El Sistema de transportes y comunicaciones terrestres en el desarrollo regional de Galicia
Full text
Universidade de Santiago de Compostela.
Facultade de Xeografía e Historia.
Departamento de Xeografía.
EL SISTEMA DE TRANSPORTES Y
COMUNICACIONES TERRESTRES EN EL
DESARROLLO REGIONAL DE GALICIA.
Tesis Doctoral realiz ada bajo la dirección
del Profesor Dr. D. Rubén Camilo Lois González .
Autor: José Antonio Díaz Fernández.
Santiago de Compostela, Julio de 2007.
Universidade de Santiago de Compostela.
Facultade de Xeografía e Historia.
Departamento de Xeografía.
EL SISTEMA DE TRANSPORTES Y
COMUNICACIONES TERRESTRES EN EL
DESARROLLO REGIONAL DE GALICIA.
Tesis Doctoral realiz ada bajo la dirección
del Profesor Titular en An álise Xeográfica Rexional
Dr. D. Rubén Camilo Lois González.
Fdo. Vº Bº Rubén Camilo Lois González.
Fdo. El Autor: José Antonio Díaz Fernández.
Santiago de Compostela, Julio de 2007.
AGRADECIMIENTOS.
Al realizar un extracto del cap ítulo de agrad ecimientos a los que el autor debe
hacer mención, destacaré que quien a quí suscrib e tiene contraída una deuda respecto de
la materia tratada en esta Tesis Doctora l con una lista de personas e in stituciones que
parece hacerse infinita . Por tal causa, com o premisa de partida procedo a pedir un
reconocido y sincero perdón hacia el conjunto de person as e instituciones que, bien por
problemas de espacio, falta de tiem po, porque mi memoria también tiende a flaquear a
la hora de rememorar las experiencias y vici situdes vividas, así com o también que con
el cansino paso del tiempo por los centros de do cum entación, el autor ya no recuerda ni
quien , ni donde , ni lo concreto qué representaban. Las im ágenes que aún conservo de la
experiencia del desarrollo de este estudio se en cuentran plenamente interiorizadas y
vividas en el desarrollo de mi labor de investigación. S ea, pues, esta breve nota
aclaratoria merecedora de su m ás deseado perdón y sincero reconocimiento al buen
servicio que obtuve y al ge neroso trato que recibí.
Una vez que ha sido expuesta la deuda que esta Tesis Doctoral tributa a tan
numerosa lista de instituciones y personas, p aso a dejar constancia en Acta d el
reconocimiento y m érito que el autor desea expresar a propósito de un reducido grupo
de entidades y personajes que ya se encuentran en la proximi dad de m i labor diaria. En
primer lugar, y com o ello debe resultar lógico y razonable, suscribo palabras de
agradecimiento para m i familia por las largas horas de ausencia y las no escasas
jornadas de compañía robada a favor del c onocimiento y del estudio. Así, está en mi
ánimo hacer m emoria al recuerdo de mi madr e Victoria Fernández García, quien se fue
de mi lado cuando era muy joven y en m i vida sólo había encrucijadas de futuro. A mi
abuela Dolores García Chouza, luchadora in fatigable, por su labor de m ecenazgo y
sustitución perm anente de mi madre en los a ños más duros de mi vida. Vaya para toda
mi familia m i sincera gratitud y, al tiem po, la entrega del usufructo de mi mod est o
trabajo. Usufructo éste que de manera personalizada no se hubiera m aterializado sin el
concurso y la participación de los Sueiro Vi llamisar y sobre todo y en especial Manuel
Pena Díaz. A este último le debo el afán de superación, así com o la meta de afrontar con
entereza los nuevos retos que m e marca mi prof esión de investigado r. A él le agradezco
el sentimiento de apego y cariño por la tierra. Usufructo que siempre ha contado con el
apoyo firme e incondicional de mi fiel herm ano “Nervi, Mene” (Fra ncisco Javier Díaz
Fernández), por cuanto a su figura y fuste me ata una deuda existencial de por vida. Una
deuda que nunca podré costear en el terreno de lo material. A él le debo lo que tengo, lo
que soy, lo que deseo y a lo que aspiro con mi lento cam inar en el apasionante mundo
de la investigación académ ica. Quiero agrade cerle de forma sincera que siempre haya
tenido en su pensamiento el interés por la mejora de nuestra tierra: Gallaecia.
En segundo lugar, está en mi ánimo ag radecer la dirección de esta Tesis
Doctoral al profesor Rubén C. Lois Gonzál ez, por la tutela y orientación dispensada
durante todo mi período formativo de doc torando sobre temática tratada. A él le
agradezco que se embarcara en la realizaci ón d e proyectos de investigación sobre los
transportes, así com o la impartición de cursos sobre las inf raestructuras.
En línea de proximidad a los anteriores, de jaré constancia de las aportaciones de
aliento y ánimo de Raquel y Mª Matilde: la s horas de ausencia de su proximidad y
presencia nunca las podré cubrir. Finalm ente, a Nuria y Tom ás que siempre m e
endulzan mi vida con su vivacidad y espontan eidad. A mis profesores y colegas en la
Universidad, por contribuir a mi form ación. Po r la dedicación desint eresada que de ellos
siempre recibí. En esta línea, subrayo pa labras de agradecimiento para Bernardo
Sánchez Pavón, Carlos Alberto Patiño Romarís, Jesús Díaz Naya y Juan Carlos Otero
Sandín, con quienes he tenido la oportuni dad de reflexionar largas jornadas.
Entrando ahora en el plano instituci onal, deseo hacer not ar las atenciones
dispensadas por la Consellería de Política Territorial, la Consellería de Economía e
Facenda, la Consellería da Presidencia, el Ministerio de Foment o, el Ministerio de
Economía y Hacienda, el Congreso de los Di putados, la Fundación de los Ferrocarriles
Españoles, el Senado, el Centro de documen tación del Ministerio de Fomento, RENFE,
la Oficina del BOE, el IGN, la DGT, el IN E, el Instituto de Com ercio Exterior, el
Centro de Documentación de la U .E., el Ministerio de Administraciones Públicas, la
Escuela Nacional de Adm inistración Pública, la Universidad Complutense de Madrid, la
Universidad de Alcalá de He nares, la Universidad Autónoma de Madrid, el Parlamento
de Galicia, las Diputaciones de A Coruña , Lugo, Ourense y Pontevedra, el Archivo
Histórico de Galicia, etc. Vaya para todos ellos m i más unánime gratitud y sin cero
reconocimiento por la labor prestada.
Finalmente, pero ello no en im portancia , deseo agradecer a la Universidad de
Santiago de Compostela su contribu ción a mi formación académico-profesional sob re la
temática de m i especializac ión. En este mismo sentido, la USC ha contribuido de
manera activa y con tinuada a impulsar m i formación profesional y curricular en la
temática de las infraes tructuras del transporte y las comunicaciones.
Concluyo estas breves líneas dedicando una at ención especial para Galicia y todos los
gallegos. Esta Tesis Doctoral pretende rescat ar del olvido las vicisi tudes vividas por mi
tierra y reclamar una atención m ás preferenci al de la Administración Central sobre la
inversión pública en infraestr ucturas que son claves para nues tro desarrollo territo rial.
EL SISTEMA DE TRANSPORTES Y
COMUNICACIONES TERRESTRES EN EL
DESARROLLO REGIONAL DE GALICIA.
PORTADA
ÍNDICE:
AGRADECIMIENTOS
PRESENTACIÓN……………………………………………………………...8
METODOLOGÍA……………….…………………….………………………13
HIPÓTESIS Y OBJETIVOS….……………………………………………...15
FUENTES……………………………………………………………………...19
I. INTRODUCCIÓN GENERAL AL MARCO DE ANÁLISIS DE LAS
COMUNICACIONES Y LOS TRANSPORTES……………………………………30
II. LA PLANIFICACIÓN DEL SIS TEMA DE COMUNICACIONES Y
TRANSPORTES EN LA ORDE NACIÓN DEL TERRITORIO
REGIONAL…………………………………………………………………………...49
2.1. Análisis de la evolución histórica de la red estatal de comunicaciones y
transportes: sus implic aciones en Galicia……………………………………………49
2.2. La planificación de las infraestructur as de transporte por carretera en la
segunda mitad del XIX: los planes de carreteras de 1860, 1864 y 1877……….....50
2.3. La evolución de la planificación de las infraestructuras de transporte por
carretera entre 1865-1910……………………………………………………..……..56
2.4. Las aportaciones del Plan Gasset de 1914………………….…………….……68
2.5. Las aportaciones de la planificación propuesta por el Circuito Nacional de
Firmes Especiales a la red de carreteras……………………………………….……81
2.6. La planificación entre 1931-1941. El le targo planificador causado por la
Guerra Civil…………………………………………………………………………...95
8
2.7. La nueva planificación de las infraestru cturas de transporte propuesta en la
década de 1950: El Plan de Modernizació n. Dificultades y ambiciones de un nuevo
marco planificador…………………………………...….…………………………..115
2.8. La contribución del Plan General de Carreteras 1962-1977, el Plan REDIA, el
Plan PANE y el Plan Nacion al de las Redes Arteriales a l equilibrio territorial del
Estado……………………………………………………………...………….……...127
2.8.1. El Plan General de Carreteras de 1962 -1977 y su contribución al modelo de
desarrollo regional……………………………………………………………...……135
2.8.2. El Plan REDIA y sus implicaciones en la trama de comunicaciones………147
2.8.3. El Programa Nacional de Autopistas (PANE) y el esfuerz o por incrementar
la accesibilidad territorial…………………………………………………………...158
2.8.4. El Plan Nacional de las Redes Arterial es del Estado y su contribución a la
planificación de la s infraestructur as urbanas de transporte centro-
periferia………………………………………………………………………………184
III. LA OPERATIVIDAD DE LA RE D DE CARRETERAS EN GALICIA
EN LOS AÑOS 1960 y 1970: DEL PLAN DE ACCESOS A GALICIA DE 1970 AL
ESTADO DE LAS AUTONOMÍAS. REFL EXIONES SOBRE LAS C LAVES DEL
DESEQUILIBRIO REGIONAL……………………………………………………191
3.1. La operatividad de la red de carre teras de Galicia en el período 1960-
1970…………………………………………………………………………………...191
3.2. El Plan de Accesos a Galicia de 1970. Una oportunida d de conexión territorial
truncada………………………………………………………………………………223
IV. LA PLANIFICACIÓN DE LAS IN FRAESTRUCTURAS DE TRANSPORTE
POR CARRETERA EN EL ESTADO DE LAS AUTONOMÍAS………………..239
4.1. Las directrices del Libro Blanco del Tran sporte de 1979: Un antecedente a la
concreción de un nuevo ordenamiento de los transportes………………………...239
4.2. Horizonte y perspectivas del Plan General de Carreteras de 1984-1991. Los
intentos por modernizar y adapta r la red al contexto europeo…………………...254
4.2.1. La dotación de conectividad terri torial en el Programa Nacional de
Autovías………………………………………………………………………………298
9
11.6. La contribución del Plan RENFE 1972-1975 a la mejora del sistema
ferroviario nacional……………………………………………………………...…1278
11.6.1. La inversión propuesta por el Plan RENFE 1972-1975………………….1282
11.7. Las deficiencias internas de la op eratividad y prestación de servicio
correspondientes al sistema ferroviario nacional…………………………..….…1292
a) Las deficiencias de la operatividad ferroviaria a l comercializ ar la oferta
de servicio en el me rcado del transporte……………………………………….…1292
b) Disfunciones del sistema de transporte ferroviario en el contexto de una
operatividad multimodal………………………………………………………..…1297
11.8. La política ferroviaria española en el Plan General de Ferrocarriles (P.G.F.):
bases y contenidos…………………………………………………………………1301
11.8.2. El Informe de la Comisión de Expertos para el estudio de los
ferrocarriles españoles de 1983: las pr opuestas para la nueva política
ferroviaria…………………………………………………………………….……1309
11.8.1. La política ferroviaria española y la suscripción de la fi gura del contrato-
programa 1984-1986: un a medida correctora para la empresa…………………1320
11.8.2.1. Las recomendaciones del Informe de la Comisión de Expertos de 19 83
para la política ferroviaria española………………………………………………1328
11.8.2.2. La postura del Informe de la Comi sión de Expertos de 1983 ante la
asunción del esfuerzo inversor en materia ferroviaria y el saneamiento
empresarial…………………………………………………………………………1331
11.8.2.3. Las propuestas del Informe de la Co misión de Expertos de 1983 sobre la
política de empresa: un nuevo escenario para la política ferrov iaria
española…………………………………………………………………………….1332
11.9. La política ferroviaria española en el Estado de las Autonomías………...1334
11.9.1. Los Contratos-Programa Administra ción del Estado-RENFE: hacia un
modelo de planificación empresarial……………………………………………..1338
11.9.1.1. Las respuestas del Contrato-Programa 1984-1986 a la política ferroviaria
española……………………………………………………………………………1340
11.9.1.2. La política ferroviaria española en el marco del contrato-progra ma
Estado-RENFE 1988-1991…………………………………………………………1348
11.9.1.3. La política ferroviaria española según los contenidos del contrato-
programa RENFE-Estado 1994-1998…………………………………………..…1356
16
11.9.1.4. Los contenidos de la nueva política ferroviaria española según el
Contrato-Programa 1999-2000……………………………………………………1366
11.10. Las inversiones según el Plan de Transporte Ferroviario 1987-
2000…………………………………………………………………………………1373
11.10.1. Los objetivos propuestos por el Pl an de Transporte Ferroviario 1987-
2000……………………………………………………………………………….…1375
11.11. Aportaciones del Informe de la Comisión para el estudio de los ferrocarriles
de 1991………………………………………………………………………………1391
11.11.1. La organización empresarial de RENFE según el Estatuto de
1994………………………………………………………………………………….1409
11.12. Análisis y perspectivas de la políti ca ferroviaria española según el Plan
Estratégico de RENFE 1994-1998…………………………………………………1414
11.13. Contribución del Ente público Gestor de Infraestructuras Ferroviarias
(GIF) a la política económica de l transporte por ferro carril……………………1444
11.14. La política ferroviaria nacional según el orden amiento de la Directiva
Comunitaria 91/440/CEE…………………………………………………………..1450
11.14.1. Los principios básicos de la Directiva 91/440/CEE………………..…....1451
11.14.2. La incidencia de la ordenación del transporte ferroviario según la
Directiva 91/440/CEE…………………………………………………….1452
11.14.3. Marco de aplicación y descripción de objetivos fijados en la Directiva
91/440/CEE…………………………………………………………………….……1454
11.14.3.1. Los Objetivos de la Directiva 91/440/CEE………………………….…1455
10.14.3.1.1. Incentivar la consecución del saneam iento contable de la estructura
financiera de las empresas ferroviarias…………………………………………...1456
11.14.3.1.2. Fomentar la separación de la gestió n de la infraestructura ferroviaria y
de la explotación comercial de los servicios de
transporte…………………………………………………………………………...1458
11.14.3.1.3. La dotación de garantía en la autonomía de gestión a las empresas
ferroviarias………………………………………………………………………….1459
11.14.3.1.4. Potenciar la garantía de acceso a las redes ferroviaria s de los países
comunitarios……………………………………………………………………...…1460
11.14.3.1.5. Incentivar la consecución del sane amiento contable en las empresas
ferroviarias……………………………………………………………………….....1461
17
XII. EL PLAN DIRECTOR DE I NFRAESTRUC TURAS DE GALICIA (P.D.I.G.)
2001-2010 Y LOS RETOS DE FOME NTAR LA ARTI CULACIÓN
TERRITORIAL EN EL S. XXI.: HACIA LA CONFIGURACIÓN DE UNA
POLÍTICA DE INFRAESTRUCTURAS INTEGRADA………………………..1465
12.1. Los fundamentos programáticos del Pl an Director de Infraestructuras de
Galicia 2001-2010……………………………………………………………….1466
12.2. Los objetivos del Plan Director de Infraestructuras de Galicia 2001-2010:
hacia la implementación de una planificación sectorial e
integrada………………………………………………………………..……….1467
12.3. El esfuerzo inversor del PDIG 2001-201 0 en infraestructuras del transporte
por carretera: Un avance hacia la integrac ión territorial de Galicia co n la
U.E………………………………………………….…………………….1469
12.3.1. Aproximación y notas de los objetivos del Plan del PDIG 2001-2010 en
materia de carreteras………………………………………………………………1471
12.3.2. Los contenidos programáticos de in versión en materia de carreteras de
titularidad RIGE en Ga licia: El futuro de un horiz onte deseable………………1474
12.3.3. El esfuerzo inversor en materia de ca rreteras de titularidad Autonómica en
Galicia: El largo caminar hacia la consecución de una malla transporte
equilibrada………………………………………………………………………….1480
12.3.4. Balance final de los resultados correspondientes al esfuerzo inversor
ejecutado en materia de transporte en Galicia…………………………………...1486
12.4. La propuesta inversora en materia de transporte público por ferrocarril en
Galicia 2001-2010: la propuesta de la moderniz ación integral, funcional y
operativa del ferroca rril de Galicia……………………………………………….1492
12.4.1. La modernización funcional y opera tiva del transporte ferroviario en
Galicia………………………………………………………………………………1497
12.5. Las previsiones inversoras en materia de transporte portuario en Galicia: Las
propuestas de consecución de una red de transporte intermodal de
mercancías…………………………………………………………………………..1508
12 . 5.1. La planificación inversora en la re d de puertos de interés general del
Estado de Galicia…………………………………………………………………...1509
12 . 5.2. Las previsiones inversoras de la Administración de Galicia en la red de
puertos de interés de la Comunidad Autónoma: una difícil
andadura……………………………………………………………………………1515
18
XIII. EL PLAN GALICIA: UNA PLANIFICACIÓN COMPENSATORIA
DESTINADA A DINAMIZAR LA ECONOMÍA REGIONAL…………………1523
13.1. La modernización del transpor te ferroviario en Galicia: las
actuaciones en el AVE del Cantáb rico y el AVE Galicia-Meseta……………….1525
13.2. La modernización de la red de tr ansporte por carretera en Galicia:
hacia la vertebración te rritorial de la región…………………………………….1528
13.2.1. La propuesta de actuación a cargo del Plan del Gobierno
Central………………………………………………………………………………1529
13.1.2.2. Las previsiones inversoras en transporte por carretera de la
Administración de Galicia…………………………………………………………1532
13.3. El Plan de Puertos de Galicia según las previsiones inversoras fijadas en el
Plan Galicia…………………………………………………………………………1534
13.3.1. Las actuaciones inversoras en materi a portuaria propuestas a realizar en
los puertos de interés de la Comunidad Autónoma………………………………1535
13.4. La potenciación de los programas de Investigación y Desarrollo en el marco
de actuación del Plan Galicia………………………………………………………1538
13.4.1. Unas notas sobre el montante presupuestario del Plan Galicia según los
capítulos del gasto…………………………………………………………………..1539
XIV. CONCLUSIONES……………………………………………………1541
XV. BIBLIOGRAFÍA………………………………………………………1565
ÍNDICE DE TABLAS:……………………………………………………………..1683
ÍNDICE DE GRÁFICOS………………………………………………………......1712
ÍNDICE DE MAPAS……………………………………………………………….1719
19
PRESENTACIÓN.
La materia del sistem a de transportes y comunicaciones terrestres es un o de los
temas de investigación que con m ayor intens idad hemos tratado de estudiar en los
últimos tie mpos en Galicia. Nuestra primera e xperiencia data de la re alización de la
Memoria de Licenciatu ra en la Univer sidad de S antiago de Compostela: El sistema de
Transportes y comunicaciones en el Área Metropolitana de A Coruña. En aquel
proyecto de investigación nos aproxima mos al fenómeno del transporte y sus
implicacion es en el desarrollo territorial. El abordam iento de este tema de investigación
nos facilitó la comprensión de l papel que este tipo de infrae structuras ju ega dentro del
proceso del desarrollo económico y social acaec ido en Galicia. Así, resultaba necesario
atajar la investigación de la diferente natura leza de lo que se estaba transportando en
Galicia (viajeros y mercancías), los propios m edios de transporte utilizados para
efectuar los tráficos, la titu laridad jurídi ca de los m ismos (pública o privada), la
motivación de los desplazam ientos, la polític a de infraestructuras propuesta por la
Administración, y el conocim ient o de las matrices de viaj e Origen-Destino (O-D). Por
consiguiente, eran múltiples los as pectos que exigían nuestra atención para poder
enfocar con rigor la investig ación del sistem a de transportes terrestre e n Galicia. Por
ello, un modelo de tratam iento de la materia propuesta podía ser atendido a partir de los
conceptos que proporciona la Teoría Gene ral de Sistemas. La senda seguida fue
posicionar al conjun to de elementos y agentes participan tes en un marco de ref erencia
que podría denominarse: “m acro sistema de trans porte.” La finalidad de este sistema es
tratar de superar las disconti nuidades del espacio. Esta fi nalidad del sistem a propiciaba
una respuesta a una amplia gam a de necesidades de desplazam iento que dimanan del
sistema territorial. El sis tema territor ial, a su vez, realiza una función de constituirs e en
entorno del sistema de transporte. Por tant o, cabía investigar cuál era el nivel de
funcionamiento e idoneidad del sistema de transporte dentro de un territorio
determinado. La aplicación de la Teoría Genera l de Sistem as en el ámbito del sistem a
de transportes y comunicaciones se centraba en procurar la consecu ción de una óptima
situación de equilibrio entre la oferta y la demanda de transp orte. Se trataba de alcanzar
unos estándares de accesibilid ad territori al adecuados, capaces de dar respues ta
satisfactoria a la dem anda de desplazamiento generada/atraída en cu alquier punto d el
espacio.
18
Expuesto de este modo, y sin distanciar nos de los postulados de la Teoría
General de Sistemas, nos resulta fácil efectu ar una descomposición de este sistema de
transporte en un gran número de subsistem as. Para ello, recurrimos al m anejo de tres
líneas básicas. La primera hace referencia a la natu raleza o especificidad de lo
transportado. La segunda se centra en el medi o utilizado para efectua r el transporte. La
tercera línea que podemos seguir está referida a la titularidad ju rídica de cada modo de
transporte. Así, apre ciamos com o existe el subsistem a de transporte público de viajeros
de cada modo de desplazam iento terrestre. La identificación del subsis tema transporte
público de viajeros resulta sencilla. Para ello hay que recu rrir a la especificidad de su
finalidad fundamental. En este sentido, apre ciamos com o la finalidad del subsistema
transporte de viajeros r eside en la satisfa cción de las necesidades que figuran en el
origen/génesis de los desplazam ientos. Por tanto, el rol de este subsistema contribuye a
facilitar el acceso de la población a los bi enes y servicios. Este proceso pone al
descubierto que el sistema de transportes te rrestres debe se r capaz de atender de manera
satisfactoria a la demanda de transporte generada.
El estudio de estas interrelaciones (dem anda generada-oferta del sistem a de
transporte) puede dar lugar a numerosas situ aciones. Por una parte, que la respuesta
resulte adecuada. En este caso, el rendimien to global del subsistem a logra proveer al
sistema territorial de uno s patrones de accesibilidad tan to más próxim os a los estándares
óptimos, cuanto m ás ajustado resulte su funcionamiento. Por tanto, estaríamos ante la
consecución de la accesibilidad ideal . La definición de la accesibilidad ideal puede ser
entendida como la m ayor o menor proxi midad a los concepto s de “ubicuidad,
fraccionabilidad e instantaneidad.” En el hipotético caso de que no se log rase una
accesibilidad ideal, este hecho puede dar lu gar a varios efectos sobre el p ropio
subsistema. En prim er lugar, la situación de desequilibrio en el sistema de transporte
público se traduce en disfunciones en el marco del prop io sistema territo rial. En
paralelo, esta disfunción incide decisivament e sobre la acentuación de los procesos de
diferenciación socio-espaciales. En segundo l ugar, se acentuaría el desequilibrio. En
efecto, al producirse una situación de bajo nivel de oferta y una escasa calidad en la
misma se produciría una respuesta disuasoria en la demanda de transporte. Por tal causa,
aparece aquí la generación de un perverso “círculo vicioso.” La consecución de este
resultado supone la aparición de numerosas respuestas cont rarias. Por un lado, haremos
mención a las reacciones que m uestran los usuarios a propósito de las disfunciones
detectadas. En segundo lugar, m erece hacers e eco de las reacciones q ue efectúan las
19
instituciones. Como resultado de este p roceso cabe hacer mención al papel qu e
desempañan las infraestructuras d el trans porte terrestre en aras de impulsar las
relaciones geográficas. Este tipo de interacc iones presen tan caracteres que nos obligan a
analizar la propia especifici dad de cada uno de los dos modos de transporte terrestre.
Así, puede sostenerse que el objetivo de este sistema es tratar de dotar de cobertu ra
territorial al conjunto del terri torio regional. Ahora bien, la implicación de cada uno de
los dos m odos resulta en Gali cia desigual. Por una parte, el transporte por carretera
asegura una importante perm eabilización territor ial. Este modo de transporte g arantiza
la oferta servic io a escala interreg ional, internaciona l, intrarregional, interprovincial,
comarcal, municipal y parroquial. P or su part e, el transporte ferroviario no logra una
cobertura territor ial tan fortalecida. El ni vel de permeabilización te rritoria l es menor.
Este modo de tran sporte necesita funcionar de manera integrada con la oferta d el
transporte te rrestre por carre tera. Así, las principales esca las de funcionam iento son la
interregional, la intrar regional, la internaci onal, la interprovincia l, y la comarcal. No
obstante, la densidad de esta infraestruct ura es m ucho menor que la que ostenta la
carretera.
Al abordar el estudio de los fenómenos relacionados con el transporte en
Geografía hemos constatado que nuestra em presa resultaba una tarea ambicios a y
compleja. Para ello, hubo que efectuar la dist ribución territoria l de las infraestructuras
según cada modalidad. En segundo lugar, hemo s tenido que efectuar una clasificación
funcional de las infraestructuras según sus caracteres geométricos de trazado y la
titularidad jurídica de las mismas. En tercer lugar, e l estudio del sistem a de
comunicaciones y transp ortes debía ser atendido desde el lad o de la comercialización de
la oferta del servic io. Por tal causa, s e trató analizar el funcio namien to del transporte de
Galicia según la el modo y el tipo de vehícu lo utilizado. Por una parte, hubo que evaluar
los registros del desplazamiento efectuados en vehículo privado y en vehículo colectivo,
para el caso del transpor te por carretera. Para ello, hemos recurrido al manejo de series
estadísticas sobre las Intensidades Medias Diarias (IMD) que se registraban en el
territorio gallego. Este indicador nos proporcionaba in formación sobre la localización
territoria l de los tráficos, los princ ipales itinerarios que seguía n los desplazamientos y la
distribución horaria del transpor te. Esto es, resultaba de interés conocer cuáles eran las
densidades de tráfico según la distribución horaria de los desplazam ientos. En paralelo,
tanto la oferta como la dem anda de desplaza miento debían ser estudiadas en razón a la
motivación de los tráficos, la di stan cia de los desplazamientos, el tiempo de viaje, la
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velocidad media, los puntos gen eradores y de destino de los desplazamientos, etc. Para
aportar respuestas a este plan teamiento del estudio cabía recurrir al m anejo de encu estas
de viaje O-D. Así, al estudiar cada m ode lo de Plan hemos procurado consultar los
apéndices docum entales en los cuales se habí a recurrido a la elabor ación de esta técn ica.
Por otra parte, había que estudiar el co mportam iento de los transportes según los
registros de la demanda que utilizasen el transp orte público colectivo de viajeros. En
este caso había que an alizar la oferta de se rvicio, la regularidad y frecuencia de las
expediciones, la capacidad de carga de los vehículos (oferta de plazas), la edad del
parque de vehículos, los nivele s de confort y comodi dad de la flota, et c. Por otro lado,
se ha analizado los tráficos de mercancías po r carretera según las matrices de viaje O-D.
Este indicador ha sido estudiado según los registros de las IMD y las informaciones de
las Encuestas de Transporte de M ercancías por Carretera. Con en manejo de esta fuente
se podía desagregar los tráficos según comp onente del parque móvil. Este tipo de
registros nos mostraban las densidades de tr áfico efectuado sobre el parque de vehículos
pesados. Este indicado r reflejaba cuáles eran los itinerarios estructu rantes para los
movimientos de mercancías que se desarroll aban con extremo de viaje en Galicia. Por
otro lado, las Encuestas de Transporte de Mercancías por Carretera proporcionaban
información sobre cada segm ento del merca do de m ercancías. Así, podíamos conocer
cuáles eran las principales mercancías que entr aban o salían de Galic ia. Por su parte, se
podían estudiar los territorios regionales que ostentaban unas im portantes relaciones de
transporte con Galicia.
Para el caso del transporte por ferrocarril hem os tenido que recurrir al estudio de
la regularidad y frecuencia de las expedici ones, los tiempos de viaje, la velocidad
comercial media, el parque trac tor y de remolcado, la oferta de plazas, la edad media del
material ferroviario que presta servicio en Galicia y España, la dot ación de carriles y sus
caracteres técnicos, etc. Por otra parte, s e ha analizado la matriz de viaje tanto para
viajeros como para el tráfico de m ercancías . En el estudio de i nvestigación desarrollado
se ha podido analizar los tráficos de cada línea, la com ponente direccional de los
tráficos, los territorios que establecen la s principales relaciones con Galicia y,
finalmente, la co ta de mercado que totaliza el tren al concurrir en el mercado del
transporte. Por últim o, en el estudio de lo s planes se han analizad o los niveles de
accesibilidad y la proyección de tráfico para el medio y largo plazo. Para ello, se ha
recurrido al manejo de índices que nos m ostraban el comportamiento de estas
magnitudes.
21
Para terminar, m erece que se subraye que el resu ltado propuesto en este
Proyecto de Tesis Doctoral fue analizar la m isión fundamental del sistema de
transportes y com unicaciones en Galicia. Así, pocas dudas caben ser albergadas si se
sostiene que el fin principal de dicho sistema era propiciar la articu lación terr itorial de
Galicia, contribuir a im pulsar la ordenación del territorio, e incentivar la consecución de
la cohesión económica y social.
METODOLOGÍA.
La presente Tesis Doctoral se enmarca tem áticamente en la Geografía del
Transporte y, en este contexto, trata de abordar el estudio del sistema de
comunicaciones y trans portes terrestres en Galicia. La elección de este tem a lo
justificamos por diversas razones. Como pr emisa de partida cabe hacer referencia a la
escasez de investigaciones sobre es te campo de estudio en Galicia. Se han realizado en
los últimos años estud ios sectoriales sobre la temática d e las infraestruc turas del
transporte, pero ninguno de los mismos ha ataj ado el análisis de la política inversora en
esta materia. En esta lín ea, se echa en falta la elaboración de estudios de investigación
sobre la materia de las infraestructuras destinados a profundi zar en los efectos
territoriales que tales invers iones le supusieron a Galicia . En segundo lugar, entendemos
que el estudio de esta investigación oste nta un notable relieve, toda vez que son las
infraestructuras del transporte las qu e cont ribuyen a facilitar el acceso de la población
gallega a los bienes y s ervicios. En paralelo, la dotación de infraestructuras sob re el
territorio se convierte en un factor esencial para potenci ar la igualdad espacial, habida
cuenta de que este tipo de inversiones cont ribuyen a fomentar la ordenación territorial.
El estudio d e esta Tesis Doctoral se en cuentra in ternamente estructurado en tres
grandes bloques temáticos. En el prim ero se ha tratado de analizar la política inversora
en materia de infraestructuras del transporte por carretera. En esta parte de la
investigación se estudia cada uno de los planes de infraestr ucturas viarias dedicando una
especial atención a sus líneas m aestras y a la articulació n interna de sus program as.
Finalmente, nos hem os ocupado de mostrar cu áles han sido los efectos inversores que
cada planificación originó en Galicia. El desarrollo de este bloque tem ático nos obligó a
estudiar la experiencia planif icadora según la titularidad jurí dica de cada Plan. Por tanto,
en el análisis de las infraestructuras del transporte se han p resentado a reflexión los
planes de infraestructuras propuestos por la Administración Central y por la
Administración Autonóm ica. En este bloque te mático nos hemos centrado en estudiar la
22
planificació n inversora y la situación territo rial en lo concerniente a la dem anda de
infraestructuras.
En el segundo de los bloques temáticos de esta Tesis Doctoral nos hemos
ocupado de analizar la experiencia de la planificación económ ica regional y sus
aportaciones al caso de Galicia. El estudio de la política de desarrollo regional nos ha
proporcionado los objetivos que la Adm inistración había pr etendido alcanzar para
impulsar el desarrollo territo rial de Galicia . Así, en cada una de las experien cias
planificadoras propuestas para impulsar el desarrollo económico regional de cada etapa
que cubre esta investigación nos permite ex aminar cuáles eran los princip ios que
inspiraban el modelo de la planificación. As im ismo, se pueden estudiar el conjunto de
programas que habían de ser im plementados pa ra lograr las metas bá sicas de cada plan.
En el tercero de los bloques temáticos propuestos nos hemos centrado en
analizar la política del transporte por ferrocarril. Para ello, se ha analizado
metodológicam ente la experiencia planificadora española y sus efectos territoriales en lo
concerniente a la construcción de la traza ferro viaria. El segu imiento inversor de la red
ferroviaria española nos aconsej ó recurrir al estudio de las Actas de las compañías
ferroviarias que habían ostentado la concesión administrativa para la explotación del
servicio. En el caso del estudi o de la construcción y funcio nam iento del ferrocarril de
Galicia, ha sido necesario recurrir a las Actas de la com pañía del Oeste (West) y Norte.
HIPÓTESIS Y OBJETIVOS.
En esta Tesis Doctoral nos hemos fijado varios objetivos prelim inares sobre el
papel que juegan las infraestructuras del transporte y las com unicaciones en su
contribución al desarrollo regional de Galicia. Se ha tratado de estudiar las principales
causas del atraso econó mico de Galicia según el papel que ejercen las infraestructuras
del transporte en el plano de la ordenación del territorio, en la dinámica de la afluencia
de capitales extranjeros, en el proceso de la localización del te jido productivo, en la
relocalización industria l, etc. Una vez delim itada la metodología del estudio y acotado
la temática del m ismo, hemos formulado una b atería de objetivos a los cuales este
Proyecto de Tesis Doctoral debía dar respuesta.
1) El modelo de investigación ha trata do de estu diar cuál era la situación
territorial de Galicia respecto del conjunto español desde 1830 hasta 2003.
23
17
I. INTRODUCCIÓN GENERAL AL MARCO DE ANÁLISIS DE LAS
COMUNICACIONES Y LOS TRANSPORTES.
El ejercicio de pretender estudiar el sist ema de transportes y com unicaciones en una
Comunidad Autónom a como la gallega supone en frentarse a un conjunto de problem áticas que
por su propia importancia transcienden el propio estudio sectorial de los m edios de transporte.
Por una parte, implica analizar la evolución seguida por el espacio regional en m ateria de
dotación de infraestructuras públicas de transportes. Por otra, profundizar en el hecho de si las
infraestructuras existentes en Galicia se adaptan a la estructura económica y social de un
territorio con fuerte particularismos com o es el gallego. La singularidad aludida le viene dada
desde un principio por su posición geográfica, un tanto excéntrica, que le ha supuesto ser
considerado Periferia Atlántica. 1 Además, el carácter diferencial tam bién le es propio dentro del
conjunto de España, en lo referente a su particular trama de asentamientos poblacionales. Galicia
es el terri torio que contabi liza e l mayor número de entidades de población y, por consiguiente, el
índice de dispersión geográfica mayor de todo el conjunto estatal. La fuerte dispersión del hábitat
explica, en primera instancia, la caída de la accesibilidad en el territorio, que se aprecia
claramente en los bajos niveles de la m isma que alcanzan las pequeñas poblaciones localizadas
fuera de los ámbitos de influencia de los prin cipales ejes viarios. Este fenómeno, la fuerte
dispersión del hábitat regional, explica como la disposición geográfica de la tram a de
asentamientos que se encuentran distantes resp ecto de los principales ejes de com unicación,
padecen una acusada desvertebración territorial, dado que el objetivo último de los ejes de
comunicación es proporcionar unos estándares de accesibilidad y conectividad territorial
adecuados. 2 En consecuencia, es preciso co rregir la existencia de este lastre crónico m ediante la
1 La consideración de Galicia como región periférica a tlántica, obedece a su posición geográfica claramente
dist ancia da d e los princ ipales centros económicos y de deci sión de la Europa noroccidental y también por su carácter
como territorio periférico respec to a los principales centr os urbanos generadores de riqueza pertenecientes al Estado
Español. Sin embargo, el carácter de periferia atlántica a Galicia le viene dado m ás por la carencia estructural de una
red de infraestructuras de transportes que la articulen internam ente impulsando la accesibilidad a los centros de
decisión.
2 Efectivamente, la fuerte dispersión del hábitat regional supone una dificultad añadida más a la hora de conseguir
que un territorio disponga de una conectividad y una accesibilidad territorial que satisfagan las dem andas de
transporte entre las áreas generadoras y las de destino. Esta situación es especialm ente visible en los espacios de la
Galicia interior, y no únicam ente los pertenecientes a las tierras de Lugo y Ourense, sino tam bién en aquellos
18
implem entación de una política racional en mate ria de transportes que favorezca la integración
del sistema de asentam ientos en sus correspondien tes comarcas o espacios de referencia, para
lograr así un modelo de desarrollo regional equilibrado.
Otra de las características de Galicia estr iba en la disposición de una red urbana
jerarquizada y polarizada hacia la fachada atlántica gallega. El poblamiento regional se
caracteriza por un sistema urbano policéntrico , en el cual el rango jerárquico superior está
ocupado por las dos principales ciudades (Vigo y A Coruña) localizadas en el litoral meridional
y septentrional respectivamente. A las anteriores hay que añadirle la presencia de otras tres
ciudades más, constituyendo en su conjunto el sistem a urbano del Eje Atlántico gallego. La
primera de ellas, Ferrol, está localizada en la fachada costera septentrional. Entre ésta y A
Coruña se desarrolla la aglomeración urbana del Golfo Ártabro , totalizando una población
próxima a los 520.000 habitantes y extendida sobre una superficie total de 1.300 km 2 . La
segunda de las mism as, Pontevedra, configura junt o con Vigo la aglomeración urbana de As R ías
Baixas, concentrando a una población del orden de los 600.000 habitantes y ocupando un
territorio de 1.800 km 2 . La últim a de las tres es Santiago, que aún localizándose hacia el interior
disfruta de unos destacados estándares de accesibilidad y conectividad territorial respecto a las
aglomeraciones del Golfo Ártabro y de Vigo- Pontevedra. Más aún, su condición de ciudad
localizada en el Eje Atlántico con fuertes interacciones en relación no sólo a las ciudades
atlánticas citadas, sino a toda Galicia, es bien visible al localizarse aquí la capital autonóm ica y
el único aeropuerto de rango superior que existe en todo el territorio gallego (Lavacolla). Este
hecho se traduce en una oferta de conectividad territorial bastante más amplia que la reflejada
por los aeropuertos de Vigo (Peinador) y A Coruña (Alvedro), razón en base a la cual las dos
ciudades del interior (Ourense y Lugo) gravitan funcionalm ente hacia esta ciudad a la hora de
demandar una m ovilidad por transporte aéreo.
territorios alejados del litoral de las provincias de A Co ruña y Pontevedra. Ciertam ente, la desconexión existente
entre los centros económicos decisores de Galicia respecto a estas áreas, así com o la baja dotación de conectividad
territorial a que se encuentran sometidos estos espaci os por carecer de los adecuados niveles de accesibilidad,
explican en cierta medida la profunda regresión en sus pirámides demográficas.
19
En última instancia, Santiago, en virtud de sus dotaciones funcionales, se constituye en
una importante ciudad de equilibrio para toda s las cabeceras com arcales próximas así com o
también para la tupida tram a de asentamientos poblacionales que estas últim as ordenan.
Finalmente, el sistem a de ciudades de Galicia se completa con las dos interiores (Lugo y
Ourense), desempeñando cada una de las m ismas un papel estructurante en sus respectivas
provincias.
Pero, y aún pe se a todo lo enunciado, la singular idad de Galicia no term ina con el análisis
de su posición geográfica y poblamiento regional. La particular disposición de su relieve en
concreto, la presencia de importantes áreas m ont añosas localizadas de forma preferente en el
extremo oriental y sudoriental del territorio, s upuso increm entar notableme nte el adverso ef ecto
de periferia . Por una parte, el relieve ejerce como barrera que dificulta los flujos procedentes de
otras regiones, por lo que la Comunidad Aut ónom a ha estado aislada tradicionalmente. El
fenómeno del aislam iento territorial producido por la escasa accesibilidad regional explica una
relativa impermeabilidad de Gali cia r espe cto al desarrollo económico y tecnológico acaecido en
otras áreas del Estado, así como tam bién a la posteri or difusión de tales avances en el interior de
su territorio. En virtud de este acentuado condiciona nte, Galicia se ha volcado más hacia el m ar.
La import ante ext ensión de su línea costera (2.340 km ) dotada de una particular forma de rías, ha
favorecido el auge de las comunicaciones m arítim as y el desarrollo económico y dem ográfico
sobre la fachada litoral. De hecho, el interior de Galicia se ha constituido en un espacio que
gravita económicam ente hacia la Galicia costera.
En ese ncia, pues, los problemas que Galic ia ha venido acusando desde antaño, profundos
si los comparam os con las áreas más desarrolladas del Estado, no han sido enm endados
satisfactoriamente. Para em pezar, comenzarem os poniendo de relieve las bajas dotaciones de
inversión pública asignadas a la red de com unicaciones y transportes de este territorio;
especialmente débiles en las tierras del interior regional, lo cual acababa redundando en la
presencia de un territorio con escasa vertebración in terna. Al lado de lo anterior, se sitúan los
acusados déficits de trazado que padecían las redes de comunicaciones destinadas a com unicar
Galicia con la Meseta y con la fachada cantábrica, por ser estos espacios dos de sus principales
mercados. A continuación, se debe señalar la fragilidad del tejido productivo de Galicia, toda
vez que éste descansaba en una estructura ec onómica claram ente volcada hacia las actividades
del sector primario y, por tanto, incapaz de dive rsificar y modernizar su tejido productivo así
como tam poco lograría hacer más com petitiva la producción regional a la hora de acceder a los
20
mercados. En consecuencia, la etapa de la industrialización regional experim entó un notorio
retraso si la comparam os con Cataluña o el País Vasco, razón ésta por la cual este sector, el
industrial, no actuó como auténtico dinamizador de la econom ía regional hasta los años 1970. La
consecuencia más directa de tal circunstancia se deja sentir con nitidez en los flujos del
transporte regional. Efectivamente, la escas a movilidad interregional que evidencian las
Intensidades Medias Diarias (IMD), así co m o los propios valores reflejados en la I Encuesta
nacional del transporte de mercancías por carretera de 1969 , nos permiten sostener la idea de
que la producción regional gallega se destinaba principalmente a satisfacer el consum o interno, o
lo que es lo mism o, al autoabastecimiento re gional. En efecto, com o tendremos ocasión de
comprobar cuando estudiem os con detalle las caracter ísticas de la movilidad regional, la m atriz
O-D de los flujos de mercancías generados en Galicia presentaban una m arcada componente
intrarregional, ya que el 89% del tráfico gallego presentaba una m atriz O-D intraprovincial. Al
tratar de examinar el tráfico interprovincia l descubrim os como un porcentaje considerable
(58,11%) se distribuía entre las cuatro provincia s gallegas y las regiones de Asturias y León.
Pero al tratar de asignarle a cada provincia su s respectivos valores entre el total anterior
comprobam os como el 95,7% de dicho tráfico no sa lía al exterior de Galicia, circunstancia que
confirma bien a las claras dos hechos. Uno, el transporte de m ercancías canalizado por la red
viaria regional gallega era destin ado al autoconsum o de su mercado interior. Dos, el escaso nivel
de transporte interregional, generado o atraído en Galicia, confirm a el fuerte aislamiento o
también el enclavamiento de su territorio en los tránsito s por carretera. Con atención a la
demanda de transporte canalizado por ferrocarril en la m itad de los años 1960, el mism o refleja
dos situaciones sumam ente relevant es. Por una parte, el tráfico movido por el ferrocarril recorría
unas distancias más elevadas. Por otra, la m atriz de viaje O-D señalaba como las principales
interacciones se producían igualmente entre las cuatro provincias gallegas. Efectivam ente, el
72,48% del tráfico interprovincial canalizado por este operador de transporte presentaba cuatro
lugares de destino interregionales: Galicia, Madrid, Asturias y León, donde el tráfico de
mercancías por ferrocarril con m atriz de viaje O-D cada una de las provincias gallegas llegaba
hasta el 53,96% del total señalado anteriormente.
El aislamiento secular que en su tiem po apuntó Lucas Labrada, ha tratado de ser
corregido en varias ocasiones para generar unas redes de comunicaciones y transportes que
21
tendiesen a conectar Galicia con las demás áreas españolas 3 . La escasa accesibilidad territorial.
3 LUCAS LABRADA, J. Descripción Económica del Reino de Galicia , 1971. Editorial Galaxia (prólogo de RÍO
BARJA, F. J., pág., 9-29).Vigo. Efectivamente, ya en el período de la Ilustración Gallega este autor refleja cuáles
era n los prin cipales problem as que a su juicio padecía in ternam ente Galicia. Como no podía ser de otro m odo, uno de
los princip ales que s e se ñalan es la inaccesibilidad territorial del territorio gallego, el mal estado de la red de caminos
interiores y la urgente necesidad de que su mejora fu ese acom etida con urgencia por el Estado (pág., 153). Estas
reflexiones pueden ser seguidas en profundidad en tres destacados estudios sobre la tem ática de la Ilustración y las
principales figuras de los ilustrados gallegos. Al seguir un orden, proponemos la consulta de: La economía gallega
en los e scr itos de Pedro Antonio Sánchez . Edit. Galaxia. 1973. Vigo. (Prólogo de BEIRAS TORRADO, X. M. (pág.,
7-31), así como tam bién el de DOPICO GUTIÉRREZ DEL ARROYO, F. A Ilustración e a sociedade galega. A
vis ión de Galici a dos e conomistas ilustrados. Edit. Galaxia. 1978. Vigo. Por último, Os Ilustrados galegos. Reforma
e tradición na Galicia do antigo Réxime . (Varios) Edit. Excm a. Diputación de A Coruña. 1996. A Coruña.
En un estudio sobre la estructura de la red viaria gallega en el Anti guo Régimen, sostiene DOPICO, F. y
BARREIRO, X. Os camiños da provincia de Santiago. Introdu cción ao estudo do transporte na Galicia do Antigo
Réxime . Edit. Museo de Pontevedra, Tomo XXXII. 1978. Pontevedra.
En opinión de los autores, “unha sociedade tradici onal, abrum adoramente rural, cunha escasa división do
traballo e coa meirande parte da poboación vivindo nos lindeiros m esmos da subsistencia, com o era a
Galicia da Edade Moderna, xenera poucos elementos at ractivos para a realización de inversións na rede
viaria” (pág., 3).
En otro lugar, presentan los autores algunas de las claves explicativas m ás relevantes para la comprensión
de la estructura y problemáticas m á s acuciantes de la re d cam inera en el contexto del S. XVIII. La conclusión que
extra en los autores era un trazado marcadam ente radial para la red caminera perteneciente a la provincia de Santiago,
pudiendo comprobar com o los principales centros de poblaci ón estaban ubicados sobre el trazado de la red viaria
principal (pág., 10-11). Esta razón, en opi nión de los autores del estudio, estaba destinada a garantizar de la necesaria
accesibilidad a aquellas poblaciones que acogí an en su seno los r ecintos ferial es de la época. Así pues, la d otación de
conectividad trataba de impulsar y fortalecer, en el contexto del XVIII, el comercio interior regional.
Una lectura atenta sobre la dotación de infraestructura s de transportes a Galicia durante el período de la
Ilustración puede seguirse en el trabajo que propone GARCÍA-FUENTES DE LA FUENTE, M. El camino de
acceso a Galicia en el S. XVIII . Edit. Diputación de A Coruña. 1987. En efecto, en bajo los epígrafes Trazado del
Camino de acceso a Galicia (pág., 25 y sig.,), así como en el referido a Aspectos técnicos y humanos en la
construcción del camino de acceso a Galicia (pág., 29 y sig.,), explicita abiertamente el período histórico en el que
se comienza a diseñar el trazado del camino de acceso a Ga licia (1763), según la propuesta del entonces ingeniero
jefe José Crame; aunque esta alternativa finalm ente no se ría llevada a efecto. Fue con la llegada a La Coruña de
Carlos Lemaur en condición de ingeniero jefe, el m omento en el que se comienza a ejecutar el trazado de esta ví a de
acceso a Galicia. En efecto, como bien aclara su autor, la ejecución de esta im portante vía de com unicaciones
terrestres para Galicia, estaba sustentada sobre la anti gua calzada romana “el trazado del camino se construirá en
muchos de sus tram os sobre la antigua vía militar rom ana que desde Astorga continuaba hasta Lugo, Brigantium , y
22
El aislamiento se trató de corregir desde el S. XVIII por parte del E stado y de f orm a esp ecial c on
la obra de Bernardo WARD que preconizó la Estructura Radial de carreteras en España 4 ,
mediante el cual pretendía com unicar a todas las regiones y poblaciones con Madrid 5 . No
obstante lo anterior, no será hasta el S. XX cuando se trate de dotar a Galicia de las
comunicaciones necesarias para que la región se conecte de form a satisfactoria con Madrid,
siguiendo todavía un claro modelo radioconcéntrico de conectividad territorial. La carencia de
Braga. (Pág., 27).
Al tratar ahora de aproximarnos al relieve que a ju icio siempre del autor le había supuesto al desarrollo
regional de Galicia el hecho de que la Administración Borbónica planificase el trazado y ejecución del Cam ino de
Acceso a Galicia, enfatizaba GARCÍA-FUENTES que mediante esta directriz:
“se trataba de buscar un desarrollo regional apoyado en el comercio colonial que sería fom entado por el
Consulado de La Coruña y por las sociedades económi cas de am igos del país de Santiago y Lugo. Este
des plie gue de medidas favorecedoras de todo tipo, permit en la existencia de un desarrollo y crecim iento del
puerto coruñés entre 1760 y 1780" (pág., 17).
Ahora bien, la atenta lectura del trabajo concluye por mo strarnos tres interrogantes que actúan com o las tres claves
explicativas estructurales sobre las razones que impul saron a la Adm inistración Borbónica de Carlos III y más
concretamente a la figura del entonces Superintendente de Caminos, el Marqués de Esquilache, a definir el trazado
del Camino de Acceso a Galicia por el cuadrante septentrional y no por el me ridi ona l de Gal icia . En efe cto, rec uerd a
el propio autor que a la hora de determinar las razones que im pulsaron a que el trazado del Camino de Acceso fuese
por el norte y no por el sur de Galicia se podrían concretar con los interrogantes:
1) ¿Fue el arsenal de Ferrol exclusivamente, com o se ha sobreentendido siempre?
2) ¿Fue el puerto de La Coruña?
3) ¿Fue la Capitanía General o tal vez la Audiencia?
En palabras del autor, éste considera que “fue un conjunto de todos estos intereses que enlazaban
perfectamente entre sí desde el punto de vist a comercial, militar o geográfico” (pág., 14).
4 LÓPEZ LAMBA, M. E. El camino real de Galicia. Aspectos jurídicos , pág., 68. Edit. Universidad Com plutense de
Madrid. 1997. (Inédita). Madrid.
5 WARD, B. Proyecto Económico . 1762. (Reedición y estudio de CASTELLANO, J. L.). El autor concluiría este
proyecto de conectar al Estado durante el reinado de Carlos III, dado que según su opinión “España necesitaba de 6
grandes caminos, desde Madrid a La Coruña, a Badajoz, a Cá diz, a Alicante y a la raya de Francia, así com o a
Bayona por Perpiñán: Y de éstos se debe sacar al mi sm o tiempo por varios puertos de mar y otras ciudades
principales, uno del de La Coruña para Santander (que es el m ás esencial y ur gente en el día), otro para Zamora y
hasta Ciudad Rodrigo, del de Cádiz otro para Granada, y así todos los dem ás. Después - proseguía relatando el
autor - se necesitan diferentes caminos de travesía de unas ciuda des a otras, y haciendo el Rey el prim er coste (...) e s
muy justo que en los sucesivos m a ntengan estos cam inos los pueblos mi smos que disfrutarán el beneficio de esta
providencia, cada uno en su distrito y jurisdicción”(...) (Págs., 75 y sig.,
23
unos ejes de comunicación que vertebrasen adecuad am ente las cuatro provincias gallega s con las
restantes del territorio nacional supuso una prof unda involución. Por una parte, las dificultades
económicas derivadas, entre ot ros factores, del aislamiento, originaron una im portante corriente
migratoria que tuvo com o lugares preferentes de destino las tierras americanas hasta los años
1950. Posteriormente, el flujo m igratorio regiona l adoptó como destino los principales centros
económicos de Europa, finalizando es ta etapa con el estallido de la crisis energética mundial de
1973. Paralelamente, desde los a ños 1950 pero especialm ente en los años 1960 y 1970 (etapa del
desarrollismo español), se detectó un f lujo migr atorio regional dirigido hacia el País Vasco,
Cataluña y Madrid, por ser éstas las principales áreas industriales del territorio español.
Finalmente, una vez que se com ienza a detectar en Galicia el proceso de industrialización y el
consiguiente desarrollo urbano, aparecen como puntos de destino las principales ciudades
atlánticas de Galicia 6 . Los vestigios de esta etapa son claram ente perceptibles en el estu dio de la
estructura productiva de Galicia. La distribuci ón del empleo y las actividades productivas no
deja ba lugar a som bra de duda alguna. A mediados de la presente centuria, el territorio gallego se
encontraba anclado económicam ente en un sistema agropecuario de autosubsistencia , pues las
tres cuartas partes del empleo se inscribían en este sector, mientras que la actividad industrial y
servicios apenas tenían importancia y se concen traban únicamente en las inm ediaciones de las
principales áreas urbanas 7 . Para corregir el atraso secular que padecía Galicia, se pusieron en
6 Para un conocimiento m ás detallado del flujo migratorio regional consúltense las obras de HERNÁNDEZ BORGE,
J. Tres millóns de galegos , pág., 41-96. Edit. Universidad de Santiago de Compostela. 1990. Santiago de
Compostela. Así com o también en BERTRAND, J. R. A Poboación de Galicia, pág., 19-57 . Estudios Xeográficos .
Edit. Universidad de Santiago de Com postela. 1992. Santiago de Compostela.
7 NOGUEIRA, C. Población y desarrollo económico en Galicia, pág., 86 y sig ., SODIGA. 1972. Santiago de
Compostela. Sostiene el autor en el estudio referido que “una economía centrada en las propias necesidades puede
definirse a partir de una com binación de características pe rtenecientes a la estructura económ ica y a los centros de
decisión y acumulación”. De un modo más explícito, enumera C. NOGUEIRA enum era cuales serían las
características de la mism a y destaca de entre ellas:
1) Existencia de objetivos económicos colectivos en función de las necesidades de la sociedad gallega.
2) Centros de acumu lación del propio excedente económico.
3) Órganos de planificación y de decisión económica.
4) Una estructura económica fundam e ntada, entre ot ras cosas, según el autor, en un núcleo económ ico
basado en le desarrollo de ciclos productivos a partir de recursos propios, (...), la integración de los procesos
productivos y, para cerrar, en un mercado interno desarrollado (pág., 86).
24
marcha m últiples intentos de planificación y ordenación territorial que presentaban la
part icular idad de r esponder a un modelo económ ico centralista , en consonancia con las políticas
económicas form uladas durante la autarquía franquista .
Una vez llegados al contexto de los años 1960, la Administración Central del Estado
había pretendido instrumentalizar una política económ ica que ponía su acento en la consecución
de un modelo de desarrollo regional descentralizado a imagen y semejanza de la política
económica que se estaba proponiendo en Francia. En esta etapa, la nue va política económ ica del
Estado se había propuesto corregir los principales desequilibrios que atenazaban la consecución
de un desarrollo regional armónico. Esta actuación, así expuesta, pretendía dotar a las distintas
regiones de los medios necesarios para m odernizar sus respectivos sistemas productivos y
especializarlos a la hora de competir en la captación de crecientes cotas de m ercado. Por tanto,
buena parte de las inversiones públicas tratab an de lograr la consecución de una oferta
productiva regional sumam ente competitiva tanto en el mercado interior regional com o nacio nal,
capaz de paliar los adversos efectos a que estaba dando lugar la ininterrumpida sangría de la
emigración selectiva.
Ahora bien, para que el nuevo modelo de de sarrollo regional alcanzase los fines en él
contemplados, era de todo orden preciso dotar a los respectivos territorios de un sistema de
transportes y comunicaciones capaz de poner en contacto las diferentes áreas productivas
regionales con sus respectivos mercados. Para dar cum plida respuesta a tal propósito, la red de
comunicaciones y transportes previam ente debía solventar los problemas que la radialidad del
trazado de la red terrestre le había estado ocasi onando a los flujos interregionales. En efecto, la
canalización que de orden obligado debían segui r las producciones regionales para cumplir con
la matriz de viaje O-D, según resultasen ser las áreas generadoras y captoras de la dem anda de
transporte, estaban inexorablemente condicionada s a transitar por el centro del Estado. Este
hecho incidía en la pérdida de conectividad regi onal así como en la caída de la accesibilidad de
los territorios de la periferia. En primer lugar, la red nacional en las inmediaciones de Madrid
tendía a acusar unos notables incrementos en los tráficos de colisión ( largo y corto recorrido),
circunstancia que en último térm ino acaba traduciéndose en la aparición de la congestión vial , así
como en la saturación de la m isma. Al lado de a lo que anteriorm ente se ha hecho mérito, pues,
habría que señalar que al ser estos itinerarios lo s que tendían a dar cobertura a la demanda de
tráfico interregional, resultaba evidente que lo s firm es de tales trazados estaban sometidos a
profundos deterioros. Por último, la red de comunicaciones estaba llamada a cum plir un objetivo
25
de mayor alcance en el m odelo de desarrollo regi onal como realm ente era aquél que perseguía la
cohesión económica y social interna de todo el territorio nacional.
En suma, pues, para contrarrestar la radialidad de los flujos de transporte era m enester
dotar a la red nacional de ejes transversales capaces de incrementar los estándares de
accesibilidad versus conectividad territorial. Asim ismo, la disposición de los trazados de estos
ejes de transporte acabarían proporcionándole a la m alla de comunicaciones unas interacciones
fluidas y ágiles respecto de los principales centros productivos españoles. Además, una vez
garantizada la oferta de conectividad transversal, el comportam iento de la demanda de tra nspo rte
interregional tendería a provocar un progresivo trasvase de tráfico de los corredores radiales a
los transversales; siempre en virtud de la m otiv ación del viaje, la localización territorial de los
extremos de transporte, los estándares de accesibilidad de cada eje, etc.
Sin embargo, el m odelo de desarrollo regi onal descentralizado propuesto en la nueva
política económica de la Adm inistración del Estado no se alejaba en nada de las concepciones
centralistas. Por una parte, Galicia conocía la experiencia de los Planes de Desarrollo
Económico y Social que fueron los que dotar on al territorio de tres Polos de Desarrollo , auque el
tercero apenas sí tuvo importancia. Las variantes pos teriores de estos Planes se aprecian en la
figura de los polígonos industriales y en la creación de la Gran Área de Expansión Industrial de
Galicia (G.A.E.I.G.) . Con estas estrategias se trabajaba en la dirección de im pulsar un pa rticular
proceso de industrialización en Galicia 8 . En consecuencia, la dotación de una red viaria que
atendiese la creciente demanda de com unicaciones a establecer entre Galicia y el resto de la
8 Por lo que confiere a las directrices preferentes que la Adm inistración Central del Estado proponía en materia de
industrialización, merece ser dicho que és tas se encontraban recogidas en la Ley de Sectores Industriales de Interés
Preferente y Zonas Geográficas de Preferente Localización d e 1963. Era en esta Ley donde el Estado concretaba las
medidas de actuación que deberían prim ar a la hora de poner en marcha el modus operandi de la nueva política
económica. Efectivam ente, para la consecución de la de scentralización del crecimiento económ ico era menester
dotar de recursos productivos a las regiones periféricas o al ejadas de los principales centros econó mi cos de l Es tado .
En razón a lo expuesto, la Administración del Estado procedi ó a ap rob ar el I Plan de Desarrollo Económico y Social
de 1964-1967 , por m edio del cua l se creaban en Galicia los dos prim eros Polos de Desarrollo (Vigo y A Coruña). En
última instancia, el modelo de la política de desarrollo regional de scentraliza do propuest o por la Administración del
Estado tuvo una relativa continuidad en Galicia en el III Plan de Desarrollo Económico y Social, aprobado para el
horizonte 1972-1975 . Las principales aportaciones de este Plan al desarrollo regional gallego estaban fijadas en la
creación del Polo de Desarrollo de Vilagarcía de Arousa , la creación de la G.A.E.I .G., así como la ejecución de los
Polígonos de Preferente Localización Industrial (1973).
26
Península, se planteó, por vez primera, en el Consejo Económico Sindical Interprovincial del
Noroeste y, posteriormente, en la redacción del Plan de Accesos a Galicia 9 . Mediante estas
iniciativas, la primera de reconocim iento territo rial y la segunda de pl anificación y ordenación
del t errit orio, se t ratab a elimin ar el efecto pe riferia económica fomentando el desarrollo regional
en igualdad de oportunidades. Además, se potenci aba el crecim iento económ ico y la aparición de
nuevas actividades productivas demandantes cad a vez en m ayor grado de una creciente
accesibilidad territorial: productos de consumo en fresco com o los pesqueros, hortofrutícolas y
pecuarios. De hecho, se trataba de lograr que la producción regional gallega penetrase en unos
mercados cada vez m ás exigentes y selectivos.
Una vez examinadas algunas de las principales aportaciones que la nueva política
económica de la Adm inistración del Estado había puesto en funcionam iento para la consecución
del perseguido desarrollo regional, resulta oportuno considerar las repercusiones que en el
9 Efectivamente, la prim era propuesta de realizar la planificación de los accesos a Galicia se recogía en un
documento de trabajo perteneciente al Consejo Económico Sindical Interprovincial del Noroeste , m ediante la
redacción de Vía de Penetración por Carretera en Galicia , fechado en Diciem bre de 1966. El documento realizaba
un estudio de la red viaria gallega en diferentes fases de su evolución histórica. Además, se desarrollaba una
importante reflexión sobre los corredores de com unicaci ón de Galicia con la Meseta. Se abordaban allí los
planteamientos de la conectividad territorial referidos al propio trazado de la red y su incidencia en el poblam iento.
Posteriormente, ya en los años 1970, se aprobaría el denom inado Plan de Accesos a Galicia en el Consejo de
Ministros del 21 de Agosto de 1970 celebrado en Meirás (Sada). El Plan proponía la inm ediata ejecución de un total
de cuatro corredores, totalizando entre los mism os 1.200 km . de carretera de nueva construcción; cuyo trazado y
disposición por el territorio gallego, como verem os en su mo mento, confirmaba bien a las claras la evidente
influencia que en la redacción del Plan de Accesos a Galicia había dejado el estudio propuesto por el Consejo
Económico Sindical Interprovincial del Noroeste .
Ahora bien, contrariamente a lo que resu ltaría lógico, la progresiva ejecución del Plan de Accesos a
Galicia , la dotación de inversión pública destinada a cubrir este fin no se llevó plenam ente a cabo hasta la reciente
aprobación del Plan Director de Infraestructuras 1993-2007 ( PDI ). Por ello, podemos decir que la ejecución de los
ejes de alta capacidad previstos en el Plan de Accesos a Galicia y destinados a dotar de altos estándares de
accesibilidad al territorio gallego, entre los cuales se en contraban las autovías de enlace con la Meseta, están
sufriendo, cuando menos, un retraso de casi treinta años. Y ello aún en caso de no producirse retrasos en la definitiva
entrada en servicio de cada corredor. Sin embargo, en t odo caso habrá que tener bien presente la marginación a que
se encontró sometida Galicia por la ausencia de inversión pública destinada a la generación de una red de transp ort e
de alta capacidad, cuyas repercusiones más inm ediatas se de jaron sentir en materia de desarrollo regional, social y
económico.
33
inmersa en un m odelo de economía abierta y de mercado . Por una parte, la incorporación de
España a la Comunidad Económica Europa el 1 de Enero de 1986 ha dado lugar a que los
estados miem bros procediesen a planificar la red transeuropea de transporte, a fin de impulsar,
en primer lugar, la vertebración intern a de todos los estados m iembros de la Comunidad ,
después, el crecimiento en los niveles de m ov ilidad. En el borrador de la red de transporte
transeuropea se contempla la conexión de España c on Portugal m ediante un corredor de enlace
que conectará a Galicia y el norte de Portugal 12 . Aquí podemos adelantar ya la im portancia que
desde Junio de 1998 está teniendo para el Eje Atlántico la ejecución de la Autopista portuguesa
hasta el Mi ño, donde enlazará con la Autopista del Atlántico en Tui, logrando conectar al sistem a
urbano gallego con el entorno urbano de Oporto. Se rá entonces en virtud de la conexión de la
Autopista del Atlántico y la de Portugal me diante las cuales se logrará cerrar el Eje Atlántico por
su vertiente meridional, logrando así conectar el sistem a urbano gallego con el del norte y centro
de Portugal. Paralelamente, y tratando de recoger los esfuerzos de la planif icación planteados en
el di seño de las Redes Arteriales , la Comunidad Autónom a de Galicia está demandando cada vez
con mayor intensidad la ejecución de un corredor por la vertiente septentrional de la fachada
cantábrica. La demanda de esta inversión púb lica está destinada a tratar de articular
convenientemente la Com unidad Autónoma de Galicia con el Principado de Asturias, C antabria,
El País Vasco y la Comunidad Foral de Navarra , sirviendo la m isma para enlazar con las redes
transeuropeas así como con el corredor del Ebro. Esta pretensión ya había sido formulada en el
12 Para una mayor inform ación sobre las redes transeuropeas en el marco de la Europa Comunitaria, pueden
consultarse los apartados: Redes transeuropeas de transportes , así com o el titulado Redes de comunicació n incluidos
ambos en el trabajo de MALOSSE, H. Europa a su Alcance, pág., 129 y sig., Edit. Fundación Galicia-Europa. 1996.
Santiago de Compostela. En esta obra se recogen de un m odo sintético las previsiones de actuación form uladas por
la U.E. en materia de transporte transeuropeo. En concreto, los dos epígrafes hacen una especial m ención a la política
comunitaria de transportes contem plada en varias Decisiones y que fue ron apro badas e l 24 y 29 de Octu bre de 1993
por parte del Consejo Europeo sobre esta m ateria. La Decisión 93/628/CEE del Consejo de 29 de Octubre de 1993 ,
abordaba la creación de una Red Transeuropea de Transporte Combinado , m ientras que la Decisión 93/629/CEE del
Consejo de 29 de Octubre de 1993, se establecía la creación de una Red Transeuropea de Carreteras . Estas dos
decisiones junto con la 93/629/CEE que hace referencia a la creación de las redes transeuropeas de ví as n aveg able s,
aparecen recogidas en Diario Oficial de la Comunidad Europea ( DOCE ) L 305 de 10 de Diciembre de 1993.
Para el caso del territorio español, entre los proyectos prioritarios establecidos po r l a U.E. para 1993-1994,
estaba la previsión de crear dos corredores para la circulación del tren de alta ve locidad. El primero de los ejes es el
que enlazará Madrid con Montpellier mientras que el segundo tendrá por objetivo conectar Madrid con Dax.
34
segundo Plan de Carreteras de Galicia de 1989 , a la vez que tamb ién se planteaba la necesidad
de que el Estado impulsase un nuevo corredor de alta capacidad carga . El trazado de este eje
estaba destinado a reforzar la conectividad re gional respecto de aquellas provincias interiores
loc aliz adas en Castilla-León y Aragón. Por consiguiente, entonces, el trazado de la red propuesta
debería transcurrir geográficamente paralelo a la au tovía Transcantábrica ; lo cual bien le podría
reportar la denominación de Corredor Subcantábrico. 13
Como corolario de este apartado expondrem os que Galicia ha puesto en marcha un
modelo de desarrollo regional en el que está n bien presentes tanto sus necesidades de
vertebración interna como las oportunas fórm ulas tendentes a la consecución de un desarrollo
regional armónico y equilibrado. Realizando un apresurado repaso a la enum eración de los
mism os señalaremos que las directrices de de sarrollo regional tuvieron su arranque en la
redacción del Plan Director Territorial de Coordinación de Galicia fechado en 1979
( P.D.T.C.G. ), para concluir con el borrador del Plan de Estradas de Galicia 1996-2006. 14
13 En la redacción del segundo Plan de Carreteras ( 1989 ) también conocido como Plan Antolín Sánchez Presedo,
por ser éste el Conselleiro de Ordenación del Territorio de la época, se planteaba la conveniencia de com unicar a
Galicia con el corredor del Ebro medi ante u n eje de alt a capacidad que fom entase los transportes entre la Comunidad
Autónoma y las dem á s restantes en dirección a la Com unidad Autónoma de Aragón, com unicando Galicia con el
nodo de transporte de Zaragoza, así como tam bién c on la Comunidad Autónom a de Cataluña (comunicando a
Barcelona con Galicia, por ser ésta provincia uno de los pr incipales puntos de Origen o Destino de los tráficos
interregionales). Sin embargo, y pese al atractivo proy ecto d e conectividad interregional, la iniciativa no ha tenido el
suficiente eco social por pasar por áreas de baja densid ad demográfica y escaso potencial productivo, así como por
encontrarse las mism as indirectamente conectadas m edi ante ejes de alta capacidad con Madrid respondiendo al
modelo de com unicación radioconcéntrico .
14 De e ntrad a, la s apor taciones esgrimidas por parte del Plan Director Territorial de Coordinación de Galicia hacían
una especial referencia a las diferencias económicas que Galicia reflejaba internamente. Entonces, al tratar de
con trarrest ar el sumatorio de todos estos condicionantes, en el documento se hacía una especial m ención al papel que
desempeñaban los transportes; que, como bien es cierto , éstos serían quienes posibilitarían la eficaz integración
territorial de las diferentes especializaciones productivas re gionales. Posteriormente, en el transcurso de los años
1980, merecería destacarse las aportaciones propuestas por:
1) El Estudio de Reconocimiento Territorial de Galicia de 1983.
2) El Plan Director de Transportes de Galicia de 1985.
3) La redacción del I y II Plan de Carreteras de Galicia ; fechados respectivam ente en 1984 y en 1989.
Ya en los años 1990 estas preocupaciones del Gobierno autonómico se m aterializan en un total de siete
documentos en los que el desarrollo regional de Galicia se encontraban inm e rso:
1) Los Planes de Desarrollo Regional de Galicia (PDR) 1989-1993 y 1994-1999.
35
2) El Plan de Estradas de Galicia 1990-2000 (PES) .
3) El Plan Económico y Social de Galicia de 1996.
4) El Plan Comarcal de Galicia .
5) Las leyes de Carreteras (Ley 4/1994 de 14 de S etie mbre ) y la de Ordenación del Territorio (Ley 10/1995
de 23 de Noviembre) .
6) El borrador del Plan de Estradas de Galicia 1996-2006.
7) El Plan Estratéxico de Desenvolvemento Económico de Galicia, 2000-2006 (PEDEGA).
A tenor de lo expuesto, señalaremos que el m odelo de desarrollo regional gallego se encuentra sustentado
en base a una política de ordenación del territorio ( O.T.) gestada por la Administración Autonóm ica. El siguiente
paso era definir, primero, las directri ces a im pulsar en Galicia; después, el modus operandi de tal ejecución. Esta
encrucijada finalmente se sustanció m ediante la puesta en funcionamiento del Plan Comarcal de Galicia , que es en
última instancia el encargado de hacer operativas el compendium de todas estas políticas. Así pues, es en virtud de
este modelo de planificación local en base al cual se pretenderán corregir los desajustes espaciales. A título de
ejemplo de la naturaleza y localización de tales desequilib rios, mencionarem os el acentu ado pr oceso de crecimient o
económico polarizado hacia la fachada atlántica que continúa obrando en detrimento de las restantes áreas interiores
gallegas. Por tanto, las líneas maestr as del Plan Comarcal de Galicia recogen medidas de acción territorial que están
encaminadas a potenciar un m odelo de desarrollo endógeno autosostenido. Para ello, se trata de impulsar las
potencialidades emergentes de cada territorio com arcal con el propósito firme de introducir sus productos en un
mercado crecientem ente comp etitivo donde cada vez prima m ás la calidad.
Sin alejarnos de lo anterior aunque por otro cam ino, la s líneas maestras de desarrollo regional igualm ente se
pueden contemplar en los programas inscritos en el Marco de Apoyo Comunitario ( MAC ) tratan de corregir los
desequilibrios regionales que se dan en el seno de la Eu ropa comunitaria. Para ello, las distintas regiones se
encuentran clasificadas según sea su nivel de desarrollo económico, pudiendo indicar que Galicia se encuentra entre
aquellas pertenecientes al Objetivo 1 que están caracterizadas por alcanzar el 76,5% del PIB per cápita de la m edia
comunitaria.
49
II. LA PLANIFICACIÓN DEL SISTEMA DE COMUNICACIONES Y
TRANSPORTES EN LA ORDENACIÓN DEL TERRITORIO REGIONAL.
2.1. Análisis de la evolución histórica de la red estatal de comunicaciones y
transportes: sus implicaciones en Galicia.
Como encabezam iento del epígrafe que ahora comienza señalarem os que nuestro
propósito no estriba tanto en referir un análisis denso, tedioso y excesivam ente prolijo sobre la
evolución coyuntural de la red vi aria regional a lo largo del S. XIX y prim eros compases del XX.
Más bien se pretende introducir y articular al gunos de los momentos hi stóricos que, siem pre a
nuestro modo de entender, pueden ser consider ados com o etapas clave del proceso de
modernización y dotación de infraestructuras llevada a sus últim os efectos por parte de la
Administración Central del Estado. En efecto, a pa rtir de las aportaciones de la política de
planificación correspondiente a cada una de las diferentes etapas seleccionadas, será posible
llegar a conocer el estado de la malla de co municaciones regional. A renglón seguido, el grado
de operatividad de la red de transportes, según resu ltase ser la oferta de conectividad territorial.
Finalmente, podrem os seguir algunos de los pr oblemas que desde tiem po atrás ha estado
padeciendo la red de transportes regionales. Aún más lejos, algunos de los m ismos han
perdurado hasta tiempos bien recientes com o lo pr ueba el hecho de que bien entrados los años
1980 y 1990, todavía existen factores tan condicionantes como son los siguientes:
1) La escasa capacidad de transporte que ha venido acusando la red viaria regional,
siendo buena muestra de lo advertido la participaci ón de f actores como la longitud total de la red
gallega, la anchura de su plataforma, etc.
2) Las dificultades de conectividad interregi onal sobrevenidas por causa de la escasa
dotación de infraestructuras de transporte. La presencia de una red dotada de trazados
inadecuados para operar en favor del desarrollo integral del territorio, así com o también la
incidencia adversa que el medio físico regional le reporta a la red de transporte de Galicia. La
topografía regional y su disposición sobre el territo rio repercuten en que la red de transportes de
Galicia alcance un elevado índice de sinuosidad (trazados con bajos radios de curvatura), a la v ez
que es te mismo factor es el que explica que la re d tenga que superar tram os provistos de elevados
niveles de pendiente.
3) Los bajos estándares de accesibilidad terr itorial tanto a escala interregional como
50
intrarregional.
4) Las malas condiciones de los firm es de la red viaria regional debido a la escasa
dotación de inversión pública tendente a velar por la conservación y reparación de los m ismos.
5) El considerable retraso en la ejecución de la red ferroviaria de Galicia. Además, los
niveles de operatividad referidos a oferta de viaje y velocidad comercial no son siquiera
equiparables a los del conjunto del Estado.
6) El continuo olvido al que se ha visto sometida Galicia por cuanto no se le dotó en su
tiempo de aquellas infraestructuras de transporte s modernas y adaptadas a su desarrollo regional
para así romper con el lastre del aislam iento territorial.
Se trata, en suma, de facilitar un poco m ejor la comp rensión de las vicisitudes históricas
por las que tuvo que atravesar la red viaria regi onal. Al tiempo, esta exposición nos servirá de
referente sobre el estado de desarrollo que alcanzaban las infraestructuras de transporte en las
distintas etapas históricas del estudio y su c ontribución al desarrollo regional. Así pues, y en
razón de tales circunstancias, merece la pena detenerse en varios de los mom entos históricos más
relevantes del pasado que siguió la planificaci ón de las infraestructuras de comunicaciones y
transportes en España.
2.2. La planificación de las infraestructuras de transporte por carretera en la
segunda mitad del XIX: los planes de carreteras de 1860, 1864 y 1877 .
El punto de partida para el análisis de la red de comunicaciones m oderna de España, en lo
conce rniente a obras públicas de nueva construcción, lo constituye la Ley de 22 de Julio de 1857:
Ley de Instrucción Pública , que venía a suplir las carencias de aquella otra que se había
aprobado unos años antes y cuyos contenidos habían quedado rápida mente desfasados ( Ley de 7
de Mayo de 1851 ). El interés que en nosotros despierta la Ley de 1857 se centra, exclusivamente,
en dos aspectos relevant es para la planificación te rritorial de infraestructuras de transportes. Por
un lado, se propone el diseño y realización de un Plan de Carreteras , pero también, y ya
entramos en el segundo de los aspectos, se dotab a al Estado de las competencias precisas para
poder desarrollar la ejecución de carreteras provinciales y vecinales que previamente se
incluyesen en dicho Plan de Carreteras . En consecuencia, esta Ley no hacía otra cosa que
incrementar el m arco competencial del Estado que hasta ese m omento estaba restringido a la
51
ejecución del trazado de los principales ejes viarios del territorio nacional 1 . Visto en todo su
conjunto, el propósito que inspiraba el tipo de pl anificación propuesta trataba de incrementar, de
una forma continuada en el tiem po y para los di stintos territorios que conformaban el Estado, la
red viaria del mism o. Pero a la vez, se adivinaba también un propósito m ás amplio y estructural
que se concretaba en la configuración de una red que perm itiese la conectividad entre las
carreteras generales y aquellas otras de rango infe rior. Al mism o tiempo que este objetivo se iba
materializando, el Plan aportó otra novedad m ás. En esta oportunidad, la planificación de la red
viaria nacional programada pretendía que el traza do de la m isma se esforzase especialm ente en
dotar al Estado de una equitativa integración modal del transporte. Así, entonces, se pretendía
que la red de carreteras del Estado incidiese en la consecución de un m a yor gr ado de cohesión y,
por ta nto, de articulación territorial del mism o. Se había propuesto habilitar los oportunos puntos
de enlace entre la carretera y el trazado de la red ferroviaria de la época p a ra contribuir a integrar
ambos sistem as de comunicaciones.
Tratando de realizar un comentario en cierto m odo descriptivo sobre alguna de las
características del Plan aprobado, nos detendremos en la propuesta de clasificación de la red
viaria nacional, la cual estaba contemplada en dos grandes epígrafes:
a) Vías de servicio público.
b) Vías de servicio particular.
En referencia a las vías de servic io público y siguiendo lo que proponía la Ley de 1851 ,
las mism as se encontraban clasificadas jerárquicamente en tres grandes grupos. 2 La red
1 En efecto, la importancia de la planificación resulta de considerable interés porque ahora se podían diseñar las
mallas de la red viaria nacional lo m ás homogéneas posibles. No obstante, estas actuaciones de planificación
propuest as por e l Estado no impedían que las diferentes ad m inistraciones provinciales, e incluso las ciudades y villas
cola borasen en la ejecución de las obras program adas. Además, tampoco se coar taba a estas administraciones locales
en el diseño y ejecución, eso sí, por su propia cuenta, de todas aquellas carreteras que fuesen consideradas de su
interés para dar servicio a las poblaciones.
2 En la Ley de Carreteras de 1851 o tam bién Ley Arteta , se disponía la red nacional según resultase ser, primero,
la competencia jurídica de la m isma, y, después, los itin erarios que seguían los distintos trazados de la red. Con
atención al primero de lo supuestos, la com petenci a de la red, ésta quedaba ordenada como sigue:
1) Carreteras del Estado .
2) Carreteras de las diputaciones .
3) Carreteras de los pueblos .
En relación ahora a la clasificación de la red viaria según resultase el itinerario de sus trazados, ésta se
52
individualizaba los ejes viarios de primer orden, todos aquellos que partie ndo de Madrid (origen)
se dirigían hacia las capitales de provincia, depa rtamentos de m arina y aduanas habilitadas para
la práctica comercial con el extranjero 3 . Igualmente adoptaban el rango de vías de primer orden
aquellos viales habilitados para servir de enlace a las líneas de ferrocarril. También cum plían la
prerrogativa de ser vías de primer orden las carreteras destinadas a comunicar entre sí dos o más
líneas ferroviarias previo paso por poblaciones de más de 15.000 habitantes. Finalmente, en este
mism o grupo jerárquico se encont raban aquellas carreteras destinadas a comunicar entre sí dos o
más vías de prim er orden. Para ello era preciso que el trazado de estos ejes discurriese por
poblaciones con un umbral de población superior a los 20.000 habitantes, o cuando el m ismo
impulsase la conectividad territorial de alguna capital de provincia que en aquel entonces
estuviese registrando densidades circulatorias considerables y crecientes.
A este tipo de vías le seguían en importancia las de segundo orden , que estaban
constituidas por aquellas carrete ras q ue d otab an de conectividad a do s capitales de provin cia. De
dividía en:
1) Carreteras generales y transversales .
2) Carreteras provinciales .
3) Carreteras locales .
Las carreteras generales eran aquellas que partiendo de Madrid se dirigían a lugares tales com o: capitales de
provincia o cabeceras de departamentos de marina, as í como tam bién hacia aquellas aduanas donde existía un
elevado movim iento de mercancías. Por últim o, este grupo también contemplaba aquellas carr eter as derivacionales
que la Administración del Estado m andaba ejecutar para dotar de conectividad a la red nacional. Por carreteras
transversales había que en tender aquellas c uya disposición de su itinerario estuviese destinado a enlazar a dos o más
carreteras generales , para así ofertar una conectividad a las capita les de provincia y a las grandes poblaciones. Las
provinciales eran las destinadas a im pulsar en el enlace de las generales con las transversales o, también, aquellas
cuyo trazado tratase en poner en contacto directo a varias provi ncias entre sí. Finalmente, la m alla viaria se cerraba
con las locales . En este grupo se incluían todas aquellas qu e resu ltas en ser d e interés parti cular de los m unicipio s. La
Administración Pública del Estado disponía que las obras de esta red fuesen ejecutadas con cargo a los presupuestos
municipales, los costes fijos deducidos de la conservación de las m ismas.
3 A raíz de la promulgación de la Ley de Instrucción Pública por parte del ejecutivo que presidía Narváez y siendo
titular de la cartera de Fomento Claudio Moyano, se procedía a clas ificar a la red viaria del Estado según la tipología
siguiente:
1) Vías de primer orden .
2) Vías de segundo orden .
3) Vías de tercer orden .
53
igual modo, eran consideradas carreteras de segundo orden aquellas cuyos trazados estaban
destinados a articular poblaciones de más de 10.000 habitantes o poblaciones cabeceras de
partido judicial, bien con el transporte ferroviar io o bien con la disposición de las líneas de
primer orden . Asimism o, adquirían este mism o rango aquellos ejes cuyo cometido estuviese
centrado en conectar el trazado de la red ferroviar ia respecto de una red viaria de primer orden.
Por último, y para el caso concreto de Canarias y Baleares, la categoría de vías de
segundo orden se aplicaba a la comunicación de la capital provincial respecto a aquellos otros
puntos marítim os fundamentales de la isla, as í com o también incluía las que tenían com o
cometido asegurar la dem anda de conectivid ad territorial a los centros de producción o
exportación.
En último térm ino figuraban las carretera s de tercer orden . Su cometido era más discreto
en cuanto a pretensión de conectividad territo rial, pero no así en lo referente a dotación de
servicio para la población. Pertenecían a esta clasificación aquellas carreteras que resultasen de
interés para dotar de conectividad a una o más poblaciones pertenecientes a la m isma o a distinta
provincia. 4
En razón a todo cuanto hasta aquí se ha expuesto, cabe indicar que la Ley de 1857 (Ley
Moyano), que a su vez corregía los contenidos program áticos promulgados en la Ley de 1851
(Ley Arteta) , fue la génesis del Plan General de Carreteras sancionado el 7 de Diciembre de
1860. 5 Así pue s, de la planificación aprobada pode mos extraer algunos indicadores que explican
la operatividad con que la red viaria nacional es taba prestando su servicio en el territorio. El
primero responde, com o es obvio, al nivel de desa rrollo alcanzado en la fecha de referencia por
la red estatal, según la longitud total de la m isma expresada en kilómetros. A continuación,
haremos m ención a la estructura jerárquica de la red viaria nacional atendiendo a la
especificidad de los ámbitos de su nomenclatura y tipología . La red del Estado quedaba
ordenada y dispuesta como sigue:
4 Revista de Obras Públicas , 1º de Diciem bre de 1869. Madrid.
5 Al introducirse en los contenidos compi lado s po r el Plan General de Carreteras de 1860 se llega a la conclusión de
que el diseño de su modelo de intervención era m ás pr opio de un catálogo de actuaciones que de una planificación
propiamente dicha. En prim er lugar, en el Plan no se de finían las intervenciones program áticas ni las ejecuciones
inversoras a realizar para todo su período de vigencia. Ad em ás, tam poco se ultimaba el orden de prioridades que la
Admini strac ión d el Est ado d ebía llevar a efecto. Por último, no se concretaba gran cosa el carácter de las actuaciones
a acometer. En el docum ento únicam ente se daba cuenta de las carreteras construidas, así com o de aquellas otras
pendientes de construcción.
54
1) La red viaria del Estado estaba conformada por un total de 34.353 km.
2) La de primer orden estaba integrada por 13.608 km.
3) La de segundo orden estaba conformada por 10.563 km.
4) La de tercer orden la constituían un total de 10.182 km.
Además, se debe tener bien en cuenta que del total de la red planificada todavía restaban
por construir un total de 22.000 kilómetros cuyo com etido correspondía plenamente al Plan
General de Carreteras de 1860. 6
Prosiguiendo con algunos de los indicadores que incidían en la operatividad de la red
viaria en el conjunto de su territorio, no fijaremo s a continuación en los caracteres específicos de
la plataforma de las carreteras: caracteres geom étricos de los trazados referidos a los radios de
curvatura de la red (entre 8 y 10 m), porcentaje de la s pendientes (entre el 10 y el 12%), tipo de
pavimento de los m ismos (MACADAM) y ancho de los firm es. El conjunto de tales indicadores
condicionaban directamente los estándares de accesibilidad territorial. En prim er término,
porque a resultas de la anchura de las distintas plataformas que com ponían la red viaria nacional
se podía conocer con detalle la capacidad de carga que la mism a ofertaba al tránsito com ercial.
Además, el alcance de este indicador perm itía inferir que íntim amente relacionado con la
cap acidad de la red se encontraban los niveles de velocidad comercial, así como la seguridad vial
del tráfico. Para concluir, la naturaleza y estado de los firmes de la red concluiría por aclarar
cuáles eran los condicionantes con que se estaba encontrando la demanda de transportes.
Efectivamente, sería en base a los principios recogidos en la Real Orden de 6 de Agosto
de 1861 donde se había procedido a establecer los anchos de los firmes que habían de regir en el
modelo de clasificación jerárquica de la red viaria nacional. Las vías de primer orden tenían
establecido un ancho de 8 m, las de segundo orden 7 m , y las de tercer orden 6 m.
Finalmente, hay que conocer la longitud total que alcanzaba la red viaria de titularidad
nacional que en la fecha se encontraba operativa en cada una de las cuatro p rovin cias de Galicia,
reseñando, al tiempo, su propia estructura así com o también clasificación jerárquica y f unc ional
con la que ésta aparecía distribuida por el conj unto del territorio. Asimism o, resulta de interés
indicar ahora cuáles habían sido las previsiones de dotación de capital social fijo que la AA.PP.
del Estado en materia de infraestructuras de tran sporte por carretera tenía previsto ejecutar en
6 La planificación de la red viari a nac iona l con tem plada en el Plan de Carreteras de 1860 respondía, según se recoge
en la fuente: Estadística de obras públicas del Ministerio de Fomento, a la neces idad de que el Estado disfrutase de
una red acorde a la actividad económica y a las partic ulares circunstancias tecnológicas de la época.
55
Galicia. El esfuerzo inversor aludido puede convenientemente ser seguido en base a las
informaciones estadísticas glosadas en las dos tablas siguientes.
Sin embargo, la ejecución de toda la red no se hará efectiva en su plenitud hasta entrado
el S. XX. Ciertamente, la razón que justifica esta lentitud hay que contemplarla en función de las
potencialidades del ferrocarril como m edio de transporte de masas, así com o también a las
ventajas comparativas con las que esta m odalidad concurría en el mercado: capacidad de carga,
velocidad comercial m ás elevada que la carretera y costes de transporte más bajos para la
demanda. Adem ás, el esfuerzo inversor que la Administración del Estado estaba destinando a la
ejecución de una red de transportes por carretera modernizada, se encontró con la pujanza que
estaba teniendo el ventajoso transporte por ferrocarril, a tenor de:
a) Mejores expectativas de financiación públi ca por la llegada de capitales extranjeros
para ser invertidos en la construcción del ferrocarril. 7
2) La oferta de transporte ferroviario alcanzab a unos niveles en la prestación de servicio
referidos a capacidad de carga movida, accesibilidad y velocidad com ercial más ventajosos que
los propios de la red viaria de la época, máxim e si tenemos presente que el sistem a de
7 En efecto, una vez que la Administración del Esta do m odifica, en virtud de la promulgación de la Ley General de
Ferrocarriles de Junio de 1855, las condiciones de explotación de los ferrocarriles españoles, reguladas éstas
inicialmente por la Real Orden de 31 de Diciembre de 1844, se procedía a legislar, de nuevo, las condiciones que
habrían de regir en la concesión y explotación de líneas fé rreas por parte de las compañías que se decantasen por su
construcción. El resultado fue que el nuevo marco norm ativo propuesto impulsó un crecim iento del tendido
ferroviario inusitado hasta la fecha, pasándose de los in iciales 28 km correspondientes al tramo Barcelon a-Matar ó a
los 6.124 km al cierre del ejercicio de 1875. Aún m á s lejos, como prueba de que la inversión privada de capitales
(nacional y extranjera) se estaba destinando hacia la cons trucción del ferrocarril sirva de ejem plo que en el año 1865
se ejecutaron un total de 929 km de vía férrea, constituyendo este registro el má xim o nivel de construcción de todo el
siglo.
Ahora bien, para explicar los incentivos propuestos por la Adm inistración del Estado a la afluencia de
capitales privados destinados a cubrir los costes genera les de construcción de la red férrea nacional, cabe que
destaquemos las siguientes ventajas económ icas impulsadas en favor de las com pañías constructoras:
1) La Administración del Estado trataba de evitar el riesgo de las inversiones privadas. Para ello, se
garantizaba a las empresas constructoras la consecución de una re ntabilidad m ínima de referencia fijada en el 6%
interanual del capital invertido.
2) Se permitía la libre imp ortaci ón de ma terial es para que fuesen dest inados a la constru cción del ferr ocarril
(exención de aranceles a las importaci ones de materia prim a y manufacturas).
62
industrialización de la ma no de los sectores textil y de la industria siderometalúrgica, 15 justifican
que la economía nacional entrase en una fase de creciente expansión, cuyos beneficios netos
contribuyeron a cimentar la constitución de un pujante sector bancario en manos de empresarios
nacionales. Ahora bien, a tenor de la dilatada e infructuosa trayectoria que el proceso de
industrialización había conocido en nuestro Esta do, puede aseverarse que en España esta
dinámica concluyó por no consolidarse plenam ente en el S XIX. Además, la industrialización
española presenta un amplio conjunto de indicador es que son los que en últim o término aclaran
el hecho de que ésta se hubiera quedado rezagada respecto a los países donde el fenóm eno de la
industrialización tuvo lugar con mayor prontitud e intensidad.
En este sentido cabe apuntar que mientras los restantes países europeos habían
comenzado su industrialización en el prim er tercio del S. XIX, en el caso español el proceso
industrializador únicamente se encontraba polari zado en torno a Cataluña (textil), País Vasco
(siderometalurgia) y la explotación m inera de Asturias. 16 En este contexto, el modelo de
desarrollo regional registrado en Galicia en el tr ánsito del S. XIX al XX se caracterizaba porque
éste apenas había supuesto una ruptura efectiva respecto de las estructuras productivas
tradicionales. 17
En consecuencia, pues, la acumulación de capitales procedentes de las prim eras fas es d e
la industrialización no repercutió, como sería de suponer, en una inversión de capitales en el
sector industrial, para contribuir así a la consecución de dos factores claves: 18 la diversificación
15 MALUQUER DE MOTES, J. Factores y condicionamientos del proces o de industrialización en siglo XIX , pág.,
20 y sig., en: FERNÁNDEZ DE PINEDO, E., y HERNÁNDEZ MARCO, J. L. La industrialización del norte de
España . Edit. Crítica y Universidad del País Vasco.
16 Para obtener una información m ás amplia y com pleta a cerca de la naturaleza de los problem as que le tocó sortear
a la economía española para im pulsar el proceso de i ndustrialización se puede seguir en la obra de: TORTELLA
CASARES, G. Los orígenes del capitalismo en España . Edit. Tecnos. 1973. Madrid.
17 VILLARES PAZ, R. Historia de Galicia, pág., 124. Edit. Alianza. 1993. Madrid. Recuerda VILLARES que el
modelo de desarrollo que Galicia conoció en el S. XIX presentaba “un aspecto ciertamente contradictorio que
procede de la profunda oposición entre la incapacidad de la so ciedad gallega para m odernizarse en su tránsito a la
épo ca co ntempor ánea y su inte gración en el sistem a económico y político español, históricam ente más desarrollado”
(pág., 124).
18 CARMONA BADÍA, J. La economía del Siglo XX: Una panorámica , pág., 3-16, en: Revista Papeles de
Economía Española . Economía de las Comunidades Autónomas: Galicia. Edit. FIES. 1994. Madrid.
0
10
20
30
40
50
60
70
80
1860 1877 1887 1900 1 910
Ag r icu ltu r a
I n dus t ri a.
Ser v ic ios .
Ilustración 1: Evolución de la población activa nacional distr ibuida por sectores de ocupación y expresada en
porcentajes. 1860-1910.
de la estructura productiva auspiciada por la progresiva modernización de la econom ía
nacional y la difusión por el territorio del proces o industrializador. Por el contrario, el capital
privado comenzaba a dirigirse hacia un sector productivo en alza: la explotación de energía
eléctrica, en vista de sus mejores expectativas de rentabilidad y donde el riesgo de las in versio nes
era más bajo.
Ahora bien, como se apuntó previam ente esta etapa no estuvo ausente de adversidades.
Así, al examinar la estructura de la población activa española según M. MARTÍNEZ
CUADRADO se descubre como existían unos elevados niveles de activos agrarios, que
expresaban una escasa modernización de la estructura económ ica nacional. 19 El análisis de la
tabl a permit e comprobar cóm o la participación de la población activa agraria se había mantenido
estacionariamente en niveles del orden del 65 al 70% para el intervalo 1860-1910. Por el
contrario, la participación de la población activa i ndustrial oscilaba en torno al 15%, mientras
que la del sector servicios quedaba fijada en el orden del 20%.
Tabla 2.3.1
Evolución de la población activa nacional distribui da por sectores de ocupación y expresada en
porcentajes.
Distribución 1860 1877 1887 1900 1910
19 MARTÍNEZ CUADRADO, M. La burguesía conservadora. 1874-1931. Historia de España . Edit. Alfaguara, VI.
Alianza Editorial. 1973. Madrid.
63
64
sectorial.
Agricultura 63,1 64,2 61,3 68,5 67,5
Industria. 14,6 13,7 16,2 15,8 15,6
Servicios. 19,6 19,8 20,1 18,8 20,1
Fuente: Elaboración propia a par tir de MARTÍNEZ CUADRADO, M. La burguesía
conservadora. 1874-1931.
Asimism o, y por si el peso de este factor no fuese lo suficientemente im portante como
para poner en peligro el proceso de desarrollo industrial, recordarem os que en el año 1898 se
había producido la independencia de las colonias de ultramar, por lo que España perdía una
importante fu ente de recursos. Por otra parte, en el terreno político la etapa de la Restauración
Borbónica comenzaba a introducirse por un cam ino que le empujaba hacia la crisis , en virtud de
la inestabilidad política y social en la que se iba a encontrar sumida la nación.
En resumidas cuentas, una vez que el m onarca Alfonso XIII accede al trono, en 1902,
éste había tratado de participar activamen te en la vida política nacional. Así, los Gobiernos
correspondientes a esta etapa histórica habían pr etendido impulsar la ejecución de obras públicas
de nueva construcción como una de sus m ás relevantes actuaciones de Gobierno . En
consecuencia, pues, uno de sus principales come tidos había sido incidir activam ente en la
dotación inversión pública en materia de infraestruc turas de com unicaciones y transpo rtes, po r lo
que no le era ajeno al Rey la necesidad de ad aptar la red viaria nacional a las necesidades
económicas del país. En razón a lo expuesto, cabe referir que el 30 de Julio de 1904 se
sancionaba la Ley de Caminos Vecinales , cuyo propósito para con la dotación de inversión
pública en mat eria de in fraestructuras de transporte s se centró en la creación de una malla de este
tipo de vías en el inter ior del Estado, quedando arbitrada la actuación para cada región a cargo de
las Juntas de Distrito y las Juntas Provinciales .
Con referencia ahora a las previsiones de dotación de inversión pública en materia de
infraestructuras de transportes y comunicaciones por carretera a ejecutar en Galicia para el
período de la segunda mitad del S. XIX y prim er a década del S. XX, cabe apuntar en esta
dirección que las informaciones estadísticas glosadas en las Memorias de Obras Públicas nos
brinda la posibilidad de que advirtamos el conjunto de las transform aciones más relevantes que
se fueron conociendo.
Tabla 2.3.2
Planificación de la red viaria gallega según la Memoria de Obras Públicas de 1856.
Carreteras generales. Situación de la carretera. Observaciones.
65
Madrid-A Coruña. Construida
Ferrol-Rábade. 14 km construidos. 31 en fase de construcción.
Ourense-Pontevedra. 28 km construido s. 64 en fase de construcción.
Madrid-Vigo. 174 construidos y 214 en fase de
construcción. Faltaba el tramo Ourense-A
Canda que se encontraba en
fase de proyecto.
Carreteras transversales. Situación de la Carretera. Observaciones.
Santiago-Lugo. 45 km construidos. 46 en fase de construcción.
Betanzos-Ferrol. 17 km construidos. 22 en fase de construcción.
Santiago-Ourense. 46 construidos. 56 en fase de construcción.
A Coruña-Vigo. 152 km totalmente construidos.
Provinciales. Situación de la carretera. Observaciones.
A Coruña-Carballo Construida.
Ribadeo-Porto Construida.
Fuente: SEGUNDO MONTESINOS, C. Memoria sobre el estado de las carreteras españolas .
1856. URIOL SALCEDO, J. I. Historia de los caminos de España . Vol II. Siglos XIX y XX .
Elaboración propia.
Para terminar, señalarem os que la ejecución de los trazados de las carre teras d escrita s en
la tabla oportuna se fue concluyendo progresiv am ente antes de la llegada del año 1868. Sin
embargo, la m alla viaria gallega no quedaría todavía concluida. Así, a la red hasta ahora
enunciada habrá que agregarle el trazado de aquellas carreteras destinadas a dotar de
conectividad interna a las ciudades del interior (Ourense-Lugo), así como también a las com arcas
del interior respecto de las litorale s (Vilalba-Viveiro y Santiago-Noia), a fin de lograr articular el
sistema urbano regional de la época. Pese a todo, todavía perm anecían en proyecto un elevado
número de tram os de la red. Por una parte, no se había cerrado la malla de carreteras destinada a
conectar las comarcas interiores respecto de las litorales, para así im pulsar el desarrollo
socioeconómico de las m ismas (Vilalba-Ribadeo) . Adem ás, tampoco se había logrado articular
plenamente las comarcas litorales entre sí (Ribadeo-Viveiro, Ribeira-Noia) y ni siquiera se había
dotado de la oportuna conectividad viaria a las ciudades interiores respecto de importantes
comarcas (Valdeorras-Lugo).
Finalmente, las inversiones públicas en carreteras destinadas a ofrecerle a Galicia unos
accesos desde el exterior se caracterizaban por la lentitud y la escasa previsión de oferta de
conectividad territorial. Así pues, en un extrem o harem os figurar aquí al hecho de que la
Administración del Estado había pr iorizado las relaciones interregionales de Galicia m ediante el
acceso a la Meseta para aquella demanda de transporte que tuviese uno de sus extrem os de viaje
en Galicia. No obstante lo anterior, esta directriz tropezaba con el condicionante de que el
66
trazado de los tramos que deberían permeabilizar la conexión de Galicia con las restantes
provincias del Estado todavía se encontraban en una fase de proyecto, com o ciertamente lo
atestigua el caso de la carretera de Puente de Domingo Flórez a Ourense (siguiendo el curso del
Río Sil). En el otro extremo situarem os ahora a la situación en la que en esta etapa se encontraba
operando la red viaria gallega que se encontraba abierta al tráfico comercial. Ciertam ente, si
examinam os con detenimiento el trazado de la red viaria que geográficam ente contribuía a la
dotación de conectividad territorial de Galicia descubrimos de m anera palmaria com o los
itinerarios que estaban abiertos al tráfico general tendían a acusar una excesiva dependencia
respecto del diseño de una traza de carreteras que respondía a una concepción acentuadamente
radial d e l a r e d . Así, el trazado de la red general des tinada a impulsar la articulación de Galicia
tanto con Asturias como con el resto de las regiones situadas en la fachada cantábrica (relaciones
transversales ) había sido relegada al olvido , toda vez que la Administración del Estado había
considerado como enlaces prioritarios a ejecu tar aquellos que conectarían a Galicia con la
Meseta.
La baja asignación presupuestaria que la Administración del Estado había previsto
invertir en el trazado de la red gallega daba como resultado que las actuaciones no se tradujesen
en mejoras suficientes en las condiciones del tr ánsito. Se hacía preciso, pues, que el Estado
destinase las oportunas partidas presupuestarias destinadas a velar por la conservación y el
mantenim iento de la red viaria nacional a su paso por el territorio gallego. 20 A modo de
conclusión de este comentario presentam os la tabla que muestra la dotación de infraestructuras
de transporte por carretera para el período intermedio de vigencia del Plan General de
Carreteras de 1877 . Como se aprecia, al no introducirse en la tabla los cam inos locales de
Galicia se aprecia que la red viaria nacional había crecido en una longitud escasa. En efecto,
tratando de no efectuar una lectura sesgada de las inform aciones que se recogen en la tabla
correspondiente, descubrimos com o son dos las variables que adquieren mayor relieve dentro de
la mism a. Atendiendo a la red viaria del Estado que prestaba su servicio en Galicia, ésta no se
adaptaba en la época a las necesidades reales del territorio. A primera luz y d entro de una lectura
apresurada , los datos podrían parecer aceptables. Ahora bien, cuando se trata de someter a
examen la participación de la red viaria de l Estado respecto de la población que contabilizaba
Galicia en el Censo de 1887 se descubre, de inmediato, com o la participación de la red del
20 SAURÍN DE LA IGLESIA, Mª. R. Apuntes y documentos para una historia de Galicia en el S. XIX , pág., 188-
192. Edic. Excma. Diputación Provincial de A Coruña. 1977. A Coruña.
67
Estado en Galicia y la distribución de ésta por provincias se encontraba en unos umbrales
considerablemente m ás bajos que los obtenidos por la media española. Con atención ahora a los
valores con que participa la red viaria nacional re specto de la extensió n te rritorial, los resultados
de la tabla pueden inducir a error. Para empezar, las densidades de la red gallega eran
ligeramente superiores a la m edia nacional, pero esta circunstancia venía justificada, más bien,
en razón a la escasa dotación de infraestructuras de transporte que el Estado había acometido en
regiones tales como Extrem adura o la actual Castilla-La Mancha. 21 Además, no debe olvidarse el
explícito fin que cumplen las carreteras: dotar de conectividad a las poblaciones del territorio. En
consecuencia, pues, si tenemos presente que Galic ia era, y todavía lo si gue siendo, la región del
Estado que participaba con el mayor núm ero de entidades de población, apreciamos com o la
densidad de la red viaria debería haber sido mayor que la de l a media general, y ello aún máxim e
si señalamos que el índice de dispersión geográfica del poblamiento gallego en aquella época era
de 1,06 entidades de población/km 2 , m ientras que este mism o indicador para el conjunto del
territorio español estaba cifra do en 0,1 entidades de población/km 2 . Así pues, bien puede ser
sostenida la idea de que el trazado de la red de bería haber cubierto un territorio bastante más
amplio, tratando de articular a las cabeceras de com arca respecto de las principales ciudades
gallegas de finales del XIX. Esta iniciativ a lejos de suponer una desm esurada dotación
presupuestaria procedente del Estado, acabaría conform ando una malla que posibilitaría, a finales
del XIX, la conectividad de las principales ci udades gallegas entre sí por m edio de la red de
primer orden; sucediendo que, al tiem po, se contribuiría de forma di recta a superar el aislamiento
interior en el que se encontraba una buena parte del espacio gallego.
Tabla 2.3.3
Distribución territorial por provincias de la red de carreteras del Estado en Galicia para el
ejercicio de 1896.
Provincia Longitud en km. Densidad long.
km/1000 hab 22 . Densidad long.
km/100 k m 2 Población total en
1887.
A Coruña. 765,687 1,2 9,6 613.778
Lugo. 662,901 1,5 6,7 431.865
21 URIOL SALCEDO, J. I. Historia de los caminos de España, pág., 59 y sig., Vol. II S. XIX y XX . Edic. Colegio de
Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, núm ., 41. 1992. Madrid.
22 El cálculo de la densidad de la red viaria nacional en Galicia respecto de la población provincial se efectuó
tomando com o referencia la población del Censo de 1887. La razón responde a que los valores del mism o habían
sido los que se encontraban en vigor hasta la fecha en la que se había publicado la Memoria de 1896-1897 .
68
Ourense. 512,241 1,2 7,0 405.865
Pontevedra. 605,825 1,3 13,4 437.953
Galicia. 2.546,654 1,3 8,6 1.888.640
España. 32.512,489 1,8 6,4 17.560.352
%G/ E 7,83 72,22 134,37 10,75
Fuente: Elaboración propia a partir de la Estadística de Obras Públicas 1896-1897. INE.
2.4. Las aportaciones del Plan Gasset de 1914.
Las primeras actuaciones desarrolladas en la planificación de la red de com unicaciones
terrestres a inicios del S. XX, supusieron la derogación de la Ley que m antenía en vigencia el
Plan General de Carreteras de 1877 . Esto s e produjo al aprobarse una Real Orden en 1911. Esta
normativa constituía el prim er paso para proceder al diseño de un nuevo Plan General de
Carreteras que, en último térm ino, sería apr obado en 1914 y que se conoce como Plan Gasset .
La nueva planificación recogía ya en su art. 1 º el propósito que la Adm inistración del Estado le
había asignado al mism o. 23 Por una parte, se establecía que la planificación de la red viaria
nacional distribuida por las distintas provincia s correría a cargo del erario público, salvo, como
se apunta en el mencionado artíc ulo , que el Estado acusase una considerable carencia de crédito,
y, por consiguiente, se viese incapacitado para ejecutar la planificación programada. Por otra
parte, la Administración Central desem peñaría la labor de supervisión y se guimiento de la red del
Estado, a fin de paliar los problemas que el deterioro de las carreteras le suponían al tráfico;
haciéndose preciso, en consecuencia, que la Administración efectuase las inversiones
presupuestarias oportunas destinadas a conserva r la red. Finalmente, una anotación m ás puede
ser deducida del texto del artículo . En efecto, la dotación presupuestaria destinada a la
conservación y mantenim iento de la red viaria de Estado hay que contemplarla desde la
perspectiva de que a la Administración del Estado le correspondía velar por que la prestación de
23 El Plan General de Carreteras fue aprobado el 5 de Agosto de 1914 siendo actualizado dos años después por
medio del Decreto de 10 de Febrero de 1916 . El texto recogido en el art. 1º permite contem plar algunas de las
directrices que la Administración del Estado se proponía cumplir al señalar:
“Se aprueban las adjuntas relaciones por provincias que han de constituir el Plan General de Carr eter as de l
Esta do, c uyo estudio, construcción y conservación ha de correr a su cargo, y cuya ejecución ha de realizarse
con las ordinarias consignaciones incluidas en los su cesivos presupuestos del Ministerio de Fom ento y en
este concepto de servicio, a menos que las necesidad es imperiosas de él, obliguen a afectar al m ismo,
créditos extraordinarios que en su día se determinasen”
69
servicio público de transporte por carretera fuese el adecuado.
Sin embargo, los contenidos program áticos en los que incidía el Plan Gasset no
concluían únicamente con lo expuesto m ás arriba. Efectivamente, la adversa experiencia que
para la ejecución de los anteriores planes de carreteras había supuesto la aprobación por goteo
de diversas Leyes Especiales que fueron las que en últim a instancia originaron las ya aludidas
carreteras parlamentarias. 24 Así, como ya nos resulta bien conocido, este tipo de carreteras
habían pasado a engrosar el Plan General de Carreteras que en su época se encontraba en vigor.
Circunstancia ésta por lo que la promulgación del Plan Gasset suprim iese el hasta entonces
vigente Plan de Carreteras de 1877 y en paralelo pusiese fin a las carreteras parlamentarias .
Asimismo, a partir de este mome nto la planifi cación de la Adm inistración del Estado, en materia
de transporte por carreteras, tenía ante sí la difí cil tarea de definir cuál debería ser la red viaria
que le pertenecía, quedando finalmente la m alla es tablecida en base a los supuestos siguientes:
1) Las carreteras terminadas y las incautadas en esa fecha.
2) Las que se encontraban en fase de ejecución.
3) Las carreteras que estimase oportunas el Ministro de Fom ento, bien cuando éstas
procediesen del Plan suprimido y que a su v ez cum pliesen con un conjunto de características
previas. Pero en todo caso, nunca sin que el Mini stro del ramo hubiese consultado previam ente al
Consejo de Obras Públicas.
Entrando ahora a comentar las principales a portaciones program áticas recogidas en el
Plan Gasse t de 1914 , cabe señalar que éste estuvo vigente hasta el año 1939, fecha de conclusión
de la Guerra Civil . Al pre tender destacar algunas de sus directrices, merece señalarse que el Plan
exigía la oportuna programación de las actuaciones contempladas en el mism o. El primer paso
seguido por la Administración Ce ntral había sido la configuración de un catálogo de carreteras
afectas al Plan, definiéndose en el mism o las prio ridades del Estado a la hora de construir la red
programada. En el prim er apartado, la Administr ación del Estado situaba a la red viaria nacional
que para la planificación de la época era de urgente construcción . A este capítulo correspond ían
un tota l de 13.500 km de carretera de nueva ej ecución. El segundo de los m ismos estaba ocupado
por la red viaria de necesaria construcción , totalizando este grupo 11.000 km. Para finalizar, en
el tercero de los capítulos programados se enc ontraba la dotación de i nversión pública destinada
24 URIOL, S. L. Historia de las carreteras y los transportes por carretera en el S. XX. La construcción y
conservación de carreteras en el período 1896-1925 , Carreteras Autopistas , Madrid, Enero-Febrero 1981,
suplemento especial, núm., 4.
70
a ejecutar obras de fábrica, así como el trazado de las travesías de población.
A tenor de lo comentado hasta aquí , la plan ifi cación propuesta permite conocer varias de
las c aract erísti cas que i ndividualizaron a esta et apa. Com enzaremos indicando que planificación
se había planteado alcanzar una finalidad muy am bi ciosa en su cometido, la cual no era otra que
tratar de alcanzar una importante m alla de carre teras del Estado, como así lo confirmaba los
74.402 km propuestos. De ellos, un total de 45.633 km ya estaban ejecutados, mientras que 6.401
km se encontraban en fase de construcción y restaban por construir una cantidad aún
considerable (22.368 km). No obstante, en lo s veinticinco años que estuvo vigente el Plan Gasset
el ritmo de construcción de la red program ada fue de 256,0 km/año, experim entando la
construcción de los firmes de las calzadas la difusión de una m oderna técnica: el hormigón
armado. El nuevo pavim ento de los firmes acabó propiciando la consecuci ón de un a sustanciosa
mejora en las condiciones de rodadura al tráfic o, al tiempo que también lograba reforzar la
consistencia constructiva de los afirmados. Asim ismo, la m ejora constructiva de los firmes,
contrarrestaba los deterioros que tanto la concurre ncia del tráfico como los agentes atm osféricos
le ocasionaban a la red.
En paralelo, la Administración del Estado habí a caído en la cuenta del papel que cum plía
la red viaria vecinal, por cuanto era ésta la que ofertaba la prestación de servicio público de
transporte a muy diversos asentam ientos de población. Las medidas adoptadas para tratar de
impulsarla pasaban por la aprobación de un program a de subvenciones destinadas a cubrir hasta
el 25% de sus costes globales, financiándose lo s gastos restantes de las obras con cargo a los
presupuestos de las Diputaciones. La contribución de los municipios, que era la últim a de las
administraciones im plicadas en la causa, estaba asegurada toda vez que éstos debían facilitar la
cesión de los terrenos sobre los que supuestamente discurriría el trazado de la calzada, pero
además, colaborarían con la prestación de m ano de obra entre sus vecinos para realizar los
trabajos oportunos. 25
Ahora bien, el resultado alcanzado no fue de ningún modo el esperado en un com ienzo.
Así, la propuesta de cooperación entre cada una de las tres Administraciones dotadas de
competencias en m ateria de planificación de in fraestructuras de comunicaciones no fue todo lo
satisfecha que debería para lograr una mejora efectiv a en la oper atividad de la red viaria vecinal.
El resultado último de la propuesta de coope ración adm inistrativa había dado lugar a la
aprobación de la Ley de 29 de Junio de 1911 (tres años antes de que se hubiese aprobado el Plan
25 URIOL SALCEDO, J. I. Historia de los caminos de España, op., cit ., pág., 229.
71
Gasset de 1914 ), así como tam bién había sucedido lo propio con el reglamento de desarrollo de
23 de Julio de 1911 . En la exposición de motivos de la Ley se recogía el propósito de incrementar
el porcentaje de asignación presupuestaria con el que participaría la Administración del Estado
en la ejecución de la programación de la red vecinal. 26 La dotación de inversión pública en este
tipo de infraestructuras se explicitaba en dos apartados: subvenciones y anticipos . 27 Los
resultados esta vez no se hicieron esperar. Entre 1911 y 1925 la Administración Central llevó a
cabo un total de cinco Planes de Construcción de Caminos Vecinales , los cuales se
correspondían con las cinco convocatorias de concurso público efectuadas. El efecto para la red
fue bien considerable. Ciertamente, en la fecha en que se había prom ulgado la Ley , la red de
caminos vecinales del Estado estaba dispuesta com o sigue: un total de 20.000 km eran de
titularidad municipal, m ientras que 7.000 km correspondían a las diputaciones. Una vez
concluida la vigencia de los programas de constr ucción de caminos vecinales, la longitud total de
los caminos de nueva construcción se estim aba en 10.000 km realizados. 28 Así pues, de la
importancia de am bos valores puede obtenerse la conclusión de que el ritmo constructivo
correspondiente al conjunto de los 14 años que duró el Plan Gasset se tradujo en la
especialización de 714,28 km/año, y ello había sido posible gracias a que la econom ía española
atravesó por una coyuntura económica favorable.
Es un hecho probado que la dotación presupuestar ia destinada a fomentar la inversión
pública en materi a de infraes tructur as de trans porte por carretera en el período de 1914 a 1922 se
vio beneficiada por el estallido de la I Guerra Mundial (1914-1918), contribuyendo este factor a
transformar profundam ente la economía española. En prim er término, el estallido de la contienda
dio lugar a que la economía española orientase hacia la exportación a una buena parte de su
sistema productivo para, de este m odo, abastecer a las naciones beligerantes de aquellos bienes
en los que eran deficitarias. En segundo lugar cabe hacer mención a que el país se encontró con
el condicionante de tener que producir un c onjunto de productos destinados a su propio
26 La exposición de motivos es el prefacio con el que abre la publicación de una ley. En el mism o se suele consignar
la explícita naturaleza y temática de la ley en cuestión. Adem ás, en este apartado se apuntan las pretensiones y el
alcance que los legisladores han tratado de desarrollar en el propio cuerpo de la ley.
27 Según destaca URIOL SALCEDO, J. I. Historia de los caminos de España, op., cit. , pág., 229, el m ontante de
la primera de las partidas suponía entre el 40 y el 60% del coste total de del proyecto. Por lo que corresponde a
los anticipos, recuerda el autor que éstos podían ascender hasta un tercio de la subvención y “eran reintegrables
en plazos de hasta 30 años” (pág., 229).
28 Ministerio de Fomento. Revista de Obras Públicas , pág., 476. 1925. Madrid.
78
la pesca en fresco, así como tam bién la transf orm ación industrial de los productos derivados de
la mism a (conservas) para el abastecimiento del m ercado español. 32 Al tiempo, las
potencialidades naturales de Galicia no habían pasa do inadvertidas para la inversión privada. La
afluencia de capitales comenzaba a destinarse haci a la energía hidroeléctrica, por cuanto Galicia
disponía de una densa red hidrográfica con abundancia de ríos caudalosos para explotar sus
saltos de agua. 33 La inversión de capitales se encaminó a la explotación del sector hidroeléctrico,
a tenor de la creciente demanda de energía que las principales ciudades y villas com enzaban a
dejar sentir en esta etapa. 34
Pese a todo, la realidad interna en la que se encontraba sumida Galicia ponía de
manifiesto, al som eter a examen la distribución de la población activa por sectores de actividad,
que el papel que debería haber desempeñado la industrialización no había consumado con éxito
32 CARMONA BADÍA, X. Producción textil rural e actividades ma rítimo-pesqueiras na Galiza. 1750-1905.
Santiago. 1983. (Tesis Doctoral. Inédita). La importa ncia de las Tesis de CARMONA han sido resaltadas por
VILLARES PAZ, R. Historia de Galicia, op., cit ., pág., 155-156. 1993. Recuerda VILLARES PAZ que la
reactivación de la industrialización en Galicia fue incentivad a por el creciente dinam ismo que estaba conociendo el
sector conservero.
Así pues, al efecto de aportar algunas de las opi niones de CARMONA BADÍA, X., los factores que
incentivaron la explotación conservera en Galicia se basa ban en la presencia de una coyuntura externa e interna
favorable. Así, los indicador es eran los siguientes:
1) El desestanco o liberalización del comercio de la sal.
2) La afluencia de remesas de capitales procedentes de la em igración gallega.
3) Las nuevas orientaciones productivas y em presariale s de la población catalana radicada en Galicia, que
se encontraba explotando el sector conservero. Este col ectivo dejó de enviar a Cataluña una buena parte de los
beneficios netos obtenidos por la comercialización del producto conservero para orientarlo s hacia la industriali zación
gallega.
4) Crisis del sector industrial conser vero exterior (Bretaña francesa), por causa de que en sus caladeros se
produjo una acusada carencia de sardina, lo cual repercutió en el ritmo de la producción ante el hecho de ausencia de
materia prim a.
5) Apertura arancelaria a la llegada de tecnología ex tranjera destinada al sector conservero gallego.
33 BARREIRO FERNÁNDEZ, X. R. Historia de Galicia , pág., 71-72. Tomo IV Edade contemporánea . Edit.
Galaxia. 1981. Vigo.
34 Según contemplaba el Anuario Estadístico de España , en 1918 Galicia producía un total de 2.500.000 Kw.
media nte l a puesta en servicio de 52 centrales hidroeléct ricas. La potencialidad económ ica que cabía imputarle a este
sector despeja todo tipo de dudas cuando en 1921 la mism a fu ente estadística confirm a ba que la producción gallega
de energía eléctrica se había multiplicado por dos (5 .000.000 Kw.) y el total de centrales ascendía a 65.
79
la difusión de una inercia de modernización al c onjunto de la econom ía de la época como cabría
esperar. Esto mism o formulado de otro modo significa que la industrialización llam ada como
estaba a impulsar la m odernización de la econom ía gallega, tenía entre las sus causas de su
relativa inoperancia la baja dotación de infraestructuras de transporte modernas, capaces estas
últimas de im pulsar la transformación de la es tructura productiva y destinar la producción final
hacia los mercados. En efecto, la tabla pone al descubierto la escasa transform ación productiva
alcanzada por la economía gallega, pudiendo ser apreciado como ésta se encontraba m uy
dependiente del papel con el que participaba el sector primario.
Efect ivamente, si examinam os con detenimiento la situación en la que se encontraban las
tasas de actividad gallegas frente a las españolas , se descubre com o la evolución de las mism as
no es en nada similar, salvo en la prim acía que ostentaba el primario, síntom a inequívoco del
menor nivel de diversificación productiva de las cu atro provincias gallegas. La econom ía galleg a
en este período no había logrado alcanzar unos estándares capaces de proferir la reducción
progresiva de las tasas del primario en favor de los restantes sectores productivos.
En último térm ino, pues, tan sólo nos rest a efectuar un último apunte en el que se
explicite el papel que desempeñarían las inf raes tructuras de transportes sobre, primero, la
modernización de la econom ía regional, y, al lado de lo anterior, la distribución sectorial de la
población activa. Como resulta bien conocido, la re d de transporte gallega que se encontraba
abierta al tráfico comercial contribuía de m a nera clara a la modernización de la econom ía
regional, toda vez que posibilitaba la eficiente articulación entre las áreas productoras y las de
consumo. El relieve que cabe asignarle a este hecho se refleja en la génesis de un flujo de
capitales, trabajo y mercancías por el conjunto de Galicia. En razón, pues, a la aparición de tales
flujos se lograb an alca nzar efectos positivos tale s como la difusión del desarrollo económ ico y la
modernización productiva por todo el territorio gallego. La incidencia de am bos fenómenos
tenderían a resultar tanto más im portantes cuanto más densa fuese la m alla viaria regional,
cuanto mayor fuese su capacidad de carga, y cuan to m ás se ajustase la red a las demandas de
transporte. En paralelo, el funcionamiento de unas inf raestructuras de transportes eficientes
arrojaría como externalidad positiva el hecho de superar la situación en la que el sistem a
productivo regional se destinase esencialmente hacia el autoabastecimiento .
Resulta evidente, entonces, que en el caso de que la economía regional gallega no lograse
alcanzar la consecución de un atractivo nivel de articulación de su economía respecto de los
mercados nacional e internacional, com o ciertamente así sucedió durante m ás tiempo del
deseado, la tendencia resultante concluir ía por indicarnos que los principales trazos que tendían a
caracterizar la economía regional vendrían da dos por responder aquélla a un m odelo de
economía cerrada ( autárquica ), insuficientem ente diversificada, escasamente com petitiva,
fuertem ente dependiente de la producción exterior y, por último, débilmente transformada en su
estructura productiva.
Tabla 2.4.3
Distribución de la población activa gallega por sectores de ocupación entre 1900-1950. 35
(Valores en miles)
Año Primario % Secundario % Terciario %
1900 859 85,9 60 5,9 81 8,1
1910 760 83,3 66 7,2 84 9,2
1920 692 82,8 61 7,3 83 20,0
1930 597 65,3 134 14,7 183 16,0
1940 696 73,1 104 10,9 152 14,5
1950 829 71,9 157 13,6 168 16,2
Fuente: VILLARES PAZ, R. A Historia , pág., 183. Edit. Galaxia. Colección Biblioteca Básica
da Cultura Galega. 7ª Edic. 1992. Vigo.
E v ol ución de l a di s tr i buc i ón de l a pobl a ción a c t i v a
g
a lle
g
a por
s e ct ore s de a c t i v i da d.
0
100
200
300
400
500
600
700
800
900
1000
1900 19 10 1920 1930 1940 1 950
E v ol ución e n e l pe rí odo 1 90 0- 19 50
Va lo r t o t a l d e la o c up a c ió n
p o r secto r es.
Pr i ma r i o
S ec undario
T erc i a ri o
Ilustración 4: Evolución de la población activa ocupada por sectores de actividad económica. 1900.1950.
35 Para una información com plementaria pue de consultarse a HERNÁNDEZ BORGE , J. A poboación, pág., 306, en
la obra general: Galicia . Xeografía . Tom o XVIII. Edit. Hércules Ediciones. 1996. A Coruña.
80
81
Así pues, el esfuerzo inversor propuesto por la Administración del Estado respecto de
Galicia en el período de vigencia del Plan General de Carreteras de 1914 había descuidado la
calidad en la prestación de servicio público de transporte por carretera. La lectura más
concluyente que cabe efectuar sobre la relevancia de este indicador se refleja en que el territorio
gallego alcanzaba unos estándares de accesibilidad te rritorial relativam ente bajos, ocasionados
por la participación por un triple factor: el esta do de los firm es, la calidad de la red y la
capacidad de carga con la que prestaba servicio público de transporte la calzada. El papel que
ejercen estos indicadores al lado de aquellos otros ya referidos más atrás (características técnicas
del trazado, señalización horizontal y vertical, pr esencia y disposición geográfica adversa del
relieve, etc.), nos confirman com o el conjunto de los mismos repercutían en que las velocidades
comerciales fuesen m uy bajas.
En concl usión, pues, podemos indicar aquí que las actuaciones programáticas propuestas
por el Plan Gasset de 1914 fueron relevadas por un nuevo modelo de planificación de las
inversiones en materia de stock de capital público de transportes por carretera que entró en vigor
a partir de la segunda mitad de los años veinte . En consecuencia, pues, la Adm inistración del
Estado correspondiente de dicha época había pr ocedido, primero, al diseño y, después, a la
aprobación de una de las planificaciones que r ealmente sí tendieron a sentar las bases de
renovación, mejora y transform ación de toda la red española de infraestructu ras de transporte por
carretera: el Circuito Nacional de Firmes Especiales, aunque eso sí, las aportaciones concretas
que se hicieron efectivas en el territorio de Galic ia, como se tendrá ocasión de estudiar en el
epígrafe siguiente, fueron escasas. 36
2.5. Las aportaciones de la planificación propuesta por el Circuito Nacional de
Firmes Especiales a la red de carreteras .
Una vez detectados algunos de los déficits en los que había incurrido el Plan Gasset de
1914 , éstos centrados especialmente en las m ala s condiciones de rodadura que padecían los
36 El Real Decreto Ley de 9 de Febrero de 1926 procedía a aprobar el pl aneam iento del Circuito Nacional de Firmes
Especiales ( C.N.F.E. ). Según la autorizada opinión de URIOL SALCEDO, J. I. His toria de las Carreteras, op., cit. ,
pág., 72, El Ci rcuito Nacional de Firmes Especiales 1926-1931, Carreteras Autopistas , Madrid, Marzo-Abril, 1981,
suplemento nº 5 , será a través de la puesta en marcha de esta propuesta de planificación m ediante la cual se
transformará la red de carreteras, dando lugar al comienzo de “la época contem poránea del transporte por carretera
en España” (pág., 72).
82
firmes de la red viaria nacional, el Circuito Nacional de Firmes Especiales trató de organizar
mejor el territorio español gracias a la form ulación de tres objetivos: 37
1) La inversión pública en transportes y co municaciones se orientaba esencialm ente a
impulsar el turism o. Para ello, era preciso habilitar una red viaria capaz de sustentar las
cre cient es dema ndas de tráfico por autom óvil. Un objetivo que se supeditaba a la consecución de
estos propósitos consistía en la ejecución de firmes especiales en el conjunto de la red donde
estaba prevista la actuación del Circuito Nacional de Firmes Especiales . Adem ás, era necesario
mejorar las condiciones de seguridad vial en lo s nodos de enlace de las instalaciones ferroviarias
con la red de carreteras, procediendo a suprimir pasos a nivel, actuando en el acondicionam iento
y mejora de curvas, cam bios de rasante, peraltes, travesías, etc.
2) Impulsar la dotación de conectividad territorial a los principales centros generadores
de tráfico motorizado y, al tiem po, fomentar la viabilidad de un sistem a de transporte que
ofertase su prestación de servicio público en régimen de intermodalidad . En efecto, el C.N.F.E.
incluía, entre sus principales actuaciones de conec tividad territorial, los enlac es pra cticad os entr e
las poblaciones de mayor im portancia respecto a lo s centros y entornos turísticos, así com o
también hacia todas las áreas histórico-artísticas de elevadas poten cialidades . El increm ento de la
conectividad territorial traducida en términos de inversión para el conjunto de la red viaria
programada, 38 supuso que el Estado ejecutase una malla de 7.000 km de longitud, la cual excedía
de los 6.300 km inicialm ente programados. La ej ecución de esta inversión se llevó a efecto, de
modo preferente, sobre la longitud total de lo s principales itinerarios que com ponían la red
nacional. Así pues, la dotación de crédito presupuestario habilitado por parte del C.N.F.E. venía
a afectar básicamente a aquellos itinerarios que en aquella época se encontraban registrando los
mayores índices de dem anda de desplazamiento m edidos en términos de IMD.
37 URIOL SALCEDO, J. I. Historia de las Carreteras , op., cit ., pág., 72. El propio autor retom a la concreción de los
objetivos generales contemplados en el C.N.F.E. en Hi stor ia de l os cam inos de España, Vol II, siglos XIX y XX, op.,
cit., pág., 239, cifrándolos en la necesidad que la Administración del Estado tenía de:
1) Pretender que se llevase a efecto la mejora de los firmes en el conjunto de la red programada.
2) Definir una organización de la red para asegurar la efectividad del tráfico sobre la m isma.
3) Asignarle al programa del C.N.F.E. los recursos financieros necesarios destinados a la red de carreteras
del Estado.
38 TAMAMES, R. Estructura económica de España , pág., 421 y sig. Editorial Alianza Universidad Textos. 18ª
Edición. 1988. Madrid. Recuerda el autor que mediante el C.N.F.E. se lle vó a c abo l a “mejora del trazado y firm e de
los 7.000 km de carretera de prim er orden” (pág., 421).
83
3) Incentivar un marco de corresponsabilidad fiscal destinado esencialmente a garantizar
la financiación plena de las obras públicas planificadas por el C.N.F.E. Ciertamente, las partidas
presupuestarias incluidas en el C.N.F.E. procedían de tres fuentes de financiación: 39 la
Administración Central, los territorios incluidos en el Plan (provincias y m unicipios) y el usuario
benefici ado por la ofer ta de servicio. La prin cipal asignación descansaba, como resulta obvio, en
la aportación de crédito efectuada por part e de la Administración Central con cargo al
presupuesto ordinario del Estado. 40 A continuación, aparecían las partidas procedentes de las
imposiciones tributarias (pago de tasas y cánones ) a que se encontraba som etido el tráfico, por
cuanto éste debía abonar un gravamen en concepto de tasa de rodadura para los vehículos de
tracción a motor y a tiro. 41 En tercer lugar, la población residente en los municipios sobre los que
discurría el trazado de los itinerarios del Circuito Nacional de Firmes Especiales estaba obligada
al pago de una tasa por ser beneficiaria directa de los usuf ructos provenientes de la inversión. De
igual modo, las em presas prestatari as del servicio público de transporte (mercancías y pasajeros)
que operaban en la época se vieron sometidas al pago de un canon a la Adm inistración del
Estado. 42 En esta ocasión las razones aducidas eran bien diversas, sin embargo, a efectos de
39 En un comienzo, el R.D.L. de 9 de Febrero de 1926 por el que fue promulgado el program a del C.N.F.E. explicaba
que la financiación quedaría distr ibui da eq uitat ivam ente ent r e el Estado, las diputaciones y los municipios. Así, en la
exposición de motivos sobre este concepto se señalaba:
“Es base fundamental de esta propuesta que no ha ya de imponerse al Estado ningún nuevo sacrificio, y
tenga que contribuir tan solo con los recursos que fi guran en los Presupuestos ordinarios, debiendo ser las
Dipu taciones y Ayuntamientos, beneficiados con el turism o, y los automóviles y carros, que en la econom ía
de la tracción han de encontrar amplia com pensación, los que deberán cooperar a completar las cantidades
necesarias”.
Así, del texto normativo se deduce que las Adm inist raciones locales eran quien es realm ente se acaban
beneficiando de la afluencia de capitales procedentes del tu rismo, así com o también de una m ayor concurrencia del
tráfico.
40 En el R.D.L. de 9 de Julio de 1926 se recogía la asignación presupuestaria que el Estado tenía previsto invertir en
la ejecución del Circuito Nacional de Firmes Especiales . Revista de Obras Públicas de 1927. Ministerio de
Fomento. Madrid.
41 La tasa especial de rodadura fue establecida por la Administración Central en virtud de la prom ulgación del
R.D.L. de 26 de Julio de 1926 . En el t exto se e stab lecía el tipo d e gravam en que debían abonar los vehículos de tiro y
los de tracción a motor. Un año m ás tarde la Administración Central em itía el R.D.L. de 29 de Abril por m edio del
cual se suprimía la tasa de rodadura que gravaba a los vehículos de tracci ón mecánica pasando ahora a aplicarse el
impuesto de la patente nacional de circulación de automóviles .
42 TAMAMES, R. Estructura económica de España , op., cit ., pág., 421. 1988. Recuerda el autor que el esfuerzo
84
destacar alguna puede resultarnos de utilidad las que abundaban en que eran estos operadores
quienes demandaban unas longitudes de viaje bast ante m ás amplias que la m edia del tráfico
privado. Por si ello no fuera motivo suficiente, la calidad de su servicio exigía, a la hora de
competir en la captación de cotas de m ercado con el ferrocarril, la consecución de unos
estándares de accesibilidad territorial más elevados , los cuales dependían de la calidad de los
firmes así com o de la capacidad de carga de la red programada.
Al tiempo, la m ejora integral de los firmes repercutía en la consecución de m ayores
ventaj as compa rativa s de la carretera frente al ferrocarril. En efecto, la m ejora de las condiciones
de rodadura de los firmes conllevaba que el pasaje disfrutase de unos mayores niveles de confort.
Así pues, la repercusión conjunta de ambos indi cadores (la accesibilidad territorial y la calidad
de servicio) obraban como un incentivo adicional a tener presente por parte de la demanda de
desplazamiento a la hora de decantarse por una m odalidad de transporte u otra.
Por último, otro m odo de contribuir eficientemen te a la financiación de las obras públicas
planificadas, aunque eso sí, modesto y espor ádico en cuanto a su montante, era la
comercialización por parte de la Adm inistración del Estado de aquellos productos aprovechables
incautados en el momento de proceder a la ejecución de las obras de infraes tructuras. A título de
eje mplo de algunos de los bienes m ás representativos que la Administración regularmente tendía
a comercializar nos encontram os con: maderas para la construcción, leña, pied ras, etc., los cuales
procedían, como resulta obvio, de las obras rea lizadas por el program a de los itinerarios del
C.N.F.E.
Como corolario de todo cuanto hasta aquí ha sido referido, la Ad m inistración del Estado
debía prever la creciente demanda de m ovilidad que se iría registrando en la red nacional de
carreteras. Cabe apuntar que la prestación de serv icio público de transporte por carretera, en lo
sucesivo, se encontraba obligada a operar en unas condiciones satisfactorias de seguridad y
capacidad de carga para la concurrencia del tráf ico, por cuanto era la propia Adm inistración la
responsable civil subsidiaria de la red. En razón a lo a puntado, la hacienda pública debía
programar la asignación de partidas presupuestarias destinadas a velar por el mantenimiento y
conservación de las comunicaciones por carretera en óptim as condiciones de calidad de servicio.
Así, en definitiva, la Administración del Esta do había llegado a la conclusión de que el m odo
inversor realizado por el Estado Español para la construcción y modernización de la red de carreteras hizo que ésta
se colocase “a un alto nivel en com paración con la s de otros países europeos. La labor de la Dictadura de Primo de
Rivera en este sector, al igual que en el ferroviario, aseguró el buen estado de las carreteras españolas para todo un
largo período” (pág., 421).
85
más eficiente para paliar el desequilibrio habido e ntre capacidad de transporte que podía llegar a
soportar la red, siempre según los caracteres geom ét ricos del trazado la mism a, y los niveles de
tráfic o diario por el la canalizados, debía hacerse efectivo en base a la aplicación normativa de un
gravamen a la demanda regular de transporte. Así las cosas, parece quedar al descubierto que
sobre los principales itinerarios de la red se ha bía registrado un ostensible crecimiento en los
valores de las densidades circulatorias. Incremento éste que superaba en m ucho a la capacidad de
carga con la que la red viaria planificada debía operar. Es por ello, pues, por lo que uno de los
factores que de manera directa explican la existencia del desequilibrio anteriormente apuntado
viene justificado en razón al continuo crecimiento que experim entó el índice de motorización
nacional por provincias. De manera paralela , también cabe hacer referencia al acentuado
crecimiento que fueron conociendo los aforos de vehículos extranjeros registrados
estacionalmente en la red de carreteras española.
En consecuencia, la instrumentación de un gravamen tenía una finalidad doble:
incrementar la capacidad financiera de la Administración y beneficiarse de una mayor
disponibilidad de recursos propios. De este m odo, la iniciativa trataba de no poner en peligro
tanto el perfecto funcionamiento como el mism o desarrollo de la red nacional. El Estado sometía
al transporte un impuesto indirecto gravado sobre el consum o de carburantes, para garantizar una
fuente de recaudación destinada a la futura inversión pública en materia de infraestructuras. 43
En paralelo, el programa del C.N.F.E apuntaba hacia la consecución de una finalidad
bastante más ambiciosa y de m ayor alcance programático. En prim er término, la exposición de
motivos del Real Decreto-Ley de 9 de Febrero de 1926 consideraba que la Administración del
Estado debía diseñar un modelo de organización de la red que garantizase la efectividad de las
medidas adoptadas. Por todo ello, pues, un buen catalizad or capaz de señalar el nivel de eficacia
que cabía asignarle íntegramente al program a del C.N.F.E., en lo que a canalización de la
demanda de m ovilidad y gestión del tráfico se refe ría, estaba bien presente con el papel que el
programa debía llegar a desem peñar en materia de seguridad vial. Para la consecución de este
objetivo había que actuar en tres frentes. En prim er lugar, asignar dotaciones presupuestarias
destinadas a procurar la dotación tanto de la se ñalización vertical com o la horizontal, para así
informar sobre los caracteres del trazado. A con tinuación, la m ejora practicada a las condiciones
de rodadura de los firmes le reportaba al transporte de la época un considerable incremento en las
43 El R.D.L. de 28 de Julio de 1927 establecía el monopolio estatal del petróleo y sus derivados a aplicar en la
península y Baleares.
86
velocidades comerciales . Asimism o, tanto la mejora de los afirm ados como las condiciones de
las capas de rodadura practicadas en la red programada contrarrestaban los handicaps que debía
soportar el tráfico ante las inclemencias del tiem po. La aplicación de es tas medida redundaban en
el fortalecimiento de las condiciones de drenaje de la calzada, por lo que se garantizaba el
perfecto tránsito de los tráficos aún cuando las condiciones meteorológicas fuesen adversas
(lluvia, nieve, etc.). Además, se cont ribuía a contrarrestar convenientem ente los deterioros
sufridos por la carretera.
Por último, la aplicación de nuevas técnicas perm itía una considerable mejora en los
trazados de la red, al tiempo que la plataform a podía soportar el tránsito de vehículos de mayor
peso. Complem entariamente, la difusión de las m e joras técnicas junto con la llegada de nuevos
materiales de construcción supuso una auténti ca transform ación en las soluciones de trazado. 44
En efecto, las obras de fábrica programadas eran de una construcción bastante m ás consistente,
lo cual llevaba aparejada la pos ibilidad de que los gá libos fuesen de m ayor altura, contribuyendo
esta resolución a fomentar los tráficos a varios niveles.
A propósito de los logros alcanzados por el C.N.F.E. , la Revista de Obras públicas de
1928 constataba como el program a había tenido un efecto satisfactorio sobre los transportes,
tendiendo a equipararse la prestación de servicio de la red española a la europea. Aún más lejos,
las mejoras conocidas por el transporte acabar on originando que este tipo de actuaciones se
extendiesen más allá de los itinerarios program ados en un comienzo. 45
Pero si alentadoras eran las opiniones recogidas en la Revista de Obras Públicas todavía
44 En la Revista de Obras Públicas de 1929 se puede examinar el tipo de firm e de la red nacional según la naturaleza
del material de construcción, así com o la longitud en kilómetros del mi smo. Para no extendernos en dem asía,
mencionarem os que los firmes eran de tr es tipos con los consiguientes subtipos: hormigón asfáltico , MACADAM y
adoquinado .
45 En efecto, la euforia y satisfacción con que estaban repe rcutiendo las directrices de la planificación propuesta por
el C.N.F.E. , dieron lugar a que el esfuerzo inversor fuese a ún mayor. En consecuencia, las actuaciones com enzaron a
aplicarse a itinerarios no considerados inicialmente, lo cual supuso que se acogiese satisfactoriam ente el desglose de
la inversión realizada. Buena muestra del clim a de optimis m o y de la eficacia que estaba generando el programa de
mejora de los firm es s e puede seguir en la s consid eracione s efectua das por AGUILAR, M. Los afirmados modernos
en España. Revista de Obras Públicas , pág., 389 y sig., 1928. Madrid, cuando opinaba:
“Actualm ente se ejecutan en nuestro país gran númer o de afirmados de todas clases. El Patronato del
Circuito Nacional de Firmes Especiales, las Jefatura s de Obras Públicas, las Diputaciones Provinciales, los
Ayuntamientos y otras entidades y particulares, trabaj an hasta el punto de que puede decirse que nunca se
han ejecutado en España obras tan importantes de esta naturaleza”(pág., 389).
87
lo eran más las form uladas por parte de los obs ervadores internacionales de la época. Así, la
transformación que estaba conociendo la red de carreteras española había suscitado elogiosos
comentarios procedentes de testigos, que por su relieve, pueden ser considerados de excepción.
Ciertamente, al tratar de destacar alguna de las opiniones m ás autorizadas argumentadas por
observadores internacionales, coincidimos c on lo recogido tanto por URIOL SALCEDO com o
por SANCHIS DEUSA o inclus o RODRÍGUEZ SPITERI. A los dos primeros autores les
cor responde el reconocimiento expreso que a LE CORBUSIER le había supuesto las inversiones
presupuestarias realizadas por la Administración del Estado en aras a la mejora de las
infraestructuras de transporte por carretera, las cu ales habían sido efectuadas al am paro de la
planificación programada por el C.N.F.E.: 46
“En España se dio la orden de construcción de l Cir cuito Nacional, una autovía anchísima,
peraltada, de excelentes alquitranados y adoquinados de pórfido, con numerosos
parapetos pintados de blanco. Este país no tenía apenas carreteras modernas. España,
hoy, posee una carretera continua -Pirineos Or ientales, Barcelona, Valencia, Alicante,
Murcia, Almería, Málaga, Gibraltar, Cádiz, Sevilla, Madrid, San Sebastián, Pirineos
Occidentales- carretera la más bella que yo conozco, a veces m aravillosa; una novedad
de los tiempos m odernos, un esplendor”.
Ahora bien, como se advierte tanto en la cita de LE CORBUSIER com o en el propio
mapa del C.N.F.E. , Galicia había quedado exenta de as ignación presupuestaria destinada a
ofertar una mejor accesibilidad territorial en los dos itinerarios de acceso la Meseta. En efecto,
las carreteras gallegas sobre las que el C.N.F.E. preveía ejecutar la implantación de unos firmes
modernos no contem plaban el itinerario de conexi ón de A Coruña con la Meseta. Visto así, la
oferta de conectividad territorial que proponía el programa del C.N.F.E . discriminaba claramente
las demandas de transporte generadas o atraídas por el puerto coruñés respecto de otras áreas que
demandaban este itinerario. En situación sim ilar se encontraba Santiago, toda vez que el
programa del C.N.F.E. no había considerado oportuno dotar de firm es modernos al itinerario que
comunicaría a esta ciudad respecto al interior.
46 SANCHIS DEUSA, C. El transporte en el País Valenciano , pág., 27 y sig., Edicións Alfons el Magnánim .
Institució Valenciana D´Estudis i Investigació. 1988. Valencia, y tam bién en: URIOL, J. I Historia de las
carreteras ... El Circuito Nacional de Firmes Especiales 1926-1931, op., cit ., pág., 72. Esta mism a reflexión fue
retomada por URIOL SALCEDO, J. I., al tratar de expr esar la transformación experim entada por la red viaria
nacional planificada en el Circuito Nacional de Firmes Especiales , en la obra: Historia de los caminos de España ,
op., cit ., pág., 244 y sig., 1992.
94
no fue otro más que una exigua ejecución del total de proyectos realizados. 53 Puede considerarse,
en consecuencia, que este atrevido proyecto hizo su apar ición en un contexto histórico en el cual
la sociedad española no se encontraba económicam ente preparada para afrontar dicha inversión,
ni tampoco existía un nivel de desarrollo pr oductivo capaz de aconsejar la ejecución de la
planificación propuesta.
Ciertamente, cuando estudiábam os la dist ribución sectorial de la población activa
podíamos com probar como las transform aciones conocidas por la economía española, aunque
considerables para el decenio de los años 1920, no habían sido tan significativas en su magnitud
como las acaecidas en los países europeos de nuestro entorno. Así, el sistem a productivo español
todavía mostraba una dependencia manifiesta respecto a un sector de actividad de escasa
capacidad de transformación económ ica como así lo ponían de m anifiesto los niveles de
población activa agraria. Esta situación todavía se exacerbaba más en el caso de Galicia.
Además, otro indicador que explicaba la dificultad con la que tropezaba la econom ía
española a la hora de cubrir la ej ecución de los programas de autopistas, es el que hace referencia
a los niveles reales que la demanda de transpor te alcanzaba en esta etapa. A la luz de la
información que nos proporciona este indicador, debem os señalar que en buena parte de las
provincias el índice de motorización era bajo y, por consiguiente, incapaz de amortizar la
dotación de inversión pública en infraestruc tura de comunicaciones por autopista. 54 Por
consiguiente, la demanda de conectividad territo rial estaba adecuadam ente cubierta, s iem pre q ue
se ejecutasen los tramos planificados por el C.N.F.E. , y se llevasen a cabo los procesos de
acondicionamiento y conservación de la red. Para finalizar, hay que dejar constancia que la
llamadas no sólo a dar gran esplendor a la expansi ón del turism o, sino también a transformar de m odo
especial la distribución y condiciones del transporte.”
53 Ciertamente, de los catorce proyectos y estudios m ateri alizados durante la segunda m itad de la década de los
años 1920 únicamente se adjudicaron dos: Madrid-Irún y el Oviedo-Gijón. Además, una vez iniciada la década
de 1930, en 1932, el Gobierno de la II República procedía a prom ulgar las oportunas disposiciones legales a
través de las cuales se dejaba sin efecto las conces iones adm inistrativas otorgadas. Para más inform ación
consúltese GARCÍA ORTEGA, P. Las concesiones administrativas de carreteras en el ordenamiento jurídico
español , pág., 40-53 y también 160 y sig., MOPU. 1979. Madrid.
54 En efecto, páginas atrás nos hacíamos eco del papel desempeñado por la motorización en el conjunto del Estado
según la Memoria de Obras Públicas de 1925 . De igual modo teníamos la oportunidad de señalar com o las dos
provincias que alcanzaban el parque de vehículos más el evado eran Barcelona (19.579) y Madrid (18.120). Por lo
que respecta al índice de motorización , éste se encontraba situado entorno al 5,20‰.
95
demanda de transporte de la época tendía a rechazar las redes viarias gravadas con peaje. Así, si
la demanda de viaje no era la necesaria para am ortizar las inversiones de capital invertido, la
iniciativa privada, como se señaló, tendía a no pa rticipar en la ejecución del proyecto. En razón
de lo argumentado, pues, la naturaleza de este proyecto de inversión pública puede considerarse
como adelantado a su tiem po.
2.6. La planificación entre 1931-1941. El letargo planificador causado por la
Guerra Civil .
Para centrar el período histórico del segundo te rcio del S. XX, come nzarem os por reseñar
dos hechos que resumen abiertam ente los principales condicionantes que vivió el modelo de
planificación de las infraestructuras de transportes y comunicaciones. En prim er lugar, la
coyuntura económica que en suerte le tocó a la II República fue adversa , consecuencia de la
Crisis económica de 1929 y de la internacionalización económica m undial. Efectivamente, el
impacto de la Crisis de 1929 sobre la econom ía española no se dejó sentir de inmediato. La razón
aducida no es otra más que la que nos indica que la econom ía nacional es taba inserta desde 1923
en un modelo cuasi autárquico , por lo que sus efectos sólo se llegarán a percibir con claridad a
partir de 1931. La primera repercusión que la Crisis de 1929 le ocasionó a España fue la
acentuada contracción registrada en el comercio exterior, habida cuenta de la prof unda caída que
experimentaron las exportaciones. Esta circunsta ncia originó que las im portaciones se limitasen
en gran medida, afectando el reco rte a aquellos sectores productivos que se habían especializado
en las relaciones transnacionales. 55 Las actuaciones propuestas por la Administración de la II
República encaminadas a hacer frente a la crisis económica desarrollaron un modelo económ ico
autárquico y proteccionista , a imagen y sem ejanza del que estaban practicando otros países
capitalistas.
55 TAMAMES, R. La República. La Era de Franco, pág., 319-328. Edit. Alianza, 10ª Edición. 1984. Madrid.
E v o lu ció n d e l com e r ci o e xt e r io r e sp año l. 1930- 1935.
0 500 1.000 1.500 2.000 2.500 3. 000
1930
1932
1933
1934
1935
P er íod o 1930- 1935.
V
alor to ta l de las im po r tacio ne s y las
e xpor ta c ione s.
E x por t aci ones.
I m portac i ones.
Ilustración 5: Evolución del Comercio español se gún la participación de las exportaciones y las
importaciones. 1930-1950.
Tabla nº 2.6.1
El comercio exterior español entre 1930 y 1935. (Valores en m illones de ptas.)
Comercio Exterior. 1930 1932 1933 1934 1935
Importaciones. 2.500 1.000 735 820 860
Exportaciones. 2.400 620 610 580 520
Fuente: Anuario Económico y Social de España . 1975. Elaboración Propia.
Esta situación de incertidumbre económica originó un clim a de inestabilidad social , toda vez que
se comenzaba a registrar una considerable caída en las tasas de ocupación por causa de las
suspensiones de pagos a que se vieron forzad as numerosas em presas desde 1932. Y ello aún
cuando los niveles de desempleo registrados por la econom ía española no eran siquiera
equiparables a las tasas de paro de los restantes países capitalistas. Así, al exam inar la evol ución
del desempleo en España entre 1932 y 1934 advertim os como las tasas se situaban en torno al
12% mientras que esta m isma m agnitud en los países centroeuropeos y americanos estaba
próxima al 30%. Adem ás, la inversión privada pro cedente del sector bancario nacional se redujo
consid erable mente a te nor del cl ima de incertidumbr e en el que se hallaba la economía española.
Este hecho comportó a la industria básica una consecuencia negativa desde el m omento en que
se vieron truncadas las expectativas de creci miento, m odernización y diversificación de sus
producciones por la disuasión de capitales.
En relación con lo anterior, las adversidad es por las que tuvo que pasar la economía
nacional pronto se dejaron sentir en los estame ntos políticos de la época, cuando la burguesía
financiera española se decantó por retirarle la confianza a la política económ ica propuesta por la
96
97
Administración de la II República , para acabar, después, con el estallido de la Guerra Civil . En
consecuenc ia, pues, la Adminis tración había pr opuesto como medida de actuación económ ica la
necesidad de reactivar el consumo interno, funda m entándose dicha directriz en la necesidad de
incrementar los salarios.
Si nos fijamos ahora en la dotación de i nversión pública destinada a la ejecución de
infraestructuras de comunicaciones y transportes, debem os señalar que las restricciones
presupuestarias tuvieron que afectar, por fuerza, al monto total de las partidas destinadas a la
construcción de obras públicas. La reducción de l esfuerzo inversor del Estado fue un hecho
evidente desde el mom ento en que el programa del C.N.F.E. no podía continuar el empuje
ejecutor de obra nueva al mism o ritmo que en la época anterior. Sin em bargo, y pese a las
adversidades de la coyuntura económica la Adm inistración de la II República prosiguió con el
programa del C.N.F.E. 56 El objetivo final no difería en nada del que hasta la fecha había
desarrollado este programa durante al Dictadura del G eneral Primo de R ivera , puesto que como
bien apunta la Ley 7 de Julio de 1936 se trataba de:
(..) “mejorar las condiciones de viabilidad de la red que soportaba el m ayor tráfico de
automóviles”.
Así pues, una vez más la Adm inistración Púb lica coincidía en señalar, a la hora de
referirse al indicador más dinám ico en la gener ación o atracción de viaje, el papel que ejercía el
turismo sobre las carreteras, toda vez que este m i smo factor era el que hipotéticamente im pulsaba
el crecimiento de la dem anda de movilidad sobre la red española. Por ello, era m enester mejorar
las condiciones de rodadura que estaban soportando los pavimentos de la red en aquellas áreas
más concur ridas por e l aforo de visi tantes, as í como tambié n las que comenz aban a despuntar en
la demanda de viaje por igual m otivación. Sobre esto último, conviene tener presente que la Ley
56 Ciertamente, la Adm inistración de la II República estaba dispuesta a dotar al Estado de una red de comunicaciones
capaz de articular eficazmente los diferentes territorios re gionales. Este propósito fue llevado a efecto en razón a la
sanción y posterior promulgación de dos nor mativas sucesivas en el tiempo. Una, el Decreto de 23 de Enero de
1934 , en base del cual el Gobierno del Estado manifestaba la necesidad que para la economía española tenía la
dotación de carreteras al igual que la mejora de las com uni caciones existentes. Se trataba de reforzar la oferta de
conectividad territorial mejorando sustanciosam ente la accesibilidad territorial de la malla de comunicaciones
española. Dos, la Ley 7 de Julio de 1936, que tenía por cometido proporcionar un nuevo m arco de financiación por
espacio de seis años para así ejecutar los itinerarios program ados. En este caso y como consecuencia de las
conocidas dificultades en la asignación presupuestaria con las que se estaba encontrando la inversión en
infraestructuras de transporte, se hizo preciso que la Administración idease un sistema contributivo que recabase
financiación procedente de otras fuentes al margen de los Presupuestos Generales del Estado .
98
de 7 de Julio de 1936 había previsto ejecutar una long itud total de 217 km de tram os
pertenecientes al itinerario de la carretera Madrid-A Coruña, desarrollándose dicha inversión
íntegramente sobre territorio gallego. Así pues, esta actuación debe ser contem plada desde un
doble prisma: prim ero, la necesidad de dotar de conectividad territorial a la demanda de
transporte interregional, donde uno de sus extremos de viaje O-D fuese Galic ia y en especial sus
principales puertos. Segundo, la iniciativa trataba de corregir la programación inicial propuesta
por el C.N.F.E., desde el mom ento en que a Galicia no se le había dotado hasta entonces de una
red de accesos moderna.
En resumidas cuentas, la norm ativa pretendí a conseguir una mejora cualitativa en la
operatividad de la red, para así lograr que esta programación tuviese continuidad en el tiem po y,
por consiguiente, contribuir a reforzar la red de carreteras que prestaba los mayores niveles de
servicio público de transporte. 57 Sin embargo, cabe decir que debido a la situación económica
crítica las actuaciones mayoritariam ente acometidas por el program a del C.N.F.E. para la década
de los años 1930 se habían centraron casi exclus ivamente en dos ám bitos para los que se
requerían menos dotaciones de capital: la conservación y la recuperación de la red. 58 Este hecho
supuso que la política de transportes acometida por el Estado se destinase preferente a mantener
las anteriores condiciones de prestación de serv icio público con el que la red estaba operando,
que a construir más longitud de carreteras para articular y vertebrar los diferentes territorios
regionales, según se deduce de la crítica situación en la que se encontraba el erario público. Por
consiguiente, habrá que aguardar hasta que en los últimos com pases de la Guerra Civil se
formule un nuevo m odelo de planificación de la re d nacional de carreteras. Ciertam ente, en el
año 1939, próximo por tanto a la conclusión de la Guerra Civil , sería retomada la planif icación
57 Ahora bien, las normativas aprobadas tuvieron que hacer frente a dos hechos que redujeron casi por completo su
alcance. Así, el Decreto de 23 de Enero de 1934 por el que se autorizaba la am pliación de la red del C.N.F.E. no
pudo ejecutarse plenamente por la falta de dis ponibilidad presupuestaria. Por su parte, la Ley de 7 de Julio de 1936,
no pudo ser materializada porque a los pocos dí as (el 17 de Julio de 1936) estallaba la Guerra Civil , con lo que la
política de infraestructuras propuest a por la Adm inistración quedaría interrumpida hasta que se dirim iese el conflicto
armado.
58 URIOL, J. I. Historia de las carreteras ... La Segunda República, la Guerra Civil, y la postguerra, Carreteras
Autopistas , pág., 85 y sig., Madrid, Mayo-Junio, 1981. Suplemento especial nº 6 . Explica el autor que el período
planificador de la II República había estado marcado por el m antenimiento de las condiciones estructurales de los
viales construidos en la etapa anterior. Asimism o, recuer da que esta etapa había supuesto, por los condicionantes
expuestos en otro lugar, “la ruptura con la tendencia de grandes inversiones en carreteras iniciadas por la Di ctadura
de Primo de Rivera ” (pág., 85.).
99
de las infraestructuras por parte del bando nacional, victorioso en el conf licto bélico. S u primera
actuación de trascendencia estaba encaminada a norm alizar las infraestructuras públicas del
Estado, por lo que el entonces Ministro de Obra s Públicas había propuesto la redacción del Plan
General de Obras Públicas, planificación ésta que en m ateria de carreteras pasará a ser
formalm ente conocida como Plan Peña Boeuf de 1939 .
Así pues, será a tenor del crítico estado en el que se encontra ba sum ida España en el año
1939 la razón en base a la cual el Plan General de Obras Públicas debía ser contem plado como
una actuación apremiante . Una actuación encaminada a superar el estado de destrucción y
deterioro en el que se encontraban las infraes tructuras de transportes, com unicaciones y obras
públicas como resultado de la Guerra Civil Española . 59 La primera medida de actuación que la
nueva Administ ración del Estado se había fijado no er a ot ra que la de trat ar por todos los me dios
de restituir los destrozos ocasionados por la contienda. 60 La naturaleza de las actuaciones
propuestas se encontraban todas encaminadas a r eestablecer con urgencia el funcionam iento de
los serv icios y equipamie ntos públicos para así reemprender la m archa socioeconómica del país.
El propósito de la Administración pronto tropezaría con un cúm ulo de adversidades, donde a
59 BIESCAS, J. A. Estructura y coyunturas económicas , pág., 22 en: BIESCAS, J. A. y TUÑÓN DE LARA, M.
Espa ña baj o la di ctadura franquista (1939-1975). Colección historia de España . Tomo X . Edit. Labor. 12ª Edic.1994.
Barcelona. En efecto, como bien glosa el autor las notorias pérdidas en capital real que la Guerra Civil le había
ocasionado a la economía española estaban bien presentes en el sistem a de transportes y com unicaciones. En este
mism o sentido señala BIESCAS:
“Los mayores destrozos los soportó el sistem a de tran sportes al perderse algo m ás del 40% del parque de
locomotoras y vagones de m ercancías existente en 1936, sufriendo también cuantiosas pérdidas la
infraes tructura ferroviaria y la red de carreteras, especialm ente por la voladura de obras de fábrica” (pág.,22
60 Instituto de Cultura Hispánica . Los transportes y las comunicaciones . Fascíc ulo IV-a de l os Estudios Hispánicos
de Desarrollo Económico , 1957. Carreteras . En este trabajo se concreta que una de las principales actuaciones del
nue vo rég imen er a la reconstrucción de un total de 1.561 puentes destruidos por causa de la Guerra Civil , estando los
mism os distribuidos por todo el territorio nacional, pero en especial en aquellas áreas donde se libraron con mayor
intensidad los lances de la contienda.
Los esfuerzos regeneradores de la estructura de la red viaria española de la época tropezaron con una
acuciante restricción de materia prim a, que fue la re sponsable de que los firmes no se pudiesen m e jorar
convenientemente. Ciertam ente, la falta de asfalto explica en am plia medida la im posibilidad de mejorar la capa de
rodadura de las calzadas para adecuarlas al transporte (pág ., 68). Pese a todo, el principal problem a a afr ontar no era
otro que la escasez de recursos reales d e asfa lto, e nergí a y cemen to, y a sí las actu acion es realizadas sólo supusieron
una muy elem ental recuperación de las carreteras.
100
cada cual le correspondía superar unas dificultades de alcance más severo y complejo . Además,
en el Plan General de Obras Públicas se encontraba inserto un nuevo modelo de planificación
para las infraestructuras de carreteras del Estado que estaba llamado a sustituir el hasta el
mom ento vigente Plan Gasset de 1914 .
Una primera actuación propuesta fue la aprobación de un Plan Inmediato por m edio de la
promulgación de la Ley de 11 de Abril de 1939 . A esta norm ativa planificadora se asignó el
difícil cometido de im pulsar la revitalización de las infraestructuras de transportes que habían
sido destruidas casi por entero en el decurso de la Guerra Civil , especialm ente en aquellas
regiones donde la guerra se había librado con mayor virulencia. En consecuencia, la prim era de
las directrices formuladas en el m odelo de pl anificación que se sigue estaba centrada en la
necesidad de lograr la restauración d e puentes, el restablecim iento de los f irmes de las carreteras,
la continuidad de los trazados, etc.
Finalizado el conflicto bélico la conectividad territorial sufrió un profundo deterioro,
razón ésta por la que era necesario restablecerla lo más inm ediatamente posible. En prim er
término, la norm alización efectiva de las infr aestructuras de transportes y comunicaciones
implicaba un destacado incentivo para con la siem pre difícil tarea del levantamiento económ ico
de una nación que acusaba la salida de una gue rra. De igual modo tam bién, la oferta de una
conectividad territorial hecha efectiva en base al funcionam iento de un sistema de transporte
público operativo en régimen de intermodalidad concluía por ahondar abiertamente en la
consabida revitalización urbanística del entonces deteriorado sistema de ciu dade s. Ci ertamen te,
eran las infraestructuras productivas básicas de transportes y comunicaciones las que en últim a
instancia contribuían a normalizar la articulación de l territorio respecto de los principa les ce ntros
productivos y de distribución del país. En c onsecuencia, pues, el Estado demandaba con
urgencia una nueva andadura planificadora capaz de dotar a España de las infraestructuras
necesarias que habrían de revitalizar el tejido socioproductivo de su economía. 61
61 TAMAMES, R. Estructura económica de España, op., cit., pág., 421. 1988. Recuerda el autor que el Estado no
volvió a abordar la mejora de los firm es de la red nacional hasta que la Ley de 18 de Diciembre de 1950 aprobó el
Plan de Modernización . Efectivamente, el golpe de timón propuesto por la Administración Central se había hecho
notar en la década de los años 1950, momento éste a partir del cual se logró aprobar el Plan de Modernización que
estaba regulado por la Ley de 18 de Diciembre de 1950 . El propósito inversor afectaba a un total de 11.014 km de
carreteras a ejecutar en una fase inicial de 5 años. No obstante, su alcance real tan sólo se materializó en una longitud
total de 4.037 km, lo que dem uestra las dificultadas e im pedi mentos con los que se encontró su puesta en práctica.
Atendiendo al propio destino de las inversiones presupue starias recogidas en este Plan, la Adm inistración
101
En efecto, la planificación propuesta para Espa ña estaba orientada a hacer frente al
restablecimiento de la situación anterior a la Guerra . Y aquí, m últiples eran los frentes a los que
debía atender la Administración, com o múltiples eran tam bién los condicionantes que el Estado
debía afrontar para proceder a la revitalizaci ón económica y social del país. Así pues, era obvio
que las primeras tom as de decisión estarían en buena medida condicionadas por encontrarse
sumido el Estado en una economía característica de postguerra . Esto explica la fuerte restricción
de crédito que en esta etapa experimentaron las partidas presupuestarias habilitadas para
promover el desarrollo de inversiones públicas. La Adm inistración había considerado de orden
capital desti nar ingentes cantidades de cr édito a la dot ación de carreteras de nueva construcción,
a la recuperación funcional y operativa de las de terioradas, y al impulso de los transportes
interiores del país. Sin embargo, la distanci a existente entre la am bición planificadora y la
financiación real asignada a la programación propuesta era m uy considerable. 62
Asimism o, el Plan Peña Boeuf contemplaba la necesidad de diseñar un Plan
Complementario cuya ulterior ejecución estaba supeditada a la disponibilidad de crédito así
como a la adquisición de m ateriales y bienes de equipo, siendo éste aprobado m ediante la Ley de
18 de Abril de 1941. 63 El nuevo modelo de planificación propuesto para la ejecución de
Central ponía su acento en la mejora de los riegos superficiales y en un tenue refuerzo de los firmes. Instituto de
Cultura Hispánica . Los transportes, op., cit., pág., 68.
62 Apostilla SANCHIS DEUSA, C. El transporte en el País Valenciano , op., cit. , pág., 30 y sig., sobre la disfunción
existe nte entre la pla nificación de las i nversiones en infraestructuras y las que en realidad podía sostener las arcas del
Estado que “una cosa son las intenciones de planificación inversora y otra bien distinta los hechos reales de la
economía nacional” (pág., 30). Sobre esta m isma dirección son de interés los argumentos propuestos por MAT EOS,
A. Análisis de la política nacional de transporte , pág., 42 y sig., 1977, ICE, núm., 531. Sostiene el autor al analizar
la situación en la que se hallaban los acondicionamientos de la red así como la calidad de los firm es, que la
participación conjunta de ambos factores no podía garantizar el buen funcionamiento del transporte ni tam poco la
prestación de un servicio público moderno. Adem ás, esta s ituación perviviría hasta 1954, fecha en la que la red se
enc ontrab a cla sifi cada según el tipo de pavimento de los firm es y, por ende, la consistencia de los mism os distribuida
de manera claram ente desequilibrada y penalizadora para la demanda de un transpor te moderno. En esta fecha el
66% de la mism a tenía un firme de MACADAM , m ientras que el 30% disfrutaba de riego asfáltico (pág., 42).
63 El Plan Complementario de 1941 , integrado en el Plan General de Obras Públicas de 1939 o Plan Peña Boeuf ,
orientaba sus actuaciones hacia la ejecución de nuevos kiló m etros de carreteras, sin descuidar la asignación de
crédito para el acondicionamiento de la red viaria existente.
La ejecución de la planificación propuesta incluyó nove dades técnicas com o eran la achura de las
plataformas, el espesor de las capas de rodadura, los radios de curvatura en planta , el porcentaje de las pendientes,
102
infraestructuras de transporte por carretera prev eía la realización de una malla cuya longitud se
fijaba en torno a los 2.188 km, de los que un total de 557 km correspondían a carreteras
nacionales, 64 mientras que la m ayor oferta de conectivid ad territorial se destinaba a la malla de
carr etera s comar cales c on la prev isión de reali zar unos 1.661 km. Al exam inar las previsiones de
gasto público en materia de carreteras contem plad a para el período que media entre la
aprobación del Plan Peña Boeuf y el Plan de modernización de 1950 , apreciamos com o el ritmo
inversor propuesto por la Administración del Estado con cargo al Plan Complementario preveía
realizar un total de 198,90 km de carretera al año. Tratando de ser un poco m ás explícitos sobre
las actuaciones propuestas, la planificación aprobada contemplaba la construcción anual de un
total de 50,63 km de obra nueva pertenecientes a carreteras nacionales , así com o unos 151 km
anuales para la red comarcal . Ni que decir tiene que la ejecución estaba supeditada a las
disponibilidades de liquidez monetaria del propio Plan Complementario .
Entre las principales aportaciones recogidas en el Plan Peña Boeuf tal vez merezca una
atención especial la previsión programática de asignarle a la operatividad de la malla de
carreteras unas velocidades de base , las cuales estarían en función de la propia organización
jerárquica de las vías así como de las caract erísticas de trazado propuestas por la nueva
instrucción. Para empezar, se pretendía increm entar notoriamente la velocidad comercial de la
red viaria a resultas de los profundos cambios que estaba conociendo el parque de vehículos en
cuanto a autonomía y a velocidad máxima con la que se estaban com ercializando tales utilitarios.
En consecuencia, era preciso que la nueva normativa propuesta tratase de corregir los radios
mínimos de curvatura de los trazados así como las pendi entes máxim as de los mismos, puesto
etc. GARCÍA ORTEGA, P. Las concesiones administrativas de carreteras en el ordenamiento jurídico español , op.,
cit., pág., 160 y sig.,
64 URIOL, J. I. Historia de las carreteras...op., cit ., pág., 89. En la planificación propuesta por el Plan Peña Boeuf de
1939 se proponía una nueva instrucción de carreteras. Esta normativa recogía tácitamente la n ueva n om enclatur a en
base a la cual se proponía una clasificación funcional para la red viaria programada, según fuesen los caracteres
geométricos de los trazados así com o el ancho de las calzad as. La nueva nomenclatura planteada supera ba a l a hast a
entonces vigente clasificación propuesta y clasificaba a la red viaria en: carreteras de primer orden , de segundo
orden y de tercer orden . Por consiguiente, en esta nueva etapa la clasificación funcional figuraba del siguiente
modo:
a) Las carreteras nacionales . Aquellas cuyo ancho de su plataform a alcanzase los 9, 00 m.
b) Las carreteras comarcales . Aquellas cuya anchura de su plataforma alcanzase los 7,50 m .
c) Las carreteras locales . Aquellas donde la anchura de su plataform a fuese del orden los 6,00 m.
103
que la participación de ambos indicadores en su conjunto repercutían decididam ente en la
consecución de unos estándares de velocidad comercial bajos, o lo que es igual, la accesibilidad
territorial real alcanzada por la operatividad de la red era baja. 65 Así, las medidas propuestas
trataban de mejorar las condiciones de tráns ito, siendo preciso im pulsar la reducción de la
siniestrabilidad vial así como reducir las áreas sobre las que se detectaban situaciones de
congestión y saturación de la red.
Por otra parte, los objetivos del Plan Peña Boeuf descansaban en torno a cuatro pilares:
1) La necesidad de que los trazados de la red viaria lograsen dis mi nu ir en número el to tal
de puntos negros ocasionados por la confluencia de itinerarios correspondientes a varios modos
de transporte (carretera y ferrocarril) . Por consiguiente, era necesario que la planificación
impulsase una considerable reducción de los pasos a nivel con el ferrocarril.
2) Se trataba de lograr que la red ofertase una mejora hom ogénea en las condiciones de
tránsito para el transporte, desde el mom ento en que se contemplaba la necesidad de dotar al
conjunto de las carreteras nacionales y comarcales de una capa de rodadura provista de firm es
especiales. 66
3) Era preciso evitar la sobredemanda de movilidad registrada en determinados puntos de
la red viaria, y muy especialm ente en los acces os a las principales ciudades. Por tanto, la
planificación propuesta contemplaba la necesidad de segregar la naturaleza de los tráficos a la
vez que se atendía el tipo de matriz de desplazam iento O-D, o lo que para el caso viene a ser lo
mism o, las áreas de generación y atracción de viajes según resultase ser la motivación del tráfico.
En consecuencia, pues, la Administración había programado la supresión de travesías para evitar
65 En efecto, la prescripción normativa había dispuesto que las velocidades de base estarían en función de la
ejecución de una red viaria cuyo traza do discurriese por áreas topográficas cuyas pendientes m áximas no excediesen
del 7%, salvo para la red viaria local donde este pa rámetro perm itía incluso niveles del 9%. Además, los radios
mínimos de curvatura autorizados para la red viaria se disponían de m anera tal que las carreteras nacionales no
bajasen de los 100 m, en las carreteras com arcales se situ asen en torno a los 60 m , y en las carreteras locales cuyo
radio mínim o establecido era de 40 m . Así, la participación conjunta de ambos indicadores (pendientes y radios
mínimos de curvatura ) se orientaba a incrementar la accesibilidad terr itorial, toda vez que la Adm inistración había
asignado a la red unas velocidades de base del orden de los 60 km/h a las carreteras nacionales, 50 km /h a las
comarcales y, por últim o, 40 km /h a las carreteras locales.
66 URIOL SALCEDO, J. I. Historia de los caminos en España, op., cit ., pág., 263. 1992. Señala el autor que las
directrices programáticas recogidas en el Plan Peña Boeuf recomendaban la dotación de un firme tipo de
MACADAM con doble riego asfáltico para la primera capa, a razón de 1,75 kg. de alquitrán/m 2 , mientras que la
segunda sería ya de 2,25 kg. de betún/m 2 (pág., 263).
110
disfrutar los puertos gallegos de una localizaci ón de privilegio por im pulsar las conexiones de
América con Europa, 75 “resulta imperdonable no haberlos dotado de comunicaciones rápidas y
de todos los elementos que necesitan para cum plir esta misión” (...). Justificada, por parte del
autor, la necesidad de dotar de conectividad territorial ferroviaria a Galicia, proseguía el discurso
del diputado Rodríguez Castelao enfatizando que si bi en era baja la densidad de la red ferroviaria
española frente a la de los demás países europe os, todavía lo era m ás la densidad de la red
ferroviaria gallega dentro del conjunto del Estado. 76 Será, pues, en base a la negatividad de tal
situación por lo que se hacía necesario, según refería Castelao, una solución que tendiese a
equiparar la dotación de inversiones en infraestructuras ferroviarias. Apostillaba el autor que la
ejecución debería entenderse como, según sus pa labras, “un problem a de dignidad Nacional.”
Reafirmaba este diputado la perentoria necesidad de dotar de tales inversiones a Galicia no
La agudeza del personaje se vislumbra al brillar con lu z propia la sutileza con la que plantea la inoperancia
de la Administración Central para ejecutar el program a de las infraestructuras ferroviarias. Allí, se dejaba por
sentado que el esfuerzo inversor del Estado español era, c on mucho, bastante m ás bajo que la media de los estados
europeos.
Aún más, a nuestro trabajo le es significativo destacar el desequilibrio inver sor que ponía en evidencia este
autor al contrastar las dotaciones de inversiones de infraes truc turas ferroviarias que la Adm inistración Central había
llevado a cabo dentro del propio Estado. Comenzaba plan teando que el esfuerzo inversor llevado a efecto era
bastante más bajo que la m edia de los paí ses eur opeos , per o dentro de la media española, las inversiones destinadas a
Galicia estaban a unos niveles marcadam ente m arginal es. Así, al comparar los índices de dotación de Km de
ferrocarril/Km 2 , o el que establecía una relación entre el total de Km y la población regional ( Km/10.000 hab .), los
resultados que alcanzaba Galicia eran en ambos casos acen tuadamente m ás bajos que los de la m edia nacional.
Proseguía el autor dándole cuerpo a tal disim etría inve rsora (Estado-Galicia) al denunciar los efectos que le
acarrearía al desarrollo regional gallego la pervivencia de tal desequilibrio. Para ello recurría a emplear los
argumentos en un tono bien expresivo:
“En España se construyen cada año un promedio de 200 km de ferrocarriles, de los cuales debieran
corresponder a Galicia 20, y sólo le corresponden cinco”.
Para más inform ación puede seguirse el trabajo glosador de ROCA CENDÁN, M. Lois Peña Novo. Vid a e
pensamento político e económico , pág. 184-186. Ediciós do Castro. 1982. Santiago.
75 LOIS GARCÍA, X. Castelao, Otero Pedrayo, Suárez Picallo, Villar Ponte , op ., cit ., pág., 57.
76 El desequilibrio que la red ferroviaria gallega se dejaba sentir con especial incidencia cuando en el discurso
Castelao señalaba que para el contexto de los años 1930, la media de la red ferroviaria española estaba fijada en una
densidad de “1 km. de ferrocarril por cada 1.300 habitantes.” Sin embargo, la densidad fe rroviaria gallega todavía er a
menor, puesto que la relación estaba en “1 km de ferrocarr il por cada tres m il y pico h abitant es.” LOI S GARCÍA, X.
Castelao, Otero Pedrayo, Suárez Picallo, Villar Ponte, op., cit., pág., 57 .
111
valiendo las directrices que en aquel contexto pr imaban por parte de la Adm inistración Central;
el argumento que la Adm inistración esgrim ía al señalar que se había realizado un esfuerzo
inversor extra adicional . En efecto, como Castelao argum en taba, las inversiones ferroviarias
para Galicia eran en aquella época de todo orde n urgentes, por cuanto contribuirían a satisfacer
las apremiantes necesidades que el territorio tenía en m ateria de dotación de conectividad
territorial. Además, no conviene dejar al m argen aquí el hecho de que la habilitación de estas
partidas presupuestarias a ejecutar en materia de transportes contribuían de m anera directa a
fomentar la consecución del principio del interés general y el bien público de la sociedad
española. Formulado en estos justos térm inos, pues, Castelao refutaba el tópico con el que la
Administración Central trataba de eludir su res ponsabilidad de contribuir a impulsar el d esarrollo
regional de Galicia. 77
Como se puede adivinar, las tesis de Castelao en m ateria de dotación de crédito
presupuestario en infraestructuras de transportes y comunicaciones se centraban en la perentoria
necesidad de completar la m alla de comunicacione s ferroviarias gallegas. Así, a la luz de sus
intervenciones parlamentarias puede llegarse a la conclusión de que por m edio de la
instrumentación de las actuaciones propuestas se pretendía fortalecer, so bre todo, la dotación de
conectividad territorial de las principales ciudades de Galicia internamente, y, adem ás también,
de lle gar a dotar de conectivi dad terr itorial a Ourense con Za mora. En este mi smo sentido, refería
en su discurso parlamentario el diputado galleguista las m ás que previsibles ventajas que el
ferrocarril le llegaría a suponer a las futuras interacciones comerciales de Galicia respecto de las
demás partes del Estado por m edio de las palabras siguientes:
(...) “Sr. Presidente del Consejo de Mi nistros, parece una burla; porque Galicia, no
solamente necesita que se term ine pronto la construcción del ferrocarril íntegro de
77 Ciertamente, la argum entación tantas veces sostenida por parte de la Adm inistración Central de que era necesario
sacrificar los intereses regionales a los más altos in tereses de la Nación habían caído ya en el rango de tópico y de
silencio por parte de la Administración Central. Frente a es to argumentaba Castelao, a la hora de reivindicar con
energía la necesidad de acometer tales inversiones, “que los intereses locales y regionales son también intereses
españoles y la sum a de todos ellos es lo que ha de c onstituir la base más sólida para el asentam iento de una
verdadera democracia republicana.” Ponía el ejem plo de la inconcreción y del rechazo de la Adm inistración del
Esta do pa ra con Galicia en las contradictorias palabras del Mi nistro de Obras Públicas de la época, Sr. Prieto, cuando
había sostenido que “con su voto ni un kilómetro más de ferro carril se haría, y, en efecto, ya se están construyendo
ferrocarriles subterráneos de enlace cuyo elevado coste, c uya discutida utilidad y cuyo reducido interés l ocal ba stan
para justificar nuestra indignación y provocar nuest ra pr otesta” Diario de Sesiones de las Cortes Generales , op., cit .,
y también en: LOIS GARCÍA, X. Castelao, Otero Pedrayo, Suárez Picallo, Villar Ponte, op., cit., pág., 58.
112
Zamora a Coruña, sino que adem ás está necesitada del que se llama ferrocarril central
gallego.” 78
Respecto ahora a las ventajas de esta modalidad de t ransport e, las palabras de Castelao no
podían ser más esclarecedoras para quien, com o el mism o así lo concebía, reconocía que la
superación del aislamiento de Galicia pasaba por la dotación de infraestructuras de transportes:
(...) “Para darse cuenta de la importancia que habría de tener este ferrocarril para el
intercambio de productos entre las regiones de Galicia y Castilla, basta conocer los
acortamientos de distancia, sin contar con los de tiem po, debidos al mejor trazado de la
línea” 79
Si proseguimos estudiando su planteam ient o respecto del ferrocarril, advertimos que
Castelao había omitido la necesidad de que Galic ia disfrutase de un corredor ferroviario que
posibilitase la conectividad con la fachada cantábrica. 80 Las necesidades de inversiones en
78 Actas del Diario de Sesiones de las Cortes Generales, op., cit., y tam bién en : LOIS GARCÍA, X. Castelao, Otero
Pedrayo, Suárez Picallo, Villar Ponte, op., cit., pág., 60.
79 Actas del Diario de Sesiones de las Cortes Generales, op., cit., y tam bién en : LOIS GARCÍA, X. Castelao, Otero
Pedrayo, Suárez Picallo, Villar Ponte, op., cit., pág., 60. En esta parte del discurso Castelao todavía iba m ás l ejos al
señalar los fuertes gravámenes a los que se veían some tidas las mercancías de im portación y exportación movidas
con respecto a Galicia. Señalaba el autor que se había im plantado un sistema arancelario interior para el tráfico
ferroviario, localizado en Monforte de Lem os, cuyo canon , a entender de Castelao, era de todo orden insoportable
“por las distancias innecesarias que tienen que recorrer.”
Las fuertes tarifas a las que se estaba sometiendo el transporte ferroviario habían sido, según los diputados
galleguistas , una de las claves que arrastraron hacia el fracaso la experiencia de creación de unos m ataderos rurales
bajo la sugerente fórmula asociacionista de las cooperativas . Aún más lejos, la fórm ula de la cooperativa para la
explotación de la producción cárnica era una iniciativa que estaba llamada a generar un m odelo de desarrollo
económico endógeno en el m edio rural sobre un tipo de producción altamente com petitiva y de calidad.
80 Efectivamente, la dem anda de esta vía de conexión ferrovi aria om itida sin intenc ión, pr esum ible men te por la fal ta
de tiempo para concluir las dos partes del discurso de Castelao, fue finamente formulada por Villar Ponte cuando
señaló a modo de síntesis cuáles eran los principales problemas que atenazaban el desarrollo regional de Galicia.
En su intervención parlamentaria señalaba a este efecto:
“Otra injusticia: el ferrocarril de la costa, de que se ha olvidado Castelao; ferrocarril de la costa al que yo
llamo parlam entario y constitucional porque fue aproba do por un Parlamento en tiem pos en que regía una
Constitución”.
Véase a este efecto el discurso de Villar Ponte de 25 de Mayo de 1933 (dos días después del que había
pronunciado Castelao) bajo el título Problemas de Galicia . Diario de Sesiones de las Cortes Generales, op., cit .
Señalaba el autor que el trazado de esta vía ferroviaria estaba sumida en la lentitud ejecutora que caracterizaba a la
113
materia de infraestructuras habían sido justificadas por parte del Diputado galleguista Rodríguez
Castelao, cuando en una parte de su intervenci ón plenaria había expuesto, de modo conciso, las
aport aciones que Galicia hacía a las arcas del Estado para, en un segundo mom ento, examinar las
dotaciones de inversión pública que el Estado rea lizaba en Galicia. Así, como a buen seguro se
puede llegar a inferir, éstas eran deficitarias para los intereses gallegos en una cantidad
relativamente im portante. 81
Por lo que afectaba a las inversiones públicas en materia de com unicaciones por
carretera, Castelao planteaba la necesidad de que la Administración Central agraciase a Galicia
con un decidido programa de inversiones en infr aestructuras de transportes para que éstas
tendiesen a sacarla del atraso económico en el cu al se encontraba. Aún más lejos, las dotaciones
de transportes por carretera, siempre en opinión de este mism o orador, no llegaban a suplir en
modo alguno las carencias del ferrocarril. En efect o, señalaba el diputado Castelao que las dos
Administración Central respecto de Galicia. Asimism o, la apel ación de Villar Ponte se solapa a la de Lois Peña Novo
cuando analizaba el papel que debían cumplir los transportes urbanos . M anife stab a es te ú ltim o autor a propósito de
la línea ferroviaria cuyo trazado discurriría territorialment e por la fachada cantábrica para enlazar Ferrol-Gijón:
“Galicia es un país eminentem ente marítim o y por eso su s ferrocarriles han de ser de costa y para la costa,
es decir , una línea circular de la cual las líneas radiales que nos unan al interior de España. Necesitamos
además que estas grandes líneas radiales tengan con tinuación directa con otras líneas hasta la frontera
francesa por el Norte y con Cataluña y el Sur de España” (...)
Proseguía el autor poniendo en evidencia la operatividad de la red de transportes d e la época, p or lo qu e era
menes ter corregir la excesiva radialidad que padecían las de mandas de transporte. De ello ya se podía deducir que las
demandas de viaje de la m atriz O-D deberí an ser cubiertas por el trazado de una red transversal . ROCA CENDÁN,
M. Lois Peña Novo. Vida e pensamento político e económico , op ., cit ., pág., 197-199.
81 Cie rtamente , Cas telao cerraba la pri mera parte de su discu rso pa rlamenta rio con maestría y lucidez cuando refería
a los Sres. Diputados presentes en la Cámara el esfuerzo contributivo con el que Galicia participaba dentro del
Estado, para, acto seguido, exponer las dotaciones de inve rsión pública procedentes del Estado y destinadas a
Gal icia. El saldo, según los cálculos obtenidos por la Secretaría Técnica de su partido, arrojaban un marcado balance
negativo para los intereses del desarrollo gallego.
Efectivamente, aclaraba la exposición de Castelao que la capacidad recaudatoria del Estado respecto de
Galicia todavía podía ser bien mayor de llegarse a com putar las aportaciones de capital que las em presas españolas
tenían en Galicia, así com o también las que las entidades financieras dispensaban a las arcas del Estado. Formulado
en estos términos, el parlam entario galleguista había llegado a dejar perfectamente claro que Galicia tendía a
contribuir con las arcas del Estado como una región rica, cuando luego apenas veía como su excesiva carga
impositiva revertía en dotaciones de infraestr ucturas de com unicaciones y transportes.
114
principales vías de acceso a Galicia las tuvo que su fragar el esf uerzo regional íntegram ente. Más
adelante y para dar viva muestra de que el desarrollo regional gallego era subsidiario de la
dotación de inversiones públicas en materia de com unicaciones y transportes, no estando éstas
compensadas por el trazado de una red de carreteras, exponía:
(...) “Y no se arguya que a falta de ferrocarr il tenemos carreteras para el transporte de
nuestros productos, porque las carreteras que unen a Galicia con el interior de España son
de un magnífico trazado, pero carecen de firm es modernos y se ha llan casi siempre en un
estado deplorable” (...). 82
A modo de conclusión y a propósito de la s dem andas que la sociedad gallega
reiterativamente le form ulaba a la Administración Central, no podem os dejar de referirle al lector
interesado en conocer de primera mano la problemática con la que tropezaba el desarrollo
regional gallego. Así, al repasar los discursos parlam entarios formulados por parte de los
Diputados galleguistas en las Cortes Generales según consta en las Actas del Diario de Sesiones
del Congreso de los Diputados se pueden extraer varias conclusiones. Para empezar, es menester
detenerse en la demanda regional de conf igurar un sistema de organización política-
admi nistr ativa que se insertase plenamente en el marco de un m odelo de Estado descentralizado .
Más aún, resulta preciso dirigir una detenida mira da a los planteam ientos que los parlamentarios
gallegos habían referido sobre la dotación de in fraestructuras de transportes y com unicaciones,
para lograr un modelo de desarrollo regional plenamente articulado y cohesionado socialm ente. 83
82 En el mism o discurso de Castelao se advertía como era más partidario del papel que el modo ferroviario podría
reportar al desarrollo de los transportes regionales por expr esar que las inversiones, cuantiosas para el autor, que
requ ería l a ca rretera tenían unos márgenes de rentabilidad bastante m ás bajos que los del ferrocarril. Actas del Diario
de Sesiones de las Cortes Generales, op., cit ., y tam bién en: LOIS GARCÍA, X. Castelao, Otero Pedrayo, Suárez
Picallo, Villar Ponte, op., cit., pág., 61-62.
83 Desde el plano de las demandas de infraestructuras de comunicaciones y transportes, es Otero Pedrayo quien en
mayor núm ero de veces había solicitado este tipo de invers iones públicas a la Administración Central. Así, son
célebres sus discursos expuestos en tono ponderado . Por otro lado, dada su condición de diputado por Ourense, es
lógico que muchas de sus peticiones estuviesen centr adas en el ámbito explícito de esta provincia.
1) Construcción de una carretera que afecta a al ayuntamiento de Vega de Valdeorras ; núm ., 82, pág.,
2.984 y 2.985.
2) Problema de los transportes mecánicos por carretera ; núm . 176, pág., 5.963.
3) Carreteras de la provincia de Orense , núm ., 251, pág., 9.229.
4) Carretera de Villacastín a Vigo y de Orense a la frontera portuguesa , núm ., 370, pág., 14.104.
Además, form uló los siguientes ruegos por escrito dirigidos al titular de Obras Públicas de la
115
Por último, y com o ha quedado dicho a lo largo de las páginas precedentes, los parlam entarios de
la minoría galleguista presentes en las Cortes habían abordado con sus intervenciones y sus
diferentes estilos, una de las páginas más lúci das en lo que a reivindicaciones y a denuncia de
marginación del desarrollo regional se refiere. La profundidad de sus discursos, la diversidad
temática con la que éstos fueron expuestos, oblig a a los estudiosos a volver sobre esta etapa
todavía no explorada en el alcance y profundidad que requería.
2.7. La nueva planificación de las infraestructuras de transporte propuesta en la
década de 1950: El Plan de Modernización. Dificultades y ambiciones de un nuevo
marco planificador.
La política propuesta por la Administr ación del Estado desde el año 1939 hasta
comienzos de los 1950 estuvo condicionada por la existencia de un considerable estancam iento
económico, donde los niveles de consum o y producci ón se encontraban lejos de los registrados
en las etapas previas a la Guerra Civil . Como consecuencia de la situación general descrita, la
Administración del Estado tuvo que recu rrir a la puesta en m archa de una política económica
autárquica donde la intervención del Estado era notable , a fin de poder reactivar la estructura
productiva. Así, una de las primeras actuaciones tendentes a la m ejora de la economía fue el
apoyo que se dispensó al sector industrial, razón por la cual se creaba, en septiembre de 1941, el
Instituto Nacional de Industria ( INI ), organismo que en los primeros años de existencia tuvo una
actuación bastante condicionada por la carencia de recursos.
Por su parte, una vez que se asiste a la década de 1950 la situación económica nacional
comenzaba a presentar indicadores que explicab an un claro cambio de tendencia. En primer
término, se com enzaba a detectar una corriente de liberalización económica que venía a superar
la etapa de intervencionismo estatal. En efecto, los sectores productivos empezaban a
experimentar un notorio im pulso en la c aptación de mercados y en la reactivación progresiva del
consumo interno, donde el apoyo am ericano al ré gimen de Franco fue uno de los principales
agentes dinamizadores de la econom ía. 84 Por otra, la nueva coyuntura económica posibilitó el
Administración Central: Carretera de enlace de Villacastín a Vigo y de Orense a la frontera portuguesa , núm. 344 ,
pág., 13.100 a 13.101. Así como el de Envío de fondos para el replanteo de la carretera de Orense y Maceda ; núm.
344, pág., 13.100 y 13.101.
84 La llegada de capitales así como de tecnología americana fu e posible gracias a la firma de los tratados defensivos
116
acceso a bienes de equipo y materias
primas procedentes del exterior para que la política industrial prom ovida por la Administración
del Estado lograse reactivarse. Por tanto, el Ministerio de Economía para hacer frente a las
dificultades por las que el país en esta fase de apertura al exterior atravesaba diseñó un Plan de
Estabilización 1959-1961. 85 Los contenidos programáticos propuestos en el Plan se habían
materializado con la prom ulgación, primero, del Decreto 323/1959 de 12 de Marzo por el que se
regulaba el Programa Nacional de Inversiones , y, después, el Decreto-Ley de 1959 , de
Ordenación Económica. 86 El interés de las normativas aprobadas sobre las que se había
articulado el Plan de Estabilización de 1959-1961 se había centrado en el interés por efectuar un
planteamient o que atendiese de mane ra global al marco y a los objetivos económ icos propuestos
entre España y los EE.UU. en 1953. El resultado de estos acuerdos en materia de inversión pública en
infraes tructuras de transportes y comunicaciones por carretera supuso la llegada de materiales y tecnología destinada
a cubrir la mejora de los pavim entos para fortalecer las capas de rodadura que se e ncon tra ban dete rior ada s po r ca usa
de las condiciones de tráfico. Por su parte, los EE.UU. accedían a la construcción de bases m ilitares en territorio
español para impulsar su política m ilitar en la fase álgida de la guerra fría .
85 GÁMIR CASARES, L. El período 1939-1959: La autarquía y la política de estabilización , pág., 45-67, en:
GÁMIR CASARES, L. (Coord.) Política económica de España. Vol.1 . Edit. Alianza. 1980. Madrid.
86 OCYPE. Memorándum al Fondo Monetario Internacional y a la Organización Europea de Cooperación
Económica . Documentación Económica nº 6 , Madrid, 1959, 22 pág., El fin del Plan de Estabilización 1959-1961
quedaba recogido en el Memorándum dirigido tanto al Fondo Monetario Internacional ( FMI ) como a la entonces
Organización Europea de Cooperación Económica ( OECE ) en 1959 cuando se decía:
(...) “llegado el m omento de orientar la política económ i ca en el sentido de situar la econom ía española en
línea con los países del mundo occidental y liberarla del intervencionismo que, heredado del pasado, no se ajusta a
las necesidades de la situación actual...”
Así pues, la planificación económ ica contemplada en el m arco del Plan de Estabilización proponía de
hecho las siguientes medidas de actuación:
1) La progresiva supresión de los impedim entos aran celarios establecidos para el comercio español al
operar con los mercados extranjeros.
2) El estable cimiento de una nueva paridad monetaria pa ra la peseta, según su cotización real en el exterior.
3) La apertura de las fronteras a la llegada de i nversiones de capital procedentes de grupos financieros y
empresariales extranjeros.
4) La dotación de infraestructuras de transportes y comunicaciones m odernas para lograr la cohesión
territorial y el desarrollo económico regional.
5) La puesta en funcionamiento de políticas activas encargadas de impulsar los sectores básicos de la
economía.
117
por la Administración. 87 Ahora bien, cuando se pretenden analizar los objetivos formulados por
la nueva política económica se descubre que ninguno de los m ismos atendía a las
particularidades del carácter territorial del Estado. Aún más lejos, el art. 4 º del mencionado
Decreto de 12 de Marzo de 1959 recogía cuáles debían ser los criterios a seguir para proceder a
la selección de las inversiones, no figurando entr e los mism os la prioridad que nos merece la
corrección de los desequilibrios territoriales para que las medidas dispuestas hubiesen resultado
efectivas en el conjunto del Estado.
En consecuencia, la década de los 1950 supone la progresiva superación del aislamiento
internacional y, por tanto, la adaptación de nuestra economía a un sistem a más flexible . El
esfuerzo programático derivado del Plan de Estabilización de 1959-1961 significó tanto para la
economía nacional com o para la planificación propuesta, la penetración en una etapa de
transición . En el decurso de la mism a se había tendido a diseñar una nueva política económica en
el seno de la cual, a comienzos de los años 1960, se proponía la configuración de un m odelo de
desarrollo económico regional. El resultado conocido de dicho proceso fue que la planificación
indicativa instrumentada por el Gobierno había concluido con la aprobación de los Planes de
Desarrollo Económico y Social .
La planificación de las infraestructuras de transporte por carretera propuesta por la
Administración para los años 1950 estuvo as egurada una vez que se sancionaba el Plan de
Modernización de 1950 mediante la prom ulgación de la ya aludida Ley de 18 de Diciembre de
1950 . Recordaba su exposición de motivos la necesidad de ofrecer unas infraestructuras de
transporte destinadas a:
1) Enmendar los deterioros que estaban acusando los firm es de la red viaria nacional por
causa, primero, de las crecientes densidades de tráfico registradas en los principales itinerarios,
y, después, por el mayor peso con que se estaban construyendo los nuevos vehículos de
transporte, que a su vez estaban sometiendo a las capas de rodadura a soportar unos mayores
esfuerzos. En efecto, la continua degradación a la que se som etía la red de carreteras dejaba a la
luz las carencias de materiales (betunes asfálticos ), así como las di ficu ltades e ncon trada s por lo s
programas de conservación que habían sido llevados a cabo hasta la fecha.
2) El previsible incremento de las densidades de tráfico por carretera, com o cons ecu encia
de la reactivación económica y de la difusión de la m otorización en la sociedad; así como
87 GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M. J. La economía política del Franquismo (1940-1970) . Dirigismo, mercado y
Planificación, pág., 205-225. Edit. Tecnos. 1979. 1979. Madrid.
118
también al fuerte im pulso que podía llegar a registrar la actividad turística.
Por tanto, la nueva planificación propuesta pa ra la red viaria nacional trataba de
responder inicialmente a la totalidad de la m ism a, aunque para ello la Adm inistración del Estado
había estimado prioritario que se atendiese a los itinerarios que registraban la m ayor densidad
circulatoria en la primera etapa de vigencia del Plan (1951-1955). Por lo que respecta a las
actua ciones dest inadas velar por el acondicionam iento y mejora de los itinerarios restantes, éstas
quedaron pospuestas indefinidamente en el tiem po. 88
Tabla nº 2.7.1
Dotación de inversión pública destinada a ofer tarle a Galicia accesibilidad y conectividad
territorial según el Plan de Modernización de 1950 .
Red viaria radial. Red viaria subr adial. Carreteras p eriféricas Carreteras
complementarias.
Madrid-A Coruña y
Ferrol. Ponferrada-Vigo. Santander-Oviedo-A
Coruña. León-Astorga.
A Coruña-Santiago-
Tui (frontera
portuguesa)
Fuente: Elaboración propia a partir del Plan de Modernización de 1950 .
Del cuadro se pueden extraer dos conclusiones: La primera hace refere ncia a la necesidad
de diseñar una red viaria ordenada jerárquicamente que fuese capaz de ate nder al interés general
del Estado, en línea directa con una oferta de con ectividad territorial que perm itiera el desarrollo
regional. Según esto, la planificación propuesta c ontemplaba la posibilidad de ejecutar un total
de 11.014 kilómetros de carretera s en un espacio de cinco años, 89 cuando al final la longitud total
de red en kilómetros ejecutados sólo ascendió a los m encionados 4.037 km. 90
88 La financiación de la planificación corría a cargo del Presupuesto Ordinario , aunque también estaba previ sto que
el Gobierno del Estado emitiese deuda pública a fin de aco meter una inversión presupuestaria de mayor relieve.
Atendiendo ahora al destino de las partidas presupuestar ias, cabe decir que éstas se orientaron por entero a
cubrir los itinerarios que estaban al canzando los um brales de mayor IMD.
89 El Plan de Modernización de 1950 fue prorrogado por otro quinquenio en virtud de la aprobación de la Ley de 22
de Diciembre de 1955 .
90 La ejecución de la red viaria programada en el Plan de Modernización de 1950 debía hacerse efectiva en b ase a lo
dispuesto en el reglamento prom ulgado en la Ley de 23 de Mayo de 1951 . Dicha norm ativa definía las nuevas
características a cumplir por los trazados de nueva constru cción de la red nacional. Por otra parte, las actuaciones
programáticas realizadas sobre la red viaria nacional de jaban al descubierto que se trataba de actuar sobre los
itinerarios de las carreteras nacionales. En efecto, el ni vel de ejecución del Plan refleja que de la red total
programada la m a yor parte de la m isma correspondía a las carreteras nacionales, un total de 358 km a las carreteras
119
La segunda de las mism as responde a la mejora de la accesibilidad territorial que se le
asigna a la malla planificada, a fin de adecuar la prestación de servicio público de transporte a los
avances tecnológicos conocidos por el parque de vehículos. Para ello, la nueva red proponía
incrementar la velocidad comercial sin que la presencia de una topografía accidentada fuese un
factor que condicionase en exceso esta iniciativa. Por una parte, los trazados de la red viaria
nacional que se desarrollasen sobre una topografía llana tenían la prescripción de ofertar una
velocidad comercial comprendida entre los 80 y los 100 km /h. Por el contrario, los trazados
llevados a cabo sobre un terreno accidentado debían asegurar una velocidad comercial
comprendida entre los 40 y los 50 km/h. Finalmente, los trazados cuyo desarrollo correspondiese
a un tipo de terreno entre los dos anteriores, tenían prescrito en la planificación la consecución de
unas velocidades comerciales comprendidas entre los 50 y los 75 km /h.
No obstante, el propósito del Plan de Modernización de 1950 era ir aún más lejos desde
el mom ento en que la planificación propuesta ha bía establecido la necesidad de conseguir unos
mayores estándares de seguridad vial. Para logr ar este objetivo se había previsto ejecutar un
considerable número de variantes que servirían pa ra suprim ir numerosas travesías, siem pre que
el trazado de éstas discurriese por el interior de los núcleos poblacionales más im portantes de la
época. Por otra parte, las condiciones de viab ilidad propuestas por la nueva planificación marco
procuraban que la red conociese una sustanciosa mejora en el estado de los firm es, quedando la
mism a establecida como oportunam ente recoge la tabla.
Tabla nº 2.7.2
Dotación de inversión pública en la mejora de los firm es de la red viaria del Estado según el tipo
de material.
Tipo de material. Longitud de la red
(km) Itinerarios de la red
gallega Longitud
(km). % G/ E
Riego Asfáltico. 5.870,3 A Coruña-Vigo. 143,8 2,44
Firmes especiales. 2.871,7 Ourense-Vigo-
Frontera
portuguesa.
128,4 4,47
Ensanches. 6.089,7 A Coruña-Ferrol. 50,2 0,82
Variantes. 973,7
Fuente: Elaboración Propia a partir del Plan de Modernización de 1950 .
Como es visible, la tabla nos describe, de una parte, el destino de las partidas
presupuestarias contempladas en el Plan, explicita ndo al lado la longitud de la red viaria nacional
comarcales, m ientras que a las locales únicam ente se le habían asignado un total 34 km.
126
O-D fijada a escala interregional no se había visto convenientemente increm entada en virtud a
las ya entonces crecientes densidades de tráfico que tenían en Galicia a uno de sus extremos de
viaje. En consecuencia, sería el marcado déficit de conectividad interterritorial que en dicho
período estaba acusando el territorio gallego uno de lo s factores que en mayor grado explican el
sintomático fenóm eno de que los mayores nive les de transporte totalizados en Galicia
respondiesen a una matriz de viaje O-D de m a rcada componente intrarregional. Dos, al no
impulsarse la conectividad del si stema urbano interior respecto de las áreas litorales gallegas, las
mayores dem andas de movilidad corresponderían, a buen seguro, a los tráficos desarrollados
íntegramente en la propia provincia. Y aún entre la m agnitud que totalizaban mism os, cabe
resaltar ahora a los niveles de tráfico registra dos entre las com arcas que geográficamente se
encontraban próximas entre sí. Así expuesto, pues, no cabe lugar a la discus ión de que se trataba
de una demanda de tráfico que operaba con una m a triz de viaje O-D fijada en un bien reducido
radio de acción: transporte de ámbito com arcal e incluso local. Ahora bien, si nos atenemos al
estudio de los tráficos que presentaban una matriz de viaje O-D de rango interprovincial
descubri mos como las rel aciones más intensas en núm ero correspondían a los tráficos generados
o atraídos entre las provincias gallegas ec onómicam ente más dinámicas (A Coruña y
Pontevedra).
En suma, la operatividad desarrollada por parte de la red de carreteras de Galicia nos
demuestra com o la región se encontraba territo rialm ente desarticulada internamente y aislada
respecto de aquellos flujos que tenían en el exterior a uno de sus extremos de viaje. La
participación de ambos fenóm enos nos explica como durante m ucho tiempo la productividad
alc anzad a por el t ejido socioproductivo regional fue escasamente com petitiva. Ni que decir tiene
que las áreas interiores de las provincias de Lugo y Ourense, por su parte, lejos de conocer una
sensible mejora en sus niveles de bienestar social derivados éstos de la capacidad de lograr la
atracción de capitales privados por causa de la c onstrucción de infraestructuras de transporte,
comenzaron a reproducir, de nuevo, una caída en sus niveles de población, consecuencia
ineludible de que estas áreas volvían a padecer el fenómeno em igratorio.
Para termin ar el epígrafe resta analizar un último indicador: el índice de m otorización, de
cuya lectura se puede extraer una conclusión de contenido ambivale nte. Ciertam ente, si bien a
simple vista puede parecer que la m ódica dotación de inversión pública en infraestructuras de
transporte por carretera era la adecuada para el parque de vehículos de Galicia, no resulta menos
cierto que unos índices de motorización regional tan bajos escondían una realidad mucho más
127
problemática com o era la escasa modernización de la econom ía regional, la cual se veía
traducida en unos bajos niveles de renta per cápita. 97 Para paliar conveniente mente este desajuste
y a la vez lograr incrementar la capacidad de consumo de la población se hacía preciso que la
Administración del Estado contribuyese a velar por el interés público y el bien común de la
sociedad gallega. El cumplimiento de este cometido requería la puesta en m archa de una política
activa de inversión pública destinada a incentivar la modernización de su economía y, en síntesis,
que pudiese beneficiar a amplias capas sociales. Por otro lado, no conviene aquí perder de vista
el hecho de que los bajos índices de motorización alcanzados por Galicia señalaban abiertamente
la repercusión que en el territorio estaba teniendo la emigración de población adulta joven, por
ser ésta la que en mayor grado incidía en el crecimiento de dichos índices. Contemplado desde
este prisma, cabe hacer notar en este sentido que el esfuerzo inversor desplegado por el Plan de
Modernización de 1950 llegaría a tener una continuidad programática en la década de 1960,
etapa en la que la Administración Ce ntral aprobó la planificación de la Red de Itinerarios
Asfálticos ( REDIA ).
2.8. La contribución del Plan General de Carreteras 1962-1977, el Plan REDIA,
el Plan PANE y el Plan Nacional de las Re des Arteriales al equilibrio territorial del
Estado.
En la década de 1960 la Administración de l Estado contribuyó a im pulsar una política de
transporte que a la postre tuvo consecuencias directas sobre el m odelo de desarrollo regional que
se pretendía poner en marcha. A lo largo de esta etapa se diseñaron un c onjunto de program as de
actuación que estaban llamados a ostentar un destacado protagonismo en la cohesión y
articulación del te rri torio nacional: Plan General de Carreteras, Plan REDIA , Plan Nacional de
las Redes Arteriales , Plan PANE . Para ello, era condición obligad a que la política de inversión
pública en materia de infraestructuras de trans porte fuese pareja a la entonces favorable
coyuntura económica por la que estaba atra vesando España. Así, el nuevo modelo de
planificación tenía por meta la corrección integral de los déficits estructurales que las
infraestructuras de transporte por carretera s acusaban desde los años 1950, en razón a la
97 Banco de Bilbao. Galicia su realidad socio-económica , pág., 25-38. Edit. Servicio de publicaciones del Banco de
Bilbao. 1970. Bilbao. Para los últimos com pases de los años 1950 y principios de los 1960 la renta regional de
Galicia se encontraba en niveles bastante más bajos que los correspondientes a la m edia nacional.
128
imposibilidad de ejecutar plenam ente la plan ificación propuesta. Al enunciar algunos de los
factores que en mayor grado condicionarían la deseable eficacia y operatividad de la red de
carreteras españolas podemos referirnos a los que se enum eran a continuación:
1) Dotar a la red nacional de unos firmes capaces de garantizar tanto el tránsito de los
crecientes niveles de tráfico como la m ayor capacidad de carga de los vehículos.
2) Construir una malla de com unicaciones cuyas características técnicas resultasen las
adecuadas para fomentar la consecución de una m ayor capacidad de carga y fluidez en los
tráficos. En paralelo, la prestación de servicio público llevada a efecto por parte de unas
infraestructuras de transportes convenientemente m odernizadas debía ser cap az de originarle a la
demanda regular de m ovilidad la obtención de un su stancioso in cremen to en los es tándares de la
accesibilidad territorial.
3) Reforzar adecuadamente los itinerarios principales de la red nacional de carreteras a
fin de obtener unas mayores velocidades comerciales y a su propia vez im pulsar la oferta de
conectividad territorial.
Era esta una directriz destinada a favorecer unas interacciones económicas
progresivamente m ás estrechas e intensas entre las economías de las áreas urbanas. La eficacia
de esta medida residía, precisam ente, en que obraría a favor de que las economías urbanas
orientasen convenientemente sus respectivos tejidos socioproductivos y se favoreciese la
aparición de unas relaciones socio económicas caracterizadas por la complementariedad . Un
último apunte parece confirm ar abiertamente esta realidad. En efecto, será a tenor tanto de la
naturaleza de los tráficos (pesados y ligeros ) como, sobre todo, del tipo de productos que el
parque de vehículos pesados en mayor grado m ovilizaba por el conjunto de la red gallega de
carreteras los indicadores que de forma bien n ítida nos ponen ante la pista, prim ero, de la
localización en el territorio de los principale s flujos productivos en cuanto a generación y
atracción de tráfico. Segundo, en lo que hace refe rencia a la longitud de los tráficos según
siempre el resultado de las principales interaccione s de tráfico con extrem o de viaje en Galicia.
4) Contribuir a la mejora de la seguridad vial. Para ello era necesario asignar las partidas
presupuestarias oportunas destinadas a dotar a los iti nerarios m ás concurridos por el tráfico de la
adecuada señalización vertical y horizontal. De igual modo, la seguridad vial se alcanzaba una
vez que se hubiesen modificado, com o previamente disponía la instrucción de carreteras en
vigor, las características técnicas de los trazados . En efecto, los ostensibles cambios que estaba
registrando el parque nacional de vehículos, és tos especialmente visibles en el progresivo
129
incremento de las velocidades comerciales , obligaban a que se corrigiesen los radios de
curvatura en planta , se efectuasen variantes para segregar la naturaleza de los tráficos, se
suprimiesen los pasos a nivel, etc.
5) Eliminar los estrangulamientos que estaba padeciendo la red viaria en los entornos de
las principales ciudades y lograr una articulación plena entre las periferias y las áreas urbanas
centrales. 98 Esta línea de acción recogida por la nueva política de transporte estaba encaminada a
solventar con eficacia las inercias que para el contexto de los años 1960 el desarrollismo
económico estaba exteriorizando. De un lado, el notor io crecimiento urbanístico acaecido en las
áreas urbanas centrales españolas (proceso de c oncentración urbanística), entre las que incluim os
a las gallegas de Vigo y A Coruña. De otro, la s crecientes demandas de m ovilidad registradas
entre las periferias y la ciudad central hací an preciso que se ejecutasen unos programas
destinados a garantizar la fluidez de los accesos y, al tiempo, que contribuyesen a integrar el
crecimiento urbano que en los años 1970 respondía al tipo Centro-periferia . Este crecim iento
trajo consigo la génesis de un fenómeno de relocalización de actividades productivas
demandantes de im portantes bolsas de suelo pr oductivo a bajos costes de mercado, una buena
conectividad entre las áreas productivas y los mercados de consum o diario, así como tam bién
una oferta de transporte público operativo en régimen de multimodalidad
6) Impulsar la construcción de infraestructuras de transporte capaces de fom entar el
desarrollo económico descentralizado . Esta directriz estaba directam ente entroncada con el
nuevo mar co plani ficador propuesto por la política económ ica nacional. En el mismo, se le había
encomendado a estos ejes de com unicaciones la necesidad de adecuarse al modelo de des arrollo
regional resultante de aplicar la política contenida en los Planes de Desarrollo Económico y
Social .
Así pues, las actuaciones estaban llamadas a practicarse con presteza para que la red de
carreteras ofertase un servicio público de trans porte en condiciones similares a las que en la
época existían en los países europeos. Entre 1958 y 1972 la econom ía española había entrado en
una etapa de plena efervescencia en el ritmo de su crecimiento económico. Se reproducía así una
tendencia similar a la que por aquel entonces estaban viviendo los países capitalistas de la
Europa occidental, pero muy especialm ent e aquellos que en 1957 habían suscrito el Tratado de
98 Con sejo d e Mun icipio s Met ropolitanos de Madrid. Planeamiento Metropolitano: Criterios y Objetivos , pág., 156-
171. Edit. Diputación de Madrid. Área de Urba nism o y Ordenación Territorial. 1982. Madrid.
130
Roma por el que se había creado la CEE. 99
En este contexto, la política económica propuesta por el Gobierno perseguía, por medio
del estrenado modelo de planificación indicativa a que había dado lugar el Plan de
Estabilización 1959-1961 , 100 un mayor aperturismo de la economía en relación a la de los
restantes países capitalistas de la Europa occidental. 101 Para ello, hacía falta que la
Administración pusiese en m archa la oportuna instrumentación de m ecanismos destinados a
modernizar la econom ía española a un ritmo sim ila r al que en la fecha estaban experimentando
los países capitalistas del entorno europeo. 102 Así pues, al recapitular los factores que en mayor
medida se encontraban participando en el proceso de crecim iento económico español, extraemos
por su importancia:
1) La afluencia de créditos e inversiones foráneas de capital destinados a los sectores
99 El Tratado de Rom a fue suscrito el 25 de Marzo de 1957 dando lugar a la constitución de la entonces Comunidad
Económica Europea ( CEE ) o tam bién Mercado Común Europeo ( MCE ).
Contemplaba el Tratado de Roma que el principio rector de la CEE debería ser la cooperación de los países
miem bros cuando tácitamente se afirmaba:
“La Comunidad tiene por m isión promover, m ediante el establecimiento de un Mercado Com ún y el
arancelario progresivo de las políticas económ icas dent ro de los Estados m iembros, un desarrollo de las
actividades económicas dentro de la Comunidad, una expansión continua y equilibrada, una estabilidad
económica en aum ento, una rápida elevación del nivel de vida y unas relaciones m ás estrechas entre los
Estados que comprende”.
100 HOMBRAVELLA, R., et., al ., Capitalismo español: De la autarquía a la estabilización (1939-1979) . Edit.
Edicusa. 1973. Madrid.
101 VELARDE FUERTES, J. La decadencia económica de España , pág., 611-629. Edit. Tecnos. 1969. Madrid. El
autor presenta un estudio muy riguroso en la obra hom enaje al prof. AKERMAN.
102 Una de las principales actuaciones acometidas por el régimen del 18 de Julio de 1936 fue la aprobación del Plan
Nacional de Inversiones . En efecto, el 6 de Marzo de 1959 el Gobierno reunido en Consejo de Ministros procedía a
aprobar el mencionado Plan. En el mism o la Administración form ulaba como objetivo básico la intencionalidad de
que la economía nacional alcanzase un nivel de crecim iento en condiciones de estabilidad.
En cuanto a los programas a desarrollar por parte del Plan, los m ismos habían quedado distribuidos en dos
fases diferenciadas. En la prim era, las pautas propuestas estaban orientados a alcanzar el desarrollo de la renta
nac ional p revia dotac ión de invers ión púb lica q ue impuls ase l os dife rentes sectores productivos. En la segunda fase,
la Administración había centrado su interés en la m ejora de la balanza comercial , por lo que era preciso tratar que
ésta se equilibrase. Para más inform aci ón puede seguirse a SÁNCHEZ LISSÉN, R. El Profesor Fuentes Quintana
ante tres cambios fundamenta les de la economía española, pág., 184 y sig., Edit. FUNDACIÓN CAIXA GALICIA.
1997. Santiago.
productivos con mayores expectativas de crecim iento.
2) La inversión pública llevada a efecto por parte de la Administración del Estado una
vez que las remesas de capitales procedentes de los trabajadores españoles em igrados a Europa
propiciaron la entrada de la economía espa ñola en una coyuntura económ ica de relativa
estabilidad.
3) La revitalización progresiva de la actividad turística en España una vez que se fueron
superando las adversas consecuencias ocasionadas tanto por la Guerra Civil como por la II
Guerra Mundial . El desarrollo de esta actividad favoreci ó la llegada de divisas. Además, el
pujante dinamism o experimentado por parte de este sector de actividad se vio traducido en un
espectacular crecimiento urbano en aquellas áreas que estaban siendo dem andadas de forma
preferente por parte de la población extranjera. La masiva llegada de visitantes a España hacía
necesario que la Administración del Estado pusie se en funcionam iento una infraestructura
turística y hostelera destinada a la prestación de servicios de calidad, pero no sin antes ejecutar
unas infraestructuras de transporte modernas, destinadas a asistir con plenas garantías a la
Ilustración 6: Evolución del español se gún la part icipac ión de la s exportaciones y las importaciones 1960-1985.
demanda de viaje hacia o desde nuestro país.
En suma, e l desa rroll o turístico español se encontraba supeditado al triángulo conform ado
por los siguientes vértices: uno, la localización de la demanda según resultase su procedencia;
dos, la distribución de la oferta turística por el territorio y, tres, la articulación de ambas
131
132
magnitudes en base a la operatividad de una infraestructura de transporte ágil y m oderna, capaz
de conectar las áreas de interés turístico respecto de los mercados potenciales. En últim a
instancia, esta demanda de viaje repercutiría in tensivamente en la puesta en funcionamiento de
una oferta de transporte multimodal sobre las áreas turísticas.
4) La progresiva participación de la economía española en los m ercados internacionales
en razón a su creciente competitividad. En este sentido, buena m uestra de lo expuesto se puede
comprobar exam inando la evolución experiment ada tanto por las im portaciones como por las
exportaciones, de lo que se deduce que la economía española estaba alcanzando unas crecientes
cotas de integración con el exterior.
Con todo, el crecimiento económ ico experimentado por la econom ía española fue el que
con mayor intensidad originó una profunda tran sform ación en la estructura productiva, en
especial el comportam iento de los indicadores que se enuncian:
1) El desarrollo industrial y urbano experi mentado por los diferentes territorios
regionales.
2) La creciente importancia de los nivele s de población ocupada en los sectores de
actividad industrial y de servicios en detrimento del agropecuario.
3) El continuo incremento del nivel de vida medio del país, donde am plias capas sociales
lograron superar la economía de autosubsistencia en la que se encontraban ancladas pasando
hacia una situación más esperanzada al poder disfrutar de una m ayor capacidad de consumo.
Examinado bajo estas coordenadas, cab e apuntar que la im portancia de las
transformaciones a las que se ha hecho m enci ón no concluían con las e nunciadas en cada uno de
los tres apartados anteriores. Por una parte, la oferta de transporte público experimentó una
sustanciosa mejora en la operatividad de cada m oda lidad, lo que conllevaba un crecimiento
inusitado tanto en el cómputo global del volum en de tráfico movido y expresado bien en
términos de IMD, bien en el de vij-km ., o, incluso también, en los que hacían referencia a los
mensurados en térm inos de veh-km . recorridos. Por otra, la modernización de la sociedad
española se tradujo en dos indicadores: uno, la creciente demanda de inform ación; dos, una
tendencia hacia un mayor consum o cultural (libros, prensa, viajes, etc.). 103
Eran tantos los cambios y el relieve de lo s mismos que éstos no han pasado inadvertidos
103 BERICAT ALASTUEY, A. Sociología de la movilidad espacial. El sedentarismo nómada , pág., 132 y sig., nú m.,
140. Edit. CIS . 1994. Madrid.
133
en los diferentes estudios efectuados sobre la economía española. 104 Sin embargo, el nivel de
desarrollo económico que en la época caracterizaba a Galicia no era en m odo alguno equiparable
al registrado en España. 105 Para empezar, la m odernización experimentada por la econom ía
gallega vino caracterizada por centrarse sobre sectores de ocupación que no reportaban tanto
valor añadido neto a la producción regional (agricultura ), y no tanto en aquellos otros que
estarían más estrecham ente vinculados a la pujanza que la industrialización ejercería sobre la
modernización productiva, así com o también sobre la diversificación de su estructura.
Ciertamente, al efectuar un diagnóstico en el que se determine cuáles fueron los
indicadores en base a los cuales la economía ga llega com enzaba a mostrar síntom as inequívocos
104 INFORME FOESSA, 1970. Síntesis .
1. “En 1950, el grupo más num eroso de la población activa era todavía el de los o brer os n o cual ificad os d el
campo (23%). Esa proporción desciende sistemáticam ente de sde entonces hasta un 10% en 1965 y este descenso es
el cambio m á s im portante que tiene lugar en la evolución de la pirámide de ocupaciones.
2. En este período 1950-65 s e observa tam bién un paula tino crecimiento de todos los grupos ocupacionales
no campesinos, excepto el de los obreros no cualificados, que se estabiliza.
3. En 1965 el grupo ocupacional más num eroso es el de los obreros cualificados no cam pesinos, que
representan el 22% de la población activa. Para comprender m ejor el sentido de los cam bios más recientes conviene
echar un vistazo a la evolución secular de la pirámide de ocupaciones desde 1860 a 1971.
a) En el período 1960-1966 un descenso sistemático y pronunciado de la clase de los jor nalero s del
campo y un ascenso paralelo de los obreros urbanos, proceso que se reafirma en los últim os años.
b) En el mism o período un descenso muy lento de los agricultores y un ascen so len to d e la s clases
medias urbanas.
c) En el período 1965-1971 se agudizan todos los procesos anteriores y se puede decir que el
cambi o es vertig inoso . Un hech o nue vo es que se detiene la ampliación del estrato obrero y el m á s rápido increm ento
del sector de clases medias urbanas.
d) En resu m en , se pued e de cir qu e la pirám ide de ocupaciones de 1971 se va a distanciar más de la
de 1950 que esta última en relación con la de 1860. Es decir, el cam bio que se produjo en un par de décadas supera
en magnitud al que ha tenido lugar a lo largo de todo un siglo.”
105 PAZ ANDRADE, V. La sociedad y la economía , pá g., 45-93 en: BARREIRO FERNÁNDEZ, DÍAZ-FIERROS,
FABRA BARREIRO, et., al. , Los gallegos . Edit. Istm o. 1984. Madrid. Recordaba el autor que las considerables
diferencias económicas existentes entre la economía español a y la gallega no habían siquiera sido corregidas en parte
por la política económica im pulsada por los tres Planes de Desarrollo Económico y Social . Precisaba tam bién el
autor que este tipo de planificación había sido propuesto para “enderezar las m alform aciones económ icas heredadas
de las épocas del desarrollo espontáneo. O cuando menos, la de atenuar las disparidades regionales de ocupación,
renta, acondicionamiento del territorio, com unicaciones, bienestar colectivo, cultura, acceso a las oportunidades,
etc.” (pág., 85)
134
que denotaban cambio, éstos serían los siguien tes: prim ero, la ampliación del proceso de
mercantilización agraria una vez que la econom ía de comienzos de los 1960 se hallaba
crecientemente integrada en el m ercado interior es pañol en virtud de la oferta de conectividad
ferroviaria. 106 El crecimiento de la producción y com ercialización agraria dio lugar a un
desarrollo industrial en el sector agropecuario cuya expresión fue la aparición de em presas
cárnicas, lácteas y aquellas otras orientadas h acia la fabricación de fertilizantes químicos que
estaban siendo demandados por las explotaciones para increm entar su productividad. De este
modo, la m odernización de la economía agropecuar ia gallega co menzaba su p articular andadura
que con el tiempo supuso el paso de un tipo de explotación tradicional, caracterizado por poner
en práctica un policultivo de autosubsistencia , hacia otro de acentuada vocación m ercantilista.
Un segundo indicador lo encontramos representa do en la paulatina consolidación de la
industria conservera, así como en la expa nsión del sector pesquero gallego. La pujanza
económica que en este período ha experim entado este sector económico explica por su propio
peso la dinamización acaecida en la industria de la construcción naval en Galicia. En tercer
lugar, situaremos a la radicación en el territorio regional de industrias de enclave “por parte de
grupos económicos m onopolistas” 107 y, finalmente, l a considerable expansión que en el decenio
de los 1960 conoció la urbanización en Galicia. 108 Parecen claros, por tanto, los efectos de la
inc ipiente modernización económica, si bien es preciso señalar que este proceso tuvo sus propias
limitaciones. 109
106 CARMONA BADÍA, J. La economía del Siglo XX: Una panorámica, pág., 3-16. Revista Papeles de Economía
Española , nº 16. Economía de las Comunidades Autónomas: Galicia . Edit. Fundación FIES. 1994. Madrid.
107 VILLARES PAZ, R. Historia de Galicia, op., cit. , pág., 169. 1993.
108 En efecto, en estos mism os términos form ula su opinión VILLARES PAZ, R. Historia de Galicia, op., cit ., pág.,
167-168, 1993. Sin embargo, el autor recuerda que la “m ode rnización no fue uniforme en el tiem po, ya que la etapa
de la autarquía haría retroceder a tiempos pretéritos los niveles de vida alcanzados antes de la guerra”.
109 Recuerda VILLARES PAZ, R. Historia de Galicia, op., cit ., pág., 169. 1993, que la modernización económ ica
enc ontró e ntre sus obstá culos más pa lpabl es a “las numerosas explotaciones agrarias pequeñas que subsisten gracias
a la combinación con otros empleos o fuentes de ingresos (...), “o la falta de integración que sufre la estructura
industrial, con gran desconexión entre las materias primas producidas y la industrialización derivada de ellas” (pág.,
169). Como se advierte, la articulación territorial en tre los centros productores, los de transformación,
almacenam ien to y los d e con sum o er a cla ram ent e def ici tari a en G alic ia, lo cual ori ginó un t rasv ase de las i nver sion es
productivas hacia aquellas áreas que presentaban mayores ve ntajas com parativas así com o unos más at ractiv os costes
de oportunidad que los que podrían ofertar aquellas otras peor dotadas de infraestructuras de transportes y
comunicaciones.
135
En efecto, uno de los principales problemas que venía arrastrando la econom ía gallega
estaba bien presente en la dicotomía habida entre el nivel de desarrollo económico que
finalmente había sido alcanz ado y las no pocas di ficultades con las que la economía gallega vino
tropezando a fin de impulsar la convergencia de su econom ía respecto de la española. 110
Aún más, las dificultades que estaba conoc iendo la econom ía gallega inducían a pensar
que su desarrollo estaba hipotecado al bien de la economía espa ñola, no revirtie ndo sobre Galicia
avances de la política económica instrum entada por la Administración del Estado. 111 En efecto,
contemplado de este m odo, la repercusión de la política económica im pulsada por el Gobierno
Central se caracterizaba por no favorecer un modelo de desarrollo económ ico descentralizado ,
sino que aquélla respondía a una política de marcado corte centralista .
Una vez examinada la situación económ ica de l período debemos hacer lo propio con la
planificación de las infraestructuras de tran sporte. En la década de los años 1960 la
Administración del Estado había em prendido una in tensa actividad planificadora en materia de
infraestructuras de transporte y comunicaciones, justificada, en buena parte, en virtud a la
dilatada etapa de prosperidad económica que se atravesaba. Lo s programas desarrollados fueron
un total de cuatro, desempeñando cada uno de los m ismos un significativo papel en el im pulso y
mejora de las infraestructuras de transporte españolas:
1) El Plan General de Carreteras 1962-1977.
2) El Plan de la Red de Itinerarios Asfálticos de 1967 ( REDIA ).
3) El programa nacional de infraestructuras de transporte recogido en el Plan de las
Redes Arteriales españolas .
4) El Plan Nacional de Autopistas de Peaje de 1968 ( PANE ).
2.8.1. El Plan General de Carreteras de 1962-1977 y su contribución al modelo
110 VILLARES PAZ, R. La economía contemporánea , pág., 243-277 en: BERMEJO, PALLARES, PORTELA,
VÁZQUEZ, VILLARES. Historia de Galicia . Edit . Caix a de Afo rros de G alicia . Alha m bra . 3ª Edic. Madrid. 1981.
Recordaba el autor que “este profundo contraste procede, a nuestro entender, de la incapacidad de la sociedad
gallega para transformarse y m odernizarse en el mom ent o de la transición a la Edad contem poránea y, al mism o
tiempo, por su integración pacífica en el ámbito del estado liberal español.” Las dificultades con las que tropezaba la
economía gallega habían obliga do a que se actuase en la dirección de poner en m archa los instrumentos precisos para
corregir la disimetría detectada.
111 BARREIRO FERNÁNDEZ, J. R. Historia política. Siglos XIX-XX, pág., 72-75 . Tomo IV. Ed it. Gamm a. 1984. A
Coruña.
142
oportunas o, cuando menos, aquellas que en raz ón a la densidad de tráfico que estaban
soportando determinados tram os aconsejasen su me jora y puesta en servicio. De este m odo, los
efectos que tales obras públicas terminarían por ocas ionarle a la demanda regul ar de transporte se
harí an sens ible mente per cept ibles , primero, en la reducción de los tiem pos de viaje a la demanda
de movilidad. En segundo lugar, en el fortalecim iento de la oferta de conectividad territorial. E n
último lugar, hay que m encionar a las posibilidades de permeabilización territorial en las que
incurre la entrada en servicio dicho tipo de obras públicas.
Contemplado desde el prism a de los factores arriba expuestos y tratando de significar la
repercusión que en el territorio de Galicia presumiblem ente hubiera podido llegar a desemp eñar
el Plan General de Carreteras 1962-1977 , no cabe duda de que las implicaciones del m ismo
habrían sido muy positivas para lograr im pulsar la cohesión económica y social . Por una parte, la
nueva política de inversión pública destinada a la dotación de infraestructuras básicas 117 entre las
que figuran en un destacado lugar las de com unicaciones y transportes de los años 1960 se
encaminaban a la consecución de tres objetivos. En prim er término, la eficiente articulación
interna de la economía regional a fin de que ésta lograse participar en el mercado nacional en
unas condiciones ciertamente f avorable s. A continuación, la mejora de la conectividad territorial
ayudaría a paliar la compartimentación y aislamiento territorial al que se encontraban sometidas
las demandas de transporte generadas o atraídas en Galicia. En efecto, por una parte las áreas
litorales experimentarían una eficiente conexión territorial respecto de las interiores,
incrementándose las interacciones com erciales en tre ambos espacios. Por otra, la dotación de
este tipo de infraestructuras repercutiría abiertamente en la dif usión del desarrollo
socioproductivo en favor de aquellas áreas que di sfrutasen de potencialidades emergentes. En
último lugar habría que constatar la presencia de externalidades positivas debidas a las
infraestructuras de transporte 118 que, para nuestro caso, estarían pr esent es al lograr que las áreas
interconectadas incrementasen sus beneficios sociales 119 al mejorar sus costes de oportunidad ,
117 A este efecto puede consultarse a: PÉ REZ , F., GOERLICH, F. J. y MAS, M. Capitalización y crecimiento en
España y sus regiones 1955-1995 , pág., 206 y sig., Edit. FUNDACIÓN BBV. 1996. Bilbao.
118 MAS, M., MAUDOS, J., PÉREZ, F., y URIEL, E. Competitividad, productividad industrial y dotaciones de
capital público , pág., 144-160, en: Papeles de economía española , núm., 56. Edit. FUNDACIÓN FIES. 1993.
Madrid.
119 JONES LEE, M. W. , HAMMERTON, M., y PHILLIPS, P. R. The value of safety: results of a national sample
survey , pág., 49-72, en: Economic Journal , núm ., 95. 1985. London.
143
por cuanto tales infraestructuras constituyen un output del proceso productivo 120 cuyos efectos
económicos m ás inmediatos se percibían transitoriam ente desde la óptica de la demanda, en la
medida en que se realiza la construcción de las m ismas: 121 incremento del empleo, aum ento del
valor añadido neto de un amplio elenco de sectores económ icos, etc. 122
Segundo, las inversiones en infraes tructuras de transporte f omentan la com petitividad de
las economías regionales, advirtiéndose sus prim eros efectos en la generación de em pleo directo
e inducido sobre el territorio circundante, al i gual que también los efectos deducidos de las
mismas se ven tr aducidos, respect o a la sociedad regional , reportá ndole a aquélla unos estándares
de calidad de vida bastante más elevados de los obtenidos en etapas anteriores. Adem ás, Como
las infraestructuras de transporte contribuyen de manera destacada en la consecución de m ayores
niveles de renta. Pero, en paralelo, la ausencia o inoperancia de las mismas podría dar origen,
como sucedió en Galicia, a que se produjese un fenómeno de expulsión ( crowding-out ), por
cuanto no se le había asignado un nivel de invers ión presupuestaria equiparable al de la m edia
nacional. De ello se deduce, pues, que las infr aestructuras de transporte ejercen un activo papel
sobre el desarrollo regional, obrando como agentes im pulsores de la localización de las
actividades productivas. Paralelamente, las infraestructuras de transporte contribuyen a im pulsar
la interacción económica de un territorio dado re specto de los principales centros económ icos
(nacionales e internacionales), una vez que dichas infraestructuras participan en la reducción de
los costes fijos de producción, al abaratarse oste nsiblemente los costes de canalizar la producción
final hacia los mercados. 123
Ahora bien, la Administración del Estado no l ogró m antener ni la operatividad de la
prestación de servicio de la red nacional ni la conservación de la mism a en unos adecuados
niveles de eficacia, po r causa d e las dificultades aparecidas en la im plemen tación del propio plan
a escala regional. En análogos térm inos se había m anifestado el Informe del Banco Mundial a la
hora de determinar cuál era el grado de idoneidad con el que una red de transportes debía
120 PÉREZ TOURIÑO, E. Las infraestructuras productivas como factor básico de despegue económico, pág., 173-
183, en: PARDELLAS, X., PRADA, A., SURÍS, J. y VARELA, M. Factor es de desarrollo en regiones periféricas .
XXI Reunión de Estudios Territoriales . Edit. Consorcio da Zona Franca de Vigo. 1995. Vigo.
121 MOPTMA. Recomendaciones para la Evaluación Económica Cost e-Beneficio de Estudios de Proyectos de
Carreteras . Edit. MOPTMA. Servicio de Planeamiento de Carreteras . 1992. Madrid.
122 BIEHL, D. Las infraestructuras y el desarrollo regional , en: Papeles de Economía Española , nº 35. Edit.
FUNDACIÓN FIES. 1988. Madrid.
123 QUINET, E. Infraesture de transport et croissance . Económica. 1992. París.
144
comercializar su oferta en el m ercado. Así pues, resulta de interés apuntar que el conocimiento
tácito de dicho extremo, siem pre según las conclusiones del Informe del Banco Mundial , habría
de venir determinado en base a la realización de es tudios de transporte destinados a analizar la
operatividad de la red nacional de carreteras. Lo s extr emos a conocer por parte de la elaboración
de los estudios mencionados necesariam ente debían centrarse en los siguientes:
1) El volumen de tráfico registrado en la red nacional. Se pretendía realizar un
seguimi ento mi nucioso s obre las previsiones de tr áfico, donde se consignasen, por igual, tanto la
demanda de m ovilidad diaria según el parque de vehículos (ligeros y pesados) como, sobre todo,
las principales matrices de viaje O-D del transporte regional que estaba actuando en los años
1960, e incluso también, la repercusión territorial que cabía asignarle a los flujos de tráfico
mensurados en térm inos de economías (regionales y locales) interconectadas por los ejes de
transporte.
2) La evolución experimentada por el par que de vehículos, realizando un exhaustivo
diagnóstico acerca de la dinámica evolutiva experim entada en cada territorio regional.
3) Los niveles medios de consum o de carburan tes. La importancia de dicha magnitud hay
que tratar de contemplarla desde la perspectiv a de que el consumo energético se constituye en
indicador válido del grado de dinamism o alcanza do por parte de la economía. A tal efecto, cabe
hacer mención aquí que será en base a la inform ación que nos proporcionará el consumo de
carburantes en los que en dicho período ha ve nido incurriendo el sector económico de los
transportes un indicador capaz de aportarnos un adecuado nivel de conocim iento sobre aspectos
tan concluyentes como los que se enuncian:
a) El incremento continuado en los niveles de consumo de carburantes por parte de los
transportes tiende a señalarnos el incremento del parque nacional de vehículos.
b) El progresivo crecimiento de tectado tanto en los niveles de consumo de carburantes
como en el parque nacional de vehículos exp lica que los índices de demanda de movilidad
regular registrados hubiesen experimentado ostensibles aum entos.
c) El crecimiento de los estándares m edios de consumo de carburantes del sector
económico de los transportes nos aclara que la econom ía nacional tendía a movilizar un m ayor
nivel de mercancías con extrem o de viaje en Es paña. Es por ello, pues, por lo que la longitud
media de los viajes al igual que la naturaleza de los tráficos de m ercancías han estado creciendo
progresivamente en el tiem po, y ello siempre en estrecha relación al nivel de desarrollo
económico que en el período de vigencia del Plan General de Carreteras 1962-1977 disf rutó la
145
economía española.
La importancia que el Banco Mundial le había asignado a la oferta de conectividad
territorial con los mercados internacionales dio l ugar a que este inform e propusiese la ejecución
de dos ejes con cargo a la habilitación de crédito de dicha institución. 124 Ahora bien, entre las
actuaciones no se había considerado necesario impulsar los transportes internacionales
efectuados en el cuadrante noroccidental de la Península Ibérica: relaciones de Galicia con el
Norte de Portugal.
4) El inventario de la red nac ional según su estado. Las im plicaciones de este objetivo se
centraban en la necesidad que la Administración de carreteras tenía de disponer de una
información regular y exhaustiva en torno a la operatividad con la que estaba prestando servicio
la red viaria. Así, al significar alguna de las informaciones técnicas sobre las que abundaba el
inventariado de la red viaria, destacaremos la rele vancia de extrem os tales como los siguientes:
a) Los estudios periódicos de viabilidad a lo largo de las diferentes horas del día para
conocer los niveles de servicio de las horas punta y valle , para después correlacionar estos
extremos con las propias características con las que opera la red del Estado.
b) Estado de los firmes, naturaleza de los m ism os y resistencia de sus capas de rodadura
al transporte motorizado.
c) Capacidad de carga de la red según los nive les de demanda registrados y con especial
atención a los tramos de acceso a las grandes ciudades.
d) Señalización vertical y horizontal, así como las condiciones de visibilidad.
e) Evolución del índice de siniestrabilidad vial en los distintos itinerar ios de la red viaria
para así conocer y detectar la existencia de puntos negros sobre la mism a.
f) Nivele s de consumo medios de carburante para cada itinerario, según el resultado de la
124 URIOL SALCEDO, J. I. Hi storia de los caminos en España, op., cit ., pág., 293, 1992. La dotación presupuestaria
procedente del Banco Mundial facilitó la construcción de carreteras, obr as de fábrica y variantes orientadas a
impulsar las comunicaciones interregionales. Por una parte, se actuaba en la dirección de mejorar la conectividad
radial ante la creciente demanda de tráfico registrado en tre Madrid-Barcelona-Alicante construyendo un total de 800
km de variantes. Posteriormente, se im pulsaba la construcción de un eje transversal de un total de 22 km para
descongestionar la elevada dem anda que se estaba alcan zando en el tramo Oviedo-Figaredo. A continuación, el
Informe le dispensaba una atención especial a uno de los sectores que participaban con m ayor pujanza en la
economía: el turism o. Para ello, se planteaba ejecutar una vía de alta capacidad de carga (autopista) entre el
aeropuerto de Palma de Mallorca (San Joan) y la propia capital, a fin de alcanzar una oferta de transporte
multim odal. Por último, se impulsaban las comunicaciones transversales al permeabilizar más el corredor del Ebro e
incrementar la oferta de conectividad territori al alcanzada por la construcción de un puente.
146
operatividad con la que la red nacional de carreteras se encontraba prestando servicio.
En efecto, una de las claves explicativas que en mejor m edida nos proporciona datos de
los estándares de calidad alcanzados por la malla de carreteras es que un buen núm ero de
itinerarios venían acusando significativos índices de congestión viaria . Tam bién cabe hacer
mención aquí al particular significado que cum p le asignarle al factor relieve geográfico, por
causa de que éste expli caba en buena medida el handicap que dicho indicador le ocasionaba a los
transportes: la resistencia del medio físico al tráfico . Como es bien conoci do, el indicador de la
resistencia física al tráfico vendría determinado en virtud a las características técnicas con las
que fueron construidos los trazados. Así, un lugar pr eferencial lo ostentaría la existencia de
excesivas pendientes en un buen número de tram os, toda vez que las mism as le comportan a la
demanda regular de transporte unas m anifiestas caídas en la velocidad comercial y un sensible
incremento en los costes energéticos.
En consecuencia, la dotación de inversión púb lica en materia de infraestructuras de
transporte por carretera debía evaluar necesariame nte tanto los consumos me dios d educ idos d e la
no mejora de la red com o aquellos otros niveles susceptibles de ser alcanzados una vez que se
practicasen las mejoras program adas sobre sus trazados, pudiendo éstos resultar de la naturaleza:
desdoblamiento de la plataform a, carriles especial es para vehículos lentos, obras de fábrica,
variantes, trazado de tramos que discurriesen sobre áreas topográficas de menor nivel de
pendiente, etc.
g) Análisis del impacto m edio ambiental o casionado por la realización de obras de
infraestructuras de transporte.
En definitiva, pues, el Plan General de Carreteras Nacionales de 1962-1977 tenía por
objeto someter a revisión la planificación que hasta ese m omento regulaba las actuaciones en
infraestructuras de transportes para el territorio nacional: el Plan Peña Boeuf de 1939 y Plan de
Modernización de 1950 . Ahora bien, no le faltaron a este Plan interpre tacio nes críticas dirigidas
tanto al tipo de actuaciones programáticas que en él se incluían com o a la finalidad de las
mism as. Por una parte, será considerando la dur ación y al tipo de actuaciones integradas en el
mism o como este m odelo de planificación no fue interpretado como un Plan strictu sensu , sino
que, más bien, el Plan General de Carreteras propuesto se aproxim aba a “un conjunto de
programas que a un “Plan” en el sentido clásic o de la palabra,” sobre el que se indicaban
actuaciones y prioridades a desarrollar. 125 Las aportaciones propuestas por el Plan General de
125 NARDIZ ORTIZ, C. El territorio y los caminos en Galicia. Planos históricos de la red viaria , pág., 310. Edit.
147
Carreteras 1962-1977 tenían el propósito de corregir los de sequilibrios que el mal estado de la
red le acababa ocasionando a la práctica de un tran sporte m oderno. Así, la s medidas a introducir
habían sido inspiradas por el Banco Mundial (como en su lugar ha sido dicho), organismo que
condicionó directamente la redacción final de las directrices programáticas propuestas a
ejecución. 126
A modo de conclusión, pues, cabe aún hacer not ar aquí que el modelo de desarrollo
económico que finalm ente fue impulsado por parte del Banco Mundial en lo estrictam ente
concerniente a dotación de infraestructuras de transporte, daba respuesta a las recomendaciones
de establecer una prioridad inversora al ejecutar la s partidas. Así pues, al seguir las directrices
del Banco Mundial advertimos como uno de los objetivos preferentes era la mejora integral de
los itinerarios y tramos que se encontraban s oportando unos elevados niveles de transporte
(“rutas de gran tráfico”). De igual modo tam b ién, en el seno de las propuestas preferentes
efectuadas por dicho organismo se podía contem plar la necesidad de habilitar un esfuerzo
inversor destinado al mejor funciona miento de lo s disti ntos modos de transporte que participaban
en el mercado nacional del transporte.
Por el contrario, se desaconsejaban aquella s dotaciones de inversión presupuestaria en
áreas sobre las que se estaban registrando tráficos débiles medidos en térm inos de IMD, aunque
ello supusiera, como así sucedió, benefi ciar a las regiones m ás desarrolladas y condenar a las
más deprim idas. 127 Asimism o, se proponía una mejora en el nivel de servicio que se encontrase
adecuado en cada etapa al nivel de tráfico que se venía registrando en cada lugar en concreto.
De todo lo expuesto, un hecho prevalece por enci ma de todos los demás: la co ncentración
de las i nversiones más cuantiosa s en los grandes ej es de la red del Estado. Por lo tanto, no resulta
Colegio de Ingenieros de Cam inos Canales y Puertos. Xunta de Galicia. Colección de ciencias, humanidades e
ingeniería, núm., 46. 1992. A Coruña. Consideraba el autor que “a partir de los años 1960 iban a ser los progr am as y
no los planes los que marquen las transform aciones acaeci das en la red nacional de carreteras” (pág., 310).
Para una información más com pleta puede seguirse a GARCÍA ORTEGA, P. Historia de la legislación
española de caminos y carreteras , pág., 120 y sig., MOPT. 1982. Madrid.
126 De la propia naturaleza y contenido de las actuaciones (tot al de inversiones, áreas sobre las cuales se destinaron
las mayores partidas presupuestarias de las m ism as, etc.) que hasta aquí han desfilado en el com entario, merece ser
destacado que los objetivos propuestos será n los que en buena parte expliquen el status de las diferentes regiones en
materia de tran sportes y comunicaciones desde finales de los años 1960 hasta bien entrados los 1980, ya en el Estado
de las Autonomías .
127 MATEOS, A. Análisis de la política nacional de transporte, op., cit ., pág., 46.
148
difícil inferir el alcance últim o de esta política de inversión en infraestructura de transportes y
comunicaciones. Así, este m odelo de planifi cación acarrearía la generación de una serie de
desequilibrios regionales de considerable importa ncia. En u n extrem o de lo s mi smos situarem os
la significativa inversión presupuestaria que conoc ió la red en el entorno de Madrid, para
conformar una m alla que respondía a una c oncepción de las comunicaciones cada vez m ás
radial . En el otro la menguada inversión pública que conocieron aquellas regiones que como la
gallega fueron inducidas a subordinar sus intereses en favor de aquellos territorios cont em plad os
como de interés preferencial. 128
2.8.2. El Plan REDIA y sus implicaciones en la trama de comunicaciones.
La principal actuación propuesta por el Plan General de Carreteras 1962-1977 fue, sin
lugar a dudas, el Plan REDIA ( Red de Itinerarios Asfálticos ), cuya programación había sido
definida para el horizonte 1967-1971. Este nue vo programa m antenía similitudes co n el C.N.F.E.
Así, en el modelo propuesto por el Plan REDIA se dispensaba una considerable atención a los
caracteres geométricos de trazado correspondientes a la red en servicio (anchura de las
plataformas). Sin em bargo, una vez más las prin cipales actuaciones f ueron destinadas, como no,
hacia los ejes de mayores niveles de transporte. 129 Así pues, en palabras de MARCO
128 En el marco del I Plan de De sarr ollo Eco nómico y Social se incluía uno de los períodos program ados para el Plan
General de Carreteras 1962-1977 . No obstante, frente a lo que realmente resultaría lógico, en el II Plan de
Desarrollo ya no figuraba mención expresa al siguiente de lo s cuatrienios programados. Más aún, el nuevo m odelo
propuesto por la aplicación del II Plan de Desarrollo Económico y Social 1969-1971 debía actuar, vía asignación de
crédito, en la planificación de la red nacional de carretera s, por cuanto este tipo de inf raestructuras conformaban uno
de sus objetivos preferenciales. Sin em bargo, las dotaciones de inversión pública en materia de infraestructuras de
transportes habían perdido su condición de directriz genera l, por lo cual fueron suplidas por la instrum entación de
unos programas de inversión pública de m e nor rango de actuación.
Contemplado de este m odo, cabe indicar que en esta fase no existió la tan requerida vinculación entre la
programación propuesta por la planif icación y su aplicación concreta (ejecución de las actuaciones planificadas). He
aquí la razón que nos obligará a conocer, en apartados veni deros, tanto los caracteres diseñados por una planificación
que respondía a una concepción centralista del Estado como tam bién el desarrollo regional que para la ocasión se
proponía en el conjunto del territorio español.
129 El Plan REDIA ( Red de Itinerarios Asfálticos ) fue aprobado en 1967 por la Orden Ministerial del M.O.P. de 18
de Enero de 1967 para un horizonte de seis años. En su contenido se encontraba la previsión de ejecutar un total de
4.928 km de la RIGE , que correspondían a los itinerarios que sustentaban las mayores IMD.
149
BORDETAS, los principales criterios de selección de itinerarios del Plan REDIA , se resumían en
cinco puntos: 130
1) Las inversiones realizadas en carreteras que soportaban elevadas IMD tenían como
propósito específico beneficiar al mayor núm ero de usuarios de la red.
2) La red viaria que conocía las IMD más elevadas en vehículos pesados se vería
beneficiada, en gran medida, por inversiones que trataban de im pulsar el transporte de
mercancías, m ejorándose así los niveles de accesibilidad territorial.
3) Las medidas de actuación program adas para cada uno de los tramos perseguían, en
último térm ino, la mejora com pleta de todos aquellos itinerarios de gran longitud; buscando
como principal objetivo los m ayores beneficios para la economía española.
4) Un cap ítul o importante en lo que a dotación pr esupuestaria se refiere era el orientado a
aquellos itinerarios de la red que contribuyesen a im pulsar de modo preferencial la oferta de
conectividad internacional, según los itinerarios propuestos por la Conferencia Europea de
Ministros de Transportes .
5) A la hora de asignar las oportunas partidas presupuestarias a los diferentes itinerarios
que constituían la red nacional de los años 1960, la Administración del Es tado se había propuesto
Con referencia a los caracteres de la red, el Plan REDIA se había encaminado a dotar de “ciertas
condiciones de homogeneidad en cuanto a características geom étricas y firm es”... (....) Para así “conseguir secciones
transversales continuas de 7 m de calzada con arcenes de 2, 5 m , firme de aglom erado asfáltico de 12 cm de espesor,
carriles para pequeñas velocidades en las cuestas ( carriles de descarga, destinados a segregar la movilidad de los
vehículos lentos respecto de los demás, redundando esto ú ltimo, en la corrección de los tráficos de colisión ), y
completar la señalización vertical y horizontal”. M.O.P. Plan REDIA , 1967-1973 , (las cursivas son de nuestra
autoría).
130 La situación que conoció Galicia fue la de beneficiar se de un m odo muy lim itado de la planificación propuesta.
Ciertamente, los niveles de tráfico m edidos en IMD no eran tan elevados como en otras regiones que com enzaban a
experimentar la plenitud del desarrollismo económico. Máxim e si tenemos presente el im portante crecimiento del
índice de motorización de las áreas m ás industrializadas del Estado.
La vía que conoció las mayores m ejoras fue la N-VI, dada su condición de acceso natural a las tierras de la
Meseta. No obstante, los niveles de accesibilidad no ex per im e ntar on notables avances par a los tráfico s interiores del
territorio gallego. Tampoco era elevada la accesibilidad que la N-VI le propiciaba a Galicia ante la demanda de
conectividad respecto a las tierras de León y Zamora.
Para una toma de posición m ás ajustada al contex to de mediados de los años 1960 puede leerse la
conferencia de ARESPACOCHAGA Y FELIPE, J, de. Galicia, esa península. Edit. Ateneo. Madrid. 1967.
150
continuar mejorando la red viaria que registraba unos niveles de m ovilidad muy altos por causa
de la generación o atracción de viaje por turism o. Esta medida hay que contemplarla desde un
doble plano. Uno, el económico. Hacia estas áreas se producía una m asiva afluencia de
visitantes, sobre todo extranjeros, lo cual s uponía una entrada de capitales de considerable
magnitud, capaz de rentabilizar la dotación de invers ión pública en infraestructu ras de transpor te.
Dos, ofrecer una imagen de m odernización y de sarrollo alcanzado por España en los mercados
exte riores , para de t al forma, at raer i nversión e xtranj era hac ia los di ferentes sectores productivos,
a la vez que se promocionaba institucionalm ente la presencia de nuestro país en organizaciones
internacionales de fuerte peso y d ecisión (relaciones de España con el Mercado Común
Europeo ).
Para apuntalar un poco más los criterios de sel ección propuestos por parte de la
Administración del Estado, 131 criterios destinados a delimitar los itinerarios sobre los que
preferencialmente se destinarían las partid as presupuestarias, el propio MARCO BORDETAS
recordaba: 132
“La selección de los tramos sobre los que ha de actuarse se ha inspirado en criterios de
beneficios para el mayor núm ero de posib les usuarios, de forma que actuando sobre un
6,3% de la longitud de la red, se obtienen be neficios directos para un 33% del tráfico
total, un 34,2% del tráfico de transporte y un 44% del tráfico extranjero”.
131 La Rea l Orde n de 18 de Enero de 1967 recogía textualmente la definición de los criterios básicos que habían dado
origen a la gestación del Plan REDIA . En el texto se destacaban un total de tres indicadores: las condiciones de
viabilidad de la red, el incremento progres ivo de la demanda de tráfico por crecer el índice de motorización y, por
último, la im portancia que la explotación de la actividad tu rística estaba alcanzando en la economía española. Esto se
expresa perfectamente en el texto que sigue a continuación:
“La creciente necesidad de mejora de las condiciones de viabilidad de la red nacional com o consecuencia
del mayor volum en de tráfico, motivado por el crecim ien to del parque nacional de vehículos, el increm ento
del transporte de mercancías y el continuo de aum ent o del turismo, hacen im prescindible la realización de
un programa de actuación cuyo fin sea m ejorar sustan cialm ente y a corto plazo dichas condiciones de
viabilidad en los principales itinerarios de la red estatal de carreteras”.
132 MARCO BORDETAS, L. Incidencia del transporte en el desarrollo regional , pág., 114-115. Presidencia del
Gobierno. 1977. M adrid. “ La creci ente necesidad de m ejora de las condiciones de viabilidad de la red nacional como
consecuencia del mayor volum en de tráfico, mostrado por el crecim iento del parque nacional de vehículos, el
incremento del transporte de m e rcancías y el continuo au m ento del turismo hacen im prescindible la realización de un
programa de actuación cuyo fin sea m ejorar sustancialm ente y a corto plazo dichas condiciones de viabilidad en los
principales itinerarios de al red de carreteras” (pág., 114-115).
151
En consecuencia, los itinerarios seleccionados finalmente fueron doce. En su conjunto
afectaron únicamente a una longitud total de 4.928 km , resultando el ritmo de ejecución
interanual de obra nueva con cargo al programa RED IA a razón de 985,6 km/año , distribuidos en
tramos que debían alcanzar una IMD de 3.500 v/d tom ando como referencia 1965. Este um bral
suponía una densidad de hasta cinco veces supe rior a la media nacional, condición ésta que
distaba en mucho de ser lograda en Galicia. Ciertam ente, si examinam os con detenimiento las
IMD alcanzadas por los itinerarios de actuación propuestos con cargo al Plan REDIA ,
comprobam os como un total de siete de los doce iniciales no alcanzaban dicha cifra de
referencia. Entre ellos se encontraban los de acceso a Galicia: Ponferrada-A Coruña-Ferrol y
Madrid-Ponferrada. El primero de los itinerarios era el que aseguraba la com unicación de la
fachada costera septentrional respecto de las tierra s del interior de Galicia, al poner en contacto
las instalaciones portuarias de A Coruña y Fe rrol respecto de Lugo y Ponferrada. El segundo
estaba destinado a garantizar la oferta de con ectividad interregional de Madrid respecto de las
actuales tierras de Castilla-León, Galicia y Asturias.
Como se com prueba, una de las razones que en mayor m edida primaron en la selección
de ambos itinerarios, pese a que su IMD n o era la estipulada pre viamente, re sidía en la necesidad
de dotar de la oportuna conectivid ad territorial a Madrid respecto de la fachada noroccidental del
Estado. Concretando un poco má s, dire mos que la puesta en servicio de este tipo de conectividad
territorial responde al diseño de una oferta de infraestructuras de transportes por carretera de
eminente trazado radial . De hecho, el itinerario de acceso a Galicia garantizaba el transporte por
carretera a las mercancías cargadas o descargadas en los puertos de la región, que en el contexto
de los años 1960 habían experimentado un crecim iento de considerable interés.
Un claro indicador de que la planificación propuesta en el marco del Plan REDIA
respondía a una marcada concepción centralista de las comunicaciones, lo encontramos reflejado
tanto en la longitud de la red (75% del total) con que se pretendía conectar a Madrid como
también en el núm ero de itinerarios que tenían en Madrid su matriz de viaje O-D.
Tabla 2.8.2.1
Selección de los principales itinerarios de la re d nacional susceptibles de recibir inversiones
según la longitud de los mism os y el nivel de servicio la red.
Itinerarios propuestos por el
Plan REDIA. Longitud (km) IMD en 1965 .
Madrid-Irún 497,5 4.023
Madrid-Barcelona 639,6 4.486
del Plan y al funcionamiento desigual de unos modos en detrimento de otros. Por otra
parte, el territorio espa ñol comenzaba a dem andar la aplicación de un m odelo de
planificació n sectorial de los transportes qu e se adecuase, en su justa m edida, a cada
territorio regional concreto en el que teóricamente deberí a prestar la oferta de sus
servicios. Ni que decir tiene, que, en rigor, la p ujanza que en el contexto de los años
1960 y sobre todo 1970 estaba te niendo la carretera com o primer sistem a de transporte
de mercancías y viajeros dio lugar a que fuese esta m odalidad la que conociese las
mayores dem andas sociales tendentes a in crementar los estándares de su oferta. 17 Así
pues, será la carretera el medio de transporte que conoc erá, en años sucesivos, las
mayores dotaciones de inversión pública de stinada a cubrir y m ejorar su oferta
infraestructural, para que, al mismo tiem po, se lograse fortalecer la vertebraci ón interna
del territorio naciona l. En síntesis, las dota ciones de crédito a ejecutar en materia de
infraestructuras de transportes y com unicaciones en Galicia con cargo a los
Presupuestos Generales del Estado pasaban por la necesidad de definir una red de
accesos operativa en régimen de alta capacidad de carga, destinada a impulsar una
adecuada oferta d e conectividad y accesib ilidad territorial. 18
El último de los epígrafes a detraer del texto del Libro Blanco del Transporte de
1979 es el que se ocupaba de reflejar, en opinión de la Administración del Estado,
17 Sobre este apartado resultan de interés las opini ones form uladas por la patronal de los transport es
públicos por carrete ra, FENE BUS, en aras a im pulsar un ré gimen de t ransporte púb lico por carret era
exento del pa go de gravá menes a los que tra diciona lmente se encontraba s ometido. FE NEBUS.
Comentari os de la Federació n Nacional so bre el Libro Bl anco del Tran sporte , pá g., 11-18. FE NEBUS,
nº 16 . Boletín Informativo . 1979. Madrid.
18 MARCO BORDETAS, L, et. Al. Inci dencia del trans porte en el desarr ollo regional. S ubsecretaría de
Planificación . Preside ncia del Gobierno. 1977. Madri d. Seña laba el autor que el caso del s ubdesarrollo
regional gal lego había que t ratar de explicarl o no ún icam ente en base a la posici ón geográfica de Galicia,
entendida como una re gión aislada, la cual tendía a limitar su progres o económ ico. Considera ba este
estudio que la “actuación pública no ha colaborado demasiado a rem ediar ese defecto na tural de la región,
al menos en lo que al I y II Plan de Desarrol lo se refiere”. Así, la inversión p resupuestari a que la
Administración de l Estado había aprobado invertir en Galicia para el períod o 1968-1971 alcanzaba , en
palabras de los autores:
“medi as bajas para las pr ovincia s gallegas, lo cual probabl emente hay a influid o en el subdesa rrollo de la
región, si n que la i nclusión de A C oruña y Vig o como Polos de Desarrollo (...) parezca habe r
variado n otablem ente en el volumen de l as inve rsiones pú blicas” (pá g., 527).
253
cuáles debían ser las actuaciones futuras a desa rrollar en la ordenación del sector de los
transportes. Se trataba, según lo expuest o, de ofrecer un catál ogo de líneas de acción
planificadora destinadas a articu lar el sector en línea direct a a la propia prestación de
servicio en los países de la entonces CEE . Por consiguiente, a continuación pasam os a
detallar algunos de los más importantes:
1) La definición de un programa destin ado a fomentar la construcción de
estaciones de mercancías para el transporte por carretera.
2) El establecimiento d e un Contrato-Programa con las empresas ferroviarias
que estaban ofertando una prestación de servicio público de transporte.
3) La ejecución de un plan de transporte de cabotaje.
4) La elaboración de u n modelo de plan ificación para la reestructu ración del
transporte aeroportuario.
5) El diseño de un Contrato-Programa para incentivar la explotación del
servicio de transporte aéreo c on las empresas AVIACO e IBERIA.
6) La conformación de entes supram unicipa les do tados de competencias a fin de
que contribuyesen a velar por la ordenación y gestión del transporte público en el
ámbito de las Áreas Metropolitanas españolas.
7) La definición de un programa director de transportes operativo en cada una de
las A.M. del territorio nacional.
8) La aprobación de la planif icación correspondiente al transporte ferroviario en
las A.M. para el período 1980-1990.
9) La aprobación de los planes de las Redes Arteriales de Carreteras .
10) El diseño de un programa destinado a m ejorar los transportes que concurrían
por la red secundaria regional, a fin de dotarla de la necesaria calidad de servicio.
4.2. Horizonte y perspectivas del Plan General de Carreteras de 1984-1991.
Los intentos por modernizar y adaptar la red al contexto eu ropeo.
Una vez que la transic ión política hacia el Estado democrático dio lugar al
Estado de las Autonomías , la nueva ordenación del te rritorio obligaba a que la
Administración Central consider ase la necesidad de dotarle a las distintas Com unidades
Autónomas de las oportunas inversiones públi cas en infraestructuras de com unicaciones
y transportes. Este tipo de ac tuacion es se debían contemplar en virtud a la necesidad de
254
impulsar un m odelo de desarro llo regional de scentralizado. 19 Así, el Plan General de
Carreteras 1984-1991 , programado para un horizonte de siete años, recogía im portantes
elementos de integ ración territo rial. 20
En el modelo propuesto para la planificaci ón de las infraestructuras de transporte
por carretera, la Administración del Es tado había diseñado, previamente, la red de
interés general del Es tado ( RIGE ) , así como aquella otra que en lo sucesivo debería ser
traspasada a las CC.AA. Por tanto, las dotaci ones de inversión pública sobre la materia
objeto de estudio que en lo sucesivo debían ser realizadas para impulsar la cohesión
económica y social del país, estaban obligadas, de m anera inexorable, a adaptarse al
nuevo ordenamiento territorial del Estado. Contemplado de este modo, la naturaleza de
las actuaciones propuestas por las diferentes Admi nistraciones im plicadas (Central y
CC.AA.) debían efectuarse de manera coordi nada. Por lo que, una vez realizadas las
inversiones con cargo a los Presupuestos Generales del Estado y según lo dispuesto por
el nuevo Plan General de Carreteras 1984-1991 , las CC.AA. procederían a diseñar,
para el ámbito de sus respectivos territori os y en base a la transferencia de dicha
materia, la planificación de unas infraes tructuras de transporte y com unicaciones
capaces de alcanzar su plen a articu lación interior. 21 En efecto, la pl anificación de la s
19 MOPU. Avance del Plan General de Carreteras 198 4-1991 .Edit. MOPU. 1984. Ma drid. Recordaba el
titular del MOPU que en Españ a no había existido una auténtica coordin ación entre cada uno de los
operado res de trans porte. Así pues, la dotaci ón de inversi ón públ ica practicada p or la Adm inistraci ón del
Estado para proceder a la constru cción de infraestructuras de transp orte y com unicaciones había quedado
al margen de l os principios de co mplementar iedad y concurre ncia que hubiesen podi do llegar a ejercer
los distinto s modos de transpor te público, en caso de que las asignacione s de crédito re dundasen en aras
de la racionalidad y eficacia de la gestión (pág., 3).
20 En la intervenció n del titular del MOPU ante la Comisión de Industria, Ob ras Públicas y Servicio s del
Congreso d e los Diputados, celebrada el 24 de Febrero de 1983, se había puest o de manifiesto l a
necesidad de generar una planificación conjunta para lo s diferentes tipos de infraest ructuras de transporte
estatales. Como se ad vierte, la nueva política de inversión pública se hab ía propuesto diseñar un amplio
capítulo de program as, en base a los cuales q uedarían re cogidas las diferentes ob ras públicas de nueva
construcción a ejecuta r. Para cumplir con este come tido, se hacía preciso establecer de manera ordena da y
jerárquica c uáles eran e n la época las priori dades de i nversión pú blica.
21 Fue mediante el R.D. de 31 de Julio de 1980, el de 20 de Setiembre de 1980, y el de 24 de Julio de 1982
por los que se proced ió a hacer efectivos los tras pasos de competencias a las Comunidad Autónoma de
Cataluña, País Vasco y Galicia en materia de carreteras.
255
infraestructuras de transporte p ropuesta por las CC.AA. estaba llam ada a corregir los
desequilibrios que cada territorio autonóm ico manifestaría internam ente. Paralelamente,
las actuaciones atribuidas a la planificación de la s CC.AA. redundarían en la
conformación de una red de infraestructuras de transportes y com unicaciones capaz de
complementar adecuadamente a la m alla que la red de interés g eneral , por ejemplo,
tenía en Galicia, compensando , a su vez, los desajustes territoriales a que se ha hecho
referencia. Resulta notori o, que las actuaciones en comendadas al nuevo marco
planificador encerraban un propósito amplio y complejo , donde el consenso político
sería el único instrumento eficaz para gara ntizar la consecución, en cada Autonom ía, de
un modelo de desarrollo económ ico re gional que alcanzase amplias cotas de
competitivid ad en el acceso a los mercados. E l primer paso sería, en tonces, la propia
aprobación del Plan General de Carreteras 1984-1991 . 22 En los prolegómenos del
Estado de las Autonomías , la red a cargo de la Administr ació n de carreteras del Estado
ascendía a 79.631 km., contabilizando las autopistas de peaje , m ientras que la red
dependiente de las diputaciones provincia les, igualmente im portante en longitud,
alcanzaba los 68.326. El resto de la re d hasta completar los 317.763 km . de que
constaba su conjunto, dependían tanto de los municipios com o de organismos
pertenecientes a la jurisd icción del Estado: ICONA , IRYDA , etc. 23 Por su parte, la
22 La aprobación del Plan Gener al de Carreteras 1 984-1991 tuvo que pasar por u na dilatada etapa de
tramitaciones hasta que fue refrendado defi nitivamente. En primer luga r, la red acción del Plan propuesto
había sido apr obado por la C omisión Del egada del Go bierno par a Asuntos Econ ómicos en la fecha de l 2
de Diciem bre de 198 5. Posteriorm ente, el t exto habí a pasado a la supervisi ón del Gobierno del Estado
para proceder a su sanción, hecho éste que se produjo el 11 de Diciem bre de 1985 m ediante el preceptivo
acuerdo del Consejo de Minis tros . En último lug ar, el proyecto del Plan General de Ca rreteras debía ser
refrenda do en la sesión plena ria del Congre so de los Diputados , per o ello no sin ante s haber recibido el
informe favo rable de la Comi sión de Indust ria, Obras Pú blicas y Servi cios el 5 de Ma rzo de 1986. En
resumidas cuentas, la definitiv a aprobación y promulgación del Plan General de Carreteras se hizo
efectiva el 20 de Marzo de 1986, una vez que esta planificaci ón ha bía pasado por el Congres o de los
Diputados .
23 Al térm ino de 1983 y una vez que la Adm inistración del Estado ha bía hecho efect iva el traspaso de
competencias en carreteras a las CC.AA., la red nacional, segú n el Plan General de Carreteras , había
queda do dispu esta del m odo siguie nte:
1) Total de ca rreteras de una calzada...17.670 km.
2) Desd oblamient os...358 km .
256
malla regional de carreteras que estaba pr estando servicio público de transporte e n
Galicia estaban distribuidas como señala la tabla correspondiente.
Tabla nº 4.2.1.
Evolución de la red regional de carreteras en km. según su titularidad jurídica para el
período pre-autonómico y para el año de la planificación del Plan General de
Carreteras 1984-1991.
Tipo de red. 1970 1975 1 980 1982 1 984
Autopist a y
autoví as. -- -- 63 86 92
Carreteras
del Estado. 6.239 6. 323 6.526 6. 404 1.598
Carreteras
provinciales
y caminos
vecinales.
5.962 7. 380 7.98 8 8.477 8.68 3
Carreteras
de los entes
territoriales.
5.962 7. 380 7.98 8 8.477 13.640
Total. 1 2.201 13.703 14.514 14.881 15.238
Fuente: MOPU. Las obras públicas y el urbanismo . Anuario Estadístico , 1987.
Elaboración propia.
A la luz de la evolución conocida por la red viaria regional entre el período pre-
autonómico y el primero de Autonom ía, y por tanto, se proc ede a traspasar las
competencias de carreteras, se adv ierten dos hechos que no deben pa sar inadvertidos. El
primero hace referencia a la evolución expe rimentada por la long itud total de la red
viaria regional en el período acotado. El segundo, como resulta evidente, es la desigual
participación que en Galicia tenía la pertenencia juríd ica de la red.
Comenzando por el primero de las m ism os, la dotación de inversión pública en
materia de infraestru cturas de transportes po r carretera en G alicia explica que la m alla
regional experimentase unos cont inuados crecimientos, si bie n, y ahora entramos en el
segundo de los citados, la participación de la red provincial era con mucho la m ás
importante. Este hecho llevaba implícito do s consecuencias directas. Una, la baja
capacidad de carga con la que había venido pr estando serv icio la red viaria regional.
Efectivamente, al exam inar la evolución de la red gallega según su titularidad jurídica
3) Autovías...125 km .
4) Auto vías libres de peaje... 161 km.
5) Autopistas de peaje...1.659 km.
257
descubrimos com o es la de menor capacidad de transporte la que había experim entado
el mayor crecim iento en longitud. Por tanto, el crecim iento que había conocido la red de
carreteras se interpreta más desde el prism a de que Gali cia padecía internam ente unos
bajos estándares d e conectividad territo rial que de una auté ntica mejora en sus niveles
de accesibilidad regional.
Explicado esto mismo de un modo m á s sencillo, podría decirse que el
crecimiento en longitud de la red v iaria gallega acaecido entre los años 1970-1984 fue el
tipo de dotación de inversión pública en materia de infraestructuras básicas de
transporte que la Administr ación Central había estim ado c onveniente instrumentar para
contrarrestar los advers os efectos de l os desequilibr ios intrarregionales que se estaban
detectando en el interior de territorio gallego. Por una pa rte, se trataba de poner en
servicio una red de carretera s destinada vertebrar internam ente al poblam iento regional,
teniendo presente el elevado índice de dispersión geográfica que acusaba Galicia. Por
otra, resta añadir que la red gall ega de carreteras no se encontraba cerrada , completa ni
tampoco jerárquicamente articulada en las fechas de re ferencia. En suma, del conjunto
de estos factores podemos deducir que en Galicia existían amplias áreas que padecían
un déficit crónico de oferta de conectividad territo rial. Así pues, estos indicadores a
repercutían directamente, tam bién, en que la operatividad de la red gallega alcanzase
unos niveles de accesibilidad territorial muy bajos en comp aración con las tres áreas
territoriales m ás económicam ente desarrol ladas del Estado: Madrid, País Vasco y
Cataluña. 24 Señalaba el propio Plan General de Carreteras 1984-1991 que el nivel de
dotación presupuestaria destinada a la ejecució n de infraestructuras de transporte por
carretera estaba en estrecha relación a la densidad de población y el grado de
concentración de la m isma.
En efecto, la ejecución de una m alla de carreteras de mayor capacid ad de carga
redunda en que cada itinerario de la red alcance unas velocidades comerciales medias
más elevadas que las operativas hasta ese momento. Asim ismo, la mayor capacidad de
carga de la red ejecutada obliga a que la planificación de estas infraestructu ras de
transporte dote a los firm es de la calzada de una m ayor anchura. La prestación de
servicio de una carretera dotada de mayor anch o de plataform a influye en tres factores.
Uno, la superior capacidad de carga asignada a la red de nueva ejecución posibilita la
24 MARCO BORDETAS, L., et., al. Incidencia del transport e en el desarr ollo regi onal, pá g., 504 .
Subsecretaría de Plan ificación . Presidencia del Gobierno. 1977. Madrid.
258
absorción de unas mayores dem andas de viaje; así como también refuerza
considerablemente los estándares de seguridad vial al tránsito diario registrado sobre la
mism a. Ciertamente, las crec ientes demandas de m ovilidad que se estaban registra ndo
desde finales de los años 1970 y comienzo s de los 1980, hacía necesario poner en
funcionamiento una red viaria dotad a de an chos de plataform a capaces de adecuarse a
las IMD que se estaban registrando en cada itine rario de la red nacional abierta al
tráfico. A su vez, la dotaci ón de una mayor o m enor capacida d de transporte tam bién se
encontraría justificada en base a las previsiones fu turas de crecimiento del índice de
motorización . La im portancia de este indicador, la evolución del índice de
motorización , obligaría a un conocim iento exhaustivo de este indicador respecto de cada
territorio co ncreto para aquéllos sobre los que d iscurren los itinerarios d e la red viaria:
evolución de la motorización a escala m unicipal, comarcal y provincial.
El segundo de los factores se relaciona con las características técnicas con las
que se construiría el trazado de la nueva red de com unicaci ones. En primer lugar, el
diseño del nuevo trazado estaba obliga do a cum plir la normativa so bre radios de
curvatura en planta de la red, pendientes m áximas y m ínimas perm itidas, drenaje de la
carretera, habilitación de ci rcunvalaciones, condiciones de impacto medio am biental,
etc. 25 Por último, la instrumentación del R.D. 1302/86 y su reglamento de desarrollo
trataban de paliar en buena parte los más que previsibles y siempre adversos efectos de
impacto m edio ambiental derivados de la ej ecución de infraestructuras d e transporte. El
conjunto de todos estos factor es repercute directamente s obre las condiciones de la
seguridad vial , la descongestión de la red, la segregación de tráficos según su m atriz O-
D, el registro a la baja del índi ce de siniestralidad vial , el incremento de los costes
energéticos ocasionados por los tráficos de colisión ( pesados y ligeros ) y la congestión
25 La Ley de Carretera s 25/1988 proponía u na sustanciosa m ejora en las condi ciones de la seguri dad vial
con las que debería operar el tran sporte. Un buen ejemplo de este pro pósito lo constituían las
modificaciones normativas sobre las condiciones a cum plir por los firmes, drena je, ancho de las
plataformas, etc. Pa ra ello, disponía la Ley la necesidad de efectuar un mayor control en las áreas que
registraban altas de nsidades de tráfico e ntre las qu e destacaban los e jes de acceso a las grandes ciuda des
españolas. Asimism o, el propio t exto de l a Ley se pronunciaba a biertamente en favor de ejercitar una
política de in versión pública destinada a impulsar la reordenación de los ejes de acc eso operativos en
aquel mome nto, situación ésta que pasaba por la n ecesaria construcci ón de aquellas vías de servicio
orientadas a incrementar los estánd ares de conectivid ad y accesibilidad territorial.
259
de la red, las pérdid as de horas laborales, etc., que en su conjunto forman parte de
capítulo de externa lidades negativas del transporte. Así pues, las condiciones de trazado
asignadas a la nueva planificación propuesta en el Plan General de Carreteras 1984-
1991 se destinaban a garantizar una mejor of erta de conectividad territor ial en la red del
Estado a su paso por las diferentes CC.AA.
El últim o de los factores alude a las condiciones que la capa de rodadura le
reportaría al tráfico ordinario. Efectivamente , la ejecución de la red prevista en el Plan
General de Carreteras exigía la modernización de los firmes para adaptarlos a la
presencia de unos tráficos que soportaban crecientes capacidades de transporte. En
efecto, en línea con lo anterior la evoluci ón del transporte efectuado m ediante vehículos
pesados, según constatan los boletines de la Dirección General de Tráfico para el
primer quinquenio de los años 1980, habí a experim entado una tendencia hacia la
estabilización en su índice de motorización . La razón que contri buye a explicar es te
hecho hay que tratar de encontrarla en que las nuevas unidades com ercializadas habían
incrementad o considerablemente su capacidad de carga para así rentabilizar al m áximo
la gestión de los tráficos.
Esta política empresarial de transporte ac lara que el crec imie nto en capacidad de
carga de los nuevos vehículos industriales llevaba aparejada la expedición de licencias
de transporte que trataban de abarcar te rritorialmente un mayor radio de acción. La
importancia de esta m edida cons istía en que la nu eva oferta de transporte de m ercancías
por carretera trataba de cubrir operativam en te todo el radio de acción d e sus mercados
potenciales. En otras palabras, una vez que el mercado de la construcción de vehículos
de mercancías por carretera hubo increm enta do considerablemente la capacidad de
carga de las nuevas unidades transportadoras, la solicitud de licencias de transporte
expedidas por la Administración Central y de las CC.AA. debían adaptarse, primero, a
la especialización de cada compañía de tran sporte. Posteriorm ente, a la localización
geográfica territorial de los mercados según re sultaba ser la regularidad y frecuencia de
las demandas de transporte efectuadas entre cada uno de los territorios O-D.
Con atención ahora a la demanda de transporte realizada en vehículo ligero , la
ejecución de unas capas de rodadura con materiales betuminosos, m ás flexibles y
resistentes al transporte, se tradujo en la consecución de una conducción más cómoda y
fluida . Así pues, la mayor o m enor asignación de capital destinado a la construcción de
unos firmes adecuadamente resistentes a las condiciones del transporte aclararía como
la prestación de servicio de la red se beneficiaría cons iderablemente al dem orarse el
260
deterioro de las plataformas, en caso de que a las calzadas se las dotase del espes or
recomendado en la planificación propuesta al efecto.
Al estudiar la incidencia que ejerce la coyuntura económica sobre la inversión
pública en infraestru cturas de transporte, 26 tal y como se está proponiendo, tan sólo
resta indicar el impacto negativo que sobre el esfuerzo inversor supuso la Crisis de la
Guerra Irán-Irak de los años 1980 por sus efectos sobre la economía española. 27 Co mo
resulta obvio, la incidencia del co nflicto bélico entre dos de los principales países
productores de petróleo pronto se iba a dejar se ntir sobre las previsi ones de construcción
de obra nueva recogidas en la planificación que se está analizando. 28 Para el profesor
MARTÍN, J. M., la demanda de consumo de petróleo “presentó un cambio a partir de
1980-1981." Sostiene el autor que “la dema nda de energía se ve frenada como
consecuencia de la mayor racionalidad del c onsumo,” (...) así como también, los efectos
finales de los “program as de ahorro energético (...), “y la crisis económica” ejercerá “su
influencia ralentizada” (pág., 322).
26 La incidencia de la c oyuntura económica sobre el es fuerzo inversor en materia de infraestructuras de
transporte se pued e advertir ya en la redacción del Avance del Pla n General de Carreteras 1984-199 1.
Memoria Resumen , pá g., 34-42, op., cit. En el mismo se señala los efect os que le ocasiona el co nsumo
energético de p etróleo a la balanz a comercial española.
27 MARTÍN, J. M. Política energética , pág., 3 21 y sig. , en: GÁMIR CASARES , L. (Coor d.). Política
económica d e España . Edit. Alian za Universidad. 1986. Ma drid. Sobre la in cidencia de la crisis del Golfo
Pérsico sostiene el autor que (...) “la au sencia de una política energ ética coherente fue una d e las causas
del insufici ente ajuste de la econom ía española a los cambios que se habían produci do en el sect or
energético, en lo que a coste y disponibilidad se refiere a partir de 1973” (pág ., 322). Por otro lado, el
autor viene a señalar la m arcada influencia que en la ec onomía española estaba teniendo el consum o
energético procedente del Golfo Pérsico respecto a los de más países europe os. (... ) “Mientras en Eu ropa
la energía c on origen en el pet róleo perdía protagonism o ante las tra nsformaci ones derivadas de los
sucesos de Kippou r (1977) y de la crisis de Ir án (1979), en España las tendencias en el con sum o
reflejaro n tan sólo el segundo de estos aconteci m iento y, además, con algún retraso (p ág., 322).
28 El Avance del Plan General de Car reteras 1984- 1991 explicitaba que el Estado estaba pr ioritariam ente
más necesitado de la puesta en servicio de m ejo res carreteras que de la construcción de nuevos
kilómetros. A tenor de lo referido, la Administració n de carreteras del Estado convenía en que, “en
general, l os problem as de las carreteras español as tiene n más que ver con la cal idad y e stado de la red que
con la cantidad o ex tensión de la misma” (pág., 17).
261
E v o lu c ió n d e l c o s t e d e la g a s o lin a y g a s o il. 1 9 5 7 -1 9 8 3 .
0
20
40
60
80
100
1 95 7
19 6 0
1 96 3
19 6 6
19 69
19 72
19 7 5
19 78
1 98 1
19 8 4
E v o lució n t ar ifaria e n tr e 1957-1983.
V alor es d e las tar ifas en
pt as.
Ga s o l i n a
Ga s ó l e o
Ilustración 13: Evo lución de las tarifas de las gasolinas y el gasoil entre 19 57 y 1984 en España.
Con respecto a la incidencia que la coyuntura económica le ocasionó al nuevo modelo
de planificación de las infraes tructuras de transportes, el Plan General de Carreteras
1984-1991 había sido consciente de que el conflicto entre Irán-Irak le acabaría
acarreando a la econom ía nacional una coyuntura adversa . 29 En este sentido, las
previsiones formuladas para el comportam iento de nuestro com ercio exterior a la hora
de actuar en los mercados mundiales, y ello por causa de la creciente
internacionalizac ión de la economía mundial, era m á s que seguro que el saldo de
nuestra balanza de pagos arrojaría un saldo negativo , toda vez que estaba previsto que
se incrementarse el capítulo gastos im putables a las importaciones de productos
energéticos. 30 En la siguiente tabl a se puede seguir la evolución tarifaria de los costes
energéticos correspondientes a los combustibles fósiles (gaso il y gasolina) que eran los
29 Para un c onocim iento m ás detallado s obre los efectos de la coyunt ura económ ica internaci onal sobre la
española pued e seguirse a TORRES y GÁMIR CASARES, L. Política exterior , pág., 132 y sig., en
GÁMIR CASARES, L. Política económica de España, op ., cit.,
30 MARTÍN, J. M. Política energética , pág., 323, e n: GÁM IR CASARES, L. op., cit. Sostiene el autor
que (...) D urante años, el origen exteri or de buena par te de la energía cons umida ha ejerci do una
influenci a negati va sobre la balanza de pa gos y ha situado a un nivel bajo la cobertura de c onsum o
energético con producción interior (pág., 323). Po r último, señala el profesor MARTÍN qu e (...) “El shock
energético de 1979-1980 afe ctó en unos 50 00 mill ones de dólares a la bala nza por cuenta corrie nte, pasó
de un li gero superávi t a un fu erte défici t.” (pág., 32 5)
262
transversales . El tercero de los propósitos nos acla ra un poco m ejor el hecho de que los
numerosos itinerarios transversales abiertos al tráfico se encontrasen registrando unas
densidades circulato rias insuficientes , un hecho debido más a las malas características
geométricas y de trazado que padecía la red que a la carencia de demanda de m ovilidad
hacia los territo rios sobre los que discurrían dichos ejes.
En consecuencia, el programa recogido por el nuevo marco planificado r trataba
de salvar lo s escollos localistas , de fragmentación y falta de conexión en los qu e se
habían visto sumidas las planificaciones que le habían precedido en el tiem po: Plan
REDIA, Plan PANE , Plan Nacional de las Redes Arteriales , etc. En suma, no resulta
aventurado significar que se tratab a de un Plan que recogí a, de un modo global, un
cúmulo de esfuerzos propuestos por la Ad m inistración del Estado y destinados a la
elaboración de una política de transportes integradora , al tiempo que debía posibilitarle
a cada Comunidad Autónoma la consecución de un modelo de desarrollo regional
descentralizado .
Con todo, el alcance asignado a las invers iones que se encontraban glosadas en
el texto del Plan tenía todavía mayor reli eve. L a planificación propuesta asumía como
su cometido increm entar la oferta de conec tividad inter regional, para así pon er en
funcionamiento una red de transportes por carretera capaz de garantizar la plena
cobertura territorial al conj unto del Estado. Ciertamente, de la redacción del Plan se
podía deducir una filosofía de m arcado tinte conciliador tendente a articular las d istintas
planificaciones de carreteras propuestas por part e de cada una de las Administraciones
con competencias sobre red viaria. Explica do de este m odo, apreciamos com o en la
finalidad de es te nuevo escenario programático se anhelaba la armonización de
esfuerzos entre la Adm inistración Cent ral (MOPU) y las perten ecientes a las
Comunidades Autónom as, para fijar, de modo coordinado, las líneas de actuación que
primarían en el futuro.
Otro de los aspectos destacados que puede ser extraído del carácter de este
modelo de planificación, y además, estr echam ente relaciona do con el expuesto
anteriormente, es el establecim ien to de una política de transporte integrada y
multimodal . Se pretendía instrumentalizar, por parte la Administración Central, la
prestación de servicio público de trans porte a cargo de cada uno de los modos que
concurrían en el mercado es pañol según fuese el nivel de especia lización de cada
operador para, en últim a instancia, obtener la participación de una oferta pública que
269
pretendiese alcanzar el principio de complementariedad de la oferta, y no una
competencia entre m odos.
En efecto, como recogía el propio Avance del Plan General de Carreteras 1984-
1991 , se trataba de que el Plan formulase un te xto en el que debería estar p resente su
carácter coordinador . 34 La propuesta del Plan estaba encaminada a servir de nexo de
unión respecto de las actuaciones propuestas por las diferentes Administraciones con
competencias en m ateria de infraestructur as de transportes y comunicaciones. Así,
señalaba el texto de la nueva política de tran sporte respecto al papel y función que éste
necesariamente debía cu mplir:
“Elemento de coordinación con las actuaci ones en el resto de las infraestructuras
de transporte (y en concreto con lo s serv icios de transporte por carretera). Ello
en consonancia con la tendencia actual de englobar, o cuando menos articular,
los planes de carreteras dentro de los pl anes de infraestructura de transporte o
incluso de planes integrales de transporte”.
Por último, el Plan General de Carreteras 1984-1991 se constituía en un medio
ideal para promover “una adecuada localizació n de actividades, [donde] se tienda al
equilibrio territorial y se ar ticule una acertada asignación de recursos,” pe ro ello no sin
antes haber establecido un escenario de coor dinación para las “act uaciones de materia
de política territorial , económica y s ocial.” 35
Estudiados de un modo amplio los epígrafes co ntenidos en el Plan General de
Carreteras 1984-1991, tan sólo resta aproximarnos a la s diversas vertientes sobre las
que la Administración de carreteras había de sarrollado en el nuevo modelo de Plan. La
Administración Central había tratado de esbozar el nu evo escenario de la política
nacional del transporte, contemplando en la m isma influencias tan destacadas como las
que había ejercido el Libro Blanco del Transporte de 1979 . Se trataba, por tanto, de que
el nuevo escenario en el que se iba a desa rrolla r la política de transporte público
contemplase dos variables estructurantes : el tráfico y el terr itorio, puesto que la
participación de ambas definían los nive les de dotación de inversión pública en
infraestructuras.
34 Avance del Plan General de C arreteras 1984-1 991 , op., cit ., pág., 49.
35 Plan Gener al de Carreter as 1984-1991, pág., 154 y sig. MOPU. Est os mism os supuestos pue den
igualm ente ser estudia dos en el Avance del Plan Ge neral de Carrete ras 1984-1 991 , pág., 49 y sig.,
MOPU.
270
Con referen cia a la prim era de las mism as, las inversiones en m ateria de
carreteras estaban destinadas a asegurarle al tráfico m otorizado la oferta de una
completa red de com unicaciones, a fin de que ésta diese servicio al parque nacional de
vehículos. Por lo que atañe a la segunda de las citadas, la red viaria de titularid ad del
Estado al presentar unos itinerarios que discur rían por el co njunto del territorio español
incidirían, prim eramente, en la con secución de una m alla que oferte una adecuada
cobertura territorial, en razón a que es el propi o territorio el lugar sobre el que se genera
la demanda regular de tráfico. Por otra pa rte, también habría que señalar un segundo
aspecto: la oferta de conec tividad territorial según la capacidad de carga de la red es
quien ordena las demandas de trans porte que se tienden a registrar.
En conclusión, no resulta ocioso manifestar que el primer Plan General de
Carreteras de la era democrática española había sido gestado en base a la
conformación del triángulo : tráfico, territorio y economía. 36 Al tratar de explicar la
importancia que cada uno de los tres vértices ostenta en el modelo de planificación que
estamos a analizar, comenzarem os por el pa pel del tráfico. La dotación de inversión
pública en materia de carreteras p retendía modernizar la red nacional, para que se
adecuase el nivel de servicio registrado a la dem anda real de trans porte. Aún más lejos,
el crédito presupuestario destinado a obtener una red viaria equilibrada en lo que a
demanda de m ovilidad se refiere, lleva apare jado dos externalidades pos itivas. Una, la
consecución de unos mejores estándares de seguridad vi al gracias a la homogeneización
de las condiciones de circulación en itinerarios completos, reduciendo , al tiempo, el
impacto del tráfico de paso en los núcle os de población. Dos, efectuar un nivel de
inversión pública en infraestructu ras de trans porte vinculado a la si tuació n en la que se
encontraba anclada la coyuntura económi ca. En cualquier caso, siempre según la
potestad normativa de que disfruta la Administ ración del Estado, que es quien
instrumenta una prescrip ción técnica actualizad a, y que a la postre regirá la normativa
de carreteras.
36 Efectivam ente, dejaba disp uesto el propi o Avance del Plan Gener al de Carreter as , op., cit ., pág. 49 y
sig., que dentr o de los objetivos que se le habí an as ignado, uno alcanzaba m ayor peso específico: el papel
del transp orte en la or denación del t erritorio. E xplicit aba el Plan que el hecho de “m ejorar las ca rreteras
es conseguir d e manera sim ultánea que sirv an mejor al tráfico y se integren más armónicamente en el
territorio”.
271
Con referencia ahora al papel que cump le la economía, la redacción del Plan
había pretendido la consecuci ón de los principios de racionalización económica en la
ejecución del gasto público programado para optimizar la gestión de la red a planificar,
y de eficacia en la asignación de recursos d es tinados a financiar íntegram ente las
dotaciones de las partidas presupuestarias. En otras palabras, la Administración del
Estado se había propuesto ejecutar una red de carrete ras íntimam ente relacionada con
las necesidades del país y siempre según el interés general ; así también, a la hor a de
determinar la longitud total de la mism a se habían evaluado las posibilidades de cubrir
su financiación con cargo a sus recursos. Por otro lado, el principio de racionalidad
económica y de eficacia en la gestión , estaban presentes desde el momento en el que el
Plan les había dispensado una atenci ón preferente a los ca pítulos de conservación y
modernización de la red existente. Como bien recoge el texto del Plan, 37 “no se trata tan
sólo de aumentar la inversión, sino de mejora r el rendim iento de la que se haga.” En
consecuencia, no cabe duda de que el principio de racionalidad económica había sido
un criterio presente en el Plan, y ello máxime en los primeros com pases de la década de
los años 1980 en los que el Estado se encontraba tratando de remontar los efectos de la
crisis del petróleo . De este m odo, la Administración de carreteras del Estado tenía que
hacer frente, con urgencia, a la superación del handicap a que había dado lugar la caída
de los niveles de dotación de inversión públic a registrados en la re d viaria del Estado
desde los últimos años de la década de los 1970.
En efecto, la caída del montante de las dotaciones presupuestarias había
provocado el progresivo deterioro de la red nacional en lo que a estado de los firmes y
capacidad de carga s e refiere. Por tanto, a fin de solventar estos problemas se tuvo que
habilitar una asignación de crédito con cargo a los Presupuestos Gene rales del Estado
que se iría revalorizando interanualmente a partir de 1984 a un ritm o de incremento del
10%.
El tercero y último de los vértices lo ocupaba los efectos previsibles que el Plan
General de Carreteras 1984-1991 le ocasionaría a la cohesión del recientem ente
estrenado Estado de las Autonomías . De entrada, la plan ific ación había configurado una
malla destin ada a cubrir el crecim iento de la demanda de transporte nacional. Así, al
poder tener ésta su matriz O-D en los difere ntes territorios autonóm icos era menester
que la Administración del Estado im pulsa se decididamente una política para las
37 Avance del Pl an General de Carreteras , op., cit ., pág., 50.
272
inversiones en materia de transporte, en el seno de la cual los objetivos de desarrollo
regional ocuparían un lugar preferencial . La oferta pública de com unicaciones, por
consiguiente, tendería a experimentar una m ayor fluidez en la canalización d e los
tráficos que operaban a escala interreg io nal, toda vez que se había logrado
descongestionar los itinerarios m ayoritariamente dem andados por el tráfico.
Contemplado desde este punto de vista, ni que decir tiene que este tipo de actuaciones
debían ser examinadas desde una amplia perspectiva, la de la ordenación del territorio .
Ciertamente, una de las m edidas que con mayor insistencia estaban demandándole las
Administraciones au tonómicas al Gobierno del Estado era la de reforzar la capacid ad
de carga de aquellos itinerar ios de largo recorrido . En estrecha relación con la anterior,
situaremos la m ejora sustantiva que a la oferta de conectiv idad territorial le suponía la
vertebración interna del Estado, y la consecución de un m ás amplio equilibrio so cial y
territorial . Finalmente, la of erta de conectividad territo rial reportaba a los territorio s
sobre los que discurría la nueva red nacional una considerable m ejora en los índices de
accesibilidad territorial. Efectivam ente, la necesidad de increm entar los niveles de
accesibilidad territorial debía ser un obje tivo prioritario en aquellas re giones que como
la gallega se encontraba n acusando unos estándares deficitari os si los comparam os con
Madrid, Cataluña, País Vaco y País Valenciano. 38
La obtención de unos niveles de accesibilid ad territorial bajos repercutía en la
consiguiente desarticulación a que se encont raba expuesto el sistema productivo gallego
a la hora de participa r en el mercado inte ri or español. Así, este i ndicador constituye una
de las principales claves explica tivas de la escasa capacidad de transformación y de
modernización que caracterizó en el tiempo la econom ía regional. En la tabla siguiente
se ha tratado de computar los co eficientes de la accesibilid ad territorial interpro vincial
de las provincias gallegas respec to de las restantes españolas. 39 Asimismo, se ha
estimado oportuno efectuar el cálculo del coeficiente de accesibilidad territorial media
38 Plan General de Carretera s 1984-1991. Balance , op., cit ., pág., 56-60. MOPTMA . 1994. Ma drid.
39 Para un c onocim iento po rmenori zado del c álculo del coeficiente de a ccesibilidad media interprovincial
puede seg uirse el inte resante estudi o de MARCO B ORDETAS, L. ( Et., al .,) Incidencia del transporte en
el desarroll o regional , pág., 502. Edit. Subsecretaría de Plan ificación. Presidencia del Gobierno. 1977.
Madrid.
273
interprovincial de las provincias gallegas respect o de los “tres grandes focos de
expansión económica: Madrid, Barcelona y Vizcaya.” 40
El cálculo de los índices de accesibilidad terr itorial propuestos por MARCO
BORDETAS se ha basado en la aplicación de la metodología que en su mom ento había
seguido la planificaci ón francesa para trat ar de superar las problemáticas del
enclavamiento territorial . 41 La elaboración de la metodología sobre los coeficientes de
accesibilidad medios partía del hecho de que cada una de las provincias españolas se
comportaban com o unas unidades económicas espaciales bastante autónomas entre sí. 42
Esta situación im plicaba que los territor ios provinciales o stentaban un determ inado
poder de atracción de transporte que podí a ser ejercido sobre las demás provincias
españolas. El gradiente o la intensidad de la atracción de los flujos de transporte era
diferente entre unas provincias y otras. Algunos factores explicativos son los que hacían
referencia al nivel de desa rrollo ec onómico existen te, la disposición geográfica que
presentan las provincias españolas respecto de la tra za que siguen los itinera rios de
comunicación que ofertan conectividad territ orial a cada territorio provincial, la
disponibilidad efectiva de unas infraestruc turas de transporte de buena calidad
operativas en régimen de intermod alidad , y la distancia física en kilómetros habida
entre territorios provinciales. Este últim o fact or nos concluye por mo strar la intensidad
de los tráficos contabilizados entre provincia s. N o coge lugar a dudas que los territorios
provinciales limítrofes e ntre sí tienden a oste ntar unas relaciones inte nsas, a tenor de su
proximidad geográfica. En igual dirección cab rí a expresarse respecto de las provincias
que se encuentran formando parte de un m ism o territorio regional y que disfrutan de una
40 MARCO BORDETAS, L. ( Et., al. ,) Incidencias del transport e en el desarrol lo regional, pág., 504 y
sig., op., cit.,
41 La elaboración del m étodo de estu dio del cálculo de los índices de accesibilidad fue propuesta a raíz de
la aplicación exitosa de la planif icación del transporte en Francia. El relieve que en la plani ficación
francesa tenía esta variable hay que tratar de exam in arla desde el prisma de la incidencia que estaba
ejerciendo el enclav amiento territorial . Por ello, la Adm inistración espa ñola (Direc ción General de
Planificación Territorial) pr onto entendería co mo necesari o la aplicación de los índices de accesibilidad
territorial para tratar de superar e n la medi da de lo s posible en acent uado enclavamiento que estaba n
acusando territorios como Galicia.
42 Es de destacar que ya en la I Encuesta de Transporte de Mercancías por Carretera de 1969 se indicaba
que por térmi no medio el 8 5% del trá fico origi nado y el destinado en cada provi ncia españ ola se reali zaba
en la pr opia pr ovincia.
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