scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Sociología criminal, estigma social y psicopatía: el caso Jarabo

Labora González, Juan José; Gómez Zsáková, Jennifer; Fernández Vilas, Enrique

Full text

‒ 120 ‒ CAPITULO 6 SOCIOLOGIA CRIMINAL, ESTIGMA SOCIAL Y PSICOPATÍA: EL CASO JARABO JUAN JOSÉ LABORA GONZÁLEZ Universidad de Santiago de Compostela JENNIFER GÓMEZ ZSÁKOVÁ Universidad Internacional de Valencia ENRIQUE FERNÁNDEZ-VILAS Universidad de Valladolid 1. INTRODUCCIÓN La evolución del concepto de psicopatía ha sido un viaje intrigante y multifacético, abarcando desde las primeras formulaciones de Philippe Pinel con su 'manie sans délire' hasta las modernas definiciones y caracterizaciones de figuras como Cleckley (1941/2015) y Hare (2013). Este recorrido -histórico y conceptual-, revela cómo la psicopatía ha sido comprendida, clasificada y contextualizada dentro de un marco que abarca lo biológico, lo psicológico y lo social. Cada contribución, desde las primeras observaciones de Pinel y Rush hasta las detalladas tipologías de Schneider y las refinadas listas de rasgos de Hare, ha añadido capas de complejidad y comprensión a este trastorno intrigante. La distinción entre psicopatía, sociopatía y el Trastorno Antisocial de la Personalidad (TAP) ha sido un tema particularmente espinoso, reflejando variaciones en la interpretación y énfasis en diferentes aspectos del comportamiento y la etiología. Mientras tanto, el debate sobre la naturaleza criminal de la psicopatía ha planteado preguntas profundas sobre la moralidad, la responsabilidad y la capacidad de rehabilitación. El caso de José María Jarabo, con su compleja intersección de comportamiento criminal, diagnóstico psiquiátrico y discusiones sobre el tratamiento y la comprensión de la psicopatía, encapsula muchas de las ‒ 121 ‒ cuestiones más apremiantes y persistentes en este campo. Este documento pretende explorar en profundidad estos temas, desentrañando las capas de historia, teoría y debate que han configurado nuestra comprensión actual de la psicopatía. 2. OBJETIVOS – Conocer los significados asociados a la psicopatía por parte de los medios al caso de Jarabo. – Identificar los imaginarios sociales que orientan la percepción de la psicopatía e identificar los posibles estigmas, sesgos de información o significados negativos atribuidos a esa persona a través de las noticias. 3. METODOLOGÍA Se llevó a cabo una investigación cualitativa, haciendo uso del paradigma constructivista y la teoría de los imaginarios sociales, tal y como fueron descritos por Juan Luis Pintos (2014). En primer lugar, se lleva a cabo una revisión bibliográfica para conocer el state-of-the-art en relación a la psicopatía e intentar ajustar lo más posible qué supone esa condición para una persona. Posteriormente, se aplicó la técnica del Estudio de caso, de tipo descriptivo (Coller, 2000). Se elige el caso de José María Manuel Jarabo Pérez-Morris por ser uno de los primeros psicópatas diagnosticados oficialmente en España y condenado, posteriormente, a pena de muerte por el asesinato de cuatro personas en 1958. Se realiza una búsqueda bibliográfica para obtener una descripción del caso. Y, a continuación, se realiza un análisis de contenido de las noticias aparecidas en los medios de 1958 a 2022. 4. ORÍGENES DEL CONCEPTO DE PSICOPATÍA Philippe Pinel es reconocido por establecer los fundamentos teóricos de lo que ahora conocemos como psicopatía, introduciendo el término ‒ 122 ‒ 'manie sans délire', que describe un trastorno mental con alteraciones significativas en la moralidad sin afectar la cognición (Alcázar Córcoles y Ortega Córcoles, 2019; Pozueco Romero, 2010). Contemporáneamente, Benjamin Rush presentó el término 'depravación moral innata prodigiosa' para describir individuos con insensibilidad moral que conduce a comportamientos negativos originados por defectos congénitos no identificados (Aróstegui Romero y de Santiago Herrero, 2020). Pritchard avanzó en esta línea, acuñando 'moral insanity' para un trastorno manifestado en emociones y sentimientos, enfatizando la influencia de factores ambientales adversos. Diversos expertos como Jasper, Adler, y Koch expandieron el conocimiento. En concreto, Koch diferencia la psicopatía de la deficiencia mental y clasifica las personas con psicopatía en tres categorías (Aróstegui Romero y de Santiago Herrero, 2020). Kraepelin propuso la noción de inferioridad psicopática constitucional y delineó personalidades psicopáticas, esforzándose por determinar su origen orgánico; y definiéndolas en base a deficiencias afectivas o volitivas. Schneider, su discípulo, argumentó que los psicópatas sufren un trastorno de personalidad que afecta a los demás y a ellos mismos, ofreciendo una tipología de diez categorías. Kretschmer expandió esta idea, creando un continuo que coloca a los psicópatas en un extremo entre lo normal y lo patológico (López Magro y Robles Sánchez, 2005). Posteriormente, la Segunda Guerra Mundial motivó un auge en la investigación de la psicopatía para identificar individuos problemáticos en las fuerzas armadas. La Asociación Americana de Psiquiatría realizó esfuerzos significativos en este período para definir la psicopatía. Cleckley (1941/2015) se destaca como pionero en la conceptualización moderna de la psicopatía, proponiendo reemplazar el término 'psicópata' por 'demencia semántica'. Finalmente, Robert D. Hare (2013) consolidó los rasgos identificados por Cleckley a través de estudios empíricos y desarrolló una herramienta de evaluación (Garrido Genovés, 2016). 4.1. DISTINCIÓN ENTRE PSICOPATÍA, SOCIOPATÍA Y TAP La confusión en los medios y la comunidad profesional en torno a la psicopatía, la sociopatía, y el TAP demanda clarificación. ‒ 123 ‒ Originalmente, la psicopatía se asoció con aspectos mentales y de personalidad, mientras que la sociopatía, popularizada en los EE.UU. en los 60, enfatizaba su origen social (Garrido Genovés, 2016). Lykken caracterizó la sociopatía como déficits originados por factores ambientales negativos, diferenciándola de la psicopatía por su capacidad para mostrar conciencia y empatía dentro de ciertos contextos culturales (Dorta Lorenzo y de Santiago Herrero, 2020; Velasco de la Fuente, 2018). Hare (2013) distinguió el TAP, centrado en conductas delictivas y antisociales, de la psicopatía, definida por rasgos de personalidad y comportamientos socialmente desviados. 4.2. DEFINICIÓN Y CARACTERÍSTICAS DE LA PSICOPATÍA: LA CONDUCTA DELICTIVA La definición de psicopatía ha sido objeto de debate, aunque hay consenso en sus características de personalidad, principalmente derivadas de Cleckley y Hare. Se reconoce como un tipo de personalidad que se caracteriza por estar organizada alrededor de determinados rasgos. En este sentido, suelen ser individuos que exhiben carisma y adaptabilidad, pero con una notable falta de conciencia (Serrano, 2009, 2021; Vronsky, 2020). A pesar de la falta de una definición unánime y el debate sobre si constituye una enfermedad mental, se entiende generalmente como una alteración emocional con propensión al comportamiento antisocial y limitaciones en la empatía y remordimiento (Dorta Lorenzo y de Santiago Herrero, 2020). Así, autores como Hare (2013) han argumentado que las personas psicópatas tienden a ser más agresivas y violentas que otros delincuentes, principalmente debido a su falta de inhibiciones y la presencia de rasgos que potencian tales comportamientos. Estos individuos suelen tener una inclinación a victimizar a aquellos que perciben como más vulnerables, usando la intimidación y la violencia para dominar y controlar. A menudo, muestran un comportamiento depredador, viendo a otros como presas potenciales. El reconocimiento de la psicopatía, según Hare (2013), no sólo implica la manifestación de ciertos síntomas, sino también alcanzar una puntuación alta en el Psychopathy Checklist-Revised (PCL-R). Sin ‒ 124 ‒ embargo, este instrumento, a pesar de su reconocimiento, tiene limitaciones en su validez empírica. Se argumenta que emplea una lógica tautológica donde la conducta criminal se utiliza para definir la psicopatía y viceversa, creando un círculo vicioso en la interpretación de los resultados (Serrano, 2009, 2021). Akers et al. (2021) refuerzan esta crítica señalando que el PCL-R, desarrollado a partir de muestras penitenciarias, incluye en su definición y medición de la psicopatía las mismas conductas que pretende explicar. Es crucial reconocer que no todas las personas con rasgos psicopáticos incurren en delitos. Diferencias individuales como la inteligencia, habilidades profesionales, recursos económicos y control de impulsos pueden influir en este aspecto. Existen los llamados "psicópatas integrados", que, aunque pueden no cometer delitos, pueden llevar a cabo acciones en el límite de la legalidad y la moralidad, siendo potencialmente dañinos en contextos como el laboral y las relaciones interpersonales. Estos individuos a menudo se camuflan bien en la sociedad debido a la imagen que proyectan y pueden tener éxito en áreas que involucran poder, prestigio y liderazgo (Garrido Genovés, 2016; Velasco de la Fuente, 2018). En cuanto a la relación entre psicopatía, TAP y criminalidad, se puede afirmar que ambos fenómenos predisponen a la delincuencia en términos probabilísticos, pero no la determinan. No todos los delincuentes habituales o violentos son psicópatas, y no todos los psicópatas se involucran en actividades criminales (Pozueco Romero, 2011). La trayectoria criminal de una persona psicópata puede variar significativamente, con algunos disminuyendo sus actividades delictivas en la adultez y otros persistiendo. Además, no se puede deducir la psicopatía basándose en un solo delito debido a la variedad de crímenes que pueden cometer. Borrás Roca (2002) describe características comunes en los delitos cometidos por psicópatas: aparición temprana, tendencia a reincidir, y una variabilidad de delitos, a menudo asociados al consumo de sustancias y búsqueda de sensaciones fuertes. Inician sus carreras delictivas en la juventud con actos de destrucción y violencia persistente, incluyendo maltrato animal, absentismo, agresiones y actos vandálicos, frecuentemente acompañados de mentiras e indiferencia. ‒ 125 ‒ Es importante discutir y reflexionar sobre la complejidad de la psicopatía y su relación con el crimen. Si bien existe una correlación, la causalidad no es directa y está influenciada por múltiples factores. La sociedad y el sistema legal deben considerar estas complejidades al tratar con individuos psicópatas, tanto en términos de prevención como de rehabilitación. Entender la naturaleza multifacética de la psicopatía puede ayudar a desarrollar enfoques más efectivos para mitigar el riesgo de comportamiento delictivo y mejorar la integración social de estas personas. 5. EL CASO JARABO José María Manuel Jarabo Pérez-Morris (28/04/1923) nació en Madrid en el seno de una familia adinerada siendo su padre autoritario un abogado de buena reputación y su tío, Francisco Ruiz Jarabo. Fue alumno del Colegio Nuestra Señora del Pilar hasta que la familia decidió trasladarse a Miami y Florida. Durante su adolescencia fue diagnosticado de esquizofrenia paranoide y en 1930 se mudaron a Puerto Rico en donde Jarabo abandonó los estudios. A los 20 años se casó con una rica heredera, Luz Álvarez Mas, no obstante, el matrimonio no prosperó en consecuencia de malos tratos e infidelidades por parte de Jarabo, a lo que la mujer solicitó el divorcio cuando el hijo que tenían en común, José Ronaldo Jarabo, alcanzó los ocho años de edad. Posteriormente, se marchó a New York en donde llevó una vida consumida por los vicios hasta que en 1946 fue condenado a 9 años de prisión por tráfico de drogas y creación de pornografía llegando a abusar física y mentalmente de las mujeres que fotografiaba. Estuvo en la cárcel de Springfield hasta 1949 debido a que salió en libertad vigilada bajo fianza. Con todo, incumple el régimen en el que estaba y el 20 de mayo de 1950 huye a España con quince millones de pesetas de su madre (Bartolomé, 2021). En España vivió una vida de lujos que provocó que gastase todo el dinero en ocho años (Amiguet, 2018), convirtiéndose en “el rey de la noche y el alterne madrileño […] metido de lleno en el mundo de la prostitución y las drogas” (Bartolomé, 2021). Era descrito por sus conocidos ‒ 126 ‒ madrileños como un hombre alto y fuerte siempre vestido de traje que poseía una inteligencia superior a la normal y con mucha labia. También, se decía que sabía seducir a las mujeres y portaba un temperamental sentido de la caballerosidad (Gistau, 2019) que causaba numerosas peleas (Raimunda, 2014). Cabe destacar, que consumía alcohol y cocaína de forma diaria y que el primero lo volvía agresivo. Cuando se le acabó el dinero y la paga mensual de 7.500 pesetas de su madre comenzó a no alcanzarle para mantener su estilo de vida, empeñó objetos de valor de la casa familiar, llegando incluso a hipotecarla, pedir préstamos e involucrarse en negocios turbios, empleando durante ese tiempo distintos nombres: Señor Mendoza, Morris o Doctor Valmaseda (Bartolomé, 2021). Entre las amantes de Jarabo se encontraba Beryl Martin Jones, una joven inglesa casada con un hombre francés, que llegó sola en 1957 a Madrid. Jarabo y ella comenzaron una aventura disfrutando de los lujos y vicios de la noche. Sin embargo, terminándose el dinero y a espera de un cargamento de cocaína en octubre de 1957, Jarabo convenció a su amante de empeñar su sortija regalada por su marido en el negocio Jusper de la calle Sainz de Baranda 19, debido a que ya conocía a los dueños, Emilio Fernández Díaz y Félix López Robledo, de hace un año por tratos anteriores. En 1958, el marido de su amante viaja hasta España para llevarla de regreso a Francia, desde donde ella le escribe para reclamar con urgencia su sortija. Empero, cuando este va a recuperarlo surgen problemas: los prestamistas le exigieron más dinero (Bartolomé, 2021) y una autorización de la dueña (Gistau, 2019), a lo que Jarabo les entregó una carta comprometedora enviada por ella a él. Ante esto, según el testimonio de Jarabo, Emilio y Félix lo chantajearon para obtener 6.000 pesetas más a cambio de su devolución. El 19 de julio de 1958, los tres hombres tenían una cita a las nueve y media de la noche, pero Jarabo se ausentó debido a que a esa hora estaba cortejando a una mujer, por lo que se presentó horas más tarde cuando ya habían cerrado el local en el piso de Emilio en Lope de Rueda 57, con una pistola de calibre 7,65. Al entrar en el edificio tuvo cuidado de no dejar huellas, y tocó los botones del ascensor y puertas con los codos y uñas. Una vez entró en el domicilio, tras entablar una breve conversación con Emilio, en donde ‒ 127 ‒ Jarabo se justificaba por no acudir a la cita y exigía el anillo y la carta, Emilio le afirmó que no atendía negocios en su hogar y que mañana fuese al local y ya lo hablarían, negándose a darle el anillo y a decirle que no lo tenía en su casa, sino en el negocio. Después, lo expulsó de la casa, a lo que Jarabo dio un portazo fingiendo haberse ido. Seguidamente, fue al baño detrás de Emilio y le disparó por detrás a quemarropa en la nuca. La criada, Paulina Ramos, que se encontraba en ese momento en el piso, asustada acudió al baño y al ver esa escena intentó huir, pero Jarabo le golpeó en la cabeza con la culata de la pistola y la llevó a la cocina en donde cogió un cuchillo y se lo clavó en el corazón provocándole la muerte. Luego, la traslada a su habitación colocándola en la cama (Raimunda Rodríguez, 2014). Tras esto, aparece por la puerta la mujer de Emilio, María de los Desamparados Alonso Bravo, la cual estaba embarazada. Jarabo haciendo uso de su labia, ingenio e imagen engañó a la mujer afirmando ser un inspector de Hacienda ejerciendo su labor y provocando con ello, que su marido saliese un momento a la tienda a buscar unos papeles. Aparentemente, ella había sido engañada, pero observó que había manchas de sangre en la manga de su camisa por lo que comenzó a sospechar y quiso huir a su habitación. Pero este advirtió lo que estaba sucediendo y la siguió disparándole en la cabeza de espaldas y cayendo esta de rodillas contra la cama. Acto seguido “se apoderó de algunos objetos de valor que había en el domicilio, limpió la sangre, colocó el cadáver de Paulina con ropa interior rasgada como si la hubieran violado, con los genitales al aire” (Raimunda Rodríguez, 2014, p. 378). También, bebió una botella de anís que había en la casa, descolocó las sillas y mesa y se durmió en un sillón. A la mañana, abandonó el piso pasando el fin de semana en una pensión de Escosura y en el cine de Carretas. El lunes a las seis de la mañana entró en la casa de empeños con las llaves de Emilio para buscar el anillo que no logró encontrar. Apareció Félix y le disparó dos veces en la cabeza desde atrás. Tuvo que mover el cuerpo y tirar al suelo un saco de serrín que había ahí debido a que su sangre comenzaba a salir por la puerta. Se llevó en un maletín dinero, joyas y el arma del crimen y se trasladó a la tintorería Julcan en la calle Orense 49 para mandar limpiar el traje lleno de sangre. A los ‒ 128 ‒ trabajadores de la tintorería les dice que se manchó al romperle la nariz a un hombre de noche. Con todo, la policía alertó a los medios de comunicación de los sucesos, lo que hizo dudar a los empleados que avisaron a la policía. Fue capturado el 22 de julio mientras volvía de pasar la noche con dos mujeres cuando acude a la tintorería. Tras llegar a la dependencia de la Dirección General de Seguridad, un policía le muestra fotografías de las víctimas y el sujeto se desplomó en el suelo, a lo que los agentes llamaron a un médico que confirmó que estaba bien. Al principio negó ser el autor, pero acabo dándose por vencido e hizo una confesión completa de los hechos, no mostrando remordimientos. Tras ello, el juicio se inició el 29 de enero de 1959 y duró cinco días. Durante el proceso, se mantuvo sereno y frío y cambió un poco el testimonio, dando lugar a contradicciones con pruebas objetivas, intentando que su historia fuese menos horrible y que las personas se apiadasen de él. Asimismo, su defensa se sustentó en afirmar que era un psicópata, un término nuevo recogido en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales como “una alteración de conducta de origen desconocido. Se citaron a cinco médicos y psiquiatras. Dos de ellos, los Dr. Alberca Lorente y Llopis Lloret, afirmaron que era un psicópata desalmado, un enfermo mental y, por tanto, un irresponsable” (Raimunda Rodríguez, 2014, p. 380). Finalmente, en la sentencia, pese a ser considerado un psicópata fue condenado a la pena de muerte ejecutándose el 4 julio. Sus últimas palabras en el proceso fueron: No sé si soy un psicópata o no. Ni me importa. Lo único que sé es que soy el autor de cuatro muertes; dos quizá un poco justificadas, aunque en realidad ninguna pueda serlo…Y están haciendo todo lo posible para que me maten. Quieren llevarse mi cerebro para analizarlo en el laboratorio de la universidad (Raimunda, 2014, p. 381). Lo más sobresaliente es precisamente la mención del diagnóstico de psicopatía del sujeto. De la revisión del tema, he identificado en todos la afirmación de que Jarabo era un psicópata junto con diversas condiciones clínicas como la esquizofrenia o la drogadicción; es innegable el posible padecimiento de cualquiera de las condiciones mencionadas, no