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El comercio marítimo de Galicia (1525-1640)

Juega Puig, Juan

Abstract

La presente tesis de doctorado, titulada El Comercio marítimo en Galicia, 1525-1640, ha sido dirigida por la profesora doctora María del Carmen Saavedra Vázquez del departamento de Historia Medieval y Moderna de la USC. El periodo escogido nos permite observar la repercusión en Galicia de una coyuntura alcista, que se extiende grosso modo entre 1480 y 1595, a la que sigue otra fase de estancamiento y quiebra a partir de 1625. El ámbito de estudio se centra principalmente en el territorio meridional conocido como Rías Baixas, puesto que sus puertos ejercen durante todo el siglo XVI el liderazgo comercial gallego. Este hecho tiene que ver en gran medida con la cercanía del reino portugués a puertos como Vigo, que actúa como centro redistribuidor de productos brasileños hacia Amberes, sacándole más partido al tráfico colonial incluso que los puertos autorizados para el comercio directo con la América Hispánica, A Coruña y Baiona. A lo largo del siglo XVI Galicia exporta productos agrarios y pesqueros, cuyos artículos estrella eran el vino y la sardina, e importa, fundamentalmente, manufacturas, materiales relacionados con la producción propia y cereal en los años de malas cosechas. En este contexto los puertos de las Rias Baixas adquieren su ventaja debido a dos factores: la abundancia de la pesca y el privilegio institucional. En este sentido hemos pretendido dar una explicación que vinculara el modelo productivo y comercial pesquero con el marco institucional del que depende y al que beneficia. La abundancia en las capturas de sardina fue posible gracias a la introducción de unas artes comunales de gran tamaño, los cercos, en la ría de Pontevedra en octubre de 1484 por Alonso García de Raxoo. Tras este primer contacto, los cercos son acogidos en todas las poblaciones costeras pertenecientes al señorío arzobispal: los mareantes de Vigo, Cangas do Morrazo, Pontevedra, Muros y Noia redactan ordenanzas de pesca, confirmadas por los arzobispos, en las que reservaban los tres meses otoñales para el manejo de los cercos, poniéndose de manifiesto la prioridad de los cercos sobre las restantes artes pesqueras, xeitos o traiñas. La primera ordenanza de pesca conocida es la de A Coruña, redactada en 1514 por el gremio y hospital de Santo André. Los mareantes pontevedreses de la cofradía do Corpo Santo redactan las suyas en 1523. No es difícil entender el razonamiento de los arzobispos de Santiago al apoyar estas medidas. El señorío compostelano encontró en las ordenanzas pesqueras un medio eficaz de recaudación fiscal y de control, y aún expansión, jurisdiccional. Siendo el cerco una actividad comunal, los lances se realizaban a la vista de todos, siendo posible conocer con exactitud matemática los quiñones o lotes que correspondían a los párrocos y arzobispos. Por otro lado, dada la vocación monopolística de las ordenanzas de los cercos, los titulares de la sede compostelana se harán con la jurisdicción de los enclaves portuarios de la orilla sur de la ría de Vigo, pertenecientes al obispado de Tui y fuente de permanentes conflictos entre ambas sedes eclesiásticas. En la ría de Muros – Noia los dos siglos de historia anteriores facilitaban el camino: toda la ría caía bajo la jurisdicción arzobispal. Estas ordenanzas tenían además un carácter asistencial y corporativo, derivado de la naturaleza comunal de su actividad. Por ello, las autoridades municipales estimularon asimismo furnir cercos y redactar ordenanzas que establecieran acoger a todo vecino que demandara un quiñón de red. En Muros, donde las compañías eran las más populares, antes de inaugurarse la campaña otoñal, en la misa dominical, el escribano municipal leía desde la tribuna la composición de cada cerco, y si alguien no estaba incluido, debía acudir a la casa del concejo a reclamar un hueco para su quiñón. El éxito comercial de villas como Pontevedra estaba, por tanto, vinculado a este arte de gran tamaño, pero también al abasto de sal, puesto que, la sardina embotada, podía navegar, como indican las cartas de fletamento, de San Sebastián a San Sebastián (Cádiz), la totalidad de la fachada atlántica. Las incursiones en el mercado mediterráneo, propias de siglos anteriores, son cada vez menos apetecibles debido a las dificultades para atravesar el Estrecho, debiendo permanecer los navíos inmovilizados muchos días, al peligro de encontrarse con los piratas argelinos y la escasa demanda en sus puertos de la mercancía de retorno. Por el contrario, los puertos situados en el arco atlántico andaluz ofrecían a la marinería y mercaderes gallegos una de las más valiosas cargas para el camino de vuelta, las tinajas de aceite de oliva, imprescindibles para la elaboración de los escabeches. El otro producto gallego que llena las bodegas de los navíos comerciales en Pontevedra son los blancos caldos del Ribeiro de Avia, que llegaban sobre mulos en pellejos, y eran volcados en botas para su embarque. La ruta preferida era el Cantábrico. Sus mercaderes, en especial los asturianos, acabarán controlando este comercio. Sin embargo, a pesar de la importancia de la demanda de la costa Cantábrica, el acicate fundamental de la producción del Ribeiro fue el avituallamiento de las armadas reales, que demandaban unas mil pipas en cada campaña; cantidad que era difícil de satisfacer por los cosecheros, lo que llevó a la intendencia militar a recurrir, en algún año puntual, al vino tinto de Monçao de las bodegas del norte de Portugal.

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E L CO ME RCI O M A RÍ TIM O DE G A LI CI A 1525 - 1640 JUAN JUEG A PUIG Facultad e de X eo graf ía e Historia Depar tamen to d e Hist oria M o dern a e Mediev al 1 INTRODU CCIÓN ........................................................................................... 3 EST A DO DE L A CUESTIÓN Y OBJE TIVOS DE LA INVESTIGACIÓN .. ... 18 1. EL COMERCIO G A LL EGO A TR A V ÉS DE LOS SEGUROS M A RÍTIMOS ...................................................................................... 27 1.1. COBERTURA DE RIESGOS Y MODALIDADES DE COMERCIO .... 28 1.2. EL COMERCIO OC AS IONAL .................................................... 30 1.3. EL COMERCIO PROF ESIONAL ............................................... 34 1.3.1. LAS PÓLIZAS D E SE GUROS ................................................ 42 1.3.2. LOS PRÉS TAMOS A LA GRUESA ........................................ 5 8 1.3.3. LA AVERÍA ............................................................................ 76 2. LA DEPENDENCI A D E LA S A L ...................................................... 8 5 2.1. EL ESTANCO D E LA S AL ......................................................... 9 0 2.2. LA CARRERA DE LA SAL ....................................................... 109 2.3. LAS SALINAS L OCALES ......................................................... 135 3. PEIXE MERCHANTE. EL COMERCIO DEL PESCADO ....... ....... .. 148 3.1. L OS CICLOS PESQUEROS Y LA S CAMPAÑAS EN TERRANOVA ........................................................................... 15 3 3.2. L AS ARTES DE PESCA. L OS CERCOS .. ....... ....... ...... ....... .... 178 4. COMER CIO Y PESCA EN LA RÍ A D E VIGO ................................. 190 4.1. CERCOS DE VERAN O E INVIERNO ...................................... 1 90 4.2. CAMPAÑAS DEL CO NGRIO ................................................... 219 4.3. L A COMERCIALIZACIÓN DE LA PESCA ........ ....... ....... ....... .. 225 5. COMERCIO Y PESC A EN LA RÍ A DE PONTEV EDRA ....... ....... ... 238 5.1. CERCOS Y T RINCADOS ........................................................ 238 5.2. LA COYUN TURA PES QUERA ................................................ 262 5.3. L A COMERCIALIZACIÓN DE LA PESCA ........ ....... ....... ....... .. 274 5.4. CARGADORES DE SARDINA ................................................. 297 6. COMERCIO Y PESC A EN LA RÍ A DE AROUSA . ....... ....... ...... ..... 306 7. COMERCIO Y PESC A EN LA RÍ A DE MUROS -NOIA....... ....... ..... 319 8. EL COMER CIO DEL VINO ............................................................. 359 8.1. REG IONES VITÍCOLAS Y TIE RRAS SIN VIN O ...... ...... ....... ... 362 8.2. E L COMERCIO INTERIOR. V INO ULLAO Y ESTANCOS ...... 377 8.3. LAS ARMADAS R EAL E S ........................................................ 392 8.4. EL TRANSPOR TE POR TIERRA ............................................ 3 98 8.5. LA TONELERÍA ....................................................................... 406 8.6. LOS VINOS DE SOBREMAR .................................................. 418 8.7. LAS EXPOR TACIONE S .......................................................... 42 7 8.8. LOS PRECIOS DE L VINO ....................................................... 432 8.9. LA FISCALIDAD SOB RE EL VINO .......................................... 441 2 9. EL COMERCIO CEREA L IST A Y OTROS TRA TOS ........ ....... ....... 461 9.1. L A REGLAMENTACIÓN POR PA RTE DE LOS PODERES PÚBLICOS ............................................................................... 461 9.2. EL PAN DE SO BRE MAR ........................................................ 46 8 9.3. E L MERCADO NACIONAL DE GRANOS .... ....... ....... ...... ....... . 485 9.4. LA EXPOR TACIÓN D E FRUTA ............................................... 492 10. EL COMERCIO COLONI A L E INTERN A CION A L ....... ....... ....... .... 505 10.1. LAS ISLAS CAN ARIAS ............................................................ 505 10.2. LAS INDIAS D E CAS TILLA ..................................................... 51 4 10.3. BRASIL .................................................................................... 521 11. EL COMERC IO DE IM P ORTA CIÓN............................................... 526 11.1. UNA VISIÓ N DE CONJUNTO A TRAVÉS DE LAS DIEZMAS DE LA MAR .................................................................................... 5 27 11.2. I NGLATERRA Y EL COMERCIO TEXTIL ... ....... ....... ....... ....... . 544 11.3. IRLANDA ................................................................................. 563 CONCLU S IONES ...................................................................................... 569 A P ÉNDICE DOCU MENT A L ...................................................................... 5 73 RELA C CIÓN DE A B REVI A TUR A S .......................................................... 705 BIBLIOGRA FÍ A ......................................................................................... 7 06 3 INTRODU CCIÓN La descripción literaria más conocida que reco ge la actividad de los puertos gallegos, e n el ecuador del siglo XVI, debe su autoría al m alagueño Bartolomé Sagrario de Molina, canónigo de la catedral de Mondoñedo y auto r de una Descripción d el Reino d e Ga licia y de las cosas notables en él (Mondo ñedo, 1550). La relación no puede s er m ás optimista, magnificando los tratos come rciales hasta la exag eración: la gran villa de Pon tevedra, que es el mayor pueblo de Ga licia y de gente rica por la m ayo r p arte. Es gran d e la pesca , y principalmente de sardina, que en e ste pueblo hay; y en tanta can tidad, que acaece muchos años a preciarse la que llevan lo s n avíos que d e a quí salen en ochenta mil d ucad os d e q ue se pro vee toda la Andalucí a y el Reyno d e Valencia y S icilia y m ás ade lante . Respect o a la produ cción vitícola de Ribada via el canónigo tampo co ahorra juicios grandilocuent es: son de los mejores vino s del mundo en fa ma y e n o bra, los cua les se llevan a Roma y a tod a Italia y a o tras muchas partidas do se estiman en m u cho, mayorm e nte que t rasplantado s y sacados d e este Reino, se mejoran por allá en gran manera . Otras fuentes documentales, ajenas a la creación lite raria, han sido utilizadas como indicadores de los t ratos mercan tiles y a tribu yen similar eufo ria a la actividad com ercial gallega 1 , d ebié ndoseles adjud icar, en nuestra opinión , similar credibilidad que a los testimonios librescos. En el bando contrario, inf ormes y mem oriales e laborados por los p oderes locales acostumbran a insistir en las deficiencias crónicas de la econ omía gallega, d iagnóstico q ue debe se r to mado con p recaución, al p retender o btener rebajas y gracias en las obligaciones f iscales, exagerando para ello la mala situación económica. Es inte resante e l infor me e laborado por e l regimiento pontevedrés, en enero de 1560, a instancias del m onarca, que quiere s er 1 . Según sendos docu mentos, fechados en 15 70 y 1 571 , localizados p or J . Gentil de Silva, los trato s comerciales mantenidos por los mercader es galle gos en Se villa, apo rtando maderas, fletes, pe scado…, son cap aces d e ab sorb er casi un veinte po r cie nto de lo s metales p recioso s que desde Indias aflu y en al “puerto y puertas de las Indias”. GELABERT GONZÁL EZ, J.E., “Relaciones merca ntiles de la Galicia lito ral según las escrit uras notariales d el s iglo XVI” e n E iras Roel, A., La Hi storia So cial d e Galicia en sus Fu entes d e Protocolo s , Santiago, 19 81, p.440. 4 informado del estado en que q ueda ron los puertos y la navegación del Reino de Galicia tras la cancelación de las guerras con Francia 2 . Sus relatores insisten en presen tar un c o mercio marítimo anquilosado, totalmente ajen o al em pleo de los med ios finan cieros y d e segurida d ya gene raliz ad os d esde la Edad Media en lo s puerto s e uropeos, tales como e l manejo de letras d e cambio, préstamos o la negociación de se guros en su s propia s casas de contrat ación, sin tener que depender d e los que se ajustaban en Burgos 3 . Sobre la m odesta actividad de lo s tratantes locales se superpone, a partir de la década de los 60 del sigl o XVI, e l avecinamiento , sobre todo en los pue rtos de las Rías Ba ixas, de m ercade res foráneo s, mu cho más d inámicos y actu alizados en sus prá cticas mercantiles y, desd e luego, provistos de considerables suma s de dinero destinadas a la finan ciación de su s tratos. Son gentes procedentes de los grandes cen tros f eriales d e Castilla (Medina d el Campo, Med ina de Rioseco …) y, especia lmente cristiano-novos, que huyen d e las poblaciones del norte de Portugal (Braga, Oporto…) ante los rigores d e la reactivada inquisición portugue sa. El arri endo del estanco de la sal les pone en contacto con los mae stres de las embarcacione s enca rgados de su transporte desde las salina s portugue sas, a los que deben adelanta r dineros, conce rtar seguros y dem ás med idas conducente s a la buena navegación de este conservante. La Unión Ibérica (1580-1640) servir á para refo rzar la p resencia de los conversos portugue ses en la econom ía gallega ad elantándose en má s de 150 añ os a la invasión de los fomentadores catalanes. La debilidad del comercio galleg o se observa en el lla mado Atlas del Rey Plane ta, rea lizado b ajo la d irección del geóg raf o Pedro Teixeira, entre 1622 y 2 . El auto consistorial de 29 de enero d e 1 560, se hace eco del contenido en una pro visión rea l sobr e las navegaciones y tratos de la mar y la s necesidades de los pueblos. Mandab a el m onar ca que los concej os enviaran dos rep resentantes a la c iudad de Santia go, como cabeza de pr ovinc ia, para a llí elabor ar sus co nclusiones. A.H.P. Po., G.15 (1), fol.3v. El concejo po ntevedrés encargó tal co metido a dos importantes p ersonaj es lo ca les, el regidor e hidalgo don Cri stóbal Mariño de L ober a y el docto r Antonio Mouriño d e P azos y Figueroa. E ste po ntevedr és posee una br illante carrera administrativa: inquisidor e n Sicilia, o bispo en Ávila y preside nte del Con sej o d e Castilla. P articip aría en la reda cción de este me m orial tras aba ndonar las a ulas d e Bo lonia, pa ra e j ercer la abo gacía en la Real Audiencia de Galicia, aunq ue po r poco tiem p o, pues pr onto se tr asladó a la c orte. GONZ ÁLEZ LÓP EZ, E., La Galicia de los A ustrias , 1 980, I, p p. 357-358 . 3 . Vid e Apéndice Docu mental, doc. núm.1: Me morial d e d on Cristó bal Mariño de Lob era y d el d octor Pazo s, en no m bre d e la villa d e Po ntevedra, s.f. 5 1634, que recoge toda la costa pen insular 4 . Llam a la atención la total ausencia de mue lles, e mbarcaderos o rom peolas en toda la costa gallega. Sab emo s de algún que otro peirao en las má rgenes de l Lére z o en Baiona y Vigo, de tan e scasa impo rtancia que e l cartógrafo po rtugués no los plasma e n su repertorio. Su irrelevancia viene d eterminada por su f inanciación privada, a lo su mo gremia l para permitir las descargas de los cercos pontevedreses. Esta au sencia es más evidente a l constatar que en los puertos inmediatos de las Cuat ro V illas (Castro Urdiales, L aredo, Santander), Asturias (Llanes, Gijón , Candás) y en los vecinos de P ortugal (Viana da Foz do Lim a) existían instala ciones portuarias de cierta impo rtancia. La intervención d e la Co rona e n las costas gallegas se limita a f ortificar los puerto s d e realengo (A Coruña y Baiona ); habrá que e sperar a 1 624 para que se proceda a la defe nsa de los d e Marín y Ribad eo. Otras poblaciones tend rán que espera r m ás de un siglo: el jue z d e Fisterra exponía la pe ligrosidad de e st e puerto: la villa está mui apa rtada de otros lugares y metida mui a la mar, más q ue otro ningund puerto deste Reyno . Y ansy es costa braba, tanta que por ser an sy al pue rto y ribe ra de lla no vienen n aos, ny fusta s, ny otros navíos, ny trato s, ni cavdale s como en otras partes, mas de tan sólo vyno, que byene por mar, y e l pescado que e n ella se mata y carga para fuera, p or lo que so licitaba la construcción de un mue lle, a sí co mo u na f ortificación que p rotegiera a barcos y vecinos de las continuas agresiones 5 ; las obras d e fortificación se retrasarán hasta mediado s del siglo XVIII 6 . 4 . T EIXEIRA, P. , E l Atla s del Rey Plan eta. La d escripción de Españ a y de las costas y p uertos de de sus reinos . Ed. d e Pered a, F., Marías, F., Madr id, 200 2. 5 .“Esta d icha villa de Fin ysterr a a seydo robado d e q uantos vienes te nyan el año d e c uarenta y tres de una ar mada del r ey de Fr ançia, de que hera cap itán Alabar da. Y, d espués del d icho ro bo, durante el tiempo que d uró la dicha gue rra, muchas beze s po r mar lo s corsario s robar on los barco s en que lo s pescado res ganaban de comer. Y, demás d ello, el año de çinquenta y ocho, día de santa cruz de m ayo, benyera a la ría de la d icha villa una ar mada del re y d e Fr ançia, en que se dezía b enía po r capitán Muçur de Bo ra, el qual co n mucho nú mero de soldados salyera en tier ra y po r fuerça de armas to mara la d icha villa, la qual ro baro n y saquearo n d e q uantos viene s y azienda en ella a vía y ansí la iglesia y orn m entos y ca npana s y sa nto s della. Y, desp ués d e hecho e l dicho robo , quemaron la ter çia par te de las más y m ejo res c asas que en ella avía, po r d onde estaba mui po bre y destru yda y muchos vecinos della se fueran a b ebir a otra p arte y no se sustenta n s yno de lo que gan an por su sudor e tra bajo y muchos dexa n d e y r a ganar d e comer por la mar ser muy b raba…Y para se to rnar a poblar y venir bebir a ella…a y necesida d e que en ella ubiese muelle y un fuerte”. Fisterr a, 30 j unio 1 561 . A.G.S., E.H., 95 6 . SORALUCE B LOND, J .R., Castillos y fortificac iones d e Galicia . La arq uitectura militar de los siglos XVI -XVI I , 1985. 6 Bajo estos p resupuestos se puede entender la tardía restauración d e l a T orre de Hércu les llevada a cabo por e l capitán gen eral du que de Uc e da, en 1684, como atalaya de vi gilancia. Significativamente, la iniciat iva de recuperarlo como faro que guiase a las em barcacione s parte de los có nsules de I nglaterra, Holand a y Flande s. G alicia parece a sí redu cida a mera contemp ladora del tráfico interna cional, que en raras oca siones hace escala en sus puertos. La e scasa importan cia del comercio gallego en gene ral y, aún m ás, en su modalidad marítima, queda en evidencia al verse red ucido a un com ercio de cabotaje que debe r e currir a ba rcos d e a lijo para p oder tratar con l os navíos de cierto tone laje. Sobre tan débiles c imientos es d ifícil sustentar una actividad mercantil de envergadura. L os navíos, a su ve z, eran los ade cuados a esta elemental red comercial: navíos peque ños y versátiles, que partici paban en las labores pesqueras, pe ro también en el transporte d e la s ba rricas que contenían las mercan cías locales, las pinazas o volantes de Muros. Las ca rabelas del norte de Portugal reforzaban los ef ectos na vales locales, pese a que la n ormativa le gal consa graba la preferen cia de las embarcaciones nacionales sobre las extranjeras. T ras la formalización de una carta de fletamento con un maestre fo ráneo era preceptivo pregonarla, durante tre s días 7 , por si algún natural de l Re ino quisiera hacerse carg o de e sta nav egación, ajustándose a las con dicione s ya pactadas. En los puertos gallegos est a práctica apenas regía y su empleo debía ser excepcion al; puertos de la impo rtancia del de Pontevedra, care cían d e pregone ro 8 . Un pregón lanzado e n 5 de noviembre en e l puerto del L érez a pe dimento d e Ju an Yanes, mae stre de l a ca rabela La Concep ción, co nstituye un buen ejemplo de e sta rara avis do cumental: por alta e yntelegible vo z de prego nero fue l ançado por la vylla en lugares lym itados para ello, d eclarando c omo de z ía Jua n Ya nes q ue t en ya afretado su carab ela de sardina con mercaderes para el reyno d e Andalu z ía e para o tras muchas p artes 7 . Pontevedra, 6.noviembre .153 7. De pedi mento de Domingo Luis, vecino de Leça y m aestre de la carab ela Concepción, car gada de sardina, “ fueron lançad os tres pre gones en tres días ”.A.H.P. Po ., 823 (2), 111 . 8 . P ontevedra, 15 40. Antonio Fernández, Anto nio Da grama y N icolao Martínez, p o rtugueses, repr esentan có mo tienen f letad a la carabela nuestra se ñora de G racia, de la que es maestre J uan Pér ez, también por tugués, para car gar c iertas bo tas de sardi na; en la villa no hay p rego nero. A.H.P.P o., 824 (1), 176 . 7 (roto) Lisboa del Re yn o de Portugal e pa ra Vi zcaya con sus escalas por çierto preçio de frete por cada myllar…que sy a lgún maestro d e navío d el Reyno lo quisiere tom a r p or el tanto q u e d entro de l término de la le y lo tomase, con condiçió n que, pasado el dicho térmyno, ca rgará su carabela e seguirá vyaje . 9 Esta práctica se circunscribe a una d ocena de ejemplos r ef eridos exclusivamen te a l puerto de Pontevedra, y loca liz ados e ntre 15 35 y 1546. Afecta a e mbarcaciones portuguesas y, sob re todo , a las que se internan por el Mediterráneo o hacen la travesía hasta los archipiélagos d e Madeira o Canarias. Solamente conocemos un único caso en que un me rcader local haga pre gonar su flete 10 . En los restantes co rresponde a la activi dad de mercade res proce dentes del A lgarv e (Lagos, P ortimao…), que a sumen las aventu ras mercantiles más arriesgadas 11 ; e n contadísimas ocasio nes, estos m ercaderes se interesan por el tráfico vinatero po r agua s d el Cantábrico 12 . E l d esuso de esta práctica p rocederá de s u in utilidad: en ningún m omento los m aestres locales ha cen valer su s derechos, desalojando a los po rtugueses. Lo s m ae stres portugueses d ebían recelar d e los m ercaderes locales, p or lo que les e xigirán adelanto s que asegurasen el ex acto cump limiento de lo acordado, práctica que no e s recogida en la d ocumentación. Sí lo es la mo dalidad cono cida como f also f lete, que imponía una san ción con siderab le al mercader que no cumpliera sus obligacione s 13 . 9 . A.H.P .Po ., 822(4), s.f. 10 . Po ntevedra, 15 d iciembre 1545 . Andrés Rodríguez, vecino de Zezimbra y maestre d e la ca rabela latina nuestra señor a del Cab o, fleta a Gregor io d e Pa drón, mareante de A Mo ureira (P ontevedra ), p ara cargar tod as las botas de sard in a a rencada que quep an b ajo cubier ta. La mercancía se e ntregará e n 10 días. Y se lle vará a la s islas de Madeira o d e Canarias; flete: llegando en sal vame nto a M adeira , 30 maravedíes / millar; Ca narias, 40 . A.H.P.Po ., 825 (1), 49v. 11 . Po ntevedra, 7 diciembre 1 545 .Juan Pa az, vecino d e Leça y m aestre de la carab ela Sa ntis Espír itus, fleta a Antonio Fer nández, mareante, veci no d e Vilanova del A lgarve, para cargar 25 b otas de sardina arencada. Recogerá la car ga en 10 días. Hará e scala en San Lúcar d e B arrameda ( 3 días), d onde decidir á si ir a las islas Canaria s o a M álaga. Yendo a Canarias, a T enerife o Puerto de San ta Cruz, 35 ducado s de or o de flete, yendo a salva mento; en Málaga de flete 19 reales/bo ta de sardina; Se villa a 15; e n Jerez o Portal d e flete a 14 reale s/bota. A.H.P .Po. , 825 (1) , 46. 12 . P ontevedra, 14 dicie mbre 15 45. Leonardo Pér ez, vecino de Leça, e n no mbre de su suegro Jua n Luis, maes tre de la car abela latina nuestra señora de la Conc epció n, fleta a P edro de Tapia, mercader y vecino d e San Sebastiá n, para ca rgar 100 botas d e vino b lanco d e Ribadavia. La carga se r ealizará a lo largo del mes d e e nero de 154 6; desca rgará en F ue nterrabía; flete, lle gando a salva mento, 1 0, 5 reales/bo ta.. A.H.P .Po ., 825 (1), 74 13 . Vigo, 30 a gosto 15 63. Domingo Rs., vecino de V iana y m aestre d el navío nuestra señor a da Ajuda, fleta a B ernaldo de la T orre, mercade r d e Vigo, p ara cargar de sard ina, tod a la q ue pudiere llevar, en 8 Los camino s que conectaban los viñedos del interior con los pue rtos d e embarque era n de h erradura y no p ermitían e l p aso de carros tirados por bueyes, siendo obligado echar mano de los pellejo s transportados a lomos de be stias y guiadas p or arrieros. Estas eran las coordenadas m ercantiles vigentes en Galicia, que ten ían por o bjetivo el suste nto de sus naturale s y la detracció n de rentas por parte de sus s e ñores, generalmente religio sos, monacales o e piscopa les y , sobre todo, arzobispales. La escasa entidad de la po blación urban a incidía, toda ví a más, en la escasez d e intercambios, o ptando p or el autoconsumo, como se puede co mprobar en la generalización del que hoy l lama ríamos vino del p aís en lugares totalmente inadecuados, ta nto que e stos viñedos fue ron a bandonados en cuanto se m odernizaron las comun icaciones (Be tanzos, Pontedeume , Viveiro…). Las posibilidades de comerciar vienen propiciadas por un a clim atolo gí a de transición m editerránea, sobre todo e n las Rías Baixas y valles me ridionales del interior, que permitía el cultivo de las viñas en régimen de monocultivo; así adquirieron gran prestigio los blan cos de la cue nca d el Avia. Los caldos obtenido s e n las ve n dimia s o rensanas pr opiciaron un com ercio de ciert a impo rtancia, a l ser muy de ma ndados en todo el litoral septentrional, desde el cabo de Fiste rra hasta la de sembocadura de l Bidasoa. Otro facto r que favoreció la co nexión me rcantil con el exterior f ue la existencia de los magníficos ca laderos de las rías, frecuentados por lo s cardúmenes de sardina. Ambas e xportaciones estimu laron la a ctividad d e los toneleros, en co ncreto de los pon tevedreses, p uerto que canalizaba e l m ayor volum en de amb os artículos. Agrupado s bajo la advocación d e san Nicolás, b autizaron u na ca lle de la vill a: rúa da Tonelería. La pip a p ontevedresa era co nocida en todo e l litoral penin sular; su marca grabada a f uego ase guraba una capacidad de 3,5 m oyos, de unos 142 litros cada u n o. Estos a rtesanos imponen, o les v ien en impuestos, u nos tra tos basados e n el tru eque: las pipa s levantada s p ara los co secheros oren sanos son intercambia das por partidas de vino, que embarca n vino cara al p uerto d e Ribadeo, capital de la importante reserv a fo restal que se de sarrolla en las 13 d ías, y no lo hacie ndo p agará 1 6 ducados d e “falso flete y que y o pued a afletar y azer del d icho mi nabío a my volu ntad y lo que yo quisiere” . P artirá pa ra Jerez, do nde será la derec ha desca rga; flete de ida y vuelta, 47.0 00 maravedíes, la mitad en Jer ez y la otra en Vi go. En J erez ca rgará trigo, que llevará a Vigo. A.H.P .Po ., 2.3 20(1), 193 15 La arribada de pla ta americana y la inmigración de mercadere s profesionales, en especial, l os cristiano-novos po rtugueses, que huyen de los rig ores inquisitoriales, pe ro también desean participar en el reparto de l tesoro americano constitu yen la ba se del co mercio e xterior. La plata a mericana ace rca a los n avíos ingleses, que aportan te xtiles, lo s famo sos pañ os d e Lon dres. Estos mercad eres despre cian la producción local 28 y sólo d emandan plata . Para e ludir la prohibición de saca de m oneda del Re ino deben registrar ante escribano la s ganancia s obt enidas en las ventas, com prometiéndose a e mplearlas en el mercado a ndaluz. L os tra tado s comerciales suscritos po r e l c oncejo de B aiona con lo s mercaderes londinense en 1556 y15 64 respon den a esta actividad. Por esta vía afluyen a los puertos gallegos los llama dos paños de Londres. Los m etales americanos t ambién sirven para atraer a l os nav íos breto nes con carga de ce real, que p ermiten su perar las crisis f rumen ta rias. Las dos impo rtaciones s e cla usuran sin que sepamos bien el d esenlace d e los paños ingleses, que fu eron sustituidos por los telares castellano s. La contienda de Isabe l Tudor y Felipe de Au stria está en base de esta cancelación, pero las paces firmadas en tre Jacobo I y Fe lipe III, en 1604 , no significa ron una vuelta a la situación anterior: en las ferias d e Compostela o Pa drón se continuaban despachand o paños de Zamora o Segovia 29 . Las importa ciones d e grano s se a ctivaron con las f recuentes crisis fru mentarias padecida s en el primer tercio de l siglo XVII. La m asa de vellón circulante retrajo a los m ercaderes e xtranjeros, junto con las prohibicio nes de saca de m oneda de plata, favoreciendo la p roducción nacional; el a gro as turiano aportó maíz ya en 1617. Pa so p revio a la generalización de su cultivo en las Rías Ba ixas, e n los años treinta, que perm itirá en b reve de stin ar p artidas del cerea l ame ricano al mercado exterior. El com ercio gallego se refue rza con la in stalación en las poblaciones cerca nas a la f rontera, en e special las costeras (Baio na, V igo, Re dondela, Pontevedra) y 28 . Debe m os desec har la sup uesta expo rtació n masiva de vino s a las islas, que no supera el n ivel de anécdota 29 . B RAUDEL, F., El Med iterr áneo y el m undo m editerráne o, en la épo ca de Fe lipe II, Ma drid, 1976 . Después de 15 90 los navegante s inglese s se d esplazab an hasta la isla de Djer ba par a obtener el aceite preciso para su industria textil, abando nando a su anterior pr oveedo r, los o livares andaluce s. 16 también en las vitíco las (Ribada via), de cont ingentes de cristiano -novos portugue ses, interesados e n las oportunidades comerciales que los puerto s castellanos of recían. No sola mente les at raí an los pue rtos gallegos, sin o que les interesa rá mucho el in stalado e n la desembocadu ra de l Nervíon, establecie ndo un circuito, que partiendo de Oporto (productos coloniales: azúcar, algodó n) hace escala en Pontevedra, do nde comp leta la capa cidad del na ví o con pipas de blanco de Ribadavia, y d escarga en Bilbao, recibie ndo para e l via je de regreso hierro, que d escargará en Aveiro, puerto inme diato a sus f amosas salina s, que henchirán la s bodegas del naví o de sal con que aba stecer los alfolíes gallegos. Estos recién llegados refuerzan su presencia con la Unión I bérica, que facilita su en trada en e l arriendo de las rentas rea les, como el estanco de la sal. A partir de este momento los pro ductos objeto d e comercio son intervenidos p or la gente de nación , aunque compartiendo e l merca do con mercaderes vascos y asturianos: e l b acalao a dquirido en el pue rto de Bilbao y rem itido a Rib adavia, donde se inte rcambiaba por vino; el arriend o de lo s be neficios eclesiásticos situados en la Ribe ira d o Av ia; el comercio de los paños producidos en las ciudades telares de Castilla la Vieja … En buena me dida, debemos e ntende r la intromisió n d el Santo Of icio com o u na de fensa de lo s e scuálidos intereses de la sociedad rentista tradicional. L a pes ca d e bajura escapará a su s pre tensiones a l estar b lindada por una estructura g remial, pero su presencia en el resto de la produ cción estará cont ami nada por los cristiano -novos. 17 Situación de los principales puertos gallegos A Guarda Baio na Vigo Canga s Redondela Mar ín Pontev edra Port onovo O Grov e Vilaga rcía de Arousa Padró n Noia M uros Fisterra Cee-Co rcubión Laxe A Coruña Beta nzos Pontedeu me Ferrol Cabo O rteg al Viveiro Ribadeo 18 ESTA DO DE L A CUESTIÓN Y OBJE TIVOS DE LA INVESTIGA CIÓN Por lo que se refiere a la situación de la moderna investigación en e sta m ateria, puede de cirse que el come rcio marítimo en Ga licia h a sido exhaustivamente estud iado hasta 1525 por Ferreira Priegue 30 , que apen as deja resquicio pa ra introdu cir alguna nov edad . A lgo semejante ocurre co n el siglo XVIII , f ruto de la multitud de trabajos disp ersos de Meijide Pardo 31 , como mu y bien reconoce e l profeso r Eiras Roel, autor de una a pretada síntesis de la economía gallega e n dicha cent uria y d e o tros trabajos monográf icos al respe cto (burguesía composte lana, ganadería…) 32 . Resulta también m uy prov echosa la reciente aporta ción de I. Duber t sob re e l com ercio g allego 33 , m ientras los estudio s de X. 30 .FERREIR A PRIE GUE, E., F uentes para la exportació n gallega d e la seg unda mitad d el siglo XV: el pea tge d e mar de V alencia , Santiago, 198 4. FERREIR A PRIEGUE , E. , Galicia en el comercio marítimo medieva l , A Coruña, 19 88 FERREIR A PRIE GUE, E., “L a villa de Po ntevedra y el c omercio d e Galicia en la pri mera mitad d el siglo XVI” en Eiras Roel, A . (co ord.) , E l Reino de Galicia en la época del emp erado r Carlos V , A Coruña, 200 0, pp. 581-60 8. 31 . M EIJIDE P ARDO, A., “La antigua exporta ción d e a gri os en Ga licia”, Re vista de Ec o nomía d e Galicia , Vigo, enero -abril de 196 3, pp .3-10 Meijid e P ardo, A. Ho mbres de ne gocio s en La Coruñ a die ciochesca: Jeró nimo de Hijosa , A Coru ña, 1967. MEIJ IDE P ARDO, A, Ec ono mía ma rítima de la Galicia Cantá brica e n el sig lo XVI II , Valladolid , 1971. MEIJ IDE P ARDO, A., “Aspecto s del co mercio gallego de expor tación a P ortu gal en el siglo XVIII” , en Actas I Jorna das d e Metodolo gía Histórica Ap licada , San tiago, 197 3, vol. II I, pp.803-82 3. MEIJ IDE P ARDO, A . , “A spectos de la v ida económ ic a d e Vigo en el siglo XVI II ” e n Vigo en su historia , V igo, 19 80, pp. 277- 356 MEIJ IDE PARDO, A, El com ercio de l bac alao en la Galicia d el siglo XVIII . A Coruña, 19 80 . MEIJ IDE PARDO, A., El pu erto de La Coru ña e n el siglo XVII I, A Coruña, 19 84 32 . EI RAS ROEL , A., “Tipología do cumental de lo s pro tocolos galle gos” en La Hi storia Socia l de Galicia en su s fuentes de p rotoco los , Santiago, 1 981 , pp. 21-113 EIRAS ROE L, A., “ La burg uesía mercantil co mpostelana a mediad os d el siglo XVIII ” en La Historia So cial d e Galicia en sus fuen tes de p rotoco los , Santiago, 1 981 , pp. 52 1-564 EIRAS ROE L, A., “Concentra ción y condicionante s geo gráficos d e la ganadería gallega en el siglo XVIII” , Estud ios Geo gráficos , 19 83, pp. 4 35-468 EIRAS ROE L, A, REY CAST ELAO, O., Los ga llegos y América , Fundación Ma phre, M ad rid, 1992. EIRAS R OEL A. “Crecimie nto, distrib ución esp acial y es tructura d e la pob lación de G alicia en los siglos XVII I y XIX” en La po blac ión de Ga licia 170 0-1860 , A Cor uña, 199 6, p p. 25-36. EIRAS ROEL, A., “El co me rcio de Galicia y co n Gal icia en la econo mía mundial del s iglo XV III. Par a un estado d e la cuestión”, Obra doiro de Historia Mode rna , 17 (2008), pp. 155 -178 33 . DUB ERT GARCÍA, I, “Comercio y trá fico marítimo en la Galicia del Antiguo Régi men, 1750- 1820”, Obrado iro de Historia Mo derna , 17 (20 08). 19 Carmona son decisivos pa ra e ntende r las manufactura s textiles y la industria en gener al 34 . Ciertas parcelas product ivas y com erciales gozan de una preocupación envidiable desde mediados de l sigo XVIII. La pe sca, en concreto la d e bajura destinada a la captura de los cardúmenes d e sardina, fue objeto de reflexiones más o menos atinad as de personaje s tan in flu yentes como el benedictino Sarmiento 35 o d el ilustrado Jo sé Co rnide 36 . Ambos pretendían una extemporánea resurrección de las art es tradicionales, con las q ue enfrentarse a la invasión de los fo mentadores ca talanes. Su s argumentos se basan, en buena m edida, en el recurso a las fuentes docume ntales; el manejo de los arch ivos históricos pa ra estud iar las o rdena nzas pesquera s trad icionale s sa lvó del olvido o de la destrucción a más d e una, q ue podemos cono cer exclusiv ame nte por s us trascripcione s, como la esc ritura de con cordia o torgada entre los marea ntes de la ría de Junqueras sobre el uso de las redes sardineras , fechada en 1691. Estos p rimeros tratadistas tendrán continuidad en los años inicia les del siglo XX en lo s estudios, ya plenamente históricos, del abogado redondelano, aunque afincado en Pontevedra, Casto Sampedro Fo lgar. Imp resionado an te la mayor construcción grem ial de Ga licia y, tal vez de España, la iglesia pa rroquial de Santa María, redacta sus famo sas Ordena nz a s de 15 77, publicadas en 19 04. Su obra, totalmente vig e n te, ya emplea e l vaciado de la d ocumentación notarial, lo que podem os considerar como un hito en la historiografía gallega 37 . El polígraf o local contag iará este in terés a otros h istoriadores gallegos, co mo An drés Martínez de S alazar, director de l A rchivo de l Reino de Galicia, donde in dagará e n los p leitos mantenidos po r los ma reantes 38 . Pe ro, sobre todo, destaca la labor del 34 . CARMON A B ADÍ A, X., El a traso ind ustrial de Galicia. Auge y liq uidación d e las manufa cturas textiles (17 50- 1900) , B arcelona, 1 990 35 . SARMIE NT O, De los atunes y sus transmigracio nes y co njetura s sobre la decad encia de las almad raba s y sobre lo s medios pa ra restituirlas , M s. 1 757 , ed. Lóp ez Capo nt, F., P ontevedra, 1997 36 . CO RNIDE, J., Memoria sob re la pesca de la sardina en las costas de Galicia , Madrid, 17 74., reed. 1997 37 . SAMPE DRO FO LGAR, C., Ordena nzas d e la cofradía d el Corpo Santo y d el gremio d e marean tes de P onteve dra , Pontevedra, 190 4, reed. 1 998. 38 . M ARTÍNEZ SAL AZAR, A. , “El ple ito de los j eiteiros en el siglo XVI ” , El Mu seo de Pon tevedra , II ( 1943), p p.23-25 20 archivero mun icipal de Sa ntiago, Pab lo Pérez Con stant i, que expurgó la tota lidad de los a rchivos notariales gallegos e n la redacción de su Diccionario d e Artista s , que a provechará pa ra la co nfección de sus Notas Vie jas Galicianas , colecció n de artículos pe riodísticos que vieron la luz e ntre1 917 y 192 1. Pérez Co nstan ti recogerá con desme dido interés los datos referidos a los asuntos pesqueros fuera del alcan ce del e studioso pontevedrés; su aporta ción, al bas arse en datos positivos, sigue sien do válida. Por e jemplo, es p ionero en de scribir las campañas de los mareantes en alta m ar, en el ba nco ca nario-sah ariano, o las com pañías formada s en Vigo para la captura del congrio en la costa portuguesa 39 . La obra de Sampedro Folgar tu vo un continuador en la figura de Filgueira Valverde y la pub licación de A rchivo de Mareante s , un in ventario document al que permite acce der cómodamente a lo que fu e el a rchivo grem ial de la cofrad ía pontevedresa 40 . La actualización d e los estudios pesqueros, incardi nándolo s en la coyuntu ra económica y social, corresponde a García de Lombarde ro y Xoan Carmona 41 . Desde la óptica que me p roporcionaron ambos autores traté de interpretar los e studios de Sampedro, de quien m e si ento continuador, comp letándolo con nuevas indagaciones archivísticas. No debe o lvidarse la ob ra de Vázquez Rou co, que a porta d atos sobre los derechos jurisdiccionales que demanda el monasterio benedictino de Sa n X o an de Poio a los ma reantes de Combarro, muy ilustrativa sobre la trascendencia de la sociedad r entista en la actividad pesquera 42 . Ta mbién es muy im portante la aportación d e Ca noura Quintana 43 . El come rcio marítimo gallego en la E dad Moderna no mereció un estu dio de conjunto hasta la breve, p ero acertada incu rsión de J.E.Gelabe rt: s u s “ Relacione s m e rcantiles de la G alicia lito ral …”., basadas en l a s ca rtas de 39 .P ÉREZ CONST ANTI, P., Notas Vie jas Galicia nas, Santiago, 1 857 , (reed. Santiago, 1 993 ). 40 . FILGUEIR A VALVER DE , J.., Archivo de Marea ntes , Po ntevedra, 19 56, (r eed. Pontevedra, 199 2). 41 . GARCÍ A-LOMB ARDERO VI ÑAS, X. , CARMON A B ADÍA, X., “T rad ición e modernización nas pescarías galega s. Artes de pesca e organización da pr oducción (séc ulos XVII I-XIX )”, in Actas coloq uio Santo s Graça, Povoa de Va rzim, 1985 , vol. I I, pp. 27 -45. 42 . VÁQUE Z ROUCO, S., S an Xo án de P oio, monasterio , coto , pa rroquia , Po ntevedra, 1 998. 43 . CANOUR A QUINT ANA, A., A Pesca na Galicia do século XVI I , A Coruña, 20 08 21 fletamento, inauguran la m etodología a se guir 44 . Respect o al m ercado asturiano contamo s con e l estudio de Barreiro Mallón 45 , e n el que se man ifiesta la interferencia d e la p olí tica f iscal del conde-duque , que llega anular e l co mercio marítimo d el vino d e Ribada via, sustituido po r el t errestre. La s relaciones con el País Va sco, en especial las e xportaciones de h ierro desde Bilbao, corren p or cuenta de M.A . Barkh am 46 . El comercio con las i slas Canarias es tratado p or Lobo Cabrera, empleando f uentes documenta les del archip iéla go 47 , que se puede c ompletar recurriendo a pro tocolos notari ales d e los archivos galleg os. Los restantes trabajos, algun os muy meritorios, se circunscriben a capítulos o referenc ias, má s o meno s amplias, i n sertas en monografías m ás extensa s. El propio G elabert así lo hace e n su tesis so bre Sa ntiago y su T ierra 48 o P . Saavedra sobre la provincia de Mon doñedo, al t ratar extensamente de la actividad de los pue rtos d e Viveiro y Ribad eo 49 . La documentación d el puerto de Cangas do Morrazo h a sido desmenuzada con la precisión de o rfebres por Vázquez Marine lli, More ira Pum ar y Roda l Go nzález 50 . Men ción aparte merece la aporta ción de Saavedra Vázquez, que reparó en las vicisitudes del avituallamie nto de las a rmadas reales, aportación que nos p arece de suma impo rtancia para encarar e l trat o d el vino 51 . Su reciente trabajo sobre el com ercio 44 . GEL ABERT GONZÁLEZ, J .E., 19 81. 45 . BARREI RO MAL LÓN, B. , “El co mercio asturia no con lo s puertos del Atlántico peni nsular. E l componente a ndaluz ”, Actas I I co loquio d e historia d e Andalucía , Córd oba, 1983 , t.I, pp.57 1-593 46 . B ARKHAM, M.M ., “Merc ad eres, comercio y fina nzas e n el norte d e España: el segur o marítimo en Burgos y su desarrollo en San Sebastián y Ma drid (1 500 -1630)”, Actas del V Cen tena rio del Cons ulado de Burgos , Burgos, 1994, pp. 557-61 9 47 . LOBO C ABRER A, M., “Los gallegos e n Ca narias a tra vés d e los p roto colos notariales en el pri mer tercio del siglo XVI”, en Acta s del II Coloquio de Metodología histórica aplicada , Univ ersidad de Santiago, 1 984 , Vo l.I, pp. 211-223 48 . G ELABERT CONZÁLE Z, J.E ., S antiago y tierra de S antiago d e 15 00 a 1640 , O Castro ( Sada, A Coruña), 19 82. 49 . SAAVED RA, P., E cono mía, política y so ciedad en Galicia: la provincia de Mon doñedo, 1 480- 1830 , Madrid, 198 5. 50 .VÁZQUEZ M ARINE LLI, C., M OREIRA P UM AR, J., ROD AL GONZ ÁLEZ, M., Historia de Cangas , Pontevedra, 200 7 51 . SAAVEDR A VÁZQ UEZ, M ª.C., 19 96 22 interna cional en la villa de Baiona e s de gran int erés pa ra el e studio de la s relacione s mercantiles anglo-españolas 52 . Tamb ién debe co nsiderarse la apo rtación de la historiograf ía portuguesa a la actividad m ercantil gallega. Destacan los ya clásico s traba jos de V. Rau so bre la sal o las ferias 53 . Ju nto a ella debe situarse el estud io del puerto de Viana da Foz do Lima debido a Ferna ndes Moreira, co n m uchas ref erencias al m ercadeo co n los p uerto s gallegos 54 . Re cientemente, las publicaciones de Mora is Ba rros 55 y Polon ia 56 han aportado importantes datos sobre el puerto de Vila do Cond e. Para el est udio de la f ormalización de seguros que afe ctan a la prod ucción gallega con tamos co n los t rabajos realiz ad os sobre el Consulado de Bu rgos; su iniciador, Ma nuel Basas Ferná ndez, of rece una copio sa b ibliografía, que se in icia en el año 1 963 57 . Ju nto a estud ios de carácter general, est e autor d edica u n deta llada investigación a la imp licación de los p uertos gallegos en la co ntratación de seguros, en especial el de Vigo, que pa rticipa act ivamente en una f aceta mu y poco valorada: la del tráf ico colonial mantenido entre Bra sil y Am beres, con escala en los pu ertos de las Rí a s Baix a s, en especial en el de l a v illa olív ica, desde donde eran reexpedidas las partidas de azúcar y algodón . B asas llega a recoger ciento cincuenta póliz as que cub ren a los n avíos empleados en esta ruta 58 . Lo s estudios de Basa s Fe rnández so n a mpliados, en la a ctualidad, po r Hilario Cas ado Alonso , aun que sus refe rencias a la pa rticipación gallega so n m ás bien e scasas 59 ; ma yor inte rés presenta su trabajo sobre la come rcializ ación del 52 . SAAVE DRA V ÁZQUE Z, Mª .C., “El c o m ercio marítimo d e B aiona en la segunda m it ad del siglo XVI”, O brado iro de Historia Moderna , 1 7 (2008), p p.179-209 . 53 . RAU, V., Ferias medievais p ortug uesas. Sub sidios p ara o seu estud o , Lisboa, 1982 RAU, V., Estudo s sobre o sal p ortugu és , Lisboa, 1984 54 . FERNAND ES M OREI RA, M. A. “O p orto d e Viana d o Castelo e a s navegaço es p ara o No roeste Atlántico”, Via na o ma r e o porto , Viana, 198 7, pp.75 -92 55 . MORA IS B ARROS, A . , “O ne gocio atlántico: as red es com er ciais portuenses e as novas geografias do trato internacio nal”, Revista d a Fa cultade de Letra s. Porto , III (2007), pp. 29-47 56 . P OLONIA, A., Vila do Cond e. U m porto norteño na expansao u ltramarina quin hestista , P orto, 199 9, 2 vols. 57 . B ASAS FERNÁN DEZ, M., El Co nsulad o de B urgos e n el Siglo XVI , C.S.I. C., 19 63; red. 1 994. 58 . BASAS FERNÁNDE Z, M., Tráfico atlán tico aseg urado en Bu rgos a med iado s del siglo XVI . , Burgos 19 66. 23 hierro vasco, en la que participan activamente las f lotillas de Muros y , en menor med ida, de Pontevedra 60 . Otras referencias a la p resencia gallega en la actividad asegurado ra burgalesa las proporciona Michael M. Barkham, mane jando pa ra ello los f ondos documentales conse rvados en la Real Chancillería de Valla dolid, que suplen p arcialmente la pérdid a de los archivos que guardaban la actividad asegurado ra de San Seb astián, pa sto de las llamas e n 18 13; la documentación del Con sulado de Bilbao es excesivamente pobre y poco aprovechable 61 . La tra scripción y pub licación d e los escasos regi stros m ercantiles gallegos se debe a la paciente labor de G arcía Oro y sus colaboradores; son esp ecialmente interesante s las refe ridas al libro con sistorial de Baiona 62 y el registro portu ario de Viveiro 63 . Dos productos han re clamado la atención pr eferen te de los i nvestig adores a nivel na cional: e l vino y la sa l. L as adegas del Val do Avia gozan de u na leyenda áurea , que a caba de incrementarse con la edición y estud io del pleito Bobadilla, al s eñala r que en la s n aves co lomb inas n avegaba vino d e esta p rocedencia 64 . E l deta llado e studio sobre los viñedos de l n orte de Du ero emprendido por Huetz d e Lemps 65 se completa con una monografía so bre los caldos de Ribad avia 66 . 59 . CASAD O A LONSO, H. “ El co mercio i nternacio nal b urgalés e n los siglos XV y XVI”, A cta s del V Centena rio del Consula do de Burgo s , Burgos, 199 4, pp 175-247. 60 . CAS ADO ALONSO, H., “El comercio de l hierro vasco visto a través de lo s se guros marítimos burgaleses (15 65-15 96)”, Itsas Memo ria. R evista d e E studios Marítimo s del País Vasco , 4 ( 2003), pp. 165-192. 61 . BARHH AM, M.M., “Est udio pr eliminar del co mercio mar ítimo vizcaíno y guip uzcoano co n el Atlántico penin sular y c on lo s arc hipiélagos de Ca narias y Madeir a (1500 -1650)”, A ctas del S imposio de h istoria marítima do século XII ao XVI , Pontevedra , 2003, p p. 157 -174 62 . GARCÍ A ORO, J. PORTEL A SILVA, M. J., Baion a de Miñor en su s do cumen tos. Acta s municip ales co rrespond ientes al siglo XVI , P ontevedra, 2003. 63 . GARCÍ A ORO, J ., ROMANÍ MART ÍNEZ, M. ,. Vive iro en el siglo X VI , V iveiro, 199 0 64 . VARELA, C., AGUI RRE, I ., La caíd a de Cristóbal Colón. El ju icio d e Bobadilla , Madr id, 2006. 65 . HUET Z DE LEMP S, A., Vig nob les et vins d u nord -ouest de l!Espa gn e , 2 vols., B urdeos, 19 67. 66 . HUETZ DE L E MPS, A, “ A p ogeo y decadencia de un viñ edo de calidad. El de Ribadavia”, Anua rio d e Historia E conómica y S ocial , 1968, pp. 207-223 24 Aporta ción int eresantísima es la de Fernández Gut iérrez so bre la provisión de las armadas reales, ya en 1527 67 . Por ú ltimo hay que referirse a los trabajos sobre la sal, el más interna cional de los producto s objeto de comercio. Galicia carecí a de salinas, pero era el mayor consumido r de s al de la Pe nínsula. Su clima lluvioso y la d edicac ión pesque ra de los h abitante s de su extensa costa lo justifican. El valor de est e co nservante es irrisorio, p ero soporta una carga fiscal que llega a hacerlo inase quible. La Real Haciend a se hizo ca rgo de esta renta so metiéndola a l régimen d e e stanco, por lo que es f recu ente que se a tratada por los historiad ores hacendísticos, como M. Ulloa 68 . Po r n uestra parte hemo s dedicado a lguno de n uestros trabajos a l estudio del estan co de la sal en Galicia 69 . Contando con e stos antecedentes, en la presente investigación tratamos de estud iar e l comercio g a llego en la Edad M oderna. Nos impusimos como lí mite tempora l el period o comprendid o entre 1 525 y 16 40; a sí como o tro geográf ico, e l litoral d elimita do p or las islas Cíes-Ba iona y la punta dos Remedios , que a barca el territorio denominado Rías Ba ixas. El marco temporal es f ácilmente comp rensible: contempla la plenitud d e los tiempo s modernos y se justifica porque l a actividad comercial y pesquera previa ya ha si do tratada por una afamada me dievalista 70 . Por su pa rte, la independencia de P ortugal, p aralela a la pérdida de la hegemonía caste llana en E uropa, supone un revulsivo e n la econom ía gallega, condená ndola a una c errada autarquía, que p ermitirá el desembarco de los fomentadores catalanes en la centuria siguiente. La extensión del ter ritorio estud iado viene impuesta por el trab ajo de investigación en sí, p ero tambié n por el de ve nir h istórico: corresponde a las Rías Baixas el p rotagonismo de la actividad pesquera y come rcial d e la totalidad de Galicia. Alguna fuente de ca rácter general, com o la de los s eguros f ormalizados ante el Co nsulado de Burgos, que t rataremos m ás adelante, ilustra esta realidad: los p uertos de Redondela y Pontevedra canaliz an la práctica totalidad d e las 67 .FERN ANDEZ GON ZÁLEZ, F., 2 006. 68 . ULLOA, M. La Ha ciend a Real d e Castilla en el reina do de Felip e II , Madrid, 19 86 69 . J UEGA PUIG , J., El estanco d e la sa l en Galicia , Madrid, 20 06 70 . FERREIR A PRIEGUE , E., 200 0. 31 mue stran las numerosas ca rtas de fletamento pontevedresas form alizadas duran te esta c e nturia 80 .Las razone s que s e pueden m anejar p a ra explicar e ste abandono son diversas: la gran demanda del arco at lántico andaluz, puerto y puerta de las Indias, es capa z de concentra r la tota lidad de la oferta pesquera . Al acortamien to de l a ru ta se sum aba el eximir a los mae stres y m arinería de la no siemp re sencilla travesía del Estrech o; además, en los pue rtos a ndaluces lo s mercaderes gallegos p odían invertir sus ganancia s en botijas de aceite o cáñamo , ambo s p roductos mu y valorad os en G alicia, bastante más que el vi no catalán o valencian o. Tampoco debe olvi darse e l incremento de los fletes que acompaña a toda navegación pro longada y la exig e ncia p óliz a s de se guros a los navíos se inte rnen en el Ma re Nostrum, así como la obligación de satisfa cer la diezma de la m ar al descargar la m ercan cía en reinos diferen ciados f iscalmente del de Cast illa. O tro de los dest inos preferentes d e las botas de sardina a rencada eran los p uertos de l Cantábrico, que surtían a la marine ría gallega, v ía Francia, de efectos navales; a la demanda de pesc ado se sumaba la de los vinos de l Ribeiro de Avi a. El sistem a gremial impuesto sobre la pesca a carrea la descap italización de los mareantes metidos a co merciantes, diferenciándolos de l os pod erosos mercaderes de l vino, gene ralmente asturianos y vascos. La distinta la c a pacidad económ ica de sus protagonista s queda d e ma nifiesto en m últiples e jemplos y desde época temprana: en 1523, Juanes de Oñate, vecino de Fuent errabía asegura e n Burgos en 300 ducados un cargamen to de vinos d e una ca rabela surta en el puerto d e Pontev edra, para ll evarlo a S an Sebastián 81 . Por las mismas fech as, e n 1521, tres m ercaderes murad anos so n incapaces de po nerse de acuerdo a la ho ra de su scribir u na p óliza, que les cu bra los riesgos de un viaje hasta Ba rcelona 82 . El comercio del peixe merchante que da reducido a una navegación de cabo taj e realizada en p equeñas embarcaciones muy versátiles, las mismas empleadas en la s actividade s pesq ueras (p inazas y vola nteros). En 80 . Las fuentes adua neras de lo s p uertos de Valencia y Ba rcelona permiten co mprob ar un aba ndono semejante de este merca do p or p arte d e los tratante s galle go s en pe scado, como afir ma FERREIR A PRIEGU E, E. , 2000, 5 90 81 . B ARKHAM, M. M., 1 994, 565 82 . FERREIR A PRIEGUE, E., 1 98 8, 430 32 estas empresas p articiparían ab undantes m areante s locales, q ue evitarán cualquier tipo de desembolso que consideren innece sario. Este m odelo comercial no e s, ni m ucho meno s exclusivo de los m areantes gallegos, sino que se encontraba gen eralizado en los restantes pue rtos atlántico s peninsulares, como mue stra M. M. Barkham en Vizcaya y Guipú zcoa. Los remolare s cántabros que se acercaban a los puertos gallegos percibían su soldada o, al m enos una parte sustan cial, en especie, consecuencia de la descapitalización de su clientela. Remitirán a su tierra, e l santo Ander de la documenta ción, cargas de sardina. Actúan como los m areantes locales: fletando ent re varios u n navío d e escaso tone laje, que llena rán co n aportaciones individuales muy red ucidas de pescado salado 83 . La coincidencia en l o s medios empleados por los mareantes cántabro s y galle gos les pe rmit e constituir puntuales co mpañías, sirv iéndo se de la f lota local 84 . También ap rovechan la pre sencia en e l puerto del Lé rez d e na ví os vascos d e cierto calado (galeó n, zabra…) mu y posib lemente, destinados a la cargazón de vinos, pero que no han pod ido hacerse con un a partida de caldos de Ribada via, por lo que, ante la expectativa de volver de vacío, sus maestres aceptan una ca rga alte rnativa, la de sardina. 85 . Algo se me jante se puede decir de algún navío (zabra) p rocedent e de las Cuatro Villas 86 . Actividades aná logas a 83 . P ontevedra, 2 noviembre.1 526 . Gonzalo da B erer a, marin ero y maestre d el navío sa n Juan, fleta a Gonzalo d e Mo radillo, Jor ge de Penagos y Jua n de Ovej o, remolares y veci nos de Santander, para cargar “veynte r onda nas merc hantes d e xurelos”; Gonza lo de Morad illo, o cho fu stes y s us d os compañero s cada uno seis ; r uta: San Vice nte de la B arq uera (cuatro días de demora), Santander ; flete: 12 r eales por c ada fuste de marca. A.H.P.P o. 821-B ( 2), s.f. 84 . P ontevedr a, 8.diciembre 15 35. Juan da Veiga, v e cino de Pontevedra y maestre d e la pinaza bor dada san Mig uel, fleta a Juan do Sej o, mercader d e Santander, J uan Vent ura, Aº. de Romay y Antón Estévez, vecino s de Pontevedra, para cargar unos fustes de sardina (120 mill ares en seis fustes, otro s 120 millares, o cho fustes, s iete f ustes, resp ectivamente, y el maestre onc e fustes ) y llevarlos a Sa ntander o Bilb ao; flete: 1 real por mi lleir o A.H. P.Po .,822(4) , 108v. 85 .P ontevedra, 15 diciembre 1 54 1. M artín de T orancos, ve cino de Bilbao y maestre de la zabra la Magdalena, f leta a P edro de Louçá n, Domi ngo Salon, P ayo Rod rígues , m areante s, Pe dro da Riba, carpintero ,y Fernando Afons o, vecinos de P ontevedr a, par a cargar, r espectiva m ente, l os siguie ntes fustes d e sardina gra nde y peq ueña: cinco, cinco , ocho, cuatr o y c uatro , que co nducirá a San Vice nte de la B arquera (3 d ías), Castro Ur diales ( 3 dias), Bilbao, San Seba stián o F uenterr abía; flete: llega ndo en salva mento, 1 d ucado/fuste . A.H.P. Po .,.824(2), 9 Po ntevedra, 19 d iciembre 15 45 . M artín d e Cubia, veci no de Bilb ao y mae stre del ga león san T elmo, fleta a J uan do Br ejo, re m olar , vecino de Santander , B ieito Ruiz, J uan In glés, Aº. Gs., J uan Neto das Corbac eiras, m ar ea ntes de Pontevedr a, para cargar, respectivamente: d iez botas de sard ina arencada, ocho, once cinco, seis y si ete para llevar a Santander o Bilbao ; flete: 1,5 ducad os por fuste. A.H.P.P o., 82 5(1), 54 86 . P ontevedra, 16 noviembre 15 35. Un tal Bernard o, vecino de San Vice nte de la Bar quera y maestre de una zabr a, fleta a P edro Ganancia, mercader y vecino ig ual m ente de Sa n Vice nte, y J uan Carr a m al, que lo es de Po ntevedra, para ca rgar 3 50 millares de sardina ar encada (70 millares pertene cen a Pe dro 33 las d esarrolladas po r los remolares cántabros en Ponte vedra se detectan en otros puertos de las Rías Baixas, como los de Muros y Noia 87 , que también remiten pa rtidas de p escado a su tierra, en la s mismas co ndiciones que de sde e l puerto de l Lérez. En este ambiente tan p oco capitalizado resulta inviable cualquier tipo de inversión tendente a asegurar f inan cieramente la marcha de la e xpedición. Aú n más, la dispersión d el riesgo entre ta ntos socios r esulta l a única medida de seguridad empleada por la compañía, que aco stumbra a exi gir al m aestre del navío llegar a salvam ento para poder percibir e l f lete a cordado, con lo que la carta de f letamento se con vierte en la garan tía de que dispon en estos p equeños mercaderes 88 . In cluso, sospechamos que la redacción de estos docume ntos ante el notario debió de tratarse de u na a ctuación m enos f recuente d e lo que las fuentes documentales dan a entender, a l h uir esta s pequeña s co mpañías d e cualquier disp endio que no f uera realmente imprescind ible, tal como la adquisición de vituallas para soportar la travesía. La desidia o incapacidad de los mareantes gallegos po r ase gurar su aventura come rcial se e xtiende a las e xpediciones a las f rías aguas de Terranova, organizadas desde los pu ertos d e las Rias Baixas (Baiona, Vigo, Po ntevedra), remedio co n el que subsanar la ausencia de los ca rdúmenes de sardina en los calade ros habituales 89 . El carácter de alternativa e conómica de la pesca en Terra Alta ha sido también se ñalado en el puerto de Viana da Foz do Lima, en los años centrales del sig lo XVI, c omo respuest a a l colapso come rcial 90 . L as Gananacia y 280 a Juan de Carca mal, por sí y en no mbre de Juan de Avilés) y lle varlo s a San Vicente de la Barq uera. A.H.P .P o., 822(4 ), s.f. 87 . A.H.U.S., 1 14 , s.f 88 . P ontevedra, 2 8 ener o 15 46. Francisco T rigo, veci no d e Po ntevedra y m aestre del navío santa Tr inidad, fleta a J uan de Carmona, Bieto de Pumar, P edro Correa, Juan M ., Franci sco Far iña, Ruy Carpintero, J uan d a Vi la, J uan Fer nández, xenro d e T a reyja D o m ínguez, vecinos de P ontevedra, p ara cargar unas par tidas de sardina are ncada: 13 botas, 1 2 b otas grandes y pe queñas y 2 canas tas, 10 b otas grandes y pequeñas, 7, 7 , 7 ,5, 6 ,11, respectivamente, p ara llevar dere cho a Bilbao o San Sebastiá n; flete: “llega ndo a salvamento”, 32 maravedíes por milleiro. A.H.P.P o. , 825(1), 263 89 . Los contratos relativos a e sta ac tividad m uy p untual, por c ierto, se encuentran reco gidos en diversas publicacio nes: FERREIRA PRIEGUE, E., 200 0; PEREIRA FERNÁNDE Z, X.M., “Los mareantes gallegos y la pesca de a ltura en el siglo XVI” , C uad ernos de Estud ios Ga llegos , vol. LIII, fasc. 11 8, 2 005; JUE GA PUIG , J .,2007. MENARD, C. La p esca g allega en Terrano va,, siglos X VI- XVII I , Tesis d octoral inédita Universidad de Santia go, 2 006. 34 expedicione s organizadas desde Galicia se rea lizan tota lmente desprovistas d e cualquier mo dalidad de seguro m arítimo, ni tan siquiera de un préstamo a la gruesa. Cierta s fórm ulas am biguas contenid as en la documentación pu eden insinuar lo contrario, pero lo cierto es que, hay que e sperar al prim er tercio de l siglo XVII para que los entonces rarísimos viajes a Te rranova conozcan cie rtas forma s de protección 91 . 1.3. EL COMERCIO P ROFESIONAL Sobre e l elemental come rcio del pescado merchante se superpone otro, mu cho más reducido, pe ro muy activo, controlado por mercaderes profesionales, que manejan unas sumas de cap itales importantes y que están interesados en invertirlas e n e stos tratos, siempre que d ispongan de unos volúmenes de captu ras lo suf iciente mente e levados como p ara comp ensar la inv ersión. Destacan los arrendadores d el estanco de la sa l o los re ceptores de lo s alfolíes, que entienden esta incursión comercial co mo prolongación natural de su actividad. A pesar de la s m uchas quiebras que padece su adm inistración, no cabe d uda que , por regla gen eral, se trata de pe rsonas dotadas de avale s llan os y a bonados , imprescindib les para que la Real Hacienda tome en con sideración sus ofe rtas y les ad judique la ad ministración, vía arrenda miento, de algún partido . Su mane jo de los cargam entos de sal, sobre todo , en lo s mome ntos en que est e conservante se con vierte e n u n b ien escaso, les permite e jercer una gran ascenden cia s o bre los mareant es, a los que a dquirirán sus cap turas a m uy ba jo precio, f iándoles la sal precisa para sus salazones. Dos receptores 90 . “Ora, nos s abemos que a pesca na T erra Al ta, com o ao tempo er a desi gnada, c ons tituia uma alternativa às crisis d o co mercio de longo tr ánsito, mormente na segunda metade do quin ientos, quando as lutas religio sas q ue en xameara m o Norte atlántico d e corsár ios e troux era m o fam e às povoaç oes do litora l portugués”.FERN ANDES MO REIR A, M. A., 198 7, 81 91 . C. Ménard sospecha d e dos co ntratos po ntevedrese s, de 1 578 y 1579 , co ntengan fór mu las d e pro tección marítima, al re ferirse a “las abar ias y li man y p iti li m an y aba rias acost umradas ” (p .91). En realidad , son fórmulas frec uentes en las c artas d e fleta mento y se refieren a co ntingenc ias comunes e n la navegac ión: gran le mán o pilo to de costa, petilemán o pilo to d e bar ra o pr áctico del p uerto; la avería ord inaria d esig na los p equeños gastos q ue r ealizaba n lo s maestr es a lo lar go de la nave gación, tales co mo la descarga d e la mercancía o los dere chos de anclaje . LUQUE T ALAVÁN , M., 1998, 139 . Otro doc um e nto presentad o por la citada investigadora sobre la p osibilidad de la f o rmalizació n de un seguro maríti mo por parte de un navío pontevedr és resulta tambié n muy co nfuso. MENARD, C., 20 06, 92 35 pontevedrese s, cán tabros a juzg ar por sus apellidos (Diego d e H ontíveros y Francisco Ruíz de Liéba na) participan, e n 1579, en la e xpedición a T erranova del navío Sa nta Cruz, aportando vituallas y, sobre t odo, la sal, lo que l es exi mían o , al meno s, rebajaba considerablemente su inversión en d ineros 92 . Estos me rcaderes acostumbran a su rtirse de peixe merchante en los puertos secundarios, en lo s que n o imperaba e l rígido sistema grem ial en el rep arto de las capturas co steras en tre los quiñoneros de las a rtes comunales. El arrendador del partido de la sal de G alicia, Diego Pereira, en 1605, hace compañ ía c on Paulo Abe lona, vecino de Corcubión, con e l f in d e disponer de una cantidad conside rable de pescado, que su socio debe ad quirir e n este puerto y en los vecinos de Ce e, Fiste rra y Muxía: cuarenta toneladas de merluza destinada al mercado sevill ano, ciento cincuenta quintales de congrio curado de la suerte y bondad que se suele lleva r a l Señorío de Vi z caya , m il m illares de sard in a arencada p ara Vizcaya y quinie ntos de la varieda d escochada y re venida pa ra e l mercado portugués. Pereira a ctúa como so cio capitalista, ad elantando las cuatro quintas p artes d el dinero p reciso; su s conexiones e n Bilba o le p ermiten a portar los pe rtrechos demandados por los mareant es de A Te rra de Soneira, actual Costa da Morte, que servirán pa ra pagarles pa rte sustancial d e sus m areas 93 . L a mercancía será transportada en naví o s que también p roporciona Pereira, posiblemente , los m ismos que na vegan las vituallas que en vía desde Bilbao, sin que pod amos conocer si v a n provistas de alguna medida que cubra e l riesgo de la navegación Más f recuente e s que los receptores de la s al, p roporcionando el grueso d e l a inversión, busquen socios con los que f o rmar compañía mercantil. B ernardo de la Torre, fa ctor o d elegado en Galicia y Asturias del arrendado r general de la renta de s alinas Co nstantin Gentil, form a compañ ía, en 1572, con un socio man chego y ot ro vasco para enviar a B arcelona una variada c arga d e p ecado (sardina, bacalao y congrio), que deb e re cogerse e n p rácticamente to da la cost a 92 . J UEGA PUIG , J., 2 006, 69 93 . Diego Pe reira se co mpro mete a e nviar d esde Vizca ya cie n fustes d e haya para envasar la sard ina arencada, 20 quintales de cá ñamo rastri llado, 20 quintales de hierr o y latón, 50 qui ntales d e br ea. PÉREZ CON ST ANTI, P ., red. 1 993, 69 36 gallega (A Co ruña, Muros, Pontevedra) 94 . En el a rriendo que p recede al de Diego Pereira figura como benef iciario A ntonio Gómez, vecino de Medina de Rí o seco; su re cepto r en Cambado s, Juan P ereros, act uaba como t ratante de p escado, aprovechando sus conexiones con el mercado castellano, al que remitía anualmente m ás de seiscienta s cargas. Entendía la adm inistración del alfolí como un negocio privado: a parte d e poseer varios n avíos en propied ad, prestaba dinero y ad elantaba partidas de sa l a los m aestres de las restan tes embarcacio nes, p ara que le correspondan con pescado bara to, a nsí en e sta villa como en las de Carril y Villanue va, dejando sin a tender a los rest antes m areantes 95 . . En estas operaciones mercantiles so n muy valorados los contactos con mercaderes med iterráneos, capace s de intro ducir volum inosas partid as de sardina arencada en las plazas de l Mare Nostrum , p rácticamente cerradas, como hemos visto, a la m arinería local. El receptor del alfolí de Muros, en 1588, Felipe Román, ejerce como socio mayoritario de un a compañía come rcial, en la que participan mercaderes pontevedrese s y un carta genero; el a lfolinero po see el cincuenta p or ciento de la p ropiedad d e la nave Esp íritu Sa nto, valorad a en 4 .200 reales, la otra mitad se la rep artan equitativamen te dos m ercade res pontevedrese s (Mendo de Saavedra y Sebastián Pérez de Lemos) y u n te rcero vecino de Cartagena , Gregorio de Matama Feixo 96 . La compa ñía no debió funcionar a satisfacción d e los socios gallegos, p ues, tras el envío de u na reme sa de sardina e mbotada a Cartagena 97 , deciden su disolución, quedando e l navío e n propiedad exclusiva de l mercade r mu rciano, previa comp ensación a su s socios. A fina les de enero de 1579, dos hermanos proced entes de la población bu rgalesa de Medina del Poma r, Rod rigo y Diego de Torres, re sponsable s de los alfolíes de Pontevedra, a delantan al mercader valencian o Juan Cola 3 .300 reales, que deberán ser devuelta s e n la pró xima f eria d e Medina del Ca mpo, y 3 74,5 millares de sardina arencada, en vasada en 10 f ustes o bota s, que le vend e d irectam ente 94 . A.D.B. , Consulado , Libro 47, 377 95 . A.G.S., E .H., 5 86,13 1 96 . E n 1 0 enero 15 88, nom br a n po r m ae stre del navío a Sebastián P érez, v e cino de la v illa de Po ntevedra. A.H.P .Po ., 869(1 ), s.f. 97 . Corr espondían 17 bo tas y 3 bar ricas a M endo d e Saavedra, 15, 5 botas a Seb astián Pér ez de Le mos y a Gregorio de Mata m a, po r sí y por B ernardo d e Torres, 34 botas. A.H.P .Po ., 869(1), s.f. 37 el alfo linero, por valor d e 1. 500 reales 98 . La ocasió n es a provechada p or algún que otro paisa no instalado en Galicia pa ra rem itir a su tierra unas bota s d e sardi na arencada 99 . Problemas de liquidez darán con los huesos de Juan Cola en la cárcel del co ncejo. 100 Otra vía para entrar e n relación con e l mercado aragonés lo o fre ce e l arriendo de las diezmas de la m ar, que grav a n las exportaciones que superan los límites territoriales de la Corona de Ca stilla: en ene ro de 1567, Juan Fandiño, vecino d e Cangas do Morrazo, y Gregorio de Fuentefría, que lo es de Vigo y a rrendador d e las re ntas reales y m edia diezma a rzobispal, cont ratan los servicios de L eonarte Pate , vecino de San F e liu de Guijales, en Cataluña, y maestre d e la nave santa María y santa Arçisa, para transportar hasta Alicante y Vale ncia 1 10,5 botas de sardina aren cada, unos quintales de congrio seco y otro s de truchuela sequilla 101 . Al ma rgen de estas in tromisiones de los arrend adores de las ren tas reales y del estan co de la sal, a los p uerto s gallegos acu den mercad eres forán eos, a la procura de sa rdina arencada, en cantidades q ue superan las que transp ortaban las pina zas d e lo s mareantes. Entre los años 15 40 y 15 55, está documentada la presen cia de un grupo de traficante s procedentes de lo s pue rto s d el Algarv e portugué s (Vilan ova de Silv e s, Lagos, P ortimao…), y que se sirven, básicamente , de la f lota d e ca rabelas p ortuguesas, que deamb ulan p or el pue rto pontevedrés, p osiblemente, entretenidas en e l tran sporte de s al desde las salinas de Aveiro. S uelen o cupar en su tota lidad la capacidad de ca rga de las carab elas, unas 110 botas bajo cubierta, correspond iendo a cada m ercader unas treinta, 98 . El préstamo r ealizado p or Rodrigo de T orres servirá p ara a dquirir 736 millares de sardina enfustada, a 4, 5 reales/millar, a Gregorio da Ribera y J uan Pérez, marea ntes locales . A .H.P .Po ., 849 (2), 72 99 . El factor d e Luís d e Q uemad as, tesor ero r eal en el arzo bi spado de Santia go, ap rovecha ndo que su origen le vantino le per mite d isponer d e contactos en aq uellas plazas, entre ga sei s botas de sardina arencada grande, pa ra entrega r en Cartage na a Diego de Que madas o en Alicante a Juan de Avellano. A.H.P.P o., 84 9(2), 72 100 . J uan Cola, “vecino d el Grado de Ba lençia…, fuera de la cá rçel y e n su lib re po der”, r econoce que compró a Rod rigo y Diego de T orres, vecinos de Med ina d e Pu mar, c ierta can tidad de sard ina, po r lo que hizo do s obligacione s, qu e m a ndaro n e jecutar y dier on co n él en la cárcel, “po r no t ener en e ste Reino de q ue pagar”. Da or den para q ue en Valencia le aseguren la d euda. A.H.P. Po ., 906(2), 137 101 . Los mercaderes lo cales no viajan a b ord o, sino que decid en otor gar po deres a sus respectivos factores, p ara q ue particip en en la travesía y ajuste n las ve ntas. A.H.P .Po ., 3.0 04, 263, 265. Estos mercade res ap arecen, ju nto a Gr egorio López y Juan d e T orre, vecinos d e Medina d e Rioseco , formalizando una póliza de se guro, q ue cubriese los r iesgos de este envío. A.D.B., Libr o 38 , 7 8. 38 pues no actúan en solitario, sino formando compañía, por lo menos, con otro socio. La presencia d e est os m ercaderes pe rmite la ampliació n de l mercado de la sardina, recuperando el ámb ito med iterráneo y actuando como proveedores de los archipié lagos atlánticos de Canarias y Madeira. Otro grupo de mercaderes foráneos lo con stituyen los andalu ces, en espe cial, sevillanos, que organizan viajes sin e scala, en de recha descarga, a la ciudad hispalen se. A d iferencia de sus homólo gos p ortugueses, los se vil lanos pref ieren emp lear la f lota local; sus ma estres son t entados con la po sibilidad de invertir los fletes en la a dquisición de pro ductos an daluces 102 . En alguna o casión extraordinaria, en que la fa lta de pescad o disp araba e xtraordinariamente la demanda, estos mercade res sevillanos abast ecen las p lazas cá ntabras con cargamentos promiscuos, al no ser p osible ofertar só lo sa rdina a rencada 103 . L as guerras con Francia a consejaba n a lo s maestres gallegos e xigir a l os m ercaderes andaluce s la cobe rtura de u na póliza de seguros. Est án documentadas en 1537 104 y en 15 54 105 102 . Pontevedra, 14 abril 1 557. Á lvaro de T orres, vecino de B aiona y maestre del volante Santiago, surto en el puerto de Ba iona, fleta a Ped ro Ál varez, v ecin o de Guimaraes,, y a Á l varo de Rescod o, vecino de Se villa, para carg ar en la ciudad hispalense 30 0 arro bas de aceite, después de haber descargado la m erc ancía que lleva consig nada. Descargará en P onte vedra o Ponte Cesures; flete: 3 0 pares d e blancas/ar rob a. A.H.P. Po., 844(2 ), 99. 103 . Pontevedra, 29 noviembre 1529. P antaleón Pérez , vecino d e Oporto y maestre de la c arabela nuestra se ñora da Luz, fleta a Francisco Do mínguez, merca der de Lepe, p ara car gar sard ina, xurelos y otros p escado s, par a llevar a B ilbao , co n escala e n Avilé s; fle te: 30 ducado s de o ro. A.H.P.P o., 829(1), 71 104 . Po ntevedra, 2 julio 1 537. Rui d e Sa ntiago, veci no de Pontevedra, d a po der a un convecino, Juan Martínez, pa ra ir a Sevilla y demandar a ciertos mercadere s aseg urado res la pó liza relativa a las mercadurías, q ue le r oba ran lo s franceses, car gad as en el na vío Corpo Santo, d e que era maestre Jua n Fernández . P ap eles de Sa mpedro Folgar.M.P. Po. 105 . P ontevedra , 2 1 no viembre 1 5 54. Carta de pod er d e G regorio d e P umar y Franc isco Tr igo, vecino s de Po ntevedra, co mpañeros y p orc ioneros del navío La Sant a Tr inidad, “cargado d e sardina arencada de mercaderes par a la çibdad d e Sevylla”, a fa vor de Diego H ernández, m ercad er sevillano , par a que “ asegure ys con qualq uier ase gurad ore s e personas de la dicha çibd ad de Sevy lla q ue vo s quisierades asegurar; co nviene a saber , doscientos ducado s d e oro sobre el d icho nuestro navío con sus aparexo s e mercader ías (tachad o), que yo, el d icho Gr egorio de Pu mar, llyebo cargadas en el d icho nab y o p ara la çibdad de Sevilla, po r manera que cada uno de nos se tiene d e asegurar çien d ucados, que s on ansy lo s dichos doscientos d ucados de oro. E sobre ello alcanzar e en vuestro p oder a ver cob rar de los dic ho asegurado res qualesq ueira po lyça e carte de seguro dellos e e n que ellos fir m are n de sus no mbres, cada uno d e ellos la ca ntidad e suma que q uisiere n ase gurar, c onfor m e al e stilo e pó liça de seguro. El qual dicho se guro d e los di chos doscie ntos d ucados pod ays l uego pagar de contado a lo dichos asegurado res d ellos do ze ducados, que agora al p resente vos d amos e vos de nos resçevides”. A.H.P.P o., 82 6(3), 30 2 39 La recuperación d e los co ntactos comerciales co n el Mediterráneo dejará d e estar en m anos de los mareantes gallegos, salvo a lguna excepción 106 , o de los mercaderes d el A lgarve, que actu aban de sde el puerto de Pontevedra, nav egando a Valen cia de A ragón o a la nobl e ciudad d e Ba rcelona . La iniciativa la to man, a partir de la segun da m itad de l siglo XVI, lo s m ercaderes med iterráneos q ue se acercan a los puertos gallegos con carg amento s de vino, para reinvertir e l b eneficio de sus ventas en la adquisición de botas de sardina arencada. Los mercaderes cartageneros que navegan ha sta l a s Rías Ba ixas no parecen muy inte resados en adquirir bota s de sardi n a arencada, ni otra mercancía que les pudiera ofrecer el mercado gallego, para llevar en los to rnaviajes. Descono cemos lo s géneros q ue cargan en sus navíos pa ra negociar en l os puerto s gallegos. A la hora de i n vertir sus preferencias se decantan por las partida s de bacalao que pueden adquiri r en Av eiro. Estas p rácticas están documentada s en 1 558 107 y 157 8 108 . El desin terés p or la sardina gallega en la plaza de Ca rtagena, lleva a la ruin a a las emp resas orientadas a su abastecim iento, como la que suf rió e l alfoline ro de Muros, en 1 588. Tan desafortunada a ventura co me rcial co incide con la incursión de p roductos pesqueros procedentes del Mar d el Norte y servidos a domicilio por ma rinos bretones e ingleses. S ignificativamente, e n 1587-89, t ransportistas frances es son acusados por el concejo de Cart a gena de m onopolizar las importaciones de pescado, provocando l a quiebra de los tratantes locale s, a m én de introducir pescado de origen inglés, prohibido por la guerra en curso 109 . Mayor in terés po r la prod ucción pesque ra gallega m uestra n los mercaderes catalanes y v a lencianos. La prese ncia de g ente s del Principado en los puertos gallegos es temprana, a unque disco ntinua; aparecen ya documen tados, en 1529, 106 . Po ntevedra, 20 noviembre 1 587 . Juan da Caina, vec ino de Po ntevedra y maestre de l navío sa nto Antonio, fleta a L eonor Rs., viuda, v e cina de P onteved ra, para cargar 18 ,5 botas d e sar dina, que llevará a Cádiz ( flete: 3 8 r eale s/bota), y “to mando la ví a d e leba nte”, Carta gena o Alica nte ( 7 ducado s); Málaga (6 ducad os). A.H.P .Po ., 907)2 ), 268. 107 . A.H.P .Po ., 845(1), 380 108 . A.H.P .Po ., 2.235 (1 ), 75 109 . MONT OJO Y MONT OJO, V., E l siglo de oro en Cartagen a (1480- 1640) , Cartagena, 199 3, pp.3 16 40 en Pon tevedra, Muros y Co rcubión 110 . En 1551 está certificada la presencia de algún na ví o cata lán, navegando por las Rías Baixas con la pretensión de adquirir bota s de sard ina a rencada. V enía co n carga de vinos y din eros y es asaltado po r piratas f ran ceses 111 . Es m ás que probable que lo s p uerto s de las rías de Vigo, Pontevedra, A rousa, Muro s…fueran más concu rridos por estos navíos catala nes, que, al no precisar suscribir cartas de fletamento ante los e scribanos locales, apenas h an dejado huella d ocumental. A partir de la d écada iniciada e n 1570 , se observa una int ensificación de la pre sencia de mercaderes y maestres de embarcacio nes aragoneses, que monopoliz an el comercio de la sardina gallega cara a la s plazas de Valencia y Cata luña, desplazand o a lo s esca sos tratantes y armadores gallegos y portugueses, que ma ntenían, a d uras penas, esa ruta come rcial. La p eligrosidad de e sta derrota , tras la re activación de la a ctiv id ad berbe risca, acon seja suscribir p ólizas de s eguros ante el Consulado de Burgos a los esc asos maestres gallegos que se a treven a traspasar el Estre cho de Gibraltar. En otros ejemplos conocidos a trav és de la d ocumentación n otarial y referidos a mercade res locales no f igura e st a preocupación por la seguridad de las empresa s comerciales 112 . 110 . Po ntevedra, 21 o ctubre 15 29. Gonzalo Ga rafate, vec ino de Po ntevedra y maestr e del naví o nuestra señora d el Ca mino, a m arrad o e n la B arca de la Mer ced, fleta a Fr ancisco V illanue va y Antonio Jua n Comes, mercaderes y vecinos de B arce lona, para c argar 80 quintales de congrio e n 4 0 costales, 150 doce nas de pescadas, to da la mercadería de sar dina q ue c upier e, c ueros d e b ueyes y vac a, q ue serán 100 c ueros, y 20 q uintales d e bre a; e l maestre r eserva 1 50 millares de sar di na. La carga se re cogerá en los p uertos d e Muros y Corcu bió n a lo lar go del mes de novie mbre y ha sta 1 2 d e d icie mbre . Viaj e a Ta rragona (3 días d e de m ora) y Ba rcelona; flete: q uintal de congrio/7 sueldos, millar d e sardina 5, doce na de p escadas 1 2, cuero de b uey o vaca 1 s ueldo, doce na de c ueros curtido s de ca strones 1 sueldo. A.H.P .Po ., 822 (1), 123v 111 . Según i nfor me del capitá n general de Galic ia al p ríncip e Felipe, en 5 .octubr e.15 51, apo rtan a Cangas d o Mor razo cinco marinero s c atalanes herido s, que d eclarar on j uramento que, viniendo en una nao a este Re ino, “con bi no y d ineros p or sardina”, encontr aron una nao francesa de d os gavias y 6 0 toneladas, que les exigió que “amaynara n d e p arte del rey de Françia”. Aunque p resentar on b atalla, se rindieron ante s u super iorid ad; les to maron la nao, vino y di neros. Aba ndonaro n a los d oce tripulantes catalanes en la isla d e Sál vora. FERN ÁNDEZ VEG A, L., La Real Audiencia óga no d e go bier no en e l Antiguo Régi men 14 80-18 08), 1 982, I II, pp.261 112 . Pontevedra, 15 diciem b re.15 70 . P edro Vázquez, vecino de Caminha y maestre de la carabela nuestra s eñora da Ajuda, fleta a Juan Montero y J uan Ro dríguez, m e rcade res d e R edondela, para cargar 5 5 b otas de sardina ar encad a. La carga se to mará e n este puerto y se lle vará a Vale ncia de Aragón, con escala e n Carta gena ( 4 días de demora), Alicante (flete: 6 6 reales/bo ta); Vale ncia, 7 7 reales. A.H.P .Po ., 1.5 82(1), 444 v. Po ntevedra, 22 enero 15 72. Diego Ferná ndez, reside nte en V igo, maestre del navío nue stra señor a d o Castro, fleta a Antonio R odr íguez, Benito Mar tínez, José de San Martiño, Domingo de Lu aces y Rodrigo Careta, mercader es de P ontevedra, para ca rgar, respectivamente: 44 bo tas enteras de sardina arencada y 4 bar ricas, que 3 hace n una bo ta; 9 bota s; 20 b otas, 4 y 2 barr icas, 6 costales de congrio, 47 a Galicia se re fiere, finaliza en los años iniciales de la década de los 70. Algún ejemplo aislado, en los ú ltimos años d e esta centuria, hab rá que p onerlo en relación con la activ idad bélica desatada en a guas del Atlántico: en 1590: u n mercader de L aredo a segura un cargamento de vinos consignado al p uerto de Bilbao en e l na ví o del que es mae stre e l m areante pontevedrés Juan Ga rcía de San Roque. Lo novedoso d e e ste seguro es que la pó liza está suscrita por u n mercader-fina nciero, Francisco Ca chodino, vecino de las Cuatro Villas, ref lejo de la quiebra d el Consu lado de Burgos, que n o volverá a in ter venir e n la e misión de seguros e n los puertos gallegos. Otros ejemplos de mercaderes m etidos a asum ir lo s riegos de la navegación se localiza en la co lonia in glesa asen tada e n Baiona 132 . Descono cemos cómo hab rá influido en la contratación de p ólizas la proh ibición de asegurar los n avíos de lo s ataques d e c orsarios y e nemigos, obligando a los mae stres a ir suf icientemente artillados y con gen te a rmada, ta l como recoge la real cé dula de 30 de abril de 1 573, que trat a d e e stimular la con strucción n aval de un idades susceptibles de servir e n las arm adas reales. Cri st óbal Barros entendía que los maestres preferían forma liz ar u n seguro, que les co mpensa ba de estos ata ques, que artillarlos co nvenientemente. Esta p rovidencia no rezaba con los turcos o m oros, suf icientemente temidos por reducir a la esclavitud a sus prisioneros 133 . La serie de se guros m arítimos contratados pa ra la p rotección del co mercio gallego se cance la en 1 637, con u na pó liz a f ormalizada en Sevilla., e n plena vorágine de la guerra de los T reinta Año s (1618-1648) y al poco de ro mpe rse las relacione s diplomáticas con Fr ancia (1636) : dos zabras v ascas cargan en el puerto d el G uadalquiv ir m ercancías locale s (aceituna s, a lcaparras, aceite) e 132 . Baiona, 2 2 agosto 160 7. Guiller mo Quin, maestre del navío la Ana Susa na, fleta a á Franci sco Lombardo , m ercade r inglés re sidente en la villa, para llevar a Viana 29 paños “de todas suertes”,18 piezas d e bayetas y 3 0 d ocenas de m edia s, tod o ello po r valor de 2.6 00 cruzado s, “a su co sta de to do caso fortu yto, a nsí d e fuego, guerra co mo de co rsarios co m o d e otra s qualesquiera mala oc asión”. No poniendo en salvame nto las mercancías en Viana, los mer cader es in gleses, también residentes en Baiona, Duarte Linche, T o m as Gafe, J uan Eçetra pagarán a Lo m bard o 2.200 cruzados, a 1 0 reales cada cr uzado (Guiller mo Qu in 62 5, Juan Eçetra 625, Duaret Linche 40 0, To más Sarj eo 400 . Fir mas. A.H.P.P o., 2. 736(4), 281 133 .P ro visión Real e nca minada a esti mular la construcció n n a val, Mad rid, 3 0 abril 1 573; A.R.G., 25.5 89. Vide Apéndice Do cumental, d oc núm. 2; CASADO ALONSO, J .L., Los ba rcos espa ño les d el siglo XV I y la Gran Armada de 1 588 , M adrid, 1988 48 indiana s (cueros de Santo Domin go, chocolate) con destino al me rcado d e Sant iago d e Compostela, desembarcando en el p uerto de Vilagarcía de Arousa; el seguro supo ne un recargo del 7, 5 por 100 sob re los 30.973 reales en que se valora los prod uctos transportados 134 . El m edio cent enar de pó liz as de s eguro formalizadas ante el Co nsulado de Burgos, en tre 1 567 y 1573, que re cogen los registros, e n las que queda reflejado el co mercio del vino gallego por m ar, of rece la aplastante superioridad d e lo s caldos del Ribe iro do Avia a través del p uerto de Ponte vedra y, en menor medida, del d e Redonde la. Otros cen tros productores de vi nos d e inferior calidad, a juzgar por los precios de venta , como los del Baixo Miño, Val Miñor (blan co de A Rama llosa) o Mariñas d e Be tanzos, quedan reducidos a me ra a nécdota; la produ cción vití co la de l entorno de Viveiro es desconocid a en estos tratos. Pólizas de seguros. Embarque de las botas de vino Fte. Consu lado de bu rgo s Los tratantes locales m antienen una participación discreta en esta moda lida d de co ntratación, e l 20%, u n valor sem ejante al que ofrecen los mercaderes asturianos y d e las Cu atro Villas. Un mayor p rotagonism o concierne a los tratan tes del área de Vizca ya y Guipú zcoa. Dest aca, así mism o, la a ctividad del aposent ador real residente en Va lladolid Lope de Salazar, que también emba rca 134 . A.H.P .Po ., 1.083(6) , 91 135 . LLanes, “que es en Galic ia” Tu i 1 2% Baiona 2 4% Redondela 11 22% Pontev edra 31 62% Vilagarcía 1 2% Muros 2 4% Betanzo s 1 2% Llanes 135 1 2% TOT A L 50 100 49 alguna partida e n la zona de B aiona destinada al mercado ast uriano. Mercaderes cántabros se acercan, igua lmente, h asta la desembocadura del Miño, llevando dineros y m ercan cías con los que adquirir una s bo tas de la produ cción del Baixo Miño 136 . Algún ca rgamento de vino d e Betanzos se encamina al Ca ntábrico 137 . E l de stino más leja no localizado se re f iere a Irlanda 138 . E n la m atrícula de las emba rcaciones p riman las gallegas, con veintidós ejemp lares, de stacando la f lota d e Muros (10). Otras aporta ciones proceden de Portugal (2), Asturias (4), Cuatro Villas (7), P aís Vasco (4). Las p ólizas de seg uros ref eridas a los embarques de pescado salad o son mucho m ás escasas, no llegan a la veintena. E n una única oca sión la carga e s promiscua, compartiendo la bode ga d el navío las bot as de vino y las de p escado. Las pó lizas refe ridas a la s partidas de pescado se o rientan preferentemente al mercado m editerráneo, sin que f alten envíos a los p uertos del C a ntábrico. Lo s mercaderes locales no están ausentes, generalmente, asociados a colegas castellanos y t amb ién vascos. S in emb arg o, el protagonism o co rresponde a vascos, portugueses y valencian os. En general, lo s maest res gallegos se desinteresa n por esta ruta desp laz a dos por e mba rcaciones p ortuguesa s, aragonesa s y cántabras. En el apartado de las importacio nes deben d estacarse l as partid as de h ierro vasco em barcadas en San Sebastián o Bilbao. Los puertos gallegos sue len figurar como me ras escalas inte rmedias en los viajes h acia Portugal, en e specia l, al p uerto de Aveiro; en una ú nica oca sión Be tanzos y T ui aparecen como destinata rios de un o de estos enví o s. C asado Alonso 139 ha estud iado est e 136 . B urgos, 22 marzo 15 70 . P edro de Par ayos y J uan de Setien, veci nos d e Laredo, a seguran u n viaj e redo ndo a T ui, “que es en la b arra de Camiña…de yda , esta da y buelta” ; a la id a sobr e dinero , pa ños y pipas ab atidas p ara vinos; a la vuelta, ca rga de vinos, e n la z abra santa Ana, d e la q ue es maestre Ped ro de la Barrosa, vecino de Quej o. A seguran la carga en 30 0 d ucados al 9%. A .D. B., Libro 9 8, 80v. 137 . Burgos, 30 ab ril 1569. He rnan do Larriba Herrera, vecino de Santander, asegura u na partida de vinos desde Betanzos hasta B ilb ao co n e scalas en Santa nder y Laredo , en el navío nue stra señ ora d e Gracia. A.D.B., Libro 38 , 310 138 . Burgos, 5 j ulio 1570. El apo sentador Lope de Sa lazar, residente en Va lladolid , asegura un carga m ento a I rlanda d e vinos, hierro y sal, desde Lla nes, “que es e n Galic ia”, c on car ga d e p escado en el v iaj e de v uelta, e n el navío san Nic olás, maestre J uan Canín, vecino de Llanes. A.D.B. , Libro 98, 297 . 139 . CASADO ALON SO, H., 200 3, 165 y ss. 50 apartado del comercio vasco entre 1565 y 159 6 en b ase a las pólizas de l Consula do de Burgos, d e quien nos consi deramos deu dores. La p articipación gallega en este trá fico se ref iere, sob re todo, a su labor com o transportista s por cuenta aj ena, desta cando, como también sucedía con el trá fico del vino, la flot a muradana, se guida muy de lejos po r la pontev edresa . Son viajes redondos, que se completan co n una exten sión a las salinas de Aveiro. Desd e Galicia transpo rtan al Cantábrico ba rricas de sardina arencada o de vinos de Ribada via; en los p uertos de d escarga recib en pa ra el viaje d e regreso pa rtidas de h ierro vasco, que deben a cercar hasta Aveiro, donde llenarán su s bodegas con sal, con la que a bastecer a los alfolíes gallegos. Consulado de Burgos. Exportación de v i no de sde los puertos de Galicia Fecha Origen Destino Asegurado Navío Prima 23.06.1567 Pontevedra Bilbao Rodrígue z, Pontev edra S.Ni colás, C astr o U. 3% 17.01.1569 Pontevedra Bilbao J.Robaliño, Ponte vedra Sant iago, Las tres 3% 16.03.1569 Redonde la Laredo J. Escalante, Lared o Concepción, Lare do 5% 140 16.03.1569 Redonde la Laredo Santa Cru z 3% 26.03.1569 Redonde la Limpias Pedro de Para y os San Pedro 3% 19.04.1569 Redonde la Fuenterra bía Martín de H iça, Irún San Este ban, Pas aje s 4% 30.04.1569 Betanzos Bilbao H. Larriba, Santan der Nª.Sª.Grac ia 4% 02.05.1569 Pontevedra Limpias Pedro de Para y os San Andrés 4% 03.05.1569 Pontevedra C. Urdial es P .Gurieç o, C. Ur diales San Pedro 3% 141 19.05.1569 Redonde la Bilbao Lope de Sa lazar San Pedro, Muros 3% 19.05.1569 Redonde la Llanes Juan Gonzá lez, Lla nes Tr inidad, Lastr es 3% 03.06.1569 Muros S. Sebas tián Dº.Recald e, Villare al Sta. Catalina, Muros 4% 03.06.1569 Muros S. Sebas tián Bingolea, B ilbao Sta. Cata lina, Muros 4% 16.06.1569 Pontevedra Bilbao Juan de Fan o, Bi lbao Nª. Sª.Cam ino, Muros 4% 07.07.1569 Pontevedra S. Sebas tián Juan Çer ne, Ponte vedra S.Benito, Po nteve dra 4%, 5% 14 2 07.07.1569 Pontevedra Fuenterra bía S.Landa, Fue nterrab ía Sta. Mª, C. U rdiales 4% 07.07.156 Pontevedra Fuenterra bía Yngoela, Fu enterr abía Sta.Mª, C.Urdia les 4% 07.07.1569 Pontevedra Fuenterra bía M.Çam ora, Rentaría Tr inidad, Rentaría 4% 140 . Sob re el casco, artillería y m unición de la galeaza nuestra s eñora de la Concepción. 141 . “de co ntado” 142 . Antes o más allá d e Bilb ao 51 12.07.1569 Pontevedra Bilbao Juan de Fan o, Bi lbao Sta. María Mar , Bo uz a s 3% 12.07.1569 Pontevedra Bilbao Juan de Fan o, Bi lbao E. Santo, R edonde la 3% 10.11.1569 Baiona Llanes Lope de Sa lazar Concepción, Noja 3,5% 14.01.1570 Pontevedra Bilbao Lope de Sa lazar Concepción 4,5% 30.01.1570 Vilagarc ía Laredo D. Pravia, Pontevedra NªSª Gracia, Espose n d e 4 22.03.1570 Tui Laredo P.Para y os, Lar edo Sta. Ana, Qu ejo 9% 143 20.06. 1570 Redonde la Bilbao Lope de Sa lazar San Pedro, Muros 4% 05.07.1570 Llanes Irlanda Lope de Sa lazar S. Nicolás, Llanes 144 14.04.1571 Pontevedra Bilbao P. Ugalde, Bilbao S.Nicolás, Portuga let e 4% 24.04.1571 Pontevedra Bilbao P.Morueta, B ilbao S.Pedro, Muros 4% 29.04.1571 Pontevedra Santander Lope de Sala zar Buen Jesús , Pontev e d r a 3% 29.04.1571 Pontevedra Bilbao Lope de Sa lazar Sta. María, Las tres 3% 09.05.1571 Pontevedra Bilbao P.Ugalde, Bilbao Santiago, Pontevedr a 4% 16.05.1571 Pontevedra Bilbao M.Larrea, B ilbao E.Santo, A Coruña 4% 16.05.1571 Pontevedra Bilbao T.Mendieta, Bilbao Sto. Anton io, Muros 4% 26.05.1571 Pontevedra Bilbao J.Murueta, B ilbao NªS.Cam ino,. Mur os 4% 28.05.1571 Pontevedra Bilbao J.Agurto, G alicia S.Espírtus, A Coruñ a 4% 28.05.15 71 Pontevedra Bilbao J. Agurto, Ga licia Sto. Anton io, Muros 4% 08.12.1571 Baiona Laredo Lope de Sa lazar S.Nicolás, Baiona 3,5% 04.02.1572 Pontevedra Laredo Paraios, L aredo S.Andrés, Qu ejo 4% 15.02.1572 Pontevedra Bilbao P.Sabuga l, Bilbao Trinidad, Musq ues 4% 24.02.1572 Pontevedra Laredo Lope de Sa lazar S.Andrés, Ga licia 3% 04.06.1572 Pontevedra Bilbao T.Mendieta, Bilbao NªSªCam ino, Muros 4% 09.06.1572 Redonde la Bilbao Dº. Lem os, Redond ela Corpo San to, Cang as 4,5% 20.06.1572 Pontevedra Bilbao J.Murueta, B ilbao T rinidad, C.Urd iales 5% 21.07.1572 Pontevedra Llanes Lope de Sa lazar San Julián 4% 31.07.1572 Redonde la S. Sebas tián Dº Acevedo, Ribad avia San Nico lás, Baion a 5% 31.07.1572 Redonde la S. Sebas tián Rº. Álvare z, Ribada via Sto. Antonio, Vi go 5% 09.08.1572 Pontevedra Bilbao Lope de Sa lazar San Julián 5% 26.01.1573 Pontevedra Laredo Lope de Sa lazar San Julián 4,5% 29.01.1573 Redonde la Bilbao Fco.Rs., Rib adav ia Concepción, Vian a 4,5% 21.02.1573 Pontevedra Bilbao J.Bustri za Nuestra Señora 5% 143 . Viaj e de ida y vuelta Laredo -Tui-Laredo 144 . Viaj e de ida y vuelta Llanes, “que es e n Galicia” -Irlanda - Llanes. 52 Consulado de Burgos. Exportación de pescado desde los puertos de Galicia Fecha O rigen Destino Asegu rado Navío Prima 25.01.1567 Vigo Ba rcel ona M.Rioseco,V igo, Cang as 1 4 5 Sta.María, S. F eliu 11% 16.11.1568 Vigo Va lenci a Alº.Ménd ez, Cam inha Sta. Cruz 11 % 16.11.1568 Vigo Va lenci a Gº. Filgu eira, Cam inha Sta. Cruz 11% 16.11.1568 Noia Alicante Gaspar Ibá ñez, Alicante Sta. Cru z, Denia 10% 16.11.1568 Noia Alicante M. F. de M esa, Al icante Sta. Cru z, Denia 10% 03.02.1569 Pontevedra Sevilla M. del Cam po 146 Nª .Sª.Ajuda, V .Cond e 5% 12.11.1569 P.do Deán Alicante Pedro de Fra nqui z, Alican t e Sta. María, Ca lell a 10% 12.11.1569 P.do Deán Alicante Gas par Yáne z, Alicant e 04.12.1569 P.do Deán S.Sebast ián J.Ibáñez, Ai zpeitia S.Bte., C.Ur diales 4% 28.01.1570 P.do Deán Bilbao P.Ram os, Galicia Sª. Gracia, Santande r S.Gregor io, C .Urdiale s 4% 13.05.1570 P.do Deán Bilbao Sª.Grac ia, S om orrost r o Concepción, idem 3% 07.09.1570 Muros Pasajes Nicolás de Lesaca, R enta r í a S.Esteba n 9% 147 30.10.1570 Pontevedra, Muros Fuenterra bía José de Otaçu Sta. María 10% 148 19.12.1571 Muros Alicante P.Ram os, Galicia S .Antonio , Bilbao 9% 04.12.1572 Pontevedra Valencia G º. López, Pontevedra La Concepc ión 11% 13.12.1572 Muros Bilbao T .de Mendieta, Bi lbao Concepción, C. Urdial e s 4% 22.12.1572 Pontevedra Barcelona G.Rom án, M. Campo S.Nico lás 13% 149 22.12.1572 Coruña, M uro s , Pontevedra Barcelona J.de Illam es, Val de O liva s A. de Arescha ga, B ilbao Bdo. da Tor re, Vig o Nª.Sª.Nazare t 13% 150 145 . Gregor io d e Fontefría es ar rendado r d e las rentas reales d e Vigo Y Ca ngas; act úa e n co nvivencia con e l mercader de Cangas Juan Fandiño y de lo s vecinos de Medina d e Rioseco Greg orio L ópez y Juan de T orre ; la carta de fletamento en A.H.P.P o., 3. 004, 263, 2 65 146 . Francisco d e Oliveira y Gasp ar Pinto, vecinos d e Med ina del Ca mpo 147 . Viaje redondo : desde P asaj es hasta Muros; desde este puer to a Vigo e islas de Ba io na; vuelta a Muros y regreso a Pasaj es 148 . Viaj e re dondo : de sde Fuenterrabía a Setúbal ( hierro) , con e scala en Lisboa; d e retorno, escala en Po ntevedra y Muros ( sardina y vinos), y regreso a Fuenterr abía 149 . Descargando en Cád iz, 6%; Cartagena o Málaga, 8 %; Alica nte o Valencia, 11%; B arcelo na, 13 % 150 . Los fletes se i ncre mentan en la misma pro por ción que en la póliza anterior. 53 Consulado de Burgos. Transporte de hierro v as co Fecha O rigen Destino Asegurado Navío Pr ima 08.05.1567 Pasajes Aveiro Dº.Ménde z , T roncoso Cam ino, Muros 4% 09.05.1567 Fuenterra bía Aveiro Juan de Puerto, Ave iro Rosario,Po ntevedr a 4% 09.05.1567 Fuenterra bía Aveiro Gabiel Álvare z, A veiro Rosario,Po ntevedr a 4% 09.05.1567 Fuenterra bía Aveiro Tom ás Fonsec a, Aveiro Rosario,Po ntevedr a 4% 27.07.1567 Fuenterra bía Aveiro Diego Ménd ez de Brit o Buen Jesús , Muros 4% 29.07.1567 Fuenterra bía Aveiro Fco.Díez, T roncos o B uen Jes ús, Mur os 4% 08.08.1567 Pasajes Aveiro Fc.Díe z, Troncoso Santa María, Muros 4% 04.02.1568 Bilbao Oporto Simón Ba z, Oporto Cam ino, Muros 4% 05.03.1567 Bilbao Oporto Simón Ba z, Oporto Cam ino, Muros 4% 07.03.1568 S. Sebas tián Muros- Oporto Fco.Fde z., Oporto Cam ino, Muros 4% 19.04.1568 Bilbao Pontevedra- Aveiro Tom ás Fonsec a, Aveiro Stª.Mª.O, Pontevedr 4% 19.04.1568 Bilbao Pontevedra- Aveiro Juan Puerto , Aveiro Tr inidad,Pontevedr 4% 19.04.1568 Bilbao Pontevedra- Aveiro Gabriel Ál varez Tr inidad, Ponteve dr 4% 22.05.1568 Bilbao Pontevedra- Aveiro Manuel Ri bero, A veiro Rosario, Po ntevedr 4% 08.02.1569 Bilbao Muros- Monde g o M. Góm ez, Buarcos San Pedro, Mur os 4% 08.02.1569 Bilbao Muros- Monde g o M.Góm ez, Buarcos San Pedro, Muros 4% 08.02.1569 Bilbao Muros- Monde g o Fernán Luís, Buarcos San Pedro, Muros 4% 24.03.1569 S.Sebast ián Muros- Setúba l M.Góm ez, Buarcos Nª .Sª.Cam ino 4% 24.03.1569 S.Sebast ián Muros- Setúba l Fernán Luís, Buarcos Nª.Sª.Cam ino 4% 28.03.1569 Bilbao Aveiro Felipe Día z Buen Jesús , Muros 4% 02.04.1569 S.Sebast ián Muros- Oporto M.Góm ez, Buarcos San Pedro, Muros 4% 02.04.1569 S.Sebast ián Muros- Oporto E.Góm ez, Buarcos San Pedro, Muros 4% 02.04.1569 S.Sebast ián Muros- Oporto Fernán Luís, Buarcos San Pedro, Muros 4% 21.04.1569 S.Sebast ián Ribadeo- Noi a Aveiro Antonio Fde z., Ave iro San Pedro. N oia 4% 21.04.1569 S.Sebast ián Ribadeo- Noi a Aveiro Cristóbal Pino, Aveiro San Pe dro, Noi a 4% 01.07.1569 Bilbao Muros-A veiro Miguel Fde z., Tronc oso San Pe dro, Mur os 4% 11.08.1569 Pasajes Muros 152 Ochoa, Fuenterra bía S.María,Fu enterra b. 10% 13.09.1569 Pasajes Galicia- Lisboa Martín de Ylla, Irún La María d el Juncal 6% 15.02.1570 S.Sebast ián Galicia-Vian a A.Glez.Cabe za, Via na Cocepción, Viana 4,5% 151 . Escala en Muros “si la quisi ere haçer” 152 . Pasajes-Muros -Lisboa-La gos-Silves -Ayamonte; regreso a Pasaj es o Fuente rrab ía. A la id a, carga de hierro s 54 03.03.1570 Bilbao Oporto Lope Núñe z, Oport o Gracia, Pont evedra 4,5% 13.03.1570 Bilbao Mondego Fernán Núñe z, Bu arcos San Pedro, N oia 4% 13.03.1570 Bilbao Mondego Gaspar Corr ea San Pedro, N oia 4% 31.03.1570 Deva Mondego Vicente Fosec a, B uarcos Mª.Cam ino, Muros 4% 31.03.1570 Deva Mondego Manuel Núñ ez, Buar cos Mª.Cam ino, Muros 4% 31.03. 1570 Deva Buarcos Enrique G óm ez, Buarcos Mª.Cam ino, Muros 4% 31.03.1570 S.Sebast ián Mondego Rº.Álvarez, M ontem aior Mª.Cam ino, Muros 4% 31.03.1570 S.Sebast ián Aveiro Gabriel Ál varez, Av eiro E.Santo, Re donde la 4% 16.07.1570 Bilbao Portono vo- Via n a Antº.Vieira, Viana B.Jesús, Pont evedra 5% 16.07.1570 Bilbao Portono vo- Via n a Juan Gs.Ra lón, V iana B.Jesús, P ontevedra 5% 16.07.1570 Bilbao Portonvo- Vian a Manuel Mach ado, V iana B.Jesús, P ortonov o 5% 07.09.1570 Pasajes Muros 153 Nicolás Lesac a, Rent aría S.Esteba n 9% 19.03.1572 Bilbao Betanzos- T ui Pedro T abison 4% 26.03.1572 S.Sebast ián Mondego Fco.Manríque z, Coim bra S.Francisco, Vigo 5% 31.05.1572 Bilbao Galicia 154 N. La ndarberde, Bilbao Castro Urdi ales 3% Las pó lizas de seguros burgalesa s referidas a Galicia tamb ién proporcionan interesante info rmación s obre las relaciones comerciales c on Portugal. La participación de mercad eres vianeses en la a ctividad come rcial desarrollad a en los pue rtos de Bilba o y San Seb astián es tem prana: el L ivro d as Navegaçoes d el puerto del Lima de 1566-67 recoge e l envío de abundantes p artidas de b acalao, que servirá para f inanciar la im portación de hierro, mad era y alquitrán 155 . P erviv e la sospe cha entre los historiad ores actuales de conside rar a todo portugués como cristiano-no vo. Sospecha ya vigente en e l siglo XVI. L as co munidades judaizante s asentadas en las vi llas de la s Rías Bai xas, en esp ecial, la de Pontevedra, son bien con ocidas 156 . Su v ocación comercial es in dudable y así encontraremo s a varios de sus miembros (Anton io Dinís, Anton io de Chaves) 153 . Desde Muros, co n car ga d e h ierro o dinero ; d esde este puerto a Vigo e islas de B aiona; a la vuelta, sardina 154 . Aunque no cita expr esamente la carga, supo nemos que se t rata d e hierro s. Las escala s se realiza rán en A Coru ña, Po bra do Deán de Santiago y Noia . 155 .FERN ANDES MOREI RA, M.A., 19 87, 84 156 . J UEGA PUIG , J., Lo s Din ís, u n lina je judeoco nverso en la Pon tevedra d e los siglo X VI y XV II , O Castro (Sad a, A Cor uña), 20 04 55 forma lizando pólizas d e se guros e n el Consulado de Burg os 157 , a l po co de asentarse e n Galicia. Con todo, la instalación en B ilbao de individuos de l poderoso clan de los Pereira no se p roduce hasta la se gunda generació n 158 . Descono cemos cómo la Unión Ibérica habrá an imado e l tráf ico en tre Bilbao -San Seba stián con los puertos d el no rte de P ortugal, pero desde su insta uración el protagon ismo d e l os c ristiano-no vos n o d e ja de i ncrementarse. L a i mplicación económ ica entre la s dos coron as se constata e n las disposiciones d e Felipe II, que reservan la producción de las salinas d e A veiro p ara el abasto d e los alfolíes gallegos y astu rianos 159 . A la altura d e 1611, los P ereira han lo grado ha cerse con el cont rol sobre las exportaciones de h ierro vasco a Portu gal, como denuncian las Junta s Generales de Viz ca ya 160 . Basas Fernández, en base a la info rmación contenida en el libro d e seguros del burgalés Juan L ópez de So to (1566-67) 161 , ha su brayado la a ctiv a p articipación de los puertos g allegos e n el c omercio colonial portugués, r ecibiendo desde Pernambuco cargamentos de azúcares, palo de b rasil, algodo nes y remeles , que redistribuyen p or e l me rcado eu ropeo, con la p laza de A mbe re s com o de stino preferente . Este trá fico tiene su epicen tro en el p uerto d e Vigo, como ya ha sido señalado e n otras ocasiones 162 . La activ idad de los mercade re s vigueses 157 . Burgos, 17 enero 1569. J uan López de Soto asegura, por c omisión de An to nio Denis y en nombre d e J uan de Robali ño y Alº de P arada, vecinos de P ontevedra, desde P ontevedra hasta Bilb ao con e scala en .Sa ntander sobr e vi nos b lanco s y ti ntos, cargados en e l navío Santiago, del q ue e s maestre Mateo López d e Soto , vecino d e Avilés, a 3% a pagar e n la feria de may o 500 ducados. A.D.B., Co nsulado, Libro 3 9, 499 . Burgos, 27 septie m bre 1572. Asegura e l do ctor Antón Álva rez, por comisión y en no mbre de An tonio de Chaves, vecino de Po ntevedr a, de Sevilla a Pad rón, con escala en P ontevedra, sobr e cuero s de Indias y aceites y otra s cualq uiera m ercaduría s, pertenecientes al dic ho A ntonio de Chaves, a 6% a pagar en la feria d e o ctubr e; e n la nao santa María, de al qu e es maes tre San J uan de M ali s, vecino de Lequeitio. (total 2 .650 ducados). A.D.B ., Consulado , Libro 47 , 272 158 . En 15 83, el licenciado Victoria instala en Bilbao a su hij o, J erónimo d e Saravia, gestio nando letras de su padre por valor de 130 ducados. J uega Puig, J. , 2004 , 72 159 .JUE GA PUIG, J., 2006 ,376 160 . B ARKHAM, M .M., . 2003, 173 161 . BASAS FE RNÁNDE Z, M., 1 966, pp. 15. La catalogació n d el fondo d ocu m ental ge nerad o por el Consulado d e Bur gos per mite dispo ner de o tro lib ro d e est e mercader , que abr aca los a ño s 157 0-72. A. D. B., Consulado , Libro 45 162 . “desd e tie m po i nme morial a esta parte s ie mpre la d icha villa de Vigo e p uerta de e lla ha te nido carga y de scarga a nsí de naos inglesas, france sas, venecia nas y hurcas flame ncas, tra y en do a la dicha villa merc adería, e cargas en e lla de otras, así d e vinos d e Ri bad avia co mo de açúcar y pal o del Brasil 56 despertó la codicia de los puertos de realengo, Baiona y A Coruña, que reclama ron el monopolio en la rece pción y d espa cho d e n avíos e xtranjeros, a lo que se avino el m onarca e n 156 9, como lo expone en la real cédu la d e marzo de ese año 163 . Varios fa ctores favorecían esta conexión gallega con Brasil como extensión o desviación de la activi dad desarrollada e n los cercanos puertos de V iana, Vila do Conde y Oporto, hab ilitados legalmente para comerciar con las Indias portugue sas. E l siste ma de vientos im perantes para lo s viajes d e retorn o a la met rópoli, los llama dos viento s de l Oeste, barrían un amplio f rente de la fa chada atlánt ica peninsular, forzand o la arribada de na ví os a las costas gallegas, e n principio, c onsignados a algún p uerto portugué s. En la re d acción de las póliz a s, que cub ren la travesía desde B rasil, se acostumbra a no señalar un único puerto de de stino, sino una dilatada zona: la nao san Juan se e spera que arribe en un punto indeterminado en tre Viana y la rí a d e Arousa, d onde hiz ie re su d erecha descarga . El abuso d e este sistema, las llamadas arribadas de malicia, forzaron la intervención del monarca portugués, que, en 1544 y 1561 , que prohibió las descargas a menos de diez leguas (55 kilómetros) de la frontera 164 . Para e l de spacho de las m ercan cías indianas cara al mercado eu ropeo el puerto d e Vigo contaba, apa rte de la flota po rtuguesa, con naví o s ingleses, flamenco s y a lemanes, que lo frecuen taban, a l encargarse d el abastecimiento de textiles, por lo que po dían a provechar los viajes de retorno. En este trasiego la flota gallega está completamen te ausente: la conexión entre Brasil y Galicia queda rese rvada a emb arcaciones p ortuguesas, matriculadas en la zona d e inf luencia de Oporto y Viana. Para redistribuir el a zúcar y demás productos brasileño s por el mercado del Mar del Norte la s embarcaciones portuguesas se ven reforzadas p or navíos europeos. e o tras co sas e sard ina e pesca do e otras mercader ías…y d end e p oco acá ha visto venir al puerto d e la dicha villa flotas de naos in glesas de Bristol, q ue siempre suelen traer mercade rías muy subidas y ricas”. LÓP EZ FER REIRO, A., VIII, ap éndice d ocumental 163 . SANTI AGO de, J ., NO GUEIRA, J., Bayo na An tigua y Modern a , Ma drid,1902, p p.77 164 . RAMOS H., C rónica s h istóricas de la villa de B ayona , Mad rid, 192 5, p p. 2 25; GARCÍA ORO , J, PORT ELA SILV A, M.J., 200 3, PP. 32, 94 63 reales 193 . Est e mismo mercad er cuando finan cie a lo s m aestres de las embarcacio nes vascas, que transpo rtan toneles de vino blanco de Riba davia a sus puertos de origen, les exig irá unos intereses muy supe riores. Présta mos a riesgo suscritos por Domingos de A res ti Fte.: A .H.P. Po., 944 ,281, 3 98, 399; 9 45, 463, 46 4 Patrones bretones tam bién ejercerán co mo prestamistas de los cargado res vizcaínos en los pu ertos gallegos, a delantándoles el d inero preciso para a cabar de llenar las bo degas de sus navíos con bo tas de vino de Ribad avia y de sa rdina arencada 194 . El f rancés Rafael Cotansiau les asegura 7.200 reales, pero señaland o como franq uicia y , por ta nto al m argen de l se guro, la posible corrupción del vino y lo s f recuentes em bargos de los m antenimientos decretados por las autoridades. Desco nocemos e l interé s exigido en esta o peración crediticia, que n o se declara 195 . Mercad eres cán tabros met idos a f inanciero s, 193 . Po ntevedra, 1 1 mayo 16 16 . Domingos d e Aresti, merc ader , vecino d e Bilb ao, r econoce haber recibid o d e Fr ancisco Cacho, vecino d e San J ulián d e Musques, 3. 000 r eales, que Francis co Cacho le asegura y co rre el rie sgo de ellos so bre la quilla de su na vío san Nicolás ha sta llegar a salva mento a San Se bastiá n, a donde va consignado con carga d e vinos de Rivadavia, al 9% por razón del r iesgo y seguro. La liq uidació n se hará en 20 días. A.H.P .Po ., 954, 346 194 . Muros, 22 sep tiembre 16 20. Pe dro Retoran, fra ncés, vecino d e Olona, m aestr e y cap itán d el navío santísima Trinidad, fleta a Lorenzo de Cotorillo, vecino de Santander, p ara cargar de sardina “ an si suya y vezi nos desta villa”, p ar a llevar a San Seba stián “o donde dios fuera ser vido” en la pro vincia de Vizca y. Le pre sta 80 0 r eales de plata, q ue, llega ndo a salvame nto el navío a Santander o San Sebastián, se los devolverá e n la mi sma moneda y un interé s del 8 por ciento. Si se perd iera la mercancía no sea ob ligado a pagar nada . A.H.U. S., 44 , 209 . 195 . P ontevedra, 25 ener o 16 10. Ra fael Co tansiau, natural de la villa de Olona (Francia), m aestre de l navío La Caridad, se conciert a co n Mig uel Pér ez de An b ulod i, Jo anaes de Olas y André s de Aduna, vecinos de Fue nterrab ia. Est os reco nocen hab er rec ibido d el m aestre d el navío 600 escudos, que Fecha Maestre Navío Matrícula pr éstam o interés Destino 13.01.1615 J. Casanu eva Espíritu S anto Fuenterra bía 600 rs. 15% Fuent erra bía 25.05.1615 M. Lopategu i S. Nicolás Plenc ia 869 15% Bilbao 26.05.1615 Idem Idem Idem 330 15% Idem 09.11.1616 B. Achutegu i S. Juan Plencia 100 15% Plenc ia 09.11.1616 E. Murriet a San Ju an Musques 300 15% Bilbao 10.11.1616 J. Iriguen Nª.S.ª. Pieda d Mudan za 400 10% Bilbao 64 como el que vimos f ormalizando una pó liza d e seguros, e n 1 590, a un mercader de Motrico que tran sportaba vinos, re fu erzan esta ruta, adelantando dine ros a sus tratante s 196 Desde octubre de 1602 los hermano s Diego y Anton io P ereira se hacen con la renta de la sa l del partido de G a licia, lo que supone, dadas las amplias conexione s mercantiles y capitalista s de los n uevos arrendatarios, la actua lización y dina mización de los medios em pleados p ara g arantizar el tráfico marítimo-merca ntil e n Ga licia y, muy esp ecialmen te, e n el puerto de P ontevedra, base de sus operaciones. La irrupción de los cristiano -novos en la renta d e la sa l era r esultado de un pr oceso lentamente larvado y p ara el que s e encontraban sobradamen te capacitados y que se conv ertirá en p iedra angular de sus negocios, hasta el pu nto de permanecer en p oder de este l inaje a lo largo de varias genera ciones, a p esar de las esca ndalosos aco ntecimientos en los que se vieron involucrados, tales como la apresurada huida a Francia de Antonio Pereira, en 1618, pa ra no ser víctima de las p risiones inquisitoriales, que pade ció buena parte de su pa rentela. Lo s trato s de esta fam ilia co n la renta se remo ntan a su llegada y asen tamiento en la villa del L érez, a los man ejos de Pau los Nú ñez de Vitoria, el licenciado Vitoria, suegro de A n tonio Pereira, asesor y ten iente d e Bernardo de Porras, que fuera administrador po r la Real Hacienda de los a lfolíes gallegos d esde san Juan de 1 573 197 . Hacerse con la renta d e la sal d el pa rtido de Galicia y, posteriorment e, con e l de Asturias era la natu ral prolongación de su s negocios, sustentados en e l m onopo lio f áctico d e la rut a marítima que unía a Bilbao con Oporto, como hemos visto que reco nocían las Ju ntas Generales d e hacen 7.2 00 re ales, con lo que adquirier on y car garon a bo r do 31 botas d e vino bla nco de Riba davia, que el m aestre, junto co n otras bota s, llevará a Fuenter rabía . Rafael Cota nsia u asegura a lo s mercader es la car ga e n los dichos 60 0 escudo s, “eçeto q ue no aze el d icho siguro ni c orre riesgo aviendo cor ruçión po r falta d e voterr a o to ma de re y y de su s ministro s y ofiçiale s o d e lugar a donde aya aportad o”. Laredo (escala de 2 4 horas), Fuenter rabia. Pagarán, lle gando e n salvame nto, los 600 escudos y 2 4 reales/ b ota en concep to d e flete, m ás otro s 24 par a un so mbrero del m aestre . En acaso de p érdida, “de a quello q ue se salvare pagará la par te que les cupier e”. A.H.P .Po ., 1.016, 850 196 . P ontevedra, 1 8 j ulio 1592. J uan d e Urrutia, vecino d e Bilba o, se obliga a pagar a Julepe de Ampuero, veci no d e Casto Urdiales, 2 .100 reales, q ue lleva e m pleado s e n vinos de Riba davia , 1.05 0 reales en la za bra d e J uan de la Qui ntana y los o tros 1. 050 reales en la zab ra de Antó n de Sevilla, hasta su descarga e n Bilbao , co n un interés del 1 2%. A.H.P .P o., 887(6 ), 27 5 Po ntevedra, 5 marzo 1 601 . Miguel Aminiel y Ajar de la M ota, m aestres del filipo te Rap oso , vecinos de Breb axe y Fo ntenla, Fra ncia, se o bligan a pagar a San tiago de la Edilla, vecino de Laredo, 15 0 ducado s, q ue re cibiero n en préstamo. Lo p agarán del flete, llegando con las mercadurías a Laredo o Bilbao . A.H.P .Po., 87 6(3), 33 . 197 . A.G.S ., E.H., 361 65 Vizcaya, en 161 1 198 , y que ha bía hecho del p uerto de Pontevedra una escala intermedia . Los Pereira pose erán alguna q ue otra em barcación en p ropiedad 199 , pero el grueso de su negocio descansa en la contratación de los servici os de transpo rtistas por cuenta ajena. La a dmin istración d e esta renta recae s o bre los hijos d e A n tonio Pere ira, en especia l, Marcial Saravia Pereira, que rec ibe plenos p oderes de su tío Die go Pereira 200 y que red acta la m ayor pa rte de lo s cie ntos de préstamos a riesgo sobre lo s que se asienta la carrera de la sal. Junto a él sus hermanos Domingos, recepto r del a lfolí pontevedrés de A Barca, que se traslada d esde Vian a para ocupar este cargo 201 , y T omás , que se in stala en Aveiro 202 . La f amilia del otro hermano, Diego Pereira, no pa rece int ervenir tan directa mente e n este ne gocio, volviendo a a vecindarse en Oporto 203 , m ientras que su hijo Simón continúa en e l puerto de Bilbao como su f actor 204 . Otros f amiliares, m ás o me nos cercano s, pero perteneciente s al linaj e de los cristiano-nov os interviene n directamente en la adm inistración de e sta renta: A ntonio Coronel ejerc e c omo receptor e n Tu i; en 198 . B ARKHAM, MM ., 20 03, 169 199 . P ontevedra, 27 octubre 1609. Hace más d e 1 0 años que Diego Per eira a dquirió de B artolomé de Carriçal, m areante vecino de Pontevedr a, la mitad de su navío San Mate o, en 24 0 ducados. Hicieron compañía pa r de dicarlo a a ce ptar fletes, y e ndo por maest re B . Carriçal. El navío y a es viejo y no puede ser vir de co mpañía; P ereira, a opta p or venderle su mitad en 50 0 re ales. A.H.P. Po., 9 80, 655 200 . A.H.P .Po ., 983, 96 201 . Pontevedra, 14 septiembre 161 0, A na de Paz, v iuda de An tonio Sánchez, vecina de Viana (Po rtugal): c uando co ncertó e l casamie nto de su h ija B eatriz Sánc hez de P az con Do mingos P ereira, hijo de Antonio Pe reira y Gr acia Dinís, se p uso p or condi ción q ue habían e residir en Viana “y que dicho casa mi ento se hazía y co nstruya co nfor me y al f uero, leis y co stu m bre s del Reino de Portugal, que hes q ue tod os lo s vienes sean co munes y rep artan entr e m arido y mujer” . B ajo estas co ndiciones se casaron, hace u nos diez meses, en la igle sia parr oquial d e Viana. Viviendo en Viana, fue lla mado por Antonio P ereira , su pad re, pa ra que se hiciera car go de l alfolí de la Bar ca de P onteved ra “ y po r ser de mucho pro vecho lo a vía aceptad o” y traído a Pontevedra a su mujer con intenc ión de que, acabad o el tiempo d e dicho oficio, había de vol ver”. Estando en Pontevedra, recibe la dote Ana de Paz: 40.000 r eales, 30.0 00 en dinero s y 10.0 00 en piezas d e oro, plata y vestido s. A.H.P .Po., 981, 407 202 . P ontevedra, 1 2.07.16 12. El hij o de Antonio Pe reira, To m ás P ereir a, está asentado en A veiro, donde posee una casa en “Rúa Dereita, que compró por su orde n”. A.H.P.P o., 983, 256 203 . En 1609, Mar ta Pere ira, hija d e Diego Per eira, ad m inis trad or de los alfolíes, y Felip a Nú ñez, vecinos d e Opo rto, “consider ando lo s peligro s y tr avaj os d este mundo, por m enor servir a d ios… y poner mi al ma e n carr era de salba ción”, ingresa e n el mona sterio de Santa Clara d e Castr o Urdiales, “ a d onde no tener necesidad de vienes temporales”, por lo que renuncia a su le gítima a f avor de sus padr es. Es menor d e 25 años y m ayor de 23 . A.H.P.Po ., 980 , 399. 204 . A.H.P .Po ., 1.053, 604 66 Cambado s lo hace Je rónimo de Cha ves Barcelos; en Betanzos Fe lipe Rodríguez de Fonseca, vecino de Mon fo rte d e Lemos 205 y com o administrador en Asturias Antonio Fonse ca 206 . Mientras la navegación se en cuentre condicionada po r la guerra abierta contra Inglaterra y Provincias Un idas, los arrendatarios del estanco se ven obligado s a acudir a mil subte rfugi os para asegurar el abaste cimiento de los alfolíes. Mantienen la ruta , que p artiendo de Caminha, donde la s embarcacion es cargan produ ctos ind ianos, en co ncreto b rasileños (azúcar y el coloran te cono cido co mo palo brasilete) s e prolonga hasta B ilbao. Una carga tan v a liosa aconseja prudencia y no agotar la capacidad de l as b odegas d e l os navíos: harán esc ala en Ponte vedra, para acabar de completarla con toneles de vinos de Ribadavia. Esta escala intermed ia, ya e mplea da por los P ereira antes de f inalizar el siglo XVI, era tan habitual que llegaron a u n acuerdo con los arren dadores de las rentas reales, precisamente usando de la intermediación del lice nciado V itoria, para no co ntribuir m ás que por la mercan cí a descargada, a unque el na ví o se adentrara en e l espacio f iscal d efinido por las m arcas d el puerto pontevedrés, la franquía 207 . En Bilbao cargarán hierro, que a cercarán h asta Aveiro, donde, como ya vi mos, aprovecharán para tomar carga de sal, con la que abastecer a los alfolíes gallegos 208 . Los Pereira y Di nís también pueden ab astecerse 205 . NÚÑE Z -VARELA Y LENDOIRO, J.R, RIB ADULLA P ORTO , J.E., Historia d ocu mentad a de Betan zos de lo s Caba lleros , Betanzos, 1 984 , vol.I , pp. 372 206 . A.H.P .Po ., 984, 233 207 . P ontevedr a, 25 sep tiem bre 1 597 . El licenciado Victo ria, en nombre de Anto nio P ereira, mercader , y de hermano Diego, po r una parte ; por la otra, Lope N úñez de Aldao, vecin o de Pontevedra y arrendad or de las rentas reale s de 1 596 -98. L os P ereira ha n cargado e n P or tugal cier tas mercancías para llevar al se ñorío d e Vizca ya y en Bilb ao p ara lle var a Po rtugal, “en navíos, cara belas y otros baj eles, los quales por aver entrado en el puerto desta villa dentro d e la barra della y descar gado alguna p arte de la s dichas merc adería s y con las más r estantes aver seguydo su b iaje” , l es exigen el pago de la diez ma deb ida a su m ajestad p or la tota lidad de la carga. Sobre esta cuestión se trató p leito ante la j usticia de la villa, a l pretend er los Pereira pa gar sólo por las m erc ancías descar gadas en el puerto de Pontevedra. Se co nciertan en que las m e rca ncías que van de Portugal para Bilbao y Asturias, aunque entre n e n la ba rra, “co mo no se de scargue n n i bendan ni fondea n par a bender se “ no paguen diezma, vendié ndose dentro d e la bar ra, deben satisfacer d iez ma y alcabala . A.H.P .Po., 9 12, 729 208 . Pontevedr a, 18 j unio 1607 . Sebastián de Amarante, veci no de Po ntevedra y maestre del navío Nuestra Señora del Camino, fleta a Diego P ereira, ad m inistra dor general de los alfolíes d el Rei no d e Galicia, para cargar 40 c ajones d e azúcar y 40 q uintales de palo de brasil en Ca minha y llevar e sta mercancía a Bilba o; con esca la en el puerto de Mar ín “o asta la franq uía de sta villa” (P ontevedra), donde cargarán 30 botas d e vin o “ de qualqueira mercad er que m e la s diere”. En B ilbao entregará la 67 directamen te de los producto s brasileños, sin precisar de la intermed iación de los m ercaderes asentados en el puerto de Caminha, organizando expedicione s directas a Pernambuco de sde los pue rtos portugueses, al co ntar con deudos y parientes a ambos lados del Atlántico 209 . Es d e suponer que lo s navíos que desde e l puerto de Pon tevedra se dirigían directame nte al de Bilbao o San Seba stián ca rgados de vinos de Ribadavia y, en men or me dida, de pescado salado, tomarían hierro para lle var a Aveiro, co n lo q ue reforzaban la carrera de la sal 210 . En los e scas os préstam os que conceden a los maestres de las embarcacio nes, e xig en a los benef iciarios que ase guren ante te rceros el ca pital prestado, evitando cualquier tipo de riesgo 211 . La Tregua con las Provincias Unidas, en , e n 160 9, pe rmite una normaliz ación de la navegación, que será apro vechada p or los arrendadores del est anco p ara regularizar el sum inistro a los alfolíes gallegos, al tiempo que obtenían unos ingresos co mplementarios, median te la f ormalización con lo s transpo rtistas de numeroso s préstam os a riesgo 212 . Se tr a ta de pequeños ade lantos monetarios carga a Si mó n Pere ira, hij o d e Diego, o a s u factor Fra ncisco de Liendo, p ercib iendo d e flete 9 00 reales. En Bilb ao le en tregará n 700 qui ntales de hierro “ y los m á s q ue e n el d icho navío se p udiere cargar, quedando en buena navegació n”, que lle vará a Aveiro, donde entregará la carga a To más Per eira, sobrino de Diego, que le pagará d e flete 2 r eales por q uintal, por una letra a cob rar en Po ntevedra . E n Aveiro cargará sal p or cuenta de la Real Hacienda, que le entregará el proveed or Francisco Cardo so, que navega rá al alfolí que le fuere co nsignado , sin sobrep asar el cabo d e Fisterra y cobr ando lo habitual en estos t ranspor tes. A.H.P.P o. , 1.053, 60 4. 209 . E n 161 0, I sabel T o m ás, viuda d el lice nciado P aulo Núñez de Vito ria, ju nto con sus hijo s, el bachiller Victor ia d e Sarav ia y Felipe N úñez de Vitoria , to dos vecinos de P ontevedra , exponen có mo el licenciad o Vitoria en vió p or orden de Paulo Nú ñez de Victo ria, su nie to, residente en Vila do Conde, 1 .40 0 escudos en mercancías d irigidas a o tro nieto , J erónimo Per eira, residente en Per nambuco, para q ue la s vend iera y empleara lo pr oced ido en az úcares y otr as mercanc ía s, q ue d ebía re m itir a Galicia. Jeró nimo Per eira se encontraba ausente de P erna mbuco cuando llegaro n las mercancías, po r lo que se hi zo cargo de ellas Gaspa r Sara via, d el que no tienen notic ias. Otor gan pod eres a Francisco Álvarez, Anto nio Ribeiro y a l pad re frei Jo sé, re sidentes en Per nam buco , y a Do mingos de Andrade , hijo de Jo rge Blandó n, vecino de P ontevedra. A.H.P .Po .,1.016, 807 210 . Po ntevedra, 19 novie mbre 1 609 , Bautista d e Ro m ay, ve cino d e P onte vedra y maestre d el na vío nuestra señora del Mo nte, fleta a Diego Pereira, adm ini strador d e los alfolíes del Reino de Galicia, para q ue, lle gando al p uerto de Bilb ao, a do nde se d irige c o n car ga d e p e scado, r ecoj a 800 quintales de hierro del p eso de Rentaría y los tra nsporte a Aveiro u Oporto. Flete: 2 re ales/quintal. A.H.P .Po ., 980, 398 211 . P ontevedr a, 9 agosto 16 08. Mar tín d e Paz y Mar tín Vé lez, su yerno, veci nos d e Castro Ur diales, a los q ue Marcia l Saravia Pe reira, recep tor de la sal de la vil la, les había p restado , antes d e ahor a, 2 00 ducado s, que Marc ial y P ed ro de la P eña el Mo zo, vecinos de Bilba o, se los asegurab an y cor rían el riesgo de ellos sobre la qui lla y costado de la zabra san J uan, de la que era mae stre P edr o de Ampuero , hasta llegar e n sal vamento a Bilba o. Pa garán los 200 d ucados más otros 20, a razó n del 10 por ciento. A.H.P.P o., 1. 014, 357 v. 68 gravados con un tipo de interés que podemos considerar elevado, que oscila entre e l 10 y el 15 %, exceptuando la f inanciación de una campaña a los bacalaos de T erranova, a la que ya nos hemos referido, que a lcanza el 3 0%. E stos adelanto s iban de stinados a l a adquisición de mercadurías b aratas, e n concreto de sardina, para que los empleen e n sardina o en otra mercaduría . Si e l n avío transpo rta p roductos m ás valiosos, como pueden ser las pipas de vino, el dine ro se d estina a l sostenimiento de sus m arineros, para aparexar y matolote xar dicho navío y marineros . Estos préstamos suceden a lo s a costumbrados en la carrera de la sal ante s d e f irmarse las pac es con Inglaterra, e n que los arrendadores del estanco, en especial Antonio G ómez, em bargan los n avíos de los mareantes gallegos, pero gratif icándoles con u na pequeña cantidad de d inero a cuen ta, libre d e interese s, llamados socorros 213 . Las cantidades p restadas po r los Pereira nada tienen que ver con los préstamos realizados p or los maestre s b retones en Sevilla, que, significativamen te, se expresaban e n ducados. En su conjunto, los p réstamos concertados en Pontevedra apartir de la f irma de la T regua de los Doce Años aparecen referidos en la siguiente tabla: 212 . Está do cum e ntada u na tímida p resencia de M arcial Sar avia Pe reira en este ramo, financiando , poco a ntes de la fir ma d e la p az c o n las Provincias Unid as, el tr ansporte de vinos de Ribadavia: Po ntevedra, 9 agosto 1608 , M artín de Paz y s u yerno Mar tín V élez, veci nos de Castro Urdiales, reciben prestad o d e M arcial Saravia P ereir a, r eceptor de la sal de Pontevedr a, 2 00 d ucados, q ue se lo s asegura, junto c on P edro de la Peña el Mo zo, vecino d e B ilbao, so bre q uilla y costad o de la zab ra San Juan, de la que es maestre P edro d e Ampuero, hasta l legar a Bilb ao. A.H.P .Po.,1. 014, 307 v 213 . Vide el ap artado Los cer cos y la sal e n el cap ítulo Peixe merchante. 69 Escri turas de préstamos a riesgo en Pontevedra (1609-1 645) Fte.: A .H.P. Po., 980 , 981, 982, 983, 98 4, 985, 986, 98 7, 988,989, 990, 99 1, 992, 993, 994, 99 5, 996, 1.015, 1.016, 1017, 1 .040 Fecha Sardina Vino Sal Hierro Otros Sin especifi car T OT A L 1609 10 3 2 15 1610 4 6 10 1611 2 2 1 5 1612 4 5 1 5 15 1613 17 14 2 3 3 8 47 1614 30 21 5 1 57 1615 4 8 1 13 1616 1617 1 1 1 3 1618 2 2 1619 3 1 4 1620 1 1 2 4 1621 1622 6 4 10 1623 1 1 1624 1625 2 2 1626 1 1 1627 1 1 1628 1 3 4 1629 1630 1 1 1638 1 1 1639 1 1 1640 1 1 1642 1643 1 1 1644 1 1 1645 2 2 To tal 79 61 5 5 15 25 190 70 La comercialización d e la sa rdina lidera la act ividad d el puerto pontevedrés, acaparando casi el 50 por 10 0 de lo s préstamos a riesgo, frente a su más inmediato competido r, el vino bla nco de Ribadavia, que no a lcanza el 40 p or 100 de los envíos. A dem ás, e ste tráfico se realiza m ayorita riamente en embarcacio nes galleg as y, en m enor m edida, portuguesas; p rácticamente están ausente s los navíos d e otra procedencia. Re sulta muy si gnificativo la corta navegación de estos e nvíos, red uciéndose a lo s puertos del n orte de Portu gal: Viana da Foz do Lima, Vila do Conde y Oporto 214 . Las excepcion es a esta ruta son contadas 215 . Atendiendo a la cantidad de d inero emp leado en f inanciar la come rcialización de la sardina (33.117 reales), se mantienen las d istancia s con relación a l empleado en el vino (26.515 reales). Los préstamos a riesgo sólo contemplan e l viaje d e i da; para lo s tornaviajes será n ecesario c ontratar uno nuevo. Sin embargo, para los navíos que pa rten de vacío a cargar sal en Aveiro el seguro contemp la exclusiv ame nte e l viaje de retorno: asta llegar a salvamiento a la ve nida desde la dicha villa de Aveiro a la parte donde fuese o rdenado va ya a descargar . Esta m odalidad de seguro cubría el riesgo ordin ario sobre el t ransporte de mercancías, e sto es, sobre los accidentes naturales o ataques corsarios, pe ro no la b aratería o de sidia d e los mae stres. De producirse, los maestres debían de volv er la suma prestad a, aunque sin devengar intereses. Estas imprudencias también acarreaban el impa go d el flete, al consignar la carta de fletamento que los contratantes de la embarcació n ha rían efectivo el f lete llegando a salvamento a sus respect ivos destinos. Los m aestres d e los navíos e ran responsables d e la carga entregada, desde el momen to en que se f ormalizaba la carta de f letamento, incluso a ntes de subir la m ercancía a bord o 216 . Entre los descuidos de los m aestres podemo s 214 . En las tab las esta ru ta se sim plifica cita ndo el último destin o 215 . Los en víos de sardina gal lega al Med iterráneo se red uce a un ú nico ca so, pr otagonizado , en 16 09, por un mercade r br etón; e n 16 13, encontra mos otro navío que re cogerá ca rga d e sardina y co ngrio e n Muros p ara hacer la clásica ruta atlántica d elimitada po r las do s plaz as que tienen a San Se bastián po r pro tector y ti tular, Fuenterrab ía-Cádiz; otra e mbar cación po ntevedresa volverá a tomar en el puerto de Muro s, en 16 15, sardina para tr ansportar a San Sebastián. 216 . Vi go, 23 enero 156 9. P edro Álvarez, veci no de Ma tosin hos, maestre d e la car abela N aza reth, e n la q ue lle vaba cargada una bota d e sardina de M anuel Ferná ndez, vecino de Vigo. Subién dola a bordo , se había hundido en la mar. Se concierta con M anuel Fernández: 1 bota contiene 2 0 millares menos 200 sar dinas, que pagará al precio que otro s mercader es q ue c argaron en su navío la ve ndan en Sevilla o Cádiz; flete: 2 ducad os. A.H. P.Po ., 2.331(1) , 112 71 anotar el de no cont ratar piloto de barra para arribar a l pue rto de A Pob ra do Deán de Santiago 217 , o de jar el navío mal ama rr ado en puerto, resquebrajándose el casco con la bajamar, con la consiguiente pé rdida de la s al que almacenaba en la bode ga, po r lo que de be resarcir a l me rcader d e la t otalidad de la carga perdida 218 . Los intereses que soportan es tos préstamos se en cuentran, como suced ía con las p ólizas de seguro, en relación con la distancia d el trayecto. Por norma general, podemos considerar que el trayecto m ás co mún, el que une los pue rtos de las Rías Ba ixas con lo s sit uados al norte d el Douro, resulta también el m ás económ ico, al exig ir los prestamistas un 10 por 100, que, incluso, puede rebajarse a l 8 po r 10 0. T raspasada la Foz do Douro, los intereses se disparan al 15 por 100, aunque el naví o se dirija a las inmediatas salina s de Aveiro o la desemboca dura del Mondego; a partir de e ste punto no se tiene en cuenta el destino final de la nave y un vi aje hasta Cartagena s oporta el m ismo gr avamen que si n o hubiera tr a spasado el Estrecho d e Gibraltar: La misma tarif a del 15% rige para los navíos que se aventuren po r el Cantábrico. Los préstamo s a riesgo son raros entre las escrituras nota riales de la dé cada de los 20 y añ os post eriores. Los escasos ejemplos permiten observar u n incremento en lo s intereses v igente s, que ll egan casi al 5 0 por 1 00, e n el año 1628, para cu brir una carga d e cítricos consignada a l pue rto f rancés de Bayona; 217 . Pontevedr a, 1600. La cara bela nuestra se ñora de l Ro sario, de la q ue son maestres los po rtugueses Gonzalo Afonso y Do mingos Ya nes, “y endo el dicho navío par a to mar puerto en la villa de la P uebla, donde y ba re mitido, avía da d o e n una pied ra y se avía abie rto y se avía p erdid o la m ayor p arte d e la sal”. Só lo se habían salvado 4 20 fanegas d e lo s 11 milleiros que tr ansportab a. E l mercade r p ropietario de la carga, Juan Gó mez de Pa rapar, vecino de Santiago, les culpaba del accide nte, por no habe r contratado un p iloto d e entrad a, exigiéndoles una co mpe nsa ción de mil ducado s. Se co nci ertan e n que no cobr aran flete alguno de las 400 fanegas salvadas y qu e devolverán los 1.3 21 reales del soco rro. Par a capitaliza rse los maestres fletan al a rrendad or d e la re nta de la sal A ntonio Gó mez para hacer un viaje a A veiro , por el que les adelanta un socorro de 400 reales. Com o no logran li brase de las deudas, ac ceden a vender le la cuarta p arte d el navío po r 1.625 r eales. A.H.P .Po ., 976, s.f 218 . P ontevedra, 9 ener o 16 10, Antonio P ere ira ad m inistrado r d e los alfolíes, y Alonso d e Roça s, mareante d e Po ntevedra , q ue ca rgó en Aveiro 6 milleiros de sal (a razó n d e 1 44 fanegas de p ala alta cargada) , q ue hacen 1. 080 fan egas de Ávila, fletad as a 1 0 reales/milleiro, que venían con signadas al alfolí de P ontevedra . Al arriba r al peirao de la Puente, “ por aver de xado el d icho navío e n seco , con el peso de la sal se avía abierto (y) se a bía anegad o, de manera que la dicha sal se avía per dido to da y se avía salvad o el d icho navío”. El administrado r p roced e contra el maestre, exi giénd ole p ague la totalidad de la sal a có mo se vende e n los al folíes (5 r eales la fanega). Se c oncierta n e n q ue v uelva a Po rtugal y adquiera p or su cuenta la sal y el ad ministrado r le pague lo s fletes d ebid os. A.H .P .Po., 981, 15 72 los destinados a ase gurar la ruta d el Cantábrico se sitúan en tre el 25 y 30 por 100. Escri turas de préstamo a riesgo (1609-1645) 1609 Navío M aestre M atrícula Carga Destino Socorro Interés 18.05 N.S.Cam ino Fernánde z de Bon Pontevedra Buarcos 530 r s. 10% 22.06 N.S.Rosar io Ds . Cousido Pont evedra Oporto 500 10% 28.06 Benito de Acuña Com barro s ardina Oporto 350 10% 30.06 Espíritu S anto Juan Soliñ o Pontevedra O porto 50 5% 05.07 San Juan Benito Garc ía Com barro s ardina Oporto 250 10% 06.07 N.S.Moure nte Gcía de San Roqu e Pontevedra Aveiro 260 8% 16.07 N.S.Rosar io J uan da Ca iña Pontevedr a sardina Oporto 100 10% 16.07 San Juan Pedro Dom ínguez Pontevedra Aveiro 80 15% 18.07 N.S.Rosar io Ds . Cousido Pont evedra s ardina Oporto 500 8% 29.07 N.S. Cam ino Fernánde z de Bon Pontevedra Aveiro 250 10% 08.08 N.S.Rosar io Francisc o da Caíñ a Pontevedra s ardina Oporto 100 10% 13.09 Juan Doute iro Com barr o sar dina Oporto 300 10% 14.10 San Juan Bieito García Com barro sardina Oporto 30 0 10% 14.02 N.S.Monserr at Gregorio Rib eiro Viana sardina Oporto 100 10% 15.12 San Martí n Oliveros Rápa le sardina Cartagena 2.400 15% 1610 07.01 N.S. Moure nte Gcia. de San Ro qu e Pontevedra Avilés 250 8% 14.06 Espíritu S anto Francisc o Veiga Pontevedra Oporto 20 0 10% 19.06 Santiago Bieito Rodrígue z Pont evedra s ardina Oporto 200 10% 07.08 San Juan Bieto da Cuña Com barro Oporto 500 10% 07.08 Corpo San to Pedro Lore n zo Viana sardina Viana 300 10% 11.08 Santa Cru z Gº. de Font efr ía Com barro s ardina Oporto 350 10% 12.08 Santa Ana San Juan de Rado C.Urdiales B ilbao 616 12% 22.09 Corpo San to Xoán Do uteiro Com barro sardina Oporto 10 0 10% 12.10 N. S.Rosario . Xoán Dá vila Pontevedra Bilba o-Se. 30 0 15% 1611 20.06 Buen Jesús J uan Blanco Pontevedra Oporto 300 8% 19.08 Buenaven tura Ds. de Dios Muros Aveiro 150 15% 21.07 N.S.Rosar io J uan de Rú a Pontevedra sal Gijón 400 15% 19.09 Corpo San to Juan Garc ía Portono vo s ardina Oporto 300 10% 24.05 Santiago Pedro do Sixt o Pontev edra sardina Oporto 500 8% 1612 22.02 Espíritu S anto Francisc o Pérez P ontevedra sardina Oporto 800 10% 06.05 San Migue l Miguel Betan zos Pontevedra Oporto 100 10% 20.05 Santiago Juan Fdez. Sardin a Com barro sardina Oporto 200 10% 02.06 Santa Cru z Juan Vá zquez Pontevedra Aveiro 5 0 15% 04.06 N.S.Rosar io Ds . Cousido Pont evedra s ardina Oporto 500 7% 05.06 N.S. Cam ino Gabrie l Nogueira Pontevedra Aveiro 100 15% 18.06 San Juan F. Salgueiro Pont evedra Aveiro 250 25.06 Santiago Pedro do Sistro Pontevedra Oporto 100 8% 25.06 Buen Jesús Pedro da Pe na Pontevedra Gijón/Oport 100 15% 03.07 La Carida d Diego de S aavedr a Pontevedra Aveiro 100 15% 14.07 San Juan F. Salgueiro Pont evedra Oporto 300 10% 23.08 Santa Cru z Juan Vá zquez Pontevedra Aveiro 34 0 15% 30.08 Buen Jesús G . Fernánde z Pontevedra Mondego 150 15% 27.09 San Juan Benito Ribad ulla Com barro sardina Oporto 20 0 10% 1613 24.02 Espíritu S anto Fernán Pére z Pontevedra s ardina Oporto 300 8% 79 pìna ça se fezi eron . Finalmente, se someten a l dictado de dos homb res b uenos, que evalúan los desperfectos en 3.000 pares de blancas 228 . La a verí a gruesa tra ta d e proteger a me rcaderes y ma estres de los daños causados en los naví o s y m ercancías por naufragio, rob o y o tros sin iestros; entre ellos el de ech azón 229 o el de encallamie nto d el na vío p ara librarse d e los pirata s. La avería gruesa e stable cía el prorrateo del daño entre los m aestres y lo s propietarios de las mercancías. Por lo que las e mba rcaciones que dan contra la costa, huyendo de los piratas, o los navíos que se se paran de los convoyes de Indias acuden a las justicias loca les pa ra que dicta mine el justiprecio de lo dañado y su re parto e ntre las partes implicadas: en d iciembre d e 1581, el mae stre d e la fragata nuestra señora de la Concep ción, Domingo de Valbuena, vecino de T riana, arriba la puerto d e Pontevedra procede nte d e Nueva E spaña y solicita de la justicia que evalué los daños, a f in de poder reclam ar la compen sación regulada por la normativa de las averías: para averiguació n de las averías y quieb ras y desfalcos que a abido y ay hechos y se hiz iero n de nde la Nueba Hespaña h asta esta dicha villa de Pontevedra en la fragata y mercaderías y ha z ienda que en ella ben yan y se traxo por la m a r conb iene y hes necesario ha z e rse las diligenç ias y recaudos bastantes conven ientes para ello por autoridad de justiçia, para que se paguen por las personas y mercaderes d e la dicha ha z ien da y mercade rías. Uno de los cargadores, Bartolomé de Grimaldi, a l que pertene cen má s de mil cueros de In dias e n pelo, a delanta a l ma estre 70 ducado s en metálico y veinte piezas d e pelambre 230 . Más fre cuentes debiero n se r los da ños oca sionados a las mercancías el ir mal a rrumadas o mojarse co n los temporales, que obligaba a repartir entre e l mae stre y el m ercader cont ratante los daños. Aunque estas averías deb ieron 228 . A.H.P .Po ., 823(1), 161 229 . La ec hazón consistía e n arroj ar al mar parte o to da la mercancía transpo rtada, co n i ntención de salvar a la na ve y trip ulación d e un ataque e nemi go 230 . A.H.P .Po ., 905 (2), s.f. 80 solventarse entre los implicados, sin precisar a cudir a la ju sticia 231 .Otros e jemplos de av erías en los puertos gallegos s e ref ieren a las embarcaciones extranjera s que pa rticipan e n el a carreo de cereal al puerto de Baiona, co m o la nao La Fortuna, matrícula de Hamburgo, en el inv ie rno de 1608 232 . Por las mismas fecha s, en 1611, un maes tre h olandés reclam a la a verí a so bre la carga d e ce real que transporta ba, que se había mojado 233 . Las reclama ciones en concept o de averías e ntre los naturales son raras ante s de cumplirse el primer cuarto del siglo XVII. Corresponde a las justicias locales ventilar la s di ferencia s entre las partes implicadas, de ac uerdo con las instruccione s dictadas p or Felipe II e n 1573: en marzo de 1615 se mante nía 231 . Po ntevedra, 2 2 novie m bre 1 62 6. Antonio López de Sosa, vecino de P ontevedra, en nombre d e Gaspar Rod ríguez Villarre al, vecino de Lisbo a, pleitea co n J uan Fer ná ndez d e Caama ño, m ariner o y vecino de P ontevedra , por 20 pip as de aceite y 26 moyos d e sal, que Ga spar car gó e n Lisboa e n la pinaza de Jua n Fer nández, consigna ndo la mercanc ía a P ontevedra, donde debería entregarla a Antonio López. A firma q ue a las 2 0 pipas d e a ceite le f altaban 43 canad os y 50 f a ne gas de sal, exigiendo s u paga a J uan Fer nández; el maestre achaca la falta de l aceite “por falta d e l as basij as en que venía y la sal se avía verti do y de smenuido con el te mporal y to rrente q ue avía tenido en la mar”. Entre ambas par tes se deb e satisf a cer los 83 8 reales del flete. Se concier tan e n q ue J uan Fernández rebaj e el de la sal a 150 reales y el de las dos p ipas de aceite a cómo saliere n. A.H.P.P o., 1.03 0, 786 232 . Baio na, 28 dicie m bre 1 608. Gaspar Lensman, ale mán, vec ino d e Hamburgo, maestre de la nao La Fortuna, de una parte. De la o tra, Antonio Rodríg uez, mercade r, vecino de Baiona, com o factor de Juan de P az, m erca der de Op orto : “el dic ho nabío av ía he cho ç iertas ab arías, desco m posición de la dicha nao y apar ejo s d ella y p a ra deter m inar los gastos de a ba rías que se an hecho en la d ic ha nao se juntaron, p resente escriba no y testi gos, los d ichos Ga spar Lens man, maestro , y el dicho Antonio Rodríguez, m ercade r, en no mbre d el dicho J uan d e Pa z, y Alº. Dazeb edo, fatores de la d icha hazienda , y d e con formidad no mbraron y t ubiero n p or bien de nombrar y senalar quatro honbr es p ara que tasen en sus concienc ias las dichas ab arías. Y el dicho An tonio Rodríguez, merca der, en el di cho nonbre, nonbró a Pér ez Cabral y Marco s d e Sebes, vecinos de sta dicha villa; y el d icho Gasp ar Le nsman, maestro, no nbró a Ysb ram D as, m er cader, y a Alberto Antó n, flamenco s, estantes e n esta villa. Los quales todo s quatro d e una co nformidad abiriguaron y allar o n e l valor de l pan que viene en el d icho navío y del flete del dicho navío valer veynte d os myl y tr es cientos r eales, de manera que suma a d os por çiento de abería s de que to ca a la p arte del mercader tre scientos y sesenta y sie te reales y medio , y a la par te del dicho maestro le tocaba de a barías d e su flete o chenta y siete r eale s y medi o, que suma todo q uatroçientos y çinq uenta y çinco reales , que se aberiguó a ver d e aber ías en el dicho nabío asta aquí d el cuerpo d el navío y d e jar cias y ca billa me de ferr o d e la jar cia, po rque allar on y aberiguaron por vista d e sus o jo s la qu yeb ra y d año s usodic ho y lo ta saron, co mo d ic ho hes, e n los q uatro çientos y çinquenta reale s”. A.H.P .P o., 2.0 27(3), 102 . 233 . Bai ona, 24 diciem b re 1611. J uan García, flamenco, vecino de Baiona, en n o mbre de Sim on Janson, fla menco, veci no de Ámsterda m ( “nostra da m”), maestre de l navío Leó n Ver mello, recibe de Juan de Sea Carballedo, veci no d e B aiona, 1.200 reales, “por son del f lete q ue deb ían Gills Dedor, vecino de Astrada ma, y lo s ase guradores del pan q ue vino e n el dicho navío a esta villa, que se pe rdió y moxó y por mandado de la j ustiçia d esta villa se e ntregó a Marc os García , vecino della, d e que ubo pleito en raç ón d ello, ansí ante e l co rregido r de sta villa com o dela nte d e lo s señor es go vernador es y oydores deste Re ino, en d ond e se sacó p or parte de d el d icho Si m on Jan son carta exec uto ria co ntra el dicho Marco s García com o tal administrad or y dep ositari o del pan, con la qual p or parte d el dicho Simón J anson fue r equerid o e l co rregido r desta villa y la mandó executar en el dic ho Mar co s Gar çía”. Juan de Sea asume la d euda. A.H.P.P o. , 2.862(1), 298. 81 pleito e n Pontevedra ent re Me lchor Blan co, vecino d e la villa y ma estre d el navío nuest ra señora d e Mourente, y Pe dro de la Peña; el fle te afectaba a un a ca rga de centeno destinada a Laredo, lle gando a la villa de Luarca el dicho navío se avía ronpido y pe rdido y se a vían sacado las merca dería s que en él b enían ca rgadas. El ma estre h abía solicitado al cargado r q ue satisficiese la parte que le correspondía por las av erías y f letes; la sent encia, dictada po r la justicia de la villa, fue alegada por amb as partes. Se concie rtan en que el m ercader le entregue 35 ducados en día de navidad 235 . La insta lación en Bilbao de un miembro de la familia judeo -conversa pontevedresa de los Dinís, Ve ntura, asociado a otros hombres de n ación residentes en Ma drid, Sim ón y L orenzo Pereira, que continua el negocio f amiliar de abastecer de h ierro a los pue rtos de Vi ana, Vila do Conde y Op orto y, en menor medida, al de Pontevedra obliga a echar mano de l a s ave rías. Piratas berbe riscos a cechaban a la altura del ca bo d e Fisterra e l trá nsito d e naví os , forzando a sus maestres a e ncallar en la costa, a f in de poner a sa lvo a la tripulación . Esto e s lo que le ocurre, en o ctubre de 162 6, Pe dro Pérez Can grallo, vecino de Cambados, maestre de la pinaza nuestra señora d el C amino, quien recono ce habe r re cibido de los mercade res po ntevedreses Benito Nú ñez y Antonio Dinís 570 rea les, por las averías…de la pina z a…con la q ual dio a la costa en la arena…junto a Finisterre, t ransportando cien quintales de hierro desde Bilbao 236 . Al a ño siguien te, en mayo, Dom ingo de Çestelo, vecino de Pontevedra y mae stre de la p inaza Esp íritu San to, que había cargado hierro y a cero en Bilbao por cuenta d e S imón y L orenzo Pe reira, vecino s de Madrid, consignado a Vila d o Conde, y de Ventura Dinís, a de scargar en P ontevedra; a cosada po r un navío y una lancha de ene migos pirata s a vía dado a la cost a con la dicha pinaça , junto al puerto de Carnota, e n d onde se avía perdido y d epués se fuera sa cando algun a cantidad d e dicho fie rro y açero . El valor de l a m ercancía recupe rada alcan za lo s 18.568 reales (16.456 pertenec ientes a los Pereira y 2.112 a Ventura Dinís); a Domingo d e Çeste lo le ace ptan las tres cu artas p artes del f lete, ha sta llegar a Carnota , a razón de 1,5 real po r quinta l de hierro salvado, lo que suma 496,5 reales. En total, e l valor de lo salv ado y tran sporte asciende a 19.064,5 reales. 236 . A.H.P .Po ., 1.030, s.f. 82 Las averí as suman 2 .730,5 reales 237 , que so n prorrate ados entre los titu lares de la pro piedad y f let e (16 .456 re ales los Pe reira, 2 .112 rea les V entura Dinís y 72 ,5 reales e l maestre de l a emba rcación).En defin itiva, Domingo de Çeste lo recibe por el f lete y valor de su embarca ción 2.324 reales 238 . Dos m eses más tarde, Vicente del Valle, vecino de Musques, m aestre del naví o sa n Franci sco, que dio en la cos ta, obligado de los moros en la ribera de Carn ota…para salba rse y huir de los moros avía d ado a la costa y se avía perd ido y a ra z ón d e la ha zi enda que se avía salvado abían echo quenta de aberías. T ransportaba hierro y brea al puerto de Aveiro por cuenta de Miguel Gómez Gutiérrez, vecino de a quel puerto, de V entura Din ís, vecino de P ontevedra, y de Antonio Dua rte, vecino d e Muro s. Las averías cau sadas al na ví o y otros gastos ascienden a 5.790 reales, que e l mae stre reconoce ha b er recib ido 239 . Fina lmente, en nov ie mbre, el capitán Joan de Lesama y Jua n d e Santalices, v ecinos de Somorrostro (Vizcaya), habían cargado e n sus res pectivos n avíos, el san Ju an y el san And rés, hierro en B ilbao por cu enta de Francisco Día z Ménde z, veci no de Aveiro, y de Si m ón y Lorenzo Pereira, vecinos de Madrid, para llevarlo a Portu gal; siguiendo su viaje f ueron perseguido s de los m oros y por e scaparse d ellos y sa lvar sus navíos y mercadurías dieron a la co sta y bote a t ierra los dichos dos nabíos S an Juan y San Andrés, de los que los piratas lleva ron los pe rtrechos y jarcias y ca ntidad d e hierro. Todo esto en la costa d e este Reino, que se hi z o información a nte la justicia de M uros. Ello s, por a gora, no pueden aberiguar ny liquidar las dichas abería s y las remiten a los fieles y cónsules de la villa de Bilbao, para que las agan en confo rmi dad de los papeles e informaciones que se an echo . Ventura Dinís, vecino d e Pon tev ed ra, sale po r f iador de los cargadores y se obliga a que como p or los dich os fieles y cónsules de Bilbao, en conformidad d e las d ichas informaciones y p apeles, fuese declarado deberse pag ar a los dichos maestres a razón d e los d ichos dañ os y aberías alguna cantidad de m a ravedí, los dichos Francisco Día z Mén de z , Simón y Lo renço P ereira le s darán bueno a los sobred ichos lo q ue así se d eclarase les deven p agar de las d ichas aberías y 237 . Averías, incluidos lo s 30 0 reales e mpleados en r ecuperar el hierr o d e la pinaza y otro s gastos menores: pi naza, 1. 600 reales; falta de 1 2 quintales de hierro , 6 10,5 r eales; otra s faltas, 220. 238 . A.H.P .Po ., 1.031, 614 239 . A.H.P .Po ., 995, 176 83 daños, que se entiende an de ser las qu e sean causada s en el di ch o viaje asta llegar a la villa de Muros y esto lu ego que se aya hech o p or los dichos có nsules la d icha declaración. Todo lo qual le p agarán y arán por b ueno en la dicha villa de Bilbao y el flet e de la mercadería q ue les cup o se lo pag ará el dicho Fran cisco Día z Ménde z en la dicha villa de Abero lu e go q ue en ella ayan entregado la carga 240 . A la p eligrosidad d e la n avegación p or la Costa da Morte no le iban a la zaga la e xistente a la altura de la s islas Cíes, tamb ién llamadas d e Baiona. E n los primeros díase enero de 1 629, el t eniente de ju ez de l pa rtido y villa d e Vig o, Juan de Barros Falcón, abre una investigación , a pe dimento de Do nis Martínez, vecino de Vila do Con d e y ma estre de la ca rabela nuestra señora da Atauguía, que transp ortaba manzanas d esde la ría d e Be tanzos a Lisbo a; el portugué s iba costeand o y , al traspa sar la ría de Aldá n, en el Costal de Po e Se ixo, f rente a las Cíes se top ó con un na vío d e alto bordo, que e chó al mar una lancha pa ra apoderarse de la ca rabela. El maestre y sus diez m arine ros huyeron en un batel, desembarcan do en la ensenada de A ldán. El navío pirata, d el que desconocemos su matrícula, se llevó a remolque la pre sa 241 . Los pe ligros d e la navegación del hierro vasco también p rocedían de los tempora les. En la primavera de1632, Domingos de Seste lo, vecino de Pontevedra y m ae stre d el n avío E spíritu Sa nto hab ía pa rtido de la villa de Bilbao con carga de h ierr o, pipa s aba tidas, cáñamo y otras mercancías, pa ra lle var a Pontevedra y Portu gal. 242 . 240 . A.H.P. Po. , 995, 206 241 . El te niente d e juez d e Vi go r ecibirá el testimo nio d e un marea nte local, q ue ser vía e n el cer co d e Gaspar Co lvel y que and aba p or a quellas aguas a b ord o de una atalieira. A.H.P .P o.,2.294 (B), 575 242 . Con el gran temp oral y to rmenta…el n avío y su m arineros estuvieron mui a pique d e perde rse, de qu e le fue necesa rio alix (er ) ar el dich o su na vío, ech ando algu nas pip as y mercad urías a la mar. Y avían cortad o el árbol mayor y avían echo o tras mu chas averías . Y, sin env argo, avían llegad o co n mucho riesgo y peligro a su rxir a Sa ntoña, qu e hes junto a la villa d e Laredo. E n la mesma villa se avía echo in formación de las a verías q ue a vían echo delante del licenc iado e ten iente gene ral del corregimien to de las Cu atro Villas de la costa de la mar y de Diego d e Quintana, escrib ano púb lico…d e la villa de Laredo. Cuya in formació n entregava a mí el presente escribano , signa da y firmada del dicho Diego de Qu intan a, para qu e della diese los traslado s sign ados a q uien perteneç iese. Y, avie ndo llegado a esta villa de Pon tevedra, Domin go de And rade, mercader, ve çino della, de consen timiento de las pa rtes y carg ado res que avían ca rgado en el dicho su navío y por cu ya quen ta benían las mercad erías qu e ansí avía n cargado en la d icha villa de Bilbao, avía ech o las averías de lo que se avía p erdido y echado a la m ar y lo qu e d ellas tocav a a cada cargado r. Por é l consta que po r quenta d e Bentura Don ís, mercader, ve cino d e la dich a villa de P ontevedra, venía n carga dos du çientos qu intale s de fierro sutil c argado s en la villa de B ilbao p or F rancisco d e Landa, vecino de la mesma villa, consisnado s a desca rgar a l d icho Rein o de P ortogal. Le a vía repartido de 84 Todos e stos ejemplos prueban la debilidad del entramado comercial en los años de l siglo XVII. La piratería b erberisca imp ide un a navegación segura, optando los t ratantes, cua ndo esto fu era posible por el tráf ico terrestre, que, ademá s no le afect aba la obligación de la sisa d e la embarcación, crea ción f iscal de e stos años, como se atestigua en el Principado d e Asturias en el abasto de vino de Riba davia 243 las d ichas averías qu inientos çinquen ta reales, los quales e l dich o Ventura Do nís a vía pagado e él avía co brad o e recibido en est a villa de ma no d e Diego Do nís. Po r tan to que d e los dich os quin ientos e çin quen ta reales que to cavan pag ar a l dicho Ventu ra Donís de las dichas ab arías por los dichos duçien tos qu intales de fierro…pag ado ysa tifecho. A.H.P.Po., 1.036, 8 08 243 . B ARR EI RO M ALLÓN, B. , 19 83 85 2. L A DEPENDENCIA DE L A S A L La dependen cia existente entre el de sarrollo de una industria pesquera y la dispon ibilidad de sal abundante y b arata constituye una premisa de validez universal. La s pesquerí as at lánticas, entendidas como industrias extractivas y transfo rmadoras, sólo se pueden d esarrollar tras la denominada Rev o lución de la Sa l, operada e n torno a 1380, que ponía a dispo sición de los mareantes atlánt icos un volumen de sal hasta entonces de sconocida. Sin tener a segurada la provisión de este conserv ante , resulta inútil iniciar una campaña pesquera de cierta en vergadura, al carecer de los medios imprescindibles para la estab iliz ación de las captura s. E ste a serto se refuerza cua ndo nos refe rimos a la sardina, pues las o tras dos varieda des merchantes gallegas, el congrio y la pescada o me rluza o pixota , pueden curarse sin recurrir al em pleo de la sal, al tratarse de esp ecies cecia les 244 . Y lo mismo p uede decirse del pulpo . Sólo precisan d el aire y del sol. Sin embargo, la sa rdina, ya sea arencada o escochada , n ecesita de l concurso d e abundante sal. E n e l puerto de Cee, que tarda e n disponer de alfolí 245 y que de bió padece r una crónica falta de sal, la pesca de la sa rdina n o se docum enta hasta tiempo s muy tardíos: la p rimera referenc ia es de 15 26, aunque hab rá que supo nerle una a ntigüedad mayor, p ero destinada al con sumo lo cal y en f resco . Sin embargo, la captura de pescada con trasma llo ya se evidencia en 149 7. T an distint o interés por las diversas especies piscícolas proced e de la f acilidad para proceder a su curación : en los térm inos de la villa, e n e l d enominado Campo d a Angue ira , los pescadores, f altos de sal, instalaban caniz o s para proceder a la se ca de las especies ceciales 246 . La d isponibilidad de sal resultaba crucial pa ra las pesquerías de la s ardina . Se comprende el temor d e que ha cen gala los respo nsables del estanco a nte la posibilida d d e desabastecimiento a ntes de iniciarse la ca mpaña o toñal de los cercos; a f inale s de agosto de 162 2, el adm inistrador Die go de Ord uña lo expresaba de manera me ridiana: en todos e stos puertos ha y cercos de sardina y 244 . Del latín *sicialis”, de sicus, seco. Real Academia E spaño la 245 . Los alfolíes d e Fis terra, Cee y M uxía se instala n a fines d el siglo XV. FERREI RA P RIE GUE, E., 198 8, 164 246 . REI SOUT O, X., FRAMIÑÁN S ANTAS, A., Historia de Cee , 19 99, 201 86 han entrado ya a la mar y la pesca sin sal es perd ición pa ra todo 247 . Co mo veremos, la elevación d e los precios de este conservante bajo el gobierno de l conde-duque de Olivares quiebra este equilibrio, imponie ndo reca rgos imposible s de asumir po r los ma reantes, anulando los efecto s b eneficiosos aporta dos po r la Revolución de la Sal. Otras artes, intermed ias entre los xeitos y los ce rcos, en lo que a capacidad de capt uras se refiere, podían despachar sus la nces en fresco, evitando su dependencia respecto al abasto de sales; nos referimos a las sacadas 248 . En la Ribeira de l Berbés, en Vigo, se localizaba el mercado diario o plazas don de mareantes d e Ponte vedra, Cangas do Morrazo, Red ondela, T eis y, por supuesto, de Vigo po nían a la venta sus lote s de sard ina en f resco, así co mo algún pargo, rub io o r a ya. Adquirían e stos l o tes minoristas del entorno (Porri ño, Creciente, Tui, Sa lvaterra…), también del in terior del p aís (Monf orte, Milmand a,…) y so bre to do, portu gueses (Braga, V alença, Gu imeráns, Ponte da Barca, Viana, Lapela, Arcos de Valdevez , Monç ao…). El transporte se realiz ab a por tierra 249 , evitando el pago de la diezma de la mar. Un info rme elaborado en 1631 por Luís Ram írez de Arellan o, adm inistrador de los alfo líes gallegos representa cómo pa ra arencar un milleiro de sardina se precisan dos f errados d e s a l 250 . Y las ca ntida des co nsumidas p or otras e species y otras variedades de sa lazón 251 . 247 . A.G.S ., C.J.H., 580 248 . Vigo, 8 agosto 1582. Gonzalo Rodríguez, vecino d e la villa, vende proced ente d e la sacada d e Do mingos Afonso a Baltasar González, vecino de P rado, 2 milleiros de sardina a s eis reales y cuartillo. A.M.V.,2 /82. 249 . E n u na única oca sión se ano ta e l e mpleo de una pi naza par a transpor tar a Viana 12 ,5 milleiros de sardina. A.M.V., 2 /82, 4 agosto 15 82 250 . Una fa nega de Ávila, contie ne 55 litr os de sal, que se co rresponde con cuatro ferrado s. 251 . A.G.S., D.G.T ., inventario 2 4, 1 .168. Vide Apéndice Doc umental, doc . núm. 3 87 Sal nece raria para la conservación de dis tintas especies Fte: A .G.S., D .G.T . Inv entario núm. 24, 1.168 A partir de datos a islados podemos intentar una reconstrucción de la incidenc ia de los dos ferrados de sal precisos p ara obtener un m illeiro de sardina arencada. Costes de ela boración de un milleiro de sardina a rencada Los datos re feridos a las sala zones de los fome ntadores c atalanes confirman la pérdida de importancia de este conservante en el últi m o c u arto de l siglo XVIII. Retroceso que se pu ede obse rvar e n otras va lo racione s: la investigación de la s e scrituras notariales de Cangas de Morraz o realizada por Vázquez Marinelli, Moreira Puma r y Rodal Gon zález p ermite conocer el valor añadido qu e supone la transformación del millar de sa rdinas fresca s e n arencadas, tal y como se refleja en la siguiente tabla: 252 . La do cena contiene 26 unida de s 253 . A.H.P .Po ., 904, 1 254 . A.G.S., D. T ., inventario 24 , 1. 168 255 . CORNIDE SAAVE DRA, J. , 17 74, 149 Mod alidad Salazón plen a F rescal Sardina ca bezuda (ar enca da) 2 f errados/m illeiro 1 ferr ado/m illeiro Sardina es cochad a 1,5 1 Jurel 1,5 Caballa, b oga 3 Pescado de c oster a 1 ferrado/d ocena 252 Merluza 1 ferrado/d ocena Abadejo 2 ferrado/d ocena A n ualida d sardina en fresco 2 ferra dos sal Total 1579 253 85 ma rav edíes/milleiro 6 8 maravedíes. 44% 1 53 ma rav e díes 1631 254 272 306 53% 578 1774 255 408 238 37% 646 88 Valoración de l milleiro de sardina en el puerto de Cangas do Morra zo Fte: Váquez M arinelli,C. e t alii, 2008 Del v alor añadid o que sup onía la sa lazón eran plenamente consci ente s los ma reantes; uno de ellos , vecino de Vilagarcí a, en 1601, ante la alarmante carestía del conservante en e sa campaña. valoraba ace rtadamente la ca ída de los p recios del p escado que a carreaba. En e ste puerto f aenaban tres sacadas y unos barcos de xeito; aora que e s la fu ria de la dicha pe squería se pe rdería hasta tierra . Habiendo sal, s e v ende ría el millar de s ardina a más de un ducado (11 reales), faltando a 1 ,5 reales. Algún p rivilegiado que tenía sal pu so a la vent a el milleiro a nueve y diez reales. 256 La av eriguación de alcab alas de l p uerto d e Corcubión, según B artolomé Domínguez, m erino y justicia d e la villa y su ju risdicción p or el co nde de Altam ira, ofrece unos d atos semejantes a los que apo rtan las p esquerías de las Rías Baixas, al emp lear un arte semejante, la sacada. Venta de milleiros de sardina en el puerto de Corcubión Fte: A .G.S., E.H., 5 57, 41 256 . A.G.S ., E.H., 557, 41. M illeiro en fresco M illeiro arencado 1580 340 m aravedíes 1585 85 m aravedíes 306 1587 340 1588 102 306 1589 102 306 1590 102 374 1594 102 374 1610 136 1772 408 680 1557 1558 1559 1560 TOT A L Enero 40 152,5 --- --- 192,5 Febrero --- --- -- - --- --- M arzo --- --- -- - --- --- A b r il --- --- -- - --- --- M ayo --- --- -- - --- --- Junio --- --- -- - --- --- Julio --- --- 30 -- - 30 A g ost o 3 170 150 90,5 41 3,5 Septiemb re 203 575 115 70 963 Octubre 386 270 66 369,5 1.091,5 Noviem bre 160 120 69 23 372 Diciembre 120 --- --- 78 19 8 To tal 912 1.287,5 430 631 3.260 95 Provincias, que, en su reunión de 4 de ma rzo de 1 599, señalaba entre los temas a representar p or su procu rador en la corte la carestía de la sal, que había llegado a situar la fanega de sal en los 3. 400 ma ravedíes 280 . Esta s reclamaciones habrán f o rzado la renun cia d el arrendatario en san Juan de 1599. La Re al Haciend a pretendía con el nuevo a siento f ormalizado con Gaspar de Zárate asegurar e l norm al aba stecimiento de los pu ertos gallegos y astu rianos, al imponer co mo condición que, en caso de desaba stecimiento, quedara obligado a dar licencia a lo s particulares para proveerse de sal por su cuenta, pagando, eso sí, los derech os de alfolin aje 281 . Las m ismas dificultades que enco ntró e l arrendado r anterior para con seguir n avíos las sufrirá e l e ntrante, p or lo que el Reino continuaba p adeciendo las p enurias de años a nteriores, conociéndolas, mercaderes f ranceses y portuguese s ventureiros se acercaban a vender la sal por su cuenta a unos pr ecios d esorbitados, 408 y 476 maravedíes por fanega. A co mienzos d e 1600, el licenciado Gregorio de T ovar, suponemos que en nombre de la Ju nta, representa al mon arca la caótica situación de la carrera de la sal y los dos posibles remedios a la misma: que el Reino tome en encabezam iento e sta ren ta, satisfaciendo a la Rea l Hacienda la misma cantidad que e l p resente arrendador, o q ue a este se le permitiera un incremento d e un real en f anega de sal, que pasaría a vende rse a 170 maravedíes, pero deb iendo respon sabiliz arse de los daños que ocasionaran los desabastecimien tos . El monarca en carga al ca pitán general y a la Real A udiencia d e Galicia que realicen la s consu ltas p ertinente s con e l Reino y con el arrend ador y que envíen su pa recer a l Conse jo de Hacie nda, que det erminará lo que le pa ciere m ás oportuno . El conde de Caracena no convocará a la Junta de Pro vincias, sino que opta por solicitar el parece r individualizado de cada una de las sie te ca pitales representadas. Conocemos la deliberació n de los regidores de Tui, en 15 de junio de 1 601, ante el doctor Ca rnero, com isionado para est e fin por el ca pitán general. La opinión del concejo era contraria a que el Reino se h iciera cargo de esta renta, dada la complejidad de la m isma, y, po r ta nto, opta por au torizar el 280 . ACTAS DE LAS J UNT AS DEL REINO DE G ALICI A I (1 599-162 9), 2-D, p p.499 281 . “si por c ausas justas no pu diese proveer la ca ntidad que fuere nece saria, con notificar lo a todo s los lu gares donde hay alfolís y r equerirle s se proveyeran de sal q uatro meses antes y da r les lice ncia para q ue qualquiera perso nas pudier en llevar sal al dicho Re yno, pagándo le dos reales de derec hos por cada fanega, el dic ho tesor ero ubiese cumplido”. A.G.S., E .H., 5 57/8 96 incremento d e un real en el p recio de la fanega de sa l, p ero convirtiendo a la Real Aud iencia e n garante de las obligacione s del arrend ador. Para rem ediar los tem idos de sabastecimientos de sal quedaba facultado est e tribunal a autorizar su come rcio li bre, sin obligación de satisfa cer ningún tip o d e derechos a los arrendado res, que, por el cont rario, queda ban o bligados a compensar todo gasto que sup erase los 170 maravedíes por fanega 282 . El pa recer d e lo s regidores tudense s debió ser el gen eral e n la s resta ntes capitale s del Reino y a sí el Consejo de Hacienda concertó nuevas condiciones con e l arrendador Gaspar de Zárate, que quedaba a utoriz ado para vender la fane ga de sa l a los dichos 170 ma ravedíes desde primero de julio de 1601, pe ro sujeto a u na serie de condicio nes 283 . La Real Audiencia concede a e st a sub ida de precios u n tra to semejante a l de las concesiones del servicio de millone s por las Cortes, of reciendo com pensaciones a los contribuyentes: e speraba obtener de este increme nto una recaudación a nual de 200.000 reales, que s e correspo ndía con e l número de fanegas de sa l consumidas en los alfolíes del Reino. E sta suma se dedica ría a satisfacer los consta ntes socorros (bastim entos, alojamiento s de tropa…), que d emandaban las arm adas reales y que tenían qu e afrontar los concejo s; a los consumidores se les pe rmitía, en caso de desabastecimiento, proveerse por su cuenta a l margen del estanco…, grande s p romesas que suelen acompañar a toda nueva impo sición, pero que no superan el plano teó rico. E stas negociaciones culm inaron en la rea l cédu la de 1 2 de n oviembre d e ese a ño, que imponía desd e marzo del añ o siguiente, el nue vo pre cio de venta de la fane ga de sal, ci nco reales. A l tiempo q ue se con cedía al arrendador licen cia para poder embargar los n avíos necesarios para emplearlos en la ca rrera de la sal. Ni en 1582 ni tampoco en 1600 los poderes públicos gallegos habían podido afrontar un a r enta tan compleja co m o la del estanco d e la sal. A la ya comp licada navegación de este conserv ante desde las s a linas de Aveiro, Setúbal e, incluso, andaluzas se sumaba su no siem pre f ácil de spacho en la red de alfolíes situados en los puertos, a los q ue hab ía q ue añadir su come rcialización por el in terior del Reino, co ntratando arrieros. Esta comp lejidad 282 . A.H.P.P o. , concello de T ui, L-782 , 14 4. Vid e Apéndice Doc umental: A cuerdo para incr ementar en un real la fanega de sal, 160 0, doc . núm. 4 283 . A.G.S ., E.H., 557, 8 97 come rcial sólo p odía ser a sumida por una sociedad m ercantil dinámica, capaz de implicarse e n ot ros negocios a sociados al e stanco, co mo el com ercio profesionalizado d e la pesca o la con cesión de crédito s a las gentes de l mar 284 . No e s d e extrañar que asumiera su arriend o e l grupo protoburgués más act ivo de Galicia, la comunida d cristiano -nova de ascendencia portuguesa, que man tenía amp lias cone xiones e n el señ orío de V izcaya, P ortugal e Indias. A la quiebra de Antonio Góme z, el Consejo de Hacienda arrendó e l p artido d e Galici a a Bernabé de Ca rmona, vecino de Valladolid, e n 19.500 .000 mara vedíes anuales. Este personaje era un simple ho mbre de paja, q ue traspasa en el mismo precio esta renta a los h ermanos Diego y Anto nio Pereira 285 ; e n o ctubre de 1602, buena parte del clan de los Pereira salen por fiado res d e este asiento, encabezados por Leonor Pereira, desposada con el mé dico y vecino d e V igo Marcial Sa ravia; San Juan Nú ñez de Vitoria y su m ujer Francisca Sá nchez, t ambién vecinos de Vigo; el licenciado Paulo Núñ ez de Vitoria e Isa bel Tomás Dinís, su mu jer, afincados en Pont evedra; su hermana B eatriz Pereira y su m arido Fernando López de P az, residentes en B aiona y otro vecino de esta población 286 . Poste riormente, la Real Hacienda re alizó un nu evo contrato de arrendamiento gen eral con el geno vés Jua n P. Sa uli, por och o años, d esde San Juan de 1606, en 110.000.000 maravedíes anua les 287 . Sauli abandonó e l asiento, obligando a un n uevo arrendamiento a favor de Luis A rias Bece rra de los pa rtidos de Castilla la Vi eja, Z a mora, B a dajoz, Galicia y Astu rias. Los a rrendadore s del partido de Galicia debieron llegar a un acuerdo con el nuevo arrendador, pues mantuvieron su a rriendo hasta san Juan de 1614, sin alterar su cuan tía 288 . Las críticas al arriendo de los Pereira, sobre todo a l com plicarse con interferencias inquisitoriales, que f orzaron la huida de Die go e n 1618 289 , debieron dañar seriam ente la imag en de los 284 . Véase la actividad de lo s Pereira e n el apar tado Lo s préstamo s a la gruesa . 285 . A.G.S. 4 36, 6; 482 286 . Ma rtín G ó m ez Bravo y el abogado Fer nando López de Paz, de los que desconocemos si pertenecen a la co munidad conver sa. A.H.P. Po ., 2.189, 218 287 . A.G.S ., C.G., 3.154 288 . A.G.S., C.M .C., 3ª époc a, 1.70 8 289 . CONT RERAS, J ., El S anto Oficio d e la I nquisición en Galicia , 1 982, pp. 598 98 arrendado res. E n 1614, el admin istrador p or cuenta d e la Real Hacienda, Francisco de L edesma, afirmaba que los únicos rece ptores que se habían enriquecido e ran los p arientes de Diego Pereira, porque se le s h a consentido tene r muchas gran jerías con el dinero d e la rent a 290 . La s críticas cont ra su gestión pro cedían de todos los ámbitos; en 16 17, un oficial de la Real Au diencia afirmaba que los of ici os de receptores de los alfolíes acrecentados en Galicia habían sido adquiridos po r Diego Pe reira en 32.000 reales, volviéndolos a rev ender en 85.400 291 ; en est a práctica continuaban en 1620 292 . Re cién f enecido su arriendo, el admin istrador Francisco de Le desma se quejaba d e la dureza emp leada por los ministros de Diego Pereira para cobrar las deudas: dejan la tierra muy a cabad a por las muchas co stas y sa larios q ue llevan ....los (ejecuto res) de Diego P ereira van con d iferente ánimo de q ue todo quede acabado 293 . Toda s estas consideraciones ca usaron mella en e l ánimo de los contadores m ayores d e Haciend a, que e vitarán en lo sucesivo e ntreg ar e sta renta a cristianos nu evos en los partido s m arítimos. A sí se expresaban los funcionarios d e la Real Hacienda, en 1632, p rocurando situar en los partidos de Galicia y Astu rias a u n arrendador que no f uera de la nación , de quie nes por m u chas cau sas s e puede huir, en particular en e sta administración, porque el que la tiene es con e lla abso luto señor de los puertos de m a r de G alicia y Asturias, para poder sacar de ellos las cosas ve dadas y meter las q ue so n proh ibidas d e en trar y, en particular, moned a de ve llón 294 . Esta advertencia no ca erá e n saco ro to y los Pereira y Din ís qu edarán vedados en l os arriendos de las z o nas cost eras; solamente se les admite en la adm inistración de los alfolíes de tierra adentro (pa rtidos de Ca stilla la V ieja y Zamo ra). E sta exclusión t rataron de superarla los afe ctados recurriend o a personas interpuestas: en 1632, h acía postura al estanco e n los pa rtidos de 290 . A.G.S., C.M .C., 3ª époc a, 1708 291 . A.G.S ., C.J.H., 529/4 292 .Po ntevedra, 4 julio 1 62 0, Mar cial Saravia Pe reira, vecino y regido r de Po ntevedra, vende a J uan de Saa, escr ibano del n úmero de Po ntevedra, y a Clara de A b reu, su mujer, un o ficio de recepto r, de los que últi mamente s u maj estad incre mentó en la Real Audiencia, en 3 .400 reales. A.H. P. Po., 1 .026, 350 293 . A.G.S ., C.M.C ., 1.711 294 . A.G.S ., C.J.H., 1.751 99 Galicia y As turias un perso naje b ien cono cid o de los inquisidore s, Marcial Sa ravia Pereira, h ijo de Diego Pereira, en nomb re del que más ta rde será importante asent ista d e Carlos II, V entura Dinís, a mbo s vecinos de Pontevedra, que obtendrá el arriendo d el partido de Castilla la V ieja, pe ro no el de l Reino de Galicia. En 1638, se rep etía la m isma situación: el ca pitán Dom ingo de An drade, vecino de Pontevedra, en nombre d e Ventura Do nís, arrenda dor de las salinas d e Castilla la Vieja y Zamora, requiere a Enri que Sinel, t esorero de l esta nco de de Galicia y Asturias, y al contador Diego de Vera, superintendente nom brado p or el Consejo de la Sal, la paga de 584.560 ma ravedíes que Enrique Sinel le debe p or el p rometido del 2 por ciento que su pa rte ganó e n la puja d el arriendo de dicho partido 295 . Al cu mplir e l arrien do de Luis Arias Be cerra (jun io d e 1 614) y an te la f alta de particulares interesados en hacerse cargo d e esta renta, la R e al Hacienda vuelve a a dm inistrar directame nte este p artido. E l p rimer administrado r será Francisco de L edesma 296 , al que sucede Fernando de Anse án y Agorreta 297 , Diego d e O rduña (nav ida d de 1620 – na vidad de 1622) 298 y Fernando de Losada. El a dministrador Fr ancisco d e Le desma consideraba que la falta d e interés de lo s particulares por hacerse car go de e sta renta procedía de la humedad de la tierra, que me rmaba e n exceso la sal alm acenada en los alfolíes, sin que la s comp ensaciones que recibían lo s receptores, el 7 por 100, fu era suficiente 299 . La cancelación de la T regua de lo s Do ce Años insistió en las dif icultades para administrar el estanco. Resulta ba d ifícil enco ntrar a personas interesadas en asum ir el arriendo de un a renta tan sensible a los peligros de la navegación. L a Real Hacienda dará todo tipo de facilidade s para atraer a los inversores, t ales como deja r por caudales 22.500.000 m aravedíes, q ue la dicha renta tenía para provisión y abasto de sales d e los dicho s partido s, lo s q uales se abían ido reservando para este efecto de lo procedido de los años desde el de 295 . A.H.P .Po ., 1.074, 7 296 . A.G.S., C.M.C., 3 ª épo ca, 1.70 8 297 . A.G.S., C.M.C., 3 ª épo ca, 1.73 4 298 . A.G.S., C.M.C., 3 ª épo ca, 1.72 1 299 . A.G.S., C.M.C., 3 ª épo ca, 1.70 8 100 1614 h asta fin d e 1622 , que est uvieron en administración . El Consejo de Haciend a también a larg ó el pe ríodo para p resentar la s fianzas pe rtinente s a los arrendado res. Mientras n o la s aporta ron en su to talidad, dispuso que junto al arrendado r actuara u n administrador, don Francisco de la s Bá rcenas, que po seía una de las dos llaves d el arca de cauda les, en la que se d epositaban los efectos de la renta 300 . Esta de licada situación de la renta fue aprovechad a por los antiguos arrendatarios, la fam ilia de los hermanos Pereira, para volv er sob re sus pasos, a través d el hijo de An tonio, el ya titu lado regidor de la villa d e Pon tevedra Marcial Saravia P ereira 301 . De sde S an Juan d e 1623 y por diez añ os se e rige com o arrendado r general de esta renta Ma rtín de Bo livar 302 , que su barrendó el esta nco del partido de Galicia y Ast urias a Juan Zapata de la Torre 303 . Co mo f iador f igura nada menos que Mar cial Saravia P ereira, que permite i maginar unos ma nejos ocultos, amparados por colabo radores interpuestos. Marcial S aravia y a había participado en esta renta con su padre en la a dministración de los alfolíes, actuand o como receptor. T ras el escándalo fam iliar, permanece en P ontevedra, donde tiene que suf rir una leve pena inquisitorial, y, p or lo que parece, continúa con el m anejo de l a sal mediante p ersonas interpuestas. Por este pa rtido deberían satisf acer los adjud icatarios a la Real Hacien da 27.860.000 ma ravedíes anuales, de los que 23.860.000 correspondían a Galicia. E n este m omento la totalidad de la ren ta e n la Coro na de Castilla ap ortaba a las arcas reales 115.760.0 00 ma ravedí es 304 . Entre 2 4 de junio d e 162 3 y la víspe ra de l a 300 . E n d iciembre 16 25, el ar rend ador don J uan Zapata de la T orr e entregó 28. 008.8 65 maravedíes d e fianzas, por lo que se le “despa chó fieldad ”, esto es, a utorizació n pa ra ad ministrar a l r enta sin la tutela del administrador, por térm i no de cien d ías, d esde prim e ro de enero d e 1626. En ab ril 16 26, se le pro rrogó la f ieldad po r o tros 80 días; en 29 de agosto de ese año, por otros cie n d ías, hasta q ue el arrendad or dio fianzas por val or de 9.24 6.684 maravedíes p or el c audal de los 2 2.5 00. 000 m ara vedíes dej ado en depósito . A.G.S., C. J. H., 600 301 . A.H.P .Po ., 1.035, 746 v. 302 . A.G.S., C.M .C., 3ª époc a, 3.01 9/2 303 . Escr itura d e cesió n: P onteve dra, 1 diciembre 1 62 3, Juan Zap ata d e la T orre, vecino d e S antiago, y Martín de Bolibar , vecino de Madrid y residente e n P ontevedr a: el a rrenda miento de las salinas de Galicia, Asturias y León q ue hizo a S.M. po r 10 años, d esde San Jua n 16 23, e n 27 .870.000 mrs./año, pertenecen al lice nciado Jua n Zapata, al q ue ced e el ar re ndamiento. P od er d e Zapata a favor de Gregorio Lanzós, s u lugarteniente, p ara r ecibir de Fernando de Losad a y Quiño nes, administrado r anterior. Po ntevedra, 1 2 abril, 162 4. A.H.P.P o., 993 , 172. 304 . A.G.S ., C.G., 2.759 101 festividad de san Juan d e 1636 e l resto de los partidos de la Corona de Ca stilla fueron arrenda dos a los hijos de Diego Pereira, Simón y Loren zo 305 . Escudándose en los ele vados f letes f ruto de la s hostilidades con las Provincias Re belde s, quedó abierto , en 1628, el t ráfico de la sal a tratantes po r cuenta pro pia, que despachaban el conservante a precio s excesiv os, 16 y 18 reales la fane ga, hasta que inte rvino la Real Aud iencia, mode rando los precios de venta en 14 reales 306 , aunque con p oca efec tiv ida d. Pa rticipaba en e l me rcado negro Ventu ra Dinís, q ue había desembarcado en A Coruña se iscientas fane gas; sus carab elas habían ab astecido a Betanzos, Po ntedeume y Ferrol a los excesivos precios que ya con ocemos 307 . Ante las co ntinuadas quejas del arrendador Juan Zapata de la T orre, que solicitaba d el Consejo de Hacien da u na re ducción de diez cuen tos de maravedíes, el 35 por ciento del monto d e su asiento 308 , comisionó la Real Haciend a al contador Pedro Monzón. Su juicio fue favorable a considerar correcta la actuación de arrendador, pero muy dif icult ada por los enemigos d e la Corona. La falla que encontraba era el escaso caudal d el que disponía el asentista, por lo que recom endaba traspasar la renta a otro más a caudalado. Esta soluc ión no fue posible y se opt ó, a instan cias de Juan Zapata de la T orre, por el no mbramiento de un superintendente, que co n su m ayor autoridad le respaldasen su gestió n, en especia l, embargo de navíos. Ac cedió a e llo el Conse jo, concediendo comisión a Pedro de Monzón 309 . Estas m edidas deb iero n ser efectivas, pues al poco, se recogen n oticias respecto a la arribada a los puertos altos de carabelas con carga de sa l. A com ienzos de la década d e los años 30 d el siglo XVII, e l E stanco Universal d e la Sa l en uno de los principales intentos del conde-duque de Olivares d e r eform a d e l a Hacie nda y de integración de l os terr itorios de la Corona. Proyecto que se realiza a de stiempo, en una co yuntura económ ica muy desfa vorable, que lo a rrojará al más e strepitoso de l os f racasos. El Estanco 305 . A.G.S ., C.G., 2.284 306 . A.G.S ., C.J.H., 600 307 . A.R.G., 8 .317 , 83 308 . A.G.S ., C.G., 2.297 309 . Real céd ula de 4 j unio 1628, 3ª é poca, 1 .203 102 Universal hará contribuir a los reinos y prov incia s fo rales: Portugal, Navarra y Vascon gadas. El in tento reside e n la sustitución de los o diados millone s por el estan co. La real cédu la de 3 de enero d e 1631, ma rca los inicios de esta reforma; la supresión de los millon es se haría escalonadamente: a la publicación de la real cédula ce saría el de los 1 2 millones y , en fin de jun io, el de l os 18 millones. Se creaba el Con sejo de la S al, a l que pe rtenecían destacados m iembros del Consejo de Ca stilla, que ejercían d e sup erintendente s en sus respect ivos partido s; el de Galicia y Asturias correspo ndía al fiel colaborador d e Olivares José González; como administrador será nombrado Jo sé Ramírez de Arellano , que debería vender la fa nega de sa l a veintidó s reales la fa nega. La inciden cia del astronóm ico a uge de los precios so bre los cercos pontevedreses se p uede conside rar n ula, al d arse, de he cho, por aca badas las compañías grem iales, restando u nas artes que comercializaban la m ayor parte d e sus mareas e n crudo. Así recoge el a uto consistorial pontevedrés de primero de julio de 1631 la sustitución de l serv icio de los 18 millones por el Estanco Universal: su m ajestad da p or libre a l Reino y sus vasallos d e las obliga ciones que en su favo r an otorgado y da su palabra real que no usará de ellos. Y que las dichas cuatro especie s queda rán libres como estaban antes de que se impusieran los dicho s servicios. Y esto respeto al crec im iento q ue su majestad (hizo) en el precio de la sal, que e stá goz a ndo al p resente 310 . Aún cuando esta n ueva f igura fiscal se encontraba en la fase de estudio, en 1630, su s artífices precisaban conocer el volumen de los consumos, así como el d e la població n, lo que dio origen a la redacció n del censo más com pleto del siglo XVII. Para compensar a lo s extintos servicios de m illones, que rendían, al menos teóricamente, cuatro millones de d ucados, e ra p reciso despachar en los alfolíes m illón y m edio de f anegas de sal. Cant idad t an exagerada, que hizo recurrir a los co nsum os obligatorios, lo s acopios. L a rea l cédula de 4 de marzo de 1631 exigí a a tod os los lugares del Reino q ue señalaran su co nsumo de sal, e n corresponde ncia al n úm e ro de vecinos, ganados y granjerías y del consumo de los a ños a ntecedentes 311 . El superintendente José Go nzáles urg ía al adm inistrador Luís Ramírez d e Arellano a que remitiese, urgentemente, al 310 . A.H.P .Po ., 17/3, 150 311 . ARTOLA, M., 198 2, 97 103 Consejo de la Sal los da tos solicitados p ara proce der al acopio de los pue blos 312 . La impo sibilidad d e tener d ispuestos los acopio s p ara san Juan de 1631, se compen saba con un descomunal increm ento de lo s precios d e venta de la fanega de sa l, d oce reales, amenazando con sucesiv as sub idas, si f uera preciso. El Consejo de la Sal, en su repre sentación al mo narca, en 23 de junio de 1631 313 , expresaba los inconvenientes de una m edida tan co ntundente, in ex tremis debería reducirse a un increm ento de seis rea les en f anega. Cualquier incremento d ebería d ejar al ma rgen a G alicia, A sturias y Monta ñas, at endiendo a su elevado consumo de sal; los servicios d e millon es n o llegaban a p roporcionar a las arcas reales 80.00 0 ducados y co n el E stanco Universal se detraerían 500.000: e n Castilla en ninguna provincia se doblaban los millones y esta s vienen a pagar se is veces más de lo que paga ban . O pinaba el Consejo de la Sal, que, de aplicarse e l cre cimiento de los 12 re ales p or fanega, se alcanzarían lo s 900.000 duca dos de recaudación y todos los frutos de ellas (Asturias y Galicia) no lo valen 314 . La resp uesta real fue con tundente: yo n o q uiero equ ivocaciones, ni a dmito novedad sobre los que es mío . T an sólo tra nsigía en re bajar el recargo por fane ga en Galicia y Astu rias a 8 reales; también se mode raría la s a l destinada a las pesque rías. El monarca insistía en la necesidad de incrementar los p recios hasta alcanzar un ren d imiento anual d e cuatr o millones d e d ucados: a nadie se puede o bligar a que coma más sal de la q ue a menester, sino más o menos cargada. Los a copiamientos cif raban e l consumo an ual en medio f errado por familia y año, unos siete litros. Entendían que correspond ía a un celemín por persona, cuatro litros y med io, lo que significaba m enos de un ma ravedí diario. Se gún este parece r el gr ueso del consumo de sal se localizaba en los pro ductores (ganadero s y ma reantes) y rep ercutía de mane ra insensible en los consumido res. Felipe IV llegaba a co nsiderar, e n anota ción pe rsonal, que má s afecta ba a l as armadas reales, las gr ande s consumido ras, que a los p roductores. La crisis ganade ra que a carreó el Estanco Un iversal – e n tierras d e Soria ha bían muerto 312 . A.G.S ., C.J.H., 1.739 313 . A.G.S ., C.J.H., 1.739 314 .A.G.S ., C.J.H., 1.739 104 cincuenta mil o vejas en su vi aje a Extremadura – o bligó a suspende r est a novedad f iscal. E l cen so levantado para proceder a los acopiam ie ntos mostra ba en líneas generale s, según S . Piquero, que el E stanco U niversal suponía una mayor ex igencia a los contribuyentes que los se rvicios de millones. Tampoco se podían i m poner unas exig encias tan férreas, desconocid as en Cast illa, como comp robaremos en Vi go. La real cédula de 12 de junio de 1632 supuso la cancela ción de esta noveda d fisca l, vol viendo a imponerse el servicio de millone s. Los a copiamientos contaron con l a ayuda de un censo, el denominado de 1631; el p artido de Galicia fue estudiado por Fernán dez Cortizo 315 . En el p artido de Galicia co rrespondía su realización al admin istrador L uís Ram írez de Arellan o. Conocemo s el padrón calle h ita co rrespondiente a la villa de Vigo 316 , que parece indicar tratarse de un a correción de otro anterior 317 . El expedie nte siman quino aporta es tos d atos: La villa de Bigo tiene quiniento s y cuarenta y siet e vecinos; acopianse mil o chociento s y cuaren ta y qua tro f errados 318 . Cupo excesivo, si nos atenemos a la est imación de dos f errados por con tribuyente. El pad rón local dif iere de los datos aportado s al Consejo de la Sal: 426 vecinos a los que obliga a consumir 998 ferrados d e sa l anualmente, prácticamente los do s fe rrados legales. La distinta v aloración de ambos vecinda rios, que difieren e n un 22 por ciento, de be proceder d e la circunstancia d e que e l p rimero reco ge a la pobla ción m enesterosa y el segundo, q u e aplica e l correspon diente acopio, y a no. E ste elevado porcentaje de exentos constitu ye una norma gen eral en los repartos fisca les. Lo s repartidores de l a copio deb ían ser mu y exigentes a la hora de e ximir a los vecinos por pobreza: personajes en e l límite de la miseria eran obligados a cont ribuir: Catalina Dacosta, mujer de un mareante cautivo; Afonso Toucido , ciego; Pedro Solteiro, ma reante viejo; Gregorio Dapena, negro… 315 . FERNÁND EZ CORTI ZO, C., “ La p oblació n d e G alicia e n la primera mitad d el siglo XVII : lo s vecindarios d e 16 31 y 165 1 ” en Obrado iro de Historia Mod erna , 1990 , pp. 103-130 . 316 . Deb e estar realizad a por gente del lugar, que co nocen p erfecta mente la villa y sus vecinos. Recogen la toponi mia urb ana ( calle d e Sa ntiago, r úa da Lana, A Pedr a, P eirau, fuent e del Plazer , Misericor dia, Mosteiro , Cana delo, rúa doss Canissos, Calss ada, Canto d a Ve iga, fonte do s T orrnos) e, incluso, los sob reno mbres ( María Pere s, regatera, alias Bragada; Juan González, mareante, alia s Cardenal, Do mingos Go nzález , alias B ristol; Capa Rota). A. H.P. Po., 3.0 67, 692 317 . “A Ped ro Martínes Carba llido tiene q uatro d e acop iamiento y no ha de llevar si no do s ferr ados” 318 . A.G.D., D. G. T ., inventario 24, leg. 1.16 8 111 Con anterioridad a la Un ión Ibérica la Real Hacienda instaba a s us funcionarios a que no perm itieran vender la s al f uera de los alfolí es 337 y que procurasen abastece rse de las sa linas na cionales, e n concreto de las an daluzas, por e l benefiçio qu e dello se sigue a nuest ros súbditos y por lo s dere chos que dello nos perteneçe , aun que admitiendo la necesidad d el aporte po rtugués 338 . Los administradores quedaban autorizados a embargar los naví os nece sarios en los p uerto s andaluce s para conduc ir la sal 339 . Bajo esta s considera ciones los factore s del estanco e n Galicia, Bernardo d e la To rres y Rod rigo de Hervás, contrataban, e n 1568, con e l vecino de Aveiro Lanzarote Ribeiro el sum inistro de sal a los alfolíes de las Rías Ba ixas, sin cont abilizar e l de P ontevedra, conbe nya y era ne cesario p rober pa rte de los alfolis deste Reyno de Galicia de sal d e Abero : Corcu bión, Muros, Noia, Cambados, Vilagarcía, A Pob oa do Deán, Padrón, Vigo, A Guar d a, Tui. E l po rtugués de bía situar en los alfolíes indicados duran te el año de 1568 y a su riesgo y ventura nueve mil fanegas de Ávi la: tres mil rapadas grandes de sal p isadas, con se recibe sa l de los nabíos, que cada rapada ha z e tre s a negas po r la de Á vila a l espe llyr , pe rcibiendo por cada rap ada tres reales. La fanega de sal d espachada en los alfolíes a cuatro reales significab a un sobreprecio del orden del cuatrocientos por cien. El d istinto grado d e humedad podía increm entar o decre cer e l volum en de las sales, prob lema frecuente en su navegación, por lo que las conversiones de las distinta s m edidas se realizaba co n gran d iscrecionalid ad 340 . Las arribada s de 337 . “mirare ys mucho que no se p ueda tr aer ny tra yga, vende r n y venda en e l dicho Re yno de Galizia ninguna sal, si no la que se des tribu ya en lo s dic hos al folíes po r nuestra quenta, te nie ndo d esto espeç ial cuydado”. Instruccio nes dadas a B ernard o de Por ras, en 07 mayo 157 3. A.G.S., C.M.C., 2 ª épo ca, 324 338 . “o si sería nece sario q ue de más desto se tr aiga sal del Reyno de Portogal y que se aga n allí algunos conçiertos”. A.G.S., C.M.C., 2 ª épo ca, 324 339 . “se os entregar á c édula nuestra p ara tomar y fletar e n la costa de Andal uzía, q ue lle ven la sal que fuese menester p ara la pr obisión de lo s dichos alfolíe s, como la te nían los ad ministrado res pasado s, usareis della al tie m po y co mo y qua ndo que os par eciere que conbiene y fu ere necesario ”. A.G.S., C.M.C., 2 ª épo ca, 324 340 . En tota l qui nientos milleiros , c orre spondiendo cad a uno a 6 0 r apadas, que suma n 30.0 00 r apad as grandes, que son 90.00 0 f anegas de Ávila “y si acaso cad a m illar de la d ic ha sal no viniere a corr esponder ny dar las dic has sese nta o sese nta e una rap ada d e las grandes o sea p orque e n los nabíos venga al guna a g ua o p or otr o caso fortu y to, que lo que nos faltare d e respo nder cada mylleiro de la dicha sal que el d icho Lanzaro te Ribeir o lo s enbiar á y e ntregará” ha sta c o m pletar la s tres m il rapad as. A.H.P. Po., 3.0 05, s.f. 112 los transportistas debían ceñ irse a la demanda temporal d e este conservante : 20.000 rapadas entre marzo y a gosto, co n las q ue resp aldar la cam paña pesquera, y el resto, 10.000 rapadas, entre se ptiembre y f inal de año, para las artesas campesinas, q ue cu stodiaban las matanzas de la casa. El abasto sólo se podría anular en caso de q ue alguno d e l os pue rtos est uviera infe ctado por la peste 341 . Estas prácticas comerciales f ue ron bruscamente truncadas por el descenso de la p roducción de las salina s b retonas y también portuguesas en los años de 157 4-76. L as sa linas gaditanas parece que , f avorecidas por su po sición más meridional, m antuvieron m ás e stables sus cose chas, meno s afec tadas por los v e ranos lluviosos, por lo que se intentó in crementa r su participación en la provisión d e los alf olíes gallegos y astu rianos. La experiencia re sultó u n autént ico desast re, por la f alta de inte rés de su marinerí a en na vegar la sal gadita na. Los embargos de navíos re sultaron contraprod ucentes, p ues la s tripulacion es boicoteaban los transportes, como reconocía Martín Aragon és, fa ctor d e la ren ta en S etúbal 342 . Certificando sus a severaciones, la relación de las treinta y cinco embarcacio nes desp achadas d esde San Lúcar y Pue rto de S anta María en 1575 no contempla ni un sólo naví o a nda luz; el grueso del transporte descansa sobre las carab elas p ortuguesas, seguido a mu y larga distancia p or los n avíos gallegos, que serí a n fo rzados a participa r por el a dministrador del estanco. La 341 . “Y hes condició n que en caso , lo que d ios no quyera, que si algún lu gar d e lo s no mbrados e n esta carta ub iere m ortandad de pestilencia u o tro mal contag ioso, el d icho Lançarote Rib ero no sea obligado de enbiar al tal lugar sal alguna, en tanto q ue la d ich a mortandad dura re”. A.H:P .Po. , 3.005 , s.f. 342 . En 17 j unio 157 5, el factor en Setúbal Ma rtín Ara gonés infor maba có mo “en el Andaluzía me dizen avía sal nueba y que a b ían p asado po r aquí ç iertos navíos que yban allá, de que me huelgo mucho, aunq ue e s ta n larga n avegació n q ue si e ste ( año ) Setúbal o Abero no satis face, satisfará poco lo de allá y e n espe çial que, c omo allá le s aze n ve nir por fuer ça y le s aze n algunas moles tias para q ue vengan, que no p uede ser menos p or el c amin o se vengan, po rque si bendan y d exen e n su s c asas e azen tal es trago en e lla que urt an buena p arte. Y estos son lo s que a e lla apo rtan. E a y otr os que no va n allá y lo ve nden”. A.G.S., C.J. H., 1 46 Volverá a insi stir, en 20 sep tiembre, y desde Aveiro con en el mi smo p lantea miento: “De Andal uzía pasan po r esta costa algunos navíos car gados d e sal p ara la probisión d e d icho Re y no. Y algunos bienen d estrozad o y de sbarata do sdel tie mpo, que e s necesar io rep ararlo s y r emediarlo s y d arles algú n dinero, para que sigan su v iaj e. Y a nsí o ha go y sin horden…muchos destos navíos, d e spués que se meten e n este Reyno benden esta sal que a nsí lleva n de Andaluzía para la dic ha pr obisión, con p e nsar que no a y quien se lo de mand e, po r estar en este Reyno. Au nque ped í al ser enísimo rey d e Po rtugal que se diese co misión a las ju stiçias par a q ue a mi ped imyento…c astiga se a las per sonas que e n esto oliesen deli nquido, no se m e d ió”. A.G.S., C.J. H., 1 46 113 adm inistración del e st anco residia en V igo, d onde encaminan las em barcaciones a los pue rtos de destino 343 . TR A NS PORTE DE S AL DESDE ANDA LUCÍA A G A LICI A . 157 5 Fuente: A.G.S., C.J.H ., 14 6 Carabela * 343 . Relación d e la sal q ue Juan de Ibarra y Fra ncisco de Sed eño han re mitido desde An dalucía al Reino de Galicia a lo s ad ministradores B ernard o d e Por ras y Alo nso Herná ndez Del gad o. A.G.S., C.J.H., 146 344 . “e po r aver allí a por tado destroçad a e p erdida se d escargó allí” 345 . “carabela de J uan Gonzáles, maestre, el qual avía muerto y en Leça encalló la d icha car ab ela y el dicho Go nzalo Afos no la sal que p udo r ecoxer la cargó en su navío e tru xo aquí”. Sanlúcar Vigo M aestre matrícula cahices A l folí 22.03.1575 12.0 5. Juan Doce Pontevedra 50 Pontev edra 23.03 12.05. Juan Dom ínguez Pontevedra 40 P ontevedra 22.03 14.05 Ignaci o Baez Portugal* 100 Vilan ova,Cam bados, Vilagarcía 22.03 16.05 Antoni o de Avi lés * 40 Redonde la 12.03 30.05 Juan Dí az Portugal* 130 Pont evedra 12.03 30.05 Antoni o Afonso Es posende * 80 Vigo 30.05 Am ador Montero Vila do C onde * 45 Padró n 16.05 30.05 Gon zalo Yáne z Leça * 60 Bou zas, Can gas 15.04 31.05 Álvaro G on zález Lagos 60 B aiona 15.04 31.05 Juan Gon zále z Esposen de * 100 Ribadeo 31.05 Juan Mar tínez A Guard a 40 A Guarda 01.06 Juan Corre a Vigo* 60 Noi a 15.04 03.06 Salvador Gle z. L eça 110 V iveiro 07.06 Dom ingo Fdez. Lagos * 100 A Coruña 08.06 Manuel J uan Es posende * 100 Ribadeo 12.06 Pedro Yanes Leça * 37 Cor cubión 13.06 Jorge Pér ez Matosi nhos * 37 Cang as 13.06 Antonio A lonso Leça 190 Ribadeo 15.06 Antonio Af onso Matosi nhos 65 Vigo 344 15.06 Juan Yan es Matosinh os * 41 T ui 22.06 Rque Núñ ez Av eiro * 81,5 Vilanova 22.06 Álvaro Fra ncisco Aveiro * 105 Redondela 22.06 Juan Martín e z Aveiro 145 Vigo 02.07 Miguel Martí nez Aveiro * 110 Pont evedra 02.07 Andrés Go nzále z Esposende 100 Viveiro Francisc o Afonso Esposende 80 Viveiro 21.07 Gonzalo Af onso 345 30 Bouzas 22.07 Mateo Ribe iro * 60 Padrón 23.07 Jorge Afons o Opor to * 25 A Guarda 28.07 Juan Ál varez 82 V igo 28.07 Antonio M arcial 75 Vigo 31.07 Pedro Ferná ndez Viana * 75 V igo 01.08 Manuel Núñ ez Opor to * 90 Noia 16.06 02.08 Melchor G onzále z Matosinh os * 40 Pontedeum e 02.08 Andrés Al onso Matosinh os * 43 Santa Marta, C edeira 114 Las ya d e po r sí pobres cosecha s de la s salinas portu guesas de los tres años consecutivos de 1574 -76 se vieron sometidas a un exceso de demanda por parte d e los c o nsumido res ingleses, f ranceses y flamenco s, al no p oder abastece rse suficientemente de las salinas bretonas, sus t radicionales proveedora s, mu cho más cast igadas por la clim atolo gía adversa. Martín Aragonés rec lamaba de sde A veiro, a media dos d e septiembre de 1575, dinero para apu rar las compras, ante s de que se incrementara la demanda de lo s países del Mar del Norte : las ca usas de la neçesidad y hanbre que e l a ño pasado tubo a quel Reyno la cusó la falta y ne cesidad de la sal. Y an sí, si agora n o f uere remediado co n mucha probisión della padecería ot ra mayor n ecesidad que la p asada. Y, d emás desto , la sa l e n este Reyno se va encare ciendo, porque ay gran saca de lla para Flandes y Yngalaterra y Françia, que a causa d e los de la Rochela no se an labrado esta a ño ni el pa sado las Marinas d e Ba yas y Brioa je, que e ra de adonde estos reynos se proveían y ag ora forz oso acuden y e ncareçe n y an de encare cer la dicha sal, de manera que l o que agora se po rá comprar por 10 no se compra por ve inte. Y como ag ora se ha llan navíos para la navegació n desta s a l, después no se hallarán, porque se ba sob re el inbierno 346 Los responsables de la ren ta proponían el empleo de d os medidas, aparentemente , contradictorias, p ero complementarias. Por una parte, embargar los na ví os de l Reino p ara emp learlos en la carrera de la sa l, y no p ermitir la arribada de navíos ext ranjeros a cargar m ercadurías, sin traer carga de sal o que dieran f ianzas de que volverían c on e lla. El a dm inistrador Bernardo de Porras aseguraba que, e n 1574, habían a rribado a l os puertos gallegos má s de cien carabe las y n avíos a ca rgar made ras, que, si hub ieran tra ído sal, se hub iera resuelto el desabastecim iento. Esta med ida, considerada como de eme rgencia 347 , era totalmente irrealizable po r la violencia a que se som etía a los 346 . Infor me de Martín Aragonés , desd e Aveiro en 20 septie mbre 1 575. A.G.S., C.J.H ., 146 347 . “ En tie mpo de tanta neçe sida d y en co sa ta n n esçesari a es muy j usto s e q uebrante la le y y premáticas deste Re yno en lo tocante a esto, po rque no hazie ndo nueva le y ny o rde nanza, se qued a en 115 mercaderes extranjeros; t ambién lo era la posibilidad de labrar salinas en Galicia, como proponía e l ad m inistrador. Otro r ecurso mucho má s re alista consistía e n relajar tem poralmente los rig ores d el e stanco, pe rmitiendo la arribada d e navíos aventureros, que podrí an vender la sa l po r su cuen ta, pagando alfolinaje , 2,5 reales po r cada rapada de sal, que contiene tre s fane gas de la medida de Á vila, lo que se denomina alfolí abierto. La liberalización de este comercio era la única solución posible, p ero a costa d e e ncarecer lo s precios, lo que, p or otra p arte, no constitu ía otra cosa m ás que la ada ptación a las leyes del m ercad o. S obre esta rea lidad se supe rponía la corrupción de los responsable s d e la renta, a limentando el me rcado negro, lo que tensio nó más los ánim os, llegando a ha cer temer a los a lfol ineros po r su integridad, como reconocía Alon so Hernández Delgado : se morían las gentes por no tener sa l que h echar a sus b iandas, porque si se les añadiese en los a lfolíes una blan ca m ás en cada cele mín del real, sería bastante a que me alançeasen y a todos los ofiçiales. Y, como g ente bárbara, no tenían co nsideración a que fu e mandado de vuestra majestad, sino de mi propio moto 348 . De he cho e xiste la constatación documental de acto s de desa cato p or parte de las justicias loca les y re gidores 349 y de escándalos 350 , que f orzaron la intervención del oidor d e la Real Hac ienda Miguel de Texada, comisionado p ara reprender los f raudes 351 . El po der real frenó cualquier veleida d municipal que fuera sospechosa de sobrep asar sus atribuciones, mandando inhibir a la s justicias locales en los c asos tocantes a la adm in istración de los alfolíes de la sal 352 . La investigación demostró có mo los alfolineros v endían la fanega de sal por personas interpuestas a 544 y a 6 80 maravedíes, est ando sit uado su precio su fuerça lo que a y aca bada la neces ydad, pues po r socor rella se haze”. B ernard o de P or ras a su majestad, Santiago a 25 e nero 157 5. A.G.S., C.J. H., 1 46/5 348 . A.G.S ., C.J.H., 146 349 . Infor me de Alonso Hernánez Delgado, en 8 j unio 157 5. A.G.S., C.J .H., 1 49 350 . Infor me de Bernar do d e Porras, en 24 enero 1 575. A.G.S., C.J.H. , 146/5 351 . En novie m bre d e 15 75 , se encontraba en P ontevedra enten die ndo en la a veriguac ió n de los lugares de vasallos. Se hace c ar go de lo s papele s de la ad ministración de Ber nardo d e P orras. A.G.S., C.J.H., 148/8 352 . A.G.S., C.J .H., 1 46 /5 116 legal en lo s 136 353 . E l rece ptor de l alfolí de V igo, Fernando Á lvarez de Sotoma yor, desviaba la sal desd e el alfolí a mercadere s p articulares, que la revendían por las Rías Baixas, en co ncreto en Cambados, a 432 maravedíes. A este m ismo receptor denunciaban algunos ma rineros que , habiéndo le dejado e l adm inistrador Be rnardo de Porras e ncargado de con certar la adquisición de sal y su envío a los puertos gallegos de sde las salinas de S etúbal, la s partida s que había a dquirido a 800 reis , las había revendido a 3.200 reis , que tal he ra pública vo z y fa ma qu e comprab a y revendía 354 . Gre gorio L ópez, mare ante pontevedrés, preso en la c á rcel de la villa e xponía al regente de la Real Audiencia los a busos cometido s por los administradore s: po r el mes de o ctubre de 1574 ha bía intentad o comprar un mo yo de sal a b ordo de un na ví o, lo que le fue impedid o por el receptor Diego de la Cerda. Es ta acusación carecía de fu ndamento, pues toda ví a no est aba autorizada la práctica del alfo lí abierto , pero dejaba a l descubierto los tratos de l receptor, que se beneficiaba del mercado negro 355 . La pesquería de los cercos había quedado paralizada a nte la falta de sal. 353 . A.G.S ., C.J.H., 149 354 . A.G.S ., C.J.H., 149 355 . “Lo otro que el m is mo Diego d e la Zerd a y otros cr iados suyos y alguaciles p roc uraron sacar gran quantidad de sal de la villa y tro carlo a p an: un fer rad o de sal por uno de pa n, llebándo lo a Orense y otras partes, bendi éndo lo a más preçio, contrat ando con otras perso nas carre teros se lo llevasen fuera de la villa y les p agavan de spués los carr etos de sal. Lo otr o q ue, teniendo alguno s vecino s de la dicha villa e l sal en sus casas para basto d e su p esca, pagando a su majestad p or el agosto pasad o, se lo torna va e l dicho Die go de la Zerda a th omar y dar a los lavrador es p ara llevar fuer a de la villa a lle var. P regunta do a lo s la vrador es có mo le da van aq uella sal dezían p orq ue les davan a do s reales por cada ferra do de sal y trocándolo a pa n. Y lo davan a muchas pe rsonas de noche y d e d ía, po rque les d avan azu mbres de miel y manteca y queso s y galli nas, carneros y o tras dádib as, desando los vec inos d espro beydos de la d icha sal, por cuya falta lo s pob res mareantes b endían la s sardi na s a menor precio , la mytad del j usto preç io de lo que se av ía de b ender salado y más. Lo o tro que, ye ndo algunos n avíos de la villa con mari neros a b uscar a Setúbal la dic ha sal , conpeliéndo les e l ad ministrado r y fatores a que lo fuesen a buscar, ta nto q ue allá llegaro n no a vía ny ubo f a tor que tubise sal co np rado , n y horden pa ra lo com prar, ny p agar. Y los po bres m ari nero s estuvieron más de un mes de tenidos sin los ca rgar ny desp achar, b endiendo lo que thenyan par a se sustentar, por manera que, si ubier e persona q ue co nprara y pagara luego la dicha sal, s e conprara a quinientos y sei scie ntos mara vedíes cada mo y o, por d onde d espués b ino a encarecer a mil maraved ís y a m il e çie nto cad a m o y o de la dicha sal. Lo o tro que los marineros q ue ansí b a n a bu scar la dicha sal, d ebiéndo selo de dar toda la q ue hes nesçesario y menes ter para b astimento de s u ca sa y pe sca, no q uieren azer y lo pro curan d escargar y vender a otras pe rsonas, que de la villa lo p rocura n saca r, dexando el lugar d esbastezido , donde viene y red unda mucho dapno a los vecinos e r epública d e la dic ha villa”. A.G -S., E.H., 361 117 La libe ralización del co mercio de la sal pe rmitió participar e n est e negocio a me rcaderes p ontevedreses, que reexportaban partidas de sal de sde la villa hacia los puertos del Cantábrico: San tander, Laredo, Bilbao, San Seba stián, mucho más castigados, a l depen der su normal abasto d e las salinas bretonas . Toribio Martínez Leal f letaba los na ví os en Pontevedra, mientras que o tro mercader local, Francisco Pérez d e Lemo s, re cibía los cargamen tos en Santander o en o tro puerto c antábrico 356 . La crisis se so lucionó en d onde h abía comenzado . En el verano de 15 77, Martín Aragon és escribía de sde A veiro cómo entendía que en la V ruax y Baia s de Fancia di z en que se a echo mucha sal y ansí debe de ser , porque aquí no a entrado cargaz ón de Fran cia, Fla ndes n i Ynga laterra y otros años por este tiempo ya había aqu í m u cha 357 . Las dificultades para proveer suf icientemente a los a lfo líes con tinuaron. La piedra angular de esta con trariedad re sidía en la degrada ción de la ca rrera de la sal. Es un lugar común resp onsabiliz ar a la piratería de l desinte rés de los mae stres de los n avíos p or mantener est a ru ta activa. Los testimon ios que apoyan esta afirm ación son abundantes, pero p ueden f ácilmente d esmontarse: en 1586 muchas ca rabelas fueron incendiadas p or los ingleses, lo qu e provocó el pánico entre los navegantes po rtugueses 358 . Los a rrendadores vuelven, nuevamente los ojos hacia las sa linas and a luzas, formalizando un asiento con Gómez d e Acosta, vecino de Sevilla, para que situara en Galicia 60.000 cahices de sal en Galicia 359 . Comp lementando esta medida, solicitaban, d e acue rdo con la co ndición 21 ª de su asiento, pe rmiso p ara e mbargar los n avíos nece sarios en 356 . P ontevedra , 01.02. 1576, Gonzalo d e Sanvice nte, veci no de la villa y maestre de l na vío Santia go, fleta a To ribio Mar tínez Leal, mercader local, par a llevar una c arga de sal a Santa nder ( 1 día de demora), Laredo (4 días) , Bilbao o San Sebastiá n. Fle t e: 3 ,5 reales/fanega grande ( 3 fa negas de Ávila). A.H.P .Po ., 864 /1, 91v.Pontevedra, 19.0 2.1576 , Pedro de Liçama, vecino de Musq ues y maestre d e la zabr a Nuestra S eñora, fleta a T orib io Martínez Leal, par a lle var car ga d e sal a Santande r (1 día de dem o ra), donde la recogería Francisco Pérez de Lem o s, L aredo (4 días), Bilbao o San Sebastián. F lete: 3,5 reales / fanega grand e. A.H.P.P o., 864/1, 1 45 357 . A.G.S ., C.J.H., 164 358 . A.G.S ., C.J.H., 243/6 359 . A.G.S., C.J .H., 1 47 /12 118 Anda lucía, Galicia y A sturias 360 . Nos encontramos a nte el tráf ico de u n produ cto barato, que genera unos fletes irrisorios; por lo que era p reciso compensar a sus transpo rtistas con algo m ás que un pu ñado de monedas. L a multitu d de carabe las portuguesas que se alle gan a la ría de Vigo, en los prim eros momentos del estanc o, reserv a ndo una parte conside rable de su carga para emplear en e l trato de la sardina veraniega, constituye una buena m uestra de estas compen saciones. La piratería puede interrumpir la navegación, sobre todo en puntos estratégicos, seña ladamente el cabo de Fisterra; pero t ampoco podemo s olvidar que nos encontramos an te una navegación d e cabotaje, que deb e s a lvar la corta distancia que m edia entre los centros productores (salinas de Aveiro) y los co nsumidores. La p iratería incide en esta carrera, pero de m anera má s bien indirecta, e lev a ndo los f letes. Elevación que una m ercancía t an m ódica n o era capaz d e sopo rtar. Esta rea lidad f ue denunciada por un testigo de T ui, en julio d e 1602, e n la investigación a bierta sobre el desa bastecimiento de lo s alfolíes. Afirmaba que a los puertos de Ba iona, V igo, Ponte vedra, A C o ruña… arribaban con toda tran quilidad y f recuencia navíos f ranceses con carga d e pan, b acalaos y otras mercad urías y que, si los a lfolineros pagaran unos f letes semejante s, estarían perfec tamente abastecidos 361 . La inseguridad de los ma res se recrudece tras el d esastre de la Gran Armada y e n torno al segund o embargo general. Ya, en 1 594, los con cejos de Baiona, Vigo, P ontevedra y A Coruña re da ctan conjuntamente una prote sta contra el arrendador Juan Pasqua le po r el desaba stecimiento gene ral, que obligaba a amasar el pan con agua del mar. Ese mism o año, los vicarios de la cofradía pontevedresa del Corpo Santo d enunciaban l a falta de sal durante la campaña de los cercos 362 . En noviem bre de ese año, el concejo d e Muros, por causa de la nesçesidad y falta de sal que en la dicha villa a y y m uere cantidad de sardina , decide inmoviliz ar u na carabela que se ha acercado hasta su puerto con carga de e ste conservante, secuest rándo le e l gobernalle o timón. A 360 . A.G.S., C.J .H. 2 43 /6 361 . A.G.S.; E.H. , 55 7 362 .S AMPEDRO FO LGAR, C., r eed. 1998 , 4 41. E n 27 septi e mbre159 4, Juan do Mato, u no d e lo s vicarios de la cofradía d o Corpo Santo, denuncia ante el r egimentó de la villa: “ate nto la m ucha nesçesidad q ue a y en e sta villa de sal y el administrad or Francisco López de Enciso prete ndía sac ar desta r ía siete u o cho nabíos q ue a y d e sa l, q ue estaba n e n ella, les rec ibiese i nfor mación de la dicha nesçesidad “, mandando desca rgarlo s. A.H.P.P o. , 16/1, 92 119 Pontevedra se desplaza un representante m unicipal a gestionar con el arrendado r autorización para repartir la sal entre el vecindario, conforme a los quiñone s que cada uno armase en los cer cos y sacadas grandes, a razón de cuatro ferrad os por quiñón 363 . Los maestres de las cara belas recelan de ace rcarse a Galicia y lo s arrendado res recurren a solicitar l a pertin ente a utorización pa ra ob ligar a los navíos gallegos a realizar la carrera de la sal. La Contaduría Mayor de Cuentas librará su provisión en 2 de a gosto d e 1 594, pero cond icionando los e mba rgos a la ob ligación d e satisfacer f letes justos y que la s justicias locales intervinieran e n dichos s ecuestros. Como respuesta habitual a t oda medida de fuerza, la cof radía de los m areantes pontevedreses protestaba p or la interpretación abusiva d e esta prerrogativa: les emba rgades l os dichos navíos pe queños, est ando cargados y afletado s…y los hacíades descargar y que los dueños de e llos p erdieran los fletes, llevándolos descargados al Reino de Portugal y no pagando por la ida maravedís a lguno s a sus du eños. Y a la vuelta , que venían cargados de sal d el dicho Reino de Po rtugal, n avegando cien leguas y pa gándoles a vuestro albedrío lo q ue que ríades, si n que les pagases el j usto va lor… y q ue deb iendo embargar los d ichos na víos con intervención d e la justicia o rdinaria de la villa de Ponteved ra, por m a nera qu e no se hiciesen ag ravios a sus dueños…, ha cíades los dichos e mbargos por vue stra prop ia au toridad, po niendo presos a lo s d ueños de los dicho s navíos 364 Estas a cusaciones pecan de e xageración, co mo pe rmite comprobar la documenta ción notarial p ontevedresa, que recoge los m étodo s em pleados por los respon sables de la renta de la sal para proceder al embargo d e los na ví os 365 . Los arrendadore s no em plearán e n nin gún m omento m edidas de f uerza contra los m aestres g a llegos y p ortugueses, sencillamente, porque resultarían ineficace s, c omo habían demo strado los marinero s andaluces d urante los embargos re alizados en 1574-76. Serán los na ví os extranjero s, principalmente las naos bret onas qu e t ransportan cereal a los p uertos g allegos, los que más 363 . A.M.Muros, libro de co nsistorio 1594 -96, 129 364 . A.G.S., C.M. C., 3 ª remesa, 1.71 1 365 . A.H.P .Po ., 976. 120 sufran las extorsiones de los responsables de la ren ta, pues t emían que le varan anclas y no volv ieran por e stos pagos. Sin emba rgo, las pinazas y carab elas frecuentaban las rías, por lo que, tarde o tempra no, los que incump lieran con sus obligacione s acaba rían cayend o e n la tupida re d d e in f o rmadores tendida sobre los puertos gallegos. Ente los recaudos, papeles y p rocesos que, en 1 7 d e septiembre de 1599, entrega Baltasa r de E spinosa a su sucesor en e l ca rgo, Antonio Gómez, f igura u n cuad erno de em bargos ; los asien tos se in ici an en julio , que es cuando la carrera de la sal adquiere re lev a ncia, p ero sólo alcanzan a on ce nav íos, número muy cercano al que p roporcionan las escrituras n otariales para otros años. Los embargos v an a compañados d e s o corros , unas p equeñas cantida des d e dine ro para aprestar la dicha p inaça y pa ra sus manten imi ento s . Este dinero, sin interese s, se descontaría de l f lete , viniendo en salvamiento , tras recibir u na carga de sa l en Aveiro o Setúbal . Quedaba bajo la responsabilidad de l maestre cobrar o no el f lete; un accidente o un ataque enem igo, que destruyese la carga e ximía al contratante d e p agar cantidad alguna po r el transporte Sin emba rgo, el socorro , al trata rse de u n préstamo, aunque no devengara int ereses, debía ser d evuelto, con indepen dencia de la fo rtuna con que fuera realizada la travesí a 366 . Relaci ón de nav íos embargados por Baltasar de Espinosa (1597-1602) 366 . Dos maestre portu gueses, G onzalo A fonso y Do mingo Ya nes, pier den un car game nto de sal a la entrada del p uerto de A Po bra do Deán de Santiago. De be n devolver lo s 1. 321 r eales que han r ecibid o de soco rro, q ue “por se a ber perdido no ubo flete para descontarlos”. A.H.P .P:o ., 976, s.f. Po ntevedra, 10.08. 1602, Bartolo mé d e Carr içal r ecibe un soco rro de 1 50 reales para ir a las salinas d e Aveiro, que “se de sco ntará d el flete d e la d icha c arga de sal, trayéndolo d ios en salva miento. Y, no o tra y endo, lo pagará de c ontado”. A.H.P .Po., 976, s.f. Fecha Navío M aestre Matrícula Socorro 27.07.1597 NªSª Guía Ju an de Vilariño Cangas 40 reales 22.06.1598 Santa Mariña* Juan Fernández Pontevedra 200 01.07.1598 Buen Jesús* Gregorio Garcí a Ponteved ra 250 07.07.1598 S. Antonio* Juan do Campo 200 13.07.1598 San Francisco G . de Be tanzos Ponteved ra 389 17.08.1598 La Trinidad* A. de Pontevedra Pontevedra 200 11.08.1598 Buen Jesús * Pedro Franco Cangas 40 12.08.1598 La Trinidad * B. de Sanvi cent e Ponteved ra 300 12.08.1598 NªSª Rosario * Alon so de Rozas Ponteved ra 200 11.08.1598 Santa Catalina* Gaspar Vieira Leça 150 25.08.1598 Sebastián do Rial M uxía 200 127 Solían ser propietarios de na ví o s, con el f in de d edicarlos a la carrera de la sal 382 . Antonio G ómez se implica esp ecialmente en e sta a ctiv id ad, a provechando tod as las posib ilidades, incluida la práctica del corso p or parte de la armada real 383 , que tie ne base en A Coruña. A dquiere do s urcas al ca pitán general de Galicia, conde de Carcena, que rebautiza con la s trident inas den ominaciones de nuestra señora d e san Lorente y nuestra señora de los Rem edios. Concede poderes al mareante ponte vedrés An tonio de Avilés, para que se d espla ce al puerto de A Coruña y cont rate maestres, contramaestres, pilo tos, g rumetes y m arine ros . A comienzos de diciembre de 1600, ya se encu entran ambas urcas en Setúba l, dispue stas a recibir carg a de sal 384 . También interviene en la co nstrucción de carabe las en los puertos del norte de Portugal, aportando un tercio de la inversión, lo que le c o nvierte en copropietario en la m isma proporción. Esta participación se salda con la exigencia de dedica r la carabela durante dos a ños preferentemente a la carrera d e l a sa l 385 , e n el traxinar y conducir la sal qu e pudie ren traer estos dos años, ha z ie ndo todos los biajes que pud ieren desde esta 382 . P ontevedra , 29 octubre 159 6, Antonio Fer nández, vec i no de Aveiro y maestre d el navío Boa Viaxe, q ue es de la Real Haci enda, r ecibe 20 r eales de soco rro d el administrador Franci sco López de Enciso, q ue le serán desco nta do s del flete. A.H.P .Po ., 927 , 250 383 . La venta de navíos y mercancías o btenido s co mo botín era p ráctica frecuente por p arte de las ar m adas reales, c onside rándolas co m o una forma más de f inanciac ión. En 8 enero 1 599 , se presenta ante la justicia y re gimie nto d e P or tonovo e l cap itán Martín d e Va llecilla, “cabo d e lo s ci nco p ataches de la re al armada… q ue… tra ían u n nabío p resa que a vía tomado en la mar de l os Estados d e Pechelinga rebelad os co ntra su majestad c atólica, cargado de pan, c enteno y trigo”. Exhibe autorizació n de Die go B roceh ero, general de la real ar m ada, para vender e l cereal, co n e l que p agarán las 60 pipas d e vino que e mbarcarán pa ra A Coruña. A.H.P.P o., 97 6, s.f. En 2 8 j unio 159 9, Francisco Girald o, re ceptor de uno d e lo s a lfolíes de Po ntevedra, re conoce la de uda contraída con el ad ministrad or Baltasar de Espinosa po r valo r de 143 .106 maravedíes, po r textiles ( 25 piezas y m edia d e cotanes, cu atro de anascotes y seis pie zas d e bayetas), que co mpró e n A Cor uña de las presas q ue allí se vendiero n po r comisión del dicho ad ministrad or. A.H.P.Po ., 976 , s.f. 384 . P ontevedr a, 2 dicie mbre 16 00 , el arrendador An to nio Gómez concede poder es a T o ribio de la Carrera, residente en Set úbal, para que cobre de Juan d a Cayna, capitán maestre de la nao Nuestra Señora d e Sa n Lorente, y de S eba stián Pérez, que lo es d e la nao nues tra se ñora d e los Re medios, “que son mías pr opias”, el flete de d el viaje de id a. A.H.P.P o., 976, s.f. 385 . P ontevedra, 12 d iciembre 160 0, Ant o nio Gó mez, arre ndado r el p artido de Galicia, se co ncier ta con Mateo Ribeir o, vec ino de Esp osende, en la co nstr ucción d e una carab ela, apo rtando un tercio de su coste, 2 .000 r eales. A.H.P .Po., 97 6, s.f. A fi nales de 1 601 , Mateo Ribeiro hace ba lance d e la invers ión d el arrenda dor Antonio Gó mez: en un año ya logró a mortizar má s d el 50 por ciento de la i nversió n, 1.0 70 rea les, q ue le c orre sponden d e lo s diez viaje s que realizó la car abela Nuestra Se ñora d e la Miserico rdia, cargando sal y otras mercadurías, ad e m ás d e otr o que se per dió, que vino a de scargar a B aiona. A.H.P .P o., 976, s.f. Po ntevedra, 15.01 .1601, Salvador Go nzález y otr o vecin o de Leça venden, por 1.225 rea les, a Antonio Gó mez la cuarta pa rte d e su carab ela Nuestra Señ ora del Rosario, ob ligándose a “ser bir…al dicho ad ministrador y a la Rea l Haziend a del r ei nuestro señor …estos do s años”. A.H. P.Po ., 976, s.f. 128 dicha villa de A veiro a los a lfolíes del reino d e Ga licia, dond e fu ese consignados por el prove edor. También se ap rovecha de algún na ví o que n auf raga en las costas gallegas y queda endeudado, al n o poder cobrar el f lete, para a d quirir parte de su propiedad 386 . Pa rticipa e n la con strucción n aval que se d esarrolla en la villa de Pon tevedra: Simón de Avilés, propieta rio del navío La Trinidad , que al presen te est á en el m o nte, acavándose de haz e r , vende, en 11 m ayo 1601, a l arrendado r, por 2.750 rea les, un tercio de e sta e mbarcación. El p rov e er al na vío de artillerí a su ficie nte para hacer frente a los pe ligros de la navega ción eleva la inversión en 5 59 reales má s 387 . El m aestre acept a estas condicio nes, f recuentes en este tipo de co ntratos, especificando que podrá tom ar fletes librem ente en los viajes de ida hacia las salinas portuguesas, siem pre que no vay a n más a llá de Lisboa y Se túbal; desde octubre a abril, en que n o inte resa p ara la carrera de la sal, queda a utorizado a n avegar a los p uertos de A ndalucía o V izcay a 388 , hacia donde s e dirige cargado de pescado, en enero de 1602. A pesar d e es tos esfuerz os por ab astecer a los alfo líes de l Reino, l a penuria de sal era una realidad permanente desde los años f inales d el siglo XVI, prolongándo se e n los inicios del siglo sig uiente . En 159 7, el p rocurador general de Pontevedra evaluaba las pérdidas padecidas p or los ma reantes e n más de cien m il ducados 389 ; l os alfo lineros hab ían optado por de sentenderse d e s us 386 . La carab ela nues tra se ñora d el Rosario, de la q ue so n mae stres los po rtug ueses Gonzalo Afon so y Do mingos Ya nes, “yen do el dicho nav ío para tomar puer to en la v illa de la P uebla , donde y ba re m itido, avía d ado en una p iedra y se avía ab ierto y se a vía p erd ido la m ayor p arte de la sal”. Sólo se habían sal vado 4 20 fanegas d e los 11 milleiros q ue tr anspo rtaba. E l mercader propietar io de la car ga, Juan Gó mez d e P arap ar, les culpa ba del accid ente, p or no haber co ntratado u n piloto d e en trada, exigiéndoles u na co mpensac ión de mil ducad os. Se conciert an e n q ue no co brara n flete al guno de las 400 fanegas salvadas y q ue d evolverá n lo s 1.321 r eales d el soc orro . P ara cap italizarse los maestres fletan a l arre ndador Antonio Gó mez para hacer un viaje a Aveiro, p or el que le s ad ela nta un soco rro de 400 reales. Como no logran librase de deudas, accede n a venderle la cuarta parte de l navío por 1.62 5 reales. A.H.P .P o., 976, s.f . 387 . P ontevedra, 1 enero 1602 , cuenta s presentadas p or Si món de Avilé s de las m ej or as intro ducidas en el na vío: mást iles y sei s do cenas de ta blas, q ue hizo t raer de Aveiro, 25 0 r eales; una pieza de artillería 187 reales; siete m o squetes a 17 reales cad a uno y tres reales de un m oz o. A.H.P .Po ., 97 6, s.f. 388 . A.H.P. Po. , 976, s.f. 389 . A.G.S ., C.J.H., 389/6. Po ntevedra, 5 septiembre 15 97, los p rocurador es generales: “co mo e n e sta villa se a vían fo rnido d iez cerco s y estava n p uestos y armado s p ara salir a la mar y empesar a hazer la cosec ha y pescaría que suelen hazer d esde este tie mpo hasta todo e l mes de he nero de la sard ina y o tros pescad o s. Y, siendo esto ansí y la p rincipal cosa que esta villa tiene d e trato y c omercio, co n que se sustenta y e nriquece, 129 obligacione s, delegando en los particulares el ab asto de sal, con ta l que satisficieran en concepto de a lfolinaje dos reales por f anega , como a contecía en Pontedeume 390 . A f ina le s de a ño, l o s proc uradore s generales de Pontevedra denuncia ban l a hestrem a falta que a y de sal de nde el mes de julio a sta ahora , sen aver avido ni aver en los alfoline s d este vila ninguna sal 391 .La Real Audiencia intervino, d espachando escude ros, para que repa rtiesen las esc asas cantidade s d e sal a lmacenadas e n los a lfolíes en tre el vecinda rio: en septiembre de 1599 , Gregorio Ares proce de a esta opera ción en Pontevedra, h aciendo entrega a cada uno de los ce rcos existentes en la villa d e 1.6 66 ferrado s de sal, unas 2.500 fa negas en total. La p enuria de este conservante había redu cido el número de estas armazone s a s eis. L os 4 .000 f errados sobrantes f ueron prorrateado s en tre sus habita ntes, dan do a cada uno para provisión d e su ca sa y menester la cantidad qu e fuese señalado por la justicia y ayuntamiento . En el reparto se incluían 58 casas de las personas principa les y de mayor familia de la dicha villa 392 . Por las mismas fe chas, el p rocurador gene ral de A Coruña exponía cómo desde el m es de jun io no h abía llegado ningún cargam ento de sal al Reino. Insistía en que al arrendador le resu ltaba má s provechoso desentenderse de su navegación, limitá ndose a cobrar el alfolin aje a los navíos que hacían la carrera de la sa l a su riesgo y vent ura, prá ctica que había e levado lo s precios d e venta de la fa nega a los 3 06 maravedíes, fren te a los 136 le gales. Advertía que esta carestía d e la sa l ponía en pe ligro el aprovecham iento de los abundantes cardúmenes de sardina que este año se habían acercado a la co st a 393 . cuando nuestro señor da pe scaría, y do nde sale lo prin cipal de las alcavala s y re ntas reales”. Denuncian a l arrenda dor Juan P asquaele y a su ad ministrad or, Francisco Lóp ez, por la gran falta d e sal; Francisco Francés, rece pto r de uno de los al folíes sólo al macena 4.000 celemines; en los o tros alfolíes no ha y ning una sal y está cerard o. “Si la dicha falta fuese adelante …, q ue si mu riese mu cha cantidad de p esquería y sardina, “co mo otras vece s a subç edido y ahora po día subçed e r, p or aver notiçia q ue la ría es tá muy llena d e sardina, e n q ue po día subçeder de p érdid a m á s d e cient mi l ducado s”. A.H.P.P o. 16/3, 94v. 390 . A.G.S., C.J .H., 3 90 /4 391 . E sta nece sidad obligaban a que los vecinos co nsu mieran l os manteni mientos po drid os. A.H.P .Po ., 16/3 , 119v. 392 . A.R.G., 13 .33 4/6 393 . A.R.G., 9. 743 /11 130 Ante el rep liegue de las ca rabelas portuguesas, lo s nuevos arrendadores del estanco r e curren al se cuestro de los navíos de los mareantes gallegos. E sta era una práctica ya antigua, que afectaba se nsiblemente a los m areantes de Muros: e n 15 d e junio de 1595, e l procurador gene ral de esta villa de nunciaba cómo los proveedores d el estanc o en Aveiro h abían emba rgado cuatro volan tes de la villa y lo s habían encaminado a abastecer d e sal a las Cuatro Villas. Advertía que estos navíos eran pre cisos p ara los c ercos y que podían se r que no estuvieran a tiempo para iniciar la costera de la sardina; también a lertaba de la extrema nece sidad de sal que padecía Muros 394 . Más problemático resultaba el secuest ro, por las mismas fe chas, de tres trincados para que transportasen sal a los alf olíes asturianos 395 . El 15 de julio se cele bró u n co ncejo a bierto pa ra trat ar del tema de los trincados ante el temor de que no retornaran a t iempo. Aseguraban, exagerando, sin duda, que ni en la villa, ni e n todo el Reino e xistí an otros navíos tan válidos para emplear en los cercos y que los vecinos d e Muros habían invertido en redes , cuerdas y alug ados más de sie te mil du cados 396 .Una situación se mejante se repite a finales de 159 8: el procurador gen eral de Muros denuncia ba cómo ocho volante s empleados en la armazón de los cercos d e la villa hab ían sido embargados p ara ir a Aveiro a cargar sal. Tras el viaje el adm inistrador de la ren ta, Baltasar de Espinosa, no a ccedía a libe rarlos, sino que pretendía que co ntinuaran emp leados en la carrera de la sal, por cuyo m otivo los cercos n o se podían constituir. Además, como de costumbre, la villa e staba mal abastecida de sa l. El co ncejo acuerda que el pro curador general se desplace a Pontevedra p ara solicitar e l desembargo d e los navíos, lo que obtiene a comienzos de septiemb re. A m ediados de ese mes, persistían las dificultades para los cercos y sa cadas de Muros; pa ra enton ces, sólo se h abían d escargado en la villa cuat ro volante s, que transportaban entre d os y tres mil f anegas de sal, cantidad totalmente insu f icien te para encarar la campaña otoñal de la sard ina 397 . 394 . A.M.M., Libro d e Consistor io 1 594-96, 248v 395 . “ los tr incados que b an ca rgados de sal po r orden del pr oveedo r Portillo para lo s alfolís d e Asturias…, atento la nesçe sid ad que d ellos ay pa ra lo s çer cos y de la sal para pro visión deste alfolín”. A.M.M., Lib ro de Consistorio 159 4-96, 251 396 . A.M.M:, libro de co nsistorio 15 94-96, 2 50 397 . A.M.M., libro de consistorio 1 597 -99, 199, 200 , 200 v 131 Los a lfolineros preferían tro car la sa l por cereal, q ue a cercaban los labrego s hasta las p uertas de l os alfolíes, ap rovechando las altas cotizaciones que alcan zaba en las alhóndigas mu nicipales el ce real, al co incidir las m alas cosechas agrarias con la s salineras. E n octu bre de 1 602, un testig o denunciaba en Noia es tos m anejos: Al prese nte ha y cuatro cercos grandes y por no tener sal dejan de ir a la m a r. S i t ubieren aba sto habría m á s ce rcos. Algunos castellanos que vienen a comprar sardina y se van. Los labradores darán de muy buena g ana do s ferrados de trigo, que vale siete reales, p or un ferrado de sal, un carnero por un ferrad o.Los m arean tes echan la p esca al mar y o tra d ejab an en la ribera. Hace o cho días, lo s ce rcos y sa cadas grandes mataron die z b arcos de sardina y dejaron la mayor parte de ella fue ra y la echaron al mar . 398 La ca restí a de sal continuaba in ter firiend o en las campaña s mura danas de 1600 y 1601 . En primero de octubre de ese año, los tres cercos de este puerto habían obtenido buenas co sechas. Fuera de las marca s de l puerto, situadas en monte Louro, se encontraba un naví o f rancés cargado de sal, que m ercadeaba por su cuen ta. El maestre pro ponía vender la f anega de sal a 6 reales, a lfolinaje no incluid o; para facilitar las vent as se com prometía a toma r carga de sardina y llevarla a San Sebastián o B ilbao. E l concejo autoriza al na ví o a an clar e n el puerto y que se reparta la sal ent re los cercos 399 . Esta com pra y otras similares 400 no e ran capace s de impedir el co lapso d e las sa lazones, co mo se a firmaba e n el concejo a bierto celebrado en 28 de n oviembre: n o la avía para salar la sa rdina y otras p escas 401 . T ras estas descargas de navíos aventure ros, los arrendadores de la ren ta exigen el pago del a lfolinaje: e n mayo de 160 3, Antonio Pereira reclamaba de los ve cin os de Muros más de cuatro m il reales por las sales vendidas desde 24 d e o ctubre de 1 602. Finalmente, a mbas p artes convinieron en pagar po r este de recho 2.100 reales 402 . T ambién reclamaba e l pago de este derecho e l arrendador Antonio Gómez, en 31 de ma rzo de 1604 403 . 398 . A.G.S., E .H., 5 57, 196 399 . A.M.M., libro de consistorio , 1 600-01, 249 400 . A comie nzos de novie mbre el co ncejo de Muros ob tuvo a utorizac ión del ad ministrad or d e la re nta para repartir entre lo s ce rcos una carabela d e sal, q ue tran sportab a 3,5 m il leiro s. A.M.M., libr o de consistor io 16 00-01, 268 v 401 . A.M.M., libro de co nsistorio 16 00 -01, s.f 132 En 1605 volvieron a ser e mbargados los trincados de Muros p ara transpo rtar la sal desde Av e iro 404 . Ese mismo a ño, el concejo ex ig e a Antonio Pereira que t enga bien provistos lo s t res al folíes e la villa y q u e un volante procedente de Aveiro se descargue en la villa y que de e l barco a disp osición d e los cercos. El a rrendador pre tendía desviar a Noia dicho volante y remitir a Muros un barco f rancés con sal de Broua ge, insuficiente para la pesquería 405 . Los embargos de los naví o de los ma reantes f ueron mo neda corriente, como hemos visto e n el p uerto de Muros, p ero est as medidas d e fuerza no fueron capa ces de recomponer un abasto seguro y regular d el conservante obtenido en la s salinas de Aveiro. A insta ncias del capitán general don Luís Carrillo de To ledo se abre una investigación, en septiembre de 1601. El m alestar era general en todos los puertos d el ant iguo Reino, con mayor gravedad e n los que arm aban cercos, en los inicios de la campaña de 1601 ante la falta de sal. En Muros, a com ienzos de se ptiembre, la s capturas de sardina de los cercos colmaban la c apacidad de cuatro barcos, pe ro la s reservas de sa l de que dispon ía el alfoline ro só lo llegan pa ra salar la carga de u n na ví o; los m areantes se ven obligado s a tirar al m ar la ma yor parte d e su s ca pturas; lo s m ás exaltados arrojan a la pu erta del alf olí la inútil pesca. An te esta esca sez los cercos o ptan por permanecer en t ierra y n o ha cerse a la m ar 406 . Ya e l año a nterior, lo s mareantes muradanos ha bían visto, im potentes, como los ce rcos no se h acían a la ma r por la falta y carestía de la sal 407 . Los alfolineros, in capaces de sa tisfacer las exig e ncias de los ma reantes, optan por permitir la arribada d e mercaderes extranjeros, que venden la sal a los precios que les parece . Francese s y 402 . A.M.M., libro de co nsistorio 16 03 -05, 75 403 . El p rocurador general. “ hera notor io como los años p asado s, que Antonio Gó mez abía sido administrado r de la sal deste Reino, por no da r basto hesta villa y s u veci ndad abían p erdido m ucha suma de sardi na y o tra p esca, por lo qual, abiendo acudid o al re medio y nesçe sidad que a b ía d e sal en bertud d e una pr obisión de s u se ñoría e l co nde de Carazena, se ab ya pr oveído y to mado a muy esesivos presios algún sal. Y ni más n i menos por horden de s.m. se abía bendido sierto s al a excesivos pr esios”. A.M.M., libro de consistorio, 160 3-05, 204 404 . E l a d m inistr ador de los alfolíe s, e n 25 d e julio, o rdena el embargo d e los trincad os. A.M.M. , libro de co nsistorio 16 03-05 , 349 405 . A.M.M., libro de consistorio 1 603 -05, 375v 406 . A.M.M., libro de co nsistorio 16 00 -01, 228 407 . Denuncia, en 15 de sep tiembre d e 16 00, del p rocurador general. A.M.M. , libro de consisto rio 1600-16 01, 78, 83 133 portugue ses de spachaban la fane ga d e sal a1 2 y 1 4 reale s 408 , p recios impo sibles de asumir p or lo s m areantes y que supe raban en un 300 por cie nto a los legalmente establecidos en los alfolíes. En la bahía coruñesa , en 1 601, en e l inicio de la temprana campaña de sus c e rcos, l os cofrades de santo An drés deben s oportar el desaba stecimiento de sa l: a la altura de 2 2 de agosto, el a lfolí tan sólo a lmacenaba doscientas cincuenta f anegas de sal, insuf icientes para acomete r la salazón de la s sardina s, que e stavan çercadas más de çien varcadas de sardina, q ue ca da una tenía çinqueta m illare s, qu e ve nían a ser çinquenta m il y qu e p ara salar eran nescesarios veinte y çin co mil a neg as de sal. Y que los duçientos y cincuenta del dicho alfolí no llegavan a la dí z ima pa rte. Y , si no venía más, la sardina se p erdía y avía de soltar en la m ar 409 . Situaciones semejantes se constatan e n la ría d e Pontevedra con los siete cercos que armaba n los agrem iados del Corpo Santo y el que era pro piedad de los ma reantes de Co mba rro. Un trincado y un ba rco de l cerco de Co mbarro se acercaron hasta el peirao de este puerto , para descargar má s de t resciento s millares de la sa rdina. P or carecer de sal la llevaron al peirao pon tevedrés de la Puente, d onde se encontraron con la m isma penuria, que resolvieron arrojando gran parte della a la mar, sino otra m ucha que q uedó e n el dicho peirao por no tene r sal . El repartidor de l cerco convocó a los quiñoneros pa ra que biniesen a la ronda a tomar sus sa rdinas , que ante la falta d e sa l de spreciaron s us lo tes y la echaron a l mar, porque no le ynfeccionase las casas 410 . Las contadas desca rgas de sal resu ltaban totalmente insuficientes para permitir el no rmal funcionamiento de las artes de pesca, como e xponía un mareante: la sa l d isp onible no llegaba pa ra proveer la dé cima parte de la s necesidad es de los qui ñone ros, a los que se le s había repa rtido cuatro f errados por quiñón 411 . L os pro blemas venían de a ños atrás : el conce jo de Pontevedra se desesperaba, en septi emb re de 1 597, ante e l desabastecim iento g enera l, que hacía inút il la salida a l mar d e los cerco s, evalu aba las pé rdidas en m ás de cien 408 . A.G.S ., E.H., 557 409 . A.G.S . E.H., 557 410 .A.G.S ., E.H. , 557 411 .A.G.S ., E.H., 557 134 mil ducado s. L a situación no mejoró al año siguiente: en agosto, pretendía el monaste rio de Poio abaste cer directamente a su cerco desde las salina s de Aveiro, pero la peste no permitió la n avegación más allá de T ui 412 . Más éxito debie ron tener los cercos pontevedres es o, al menos, a lguno de ellos, pues, en julio de 16 00, los furnidores de la arma zón, de la que eran atalieiros Vasco Núñez y S eba stián Garrido, se compromet en a p agar la sa l que les fu e repartida, confo rm e a los quiñones y furnimento de red , co mo de los b arcos que ca da uno de nos furne en el dicho cerco 413 . En la ría de Arousa sufrían la f alta del conservante los pescadores, pero también lo s labradores, obligado s a amasar el pan co n agua de mar y a sacrificaban unas reses en fermas. E n octubre de 1 601, los a lfolíes de Vilagarcía, Carril, Rianxo, Vilano va llevaba n más de tre s me ses desbastecidos; po r lo que los pesc adores no se hacían a la mar: q uando van y acen su pesquería la venden a menos preçio por la dich a f alta de sal y los la vradores de la t ierra adentro, que se pro veen asimi smo deste alfolí, pasan la mesma nece sidad y no matan sus carnes para la provisión de sus casas. Los arrieros se acercaban hasta la cost a para cargar en od res agua de la mar, que ve ndían tierra a dentro pa ra la cocción del pan y de las carnes; la vendían a cuatro m aravedíes el cuartillo (16 maravedíes/ a zumbre) 414 . Los cercos, l os grandes consumidores de sal, sortearon todo tipo de problema s q ue afectaban a la carr era d e la sal y a las escuálidas cosechas de las sa linas de Aveiro. Esta perseverancia se basaba en la ba ratura d el conservante : la fane ga d e Ávila se de spachaba en los alfolíes a 136 m aravedíes desde 1 566; su precio se elevó en 1602 en un veinticinco po r ciento, recuperando el coste in icialmente f ijado. Lo que trasmite el cuidado con el que la Real Haciend a tra tó a las pesq uerías gallegas. L a agresiva p olítica del conde-duque, buscando rec ursos por todas partes, p uso fin a e sta contención. El progresivo encare cimiento del c o nservante d e las pesq uerías llegab a a de shora. La incidenc ia de los incremento s del pre cio de la sal iniciada coincide con la 412 . P EREIRA FERÁNDE Z, X. M., A Po ntevedra d e Felip e II 2000 , pp. 69 , 71, 118 413 . A.H.P .Po ., 913(4), 283 414 . A.G.S., E. H., 5 57, 41 135 decaden cia irreversible de las artes de pe sca c omunitaria. Los cercos ya arrastraban u na actividad mortecina, d espachando su s capturas en fresco , el encare cimiento de la sal constituye su pun tilla. Con todo, las relacion es ent re lo s administradores de la renta d e la sal y los ce rcos f ueron buenas. En su s funcio narios y arrend ado res e ncontrarán es ta s artes comunales a sus me jores defen sores f rente a lo s xeitos. Los furn idores de los cercos recib ían la sal fiada e, i ncluso, dinero en ef ectivo 415 , pudiendo satisface r su importe al finalizar la campaña. Esta forma d e crédito debía a carrear no pocos p roblemas a los acreed ores cuand o las camp añas de la sardina no eran lo suf icientemente generosas y los q uiñoneros no podían devolver lo s maravedíes ad eudados. En 25 de agosto de 1608, los fu rnidores d e los cercos de Muros, según d enunciaba su procurador gene ral, no estaban dispuestos a armarlos, res peto de decir que el reçetor de la sal n o se l a quiere dar fia da . L a campaña anterior deb ió ser lo suficientemente m ala co mo pa ra o rig in ar m ucha s deudas, que el alfo li nero apremiaba a saldar, n egándose a volver a repe tir experiencias análogas. Fue necesari a la interv e nción de los alcal des de la villa, que demand an d el administrador de la renta en el partido de Galicia, p ara que ordene a su repre sentante en e ste puerto que dé la sal fia da y que no co bre las deudas atrasadas, en mientras lo s çerco s entran en la mar . Ju stificaban esta med ida, apelando a la pobreza e n ecesidad que al p resente ay entre algunos vecinos de dinero 416 . 2.3. LAS S A LIN A S LOC ALES La sa l, como a contece en nuestros d ías, p oseía un valor intrínseco irrisorio. Esta escasa valoración p ermite que la Revolución de la Sal, operada en torno a 1370, arrase con las peque ñas y dispersas sa linas medievales, de las que sól o restaba en los tiempos m ode rnos su recuerdo en la toponimia: el b enedictino 415 Cangas, 22 mayo 1581. Cristób al d e Fo ntefría, Pedro de Refo xos y otros veci nos d e Cangas se obligan a pa gar al ad ministrad or d e los alfolíes Martí n Aragonés 50 ducado s, pr estados “par a la ar m açón d e u n çerco ”.. Al a ño siguiente, e n no viembre, J uan do Seixo y o tros veci nos d e Cangas d o Morr azo se ob ligan a satisfac er al ad ministrador d el estanco, Martín Aragonés, 2 00 ducado s q ue les prestó p ara la adq uisición de c áñamo, emplead o en la fur nición de un cer co. A.H.P. Po ., 1.615(2 ), 2 46; 1.61 5(3), 313 416 . A.M.M., libro de consistorio 1 608 -10, 115v 136 Sarmiento hace procede r Salné s de Territorium Sa liniense, en cla ra alusión a las salinas a llí existente s e n los tiempos me dievales. Resulta significativo el da to aportado por Ferreira Piegue, de que a partir de 1380 se do cumente la prese nci a de pesca do gallego en las plazas mediterráneas 417 . El f lete era determinante a la hora de p lanear su t rans porte. A los neerlande ses no le s re sultaba rentable atravesar el Estrecho de G ibraltar y acceder a la s sa linas gaditan as 418 ; su perar las de Se túbal resultaba un a navegación ruin osa 419 . Su transporte ap enas interesaba a l o s mercan tes. Lo s m aestres de las carabe las portugue sas hab ían logrado re ntab iliz arlo, re se rvando u na conside rable ca ntidad d e sal para emplear en la ría d e Vigo en el come rcio de la sardina veraniega, la variedad denominada revenida, no apta para se r a rencada por su exceso de grasa. En la relación d e las arribad as de estos naví o s, en 1566 , se observ a perfectamente esta modalidad come rcial: la densi dad de estas arribada s e n la s Rías Baixas co ntrasta co n la d e las re gistradas en las Rías Alta s y puertos del Can tábrico. 417 . FERREIR A PRIEGUE , E., 198 8, 160 418 . HERRERO SÁNCHE Z, M., “La e xplotació n de las marina s d e Pu nta Ara ya. U n factor co nflictivo en el pro cedo de acerca m ient o hispano-neerla ndés ( 164 8-1677) ” en Cuadern os de Historia Mo derna , núm. 14, 199 3. 419 . Si no s ceñi mos al aba sto d e los alfolíes galle gos aco ntece algo se meja nte: las sales obt enidas en Aveiro no er an de gra n calida d, p ero estab an muy c erca nas; los i ntentos p or p roveerse d e sal a ndaluza fueron muy puntuale s y, co mo vimos, r emataron e n un estre pitoso fracaso. 143 31.07 Barco María d a Gracia . Espos ende 15 31.07 Barco Sto. Ant onio. Vi ana 15 31.07 Navío de reven ir Corp o Sto .Viana 2 1 31.07 Barco 35 01.08 Navío La Co ncepción. Vian a 3 6 05.08 Pinaza bordad a. S. Antonio . Viana 1 2 05.08 Barco Corpo Santo. Espos ende 12 05.08 Carabela S. Antonio I. Z ezim bra 60 05.08 Carabela S. Antonio II. Zezim bra 30 05.08 Carabela S. Antonio III . Zezim bra 45 05.08 Carabela S.Franc osco. Z e zimbra 60 06.08 Carabelón S. Salvador .Azur a 19 8 08.08 Carabela NªSª. L ago. Esp o sende 192 37 8 A 14.08 Carabelón NªSª. Espera nza . Aveiro 228 24 6 A 14.08 Carabela NªSª: Esperan za. Aveiro 22 8 426 19.08 Carabela S. Ju an. A veiro 8 1 810 A 23.08 Barco S.Buen aventur a, Cangas 18 23.08 Carabelón S.Fra ncisc o.Zez im bra 24 23.08 Carabelón S. Antonio. Z ezim bra 33 23.08 Batel pequeñ o S.Antº. Vila Cond e 12 23.08 Pirlo de pescar. Viana 4,5 24.08 Carabela S. Antonio. Ze zim bra 54 24.08 Barco de pescar . Espos ende 9 24.08 Barco Corpo Sto. Espose n de 10,5 24.08 Carabelón Corp o Sto. Espos ende 1 8 24.08 Barco cubierto .Conce pción . Viana 1 2 24.08 Barco cubierto .Salvad or. Vi ana 18 24.08 Carabelón de pescar S tgo. Azurara 15 24.08 Barco NªSª.Ajud a. Viana 12 27.08 Carabela Sto . Espíritu. Zezim bra 33 27.08 Pinaza. Vigo 33 27.08 Barco Sta.Clara. Vian a 13,5 27.08 Barco Concepc ión. Vi ana 1 2 27.08 Barco cubierto . Sta.M aría. Viana 15 27.08 Carabelón Corp o Sant o. A zurara 15 28.08 Carabela S. Miguel. Vig o 123 450 30.08 Barco cubierto .Conce pción . Viana 1 2 31.08 Pinaza Cang as 6 02.09 Carabela NªSª.G racia . Avei ro 2 7 537 04.09 Carabela S. Pablo. A veiro 63 333 04.09 Barco. Vigo 24 04.09 Carabela S. Pedro. Ze zimbr a 22 8 S 04.09 Carabela Corpo Santo. Aveiro 60 510 04.09 Carabela NªSª. Ajuda. Viana 15 04.09 Barco S.Anton io. Vian a 12 04.09 Barco cubierto NªSª. Ajuda. Viana 12 09.09 Carabela S. Pedro. Ze zimbr a 72 156 S 11.09 Carabela S. Pablo. A veiro 63 336 13.09 Volante Corp o Santo. Vigo 48 180 13.09 Carabela Corpo Santo.Z e zim bra 420 S 13.09 Carabela NªSª. L ago. Esp o sende 192 7 8 NNNN Carabela Sta. Clara. Vila d o Conde 24 18.09 Barco Corpo Santo. Viana 21 18.09 Carabelón de pescar S anti ago 2 4 18.09 Barco ollero S .Antonio. Viana 9 18.09 Naveta María Magda lena. Viana 90 6 24.09 Carabelón . Espossend e 16,5 25.09 Barco cubierto Conce pción . Viana 4 2 144 29.09 Barco La Bar ina. Espos end e 10,5 04.10 Carabela S. Marcos. A veiro 909A 13.10 Vigo 9 13.10 Cangas 21 A L FO LÍ D E REDOND EL A 05.05 Navío NªSª.Cam ino. Muros 765 07.06 Barco Sta.María Ajuda . Viana 4,5 4,5 11.06 Viana 7,5 3 11.06 Viana 9 3 11.06 Viana 5 12.06 Esposende 11 28.06 Barco Concepc ión. Vi ana 7,5 28.06 Viana 7,5 01.07 Carabela Co9 ncepció n. Zezim bra 4 2 180 05.07 Carabela NªSª: Ajuda. O por to 462 08.07 Navío S. Juan . Redon dela 690 13.07 Viana 9 15.07 Esposende 9 18.07 6 6 26.07 Barco Concepc ión. Vi ana 3 3 30.07 Viana 9 12.09 Carabela Sta . Cruz. Aveiro 81 17.09 Navío San Ju an . Red ondela 48 6 A L FO LÍ D E PONT EVEDR A . Juan de Roba liño, r eceptor Navío B uen J esús. V iana 114 20.01 Volante Sant iago.Baiona 468 24.04 Navío NªSª.de l Cam ino. M uros 14 4 10.05 39 12.05 Pontevedra 75 12.05 Baiona 21 21.06 Navío Sta.María. F uen terra bía 573 25.06 Navío Santia go. Ponte vedra 744 A 07.07 Pontevedra 483 36 15.07 Carabela NªSª.C oncepc ión. A veiro 36 867 A 20.07 Aveiro 24 9 90 02.08 Pontevedra 12 2 67 A 14.08 Carabela Corpo Santo. Espos ende 861 S 21.08 Ribadeo 741 S 23.08 Pontevedra 18 2 70 A 23.08 Pontevedra 6 2 40 A 23.08 Pontevedra 28,5 213 A 29.08 Pontevedra 90 3 07 A 29.08 Pontevedra 9 2 88 01.09 Aveiro 753 A 04.09 Aveiro 45 9 27 A 08.09 Aveiro 60 7 74 A 08.09 Pontevedra 12 2 22 A 13.09 Vila do Cond e 66 9 78 A 16.09 Esposende 600 2 10 A 19.09 Carabela Fie les Deus . Espos ende 27 0 A A L FO LÍ D E PONT EVEDR A . Juan de Sot o, receptor 02.01 Zabra Concepc ión. Qu eso 420 L 19.05 Navío S. Juan . Pontev edra 153 AL 21 16.07 CarabelaNª Sª.Victori a. Ave iro 6 84 A 18.07 Carabela S. Espíritus 371 145 19.07 Carabela S. Pablo. A veiro 498 31.07 Carabela S. Espíritus . Ataugui a 264 02.08 Carabela . P ontevedra 2 43 02.08 Pinaza. Ponte vedra 21 2 52 05.08 Navío S.Pedro. Ponte vedra 10,5 5 89,5 11.09 Carabela Sto .Dom ingo. Es posende 198 6 60 13.09 NªSª.Gracia. Esposende 48 7 29 A L FO LÍ D E C A M B A DO S. Gregorio C ache s, recepto r 20.05 Navío. Vilanov a 12 05.06 Navío. Aveiro 9 1.1 34 15.07 Carabela Sto . Antonio . Aveiro 1.035 23.07 Navío NªSª.Pres entaci ón. Aveiro 21 1.452 A 05.08 Carabela NªSª.C oncepc ión. A veiro 1.161 A 09.08 Navío S.Pabl o. Aveiro 1.341 A 26.08 Carabela S. Antonio. Aveiro 1.047 A 02.09 Navío NªSª. Prese ntación. Aveiro 75 1.395 A A L FO LÍ D E VIL AG A RCÍ A. Luís Á lv arez, re ceptor 08.05 Carabe la Sta.Cru z. Atau gui a 996 A 23.05 Chiola NªSª.C oncepci ón. Ave iro 6 15.07 Carabela Sta . Cruz. Atauguia 9 1.0 92 A 18.07 Carabela S. Antonio. Aveiro 702 A 27.07 Carabela S. Antonio 1.380 31.07 Chiola Corpo Santo. V iana 6 05.08 Carabela S. Pablo. A veiro 6 1.1 94 A 06.08 Carabela Sta . Clara. Aveiro 786 A 30.08 Carabela S. Antonio. Aveiro 42 1.347 A 30.08 Carabela NªSª. Esperan za. Aveiro 12 1.356 A 11.09 Carabela .An tonio. A veiro 699 A A L FO LÍ D E P ADRÓN.Gó mez Rod ríguez, recept or 20.02 Navío S. Anto nio. Por tugal 363 L 30.05 Navío Espíritu Santo. Es po sende 861 SL 12.06 Navío Espíritu Santo. A veir o 7 41 A 17.07 Navío Espíritu Santo. A veir o 90 573 A 02.09 Navío Sta. Clara . Ave iro 36 654 A 11.09 Navío Concepc ión. Bu arcos 27 12.09 Carabelón S. Antonio. O por to 24 3 72 A A L FO LÍ D E A POBR A DO DE ÁN DE S ANTI A GO. Juan M ariño de Soto mayor, receptor 19.07 Carabela Espir itú Sa nto. Ave iro 48 852 A 09.08 Carabela Sta . Cruz. Atauguia 33 1.1 46 A 19.09 Carabela NªSª.G racia .Espo sende 429 4 11 A 31.08 Carabela Espíri tu Sant o. A veiro 54 0 3 60 A 17.09 Pinaza Santia go. A zurara 9 17.09 Pinaza Corpo Santo. Azura ra 9 A L FO LÍ D E NOI A. Pedro Pardo No guerol, receptor 05.07 Volante Sant iago. Noi a 90 4 44 A 17.07 Trincado Sto.A ntonio. Noia 90 258 A 02.08 Carabela NªSª.d a Ol iveira. Aveiro 45 897 A 14.08 Carabela Espíri tu Sant o. A veiro 1.125 A 30.08 Rrincado Sto. Antonio. No ia 168 1 89 A 04.09 Zabra La Cat erina.Fue nterr abia 46 5 L 13.09 Zabra NªSª.Grac ia. Sa ntander 15 3 204 SL 18.09 Nao pequeña . NªConc epci. Aveiro 1.650 261 A 24.09 Carabela NªSª.d a Ol iveira.Aveiro 357 52 5 A 146 A L FO LÍ D E M UROS. Greg orio Lóp ez, recept or 05.08 Navío S . Antonio . Muros 387 6 0 A 14.08 Navío S.Andrés . Muros 450 3 0 A 23.08 Carabela E. Santo. Espos ende 17 4 68 1 A 02.09 Carabela Conce pción . Avei ro 70 5 270 A 11.09 Navío María. Fu enterr abía 150 147 A 13.09 Zabra La T rinidad. Fu enterrabía 45 99 A A L FO LÍ D E CORC UBIÓN. A lon so M árquez, receptor 26.07 Volante S.Anton io. Muros 321 A 10.08 Volante. Muros 894 24.08 Navío Marisam es . Inglaterra 360 L 29.08 Carabela E. Santo. A veiro 540 A 09.09 Volante Sto. Antonio. M uros 537 A 11.09 Carabela E. Santo. Espos ende 1.191 A A L FO LÍ D E A CO RUÑ A. Ant onio G onzález d e Candame, recepto r 16.04 Navío NªSª.Hum ildad. A Cor uña 144SM 07.06 Navío Concepc ión. Rib adeo 11 1SM 25.06 Carabela Espíri tu Sant o. Opor to 575 28.06 Carabela S.Jua n. Mon dego 2.550AN D 16.07 Navío S.Marcos . Leça 405 A. 17.07 Navío Sto. Ant onio. Far o 369 18.07 Carabela S.Jua n. Aveiro 1.068 A 19.07 Navío Sta. Cr uz. Ave iro 606 A 29.07 Carabela Conce pción . Faro 1.449AN D. 03.08 Nao Santiago. Aveiro 1.287 A A L FO LÍ D E BET A NZ OS. P edro Arias das Filgu eiras, recept or 15.01 Navío Concepc ión.Op orto 1.767S M. 03.02 Navío Espíritu Santo.O porto 1.334AND 04.03 Navío Espírtu Santo. Ze zimbr a 1.290AN D 22.04 Carabela NªSª: Ajuda. O por to 996AND 05.06 Carabela Sto . Antonio . Mat osinhos 2.29 2AND 10.06 Carabela Espíri tu Sant o. Opor to 1.068 SM 12.06 Carabela NªSª. Ajuda. Setú bal 93 0AND 20.06 Carabela Espíri tu Sant o.Zezim bra 45 798 S 09.07 Navío NªSª.G uadalupe. Leç a 76 A. 10.07 Nao S.Salva dor. Aveiro 9 9 1.827 A. 11.07 Carabela NªSª: Victor ia. Zezim bra 66 585 S. 11.07 Nao Santiago. Matos inhos 168 2.22 6AND 23.07 Navío Espíritu Santo. At augui a 69 450 A 26.07 Navío Sto. Ant onio. Ze zimbra 438 28.07 Navío S.Vicent e. Alcácer do Sal 630 AL 01.08 Navío NªSª.do Lago. Faro 843 S M 02.08 Navío Espíritu Santo. O porto 1.458SM. 05.08 Nao S.Miguel. Silves 1.341AND 07.08 Navío Espíritu Santo. Es po sende 46 726 A 02.09 Nao Espíritu S anto. Ze zim bra 80 1 S. A L FO LÍ D E PONT EDEUME. Ju an T enreiro, rec eptor ---- -- Navío Sant iago. Vive iro 1.16 2 AN Navío Espír itu Santo. Espo sende 1.410 A N Navío S to. Ant onio. Mat osi nhos 1.773 AN A L FO LÍ D E FERRO L, Gon zalo do Vilar, recepto r ---- -- Carabela Na zaret. Mat osinhos 1.290 AN 147 A L FO LÍ D E VIVEIRO 05.08 Navío. Oporto 570 A Carabe la Coc epción. Leça 1.05 3 AN Fuente: A.G.S., C.J.H ., 74. 153 Procedenci a de la s al: A. A v eiro. A L. A l các er do Sa l. A ND. Andalucí a. L. Lisbo a S. Setúbal. SL. Sanlúc ar d e Barram eda. SM . Puert o de Santa M aría 148 3. PEIXE MERCHA NTE. EL CO M ERCIO DEL PESCA DO El d ía 15 de m ayo de 15 66, partía del p uerto de Pontevedra un co nvoy formado por veintiún n avíos y con ciento noventa y ocho tripulantes a b ordo. Tran sportaba bastimento s p ara los presid ios d el Me diterráne o, que deberían ser redistribuido s de sde el puerto de Málaga. En tre los a limentos embarcados figuraban cinco mil quintale s de pescada , unos 325.000 e jemplares 434 de co rdel y volanta, capturados a lo la rgo de toda la costa g allega 435 . Una ca rga muy seme jante, en cuanto al pesca do, f igura en e l elenco s de a limentos co n que llenaron la s bod egas de lo s n avíos de la A rmada, d urante su escala co ruñesa, en 1588: 24 quin tales y 4 7,5 libras de ba calao, 11 quin tales y 61 ,5 libras d e abadejo; 883 libras de pescado ce cial, p osiblemente merluzas o pescadas; 2 pipas de sardina 436 . L a p resencia de la p opular sa rdina la podemos considerar ane cdótica, como también la del ba calao. La ausencia de la espe cie m ás generalizada en el consumo po pular, se en tiende como sustituida por o tras de m ayor calid ad, más aprop iadas para una co rrecta alim entación de la tro pa y marine ría. La discreta participación del bacalao obedece a su condición de producto extranjero, lo q ue suponía u na evasión de cap itales. La d ieta de la Armad a durante su f ormación y estan cia en Lisboa reservaba los m artes, viernes y sábado s para el con sumo de pescado. Especie s poco f recuentes en los puertos gallegos, como el atún y e l bacalao, constituían las seis on zas de la raci ón d iaria, y quando esto no uviere seys onças de pescado pulpo o cinco sardinas 437 . El atún lo proporcionarían las almadrab as del Algarve y e l baca lao las f lotas que todos los años partían de l puerto de Aveiro a l as campañas de Terranova, la pesquería l ocal (pulpo y sardina, que p roporcionarían los cercos d e Setúba l) era contemplada como u n sucedáneo para cuando faltaren las especies v a liosas. 434 . El q uintal castel lano eq uivalía a 4 6 kilogra mos; cada uno contenía unas 6 5 merluza s ceciale s (secas). Sesen ta y cinco m il eje mplares se co ntabilizab an como mil q uintales.. 435 . A.G.S., C.J .H.,. 87, 361 436 . SAAVED RA VÁZ QUE Z, M.C., 1 989 , 161, nota num. 4 3 437 . CAS ADO SOT O, J .L., Los barco s españ oles d el siglo X VI y la G ran Arma da de 15 88 , 1988 , 183 149 Sin em bargo, años más ta rde, en 1633, con mo tivo de la f irma d el asien to del Reino de Galicia con la Corona para la construcción de un a rmada, que defendie ra sus costas, compue sta por o cho galeones y u n pa tache, se especificaba la dieta alimenticia de sus marineros: ració n de bacalao durante dos días a la semana, amé n d e las cuaresmas y vigilias 438 . Como vemo s, las pesquerías na cionales son totalmente suplantadas por las inglesas y holan desas. Tamb ién la humilde sardina de las rías es sust ituida por las pesquerías extranjeras: amparándose en el T ratado de L ondres (1604), el m ercado med iterráneo se ve invadido por la sard in a inglesa, cancelando uno de los destinos más volum inosos d e la pesquería gallega desde los tiemp os med iev ales. Con temporáneo de este desplazamiento de las p esquerías nacionales e s la ad vertencia que d esde la em ba jada española en Lo ndres lanza el co nde de Gond omar: Los vizcaínos han perdido la p esca de ballena s y estos y gallego s y p ortugueses van perdiendo la pesca de los arenques y b acallaos. Y los in gleses y holandeses, creciendo en este trato, de mane ra que meten en los reinos de su m a jestad cada añ o m ás de doscientos navíos carg ados de so los arenques y bacalaos 439 . La reacción de l os contemporáneos ante lo s descensos de l as capturas pesqueras es ambivalente. Hay quienes en tienden las m alas pesque ras obedecen a cau sas natura les, contra las que poc o se puede hacer: lo que vyene del çielo n o e stá en mano d e los onbres 440 . Una d e las explicaciones más certeras, pue s alude a l ca mbio climát ico, que se contiene en la represe ntación elevada, en 1597, por la s v i llas de Pontevedra, Redondela y V igo: Por averse talado y que mado lo s monte s…lo que agora es muy al contrario, porque las dichas a benidas no ti e nen q u e trae r d e l os montes, sino es arena en lu gar d e tierra gruessa y hoja de los á rboles, traen m uch a elada y ca rámbano de q ue el 438 . “Ha d e co rrer por cuenta del Reyno el suste nto d e tod a la ge nte de mar y guerra, y ha d e d ar a cada plaça la ración o rdinaria d e la calidad y bondad q ue se req uiere , y la despen sa ha de ser lo s q uatro d ías de la semana tozino, d os vacallao y uno q ueso, excepto la Cuares ma, que ha d e ser lo s cinco días pescado y dos queso, y asi mismo las vigi lias”. A.G.S., C.M. C., 3 ª épo ca, 3.019 439 . TOB ÍO, L., A interven ción de Gon do mar nos pro blemas interna ciona is de p esca, 1984 440 . GELABERT GON ZALEZ, J . E., 1982, 2 0 150 pescado huye mucho…porque cu ando baxan las aguas de lo s monte s con furia de manera que el pescado no pueda huir 441 . Otro pue rto gallego que ve hun dirse su otrora pu jante actividad pescado ra culpaba tamb ién de sus des gracias al incremento de la pluviosidad, perceptible en las grande s avenidas d e lo ríos. La info rmación abie rta en Noia en 1599 ponía de ma nifiesto que la pesca en la parte donde se solía coger y matar con las avenidas de aguas qua ha avido se h arroinó y se an hecho b ancos de arenales que quitaron e ynpidieron e l p asto y post uras do nde se so lía m a tar y cog erla dicha pesca y sardina 442 . Los bancos del Ma r de l Norte, en efecto, d esplazan a la sardina gallega en e l mercado castellano, como denunciaba, en 1619, e l concejo de M uros: ingleses y de Fu slanda, Olanda y Zela nda e Irlanda ha z en (daño ) en meter sardina en muy gran cantidad en estos reynos de Castilla y los más de su majestad, de que sac a n muy gran cantidad d e dinero…que los tales extran jeros no metan la d icha sard ina e n sus re ynos. Y, e n ca so que la metan, la vendan por de las partes que es, no mezclándola con la deste Reyno, ni la puedan vender asta q ue la sardina natu ral se despache y acabe 443 . Esta decadencia de las pesque rías gallegas se co mprueba e n la ren ta d el pescado sal a do de la m a r de Benavente. Paso obligado para las cargas d e pescado a lomos de las recu as de los arrieros, que se distribuía po r Cast illa la Vieja; el de splome irrecuperable, que of rece en los años f inales d el siglo XVI, e n contraste con e l incremento del tráf ico de m ercancías en gene ral en esta vil la 444 . Otros te stimonios de la segunda m itad del siglo XVII of recen una visión de desman telamiento completo d e las pesquerías t radicionales, en especia l, las gremiales a sentadas en las villas coste ras del arzobispad o de Santiago. Magaloti, el cronista del V iaggio de Cosm e de Medicis, en 1 669, p or tierras h ispana s, se asombra de que lo s habitante s de las rías no explotaran la indust ri a q ue está en relación co n el mar, que con tantos bra z o s se adentra en la tierra y (qu e) pod ría 441 . A.G.S., E. H. 1 44/3 6. 442 . GARCÍ A ORO, J , P ORTELA SILVA, M.J ., No ia en 15 99, s.f, 6 7 443 . P ÉREZ CONST ANTI, P.., reed . 1993 , 70 444 . Y UN CASALILLA, B, “ Ferias y m ercado s; indicado res y co yuntura comercial en la vertiente norte d el Duero . Siglos XV I-XVIII”, en In vestiga ciones Históricas. Ëpo ca Mode rna y Contemp oráne a , 1983 151 por lo menos por la abundancia de la pesca y la cercanía de S etúbal, atraer de muchas partes de Eur opa muchísimo d inero 445 . Por las m ismas fec has, en l a Pontevedra d e la cof radía do Corpo Santo, que le vantó la iglesia p arroquial de Santa María, se construye u n c uartel destin ado a a lbergar las tropas en tránsito duran te la guerra con Po rtugal (1640 -1668), empleando las cas as aband onadas del viejo arrabal m arinero: de cuyas casas yerm as y d esiertas y sus materiales fabricó e l condestable de Ca stilla la casa de la maestran z a, que si se pa garan a sus dueñ os ynportaran una suma m u y con siderable 446 . Mucho se tiene discutido y de sde antiguo sobre los m otiv os que llevaron a los ca rdúmenes a ausenta rse de los caladeros tradiciona les gallegos, las rías. E l benedictin o Martín Sarmiento , tan interesado p or los a suntos p esqueros, n o aceptab a que fue ran compatibles los a ltos los niveles de p esca practicada en el Mar del Norte c on los pobres resultados d e los pescadores l ocales: ni crea alguno qu e las sardinas apostata ron de la ría y se pasaron a los herejes de l norte 447 . E l socarrón f raile achacaba a ac cidentes totalmente ajenos a la vida marítima el puntua l retraim iento de los b ancos de sardin a, como po dían se r la bata lla de Rande (1702) o el terremoto de L isboa (1755) 448 . Otros ilustrad os diecioch escos entendían las reservas pesqueras como u n caudal inagotable, que s ólo esperaban su correcta explot ación: Los galleg os en otros siglo s h acían conside rables extracciones de sardina; su pesca era tan poderosa que, según consta d e algunas ig lesias, la cantidad a q ue a scendía su die z mo n o p uede recordarse sin admir ac ión. Te nían barcos propo rcionados para e xtraerla, de los quale s aún se conservan m emorias i reliquia s, q ue se van ext inguiendo lastimosamente, aunque dicen alguno s que tan ponderada s felicidad es se verificaron sólo en el reina do de l señ or don Felipe II, a no sotros nos basta fuese 445 . B ONET CORRE A, A., La a rquitectu ra en Galicia durante el siglo XVII , 1966, 10 446 . J UEGA PUIG , J., LÓPE Z GÓME Z,P., La Rea l Maestranza de P ontevedra , 1994 447 . De Camin os , M s. Biblio teca Universitaria d e Santiago de C ompostela, Ms-26 3 448 . “después d e lo s tr uenos y b ullicio d e la q uema de la flota en Redo ndela, se a usentó la pesa en aquella ría, pe ro vol vió. De spués que e n el Ferro l se co ntinúan los p etardo s a las p eñas y el bullic io se espantó la p esca de la ría y a ún la caz a del fa mosos bo sque del Prio to. Después del ter remoto d el año 175 5 no entró pesca en la ría de Pontevedra, pero p or lo m ismo vol vió al otro año co n abundancia. Esto pr ueba que si el terro r no dura v uelve la pe sca lue go. Pe ro si es co ntinuado es prec iso a que ella se fa miliarize, co mo los tord os con las ca mpañas y los caba llos co n la artiller ía. P. S ARM IENT O, De los atun es , 1 75 7, ed, LOPE Z C APONT , 199 7; LÓPEZ LINAGE, J. , ARBEX, Pesqu erías tradicion ales y conflicto s ecológico s. 1991 , 95. 152 practicab le algún tiempo, lo que solicitamos en el día co n mayor número de vecinos, los m ismos pue rtos i las propias especies 449 Sin emba rgo, los sufridos protagonista s del ocaso de las pesquerías, que comienzan a mostrar sig n os alarmantes d e agotamiento en e l ú ltimo te rcio del siglo XVI, era n conscien tes de asistir a un e mpobrecimien to gene ral de las reservas p esqueras, qu e iba más allá d e unos accid entes puntua les o d el em pleo inade cuado de las artes p esqueras. Un vecino d e Orrio exponía, e n 1599 , una situación irresoluble: de d iez años a est a parte (hay) mucha f alta de p escado y aunque se pusiesen más gentes e a parejos no se pe caría e n más abu ndancia de lo que se pesca, e qu e si se echase mas g ent e, p ina z as e apare jos aunque se pescaría a lgo más n o habría para o tro año ningún peca do. Y q ue n o se pu eden introdu cir otras nuevas pesquerías porque no las hay…y que no se sabe forma alguna que se p ueda de da r de nue vo para a umentar las dich as pesq uerías, porque la forma que se tiene es bastante para pescar mucho más p escado del que se pesca 450 . Las pesquerías g allegas tuvieron que enfrentarse con la competencia del arenque d el Mar del Norte . En la reformada Inglate rra se impuso una cuaresma política: un día a la sema na era obligado el consumo de pescado. Este estímulo a la pesca naciona l le perm itió superar la d ecad encia a la que le ha bía som etido la competencia bret ona y hola ndesa, así com o lo s cambios alimenticios que acompañaro n a la ruptura a nglicana con Roma. Como señala Gómez-Centurión , el cierre del comercio pen insular ent re 1 569 y 1 573 , e stimuló la p resencia d e los navíos ingleses en los bancos de Terranova. La pesca d el b acalao, a la que se dedica rían preferentemente las pobla ciones costeras situadas e ntre Bristol y Southamp ton, comenzó p or o rientarse a l comercio local, ampliándose, d espués, a Lo ndres, d esplazando a las i m portaciones f rancesas y españolas. A l tiempo, desarrolló un comercio de exporta ción que se e xtendía d esde e l golfo de Vizcaya hasta la c ost a oriental de Italia 451 . Otro compe tidor de las p esquerías gallegas 449 .Repr esentació n impr esa e n La Coruña, 21 de septie mbre de 1 774, y firmada po r Manue l Carrillo Niebla y Francisco So moza de Monsoriu. A.G.S., Ma rina, 29 8. 450 . FERN ÁNDEZ ALBADAL EJ O, P., La crisis del An tiguo R égumen en Guipú zcoa, 1766-18 33 ., 197 5, 69 451 . GÓMEZ- C ENT URIÓN JIMÉ NEZ, C ., Felipe II. La empresa de Inglaterra y el comercio septentrion al, 1 988, 78 255 Fte: A.H.P.Po., 861(1),s.f. ; 861 (2) , 34, 233v.; 887 (6), 551, 548; 868, s.f.; 88 8, 590; Llama la atención l a alta participación de quiñoneros e n esta s artes, sin que ningun o de ellos sobresalga, acaparando u na porción considerable . E ste carácter democrático e s prop io de los cercos p ontevedreses, que lo m antienen hasta la e xtinción de las a rtes gremiales. Un a de la s últimas escrituras d e compañ ía conocida, la del cerco de l peirao das Co rbaceiras , para la s cam pañas de 1629 -31, m antiene e sta mesura en el reparto de quiñones 869 . La escritura del Cerco Nu evo, fo rmalizada en 10 de septiembre de 1 641 para a ndar a la mar y pesca de la sardina por dos añ os, llev a ndo po r atalieiros a Domingos Dardia y Vasco Fariña, y em pleando, aparte el trincado 870 , do s pinazas, tres barcos y t res pirlos; los setenta y tres compañeiros se repartían setenta y nueve quiñones 871 . Este reparto igualitario de los quiñones contr asta con la co ncentración en u nas pocas mano s de las pa rticipaciones en los cercos de de la ría d e Vigo. En la propia ría de Pontevedra, los puertos monacales de Combarro y Marín, indepen dizados de la tu tela de la cof radía pontevedresa , a rman su propio cerco y sus compañeiros también participan e n e l menudeo de los q uiñon es; en su fase terminal las participac iones en los cercos se co ncentran en un as po cas manos, anu lando el carácter gremia l: e n 1630, el atalierio de l Cerco Nuevo de 869 . SAMPEDRO FO LGAR, C., r eed. 1998, 235 870 . Do s ter cios per tenecían a Ju an Co rdeiro y el r estan te a Fr ancisco Novo, que apo rta do s q uiñones “y con s u parte d el trincado ”. 871 . A.H.P. Po. , 1.092, 14 1 Pon teved ra Combarro M arín 1605 64 rs. 1606 115,5 rs . 1610 66 rs. 1611 1612 50 rs. 1620 64 rs. 1621 82,5 rs . 1629 30 rs. 1630 61 rs . 256 Marín arrienda nada menos que 16 quiñones a un vecino de Pontevedra 872 . Ventas sim ilares se pueden observar en el cerco d e Comb arro 873 , en el que el monaste rio benedictino conservaba la titularidad de seis quiñones 874 . En cuanto al repa rto de las gan ancias de los cercos, e xpresadas en milleiros de sa rdina, Sampedro Folgar ya advirtió d el mutismo de las fu entes documenta les 875 . En las escritura s de constitución de los ce rcos se deta lla las distintas aportaciones de los quiñoneros, paños de red y na ví os , pe ro no se indican los q uiñones reservados al pa go d e diezmos, a lcabalas, li m osnas, obras parroquiales, gastos generales de la cof radía y con stitución y m anten imiento de l propio cerco. Lo s cercos poseían un ca pellán, que decía tres m isas sem anales duran te la campaña otoñal y m isa diaria en las sem a nas del cam p o (p eríodo previo a la ca mpaña); también oficiab a misa los días de fiesta y bendecía las artes, que ocasionaban unos gastos anuales, a la altura de 1613, de 112 reales 876 . Los vicarios de la cofradía, en 1 571, asignab an a su procurador como salario anual un quiñón de cualquiera d e los ce rcos a rmados en la villa 877 . Est a dispon ibilidad pu ede con siderarse como una detracción de los b enef icios generado s por lo s cercos, no escriturada y ba sada en la costumbre. También habrá que incluir en este apartado las cant idades p uestas a disposición de los m andadores de lo s cercos para h acer frente a las contingencias com unes: en abril de 1 555 los atalieiros Ju an de Sa ntiago y Juan Fe rnández Rod eiro contratan con el cordoleiro loca l Fe rnán da Vila la confección de diez y seis 872 . Po ntevedra, 21 j ulio 1630. Gregorio do Casal, a talieiro d el “cerco nuevo de Marín”, j unto c on sus compañero s J uan de Rosal, Alº. Pesqueira y B ieito Pardavila, arriendan a Esteb an Rodr íguez de Aldao, vecino de la villa, 16 quiño nes p ara la ca m pa ña d e 1 630 , junto co n u na ca sa c on fu mero, “capaz de coxer la dicha p escar ía y salarla e n él”, j unto a la r ibera del p uerto d e Marín, a 61 reales/qui ñón; total, 97 6 r eales. A.H.P .Po ., 996, 200 . 873 . Pontevedra, 1 marzo 1629. Domingos Esté vez y Franci sco da Ve iga, a talieiro y escr ibano del cerco de Co mbarro, reco nocen hab er re cibido de M iguel Do nís, veci no de Po ntevedra, e n su nombre y en el de lo s restantes q uiñoner os, 8 30 reale s por el valor de 28 quiñones. A.H.P.P o., 99 6, 27. 874 . Po ntevedra, 10 .septie mbre 1612 . Padre fray Bernardino Corde ro, mayordo mo del mona sterio de Po io, arrienda a Juan de la Casa, vecino de Pontevedra, su mu jer, María González, y su suegra, Ta reixa Go nzález, los 6 quiñ ones d el ce rco de Combarro q ue p osee el m o nasterio en 30 0 reales. A.H.P.P o., 98 3, 307. 875 . SAMPEDRO FO LGAR, C., r eed. 1998, 274 876 . Recla mación del clérigo P edro P érez, que había sido ca pellán duran te do s años e n el cerco del q ue era “atalieiro” Anto nio de Avi lés. A.H.P. Po ., 95 ( 23). 877 . A.H.P .Po ., 861 (1), 375 257 cuerda s de cáñamo de la m an era y congor q ue se a costumbra a haz e r a los çercos desta villa 878 . Su co ste es e lev a do, 4 8 ducados, e quivalente a siete quiñone s. Sin embargo, el pago no se realiza en esp ecie, sino en metálico, que habrá que suponer que p roceda de la venta d e quiñones reservados al cuerpo del cerco. Pedro Alon so, atalieiro, contrata, a fin ales de julio de 1577, la compra de 3,5 moyos de v in o blan co de Ribadavia, una bot a de las de l a medida de Pontevedra, para gasto y provecho de d icho cerco y com p aña , por lo q ue debe satisface r 132 reales 879 . Es este e l silencio d ocumen tal al que se ref ería Sampedro, que tampoco nosotros somos capa ces de superar. Para recaudar los fo ndos precisos para arm ar las artes de pesca colectivas se empleaban dos ví a s: la venta de un puñado de quiñone s para gasto s y otras cosas provechosas a l dicho çerco 880 , o la a portación e n metálico d e los mae stres de las pina zas y, en raras ocasiones, t ambién de los t rincados. Los mae stres de las p inazas solían percibir dos quiñon es al m argen de los p años de red que aportasen, pero debían s atis fa cer a la compañía cuatro ducados 881 . En algunos casos, el n avío que e jercía de atalie ira , generalmente, un pirlo, pe rcibía dos quiñones, previa apo rtación d e otros dos d ucados 882 . L a co stumbre y e l espíritu gremial primab an sob re c ualquier otra d isposición, h asta el pun to que en las escrituras no tariales se llegaban a dejar en suspenso esta s obligaciones, a la espera de comprobar lo que hicieran los restantes cercos. Se puede leer en la escritura fundacional de cerco un cerco de 1568 : que si los que ponen los barcos ubieren de pagar alg unos dine ros al ce rco, conforme a lo q ue p agare al cerco de Juan Darriba, que el tal dine ro l o darán lo s du eños de los barco s e n la semana que el cerco fuere al campo o an tes, si fuere n ecesario. Y, s i no, pasada la dicha semana, no se dé por cada pina z a más de quiñón y medio 883 . 878 . El c erco aportaría la man o de obr a necesaria para “conchir” las cuerd as. A.H.P.P o., 827 (1), 146 879 . A.H.P .Po ., 828 (3), 76 880 . A.H.P .Po ., 827 (1), 144v. 881 . Estas co ndiciones se e specifica n clar amente e n los c o ntratos s uscritos en abril d e 154 3 y noviembre d el a ño si guiente, q ue p reced en a la constit ución del cer co do Ve rrón. A.H.P.P o., 8 31 (1), 77; 8 31 (4), 55 882 . Cerco del que s on “atalie ir os” A lon so Garrido y Juan Núñez, co nstituido en e nero d e 1 568. A.H.P.P o., 86 0 (1),14 8 258 Tamb ién las obligacione s militares e ran asumid as solidariamente po r los cercos, sin que de las cua ntiosas d erramas qued e constancia e n e l rep arto de beneficios. En mayo de 1591, c a da ce rco se obliga a entregar tr es marineros para la armad a real. Los a talieiros priman a los volunta rios con u n sobresueldo, con el que dob lan la so ldada, aparte de dos d ucados de venta je 884 . En 1602 , se presen ta en la villa un com isionado del ca pitán general pa ra exigir una compen sación económica por los dese rtores, que hab ían cobrado un adelanto de las arca s reale s para p oder sust entarse en el camino al p uerto de em barque. El cerco del q u e eran atalieiros Domingos de Saa vedra y Mig u el López tuvieron que recurrir al recto r de Santa María para que les p restase treinta ducados 885 . Tampoco se especifica do cumentalmente e l salario de los atalieiros, los únicos de la compañ ía que parecen percibir un su eldo en metálic o. Conoce mos los quiñon es que reporta la aportación del trincado, e n ca so de coincidir e n su persona las cate goría s de arm ador y atalieiro, pero su s emolumen tos q uedan envueltos en la nebulosa de e xpresiones m uy dif usa s: a lo s que se les a de dar y pagar el salario a costum b rado 886 o sacarán del dicho cerco po r sus servicios lo que en esta villa y ribera della suelen e acostum bran lleva r los atalieiros de los cercos 887 Otros integrantes de l os cercos perciben una ren umeración , qu e n os es desconocid a; como la correspondien te a lo s man cebos que jun to con las redes y cuerda s constituyen l os quiñon es. Pode mos añadir los terrestres , gentes de la tierra e ncargados d e tirar de las betas desde las playas, acercando los copes a tierra .Debem os considerar que los e scribano s o bolseiros de los cercos reservaban una parte impo rtante de su produc ción, que no estamos en condicio nes de evaluar, con la que atender los gastos comunes. Los quiño nes de los cercos e ran vendidos por un os poco s reales, con lo que resulta ba bastante fact ible hacerse con alguno. La sardina en f resco era 883 . A.H.P .Po ., 860 (1), 178 889 . Las canti dade s q ue perciben lo s marineros de los cercos oscilan e ntre lo s 34 y 4 0 ducados. A.H.P.P o., 86 9 (3), 133, 137, 158 885 . A.H.P .Po ., 95 (14). 886 . A.H.P .Po ., 831 (1), 77 887 . A.H.P .Po ., 860 (1), 148 259 poco valorada S u v alor se incremen taba en su transformación en sa rdiña do fume o a rencada. Poseer uno o m ás quiñones constituye el prim er paso para hacerse con unos emolumentos, que comienzan a ser consid erables cua ndo la sardina se encuentra e mp ipada y dispuesta para su em barque. S u poseedor puede incrementar su valor, si se enca rga de su transpo rte y co me rcialización, actuand o com o mercaderes ocasionales. Una p ipa de sardinas arenca das desembarcad a en uno de los puertos hab itu ales, com o el de Sevilla, poseía un valor co nsidera ble, que n o e ra p osible evaluar p reviamente: en enero de 1569, el mae stre d e la carabela Nazaret, matriculada en Matosinhos, tras h aber materializado la pertinent e carta de f letamento, procede a la ca rgazón de una s pipas de sa rdina en el pue rto de Vigo; u na cayó a l mar perdiéndose. S u propietario se co ncierta co n el m aestre e n que le pagará el importe de la bota a cómo valiera en el puerto de destino, descontando d os ducados de flete 888 . El ir sumand o plusvalías sobre los lote s de sardina no está al alcance de todo s los quiñoneros. Cua lquiera con u n mínim o de p osibilidades p uede adquirir un quiñón d e cerco y proce der al ahuma do y salazón de los lote s de sardina que le corresponde; la impla ntación del estanco de la sal, en 1565, com plicó esta elabo ración y explica la cuan tiosa rebaja de l p recio de la f anega de sa l decretada al año siguiente. Esta ocup ación es propia de mujeres y se realiza dentro del marco f amiliar, circunstancia que f avorece que las viudas p articipen en la adquisición de quiñones. Los vicarios de la co fradía pa ctaban con los adm inistradores de los alfolíes la venta de sal al fiad o, con lo que la transfo rmación de la s ardina en pe ixe m erchant e quedaba al alcance de todos los quiñoneros. E n los p uertos en que las cof radías carecían de la e ntidad suficiente para avalar estos prést amos, sus mare antes s e veí an obligados a vender sus lo tes en f resco: el cerco a rmado en Muxía, e n 15 49, disponía que las participacione s d e pe scado adjudicados a cada quiñ onero, esto es, en f resco, fueran vendidos tras sonar u n cu erno, e vitando las ventas adelantadas 889 . Más restringido debe ser el núme ro de m areantes que pue dan empipar la sardin a y cargarla en sus p inazas. Significativamente, es a e stos maest res a los que se les exige contribuir al cu erpo del cerco con cuatro du cados. 888 . Contenía 20 millares menos do scientas sardinas. A.H.P .Po., 2.331 (1), 112 889 . REY SOUT O, X., 2 001, 86 260 La participación de los ma estres de las pinazas en los cercos re su lta, en principio, poco ren table si lo comparamos con los réditos que obtenían fletando su em barcación a me rcaderes. La ap ortación de u na p inaza a l cerco se acostumb ra saldar con la entrega de dos quiñones de sardina, que alcan zan un precio medio en el mercado de 220 reales. De es ta ca ntidad hay que rest ar los cuatro ducados, que entregan sus maestres al cuerpo del cerco, con lo que su rentab ilidad se reduce a 176 rea les, cantidad irrisoria, s i pensamos que e quivale al sa lario d e cuatro me ses. Cu a ndo una de e stas pin azas e s contratada co mo transpo rtista los rendimientos se d isparan y ex igen menos tiempo de ocupación: en e nero de 1 572, el m areante local P edro do Re ino, mae stre de la p inaza sant a Cruz fleta al mercader asturiano Pedro Pérez para trasladar al pue rto de Cudillero 28 pipas de vino y cuatro de sardina, percibiendo por cada una 17 reales, en total, 5 77 re ales 890 . L os mae stres de l as p inazas incre mentaban su s ingresos a l emp lear el doble f letame nto, esto es, aprovechar los viajes de retorn o: en mayo de 1598, el pontevedrés Ba rtolomé Infante, m ae stre de la p inaza san J uan, la conduce ca rgada de bota s de vino a Navia; t ras la descarga, recibirá tres m illares de d uelas, que transportará al puerto del Lérez, recibiend o en c oncepto d e flete 363 reales 891 . Incluso, la m arinería encontraba m ás rentable la n avegación que integrarse en las compañías pesqueras: en Baiona, a 15 de ab ril de 1585, e l mae stre del naví o sa n Pe dro contrata como m arinero al ma reante local Juan Pérez, para ir de marinero a S evilla; cobrará 1 3 ducados, ocho a la de scarg a para que pueda remitirlos a su mujer y 5 en me rcadurías de retorno 892 . . Otras e mpresa s pe squeras resu ltaban má s rent ables a los so cios que aportaban em barcaciones. En la ría de Pontevedra también funcionó alguna compañ ía dedicada a revenir la sardina veran iega, práctica , como vimos, m uy extendida en la ría de V igo: en el verano de 15 85, se crea u na compañía de este tipo y d estinada al mercado p ortugués. Pedro de Sanv icente adelanta sesenta ducados para la adquisi ción de sardina y s al; Bartolomé d e Romay aporta su dorna apercibid a y aparejada , m ientras que Jorge de Neira y Ju a n Nú ñez se limitan a con tribuir con su t rabajo. El repa rto de be neficios prima descaradamente 890 . A.H.P .Po ., 861 (2), 30 891 . Carta d e fleta m ento a favor de P edro da Vila , tonelero . A.H.P. Po. 913 , 953 892 . A.H.P. Po. , 3.026(2), 245 261 la a porta ción del capital o d e los medios d e producción con c uatro quiño nes (66,66 por cient o); ambos m arineros deben rep artirse los dos quiñones resta ntes (33,33 po r ciento) 893 . El interés de mercadere s, mae stres d e embarcaciones y otros componentes a dinerados po r participar en los cercos se e xplica por entende rse la explotación de la s rías como una empresa gremial e n la que el beneficio individual cedía an te una consideración comunal de la p esca. El repa rto de los quiñone s quedaba a dispo sición de todos l os sectores sociale s in teresados lo que les confe ría un carácter asistencia l. A pa rtir de este eslabón la distinta capacidad e conómica de los quiñoneros permitía incrementar su participación, aportando naví os al cerco o navegando la sard ina merchante, pero sin dejar, al menos, teóricamente, a n ingún vecino excluido del reparto. Nada resultaba m ás atractivo a un me rcader que poder participar en la compañía de u n cerco, aun que fuera a costa d e invertir en los ins ervibles trincado s. Podía acceder libre d e intermedia rios a las m area s e , inclu so, negociar con o tros quiñoneros la adquisición de sus lotes. En las ca rtas de f letamento se puede observar com o los integrante s má s a ctivos de lo s ce rcos come rcializ a n sus quiñone s t ransformados en botas d e sa rdina arencada: Ju an Ba rbeito, merca der local y prop ietario de un trincado , en unió n de otros colegas pontevedreses fle ta a B artolomé Díaz su carabe la para cargar 26 botas de sardina, que ha rá la ruta L isboa-Almería o L a Barquera-Bilba o 894 . Los m areantes Francisco Trigo, Martiño de P iñeiro, Pedro de Portomarín y otros u suale s atalieiros de los cerco s, fletan a Juan Barros Cabaleiro, vecino de Viana, el navío Sa ntiaguiño, para cargar respectivamente doce, siete y seis bo tas de sardina a Sevilla-Málaga o Laredo-Bayona 895 . 893 . A.H.P .Po ., 897, 521 894 . A.H.P .Po ., 826 (1), 145 895 . A.H.P .Po ., 825 (2), 18 262 5.2. LA COYUNTUR A PESQUER A El calen dario de los cercos ponte vedreses delimitado entre los días 20 ó 21 de septiembre y la na vidad, estaba orientado a la captura de la sard ina otoñal, la más apre ciada para su ahumado y sala zón, con las que se co nseguía la variedad are ncada, la m ás valiosa. Estas p rácticas obligaban a descargar en los peiraos del arrabal ma rinero las capturas, donde las mujeres se enca rgaban de su preparación y e nvasado. Si n embarg o, los cercos de stinaban una parte no desdeñable de sus capturas a su comercialización en f resco, como hacían los mareantes de la ría d e Vigo con la sardina veraniega, la variedad revenida. Las ordenanzas de 1554, reda ctadas po r el concejo y, p or t anto, m uy da das a salvaguardar el cobro de los derecho s reales, pro híben a los cercos la v enta de sardina en la m ar 896 . Las de 156 2, e n cuya elaboración participan lo s ma reantes junto con las autoridades mun icipales y arzobispa les, reco nsideran esta prohibición, p ermitiendo la venta a los ce rcos de un ce nto de millares d e sard ina, siemp re que hubiera l egítima necesidad (deuda s de la c omp añía) o ma l tiempo, pero quedando obligados a dar cu enta de estas ventas a los resp onsables de las rentas reales 897 . Estas disposiciones vienen preced idas de la m ala coyuntura pe squera que comienza a imp onerse e n las rías en la d écada de los 50. En torno a 1 560 el hidalgo ponte vedrés don Cristób al Mariño de Lobera en compañía de su p aisano el doctor Pazos 898 redacta un m emorial sobre la problemática económica d e la provincia de Santiago, que recoge p erfectamente esta situación:.. en este Rei no 896 . “porq ue hera n i nfor mados q ue al gunos de lo s çer cos q ue andan a la mar en la dic ha vil la e su r ía benden mucha qua ntidad de s ardina de la q ue to man antes que ben gan con e lla a la dicha vil la, de lo qual los que furnen e n lo s di chos çer cos re sçibe n mu y gran d año y las renta s de S u M ajestad son defraudada s p or las yncobier tas q ue en ello se hazen e, po r hebitar lo s d ichos fra udes, hord enaron y mandaron q ue d e a quí ad elante lo s d ichos atalie yros n y otra persona alguna sea o sado de bender ninguna sard ina en la mar ante s que b enga co n ella a la d icha villa”. M.P .Po ., G-7d 897 . “…teniendo los dichos çercos necesidad por caus a del tiem po e de m ar ea o por leg íti ma necesidad de gente de b ender alguna sardina, p uedan be nder e b endan a sta ç ien millare s de sard ina y de allí aba xo y no ar riba, lo qual aga n abie ndo la dicha necesid ad, no d e o tra manera, con q ue sea n obligado s a manifestarlo a l arre ndador o cogedor de las rentas reales c on jura mento y cob rarle sus derec hos y pagárselos”. M .P. Po., G- 7 d 898 . D ebe tratarse de d on A ntonio Mouriño de Pazos y Figuero a, natural de P ontevedra, inquisidor general de Sicilia, ob ispo de Ávila y pr eside nte de l Con sejo d e Castilla. Pa rticipar á e n la elabo ración de este me m orial, tras haber abandonado las aulas de Bo lo nia pa ra e jer cer la abogacía ante la Real Audiencia de Galic ia, aunque po r poco tiempo, pues se tra sladó a la corte. GONZ ÁLEZ LÓPEZ, E ., 981 , I, 357. 263 no tenemos o tro aprovechamiento syno e l del pescado. Y este a faltado dende más d e die z año s a esta p arte, de tal manera que n o a y saca. Y, si la ay, es ta n poca qu e no llega a mytad de la costa que se pone en la pesca del. Sobre est a realidad incidía la sobreexplotación que sufría la ría p or el elevado núme ro de cercos que furní an sus m areante, c omo se constata e n los listados de los a ños 1550-52, que se traduce en unas m areas mediocres, visibles en las ba jas co tizaciones de lo s quiñon es. Las a lternat ivas manejadas son de diversa índole, sin que conozcamos su efectiv idad. Entre ellas d estaca el acuerdo entre varios cercos d e f uncionar al u nísono, co nstituyendo un monte común c on sus mare as, que partirán de medio a medio 899 . Mayor rep ercusión tu vo la alteración de las o rdenanzas pe squeras, en agosto de 1551, por la mayor pa rte de los atalieiros , secundado s por uno de lo s tres vicarios d e la co fradía do Corpo Santo, b iendo la nesçesididad en que estaban to dos los mareant es de la dich a pescadoría , por no morrer otra pesca y por otras ju stas y e vident es cab sas e razones, qu e de ello les mobían , de terminan ad elantar la cam paña de la sa rdina, al último d ía de agosto 900 . Las ordenanzas pesq ueras redactadas por los mareantes en 1552 obvian toda refe rencia a esta ampliación del ca lendario pesquero. No ocurre lo m ismo con las e laboradas por e l concejo, en 1554, aduciendo que la s a rdina tom ada ante s del dicho tiempo ningún fruto ha z e , a causa de que n o hes tomada e n sa z ón p ara se salar ni arenca r. Los regidores pon tevedreses entendían, con buen criterio, que est a alteración d el calendario tradicio nal dañaría el marchamo de calidad que se presu ponía a las salazones de la ría de l Lé rez 901 . No a ndaban muy errados como m uestra la f amosa De scripción del Reino de Galicia de l licenciado Bartolomé de Molina, editada en Mondoñedo en e l e cuador d el siglo 899 . En j ulio de 15 54, los atalieros de sus resp ectivos cerco s Bieito Carra mán y Ba rtolo mé Go nzález signan este acuerd o. A.H.P.P o., 82 6 (3), 331 900 . A.H.P .Po ., 852 (1), 202 901 . “ …por que los tratante s e mercader es con el dicho temor no co nprarían la dicha sar dina e mercado ría, que estubiese tomada y las rentas reales de Su Majestad s e desminuirían en mucha cantidad y lo s mercaderes y tr atantes e aún los fornido res de los d ichos cerco s, q ue suele n e acostumbra n co mprar e lle var su sar dina a o tras p artes, se perd erían to talmente c o m o se ha visto p or espiriençia algunos años, que algunos lugare s con cod icia han p retendido marear, p or causa dello se ha perd ido la mercado ría que e stava to mada y los mercad eres q ue la co mpraron e pers onas que la tenían , p or causa q ue de to mar al guna fre sca o curren a ella e la más que e stá to mad a se p ierde ”. M.P .Po., G -7d. 264 XVI, que señala a l as sardinas capturadas por los ma reantes noieses como las de m ejor calidad de to das las rías; la explicación a este panegírico reside , precisamen te, e n que lo s m areante s de d icho p uerto serían los ú nicos que manten ían el ca lendario tradiciona l, el ot oñal, en la s cam pañ as de la sa rdina: cárgase aquí cantidad d e sardina, la mejor de todo el Reyno; y a nsí do quiera que llega alguna sardina , preg untan luego p or la d e Noya , po rque habien do esta no se despacha otra. Se im ponía la bú sq ueda de c aladeros a lternativos, que acabarán fructif icando en las expediciones a Te rranova, f echadas, como ya vimos en 1557 y 15 59. Mientras esto no suceda, nada más f á cil q ue recurrir a la ría vecina de Arousa, que, además carecía d e un puerto que ejerciera com o rector. El carác ter invasor de prácticamente la totalidad de los cercos pon tevedreses queda de man ifiesto al emp lear un a m odalidad d e arte, l a d enominada de bo ya y trabuque te, expresamente prohibida po r las ord enan zas de 1577 en el calad ero pontev edrés 902 . Además, los cercos no m areaban fue ra de su prop ia ría y cu and o lo ha cían, como suce de e n 1574-80, es en aguas comune s, en m ar abierto, frente a la costa portuguesa. La información que aporta e l arriend o de lo s quiñone s d e los ce rcos es, en líneas g enera les, coincidente co n la de los diezmos d e la p arroquia d e San ta María. Se observan con claridad las c a ídas d e valoración que re p resentan las crisis de la sa rdina en 1 551, 1576-77, 1 595. Así com o la negativa inciden cia de la impo sición de l e stanco d e la sa l, ef ectivo desde 1 565. T ambién podemos comp robar l os efectos beneficiosos a f avor e n lo s cercos de las ordenanzas de 1568, que restring ían el empleo de l os xeito s en la rí a . Algo parecido se p odría afirmar de las redactada s e n 157 7. Pe ro, e n to do caso, su incidencia sob re la buena marcha de la activ ida d pesquera se vería refo rzada p or la Unió n Ibérica, que pone a disp osición de los mareantes la pro ducción de las sa li nas de Aveiro. Es lástima desconocer la incidencia de la crisis f inisecular, a puntada, aunque levemente, en 15 95. La de presión, ya sin reme dio de l s iglo XVII, es la m isma que la que tran smiten los arr iendo s diezmales. 902 . “ …agora nuevamente, dende pocos años a esta par te, a lgunos atalieiro s de alg unos c erc os…an ynventado un a da ñosísima manera de echar las red es de los dichos çercos, que se dize bo ya e trabuquete”. SAMPE DRO FO LGAR, C.,199 8, 31 6 271 en 1594 947 o a cuerdo municipal: 1597 948 y otras noticia s de diversa índo le, como la p roporcionada en 1620 949 . Desde1 595 se co ntabiliza el ce rco d e Com barro y, desde 1 635, el de Marín. Cercos de la ría de Pontevedra CA M P A Ñ A P ontev edra Combarro M arín T OT A L 1526 8 8 1527 8 8 1528 9 9 1542 10 10 1549 12 12 1550 13 13 1551 14 14 1552 14 14 1561 12 12 1572 13 13 1574 15 1585 11 11 1589 10 11 1594 10 1595 10 1 12 1597 10 (1) 11 1599 6 (1) 7 1601 6 1 7 1606 6 (1) 7 1607 5 (1) 6 1611-13 4 (1) 5 1620 5 (1) 6 1635 4 1 1 6 Fte: A.H.P.Po., 822(1) ,113; 82 4(3),13 9; 826( 3),70; 897, 5 24;896, 614;969( 2),217; 927(2),41;16( 3),49v .; 978, 108;979,128; M.P.Po.,G/7C; G/7F.; S-199; S-97; A .G .S., E.H.,130/17;5 57,46; A.R.G.,13.334(6) En cuanto al tamaño de los cercos, a tendiendo al número de paños de red que f orman el arte , es dif ícil determinarlo. La re lación d e quiñones redactada ant e el notario n o e s in amovi ble; pue de se r a lter ada con posterioridad. Invocan do la costumbre d e la p escadería desta villa un grupo de vecinos se h acen incluir en la nóm ina de q u iñoneros, co mprometiéndo se a aca tar las condiciones cont enidas 947 . “… y atento que esa villa es la más insi gne de e ste Rei no, en do nde hay d iez cer cos, co n los q ue se suele cargar ca ntidad de sard ina”. A.H.P.P o., 927 (2), 41 948 . Auto consistor ial de 5 o ctubre 1 597: “En esta villa se habían f urnido diez cer cos y estab an p restos y armados p ara salir a la mar y empezar a hacer la co secha y pe squería”. A.H.P. Po ., 16 (3), 9 4v. 949 . M.P .Po., S.9 7 272 en la escritura f undacional, muy e specialmente las que hacen referencia al trincado a emplea r 950 . Desconocemos, por t anto, la configuración f inal d e estas artes comunita rias; en alguna o casión los registros nota riales sólo con servan la escritura de ampliación 951 . Esta p ráctica aseg uraba a los partícipes t a rdíos, que optaban por observar los rendim ientos d e la prime ra ca mpaña, comp rometiéndose con las do s siguientes. No tenemo s certeza de que lo s cercos armados en la primera mitad del siglo XVI fu eran de meno r tamaño que los poste riores. A modo d e ejemplo, el cerco escr iturado a f inales d e noviemb re de 1550, que tenía por atalieiro a Bartolomé Garcí a , armaba 50,5 paños de re d; s u inmediata ampliación, en diciembre d e ese año, lo amplía a 71,5 952 . Si atendemo s al número de emb arcaciones em pleadas, com probamos que, prácticamen te, permanece in alterable. Aparte del consabido trinca do, cuatro pinazas y d os pirlos. Est a valoración n os lleva a co nsiderar que, po r lo menos desde la década de los 40 del siglo XVI, los cercos no alte ran considerab lemente su compo sición y tamaño. Esta inmovilidad e s n egada por u na serie de testimonio s coetáneos, que se refieren a un de sarrollo descomunal en el último tercio de siglo. Entre ellos podemo s e ntresacar el de los vecinos del pue rto de Combarro, en 1582, que so stenían q u e tradicion almente los ce rcos arma ban entre sesenta y sete nta pa ños d e re d, pe ro que h abían alcanzado los cien y ciento cinc uenta 953 . Baste con considerar que nos enco ntramos ante t estimonios de ca rgo y, por tanto, tendencioso s. Hasta 1 552 el n úmero de cercos no d eja de incre mentarse, si exceptuamo s el de scenso co nstatado en 1531, que rec ogerá la incidencia de la 950 . En 1 4 diciembre 1 55 0. Escritura d e ampliació n del cerco del que es “atalieiro” B arto lomé García, “durante los q uales tienen de traer el tr incado de Alon so García de R ajoo, conf orme a la otra obligación e apunta mento que se hizo d el dicho ç erco antes deste”. A.H.P .po ., 826 (1), 288 En 18 dicie m bre 1 554 . Escr itura de a mpliació n del ce rco del que son ata ieiros Gr egor io Maç ico y Juan Fernández Rodero, m edi ante la cula se inc luyen otr os diez y siete “co mpañeiros”, q ue aportan 19,5 paños de r ed y una pi naza , “e esto se e ntienda no altera ndo la ob ligación del trincad o que tiene d e traer Antó n de P ontevedra p or el tie mpo que está o bligado”. A.H.P.P o. , 826 (3) , 261. 951 . E scritura d e amplia ción, en enero de 1 584 , para las do s ú ltimas ca mpañas (1 584 -85) del cerco d e que e s “atalie iro” Juan Afonso do Campo, por la que se inco rporan siete “compañeiro s, que aportan 11,5 paños de r ed. A.H.P.Po., 896 (2), 57. Escritura de a mpliación, e n se ptie mbre d e 158 4, para las campaña s d e 1 58 4-85 del cer co d el que so n “atalieiros” Juan y P edro Darrib a, p or la que se incorpo ran d iez “co mpañeiros, que ap ortan 16 paños de re d. A.H.P .Po., 896 (2), 362 952 . A.H.P .Po ., 826 (1), 386 953 .SAMPEDR O FO LGAR, C., re ed. 199 8, 304 273 mala c o yuntura pesquera instalada a p artir d e 1525-26, que o bliga a cam pañas en las f rías aguas de Te rranova. Las pobre s mare as de la década de los 50 no parecen afectar al número de cercos armados e n la villa; sí lo detectan la s b ajas cotizaciones en las rev entas d e quiñones de 1554-55 y 1 557 -59. Tras la supera ción de esta crisis y hasta la instalada en 157 4 asistimos a la expan sión de estas a rtes, con epicentro e n los quince armados para la campaña d e 1574. Carecemos d e datos refe ridos al período que se can cela en 1582, al volver los cardúmenes a la ría. Esta bonan za qued a re f orzada con la Unió n Ib érica, que facilita el abasto de sal. Situ ación que se m antiene hasta fina l de siglo, para no volver a recupe rarse hasta su práctica extinción. COMPOSICIÓN DE LOS CERCOS DE PONTEVEDRA M area Q uiñones trincado Pinazas: número y quiñone s Barco s: número y quiñone s Paños red “ F urnidores” 1543 2,5 4 p inazas a 2 quiñon es 2 pirlos a 0,5 quiño nes 58 41 1544 2,5 4 2 2 pirlos a 0,5 63 46 1544 3 5 2 70 46 1545-47 2,5 3 2 3 pirlos a 0,5 54,5 35 1549 2,5 1551 3 1551-53 2 71, 5 44 1552 4 2 57 40 1553 5 2 57,5 39 1553-55 3 1 barco 77 53 1554 3 3 2 1 pir lo 55,5 41 1555-56 3 5 2 1 pirlo 74 55 1558-61 4 1566-68 4 4 2 2 p irlos 71,5 41 1568 4 3 2 2 p irlos a 1 45 34 1568 3 1, 5 61,5 38 1569 4 5 2 2 p irlos a 1 79, 5 44 1569 2,5 3 1 2 pirlos a 0,5 80 40 1569-71 4 3 2 3 pirlos a 1 88,5 47 1574-75 4 73, 5 40 1574 2 1 pirlo 57,5 29 1575-76 954 3 2 pirlos 81, 5 43 1574-76 85,5 42 1575-77 4 2 p irlos, 1 cha lán 77,5 44 1575-77 3 2 p irlos 46 27 1576-78 4 4 2 1 pirlo a 1 75,5 37 1578-80 4 2 p irlos, 1 cha lán 89 54 1580-83 4 3 at alieiras ( pirlos) 84, 5 53 1581 3 1 pirlo 52 28 1582 4 2 pirlos 77,5 47 1582 3 1582-84 4 2 pir los, 1 chal án 86 47 954 . Ampliació n de la c o m pañía anterior 274 1583-85 5 2 pir los 100 56 1583-85 4 5 2 1 atalieira 74,5 46 1583-85 4 4 2 2 pirlos a 1 89 54 1584-86 4 2 ata lieiras, 2 c haláns 93, 5 43 1584-85 4 66 32 1586-87 4 2 3 pirlos, 1 ch alán 74 46 1599 3 3 pirlos 65,5 55 1629-31 6 5 pir los, 2 barc os 90, 5 74 1641-42 2 3 pir los, 3 barc os 73 79 Fte: A .H. P.Po., 831(3), 3; 831(4)B., s.f.; 826(1) , 38 5v: 826(2) , 129, 149, 278; 826(3), 64,6 8; 839(3),112; 860( 1),148,17 0; 48(15), 75v.,77;86 3(15), s.f.; 863(18), 705; 863 (21) , 4; 881(2), 117, 164; 865(1), 19; 9 05, 1 95; 881(6),85; 885, 447v.; 86 5, 354; 9 02, 207, 2 17 ; 905, 191; 895, 294; 896(1), 347, 357; 89 6(2), 5 7, 362; 8 97, 500; 913, s.f. ; 905, 140; 905(3), 217; 904(3),292 5.3. LA COMERCIALIZACIÓN DE LA PESCA Ante la falta d e registros portuarios en la pr opia Pontevedra y también en los pu ertos de arribada, d ebemos e stablecer la evolución comercial d e e ste puerto ciñéndonos casi exclusivamente a la documenta ción pro cedente de la s escrituras n otariales. Co ntrato s privados ent re do s partes, que aseguran una opera ción me rcantil, pa ctando la venta o transpo rte de una d eterminada mercancía. En este tipo de fuente, d enominada p or J. Jacquart, la gra n aporta ción de l a modernidad 955 , destacan p or su fre cuencia y aporte de información las cartas o contrat os de f letam ento, do cumento en lo s que el mae stre o patrón d e una emb arcación se comp romete a emb arcar y tra sladar a un det erminado puerto una m ercancía junto con su propietario o f actor, recibiendo del mercader o cargador, en co ntrap restación, una cantidad de dinero, el flete. Los protoco los no tarial es ponte vedreses resultan excepciona lmente ricos en la custodia d e cartas de f letamento, muestra de la impo rtancia comercial de su puerto duran te los siglos XVI y XVII . Sin embargo, y a pesar de haber p odido reunir para el perío do acotado en es te estudio (1 525-1640) una masa documenta l considerable, en torno a l o s 650 ejemp lares, se impon en las deficien cias detectadas por diversos autores en los tratos come rciale s 956 . La generalizada costumbre de ba sar una opera ción m ercantil en la m utua 955 . EI RAS ROEL, A., 198 1, pp .21-113, nota núm. 1 956 . GELABERT GON ZÁLEZ, J .E., 1981, pp.431-44 8 275 confianza ent re los contratantes, que hacía inn ecesario acudir a form alizarla ante escribano público, se acentúa en e l p uerto pontevedrés por el carácter gremial de buena parte de su producción. La mayorí a de la sardina embarcada procede de los quiñone s d e los cercos y son lo s propio s ma reantes quienes se en cargan d e salarla, empiparla y ta mbién navegarla. La pesca en tendida como una actividad comunita ria cont inúa siéndolo en su c omercialización; los propios ata lieiros emp learán sus pina za s, tras la ca ncelación de la costera d e la sa rdina el d ía de navidad, para transportar sus quiñones de sardina, pero , al no poder comp letar por sí solos la cap acidad de carga del na ví o , t ienen que compartirlo con sus compañeros d el cerco. ¿Precisarían los quiñoneros d e u n mismo cerco del respaldo legal de una carta d e fle tamento o les llegaría con su pa labra o , a lo sumo, co n un co ntrato p rivado? Este tipo de estas a venturas comerciales d ebió ser muy f recuente, mucho más de lo q u e l as escrituras notariales n os pueden ofrecer. Por su parte, e l vino, en co ncreto los valorad os cald os de la Ribeira do Avia, en b uena medida m onopolizado su come rcio por los m ercaderes de San Seba stián y Bilbao, que c ontratan las embarcacione s de su convecinos, habrán dejado una hue lla documenta l menos p rofunda d e la que de su activ a p resencia en la vil la cabría e sperar, al reducir su trato co n los naturales a contratar a los arrieros el acarreo de los pellejos de vino de sde las riberas del Avia para su embarque en Pon tevedra y Redondela. . En Pontevedra disponemo s de una serie de documentació n me rcantil d e conside rable extensión, las escrituras de riesgo y ventu ra, un a modalidad d e préstamo s a riesgo. En torno a las doscientas escrituras co ncentradas en unos pocos años, 1608-16 15, co incidiendo c o n el arriendo del estanco de la sal de l partido de Galicia por los hermanos Diego y Antonio Pereira. Med iante esta forma híbrida de préstamo y seguro es p osible acercarse al tráfico de m enudeo, por otra parte, e l m ás f recuente, no contempla do en las ca rtas de fletamento. La confrontación de ambas modalidades d e escrituras notarial es sirv e para presen tar la doble cara del comercio marítimo p ontevedrés d e Antiguo Régimen: unas rutas de cierta extensión , aunque no exceden del perímetro pen insular, por las que transitan productos m uy elaborados, como los vinos de Ribada via o las sardinas aren cadas y em pipadas, que es el tráf ico que suelen recoger la s carta s de f letamento, al participar en estas operacio nes persona je s de diversa 276 procedencia , como los maest res de las embarcaciones que acostumbran a ser portugue ses. Otra vía d e meno s pretensiones, pero que debió af ectar a gran número de hombres, navíos y mercan cías es la que no suele asom ar po r las escribanías má s que esp orádicamente. Lo hacen co n motivo de contratar las escrituras de riesgo y vent ura, al exigirlo lo s a rrenda dores d el e stanco d e la sal, que se sirv e n de los vi ajes de retorn o de las pin azas p ontevedresas para proveer a los alf olíes d e su pa rtido, f avoreciéndo las co n unos pe queños anticipo s. P or esta ruta circulan pr oductos destinados al consumo popular y, por lo ta nto, ba ratos y poco m an ufacturados, como pueden ser las sardin as revenidas, ligerame nte salpre sadas sin a lcanzar e l grado de estabilida d que ofrece la plena salazón de las arencada s. Las escasas pretensione s de sus protagon istas n o con templan de sembolsar uno s reales a l escriban o, por lo que no d ejan huella docume ntal, pero co nstituy e n la perm anencia de l com ercio pontevedrés y, p or e xtensión, gallego, e n contraposición a l comercio reflejado en las cartas de f letamento, más sensible s a la coyuntura política y co mercial. Fa ltan los manifies tos, tan abundantes de la ría de Vigo, que también podemo s entender como una p lasmación de los tratos de escasa importancia. S i la s de ficien cias p ara e l e studio d el come rcio de ex p ortación son lo suficientemen te amp lias como para desanimar a más de u n estudioso a emp render esta tarea, las inherentes al comercio de importación se nos presen tan insalvables. Es preciso acudir a las dispersas noticias cont enidas en recono cimientos deudas, p oderes, o bligaciones… que sa lpican los registros nota riales, pero que p ocas veces ofrecen u na in fo rmación con un mínimo de orden y c oheren cia. La pérdida de la docume ntación gen erada por la adm inistración d e las d iezmas de la ma r, impuesto que gravaba e l com ercio con los rein os y señ oríos que no formaba n parte d e la Coron a de Castilla, impide una visión de con junto. En este a partado ta m bién ha brá que distinguir entre importaciones directas, como las protagonizadas p or los mercadere s ingleses o bret ones, que arriban d esde sus puertos de origen a las p oblac iones gallegas co n cargamen tos de paños de Lond res o pa n de l mar, que son las que más f recu entemente recoge la docum entación, y las mercancías que llenan la bodegas de las pinaz as loca les en los viajes de retorno, tras la de scarga de las bana stas y bo tas d e sardina y vino. P or e sta vía se habrán abaste cido, como ya sa bemos, los alfolíes gallegos 277 de las salinas d e Av e iro, p ero tamb ién los to neleros locales de la ma dera asturiana, aprovechando el tornaviaje d e los n avíos que traspo rtaban vino a lo s puerto s del Cantábrico. Una no rma mercantil elem ental establece que d eben e vitarse los viajes d e vacío, d ebien do procurarse los patrones de la s embarcaciones l a contratación del d oble flete; a lgunas veces ya apala brado antes de iniciar e l viaje de ida 957 . Esta norma es a lterada y n o cu mp lida en los m omen tos de urgente necesid ad de vino o ce real, al no haber proporcion ado el agro inm ediato suficiente abasto . Esta es la razón de las embarca ciones navegando de vacío, al través. Se impone la transigencia con los me rcaderes extranjeros, aú n e stando en guerra con sus naciones, y permitirles a regañadientes la saca del metal americano. El com ercio pontev edrés de ex portación y t ambién el de impo rtación se sustenta e n e l env ío y rece pción de p roductos de primera necesidad, de alimentos básicos, por lo que co ntinu amente de mandará medidas d e excepción. En la columna d e los a rtículos e xportables, generados por una producción excedent aria y, por tanto , su sceptible d e ser com ercializada, hay que situar a los vinos d el Ribeiro do Avia, que encuentra n en e l puerto de Pontevedra, p ero también en el de Redondela, su sa lida al ma r, y la sardina capturada e n la p ropia ría de l L érez. Co mo de manda permanente de l me rcado gallego ten emos, en lugar d estacado, a la sal, que normalmente procede de las sa linas de Aveiro; demandas ocasionales, d ependiendo de la march a d e las cosech as propias, serán la s del vino y de los cereales. En definitiva, un conjunto de product os sometido s a la tiránica actuación de la climato logía. Ad emás, la buena o ma la marcha de uno de estos productos interf iere en la de lo s restantes. La más clara y contun dente de esta s interferencias las p roporciona la relación existente entre la producción salinera y la pesc a; po co importa que los banco s de sa rdina visiten las rías, si ca recemos d e sa l para conserv a rlas. Est a d ependencia se pu so claramente de man ifiesto durante la costera de l otoño de 1597, e n que los mareantes optaron por e char a la ma r sus co piosas capturas al carece r de la sal necesaria pa ra p roceder a su salazón. Las d eficientes cosechas cerealistas 957 . No resultan in frec uentes c artas de fletamento que hagan r efere ncia, exclusivamen te, a las mercancías d el viaje r etorno: P ontevedr a, 14 abr il 1557. Álvaro de T orr es, vecino de Baiona y maestr e del volantero Sa ntia go, f leta a P edr o Álv a rez, vecino de Gui meráns, y Pe dro d e Rescodo, vecino de Sevilla, par a ca rgar e n Sevilla 300 arrob as de a ceite después de haber d escargado la m e rcancía que lleva co nsignada. D escargará en Po ntevedra o Ponte Cesures; f lete: 3 0 pares de blancas/arrob a. A.H.P.P o., 84 4(2), 99 . 278 animan a lo s marinos bretone s a ace rcarse con e l pan d el mar, al tie mpo q u e favorecen la e xpansión d el cu ltivo de los cítricos, el único producto local que podía in teresar en los v iaje s de retorno a lo s países colindantes con el Mar del Norte. Por e l co ntrario, la d emanda de vino med iterráneo y ca nario, con el que remediar un as vendimias locales pob res, se saldan co n un incremento de la exportación d e la sardina arencada, a l emplea r e n este artículo lo s d ineros obtenido s po r la venta de licores los mercadere s v alencianos, catalanes e isleños. Las malas cosechas sirven para romper la autarquía natural de la econom ía g allega, tan poco dada a compensar con la ac t ividad comercial una produ cción escasamente especializada y poco diversificada. La pesca está amparada p or las inmejorables c ondiciones que ofrecían las rías como caladeros, evitando que lo s ma reantes loca les se a rriesgaran e n las largas travesí as de sus colegas portugue ses, asturianos o vascos. Sin embargo, la ausencia coyuntural de los bancos d e sard ina en las rí as los f orzará a acudir a los f ríos b ancos de Terranova a la pro cura de los bacalaos. En definitiva, nos remitimos a l clima como gran fact or de la economía preindustrial. Desde un momento indeterm inado de la se gunda mitad del siglo XVI y hasta bien avanzado el siglo XVIII no s encontramos sumidos en lo que se ha venido llam ando la Pe queña Edad Glacial, caracterizada por a ños fríos y lluv iosos, p ero alternando con ot ros secos 958 . 958 . Co m o visión general del est ado de la cuestión e n Gal icia, FERN ANDEZ CORT IZO, C., “Muerte y ritual funerar io en la historia de Galicia” en Se mata , núm.17, 2006, pp.260-28 5 279 Cartas de fletamiento Pontev e dra PESC A VINO M A DE R A S AL CÍTRICOS OT ROS T OT A L 1525 1 1 1526 2 3 5 1527 1 1528 1529 7 3 1 12 1530 2 2 4 1531 1 1 2 1532 3 3 1533 2 2 1534 9 4 2 15 1535 6 1 2 9 1536 4 1 2 1 8 1537 8 1 9 1538 4 4 1 3 12 1539 3 3 1540 5 1 1 7 1541 2 3 1 1 1 8 1542 3 1 1 5 1543 6 2 8 1544 11 1 1 13 1545 9 3 12 1546 6 6 1547 13 1 1 15 1548 18 2 20 1549 10 10 20 TOT AL 133 35 13 10 3 4 198 280 PESC A VINO M IXTO M A DER A SAL CÍT RICO S O T ROS T OT A L 1550 5 5 1551 1 1 1552 2 5 7 1553 12 10 22 1554 6 5 1 12 1555 1556 1 1 1557 3 3 1 7 1558 5 1 2 8 1559 2 2 1560 3 4 2 3 12 1561 3 6 1 3 13 1562 3 6 2 1 12 1563 1 4 5 1564 3 1 1 5 1565 5 5 1566 2 1 1 4 1567 1 6 1 8 1568 5 4 2 11 1569 2 13 1 16 1570 7 7 1571 1 5 1 7 1572 15 8 6 1 30 1573 1 2 3 1574 11 2 1 14 TOT AL 92 94 10 9 1 4 7 217 287 de las Rías B aixas a la procu ra de partidas de sardina, deben aportar los fustes , que irán llenan do paulatinamente 976 . Los navíos acost umbraban a no m ezclar mercancías. Tal exclusiv idad venía favorecida por la distinta orientación geográfica de los d os principales produ ctos de e xportación de la villa d el Lérez, la sardina y el vino de l Ribeiro. Si la sa rdina era reclamada po r to dos los p uerto s p eninsulares, el v ino no encontraba ot ro me rcado que e l d el Cantábrico, po r lo que so lamente los navíos que se d irigen al norte pueden almacenar en sus bode gas indistintamente tone les de vino y sardina ; en la p ráctica, e l m ercado cá ntabro se decantó por la demanda de los caldos orensanos, d e jando a rrinconada la de l a sardina. Los naví os contratado s por m ercaderes de la rí a de Arousa, desprovista de puertos de cierta importancia , por lo que sus mareantes apenas empleaban artes masivas, como eran los cercos, te nían que diversificar los cargamen tos; e n los f letes llegaban a intervenir, ju nto a los merca deres arosa nos, otros a vecindados en la provincia de Ourense, que aportaba n pipas de de castaña, que habrá que suponer como me rcancía de retorno d e las recuas que d esde Cambados y o tros puerto s de esta rí a se dirigían al interior con cargas de pescado. Una d e e stas compañ ías carga 52 botas de castaña y dos de pulpo ; e l f uerte o lor d e la sardina debe exigir un transporte e xclusivo, tal co mo indica la cláusu la de alguna carta de fletamento, a dvirtiendo que si ot ro mercader cargara en dicho n avío alguna cantidad d e sardina a rencada, no meterá bot a ninguna d e las de castaña ny de pulpo deba xo de la sardina 977 . A partir de 15 62 los puerto s d el País Vasco, tan rem isos hasta entonces a adm itir cargamentos d e sardina gallega, optan por su recepción, pe ro e n cargamentos mixtos, com partiendo las bodegas con los toneles del vino blanco 976 . P ontevedr a, 4 oct ubre 1 548 . Gaspa r Aº ., vecino d e Matosi nhos y maestre de la ca rabela latina sa n Juan, fleta a do s mercade res d el Algarve, Ma nuel P aulo, vecino d e Lagos, y Nicolao Ma rtínez, que lo es de Vila nova de Silves, para cargar 9 0 botas de sardina ar encada y alg unas ca na stas, si cupieran. La carga se reco gerá e n Corcubió n, Muros o N oia, “ e no avendo cu mplimiento e n e stos lu gares pa ra la dicha car ga, q ue la que faltar e seays ob ligado a la ve nyr a to mar al puerto de Marí n , ría desta dicha villa”; el maestre de la embarc ación d ebe llevar los casco s de las b otas vacías. A.H.P. Po ., 825(2) ,268 Po ntevedra, 21 noviembre 155 4. Antonio P ére z, vecino d e Leça y maestre de la car abela Co rpo Santo, fleta a J eróni m o de Ca stro y Luís de Aguilar , mercaderes de Sevilla, pa ra c argar 6 0 bot as d e sar di na arencada, que reco gerá en Noia, a donde llevará “rondanas para la dic ha sar dina llebantadas co n sus fondajes”. A.H.P.P o., 844(1), 342v. 977 . P ontevedra, 22 enero 1572, Juan Do ce, vecino de la villa y maestre del navío santo Ant onio, fleta a Rodr igo N úñez, vecino d e Ourense, y a Ber nabé Alons o, q ue lo e s de Ca mbados, p ar a viaja r a Sevilla. A.H.P .P o., 862 (2), 61. [Document text truncated for crawler view.]