El mundo galaico prerromano: Esbozo de síntesis histórica
Abstract
A modo de introducción, como esbozo de síntesis sobre la Cultura Galaica durante el primeir milenio antes de nuestra era, este breve ensayo intenta dar algunas respuestas a una serie de preguntas: ¿Había poblaciones célticas entre los galaicos? ¿Qué papel jugaba la guerra en estas comunidades? ¿Cómo fue la evolución de su configuración social durante la Edad del Hierro? Además, se apuntan algunas consideraciones sobre el papel de los elementos naturales en la religión de los galaicos y, en particular, sobre la importancia del auga en sus creencias, tema que vertebra el contido de este volumen.
Full text
Ladislao Castro Pérez y M. Eugenia Muñoz Fernández (eds.) MEMORIA DEL AGUA LA TRADICIÓN Y EL IMAGINARIO GALAICOS
MEMORIA DEL AGUA LA TRADICIÓN Y EL IMAGINARIO GALAICOS
Santiago de Compostela, 2021 © De la edición: Ladislao Castro Pérez y M. Eugenia Muñoz Fernández © De los artículos: sus autores Diseño de cubierta: Dixital 21, S. L. Imagen de portada: Recreación virtual del atrio y la portada de la antecámara de una sauna-santuario galaico. © Carlos Paz Sieiro Depósito legal: C 548-2021 ISBN: 978-84-123657-1-9 No se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio, sea éste electrónico, mecánico, por fotocopia, por grabación u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito del editor. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (Art. 270 y siguientes del Código Penal). Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra. Puede contactar con CEDRO a través de la web www.conlicencia.com o por teléfono en el 91 702 19 70 / 93 272 04 47. Andavira, en su deseo de mejorar sus publicaciones, agradecerá cualquier sugerencia que los lectores hagan al departamento editorial por correo electrónico: [email protected]. Impreso en España / Printed in Spain Impresión: Tórculo Comunicación Gráfica, S. A. Andavira Editora, S. L. Vía de Edison, 33-35 (Polígono del Tambre) 15890 Santiago de Compostela (A Coruña) www.andavira.com
7 ÍNDICE DE CONTENIDOS PRÓLOGO ................................................................................................................... 9 LA SIGNIFICACIÓN DEL MITEMA INDOEUROPEO DEL FUEGO EN EL AGUA ................. 13 M. EugEnia MuÑOZ FERnÁnDEZ y LaDisLaO CasTRO PÉREZ EL MUNDO GALAICO PRERROMANO: ESBOZO DE SÍNTESIS HISTÓRICA ..................... 53 FRanCisCO JaviER gOnZÁLEZ gaRCÍa NAVIA. LA GRAN DIOSA GALAICA ................................................................................ 87 ROsa BRaÑas SOBRE EL USO Y SIGNIFICADO DE LOS PRIMEROS SANTUARIOS TERMALES GALAICOS ................................................................................................................... 133 LaDisLaO CasTRO y PaCO BOLuDa ASPECTOS SIMBÓLICOS Y FUNCIONALES DE LAS SAUNAS GALAICAS: ESTRUCTURA, GEOMETRÍA Y PROPORCIÓN ............................................................... 221 ManuEL sanTOs-EsTÉvEZ CULTOS Y CREENCIAS EN TORNO A LAS AGUAS EN LA CULTURA TRADICIONAL GALLEGA .................................................................................................................... 245 FERnanDO aLOnsO ROMERO APORTACIONES ETNOLÓGICAS PARA EL ESTUDIO DE LA PESCA ARTESANAL Y DE LA TRAVESÍA FLUVIAL EN EL DUERO TRANSMONTANO: LOS RIOS CÔA, SABOR Y TUA 277 LOis LaDRa BIBLIOGRAFÍA ............................................................................................................ 301
53 EL MUNDO GALAICO PRERROMANO: ESBOZO DE SÍNTESIS HISTÓRICA Francisco Javier goNZÁlEZ gArCÍA Universidade de Santiago de Compostela franciscojavier[email protected] En memoria de mi padre Abstract As an introduction, as a synthesis outline about The Galaica Culture during the first millennium before our era, this brief essay attempts to give some answers to a number of questions (Were there Celtic populations among the Lay People? communities? What was the evolution of your social configuration during the Iron Age? In addition, some considerations are noted about the role of natural elements in the religion of the galactics and particularly the importance of water in their beliefs, a theme that underwrites the content of this volume. resumo A modo de introducción, como esbozo de síntesis sobre a Cultura Galaica durante o primeiro milenio antes da nosa era, este breve ensaio intenta dar algunhas respostas a unha serie de preguntas ¿Había poblacións célticas entre os galaicos? ¿Qué papel xogaba a guerra nestas comunidades? ¿Cómo foi a evolución da súa configuración social durante a Idade do Ferro? Además, se apuntan algunhas consideracións sobre o papel dos elementos naturais na relixión dos galaicos e particularmente a importancia da auga nas súas creencias, tema que vertebra o contido deste volumen.
El MUNDo gAlAICo PrErroMANo: ESBoZo DE SÍNTESIS hISTórICA 54 INTRODUCCIÓN En la actualidad, frente a lo que ocurría hace un par de décadas, disponemos de buenas síntesis arqueológicas sobre el mundo de la Edad del Hierro del cuadrante NO de la Península Ibérica. Las presentaciones divulgativas que ofrecían trabajos como los firmados por Calo1 o Vázquez Varela y García Quintela2, continuadas en obras posteriores como Peña Santos3, han sido reemplazadas por monografías de mayor alcance4. En este capítulo se realiza una presentación divulgativa de la investigación que, centrada en el estudio de las sociedades galaicas del primer milenio antes de nuestra era, he venido realizando durante los últimos diez años. A partir de los datos aportados por las fuentes literarias, epigráficas y arqueológicas, se desarrolla una síntesis histórica de algunas de las cuestiones básicas que nos pueden ayudar a comprender su configuración, recurriendo, para ello, a una imagen distinta a la propuesta por la mayoría de las síntesis más tradicionales y que, en líneas generales, resume a la perfección la siguiente cita: “En contraste cunha visión tradicional que aínda que de base académica acadou altos niveis de popularidade polo seu simplismo e pola súa condición gratificante, que fala a prol do carácter guerreiro da sociedade castrexa á vista das rechamantes estruturas defensivas dos seus poboados, os datos arqueolóxicos analizados do xeito máis aséptico e polo miúdo deixan ver unha organización social non demasiado complexa aínda que [ ] de certo que xerarquizada. A dispersión bastante afastada dos poboados que coñecemos para os tempos formativos do fenómeno non parece, cando menos e en principio, que supuxera de forma necesaria e automática unha excesiva competitividade polos recursos, por moi escasos que estes puideran ser. Se a isto sumamos as dimensións minúsculas destes primeiros poboados —de arredor dunha hectárea de espacio útil na súa inmensa maioría—, e a case que total ausencia de armas —nun senso estricto— no rexistro arqueolóxico castrexo, debemos concluir que falar sen máis argumentos de fortes tensións bélicas e dun compoñente guerreiro na base fundamental da sociedade castrexa —cando menos, insistimos, durante esta fase— non deixa de ser un bonito e atractivo exercicio literario por máis que se invoquen as peculiares e moi variadas características da guerra antigua. Frente a todo iso, a nosa visión, tirada das análises arqueolóxicas, é sen dúbida máis prosaica e menos atractiva, pero se cadra precisamente por iso máis próxima á dura realidade [ ]. Fálanos dunha sociedade campesiña relativamente xerarquizada, organizada en minúsculas comunidades —estruturadas pero non tanto—, prácticamente 1 CALO LOURIDO 1993. 2 VÁZQUEZ VARELA, GARCÍA QUINTELA 1998. 3 PEÑA SANTOS 2003. 4 Como, por ejemplo, GONZÁLEZ RUIBAL 2006-2007 o GONZÁLEZ GARCÍA coord. 2007.
Francisco Javier goNZÁlEZ gArCÍA 55 pechadas sobre si mesmas, e pouco menos que autárquicas, non lembra en certo modo este modelo o que foi a Galicia campesiña tradicional ata hai ben pouco?”5 La imagen que se nos presenta, por tanto, es la de pequeños grupos campesinos, poco o débilmente jerarquizados, autárquicos, sin relaciones con el exterior y, aparentemente, sin tensiones bélicas. A estas características hay que añadir, además, la negación de la presencia céltica en las sociedades galaicas de la Edad del Hierro, posicionamiento profundamente relacionado con el supuesto carácter pacífico de las comunidades galaicas. Pacifismo y anticeltismo son, en realidad, las dos caras de una misma moneda pues el carácter belicoso de estos grupos no se niega porque no existan indicios sino porque aceptarlo supone integrar el mundo castreño en modelos teóricos pancélticos6. La aproximación que aquí ofreceremos someterá a crítica algunos aspectos fundamentales de esta concepción. Para ello intentaremos dar respuesta a tres preguntas. La primera de ellas —¿había poblaciones célticas entre los galaicos?— pretende establecer, a través de una reflexión sobre el carácter étnico de dichas comunidades, hasta qué punto hubo presencia céltica en esta área y porqué ésta ha sido negada o minimizada por ciertos sectores de la investigación. La segunda y la tercera preguntas se relacionan con la configuración social de las sociedades del NO durante el último milenio antes de nuestra era, intentando precisar el papel que en ellas ha podido jugar la guerra —¿unas pacíficas sociedades de campesinos?— para, a continuación, a través de la tercera pregunta —¿un mundo ajeno al cambio?— profundizar en el carácter de las comunidades galaicas con la finalidad de esbozar una evolución general de su configuración social durante la Edad del Hierro. Por último, y atendiendo al hecho de que el presente capítulo introduce una obra colectiva sobre las relaciones entre las sociedades galaicas y el valor religioso del agua, se realizará una breve presentación de la documentación que nos permite conocer la religión o religiones de los galaicos y el significado que, en dicho ámbito, han podido desempeñar los elementos naturales. ¿HABÍA POBLACIONES CÉLTICAS ENTRE LOS GALAICOS?7 Los celtas son uno de los pueblos europeos a que se refieren, en sus escritos, los autores griegos y romanos. Las noticias griegas sobre los celtas se inician a fines 5 PEÑA SANTOS, 2003: 117-118 6 BELLO DIÉGUEZ, PEÑA SANTOS 1995: 164 7 La mayoría de los argumentos del presente apartado resumen lo expuesto en GONZÁLEZ GARCÍA 2007, 2011 y 2016; GONZÁLEZ GARCÍA, PARCERO OUBIÑA, 2007.
El MUNDo gAlAICo PrErroMANo: ESBoZo DE SÍNTESIS hISTórICA 56 del siglo VI a. C. y llegan hasta época helenística. En ellas se establecen las líneas generales de la imagen helena de los celtas como pueblos occidentales y belicosos que, con el paso del tiempo y gracias al influjo griego, pudieron llegar, en ocasiones, a estar en camino de salir de su situación de barbarie. Los romanos, en cambio, siempre los consideraron un pueblo hostil y salvaje, prototipo del bárbaro, junto con los germanos, y encarnación de la ferocidad, la irracionalidad y la negación de la civilización. A partir del siglo IV a. C., tras el ataque galo a Italia y el saqueo de Roma, e inicios del siglo III a. C., con la irrupción de los celtas en territorio griego y las conquistas romanas en Occidente, mejora la imagen del celta, tal y como se manifiesta en autores griegos como Polibio o Posidonio, cuyas descripciones, sin embargo, todavía abundan en tópicos sobre el carácter bárbaro de estos pueblos: ferocidad, incultura, monstruosidad y fuerza bruta, desprecio hacia cualquier forma de derecho, marginalidad geográfica, etc. Hasta su recuperación durante el Renacimiento, paralela al redescubrimiento de los textos clásicos, los celtas perdieron gran parte de su antiguo protagonismo. Durante la Edad Media se convirtieron en un pueblo más, entre los mencionados por los autores clásicos, que se introdujeron dentro del relato derivado del Génesis para dar cuenta del origen histórico de la raza humana. La búsqueda de antepasados prestigiosos para las distintas monarquías, ciudades o pueblos europeos que caracterizó al siglo XVI hizo que, en algunos países, como Escocia o Francia, comenzasen a aparecer obras en las que se presentaba a los celtas como antepasados de distintos pueblos europeos. Se iniciaron, así, las investigaciones célticas en la Europa Moderna que tuvieron su momento culminante en el siglo XVIII en Francia y, posteriormente, en Gran Bretaña. Este celtismo, una vez arraigado en ambos territorios durante esa centuria, llegó a convertirse en la explicación corriente del pasado y, desde allí, se difundió por otros países europeos, entre ellos España. El desarrollo en Alemania, durante el siglo XIX, de un método científico de estudio lingüístico (Lingüística comparada) puso fin a las fantasiosas elucubraciones lingüísticas anteriores y supuso un importante estímulo para los estudios célticos, al asimilar a los celtas de las fuentes antiguas con los hablantes de un grupo de lenguas europeas que, desde el siglo XVIII, se pasó a designar como celtas. Durante esta misma centuria, sobre todo en su primer tercio, se asistió también al desarrollo de una arqueología céltica “científica”. La actividad arqueológica desarrollada en numerosos yacimientos europeos sentó las bases del estudio arqueológico de la primera Edad del Hierro y de la construcción del concepto arqueológico de celta que pasó a vincularse con las culturales de Hallstatt y La Tène, denominaciones tomadas de los dos yacimientos que sirvieron para definirlas y que, con el tiempo,
Francisco Javier goNZÁlEZ gArCÍA 57 también dieron nombre a las dos fases, antigua (Hallstatt) y reciente (La Tène), en que se dividió la Edad del Hierro. Un último elemento que contribuyó a la construcción del concepto arqueológico clásico de celta fue la definición, también en el siglo XIX, del concepto de cultura material o grupo cultural. A partir de la consideración de que un conjunto de materiales arqueológicos prehistóricos se podía definir como una cultura identificable, a su vez, con un grupo étnico concreto, se pretendió reconstruir el pasado de dichos grupos, identificando, así, sus lugares de origen, migraciones, etc. Presupuesto que sirvió para dar origen al método histórico-cultural, modelo de interpretación arqueológica imperante durante la primera mitad del siglo XX. Gracias a este modelo se elaboraron hipótesis sobre la existencia de poblaciones celtas en Europa, se estableció su entrada y expansión por las distintas regiones europeas y se constituyó la definición arqueológica de los celtas como el pueblo portador de la cultura de La Tène. Tomó, así, su forma definitiva el concepto clásico de celta, a partir de los datos aportados por las fuentes antiguas, la lingüística y los materiales arqueológicos, según el cual los celtas eran aquellos pueblos, así denominados por los autores antiguos, identificados con los hablantes de las lenguas celtas antiguas y arqueológicamente caracterizados por una cultura material laténica. La aparición de los celtas en la historiografía gallega ya se produjo de forma muy marginal con anterioridad al siglo XIX como consecuencia directa de la recuperación, en el Renacimiento, de las noticias de las fuentes antiguas. Esta tradición sobre el pasado céltico de Galicia se conservó viva durante los siglos XVII y XVIII8. Sin embargo, estas primeras menciones gallegas a los celtas no fueron el detonante para la construcción del mito céltico decimonónico en Galicia, papel que correspondió a ese celtismo francés y británico que, iniciado ya en el siglo XVI, alcanzó gran auge y difusión por Europa a partir del XVIII e inicios del XIX. La idea de la celticidad galaica originaria fue propuesta por primera vez por Verea y Aguiar, en 1838, en el primer y único tomo publicado de su Historia de Galicia. Esta obra, ejemplo de la historiografía regional de carácter romántico, contribuyó a despertar una conciencia regional en la época en que se fraguaban las reivindicaciones que, desde 1840, caracterizaron al movimiento provincialista. A partir de aquí y hasta la publicación de las obras de Vicetto y Murguía, la historiografía gallega posterior simplemente se limitó a repetir los argumentos de Verea. 8 PEREIRA GONZÁLEZ 2014 ofrece un pormenorizado estudio de este primer celtismo galaico y de sus vinculaciones con los ámbitos europeo y peninsular.
El MUNDo gAlAICo PrErroMANo: ESBoZo DE SÍNTESIS hISTórICA 64 dado respuesta a otras cuestiones y, fundamentalmente, no ha explicado la presencia celta en el Noroeste peninsular. La arqueología, por sí sola, no puede responder a estas cuestiones. La identificación exclusiva celtas-cultura de La Tène es falsa, así nos lo indican los registros arqueológicos de áreas lingüísticamente célticas, como Irlanda, no totalmente idéntico al laténico clásico, o el mundo celtibérico que, junto con la lengua céltica antigua mejor documentada, ofrece una cultura material que nada tiene que ver con la cultura de La Tène. Las especiales características arqueológicas de estos dos ejemplos no implican, sin embargo, que se las tenga que dejar de considerar como áreas celtas. Estas diferencias desde el punto de vista arqueológico se superan si aceptamos que el proceso de celtización es un fenómeno “arqueológicamente polimorfo” que puede adoptar, desde el punto de vista de la cultural material, distintas manifestaciones que, en cada caso, son el resultado de las evoluciones históricas específicas de las diferentes poblaciones hablantes de lenguas célticas14. Desde esta perspectiva, el desarrollo de una interpretación céltica de la protohistoria de la Edad del Hierro del Noroeste peninsular no se puede limitar a trabajar exclusivamente con material arqueológico, sino que debe integrar, dentro de su explicación, materiales lingüísticos, epigráficos e históricos. Defender la presencia céltica en la protohistoria galaica no implica, sin embargo, considerar que su población haya estado compuesta de manera exclusiva por hablantes de lenguas celtas. En estas regiones también se documentan otras lenguas, como el lusitano. Las convivencias lingüísticas dentro de un mismo territorio son un hecho bastante frecuente en la protohistoria y la antigüedad y, así, este tipo de situaciones que se documentan en otras regiones europeas ocupadas, en la Edad del Hierro, por hablantes de distintas lenguas, como el área del Rin, donde convivieron celtas y germanos, con numerosos préstamos y lenguas que, por combinar elementos propios de ambos grupos lingüísticos, resultan de difícil clasificación si nos atenemos a las categorías lingüísticas modernas. Durante la Edad del Hierro, el NO peninsular pudo conocer una situación de este tipo15. Estas poblaciones de lengua céltica, quizás asentadas en el Noroeste peninsular desde Edad del Bronce, habrían constituido, junto con poblaciones hablantes de otras lenguas, como el lusitano, las distintas comunidades galaicas o, en términos de la hipótesis tradicional, habrían sido las responsables del proceso de sedentarización que arqueológicamente se ha denominado cultura castrexa y que hunde sus raíces en el mundo de la Edad del Bronce del Noroeste. 14 GONZÁLEZ GARCÍA, PARCERO OUBIÑA 2007: 543 15 Así parecen indicarlo algunos epígrafes latinos en cuyos textos se detecta presencia de léxico lusitano, céltico y latino; ver, a este respecto, GONZÁLEZ GARCÍA, LÓPEZ BARJA 2010 y BERNARDO STEMPEL, GARCÍA QUINTELA 2008: 269.
Francisco Javier goNZÁlEZ gArCÍA 65 ¿UNAS PACÍFICAS SOCIEDADES DE CAMPESINOS?16 La investigación arqueológica posterior a la Segunda Guerra Mundial asistió al desarrollo de una visión pacífica del pasado pre y protohistórico que consideraba que “con anterioridad a la civilización, la guerra fue rara, ritualizada, anormal y extraña a la psicología humana”17. Esta imagen de la guerra primitiva supuso una reinterpretación de todos aquellos indicios materiales de belicosidad que vieron mermada su clara funcionalidad bélica en beneficio de otras interpretaciones. Galicia no quedó al margen de este proceso y así, en las últimas décadas, se asistió al desarrollo de una interpretación de la cultura castreña galaica como una sociedad fundamentalmente pacífica. Esta interpretación lleva a aparejada la minusvaloración del carácter funcional de las armas que aparecen en el registro arqueológico o el desarrollo de hipótesis sobre el carácter no defensivo de las murallas, en las que prima su papel de símbolo comunitario de cara al exterior o indicador de la cohesión del grupo que habita el asentamiento. Esta pacificación, en el caso gallego, está estrechamente vinculada con la negación del componente céltico. Planteamiento erróneo en tanto que parece conceder a los celtas un monopolio sobre la belicosidad en la Edad del Hierro del que, en realidad, nunca disfrutaron, pues, tal y como sabemos, la guerra fue importante para todas las sociedades europeas del último milenio antes de Cristo, hayan sido célticas o no. Entre los argumentos esgrimidos para negar la importancia de la guerra en las sociedades galaicas se encuentra, precisamente, su descripción general como sociedades igualitarias, lo que permite negar la presencia de elites guerreras. Apelando a la homogeneidad del registro y a una, supuesta, ausencia casi total de armas y tumbas de guerreros, se niega el componente belicoso, cuando, en realidad, ninguno de estos argumentos es definitivo. La ausencia de tumbas de guerreros, similares a las de Europa central, no significa nada en el contexto arqueológico del NO peninsular que carece de registro funerario. La ausencia de armamento no es tan absoluta como se afirma y, además, esta escasez de armas conservadas se tiene que poner en relación con la ausencia de registro funerario pues, como es bien sabido, las armas, dentro del conjunto de Europa de la Edad del Hierro, suelen aparecen como parte importante del ajuar en las necrópolis, siendo muy poco habituales los hallazgos en asentamientos habitacionales, contexto en el que aparece la mayor parte del 16 Se resumen, en este apartado, los argumentos expuestos en GONZÁLEZ GARCÍA 2006 y 2007b. 17 KEELY 1996: 22.
El MUNDo gAlAICo PrErroMANo: ESBoZo DE SÍNTESIS hISTórICA 66 armamento descubierto en el sector galaico18. Esta escasez también puede ser debida al carácter del suelo gallego, poco apropiado para la conservación del metal, lo que explica que tampoco abunden los aperos metálicos de labranza de Edad del Hierro, ausencia que, sin embargo, no ha sembrado dudas con respecto al carácter agrícola de las sociedades galaicas. También se argumenta que algunas de estas piezas, como los puñales de antenas, no son auténticas armas sino armamento de parada que sirve para prestigiar a un individuo; para ello se alega su forma, poco adecuada, su pequeño tamaño, la escasa resistencia de su material o sus poco eficaces características técnicas. Ahora bien, ¿cómo puede aportar prestigio la posesión y porte de un arma si, en dicha sociedad, la guerra no es una actividad prestigiosa? Resulta muy dudoso que un objeto sin valor social pueda servir de elemento de prestigio. Además, y como se ha apuntado para otros contextos arqueológicos, los procesos de miniaturización de armamento, como el atestiguado en el pequeño tamaño de los puñales de antenas galaicos, nos hablaría, precisamente, de su carácter como objetos de estatus y de su valor como símbolo representativo de la actividad bélica19. La inadecuación del material, su escasa resistencia, para el desempeño de una función bélica tampoco es un argumento definitivo, ni supone per se una merma en el carácter belicoso de un pueblo. La guerra se hace con los materiales que se tienen a disposición, resultando muy poco importante y significativa la utilidad y funcionalidad que, para nosotros, puedan tener las armas utilizadas. La forma de hacer la guerra no es universal, cambia entre las culturas y en gran medida depende de diversas variables como la configuración social y la tecnología, de ahí que no parezca muy correcto aplicar criterios tecnológicos contemporáneos a formas bélicas de hace más de dos mil años. Además de algunas piezas de armamento ofensivo, como puñales o puntas de lanza, también contamos con armamento defensivo, como, por ejemplo, el conjunto de cinco cascos de bronce, encontrados en el S de Galicia y el N de Portugal, con guardanucas decorados con motivos geométricos similares a los de la cerámica indígena y que se interpretan como adaptaciones locales del tipo de casco conocido como Montefortino, muy común en el Mediterráneo central europeo y utilizado tanto por la infantería romana de época republicana como por las poblaciones célticas de Europa. Su interés radica en esas coincidencias entre su decoración y las de la cerámica indígena, lo que apunta a que quizás se trate de producciones locales. 18 Para una reciente visión general sobre el armamento aparecido en esta área ver GONZÁLEZ RUIBAL 2006200: 226-232 y 433-441. 19 GRAELLS i FABREGAT 2007 ofrece una buena aproximación al significado cultural de la miniaturización.
Francisco Javier goNZÁlEZ gArCÍA 67 Cronológicamente estas piezas se pueden situar en época anterior a Augusto, posiblemente la segunda mitad del siglo I a. C., es decir, dentro del arco cronológico de la conquista romana, lo que nos permite desechar que estemos ante piezas de factura indígena para abastecimiento del ejército romano y suponer que sus usuarios habrían sido galaicos, tal y como parece indicarlo el torso de guerrero, tocado con casco, del castro de Sanfíns20. Junto a estos datos arqueológicos, las fuentes antiguas también nos informan sobre el carácter belicoso de los pueblos prerromanos del NO. No obstante, la excesiva valoración del dato arqueológico llevó a negar estas noticias, recurriéndose al argumento de que las fuentes antiguas mienten y afirmándose que, con ellas, solo se pretende resaltar el valor de una conquista romana que tuvo que hacer frente a aguerridos enemigos. Cuando se contrastan estas informaciones con las obtenidas de otros indicios documentales no parece muy justificado, sin embargo, dudar de las noticas de los textos. Esto es lo que sucede, por ejemplo, con la descripción que Estrabón (III, 3, 6) ofrece del armamento de los lusitanos que en parte coincide con la panoplia representada en las estatuas de “guerreros castrexos”21. Estas descripciones de los autores antiguos, así como los restos de armamento recuperados por la arqueología, nos permiten reconstruir la panoplia de los galaicos que, en líneas generales, coincide con parte del armamento representado en las estatuas de guerreros: caetra (pequeño escudo circular), casco (posiblemente de tipo montefortino, como, los anteriormente mencionados), túnica (probablemente de lino, con o sin decoración) joyas (torques, collares rígidos, y viriae, brazaletes), cinturón y un par de lanzas. La principal variante dentro de dicha panoplia vendría dada por la presencia, en el registro, de cuchillos afalcatados o falcatas en el sector meridional y puñales de antenas en el septentrional22. Existe, por último, un dato que esta “interpretación pacifista” del mundo galaico suele despreciar: la utilización generalizada de galaicos en las unidades auxiliares del ejército romano. Este proceso de reclutamiento y formación de unidades auxiliares se desarrolló con posterioridad a la conquista de estas regiones por Roma y a su integración dentro de la administración romana, a partir del 19 a. C. Entre los tres conventos jurídicos de Gallaecia se reclutaron un total de 30 unidades auxiliares, 14 de ellas entre poblaciones de los conventos lucense y bracarense, sobre todo entre época Julio-Claudia y Flavia, que mayoritariamente fueron destinadas al Rin, Dalmacia y Panonia. 20 Acerca de este conjunto de cascos ver QUESADA SANZ 1997. 21 QUESADA 2003. 22 GONZÁLEZ RUIBAL 2006-2007: 435-440.
El MUNDo gAlAICo PrErroMANo: ESBoZo DE SÍNTESIS hISTórICA 68 Esta política de reclutamiento de unidades auxiliares se tuvo que ver favorecida por la tradicional belicosidad de estas poblaciones; con ella, además, también se buscaba desplazar hacia otras zonas del Imperio un considerable potencial de resistencia armada al poder romano. De este modo se procedió a la “domesticación del guerrero tribal”, convirtiéndolo en un soldado que practicaba una forma de guerra civilizada desde el punto de vista romano23. Así parece indicarlo Estrabón (III, 3, 8) al informar sobre cómo los habitantes del N y NO de la Península dejaron, tras las Guerras Cántabras, de saquear a los aliados de los romanos para pasar a hacer campañas militares bajo el mando de Roma: “Pero en la actualidad, como dije, todos [los habitantes del N de la Península] han dejado de hacer la guerra: pues César Augusto ha puesto fin a las actividades de los cántabros y sus vecinos, que todavía en la actualidad persistían en sus costumbres de bandidaje, y en lugar de saquear a los aliados de los romanos, los coniacos y los que habitan junto a las fuentes del Íber hacen ahora campaña bajo su mando, y Tiberio, que ha sucedido en el poder a aquel, ha situado en estas regiones un destacamento de tres legiones, según se lo había indicado César Augusto, y no solo los ha pacificado sino que incluso a algunos de ellos los ha hecho civilizados”24. La participación de los guerreros tribales del N y NO de la Península a las órdenes de Roma contribuyó, en gran medida, a su civilización, tal y como indica Vegecio para el conjunto de las unidades auxiliares (Epitoma rei militaris, II, 2, 5-8). Los guerreros tribales galaicos, para ser útiles al Imperio, debían recibir formación militar de tipo romano y acostumbrarse a las tácticas romanas; es decir, tenían que ser “domesticados”, civilizados, en su forma de pelear y concebir la guerra, del mismo modo en que también lo iban a ser, de hecho, lo estaban siendo, en el resto de sus costumbres y hábitos. La conquista del NO por Roma supuso, por tanto, la integración de estos territorios dentro de la órbita política y cultural romana y, para el ámbito de la guerra, el final de una forma de concebir y practicar lo bélico que, en estas regiones, como veremos, podemos hacer retroceder, a juzgar por los datos de que disponemos, al menos hasta la Edad del Bronce. Ahora procederemos a revisar y someter a crítica las interpretaciones que defienden la finalidad no defensiva de las murallas de los castros, argumento realmente sorprendente si nos atenemos al carácter fortificado del principal asentamiento galaico, el castro. La negación de la funcionalidad de las murallas pasa, con mucha frecuencia, por afirmar que éstas alcanzaron su forma más aparatosa y compleja bajo 23 GONZÁLEZ GARCÍA 2007b: 47-51. 24 Las traducciones de Estrabón siguen la versión castellana de F.J. Gómez Espelosín.
Francisco Javier goNZÁlEZ gArCÍA 69 Roma. Según esta hipótesis, su finalidad defensiva original se diluyó una vez alejado el peligro, tras la conquista romana, si bien se siguieron construyendo para prestigiar a sus moradores, conservando, de ese modo, una función simbólica. También actuarían, además, como delimitadoras del espacio habitacional, como medio de control del paso hacia el interior y como protección mágica del recinto, haciendo posible la individualización de los castros en el espacio, prestándoles condiciones de habitabilidad y acrecentando su apariencia física. La muralla, así pues, parece trascender su original intención defensiva, cumpliendo una función social, al dotar al grupo de una cohesión que neutraliza las tendencias disgregadoras, concediendo visibilidad a los poblados frente al exterior, definiendo el status de la comunidad y protegiéndola simbólicamente de un medio natural hostil y lleno de peligros, reales o imaginarios. La construcción de la más compleja arquitectura defensiva en la época de contacto con el mundo romano no merma carácter defensivo a las murallas de los castros que, como sabemos, ya se construían con anterioridad a este momento, desde la primera Edad del Hierro. Su mayor monumentalidad durante el contacto con Roma tampoco se presenta como un argumento muy sólido, pues los grandes circuitos defensivos de gran calidad constructiva son una manifestación más, entre otras, del proceso de aparición de grandes asentamientos (oppida) que se atestigua en el sector meridional del NO, proceso iniciado en el siglo II a. C. y que, en muchos casos, perduró hasta mediados del siglo I d. C. Su tardía cronología, junto con la aparición, en ellos, de materiales romanos llevó a considerarlos como fundaciones realizadas bajo influencia directa de Roma. No obstante existen indicios que apuntan a un proceso endógeno fuertemente influido, desde el siglo II a. C., por los contactos con Roma25. La funcionalidad de la muralla como protección comunitaria ante un medio natural exterior claramente hostil implica, de hecho, que se trata de un elemento cultural que, acotando el espacio de habitación del poblado, marca una frontera entre naturaleza y cultura. Este papel de la muralla como defensa simbólica no implica una reducción de su función como elemento defensivo frente a otras comunidades humanas. Las murallas, en tanto que elementos culturales, son susceptibles de distintos niveles significativos estrechamente interconectados cuya conexión permite, precisamente, llegar a comprender su significado. La muralla, en tanto que elemento construido que delimita el poblado, es el marcador espacial entre naturaleza y cultura. Establece la ruptura entre los espacios de la naturaleza, desde aquellos completamente salvajes o con apenas acción antrópica sobre ellos, y de la cultura, ejemplificada en el poblado, con sus viviendas 25 Para una valoración sobre el carácter y funcionalidad de las murallas ver PARCERO 2002: 188 ss. y GONZÁLEZ RUIBAL 2006-2007: 328-349.
El MUNDo gAlAICo PrErroMANo: ESBoZo DE SÍNTESIS hISTórICA 70 y construcciones, área de mayor acción humana sobre el medio natural. Las sociedades galaicas de la Edad del Hierro, fueron las primeras poblaciones plenamente sedentarias de estas regiones. En esta época, y como consecuencia de este proceso, se debió de desarrollar un nuevo tipo de paisaje social, mediante una compartimentación artificial del suelo que plasmaba una nueva relación espacial entre naturalezacultura que, ahora, adoptó una organización más estable y fácil de apreciar, para nosotros, que en épocas anteriores. En este momento el espacio de las comunidades galaicas pasó a organizarse en tres grandes áreas, caracterizadas por la gradación, de mayor a menor, de la acción antrópica ejercida sobre ellas: una ocupada por el asentamiento, otra por los terrenos de cultivo y un tercer espacio marginal, dominado por la naturaleza y dedicado al aprovechamiento de los recursos naturales, como la recolección y la caza26. En estas áreas más salvajes y con menos influencia humana tendrían lugar las actividades bélicas. Esto es, al menos, lo que parece deducirse del siguiente pasaje de Diodoro de Sicilia (V, 34, 6): “Una práctica singular se da entre los iberos, y sobre todo entre los lusitanos. Los más pobres de fortuna de entre los que llegan a la flor de la edad y se distinguen por su fortaleza física y su audacia, provistos de su valor y sus armas, se reúnen en las dificultosas regiones montañosas y, organizándose en bandas considerables, efectúan correrías por Iberia y acumulan riquezas gracias al pillaje; y practican sin cesar este bandidaje, llenos de altivez; y dado que usan un armamento ligero y son extremadamente agiles y rápidos, a los otros hombres les resulta muy difícil vencerlos”27. Proteger el poblado, espacio de plena cultura, de los peligros de la naturaleza implica, en conclusión, acotar, a través de la construcción de la muralla, de una acción cultural de carácter monumental, un espacio para la paz y la cultura en el que se desarrollan las actividades cotidianas, y pacíficas, que caracterizan el funcionamiento interno de cada comunidad. También supone, al mismo tiempo, separar dicho espacio de la más extrema naturaleza: el bosque, la montaña, refugio de bestias salvajes, lugar de desarrollo de la caza y la guerra. Monumentalizar el paisaje, acotar cultura y naturaleza mediante la construcción de una muralla, equivale, en última instancia, a establecer dos ámbitos espaciales distintos y segregados, de tal manera que al separarlos también se aísla la paz social interna de la comunidad del conflicto externo con otras comunidades. Las murallas, por tanto, son defensivas y lo son en toda la extensión de la palabra, defendiendo a la comunidad que se refugia dentro de 26 Tal y como parecen indicarlo los modelos hipotéticos de uso del espacio en época castreña delimitados por PARCERO (1995: 134-135). 27 Las traducciones de Diodoro de Sicilia siguen la versión castellana de Juan José Torres Esbarranch.
Francisco Javier goNZÁlEZ gArCÍA 71 ellas no solo del ataque de otras poblaciones sino también de cualquier otro posible ataque, incluso simbólico, como, por ejemplo, el del medio natural. Estas sociedades, por tanto, presentan suficientes indicios como para negar esa idílica imagen de grupos de pacíficos campesinos que defienden algunos sectores de la investigación. Constatada, por tanto, la actividad bélica entre los galaicos, ¿qué podemos saber sobre las formas de guerra que practicaban? Desde inicios del segundo milenio a. C., la introducción nuevas armas, como la espada o la lanza, testimonian en toda Europa la aparición de “aristocracias guerreras” que van a constituir sistemas de jefaturas en los que la guerra era una actividad frecuente y socialmente muy valorada28. Estamos, ante un proceso, típico de la Edad del Bronce, que podemos denominar como “la emergencia del héroe”29. El registro arqueológico gallego de Edad del Bronce parece atestiguar un proceso de este tipo. El puñal, arma emblemática del guerrero en el Bronce Inicial, comienza a ser sustituido, desde el Bronce Medio, por la espada, cuyos hallazgos se generalizan a partir del 1200 a. C., en el Bronce Final. Parece evidente, por tanto, que desde este momento se atestigua, en el NO peninsular, un cambio en la actividad bélica, tanto táctico como social, reflejado, precisamente, en esta sustitución en el armamento. La aparición conjunta, desde inicios de la Edad del Bronce, de armamento metálico y joyas nos está indicando, además, la presencia de una jerarquía social que se expresa mediante la posesión de ambos tipos de objetos: una sociedad dominada por guerreros cuyo predominio se plasma en la posesión y uso de armas y joyas, objetos solo al alcance de los combatientes de alto estatus y que nos da cuenta del desarrollo, en la Edad del Bronce, de una ideología masculina centrada en el engalanamiento y la exhibición pública del guerrero30. La posición de dominio de esta elite guerrera sobre el resto de la sociedad todavía se reforzó más a partir del Bronce Medio con la aparición de la espada. Los ejemplares aparecidos en el NO son productos de alto nivel y gran calidad técnica, a los que sólo podían acceder unos pocos individuos y que, dada la existencia de paralelos en las Islas Británicas, nos informan sobre el establecimiento de contactos, ya pacíficos o belicosos, con ámbitos ajenos a la Península. El incremento de este tipo de armas durante el Bronce Final pone de manifiesto, al igual que en otras zonas de la Europa atlántica, el desarrollo de la actividad bélica y los cambios en el modo de combatir, primando, ahora, la acción individual que alcanzará su máxima expresión con la aparición de la figura del campeón. 28 KRISTIANSEN 1999. 29 Siguiendo, así, la denominación acuñada por GUILAINE, ZAMMIT (2002: 211 ss.) 30 Para una presentación de dicha ideología véase TREHERNE 1995.
El MUNDo gAlAICo PrErroMANo: ESBoZo DE SÍNTESIS hISTórICA 72 La potenciación de la fortificación, paralela al proceso de sedentarización del NO peninsular a inicios de la Edad del Hierro, implica, ya, una considerable transformación del ámbito bélico. La fortificación y la construcción de murallas transmiten ahora una sensación de defensa por parte de las comunidades mucho más manifiesta y evidente que en la etapa anterior. En el paso del Bronce al Hierro se transforma, de nuevo, la práctica bélica, tanto en el NO peninsular como en Europa septentrional. La generalización de la lanza arrojadiza, la espada corta o el puñal, el escudo y los asentamientos fortificados parecen indicar un cambio en la táctica bélica vinculado con el desarrollo de una forma de guerra basada en el enfrentamiento entre grupos de combatientes. A partir de este momento debió de comenzar a cobrar importancia, como forma de combate, el raid armado, la incursión protagonizada por un pequeño grupo de combatientes31. En el caso concreto del área galaica, la transformación de la práctica bélica que se aprecia en este momento, estrechamente vinculada con la sedentarización y con el trabajo colectivo implícito en la construcción de los castros, evidencia la desaparición de elites guerreras e informa sobre el conjunto de la sociedad que habitaba dichos asentamientos. Este cambio en la organización social también nos ayuda a explicar la transformación del armamento, atestiguado tanto en Europa como en el NO peninsular: la desaparición de las espadas largas marca del fin del combate individual típico del gran guerrero o del campeón, mientras que el incremento del número de puñales indica una “democratización” y generalización de la práctica bélica. Estaríamos, por tanto, ante la proliferación de una forma de guerra comunitaria, colectiva que compromete a toda la comunidad y no solo a una elite de especialistas. La transformación social vivida por el NO, especialmente visible en su sector sur, a partir del tránsito de la primera a la segunda Edad del Hierro y sobre todo, avanzada ya esta fase, a partir del siglo II a. C. nos permite entrever la reaparición de individuos que gozaban de una posición de privilegio dentro de unas comunidades que, ahora, en las regiones galaicas meridionales, adoptan la configuración de grandes poblados con indicios de diferenciación social entre sus ocupantes. El principal argumento a favor del surgimiento de esta elite lo ofrece la aparición, en este mismo sector, de las estatuas de guerreros galaico-lusitanos, más que probable representación idealizada de esta elite social, grupo claramente guerrero que, en ellas, se presentaba como tal, tanto ante el resto de la población de su grupo como ante otras comunidades. Estas piezas, tanto por el contexto de su aparición como 31 Con relación a la guerra y sus transformaciones a fines del Bronce e inicios de la Edad del Hierro europea, ver OSGOOD 1998 y RANDSBORG 1999.
Francisco Javier goNZÁlEZ gArCÍA 73 por el armamento en ellas representado se datan entre mediados del siglo II a. C. y mediados del siglo I d. C.32 Por lo que respecta a la forma de hacer la guerra, las noticias de los autores antiguos documentan el mismo tipo de práctica que se deducía a partir del armamento: la razzia o expedición en busca de botín. Así lo indican, por ejemplo, Estrabón (III, 3, 6): “Así pues se dice que los lusitanos son hábiles en las emboscadas, propicios al espionaje, vivos, ligeros, ágiles en las maniobras; y que tienen un escudo pequeño de dos pies de diámetro, cóncavo por delante, sujeto con correas: pues no tiene empuñaduras ni asas; además llevan un puñal o un cuchillo; la mayoría lleva coraza de lino; en cambio son raros los que usan la cota de mallas y los cascos de tres penachos, los demás, cascos hechos de tendones; los infantes llevan también grebas, y cada uno de ellos numerosos venablos; algunos usan incluso lanza (las puntas son de bronce)”. Y Diodoro de Sicilia (V, 34, 5): “Entre los iberos, los más valerosos son los llamados lusitanos; en la guerra llevan unos escudos muy pequeños, hechos con nervios entrelazados y capaces de proteger el cuerpo de una manera extraordinaria gracias a su dureza; en las batallas moviendo estos escudos con facilidad a un lado y a otro, desvían hábilmente de su cuerpo cualquier proyectil lanzado contra ellos. Utilizan asimismo jabalinas con lengüeta, hechas completamente de hierro, y llevan yelmos y espadas semejantes a los de los celtiberos. Lanzan las jabalinas con puntería y a larga distancia y, en general, el golpe es violento. Al ser ágiles e ir con armas ligeras, tienen facilidad tanto para la huida como para la persecución, pero en la resistencia ante los peligros durante los combates son muy inferiores a los celtiberos”. El tipo de armamento que atestiguan las fuentes y la arqueología nos remite, por tanto, a la práctica de un combate cuerpo a cuerpo, sin formaciones cerradas. Un tipo de guerra a base de emboscadas, ataques por sorpresa e incursiones rápidas sobre el enemigo que se aprovechaba de la ligereza y agilidad que, según los autores antiguos caracterizaba a estos guerreros. Acciones típicas de pequeñas bandas, tipo raid o razzia, con las que se pretendía golpear al enemigo cogiéndolo desprevenido para, aprovechando el factor sorpresa, llevarse la mayor cantidad posible de botín. Se trata de una de las formas de combate más comunes de la guerra primitiva; un tipo de combate que ya había sido practicado en la Edad del Bronce europea y que, 32 QUESADA 2003: 104-105.
El MUNDo gAlAICo PrErroMANo: ESBoZo DE SÍNTESIS hISTórICA 80 de “zona tribal” con unas sociedades indígenas que, afectadas por la cercanía del poder romano, vivieron un recrudecimiento de la actividad bélica48. Se produjo, así, la recuperación de la organización en “sociedades con guerreros” que, en un primer momento, debieron configurarse como “sociedades heroicas”, organización que, con el tiempo, solo se con servó en el sector septentrional. La aparición de unidades políticas de mayor tamaño, manifestada a través del incremento de los indicios de relaciones entre castros próximos, puede explicar la transformación, en el sector galaico meridional, del “modelo social heroico” en “sociedades de casa”. Su mayor apertura al exterior puede explicar la aceleración de los procesos pacíficos de relación inter-grupal y la aparición de oppida. La mayor frecuencia y estabilidad, en estas áreas, de los contactos, primero con los navegantes mediterráneos (fenicios, púnicos y romanos) y posteriormente con el poder romano, pudo provocar un cambio en estas comunidades, cuyas elites guerreras, abandonando el enfrentamiento con los grupos vecinos, pasaron a potenciar la alianza y el intercambio como forma normal de relación. El antiguo ethos heroico, centrado en la acción guerrera, la captura del botín y el prestigio militar, se transformó, siendo sustituido por una nueva ética, más “elitista o aristocrática”, que parece manifestarse en la aparición, en los oppida, de “casas” vinculadas con esos nuevos grupos dirigentes que manifiestan, a través de la exposición de su riqueza en sus viviendas (decoración arquitectónica, mayor complejidad, mejor construcción, etc.), su situación de privilegio y predominio dentro de sus comunidades. La ausencia de contactos con Roma permite explicar, también, la pervivencia de “sociedades rurales profundas” durante la segunda Edad del Hierro. Este tipo de sociedad, cuyas características coinciden muy bien con el modelo de “sociedad guerrera primitiva” definido por Clastres, pervive en aquellas áreas más marginales, periféricas y montañosas, no afectadas por los contactos con el exterior que pusieron en movimiento los procesos de cambio que acabamos de describir. No podemos descartar, sin embargo, que esta configuración social haya podido ser, también, el resultado del refugio en áreas más pobres y peor comunicadas de los grupos humanos que, ante el desarrollo de esas transformaciones, optaron por convertirse en “sociedades contra el Estado”, negando la posibilidad de aparición de grupos de especialistas bélicos, su constitución en “sociedades con guerreros” y evitando, de ese modo, la división social. Como acabamos de ver, entre fines de la Edad del Bronce y a lo largo de la Edad del Hierro, las sociedades galaicas constituyeron un mundo sometido al cambio y a 48 Sobre dicha cuestión ver GONZÁLEZ GARCÍA 2011b.
Francisco Javier goNZÁlEZ gArCÍA 81 la transformación social, totalmente ajeno a esa imagen de inmovilidad defendida por la hipótesis explicativa tradicional. ¿UNA RELIGIÓN NATURALISTA E IDÓLATRA? Resulta obligatorio que, en una obra centrada en la importancia que ha podido tener el agua en la religiosidad de las poblaciones protohistóricas galaicas, se lleve a cabo, en un capítulo introductorio y de síntesis, una presentación, por breve que sea, de los conocimientos actuales sobre la religión o religiones galaicas. Las fuentes literarias grecorromanas nos ofrecen algunas noticias al respecto, si bien, como ocurre con frecuencia, sus informaciones no se limitan a los galaicos sino al conjunto de poblaciones septentrionales de la península, a los pueblos montañeses o a otros, como los lusitanos, geográficamente próximos a los galaicos. Entre estas noticias destaca, por ejemplo, Estrabón III, 3, 5 donde nos informa sobre determinados ritos sacrificiales y predictivos de los lusitanos: “Los lusitanos son aficionados a los sacrificios, y examinan las entrañas sin necesidad de extraerlas; también examinan además las venas del costado, y descubren los indicios mediante el tacto. Predicen también mediante la inspección de las entrañas de sus prisioneros cubriéndoles con sayos: luego cuando son golpeados por el arúspice por debajo de las entrañas, obtienen un primer presagio por la forma en que caen (amputan las manos de los prisioneros y consagran las diestras a los dioses)”. Acerca de los sacrificios que los montañeses realizan en honor de Ares y otras posibles prácticas rituales como los concursos agonales, los banquetes y danzas rituales (Estrabón III, 3, 7): “[Los habitantes de las montañas] Se alimentan sobre todo de carne de cabra y sacrifican a Ares un macho cabrío, prisioneros y caballos; y hacen también hecatombes de cada clase al modo griego (como dice también Píndaro “de todo sacrificam cien)”. […] Llevan también a cabo certámenes gimnásticos, hoplíticos e hípicos (con pugilato, carrera y escaramuza y combate en formación). […] Realizan sus banquetes sentados, con asientos construidos en derredor del muro y se sientan de acuerdo con la edad y el rango (los manjares circulan en ronda); y en el momento de la bebida danzan en coro al son de la flauta y la trompeta, pero también dando saltos y poniéndose en cuclillas”. O, incluso, sobre el supuesto ateísmo de los galaicos y el carácter de otras divinidades indígenas hispanas (Estrabón III, 4, 16):
El MUNDo gAlAICo PrErroMANo: ESBoZo DE SÍNTESIS hISTórICA 82 “Algunos afirman que los galaicos no tienen dioses y que los celtíberos y sus vecinos del norte hacen sacrificios a un dios sin nombre en las noches de luna llena delante de las puertas de las aldeas, y que con toda la familia danzan y permanecen en vela toda la noche”49. Lamentablemente, ninguna de estas fuentes literarias conserva, en su integridad, mitos o relatos que nos puedan ayudar a profundizar en estas creencias religiosas. Algunos pasajes de los autores clásicos recogen, no obstante, noticias que puedan estar dando cuenta de tradiciones míticas. A este respecto, y para el caso del NO, podemos hacer referencia a los pasajes de Plinio acerca de la preñez de las yeguas lusitanas por el viento Favonius (Historia Natural VIII, 166), Avieno sobre la invasión de serpientes en el país de los Oestrimnios (Ora Marítima 154-157), Tito Livio con respecto al río del Olvido (Periochae 55) o la noticia de Floro sobre el sol que se pone en el mar (I, 33, 12). Para el ámbito de Lusitania, y teniendo en cuenta la proximidad geográfica con el sector galaico y la existencia de posibles afinidades culturales y religiosas entre ambas áreas, contamos con una serie de textos epigráficos rupestres, formada por inscripciones en lengua indígena con uso de alfabeto latino y por textos mixtos o ambiguos de fuerte influjo latino. Al primer grupo pertenecerían las inscripciones de Cabeço das Fráguas (Guarda), Lamas de Moledo (Viseu), Arroyo de la Luz I-III (Cáceres)50 y Arronches (Portalegre)51, mientras que el segundo sería el caso del epígrafe de Freixo de Numão (Guarda). En todos ellos se conmemora o prescribe un ritual sacrificial cruento a divinidades locales o regionales. A modo de ejemplo podemos mencionar el epigrafe de Cabeço das Fráguas que hace mención a un tipo de sacrificio triple (oveja, cerdo y toro) que en la práctica sacrificial romana se conoce como suovetaurilia52. Existe, además, una serie de piezas, cuyos hallazgos se reparten por los territorios actuales de Galicia y Portugal, que se conocen como bronces sacrificiales. Se trata de pequeñas piezas de bronce, de formato alargado, datadas en la segunda Edad del Hierro (ss. IV-I a. C.) y caracterizadas por presentar representaciones de animales (oseznos, cabras, cerdos, jabalíes jabatos), seres humanos (algunos con torques, armados con espadas, llevando calderos, etc.) y diversos tipos de objetos (torques, hachas, calderos) que han permitido ponerlas en relación con contextos sacrificiales. 49 Acerca de este pasaje estraboniano, ver: SOPEÑA GENZOR, RAMÓN PALERM, 1994. 50 Para una presentación de cada una de ellas, ver PRÓSPER 2002: 41-87. 51 PRÓSPER, VILLAR 2009. 52 La traducción de dicho texto en versión de Tovar (1985: 244) es: “Una oveja para Trebopala y un cerdo para Laebo... una oveja de un año para Trebaruna y un toro semental para Reva”.
Francisco Javier goNZÁlEZ gArCÍA 83 Actualmente se conocen ocho piezas de este tipo procedentes de Celorico do Basto (Portugal), tres de procedencia desconocida, una de ellas perteneciente al Instituto Valencia de Don Juan y las otras dos al Museo Arqueológico Nacional, otra cuya procedencia se atribuye a Lalín (Pontevedra) depositada en el Museo de Pontevedra, la hallada en Cariño (A Coruña) y depositada en el Museo Arqueolóxico e Histórico de A Coruña53, el fragmento perteneciente al Museo Episcopal de Vic (Barcelona)54 y el ejemplar aparecido en Cervo (Lugo) en el yacimiento de Punta Atalaia en San Cibrao55. Todas ellas, por su temática, motivos representados y datación, guardan estrecha relación con el carro votivo de Costa Figueira (Paredes, Portugal), depositado en el Museu da Sociedade Martins Sarmento de Guimarâes (Portugal) 56. Esta pieza, datada entre los siglos IV-III a. C., representa un carro de dos ejes de dos ruedas cada uno, de las que solo se conserva un par, formado por una vara con dos yuntas de bueyes a cada extremo y 14 figuras: cuatro cocheros sobre los ejes de las ruedas, dos individuos, interpretados como sacerdotes, que acompañan a un animal, posible víctima de sacrificio, cuatro guerreros y cuatro mujeres, tres de ellas llevando una carga a la espalda. Por lo que respecta a los lugares de culto, posibles santuarios, en el NO peninsular se conoce una serie de lugares encuadrables, sin duda, dentro de esta categoría. En algunos, como sucede en Cabeço das Fraguas, la existencia de epigrafía rupestre lusitana nos informa sobre su pasado prerromano como lugar de culto, actividad arqueológicamente constatada, en dicho sitio, desde los siglos VIII-VII a. C. y que, con interrupciones, llega hasta el siglo I a. C., siendo continuada en época romana, como lo testimonian las aras latinas con epígrafes votivos dedicados a la divinidad indígena Laiippo/Laepo que, cronológicamente, perduran hasta los siglos II-III d. C.57 En la actual Galicia destaca o Facho de Donón (Cangas, Pontevedra), santuario dedicado a una divinidad indígena denominada como Deus Lar Berobreus en algunas de las inscripciones del gran conjunto epigráfico latino que permitió detectar la existencia de este espacio cultual. Este lugar, ocupado entre fines del siglo II d. C. y mediados del siglo IV d. C. por el santuario, fue un asentamiento poblacional con anterioridad, en la Edad del Bronce, entre los siglos IX-VIII a. C. y posteriormente, durante la segunda Edad del Hierro, un castro, entre el siglo IV a. C. y el cambio de era, siendo probable que ya hubiese tenido una utilidad ritual desde el siglo IV a. C., 53 Conjunto de piezas estudiado por ARMADA PITA, GARCÍA VUELTA 2003. 54 ARMADA, GARCÍA-VUELTA, GRAELLS I FABREGAT 2011-2012: 9-20. 55 CASTRO VIGO 2009 56 SILVA 2007: 262-263 y 653. 57 Con relación a dicho santuario ver los trabajos recogidos en SCHATTNER, CORREIA SANTOS (coords.) 2010.
El MUNDo gAlAICo PrErroMANo: ESBoZo DE SÍNTESIS hISTórICA 84 lo que situaría su origen como santuario en época prerromana58. Otro importante lugar de culto de época prerromana lo ofrece el santuario rupestre de Panoias (Vila Real, Portugal), emplazamiento cuyas principales manifestaciones cultuales se datan, sin embargo, en época romana, posiblemente entre los siglos II y III d. C., momento al que pertenecen la mayoría de las intervenciones realizadas sobre los grandes afloramientos rocosos que conforman el santuario: talla de escaleras, piscinas, pequeños lacus o los epígrafes, en latín y griego, que Cayo Calpurnio Rufino dedicó tanto a distintas divinidades, locales o foráneas, como los dioses Severos, Serapis o los dioses de los Lapitas59. En los últimos años se han localizado, además, varios yacimientos, vinculados con manifestaciones de arte rupestre (petroglifos), que han sido interpretados como posibles santuarios de Edad del Hierro. Este es el caso, entre otros, de los emplazamientos de A Ferradura (Amoeiro, Ourense), Pedra Fita (Adai, Lugo), As Canles (Campo Lameiro, Pontevedra) o Corme (Ponteceso, A Coruña)60. ¿Qué sabemos sobre las divinidades indígenas que pudieron recibir culto en algunos de estos santuarios? La epigrafía, fundamentalmente latina, nos permite conocer los nombres y epítetos de muchas de ellas, hecho que pone de manifiesto la falsedad y el carácter interesado de la noticia de Estrabón sobre el ateísmo de los galaicos. En la mayoría de las ocasiones se trata de divinidades locales conocidas por una única mención epigráfica; en otros casos conocemos teónimos masculinos y femeninos de carácter supralocal cuyas manifestaciones epigráficas aparecen dispersas por el sector occidental de la península, tal y como sucede, por ejemplo y por ceñirnos exclusivamente al área de Gallaecia, con los teónimos másculinos Bandua, Cosus, Reue, Cohue, Lugus, Aernus y Vacus o la divinidad femenina Nabia61. Por lo que respecta al posible aspecto de estas divinidades, contamos con una serie de estatuas y relieves que se han interpretado como representaciones divinas: Júpiter o Coso de Logosa (Negreira, A Coruña), Reve Larouco de Vilar de Perdizes (Montalegre, Portugal), Vestius Aloniecus de Lourizan (Pontevedra) o Nabia de Pena Furada (Coirós, A Coruña). Todas estas piezas se caracterizan por su tosquedad técnica y por el aspecto indígena, muy distante del canon y el gusto clásico, de los personajes representados62. Los escasos ejemplos de representaciones seguras de divinidades indígenas se caracterizan por su iconografía clásica, tal y como sucede con 58 VV. AA. 2005 ofrece una introducción a los distintos aspectos, epigráficos y arqueológicos, de O Facho. 59 Una presentación general sobre dicho santuario en RODRÍGUEZ COLMENERO 1999. 60 Sobre las características y configuración de estos santuarios ver: GARCÍA QUINTELA, SANTOS ESTÉVEZ 2008: 61-95. 61 OLIVARES PEDREÑO (2002: 67-109) ofrece una aproximación al carácter de dichas divinidades. 62 Respecto al carácter hipotético de la identificación de estas piezas con divinidades galaicas ver ALFAYÉ VILLA 2013.
Francisco Javier goNZÁlEZ gArCÍA 85 la Banduae Araugelensis representada, a modo de Fortuna, en la pátera de plata, con inscripción votiva a la diosa, del Museo Arqueológico de Badajoz63 o el personaje vestido a la romana y con una iconografía similar a la de Fortuna del relieve de A Fonte do Ídolo de Braga (Portugal) que se suele interpretar como la diosa Nabia o, en el mismo monumento, el busto en relieve, enmarcado por un edículo, de clara tradición romana, con remate en frontón, que se considera como la representación de la otra divinidad mencionada en los epígrafes del monumento: Tongoenabiago64. En líneas generales y en gran medida debido a la parquedad documental, los fenómenos religiosos de que dan cuenta muchos de estos textos y materiales arqueológicos se han interpretado como estrechamente relacionados con la naturaleza; de ahí que, durante muchos años, el estudio de la religiosidad galaica, al igual que el de otras poblaciones de la Hispania prerromana, se centrase en la determinación de cultos de tipo naturalista, animista o idolátrico; se explica, así, la presencia, en numerosas obras sobre las religiones prerromanas hispanas, de referencias a cultos a animales (ciervos, toros o serpientes), astros (el sol, la luna), o elementos del paisaje (montes, ríos)65. Esta interpretación naturalista fue, con el paso del tiempo, matizada y debidamente reubicada a través de estudios comparativos que, para el caso galaico, ponían en relación los datos de esta área con otros ámbitos protohistóricos o antiguos, entre ellos célticos, que permitieron matizar el carácter naturalista de estas formas de expresión religiosa. Así, por ejemplo, se redujo la sacralidad de algunos elementos naturales, como montes o ríos, y de las divinidades con ellos vinculadas, concluyendo que no se les adoraba por ser, en sí mismos, divinidades sino por tratarse de lugares sagrados o de entornos o fenómenos naturales que, por alguna característica propia, resultaban idóneos como lugares de manifestación de una divinidad66. El agua, eje central de la presente obra, desempeñó un papel muy importante dentro de este tipo de entornos naturales vinculados con fenómenos religiosos. Esta importancia explica que recientemente se hayan desarrollado hipótesis explicativas sobre las religiones galaicas y lusitanas que, fundamentándose en el hecho de que la etimología de algunos teónimos remite al elemento acuático, han vuelto a recuperar esa interpretación idolátrica y naturalista a que acabamos de hacer referencia; de tal modo que, por ejemplo, la traducción que se ofrece para el epígrafe rupestre de Cabeço das Fraguas es la siguiente: “Una oveja a la charca del poblado, y un cerdo 63 BLÁZQUEZ 1975: 44-45. 64 Sobre las características de la decoración escultórica de dicho monumento, ver RODRÍGUEZ COLMENERO 2012: 13 ss. 65 Un buen ejemplo de esta aproximación en BLÁZQUEZ 1975: 58-75, 119-120, 128-130, 131-134. 66 Para el caso concreto de las montañas y las aguas en el NO peninsular ver, respectivamente, PENAS TRUQUE 1986 y GARCÍA FERNÁNDEZ-ALBALAT, 1986.
El MUNDo gAlAICo PrErroMANo: ESBoZo DE SÍNTESIS hISTórICA 86 al pantano [?], una ( ) preñada a *Ekwona, diosa de las praderas, una oveja de un año al arroyo del poblado y un bóvido macho ( ) al río Tres […]”67 (PRÓSPER 2002: 56). Planteamiento que, por tanto, convierte a los teónimos en sus referentes reales naturales, los elementos acuáticos (charca, pantano, arroyo y río) que, en origen, sirvieron para dar nombre a las divinidades. Este punto de vista olvida que el pensamiento mítico-religioso se caracteriza por transformar a cualquier ser o fenómeno natural “real” en un personaje “metafísico”: “una criatura irreal pero símbolo de la existencia de un mundo “suprarreal”, poblado por todas las divinidades y espíritus, benéficos o maléficos, que componen el universo religioso”68. Reducir el significado de los seres del universo religioso a sus simples referentes naturales del mundo físico, como charcas, arroyos o pantanos, equiparándolos como una única y misma cosa, supone ignorar la profundidad de la reflexión mítico-religiosa y la complejidad de formas religiosas que, por su estrecha vinculación con la naturaleza, han sido etiquetadas como simples y primitivas. No obstante, aquí solo podemos esbozar los aspectos vinculados con la relación entre agua y religión dentro de la Edad del Hierro galaica, temática a la que, sin duda, se prestará atención en otros capítulos de la presente obra. CONCLUSIONES (MOMENTÁNEAS) Dentro de un campo de investigación tan abierto como el mundo galaico de Edad del Hierro resulta pretencioso dar por definitiva cualquier conclusión. No obstante, y para cerrar este capítulo, sí es cierto que, a la vista de lo expuesto en estas páginas, podemos concluir que, de momento, las sociedades galaicas se alejan mucho de la imagen tradicional que expusimos en nuestro apartado introductorio, motivo por el que no se puede dar por válida su configuración como simples y pacíficas sociedades agrícolas de carácter igualitario entregadas, en lo religioso, a simplistas y primitivos cultos y ritos naturalistas. A juzgar por los datos de que disponemos, el mundo galaico fue mucho más complejo y variado, abierto al cambio y a la transformación social, con la guerra desempeñando un importante papel en su configuración social y una religión que, basada en elementos naturales, debió de ser, sin embargo, mucho más profunda intelectualmente de lo que generalmente se ha pensado. 67 Recuperación ejemplificada, en concreto, en PRÓSPER 2002: 89-172. Para una crítica pormenorizada a este tipo de planteamiento ver GONZÁLEZ GARCÍA, GARCÍA QUINTELA 2005. Con respecto a la traducción del epígrafe de Cabeço das Fraguas: PRÓSPER 2020: 56. 68 GODELIER 2015: 137.