Full text
E L CO ME RCI O M A RÍ TIM O DE G A LI CI A
1525 - 1640
JUAN JUEG A PUIG
Facultad e de X eo graf ía e
Historia
Depar tamen to d e Hist oria
M o dern a e Mediev al
1
INTRODU CCIÓN ........................................................................................... 3
EST A DO DE L A CUESTIÓN Y OBJE TIVOS DE LA INVESTIGACIÓN .. ... 18
1. EL COMERCIO G A LL EGO A TR A V ÉS DE LOS SEGUROS
M A RÍTIMOS ...................................................................................... 27
1.1. COBERTURA DE RIESGOS Y MODALIDADES DE COMERCIO .... 28
1.2. EL COMERCIO OC AS IONAL .................................................... 30
1.3. EL COMERCIO PROF ESIONAL ............................................... 34
1.3.1. LAS PÓLIZAS D E SE GUROS ................................................ 42
1.3.2. LOS PRÉS TAMOS A LA GRUESA ........................................ 5 8
1.3.3. LA AVERÍA ............................................................................ 76
2. LA DEPENDENCI A D E LA S A L ...................................................... 8 5
2.1. EL ESTANCO D E LA S AL ......................................................... 9 0
2.2. LA CARRERA DE LA SAL ....................................................... 109
2.3. LAS SALINAS L OCALES ......................................................... 135
3. PEIXE MERCHANTE. EL COMERCIO DEL PESCADO ....... ....... .. 148
3.1. L OS CICLOS PESQUEROS Y LA S CAMPAÑAS EN
TERRANOVA ........................................................................... 15 3
3.2. L AS ARTES DE PESCA. L OS CERCOS .. ....... ....... ...... ....... .... 178
4. COMER CIO Y PESCA EN LA RÍ A D E VIGO ................................. 190
4.1. CERCOS DE VERAN O E INVIERNO ...................................... 1 90
4.2. CAMPAÑAS DEL CO NGRIO ................................................... 219
4.3. L A COMERCIALIZACIÓN DE LA PESCA ........ ....... ....... ....... .. 225
5. COMERCIO Y PESC A EN LA RÍ A DE PONTEV EDRA ....... ....... ... 238
5.1. CERCOS Y T RINCADOS ........................................................ 238
5.2. LA COYUN TURA PES QUERA ................................................ 262
5.3. L A COMERCIALIZACIÓN DE LA PESCA ........ ....... ....... ....... .. 274
5.4. CARGADORES DE SARDINA ................................................. 297
6. COMERCIO Y PESC A EN LA RÍ A DE AROUSA . ....... ....... ...... ..... 306
7. COMERCIO Y PESC A EN LA RÍ A DE MUROS -NOIA....... ....... ..... 319
8. EL COMER CIO DEL VINO ............................................................. 359
8.1. REG IONES VITÍCOLAS Y TIE RRAS SIN VIN O ...... ...... ....... ... 362
8.2. E L COMERCIO INTERIOR. V INO ULLAO Y ESTANCOS ...... 377
8.3. LAS ARMADAS R EAL E S ........................................................ 392
8.4. EL TRANSPOR TE POR TIERRA ............................................ 3 98
8.5. LA TONELERÍA ....................................................................... 406
8.6. LOS VINOS DE SOBREMAR .................................................. 418
8.7. LAS EXPOR TACIONE S .......................................................... 42 7
8.8. LOS PRECIOS DE L VINO ....................................................... 432
8.9. LA FISCALIDAD SOB RE EL VINO .......................................... 441
2
9. EL COMERCIO CEREA L IST A Y OTROS TRA TOS ........ ....... ....... 461
9.1. L A REGLAMENTACIÓN POR PA RTE DE LOS PODERES
PÚBLICOS ............................................................................... 461
9.2. EL PAN DE SO BRE MAR ........................................................ 46 8
9.3. E L MERCADO NACIONAL DE GRANOS .... ....... ....... ...... ....... . 485
9.4. LA EXPOR TACIÓN D E FRUTA ............................................... 492
10. EL COMERCIO COLONI A L E INTERN A CION A L ....... ....... ....... .... 505
10.1. LAS ISLAS CAN ARIAS ............................................................ 505
10.2. LAS INDIAS D E CAS TILLA ..................................................... 51 4
10.3. BRASIL .................................................................................... 521
11. EL COMERC IO DE IM P ORTA CIÓN............................................... 526
11.1. UNA VISIÓ N DE CONJUNTO A TRAVÉS DE LAS DIEZMAS DE
LA MAR .................................................................................... 5 27
11.2. I NGLATERRA Y EL COMERCIO TEXTIL ... ....... ....... ....... ....... . 544
11.3. IRLANDA ................................................................................. 563
CONCLU S IONES ...................................................................................... 569
A P ÉNDICE DOCU MENT A L ...................................................................... 5 73
RELA C CIÓN DE A B REVI A TUR A S .......................................................... 705
BIBLIOGRA FÍ A ......................................................................................... 7 06
3
INTRODU CCIÓN
La descripción literaria más conocida que reco ge la actividad de los puertos
gallegos, e n el ecuador del siglo XVI, debe su autoría al m alagueño Bartolomé
Sagrario de Molina, canónigo de la catedral de Mondoñedo y auto r de una
Descripción d el Reino d e Ga licia y de las cosas notables en él (Mondo ñedo,
1550). La relación no puede s er m ás optimista, magnificando los tratos
come rciales hasta la exag eración: la gran villa de Pon tevedra, que es el mayor
pueblo de Ga licia y de gente rica por la m ayo r p arte. Es gran d e la pesca , y
principalmente de sardina, que en e ste pueblo hay; y en tanta can tidad, que
acaece muchos años a preciarse la que llevan lo s n avíos que d e a quí salen en
ochenta mil d ucad os d e q ue se pro vee toda la Andalucí a y el Reyno d e Valencia
y S icilia y m ás ade lante . Respect o a la produ cción vitícola de Ribada via el
canónigo tampo co ahorra juicios grandilocuent es: son de los mejores vino s del
mundo en fa ma y e n o bra, los cua les se llevan a Roma y a tod a Italia y a o tras
muchas partidas do se estiman en m u cho, mayorm e nte que t rasplantado s y
sacados d e este Reino, se mejoran por allá en gran manera .
Otras fuentes documentales, ajenas a la creación lite raria, han sido utilizadas
como indicadores de los t ratos mercan tiles y a tribu yen similar eufo ria a la
actividad com ercial gallega
1
, d ebié ndoseles adjud icar, en nuestra opinión , similar
credibilidad que a los testimonios librescos.
En el bando contrario, inf ormes y mem oriales e laborados por los p oderes
locales acostumbran a insistir en las deficiencias crónicas de la econ omía
gallega, d iagnóstico q ue debe se r to mado con p recaución, al p retender o btener
rebajas y gracias en las obligaciones f iscales, exagerando para ello la mala
situación económica. Es inte resante e l infor me e laborado por e l regimiento
pontevedrés, en enero de 1560, a instancias del m onarca, que quiere s er
1
. Según sendos docu mentos, fechados en 15 70 y 1 571 , localizados p or J . Gentil de Silva, los trato s
comerciales mantenidos por los mercader es galle gos en Se villa, apo rtando maderas, fletes, pe scado…,
son cap aces d e ab sorb er casi un veinte po r cie nto de lo s metales p recioso s que desde Indias aflu y en al
“puerto y puertas de las Indias”. GELABERT GONZÁL EZ, J.E., “Relaciones merca ntiles de la
Galicia lito ral según las escrit uras notariales d el s iglo XVI” e n E iras Roel, A., La Hi storia So cial d e
Galicia en sus Fu entes d e Protocolo s , Santiago, 19 81, p.440.
4
informado del estado en que q ueda ron los puertos y la navegación del Reino de
Galicia tras la cancelación de las guerras con Francia
2
. Sus relatores insisten en
presen tar un c o mercio marítimo anquilosado, totalmente ajen o al em pleo de los
med ios finan cieros y d e segurida d ya gene raliz ad os d esde la Edad Media en lo s
puerto s e uropeos, tales como e l manejo de letras d e cambio, préstamos o la
negociación de se guros en su s propia s casas de contrat ación, sin tener que
depender d e los que se ajustaban en Burgos
3
.
Sobre la m odesta actividad de lo s tratantes locales se superpone, a partir de la
década de los 60 del sigl o XVI, e l avecinamiento , sobre todo en los pue rtos de las
Rías Ba ixas, de m ercade res foráneo s, mu cho más d inámicos y actu alizados en
sus prá cticas mercantiles y, desd e luego, provistos de considerables suma s de
dinero destinadas a la finan ciación de su s tratos. Son gentes procedentes de los
grandes cen tros f eriales d e Castilla (Medina d el Campo, Med ina de Rioseco …) y,
especia lmente cristiano-novos, que huyen d e las poblaciones del norte de
Portugal (Braga, Oporto…) ante los rigores d e la reactivada inquisición
portugue sa. El arri endo del estanco de la sal les pone en contacto con los
mae stres de las embarcacione s enca rgados de su transporte desde las salina s
portugue sas, a los que deben adelanta r dineros, conce rtar seguros y dem ás
med idas conducente s a la buena navegación de este conservante. La Unión
Ibérica (1580-1640) servir á para refo rzar la p resencia de los conversos
portugue ses en la econom ía gallega ad elantándose en má s de 150 añ os a la
invasión de los fomentadores catalanes.
La debilidad del comercio galleg o se observa en el lla mado Atlas del Rey
Plane ta, rea lizado b ajo la d irección del geóg raf o Pedro Teixeira, entre 1622 y
2
. El auto consistorial de 29 de enero d e 1 560, se hace eco del contenido en una pro visión rea l sobr e
las navegaciones y tratos de la mar y la s necesidades de los pueblos. Mandab a el m onar ca que los
concej os enviaran dos rep resentantes a la c iudad de Santia go, como cabeza de pr ovinc ia, para a llí
elabor ar sus co nclusiones. A.H.P. Po., G.15 (1), fol.3v. El concejo po ntevedrés encargó tal co metido a
dos importantes p ersonaj es lo ca les, el regidor e hidalgo don Cri stóbal Mariño de L ober a y el docto r
Antonio Mouriño d e P azos y Figueroa. E ste po ntevedr és posee una br illante carrera administrativa:
inquisidor e n Sicilia, o bispo en Ávila y preside nte del Con sej o d e Castilla. P articip aría en la reda cción
de este me m orial tras aba ndonar las a ulas d e Bo lonia, pa ra e j ercer la abo gacía en la Real Audiencia de
Galicia, aunq ue po r poco tiem p o, pues pr onto se tr asladó a la c orte. GONZ ÁLEZ LÓP EZ, E., La
Galicia de los A ustrias , 1 980, I, p p. 357-358 .
3
. Vid e Apéndice Docu mental, doc. núm.1: Me morial d e d on Cristó bal Mariño de Lob era y d el d octor
Pazo s, en no m bre d e la villa d e Po ntevedra, s.f.
5
1634, que recoge toda la costa pen insular
4
. Llam a la atención la total ausencia de
mue lles, e mbarcaderos o rom peolas en toda la costa gallega. Sab emo s de algún
que otro peirao en las má rgenes de l Lére z o en Baiona y Vigo, de tan e scasa
impo rtancia que e l cartógrafo po rtugués no los plasma e n su repertorio. Su
irrelevancia viene d eterminada por su f inanciación privada, a lo su mo gremia l
para permitir las descargas de los cercos pontevedreses. Esta au sencia es más
evidente a l constatar que en los puertos inmediatos de las Cuat ro V illas (Castro
Urdiales, L aredo, Santander), Asturias (Llanes, Gijón , Candás) y en los vecinos
de P ortugal (Viana da Foz do Lim a) existían instala ciones portuarias de cierta
impo rtancia.
La intervención d e la Co rona e n las costas gallegas se limita a f ortificar los
puerto s d e realengo (A Coruña y Baiona ); habrá que e sperar a 1 624 para que se
proceda a la defe nsa de los d e Marín y Ribad eo. Otras poblaciones tend rán que
espera r m ás de un siglo: el jue z d e Fisterra exponía la pe ligrosidad de e st e
puerto: la villa está mui apa rtada de otros lugares y metida mui a la mar, más q ue
otro ningund puerto deste Reyno . Y ansy es costa braba, tanta que por ser an sy
al pue rto y ribe ra de lla no vienen n aos, ny fusta s, ny otros navíos, ny trato s, ni
cavdale s como en otras partes, mas de tan sólo vyno, que byene por mar, y e l
pescado que e n ella se mata y carga para fuera, p or lo que so licitaba la
construcción de un mue lle, a sí co mo u na f ortificación que p rotegiera a barcos y
vecinos de las continuas agresiones
5
; las obras d e fortificación se retrasarán
hasta mediado s del siglo XVIII
6
.
4
. T EIXEIRA, P. , E l Atla s del Rey Plan eta. La d escripción de Españ a y de las costas y p uertos de de
sus reinos . Ed. d e Pered a, F., Marías, F., Madr id, 200 2.
5
.“Esta d icha villa de Fin ysterr a a seydo robado d e q uantos vienes te nyan el año d e c uarenta y tres de
una ar mada del r ey de Fr ançia, de que hera cap itán Alabar da. Y, d espués del d icho ro bo, durante el
tiempo que d uró la dicha gue rra, muchas beze s po r mar lo s corsario s robar on los barco s en que lo s
pescado res ganaban de comer. Y, demás d ello, el año de çinquenta y ocho, día de santa cruz de m ayo,
benyera a la ría de la d icha villa una ar mada del re y d e Fr ançia, en que se dezía b enía po r capitán
Muçur de Bo ra, el qual co n mucho nú mero de soldados salyera en tier ra y po r fuerça de armas to mara
la d icha villa, la qual ro baro n y saquearo n d e q uantos viene s y azienda en ella a vía y ansí la iglesia y
orn m entos y ca npana s y sa nto s della. Y, desp ués d e hecho e l dicho robo , quemaron la ter çia par te de
las más y m ejo res c asas que en ella avía, po r d onde estaba mui po bre y destru yda y muchos vecinos
della se fueran a b ebir a otra p arte y no se sustenta n s yno de lo que gan an por su sudor e tra bajo y
muchos dexa n d e y r a ganar d e comer por la mar ser muy b raba…Y para se to rnar a poblar y venir
bebir a ella…a y necesida d e que en ella ubiese muelle y un fuerte”. Fisterr a, 30 j unio 1 561 . A.G.S.,
E.H., 95
6
. SORALUCE B LOND, J .R., Castillos y fortificac iones d e Galicia . La arq uitectura militar de los
siglos XVI -XVI I , 1985.
6
Bajo estos p resupuestos se puede entender la tardía restauración d e l a T orre
de Hércu les llevada a cabo por e l capitán gen eral du que de Uc e da, en 1684,
como atalaya de vi gilancia. Significativamente, la iniciat iva de recuperarlo como
faro que guiase a las em barcacione s parte de los có nsules de I nglaterra, Holand a
y Flande s. G alicia parece a sí redu cida a mera contemp ladora del tráfico
interna cional, que en raras oca siones hace escala en sus puertos.
La e scasa importan cia del comercio gallego en gene ral y, aún m ás, en su
modalidad marítima, queda en evidencia al verse red ucido a un com ercio de
cabotaje que debe r e currir a ba rcos d e a lijo para p oder tratar con l os navíos de
cierto tone laje. Sobre tan débiles c imientos es d ifícil sustentar una actividad
mercantil de envergadura. L os navíos, a su ve z, eran los ade cuados a esta
elemental red comercial: navíos peque ños y versátiles, que partici paban en las
labores pesqueras, pe ro también en el transporte d e la s ba rricas que contenían
las mercan cías locales, las pinazas o volantes de Muros.
Las ca rabelas del norte de Portugal reforzaban los ef ectos na vales locales,
pese a que la n ormativa le gal consa graba la preferen cia de las embarcaciones
nacionales sobre las extranjeras. T ras la formalización de una carta de fletamento
con un maestre fo ráneo era preceptivo pregonarla, durante tre s días
7
, por si
algún natural de l Re ino quisiera hacerse carg o de e sta nav egación, ajustándose
a las con dicione s ya pactadas. En los puertos gallegos est a práctica apenas
regía y su empleo debía ser excepcion al; puertos de la impo rtancia del de
Pontevedra, care cían d e pregone ro
8
. Un pregón lanzado e n 5 de noviembre en e l
puerto del L érez a pe dimento d e Ju an Yanes, mae stre de l a ca rabela La
Concep ción, co nstituye un buen ejemplo de e sta rara avis do cumental: por alta e
yntelegible vo z de prego nero fue l ançado por la vylla en lugares lym itados para
ello, d eclarando c omo de z ía Jua n Ya nes q ue t en ya afretado su carab ela de
sardina con mercaderes para el reyno d e Andalu z ía e para o tras muchas p artes
7
. Pontevedra, 6.noviembre .153 7. De pedi mento de Domingo Luis, vecino de Leça y m aestre de la
carab ela Concepción, car gada de sardina, “ fueron lançad os tres pre gones en tres días ”.A.H.P. Po .,
823 (2), 111 .
8
. P ontevedra, 15 40. Antonio Fernández, Anto nio Da grama y N icolao Martínez, p o rtugueses,
repr esentan có mo tienen f letad a la carabela nuestra se ñora de G racia, de la que es maestre J uan Pér ez,
también por tugués, para car gar c iertas bo tas de sardi na; en la villa no hay p rego nero. A.H.P.P o.,
824 (1), 176 .
7
(roto) Lisboa del Re yn o de Portugal e pa ra Vi zcaya con sus escalas por çierto
preçio de frete por cada myllar…que sy a lgún maestro d e navío d el Reyno lo
quisiere tom a r p or el tanto q u e d entro de l término de la le y lo tomase, con
condiçió n que, pasado el dicho térmyno, ca rgará su carabela e seguirá vyaje .
9
Esta práctica se circunscribe a una d ocena de ejemplos r ef eridos
exclusivamen te a l puerto de Pontevedra, y loca liz ados e ntre 15 35 y 1546. Afecta
a e mbarcaciones portuguesas y, sob re todo , a las que se internan por el
Mediterráneo o hacen la travesía hasta los archipiélagos d e Madeira o Canarias.
Solamente conocemos un único caso en que un me rcader local haga pre gonar su
flete
10
. En los restantes co rresponde a la activi dad de mercade res proce dentes
del A lgarv e (Lagos, P ortimao…), que a sumen las aventu ras mercantiles más
arriesgadas
11
; e n contadísimas ocasio nes, estos m ercaderes se interesan por el
tráfico vinatero po r agua s d el Cantábrico
12
. E l d esuso de esta práctica p rocederá
de s u in utilidad: en ningún m omento los m aestres locales ha cen valer su s
derechos, desalojando a los po rtugueses. Lo s m ae stres portugueses d ebían
recelar d e los m ercaderes locales, p or lo que les e xigirán adelanto s que
asegurasen el ex acto cump limiento de lo acordado, práctica que no e s recogida
en la d ocumentación. Sí lo es la mo dalidad cono cida como f also f lete, que
imponía una san ción con siderab le al mercader que no cumpliera sus
obligacione s
13
.
9
. A.H.P .Po ., 822(4), s.f.
10
. Po ntevedra, 15 d iciembre 1545 . Andrés Rodríguez, vecino de Zezimbra y maestre d e la ca rabela
latina nuestra señor a del Cab o, fleta a Gregor io d e Pa drón, mareante de A Mo ureira (P ontevedra ), p ara
cargar tod as las botas de sard in a a rencada que quep an b ajo cubier ta. La mercancía se e ntregará e n 10
días. Y se lle vará a la s islas de Madeira o d e Canarias; flete: llegando en sal vame nto a M adeira , 30
maravedíes / millar; Ca narias, 40 . A.H.P.Po ., 825 (1), 49v.
11
. Po ntevedra, 7 diciembre 1 545 .Juan Pa az, vecino d e Leça y m aestre de la carab ela Sa ntis Espír itus,
fleta a Antonio Fer nández, mareante, veci no d e Vilanova del A lgarve, para cargar 25 b otas de sardina
arencada. Recogerá la car ga en 10 días. Hará e scala en San Lúcar d e B arrameda ( 3 días), d onde
decidir á si ir a las islas Canaria s o a M álaga. Yendo a Canarias, a T enerife o Puerto de San ta Cruz, 35
ducado s de or o de flete, yendo a salva mento; en Málaga de flete 19 reales/bo ta de sardina; Se villa a
15; e n Jerez o Portal d e flete a 14 reale s/bota. A.H.P .Po. , 825 (1) , 46.
12
. P ontevedra, 14 dicie mbre 15 45. Leonardo Pér ez, vecino de Leça, e n no mbre de su suegro Jua n
Luis, maes tre de la car abela latina nuestra señora de la Conc epció n, fleta a P edro de Tapia, mercader y
vecino d e San Sebastiá n, para ca rgar 100 botas d e vino b lanco d e Ribadavia. La carga se r ealizará a lo
largo del mes d e e nero de 154 6; desca rgará en F ue nterrabía; flete, lle gando a salva mento, 1 0, 5
reales/bo ta.. A.H.P .Po ., 825 (1), 74
13
. Vigo, 30 a gosto 15 63. Domingo Rs., vecino de V iana y m aestre d el navío nuestra señor a da Ajuda,
fleta a B ernaldo de la T orre, mercade r d e Vigo, p ara cargar de sard ina, tod a la q ue pudiere llevar, en
8
Los camino s que conectaban los viñedos del interior con los pue rtos d e
embarque era n de h erradura y no p ermitían e l p aso de carros tirados por bueyes,
siendo obligado echar mano de los pellejo s transportados a lomos de be stias y
guiadas p or arrieros. Estas eran las coordenadas m ercantiles vigentes en Galicia,
que ten ían por o bjetivo el suste nto de sus naturale s y la detracció n de rentas por
parte de sus s e ñores, generalmente religio sos, monacales o e piscopa les y ,
sobre todo, arzobispales. La escasa entidad de la po blación urban a incidía,
toda ví a más, en la escasez d e intercambios, o ptando p or el autoconsumo, como
se puede co mprobar en la generalización del que hoy l lama ríamos vino del p aís
en lugares totalmente inadecuados, ta nto que e stos viñedos fue ron a bandonados
en cuanto se m odernizaron las comun icaciones (Be tanzos, Pontedeume ,
Viveiro…).
Las posibilidades de comerciar vienen propiciadas por un a clim atolo gí a de
transición m editerránea, sobre todo e n las Rías Baixas y valles me ridionales del
interior, que permitía el cultivo de las viñas en régimen de monocultivo; así
adquirieron gran prestigio los blan cos de la cue nca d el Avia. Los caldos
obtenido s e n las ve n dimia s o rensanas pr opiciaron un com ercio de ciert a
impo rtancia, a l ser muy de ma ndados en todo el litoral septentrional, desde el
cabo de Fiste rra hasta la de sembocadura de l Bidasoa. Otro facto r que favoreció
la co nexión me rcantil con el exterior f ue la existencia de los magníficos ca laderos
de las rías, frecuentados por lo s cardúmenes de sardina.
Ambas e xportaciones estimu laron la a ctividad d e los toneleros, en co ncreto de
los pon tevedreses, p uerto que canalizaba e l m ayor volum en de amb os artículos.
Agrupado s bajo la advocación d e san Nicolás, b autizaron u na ca lle de la vill a: rúa
da Tonelería. La pip a p ontevedresa era co nocida en todo e l litoral penin sular; su
marca grabada a f uego ase guraba una capacidad de 3,5 m oyos, de unos 142
litros cada u n o. Estos a rtesanos imponen, o les v ien en impuestos, u nos tra tos
basados e n el tru eque: las pipa s levantada s p ara los co secheros oren sanos son
intercambia das por partidas de vino, que embarca n vino cara al p uerto d e
Ribadeo, capital de la importante reserv a fo restal que se de sarrolla en las
13 d ías, y no lo hacie ndo p agará 1 6 ducados d e “falso flete y que y o pued a afletar y azer del d icho mi
nabío a my volu ntad y lo que yo quisiere” . P artirá pa ra Jerez, do nde será la derec ha desca rga; flete de
ida y vuelta, 47.0 00 maravedíes, la mitad en Jer ez y la otra en Vi go. En J erez ca rgará trigo, que llevará
a Vigo. A.H.P .Po ., 2.3 20(1), 193
15
La arribada de pla ta americana y la inmigración de mercadere s profesionales,
en especial, l os cristiano-novos po rtugueses, que huyen de los rig ores
inquisitoriales, pe ro también desean participar en el reparto de l tesoro americano
constitu yen la ba se del co mercio e xterior. La plata a mericana ace rca a los n avíos
ingleses, que aportan te xtiles, lo s famo sos pañ os d e Lon dres. Estos mercad eres
despre cian la producción local
28
y sólo d emandan plata . Para e ludir la
prohibición de saca de m oneda del Re ino deben registrar ante escribano la s
ganancia s obt enidas en las ventas, com prometiéndose a e mplearlas en el
mercado a ndaluz. L os tra tado s comerciales suscritos po r e l c oncejo de B aiona
con lo s mercaderes londinense en 1556 y15 64 respon den a esta actividad. Por
esta vía afluyen a los puertos gallegos los llama dos paños de Londres.
Los m etales americanos t ambién sirven para atraer a l os nav íos breto nes con
carga de ce real, que p ermiten su perar las crisis f rumen ta rias. Las dos
impo rtaciones s e cla usuran sin que sepamos bien el d esenlace d e los paños
ingleses, que fu eron sustituidos por los telares castellano s. La contienda de
Isabe l Tudor y Felipe de Au stria está en base de esta cancelación, pero las paces
firmadas en tre Jacobo I y Fe lipe III, en 1604 , no significa ron una vuelta a la
situación anterior: en las ferias d e Compostela o Pa drón se continuaban
despachand o paños de Zamora o Segovia
29
.
Las importa ciones d e grano s se a ctivaron con las f recuentes crisis fru mentarias
padecida s en el primer tercio de l siglo XVII. La m asa de vellón circulante retrajo a
los m ercaderes e xtranjeros, junto con las prohibicio nes de saca de m oneda de
plata, favoreciendo la p roducción nacional; el a gro as turiano aportó maíz ya en
1617. Pa so p revio a la generalización de su cultivo en las Rías Ba ixas, e n los
años treinta, que perm itirá en b reve de stin ar p artidas del cerea l ame ricano al
mercado exterior.
El com ercio gallego se refue rza con la in stalación en las poblaciones cerca nas
a la f rontera, en e special las costeras (Baio na, V igo, Re dondela, Pontevedra) y
28
. Debe m os desec har la sup uesta expo rtació n masiva de vino s a las islas, que no supera el n ivel de
anécdota
29
. B RAUDEL, F., El Med iterr áneo y el m undo m editerráne o, en la épo ca de Fe lipe II, Ma drid, 1976 .
Después de 15 90 los navegante s inglese s se d esplazab an hasta la isla de Djer ba par a obtener el aceite
preciso para su industria textil, abando nando a su anterior pr oveedo r, los o livares andaluce s.
16
también en las vitíco las (Ribada via), de cont ingentes de cristiano -novos
portugue ses, interesados e n las oportunidades comerciales que los puerto s
castellanos of recían. No sola mente les at raí an los pue rtos gallegos, sin o que les
interesa rá mucho el in stalado e n la desembocadu ra de l Nervíon, establecie ndo
un circuito, que partiendo de Oporto (productos coloniales: azúcar, algodó n) hace
escala en Pontevedra, do nde comp leta la capa cidad del na ví o con pipas de
blanco de Ribadavia, y d escarga en Bilbao, recibie ndo para e l via je de regreso
hierro, que d escargará en Aveiro, puerto inme diato a sus f amosas salina s, que
henchirán la s bodegas del naví o de sal con que aba stecer los alfolíes gallegos.
Estos recién llegados refuerzan su presencia con la Unión I bérica, que facilita
su en trada en e l arriendo de las rentas rea les, como el estanco de la sal. A partir
de este momento los pro ductos objeto d e comercio son intervenidos p or la gente
de nación , aunque compartiendo e l merca do con mercaderes vascos y
asturianos: e l b acalao a dquirido en el pue rto de Bilbao y rem itido a Rib adavia,
donde se inte rcambiaba por vino; el arriend o de lo s be neficios eclesiásticos
situados en la Ribe ira d o Av ia; el comercio de los paños producidos en las
ciudades telares de Castilla la Vieja … En buena me dida, debemos e ntende r la
intromisió n d el Santo Of icio com o u na de fensa de lo s e scuálidos intereses de la
sociedad rentista tradicional. L a pes ca d e bajura escapará a su s pre tensiones a l
estar b lindada por una estructura g remial, pero su presencia en el resto de la
produ cción estará cont ami nada por los cristiano -novos.
17
Situación de los principales puertos gallegos
A Guarda
Baio na
Vigo
Canga s
Redondela
Mar ín
Pontev edra
Port onovo
O Grov e Vilaga rcía de Arousa
Padró n
Noia M uros
Fisterra Cee-Co rcubión
Laxe
A Coruña Beta nzos
Pontedeu me
Ferrol
Cabo O rteg al
Viveiro
Ribadeo
18
ESTA DO DE L A CUESTIÓN Y OBJE TIVOS DE LA
INVESTIGA CIÓN
Por lo que se refiere a la situación de la moderna investigación en e sta m ateria,
puede de cirse que el come rcio marítimo en Ga licia h a sido exhaustivamente
estud iado hasta 1525 por Ferreira Priegue
30
, que apen as deja resquicio pa ra
introdu cir alguna nov edad . A lgo semejante ocurre co n el siglo XVIII , f ruto de la
multitud de trabajos disp ersos de Meijide Pardo
31
, como mu y bien reconoce e l
profeso r Eiras Roel, autor de una a pretada síntesis de la economía gallega e n
dicha cent uria y d e o tros trabajos monográf icos al respe cto (burguesía
composte lana, ganadería…)
32
. Resulta también m uy prov echosa la reciente
aporta ción de I. Duber t sob re e l com ercio g allego
33
, m ientras los estudio s de X.
30
.FERREIR A PRIE GUE, E., F uentes para la exportació n gallega d e la seg unda mitad d el siglo XV:
el pea tge d e mar de V alencia , Santiago, 198 4.
FERREIR A PRIEGUE , E. , Galicia en el comercio marítimo medieva l , A Coruña, 19 88
FERREIR A PRIE GUE, E., “L a villa de Po ntevedra y el c omercio d e Galicia en la pri mera mitad d el
siglo XVI” en Eiras Roel, A . (co ord.) , E l Reino de Galicia en la época del emp erado r Carlos V , A
Coruña, 200 0, pp. 581-60 8.
31
. M EIJIDE P ARDO, A., “La antigua exporta ción d e a gri os en Ga licia”, Re vista de Ec o nomía d e
Galicia , Vigo, enero -abril de 196 3, pp .3-10
Meijid e P ardo, A. Ho mbres de ne gocio s en La Coruñ a die ciochesca: Jeró nimo de Hijosa , A Coru ña,
1967.
MEIJ IDE P ARDO, A, Ec ono mía ma rítima de la Galicia Cantá brica e n el sig lo XVI II , Valladolid ,
1971.
MEIJ IDE P ARDO, A., “Aspecto s del co mercio gallego de expor tación a P ortu gal en el siglo XVIII” ,
en Actas I Jorna das d e Metodolo gía Histórica Ap licada , San tiago, 197 3, vol. II I, pp.803-82 3.
MEIJ IDE P ARDO, A . , “A spectos de la v ida económ ic a d e Vigo en el siglo XVI II ” e n Vigo en su
historia , V igo, 19 80, pp. 277- 356
MEIJ IDE PARDO, A, El com ercio de l bac alao en la Galicia d el siglo XVIII . A Coruña, 19 80 .
MEIJ IDE PARDO, A., El pu erto de La Coru ña e n el siglo XVII I, A Coruña, 19 84
32
. EI RAS ROEL , A., “Tipología do cumental de lo s pro tocolos galle gos” en La Hi storia
Socia l de Galicia en su s fuentes de p rotoco los , Santiago, 1 981 , pp. 21-113
EIRAS ROE L, A., “ La burg uesía mercantil co mpostelana a mediad os d el siglo XVIII ” en La
Historia So cial d e Galicia en sus fuen tes de p rotoco los , Santiago, 1 981 , pp. 52 1-564
EIRAS ROE L, A., “Concentra ción y condicionante s geo gráficos d e la ganadería gallega en el siglo
XVIII” , Estud ios Geo gráficos , 19 83, pp. 4 35-468
EIRAS ROE L, A, REY CAST ELAO, O., Los ga llegos y América , Fundación Ma phre, M ad rid, 1992.
EIRAS R OEL A. “Crecimie nto, distrib ución esp acial y es tructura d e la pob lación de G alicia en los
siglos XVII I y XIX” en La po blac ión de Ga licia 170 0-1860 , A Cor uña, 199 6, p p. 25-36.
EIRAS ROEL, A., “El co me rcio de Galicia y co n Gal icia en la econo mía mundial del s iglo XV III.
Par a un estado d e la cuestión”, Obra doiro de Historia Mode rna , 17 (2008), pp. 155 -178
33
. DUB ERT GARCÍA, I, “Comercio y trá fico marítimo en la Galicia del Antiguo Régi men, 1750-
1820”, Obrado iro de Historia Mo derna , 17 (20 08).
19
Carmona son decisivos pa ra e ntende r las manufactura s textiles y la industria en
gener al
34
.
Ciertas parcelas product ivas y com erciales gozan de una preocupación
envidiable desde mediados de l sigo XVIII. La pe sca, en concreto la d e bajura
destinada a la captura de los cardúmenes d e sardina, fue objeto de reflexiones
más o menos atinad as de personaje s tan in flu yentes como el benedictino
Sarmiento
35
o d el ilustrado Jo sé Co rnide
36
. Ambos pretendían una extemporánea
resurrección de las art es tradicionales, con las q ue enfrentarse a la invasión de
los fo mentadores ca talanes. Su s argumentos se basan, en buena m edida, en el
recurso a las fuentes docume ntales; el manejo de los arch ivos históricos pa ra
estud iar las o rdena nzas pesquera s trad icionale s sa lvó del olvido o de la
destrucción a más d e una, q ue podemos cono cer exclusiv ame nte por s us
trascripcione s, como la esc ritura de con cordia o torgada entre los marea ntes de la
ría de Junqueras sobre el uso de las redes sardineras , fechada en 1691.
Estos p rimeros tratadistas tendrán continuidad en los años inicia les del siglo XX
en lo s estudios, ya plenamente históricos, del abogado redondelano, aunque
afincado en Pontevedra, Casto Sampedro Fo lgar. Imp resionado an te la mayor
construcción grem ial de Ga licia y, tal vez de España, la iglesia pa rroquial de
Santa María, redacta sus famo sas Ordena nz a s de 15 77, publicadas en 19 04. Su
obra, totalmente vig e n te, ya emplea e l vaciado de la d ocumentación notarial, lo
que podem os considerar como un hito en la historiografía gallega
37
. El polígraf o
local contag iará este in terés a otros h istoriadores gallegos, co mo An drés
Martínez de S alazar, director de l A rchivo de l Reino de Galicia, donde in dagará e n
los p leitos mantenidos po r los ma reantes
38
. Pe ro, sobre todo, destaca la labor del
34
. CARMON A B ADÍ A, X., El a traso ind ustrial de Galicia. Auge y liq uidación d e las manufa cturas
textiles (17 50- 1900) , B arcelona, 1 990
35
. SARMIE NT O, De los atunes y sus transmigracio nes y co njetura s sobre la decad encia de las
almad raba s y sobre lo s medios pa ra restituirlas , M s. 1 757 , ed. Lóp ez Capo nt, F., P ontevedra, 1997
36
. CO RNIDE, J., Memoria sob re la pesca de la sardina en las costas de Galicia , Madrid, 17 74.,
reed. 1997
37
. SAMPE DRO FO LGAR, C., Ordena nzas d e la cofradía d el Corpo Santo y d el gremio d e
marean tes de P onteve dra , Pontevedra, 190 4, reed. 1 998.
38
. M ARTÍNEZ SAL AZAR, A. , “El ple ito de los j eiteiros en el siglo XVI ” , El Mu seo de Pon tevedra ,
II ( 1943), p p.23-25
20
archivero mun icipal de Sa ntiago, Pab lo Pérez Con stant i, que expurgó la tota lidad
de los a rchivos notariales gallegos e n la redacción de su Diccionario d e Artista s ,
que a provechará pa ra la co nfección de sus Notas Vie jas Galicianas , colecció n de
artículos pe riodísticos que vieron la luz e ntre1 917 y 192 1. Pérez Co nstan ti
recogerá con desme dido interés los datos referidos a los asuntos pesqueros
fuera del alcan ce del e studioso pontevedrés; su aporta ción, al bas arse en datos
positivos, sigue sien do válida. Por e jemplo, es p ionero en de scribir las campañas
de los mareantes en alta m ar, en el ba nco ca nario-sah ariano, o las com pañías
formada s en Vigo para la captura del congrio en la costa portuguesa
39
.
La obra de Sampedro Folgar tu vo un continuador en la figura de Filgueira
Valverde y la pub licación de A rchivo de Mareante s , un in ventario document al que
permite acce der cómodamente a lo que fu e el a rchivo grem ial de la cofrad ía
pontevedresa
40
. La actualización d e los estudios pesqueros, incardi nándolo s en
la coyuntu ra económica y social, corresponde a García de Lombarde ro y Xoan
Carmona
41
. Desde la óptica que me p roporcionaron ambos autores traté de
interpretar los e studios de Sampedro, de quien m e si ento continuador,
comp letándolo con nuevas indagaciones archivísticas. No debe o lvidarse la ob ra
de Vázquez Rou co, que a porta d atos sobre los derechos jurisdiccionales que
demanda el monasterio benedictino de Sa n X o an de Poio a los ma reantes de
Combarro, muy ilustrativa sobre la trascendencia de la sociedad r entista en la
actividad pesquera
42
. Ta mbién es muy im portante la aportación d e Ca noura
Quintana
43
.
El come rcio marítimo gallego en la E dad Moderna no mereció un estu dio de
conjunto hasta la breve, p ero acertada incu rsión de J.E.Gelabe rt: s u s “
Relacione s m e rcantiles de la G alicia lito ral …”., basadas en l a s ca rtas de
39
.P ÉREZ CONST ANTI, P., Notas Vie jas Galicia nas, Santiago, 1 857 , (reed. Santiago, 1 993 ).
40
. FILGUEIR A VALVER DE , J.., Archivo de Marea ntes , Po ntevedra, 19 56, (r eed. Pontevedra,
199 2).
41
. GARCÍ A-LOMB ARDERO VI ÑAS, X. , CARMON A B ADÍA, X., “T rad ición e modernización nas
pescarías galega s. Artes de pesca e organización da pr oducción (séc ulos XVII I-XIX )”, in Actas
coloq uio Santo s Graça, Povoa de Va rzim, 1985 , vol. I I, pp. 27 -45.
42
. VÁQUE Z ROUCO, S., S an Xo án de P oio, monasterio , coto , pa rroquia , Po ntevedra, 1 998.
43
. CANOUR A QUINT ANA, A., A Pesca na Galicia do século XVI I , A Coruña, 20 08
21
fletamento, inauguran la m etodología a se guir
44
. Respect o al m ercado asturiano
contamo s con e l estudio de Barreiro Mallón
45
, e n el que se man ifiesta la
interferencia d e la p olí tica f iscal del conde-duque , que llega anular e l co mercio
marítimo d el vino d e Ribada via, sustituido po r el t errestre. La s relaciones con el
País Va sco, en especial las e xportaciones de h ierro desde Bilbao, corren p or
cuenta de M.A . Barkh am
46
. El comercio con las i slas Canarias es tratado p or
Lobo Cabrera, empleando f uentes documenta les del archip iéla go
47
, que se
puede c ompletar recurriendo a pro tocolos notari ales d e los archivos galleg os.
Los restantes trabajos, algun os muy meritorios, se circunscriben a capítulos o
referenc ias, má s o meno s amplias, i n sertas en monografías m ás extensa s. El
propio G elabert así lo hace e n su tesis so bre Sa ntiago y su T ierra
48
o P .
Saavedra sobre la provincia de Mon doñedo, al t ratar extensamente de la
actividad de los pue rtos d e Viveiro y Ribad eo
49
. La documentación d el puerto de
Cangas do Morrazo h a sido desmenuzada con la precisión de o rfebres por
Vázquez Marine lli, More ira Pum ar y Roda l Go nzález
50
. Men ción aparte merece la
aporta ción de Saavedra Vázquez, que reparó en las vicisitudes del
avituallamie nto de las a rmadas reales, aportación que nos p arece de suma
impo rtancia para encarar e l trat o d el vino
51
. Su reciente trabajo sobre el com ercio
44
. GEL ABERT GONZÁLEZ, J .E., 19 81.
45
. BARREI RO MAL LÓN, B. , “El co mercio asturia no con lo s puertos del Atlántico peni nsular. E l
componente a ndaluz ”, Actas I I co loquio d e historia d e Andalucía , Córd oba, 1983 , t.I, pp.57 1-593
46
. B ARKHAM, M.M ., “Merc ad eres, comercio y fina nzas e n el norte d e España: el segur o marítimo
en Burgos y su desarrollo en San Sebastián y Ma drid (1 500 -1630)”, Actas del V Cen tena rio del
Cons ulado de Burgos , Burgos, 1994, pp. 557-61 9
47
. LOBO C ABRER A, M., “Los gallegos e n Ca narias a tra vés d e los p roto colos notariales en el pri mer
tercio del siglo XVI”, en Acta s del II Coloquio de Metodología histórica aplicada , Univ ersidad de
Santiago, 1 984 , Vo l.I, pp. 211-223
48
. G ELABERT CONZÁLE Z, J.E ., S antiago y tierra de S antiago d e 15 00 a 1640 , O Castro ( Sada, A
Coruña), 19 82.
49
. SAAVED RA, P., E cono mía, política y so ciedad en Galicia: la provincia de Mon doñedo, 1 480-
1830 , Madrid, 198 5.
50
.VÁZQUEZ M ARINE LLI, C., M OREIRA P UM AR, J., ROD AL GONZ ÁLEZ, M., Historia de
Cangas , Pontevedra, 200 7
51
. SAAVEDR A VÁZQ UEZ, M ª.C., 19 96
22
interna cional en la villa de Baiona e s de gran int erés pa ra el e studio de la s
relacione s mercantiles anglo-españolas
52
.
Tamb ién debe co nsiderarse la apo rtación de la historiograf ía portuguesa a la
actividad m ercantil gallega. Destacan los ya clásico s traba jos de V. Rau so bre la
sal o las ferias
53
. Ju nto a ella debe situarse el estud io del puerto de Viana da Foz
do Lima debido a Ferna ndes Moreira, co n m uchas ref erencias al m ercadeo co n
los p uerto s gallegos
54
. Re cientemente, las publicaciones de Mora is Ba rros
55
y
Polon ia
56
han aportado importantes datos sobre el puerto de Vila do Cond e.
Para el est udio de la f ormalización de seguros que afe ctan a la prod ucción
gallega con tamos co n los t rabajos realiz ad os sobre el Consulado de Bu rgos; su
iniciador, Ma nuel Basas Ferná ndez, of rece una copio sa b ibliografía, que se in icia
en el año 1 963
57
. Ju nto a estud ios de carácter general, est e autor d edica u n
deta llada investigación a la imp licación de los p uertos gallegos en la co ntratación
de seguros, en especial el de Vigo, que pa rticipa act ivamente en una f aceta mu y
poco valorada: la del tráf ico colonial mantenido entre Bra sil y Am beres, con
escala en los pu ertos de las Rí a s Baix a s, en especial en el de l a v illa olív ica,
desde donde eran reexpedidas las partidas de azúcar y algodón . B asas llega a
recoger ciento cincuenta póliz as que cub ren a los n avíos empleados en esta
ruta
58
. Lo s estudios de Basa s Fe rnández so n a mpliados, en la a ctualidad, po r
Hilario Cas ado Alonso , aun que sus refe rencias a la pa rticipación gallega so n m ás
bien e scasas
59
; ma yor inte rés presenta su trabajo sobre la come rcializ ación del
52
. SAAVE DRA V ÁZQUE Z, Mª .C., “El c o m ercio marítimo d e B aiona en la segunda m it ad del siglo
XVI”, O brado iro de Historia Moderna , 1 7 (2008), p p.179-209 .
53
. RAU, V., Ferias medievais p ortug uesas. Sub sidios p ara o seu estud o , Lisboa, 1982
RAU, V., Estudo s sobre o sal p ortugu és , Lisboa, 1984
54
. FERNAND ES M OREI RA, M. A. “O p orto d e Viana d o Castelo e a s navegaço es p ara o No roeste
Atlántico”, Via na o ma r e o porto , Viana, 198 7, pp.75 -92
55
. MORA IS B ARROS, A . , “O ne gocio atlántico: as red es com er ciais portuenses e as novas
geografias do trato internacio nal”, Revista d a Fa cultade de Letra s. Porto , III (2007), pp. 29-47
56
. P OLONIA, A., Vila do Cond e. U m porto norteño na expansao u ltramarina quin hestista , P orto,
199 9, 2 vols.
57
. B ASAS FERNÁN DEZ, M., El Co nsulad o de B urgos e n el Siglo XVI , C.S.I. C., 19 63; red. 1 994.
58
. BASAS FERNÁNDE Z, M., Tráfico atlán tico aseg urado en Bu rgos a med iado s del siglo XVI . ,
Burgos 19 66.
23
hierro vasco, en la que participan activamente las f lotillas de Muros y , en menor
med ida, de Pontevedra
60
. Otras referencias a la p resencia gallega en la actividad
asegurado ra burgalesa las proporciona Michael M. Barkham, mane jando pa ra
ello los f ondos documentales conse rvados en la Real Chancillería de Valla dolid,
que suplen p arcialmente la pérdid a de los archivos que guardaban la actividad
asegurado ra de San Seb astián, pa sto de las llamas e n 18 13; la documentación
del Con sulado de Bilbao es excesivamente pobre y poco aprovechable
61
.
La tra scripción y pub licación d e los escasos regi stros m ercantiles gallegos se
debe a la paciente labor de G arcía Oro y sus colaboradores; son esp ecialmente
interesante s las refe ridas al libro con sistorial de Baiona
62
y el registro portu ario de
Viveiro
63
.
Dos productos han re clamado la atención pr eferen te de los i nvestig adores a
nivel na cional: e l vino y la sa l. L as adegas del Val do Avia gozan de u na leyenda
áurea , que a caba de incrementarse con la edición y estud io del pleito Bobadilla,
al s eñala r que en la s n aves co lomb inas n avegaba vino d e esta p rocedencia
64
. E l
deta llado e studio sobre los viñedos de l n orte de Du ero emprendido por Huetz d e
Lemps
65
se completa con una monografía so bre los caldos de Ribad avia
66
.
59
. CASAD O A LONSO, H. “ El co mercio i nternacio nal b urgalés e n los siglos XV y XVI”, A cta s del V
Centena rio del Consula do de Burgo s , Burgos, 199 4, pp 175-247.
60
. CAS ADO ALONSO, H., “El comercio de l hierro vasco visto a través de lo s se guros marítimos
burgaleses (15 65-15 96)”, Itsas Memo ria. R evista d e E studios Marítimo s del País Vasco , 4 ( 2003), pp.
165-192.
61
. BARHH AM, M.M., “Est udio pr eliminar del co mercio mar ítimo vizcaíno y guip uzcoano co n el
Atlántico penin sular y c on lo s arc hipiélagos de Ca narias y Madeir a (1500 -1650)”, A ctas del S imposio
de h istoria marítima do século XII ao XVI , Pontevedra , 2003, p p. 157 -174
62
. GARCÍ A ORO, J. PORTEL A SILVA, M. J., Baion a de Miñor en su s do cumen tos. Acta s
municip ales co rrespond ientes al siglo XVI , P ontevedra, 2003.
63
. GARCÍ A ORO, J ., ROMANÍ MART ÍNEZ, M. ,. Vive iro en el siglo X VI , V iveiro, 199 0
64
. VARELA, C., AGUI RRE, I ., La caíd a de Cristóbal Colón. El ju icio d e Bobadilla , Madr id, 2006.
65
. HUET Z DE LEMP S, A., Vig nob les et vins d u nord -ouest de l!Espa gn e , 2 vols., B urdeos, 19 67.
66
. HUETZ DE L E MPS, A, “ A p ogeo y decadencia de un viñ edo de calidad. El de Ribadavia”,
Anua rio d e Historia E conómica y S ocial , 1968, pp. 207-223
24
Aporta ción int eresantísima es la de Fernández Gut iérrez so bre la provisión de las
armadas reales, ya en 1527
67
.
Por ú ltimo hay que referirse a los trabajos sobre la sal, el más interna cional de
los producto s objeto de comercio. Galicia carecí a de salinas, pero era el mayor
consumido r de s al de la Pe nínsula. Su clima lluvioso y la d edicac ión pesque ra de
los h abitante s de su extensa costa lo justifican. El valor de est e co nservante es
irrisorio, p ero soporta una carga fiscal que llega a hacerlo inase quible. La Real
Haciend a se hizo ca rgo de esta renta so metiéndola a l régimen d e e stanco, por lo
que es f recu ente que se a tratada por los historiad ores hacendísticos, como M.
Ulloa
68
. Po r n uestra parte hemo s dedicado a lguno de n uestros trabajos a l estudio
del estan co de la sal en Galicia
69
.
Contando con e stos antecedentes, en la presente investigación tratamos de
estud iar e l comercio g a llego en la Edad M oderna. Nos impusimos como lí mite
tempora l el period o comprendid o entre 1 525 y 16 40; a sí como o tro geográf ico, e l
litoral d elimita do p or las islas Cíes-Ba iona y la punta dos Remedios , que a barca
el territorio denominado Rías Ba ixas. El marco temporal es f ácilmente
comp rensible: contempla la plenitud d e los tiempo s modernos y se justifica
porque l a actividad comercial y pesquera previa ya ha si do tratada por una
afamada me dievalista
70
. Por su pa rte, la independencia de P ortugal, p aralela a la
pérdida de la hegemonía caste llana en E uropa, supone un revulsivo e n la
econom ía gallega, condená ndola a una c errada autarquía, que p ermitirá el
desembarco de los fomentadores catalanes en la centuria siguiente.
La extensión del ter ritorio estud iado viene impuesta por el trab ajo de
investigación en sí, p ero tambié n por el de ve nir h istórico: corresponde a las Rías
Baixas el p rotagonismo de la actividad pesquera y come rcial d e la totalidad de
Galicia. Alguna fuente de ca rácter general, com o la de los s eguros f ormalizados
ante el Co nsulado de Burgos, que t rataremos m ás adelante, ilustra esta realidad:
los p uertos de Redondela y Pontevedra canaliz an la práctica totalidad d e las
67
.FERN ANDEZ GON ZÁLEZ, F., 2 006.
68
. ULLOA, M. La Ha ciend a Real d e Castilla en el reina do de Felip e II , Madrid, 19 86
69
. J UEGA PUIG , J., El estanco d e la sa l en Galicia , Madrid, 20 06
70
. FERREIR A PRIEGUE , E., 200 0.
31
mue stran las numerosas ca rtas de fletamento pontevedresas form alizadas
duran te esta c e nturia
80
.Las razone s que s e pueden m anejar p a ra explicar e ste
abandono son diversas: la gran demanda del arco at lántico andaluz, puerto y
puerta de las Indias, es capa z de concentra r la tota lidad de la oferta pesquera . Al
acortamien to de l a ru ta se sum aba el eximir a los mae stres y m arinería de la no
siemp re sencilla travesía del Estrech o; además, en los pue rtos a ndaluces lo s
mercaderes gallegos p odían invertir sus ganancia s en botijas de aceite o
cáñamo , ambo s p roductos mu y valorad os en G alicia, bastante más que el vi no
catalán o valencian o. Tampoco debe olvi darse e l incremento de los fletes que
acompaña a toda navegación pro longada y la exig e ncia p óliz a s de se guros a los
navíos se inte rnen en el Ma re Nostrum, así como la obligación de satisfa cer la
diezma de la m ar al descargar la m ercan cía en reinos diferen ciados f iscalmente
del de Cast illa. O tro de los dest inos preferentes d e las botas de sardina a rencada
eran los p uertos de l Cantábrico, que surtían a la marine ría gallega, v ía Francia,
de efectos navales; a la demanda de pesc ado se sumaba la de los vinos de l
Ribeiro de Avi a.
El sistem a gremial impuesto sobre la pesca a carrea la descap italización de los
mareantes metidos a co merciantes, diferenciándolos de l os pod erosos
mercaderes de l vino, gene ralmente asturianos y vascos. La distinta la c a pacidad
económ ica de sus protagonista s queda d e ma nifiesto en m últiples e jemplos y
desde época temprana: en 1523, Juanes de Oñate, vecino de Fuent errabía
asegura e n Burgos en 300 ducados un cargamen to de vinos d e una ca rabela
surta en el puerto d e Pontev edra, para ll evarlo a S an Sebastián
81
. Por las
mismas fech as, e n 1521, tres m ercaderes murad anos so n incapaces de po nerse
de acuerdo a la ho ra de su scribir u na p óliza, que les cu bra los riesgos de un viaje
hasta Ba rcelona
82
. El comercio del peixe merchante que da reducido a una
navegación de cabo taj e realizada en p equeñas embarcaciones muy versátiles,
las mismas empleadas en la s actividade s pesq ueras (p inazas y vola nteros). En
80
. Las fuentes adua neras de lo s p uertos de Valencia y Ba rcelona permiten co mprob ar un aba ndono
semejante de este merca do p or p arte d e los tratante s galle go s en pe scado, como afir ma FERREIR A
PRIEGU E, E. , 2000, 5 90
81
. B ARKHAM, M. M., 1 994, 565
82
. FERREIR A PRIEGUE, E., 1 98 8, 430
32
estas empresas p articiparían ab undantes m areante s locales, q ue evitarán
cualquier tipo de desembolso que consideren innece sario. Este m odelo comercial
no e s, ni m ucho meno s exclusivo de los m areantes gallegos, sino que se
encontraba gen eralizado en los restantes pue rtos atlántico s peninsulares, como
mue stra M. M. Barkham en Vizcaya y Guipú zcoa. Los remolare s cántabros que
se acercaban a los puertos gallegos percibían su soldada o, al m enos una parte
sustan cial, en especie, consecuencia de la descapitalización de su clientela.
Remitirán a su tierra, e l santo Ander de la documenta ción, cargas de sardina.
Actúan como los m areantes locales: fletando ent re varios u n navío d e escaso
tone laje, que llena rán co n aportaciones individuales muy red ucidas de pescado
salado
83
. La coincidencia en l o s medios empleados por los mareantes cántabro s
y galle gos les pe rmit e constituir puntuales co mpañías, sirv iéndo se de la f lota
local
84
. También ap rovechan la pre sencia en e l puerto del Lé rez d e na ví os
vascos d e cierto calado (galeó n, zabra…) mu y posib lemente, destinados a la
cargazón de vinos, pero que no han pod ido hacerse con un a partida de caldos
de Ribada via, por lo que, ante la expectativa de volver de vacío, sus maestres
aceptan una ca rga alte rnativa, la de sardina.
85
. Algo se me jante se puede decir
de algún navío (zabra) p rocedent e de las Cuatro Villas
86
. Actividades aná logas a
83
. P ontevedra, 2 noviembre.1 526 . Gonzalo da B erer a, marin ero y maestre d el navío sa n Juan, fleta a
Gonzalo d e Mo radillo, Jor ge de Penagos y Jua n de Ovej o, remolares y veci nos de Santander, para
cargar “veynte r onda nas merc hantes d e xurelos”; Gonza lo de Morad illo, o cho fu stes y s us d os
compañero s cada uno seis ; r uta: San Vice nte de la B arq uera (cuatro días de demora), Santander ; flete:
12 r eales por c ada fuste de marca. A.H.P.P o. 821-B ( 2), s.f.
84
. P ontevedr a, 8.diciembre 15 35. Juan da Veiga, v e cino de Pontevedra y maestre d e la pinaza
bor dada san Mig uel, fleta a Juan do Sej o, mercader d e Santander, J uan Vent ura, Aº. de Romay y
Antón Estévez, vecino s de Pontevedra, para cargar unos fustes de sardina (120 mill ares en seis
fustes, otro s 120 millares, o cho fustes, s iete f ustes, resp ectivamente, y el maestre onc e fustes ) y
llevarlos a Sa ntander o Bilb ao; flete: 1 real por mi lleir o A.H. P.Po .,822(4) , 108v.
85
.P ontevedra, 15 diciembre 1 54 1. M artín de T orancos, ve cino de Bilbao y maestre de la zabra la
Magdalena, f leta a P edro de Louçá n, Domi ngo Salon, P ayo Rod rígues , m areante s, Pe dro da Riba,
carpintero ,y Fernando Afons o, vecinos de P ontevedr a, par a cargar, r espectiva m ente, l os siguie ntes
fustes d e sardina gra nde y peq ueña: cinco, cinco , ocho, cuatr o y c uatro , que co nducirá a San Vice nte
de la B arquera (3 d ías), Castro Ur diales ( 3 dias), Bilbao, San Seba stián o F uenterr abía; flete: llega ndo
en salva mento, 1 d ucado/fuste . A.H.P. Po .,.824(2), 9
Po ntevedra, 19 d iciembre 15 45 . M artín d e Cubia, veci no de Bilb ao y mae stre del ga león san T elmo,
fleta a J uan do Br ejo, re m olar , vecino de Santander , B ieito Ruiz, J uan In glés, Aº. Gs., J uan Neto das
Corbac eiras, m ar ea ntes de Pontevedr a, para cargar, respectivamente: d iez botas de sard ina arencada,
ocho, once cinco, seis y si ete para llevar a Santander o Bilbao ; flete: 1,5 ducad os por fuste.
A.H.P.P o., 82 5(1), 54
86
. P ontevedra, 16 noviembre 15 35. Un tal Bernard o, vecino de San Vice nte de la Bar quera y maestre
de una zabr a, fleta a P edro Ganancia, mercader y vecino ig ual m ente de Sa n Vice nte, y J uan Carr a m al,
que lo es de Po ntevedra, para ca rgar 3 50 millares de sardina ar encada (70 millares pertene cen a Pe dro
33
las d esarrolladas po r los remolares cántabros en Ponte vedra se detectan en
otros puertos de las Rías Baixas, como los de Muros y Noia
87
, que también
remiten pa rtidas de p escado a su tierra, en la s mismas co ndiciones que de sde e l
puerto de l Lérez.
En este ambiente tan p oco capitalizado resulta inviable cualquier tipo de
inversión tendente a asegurar f inan cieramente la marcha de la e xpedición. Aú n
más, la dispersión d el riesgo entre ta ntos socios r esulta l a única medida de
seguridad empleada por la compañía, que aco stumbra a exi gir al m aestre del
navío llegar a salvam ento para poder percibir e l f lete a cordado, con lo que la
carta de f letamento se con vierte en la garan tía de que dispon en estos p equeños
mercaderes
88
. In cluso, sospechamos que la redacción de estos docume ntos ante
el notario debió de tratarse de u na a ctuación m enos f recuente d e lo que las
fuentes documentales dan a entender, a l h uir esta s pequeña s co mpañías d e
cualquier disp endio que no f uera realmente imprescind ible, tal como la
adquisición de vituallas para soportar la travesía.
La desidia o incapacidad de los mareantes gallegos po r ase gurar su aventura
come rcial se e xtiende a las e xpediciones a las f rías aguas de Terranova,
organizadas desde los pu ertos d e las Rias Baixas (Baiona, Vigo, Po ntevedra),
remedio co n el que subsanar la ausencia de los ca rdúmenes de sardina en los
calade ros habituales
89
. El carácter de alternativa e conómica de la pesca en
Terra Alta ha sido también se ñalado en el puerto de Viana da Foz do Lima, en los
años centrales del sig lo XVI, c omo respuest a a l colapso come rcial
90
. L as
Gananacia y 280 a Juan de Carca mal, por sí y en no mbre de Juan de Avilés) y lle varlo s a San
Vicente de la Barq uera. A.H.P .P o., 822(4 ), s.f.
87
. A.H.U.S., 1 14 , s.f
88
. P ontevedra, 2 8 ener o 15 46. Francisco T rigo, veci no d e Po ntevedra y m aestre del navío santa
Tr inidad, fleta a J uan de Carmona, Bieto de Pumar, P edro Correa, Juan M ., Franci sco Far iña, Ruy
Carpintero, J uan d a Vi la, J uan Fer nández, xenro d e T a reyja D o m ínguez, vecinos de P ontevedra, p ara
cargar unas par tidas de sardina are ncada: 13 botas, 1 2 b otas grandes y pe queñas y 2 canas tas, 10 b otas
grandes y pequeñas, 7, 7 , 7 ,5, 6 ,11, respectivamente, p ara llevar dere cho a Bilbao o San Sebastiá n;
flete: “llega ndo a salvamento”, 32 maravedíes por milleiro. A.H.P.P o. , 825(1), 263
89
. Los contratos relativos a e sta ac tividad m uy p untual, por c ierto, se encuentran reco gidos en
diversas publicacio nes: FERREIRA PRIEGUE, E., 200 0; PEREIRA FERNÁNDE Z, X.M., “Los
mareantes gallegos y la pesca de a ltura en el siglo XVI” , C uad ernos de Estud ios Ga llegos , vol. LIII,
fasc. 11 8, 2 005; JUE GA PUIG , J .,2007. MENARD, C. La p esca g allega en Terrano va,, siglos X VI-
XVII I , Tesis d octoral inédita Universidad de Santia go, 2 006.
34
expedicione s organizadas desde Galicia se rea lizan tota lmente desprovistas d e
cualquier mo dalidad de seguro m arítimo, ni tan siquiera de un préstamo a la
gruesa. Cierta s fórm ulas am biguas contenid as en la documentación pu eden
insinuar lo contrario, pero lo cierto es que, hay que e sperar al prim er tercio de l
siglo XVII para que los entonces rarísimos viajes a Te rranova conozcan cie rtas
forma s de protección
91
.
1.3. EL COMERCIO P ROFESIONAL
Sobre e l elemental come rcio del pescado merchante se superpone otro, mu cho
más reducido, pe ro muy activo, controlado por mercaderes profesionales, que
manejan unas sumas de cap itales importantes y que están interesados en
invertirlas e n e stos tratos, siempre que d ispongan de unos volúmenes de
captu ras lo suf iciente mente e levados como p ara comp ensar la inv ersión.
Destacan los arrendadores d el estanco de la sa l o los re ceptores de lo s alfolíes,
que entienden esta incursión comercial co mo prolongación natural de su
actividad. A pesar de la s m uchas quiebras que padece su adm inistración, no
cabe d uda que , por regla gen eral, se trata de pe rsonas dotadas de avale s llan os
y a bonados , imprescindib les para que la Real Hacienda tome en con sideración
sus ofe rtas y les ad judique la ad ministración, vía arrenda miento, de algún partido .
Su mane jo de los cargam entos de sal, sobre todo , en lo s mome ntos en que est e
conservante se con vierte e n u n b ien escaso, les permite e jercer una gran
ascenden cia s o bre los mareant es, a los que a dquirirán sus cap turas a m uy ba jo
precio, f iándoles la sal precisa para sus salazones. Dos receptores
90
. “Ora, nos s abemos que a pesca na T erra Al ta, com o ao tempo er a desi gnada, c ons tituia uma
alternativa às crisis d o co mercio de longo tr ánsito, mormente na segunda metade do quin ientos,
quando as lutas religio sas q ue en xameara m o Norte atlántico d e corsár ios e troux era m o fam e às
povoaç oes do litora l portugués”.FERN ANDES MO REIR A, M. A., 198 7, 81
91
. C. Ménard sospecha d e dos co ntratos po ntevedrese s, de 1 578 y 1579 , co ntengan fór mu las d e
pro tección marítima, al re ferirse a “las abar ias y li man y p iti li m an y aba rias acost umradas ” (p .91). En
realidad , son fórmulas frec uentes en las c artas d e fleta mento y se refieren a co ntingenc ias comunes e n
la navegac ión: gran le mán o pilo to de costa, petilemán o pilo to d e bar ra o pr áctico del p uerto; la
avería ord inaria d esig na los p equeños gastos q ue r ealizaba n lo s maestr es a lo lar go de la nave gación,
tales co mo la descarga d e la mercancía o los dere chos de anclaje . LUQUE T ALAVÁN , M., 1998,
139 . Otro doc um e nto presentad o por la citada investigadora sobre la p osibilidad de la f o rmalizació n
de un seguro maríti mo por parte de un navío pontevedr és resulta tambié n muy co nfuso. MENARD,
C., 20 06, 92
35
pontevedrese s, cán tabros a juzg ar por sus apellidos (Diego d e H ontíveros y
Francisco Ruíz de Liéba na) participan, e n 1579, en la e xpedición a T erranova del
navío Sa nta Cruz, aportando vituallas y, sobre t odo, la sal, lo que l es exi mían o ,
al meno s, rebajaba considerablemente su inversión en d ineros
92
.
Estos me rcaderes acostumbran a su rtirse de peixe merchante en los puertos
secundarios, en lo s que n o imperaba e l rígido sistema grem ial en el rep arto de
las capturas co steras en tre los quiñoneros de las a rtes comunales. El arrendador
del partido de la sal de G alicia, Diego Pereira, en 1605, hace compañ ía c on
Paulo Abe lona, vecino de Corcubión, con e l f in d e disponer de una cantidad
conside rable de pescado, que su socio debe ad quirir e n este puerto y en los
vecinos de Ce e, Fiste rra y Muxía: cuarenta toneladas de merluza destinada al
mercado sevill ano, ciento cincuenta quintales de congrio curado de la suerte y
bondad que se suele lleva r a l Señorío de Vi z caya , m il m illares de sard in a
arencada p ara Vizcaya y quinie ntos de la varieda d escochada y re venida pa ra e l
mercado portugués. Pereira a ctúa como so cio capitalista, ad elantando las cuatro
quintas p artes d el dinero p reciso; su s conexiones e n Bilba o le p ermiten a portar
los pe rtrechos demandados por los mareant es de A Te rra de Soneira, actual
Costa da Morte, que servirán pa ra pagarles pa rte sustancial d e sus m areas
93
. L a
mercancía será transportada en naví o s que también p roporciona Pereira,
posiblemente , los m ismos que na vegan las vituallas que en vía desde Bilbao, sin
que pod amos conocer si v a n provistas de alguna medida que cubra e l riesgo de
la navegación
Más f recuente e s que los receptores de la s al, p roporcionando el grueso d e l a
inversión, busquen socios con los que f o rmar compañía mercantil. B ernardo de
la Torre, fa ctor o d elegado en Galicia y Asturias del arrendado r general de la
renta de s alinas Co nstantin Gentil, form a compañ ía, en 1572, con un socio
man chego y ot ro vasco para enviar a B arcelona una variada c arga d e p ecado
(sardina, bacalao y congrio), que deb e re cogerse e n p rácticamente to da la cost a
92
. J UEGA PUIG , J., 2 006, 69
93
. Diego Pe reira se co mpro mete a e nviar d esde Vizca ya cie n fustes d e haya para envasar la sard ina
arencada, 20 quintales de cá ñamo rastri llado, 20 quintales de hierr o y latón, 50 qui ntales d e br ea.
PÉREZ CON ST ANTI, P ., red. 1 993, 69
36
gallega (A Co ruña, Muros, Pontevedra)
94
. En el a rriendo que p recede al de Diego
Pereira figura como benef iciario A ntonio Gómez, vecino de Medina de Rí o seco;
su re cepto r en Cambado s, Juan P ereros, act uaba como t ratante de p escado,
aprovechando sus conexiones con el mercado castellano, al que remitía
anualmente m ás de seiscienta s cargas. Entendía la adm inistración del alfolí
como un negocio privado: a parte d e poseer varios n avíos en propied ad, prestaba
dinero y ad elantaba partidas de sa l a los m aestres de las restan tes
embarcacio nes, p ara que le correspondan con pescado bara to, a nsí en e sta villa
como en las de Carril y Villanue va, dejando sin a tender a los rest antes
m areantes
95
.
. En estas operaciones mercantiles so n muy valorados los contactos con
mercaderes med iterráneos, capace s de intro ducir volum inosas partid as de
sardina arencada en las plazas de l Mare Nostrum , p rácticamente cerradas, como
hemos visto, a la m arinería local. El receptor del alfolí de Muros, en 1588, Felipe
Román, ejerce como socio mayoritario de un a compañía come rcial, en la que
participan mercaderes pontevedrese s y un carta genero; el a lfolinero po see el
cincuenta p or ciento de la p ropiedad d e la nave Esp íritu Sa nto, valorad a en 4 .200
reales, la otra mitad se la rep artan equitativamen te dos m ercade res
pontevedrese s (Mendo de Saavedra y Sebastián Pérez de Lemos) y u n te rcero
vecino de Cartagena , Gregorio de Matama Feixo
96
. La compa ñía no debió
funcionar a satisfacción d e los socios gallegos, p ues, tras el envío de u na reme sa
de sardina e mbotada a Cartagena
97
, deciden su disolución, quedando e l navío e n
propiedad exclusiva de l mercade r mu rciano, previa comp ensación a su s socios.
A fina les de enero de 1579, dos hermanos proced entes de la población bu rgalesa
de Medina del Poma r, Rod rigo y Diego de Torres, re sponsable s de los alfolíes de
Pontevedra, a delantan al mercader valencian o Juan Cola 3 .300 reales, que
deberán ser devuelta s e n la pró xima f eria d e Medina del Ca mpo, y 3 74,5 millares
de sardina arencada, en vasada en 10 f ustes o bota s, que le vend e d irectam ente
94
. A.D.B. , Consulado , Libro 47, 377
95
. A.G.S., E .H., 5 86,13 1
96
. E n 1 0 enero 15 88, nom br a n po r m ae stre del navío a Sebastián P érez, v e cino de la v illa de
Po ntevedra. A.H.P .Po ., 869(1 ), s.f.
97
. Corr espondían 17 bo tas y 3 bar ricas a M endo d e Saavedra, 15, 5 botas a Seb astián Pér ez de Le mos
y a Gregorio de Mata m a, po r sí y por B ernardo d e Torres, 34 botas. A.H.P .Po ., 869(1), s.f.
37
el alfo linero, por valor d e 1. 500 reales
98
. La ocasió n es a provechada p or algún
que otro paisa no instalado en Galicia pa ra rem itir a su tierra unas bota s d e
sardi na arencada
99
. Problemas de liquidez darán con los huesos de Juan Cola en
la cárcel del co ncejo.
100
Otra vía para entrar e n relación con e l mercado aragonés lo o fre ce e l arriendo
de las diezmas de la m ar, que grav a n las exportaciones que superan los límites
territoriales de la Corona de Ca stilla: en ene ro de 1567, Juan Fandiño, vecino d e
Cangas do Morrazo, y Gregorio de Fuentefría, que lo es de Vigo y a rrendador d e
las re ntas reales y m edia diezma a rzobispal, cont ratan los servicios de L eonarte
Pate , vecino de San F e liu de Guijales, en Cataluña, y maestre d e la nave santa
María y santa Arçisa, para transportar hasta Alicante y Vale ncia 1 10,5 botas de
sardina aren cada, unos quintales de congrio seco y otro s de truchuela sequilla
101
.
Al ma rgen de estas in tromisiones de los arrend adores de las ren tas reales y del
estan co de la sal, a los p uerto s gallegos acu den mercad eres forán eos, a la
procura de sa rdina arencada, en cantidades q ue superan las que transp ortaban
las pina zas d e lo s mareantes. Entre los años 15 40 y 15 55, está documentada la
presen cia de un grupo de traficante s procedentes de lo s pue rto s d el Algarv e
portugué s (Vilan ova de Silv e s, Lagos, P ortimao…), y que se sirven,
básicamente , de la f lota d e ca rabelas p ortuguesas, que deamb ulan p or el pue rto
pontevedrés, p osiblemente, entretenidas en e l tran sporte de s al desde las salinas
de Aveiro. S uelen o cupar en su tota lidad la capacidad de ca rga de las carab elas,
unas 110 botas bajo cubierta, correspond iendo a cada m ercader unas treinta,
98
. El préstamo r ealizado p or Rodrigo de T orres servirá p ara a dquirir 736 millares de sardina
enfustada, a 4, 5 reales/millar, a Gregorio da Ribera y J uan Pérez, marea ntes locales . A .H.P .Po .,
849 (2), 72
99
. El factor d e Luís d e Q uemad as, tesor ero r eal en el arzo bi spado de Santia go, ap rovecha ndo que su
origen le vantino le per mite d isponer d e contactos en aq uellas plazas, entre ga sei s botas de sardina
arencada grande, pa ra entrega r en Cartage na a Diego de Que madas o en Alicante a Juan de Avellano.
A.H.P.P o., 84 9(2), 72
100
. J uan Cola, “vecino d el Grado de Ba lençia…, fuera de la cá rçel y e n su lib re po der”, r econoce que
compró a Rod rigo y Diego de T orres, vecinos de Med ina d e Pu mar, c ierta can tidad de sard ina, po r lo
que hizo do s obligacione s, qu e m a ndaro n e jecutar y dier on co n él en la cárcel, “po r no t ener en e ste
Reino de q ue pagar”. Da or den para q ue en Valencia le aseguren la d euda. A.H.P. Po ., 906(2), 137
101
. Los mercaderes lo cales no viajan a b ord o, sino que decid en otor gar po deres a sus respectivos
factores, p ara q ue particip en en la travesía y ajuste n las ve ntas. A.H.P .Po ., 3.0 04, 263, 265.
Estos mercade res ap arecen, ju nto a Gr egorio López y Juan d e T orre, vecinos d e Medina d e Rioseco ,
formalizando una póliza de se guro, q ue cubriese los r iesgos de este envío. A.D.B., Libr o 38 , 7 8.
38
pues no actúan en solitario, sino formando compañía, por lo menos, con otro
socio. La presencia d e est os m ercaderes pe rmite la ampliació n de l mercado de la
sardina, recuperando el ámb ito med iterráneo y actuando como proveedores de
los archipié lagos atlánticos de Canarias y Madeira.
Otro grupo de mercaderes foráneos lo con stituyen los andalu ces, en espe cial,
sevillanos, que organizan viajes sin e scala, en de recha descarga, a la ciudad
hispalen se. A d iferencia de sus homólo gos p ortugueses, los se vil lanos pref ieren
emp lear la f lota local; sus ma estres son t entados con la po sibilidad de invertir los
fletes en la a dquisición de pro ductos an daluces
102
. En alguna o casión
extraordinaria, en que la fa lta de pescad o disp araba e xtraordinariamente la
demanda, estos mercade res sevillanos abast ecen las p lazas cá ntabras con
cargamentos promiscuos, al no ser p osible ofertar só lo sa rdina a rencada
103
. L as
guerras con Francia a consejaba n a lo s maestres gallegos e xigir a l os m ercaderes
andaluce s la cobe rtura de u na póliza de seguros. Est án documentadas en
1537
104
y en 15 54
105
102
. Pontevedra, 14 abril 1 557. Á lvaro de T orres, vecino de B aiona y maestre del volante Santiago,
surto en el puerto de Ba iona, fleta a Ped ro Ál varez, v ecin o de Guimaraes,, y a Á l varo de Rescod o,
vecino de Se villa, para carg ar en la ciudad hispalense 30 0 arro bas de aceite, después de haber
descargado la m erc ancía que lleva consig nada. Descargará en P onte vedra o Ponte Cesures; flete: 3 0
pares d e blancas/ar rob a. A.H.P. Po., 844(2 ), 99.
103
. Pontevedra, 29 noviembre 1529. P antaleón Pérez , vecino d e Oporto y maestre de la c arabela
nuestra se ñora da Luz, fleta a Francisco Do mínguez, merca der de Lepe, p ara car gar sard ina, xurelos y
otros p escado s, par a llevar a B ilbao , co n escala e n Avilé s; fle te: 30 ducado s de o ro. A.H.P.P o., 829(1),
71
104
. Po ntevedra, 2 julio 1 537. Rui d e Sa ntiago, veci no de Pontevedra, d a po der a un convecino, Juan
Martínez, pa ra ir a Sevilla y demandar a ciertos mercadere s aseg urado res la pó liza relativa a las
mercadurías, q ue le r oba ran lo s franceses, car gad as en el na vío Corpo Santo, d e que era maestre Jua n
Fernández . P ap eles de Sa mpedro Folgar.M.P. Po.
105
. P ontevedra , 2 1 no viembre 1 5 54. Carta de pod er d e G regorio d e P umar y Franc isco Tr igo, vecino s
de Po ntevedra, co mpañeros y p orc ioneros del navío La Sant a Tr inidad, “cargado d e sardina arencada
de mercaderes par a la çibdad d e Sevylla”, a fa vor de Diego H ernández, m ercad er sevillano , par a que “
asegure ys con qualq uier ase gurad ore s e personas de la dicha çibd ad de Sevy lla q ue vo s quisierades
asegurar; co nviene a saber , doscientos ducado s d e oro sobre el d icho nuestro navío con sus aparexo s e
mercader ías (tachad o), que yo, el d icho Gr egorio de Pu mar, llyebo cargadas en el d icho nab y o p ara la
çibdad de Sevilla, po r manera que cada uno de nos se tiene d e asegurar çien d ucados, que s on ansy lo s
dichos doscientos d ucados de oro. E sobre ello alcanzar e en vuestro p oder a ver cob rar de los dic ho
asegurado res qualesq ueira po lyça e carte de seguro dellos e e n que ellos fir m are n de sus no mbres,
cada uno d e ellos la ca ntidad e suma que q uisiere n ase gurar, c onfor m e al e stilo e pó liça de seguro. El
qual dicho se guro d e los di chos doscie ntos d ucados pod ays l uego pagar de contado a lo dichos
asegurado res d ellos do ze ducados, que agora al p resente vos d amos e vos de nos resçevides”.
A.H.P.P o., 82 6(3), 30 2
39
La recuperación d e los co ntactos comerciales co n el Mediterráneo dejará d e
estar en m anos de los mareantes gallegos, salvo a lguna excepción
106
, o de los
mercaderes d el A lgarve, que actu aban de sde el puerto de Pontevedra,
nav egando a Valen cia de A ragón o a la nobl e ciudad d e Ba rcelona . La iniciativa
la to man, a partir de la segun da m itad de l siglo XVI, lo s m ercaderes
med iterráneos q ue se acercan a los puertos gallegos con carg amento s de vino,
para reinvertir e l b eneficio de sus ventas en la adquisición de botas de sardina
arencada.
Los mercaderes cartageneros que navegan ha sta l a s Rías Ba ixas no parecen
muy inte resados en adquirir bota s de sardi n a arencada, ni otra mercancía que
les pudiera ofrecer el mercado gallego, para llevar en los to rnaviajes.
Descono cemos lo s géneros q ue cargan en sus navíos pa ra negociar en l os
puerto s gallegos. A la hora de i n vertir sus preferencias se decantan por las
partida s de bacalao que pueden adquiri r en Av eiro. Estas p rácticas están
documentada s en 1 558
107
y 157 8
108
. El desin terés p or la sardina gallega en la
plaza de Ca rtagena, lleva a la ruin a a las emp resas orientadas a su
abastecim iento, como la que suf rió e l alfoline ro de Muros, en 1 588. Tan
desafortunada a ventura co me rcial co incide con la incursión de p roductos
pesqueros procedentes del Mar d el Norte y servidos a domicilio por ma rinos
bretones e ingleses. S ignificativamente, e n 1587-89, t ransportistas frances es son
acusados por el concejo de Cart a gena de m onopolizar las importaciones de
pescado, provocando l a quiebra de los tratantes locale s, a m én de introducir
pescado de origen inglés, prohibido por la guerra en curso
109
.
Mayor in terés po r la prod ucción pesque ra gallega m uestra n los mercaderes
catalanes y v a lencianos. La prese ncia de g ente s del Principado en los puertos
gallegos es temprana, a unque disco ntinua; aparecen ya documen tados, en 1529,
106
. Po ntevedra, 20 noviembre 1 587 . Juan da Caina, vec ino de Po ntevedra y maestre de l navío sa nto
Antonio, fleta a L eonor Rs., viuda, v e cina de P onteved ra, para cargar 18 ,5 botas d e sar dina, que
llevará a Cádiz ( flete: 3 8 r eale s/bota), y “to mando la ví a d e leba nte”, Carta gena o Alica nte ( 7
ducado s); Málaga (6 ducad os). A.H.P .Po ., 907)2 ), 268.
107
. A.H.P .Po ., 845(1), 380
108
. A.H.P .Po ., 2.235 (1 ), 75
109
. MONT OJO Y MONT OJO, V., E l siglo de oro en Cartagen a (1480- 1640) , Cartagena, 199 3,
pp.3 16
40
en Pon tevedra, Muros y Co rcubión
110
. En 1551 está certificada la presencia de
algún na ví o cata lán, navegando por las Rías Baixas con la pretensión de adquirir
bota s de sard ina a rencada. V enía co n carga de vinos y din eros y es asaltado po r
piratas f ran ceses
111
. Es m ás que probable que lo s p uerto s de las rías de Vigo,
Pontevedra, A rousa, Muro s…fueran más concu rridos por estos navíos catala nes,
que, al no precisar suscribir cartas de fletamento ante los e scribanos locales,
apenas h an dejado huella d ocumental. A partir de la d écada iniciada e n 1570 , se
observa una int ensificación de la pre sencia de mercaderes y maestres de
embarcacio nes aragoneses, que monopoliz an el comercio de la sardina gallega
cara a la s plazas de Valencia y Cata luña, desplazand o a lo s esca sos tratantes y
armadores gallegos y portugueses, que ma ntenían, a d uras penas, esa ruta
come rcial. La p eligrosidad de e sta derrota , tras la re activación de la a ctiv id ad
berbe risca, acon seja suscribir p ólizas de s eguros ante el Consulado de Burgos a
los esc asos maestres gallegos que se a treven a traspasar el Estre cho de
Gibraltar. En otros ejemplos conocidos a trav és de la d ocumentación n otarial y
referidos a mercade res locales no f igura e st a preocupación por la seguridad de
las empresa s comerciales
112
.
110
. Po ntevedra, 21 o ctubre 15 29. Gonzalo Ga rafate, vec ino de Po ntevedra y maestr e del naví o nuestra
señora d el Ca mino, a m arrad o e n la B arca de la Mer ced, fleta a Fr ancisco V illanue va y Antonio Jua n
Comes, mercaderes y vecinos de B arce lona, para c argar 80 quintales de congrio e n 4 0 costales, 150
doce nas de pescadas, to da la mercadería de sar dina q ue c upier e, c ueros d e b ueyes y vac a, q ue serán
100 c ueros, y 20 q uintales d e bre a; e l maestre r eserva 1 50 millares de sar di na. La carga se re cogerá en
los p uertos d e Muros y Corcu bió n a lo lar go del mes de novie mbre y ha sta 1 2 d e d icie mbre . Viaj e a
Ta rragona (3 días d e de m ora) y Ba rcelona; flete: q uintal de congrio/7 sueldos, millar d e sardina 5,
doce na de p escadas 1 2, cuero de b uey o vaca 1 s ueldo, doce na de c ueros curtido s de ca strones 1
sueldo. A.H.P .Po ., 822 (1), 123v
111
. Según i nfor me del capitá n general de Galic ia al p ríncip e Felipe, en 5 .octubr e.15 51, apo rtan a
Cangas d o Mor razo cinco marinero s c atalanes herido s, que d eclarar on j uramento que, viniendo en una
nao a este Re ino, “con bi no y d ineros p or sardina”, encontr aron una nao francesa de d os gavias y 6 0
toneladas, que les exigió que “amaynara n d e p arte del rey de Françia”. Aunque p resentar on b atalla, se
rindieron ante s u super iorid ad; les to maron la nao, vino y di neros. Aba ndonaro n a los d oce tripulantes
catalanes en la isla d e Sál vora. FERN ÁNDEZ VEG A, L., La Real Audiencia óga no d e go bier no en e l
Antiguo Régi men 14 80-18 08), 1 982, I II, pp.261
112
. Pontevedra, 15 diciem b re.15 70 . P edro Vázquez, vecino de Caminha y maestre de la carabela
nuestra s eñora da Ajuda, fleta a Juan Montero y J uan Ro dríguez, m e rcade res d e R edondela, para
cargar 5 5 b otas de sardina ar encad a. La carga se to mará e n este puerto y se lle vará a Vale ncia de
Aragón, con escala e n Carta gena ( 4 días de demora), Alicante (flete: 6 6 reales/bo ta); Vale ncia, 7 7
reales. A.H.P .Po ., 1.5 82(1), 444 v.
Po ntevedra, 22 enero 15 72. Diego Ferná ndez, reside nte en V igo, maestre del navío nue stra señor a d o
Castro, fleta a Antonio R odr íguez, Benito Mar tínez, José de San Martiño, Domingo de Lu aces y
Rodrigo Careta, mercader es de P ontevedra, para ca rgar, respectivamente: 44 bo tas enteras de sardina
arencada y 4 bar ricas, que 3 hace n una bo ta; 9 bota s; 20 b otas, 4 y 2 barr icas, 6 costales de congrio,
47
a Galicia se re fiere, finaliza en los años iniciales de la década de los 70. Algún
ejemplo aislado, en los ú ltimos años d e esta centuria, hab rá que p onerlo en
relación con la activ idad bélica desatada en a guas del Atlántico: en 1590: u n
mercader de L aredo a segura un cargamento de vinos consignado al p uerto de
Bilbao en e l na ví o del que es mae stre e l m areante pontevedrés Juan Ga rcía de
San Roque. Lo novedoso d e e ste seguro es que la pó liza está suscrita por u n
mercader-fina nciero, Francisco Ca chodino, vecino de las Cuatro Villas, ref lejo de
la quiebra d el Consu lado de Burgos, que n o volverá a in ter venir e n la e misión de
seguros e n los puertos gallegos. Otros ejemplos de mercaderes m etidos a
asum ir lo s riegos de la navegación se localiza en la co lonia in glesa asen tada e n
Baiona
132
.
Descono cemos cómo hab rá influido en la contratación de p ólizas la proh ibición
de asegurar los n avíos de lo s ataques d e c orsarios y e nemigos, obligando a los
mae stres a ir suf icientemente artillados y con gen te a rmada, ta l como recoge la
real cé dula de 30 de abril de 1 573, que trat a d e e stimular la con strucción n aval
de un idades susceptibles de servir e n las arm adas reales. Cri st óbal Barros
entendía que los maestres preferían forma liz ar u n seguro, que les co mpensa ba
de estos ata ques, que artillarlos co nvenientemente. Esta p rovidencia no rezaba
con los turcos o m oros, suf icientemente temidos por reducir a la esclavitud a sus
prisioneros
133
.
La serie de se guros m arítimos contratados pa ra la p rotección del co mercio
gallego se cance la en 1 637, con u na pó liz a f ormalizada en Sevilla., e n plena
vorágine de la guerra de los T reinta Año s (1618-1648) y al poco de ro mpe rse las
relacione s diplomáticas con Fr ancia (1636) : dos zabras v ascas cargan en el
puerto d el G uadalquiv ir m ercancías locale s (aceituna s, a lcaparras, aceite) e
132
. Baiona, 2 2 agosto 160 7. Guiller mo Quin, maestre del navío la Ana Susa na, fleta a á Franci sco
Lombardo , m ercade r inglés re sidente en la villa, para llevar a Viana 29 paños “de todas suertes”,18
piezas d e bayetas y 3 0 d ocenas de m edia s, tod o ello po r valor de 2.6 00 cruzado s, “a su co sta de to do
caso fortu yto, a nsí d e fuego, guerra co mo de co rsarios co m o d e otra s qualesquiera mala oc asión”. No
poniendo en salvame nto las mercancías en Viana, los mer cader es in gleses, también residentes en
Baiona, Duarte Linche, T o m as Gafe, J uan Eçetra pagarán a Lo m bard o 2.200 cruzados, a 1 0 reales
cada cr uzado (Guiller mo Qu in 62 5, Juan Eçetra 625, Duaret Linche 40 0, To más Sarj eo 400 . Fir mas.
A.H.P.P o., 2. 736(4), 281
133
.P ro visión Real e nca minada a esti mular la construcció n n a val, Mad rid, 3 0 abril 1 573; A.R.G.,
25.5 89. Vide Apéndice Do cumental, d oc núm. 2; CASADO ALONSO, J .L., Los ba rcos espa ño les d el
siglo XV I y la Gran Armada de 1 588 , M adrid, 1988
48
indiana s (cueros de Santo Domin go, chocolate) con destino al me rcado d e
Sant iago d e Compostela, desembarcando en el p uerto de Vilagarcía de Arousa;
el seguro supo ne un recargo del 7, 5 por 100 sob re los 30.973 reales en que se
valora los prod uctos transportados
134
.
El m edio cent enar de pó liz as de s eguro formalizadas ante el Co nsulado de
Burgos, en tre 1 567 y 1573, que re cogen los registros, e n las que queda reflejado
el co mercio del vino gallego por m ar, of rece la aplastante superioridad d e lo s
caldos del Ribe iro do Avia a través del p uerto de Ponte vedra y, en menor medida,
del d e Redonde la. Otros cen tros productores de vi nos d e inferior calidad, a
juzgar por los precios de venta , como los del Baixo Miño, Val Miñor (blan co de A
Rama llosa) o Mariñas d e Be tanzos, quedan reducidos a me ra a nécdota; la
produ cción vití co la de l entorno de Viveiro es desconocid a en estos tratos.
Pólizas de seguros. Embarque de las botas de vino
Fte. Consu lado de bu rgo s
Los tratantes locales m antienen una participación discreta en esta moda lida d
de co ntratación, e l 20%, u n valor sem ejante al que ofrecen los mercaderes
asturianos y d e las Cu atro Villas. Un mayor p rotagonism o concierne a los
tratan tes del área de Vizca ya y Guipú zcoa. Dest aca, así mism o, la a ctividad del
aposent ador real residente en Va lladolid Lope de Salazar, que también emba rca
134
. A.H.P .Po ., 1.083(6) , 91
135
. LLanes, “que es en Galic ia”
Tu i 1 2%
Baiona 2 4%
Redondela 11 22%
Pontev edra 31 62%
Vilagarcía 1 2%
Muros 2 4%
Betanzo s 1 2%
Llanes
135
1 2%
TOT A L 50 100
49
alguna partida e n la zona de B aiona destinada al mercado ast uriano.
Mercaderes cántabros se acercan, igua lmente, h asta la desembocadura del
Miño, llevando dineros y m ercan cías con los que adquirir una s bo tas de la
produ cción del Baixo Miño
136
. Algún ca rgamento de vino d e Betanzos se
encamina al Ca ntábrico
137
. E l de stino más leja no localizado se re f iere a
Irlanda
138
. E n la m atrícula de las emba rcaciones p riman las gallegas, con
veintidós ejemp lares, de stacando la f lota d e Muros (10). Otras aporta ciones
proceden de Portugal (2), Asturias (4), Cuatro Villas (7), P aís Vasco (4).
Las p ólizas de seg uros ref eridas a los embarques de pescado salad o son
mucho m ás escasas, no llegan a la veintena. E n una única oca sión la carga e s
promiscua, compartiendo la bode ga d el navío las bot as de vino y las de p escado.
Las pó lizas refe ridas a la s partidas de pescado se o rientan preferentemente al
mercado m editerráneo, sin que f alten envíos a los p uertos del C a ntábrico. Lo s
mercaderes locales no están ausentes, generalmente, asociados a colegas
castellanos y t amb ién vascos. S in emb arg o, el protagonism o co rresponde a
vascos, portugueses y valencian os. En general, lo s maest res gallegos se
desinteresa n por esta ruta desp laz a dos por e mba rcaciones p ortuguesa s,
aragonesa s y cántabras.
En el apartado de las importacio nes deben d estacarse l as partid as de h ierro
vasco em barcadas en San Sebastián o Bilbao. Los puertos gallegos sue len
figurar como me ras escalas inte rmedias en los viajes h acia Portugal, en e specia l,
al p uerto de Aveiro; en una ú nica oca sión Be tanzos y T ui aparecen como
destinata rios de un o de estos enví o s. C asado Alonso
139
ha estud iado est e
136
. B urgos, 22 marzo 15 70 . P edro de Par ayos y J uan de Setien, veci nos d e Laredo, a seguran u n viaj e
redo ndo a T ui, “que es en la b arra de Camiña…de yda , esta da y buelta” ; a la id a sobr e dinero , pa ños y
pipas ab atidas p ara vinos; a la vuelta, ca rga de vinos, e n la z abra santa Ana, d e la q ue es maestre
Ped ro de la Barrosa, vecino de Quej o. A seguran la carga en 30 0 d ucados al 9%. A .D. B., Libro 9 8,
80v.
137
. Burgos, 30 ab ril 1569. He rnan do Larriba Herrera, vecino de Santander, asegura u na partida de
vinos desde Betanzos hasta B ilb ao co n e scalas en Santa nder y Laredo , en el navío nue stra señ ora d e
Gracia. A.D.B., Libro 38 , 310
138
. Burgos, 5 j ulio 1570. El apo sentador Lope de Sa lazar, residente en Va lladolid , asegura un
carga m ento a I rlanda d e vinos, hierro y sal, desde Lla nes, “que es e n Galic ia”, c on car ga d e p escado
en el v iaj e de v uelta, e n el navío san Nic olás, maestre J uan Canín, vecino de Llanes. A.D.B. , Libro 98,
297 .
139
. CASADO ALON SO, H., 200 3, 165 y ss.
50
apartado del comercio vasco entre 1565 y 159 6 en b ase a las pólizas de l
Consula do de Burgos, d e quien nos consi deramos deu dores. La p articipación
gallega en este trá fico se ref iere, sob re todo, a su labor com o transportista s por
cuenta aj ena, desta cando, como también sucedía con el trá fico del vino, la flot a
muradana, se guida muy de lejos po r la pontev edresa . Son viajes redondos, que
se completan co n una exten sión a las salinas de Aveiro. Desd e Galicia
transpo rtan al Cantábrico ba rricas de sardina arencada o de vinos de Ribada via;
en los p uertos de d escarga recib en pa ra el viaje d e regreso pa rtidas de h ierro
vasco, que deben a cercar hasta Aveiro, donde llenarán su s bodegas con sal, con
la que a bastecer a los alfolíes gallegos.
Consulado de Burgos. Exportación de v i no de sde los puertos de Galicia
Fecha Origen Destino Asegurado Navío Prima
23.06.1567
Pontevedra Bilbao Rodrígue z, Pontev edra S.Ni colás, C astr o U.
3%
17.01.1569
Pontevedra Bilbao J.Robaliño, Ponte vedra Sant iago, Las tres 3%
16.03.1569
Redonde la Laredo J. Escalante, Lared o Concepción, Lare do
5%
140
16.03.1569
Redonde la Laredo Santa Cru z 3%
26.03.1569
Redonde la Limpias Pedro de Para y os San Pedro 3%
19.04.1569
Redonde la Fuenterra bía
Martín de H iça, Irún
San Este ban, Pas aje s
4%
30.04.1569
Betanzos Bilbao H. Larriba, Santan der Nª.Sª.Grac ia 4%
02.05.1569
Pontevedra Limpias Pedro de Para y os San Andrés 4%
03.05.1569
Pontevedra C. Urdial es P .Gurieç o, C. Ur diales San Pedro 3%
141
19.05.1569
Redonde la Bilbao Lope de Sa lazar San Pedro, Muros 3%
19.05.1569
Redonde la Llanes Juan Gonzá lez, Lla nes Tr inidad, Lastr es 3%
03.06.1569
Muros S. Sebas tián
Dº.Recald e, Villare al Sta. Catalina, Muros
4%
03.06.1569
Muros S. Sebas tián
Bingolea, B ilbao Sta. Cata lina, Muros
4%
16.06.1569
Pontevedra Bilbao Juan de Fan o, Bi lbao Nª.
Sª.Cam ino, Muros
4%
07.07.1569
Pontevedra S. Sebas tián
Juan Çer ne, Ponte vedra
S.Benito, Po nteve dra
4%, 5%
14 2
07.07.1569
Pontevedra Fuenterra bía
S.Landa, Fue nterrab ía Sta. Mª, C. U rdiales 4%
07.07.156
Pontevedra Fuenterra bía
Yngoela, Fu enterr abía Sta.Mª, C.Urdia les 4%
07.07.1569
Pontevedra Fuenterra bía
M.Çam ora, Rentaría Tr inidad, Rentaría 4%
140
. Sob re el casco, artillería y m unición de la galeaza nuestra s eñora de la Concepción.
141
. “de co ntado”
142
. Antes o más allá d e Bilb ao
51
12.07.1569
Pontevedra Bilbao Juan de Fan o, Bi lbao
Sta. María Mar , Bo uz a s
3%
12.07.1569
Pontevedra Bilbao Juan de Fan o, Bi lbao E. Santo, R edonde la
3%
10.11.1569
Baiona Llanes Lope de Sa lazar Concepción, Noja 3,5%
14.01.1570
Pontevedra Bilbao Lope de Sa lazar Concepción 4,5%
30.01.1570
Vilagarc ía Laredo D. Pravia, Pontevedra NªSª
Gracia, Espose n d e
4
22.03.1570
Tui Laredo P.Para y os, Lar edo Sta. Ana, Qu ejo 9%
143
20.06.
1570
Redonde la Bilbao Lope de Sa lazar San Pedro, Muros 4%
05.07.1570
Llanes Irlanda Lope de Sa lazar S. Nicolás, Llanes
144
14.04.1571
Pontevedra Bilbao P. Ugalde, Bilbao
S.Nicolás, Portuga let e
4%
24.04.1571
Pontevedra Bilbao P.Morueta, B ilbao S.Pedro, Muros 4%
29.04.1571
Pontevedra Santander Lope de Sala zar
Buen Jesús , Pontev e d r a
3%
29.04.1571
Pontevedra Bilbao Lope de Sa lazar Sta. María, Las tres 3%
09.05.1571
Pontevedra Bilbao P.Ugalde, Bilbao
Santiago, Pontevedr a
4%
16.05.1571
Pontevedra Bilbao M.Larrea, B ilbao E.Santo, A Coruña 4%
16.05.1571
Pontevedra Bilbao T.Mendieta, Bilbao Sto. Anton io, Muros 4%
26.05.1571
Pontevedra Bilbao J.Murueta, B ilbao NªS.Cam ino,. Mur os
4%
28.05.1571
Pontevedra Bilbao J.Agurto, G alicia
S.Espírtus, A Coruñ a
4%
28.05.15
71
Pontevedra Bilbao J. Agurto, Ga licia Sto. Anton io, Muros 4%
08.12.1571
Baiona Laredo Lope de Sa lazar S.Nicolás, Baiona 3,5%
04.02.1572
Pontevedra Laredo Paraios, L aredo S.Andrés, Qu ejo 4%
15.02.1572
Pontevedra Bilbao P.Sabuga l, Bilbao Trinidad, Musq ues 4%
24.02.1572
Pontevedra Laredo Lope de Sa lazar S.Andrés, Ga licia 3%
04.06.1572
Pontevedra Bilbao T.Mendieta, Bilbao NªSªCam ino, Muros
4%
09.06.1572
Redonde la Bilbao Dº. Lem os, Redond ela
Corpo San to, Cang as
4,5%
20.06.1572
Pontevedra Bilbao J.Murueta, B ilbao T rinidad, C.Urd iales
5%
21.07.1572
Pontevedra Llanes Lope de Sa lazar San Julián 4%
31.07.1572
Redonde la S. Sebas tián
Dº Acevedo, Ribad avia
San Nico lás, Baion a
5%
31.07.1572
Redonde la S. Sebas tián
Rº. Álvare z, Ribada via Sto. Antonio, Vi go 5%
09.08.1572
Pontevedra Bilbao Lope de Sa lazar San Julián 5%
26.01.1573
Pontevedra Laredo Lope de Sa lazar San Julián 4,5%
29.01.1573
Redonde la Bilbao Fco.Rs., Rib adav ia Concepción, Vian a 4,5%
21.02.1573
Pontevedra Bilbao J.Bustri za Nuestra Señora 5%
143
. Viaj e de ida y vuelta Laredo -Tui-Laredo
144
. Viaj e de ida y vuelta Llanes, “que es e n Galicia” -Irlanda - Llanes.
52
Consulado de Burgos. Exportación de pescado desde los puertos de
Galicia
Fecha O rigen Destino Asegu rado Navío Prima
25.01.1567
Vigo Ba rcel ona M.Rioseco,V igo, Cang as
1 4 5
Sta.María, S. F eliu 11%
16.11.1568
Vigo Va lenci a Alº.Ménd ez, Cam inha Sta. Cruz 11 %
16.11.1568
Vigo Va lenci a Gº. Filgu eira, Cam inha Sta. Cruz 11%
16.11.1568
Noia Alicante Gaspar Ibá ñez, Alicante
Sta. Cru z, Denia 10%
16.11.1568
Noia Alicante M. F. de M esa, Al icante
Sta. Cru z, Denia 10%
03.02.1569
Pontevedra Sevilla M. del Cam po
146
Nª .Sª.Ajuda, V
.Cond e
5%
12.11.1569
P.do Deán Alicante
Pedro de Fra nqui z, Alican t e
Sta. María, Ca lell a 10%
12.11.1569
P.do Deán Alicante Gas par Yáne z, Alicant e
04.12.1569
P.do Deán S.Sebast ián J.Ibáñez, Ai zpeitia S.Bte., C.Ur diales 4%
28.01.1570
P.do Deán Bilbao P.Ram os, Galicia
Sª. Gracia, Santande r
S.Gregor io, C
.Urdiale s
4%
13.05.1570
P.do Deán Bilbao Sª.Grac ia, S
om orrost r o
Concepción, idem 3%
07.09.1570
Muros Pasajes
Nicolás de Lesaca, R enta r í a
S.Esteba n 9%
147
30.10.1570
Pontevedra,
Muros Fuenterra bía
José de Otaçu Sta. María 10%
148
19.12.1571
Muros Alicante P.Ram os, Galicia S .Antonio , Bilbao 9%
04.12.1572
Pontevedra Valencia G º. López, Pontevedra La Concepc ión 11%
13.12.1572
Muros Bilbao T .de Mendieta, Bi lbao Concepción, C.
Urdial e s
4%
22.12.1572
Pontevedra Barcelona G.Rom án, M. Campo S.Nico lás 13%
149
22.12.1572
Coruña, M uro s ,
Pontevedra Barcelona
J.de Illam es, Val de O liva s
A. de Arescha ga, B ilbao
Bdo. da Tor re, Vig o
Nª.Sª.Nazare t 13%
150
145
. Gregor io d e Fontefría es ar rendado r d e las rentas reales d e Vigo Y Ca ngas; act úa e n co nvivencia
con e l mercader de Cangas Juan Fandiño y de lo s vecinos de Medina d e Rioseco Greg orio L ópez y
Juan de T orre ; la carta de fletamento en A.H.P.P o., 3. 004, 263, 2 65
146
. Francisco d e Oliveira y Gasp ar Pinto, vecinos d e Med ina del Ca mpo
147
. Viaje redondo : desde P asaj es hasta Muros; desde este puer to a Vigo e islas de Ba io na; vuelta a
Muros y regreso a Pasaj es
148
. Viaj e re dondo : de sde Fuenterrabía a Setúbal ( hierro) , con e scala en Lisboa; d e retorno, escala en
Po ntevedra y Muros ( sardina y vinos), y regreso a Fuenterr abía
149
. Descargando en Cád iz, 6%; Cartagena o Málaga, 8 %; Alica nte o Valencia, 11%; B arcelo na, 13 %
150
. Los fletes se i ncre mentan en la misma pro por ción que en la póliza anterior.
53
Consulado de Burgos. Transporte de hierro v as co
Fecha O rigen Destino Asegurado Navío Pr ima
08.05.1567
Pasajes Aveiro Dº.Ménde z , T roncoso Cam ino, Muros 4%
09.05.1567
Fuenterra bía
Aveiro Juan de Puerto, Ave iro
Rosario,Po ntevedr a
4%
09.05.1567
Fuenterra bía
Aveiro Gabiel Álvare z, A veiro Rosario,Po ntevedr a
4%
09.05.1567
Fuenterra bía
Aveiro Tom ás Fonsec a, Aveiro
Rosario,Po ntevedr a
4%
27.07.1567
Fuenterra bía
Aveiro Diego Ménd ez de Brit o Buen Jesús , Muros
4%
29.07.1567
Fuenterra bía
Aveiro Fco.Díez, T roncos o B uen Jes ús, Mur os
4%
08.08.1567
Pasajes Aveiro Fc.Díe z, Troncoso Santa María, Muros
4%
04.02.1568
Bilbao Oporto Simón Ba z, Oporto Cam ino, Muros 4%
05.03.1567
Bilbao Oporto Simón Ba z, Oporto Cam ino, Muros 4%
07.03.1568
S. Sebas tián
Muros-
Oporto
Fco.Fde z., Oporto Cam ino, Muros 4%
19.04.1568
Bilbao Pontevedra-
Aveiro Tom ás Fonsec a, Aveiro
Stª.Mª.O, Pontevedr
4%
19.04.1568
Bilbao Pontevedra-
Aveiro Juan Puerto , Aveiro Tr inidad,Pontevedr
4%
19.04.1568
Bilbao Pontevedra-
Aveiro Gabriel Ál varez Tr inidad, Ponteve dr
4%
22.05.1568
Bilbao Pontevedra-
Aveiro Manuel Ri bero, A veiro Rosario, Po ntevedr
4%
08.02.1569
Bilbao Muros-
Monde g o
M. Góm ez, Buarcos San Pedro, Mur os 4%
08.02.1569
Bilbao Muros-
Monde g o
M.Góm ez, Buarcos San Pedro, Muros 4%
08.02.1569
Bilbao Muros-
Monde g o
Fernán Luís, Buarcos San Pedro, Muros 4%
24.03.1569
S.Sebast ián Muros-
Setúba l
M.Góm ez, Buarcos Nª .Sª.Cam ino 4%
24.03.1569
S.Sebast ián Muros-
Setúba l
Fernán Luís, Buarcos Nª.Sª.Cam ino 4%
28.03.1569
Bilbao Aveiro Felipe Día z Buen Jesús , Muros 4%
02.04.1569
S.Sebast ián Muros-
Oporto
M.Góm ez, Buarcos San Pedro, Muros 4%
02.04.1569
S.Sebast ián Muros-
Oporto
E.Góm ez, Buarcos San Pedro, Muros 4%
02.04.1569
S.Sebast ián Muros-
Oporto
Fernán Luís, Buarcos San Pedro, Muros 4%
21.04.1569
S.Sebast ián
Ribadeo-
Noi a
Aveiro Antonio Fde z., Ave iro San Pedro. N oia 4%
21.04.1569
S.Sebast ián Ribadeo-
Noi a
Aveiro Cristóbal Pino, Aveiro San Pe dro, Noi a 4%
01.07.1569
Bilbao Muros-A veiro
Miguel Fde z., Tronc oso San Pe dro, Mur os 4%
11.08.1569
Pasajes Muros
152
Ochoa, Fuenterra bía S.María,Fu enterra b.
10%
13.09.1569
Pasajes Galicia-
Lisboa
Martín de Ylla, Irún La María d el Juncal 6%
15.02.1570
S.Sebast ián Galicia-Vian a
A.Glez.Cabe za, Via na Cocepción, Viana 4,5%
151
. Escala en Muros “si la quisi ere haçer”
152
. Pasajes-Muros -Lisboa-La gos-Silves -Ayamonte; regreso a Pasaj es o Fuente rrab ía. A la id a, carga
de hierro s
54
03.03.1570
Bilbao Oporto Lope Núñe z, Oport o Gracia, Pont evedra 4,5%
13.03.1570
Bilbao Mondego Fernán Núñe z, Bu arcos
San Pedro, N oia 4%
13.03.1570
Bilbao Mondego Gaspar Corr ea San Pedro, N oia 4%
31.03.1570
Deva Mondego
Vicente Fosec a, B uarcos
Mª.Cam ino, Muros 4%
31.03.1570
Deva Mondego Manuel Núñ ez, Buar cos
Mª.Cam ino, Muros 4%
31.03.
1570
Deva Buarcos
Enrique G óm ez, Buarcos
Mª.Cam ino, Muros 4%
31.03.1570
S.Sebast ián Mondego Rº.Álvarez, M ontem aior
Mª.Cam ino, Muros 4%
31.03.1570
S.Sebast ián
Aveiro Gabriel Ál varez, Av eiro E.Santo, Re donde la
4%
16.07.1570
Bilbao Portono vo-
Via n a
Antº.Vieira, Viana B.Jesús, Pont evedra
5%
16.07.1570
Bilbao Portono vo-
Via n a
Juan Gs.Ra lón, V iana B.Jesús, P ontevedra
5%
16.07.1570
Bilbao Portonvo-
Vian a
Manuel Mach ado, V iana
B.Jesús, P ortonov o 5%
07.09.1570
Pasajes Muros
153
Nicolás Lesac a, Rent aría
S.Esteba n 9%
19.03.1572
Bilbao Betanzos- T ui
Pedro T abison 4%
26.03.1572
S.Sebast ián Mondego Fco.Manríque z, Coim bra
S.Francisco, Vigo 5%
31.05.1572
Bilbao Galicia
154
N. La ndarberde, Bilbao
Castro Urdi ales 3%
Las pó lizas de seguros burgalesa s referidas a Galicia tamb ién proporcionan
interesante info rmación s obre las relaciones comerciales c on Portugal. La
participación de mercad eres vianeses en la a ctividad come rcial desarrollad a en
los pue rtos de Bilba o y San Seb astián es tem prana: el L ivro d as Navegaçoes d el
puerto del Lima de 1566-67 recoge e l envío de abundantes p artidas de b acalao,
que servirá para f inanciar la im portación de hierro, mad era y alquitrán
155
. P erviv e
la sospe cha entre los historiad ores actuales de conside rar a todo portugués como
cristiano-no vo. Sospecha ya vigente en e l siglo XVI. L as co munidades
judaizante s asentadas en las vi llas de la s Rías Bai xas, en esp ecial, la de
Pontevedra, son bien con ocidas
156
. Su v ocación comercial es in dudable y así
encontraremo s a varios de sus miembros (Anton io Dinís, Anton io de Chaves)
153
. Desde Muros, co n car ga d e h ierro o dinero ; d esde este puerto a Vigo e islas de B aiona; a la vuelta,
sardina
154
. Aunque no cita expr esamente la carga, supo nemos que se t rata d e hierro s. Las escala s se realiza rán
en A Coru ña, Po bra do Deán de Santiago y Noia .
155
.FERN ANDES MOREI RA, M.A., 19 87, 84
156
. J UEGA PUIG , J., Lo s Din ís, u n lina je judeoco nverso en la Pon tevedra d e los siglo X VI y XV II , O
Castro (Sad a, A Cor uña), 20 04
55
forma lizando pólizas d e se guros e n el Consulado de Burg os
157
, a l po co de
asentarse e n Galicia. Con todo, la instalación en B ilbao de individuos de l
poderoso clan de los Pereira no se p roduce hasta la se gunda generació n
158
.
Descono cemos cómo la Unión Ibérica habrá an imado e l tráf ico en tre Bilbao -San
Seba stián con los puertos d el no rte de P ortugal, pero desde su insta uración el
protagon ismo d e l os c ristiano-no vos n o d e ja de i ncrementarse. L a i mplicación
económ ica entre la s dos coron as se constata e n las disposiciones d e Felipe II,
que reservan la producción de las salinas d e A veiro p ara el abasto d e los alfolíes
gallegos y astu rianos
159
. A la altura d e 1611, los P ereira han lo grado ha cerse con
el cont rol sobre las exportaciones de h ierro vasco a Portu gal, como denuncian las
Junta s Generales de Viz ca ya
160
.
Basas Fernández, en base a la info rmación contenida en el libro d e seguros del
burgalés Juan L ópez de So to (1566-67)
161
, ha su brayado la a ctiv a p articipación
de los puertos g allegos e n el c omercio colonial portugués, r ecibiendo desde
Pernambuco cargamentos de azúcares, palo de b rasil, algodo nes y remeles , que
redistribuyen p or e l me rcado eu ropeo, con la p laza de A mbe re s com o de stino
preferente . Este trá fico tiene su epicen tro en el p uerto d e Vigo, como ya ha sido
señalado e n otras ocasiones
162
. La activ idad de los mercade re s vigueses
157
.
Burgos, 17 enero 1569. J uan López de Soto asegura, por c omisión de An to nio Denis y en
nombre d e J uan de Robali ño y Alº de P arada, vecinos de P ontevedra, desde P ontevedra hasta Bilb ao
con e scala en .Sa ntander sobr e vi nos b lanco s y ti ntos, cargados en e l navío Santiago, del q ue e s
maestre Mateo López d e Soto , vecino d e Avilés, a 3% a pagar e n la feria de may o 500 ducados.
A.D.B., Co nsulado, Libro 3 9, 499 .
Burgos, 27 septie m bre 1572. Asegura e l do ctor Antón Álva rez, por comisión y en no mbre de An tonio
de Chaves, vecino de Po ntevedr a, de Sevilla a Pad rón, con escala en P ontevedra, sobr e cuero s de
Indias y aceites y otra s cualq uiera m ercaduría s, pertenecientes al dic ho A ntonio de Chaves, a 6% a
pagar en la feria d e o ctubr e; e n la nao santa María, de al qu e es maes tre San J uan de M ali s, vecino de
Lequeitio. (total 2 .650 ducados). A.D.B ., Consulado , Libro 47 , 272
158
. En 15 83, el licenciado Victoria instala en Bilbao a su hij o, J erónimo d e Saravia, gestio nando
letras de su padre por valor de 130 ducados. J uega Puig, J. , 2004 , 72
159
.JUE GA PUIG, J., 2006 ,376
160
. B ARKHAM, M .M., . 2003, 173
161
. BASAS FE RNÁNDE Z, M., 1 966, pp. 15. La catalogació n d el fondo d ocu m ental ge nerad o por el
Consulado d e Bur gos per mite dispo ner de o tro lib ro d e est e mercader , que abr aca los a ño s 157 0-72.
A. D. B., Consulado , Libro 45
162
. “desd e tie m po i nme morial a esta parte s ie mpre la d icha villa de Vigo e p uerta de e lla ha te nido
carga y de scarga a nsí de naos inglesas, france sas, venecia nas y hurcas flame ncas, tra y en do a la dicha
villa merc adería, e cargas en e lla de otras, así d e vinos d e Ri bad avia co mo de açúcar y pal o del Brasil
56
despertó la codicia de los puertos de realengo, Baiona y A Coruña, que
reclama ron el monopolio en la rece pción y d espa cho d e n avíos e xtranjeros, a lo
que se avino el m onarca e n 156 9, como lo expone en la real cédu la d e marzo de
ese año
163
.
Varios fa ctores favorecían esta conexión gallega con Brasil como extensión o
desviación de la activi dad desarrollada e n los cercanos puertos de V iana, Vila
do Conde y Oporto, hab ilitados legalmente para comerciar con las Indias
portugue sas. E l siste ma de vientos im perantes para lo s viajes d e retorn o a la
met rópoli, los llama dos viento s de l Oeste, barrían un amplio f rente de la fa chada
atlánt ica peninsular, forzand o la arribada de na ví os a las costas gallegas, e n
principio, c onsignados a algún p uerto portugué s. En la re d acción de las póliz a s,
que cub ren la travesía desde B rasil, se acostumbra a no señalar un único puerto
de de stino, sino una dilatada zona: la nao san Juan se e spera que arribe en un
punto indeterminado en tre Viana y la rí a d e Arousa, d onde hiz ie re su d erecha
descarga . El abuso d e este sistema, las llamadas arribadas de malicia, forzaron
la intervención del monarca portugués, que, en 1544 y 1561 , que prohibió las
descargas a menos de diez leguas (55 kilómetros) de la frontera
164
.
Para e l de spacho de las m ercan cías indianas cara al mercado eu ropeo el
puerto d e Vigo contaba, apa rte de la flota po rtuguesa, con naví o s ingleses,
flamenco s y a lemanes, que lo frecuen taban, a l encargarse d el abastecimiento de
textiles, por lo que po dían a provechar los viajes de retorno. En este trasiego la
flota gallega está completamen te ausente: la conexión entre Brasil y Galicia
queda rese rvada a emb arcaciones p ortuguesas, matriculadas en la zona d e
inf luencia de Oporto y Viana. Para redistribuir el a zúcar y demás productos
brasileño s por el mercado del Mar del Norte la s embarcaciones portuguesas se
ven reforzadas p or navíos europeos.
e o tras co sas e sard ina e pesca do e otras mercader ías…y d end e p oco acá ha visto venir al puerto d e la
dicha villa flotas de naos in glesas de Bristol, q ue siempre suelen traer mercade rías muy subidas y
ricas”. LÓP EZ FER REIRO, A., VIII, ap éndice d ocumental
163
. SANTI AGO de, J ., NO GUEIRA, J., Bayo na An tigua y Modern a , Ma drid,1902, p p.77
164
. RAMOS H., C rónica s h istóricas de la villa de B ayona , Mad rid, 192 5, p p. 2 25; GARCÍA ORO ,
J, PORT ELA SILV A, M.J., 200 3, PP. 32, 94
63
reales
193
. Est e mismo mercad er cuando finan cie a lo s m aestres de las
embarcacio nes vascas, que transpo rtan toneles de vino blanco de Riba davia a
sus puertos de origen, les exig irá unos intereses muy supe riores.
Présta mos a riesgo suscritos por Domingos de A res ti
Fte.: A .H.P. Po., 944 ,281, 3 98, 399; 9 45, 463, 46 4
Patrones bretones tam bién ejercerán co mo prestamistas de los cargado res
vizcaínos en los pu ertos gallegos, a delantándoles el d inero preciso para a cabar
de llenar las bo degas de sus navíos con bo tas de vino de Ribad avia y de sa rdina
arencada
194
. El f rancés Rafael Cotansiau les asegura 7.200 reales, pero
señaland o como franq uicia y , por ta nto al m argen de l se guro, la posible
corrupción del vino y lo s f recuentes em bargos de los m antenimientos decretados
por las autoridades. Desco nocemos e l interé s exigido en esta o peración
crediticia, que n o se declara
195
. Mercad eres cán tabros met idos a f inanciero s,
193
.
Po ntevedra, 1 1 mayo 16 16 . Domingos d e Aresti, merc ader , vecino d e Bilb ao, r econoce haber
recibid o d e Fr ancisco Cacho, vecino d e San J ulián d e Musques, 3. 000 r eales, que Francis co Cacho le
asegura y co rre el rie sgo de ellos so bre la quilla de su na vío san Nicolás ha sta llegar a salva mento a
San Se bastiá n, a donde va consignado con carga d e vinos de Rivadavia, al 9% por razón del r iesgo y
seguro. La liq uidació n se hará en 20 días. A.H.P .Po ., 954, 346
194
. Muros, 22 sep tiembre 16 20. Pe dro Retoran, fra ncés, vecino d e Olona, m aestr e y cap itán d el navío
santísima Trinidad, fleta a Lorenzo de Cotorillo, vecino de Santander, p ara cargar de sardina “ an si
suya y vezi nos desta villa”, p ar a llevar a San Seba stián “o donde dios fuera ser vido” en la pro vincia de
Vizca y. Le pre sta 80 0 r eales de plata, q ue, llega ndo a salvame nto el navío a Santander o San
Sebastián, se los devolverá e n la mi sma moneda y un interé s del 8 por ciento. Si se perd iera la
mercancía no sea ob ligado a pagar nada . A.H.U. S., 44 , 209 .
195
. P ontevedra, 25 ener o 16 10. Ra fael Co tansiau, natural de la villa de Olona (Francia), m aestre de l
navío La Caridad, se conciert a co n Mig uel Pér ez de An b ulod i, Jo anaes de Olas y André s de Aduna,
vecinos de Fue nterrab ia. Est os reco nocen hab er rec ibido d el m aestre d el navío 600 escudos, que
Fecha Maestre Navío Matrícula pr éstam o
interés
Destino
13.01.1615
J. Casanu eva
Espíritu S anto
Fuenterra bía
600 rs.
15% Fuent
erra bía
25.05.1615
M. Lopategu i
S. Nicolás Plenc ia 869 15% Bilbao
26.05.1615
Idem Idem Idem 330 15% Idem
09.11.1616
B. Achutegu i S. Juan Plencia 100 15% Plenc ia
09.11.1616
E. Murriet a San Ju an Musques 300 15% Bilbao
10.11.1616
J. Iriguen Nª.S.ª. Pieda d
Mudan za 400 10% Bilbao
64
como el que vimos f ormalizando una pó liza d e seguros, e n 1 590, a un mercader
de Motrico que tran sportaba vinos, re fu erzan esta ruta, adelantando dine ros a
sus tratante s
196
Desde octubre de 1602 los hermano s Diego y Anton io P ereira se hacen con la
renta de la sa l del partido de G a licia, lo que supone, dadas las amplias
conexione s mercantiles y capitalista s de los n uevos arrendatarios, la
actua lización y dina mización de los medios em pleados p ara g arantizar el tráfico
marítimo-merca ntil e n Ga licia y, muy esp ecialmen te, e n el puerto de P ontevedra,
base de sus operaciones. La irrupción de los cristiano -novos en la renta d e la sa l
era r esultado de un pr oceso lentamente larvado y p ara el que s e encontraban
sobradamen te capacitados y que se conv ertirá en p iedra angular de sus
negocios, hasta el pu nto de permanecer en p oder de este l inaje a lo largo de
varias genera ciones, a p esar de las esca ndalosos aco ntecimientos en los que se
vieron involucrados, tales como la apresurada huida a Francia de Antonio
Pereira, en 1618, pa ra no ser víctima de las p risiones inquisitoriales, que pade ció
buena parte de su pa rentela. Lo s trato s de esta fam ilia co n la renta se remo ntan
a su llegada y asen tamiento en la villa del L érez, a los man ejos de Pau los Nú ñez
de Vitoria, el licenciado Vitoria, suegro de A n tonio Pereira, asesor y ten iente d e
Bernardo de Porras, que fuera administrador po r la Real Hacienda de los a lfolíes
gallegos d esde san Juan de 1 573
197
. Hacerse con la renta d e la sal d el pa rtido de
Galicia y, posteriorment e, con e l de Asturias era la natu ral prolongación de su s
negocios, sustentados en e l m onopo lio f áctico d e la rut a marítima que unía a
Bilbao con Oporto, como hemos visto que reco nocían las Ju ntas Generales d e
hacen 7.2 00 re ales, con lo que adquirier on y car garon a bo r do 31 botas d e vino bla nco de Riba davia,
que el m aestre, junto co n otras bota s, llevará a Fuenter rabía . Rafael Cota nsia u asegura a lo s
mercader es la car ga e n los dichos 60 0 escudo s, “eçeto q ue no aze el d icho siguro ni c orre riesgo
aviendo cor ruçión po r falta d e voterr a o to ma de re y y de su s ministro s y ofiçiale s o d e lugar a donde
aya aportad o”. Laredo (escala de 2 4 horas), Fuenter rabia. Pagarán, lle gando e n salvame nto, los 600
escudos y 2 4 reales/ b ota en concep to d e flete, m ás otro s 24 par a un so mbrero del m aestre . En acaso
de p érdida, “de a quello q ue se salvare pagará la par te que les cupier e”. A.H.P .Po ., 1.016, 850
196
. P ontevedra, 1 8 j ulio 1592. J uan d e Urrutia, vecino d e Bilba o, se obliga a pagar a Julepe de
Ampuero, veci no d e Casto Urdiales, 2 .100 reales, q ue lleva e m pleado s e n vinos de Riba davia , 1.05 0
reales en la za bra d e J uan de la Qui ntana y los o tros 1. 050 reales en la zab ra de Antó n de Sevilla, hasta
su descarga e n Bilbao , co n un interés del 1 2%. A.H.P .P o., 887(6 ), 27 5
Po ntevedra, 5 marzo 1 601 . Miguel Aminiel y Ajar de la M ota, m aestres del filipo te Rap oso , vecinos
de Breb axe y Fo ntenla, Fra ncia, se o bligan a pagar a San tiago de la Edilla, vecino de Laredo, 15 0
ducado s, q ue re cibiero n en préstamo. Lo p agarán del flete, llegando con las mercadurías a Laredo o
Bilbao . A.H.P .Po., 87 6(3), 33 .
197
. A.G.S ., E.H., 361
65
Vizcaya, en 161 1
198
, y que ha bía hecho del p uerto de Pontevedra una escala
intermedia . Los Pereira pose erán alguna q ue otra em barcación en p ropiedad
199
,
pero el grueso de su negocio descansa en la contratación de los servici os de
transpo rtistas por cuenta ajena.
La a dmin istración d e esta renta recae s o bre los hijos d e A n tonio Pere ira, en
especia l, Marcial Saravia Pereira, que rec ibe plenos p oderes de su tío Die go
Pereira
200
y que red acta la m ayor pa rte de lo s cie ntos de préstamos a riesgo
sobre lo s que se asienta la carrera de la sal. Junto a él sus hermanos Domingos,
recepto r del a lfolí pontevedrés de A Barca, que se traslada d esde Vian a para
ocupar este cargo
201
, y T omás , que se in stala en Aveiro
202
. La f amilia del otro
hermano, Diego Pereira, no pa rece int ervenir tan directa mente e n este ne gocio,
volviendo a a vecindarse en Oporto
203
, m ientras que su hijo Simón continúa en e l
puerto de Bilbao como su f actor
204
. Otros f amiliares, m ás o me nos cercano s, pero
perteneciente s al linaj e de los cristiano-nov os interviene n directamente en la
adm inistración de e sta renta: A ntonio Coronel ejerc e c omo receptor e n Tu i; en
198
. B ARKHAM, MM ., 20 03, 169
199
. P ontevedra, 27 octubre 1609. Hace más d e 1 0 años que Diego Per eira a dquirió de B artolomé de
Carriçal, m areante vecino de Pontevedr a, la mitad de su navío San Mate o, en 24 0 ducados. Hicieron
compañía pa r de dicarlo a a ce ptar fletes, y e ndo por maest re B . Carriçal. El navío y a es viejo y no
puede ser vir de co mpañía; P ereira, a opta p or venderle su mitad en 50 0 re ales. A.H.P. Po., 9 80, 655
200
. A.H.P .Po ., 983, 96
201
. Pontevedra, 14 septiembre 161 0, A na de Paz, v iuda de An tonio Sánchez, vecina de Viana
(Po rtugal): c uando co ncertó e l casamie nto de su h ija B eatriz Sánc hez de P az con Do mingos P ereira,
hijo de Antonio Pe reira y Gr acia Dinís, se p uso p or condi ción q ue habían e residir en Viana “y que
dicho casa mi ento se hazía y co nstruya co nfor me y al f uero, leis y co stu m bre s del Reino de Portugal,
que hes q ue tod os lo s vienes sean co munes y rep artan entr e m arido y mujer” . B ajo estas co ndiciones
se casaron, hace u nos diez meses, en la igle sia parr oquial d e Viana. Viviendo en Viana, fue lla mado
por Antonio P ereira , su pad re, pa ra que se hiciera car go de l alfolí de la Bar ca de P onteved ra “ y po r
ser de mucho pro vecho lo a vía aceptad o” y traído a Pontevedra a su mujer con intenc ión de que,
acabad o el tiempo d e dicho oficio, había de vol ver”. Estando en Pontevedra, recibe la dote Ana de
Paz: 40.000 r eales, 30.0 00 en dinero s y 10.0 00 en piezas d e oro, plata y vestido s. A.H.P .Po., 981, 407
202
. P ontevedra, 1 2.07.16 12. El hij o de Antonio Pe reira, To m ás P ereir a, está asentado en A veiro,
donde posee una casa en “Rúa Dereita, que compró por su orde n”. A.H.P.P o., 983, 256
203
.
En 1609, Mar ta Pere ira, hija d e Diego Per eira, ad m inis trad or de los alfolíes, y Felip a Nú ñez,
vecinos d e Opo rto, “consider ando lo s peligro s y tr avaj os d este mundo, por m enor servir a d ios… y
poner mi al ma e n carr era de salba ción”, ingresa e n el mona sterio de Santa Clara d e Castr o Urdiales, “
a d onde no tener necesidad de vienes temporales”, por lo que renuncia a su le gítima a f avor de sus
padr es. Es menor d e 25 años y m ayor de 23 . A.H.P.Po ., 980 , 399.
204
. A.H.P .Po ., 1.053, 604
66
Cambado s lo hace Je rónimo de Cha ves Barcelos; en Betanzos Fe lipe Rodríguez
de Fonseca, vecino de Mon fo rte d e Lemos
205
y com o administrador en Asturias
Antonio Fonse ca
206
.
Mientras la navegación se en cuentre condicionada po r la guerra abierta contra
Inglaterra y Provincias Un idas, los arrendatarios del estanco se ven obligado s a
acudir a mil subte rfugi os para asegurar el abaste cimiento de los alfolíes.
Mantienen la ruta , que p artiendo de Caminha, donde la s embarcacion es cargan
produ ctos ind ianos, en co ncreto b rasileños (azúcar y el coloran te cono cido co mo
palo brasilete) s e prolonga hasta B ilbao. Una carga tan v a liosa aconseja
prudencia y no agotar la capacidad de l as b odegas d e l os navíos: harán esc ala
en Ponte vedra, para acabar de completarla con toneles de vinos de Ribadavia.
Esta escala intermed ia, ya e mplea da por los P ereira antes de f inalizar el siglo
XVI, era tan habitual que llegaron a u n acuerdo con los arren dadores de las
rentas reales, precisamente usando de la intermediación del lice nciado V itoria,
para no co ntribuir m ás que por la mercan cí a descargada, a unque el na ví o se
adentrara en e l espacio f iscal d efinido por las m arcas d el puerto pontevedrés, la
franquía
207
. En Bilbao cargarán hierro, que a cercarán h asta Aveiro, donde, como
ya vi mos, aprovecharán para tomar carga de sal, con la que abastecer a los
alfolíes gallegos
208
. Los Pereira y Di nís también pueden ab astecerse
205
. NÚÑE Z -VARELA Y LENDOIRO, J.R, RIB ADULLA P ORTO , J.E., Historia d ocu mentad a de
Betan zos de lo s Caba lleros , Betanzos, 1 984 , vol.I , pp. 372
206
. A.H.P .Po ., 984, 233
207
. P ontevedr a, 25 sep tiem bre 1 597 . El licenciado Victo ria, en nombre de Anto nio P ereira, mercader ,
y de hermano Diego, po r una parte ; por la otra, Lope N úñez de Aldao, vecin o de Pontevedra y
arrendad or de las rentas reale s de 1 596 -98. L os P ereira ha n cargado e n P or tugal cier tas mercancías
para llevar al se ñorío d e Vizca ya y en Bilb ao p ara lle var a Po rtugal, “en navíos, cara belas y otros
baj eles, los quales por aver entrado en el puerto desta villa dentro d e la barra della y descar gado
alguna p arte de la s dichas merc adería s y con las más r estantes aver seguydo su b iaje” , l es exigen el
pago de la diez ma deb ida a su m ajestad p or la tota lidad de la carga. Sobre esta cuestión se trató p leito
ante la j usticia de la villa, a l pretend er los Pereira pa gar sólo por las m erc ancías descar gadas en el
puerto de Pontevedra. Se co nciertan en que las m e rca ncías que van de Portugal para Bilbao y
Asturias, aunque entre n e n la ba rra, “co mo no se de scargue n n i bendan ni fondea n par a bender se “ no
paguen diezma, vendié ndose dentro d e la bar ra, deben satisfacer d iez ma y alcabala . A.H.P .Po., 9 12,
729
208
. Pontevedr a, 18 j unio 1607 . Sebastián de Amarante, veci no de Po ntevedra y maestre del navío
Nuestra Señora del Camino, fleta a Diego P ereira, ad m inistra dor general de los alfolíes d el Rei no d e
Galicia, para cargar 40 c ajones d e azúcar y 40 q uintales de palo de brasil en Ca minha y llevar e sta
mercancía a Bilba o; con esca la en el puerto de Mar ín “o asta la franq uía de sta villa” (P ontevedra),
donde cargarán 30 botas d e vin o “ de qualqueira mercad er que m e la s diere”. En B ilbao entregará la
67
directamen te de los producto s brasileños, sin precisar de la intermed iación de
los m ercaderes asentados en el puerto de Caminha, organizando expedicione s
directas a Pernambuco de sde los pue rtos portugueses, al co ntar con deudos y
parientes a ambos lados del Atlántico
209
. Es d e suponer que lo s navíos que
desde e l puerto de Pon tevedra se dirigían directame nte al de Bilbao o San
Seba stián ca rgados de vinos de Ribadavia y, en men or me dida, de pescado
salado, tomarían hierro para lle var a Aveiro, co n lo q ue reforzaban la carrera de
la sal
210
. En los e scas os préstam os que conceden a los maestres de las
embarcacio nes, e xig en a los benef iciarios que ase guren ante te rceros el ca pital
prestado, evitando cualquier tipo de riesgo
211
.
La Tregua con las Provincias Unidas, en , e n 160 9, pe rmite una normaliz ación
de la navegación, que será apro vechada p or los arrendadores del est anco p ara
regularizar el sum inistro a los alfolíes gallegos, al tiempo que obtenían unos
ingresos co mplementarios, median te la f ormalización con lo s transpo rtistas de
numeroso s préstam os a riesgo
212
. Se tr a ta de pequeños ade lantos monetarios
carga a Si mó n Pere ira, hij o d e Diego, o a s u factor Fra ncisco de Liendo, p ercib iendo d e flete 9 00
reales. En Bilb ao le en tregará n 700 qui ntales de hierro “ y los m á s q ue e n el d icho navío se p udiere
cargar, quedando en buena navegació n”, que lle vará a Aveiro, donde entregará la carga a To más
Per eira, sobrino de Diego, que le pagará d e flete 2 r eales por q uintal, por una letra a cob rar en
Po ntevedra . E n Aveiro cargará sal p or cuenta de la Real Hacienda, que le entregará el proveed or
Francisco Cardo so, que navega rá al alfolí que le fuere co nsignado , sin sobrep asar el cabo d e Fisterra y
cobr ando lo habitual en estos t ranspor tes. A.H.P.P o. , 1.053, 60 4.
209
. E n 161 0, I sabel T o m ás, viuda d el lice nciado P aulo Núñez de Vito ria, ju nto con sus hijo s, el
bachiller Victor ia d e Sarav ia y Felipe N úñez de Vitoria , to dos vecinos de P ontevedra , exponen có mo
el licenciad o Vitoria en vió p or orden de Paulo Nú ñez de Victo ria, su nie to, residente en Vila do
Conde, 1 .40 0 escudos en mercancías d irigidas a o tro nieto , J erónimo Per eira, residente en
Per nambuco, para q ue la s vend iera y empleara lo pr oced ido en az úcares y otr as mercanc ía s, q ue d ebía
re m itir a Galicia. Jeró nimo Per eira se encontraba ausente de P erna mbuco cuando llegaro n las
mercancías, po r lo que se hi zo cargo de ellas Gaspa r Sara via, d el que no tienen notic ias. Otor gan
pod eres a Francisco Álvarez, Anto nio Ribeiro y a l pad re frei Jo sé, re sidentes en Per nam buco , y a
Do mingos de Andrade , hijo de Jo rge Blandó n, vecino de P ontevedra. A.H.P .Po .,1.016, 807
210
. Po ntevedra, 19 novie mbre 1 609 , Bautista d e Ro m ay, ve cino d e P onte vedra y maestre d el na vío
nuestra señora del Mo nte, fleta a Diego Pereira, adm ini strador d e los alfolíes del Reino de Galicia,
para q ue, lle gando al p uerto de Bilb ao, a do nde se d irige c o n car ga d e p e scado, r ecoj a 800 quintales
de hierro del p eso de Rentaría y los tra nsporte a Aveiro u Oporto. Flete: 2 re ales/quintal. A.H.P .Po .,
980, 398
211
. P ontevedr a, 9 agosto 16 08. Mar tín d e Paz y Mar tín Vé lez, su yerno, veci nos d e Castro Ur diales, a
los q ue Marcia l Saravia Pe reira, recep tor de la sal de la vil la, les había p restado , antes d e ahor a, 2 00
ducado s, que Marc ial y P ed ro de la P eña el Mo zo, vecinos de Bilba o, se los asegurab an y cor rían el
riesgo de ellos sobre la qui lla y costado de la zabra san J uan, de la que era mae stre P edr o de Ampuero ,
hasta llegar e n sal vamento a Bilba o. Pa garán los 200 d ucados más otros 20, a razó n del 10 por ciento.
A.H.P.P o., 1. 014, 357 v.
68
gravados con un tipo de interés que podemos considerar elevado, que oscila
entre e l 10 y el 15 %, exceptuando la f inanciación de una campaña a los bacalaos
de T erranova, a la que ya nos hemos referido, que a lcanza el 3 0%. E stos
adelanto s iban de stinados a l a adquisición de mercadurías b aratas, e n concreto
de sardina, para que los empleen e n sardina o en otra mercaduría . Si e l n avío
transpo rta p roductos m ás valiosos, como pueden ser las pipas de vino, el dine ro
se d estina a l sostenimiento de sus m arineros, para aparexar y matolote xar dicho
navío y marineros .
Estos préstamos suceden a lo s a costumbrados en la carrera de la sal
ante s d e f irmarse las pac es con Inglaterra, e n que los arrendadores del estanco,
en especial Antonio G ómez, em bargan los n avíos de los mareantes gallegos,
pero gratif icándoles con u na pequeña cantidad de d inero a cuen ta, libre d e
interese s, llamados socorros
213
.
Las cantidades p restadas po r los Pereira nada tienen que ver con los préstamos
realizados p or los maestre s b retones en Sevilla, que, significativamen te, se
expresaban e n ducados.
En su conjunto, los p réstamos concertados en Pontevedra apartir de la f irma
de la T regua de los Doce Años aparecen referidos en la siguiente tabla:
212
. Está do cum e ntada u na tímida p resencia de M arcial Sar avia Pe reira en este ramo, financiando ,
poco a ntes de la fir ma d e la p az c o n las Provincias Unid as, el tr ansporte de vinos de Ribadavia:
Po ntevedra, 9 agosto 1608 , M artín de Paz y s u yerno Mar tín V élez, veci nos de Castro Urdiales,
reciben prestad o d e M arcial Saravia P ereir a, r eceptor de la sal de Pontevedr a, 2 00 d ucados, q ue se lo s
asegura, junto c on P edro de la Peña el Mo zo, vecino d e B ilbao, so bre q uilla y costad o de la zab ra San
Juan, de la que es maestre P edro d e Ampuero, hasta l legar a Bilb ao. A.H.P .Po.,1. 014, 307 v
213
. Vide el ap artado Los cer cos y la sal e n el cap ítulo Peixe merchante.
69
Escri turas de préstamos a riesgo en Pontevedra (1609-1 645)
Fte.: A .H.P. Po., 980 , 981, 982, 983, 98 4, 985, 986, 98 7, 988,989, 990, 99 1, 992, 993, 994, 99 5,
996, 1.015, 1.016, 1017, 1 .040
Fecha
Sardina Vino
Sal Hierro Otros
Sin especifi car T OT A L
1609 10 3 2 15
1610 4 6 10
1611 2 2 1 5
1612 4 5 1 5 15
1613 17 14 2 3 3 8 47
1614
30 21 5 1 57
1615 4 8 1 13
1616
1617
1
1 1 3
1618 2 2
1619 3 1 4
1620 1 1 2 4
1621
1622 6 4 10
1623 1 1
1624
1625 2 2
1626 1 1
1627 1 1
1628 1 3 4
1629
1630 1 1
1638 1 1
1639 1 1
1640 1 1
1642
1643 1 1
1644 1 1
1645 2 2
To tal 79 61 5 5 15 25 190
70
La comercialización d e la sa rdina lidera la act ividad d el puerto pontevedrés,
acaparando casi el 50 por 10 0 de lo s préstamos a riesgo, frente a su más
inmediato competido r, el vino bla nco de Ribadavia, que no a lcanza el 40 p or 100
de los envíos. A dem ás, e ste tráfico se realiza m ayorita riamente en
embarcacio nes galleg as y, en m enor m edida, portuguesas; p rácticamente están
ausente s los navíos d e otra procedencia. Re sulta muy si gnificativo la corta
navegación de estos e nvíos, red uciéndose a lo s puertos del n orte de Portu gal:
Viana da Foz do Lima, Vila do Conde y Oporto
214
. Las excepcion es a esta ruta
son contadas
215
. Atendiendo a la cantidad de d inero emp leado en f inanciar la
come rcialización de la sardina (33.117 reales), se mantienen las d istancia s con
relación a l empleado en el vino (26.515 reales).
Los préstamos a riesgo sólo contemplan e l viaje d e i da; para lo s tornaviajes
será n ecesario c ontratar uno nuevo. Sin embargo, para los navíos que pa rten de
vacío a cargar sal en Aveiro el seguro contemp la exclusiv ame nte e l viaje de
retorno: asta llegar a salvamiento a la ve nida desde la dicha villa de Aveiro a la
parte donde fuese o rdenado va ya a descargar . Esta m odalidad de seguro cubría
el riesgo ordin ario sobre el t ransporte de mercancías, e sto es, sobre los
accidentes naturales o ataques corsarios, pe ro no la b aratería o de sidia d e los
mae stres. De producirse, los maestres debían de volv er la suma prestad a,
aunque sin devengar intereses. Estas imprudencias también acarreaban el
impa go d el flete, al consignar la carta de fletamento que los contratantes de la
embarcació n ha rían efectivo el f lete llegando a salvamento a sus respect ivos
destinos. Los m aestres d e los navíos e ran responsables d e la carga entregada,
desde el momen to en que se f ormalizaba la carta de f letamento, incluso a ntes de
subir la m ercancía a bord o
216
. Entre los descuidos de los m aestres podemo s
214
. En las tab las esta ru ta se sim plifica cita ndo el último destin o
215
. Los en víos de sardina gal lega al Med iterráneo se red uce a un ú nico ca so, pr otagonizado , en 16 09,
por un mercade r br etón; e n 16 13, encontra mos otro navío que re cogerá ca rga d e sardina y co ngrio e n
Muros p ara hacer la clásica ruta atlántica d elimitada po r las do s plaz as que tienen a San Se bastián po r
pro tector y ti tular, Fuenterrab ía-Cádiz; otra e mbar cación po ntevedresa volverá a tomar en el puerto
de Muro s, en 16 15, sardina para tr ansportar a San Sebastián.
216
. Vi go, 23 enero 156 9. P edro Álvarez, veci no de Ma tosin hos, maestre d e la car abela N aza reth, e n
la q ue lle vaba cargada una bota d e sardina de M anuel Ferná ndez, vecino de Vigo. Subién dola a bordo ,
se había hundido en la mar. Se concierta con M anuel Fernández: 1 bota contiene 2 0 millares menos
200 sar dinas, que pagará al precio que otro s mercader es q ue c argaron en su navío la ve ndan en Sevilla
o Cádiz; flete: 2 ducad os. A.H. P.Po ., 2.331(1) , 112
71
anotar el de no cont ratar piloto de barra para arribar a l pue rto de A Pob ra do
Deán de Santiago
217
, o de jar el navío mal ama rr ado en puerto, resquebrajándose
el casco con la bajamar, con la consiguiente pé rdida de la s al que almacenaba
en la bode ga, po r lo que de be resarcir a l me rcader d e la t otalidad de la carga
perdida
218
.
Los intereses que soportan es tos préstamos se en cuentran, como suced ía con
las p ólizas de seguro, en relación con la distancia d el trayecto. Por norma
general, podemos considerar que el trayecto m ás co mún, el que une los pue rtos
de las Rías Ba ixas con lo s sit uados al norte d el Douro, resulta también el m ás
económ ico, al exig ir los prestamistas un 10 por 100, que, incluso, puede
rebajarse a l 8 po r 10 0. T raspasada la Foz do Douro, los intereses se disparan al
15 por 100, aunque el naví o se dirija a las inmediatas salina s de Aveiro o la
desemboca dura del Mondego; a partir de e ste punto no se tiene en cuenta el
destino final de la nave y un vi aje hasta Cartagena s oporta el m ismo gr avamen
que si n o hubiera tr a spasado el Estrecho d e Gibraltar: La misma tarif a del 15%
rige para los navíos que se aventuren po r el Cantábrico.
Los préstamo s a riesgo son raros entre las escrituras nota riales de la dé cada de
los 20 y añ os post eriores. Los escasos ejemplos permiten observar u n
incremento en lo s intereses v igente s, que ll egan casi al 5 0 por 1 00, e n el año
1628, para cu brir una carga d e cítricos consignada a l pue rto f rancés de Bayona;
217
. Pontevedr a, 1600. La cara bela nuestra se ñora de l Ro sario, de la q ue son maestres los po rtugueses
Gonzalo Afonso y Do mingos Ya nes, “y endo el dicho navío par a to mar puerto en la villa de la P uebla,
donde y ba re mitido, avía da d o e n una pied ra y se avía abie rto y se avía p erdid o la m ayor p arte d e la
sal”. Só lo se habían salvado 4 20 fanegas d e lo s 11 milleiros que tr ansportab a. E l mercade r p ropietario
de la carga, Juan Gó mez de Pa rapar, vecino de Santiago, les culpaba del accide nte, por no habe r
contratado un p iloto d e entrad a, exigiéndoles una co mpe nsa ción de mil ducado s. Se co nci ertan e n que
no cobr aran flete alguno de las 400 fanegas salvadas y qu e devolverán los 1.3 21 reales del soco rro.
Par a capitaliza rse los maestres fletan al a rrendad or d e la re nta de la sal A ntonio Gó mez para hacer
un viaje a A veiro , por el que les adelanta un socorro de 400 reales. Com o no logran li brase de las
deudas, ac ceden a vender le la cuarta p arte d el navío po r 1.625 r eales. A.H.P .Po ., 976, s.f
218
. P ontevedra, 9 ener o 16 10, Antonio P ere ira ad m inistrado r d e los alfolíes, y Alonso d e Roça s,
mareante d e Po ntevedra , q ue ca rgó en Aveiro 6 milleiros de sal (a razó n d e 1 44 fanegas de p ala alta
cargada) , q ue hacen 1. 080 fan egas de Ávila, fletad as a 1 0 reales/milleiro, que venían con signadas al
alfolí de P ontevedra . Al arriba r al peirao de la Puente, “ por aver de xado el d icho navío e n seco , con el
peso de la sal se avía abierto (y) se a bía anegad o, de manera que la dicha sal se avía per dido to da y se
avía salvad o el d icho navío”. El administrado r p roced e contra el maestre, exi giénd ole p ague la
totalidad de la sal a có mo se vende e n los al folíes (5 r eales la fanega). Se c oncierta n e n q ue v uelva a
Po rtugal y adquiera p or su cuenta la sal y el ad ministrado r le pague lo s fletes d ebid os. A.H .P .Po., 981,
15
72
los destinados a ase gurar la ruta d el Cantábrico se sitúan en tre el 25 y 30 por
100.
Escri turas de préstamo a riesgo (1609-1645)
1609 Navío M aestre M atrícula Carga Destino Socorro
Interés
18.05
N.S.Cam ino
Fernánde z de Bon
Pontevedra Buarcos 530 r s.
10%
22.06
N.S.Rosar io Ds . Cousido Pont evedra Oporto 500 10%
28.06
Benito de Acuña Com barro s ardina Oporto 350 10%
30.06
Espíritu S anto
Juan Soliñ o Pontevedra O porto 50 5%
05.07
San Juan Benito Garc ía Com barro s ardina Oporto 250 10%
06.07
N.S.Moure nte
Gcía de San Roqu e
Pontevedra Aveiro 260 8%
16.07
N.S.Rosar io J uan da Ca iña Pontevedr a sardina Oporto 100 10%
16.07
San Juan Pedro Dom ínguez Pontevedra Aveiro 80 15%
18.07
N.S.Rosar io Ds . Cousido Pont evedra s ardina Oporto 500 8%
29.07
N.S. Cam ino
Fernánde z de Bon
Pontevedra Aveiro 250 10%
08.08
N.S.Rosar io
Francisc o da Caíñ a
Pontevedra s ardina Oporto 100 10%
13.09
Juan Doute iro Com barr o sar dina
Oporto 300 10%
14.10
San Juan Bieito García Com barro sardina Oporto 30 0 10%
14.02
N.S.Monserr at
Gregorio Rib eiro Viana sardina Oporto 100 10%
15.12
San Martí n Oliveros Rápa le sardina Cartagena 2.400 15%
1610
07.01
N.S. Moure nte
Gcia.
de San Ro qu e
Pontevedra Avilés 250 8%
14.06
Espíritu S anto
Francisc o Veiga Pontevedra Oporto 20 0 10%
19.06
Santiago Bieito Rodrígue z Pont evedra s ardina Oporto 200 10%
07.08
San Juan Bieto da Cuña Com barro Oporto 500 10%
07.08
Corpo San to Pedro Lore n zo Viana sardina Viana 300 10%
11.08
Santa Cru z Gº. de Font efr ía Com barro s ardina Oporto 350 10%
12.08
Santa Ana
San Juan de Rado
C.Urdiales B ilbao 616 12%
22.09
Corpo San to Xoán Do uteiro Com barro sardina Oporto 10 0 10%
12.10
N. S.Rosario . Xoán Dá vila Pontevedra Bilba o-Se. 30 0 15%
1611
20.06
Buen Jesús J uan Blanco Pontevedra Oporto 300 8%
19.08
Buenaven tura
Ds. de Dios Muros Aveiro 150 15%
21.07
N.S.Rosar io J uan de Rú a Pontevedra sal Gijón 400 15%
19.09
Corpo San to Juan Garc ía Portono vo s ardina
Oporto 300 10%
24.05
Santiago Pedro do Sixt o Pontev edra sardina Oporto 500 8%
1612
22.02
Espíritu S anto
Francisc o Pérez P ontevedra sardina
Oporto 800 10%
06.05
San Migue l Miguel Betan zos Pontevedra Oporto 100 10%
20.05
Santiago
Juan Fdez. Sardin a
Com barro sardina Oporto 200 10%
02.06
Santa Cru z Juan Vá zquez Pontevedra Aveiro 5 0 15%
04.06
N.S.Rosar io Ds . Cousido Pont evedra s ardina Oporto 500 7%
05.06
N.S. Cam ino Gabrie l Nogueira
Pontevedra Aveiro 100 15%
18.06
San Juan F. Salgueiro Pont evedra Aveiro 250
25.06
Santiago Pedro do Sistro Pontevedra Oporto 100 8%
25.06
Buen Jesús Pedro da Pe na Pontevedra Gijón/Oport
100 15%
03.07
La Carida d
Diego de S aavedr a
Pontevedra Aveiro 100 15%
14.07
San Juan F. Salgueiro Pont evedra Oporto 300 10%
23.08
Santa Cru z Juan Vá zquez Pontevedra Aveiro 34 0 15%
30.08
Buen Jesús G . Fernánde z Pontevedra Mondego 150 15%
27.09
San Juan Benito Ribad ulla Com barro sardina Oporto 20 0 10%
1613
24.02
Espíritu S anto
Fernán Pére z Pontevedra s ardina Oporto 300 8%
79
pìna ça se fezi eron . Finalmente, se someten a l dictado de dos homb res b uenos,
que evalúan los desperfectos en 3.000 pares de blancas
228
.
La a verí a gruesa tra ta d e proteger a me rcaderes y ma estres de los daños
causados en los naví o s y m ercancías por naufragio, rob o y o tros sin iestros; entre
ellos el de ech azón
229
o el de encallamie nto d el na vío p ara librarse d e los pirata s.
La avería gruesa e stable cía el prorrateo del daño entre los m aestres y lo s
propietarios de las mercancías. Por lo que las e mba rcaciones que dan contra la
costa, huyendo de los piratas, o los navíos que se se paran de los convoyes de
Indias acuden a las justicias loca les pa ra que dicta mine el justiprecio de lo
dañado y su re parto e ntre las partes implicadas: en d iciembre d e 1581, el
mae stre d e la fragata nuestra señora de la Concep ción, Domingo de Valbuena,
vecino de T riana, arriba la puerto d e Pontevedra procede nte d e Nueva E spaña y
solicita de la justicia que evalué los daños, a f in de poder reclam ar la
compen sación regulada por la normativa de las averías:
para averiguació n de las averías y quieb ras y desfalcos que a abido y ay
hechos y se hiz iero n de nde la Nueba Hespaña h asta esta dicha
villa de Pontevedra en la fragata y mercaderías y ha z ienda que en ella
ben yan y se traxo por la m a r conb iene y hes necesario ha z e rse las
diligenç ias y recaudos bastantes conven ientes para ello por autoridad de
justiçia, para que se paguen por las personas y mercaderes d e la dicha
ha z ien da y mercade rías.
Uno de los cargadores, Bartolomé de Grimaldi, a l que pertene cen má s de
mil cueros de In dias e n pelo, a delanta a l ma estre 70 ducado s en metálico y
veinte piezas d e pelambre
230
.
Más fre cuentes debiero n se r los da ños oca sionados a las mercancías el ir
mal a rrumadas o mojarse co n los temporales, que obligaba a repartir entre e l
mae stre y el m ercader cont ratante los daños. Aunque estas averías deb ieron
228
. A.H.P .Po ., 823(1), 161
229
. La ec hazón consistía e n arroj ar al mar parte o to da la mercancía transpo rtada, co n i ntención de
salvar a la na ve y trip ulación d e un ataque e nemi go
230
. A.H.P .Po ., 905 (2), s.f.
80
solventarse entre los implicados, sin precisar a cudir a la ju sticia
231
.Otros e jemplos
de av erías en los puertos gallegos s e ref ieren a las embarcaciones extranjera s
que pa rticipan e n el a carreo de cereal al puerto de Baiona, co m o la nao La
Fortuna, matrícula de Hamburgo, en el inv ie rno de 1608
232
. Por las mismas
fecha s, en 1611, un maes tre h olandés reclam a la a verí a so bre la carga d e ce real
que transporta ba, que se había mojado
233
.
Las reclama ciones en concept o de averías e ntre los naturales son raras
ante s de cumplirse el primer cuarto del siglo XVII. Corresponde a las justicias
locales ventilar la s di ferencia s entre las partes implicadas, de ac uerdo con las
instruccione s dictadas p or Felipe II e n 1573: en marzo de 1615 se mante nía
231
.
Po ntevedra, 2 2 novie m bre 1 62 6. Antonio López de Sosa, vecino de P ontevedra, en nombre d e
Gaspar Rod ríguez Villarre al, vecino de Lisbo a, pleitea co n J uan Fer ná ndez d e Caama ño, m ariner o y
vecino de P ontevedra , por 20 pip as de aceite y 26 moyos d e sal, que Ga spar car gó e n Lisboa e n la
pinaza de Jua n Fer nández, consigna ndo la mercanc ía a P ontevedra, donde debería entregarla a
Antonio López. A firma q ue a las 2 0 pipas d e a ceite le f altaban 43 canad os y 50 f a ne gas de sal,
exigiendo s u paga a J uan Fer nández; el maestre achaca la falta de l aceite “por falta d e l as basij as en
que venía y la sal se avía verti do y de smenuido con el te mporal y to rrente q ue avía tenido en la mar”.
Entre ambas par tes se deb e satisf a cer los 83 8 reales del flete. Se concier tan e n q ue J uan Fernández
rebaj e el de la sal a 150 reales y el de las dos p ipas de aceite a cómo saliere n. A.H.P.P o., 1.03 0, 786
232
. Baio na, 28 dicie m bre 1 608. Gaspar Lensman, ale mán, vec ino d e Hamburgo, maestre de la nao La
Fortuna, de una parte. De la o tra, Antonio Rodríg uez, mercade r, vecino de Baiona, com o factor de
Juan de P az, m erca der de Op orto : “el dic ho nabío av ía he cho ç iertas ab arías, desco m posición de la
dicha nao y apar ejo s d ella y p a ra deter m inar los gastos de a ba rías que se an hecho en la d ic ha nao se
juntaron, p resente escriba no y testi gos, los d ichos Ga spar Lens man, maestro , y el dicho Antonio
Rodríguez, m ercade r, en no mbre d el dicho J uan d e Pa z, y Alº. Dazeb edo, fatores de la d icha hazienda ,
y d e con formidad no mbraron y t ubiero n p or bien de nombrar y senalar quatro honbr es p ara que tasen
en sus concienc ias las dichas ab arías. Y el dicho An tonio Rodríguez, merca der, en el di cho nonbre,
nonbró a Pér ez Cabral y Marco s d e Sebes, vecinos de sta dicha villa; y el d icho Gasp ar Le nsman,
maestro, no nbró a Ysb ram D as, m er cader, y a Alberto Antó n, flamenco s, estantes e n esta villa. Los
quales todo s quatro d e una co nformidad abiriguaron y allar o n e l valor de l pan que viene en el d icho
navío y del flete del dicho navío valer veynte d os myl y tr es cientos r eales, de manera que suma a d os
por çiento de abería s de que to ca a la p arte del mercader tre scientos y sesenta y sie te reales y medio ,
y a la par te del dicho maestro le tocaba de a barías d e su flete o chenta y siete r eale s y medi o, que suma
todo q uatroçientos y çinq uenta y çinco reales , que se aberiguó a ver d e aber ías en el dicho nabío asta
aquí d el cuerpo d el navío y d e jar cias y ca billa me de ferr o d e la jar cia, po rque allar on y aberiguaron
por vista d e sus o jo s la qu yeb ra y d año s usodic ho y lo ta saron, co mo d ic ho hes, e n los q uatro çientos
y çinquenta reale s”. A.H.P .P o., 2.0 27(3), 102 .
233
. Bai ona, 24 diciem b re 1611. J uan García, flamenco, vecino de Baiona, en n o mbre de Sim on
Janson, fla menco, veci no de Ámsterda m ( “nostra da m”), maestre de l navío Leó n Ver mello, recibe de
Juan de Sea Carballedo, veci no d e B aiona, 1.200 reales, “por son del f lete q ue deb ían Gills Dedor,
vecino de Astrada ma, y lo s ase guradores del pan q ue vino e n el dicho navío a esta villa, que se pe rdió
y moxó y por mandado de la j ustiçia d esta villa se e ntregó a Marc os García , vecino della, d e que ubo
pleito en raç ón d ello, ansí ante e l co rregido r de sta villa com o dela nte d e lo s señor es go vernador es y
oydores deste Re ino, en d ond e se sacó p or parte de d el d icho Si m on Jan son carta exec uto ria co ntra el
dicho Marco s García com o tal administrad or y dep ositari o del pan, con la qual p or parte d el dicho
Simón J anson fue r equerid o e l co rregido r desta villa y la mandó executar en el dic ho Mar co s Gar çía”.
Juan de Sea asume la d euda. A.H.P.P o. , 2.862(1), 298.
81
pleito e n Pontevedra ent re Me lchor Blan co, vecino d e la villa y ma estre d el navío
nuest ra señora d e Mourente, y Pe dro de la Peña; el fle te afectaba a un a ca rga de
centeno destinada a Laredo, lle gando a la villa de Luarca el dicho navío se avía
ronpido y pe rdido y se a vían sacado las merca dería s que en él b enían ca rgadas.
El ma estre h abía solicitado al cargado r q ue satisficiese la parte que le
correspondía por las av erías y f letes; la sent encia, dictada po r la justicia de la
villa, fue alegada por amb as partes. Se concie rtan en que el m ercader le
entregue 35 ducados en día de navidad
235
.
La insta lación en Bilbao de un miembro de la familia judeo -conversa
pontevedresa de los Dinís, Ve ntura, asociado a otros hombres de n ación
residentes en Ma drid, Sim ón y L orenzo Pereira, que continua el negocio f amiliar
de abastecer de h ierro a los pue rtos de Vi ana, Vila do Conde y Op orto y, en
menor medida, al de Pontevedra obliga a echar mano de l a s ave rías. Piratas
berbe riscos a cechaban a la altura del ca bo d e Fisterra e l trá nsito d e naví os ,
forzando a sus maestres a e ncallar en la costa, a f in de poner a sa lvo a la
tripulación . Esto e s lo que le ocurre, en o ctubre de 162 6, Pe dro Pérez Can grallo,
vecino de Cambados, maestre de la pinaza nuestra señora d el C amino, quien
recono ce habe r re cibido de los mercade res po ntevedreses Benito Nú ñez y
Antonio Dinís 570 rea les, por las averías…de la pina z a…con la q ual dio a la
costa en la arena…junto a Finisterre, t ransportando cien quintales de hierro
desde Bilbao
236
.
Al a ño siguien te, en mayo, Dom ingo de Çestelo, vecino de Pontevedra y
mae stre de la p inaza Esp íritu San to, que había cargado hierro y a cero en Bilbao
por cuenta d e S imón y L orenzo Pe reira, vecino s de Madrid, consignado a Vila d o
Conde, y de Ventura Dinís, a de scargar en P ontevedra; a cosada po r un navío y
una lancha de ene migos pirata s a vía dado a la cost a con la dicha pinaça , junto al
puerto de Carnota, e n d onde se avía perdido y d epués se fuera sa cando algun a
cantidad d e dicho fie rro y açero . El valor de l a m ercancía recupe rada alcan za lo s
18.568 reales (16.456 pertenec ientes a los Pereira y 2.112 a Ventura Dinís); a
Domingo d e Çeste lo le ace ptan las tres cu artas p artes del f lete, ha sta llegar a
Carnota , a razón de 1,5 real po r quinta l de hierro salvado, lo que suma 496,5
reales. En total, e l valor de lo salv ado y tran sporte asciende a 19.064,5 reales.
236
. A.H.P .Po ., 1.030, s.f.
82
Las averí as suman 2 .730,5 reales
237
, que so n prorrate ados entre los titu lares de
la pro piedad y f let e (16 .456 re ales los Pe reira, 2 .112 rea les V entura Dinís y 72 ,5
reales e l maestre de l a emba rcación).En defin itiva, Domingo de Çeste lo recibe
por el f lete y valor de su embarca ción 2.324 reales
238
. Dos m eses más tarde,
Vicente del Valle, vecino de Musques, m aestre del naví o sa n Franci sco, que dio
en la cos ta, obligado de los moros en la ribera de Carn ota…para salba rse y huir
de los moros avía d ado a la costa y se avía perd ido y a ra z ón d e la ha zi enda que
se avía salvado abían echo quenta de aberías. T ransportaba hierro y brea al
puerto de Aveiro por cuenta de Miguel Gómez Gutiérrez, vecino de a quel puerto,
de V entura Din ís, vecino de P ontevedra, y de Antonio Dua rte, vecino d e Muro s.
Las averías cau sadas al na ví o y otros gastos ascienden a 5.790 reales, que e l
mae stre reconoce ha b er recib ido
239
. Fina lmente, en nov ie mbre, el capitán Joan
de Lesama y Jua n d e Santalices, v ecinos de Somorrostro (Vizcaya), habían
cargado e n sus res pectivos n avíos, el san Ju an y el san And rés, hierro en B ilbao
por cu enta de Francisco Día z Ménde z, veci no de Aveiro, y de Si m ón y Lorenzo
Pereira, vecinos de Madrid, para llevarlo a Portu gal; siguiendo su viaje f ueron
perseguido s de los m oros y por e scaparse d ellos y sa lvar sus navíos y
mercadurías dieron a la co sta y bote a t ierra los dichos dos nabíos S an Juan y
San Andrés, de los que los piratas lleva ron los pe rtrechos y jarcias y ca ntidad d e
hierro. Todo esto en la costa d e este Reino, que se hi z o información a nte la
justicia de M uros. Ello s, por a gora, no pueden aberiguar ny liquidar las dichas
abería s y las remiten a los fieles y cónsules de la villa de Bilbao, para que las
agan en confo rmi dad de los papeles e informaciones que se an echo . Ventura
Dinís, vecino d e Pon tev ed ra, sale po r f iador de los cargadores y se obliga a que
como p or los dich os fieles y cónsules de Bilbao, en conformidad d e las d ichas
informaciones y p apeles, fuese declarado deberse pag ar a los dichos maestres a
razón d e los d ichos dañ os y aberías alguna cantidad de m a ravedí, los dichos
Francisco Día z Mén de z , Simón y Lo renço P ereira le s darán bueno a los
sobred ichos lo q ue así se d eclarase les deven p agar de las d ichas aberías y
237
. Averías, incluidos lo s 30 0 reales e mpleados en r ecuperar el hierr o d e la pinaza y otro s gastos
menores: pi naza, 1. 600 reales; falta de 1 2 quintales de hierro , 6 10,5 r eales; otra s faltas, 220.
238
. A.H.P .Po ., 1.031, 614
239
. A.H.P .Po ., 995, 176
83
daños, que se entiende an de ser las qu e sean causada s en el di ch o viaje asta
llegar a la villa de Muros y esto lu ego que se aya hech o p or los dichos có nsules
la d icha declaración. Todo lo qual le p agarán y arán por b ueno en la dicha villa
de Bilbao y el flet e de la mercadería q ue les cup o se lo pag ará el dicho Fran cisco
Día z Ménde z en la dicha villa de Abero lu e go q ue en ella ayan entregado la
carga
240
.
A la p eligrosidad d e la n avegación p or la Costa da Morte no le iban a la
zaga la e xistente a la altura de la s islas Cíes, tamb ién llamadas d e Baiona. E n los
primeros díase enero de 1 629, el t eniente de ju ez de l pa rtido y villa d e Vig o,
Juan de Barros Falcón, abre una investigación , a pe dimento de Do nis Martínez,
vecino de Vila do Con d e y ma estre de la ca rabela nuestra señora da Atauguía,
que transp ortaba manzanas d esde la ría d e Be tanzos a Lisbo a; el portugué s iba
costeand o y , al traspa sar la ría de Aldá n, en el Costal de Po e Se ixo, f rente a las
Cíes se top ó con un na vío d e alto bordo, que e chó al mar una lancha pa ra
apoderarse de la ca rabela. El maestre y sus diez m arine ros huyeron en un batel,
desembarcan do en la ensenada de A ldán. El navío pirata, d el que desconocemos
su matrícula, se llevó a remolque la pre sa
241
.
Los pe ligros d e la navegación del hierro vasco también p rocedían de los
tempora les. En la primavera de1632, Domingos de Seste lo, vecino de
Pontevedra y m ae stre d el n avío E spíritu Sa nto hab ía pa rtido de la villa de Bilbao
con carga de h ierr o, pipa s aba tidas, cáñamo y otras mercancías, pa ra lle var a
Pontevedra y Portu gal.
242
.
240
. A.H.P. Po. , 995, 206
241
. El te niente d e juez d e Vi go r ecibirá el testimo nio d e un marea nte local, q ue ser vía e n el cer co d e
Gaspar Co lvel y que and aba p or a quellas aguas a b ord o de una atalieira. A.H.P .P o.,2.294 (B), 575
242
. Con el gran temp oral y to rmenta…el n avío y su m arineros estuvieron mui a pique d e perde rse,
de qu e le fue necesa rio alix (er ) ar el dich o su na vío, ech ando algu nas pip as y mercad urías a la mar. Y
avían cortad o el árbol mayor y avían echo o tras mu chas averías . Y, sin env argo, avían llegad o co n
mucho riesgo y peligro a su rxir a Sa ntoña, qu e hes junto a la villa d e Laredo. E n la mesma villa se
avía echo in formación de las a verías q ue a vían echo delante del licenc iado e ten iente gene ral del
corregimien to de las Cu atro Villas de la costa de la mar y de Diego d e Quintana, escrib ano
púb lico…d e la villa de Laredo. Cuya in formació n entregava a mí el presente escribano , signa da y
firmada del dicho Diego de Qu intan a, para qu e della diese los traslado s sign ados a q uien
perteneç iese. Y, avie ndo llegado a esta villa de Pon tevedra, Domin go de And rade, mercader, ve çino
della, de consen timiento de las pa rtes y carg ado res que avían ca rgado en el dicho su navío y por cu ya
quen ta benían las mercad erías qu e ansí avía n cargado en la d icha villa de Bilbao, avía ech o las
averías de lo que se avía p erdido y echado a la m ar y lo qu e d ellas tocav a a cada cargado r. Por é l
consta que po r quenta d e Bentura Don ís, mercader, ve cino d e la dich a villa de P ontevedra, venía n
carga dos du çientos qu intale s de fierro sutil c argado s en la villa de B ilbao p or F rancisco d e Landa,
vecino de la mesma villa, consisnado s a desca rgar a l d icho Rein o de P ortogal. Le a vía repartido de
84
Todos e stos ejemplos prueban la debilidad del entramado comercial en los
años de l siglo XVII. La piratería b erberisca imp ide un a navegación segura,
optando los t ratantes, cua ndo esto fu era posible por el tráf ico terrestre, que,
ademá s no le afect aba la obligación de la sisa d e la embarcación, crea ción f iscal
de e stos años, como se atestigua en el Principado d e Asturias en el abasto de
vino de Riba davia
243
las d ichas averías qu inientos çinquen ta reales, los quales e l dich o Ventura Do nís a vía pagado e él
avía co brad o e recibido en est a villa de ma no d e Diego Do nís. Po r tan to que d e los dich os quin ientos
e çin quen ta reales que to cavan pag ar a l dicho Ventu ra Donís de las dichas ab arías por los dichos
duçien tos qu intales de fierro…pag ado ysa tifecho. A.H.P.Po., 1.036, 8 08
243
. B ARR EI RO M ALLÓN, B. , 19 83
85
2. L A DEPENDENCIA DE L A S A L
La dependen cia existente entre el de sarrollo de una industria pesquera y la
dispon ibilidad de sal abundante y b arata constituye una premisa de validez
universal. La s pesquerí as at lánticas, entendidas como industrias extractivas y
transfo rmadoras, sólo se pueden d esarrollar tras la denominada Rev o lución de
la Sa l, operada e n torno a 1380, que ponía a dispo sición de los mareantes
atlánt icos un volumen de sal hasta entonces de sconocida. Sin tener a segurada la
provisión de este conserv ante , resulta inútil iniciar una campaña pesquera de
cierta en vergadura, al carecer de los medios imprescindibles para la
estab iliz ación de las captura s. E ste a serto se refuerza cua ndo nos refe rimos a la
sardina, pues las o tras dos varieda des merchantes gallegas, el congrio y la
pescada o me rluza o pixota , pueden curarse sin recurrir al em pleo de la sal, al
tratarse de esp ecies cecia les
244
. Y lo mismo p uede decirse del pulpo . Sólo
precisan d el aire y del sol. Sin embargo, la sa rdina, ya sea arencada o
escochada , n ecesita de l concurso d e abundante sal. E n e l puerto de Cee, que
tarda e n disponer de alfolí
245
y que de bió padece r una crónica falta de sal, la
pesca de la sa rdina n o se docum enta hasta tiempo s muy tardíos: la p rimera
referenc ia es de 15 26, aunque hab rá que supo nerle una a ntigüedad mayor, p ero
destinada al con sumo lo cal y en f resco . Sin embargo, la captura de pescada con
trasma llo ya se evidencia en 149 7. T an distint o interés por las diversas especies
piscícolas proced e de la f acilidad para proceder a su curación : en los térm inos de
la villa, e n e l d enominado Campo d a Angue ira , los pescadores, f altos de sal,
instalaban caniz o s para proceder a la se ca de las especies ceciales
246
.
La d isponibilidad de sal resultaba crucial pa ra las pesquerías de la s ardina .
Se comprende el temor d e que ha cen gala los respo nsables del estanco a nte la
posibilida d d e desabastecimiento a ntes de iniciarse la ca mpaña o toñal de los
cercos; a f inale s de agosto de 162 2, el adm inistrador Die go de Ord uña lo
expresaba de manera me ridiana: en todos e stos puertos ha y cercos de sardina y
244
. Del latín *sicialis”, de sicus, seco. Real Academia E spaño la
245
. Los alfolíes d e Fis terra, Cee y M uxía se instala n a fines d el siglo XV. FERREI RA P RIE GUE, E.,
198 8, 164
246
. REI SOUT O, X., FRAMIÑÁN S ANTAS, A., Historia de Cee , 19 99, 201
86
han entrado ya a la mar y la pesca sin sal es perd ición pa ra todo
247
. Co mo
veremos, la elevación d e los precios de este conservante bajo el gobierno de l
conde-duque de Olivares quiebra este equilibrio, imponie ndo reca rgos imposible s
de asumir po r los ma reantes, anulando los efecto s b eneficiosos aporta dos po r la
Revolución de la Sal.
Otras artes, intermed ias entre los xeitos y los ce rcos, en lo que a
capacidad de capt uras se refiere, podían despachar sus la nces en fresco,
evitando su dependencia respecto al abasto de sales; nos referimos a las
sacadas
248
. En la Ribeira de l Berbés, en Vigo, se localizaba el mercado diario o
plazas don de mareantes d e Ponte vedra, Cangas do Morrazo, Red ondela, T eis y,
por supuesto, de Vigo po nían a la venta sus lote s de sard ina en f resco, así co mo
algún pargo, rub io o r a ya. Adquirían e stos l o tes minoristas del entorno (Porri ño,
Creciente, Tui, Sa lvaterra…), también del in terior del p aís (Monf orte,
Milmand a,…) y so bre to do, portu gueses (Braga, V alença, Gu imeráns, Ponte da
Barca, Viana, Lapela, Arcos de Valdevez , Monç ao…). El transporte se realiz ab a
por tierra
249
, evitando el pago de la diezma de la mar.
Un info rme elaborado en 1631 por Luís Ram írez de Arellan o,
adm inistrador de los alfo líes gallegos representa cómo pa ra arencar un milleiro
de sardina se precisan dos f errados d e s a l
250
. Y las ca ntida des co nsumidas p or
otras e species y otras variedades de sa lazón
251
.
247
. A.G.S ., C.J.H., 580
248
. Vigo, 8 agosto 1582. Gonzalo Rodríguez, vecino d e la villa, vende proced ente d e la sacada d e
Do mingos Afonso a Baltasar González, vecino de P rado, 2 milleiros de sardina a s eis reales y
cuartillo. A.M.V.,2 /82.
249
. E n u na única oca sión se ano ta e l e mpleo de una pi naza par a transpor tar a Viana 12 ,5 milleiros de
sardina. A.M.V., 2 /82, 4 agosto 15 82
250
. Una fa nega de Ávila, contie ne 55 litr os de sal, que se co rresponde con cuatro ferrado s.
251
. A.G.S., D.G.T ., inventario 2 4, 1 .168. Vide Apéndice Doc umental, doc . núm. 3
87
Sal nece raria para la conservación de dis tintas especies
Fte: A .G.S., D .G.T . Inv entario núm. 24, 1.168
A partir de datos a islados podemos intentar una reconstrucción de la
incidenc ia de los dos ferrados de sal precisos p ara obtener un m illeiro de sardina
arencada.
Costes de ela boración de un milleiro de sardina a rencada
Los datos re feridos a las sala zones de los fome ntadores c atalanes
confirman la pérdida de importancia de este conservante en el últi m o c u arto de l
siglo XVIII. Retroceso que se pu ede obse rvar e n otras va lo racione s: la
investigación de la s e scrituras notariales de Cangas de Morraz o realizada por
Vázquez Marinelli, Moreira Puma r y Rodal Gon zález p ermite conocer el valor
añadido qu e supone la transformación del millar de sa rdinas fresca s e n
arencadas, tal y como se refleja en la siguiente tabla:
252
. La do cena contiene 26 unida de s
253
. A.H.P .Po ., 904, 1
254
. A.G.S., D. T ., inventario 24 , 1. 168
255
. CORNIDE SAAVE DRA, J. , 17 74, 149
Mod alidad Salazón plen a F rescal
Sardina ca bezuda (ar enca da) 2 f errados/m illeiro 1 ferr ado/m illeiro
Sardina es cochad a 1,5 1
Jurel 1,5
Caballa, b oga 3
Pescado de c oster a 1 ferrado/d ocena
252
Merluza 1 ferrado/d ocena
Abadejo 2 ferrado/d ocena
A n ualida d
sardina en fresco 2 ferra dos sal Total
1579
253
85 ma rav edíes/milleiro 6 8 maravedíes. 44% 1 53 ma rav e díes
1631
254
272 306 53% 578
1774
255
408 238 37% 646
88
Valoración de l milleiro de sardina en el puerto de Cangas do Morra zo
Fte: Váquez M arinelli,C. e t alii, 2008
Del v alor añadid o que sup onía la sa lazón eran plenamente consci ente s
los ma reantes; uno de ellos , vecino de Vilagarcí a, en 1601, ante la alarmante
carestía del conservante en e sa campaña. valoraba ace rtadamente la ca ída de
los p recios del p escado que a carreaba. En e ste puerto f aenaban tres sacadas y
unos barcos de xeito; aora que e s la fu ria de la dicha pe squería se pe rdería hasta
tierra
.
Habiendo sal, s e v ende ría el millar de s ardina a más de un ducado (11
reales), faltando a 1 ,5 reales. Algún p rivilegiado que tenía sal pu so a la vent a el
milleiro a nueve y diez reales.
256
La av eriguación de alcab alas de l p uerto d e Corcubión, según B artolomé
Domínguez, m erino y justicia d e la villa y su ju risdicción p or el co nde de Altam ira,
ofrece unos d atos semejantes a los que apo rtan las p esquerías de las Rías
Baixas, al emp lear un arte semejante, la sacada.
Venta de milleiros de sardina en el puerto de Corcubión
Fte: A .G.S., E.H., 5 57, 41
256
. A.G.S ., E.H., 557, 41.
M illeiro en fresco M illeiro arencado
1580 340 m aravedíes
1585 85 m aravedíes 306
1587 340
1588 102 306
1589 102 306
1590 102 374
1594 102 374
1610 136
1772 408 680
1557 1558 1559 1560 TOT A L
Enero 40 152,5 --- --- 192,5
Febrero --- --- -- - --- ---
M arzo --- --- -- - --- ---
A b r il --- --- -- - --- ---
M ayo --- --- -- - --- ---
Junio --- --- -- - --- ---
Julio --- --- 30 -- - 30
A g ost o 3 170 150 90,5 41 3,5
Septiemb re 203 575 115 70 963
Octubre 386 270 66 369,5 1.091,5
Noviem bre 160 120 69 23 372
Diciembre 120 --- --- 78 19 8
To tal 912 1.287,5 430 631 3.260
95
Provincias, que, en su reunión de 4 de ma rzo de 1 599, señalaba entre los temas
a representar p or su procu rador en la corte la carestía de la sal, que había
llegado a situar la fanega de sal en los 3. 400 ma ravedíes
280
. Esta s reclamaciones
habrán f o rzado la renun cia d el arrendatario en san Juan de 1599. La Re al
Haciend a pretendía con el nuevo a siento f ormalizado con Gaspar de Zárate
asegurar e l norm al aba stecimiento de los pu ertos gallegos y astu rianos, al
imponer co mo condición que, en caso de desaba stecimiento, quedara obligado a
dar licencia a lo s particulares para proveerse de sal por su cuenta, pagando, eso
sí, los derech os de alfolin aje
281
. Las m ismas dificultades que enco ntró e l
arrendado r anterior para con seguir n avíos las sufrirá e l e ntrante, p or lo que el
Reino continuaba p adeciendo las p enurias de años a nteriores, conociéndolas,
mercaderes f ranceses y portuguese s ventureiros se acercaban a vender la sal
por su cuenta a unos pr ecios d esorbitados, 408 y 476 maravedíes por fanega.
A co mienzos d e 1600, el licenciado Gregorio de T ovar, suponemos que en
nombre de la Ju nta, representa al mon arca la caótica situación de la carrera de la
sal y los dos posibles remedios a la misma: que el Reino tome en
encabezam iento e sta ren ta, satisfaciendo a la Rea l Hacienda la misma cantidad
que e l p resente arrendador, o q ue a este se le permitiera un incremento d e un
real en f anega de sal, que pasaría a vende rse a 170 maravedíes, pero deb iendo
respon sabiliz arse de los daños que ocasionaran los desabastecimien tos . El
monarca en carga al ca pitán general y a la Real A udiencia d e Galicia que
realicen la s consu ltas p ertinente s con e l Reino y con el arrend ador y que envíen
su pa recer a l Conse jo de Hacie nda, que det erminará lo que le pa ciere m ás
oportuno . El conde de Caracena no convocará a la Junta de Pro vincias, sino que
opta por solicitar el parece r individualizado de cada una de las sie te ca pitales
representadas. Conocemos la deliberació n de los regidores de Tui, en 15 de junio
de 1 601, ante el doctor Ca rnero, com isionado para est e fin por el ca pitán
general. La opinión del concejo era contraria a que el Reino se h iciera cargo de
esta renta, dada la complejidad de la m isma, y, po r ta nto, opta por au torizar el
280
. ACTAS DE LAS J UNT AS DEL REINO DE G ALICI A I (1 599-162 9), 2-D, p p.499
281
. “si por c ausas justas no pu diese proveer la ca ntidad que fuere nece saria, con notificar lo a todo s
los lu gares donde hay alfolís y r equerirle s se proveyeran de sal q uatro meses antes y da r les lice ncia
para q ue qualquiera perso nas pudier en llevar sal al dicho Re yno, pagándo le dos reales de derec hos
por cada fanega, el dic ho tesor ero ubiese cumplido”. A.G.S., E .H., 5 57/8
96
incremento d e un real en el p recio de la fanega de sa l, p ero convirtiendo a la
Real Aud iencia e n garante de las obligacione s del arrend ador. Para rem ediar los
tem idos de sabastecimientos de sal quedaba facultado est e tribunal a autorizar su
come rcio li bre, sin obligación de satisfa cer ningún tip o d e derechos a los
arrendado res, que, por el cont rario, queda ban o bligados a compensar todo gasto
que sup erase los 170 maravedíes por fanega
282
.
El pa recer d e lo s regidores tudense s debió ser el gen eral e n la s resta ntes
capitale s del Reino y a sí el Consejo de Hacienda concertó nuevas condiciones
con e l arrendador Gaspar de Zárate, que quedaba a utoriz ado para vender la
fane ga de sa l a los dichos 170 ma ravedíes desde primero de julio de 1601, pe ro
sujeto a u na serie de condicio nes
283
. La Real Audiencia concede a e st a sub ida de
precios u n tra to semejante a l de las concesiones del servicio de millone s por las
Cortes, of reciendo com pensaciones a los contribuyentes: e speraba obtener de
este increme nto una recaudación a nual de 200.000 reales, que s e correspo ndía
con e l número de fanegas de sa l consumidas en los alfolíes del Reino. E sta suma
se dedica ría a satisfacer los consta ntes socorros (bastim entos, alojamiento s de
tropa…), que d emandaban las arm adas reales y que tenían qu e afrontar los
concejo s; a los consumidores se les pe rmitía, en caso de desabastecimiento,
proveerse por su cuenta a l margen del estanco…, grande s p romesas que suelen
acompañar a toda nueva impo sición, pero que no superan el plano teó rico. E stas
negociaciones culm inaron en la rea l cédu la de 1 2 de n oviembre d e ese a ño, que
imponía desd e marzo del añ o siguiente, el nue vo pre cio de venta de la fane ga de
sal, ci nco reales. A l tiempo q ue se con cedía al arrendador licen cia para poder
embargar los n avíos necesarios para emplearlos en la ca rrera de la sal.
Ni en 1582 ni tampoco en 1600 los poderes públicos gallegos habían
podido afrontar un a r enta tan compleja co m o la del estanco d e la sal. A la ya
comp licada navegación de este conserv ante desde las s a linas de Aveiro,
Setúbal e, incluso, andaluzas se sumaba su no siem pre f ácil de spacho en la red
de alfolíes situados en los puertos, a los q ue hab ía q ue añadir su
come rcialización por el in terior del Reino, co ntratando arrieros. Esta comp lejidad
282
. A.H.P.P o. , concello de T ui, L-782 , 14 4. Vid e Apéndice Doc umental: A cuerdo para incr ementar
en un real la fanega de sal, 160 0, doc . núm. 4
283
. A.G.S ., E.H., 557, 8
97
come rcial sólo p odía ser a sumida por una sociedad m ercantil dinámica, capaz de
implicarse e n ot ros negocios a sociados al e stanco, co mo el com ercio
profesionalizado d e la pesca o la con cesión de crédito s a las gentes de l mar
284
.
No e s d e extrañar que asumiera su arriend o e l grupo protoburgués más act ivo de
Galicia, la comunida d cristiano -nova de ascendencia portuguesa, que man tenía
amp lias cone xiones e n el señ orío de V izcaya, P ortugal e Indias. A la quiebra de
Antonio Góme z, el Consejo de Hacienda arrendó e l p artido d e Galici a a Bernabé
de Ca rmona, vecino de Valladolid, e n 19.500 .000 mara vedíes anuales. Este
personaje era un simple ho mbre de paja, q ue traspasa en el mismo precio esta
renta a los h ermanos Diego y Anto nio Pereira
285
; e n o ctubre de 1602, buena
parte del clan de los Pereira salen por fiado res d e este asiento, encabezados por
Leonor Pereira, desposada con el mé dico y vecino d e V igo Marcial Sa ravia; San
Juan Nú ñez de Vitoria y su m ujer Francisca Sá nchez, t ambién vecinos de Vigo;
el licenciado Paulo Núñ ez de Vitoria e Isa bel Tomás Dinís, su mu jer, afincados
en Pont evedra; su hermana B eatriz Pereira y su m arido Fernando López de P az,
residentes en B aiona y otro vecino de esta población
286
.
Poste riormente, la Real Hacienda re alizó un nu evo contrato de
arrendamiento gen eral con el geno vés Jua n P. Sa uli, por och o años, d esde San
Juan de 1606, en 110.000.000 maravedíes anua les
287
. Sauli abandonó e l asiento,
obligando a un n uevo arrendamiento a favor de Luis A rias Bece rra de los pa rtidos
de Castilla la Vi eja, Z a mora, B a dajoz, Galicia y Astu rias. Los a rrendadore s del
partido de Galicia debieron
llegar a un acuerdo con el nuevo arrendador, pues mantuvieron su a rriendo
hasta san Juan de 1614, sin alterar su cuan tía
288
. Las críticas al arriendo de los
Pereira, sobre todo a l com plicarse con interferencias inquisitoriales, que f orzaron
la huida de Die go e n 1618
289
, debieron dañar seriam ente la imag en de los
284
. Véase la actividad de lo s Pereira e n el apar tado Lo s préstamo s a la gruesa .
285
. A.G.S. 4 36, 6; 482
286
. Ma rtín G ó m ez Bravo y el abogado Fer nando López de Paz, de los que desconocemos si
pertenecen a la co munidad conver sa. A.H.P. Po ., 2.189, 218
287
. A.G.S ., C.G., 3.154
288
. A.G.S., C.M .C., 3ª époc a, 1.70 8
289
. CONT RERAS, J ., El S anto Oficio d e la I nquisición en Galicia , 1 982, pp. 598
98
arrendado res. E n 1614, el admin istrador p or cuenta d e la Real Hacienda,
Francisco de L edesma, afirmaba que los únicos rece ptores que se habían
enriquecido e ran los p arientes de Diego Pereira, porque se le s h a consentido
tene r muchas gran jerías con el dinero d e la rent a
290
. La s críticas cont ra su
gestión pro cedían de todos los ámbitos; en 16 17, un oficial de la Real Au diencia
afirmaba que los of ici os de receptores de los alfolíes acrecentados en Galicia
habían sido adquiridos po r Diego Pe reira en 32.000 reales, volviéndolos a
rev ender en 85.400
291
; en est a práctica continuaban en 1620
292
. Re cién f enecido
su arriendo, el admin istrador Francisco de Le desma se quejaba d e la dureza
emp leada por los ministros de Diego Pereira para cobrar las deudas: dejan la
tierra muy a cabad a por las muchas co stas y sa larios q ue llevan ....los (ejecuto res)
de Diego P ereira van con d iferente ánimo de q ue todo quede acabado
293
. Toda s
estas consideraciones ca usaron mella en e l ánimo de los contadores m ayores d e
Haciend a, que e vitarán en lo sucesivo e ntreg ar e sta renta a cristianos nu evos en
los partido s m arítimos. A sí se expresaban los funcionarios d e la Real Hacienda,
en 1632, p rocurando situar en los partidos de Galicia y Astu rias a u n arrendador
que no f uera de la nación , de quie nes por m u chas cau sas s e puede huir, en
particular en e sta administración, porque el que la tiene es con e lla abso luto
señor de los puertos de m a r de G alicia y Asturias, para poder sacar de ellos las
cosas ve dadas y meter las q ue so n proh ibidas d e en trar y, en particular, moned a
de ve llón
294
.
Esta advertencia no ca erá e n saco ro to y los Pereira y Din ís qu edarán
vedados en l os arriendos de las z o nas cost eras; solamente se les admite en la
adm inistración de los alfolíes de tierra adentro (pa rtidos de Ca stilla la V ieja y
Zamo ra). E sta exclusión t rataron de superarla los afe ctados recurriend o a
personas interpuestas: en 1632, h acía postura al estanco e n los pa rtidos de
290
. A.G.S., C.M .C., 3ª époc a, 1708
291
. A.G.S ., C.J.H., 529/4
292
.Po ntevedra, 4 julio 1 62 0, Mar cial Saravia Pe reira, vecino y regido r de Po ntevedra, vende a J uan
de Saa, escr ibano del n úmero de Po ntevedra, y a Clara de A b reu, su mujer, un o ficio de recepto r, de
los que últi mamente s u maj estad incre mentó en la Real Audiencia, en 3 .400 reales. A.H. P. Po., 1 .026,
350
293
. A.G.S ., C.M.C ., 1.711
294
. A.G.S ., C.J.H., 1.751
99
Galicia y As turias un perso naje b ien cono cid o de los inquisidore s, Marcial Sa ravia
Pereira, h ijo de Diego Pereira, en nomb re del que más ta rde será importante
asent ista d e Carlos II, V entura Dinís, a mbo s vecinos de Pontevedra, que
obtendrá el arriendo d el partido de Castilla la V ieja, pe ro no el de l Reino de
Galicia. En 1638, se rep etía la m isma situación: el ca pitán Dom ingo de An drade,
vecino de Pontevedra, en nombre d e Ventura Do nís, arrenda dor de las salinas d e
Castilla la Vieja y Zamora, requiere a Enri que Sinel, t esorero de l esta nco de de
Galicia y Asturias, y al contador Diego de Vera, superintendente nom brado p or el
Consejo de la Sal, la paga de 584.560 ma ravedíes que Enrique Sinel le debe p or
el p rometido del 2 por ciento que su pa rte ganó e n la puja d el arriendo de dicho
partido
295
.
Al cu mplir e l arrien do de Luis Arias Be cerra (jun io d e 1 614) y an te la f alta
de particulares interesados en hacerse cargo d e esta renta, la R e al Hacienda
vuelve a a dm inistrar directame nte este p artido. E l p rimer administrado r será
Francisco de L edesma
296
, al que sucede Fernando de Anse án y Agorreta
297
,
Diego d e O rduña (nav ida d de 1620 – na vidad de 1622)
298
y Fernando de
Losada. El a dministrador Fr ancisco d e Le desma consideraba que la falta d e
interés de lo s particulares por hacerse car go de e sta renta procedía de la
humedad de la tierra, que me rmaba e n exceso la sal alm acenada en los alfolíes,
sin que la s comp ensaciones que recibían lo s receptores, el 7 por 100, fu era
suficiente
299
. La cancelación de la T regua de lo s Do ce Años insistió en las
dif icultades para administrar el estanco. Resulta ba d ifícil enco ntrar a personas
interesadas en asum ir el arriendo de un a renta tan sensible a los peligros de la
navegación. L a Real Hacienda dará todo tipo de facilidade s para atraer a los
inversores, t ales como deja r por caudales 22.500.000 m aravedíes, q ue la dicha
renta tenía para provisión y abasto de sales d e los dicho s partido s, lo s q uales se
abían ido reservando para este efecto de lo procedido de los años desde el de
295
. A.H.P .Po ., 1.074, 7
296
. A.G.S., C.M.C., 3 ª épo ca, 1.70 8
297
. A.G.S., C.M.C., 3 ª épo ca, 1.73 4
298
. A.G.S., C.M.C., 3 ª épo ca, 1.72 1
299
. A.G.S., C.M.C., 3 ª épo ca, 1.70 8
100
1614 h asta fin d e 1622 , que est uvieron en administración . El Consejo de
Haciend a también a larg ó el pe ríodo para p resentar la s fianzas pe rtinente s a los
arrendado res. Mientras n o la s aporta ron en su to talidad, dispuso que junto al
arrendado r actuara u n administrador, don Francisco de la s Bá rcenas, que po seía
una de las dos llaves d el arca de cauda les, en la que se d epositaban los efectos
de la renta
300
.
Esta de licada situación de la renta fue aprovechad a por los antiguos
arrendatarios, la fam ilia de los hermanos Pereira, para volv er sob re sus pasos, a
través d el hijo de An tonio, el ya titu lado regidor de la villa d e Pon tevedra Marcial
Saravia P ereira
301
. De sde S an Juan d e 1623 y por diez añ os se e rige com o
arrendado r general de esta renta Ma rtín de Bo livar
302
, que su barrendó el esta nco
del partido de Galicia y Ast urias a Juan Zapata de la Torre
303
. Co mo f iador f igura
nada menos que Mar cial Saravia P ereira, que permite i maginar unos ma nejos
ocultos, amparados por colabo radores interpuestos. Marcial S aravia y a había
participado en esta renta con su padre en la a dministración de los alfolíes,
actuand o como receptor. T ras el escándalo fam iliar, permanece en P ontevedra,
donde tiene que suf rir una leve pena inquisitorial, y, p or lo que parece, continúa
con el m anejo de l a sal mediante p ersonas interpuestas. Por este pa rtido
deberían satisf acer los adjud icatarios a la Real Hacien da 27.860.000 ma ravedíes
anuales, de los que 23.860.000 correspondían a Galicia. E n este m omento la
totalidad de la ren ta e n la Coro na de Castilla ap ortaba a las arcas reales
115.760.0 00 ma ravedí es
304
. Entre 2 4 de junio d e 162 3 y la víspe ra de l a
300
. E n d iciembre 16 25, el ar rend ador don J uan Zapata de la T orr e entregó 28. 008.8 65 maravedíes d e
fianzas, por lo que se le “despa chó fieldad ”, esto es, a utorizació n pa ra ad ministrar a l r enta sin la tutela
del administrador, por térm i no de cien d ías, d esde prim e ro de enero d e 1626. En ab ril 16 26, se le
pro rrogó la f ieldad po r o tros 80 días; en 29 de agosto de ese año, por otros cie n d ías, hasta q ue el
arrendad or dio fianzas por val or de 9.24 6.684 maravedíes p or el c audal de los 2 2.5 00. 000 m ara vedíes
dej ado en depósito . A.G.S., C. J. H., 600
301
. A.H.P .Po ., 1.035, 746 v.
302
. A.G.S., C.M .C., 3ª époc a, 3.01 9/2
303
. Escr itura d e cesió n: P onteve dra, 1 diciembre 1 62 3, Juan Zap ata d e la T orre, vecino d e S antiago, y
Martín de Bolibar , vecino de Madrid y residente e n P ontevedr a: el a rrenda miento de las salinas de
Galicia, Asturias y León q ue hizo a S.M. po r 10 años, d esde San Jua n 16 23, e n 27 .870.000 mrs./año,
pertenecen al lice nciado Jua n Zapata, al q ue ced e el ar re ndamiento. P od er d e Zapata a favor de
Gregorio Lanzós, s u lugarteniente, p ara r ecibir de Fernando de Losad a y Quiño nes, administrado r
anterior. Po ntevedra, 1 2 abril, 162 4. A.H.P.P o., 993 , 172.
304
. A.G.S ., C.G., 2.759
101
festividad de san Juan d e 1636 e l resto de los partidos de la Corona de Ca stilla
fueron arrenda dos a los hijos de Diego Pereira, Simón y Loren zo
305
.
Escudándose en los ele vados f letes f ruto de la s hostilidades con las
Provincias Re belde s, quedó abierto , en 1628, el t ráfico de la sal a tratantes po r
cuenta pro pia, que despachaban el conservante a precio s excesiv os, 16 y 18
reales la fane ga, hasta que inte rvino la Real Aud iencia, mode rando los precios de
venta en 14 reales
306
, aunque con p oca efec tiv ida d. Pa rticipaba en e l me rcado
negro Ventu ra Dinís, q ue había desembarcado en A Coruña se iscientas fane gas;
sus carab elas habían ab astecido a Betanzos, Po ntedeume y Ferrol a los
excesivos precios que ya con ocemos
307
.
Ante las co ntinuadas quejas del arrendador Juan Zapata de la T orre, que
solicitaba d el Consejo de Hacien da u na re ducción de diez cuen tos de
maravedíes, el 35 por ciento del monto d e su asiento
308
, comisionó la Real
Haciend a al contador Pedro Monzón. Su juicio fue favorable a considerar correcta
la actuación de arrendador, pero muy dif icult ada por los enemigos d e la Corona.
La falla que encontraba era el escaso caudal d el que disponía el asentista, por lo
que recom endaba traspasar la renta a otro más a caudalado. Esta soluc ión no fue
posible y se opt ó, a instan cias de Juan Zapata de la T orre, por el no mbramiento
de un superintendente, que co n su m ayor autoridad le respaldasen su gestió n, en
especia l, embargo de navíos. Ac cedió a e llo el Conse jo, concediendo comisión a
Pedro de Monzón
309
. Estas m edidas deb iero n ser efectivas, pues al poco, se
recogen n oticias respecto a la arribada a los puertos altos de carabelas con carga
de sa l.
A com ienzos de la década d e los años 30 d el siglo XVII, e l E stanco
Universal d e la Sa l en uno de los principales intentos del conde-duque de
Olivares d e r eform a d e l a Hacie nda y de integración de l os terr itorios de la
Corona. Proyecto que se realiza a de stiempo, en una co yuntura económ ica muy
desfa vorable, que lo a rrojará al más e strepitoso de l os f racasos. El Estanco
305
. A.G.S ., C.G., 2.284
306
. A.G.S ., C.J.H., 600
307
. A.R.G., 8 .317 , 83
308
. A.G.S ., C.G., 2.297
309
. Real céd ula de 4 j unio 1628, 3ª é poca, 1 .203
102
Universal hará contribuir a los reinos y prov incia s fo rales: Portugal, Navarra y
Vascon gadas. El in tento reside e n la sustitución de los o diados millone s por el
estan co. La real cédu la de 3 de enero d e 1631, ma rca los inicios de esta reforma;
la supresión de los millon es se haría escalonadamente: a la publicación de la real
cédula ce saría el de los 1 2 millones y , en fin de jun io, el de l os 18 millones. Se
creaba el Con sejo de la S al, a l que pe rtenecían destacados m iembros del
Consejo de Ca stilla, que ejercían d e sup erintendente s en sus respect ivos
partido s; el de Galicia y Asturias correspo ndía al fiel colaborador d e Olivares José
González; como administrador será nombrado Jo sé Ramírez de Arellano , que
debería vender la fa nega de sa l a veintidó s reales la fa nega. La inciden cia del
astronóm ico a uge de los precios so bre los cercos pontevedreses se p uede
conside rar n ula, al d arse, de he cho, por aca badas las compañías grem iales,
restando u nas artes que comercializaban la m ayor parte d e sus mareas e n crudo.
Así recoge el a uto consistorial pontevedrés de primero de julio de 1631 la
sustitución de l serv icio de los 18 millones por el Estanco Universal: su m ajestad
da p or libre a l Reino y sus vasallos d e las obliga ciones que en su favo r an
otorgado y da su palabra real que no usará de ellos. Y que las dichas cuatro
especie s queda rán libres como estaban antes de que se impusieran los dicho s
servicios. Y esto respeto al crec im iento q ue su majestad (hizo) en el precio de la
sal, que e stá goz a ndo al p resente
310
.
Aún cuando esta n ueva f igura fiscal se encontraba en la fase de estudio,
en 1630, su s artífices precisaban conocer el volumen de los consumos, así como
el d e la població n, lo que dio origen a la redacció n del censo más com pleto del
siglo XVII. Para compensar a lo s extintos servicios de m illones, que rendían, al
menos teóricamente, cuatro millones de d ucados, e ra p reciso despachar en los
alfolíes m illón y m edio de f anegas de sal. Cant idad t an exagerada, que hizo
recurrir a los co nsum os obligatorios, lo s acopios. L a rea l cédula de 4 de marzo de
1631 exigí a a tod os los lugares del Reino q ue señalaran su co nsumo de sal, e n
corresponde ncia al n úm e ro de vecinos, ganados y granjerías y del consumo de
los a ños a ntecedentes
311
. El superintendente José Go nzáles urg ía al
adm inistrador Luís Ramírez d e Arellano a que remitiese, urgentemente, al
310
. A.H.P .Po ., 17/3, 150
311
. ARTOLA, M., 198 2, 97
103
Consejo de la Sal los da tos solicitados p ara proce der al acopio de los pue blos
312
.
La impo sibilidad d e tener d ispuestos los acopio s p ara san Juan de 1631, se
compen saba con un descomunal increm ento de lo s precios d e venta de la fanega
de sa l, d oce reales, amenazando con sucesiv as sub idas, si f uera preciso. El
Consejo de la Sal, en su repre sentación al mo narca, en 23 de junio de 1631
313
,
expresaba los inconvenientes de una m edida tan co ntundente, in ex tremis
debería reducirse a un increm ento de seis rea les en f anega. Cualquier
incremento d ebería d ejar al ma rgen a G alicia, A sturias y Monta ñas, at endiendo a
su elevado consumo de sal; los servicios d e millon es n o llegaban a p roporcionar
a las arcas reales 80.00 0 ducados y co n el E stanco Universal se detraerían
500.000: e n Castilla en ninguna provincia se doblaban los millones y esta s vienen
a pagar se is veces más de lo que paga ban . O pinaba el Consejo de la Sal, que,
de aplicarse e l cre cimiento de los 12 re ales p or fanega, se alcanzarían lo s
900.000 duca dos de recaudación y todos los frutos de ellas (Asturias y Galicia)
no lo valen
314
.
La resp uesta real fue con tundente: yo n o q uiero equ ivocaciones, ni a dmito
novedad sobre los que es mío . T an sólo tra nsigía en re bajar el recargo por
fane ga en Galicia y Astu rias a 8 reales; también se mode raría la s a l destinada a
las pesque rías. El monarca insistía en la necesidad de incrementar los p recios
hasta alcanzar un ren d imiento anual d e cuatr o millones d e d ucados: a nadie se
puede o bligar a que coma más sal de la q ue a menester, sino más o menos
cargada.
Los a copiamientos cif raban e l consumo an ual en medio f errado por familia
y año, unos siete litros. Entendían que correspond ía a un celemín por persona,
cuatro litros y med io, lo que significaba m enos de un ma ravedí diario. Se gún este
parece r el gr ueso del consumo de sal se localizaba en los pro ductores
(ganadero s y ma reantes) y rep ercutía de mane ra insensible en los consumido res.
Felipe IV llegaba a co nsiderar, e n anota ción pe rsonal, que má s afecta ba a l as
armadas reales, las gr ande s consumido ras, que a los p roductores. La crisis
ganade ra que a carreó el Estanco Un iversal – e n tierras d e Soria ha bían muerto
312
. A.G.S ., C.J.H., 1.739
313
. A.G.S ., C.J.H., 1.739
314
.A.G.S ., C.J.H., 1.739
104
cincuenta mil o vejas en su vi aje a Extremadura – o bligó a suspende r est a
novedad f iscal. E l cen so levantado para proceder a los acopiam ie ntos mostra ba
en líneas generale s, según S . Piquero, que el E stanco U niversal suponía una
mayor ex igencia a los contribuyentes que los se rvicios de millones. Tampoco se
podían i m poner unas exig encias tan férreas, desconocid as en Cast illa, como
comp robaremos en Vi go. La real cédula de 12 de junio de 1632 supuso la
cancela ción de esta noveda d fisca l, vol viendo a imponerse el servicio de
millone s.
Los a copiamientos contaron con l a ayuda de un censo, el denominado de
1631; el p artido de Galicia fue estudiado por Fernán dez Cortizo
315
. En el p artido
de Galicia co rrespondía su realización al admin istrador L uís Ram írez de Arellan o.
Conocemo s el padrón calle h ita co rrespondiente a la villa de Vigo
316
, que parece
indicar tratarse de un a correción de otro anterior
317
. El expedie nte siman quino
aporta es tos d atos: La villa de Bigo tiene quiniento s y cuarenta y siet e vecinos;
acopianse mil o chociento s y cuaren ta y qua tro f errados
318
. Cupo excesivo, si nos
atenemos a la est imación de dos f errados por con tribuyente. El pad rón local
dif iere de los datos aportado s al Consejo de la Sal: 426 vecinos a los que obliga a
consumir 998 ferrados d e sa l anualmente, prácticamente los do s fe rrados
legales. La distinta v aloración de ambos vecinda rios, que difieren e n un 22 por
ciento, de be proceder d e la circunstancia d e que e l p rimero reco ge a la
pobla ción m enesterosa y el segundo, q u e aplica e l correspon diente acopio, y a
no. E ste elevado porcentaje de exentos constitu ye una norma gen eral en los
repartos fisca les. Lo s repartidores de l a copio deb ían ser mu y exigentes a la hora
de e ximir a los vecinos por pobreza: personajes en e l límite de la miseria eran
obligados a cont ribuir: Catalina Dacosta, mujer de un mareante cautivo; Afonso
Toucido , ciego; Pedro Solteiro, ma reante viejo; Gregorio Dapena, negro…
315
. FERNÁND EZ CORTI ZO, C., “ La p oblació n d e G alicia e n la primera mitad d el siglo XVII : lo s
vecindarios d e 16 31 y 165 1 ” en Obrado iro de Historia Mod erna , 1990 , pp. 103-130 .
316
. Deb e estar realizad a por gente del lugar, que co nocen p erfecta mente la villa y sus vecinos.
Recogen la toponi mia urb ana ( calle d e Sa ntiago, r úa da Lana, A Pedr a, P eirau, fuent e del Plazer ,
Misericor dia, Mosteiro , Cana delo, rúa doss Canissos, Calss ada, Canto d a Ve iga, fonte do s T orrnos) e,
incluso, los sob reno mbres ( María Pere s, regatera, alias Bragada; Juan González, mareante, alia s
Cardenal, Do mingos Go nzález , alias B ristol; Capa Rota). A. H.P. Po., 3.0 67, 692
317
. “A Ped ro Martínes Carba llido tiene q uatro d e acop iamiento y no ha de llevar si no do s ferr ados”
318
. A.G.D., D. G. T ., inventario 24, leg. 1.16 8
111
Con anterioridad a la Un ión Ibérica la Real Hacienda instaba a s us
funcionarios a que no perm itieran vender la s al f uera de los alfolí es
337
y que
procurasen abastece rse de las sa linas na cionales, e n concreto de las an daluzas,
por e l benefiçio qu e dello se sigue a nuest ros súbditos y por lo s dere chos que
dello nos perteneçe , aun que admitiendo la necesidad d el aporte po rtugués
338
.
Los administradores quedaban autorizados a embargar los naví os nece sarios en
los p uerto s andaluce s para conduc ir la sal
339
. Bajo esta s considera ciones los
factore s del estanco e n Galicia, Bernardo d e la To rres y Rod rigo de Hervás,
contrataban, e n 1568, con e l vecino de Aveiro Lanzarote Ribeiro el sum inistro de
sal a los alfolíes de las Rías Ba ixas, sin cont abilizar e l de P ontevedra, conbe nya
y era ne cesario p rober pa rte de los alfolis deste Reyno de Galicia de sal d e
Abero : Corcu bión, Muros, Noia, Cambados, Vilagarcía, A Pob oa do Deán,
Padrón, Vigo, A Guar d a, Tui. E l po rtugués de bía situar en los alfolíes indicados
duran te el año de 1568 y a su riesgo y ventura nueve mil fanegas de Ávi la: tres
mil rapadas grandes de sal p isadas, con se recibe sa l de los nabíos, que cada
rapada ha z e tre s a negas po r la de Á vila a l espe llyr , pe rcibiendo por cada rap ada
tres reales. La fanega de sal d espachada en los alfolíes a cuatro reales
significab a un sobreprecio del orden del cuatrocientos por cien.
El d istinto grado d e humedad podía increm entar o decre cer e l volum en de
las sales, prob lema frecuente en su navegación, por lo que las conversiones de
las distinta s m edidas se realizaba co n gran d iscrecionalid ad
340
. Las arribada s de
337
. “mirare ys mucho que no se p ueda tr aer ny tra yga, vende r n y venda en e l dicho Re yno de Galizia
ninguna sal, si no la que se des tribu ya en lo s dic hos al folíes po r nuestra quenta, te nie ndo d esto espeç ial
cuydado”. Instruccio nes dadas a B ernard o de Por ras, en 07 mayo 157 3. A.G.S., C.M.C., 2 ª épo ca, 324
338
. “o si sería nece sario q ue de más desto se tr aiga sal del Reyno de Portogal y que se aga n allí algunos
conçiertos”. A.G.S., C.M.C., 2 ª épo ca, 324
339
. “se os entregar á c édula nuestra p ara tomar y fletar e n la costa de Andal uzía, q ue lle ven la sal que
fuese menester p ara la pr obisión de lo s dichos alfolíe s, como la te nían los ad ministrado res pasado s,
usareis della al tie m po y co mo y qua ndo que os par eciere que conbiene y fu ere necesario ”. A.G.S.,
C.M.C., 2 ª épo ca, 324
340
. En tota l qui nientos milleiros , c orre spondiendo cad a uno a 6 0 r apadas, que suma n 30.0 00 r apad as
grandes, que son 90.00 0 f anegas de Ávila “y si acaso cad a m illar de la d ic ha sal no viniere a
corr esponder ny dar las dic has sese nta o sese nta e una rap ada d e las grandes o sea p orque e n los
nabíos venga al guna a g ua o p or otr o caso fortu y to, que lo que nos faltare d e respo nder cada mylleiro
de la dicha sal que el d icho Lanzaro te Ribeir o lo s enbiar á y e ntregará” ha sta c o m pletar la s tres m il
rapad as. A.H.P. Po., 3.0 05, s.f.
112
los transportistas debían ceñ irse a la demanda temporal d e este conservante :
20.000 rapadas entre marzo y a gosto, co n las q ue resp aldar la cam paña
pesquera, y el resto, 10.000 rapadas, entre se ptiembre y f inal de año, para las
artesas campesinas, q ue cu stodiaban las matanzas de la casa. El abasto sólo se
podría anular en caso de q ue alguno d e l os pue rtos est uviera infe ctado por la
peste
341
.
Estas prácticas comerciales f ue ron bruscamente truncadas por el
descenso de la p roducción de las salina s b retonas y también portuguesas en los
años de 157 4-76. L as sa linas gaditanas parece que , f avorecidas por su po sición
más meridional, m antuvieron m ás e stables sus cose chas, meno s afec tadas por
los v e ranos lluviosos, por lo que se intentó in crementa r su participación en la
provisión d e los alf olíes gallegos y astu rianos. La experiencia re sultó u n autént ico
desast re, por la f alta de inte rés de su marinerí a en na vegar la sal gadita na. Los
embargos de navíos re sultaron contraprod ucentes, p ues la s tripulacion es
boicoteaban los transportes, como reconocía Martín Aragon és, fa ctor d e la ren ta
en S etúbal
342
. Certificando sus a severaciones, la relación de las treinta y cinco
embarcacio nes desp achadas d esde San Lúcar y Pue rto de S anta María en 1575
no contempla ni un sólo naví o a nda luz; el grueso del transporte descansa sobre
las carab elas p ortuguesas, seguido a mu y larga distancia p or los n avíos gallegos,
que serí a n fo rzados a participa r por el a dministrador del estanco. La
341
. “Y hes condició n que en caso , lo que d ios no quyera, que si algún lu gar d e lo s no mbrados e n esta
carta ub iere m ortandad de pestilencia u o tro mal contag ioso, el d icho Lançarote Rib ero no sea
obligado de enbiar al tal lugar sal alguna, en tanto q ue la d ich a mortandad dura re”. A.H:P .Po. , 3.005 ,
s.f.
342
. En 17 j unio 157 5, el factor en Setúbal Ma rtín Ara gonés infor maba có mo “en el Andaluzía me
dizen avía sal nueba y que a b ían p asado po r aquí ç iertos navíos que yban allá, de que me huelgo
mucho, aunq ue e s ta n larga n avegació n q ue si e ste ( año ) Setúbal o Abero no satis face, satisfará poco
lo de allá y e n espe çial que, c omo allá le s aze n ve nir por fuer ça y le s aze n algunas moles tias para q ue
vengan, que no p uede ser menos p or el c amin o se vengan, po rque si bendan y d exen e n su s c asas e
azen tal es trago en e lla que urt an buena p arte. Y estos son lo s que a e lla apo rtan. E a y otr os que no va n
allá y lo ve nden”. A.G.S., C.J. H., 1 46
Volverá a insi stir, en 20 sep tiembre, y desde Aveiro con en el mi smo p lantea miento: “De Andal uzía
pasan po r esta costa algunos navíos car gados d e sal p ara la probisión d e d icho Re y no. Y algunos
bienen d estrozad o y de sbarata do sdel tie mpo, que e s necesar io rep ararlo s y r emediarlo s y d arles algú n
dinero, para que sigan su v iaj e. Y a nsí o ha go y sin horden…muchos destos navíos, d e spués que se
meten e n este Reyno benden esta sal que a nsí lleva n de Andaluzía para la dic ha pr obisión, con p e nsar
que no a y quien se lo de mand e, po r estar en este Reyno. Au nque ped í al ser enísimo rey d e Po rtugal
que se diese co misión a las ju stiçias par a q ue a mi ped imyento…c astiga se a las per sonas que e n esto
oliesen deli nquido, no se m e d ió”. A.G.S., C.J. H., 1 46
113
adm inistración del e st anco residia en V igo, d onde encaminan las em barcaciones
a los pue rtos de destino
343
.
TR A NS PORTE DE S AL DESDE ANDA LUCÍA A G A LICI A . 157 5
Fuente: A.G.S., C.J.H ., 14 6
Carabela *
343
. Relación d e la sal q ue Juan de Ibarra y Fra ncisco de Sed eño han re mitido desde An dalucía al
Reino de Galicia a lo s ad ministradores B ernard o d e Por ras y Alo nso Herná ndez Del gad o. A.G.S.,
C.J.H., 146
344
. “e po r aver allí a por tado destroçad a e p erdida se d escargó allí”
345
. “carabela de J uan Gonzáles, maestre, el qual avía muerto y en Leça encalló la d icha car ab ela y el
dicho Go nzalo Afos no la sal que p udo r ecoxer la cargó en su navío e tru xo aquí”.
Sanlúcar Vigo M aestre matrícula cahices
A l folí
22.03.1575 12.0 5. Juan Doce Pontevedra 50 Pontev edra
23.03 12.05. Juan Dom ínguez
Pontevedra 40 P ontevedra
22.03 14.05 Ignaci o Baez
Portugal* 100 Vilan ova,Cam bados,
Vilagarcía
22.03 16.05 Antoni o de Avi lés
* 40 Redonde la
12.03 30.05 Juan Dí az Portugal* 130 Pont evedra
12.03 30.05 Antoni o Afonso Es posende * 80 Vigo
30.05 Am ador Montero
Vila do C onde * 45 Padró n
16.05 30.05 Gon zalo Yáne z Leça * 60 Bou zas, Can gas
15.04 31.05 Álvaro G on zález Lagos 60 B aiona
15.04 31.05 Juan Gon zále z Esposen de * 100 Ribadeo
31.05 Juan Mar tínez A Guard a 40 A Guarda
01.06 Juan Corre a Vigo* 60 Noi a
15.04 03.06 Salvador Gle z. L eça 110 V iveiro
07.06 Dom ingo Fdez. Lagos * 100 A Coruña
08.06 Manuel J uan Es posende * 100 Ribadeo
12.06 Pedro Yanes Leça * 37 Cor cubión
13.06 Jorge Pér ez Matosi nhos * 37 Cang as
13.06 Antonio A lonso Leça 190 Ribadeo
15.06 Antonio Af onso Matosi nhos 65 Vigo
344
15.06 Juan Yan es Matosinh os * 41 T ui
22.06 Rque Núñ ez Av eiro * 81,5 Vilanova
22.06 Álvaro Fra ncisco
Aveiro * 105 Redondela
22.06 Juan Martín e z Aveiro 145 Vigo
02.07 Miguel Martí nez Aveiro * 110 Pont evedra
02.07 Andrés Go nzále z
Esposende 100 Viveiro
Francisc o Afonso
Esposende 80 Viveiro
21.07 Gonzalo Af onso
345
30 Bouzas
22.07 Mateo Ribe iro * 60 Padrón
23.07 Jorge Afons o Opor to * 25 A Guarda
28.07 Juan Ál varez 82 V igo
28.07 Antonio M arcial 75 Vigo
31.07 Pedro Ferná ndez
Viana * 75 V igo
01.08 Manuel Núñ ez Opor to * 90 Noia
16.06 02.08
Melchor G onzále z
Matosinh os * 40 Pontedeum e
02.08 Andrés Al onso Matosinh os * 43 Santa Marta, C edeira
114
Las ya d e po r sí pobres cosecha s de la s salinas portu guesas de los tres años
consecutivos de 1574 -76 se vieron sometidas a un exceso de demanda por
parte d e los c o nsumido res ingleses, f ranceses y flamenco s, al no p oder
abastece rse suficientemente de las salinas bretonas, sus t radicionales
proveedora s, mu cho más cast igadas por la clim atolo gía adversa. Martín
Aragonés rec lamaba de sde A veiro, a media dos d e septiembre de 1575, dinero
para apu rar las compras, ante s de que se incrementara la demanda de lo s países
del Mar del Norte :
las ca usas de la neçesidad y hanbre que e l a ño pasado tubo a quel
Reyno la cusó la falta y ne cesidad de la sal. Y an sí, si agora n o f uere
remediado co n mucha probisión della padecería ot ra mayor n ecesidad
que la p asada. Y, d emás desto , la sa l e n este Reyno se va
encare ciendo, porque ay gran saca de lla para Flandes y Yngalaterra y
Françia, que a causa d e los de la Rochela no se an labrado esta a ño
ni el pa sado las Marinas d e Ba yas y Brioa je, que e ra de adonde estos
reynos se proveían y ag ora forz oso acuden y e ncareçe n y an de
encare cer la dicha sal, de manera que l o que agora se po rá comprar
por 10 no se compra por ve inte. Y como ag ora se ha llan navíos para la
navegació n desta s a l, después no se hallarán, porque se ba sob re el
inbierno
346
Los responsables de la ren ta proponían el empleo de d os medidas,
aparentemente , contradictorias, p ero complementarias. Por una parte, embargar
los na ví os de l Reino p ara emp learlos en la carrera de la sa l, y no p ermitir la
arribada de navíos ext ranjeros a cargar m ercadurías, sin traer carga de sal o que
dieran f ianzas de que volverían c on e lla. El a dm inistrador Bernardo de Porras
aseguraba que, e n 1574, habían a rribado a l os puertos gallegos má s de cien
carabe las y n avíos a ca rgar made ras, que, si hub ieran tra ído sal, se hub iera
resuelto el desabastecim iento. Esta med ida, considerada como de
eme rgencia
347
, era totalmente irrealizable po r la violencia a que se som etía a los
346
. Infor me de Martín Aragonés , desd e Aveiro en 20 septie mbre 1 575. A.G.S., C.J.H ., 146
347
. “ En tie mpo de tanta neçe sida d y en co sa ta n n esçesari a es muy j usto s e q uebrante la le y y
premáticas deste Re yno en lo tocante a esto, po rque no hazie ndo nueva le y ny o rde nanza, se qued a en
115
mercaderes extranjeros; t ambién lo era la posibilidad de labrar salinas en Galicia,
como proponía e l ad m inistrador. Otro r ecurso mucho má s re alista consistía e n
relajar tem poralmente los rig ores d el e stanco, pe rmitiendo la arribada d e navíos
aventureros, que podrí an vender la sa l po r su cuen ta, pagando alfolinaje , 2,5
reales po r cada rapada de sal, que contiene tre s fane gas de la medida de Á vila,
lo que se denomina alfolí abierto.
La liberalización de este comercio era la única solución posible, p ero a
costa d e e ncarecer lo s precios, lo que, p or otra p arte, no constitu ía otra cosa m ás
que la ada ptación a las leyes del m ercad o. S obre esta rea lidad se supe rponía la
corrupción de los responsable s d e la renta, a limentando el me rcado negro, lo
que tensio nó más los ánim os, llegando a ha cer temer a los a lfol ineros po r su
integridad, como reconocía Alon so Hernández Delgado : se morían las gentes por
no tener sa l que h echar a sus b iandas, porque si se les añadiese en los a lfolíes
una blan ca m ás en cada cele mín del real, sería bastante a que me alançeasen y
a todos los ofiçiales. Y, como g ente bárbara, no tenían co nsideración a que fu e
mandado de vuestra majestad, sino de mi propio moto
348
.
De he cho e xiste la constatación documental de acto s de desa cato p or
parte de las justicias loca les y re gidores
349
y de escándalos
350
, que f orzaron la
intervención del oidor d e la Real Hac ienda Miguel de Texada, comisionado p ara
reprender los f raudes
351
. El po der real frenó cualquier veleida d municipal que
fuera sospechosa de sobrep asar sus atribuciones, mandando inhibir a la s
justicias locales en los c asos tocantes a la adm in istración de los alfolíes de la
sal
352
. La investigación demostró có mo los alfolineros v endían la fanega de sal
por personas interpuestas a 544 y a 6 80 maravedíes, est ando sit uado su precio
su fuerça lo que a y aca bada la neces ydad, pues po r socor rella se haze”. B ernard o de P or ras a su
majestad, Santiago a 25 e nero 157 5. A.G.S., C.J. H., 1 46/5
348
. A.G.S ., C.J.H., 146
349
. Infor me de Alonso Hernánez Delgado, en 8 j unio 157 5. A.G.S., C.J .H., 1 49
350
. Infor me de Bernar do d e Porras, en 24 enero 1 575. A.G.S., C.J.H. , 146/5
351
. En novie m bre d e 15 75 , se encontraba en P ontevedra enten die ndo en la a veriguac ió n de los
lugares de vasallos. Se hace c ar go de lo s papele s de la ad ministración de Ber nardo d e P orras. A.G.S.,
C.J.H., 148/8
352
. A.G.S., C.J .H., 1 46 /5
116
legal en lo s 136
353
. E l rece ptor de l alfolí de V igo, Fernando Á lvarez de
Sotoma yor, desviaba la sal desd e el alfolí a mercadere s p articulares, que la
revendían por las Rías Baixas, en co ncreto en Cambados, a 432 maravedíes. A
este m ismo receptor denunciaban algunos ma rineros que , habiéndo le dejado e l
adm inistrador Be rnardo de Porras e ncargado de con certar la adquisición de sal y
su envío a los puertos gallegos de sde las salinas de S etúbal, la s partida s que
había a dquirido a 800 reis , las había revendido a 3.200 reis , que tal he ra pública
vo z y fa ma qu e comprab a y revendía
354
. Gre gorio L ópez, mare ante pontevedrés,
preso en la c á rcel de la villa e xponía al regente de la Real Audiencia los a busos
cometido s por los administradore s: po r el mes de o ctubre de 1574 ha bía
intentad o comprar un mo yo de sal a b ordo de un na ví o, lo que le fue impedid o
por el receptor Diego de la Cerda. Es ta acusación carecía de fu ndamento, pues
toda ví a no est aba autorizada la práctica del alfo lí abierto , pero dejaba a l
descubierto los tratos de l receptor, que se beneficiaba del mercado negro
355
. La
pesquería de los cercos había quedado paralizada a nte la falta de sal.
353
. A.G.S ., C.J.H., 149
354
. A.G.S ., C.J.H., 149
355
.
“Lo otro que el m is mo Diego d e la Zerd a y otros cr iados suyos y alguaciles p roc uraron sacar
gran quantidad de sal de la villa y tro carlo a p an: un fer rad o de sal por uno de pa n, llebándo lo a
Orense y otras partes, bendi éndo lo a más preçio, contrat ando con otras perso nas carre teros se lo
llevasen fuera de la villa y les p agavan de spués los carr etos de sal.
Lo otr o q ue, teniendo alguno s vecino s de la dicha villa e l sal en sus casas para basto d e su p esca,
pagando a su majestad p or el agosto pasad o, se lo torna va e l dicho Die go de la Zerda a th omar y dar a
los lavrador es p ara llevar fuer a de la villa a lle var. P regunta do a lo s la vrador es có mo le da van aq uella
sal dezían p orq ue les davan a do s reales por cada ferra do de sal y trocándolo a pa n. Y lo davan a
muchas pe rsonas de noche y d e d ía, po rque les d avan azu mbres de miel y manteca y queso s y galli nas,
carneros y o tras dádib as, desando los vec inos d espro beydos de la d icha sal, por cuya falta lo s pob res
mareantes b endían la s sardi na s a menor precio , la mytad del j usto preç io de lo que se av ía de b ender
salado y más.
Lo o tro que, ye ndo algunos n avíos de la villa con mari neros a b uscar a Setúbal la dic ha sal ,
conpeliéndo les e l ad ministrado r y fatores a que lo fuesen a buscar, ta nto q ue allá llegaro n no a vía ny
ubo f a tor que tubise sal co np rado , n y horden pa ra lo com prar, ny p agar. Y los po bres m ari nero s
estuvieron más de un mes de tenidos sin los ca rgar ny desp achar, b endiendo lo que thenyan par a se
sustentar, por manera que, si ubier e persona q ue co nprara y pagara luego la dicha sal, s e conprara a
quinientos y sei scie ntos mara vedíes cada mo y o, por d onde d espués b ino a encarecer a mil maraved ís
y a m il e çie nto cad a m o y o de la dicha sal.
Lo o tro que los marineros q ue ansí b a n a bu scar la dicha sal, d ebiéndo selo de dar toda la q ue
hes nesçesario y menes ter para b astimento de s u ca sa y pe sca, no q uieren azer y lo pro curan d escargar
y vender a otras pe rsonas, que de la villa lo p rocura n saca r, dexando el lugar d esbastezido , donde
viene y red unda mucho dapno a los vecinos e r epública d e la dic ha villa”. A.G -S., E.H., 361
117
La libe ralización del co mercio de la sal pe rmitió participar e n est e negocio
a me rcaderes p ontevedreses, que reexportaban partidas de sal de sde la villa
hacia los puertos del Cantábrico: San tander, Laredo, Bilbao, San Seba stián,
mucho más castigados, a l depen der su normal abasto d e las salinas bretonas .
Toribio Martínez Leal f letaba los na ví os en Pontevedra, mientras que o tro
mercader local, Francisco Pérez d e Lemo s, re cibía los cargamen tos en
Santander o en o tro puerto c antábrico
356
. La crisis se so lucionó en d onde h abía
comenzado . En el verano de 15 77, Martín Aragon és escribía de sde A veiro
cómo entendía que
en la V ruax y Baia s de Fancia di z en que se a echo mucha sal y ansí
debe de ser , porque aquí no a entrado cargaz ón de Fran cia, Fla ndes n i
Ynga laterra y otros años por este tiempo ya había aqu í m u cha
357
.
Las dificultades para proveer suf icientemente a los a lfo líes con tinuaron. La
piedra angular de esta con trariedad re sidía en la degrada ción de la ca rrera de la
sal. Es un lugar común resp onsabiliz ar a la piratería de l desinte rés de los
mae stres de los n avíos p or mantener est a ru ta activa. Los testimon ios que
apoyan esta afirm ación son abundantes, pero p ueden f ácilmente d esmontarse:
en 1586 muchas ca rabelas fueron incendiadas p or los ingleses, lo qu e provocó el
pánico entre los navegantes po rtugueses
358
. Los a rrendadores vuelven,
nuevamente los ojos hacia las sa linas and a luzas, formalizando un asiento con
Gómez d e Acosta, vecino de Sevilla, para que situara en Galicia 60.000 cahices
de sal en Galicia
359
. Comp lementando esta medida, solicitaban, d e acue rdo con
la co ndición 21 ª de su asiento, pe rmiso p ara e mbargar los n avíos nece sarios en
356
. P ontevedra , 01.02. 1576, Gonzalo d e Sanvice nte, veci no de la villa y maestre de l na vío Santia go,
fleta a To ribio Mar tínez Leal, mercader local, par a llevar una c arga de sal a Santa nder ( 1 día de
demora), Laredo (4 días) , Bilbao o San Sebastiá n. Fle t e: 3 ,5 reales/fanega grande ( 3 fa negas de
Ávila). A.H.P .Po ., 864 /1, 91v.Pontevedra, 19.0 2.1576 , Pedro de Liçama, vecino de Musq ues y
maestre d e la zabr a Nuestra S eñora, fleta a T orib io Martínez Leal, par a lle var car ga d e sal a Santande r
(1 día de dem o ra), donde la recogería Francisco Pérez de Lem o s, L aredo (4 días), Bilbao o San
Sebastián. F lete: 3,5 reales / fanega grand e. A.H.P.P o., 864/1, 1 45
357
. A.G.S ., C.J.H., 164
358
. A.G.S ., C.J.H., 243/6
359
. A.G.S., C.J .H., 1 47 /12
118
Anda lucía, Galicia y A sturias
360
. Nos encontramos a nte el tráf ico de u n produ cto
barato, que genera unos fletes irrisorios; por lo que era p reciso compensar a sus
transpo rtistas con algo m ás que un pu ñado de monedas. L a multitu d de
carabe las portuguesas que se alle gan a la ría de Vigo, en los prim eros momentos
del estanc o, reserv a ndo una parte conside rable de su carga para emplear en e l
trato de la sardina veraniega, constituye una buena m uestra de estas
compen saciones. La piratería puede interrumpir la navegación, sobre todo en
puntos estratégicos, seña ladamente el cabo de Fisterra; pero t ampoco podemo s
olvidar que nos encontramos an te una navegación d e cabotaje, que deb e s a lvar
la corta distancia que m edia entre los centros productores (salinas de Aveiro) y
los co nsumidores. La p iratería incide en esta carrera, pero de m anera má s bien
indirecta, e lev a ndo los f letes. Elevación que una m ercancía t an m ódica n o era
capaz d e sopo rtar. Esta rea lidad f ue denunciada por un testigo de T ui, en julio d e
1602, e n la investigación a bierta sobre el desa bastecimiento de lo s alfolíes.
Afirmaba que a los puertos de Ba iona, V igo, Ponte vedra, A C o ruña… arribaban
con toda tran quilidad y f recuencia navíos f ranceses con carga d e pan, b acalaos y
otras mercad urías y que, si los a lfolineros pagaran unos f letes semejante s,
estarían perfec tamente abastecidos
361
.
La inseguridad de los ma res se recrudece tras el d esastre de la Gran
Armada y e n torno al segund o embargo general. Ya, en 1 594, los con cejos de
Baiona, Vigo, P ontevedra y A Coruña re da ctan conjuntamente una prote sta
contra el arrendador Juan Pasqua le po r el desaba stecimiento gene ral, que
obligaba a amasar el pan con agua del mar. Ese mism o año, los vicarios de la
cofradía pontevedresa del Corpo Santo d enunciaban l a falta de sal durante la
campaña de los cercos
362
. En noviem bre de ese año, el concejo d e Muros, por
causa de la nesçesidad y falta de sal que en la dicha villa a y y m uere cantidad
de sardina , decide inmoviliz ar u na carabela que se ha acercado hasta su puerto
con carga de e ste conservante, secuest rándo le e l gobernalle o timón. A
360
. A.G.S., C.J .H. 2 43 /6
361
. A.G.S.; E.H. , 55 7
362
.S AMPEDRO FO LGAR, C., r eed. 1998 , 4 41. E n 27 septi e mbre159 4, Juan do Mato, u no d e lo s
vicarios de la cofradía d o Corpo Santo, denuncia ante el r egimentó de la villa: “ate nto la m ucha
nesçesidad q ue a y en e sta villa de sal y el administrad or Francisco López de Enciso prete ndía sac ar
desta r ía siete u o cho nabíos q ue a y d e sa l, q ue estaba n e n ella, les rec ibiese i nfor mación de la dicha
nesçesidad “, mandando desca rgarlo s. A.H.P.P o. , 16/1, 92
119
Pontevedra se desplaza un representante m unicipal a gestionar con el
arrendado r autorización para repartir la sal entre el vecindario, conforme a los
quiñone s que cada uno armase en los cer cos y sacadas grandes, a razón de
cuatro ferrad os por quiñón
363
.
Los maestres de las cara belas recelan de ace rcarse a Galicia y lo s
arrendado res recurren a solicitar l a pertin ente a utorización pa ra ob ligar a los
navíos gallegos a realizar la carrera de la sal. La Contaduría Mayor de Cuentas
librará su provisión en 2 de a gosto d e 1 594, pero cond icionando los e mba rgos a
la ob ligación d e satisfacer f letes justos y que la s justicias locales intervinieran e n
dichos s ecuestros. Como respuesta habitual a t oda medida de fuerza, la cof radía
de los m areantes pontevedreses protestaba p or la interpretación abusiva d e esta
prerrogativa: les emba rgades l os dichos navíos pe queños, est ando cargados y
afletado s…y los hacíades descargar y que los dueños de e llos p erdieran los
fletes, llevándolos descargados al Reino de Portugal y no pagando por la ida
maravedís a lguno s a sus du eños. Y a la vuelta , que venían cargados de sal d el
dicho Reino de Po rtugal, n avegando cien leguas y pa gándoles a vuestro albedrío
lo q ue que ríades, si n que les pagases el j usto va lor… y q ue deb iendo embargar
los d ichos na víos con intervención d e la justicia o rdinaria de la villa de
Ponteved ra, por m a nera qu e no se hiciesen ag ravios a sus dueños…, ha cíades
los dichos e mbargos por vue stra prop ia au toridad, po niendo presos a lo s d ueños
de los dicho s navíos
364
Estas a cusaciones pecan de e xageración, co mo pe rmite comprobar la
documenta ción notarial p ontevedresa, que recoge los m étodo s em pleados por
los respon sables de la renta de la sal para proceder al embargo d e los na ví os
365
.
Los arrendadore s no em plearán e n nin gún m omento m edidas de f uerza contra
los m aestres g a llegos y p ortugueses, sencillamente, porque resultarían
ineficace s, c omo habían demo strado los marinero s andaluces d urante los
embargos re alizados en 1574-76. Serán los na ví os extranjero s, principalmente
las naos bret onas qu e t ransportan cereal a los p uertos g allegos, los que más
363
. A.M.Muros, libro de co nsistorio 1594 -96, 129
364
. A.G.S., C.M. C., 3 ª remesa, 1.71 1
365
. A.H.P .Po ., 976.
120
sufran las extorsiones de los responsables de la ren ta, pues t emían que le varan
anclas y no volv ieran por e stos pagos. Sin emba rgo, las pinazas y carab elas
frecuentaban las rías, por lo que, tarde o tempra no, los que incump lieran con sus
obligacione s acaba rían cayend o e n la tupida re d d e in f o rmadores tendida sobre
los puertos gallegos.
Ente los recaudos, papeles y p rocesos que, en 1 7 d e septiembre de 1599,
entrega Baltasa r de E spinosa a su sucesor en e l ca rgo, Antonio Gómez, f igura u n
cuad erno de em bargos ; los asien tos se in ici an en julio , que es cuando la carrera
de la sal adquiere re lev a ncia, p ero sólo alcanzan a on ce nav íos, número muy
cercano al que p roporcionan las escrituras n otariales para otros años. Los
embargos v an a compañados d e s o corros , unas p equeñas cantida des d e dine ro
para aprestar la dicha p inaça y pa ra sus manten imi ento s . Este dinero, sin
interese s, se descontaría de l f lete , viniendo en salvamiento , tras recibir u na carga
de sa l en Aveiro o Setúbal . Quedaba bajo la responsabilidad de l maestre cobrar o
no el f lete; un accidente o un ataque enem igo, que destruyese la carga e ximía al
contratante d e p agar cantidad alguna po r el transporte Sin emba rgo, el socorro ,
al trata rse de u n préstamo, aunque no devengara int ereses, debía ser d evuelto,
con indepen dencia de la fo rtuna con que fuera realizada la travesí a
366
.
Relaci ón de nav íos embargados por Baltasar de Espinosa (1597-1602)
366
. Dos maestre portu gueses, G onzalo A fonso y Do mingo Ya nes, pier den un car game nto de sal a la
entrada del p uerto de A Po bra do Deán de Santiago. De be n devolver lo s 1. 321 r eales que han r ecibid o
de soco rro, q ue “por se a ber perdido no ubo flete para descontarlos”. A.H.P .P:o ., 976, s.f.
Po ntevedra, 10.08. 1602, Bartolo mé d e Carr içal r ecibe un soco rro de 1 50 reales para ir a las salinas d e
Aveiro, que “se de sco ntará d el flete d e la d icha c arga de sal, trayéndolo d ios en salva miento. Y, no o
tra y endo, lo pagará de c ontado”. A.H.P .Po., 976, s.f.
Fecha Navío M aestre Matrícula Socorro
27.07.1597 NªSª Guía Ju an de Vilariño Cangas
40 reales
22.06.1598 Santa Mariña* Juan Fernández Pontevedra 200
01.07.1598 Buen Jesús* Gregorio Garcí a Ponteved ra 250
07.07.1598 S. Antonio* Juan do Campo 200
13.07.1598 San Francisco G . de Be tanzos Ponteved ra 389
17.08.1598 La Trinidad* A. de Pontevedra Pontevedra 200
11.08.1598 Buen Jesús * Pedro Franco Cangas 40
12.08.1598 La Trinidad * B. de Sanvi cent e Ponteved ra 300
12.08.1598 NªSª Rosario * Alon so de Rozas Ponteved ra 200
11.08.1598 Santa Catalina* Gaspar Vieira Leça 150
25.08.1598 Sebastián do Rial M uxía 200
127
Solían ser propietarios de na ví o s, con el f in de d edicarlos a la carrera de la sal
382
.
Antonio G ómez se implica esp ecialmente en e sta a ctiv id ad, a provechando tod as
las posib ilidades, incluida la práctica del corso p or parte de la armada real
383
,
que tie ne base en A Coruña. A dquiere do s urcas al ca pitán general de Galicia,
conde de Carcena, que rebautiza con la s trident inas den ominaciones de nuestra
señora d e san Lorente y nuestra señora de los Rem edios. Concede poderes al
mareante ponte vedrés An tonio de Avilés, para que se d espla ce al puerto de A
Coruña y cont rate maestres, contramaestres, pilo tos, g rumetes y m arine ros . A
comienzos de diciembre de 1600, ya se encu entran ambas urcas en Setúba l,
dispue stas a recibir carg a de sal
384
. También interviene en la co nstrucción de
carabe las en los puertos del norte de Portugal, aportando un tercio de la
inversión, lo que le c o nvierte en copropietario en la m isma proporción. Esta
participación se salda con la exigencia de dedica r la carabela durante dos a ños
preferentemente a la carrera d e l a sa l
385
, e n el traxinar y conducir la sal qu e
pudie ren traer estos dos años, ha z ie ndo todos los biajes que pud ieren desde esta
382
. P ontevedra , 29 octubre 159 6, Antonio Fer nández, vec i no de Aveiro y maestre d el navío Boa
Viaxe, q ue es de la Real Haci enda, r ecibe 20 r eales de soco rro d el administrador Franci sco López de
Enciso, q ue le serán desco nta do s del flete. A.H.P .Po ., 927 , 250
383
. La venta de navíos y mercancías o btenido s co mo botín era p ráctica frecuente por p arte de las
ar m adas reales, c onside rándolas co m o una forma más de f inanciac ión. En 8 enero 1 599 , se presenta
ante la justicia y re gimie nto d e P or tonovo e l cap itán Martín d e Va llecilla, “cabo d e lo s ci nco p ataches
de la re al armada… q ue… tra ían u n nabío p resa que a vía tomado en la mar de l os Estados d e
Pechelinga rebelad os co ntra su majestad c atólica, cargado de pan, c enteno y trigo”. Exhibe
autorizació n de Die go B roceh ero, general de la real ar m ada, para vender e l cereal, co n e l que p agarán
las 60 pipas d e vino que e mbarcarán pa ra A Coruña. A.H.P.P o., 97 6, s.f.
En 2 8 j unio 159 9, Francisco Girald o, re ceptor de uno d e lo s a lfolíes de Po ntevedra, re conoce la de uda
contraída con el ad ministrad or Baltasar de Espinosa po r valo r de 143 .106 maravedíes, po r textiles ( 25
piezas y m edia d e cotanes, cu atro de anascotes y seis pie zas d e bayetas), que co mpró e n A Cor uña de
las presas q ue allí se vendiero n po r comisión del dicho ad ministrad or. A.H.P.Po ., 976 , s.f.
384
. P ontevedr a, 2 dicie mbre 16 00 , el arrendador An to nio Gómez concede poder es a T o ribio de la
Carrera, residente en Set úbal, para que cobre de Juan d a Cayna, capitán maestre de la nao Nuestra
Señora d e Sa n Lorente, y de S eba stián Pérez, que lo es d e la nao nues tra se ñora d e los Re medios, “que
son mías pr opias”, el flete de d el viaje de id a. A.H.P.P o., 976, s.f.
385
. P ontevedra, 12 d iciembre 160 0, Ant o nio Gó mez, arre ndado r el p artido de Galicia, se co ncier ta con
Mateo Ribeir o, vec ino de Esp osende, en la co nstr ucción d e una carab ela, apo rtando un tercio de su
coste, 2 .000 r eales. A.H.P .Po., 97 6, s.f.
A fi nales de 1 601 , Mateo Ribeiro hace ba lance d e la invers ión d el arrenda dor Antonio Gó mez: en un
año ya logró a mortizar má s d el 50 por ciento de la i nversió n, 1.0 70 rea les, q ue le c orre sponden d e lo s
diez viaje s que realizó la car abela Nuestra Se ñora d e la Miserico rdia, cargando sal y otras
mercadurías, ad e m ás d e otr o que se per dió, que vino a de scargar a B aiona. A.H.P .P o., 976, s.f.
Po ntevedra, 15.01 .1601, Salvador Go nzález y otr o vecin o de Leça venden, por 1.225 rea les, a
Antonio Gó mez la cuarta pa rte d e su carab ela Nuestra Señ ora del Rosario, ob ligándose a “ser bir…al
dicho ad ministrador y a la Rea l Haziend a del r ei nuestro señor …estos do s años”. A.H. P.Po ., 976, s.f.
128
dicha villa de A veiro a los a lfolíes del reino d e Ga licia, dond e fu ese consignados
por el prove edor. También se ap rovecha de algún na ví o que n auf raga en las
costas gallegas y queda endeudado, al n o poder cobrar el f lete, para a d quirir
parte de su propiedad
386
. Pa rticipa e n la con strucción n aval que se d esarrolla en
la villa de Pon tevedra: Simón de Avilés, propieta rio del navío La Trinidad , que al
presen te est á en el m o nte, acavándose de haz e r , vende, en 11 m ayo 1601, a l
arrendado r, por 2.750 rea les, un tercio de e sta e mbarcación. El p rov e er al na vío
de artillerí a su ficie nte para hacer frente a los pe ligros de la navega ción eleva la
inversión en 5 59 reales má s
387
. El m aestre acept a estas condicio nes, f recuentes
en este tipo de co ntratos, especificando que podrá tom ar fletes librem ente en los
viajes de ida hacia las salinas portuguesas, siem pre que no vay a n más a llá de
Lisboa y Se túbal; desde octubre a abril, en que n o inte resa p ara la carrera de la
sal, queda a utorizado a n avegar a los p uertos de A ndalucía o V izcay a
388
, hacia
donde s e dirige cargado de pescado, en enero de 1602.
A pesar d e es tos esfuerz os por ab astecer a los alfo líes de l Reino, l a
penuria de sal era una realidad permanente desde los años f inales d el siglo XVI,
prolongándo se e n los inicios del siglo sig uiente . En 159 7, el p rocurador general
de Pontevedra evaluaba las pérdidas padecidas p or los ma reantes e n más de
cien m il ducados
389
; l os alfo lineros hab ían optado por de sentenderse d e s us
386
. La carab ela nues tra se ñora d el Rosario, de la q ue so n mae stres los po rtug ueses Gonzalo Afon so y
Do mingos Ya nes, “yen do el dicho nav ío para tomar puer to en la v illa de la P uebla , donde y ba
re m itido, avía d ado en una p iedra y se avía ab ierto y se a vía p erd ido la m ayor p arte de la sal”. Sólo se
habían sal vado 4 20 fanegas d e los 11 milleiros q ue tr anspo rtaba. E l mercader propietar io de la car ga,
Juan Gó mez d e P arap ar, les culpa ba del accid ente, p or no haber co ntratado u n piloto d e en trada,
exigiéndoles u na co mpensac ión de mil ducad os. Se conciert an e n q ue no co brara n flete al guno de las
400 fanegas salvadas y q ue d evolverá n lo s 1.321 r eales d el soc orro . P ara cap italizarse los maestres
fletan a l arre ndador Antonio Gó mez para hacer un viaje a Aveiro, p or el que le s ad ela nta un soco rro
de 400 reales. Como no logran librase de deudas, accede n a venderle la cuarta parte de l navío por
1.62 5 reales. A.H.P .P o., 976, s.f .
387
. P ontevedra, 1 enero 1602 , cuenta s presentadas p or Si món de Avilé s de las m ej or as intro ducidas
en el na vío: mást iles y sei s do cenas de ta blas, q ue hizo t raer de Aveiro, 25 0 r eales; una pieza de
artillería 187 reales; siete m o squetes a 17 reales cad a uno y tres reales de un m oz o. A.H.P .Po ., 97 6,
s.f.
388
. A.H.P. Po. , 976, s.f.
389
. A.G.S ., C.J.H., 389/6.
Po ntevedra, 5 septiembre 15 97, los p rocurador es generales: “co mo e n e sta villa se a vían fo rnido d iez
cerco s y estava n p uestos y armado s p ara salir a la mar y empesar a hazer la cosec ha y pescaría que
suelen hazer d esde este tie mpo hasta todo e l mes de he nero de la sard ina y o tros pescad o s. Y, siendo
esto ansí y la p rincipal cosa que esta villa tiene d e trato y c omercio, co n que se sustenta y e nriquece,
129
obligacione s, delegando en los particulares el ab asto de sal, con ta l que
satisficieran en concepto de a lfolinaje dos reales por f anega , como a contecía en
Pontedeume
390
. A f ina le s de a ño, l o s proc uradore s generales de Pontevedra
denuncia ban l a hestrem a falta que a y de sal de nde el mes de julio a sta ahora ,
sen aver avido ni aver en los alfoline s d este vila ninguna sal
391
.La Real
Audiencia intervino, d espachando escude ros, para que repa rtiesen las esc asas
cantidade s d e sal a lmacenadas e n los a lfolíes en tre el vecinda rio: en septiembre
de 1599 , Gregorio Ares proce de a esta opera ción en Pontevedra, h aciendo
entrega a cada uno de los ce rcos existentes en la villa d e 1.6 66 ferrado s de sal,
unas 2.500 fa negas en total. La p enuria de este conservante había redu cido el
número de estas armazone s a s eis. L os 4 .000 f errados sobrantes f ueron
prorrateado s en tre sus habita ntes, dan do a cada uno para provisión d e su ca sa y
menester la cantidad qu e fuese señalado por la justicia y ayuntamiento . En el
reparto se incluían 58 casas de las personas principa les y de mayor familia de la
dicha villa
392
. Por las mismas fe chas, el p rocurador gene ral de A Coruña exponía
cómo desde el m es de jun io no h abía llegado ningún cargam ento de sal al Reino.
Insistía en que al arrendador le resu ltaba má s provechoso desentenderse de su
navegación, limitá ndose a cobrar el alfolin aje a los navíos que hacían la carrera
de la sa l a su riesgo y vent ura, prá ctica que había e levado lo s precios d e venta
de la fa nega a los 3 06 maravedíes, fren te a los 136 le gales. Advertía que esta
carestía d e la sa l ponía en pe ligro el aprovecham iento de los abundantes
cardúmenes de sardina que este año se habían acercado a la co st a
393
.
cuando nuestro señor da pe scaría, y do nde sale lo prin cipal de las alcavala s y re ntas reales”.
Denuncian a l arrenda dor Juan P asquaele y a su ad ministrad or, Francisco Lóp ez, por la gran falta d e
sal; Francisco Francés, rece pto r de uno de los al folíes sólo al macena 4.000 celemines; en los o tros
alfolíes no ha y ning una sal y está cerard o. “Si la dicha falta fuese adelante …, q ue si mu riese mu cha
cantidad de p esquería y sardina, “co mo otras vece s a subç edido y ahora po día subçed e r, p or aver
notiçia q ue la ría es tá muy llena d e sardina, e n q ue po día subçeder de p érdid a m á s d e cient mi l
ducado s”. A.H.P.P o. 16/3, 94v.
390
. A.G.S., C.J .H., 3 90 /4
391
. E sta nece sidad obligaban a que los vecinos co nsu mieran l os manteni mientos po drid os. A.H.P .Po .,
16/3 , 119v.
392
. A.R.G., 13 .33 4/6
393
. A.R.G., 9. 743 /11
130
Ante el rep liegue de las ca rabelas portuguesas, lo s nuevos arrendadores
del estanco r e curren al se cuestro de los navíos de los mareantes gallegos. E sta
era una práctica ya antigua, que afectaba se nsiblemente a los m areantes de
Muros: e n 15 d e junio de 1595, e l procurador gene ral de esta villa de nunciaba
cómo los proveedores d el estanc o en Aveiro h abían emba rgado cuatro volan tes
de la villa y lo s habían encaminado a abastecer d e sal a las Cuatro Villas.
Advertía que estos navíos eran pre cisos p ara los c ercos y que podían se r que no
estuvieran a tiempo para iniciar la costera de la sardina; también a lertaba de la
extrema nece sidad de sal que padecía Muros
394
. Más problemático resultaba el
secuest ro, por las mismas fe chas, de tres trincados para que transportasen sal a
los alf olíes asturianos
395
. El 15 de julio se cele bró u n co ncejo a bierto pa ra trat ar
del tema de los trincados ante el temor de que no retornaran a t iempo.
Aseguraban, exagerando, sin duda, que ni en la villa, ni e n todo el Reino e xistí an
otros navíos tan válidos para emplear en los cercos y que los vecinos d e Muros
habían invertido en redes , cuerdas y alug ados más de sie te mil du cados
396
.Una
situación se mejante se repite a finales de 159 8: el procurador gen eral de Muros
denuncia ba cómo ocho volante s empleados en la armazón de los cercos d e la
villa hab ían sido embargados p ara ir a Aveiro a cargar sal. Tras el viaje el
adm inistrador de la ren ta, Baltasar de Espinosa, no a ccedía a libe rarlos, sino que
pretendía que co ntinuaran emp leados en la carrera de la sal, por cuyo m otivo los
cercos n o se podían constituir. Además, como de costumbre, la villa e staba mal
abastecida de sa l. El co ncejo acuerda que el pro curador general se desplace a
Pontevedra p ara solicitar e l desembargo d e los navíos, lo que obtiene a
comienzos de septiemb re. A m ediados de ese mes, persistían las dificultades
para los cercos y sa cadas de Muros; pa ra enton ces, sólo se h abían d escargado
en la villa cuat ro volante s, que transportaban entre d os y tres mil f anegas de sal,
cantidad totalmente insu f icien te para encarar la campaña otoñal de la sard ina
397
.
394
. A.M.M., Libro d e Consistor io 1 594-96, 248v
395
. “ los tr incados que b an ca rgados de sal po r orden del pr oveedo r Portillo para lo s alfolís d e
Asturias…, atento la nesçe sid ad que d ellos ay pa ra lo s çer cos y de la sal para pro visión deste alfolín”.
A.M.M., Lib ro de Consistorio 159 4-96, 251
396
. A.M.M:, libro de co nsistorio 15 94-96, 2 50
397
. A.M.M., libro de consistorio 1 597 -99, 199, 200 , 200 v
131
Los a lfolineros preferían tro car la sa l por cereal, q ue a cercaban los
labrego s hasta las p uertas de l os alfolíes, ap rovechando las altas cotizaciones
que alcan zaba en las alhóndigas mu nicipales el ce real, al co incidir las m alas
cosechas agrarias con la s salineras. E n octu bre de 1 602, un testig o denunciaba
en Noia es tos m anejos: Al prese nte ha y cuatro cercos grandes y por no tener
sal dejan de ir a la m a r. S i t ubieren aba sto habría m á s ce rcos. Algunos
castellanos que vienen a comprar sardina y se van. Los labradores darán de muy
buena g ana do s ferrados de trigo, que vale siete reales, p or un ferrado de sal, un
carnero por un ferrad o.Los m arean tes echan la p esca al mar y o tra d ejab an en la
ribera. Hace o cho días, lo s ce rcos y sa cadas grandes mataron die z b arcos de
sardina y dejaron la mayor parte de ella fue ra y la echaron al mar .
398
La ca restí a de sal continuaba in ter firiend o en las campaña s mura danas de
1600 y 1601 . En primero de octubre de ese año, los tres cercos de este puerto
habían obtenido buenas co sechas. Fuera de las marca s de l puerto, situadas en
monte Louro, se encontraba un naví o f rancés cargado de sal, que m ercadeaba
por su cuen ta. El maestre pro ponía vender la f anega de sal a 6 reales, a lfolinaje
no incluid o; para facilitar las vent as se com prometía a toma r carga de sardina y
llevarla a San Sebastián o B ilbao. E l concejo autoriza al na ví o a an clar e n el
puerto y que se reparta la sal ent re los cercos
399
. Esta com pra y otras similares
400
no e ran capace s de impedir el co lapso d e las sa lazones, co mo se a firmaba e n el
concejo a bierto celebrado en 28 de n oviembre: n o la avía para salar la sa rdina y
otras p escas
401
. T ras estas descargas de navíos aventure ros, los arrendadores
de la ren ta exigen el pago del a lfolinaje: e n mayo de 160 3, Antonio Pereira
reclamaba de los ve cin os de Muros más de cuatro m il reales por las sales
vendidas desde 24 d e o ctubre de 1 602. Finalmente, a mbas p artes convinieron en
pagar po r este de recho 2.100 reales
402
. T ambién reclamaba e l pago de este
derecho e l arrendador Antonio Gómez, en 31 de ma rzo de 1604
403
.
398
. A.G.S., E .H., 5 57, 196
399
. A.M.M., libro de consistorio , 1 600-01, 249
400
. A comie nzos de novie mbre el co ncejo de Muros ob tuvo a utorizac ión del ad ministrad or d e la re nta
para repartir entre lo s ce rcos una carabela d e sal, q ue tran sportab a 3,5 m il leiro s. A.M.M., libr o de
consistor io 16 00-01, 268 v
401
. A.M.M., libro de co nsistorio 16 00 -01, s.f
132
En 1605 volvieron a ser e mbargados los trincados de Muros p ara
transpo rtar la sal desde Av e iro
404
. Ese mismo a ño, el concejo ex ig e a Antonio
Pereira que t enga bien provistos lo s t res al folíes e la villa y q u e un volante
procedente de Aveiro se descargue en la villa y que de e l barco a disp osición d e
los cercos. El a rrendador pre tendía desviar a Noia dicho volante y remitir a Muros
un barco f rancés con sal de Broua ge, insuficiente para la pesquería
405
.
Los embargos de los naví o de los ma reantes f ueron mo neda
corriente, como hemos visto e n el p uerto de Muros, p ero est as medidas d e fuerza
no fueron capa ces de recomponer un abasto seguro y regular d el conservante
obtenido en la s salinas de Aveiro. A insta ncias del capitán general don Luís
Carrillo de To ledo se abre una investigación, en septiembre de 1601. El m alestar
era general en todos los puertos d el ant iguo Reino, con mayor gravedad e n los
que arm aban cercos, en los inicios de la campaña de 1601 ante la falta de sal. En
Muros, a com ienzos de se ptiembre, la s capturas de sardina de los cercos
colmaban la c apacidad de cuatro barcos, pe ro la s reservas de sa l de que
dispon ía el alfoline ro só lo llegan pa ra salar la carga de u n na ví o; los m areantes
se ven obligado s a tirar al m ar la ma yor parte d e su s ca pturas; lo s m ás exaltados
arrojan a la pu erta del alf olí la inútil pesca. An te esta esca sez los cercos o ptan
por permanecer en t ierra y n o ha cerse a la m ar
406
. Ya e l año a nterior, lo s
mareantes muradanos ha bían visto, im potentes, como los ce rcos no se h acían a
la ma r por la falta y carestía de la sal
407
. Los alfolineros, in capaces de sa tisfacer
las exig e ncias de los ma reantes, optan por permitir la arribada d e mercaderes
extranjeros, que venden la sal a los precios que les parece . Francese s y
402
. A.M.M., libro de co nsistorio 16 03 -05, 75
403
. El p rocurador general. “ hera notor io como los años p asado s, que Antonio Gó mez abía sido
administrado r de la sal deste Reino, por no da r basto hesta villa y s u veci ndad abían p erdido m ucha
suma de sardi na y o tra p esca, por lo qual, abiendo acudid o al re medio y nesçe sidad que a b ía d e sal en
bertud d e una pr obisión de s u se ñoría e l co nde de Carazena, se ab ya pr oveído y to mado a muy
esesivos presios algún sal. Y ni más n i menos por horden de s.m. se abía bendido sierto s al a
excesivos pr esios”. A.M.M., libro de consistorio, 160 3-05, 204
404
. E l a d m inistr ador de los alfolíe s, e n 25 d e julio, o rdena el embargo d e los trincad os. A.M.M. , libro
de co nsistorio 16 03-05 , 349
405
. A.M.M., libro de consistorio 1 603 -05, 375v
406
. A.M.M., libro de co nsistorio 16 00 -01, 228
407
. Denuncia, en 15 de sep tiembre d e 16 00, del p rocurador general. A.M.M. , libro de consisto rio
1600-16 01, 78, 83
133
portugue ses de spachaban la fane ga d e sal a1 2 y 1 4 reale s
408
, p recios
impo sibles de asumir p or lo s m areantes y que supe raban en un 300 por cie nto a
los legalmente establecidos en los alfolíes.
En la bahía coruñesa , en 1 601, en e l inicio de la temprana campaña de
sus c e rcos, l os cofrades de santo An drés deben s oportar el desaba stecimiento
de sa l: a la altura de 2 2 de agosto, el a lfolí tan sólo a lmacenaba doscientas
cincuenta f anegas de sal, insuf icientes para acomete r la salazón de la s sardina s,
que e stavan çercadas más de çien varcadas de sardina, q ue ca da una tenía
çinqueta m illare s, qu e ve nían a ser çinquenta m il y qu e p ara salar eran
nescesarios veinte y çin co mil a neg as de sal. Y que los duçientos y cincuenta del
dicho alfolí no llegavan a la dí z ima pa rte. Y , si no venía más, la sardina se p erdía
y avía de soltar en la m ar
409
.
Situaciones semejantes se constatan e n la ría d e Pontevedra con los siete
cercos que armaba n los agrem iados del Corpo Santo y el que era pro piedad de
los ma reantes de Co mba rro. Un trincado y un ba rco de l cerco de Co mbarro se
acercaron hasta el peirao de este puerto , para descargar má s de t resciento s
millares de la sa rdina. P or carecer de sal la llevaron al peirao pon tevedrés de la
Puente, d onde se encontraron con la m isma penuria, que resolvieron arrojando
gran parte della a la mar, sino otra m ucha que q uedó e n el dicho peirao por no
tene r sal . El repartidor de l cerco convocó a los quiñoneros pa ra que biniesen a la
ronda a tomar sus sa rdinas , que ante la falta d e sa l de spreciaron s us lo tes y la
echaron a l mar, porque no le ynfeccionase las casas
410
.
Las contadas desca rgas de sal resu ltaban totalmente insuficientes para
permitir el no rmal funcionamiento de las artes de pesca, como e xponía un
mareante: la sa l d isp onible no llegaba pa ra proveer la dé cima parte de la s
necesidad es de los qui ñone ros, a los que se le s había repa rtido cuatro f errados
por quiñón
411
. L os pro blemas venían de a ños atrás : el conce jo de Pontevedra se
desesperaba, en septi emb re de 1 597, ante e l desabastecim iento g enera l, que
hacía inút il la salida a l mar d e los cerco s, evalu aba las pé rdidas en m ás de cien
408
. A.G.S ., E.H., 557
409
. A.G.S . E.H., 557
410
.A.G.S ., E.H. , 557
411
.A.G.S ., E.H., 557
134
mil ducado s. L a situación no mejoró al año siguiente: en agosto, pretendía el
monaste rio de Poio abaste cer directamente a su cerco desde las salina s de
Aveiro, pero la peste no permitió la n avegación más allá de T ui
412
. Más éxito
debie ron tener los cercos pontevedres es o, al menos, a lguno de ellos, pues, en
julio de 16 00, los furnidores de la arma zón, de la que eran atalieiros Vasco Núñez
y S eba stián Garrido, se compromet en a p agar la sa l que les fu e repartida,
confo rm e a los quiñones y furnimento de red , co mo de los b arcos que ca da uno
de nos furne en el dicho cerco
413
.
En la ría de Arousa sufrían la f alta del conservante los pescadores, pero
también lo s labradores, obligado s a amasar el pan co n agua de mar y a
sacrificaban unas reses en fermas. E n octubre de 1 601, los a lfolíes de Vilagarcía,
Carril, Rianxo, Vilano va llevaba n más de tre s me ses desbastecidos; po r lo que
los pesc adores no se hacían a la mar: q uando van y acen su pesquería la venden
a menos preçio por la dich a f alta de sal y los la vradores de la t ierra adentro, que
se pro veen asimi smo deste alfolí, pasan la mesma nece sidad y no matan sus
carnes para la provisión de sus casas. Los arrieros se acercaban hasta la cost a
para cargar en od res agua de la mar, que ve ndían tierra a dentro pa ra la cocción
del pan y de las carnes; la vendían a cuatro m aravedíes el cuartillo (16
maravedíes/ a zumbre)
414
.
Los cercos, l os grandes consumidores de sal, sortearon todo tipo de
problema s q ue afectaban a la carr era d e la sal y a las escuálidas cosechas de
las sa linas de Aveiro. Esta perseverancia se basaba en la ba ratura d el
conservante : la fane ga d e Ávila se de spachaba en los alfolíes a 136 m aravedíes
desde 1 566; su precio se elevó en 1602 en un veinticinco po r ciento, recuperando
el coste in icialmente f ijado. Lo que trasmite el cuidado con el que la Real
Haciend a tra tó a las pesq uerías gallegas. L a agresiva p olítica del conde-duque,
buscando rec ursos por todas partes, p uso fin a e sta contención. El progresivo
encare cimiento del c o nservante d e las pesq uerías llegab a a de shora. La
incidenc ia de los incremento s del pre cio de la sal iniciada coincide con la
412
. P EREIRA FERÁNDE Z, X. M., A Po ntevedra d e Felip e II 2000 , pp. 69 , 71, 118
413
. A.H.P .Po ., 913(4), 283
414
. A.G.S., E. H., 5 57, 41
135
decaden cia irreversible de las artes de pe sca c omunitaria. Los cercos ya
arrastraban u na actividad mortecina, d espachando su s capturas en fresco , el
encare cimiento de la sal constituye su pun tilla.
Con todo, las relacion es ent re lo s administradores de la renta d e la sal y
los ce rcos f ueron buenas. En su s funcio narios y arrend ado res e ncontrarán es ta s
artes comunales a sus me jores defen sores f rente a lo s xeitos. Los furn idores de
los cercos recib ían la sal fiada e, i ncluso, dinero en ef ectivo
415
, pudiendo
satisface r su importe al finalizar la campaña. Esta forma d e crédito debía a carrear
no pocos p roblemas a los acreed ores cuand o las camp añas de la sardina no
eran lo suf icientemente generosas y los q uiñoneros no podían devolver lo s
maravedíes ad eudados. En 25 de agosto de 1608, los fu rnidores d e los cercos
de Muros, según d enunciaba su procurador gene ral, no estaban dispuestos a
armarlos, res peto de decir que el reçetor de la sal n o se l a quiere dar fia da . L a
campaña anterior deb ió ser lo suficientemente m ala co mo pa ra o rig in ar m ucha s
deudas, que el alfo li nero apremiaba a saldar, n egándose a volver a repe tir
experiencias análogas. Fue necesari a la interv e nción de los alcal des de la villa,
que demand an d el administrador de la renta en el partido de Galicia, p ara que
ordene a su repre sentante en e ste puerto que dé la sal fia da y que no co bre las
deudas atrasadas, en mientras lo s çerco s entran en la mar . Ju stificaban esta
med ida, apelando a la pobreza e n ecesidad que al p resente ay entre algunos
vecinos de dinero
416
.
2.3. LAS S A LIN A S LOC ALES
La sa l, como a contece en nuestros d ías, p oseía un valor intrínseco irrisorio.
Esta escasa valoración p ermite que la Revolución de la Sal, operada en torno a
1370, arrase con las peque ñas y dispersas sa linas medievales, de las que sól o
restaba en los tiempos m ode rnos su recuerdo en la toponimia: el b enedictino
415
Cangas, 22 mayo 1581. Cristób al d e Fo ntefría, Pedro de Refo xos y otros veci nos d e Cangas se
obligan a pa gar al ad ministrad or d e los alfolíes Martí n Aragonés 50 ducado s, pr estados “par a la
ar m açón d e u n çerco ”.. Al a ño siguiente, e n no viembre, J uan do Seixo y o tros veci nos d e Cangas d o
Morr azo se ob ligan a satisfac er al ad ministrador d el estanco, Martín Aragonés, 2 00 ducado s q ue les
prestó p ara la adq uisición de c áñamo, emplead o en la fur nición de un cer co. A.H.P. Po ., 1.615(2 ), 2 46;
1.61 5(3), 313
416
. A.M.M., libro de consistorio 1 608 -10, 115v
136
Sarmiento hace procede r Salné s de Territorium Sa liniense, en cla ra alusión a las
salinas a llí existente s e n los tiempos me dievales. Resulta significativo el da to
aportado por Ferreira Piegue, de que a partir de 1380 se do cumente la prese nci a
de pesca do gallego en las plazas mediterráneas
417
.
El f lete era determinante a la hora de p lanear su t rans porte. A los
neerlande ses no le s re sultaba rentable atravesar el Estrecho de G ibraltar y
acceder a la s sa linas gaditan as
418
; su perar las de Se túbal resultaba un a
navegación ruin osa
419
.
Su transporte ap enas interesaba a l o s mercan tes. Lo s m aestres de las
carabe las portugue sas hab ían logrado re ntab iliz arlo, re se rvando u na
conside rable ca ntidad d e sal para emplear en la ría d e Vigo en el come rcio de la
sardina veraniega, la variedad denominada revenida, no apta para se r a rencada
por su exceso de grasa. En la relación d e las arribad as de estos naví o s, en 1566 ,
se observ a perfectamente esta modalidad come rcial: la densi dad de estas
arribada s e n la s Rías Baixas co ntrasta co n la d e las re gistradas en las Rías Alta s
y puertos del Can tábrico.
417
. FERREIR A PRIEGUE , E., 198 8, 160
418
. HERRERO SÁNCHE Z, M., “La e xplotació n de las marina s d e Pu nta Ara ya. U n factor co nflictivo
en el pro cedo de acerca m ient o hispano-neerla ndés ( 164 8-1677) ” en Cuadern os de Historia Mo derna ,
núm. 14, 199 3.
419
. Si no s ceñi mos al aba sto d e los alfolíes galle gos aco ntece algo se meja nte: las sales obt enidas en
Aveiro no er an de gra n calida d, p ero estab an muy c erca nas; los i ntentos p or p roveerse d e sal a ndaluza
fueron muy puntuale s y, co mo vimos, r emataron e n un estre pitoso fracaso.
143
31.07 Barco María d a Gracia . Espos ende
15
31.07 Barco Sto. Ant onio. Vi ana 15
31.07 Navío de reven ir Corp o Sto .Viana 2 1
31.07 Barco 35
01.08 Navío La Co ncepción. Vian a 3 6
05.08 Pinaza bordad a. S. Antonio . Viana 1 2
05.08 Barco Corpo Santo. Espos ende 12
05.08 Carabela S. Antonio I. Z ezim bra 60
05.08 Carabela S. Antonio II. Zezim bra 30
05.08 Carabela S. Antonio III . Zezim bra 45
05.08 Carabela S.Franc osco. Z e zimbra 60
06.08 Carabelón S. Salvador .Azur a 19 8
08.08 Carabela NªSª. L ago. Esp o sende 192 37 8 A
14.08 Carabelón NªSª. Espera nza . Aveiro 228 24 6 A
14.08 Carabela NªSª: Esperan za. Aveiro 22 8 426
19.08 Carabela S. Ju an. A veiro 8 1 810 A
23.08 Barco S.Buen aventur a, Cangas 18
23.08 Carabelón S.Fra ncisc o.Zez im bra 24
23.08 Carabelón S. Antonio. Z ezim bra 33
23.08 Batel pequeñ o S.Antº. Vila Cond e 12
23.08 Pirlo de pescar. Viana 4,5
24.08 Carabela S. Antonio. Ze zim bra 54
24.08 Barco de pescar . Espos ende 9
24.08 Barco Corpo Sto. Espose n de 10,5
24.08 Carabelón Corp o Sto. Espos ende 1 8
24.08 Barco cubierto .Conce pción . Viana 1 2
24.08 Barco cubierto .Salvad or. Vi ana 18
24.08 Carabelón de pescar S tgo. Azurara
15
24.08 Barco NªSª.Ajud a. Viana 12
27.08 Carabela Sto . Espíritu. Zezim bra 33
27.08 Pinaza. Vigo 33
27.08 Barco Sta.Clara. Vian a 13,5
27.08 Barco Concepc ión. Vi ana 1 2
27.08 Barco cubierto . Sta.M aría. Viana 15
27.08 Carabelón Corp o Sant o. A zurara 15
28.08 Carabela S. Miguel. Vig o 123 450
30.08 Barco cubierto .Conce pción . Viana 1 2
31.08 Pinaza Cang as 6
02.09 Carabela NªSª.G racia . Avei ro 2 7 537
04.09 Carabela S. Pablo. A veiro 63 333
04.09 Barco. Vigo 24
04.09 Carabela S. Pedro. Ze zimbr a 22 8 S
04.09 Carabela Corpo Santo. Aveiro 60 510
04.09 Carabela NªSª. Ajuda. Viana 15
04.09 Barco S.Anton io. Vian a 12
04.09 Barco cubierto NªSª. Ajuda. Viana 12
09.09 Carabela S. Pedro. Ze zimbr a 72 156 S
11.09 Carabela S. Pablo. A veiro 63 336
13.09 Volante Corp o Santo. Vigo 48 180
13.09 Carabela Corpo Santo.Z e zim bra 420 S
13.09 Carabela NªSª. L ago. Esp o sende 192 7 8
NNNN Carabela Sta. Clara. Vila d o Conde
24
18.09 Barco Corpo Santo. Viana 21
18.09 Carabelón de pescar S anti ago 2 4
18.09 Barco ollero S .Antonio. Viana 9
18.09 Naveta María Magda lena. Viana 90 6
24.09 Carabelón . Espossend e 16,5
25.09 Barco cubierto Conce pción . Viana 4 2
144
29.09 Barco La Bar ina. Espos end e 10,5
04.10 Carabela S. Marcos. A veiro 909A
13.10 Vigo 9
13.10 Cangas 21
A L FO LÍ D E REDOND EL A
05.05 Navío NªSª.Cam ino. Muros 765
07.06 Barco Sta.María Ajuda . Viana 4,5 4,5
11.06 Viana 7,5 3
11.06 Viana 9 3
11.06 Viana 5
12.06 Esposende 11
28.06 Barco Concepc ión. Vi ana 7,5
28.06 Viana 7,5
01.07 Carabela Co9 ncepció n. Zezim bra 4 2 180
05.07 Carabela NªSª: Ajuda. O por to 462
08.07 Navío S. Juan . Redon dela 690
13.07 Viana 9
15.07 Esposende 9
18.07 6 6
26.07 Barco Concepc ión. Vi ana 3 3
30.07 Viana 9
12.09 Carabela Sta . Cruz. Aveiro 81
17.09 Navío San Ju an . Red ondela 48 6
A L FO LÍ D E PONT EVEDR A . Juan de Roba liño, r eceptor
Navío B uen J esús. V iana 114
20.01 Volante Sant iago.Baiona 468
24.04 Navío NªSª.de l Cam ino. M uros 14 4
10.05 39
12.05 Pontevedra 75
12.05 Baiona 21
21.06 Navío Sta.María. F uen terra bía 573
25.06 Navío Santia go. Ponte vedra 744 A
07.07 Pontevedra 483 36
15.07 Carabela NªSª.C oncepc ión. A veiro 36 867 A
20.07 Aveiro 24 9 90
02.08 Pontevedra 12 2 67 A
14.08 Carabela Corpo Santo. Espos ende 861 S
21.08 Ribadeo 741 S
23.08 Pontevedra 18 2 70 A
23.08 Pontevedra 6 2 40 A
23.08 Pontevedra 28,5 213 A
29.08 Pontevedra 90 3 07 A
29.08 Pontevedra 9 2 88
01.09 Aveiro 753 A
04.09 Aveiro 45 9 27 A
08.09 Aveiro 60 7 74 A
08.09 Pontevedra 12 2 22 A
13.09 Vila do Cond e 66 9 78 A
16.09 Esposende 600 2 10 A
19.09 Carabela Fie les Deus . Espos ende 27 0 A
A L FO LÍ D E PONT EVEDR A . Juan de Sot o, receptor
02.01 Zabra Concepc ión. Qu eso 420 L
19.05 Navío S. Juan . Pontev edra 153 AL 21
16.07 CarabelaNª Sª.Victori a. Ave iro 6 84 A
18.07 Carabela S. Espíritus 371
145
19.07 Carabela S. Pablo. A veiro 498
31.07 Carabela S. Espíritus . Ataugui a 264
02.08 Carabela . P ontevedra 2 43
02.08 Pinaza. Ponte vedra 21 2 52
05.08 Navío S.Pedro. Ponte vedra 10,5 5 89,5
11.09 Carabela Sto .Dom ingo. Es posende
198 6 60
13.09 NªSª.Gracia. Esposende 48 7 29
A L FO LÍ D E C A M B A DO S. Gregorio C ache s, recepto r
20.05 Navío. Vilanov a 12
05.06 Navío. Aveiro 9 1.1 34
15.07 Carabela Sto . Antonio . Aveiro 1.035
23.07 Navío NªSª.Pres entaci ón. Aveiro 21 1.452 A
05.08 Carabela NªSª.C oncepc ión. A veiro 1.161 A
09.08 Navío S.Pabl o. Aveiro 1.341 A
26.08 Carabela S. Antonio. Aveiro 1.047 A
02.09 Navío NªSª. Prese ntación. Aveiro 75 1.395 A
A L FO LÍ D E VIL AG A RCÍ A. Luís Á lv arez, re ceptor
08.05 Carabe la Sta.Cru z. Atau gui a 996 A
23.05 Chiola NªSª.C oncepci ón. Ave iro 6
15.07 Carabela Sta . Cruz. Atauguia 9 1.0 92 A
18.07 Carabela S. Antonio. Aveiro 702 A
27.07 Carabela S. Antonio 1.380
31.07 Chiola Corpo Santo. V iana 6
05.08 Carabela S. Pablo. A veiro 6 1.1 94 A
06.08 Carabela Sta . Clara. Aveiro 786 A
30.08 Carabela S. Antonio. Aveiro 42 1.347 A
30.08 Carabela NªSª. Esperan za. Aveiro 12 1.356 A
11.09 Carabela .An tonio. A veiro 699 A
A L FO LÍ D E P ADRÓN.Gó mez Rod ríguez, recept or
20.02 Navío S. Anto nio. Por tugal 363 L
30.05 Navío Espíritu Santo. Es po sende 861 SL
12.06 Navío Espíritu Santo. A veir o 7 41 A
17.07 Navío Espíritu Santo. A veir o 90 573 A
02.09 Navío Sta. Clara . Ave iro 36 654 A
11.09 Navío Concepc ión. Bu arcos 27
12.09 Carabelón S. Antonio. O por to 24 3 72 A
A L FO LÍ D E A POBR A DO DE ÁN DE S ANTI A GO. Juan M ariño de Soto mayor, receptor
19.07 Carabela Espir itú Sa nto. Ave iro 48 852 A
09.08 Carabela Sta . Cruz. Atauguia 33 1.1 46 A
19.09 Carabela NªSª.G racia .Espo sende 429 4 11 A
31.08 Carabela Espíri tu Sant o. A veiro 54 0 3 60 A
17.09 Pinaza Santia go. A zurara 9
17.09 Pinaza Corpo Santo. Azura ra 9
A L FO LÍ D E NOI A. Pedro Pardo No guerol, receptor
05.07 Volante Sant iago. Noi a 90 4 44 A
17.07 Trincado Sto.A ntonio. Noia 90 258 A
02.08 Carabela NªSª.d a Ol iveira. Aveiro 45 897 A
14.08 Carabela Espíri tu Sant o. A veiro 1.125 A
30.08 Rrincado Sto. Antonio. No ia 168 1 89 A
04.09 Zabra La Cat erina.Fue nterr abia 46 5 L
13.09 Zabra NªSª.Grac ia. Sa ntander 15 3 204 SL
18.09 Nao pequeña . NªConc epci. Aveiro 1.650 261 A
24.09 Carabela NªSª.d a Ol iveira.Aveiro
357 52 5 A
146
A L FO LÍ D E M UROS. Greg orio Lóp ez, recept or
05.08 Navío S . Antonio . Muros 387 6 0 A
14.08 Navío S.Andrés . Muros 450 3 0 A
23.08 Carabela E. Santo. Espos ende 17 4 68 1 A
02.09 Carabela Conce pción . Avei ro 70 5 270 A
11.09 Navío María. Fu enterr abía 150 147 A
13.09 Zabra La T rinidad. Fu enterrabía 45 99 A
A L FO LÍ D E CORC UBIÓN. A lon so M árquez, receptor
26.07 Volante S.Anton io. Muros 321 A
10.08 Volante. Muros 894
24.08 Navío Marisam es . Inglaterra 360 L
29.08 Carabela E. Santo. A veiro 540 A
09.09 Volante Sto. Antonio. M uros 537 A
11.09 Carabela E. Santo. Espos ende 1.191 A
A L FO LÍ D E A CO RUÑ A. Ant onio G onzález d e Candame, recepto r
16.04 Navío NªSª.Hum ildad. A Cor uña 144SM
07.06 Navío Concepc ión. Rib adeo 11 1SM
25.06 Carabela Espíri tu Sant o. Opor to 575
28.06 Carabela S.Jua n. Mon dego 2.550AN D
16.07 Navío S.Marcos . Leça 405 A.
17.07 Navío Sto. Ant onio. Far o 369
18.07 Carabela S.Jua n. Aveiro 1.068 A
19.07 Navío Sta. Cr uz. Ave iro 606 A
29.07 Carabela Conce pción . Faro 1.449AN D.
03.08 Nao Santiago. Aveiro 1.287 A
A L FO LÍ D E BET A NZ OS. P edro Arias das Filgu eiras, recept or
15.01 Navío Concepc ión.Op orto 1.767S M.
03.02 Navío Espíritu Santo.O porto 1.334AND
04.03 Navío Espírtu Santo. Ze zimbr a 1.290AN D
22.04 Carabela NªSª: Ajuda. O por to 996AND
05.06 Carabela Sto . Antonio . Mat osinhos 2.29 2AND
10.06 Carabela Espíri tu Sant o. Opor to 1.068 SM
12.06 Carabela NªSª. Ajuda. Setú bal 93 0AND
20.06 Carabela Espíri tu Sant o.Zezim bra 45 798 S
09.07 Navío NªSª.G uadalupe. Leç a 76 A.
10.07 Nao S.Salva dor. Aveiro 9 9 1.827 A.
11.07 Carabela NªSª: Victor ia. Zezim bra 66 585 S.
11.07 Nao Santiago. Matos inhos 168 2.22 6AND
23.07 Navío Espíritu Santo. At augui a 69 450 A
26.07 Navío Sto. Ant onio. Ze zimbra 438
28.07 Navío S.Vicent e. Alcácer do Sal 630 AL
01.08 Navío NªSª.do Lago. Faro 843 S M
02.08 Navío Espíritu Santo. O porto 1.458SM.
05.08 Nao S.Miguel. Silves 1.341AND
07.08 Navío Espíritu Santo. Es po sende 46 726 A
02.09 Nao Espíritu S anto. Ze zim bra 80 1 S.
A L FO LÍ D E PONT EDEUME. Ju an T enreiro, rec eptor
---- -- Navío Sant iago. Vive iro 1.16 2 AN
Navío Espír itu Santo. Espo sende
1.410 A N
Navío S to. Ant onio. Mat osi nhos 1.773 AN
A L FO LÍ D E FERRO L, Gon zalo do Vilar, recepto r
---- -- Carabela Na zaret. Mat osinhos 1.290 AN
147
A L FO LÍ D E VIVEIRO
05.08 Navío. Oporto 570 A
Carabe la Coc epción. Leça 1.05 3 AN
Fuente: A.G.S., C.J.H ., 74. 153
Procedenci a de la s al: A. A v eiro. A L. A l các er do Sa l. A ND. Andalucí a. L. Lisbo a
S. Setúbal. SL. Sanlúc ar d e Barram eda. SM . Puert o de Santa M aría
148
3. PEIXE MERCHA NTE. EL CO M ERCIO DEL PESCA DO
El d ía 15 de m ayo de 15 66, partía del p uerto de Pontevedra un co nvoy
formado por veintiún n avíos y con ciento noventa y ocho tripulantes a b ordo.
Tran sportaba bastimento s p ara los presid ios d el Me diterráne o, que deberían ser
redistribuido s de sde el puerto de Málaga. En tre los a limentos embarcados
figuraban cinco mil quintale s de pescada , unos 325.000 e jemplares
434
de co rdel
y volanta, capturados a lo la rgo de toda la costa g allega
435
. Una ca rga muy
seme jante, en cuanto al pesca do, f igura en e l elenco s de a limentos co n que
llenaron la s bod egas de lo s n avíos de la A rmada, d urante su escala co ruñesa, en
1588: 24 quin tales y 4 7,5 libras de ba calao, 11 quin tales y 61 ,5 libras d e abadejo;
883 libras de pescado ce cial, p osiblemente merluzas o pescadas; 2 pipas de
sardina
436
. L a p resencia de la p opular sa rdina la podemos considerar ane cdótica,
como también la del ba calao. La ausencia de la espe cie m ás generalizada en el
consumo po pular, se en tiende como sustituida por o tras de m ayor calid ad, más
aprop iadas para una co rrecta alim entación de la tro pa y marine ría. La discreta
participación del bacalao obedece a su condición de producto extranjero, lo q ue
suponía u na evasión de cap itales. La d ieta de la Armad a durante su f ormación y
estan cia en Lisboa reservaba los m artes, viernes y sábado s para el con sumo de
pescado. Especie s poco f recuentes en los puertos gallegos, como el atún y e l
bacalao, constituían las seis on zas de la raci ón d iaria, y quando esto no uviere
seys onças de pescado pulpo o cinco sardinas
437
. El atún lo proporcionarían las
almadrab as del Algarve y e l baca lao las f lotas que todos los años partían de l
puerto de Aveiro a l as campañas de Terranova, la pesquería l ocal (pulpo y
sardina, que p roporcionarían los cercos d e Setúba l) era contemplada como u n
sucedáneo para cuando faltaren las especies v a liosas.
434
. El q uintal castel lano eq uivalía a 4 6 kilogra mos; cada uno contenía unas 6 5 merluza s ceciale s
(secas). Sesen ta y cinco m il eje mplares se co ntabilizab an como mil q uintales..
435
. A.G.S., C.J .H.,. 87, 361
436
. SAAVED RA VÁZ QUE Z, M.C., 1 989 , 161, nota num. 4 3
437
. CAS ADO SOT O, J .L., Los barco s españ oles d el siglo X VI y la G ran Arma da de 15 88 , 1988 , 183
149
Sin em bargo, años más ta rde, en 1633, con mo tivo de la f irma d el asien to
del Reino de Galicia con la Corona para la construcción de un a rmada, que
defendie ra sus costas, compue sta por o cho galeones y u n pa tache, se
especificaba la dieta alimenticia de sus marineros: ració n de bacalao durante dos
días a la semana, amé n d e las cuaresmas y vigilias
438
. Como vemo s, las
pesquerías na cionales son totalmente suplantadas por las inglesas y holan desas.
Tamb ién la humilde sardina de las rías es sust ituida por las pesquerías
extranjeras: amparándose en el T ratado de L ondres (1604), el m ercado
med iterráneo se ve invadido por la sard in a inglesa, cancelando uno de los
destinos más volum inosos d e la pesquería gallega desde los tiemp os
med iev ales. Con temporáneo de este desplazamiento de las p esquerías
nacionales e s la ad vertencia que d esde la em ba jada española en Lo ndres lanza
el co nde de Gond omar: Los vizcaínos han perdido la p esca de ballena s y estos y
gallego s y p ortugueses van perdiendo la pesca de los arenques y b acallaos. Y
los in gleses y holandeses, creciendo en este trato, de mane ra que meten en los
reinos de su m a jestad cada añ o m ás de doscientos navíos carg ados de so los
arenques y bacalaos
439
.
La reacción de l os contemporáneos ante lo s descensos de l as capturas
pesqueras es ambivalente. Hay quienes en tienden las m alas pesque ras
obedecen a cau sas natura les, contra las que poc o se puede hacer: lo que vyene
del çielo n o e stá en mano d e los onbres
440
. Una d e las explicaciones más
certeras, pue s alude a l ca mbio climát ico, que se contiene en la represe ntación
elevada, en 1597, por la s v i llas de Pontevedra, Redondela y V igo: Por averse
talado y que mado lo s monte s…lo que agora es muy al contrario, porque las
dichas a benidas no ti e nen q u e trae r d e l os montes, sino es arena en lu gar d e
tierra gruessa y hoja de los á rboles, traen m uch a elada y ca rámbano de q ue el
438
. “Ha d e co rrer por cuenta del Reyno el suste nto d e tod a la ge nte de mar y guerra, y ha d e d ar a cada
plaça la ración o rdinaria d e la calidad y bondad q ue se req uiere , y la despen sa ha de ser lo s q uatro d ías
de la semana tozino, d os vacallao y uno q ueso, excepto la Cuares ma, que ha d e ser lo s cinco días
pescado y dos queso, y asi mismo las vigi lias”. A.G.S., C.M. C., 3 ª épo ca, 3.019
439
. TOB ÍO, L., A interven ción de Gon do mar nos pro blemas interna ciona is de p esca, 1984
440
. GELABERT GON ZALEZ, J . E., 1982, 2 0
150
pescado huye mucho…porque cu ando baxan las aguas de lo s monte s con furia
de manera que el pescado no pueda huir
441
.
Otro pue rto gallego que ve hun dirse su otrora pu jante actividad pescado ra
culpaba tamb ién de sus des gracias al incremento de la pluviosidad, perceptible
en las grande s avenidas d e lo ríos. La info rmación abie rta en Noia en 1599
ponía de ma nifiesto que la pesca en la parte donde se solía coger y matar con las
avenidas de aguas qua ha avido se h arroinó y se an hecho b ancos de arenales
que quitaron e ynpidieron e l p asto y post uras do nde se so lía m a tar y cog erla
dicha pesca y sardina
442
.
Los bancos del Ma r de l Norte, en efecto, d esplazan a la sardina gallega
en e l mercado castellano, como denunciaba, en 1619, e l concejo de M uros:
ingleses y de Fu slanda, Olanda y Zela nda e Irlanda ha z en (daño ) en meter
sardina en muy gran cantidad en estos reynos de Castilla y los más de su
majestad, de que sac a n muy gran cantidad d e dinero…que los tales extran jeros
no metan la d icha sard ina e n sus re ynos. Y, e n ca so que la metan, la vendan
por de las partes que es, no mezclándola con la deste Reyno, ni la puedan
vender asta q ue la sardina natu ral se despache y acabe
443
.
Esta decadencia de las pesque rías gallegas se co mprueba e n la ren ta d el
pescado sal a do de la m a r de Benavente. Paso obligado para las cargas d e
pescado a lomos de las recu as de los arrieros, que se distribuía po r Cast illa la
Vieja; el de splome irrecuperable, que of rece en los años f inales d el siglo XVI, e n
contraste con e l incremento del tráf ico de m ercancías en gene ral en esta vil la
444
.
Otros te stimonios de la segunda m itad del siglo XVII of recen una visión de
desman telamiento completo d e las pesquerías t radicionales, en especia l, las
gremiales a sentadas en las villas coste ras del arzobispad o de Santiago. Magaloti,
el cronista del V iaggio de Cosm e de Medicis, en 1 669, p or tierras h ispana s, se
asombra de que lo s habitante s de las rías no explotaran la indust ri a q ue está en
relación co n el mar, que con tantos bra z o s se adentra en la tierra y (qu e) pod ría
441
. A.G.S., E. H. 1 44/3 6.
442
. GARCÍ A ORO, J , P ORTELA SILVA, M.J ., No ia en 15 99, s.f, 6 7
443
. P ÉREZ CONST ANTI, P.., reed . 1993 , 70
444
. Y UN CASALILLA, B, “ Ferias y m ercado s; indicado res y co yuntura comercial en la vertiente
norte d el Duero . Siglos XV I-XVIII”, en In vestiga ciones Históricas. Ëpo ca Mode rna y
Contemp oráne a , 1983
151
por lo menos por la abundancia de la pesca y la cercanía de S etúbal, atraer de
muchas partes de Eur opa muchísimo d inero
445
. Por las m ismas fec has, en l a
Pontevedra d e la cof radía do Corpo Santo, que le vantó la iglesia p arroquial de
Santa María, se construye u n c uartel destin ado a a lbergar las tropas en tránsito
duran te la guerra con Po rtugal (1640 -1668), empleando las cas as aband onadas
del viejo arrabal m arinero: de cuyas casas yerm as y d esiertas y sus materiales
fabricó e l condestable de Ca stilla la casa de la maestran z a, que si se pa garan a
sus dueñ os ynportaran una suma m u y con siderable
446
.
Mucho se tiene discutido y de sde antiguo sobre los m otiv os que llevaron a
los ca rdúmenes a ausenta rse de los caladeros tradiciona les gallegos, las rías. E l
benedictin o Martín Sarmiento , tan interesado p or los a suntos p esqueros, n o
aceptab a que fue ran compatibles los a ltos los niveles de p esca practicada en el
Mar del Norte c on los pobres resultados d e los pescadores l ocales: ni crea
alguno qu e las sardinas apostata ron de la ría y se pasaron a los herejes de l
norte
447
. E l socarrón f raile achacaba a ac cidentes totalmente ajenos a la vida
marítima el puntua l retraim iento de los b ancos de sardin a, como po dían se r la
bata lla de Rande (1702) o el terremoto de L isboa (1755)
448
. Otros ilustrad os
diecioch escos entendían las reservas pesqueras como u n caudal inagotable,
que s ólo esperaban su correcta explot ación: Los galleg os en otros siglo s h acían
conside rables extracciones de sardina; su pesca era tan poderosa que, según
consta d e algunas ig lesias, la cantidad a q ue a scendía su die z mo n o p uede
recordarse sin admir ac ión. Te nían barcos propo rcionados para e xtraerla, de los
quale s aún se conservan m emorias i reliquia s, q ue se van ext inguiendo
lastimosamente, aunque dicen alguno s que tan ponderada s felicidad es se
verificaron sólo en el reina do de l señ or don Felipe II, a no sotros nos basta fuese
445
. B ONET CORRE A, A., La a rquitectu ra en Galicia durante el siglo XVII , 1966, 10
446
. J UEGA PUIG , J., LÓPE Z GÓME Z,P., La Rea l Maestranza de P ontevedra , 1994
447
. De Camin os , M s. Biblio teca Universitaria d e Santiago de C ompostela, Ms-26 3
448
. “después d e lo s tr uenos y b ullicio d e la q uema de la flota en Redo ndela, se a usentó la pesa en
aquella ría, pe ro vol vió. De spués que e n el Ferro l se co ntinúan los p etardo s a las p eñas y el bullic io se
espantó la p esca de la ría y a ún la caz a del fa mosos bo sque del Prio to. Después del ter remoto d el año
175 5 no entró pesca en la ría de Pontevedra, pero p or lo m ismo vol vió al otro año co n abundancia.
Esto pr ueba que si el terro r no dura v uelve la pe sca lue go. Pe ro si es co ntinuado es prec iso a que ella
se fa miliarize, co mo los tord os con las ca mpañas y los caba llos co n la artiller ía. P. S ARM IENT O, De
los atun es , 1 75 7, ed, LOPE Z C APONT , 199 7; LÓPEZ LINAGE, J. , ARBEX, Pesqu erías
tradicion ales y conflicto s ecológico s. 1991 , 95.
152
practicab le algún tiempo, lo que solicitamos en el día co n mayor número de
vecinos, los m ismos pue rtos i las propias especies
449
Sin emba rgo, los sufridos protagonista s del ocaso de las pesquerías, que
comienzan a mostrar sig n os alarmantes d e agotamiento en e l ú ltimo te rcio del
siglo XVI, era n conscien tes de asistir a un e mpobrecimien to gene ral de las
reservas p esqueras, qu e iba más allá d e unos accid entes puntua les o d el em pleo
inade cuado de las artes p esqueras. Un vecino d e Orrio exponía, e n 1599 , una
situación irresoluble: de d iez años a est a parte (hay) mucha f alta de p escado y
aunque se pusiesen más gentes e a parejos no se pe caría e n más abu ndancia de
lo que se pesca, e qu e si se echase mas g ent e, p ina z as e apare jos aunque se
pescaría a lgo más n o habría para o tro año ningún peca do. Y q ue n o se pu eden
introdu cir otras nuevas pesquerías porque no las hay…y que no se sabe forma
alguna que se p ueda de da r de nue vo para a umentar las dich as pesq uerías,
porque la forma que se tiene es bastante para pescar mucho más p escado del
que se pesca
450
.
Las pesquerías g allegas tuvieron que enfrentarse con la competencia del
arenque d el Mar del Norte . En la reformada Inglate rra se impuso una cuaresma
política: un día a la sema na era obligado el consumo de pescado. Este estímulo a
la pesca naciona l le perm itió superar la d ecad encia a la que le ha bía som etido la
competencia bret ona y hola ndesa, así com o lo s cambios alimenticios que
acompañaro n a la ruptura a nglicana con Roma. Como señala Gómez-Centurión ,
el cierre del comercio pen insular ent re 1 569 y 1 573 , e stimuló la p resencia d e los
navíos ingleses en los bancos de Terranova. La pesca d el b acalao, a la que se
dedica rían preferentemente las pobla ciones costeras situadas e ntre Bristol y
Southamp ton, comenzó p or o rientarse a l comercio local, ampliándose, d espués,
a Lo ndres, d esplazando a las i m portaciones f rancesas y españolas. A l tiempo,
desarrolló un comercio de exporta ción que se e xtendía d esde e l golfo de Vizcaya
hasta la c ost a oriental de Italia
451
. Otro compe tidor de las p esquerías gallegas
449
.Repr esentació n impr esa e n La Coruña, 21 de septie mbre de 1 774, y firmada po r Manue l Carrillo
Niebla y Francisco So moza de Monsoriu. A.G.S., Ma rina, 29 8.
450
. FERN ÁNDEZ ALBADAL EJ O, P., La crisis del An tiguo R égumen en Guipú zcoa, 1766-18 33 .,
197 5, 69
451
. GÓMEZ- C ENT URIÓN JIMÉ NEZ, C ., Felipe II. La empresa de Inglaterra y el comercio
septentrion al, 1 988, 78
255
Fte: A.H.P.Po., 861(1),s.f. ; 861 (2) , 34, 233v.; 887 (6), 551, 548; 868, s.f.; 88 8,
590;
Llama la atención l a alta participación de quiñoneros e n esta s artes, sin
que ningun o de ellos sobresalga, acaparando u na porción considerable . E ste
carácter democrático e s prop io de los cercos p ontevedreses, que lo m antienen
hasta la e xtinción de las a rtes gremiales. Un a de la s últimas escrituras d e
compañ ía conocida, la del cerco de l peirao das Co rbaceiras , para la s cam pañas
de 1629 -31, m antiene e sta mesura en el reparto de quiñones
869
. La escritura del
Cerco Nu evo, fo rmalizada en 10 de septiembre de 1 641 para a ndar a la mar y
pesca de la sardina por dos añ os, llev a ndo po r atalieiros a Domingos Dardia y
Vasco Fariña, y em pleando, aparte el trincado
870
, do s pinazas, tres barcos y t res
pirlos; los setenta y tres compañeiros se repartían setenta y nueve quiñones
871
.
Este reparto igualitario de los quiñones contr asta con la co ncentración en u nas
pocas mano s de las pa rticipaciones en los cercos de de la ría d e Vigo. En la
propia ría de Pontevedra, los puertos monacales de Combarro y Marín,
indepen dizados de la tu tela de la cof radía pontevedresa , a rman su propio cerco
y sus compañeiros también participan e n e l menudeo de los q uiñon es; en su
fase terminal las participac iones en los cercos se co ncentran en un as po cas
manos, anu lando el carácter gremia l: e n 1630, el atalierio de l Cerco Nuevo de
869
. SAMPEDRO FO LGAR, C., r eed. 1998, 235
870
. Do s ter cios per tenecían a Ju an Co rdeiro y el r estan te a Fr ancisco Novo, que apo rta do s q uiñones
“y con s u parte d el trincado ”.
871
. A.H.P. Po. , 1.092, 14 1
Pon teved ra Combarro M arín
1605 64 rs.
1606 115,5 rs .
1610 66 rs.
1611
1612 50 rs.
1620 64 rs.
1621 82,5 rs .
1629 30 rs.
1630 61 rs .
256
Marín arrienda nada menos que 16 quiñones a un vecino de Pontevedra
872
.
Ventas sim ilares se pueden observar en el cerco d e Comb arro
873
, en el que el
monaste rio benedictino conservaba la titularidad de seis quiñones
874
.
En cuanto al repa rto de las gan ancias de los cercos, e xpresadas en
milleiros de sa rdina, Sampedro Folgar ya advirtió d el mutismo de las fu entes
documenta les
875
. En las escritura s de constitución de los ce rcos se deta lla las
distintas aportaciones de los quiñoneros, paños de red y na ví os , pe ro no se
indican los q uiñones reservados al pa go d e diezmos, a lcabalas, li m osnas, obras
parroquiales, gastos generales de la cof radía y con stitución y m anten imiento de l
propio cerco. Lo s cercos poseían un ca pellán, que decía tres m isas sem anales
duran te la campaña otoñal y m isa diaria en las sem a nas del cam p o (p eríodo
previo a la ca mpaña); también oficiab a misa los días de fiesta y bendecía las
artes, que ocasionaban unos gastos anuales, a la altura de 1613, de 112
reales
876
. Los vicarios de la cofradía, en 1 571, asignab an a su procurador como
salario anual un quiñón de cualquiera d e los ce rcos a rmados en la villa
877
. Est a
dispon ibilidad pu ede con siderarse como una detracción de los b enef icios
generado s por lo s cercos, no escriturada y ba sada en la costumbre. También
habrá que incluir en este apartado las cant idades p uestas a disposición de los
m andadores de lo s cercos para h acer frente a las contingencias com unes: en
abril de 1 555 los atalieiros Ju an de Sa ntiago y Juan Fe rnández Rod eiro
contratan con el cordoleiro loca l Fe rnán da Vila la confección de diez y seis
872
. Po ntevedra, 21 j ulio 1630. Gregorio do Casal, a talieiro d el “cerco nuevo de Marín”, j unto c on sus
compañero s J uan de Rosal, Alº. Pesqueira y B ieito Pardavila, arriendan a Esteb an Rodr íguez de
Aldao, vecino de la villa, 16 quiño nes p ara la ca m pa ña d e 1 630 , junto co n u na ca sa c on fu mero,
“capaz de coxer la dicha p escar ía y salarla e n él”, j unto a la r ibera del p uerto d e Marín, a 61
reales/qui ñón; total, 97 6 r eales. A.H.P .Po ., 996, 200 .
873
. Pontevedra, 1 marzo 1629. Domingos Esté vez y Franci sco da Ve iga, a talieiro y escr ibano del
cerco de Co mbarro, reco nocen hab er re cibido de M iguel Do nís, veci no de Po ntevedra, e n su nombre y
en el de lo s restantes q uiñoner os, 8 30 reale s por el valor de 28 quiñones. A.H.P.P o., 99 6, 27.
874
. Po ntevedra, 10 .septie mbre 1612 . Padre fray Bernardino Corde ro, mayordo mo del mona sterio de
Po io, arrienda a Juan de la Casa, vecino de Pontevedra, su mu jer, María González, y su suegra,
Ta reixa Go nzález, los 6 quiñ ones d el ce rco de Combarro q ue p osee el m o nasterio en 30 0 reales.
A.H.P.P o., 98 3, 307.
875
. SAMPEDRO FO LGAR, C., r eed. 1998, 274
876
. Recla mación del clérigo P edro P érez, que había sido ca pellán duran te do s años e n el cerco del q ue
era “atalieiro” Anto nio de Avi lés. A.H.P. Po ., 95 ( 23).
877
. A.H.P .Po ., 861 (1), 375
257
cuerda s de cáñamo de la m an era y congor q ue se a costumbra a haz e r a los
çercos desta villa
878
. Su co ste es e lev a do, 4 8 ducados, e quivalente a siete
quiñone s. Sin embargo, el pago no se realiza en esp ecie, sino en metálico, que
habrá que suponer que p roceda de la venta d e quiñones reservados al cuerpo
del cerco. Pedro Alon so, atalieiro, contrata, a fin ales de julio de 1577, la compra
de 3,5 moyos de v in o blan co de Ribadavia, una bot a de las de l a medida de
Pontevedra, para gasto y provecho de d icho cerco y com p aña , por lo q ue debe
satisface r 132 reales
879
. Es este e l silencio d ocumen tal al que se ref ería
Sampedro, que tampoco nosotros somos capa ces de superar.
Para recaudar los fo ndos precisos para arm ar las artes de pesca
colectivas se empleaban dos ví a s: la venta de un puñado de quiñone s para
gasto s y otras cosas provechosas a l dicho çerco
880
, o la a portación e n metálico d e
los mae stres de las pina zas y, en raras ocasiones, t ambién de los t rincados. Los
mae stres de las p inazas solían percibir dos quiñon es al m argen de los p años de
red que aportasen, pero debían s atis fa cer a la compañía cuatro ducados
881
. En
algunos casos, el n avío que e jercía de atalie ira , generalmente, un pirlo, pe rcibía
dos quiñones, previa apo rtación d e otros dos d ucados
882
. L a co stumbre y e l
espíritu gremial primab an sob re c ualquier otra d isposición, h asta el pun to que en
las escrituras no tariales se llegaban a dejar en suspenso esta s obligaciones, a la
espera de comprobar lo que hicieran los restantes cercos. Se puede leer en la
escritura fundacional de cerco un cerco de 1568 : que si los que ponen los barcos
ubieren de pagar alg unos dine ros al ce rco, conforme a lo q ue p agare al cerco de
Juan Darriba, que el tal dine ro l o darán lo s du eños de los barco s e n la semana
que el cerco fuere al campo o an tes, si fuere n ecesario. Y, s i no, pasada la dicha
semana, no se dé por cada pina z a más de quiñón y medio
883
.
878
. El c erco aportaría la man o de obr a necesaria para “conchir” las cuerd as. A.H.P.P o., 827 (1), 146
879
. A.H.P .Po ., 828 (3), 76
880
. A.H.P .Po ., 827 (1), 144v.
881
. Estas co ndiciones se e specifica n clar amente e n los c o ntratos s uscritos en abril d e 154 3 y
noviembre d el a ño si guiente, q ue p reced en a la constit ución del cer co do Ve rrón. A.H.P.P o., 8 31 (1),
77; 8 31 (4), 55
882
. Cerco del que s on “atalie ir os” A lon so Garrido y Juan Núñez, co nstituido en e nero d e 1 568.
A.H.P.P o., 86 0 (1),14 8
258
Tamb ién las obligacione s militares e ran asumid as solidariamente po r los
cercos, sin que de las cua ntiosas d erramas qued e constancia e n e l rep arto de
beneficios. En mayo de 1591, c a da ce rco se obliga a entregar tr es marineros
para la armad a real. Los a talieiros priman a los volunta rios con u n sobresueldo,
con el que dob lan la so ldada, aparte de dos d ucados de venta je
884
. En 1602 , se
presen ta en la villa un com isionado del ca pitán general pa ra exigir una
compen sación económica por los dese rtores, que hab ían cobrado un adelanto de
las arca s reale s para p oder sust entarse en el camino al p uerto de em barque. El
cerco del q u e eran atalieiros Domingos de Saa vedra y Mig u el López tuvieron
que recurrir al recto r de Santa María para que les p restase treinta ducados
885
.
Tampoco se especifica do cumentalmente e l salario de los atalieiros, los
únicos de la compañ ía que parecen percibir un su eldo en metálic o. Conoce mos
los quiñon es que reporta la aportación del trincado, e n ca so de coincidir e n su
persona las cate goría s de arm ador y atalieiro, pero su s emolumen tos q uedan
envueltos en la nebulosa de e xpresiones m uy dif usa s: a lo s que se les a de dar y
pagar el salario a costum b rado
886
o sacarán del dicho cerco po r sus servicios lo
que en esta villa y ribera della suelen e acostum bran lleva r los atalieiros de los
cercos
887
Otros integrantes de l os cercos perciben una ren umeración , qu e n os es
desconocid a; como la correspondien te a lo s man cebos que jun to con las redes y
cuerda s constituyen l os quiñon es. Pode mos añadir los terrestres , gentes de la
tierra e ncargados d e tirar de las betas desde las playas, acercando los copes a
tierra .Debem os considerar que los e scribano s o bolseiros de los cercos
reservaban una parte impo rtante de su produc ción, que no estamos en
condicio nes de evaluar, con la que atender los gastos comunes.
Los quiño nes de los cercos e ran vendidos por un os poco s reales, con lo
que resulta ba bastante fact ible hacerse con alguno. La sardina en f resco era
883
. A.H.P .Po ., 860 (1), 178
889 . Las canti dade s q ue perciben lo s marineros de los cercos oscilan e ntre lo s 34 y 4 0 ducados.
A.H.P.P o., 86 9 (3), 133, 137, 158
885
. A.H.P .Po ., 95 (14).
886
. A.H.P .Po ., 831 (1), 77
887
. A.H.P .Po ., 860 (1), 148
259
poco valorada S u v alor se incremen taba en su transformación en sa rdiña do
fume o a rencada. Poseer uno o m ás quiñones constituye el prim er paso para
hacerse con unos emolumentos, que comienzan a ser consid erables cua ndo la
sardina se encuentra e mp ipada y dispuesta para su em barque. S u poseedor
puede incrementar su valor, si se enca rga de su transpo rte y co me rcialización,
actuand o com o mercaderes ocasionales. Una p ipa de sardinas arenca das
desembarcad a en uno de los puertos hab itu ales, com o el de Sevilla, poseía un
valor co nsidera ble, que n o e ra p osible evaluar p reviamente: en enero de 1569, el
mae stre d e la carabela Nazaret, matriculada en Matosinhos, tras h aber
materializado la pertinent e carta de f letamento, procede a la ca rgazón de una s
pipas de sa rdina en el pue rto de Vigo; u na cayó a l mar perdiéndose. S u
propietario se co ncierta co n el m aestre e n que le pagará el importe de la bota a
cómo valiera en el puerto de destino, descontando d os ducados de flete
888
.
El ir sumand o plusvalías sobre los lote s de sardina no está al alcance de
todo s los quiñoneros. Cua lquiera con u n mínim o de p osibilidades p uede adquirir
un quiñón d e cerco y proce der al ahuma do y salazón de los lote s de sardina que
le corresponde; la impla ntación del estanco de la sal, en 1565, com plicó esta
elabo ración y explica la cuan tiosa rebaja de l p recio de la f anega de sa l decretada
al año siguiente. Esta ocup ación es propia de mujeres y se realiza dentro del
marco f amiliar, circunstancia que f avorece que las viudas p articipen en la
adquisición de quiñones. Los vicarios de la co fradía pa ctaban con los
adm inistradores de los alfolíes la venta de sal al fiad o, con lo que la
transfo rmación de la s ardina en pe ixe m erchant e quedaba al alcance de todos
los quiñoneros. E n los p uertos en que las cof radías carecían de la e ntidad
suficiente para avalar estos prést amos, sus mare antes s e veí an obligados a
vender sus lo tes en f resco: el cerco a rmado en Muxía, e n 15 49, disponía que las
participacione s d e pe scado adjudicados a cada quiñ onero, esto es, en f resco,
fueran vendidos tras sonar u n cu erno, e vitando las ventas adelantadas
889
. Más
restringido debe ser el núme ro de m areantes que pue dan empipar la sardin a y
cargarla en sus p inazas. Significativamente, es a e stos maest res a los que se les
exige contribuir al cu erpo del cerco con cuatro du cados.
888
. Contenía 20 millares menos do scientas sardinas. A.H.P .Po., 2.331 (1), 112
889
. REY SOUT O, X., 2 001, 86
260
La participación de los ma estres de las pinazas en los cercos re su lta, en
principio, poco ren table si lo comparamos con los réditos que obtenían fletando
su em barcación a me rcaderes. La ap ortación de u na p inaza a l cerco se
acostumb ra saldar con la entrega de dos quiñones de sardina, que alcan zan un
precio medio en el mercado de 220 reales. De es ta ca ntidad hay que rest ar los
cuatro ducados, que entregan sus maestres al cuerpo del cerco, con lo que su
rentab ilidad se reduce a 176 rea les, cantidad irrisoria, s i pensamos que e quivale
al sa lario d e cuatro me ses. Cu a ndo una de e stas pin azas e s contratada co mo
transpo rtista los rendimientos se d isparan y ex igen menos tiempo de ocupación:
en e nero de 1 572, el m areante local P edro do Re ino, mae stre de la p inaza sant a
Cruz fleta al mercader asturiano Pedro Pérez para trasladar al pue rto de Cudillero
28 pipas de vino y cuatro de sardina, percibiendo por cada una 17 reales, en
total, 5 77 re ales
890
. L os mae stres de l as p inazas incre mentaban su s ingresos a l
emp lear el doble f letame nto, esto es, aprovechar los viajes de retorn o: en mayo
de 1598, el pontevedrés Ba rtolomé Infante, m ae stre de la p inaza san J uan, la
conduce ca rgada de bota s de vino a Navia; t ras la descarga, recibirá tres m illares
de d uelas, que transportará al puerto del Lérez, recibiend o en c oncepto d e flete
363 reales
891
. Incluso, la m arinería encontraba m ás rentable la n avegación que
integrarse en las compañías pesqueras: en Baiona, a 15 de ab ril de 1585, e l
mae stre del naví o sa n Pe dro contrata como m arinero al ma reante local Juan
Pérez, para ir de marinero a S evilla; cobrará 1 3 ducados, ocho a la de scarg a
para que pueda remitirlos a su mujer y 5 en me rcadurías de retorno
892
. .
Otras e mpresa s pe squeras resu ltaban má s rent ables a los so cios que
aportaban em barcaciones. En la ría de Pontevedra también funcionó alguna
compañ ía dedicada a revenir la sardina veran iega, práctica , como vimos, m uy
extendida en la ría de V igo: en el verano de 15 85, se crea u na compañía de este
tipo y d estinada al mercado p ortugués. Pedro de Sanv icente adelanta sesenta
ducados para la adquisi ción de sardina y s al; Bartolomé d e Romay aporta su
dorna apercibid a y aparejada , m ientras que Jorge de Neira y Ju a n Nú ñez se
limitan a con tribuir con su t rabajo. El repa rto de be neficios prima descaradamente
890
. A.H.P .Po ., 861 (2), 30
891
. Carta d e fleta m ento a favor de P edro da Vila , tonelero . A.H.P. Po. 913 , 953
892
. A.H.P. Po. , 3.026(2), 245
261
la a porta ción del capital o d e los medios d e producción con c uatro quiño nes
(66,66 por cient o); ambos m arineros deben rep artirse los dos quiñones resta ntes
(33,33 po r ciento)
893
.
El interés de mercadere s, mae stres d e embarcaciones y otros
componentes a dinerados po r participar en los cercos se e xplica por entende rse la
explotación de la s rías como una empresa gremial e n la que el beneficio
individual cedía an te una consideración comunal de la p esca. El repa rto de los
quiñone s quedaba a dispo sición de todos l os sectores sociale s in teresados lo
que les confe ría un carácter asistencia l. A pa rtir de este eslabón la distinta
capacidad e conómica de los quiñoneros permitía incrementar su participación,
aportando naví os al cerco o navegando la sard ina merchante, pero sin dejar, al
menos, teóricamente, a n ingún vecino excluido del reparto. Nada resultaba m ás
atractivo a un me rcader que poder participar en la compañía de u n cerco, aun que
fuera a costa d e invertir en los ins ervibles trincado s. Podía acceder libre d e
intermedia rios a las m area s e , inclu so, negociar con o tros quiñoneros la
adquisición de sus lotes. En las ca rtas de f letamento se puede observar com o los
integrante s má s a ctivos de lo s ce rcos come rcializ a n sus quiñone s t ransformados
en botas d e sa rdina arencada: Ju an Ba rbeito, merca der local y prop ietario de un
trincado , en unió n de otros colegas pontevedreses fle ta a B artolomé Díaz su
carabe la para cargar 26 botas de sardina, que ha rá la ruta L isboa-Almería o L a
Barquera-Bilba o
894
. Los m areantes Francisco Trigo, Martiño de P iñeiro, Pedro de
Portomarín y otros u suale s atalieiros de los cerco s, fletan a Juan Barros
Cabaleiro, vecino de Viana, el navío Sa ntiaguiño, para cargar respectivamente
doce, siete y seis bo tas de sardina a Sevilla-Málaga o Laredo-Bayona
895
.
893
. A.H.P .Po ., 897, 521
894
. A.H.P .Po ., 826 (1), 145
895
. A.H.P .Po ., 825 (2), 18
262
5.2. LA COYUNTUR A PESQUER A
El calen dario de los cercos ponte vedreses delimitado entre los días 20 ó
21 de septiembre y la na vidad, estaba orientado a la captura de la sard ina otoñal,
la más apre ciada para su ahumado y sala zón, con las que se co nseguía la
variedad are ncada, la m ás valiosa. Estas p rácticas obligaban a descargar en los
peiraos del arrabal ma rinero las capturas, donde las mujeres se enca rgaban de
su preparación y e nvasado. Si n embarg o, los cercos de stinaban una parte no
desdeñable de sus capturas a su comercialización en f resco, como hacían los
mareantes de la ría d e Vigo con la sardina veraniega, la variedad revenida. Las
ordenanzas de 1554, reda ctadas po r el concejo y, p or t anto, m uy da das a
salvaguardar el cobro de los derecho s reales, pro híben a los cercos la v enta de
sardina en la m ar
896
. Las de 156 2, e n cuya elaboración participan lo s ma reantes
junto con las autoridades mun icipales y arzobispa les, reco nsideran esta
prohibición, p ermitiendo la venta a los ce rcos de un ce nto de millares d e sard ina,
siemp re que hubiera l egítima necesidad (deuda s de la c omp añía) o ma l tiempo,
pero quedando obligados a dar cu enta de estas ventas a los resp onsables de las
rentas reales
897
.
Estas disposiciones vienen preced idas de la m ala coyuntura pe squera que
comienza a imp onerse e n las rías en la d écada de los 50. En torno a 1 560 el
hidalgo ponte vedrés don Cristób al Mariño de Lobera en compañía de su p aisano
el doctor Pazos
898
redacta un m emorial sobre la problemática económica d e la
provincia de Santiago, que recoge p erfectamente esta situación:.. en este Rei no
896
. “porq ue hera n i nfor mados q ue al gunos de lo s çer cos q ue andan a la mar en la dic ha vil la e su r ía
benden mucha qua ntidad de s ardina de la q ue to man antes que ben gan con e lla a la dicha vil la, de lo
qual los que furnen e n lo s di chos çer cos re sçibe n mu y gran d año y las renta s de S u M ajestad son
defraudada s p or las yncobier tas q ue en ello se hazen e, po r hebitar lo s d ichos fra udes, hord enaron y
mandaron q ue d e a quí ad elante lo s d ichos atalie yros n y otra persona alguna sea o sado de bender
ninguna sard ina en la mar ante s que b enga co n ella a la d icha villa”. M.P .Po ., G-7d
897
. “…teniendo los dichos çercos necesidad por caus a del tiem po e de m ar ea o por leg íti ma
necesidad de gente de b ender alguna sardina, p uedan be nder e b endan a sta ç ien millare s de sard ina y
de allí aba xo y no ar riba, lo qual aga n abie ndo la dicha necesid ad, no d e o tra manera, con q ue sea n
obligado s a manifestarlo a l arre ndador o cogedor de las rentas reales c on jura mento y cob rarle sus
derec hos y pagárselos”. M .P. Po., G- 7 d
898
. D ebe tratarse de d on A ntonio Mouriño de Pazos y Figuero a, natural de P ontevedra, inquisidor
general de Sicilia, ob ispo de Ávila y pr eside nte de l Con sejo d e Castilla. Pa rticipar á e n la elabo ración
de este me m orial, tras haber abandonado las aulas de Bo lo nia pa ra e jer cer la abogacía ante la Real
Audiencia de Galic ia, aunque po r poco tiempo, pues se tra sladó a la corte. GONZ ÁLEZ LÓPEZ, E .,
981 , I, 357.
263
no tenemos o tro aprovechamiento syno e l del pescado. Y este a faltado dende
más d e die z año s a esta p arte, de tal manera que n o a y saca. Y, si la ay, es ta n
poca qu e no llega a mytad de la costa que se pone en la pesca del.
Sobre est a realidad incidía la sobreexplotación que sufría la ría p or el
elevado núme ro de cercos que furní an sus m areante, c omo se constata e n los
listados de los a ños 1550-52, que se traduce en unas m areas mediocres, visibles
en las ba jas co tizaciones de lo s quiñon es. Las a lternat ivas manejadas son de
diversa índole, sin que conozcamos su efectiv idad. Entre ellas d estaca el acuerdo
entre varios cercos d e f uncionar al u nísono, co nstituyendo un monte común c on
sus mare as, que partirán de medio a medio
899
. Mayor rep ercusión tu vo la
alteración de las o rdenanzas pe squeras, en agosto de 1551, por la mayor pa rte
de los atalieiros , secundado s por uno de lo s tres vicarios d e la co fradía do Corpo
Santo, b iendo la nesçesididad en que estaban to dos los mareant es de la dich a
pescadoría , por no morrer otra pesca y por otras ju stas y e vident es cab sas e
razones, qu e de ello les mobían , de terminan ad elantar la cam paña de la sa rdina,
al último d ía de agosto
900
.
Las ordenanzas pesq ueras redactadas por los mareantes en 1552 obvian
toda refe rencia a esta ampliación del ca lendario pesquero. No ocurre lo m ismo
con las e laboradas por e l concejo, en 1554, aduciendo que la s a rdina tom ada
ante s del dicho tiempo ningún fruto ha z e , a causa de que n o hes tomada e n
sa z ón p ara se salar ni arenca r. Los regidores pon tevedreses entendían, con buen
criterio, que est a alteración d el calendario tradicio nal dañaría el marchamo de
calidad que se presu ponía a las salazones de la ría de l Lé rez
901
. No a ndaban
muy errados como m uestra la f amosa De scripción del Reino de Galicia de l
licenciado Bartolomé de Molina, editada en Mondoñedo en e l e cuador d el siglo
899
. En j ulio de 15 54, los atalieros de sus resp ectivos cerco s Bieito Carra mán y Ba rtolo mé Go nzález
signan este acuerd o. A.H.P.P o., 82 6 (3), 331
900
. A.H.P .Po ., 852 (1), 202
901
. “ …por que los tratante s e mercader es con el dicho temor no co nprarían la dicha sar dina e
mercado ría, que estubiese tomada y las rentas reales de Su Majestad s e desminuirían en mucha
cantidad y lo s mercaderes y tr atantes e aún los fornido res de los d ichos cerco s, q ue suele n e
acostumbra n co mprar e lle var su sar dina a o tras p artes, se perd erían to talmente c o m o se ha visto p or
espiriençia algunos años, que algunos lugare s con cod icia han p retendido marear, p or causa dello se
ha perd ido la mercado ría que e stava to mada y los mercad eres q ue la co mpraron e pers onas que la
tenían , p or causa q ue de to mar al guna fre sca o curren a ella e la más que e stá to mad a se p ierde ”.
M.P .Po., G -7d.
264
XVI, que señala a l as sardinas capturadas por los ma reantes noieses como las
de m ejor calidad de to das las rías; la explicación a este panegírico reside ,
precisamen te, e n que lo s m areante s de d icho p uerto serían los ú nicos que
manten ían el ca lendario tradiciona l, el ot oñal, en la s cam pañ as de la sa rdina:
cárgase aquí cantidad d e sardina, la mejor de todo el Reyno; y a nsí do quiera
que llega alguna sardina , preg untan luego p or la d e Noya , po rque habien do
esta no se despacha otra.
Se im ponía la bú sq ueda de c aladeros a lternativos, que acabarán
fructif icando en las expediciones a Te rranova, f echadas, como ya vimos en 1557
y 15 59. Mientras esto no suceda, nada más f á cil q ue recurrir a la ría vecina de
Arousa, que, además carecía d e un puerto que ejerciera com o rector. El carác ter
invasor de prácticamente la totalidad de los cercos pon tevedreses queda de
man ifiesto al emp lear un a m odalidad d e arte, l a d enominada de bo ya y
trabuque te, expresamente prohibida po r las ord enan zas de 1577 en el calad ero
pontev edrés
902
. Además, los cercos no m areaban fue ra de su prop ia ría y cu and o
lo ha cían, como suce de e n 1574-80, es en aguas comune s, en m ar abierto,
frente a la costa portuguesa.
La información que aporta e l arriend o de lo s quiñone s d e los ce rcos es,
en líneas g enera les, coincidente co n la de los diezmos d e la p arroquia d e San ta
María. Se observan con claridad las c a ídas d e valoración que re p resentan las
crisis de la sa rdina en 1 551, 1576-77, 1 595. Así com o la negativa inciden cia de la
impo sición de l e stanco d e la sa l, ef ectivo desde 1 565. T ambién podemos
comp robar l os efectos beneficiosos a f avor e n lo s cercos de las ordenanzas de
1568, que restring ían el empleo de l os xeito s en la rí a . Algo parecido se p odría
afirmar de las redactada s e n 157 7. Pe ro, e n to do caso, su incidencia sob re la
buena marcha de la activ ida d pesquera se vería refo rzada p or la Unió n Ibérica,
que pone a disp osición de los mareantes la pro ducción de las sa li nas de Aveiro.
Es lástima desconocer la incidencia de la crisis f inisecular, a puntada, aunque
levemente, en 15 95. La de presión, ya sin reme dio de l s iglo XVII, es la m isma que
la que tran smiten los arr iendo s diezmales.
902
. “ …agora nuevamente, dende pocos años a esta par te, a lgunos atalieiro s de alg unos c erc os…an
ynventado un a da ñosísima manera de echar las red es de los dichos çercos, que se dize bo ya e
trabuquete”. SAMPE DRO FO LGAR, C.,199 8, 31 6
271
en 1594
947
o a cuerdo municipal: 1597
948
y otras noticia s de diversa índo le, como
la p roporcionada en 1620
949
. Desde1 595 se co ntabiliza el ce rco d e Com barro y,
desde 1 635, el de Marín.
Cercos de la ría de Pontevedra
CA M P A Ñ A P ontev edra Combarro M arín T OT A L
1526 8 8
1527 8 8
1528 9 9
1542 10 10
1549 12 12
1550 13 13
1551 14 14
1552 14 14
1561 12 12
1572 13 13
1574 15
1585 11 11
1589 10 11
1594 10
1595 10 1 12
1597 10 (1) 11
1599 6 (1) 7
1601
6
1 7
1606 6 (1) 7
1607 5 (1) 6
1611-13 4 (1) 5
1620 5 (1) 6
1635 4 1 1 6
Fte: A.H.P.Po., 822(1) ,113; 82 4(3),13 9; 826( 3),70; 897, 5 24;896, 614;969( 2),217;
927(2),41;16( 3),49v .; 978, 108;979,128; M.P.Po.,G/7C; G/7F.; S-199; S-97; A .G .S.,
E.H.,130/17;5 57,46; A.R.G.,13.334(6)
En cuanto al tamaño de los cercos, a tendiendo al número de paños de red
que f orman el arte , es dif ícil determinarlo. La re lación d e quiñones redactada ant e
el notario n o e s in amovi ble; pue de se r a lter ada con posterioridad. Invocan do la
costumbre d e la p escadería desta villa un grupo de vecinos se h acen incluir en la
nóm ina de q u iñoneros, co mprometiéndo se a aca tar las condiciones cont enidas
947
. “… y atento que esa villa es la más insi gne de e ste Rei no, en do nde hay d iez cer cos, co n los q ue se
suele cargar ca ntidad de sard ina”. A.H.P.P o., 927 (2), 41
948
. Auto consistor ial de 5 o ctubre 1 597: “En esta villa se habían f urnido diez cer cos y estab an p restos
y armados p ara salir a la mar y empezar a hacer la co secha y pe squería”. A.H.P. Po ., 16 (3), 9 4v.
949
. M.P .Po., S.9 7
272
en la escritura f undacional, muy e specialmente las que hacen referencia al
trincado a emplea r
950
. Desconocemos, por t anto, la configuración f inal d e estas
artes comunita rias; en alguna o casión los registros nota riales sólo con servan la
escritura de ampliación
951
. Esta p ráctica aseg uraba a los partícipes t a rdíos, que
optaban por observar los rendim ientos d e la prime ra ca mpaña,
comp rometiéndose con las do s siguientes. No tenemo s certeza de que lo s cercos
armados en la primera mitad del siglo XVI fu eran de meno r tamaño que los
poste riores. A modo d e ejemplo, el cerco escr iturado a f inales d e noviemb re de
1550, que tenía por atalieiro a Bartolomé Garcí a , armaba 50,5 paños de re d; s u
inmediata ampliación, en diciembre d e ese año, lo amplía a 71,5
952
. Si
atendemo s al número de emb arcaciones em pleadas, com probamos que,
prácticamen te, permanece in alterable. Aparte del consabido trinca do, cuatro
pinazas y d os pirlos. Est a valoración n os lleva a co nsiderar que, po r lo menos
desde la década de los 40 del siglo XVI, los cercos no alte ran considerab lemente
su compo sición y tamaño. Esta inmovilidad e s n egada por u na serie de
testimonio s coetáneos, que se refieren a un de sarrollo descomunal en el último
tercio de siglo. Entre ellos podemo s e ntresacar el de los vecinos del pue rto de
Combarro, en 1582, que so stenían q u e tradicion almente los ce rcos arma ban
entre sesenta y sete nta pa ños d e re d, pe ro que h abían alcanzado los cien y
ciento cinc uenta
953
. Baste con considerar que nos enco ntramos ante t estimonios
de ca rgo y, por tanto, tendencioso s.
Hasta 1 552 el n úmero de cercos no d eja de incre mentarse, si
exceptuamo s el de scenso co nstatado en 1531, que rec ogerá la incidencia de la
950
. En 1 4 diciembre 1 55 0. Escritura d e ampliació n del cerco del que es “atalieiro” B arto lomé García,
“durante los q uales tienen de traer el tr incado de Alon so García de R ajoo, conf orme a la otra
obligación e apunta mento que se hizo d el dicho ç erco antes deste”. A.H.P .po ., 826 (1), 288
En 18 dicie m bre 1 554 . Escr itura de a mpliació n del ce rco del que son ata ieiros Gr egor io Maç ico y
Juan Fernández Rodero, m edi ante la cula se inc luyen otr os diez y siete “co mpañeiros”, q ue aportan
19,5 paños de r ed y una pi naza , “e esto se e ntienda no altera ndo la ob ligación del trincad o que tiene d e
traer Antó n de P ontevedra p or el tie mpo que está o bligado”. A.H.P.P o. , 826 (3) , 261.
951
. E scritura d e amplia ción, en enero de 1 584 , para las do s ú ltimas ca mpañas (1 584 -85) del cerco d e
que e s “atalie iro” Juan Afonso do Campo, por la que se inco rporan siete “compañeiro s, que aportan
11,5 paños de r ed. A.H.P.Po., 896 (2), 57.
Escritura de a mpliación, e n se ptie mbre d e 158 4, para las campaña s d e 1 58 4-85 del cer co d el que so n
“atalieiros” Juan y P edro Darrib a, p or la que se incorpo ran d iez “co mpañeiros, que ap ortan 16 paños
de re d. A.H.P .Po., 896 (2), 362
952
. A.H.P .Po ., 826 (1), 386
953
.SAMPEDR O FO LGAR, C., re ed. 199 8, 304
273
mala c o yuntura pesquera instalada a p artir d e 1525-26, que o bliga a cam pañas
en las f rías aguas de Te rranova. Las pobre s mare as de la década de los 50 no
parecen afectar al número de cercos armados e n la villa; sí lo detectan la s b ajas
cotizaciones en las rev entas d e quiñones de 1554-55 y 1 557 -59. Tras la
supera ción de esta crisis y hasta la instalada en 157 4 asistimos a la expan sión de
estas a rtes, con epicentro e n los quince armados para la campaña d e 1574.
Carecemos d e datos refe ridos al período que se can cela en 1582, al volver los
cardúmenes a la ría. Esta bonan za qued a re f orzada con la Unió n Ib érica, que
facilita el abasto de sal. Situ ación que se m antiene hasta fina l de siglo, para no
volver a recupe rarse hasta su práctica extinción.
COMPOSICIÓN DE LOS CERCOS DE PONTEVEDRA
M area Q
uiñones
trincado
Pinazas:
número y quiñone s Barco s:
número y quiñone s Paños
red “ F
urnidores”
1543 2,5 4 p inazas a 2 quiñon es
2 pirlos a 0,5 quiño nes 58 41
1544 2,5 4 2 2 pirlos a 0,5 63 46
1544 3 5 2 70 46
1545-47 2,5
3 2
3 pirlos a 0,5 54,5
35
1549 2,5
1551 3
1551-53 2 71, 5
44
1552 4 2 57 40
1553 5 2 57,5
39
1553-55 3 1 barco 77 53
1554 3 3 2 1 pir lo 55,5
41
1555-56 3 5 2 1 pirlo 74 55
1558-61 4
1566-68 4 4 2 2 p irlos 71,5
41
1568 4 3 2 2 p irlos a 1 45 34
1568 3 1, 5 61,5
38
1569 4 5 2 2 p irlos a 1 79, 5
44
1569 2,5 3 1 2 pirlos a 0,5 80 40
1569-71 4 3 2 3 pirlos a 1 88,5
47
1574-75 4 73, 5
40
1574 2 1 pirlo 57,5
29
1575-76
954
3 2 pirlos 81, 5
43
1574-76 85,5
42
1575-77 4 2 p irlos, 1 cha lán 77,5
44
1575-77 3 2 p irlos 46 27
1576-78 4 4 2 1 pirlo a 1 75,5
37
1578-80 4 2 p irlos, 1 cha lán 89 54
1580-83 4 3 at alieiras ( pirlos) 84, 5
53
1581 3 1 pirlo 52 28
1582 4 2 pirlos 77,5
47
1582 3
1582-84 4 2 pir los, 1 chal án 86 47
954
. Ampliació n de la c o m pañía anterior
274
1583-85 5 2 pir los 100 56
1583-85 4 5 2 1 atalieira 74,5
46
1583-85 4 4 2 2 pirlos a 1 89 54
1584-86 4 2 ata lieiras, 2 c haláns 93, 5
43
1584-85 4 66 32
1586-87 4 2 3 pirlos, 1 ch alán 74 46
1599 3 3 pirlos 65,5
55
1629-31 6 5 pir los, 2 barc os 90, 5
74
1641-42 2 3 pir los, 3 barc os 73 79
Fte: A .H. P.Po., 831(3), 3; 831(4)B., s.f.; 826(1) , 38 5v: 826(2) , 129, 149, 278; 826(3), 64,6 8;
839(3),112; 860( 1),148,17 0; 48(15), 75v.,77;86 3(15), s.f.; 863(18), 705; 863 (21) , 4; 881(2), 117,
164; 865(1), 19; 9 05, 1 95; 881(6),85; 885, 447v.; 86 5, 354; 9 02, 207, 2 17 ; 905, 191; 895, 294;
896(1), 347, 357; 89 6(2), 5 7, 362; 8 97, 500; 913, s.f. ; 905, 140; 905(3), 217; 904(3),292
5.3. LA COMERCIALIZACIÓN DE LA PESCA
Ante la falta d e registros portuarios en la pr opia Pontevedra y también en
los pu ertos de arribada, d ebemos e stablecer la evolución comercial d e e ste
puerto ciñéndonos casi exclusivamente a la documenta ción pro cedente de la s
escrituras n otariales. Co ntrato s privados ent re do s partes, que aseguran una
opera ción me rcantil, pa ctando la venta o transpo rte de una d eterminada
mercancía. En este tipo de fuente, d enominada p or J. Jacquart, la gra n
aporta ción de l a modernidad
955
, destacan p or su fre cuencia y aporte de
información las cartas o contrat os de f letam ento, do cumento en lo s que el
mae stre o patrón d e una emb arcación se comp romete a emb arcar y tra sladar a
un det erminado puerto una m ercancía junto con su propietario o f actor,
recibiendo del mercader o cargador, en co ntrap restación, una cantidad de
dinero, el flete.
Los protoco los no tarial es ponte vedreses resultan excepciona lmente ricos
en la custodia d e cartas de f letamento, muestra de la impo rtancia comercial de su
puerto duran te los siglos XVI y XVII . Sin embargo, y a pesar de haber p odido
reunir para el perío do acotado en es te estudio (1 525-1640) una masa
documenta l considerable, en torno a l o s 650 ejemp lares, se impon en las
deficien cias detectadas por diversos autores en los tratos come rciale s
956
. La
generalizada costumbre de ba sar una opera ción m ercantil en la m utua
955
. EI RAS ROEL, A., 198 1, pp .21-113, nota núm. 1
956
. GELABERT GON ZÁLEZ, J .E., 1981, pp.431-44 8
275
confianza ent re los contratantes, que hacía inn ecesario acudir a form alizarla ante
escribano público, se acentúa en e l p uerto pontevedrés por el carácter gremial de
buena parte de su producción. La mayorí a de la sardina embarcada procede de
los quiñone s d e los cercos y son lo s propio s ma reantes quienes se en cargan d e
salarla, empiparla y ta mbién navegarla. La pesca en tendida como una actividad
comunita ria cont inúa siéndolo en su c omercialización; los propios ata lieiros
emp learán sus pina za s, tras la ca ncelación de la costera d e la sa rdina el d ía de
navidad, para transportar sus quiñones de sardina, pero , al no poder comp letar
por sí solos la cap acidad de carga del na ví o , t ienen que compartirlo con sus
compañeros d el cerco. ¿Precisarían los quiñoneros d e u n mismo cerco del
respaldo legal de una carta d e fle tamento o les llegaría con su pa labra o , a lo
sumo, co n un co ntrato p rivado? Este tipo de estas a venturas comerciales d ebió
ser muy f recuente, mucho más de lo q u e l as escrituras notariales n os pueden
ofrecer.
Por su parte, e l vino, en co ncreto los valorad os cald os de la Ribeira do
Avia, en b uena medida m onopolizado su come rcio por los m ercaderes de San
Seba stián y Bilbao, que c ontratan las embarcacione s de su convecinos, habrán
dejado una hue lla documenta l menos p rofunda d e la que de su activ a p resencia
en la vil la cabría e sperar, al reducir su trato co n los naturales a contratar a los
arrieros el acarreo de los pellejos de vino de sde las riberas del Avia para su
embarque en Pon tevedra y Redondela. .
En Pontevedra disponemo s de una serie de documentació n me rcantil d e
conside rable extensión, las escrituras de riesgo y ventu ra, un a modalidad d e
préstamo s a riesgo. En torno a las doscientas escrituras co ncentradas en unos
pocos años, 1608-16 15, co incidiendo c o n el arriendo del estanco de la sal de l
partido de Galicia por los hermanos Diego y Antonio Pereira. Med iante esta forma
híbrida de préstamo y seguro es p osible acercarse al tráfico de m enudeo, por
otra parte, e l m ás f recuente, no contempla do en las ca rtas de fletamento. La
confrontación de ambas modalidades d e escrituras notarial es sirv e para
presen tar la doble cara del comercio marítimo p ontevedrés d e Antiguo Régimen:
unas rutas de cierta extensión , aunque no exceden del perímetro pen insular, por
las que transitan productos m uy elaborados, como los vinos de Ribada via o las
sardinas aren cadas y em pipadas, que es el tráf ico que suelen recoger la s carta s
de f letamento, al participar en estas operacio nes persona je s de diversa
276
procedencia , como los maest res de las embarcaciones que acostumbran a ser
portugue ses. Otra vía d e meno s pretensiones, pero que debió af ectar a gran
número de hombres, navíos y mercan cías es la que no suele asom ar po r las
escribanías má s que esp orádicamente. Lo hacen co n motivo de contratar las
escrituras de riesgo y vent ura, al exigirlo lo s a rrenda dores d el e stanco d e la sal,
que se sirv e n de los vi ajes de retorn o de las pin azas p ontevedresas para
proveer a los alf olíes d e su pa rtido, f avoreciéndo las co n unos pe queños
anticipo s. P or esta ruta circulan pr oductos destinados al consumo popular y,
por lo ta nto, ba ratos y poco m an ufacturados, como pueden ser las sardin as
revenidas, ligerame nte salpre sadas sin a lcanzar e l grado de estabilida d que
ofrece la plena salazón de las arencada s. Las escasas pretensione s de sus
protagon istas n o con templan de sembolsar uno s reales a l escriban o, por lo que
no d ejan huella docume ntal, pero co nstituy e n la perm anencia de l com ercio
pontevedrés y, p or e xtensión, gallego, e n contraposición a l comercio reflejado en
las cartas de f letamento, más sensible s a la coyuntura política y co mercial. Fa ltan
los manifies tos, tan abundantes de la ría de Vigo, que también podemo s entender
como una p lasmación de los tratos de escasa importancia.
S i la s de ficien cias p ara e l e studio d el come rcio de ex p ortación son lo
suficientemen te amp lias como para desanimar a más de u n estudioso a
emp render esta tarea, las inherentes al comercio de importación se nos
presen tan insalvables. Es preciso acudir a las dispersas noticias cont enidas en
recono cimientos deudas, p oderes, o bligaciones… que sa lpican los registros
nota riales, pero que p ocas veces ofrecen u na in fo rmación con un mínimo de
orden y c oheren cia. La pérdida de la docume ntación gen erada por la
adm inistración d e las d iezmas de la ma r, impuesto que gravaba e l com ercio con
los rein os y señ oríos que no formaba n parte d e la Coron a de Castilla, impide una
visión de con junto.
En este a partado ta m bién ha brá que distinguir entre importaciones
directas, como las protagonizadas p or los mercadere s ingleses o bret ones, que
arriban d esde sus puertos de origen a las p oblac iones gallegas co n cargamen tos
de paños de Lond res o pa n de l mar, que son las que más f recu entemente recoge
la docum entación, y las mercancías que llenan la bodegas de las pinaz as loca les
en los viajes de retorno, tras la de scarga de las bana stas y bo tas d e sardina y
vino. P or e sta vía se habrán abaste cido, como ya sa bemos, los alfolíes gallegos
277
de las salinas d e Av e iro, p ero tamb ién los to neleros locales de la ma dera
asturiana, aprovechando el tornaviaje d e los n avíos que traspo rtaban vino a lo s
puerto s del Cantábrico.
Una no rma mercantil elem ental establece que d eben e vitarse los viajes d e
vacío, d ebien do procurarse los patrones de la s embarcaciones l a contratación
del d oble flete; a lgunas veces ya apala brado antes de iniciar e l viaje de ida
957
.
Esta norma es a lterada y n o cu mp lida en los m omen tos de urgente necesid ad de
vino o ce real, al no haber proporcion ado el agro inm ediato suficiente abasto . Esta
es la razón de las embarca ciones navegando de vacío, al través. Se impone la
transigencia con los me rcaderes extranjeros, aú n e stando en guerra con sus
naciones, y permitirles a regañadientes la saca del metal americano.
El com ercio pontev edrés de ex portación y t ambién el de impo rtación se
sustenta e n e l env ío y rece pción de p roductos de primera necesidad, de
alimentos básicos, por lo que co ntinu amente de mandará medidas d e excepción.
En la columna d e los a rtículos e xportables, generados por una producción
excedent aria y, por tanto , su sceptible d e ser com ercializada, hay que situar a los
vinos d el Ribeiro do Avia, que encuentra n en e l puerto de Pontevedra, p ero
también en el de Redondela, su sa lida al ma r, y la sardina capturada e n la p ropia
ría de l L érez. Co mo de manda permanente de l me rcado gallego ten emos, en
lugar d estacado, a la sal, que normalmente procede de las sa linas de Aveiro;
demandas ocasionales, d ependiendo de la march a d e las cosech as propias,
serán la s del vino y de los cereales. En definitiva, un conjunto de product os
sometido s a la tiránica actuación de la climato logía. Ad emás, la buena o ma la
marcha de uno de estos productos interf iere en la de lo s restantes. La más clara
y contun dente de esta s interferencias las p roporciona la relación existente entre
la producción salinera y la pesc a; po co importa que los banco s de sa rdina visiten
las rías, si ca recemos d e sa l para conserv a rlas. Est a d ependencia se pu so
claramente de man ifiesto durante la costera de l otoño de 1597, e n que los
mareantes optaron por e char a la ma r sus co piosas capturas al carece r de la sal
necesaria pa ra p roceder a su salazón. Las d eficientes cosechas cerealistas
957
. No resultan in frec uentes c artas de fletamento que hagan r efere ncia, exclusivamen te, a las
mercancías d el viaje r etorno: P ontevedr a, 14 abr il 1557. Álvaro de T orr es, vecino de Baiona y maestr e
del volantero Sa ntia go, f leta a P edr o Álv a rez, vecino de Gui meráns, y Pe dro d e Rescodo, vecino de
Sevilla, par a ca rgar e n Sevilla 300 arrob as de a ceite después de haber d escargado la m e rcancía que
lleva co nsignada. D escargará en Po ntevedra o Ponte Cesures; f lete: 3 0 pares de blancas/arrob a.
A.H.P.P o., 84 4(2), 99 .
278
animan a lo s marinos bretone s a ace rcarse con e l pan d el mar, al tie mpo q u e
favorecen la e xpansión d el cu ltivo de los cítricos, el único producto local que
podía in teresar en los v iaje s de retorno a lo s países colindantes con el Mar del
Norte. Por e l co ntrario, la d emanda de vino med iterráneo y ca nario, con el que
remediar un as vendimias locales pob res, se saldan co n un incremento de la
exportación d e la sardina arencada, a l emplea r e n este artículo lo s d ineros
obtenido s po r la venta de licores los mercadere s v alencianos, catalanes e
isleños.
Las malas cosechas sirven para romper la autarquía natural de la
econom ía g allega, tan poco dada a compensar con la ac t ividad comercial una
produ cción escasamente especializada y poco diversificada. La pesca está
amparada p or las inmejorables c ondiciones que ofrecían las rías como caladeros,
evitando que lo s ma reantes loca les se a rriesgaran e n las largas travesí as de sus
colegas portugue ses, asturianos o vascos. Sin embargo, la ausencia coyuntural
de los bancos d e sard ina en las rí as los f orzará a acudir a los f ríos b ancos de
Terranova a la pro cura de los bacalaos. En definitiva, nos remitimos a l clima
como gran fact or de la economía preindustrial. Desde un momento indeterm inado
de la se gunda mitad del siglo XVI y hasta bien avanzado el siglo XVIII no s
encontramos sumidos en lo que se ha venido llam ando la Pe queña Edad Glacial,
caracterizada por a ños fríos y lluv iosos, p ero alternando con ot ros secos
958
.
958
. Co m o visión general del est ado de la cuestión e n Gal icia, FERN ANDEZ CORT IZO, C., “Muerte
y ritual funerar io en la historia de Galicia” en Se mata , núm.17, 2006, pp.260-28 5
279
Cartas de fletamiento Pontev e dra
PESC A VINO M A DE R A S AL CÍTRICOS
OT ROS T OT A L
1525 1 1
1526 2 3 5
1527 1
1528
1529 7 3 1 12
1530 2 2 4
1531 1 1 2
1532 3 3
1533 2 2
1534 9 4 2 15
1535 6 1 2 9
1536 4 1 2 1 8
1537 8 1 9
1538 4 4 1 3 12
1539 3 3
1540 5 1 1 7
1541 2 3 1 1 1 8
1542 3 1 1 5
1543 6 2 8
1544 11 1 1 13
1545 9 3 12
1546 6 6
1547 13 1 1 15
1548 18 2 20
1549 10 10 20
TOT AL 133 35 13 10 3 4 198
280
PESC A VINO M IXTO M A DER A SAL CÍT RICO S O T ROS T OT A L
1550 5 5
1551 1 1
1552 2 5 7
1553 12 10 22
1554 6 5 1 12
1555
1556 1 1
1557 3 3 1 7
1558 5 1 2 8
1559 2 2
1560 3 4 2 3 12
1561 3 6 1 3 13
1562 3 6 2 1 12
1563 1 4 5
1564 3 1 1 5
1565 5 5
1566 2 1 1 4
1567 1 6 1 8
1568 5 4 2 11
1569 2 13 1 16
1570 7 7
1571 1 5 1 7
1572 15 8 6 1 30
1573 1 2 3
1574 11 2 1 14
TOT AL 92 94 10 9 1 4 7 217
287
de las Rías B aixas a la procu ra de partidas de sardina, deben aportar los fustes ,
que irán llenan do paulatinamente
976
.
Los navíos acost umbraban a no m ezclar mercancías. Tal exclusiv idad
venía favorecida por la distinta orientación geográfica de los d os principales
produ ctos de e xportación de la villa d el Lérez, la sardina y el vino de l Ribeiro. Si
la sa rdina era reclamada po r to dos los p uerto s p eninsulares, el v ino no
encontraba ot ro me rcado que e l d el Cantábrico, po r lo que so lamente los navíos
que se d irigen al norte pueden almacenar en sus bode gas indistintamente tone les
de vino y sardina ; en la p ráctica, e l m ercado cá ntabro se decantó por la demanda
de los caldos orensanos, d e jando a rrinconada la de l a sardina. Los naví os
contratado s por m ercaderes de la rí a de Arousa, desprovista de puertos de
cierta importancia , por lo que sus mareantes apenas empleaban artes masivas,
como eran los cercos, te nían que diversificar los cargamen tos; e n los f letes
llegaban a intervenir, ju nto a los merca deres arosa nos, otros a vecindados en la
provincia de Ourense, que aportaba n pipas de de castaña, que habrá que
suponer como me rcancía de retorno d e las recuas que d esde Cambados y o tros
puerto s de esta rí a se dirigían al interior con cargas de pescado. Una d e e stas
compañ ías carga 52 botas de castaña y dos de pulpo ; e l f uerte o lor d e la sardina
debe exigir un transporte e xclusivo, tal co mo indica la cláusu la de alguna carta de
fletamento, a dvirtiendo que si ot ro mercader cargara en dicho n avío alguna
cantidad d e sardina a rencada, no meterá bot a ninguna d e las de castaña ny de
pulpo deba xo de la sardina
977
.
A partir de 15 62 los puerto s d el País Vasco, tan rem isos hasta entonces a
adm itir cargamentos d e sardina gallega, optan por su recepción, pe ro e n
cargamentos mixtos, com partiendo las bodegas con los toneles del vino blanco
976
. P ontevedr a, 4 oct ubre 1 548 . Gaspa r Aº ., vecino d e Matosi nhos y maestre de la ca rabela latina sa n
Juan, fleta a do s mercade res d el Algarve, Ma nuel P aulo, vecino d e Lagos, y Nicolao Ma rtínez, que lo
es de Vila nova de Silves, para cargar 9 0 botas de sardina ar encada y alg unas ca na stas, si cupieran. La
carga se reco gerá e n Corcubió n, Muros o N oia, “ e no avendo cu mplimiento e n e stos lu gares pa ra la
dicha car ga, q ue la que faltar e seays ob ligado a la ve nyr a to mar al puerto de Marí n , ría desta dicha
villa”; el maestre de la embarc ación d ebe llevar los casco s de las b otas vacías. A.H.P. Po ., 825(2) ,268
Po ntevedra, 21 noviembre 155 4. Antonio P ére z, vecino d e Leça y maestre de la car abela Co rpo Santo,
fleta a J eróni m o de Ca stro y Luís de Aguilar , mercaderes de Sevilla, pa ra c argar 6 0 bot as d e sar di na
arencada, que reco gerá en Noia, a donde llevará “rondanas para la dic ha sar dina llebantadas co n sus
fondajes”. A.H.P.P o., 844(1), 342v.
977
. P ontevedra, 22 enero 1572, Juan Do ce, vecino de la villa y maestre del navío santo Ant onio, fleta
a Rodr igo N úñez, vecino d e Ourense, y a Ber nabé Alons o, q ue lo e s de Ca mbados, p ar a viaja r a
Sevilla. A.H.P .P o., 862 (2), 61.
[Document text truncated for crawler view.]