Lucinda y Belardo : nuevo y curioso romance en el que se refiere que estando Belardo cautivo en Constantinopla se enamoró de él la hija del rey ...
Full text
LUCINDA
Y
BELARDO.
o
NUE^O
T
CURIOSO
ROMANCE
EN
EL
QUE
SE
REFIERE,
que
es ando
Bela do
cau i o
en
Cons an inopia
s<
enamo ó
de
«i
la
hija
del
Rey,
y
después
que
se
hizo
C is iana
se
pusie on
en
camino
pa a
eni
á
Valencia,
los
quales
ue on
cogidos
po
el
Tu co,
y
con
sin ie on
mo i
quemados
po
no
enega
de
la
ley
de
Dios.
l
u
el
alcáza
de
Venus,
jun o
al
Dios
de
los
plane as,
en
la
g ao
Cons an ino
pía,
allá
en
la
casa
de
Meca,
donde
aquel
sul án
bagaba
impe io
de
an as
ue zas;
aquel
Alco án
que
odos
le
pagan
ibu o
en
pe las,
ey
de
se en a
y
es
eyes,
de
sie e
impe ios
cabeza:
es e
al
iene
una
hija,
que
es
del
impe io
he ede a,
iene
Lucinda
po
nomb e
po que
luzcan
sus
bellezas,
mas
que
un
ono
de
amadles,
mas
que
el
cielo
de
Que eda,
ae
la
Luna
en
¡a
en e,
son
dos
aljabas
sus
cejas,
sus
ojos
son
dos
leche os
que
es án
i ando
sae as,
es
si ena
encan ado a,
que
encan a
cuan os
encuen a;
he ida
es á
del
amo
po que
una
amo osa
lecha
la
aspasó
el
co azón
po
lo
que
padece
y
pena,
siendo
la
causa
un
Cau i o
de
la
Ciudad
de
Valencia,
que
en
los
ja dines
del
Tu co
sus
plan as
cul i a
y
iega;
no
es
mozo
de
mucho
iempo
que
á
quince
años
no
llega,
cuya
gala
y
disc eccion
pun o
es
de
la
gen ileza;
se
mas
Lucinda
que
no
due me,
que
con
ansias
se
des ela,
y
ue
que
es ando
Bela do
algo
quejoso
una
sies a
al
pie
de
una
he mosa
uen e
cuyas
co ien es
isueñas
con
ga gan illas
mu mo an
lo
que
dis ibuyen
pe las,
al
son
de
un
ino
ins umen o,
cuyas
conce adas
cue das
dan
p incipio
á
sus
acen os
y
las imosas
que ellas,
y
pa a
da les
p incipio
decía
de
es a
mane a:
Vi gen,
pues
Vos
sois
mi
mad e,
habéis
de
mi
la
clemencia,
si
nací
pa a
pena
el
Cielo
me
dé
paciencia;
mas
Lucinda
que
no
pudo
esis i
an as
e nezas,
se
a ojó
despa o ida
en e
unas
ma as
espesas
que
es á
escuchando
á
su
aman e
es as
las imosas
qu jis
y
hacia
donde
es a
el
Cau i o
paso
en e
paso
se
ue a,
le
dice:
C is iano
amigo,
¿que
ienes
¿
?
que
e
lamen as¿
ha ás
á
las
pinas
du as
hablanda
con
us
que ellas.
Si ena
soy
que
en e
encan o
la
memo ia
aigo
imp esa,
en e
u
amo
y
us
e sos
hallan
ali io
mis
penas.
Vol ió
el
C is iano
la
ca a
y
mi ando
a
la
P incesa
con
una
se ena
isa
la
dice
de
es a
mane a:
¿cuando
me ecí,
Seño a,
que
u
magos ad
me
ea,
siendo
g an
dicha
en
un
is e
el
que
le
mi e
una
eina?
Dijo
Lucinda:
es
mi
glo ia
mi a
es as
azucenas,
se
me
pe dió
un
diaman e
ai
pie
de
es as
mace as,
y
aho a
le
ine
á
halla
jun o
á
es a
uen e
isueña.
El
C is iano
que
la
en iende
la
dice
de
es a
mane a:
.
ese
diaman e,
Seña a,
es
un
uego
que
e
quema.
Lucinda
le
echo
los
b azos
po que
el
amo
ya
la
ciega,
le
dice:
dueño
del
alma,
dulce
y
egalada
p enda,
los
diaman es
de
us
ojos
son
dos
luces
que
me
queman,
yo
me
mue o
y
u
lo
sabes,
y
si
u
no
lo
emedias
los
bolcaues
de
es e
pecho
me
ha án
pe de
la
paciencia
Bela do
dijo:
Seño a,
ep
> aos
que
es áis
ciega,
que
soy
C is iano
y
cau i o,
y
engo
de
pob e
es e a,
y
u
Mo a
y
de
es e
impe io
e es
Reina
y
he ede a;
y
mal
puede
habe
amo
donde
la
ley
no
empa eja.
Dijo
Lucinda:
Bela do,
no
seas
de
esa
mane a,
que
e es
niño
y
no
lo
en iendes,
y
es
cosa
muy
e dade a
el
goza
de
la
ocasión
cuando
el
amo
lo
desea.
Quedó
la
Reyna
do mida,
y
el
C is iano
que
es á
ale a,
dispuso
den o
en
su
pecho
de
ac is iana
á
la
Reina
con
una
concha
de
pla a
que
la
Tu ca
consigo
lle a:
en
el
nomb e
de
Dios
T ino
la
echó
el
agua
en
la
cabeza,
-
la
puso
po
nomb e
Rosa,
y
quedó,
osa
an
bella,
que
en
pa anin o
de
lo es
esuci ó
en e
azucenas,
dispe ó
del
dulce
sueno
como
la
luna
se ena
cuando
sale
en e
nublados
dando
luz
á
las
inieblas,
le
dice:
sab ás
Bela do
como
he
soñado
es a
sies a,
que
mi
alma
es aba
cau i a
en
una
p isión
pe pe ua
y
que
u
me
echabas
agua,
y
que
me
sacabas
de
ella.
Bela do
dijo:
Seño a,
es
cosa
muy
e dade a,
sab ás
como
es ás
C is iana
po
la
po es ad
inmensa
del
sobe ano
ocío
que
e
cayó
en
la
cabeza.
Le
dice:
dueño
del
alma
no
quie o
mas
que
me
quie as,
ademas
que
soy
C is iana
sino
que
mi
esposo
seas,
que
e
p ome o
es á
noche
an es
que
la
au o a
bella
enga
bo dando
los
campos
que
nos
amos
á
u
ie a,
pa a
que
conozca
el
mundo
que
la
que
ué
su
p incesa
po
deja
la
ida
ai ada
á
á
c is iana se
á
Valencia.
Qui óse
un
cendal
do ado
con
un
encaje
de
pe las,
le
dice:
oma
Bela do,
de
nues a
é
e dade a
se á
es e
cendal
es igo
has a
llega
á
u
ie a,
con
es o
quéda e
á
Dios
an es
que
nadie
nos
ea.
Se
ué
Lucinda
y
Bela do
quedó
solo
eo é
inieblas
agua dando
que
su
esposa
le
saque
de
an as
penas.
Se
die on
an
buena
maña
que
en
aquella
noche
misma
ap es a on
un
ba quillo,
y
en
él
dos
mil
cosas
buenas;
Rosa
se
is ió
de
Tu co
con
joyas,
galas
y
pe las,
y
Bela do
de
C is iano
po que
así
su
ley
lo
o dena.
Cua ocien os
mil
zequies,
de
a abia
y
ica
moneda,
lle a
pa a
su
aman e
joyas,
dine os
y
p endas:
se
salen
po
un
pos igo
que
o ece
una
alsa
pue a,
po
el
a enal
caminan
donde
el
ba co
les
espe a,
los
dos
se
me ie on
den o
na egando
á
oda
p iesa:
lle an
po
emo
el
deseo,
po
á bol
sus
diligencias,
po
elas
lle an
su
amo ,
y
po
inque e
sus
penas,
en
el
ma
de
su
espe anza
los
dos
aman es
na egan,
donde
los
lle a
el
iage,
donde
los
guia
su
es ella;
mas
no
quiso
su
o una
que
llegasen
á
Valencia
po que
los
alia on
menos,
y
el
Tu co
con
abia
ie a,
manda
que
luego
los
busquen
po
el
ma
y
po
la
ie a.
Salie on
dos
Gaiio as
ie as,
u anas,
sobe bias,
ca ozas
de
la
o una,
que
con
ai enes
na egan;
cuando
el
cla o
ubio
Apolo
iende
sus
do adas
heb as
dando
luz
al
nue o
dia,
dijo
Rosa
co í
g an
pena:
Be'a- do,
pe didos
somos,
po gue
dos
na es
scbe bias
nos
ienen
co ando
¡el
ien o
na egando
á
emo
y
ela,
y
pues
la
ad e sa
o una
da
aques a
sue e
lo
o dena
goce
la
ma
en
u
nomb e
aques as
joyas
y
pe las,
y
ya
que
u
no
las
gozas
nadie
las
goce
en
la
ie a.
Dijo,
y
echólas
al
ma ,
las
dos
co sa ias
que
llegan,
p enden
al
is e
ba quillo
po
ene
poca
de ensa,
cogen
á
los
dos
aman es
y
á
la
Có e
se
ios
lle an,
de
que
el
g an
sul án
los
io
al
p o iso
los
sen encia
de
que
han
de
mo i
quemados,
po que
asi
su
ley
lo
o dena.
Sacan
á
los
dos
aman es,
¡
ó
que
dolo !
50
qué
pena!
Bela do
de
quince
años,
su
ca a
e a
una
azucena,
y
Rosa
de
diez
y
sie e,
mas
he mosa
que
las
pe las,
uel a
en
candidos
jazmines
disciplinas
iole as:
desnudos
de
medio
a iba,
descalzos
de
pie
y
pie na,
desmelenado
el
cabello,
con
dos
muy
g andes
cadenas,
p egone os
an
delan e
con
cua o
oncas
ompe as,
que
son
oces
del
silencio
p egonando
la
sen encia.
Un
a co
se
ió
en
el
Cielo
con
dos
he mosas
diademas
esc i as
con
sang e
oja
aques as
siguien es
le as:
suban
aS
Cielo
los
jus os
ó
goza
la
glo ia
e e na,
y
los
injus os
se
queden
padeciendo
e e na
pena-
Es ando
ya
pa a
echa los
á
la
encendida
candela,
llegó
un
mo o
igilan e
y
dijo
de
es a
mane a:
de
pa e
del
g an
Sul án,
es o
decla a
mi
lengua,
que
si
ai
Alco án
ado an
y
p o esan
en
su
sec a,
que
si
eniegan
de
Dios,
de
la
Vi gen
pu a
y
bella
que
se
casa án
los
dos,
goza án
einos
y
haciendas:
mas
Rosa
le
espondió
con
una
é
e dade a:
ez
pe o,
y
dile
á
mi
Pad e
que
eniego
de
su
sec a,
que
po
no
e
á
Mahoma
me
a ojo
en
la
candela,
ca,
alien e
Bela do,
es a
es
la
é
e dade a,
in oquemos
á
Jesús,
y
á
la
Vi gen
pu a
y
bella-
-
Con
es o
ios
a oja an
á
la
encendida
candela,
y
lib es
de
oda
culpa
suben
á
la
Glo ia
e e na.
FIN.
SANTIAGO:
Imp en o
de
D,
Ramón
Nunex
Espino a.
u