Sociedades campesinas en transformación. Un siglo de crisis, conflictividad y cambios en el sur europeo (1890-1986)
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CAPÍTULO I SOCIEDADES CAMPESINAS EN TRANSFORMACIÓN. UN SIGLO DE CRISIS, CONFLICTIVIDAD Y CAMBIOS EN EL SUR EUROPEO (1890-1986) Bruno Esperante Paramos (Universidade de Santiago de Compostela) Cristian Ferrer González (Universitat Autònoma de Barcelona) Natalia Jorge Pereira (Universidade de Santiago de Compostela) Telmo Otero Rodríguez (Universidade de Santiago de Compostela) Guillem Puig Vallverdú (Universitat Rovira i Virgili) Los trabajos centrados en el análisis de la historia agraria y rural son una parte fundamental de la historiografía contemporánea. Después de años de impase, ha resurgido el interés por las investigaciones sobre el mundo rural como uno de los ámbitos de investigación más prolíficos del último lustro y muy particularmente sobre la dictadura franquista. 1 Para quienes propusimos y coordinamos este taller, si se aspira a realizar un diagnóstico completo de las situaciones que a día de hoy afectan tanto a espacios rurales como urbanos, resultaba imprescindible una mirada hacia la génesis de los procesos de transformación que experimentaron y, a menudo, protagonizaron las gentes de los entornos 1 Antonio HERRERA y John MARKOFF (eds.): “Democracia y mundo rural en España”, dossier en Ayer, 89 (2013); Martí MARÍN: “Els estudis sobre el franquisme català i a Catalunya, 2001-2016. Una desacceleració”, Journal of Catalan Studies, 20 (2017), pp. 22-33.
BRUNO ESPERANTE PARAMOS, CRISTIAN FERRER GONZÁLEZ, NATALIA JORGE PEREIRA, TELMO OTERO RODRÍGUEZ Y GUILLEM PUIG VALLVERDÚ 24 rurales en la Europa meridional durante la última centuria. Considerábamos que la llamada “historia general” podía verse beneficiada con las aportaciones de los y las comunicantes sobre estudios de caso que pudieran sugerir debates de índole comparativo, como modestamente creemos que así ha sido. La mesa-taller que coordinamos se planteó, pues, como un punto de encuentro en el que compartir y debatir distintas dinámicas relativas tanto a la agricultura como a los campesinos en el marco de la Europa meridional desde la crisis de finales del siglo XIX hasta el desarrollo de la Política Agraria Común, en los años ochenta del siglo XX. El objetivo explícito era ahondar, desde una perspectiva de largo recorrido, en los conflictos protagonizados por unas clases consideradas pasivas y apáticas, cuando no conservadoras y contrarrevolucionarias con relación a su realidad cambiante, tanto a nivel político, como social, cultural, económico o ambiental. Con la llegada de las propuestas de comunicación, que el lector encontrará a continuación, se fue construyendo el taller entorno a dos polos de interés bien diferenciados. Por una parte, se presentaron textos con enfoques más ligados a la historia agraria, tratando temas esencialmente sociales y económicos, mientras que otras investigaciones estuvieron más próximas a los estudios de la historia rural, priorizando la atención en el análisis de la acción y la organización política en el mundo rural. Tampoco faltaron propuestas que intentaban combinar ambas preocupaciones o algunas que, si bien podían enmarcarse en uno de estos dos aspectos, no dejaban por ello de realizar valiosas sugerencias útiles para ser pensadas desde perspectivas distintas. Mas allá de estas dos grandes áreas definidas entre la historia agraria y la rural, las propuestas abordaron marcos, tanto geográficos como cronológicos, variados, lo que a nuestro parecer representó un valor en sí mismo. Territorialmente, predominaron los textos centrados en la agricultura del arco mediterráneo de la península ibérica, mientras que a nivel cronológico habría que indicar una preocupación mayoritaria por los años de la crisis agraria de finales del siglo XIX, como manifestaron los estudios presentados por Eduard Arnal, Francesc Fortuño y Ramón Santonja. Sin embargo, el amplio abanico temporal dio cabida a estudios cuyos contextos político-institucionales abastaban desde regímenes liberales no democráticos de finales del ochocientos, a sistemas políticos totalitarios como las dictaduras de Salazar y de Franco.
Capítulo I. Sociedades Campesinas en Transformación. Un Siglo de Crisis, Conflictividad y Cambios en el Sur Europeo (1890-1986) 25 Los efectos colaterales de la crisis finisecular, fundamentalmente la caída de precios agrícolas en Europa y la globalización del mercado de alimentos, se revelaron como fundamentales para abordar las últimas décadas del ochocientos, entendido como un punto de no retorno para la agricultura. Esto es, a partir de aquel momento los cambios tecnológicos experimentaron una aceleración formidable en todos los ámbitos de la agricultura con el fin de ampliar tanto la capacidad de producción como de consolidar distintas especializaciones productivas. A nivel social, la crisis implicó cambios sin precedentes en las sociedades campesinas europeas. En este ámbito, uno de los casos tratados en la sesión vino de la mano de Eduard Arnal, cuyo texto abordaba los efectos sociales y económicos del cambio productivo en la transición entre la producción vitivinícola y la avellana en la comarca catalana de Reus. Un proceso similar al que experimentó la agricultura del sur alicantino expuesta por Ramón Santonja, caracterizado por la transformación del cultivo, de la vid al de los agrios, en un abanico temporal que abordaba de finales del siglo XIX a buena parte de la siguiente centuria. Fuera la transición productiva entre el vino y la avellana o los agrios en el Mediterráneo, o bien entre la carne y la leche en las agriculturas de las regiones atlánticas, estos procesos de cambio productivo tuvieron interés preferente en este bloque de la sesión. Se debatió profusamente sobre el trasfondo que implicó una producción agrícola mayoritariamente condicionada por el mercado internacional, estando cada vez más integrada en el mismo y, por lo tanto, determinado éste último la evolución de los sistemas agrícolas en un contexto de formación del capitalismo en las comunidades rurales. El debate enmarcado en las cuestiones próximas a la historia agraria continuó centrándose en las circunstancias socio-institucionales del primer tercio del siglo XX. Se incidió en la importancia de analizar el rol de los potentes entramados asociativos del campesinado refiriéndose a la construcción del movimiento “agrarista” en Galicia al amparo de la dinámica política liberal de la Restauración. En otras partes de la península y de Europa, el agrarismo se entendió como un síntoma de la expansión del grado de politización de las sociedades campesinas ejemplificados con los numerosos partidos agraristas surgidos bajo esas circunstancias en Europa. En este punto, hubo cierta preocupación conceptual por definir toda esta oleada de cambios productivos y sociales en la agricultura
BRUNO ESPERANTE PARAMOS, CRISTIAN FERRER GONZÁLEZ, NATALIA JORGE PEREIRA, TELMO OTERO RODRÍGUEZ Y GUILLEM PUIG VALLVERDÚ 26 y el campesinado. Aparecieron términos como el de “peasant friendly”, 2 del que se reconocía su encaje para el periodo 1890-1936, definida por la capacidad del campesinado por adaptar las innovaciones tecnológicas a sus propias necesidades gracias a la labor de mediación de ese entramado asociativo –agrarismo– con el mercado y el Estado. A lo largo de la sesión, la centralidad del debate orbitó alrededor de la articulación del mundo rural durante los regímenes dictatoriales del franquismo y el salazarismo. Destruido el marco social previo, se implementó un sistema sindical vertical y de corte corporativo, tanto en la industria como en el campo. Para el caso español, los pactos de Madrid de 1953 con los Estados Unidos, y la creación de instituciones clave como el Servicio de Extensión Agraria en 1955, fueron consolidando un cambio de paradigma para la agricultura, en el que se abordó desde la perspectiva de la “Green Revolution”. 3 Entre otras cuestiones tratadas, se propusieron debates acerca del grado de transformaciones entre la era del “peasant friendly” y la era de la revolución verde, además de realizar un ejercicio comparativo entre dicha evolución y la experimentada en la dictadura de Salazar. La aportación de Francesc Fortuño sirvió para plantear un análisis sobre la construcción de las estructuras sindicales en la formación del Nuevo Estado franquista. Para un sistema que fue definido en su día como “fascismo rural”, 4 los errores de planificación en ese tipo de proyectos cooperativistas y la incapacidad de las autoridades franquistas para adaptarse a las condiciones particulares del medio rural a la hora de definir una política agraria acorde al espacio en el cual se pretendía implantar fueron factores que no permitieron el asentamiento del corporativismo franquista como una estructura efectiva de control del campo. La investigación de Natalia Magalhães 5 sirvió para analizar otra experiencia equivalente sobre el sindicalismo vertical y corporativo en el campo portugués durante el salazarismo, en el que se mostraron puntos de conexión entre las experiencias sociales campesinas entre el entramado sindical luso y otros organismos equiva2 Jonathan HARWOOD: Europe’s Green Revolution and Other Since. The Rise and Fall of PeasantFriendly Plant Breeding, Routledge, London, 2012. 3 Wilson PICADO UMAÑA: “Breve historia semántica de la Revolución Verde”, en Daniel LANERO y Dulce FREIRE: Agriculturas e innovación tecnológica en la península ibérica (1946-1975), Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, Madrid, 2011. 4 José Antonio BIESCA y Manuel TUÑÓN DE LARA: España bajo la dictadura franquista (1939-1975), Barcelona, Labor, 1980, p. 18. 5 La mencionada comunicación, aunque presentada al VI Encuentro, no se encuentra aquí recogida.
Capítulo I. Sociedades Campesinas en Transformación. Un Siglo de Crisis, Conflictividad y Cambios en el Sur Europeo (1890-1986) 27 lentes para el caso español, como las Cámaras Oficiales Sindicales Agrarias y las Hermandades de Labradores y Ganaderos. El debate en este extremo puso énfasis en el análisis de estos entramados corporativos y su capacidad de influencia en las comunidades campesinas como mediadores en la transmisión de políticas de modernización agraria. Se trajo también a colación el caso de Galicia, que, con una gran trayectoria en este tipo de cuestiones, permitió valorar la capacidad de actuación e influencia del sindicalismo franquista, la cual se estimó como realmente limitada. 6 Entre otros factores, se señaló la escasa afinidad de los campesinos con aquellos organismos, aunque realmente no por eso dejaría de aumentar la presencia acciones modernizadoras y la paulatina inserción del modelo de agricultura industrializado en el medio rural. Contrastaría esto con el estudio de Magalhães, según el cual los Gremios da Lavoura sí que habrían logrado una amplia difusión en el medio rural, así como el entendimiento con las comunidades campesinas. De modo que en Portugal el corporativismo agrario sí que habría cumplido un papel real de transmisor de iniciativas de modernización agraria, lo que constituyó una experiencia sumamente interesante para comparar franquismo y salazarismo. En relación con la “modernización” agraria iniciada en la década de 1950, hubo algunas cuestiones planteadas que suscitaron debate. Se señalaron, por ejemplo, las hipótesis de la necesidad de los regímenes dictatoriales en España y Portugal de cara a mantener una baja inflación y, por lo tanto, a practicar una política de contención de los precios agrarios en post del desarrollo industrial. En ambos casos, se habría hecho uso de las estructuras de intervención en el campo –ya que entre sus funciones se encontraba la de controlar los precios agrarios–, así como por otra parte las cooperativas, teniendo en cuenta el caso presentado en la región del Priorat por Francesc Fortuño. Sin embargo, se pudo observar, respecto a la misma, el escaso éxito obtenido. De esta forma, en el taller se cuestionaron los factores que causaron aquellos déficits. Entre otras conclusiones, se señalaron errores de planificación en este tipo de proyectos cooperativistas y la incapacidad de las autoridades franquistas para adaptarse a las condiciones particulares del medio rural a la hora de definir una política agraria acorde al espacio en el cual se pretendía implantar. 6 Daniel LANERO: Historia dun ermo asociativo: labregos, sindicatos verticais e políticas agrarias en Galicia baixo o franquismo, Tescetres, Santa Comba, 2011.
BRUNO ESPERANTE PARAMOS, CRISTIAN FERRER GONZÁLEZ, NATALIA JORGE PEREIRA, TELMO OTERO RODRÍGUEZ Y GUILLEM PUIG VALLVERDÚ 28 Otro de los elementos derivados de la “modernización” agraria fueron los enormes cambios tecnológicos experimentados por las agriculturas, ya no sólo de la península, sino especialmente en las europeas tras la Segunda Guerra Mundial. La agricultura se motorizó y, en ciertas regiones, expulsó mano de obra, modificando sustancialmente la organización del trabajo campesino. En aquel contexto se produjeron particulares itinerarios de especialización productiva en cada área geográfica. En el caso de estudio de Fortuño se dio cuenta de las especializaciones vitivinícolas de protección mediante la aparición de las Denominaciones de Origen del producto. En otros casos, muy claramente en el sud alicantino del País Valenciano, la especialización transcurrió del vino en siglo XIX a la naranja, como señaló Arnal. Por hacer un aparte con estas cuestiones, se constataron ciertas diferencias en los distintos caminos de adopción de nuevas tecnologías. Por ejemplo, en el sur alicantino, expuesto en el trabajo de Ramón Santonja, se indicó la escasa mecanización y lentitud a la hora de incorporar innovaciones al proceso productivo. Se señalaron incluso resistencias prolongadas en el tiempo a las nuevas técnicas de cultivo como en el caso del avellano de Reus. ¿Afectaron estos cambios o transiciones, como la del viñedo al avellano, a la estructura social del campesinado? Esta última cuestión centró el debate final, cerrando este primer bloque de la sesión con cuestiones ligadas al grado de capitalización de estas agriculturas en cuanto a la inclusión de mejoras obtenidas en el mercado. Se plantearon también contrastes con otras zonas de la península, tal el caso por ejemplo de la agricultura en Galicia y norte de Portugal. En Galicia, concretamente, se señaló el éxito de las innovaciones tecnológicas en el primer tercio del siglo XX que diversas investigaciones han señalado. 7 En otro tercio, las aportaciones realizadas en el ámbito más estrictamente vinculado a la historia política, social y cultural del mundo rural trajeron interesantes elementos para el debate, que permitieron contrastar lo acaecido en niveles estructurales o macroeconómicos y abordar los cambios sociales que los procesos de transformación generaron entre las gentes del campo. Lo político emergió como un amplio y plural ámbito de investiga7 Lourenzo FERNÁNDEZ PRIETO: Labregos con ciencia. Estado, sociedade e innovación tecnolóxica na agricultura galega (1850-1939), Xerais, Vigo, 1992.
Capítulo I. Sociedades Campesinas en Transformación. Un Siglo de Crisis, Conflictividad y Cambios en el Sur Europeo (1890-1986) 29 ción sobre lo rural que permitía hacerse cargo de sus transformaciones sociales más profundas. Más allá de las investigaciones concretas sobre sindicalismo agrario y movimiento guerrillero de base rural, irrumpió la cuestión: ¿en qué medida y grado el campesinado fue un sujeto pasivo en las coyunturas políticas analizadas? ¿Cómo convivió con las dictaduras? A este respecto el texto de Raül González aportó cuestiones interesantes y que fueron ampliamente debatidas. Su investigación se centraba en la cuestión de los soportes rurales de la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón, uno de los temas, el de los apoyos sociales durante el franquismo, que ha centrado la atención de los investigadores en las últimas décadas y que más ha permitido avanzar en el conocimiento sobre la dictadura “a ras de suelo”. 8 Lejos de lo que ha venido sosteniendo parte de la historiografía, el texto de González mostraba que los maquis no fueron personas ajenas a los entornos sobre los que actuaban, sino que, muy al contrario, solía haber un gran número de contingentes oriundos del terreno. Además, su extracción social era de pequeños campesinos pobres, aparceros y campesinos sin tierra. A partir de ahí, González planteó una vinculación entre conflictividad campesina y lucha guerrillera o, dicho de otro modo, ¿no era la guerrilla un modo extremo de lucha de clases en el campo en el contexto de una dictadura que no contemplaba espacios reglados de disidencia? En el debate surgió al respeto, aunque no se profundizó en ello, la noción scottiana de las weapon of the weaks, 9 que han permitido a las investigadoras e investigadores del mundo rural poner la lupa en el amplio abanico de formas de resistencia ante la política agraria del nuevo régimen. 10 Todo ello introdujo cuestiones de múltiples implicaciones, tales como las identidades sociales, así como también las políticas del campesinado, ámbito en el que la contribución de Javier García 11 sobre los jornaleros andaluces del Sindicato de Obreros del 8 Mercedes YUSTA: “El campesinado y la vertiente social de la guerrilla”, en Julio ARÓSTEGUI y Jorge MARCO (eds.): El último frente. La resistencia armada antifranquista en España, 1939-1952, Madrid, Catarata, 2008. Una panorámica más amplia en Claudio HERNÁNDEZ BURGOS: Franquismo a ras de suelo. Zonas grises, apoyos sociales y actitudes durante la dictadura (1936-1976), Granada, Ediciones de la Universidad de Granada, 2013. 9 James C. SCOTT: Weapons of the weak: everyday forms of peasant resistance, Yale Univeristy Press, New Haven, 1985; Ana CABANA: “James C. Scott y el estudio de los dominados: su aplicación a la historia contemporánea”, Historia Social, 77 (2013), pp. 73-93. 10 Ana CABANA: “Minar la paz social. Retrato de la conflictividad rural en Galicia durante el primer franquismo”, Ayer, 6 (2006), pp. 267-288. 11 La mencionada comunicación, aunque presentada al VI Encuentro, no se encuentra aquí recogida.
BRUNO ESPERANTE PARAMOS, CRISTIAN FERRER GONZÁLEZ, NATALIA JORGE PEREIRA, TELMO OTERO RODRÍGUEZ Y GUILLEM PUIG VALLVERDÚ 30 Campo planteó aspectos que conviene destacar. Se planteó una discusión sobre los vínculos estructurales de propiedad y producción con relación a la autopercepción de los campesinos como clase social y, a su vez, la noción de conflicto o de movilización sociopolítica como los elementos de cristalización de la identidad. Para García el SOC, fundado en agosto de 1976, enlazaría con las tradiciones arraigadas en el sindicalismo jornalero andaluz de raíz anarquista, con elementos del catolicismo progresista y encuadrado en el comunismo de tendencia maoísta que representaba el Partido del Trabajo en la transición a la democracia parlamentaria. Para Javier García la identidad jornalera que el SOC representaba estaba vinculada a la tierra, entendida tanto como factor económico y medio de producción como de elemento territorial, el de país. En el análisis de las propuestas del SOC el texto de García adolecía, sin embargo, de una mirada más amplia que le hubiera permitido constatar que buena parte del programa agrario del SOC estaba también presente en otras organizaciones sindicales. Si la búsqueda de elementos específicos del SOC pasaba solamente por el análisis de su programa revolucionario, éste se mostraba a todas luces insuficiente para discernir dichas especificidades, pues en gran medida las Comisiones Campesinas vinculadas al Partido Comunista sostenían un proyecto análogo. 12 La de Javier García era la única investigación que trataba, si bien tangencialmente, la cuestión de las mujeres en el campo. Éstas, las mujeres, fueron, sin lugar a duda, las grandes ausentes en los debates a pesar de constituir elementos axiales en la vida campesina y, en este sentido, una de las más grandes carencias del taller. No se trataba tanto de integrar en los relatos las tareas de reproducción, que son fundamentales, sino de resaltar la centralidad de la invisibilidad del trabajo femenino en el desarrollo de la vida en el campo. Aunque las cuestiones de género no fueron las únicas que no fueron abordadas todo lo satisfactoriamente que cabría esperar en el taller. Otra de las faltas correspondió a cuestiones sobre la estructura de clases en el campo. Si bien ninguno de los textos lo trataba monográficamente, en su totalidad ésta era una cuestión que aparecía como relevante. Sin embargo, la clase se la daba por hecho y era abordada como una cuestión meramente estructural, derivada de la posición que el campesinado ocupa con relación a los 12 Candela FUENTES y Francisco COBO ROMERO: La tierra para quien la trabaja. Los comunistas, la sociedad rural andaluza y la conquista de la democracia (1956-1983), Granada, Ediciones de la Universidad de Granada, 2016.
Capítulo I. Sociedades Campesinas en Transformación. Un Siglo de Crisis, Conflictividad y Cambios en el Sur Europeo (1890-1986) 31 medios productivos, y no como un marco también cultural e identitario para la movilización. 13 Por último, nos interesaba desarrollar un debate alrededor de las fuentes empleadas o aquellas que se podían emplear para el estudio de las sociedades campesinas contemporáneas más allá de los textos presentados. Fuentes primarias, secundarias, su complejidad en su tratamiento o los límites de las fuentes “oficiales” para analizar identidades campesinas o lógicas de reproducción. Por ejemplo, ¿hasta qué punto son de utilidad las fuentes del Estado, especialmente las relacionadas con el corporativismo sindical, ya sean las Hermandades de Labradores y Ganaderos, o los Gremios da Lavoura en Portugal, para comprender a través de ellas identidades campesinas, o percepciones ideológicas del campesinado? ¿Qué hay del recurso a fuentes alternativas como la historia oral? En general estas cuestiones plantearon más interrogantes que respuestas, lo que en quienes atendemos a la historia como un problema a ser resuelto no deja de sugerirnos nuevas vías, nuevas perspectivas, para atender a este medio, el rural y agrario, que en Zaragoza volvió a mostrar su vitalidad y potencialidad para la renovación historiográfica. 13 Geoff ELEY y Keith NIELD: El futuro de la clase en la historia. ¿Qué queda de lo social?, València, PUV, 2010.