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Algunas variantes complejas en El alguacil endemoniado, de Francisco de Quevedo

Azaustre Galiana, Antonio

Abstract

Este trabajo analiza algunas variantes textuales especialmente difíciles en la transmisión manuscrita e impresa de El alguacil endemoniado de Francisco de Quevedo. Muchas de ellas plantean el problema de determinar si la variante es responsabilidad del autor, o bien de copistas o impresores, lo que repercute en la valoración del testimonio y sus lecturas.

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193 Creneida, 10 (2022). 193244. www.creneida.com. issn 2340-8960 Antonio Azaustre Galiana, Algunas variantes complejas en El alguacil endemoniado de Francisco de Quevedo Algunas variantes complejas en El alguacil endemoniado de Francisco de Quevedo Antonio Azaustre Galiana Universidad de Santiago de Compostela antonio.azaustr[email protected] Título: Algunas variantes complejas en El alguacil endemoniado de Francisco de Quevedo. Title: Some Difficult Textual Variants in Quevedo’s El Alguacil endemoniado. Resumen: Este trabajo analiza algunas variantes textuales especialmente difíciles en la transmisión manuscrita e impresa de El alguacil endemoniado de Francisco de Quevedo. Muchas de ellas plantean el problema de determinar si la variante es responsabilidad del autor, o bien de copistas o impresores, lo que repercute en la valoración del testimonio y sus lecturas. Abstract: This work studies some difficult textual variants in the handwritten and printed textual transmisión of Quevedo’s El alguacil endemoniado. Many of these variants show the problema of distinguishing if they have been introduced by Quevedo or by copyists or printers. This fact has a great influence on the evaluation of each testimony and its lectures. Palabras clave: Quevedo, Los sueños, El alguacil endemoniado, Crítica textual. Key Words: Quevedo, Los sueños, El alguacil endemoniado, Textual Criticism. Fecha de recepción: 4/8/2022. Date of Receipt: 4/8/2022. Fecha de aceptación: 28/9/2022. Date of Approval: 28/9/2022. En estas páginas me propongo repasar algunas variantes de El alguacil endemoniado, segundo de los Sueños de Francisco de Quevedo. Mi intención es constatar uno de los problemas que afectan a su transmisión y, en consecuencia, a las decisiones sobre su edición crítica: la difícil determinación de un número apreciable de variantes atribuibles o no a Quevedo. Es un problema que no afecta exclusivamente a la obra del madrileño, pero que encuentra en ella —sobre todo en sus tradiciones textuales más pobladas— buenos ejemplos para el análisis ecdótico1. Debido a los lími1 Para evitar mayor prolijidad, me ceñiré a la bibliografía que se ha ocupado de estas cuestiones en los Sueños de Quevedo. La problemática de las variantes de autor conoce una larga y consolidada tradición de estudios en la filología italiana, y ac- 194 Creneida, 10 (2022). 193244. www.creneida.com. issn 2340-8960 Antonio Azaustre Galiana, Algunas variantes complejas en El alguacil endemoniado de Francisco de Quevedo tes de este trabajo, examinaré las variantes de forma individual, aunque, lógicamente, haré referencia a la filiación y transmisión de la obra cuando ello sea necesario. Vaya por delante que la circulación textual de El alguacil endemoniado presenta tres fases principales: 1) la tradición manuscrita, 2) la edición príncipe de Barcelona (Esteban Liberós, 1627), 3) la edición madrileña en Juguetes de la niñez (viuda de Alonso Martín, 1631). Además, los estudios sobre la tradición manuscrita coinciden en la extrema dificultad para filiar los manuscritos, pues la falta de errores con claro valor conjuntivo y la dispersión de errores y variantes en los distintos testimonios dificulta establecer un stemma, de modo que el editor deberá conformarse con agruparlos y buscar el mejor texto base de dicha versión no impresa2. El alguacil endemoniado. Testimonios manuscritos D Bibliothèque Nationale de France, Paris, ms. Espagnol 354, ff. 312v-320v E Hispanic Society of America, New York, ms. B-2680, ff. 11r-21v H Biblioteca de Menéndez Pelayo, Santander, ms. M. 307 (Catáogo de Artigas, nº 109), ff. 1r-6v H1 Museo histórico artístico de la Hospedería Real, Villanueva de los Infantes (Ciudad Real), ff. 54r-60v K Konhelige Bibliotek, Copenhague, ms. GKS 2059, ff. 43r-56r N Real Academia de la Historia, Madrid, Colección Salazar y Castro, ms. L-69, ff. 36r-42r (con otra numeración, ff. 33r-39r) O Real Academia de la Historia, Madrid, Colección Salazar y Castro, ms. L-31, pp. 148-169 tualmente encuentra otra vertiente de interesante estudio desde la genética textual. Para las variantes de autor en la obra de Quevedo, ver Alfonso Rey, “Las variantes de autor en la obra de Quevedo”, La Perinola, 4 (2000), pp. 309-344. 2 Ver al respecto James O. Crosby (ed.), Francisco de Quevedo, Sueños y discursos, Madrid, Castalia, 1993, 2 vóls. (pp. 71-79); Irene Bertuzzi, Estudio textual de los Sueños de Francisco de Quevedo, Santiago de Compostela, Universidad de Santiago de Compostela [Tesis doctoral] (pp. 73-122); Antonio Azaustre Galiana, “Notas sobre la filiación en la tradición manuscrita de El alguacil endemoniado”, en Docta y sabia Atenea. Studia in honorem Lía Schwartz”, eds. Susan Byrne, Mariano de la Campa, Sagrario López Poza, Nieves Pena Sueiro, Isabel Pérez Cuenca, Almudena Vidorreta, A Coruña, Servizo de Publicacións da Universidade da Coruña, 2019, pp. 39-67. 195 Creneida, 10 (2022). 193244. www.creneida.com. issn 2340-8960 Antonio Azaustre Galiana, Algunas variantes complejas en El alguacil endemoniado de Francisco de Quevedo R Biblioteca Nacionale Centrale “Vittorio Emanuele II”, Roma, ff. 69r-77v S Biblioteca Colombina, Sevilla, ms. Aa.141.4, ff. 37r-46r Sev Biblioteca de la Facultad de Filología de la Universidad de Sevilla, ms. Ra 158BUS, ff. 163r-169v T Biblioteca de Menéndez Pelayo, Santander, ms. M.141 (Catálogo de Artigas, nº 93), ff. xxviir-xxxivr (con otra numeración, ff. 10-17) T1 Biblioteca de la Fundación Francisco de Quevedo, Torre de Juan Abad (Ciudad Real), ff. 10v-28v U Biblioteca Nacional de España, Madrid, ms. 4256, ff. 279r-291r X Biblioteca Nacional de España, Madrid, ms. 4132, f. 53r-66r Y Biblioteca Nacional de España, Madrid, ms. 4124, ff. 155r-162v Z Biblioteca particular de don Antonio Rodríguez-Moñino, ms. numerado por Crosby (Quevedo, Sueños y discursos, p. 768) como [2] Testimonios impresos3 B27 Sueños y discursos de verdades descubridoras de abusos, vicios y engaños en todos los oficios y estados del mundo, Barcelona, Esteban Liberós, 1627. V27 Sueños y discursos, Valencia, Juan Bautista Marçal, 1627. Z27 Sueños y discursos, Zaragoza, Pedro Cabarte, 1627. D27 Desvelos soñolientos y verdades soñadas, Zaragoza, Pedro Vergés, 1627. V28 Sueños y discursos, Valencia, Juan Bautista Marçal, 1628. B28 Sueños y discursos, o desvelos soñolientos de verdades soñadas, descubridoras de abusos, vicios y engaños en todos los oficios y estados del mundo, Barcelona, Pedro Lacavalleria, 1628. J31 Juguetes de la niñez y travesuras del ingenio, Madrid, viuda de Alonso Martín, 1631. 3 Para no alargar demasiado el artículo, no abordo los problemas que afectan a las ediciones de Desvelos soñolientos y verdades soñadas (Zaragoza, Pedro Vergés, 1627) y Sueños y discursos, o desvelos soñolientos de verdades soñadas, descubridoras de abusos, vicios y engaños en todos los oficios y estados del mundo (Barcelona, Pedro Lacavalleria, 1628). Ver al respecto Beatriz González, “Hacia una edición de los Sueños: Desvelos soñolientos”, La Perinola, 3 (1999), pp. 157-170; Alfonso Rey, op. cit., pp. 328-331, e Irene Bertuzzi, “Un ejemplo de manipulación textual realizada por un editor: la edición barcelonesa de los Sueños de 1628”, La Perinola, 18 (2014), pp. 235-253. 196 Creneida, 10 (2022). 193244. www.creneida.com. issn 2340-8960 Antonio Azaustre Galiana, Algunas variantes complejas en El alguacil endemoniado de Francisco de Quevedo 1. Dedicatorias Como en otros casos a lo largo de los Sueños y el resto de sus obras, Quevedo dedicó El alguacil endemoniado a varios destinatarios4. La inmensa mayoría de los manuscritos (D E H H1 K O R S Sev U X Y) dedican el Alguacil al marqués de Villanueva del Fresno y Barcarrota, señor de Moguer, que se identifica con Alonso Portocarrero, amigo de Quevedo ya en su etapa juvenil5. En N T se dirige al conde de Lemos, con un texto que, con variantes, se repite en la dedicatoria de la edición príncipe del Sueño del Juicio (Barcelona, Esteban Liberós, 1627); por último, en T1 Z B27 se dedica también al conde de Lemos6, con el mismo texto que en la mayoría de los manuscritos se dirigía al marqués de Villanueva del Fresno, más un párrafo añadido al final: Al marqués de Villanueva del Fresno y Barcarrota, señor de Moguer, Bien sé que a los ojos de V. Excelencia es más endemoniado el autor que el sujeto; si lo fuere también el discurso, habré dado lo que se esperaba de mis pocas letras, que amparadas, como dueño, de V. Excelencia y su grandeza, despreciarán cualquier temor. Guarde Dios a Vª. Sª. De mi celda. D. Francisco de Quevedo D E H H1 K O R S Sev U X Y [con variantes menores que no consigno, como “largos años” por “de mi celda” en R; en K la dedicatoria se sitúa más adelante, después de la que se dirige al pío lector] 4 Se cita habitualmente el caso de las tres dedicatorias de la primera parte de Política de Dios: dos diferentes a Felipe IV y una al conde-duque; véanse Eva María Díaz Martínez, “Estudio Preliminar”, en Francisco de Quevedo, Política de Dios, gobierno de Cristo, en Obras completas en prosa, vol. IV, dir. Alfonso Rey, Madrid, Castalia, 2012 (pp. 161-164) y Bertuzzi, Estudio textual, p. 76, n. 210. Pablo Jauralde, Francisco de Quevedo (1580-1645), Madrid, Castalia, 1998, p. 134, valora la pluralidad de dedicatorias en el Sueño del Juicio. Para el examen de las dedicatorias de El alguacil endemoniado, véase Bertuzzi, Estudio textual, pp. 73-76. 5 Jauralde, op. cit., pp. 158 y 461; y Bertuzzi, Estudio textual, p. 75, recuerdan su amistad con Quevedo, tal vez ligada ya a su juventud vallisoletana, pues la figura del marqués aparece contantemente en los festejos de dicha ciudad, según se recoge en la Fastiginia. Crosby (ed.), Quevedo, Sueños y discursos, pp. 1031-1032, señala la carta de Quevedo a Osuna en noviembre de 1615, donde da fe de su amistad con el marqués, y otra de Quevedo al propio marqués en 1621. 6 Ya no consigno las ediciones que siguen a B27, donde también aparece el texto. 197 Creneida, 10 (2022). 193244. www.creneida.com. issn 2340-8960 Antonio Azaustre Galiana, Algunas variantes complejas en El alguacil endemoniado de Francisco de Quevedo Al conde de Lemos, presidente de indias. A manos de V Exª van estas desnudas verdades que, buscando no quien las vista sino quien las consienta (así que a tal tiempo hemos venido), se prometen seguridad en ellas solo. Viva Vexª para honra de nuestra edad N T [con variantes menores entre ellos] Bien sé que a los ojos de V. Excelencia es más endemoniado el autor que el sujeto; si lo fuere también el discurso, habré dado lo que se esperaba de mis pocas letras, que amparadas, como dueño, de V. Excelencia y su grandeza, despreciarán cualquier temor. Ofrézcole este discurso del alguacil endemoniado (aunque fuera mejor y más propiamente a los diablos mismos). Recíbale V. Excelencia con la humanidad que me hace merced, así yo vea en su casa la sucesión que tanta nobleza y méritos piden T1 Z B27 [con variantes menores entre ellos] No hay razones para pensar que estas dedicatorias sean ajenas a Quevedo7. En cuanto a su cronología, cabe apuntar que la dedicatoria al conde de Lemos, en cualquiera de las dos versiones, lo menciona como presidente del Consejo de Indias, cargo que ostentó entre 1603 y 1610, para pasar luego a ser virrey de Nápoles8. Por lo que respecta a la dedicatoria al conde de Lemos recogida en N T, Crosby recordó que, en T, “según la portada, el texto de los tres Sueños fue copiado en Valencia, a 3 de mayo de 1613”9. Lógicamente, esa dedicatoria del Alguacil sería de ese año o anterior, y dicha noticia parece apuntar a que posteriormente fue reutilizada para incluirla en la edición príncipe del Sueño del Juicio (1627). A esas dos dedicatorias cabe añadir una tercera en el manuscrito H1, descubierto y estudiado por Milagros Rodríguez Cáceres10, y que se con7 Bertuzzi, Estudio textual, p. 75, recuerda, por ejemplo, que en la dedicatoria de N T se usa el tópico de la verdad desnuda, al que recurrió Quevedo precisamente en un episodio del Alguacil: el que narraba visita de la Verdad y la Justicia a la tierra. 8 Jauralde, op. cit., pp. 164-165, señala los intentos de Quevedo por acercarse al conde de Lemos en este periodo. Con posterioridad a esas fechas, los intereses del conde de Lemos en Italia chocan con los del duque de Osuna, protector de Quevedo, como indica Jauralde, op. cit., pp. 302, 346 y 363-364. 9 James O. Crosby (ed.), Quevedo, Sueños y discursos, p. 767. 10 Milagros Rodríguez Cáceres, “Hospederías Reales, otro manuscrito desconocido de los Sueños de Quevedo”, La Perinola, 12 (2008), pp. 373-387. 198 Creneida, 10 (2022). 193244. www.creneida.com. issn 2340-8960 Antonio Azaustre Galiana, Algunas variantes complejas en El alguacil endemoniado de Francisco de Quevedo serva hoy en el Museo Histórico-artístico de la Hospedería Real de Villanueva de los Infantes. El texto de esa dedicatoria se encuentra justo después de la dirigida al marqués de Villanueva del Fresno y Barcarrota: A Juan Fernández de Velasco, condestable de Castilla y presidente de Italia &ª. Amparo y lima piden a la dotrina y grandeza de V. Exª. estas obras que, en los pocos años de su autor, no han hallado sino disculpas anticipadas. Tenga V. Exª. salud. Juan Fernández de Velasco, VI condestable de Castilla, murió el 15 de marzo de 1613. En cuanto a sus cargos en Italia, fue gobernador de Milán en dos períodos: de 1592 a 1600 y de 1610 a 1612. A este último debe pertenecer la dedicatoria de Quevedo, pues encaja con la estancia del escritor en el país transalpino (1613-1619)11. En este sentido, recordemos que Juan Fernández de Velasco fue muy respetado por Osuna, que lo consideraba algo así como su mentor. Por último, si se repara en el texto de la dedicatoria, parece que Quevedo le habría dirigido no solo el Alguacil, sino también otras obras de carácter satírico: “estas obras que en los pocos años de su autor no han hallado disculpas anticipadas”. En conclusión, entre 1607 —fecha aproximada de la redacción del Alguacil— y 1612, Quevedo dirigió este sueño a tres personas distintas: Alonso Portocarrero, marqués de Villanueva del Fresno y probable amigo de Quevedo ya en su juventud; el conde de Lemos durante su presidencia del Consejo de Indias, y Juan Fernández de Velasco cuando era gobernador de Milán. Sin que pueda asegurarse que este sea el orden exacto, sí cabe afirmar que esa pluralidad de destinatarios acompaña y se hace eco de una poblada tradición manuscrita y revela la importancia que Quevedo concedió a sus Sueños. Dado que el cambio de destinatario pudo acompañarse de otras intervenciones de Quevedo en el texto, el editor habrá de tenerlo muy en 11 Además, Juan Fernández de Velasco fue defensor del apóstol Santiago contra la tesis de Mariana que dudaba de su venida, y pudiera tratarse de la persona encubierta bajo el seudonimo de Prete Jacopín, que redactó las conocidas Observaciones sobre las anotaciones de Fernando de Herrera a Garcilaso. Quevedo menciona de forma laudatoria a Juan Fernández de Velasco en Mundo caduco y desvaríos de la edad, ed. de Victoriano Roncero, en Obras completas en prosa, dir. Alfonso Rey, Madrid, Castalia, 2005, III, pp. 180-181. 199 Creneida, 10 (2022). 193244. www.creneida.com. issn 2340-8960 Antonio Azaustre Galiana, Algunas variantes complejas en El alguacil endemoniado de Francisco de Quevedo cuenta a la hora de analizar las variantes de los dos grandes grupos de testimonios manuscritos marcados por la persona a quien se dirige12. Al margen de la pluralidad de destinatarios, cabe analizar el añadido que la dedicatoria al conde de Lemos presenta en T1 Z B27 frente a su texto en N T. Crosby no cree que pueda atribuirse a Quevedo, pues “las palabras añadidas no ofrecen motivos para atribuirlas al autor, sino más bien a una persona de poco talento literario”13. Por contra, para Bertuzzi “es muy probable que este cambio se deba a Quevedo”, pues “el añadido presente en T1 Z personaliza la dedicatoria, haciendo referencia al papel de mecenas del conde de Lemos”, y porque “Quevedo era dado a modificar sus dedicatorias”14. El contraste de pareceres nos sitúa de lleno ante el problema de calibrar la intervención de Quevedo en las variantes redaccionales de los Sueños15. En este caso, si bien es cierto que aquí no aparecen las agudezas que sí adornan otras dedicatorias de Quevedo, también lo es que las dirigidas a monarcas, nobles y mecenas no necesariamente deben poseer dicho rasgo, y se mueven a menudo en el convencional tono de respeto que exige el destinatario. En este caso, la referencia al mecenazgo del conde de Lemos es atinada, aunque común a su semblanza en las dedicatorias áureas. También es un hecho la costumbre de Quevedo de modificar las dedicatorias, y a menudo se señala el caso de la primera parte de Política de Dios, de la que se conservan tres diferentes16. En el propio Alguacil endemoniado asoman también tres destinatarios distintos: el marqués de Villanueva del 12 Como se ha dicho, los testimonios manuscritos D E H Hos K O R S Sev U X Y dedican la obra al marqués de Villanueva del Fresno y Barcarrota; los que llevan las siglas N T T1 Z, y la edición príncipe (B27), al conde de Lemos. 13 James O. Crosby, La tradición manuscrita de los Sueños de Quevedo y la primera edición, West Lafayette, Indiana, Purdue University Press, 2005, p. 39. 14 Bertuzzi, Estudio textual, pp. 75-76. 15 Utilizo el término “variante redaccional” en un sentido amplio que incluye tanto las variantes de autor como las que no lo son. En la terminología neolachmanniana, esta acepción se asemejaría a las lecturas equipolentes de la recensio o adiáforas de la constitutio textus. Para estas y otras cuestiones terminológicas, véase Rey, op. cit.. 16 Lo estudiaron James O. Crosby, The Sources of the Text of Quevedo’s Política de Dios, New York, The Modern Language Association of America, 1959 (pp. 6, 76, 9899, 105); James O. Crosby (ed.), Francisco de Quevedo, Política de Dios, Madrid, Castalia, 1966, pp. 350-357, y Díaz Martínez, op. cit., pp. 161-164. 200 Creneida, 10 (2022). 193244. www.creneida.com. issn 2340-8960 Antonio Azaustre Galiana, Algunas variantes complejas en El alguacil endemoniado de Francisco de Quevedo Fresno y Barcarrota, el conde de Lemos, y, con los matices ya señalados, don Juan Fernández de Velasco en H1. La voluntad de cambiar el destinatario cabe atribuirla a Quevedo. Es probable que también redactara los breves textos de esas dedicatorias; pero, aun no siendo así en todos los casos, creo que deben tratarse como variantes de autor, pues responden a su intención de dirigir la obra a un sujeto distinto. Sin embargo, mantener la dedicatoria al conde de Lemos en la edición de 1627 denota que Quevedo no revisó en detalle el texto de la edición príncipe antes de su publicación, pues el conde había fallecido en 1622. La dedicatoria a un personaje muerto en 1622 parece indicar que la hipotética revisión del manuscrito del que se sirvió la príncipe no habría sido llevada a cabo por Quevedo en fecha cercana a la impresión, porque no parece lógico que hubiese mantenido la dedicatoria a un personaje fallecido cinco años atrás. Además, como ya se ha señalado, la confusión acerca de esta dedicatoria es notable, pues los manuscritos N y T de El alguacil endemoniado presentan —con variantes de escasa importancia— el mismo texto que en la princeps encabeza la dedicatoria del Sueño del Juicio17. En consecuencia, aunque el texto de esta dedicatoria compartida por Juicio y Alguacil sea una variante atribuible a Quevedo, no lo es tanto la decisión de incluirlo en una edición publicada en 1627, cinco años después de la muerte del noble a quien se dirigía. 17 James O. Crosby, La tradición manuscrita, p. 25, cree que el editor de la princeps se extrañó de la ausencia de dedicatoria al frente del Sueño del Juicio y copió la que encabezaba El Alguacil endemoniado en los mss. N T. Francisco Rico, “Ratio typographica: Los sueños con La pícara Justina”, en Diferentes y escogidas. Homenaje al profesor Luis Iglesias Feijoo, ed. Santiago Fernández Mosquera, Madrid-Frankfurt, Iberoamericana-Vervuert, pp. 437-448 (pp. 407-426) señala casos de manipulación de dedicatorias y preliminares en las imprentas. No obstante, no resulta tan sencillo pensar que este sería el supuesto en esta ocasión, pues el editor de la edición barcelonesa debería haber tenido a la vista, o bien los manuscritos N T —improbable, pues el texto de su edición no se vincula a ellos—, o bien otro, hoy no conservado, con esa misma dedicatoria. Otra posibilidad, que añade Bertuzzi, Estudio textual, p. 253, es “que el editor tenía una copia manuscrita […] que ya contenía esta dedicatoria como consecuencia de una contaminación que habría tenido lugar en la transmisión manuscrita de la obra”. Aunque sin texto, también tres testimonios manuscritos del Sueño del Juicio dedican la obra al conde de Lemos. 201 Creneida, 10 (2022). 193244. www.creneida.com. issn 2340-8960 Antonio Azaustre Galiana, Algunas variantes complejas en El alguacil endemoniado de Francisco de Quevedo 2. Herodes / Caifás / Anás Una variante que ha llamado la atención de los estudiosos aparece hacia el final del texto18. En el párrafo de conclusión, el narrador apela al destinatario para que tome en cuenta la lección que encierra la obra, con independencia de que haya sido puesta en boca de un diablo. Para ilustrar que el discurso del malo puede encerrar una enseñanza provechosa, recurre a varios ejemplos: Vuestra Excelencia con curiosa atención mire esto y no mire a quien lo dijo; que Herodes profetizó, y por la boca de una sierpe de piedra sale un caño de agua, en la quijada de un león hay miel, y el salmo dice que a veces recebimos salud de nuestros enemigos y de mano de aquellos que nos aborrecen. La variante en cuestión se da en el primero de ellos: Herodes] Caifás H1 U X Anás T1 Z Con respecto a la variante mayoritaria “Herodes”, Arellano, Crosby —que aceptan la lectura en sus ediciones— y Bertuzzi apuntan la posibilidad de que Quevedo se refiera al pasaje de los Evangelios (Mateo 14, 2 y Marcos 6, 14) donde Herodes, al saber de la fama de Jesús, cree que es Juan Bautista resucitado, aunque Crosby matiza que, en rigor, la profecía resulta inexacta, y que acaso Quevedo pudo haber confundido a Herodes con Caifás19. En mi opinión, el episodio a través del cual se quiere asociar a Herodes con la profecía es su encuentro con los Magos de Oriente. A este hecho se refiere un pasaje de Política de Dios, obra donde abundan las referencias al tirano; en él se presenta a Herodes como malvado monarca que profetizó con certeza que los Magos serían enviados a Belén, y se explicita la idea 18 Véanse las reflexiones de Crosby (ed.), Quevedo, Sueños y discursos, pp. 1121-1126, y Bertuzzi, Estudio textual, pp. 90-92. 19 Ignacio Arellano (ed.), Francisco de Quevedo, Sueños y discursos, en Obras completas en prosa, vol. I, dir. Alfonso Rey, Madrid, Castalia, 2003, p. 273; James O. Crosby (ed.), Quevedo, Sueños y discursos, p. 1122; Irene Bertuzzi, Estudio textual, p. 91. 208 Creneida, 10 (2022). 193244. www.creneida.com. issn 2340-8960 Antonio Azaustre Galiana, Algunas variantes complejas en El alguacil endemoniado de Francisco de Quevedo Y las acciones fieras, En quantos hombres tratas Perdonaràs las obras mas ingratas (fol. 46v). La obra de Epicteto había sido ya traducida por el Brocense en 1600 (Salamanca, Pedro Lasso) y por Gonzalo Correas en 1630 (Salamanca, Jacinto Tabernier). El propio Quevedo declara haberlas consultado, y se inclina algo más por la del Brocense30: Hanle traducido en todos los idiomas doctísimos varones, y en nuestra habla el maestro Francisco Sánchez de las Brozas, y, poco después, el maestro Gonzalo Correas, con algún rigor, más ajustado al original, y por eso menos apacible. De las advertencias de todos he procurado adornar esta versión, que hago en versos con la suavidad de consonantes, para que sea a la memoria apetito la armonía (Quevedo, Epicteto, pp. 781a-b). Con deseo de acertar en lección tan importante, y con el recato de quien trata joyas, he visto el original griego, la versión latina, la francesa, la italiana, que acompañó el Manual con el comento de Simplicio, la que en castellano hizo el maestro Francisco Sánchez de las Brozas, con argumentos y notas; la última, que hizo el maestro Gonzalo Correas, que en la división de los capítulos sigue a Simplicio, que numera 79, empero el maestro Sánchez, cuya división sigo, incluyó los 19 y numeró 60 capítulos, a mi parecer con buena advertencia. El maestro Correas blasona haber ordenado y enmendado muchos lugares en el original griego, que no reconoció Sánchez; en alguno se justifica; en otros se atribuye la razón que no tiene. En esto remito el juicio del letor a lo que le informan las dos versiones: hallará más rigurosa y menos apacible la de Correas, y la de Sánchez docta y suave, y rigurosa en lo importante, no en lo impertinente. En qué manera he usado de la inteligencia de todas estas versiones, conocerá quien atendiere a la disposición de la mía. Hícela en versos de consonantes, porque el ritmo y la armonía sea golosina a la voluntad y facilidad a la memoria (Quevedo, Epicteto, pp. 783b-784a). 30 Más detalles en Manuel Mañas Núñez, “Neoestoicismo español: el Brocense, en Correas y Quevedo”, Cuadernos de Filología Clásica. Estudios Latinos, XXIII, 2 (2003), pp. 403-422. 209 Creneida, 10 (2022). 193244. www.creneida.com. issn 2340-8960 Antonio Azaustre Galiana, Algunas variantes complejas en El alguacil endemoniado de Francisco de Quevedo Lógicamente, las traducciones del Brocense y Correas recogen este mismo pasaje del Enchiridion con ligeras variantes31: Capítulo xlix Usemos de la asa de umanidad, i no de la de inhumanidad Todas las cosas tienen dos asas, una de sufrimiento, i otra insufrible: si tu ermano te haze injuria, no tomes esto por el asa, de que te haze injuria, porque esta asa no es tolerable, pero tomalo por el asa, que es tu ermano, que se crió contigo, i por esta asa podrás tomar este negocio, i será tolerable (traducción del Brocense, ff. 74v-75r)32. Kapitulo 65 Toda kosa tiene dos asas, una tolerable, i otra intolerable. Si tu ermano haze inxurias, desa parte no le asas, de la ke es inxurioso, porque ésta asa es la ke él tiene intolerable, sino antes de akella, ke es tu ermano, ke se krió kontigo: i le asiras por donde es tolerable (traducción de Correas, pp. 66-67)33. El cotejo ambas permite comprobar la mayor cercanía de la de Quevedo a la del Brocense, pero no arroja más luz sobre la variante que el Alguacil incorpora en su parte final (“una para tomar y otra para dejar”): Todas las cosas tienen dos asas, una de sufrimiento, i otra insufrible (traducción del Brocense). 31 La variación en el número del capítulo se debe a su diferente estructura en las traducciones del Brocense y Correas, aspecto al que ya se ha referido arriba Quevedo, que sigue la del Brocense. 32 Cito por Doctrina del estoico Filosofo Epicteto, que se llama comunmente Enchiridion. Traduzido del Griego. Por el Maestro Francisco Sanchez, Catedratico de Retorica, i Griego en la universidad de Salamanca. Con licencia, En Barcelona, Por los Erederos de Onofre Anglada, Año 1612. 33 Cito por Ortografia Kastellana, nueva i perfeta. Dirixida al Prinzipe Don Baltasar N.S. i el Manual de Epikteto, i la Tabla de Kebes, Filosofos Estoikos. Traduzidos de Griego en Kastellano, por el Maestro Gonzalo Korreas... Kon privilexio Real, en Salamanca en kasa de Xazinto Tabernier, inpresor de la Universidad, año 1630. 210 Creneida, 10 (2022). 193244. www.creneida.com. issn 2340-8960 Antonio Azaustre Galiana, Algunas variantes complejas en El alguacil endemoniado de Francisco de Quevedo Toda kosa tiene dos asas, una tolerable, i otra intolerable (traducción de Correas). Tienen todas las cosas dos assas, vna sufrible, y otra insoportable (traducción de Quevedo). todas las cosas tienen dos asas, una para tomar y otra para dejar (Alguacil endemoniado). La frase exacta incorporada en la variante aparece en una traducción renacentista de la Cosmographia de Pedro Apiano34, por lo que dicha formulación no es original de Quevedo (marco la frase en cursiva en el texto que cito a continuación): Al muy Magnífico Señor Francisco Duarte, Proueedor de las armadas y exércitos de su Magestad y de su Consejo de guerra, etc, mi Señor. No faltarán algunos, Muy magnífico Señor, a quien parezca inútil trabajo y curiosidad vana traduzir el presente libro de Cosmographía en romançe, pretendiendo que sea poca esta sciencia vertiéndola en lengua vulgar y se prophana haziéndola común y pública a todos. Otrosí que se da occasión de hazer negligentes a muchos de nuestros españoles, los quales, menospreciada la lengua latina, tan elegante y común a tantas naciones y, en los tiempos de agora algún tanto necessaria, se contenten con leer los libros en español, los quales, con mayor suavidad y fruto se leerían en latín, por ser lengua más abundante de vocablos propios para cada sciencia. Por cierto, el zelo d’éstos tales es de tener en mucho por la estima que hazen de las artes y el gran cuydado que tienen del bien y provecho de Su nación. Visto, empero, que todas las cosas tienen dos asas, como 34 Debo y agradezco el dato a mi colega Sergio Fernández López (Universidad de Huelva). La traducción española de la Cosmographia de Pedro Apiano fue publicada en Amberes, en casa de Gregorio Bontio, 1548; posteriormente, también en Amberes, por Iuan Bellero al Águila de Oro, 1575. Puede encontrarse también una transcripción de Rosa Rojo Calvo en el Centro de Investigaciones Lingüísticas (CILUS, Salamanca, 2000, en línea). 211 Creneida, 10 (2022). 193244. www.creneida.com. issn 2340-8960 Antonio Azaustre Galiana, Algunas variantes complejas en El alguacil endemoniado de Francisco de Quevedo dixo aquel philósopho: “una para tomar, otra para dexar” (lo que muy bien en nuestro español dizen: “todas las cosas tienen haz y envez”) me paresce que, traduziendo estas artes en lengua española, no se prophanan, pues, entre todas las lenguas vulgares, sin perjuyzio de las otras, se puede bien dezir es la más abundante, viril y sonora y más común a diversas naciones y pueblos del mundo (Pedro Apiano, Cosmographia, fol. Aii en la ed. de Amberes, 1548). Las sentencias de Epicteto eran conocidas en tiempo de Quevedo, aunque es más difícil precisar si ese conocimiento era amplio, o más bien se restringía a círculos humanísticos o siquiera instruidos35. Bertuzzi señaló que el conocimiento de las sentencias de Epicteto en la época habría hecho posible que alguien hubiese recordado e incorporado esta al prólogo36. Debe añadirse, a la vista del texto de Apiano, que ese alguien debería ser conocedor de dicha traducción, o que tal vez la sentencia circulara bajo esa forma en otros repertorios que, de momento, no he localizado. Para considerarla variante de autor, habría que concluir que Quevedo manejó esa traducción de la Cosmographia de Apiano, o bien un repertorio de frases de Epicteto con esa misma redacción, y recordó esa forma de la sentencia, que encajaba en el contexto del prólogo al pío lector37. Téngase en 35 El hecho de que ni Covarrubias ni Correas registren la sentencia de Epicteto, ni tampoco variantes de ella, invita a pensar que la difusión sería en círculos de cierta formación. En 1571, la Collectanea moralis philosophiae de fray Luis de Granada reunía sentencias de Séneca, Plutarco y Epicteto, entre otros filósofos. Ver al respecto Luis Gómez Canseco, “Ideas, estética y culturas de la Contrarreforma”, en La cultura española en la Edad Moderna, eds. Luis Gil Fernández, Luis Gómez Canseco et alii, Madrid, Istmo, 2004, pp. 207-383 y 596-618 (p. 236). 36 Bertuzzi, Estudio textual, pp. 79-80. 37 Quevedo estaba interesado en estas cuestiones, y fue poseedor de al menos dos volúmenes sobre cosmografía y geografía de Jerónimo Girava. Para Felipe C. R. Maldonado, “Algunos datos sobre la composición y dispersión de la biblioteca de Quevedo”, en Homenaje a la memoria de Don Antonio Rodríguez-Moñino, Madrid, Castalia, 1975, pp. 405-428, se trata de la edición milanesa de 1556; más recientemente, Carlos Fernández González y Sofía Simões, “Nuevas aportaciones a la biblioteca de Francisco de Quevedo”, Manuscr. Cao, 11 (2011), proponen que sea la veneciana de 1570. Asimismo, en 1644 Quevedo firmó la aprobación de la traducción del Compendius geogrpahico i historico del orbe antiguo de Pomponio Mela. En la actualidad estoy revisando los ejemplares de la Cosmographia de Pedro Apiano, para comprobar si hay anotaciones de Quevedo en alguno de ellos. De momento, no ha habido suerte. 212 Creneida, 10 (2022). 193244. www.creneida.com. issn 2340-8960 Antonio Azaustre Galiana, Algunas variantes complejas en El alguacil endemoniado de Francisco de Quevedo cuenta que, hasta el momento, solo dos manuscritos (T1 Z) recogen dicha variante. En este sentido, cabe apuntar que la filiación los sitúa en la rama de la que procede el texto de la edición príncipe, donde, sin embargo, no figura esta frase. 4. Genoveses Otra variante exclusiva de T1 Z se encuentra en el pasaje donde se censura la actividad de los genoveses: Y habéis de saber que en España los misterios de las cuentas de los ginoveses son dolorosos para los millones que vienen de las Indias, y que los cañones de sus plumas son de batería contra las bolsas. A continuación, T1 Z añaden la siguiente secuencia: aunque no tanto como el celo de las lenguas de los lisonjeros add. T1 aunque no tanto como el ceuo de las lenguas de los [espacio en blanco] add. Z. T1 indica en el margen derecho “correc”, al lado de la voz “lisonjeros”. Parece referirse a que el copista conjeturó o enmendó una voz de difícil lectura en la fuente, como atestigua también el espacio en blanco que deja Z La variante “celo / cebo” y el espacio en blanco en Z parecen indicar que ambos copiaron de un modelo cuya lectura no resultaba sencilla. Pero con independencia de que hubiese leído “celo” o “cebo” 38, el pasaje no parece adecuarse a la censura contra los genoveses, construida sobre una serie de dilogías (“misterios”, “cuentas”, “cañones”...) destinadas a criticar su actividad como mercaderes y prestamistas. Como señaló Bertuzzi39, la referencia a los aduladores no guarda relación con ese contexto económico, aunque se trate de un tipo y vicio que Quevedo, al igual que otros escritores de su tiempo, censuró a menudo40. Téngase en cuenta, además, 38 Bertuzzi, Estudio textual, p. 81, prefiere “cebo”, pues considera que “guarda relación con el campo semántico de la batalla sobre el que está construida la metáfora”. 39 Ibidem. 40 Ver, por ejemplo, el cuadro 15 de La hora de todos, y las consideraciones que sobre la 213 Creneida, 10 (2022). 193244. www.creneida.com. issn 2340-8960 Antonio Azaustre Galiana, Algunas variantes complejas en El alguacil endemoniado de Francisco de Quevedo que, en la frase inmediatamente siguiente, T1 Z cometen un error al leer “paso” por “Tajo”, sustantivo que, junto a “Jarama”, hiperboliza los ríos de tinta que los genoveses empleaban en sus documentos mercantiles: una variante de autor puede convivir con un error de copia; pero si aquella es sospechosa de innovación, este refuerza tal sospecha. La siguiente adición se produce en el mismo pasaje de los genoveses, inmediatamente después de la mencionada secuencia sobre el Tajo de sus plumas y el Jarama de su tinta: y no hay renta que si la cogen en medio el Tajo de sus plumas y el Jarama de su tinta no la ahoguen. Y en fin, han hecho entre nosotros sospechoso este nombre de asientos, que, como significan traseros, no sabemos cuándo hablan a lo negociante o cuando a lo bujarrón. aunque siempre nos valemos de la hora de gobierno de los dichos, que allá en el infierno, como los tenemos guardados, ya que al mundo sirven de sacarle lo que pueden, allá les sacamos lo que podemos, que no hacemos poco, y así algunas veces con liciones suyas y consejos (que en siendo consejo dellos son acomodados para el infierno) les damos alcance a sus invenciones add. Z aunque siempre nos valemos de la hora de gobierno de los teatinos, que allá en el infierno, como los tenemos guardados, ya que al mundo sirven de sacarle lo que pueden, allá les sacamos lo que podemos, que no hacemos poco; y así algunas veces con liciones suyas y consejos (que en siendo consejos dellos son acomodados paral infierno) y les damos alcance a sus invenciones add. T1 La adición consiste en una reflexión del diablo, donde reconoce que ellos se sirven de los consejos de los genoveses (“los dichos”) que, por su maldad, resultan muy adecuados en el infierno. Bertuzzi ya advirtió que la voz “teatinos” (‘clérigo de san Cayetano’ o ‘jesuita’) de T1 no encajaba en tradición de esa censura y las agudezas quevedianas en su tratamiento desarrolla Lía Schwartz (ed.), Francisco de Quevedo, La hora de todos y la fortuna con seso, Madrid, Castalia, 2009, pp. 137-144. No se encuentran en este breve pasaje del Alguacil las agudezas con las que Quevedo construyó su retrato de los lisonjeros en La hora de todos. 214 Creneida, 10 (2022). 193244. www.creneida.com. issn 2340-8960 Antonio Azaustre Galiana, Algunas variantes complejas en El alguacil endemoniado de Francisco de Quevedo el pasaje41. Salvado este punto, es difícil juzgar el carácter autorial de la variante, aunque no se encuentran en él agudezas como las que, líneas atrás, hiperbolizaban sus negocios con metáforas y dilogías42. Lo cierto es que la coincidencia de estas dos adiciones en la misma sección dedicada a los genoveses apunta a un evidente interés por intervenir. Si las observamos en conjunto, vemos que la primera de ellas (“el cebo/celo de las lenguas de los lisonjeros”) resulta poco ajustada al contexto, y cómo en esta última no hay rasgos claramente quevedianos, y sí una variante errónea (“teatinos”) en uno de los testimonios. A ello debe sumarse el error común (“paso” por “Tajo”) de T1 Z en esta misma sección. Por todo ello, y dado que solo estos dos testimonios recogen estas lecturas hasta el momento, me inclino a no considerar de Quevedo estas adiciones referidas a los genoveses. 5. Felipe III Al final de la censura a los reyes, R T1 Z X añaden un pasaje en el que se exceptúa a Felipe III de dicha crítica. La secuencia ha merecido el estatus de interpolación ajena a Quevedo, pues desentona con la crítica general a los reyes en esta parte del Alguacil 43. Se sitúa antes de la conclusión de tal censura, donde se indican los caminos por los que soberanos y mercaderes se dirigen al infierno (la marco en cursiva): Todo el infierno es figuras, y hay muchos, porque el sumo poder, libertad y mando les hace sacar a las virtudes de su medio y llegan los vicios a su estremo, y viéndose con la suma reverencia de sus vasallos y con la grandeza opuestos a dioses, quieren valer punto menos y parecerles. Tienen muchos caminos para condenarse, y muchos que los ayuden, porque uno se condena por la crueldad y, matando y desterrando los suyos, es una ponzoña coronada y una peste real de 41 Bertuzzi, Estudio textual, p. 82. 42 Especialmente las que se construyen con la voz “asientos”, y que Quevedo usó también en el cuadro 33 de La hora de todos (ed. Schwartz, pp. 264-271). 43 Véanse al respecto, Crosby (ed.), Quevedo, Sueños y discursos, pp. 75, 1087-1088, n. 240; Crosby, La tradición manuscrita, pp. 39-40; Arellano, op. cit., p. 265, n. 330, y Bertuzzi, Estudio textual, p. 90. 215 Creneida, 10 (2022). 193244. www.creneida.com. issn 2340-8960 Antonio Azaustre Galiana, Algunas variantes complejas en El alguacil endemoniado de Francisco de Quevedo sus reinos. Otros se pierden por la cudicia, haciendo amazonas sus villas y ciudades, a fuerza de grandes pechos que, en vez de criar, desustancian. Otros se van al infierno por terceras personas, y se condenan por poderes, fiándose de infames ministros; y es gusto verlos penar porque, como bozales en trabajos, se les dobla el dolor en cualquier cosa. Sólo tienen bueno los reyes que, como es gente honrada, nunca vienen solos, sino con pinta de dos o tres privados, y a veces va el encaje y se traen todo el reino tras sí, pues todos se gobiernan por ellos. Y en resolución, los reyes malos se van al infierno por el camino real, y los mercaderes por el de la plata [lectura mayoritaria de los manuscritos]. Todo el infierno es figuras, y hay muchos, porque el sumo poder, libertad y mando les hace sacar a las virtudes de su medio y llegan los vicios a su estremo; y viéndose con la suma reverencia de sus vasallos y con la grandeza opuestos a dioses, quieren valer punto menos y parecerles. Tienen muchos caminos para condenarse, y muchos que los ayuden, porque uno se condena por la crueldad y, matando y desterrando los suyos, es una ponzoña coronada y una peste real de sus reinos. Otros se pierden por la cudicia, haciendo amazonas sus villas y ciudades, a fuerza de grandes pechos que, en vez de criar, desustancian. Otros se van al infierno por terceras personas, y se condenan por poderes, fiándose de infames ministros; y es gusto verlos penar porque, como bozales en trabajos, se les dobla el dolor en cualquier cosa. Sólo tienen bueno los reyes que, como es gente honrada, nunca vienen solos, sino con pinta de dos o tres privados, y a veces va el encaje y se traen todo el reino tras sí, pues todos se gobiernan por ellos. Dichosos vosotros que sin merecello sois vasallos y gobernados de un rey tan vigilante y católico como Filipo tercero, a cuya imitación os vais al Cielo, no cual otros muchos malos reyes, que se van al infierno por el camino real como los mercaderes por el de la plata add. R T1 X Z no cual otros reyes malos R no como otros malos reyes X A la luz de todo el pasaje, vemos que su organización resulta esmerada sin la referencia a Felipe III: tras explicar las razones por las que hay reyes en el infierno —su poder y soberbia, que les hacen creerse dioses—, se desarrolla una enumeración presidida por una frase que avanza sus atributos principales: “Tienen muchos caminos para condenarse, y muchos que los ayuden”. A partir de ahí, se enumeran primero las causas —esto 216 Creneida, 10 (2022). 193244. www.creneida.com. issn 2340-8960 Antonio Azaustre Galiana, Algunas variantes complejas en El alguacil endemoniado de Francisco de Quevedo es, los caminos— de su condena: la crueldad y la codicia. A continuación, se desarrolla la segunda parte de la afirmación inicial (“y muchos que los ayuden”), mencionando los infames ministros y privados culpables de su mal gobierno y que, en consecuencia, los acompañan al Hades. El pasaje concluye retomando la metáfora del camino sobre la que se ha construido esa caracterización de los malos monarcas, y enlazándola de forma aguda con la crítica a los mercaderes —que irá a continuación— a través de las frases “camino real” y “camino de la plata”. Desde esta perspectiva, la secuencia sobre Felipe III es una digresión que rompe la citada trabazón estructural. La ruptura de la censura a los reyes por el tono laudatorio, su poco proporcionada amplificación formal y los escasos testimonios que la han transmitido no indican, en principio, que estemos ante una variante de autor. Sin embargo, no descarto en absoluto dicha posibilidad, pues Quevedo limó en ocasiones su sátira para adecuarla a las circunstancias y a su conveniencia política —sucede con la propia serie de los Sueños—. Además, no es imposible una lectura irónica que resaltara precisamente las proverbiales virtudes religiosas de un monarca a quien se acusó de debilidad en el trono. El propio Crosby, quien considera que este pasaje del Alguacil no es de Quevedo, reconoció en el madrileño “una preocupación creciente por evitar la crítica negativa de los reyes, por hacer excepción explícita de los reyes españoles cuando critica a todos, y por alabar a los contemporáneos, Felipe III y Felipe IV”44. Subraya asimismo cómo esa intención de Quevedo se hace más patente desde el Sueño del infierno, y más aún en el Sueño de la Muerte, escritos ambos donde aparecen pasajes con esta finalidad, aunque integrados en el texto de manera más fluida45: 44 Crosby (ed.), Quevedo, Sueños y discursos, p. 1088. 45 Únase a lo anterior que una de las adiciones que Fernández-Guerra incorporó a su edición del Alguacil desde un manuscrito de José Muso y Valiente se ubica precisamente en este mismo lugar. El pasaje es el siguiente: “Allá tenemos un rey que hace poco llegó de acá, y si no fuera porque su mujer y un hijo que nos mandó antes, le atormentan, arañándole por asesino de sus vidas, lo pasara bien; porque en el tiempo que reinó en el mundo nos llenó el infierno de leña y de diablos ya amaestrados en el oficio. Mozo fue recomendado por él, que enciende el mayor hornillo de un soplo, y que a una vuelta de pala echa a la caldera un centenar de inquisidores. A estos les pesa más por ser del oficio, y nosotros les damos más con que seguir allá el ejercicio que aquí tuvieron” (Francisco de Quevedo, Obras de don Francisco de 217 Creneida, 10 (2022). 193244. www.creneida.com. issn 2340-8960 Antonio Azaustre Galiana, Algunas variantes complejas en El alguacil endemoniado de Francisco de Quevedo solo diré que tal galería tan bien ordenada no se ha visto en el mundo, porque toda estaba colgada de emperadores y reyes vivos, como acá muertos. Allá vi toda la casa otomana, los de Roma por su orden. Miré por los españoles y no vi corona ninguna española; quedé contentísimo que no lo sabré decir (Sueño del infierno, ed. Arellano, pp. 351-352; cfr. ed. Crosby, p. 188, líneas 1197-1199). ¿Quién reina agora en España?, que es la postrera curiosidad que he de saber, que me quiero volver a jigote, que me hallo mejor. —Murió Filipo III —dije yo. —Fue santo rey, de virtud incomparable —dijo el nigromántico— según leí yo en las estrellas pronosticado. —Reina Filipo IV días ha —dije yo. —¿Eso pasa? —dijo—; ¿que ya ha dado el tercero cuarto para la hora que yo esperaba? (Sueño de la Muerte, ed. Arellano, p. 429; cfr. ed. Crosby, pp. 234235, líneas 730-751) Nació viernes de Pasión para que zahorí fuera, y porque en su día muriera el bueno y el mal ladrón. Habrá mil revoluciones entre linajes honrados, restituirá los hurtados, castigará los ladrones, y si quisiere primero las pérdidas remediar, Quevedo Villegas, ed. Aureliano Fernández-Guerra, Madrid, Rivadeneyra, 1852, pp. 305b-306a, en nota). Añade Fernández-Guerra la siguiente apreciación: “Cuando la censura no consintió que este párrafo corriese, hubo de recelar que alguien pudiera ver aludidos en él a Felipe II, a su mujer doña Isabel de la Paz, al príncipe don Carlos y al Cardenal Espinosa” (p. 306a, nota). El manuscrito de José Muso y Valiente parece citado por Fernández-Guerra a partir de la edición de Basilio Sebastián Castellanos Losada: Francisco de Quevedo, Obras de D. Francisco de Quevedo Villegas, I, Madrid, Imprenta de Mellado, 1840, pp. 387-388. Crosby (ed.), Quevedo, Sueños y discursos, p. 774, señaló esta y otra adición al Alguacil provenientes de ese manuscrito, de cuya autenticidad duda por ser la fuente Castellanos Losada. 224 Creneida, 10 (2022). 193244. www.creneida.com. issn 2340-8960 Antonio Azaustre Galiana, Algunas variantes complejas en El alguacil endemoniado de Francisco de Quevedo bastantes observamos que la intención paliativa, ya comentada a propósito de las omisiones, también está presente. En otras, prima el deseo de abreviar la expresión. En muchas, que comento abajo, dicho cambio provoca un error en la lectura del texto, o destruye un razonamiento o una agudeza: Sustitución y reformulación de un pasaje De escasa relevancia primer capítulo] cap. 1 Z capítulo once B27. La referencia se halla al comienzo de la obra de Psellus “De daemonis” (cfr. edición de Venecia, Aldo Manucio, 1497) y en el capítulo 11 de “De Daemonum Operatione”. aquatiles] aquaticos B27 de debajo de tierra] que están debajo de tierra B27 de nada] de nadie B27 diablo alguacilado] demonio enaguacilado B27 y bien sé yo que dice mal de la justicia] y mucho mal de la justicia B27 ¿hay cosa que tanto aborrezcan los alguaciles?] no hay cosa que tanto aborrezcan B27 que es palabra morisca guacil] que (Alguacil) es palabra morisca B27 y Carón] Acheronte B27 los que vienen por locos] los que venían por el camino de los locos B27 condenados por] destos unos se condenan por B27 nos damos con ellos en el infierno] damos leña con ellos al infierno B27 por las opilaciones] para remediar las opilaciones B27 santos y justos] santos y santas B27 Que provocan errores o lecturas menos logradas llamándose propiamente aguaciles, han encajado una L en medio llamándose alguaciles] se llama alguacil, es encajada una l en medio cacions (Studia aurea Monográfica, 7), 2019, pp. 193-224 (pp. 205 y 211-213), ha detectado en varias obras de Quevedo pequeños cambios léxicos y sintácticos que “forman parte de las estrategias de sintactización que se emplean característicamente en las copias áureas, ya sean manuscritas o impresas, para dotar al texto de un aspecto lingüístico que se juzga más acorde con los modelos privilegiados de escritura culta” (p. 213). 225 Creneida, 10 (2022). 193244. www.creneida.com. issn 2340-8960 Antonio Azaustre Galiana, Algunas variantes complejas en El alguacil endemoniado de Francisco de Quevedo B27. La reformulación empeora la comprensión del pasaje. amortajado en deseos] amortajados y en deseos B27. La reformulación es una trivialización que destruye la aguda metáfora referida a los amantes cercados por los celos y falsas esperanzas. enviudara el infierno] enviudáramos en el infierno B27. Lectio facilior que destruye la prosopopeya. Con intención paliativa, y que a menudo provocan errores o lecturas menos logradas los amantes de monjas] los que han querido doncellas, enamorados de doncellas B27. Reformulación con clara intención paliativa; su sintaxis es reiterativa, probablemente por un error que copia una frase posterior (“los que han querido doncellas”). con título de pretendientes de Anticristo] y con solo el título de pretendientes B27 están luego a su lado los que han querido doncellas y se han condenado] otros se condenan B27, pues ya ha mencionado a los que han querido doncellas en sustitución de los amantes de monjas. los adúlteros] los aduladores B27, con intención paliativa, y que provoca una falta de sentido con la caracterización posterior (“pues otros les sustentan la cabalgadura y ellos la gozan”). los que acá llamáis] los que acá llamamos B27. Error, pues quien habla es el alguacil, y se refiere al nombre que se da a los cornudos en el mundo (“acá”). la trasera] las asentaderas B27 una ponzoña coronada y una peste real de sus reinos] es una grandeza coronada de vicios de sus vasallos y suyos, y una peste real de sus reinos B27. Reformulación de carácter paliativo, con la cual se pierde la primera de las metáforas (“ponzoña”) y la simetría de las frases. amazonas] almacenes B27. Crosby (ed., Sueños y discursos, p. 48) prefirió la lectura “amazonas”, pues consideraba más lograda su agudeza con “pechos”. Posteriormente (Crosby, La tradición manuscrita, pp. 37-38) consideró “almacenes” lectura de Quevedo, al tener en cuenta la semejanza con un pasaje de las Políticas de Justo Lipsio aducido por Schwartz54. Arellano (ed., Sueños y discursos, p. 862) prefirió la lectura 54 Lía Schwartz, “La representación del poder en la sátira áurea: del rey y sus ministros en el Dédalo de B. L. de Argensola y en los Sueños de Quevedo”, en Le pouvoir au 226 Creneida, 10 (2022). 193244. www.creneida.com. issn 2340-8960 Antonio Azaustre Galiana, Algunas variantes complejas en El alguacil endemoniado de Francisco de Quevedo “amazonas” por su mayor agudeza; Bertuzzi (Estudio textual, pp. 272274) examinó las diferentes opciones y, a falta de un manuscrito que lea “almacenes”, se inclina por “amazonas” al ser mayoritaria y mostrar una más compleja agudeza. Comparto este punto de vista. traseros] otra cosa que me corro de nombrarla B27. La reformulación paliativa hace perder la agudeza entre las voces “asientos”, “traseros” y “bujarrón”. ni cuando a lo bujarrón] o cuando a lo deshonesto B27. La reformulación paliativa elimina la agudeza (“asientos”, “traseros”, “bujarrón”). hurta con una parte o miembro] hurta con una parte o con otra B27 para conocerlos y aborrecerlos no es menester más de hacerlos] para cometerlos no es menester más que admitirlos B 27 . Destruye la lógica del razonamiento referido a las mujeres hermosas, que se condenan menos que las feas porque, al pecar más por ser más pretendidas, conocen mejor el pecado y, en consecuencia, se arrepienten y se salvan. ¿cómo se han de condenar?] ¿cómo se condenan? B27. Se intenta abreviar la expresión, pero la lectura es errónea, pues los pobres no se condenan. Las variantes de B27 examinadas hasta ahora han mostrado una tendencia de la príncipe a abreviar la expresión y suavizar pasajes espinosos. Si esta última actitud no es extraña a Quevedo, sí lo parece el hecho de que tales variantes produzcan a menudo errores en el texto o menoscaben su sentido y la dificultad de las agudezas. Este tipo de omisiones y sustituciones muestran, pues, un escaso cuidado55. Un elemento destacado en B27 son los pasajes que añade sobre la tradición manuscrita. En páginas anteriores ya se analizaron dos adiciones que B27 compartía con T1 Z X: un pasaje de la dedicatoria al conde de Lemos y el texto en alabanza de Felipe III —donde también coincidía con R—, que en B27 actualizaba la que habría sido una obsoleta referencia al monarmiroir de la littérature en Espagne aux 16e et 17e siècles, ed. Augustin Redondo, Paris, Université de la Sorbonne, 2000, pp. 33-48 (n. 1, pp. 26-27). 55 Además, cabría analizar las variantes lingüísticas dentro de estos cambios de estilo. Octavio de Toledo, op. cit., pp. 203-204, ha señalado que el examen de conjuntos de variantes de lengua ofrece datos para afirmar que las oraciones de sustantivo no concertadas que aparecen en Desvelos soñolientos no son propias de Quevedo. Sería interesante confrontar este y otros supuestos con la princeps de Sueños y discursos. 227 Creneida, 10 (2022). 193244. www.creneida.com. issn 2340-8960 Antonio Azaustre Galiana, Algunas variantes complejas en El alguacil endemoniado de Francisco de Quevedo ca y añadía un pasaje al final sobre las buenas obras, en contraste con los palacios suntuosos. No cabe ahora reiterar las razones allí expuestas, pero sí insistir en una observación sobre la dedicatoria. Ya se comentó que el texto pudiera ser de Quevedo, como lo fue la voluntad de cambiar el destinatario. Ahora bien, si la analizamos en relación con la edición príncipe, observamos que se mantiene en 1627 la dedicatoria a un personaje muerto en 1622, y al que se lo menciona como “presidente de Indias”, cargo que el conde de Lemos ostentó entre 1603 y 1610. En consecuencia, no creo que Quevedo hubiese revisado el texto de la edición príncipe en fecha cercana a la de su publicación, pues sin duda habría modificado esa dedicatoria. Piénsese, por ejemplo, en su modo proceder con los destinatarios de las dedicatorias de la primera parte de Política de Dios; proceder que denota que, cuando Quevedo revisa un texto, la función interesada de la dedicatoria se actualiza de acuerdo con las circunstancias del momento56. Detengámonos ahora en los pasajes añadidos por primera vez en B27 y que ofrecen cambios apreciables con respecto a la tradición manuscrita, los cuales han merecido especial atención crítica57. El primero de ellos es el retrato del licenciado Calabrés, que se sitúa al comienzo de la obra (marco en cursiva las adiciones de B27 sobre el texto de los testimonios manuscritos)58: 56 En Crosby, The Sources, pp. 6, 76, 98-99, 105; Crosby, ed., Quevedo, Política de Dios, pp. 350-357, y Díaz Martínez, op. cit., pp. 161-164, se documentan las variantes en las dedicatorias entre las versiones manuscritas primitivas, la primera edición no autorizada (Zaragoza, 1626) y la primera revisada y autorizada (Madrid, 1626) de la primera parte de Política de Dios. 57 Crosby, La tradición manuscrita, pp. 31-33, considera estas variantes interpolaciones ajenas al usus scribendi de Quevedo, pues tienden a la divagación y se alejan del sentido satírico o caricaturesco de los pasajes donde aparecen. Bertuzzi, Estudio textual, pp. 280-289, comparte parcialmente esa opinión, aunque matiza algunas variantes concretas, que iré indicando oportunamente. 58 Dejo al margen adiciones como las siguientes, poco relevantes y sin matices de interés: los desean] lo desean y procuran B27 ; hacer tiros] en el mundo add. B27 ; los que vienen por locos] los que venían por el camino de los locos B27 ; agua] agua fría B27 ; está repartido con esta cuenta y razón] está repartido en partes con esta cuenta y razón B27 ; otros de sus palabras] otros de sus obras add. B27 ; de malas mujeres] de la mala mujer que han tenido B27 ; el cicatero] el gitano y cicatero B27 ; enfadados] enfadados y cansados B27 ; por las opilaciones] para remediar las opilaciones B27 ; y traía galas] pensando agradarnos a nosotros add. B27 ; lo por venir] todo lo por venir 228 Creneida, 10 (2022). 193244. www.creneida.com. issn 2340-8960 Antonio Azaustre Galiana, Algunas variantes complejas en El alguacil endemoniado de Francisco de Quevedo buscaba al licenciado Calabrés, clérigo de bonete de tres altos, orillo por ceñidor, puños de Corinto, asomo de camisa por cuello, rosario en mano, disciplina en cinto, zapato grande y de ramplón, habla entre penitente y disciplinante, los ojos bajos y los pensamientos tiples, color a partes encendida y a partes quebrada, tardón en la misa y abreviador en la mesa, gran lanzador de diablos, tanto, que sustentaba el cuerpo a puros espíritus Manuscritos [con ligeras variantes entre sí] a buscar al licenciado Calabrés, clérigo de bonete de tres altos hecho a modo de medio celemín, orillo por ceñidor [ceñidos en B27] y no muy apretado, puños de Corinto, asomo de camisa por cuello, rosario en mano, disciplina en cinto, zapato grande y de ramplón y oreja sorda, habla entre penitente y disciplinante, derribado el cuello al hombro como el buen tirador que apunta al blanco, mayormente si es blanco de Méjico o de Segovia; los ojos bajos y muy clavados en el suelo, como el que cudicioso busca en él cuartos, y los pensamientos tiples, color a partes hendida y a partes quebrada, tardón en la misa y abreviador en la mesa, gran cazador de diablos, tanto que sustentaba el cuerpo a puros espíritus B27 Ya Maldonado señaló que “el primer inciso rompe la cadena de rasgos que forman el retrato del licenciado, lo cual no se corresponde con la técnica quevediana, y el segundo desbarata el contraste inmediato de la lección ‘los ojos bajos y los pensamientos tiples’”59. Añadía Maldonado el hecho de que en Juguetes no aparecen tales pasajes y que, al no haber motivos de censura para eliminarlos, tal vez se hubieran suprimido por haberse considerado apócrifos. Crosby señala que “la tendencia a la divagación” de esos añadidos, además de romper el ritmo del pasaje, tiene poco que ver con los rasgos del retrato de Calabrés60. Bertuzzi no comparte que esos añadidos referentes al dinero (“blanco de Méjico o de Segovia”, “cuB27 ; como ellos] como todos ellos B27 ; que en vuestros ojos conozco] y adviértase que en vuestros ojos veo B27 . La adición parece provocada por haber sustituido antes “advirtiese” por “dijese”. 59 Felipe C. R. Maldonado (ed.), Quevedo, Sueños y discursos, Madrid, Castalia, 1972, p. 90. 60 Crosby, La tradición manuscrita, p. 32. 229 Creneida, 10 (2022). 193244. www.creneida.com. issn 2340-8960 Antonio Azaustre Galiana, Algunas variantes complejas en El alguacil endemoniado de Francisco de Quevedo dicioso...”) desentonen en la caracterización del licenciado, y cree que enfatizan el rasgo de miserable del personaje, al que ya aludiría la imagen de “los ojos bajos”. Sin embargo, está de acuerdo con que esos dos añadidos rompen el estilo del fragmento, basado en la simétrica bimembración antitética y común a otros retratos burlescos de Quevedo, como los que abren las Capitulaciones matrimoniales y la Carta a la rectora del Colegio de las Vírgenes61: Juan, residente en esta Corte, estéril de cuerpo, seguro en Italia, hombre de males, baldado de bienes, de buena ley con señores, mal pagado de ellos, censurador de figuras, escriptor de flores, condenado a perpetua dieta y vestir bayeta, malquisto con las damas porque no da, amigo de fregonas y enemigo de galas por caras, enemigo de dueñas vírgenes y de vírgenes dueñas, de frailes casamenteros, de beatas, terceras, de ermitaños y de toda gente apocritada, de doncellas cecinas, de viejas afeitadas, de herreros por vecinos, de estudiantes azulados, de clérigos valientes, de ministros tomajones, de valientes en cuadrilla, de entremetidos, de maridos mujeres y de mujeres maridos, de sufridores sin provecho, de sacristanes y procuradores de conventos, de mujeres en estrado sin tener estado, de viejos niños y de niños viejos, de señoras visitadoras y de madres disimuladoras, etc. (Capitulaciones matrimoniales, ed. Azaustre, en Quevedo, Obras burlescas, pp. 197-199)62. Don Francisco de Quevedo, hijo de sus obras, padrastro de las ajenas; hombre de bien, nacido para mal; hijo de algo, señor de nada; cofrade de la Carcajada y hermano del Regodeo; hombre dado al mundo, prestado al diablo y encomendado a la carne; ha tenido y tiene, así en la corte como fuera de ella, muy grandes cargos de conciencia; desciende de la casa de los Quevedos, por lo cual es de casa de solar y calzar; rasgado de ojos y de vestido, ancho de frente y de conciencia, negro de cabello y de ventura, falto de pies y de dicha, raído de capa y de vergüenza, largo de zancas y de razones, limpio de sangre y de bolsa, dice… (Carta a la Rectora del Colegio de las Vírgenes, ed. Azaustre, op. cit., p. 287). 61 Bertuzzi, Estudio textual, pp. 280-282. 62 Francisco de Quevedo, Obras burlescas, ed. Antonio Azaustre Galiana, en Obras completas en prosa, dir. Alfonso Rey, Madrid, Castalia, 2007, II. 230 Creneida, 10 (2022). 193244. www.creneida.com. issn 2340-8960 Antonio Azaustre Galiana, Algunas variantes complejas en El alguacil endemoniado de Francisco de Quevedo Dentro de este mismo pasaje, Bertuzzi considera que hay tres frases que pudieran considerarse de Quevedo. La primera de ellas es la precisión sobre el bonete del licenciado “hecho a medio celemín”, que, como ya indicara Arellano, lo asemeja a la forma de ese recipiente. La segunda es la precisión “y no muy apretado”, que acompaña a la frase “orillo por ceñidor”, y que, según anota Arellano, pudiera aumentar el descuido en la vestimenta del licenciado. La tercera es la expresión “y oreja sorda”, que se añade a la frase “zapato grande y de ramplón”, y que Arellano había explicado como chiste por dilogía de “oreja” (‘parte del cuerpo y del zapato’) para aludir a la posible sordera del licenciado63. Para explicar la convivencia de adiciones ajenas a Quevedo con otras que serían responsabilidad suya, Bertuzzi considera que “habría que pensar que en este lugar el texto fue retocado en dos momentos diferentes que corresponderían a la intervención de Quevedo y a la de otra persona. Sin embargo, no es posible establecer el orden temporal de esas intervenciones”64. Examinaré individualmente cada una de esas variantes. En cuanto a la primera (“hecho a modo de medio celemín”), a las razones ya expuestas por Arellano y Bertuzzi cabría añadir que la imagen del medio celemín aparece varias veces en la obra quevediana; concretamente en La Hora de todos, el Buscón y en su poesía burlesca. Además, en Juguetes de la niñez, impreso donde, como hemos visto, no aparecían algunas de estas adiciones de la princeps, sí que se mantiene. No puede descartarse, pues, que esta variante se deba a Quevedo, aunque habrá de valorarse también en relación con el conjunto de lecturas privativas de la princeps y, en concreto, con las que se añaden al retrato del licenciado Calabrés. En cuanto a la segunda frase añadida (“y no muy apretado”), la posible referencia a su holgura relacionada con el descuido en el vestir pesa menos que la ruptura de la habitual simetría con la que Quevedo suele construir estas enumeraciones (“orillo por ceñidor, puños de Corinto, asomo de camisa por cuello, rosario en mano, disciplina en cinto”); simetría que se rompe con el añadido65. La frase, además, no aparecerá en Juguetes. No me parece que nos 63 Arellano (ed.), Quevedo, Sueños y discursos, pp. 249-250. 64 Bertuzzi, Estudio textual, p. 283. 65 Para la importancia de este rasgo en el estilo de Quevedo, ver Antonio Azaustre Galiana, Paralelismo y sintaxis del estilo en la prosa de Quevedo, Santiago de Compostela, Universidade de Santiago de Compostela, 1996, pp. 40-41. 231 Creneida, 10 (2022). 193244. www.creneida.com. issn 2340-8960 Antonio Azaustre Galiana, Algunas variantes complejas en El alguacil endemoniado de Francisco de Quevedo hallemos ante una variante de autor66. Por lo que respecta a la tercera expresión (“y oreja sorda”), aunque la dilogía es un recurso habitual en la agudeza burlesca de Quevedo, no la he encontrado con esta misma o parecida expresión. Por otra parte, creo que, al igual que sucede con la frase anterior y con otras de este mismo retrato, rompe la simétrica bimembración que preside gran parte del pasaje (“zapato grande y de ramplón, habla entre penitente y disciplinante, los ojos bajos y los pensamientos tiples, color a partes encendida y a partes quebrada, tardón en la misa y abreviador en la mesa”). Añádase, por último, que en Juguetes no consta esta precisión relativa al zapato. Tampoco creo que las dos siguientes adiciones del retrato de Calabrés, más extensas, se deban a su pluma. Dejando a un lado si el rasgo de codicioso desentona o no con el retrato del licenciado, ambas adiciones rompen la simetría sentenciosa que caracteriza el usus scribendi de Quevedo en este tipo de descripciones. Además, es evidente que la segunda destruye la bimembración antitética (“los ojos bajos y los pensamientos tiples”), y que este contraste —y no la codicia a la que alude el añadido— es la base del retrato. Tal como apunta Bertuzzi, resulta también significativo que en Juguetes no aparezcan y se sustituyan por variantes que precisamente se caracterizan por el rasgo de la simetría bimembre67. Finalmente, debe añadirse que, en ambos casos, el mayor espacio entre los caracteres de imprenta hace posible una interpolación incluida para llenar espacio en el pliego (B5rv, f. 13rv)68 . 66 Repárese, además, en el hecho de que la princeps lee mal la palabra inmediatamente anterior (“ceñidos”). 67 Bertuzzi, Estudio textual, p. 282. Este es el pasaje en Juguetes: “a buscar al licenciado Calabrés, hombre de bonete de tres altos, hecho a modo de medio celemín, ojos de espulgo vivos y bulliciosos, puños de Corinto, asomo de camisa por cuello, manchas en escaramuza y calados de rasgones, los brazos en jarra, las manos en garfio, habla entre penitente y diciplinante, los ojos bajos y los pensamientos tiples, color a partes hendida y a partes quebrada, tardón en las respuestas y abreviador en la mesa, gran lanzador de espíritus, tanto que sustentaba el cuerpo con ellos”. 68 Francisco Rico, “Ratio typographica”, analizó un caso similar en el Sueño de la Muerte, donde se interpolaba un pasaje de La pícara Justina. Sobre este pasaje, ver también María José Tobar Quintanar, “Una cita de La pícara Justina en la edición príncipe del Sueño de la Muerte: otra posible variante de autor en la obra de Quevedo”, La Perinola, 13 (2009), pp. 367-388; y “La cita de La pícara Justina en los Sueños: una aguda variante de autor con una posible alusión burlesca a Guzmán de Alfarache”, La Perinola, 29 (2016), pp. 333-361. Octavio de Toledo, op. cit., pp. 214-216, ha 232 Creneida, 10 (2022). 193244. www.creneida.com. issn 2340-8960 Antonio Azaustre Galiana, Algunas variantes complejas en El alguacil endemoniado de Francisco de Quevedo En conclusión, salvo la frase “a modo de medio celemín”, esta sección del retrato de Calabrés no ofrece variantes que puedan atribuírsele con claridad a Quevedo. A su vez, el pasaje reúne al menos tres errores, que señalo abajo. Los dos primeros son exclusivos de B27, y el tercero compartido con algunos manuscritos. Ello apunta a que los retoques no responden a una revisión esmerada: ceñidor] ceñidos B27 lanzador de diablos] cazador de diablos B27. Lanzar los demonios: “expelerlos y echarlos de los cuerpos con exorcismos” (Aut.) encendida] hundida N hendido H1 hendida TT1RXYZB27. Se juega con el contraste entre el color vivo y desvaído del rostro. Véase Aut.: quebrar: “se usa también por ajar, afear y deslustrar la tez o color natural del rostro”; encendido de color: “se dice del que tiene las facciones del rostro sanguinolentas, muy coloradas y ardientes”. Hacia el final del retrato del licenciado Calabrés se localiza la siguiente adición de B27: Este, señor, era uno de los que Cristo llamó sepulcros hermosos por de fuera, blanqueados y llenos de molduras, y por dentro pudrición y gusanos Manuscritos [con variantes menores] Este, señor, era uno de los que Cristo llamó sepulcros hermosos por de fuera, blanqueados y llenos de molduras, y por de dentro pudrición y gusanos, fingiendo en lo exterior honestidad, siendo en lo interior del alma disoluto y de muy ancha y rasgada conciencia B27 Como indicó Bertuzzi, “el añadido de B27 no es sino una mera paráfrasis, que, además, no presenta particulares dificultades de comprensión”. Este rasgo iría en contra de considerarla variante de autor. Añade que “la variante carece de elementos que permitan atribuirla a la mano de Quevedo, tanto desde el punto de vista estilístico como del contenido”69. advertido “medios feos” de los impresores en varios lugares de la princeps zaragozana de la Doctrina moral de Quevedo. 69 Bertuzzi, Estudio textual, pp. 283-284. 233 Creneida, 10 (2022). 193244. www.creneida.com. issn 2340-8960 Antonio Azaustre Galiana, Algunas variantes complejas en El alguacil endemoniado de Francisco de Quevedo Con respecto a esta última cuestión, nótese que, aunque la frase “ancho de conciencia” era de uso muy habitual en la época70, Quevedo fue bastante dado a construir retratos satíricos y burlescos de personajes con los sintagmas “conciencia ancha”, “conciencia rota” y “conciencia rasgada”, tal y como se observa en los siguientes ejemplos71: rasgado de ojos y de conciencia (Memorial pidiendo plaza en una academia, ed. Azaustre, en Quevedo, Obras burlescas, p. 174); rasgado de ojos y de vestido, ancho de frente y de conciencia (Carta a la rectora del Colegio de las vírgenes, ed. Azaustre, op. cit., p. 287); Cuellos y conciencia de muchos anchos (Papel de las cosas corrientes en la corte, por abecedario, ed. Azaustre, ibidem, p. 372); aquellos gregüescos más rotos que la conciencia (Carta a una monja, ed. García Valdés, Prosa festiva completa, p. 258)72; Eres bizarra y rota de tal modo / que tienes rota la conciencia y todo, / y tus hermosos ojos celebrados / son no menos rasgados; / pero en tu desnudez hay compañeros: / que el vino y el Amor andan en cueros (Dama hermosa entre rota y remendada, ed. Arellano, El Parnaso español, n.º 443, vv. 13-18; con variantes en Blecua, Obra poética, n.º 621, vv. 13-18); 70 Ancho de conciencia: “poco escrupuloso” (Covarrubias., s.v. conciencia); ancho de conciencia: “el poco escrupuloso y que no repara mucho en considerar si es bien o mal hecho lo que executa” (Autoridades., s.v. conciencia). Correas registra diversos refranes y frases: “Teólogo ancho de conciencia y angosto de bolsa. Es opinión del vulgo”; “teólogo ancho y angosto de conciencia como embudo de taberna: para sí pone lo ancho, y para otros lo angosto”; “teólogos, anchos de conciencia como embudo de taberna: para sí ponen lo ancho y lo angosto para los otros”. 71 A ellos puede añadirse el “pulido de conciencia” que aparece en el siguiente pasaje del Sueño de la Muerte: “Tras estos se anda el dinero, y no tenga asco cualquier bien aliñado de costumbres y pulido de conciencia de comunicarle ningún deseo” (Sueño de la Muerte, ed. Arellano, pp. 433-434). 72 Francisco de Quevedo, Prosa festiva completa, ed. Celsa Carmen García Valdés, Madrid, Cátedra, 1993. 240 Creneida, 10 (2022). 193244. www.creneida.com. issn 2340-8960 Antonio Azaustre Galiana, Algunas variantes complejas en El alguacil endemoniado de Francisco de Quevedo causa del “quebrantar las fiestas”, o a que se trate de un añadido apócrifo, aunque el hecho de que se mantenga, en cambio, la primera parte de la variante de B27 hace menos probable esta segunda opción”86. Se antoja difícil pronunciarse al respecto, pero considerar que la frase mantenida en Juguetes es de Quevedo obliga a pensar que en la edición príncipe conviven en un mismo pasaje una parte de Quevedo y otra ajena a él. Dando la vuelta al razonamiento, también puede considerarse que la revisión de Juguetes —descuidada en bastantes ocasiones— ha conservado un resto de una variante ajena al autor, y ha eliminado solo aquello que podía levantar alguna censura. En consecuencia, de momento no se puede descartar que se trate de un añadido de Quevedo, pues el texto desarrolla una idea coherente y elaborada. No obstante, presenta una tendencia a la digresión que añade un distinto enfoque a la censura —en este caso de tono legal y económico—, y que hemos observado en otros casos de B27 donde sí que repercutía sobre el correcto significado del pasaje y sus agudezas. La variante no ofrece, además, voces ni agudezas propias del usus scribendi de Quevedo: algunos de sus términos no se documentan en su obra, y la mayor parte de la variante se suprimió en Juguetes. Por todas estas razones, considero al menos dudosa la autoría quevediana, a falta de otros testimonios que la suscriban. Si examinamos la segunda parte de la adición, referida al “mal trapillo”, observamos que la voz “trapillo” (‘galán o dama de baja suerte’) no se registra en otros textos de Quevedo (cfr. Corde e Índices de la poesía de Quevedo). Además, la frase contiene un retruécano imperfecto cuyo sentido es redundante, a diferencia del preciso y más agudo que se construye a propósito del italiano. Si atendemos al sentido, el diablo protesta porque todo lo malo lo envían los hombres al infierno con la locución “el diablo te lleve”. Argumenta entonces que ellos no aceptan a todo el mundo. Esta idea se ilustra perfectamente con el chiste del italiano y la sodomía: ‘si dais al diablo a un italiano, el diablo no lo recibirá (“tomará”), pues hay italianos capaces de “tomar” (‘sodomizar’) al mismo diablo’. Sin embargo, el retruécano previo del “mal trapillo” no sigue ese mismo razonamiento y es redundante en sus dos frases, que vienen a decir lo mismo: ‘dais al diablo un mal trapillo y no lo acogerá (“tomará”) el diablo, pues hay algún 86 Ibidem. 241 Creneida, 10 (2022). 193244. www.creneida.com. issn 2340-8960 Antonio Azaustre Galiana, Algunas variantes complejas en El alguacil endemoniado de Francisco de Quevedo mal trapillo al que no acogerá (“tomará”) el diablo’. Incluso si se admite la dilogía de “tomar” en la segunda aparición del verbo (‘hay algún mal trapillo al que no sodomizará (“tomará”) el diablo’), el pasaje carecería de sentido, pues es el mal trapillo quien amenaza con “tomar” al diablo que, en consecuencia, lo rechaza87. Además, el espacio entre los caracteres de imprenta es también mayor aquí (C2v, comienzo del folio 18v), coincidencia que ya se ha producido en varios lugares sospechosos de innovación. Por todo lo anterior, considero más plausible que esta adición no sea de Quevedo, lo cual me lleva a albergar dudas sobre su responsabilidad en el conjunto del episodio del licenciado Calabrés. La última adición extensa de B27, que marco abajo en cursiva, se desliza por el pasaje acerca de las mujeres: —Espántome yo —dije— de ver que entre los ladrones no has metido a las mujeres, pues lo son de casa. —No me las nombres —respondió—, que nos tienen enfadados, y a no haber tantas allá, no era muy mala habitación de invierno. Diéramos porque enviudara el infierno mucho. Aunque sola una cosa tienen buena las condenadas, por la cual se puede tratar con ellas: que como están desesperadas, no piden nada Manuscritos [con variantes menores] —Espántome —dije yo— de ver que entre los ladrones no has metido a las mujeres, pues son de casa. —No me las nombres —respondió—, que nos tienen enfadados y cansados, y a no haber tantas allá, no era muy mala la habitación del infierno. Diéramos, para que enviudáramos en el infierno mucho, que, como se urden enredos, y ellas, desde que murió Medusa la hechicera, no platican otro, temo no haya alguna tan atrevida que quiera probar su habilidad con alguno de nosotros, por ver si sabrá dos puntos más. Aunque sola una cosa tienen buena las condenadas, por la cual se puede tratar con ellas: que como están desesperadas no piden nada B27 El texto añadido se sitúa inmediatamente después del momento en que el diablo explica que todos los hombres hurtan con sus sentidos y poten87 Ya Arellano (ed.), Quevedo, Los sueños, p. 264, n. 320, advirtió que el chiste del italiano estaba “más elaborado”. 242 Creneida, 10 (2022). 193244. www.creneida.com. issn 2340-8960 Antonio Azaustre Galiana, Algunas variantes complejas en El alguacil endemoniado de Francisco de Quevedo cias. El narrador se sorprende entonces de que no haya nombrado a las mujeres, sin duda las peores ladronas88. Es, pues, la codicia el vicio que se censura en las mujeres, rasgo tradicional en la sátira de Quevedo, que a menudo dibujó el tipo de la pedigüeña en prosa y verso (valgan como ejemplo sus Cartas del Caballero de la Tenaza). En la lección de los manuscritos, la respuesta del diablo añade su elevado número en el infierno y les reconoce una sola virtud desprendida de la codicia: al estar desesperadas, no piden nada. Tras la referencia a su abundancia en el inframundo, la variante de B27 incorpora la adición que, comparándolas con Medusa, hace temer al diablo que desplieguen sus encantos y hechizos con alguno de los suyos para poner a prueba su inteligencia89. Crosby catalogó esta variante como otra de las adiciones que suponían una divagación que abstraía de la correcta lectura de la sátira quevediana90. El análisis de Bertuzzi concluye que “la atribución de la variante resulta incierta: por un lado, hay aspectos que llevan a pensar que podría deberse a Quevedo, mientras que por otro hay elementos que despiertan ciertas dudas al respecto”91. En favor de la autoría de Quevedo aduce el que hubiese retratado a mujeres hechiceras; en contra, que esa acusación fractura la lógica de la versión manuscrita, donde narrador y diablo acusan de ladronas a las mujeres; con la salvedad de que en el infierno su codicia se ve limitada por la desesperación. Al examinar la adición de B27, advertimos dos rasgos en favor de la autoría de Quevedo: el primero es el juego con la frase hecha “saber un punto más que el diablo”; el segundo, que el tipo de la hechicera, aunque tradicional, no es raro en su poesía y tampoco en su prosa (ejemplo destacado es la madre de Pablos en el Buscón). Pero, como hemos visto, también hay razones en contra. La primera es que la adición rompe la lógica del discurso, que parte de la acusación de ladronas y codiciosas y explica enseguida que este vicio se ataja en el infierno. La segunda, que el pasaje 88 Pudiera jugar con el refrán “no hay peor ladrón que el de casa”, como indicó Crosby (ed.), Quevedo, Sueños y discursos, p. 1102. 89 Juega con la frase hecha “saber un punto más que el diablo” que, como señala Correas, solía aplicarse a las mujeres; véanse más detalles en Crosby (ed.), Quevedo, Sueños y discursos, pp. 1103-1104; y Arellano (ed.), Quevedo, Los sueños, p. 270, n. 356. 90 Crosby, La tradición manuscrita, pp. 31-32. 91 Bertuzzi, Estudio textual, pp. 288-289. 243 Creneida, 10 (2022). 193244. www.creneida.com. issn 2340-8960 Antonio Azaustre Galiana, Algunas variantes complejas en El alguacil endemoniado de Francisco de Quevedo de B27 contiene varios errores: el primero es la variante “enviudáramos en el infierno” de B27, frente a “enviudara el infierno” de los manuscritos. Considero que la variante de la princeps es una lectio facilior que elimina la lograda prosopopeya92. El segundo, que ya advirtió Arellano93, es que Medusa no era hechicera, y debió de producirse una confusión con Medea; sin olvidar la posibilidad de que “la habitación del infierno” trivialice la difficilior “habitación de invierno”, raíz para una agudeza basada en que el infierno, con sus llamas, evita los rigores invernales. El cambio se explica por la aparición del sustantivo “infierno” en la frase siguiente (“enviudáramos en el infierno”). Esa convivencia de la adición de B27 con errores en el mismo pasaje, y el hecho de introducir un detalle que da al traste con las pullas sobre la codicia, me inclinan a valorar esta como no quevediana, al igual que en casos ya comentados del retrato de Calabrés o el cuadro dedicado a los sastres. La conclusión de este examen de El alguacil endemoniado en B27 evidencia, en primer lugar, que B27 presenta un texto poco cuidado, donde abundan los errores mecánicos y las malas lecturas del modelo. También sobrevive una dedicatoria al conde de Lemos como presidente de Indias en un impreso de 1627, y son muy frecuentes las omisiones de carácter paliativo. Aunque podrían responder a una autocensura de Quevedo, no ocurre lo mismo con su concreción dentro del texto, pues suelen menoscabar la agudeza del pasaje o provocan errores de concordancia y sintaxis. Tampoco los cambios de orden y las sustituciones de voces aportan lecturas complejas o propias del usus scribendi del madrileño. Los casos de mayor complejidad se observan en las adiciones exclusivas de B27. A propósito de las que se integran en el retrato del licenciado Calabrés, se ha visto que la mayoría rompen el ritmo bimembre —y, a menudo, antitético— que caracteriza el estilo de Quevedo. Solo la expresión “hecho a modo de medio celemín” ofrecía rasgos atribuibles a su pluma. Al final de ese retrato, las adiciones referidas al “blanco de Méjico o de Segovia” y al que “cudicioso busca en él cuartos”, además de romper el mencionado ritmo bimembre, parecen orientarse a rellenar el pliego. 92 Sobre la agudeza y valor expresivo de esta metáfora, véanse Lía Schwartz, Metáfora y sátira en la obra de Quevedo, Madrid, Taurus, 1983, p. 113; y Crosby (ed.), Quevedo, Sueños y discursos, p. 1103. 93 Arellano (ed.), Quevedo, Sueños y discursos, p. 269, n. 354. 244 Creneida, 10 (2022). 193244. www.creneida.com. issn 2340-8960 Antonio Azaustre Galiana, Algunas variantes complejas en El alguacil endemoniado de Francisco de Quevedo En esta parte final del retrato, solo la frase “de muy ancha y rasgada conciencia” ofrecía alguna semejanza con textos quevedianos, aunque no una similar construcción de la agudeza. Asimismo, su ratio tipográfica apunta a la necesidad de no desaprovechar las planas. Resulta gratuita la adición en el pasaje de los adúlteros, que, además, se combina con su trueque los lisonjeros, lo que provoca una falta de sentido. En las adiciones a la censura de los sastres, no puede descartarse que la digresión sobre a la “póliza de quinientos” sea de Quevedo, pues encaja en el contexto. Sin embargo, de nuevo rompe el curso de una protesta del diablo que se sustentaba sobre los modismos que los dejaban en mal lugar. Al final de esa sección, el retruécano sobre el “mal trapillo” —que de nuevo apunta a un añadido para apurar el pliego— palidece frente al más elaborado sobre el italiano. Finalmente, la alusión a Medusa —probable error por Medea—en el azote contra a las mujeres vuelve a mostrar un rasgo que rebaja la base de la sátira de su espíritu pedigüeño. Son, pues, pocos los lugares donde la variante de B27 puede atribuirse con seguridad a Quevedo. De haberse producido, su intervención en el texto de El alguacil endemoniado que recoge B27 habría resultado de carácter esencialmente paliativo, pero en absoluto concienzuda.