigados formaran p arte de las clientelas operativas para las rede s. Como se ha expresa do en múl tiples ocasiones, la relación patrón -cliente se fundamenta en un vínculo a largo plazo donde existe un fuerte c omponente personal, da do que a mbos se conocen e interactúan, donde la economía moral y, por lo tanto, la garantía d e subs istencia supone una de las pr emisas básicas a portadas por el patrón. E ste sistema relacional, en el que existe una clara re ciprocidad interpersonal, cho ca con aspec tos introducidos en el mundo labora l por la expansión del libre mercado, tales como la extrema precarización, la impersonalidad de l as relaciones productivas e, incluso, la tempora lidad de los contratos laborales, tal y c omo apuntaba e l sociólogo G, Sim mel al a firmar que “ cuando el otro es perfectamente indiferente y recibe tan solo la consideración de mero instrumento para fines que están fuera de él, solo entonces desaparece toda sombra de colaboración socializadora (…) no puede ya hablarse de 83 GONZÁLEZ ALCANTUD (1997): 24. 84 GONZÁLEZ ALCANTUD (1997): 27. 85 CERDAS ALBERTAZZI, J. M. (2014): “El clientelismo político: una revisión d el concepto y sus usos” e n Anuario de Estudios Centroamericanos, nº 40, pp. 311-338, p. 323; MORENO LUZÓN, J.(1999): “El clienteli smo político: historia de un concepto multidisciplinar” en Revista de Estudios Políticos , nº 105, pp. 73 - 95, p. 78. 86 Las traiñas, embarcaciones muy comunes en las Rías Baix as, cont aban con un patrón, un timonel y doce marineros a su cargo. En el caso de los vapores el número de i ndividuos dependientes se sitúa en siete. GIRÁLDEZ RIVERO, J. (1996): Crecimiento y transformación del sector pesquero gallego (1880 -1936) , Madrid: Ministerio de Agricultura, Pesc a y Alimentación, p. 222. 49 sociedad, como no pued e decirse que exista la s ociedad ent re el carpintero y su banco" 87 . Además, e l desarrollo de relaciones de clientelismo ve rticales supone un elemento que dil apida los vínculos horizontales entre trabajadores, po r lo que la proliferación en ambos estudios de caso de organizaciones sindicales, obreras, mutuas de pescadores y asociaciones diversas suponen una prue ba irrefutable de que no se pue de identificar per se un contrato labor al con un contrato clientelar. En es te sentido, resulta muy difícil diferenciar cuando un obrero accede a su puesto de trabajo en aras de una r elación clie ntelar y cuando no, pu esto que para ello sería determinante el estudio de pautas como la durabilidad del contrato, la mejora de las c ondiciones con respecto a otros obreros de sim ilar cualificación, la mayor responsabilidad, las fac ilidades de ac ceso y comunicación con instancias superiores de la empresa y, sobre todo, el análisis de sus relaciones sociale s y las de su círculo fa mili ar. Por este motivo, no todos los sectore s productivos será n igual de proc lives para el desa rrollo de vínculos clientelares, ya que, a diferencia de la producc ión industrial, la agricultura y el arre ndamiento de tierras, por su caracter ística de largo plazo, serán más favorables al desenvolvimiento de r eciprocidade s interpersonales entre rentistas y ca mpesinos. Esto mismo se observa en el c aso almoradidense cuando en el marco de los conflictos entre redes por mor del control del Juzgado de Aguas, cada uno de los propietarios de tierras insertos en grupos clientelare s ejerce el derecho a voto, por sí mismo, por su familia, y por t odas las familias que cultivan sus tierra s en régimen de arre ndamiento. El e jemplo es, sin duda, para digmático de las posibilidades clientelare s que radican en los vínculos contractuales relativos a la agricultura. Sea como fue re , las altas capacidades e conómicas de los indivi duos adscritos a las redes propiciará n que exista un cierto control sobre el mercado local qu e permite ejercer la función de garantía de subsistencia. En este sentido, los estudios de caso demuestran como los perf iles analizados figuraban a menudo como “tr atantes” de g rano, m aderas, y cualquier bien qu e se introdujera en los flujos comer ciales, algo que permitiría mantener el equilibrio dinámico señalado por Alcantud mediante el juego de precios en el momento en el que los clientes quisieran vender la mercancía 88 . En esta mi sma línea interpretativa se sitúa el hecho de que en la variable alicantina, los indi viduos que conformaban las dire ctivas del sindicalismo católico pertenecieran a la cabeza de la pirámide de las redes investiga das. La afirmación no es de l todo descabe llada si se tiene en cuenta que la herramienta sindi ca l podía ser utili za da como un mecanismo encaminado a la garantía de subsiste ncia de sus clientes, en tanto en cuanto la función mutualista podía solventar crisis esporádica s como la muerte de ganado o una mala cosecha . Además, la me ca nización agraria y el acceso a sulfatos químicos redundarían en un aumento de la productividad que, sin duda, bene ficiaría a las mi smas élites como encargadas de la comercialización d e los productos. El hecho d e que formaran parte de las directivas - llegando a coparlas- pe rmitiría a las redes llevar a cabo con mayor facili dad, por lo tanto, la garantía d e subsistencia y la re presentación de la comunidad c omo mecanismos de interca mbio clientelar. Si bien es cierto que tales afirmac iones pre cisan de una mayor profundidad y tra bajo empírico exclusivo, presente en los estudios de c aso, recorrer esta línea i nterpretativa tal vez podría dar respuesta a contradicciones y proble mas historiográ ficos sin resolver, como lo es qu e los notables y las redes clientelares invirtieran esfuerzos en estructuras sindicales que, a priori, repre sentan un sistema relacional opuesto al clientelar gracias a la creación de vínculos horizontales, o lo que es lo mismo, la búsqueda de solucio nes en grupo en contraposición con la individualidad clientelar 89 . 87 SIMMEL, G. (1986): Sociología, 1: estudios sobre las formas de socialización, Madrid: Alianza Universidad, p.148. 88 GONZÁLEZ ALCANTUD, 24 89 CUENCA TORIBIO, J. M.: “Introducción al estudio del sindicalismo con fesional valencia no” en Esp acio, tiempo y f orma: serie V, Historia Contemporánea. , nº 15, 2002, pp. 259 -277, p . 276. 50 Junto con esto, un recurso importante en lo re lativo a garantiza r la subs istencia de la clientela lo conformaría l a concesión de créditos a bajo interés, que sería posibl e gracias a que los individuos a dscritos a las redes eran titulares de las entidades financieras loca les. De hecho, y como se pudo comprobar en el caso de Almoradí, la concesión de préstamos a bajo interés era un mecanismo de intercambio de primer orden en transacciones punt uales. No obstante, el control de los re cursos financieros municipales por parte de las re des clientelares también posibilita la cre ación d e relaciones d e dependencia a través del end euda mi ento 90 , pese a que este sería una herramienta de control y coerción que escapa de las r eciprocidades clientelares descritas en este tra bajo. 1.2.4.3. Caridad. El tercero de lo s mecanismos de int ercambio clientelar que se enmarca en la categoría de garantía de subsistencia será e l emple o de la c aridad y la benefice ncia, un instrumento que si bien poseía una base en la doctr ina y costumbre católicas 91 se afianzará como recurso de “re scate” por parte de las re des clientelares hacia sus fa milias más nece sitadas 92 . Si n duda, el recurso asistencial como h erramienta de control pos eía un a l arga t rayectoria en sistemas económicos p rec edentes basados en el pate rnalismo y l a economía moral, manteniéndose vigente en la época investigada a través de diversos mecanismos promocionados por las propias red es. As í, las inst ituciones caritativas utilizadas en los co ntratos clientelares como salvaguarda de l a subsistencia de los propios clientes re spondían a un c omplejo entramado donde iglesia y Estado se fundía n como titulares a l servicio de las re des en c uestión, como apunta Carasa Soto: “Aquéllas (las él ites) canalizar on buena parte de los problemas asistenciales por e l conducto del caciquismo y el intercamb io de favores políticos, además respondier on con una acción legislativa que r e forzó el control del Estado y de la Igles ia sobre los vie jos recur sos asis tenciales de la beneficenc ia liberal (… ). Éstas, las élites sociales próximas al pode r, formadas por pr o hombres de la administrac ión, la n obleza y los nego cios, en su mayoría se re fugiaron e n l os viejos h ábitos benéficos pa ra p racticar su políti ca soc ial y adquirir liderazgo entre sus cliente s” 93 . Es por esto por lo que los límites de la beneficencia clientelar son difíciles de acotar, en tanto en cuanto se disgregan en un im portante conglomerado de asociaciones y fun daciones ben éfic as y asistenciales generalmente amparadas por la propia élite en pro de su función pater nalista 94 . Cabe pone r sobr e la mesa que en este período el desarrollo de un sistema asistencial por parte del Estado no se había consolidado 95 , además del hecho de que el e mpleo de la medicina e staba 90 GARRIDO HERRERO, S.: “El cooperativisme segón l`Església. E ls inicis del cooperativisme catòlic a grari a Espany a” en Recerques: Història, economía, cultura , nº 30, 1994, pp. 69- 85 91 CAZORLA PÉREZ, J.(1995): 57. 92 SIERRA, M. (1993): “El clientelism o y el sistema político de la Restaurac ión: La “contribució n” de las clases m edias” en Anales Universidad de Alicante, Hª Contem poráne a , nº 10-11, pp. 53-66, p. 57 y FERRÁNDEZ, D. (2017): “El mercado de la democracia: una propuesta analítica de clientelismo político en perspectiva microhistórica”, comu nicación presentada al VI Encuentro internacional de jóvene s investig ad ores en Historia Con temporánea, Zaragoza, p. 4. 93 CARASA SOTO, P. (2005): “Beneficencia y cuestión social: una c ontaminación arcaizante” en Historia Contemporánea, nº 29, pp. 625-670, p. 643. 94 Ibid ...639 95 Desde finales del S. XIX existía una Comisión de Reformas Sociales (1883 -1903) que se institucionalizará e n el llamado Instituto de Reformas Sociales (1903) y el Instituto Nacional de Pre visión (1908). 51 monopolizado por las re des, por lo que en ca sos de extrema nec esidad médica o económica las alternativas al entramado ca ciquil resultaba n sumamente re ducidas. De hecho, las organizaciones sindicales y de marineros de la época invertirán un esfuerzo mutualista en garantizar la asistencia a sus familias asociadas, en sustitución d e los instrumentos monopolizados por la élite, con el fin de construir canales horizontales que p ermitieran articular una respue sta democrátic a a l sis tema c aciquil 96 . “(Sobre los médicos municipales ). De jando de un lado la competencia p rofesional de alg uno, -muy du dosa- y lo poco que se d istingue po r su respeto a la “ley seca” a lgún otro , todos hemos visto como, desatendien do los deberes inherentes a su car go, ha sta hace po co e stos señores no eran más que agen tes electorales al serv icio de los c acique s, y el pueblo ha pr esenciado con asco multitud d e veces, como en las contiendas elector ales los m édico s municipale s recorrían las casas de los vecino s solicitando sus sufragios par a las candidaturas caciqui les, b ajo la amenaza i mplícita -cuando no real- de no asistirles en sus enfermedade s si no accedían a su pretens ión” 97 . Más allá de instituciones concretas mediatizadas por las redes a través de la igl esia o determinados indi viduos, en el período investigado se documentan ciert os mecanismos asistenciales concretos q ue, sin duda, actuaban como sostén de relaciones de p atronaz go. El primero de ellos emanaba de la administración local y eran los llamados “ socorros domiciliarios” en los que, según su reglamentación general, se prest aba atención sanitaria a domicilio a los más ne cesitados 98 . No obstante, en el caso noiés s e consideraba n socorros domiciliarios la concesión de cantidades en metálico a familias c oncretas mediante su aprobac ión p revia en el pleno municipal 99 . En lo r elativo a esta cuestión los libros de actas municipales muestran información confusa, ya que , en ocasiones los socorros domiciliaros eran votados por el propio pleno, pero en otras únicamente se daba cuenta de su c oncesión por parte del depositario muni cipal sin refe rir los nombres ni las cantidades exac tas 100 . Es posible que , en estos casos, únicamente se estuvie ra informando del pago de los socorros domiciliaros aprobados en plenos a nteriores, pero no se des carta que el de positario gozara de autonomía para 96 Concretamente, la “Federación Obrera de Porto do Son” presen tará en sus estatutos el auxilio material de sus asociados incluso “con el individuo que esté enfermo o tenga un accidente des graciado” (Arquivo do Reino de G alicia -en adelante ARG-, Signatura: 31944. Gob Civil. 2265). Poniendo como ejempl o una asociació n marinera, la “Asociación de Marineros del Puerto de Noya” (1906), hacía constante alusión al “socorro de sus asociados”, mientras que su heredera “Sociedad d e Marineros de Pesca y Cabotaje” (1918) se refería de forma c oncreta al “socorro por enfermedad”. En el caso de la agricultura, la “Sociedad Genera l de Ag ricultores y Amigos del Pueblo de Noya” (1908) rec ogía en sus estatuto s que “todos los socios tienen derecho al apoyo moral y material de esta sociedad” (ARG 31.979; Signatura: 2300). Sobre el hecho de que estos mecanismos representaban la impleme ntación d e relaciones horizontales, comunitarias y solida rias, en función de la verticalidad clientelar: MAZA ZORRILLA, E.(1997): “La horizo ntalidad de las solidaridades: el mutualismo en la España Contemporánea” en Ayer, nº 25, pp. 73-102, p. 101. 97 Carta al pleno municipal del concejal Antonio Cascallar Tajes, prese ntada en la sesión extraordinaria del 15 de junio de 1924, en Arquivo Municipal de Noia -en adelan te AMN-, libros de actas das sesións do pleno, 1789 -1989. 98 GONZÁLEZ CANALEJO, C. (2005): Asistencia sanitaria, género y cuestión social en Almería (18 57 -1930 ), Almería: Universidad de Almería, p. 88. 99 “La corporación acuerda otorgar un socorro domiciliario de doce pe setas y cincuenta céntimos a Josefa Calvo, vecina de la Iglesia, parroquia de Calo”. (Acta ordinaria del día 12 de abril de 1920, en AMN, Libros de actas de sesións do pleno: 1792 - 1989). 100 “Se acordó y mandó pagar la cuenta de socorros municipales facilitados por el depositario durante este eje rcicio de importe de noventa y tres pesetas y cincuenta céntimos”. Acta ordinaria del día 25 de marzo de 1920, en AMN, Libros de actas de sesións do pleno: 1792 - 1989 52 realizar esta labor asistencial, puesto que el referido cargo -como se puede comprobar en los estudios de caso- solía estar ocupado por individuo s adscritos a las redes clientelares, result ando en varias ocasiones objeto de pugna entre las mismas 101 . Sea como fuere, y e n lo relativo a la función asistencial, el pleno municipal también gozaba de la capa cidad de a proba r “expedientes de pobres”, que sit uaban a una familia en calidad de bene ficiaria de las ayud as sociales d escritas y la asistencia médic a do miciliaria. En este se ntid o, en Noia las a ctas municipales recogen, a su vez, votaciones pa ra el ingreso de pe rsonas en el hospicio municipal, que re presentaba el ce ntro asistencial por excelencia de la localidad. Todos estos ejemplos muestran como el control del Ayuntamiento trascendía como indispensable p ara el de sarrollo de mecanismos de intercambio clientelar de la rama asis tencial, englobados en la categoría de garantía de subsistencia de la clientela. S obre est e aspecto, cabe d estacar que para las familias sin re cu rsos el socorro material ofrec ido por las redes suponía un elemento indispensable con una relación costo benefic io sumamente provechosa, ya que e l valor de la ayuda rec ibida era muy superior a la inversión en fidelidad, máxime si se ti ene en cuenta que la demanda de a sistencia superaba la disponibilidad de rec ursos para tal fin 102 . “Lo primero fue, natura lmente, la protección af e ctuo sa al pariente o amigo en su enfermedad o dese mpleo. Pero no bastando la protecc ión individua l y aislada, t uvo que surgir la soci al y or g anizada para atender a los deudos propios y a los de amigos y deudos en Casa s de Salud, Sociedade s Benéficas, Centros de Colocación, etc. Más llegose a sentir esta p rotección no ya como soc orro y beneficencia al paisano, sino como utilida d y bien de t odos , como apoyo mutuo y soli dario en que el pr otegid o encontraba patron azgo para empezar la l ucha y el protector cliente la para proseguirla” 103 . En consecuencia, uno de los espacios d e la administrac ión muni cipal cuyo control las redes se disputan eran las Juntas Locales de Beneficenci a, organizadas en torno a una comisión de concejales que, como se puede comprobar en los estudios de caso, solía albe rgar a individuos cercanos a la cabeza de la pirá mide c lientelar. Su labor era la administración de los hospicios y centros de beneficencia de la localidad, pese a que en las fue ntes se aprecia cierta duplicidad al tratarse estos asuntos, como se ha señalado, en el pleno municipal. Sea como fuere, esta será una de las comisiones a controlar en el momento de constitución de los a yuntamientos y su reparto de re spons abilidade s. Otro meca nismo integrado en esta categoría serían l as suscripciones populares publicitadas. Estas, gen era lmente, se iniciaban para paliar catástrofes como incendios, naufra gios, desastres n atura les, epidemias, etc., publicándose -g eneralmente- en la prensa y, con toda posibilidad, en espacios loca les altamente concurridos como las plaza s, las tabernas o la iglesia. Una vez se iniciaba, la suscripción contaba con una lista de donantes en l a que se reflejaban las ca ntidades de cada uno de ellos y e l total c onseguido, resultando un e spacio en e l que las é lites podían realizar prop aganda simbólica de su función de salv aguarda e n tiempos de 101 En el caso de Noia, como más adelante se analiza rá, es posible observar como la corporación destituye al depositario en 1912 dando lugar a un conflicto entre redes que redundará en el ce se, a su vez, del juez de primera instancia. En 1920 se constata la afirmación sobre la importancia de este cargo al despose er de esta labor a Severo González el rec ién constituído Ayuntamiento cadarsista. 102 ESTEBAN DE LA VEGA, M. (1997): “Pobreza y beneficencia e n la reciente historiografía españo la” en Ayer, nº 25, pp . 15 -34, p. 27. 103 El Noroeste , 25/11/1907. 53 crisis. Por este motivo se puede afirmar que la s suscr ipciones populares tenían una doble función en tanto en cuant o gara ntizaban la subsistencia de familias inscritas en la red -si no lo estaban con anterioridad, lo estarían a partir de este momento- mientras aumentaba su imagen como be nefactores de la comunidad y por lo tanto su prestigio a la hora de estable cer contratos clientelare s 1.3. ORGANISMOS DE GESTIÓ N DE PODER PÚBL ICOS Y PRIVADOS : UNA FUENTE DE MECANISMOS DE INT ERCAMBIO CLIE NTELAR . De los puntos anteriores se entiend e que para el desarrollo de los citados mecanismos de intercambio client elar era necesario que las redes controlaran una gran par te de los puestos de gestión e xistentes a escala local, lo que en palabra s de John Markoff se definiría c omo capacidad de poder 104 . Este elemento se resume en las posibilidades por parte de las rede s clientelare s de influir en las decisiones relativas a la vida pública municipal, ya fuera a tr avés de las administ ra ciones como el Ayuntamiento , cargos judiciales, pu estos funcionariales relacionados con la labor del Estado e incluso empleos situados en el ámbito privado como las notarías o los registros d e propiedad. Cualquiera de estas variables es susceptible durante el ejercicio de sus funciones de orientar el cauce de recursos en la salvaguarda y aumento de la propia clientela. Su extensión es difíc il de acotar, y se c orresponde con todas las problemáticas que pudiesen surgir en la vida cotidiana de una familia en las que las redes pudieran i ntervenir favora bl emente , por lo general en detrimento de terceras personas, lo que es incompatible con la existencia de democracia 105 . Esto e s, como se señaló, la base del contrato clientelar que sitú a a las redes como opción segura para el desarrollo material menoscabando posibles cauce s democrátic os o públicos, sobre todo en lo relativo a l diálogo con la adminis tración -copa da por las propias redes-, pero también para cuestiones privadas como la obtención de un pasaje a América, o posibles causas judiciales. Un elemento que contribuye al fortal ecimiento de estas relaciones es lo que se po dría considerar como una monopolización de l lenguaje administrativo por parte de los grupos in vestigados, que dificulta la independencia de los clientes para re solver cuestiones surgidas de su relac ión con las administraciones. Para c omprender e l nivel de control de los puestos de ge stión municipale s por parte de una red, y en base a e llo establecer los c auces de recursos que fluían hacia los clientes, e s necesa rio desprenderse de los dos corsés analíticos que sue len reproduc irse en muchos estudios sobre clientelismo. El primero de ellos, es el relativo a la concepc ión de “caciquismo” como un ente basado en el dominio de l poder político por parte de un único individuo, en c o ntraposición a la existencia de la red como apara to organizado encaminado a la consecución de un fin común. En este sentido, este trabajo int enta profundizar en la idea de que los recursos dispuestos para el intercambio clientelar proceden de múltiples fuentes control adas por varios actores que se coordinarán para logr ar el funcionamiento de la maquinaria ca ciquil, pese a que la cabeza visible en la esfera pública estuvier a representada por una figura aislad a. En consecue ncia, el segundo corsé analítico a superar es la consideración de la políti ca oficial c omo único espacio válido para el desarrollo clientelar, lo que suele llevar a c eñir los aná lisis a lo s límites im puesto s por ayuntamientos, diputaciones, gobierno civil, mi nisterios, C ortes y Senado. Para esto, cabe romper con la idea de que las redes clientelares so n un inst rumento utilizado únicamente para conseguir puestos de ge stión política, y analizar e l fenómeno a la inve rsa, considerando dichos 104 MARKOFF (1999): 35. 105 GONZÁLEZ DE MOLINA, M.; CRUZ ARTACHO, S.; ACOSTA RAMIREZ, F. (2013): “Los so cialistas y el proceso de democratización en la España rural de la Restauración” en Revista Ayer: democracia y mundo rural en Españ a , nº 89, páginas 66-92. Pp. 75. 54 cargos una herramienta orientada a la ampliación de la base material y social de la red. El ejercicio resulta necesario en tanto en cuanto l a política formal, conformada por el discurso oficial, las elecciones o los debates parlamentarios no representa per se un espejo en el que observar la vid a cotidiana de l os espa cios investigados, por lo que una mirada exclusiva a este ámbito esconde e l peligro de obtener análisis enjaulados que no representen la realidad 106 . En e ste punto, es prec iso rec onocer que las fue ntes no suelen documentar las dinámicas de gestión clientelar, por lo que ha brá que busc ar los indicios en la descrita disposición estratégica de la red y su vinculación parental. Además, los casos relativos al desarrollo de prácticas clientelare s que hayan tenido una trascendencia a rchivística hasta nuestro s días no son fáciles de encontrar. En p rimer lugar, por la premisa, ya señalada, de que l a mayorí a de los mecanismos de interc ambio clientelar se desarrollaban en la esfera privad a y personal sin ser plasmados en documentos. En segundo lugar, porque en los casos en los que la rela ción de patronazgo quedaba concretada en el papel, los documentos e ran custodiados por sus e misores con espe cial cuidado, ya que eran tot almente conscientes de la inmoralidad/ilegalidad de l sistema. Esta c arta de José Calvo Sotelo al Ideal Gallego sobre el Partido de Noia así lo demuestra : “Tengo en mi archivo mil casos concretos de injusti cia y agravio. No todos han de salir hoy a la publicidad, de algunos poseo m eros detalles externos, otros no conviene divulgarlos todavía. (… ) Tengo en mi cart era nombres y datos concre tos y si es p reciso, saldrán a la su perficie” 107 . No obstante, esta investi gación ha docum entado -entre otros- evidencias escritas de prácticas clientelare s en la vari able almoradidense, corresp ondiente a una serie cartas cruzadas entr e las autoridades provincial es y municipales de una misma red operante durante la II República relativas a la recomendación de indi viduos de la propia r ed. Cab e r ecordar que las cartas de recomendación solo representan una pequeña parte de la relación clientelar, concretada en uno de sus mecanismos de intercambio, si bien acostumbran a ser d e los pocos ejemplos claros de clientelismo que se tras ladan al docum ento y, por ende, se conservan 108 . Pese a todo, su descripción y aporte emp írico no se circunscribe a este apartado, ya que supone un documento crucial para tratar la continuidad del sistema clientelar en la Segunda República, uno de los principales aportes de e st e tra bajo. Así, la extensión de las r edes, su ocupación de espacios de ge stión, y las p osibilidades de estos para a portar recursos al flujo de intercambio clientela r, suponen de a spectos que precisan de un análisis de conjunto que dé como resultado el conocimiento y la documentación de grupos clientelare s concretos. Este ejercicio es el que se ha rea lizado a lo largo del tr abajo, relacionando individuos a través del parentesco con su disposición estratégica en diferentes ap ara tos administrativos y judiciales que p ermitiera n orientar el flujo de recursos hacia la reproducción de la re d. Establ ecer el límite de extensión de los puestos de ge stión c ontrolados no es una ta rea sencilla, algo que s e puede intuir en otros intentos de síntesis sobre los mecanismos de intercambio clie ntelar como el realizado por Joaquín Costa en 1901: “C omo p untos de apoyo formidabl es p ara su acció n t iránica y diso lvente, brind arles l as leyes, ade más d e los ge nera les y ordinarios pun tualizad os en los lugares de la inform ación 106 SOUTELO VÁZQUEZ, R. (1996): “En torno a las élites y el poder local en la Galic ia no urb an a de anteguerra (1874- 1936)” en N oticiario de Historia Agraria , nº 12, pp. 251-258, p. 258. 107 El Ideal Gallego , 01/06/1923. 108 VEIGA ALONSO (1999): 35. 55 que ac ab an de señalarse (Proc e samiento arbitrario de ayuntamientos, alteración ar bitr aria del líquido imponible en l o s amillaramien tos, intervención en las operacion es de reemplazo m ilitar, ascensos, tras lados y postergacion es de magistrados y jueces de p artido, nombram iento de jueces municipales, alcaldes y fun cionarios públ icos, despacho de expedientes, ca usas y j u icios civiles, ti e rras concejiles, granos y di nero del p ósito, fondos provinciale s y municipales, ordenación de pagos, constituci ón de jurados , oposiciones a cátedras, escuelas y otros cargos púb licos, nombramiento de gobernad ores civiles, etc” 109 . Sin embargo, las investigaciones han permitido agrupar los puestos de gestión de poder y control de los recursos q ue se invertiría n en los mecanismos de intercambio clientelar en una serie de grupos que superan ampliamente el esp acio político oficial y que p ueden resumirse en cuatro: el ámbito administrativo, el ec onómico, el judicial y el privado. 1.3.1. Ámbito administrativo: Como se ha mencionado, el ámbito administ rativo repre senta el espacio predilecto d e análisis de la mayor pa rte de investigaciones sobre clientelismo y caciquism o. Lo cierto es que su importancia como lu gar de gestión no es bal adí, ya que la m ayor parte de los flujos de recursos que la red destinaría a los mec anismos de intercambio c lientelar tendrían relac ión con la esfera de pod er administrativa, superando con creces las publicitadas figuras de alcalde y concejales. Esto, se debe a la enorme cantidad de fu nciones que acumulaban en su h aber, que han sido definidas como “a clave d a organización da convivencia cidadá ” 110 . Lo cierto es que tareas como la composición del padrón y las contribuciones, la recaudación de estas, la elaboración de las li stas de quintas y el control de la beneficencia situaba n este org anismo en el centro de la vida cotidiana de muchos individuos 111 , por lo que su gest ión se ría un espa cio de competición de primer orden entre redes por su vital importanc ia pa ra la e xtensión mate rial de l grupo. En un período ma rca do por las necesidades de subsistencia y el reclutamiento anua l de individuos en edad de producir, es posi ble señalar los amillaramientos y el sistema de quintas como los meca nismos de intercambio clientelar m ás importantes eman ados de esta instit ución -aunque no los únicos, como se ha relatado e n otros a partados-. Antes de nada, cabe d ejar claro que en ningún ca so bastaba con el control del Ayuntamiento para hace r efectivos estos mecanismos, ya que era preciso qu e la extensión de la red copa ra posiciones clave en el sistema, como la de los médicos municipales, o individuos con cargos en otras esferas de la administración como la Marina y el Ejército: “En el Ayunt amiento de R iveir a celebrose (sic) r ev isión de exenciones para el serv icio de Marina, const ituyendo el tribunal el alcalde, el sí n dico y un representan te d e la comandancia de Mar ina de Vilagar cía, por n o existir en 109 COSTA, J. (2012 - primera edición 1901-): Oligarquía y caciquismo como la forma actual del gobier no de España: urgencia y modo de cambiarla , Úbeda: Asociación Cultural Ubetense, p. 37. 110 GARRIDO COUCEIRO, X.C.; LAG O PEÑAS, P.; MARTÍNEZ BARREIRO, M. (1997): “Pro postas metodolóxicas para o estudo do poder local na Ga licia dos últimos anos da Restauración” en FERNÁNDEZ PRIETO, L; NÚÑEZ SEIXÁS X. M.; ARTIAGA REG O, A. y BALBOA, X.: Poder local, elites e cambio social na Galicia non u rbana (1874-1936) , Santiago de Compostela: Universidade de Santiago de Compostela, pp. 415 -445, p. 417. 111 MORENO LUZÓN, J. (2013): “Caciquismo y política de clientelas en la España de la Restauración”, documento on -line, disponible en ( https://www.ucm.es/data/cont/docs/297 -2013- 07 - 29 -5-95.pdf ), p. 22. 56 aquel mun icipio ayu dante. Comparecie ron ante el tribuna l seis padres de otros tantos mozos, cuatro habían sido votantes mí o s, do s so n afectos al señor Gasset. Estos dos últimos pagan una contribución que oscila entre las 35 y 45 pe setas. Los cua tro p rimeros pagan una cont ribución que os cila e ntre las 2 y las 20 pesetas anual es. L a cau sa de la exenció n era la pobreza. ( ...): Pues bien, f ue ron declarados hijos de pobre los que eran de padres gassetistas, hijos de rico, l os que tienen padres no gassetistas. Exhimidos los primeros, no exhi midos los últimos” 112 . Así, para g ara ntizar la efectividad de la trama clie ntelar la re d debía disponer de posiciones de gestión tales como la d el secretario municipal, una pieza clave en el engra n aje administ rativo por su conocimiento del sistema y control del flujo de infor mación 113 . “Tanta era la impo rtancia dada por el cu nerismo a este as unto, que podemos afirmar rotundam ente que a Madrid fue por aquel destac ado un famoso secretario, en Galici a muy conocido, por su activa actuación en los expe d ientes de quintas (...)” 114 . A su vez, como se ex plica e n el desarrollo d e los estudios de caso aportados por est a investigación, los empleados de consumos tenían la c apacidad de influir en la recaudación, aj ustando las cantidades, favoreciendo a clientes y, a fin de cuentas, contando con un pap el clave en la d escrita funci ón clientelar de garantía de subsistencia, por lo que el cont rol de este cargo sería una prioridad para las redes en liza: “Si así no fuera, no veríamos que en la caja de caudales de nuestro Ayuntamien to sufrirían una gran m erm a los ingresos, a parti r prec isamente, d el instante en que e l pandillaje polí tico colocó en la adm inistración de con sumo s a empleados asalariados ” 115 . Junto con lo expu esto, influir en instancias superiores d e la administración tambi én repre sentaba un recurso de primer orden a controlar por las redes investigadas. Más allá del plano meramente político que re laciona la administración municipal, provincial y e statal, como mecanismos interconectados que se re gulan entre sí 116 , la capacidad de mediar en la gestión de poder emanada de organismos como las dipu taciones o el Gobierno central tenía una repercusión directa en la extensión de la red a e scala loca l. Esto se explica por la posibilidad de utilizar estos espac ios de gestión supramunici pales para intervenir en d iversas cuestiones insertas en las maniobras estratégica s de las redes, como los procesos de selección de personal 112 El Ideal Gallego , 01/06/1923. 113 MÁRQUEZ CRUZ, G. (1997): “El sistem a políti c o local en España : de las cortes de Cádiz a la Restauraci ón ( 1810- 1823)” en FERNÁNDEZ PRIETO, L; NÚÑEZ SEIXÁS X. M.; ARTIAG A REGO, A. y BALBOA, X.: Poder local, elites e cambio social na Galicia non urbana (1874-1936) , Santiago de Compostela: Universidade de Santia go de Compostela, pp - 29 -141, pp. 118. 114 Gaceta de Galicia , 26/01/1918. 115 Gaceta de Galicia , 06/05/1918. 116 Véase, por ejemplo, en el desarrollo de los estudi os de caso la utili zación de la Comisión Provincial, Gobierno Civil o el Ministerio de la Gobernación por parte de las redes para garantizar el control del Ayuntamiento m ediante la anulación de elecciones o la suspensión de concejale s. 57 -aparentemente ajenos al municipio -, que tuvieran como resultado la colocación de miembros del grupo en cargos municipales que e scapan de su control: “Mi dist inguido y querido amigo: Aunque sea pecand o d e molesto, justifican do por ello m i i n terés en el asun to de cargos de justicia municipal de esta vil la, vuelvo a escribirte manifestándo te que el día 28 de los corrient es se remitirá a Valencia l as terna s de Jueces y Fisc ales Mun icipales y sería muy co nveniente que el primer lugar de ellas lo ocupar a mi s recomendado s Señor es G alí Soriano y Martínez Mellado. Si tú no tiene s amistad co n el j uez de la primera i ns tancia l a tiene y grande el que fue fiscal de la audiencia el Seño r Garrido” 117 . El recurso a la colocac ión también tenía el fin de garantizar la subsistencia a miembros de la red, y es que como a firman varios autore s el a comodo profesional d e indi viduos suponía una garantía de fidelidad personal 118 extensible a toda su familia. Este sería, por lo tanto, un mecanismo de int erc ambio c lientelar de primer orden que tendría una doble vertie nte, ya que la función de estos empleos no era (solo) la d e crear fidelidades política s repartiéndolos como prebenda s, sino que se trataba de posiciones e stratégicas de control político y social al ser vicio de la re d, ocupa dos por individuos insertos en la p irámide c lientelar. Es un e jemplo más de que el pode r de la red se extendía mucho más allá del ámbito meramente institucional re presentado por el Ayuntamiento. “Mi querido amigo y correli gionario: el obje to de la presente es, para reco mendarte ef icazmente a nue stro buen a migo de ésta don Pascual Andreu Reig, Maestro de la 1º enseñ anza, que tiene solicitada un a Escuela con carácter inte rino en esta provincia. Dicho seño r, además de su si tuación reconocida mente precar ia y por lo tanto aflic tiva por tratars e de ser pad re de 5 hi jos todos ellos de corta edad, prec isa su colocación de mane ra posib lemente ráp ida, ten iendo en cuenta las buenas cualidades del mismo para el fin que se pretende. Para llevar a efecto los nombra mientos en referencia, el conse jo p rovincial tiene ac ordado s egún el nuevo D ecreto reunirse l os dí as 5,15 y 25 de cad a mes en donde resuelven y f o rmulan las designacio nes de las cit adas interinidade s. Y com o los nombramiento s según d erechos se llevan a cabo por orden alfabético de primer apellido y este Sr como ya ves se llama A ndreu, se hace i ndispensab le lo recomiende s con todo interés a Rafael Olmos Escobar inspector jefe de la 1ª enseñanza de l a provincia quien form a parte de l as reuniones para el nombram iento de las repetida s 117 Carta del alcalde de Almoradí Aquilino Herrera al diputado a Cortes por Alicante César Oarrichena. CDMH, Signatura PS -Madrid, legajo 4773, Caja 52 0, nº 2. 118 VELASCO SOUTO, CARLOS F. (1997): “Repensando o caciquismo. Algunas reflexións e preguntas sobre o mantemento das oligarquías” en FERNÁNDEZ PRIETO, L; NÚÑEZ SEIXÁS X. M.; ARTIAGA REGO, A. y BALBOA, X.: Poder local, elites e cambio social na Galicia non urbana ( 1874 -1936) , Santiago de Compostela: Universidade de Santiago de Compostela, pp. 275 - 287, p. 281; HERVÉS SAYAR, H. (1997): 217. 64 bienes suplementa rios y la promoción de intereses del pat rón como pri ncipale s elementos aportados a la t ransacción por los clientes 140 . Por otro lado, para Eric Wolf el ca pital aportado por el cliente supone un elemento intangible, ya que se ajustaría a todas a quellas situaciones e n las que fuese n ecesario p restar un servicio d e apoyo. En este se ntido, ademá s del voto, el cliente actuaría como informador de todo lo que sucediese en un a comunidad, avisaría de las maquinaciones que otros indi viduos ll evara n a ca bo, alabaría a su patrón frente a otras personas para aumentar su prestigio, contribuiría al establecimiento de nuevos lazos de lealtad y estaría dispuesto a movilizarse cuando fue se necesario 141 . “Don Manue l Campillo de Santome r a di stribuy ó arrendatario s suyos de trecho en t recho hasta el pueblo de la Aparec ida, y desde est e punto a Or ihuela, encargándonos nosotros a nuestros arrenda tarios para que se hi c iera lo mis mo a su papá de Ud. y a La Cierva. Tal vez l e sorprende ría ver de trecho en trecho un a pareja de huertanos que saludaban muy respe tuosamente (… )” 142 . Sin duda, el desarrollo de una relación de reciproci dad otorgará al patrón una serie d e beneficios cuyo valor reside en la ex tensión a largo plazo de estos, en el sentido d e disponer d e una cantera de clientes dispue sta a ser moviliza da. En este sentido, asumir que la re lación c liente -pa trón no se determina por el vot o supone poner en cuestión clasificaciones del sistema en b ase al sufragio, esto es, la existe ncia de un clientelism o clásico o un c lientelismo de partido único que se dife renciara de los anteriores 143 . No obstante, sí que es posible introducir una diferenciación entre el sis tema des arr oll ado durante -al menos- el primer tercio del siglo XX y las posibles relacione s clientelares que tuvieran lugar a partir de la introducción del Estado de Bienestar, debido a la transformación de eleme ntos básicos del sistema como el flujo de recursos o los marcos sociales de reproducción, que pasarían a estar determinados por el uso de un partido político como instrumento del inter cambio 144 . Así pues, las ventajas p olíticas obtenidas por el patrón dependerán de la extensión y capacidad de la red, ya que como señalaba el antropólogo E. Gellner, la lealtad política puede implicar la promesa de apo yo incondicional en situaciones hipotéticas d e c onflicto tot al 145 . La lógica de la Historia evidencia que estas situaciones no se circ unscriben a períodos conc retos definidos por las dinámicas del Estado, ya que, cuestiones como la most ra da en la corre spondencia anteriormente citada, donde una red utili za a sus clientes para fortalecer las relaciones con otras re des -en ese caso con cre to, s ituando a indi viduos en la carretera para que saludasen a una autoridad - pueden darse tanto en períodos de dem ocracia como en momentos de dictadura . De hecho, la lealtad clientelar hacia individuos o grupos altam ente implicados en las estruc turas de un sis tema de partido único c on el fin de conseguir recursos puede ser entendida, a su vez, como un mecanismo c apaz de g enerar consentimiento hacia di cho Régimen. Para autores como González Alcantud, estas dicotomías se insertarían en la falta de perspec tiva multidiscipl ina r de los trab ajos sobre caciquismo, que no tendrían en cuent a los análisis de sarrollados por la Antropología sobre el fe nómeno de l clientelismo e n otras latitude s diferentes entre sí: 140 SCOTT (1977): 38. 141 WOLF, E. (1971): Los campesinos , Barcelona: Editorial Labor, p. 115. 142 Carta de Juan de Rojas a Antonio Maura, año 1906. Archiv o de la Fundación Maura -en adelante A FM- (Madrid), Signatura: 5727, legajo 280/02. 143 ROBLES EGEA (1996): 237. 144 CAZORLA PÉREZ (1995). 145 GELLNER (1977): 14. 65 “La o posición entre una y o tra visión no es gr atuita (historiador es vs antropólogos): para l os histo riadores, la relación po lítica d etermina necesariamente las re laciones d e jerarquía q ue esta blecen caciques y clientes, marcad os en última instancia por el apar ato e lectora l. Par a los antropólogos, el aparato electoral de la Restaur ación constituiría un epifenómeno de unas relaciones más profundas de orden sociol ógi co, cuáles son las relaciones entre patronos y clientes en ám b itos de la v ida econó mica, doméstica y simbólic a, que incluyen ante todo prestac iones fuera del mercado, prote cción, parentesco espiritual e identidad comun itaria” 146 . Si bien el fe nómeno del intercambio e n lo que respecta a los bienes que el cliente invierte en la relación no posee una base ec onómica en tanto en cuanto no e s posible poner precio a aspectos como la fidelidad o la le altad, las re laciones d e producción entre patronos y clientes rep rese ntan un elemento de primer orden para el sistema. Te ner en cuenta esta premisa, además, supone otro de los motivos por los que el plano electora l es insuficiente para explicar el contrato clientelar. De esta m anera, la lealtad política o personal se c omplementa con una fidelidad productiva en la que el cliente re presenta un recurso disponible para el patrón a modo de mano de obra barata 147 . El hecho de que los miembros principales de la red sean los poseedore s de los principales medios de producción ate stigua esta relación, a pesar de que puede ser muy heterogénea y superar lo s límites del trabajo en la tierra o la fábrica, llegando a concretarse en servicios suplementarios como la provisión de agua y leña a la casa d el patrono, servicios domésticos, materiales e incluso de policía armada persona l. La referencia en puntos anteriore s a un individuo que todos los años entregaba un cabrito al patrón resulta un ejemplo paradigmático de esta aportación en especie a la relación clientelar, además de un prisma en el que observar el largo pla zo de esta. Este elemento se interc onecta con la principal caracter ística del intercambio, que no es otra que l a desigualdad existente entre ambos actore s, pu esto que para algunos autores como Scott la relación cli entelar pose e características similares a la verticalidad pro pia de la relación entre empleador y empleado 148 . 1.4.2. El sistema motivacional de la clientela: En este punto cabe reflexionar sobr e el sistema motivacional que e mpuja a ciertos individuos a partic ipar de los sistemas de patronazgo como clientes. Sobre este asunto, la historiografía ha aportado diferentes perspectivas -como se pudo comprobar en el apartado corre spondiente- entre las que destacaba la inte rpretación clásica del analfa betismo 149 , la desmovilización e incluso la “ruralidad” como principales causas de la existencia de caciquismo. El principal problema de esta d educción es que bebe dir ectamente de la asunción de mitos extendidos durante la época, que formaban parte del discurso político en una cronología en la que las discusiones a través de la prensa, las acusaciones de caciquismo, y las descalificaciones e ntre clientelas estaban a la orden del día. 146 GONZÁLEZ ALCANTUD (1997): 32. 147 SCOTT (1977): 38. 148 Ibid... 40. 149 Un ejemplo en CARNERO ARBAT (1997). 66 “Desde No ia no s re miten para s u pub licac ión una copi a del escrito dirigido por la “Liga de Defensa Cívic a de Noia” a don Ramón María del Va lle Inclán. La sociedad Liga de Defensa Cív ica de No ia que en materia política patrocin a con entusiasmo la candidatura de Don José Ca lvo Sotelo por este distrito, enterada del calificativo de analfabetos, aplicado por usted a t od os los calvosotel istas, ha acordado hacerle presen te lo sigu iente: Primero: que, si ha u sado usted di cho adjetivo po r ente nder que so mos u nas estú pidas c riaturas al i ncurr ir en la tontería de obrar y sentir con arre glo a nuestras convicciones y nuestras simpatías, y no po r impulsos del estómago, como practican a lgunos vivos y frescos, lo aceptamos con gusto, aunque, en t a l supuesto, cabría pregun tar a ud qué mendrugo le arro jó el gassetismo para tr ansformar e l sistemático vituperador de ayer en el r epulsivo corife o de hoy. Segundo: s i, por e l contrar io, tal pa labra f ue empleada en el sentido literal, procu raremos corregi rnos del defecto, aprendiendo a l e er y escribir, y hasta traducir y copiar. Así podremos enterarnos de las obras de Casanova, Julio Casares y otros autores literarios, y conocer la originalidad de las de ust ed. (...)” 150 . Además de esto, el mito del analfabetismo como causa d e la existenci a del clientelismo se ha alimentado a lo largo de los años gracias a una visión presentista incapaz de concebir que ciertos individuos o familias eligiese n participar de las rede s antes de disf rutar de los hipotéticos beneficios que aport aría la democracia. A esto, h abría que sumar la inte rpretac ión prejuiciosa que circunscribe todo desarrollo de clientelismo al mundo rural a la vez que concibe este espacio como atrasado e inf erior al urb ano. Todo ello sin profundizar en la clientela como sujeto de estudio, es decir, como familias que necesitan gara ntizar su subs istencia, reproducirse y extenderse en e l tiempo, igual que ocurre con la é l ite. Persona s, a fin de cuentas, que busca n el modo seguro que alcanzar sus objetivos, barajan y descartan posibilidades entre un reducido número de opciones. 150 EL Ideal Gallego , 16/09/1923 67 Fig. 1.2. “Lo que pasa es que aquí todos queremos ser caciques, ¿sabe?” Fuente: CASTELAO, 1989: 21. Así, la antropología política explica el sistema motivacional de la clientela como una opción eficaz para la obtención de rec ursos en contextos sociales marcados por un conjunto de reglas, dispositivos y condicionantes que inducirían al citado comportamiento 151 , dinámica confirmad a que es asumida por a lgunos historiadores 152 . Por lo tanto, pa ra que un c liente acepte pertenecer en condiciones de desigualdad a una red influi rá directamente la existencia de fuentes alternativas para la obtención de los mismos servicios o recursos que está demandando 153 . Est o, en el contexto inv estigado, viene definido por la escasez, las dificultades de subsistenc ia y la acumulación de medios de producción por parte de los patrones, aspectos que reducían considerablemente las posibilidades de reprodu cci ón material fue ra de las r edes. Cuanto más se intensificará n estos condicionantes más posibilidades tendrían los patron es de aumentar su cartera de clientes invirtiendo menos recursos en la relación. En los estudios de caso las alternativas reales que u na familia poseía con resp ec to al sistem a clientelar dependerán d e la conformación de vínculos y, por ende, su situación en la organización social comunitaria. El motivo radica en la principal diferenc ia existente entre el patronazgo como mec anismo de reproducción mat erial y la cooperación como inst rumento para la consecución de recurs os, en tanto en cuanto el sis tema clientelar basará su existencia en la conformación de víncul os horizontales incompatibles con la implementación de pr ácticas democráticas 154 . De esta for ma, los individuos competirían por la obtención del favor del patrón en lugar de cooperar para exigir a los poderes públicos y privados un reparto equitativo de recursos. Que en el contexto investigado el flujo de recursos proveniente de las 151 MAÍZ (1994): 192. 152 BASCUÑÁN, Ó. (2008): “A propósito de la desmovilización campesina durante la Restauració n: prácticas y estrategias de adaptación y resistencia a la lógica clientelar en las provincias caste llanomanchegas” en Nicolás Marín, E.; GONZÁLEZ MARTÍNEZ, C.: Ayeres en discusión: t emas clave de la Historia Contemporánea de hoy , Mu rcia: Universidad de Murcia, pp. 83. 153 SCOTT (1977): 56. 154 MORENO LUZÓN (1995): 208. 68 administraciones resultara un elemento patri monializado por las redes, al igual que la inexistencia de seguros sociales, convertían a los sistemas de pat ronazgo en la opción segura para la reproducc ión material. No obstante, el desarrollo de sindicatos y asociaciones mutualistas en las que los individuos se rescatasen entre sí en caso de crisis, donde se desarrollan lazos solidarios y se ejercen práctica s de mocráticas, todo ello c on el fin de ga rantizar o mejorar la reproducción material de las familias partic ipantes, resultaba un proceso en aumento en la Noia de la Restaurac ión. Esto trae a colación otra de las características del sistema clientelar, que es el he cho d e que no todos los ciudad anos se insertaban en l a dinámica de red es. En primer lugar, porque, como se entiende de lo anteriormente expuesto, muchos in dividuos y famil ias optarían por el sistema cooperativo para su desarr ollo personal, y en segu n do porque l a propia esencia del clientelismo lo convierte en un sistema competitivo en el que, por la fuerza , existirán individuos que resulten excluidos o marginados de las redes, pese a que fueran una minoría 155 . Según lo anterior y atendiendo a las d efinicio nes expresadas de clientelismo, cabría descartar el recurso a la violencia y a la coerc ión como mecanismo para la reproducción del sistema. Los momentos en los que la existencia de las redes dependiese d el empleo de prácticas coerc itivas se circunscriben a períodos excepcionales y son legibles como una muestra de debilidad por parte de dichas redes 156 , tal como denuncia la prensa en el dis trito de Dolores sobre la represión ejercida por el candidato conservador Marqu és del Bosch -con una clara desventaja en la competición dentro d e un distrito dominado por los Ru iz Valarino - en las elecc ion es a cortes de 1914: “Se for malizaron protestas basadas en coa cciones en c ontra suya, como suspensi ones de ayuntamientos y nombramiento s por e l gobernado r de nu merosos delegados para favor ecer la candid atura adve rsa, algun os de ellos apoderado a la vez del S r. Marqués del Bosch, y en el estado en el que se colocó el pueblo de Torrevieja para tratar d e torcer y tergive rsar l a expresi ón de la volun tad del cuerpo electoral, haciéndose funcionar bajo las órdenes de un apoderado del candidato derrotado unas partidas que llam a “de la porra”, entre las cuales se encont rab an vigilan tes de consumos, guardias del cuerpo de segurid ad y otros diez apoderados del mismo candida to por cada colegio del término, impidién dose a los notarios del libre ejerci cio de sus fu nciones, e hiri éndose a los amigos del di pu tado electo cuando el día 8 penetrar on voluntariame nte en los l oc ales para romper las urnas. (…) . Según las actas, los días 8 y 9 de marzo se registraron hec hos in tegrantes de d esórdenes y coacciones, como detenci ones arb itrarias, circulaci ón de partidas de homb res arm ados que se estacionab an en los colegios, y ha sta dispa ros de arma de fu ego (…) ” 157 155 MAÍZ (1994): 130; MORENO LUZÓN (1995): 203. 156 Como afirmó en su día VARELA ORTEG A, (VARELA ORTEGA (1977): 502), y recie ntemente, para G alicia, Mígu ez y Cabo (MIGUEZ y CABO (2013): 50). 157 “Informe sobre el acta del Distrito de Dolores, emitido por el Tribunal Supremo, constitui do en la forma especial dispuesta en el artículo 53 de la ley electoral, pr oponiendo...” en El Diario , 14/04/1922. 69 1.5. ESTRATEGIAS DE RE PRODUCCIÓN DE REDE S . 1.5.1. Estrategias familiares y matrimoniales: A medida que el conocimiento sobre el sistema clientela r se sis tematiza y analiza desd e perspec tivas interdisciplinares, s e con firman ci ertas premisas sobre el fenómeno tornándose rasgos definitorios del mismo, en una suerte de consenso e ntre la H istoria, la Antropología y la Sociología. En lo que respecta a los marcos so ciale s a través de los cuales el sistema se reproduce y se expande, l a familia en particular y el pare ntesco en general son considera dos por no pocos autores e l espacio básico para e l desarrol lo clientelar 158 . De hec ho, la familia supon e la primera institución socializadora en la vida de los individuos, lo que lleva a plantear la consideración de la propia sociedad como una organización de dife rentes fa milias 159 . En este sentido, autores como S humpeter han llegado a afirmar que “es la familia y no el individuo la verdadera unid ad de la cl ase y de la teoría de clases” 160 , y es que los individuos se insertan en la estructura f amiliar de un modo simil ar a como lo hacen en las relacione s de patronazgo , en tanto en cuanto la familia representa un a estructura necesaria para la obten ción de ciertas necesidades básicas para el ser humano , concretamente de tipo económico, social, sexual y afectivo. S i bien, es posible recurrir a otras instituciones para obtener los citados axiomas, la familia es capaz de proveer estas necesidades a escala local, rápida, y a bajo coste 161 . Además, en un período en el que un sistema nacional de seguridad social no se había desarrollado, la asistencia social pos eía un marcado carácter famili ar, que situaba a los hogares c omo unidades d inámicas ac ostumbradas a la entrada y salida de personas necesitadas de ayuda, constituyendo así un e ntramado solidario fundamental para l a supervivencia y bienestar de sus componente s 162 . En línea con lo expuesto, la organización parental se articula en base a diferentes planos o esferas entre las que se conforma la re d, como e st ruc tura organizativa del sistema clientelar. El primero de ellos y el má s básico en lo que atañe a la socializa ción del individuo y su vínculo parental, se ría el considera do grupo doméstico, espac io prima rio de residencia, consumo y reproducción. La f amilia, en segundo orden, representará una inst itución social de naturaleza ideológica que se articul a en torno a las relacione s de parentesco con la finalidad de perp etuar la reproducción y consolidación social de los gru pos domésticos que la in tegran 163 . Así, a l o largo del trabajo c abrá distinguir entre “familia nuclear”, formada por lo s mi embros y descendiente s de un mismo núcleo fa miliar, y “familia” o “familia extensa”, correspondie nte a toda la red de parentesco extendida más allá del grupo doméstico, De todo ello se despre nde la afirmac ión de que el parentesco es el espacio privileg iado para las r elaciones so ciales, constituyendo las redes familiares entidades susceptibles de ser construidas, gestionadas y 158 VEIGA (1999); MUÑÓZ LÓPEZ, P. (2001): Sangre, am or e interés: La familia en la España de la Restauración , Madrid: Marcial Pons Historia; WOLF, E. (1990): “Relac iones d e parentesco, de amistad y de patronazgo en las sociedades complejas” en Clásicos y Contemporáneos en Antropol ogía: antropología social de las sociedades complejas , Ciudad de México: CIESAS-UAM-UIA, pp. 19- 39 ; TOSCAS I S ANTAMANS, E. (1992): “Sobre la questió p olítica local a mitjan del segle XIX: aproximació a l´estudi de les relación entre els poders locals i l´ajuntament al municipi de Sarrià en 1840-1856” en Estudis d´Historia ag r aria , nº 9, pp. 73-126; MARTÍNEZ LÓPEZ, D. (1993): “Reproducción social y parentesco en un proceso de ascensión socioeconómica en la Vega de Granada (S. XVIII y XIX)” en Noticia ri o de Historia Agraria , nº 5, pp. 67-96; PRO, J. (1995): “Las élites de la Esp aña l iberal: clases y redes en la definición del espacio s ocial (1808-1931)” en Hist oria Social, nº 21, 1995, pp. 47-69; CARASA SOTO (1999).. 159 MUÑOZ (2001): 15 160 Citado por WOLF (1990): 5. 161 Ibid. 162 MUÑOZ (2001): 400. 163 MARTÍNEZ LÓPEZ (1993): 68. 70 ampliadas, teniendo en cuenta las posibilidades y nec esidades del momento 164 . En e ste sentido, las relaciones familiares darán luga r a una s erie d e estrategias encaminadas a la r eproducción del grupo , entendida s como decisiones meditadas y generalmente consensuadas. Esto es lo que la sociología y la antropología conocen como estrategias familiare s, bas ada s en repartos y combinaciones de rec urs os de diver sa índole c on el fin de mejor ar las posibil idades de éxito de la familia en su adaptaci ón al entorno y en su propia interacción con otras familias, con unos objetivos claramente ma rca dos qu e parten de situaciones d e incertidumbre 165 . Para Juan Pro , estas estrategias responden a trayec torias anticipadas para el alcance de u n fin conc reto cuya elaboración no r esponde -generalmente- a un larg o plazo, sino qu e busc an resolver conflictos vinculados con la g estión cotidiana de las rel aciones soc iales 166 . Dentro de to do el ab anico de posibilidades en el universo e stratégico familiar, el matr imonio y, por ende, l as conocidas como estrategias matrimoniales, resultarán signific ativas ya que p enetran en la comunidad en la búsqueda de otra familia con la que tejer una alianza y, po r lo tanto, aumentar el patrimonio. El fin de estas decisiones no residía únicamente en la consecución de un patrimonio ec onómico a través de la dote o la vinc ulación con f amilias de una mayor fortuna, sino que se basa ba -sobre todo- en la obtención de prestigio social e incluso a cceso a instituciones de gestión de poder, lo que se evid enc ia po r expresiones incrustadas en la cultura popul ar como “hacer oposiciones a yerno” 167 . Todo esto lleva a concebir por p arte de algunos antrop ólogos las agrupaciones d e parentesco a gran escala, su orga nización a modo de rede s y sus estrategias de reproducción como grupos corporativos de filiac ión unilineal 168 . Cabe mencionar que las estrategias familiares no suponen un recurso exclusivo para las élites y la dinámic a d e r edes, ya qu e, asumir el ví nculo parental como un elemento definitorio de la so ciedad implica la utilización de un prisma interc lasista para su enfoque. Así, igual que la c onformación de rede s para la obtenc ión de recursos por parte de las élites es el resultado de una serie de estrategias familiares en el seno de las oli garquías locales, también lo será el pertenecer o no a di chas r edes como clientes, una d ecisión respaldada, gar antizada y pe rpetuada en el seno de la familia. El análisis de este conjunto de estrategias orient adas a la cons ec ución de un fin grupal resulta im presc indible para el conocimiento de las redes clientelares, su extensión espacial y temporal, así como sus capacidades de actuación en las sociedades complejas, por lo que será un ejerc icio que realizar en los estudios de caso. No obstante, es importante citar uno de los principales mecanismos de reproducción de la red, el matrimonio, como fuente primigenia de recursos para los ac tores, ya que, c omo seña lan Casey y Chacón, “matrimonio y patrimonio, e s decir, familia y propie dad, son dos realidade s estrechamente relacionadas” 169 . En c onsecuencia , los enlace s nupciales tenían un componente que superaba el ámbito priva do al constituir un mecanismo de aum ento y tra nsmisión de patrimonio 170 ya que permitían a mpliar los horizontes relacionales de la red, concre t ar nuevas relaciones comerciales a través del vínculo del parentesco y acceder a nuevas fuentes d e recursos como la h erencia o la dote 171 . Además de esto, las nupcias eran una fuente constitutiva de “recursos inmateriales” al suponer una de las 164 Giovanni Levi citado por PRO (1995): 66. 165 MUÑOZ (2001): 68. 166 PRO (1995): 68. 167 Ibid... 78 - 79 168 WOLF (1990): 2. 169 CASEY, J.; CHACÓN, F. (1987): La familia en la España mediterránea (Siglos XV-XIX) , Barcelona: Ed. Crítica, p. 14. 170 CHACÓN, F.; MÉNDEZ VÁZQUEZ, J. ( 2007): “Miradas sobre el matrimonio en la España del último tercio del sigl o XVIII” en Cuadernos de Historia Moderna , nº 32, pp. 61-85. P. 62. 171 GOMÉZ CARRASCO, C. J. (2010): “Matrimonio, alianza y reproducción social en la burguesía com ercial y la élite lo cal (Albacete, 1750-1830)” en C uaderno de Historia Moderna , nº 35, pp. 69-95, p. 74. 71 principales e strategias pa ra al canzar el ideal de perpetuación , como c onsolidación de una rama familiar en base a una serie de intereses co munes, símbolos, signos y elem entos de identificación constitutivos de un importante valor cultural para el grupo parental 172 . La s estrategias m atrimoniales encaminadas a manten er o aumentar el p atrimonio son constatable s a lo largo de todo el trabajo tal y como se observará en el apartado dedicad o a la presentación y descripción de l as redes investi gada s. De esta forma, se id entifican dos dinámicas diferenciadas que dep enderán de la posición social de la familia, ya que en grupos con un patrimonio económico y social asentado primará l a c onsanguine idad 173 , mientras que las rede s en ascenso go zarán d e una nupcialidad más h eterogé nea al buscar el p are ntesco con otras familias ya asentadas 174 . Un ejemplo del uso estra tégico del matrimonio con la finalidad de ampliar el mapa de recursos de las re des lo constituye la unión de dos o más he rmanos con dos o más hermanos d e otra familia, algo conocido e n Cataluña como fer canvis o canvis de jove 175 . En el caso de Almoradí esto se observa con el triple matrimonio de los hermanos Andrés, Mariano y Antonio Giro na con las herma nas Rosario, Manuela y D olores Ortuño. Ni que decir tiene que este tipo de pr ác ticas complicarán en gran medida el tr abajo pr osopográfic o al dar como resultado una cantera de primos con los mismos apellidos. Todo este sistema de reproducción material basado en el matrimonio a fectaba directamente a las muj ere s como principales soportes de este. Así, el género femenino no representaba una pieza igualitaria en el resorte matrimonial, sino que era considerado un recurso con el que especular. En primer lugar, las mujere s eran las encargadas de organizar la estrategia, conocer el entorno y sus posibilidade s, el papel de otras fa milias y los be neficios sociales de los enlaces. De ellas depende, por lo tanto, la posición social de la fa milia y el honor de sus integrante s 176 . Además de esto, los estudios de caso demuestran como la fun ción principal de las mujeres en las redes investigadas e ra la de servir a la polí tica matrimonial, siendo uti lizada s para el desarrollo de las men cionadas estrategias familiares y educa das pa ra salvaguardar la alianz a mediante el cuida do del hogar y del marido. 1.5.1.2. Amigos y parientes sin sangre . Con todo, el desarrollo de un sistema q ue somete la reproducción materia l al parentesco, entendida esta como la ampli ac ión de la red, la obtención de p uestos de gestión y el aumento d e la cartera de clientes, será lógica la necesidad de estab lecer vínculos y alianzas con personas o rede s con las que no e xisten lazos de sangre primigenios. La estrategia matrimonial anteriormente descrita suple, en parte, estas necesidades, p uesto que p ermite introducir nuevos individuos en la familia y considerarlos como si existiera un pa rentesc o directo, pero como contrapunto, conlleva para su desarrollo el empleo de un recurso tan lim itado como los hijos en edad nupcial. Es por esto por lo que surgía la posibilidad de reforzar alianzas instrumentales mediante el parentesco indirecto surgido de las bodas y los bautizos como los acontec imientos familiares más importantes, concretamente a través del empleo de las figuras del testigo de boda y de l padrino. Como se puede comprobar en ambos casos, en los que ha sido posible el acce so a la fu ente básica para el estudio de los testigos de boda, que no es otra que los libros sacra mentales de matrimonios, esta fig ura era constantemente utilizada para crear nuevos vínculos en l a red y reforzarlos. Gen era lmente se produ cían en un doble sentido, ya que, 172 CHACÓN JIMENEZ, F. (1995): “Hac ia una n ueva definición de la estructura social en la España del Antíguo Régimen a través de la familia y las relaciones de parentesco” en Historia Social , nº 21, pp. 75-104. P- 82. 173 Un ejemplo es la familia Cadarso, d onde los matrimo nios entre primos eran más que habituales. 174 TOSCAS I SANTAMÁNS (1992): 100. 175 MUÑOZ (2001): 73. 176 Ibid ...80. 72 si un miembro de una familia actuaba como testigo de boda de otra, lo común era que, posteriormente, se produ jera el mismo proc eso a la inversa en un universo qu e supera el aspecto individual para convertirse en familiar. Est e modelo será muy utilizado por las redes en a scenso que buscan c onsolidar sus alianzas a tra vés de un cariz parental, tal y como se puede comprobar en el capítulo dedicado a la r ed gassetista en la Noia de la Restauración, e spacio en el que la familia de los Vidal Rein o consolida su posición en la re d mediante el empleo bidirec cional de la citada figur a. Esto no significa que las redes asentadas que recurrían a la endogamia para perpetuar su patrimonio no tuvieran testigos, sino que los mismos serán in divi duos ya insertos en el propio grupo. Pilar Muñoz en su estudio sobre la familia en la España de la Restaurac ión asevera qu e el padrinazgo es la máxima expre sión de la amistad, hono r y compromiso, y era ofrec ido como señal de afecto y distinción en base a la idea ca tólica de que el parentesc o e s más cultural que biol ógico, con la capacidad de dotar de dicho grado f amiliar a a lguien q ue realmente no lo tiene 177 . Si bien el estudio del padrinazgo para la Época Mode rna ha confirmado el carác ter instrumental de es ta función y su potencial a la hora de establecer vínculos de naturaleza clientelar 178 , hay autores que señalan el progresivo aband ono de est a práctica en las postrimerías del período. La causa esgrimida radica en el inter és de la iglesia por devolver una práctica comúnmente instrumentalizada como estrategia clientelar al ámbito de lo religioso, “que el p adrino fuera un tutor espiritu al y no un aliado socioeconómico de sus compadres” 179 . Sin duda, esta investigación permite extrapolar los vínculos clientelares de sarr ollados a través del sistema de padrinaz go a la figura de los testigos de boda, sobre todo en la variable noiesa, donde en la mayoría d e l os casos las alianza s se realizan a través de los testigos, reservándose el padrinazgo para familiares directos, incluso entre las clases más humildes 180 . Esto casarí a con la afirmación de que el padrinazgo se reorienta hacia una pr áctic a des a rrollada habitualmente dentro de la familia perdiendo su naturaleza clientelar, pero e l motivo lógico no reside en los designio s de la alta curia eclesiástica, sino en el componente cua litativo y cuantitativo que poseen ambas figuras. El padrinazgo debía s er ejercido por un hombre y un a mujer y estaba li mitado a dos -padrino y madrina-, mientras qu e los testigos de boda en los lugares investigados so n generalmente individuos varones -según m uestran los libros sacra m entale s y la prensa- sin un límite claro d e participantes -por regla general, tr es o cuatro individuos-. Así, el cambio de un modelo d e pad rinaz go por otro basado en los testigos de bod a en el traspaso del Antiguo Régimen al Estado Liberal representar ía, en prime r lugar, un aumento de las posibil idades de alianzas y vínculos clientelare s entre las redes locales. Esto se explica, en parte, por el propio desarrollo del Estado Liberal que ampliaría la dispo nibilidad de puestos de gestión y facilitaría el acceso a los mismos p or parte de redes en ascen so que basan su patrimonio en el ejercicio de profesiones como la abogac í a o la me dicina, además de l contacto con otras redes operantes en instancias superiores de la administración. Esta afirmación se 177 MUÑOZ, 2001: 427 178 GARCÍA, F. y SÁNCHEZ, H. (2014): “Patrones y prácticas asociadas al padrinazgo en un entor no rural: el valle de la Iguña durante el S. XVII” en Revista Tiempos Modernos: monográfico sobre familia y sociedad r ural en la España Moderna, nº 29, 16 páginas; VÍCTOR SANTILLI, D. (2009): “Entre el clientelism o y el reforzam iento de vínculos: Familia y padrinazgo en Buenos Aires (1780-1840)” en Revista de Demografía Histórica , nº 27, VOL, 2, pp. 111 -148; ALFANI, G . y GOURDON, V. (2016): “Las familias y la e lecc ión de padrinos y madrin as de bautizo en la Europa Católica y en la Eda d Moderna: balance y perspectivas de investigación” en G ARCÍA GONZÁLEZ, F . e IRLES VICENTE, Mª (COORDS): Curso de vida y reproducción social en España y en Europ a en la Edad Moderna : m onográfico de la revista de Historia Moderna Annales de la Universidad de Alicante , Alicante: U niversidad de Alicante, pp. 23 - 43. 179 SÁNCHEZ DIEGO, H. (2015): “La evolución del padrinazgo en la España cantábrica (S. XVII y XVIII)” en LABRADOR ARROYO, F.: Actas del II Encuentro de j óvenes investigadores en Historia Moderna. Líneas recientes de investigación en Historia Moderna , Ma drid: Ed. Universidad Rey Juan Carlos, , pp. 1253 -1273, p. 12 71. 180 Arquivo Histórico Diocesano de Santiago -en adelante AHDS-, Signatu ra P015648, Libros sacramentales: Bautizados 1897-1904, Noia, San Martiño. 73 corre spondería, ade más, c on la ase rción antropológica de que los mecanismos pa rentales pueden modificarse, e, incluso, ampliarse si las circunstancias así lo p recisan 181 . En s egund o lugar, la figura del testigo de boda permitiría excluir a las muj ere s de la polí tica cotidiana de alianzas, siendo relegadas a f raguar la consecución de vínculos más sólidos como puede ser el matrimonio. Si se tiene en cuenta que el uso de l padrinazgo -y por ende del testigo de boda- ha sido señalado por la antropología como un mecanismo utilizado en el universo clientelar con el fin de acabar con hostilidades y entablar alianzas 182 , no es d escabellado afirmar que se ceñía a una dimensión estratégica de la que se acabó excluyendo a las mujeres. Con todo, en el universo re lacional desarrollado por las redes client elare s en los espac ios y cronologías investigadas, existía la posibil idad de que las alianzas establecidas no se basaran per se en un vínculo parental. Para esto, s e utilizaba la figura de la amistad, que par a el antropólogo E. Wolf poseía dos vertientes. La prim era, como víncul o básico desa rrollado en las sociedades contemporáneas, sería la amistad expresiva o emocion al, que surge y se desarrolla a través del contacto nat ural entre individuos. La segunda, por el contrari o, sería la bautiza da como amistad instrumental, que permite e l acceso a una serie de recursos m ateriales y sociales, donde cada individuo actúa como nexo con otras person as del exterior 183 . Pese a la instrumentalidad de la r elac ión, este ti po de laz o implicará en todo mo mento una mínim a cantidad de afecto, aunque s ea simulado, pues h ay peligro de que se rompa el vínculo cu ando el c arácter instrumental de la re lación se torna demasiado e vid ente 184 . Así, en los cas o s investigados es posible observar en todo momento e l cuidado de relaciones de amistad aparente entre individuos que raramente se verían en persona o coincidirían en los mismos espacios, como ocurre con una car ta cruzada entre Alejan dro Cadarso Ronquete -uno de los cabe zas de la red cadarsista- y el presidente del gobierno Ant onio Maura, en la qu e el primero s e inte re sa por el estado de salud y la familia del segundo 185 . La a rtificialidad d e la relación entr e Cadarso y M aura vi ene d eterminad a p or el h echo d e que no compartieron espacio de a ctuac ión, lo que limita la posibilidad de una sociabilidad común en un contexto marcado por un avan ce mu y primigenio en materia de comunicaciones. Esta disyuntiva pone sobre la mesa la consideración d el territorio como otro de los marc os sociales básicos para la reproducción del clientelismo. Así, las relaciones familiares y so ciales descritas tenían un c laro componente e spacial, al igual que oc urrirá c on la vertiente ec onómica en el sentido de la ubic ación de la propiedad y las relaciones de produ cción. Para Carasa Soto la importanc ia del t erritorio como vertebrador del sistema clientela r se halla, además, en la división administrativa d el espacio en distritos judiciales, concebidos com o medios natural es donde se legitima y socializa el poder 186 . Lo cierto e s que la división administrativa cent ra ba en este esp acio la obtención de los puestos de gestión de pode r determinan tes en lo relativo a encauzar e l flujo de recur sos ha cia una u otra clientela, e n su vertiente política pero también en la judicial. Todo ello dotaba a l as redes de una idiosincrasia territorial sobradamente conoci da que ha llegado a s er considerada por algunos hist oriadore s como la de finición plena del caciquismo 187 , que tendría su máxima materializaci ón en un conocido map a de la época que personaliza las redes con mayor c apacidad de poder. 181 WOLF (1990): 2. 182 DAVIS, J.: Antropología de las sociedades mediterráneas , p. 227. (Citado por MUÑOZ (2001): 430. 183 WOOLF (1990): 9 184 Ibid.. 10. 185 Carta de Alejandro Cadarso a Antonio Maura, añ o 1906. AFM (Madrid), legajo 17, carpeta 18. 186 CARASA SOTO (1999): 24 187 Un ejemplo sería el libro coordina do por Varela Ortega El poder de la influ e ncia , que a naliza el caciquismo en el Estado español atendiendo a su división t erritorial. (VARELA ORTEGA, 2001). 80 Fig. 1.4 . “Fi xemos unha Rogati va para que San Roque nos librase da peste… e sabes qu en levou o estandarte? Foi o cacique”. Fuente: CASTELAO, 1989: 19. Por lo tanto, el universo simbóli co religioso estará al servicio d el clientelismo pr oporcionando una legitimación a tr avés de los ritos más populares en su vertiente públic a. Estos podían ser procesiones y romerías, donde un miembro destaca do de la clientela po rtaría el estand arte , ofrenda s florales o el mero desarr ollo de un papel preeminente en las cer emonias que resultaran destacadas para una comunidad concreta. Realizar esta labor comportaría un beneficio intangible relativo al campo del honor, considerado por p arte d e la antropología como la “ideología que nuclea al pa tronazgo, ya no como sistema norma tivo, crite rio establecido por las iglesias, sino como sistema pragmático” 211 . El honor sería, así, el elemento que permite al patrón representar a la comun idad en un ejer cicio que se retroalimenta cons tantemente, ya que esta representación proporc ionará a su vez un mayor honor. En este sentido, para autores como Moreno Luzón el universo simbólico del clientelismo supera ampliamente el ámbito religioso para i nstalarse en l a esfera civil a través de nombramientos de hijos adoptivos, banquetes , comitivas, estatuas, nombres de calles y plazas, presidencias honorarias de ca sinos, y un largo etcétera 212 . En esta línea, resulta paradigmático el caso noiés por poseer d os malecones portuarios con los nombres de las clientel as en liza, el mal ecón d e Gas set y el malecón de Cadarso. 211 GONZÁLEZ ALCANTUD (1997): 41. 212 MORENO LUZÓN (1995): 216. 2. REDES CLIENT ELARES EN LA NOIA DE LA RESTAURA CIÓN. LA RED CADARSISTA. 2.1. C ARACTERIZACIÓN SOCIOECONÓMICA DE L A VILLA DE NOIA (1905-1936 ). Figura 2.1. Situación de Noia en el mapa. Fuente: Elaboración propia . El municipio de Noia durante el primer tercio del siglo XX comprendía un asentamiento disperso, formado por ci nco parroquias y un anexo. Orográficamente se sitúa en la llamada ría de Muros-Noia, donde desemboca el río Tambre formando un v alle, con acce so al mar y rodeado de te rreno de mo nte arbolado y llano. A nivel de ase ntamientos, se organizaba en torno a una villa, noventa y un a aldeas y grupos menores, contando en 1936 con 3.005 edificios, de los que el 20% eran de u na sola planta, el 65% de dos y el 6% de tres. El r esto lo compre ndían edificios deshabitados -389- y albergue s -187- 213 . La entidad poblacional con mayor número de habitantes era la villa, se guida de las parroquias de Santa Cristina de Barro, Santa María de Roo, S an Pedro de Obre y San Pedro de Boa resp ec tivamente 214 . Los años que comprende la selección cronológica realizada por esta investigación -1905-1936- se caracterizan po r una estabilidad con li gero crecimiento en el número de habitantes, rondando la cifra tot al las diez mil personas. 213 CARNE ALDAO, E. (1936): “T omo II: Provincia de A Coruña” en CARRERAS CANDI, Francisc o: Geografía general del Reino de Galicia , Barcelona: Casa Editorial Alberto Martín, p. 517. 214 Ibid... 536-538. 82 FIG. 2.2 . Demografía de Noia (1900-1936) Fuente: Elaboraci ón propia a partir de los censos históri cos de poblaci ón (años 1900, 1910, 1920 , 1930 y 194 0) de la web del Instituto Naci onal de Estadistica . Consultado el 10/03/2018. (Disponible on -line en http://www.ine.es/inebaseweb/libros.do?tntp=7180 7# ). Como se puede comproba r en el grá fico (Fig. 2.2), el número de mujeres es significativamente superior al de hombres durante todo el período, algo que se explica por el fenómeno de la emigración, eminentemente masculinizada. Es tos individuos, tildados en las fuentes demográficas como “ausentes”, constituyeron aproximadamente el 5% de la población hasta 1910, cuando la cifra se eleva al n ada d esdeñable porcentaje del 10%, alcanzando el 15% en 1930, lo que mu estra l a i mportancia del factor mi gratorio en el municipio. Con todo, los datos registran durante todo el periodo un desarrollo demográfico paulatino pare jo a un crec imiento migratorio que cae en picado tras 1930. Estos datos se corresponden con lo investigado por Ramón Vill are s y Marcel ino Fernández qui ene s establecen, al respecto de l a emigración gallega a América durante la cronologí a de este trabajo, la existencia d e dos tende ncias generales. La primera se correspondería con la llamada emigración masiva (1880-1930) donde factore s como el avance de los transportes -paso de la vela al vapor-, el consiguiente abaratamiento de los costes del viaje y la liberación política española p ermitirían la existencia de un creciente flujo de emigrantes a Am érica. Con todo, la crisis económica de los años 30 y el desarrollo de políticas migratorias restrictivas en los países d e destino, afectará directamente en que se produzca un mayor núme ro d e retornos migratorio s que de salidas, tendencia a la que obe decen los datos investigados para Noia y que ayudarían, a su vez, a explicar el repunte demográfico registrado para e sos años 215 En lo que se refiere al sector primario , las act ividades productivas del municipio se disgregaban en la p esc a, ganadería, agricultura, una importante indus tria dependiente de estas y una fuerte impronta del sector servicios. Según C arr eras Candi, esto era posible gracias a la existencia de un cierto pluriemple o entr e muc hos de los habitantes, donde los propios pescadores, artesanos y obreros explotaban junto con sus mujeres las fincas familiares y cuidaban d el gan ado 216 . Según esta misma fuente, l a pesca constituía la pro ducción de mayor peso en las zonas costeras del término municipal 217 , concretamente en las parroquias d e San 215 VILLARES, R. y FERNÁNDEZ, M. (1996): Historia da emigración galega a América , Santiago de Compostela: Xunta de Galicia, pp. 98, 138. 216 GARCÍA REY, G. (1936): “Descripción física general” en CARRERAS CANDI, FRANCISCO: Ge og rafía general del Reino de Galicia , Barcelona: Casa Editorial Alberto Martín, p. 130 . 217 CARNE ALDAO (1936): 513. 0 1000 2000 3000 4000 5000 6000 7000 8000 1900 1910 1920 1930 1940 DEMOGRAFÍA DE NOIA (1900- 1936) HOMBRES MUJERES INMIGRACIÓN 83 Martín de Noia , Barro y Obre 218 . Esta afir mación gana peso si se tiene en cuenta la im portanc ia que tenía la explota ción marítima para el sector secundario del municipio, donde ex istía un fuerte peso de la industria conserver a y la construcción de b arcos. Junto con la pesca, destacaría la importancia del transporte marítimo, realiza do con los llamados “Patache s”, que según una descripción sobre el mu nicipio realizada en 1910 en la revista Vida Gallega llevaban a cabo una conexión marítima entre los pue blos costeros y las ciudades de Vigo y Coruña 219 . Las fuentes son escasas a la hora de conocer el desarr ollo agrícola del muni cipio, si bien mediante el cruce de la enciclopedia gallega Carreras-Candi con las c ontribuciones municipales y el Anuario Bailly Bailiere (posteriormente Anuario General) es posible obtener una panorámica global. La pr imera de las premisas a tener en cuenta será la propiedad de la tierra, la que, según Carreras-Candi, se muestra disgregada en pequeñas parcelas. De e sta forma, esta fuente establ ece qu e para la zona litoral de Galic ia l a subdivisión de la propie dad lleva im plícita la existenc ia de p equeñas finc as destinadas a l a produc ción familiar 220 , a firmación que se constata mediante cotejo con las contribuciones municipales, donde las cantidades abonadas por rústica eran bastante limit adas en comparac ión con las satisfechas por indus trial 221 . No obstante, en dich a docu mentación aparecen ciertos individuos –entre un 2 y un 3% d e los contribuyentes- que tributarían ca ntidades significativas por rústica, algo coincide nte con el apartado mostrado en el anua rio Bailli B ailiere de 1911 que recoge la exi stencia de “grandes productores d e c ereal” 222 que e ran individuos como el rec tor de la Universidade de Santiago de Compostela Francisco Romero Blanco, el propietario de la mayor fábrica de conse rvas del municipio Félix García Somoza o el exdiputado a Cortes por Noia Pedro Pais Lapido. Este fenómeno no se contrapone a las afirmaciones que muestran como pa n orá mica global la división del terreno cultiva ble, ya que era común la existencia de grandes fincas en los lugares “acasarados”, p ropiedad de terratenientes dedicados generalmente a actividades no agrícolas. Para la enciclopedia C arrera s -Candi, la existencia de esta gr an propiedad disminuiría con el tiempo gracias a l a ad quisición de parcelas d e estas superficies por parte de pequ eños agricultores con el dinero obtenido de la emigración, además de qu e muchas estaban en régimen de arr i endo e n valores cercanos al 50% del total 223 . Por lo genera l, en el municipio se cosechaba c ereal, vino, legumbres, h ortalizas y frutas, con una cierta disgregación por parr oquias. De esta forma, en la villa –San Martín de Noia- predominaba el maíz, centeno, legumbre s, ho rtalizas, vino, castañas y fruta 224 , mientras qu e el segundo núcleo poblacional más grande, Barro, producía cereal, legumbres, hortaliz as y f rutas. En San Pedro de Boa lo s cultivos son similares, igual que en Santa Marí a de Obre donde se añadiría e l vino a los prod uctos comune s. Junto con la agricultura , la ganadería también poseía un peso significati vo en la vida productiva del municipio gracias a la existencia d e grandes pastos en las zonas de interior. Tal que así, predominaba el ganado vacuno en la parroquia de San Pedro de Boa y en la de Barro, y vacuno y caba llar en S anta María de Obr e 225 . En torno a este sector se organizaban, por la sección noiesa de la Cámara Agrícola y Pecuaria de Santiago, desde 1912, un concurso de ganado vacuno de raza gallega con una periodicidad casi anual 226 y es que, según el veterinario 218 Ibid... 523, 536 y 538. 219 Vida Gallega , 20/06/1910. 220 GARCÍA REY ( 1936 ): 119, 130. 221 AMN, Serie Impostos e Arbitrios: “Contribución territo rial , rústica e pecuaria” (Libros de 1900-1930). 222 BAILLI-BAILIERE (1911): Anuario del comercio y de la industria , Pp. 2252 223 GARCÍA REY ( 1936 ): 130. 224 CARNE ALDAO (1936): 520. 225 Ibid... 536 - 538. 226 En 1922 eran nueve los concursos que se habían celebrad o. El Ideal Gallego , 27/08/1922. 84 Juan Rof Codina, sería en Noia donde permanecía un mayor número de vacas gallegas con caracteres definidos de toda la provincia de A Coruña. Para este importante veterinario los concursos noieses se des tacaban por la pur eza de las becerras, similares a las raza s inglesas llamadas Durha m o Shortho rn destinadas a carnicería y a las fábricas de curtidos 227 . En lo que respecta a la mi nería , es posible conocer su implantación tanto el término municipal como en el partido judicial gracias a la estadística minera de España publicada anualmente po r el Mini sterio de Fomento 228 . En esta fuente se realizaba una d escripc ión provincial de la situación de la minería, encargándose en A Coruña el ingeniero Ramón del Cueto, quien, resaltará durante todo el período el escaso desarrollo de esta en la provincia. En este sentido, la única explotación estable del partido judicial –y de las poc as a nivel provincial- serán las minas de Lousame, dedicadas al estaño, la casiterita y al wólfra m y explotadas por la compañía inglesa San Finx Tin Mines Limited. En 1911 desaparece la empresa y asume la explotación Sir W alter Freire M arrec o, qui en reorganiza las minas para aumentar su producción 229 pese a que t an solo un año después se re duce la calidad d e los minerales y, po r lo tanto, los trabajos 230 . Lo cierto es que el desarrollo de la explotación no se producía de forma íntegra en L ousame, al disgregar el proceso productivo hacia centros indu striales situados en Taragoña (Rianxo) y Ca rril, donde se separaba el minera l de la piedra e n base a procedimientos electromagnéticos. Con la llegada de la Gran Guerra se paraliza la actividad minera en toda la provincia –únicamente se mantiene c on un bajo perfil productivo la mina de Lousame-, debido –según la estadística minera- a que los capitales qu e sost enían l as explotaciones se relacionaban con las potencias beligerantes 231 . La situación desc rita se mantendrá durante todo el período d e la Restauración, pasando las minas de Lousa me po r dist intas gerencias y con la novedad de que en 1916 se abrirá una pequeña mina en el municipio noiés con el nombre de “La Paquita” 232 . Pese a este escaso desarrollo, la estadística de 1909 publica –a excepción del resto de núme ros- un c atastro minero donde se muestran las propiedades re gistradas –que no por ello en situación de explotación- de toda la provinc ia e n ese año. En e ste doc umento 233 , a parecen, además de las minas de Lousame, tres mi nas de hi erro en el municipio de Noia propiedad de capita l es cántabros e ingleses. El volumen de estos ya cimientos resulta ínfimo si se compara con las minas de Phoenicia –era el nombre de las referidas en Lousame -, pero posiblemente constituyeran e l germen de la explotac ión “La Paquita” que se desarr olla en el tér mino municipal. No se e ncuentran c atastros similares, pe ro a través de la prensa se observa cómo durante el período investi gado se continúan registrando propiedades mi nera s en el municipio, curiosamente por p arte de miembros d e la familia Gasset, de la qu e v arios de sus m iembros re presentan al partido ju dicial en Cortes hasta 1 923. En este sentido, en 1915 el diputado a Cortes por Padrón –y p osteriormente por Noia- Eduardo Gasset Neira registra una mina de 227 Ibid. 228 MINISTERIO DE FOMENTO, Dirección General de Agricultura, Industria y Comercio: Estadística minera de Españ a, formada y publicada por el consejo de Mi nería, 1909 , Madrid: tipografía artística Atocha 30, 1911; MINISTER IO DE FOMENTO, Dirección Genera l de Agricu ltura, In dustria y Comercio: Estadística minera de España, formada y publica da por el consejo de Minería, 1910 , Madrid: tipografía artística Atocha 30, 1912. 229 MINISTERIO DE FOMENTO, Dirección Genera l de Agricu ltur a , Industria y Comercio: Estadística minera de España, formada y publicada por el consejo de Mi nería, 19011 , Madrid: tipografía artística Atocha 30 , 1913, p. 193. 230 MINISTERIO DE FOMENTO, Dirección General de Agricultu ra , Industria y Comercio: Estadí stic a minera de España, formada y publicada por el consejo de Mi nería, 1912 , Madrid: tipografía artística Atocha 30, 1913. 231 MINISTERIO DE FOMENTO, Dirección General de Agricultura, Industria y Comercio: Es tadístic a minera de España, formada y publicada por el consejo de Minería, 1914 , Madrid: tipografía artística Atocha 30, 1916. 232 MINISTERIO DE FOMENTO, Dirección General de Agricultura, Industria y Comercio: Estadística minera de Españ a, formada y publicada por el consejo de Minería, 1916 , Madrid: tipografía artística Atocha 30, 1918. 233 MINISTERIO DE FOMENTO, 1911: 276 -281. 85 hierro en Lousame llam ada “Pepita” 234 . Tan solo unos meses después, su padre, Eduardo Gasset y C hinchilla, registrará dieciocho propiedades de mina de hierro con el título de “Abruñeiras” 235 y otras doce llam adas “A B arquiña ” 236 en S anta Cris tina de Barro – Noia-. El mismo Eduar d o Gasset y Chinchilla consigue del goberna dor civil en 1917 los títulos de pro piedad de las mi nas “Barquiña” y “Curra” d el muni cipio noiés 237 y en 191 9 el registro d e otras di eciséis propiedade s de mineral de hierro en Barro tituladas “El empalme” 238 . Con todo, se observa que las explotaciones mi neras del partido judicial, si bien no constituían un elemento productivo destacable pa ra la vida laboral de la población, sí suponían un objeto de int eré s para élites políticas como los Gasset . A su vez, se doc umenta la existencia e n el municipio de una ca ntera de granito explotada por diez brac eros que traba jaban por temporadas y a jornadas de ocho horas 239 . Las explotaciones descritas continuará n durante todo el período investigado con pequeños cambios de emplazamientos producidos por el lógi co agotamiento de los pozos y la apertura de otros nuevos. A su vez, con el transcurso de los años se implementó el proceso productivo, con actuaciones como el traslado a la explotación de Lousame e n 1930 de la planta de refinería de l material, que hasta entonces se hallaba en Carril. En lo que se refiere a los sectore s secundario y terciario, existe la posibilidad de cuantificar la extensión y capacidad del tejido industrial de la Noia del primer tercio del siglo XX, así c omo el peso del secto r servici os en el municipio, gracias a fuentes co mo el An uario Gen era l y las contribuciones municipales. Pese a esto, la documentación p rese nta limitaciones que resultan subsanables a través de un cruce de datos mediante el cua l obtener un a pan orámica global. En lo que r especta al Anuario General, si bie n su publicación periódica permite comprobar la evolución empresarial del “conce llo”, muestra los apartados en b ase a una divi sión ti pológica que no tiene por qué corresponder con un número fijo de establecimientos. P or ejemplo, si un comercio vendía pinturas, maderas, barnices y si llas, aparecerá en la categoría de “pinturas”, “maderas”, “barnices” y “mueble s”, c omplejizándose así la posibil idad de o btener una foto fija de la exte nsión comer cial del municipio. Junto con esto, e l Anua rio enumera los c omercios por nombre del propietario y no por establecimiento, por lo que, si una misma fá brica pertenecía a tres socios diferentes, ap are cerá como tres fábricas dist intas en la documentación. Como se anticipó, e s posible subsanar este elevado ma rgen de error a t ravé s del cruc e con las contribuciones municipales. Pese a que s e tr ata de una fuente que se o rdena por individuos y cantidades, existe un documento del año 1924 240 relativo al pago de matrículas industriales cuya mención a la dirección del establecimiento p ermite acotar el número de estos, aunqu e no aparece n todos los del municipio –falta parte del documento- y, en muchas ocasiones tributan por posesión de máquinas 241 . Otro problema de este documento es que las categorías no se nombran en los mismos términos que en el anu ario, pero, con todo, sí permite cotej ar l a extensión de algunas industrias y servicios. De esta forma y para ob tener una panorámica de l período referido (1905- 1936 ) ha sido preciso constatar la evolución de la industria y servic ios del municipio , co tejando los anuarios de 1905, 1911, 1916, 1920, 1925, 1930, 1935 y el documento re ferido de 1924. Estos datos confirm an que el sector industrial noiés estuvo dominado por las fábricas de curtidos, la industria conservera y los astilleros. Alre dedor de estas surgió todo un tejido 234 El Eco de Santiago , 11/05/1915. 235 El Eco de Santiago , 17/09/1915. 236 El Noroeste , 13/11/1915. 237 El Eco de Santiago , 24/02/1917. 238 El Eco de Santiago , 03/05/1919. 239 MINISTERIO DE FOMENTO ( 190 9): 194 240 AMN, Caixa 252- Contribucións municipais, “Matrículas industriales de 1924, pesetas al año”. 241 Por ejemplo, máquina de cepillar; sierra ; estampación de hojalata (etc.). 86 dependiente formado por hojalateros para las conservas, sal p ara l a salazó n o almace nes para los propios curtidos. Junto con esto, se desarr ollaban un sector productivo encaminado a satisfacer las demandas tanto de los habita ntes del municipio como de otros en clave s poblacionales d el partido, véase hue vos, b ebidas g aseosas, alcohólicas, harinas, chocolates, et c. La existencia de una s ignificativa c antidad de mont e arbol ado pe rmitiría a su vez la proliferación de una industria maderera dedicada en grandes proporciones a la producción de barcos, pero también a la tonele ría o a la construcción. Además, la importancia del puerto junto con la conexión por carretera con Santiago favorecía la implantación de empresas de transportes que distribuirían todos es tos productos. Las fábricas y enclave s productivos se dispersaban por las parroquias con una cierta especialización, com o la construcción de barcos –a vela, motores y aeroplanos- en A Barqu iña –donde se situaba el puerto natural d el municipio- 242 o los curtid os en Santa María del Obre 243 . Atendiendo a una panor ámica global, llama la atención cómo el período investigado se caracter iza por una disminución del número de f ábric as, lo que se explica por dos factores, siendo el primero la deca dencia de la industria de curtidos 244 y el segundo la existencia de una cierta especialización industrial y la creación de pequeños holdings. Por ejemplo, Félix García Caamaño, propietario de la mayor fábrica de con servas del municipio –La Noyesa-, tributab a en 1924 –ade más de por su fábrica- por una empresa filial de estampación de hojalata a mano. De la mi sma forma, la familia de industriales madereros de los Pérez Fernández, c ont ará n e n el mismo año con un taller mecánico de carpintería, igual que la fábrica de curtidos de Rafae l Pérez Especht poseía un molino anexo 245 . Si bien esto produciría el cierre de industrias presentes e n el a nuario como hojalaterías, molinos o carpinterías, no c onlleva una disminución del tejido productivo per se. A diferencia de l o expuesto para con el desarro llo fabril, el sector servicios se situaba principalmente en la villa , gozando de una e xtensión nada desdeña ble para un municipio com o Noia. De esta forma, se c onstata la afirmación de la enciclopedia Carreras-C andi de que la vil la contaba con “tod as las at enc iones que demanda la vida moderna” 246 , constituyendo un centr o neurálgico de servicios atrayente para todos los núcleos poblacionales c erc anos. Destaca la elevada implantación de un tejido com erc ial centrado en el textil y el calzado, a tr avés d e mercerías, modistas, sastrerías, sombrererías y zapaterías, que posi blemente obtuvieran la materia prima de l as fábricas de curtidos referidas. Junto con esto, se observa un lógico desarrollo de un sector dedicado al a bastecimiento d e comestibles y bebidas, además de servicios sanitarios básicos como farmacias, d entistas y médicos. La conformación del municipio c omo enc lave turístico, a lgo que se a precia por las múltiples e xcursiones que acuden a la villa durante e l perío do investigado, y constatado por la enciclopedia Carreras Candi 247 , se refleja en el sector servicios a través de hoteles y casas de huéspedes, además del alquiler de vehículos y la proliferac i ón de diver sas líneas de transporte público por carretera. Con todo, se observa un cierto equilibrio a lo largo del período en el número de empresas dedicadas al sector terciar io, motivado por la estabilidad demográfica citada con anterioridad. 242 CARNE ALDAO (1936): 536. 243 Ibid… 538. 244 Ibid... 513. 245 AMN, Caixa 252- Contribucións municipais, “Matrículas industriales de 1924, pesetas al año”. 246 CARNE ALDAO (1936): 516. 247 Ibid… 526. 87 2.2. C LIENTELISMO POLÍTICO EN N OIA DURANTE LA R ESTAURACIÓN : L A RED C ADARSISTA (1905- 19 23). La investigación sobre las élites y sus procesos de reproducc ión socioeconómica en la vil la de Noia se ha desarrollado en base a tr es vertientes principale s constit uidas por el parentesco, la economía y la política. Estos enfoques han per mitido definir los lazos existentes entre los individuos, sus ca pacidades de int errelación y negociación a la vez que las estrategias de reproducción material llevadas a ca bo. Ta l y c omo se aludió e n el a partado teórico, e l elemento más relevante p ara el est udio de las élites está consti tuido por su capacidad de agrupación en redes clientelares, componente vertebrador de la vida política y económica del luga r como institución social que ga rantizaba el acceso a posiciones privil egiada s de control social y acumulación ca pitalista. Por mucho que las fuentes pue dan mostrar las redes clientelares c omo entes constituidos en torno a un único individuo, y a pesar de que tenían una estructura de base jerárquica y potencialmente piramidal, estas in stituciones sociales poseían una auténtica dinámica de grupo donde la mayor parte de los individuos adscritos contaban con una función específica encaminada a aumentar o proteger los rec ursos del conjunto. Ju nto con esto, cabe señalar qu e en el caso de ausencia de la cabeza vi sible de la re d siempre habría otro individuo dispuesto a ocupar su lugar permitiendo que la maquinaria clientela r c ontin uase su rumbo, otro ejemplo más del hecho de que no se trata formas de agrupación en torno a un único individuo. De esta form a, la re lación clie ntelar quedaría garantizada por gran cantidad de posicion es subalternas difíciles de cuantificar e investigar, pero qu e a través d el empleo de diferentes recursos públicos y priv ados garantizarían la fidelidad política de los clientes, la reproducción de la red, y la posibilidad de competir c on otras redes enfrentadas. Esta interpretación aleja los análisis de un posi ble determinismo en torno a la política formal, constituida por ayuntamientos, diputac iones y órganos de gobierno, que, si bien se erige como uno de los principales ámbitos de actuaci ón de la red, solo es una pieza más d e un entramado ec onómico y social mucho más amplio. En base a esto, result a difícil conocer elementos tan importantes como la extensión de la red, su idiosincrasia, capacidad de reproducción, o prolong ación en el tiempo sin revelar la identidad y función de la m ayoría de sus actores, tanto d entro como fuera de las instituciones, ejercicio para el cual resulta d e una importante util idad la metodología prosopográfica . La principal cara cterística de esta aportación reside en la realizac ión de pequeñ as biografías de los actores a investi gar, genera lmente élites por su reduc ido núm ero y la exist enc ia de un mayor volumen documental, basadas en una se rie de preguntas tipo que p ermiten la creación de variables ge nerales, el cruce de estas, la comp aración con otros modelos de conducta, y el establecim iento de pautas comunes 248 . El resultado, en una suerte de interrelación de lo individual con l o colectivo, servirá para refle xionar sobre la organización social de las élites en los lugares investigados y su capacidad de reproducción socioeconómica, además de pe rmitir la reconstrucción de rel aciones familiares y de amistad como uno de los principal es aspectos en la conformación de las redes mencionadas. Las investigac iones desarrolladas en Noia indican la existenc ia de dos redes clientelares enfre nt ada s por el control de los recursos, que, si bien se definen en base a etiquetas políticas, poseían –tal como se apu ntó- una estructura d elimitada por laz os de carácter familiar, social y económico. Esta heterogeneidad en los podere s locales y su continua co mpetencia será una constante en estudios microhistóricos sobre redes clientelare s 249 tal y como afirma Eliseu Toscas: 248 CARASA SOTO, P. (1994): “La recuperación de la Historia Políti ca y la prosopografía” en: CARASA SOTO, PEDRO (ED): Élites: prosopografía contempo rá nea , Vallad olid: servicio de publicaciones, páginas 42 -51, p p. 57. 249 VEIGA (1997): 356; TOSCAS (1992): 77. 88 “Parlo de “pod ers locals” i no de “pode r lo cal”, i di stingeixo l´acció de m anar de la de governar. Aixó és així puix qu e els poders locals no constitu eixen mai un sol grup i una sola força (raó per cua l són possibles con flictes ent re ell s) i ho m no governa n ecessàriam ent pel fet de ser ric n i mana pe l fet de governar. Pel que fa al segón punt, si les relacións entre els po derosos son s empre conflictives ( pe rqué tot poder tendeix a con vertir-se en ab solut), també l o son las relacións entre els poder s locals i el estat. (…) .” 250 Pese a esto, cabe señalar que las compet encias entre poderes locales para el período estudiado no se corresponden con una suerte de luch a infinita entre dos espectros completamente definidos, ya qu e cuestiones como la movilidad políti ca o el acuerdo jugarán un papel muy importante a la hora de aumentar el mapa de recursos de una red. En este sentido, y tal y como se verá en las investigaciones, una red no supone una entidad completamente homogénea en el tiempo, ya que puede exp andirse o disminui r en el ca so de que f amilias aparentemente adscritas a la mi sma se acerquen a redes competidoras por interese s person ales, políticos o económicos. En este sentido, los procesos clientelares no estarán exentos de rupturas, cambios de rumbo, o alianzas que pueden inc luso supera r los lazos f amiliare s que defin en el sistema, pero que también formarán parte d e dicho sistema como entramado socio económico caracterizado por la reproducción material de sus actores. Este hecho se convierte en un problema metodológico a la hora de definir con precisión donde empieza y termina la red, pero su estudio no deja de ser un elemento importante a la hora d e hist oriar los po dere s lo ca les de un municipio, su estructura, articulación, y, sobre todo, sus procesos de continuidad y sustitución. 2.2.1. La red Cadarsista: principales familias. 2.2.1.1. Los Cadarso Ronquete. Teniendo en cuenta lo expuesto, cabe identifi car a los “Cadarso” como una de las principales familias de la villa de Noia en 1905, comienzo cronológico de este trabajo. Su grupo, responde al de una asociación de familias que, como se ve rá, cumplen las caracter ísticas so cioec onómi ca s que definen las redes clientelares, debido, entre otras cuestiones, a las múltiples ramifica ciones de las que se compone, y la conflue ncia en la misma de puestos de gestión de poder e conómico, polí tico y social que tratarán de r eproducir a lo largo del período investigado. El apellido Cadarso se instaló en Noia durante la primera mitad del siglo XIX a manos de Luis Cadarso Ayarza, un médico procedente de Vian a (Navarra) que contrajo matrimonio con Manuela Rey de Andrade Sa n Mar tí n. Pese a que el poder económico de esta red goza durante el período investigado de múltiples fuentes, es necesario poner en valor el hecho de que se trata de una familia con un prestigio social nada desdeñable, heredado del hijo de Luis C adarso y Manuela Rey, Luis C adarso R ey de Andrade. Este individuo, con una importante carrera en la Real Armada como capitán de navío que supe ró los cuarenta años d e servicio 251 , falleció du rante la batalla de Cavite , Filipinas, en 1898, acontecimiento que le otorgó el títul o de “Héroe de Cavite” con un importante legado memorialístico a través de una calle, un monum ento y malecón en Noia, 250 TOSCAS (1992): 77. 251 “Luis Cadarso Rey” en Diccionario Biográfico Español , disponible on-line ( http://dbe.rah.es/biografias/9727/luis-cadarso- y-rey ), consultado el 22/07/2018. 89 calles e n A Coruña, V alencia y Madrid, presen cia en los monumentos a los héroes de Cavite de Cartagena y la Hab ana, además de dos buques de la armada con su nombr e. De esta forma, su figura constituirá una r efe rencia general para el municipio y particular para la familia, con un peso significativo en su estatus socia l. Para el desarrollo de una certera descripción de los individuos que compone n esta red , es necesario com enzar por la ramificación familiar que surge d el matrim onio entre el hermano de Luís C adarso Rey de Andrade, Alejandro, y P ilar R onque te Rodríguez, co nformada por cinco individuos: Manuela, Alejandro, Juan, José y Luisa: Figura 2.3. Familia Cadarso-Ronquete. Fuente: Elaboración propi a. Una lectura detallada de l árbol genea lógico pe rmite obtener algunas conclusiones útiles para el estudio de esta red, como la predominancia de la formación en Derecho, Medicina y la carrera militar para los indi vidu os varones, empleos predilectos para la am pliación efectiva de la red. De esta forma, y el caso de l os grupos domésticos que componen la famil ia, reflejados en la Fig. 2.3, se observa cóm o la mayoría de los indivi duos son abogados (Alejandro Cadarso R ey; Alejandro Cadarso Ronquete; Juan Cadarso; Jo aquín Agra Cadarso), profesión que permití a e l acceso a múl tiples puesto s de ge stión ne cesarios para e l grupo. Literatos de la época, en su a fán por describir el sistema caciquil, ya hablaban del Derecho y la Medicina como las profesiones predilectas de los sistemas clientelares 252 , que, para el caso de Noy a, se repiten en las redes investigadas de forma casi exclusiva. Otro de los aspectos que muestra l a Fig. 2.3 radica en la importancia del matrimonio como mec anismo de ampliac ión d e la red y reproducc ión d e las condiciones materiales, dado que las bodas de los hermanos y hermanas Cada rso Ronquete siempre se realizarán con individuos que pueden ser considerados “notables”. En este sentido, las herramientas de gestión de poder político, económi co y social acumulad as por esta familia no son baladís, ya que –dependiendo de la cronología - contarán con posici ones políticas en el Ayuntamiento con Jesús Ma ría Rodríguez y e n la Diputación de la mano d e Alejandro Cadarso Ronquete. 252 Javier Moreno Luzón recoge el testimonio de Azaña, que asegura ba que “los más de los caciques son médicos” o de Unamuno, que afirmaba que los identificab a co n la abogacía. MORENO LUZÓN (1995): 200. 96 La segunda de las hijas del matrimon io entre Manuela Cadarso y Jesús R odríguez fue Emilia Rodríguez Cadarso, quien amplió el potencial de la red mediante un contrato matrimonial e n 1914 con e l juez munic ipal Francisco Busto Cernadas. Se trata de un individuo que orientó su carrera a la consecución de la plaza de juez de Noia, ya que en marzo de 1912 aparece como aspirante a juez supl ente 289 , plaza que consigue en mayo d el mismo año 290 , promocionando a titular tan solo unos mes es después a juez titular 291 . Mantendrá el puesto hasta 1917, cuando lo pierde a manos de uno de los individuos destacados de la red clientelar competidora, Luís Anton io Vidal B arr eiro 292 , mom ento en el cual pasará a ocupar de nuevo la plaza de suplente. La s iguiente información relativa a su carrera aparece en 1920 a l ser nombrado por l a pr ensa 293 y por el Anuario General 294 como juez municipal, mención que se re pite en 1921 cuando fall ec e mientr as visitaba a su cuña do, Jesús Rodríg uez Cad arso, en la iglesia de Cambados de la que era párr oco. La importancia de los profesionale s de justi cia para las dinámicas clientelares de la red ya er a algo señalado por intelect uales de la época como Joaquín Costa, que h ablaba del “c uerpo de jueces municip ales com o dependencia del caciquismo” 295 . Lo cierto es que la judicatura representa un a categoría pr ofesional con la capacidad de contribuir a la relación de reciprocidad favoreciendo a los acusados que perteneciesen a la red 296 , interviniendo en actos como hipotecas, desahucios o embarg o s 297 , además d e ser unos ag entes elec torales de primer orden 298 . Junto con lo expuesto, Francisco Busto era un individuo que participaba en activi dades públicas cargadas de un simbolismo ejemplificador del poder de las é lites. Ocurrió e n 1915 y 1920, años en los que la pere grinación anual a Santiago realizada por los difer entes arciprestazgos correspondía a Postmarcos de Arriba, al cual pertenecía Noia. En este tipo de procesiones, donde la disposición y función de los indi viduos era muestra de su importancia política, social y económica, participó como juez municipal junto a otros miembros de la r ed. En l a de 1920 (Fig. 2.6) llev aban el estandarte el yerno de Pais Lapido, candidato conserva dor a Cortes por Noia, José Varela de Limia, el alcalde conserva dor Pedro Lóp ez Varela y F ranc isco Busto Cernadas 299 . Entre las mujeres que r ecogían las cintas del estanda rte –ejemplificación simbólica de la sumisión femenina-, se e ncontraba la hija de Pais Lapido, Segunda, la esposa del alcalde, Pilar, y Carmen Cadarso, prima de Manuela Cadarso, la suegra de Francisco Busto, y esposa de su –también primo- José, ex ayudante d e marina. Otro e jemplo de actuac ión simbólica e n la que aparece junto con personajes de stacados de la red conservadora se documenta en 1917, tras la muerte de P edro Pais Lapido, santiagués vinculado polí ticamente a Noia. P oco después de su fallecimiento se inicia una campaña de suscripción económica pa ra hacerle un homenaje que será publicada en pre nsa 300 . En esta lista, con ce rca de treinta donantes, aparece n –a e xcepción de l adinerado santiagu és Emilio Martíne z Balandrón que dona 10 0 pesetas- tres grupos de participantes: el primero compuesto por individuos que aportan veinticinco pesetas, el segundo por los que aportan entre diez y quince 289 El Correo de Galicia , 03/04/1912. 290 El Correo de Galicia , 30/05/1912. 291 El E co de Galicia , 04/02/1913. 292 El Correo de Galicia , 17/11/1917. 293 El Compostelano , 28/04/1920. 294 Biblioteca Nacional, Signatura RevMicro/1142, Anuario G eneral de España (Bailly -Bailliere-Riera), 2ª época, año 1920. 295 COSTA (2012): 38. 296 EGEA (2015): 163. 297 MORENO LUZÓN (1996): 23. 298 G ÓMEZ, A. y PERALES, Mª D. (2005): “Cuenca bajo el c aciquis mo: elecciones y poder político (1903 -1907)” en Estudios humanísticos: Historia, nº 4, pp. 95-119, p. 108. 299 El Compostelano : 28/04/1920. 300 El Correo de Galicia: 24/ 04/19 1 7. 97 y e l tercero, con cinco o menos. Es preciso señalar que de los treinta individuos presentes e n la lista, veintitrés están directamente vinculados con la política noiesa y el pa rtido conse rvador, lo que corrobora la idea de q ue se trataba de un gesto d e simbolismo político. A su vez, la presencia de –al menos- once indi viduos ligados familiarmente a los Cadarso indica que esta pudo ser una acción promovida d esde la red, ya qu e Pais Lapido poseía fuertes vínc ulos tanto polí tico s como sociales –cabe recordar qu e fue testigo d e la boda de Alejandr o Rodríguez C adarso, igual que lo será de la de su pr imo Guillermo C ada rso Caamaño- con este grupo de personas. En el primer grupo de donantes aparecen, entre otros, Francisco Busto Cernadas, el anteriormente citado Juan Cadarso Ronquete, el catedrático de Medicina y ex rector de la Universidade de Santiago de Compostela Francisco Romero Blanco o el alcalde P edro López Varela. En el segundo grupo de donantes se do cumenta al h ermano de Francisco Busto, Ju an Busto Cernadas, su suegro J esús María R odríguez Vázquez o el que tan solo un año después sería candi dato regionalista a Cortes por Noia, Francisco Vázquez Enríquez. En el tercer gr upo constan, entre otros, varios concejales c onserva dores del Ayunt amiento. Otro acto sim bólico que tuvo lugar tan solo dos meses antes, durante el entierr o de Pais Lapido, con firma la citada relación social y política que la re d cadarsista poseía con e ste individuo, ya que el propio Busto Cerna das sería una de las persona s que recogían las cintas que c aían del fére tro junto con su cuñado Alejandr o Rodríguez Cadarso 301 . Fig. 2.6. Pe re grinación a Sa ntiago del Arcipres tazgo de Postmarc os de Arri ba. Ejemplo de la disposición simbólica de la procesi ón. En el centro de la imagen, los porta dores del Estandarte y los recogedores de cintas. Vida Gallega, ilustración regiona l , 25/06/1920. 2.2.1.3. Los Busto. Además de lo expuesto, el matrimonio entre Emilia Rodríguez Cadarso y Francisco Busto Cernadas supuso para la red el establecimiento de relaciones de parentesco con la familia Busto, poseedores de un conside rable patri monio en la villa. 301 El Eco de Santiago , 12/02/1917. 98 Fig . 2.7, Famili a Busto. El padre de Francisco B usto, Eugenio, mantuvo un patrimonio estable durante el período en el que aparece en las cotizaciones, con un considerable peso de la propiedad industrial sobre l a rústica que le situaba entre los puestos 35 y 40 de los mayores contribuyentes 302 . Sin duda, el capital del grupo familiar se veía acrecentado po r las actividade s de su cuñado , Pedro Pérez Villegas, y su sobrino Santiago Pére z Busto, quienes poseían diferentes tipos de negocios en la villa nada desdeñables para la r ed. Según el anuario Bailly Bailiere, en 1905 ambos compar ten los oficios de administ ra dores de fincas, agencias de informes comerciales, comisionistas y poseedore s de un centro de suscripciones, una multiplic idad de operaciones que, si se suma al hecho de que contaban con un patrimonio sujeto a múltiples fluctuaciones (Fig. 2.8), ofrece la imagen de una familia de inversores. La única diferenc ia e ntre padre e hijo para este año ra dica en el hecho de que Santiago Pérez era el corresponsal en Noia d el citado anuario 303 . En 1909, además de un comercio de loza, cristal y porcelana, y otro de objetos de escritorio – posiblemente sea el mismo y la dupli cidad se deba a la división en categorías del Anuario - ganaron una función muy importante para la red, siendo corresponsales de periódicos en Noia 304 . P ese a que resulta muy difícil conocer p ara qué periódico trabajaban, debido a que genera lmente los artículos solían ser firmados de forma im persona l por “el corresponsal”, te nían en su mano la posibili dad de influir políticamente en la opinión pública y aumentar el prestigio de la red fuera de las fronteras del Partido Judicial. En este sentido y, siguiendo las directrices de la red, Santiago Pérez Busto firmará junt o con su p rimo Juan Busto Cernadas y lo cuñados d e este, Manu el y José Busto –entre otros-, una carta a Antonio Maura pidiendo el restablec imiento de un concejal conservador suspendido, lo que indica una patrón de comportamiento político alineada con sus parientes 305 . 302 Entre 1908 y 1910 tributó 12,47 pesetas por rú stica y 88 por industrial. AMN, Serie Impostos e Arb itrios: “Contribución territorial, rústica e pecuaria” (Libros de 1900-1930). 303 BAILLI-BAILIERE (1905): Anuario del comercio y de la industria , Pp. 2222-2224. 304 Anuario Bailly Bailiere , año 1909, provincia de Coruña, Partido J udicial de Noia, Municipio de No ia. Pp. 2287 -2289. 305 Gaceta de Galicia , 06/07/1918. 99 Fig. 2.8. Potencial económico de Pedro Pérez Villelgas. Fuente: Elaboraci ón propia a partir de contribuciones municipales ( AMN , Seri e Impostos e Arbitrios: “Contribución territorial, rústica e pecuaria” (Libros de 1900 -1930). En lo que respecta a los hermanos de F ranc isco Busto, cabe destacar a Natalia B usto, que contrae matrimonio en 1908 con un médico militar perteneciente a una d estacada f amilia de Santiago con un importante capita l fruto de la fabricac ión de curtidos 306 , Domingo Mai z Eleicegui. S u h ermano Luis, fue un farmacéutico de la sanidad militar, mientras que su otro hermano, S antiago Maíz, fue director del diario conservador el Compostel ano 307 , suponiend o sin duda un importante contacto periodístico para la red. Por otra parte, Juan Bust o C ernadas, que tendrá una proyección política destacada como concejal durante la dictadura de Primo de River a, era uno de los dos farmacéuticos que operaban en la villa de Noia. La función social de la profe sión de Farmacia, equip arable a l ejercicio de la Medicina en tanto en cuanto suponía un instrum ento necesario para el mantenimiento de la salud de las personas, lleva a que, debido a su influencia, e n múltiples ocasiones se conside re a los fa rmacéuticos como individuos de un gra n pe so para las redes clientelar es 308 . Atestigua e sto su proyección política posterior y su aparición simbólica en eventos como la suscripción para el homenaje de Pais Lapido, en la que Juan Busto aparecerá en el segundo grupo de donantes. Además, d entro de los tres hermanos Busto Cernada s, Juan será el único que tributará en las contribuciones municipales, pagando por su Farmacia hasta 1916, 110 pesetas de contribución 306 Como se puede observar en el cua dro 5 d e la publicación que se cita, Santiago Maíz poseía en 1838 una fábrica con un capital de 150.000 pesetas, la segunda más grande de Santia go. Destacan las posesiones de Domingo Eleicegui en 1892 c on un valor de 56.500 pesetas y de Be rnardo Maíz Eleicegui en 1894 con un capital de 30.000 (LINDOSO TATO, E. (2006): “A la sombra del arsenal: la oferta empresarial ferrolana en el siglo XIX” en Cuaderno de Estudios Gallegos, n º 119, p p. 271- 304, p- 285. 307 SANTOS GAYOSO (1990): 533. 308 MORENO LUZÓN, (1996): 17; REAL CUESTA, J. (1992): “Un ejemplo de caciquismo electoral en el País Vasco: el comité liberal de Bilbao (1881-1899)” en Espacio, tiempo y forma , serie V: Historia Contemporánea, 335-342, p. 339; VEIGA ALONSO (1999). 0 20 40 60 80 100 120 140 160 180 200 1908 1909 1910 1911 1912 1913 1915 1916 1918 pesetas AÑOS PEDRO PÉ REZ VILLE L GAS RÚSTICA INDUSTRIAL 100 industrial 309 . A partir de e ste año asumirá la tributac ión rústica de su padre debido a un posible fallecimiento de este. S ea como fu ere , y siguiendo la tónica de la red, se constata qu e el patrimonio de esta fa mili a no estaba basado en las posesiones agrarias. Continuando con la familia Rodríguez Cadarso, y en orden de nacimiento, es pre ciso citar a Jesús Rodríguez Cad arso. Este individuo profesó la carre ra ecl esiástica asce ndiendo hasta alcanzar el cargo de cur a párr oco de Cambados, arcipreste del S alnés y consil iario regional de Acción Católica. P ese a que, al igual que otros indi viduos relacionados con esta f amilia, desarrolló sus a ctividades en Cambados, las figur as vinculadas con la igle sia católica era n de una gran im portanc ia par a la red. Por una p arte, y según se ha podido comprobar a través d el estudio de los libros sa cramentales, los impedimentos matrimoniales q ue precisaban una dispensa ec lesiástica eran re lativamente frec uentes 310 . En una socieda d en la q ue el matr imonio todavía no constituía un acuerdo libre, sino que, como fue señal ado anteri ormente, se trataba de una estrategia de r eproducción material, la endogami a estaba a la orden del día. Además, y debido a la escasa esperanza de vida también e ran comunes las segundas n upcias de viudos y viudas que pre cisaban del visto bueno de la iglesia. De esta for ma, e l hecho de que e l matrimonio canónico fuera la únic a vía posible para contraer nupc ias llevaba a que el poder de la iglesia sobre los ciuda danos goza ra de considerables proporc ion es, siendo la obtención de dispensas un mecanismo de fidelización de prim er orden. Cabe señalar, a su vez, la relativa frec uencia con la que los párrocos aparecen vinculados a redes clientelares en diferentes estudios 311 de bido, sobre todo, a la utilización d e su a lto pre stigio social como herramienta para cohesionar a la clie ntela en pro de una supuesta poli tizac ión 312 . Al igual que Jesús R odrí guez, también se instaló en Cambados el quinto h ijo de la familia Rodríguez Cadarso, José Rodríguez Cadarso. Est e individuo profesó la c arr era farmacéutica que, tal y como se seña ló anteriorme nte, repre sentaba uno de los empleos predilec tos dentro de las redes clientelares. En esta línea, durante su corto período d e actividad en Noia, José participó en acc iones políticas junto con otros miembros de la re d como el envío de una carta pública en 1918 a Antonio Maura so licitando “justicia” por la destitució n de un concejal conservador del Ayuntamiento de Noya 313 . La participación en esta actividad cuando todavía era estudiante junto con el hermano de su cuñado, también far macéutic o, Juan Busto, su hermano M anuel Rodríguez, y algunos concejales conservadores de l Ayuntamiento permitía intuir que José Rodríguez también ll evó a cabo actividades polí ticas, que se materializarían en su ac ceso a la alcaldía de Cambados entre los años 1940 y 1945, poco antes que su hijo Antonio Rodríguez, que lo hizo entre 1949 y 1951. El sexto hijo de la familia, Antonio Rodríguez, no aparece en el esquema de la ramificación familiar (Fig. 2.4 ) por su temprana defunción en 1916 con veintiún años. Pes e a este acontec imiento, resulta impo rtante señalar que, al igual que su padr e Jesús R odríguez y su hermano Alejandro Rodríguez Cadarso, Antonio mantuvo la predilección de los individuos varones por profesiones adscritas al poder local al estudiar la carre ra de Medicina. Lo mi smo ocurre con el último hijo de la familia, Manuel Rodríguez Cad arso, que es tudió Derecho en la Unviersidade d e S antiago de Compostela. Este individuo, que en 1917 todavía no había 309 AMN, Serie Impostos e Arbitrios: “Contribución territorial, rú stica e pecuaria” (Libros de 1900-1930). 310 Arquivo Histórico Diocesano de Santiago de Compostela (en a delante AHDSC), Serie: Libros Sacramentales, Noia -San Martiño (PO15653, Num. 22, 1881-1920). 311 VILA ARRANZ, J. (1997): “Caciquismo y comunidades tradicio na les en Castilla du ran te el primer tercio del S. XX” en Investigaciones históricas: época Moderna y Contemporánea , nº 1 7, pp. 183-190, p. 187; HERNÁNDEZ-FUENTES, M. A. (2016): En defensa de los sagrados intereses. Historia de la diócesis de Zamora durante la Restauración (1875-1914) , Salamanca: Ed. Universidad de Salam anca, p. 395. 312 RUBÍ CASALS, Mª G. (2011): “Moder nizando desde abajo. La reconversión del caciquismo y la política de masa s en las ciudades catalanas” en Cuadernos de Historia Contempo r ánea , Vol. 33, pp. 187-202, p- 192. 313 Gaceta de Galicia: 06/07/1918. 101 terminado la carrera, desarr olló un temprano perfil políti co, alineado con la opción conserva dora, pre dominante en la re d a la que pertenecía. D e esta for ma, en 1918 aparece como secre t ario de la recién constit uida Juventud Maurista de Noia 314 junto con su primo segund o Luis García, que a su vez era p residente de la organización juvenil . En lo qu e r especta al tesorero, Guillermo Cada rso, era prim o carnal de Manue l Rodrígue z C adarso, mi entra s qu e uno de los voca les, Juan Busto, era su cuñ ado, como se apuntó anteriormente. La familia, la r ed, y la ideología, vuelven a aparecer como sujet os entrelazados difícilmente disolubles, y explicativos de una lógica de actuaciones r ecurrente en la gran mayo ría de los individuos investigados. Para el caso de Manuel Rodríguez Cadarso, se documentan actividade s similares en 1920 tras un conflicto político entre las redes investigadas que toma el Ayuntamiento com o escenario. Ante el típico juego de destituciones, rea dmisiones, y denuncias de robos elec torales de la Restauración, la red conservadora /cadarsista se organizó para da r un mitin a las pue rtas de la casa consistorial de Noia 315 donde participaron Guillermo Cadarso, su primo segund o Arturo García, y el tamb ién emparentado Manuel Rodríguez Cadarso. Junt o con ellos, otros individuos pertenec ientes a la rama conservadora de la políti ca noiesa que, a pesar de no es tar directamente emparentados con los Cadarso, compartieron espacio simbólico en múltiples ocasiones. Tal es el caso del concejal destituido Eduardo Campos, también asistente al mitin, para quien múltiples indi viduos de la red firmar on una carta de apoyo d irigida a Antonio Maura 316 . José Vare la Menéndez, otro de los oradores, era el yerno del ya difunto Pais Lapido , con quien, como se observó, la red familiar mantenía estrechos vínculos. El último de los que aparece n en el cartel s erá Pedro Lóp ez Varela, alca lde conservador destitui do que en pá rrafos anteriore s s e evidenciaba cercano a l a red, compartiendo espacios como el funeral de Pais Lapido o la peregrinac ión a Santiago de 1920. Tal y como demuestran las fuentes, la aparente unidad política que rod ea a estos personajes no es sino la máscara de una serie de relaciones mucho más profundas. En lo que respecta a los Rodríguez Cadarso, el fallecimiento de Manuel, soltero, en 1923, unido a la mudanza a C ambados de Jesús y José y la actividad compostelana de Alejandro, depositará todo e l peso de la fa milia en Noia en e l matrimonio e ntre Emilia Rodríguez Cada rso y Francisco Busto, cuyo hijo llegará a ser alcalde durante e l franquismo 317 . 2.2.1.4. Familia Agra Cadarso. Continuando con l as ramificaciones familiares que emanaron d e la familia C ada rso Ronquete (F ig. 2.3), cabe destacar el sistema endogámico desarrollado por algunos de sus miembros que permite, entre otras cosas, unificar en un solo punto la historia familiar de los hermanos Alejandro Cadarso Ronquete y Luisa Cadarso Ronquete. 314 El Noroeste , 08/01/1918. 315 El Compostelano , 20/07/1920. 316 Gaceta de Galicia , 06/07/1918. 317 Antonio Busto Rodríguez, alcalde de Noia entre 1964 y 1979. La Voz de Galicia , 29/02/2008. 102 Fig. 2. 9. Fami lia Cadarso Caamaño y Agra Cadarso Tal y como demuestra la investigación en los arc hivos diocesanos, la puesta en práctica de estrategias matrimoniales endogámica s e staba a la orden del día durante e l período investigado. Lo cierto es que, si se asume la política n upcial en el seno de la familia como un mecanismo para ampliar el patrimonio mediante la coopta ción de nuevos individuos y ramificaciones familiares con un potencial social, económico y políti co capaz de aumentar el mapa de r ecursos de la re d, ésta puede constituir a su vez una for ma de conse rvar los recursos y poder adquiridos dentro de la familia 318 . En este sentido, serán las familias con un prestigio y patrimonio acumulado las que optarán por la perpetuac ión mediante la consanguineidad, en u na suerte de matrimonios planificados que pueden entenderse como prácticas de política hereditaria. En el caso d e los Cadarso este t ipo de nup cias estaba a l a orden d el día, llegando incluso a d arse bodas entre primos por varias generaciones. El comienzo d e la genealogía se produce con el matrimonio entre Luisa Cadarso Rey –tía de Alejandro Ca darso Ronque te, e xgobernador civil- y Blas Agra Martínez, del que nacen tres hijos, dos varones y un a mujer. La política here ditaria queda atestiguada por el hec ho de que será n los individuos varones los que desarr ollarán práctica s endogámicas, ya que Luis Agr a Cadarso contrae nupcias con su prima segunda Matilde Aseguinolaza, hija de Salustiano Aseguinolaza , catedrático de Farmacia d e la Universidade de Santiago de C ompostela 319 , mientras que Joaquín María Agra Cadarso se casará con su prima carnal Luisa Cadarso, herman a de Alejandro Cadarso, exgobernador civil. Este tipo de prácticas s e repetirá en la siguiente generación mediante el matrimonio de la hija de Alejandro Ca darso – ex goberna dor civil-, Gloria Cadarso, con el hijo de su hermana Luisa y su primo Joaquín Ma ría Agra Cadarso. Pa ra David Martínez, e sta serie de políticas nupciales y práctica s hereditaria s no era más qu e un ejercicio de ad aptac ión al sistema surgido de la 318 DÍAZ HERNÁNDEZ, O. (1998) : “Un magnate al servicio de la Restauración: el segundo marqués de Urquijo” Vasconia , nº 25, pp 135-158, p. 140. 319 BARREIRO, X. R. (2003): Historia de la Universidad de Santiago de Compostela: Vol. II, el sig lo XIX , Santiago de Compostela: Ed. Universidade de Santiago de Comp ostela y Parlamento de Galicia, p. 432. 103 legislación desamortiz adora y desvinculadora con el fin de evitar la dispersión patrimonia l 320 ya que, en esta línea, l as élites gallegas d esarr ollarían estrategias como la discriminación de segundones y muj ere s de las herencias o el retraso en la divi sión y liquidac ión de reparto de bienes 321 . A priori, este ejercicio se atestigua en la ramificación familiar de l os Agra C ad ars o (Fig. 2.9), y a que la importante fábrica d e curtidos que poseían en la Ch aínza –pa rroquia d e Obre, donde residían- es heredada por el hijo mayor, Blas Agra 322 . El estudio de todos los individuos varone s de est as familias de la c arrera d e Derecho o de Me dicina, a la vez que e l uso del capital social de la red para acceder a pu estos de trabajo bien remunerados posibilit aría la herenc ia vertical 323 . Otro e lemento que se obse rva en las fuentes es el retraso del reparto patrimonial que apunta María Jesús Baz par a las élites gallegas, ya que en el caso de los Cadarso Ronquete, desde l a muerte de Alejandro Cadarso Rey en 1913 no tributará ning ún individuo hasta 1918, que lo hará su nieto Guillermo Cadarso Caamaño 324 . Pese a lo expuesto, l as contribuciones indican u na dispersión patrimonial en la rama de los C ada rso Ronquete, como advierte e l siguiente gráfico: Figura 2. 10 , Contribuciones de Alej andro Cadarso y Guillermo Cadarso. Fuente: Elaboraci ón propia a partir de contribuciones municipales ( AMN , Seri e Impostos e Arbitrios: “Contribución territorial, rústica e pecuaria” (Libros de 1900 -1930). 320 MARTÍNEZ LÓPEZ, D. (2005): “Sobre familias, élites y herencias en el siglo XIX” en Historia Contemporánea , nº 31, p. 457-480, p. 476. 321 BAZ, Mª J. (2002): “Las élites agrarias en la Galicia liberal: tutela política y c onservadurismo foral de la hidalguía rentista” en Ayer , nº 48, pp. 65-66. 322 Identificar esta herencia supuso un ejercicio harto complicado debido a que en e l Anuario Bailly Baillere la fábrica aparece con la denominación familiar (J.A. Cadarso). Gra cias a la web de Patrimonio Industrial de G alicia FUE P OSIBLE identificar a Blas Agra como el heredero (https://memoriaindustrialengalicia.wor dpress.com/2017/10/26/fabrica - de -curtidos- j-a- cad arso/). 323 BAZ (2002): 65-66. 324 AMN, Serie Impostos e Arbitrios: “Contribución territorial, rústica e pecuaria” (Libros de 1900 -1930). 0 50 100 150 200 250 1904 1905 1908 1909 1910 1911 1912 1913 1914 1915 1916 1917 1918 1919 1920 1921 1922 1923 pesetas Título del eje ALEJANDRO CADARSO REY (1904-1913 ) Y GUILLERMO CADARSO CAAMAÑO (1918- 1923) RÚSTICA INDUSTRIAL SUELDOS 104 Las lectura s de este gr áfico apuntan varias cu estiones sobre el patrimonio de esta familia. La primera d e ellas, ya int roducida en la exposición sobre la f amilia nuclear de los Cadarso- Ronquete, es el bajo peso de las rentas rústicas en comparación con las industriales, que experimentan un ac usado crecimiento a partir de 1 911. Otra cue stión es la señalada dispersión patrimonial que indica las bajas rentas de Guillermo Cada rso, e l siguiente individuo e n tributar después de Alejand ro Ca darso Rey, donde desaparecen las posesiones ag rarias y se introduce la tributación por su sueldo de médico. A pesar de que no se descarta la puesta en práctica de estrategias fiscales pa ra destinar una menor cantidad de fondos a la hacienda municipal, ya que desde Alejandro Cadars o Rey hasta Guillermo Cadarso Caamaño habrí a tres individuos varones 325 -dos tíos y un hermano- con profesiones y posesiones propias que n o aparecen en las contribuciones, la disminución de patrimonio indica un re parto heredit ario en la familia. Refuerza esta idea el hecho de que Guillermo fuera el m ayor de tres h ermanos, pese a que el que nunca llegara a casarse pued e indicar que el peso hereditario se m antuvo en su hermana Gloria, casada con su primo carnal B las Agra, pri mogénito de su familia y heredero de la fábrica de curtidos de la Chaínza. Por desgra cia no es posible c omprobar si esto fue así porque Blas no llega a sustituir a su padre Joaquín Ma ría en las contribuciones durante el período investigado. Huelga decir que en est a familia nuclear se mantiene la tóni ca –que hasta este punto alcanza valores absolutos- del estudio por pa rte de los individuos va rones de carreras vinculada s con e l poder local, ya que de los oc ho que apare cen e n la Fig. 2.9, siete serán abogados y uno médico. Si se elabo ra una descripción de sus biografías y actuac iones por orden cronol ógico, será preciso citar a l a primera generación de herma nos Ag ra Cadarso, primos de Alejandro Cad arso Ronquete – ex gobern ador civil-. El mayor de ellos, Luis Agra, estudiará Medicina y, como se aludió anteriormente, contraerá matrimonio con su prima segunda Matilde Aseguinolaza , hija del catedrático de Farmacia S alustiano Aseguinolaza . La ficha prosopográfica de este individuo sitúa su re sidencia en Santiago de Compostela ya que solicita li cenc ia para la reforma de un domicilio en la Rúa da Troia en 1919 326 . Junto con e sto, Luis no ejer cerá como médic o en No ia según el anuario B ailly Bailiere, aunque en 1907 desempeñó la función de adjunto municipal en la vil la ante la elección parcial de concej ales 327 , ca rgo circunstancial que le permitía formar parte de las mesas electorales, junto con interventores, teniendo la posibilidad de realiza r un servicio par a la red . Dest ac a el hecho d e que a parti r de 1918 y hasta el final del período de la Restaurac ión, Luis Agra Cadarso tributará 113,25 pesetas por rústica en las contribuciones de Noia, posiblemente gracias a una herencia. El hecho de que sea su hermano Joaquín María Agra el here dero –y posteriormente su hijo Blas Agra- de la fábrica de curti dos de la Chaínza y la tardía tributac ión de Luis Agr a en una ciudad en la que no residía ni ejercía su profesión, apoya esta teoría y permite esboza r la política heredita ria de la familia, basada en una disgrega ción parcial d el patrimonio entre propi edades agrarias e industriales. En esta lí nea, existe la posibilidad de que Carmen Agra, la hermana meno r, quedara fuera del repart o siguiendo la lí nea de exc lusión femenina indicada por Mª Jesús Baz 328 , ya que contrae matrimonio con José Andrés Maneiro, un notario que ejercía y residía en Tuy 329 cuya unión permitiría una ampliación del mapa de recursos/individuos de la red a la vez que el desarrollo material independiente de Carmen. En lo que atañe a Joaquín María Agra Cadarso -padre-, en 1905 pa só a ocupar la prof esión de asesor de distrito marítimo de Noia c on funciones de asistencia al ayudante de marina: 325 En las contribuciones de Noia no tributa ninguna mujer. 326 El Eco de Santiago , 06/03/1919. 327 El Eco de Santiago , 27/11/1907. 328 BAZ (2002): 65-66. 329 Gaceta de Galicia , 28/10/1907. 105 Art. 7º: Para cada uno de l os 120 distritos en que está n subdividida s las provincias marítimas de la Penínsu la, islas adyacentes y U ltramar, s e no mbrará un asesor q ue se denominará de d istrito, con el cual pod rá cons ultar el encargado del mando, dirección, y gobierno de l a gente de la mar estable cida en su demarcación, según lo provenido en los artículos 28 y 35 título 1º de la or d enanza de matrículas 330 . De esta forma , se entiende que las funciones de este cargo e xpre samente jurídico se enc uentran estrechamente vinculadas a las decisiones que pudiera tomar el ayudante de marina, que durante algunos de los años de servicio de Joaquín María Agr a fue su cuñado y primo respectivamente, José Cadarso Ronquete. La vinculación entre amb os puestos era tal que cuando el ayudante de marina fa ltaba asumía el ca rgo el a sesor, a lgo que sucedió temporalmente cuando José Ca darso fue ascendido a teniente de navío 331 . Resulta evidente el hecho de qu e los dos tenían la capacidad de ampliar el prestigio, influencia y extender l a cartera de b eneficios de la red ent re los individuos que desarrollaban sus actividades p roductivas en el mar. Un ejemplo de ello se encuentra e n el acto sim bólico de entrega de medallas a los re scatadore s de náufragos realiza do en 1911 por José Cadarso Ronquete, donde es asisti do por Joaquín Marí a Agra y el oficial Salvador Lamas –otro i ndividuo emparentado con los Cadarso y relacionado con la red -, quienes posteriormente condecorarían a José Cadarso. La aflue ncia de individuos de la misma red copa ndo las posiciones más importantes de la administración marítima e s una evidencia de las posibilidades clientela res de est e tipo de empleos, al igual que las capac idades que los mismos ofre cían para generar fidelidades a través de múl tiples mecanismos. Uno de e llos podía ser la permisividad –e incluso la participación - en actividades como el contrabando –en mu chas ocasiones ligado al beneplácito-pasividad de la s autoridades local es 332 -, que si bien era n perjudiciales para el Esta do podían ser beneficiosas para los individuos adscritos a las redes. Sea como fuere , queda confirmado que el “gobierno del mar” e n un distrito con una gran carga productiva de la pesca y el comercio marítim o, era un asunto de primer orden para la red cadarsista . Esto puede si n duda re sponder a que, tras la jubilación de Joaquín María, fuera su propio hijo Blas Agra quien le sucediera en el cargo, manteniendo así las posi bilidades de la red en e st e se ctor. Por otra parte, el hijo menor de Joaquín Ma ría Agra, quien poseerá su mismo nombre, estudiará Derecho y durante un largo pe ríodo de tiempo desempeñó el puesto de juez municipal en la villa de Noia, asegurando esta importante fu nción para la red 333 . Blas y Joaquín María Agra Cadarso fue ron los ún icos hijos del matrimonio entre Joaq uín María Agra Cadarso –padre- y su prima Luisa Cadarso Ronquete. Al igual que el resto de los miembros de la red, siguieron trayectorias prof esionales vinculadas con el po der municipal al estudiar ambos la c arrera de Derecho, llegando a compartir promoción y a g raduarse juntos con sobresaliente en 1913 334 . Otro de los aprendizajes colectivos constitutivos de una auténtica 330 Real Orden del 20/05/1857 Trasladando el real decreto del 8 de abril anterior, orgánico, del cuerpo j urídico militar de la armada en RODRÍGUEZ, J. (1866): L eg islación ultramarina: tomo VII , Madrid, p. 177. 331 La correspondencia gallega , 02/06/1911. 332 DÍAZ MARÍN, P. (1997): Las estructura s de poder durante la década moderada: Alic ante, 1844 -1854 , Tesis doctoral le ída en la Universidad de Alicante, publicada on-line por Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, pp. 277 -278. (Disponible en: http://www.cervantesvirtual.com/obra/las-estructu ras- de -poder- durante- la -decada-moderada-alicante-18441854 -- 0/ ). 333 Según el anuario Bailly Bailiere en 1894 era juez municipal ( BAI LLI-BAILIERE (1894): Anuario del comercio y de la industria , Pp:1328), manteniendo el puest o hasta 1904 ( BAILLI-BAILIERE (1904): Anuario del comerc io y de la industria , Pp: 1697). 334 El Correo de Galicia 10/06/1913. 112 presididas por concejales del grupo político gobernante y tenían la capacidad de administrar los ingr esos en centros como hospicios, gestionar dichos establecimientos o conceder limosnas 381 . Dado el inter és de este organismo para la red, en 1920 ante la constitución del efímero Ayuntamiento conservador de Noia 382 , la junta ser á copada por los ya nombrados cadarsist as Manuel Liñar es, José Baltar Cortés –que no era concejal - , Ramón Garc í a Malvar, Arturo G arc ía Rudiño y José Escudero Lópe z. E n lo que at añe a los socorros domi ciliarios, según las actas municipales de Noia, constit uían ca ntidades en metálico conc edidas por el pleno municipal 383 a familias con dificultades de subsistencia, tratándose sin duda de u n significativo mecanism o de intercambio clientelar surgido d el control de la cas a consist orial. Además de estos elementos, la caridad está presente – algo ya señalado por Scott 384 - como dispositivo para paliar c atástrofes o acontecimiento s inesperados sufridos por la clientela, algo que afianza el p apel de la r ed c omo seguro d e subsistencia contra crisis e incrementa el prestigio de sus directores. Así, en 1910 ante los motines de consumos acaecidos en la villa que se cobrarán dos víctimas, la red ca darsista participará de una suscripción para so correr a las familias afectada s. Aportarán dive rsas cantidades Alejandro Cadarso Caamaño, su hermano Guillermo, su padre Alejandro Cadarso Ronquete, su primo carna l Jesús Rodríguez Cadarso, sus primos –y posteriores cuñados- Blas Agra y Joaquín María Agra, e incl uso el periódico conservador Diario de Galicia , constituyendo esta una nue va acción conj unta de la r ed 385 . En lo que re specta a la po lítica matrimonial, Alejandro Cadarso C aa maño, al igual que la mayoría de los individuos del grupo, contribuyó a aumentar el mapa de recursos de la red al desposarse en 191 7 con Mercedes Piñeiro P arga , hi ja del catedr ático de Medicina y ex alcalde d e S antiago Francisco Piñeiro Pérez, indi viduo cercano a la polí tica monterista 386 . Con Alejandro Cad arso Caamaño se cierra el análisis de los núcleos familiares que poseían un parentesco di rec to con el sujeto que da nombre a la red, Alejandro Cadarso Ronquete, pero no por ello termina l a descripción de este grupo de personas. De este modo, a lo largo del punto se h a incidido no solo en aquellas que forman p arte de las familias detalladas, sino t ambién en cómo su p roceso relacional individual supone un mecanismo de expansión de la red a través de elem entos como los testigos de boda, el compartir promoción universitaria o incluso el espectro político. Todo ello conlleva la dificultad de establecer límites en cuanto a la extensión de la red, ya que es más que proba ble que muchos individuos, amistades políticas, y paren tescos indirectos queden fue ra de est e trabajo por tratarse de relaciones con una exigua producción de documentación. Para paliar estas cuestiones, y, a la hora de investigar la red fuera de los núcleo s fa miliares primigenios, se hace pr eciso el cruce de fuentes lo más variadas posibles que sitúen a los individuos en la r ed po r motivos más sólidos que un mero parentesco lejano. Con otras palabras, di cho pa rentesco, tal y como se asegura en una de las hi pótesis principales de este trabajo, supone en la mayor parte de las ocasiones el principal modo de acceso a las dinámicas de grupo y el capital social d e la red, pero –sobre todo cuando la consanguinidad 381 SANDOVAL, F. (2012): “Los archivos de las instituci ones benéfico -asistenciales” en FRONDA: Volandera de la provincia de Ourense , nº 41, p. 1. 382 Acta de constitución del Ayuntam iento, 01 / 04/1 920 en AMN, Libros de actas de sesións do pleno: 1792 -1989. 383 Acta ordinaria del día 12 de abril de 1920, en AMN, Libros de actas de sesións do pleno: 1792 -1989. 384 SCOTT (1977): 38. 385 Diario de Galicia , 27/11/1910. 386 GUARRIARÁN, R. (2006): Ciencia e co nciencia na Universidade de Santiago (1900-1940): D o influxo constitucionalista e a JAE á depurac ión do profesorado , Santiago de Compostela: Ed. Universidade de Santiago de Compostela, p. 267. 113 se diluye en generaciones - es preciso indagar en otras vertientes –como la política- que confirmen que los individuos actúan de acuerdo con la colectividad a la que supuestamente pertenecen. Este c ruce ha sido realizado de form a fructífera para investigar a l as familias de la red que se van a e xponer a con tinuación, pero la necesidad de este convierte este punto del trabajo en un aparta do abierto, en constante producción. 2.3. F AMILIAS SIN PARENT ESCO DIRECTO EN LA Ó RBITA DE LA RED . 2.3.1: los Andrés// Morales. La primera de las f amilias pose edoras de un parentesco indire cto con los Cadarso que es posible identificar con la red ag rupa a varios “notables” con un peso políti co y social destacado en la Noia de la R estaur ación, muchos de los cuales ya h an sido citados. Este “clan” , apellidados “De Andrés” y descendiente d e una familia de comerciantes procedente de Ortigosa del Campo ( La Rioja) -a l igual que los propios Cada rso- y establecida e n Noia a principios del XIX 387 , se vincula con los Cada rso gracias a la política nupcial, atestiguada a través de l doble matrimonio entre Luis Cadarso –hé roe de Cavite- y Manuel Cadarso con Nicolasa de Andrés y Juana de Andrés. Si una boda, como se ha explicado a lo largo del trabajo, suponía un e lemento de unificación entre familias, ampliación de la red y aumento del c apital soc ial, el hecho de qu e se p rodujeran matrimonios dobles atestiguaba la intencionalidad de unión entre grupos , algo que permite r esca tar la expresión catalana de “canvis de jove ”. De esta forma, est a será una figura r ecurre nte en los espac ios investigados, demostrando que el p eso de la casualidad es mínimo a la hora de hacer referenc ias al respecto de la política nupcial de las élites durante la Restauración. Fig. 2.11. Familia de Andrés // Morales 387 Información proporcionada por el genealogista Daniel Smith Ramos. 114 Cadarso y De Andrés eran, por lo tanto, dos estirpes familiare s p rocedentes de la misma localidad, Ortigosa de Cameros, que formaban parte de un proceso c oncreto que tuvo luga r en la Ga licia del X IX: la llegad a d e una burguesía comerc ial foránea, altamente emprendedora y mínimamente señorializada qu e expa ndirá su patrimonio al calor del desarrollo capitalista 388 . Su procedencia común resulta, por lo tanto, un punto clave en la comprensión de los aná li sis prosopográfic os sobre los Cadarso y De Andrés en la N oi a de la Restauración, siguiendo la dinámica de otras e stirpes, como la burgu esía de ascendencia catalana re presentada por los González Botana/Riva. Con todo, este doble matrimonio acontecido much o antes del período en el que se sit úa la investigación, si bien d emuestra una unidad grupal proyectada para e xtenderse a lo lar go del tie mpo, no resulta una prueba irrefutable sobre la perte nencia de los individuos referidos a la red. Este aspecto, como se introdujo en pár rafos anterior es, solo podrá atestiguarse a través del análisis de sus fic has prosopogr áficas, c larificando si pa rticiparon de las ac tividades c olectivas desarr olladas por la misma. Con todo, será n l os he rmanos De Andrés S enra –Aurelio, Segundo, y (pese a que no aparece en la fig. 2.11) Inocenta- lo s descendiente s de la cit ada unión familiar que tendrán actividad en la Noia de la Restaurac ión. El padre de estos, Segundo de André s Moreno C uriel, cuñado de Alejandro Cadarso Rey –padre d e Alejandro Cad arso Ronquete -, era administrador de finc as en 1905 389 , oficio que supon dría una con exión con la élite propietaria de los biene s administrados. Junto con esto, poseía un comercio de tejidos 390 que le llevaba a tributa r 198 pesetas por industria l, y una pequeña cantidad de terreno rústico que contribuía a la hacienda pública con 17, 20 pesetas 391 hasta el año 1909, cuando desaparece de los registro s contributivos, posiblemente por f allecimiento. Desde este momento ning uno de sus tres hijos tributará en las contribuciones municipales, pese a qu e las fuentes muestran en todo momento a una familia con un potencial ec onómico nada desde ñable. En el caso de Aurelio, estudió la carrera de Derecho, desempeñ ando funciones para la red como l a de adjunto municipal ante la elección parcial d e con cejale s de 1907 392 , función que también profesó e n el mismo año Luis Agr a Cadarso. A su vez, Aur elio de André s aparece en 1909 como secre tario de la comisión de festejos del municipio, cargo con una im portante labor simbólica que generaría prestigio entre los ciudadanos. Es por ese motivo q ue la citada comisión estaba copada por notables de las distintas redes, ya que en ella coincidió con el vicepresidente Manuel R odríguez Cadarso, el futuro suegro de su hermano Segundo de Andrés, Francisco Pérez Hermo, el consuegro de este, Severiano Loroñ o, y el futuro consuegro d el mismo individuo, Argimiro Cobas 393 . Su siguiente aparición pública con otros individuos de la red tiene lugar en 1918, cuando firma la ya refe rida c arta enviada a Maura para protestar por la destitución del concejal Eduardo Campos, que t ambién estaba secundada por Manuel R odríguez C ada rso, José Rodríguez Cadarso, Juan Busto, R amó n García Malvar o sus cuñados Patricio y Fra ncisco Pérez Morales. Su herma na, Inocenta de Andrés, también p artic ipó en actividades con el grupo cadarsista, como la suscripción a las minorías católica s del Congreso de 1911. Contrajo 388 BARREIRO FERNÁNDEZ, X.R. (1988): “La burguesía compostelana: la familia De Andrés García (1760 -1815) en VILLARES PAZ, R.: La ciudad y el mundo urbano en la Historia de Galicia , Santiago de Compostela: Tórculo, pp. 269- 293, p. 288. 389 BAILLI-BAILIERE (1905): Anuario del comercio y de la industria , Pp. 2222-2224. 390 Ibid. 391 AMN, Serie Impostos e Arbitrios: “Contribución territorial, rústica e pecuaria” (Libros de 1900 -1930). 392 El Eco de Santiago , 27/11/1907. 393 La Correspondencia Gallega , 18/05/1909. 115 matrimonio con Marce lino Lamas Rivas, quien a l vincularse a la red ampliaría el capital social de la misma, ya que era naviero, distribuidor de sal al por mayor y, d urante todo el período investigado conservó el cargo de secretario del juzgado municipal 394 . La importancia de esta profesión para el grupo qu eda atestiguada por su posi bilidad de intervención en los proce sos judiciales, motivo por el cua l esta figura administrativa aparece en otras investi gac iones vinculada a redes similares a la estudiada 395 . En las contribuciones municipales S egundo de Andrés muestra u na estabilidad a largo plazo, ya que se mantuvo entre las 3 y 6 pesetas por rústica y las 102 por industrial. A diferencia d e otros miembros de la red, no se trata de un individuo activo políticamente, más allá de figurar como int erve ntor suplente en las m esas electorales del primer dist rito para las elecc ion es a Cortes de 1907 396 . De los tres hermanos, ser á Segundo de Andrés Senra el en cargado de desarrollar una actividad política al servicio de las prerroga tivas establecidas por la red cadarsista. Al igual que su hermano Au re lio –y manteniendo la tónica g eneral de la élite municipal -, se licenció en Derecho, pese a que en el plano económico apare ce como dist ribuidor de hierro, acero y metales, y uno d e los h erederos del comercio de tejidos de su padre 397 . Con todo, si ha y algo constante en la biografía de Segundo de A ndrés a lo largo del período investigado perteneciente a la Restauración, es su desempeño del cargo de concejal, al que accede en 1905 pese a las acusaciones de entregar una cédula personal fal sa 398 , doc umento ne cesario para presentar candidat ura en el que aparecían datos como los impue stos abonados. Segundo, e s ree legido en la elecc ión parcial de 1909 399 , pero no se rá hasta 1912 cuando se documente un patrón de comportamiento público a favor de la red a la que pertenecía. De este modo, elevará una protesta al ministerio de Gr ac ia y Justicia junto con otros concejales co nservadores por la destitución política del juez de primera instancia del municipio José García Vidal –como se verá, estrecha m ente vinculado con los Cada rso-, en la que se denunciaba n l as manio bras de G asset en el característico juego político de la Restauración 400 , donde las expulsiones, ceses y despidos del personal no afín a las red es que controlaban las inst ituciones estaban a la orde n del día 401 . De hecho, el propio Segundo de Andrés protagonizará en el mismo año un proceso similar que lleva rá a que se pro duzca una importante movili zac ión políti ca de la rama conservadora del muni cipio. Las fuentes, en este caso, resultan contradictorias, pues en enero de 1912 la pr ensa alude a que los concejales Segundo d e Andrés y Arturo García –vinculado con la red-, soli citaron a la Comisión Provincial eximirse de sus re spectivos cargos 402 , pero e n las noticias aparecidas en el mes de julio ambos conc ejal es son citados como “cesados” por el alcalde. Sea como 394 Biblioteca Nacional, Signatura RevMicro/1142, Anuario G eneral de España (Bailly -Bailliere-Riera), 2ª época, años 1912- 1923. 395 MILLARES CANTERO, A (2008).: El cacique fa jardo asesinado: banderías a la greña e n Lanzarote , Lanzarote: Ediciones Idea, p. 141; LOZANO ALLANUEVA, F. J. (2015): “Noticias de caciquismo y compra de votos en Montalban (Aragón) en 1905: casos concretos de mani pulación de las consultas elec torales por conserva dores y liberales. Esf uerzos proselitistas del republicanismo en el mundo rural”, publicación on-line en Blesa: un lugar en el mundo , (Dispo nible en: http://www.blesa.info/his-1905-EleccionesRepublicanismoCaciquismoDistritoMontalban.pdf ) . 396 AMN: fondo electoral, caixa 106: elec ciones a diputados. 397 Este comercio aparece a nombre de “hijos de Segun do A. Curiel”. AMN, caixa 252: ma trículas industriales del año 1924, pesetas al año. 398 Carta dirigida por Agustín Malvido al alcalde presidente de la villa de Noia solicitando la a nulación de las elecciones. AMN, expedientes de eleccións municipais, “expediente general d e la elección de concejales de 1905”. 399 Diario de Galicia , 15/12/1909. 400 Diario de Galicia , 25/05/1912. 401 En este mismo trabajo se puede observar cómo la llegada de la red ca darsista al pod er mu nicipal en 1920 trae consigo la destitución de funcionarios como e l secretario municipal o el depositario en los días posteri ores. 402 El Correo de Galicia , 27/01/1912. 116 fuere , las actas municipales citan la aparición de ambos indi viduos en un ple no sin poseer el título de concejal: “En Noia, a 18 de julio de 1912. Reunidos en sala cap itular de es te exmo. Ayuntamiento el seño r alca lde y los señores concejales, para celebrar la sesión supletori a correspondi ente a este día, no pudo la misma tener lugar, porque al ir dar co mienzo a ella se p resentaron en el loca l los exc o ncejales D. Ar turo García Rudiño y D. Se gundo Andrés Senra, pretendiend o sin derecho a ello tomar parte en las deliberacion es de la corporación, y como no se han recibido órdenes del señor gobern ador civil de esta provincia superior jerárquico de l Ex mo. Ayun tamiento , acerca de la reposición o adm isió n de dichos señores, dejó de celeb rarse el acto, y se extiende la pres ente para hace r constar as í” 403 . La prensa, en este caso, e stipula que ambos individuos fueron repuestos en sus cargos por los votos de los diputados c onservadores y monteristas de la Comisión Provincial, y que e l alcalde los e xpulsó del pleno rec urriendo a las fuerzas de se guridad 404 , lo que provoc ará l a reacción de la red. En este sentido, las protestas s on capitaneadas por l a “Liga de amigos de País” que convoc ará un mitin en Noia . Según el libro de registro de asociac iones del Gobierno Civil coruñé s, depositado en el Arquivo do Reino de Galicia, esta entidad había sido creada tan solo dos años antes -1910- en e l marco de las elecciones a Cortes donde la red disputará el acta a Gasset, por Ale jandro Cadarso Ronquete, lo que de n uevo atestigua la relación entre estos g rupos domésticos 405 . En este momento el pre siden te era Lui s Medina, depositario municipal ce sado por el Ayuntamiento gassetista en mayo del mismo año 406 , y el secretario el mé dico José Martelo Domenec h, testigo en la boda entre Gloria Cadarso Caamaño y Blas Agr a Cadarso que llegará a ser alcalde conservador. Tras este acontec imiento, Se gundo de Andrés volverá a renunciar a su cargo de concejal en 1913 407 , posiblemente para gestionar el nuevo negocio qu e recaía sobre la f amilia, que no era otro que el título de adminsit ra dores e n Noia de la compañía arrenda ta ria d e tabacos. Según los anuarios, hasta 1911 esta empre sa correspondió a un individuo apellidado Caamaño, pero a partir d e 1912 y durant e el resto de cronología r elativa al período de la Restauración , el puesto aparecerá a nombre de “Hijos de Segundo A. Curiel” 408 . Este será el nombre empresarial de la familia que llegarán a utilizar in cluso para a ctividades políticas, ya que en 1920 firmarán con el mi smo la ya referida carta dirigida al gobernador civil pidiendo que no se anularan las e lecc iones en Noia, do cumento en el que coincid irán con otros individuos de la red. La última aparición política de Segundo durante el período de la Restaurac ión tendrá lugar en 1922, cuando tras la anulación de las elecciones es elegido concejal interino del Ayuntamiento por el gobernador civil, decisión aplaudida por la prensa c onservadora 409 . 403 Acta de la sesión supletoria del 18 de julio de 1912, en AMN , Libros de actas de sesións do pleno: 1 792 -1989. 404 El Eco de Santiago , 27/07/1912. 405 ARG, Libro general de registro d e asociaciones , 1906-1933, Fondo G ob. Civ il, Si gnatura L -5125. 406 El Eco de Santiago , 05/06/1912. 407 El Eco de Santiago , 03/01/1914. 408 BAILLI-BAILIERE (1911): Anuario del comercio y de la industria , Pp: 2252; Biblioteca Nacional, Signatura RevMicro/1142, Anuario General de España (Bailly-Bailliere-Riera), 2ª época, año 1912, pp. 2320. 409 El Ideal Galle go , 25/03/ 1922. 117 En julio de 1915 S egundo de Andrés extenderá a través de la política matrimonial el mapa de recursos de la red al desposar se con María de las Merc edes Pérez Morales, miembro de una familia de la oligarquía noiesa (fig. 2.11) que, durante todo el período in vestigado –incluso antes de este matrimonio -, orientará sus actuaciones públicas en el mismo sentido que el grupo cadarsista. Esto señ ala una posible vinculación anterior entre la familia Pére z Morales y la red que simplemente se estaba a fianzando a través de este matrimonio, pero la documentación no permite atestiguar dicha afirmación. Como testigo de su boda figura el fiscal municipal –titul ar entre 1913-1918, y suplente entre 1918-1924- Manuel Gonzá lez Campo s, quien también f igurará como firmante en la cart a a Maura que determinados miembros de la red suscriben en 1918, indi viduo que amplía, si cabe, el mapa de rec ursos del grupo al aume ntar su control sobre el juzgado. Hasta bien entrada la Restauración será el p adre de María de las Mercedes, Francisco Pérez Hermo, el encargado de llevar el peso político y económico d e este núcleo familiar. Este individuo resulta de difícil rastreo en el anuario pues “Francisco Pérez” supone un nombre muy recurrente cuya mención no es posible vincular sin m ás datos. Con todo, y a causa del con flicto acaecido en 1910, es posible afirmar que era arrendatario de los consumos de Noia, labor que con bastante probabilidad estuviera detrás de gran parte de su potencial económic o. Fig. 2.12: Potencial económico de Francisco Pérez Hermo Fuente: Elaboraci ón propia a partir de contribuciones municipales ( AMN, Serie Impostos e Arbitrios: “Contribución territorial, rústica e pecuaria” (Libros de 1900 -1930). Sin embargo, analizando sus contribuciones, se o bserva una importante tributación por rústica caracterizada por una amplia estabilidad a lo largo del período. De esta forma, se evidencia su figur a como uno de los individuos con mayor potencial agrario de todo s los investigados, pese a que no figurará entre los mayores cosecheros de cereal de Noia, publicados por el anu ario en 1911 410 . Destaca como entre los años 1912 y 1913 tributará 410 BAILLI-BAILIERE (1911): Anuario del comercio y de la industria , Pp: 2252. 0 100 200 300 400 500 600 700 800 1910 1911 1912 1913 1916 1917 1918 1919 1920 1921 1922 1923 pesetas Título del eje FRANCISCO PÉRE Z HERMO RÚSTICA INDUSTRIAL 118 más de seiscientas pese tas por industrial, cantidad que le situará en la posición de se gundo mayor contribuye nte de l municipio. Estas c ifras, posiblemente provenientes de la empresa de recaudación de consumos, desaparecerán de las contribuciones por un probable re parto hereditario, ya qu e entre 1916 y 1919 su hij o Ángel P érez Morales tributará alrededor de 156 pesetas por industrial 411 . A nivel político Fra ncisco Pérez Hermo –al igual que su yerno Segundo de Andrés- accederá al cargo de concejal en 1905, siendo elegido por el tercer distrito 412 . Dentro de las famosas dinámicas d e control electoral características de esta época, seguirá la tónica de las redes al actuar como interventor en la mesa electoral del prime r d istrito para las elecc ion es a Cortes de 1907 413 . Lo cierto es que, por las limitaciones del Archivo Municipal de Noia, no se cu enta con documentación similar para otros p eríodos el ectorales con la que poder cotejar esta afirmación para el municipio estudiado, pero la figura del interventor de mesa como instrumento de control electoral en la época referida qued a ates tiguada. Esto s individuos, pese a que sobre el pape l re presentaba n a los electores y no a los partidos en liza, constituyendo una de las pocas garantías e xistentes de limpieza del sufragio, eran nombrados entre los ciudadanos por juntas e lectorales presididas por el al calde, lo que los llevaba a a ctuar en f avor de la red a la que pertenecieran 414 . De hecho, el primer interventor del dist rito segundo era s u c onsuegro, A rgimiro Cobas, y el suplente de la s ecc ión segunda del primer distrito Marcelino Lamas, cuñado d e su futu ro yerno. T ambién tendrá un componente familiar la y a citada comisión para la organización de las fiestas muni cipales de 1909, donde coincidirá con A rgimiro Cobas, Manuel Rodríguez Cad arso, su futuro consuegro Severiano Loroño o Aure lio de Andrés 415 . Con tod o, la ac tuación pública más importante de Francisco Pérez Hermo acaece en 1910, ya que es uno de los protagonistas del lev antamiento de Noia que se cobró dos víctimas mortales y mul titud de heridos, además de conllevar la ocupación de la vil la por las fuerzas de orden público dur ante varios días. Para Rafael Cruz 416 , etiquetar repertorios de movilización como el referido con el término “motín” no supone otra co sa que aceptar la terminología impuest a por las autorida des para justificar intervenciones violentas , volviéndose necesario un profundo análisis de los repertorios utilizados p ara comprender las movili za ciones. Además, la principal fuente para cono ce r estos acontecimientos es la prensa, soporte carente de objetividad al tratar hechos fuerte mente politi zados c omo el que citado. Sea como fuere, las fuentes culpan de los sucesos a Francisco Pérez Hermo, propietario de la empresa arrenda taria del impuesto de consumos en la Noi a de 1910, que , eleva las tarifas de tributación de la carne de cerdo de siete a doc e p esetas, subida similar a la que pr ac ticó con los cereales. Ante esto se produce una manifestación –que según la prensa alcanza las tres mil persona s 417 - hac ia la c asa de Fra ncisco Pérez que es respondid a por disparos de la Guardia Civil, causantes de las víctimas referidas. E l conflicto se extendió en los días posteriores con sucesivas manifestaciones que recibieron la solidaridad de comités obreros de toda la provincia, llegando a juntarse –si empre se gún la prensa- cinco mil persona s en el entierr o de los difuntos 418 . Esta movilizac ión d e 411 AMN, Serie Impostos e Arbitrios: “Contribución territorial, rústica e pecuaria” (Libros de 1900-1930). 412 AMN, expedientes de eleccións m unicip ais, “ex pediente gen eral d e la elección de concejales de 1905”. 413 AMN: fondo electoral, caixa 106: elec ciones a diputados. 414 PEÑA GUERRERO, Mª A. (1998): Clientelismo político y poderes periféricos durante la Restauración. Huelva, 1874 - 1923 , Huelva: Publicaciones Universidad de Hu elva, p. 124. 415 La Correspondencia Gallega , 18/05/1909. 416 CRUZ, R. (2008): Repertorios: la política de enfrentamiento en el siglo XX , Madrid: CIS, p. 14. 417 El Eco de Santiago , 25/11/1910. 418 El Noroeste , 28/11/1910. 119 consumos, que tendrá un peso muy im portante en la memoria del municipio, en los discursos polí ticos de la élite, y en los mítines obreros de todo el período posterior –el asunto llegó incluso al Congreso de los Diputados de la mano de Pablo Iglesias 419 -, fue utilizado por la red cadarsista para ganar p restigio, cuando era uno de su s miembros el supuesto responsable . Las movilizaciones se d etuvieron con la bajada de los impuestos, pero, curiosamente, l as críticas recayeron sobr e el Ayunt amiento gass etista, pues al producirse los hechos ta nto el alcalde como los dos tenientes de alcalde se declararon enfermos 420 , lo que les costó la dimisión –pese a que el nombra do alcalde int erino tambié n era gassetista-, una cuestión que evidenci a el peso cada vez mayor de la opinión pública en los movimientos de las élites. Ante esto Alejandro Cadarso aprovechó para, ejerciendo la de scrita función c lientelar de protección de la comunidad, prese ntarse ante el municipio como salvador, siempre e n sintonía con el miembro de la r ed Francisco Pérez Hermo, que había huido a Santiago de Compostela: “El Sr. Cadarso, con quien hablaron los periodistas santiagueses, díjoles (SIC ) que po r amor a su pueblo haría cuanto fuese posible para llegar a una solució n de paz. E n Santiago c onferenció el prestigios o político con e l recaudador de consu mos S r. Pérez Hermo, quien se allanó a todo para lograr la tranquili dad del pueblo, dando al ef ecto amplios poderes al Sr. Cadarso. Es este señor –añaden los diarios compostelano s- la figura en la c ual se fijan todos, seguros d e que nadie más que él podrá arreg lar el asu nto. E l telegrama qu e trascri to queda, conf irma la exac titud de est o s juicios. El mismo arrendatario de consumos, al despe dir a l Sr. Cadarso, le rogó que no de scanse hasta lograr la tranquilidad de que tanto necesitaba la villa de Felipe de Castro” 421 . No aparecen en prensa referencias a que los acontecimientos descritos repercutieran en la empresa recaudadora d e consumos gestionada por P ére z Hermo, lo que ind i ca que l a red cadarsista salió reforzada de esta crisis municipal, pues el gassetismo se vio ob ligado a sustituir a parte de su personal dirigente. En otros apartados h a sido descrita la importa ncia de la re caudación de contribuciones a la hora de generar fidelidades clientelares, pero la privatización del cobro del impuesto de consumos ampliaba, si ca be, esta ca pacidad. De hecho, no faltan investigac iones en las que aparezcan empresas de cobro de impuestos vi nculadas a redes clientelares 422 . Pese a que e n 1911 las Cortes aproba ron la llamada “Ley de supr esión del impuesto de Consumos”, el fin de estos tributos se produjo de forma progresiva 423 y la empresa de consumos todavía existía a finales del mismo año. Esta aseveración tiene una bas e hemerográfica a partir de las afirmaciones d el diario Gaceta de Galicia , que aludía a la existencia de una agrupación política “de los señores P ais Lapido, Cadarso, Pérez Neu, la empresa de consumos y la Liga de Amigos” 424 . Si bien al día siguiente se produce una 419 El Eco de Santiago , 12/12/1910. 420 El Eco de Santiago , 26/11/1910. 421 El Noroeste , 29/11/1910. 422 PEÑA GUERRERO (1998): 110; JIMENEZ, Mª D. (2002): Cli e ntelismo político y comp ortamiento electoral e n Almería durante la Restauración (1902-1923) , Almería: Ediciones Universidad de Almería. 423 BA RCIELA, C.; MELGAREJO, J. (2015): La evolución de la hacienda pública en Italia y Esp aña (S. XVIII -XXI) , Alacant: publicacións universitat d´Alacant, p. 257. 424 Gaceta de Galicia , 14/11/1911. 120 insólita re ctificación por parte del diar io que culpaba al corresponsal del error cometido 425 , la relación entre Pais Lapido, Cadarso, la empresa de Consumos y la Liga de Amigos queda atestiguada en esta investigación 426 . La sigui ente aparición de Francisco Pérez H ermo en las fuentes se produce en 1914, cuando reclama contr a la lista de los individuos que de bían elegir a los compromisarios para designar senadores. En este sentido, firma u na carta exponiendo dife rentes errores legales en los que in curre dicha lista, de la que solicita se eliminen a individuos gassetistas como el médico municipal Luis Vidal Rei no o el secretario del Ayuntamiento Benito Fraga García, a l a ve z que se i ncluyan otros como Alejandro Cadarso Ronquete. La defensa de los miembros de la red cadarsista en pre juicio de los gassetistas no es el único elemento que muestra e l clar o patrón de c omportamiento público de F rancisco Pérez He rmo, ya que esta también es pa lpable a tra vés del lenguaje empleado en su carta: “Los m o tivos son fáciles de comprender, tan claros, que n o me explico cómo los señores concejales pudieron incurrir en tamaños erro res, a no ser que creyera n ser eso asunt o que pueden amañ ar a su antojo con arreglo a la volunta d de torpes cac iquillos sin le y p revia que les sirviera de guía 427 . Cabe mencionar que, pese a que sus reclamaciones fueron a ce ptadas por el Ayuntamiento, fueron elegidos compromisarios individuos pertenecientes a la red gassetista. Con todo lo expuesto, Francisco Pér ez mantendrá sus significaciones públicas a fa vor de la red mediante su participación en actividades de grupo ya d esc ritas en este tr abajo, como l a suscripción para el funeral de Pais Lapido –junto con Juan Cadarso, Francisco Busto o J esús Ma ría Rodrígue z Vázquez- o la carta e nviada al gobernador civil en 1920 contra la destitución del Ayuntamiento conservador. En lo que respecta a la p olítica matrimonial, es preciso destacar que los cuatro hijos de Francisco Pérez Hermo desarr ollaron matrimonios dentro de lo que se puede con siderar l a “élite” del muni cipio. Anterior mente, se ha h echo referencia a la boda de María Pérez Morales con Segundo de Andrés, pe ro sus tres he rmanos va rones continuaron esta tónica. En el caso de Francisco Pérez Morales, licenciado en Derec ho que competirá por el puesto de juez muni cipal contra un destacado miembro de la red gassetista, Andrés Vidal Barreiro 428 , se casará en 1919 con Inocenta Loroño Lu ciana, hij a de Severiano Loro ño S áe nz 429 . Este individuo, que poseía un comercio d e tejidos, cerería y comestibles por el que tribut aba l a nada desdeñable cantidad de 277,20 pesetas por i ndustrial, fue nombrado adjunto municipal para el período electoral de 1907 junt o a otros como Luis Agra Cadarso, Manuel Rodríguez Cadarso, José Balta r Cortés y Aur elio de Andrés Senra 430 , lo que indica una posibl e vinculación con la red an terior al m atrimonio de s u hija con Francisco Pé rez Morales. Junt o con esto, coincidirá con su futuro suegro Francisco Pérez en a ctividades copadas por las élites, como la comisión de festejos de 1909. En fechas muy próximas a es ta boda –lo que posiblemente no fuera casual- contra jo matrimonio otro de los hijos de Francisco P érez Hermo, Patricio Pérez M orales. Su esposa, Mercedes Cobas Lojo, era hija d e Argimiro Cobas 425 Gaceta de Galicia , 15/11/1911. 426 Lo relativo a la familia Pérez Neu, se tratará en la descripción de la red gassetista por tratarse de un caso de transfuguismo político. 427 “Carta al excelentísimo Ayuntamiento de Noya”, 20/01/1914, en AMN, fondo eleccións, Caixa 104, “Compromisarios para la elección de senadores”. 428 El Ideal Gallego , 21/05/1922. 429 AHDSC, Serie: Libros Sacrame ntales, Noia -San Martiño (PO1565 3, Num. 22, 1881 -1920). 430 El Eco de Santiago , 27/11/1907. 121 Barreiro y Marcelina Lojo Cacheiro, ambos maestros de instrucci ón primaria del municipio. Para autores como Raúl S outelo, la figura del maestro rural como agente social vinculado a las redes clientelares era caracter í stica de este período 431 , afirmación qu e se s ostiene por el hecho de r eferirse a una profesión sometida a una fuerte fiscalización por parte del poder municipal, con capacidad para destituir y por lo tan to, coaccionar a los maestros en un sentido favora bl e a la red 432 . De todos modos, la vinculación matrimonial de estos maestros con e l grupo investigado o la p a rticipación de Argimiro en ac tividades comunes del grupo como la organización de las fiestas de 1909 o las juntas parroquiales de 1918 433 , permiten entreve r que no existía una relac ió n de c oacción con la red sino de simbiosis. El tercero de los hijos de F rancisco Pérez Hermo –pese a que no se dispone del orden de nacimiento-, Ángel P ére z Morales, contrajo matrimonio en 1915 con María de la Paz Morales Noya, hija d el actuario del juzgado d e instrucción d el partido José Manu el Morales 434 . Dos de los tres testigos de su boda –segú n el archivo dio cesano- fueron el juez de primera instancia del partido judicial Juan Echevarría Herranz y el catedrático de Medicina, ex rector de la Universidad e de Santiago de Compostela, exsena dor, y uno de los mayores cosecheros de cereal del muni cipio 435 , Francisco Romero Blanco. La vinculación de estas personas con Ángel Pérez Morales a través de la figura del testigo de boda permite entrever la importante función que este individuo jugará para la red, pues llevará el protagonismo po lítico de la mi sma en los mom entos finales de la Restauración noiesa y parte del Directorio. Esta afirmación se sostiene no solo por la vinculación a través del parentesco con el grupo, sino por el d esarrollo de una serie de actividades en conjunto con otros miembros de la red que, incluso, ll egarán a cambiar su etiqueta política varias veces e n pocos años. Así, su ocupación política comienza en 1913, cuando es elegido concejal por un partido tildado por la prensa como “ coalición republicano-conservadora” 436 . Si bien esta nomenclatura no resulta r eveladora más a llá del plano simbólico y discursivo, es cierto qu e esconde un pacto documentado entre élites local es que, como se explicará en el apartado dedicado al grupo gasset ista, transformará la composición de las redes muni cipale s. De esta forma, los conce jale s nombrados como “republi cano-conservadores” s erán el citado Ángel Pérez Morales, los miembros de l a r ed –r elacionados directamente con los Cadarso- José Martelo y Arturo Ga rcía, y el representante en la p olítica muni cipal de una im portante familia gassetista que realizará –en su conjunto- un clar o ejercicio de tr ansfuguismo, Arturo Pérez Neu. En este momento, Ángel Pérez Morales llevaba dos años ejerciendo como abogado y acababa de d ebutar en la Audiencia T err itorial de Coruña 437 , en un a carrera que comenzó en el juzgado municipal de Noia al en fre ntarse al ab ogado defensor Benito Fraga G arcía 438 , una de las cab ezas d e la pirámide clientelar gasseti sta, actividad con un fuerte contenido simbólico en el municipio. Su ficha prosopográfica muestra a un s persona c entrada en las actividades políticas que constituirá uno de los pilares de la red en esta materia , con un rápido ascenso y una marcada proyección públi ca. En esta línea, su carrera política dará un nuevo sal to en 1916 al ser elegido junto con los individuos vinculados al colectivo cadarsista Pedro Lóp ez Varela y Arturo García Rudiño 431 SOUTELO VÁZQUEZ (1996): p. 255 y 256. 432 MARTÍN JIMENEZ, I. (1999): “Ser maestro en la España del sigl o X IX” en Historia Social , nº 33, pp. 3-23, p. 16. 433 AMN, fondo Elecciones Municipales, Caixa 108: Elecciones de ju ntas administrativas parroquiales. 434 AH DSC, Serie: Libros Sacrame ntales, Noia -San Martiño (PO1565 3, Num. 22, 1881 -1920). 435 BAILLI-BAILIERE (1911): Anuario del comercio y de la industria , Pp. 2252. 436 El Correo de Galicia , 11/11/1913. 437 El Correo de Galicia , 22/02/1909. 438 Diario de Galicia , 29/08/1911. 128 social que fraguó algunas de las re laciones que vertebraban el clan a través de la figura de los testigos de boda. Cabe recordar qu e además de Arturo García, fu eron t estigos de este enlace Ped ro P ais Lapido, Guillermo Cadarso, Jesús María Rodríguez –padre de Alejandro Rodríguez Cadarso- o José Martelo – entre ot ros-, evidencia de la utilización del matrimonio como her ramienta de cohesión de l a red. Con todo, la perte nenc ia a la r ed establecida po r el parentesco se revestía con las actuaciones públicas d e estos individuos , encaminadas a la consecución de estrategias que buscaban la reproducción material del grupo. Es preciso destacar que los dos sujetos varones de la familia, José García Vidal y Arturo G arcía, estudiaro n la carrera predilecta de las élites del momento, Derecho, que, como se ha podido comprobar resulta casi exclusi va entre los miembros de la red. En el caso d e José García Vidal, consiguió alcanzar el grado de juez de p rimera instancia del partido judicial en 1912, cargo que ocupó durante un período efímero por constituir su labor, como se mostró anteriormente, un im portante foco de conflicto entre cliente las. En ese mismo año, el ju ego de destituciones y c eses qu e producía la llegad a de un nuevo grupo político al poder municip al –con el claro fin de obtener posiciones de g estión gara nt es de beneficios para la red- llevó a la separación del c argo del deposi tario muni cipal, también presidente de la Liga de Amigos, Luis Medina 468 . En c onsecuencia, José García Vidal, en su papel de juez de primera instancia, admitirá la demanda efectuada por el depositario en la que solicitaba reinte grarse e n el ca rgo, incrementando el conflicto pues, según la pre nsa gassetista 469 , no estaba cap acita do para int erceder e n el acuerdo municipal. Ante estos acontec imientos, los concejales conservadores del Ayuntamiento –entre ellos Segundo de Andrés o su propio hij o Arturo García- se pronunciarán públicamente para apoyar a José García Vidal 470 , pese a que no logran evitar su de stitución. Tras este hecho, las fue ntes no muestran –dura nte el período investigado- nuevas actuac ion es públicas de José García, pese a que su desaparición de las listas de contribuciones en 1914 resulta un c laro indicio de fallecimiento. 468 El Ec o de Santiago , 05/06/19 12. 469 Concretamente El Imparcial , periódico capitaneado por la propia fam ilia Gasset. El Imparcial , 22/05/1912. 470 Diario de Galicia , 25/05/1912. 129 Fig. 2.13. Contribucio nes co njuntas de José García Vidal y Arturo Garcí a Rudiño , padre e hijo respectivamente. Fuente: Elaboraci ón propia a partir de contribucio nes municipales ( AMN , Serie Impostos e Arbitrios: “Contribución territorial, rústica e pecuaria” (Libros de 1900 -1930). Tal y como se observa en la figura 2.13, las contribuciones de esta familia nuclear se muestran en consonancia con la tónica g eneral del resto de familias de la red. En primer lugar, destaca la importancia de las rentas industri ales sobre las rústicas, que, si bien en el caso de José García Vidal poseían cierto peso en el patrimonio fami liar, se reducirán a valores cercanos a su desaparic ión en las c ontribuciones de García Rudiño. Otro elemento que puede ser considerado común para con la mayor ía de los individ uos de la re d analizados es el aumento de las rentas industriales entre los años 1911 y 1912. Este hecho que se re pite con Alejandro Cadarso Rey (Fig. 2 .10); Pedro P érez Vill elgas (Fig.2. 8) y Francisco Pérez Hermo (Fig. 2.12) podría suponer el resultado de una política ec onómica común, pese a que no se puede d emostrar con las fuentes disponibl es. Queda des cartado que este repunte en las rentas se debiera a un aumento de los ti pos impositi v os municipales, debido a que para otros mi embros de la red como Jesús María Rodríguez (F ig. 2.5) la cantidad a satisfacer al fisco se mantuvo inmutable en este período. Por último, José García Vidal y Arturo G arc ía Ru diño mantendrán la dinámica característica para l as élites gallegas del momento 471 de retrasar la inclusi ón en las li stas contributivas del descendiente tras el fallecimiento del titular. La otra hij a de José Garc ía Vidal, María Garc ía Rudiño, también realizarí a una importante función para e l grupo al erigirse como la directora d el colegio ca tóli co de S anta Teresa 472 . Si los maestros municipales son considerados potencial es agentes sociales en beneficio de la s redes 473 , las posibi lidades aumenta n al referirnos a directore s de colegios, con la capacidad de mant ener un control sobre la línea argumental de los profesore s. Pese a esto, el hec ho de que se tratase de un c olegio privado y católico indica que, con bastante probabilidad –ya que nos encontramos ante un municip io que contaba con varios centros de instrucción pública-, el alumnado se compusiera de los hijos e hij as de élite s municipales que no necesitarían ser “influenciados” . 471 BAZ (2002): 65-66. 472 BAILLI-BAILIERE (1905): Anuario del comercio y de la industria , Pp. 2222-2224. 473 SOUTELO VÁZQUEZ (1996): 255 y 256. 0 50 100 150 200 1905 1908 1910 1911 1912 1913 1918 1919 1920 1921 1922 1923 pesetas Título del eje JOSÉ GARC ÍA VID AL (1905 -1913) Y ARTURO GARCÍ A RUDI ÑO (191 8- 1923) RÚSTICA INDUSTRIAL 130 Un aspecto que se evidencia como constante para la époc a y corroborado a lo la rgo del trabajo, residirá en el hecho de que el peso político de la familia recay era sobre el hijo varón, papel desempeñado en este caso por Arturo García Rudiño. Este individuo comienza su carrera políti ca en 19 03 como se cretario del comité liberal demo crático lo cal, adscrito a la ra ma monterista y, por lo tanto, c ontrario al grupo gassetista que ya e staba implantado en el municipio 474 . Lo cier to es que la vinculación de Garc ía Rudiño c on el m onterismo n o supone un hecho aislado dentro de la red cadarsista, ya que Fr ancisco Piñeiro Pérez – político santia gués que fue alcalde en 1909 vinculado a esta vertiente polí tica- se ría testigo de la boda de Alejandro Rodríguez Cadarso, a la vez que sueg ro de Alej andro Cadarso Caamaño. Este baile de etiquetas políticas entre miem bros de la red –e l que sería c oncejal conserva dor en los mom entos finales del período, José Escudero, también aparecía como vocal del citado comité liberal democ rático de Noia- supone un ejemplo má s de la ya citada ausencia d e una identidad política férrea, somet ida en todo momento a las estrategia s grupales de obtención d e puestos de g estión de recursos. Pese a e ll o, resulta evidente que el maurismo supuso un elemento aglutinador para los individuos de la red en los momentos finales del período, cuando se erigió como un mecanismo de respuesta seguro ante su “veto” a la representación en Cortes del distrito , proporcionando un sist ema de alianzas supramunicipales e stable y una identidad ideológica común. La c arrera política de Arturo García se centró en el á mbito municipal, accediendo al cargo de concejal en 1910 475 y pe rmaneciendo en el mismo hasta 1923. Entre los puestos de responsabilidad alcanzados destaca el de primer teniente de alcalde en 1912 476 o el de compromisario para la elección de sen adores en 1916 junto con otros individuos relacionados con la red como Pedro López Varela y Ánge l Pérez Morales. En esta línea, y como se ha podido comp robar a lo largo del trabajo, sus actuaciones públicas se basaron en tare as de a poyo a la línea política desarr ollada por el grupo conse rvador. De esta forma, fue uno de los actores principales de los conflict os entre clientela s acaecidos en 1912, donde fue suspendido como conc ejal y repuesto por la comisión provincial junto con Segundo de Andrés. Al igual que este último, estuvo apoyado por la Liga de Amigos –cabe recordar qu e su p residente, Luis Medina –el depositario cesado-, fue repuesto el padre de Arturo García, José Gar cía Vidal, lo que le costó el puesto de juez de instrucción. Tras estos acontecimientos, Arturo García se consolida rá como una d e las princ ipales figuras públicas de la red, ocup ando la presidencia de la citada Liga de Amigos entre 1914 y 1922. Por este motivo, durante los conflictos en torno al poder muni cipal acaecidos en 1920, Arturo García ya aparecía como una figura consolidada e n el grupo con un a ctivo papel en los actos públi cos dirigidos por la red, ya que acude con la nombrada com isión a Coruña para solicitar al gobe rnador c ivil que no procediera a la destitución del Consistorio conserva dor. Com o concejal de este, votará junto con el re sto del grupo c adarsista a favor de la destitución de Benito Víctor Fraga, acompa ñando a Ángel Pér ez y José Martelo en su abandono del salón plenario cuando el delegado del gobernador suspend e el Consistorio conserva dor. Su labor c ontinúa al erigirse junto con Ángel Pérez como un importante portavoz en la campaña electoral de Varela d e Li mia y posteriormente con Calvo Sotelo, a quien presentará en los mítines de Noia. Con todo lo expuesto, y al igual que el resto de la re d, ganará protagonismo durante la dictadura de Primo de Rivera, donde, como veremos, llega rá a ser di putado provincial y alcalde de Noia en 1930. 474 Ga ceta de Galicia , 02/12/1903. 475 AMN, fondo eleccións, Caixa 104, “Compromisarios para la elecc ión de senadores”. 476 Gaceta de Galicia , 04/01/1912. 131 3. LA RED GASSETIS TA EN LA NOIA DE LA RESTAURACIÓN. Como ya se ha introducido en la descripción realizada sobr e la red c adarsista, durante el pe ríodo de la R estaur ación noiesa se articular on otros grupos y organizaciones de estructura y acción similares que, en primera instancia, se mostraban como entidades comp etidoras por los recursos municipales. En este sentido, es posible agrupar a estas familias por sus alianzas políti cas – igual que se realizó en el caso de los Ca darso- y sus conexiones con las r edes existentes a nivel provincial y estat al, en lo que se pod ría bautizar c omo “red gassetista”. A pesar de que, como se verá, las premisas definitorias de las redes clientelare s t ambién se cumplen en este caso, sobre todo en lo relativo a la articulación en base al parentesco, el grupo gassetista mostrará una estruc tura menos homogénea que su principal competidora en tanto en cuanto se intuye la existencia de “pactos” no documentados entre familias, en susstitución a un único grupo cohesionado. Además, eleme ntos como la catalogación de los ac tores, el conocimiento de las redes, y el estudio de su modus operandi, ayud an a desterrar el mito de la c ompetición clientelar como “lucha en carnizada”. Estos individuos, pese a que se dispu taban el control de los recursos, coincidían en múltiples espacios de so ciabilidad, en ocasiones, c ompartían intereses, realizaban alianzas y las rompían, mostrando cierta conciencia de clas e. Así, la existencia constante de pactos, alian za s y competiciones dificulta la adscripción de familias concretas a uno de los grupos en liza, pes e a que el parentesco solía mostr arse como unidad infranqueable en la mayor parte de los casos. Cabe señalar que las realidades descritas se articulan en base al punto de partida de la propia investigación -1905-, ya que, en el caso de una retrospección temporal el juego de pactos y alianzas alterarían la composición de los grupos descritos. Teniendo en cuenta esto, y para realizar una correcta exposición, se anali zará n l os diferentes grupos domésticos y fa milias comenza ndo por aquella que permaneció en el grupo gassetista durante tod o el período, a la que se ha bautizado como “los Vidal Reino”, quienes obtuvi eron claras retribuciones a p artir de l a prevalencia política de la dinastía Ga sset, que se traducían en puestos de g estión garantes de beneficios clientelares. Una vez expuesta la composición y funcionami ento de este grupo, y, debido a su estrategi a de reproducción a través de la figura del testigo de boda, se desgranará su polí tica de alianza s para conoce r el alcance de esta red en ascenso bautizada como “gassetista”. 3.1. L OS V IDAL R EINO , UNA FAMILIA EN ASCENS O (1905-1923). 3.1.1. Venancio Vidal Reino. De la misma forma qu e se documentó en el estudio de la r ed cadarsista, la mayor parte de los indi viduos varones de este grupo estudiaron las carreras de Derecho y Medicina como mecanismo de acceso al control de la clientela y por ende, a importantes cotas de pod er en el ámbito municipal. Así oc urre con la primera familia a analizar, la de los llamados Vidal Reino, cuya posición social radica en las categorías p rofesionales d e sus individuos varones. Se evidenciarán como p ertenec ientes a una bu rguesía urban a que reside y realiza sus actividades en la villa de Noi a –a diferencia d e los Cadarso, cuyo patrimonio se situaba en entes poblacionales adsc ritos a parroquias como ocu rre con la Chaínza-. A l igual que la red competidora, y, algo característico de la ya m encionada idiosincrasia de la p ropiedad de la tierra 133 del lugar investigado, las pose siones de terreno cul tivable no c onstituirán una fuente importante de riqueza para estas fami lias. Tampoco ocurre esto con las posesiones industriales, sino que, como se adelantó, se componen de individuos cuyo patrimonio provie ne -gene ralmente- del desempeño de sus oficios. Figura. 3.1. Contribuciones de Venancio Vidal Reino. Fuente: Elaboraci ón propia a partir de contribuciones munici pales ( AMN , Serie Impostos e Arbitrios: “Contribución territorial, rústica e pecuaria” ( Libros de 1900-1930). El análisis de las contribuciones de Venancio Vidal -uno de los “patriarcas” de la familia- se muestra en línea con lo expuesto, ya que pre sentan un esca so peso de la propiedad rústica y unas c ifras de rentas industriales que se corresponden en todo momento a lo que pagaban otros individuos del municipio que desempeñaban pro fesiones rel acionadas con la abogacía. Esto último, junto con el hecho de qu e no aparece en los Anuarios como titular de ningún comercio o indus tria, permite afirmar que el pago de sus contribuciones se realizaba en base al desempeño de su profesión. Para este caso, no se cuenta con una genealogía familiar anterior a la segunda mitad del siglo XIX, por lo que no es posible rastrear el origen de estos indi viduos, pero las carac terísticas descritas apuntan en la dirección de que no debían ser familias con un elevado patrimonio y alto estatus prolongado en el tiempo. La ausencia en las contribucion es de estos individuos de importantes posesiones a grícolas o industriales así lo indican, mostrando, po r lo tanto, un escaso peso del factor hereditario. A su vez, las pol íticas de alianzas con otr as familias, el uso recurrente de la figura d el testigo de boda para am pliar la red, o la dependencia de equilibrios políticos exteriore s al municipio para mante ner el pr edominio políti co a puntan en e sta dirección. El germen de la familia –que no se muestra en la fig.3.1 debido a que su rastro en las fuentes desaparece en 1906- se e ncuentra en la figura de Andrés Vidal Núñez, pad re de Venancio Vidal 0 20 40 60 80 100 120 140 160 180 1908 1909 1910 1911 1912 1913 1915 1917 1919 1921 PESETAS AÑOS VENANCIO VID AL REINO RÚSTICA INDUSTRIAL 134 Reino y Luis Vidal R eino. Este individuo era notario eclesiástico 477 , escribano de a ctuaciones y S ecre tario de Gobierno del juzgado d e primera instancia de Noia 478 , posición profesional nada desdeñable a la hora d e obtener beneficios clien telares. Lo cierto es que el ámbito judicial resultará un a esfera de actuación predilecta para esta fam ilia que, sin duda, se traducirá en una importante fuente de capital social. De esta forma, la administrac ión judicial municipal poseía la competencia n ecesaria para inicia r el trámite de expedientes judiciales, y, aunque su resolución fuera competencia de instancias supe riores en ciertas casuísticas 479 , podían incoar causas contra autoridades competidoras por incumplimi ento de ordenanzas, faltas por orden público, contra la propiedad, litigios privados por arrendamiento –muy comunes en una superficie dond e abund aban este tipo de contratos -, préstamos, hipot ecas… 480 . Junto con esto, la perte nencia de jue ces, ac tuarios, abogados, p rocuradores o jurados populares a una re d concre ta permitía extender las funciones de protección del cliente –elementales en el descrito sistema de int erc ambio- al ámbito judicial, adulterando las causas en pro de los intereses del grupo 481 . De esta forma, y como se ha ido most rando a lo largo de la investigación , los juzgados serán uno de los espacios de actuación por exc elencia de la po lí tica de re des. Un desacierto común en muchos trabajos que tratan de exp licar e l fenómeno clientelar radica en la consideración del sistema judicial como un e nte subordinado de la política municipal – concre tamente al Ayunt amiento- en lugar de complementario. Estas persp ec tivas r esiden en el hecho de valorar las instituciones de gobierno como único espacio de acción del llamado “caciquismo”, que no se obse rva desde la ópti ca de las redes sino desde el pode r personal de un individuo –o, en todo c aso, un r educido grupo -. A diferencia de esto, esta investigación demuestra que los ámbitos de actuación de la red superan con cr eces la idea de la dependencia de insti tuciones administrativas, pudiendo una misma familia contro lar una p arte d el Ayuntamiento, una parte del juzgado, oficios relacionados con la administ ra ción marítima, la Medicina, etc. Esto mismo ocurre con esta fa milia, donde uno de sus “pa triarcas”, Venancio Vidal R eino, permanecerá dur ante tod o el período inv estigado relativ o a l a Restauración desempeñando el cargo de re gistrador de la propiedad de Noia. Este cargo público no era ocupado por funcionarios como tal, pero poseía una estricta re gulación que limitaba su extensión a un registro por municipio, constituyendo el titul ar de este la persona que guarda el testimonio de la propiedad en el término municipal. Esta funcion alidad supone por definición un elemento de poder en tanto en cuanto se maneja un a importante información sobr e las casuísticas de la propiedad municipal, ya que conocen de primera mano las posesiones de los individuos a la p ar que tienen constancia so bre los traspasos, repartos de bienes o herenc ias, representando el principal testimonio de estas operaciones. Dado que no se equipará con el personal funcionarial, la perc epción de honorarios proviene de las tasas y ara nceles estipulados por su trabajo, que genera lmente constituyen un porcentaje del valor de la propiedad en cuestión. Si n duda, estas retribuciones pudieron se r utilizadas en el proceso de intercam bio clientelar realizando un juego de fluctuaciones de tasas dependiendo del cliente, pero más allá de eso, se tradujeron en el hecho de que existieran múltiples propiedades rura l es sin registrar, lo que aumentaba, si cabe, el poder d e los registradores so bre ciertos in dividuos. Una de las capacidades de los registradores en el intercambio clientela r era la de ejercer la fun ción de protección de sus 477 El Correo de Galicia , 09/01/1906. 478 Boletín Oficial del Arzobispado de Santiago , 30 / 11/1905. 479 GARRIDO COUCEIRO (et allí) (1997): 418. 480 MORENO LUZÓN (2013): 23. 481 EGEA (2015): 165. 135 clientes ante los embargos iniciados por hacienda, llegando a llevar a cabo l o considerado como una “actitud obstruccionista” en los procedimientos de apremio 482 , que se podía traducir en cuestiones como el retraso o la paraliza ción deliberada del pro ceso. Tod o ello lleva a qu e la figura del r egistrador de la propiedad sea considerada por autores como Moreno Luzón como un eleme nto social generalmente vinculado a las redes clientelares 483 , ya que aparecen en algunos trabajos ligados a grupos d e pod er concretos 484 e incluso acusados de l desempeño de práctica s fraudulentas me diante e l uso de la información 485 . Con todo, Venancio Vidal Reino será un claro ejemplo de que el desempeño de las funciones clientelares no tenía por qué estar sujeto a las instituciones de gobierno. Como se verá post eriormente , la a dministración políti ca supone un esp ac io donde la red gassetista se co nsolida a travé s de diversos individuos, pero todos a ctúan por e l fin superior de re producción del grupo, por lo que el hecho de que sujetos como Venanc io Vidal desa rrollen su labor en puestos de g estión –por ejemplo- administrativos –a p riori- ajenos al A yuntamiento no se traduce en que el desempeño de sus func iones fu era subalterno pa ra el grupo. Así, Venancio Vidal será uno de los “patriarcas” de la r ed, un claro elemento políti co alejado de las instituciones que ya en 1880 dirigía junto c on Jesús Rodríguez Váz quez el periódico muni cipal El Zumbido 486 . De hecho, la prensa lo señala en 1911 como “director” de uno de los bandos políticos que compiten en las elecc iones muni cipales, en el que su hermano Luis Vidal, su yerno Benito Fraga y el pro curador que le asistía en el registro , Genaro Blanco , poseían un papel preminente: “El registrador de la propie dad de Noya, D. Venancio Vidal, se dirige a nosotros para rectificar algunas apreciaciones publicadas en una corre spondencia de aque lla v illa. N i ega el Sr. Vidal que él sea el d irector de uno de los bandos en lucha electoral. Afirma qu e hay elementos ministeriale s de mucho influjo en l a localidad que trabajan por elegir conce jales idóneos; pero que no necesitan para nada de su jefatura . Reconoce que el alca lde D. Benito V. Fraga, el médi co D. Luís Vidal Reino; el procurador D. Genaro Blanco, y algunas otras p ersonas de c alidad, gestionan en pro de una candidatura al parecer co n buen éx ito” 487 . Pese a que la pr ensa lo considerara un “director pol ítico”, Vidal Reino no desempeñó ningún cargo du rante el período investigado en las administraciones loc ales y p rovinciales, ejemplo de que, en un sistema de re des como el expue sto, el perfil político del individuo no depe nde exclusivamente d e su pa pel en las instituciones. Es por ello por lo que Vena ncio tomará partido en algunos de los conflictos entre redes ocurridos durante este período en el municipio, que en apariencia se encontraban li gados al desempeño de la política formal, como sucede con el cese del depositar io municipal Luis Medina. Como ya s e trató en puntos anteriore s, junt o con el depuesto cargo de depositario, Medina, er a también presidente de la Liga de Amigos de Noia y estaba estrechamente vinculado con la red cadarsista. Por su parte, Vidal Reino, como miembro p reminente de la red competidora, se rá el individuo encargado 482 GARCÍA ORAYO (2009): 60. 483 MORENO LUZÓN (1995): 200. 484 RODRÍGUEZ ACEVEDO (2009): 77. 485 MILLARES CANTERO (2008): 141. 486 SANTOS GAYOSO (1990): 602. 487 El Noroeste , 08/11/1911. 136 de activar e l proceso judicial que conlleva rá la destitución del juez José Ga rcía Vidal, padre del conce j al conse rvador, Arturo García Rudiño 488 . Con todo, Venancio Vidal realizó actividades co njuntas con otros miembros de la red como orga nizar en 1912 junto con su hermano el médico municipal Luis Vida l y el procura dor Genaro Blanco el II Congreso Penitenciario Español . Sin duda, la participación en este evento aumentó los contactos del grupo con la élite provincial, ya que en el mism o comité organizador coincidieron personajes com o el futuro ministro republicano Leandro Pita Romero -muy importante en la esfera política municipal de la II República-, el abog ado -y posterior diputado- Benito Blanco-Rajoy Espada, diversos juece s de partidos provinciales y miembros de la aristocracia como el conde de Cabarrús o el marqués de San Martín 489 . N o obstante, las relac iones p rovinciales de la red g assetista noiesa dependerán de su adscripción a la estructura política liderada por la propia f amilia Gasset y, por ende, de su marco de alianzas y estrategias. El mismo Vena ncio será considerado de forma simból ica por la estructura gassetista como un individuo influyente en el municipio, ya que forma pa rte de la cabecera de la mesa en el banquete de 80 comensales que recibió al nuevo diputado a C ortes por Noia, designado por los Ga sset, Joaquín Chapaprieta. En la mi sma cabecera se encontraba el propio Cha paprie ta, los diputados provinciales por el distrito de Noia-Muros José Otero Bárcena y José Pérez Neu, el sena dor Eduardo G asset y Chinc hilla y el alc alde cadarsista Pedro López Vare la, cuya presencia -al igual que la del ya refe rido Ángel Pérez Morales entre el re sto de las comensales- se debía a un pacto entre las redes municipales 490 . Lo c ierto es que la confluencia de redes competidora s e n espacios públi cos de sociabilidad de élites fu e muy común durante estos años. Las explic ac ion es a es tos hechos siguen tres cauces complementarios entre sí, siendo el primero la existencia de un pacto municipal entre grupos competidores para los año s 1916 y 1920. Resulta difícil confirmar esta hipótesis a través de la prensa debido a que la pre sentación de datos e lectorales e n raras ocasiones muestr a l as di námicas propias de la elección, por lo qu e, a f alta de otras fuentes de gran utilidad pa ra el estudio de estas peculiaridades como pued e se r la corresponde ncia, se debe proc eder al recurso de las actas de constituc ión de los Consistorios e ntrantes. En este sentido, para la constitución del Ayuntamiento acaecida en 1916 -tras las elecc iones municipales parciales de noviembre de 1915-, s e intuye el pacto entr e redes al citar el artículo 29 como mecanismo d e elección de los con cejale s entra ntes 491 . Ade más, una v e z identificados a los actores y su adscripción a una u otra red -ya que las actas no refieren su color político-, se observa una dinámica de “cremallera” en el reparto de p uestos de gestión municipal. De esta forma, mientras que el alc alde designado er a el ca darsist a Pedro López Varela, el primer tenient e de alcalde sería Genaro Blanco Ro o, indi viduo estrecha mente vinculado con la red gassetista como se verá a continuación. El segundo teniente de alcalde sería el y a citado Jos é Martelo Domenech, vinculado con los Cadarso de forma política y familiar -por s er testigo de la boda de Guillermo Cada rso - y el tercero, F élix García Caamaño, se alineaba políticamente con los Gasset, mientras que el cuarto, Rafael Pérez Especht, hacía lo propio con los conservadores locales. Las votaciones para la composición del pleno municipal también dan cuenta d el intuido pacto entre redes, y a que para todos los cargos c itados mostraron un resultado de 16 votos a favor y 1 en blanco. Así, los movimientos q ue se dan en la constitución del Ayuntamiento de 1918 - posteriores a la elección de noviembre de 1917- resultan similares a los descritos. En las 488 El Eco de Santiago , 05/01/1912. 489 El Noroeste , 21/06/1914. 490 La Voz de Galicia , 29/09/1917. 491 Acta de constitución del Ayuntam iento de Noia del 01/01/1916 en AMN, Libros de ac tas de sesións do pleno: 1792 - 19 89 . 137 actas vuelve a aparecer citado el artículo 29 492 y se r epite la “cremallera” en l os cargos. El alcalde elegido era Arturo Pérez Neu, miembro de una familia adscrita a los Gasset hasta 1912 y posteriormente a los Cadarso. Pese a todo, este individuo no llega a ocupar el cargo ni un solo día, ejerc iendo de alcalde accidental el primer teniente de alcalde Genaro Blanco Ro o. Como segundo teniente de alcalde se designó a José Martelo, como ter ce ro al gassetista Manuel Hermoso Canillas y como cuarto al recientemente mencionad o Rafael P ére z Especht. La existencia de un pacto explicaría cuestion es como la presencia de destacado s cadarsista s como P edro López Vare la o Ánge l Pérez Morales en el banquete de recibimiento a Chapaprieta, pero este hecho también pu ede obtener respuesta si se tiene en cuenta la proliferación de un a cierta cultura del respeto ha cia individuos que ostenta ban cargos políticos superiores, englobado de ntro de la llamada cortesía instuticonal. En la cabecera de la mesa del citado banqu ete se encontraba un diputado a Cortes, dos diputados provinciale s y un senador, lo que merecería el reconocimiento de individuo s adsc ritos a redes competidoras, y, clar o está, del propio alcalde del municipio. Esta idea de la cortesía institucional hacia las estructuras jerárquicas d entro del juego polí tico puede explicar acontec imientos encontrados en las fuentes, que, si bien se adscriben a l período en el que se sitúa el pacto, suponen gestos simbólicos que raramente entrarían en ningún acuerdo. De esta fo rma, el referido Venanc io Vidal coincidirá con individuos como Jesús Rodríguez Vázquez -padre d e los R odríguez Cadarso- o Ma nuel Liñares Nimo - conserva dor y testigo de la boda d e Blas Agra Cada rso- en la suscrip ción pública p ara reg alar la insignia de Carlos III al entonces ministro de Fomento Rafae l Gasset y Chinchilla 493 . El tercer f actor explicativo sobre el patrón d e comportamiento público conjunto de individuos originalmente adscritos a redes competidoras reside en la prop ia organización social de las élites. Como se aludió en párrafos anteriores, se corresponden con sujetos de una misma clase social , que en muchas ocasiones compartirán int ereses, espacios de sociabilidad y una participación en rituales social es y religiosos comunes definidos por la religión. S i bien los espacios de sociabilidad po dían ll ega r a diferenciarse mediante la duplicidad de e stos, como podía ser la c reación de un “ Liceo de recreación” que aunara a las élites que no acudieran al ca sino, o la proliferación de varios cafés, cier tos rituales religiosos como los funerales, la Semana Santa, la Navidad o las fiestas patronales tenían la capacidad de apartar las disputas para c onvertirse en a uténticos “lugares c omunes” par a las élites. Este será un el emento diferenciador de la competición entre r edes con el concepto de lucha de clases, ya que, dentro de esta idea, los individuos adscritos a clases so ciales inferiores tendrían vetados estos espacios de confluencia entre élites , dándose la constante de que, en el caso de existir participación popular, e sta siempre se daría en un segundo plano . Durante el período investi gado resalta como ejemplo de esto el funeral del catedrático de Medicina d e la Universidade de Santiago de Compostela y uno de los principales propietarios cerealistas del municipio, Francisco Romero Blanco. Dura nte las exe quias recogieron las cintas del difunto Alejandro Cadarso Caamaño, el hermano de Venancio Vidal, Luís Vidal Reino, el cadarsista Manuel Mariño Neu y Claudio Agust ín Rivas. En este caso concreto, son médicos del municipio pertenec ientes a redes competidoras quienes confluyen en el hom enaje a un colega de profesión 494 , pe ro la unidad se extiende al plano de la prensa, donde todos l os diarios apa rc an sus diferencias polí ticas para dar c rónica d el entierro -como solía suc eder en estos casos-. En línea con lo expuesto, la presidenc ia del 492 Acta de constitución del Ayuntam iento d e N oia del 01/01/1918 en AMN, Libros de actas de sesións do pleno: 1792 -1989. 493 La Voz de Galicia , 22/06/1916. 494 El Correo de Galicia , 23/11/1918. 144 Con todo, y gr acias a la in terce sión d e ministerio, Tribunal Supremo, y Audiencia Territorial, la red cadarsista perderá dos puestos de gestión municipal nada desdeñable s como el ju zga do de primera inst anc ia y el depositario municipal. En lo que respecta a la mayoría conserva dora del Ayuntamiento, se producirá a su vez el cese 524 de dos de los concejales cadarsistas , Segundo de Andrés y Arturo García Rudiño. De nuevo la batalla se libró en instancia s superiores, ya qu e los d iputados monteristas y c onserva dore s de la C omisión Provincial votaron a favor d e la reposición de estos concejales 525 , pero el gob ernador civil no la hizo efec tiva, por lo que el propio Benito Víctor Fra ga los expulsó del pleno municipal al que acudieron c omo repuestos 526 . En las siguientes elecc iones municipales parc iales efec tuadas en noviembre de 1913, y todavía en el puesto de alcalde, Benito Víctor Fraga tratará de renovar sin éxito su acta de concejal presentándose por el primer distrito 527 . Curiosamente, el individuo que le ganará la elec ción fue Arturo Pérez Neu, miembro de una importante familia gassetista d el municipio que tan solo dos años antes se h abía aliado con l a r ed competidora. De esta forma, en enero de 1914 es nombrado alcalde po r Real Orden un individuo adscrito a la misma familia que B enito V., el ayudante de su suegro, Genaro Blanco Roo, en una sesi ón plenaria constitutiva que, de nuevo con mayoría gassetista, le otorga por unanimidad un voto de gracia ya como exalca lde 528 . No obstante, a su salida del Consistorio, Benito V. F raga c ontinuó su c arrera política en el municipio a travé s de dos vertientes concretas. La primera de ellas se basó en la participación, junto con otros miembros de la r ed, de los distintos sufragios de compromisarios noieses para la elección de senadores, que fu eron copados por el grupo gassetista en 1914 529 -donde fue elegido junto con el médico Luis Vidal Reino (hermano de su suegro) y Severo Gonzá lez Botana ( alca lde gas setista que dimite tras los levantamientos de 1910)- y 1918 530 -compartiendo puesto con Félix Garc ía Caamaño y Manuel Hermoso Canillas-. A través de l cargo de compromisario, los individuos de la red llevaban a cabo una importante labor de sustento hac ia un gassetismo provincial que en tantas otras ocasiones había intercedido por ell os, complet ando así una relación de reciprocidad en la qu e ambas partes se beneficiaban. R esulta complejo en este p unto afirmar una supuest a similitud entre la relación de las redes provinciales con las locales, y el propio intercambio clientelar desarrolla do por los grupos descritos -generalmente-, a nivel loc al. En ese supuesto se estaría admitiendo la existencia de un apa rato clientelar jerárquico con cabeza en Madrid, que controlaría a su antojo los distritos, pero las investigaciones demuestran en todo momento qu e se trataría de una estructura clientelar local p articular qu e al canza pac tos e int ercambia favore s a nivel supramun icipal. En todo ca so, los indicios no muestran de ntro de la relación de las redes locales con las provinciales el principal factor necesario para que exista sumisión clientelar, que sería la desigualdad en e l propio interc ambio. Sea como fuere, la inter cesión de individuos adsc ritos a re des municipales a fav or de estructuras provinciales o estatales mediante la figura d el c ompromisario para la elección de senadores supone un elemento caracter ístico de múltiple s investigaciones sobre clientelismo 531 . Si bien, la mayoría de estos 524 Como se expuso anteriormente, los motivos de este cese son contradictorios. En algunas noticias figura que fueron ellos mismos los que solicitaron dejar el cargo ( El Corre o de Galicia , 27/01/1912), mientras que en otras se cita qu e fueron cesados por el alcalde ( El Eco de Santiago , 27/07/1912). 525 El Eco de Santiago , 27/07/1912. 526 Sesión ordinaria del 18 de julio de 1912, e n AMN, Libros de actas de se sións do pleno: 1792 -1989. 527 La Voz de Galicia , 14/11/1913. 528 Ayuntamiento de Noia: sesión constitutiva del 1/01/1914, en AMN, Libros de actas de sesións do pleno: 1792 -1989. 529 AMN, fondo eleccións, Caixa 104, “Compromisarios para la elección de senadores”. 530 Ibid. 531 VARELA ORTEGA (2001): 189; MORENO LUZÓN, J. (2000): “El pleito d e los montes: caciquism o e industria en la sierra del ducado” en Historia Social , nº 36, pp. 57-75, p.68; MARTÍNEZ GÓMEZ, P. (2006): L a Dictadura de Primo de 145 no llegan a diferenciar los grupos locales de los supra locales, todo indica que existía un intercambio fluido entre ambas esferas. Junto con lo expuesto, Be nito Fraga centró su carrera políti ca local en el d esarrollo de la función de sec retar io del Ayuntamiento, cargo de un gra n valor para la r ed que repre sentaba. Su figura ayuda a desmentir la idea genera lizada en muc hos estudios del secre t ario municipal com o “hombre de paj a” 532 del al calde, que sería el v erda dero “cacique”, ya que, al servicio de una mi sma re d, esta persona fue primero alcalde y des pués secre tario, en un período además en el que el alcalde -Genaro Blanco- era un indivi duo adscrito a su familia -ayudante d e su suegro, quien a su vez fue testigo de su boda-. De nuevo, se demuestra la idea de un común de personas emparentadas y sin una jerarquía clara entre sí, sirviendo a una misma c ausa: la reproducción material de una familia o u n grupo de ellas. Además, a la vez que Benito Fraga como sec retar io y Genaro Blanco como alcalde pertenecían a la misma red familiar, no entraba n en e l incumplimiento de la ley, que impedía ser secretarios a f amiliares directos de l a alcaldía 533 . Los motivos de e ste v eto cabe buscarlos en la im portancia que la figura del secretario municipal poseía como fuente de poder social de los municipios 534 , con lo que se trataba de aseg urar una indep endenc i a sobre grupo s políticos y redes familiares que e n raras ocasiones se efectuaba . En primer lugar, porque los secre t arios municipales eran nombrados por los ayuntamientos a través de un conc urso con bases est ablec idas por el propio consistorio 535 , pero, sobre todo, por el hecho de que las r ede s buscara n indi viduos afines que pusieran a su ser vicio las funciones de este cargo. De esta forma, entr e las capacidades del secretario destacaba el control de la información relativa a la políti ca municipal, “toda la administración pasaba por sus manos” 536 ya que e ra el encar gado de redactar las actas municipales, preparar los expedientes para las comisiones, transmitir las re soluciones y acuerdos d el Ayuntamiento y extender las certificaciones del cuerpo municipal 537 . Junto con esto, la secretaría municipal participaba en la co nfección de los amillaramientos y repartos 538 -que pos eía un interés significativo para las élites - y actuaba como secre tario personal del alcalde 539 . Además, podía retribuir con beneficios políticos a la red en tanto en cuanto actuaba también como secretario de la Junt a Municipal del Censo, desarrolla ndo un papel preminente en la confe cc ión de las listas electora les que en tantas ocasiones constituyen un objeto de liza entre clientelas enfrentadas 540 . Sus funcione s aumentaban si se encontraban en municipios cuyo contingente poblacional no fuera el suficiente como pa ra contratar a un arc hivero y a un contador -los cua les e ran la mayoría 541 - pues asumía estas funciones . Es por esto por lo que, como se adelantó, los secretarios de Ayuntamiento se relacionan como una figura vinculada al poder de redes clientelares en Rivera en Almería (1923-1930). Nuevas leyes para un nuevo régime n. Almería: Tesis Doctoral (edición electrónica, disponible en: https://books.google.es/books?id=36bgCwAAQBAJ &printsec=frontcov er&hl=es& source=gbs _ge_summary_r&cad=0#v=on epage&q&f=false ), p. 27. 532 MORENO LUZÓN (2013): 8. 533 MÁRQUEZ CRUZ (1997): 118. 534 VEIGA (1997): 357. 535 MORENO LUZÓN (2013): 22. 536 Ibid… 22. 537 TOSCAS, E. (2002): “Entre profesionales y burócra tas. Los secretarios municipales en la Es paña del Siglo XIX” en Scripta Nova , Ejemplar dedicado al IV Coloquio intetrnaci o nal de G eocrítica,, Vol VI, nº 119, 2002, p. IV. 538 Ibid. 539 MARQUEZ CRUZ (1997): 118. 540 MORENO LUZÓN (2013): 22. 541 TOSCAS (2002): IV. 146 múltiples estudios sobre ca ciquismo, llegando el mismo Joaquín Costa a de finirlos como las “armas” del caciquismo a las que ha bría que dotar de “independencia e ilustración” 542 . Esta asunción d e la figura del s ec retario como un inst rumento al servicio de determinada s redes era algo que en la Noia de la Restaura ción resultaba “vox populi” en lo relativo a la persona de Benito Víc tor F raga. Como se ha mencionado, desde antes de asum ir el cargo d e secretario, Benito pertenecía a la poli tizada familia de los Vid al Reino a través del matrimonio con la hija de Venancio Vidal, a la vez que había ejerci do como alcalde vinculado a la política gassetista, por lo que su indepe ndencia estaba, como mínimo, en tela de juicio. Así se evidencia en las ac tas municipales del Consistorio, donde no es difícil encontrar denuncias de los concejales cadarsistas sobre la supuesta mala praxis del secre t ario: “El concejal Sr. López Varela d enuncia a la alc aldía que con oc asión de ll egar a las oficinas municipa les a hacer presentación de u na instancia que suscribe con Sr. R amón García Malvar, José Escudero López y o tros sobre rec l amac iones electorales, el secretario Benito Víctor Fraga García le ha negado e l expedirle recibo de entregar la misma. Esto obligó a los prese ntantes de reclamar la interv enc ión de un notario, y que c uan do el mismo comparec ió en dic has oficinas, dicho s ecretario, ha notificado lo manifestado antes diciendo que n o le negara el expedir dicho documento. P or este hecho y por la forma poco cortés que el rec lamante dice haber empleado c on él y c on los demás firmantes, aquel funcionario interesa se le corrija debidamente” 543 . Con todo, cua ndo tras las elecciones municipales de 1920 la red cad arsista controle el Consistorio, establecerá como una de sus primeras medidas la sustitución de indi viduos de la red g assetista de los puestos de gestión municipales, con el claro obj etivo de utilizar los resortes institucionales p ara la reproducción de s u s condiciones materiales. En este sentido, Benito Víctor Fra ga será el primero en ser separado de su cargo en la sesión ordinaria del pleno municipal del cinco de abril de 1920, que será la prime ra realizada tras la constitución del Consistorio cada rsista y en la que se tratarán los asuntos más urgentes para la nueva corporación: la reestructuración de las comisiones permanentes y e l cese de l sec retario de su cargo 544 . Votarán a favor de esta decisión destacados cadarsistas como Guillermo Cadarso Caamaño, Pedro López Varela, Ramón Mariño Neu, José Martelo, José Escudero, Áng el Pérez Morales, Ramón García M alvar o Arturo García Rudiño, bajo las protestas de los individuos gassetistas que aludían a que B enito Víctor Fraga “era de su confianza” 545 . Inmediatamente después de esta resolución se ac tivarán los resortes del gassetismo provincial con el fin de reponer a la red en los pue stos de gestión municipal de los que habían sido desplazados. De esta forma, junto con la ya conocida intercesión del Ministerio de la Gobernación en la inhabili tación del Consistorio cadarsista y el nombr amiento de uno 542 COSTA (2012): 61. 543 Acta de la sesión supletoria del 3 de marzo de 1920, en AMN: libr os de actas das sesión do pleno, 1792-1989. 544 Acta de la sesión ordinaria del 5 de abril de 1920, en AMN, Libros de actas de sesións do pleno: 1792 -1989. 545 Ibid. 147 interino, se pro dujo la revocación po r parte d el g obernador civil del acuerdo que suspendía al secretario 546 , castigando, además, a los concejales que votar on a favor de la medida: “Se acordó satisfacer con cargo a c apítulo de imprevistos el importe de los sueldos devengados por el secretario D. Benito V íctor Fraga García a partir del día cinco de abril en que fue ilegalmente destituido hasta el que se reintegró al cargo por haber sido verifica do en él por el señor gobernador civil de la provincia y declarar responsables de tal suma a los señores con cejale s que adoptaron el acuerdo de destitución sin causa alguna 547 ”. Repuesto en su cargo, Benito Víctor Fraga continuó su se rvicio a la re d ga ssetista ha sta e l golpe de Primo de Rivera, qu e trae consigo la sustit ución del personal municipal. Pocos meses después de este hecho proliferará en la audiencia territo rial de A Coruña 548 una denuncia por falsedad, infidelidad en la custodia de documentos y cohecho contra el propio Benito, el abogado noiés y concejal del Consistorio Ramón Vie ites Castro, el también secre t ario de Porto do Son José F ernández Usal, y el secretar io de la Diputación Provincial M anuel Viturro Posse, para los qu e se pedía auto de procesamiento, prisión sin fianza, y el pago de 100.000 pes etas por las responsabilidades pecuniarias del proceso 549 . Esta causa judi cial supone la prueb a definitiva de la vincul ación de Benito Víctor con las redes del gassetismo provincial, y a que, desde que en 1908 el rep rese ntante de la familia en la provincia, Ramón Tojo, pasara a militar en las filas conservadoras del Marqués de Figueroa, será Manuel Viturro Posse quien dirija la red gassetista provincial 550 . No se han encontrado dat os más allá de e ste sumario que relacionen a Viturro con la red gassetista local, pero, sin duda, r esulta importante e l hecho de qu e este individuo, definido por José Antonio Durán como “gran cacique provincial, secretario de la Diputación, importante p ropietario rianxeiro, don de tendrá dir ec tamente a más de propiedades una carretera cu asi particular y una quinta de señor ío poderoso” había sido alcalde de Noia entre 1891 y 1893 551 . De su período como alcalde destaca, como hecho c urioso, el haber protagonizado una agresión física c ontra su rival p olítico, Pedro Pais Lapido, a quien, según la prensa, propinó un bastonazo e n una calle de Santiago causándole heridas leves 552 . 3.1.4. Luis Vidal Reino: el papel de un médico. La capacidad de los Vid al Reino para reproducir sus condicione s materi ales a través d el intercambio clientelar durante el período de la Restaurac ión se aumenta ba por las actividade s del he rmano de Venanc io Vidal, Luis Vidal Reino. Com pletando el binomio de las profesiones predilectas p ara la élite del momento -por la capacidad de est as para el acceso a amplias cotas dentro del poder local-, Luis Vidal estudió Medicina, desarrollando im portantes actividades relacionadas con la prof esión en el municipio. No s e tiene constancia de la fec ha en la que obtiene la ti tulación, p ero diversas fuentes apuntan que, durante el período investigado, a ctuó 546 El Compostelano , 25/06/1920. 547 Acta de constitución del Ayuntamiento del 11 de agosto de 1920, en AMN: libros de actas d as sesión do pleno, 1792- 1989. 548 El expediente relativo a este sumario no se encuentra e n el Arquivo do Reino de Galicia, por lo que la única información que se posee proviene de la prensa. 549 El Compostelano , 03/12/1923. 550 VARELA ORTEGA (2001): 361. 551 DURÁN (1972): 205. 552 El Regional: diario de Lugo , 29/07/1892. 148 como uno de los médicos municipale s de la villa de Noia 553 , lo que traería consigo importante s beneficios clientelares para la red. El propio ejercicio de la Medicina supone un instrumento de primer ord en a la ho ra d e establecer contratos clientelares, en tanto en cuanto, el paciente está depositando altos niveles de co nfianza -element o clave para la exist encia del intercambio desigual- en un médico que, podrá cobrar sus servicios a través de una fideli dad personal que supera las cantidades pe cuniarias estipuladas 554 . Este eleme nto se magnifica, si cabe, al hablar del medio rural, ya que la ausencia de una infraestructura s anitaria desarro llada -sobre todo en los lí mites cronológicos establecidos por esta investigación - aumentaba el pape l individual del profesional sanita rio en cuestión y “las relac iones de poder y formas de defe rencia que habitualmente c onfieren las decisiones sobre la salud de las pe rsonas” 555 . Ca be re cordar en este punto el rec orrido teórico realizado en el capítulo correspondiente sobre las funciones de los médicos en las redes, un a cuestión que en el caso de Noia ll egó a sus citar las prot estas de un concejal primorriverista, quien escribía una carta al Consistorio afirmando que “hasta hace poco estos señores no eran má s que agentes electorales al servicio de los caciques” 556 . Con todo, la función que Luis Vidal ejercía para la red a la h ora de ampliar la cartera de clientes se veía complementada con el d esarrollo de ciertos cargos relacionados con su pro fesión que, sin duda, poseían la capacidad de aumentar el capital so cial de la r ed. El primero de ellos se documenta en 1913, durante la alcaldía del yerno de su herma no Benito Fraga , cuando es nombrado por el pleno muni cipal, junto con Eladio Agustín R iva, médico enc arga do de pra ctica r el reconoc imiento a los mozos que iban a ir al r eemplazo de ese año 557 . Según an aliza Fidel Luque en su tesis doctoral sobre el siste ma de quintas, la revisión médica de los individuos ll amados a filas resultaba el me canismo de fraude po r ex ce lencia utilizado por médic os y mili tare s para con sectores de la población que no podían abonar la redención. El fraude se e fectuaba genera lmente a tr avés de la manipulación d e los diagnósticos o actas, convirtiéndose en un favor que podía ser cobrado me diante la per cepc ión de ca ntidades económicas o como un instrumento de intercambio c lientelar 558 . Además de esta tare a, el Consi storio gassetista en carga ba servic ios constantemente a Luis Vidal, como el de ejercer de médico titular del municipio, votando en contra de abonar su sueldo concejales cadarsista s como Ar turo García o José Marte lo 559 , lo que evidenciaba la existenc ia de competencia entre redes también en el interior del salón de plenos municipal. Será en el año 1918 cuando de nuevo amplíe su cartera de funciones como médico , al ser nombrado -sustituyendo al cadarsista Jesú s R odríguez Váz quez - forense del partido judicial en m ayo 560 e inspector de sanidad marítima del dist rito en juni o 561 . C on estos nuev o s cargos g ana ba capacidad de intermediación con otras élites interesadas en la im portación y exportación de productos y la pesca, en un esp acio en el que dichas actividades product ivas co nstituían una importante fuente de r ecursos, ya que, como inspector sanitario marítimo tenía la jurisdicc ión sobre el puerto de Noia. Conocer el de sarrollo de fra udes específic os a través de las fuentes disponibles resulta una tar ea irrealiza ble e n primera instanc ia, pero elementos como su clara pertenencia a una red clientelar, las posibilidades de su profesión en este campo, y la relación con familias cuyo patrimonio dependía de la ac tividad portuaria y marítima, que 553 Así lo relaciona la prensa al citar su segundo matrimonio ( El Eco de Santiago , 02/08/1915). 554 VIDAL, D. (1993): “Le prix de la confiance, les renaissances du clientelisme” en Rev Terrain , nº 21, pp: 9-32, p. 28. 555 LANERO y FERRÁNDEZ (2018): 352. 556 Carta al pleno municipal del concejal Antonio Cascallar Tajes, pre sentada en la sesión extraordinaria del 15 de junio de 1924, en AMN-, libros de actas das sesións do pleno, 1789 -1989 . 557 Acta de la sesión plenaria del 20/02/1913 en en AMN, Libros de actas de sesións do pleno: 1792-1989. 558 MOLINA LUQUE, F. (2001): Q uintas y servicio militar: aspectos sociológicos y antropológicos de la conscripción (Lleida, 1870-1960) , Lleida: Servei de publicacións Universitat de Lleida, p. 45, 62, 69. 559 Acta de la sesión plenaria del 31/12/1914 en AMN, Libros de actas de sesións do pleno: 1792-1989. 560 El Ideal gallego , 04/05/1918. 561 El Correo Gallego , 18/06/1918. 149 precisaban una correc ta r esolución de las inspecciones -como se observa en e l caso de los Garc ía Caamaño, propietarios de una importante fábrica de conserva s -, suponen indi cios suficientes para afirmar que su posición laboral de inspector portuario no resultaba baladí para la r ed gassetista. Con todo, la figura de Luis Vidal se corresponde con la de un individuo que aunaba en su persona la capacidad de fraude directo en los reemplazos, en las inspecciones sanitarias, y el prestigio de un médico municipal que ll egó a ser condecorado con el ingr eso en la orden civil de beneficencia po r labores humanitarias du rante las epidemias d e gripe 562 . Es por esto po r lo que su valorada figura era utilizada por la red para la obtención de rédito político, presentándolo constantemente a las elecciones municipales pese a que no podía compatibilizar el ca rgo con una profe sión que no dejó de e jercer. Así ocurr e en 1911 cuando e s elegido junto con Generoso García y Genaro Blanco 563 concejal por el distrito primero, pert ene ciente a la vil la, y en 1913 cuando renueva el acta junto con Félix García Caa maño y Basilio Ferná ndez 564 . En ambos caso s se repite el proce dimient o de incapacitación por parte de la Comisión Provincial ha sta que Luis Vidal eligiese entre las la bores de médico o las de c once jal, como señala Franc isco Pérez Hermo en su reclamación contra la li sta de individuos que votaban los compromisarios para sen adore s: “Exige la ley que sean los individuos del concejo, y en la lista de vecinos a Don Luís Vidal R eino en el número de estos, cuando todaví a no es con cejal, porqu e la Comisión Provincial lo declar ó incompatible pa ra el cargo, por lo que no debe tenerse como tal en tanto no renuncia el de médico titular que eje rce ; y el mismo Ayuntamiento no lo considera en es e concepto, pues no ha sido convocado para las sesiones extraordinarias que hasta la fecha tuvieron lugar. ¿Cómo, entonces, hacerlo figurar en las listas? ¿Cómo tener en clase de concejal cuando no ha tomado posesión para saber si lo es? 565 ” Todo parece indica r qu e el papel que Luis Vidal ejercía p ara la red en materia de política ofic ial se basaba en el uso de su figura pública par a la obtención del acta de concejal, de la que no se desprenderían p ese a la incompatibilidad con los cargos d erivados del ejercicio de la Medicina, evitando así que la ocup ara un miembro de la red competidora. El me canismo consistía en postergar el propio Vidal Reino la decisión oficial (mediante la cual el acta volvería a ser disputable en una elecc ió n parcial de concejales) sobre si mantenía los cargos de médico o el de concejal, como denuncia en e l propio pleno municipal Arturo García Rudiño: “Por el señor concejal D. Arturo García Rudiño se interesa la inclusión como vacante extraordinaria, en la lista a quienes corresponde cesar a D. Luis Vidal Re ino, concejal electo por el pri mer distrito en noviembr e de 1913, fundándose en que no habiendo tomado posesión 562 La conocida como “G ripe Españo la” asoló el continente europeo entre los años 1918 y 1919 provoc ando un balance cercano a los 40 millones de víctima s. BELTRÁN MOYA J. L. ( 2009): “T he Spanish Lady”: La gripe española d e 1918 y 1919” en Andalucía en la Historia , n º 25, pp. 60 - 65, p. 65. 563 Generoso García y Ge naro Blanco con 216 votos y Luis Vidal con 217, indicio de que los tres perten ecían a la misma candidatura. Gaceta de Galicia , 14/11/1911. 564 El Correo de Galicia , 11/11/1913. 565 Carta al excelentísimo Ayuntamiento de Noya”, 20/01/1914, en AMN, fondo elec cións, Caixa 104, “Compromisarios para la elección de senadores. [Document text truncated for crawler view.]