Full text
TESE DE DOUTORAMENTO CONTRIBUCION DE LA SANIDAD MILITAR AL DESARROLLO DE LA OFTALMOLOGIA EN ESPAÑA Juan F. Medín Catoira DEPARTAMENTO DE CIRURXÍA FACULTADE DE MEDICINA SANTIAGO DE COMPOSTELA 2014
TESE DE DOUTORAMENTO CONTRIBUCION DE LA SANIDAD MILITAR AL DESARROLLO DE LA OFTALMOLOGIA EN ESPAÑA Fdo: …………………………….. Juan F. Medín Catoira DEPARTAMENTO DE CIRURXÍA FACULTADE DE MEDICINA SANTIAGO DE COMPOSTELA 2014
AUTORIZACIÓN DO DIRECTOR / TUTOR DA TESE D./ Francisco Gómez-Ulla de Irazazábal, Catedrático de Oftalmoloxía Profesor do Departamento de Cirurxía da USC Como Director da Tese de Doutoramento titulada: «CONTRIBUCION DE LA SANIDAD MILITAR AL DESARROLLO DE LA OFTALMOLOGIA EN ESPAÑA» Presentada por D. / Juan Francisco Medín Catoira Alumno do Programa de Doutoramento de Cirurxía. Autoriza a presentación da tese indicada, considerando que reúne os requisitos esixidos no artigo 34 do regulamento de Estudos de Doutoramento, e que como Director da mesma non incurre nas causas de abstención establecidas na lei 30/1992. Asdo. Dr. D. Francisco Gómez Ulla de Irazazábal
A María y a Hugo, por su paciencia y comprensión. A mis compañeros de Sanidad Militar, con el orgullo de los que nos precedieron y la esperanza en los logros futuros. A los Drs. Santiago Carrillo Gijón, Carlos Arcas Romero (†), Fernando Gómez de Liaño (†), Juan Murube del Castillo y Mario Esteban de Antonio, como compañeros, maestros, oftalmólogos, y médicos militares que con su apoyo, ejemplo, conocimientos y experiencias, en diferentes tiempos han influido y marcado mi devenir en nuestra especialidad.
RESUMO: A Sanidade Militar pode ser considerada como unha das institucións sanitarias con máis soleira da Sanidade Nacional, tendo sido base do nacemento e desenvolvemento de numerosas especialidades médicas e cirúrxicas, a pesar do cal tanto o seu labor coma institución coma a obra de moitos dos seus membros corren o risco de caer no esquecemento. Na presente tese tratamos de investigar e establecer a contribución da Sanidade Militar e os seus compoñentes á orixe, desenvolvemento, evolución, ensino e difusión da Oculística e Oftalmoloxía en España, así como o seu relevante papel en áreas da especialidade como a Ergoftalmología, Hixiene Visual, Oftalmoloxía Aeronáutica e a Estraboloxía, a través dos traballos dos seus membros máis sinalados. Palabras chave: Oftalmoloxía, Sanidade Militar, Oculistica, Ergoftalmoloxia, Medicina Militar. RESUMEN: La Sanidad Militar puede ser considerada como una de las instituciones sanitarias con más solera de la Sanidad Nacional, habiendo servido de base al nacimiento y desarrollo de numerosas especialidades médicas y quirúrgicas, a pesar de lo cual tanto su labor como institución como la obra de muchos de sus miembros corren el riesgo de caer en el olvido. En la presente tesis tratamos de investigar y establecer la contribución de la Sanidad Militar y sus componentes al origen, desarrollo, evolución, enseñanza y difusión de la Oculística y Oftalmología en España, así como su relevante papel en áreas de la especialidad como la Ergoftalmología, Higiene Visual, Oftalmología Aeronáutica y la Estrabología, a través de los trabajos de sus miembros más señalados. Palabras Clave: Oftalmología, Sanidad Militar, Oculística, Ergoftalmologia, Medicina Militar. ABSTRACT: The Spanish Military Health Corps can be considered as one of the most traditional health institutions of the Spanish National Health, having served as the basis for creation and development of numerous medical and surgical specialties, but despite that his institutional works and the works of many of its members are at risk of being forgotten. In this thesis we try to investigate and establish the contribution of the Spanish Military Health Corps and his medical members to the origin, development, evolution, teaching and dissemination of Oculistic and Ophthalmology in Spain, and his role in specialty areas such as Ergoftalmología, Visual Health, Aeronautic Ophthalmology and Strabology, through the work of his most outstanding members. Keywords: Ophthalmology, Spanish Military Health Corps, Oculistic Health, Ergophthalmology, Military Medicine.
7.17. BOLETÍN INFORMATIVO DE SANIDAD MILITAR ………………………... 341 8. CONCLUSIONES ……………………………………………………………....... 343 9. EPILOGO Y PROYECCION DE FUTURO ………………………………........ 355 BIBLIOGRAFIA …………………………………………………………………. INDICE DE TABLAS ……………………………………………………………. MEDICOS MILITARES ESPAÑOLES CITADOS EN RELACION CON LA OFTALMOLOGIA ………………………………………………………............. 359 381 383
Emblema del Real Colegio de Cirugía de Cádiz
Objetivos y Metodología Pág. 1 1. OBJETIVOS Y METODOLOGIA. 1.1. OBJETIVOS. La Sanidad Militar debe ser considerada como la institución sanitaria con más solera en el contexto de la Sanidad Nacional. A pesar de este hecho, y de haber servido de base a numerosas especialidades, médicas y quirúrgicas, puede ser considerada como una gran desconocida, y la labor y trabajo de muchos de sus miembros corre el riesgo de caer en el anonimato y el olvido. En el presente estudio trataremos de valorar la aportación y contribución de la Sanidad Militar al desarrollo de la Oftalmología en España, fundamentalmente a través de las enseñanzas, trabajos y publicaciones realizadas por los componentes de la misma: los médicos militares. Se trata así de investigar y establecer el papel desarrollado por la Sanidad Militar y sus componentes en la evolución de la oftalmología española, especialmente en los siglos XIX y XX, sus figuras más relevantes, y su influencia en el desarrollo y difusión de la especialidad, en diferentes áreas de interés. 1.2. JUSTIFICACIÓN. En el campo de la Oftalmología, han sido numerosos los médicos militares que consideramos han contribuido al desarrollo de la misma. Así, en el Source Book of Ophthalmology (Blackwell Science, 1995), que recoge las fuentes más destacadas en el desarrollo de la Oftalmología en los siglos XVII, XVIII y XIX, apenas aparecen referencias a médicos militares españoles, siendo numerosas las anotaciones de contribuciones de médicos militares de Francia, Inglaterra y Alemania, entre otros países (tabla I). Sin embargo, durante los siglos XV al XVIII fueron muchos los médicos relevantes que ejercieron en los Ejércitos y Armada, tales como Arnau de Vilanova, Daza Chacón, Lobera de Ávila, Pérez de Herrera, Andrés de León, Diego Velasco, Francisco Villaverde, Domingo Vidal, Gimbernat o Ysern, entre otros, y que contribuyeron con sus obras al conocimiento y tratamiento de las enfermedades de los ojos en España. Y durante los siglos XIX y XX fueron también numerosos los médicos militares que, como Ferradas, Reina, Chiralt, Sal Lence, Pérez Llorca, Ríos Sasiain, Esteban Aránguez, Esteban de Antonio, Gómez de Liaño y otros, facilitaron con sus obras y trayectorias profesionales el nacimiento y la difusión de la especialidad, así como el posterior desarrollo de muchas de sus áreas. No obstante, y a pesar de lo antedicho, muchos de estos autores, sus obras, así como su pertenencia al estamento y Sanidad Militar, pasan habitualmente desapercibidas, corriendo el riesgo de quedar igualmente olvidados en el panorama de la historia de la Medicina y de la Oftalmología española.
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 2 1.3. METODOLOGÍA PROPUESTA. Tras una revisión general de la historia y evolución de la medicina militar y de la especialidad de Oftalmología en España, a fin de crear una situación contextual, nos proponemos realizar un estudio sobre la oftalmología militar a través del estudio y descripción de la obra oftalmológica de los médicos militares más relevantes de los siglos XV al XX. Igualmente se realizará una revisión de las publicaciones de la Revista de Sanidad Militar, desde su nacimiento en 1851 como “Biblioteca Médico Quirúrgica Castrense Española”, y sus etapas como “Boletín Oficial de Sanidad Militar”, “Revista de Sanidad Militar Española y Extranjera”, “Revista General de Ciencias Médicas de Sanidad Militar”, “Gaceta de Sanidad Militar”, “Revista de Sanidad Militar” y “Sanidad Militar”. A partir de los datos obtenidos, y de otras publicaciones de la época, se revisarán los expedientes militares y hojas de servicio en el Archivo General Militar de Segovia y los Escalafones y Anuarios Militares del Servicio Histórico Militar de Madrid, al objeto de realizar una selección de las figuras señeras de la Oftalmología Militar, analizando su trayectoria académica y profesional dentro y fuera de las fuerzas armadas. Sobre estos datos trataremos de enjuiciar y valorar la contribución de la Sanidad Militar, a través de sus figuras más relevantes en oftalmología al desarrollo de la Oftalmología en España, y el alcance de la misma.
Objetivos y Metodología Pág. 3 Tabla I. MEDICOS MILITARES NO ESPAÑOLES EN EL SOURCE BOOK OF OPHTHALMOLOGY (1995). ABEILLE, Scipion, ( ¿?-. 1697). Francia. ANEL, Dominique (1679-1730). Francia. BAL1Z, Theodor Friedrich (1785-1859). Prusia. BARATIA, Giovanni, (¿? - 1851). Italia. BAUDENS, Jean Baptiste Lucien (1804-1857). Francia. BELLOSTE, Augustin, (1654-1730. Francia. BENDZ, Jacob Christian (1802-1858). Dinamarca. BOLTON, James (1812-1869). Georgia (EE.UU.), BORTHWICK, George (s. XVIII). BRUNSCHWIG (1450-1533). Francia. CAFFE, Paul Louis Balthazar, (1803-1876). Francia. COLOMBIER, Jean, (1736-1789), Francia. DEWAR, Henry, (1780-c.1860). Inglaterra (R.U.). DOYNE, Robert Walter, (1857-1916). Inglaterra (R.U.). DREYER, Johann Traugott (1804-1871). Austria. EBLE, Burkard (1799-1839). Austria. EDMONDSTON, Arthur, (1776?-1841). Escocia (R.U.). GAAL, Gustav von, (1818(?)-1870). Hungría. (Ejerció en el Ejército Turco). GOBEE, Carl, (1804-1875). Alemania. GOUZEE, Henri Prosper, (siglo XIX). GRAEFE, Carl Ferdinan von (1787-1840). Alemania. GUTHRIE, George James, (1785-1856). Inglaterra (R.U.). HALDAT du LYS, Charles Nicholas Alexander, (1770-1852). Francia . HALL, Geoffry Craythome, (1848-1923). Inglaterra (R.U.). HAMILTON, Frank Hastings, (1813-1886). EE.UU. HERING, Ewald, (1834-l-918). Alemania. JONES, John, (1729-1791). EE.UU. (nacido en Jamaica) KAMPF, Moritz, (1835- ¿?). Austria. KEYSER, Peter Dirck, (1835-1897). EE.UU. KUSSMAUL, Adolf, (1822-1902). Alemania. LARREY, Felix Hippolyte, (1808-1895). Francia. LARREY, Dominique Jean, Baron, (1766-1842). Francia. LEUW, Friedrich Hermann de, (1792-1861). Alemania. LOBSTEIN, Jean Frederic Daniel, (1777-1840). Francia. MACNAMARA, Nottidge Charles, (1832-1918). Inglaterra (R.U.). MAYOR, François Isaac, (1779-1855). Suiza. ODHELIUS, Johan Llorens, (1737-1816). Suiza. PARE, Amboise, (1510?-1590). Francia. PARINAUD, Henri, (1844-1905). Francia. PICQUE, Lucien, (1852-1917). Francia. REVEILLE-PARISE, Joseph Henri, (1782-1852). Francia. ROOSA, Daniel Bennett St. John, (1838-1908). EE.UU. ROUSTAN, Felix Marie Gabriel, (1849-1885). Francia. SCHIFERLI, Rudolph Abraham, (1773-1837). Suiza. SCHMIDT, Johann Adam, (1759-1809). Austria. SNABILIE, Louis Philip Jacob, (1797-1865). Alemania. STEIN, Sophus August Wilhelm, (1797-1868). Dinamarca. STROMEYER, Georg Friedrich Louis, (1804-1876). Alemania. SYDENHAM, Thomas, (1624-1689). Inglaterra (R.U.) TENON, Jacques Rene, (1724-1816). Francia. THOMSON, William, (1833-1907). EE.UU. VANSEVENDONCK, Matthaeus, (siglo XIX). Bélgica. VETCH, John, (1783-1835). Escocia (R.U.). VLEMINCKX, Jean François (1800-1876). Bélgica. WALLROTH, Karl Friedrich Wilhelm, (1792-1857). Alemania. WINTRINGHAM, Clifton, (1710-1794). Inglaterra (R.U.). WOODWARD, Joseph Janvier, (1833-1884). EE.UU. ZEHENDER, Karl Wilhelm von, (1819-1916). Alemania. ZUIATII, Angelo, (1732-1798). Grecia. (ejerció en Venecia – Italia).
Uniformes Cuerpo Militar de Sanidad 1885
Historia de la Medicina Militar en España Pág. 5 2. HISTORIA DE LA MEDICINA MILITAR EN ESPAÑA. Sería difícil aproximarnos al estudio que nos ocupa sin un conocimiento previo de la evolución y origen de la Sanidad Militar, así como de sus funciones y organización, puntos que trataremos de abordar en este apartado. Igualmente, y dado que la milicia históricamente ha incorporado en casi todas sus épocas médicos, cirujanos, barberos y boticarios de diferente procedencia y formación, será preciso hacer referencia al ejercicio y requisitos de habilitación médica y quirúrgica hasta la definitiva unificación de medicina y cirugía en el siglo XIX, con breves apuntes históricos que forzosamente limitaremos a la península. 2.1. LOS ANTECEDENTES. Las guerras como tales, o como luchas entre clanes, tribus, pueblos, culturas, o simplemente entre individuos, probablemente sean tan antiguas como la propia humanidad, y sería difícil pensar que los individuos y pueblos en ellas implicados no se preocupasen de contar con alguien capaz de curar sus heridas. Aunque existen pocas referencias, no sería concebible que pueblos como el egipcio no hubiesen contado con apoyo médico a sus ejércitos, y así Aubertin I en su artículo sobre «El servicio médico en los ejércitos en la antigüedad»1 hace referencia y descripción de pinturas egipcias en las que aparecen soldados enfermos a los que el médico administra una poción, recogidas por Louis Ménard II en su obra «Histoire des anciens peuples de l´Orient» (1882), y Diodoro Sículo III expone, refiriéndose a los soldados heridos: “Quando sono in servicio militare, o fuori del luogo di loro domicilio, sono curati gratuitamente, poichè i medici hanno stipendio dal pubblico” 2. Dujardin y Peyrilhe IV en su obra «Histoire de la chirurgie depuis son origine jusqu'à nos jours», refieren asimismo que los persas no marchaban jamás a la guerra sin sus “curadores de heridos”, a los cuales denominaban epimeletai [Ε΄πιμελεταί] 3. Pero, como expresa Montserrat V en su obra «La medicina militar a través de los siglos» 4, es en la Grecia Antigua donde se puede establecer la división entre medicina civil y castrense, al diferenciarse claramente la atención al individuo civil que nace, vive y muere en un mismo lugar, alimentándose generalmente de productos de su vecindad, dentro de una vida sencilla y apacible, de la atención al soldado, cuyas condiciones de vida, alimentación y entorno pueden cambiar en cada asentamiento y campaña. I Aubertín, Charles: (Saint-Dizier, 1825; Dijon, 1908) humanista francés de finales del siglo XIX, profesor en la Facultad de Letras de Dijon, y posteriormente rector en Clermont (1872) y Poitiers (1874). II Louis Ménard.- Paris 1822-1901. Escritor y poeta francés. Interesado en los estudios de química, descubrió el colodión (solución de nitrocelulosa en una mezcla de éter y alcohol) en 1846. Durante la revolución de 1848 se exilió en Londres y Bruselas y se interesó por la antigüedad griega y la poesía. III Diodoro Sículo.- Diodoro de Sicilia. Historiador griego del siglo I a.C. nacido en Agirio (Agira), en la provincia romana de Sicilia. IV Dujardin, François (1738-1775): profesor del Colegio y de la Academia Real de Cirugía de París; Peyrilhe , Bernard (1737-1804): doctor en Medicina, profesor de Química y Botánica del Colegio de Cirugía de París. V Sebastián Montserrat Figueras. Médico e Historiador Militar.
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 12 Tabla III. Esquema de Organigrama Sanitario de una legión romana de la época altoimperial. Entre paréntesis, el número de componentes de cada categoría. (Rodríguez González, Julio, Revista de Historia Militar nº 74, 1993) Siguiendo este organigrama, la estructura sanitaria estaría bajo las órdenes del praefectum castrorum, primero de los profesionales médicos, del cual dependerían los medicus castrensis o legionis, y el personal auxiliar formado por los optiones valetudinarii (ayudantes médicos), capsarii (encargadas del ropero), librarii (escribientes) y discentes capsaciorum, (aprendices y trabajadores del ropero) 24,25. El resto de la sección médica estaría integrado por los medici ordinarii, que acompañaban a los legionarios cuando el ejército se ponía en marcha; los medicus clinicus, los medici cohortis y los especialistas medicus chirurgicus, clinicus, ocularis y otros. Este cuadro médico estaría auxiliado por milites medici ó accensi (enfermeros, gte. soldados médicos o simples legionarios que por inclinación o conocimientos habían demostrado capacidad en el tratamiento de los heridos y una rudimentaria práctica quirúrgica); y contubernales (soldados que hacían compañía a los enfermos), también descritos como qui aegris praesto sunt (literalmente “quienes se hacen cargo de los enfermos”). Completaban esta estructura la sección farmacéutica y el servicio veterinario. Los médicos estaban destinados en la plana mayor de cada legión, estando exentos de guardias y patrullas; el médico jefe ostentaba rango de oficial, con status similar a un centurión, y los otros médicos estaban equiparados a suboficiales especialistas; vestían el uniforme normal de los legionarios, con el distintivo de su grado y condición y, como ellos, iban armados 26. Su formación solía ser buena, fruto de la experiencia y no de una enseñanza médica sistematizada, con unos conocimientos muchas veces adquiridos en lo visto en la vida cotidiana de la legión 27. Así mismo, era misión del médico militar intervenir en el proceso de selección de los aspirantes al ingreso en el ejército, proceso en el cual se tomaba nota de sus características físicas y, al parecer, se realizaba un informe o apreciación “psicológica” sobre sus posibilidades de adaptación a la vida militar en base a su ocupación anterior, carácter, inteligencia y aptitu-
Historia de la Medicina Militar en España Pág. 13 des. Tras el ingreso, los médicos militares debían seguir la evolución de los reclutas durante el riguroso programa de instrucción militar desarrollado durante cuatro meses, durante el cual podían cursar su baja. Posteriormente, durante los veinte años de servicio legionario, los soldados eran igualmente sometidos a reconocimientos médicos periódicos, más frecuentes cuanto más años de servicio, pudiendo ser trasladados de destino o recibir la licencia definitiva, en caso de no superar dichos reconocimientos. Del mismo modo, los heridos no recuperables o inútiles para el servicio recibían la “causaria missio” (licencia por enfermedad), generalmente acompañada de una recompensa por sus sacrificios y un diploma reconociendo los servicios citados 28. Otra importante tarea de los médicos militares era la prevención de las enfermedades, basada en el mantenimiento de los cuidados e higiene personal de las tropas, la salubridad y situación de los campamentos, el control de las bebidas y alimentos, y el procurar que el ejercicio físico y entrenamiento, aunque necesarios, no fuesen excesivos, a fin de asegurar la adecuada operatividad de las tropas. Por lo expuesto, podemos atribuir a Roma la primera organización los cuidados sanitarios de los ejércitos, y con ello la primera organización de la sanidad militar. 2.3.3. La medicina en las naves de guerra de Roma. La existencia de médicos navales se remonta también a Roma. Así, una inscripción hallada cerca del cabo Misena habla de Satrius Longinus, médico de un navío de tres puentes, y otra hallada cerca de Nápoles habla de Sextus Arrius Romano, médico de la flota en Egipto; ambos eran medicus duplicarius, posiblemente por compensación a su mayor pericia, o por las incomodidades de la vida a bordo de los navíos de guerra de aquellos tiempos 29. 2.4. LA EDAD MEDIA. La Edad Media describe el período de la civilización occidental comprendido entre el siglo V y el XV. Su comienzo se sitúa convencionalmente entre el año 476 d.C. con la caída del imperio romano de Occidente y el año 1492 con el descubrimiento de América, o en 1453, con la caída del imperio bizantino, fecha que aporta la ventaja de coincidir con la invención de la imprenta (Biblia de Guttenberg) y el fin de la Guerra de los Cien Años. 2.4.1. Godos, Vándalos, Alanos y Visigodos. Tabla IV. HISTORIOGRAMA DE LAS INVASIONES BARBARAS Pueblos bárbaros que pasaron los Pirineos en 409: suevos (Elba y Oder), Vándalos (Germania del Este) y Alanos (Mar Caspio).Los suevos ocuparon Galicia, los vándalos la Bética y los alanos en medio entre el océano y el Mediterráneo. En 416 llegaron los visigodos (del Dniéper y de culto arriano) (416-711), que exterminaron a los alanos y a los vándalos. Luchas entre los bárbaros: suevos, alanos, vándalos (415-572). Leovigildo, rey de la España visigoda (572). Recaredo, convertido al catolicismo, impone en el III Concilio de Toledo la religión católica como religión del Estado. Reino cristiano visigodo de Toledo (589). Rodrigo, último rey godo, vencido en la batalla del Guadalete por Tarik en el 711. Fin del reino visigodo. Invasión de los árabes (711).
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 14 2.4.1.1. La medicina en los reinos godos. Apenas constituida España como provincia romana, y antes de que pudieran aprovecharse los logros de la medicina que estaban teniendo lugar en Roma, llega una época de decadencia durante el dominio visigodo, en un período que abarca desde el siglo V al siglo VIII d.C. En esta época, la práctica de la medicina estaba preferentemente en manos de los monjes, aunque existía un reducido número de profesionales laicos dedicados al ejercicio de la misma, con una regulación legal que era mezcla de elementos latinos y germánicos como se muestra en el «Liber Iudiciorum» o Fuero Juzgo 30. Entre los pueblos visigodos la medicina era considerada como una profesión y no ciencia, y su práctica estaba abandonada a gentes de clase inferior 31. Y aunque sin duda en la corte toledana hubo médicos que además prepararían medicamentos, el ejercicio de la medicina era una profesión libre en la que el médico al hacerse cargo de un enfermo estipulaba los honorarios que recibiría tan sólo en caso de obtener la curación del enfermo. Sólo la operación de cataratas tenía una tasa fijada por ley de cinco “sueldos”XX, si obtenía un resultado exitoso [Codex Legis Visigothorum - Fuero Juzgo - Libro XI, VI]. Las flebotomías, en cambio, entrañaban un riesgo, ya que el médico debería pagar una fuerte compensación si la sangría ocasionaba la inutilidad o muerte del enfermo 32. La formación y el aprendizaje se realizaba bajo la tutela de un maestro, debiendo los aprendices pagar a éste una suma considerable por su instrucción, consistente en doce sueldos o “sólidos” de oro [Codex Legis Visigothorum. Libro XI, VII] 33. Isidoro de Sevilla XXI, en el libro IV de sus «Etimologías», titulado «De Medicina», expone los fines de este arte, las enfermedades más frecuentes, y los principales tratamientos e instrumentos médicos, haciendo igualmente referencia a las principales propiedades terapéuticas de las plantas [libros XVI y XVII]. 2.4.1.2. La medicina militar en los reinos godos. Desde el punto de vista militar, las tropas de los reyes godos eran inicialmente más bien escasas y el ejército no tenía carácter permanente, sino que estaba integrado por hombres libres que, acompañados de sus criados, acudían a la llamada del rey. Es necesario llegar a los reinados de Leovigildo y Wamba para encontrar efectivos más numerosos. Así, en la batalla de Guadalete (711), que supuso el fin del estado visigodo en la península ibérica, las fuerzas musulmanas comandadas por Tariq ibn Ziyad no superaban los siete mil hombres, si bien estaban ayudadas por un número de partidarios de los hijos de Witiza de alrededor de dieciocho mil hombres, que reclamaban sus derechos a la muerte de su padre, y que se enfrentaron a un ejército de veintidós mil a treinta y tres mil soldados al mando del rey visigodo Rodrigo, el cual había tomado el trono a la muerte de Witiza. Si bien no se tiene un conocimiento preciso de la sanidad de estos ejércitos, se debe suponer que el número de médicos y cirujanos era más bien escaso, y no existía una previsión sobre la hospitalización de enfermos y heridos. XX Sueldos o “sólidos”. Moneda visigoda. XXI Isidoro de Sevilla (nacido probablemente en Cartagena hacia 556 – Sevilla, 636) fue un eclesiástico católico y erudito hispanogodo de la época visigótica. Arzobispo de Sevilla durante más de tres décadas (599-636), fue canonizado por la Iglesia católica.
Historia de la Medicina Militar en España Pág. 15 2.4.2. Al-Ándalus. Tabla V. HISTORIOGRAMA DE LOS REINOS ARABES DE ESPAÑA Emirato dependiente de Damasco (711-756). Emirato omeya (758-912). Abderramán I (763-787) construye la Mezquita de Córdoba. Batalla de Roncesvalles (778). Califato de Córdoba (912-1031). Esplendor del califato bajo Abderramán III (929-961). Victorias de Almanzor (978-1021). Reinos de Taifas (1031-1090). Los almorávides (1090-1172). Los almohades (1172-1224). Reino de Granada (1238-1492). 2.4.2.1. La medicina en al-Ándalus. A nivel civil, podemos distinguir tres períodos en la medicina árabe en al-Ándalus: a) Época de Formación. Siglos VIII a IX. No existe una medicina de al-Ándalus propiamente dicha, y la medicina era la practicada por los cristianos que habitaban la península ibérica antes de la llegada de los árabes, se ejercía en los monasterios y respondía al precepto divino de ayudar al necesitado. No obstante, durante el siglo IX este tipo de medicina se verá relegada por el auge de la medicina científica, con figuras como Jalid ben Yazid ben Ruman XXII, buen conocedor de las drogas de origen vegetal y escritor de la «Epístola sobre los medicamentos», sin duda el primer tratado de materia médica escrito en Al-Ándalus; e Ibn Maluka, llamado al-Nasrâní (el cristiano), de quien se sabe que tenía un consultorio médico en su propia casa en cuya puerta había hasta treinta sillas para que se sentara la gente 34. b) Época del Califato. Siglo X. Córdoba se convierte en centro cultural al que llegan obras de todo el mundo y se comienzan a producir obras originales. Destacan en este período ‘Abd Allâh Yahyâ ben Ishâq, cirujano cristiano de Toledo XXIII; Arib ben Sa´id al-Katib al-Qurtub XXIV autor del primer tratado de obstetricia y pediatría del que se tiene noticia: «Kitab jalq al-yanin wa tadbir al-habala wa-l-Mawludin» (el libro de la generación del feto, el tratamiento de las mujeres embarazadas y de los recién nacidos); y Abu l-Qâsim al-Zahrawi (Abulcasis o al-Zarawi) XXV el mayor cirujano árabe de todos los tiempos y autor del primer tratado médico ilustrado: «Kitab alTasrif», cuyo contenido comprende treinta secciones o libros y que contribuyó notablemente al progreso de la Europa medieval y renacentista [fig.5]. Este tratado quirúrgico fue traducido al latín con el nombre de «Chirurgia Albucasis» por Gerardo de Cremona XXVI y publicado en Venecia en 1497 35. XXII Ibn Ruman, Jalid: Jalid b. Yazid b. Ruman al-Nasrani, nacido en Córdoba en la segunda mitad del siglo IX. Médico cristiano perteneciente a una noble familia cordobesa de origen hispano, el cual destacó en tiempos del emir Muhammad y alcanzó gran reconocimiento, no sólo como médico, sino también como cirujano. XXIII ´Abd Allâh Yahyâ b. Ishâq, cirujano cristiano de Toledo. Vive en la Córdoba del siglo X y, como muchos de sus compañeros, adopta el islamismo como modo de ascender socialmente. Fue gobernador de Badajoz y más tarde visir y médico de cámara de Abderramán III. Compuso unos cuadernos en cinco volúmenes llamados «Aforismos». XXIV Arib b. Sa´id al-Katib al-Qurtub, nacido en Córdoba probablemente alrededor del 918, falleciendo en el 980; fue primer secretario de Abderramán III y gobernador de la cora (demarcación territorial) de Osuna. XXV Abu l-Qâsim al-Zahrawi (Abulcasis o al-Zarawi) nace en Mâdinat al-Zâhra (Medina Azahara - Córdoba) sobre el año 935 y muere entre 1010-1013; fue médico de cámara de Abderramán III y su hijo Al Hakem II. XXVI Gerardo de Cremona, Gherardo Cremonensis (Cremona, ca. 1114 - Toledo, 1187) fue uno de los traductores más prolíficos de la Edad Media con casi cerca de 70 obras traducidas del árabe al griego y al latín.
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 16 c) Época de las Taifas. Siglo XI. El reino se rompe en numerosos reinos o taifas, y las ciencias sufren un duro golpe al ser quemados gran número de libros de las bibliotecas cordobesas. Son figuras destacadas el toledano Abu l-Mutarrif ´Abd alRahman ben Muhammad Ibn Wafid (997-1074), el Abenguefit o Abencenif de los latinos, buen conocedor de las obras de Dioscórides y Galeno, y que escribió la obra «Kitab al-Adwiya al-mufrada» (Libro de los Medicamentos simples); Averroes (1126-1162), escritor entre otras obras de la enciclopedia del saber médico titulada «al-Kulliyat» («Colliget» de los latinos), integrada por siete libros que trataban de anatomía, fisiología, patología general, diagnóstico, farmacología, higiene y terapéutica, traducida al latín en 1255; y Abu Marwân ´Abd al-Malik Ibn Zuhr o Avenzoar XXVII, autor de la obra médica «El Taisir» que en cierto modo completa al «Colliget» de Averroes, y con el cual se inicia una dinastía que, durante cinco generaciones, brillaron con luz propia hasta bien entrado el siglo XIII 36. Fig. 5 Ilustración de los instrumentos medievales quirúrgicos del médico Abulcasis (enciclopedia médica del siglo XI, Kitab al-Tasrif). 2.4.2.2. La formación y ejercicio médico en Al-Ándalus. Entre los siglos IX-X podemos encontrar al menos tres niveles de asistencia 37: a) Médicos de formación teórica, hakîm (sabio): más preocupados en la difusión de la ciencia médica que en asistir al enfermo. Constituyen una minoría y suelen ser médicos de cámara del personaje que ocupa el trono o de algún alto dignatario de la corte. Tienen numerosos discípulos y destacan igualmente en otras disciplinas no médicas. b) Médicos de formación empírica o prácticos, tabbîb: utilizan en ocasiones los escritos de los sabios para su práctica diaria. Su nivel de conocimientos es menor, y deberán pasar un examen para evitar que ejerzan la medicina aquellos que no estén mínimamente acreditados. Tras estudiar con un maestro, éste emitía un certificado o iyaza acreditando que el alumno conocía un determinado texto médico, que también se hacía constar en la iyaza. A diferencia del oriente musulmán, no practicaban en los hospitales, dada su inexistencia hasta fechas muy tardías, y sus pacientes serán de menor relevancia social. XXVII Abu Marwân ´Abd al-Malik Ibn Zuhr, llamado Avenzoar por los latinos (c.1091/94 - c. 1161/62), nacido en Sevilla y tercero de la generación de Avenzoar, hijo de Avenzoar autor del «Tadkirat», nieto del Avenzoar que llegó a Denia desde el Cairo.
Historia de la Medicina Militar en España Pág. 17 En una fetua de Ibn Ziyad, cadí de Córdoba durante la primera mitad del siglo X, citada por el también cadí cordobés Ibn Sah y recogida por Aguirre de Cárcer, se hace mención a una tabbiba ó médica, lo que nos indica ya el ejercicio de la medicina por mujeres en las centurias centrales de la España islámica medieval 38. c) Médicos sin formación mutabbib y mudawi: se dedican al ejercicio de la medicina sin formación alguna. El mutabbib era un médico práctico, que incluiría a los sangradores, y con conocimientos limitados en drogas y fórmulas; el mudawi un mero empírico 39. Adquieren sus conocimientos por el método del ensayo-error y del saber popular y suelen trabajan en tenderetes de los mercados a los que acudirá gente sencilla, aldeanos, y esclavos para atender sus males. Sus figuras tipo son los sangradores (fâsidûn o fassâdûn), colocadores de ventosas, algebristas (arregladores de huesos), etc… Dado el nivel de abuso y el número de embaucadores, este ejercicio tuvo que ser finalmente regulado por la autoridad municipal, delegada en el sâhib al-sûq o señor del zoco o mercado, lo que evidencia la baja calidad de esta asistencia. Poco después del siglo X aparece en Córdoba el cargo de mohtaseb o primer médico del califa, el cual se encargaba también de vigilar la práctica de la Medicina, ejerciendo su autoridad sobre cuantos se dedicasen al arte de curar. También se recoge la existencia en la corte del califa el cargo de “examinador de suficiencia”, no siempre ejercido por el mohtaseb, quien normalmente delegaba en médicos de su confianza, que tenían como misión el asegurarse de los conocimientos de los que aspiraban a ejercer la Medicina 40. El cuerpo del conocimiento árabe de la época estaba constituido por los denominados libros clásicos: el «Kitab al-Mudjal» (o al-madjal) de Hunayn, el «Masuri» de al-Razi (Razés), el «Kitab al-Kamil» de Alí Abbas al-Majusi y el «Canon» de Ibn Sina (Avicena) cuyos textos fueron una y otra vez copiados, comentados, traducidos y aumentados, de modo que la literatura médica de la cultura islámica medieval representó un verdadero “corpus” accesible a la totalidad de la sociedad culta, en la que los trabajos realizados desde España hasta la India eran ampliamente distribuidos a lo largo de todas las rutas comerciales. Junto a este corpus literario, las instituciones de la medicina árabe que llegaron a servir de modelo en el mundo islámico fueron la escuela o madrasa como modelo de los centros escolásticos, el establecimiento hospitalario o maristan como modelo de los hospitales europeos y los baños o hamman como germen de las instituciones de política sanitaria 41. A pesar de estas bases, según Girón Irueste 42, no se conocen de forma documentada otros hospitales edificados en Al-Ándalus más que el “Mârîstân” de Granada [fig.6], fundado por Muhammad V en el 1367, y que permaneció activo como centro de asistencia hasta 1495 ó 1496. Su lápida fundacional, conservada en el museo de la Alhambra especifica: “He mandado construir este hospital como señal de amplia compasión para los enfermos pobres musulmanes…”. En contraposición, los estudios de Fidel Fernández sobre el manuscrito número 887 de El Escorial hablan de los exámenes para obtener el título de médico y de cómo se realizaban efectuando ejercicios prácticos en enfermos de hospital; y Montserrat nos habla también de un célebre hospital en Algeciras, dirigido por el hebreo Abu Isaac Ibrahim, entre otros establecimientos análogos de menor tamaño 43.
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 18 Fig. 6 Reconstrucción del Maristán de Granada. Por otra parte las bases de la Higiene e Hidroterapia serán establecidas por los baños públicos, entre los que alcanzaron gran renombre las aguas de Alhama de Granada, Alhama de Murcia y Sacedón 44,45. 2.4.2.3. La medicina militar de al-Ándalus. A nivel militar, la medicina de los musulmanes que invadieron España desde el norte de África era muy rudimentaria, limitándose la misma a los conocimientos del personal que acompañaba al ejército atendiendo a los heridos y que se limitaban a aplicar ventosas y extraer con mayor o menor pericia las flechas enclavadas, como correspondía a unas tribus norteafricanas sin otra tradición en la medicina y la cirugía. Tras su asentamiento en la península Ibérica, la organización inicial de los ejércitos árabes fue similar a la de los visigodos y de los príncipes cristianos, formándose a partir de los hombres con que cada tribu contribuía a la batalla. Al volverse este sistema inoperante por las constantes luchas tribales, Al-Hakam I XXVIII creó en el Califato de Córdoba un ejército permanente de 5.000 mercenarios, dotado de un médico que acompañaba a la agrupación de combate, la cual estaba al mando de un emir 46. Aunque al principio la cirugía entre los árabes era menospreciada por los medicus honoratus que consideraban deshonroso el realizarla por sí mismos, dejándolas en manos de los ministri medicorum, a partir de finales del siglo IX surgen figuras relevantes en la misma. De esta época destacan cirujanos de talla histórica como Abenzoar, Abenguefit, al-Razi (“moro Rasis”), Alí-Abbas, y Abu-l-Kassim (Abulcasis), siendo considerado este último como padre de la cirugía árabe en España por sus escritos con referencias al tratamiento de las heridas, extracción de puntas de flecha, y hemostasia, tanto por cauterio como por ligadura de vasos 47. Muchos de estos cirujanos estaban adscritos a la figura real, emir o general en jefe. Así Abu-lKassim fue médico de Abderramán III, Abenzoar del emir Abd el Motamid y de su hijo Muhammad, y Mohamed Benabdún el Chabalí el Adalí el Cortobí e Ibn Yulyul del califa Hixem II. Merecen igualmente especial atención los papeles jugados en esta época por dos colectivos: los médicos hispanojudíos y los traductores. 2.4.3. Los Médicos Hispano-Judíos. La protección de los Omeyas favoreció que alcanzaran gran nivel en la práctica de la Medicina en los siglos XI a XIV y, a pesar de las serias prohibiciones de Cánones y Concilios que prohibían a los cristianos emplearlos como médicos, se encuentran numerosas referencias XXVIII Al-Hakam I. (770-822) Abū al-‘Āṣ al-Hakam b. Hišām. Alhakén I. Emir de Córdoba (796-822). Pasó gran parte de su reinado reprimiendo rebeliones y ataques exteriores, aplastando con dureza las sublevaciones de los muladíes de Toledo, Mérida y Córdoba. Luchó en Tortosa (809) y Barcelona (813) contra los francos, a los que impidió establecer la frontera en el Ebro, aunque no pudo recuperar Barcelona. Tampoco pudo evitar que se independizaran en las montañas los núcleos cristianos de Navarra y Aragón.
Historia de la Medicina Militar en España Pág. 19 a su presencia en las cortes de los reyes, príncipes, nobles, dignidades eclesiásticas e incluso de los mismos Papas. Ejercieron como transmisores del saber árabe a la Europa cristiana, jugando un importante papel dentro de la medicina medieval, actuando como un poderoso fermento catalítico para el desarrollo médico de las naciones que les concedían albergue y asilo. Entre otros muchos destacan Abû ´Imran Mûsâ, conocido como Maimónides XXIX cuyos conocimientos de fundamentan en las lecciones de Ibn Rusd (Averroes) e Ibn Tufail (ambos pensadores, filósofos y médicos de cámara de los soberanos de Al-Ándalus), y las obras de alRazi (Rasis), Ibn Sina (Avicena), Ibn Wafid (Abenguefit) y Abenzoar. De su obra médica destaca el Kitâb tabdîr al-sihha (libro sobre el régimen de la salud), traducido al hebreo en 1244, y posteriormente del hebreo al latín en la segunda mitad del siglo XIII por Juan de Capua, y del árabe al latín en los primeros años del siglo XIV por Armengaudo de Blaise en Montpellier bajo el título de «Regimine Sanitatis» 48. Se puede destacar además a Hasdai ibn Shaprut, apodado Al-Jianí (nacido en Jaén alrededor de 910 y fallecido en Córdoba alrededor de 970). Fue médico y consejero del califa Abderramán III XXX y de su hijo Alhakén II. Ejerció funciones similares a las de ministro de exteriores y estableció alianzas entre el califato de Córdoba y otras potencias, y fue traductor de la obra botánica de Dioscórides recibida en Córdoba por Abderramán III en el año 949, como regalo de Constantino VII XXXI. Igualmente, en los reinos cristianos durante varias centurias el ejercicio de la medicina estuvo casi exclusivamente en manos de profesionales judíos en los que depositaron su confianza monarcas, prelados y grandes señores, y judíos fueron también médicos de muchas villas y ciudades. Así mismo, dentro de los reinos cristianos fueron judíos de raza y religión los médicos de Juan II de Aragón XXXII y Enrique IV de Castilla XXXIII 49. 2.4.4. Los Traductores. Hasta que se produce la traducción de las más importantes obras de la medicina árabe y el reino de Aragón establece fuertes relaciones con Italia, la medicina de los reinos cristianos en la península fue ejercida casi de modo exclusivo por profesionales judíos. La labor de traducción tuvo lugar primero en Santa María de Ripoll XXXIV y luego de modo preferente en Toledo, donde destacan Domingo Gundisalvo, Juan de Toledo, Hermann el Dálmata, Hugo de Santalla, Roberto de Chester, Rodolfo de Brujas, Plato de Tivoli y Marcos Toledano, siendo el más importante de los traductores el italiano Gerardo de Cremona, ya citado. XXIX Moshé ben Maimón o Musa ibn Maymun o Abû ´Imran Mûsâ (1135, Córdoba - 1204, Fustat, Egipto) también llamado desde el Renacimiento Maimónides ("hijo de Maimon") o RaMBaM (el acrónimo de sus iniciales en hebreo, conocido entre los cristianos como Rabí Moisés el Egipcio. Fue un médico, rabino y teólogo judío de Al-Ándalus de la Edad Media. XXX Abd ar-Rahman ibn Muhammad (Córdoba 891 -Medina Azahara 961) más conocido como Abderramán o Abd alRahman III, fue el octavo emir independiente (912-929) y primer califa omeya de Córdoba (929-961), con el sobrenombre de an-Nāṣir li-dīn Allah, “aquel que hace triunfar la religión de Alá”. XXXI Constantino VII Porfirogéneta (Constantinopla, 905 - 959) fue el hijo del Emperador bizantino León VI el Sabio y sobrino de Alejandro III XXXII Juan II de Aragón, el Grande (Medina del Campo, Castilla, 29 de junio de 1398 - Barcelona; 20 de enero de 1479) fue duque de Peñafiel, rey de Navarra (1425 - 1479) y rey de Aragón, de Mallorca, de Valencia, de Cerdeña y de Sicilia (1458 - 1479), hijo de Fernando I de Antequera y de Leonor Urraca de Castilla, condesa de Alburquerque. Juan II fue uno de los monarcas más longevos del siglo XV. XXXIII Enrique IV de Castilla (Valladolid, 1425; Madrid, 1474), fue rey de Castilla desde 1454 hasta su muerte en 1474. Era hijo de Juan II y de María de Aragón, y hermano de padre de Isabel, que se proclamó reina a su muerte, y de Alfonso, que le disputó el trono en vida XXXIV Santa María de Ripoll: Monasterio benedictino situado en la localidad catalana de Ripoll (España), fundado hacia el año 880 por el conde Wifredo el Velloso, seguramente sobre otro de la época visigótica (589) destruido por los árabes.
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 20 2.4.5. Los Reinos Cristianos y los Reyes Católicos. Tabla VI. HISTORIOGRAMA DE LOS REINOS CRISTIANOS DE ESPAÑA Fundación del Principado de Asturias (718) y primera victoria contra los árabes en Covadonga (Asturias). Fundación del Condado de Castilla (850). Fernán González, conde independiente de Castilla (946). El Cid Campeador (1043-1099). Conquista de Valencia por el Cid (1094). Jimena abandona Valencia (1102). Batalla de Las Navas de Tolosa (1212). Victoria de Alfonso VIII contra los almohades a partir de la cual se acabó la amenaza musulmana sobre la Península. El equilibrio quedó roto a favor de los cristianos. Fernando III el Santo toma Córdoba (1236), Jaén (1246), Sevilla (1248), Jerez y Cádiz (1250). Fin de la preponderancia musulmana en España. Alfonso X el Sabio (1252-1284) se establece en Toledo y hace de su corte un brillante centro cultural y artístico, con aportación de las tres etnias que formaban su reino (árabe, judía y cristiana). A él se debe la fijación del castellano y su puesta en valor como instrumento literario. Cerco de Tarifa (1294) y Episodio de Guzmán el Bueno. Batalla del Salado (1340), victoria decisiva sobre los benimerines norteafricanos que encabezaron la última ofensiva musulmana en la península. Rendición de Granada (2.1.1492) y fin de la Reconquista. REYES CATOLICOS: Matrimonio entre Isabel de Castilla. Hermana de Enrique IV, y Fernando, hijo de Juan II de Aragón (1469) Fallecimiento de Enrique IV de Castilla (1474). Fallecimiento de Fernando el Católico (1516) 2.4.5.1. La medicina en los reinos cristianos. A nivel civil, hasta finales del siglo X la ciencia médica estuvo reducida a restos muy empobrecidos de los saberes clásicos, conservados fundamentalmente en los conventos donde la obligación cristiana de confortar al enfermo trascendía hasta la práctica de la medicina fundamentada en una larga tradición de aprendizaje dentro de la propia Iglesia 50. La poca medicina laica científica que quedaba se encontraba en manos de los árabes y judíos, y la popular en las de charlatanes, vagabundos y embaucadores; todos ellos muy mal vistos por la Iglesia. Por otra parte, la ignorancia de los que profesaban el arte médico era tan grande que muchos de ellos no sabían ni leer. 2.4.5.2. Médicos (físicos), cirujanos (maestros de llagas), barberos y boticarios. En la Alta Edad Media el médico visitaba a los enfermos y después preparaba en su casa las medicinas, por lo que tenía también algo de farmacéutico e incluso algo de veterinario, ya que no será hasta principios del siglo XII cuando se determine claramente la distinción entre todas estas actividades y existir inicialmente sólo el médico y el cirujano, quedando éste último en un plano inferior, como sirviente de aquél. La elevación cultural y social de la Medicina contribuirá a mantener esta separación en la que el médico, formado científicamente, despreciaba al cirujano al considerar su actividad como un oficio manual, lo que dio lugar a que la cirugía terminase por caer en manos de barberos, cirujanos y otros elementos sanitarios 51.
Historia de la Medicina Militar en España Pág. 21 Con todo, los médicos en sus dos vertientes, médicos y cirujanos, eran los más prestigiosos de entre todos los practicantes de la medicina. A los primeros les correspondía diagnosticar y poner remedio a las enfermedades internas, y a los segundos tratar fracturas, heridas, abscesos y enfermedades de carácter externo; y aunque ambos podían elaborar medicamentos ya que muchas veces contaban con los conocimientos e instrumental para ello, los cirujanos no podían recetar sin el permiso o consentimiento del médico. Los barberos trabajaron inicialmente de modo único la vertiente higiénica, con lavado, corte y peinado de cabellos o rasurado de barbas, pero con el tiempo incorporaron a su trabajo pequeñas operaciones de cirugía, fundamentalmente sutura de heridas y flebotomías o sangrías terapéuticas. La limpieza y extracción de piezas dentales era ejercida por los barberos cirujanos y los queixalers [queixal = muela] 52. Estos “cirujanos plebeyos” ejercían de modo libre su profesión, independientemente del cuerpo quirúrgico oficial, sometido a la autoridad de la Facultad, y darán origen a los cirujanos romancistas que en tiempos de guerra acompañarán a los ejércitos. Los boticarios (apotecarii) fueron más dispersos en su actividad; confeccionaban medicamentos simples y compuestos, y en ocasiones también actuaban recomendando o suministrando directamente los medicamentos a los enfermos, no siendo infrecuente su actuación como físicos ante la ausencia de éstos 53. La mayor diferencia entre unos y otros practicantes derivaba de la forma en que habían obtenido sus conocimientos. En toda Europa occidental esta formación se adquiría a través de dos canales diferenciados: el institucional, integrado por los que habían estudiado en una escuela o facultad de medicina y se hallaban en posesión de un título (bachiller, licenciado, maestro); y por otra estaban quienes se habían formado a través de un modelo abierto, de libertad de enseñanza o aprendizaje artesanal con un maestro. Este último sistema de transmisión de conocimientos fue utilizado en la mayoría de los oficios sanitarios cuya base de trabajo era manual (barberos, cirujanos y boticarios), siendo también el sistema de formación de los sanadores de las minorías religiosas musulmana y judía, al ser pocos los individuos que podían conseguir un título a través de las instancias universitarias 54. Finalmente existía toda una variada gama de “empíricos”, consagrados a la cura manual de procesos urológicos como los sacadores de la piedra (cálculos), los “batidores de cataratas”, los “algebristas” (encargados de fracturas, luxaciones y traumatismos), sacamuelas, hernistas y las comadronas, también denominadas parteras, comadres o “madrinas”, todos con funciones muchas veces de difícil distinción de los llamados hechiceros y “ensalmadores” 55. 2.4.5.3. Escuelas y Universidades Medievales. En los reinos cristianos, la medicina relegada en los conventos comienza lentamente a renacer a finales del siglo X y se abren algunas escuelas en sus claustros. En el siglo XI aparece en Italia la Escuela Médica de Salerno que alcanzó su máximo esplendor en los siglos XII y XIII. Esta escuela expedía títulos de médico, que autorizaban para ejercer la Medicina y Cirugía, y títulos de cirujano, que permitían sólo el ejercicio de la última. Para el título de Medicina se exigían tres cursos de Lógica y cinco de Medicina; para los de cirujano sólo se exigía la asistencia durante un año a las cátedras de la Escuela, cultivando principalmente la Anatomía 56. En España, hacia el siglo XII, aparece la Escuela de Medicina de Montpellier, por aquel entonces dependiente de la Corona de Aragón, a la que pertenecieron entre otros Arnaldo de Vilanova y Guido de Chauliac. Poco después aparecerán las universidades, como la de Palen-
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 28 etc., y comienzan a cultivarse las investigaciones biológicas de Servet, Eustaquio…; nace la anatomía microscópica, se empiezan a practicar investigaciones necrópsicas, se perfecciona la cirugía, y comienzan a perfilarse las especialidades, oculística, obstetricia, enfermedades de la infancia… Ideas que alcanzarán progresiva difusión con el progresivo desarrollo de la imprenta 82. 2.5.1.2. Las Universidades en la época de los Austrias. La medicina se enseñaba en más de diez universidades, entre las que destacaban las de Salamanca, Valladolid, Alcalá y Valencia. A las ya existentes se añaden en el siglo XVI las de Sevilla. Granada, Santiago, Toledo, Ávila, Baeza, Sahagún, Zaragoza, Gandía, Osma, Burgo de Osma, Almagro, Oropesa, Oviedo, Gerona, Barcelona, Vich, Tarragona, Orihuela y Monforte, unas con precedentes en fundaciones anteriores de menor categoría, y otras de nueva formación; la mayoría de ellas creadas por particulares, generalmente obispos, arzobispos y otros representantes del clero, aunque también se diesen casos de fundaciones reales, como la de la Universidad de Granada por Carlos I, y municipales como las de Gerona, Barcelona y, en general, todas las de la Corona de Aragón. En total, en 1619 había 32 universidades, incluyendo las de Pamplona, Irache y Solsona, a las que se añadieron las de Tortosa (1645) y Mallorca (1697), y los “Estudios de San Isidro” creados en Madrid en 1624 por Felipe IV 83. En 1563, reinando Felipe II, para acceder al estudio de la Medicina era preciso cursar antes los estudios de Bachiller en Artes, y tras superar varios cursos teóricos durante cuatro o cinco años se alcanzaba el título de Bachiller en Medicina, Licenciado en Medicina o Doctor en Medicina, con la obligación de una capacitación práctica de al menos otros dos años bajo la guía de un profesor acreditado, para posteriormente poder comparecer ante el Tribunal del Protomedicato, que otorgaba las licencias exigidas para el ejercicio de la profesión 84,85. 2.5.1.3. La Habilitación para el ejercicio de las artes médicas. La legislación del Tribunal del Protomedicato establecido por los Reyes Católicos fue modificada en tiempos de Carlos I en 1523, y por Felipe II en 1552, 1567 y en la pragmática de 1588, donde se regularon las pruebas de examen de medicina ante el Tribunal, posteriormente legisladas y modificadas con mayor detalle en 1593. En 1539 el Protomedicato aparece ya constituido como tribunal regular, compuesto por tres médicos de cámara, tres auditores, médicos de la Casa de Borgoña, un Asesor, un Fiscal, Alcaldes y un número variable de Alguaciles nombrados por los mismos Protomédicos; éstos prestaban juramento ante el Consejo Supremo de Castilla, como los demás Ministros de los Tribunales Superiores, y sus decisiones eran inapelables 86. Las pruebas de capacitación de los cirujanos, reguladas por Carlos I en 1528 son también precisadas en las legislaciones de 1563, 1588 y 1593. Licencias especiales, cuya concesión autorizó Felipe II en 1570 y 1578, permitían la actividad de otros profesionales empíricos no formados en la universidad, tales como barberos, algebristas, batidores de cataratas y comadronas 87. En 1603 y 1617, nuevas pragmáticas de Felipe III regulan con minuciosidad los estudios de medicina y sus pruebas de capacitación ante el Protomedicato; igualmente los cirujanos romancistas precisarán de modo previo al examen la realización de cinco años de prácticas, tres de ellos en un hospital y los restantes con un médico o cirujano titulado 88. El mismo Felipe III, preocupado por el gran número de médicos que acudían a la capital a explotar a los enfermos, haciéndoles víctimas de su audacia e ignorancia, en una ordenanza de 7 de noviembre de 1617 dice lo siguiente: “Ordenamos que todo médico recién venido sufra obligatoriamente un segundo examen, sin pagar derechos, ante el patronato; porque de este
Historia de la Medicina Militar en España Pág. 29 modo los prácticos extraños a la capital tendrían cuidado de estudiar y no habrá tantos médicos ignorantes; los que no se presenten al tribunal de los protomédicos tendrán que pagar una multa de 30.000 maravedíes” 89. 2.5.1.4. El Ejercicio de la Medicina en la época de los Austrias. La cirugía experimenta un notable avance con grandes progresos en la cirugía del aparato urinario, de las hernias, trepanación del cráneo, y limpieza y cauterización de heridas, alcanzando finalmente la enseñanza en la Universidad. Por la pragmática del Pardo de 7 de Noviembre de 1617 la carrera de cirugía se divide en dos categorías: cirujanos latinos o “de toga” y cirujanos romancistas (cirujanos-barberos) o “de traje corto”. Para ser aprobados, los cirujanos latinos debían tener conocimiento de las obras de Hipócrates, Galeno y de otros autores que estudiaban durante cuatro años en las Universidades, y, tras otros dos años de práctica, debían ser examinados de algebristas (enfermedades de los huesos), lo cual exigía una formación y un conjunto de conocimientos más extensos y difíciles que los exigidos a los médicos; podían recetar medicamentos de uso externo (pomadas, ungüentos…) que estaban vedados al médico, y para poder ejercer debían pasar el examen del Protomedicato 90. Estas exigencias formativas, sin compensaciones legítimas en la consideración social y el trabajo profesional, tendrán consecuencias en el siglo XVIII ya que los estudiantes acomodados preferirán dedicarse a la Medicina lo cual conducirá a la desaparición de los cirujanos ilustrados y a la proliferación de los romancistas, éstos últimos de muy baja o escasa formación. Las preparaciones medicinales sólo podían ser elaboradas y cobradas por los boticarios, los cuales no podían servirlas sin la receta del médico o del cirujano “latino”. Aunque en un principio los propios médicos preparaban los medicamentos para sus enfermos, los boticarios fueron independizándose en la Edad Media, y debían pasar la aceptación del Protomedicato o de las Cofradías. El Protomedicato pedía saber latín y “limpieza de sangre”, y las Cofradías exigían haber practicado durante varios años con un boticario establecido. La limpieza de sangre exigía no ser converso ni descendiente de quemados por la Inquisición 91. Además del ejercicio privado, los profesionales podían ser contratados por los municipios para atención de beneficencia o de todos los convecinos, o por los gremios y hermandades para dar asistencia a sus asociados; e igualmente se contrataban médicos para asesoramiento de higiene pública y el servicio de las cárceles 92. La España del siglo XVI reunía una ingente cantidad de hospitales, casi todos surgidos de la caridad y creados por concejos, órdenes religiosas, gremios, cofradías, prelados o personas particulares. En general estos hospitales eran pobres, pequeños, con tres o cuatro camas o camastros, y pensados para acoger temporalmente a personas desvalidas, enfermas o no. Progresivamente fueron agrupados para crear centros mayores y mejor dotados, destinados ya a acoger sólo a enfermos en la miseria. Igualmente las instituciones, principalmente la Iglesia, la Corona y las Ordenes Hospitalarias fueron sustituyendo en la tarea a la caridad de cofrades y particulares 93. 2.5.1.5. La medicina en el Ejército de los Austrias. La llegada de los Reyes Católicos había marcado el paso de la Edad Media al Renacimiento, y el ejército había sufrido un cambio cualitativo y cuantitativo con la creación de un ejército permanente, profesional y numeroso, y una reorganización de los efectivos en la que las mesnadas heterogéneas habían sido sustituidas por batallones uniformes de 500 hombres, divididos a su vez en diez cuadrillas. Posteriormente se crearon las “compañías” o capitanías
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 30 de 500 hombres, mandadas por un capitán, y agrupadas en “coronelías” de hasta 12 compañías. Con el tiempo, el “tercio” sucedió a la coronelía, con unos 4.000 hombres agrupados en 12 a 15 compañías de 250 a 300 soldados cada una, y mandado por un maestre de campo. Más tarde, el tercio fue sustituido por el Regimiento 94. 2.5.1.6. Médicos, Cirujanos y Barberos. En el siglo XVI cada compañía estaba dotada de un barbero que en momentos de agobio podría actuar como cirujano y estaba a las órdenes del equipo de médicos y cirujanos de cada Tercio, equipo que varió según las ocasiones y época. Así, ya en las Ordenanzas de Carlos V en 1534 y en las “Reglas para la cuenta y razón del Ejército” de 1584, aparecen plantillas y normas de actuación del médico, el cirujano, el boticario, el barbero y el sangrador, y se planifican hospitales de campaña capaces de desplegarse en cualquier lugar del Imperio. Inicialmente cada coronelía tenía asignados un médico, un cirujano y tres ayudantes, y en 1534 cada Tercio, sucesor de las coronelías, un médico, un cirujano y un boticario” 95. La contratación de este personal la solía hacer el coronel o maestre de campo, que también ajustaba el salario asignado 96. Médicos y cirujanos dependían directamente del coronel o maestre de campo que mandaba la unidad, pero entre ellos se establecía una especie de jerarquización que hacía que cuando varias coronelías integraban un ejército se designase un protomédico, con autoridad sobre los demás médicos, y un cirujano mayor. El cargo de protomédico correspondía generalmente al médico personal del capitán general o a figuras relevantes de la medicina, destacando como protomédicos de esta época entre otros Vesalio, Dionisio Daza Chacón y el Divino Vallés. Las tareas del protomédico en los ejércitos incluían controlar la capacitación y conocimientos de aquellos que como médicos, cirujanos, boticarios o barberos pretendían obtener algún puesto en el ejército. Por su parte, el cirujano mayor ejercía autoridad sobre cirujanos y barberos y, ocasionalmente, se encargaba de examinar los conocimientos de los aspirantes 97. Todas estas disposiciones fueron reglamentadas en las Ordenanzas de Felipe IV de 1643, en las que asimismo desaparecen los médicos al servicio de las tropas al ser destinados a los hospitales, y las unidades combatientes quedan asistidas por un cirujano de Tercio (unos 7000 hombres), al mando de un cirujano por compañía (500 hombres), auxiliados por varios barberos 98. Por contra, para la asistencia a las guarniciones fijas y de contingente pequeño se solía llegar a un acuerdo con los facultativos locales, que se conformaban con pequeñas cantidades acordes al poco trabajo proporcionado, aunque en ocasiones la guarnición podía ser lo suficientemente numerosa como para justificar un salario proporcionado y dar lugar a una dedicación exclusiva 99. Esta organización fue en líneas generales muy duradera, aunque no se siguió al pie de la letra, y experimentó pocas variaciones en los siglos de los Austrias. 2.5.1.7. Los Hospitales Militares. Como se ha expuesto ya en la época de los Reyes Católicos, en la batalla de Toro de 1476 los heridos fueron asistidos en seis tiendas grandes con dotación de médicos, cirujanos y medicinas, dando lugar al nacimiento al primer hospital de campaña, que posteriormente acompañó al ejército real hasta la conquista de Granada. Finalizada la Reconquista, la guerra se extenderá por Europa, el Mediterráneo y las posesiones de ultramar de América y Oceanía, dando lugar a la existencia de hospitales itinerantes, generalmente insuficientes y mal dotados, y de hospitales fijos como los de Jaca, Orán o La Coruña a mediados del siglo XVI 100.
Historia de la Medicina Militar en España Pág. 31 Los hospitales montados por y para el ejército recibirán entonces un gran impulso, siendo atendidos muchos de ellos por los Hermanos de San Juan de Dios. En estos hospitales la máxima autoridad era ejercida por el administrador, que solía ser un eclesiástico nombrado por el capitán general o el propio rey, y la jerarquía se dividía entre los llamados “ministros mayores”: administrador, el veedor, el médico, cirujano, capellanes, escribanos, y enfermero mayor; y “ministros menores”: boticario, guardarropa, el despensero y el comprador. La autoridad técnica sobre médicos y cirujanos radicaba en el protomédico; y la asistencia quirúrgica dependía del cirujano mayor, generalmente un cirujano latino salido de la universidad, que en muchas ocasiones era también médico, y a cuyas órdenes estaban uno o más ayudantes. Los médicos tenían preeminencia sobre los cirujanos y dentro de cada grupo ésta se ejercía de mayor a menor categoría. El tercer escalón eran los practicantes o platicantes, jóvenes que realizaban sus prácticas obligatorias para el examen del protomedicato, y el cuarto escalón lo representaban los barberos, también denominados “sangradores” por practicar sangrías, avulsiones dentarias y flebotomías, entre otras prácticas menores. Los boticarios compraban y administraban las medicinas bajo vigilancia del veedor y del médico, que tenía que firmar todas las recetas. La financiación se hacía por diferentes vías: la Real Hacienda, la real limosna, los “ab intestato” (herencia de los bienes de los que morían en el hospital), las donaciones, la venta de ropa y comida sobrante, y lo castigado por el juego 101. 2.5.1.8. La medicina en la marina de guerra de los Austrias. De acuerdo con una tradición proveniente de la Edad Media, cada embarcación llevaba un cirujano o barbero romancista, si bien la diversa importancia de las naves imponía variaciones cualitativas y cuantitativas a la regla. No obstante, la presencia sanitaria en los navíos, aunque reconocida oficialmente y representada por las diversas categorías de cirujanos, no fue decretada hasta las Ordenanzas para la Carrera de Indias recopiladas desde 24 de marzo de 1590 a 20 de octubre de 1666 y en las cuales se estipulaba la necesidad su presencia en los navíos, así como la forma en que habían de ser nombrados, sueldo y forma de pago de estos haberes. En el reinado de Carlos V las empresas marítimas se intensifican por las campañas realizadas en el Mediterráneo para castigar a berberiscos y piratas. Así la escuadra de Andrea Doria XLVI para la conquista de Túnez [1535] contó con una organización sanitaria que fue hecha bajo la dirección del Luis Lobera de Ávila, médico del Emperador. En la Armada de Don Juan de Austria, hijo natural de Carlos V, figuraron como médicos el protomédico Gregorio López Madera y Dionisio Daza Chacón, experto cirujano. Además, les acompañaban boticarios, y otros cirujanos y barberos, pues se sabe que en la última salida de don Juan de Austria iban a bordo cuatro médicos, cuatro boticarios, veinticinco cirujanos y quince barberos. Como regla general, los galeones (unos 220 hombres) solían tener un cirujano a bordo; pero los galeones de importancia solían llevar dos cirujanos (cirujano mayor y ayudante) y algún barbero. Las embarcaciones de poca monta contaban únicamente con un barbero. Había varias categorías de barberos según sus conocimientos: se comenzaba por “barberote mozo”, se seguía por “barbero”, “barbero-cirujano” y finalmente se llegaba a “cirujano-romancista”. XLVI Andrea Doria (más correctamente, en italiano, Andrea d'Oria) [Oneglia, Italia, 1466 - Génova, 1560] fue un almirante y hombre de Estado genovés, que en 1528 pasó del servicio de Francisco I de Francia al de Carlos I de España. El apoyo de su Marina dio a Carlos V un ligero predominio en el Mediterráneo occidental frente a franceses, turcos y berberiscos.
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 32 En las campañas navales embarcaban en la nave capitana un médico mayor y un cirujano mayor, ambos científicamente formados y que servían indistintamente en los ejércitos de Tierra y Mar. Estos médicos y cirujanos mayores darán lugar posteriormente al nacimiento del protomédico y cirujano mayor de la Armada, y de ellos dependían jerárquicamente los cirujanos de las embarcaciones 102. 2.5.1.9. Los Hospitales de la Marina en tiempos de los Austrias. Ante situaciones de gran enfermedad, desbordadas las posibilidades de a bordo, la Marina de guerra solía utilizar los hospitales civiles existentes en tierra en la vecindad del puerto, muchos de ellos fruto de la caridad y beneficencia o gestionados por cofradías piadosas o gremiales nacidas en el siglo XIII con carácter de mutua asistencia entre sus miembros para hacer frente a los gastos en caso de enfermedad y asegurar un entierro lo más digno posible. Estos centros no solían ser más que casas con tres o cuatro aposentos con unos cuantos jergones y diez a veinte plazas de capacidad, por lo que claramente se veían desbordados en caso de epidemias, ante las cuales la Marina debía improvisar hospitales en tierra o en naves viejas no útiles para navegar 103. Igualmente, cuando se iba a realizar una campaña de cierta envergadura solía reservarse una o varias embarcaciones como hospital y atención de enfermos y heridos. Pero los dirigentes de la Marina tenían muy claro que era mejor desembarcar a los enfermos, ya que por muy malas que fuesen las condiciones en tierra éstas eran peores a bordo. Así, durante el siglo XVI existieron los “hospitales embarcados”, formaciones muy complejas designadas como “Hospitales Reales del Ejército y de la Armada”, y concebidos para ser desplegados en tierra, en edificios requisados, o con las tiendas de las que estaban dotados. Los barcos que los transportaban, generalmente las llamadas “urcas de hospital”, no tenían capacidad para recibir bajas, siendo buques de transporte y no buques hospitales como tales. La plantilla habitual de un hospital de estas características oscilaba entre 30 y 50 personas, llegando a las 100 en las grandes campañas. A su frente estaba el Administrador General del Hospital, nombrado por el monarca entre clérigos de reconocido prestigio, y del que dependían todas las personas que integraban la plantilla del hospital y los capellanes del Ejército y la Armada embarcados. El nivel superior del personal sanitario estaba representado por los médicos, bajo coordinación de un protomédico que podría ser considerado equivalente al Director Facultativo del hospital; por debajo estaban los cirujanos, en aquellos momentos con una consideración social muy inferior a los médicos, encargados del tratamiento de las heridas e intervenciones quirúrgicas con ayuda de los “platicantes” o ayudantes de cirujano. El nivel inferior correspondía a los barberos, que compaginaban su actividad sanitaria con el afeitado y cuidado del cabello. La atención directa de las personas hospitalizadas era llevada a cabo por los enfermeros que, coordinados por un enfermero mayor, supervisaban el estado de las salas, el reparto de comidas y el cumplimiento de los tratamientos prescritos. Finalmente, todos los hospitales contaban con uno o varios boticarios que, con sus ayudantes, preparaban las formulaciones en sus diferentes presentaciones 104. Es preciso destacar el creciente protagonismo de la Orden de los Hermanos de San Juan de Dios, que desde su fundación proyectó su labor asistencial hacia el ámbito marítimo, y cuyo crecimiento espectacular hizo que se recurriera a ellos para la gestión de los nuevos hospitales al ser más cómodo concertar con la Orden las retribuciones por estancias causadas en los hospitales que mantener la compleja estructura necesaria para su normal funcionamiento. Así en 1598 le fue encomendado el Hospital de galeras de Puerto de Santamaría y posteriormente el de Cartagena y otros centros hospitalarios de península y tierras americanas. No obstante, el sistema fue entrando paulatinamente en crisis ante las quejas sobre la atención recibi-
Historia de la Medicina Militar en España Pág. 33 da en estos centros asistenciales, al punto que muchos marinos preferían quedarse en casas particulares para recibir asistencia 105. No obstante, el ideal de la Marina era disponer de hospitales propios regentados por personal de la Marina y con médicos y cirujanos expertos en las enfermedades de la gente de mar. Surgen así los Hospitales de Puerto de Santa María (1613), el Hospital del Rey en Cádiz (1634), y el Hospital Real de Galeras de Cartagena (1621). 2.5.2. La Época de los Borbones: Siglo XVIII. Tabla VIII HISTORIOGRAMA DE LOS BORBONES Felipe V, Duque de Anjou, nieto de Luis XIV, (1700-1746) Creación de la Real Academia Española (RAE) (1713) Luis I de Borbón (1724), recibió el trono al abdicar Felipe V en febrero de 1724 y murió de viruela en octubre del mismo año Fernando VI (1746-1759) Carlos III (1759-1788) El Motín de Esquilache (1766) Expulsión de los jesuitas (1767) Carlos IV (1788-1808) El testamento de Carlos II “El Hechizado” supuso el fin de la Casa de los Austrias y la llegada al trono de Felipe V, nieto de Luis XIV de Austria y primer rey de la casa Borbón. Con la instauración de la nueva casa real, llega un cambio a todas las instituciones de la nación, que afecta igualmente al Ejército, a la Medicina y a la Sanidad Militar. Igualmente tiene lugar una política de reordenación social y saneamiento económico, obra sobre todo de los monarcas Fernando VI y Carlos III, con un manifiesto auge y crecimiento de la vida científica y cultural. Comienza así el período de la denominada “medicina española ilustrada”, que experimenta un notable desarrollo al incorporar las conquistas doctrinales y técnicas realizadas desde el Renacimiento por la medicina europea 106. 2.5.2.1. La enseñanza de la Medicina y su ejercicio. La Medicina se sigue enseñando en las universidades, según los criterios tradicionales, si bien hay coincidencia general en la consideración de insatisfactoria formación universitaria de médicos y cirujanos. En las Universidades se habían abandonado los estudios anatómicos, lo que explica la ignorancia quirúrgica de los médicos latinistas que en ellas se formaban, ya fuesen bachilleres, licenciados o doctores. El ejercicio de la cirugía romancista estaba vinculado a la clase más pobre de la nación, y los cirujanos romancistas llegaron a carecer del barniz de cultura general, por falta de estudios de latinidad y filosofía, equivalentes al bachillerato actual 107. El deplorable estado de la Cirugía en la primera mitad del siglo XVIII era tal que, según describe García del Real “los pueblos gemían sin encontrar quien los curase y hasta los reyes, con grandes sacrificios pecuniarios, llamaban cirujanos de otros países, que nunca pasasen de medianos, para que sus reales personas fuesen asistidas en sus enfermedades” 108. Así, apenas podía encontrarse en España quien supiese operar la catarata, extraer una piedra, curar una hernia estrangulada, realizar la traqueotomía o asistir debidamente un parto
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 34 laborioso. Como consecuencia la Marina y el Ejército tenían que valerse en numerosas ocasiones de cirujanos extranjeros, situación que Diego Velasco, por entonces ayudante consultor del Ejército y maestro del Real Colegio de Cirugía de Barcelona exponía en 1780 en el prólogo de su «Curso teórico-práctico de operaciones de Cirugía» 109: “No hace muchos años que para el ejercicio de esta importantísima arte, generalmente se presentaban hombres sin talento, sin educación y sin cultura. Puestos desde el principio en la humilde condición de barberos; destinados a los más bajos ministerios de la casa; dirigidos de un maestro, que, nacido y criado en su tienda, nunca supo formarse una sana idea de la Cirugía, todo el fruto que podían esperar de tales servicios era la libertar de poder concurrir a los hospitales, o acompañar algún hábil profesor en la asistencia a sus enfermos. Estas eran las Escuelas de Cirugía que, por nuestra desgracia, llegaron a suceder a las cátedras que fundaron nuestros ilustradísimos reyes en las más famosas Universidades de España. Este era el único seminario de donde la Nación había de sacar profesores que se encargasen de la salud de los pueblos, de los Ejércitos y de las Armadas; y toda la esperanza y recurso que prevenía a la Patria a las mayores y más inevitables necesidades del público, era un cierto número de hombres sin estudios, que, acompañando su groserísima ignorancia de la osadía y temeridad que le son propias, exponían en los pueblos la vida del honrado labrador y la suerte de su inocente familia; en las Armadas y en los Ejércitos hacían más estragos que el plomo y el acero de los enemigos…” 109 . Como consecuencia de esta situación comenzará la renovación científica en España, iniciada por la ya citada "Regia Sociedad de Medicina y demás Ciencias de Sevilla" en tiempos de Carlos II, posteriormente acogida bajo protección de sus sucesores Felipe V, Fernando VI y Carlos III. Paralelamente, en 1734 se funda en Madrid la Regia Academia Médica Matritense; en 1743 la Academia de Nuestra Señora de la esperanza, también en Madrid; y en 1770 la de Barcelona. En el reinado de Fernando VI se crean bajo la dirección de Pedro Virgili los Reales Colegios de Cirugía de Cádiz (1748) y Barcelona (1764), nacidos para proporcionar formación a los cirujanos de la Armada y el Ejército respectivamente. El Real Colegio de San Carlos de Madrid es fundado en 1787 por Gimbernat y Mariano Ribas gobernando Carlos III, para formación de cirujanos civiles. Distintas disposiciones legales dictadas por Carlos III en 1770 tratan de reordenar los estudios, y en 1794 se reconoce sólo validez a los estudios médicos cursados en las universidades de Salamanca, Alcalá, Valladolid, Granada, Sevilla, Huesca, Zaragoza, Valencia y Cervera. En 1799 se crean los Colegios Médico-Quirúrgicos de Burgos y Santiago 110. 2.5.2.2. La Medicina en el Ejército. A lo largo del siglo XVIII tiene lugar una profesionalización y capacitación científica de médicos y cirujanos militares, en base a la llegada de cirujanos extranjeros, franceses e italianos, mejor preparados que los españoles, la selección del personal, la organización jerárquica y, sobre todo, la creación de los centros de enseñanza. Todas estas circunstancias darán lugar a una mejor formación, mejor atención a los pacientes, y un mayor reconocimiento social de la profesión. En 1704 los Tercios pasan a denominarse Regimientos y, dentro de la Real Ordenanza de 26 de Septiembre de 1704 que reorganizaba los regimientos de Infantería, Caballería y Dragones, se procede también a reorganizar la asistencia médico-quirúrgica. En las unidades,
Historia de la Medicina Militar en España Pág. 35 desde 1702 había un cirujano por regimiento o tercio, y en el Reglamento de 20 de abril de 1715 se asignaban dos por regimiento, uno por cada batallón e integrados en la Plana Mayor, grupo que prestaba asistencia a todas las compañías 111. En 1717 se clasifican en cirujanos de 1ª y cirujanos de 2ª, con haberes diferenciados. El nombramiento era realizado por el coronel del regimiento entre una terna propuesta por el cirujano mayor, debiendo a partir de 1718 ser refrendado dicho nombramiento por el Inspector General a fin de evitar el intrusismo y asegurarse que eran “de oficio y que tienen la utilidad que conviene”, ya que cientos de empíricos o estudiantes fracasados infestaban la nación, siendo frecuente que el Protomedicato desplazase un delegado a fin de examinar los títulos de todos los profesionales y no siendo raro el detectar títulos falsificados, e incluso la inexistencia de los mismos. Finalmente, el nombramiento era ratificado nominalmente por el rey, como culminación de un largo proceso burocrático que incluía memoriales de los solicitantes, informes del Protomédico, y peticiones de los jefes militares locales 112. El 20 de diciembre de 1721 Felipe V promulgó el primer Reglamento de Servicios Sanitarios del Ejército, que puede ser considerado como carta fundacional del Cuerpo de Sanidad Militar, al crear escalas de antigüedad y derechos y obligaciones del personal. Los deberes del personal sanitario regimental incluían atender a la tropa en sus enfermedades en tiempos de paz, y curar sus heridas en tiempos de guerra; pero las pequeñas guarniciones solían ser atendidas por facultativos locales 113. En 1752 se dispone que el nombramiento de los cirujanos militares vaya precedido de un examen con la aprobación del Cirujano Mayor del Ejército o de sus delegados en las provincias. El cargo de Cirujano Mayor lo ejercía generalmente un facultativo de la Real Cámara, y los Subdelegados o Delegados provinciales eran cirujanos nombrados por los Capitanes Generales o Comandantes Generales respectivos. Una nueva orden de 31 de enero de 1757 dispuso que aquellos que no hubieran sido examinados por el Protomedicato fuesen examinados por una comisión del mismo allí donde se encontrasen, después de haber presentado los papeles necesarios. La “sección de cirugía del Protomedicato” correspondía al Tribunal del Protobarberato, el cual se ocupaba de cirujanos, barberos y sangradores, siendo presidido por un Cirujano de Cámara que llevaba el título de Protobarbero, asistido por varios Alcaldes examinadores del Protobarberato. Protobarberos fueron Pedro Virgili, Perchet y otros cirujanos notables de la época. En 1780 Carlos III suprimió este Tribunal y separó las funciones de Medicina, Cirugía y Farmacia de modo que se gobernasen a sí mismas, creando el Protomedicato, Protobarberato y Protoboticariato. Las notables disputas entre las tres secciones consecuentes a la puesta en práctica de la disposición real motivaron la vuelta a la antigua ordenación en 1799 114. 2.5.2.3. Los Hospitales del Ejército. La diferencia con la época de los Austrias consistió fundamentalmente en la existencia de un único reglamento general para todos los hospitales militares, en vez de unas ordenanzas para cada hospital. En 1704 a cada hospital se asignaba un doctor en medicina, un cirujano mayor, dos cirujanos ayudantes, doce practicantes de cirugía y treinta acémilas. Cuando el hospital era importante, médico, cirujano y boticario tenían bajo su mando a otros profesionales de su misma titulación 115. Las Ordenanzas de Hospitales Militares de 1739 confían a la Administración la organización y dirección de los hospitales militares, dejando a médicos y cirujanos tan sólo la libertad de recetar, y el servicio sanitario tanto en el campo de batalla como en los hospitales quedaba reducido al socorro y asistencia de enfermos y heridos, corriendo a cargo de la Administración el transporte, la alimentación y la organización de ambulancias y hospitales 116.
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 36 Los facultativos tenían como jefe inmediato al “contralor”, cabeza administrativa del hospital, si bien éste carecía de autoridad sobre los procesos asistenciales. En 1737 había ya 39 hospitales militares administrados por la Hacienda pública, los cuales marchaban a trancas y barrancas, y eran causa frecuente de quebraderos de cabeza para sus intendentes, que inútilmente pedían soluciones a Madrid. Diversas instrucciones de 1708, 1721 y el ya citado Reglamento de Hospitales Militares de 1739 [fig.7,] abordaron la difícil tarea de organizar el funcionamiento interno de estos hospitales del modo más minucioso posible 117, pero no obtuvieron el éxito esperado por lo que entre 1741 y 1749 tiene lugar la supresión de un total 24 hospitales, 22 de ellos en 1741. Como consecuencia de ello, el problema de la asistencia sanitaria se transfirió a los mandos de cada cuerpo y a los administradores locales, asignándose a cada batallón la insuficiente suma de 600 reales por mes con la que debía atender a todos los gastos de asistencia. Más tarde, normalizada ya la situación, tendrá lugar la apertura progresiva de nuevos hospitales y se reabrirán algunos de los antiguos, de modo que en 1773 aparecen relacionadas 35 instituciones hospitalarias. Fig. 7 Reglamento de Hospitales Militares de 1739. En referencia a los hospitales de campaña, éstos se instalaban donde se podía y muchas veces eran desbordados por las vicisitudes de la guerra o el avance o retroceso del ejército. No obstante, estaban perfectamente reglamentados, su organización era minuciosa y solían mantenerse durante meses. La dirección médica se encargaba al protomédico del ejército con el que estuviese desplegado; su inmediato inferior era el primer médico o médico-consultor y se encargaba de la asistencia de los oficiales y de presidir a los demás médicos, correspondiéndole igualmente el nombramiento de los subalternos, los cuales solían ser estudiantes de medicina de los últimos cursos bajo las órdenes de un practicante mayor encargado de vigilar los tratamientos y las comidas. La asistencia quirúrgica estaba encomendada al cirujano mayor, que distribuía el trabajo en “brigadas” [o equipos quirúrgicos], integradas por un ayudante de cirujano mayor [como jefe del equipo], un ayudante de cirujano, y unos practicantes en números de cuatro a seis, practicantes que a partir de 1740 serían alumnos del Colegio de Cádiz, y después de 1760, también del Colegio de Barcelona 118. 2.5.2.4. La Medicina en la Armada. El siglo XVIII hereda una marina de guerra prácticamente inexistente tras la bancarrota del Estado y la miseria de una España desmoralizada tras la serie de batallas, derrotas y pérdidas de patrimonio que caracterizó al reinado de Carlos II. Tras la llegada de los Borbones se
Historia de la Medicina Militar en España Pág. 37 emprende una política de reconstrucción, con la creación de nuevos astilleros y la instalación de la escuela de “guardiamarinas” junto al arsenal de La Carraca, dando lugar a la institución de la Armada en 1714 por la unificación de las diferentes escuadras regionales. La sanidad de esta Armada también se encontraba en un estado precario. Un Decreto de 13 de Septiembre de 1703 había iniciado el comienzo de su reforma, disponiendo que los cirujanos barberos fuesen sustituidos por cirujanos bien formados con una remuneración adecuada, disposición justificada por la poca práctica y experiencia de los barberos existentes y los excesos y fraudes cometidos 119. En 1708 se crea el cargo de Cirujano Mayor de la Armada, designándose para el cargo a Fray Ambrosio de Guiveville [ó Guibebelli], miembro de la Orden de San Juan de Dios 120,121. En 1718 es nombrado Cirujano Mayor de la Armada y primer director del Cuerpo de Sanidad Naval el francés Juan Lacomba [fig.8] XLVII 122. Lacomba lucha por mejorar la asistencia a bordo de los buques de guerra y el prestigio y formación de sus subordinados, alegando que las escuadras precisaban de verdaderos cirujanos que supieran curar heridas y amputar miembros, por lo que comienza a contratar cirujanos previa selección, clasificándolos en 1724 en primeros y segundos según sus capacidades 123. Fig. 8 Juan Lacomba: firma autógrafa de un expediente militar de 1742 Belaústegui Fernández A. Pedro Virgili i Bellver Cirujano Mayor del Ejército y la Armada. La lucha contra el olvido V. Ministerio de Defensa, 2010; p. 48 Las ordenanzas diseñadas por Lacomba, refrendadas por el primer intendente general de Marina D. José Patiño y Rosales el 25 de Mayo de 1728, y aprobadas por Felipe V suponen la fundación del Cuerpo de Cirujanos de la Marina. En ellas se prescinde de los protomédicos (considerados por entonces la “casta de la medicina”), se encomienda el cuidado de las dotaciones a los cirujanos, dependientes del cirujano mayor; se establecen unas reglas de organización básica con una plantilla compuesta de cirujano mayor, ayudante de cirujano mayor, cirujano de primera y cirujano de segunda; y se disponen las obligaciones, sueldos y normativa sobre los hospitales 124. 2.5.2.5. La formación en Medicina y Cirugía: los REALES COLEGIOS. a) Real Colegio de Cádiz. Tras el fallecimiento de Lacomba en 1748, Pedro Virgili i Bellver [fig.9], un cirujano catalán procedente del Ejército, es designado como cirujano mayor del cuerpo. Bajo su iniciativa y con apoyo de D. Zenón de Somodevilla y Bengoechea, marqués de la Ensenada, que desde 1743 ocupaba la Secretaría de Estado de Guerra, Marina, Indias y Hacienda, el rey Fernando VI sancionó por Real Orden de 11 de noXLVII El nombre de este cirujano de origen francés era Jean Le Combe Pandrino, castellanizado por Juan Lacomba. [Fig. 8].
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 44 Fig. 17 Real Cédula Fundacional del Colegio de San Carlos de Madrid. 1780, Fig. 18 Reales Ordenanzas del Colegio de San Carlos de Madrid. 1787 Así como los Colegios de Cádiz y Barcelona son fruto de la visión y esfuerzo de Pedro Virgili, el Real Colegio de Cirugía de San Carlos de Madrid, debe ser atribuido a la perseverancia y obra de Antonio Gimbernat [fig.19] y Mariano Ribas [fig.20]. Y, aunque es frecuente atribuir al primero el éxito de su fundación, en todos los documentos y gestiones oficiales su nombre aparece unido al de Ribas, cirujano de la Real Armada y catedrático del Real Colegio de Cádiz, siendo nombrados ambos por Carlos IV en las ordenanzas de 1787 Directores Perpetuos del Colegio “declarando que no ha de haber más distinción ni preeminencia entre los dos mientras sean Directores, que la material de haberse nombrado uno después del otro y con el orden que aquí se expresa”. Fig. 19 Antonio Gimbernat. Retrato pintado en el Anfiteatro del Colegio de Cirugía de Madrid Fig. 20 Mariano Ribas [Rivas]. Retrato pintado en el Anfiteatro del Colegio de Cirugía de Madrid
Historia de la Medicina Militar en España Pág. 45 Muchos de los de los alumnos de estos Reales Colegios nutrieron las filas del Ejército y la Armada, pues disponían de colegiales internos que recibían formación con el compromiso de entrar en el Ejército si se les requería para ello 134. Por otra parte, estos colegios constituirán los gérmenes de las Facultades de Medicina, creadas en 1843. Asimismo en las Ordenanzas de 1787 para el Colegio de Madrid, capítulo VII, título III se preceptúa taxativamente que todos los cirujanos del Ejército debían proceder de los Colegios de Cirugía, y que en las ternas de propuestas hechas por el Cirujano Mayor del ejército para los Coroneles o Jefes de Cuerpo para cubrir vacantes de cirujano, las dos primeras fuesen del Colegio de Barcelona y la tercera del Colegio de Madrid; además se encarga muy especialmente al Cirujano Mayor para que vigile que en ninguno de los Regimientos de los Cuerpos del Ejército fuese recibido ningún cirujano que no hubiese cursado sus estudios en los mencionados Colegios 135. De este modo, el cirujano militar español a comienzos del siglo XIX era un graduado por una escuela especial que podía presumir de conocimientos superiores a los del médico salido de la universidad y que podía optar al título de doctor, tenía conciencia de su formación y gozaba de una situación social bastante comparable a la de los oficiales de las distintas armas. En esta situación se llegará hasta la guerra de la Independencia. 2.5.2.6. Los hospitales de la Armada. Aunque el antiguo modelo de hospitales embarcados se mantuvo, el centro de referencia de la sanidad naval durante el siglo XVIII fue el Hospital Real de Cádiz, construido entre 1668 y 1675 para sustituir al antiguo Hospital de Galeras de Puerto de Santa María. El Hospital Real sería un lugar no sólo de enseñanza, sino también de reciclaje para quienes prestaban servicio a bordo de los barcos, los cuales tenían la obligación de acudir cuando no estaban navegando para acompañar a los profesores en su recorrido por las salas y presenciar las demostraciones anatómicas realizadas en el anfiteatro anexo construido en 1729 136. La Armada disponía en el siglo XVIII en territorio peninsular tres bases navales: Cartagena, Ferrol y Cádiz, con un hospital en cada una de estas ciudades, como cabezas de los distritos navales, a los que había que unir otro pequeño establecimiento destinado a los obreros del astillero de Guarnizo, en el fondo de la bahía de Santander. A su lado funcionaron con carácter eventual en la península los de Alicante (con ocasión del fallido asalto a Argel), y el de Algeciras (a raíz de los bloqueos de Gibraltar). Tomando como ejemplo al de Cádiz, había una completa separación entre médicos y cirujanos. Los enfermos estaban atendidos a razón de un médico cada 50 camas, más un médico jefe que no tenía camas asignadas ya que las controlaba todas y que ejercía como “Médico Mayor” del hospital; en el caso de Cádiz éste era el Protomédico de la Armada, por tener allí señalada su residencia. Además de las salas de medicina, estaban las de cirugía, con las mismas características y bajo la suprema autoridad del Cirujano Mayor de la Armada, el cual, como el Protomédico, también tenía su residencia fijada en Cádiz 137. 2.5.2.7. Organización jerárquica en el Ejército y la Armada: El mando supremo de todos los médicos y cirujanos era ejercido por el Protomédico o primer Médico de Cámara del rey, que delegaba en los protomédicos de la marina y del ejército, y en el Cirujano mayor del ejército y la Armada. Cuando varias unidades se reunían formando un ejército para iniciar una campaña, se nombraba un protomédico y un cirujano mayor, los cuales ejercían el mando sobre todos los
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 46 médicos y cirujanos adscritos a los hospitales y los distintos cirujanos de los batallones. Como mandos intermedios existían los ayudantes de cirujano mayor o consultores. Más adelante, dentro de un mismo regimiento también quedaron los cirujanos jerarquizados. Ganaba más dinero el del primer batallón que el del segundo y éste más que el del tercero, por lo que pasar de uno a otro era considerado un ascenso. En la Marina la cosa era más simple. El protomédico de la Armada estaba en Cádiz y tenía bajo su mando a los médicos de las bases de Cádiz, Cartagena, El Ferrol y La Habana. El Cirujano Mayor, cargo creado en 1708, controlaba a los cirujanos de estas 4 bases, y a todos los embarcados. Además en Cartagena y Ferrol todos los cirujanos estaban bajo la autoridad de un ayudante del Cirujano Mayor 138. 2.6. EL SIGLO XIX. Tabla XI. HISTORIOGRAMA DEL SIGLO XIX Guerra de la Independencia (1808-1814) Pérdida de las colonias americanas (1810-1824) La primera constitución liberal – Cádiz (1812) Fernando VII de Borbón, el Deseado (1814-1833) Levantamiento de Riego (1920), liberal Década Ominosa (1823-1833) Regencia de María Cristina de Nápoles (1833-1840) 1835-1837: Leyes de desamortización eclesiástica del ministro de Hacienda y jefe de gobierno Mendizábal: las propiedades de los conventos fueron declaradas bienes nacionales y fueron puestas a la venta pública. Esta medida intentaba disminuir el latifundismo, pero las propiedades de la Iglesia fueron compradas por los nobles y los burgueses ricos. Los campesinos, por tanto, sólo cambiaron de dueño I Guerra Carlista (1833-1840) por el pleito dinástico entre Isabel II (liberalismo constitucional) y Don Carlos (absolutismo monárquico) Pronunciamiento del general Espartero (1840) Pronunciamiento del general Narváez (1842) Pronunciamiento del general Prim (1843 y 1866) liberal Isabel II de Borbón (1843-1868) Fundación de la Guardia Civil (1844) por el duque de Ahumada II Guerra Carlista (1845-1849) Pronunciamiento del general O’Donnell (1854) Revolución de 1868. Expulsión de Isabel II III Guerra Carlista (1868-1876), sitio de Bilbao Amadeo de Saboya (1871-1873). Guerra Carlista I República (1873-1874) Restauración de la monarquía en la persona de Alfonso XII (1875-1885) Regencia de María Cristina de Habsburgo (1885-1902) Pérdida de las últimas colonias de ultramar: Cuba, Filipinas y Puerto Rico (1898) 2.6.1. Enseñanza y ejercicio de la Medicina: unificación de Medicina y Cirugía. Hasta finales del siglo XVIII no se comenzó a plantear el problema de la unión de médicos y cirujanos en unos estudios y títulos comunes. Como ya se ha referido, en el Colegio de Cádiz, las Ordenanzas de 1791 significaron un primer intento de unificación de Medicina y Cirugía, que desaparecerá en 1796, con la recuperación del título de Real Colegio de Cirugía, y la formación exclusiva de cirujanos, como consecuencia de las disposiciones adoptadas en el mismo año para enseñanza de la Medicina en las Universidades y la de Cirugía en Colegios separados de ellas.
Historia de la Medicina Militar en España Pág. 47 En el Colegio de Madrid, en 1795, a iniciativa de su primer médico de Cámara, Mariano Martínez Galinsola, Carlos IV estableció el denominado Real Estudio de Medicina Práctica, con el fin de que los alumnos que hubiesen finalizado los estudios de Medicina en una Universidad, pudiesen realizar los dos años de práctica obligatorios en el Hospital General, sede por igual del Colegio de Cirugía de San Carlos, en lugar de pasarlos privadamente con un médico. A este efecto se creó una Cátedra de Medicina Práctica de la que se encargaron José Iberti y José Severo López 139. Posteriormente, y al igual que había ocurrido con el Colegio de Cádiz, por Real Orden de 12 de marzo de 1799 se dispone la unión del Real Estudio de Medicina Práctica con el Real Colegio de Cirugía de San Carlos formando los dos un único establecimiento bajo la denominación de Real Colegio de Medicina y Cirugía de San Carlos, con un escalafón único formado por los catedráticos de ambos centros. Igualmente, en el título XIV de la R.O. se determina que “a fin de hermanar los estudios de Cirugía y la Medicina de modo que no haya repugnancia entre los Xefes y Catedráticos, ni entre estos mismos, se conferirán gratis y sin examen alguno los Títulos de Médicos a los individuos de la Junta Gubernativa, y a los Catedráticos de los Reales Colegios; y los Títulos y Grados en Cirugía Médica por el Colegio de San Carlos a los actuales catedráticos del Real Estudio de Medicina Práctica”. El 29 de abril de 1799 se anula el Protomedicato y se crea la Junta de Gobierno de toda la Facultad reunida, disposición refrendada por Real Cédula de 15 de julio del mismo año. No obstante, e1 28 de Septiembre de 1801, ante los inconvenientes surgidos una nueva Real Cédula de Carlos IV finalizará la unión entre las 2 facultades (Medicina y Cirugía) en los Colegios donde en los cuales a la fecha todavía se enseñaban de manera conjunta [Cádiz, Madrid, Salamanca, Burgos y Santiago], y restablecerá el Protomedicato en los mismos términos en que estaba en el año 1799. En 1801, José Sabater, Cirujano Mayor de la Armada, expone entre otras razones que los profesores de la Armada, por navegar, deben hallarse capacitados de conocer y enseñar la Medicina y la Cirugía, y solicita la aplicación de las Ordenanzas de 1791 al Colegio de Cádiz. No obstante, su petición no es tenida en cuenta, por lo que en 1803 expone nuevamente las ventajas que para la Armada supondría la aplicación de las Ordenanzas de 1791. Su exposición, apoyada por Domingo Vidal, Director General de la Armada, será entonces aceptada y por Real Célula de 30 de septiembre de 1805 se dispone: “Ha venido S.M. en resolver enterado de todo y convencido de que en la Marina no pueden adaptarse las reglas con que se gobiernan los Colegios del Exército: Que los alumnos del de Cádiz conserven el privilegio de recibir allí los grados de Medicina y Cirugía, para exercer en Departamentos, Baxeles, Hospitales y en todos los servicios dependientes de la Marina; pero no en Ciudades, u otros Pueblos del Reyno sin obtener las correspondientes reválidas, que deberá facilitarles sin dificultad ni excusa alguna la Junta superior gubernativa de Medicina” 140. El Protomedicato había quedado nuevamente suprimido en 1804 siendo sustituido por la Junta Superior Gubernativa de Medicina, en todo igual a la de Cirugía, de modo que también quedaba anulado el cargo de protomédico del Ejército 141 (Real Cédula de 6 de mayo de 1804). Por Decreto de 22 de julio de 1811, las Cortes generales y extraordinarias reunidas en Cádiz restablecen el Tribunal del Protomedicato o “Tribunal Supremo de la Salud Pública con las mismas facultades y atribuciones que tenía antes de 1780, y cesan las Juntas gubernativas de Medicina, Cirugía y Farmacia. El 1 de Octubre de 1811, José Ribes Mayor, Vicepresidente y Catedrático de afectos externos y operaciones del Real Colegio de Cirugía Médica de San Carlos, en su discurso inau-
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 48 gural expone su defensa de que “la práctica de la cirugía es inseparable de la medicina, pudiéndose deducir con la misma evidencia que los médicos también deben saber la cirugía” [fig.21]. Fig. 21 Discurso inaugural de José Rives a favor de la unificación de medicina y cirugía. Colegio de San Carlos de Madrid. 1811. Fig. 22 Bonifacio Gutiérrez. Catedrático del Colegio san Carlos de Madrid y partidario de la unificación de Medicina y Cirugía. En 1814, Fernando VII, en Real Orden promulgada el 11 de septiembre, siguiendo con su política de anular las decisiones de las Cortes de Cádiz y volver al orden anterior, rehabilita las Juntas Superiores Gubernativas de Medicina, Cirugía y Farmacia, por lo que separadas nuevamente Medicina y Cirugía se reanudará la lucha entre médicos y cirujanos y, el 14 de marzo de 1818, la Junta Superior Gubernativa de Medicina asimila el título de los cirujanosmédicos formados en los Colegios de Cirugía con el de los cirujanos latinos de la época de Felipe II, al objeto de evitar el ejercicio de la medicina por los mismos. En 1821, durante el Trienio Liberal, y como consecuencia de la aplicación del artículo 52 del Decreto LXXXI de 29 de junio de 1821 sobre el “Reglamento General de Instrucción Pública”, que establecía que “la medicina, cirugía y farmacia se enseñarán reunidas en un mismo establecimiento, y los reglamentos particulares determinarán los cursos y conocimientos que hayan de exigirse a los que vayan a ejercer cada una de estas tres profesiones”, nuevamente las Cortes decidirán unir los estudios de Medicina y Cirugía en los Reales Colegios, si bien como facultades separadas, pasando éstos a denominarse “Escuela Especial de las Ciencias de Curar”. No obstante, a nivel práctico, este Reglamento, sancionado por el Fernando VII el 10 de julio de 1821 y promulgado el 19 de marzo de 1822, apenas tuvo repercusión alguna ya que las circunstancias políticas lo impidieron. En el discurso inaugural del curso académico de la Escuela Especial de la Ciencia de Curar de Madrid, pronunciado el 1 de octubre de 1822 por Bonifacio Gutiérrez [fig.22], catedrático del Colegio de San Carlos, se refiere al Decreto de 1821 diciendo “aquella tan disputada como odiada preferencia entre individuos de una misma profesión que distinguían y separaban con los nombres arbitrarios de médicos y cirujanos, terminó sus días entre la ruinas de la arbitrariedad y el despotismo, por el Decreto de las Cortes que restituye a la ciencia salu-
Historia de la Medicina Militar en España Pág. 49 dable el esplendor y dignidad de que gozara en manos de los Celsus, los Hipócrates y los sacerdotes de Egipto”. Fig. 23 Decreto de Fernando VII de 16 de Junio de 1827 expedido el 14 de Julio, de unificación de Medicina y Cirugía Fig. 24 Pedro Castelló y Ginestá. Cirujano de Cámara de Fernando VII. Recuperado el poder absoluto por Fernando VII, esta cuestión quedará definitivamente solventada con el Real Decreto de 16 de Junio de 1827 expedido el 14 de Julio [fig.23], y promulgado por el rey bajo influencia de su cirujano de cámara Pedro Castelló y Ginestá [fig.24], decidido partidario de la unificación de los estudios médicos y quirúrgicos, que da lugar al nuevo reglamento para “Para el régimen científico, económico, e interior de los Reales Colegios de Medicina y Cirugía, y para el gobierno de los profesores que ejerzan estas partes de la ciencia de curar en todo el Reino”, fechado en Madrid, a 30 de junio de 1827 [fig.25]. Por Real Cédula de 10 de diciembre de 1828 el nuevo reglamento quedará vigente en todo el reino. En 1847 las Juntas Superiores Gubernativas de Medicina y de Cirugía serán reemplazadas por el Real Consejo de Sanidad. Toda la legislación sanitaria posterior tendrá su base en la primera Ley de Sanidad de 28 de noviembre de 1855, en la que se estructuran los organismos nacionales, provinciales y locales 142. Nuevas disposiciones de 1858, 1867 y 1868 y posteriores regularán a partir de entonces los estudios para la obtención de los títulos de bachiller, licenciado y doctor en Medicina. Los estudios de practicantes serán regulados por orden de 27 de octubre de 1868, y en 1875 se crea la profesión de cirujano-dentista, prohibiéndose esta práctica a los practicantes desde 1875. Con legislaciones específicas se conseguirá paulatinamente simplificar la multiplicidad de títulos que permitían ejercer total o parcialmente la ciencia de curar 143.
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 50 Fig. 25 Reglamento para los RR.CC. de Medicina y Cirugía de 30 de Junio de 1827. Fig. 26 Reglamento para el Gobierno y Régimen Facultativo del Cuerpo de Cirugía Militar del Ejército. 1805 2.6.2. La medicina en el Ejército. En el “Reglamento para el gobierno del Cuerpo de Cirugía Militar” de 1805 [fig.26], la jerarquía queda establecida: 1º: Junta Suprema Gubernativa presidida por el primer médico de cámara y compuesta por el cirujano mayor que tenía honores de cámara; 2º: El cirujano mayor del Ejército; 3º: dos consultores numerarios y dos supernumerarios, los cuatro residentes en Madrid y susceptibles de convertirse en cirujanos mayores de un ejército en campaña: 4º: 120 primeros ayudantes de cirugía y 5º: 94 segundos ayudantes 144. La entrada en este Cuerpo de Cirugía Militar se hacía mediante una especie de concurso. Producida una vacante, el cirujano mayor daba cuenta de ello a la Junta Superior Gubernativa de Cirugía y ésta proponía una terna de colegiales que necesariamente tuviesen el título de doctor; a los que no eran doctores se les concedía un tiempo prudencial para obtener el título. El ascenso era por escalafón y a base de ternas: cuando quedaba vacante una plaza de primer ayudante de hospital, era ocupada por el que elegido por el cirujano mayor de una terna de primeros ayudantes de los regimientos confeccionada por la Junta Superior Gubernativa de Cirugía; las vacantes de primeros ayudantes de los regimientos entre una terna de segundos ayudantes de los cuerpos, y las de éstos con los segundos ayudantes hospitalarios 145. Tabla XII. JERARQUIZACION DEL CUERPO CIRUJANOS EN 1805 Cirujano Mayor del Ejército Consultor numerario de cirugía Consultor supernumerario de cirugía Primer ayudante de hospital Primer ayudante de regimiento Segundo ayudante de regimiento Entrada: Segundo ayudante de hospital
Historia de la Medicina Militar en España Pág. 51 Durante la guerra de la Independencia (1808-1814) no hubo ninguna selección en el acceso al Cuerpo, pues no podía haberla por las propias circunstancias de la guerra. Médicos, cirujanos y estudiantes pedían un puesto en el ejército y se veían investidos con la categoría de cirujanos mayores de un batallón o regimiento, pues a fin de cuentas aquello era mejor que no tener nada. Como consecuencia de ello, al ser nombrado Salvio Illa LI como Cirujano Mayor del Ejército por el Consejo de Regencia en 1810, se encuentra con la anarquía más completa en la que los coroneles o cirujanos mayores unidad habían extendido motu propio nombramientos de practicantes, primeros y segundos ayudantes y consultores. Una de sus primeras preocupaciones fue obligatoriamente poner en orden dichos nombramientos 146 y, finalizada la guerra civil, muchos no pudieron superar las trabas que Sabio Illa impuso para su permanencia en el Ejército a cuantos no poseyesen la titulación solicitada 147. En 1827, ante los problemas de competencia entre médicos y cirujanos y la duplicación de gastos, Pedro Castelló pone fin la separación de las carreras de Medicina y Cirugía al obtener de Fernando VII el Real Decreto de 16 de junio de 1827 que acuerda la fusión de ambas funciones. Por Real Cédula de 10 de diciembre de 1828 [fig.27] los Reales Colegios de Cirugía pasan a denominarse Reales Colegios de Medicina y Cirugía, y entra definitivamente en vigor en todo el Reino el Reglamento de 1827, que disponía su dependencia de la denominada Real Junta Superior de Medicina y Cirugía, integrada por los Profesores de Cámara con ejercicio (inicialmente cinco y que deberán reducirse a tres a medida que se produzcan las vacantes) y un secretario. Esta Real Junta deberá hacerse cargo también del gobierno de la Medicina y Cirugía militares, quedando suprimidos y confundidos con ella los cargos de Protomédico y Cirujano Mayor del Ejército. Dicha Junta dependerá del Ministerio de Gracia y Justicia, excepto en lo referente a los Profesores del Ejército, que dependían del de Guerra. El 2 de junio de 1829, se publica por Real Orden el “Reglamento General para el Gobierno y Régimen Facultativo del Cuerpo de Médicos-Cirujanos del Ejército” [fig. 28]. Este Reglamento crea dos categorías únicas de facultativos: los médicos cirujanos y los cirujanos sangradores. Para ser médico-cirujano se precisaban siete años de estudio y tres para ser cirujano sangrador. Suprimidos los cargos de Protomédico y Cirujano Mayor, la Real Junta Superior pasa a tomar la dirección de todo lo referente a los facultativos castrenses. El ingreso en el Cuerpo se realizará por rigurosa oposición anunciada con sesenta días de antelación en la Gaceta y Diario de Madrid 148. Se logra así una mejora de selección de médicos, cirujanos y farmacéuticos; pero los exámenes obligaban a los graduados a desplazarse a Madrid, con los consiguientes gastos asociados, de modo que, si bien en general el nivel científico de los seleccionados era el buscado, el sistema en general no era suficiente por lo que era frecuente la falta de personal ante lo que hubo de echarse mano de los nombramientos provisionales y la promoción de recluta de estudiantes 149. LI Salvio Illa i Ponsich (1749-1825). Nacido en San Lorenzo de Muga (Gerona), estudió cirugía en el Real Colegio de Cirugía de Barcelona y fue cirujano mayor del Regimiento de Caballería Montesa desde 1774 hasta 1794, año en que en virtud de sus numerosos méritos fue nombrado director de los Hospitales de Campaña del Gobierno de Aragón. Llegó a ser Cirujano de Cámara de Fernando VII y Cirujano Mayor del los ejércitos. Fue vocal de la Real junta Superior Gubernativa y Académico de número de la Real Academia de Medicina de Madrid. Fallece en Madrid en 1825.
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 52 Fig. 27 Real Cédula de 10 de diciembre de 1828. Reales Colegios de Medicina y Cirugía. Fig. 28 Reglamento para el Gobierno y Régimen del Cuerpo de Médicos-Cirujanos 1829 Esta unificación de Medicina y Cirugía en el Ejército durará sólo seis años, siendo revertida el 30 de enero de 1836 [a la muerte de Fernando VII] con la promulgación del Real Decreto Orgánico del Cuerpo de Sanidad Militar [fig.29] por la Reina Gobernadora Dª María Cristina de Borbón a instancias de Hernández Morejón [fig.30], ferviente partidario de la separación, ante Mendizábal, presidente del Consejo de Ministros 150. Fig. 29 Real Decreto Orgánico del Cuerpo de Sanidad Militar de 30 de enero de 1836. Fig. 30 Antonio Hernández Morejón. Profesor del Colegio de San Carlos de Madrid. [En 1820 fue nombrado Protomédico General de los Ejércitos Nacionales] Es en este “Decreto Orgánico del Cuerpo de Sanidad Militar” de 30 de enero de 1836 cuando aparece por vez primera la denominación de Cuerpo de Sanidad Militar, dividiéndose
Historia de la Medicina Militar en España Pág. 53 en su artículo 4º en tres “facultades”: médicos, cirujanos y farmacéuticos. En el mismo se modifican igualmente las distintas graduaciones, que quedan asimiladas a las de los cuerpos armados. Cada “facultad” tenía al frente un Inspector, con atribuciones análogas a las demás armas del Ejército, y en unión del Inspector de Farmacia y un Secretario Médico de la Clase de Jefes, integraban la Junta Directiva de Sanidad Militar 151. Fig. 31 Reglamento del Cuerpo de Sanidad Militar de 7 de septiembre de 1846 Fig. 32 Manuel Codorniú. Director del Cuerpo de Sanidad Militar. En 1846 se unifican los estudios de Medicina y Cirugía, mediante un reglamento [fig.31] inspirado por Manuel Codorniú [fig.32], que en 1847 pasó a ser Director General para el Cuerpo de Sanidad Militar. El 12 de abril de 1855 se publicó el “Reglamento del Cuerpo de Sanidad Militar”, firmado por O´Donnell y refrendado por Isabel II [fig.33]. En él se indica que “el Cuerpo de Sanidad Militar constará de un personal facultativo, compuesto de Doctores o Licenciados en medicina y cirugía y en farmacia” (art, 1º). Su objeto y función pasa a ser la “calificación de la aptitud física de los individuos del Ejército, promover su robustez y desarrollo físico y calificar las exenciones” (art. 2º). Se instauraron las oposiciones de ingreso, se hace la equiparación con los empleos militares y se consigue el derecho al saludo militar, entre otras reivindicaciones. Y ya en el Reglamento de Hospitales de 1864 la Dirección de éstos pasa a los médicos. Por Ley de 20 de marzo de 1860 se igualarán los sueldos, consideraciones y ventajas de los jefes y oficiales del Cuerpo de Sanidad Militar con los de los jefes y oficiales del Ejército a cuyas clases se hallen asimilados (tabla XIII). 2.6.3. Los hospitales del Ejército. En 1832, antes de la primera guerra carlista, había 6 hospitales de primera categoría, 15 de segunda, y 8 de tercera. En las demás poblaciones los militares eran atendidos por los hospitales civiles en los que, siguiendo en vigor la real orden de 4 de mayo de 1802, las tarifas eran de cinco reales por estancia de las clases de tropa, y seis cuando se trataba de oficiales o enfermos sometidos a cura de unciones 152.
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 60 2.7.3. Tercera Etapa: La Sanidad Militar Unificada. La sanidad de las Fuerzas armadas tardó en adaptarse a la reforma hospitalaria iniciada en la Seguridad Social en la década de los sesenta. De 1977 a 1982 persistían en España 29 hospitales militares y 29 clínicas concertadas, con un total de 14.000 camas. Tras la denominada “racionalización de la Red Sanitaria Militar”, forzada por la creación del Instituto Social de las Fuerzas Armadas (ISFAS) en 1975, en la década de los 80 la red asistencial se redujo a 10 hospitales de Tierra, cuatro de la Armada, y uno del Aire, además de tres centros médicos y cuatro policlínicas, disminuyendo su capacidad a 4.500 camas 170. La Ley 17/1989 de 19 de julio, reguladora del Régimen del Personal Militar Profesional de las Fuerzas Armadas, supuso el final de la trayectoria del Cuerpo de Sanidad de cada uno de los tres ejércitos, surgiendo el Cuerpo de Sanidad Militar, como integrante de los Cuerpos Comunes del Ministerio de Defensa. En la actualidad la función asistencial persiste únicamente el Hospital Central de la Defensa de Madrid (Gómez Ulla), y el Hospital General de Zaragoza. La función de las restantes Clínicas Militares ha quedado reducida a lo meramente pericial. Estos cambios obedecen a una progresiva reducción de las Fuerzas Armadas, al acortamiento del curso de las enfermedades y reducción de estancias por un mejor diagnóstico y terapéutica, la aparición del Instituto Social de la Fuerzas Armadas que abre la asistencia a la atención en compañías concertadas y la tendencia a la integración de la estructura hospitalaria militar con cesión de la misma a la sanidad civil de las Comunidades Autónomas, en aras a la orientación logístico-operativa y pericial de una cada vez más reducida Sanidad Militar en la que el propio Ejército asume que no es un destino atractivo para el médico, debiendo realizar esfuerzos para favorecer la permanencia y captar nuevos profesionales ante una elevada oferta de puestos de trabajo en la sanidad española, la exigencia de una alta disponibilidad y la desigualdad retributiva con el sector médico civil 171.
Cuerpo de Sanidad Militar de la Armada 1861.
Antecedentes y Nacimiento de la Oftalmología en España Pág. 61 3. ANTECEDENTES Y NACIMIENTO DE LA ESPECIALIDAD DE OFTALMOLOGIA EN ESPAÑA. Al objeto de poder situar adecuadamente la Oftalmología Militar abordaremos en este apartado los antecedentes de la Oftalmología en España, hasta su nacimiento como especialidad en el siglo XIX. 3.1. LOS ANTECEDENTES. Las enfermedades de los ojos han sido tratadas con esmero desde la más remota antigüedad, así, citando a Calvo y Martín: “El hombre debía ser solícito por conservar un órgano tan importante. Colocado en la parte superior del cuerpo, es el sublime centinela destinado a comprender el mundo exterior, para establecer las relaciones que nos unen, para señalar al hombre los goces de que debe participar, y preservarle de todos los peligros que le amenazan ” 172. 3.1.1. Egipto. Los egipcios daban a sus médicos el nombre de Sun-Nu que significaba "el hombre de los que sufren o están enfermos". Las enfermedades de los ojos eran frecuentes, posiblemente muchas de ellas causadas por efecto del clima, por lo que Egipto ha sido considerado como la cuna de la Oftalmología. La cúspide de la jerarquía médica estaba representada por el médico del faraón; por debajo de él se encontraban los médicos de palacio, uno de los cuales ejercía de supervisor y los demás como inspectores médicos, siendo éstos de menor importancia. En un escalón inferior se encontraba el resto de los médicos. El historiador Herodoto LII, en el siglo V antes de Cristo, escribía: “Su medicina está organizada de la siguiente manera: cada médico se ocupa de una enfermedad y no de varias, y el país entero está lleno de médicos de los ojos, otros de la cabeza, de los dientes, del abdomen y de otras enfermedades oscuras.” Posiblemente esta dedicación exclusiva fuera debida a la gran amplitud de los textos médicos representados en la «Colección Hermética» LIII, que hacía imposible el total dominio de la materia médica, obligando a concentrarse en el único conocimiento de una parcela de la misma. Ya desde la primera dinastía, los textos mencionan los cuidados dados a los ojos. En los diagnósticos se mezclaba la ciencia y la magia. Los dioses eran a menudo llamados “médicos LII Herodoto de Halicarnaso fue un historiador y geógrafo griego que vivió en Atenas entre el 484 y el 425 a. C. LIII La Colección Hermética o “Corpus hermeticum” es una colección de 24 textos sagrados escritos en lengua griega que contienen los principales axiomas y creencias de las tendencias herméticas. Según la tradición, el Corpus fue redactado por Hermes Trimegistos, originariamente una simple transfiguración del dios egipcio Thot, pero que posteriormente fue tenido por un sabio que en tiempos atávicos había fundado la alquimia y otras ciencias herméticas.
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 62 de los ojos”, sobre todo Amón, que “sana los ojos sin remedios y cura el estrabismo”; y los oculistas estaban bajo la protección de los dioses, representados por Dwaw y Horus en el Imperio Antiguo (2700-2250 a.C.) y más tarde por Thoth, éste último considerado como el antepasado de los oftalmólogos, ya que según la mitología habría vuelto a poner en su lugar el ojo que Horus (hijo de Osiris e Isis) [fig.40] perdió en su pelea contra su tío Seth, y declaró "soy Thoth, el médico del ojo de Horus" 173. Fig. 40 Pectoral de Tutankamon con el Ojo de Horus Los oculistas eran denominados “Sunu-Ir” o “Sunu-Irty”, y en el Reino Antiguo podemos encontrar entre otros referencias a PEPI ANK IRI como oculista de la corte; UAI, con el mismo cargo; MEDUNEFER, médico de palacio y jefe de los oculistas de palacio; JUY (Khouy), gran sacerdote de Heliópolis inventor de un colirio cuya receta se conserva en el papiro de Ebers (Ebers 419); y NYANKH DOUAU, cuyo nombre significa “aquel cuya vida pertenece a Douau (Dwaw)” LIV , que vivió durante la V dinastía. Los oculistas egipcios gozaron de gran fama, y Herodoto en su libro III cap. I pág. 169 cuenta que “Amasis habiendo rehusado enviar un hábil oculista de su reino al célebre Ciro, éste príncipe le declaró la guerra” 174. El desarrollo de los conocimientos oftalmológicos se debió fundamentalmente a la frecuencia de las enfermedades oculares, sobre todo la denominada “oftalmía del desierto”, correspondiente al actual tracoma (aún hoy muy corriente en Egipto), la ceguera nocturna, las anomalías de los párpados, y las cataratas, que recibían el nombre de “manantial de agua de los ojos” 175. No obstante, los conocimientos sobre los ojos en el antiguo Egipto parecen limitados a la pupila, la esclerótica y a los aspectos externos: párpados, pestañas y cejas; e ignoraban casi toda la estructura interna del ojo. Se decía que los ojos recibían la sangre de cuatro vasos situados en el interior de las sienes; los párpados eran llamados “las espaldas de los ojos”; la pupila, a la que se atribuía el origen de las lágrimas, era denominada la mancha del ojo, o la niña del ojo; y el blanco del ojo se denominaba ya esclerótica. Los conocimientos de los egipcios sobre las enfermedades de los ojos han llegado hasta nosotros a través de los papiros médicos, o por las referencias a ellos encontradas en textos LIV Douau. Dwaw. Dios menor de los oculistas.
Antecedentes y Nacimiento de la Oftalmología en España Pág. 63 posteriores. Así el papiro de Ebers LV [fig.41], describe en el antiguo Egipto numerosos procesos oculares cuyo tratamiento era encomendado a quienes se dedicaban en exclusividad a los mismos. De las cerca de 900 recetas que contiene, un diez por ciento corresponden a tratamientos de enfermedades oculares, porcentaje sólo superado por las afecciones dermatológicas. Fig. 41 Papiro de Ebers. Los papiros de Ramesseum (1896 J.E. Quibell) y el papiro de Londres (1860 Royal Institute of London) relatan también aspectos terapéuticos de las afecciones oculares, aunque en número y extensión muy inferior al de Ebers 176. Deines y sus colaboradores han interpretado diferentes patologías descritas en los papiros antiguos, como “ceguera del ojo” (oftalmía severa), hemorragias oculares, “excesivo lagrimeo y dolor”, “quemazón, calor y secreciones”, “blanqueamiento” (heridas corneales o leucoma), “enfermedad ocular egipcia” (tracoma); y otros autores como Leca y Grapow: blefaritis, chalacion, pinguécula, xantelasma, lagrimeo, contracción de la pupila (iridociclitis) y “ceguera debida a pequeña bola en los ojos”, esta última con interpretaciones varias que van desde el chalacion y cuerpo extraño intraocular a la presencia del núcleo de una catarata morganiana 177. Los egipcios trataban la midriasis con sulfuro arsénico; los leucomas recibían un tratamiento a base de sulfuro de plomo y bilis de tortuga en miel. Entre los minerales y metales presentes en la farmacopea egipcia se encontraban el antimonio, el cobre, la sal, el aluminio, el carbón de leña y posiblemente también hierro procedente de los meteoritos. Las pinturas que usaban las mujeres para maquillarse los ojos tenían una elevada concentración de antimonio, sustancia que en el Renacimiento y períodos históricos posteriores llegó a alcanzar gran importancia farmacológica. La pintura negra de los párpados (kohol) se fabricaba con mezcla de sulfuro de antimonio (estibina) y sulfuro de plomo (galena), ayudaba a reflejar la luz desLV El Papiro Ebers es uno de los más antiguos tratados médicos conocidos. Fue redactado en el antiguo Egipto, cerca del año 1500 antes de nuestra era y hallado en Ebers (Luxor) en 1872. Está fechado en el año 8º del reinado de Amenhotep I, de la dinastía XVIII.
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 64 lumbrante del sol en el desierto y sus componentes repelían a las moscas. El color verde que usaban para maquillarse los ojos probablemente lo fabricaban a base de sales de carbonato de cobre (malaquita). Todas estas sustancias poseen propiedades antisépticas, por lo que voluntaria, o involuntariamente pudieron servir como tratamiento o prevención de las infecciones oculares, tan frecuentes entre los egipcios 178. Como tratamiento tópico se utilizaban pomadas llamadas collyria y, más raramente, gotas. La miel era utilizada como base en numerosas pomadas, en parte para dotarlas de consistencia, y en parte por su acción bactericida. A menudo se incluían extractos de plantas tales como resinas, gomas, savia de papiros, semillas y jugos de frutas. También se utilizaban minerales molidos como verde carbonato de cobre, rojo natrón, granito, pedernal, ocre, plomo, alumbre, lapislázuli y calcita; y materiales animales como excrementos de cocodrilo (Ebers 344), sangre de murciélago (Ebers 424), excrementos de mosca (Ebers 429), cerebro de salamandra (Ebers 427), cresta de gallo, ganso, garza, mejillón, bilis de tortuga, (Ebers 347), buitre, hueso molido, sangre de toro, asno, cerdo, perro, macho cabrío (Ebers 425), dientes de burro, extracto de ojos sanos de cerdo (Ebers 356), o leche de mujer que haya parido varón (Ebers 414). Los papiros describen con detalle y precisión los modos de aplicación, encontrando expresiones como “instilar en los ojos” (Ebers 414); “para ser colocado en el interior del ojo” (Ebers 338); “para ser aplicado a los ángulos de los ojos” (Ebers 412); o “para colocar detrás de los ojos” (Ebers 340, 357, 358). Con la misma precisión enseñan cómo situar los remedios en los ojos: “se humedece una paja de terebinto LVI para aplicarlo al lugar del pelo, después se sacará” (Ebers 428); o “se instilará por medio de una pluma de buitre” (Ebers 339). Aunque se desconoce tanto el grado de iatrogenia como de éxito de la aplicación de estas fórmulas aplicadas al ojo humano, parece indudable su validez dada la dilatada experiencia de uso. Es probable que la ingente cantidad de bacterias de estos tratamientos fuese compensada por la cantidad de sustancias antibacterianas que éstas fuesen capaces de producir. En las figuras 42 y 43 [fig.42] [fig.43] se recogen una imagen mural de un oculista tratando a un artesano (1200 a.C.) y los sellos de los títulos de oculista en el Antiguo Egipto sobre 2650 a 2150 a.C. (Watermann 1958). Fig. 42 Pintura mural en la tumba del maestro de obras Ipwy en Tebas, sobre 1200 a.C. LVI Terebinto: Pistacea terebinthus. Cornicabra. Árbol pequeño de la familia de las anacardiáceas fuente de la trementina, un aceite vegetal utilizado como disolvente y como componente químico.
Antecedentes y Nacimiento de la Oftalmología en España Pág. 65 Fig. 43 Sellos de oculista del Antiguo Egipto sobre 2650 a 2150 a.C. De arriba abajo: Comandante de los oculistas de palacio; jefe de los oculistas de palacio; oculista de palacio; oculista. Watermann 1958. En el templo de Kom Ombo (egipcio: Nubt o Nubet; griego: Ombos; árabe: Kom Ombo), iniciado por Ptolomeo VI en el siglo II a.C. y finalizado por Ptolomeo XII en el I a.C. y dedicado a los dioses Sobek y Haroeris, se puede observar un relieve invocando a Thoth donde se representa todo el instrumental quirúrgico de una operación ocular [fig.44] 179. Fig. 44 Relieve con instrumental quirúrgico de oculista del templo de Kom Ombo. Dedicado a Thot. En el siglo II después de Cristo, San Clemente de Alejandría escribió sobre la «Colección Hermética», anteriormente citada, constituida por los 42 libros sagrados que el dios egipcio Thoth había dado a la humanidad como fuente de todos los saberes. En esta época (siglo II d.C.) Thoth había sido identificado con el dios griego Hermes bajo el nombre de Hermes Trimegistos (o “grande tres veces”), de ahí el nombre de la colección. Se supone que seis de los
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 66 libros herméticos estaban dedicados a la medicina, y uno de ellos se ocupaba exclusivamente de las enfermedades de los ojos 180 denominándose “pasthophores” a una clase entera de sacerdotes dedicados al tratamiento de estas dolencias 181; y cuya fama era tal que se dice que el viaje de Tobías a Egipto tuvo como objeto aprender él a curar a su padre ciego, con dichos sacerdotes, dando lugar a que, para Woolhouse, TOBÍAS fuese considerado como el primer oculista del pueblo de Israel 182. En tiempos más recientes según relata Celso, FILOXENES fue un renombrado cirujano egipcio que vivió en Alejandría y que practicaba la cirugía de cataratas por depresión del cristalino, 300 años a.C. 183. Para esta operación se cree que tanto egipcios como asirios provocaban una isquemia cerebral transitoria mediante compresión de la carótida, momento que aprovechaban para la penetración de la aguja en el ojo 184. Egipto inicia así los primeros pasos en el desarrollo de la Oftalmología, y sus conocimientos serán la base de la Oftalmología griega, la cual será la base de la Oftalmología árabe y judía de la Edad Media, y posteriormente de la cristiana. 3.1.2. India. La «Uttara Tantra» de SUSHRUTA, discípulo de Dhanwantari, padre de la medicina hindú, se considera la primera obra dedicada exclusivamente a la oftalmología. Sushruta, cirujano indio situado por algunos autores alrededor del año 1000 a.C. y por otros entre los siglos IV y VI a.C. recogió sus estudios sobre cirugía y medicina en un tratado conocido como «Sushruta Samhita» o “Colección de Sushruta”, de 900 páginas agrupadas en seis secciones, la última de las cuales (la Uttara Tantra) está dedicada a la oftalmología y a las enfermedades de las orejas, nariz, cabeza y ginecología. El texto describe la anatomía del ojo, 76 enfermedades oculares, 130 instrumentos quirúrgicos y 700 preparaciones médicas. Recomienda la ingestión de frutas y de hígado como aporte vitamínico para curar las enfermedades, utiliza la leche de mujer como hemostático y emplea antisépticos en gotas, baños oculares, polvos y pomadas. Para las cataratas prescribe leche, miel y sales y utiliza una pomada de oro para tratamiento de las blefaritis. Este autor fue el primero en utilizar las suturas de pelo de caballo, la cauterización caústica y térmica y la extracción de cuerpos extraños del ojo con piedras magnéticas 185. A Sushruta se le atribuye haber sido el primer cirujano en realizar una intervención de cataratas, y en el capítulo XXVI del Uttara Tantra describe las diferentes variedades de cataratas, sus causas y la técnica de reclinamiento, que realizaba a través del limbo temporal del ojo con ayuda de un instrumento especial denominado “saba manhki-salaka” 186. 3.1.3. Mesopotamia. La civilización mesopotámica se desarrolló en paralelo a la egipcia, con la que existían numerosos puntos de contacto. Y ya desde la época sumeria, 2000 años a.C., sus médicos exhibían unos conocimientos muy similares a los egipcios. Estos conocimientos han llegado a nosotros a través de escritos en tablillas cuneiformes, siendo una de las mejor estudiadas la del médico Naboulé la cual está dividida en tres columnas y relaciona más de 150 plantas medicinales y su acción terapéutica, citándose además diferentes componentes minerales como la sal, antimonio, cobre, óxido de zinc, hierro, arsénico y arsenicales, y se recomienda que en las enfermedades oculares el paciente descanse en una habitación a oscuras 187. En la cultura mesopotámica, al igual que ocurría con el resto de las enfermedades, las enfermedades oculares generalmente eran atribuidas a la acción de los espíritus, energías malé-
Antecedentes y Nacimiento de la Oftalmología en España Pág. 67 ficas y demonios, si bien en el caso de las conjuntivitis se asociaban a causas más racionales como las condiciones ambientales, sequedad, viento, polen y polvo. Según se refiere en los trabajos de Dollfus (1973), podemos encontrar referencias a la oculística en las tablillas de los textos médicos mesopotámicos encontradas en Egipto, y en las de la biblioteca de Assurbanipal, donde se describen enfermedades oculares como conjuntivitis, irritaciones oculares, lagrimeo, afecciones palpebrales y diversos síntomas visuales tales como fosfenos, visión nebulosa, ceguera transitoria, deslumbramiento y fotofobia 188. En el Código de Hammurabi (1760 a.C.) [fig.45], conservado en el Museo del Louvre, también pueden encontrarse referencias a la cirugía ocular, los honorarios de los cirujanos según la categoría social del paciente, y las sanciones en caso de perjuicio a los pacientes. Se recompensaba al médico que tenía éxito, pero si fallaba no sólo no se le remuneraba, sino que se le castigaba, extremando el castigo en caso que el dañado fuese un hombre libre: “si un médico trata a un hombre libre y le cura un ojo, recibirá diez monedas de plata”, pero “si un médico trata a un hombre libre y le provoca la muerte, o si le hace perder un ojo, se le cortará al médico la mano con la que ha operado al paciente”. Fig. 45 Estela donde se hallan grabadas las 282 leyes del Código de Hammurabi. En la parte superior el rey Hammurabi (en pie) recibe las leyes de manos del dios Shamash. La estela fue encontrada en Susa, a donde fue llevada como botín de guerra en el año 1200 a. C. por el rey de Elam Shutruk-Nakhunte. Museo del Louvre (París). Esta severa legislación hizo que muchos médicos decidieran no intervenir o sólo lo hicieran si preveían una resolución favorable, declinando participar cuando creían que la curación era imposible. 3.1.4. Grecia. Podemos distinguir varias fases en el desarrollo de la medicina griega: la medicina de la Grecia metropolitana clásica, básicamente teúrgica y mágica; la medicina de “oficio o artesanal” que podía aprenderse en escuelas como las de Crotona, Cirene, Cnido, Cos, Rodas, para ser practicada luego de ciudad en ciudad (siglos VI y V a.C.); la primera medicina helenística radicada en Alejandría, base de la medicina griega universal, con raíces pre-helenísticas en la
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 74 guos pastores de que las cabras de los rebaños cegadas por cataratas arremetían contra los arbustos espinosos para picarse los ojos y de esta manera recuperar la visión perdida al ser herido o desplazado el cristalino 206. Uno de los sucesores de Galeno, Alejandro Afrodiseus (siglo II-III d.C.) fue el primero en probar que la oftalmía era contagiosa, pero sus ideas no encontraron eco en la élite médica, cayendo de nuevo en el empirismo y la polifarmacia a los que contribuyeron en gran modo los escritos de Escribonius Largus y los de Marcelo Empiricus 207. Con la división del Imperio Romano por Teodosio entre sus hijos Arcadio y Honorio, en el año 395 d.C., dando lugar a dos imperios [Occidente-Roma / Oriente – Bizancio], Bizancio continuará el influjo del saber grecolatino, la medicina monástica y la influencia del entorno de la medicina árabe, y sus eruditos no dejarán de estudiar, copiar y traducir los clásicos griegos atesorados en los monasterios y creando magníficas compilaciones médicas del saber antiguo. Esta situación que se mantendrá desde el siglo V d.C. hasta la toma de Constantinopla por los turcos en 1453. Algunos autores consideran una “edad de transición” en la medicina, más amplia que la marcada por los hechos políticos, que comienza con la muerte de Galeno en tiempos de Séptimo Severo en el año 200-201 d.C. y finaliza con el inicio del Renacimiento en Europa a finales del siglo XIV. Dentro de esta edad de transición se consideran dos períodos: el griego, que comprende desde la muerte de Galeno a la destrucción de la Biblioteca de Alejandría; y el arábigo, desde esta fecha hasta fines del siglo XIV. Las obras de los escritores médicos de esta época están impregnadas del espíritu hipocrático-galénico; todos los escritores de este tiempo son compiladores, y la medicina como ciencia se va a conservar tal como estaba al terminar la edad antigua, sin ningún progreso notable, siendo los más célebres los de los médicos denominados “compiladores del Bajo Imperio”: Oribasio, Aecio, Alejandro de Tralles y Pablo de Egina 208. ORIBASIO DE PÉRGAMO, o simplemente ORIBASIUS (c.320-c.400 d.C.) fue un médico griego que llegó a ser el médico personal de Juliano el Apóstata. Se formó en Alejandría bajo la tutela de Zenón de Chipre pero se unió a la corte del emperador desde su coronación, en el año 361 hasta su muerte, en el año 363. La obra más importante de Oribasio, escrita durante sus servicios a Juliano, es una recopilación en 70 volúmenes, de todo el saber médico de la época, fundamentalmente de la escuela hipocrática y alejandrina, titulada «Iatrica Synagogae» o «Collectorum Medicinalium» («Las Sinagogas Médicas», «La Gran Sinagoga» o «Enciclopedia de la Medicina») [fig.51]. En la actualidad sólo se conservan 25 de los 70 volúmenes originales. Oribasio tiene buen cuidado de citar sus fuentes, lo que hace de su obra un testimonio importante para la historia de la medicina, consistiendo su verdadero mérito no en haber descubierto algo para la medicina, sino en haber acertado a compilar y esclarecer los complicados textos de Galeno 209. AECIO DE AMIDA [Aetius Amidenus] (siglo VI d.C., c.502-c.575), fue médico personal de Justiniano I, y resumió todos los conocimientos médicos en su «Tetrabiblion» o «Contractae ex Veteribus Medicinae Tetrabiblos» [fig.52], de 16 volúmenes, formando un sistema completo de medicina práctica con nociones de dietética, farmacia, cirugía, que es un extracto de las obras de Galeno, aumentado con las ideas de Dioscórides, Archigenes, Leónidas, Rufo, Philagr [Filagrio], Philomeno, Posidonio y otros médicos griegos célebres. A él se debe la mejor descripción clásica de las enfermedades de los ojos, nariz, garganta y dientes, así como la descripción y tratamiento de la gota, hidrofobia, difteria y procedimientos quirúrgicos como tonsilectomias, ureterostomía y tratamiento de hemorroides.
Antecedentes y Nacimiento de la Oftalmología en España Pág. 75 Fig. 51 «Collectorum Medicinalium de Oribasio». Libro VII. Impresión de 1555. Fig. 52 «Contractae ex Veteribus Medicinae Tetrabiblos» de Aetio de Amida. Impresión de 1542. ALEJANDRO DE TRALLES (c.525-c.605 d.C.), desarrolló su labor en el siglo VI d.C. y escribió un tratado de patología de 12 tomos: «Biblion Therapeutikon», en el que describe la xeroftalmía y además estudia el sistema nervioso 210. PABLO DE EGINA [Paulus Aegineta], (c.625-c.690 d.C., siglo VII), escribió una obra en siete volúmenes bajo el nombre de «Epitome» o «Hypomnema» o «Memorandum», que constituye toda una enciclopedia de Medicina, Cirugía y Obstetricia [fig.53]. Sin embargo, no debe ser considerado como un mero copista, sino que en sus escritos supo aprovechar las ideas de Hipócrates, Galeno y Areteo de Capadocia, escogiendo lo más útil de ellas y añadiendo observaciones propias, muestra de que era hábil cirujano. En el apartado oftalmológico describió algunas enfermedades oculares y su terapéutica, haciendo distinción entre una catarata curable o hipoquimia y una catarata incurable o glaucosis 211. Durante muchos años su compendio se empleó como manual fundamental para el aprendizaje de la medicina. El sexto libro, dedicado a la cirugía, traducido al griego, tuvo gran importancia para la medicina islámica y ulteriormente para el conocimiento médico medieval en Europa. La obra completa original fue publicada en griego en Venecia en 1528, y posteriormente en Basilea en 1538. Las múltiples ediciones renacentistas de su compendio dan fe de su gran prestigio, pero no sólo las de estos tiempos, sino que en pleno siglo XIX fue traducido al inglés. Los capítulos XV a XXII del sexto libro hacen referencia al simbléfaron, chalazion, encantis, acrochordon, pterigium, estafiloma, hipopion, aegilops y cataratas 212.
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 76 Fig. 53 Los «Siete Libros de Paulus Aegineta». Impresión de 1834. Por Francis Adams. 3.2. LA OFTALMOLOGÍA HISPANO-ROMANA. En la España romana, la oftalmología es la especialidad más rica en hallazgos y restos arqueológicos, conservándose numerosos textos que aluden a las afecciones oftálmicas. Así Séneca LXII en su obra «De Beneficiies, III, XVII» tiene sentidas palabras para expresar el dolor que supone la pérdida de la visión, y en la «Epistulae ad Lucilium, LXXXV» se refiere a algunas afecciones de la vista describiendo: “una fluxión grave y completa de los ojos los ciega, así una fluxión pequeña los perturba”. Igualmente en la «Epistulae ad Lucilium, LXIV» manifiesta que el oftalmólogo no sólo cura a los enfermos de los ojos, sino que también los aconseja, recogiendo algunos consejos: “no has de exponer la vista flaca a la violencia de la luz; pasa primero de la oscuridad a la sombra, luego atrévete un poco más y acostúmbrate poco a poco a la luz viva. No has de estudiar después de la comida, ni has de forzar tus ojos, todavía llenos e hinchados; evita la corriente de aire y el ataque frío a la boca y toma otras precauciones no menos provechosas que los medicamentos”. Entre los medicamentos a los que se atribuían propiedades para los ojos debemos destacar la hierba betónica [Betónica Officinalis], que, según Plinio, “aclara la vista y secará los ojos que lloran” (Plinio, XXV, 84). El hinojo es descrito por Dioscórides como útil en enfermedades de la vista (Dioscórides de Anazarba, «Materia Médica», III, cap. 77). El lino de Cádiz era otro producto farmacológico que Marcelo recomendaba para esta especialidad (Marcelo, «De Medicamentis Liber», en «Corpus Medicamentorum Latinorum», tomo, V, VIII, 27). Como ya se ha descrito para los oculistas romanos, los testimonios arqueológicos sobre los oculistas hispanorromanos también se encuentran mayoritariamente en las inscripciones funerarias y en los sellos de los medicamentos. LXII Lucio Anneo Séneca ó Séneca el Joven (4 a. C. – 65 d.C.) fue un filósofo, político, orador y escritor romano conocido por sus obras de carácter moralista. Fue Cuestor, Pretor y Senador del Imperio Romano durante los gobiernos de Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón, además de Ministro, tutor y consejero del emperador Nerón. Destacó como pensador, intelectual, político y orador, siendo una de las figuras más destacadas y respetadas de su época.
Antecedentes y Nacimiento de la Oftalmología en España Pág. 77 Sobre las inscripciones funerarias encontradas en España realizó un estudio muy completo Castillo y Quartillers, refiriendo: la primera de las inscripciones hallada en Aguilar de la Frontera (Córdoba) [fig.54] dice “Marco Fulvio Icaro, de municipio pontificense [Porcuna], médico oculista, hizo este sepulcro para sí y para los suyos” (C.I.L.LXIII tomo II, lápida nº 5055). Otra, situada en Chiclana (Cádiz) [fig.55] dice: “Consagrado a los dioses manes, aquí yace Albanio Artemidoro, médico oculista de 46 años, querido de los suyos. Séate la tierra ligera” (C.I.L. tomo II lápida nº 1737) 213. Ambas lápidas parecen corresponder, según Castillo y Quartiellers 214, a la época de Augusto. Fig. 54 Lápida ipagrense (Aguilar de la Frontera) Se han descrito dos sellos de oculista en España: el de Madrid, que al parecer procede de Tarragona, y que lleva el nombre del oculista Caelius Diadumenus; y el descubierto en las cercanías de Cáceres, correspondiente al oculista Cecilio Fortunato, fabricado con pizarra del país y que lleva gravados los nombres de seis colirios: melimum, stactum, nardinum, crocodes, psoriacum y thurinum. Tal cantidad de testimonios literarios y arqueológicos sobre la oftalmología nos hace pensar que debió ser la especialidad mejor cultivada en España, con un gran alto nivel 215. Fig. 55 Lápida de Chiclana. LXIII C.I.L.: Corpus Inscriptionum Latinarum, recopilación de inscripciones latinas de la Antigüedad.
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 78 3.3. LA OFTALMOLOGÍA HISPANA EN LA EDAD MEDIA. 3.3.1. Oftalmología Hispano-Goda. La invasión de los pueblos germánicos impuso la destrucción de la organización social implantada por Roma, dando lugar a una catástrofe cultural de la cual la Medicina se recuperaría lentamente. Así, en esta época sólo se puede hacer mención a la referencia que figura en el libro XI del «Codex Visigothorum» o Fuero Juzgo donde dice textualmente: “Si algún físico tolliere la nube de los ojos, debe aver cinco sueldos por su trabajo”, constituyendo la referencia más temprana a la regulación de honorarios por una intervención ocular. Y en las Etimologías de San Isidoro de Sevilla, libro IV (VII, 3), al describir las enfermedades crónicas, se hace referencia a la “scothomia” designando como tal a la pérdida de visión acompañada de mareos, siendo ésta la única afección ocular mencionada en la obra 216. 3.3.2. Oftalmología Hispano-Árabe. 3.3.2.1. Las Bases de la Oftalmología árabe. El gran mérito de los árabes fue conservar y traducir los escritos griegos, modificarlos y mejorarlos, para transmitirlos posteriormente a los pueblos del centro y norte de Europa. Al disponer de grandes traductores en sus bibliotecas, el Imperio Bizantino no experimentó el mismo retraso científico que los pueblos herederos del Imperio Occidental. Así, en el siglo V d.C. los nestorianos LXIV expulsados de Constantinopla se dispersan por Oriente para establecerse en Edesa (Mesopotamia) LXV, donde existía una floreciente escuela que les dio acogida; esta escuela llegó a dar un gran número de médicos y contaba con un hospital público donde los alumnos realizaban sus prácticas. Zenón el Isaúrico LXVI hizo desaparecer la escuela y los nestorianos se refugiaron en Persia en la escuela de Jondisabur [Gundisaphur]. De esta época destacaron dos médicos persas: Teodoro, que escribió un «Compendium» traducido al árabe, y que es citado por Al-Razi (Rhazés) por su práctica contra la oftalmía; y Burzuyeh, traductor del «Panchatantra» (“los cinco libros”) hindú, cuya versión árabe del 770 d.C. fue traducida al griego y latín por Simeón Seth y traducido en el siglo XI (1080 d.C.) al griego y latín bajo el nombre de «Especimen sapientiae Indorum veterum» (“ensayo de la sabiduría de los antiguos indios”) [fig.56]. Burzuyeh se ocupó principalmente de la parte oculística, destacando los tratamientos de la fístula lagrimal, de la amaurosis, la catarata y la miopía, siendo igualmente citado por Al-Razi al respecto de los mismos 217. Los primeros médicos árabes salidos de la escuela de Jondisabur de los cuales conservamos el nombre fueron Harets, su hijo En-Nadr e Ibn abi Ribitha 218. El siglo XI fue el siglo de esplendor de las traducciones médicas. Ya a principios del siglo VII, en la escuela de Alejandría, las enseñanzas de Galeno habían sido refundidas en una colección de 16 libros bajo la supervisión de Anquilao, Teodoro, Paladio, Marino, Esteban el LXIV El Nestorianismo es una doctrina difundida en el siglo V por el patriarca de Constantinopla Nestorio (386-451). Profesa que Cristo está separado en dos personas, una humana y otra divina. LXV En Mesopotamia, la escuela de Edesa fue fundada en 363 por San Efrén. Enseñaba la doctrina de Aristóteles, Hipócrates y Galeno junto con los escritos de los Santos Padres. Cerrada en 489 sus filósofos se establecieron en Nísibis y Jondisabur en Persia, y en Risaina e Hinnesrin en Siria. LXVI Zenón el Isáurico. Flavio Zenón. Emperador romano de Oriente entre los años 474 y 491. Procedía de la región de Isáurica, en Turquía y perteneció a una dinastía que años más tarde, en el 711 daría emperadores al imperio romano de oriente. Yerno de León I y padre de León II.
Antecedentes y Nacimiento de la Oftalmología en España Pág. 79 Viejo, Jasio (o Gosio) y Juan el Gramático (también llamado Juan Filopón). Los nestorianos de Jondisabur habían traducido al sirio las obras de los médicos griegos; y, en el siglo IX, florece igualmente la Escuela de Bagdad LXVII, fundada a mitad del siglo VIII por el califa AlMamun, que establece una escuela de medicina. Su sucesor, Harún al-Raschid hizo llamar a médicos cristianos de Jondisabur, y la escuela de Bagdad termina por eclipsar a la de Alejandría. Fig. 56 «Specimen Sapientiae Indorum Veterum». Traducción de la obra de Burzuyeh. 1687. Fig. 57 «Kitab-al-Tasrif». Libro de la Disposición Médica. Traducción de Arvide Cambra. 2000. De esta época destacarán Jorge ben Bajtichú, Mesué y su hijo Mesué en Viejo (777-857 d.C.) y los grandes traductores de Bagdad: Thabit ben Qorra, Hunain y su hijo Hunain Ibn Ishaq (Johannitius), su sobrino Hobeix, Costa ben Luca y otros. En esta época serán traducidos al árabe los 16 libros recopilados de Galeno por los médicos alejandrinos del siglo séptimo 219. En la lista de traducciones del griego al árabe con contenido oftalmológico realizadas en el siglo IX figuran: el «Tratado de las enfermedades de los ojos» de Alejandro de Tralles, considerado como perdido y posteriormente localizado y publicado por Puschmann en 1886; un tratado sobre las ciencias de la visión de Alejandro Afrodiseo, que se conserva en forma de manuscrito árabe en la biblioteca del Escorial con el nº 798; y un tratado sobre anatomía ocular y otro sobre los signos de las afecciones oculares, de Galeno 220. En esta época eran igualmente conocidas las obras de Aecio, Pablo de Egina y Oribasio, muchas de las cuales llegarán a nosotros gracias a la labor de los traductores. Así en 1512 Demetrio traduce del griego al árabe un fragmento de Galeno bajo el nombre de «Galieni de Oculis a Demetrio translatus», más tarde traducido del árabe al latín por Constantino el Africano bajo el nombre de «Liber de oculo» ó «De oculis», cuyo sexto libro es considerado coLXVII El califa de Bagdad Al Mamun (llamado “El Fiable”) había creado en el año 830 la “Casa del Saber” (Bayt al-Hilkma), donde construyó un observatorio astrológico y un planetarium, reunió gran número de manuscritos, especialmente griegos, y agrupó varios traductores al siríaco y al árabe.
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 80 mo una compilación añadida por algún médico árabe para su práctica personal y eventualmente incorporada a la traducción realizada por Constantino, por hacer referencia a tres colirios atribuidos a Pablo de Egina y un colirio de Oribasio. Por tanto, el origen de la medicina árabe debemos encontrarlo en la griega, acompañada de la hindú y la persa, por lo que los árabes dispusieron de este modo de casi todo el saber oculístico de la antigüedad y lo transmitieron posteriormente sin grandes progresos ni modificaciones notables 221. Tabla XVI. PRINCIPALES FIGURAS OCULISTICAS ARABES DEL SIGLO IX NOMBRE REFERENCIAS MESUE ABU YUHANNA (s. XI d.C.) (Mesué padre de Juan) (Jûhannâ ibn Masawaih) mancebo de farmacia de Jondisabur ejerce la oftalmología en Bagdad curó al califa Fadl ben Rabi de una oftalmía JUAN BEN MESUE (Ibn Masawaih) (Mesué el Viejo, 777-857) escribe numerosas obras entre las que destacan: «del examen de los oculistas» «de la alteración del ojo» («Dagal al-‘ayn»- «defectos del ojo») ABU ZAID HONAIN BEN ISHAQ ELIBADI (Johannitius, 809-873) (Hunayn ben Ishaq)) uno de los grandes oculistas de la escuela árabe. Escribe, entre otros: «Libro del ojo en diez discursos» («‘Ašar maqalat fi l-‘ayn» – «Diez tratados sobre las enfermedades del ojo») (c.860 d.C). «De oculi morborum divisionibus» «De medicamentorum ad oculi aegritudines delectu» «De oculorum morbis ferri ope curandis». «De albugine quae solet in ocluí sinu procreari». ABUL-HASAN THABET BEN QORRA (826-901 d.C.) célebre traductor de Galeno. autor del tratado «El Basir» (El vidente), sólo conocido por referencias, como la cita sobre la operación de catarata citada en el «Nur-el Uyún» de Salah edDin. 3.3.2.2. La Oftalmología árabe en España. En el año 756 d.C. el emirato de Córdoba se independiza y pasa a califato, dando origen a la independencia de Al-Ándalus LXVIII, hecho que favorecerá el desarrollo de una gran actividad cultural tanto en Córdoba como en los reinos de Toledo, Sevilla y Zaragoza, a la que tendrán una importante contribución las minorías judías y mozárabe. Como consecuencia, en el siglo XII la Península Ibérica llegará a disponer de más de 70 bibliotecas y 17 universidaLXVIII Tras la invasión musulmana, la mayor parte de la península ibérica se convirtió en una nueva provincia del califato islámico (imperio musulmán), Al-Ándalus. Al frente de este territorio se colocó a un Emir o gobernador que actuaba como delegado del Califa musulmán, por entonces perteneciente a la dinastía Omeya, con capital en ciudad de Damasco. A mediados del siglo VIII la dinastía Omeya fue víctima de la revolución Abasí, familia que se adueñó del Califato. Un miembro de la familia derrotada logró escapar, refugiándose en Al-Ándalus, donde, gracias a los apoyos que encontró, se proclamó emir bajo el nombre de Abd-al-Rahman I (756-788).
Antecedentes y Nacimiento de la Oftalmología en España Pág. 81 des, en una época en la que en el resto de Europa no existían bibliotecas dignas de mención y sólo de forma aislada había alguna escuela especializada 222. Dentro de las artes médicas, los estudios oftalmológicos llegaron a alcanzar un gran desarrollo en la época islámica, pues las condiciones climáticas y de salubridad en general eran causa de múltiples enfermedades oculares, lo que impulsó a su conocimiento. 3.3.2.2.1. La Oftalmología árabe española del Siglo X. Durante el reinado de Abderrahmán III (912-961 d.C.) se fundó en Córdoba la primera escuela de Medicina de Europa, en la cual destacaron las figuras de: AHMAD Y OMAR BEN YUNUS (Ahmad y ‘Umar ben Yunus), hijos de Yunus al-Harrani, célebre médico de Córdoba, que estudian oculística en Bagdad sobre el 942 d.C con Ibn Wasif y Thabet ben Quorra, y regresan a España sobre el 963 d.C; siendo Ahmad el primero en operar la catarata con aguja excavadora 223. ABULCASIS (Abu l-Qasim Jalaf ben ‘Abbas al-Zahrawí), el Albucasis o Ezzahravius de los latinos. Nacido en Mâdinat al-Zâhra (Medina Azahara), Córdoba sobre el 936 d.C. y fallecido sobre el 1013 d.C.. Fue médico de la corte cordobesa con Abderrahman III y AlHakam II, coincidiendo con el máximo esplendor cultural andalusí. En la primera parte de su tratado de oftalmología «Kitab al-Tasrif li-man ‘aŷiza ‘an al-ta´lif » (“El saber médico para quien no ha podido reunirlo o Libro de la Disposición Médica”) [fig.57] describe la curación de la catarata, la fístula lagrimal y algunas enfermedades de los párpados, en la segunda las cirugías de la catarata por depresión, de la fístula lagrimal y del ectropión, entropión, tracoma, anquilobléfaron, simbléfaron, pterigion o “uña” y el pannus, denominado por los árabes como “sabel” o “sebe”. Su obra constituye así un auténtico testimonio del nivel alcanzado por la cirugía oftalmológica hispano-árabe 224. Igualmente se tiene por casi seguro que dirigió una escuela médica privada, ya que en la introducción del «Kitab al-Tasrif» habla de sus estudiantes como si fueran sus hijos, no existiendo constancia en la tradición literaria árabe de la existencia de ningún hijo reconocido de Abulcasis 225. ALHAZÉN (Abu ‘Ali al-Hasan Ibn al-Haytam al-Basri), (965-1039 d.C.) natural de Basora (Iraq), citado por Sartón como el médico musulmán más grande y uno de los mejores investigadores de óptica de todos los tiempos. Trabajó en Egipto y en España y es considerado el padre de la óptica moderna. Dominaba la Astronomía, Medicina y Matemáticas y fue probablemente la figura que más influenció el estudio de la óptica hasta Kepler, siendo sus tratados la principal referencia en este tema hasta el siglo XIII. Su mejor contribución a la oftalmología fue el «Kitab al-manacir», su “tratado sobre la sustancia del órgano de la visión y el modo y manera en que por él se desarrolla el proceso de la visión” [fig.58] 226.
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 82 Tabla XVII. ESCRITORES RELEVANTES DE LA OCULISTICA ARABE DEL SIGLO X NOMBRE REFERENCIAS PERSIA ABU BECR MUHAMMAD BEN ZACARIA RAZIS (850-932 d.C.) (Al-Razi) (Racés)(Razes)(Rhacés) Su obra más conocida es «Kitab al-Hawi» («Continens Rhazes») («El Continente») se citan numerosos trabajos perdidos: «de la visión, que no se hace por los rayos que emanan del ojo» «de la preeminencia del sentido de la vista» «de los párpados y de la utilidad de su movimiento» «por qué el ojo se contrae ante la luz y se dilata en la oscuridad» «Liber de figura oculi» «Tractatus de curando oculo ferro adhibito». ABUL-HASAN AHMED EL-TABARI (†970 d.C.) En su compendio de medicina denominado «Tratamientos hipocráticos» trata de un modo especial el ojo y su terapéutica, considerándolo Wüstenfeld como una obra aparte bajo el título «Curatio oculi». GABRIL BEN OBEID ALLAH (920-1005 d.C.) Compuso un tratado sobre los nervios o los músculos del ojo. Wüstenfeld le atribuye el tratado «De morbis oculorum eorumque remediis» MUHAMMAD BEN AHMED BEN SAID ETTEMIMI (fines s. X) Escribió un tratado sobre la oftalmía purulenta, sus diferentes formas, causas y tratamientos. EGIPTO ABU ALI JALEF EL-TULUNI Compuso un libro sobre las enfermedades de los ojos «El-Kefaya», en cuya redacción se cree empleó 38 años, de 876 a 914. Fig. 58 Diagrama del ojo de la Óptica de Alhacén traducido por Vitelo (1572). Fig. 59 El «Kitab al-Wisad» de Abenguefit (Ibn alWafid). Traducción de Camilo Alvarez de Morales y Ruiz Matas.
Antecedentes y Nacimiento de la Oftalmología en España Pág. 83 3.3.2.2.2. La Oftalmología árabe española del Siglo XI. En el siglo XI la dinastía de los Omeyas se extingue en medio de trastornos públicos y el desmembramiento de Al-Ándalus. En esta época destaca en la España árabe, la figura oculística de Abenguefit. Otros autores relevantes contemporáneos en el mundo árabe no hispano se recogen en la tabla XVII. ABENGUEFIT (Abu-l-Mutarrif ‘Abd al-Rahman ben Muhammad Ibn Abd-el-Kebir ben Yayya Ibn Wafid al-Lajmí), también llamado Ibn al-Wafid, Ibn Guefit o Aben Quefit. Nacido en Toledo en el año c.1008 d.C., fallece en 1074 d.C. 227. Escribió un tratado de oftalmología, «Kitab al-Wisad», traducido como «libro de cabecera» o «libro de la almohada» [fig.59], cuyo manuscrito se conserva en la biblioteca de El Escorial 228. Obra de Abenguefit es igualmente el «Kitab al-adwiya al-Mufrada» («Libro de los medicamentos simples»), traducido y editado por Aguirre de Cárcer (Madrid 1995), donde se detallan numerosos “simples” elaborados a partir de 227 plantas diferentes, entre los cuales se encuentran numerosas recetas para Oftalmología, como ha destacado en su «Historia de la Oculística» Mario Esteban de Antonio 229. Tabla XVIII. FIGURAS RELEVANTES DE LA OCULISTICA ARABE DEL SIGLO XI NOMBRE REFERENCIAS PERSIA ABU ALI BEN ABDERRAHMAN BEN MENDUIH EL-ISPAHANI Contemporáneo de Avicena, entre sus numerosas monografías hay una que trata de las membranas del ojo y la midriasis. ABU-L-FARAD ABDALLAH BEN TAYEB (†1043) Sacerdote nestoriano apreciado por Avicena, que escribió un tratado sobre el ojo. ALI BEN ISA (JESUS HALI, fines s. X) (‘Ali ibn ‘Isa´) Autor del «Tadkirat al Kahha´l´in» (memorial de los oculistas), del que se conservan textos en árabe y latín. EGIPTO ABU-L-QASiM AMMAR BEN ALI ALMAWSILI. (CANAMASULI o ALCANAMUSALI) (†1010 d.C) Nacido en Mosul (Iraq), residió en Egipto hasta su muerte. Se conoce su obra «El Muntajab» (“extracto” o “sumario”, o “selección del tratamiento de enfermedades de los ojos”), por una mala copia latina de David el Armenio”. 3.3.2.2.3. La Oftalmología árabe española del Siglo XII. En el siglo XII comienza la traducción de los manuscritos árabes al latín, con traductores como Constantino el Africano en Monte Cassino o Gerardo de Cremona en la escuela de Toledo. En el ámbito oculístico destacarán las figuras de: AL-GHAFIQI (Abu Ja‘far Ahmad ibn Muhammad al-Ghafiqi) nacido en Guijo (Córdoba), vivió en el s. XII y falleció en Córdoba en el año 1165. Su tratado de oculística o en árabe titulado «El Morched» o «Kitab al-muršid fi l-kuhl» (“El Director” o “Guía en Oculística”) [fig.60], describe ampliamente la patología y terapéutica ocular de la época, haciendo especial atención a la descripción y tratamiento del tracoma 230. ABENZOAR (O AVENZOAR) padre (Abu Merwan ‘Abd al-Malik Ibn Zuhr). Nacido en Sevilla sobre 1091/94 y fallecido en el 1161/62 d.C. De su obra se conservan únicamente
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 90 rigion, edema, pannus, flicténula), enfermedades de la córnea (úlcera, pústula corneal, cicatrices, tumor de córnea, córnea seca, pus detrás de la córnea, protusión), enfermedades del iris (dilatación pupilar, constricción pupilar, prolapso y protusión del iris), catarata, alteraciones visuales. Todas ellas pueden ser encontradas en el libro clásico de ALI BEN ISA (Jesús Halí), seguido por la mayoría de los oftalmólogos. Para los árabes era inconcebible pensar que la catarata fuera una patología del cristalino, órgano primordial para la visión y nunca se hubieran atrevido a tocarlo con ningún instrumento, por lo que la consideraban como un aumento del humor acuoso, un líquido o un fino vapor que se coagular en la pupila, o por delante o detrás de la misma. La causa del glaucoma, enfermedad poco referida por griegos y árabes y descrita por SHAMS AL-DIN como “cefalea de la pupila” o “migraña ocular”, sería una sustancia retenida en los vasos sanguíneos de la retina. Entre las enfermedades del cristalino incluyen el estrabismo (por luxación hacia derecha o izquierda), diplopía (por luxación hacia arriba o hacia abajo), cambios de visión coloreada (por decoloración), ceguera nocturna (por engrosamiento del espíritu visual) y ceguera nocturna (por sequedad o falta de espíritu visual). Estos errores de concepto, al igual que los atribuidos a las enfermedades del nervio óptico, esclera, coroides y retina se deben al gran desconocimiento de su anatomía y, por tanto, de su patología 251. Al igual que en la época romana, se consideraba colirio a todo tratamiento aplicado al ojo y, al igual que los romanos, también los árabes preparaban colirios secos, blandos y líquidos. Las barras de colirio eran ligeramente cónicas y los elementos utilizados eran de origen animal, vegetal o mineral 252. Tabla XXII. PRINCIPALES COMPONENTES DE LOS COLIRIOS EN LA EPOCA ARABE ORIGEN ANIMAL Yema y clara de huevo, leche de mujer, orines de bebé, leche de burra, excremento de hiena, cabezas de víbora, estiércol de lobo, hiel de macho cabrío, hiel de halcón, hiel de vaca, sangre de pichón, paloma, ostras, ánade, cáscara de huevo recién puesto, coral y perlas quemadas. ORIGEN VEGETAL Membrillo, pimienta, lechuga, jengibre, aloe, valeriana, lentejas, higos, hinojo, azafrán, opio, mirra, huesos de aceituna, uvas, almidón, sarmientos, migas de pan, goma arábiga, rosas secas, rosas frescas, rojas y amarillas, cinamomo, tomillo, sándalo, azúcar, violetas y claveles. ORIGEN MINERAL cobre, cadmio, oro, plata, sal de la India, antimonio, cenizas de horno, plomo, escorias de hierro, vitriolo, amoníaco, tiza, limaduras de piedra de afilar, lapislázuli, arcilla, cal y vapor de vidrio. EXCIPIENTES agua, agua de lluvia, agua de rosas, agua de hinojo, agua de endivia, vinagre de vino, vino puro, clara de huevo, leche de burra, leche de mujer que amamante a una niña, jugo de frambuesas, jugo de puerro, tinta india y miel. En lo referente a la cirugía ocular, los árabes superaron con creces a sus contemporáneos europeos, e incluso a cirujanos de épocas posteriores. Los tratados de KHALIFAH (Jalifa Ben Abi-l-Mahasen, Irak, 2º mitad siglo XIII) nos hacen llegar ilustraciones de 36 instrumentos oftálmicos [fig.65-66], número superior a cualquier otro tratado medieval. Especial referencia merecen la “miqdah”, aguja de catarata de punta triangular, la “mudawwar”, aguja sólida, y la “mudawwaf,” aguja hueca, prefiriéndose para su construcción el cobre rojo, el cobre amarillo y el ojo, si bien muchas de ellas eran de cobre rojo, por ser más fácilmente visibles tras la córnea. ABU RUH MUHAMMAD (Zarrin Dast) refiere 3 tipos de cirugía de catarata: a) con el
Antecedentes y Nacimiento de la Oftalmología en España Pág. 91 cuchillete y la aguja b) sólo con la aguja sólida y c) con la aguja hueca. Si la conjuntiva fuese muy fláccida, la incisión debía hacerse con una lanceta o “mibda”. Fig. 65 Instrumentos de Khalifah Fig. 66 Instrumentos de Khalifah La técnica de aspiración de la catarata con aguja hueca apareció a principios del siglo XI de manos de AMMAR BEN ALÍ AL-MAWSILI y se convirtió en la técnica más usada en Siria durante los siglos XII y XIII, pero terminó por caer en declive, de modo que en la segunda mitad del siglo XIV se habría perdido ya el conocimiento de cómo usarla. En Al-Ándalus la técnica no llegó a hacerse popular, y ABULCASIS y ALCOATÍ hablan sobre la nueva cirugía parecida en Iraq y extendida en Siria, sin estar de acuerdo con la misma y refiriendo no haber visto ninguna aguja hueca 253. Los buenos resultados de las cirugías y escasas complicaciones infecciosas hacen suponer que se aplicaba algún tipo de limpieza al instrumental, dado que las intervenciones se realizaban tanto en el hospital como a domicilio. 3.3.3. La Oftalmología en la España No Árabe. En la Edad Media (475-1453), la Oftalmología fuera de las escuelas árabes fue pobre y estéril. Los únicos instruidos que practicaban la medicina en los primeros tiempos eran los monjes, que con escasos o nulos conocimientos, complementaban sus artes médicas con rezos y encantamientos. Como claramente manifiesta Gener Galbís “Durante toda la Edad Media, los médicos europeos no fueron capaces de crear un solo tratado de oftalmología que fuera comparable a los creados por los oculistas hispano-árabes…” “…Hay que llegar hasta el amanecer del siglo XVIII para encontrar algún progreso notable en la medicina que pueda compararse a las producciones árabes anteriores” 254. Los primeros esbozos de escuelas médicas con base científica aparecen en el Monasterio Benedictino de Monte Cassino, uno de cuyos monjes, CONSTANTINO EL AFRICANO (10201087 d.C.), nos lega «De Oculis» [fig.67], el tratado oftalmológico más antiguo de la Edad Media.
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 92 Constantino, probablemente oriundo de Cartago, era un erudito droguero que había viajado por Oriente y conocía bien la medicina árabe. Llegado a Salerno por negocios se da cuenta de la precaria situación de la medicina en esta ciudad, tanto por los autores como por los libros que leían, y es convencido por Alfano, abad del Monasterio de Monte Cassino, para volver a Oriente con el fin de recopilar una selección de literatura médica árabe. A su regreso se convierte al catolicismo y, como lego del monasterio, dedica más de diez años a traducir al latín medieval los manuscritos árabes, siendo quien en su «Liber de Oculis» traduce el término griego “catarata” por la expresión “agua azul” o “agua que cae” con la que los árabes describían la opacidad de la pupila 255. Fig. 67 «Liber de Oculis» de Constantino. Collectio Ophtalmologica Veterum Auctorum. Pansier. 1909-1933. Durante los siglos XII y XIII se prohibió a los clérigos la práctica de la medicina tanto clínica como quirúrgica, y tiene lugar la aparición de la Escuela de Salerno, inicialmente constituida como hospital para transformarse posteriormente en Facultad de Medicina llegando a ser en su tiempo la más prestigiosa de todas las cristianas. En ella se seguirá la enseñanza de los métodos griegos, obtenidos de la traducción de los escritos árabes. La competencia directa de la Escuela de Salerno fue la Escuela de Montpellier, fundada en el siglo XIII y abierta a judíos y árabes, la cual pasó a ser Universidad el 26 de Octubre de 1289. Montpellier perteneció a la Corona de Aragón con Pedro II y su hijo Jaime I, y posteriormente al Reino de Mallorca hasta 1349. En ella pueden ser destacados los trabajos oftalmológicos de ARNALDO DE VILANOVA y BENVENUTUS GRAPHEUS. Benvenutus Grapheus (siglo XII) fue el oculista cristiano más famoso de la Edad Media, siendo considerado uno de los mejores cirujanos de catarata de la época. Probablemente judío converso, ejerció como profesor en la Facultad de Medicina de Montpellier y escribió «De Oculis Eorumque aegritudinibus et curis», «Ars probata de oculorum effectibus» y «Compendie», los trabajos más importantes de oftalmología de aquel tiempo y que fueron traducidos al hebreo, provenzal, francés e inglés. En la España cristiana fueron los médicos judíos los que, con sus traducciones, llevaron a cabo la difusión de los conocimientos oftalmológicos árabes, y en los últimos tiempos de la Edad Media, practicaron la oculística médica y quirúrgica. Así se debe recordar a ABRAHAM
Antecedentes y Nacimiento de la Oftalmología en España Pág. 93 DE A RAGÓN , que intervino a muchos nobles cristianos, y de cuya pericia habla el señor de Lunel, Raymond Gaucelme, en carta escrita el 3 de Mayo de 1253 a Alphonse de Poitiers, conde de Toulouse, aquejado de un trastorno ocular. Y N ATHAN I BN J OEL F ALAQUERA , médico hispanojudío, que en la tercera parte de su libro de anotaciones médicas «Zori ha-guf» incluyó referencias a varios procesos oculares y su tratamiento 256 . A RNALDO (A RNAU ) DE V ILANOVA (c.1238c.1311 d.C.), médico y teólogo catalán estudioso de la patología ocular, fue el más conocido médico español medieval. Ejerció de profesor en Montpellier y como oculista del Papa Clemente V. Publicó el «Breviarium practicae a capite usque ad plantan pedís», copiado en toda Europa, en cuyo libro primero estudia la patología ocular. Y en 1308 compuso el tratado de higiene ocular «Libellus regiminis de confortatiione visus secundum sex res non naturales» [fig.68], para el cuidado físico del pontífice Clemente V. Esta obra, traducida del manuscrito existente en la Biblioteca de Metz, fue publicada por Pansier en 1903 257 . La obra es sólo parte de un tratado de higiene individual más extenso, el «Regimen Sanitatis», compuesto por Arnaldo para el rey Juan II de Aragón 258 . Fig. 68 «Libellus Regiminis de Confortatione Visus». Arnaldo de Vilanova. Collectio Ophtalmologica Veterum Auctorum. Pansier. 1903 El médico catalán J OAN J ACME , fallecido en 1384 escribió en 1378 su «Secretarium practicae medicinae» o «Thesaurarium», parte del cual describe las afecciones oculares más comunes, siendo el traductor al catalán de los tratados de Alcoatí. Igualmente se le atribuyen el texto «Rubrica de les letres que Galien trames a Coris el mestre de les malalties dells uyls e de les cures» y el «Tractatus ad anathomicam compositionem oculorum intelligendam» 259 . Tabla XXIII. AUTORES MAS RELEVANTES EN LA OCULISTICA DE LA EDAD MEDIA FUERA DE LA ESCUELA ARABE NOMBRE REFERENCIAS BIENVENIDO DE JERUSALEM (s. XII) Autor del trabajo más importante de oftalmología de la época: «Compendie» o «Practica oculorum» o «De Oculis eorumque aegritudinibus et curis»
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 94 MAESTRO ZACARIAS (Magistri Zacharie) (s. XII, 1143-1180 d.C.) Considerado de la Escuela de Salerno, realizó sus estudios de oculística en Constantinopla en la corte del emperador Manuel Comeno. Fue muy reacio a enseñar sus conocimientos, y sólo en sus últimos años dejó el manuscrito «Liber oculorum, qui vocatur sisilacera, id est secreta secretorum». PETRUS HISPANUS (Juan XXI) Pedro Hispano (c 1215-1277, Papa Juan XXI), fue contemporáneo de Zacarías y sus escritos «Secretum de oculis» y «Secreta contra egrtudines oculorum» fueron compendiados siglos más tarde por Berger con el título «Liber de oculi. Petri Hispani». Preto Meirinho distingue dentro de este último título tres piezas principales: «Breviarium de egritudinibus et curis oculorum» o «Liber oculorum» o «Liber de Oculo». «Tractatus mirabilis aquarum» «De curis oculorum» «Thesaurus pauperum» (“Tesoro de los pobres”), farmacopea para uso de los indigentes. GUY DE CHAULIAC (c.1300c.1368) Estudió en Montpellier y practicó cirugía en Lyon y Avignon. Hacia 1340 compuso un «Traité de la cataracte», que posiblemente corresponda al capítulo «De cataracta» de su «Chirurgie», uno de los textos clásicos de enseñanza de cirugía durante siglos. BARNABÁS DE REGIO Hacia 1340 compuso un «Tratado de Higiene ocular», publicado por Albertoti. JOHANNIS DE CASO Sobre 1346, autor del «Tractatus de conservationes visus» ABU RUSH MUHAMMAD AL YAMANI fue considerado como el mejor cirujano ocular de Persia, siendo apodado “Zarrin Dast” (mano de oro). 3.3.4. Breve referencia al origen de los Anteojos. Según las referencias existentes parece que fue ROGER BACON (1214-1294), monje del siglo XIII con grandes conocimientos de óptica, el inventor de la corrección con lentes. Según cuenta la historia, construyó el primer par de gafas y se las regaló a su mejor amigo, el teólogo Goethals. Este, en un viaje a Pisa, conoció a ALESSANDRO DE SPINA (s. XIV), al que se tiene por reinventor de las gafas, y que probablemente copió la invención de Bacon. Para otros autores aunque Bacon no construyera las primeras lentes para présbitas, si lo sugirió al expresar, como comentario al dato de Alhazén de que un segmento de esfera agrandaba las imágenes, que “debería ser un útil instrumento para los ancianos o aquellos que tienen ojos débiles”. El profesor Manuel Márquez (1923), opina que “los primeros anteojos aparecieron en el Norte de Italia –especialmente en la región veneciana– a fines del s. XIII y a comienzos del XIV, sin que se conozca realmente el nombre del inventor de los mismos” 260.
Antecedentes y Nacimiento de la Oftalmología en España Pág. 95 En el siglo XIV se difundió y comercializó el uso de gafas de lentes convexas, las cuales se hicieron muy comunes en el siglo XV. No obstante, hubo que esperar hasta el s. XIX para que se usasen en la hipermetropía, ametropía descrita por vez primera por JEAN JANIN DE COMBE BLANCHE en 1772. Las gafas para miopes aparecerían más tarde, en el siglo XVI; y la corrección con cristales cilíndricos no aparece hasta el siglo XIX, tras su descubrimiento y descripción por THOMAS YOUNG en 1801 261. 3.4. LA OFTALMOLOGÍA EN LA ESPAÑA DEL RENACIMIENTO. El Renacimiento comienza tras la Edad Media y acaba con la muerte de Felipe II de España en 1598. En la práctica va a ocupar los finales del S. XV y la totalidad del s. XVI. A diferencia de lo que ya ocurría en toda Europa, en la España del Renacimiento la Oftalmología todavía no constituye una parte especializada dentro de la Medicina, abundando los empíricos ambulantes como los “batidores de cataratas” que, con cierta fama popular, realizaban ciertas técnicas quirúrgicas oftalmológicas. La patología ocular comenzaba a ser estudiada con mayor atención por los médicos, y la fisiología y morfología progresó gracias a los trabajos tanto de anatomistas como cirujanos. 3.4.1. Siglo XV. Tras la Reconquista, la medicina y cirugía oftálmicas siguen siendo ejercidas preferentemente por médicos judíos, así gozó de gran prestigio quirúrgico de ABI-ABOR (Cresquas Abnar, Crexcas Abaibar o Abiabar), rabino de Lérida, que operó de catarata en el siglo XV con gran éxito, al rey Juan de Aragón 262, y del que se conserva una carta donde señala la fecha más favorable para la operación del segundo ojo del monarca, que ha sido reproducida por Vignau y Ballester 263. El primer texto médico de importancia escrito en España en esta época fue el «Menor daño de Medicina» [fig.69] de ALONSO CHIRINO, médico de Juan II de Castilla, editado en 1505, en el cual, en la octava parte del capítulo XI se describen diferentes tratamientos para la oftalmía, el dolor ocular, la “nuve” del ojo y el orzuelo 264. Fig. 69 Alonso Chirino. «Menor daño de Medicina». 1505
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 96 FRANCISCO LÓPEZ DE VILLALOBOS, que fue médico de Fernando el Católico y de Carlos I, en su obra «El Sumario de la Medicina» (1498) [fig.70], expone con extensión, siguiendo a Avicena, los conocimientos existentes sobre la oftalmía y los procesos conjuntivales y corneales, la fístula lagrimal, midriasis y miosis, diversas lesiones palpebrales, la “flaqueza de la vista”, la “noctilupa” (hemeralopía) y la catarata 265. La obra de BERNARDO DE GORDONIO, profesor de la escuela de Montpellier, «Opus Lilium medicinae» [fig.71] escrita sobre 1303 y editada en versión castellana en Sevilla en 1945 y reimpresa en Toledo en 1513, ejerció una notable influencia en el desarrollo de la medicina renacentista española. Su exposición de la patología ocular supera en amplitud y rigor a las de López de Villalobos y Alonso Chirino, siendo uno de los primeros autores en mencionar los anteojos, a los que da el nombre de “oculus berellinus” 266. Fig. 70 García del Real E. «Introducción” a El Sumario de la Medicina» de Francisco López de Villalobos. 1948. Fig. 71 Bernardo de Gordonio. «Lilium Medicinae». Lyon. Edición de 1550. 3.4.2. Siglo XVI. En el siglo XVI se incrementará el interés de médicos y cirujanos por la patología ocular, interés favorecido por el conocimiento creciente de la morfología ocular. En este siglo pueden ser destacados los escritos y referencias oftalmológicas en las obras de: JUAN FALCÓN, profesor de Montpellier, autor del texto «Quaestio: utrum conferat at morbos oculorum», nunca editado 267. ANTONIO DE CARTAGENA, médico de Carlos I, con un tratado de Oftalmología que tampoco llegó a ser impreso 268. PEDRO JACOBO DÍAZ DE TOLEDO (Petri Toleti), con la obra «Opusculum recens natum de morbis puerorum» publicada en 1538 [fig.72], dentro de la cual trata las afecciones oculares propias de la edad infantil, como la oftalmía y el estrabismo 269. LUIS LOBERA DE ÁVILA, médico del emperador Carlos I, describe la oftalmía y la disminución de la agudeza visual en su texto «Remedio de cuerpos humanos» (1542)
Antecedentes y Nacimiento de la Oftalmología en España Pág. 97 [fig.73], y trata diferentes afecciones oculares en el «Libro de Regimiento de la Salud» (1551) [fig.74] 270. Fig. 72 Pedro Jacobo Díaz de Toledo (Petri Toleti), «Opusculum recens natum de morbis puerorum», publicada en 1538 Fig. 73 Luis Lobera de Ávila, «Remedio de cuerpos humanos» (1542) CRISTÓBAL MÉNDEZ en el «Libro del exercicio y sus provechos» (1553) 271 y BLAS ALVAREZ DE MIRAVAL en su obra «La conservación de la salud del cuerpo y del alma» (1597) tratan con detalle cuestiones de higiene ocular 272. Fig. 74 «Libro del Regimiento de la salud». Lobera de Ávila. 1551. Fig. 75 Juan de Vigo «Teorica y practica en Cirugia». Traducción de Miguel Juan Pascual. Impresión de 1717.
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 98 La obra de GIOVANNI DA VIGO «Teorica y practica en Cirugia» [fig.75] traducida al castellano por Miguel Juan Pascual y publicada en Toledo en 1548 y reimpresa en Zaragoza en 1585 ejerció igualmente gran influencia en la formación de los cirujanos españoles. En ella se describe, en su primer libro, la anatomía ocular; en el tercer libro la oftalmía y sus secuelas, diversos procesos palpebrales y las heridas del ojo; y en el cuarto libro, bajo el nombre de «Tractado segundo de las ulceras maculas y paños de los ojos» se completa el estudio de la patología ocular con exposición de las úlceras corneales, la catarata y la fístula lagrimal 273. Igualmente, en este siglo podemos encontrar igualmente referencias y exposición de los procesos oftálmicos en los tratados médicos de la época, así como en los tratados quirúrgicos, como veremos más adelante. Dentro de los tratados médicos, podemos destacar las figuras de: ALONSO LÓPEZ DE CORELLA trata los temas oftálmicos dentro de su obra «Enchiridion seu Methodum Medicinae» (1549) [fig.76] 274. FRANCISCO VALLÉS DE COVARRUBIAS hace descripción de diversos procesos oculares en su obra «De locis patientibus Cl. Galieni libri sex» (1551) [fig.77] 275. Fig. 76 Alfonso Lopez de Corella. «Enchiridion Medicinae». Zaragoza. 1549 Fig. 77 Francisco Vallés Covarrubias. «De locis patientibus Cl. Galieni libri sex» (1551) MIGUEL JUAN PASCUAL, ya referido como traductor de la obra de Giovanni da Vigo y discípulo de Juan Falcón en Montpellier, edita en 1555 «Morborum Internorum» [fig.78], una obra sobre enfermedades internas, donde trata con cierta amplitud la oftalmía y la catarata 276. CRISTÓBAL DE VEGA, catedrático de la Universidad de Alcalá, en la tercera parte del libro tercero de su obra «Liber de arte medendi» (1564) [fig.79], tras una descripción general sobre la morfología del ojo, describe en 15 capítulos la clínica y tratamiento de la oftalmía, los procesos de las vías lagrimales, las úlceras corneales, la catarata, la midriasis y
Antecedentes y Nacimiento de la Oftalmología en España Pág. 99 miosis, el pterigion, el egilops, la nictalopía, las ametropías y algunas patologías palpebrales 277. DIEGO MERINO DE URUÑUELA describe igualmente la patología ocular en cuatro capítulos del libro primero de su obra «De morbis interni libri sex» (1575) [fig.80] 278. AGUSTÍN VÁZQUEZ expone las manifestaciones clínicas y tratamiento de la oftalmía en sus «Qvaestiones Practicae, Medicae et Chirurgiae» (1589) [fig.81] 279. Fig. 78 Miguel Juan Pascual. «Morborum internorum». Valencia, 1555. Fig. 79 Cristóbal de Vega. «Liber de Arte Medendi». Lyon. 1564 Fig. 80 Diego Merino. «De morbis interni libri sex». Burgos. (1575) Fig. 81 Agustín Vázquez. «Qvaestiones Practicae, Medicae et Chirurgiae» (1589).
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 106 FRAY MATÍAS DE QUINTANILLA en su «Breve Compendio de Cirugia» (1683) [fig.101] describe de modo esquemático la oftalmía y varios procesos palpebrales como el orzuelo y varias tumoraciones palpebrales que designa con los términos “cloroftamia”, “enfisema”, “hidátide” y “anchilops”, siendo de los pocos cirujanos de la época que estudian estas formaciones de modo individualizado 302. Fig. 98 Francisco Henríquez Villacorta. «Laureae Doctoralis Medicae Complutensis». Tomo III. 1680 Fig. 99 Pedro López de León. «Pratica y Teorica de las Apostemas». Ed. 1683. Fig. 100 Juan de Castillo. «Tractatus quo continentur summe necessatia tàm de Anatome, quàm de Vulneribus & Vlceribus» (1683) Fig. 101 Fray Matías de Quintanilla. «Breve Compendio de Cirugia». Edición de 1705. DIEGO ANTONIO DE ROBLEDO, en su obra «Compendio Cirúrgico, útil y provechoso a sus professores» (1686) [fig.102], trata la fístula lagrimal, las heridas del ojo, las úlceras cor-
Antecedentes y Nacimiento de la Oftalmología en España Pág. 107 neales y la oftalmía, con especial referencia a su cuadro clínico y tratamiento, y diferenciando la oftalmía crónica y la de origen sifilítico 303. JUAN DE VIDÓS Y MIRÓ en su «Primera parte de Medicina y Cirugía racional, y espagírica» (1674) [fig.103] hace referencia a los tumores palpebrales y de modo más detenido de la fístula lagrimal, para la que propone como tratamiento el uso de caústicos (“cauterio potencial”), glosando sus ventajas frente al “cauterio rojo” o de fuego, mayoritariamente utilizado por los cirujanos de la época 304. MANUEL DE PORRAS hace sucinta referencia a la fístula lagrimal, a varios procesos de localización palpebral y a la oftalmía en su obra «Médula de Cirugía y examen de cirujanos» (1691) [fig.104] 305. Fig. 102 Diego Antonio de Robledo. «Compendio Cirúrgico». Edición de 1719. Fig. 103 Juan de Vidós y Miró. «Primera parte de Medicina y Cirugía racional, y espagírica». Ed. 1721 Fig. 104 Manuel de Porras. «Medula de Cirugía». Edición de 1749. Fig. 105 Daza de Valdés. «Uso de los Antojos para todo género de vistas». 1623.
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 108 Revisado el conocimiento oftalmológico Médico y Quirúrgico en el siglo XVII, se debe hacer referencia obligada a la obra de BENITO DAZA DE VALDÉS, (Córdoba 1591 – Sevilla 1634), que ejerció en Sevilla el cargo de notario del Tribunal Inquisitorial, y donde publica su obra «Uso de los Antojos para todo género de vistas» (1623) [fig.105]. El texto de la obra se compone de tres libros, en el primero de los cuales, titulado «De la naturaleza y propiedades de los ojos» y dividido en once capítulos, describe la función visual y los defectos que requieren corrección óptica. El segundo libro, «De los remedios de la vista por medio de los antojos», describe en diez capítulos, con varios grabados intercalados, las propiedades ópticas de los cristales cóncavos y convexos y el modo de determinar los “grados” necesarios para corregir las diferentes ametropías. Finalmente el tercer libro, titulado “De los diálogos», se compone de cuatro diálogos que referencian la aplicación de lo expuesto simbolizado en varios pacientes que solicitan ayuda y consejo de un “maestro de los antojos” 306. Como bien expresa Granjel, el interés y acopio de conocimientos de Daza Valdés no se explica sin el contacto y amistad que por su cargo entabló con la orden de religiosos dominicos, siendo bien conocida la importante participación que la Orden Dominicana tuvo en la difusión de los anteojos 307. De este modo, con su aportación al conocimiento de las ametropías y su corrección la obra de Daza de Valdés completará las aportaciones realizadas por los médicos y cirujanos españoles del siglo XVI al mejor conocimiento de la patología ocular. 3.6. LA OFTALMOLOGÍA EN LA ESPAÑA DE LA ILUSTRACIÓN. El período de la Ilustración en España comienza tras la muerte de Carlos II, y advenimiento de los Borbones en la figura del rey Felipe V. Termina en Europa con la revolución francesa y, para España, con la derrota de Napoleón en 1814, tras la Guerra de la Independencia, en cuyo momento se inicia la Edad Contemporánea. A lo largo del siglo XVIII, los médicos españoles parecen dejar de interesarse por la Oftalmología, dejando a los cirujanos el tratamiento de los procesos oculares, motivo por el cual los textos de medicina excluyen el tratamiento de los mismos. Por contra, el interés por la investigación anatómica, acrecentado por cirujanos y anatomistas, incrementarán los conocimientos sobre la estructura ocular. Diversos tratados quirúrgicos de la Europa contemporánea, traducidos al castellano, contribuirán al desarrollo del saber oftalmológico de la época, debiendo destacar: Las «Instituciones Quirúrgicas y Cirugía completa universal» de LORENZO HEISTER (1750), traducidas por Andrés García Vázquez, con varias reimpresiones, incluyendo en su segundo volumen un amplio estudio de los procesos oftálmicos [fig.106] 308. En Septiembre 1753, JORGE MARTÍNEZ CABALLERO, oculista de Madrid, en su discurso de ingreso en la “Regia Sociedad de Medicina de Sevilla”, versa sobre la “Anatomía del ojo y por qué algunos ven duplicados los objetos”. Describe el nervio óptico y los seis músculos extraoculares. Designa como “levator o soberbio” al recto superior, “depresor o humilde” al inferior, “adducente o bibitorio” al interno, “abducente o indignado” al externo, y “amatorios” a los oblicuos; e indica que, aparte de la función propia de cada uno de los rectos ”la constricción de todos juntos por la parte posterior del ojo estrecha los humores y eleva la córnea”. Describe las terminaciones de los pares craneales III, IV, V y VI, si bien considera erróneamente que el recto externo recibiría ramas del III y VI; y sigue aceptando el mecanismo de acomodación propuesto por Kepler en 1611 en el que la contractura y relajación del músculo ciliar alejarían o acercarían el cristalino al fondo de ojo, a pesar de que Descartes ya había descrito los cambios de curvatura del cristalino en
Antecedentes y Nacimiento de la Oftalmología en España Pág. 109 1677, si bien es cierto que se deberá esperar a Thomas Young en 1801, para confirmar y demostrar el verdadero papel del cristalino en el proceso de la acomodación y desterrar las viejas teorías consideradas hasta entonces 309. FRANCISCO PUIG, hace referencia a los humores del ojo (aqueo, cristalino y vítreo), y a humor lagrimal en el capítulo IV del tratado primero de la obra «Principios de cirugía con los quales se instruyen los jóvenes que se destinan a la profession de esta Grande Arte en el Real Hospital General de la Ciudad de Barcelona» (1753). [Fig.107]. JUAN DE GORTER, en los capítulos IX y X de su obra «Cirugía expurgada» (1765), traducida por Juan de Galisteo y Xiorro [fig.108] expone muchos de los conocimientos oculares de la época, en los cuales nos extenderemos brevemente: 310. En el capítulo IX se refiere a la vista como “el más sutil y excelente de todos los sentidos” y describe al “bulbo” o globo ocular como “el órgano que recibe los rayos de luz”, y sus diferentes capas, como la “túnica adnata” (albugínea o conjuntiva), por debajo de la cual se encuentra la “túnica tendinosa” o “innominada”, y bajo ésta la esclerótica cuya parte anterior de carácter transparente constituye la córnea, que permite el paso de los rayos de luz al interior del ojo. Igualmente hace referencia a la coroides, la “aracnoides” que contiene el humor vítreo (hialoides); la “membrana muscular orbicular” (músculo ciliar); la “túnica úvea” en cuyo centro hay una abertura llamada pupila o niña, y cuya superficie externa recibe el nombre de iris. Amplia su descripción con la de la retina; las cámaras anterior y posterior; la distribución de las arterias y venas; el nervio óptico con sus recubrimientos de piamadre y duramadre; la órbita o “cavidad huesosa”; la “pinguedo” o grasa orbitaria que sostiene el ojo y facilita sus movimientos. Los músculos oculares reciben los nombre de “atolente o soberbio”, “deprimente o humilde”, “abductor o indignador”, “adductor o bebedor”, oblicuo superior o “troclear” y oblicuo inferior o “amador”. Bajo el título “de la visión” describe la refracción de los rayos en el ojo, la reacciones pupilares, y la acción del cristalino a la cual atribuye un doble mecanismo, aplanándose o incurvándose por contracción y relajación del ligamento ciliar, y acercándose o alejándose la retina, sobre la cual se forman las imágenes “expansión de la sustancia pulposa del nervio óptico” y “verdadero órgano donde se pintan los objetos y se hace la visión”. Dentro de las enfermedades de la visión enumera la “hemeralopía”, que atribuye a la incapacidad de la pupila para dilatarse lo suficiente; la “nictalopía”, cuando la pupila se dilata demasiado; “miopía” cuando el globo ocular se alarga; “presbicia” cuando se acorta; “ecpiesmos” cuando el globo ocular protruye; “marcor” cuando se consume por falta de humores que llenen el ojo (ptisis); y estrabismo por falta de alineamiento por convulsión, parálisis o desigualdad de longitud de los músculos oculares. Dentro de las enfermedades de la cornea destaca la “nube” y el “leucoma o albugo”, según sea su opacidad; las “phlictenas” o ampollitas acuosas; y divide las prominencias de la cornea dañada según su tamaño en “myooephalon” si es del tamaño de la cabeza de una mosca, “estafiloma o uvación” si es como un granillo de la uva, y “pomo o manzana” a la prominencia máxima. Si la parte prominente es muy dura se llama “clavo”. En las enfermedades de la coroides cita la “optalmia”, que cursa con mucho dolor e intumescencia, y el “hypopyon” cuando el pus aparece en la cámara anterior, al cual atribuye también los nombres de “pyosis” y “ónix”.
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 110 La abundancia de humor acuoso, con dilatación de cámara y córnea recibe el nombre de “hidroptalmia”, y su falta de transparencia “sufusión” o “hipochimosis”. La pérdida de transparencia de córnea y acuoso se denomina “glaucoma”. Hace referencia igualmente la las enfermedades del humor vítreo, retina, órbita, nervio óptico, túnica adnata, párpados, pestañas, glándula lagrimal y lagrimales, y describe la operación de catarata por abatimiento. En la túnica adnata incluye su inflamación como “optalmía”, a la que se llama “taraxis” si es muy leve, “xeropthalmia o lippitudo árida” si induce sequedad en los ojos, y “chemosis” si sobresale sobre la cornea; menciona el “pterigio o úngula”, al que denomina “panículo” si está enrojecido y con muchos vasos sanguíneos, y describe su operación. La abundancia de grasa orbitaria corrompida o inflamada que hace protuir el ojo da lugar a la “proptosis” En las enfermedades de los párpados se incluyen el “anchyloblefaron”, enfisema, ectropion, lagophtalmos, sarcoma, y tracoma. Los tumores de las glándulas de Meibomio se dividen en “crithe” (cuando tienen el tamaño de un grano de cebada), “granizo” cuando se observa un contenido y es de carácter deslizante y “lihtiasis” si es duro y áspero y está en el tarso palpebral. Las anomalías de posición de las pestañas constituyen la “phalangosis” (si se doblan hacia dentro y pican el ojo), “trichiasis” si crecen desordenadamente y “districhiasis” si nacen en dos órdenes o filas. Fig. 106 Lorenzo Heister. «Instituciones Quirúrgicas». Edición de 1775. Traducción de Andrés García Vázquez Fig. 107 Francisco Puig. «Principios de Cirugía». Ed. 1753. La secreción copiosa de lágrimas forma una “epiphora”, denominada “rhyas” si las lágrimas no pueden entrar en los puntos lagrimales. Denomina “encanthis” al tubérculo fungoso en la carúncula o la membrana semilunar; “anchilops” al tubérculo foliculoso o inflamatorio asentado cerca del ángulo mayor del ojo, y “egilope” al tubérculo reventado que arroja pus por la misma abertura u otra nueva; “fístula lagrimal” cuando la expresión hace salir una materia purulenta o licorosa por los puntos lagrimales o por una abertura
Antecedentes y Nacimiento de la Oftalmología en España Pág. 111 cercana al ángulo mayor del ojo, generalmente proveniente de un “anchilops” o un “egilope”. El «Traité des operations de Chirurgie» de HENRI-FRANÇOIS LE DRAN (Paris, 1742) [fig.109], traducida al castellano por Velasco y Villaverde en 1784, hace referencia al origen y tratamiento de la fístula lagrimal 311. Fig. 108 La «Cirugía expurgada» de Juan de Gorter. Edición de 1780. Fig. 109 Henri-François Le Dran. «Traité des operations de Chirurgie» (Paris, 1742) La «Medicina operatoria» [fig.110] de PIERRE LASSUS, traducido al español en 1797 por Pedro Pérez (cirujano del Regimiento de Dragones de Villaviciosa), que en su volumen segundo describe de modo detallado las técnicas quirúrgicas utilizadas para el tratamiento de la catarata y de la fístula lagrimal 312. Merece ser reseñado igualmente JACQUES DAVIEL, nombrado “cirujano oculista“ del rey Luis XV en 1749, el cual ejerció en Marsella y debe ser considerado como el inventor del procedimiento de extracción de la catarata y el primero en sistematizarlo y difundirlo en cursos y conferencias en diversos países de Europa. En España en 1736 intervenciones en Bilbao y Victoria y, posteriormente, en Sevilla, Cádiz, Málaga, Cartagena, Alicante, Valencia, Tarragona y Barcelona [fig.111] 313. Su carrera nos es conocida por numerosas comunicaciones hechas en los diarios de la época como “Le Courier d´Avignon” y “Le Mercure de France”. Entre ellas se pueden citar la «Lettre de M. Daviel a M. de Joyeuse» en septiembre de 1748; la «Réponse de M. Daviel à la lettre critique de M. Rousilles» en julio de 1749, y especialmente su comunicación a la Academia de Cirugía de Francia «Sur une nouvelle méthode de guérir la Cataracte par l´extraction du Cristallin» en 1752. Otras comunicaciones a destacar son sus «Lettres sur les maladies des yeux» (Paris, 1748, in-12); “Lettres [...] sur les avantages de l'opération de la cataracte par extraction” (Paris, 1756, in-12).
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 112 Fig. 110 Pierre Lassus. «Medicina operatoria». Traducción de Pedro Pérez (1797) Fig. 111 Carta manuscrita de Jacques Daviel con el listado de enfermos intervenidos de 1745 a 1752 (fragmento). Dentro de los de las referencias oftalmológicas en los textos quirúrgicos publicados en España de la Ilustración, destacaremos las obras de: JEAN MASSONEAU, de origen francés, asentado en España, que cita el anchilops, el aegilops y la fístula lagrimal en su obra «Cirugía Natural» (1721) [fig.112] 314. MARTÍN MARTÍNEZ (1684-1734) en sus obras médicas publicadas entre 1722 y 1724 describe la oftalmía, el hipopion, la fístula lagrimal y la catarata, con exposición del tratamiento de estos últimos procesos. Nacido en Madrid, llegó a ser apodado “Águila de la Ciencia”. Estudió en la Universidad de Alcalá de Henares terminando su carrera en 1706 y llegando a ser un hábil cirujano y experto anatomista. En 1706 ingresó por oposición en el Hospital General de Madrid, donde fue profesor de Anatomía y fundó un anfiteatro para disecciones anatómicas ante los defectos de la enseñanza universitaria, los cuales refleja en su tratado de Anatomía al manifestar «En nuestras Universidades es sabido que no se hacen disecciones, y si alguna se hace, es nula y de escaso cumplimiento». Llegó a ser Médico de Cámara del rey Felipe V de España, y entre sus obras médicas merecen ser destacadas «Noches anatómicas o Anatomía compendiosa» (Madrid; 1716) [fig.113], «Medicina Sceptica y Cirugía Moderna» (Madrid; 1722-1725) [fig.114], «Examen nuevo de Cirugía moderna, nuevamente enmendada» (Madrid; 1722) [fig.115], y «Anatomía completa del Hombre» (Madrid; 1728) [fig.116]. En la obra «Examen Nuevo de Cirugía Moderna, nuevamente enmendada», edición de 1788, dentro del Tratado II, De la Anatomía, Capítulo II “De los Músculos” pág. 29 se describen los músculos palpebrales y oculares, dividiendo estos últimos al igual que en otros tratados de la época en “soberbio”, “humilde”, “bebedor” e “indignado”, si bien ambos oblicuos son denominados como “amador mayor” y “amador menor”, explicando: …”Estos músculos se llaman amadores, porque sirven a los amantes de mover circularmente los ojos y estrecharlos cuando conviene para la vista”. En el Tratado II, Capítulo IV, “De la Esplacnología. Parte Primera. De la Cabeza” pág. 67-68 describe los ojos
Antecedentes y Nacimiento de la Oftalmología en España Pág. 113 “como los órganos donde se reciben las especies de la vista”, compuestos de seis túnicas: adnata, córnea, úvea, retina, vítrea, y cristalina (cubre al cristalino); tres humores, acuoso, vítreo y cristalino; con los nervios óptico, patético, motor y …”del 5.6. par: arterias carótidas: venas yugulares, y vasos limpháticos, que nacen de la glándula del lagrimal de afuera y vierten las lágrimas”. En el Tratado III, Capítulo IV, pág. 117, describe la “optalmia”, el “granizo”, el “orzuelo” y la “rixa”. En el Tratado VIII. “De las Operaciones Chirúrgicas”, pág. 188-192 se expone la operación de la fístula lagrimal, la catarata, y otras operaciones de los ojos, como los tumores, “uña”, anquilobléfaron, y triquiasis, así como el material necesario para su realización. Es de resaltar por su curiosidad la intervención del hipopion corneal: …”Algunas veces hay pus debaxo de la cornea, y para sacarle se sujeta el ojo con el speculum oculi, y se hace una incisión pequeña con lanceta, apretando para que salga el pus; y si es muy espeso, se saca chupando blandamente con una madera o pipa de tabaco”. Fig. 112 Juan Massoneau. «Cirugía Natural» (1721). Fig. 113 Martín Martínez. «Anatomía Compendiosa». Edición de 1717. En el apartado oftalmológico, aunque se desconocía anatómicamente la mácula, cita que la mejor agudeza visual en la fijación retiniana central; se explica cómo es la refracción de la luz, al pasar de ...”un medio raro a un medio denso”; cristalino y vítreo actúan como lentes de aumento, pero no menciona el papel “dinámico” del cristalino en la acomodación; el color obscuro de la úvea sirve para ... “no reflectar los rayos de luz, porque si los bolviera [sic] a reflectar adentro, confundirían la vista”; “la Retina es la principal parte del ojo, donde hacen impression los rayos visuales»...; conoce la inversión de las imágenes y cruce de fibras ya que... “estando las fibras del Cerebro cruzadas, esto es, yendo las de la derecha a la izquierda, y las de la izquierda a la derecha, las de arriba abaxo, y las de abaxo arriba, se infiere que este error se enmienda en el Cerebro mismo”. Finalmente hace diversos comentarios sobre causa y tratamiento de los dos defectos refractivos conocidos entonces miopía y presbicia.
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 114 Fig. 114 Martín Martínez. «Medicina Sceptica y Cirugia Moderna». Edición de 1722. Fig. 115 Martín Martínez. «Examen nuevo de cirugía moderna». Edición de 1788. Fig. 116 Martín Martínez. «Anatomía Completa del hombre». Edición de 1745. Fig. 117 Antonio de Monravá y Roca. «Breve curso de nueva Cirugía» (1725) ANTONIO DE MONRAVÁ Y ROCA en su «Breve curso de nueva Cirugía» (1725) [fig.117] menciona la oftalmía, la fístula lagrimal, las úlceras corneales, la catarata, el orzuelo, el pterigion, el “paño del ojo” y el “sugillatio” (hemorragia subconjuntival)” 315. BLAS BEAUMONT, de origen francés como Jean Massoneau e igualmente asentado en España, dedica un detenido estudio al tratamiento quirúrgico de la fístula lagrimal y la catarata en su obra «Exercitaciones Anatómicas, y essenciales operaciones de Cirugía» (1728) [fig.118] 316; y en «El bien del Hombre, buscado y hallado en él mismo» (1739)
Antecedentes y Nacimiento de la Oftalmología en España Pág. 115 describe una técnica quirúrgica propia que utilizó para realizar una enucleación ocular, y su experiencia y técnica en el tratamiento de la fístula lagrimal [fig.119] 317. Fig. 118 Blas Beaumont. «Exercitaciones Anatómicas, y essenciales operaciones de Cirugía» (1728) Fig. 119 Blas Beaumont. «El bien del hombre» (1739) PASCUAL VIRREY Y MANGE explica en su «Manual de Cirugía Practica» (1743), tomo IV, la clínica y tratamiento de la oftalmía (libro II, capítulo III), las heridas del ojo (libro V, capítulo II); y las úlceras corneales y la fístula lagrimal, (libro VII, capítulo III y IV) [fig.120] 318. El «Ensayo Óptico, catóptrico y dióptrico» de FRANCISCO MARTÍN, publicado en Madrid en 1743 [fig.121] expone los conocimientos del autor, recogidos de sus lecturas de Newton, Huyggens, Descartes, Mallebranche, el Padre Tosca y Cartel, en cuatro capítulos. Los tres primeros estudian la naturaleza de la luz y los fenómenos de refracción y reflexión, ocupándose el cuarto del proceso visual, “del modo como se recibe la luz por los ojos”, describiendo la constitución anatómica del ojo y refiriéndose al fenómeno de acomodación. Francisco Martín, que se denominaba a sí mismo “cirujano oculista”, ejerció en Valladolid y posteriormente en Madrid, llegando a ser el oculista más afamado de la Corte 319. En 1763 se publicó el «Curso Theorico Practico de Operaciones de Cirugía» [fig.122], de DIEGO VELASCO y FRANCISCO VILLAVERDE, los cuales eran profesores de los Colegios de Barcelona y Cádiz respectivamente. La obra, dirigida a “uso de los Reales Colegios”, corresponde en gran parte a transcripción de la obra de Le Dran ya citada. Describe las técnicas quirúrgicas para la fístula lagrimal y la catarata, con láminas que reproducen el instrumental utilizado para dichas intervenciones 320. DOMINGO VIDAL, profesor del Real Colegio de Cirugía de Barcelona y posteriormente del de Cádiz, redactó el primer tratado oftalmológico escrito por un español, bajo el nombre «Enfermedades de los Ojos para instrucción de los Alumnos del Real Colegio de Cirugía de Barcelona» (1785) [fig.123] 321. En 1797 realizó la traducción del tratado de Plenck
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 122 dad Militar alcanzando el grado de capitán LXIX [fig.143], ya que si bien son conocidos sus numerosos trabajos, lo son menos los relacionados con el aparato ocular, los cuales han sido ampliamente tratados por Simón-Tor en su comunicación “Le prix Nobel Ramón y Cajal (1852-1934) et l´oeil” LXX en la que destaca los trabajos de Cajal sobre los ojos de los vertebrados, y especialmente sobre los ojos humanos 342. Fig. 140 «Disertación sobre las úlceras de los ojos que interesan a la córnea transparente» de Antonio Gimbernat. 1802 Fig. 141 «Resumen de Cirugía» de Diego de Argumosa. 1856 Dentro de estos trabajos pueden ser referenciados, entre otros: «Estructura de las fibras del cristalino». Notas de laboratorio. La Crónica Médica. Revista quincenal de Medicina y Cirugía prácticas. Valencia, 20 de marzo de 1886. LXIX Nacido en Petilla de Aragón (Navarra) el uno de mayo de 1852, efectuó sus estudios dirigido por su padre, D. Justo Ramón Casasús, notable cirujano y doctor en Medicina y Cirugía. Pasa su infancia en Valpalmas y Ayerbe (Aragón). En 1873 ingresa por oposición en Sanidad Militar y es destinado inicialmente al Regimiento de Burgos, por aquel entonces de operaciones en la provincia de Lérida. En 1874 es destinado con el grado de Capitán a Cuba, donde ejerce en el Hospital de Campaña de “Vista Hermosa”, situado en uno de los lugares más peligrosos de la isla, y en la enfermería de San Isidro, en la “trocha del Este”, donde cae agotado por la disentería y paludismo, regresando a España por enfermedad en 1875 diagnosticado de “caquexia palúdica grave” e “inútil para la campaña” y finalizando así su corta carrera militar. De regreso a España se establece inicialmente en Zaragoza, donde se dedica al estudio de la anatomía y la embriología y ayuda a su padre en la práctica operatoria en el hospital. En 1875 ejerce como asistente interino de anatomía en la Escuela de Medicina de Zaragoza, y profesor auxiliar de anatomía de la Facultad de Medicina de Zaragoza (1877). En 1878 obtiene el doctorado en Madrid e inicia sus investigaciones sobre histología, alcanzando posteriormente por oposición la Dirección de Museos Anatómicos de la Universidad de Zaragoza (1879), la cátedra de Anatomía de la Universidad de Valencia (1883), la cátedra de Histología de la universidad de Barcelona (1887), la cátedra de Histología normal y Anatomía Patológica de la Universidad Central de Madrid (1892). Igualmente fue director del Laboratorio Nacional de Investigaciones Biológicas y el Instituto Nacional de Higiene (1899-1920). En 1906 compartió con Golgi el premio Nobel de Medicina por sus investigaciones sobre la estructura del sistema nervioso, y jubilado por edad en 1922, siguió dirigiendo el Laboratorio de Investigaciones Biológicas y la Junta de Ampliación de Estudios (Madrid). Fruto de sus estudios sobre los tejidos fueron numerosos trabajos entre los que se encuentran: Manual de Histología y técnica micrográfica (1889); Reglas y consejos sobre investigación científica (1898); Textura del sistema nervioso del hombre y de los vertebrados (1899-1904), y Estudios sobre degeneración y regeneración del sistema nervioso (1913-1914), entre otros. Fallece en Madrid el 17 de octubre de 1934. LXX Comunicación presentada a la Societé Francophone D´Histoire de L´Oplhtalmologie [SFHO] en la reunión de 11 de mayo de 2013 en París por Simón-Tor J.Mª. et al.
Antecedentes y Nacimiento de la Oftalmología en España Pág. 123 «Elementos de Histología normal y de Técnica Micrográfica» (publicado junto con Tello Muñoz). Valencia, 1889. «Notas preventivas sobre la retina y gran simpático de los mamíferos». Gaceta Sanitaria de Barcelona, 3, 571, 1890-91. 10 de diciembre de 1891. «La rétine des Vertebrés». La Cellule, tomo 9, 121, 1892. «Die Retina der Wirbelthiere» (prefacio y traducción de Richard Greeff). J.F. Bergmann. Wiesbaden, 1894. [Traducción alemana, con muchas adiciones de la monografía publicada en La cellule y titulada La rétine des vertebrés]. Versión y prólogo del Dr. Grefff. Berlín, 1894. «Les nouvelles idées sur l´estructure du système nerveux chez l´homme et chez les vertebrés». Reinwald, Paris, 1895. «El retículo neurofibrilar de la retina». Laboratorio de Investigaciones Biológicas. Universidad de Madrid, 3, 185, 1904. «Histologie du sistéme nerveux de l’homme et des vertebrés. (Traducción del Dr. L. Azoulay), 2 vol, en 4.° mayor. París, 1909-1911. [Traducción de la edición española, ampliada en numerosos puntos, en especial en lo tocante a histogénesis medular, textura del tálamo óptico, cerebro medio, corteza cerebral, etc., que en palabras del propio Cajal “en realidad, es una obra nueva con 925 grabados originales en negro y en color”]. «La rétine des Vertebrés». XIV Concilium Ophtalmologicum. Hispania. Vol II. Madrid, 1933. Fig. 142 «Tratado de Blefaroplastia Témporo-Facial» de Joaquin Hysern y Molleras. 1834. Fig. 143 Retrato del Capitán Médico Santiago Ramón y Cajal. Museo del Ejército. Toledo. Así, en 1885, Cajal profundiza en el estudio de la estructura de las fibras cristalinianas y en su unión con la cristaloides, concluyendo que la cápsula o cristaloides anterior debería ser consideradas no como un tejido aparte sino como la placa colectiva de las células epiteliales anteriores (similar a la placa epitelial de las células del intestino), y la cristaloides posterior
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 124 como la placa común de las fibras o prismas cristalinianos superficiales. Igualmente constata que las fibras del cristalino se unen por un cemento transparente tanto a la cara posterior del epitelio cristaliniano como entre sí y con la cristaloides posterior, y que una gran parte de las fibras profundas se unen asimismo entre sí por medio de indentaciones similares a las de las suturas craneales, cuya tamaño puede variar de un animal a otro, siendo pequeñas y poco significadas en el caso del hombre. Para Cajal, la cápsula cristaliniana sería un producto de secreción del epitelio (la cristaloides anterior) y de las fibras (la cristaloides posterior). Igualmente era importante para Cajal el estudio de la retina [fig.144], por considerarla una estructura ideal para ayudar a clarificar la forma general de interconexión de las neuronas y la dirección de la corriente nerviosa que las atraviesa. Así, en 1892 Cajal modifica la nomenclatura clásica de la retina humana, describiendo en ella 10 capas (nomenclatura de Cajal): capa epitelial o pigmentaria; capa de las células visuales (conos y bastones); capa de los cuerpos de las células visuales; capa plexiforme externa (plexo basal); capa de las células horizontales (células estrelladas, células basales; capa de las células bipolares; capa de las células amacrinas (espongioblastos de W.Müller, células unipolares). Posteriormente modificará esta clasificación conforme a los autores más modernos (nomenclatura de Cajal y Tello), adoptando las denominaciones de: capa limitante interna; capa de las fibras ópticas; capa de las células ganglionares; capa plexiforme interna; capa de las células bipolares o granulosa interna; capa plexiforme externa; capa de los cuerpos de las células visuales o granulosa externa; capa limitante externa; capa de las células visuales o de los conos y bastones (membrana de Jacob); capa pigmentaria. Fig. 144 Ramón y Cajal. Esquema de la retina de los mamíferos. 1900 Fig. 145 «Tratado Teórico-Práctico de las Enfermedades de los Ojos» de L.M. Mexía. 1814. En 1898 utilizando técnicas de coloración de Ehrlich (azul de metileno) y de Golgi (nitrato de plata), Cajal estudia la disposición de las fibras del quiasma óptico, mostrando definitivamente en los mamíferos, además de las conocidas fibras cruzadas, la presencia de un fascículo directo, no cruzado, cuya existencia era cuestionada por prestigiosos histologistas de la época, como el alemán Kölliker.
Antecedentes y Nacimiento de la Oftalmología en España Pág. 125 El aporte esencial de Cajal, como señala Simón-Tor, fue el certificar con sus observaciones la total independencia de las neuronas, mostrando sus preparaciones la terminación de los cilindroejes de las células nerviosas mediante ramificaciones libres, no existiendo anastomosis entre la diferentes neuronas sino contacto a través de estas ramificaciones, llegando a sugerir la posibilidad de la existencia de una sustancia intermediaria. Asimismo Cajal formula la hipótesis de la polarización dinámica o funcional de las células nerviosas, al describir la corriente axípeta en las fibras del sistema nervioso, partiendo siempre de las dendritas o del cuerpo celular (aparato de recepción) al cilindroeje (aparato de conducción), y a las arborizaciones terminales (aparato de aplicación) 343. Los trabajos de Cajal pondrán fin a la hipótesis reticular, defendida por Golgi, y representarán dentro de la medicina un descubrimiento tan importante como la teoría de la relatividad de Einstein. En palabras del profesor Márquez (1872-1962), los estudios de Cajal “hicieron más por el progreso de la oculística que los de todos los que en ella trabajamos”, añadiendo: “Cajal, aunque no ha sido oftalmólogo práctico, es de hecho oftalmólogo de honor y como miembro de esta categoría figura en las listas de casi todas las Sociedades Oftalmológicas del mundo” 344. 3.7.1. Oftalmólogos de la Primera Mitad del siglo XIX. En la primera mitad del siglo XIX, los tratados oftalmológicos de autores españoles más relevantes corresponden a las obras de Mexía, España, Vieta, Calvo y Martín, y Francisco Santana. LUIS MARÍA MEXÍA, profesor de la universidad de Valladolid, fue autor del «Tratado teórico-práctico de enfermedades de los ojos», editado en dos volúmenes en 1814 [fig.145] 345. ANTONIO ESPAÑA publica en Cádiz en 1841 una «memoria sobre el abatimiento y reclinación de las cataratas». En el mismo año, SANTIAGO MÉNDEZ publicó en Barcelona unas «consideraciones prácticas sobre la anatomía aplicada a la curación del estrabismo». Y CAYETANO BALSEYRO Y GOICOCHEA escribe una extensa «memoria sobre las enfermedades de los ojos» 346. PEDRO VIETA expone sus «Apuntes acerca de la catarata», leídos en sesión pública en la Nacional Academia de Medicina y Cirugía de Barcelona el 3 de Enero de 1842 347. JOSÉ CALVO MARTÍN, titular de la primera cátedra de Oftalmología creada en la Universidad de Madrid es autor del texto «Tratado Completo de las Enfermedades de los ojos» (1847) [fig.146] 348. En 1848 FRANCISCO SANTANA publica su «Compendio de Enfermedades de los Ojos» [fig.147] 349. 3.7.2. El Nacimiento de la Especialidad Oftalmológica. El quehacer oftalmológico ejercido inicialmente por médicos y cirujanos de modo indistinto, y desde el siglo XVIII sólo por los cirujanos generales, pasa a finales del siglo XIX a ser ejercicio de un escaso número de profesionales educados y formados en su mayoría en las más renombradas clínicas europeas, a los cuales corresponde ya aplicar con propiedad el título de oftalmólogos. Estos profesionales alcanzarán su madurez creadora desde 1860 a la última década de siglo, y sus discípulos, componentes de la segunda generación de oftalmólogos,
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 126 convertirán realmente la oftalmología en especialidad, dando lugar a diferentes publicaciones periódicas, con la creación de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana 350. Fig. 146 «Tratado Completo de las Enfermedades de los Ojos» de Calvo Martín. 1847 Fig. 147 «Compendio de las Enfermedades de los ojos» de Francisco Santana. 1848. Fig. 148 Francisco J. Delgado Jugo. Fig. 149 Rafael Cervera Royo Oftalmólogos destacados de esta época serán: FRANCISCO JOSÉ DELGADO JUGO (1830-1875) [fig.148], nacido en Venezuela y formado como especialista con Desmarres en París, se establece en Madrid en 1858, donde funda el “Instituto Oftálmico”, creando una escuela y cursos privados a los que asistieron entre otros los Drs. Santiago de los Albitos, López Díaz y José Ferradas. Fue traductor de las obras de Liebreich y Wecker. enriqueciendo las de este último autor con numerosas aportaciones personales. Publicó un amplio número de trabajos e ideó varios instrumentos de
Antecedentes y Nacimiento de la Oftalmología en España Pág. 127 cirugía oftalmológica. A su cargo estuvo el montaje de la primera cámara oftalmoscópica de la Facultad de Medicina de San Carlos. Su temprana muerte le impidió concluir una «Higiene Ocular» y un «Tratado de enfermedades oculares» sobre los que estaba trabajando. RAFAEL CERVERA Y ROYO (1828-1903) [fig.149], natural de Valencia, se formó en París en los Servicios de Desmarres y Sichel, estableciéndose en Madrid en 1853. Ejerció una labor clínica intensa, y una importante labor docente privada. Fue encargado de la consulta de enfermedades oculares de la Casa de Misericordia de Santa Isabel en 1857 y en 1877 pasó a dirigir el Instituto Oftálmico. El 25 de octubre de 1863 ingresa en la Real Academia de Medicina versando su discurso sobre el tema «Consideraciones acerca de las especialidades, principalmente la Oftalmología» 351. En Barcelona LUIS CARRERAS Y ARAGÓ (1835-1907) [fig.150] se establece en 1858 tras formación en diversas clínicas del extranjero. Impartió cursos sobre la especialidad en el Instituto Médico y publicó diversas obras oftalmológicas destacando sus libros «Estudios Oftalmológicos» (1875), «Hojas Clínicas» (1877), «Clínica Oftalmológica» (1878), «Escalas métrico-decimales para medir la agudeza visual y apreciar las alteraciones de la refracción» (1879), «Examen y mejora de la visión» (1880), donde incluye su “escala métrica”, «De las cataratas hereditarias» (1884); y un discurso sobre «La ceguera en España» (1881). Ideó un “optómetro astigmómetro” que utilizó en sus investigaciones sobre alteraciones de la refracción y agudeza visual 352. Fig. 150 Luis Carreras y Aragó Fig. 151 Cayetano del Toro y Quartielliers CAYETANO DEL TORO Y QUARTILLIERS (1842-1915) [fig.151] es el cuarto de los creadores de la Oftalmología como especialidad en España. Nace y se forma en Cádiz practicando la otorrinolaringología, ginecología y cirugía general, práctica que nunca abandonó. En Madrid se forma en oftalmología con Delgado Jugo y, en 1871, el Ayuntamiento de Cádiz pone a su disposición un servicio clínico de Oftalmología, donde logra grandes triunfos profesionales. Fundó varias publicaciones médicas, como “La Crónica Oftalmológica” en 1871. En 1867 publicó un “Manual de las enfermedades de los ojos y sus
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 128 accesorios”, con varias reediciones. Entre sus obras menores merecen destacarse los titulados “Nuevo método del deslizamiento del cristalino en su totalidad”, “Bases del tratamiento de la rija”, “Sífilis ocular”, “Adherencias periféricas del iris al cristalino” y su memoria “Importancia y adelantos de la Oftalmología (1872). Igualmente fue autor de un nuevo procedimiento de queratotomía lineal, cuya técnica dio a conocer en varios encuentros oftalmológicos extranjeros 353. Tras estos precursores, se abrirá paso una segunda generación de oftalmólogos que conferirán definitivamente a la oftalmología la categoría de especialidad, si bien su seguimiento excede la línea argumental de nuestra tesis. 3.7.3. Enseñanza de la Especialidad en el Siglo XIX. 3.7.3.1. Situación de la Enseñanza de la Medicina. En 1807 existía diferente formación entre los médicos salidos de las Facultades universitarias y de los Colegios de Cirugía. En 1843 la formación de médicos y cirujanos precisaba siete años y se limitaba a Madrid y Barcelona, ya que en el resto de los centros sólo se les facilitaba el nombramiento de “prácticos en el arte de curar”. En 1849 se establecen diferencias entre los médicos de primera y de segunda, siendo la formación de los primeros de siete años e impartida en Madrid, Barcelona y Sevilla, mientras que los segundos correspondían al resto de las Facultades y se limitaban a cinco años. En 1857 la Ley Moyano capacitaba a todas las Facultades por igual, pero sólo en la Universidad Central Madrid se podía obtener el grado de Doctor. En 1863 el Plan Orovio anula la Ley Moyano y en 1868 se deroga el Plan Orovio, y se autoriza la libertad de enseñanza, dando lugar a la aparición de los centros privados. Tras la Restauración Borbónica se puso fin al régimen de libertad de enseñanza, pero no se anula la docencia en los centros privados, entonces representados por el Instituto de Terapéutica Operatoria, el Hospital del Niño Jesús y el Instituto Oftálmico en Madrid; la Casa de Salud de Valdecilla en Santander, y el Hospital de Basurto en Bilbao. En 1902 se impone como obligatoria en las facultades de Medicina la docencia de la especialidad de Oftalmología, junto con las de Otorrinolaringología y Dermatología 354. 3.7.3.2. Evolución de la Enseñanza de la Oftalmología (s. XIX - 1911) En la primera mitad del siglo XIX, ante la ausencia de una enseñanza oficial, la formación en Oftalmología tendrá lugar mediante los cursos libres de Oftalmología y los viajes científicos. Durante el período de la Restauración LXXI, el Gobierno de España va a dejar la iniciativa de la enseñanza en manos de la Iglesia y de la Institución Libre de Enseñanza, sin que se contemple la especialización dentro de la Medicina. Los primeros cursos libres se imparten en Cádiz por los Doctores Serafín Sola (1836), Juan Ceballos y Gómez (1845-46), Federico Benjumeda y Fernández (1848), Cayetano del Toro (1871), Enrique Díaz Rocafull (1880-82). En Madrid también se imparten cursos en el Instituto Oftálmico (1872) y el Asilo de Santa Lucía (1877); igualmente lo harán el Dr. DelLXXI Restauración o la Restauración borbónica: etapa política desarrollada bajo sistema monárquico que se extendió entre finales de 1874 (momento del pronunciamiento del general Arsenio Martínez Campos que dio fin al periodo de la Primera República Española) y el 14 de abril de 1931 (fecha de proclamación de la Segunda República). El nombre alude a la recuperación del trono por parte de Alfonso XII, de la Casa de Borbón, después del paréntesis del Sexenio Democrático.
Antecedentes y Nacimiento de la Oftalmología en España Pág. 129 gado Jugo (1858) y posteriormente los Doctores Cervera, Santa Cruz, Albitos, García Calderón, del Castillo, Osío, López Díaz, López Ocaña, Ferradas y Reina. Fuera de Madrid lo harán Carreras y Aragó (Barcelona), Aguilar Blanch (Valencia), Wieden (Valencia), Chiralt (Sevilla), García Duarte (Granada), Peña (Murcia), Alvarado (Valladolid) y Barrasa (Salamanca). Otra forma de aprendizaje de la especialidad será la de los viajes de contenido profesional, especialmente a Francia y Alemania, en los cuales se visitan varias ciudades asistiendo a los servicios de Oftalmología de los principales hospitales e instituciones oftalmológicas europeas. Ya en 1884, el plan de estudios de Medicina comprendía un curso especial de Oftalmología y Otología, y en 1886, tras varios intentos de oficializar la enseñanza de la Oftalmología dentro de los estudios de Medicina durante la segunda mitad del siglo XIX, se publica un Real Decreto impulsado por el Dr. Calleja y Montero Ríos, en el que se establecen como complementarias pero no necesarias para obtener los títulos de Licenciado o Doctor, las asignaturas de Sifilografía, Dermatología, Otología, Neuropatías y Oftalmología. Finalmente, el 24 de Septiembre de 1902, siendo Ministro de Instrucción el Conde de Romanones, se publica un nuevo Real Decreto que establece como obligatorio el estudio de la Oftalmología, sometiendo la asignatura al régimen vigente para el resto de las especialidades, nombrándose en noviembre del mismo año como catedráticos interinos a García Mansilla (Madrid), García Duarte (Granada), Piñero Pérez (Santiago), Blanco Bandebrande (Valencia), Ruiz Blanco (Zaragoza) y Díaz Rocafull (Cádiz) 355. En 1911 la enseñanza de las asignaturas de las especialidades se hace obligatoria con carácter definitivo, nombrando por concurso los catedráticos titulares de Madrid (Dr. Márquez), Barcelona (Dr. Barraquer), Valencia (Dr. Blanco Bandebrande), Cádiz (Dr. Sánchez Aguilera) y Granada (Dr. García Duarte). Ya en el plan de estudios de 1928, la Oftalmología aparece formando parte de las asignaturas oficiales del 4º Curso. La Oftalmología obtiene así de modo definitivo el reconocimiento de su personalidad propia tanto a nivel universitario como profesional logrando lo que ya expresaba en 1888 Pedro Gallardo, cirujano del Hospital de Misericordia de Toledo: “Las operaciones que con títulos más legítimos pueden denominarse especiales son las del aparato de la visión, pues forman parte de una especialidad la mejor cultivada y constituida de cuantas abraza el dominio de la Medicina, hasta el punto que puede decirse que hoy goza de vida propia y autónoma… Así se explica que muchos especialistas de enfermedades de los ojos puedan decir «yo no soy más que oculista»” 356.
Instrumental de Cirugía Ocular. Tratado de Enfermedades de los Ojos. Domingo Vidal (1785).
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 230 AFECCIONES OCULARES EN EL CURSO DE LA PELAGRA. José Ferradas. Madrid, 1880. [fig.192]. Publicada en 1880 bajo el título «¿Qué afecciones oculares suelen presentarse durante el curso de la pelagra? Observaciones recogidas por el Profesor de Enfermedades de la Vista de la Academia de Sanidad Militar Sr. D. José Ferradas… presentadas a los Congresos Internacionales de Milán y Turín», corresponde a las observaciones de diecisiete casos observados en su práctica clínica, tanto privada como pública. En esta obra Ferradas refiere la pelagra como una dermatosis no contagiosa con causas predisponentes tales como vivir en comarcas húmedas, la mala alimentación, el uso de pan de centeno fermentado y la falta de agua potable; y describe los tres grados de la oftalmía que pueden darse en la enfermedad "poco peligrosa en el primero, grave ya en el segundo y mortal de necesidad en el tercero". PRIMER GRADO. Caracterizado por "ardor y prurito de los párpados", con lagrimeo, fotofobia, la conjuntiva de una coloración característica como "un pedazo de raso de color cardenal al través de un trozo de caramelo de limón algún tanto chupado", los vasos varicosos y distendidos y la cámara anterior con aspecto similar a una acueo-capsulitis. Cuando esta sintomatología cesaba los pacientes presentaban "visión ligeramente nebulosa y moscas volantes, quedando una inyección esclero-periquerática y en forma radiada, análoga a la que existe al principio de las esclerotitis reumáticas". El tratamiento incluía "ejercicio, buena alimentación... abstención de las farináceas, vinos añejos, baños generales de salvado y almidón; sustancia de arroz clara y tibia en fomentos á los ojos"; prohibiendo toda clase de colirios, pues hasta “el colirio astringente más suave, como era el tanino ó el calmante más eficaz cual es la atropina, se convertían, digámoslo así, en una medicación excitante y perturbadora…” y siendo preferibles los preparados arsenicales y purgantes como el agua de Loeches, con los que solía ceder la oftalmía a las dos o tres semanas "quedando únicamente una cosa especial que los enfermos me referían, y era una cortedad de vista según ellos, lo cual pude apreciar confirmando una corta miopía, con pereza en los movimientos vermiculares del iris". SEGUNDO GRADO. Como consecuencia de las diferentes recidivas aparece una miopía acentuada y una "inyección general y tormentosa la que se observa en todo el bulbo, tanto que en algunos casos vi desarrollarse el quémosis; hay tumefacción de color violáceo intenso en los párpados, gran fotofobia y cefalalgia, dolores generales como si existiera un reumatismo articular agudo, gran turbidez de la cámara anterior; no existe el calor y prurito en los párpados, pero en cambio es intenso en los dorsos de las manos y cara anterior del tórax". El tratamiento en este estadío incluía: la "administración de dos baños al día, las inyecciones hipodérmicas de la morfina y la alimentación láctea…”, y “…los calmantes, la aplicación de sanguijuelas á la región temporal, la escisión del quémosis y los fomentos templados del cianuro potásico”. Igualmente las instilaciones con atropina y los toques ligeros con una pomada de nitrato de plata, a las que debía seguir en la convalecencia un "plan tónico reconstituyente, el cambio de clima y el uso por algún tiempo en bebida de las aguas de la piscina de Trillo”. La miopía en este grado es acentuada, recordando el caso de un soldado de marina y otro de cazadores de Cataluña que causaron inutilidad por esta afección.
La Oftalmología en la Medicina Militar Española Pág. 231 TERCER GRADO. Llegados a este estadío, la mayor parte de los enfermos fallecen y "la tumefacción de los párpados es tan intensa, que revela todo el aspecto de un flemón ocular, hay secreción puro-mucosa y purulenta, quémosis, fotofobia intensísima". Los tratamientos en este estadío "son impotentes, y el ojo se pierde irremisiblemente, pues la córnea se reblandece, supura, se ulcera, y á su través salen las membranas y humores, presentando en este estado el bulbo todo el aspecto de una degeneración cancerosa". Según refiere, de seis casos en este estadío, se perdieron cinco ojos, pudiendo salvar el sexto mediante el empleo asiduo de fomentaciones de agua helada y discos oftálmicos de cicuta en dosis de un miligramo por disco. Tras observar que "después de desaparecer las manifestaciones á la piel de esta región, conjuntiva y córnea, quedaba ligera fotofobia, lagrimeo, sensación de moscas volantes y visión un poco nebulosa”. Describe igualmente el aspecto oftalmológico en los diferentes estadíos, mostrando en el inicial "un color rojo vinoso más acentuado en unos puntos que en otros; los vasos, tanto arteriales como venosos, están más dilatados, tienen más volumen que el normal" lo que hace pensar al autor en un estado hiperémico de la coroides, siendo las moscas volantes consecuencia de la misma, y la miopía el resultado de una esclero-coroiditis posterior. Los reconocimientos oftalmoscópicos hechos al final del segundo período y en el tercero muestran "una profunda anemia retiniana con infiltración serosa y notable disminución del calibre de los vasos. También he observado que cuando esta afección ha determinado síntomas cerebrales, revelaba el oftalmoscopio todos los síntomas de la apoplegía retiniana" 462. Fig. 192 Ferradas. «¿Qué afecciones oculares suelen presentarse durante el curso de la pelagra?». 1880 Fig. 193 Eduardo Reina Martínez. 4.3.7. EDUARDO REINA Y MARTINEZ (1853 – 1907). Coetáneo de Ferradas merece ser citado por su renombre y el haber impartido junto a Ferradas de diferentes cursos libres de Oftalmología en Madrid [fig.193].
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 232 De origen cubano, si bien de padres españoles, nació en La Habana en 1853 y falleció en Madrid en 1907. Obtuvo el título de licenciado en Medicina y Cirugía por la Facultad de Medicina de Madrid en febrero de 1873. Ingresó por oposición en el Cuerpo de Sanidad Militar en el mismo mes, siendo destinado como segundo ayudante médico en el Regimiento de Infantería de Extremadura con sede en Berga (Barcelona). Trasladado al regimiento infantería Inmemorial de Barcelona en 1874, posteriormente solicita traslado a ultramar, participando en la campaña de Filipinas en el regimiento de infantería de Mindanao hasta julio de 1876, para regresar más tarde a la península donde ocupó diversos destinos entre los que destacan el Hospital Militar de Sevilla, Burgos, San Sebastián, y finalmente en 1892 el Hospital Militar de Madrid donde ejerció como jefe de Clínica. Fue discípulo de Delgado Jugo y más tarde de Cervera. Tras renunciar a la carrera militar fue profesor agregado de de Beneficencia General y dirigió una consulta de Oftalmología en el Hospital de La Princesa y otra, también de carácter benéfico, en la Hermandad del Refugio. A finales de siglo llegó a ser uno de los especialistas más afamados de la Corte 463-464. 4.4. LA OFTALMOLOGÍA EN LA SANIDAD MILITAR ESPAÑOLA DEL SIGLO XX. Como ya ha sido expuesto en los apartados sobre el desarrollo, nacimiento y enseñanza de la Oftalmología en España, hasta su reconocimiento como especialidad y el establecimiento de sus estudios reglados con la creación de las cátedras de Oftalmología en 1911, en el ámbito civil la formación oftalmológica se realizaba en gran medida a través de los cursos de libre enseñanza, las lecturas de revistas y libros de autores extranjeros, los conocimientos adquiridos en los viajes de formación a otros países, y en centros de formación nacionales como el Instituto Oftálmico Nacional fundado en Madrid en 1872 por el Dr. Delgado Jugo, o el Dispensario Oftalmológico del Hospital de la Santa Cruz en Barcelona, creado en 1880 y dirigido por el Doctor José Antonio Barraquer Roviralta. Entre las instituciones donde se enseñaba la Oftalmología, tal como se ha visto al tratar de la obra de Ferradas, se encontraba también el Cuerpo de Sanidad del Ejército, con el Hospital Militar de Madrid, fundado en 1841 en el Seminario de Nobles con plantilla de diecisiete médicos militares y diferentes clínicas de especialidades, y que en 1884 contaba ya con una Clínica de Oftalmología regentada por el Dr. Alabern y Raspall CLV, pionero de la especialidad en España. Desaparecidos los Reales Colegios, que habían instituido la titulación específica de Oculista, el ejercicio de la Oftalmología en el Ejército no exigía ya la posesión del título de la especialidad, siendo suficiente la superación de los diferentes cursos de la misma en la Academia de Sanidad Militar, hasta que en 1918 se instituyeron oficialmente los cursos específicos de Oftalmología; dos años después de la puesta en marcha de los de Cirugía. Es de destacar el notable rigor académico exigido en la Sanidad Militar para la formación de especialistas, ya que para acceder a la especialización había que superar un examen de idiomas y un examen oral de la especialidad y otro de práctica sobre el cadáver, tras los cuales se debía cursar un programa sobre materias oftalmológicas de seis meses y superar un nuevo examen final para la obtención del título. CLV José Alabern y Raspall fue profesor del Hospital Clínico de Madrid, Oculista, Médico de Cámara y profesor de Micrografía y Microscopía. En 1886 fue comisionado a París para estudiar la técnica de tratamiento de la rabia descubierta por Pasteur. Fue uno de los fundadores del Laboratorio Histológico e Histoquímico del Ejército en 1860 y en 1890 participó en la puesta en marcha del Instituto de Vacunación Central del Ejército ó Instituto Vacunógeno Central del Ejército. 465
La Oftalmología en la Medicina Militar Española Pág. 233 Con estos requerimientos, las enseñanzas oftalmológicas en el Ejército se impartieron en Madrid, Córdoba, Valencia, Barcelona, Pamplona, Valladolid y Ceuta, siendo obligatorio a partir de la institución de los cursos estar en posesión del título militar oficial para poder ejercer la especialidad en los hospitales del Ejército, aunque los servicios podían disponer también de oftalmólogos no militares como colaboradores. Paralelamente, para el ejercicio civil de la especialidad durante muchos años no se precisó el título oficial ya que se podía ejercer sin él con el sólo título de licenciado en Medicina, situación que se mantuvo hasta que en 1978 se reguló la obtención del título para toda España, adelantándose de este modo la Sanidad Militar en 60 años en la exigencia de la titulación para el ejercicio de la especialidad y en la creación del propio título o diploma de Especialista en Oftalmología 466. Así pues, en España, la titulación civil de Especialista en Oftalmología es relativamente reciente, apareciendo inicialmente en el ordenamiento jurídico mediante la Resolución de 7 de julio de 1944, ampliada por la Ley de 20 de julio de 1955 sobre “Enseñanza, Título y Ejercicio de las Especialidades Médicas”, en virtud de la cual se disponían los estudios necesarios para ejercer como especialista, los cuales podían ser cursados en las cátedras de las Facultades de Medicina, o en los Institutos, Escuelas de Especialización y centros clínicos dirigidos por catedráticos universitarios oficialmente reconocidos. La Ley de 1955 se complementa por el R.D. de 23 de Diciembre de 1957 que dispone el Reglamento que desarrolla y detalla sus exigencias. No obstante, como expone Segovia de Arana, en aquellos años la auto-denominación de especialistas era muy frecuente ya que la ley de 1955 no llegó a aplicarse completamente, salvo en las disposiciones transitorias que permitían obtener el título con gran facilidad y sin ninguna garantía de los conocimientos y formación existentes 467. Y en 1958, ante la insuficiencia de centros reconocidos para la enseñanza de la oftalmología, se dispuso que el aprendizaje de la disciplina y su reconocimiento mediante titulación oficial podía darse también en cualquier institución formativa debidamente homologada, siempre que tuviese lugar bajo la dirección de un médico especialista. El 3 de septiembre de 1969 se crea la figura del médico interno residente en los hospitales de la Seguridad Social, dando lugar a la coexistencia de especialistas formados en las facultades, centros clínicos y escuelas de formación con médicos que comienzan a formarse en las instituciones hospitalarias de la Seguridad Social. Ambos sistemas formativos se unificarán por el R.D. 2015/78 de 15 de junio de 1978, por el que se regulaba la obtención del título de médico especialista y se instauraban las Comisiones Nacionales de Especialidades Médicas y el Consejo Nacional de Especialidades, órgano conjunto de los ministerios de Educación y de Trabajo. La orientación actual de la formación y estudios de Oftalmología será establecida por R.D. 127/1984 de 11 de enero de 1984, que regula la formación especializada y los requisitos para obtención del título de especialista, debiéndose para ello estar en posesión del título de Licenciado en Medicina y Cirugía, acreditar formación específica en la especialidad obtenida como médico residente (MIR), y superar las evaluaciones correspondientes. No obstante, este R.D. de 1984 también introduce una supresión de las pruebas finales establecidas para la obtención del título como especialista, supresión que se establece como consecuencia de una huelga de residentes de Medicina Familiar y Comunitaria, que eran los primeros que iban a pasar la prueba final dispuesta en el R.D. de 1978 468. Como ya se ha expuesto, la Sanidad Militar se anticipa a estas exigencias formativas ya desde 1916, con la instauración de los cursos de Especialidades Médicas en el Hospital Cen-
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 234 tral de Madrid, y la creación de los cursos de Oftalmología por R.O. de 7 de Febrero de 1918 469, en la que se recoge: “El Rey (q.D.g.) ha tenido a bien disponer que en los Hospitales que a continuación se indican se celebren cursos de Oftalmología, con arreglo a las bases siguientes: 1º Dichos Cursos se darán, por ahora, en los Hospitales Militares de Madrid-Carabanchel, Córdoba, Valencia, Barcelona, pamplona, Valladolid, Ceuta y Melilla y estarán a cargo del personal médico que a continuación se inserta, y que da principio con D. Francisco Bada Mediavilla y termina con D. Víctor García Martínez. 2º Los expresados Cursos durarán seis meses, y las condiciones para que los concurrentes a ellos sean aprobados y titulados Oftalmólogos serán las que rigen para los de las especialidades cuyo Reglamento fue aprobado por Real orden Circular de 25 de enero próximo pasado (D.O. nº 22). 3º Las enseñanzas se darán con el instrumental y medios de que disponen los mencionados hospitales y estarán bajo la inspección del Jefe del Establecimiento donde se verifiquen. 4º El personal para la asistencia a estos cursos se designará del destinado en las plazas donde se celebren, sin perjuicio del servicio, y en el mayor número posible, entre los Jefes y Oficiales Médicos que voluntariamente lo soliciten. 5º Los Jefes de Sanidad Militar de las plazas donde se realicen los referidos cursos propondrán, por conducto reglamentario, el personal que desee asistir al primer curso, que empezará el día 1º de Marzo próximo, debiendo estar las propuestas en este Ministerio antes del día 20 del actual. De Real orden lo digo a V.E. para su conocimiento y demás efectos. Dios guarde a V.E. muchos años. Madrid, 7 de Febrero de 1918. La Cierva.” Relación que se cita: Establecimiento donde han de tener lugar los cursos Profesores Empleo Nombre Destino Hospital Militar de Carabanchel Subinspector Médico de 2ª Clase D. Francisco Bada Mediavilla Hospital militar de Carabanchel, Jefe de la Clínica de Oftalmología y Profesor de la misma especialidad. Idem id. De Córdoba Otro Pedro Zapatero Vicente Director del Hospital Militar de Córdoba Idem id. De Valencia Médico Mayor Emilio Martín Romo Hospital Militar de Valencia Idem id. De Barcelona Otro Adolfo Azoy Alcaide Idem. id. De Barcelona Idem id. De Pamplona Otro Carlos Amat Pintado Idem. id. De Pamplona Idem id. De Valladolid Otro Leopoldo García Torices Academia de Caballería Idem id. De Ceuta Otro primero Rafael Rodríguez Amérigo Grupo de Hospitales de Ceuta Idem id. De Barcelona Otro primero Victor García Martínez Asistencia personal Comandancia General de Melilla Posteriormente, el 25 de Enero de 1918, por Real Orden Circular (R.O.C.) se aprobó el Reglamento para los “Cursos de Ampliación de Estudios”, así como el inicio de las especialidades de “Bacteriología y Análisis” y de “Radiología y Electroterapia”, reglamento que será igualmente de aplicación a los cursos de Oftalmología.
La Oftalmología en la Medicina Militar Española Pág. 235 En el artículo 16 de este reglamento se hace referencia a la calificación final de los cursos, expidiéndoles el diploma correspondiente, firmado por los profesores y el Director del Centro, en el que se hará constar la calificación de sobresaliente o apto. Los citados diplomas deberán ser refrendados por el “Visto Bueno” del Jefe de la Sección de Sanidad del Ministerio de Guerra, naciendo así los primeros títulos de especialistas en España 470. En 1922, la R.O. de 29 de julio de 1922 instituye el Servicio de Especialidades MédicoQuirúrgicas en los Hospitales Militares de capitalidad de región, dando carácter oficial a la creación dentro del Ejército de las especialidades de Oftalmología, ORL y Dermatología y Urología. Posteriormente el R.D. de 28 de abril de 1923 (D.O. nº 95) establece la organización de los servicios médicos de especialidades en los hospitales militares, así como enseñanza de las especialidades, haciendo referencia en sus artículos 24, 25 y 26 a la especialidad de Oftalmología, e indicándose en el art. 24 que “El servicio de asistencia de esta especialidad estará encomendado a los médicos en ella preparados y que hayan obtenido su plaza por concurso, a los que se denominará oftalmólogos”. El artículo 44 establece la convocatoria de dos alumnos por año, que deberán ser designados (art.18) tras superar un examen teórico práctico sobre anatomía topográfica, técnica operatoria y patología quirúrgica al objeto de “limitar la admisión de alumnos a aquellos que tengan la debida preparación para una enseñanza quirúrgica superior”. Igualmente se establece que los cursos tendrán lugar exclusivamente en el Hospital Militar de Carabanchel, “por ser el que cuenta con más abundante y variado material clínico” (art. 17), y la iniciación de “rotaciones” por otros centros, al considerar necesario que los alumnos visiten durante el segundo año las clínicas quirúrgicas más interesantes de España, asistiendo durante dos meses a las sesiones operatorias que en ellas se realicen (art.23). A estos cursos de formación accederán alumnos de los tres Ejércitos, tal y como se recoge en el número extraordinario de de la Revista de Medicina y Cirugía de Guerra dedicado al 40 aniversario del Hospital Militar Central “Gómez Ulla” como Centro de Formación de Especialistas, en junio de 1958 471. También como resultado de este Real Decreto, al concretarse que los alumnos debían ser evaluados mensualmente, pudiendo ser separados de los cursos aquellos que por sus calificaciones no fuesen acreedores a continuar sus estudios, entra en vigencia el “Libro del Especialista en Formación”, libro que no tendrá equivalente en la formación civil hasta la instauración de su obligatoriedad por Orden del Ministerio de Presidencia de 22 de junio de 1995 por la que se regulan las Comisiones de Docencia y los sistemas de evaluación de la formación de Médicos y Farmacéuticos Especialistas. (B.O.E nº 155). En esta época, la duración de los cursos de especialidad era de dos años, y para acceder al mismo era preciso superar un examen de ingreso sobre un programa dividido en tres partes: 1ª sobre diez temas de Anatomía y Fisiología; 2ª de treinta temas sobre Exploración y Patología Oftalmológica, y 3ª de doce temas de Técnica Quirúrgica oftalmológica. Tras el acceso al curso, la enseñanza se distribuía en lecciones teóricas, ejercicios prácticos y trabajos especiales siguiendo el curso clínico de los pacientes ingresados. Dos días a la semana se realizaban prácticas en quirófano, en las cuales los alumnos actuaban inicialmente como ayudantes del Jefe de la Clínica y posteriormente pasaban a realizar ellos mismos las intervenciones bajo el control del profesor. Una vez finalizado el curso era preciso realizar un examen final que constaba de un tema desarrollado por escrito, a elección del Profesor, y una intervención quirúrgica, para acceder definitivamente al diploma de la Especialidad 472. Tras la publicación de la Ley de Especialidades Médicas en 1955 y el nacimiento del sistema MIR con el R.D. 2015/78 por el que se regula la obtención de títulos de dichas especialidades (B.O.E. nº 206), fue necesario adaptar los correspondientes programas y tiempos de
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 236 formación en el ámbito de la Sanidad Militar y la creación de la Comisión de Docencia en 1979, obteniendo así la acreditación definitiva para la docencia de los Hospitales Militares Gómez Ulla y Generalísimo. En este proceso de convergencia de la formación civil y militar, el R.D. 127/84 en su artículo 11 contempla legalmente la capacidad de formación de especialistas en los Hospitales Militares: “Art. 11. 1 Las Unidades de los Servicios Médicos de los Ejércitos que hayan obtenido la correspondiente acreditación de acuerdo con lo establecido en el artículo 6 podrán desarrollar los programas de especialización médica para quienes hayan ingresado en los Cuerpos de sanidad de las Fuerzas Armadas. 2. Los programas de formación cumplirán lo aprobado para cada especialidad por el Ministerio de educación y Ciencia, según lo establecido en el punto 2, del artículo 7º, a fin de obtener el título expedido por éste. 3. Terminado favorablemente el período global de formación, la Comisión de Docencia del Centro propondrá al Ministerio de Educación y Ciencia la concesión del título de Médico Especialista, que será otorgado, previo depósito de los derechos de expedición correspondientes, y de acuerdo con el procedimiento que se determine. Dicha concesión será comunicada por el Ministerio de Educación y Ciencia al de Sanidad y Consumo para que se incluya en el Registro de Médicos Especialistas”. Posteriormente, tras intensas gestiones entre el Ministerio de Defensa y el Ministerio de Educación y Ciencia, se conseguirá la presencia permanente de un representante de Sanidad Militar en el Consejo Nacional de Especialidades Médicas, y en 1986 el Hospital Militar Central supera una nueva auditoría obteniendo la categoría “A” para la docencia postgraduada. En 1994 se creó la Jefatura de Estudios de Especialidades, enumerándose asimismo las misiones del “tutor”, entre las que se encuentran la elaboración de un informe anual sobre las actividades docentes de cada alumno. Igualmente se crean los Comités de Evaluación Anuales y Finales, ante los cuales el residente debe presentar una memoria de actividades y realizar la exposición oral sobre un tema monográfico o de investigación. Al final del período de formación, el alumno, con arreglo a sus méritos docentes, tendrá la calificación de suficiente, destacado o excelente, que figurará en su Hoja de Servicios 473. En la actualidad, el R.D. 127/84 ha sido derogado por el R.D. 183/2008 de 8 de Febrero (B.O.E. nº 45) por el que se determinan y clasifican las especialidades en Ciencias de la Salud y se desarrollan determinados aspectos del sistema de formación sanitaria especializada. La disposición adicional quinta de este R.D. 183/2008, determina su aplicación a los centros y unidades docentes acreditados para la formación de especialistas pertenecientes a la Red Sanitaria Militar del Ministerio de Defensa. 4.4.1. La Formación en los Servicios de Oftalmología del Hospital Militar Central y el Hospital del Aire de Madrid. Dispuesta a partir de 1922 de forma exclusiva la realización de los cursos de la especialidad de Oftalmología en el Hospital Militar de Carabanchel, éstos fueron impartidos en los primeros años por D. Francisco Bada Mediavilla, Subinspector Médico de 2ª clase y Jefe de la Clínica Oftalmológica del Hospital, y a partir de 1931 por el Capitán Médico D. Julián Martín Renedo. Simultáneamente y dentro de la formación proporcionada a los alumnos de la Academia de Sanidad Militar, se continuaban impartiendo lecciones de Oftalmología, como las ya descritas en el libro de Ferradas (1878-79), siendo muestra de ello las impartidas en el curso
La Oftalmología en la Medicina Militar Española Pág. 237 1932-1933 por José Lemús y Calderón de la Barca (1888-1936) CLVI, Comandante Médico Profesor de la Consulta de Oftalmología de la Academia y recogidas en su obra «Lecciones de Óptica elemental, exploración, fisiología ocular y simulaciones». [fig.194] [fig.195]. Fig. 194 «Lecciones de Óptica elemental, exploración, fisiología ocular y simulaciones». Curso 1932-33. José Lemús y Calderón de la Barca. Portada. Fig. 195 «Lecciones de Óptica elemental, exploración, fisiología ocular y simulaciones». Curso 1932-33. José Lemús y Calderón de la Barca. CLVI El Dr. José de Lemus y Calderón de la Barca nació en Santoña (Santander) el 29 de Febrero de 1888. Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Valladolid (1913), se graduó como Doctor por la Universidad de Madrid en marzo de 1917. Realizó el curso de Bacteriología y Análisis en el Instituto de Higiene Militar (1924) y cursó la especialidad de Oftalmología en el Instituto Oftálmico Nacional obteniendo el correspondiente diploma en Diciembre de 1928. Licenciado en Derecho por la Universidad de Salamanca con la calificación de sobresaliente (1932), se hallaba también en posesión del título de Inspector de Sanidad Municipal (1929). Ingresó como médico provisional del Cuerpo de Sanidad Militar en marzo de 1913 y como médico alumno de la Academia Médico Militar en septiembre del mismo año. Obtuvo los grados de Médico 2º en 1914, Capitán Médico en enero de 1919 y Comandante Médico en noviembre de 1932. Profesor de los Cursos de Oftalmología de la Academia de Sanidad Militar, falleció al inicio de la Guerra Civil [1936].
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 238 La última convocatoria de los cursos de la especialidad de Oftalmología previa a la guerra civil tuvo lugar en 1932, no convocándose nuevos cursos hasta 1940 (disposición del 26 de septiembre - D.O. nº 129), siendo nombrado profesor titular de especialidad de Oftalmología el Cmte. Médico D. Julián Martín Renedo CLVII [fig.196] (Orden de 25 de Enero de 1941 - D.O. nº 23), al cual posteriormente sucedería el Dr. Amor Tejedor. Durante los años 40 y mitad de los 50, se formarán en el Hospital Militar de Carabanchel todos los especialistas de Sanidad Militar junto con los de la Armada y de la Sanidad del Aire, especialistas diplomados que pasarían a ocupar las jefaturas de los Servicios de Oftalmología de los Hospitales Militares Regionales. En 1953 se incorporan mediante concurso-oposición como alumnos los médicos militares José López Botet, José Luis Rodríguez del Río y Fernando Gómez de Liaño Cobaleda. En 1955 se incorpora el Capitán Médico del aire Mario Esteban de Antonio. (López Botet ejercería como Jefe de Servicio en Valencia, Rodríguez del Río en Ceuta, y Gómez de Liaño desarrollaría su carrera profesional en Madrid; Mario Esteban sería Jefe del Servicio del Aire). En 1957 el Servicio de Oftalmología del Hospital Militar Central disponía de 50 camas para Tropa y suboficiales, siendo su Jefe D. Antonio Amor Tejedor y Fernando Gómez de Liaño como médico agregado. Los aparatos más importantes de que disponía el servicio eran: una lámpara de hendidura con microscopio corneal, un microscopio binocular “Zeiss” para intervenciones quirúrgicas, un perímetro automático modelo Maggori, un escotomo de Keller con pantalla de Bjerrum, un oftalmómetro, facómetro, un electroimán gigante y un gabinete de estrabismo con sinoptóforo Oculus y aparatos para recuperación visual de Cuppers (Eutiscopio y complementos) 474. Tras un período intermedio (+ 1962) en el que el Dr. Gómez de Liaño se hizo cargo del Servicio, al Dr. Amor Tejedor lo sucedió el Dr. Bernabeu de Las Morenas. En esta década se incorporarían igualmente Gutiérrez Mazeres, Atiénzar del Prado y Murube del Castillo (1962); Herrero Saura, Valcárcel, Montanary (1964-65), Plasencia, Calvo y Rubio. Sucesivamente, al Dr. Bernabeu le sucederá el Dr. D. Atiénzar de Prado y a éste el Dr. Carlos Arcas Romero, y posteriormente los Drs. González Romero, Limón y Rocasolano, ya entrado el presente siglo XXI. 4.4.2. El Servicio de Oftalmología del Hospital Militar del Aire. El Servicio de Oftalmología del Hospital Militar del Aire comenzó su andadura a finales de los años 60, en el Hospital de la calle Princesa, siendo Jefe de Servicio el Dr. Mario Esteban de Antonio, para pasar posteriormente al nuevo Hospital de Arturo Soria en el cual se incorporarán como alumnos José Félix Peiró y Marino Arrivas Nanclares. Al Dr. Mario Esteban sucede en la jefatura del Servicio el Dr. Carrancio de la Plaza y se incorporan nuevos especialistas como el Dr. José Luis Sancho Mollar a primeros de los 80, y la Dra. Paloma Alvarez Pato como oftalmóloga civil en 1983. Al Dr. Carrancio sucederá en 1986 el ya citado Dr. Peiró Ibáñez, con la progresiva incorporación de las nuevas técnicas oftalmológicas, y de nuevos alumnos y especialistas como los Drs. Mariano Royo, Carlos Tello, Rosa García Toledano, José Luis Gasco, Julián Cezón y Marco Estella Lorente, entre otros 475. CLVII Martín Renedo fue traductor de una de las tres ediciones que hasta 1958 se habían publicado en español del tratado de Fuchs «Lehrbuch der Augenheilkunde» y ejerció durante bastantes años en el Hospital Militar de Madrid. En 1941 formaría parte de la llamada División Azul [Einheit spanischer Freiwilliger de la Wehrmacht], cruzando la frontera de Irún el 22 agosto en expedición independiente y siendo destinado el 14 octubre al hospital de campaña en el frente del río Volchow y el 13 diciembre al Hospital de Königsberg. El 21 abril 1942 fue ingresado en el Hospital de Berlín. No consta motivo. No figuran datos sobre su regreso. En fecha indeterminada se le otorgó la condición de Caballero Mutilado Útil (20%).
La Oftalmología en la Medicina Militar Española Pág. 239 Paralelamente, la formación oftalmológica en la Armada tendrá lugar indistintamente en los Servicios de Oftalmología del Hospital Militar Gómez Ulla o del Hospital Militar del Aire. Fig. 196 Julián Martín Renedo. Profesor titular de la Especialidad de Oftalmología. 1942. Fig. 197 Jerónimo Sal Lence en su libro «Enfermedades de la vista». La Coruña. 1914. 4.5. FIGURAS DESTACADAS DE LA OFTALMOLOGÍA MILITAR DEL SIGLO XX. Si bien han sido numerosas las figuras reseñables dentro de la Oftalmología Militar del siglo XX, muchas de ellas olvidadas o siendo desconocida su relación con la Sanidad Militar Española, destacaremos por su contribución al desarrollo de la especialidad en el ámbito militar, civil o en ambos a: JERONIMO SAL LENCE. MARIO ESTEBAN ARANGUEZ. MARIO ESTEBAN DE ANTONIO. MANUEL RIOS SASIAIN. FERNANDO GOMEZ DE LIAÑO COBALEDA. JOSE PEREZ LLORCA. JUAN MURUBE DEL CASTILLO. 4.5.1. JERONIMO SAL LENCE (1884-1960). [fig.197]. Nacido en San Ciprián de Recesende, término de Castroverde (Lugo) en 1884. Se graduó de Bachillerato con la calificación de sobresaliente en la capital lucense, y posteriormente cursó en Santiago de Compostela la Licenciatura en Medicina obteniendo el Grado de licenciado con igual calificación en Junio de 1904. Tras su ingreso por oposición en el Cuerpo de Sanidad Militar (1904), en octubre del mismo año se especializa en enfermedades de la vista, completando su formación en el Insti-
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 246 QUERATITIS ESCLEROSANTE. Su evolución.- Su tratamiento.- Oftalmolosa de óxido amarillo de mercurio; adrenalina, dionina.- “Yon salicílico”.- Tiosinamina; fibrolisina. ESCLERITIS Y EPIESCLERITIS. Lesión anatómica y evolución.- Tratamiento. TRATAMIENTO MÉDICO DE LA CATARATATA. Interesantes estudios y observaciones del Profesor Márquez de Madrid.- Últimas investigaciones del Profesor Siegrist, de Berna.- Teoría de Hess.- Cura pluriohormonal: Sorprendente estadística de Siegrist.- Euphakin y paraphakin.- Teoría de Romer. ANTIGENOTERAPIA CRISTALINIANA. Experiencias del Profesor Márquez, de Madrid.- Conclusiones sobre el particular presentadas al Congreso Internacional de Oftalmología de Madrid (año 1933). YONOTERAPIA EN LA CATARATA. Nuestros ensayos desde 1921.- Hidratación de los elementos cristalinianos.- Modo de acción del “Yon calcio”.- Tabla yonoterápica de Cantonnet. TRATAMIENTO DE LA IRITIS E IRIDOCICLITIS. Aspecto del iris inflamado.- Sinequias.- Hipopion e hipema.- Ciclitis.- Tensión ocular en las irido-ciclitis.- Atropina.- Precauciones con el empleo de la atropina: su acción.- Ventajas de las oftalmolosas de la atropina sobre los colirios acuosos.- La adrenalina y la cocaína.- El glaucosan.- La diatermia. GLAUCOMA. Trastornos en la circulación linfática del ojo.- Glaucoma primitivo, secundario, inflamatorio agudo, crónico y simple.- La hipertensión arterial en el glaucoma.- Simpaticotonía.- Aspecto de la córnea y de la pupila en el glaucoma.- Tensión ocular y tonómetro de Schioetz.- Escala tonométrica.- Tratamiento local del glaucoma.- Eserina.- Pilocarpina.- Adrenalina.- Amino-glaucosa.- Tratamiento interno: La colina y el pacyl. DESPRENDIMIENTO DE LA RETINA. La operación de Gonin. Trabajos de Arruga. Operación de Guist.- La diatermia.- Trabajos de Larsson y Wewe.- Ensayos de Lacarrere.- Sal Lence: su comunicación sobre el particular al Congreso internacional de Oftalmología de 1933. ESTRABISMO. Acortamiento muscular subconjuntival ideado por Heydt y Brigg.- Myocampter de Barraquer: Detalles y tiempos de este sistema operatorio. Juicio favorable al mismo, de Poyales. ELECTROLISIS APLICADA A LA DEPILACIÓN DE LAS PESTAÑAS. Posición del enfermo y modo de aplicación de los electrodos. Electrodo negativo: su forma y modo de usarlo. Precauciones a seguir con el reóstato de galvánica. Duración aproximada de la operación. De lo relacionado en la obra precisa ser destacado el capítulo dedicado a la Conjuntivitis Actínica, descrita por vez primera por el autor [fig.200] el cual expone: “En mi servicio oftálmico del Sanatorio de Oza he observado la repetición de muchos casos de una variedad de conjuntivitis originada por la reverberación de la luz solar en el agua de mar y en el arenal de la playa. Yo denomino a esta afección conjuntivitis actínica y su síndrome presenta unas particularidades que hasta el presente, que yo sepa al menos, no han sido tomadas en consideración, ni figuran en los libros y revistas a mi alcance. No es que yo pretenda descubrir nada nuevo ocupándome de una forma de conjuntivitis determinada por la acción de los rayos ultravioleta. La irritación producida en la conjuntiva por estos rayos, aparece consignada en casi todos los textos. Lo único a que yo aspiro, es a subrayar las características de un proceso conjuntival hasta la fecha no bien definido, y que sin embargo yo he visto repetirse muchas veces y siempre de igual modo, después de unos cuantos días de cura helioterápica practicada en la orilla del mar” 484. Dentro del texto se reproduce igualmente se reproduce su comunicación en las Jornadas Médicas Gallegas sobre la dacriocistectomía (páginas 89-90), donde aporta su experiencia en la utilización del galvanocauterio al “rojo sombra” como medio de hemostasia efectiva en el caso de hemorragia pertinaz en el desarrollo de la misma; y el tratamiento del estrabismo por
La Oftalmología en la Medicina Militar Española Pág. 247 el myocampter, aparato desarrollado por el Dr. Barraquer y que permitía el acortamiento muscular mediante plegamiento del mismo y su fijación mediante un anillo de plata que aprisiona el músculo [fig.201] 485. Fig. 200 Sal Lence. Conjuntivitis Actínica. Lámina del libro de «Oftalmoterapia Clínica». Fig. 201 Sal Lence. Operación con el Myocampter de Barraquer. Cuarto Tiempo. Lámina del libro de «Oftalmoterapia Clínica». DICCIONARIO OFTÁLMICO DESCRIPTIVO. Jerónimo Sal Lence. La Coruña.1944. Obra en cinco tomos. TOMO I. (1944). Comienza el autor exponiendo en el prólogo de este tomo su intención de proporcionar al lector un pequeño libro que rápidamente pueda resolver sus dudas, “sobre todo cuando las exigencias de la clínica apremian y apenas consienten la búsqueda de datos y referencias en libros grandes y enciclopedias”. Destacan en este tomo el análisis sobre la acomodación; los adenomas oculares y de sus anejos; las extensas referencias a los efectos de los diferentes agentes traumáticos sobre el ojo, con la descripción y uso del sideroscopio ideado por Asmus y perfecionado por Hirschberg en los casos de cuerpos extraños metálicos, y el estudio de los desprendimientos de retina con sus diferentes técnicas de localización y tratamiento. INDICE DEL TOMO I Abeja. [Queratitis y catarata por picadura de abeja]. Aberración cromática. Aberración de esfericidad. Abiotica. [Reacción abiótica que los rayos de onda corta producen sobre la córnea]. Ablación de los tumores orbitarios. [Operación de Krönlein]. Ablefaria. Absceso anular de la córnea. [Generalemente por pneumococo o bacilus Proteus.] Absceso profundo en la úlcera serpiginosa. [Queratitis hipopiónica, absceso corneal o ulcus serpens; gte. por pneumococo, menos frecuentemente por el diplobacilo de Morax, estreptococo y bacilo piociánico, y raramente por actinomices]. Absceso de la coroides. [Por heridas infectadas o por metástasis en las septicemias, piohemias, erisipela, difteria, pneumonía, tifus, meningitis cerebro espinal epidémica…]. Absceso palpebral. Absceso perióstico. Absceso del saco lagrimal. Absceso del vítreo [ seudoglioma ] Absorción de la luz. Acarus folliculorum. Achorion Achönleini. [ hongo productor de la blefaritis favosa, que a veces coincide con la tiña fávica y con la onicomicosis ]. Acloropsia [ o Deuteranopsia: ceguera para el color verde ]. Acne
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 248 necrosante de los párpados. Acné rosáceo de la córnea. Acomodación. Acromatopsia. Acromegalia y lesiones oculares. Actinica, conjuntivitis. Actinomicosis, lesiones oculares. Acuoso humor. Adaptación, sentido de. Adenitis preauricular en las conjuntivitis [diftérica, conjuntivitis de Parinaud, conjuntivitis blenorrágica…]. Adenoma de la carúncula. Adenoma de la conjuntiva. Adenoma de la glándula lagrimal. Adenoma de los párpados. Adenoma de los procesos ciliares. Adenomas de la cola de la ceja. Adisonismo de Boinet y Tracoma. Adler, lápices de [lápices de colores de Adler]. Afaquia. Afasia sensorial en la hemianopsia. Afasia sensorial y alexia o ceguera verbal. Agenesia y aplasia del aparato lagrimal. Agentes productores de lesiones visuales [mecánicos, químicos y bológicos]. Agentes mecánicos productores de afecciones visuales. Agentes traumáticos. [cuerpos extraños intraoculares]. Agentes traumáticos [cuerpos magnéticos y no magnéticos]. Agentes traumáticos y biomicroscopía ocular. Agentes traumáticos y rayos X. Agentes traumáticos y Sideroscopio [aparato para búsqueda de cuerpos extraños intraoculares ideado por Asmus y perfeccionado por Hirschberg]. Agentes traumáticos y electroimán. Agentes traumáticos, siguen las reglas para la aplicación del electroimán sobre cuerpos magnéticos. Agentes traumáticos, tolerancia de los cuerpos extraños intraoculares; siderosis. Agentes traumáticos, su acción indirecta. Agentes traumáticos y rotura de coroides. Agentes traumáticos y conmoción, desgarro y desprendimiento de retina. Agentes traumáticos y desgarro de la retina. [oftalmoscopia, transiluminación, diafanoscopia, diatermia]. Agentes traumáticos y desgarro retiniano, su localización. Agentes traumáticos y desprendimiento de la retina: su tratamiento. [inyecciones subconjuntivales e intratenonianas; Método de Sourdille; Método de Guist y Lindner; Métodos diatérmicos: método de Larrson y método de Wewe. Agentes traumáticos y zonas especulares pulsátiles del vítreo. Agentes traumáticos y su acción sobre el iris. Agentes traumáticos y hernias de iris. Agentes traumáticos y midriasis. Agentes traumáticos y biomicroscopia del iris. Agentes traumáticos y lesiones del cristalino. Agentes traumáticos y biomicroscopia del cristalino. Agentes traumáticos y luxación del cristalino. Agentes químicos y químico-biológicos productores de afecciones visuales. Agentes químicos productores de enfermedades visuales: el alcohol y la nicotina. Agentes químicos productores de enfermedades visuales: la quinina. Agentes químicos provocadores de afecciones visuales: sulfuro de carbono, plomo, helecho macho [ácido filícico], etc, etc… Agentes químicos varios: arsenicales, yodoformo, salicilato de sosa, naftol, ergotina: lesiones que ocasionan. Agentes hormonales y afecciones del aparato visual. Agentes hormonales: insulina, adrenalina, catarata y retinitis diabética. Agentes hormonales en las enfermedades visuales: tiroidina. Agentes hormonales y síndrome ocular basedowniano [exoftalmos]. Agentes hormonales y síndrome ocular de origen suprarrenal. Agentes hormonales: disfunción de la hipófisis y afecciones visuales. Agentes vitamínicos y enfermedades del aparato visual [queratomalacia, hemeralopia]. Agentes vitamínicos y enfermedades del aparato visual: vitamina D. Agentes vitamínicos y enfermedades del aparato visual: vitamina B. Agentes vitamínicos y enfermedades del aparato visual: vitamina C. Agentes vitamínicos y enfermedades del aparato visual: experiencia carencia de Madrid, según Leoz. Agentes anafilácticos: anafilaxia, alergia y enfermedades visuales. Agentes anafilácticos y alérgicos en oftalmología. Agentes anafilácticos, anafilaxia cristaliniana [facoanafilaxia]. Agentes anafilácticos: conjuntivitis primaveral. Agentes bacterianos y enfermedades visuales. Agentes microbianos Gram-positivos y enfermedades del aparato visual: “estafilococo”. Agentes microbianos Gram-negativos y enfermedades del aparato visual. [bacilo de Weeks, bacilo de Ducrey, diplobacilo de Morax, bacilo de Petit, neumobacilo de Friedlander, gonococo de Neisser]. Agudeza cromática. Agudeza luminosa. TOMO II. (1945). Trata este tomo especialmente de la “Agudeza Visual” y a todo lo concerniente a la “Refracción Ocular” y a su obra del mismo nombre, de la cual expone “Agotadas, hace ya tiempo, las ediciones española e italiana de mi libro “Refracción Ocular”, esta última por cierto enriquecida con notas valiosísimas del Profesor Giovanni Borrelli, su traductor, me lanzo ahora a publicar una nueva edición, a través de las páginas del DICCIONARIO OFTALMICO”. INDICE DEL TOMO II Agudeza Visual. Agudeza visual: escalas de Wecker; fórmulas de A.V. Agudeza visual: test tipo para medir la visión próxima. Agudeza visual, simulación de la…: letras coloreadas de Michaud. Agudeza visual y emetropía. Agudeza visual normal y emetropía. Agudeza visual y ametropía. Agudeza visual y miopía. Agudeza visual: escalas de… en la miopía. Agudeza visual: hipermetropía. Agudeza visual: astigmatismo. Agudeza visual y medios de apreciar los vicios de refracción ocular. Medios objetivos para apreciar la refracción ocular. Agudeza visual y esquiascopia. Marcha de las sombras en el astigmatismo. Agudeza visual y oftalmómetro. Marcha de los rayos a través del sistema óptico citado. Agudeza visual y corrección del astigmatismo. Agudeza visual y
La Oftalmología en la Medicina Militar Española Pág. 249 fundamento físico de la oftalmometría. Agudeza visual y refractómetro de paralaje. Ajuste del sistema de iluminación del refractómetro. Consta de 116 excelentes figuras descriptivas, y en su exposición se hace referencia a las escalas de Haam y escala de Bordier [agudeza visual en las diversas décadas de la vida]; el método de la “experiencia del espejo plano” de Barthélemy para desenmascarar a los simuladores de ambliopía; el aparato de Cuignet para descubrir la simulación de amaurosis; las letras coloreadas de Michaud, médico militar francés, para la simulación de amaurosis y ambliopía monocular; la descripción, fundamento y método de utilización del oftalmoscopio de refracción; fundamentos y uso de la esquiascopia, con figuras del instrumental utilizado: espejo de Essad, espejo de Thermgton, fuente de luz [regulable a diferentes alturas, según la talla del enfermo], pantalla separadora del foco de luz de la cara del paciente [también regulable a diferentes alturas], y posición de exploración, así como la fórmula utilizada por el autor para la cicloplegia a base de clorhidrato de euftalmina (eucatropina). Igualmente contiene una detallada descripción de la composición y funcionamiento de los oftalmómetros de Javal, de Meyrowitz y el de Giroux; y los métodos de medición y corrección de la agudeza visual mediante el uso de los “refractómetros de paralaje”, como el “oftalmoscopio simplificado de Gullstrand”, con diagramas y textos sobre su utilización y ajuste. TOMO III. (1947). En su prólogo, Sal Lence evidencia la necesidad de limitar el contenido de la obra, ante la observación de no haber superado la letra A en los dos primeros tomos, planteando su intención de limitarla a menos de seis tomos, que finalmente quedarán reducidos a cinco. Recoge igualmente las palabras del Dr. Arruga acerca del primer tomo: “Al leer su primer tomo del DICCIONARIO OFTALMICO, no puedo menos de admirar su tesón en el trabajo, y al mismo tiempo de felicito, le agradezco que haya puesto en manos de los Oculistas un libro que ha de ser muy útil para encontrar rápidamente la aclaración a una duda que se presente.” Del interés suscitado en la época por la obra dan idea las solicitudes recibidas desde España e Hispanoamérica, habiéndose recibido la petición de más de 400 volúmenes tan sólo desde Argentina. INDICE DEL TOMO III Agujas de Bowmann, cuerpos extraños, Desmarres, Knapp, Kunhnt, Schulek, Tatuaje [métodos de Wecker y Taylor], Ziegler. Agujero estenopeico. Aire caliente; sus aplicaciones en oftalmología. Aire comprimido, lesiones oculares por… Aire esterilizado, inyecciones de… Aire en el vítreo. Albinismo, sus repercusiones en el aparato visual. Albugo [nefelion, nubécula, leucoma]. Álbuminuria y enfermedades del aparato visual [retinitis albuminúrica]. Alcohol, lesiones oculares en la intoxicación por… Alergia y alérgenos en las enfermedades oculares. Alexia. Alfabeto Braille. Alopecia de cejas y pestañas. Amaurosis. Ambliopía. Ametropía. Amigdalitis y enfermedades visuales. Ammon, cantoplastia simple de… amnesia visual. Amoníaco, accidentes oculares producidos por el… Amputación del estafiloma total. Amputación del segmento anterior del ojo. Anafilácticas, enfermedades oculares… Anaplastia en oftalmología [autoplastia, heteroplastia y zooplastia]; autoplastias palpebrales o blefaroplastias; injerto de mucosa labial en la conjuntiva; heteroplastia o “injerto corneal”. Anel, injerto de… Anemia retiniana. Aneritra, oftalmoscopia con luz… Aneritropsia [daltonismo]. Anestesia ocular. Anestesia por infiltración. Anestesia regional o troncular; anatomía ósea y muscular de la órbita. Anestesia ocular y anatomía nerviosa con ella relacionada. Anestesia ocular, según las regiones intervenidas; párpados y conjuntiva palpebral. Anestesia de la conjuntiva bulbar. Anestesia de la córnea y cámara anterior. Anestesia profunda del globo ocular. Anestesia en las blefaroplastias. Anestesia en la blefaroplastia con colgajo frontal. Anestesia en la blefaroplastia con colgajo temporal. Anestesia en la blefaroplastia con colgajo malar. Anestesia del saco lagrimal. Anestesia de las glándulas lagrimales. Anestesia de los músculos oculares. Anestesia ocular (aquinesia del facial). Anestesia ocular, dosis de novocaína y adrenalina aconsejables. Anestesia ocular, preanestesia o sueños crepusculares. Anestesia ocular y “evipan” [hexobarbital]. Aneurisma arteriovenoso del
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 250 seno cavernoso. Aneurisma arteriovenoso de la retina. Aneurisma arterio-central de la retina. Angina diftérica, enfermedades oculares en… Angio-esclerosis y hemorragias retinianas consecutivas. Angio-escotomas. Angioma de la conjuntiva. Angioma de la coroides. angioma orbitario. Angioma palpebral. Angiomatosis retiniana. Angiopatía traumática de la retina. Angio-sarcoma de la coroides. Angular, conjuntivitis. Angulo de convergencia. angulo métrico. Angulo estrábico. Angulo primario y secundario en la desviación estrábica. Angulo iridocorneal. Angulo retiniano. Angulo visual. Anillo artrítico. Anillo senil. Anillo tendinoso de Döllinger. Anillo de Vossius. Aniridia congénita. Aniridia traumática. aniseiconia. Anisocoria. Anisometropía. Anoftalmia. Anopsia cortical. Anquiloblefaron. anquilostomiasis y afecciones del aparato visual. Antibióticos y enfermedades visuales. antibióticos; estreptomicina en las enfermedades visuales. Apéndice al capítulo de antibióticos. Destacamos en este tomo el capítulo destinado a la anaplastia, donde se describen diferentes técnicas de blefaroplastia, como las de Fricke para el párpado superior y las de Dieffenbach y Knapp para el párpado inferior; las técnicas de injertos corneales, con los antecedentes de Hippel, Filatow, Morax y Magitot, los métodos de Elschnig, Thomas, Filatow, Kraupa y Castroviejo, y las descripciones de instrumental vario como los “mosquit-lid-clamp retractors” de Castroviejo y el sacabocados de Arruga. Completan este tomo seis figuras descriptivas. TOMO IV. (1949). INDICE DEL TOMO IV Ántrax palpebral. Aorta, desigualdad pupilar en las enfermedades de… Aquinesia del facial. Arco senil. ArgyllRobertson. Argirosis. Arlt, teoría de… sobre traumatismos del globo del ojo. Arriboflavinosis. Arterial, presión retiniana: sus relaciones con la venosa. Arruga. Asa de Snellen. Aspergilosis corneal, aspergillus fumigatus. Aspiración de la catarata. Astenopia. Astenopia muscular interna o por cansancio del músculo ciliar. Astenopia muscular externa. Astigmatismo. Ataxia agide de Westphall y enfermedades del aparato visual. Ataxia locomotriz y enfermedades del aparato visual. Atetosis y síndrome visual. Atrofia del nervio óptico. Atrofia coroidea. Atrofia del globo ocular. Atrofia del iris. Atrofia de la retina. Atropina. Auscultación orbitaria. Autoclave. Autohemoterapia y autosueroterapia en oftalmología. Automóvil oftálmico. Autoplastia en oftalmología. Avanzamiento muscular. Aviación y trastornos oftálmicos. Avitaminosis y enfermedades del aparato visual (arriboflavinosis). Avitaminosis (acido nicotínico). Avitaminosis (vitamina B6). Avitaminosis (vitamina P o citrina). Axenfeld, enfermedad de… Axón de las células asociadoras entre las fibras centrípetas y centrífugas de la retina. Bacilo diftérico y enfermedades visuales. Bacteriología ocular. Bañera ocular. Baños de mar y enfermedades visuales. Barlow, enfermedad de… [escorbuto, carencia de vitamina C] sus repercusiones en el aparato visual. Barraquer. Barthélemy, prueba de… para desenmascarar simuladores. Base del cráneo, fracturas de… y trastornos visuales consecutivos. Basedow, enfermedad de… y trastornos visuales. Bell, signo de… Beri-beri y síndrome ocular [carencia de vitamina B1 o aneurina]. Berlin, enfermedad de… o enturbiamiento de... Biastigmatismo. Bier, método de… aplicado a las afecciones visuales. Bifocales, lentes… Binocular, visión… Bioelectricidad retiniana. Biomicroscopia ocular. Biomicroscopia del iris. Biomicroscopia del cristalino. Biomicroscopia del vítreo. Biomicroscopia de la retina. Biomicroscopía ocular [nota sintética]. Biopsia en oftalmología. Bitot, manchas de… Blefaritis. Blefarochalazis de Fuchs o blefarochalasis. Blefaroespasmo. Blefarofimosis. Blefaroplastia. Blefaroptosis. Blefarorrafia. Blefaróstato. Blefarotic. Bowman, membrana de… Bowman, sondas de… Bowman, método de… Botón de Alep [leishmaniosis conjuntival, botón de Oriente]. Botulismo y trastornos visuales. Bradicoria. Bronquitis y desigualdad pupilar. Cálculo intraocular como causa de oftalmía simpática. Cálculos lagrimales. Cámara anterior. Cámara anterior, su patología. Cámara de Nordenson. Cámara posterior. Son de resaltar las referencias a la oftalmo-dinamometría de Bailliart y Magitot; la técnica de Lagrange de aspiración de la catarata para cataratas blandas o semi-blandas; la utilización del autoclave de Lagrange para esterilización del material y colirios utilizados en las intervenciones; el avanzamiento muscular con el uso del myocampter de Barraquer; las referencias a los fenómenos de “visión negra” y “visión roja” de los aviadores descritas por Mario Esteban Aránguez; y la descripción y funcionamiento de los diferentes equipos de biomicroscopía ocular: lámpara de arco de Vogt, microscopio ocular con revolver porta-objetivos de Pardo Ruggero, microscopio mono-objetivo de Koeppe, microscopio corneal de Czapski con
La Oftalmología en la Medicina Militar Española Pág. 251 prismas de Porro y tambor micrométrico de Ulbrich, la lámpara de Gusllstrand, el oftalmoscopio eléctrico de mano Oculus modificado por López Enríquez, y el oftalmoscopio de Ulloa. Igualmente se encuentran referencias a la electroencefalografía , describiendo las ondas alfa, beta delta y gamma; y a la “cámara de Nordenson”, sistema oftalmoscópico semejante al oftalmoscopio gigante de Gullstrand, que en el sitio correspondiente al ocular lleva una cámara fotográfica réflex, destinada a fotografiar los detalles de la retina. Completan el tomo 20 figuras y 6 láminas descriptivas. TOMO V. (1950). En el prólogo Sal Lence indica la decisión de añadir a éste y los sucesivos un “apéndice” con las innovaciones introducidas en la época, como el gran oftalmoscopio eléctrico de Friedenwald; la diatermia neurociliar de Weekers; las prótesis oculares de Frank W. Newell y Robert Zeller; las inyecciones retrobulbares de alcohol; el P.A.S (acido para amino salicílico) asociado a la estreptomicina en la tuberculosis ocular; la terapéutica tisular de Filatov; la terapéutica antihistamínica; la heparina y las cicatrices filtrantes del glaucoma (Lagrange Elliot), etc… INDICE DEL TOMO V Campimetría. Campo de mirada. Campo visual [campímetro de Wecker, de Mathieu, perímetro de Landolt, Lapersonne, Badal y Priestley-Smit]. Canal visible de Cloquet. Canal o conducto de Petit. Cantoplastia. Cantotomía. Cantus. Capsula de Tenon. Capsulotomía. Carbunco (pústula maligna de los párpados). Caries dentaria y enfermedades visuales. Carúncula. Cataforesis. Catarata. Tratamiento médico de la catarata. Antigenoterapia cristaliniana. Yonoterapia cálcica en la catarata. Tratamiento quirúrgico de la catarata senil. Sutura corneal. Operación clásica de la catarata. Extracción simple. Extracción lineal de la catarata. Extracción de masas. Extracción de la catarata con colgajo corneal. Extracción combinada o sea con iridectomía. Operación extracapsular de la catarata. Operación intracapsular de la catarata. Operación intraocular por la electrodiafaquia. Operación intracapsular por la pinza. Extracción intracapsular por la ventosa. Operación intracapsular de Smith. Consejos sobre la operación de la catarata. Cataratas secundarias o residuales. Catarata traumática. Cataratas congénitas. Ceguera. Ceguera para los colores. [tablas de Isihara y Stilling, anomaloscopio de Nagel]. Ceguera cortical. Ceguera diurna o nictalopía. Ceguera nocturna o hemeralopía. Ceguera verbal. Ceguera de la nieve. Celulitis orbitaria. Ciclitis. Ciclodiálisis de Heine. Ciclodiatermia de Vogt y diatermia neurociliar de Weekers. Cicloforia. Cicloplejia. Ciegos y Braille. Ciliar cuerpo o Zona. Ciliares nervios. Cinematógrafo en colores y televisión en oftalmología. Cintas ópticas. Cisticerco endoocular. Cloquet canal de. Coats retinitis de. Colapso de la córnea. Colirios. Coloidometría. APENDICE: Oftalmoscopio eléctrico de mano de Friedenwald. Recientes modificaciones introducidas en biomicroscopía ocular [lámpara de Haag-Streit en el Congreso Internacional de Londres de 1950; prisma de reducción de Goldmann, Lente negativa de Hruby para biomicroscopía profunda, New Slit Lamp de Clement Clarke…] cámara retinográfica electrónica. La lente intraocular de Ridley en la cirugía de la catarata. El PAS, la Estreptomicina, la Tebeunoterapia, la Hidracida isonicotínica y los ”isótopos” en el tratamiento de la tuberculosis ocular. El Tantalum y las modernas prótesis oculares [metal poco común, de peso aproximado al de la plata, de color negruzco, difícil de separar de sus aleaciones y que no se disuelve en los ácidos]. El glaucoma y el dicumarol. Terapéutica tisular y enfermedades visuales. Con 12 figuras incluidas, debe destacarse la completa descripción de los periodos evolutivos de la catarata: incipiente, intumescente, madurez e hipermadurez; las técnicas de extracción con división en técnica extracapsular e intracapsular; la curiosidad de la descripción del “electrodiafaco” de Lacarrere, compuesto de un tubo semicapilar de cristal aislante, en cuyo interior se deslizan dos hilos de acero de 0,14 mm de sección, que se aplican sobre la cara anterior del cristalino dando lugar al paso de corriente por conexión al aparato de diatermia, dando lugar a un coágulo con la masa cristalininiana y capsular, de modo que mediante una tracción suavísima realizada “sobre el mango”, permite la extracción completa de la catarata; la intervención por la pinza, defendida en España fundamentalmente por Arruga, con varias pinzas y métodos de operar, como los de Kalt, Elschnig, Castroviejo, Arruga, etc…; la extracción intracapsular por la ventosa, introducida por Stoewer en 1902, y sus variaciones de
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 252 Hertz, Hulen, Dimitri, Rochon-Duvigneaud, Argarañaz, Lijó Pavía y Arruga hasta llegar al “erisifaco” o “aspirador eléctrico” de Barraquer. Debe destacarse igualmente la referencia al “ojo eléctrico” o “radar”, reflexiones del propio Sal Lence tras el descubrimiento de esta aplicación de las ondas hertzianas, y la noticia de que en la época ya se construían equipos de radar de tan sólo ocho kilos, que trabajaban con frecuencias de 420 a 450 megaciclos, lo que permite al autor aventurar que “…ya provisto el ciego de su aparato de radar proyectaría en la dirección deseada ondas hertzianas o electromagnéticas, que serían reflejadas al tropezar con los obstáculos que se les interpusiesen en su camino y que proyectarían una imagen de aquellos obstáculos en la pantalla panorámica de “radar”, e igualmente avanza la posibilidad de transformar las imágenes en sonidos a través de una célula fotoeléctrica, de modo que las distintas modulaciones del sonido dieran lugar a la posible interpretación de la morfología de los diferentes objetos y el sentido del oído pasaría a reemplazar al sentido de la vista” (p. 248-249). Igualmente merecen citarse las aplicaciones de la cinematografía en colores para las tomas de cirugía ocular y el avance de la importancia que la televisión pueden significar para la oftalmología de modo que el autor llega a afirmar “En fin, que por lo que estamos viendo, así como el médico de ayer se formaba sólo con hospitales, laboratorios y bibliotecas, el de hoy y el del porvenir, habrá de formarse además, a través del “film” y de la televisión; y en su cuarto de trabajo, el lugar que ocupaban antes los atlas, lo ocuparán ahora las películas.” Finalmente destacamos las referencias a la lente intraocular de Harold Ridley en 1949 para la cual sugiere el, a su entender, más acertado nombre de “prótesis cristaliniana” (p. 464469); así como también, dentro del apartado “Terapéutica Tisular y enfermedades visuales” a la utilización de los implantes de “placenta humana”, preparados por el instituto Bioquímico Hermes bajo el nombre de “placentex”, y la técnica de Renard y Brégeat que, tras esterilizar la placenta conservada en frigorífico en una solución de penicilina de 10000 unidades la aplican sobre la conjuntiva según la técnica que describe: “la colocación del implante de placenta en la conjuntiva es sencillísima. Se anestesia ésta con unas gotas de solución de cocaína, se pone el blefaróstato, se coge con unas pinzas un pellizco de conjuntiva del fórnix inferior; y con unas tijeras, se abre una pequeña brecha en sentido perpendicular al borde libre del párpado: esta brecha se agranda por uno de sus lados con las propias tijeras, formando una bolsa en la que se introduce el cubito-implante de placenta. Si se quiere, puede cerrarse la bolsa abierta, con un punto de sutura. El implante tarda en reabsorberse de 20 a 40 días, según los casos; a veces lo hace sólo en 8”. (p. 508). 4.5.2. MARIO ESTEBAN ARÁNGUEZ (1898-1969). [fig. 202]. Mario Esteban Aránguez nació en Casla (Segovia). Estudia la carrera de Medicina en Madrid mostrando ya durante sus estudios su inclinación por la Oftalmología, al ser alumno interno por oposición del Hospital General y del Hospital del Niño Jesús de Madrid. Obtuvo el título de Licenciado en Medicina el 11 de septiembre de 1920, y el 1 de octubre del mismo año ingresó por oposición en el Cuerpo de Sanidad Militar. En enero de 1921 es destinado a Ceuta como teniente Médico, y posteriormente ocupará varios destinos en los en los Regimientos de Infantería Ceuta nº 60, Covadonga nº 40 y América nº 14 y en los grupos de Hospitales Militares de Ceuta, Xauen, Tetuán y el Hospital Móvil de Montaña, en los que simultaneará los Servicios como médico de guardia y el ejercicio de la especialidad.
La Oftalmología en la Medicina Militar Española Pág. 253 En enero de 1926 asciende a capitán Médico, y en septiembre del mismo año es destinado a Sevilla, donde ejerció en el Hospital de la Cruz Roja y en Real Dispensario Victoria Eugenia, llegando ser nombrado académico corresponsal de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Sevilla en sesión celebrada el 26 de noviembre de 1927. Por. R.O. de 9 de julio de 1929 (D.O. nº 51) es destinado, previo concurso de méritos, como oftalmólogo al grupo de Hospitales Militares de Melilla, donde permanecerá como Jefe de la Clínica y Servicios de Oftalmología, e impartirá clases preparatorias de la especialidad a los oficiales médicos interesados en la misma [de su hoja de servicios]. Durante la contienda civil, de 1937, fue encargado de la organización y dirección de un Equipo Quirúrgico Oftalmológico que realizó intervenciones en el Hospital de Griñón (Madrid) y en diferentes hospitales del frente de Madrid, el Hospital Militar de Alhama de Aragón (Zaragoza), Lérida, Teruel, Monzón (Huesca), y Valencia. Por Orden de 10 de mayo de 1939, pasó a la Región Aérea Central como Jefe del Servicio Oftalmológico del Aire en la Clínica de Aviación de Madrid. En septiembre del mismo año asumió asimismo la Dirección Interina de la Clínica de Aviación. Tras la conversión de la Clínica de Aviación de Madrid en el Instituto de Medicina Aeronáutica, en 1940 y previo concurso, es confirmado en su cargo de Jefe de Oftalmología y Director del Centro. Como tal, organizará los diferentes departamentos, consultas y clínicas del centro, iniciando las sesiones científicas periódicas. Constituida la escala de Sanidad del Aire, el 30 de abril de 1940 pasa a formar parte de la misma con el número seis, y el 30 de mayo participa como Presidente en el primer tribunal de las oposiciones a oficiales médicos del Aire. En el mismo año, asumidas por el Instituto las funciones de Academia de Sanidad del Aire, dará como profesor un curso teórico-práctico de Oftalmología aplicada para Oficiales Médicos alumnos e inicia un curso superior de especialización para Diplomados. En enero de 1942 asciende a Teniente Coronel y es nombrado Jefe de Estudios de la Academia de Sanidad del Aire, sin perjuicio de su destino como Jefe de Oftalmología en el Instituto de Medicina Aeronáutica y Profesor de la misma. En abril de 1944, previo concurso, ocupará la plaza de Director del Hospital Central del Aire, participando en la instalación y organización del mismo en sus nuevas instalaciones. En 1952 asciende a Coronel, siendo confirmado en su destino como Director, cargo en el que continuará hasta su pase a la Reserva en marzo de 1962, ocupando simultáneamente desde febrero de 1958 hasta esta fecha la Jefatura del Servicio de Sanidad de la Región Aérea Central. Entre sus otros méritos, que nos dan constancia de su personalidad y ejercicio profesional, cuentan el haber recibido en 1924 la Gran Cruz de Beneficencia de 1ª clase con distintivo morado y negro por su asistencia a los enfermos de peste bubónica en Mexerah (Marruecos, 1923); miembro de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana (1931); fue Socio de Honor de la Sociedad Española de Medicina Aeronáutica (1963); e inscrito en el Cuadro de Honor de los médicos españoles por el Consejo General de Colegios Médicos de España en abril de 1968. Autor de numerosos trabajos, destacan por su originalidad: «Pasado, Presente y Futuro de la Oftalmología», «Concepto Estético de la Cirugía Ocular» y sobre todo «Visión Roja y Visión Negra de los Aviadores», en la que analiza este fenómeno y tras numerosos trabajos experimentales, y emite una personal y original teoría etiopatogénica hoy universalmente aceptada 486.
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 254 Fig. 202 Mario Esteban Aránguez Fig. 203 Mario Esteban Aránguez. «Las Funciones Visuales en Aeronáutica». Madrid. 1941. Igualmente destacamos: «Tratamiento del Blefaroptosis». Madrid, 1920. «Peste Bubónica. Observaciones recogidas durante la epidemia recientemente desarrollada en Mexerah (Marruecos)», monografía escrita en 1923 junto a Ildefonso Martín Rascón (Capitán Médico) sobre la asistencia realizada en el Hospital de Contagiados de Mexerah (Marruecos) durante los meses de Septiembre-Octubre-Noviembre de dicho año. «Queratectasia y Queratoplastia». Revista de Sanidad Militar, 1926. «La simulación en Oftalmología». Revista de Sanidad Militar, 1926-1927. «Blefaroptosis, su tratamiento». Archivos de Medicina, Cirugía y Especialidades, 1927. «Caso atípico de osificación endoocular». Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1928. «Exoftalmos Pulsátil Bilateral». Caso presentado a la Real academia de Medicina y Cirugía de Sevilla y publicado en la revista Archivos de Medicina, Cirugía y Especialidades”. Madrid, 1928. «Miasis ocular». Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1929. «Las vacunas locales en Oftalmología». Archivos de Medicina y Cirugía Española, 1929... «Método operatorio para la ptosis palpebral». Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1929 «La inmunidad local en Oftalmología». Revista Cubana de Oftalmología, 1930. «Sobre los diversos tratamientos del desprendimiento retiniano». Revista de Sanidad Militar, 1930.
La Oftalmología en la Medicina Militar Española Pág. 255 «El llamado agujero en la mácula». Revista Cubana de Oftalmología, 1930. «Síndrome disentérico ocular». Revista de Sanidad Militar, 1932 «Problemas de clínica oftalmológica». Revista Cubana de Oto-Neuro-Oftalmologia, 1932 «Osificación del vítreo». Revista Cubana de Oto-Neuro-Oftalmologia,1932 «Síntomas oculares en la disentería bacilar». Revista Cubana de Oto-NeuroOftalmologia, 1932 «Rosácea de conjuntiva». Revista Cubana de Oto-Neuro-Oftalmologia, 1932 «Curioso hallazgo de corpúsculos de Provaczek». Revista Cubana de Oto-NeuroOftalmologia, 1932 «Parálisis oculares post-raquianestésicas». Revista Cubana de Oto-Neuro-Oftalmologia, 1932 «Retardo cicatricial en la operación de la catarata». Revista Cubana de O-N-O, junio 1932 «Seudo-reumatismo por dacriocistitis». Revista Cubana de Oto-Neuro-Oftalmologia, 1932 «Papilitis palúdica». Revista Cubana de Oto-Neuro-Oftalmologia, 1932 «Contracciones febriles del orbicular». Revista Cubana de Oto-Neuro-Oftalmologia, 1932 «Tatuaje de Knapp e iridociclitis consecutiva». Revista Cubana de Oto-NeuroOftalmologia, 1932 «Infección de canalículos lagrimales». Revista Cubana de Oto-Neuro-Oftalmologia, 1933 «Coloboma de coroides con integridad de campo visual». Revista Cubana de Oto-NeuroOftalmologia, 1933 «Ensayo de Inmunoterapia local en el tracoma». Medicina, Revista mensual de ciencias médicas, 1933. [Congreso de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1932]. «Microftalmía y Quiste Colobomatoso (a propósito de un caso)». Pérez Llorca y Mario Esteban Aránguez. Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1933. «Particularidades de la patología conjuntival en Marruecos». Folia Ophthalmologica Orientalia, 1933 «Blastomicosis de párpado». Revista Cubana de Oto-Neuro-Oftalmologia, 1933 «Miasis ocular». Revista Hispano Africana de Medicina y Cirugía, 1934 «Iritis disentérica». Revista Hispano Africana de Medicina y Cirugía, 1934 «La pomada de cloramina en el tratamiento de la dacriocistitis flemonosa». Analecta Terapéutica, 1934. «A propósito de un caso de doble hemianopsia consecutiva a herida de guerra». Revista de Sanidad Militar, 1934. «Cirugía estética de los ojos». Conferencia, Melilla 1934.
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 262 tivos, en especial de la miopía, y la fisiopatología cristaliniana y corneal, y entre los que destacamos: «El metabolismo del cristalino». Conferencia pronunciada en la Academia de Sanidad del Aire el día 8 de marzo de 1945. Publicada en Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1945. «Algunos avances de óptica fisiológica». Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1945. «Influencia de la hipoxemia por la altura, sobre el sentido luminoso, el sentido cromático y el campo visual». Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1945. «El punto remoto del emétrope se halla en el infinito. Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1945. «Sincinesia entre el músculo orbicular y el recto interno, en un caso de parálisis bilateral del III par». Comunicación al XXIII Congreso de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana. Madrid, octubre 1945. Publicada en los Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1946. «Situación del punto remoto en el ojo emétrope». Comunicación al XXIII Congreso de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana. Madrid, octubre 1945. Publicada en la revista Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1946. «El mecanismo íntimo de la hipertensión ocular a la luz del método polarográfico». Comunicación al XXIV Congreso de la Sociedad Oftalmológica Hispano Americana en La Toja, septiembre 1946. Publicada en los Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1946. «Algunas alteraciones de la percepción visual, explicadas por la teoría dinámina de la corteza». Revista Española de Medicina y Cirugía de Guerra. Septiembre 1946. «Estudio sobre el proceso histológico de la queratoplastia». Manuel Ríos Sasiain y Ángel Valle Jiménez. Publicada en los Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1947. «Influencia de la aberración monocromática de apertura en la miopía nocturna». Manuel Ríos Sasiain. Comunicación al XXVI Congreso de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, Sevilla, abril-mayo 1948. Publicada en los Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1948. «Sobre la permeabilidad de la córnea». Ríos Sasiain y Toledano Jiménez. Publicada en los Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1950. «La cronaxia en el ojo humano». Comunicación presentada al XXVII Congreso de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, Barcelona, septiembre-octubre, 1949. Ríos Sasiain y Bonmati. Publicada en los Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1950. «Miopía Nocturna y navegación aérea». Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1950. «Sobre el umbral luminoso diferencial de la Retina». Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1951.
La Oftalmología en la Medicina Militar Española Pág. 263 «Concepto, etiología y patogenia de la miopía». Lectura y discusión de la Comunicación solicitada a discutir en el XXIX Congreso de la Sociedad Oftalmológica HispanoAmericana. Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1951. «El ojo y las enfermedades sanguíneas». Revista Clínica y Laboratorio, 1951. «Valor del test de fluoresceína en oftalmología». Revista Clínica y Laboratorio, 1952. «Algunos aspectos de la fisiología de la córnea». Discurso leído en la inauguración del curso académico de la Sociedad Oftalmológica de Madrid, enero 1953. Manuel Ríos Sasiain. Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1953. «Problemas de oftalmología aeronáutica». Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1955. «Geriatría y oftalmología». Archivos de la Sociedad Oftalmológica HispanoAmericana, 1959. «Enfermedades oculares causadas por radiación». Revista Clínica y Laboratorio, 1959. 4.5.4. JOSE PEREZ LLORCA (1902-1996). [fig.205] Nacido en Benidorm (Alicante), el 29 de mayo de 1902, realizó el bachiller en Instituto de Cádiz, ciudad donde inicia la carrera de medicina en 1918 y obtiene la licenciatura el 4 de octubre de 1922 con la calificación de sobresaliente. En 1923 ingresó por oposición en el Cuerpo de Sanidad de la Armada, y en 1929 como médico de la Beneficencia Municipal de Cádiz. En 1932 leyó en Madrid su tesis doctoral sobre “Contribución al estudio del desarrollo ocular” que hacía particular referencia al origen y naturaleza del cuerpo vítreo en la que se pretendía esclarecer o ayudar a esclarecer la hialogénesis, sobre la cual había teorías divididas. Su tesis fue calificada con sobresaliente, y premiada al año siguiente por la Real Academia Nacional de Medicina como la mejor tesis presentada y, como expone Manuel Armijo Valero, del nivel científico de esta tesis “puede dar idea el hecho de que el Prof. Márquez, miembro del Tribunal encargado de juzgarla, le felicitó en el mismo acto académico y le aconsejó, públicamente, que llevase aquel interesante trabajo al próximo Congreso de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana que tendría lugar en Santander aquel mismo año. Y así lo hizo” 488. Maestro nacional, ocupó el cargo de oftalmólogo de la Inspección Médica Escolar del Estado. También obtuvo la plaza de oftalmólogo de los Servicios Provinciales de Sanidad de Cádiz y la de Auxiliar de la cátedra de Oftalmología (1932) de la Facultad de Cádiz, primero con el Profesor Soria y después con el Profesor Carreras, cargo en el que se mantuvo hasta que en 1942 alcanzó por oposición la condición de catedrático de Oftalmología de la Facultad de Medicina de Sevilla, aunque a petición propia, y por concurso de traslado y permuta con el profesor Domínguez, pasó a la Facultad de Medicina de Cádiz. En 1956 accede por traslado a la Cátedra de Oftalmología de la Facultad de Oftalmología de Madrid, en la que ejerce su magisterio hasta su jubilación reglamentaria. Dedicó su vida a la Oftalmología, siendo fundador y primer Director de la Escuela de Oftalmología de Madrid, Presidente de la Sociedad Oftalmológica Española, y Presidente de la Sociedad Oftalmológica de Madrid.
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 264 En el Cuerpo de Sanidad de la Armada, tras su ingreso como Teniente Médico y primer destino como médico de guardia del Hospital de San Carlos, cursó la especialidad de Bacteriología y Análisis Clínicos (1923), y ocupó destinos en el patrullero “Bonifaz” (1926)-1927), la Academia de Artillería de la Armada en Cádiz (1927), Ayudante Personal del Inspector General de las Armada (1930), Jefe de la Clínica de Oftalmo-otorrino-laringología del Hospital de Marina de San Carlos (1938), profesor de la Escuela Naval Militar (1939), y Presidente de la Junta de Reconocimientos del Departamento Marítimo de Cádiz (1950). Fig. 205 José Pérez Llorca Fig. 206 Elementos de Oftalmología. Pérez Llorca. 1960 En base a sus demostrados conocimientos sobre la especialidad de Oftalmología, en 1948 fue nombrado director de un curso de Oftalmología de un año de duración, siendo sus alumnos los Comandantes Médicos D. José Benavente Campos y D. José Fuentes Mayor (O.M. de 23 de septiembre de 1948, D.O. nº 222), y siendo él mismo nombrado especialista de Oftalmología por O.M. de 30 de noviembre de 1948. Destacan igualmente sus nombramientos como Jefe de los Servicios Sanitarios de la Jurisdicción Central (1959), Director del Sanatorio Antituberculoso de Marina de los Molinos (Madrid) (O.M. 467/61, D.O. nº 38); como General Subinspector de Sanidad (nombrado por R.D. 190/1963) ocupó los cargos de Jefe de los Servicios de Medicina Preventiva de la Armada, Jefe del Servicio de Sanidad de la Armada (R.D. 595/64 – D.O. 65), representante del Ministerio de Marina en la Asamblea Suprema de la Cruz Roja (1964), vocal de la Junta Coordinadora de los Servicios Hospitalarios de las Fuerzas Armadas (Orden de Presidencia de 18 de febrero de 1948, D.O. 48), e Inspector General del Cuerpo de Sanidad de la Armada (R.D. 1539/64, D.O. 116). En 1965 asciende a General Inspector de Sanidad (R.D. 4208/64, D.O. 3), ocupando igualmente destinos como Director de Sanidad de la Armada (R.D. 2176/1967 – D.O. 215) y vocal de la Junta Permanente para estudio de los asuntos sanitarios de los tres ejércitos (D.O. 188/1967). En 1970 para a la situación de reserva por edad (R.D. 1581/70, D.O. 134). En 1973 fue nombrado académico de número de la Real Academia Nacional de Medicina, ocupando el sillón nº 27 y versando su discurso de ingreso sobre "La evolución de los métodos habituales de exploración objetiva oftalmológica en los últimos cincuenta años". La réplica del fue dada por el también académico numerario Profesor Laín Entralgo, el cual destaca las excepcionales cualidades del nuevo académico, del cual llega a afirmar que “si de
La Oftalmología en la Medicina Militar Española Pág. 265 todos los docentes de nuestra Universidad actual hubiese que elegir a los cinco mejores y a los que con justicia se pudiese llamar “ejemplares”, uno de ellos debería ser José Pérez Llorca” 489. Fue igualmente autor de numerosos trabajos científicos, entre los que destaca su tesis doctoral “Contribución al Estudio del desarrollo Ocular”, ya citada, que fue ponencia de la Sociedad Oftalmológica Hispano Americana y sobre todo su “Microventosa para la Extracción de la Catarata”, concepto originalísimo que simplificaba enormemente esta cirugía 490. Igualmente realizó importantes investigaciones y publicaciones sobre anatomía y fisiología oftalmológicas y sobre semiología y patología del ojo y desarrolló una técnica de facoéresis por vacío para tratamiento quirúrgico del desprendimiento de retina. Estaba en posesión de la Gran Cruz del Mérito Naval, la Gran Cruz de San Hermenegildo y la Cruz del Mérito Militar con Distintivo Rojo. Fallecido en Madrid el 28 de septiembre de 1996, en su memorial de él afirma Laín Entralgo: “Ha muerto José Pérez Llorca, catedrático emérito de Oftalmología de la Universidad Complutense y miembro de número de la Real Academia Nacional de Medicina. Como docente e investigador de su disciplina ocupó un lugar distinguido en la pléyade de los españoles que a lo largo de este siglo -Barraquer, Arruga, Márquez, Carreras, Díaz Canejatan brillantemente la han cultivado” 491. Dentro de sus publicaciones oftalmológicas destacamos: «Sobre un caso de retinitis exudativa externa de Coats». Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1932. «Origen del vítreo». Archivos de Oftalmología Hispano - Americanos, 1932. «Contribución al origen y naturaleza del cuerpo vítreo». Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1932. «Microftalmía y Quiste Colobomatoso (a propósito de un caso)». Pérez Llorca y Mario Esteban Aránguez. Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1933. «Forma telangiectásica de la oftalmía simpatizante». Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1934. «Algunas consideraciones sobre el ojo ciclópeo, a propósito de una observación». Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1935. «Simplificación del procedimiento del vacío para la extracción de la catarata senil». Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano Americana, 1947. Donde se describe la ventosa para extracción de cristalino ideada por el autor. «Sobre la operación de catarata». Archivos de la Sociedad Oftalmológica HispanoAmericana, 1948. Destacamos en este artículo la descripción sobre y ventajas de la ventosa por él desarrollada, y dada a conocer previamente en la misma publicación un año antes, insistiendo en la falta de peligro de este pequeño aparato que “aun en los casos en que fracasa, no desgarra la cápsula y permite una ulterior utilización de la pinza, cuya aplicación favorece”. «Distrofia cristalina de la córnea». Archivos de la Sociedad Oftalmológica HispanoAmericana, 1948.
JUAN MEDÍN CATOIRA Pág. 266 «El ojo de un embrión cíclope humano». Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1952. «Ventajas e inconvenientes de la sección corneal con lanza y tijera en la operación de la catarata». Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1952. «Cuatro casos de luxación espontánea del cristalino, seguida de glaucoma agudo, en dos hermanas afectas de degeneración cerebroretiniana, ectopía lentis y aracnodactilia». Pérez Llorca y Piñero Carrión. Archivos de la Sociedad Oftalmológica HispanoAmericana, 1954. «Orden de aparición de los síntomas en dos casos de uveítis de Vogt». Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1954. «Desarrollo embrionario y fetal del ojo humano». Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1954. «Desarrollo embrionario y fetal del ojo humano». Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1955. «Hemianopsia binasal por aracnoiditis optoquiasmática». Pérez Llorca y LópezPorrúa, Comunicación presentada en el XXXIII Congreso de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana de 1955. Publicada en los Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1956. « ¿Constituye la miopía en algún caso una formal indicación quirúrgica? ». Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1956. «Desarrollo de las vías lagrimales en el embrión humano». Comunicación presentada en el XXXIII Congreso de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana.de 1955. Publicada en los Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1956. «Alteraciones histológicas observadas en la ciclodiálisis experimental». Comunicación presentada en el XXXIII Congreso de la Sociedad Oftalmológica HispanoAmericana de 1955. Publicada en los Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1956. «Hemianopsia binasal por aracnoiditis optoquiasmática». Pérez Llorca y López Porrúa. Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1956. «Alteraciones histológicas observadas en la ciclodiálisis experimental». Pérez Llorca y Genis Gálvez, Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1956. «Las directrices del tratamiento quirúrgico del desprendimiento de retina». Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1959. «Elementos de Oftalmología». Madrid, 1960. «Crítica de la extracción del cristalino transparente como medio de corrección de la refracción miópica». Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1963. «La presión arterial general y la presión en la oftálmica y su relación con la evolución del glaucoma crónico». Archivos de la Sociedad Oftalmológica HispanoAmericana, 1963.
La Oftalmología en la Medicina Militar Española Pág. 267 «Nuestra experiencia con la dihidroergotamina en el tratamiento del glaucoma». Pérez Llorca y Moreno Casanovas, Archivos de la Sociedad Oftalmológica HispanoAmericana, 1964. «Atrofias del nervio óptico». Comunicación presentada al XLII Congreso de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana y publicada en los Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1964. «Acido hialurónico en el líquido subretiniano». Pérez Llorca y Clement. Comunicación presentada al XLII Congreso de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana y publicada en los Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1964 «Extracción de la catarata por medio del frío». Pérez Llorca, Tena Ibarra, Domínguez Collazo. Comunicación presentada al XLII Congreso de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana de 1964. Archivos de la Sociedad Oftalmológica HispanoAmericana, 1965. «Acido hialurónico en el líquido sub-retiniano». Clement y Pérez Llorca. Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1965. «Angiomatosis retinianas tratadas por fotocoagulación». Pérez Llorca y Moreno Casanovas, Archivos de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana, 1969. «La evolución de los métodos habituales de exploración objetiva oftalmológica en los últimos cincuenta años». Discurso para la recepción pública como acádemico electo de la real academia Nacional de Medicina, leído el 27 de febrero de 1973 y contestación del académico numerario Excmo. D. Pedro Laín Entralgo. Madrid, 1973. «Distintos aspectos ontogénicos del ángulo camerular». Pérez-Llorca Rodrigo, y Pérez-Llorca José. Archivos de la Sociedad Española de Oftalmología, 1975. «Del cirujano romancista al cirujano latino: papel de la Marina en su transformación». Anales Real Academia Nacional de Medicina. 1978. «A D. Galo Leoz, maestro ejemplar con admiración y cariñoso respeto». Archivos de la Sociedad Española de Oftalmología, 1979. Por su carácter didáctico destacamos el texto «Elementos de Oftalmología», publicado en Madrid en su primera edición en 1960. ELEMENTOS DE OFTALMOLOGÍA. José Pérez Llorca. Madrid. 1960. [fig.206]. En su prólogo, Pérez Llorca manifiesta la orientación del manual hacia los estudiantes “en la necesidad de proporcionarles breves síntesis, claras, actualizadas y fácilmente asequibles, del contenido de cada disciplina”. Consta el texto de veinticuatro capítulos, desarrollado en 338 páginas en su primera edición de 1960, con 120 figuras: I. Bosquejo anatómico del aparato visual. II. Bosquejo embriológico del ojo III. Las técnicas oftalmológicas. IV. Examen funcional.
[Document text truncated for crawler view.]