Martín Almagro-Gorbea, 'Los Celtas. Imaginario, mitos y literatura en España'. Córdoba: Editorial Almuzara, 422 páginas, 2018. ISBN: 978-84-17229-13-9
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453Complutum. 30 (2) 2019: 453-456 RECENSIONES Complutum ISSN: 1131-6993 https://dx.doi.org/10.5209/cmpl.67093 Martín Almagro-Gorbea, Los Celtas. Imaginario, mitos y literatura en España. Córdoba: Editorial Almuzara, 422 páginas, 2018. ISBN: 978-84-17229-13-9 El quid de esta reseña está en presentar un libro obra de un arqueólogo que escribe sobre literatura, para una revista de arqueología, aunque su director se dirigió a mí para encomendarme la tarea por mi familiaridad con los problemas de estudio de los textos. Como el medio manda, trataré de presentar este trabajo con el objetivo de intentar ser útil a los lectores de Complutum. El libro, muy bien editado, se divide en ochocapítulosflanqueadosporunaintroducción y unas conclusiones. La introducción se plantea la pregunta ¿existe una literatura hispano-celta? Respondida positivamente desde esa misma introducción, pero con una demostración a la que se dedican los sucesivos capítulos. Las conclusiones recogen un resumen de los argumentos tratados y una manifestación clara, y reiterada a lo largo del libro, de que “los resultados obtenidos deben considerarse todavía, en gran medida, como hipótesis más o menos probadas” (p. 421). El libro en general, y algunos de sus capítulos o argumentos concretos, culminan investigaciones que Martín Almagro (en adelante MA) ha llevado a cabo en los últimos años donde, centrado en temas diversos, se planteaba el tema de la huella de las antiguas culturas celtasenlaconfiguracióndeluniversosimbólico tradicional de amplias áreas de la Península Ibérica (las temáticas con sede portuguesa no son ajenas a los intereses del autor). Destacan en este sentido su Teutates, con Alberto Lorrio (Teutates: el héroe fundador y el culto heroico al antepasado en Hispania y en la Keltiké, Madrid, 2011) y, con un contenido más afín con el libro que nos ocupa, Literatura hispana prerromana: creaciones literarias fenicias, tartesias, iberas, celtas y vascas (Madrid, 2013), siendo ambos la punta del iceberg de otras publicaciones. Presentaré el contenido del libro para después comentar algunos puntos. El primer capítulo consiste en una presentación de las literaturas en lenguas celtas desde los primeros testimonios en la antigüedad hasta la actualidad. De forma sumaria se pasa revista a los breves textos antiguos en lenguas célticas, sobre todo, a los testimonios e indicios de vida literaria, que no es lo mismo. En este sentido, pasajes de autores griegos o latinos referentes a temáticas occidentales pueden ser la huella de esa literatura céltica, con independencia de que no hayan dejado rastro en sus propias lenguas. Algo semejante ocurre con piezas arqueológicas de decoración singular y compleja – el ejemplo paradigmático puede ser el caldero de Gundestrup – que sólo se pueden concebir como la huella plástica de narraciones complejas y articuladas en forma de literatura oral. El segundo y largo capítulo ya se centra en Iberia y es particularmente atractiva su estructura. El tema principal está enmarcado por una presentación sobre las liras representadas en la plástica peninsular desde la Edad del Bronce como huella material de la práctica de formas de literatura oral, y el estudio de los recursos propios de la poética oral detectados en textos que, como forma poética, podrían tener raíces muy antiguas. Entre ambos argumentos, el núcleo del capítulo aborda el análisis de algu-
454 Recensiones. Complutum. 30 (2) 2019: 453-456 nos motivos iconográficos como testimonio de mitos conocidos en otras áreas célticas o indo-europeas, como el “Vaso de los Guerreros de Numancia”, la “Diadema de Moñes”, el “Lobo primordial”, para pasar a temas progresivamente más complejos, o más “literarios”, como el ciclo del “héroe fundador” – resumen del Teutates ya citado –, el dios solar NiethosNetón, atestiguado en epigrafía y testimonios literarios, el famoso mito de Gárgoris y Habis narrado por Justino, con su mezcla de motivos clásicosperocontemasespecíficamentecélticos según el argumento propuesto, el tema del héroe que mata al lobo infernal – con un brillante paralelismo entre una leyenda asturiana yelmotivoiconográficodeunvasoibéricode La Alcudia de Elche -, y el motivo de la cacería infernal. Los dos capítulos siguientes tienen un ejegeográfico. El tercero se ocupa de temas vascos, fundándose en parte sobre el carácter céltico de los autrigones, várdulos y caristios, ocupantes de parte de los actuales País Vasco y Navarra y con una frontera difusa y permeable con hablantes de protovasco más concentrados hacia el Pirineo y ya en Aquitania. Los contenidos de este capítulo se asientan en trabajos bien establecidos desde la lingüística (F. Villar, J. Gorrochategui) y la mitología comparada (F. Delpech), que se amplían hacia nuevas temáticas. Sin embargo, queda todavía por determinar cómo se produce la “vasquización” de esa literatura céltica oral – fenómeno con paralelos conocidos en cuanto al hecho en sí: la adopción de la mitología griega por los romanos, o de muchas formas de cultura china por los japoneses – pero también difíciles de explicar en cuanto al espesor del contexto social donde se lleva a cabo la adopción de la nueva cultura. Aquí entran en juego las distintas versiones de los relatos concernientes a los fundadores del señorío de Vizcaya y algunas de sus dinastías: Jaun Zuria, Iñigo Esquerra, Diego López, Íñiguez Guerra, Sancho Abarca. El cuarto tiene una localización celtibérica. MA señala las circunstancias de la conquista árabe que consintieron la concentración de poblaciones en las montañas ajenas a las corrientes dominantes en la Alta Edad Media, esto permitió la conservación local de un acervo literario oral que, seguidamente, pasa a la literatura romance en lengua castellana. Como en el capítulo precedente, el autor sigue y sistematiza aportaciones de sus predecesores y aporta análisis a favor de su propuesta general. Aborda tres de los cantares de gesta mejor conocidos: el Poema de Fernán González, Los Siete Infantes de Salas, y aspectos del Cantar del Cid. Los capítulos cinco y seis tienen una orientación temática. En el quinto se estudian los relatos y versiones hispanas de los viajes al más allá, bien conocidos en la literatura medieval irlandesa como ímmrama. Su fundamento es el mito cosmológico céltico precristiano que sitúa el otro mundo más allá del mar. Estos relatos, más o menos cristianizados, presentan a personajes que emprenden viajes allende el mar donde tienen visiones paradisiacas y se produce una suspensión del tiempo de modo que, a su regreso, aunque creen haber estado ausentes poco tiempo, en realidad han pasado cientos de años en sus lugares de procedencia. Este motivo está detrás del Romance del Conde Arnaldos, en el viaje de San Brandán, con numerosas versiones, también de San Amaro, San Ero de Armenteira, etc. El sexto capítulo presenta el motivo de la triple muerte. Comienza por una presentación de los casos en las literaturas indoeuropea y céltica, donde está particularmente bien atestiguado, y pasa al examen de los casos hispánicos que responden al motivo. En este caso MA también argumenta a partir de los análisis arqueológico-forenses efectuados sobre los restos humanos de la edad del Hierro encontrados en turberas a lo largo de Europa y que, en algunos casos, parece que han sufrido una muerte resultado de una acumulación de diferentes formas de matar. MA encuentra el motivo en Los Siete Infantes de Salas, vuelve sobre este romance, en el Libro de Buen Amor, y en la forma de dar muerte a Santa Mariña de Augas Santas. Finalmente, los capítulos siete y ocho son más breves y también más “literarios”, si cabe, pues se ocupan de la huella céltica en obras literarias más hechas y complejas como son la tradición artúrica, y los romances de caballería, para terminar, en el capítulo ocho, con las huellas de tradición oral de base céltica en las leyendas de Bécquer. Todos los capítulos y argumentos están ampliamente anotados con unas riquísimas bibliografías que, en su caso, podrían ayudar a escépticos y curiosos a seguir los pasos de MA para profundizar sus propuestas o rebatirlas. El libro también está ilustrado, aunque con una finalidadmásestéticaqueexplicativa.Pasando al comentario quisiera destacar tres ideas.
455Recensiones. Complutum. 30 (2) 2019: 453-456 En primer lugar, MA sistematiza y da vuelo a una idea de la que será difícil prescindir en lo sucesivo cuando se estudien las literaturas tradicionales ibéricas: forma parte de ellas un componente heredado del pasado que, con los matices que se consideren oportunos, debemosconsiderar“celta”.Estaafirmaciónno desmiente la totalidad de los estudios de literatura comparada y folclore que tradicionalmente enfatizaban la herencia clásica, el peso del germanismo o la operatividad de universales vehiculados por los diversos folclores. Eso sigue vigente, pero también este componente celta que debe formar parte de los elementos a considerar en estudios sucesivos. Dicho esto, no conviene minusvalorar los problemas planteados. En primer lugar y de forma fundamental, las literaturas célticas en las que buscar los referentes comparativos son difíciles. En España no hay especialistas en su estudio, no existe nada parecido a una “escuela” encargada de su examen y difusión con la que contrastar las propuestas de MA. En estos tiempos de hiperespecialización, y gracias, Martín, por enseñarnos que se puede prescindir de ese yugo, la razón para obviar una propuesta puede ser simplemente que su autor “no es especialista”, así exprese todas las buenas ideas que sea preciso. Además, los especialistas hispanos son lingüistas que estudian los textos paleohispánicos y mantienen un sitio como hesperia donde se ofrece una presentación sistemática de los textos… que poco tienen que ver con las cuestiones “literarias” abordadas por MA. Como contrapartida cabe señalar que los grandes textos y ediciones críticas de las literaturas irlandesa y galesa nunca han estado más accesibles, la mayor parte de las veces con traducciones inglesas, en internet archive y existen también traducciones comentadas recientes al francés. Desde un punto de vista más formalista y literario conviene también distinguir entre motivos y relatos. MA es consciente de ello, pero tal vez se escape a algún lector. Los motivos son ítems narrativos reducidos y aislados que, por razones literarias, pueden tener una presentación más o menos prolija. En mitología Lévi-Strauss acuñó el término “mitema” para referirse a ellos. Los relatos son historias complejas que reúnen secuencias de motivos o“mitemas”condeterminadafinalidaddegénero literario, o circunstancia derivada de un contexto religioso o social. Por ejemplo, el motivo de la triple muerte, tratado en el capítuloseis,sepuedeutilizarparaexplicarelfinal de un héroe, el castigo a un malvado, o las distintas formas de dar muerte a los integrantes de un colectivo determinado y, en cada caso, el motivo tendrá un sentido narrativo diferente. Pues bien, conviene ser consciente de que las formas compositivas de las literaturas tradicionales hispanas consienten en detectar los motivoscélticosidentificadosporMA,yesetrabajo debe proseguir, como decíamos, aquilatandosupesoespecíficoenrelaciónconotros elementos que intervienen en su composición. Sin embargo, son raras las narrativas complejas que, en su estructura misma, responden a un modelo celta claro. Es digno de mención que los casos más claros en este último sentido sean los relatos fundacionales vascos. En segundo lugar, me gustaría sugerir el posible desarrollo de una de las ideas propuestas por MA. Partimos del motivo de la triple muerte bien representado en la tradición indoeuropea con un desarrollo singular en las mitologías irlandesa y galesa. Tal vez conviene precisar una posible tipología. Por un lado, tenemos a personajes que mueren como consecuencia de sufrir tres acciones diferenciadas, por otro, a tres o varios personajes que forman un colectivo muertos de tres formas diferentes. Además, está el motivo del colgado y del ahogado, que en propiedad no es una triple muerte, presenta unamuertedoblequealmismotiempodefine un eje espacial vertical entre el inframundo del ahogado y el mundo celestial donde se columpian los colgados (he tratado esto en mi libro Le pendu et le noyé des Monts Albains, Bruselas, 2007). Esta triple muerte presenta, con variantes, la defunción provocada por el fuego, el rayo etc., por falta de aire con distintas formas de estrangulación, y el ahogamiento en un medio acuático. Las razones para este tipo de defunción varían y hay que estudiar los relatos caso por caso. La idea básica es que quien da la muerte son los elementos constitutivos del orden físico del mundo: el fuego quema, el aireasfixiaalavíctima,elagualoahoga.En un estudio sobre las saunas del NW peninsular (Complutum 27/1, 2016: 109-130) he propuesto que tienen sentido como “acumuladores” de los elementos constitutivos de la naturaleza para dar nacimiento a un nuevo ser en la sauna que opera como metáfora material de un útero. Creo que ambas situaciones combinadas presentan la ideología de un orden cósmico, identificadoconsuselementos,consideradodivino y que, como tal, puede engendrar y matar. Es
456 Recensiones. Complutum. 30 (2) 2019: 453-456 el lugar social de los individuos y sus acciones los que facilitan el premio de una buena vida en armonía con el cosmos o la comisión de faltas que llevan a la pena impuesta por el cosmos que niega la vida al culpable de alterar el orden social. Sirva esto como simple ejemplo de las posibilidades de desarrollo que ofrecen los análisis ofrecidos por MA. Quisiera terminar con una idea con la que tal vez la mayoría de los arqueólogos, incluido MA, no estarán de acuerdo. Como es sabido existe un intenso debate sobre qué son o dejan de ser los celtas de la protohistoria y de la antigüedad. Para unos su existencia y papel histórico es un axioma, para otros constituyen un concepto mal construido, mal explicado y en definitivainútil(véaseComplutum, 16, 2005: 151-208). Paradójicamente, entre las orientaciones expansivas de algunas epistemologías arqueológicas se postula la capacidad de identificaryentenderlasidentidadesculturalesa partir de las entidades materiales – que en definitivasonelobjetodeestudiodelaarqueología. No pretendo ahora negar el interés de esta propuesta ni sus aportaciones a la comprensión de algunos procesos, pero esas aportaciones serán siempre parciales. Si se quiere realmente entrar en temas de identidad cultural y étnica, probablemente no ocurre igual con las identidades sociales, son necesarios lenguas y textos. MA ha estudiado a lo largo de su vida infinidaddecontextosarqueológicosyseriesde objetosyalfinal,labúsquedadeunaspectode la identidad étnica que conforma la protohistoria hispana, le ha llevado a la literatura. Seria deseable que otros aprendiésemos de él a cruzar las fronteras disciplinares. Que estudiosos de la literatura introdujesen objetos y motivos iconográficosensusanálisis,queloslingüistas diesen el paso a los estudios literarios, que otros arqueólogos se aventurasen a leer textos, como MA. Tal vez los curricula hiperespecializados y premiados en la actualidad se resintiesen, pero el conocimiento ganaría. Contaba G. Dumézil (1898-1986) en una entrevista su choque con H. Hubert (18721927) poco después de la publicación de su tesis sobre Le festin d’inmortalité (1924). Hubert, arqueólogo y “sociólogo” (en el sentido que tiene la fórmula en la academia francesa de aquellos años, en realidad un seguidor de É. Durkheim), señala los errores cometidos por Dumézil y viene a decirle que no tiene porvenir en el escalafón académico. Dumézil era un joven aprendiz, con la sola reciente publicacióndesutesisacaballoentreunafilología de la que no formaba parte y de una mitología desacreditada, Hubert era un arqueólogo consagrado. Esta anécdota sobre la lejanía entre un mitólogo y un arqueólogo nos permite volver a Martín Almagro para verlo desempeñando ambos roles: es un arqueólogo consagrado que decide desempeñar el rol de un recién doctorado con afán innovador. Esta actitud es la principal enseñanza que nos deja su libro. Marco V. García Quintela Universidade de Santiago de Compostela