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Del castro al puerto: la villa de Burela y los orígenes del poblamiento medieval del litoral cantábrico gallego

Baliñas Pérez, Carlos; González Paz, Carlos Andrés

Abstract

El objetivo principal del artículo es ofrecer un estudio centrado en la evolución histórica de la ocupación humana en el ámbito geográfico de Burela (Lugo) y, a través de la observación, descripción y análisis del caso concreto, avanzar en el conocimiento del poblamiento medieval del litoral cantábrico gallego

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375 ARTÍCULOS En la España Medieval ISSN: 0214-3038 http://dx.doi.org/10.5209/ELEM.56094 Del castro al puerto: la villa de Burela y los orígenes del poblamiento medieval del litoral cantábrico gallego1 Carlos Baliñas Pérez2; Carlos Andrés González Paz3 Recibido: 05 de diciembre de 2016 / Aceptado: 15 de marzo de 2017 Resumen. El objetivo principal del artículo es ofrecer un estudio centrado en la evolución histórica de la ocupación humana en el ámbito geográfico de Burela (Lugo) y, a través de la observación, descripción y análisis del caso concreto, avanzar en el conocimiento del poblamiento medieval del litoral cantábrico gallego. Palabras clave: Galicia; Burela; Edad Media; evolución; poblamiento; territorio; litoral. [en] From the Hillfort to the Port: the Town of Burela and the Origins of the Medieval Settlement along the Cantabrian Coast of Galicia Abstract. The main purpose of the article is to contribute a study focusing on the historic development of human occupation in the geographical area of Burela (Lugo) and, through case study observation, description and analysis, contribute to the advancement of knowledge about Medieval settlements on the Cantabrian coast of Galicia. Keywords: Galicia; Burela; Middle Ages; Development; Settlement; Territory; Coastline. Sumario: 1. El paisaje histórico local: los primeros testimonios de ocupación antrópica del espacio. 2. Las unidades de ocupación y estructuración del paisaje histórico local en la Alta y Plena Edad Media (siglos X-XII). 3. La “Suçesion de Burela”: señorialización laica y patrimonialización territorial (siglos XIII-XV). 4. El paisaje histórico local tardomedieval (siglos XV-XVI): la evolución y configuración territorial de una entidad polinuclear (Burela do Cabo, Vila do Medio, Puerto de Burela y Vilar). 5. Bibliografía. Cómo citar: Baliñas Pérez, C.; González Paz, C.A. (2017) Del castro al puerto: la villa de Burela y los orígenes del poblamiento medieval del litoral cantábrico gallego, en En la España Medieval 40, 375-407. 1 Este artículo se ha realizado parcialmente en el marco del proyecto de investigación “Las peregrinaciones a Santiago de Compostela en la España de la segunda mitad del siglo XIX: entre tradición y modernidad en el contexto europeo” (MINECO, Programa Estatal de Fomento de la Investigación Científica y Técnica de Excelencia, Subprograma Estatal de Generación de Conocimiento, 2015-2017, IP: Dr. Antonio Manuel Pazos Rodríguez (CSIC), referencia: HAR2014-58753-P). 2 Universidade de Santiago de Compostela [email protected] 3 Instituto de Estudios Gallegos Padre Sarmiento, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) [email protected] En Esp. mediev. 40 2017: 375-407 Baliñas Pérez, C.; González Paz, C.A. En Esp. mediev. 40 2017: 375-407376 Pasado este río de Espineira vna legua adelante se entra en el mar otro río que dizen Fozdouro, no tieniendo ninguna poblaçión en su orilla. De él a dos leguas aze la costa vn puertizuelo que dizen puerto de Burela. Junto a él está vna aldea de pescadores del mismo nonbre, tomándolo, así el puerto como la aldea, de vn lugar que queda media legua tierra adentro que llaman Burela. Deste puerto media legua ase la costa vn cabo muy conoçido y demarcado de los nauegantes por ser alto y mitido en el mar. Corre este cabo de Burela con el que queda dicho de Peñas, en la tabla del Prinçipado de Asturias, leuante y poniente, bente y dos leguas distante el uno del otro. Hun buen quarto de legua de la punta deste dicho cabo de Burela están tres yslotes del mismo nonbre y, pasado este dicho cabo, se ynclina la costa al mediodía4. Esa referencia geográfica se incluye en la Descripción de España y de las costas y puertos de sus reynos (1634), concretamente en los folios dedicados a la “costa, puertos y lugares dellos del reyno de Galizia”, del cartógrafo portugués Pedro Teixeira Albernaz. Allende de avanzar someramente algunas cuestiones objeto de este artículo –temáticamente centrado en el estudio de la conformación y configuración del poblamiento medieval de Burela, topónimo actualmente común a localidad, feligresía y término municipal–, en esa cita se señala un factor que resultará relevante en el análisis histórico de la ocupación antrópica de este sector de la costa lucense: el medio natural. Sin duda, entre los elementos caracterizadores de la geomorfología de esta área territorial –en cierto sentido, condicionantes básicos del asentamiento humano y de los diferentes hábitats constituidos en distintas cronologías–, sobresalen la abundancia de cabos y puntas en un litoral bastante regular5 y su calidad de límite occidental de la “rasa cantábrica”6. Esa circunstancia no ha pasado desapercibida a la contada bibliografía aparecida en las últimas décadas, si bien cuestión aparte sea el grado de análisis de su impacto. En ese sentido, y en términos generales, la conversión de Burela –conceptualizada como sujeto histórico– en objeto historiográfico se remontaría a 1985, cuando salía a la luz el folleto titulado Burela, del sacerdote Ricardo Pena Domínguez, un acercamiento a su trayectoria cronológicamente transversal, condensado en una treintena de páginas y un apéndice fotográfico. Once años más tarde, después de su segregación –acontecida en 1994– y transformación en municipio, la revista Lucus centraba el suplemento monográfico de su número 43 en Burela, destinándose una quincena de páginas de autoría colectiva a la síntesis de su historia y descripción de su patrimonio artístico7. Traspasado el umbral del nuevo milenio, concretamente en 2004, se publicaba el libro Burela. Apuntes históricos y crónica del siglo XX, obra póstuma de Ricardo Pena Domínguez, una extensa y laudable miscelánea de datos, noticias y referencias históricas que, sin grandes ambiciones críticas, metodológicas ni paradigmáticas, resultaba de la ardua labor de su primer cronista oficial. 4 Zolle [Betegón], “Transcripción”, p. 325. 5 Rodríguez Lestegás, “A Galicia cantábrica”, pp. 20, 24-26, 28-29, 36-40 y 49-50. 6 Las “rasas” son “superficies planas que se sitúan entre el borde acantilado y las estribaciones montañosas del interior, con una pendiente sumamente suave hacia el mar”. Flor [Rodríguez], “Las rasas asturianas”, pp. 65-81. 7 Burela (Lugo), pp. 15-29. Baliñas Pérez, C.; González Paz, C.A. En Esp. mediev. 40 2017: 375-407 377 Finalmente, al año siguiente, esta localidad del cantábrico lucense era la sede de la segunda edición de las Xornadas de Estudios Medievais da Mariña Central, foro académico cuyas sesiones versaron sobre diferentes aspectos relativos a la economía comarcal medieval8. Con este artículo, nuestro principal objetivo es ofrecer un estudio centrado en la evolución histórica de la ocupación humana en el ámbito geográfico de Burela y, a través de la observación, descripción y análisis de este caso concreto, continuar avanzando en el conocimiento del poblamiento medieval del litoral cantábrico gallego, un territorio de gran interés y potencial, mas todavía bastante huérfano de atención desde una perspectiva historiográfica especializada. Con ese objetivo en mente, hemos intentado formular un discurso histórico inclusivo, basado substancialmente en el análisis exhaustivo de los testimonios documentales (inéditos y publicados) y literarios (cronísticos) disponibles. Asimismo, hemos recurrido a las fuentes de información aportadas por la arqueología y la geografía física que, aún encontrándose virtualmente en ciernes en lo relativo a esta zona del septentrión galaico, pueden proporcionar datos de carácter esencial para nuestra propuesta de conocimiento. Figura 1. Burela (localización)9. 8 Se desarrollaron durante los días 21, 22 y 23 de octubre de 2005, concurriendo como ponentes, entre otros, Eduardo Pardo de Guevara y Valdés, Xosé Antón García González-Ledo, César Olivera Serrano, Felipe Valdés Hansen, Carlos Baliñas Pérez, Carlos Andrés González Paz, María Xosé Rodríguez Galdo, Anselmo López Carreira, Isidro García Tato, Gloria de Antonio Rubio y Juan Ramón Fernández Pacios. 9 Mapa de localización de España, by HansenBCN (Own work) [Public domain], via Wikimedia Commons, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3944708. Baliñas Pérez, C.; González Paz, C.A. En Esp. mediev. 40 2017: 375-407378 Figura 2. Burela (localización)10. 1. El paisaje histórico local: los primeros testimonios de ocupación antrópica del espacio En el transcurso de los últimos treinta años, la prospección arqueológica del territorio ha facilitado la realización de avances cualitativos en el conocimiento del hábitat castreño y romano en el área cantábrica gallega. Sus análisis han ofrecido a la investigación arqueohistórica información significativa sobre tres tipos de yacimientos localizados entre los ríos Eo (al este) y Mera (al oeste): asentamientos castreños costeros de heteróclita adscripción temporal y, con cronología específicamente romana, factorías de producción y comercialización de salazón de pescado, y villae a mare, establecimientos rurales litorales, vinculados al medio marino circundante, que solían organizarse internamente en dos áreas funcionales: residencial y productiva11. Si el objetivo se focaliza en el actual término municipal de Burela –cuya extensión es de apenas 8,2 kilómetros cuadrados–, se infiere la relativamente intensa ocupación de su franja litoral, registrándose una serie de asentamientos que se describirán brevemente a continuación. En primer lugar, el Castro de Cabo Burela, que cuenta con una pequeña “croa” o acrópolis –de 70 m. (eje E-O) x 60 m. (eje N-S)- y dos terrazas anejas al levante12, habiéndose descubierto en este emplazamiento un petroglifo de cazoletas13. En segundo lugar, el Castro de Chao do Castro, que dispone de una amplia “croa” central, rodeada de varias terrazas escalonadas y defendida mediante un terraplén sencillo14. 10 Mapa Topográfico Nacional 1:500.000 (MTN500). Mapa Topográfico Nacional 1:25.000 (MTN25). Cartografía © Instituto Geográfico Nacional de España. 11 Pérez Losada, Fernández Fernández y Vieito Covela, “Toralla”, pp. 481-493. 12 Xunta de Galicia, GA27902001. Concello de Burela, 101. 13 Ibidem, GA27902006. Ibidem, 106. 14 Ibidem, GA27902002. Ibidem, 102. En esta zona del litoral burelense se encontraron, a mediados del siglo XX, Baliñas Pérez, C.; González Paz, C.A. En Esp. mediev. 40 2017: 375-407 379 En tercer y último lugar, contigua a la Punta de O Castrelo15, se halla la Punta de O Campón, en la cual se localiza un yacimiento –conocido como Castro de O Campón16–, cuya singular configuración y cronología sobresalen entre los parámetros locales. En una prospección arqueológica inicial, se subrayó la hipotética existencia de una estancia dotada de un sistema de calefacción tipo hipocausto, de adscripción crono-cultural romana17. Los sondeos y excavaciones ulteriores en O Campón confirmaron, en un primer instante, la presencia de dos salas caldeadas de época romana –datadas aproximadamente en el siglo IV d.C.18–, dos hipocaustos realizados con materiales reutilizados procedentes de estructuras anteriores. En un segundo momento, avanzadas las investigaciones, se constató un nivel con cerámica castreña empleado como relleno de regularización del terreno, indiciario de la existencia de una fase de ocupación temprana, situada en el cambio de era o en el siglo I d.C. Asimismo, se evidenció la presencia de un conjunto principal –con dos estancias rectangulares dotadas del sistema de calefacción descrito– que se imbricaría en la zona residencial de un asentamiento cronológica y culturalmente romano, acompañado de un área funcional, quizás vinculable a un espacio de trabajo, atestiguándose en general diferentes fases constructivas y remodelaciones19. Sobre la consideración tipológica de los restos arqueológicos descubiertos, ciertos autores han propuesto su identificación con unas posibles termas en una probable villa a mare20. Quizás, esa indeterminación sería superable si se aglutinasen las características y variables endógenas y exógenas asociadas al enclave y, a continuación, se abriese una línea de prospección y contextualización mixta, en la cual este asentamiento burelense se sometiese a un análisis comparado, estableciéndose como términos de contraste otros yacimientos del litoral cantábrico gallego de cronologías equiparables21. La aplicación de esa metodología –someramente esbozada en estas páginas– al septentrión lucense durante la Temprana Edad Media –concretamente a la franja costera localizada entre las desembocaduras de los ríos Eo (al este) y Mera (al oeste)- se ha llevado a la práctica recientemente por vez primera22. Los resultados obtenidos muesuna arracada y un torques datados entre los siglos III y I a.C. Balseiro García, El oro prerromano, pp. 138-147 y 282-289. Sobre el lugar (“Chao do Castro”/“Os Castrillós”) y tiempo concretos del hallazgo del torques (sometidos a discusión en los últimos años), consúltese: CulturaGalega, “As xoias do tesouro”. 15 En esta área peninsular, concretamente en la zona más próxima al acantilado, se localizaría el Castro de O Castrelo. Sin embargo, salvo la indicación toponímica, aún no se han evidenciado restos materiales de su existencia. Xunta de Galicia, GA27902004. Concello de Burela, 104. 16 Ibidem, GA27902003. Ibidem, 103. 17 Xunta de Galicia, CJ102A99/219-0. González Fernández y Ricart Guillot, Prospección arqueológica. 18 González Soutelo y Fernández Pintos, “Los pavimentos romanos”, pp. 322-329. En este trabajo, las autoras señalan dos abanicos temporales: “s. III-V d.C.” (p. 324) y “siglos IV-V d.C.” (p. 329). 19 Xunta de Galicia, CJ102A2004/301-0. Fernández Pintos, Sondeos valorativos, pp. 39-40. Segunda fase, pp. 37-43. 20 Pérez Losada, Fernández Fernández y Vieito Covela, “Toralla”, pp. 488-490. González Soutelo, El valor del agua, pp. 182-183. 21 La relación de yacimientos de interés se puede consultar en: Arias Vilas, “A Mariña lucense”, pp. 261-276. Cordeiro Maañón, “Análisis de los asentamientos”, pp. 93-122. Sobre la presumible existencia de una “vía da costa no sector lucense”, véanse: Rodríguez Colmenero, Ferrer Sierra y Álvarez Asorey, Miliarios, pp. 723-724. Gómez Vila, Vías romanas, pp. 262-275. El autor de esta tesis doctoral –realizada bajo la dirección académica del Prof. Dr. José Manuel Caamaño Gesto– data el ara a los lares viales descubierta en el monte de Tagarreiros (Santiago de Sargadelos, Cervo, Lugo) en el siglo II d.C. Ibidem, núm. CICLV4, pp. 268-269 y 310. 22 González Paz, O bispado de Mondoñedo. Tesis doctoral realizada bajo la dirección académica del Prof. Dr. Carlos Baliñas Pérez. Baliñas Pérez, C.; González Paz, C.A. En Esp. mediev. 40 2017: 375-407380 Figura 3. Castro de Cabo Burela y Castro de Chao do Castro23. tran, en términos relativos, un período comprendido entre los siglos V y VII d.C., un momento histórico complejo que se caracteriza, al mismo tiempo, por un doble proceso de cambio y adaptación24. Por una parte, el abandono coyuntural de establecimientos habitacionales y productivos litorales entre comienzos del siglo V y mediados del siglo VI, debido a la conjunción de cuestiones climatológicas (descenso de las temperaturas, aumento del 23 Mapa Topográfico Nacional 1:50.000 (MTN50). 1ª ed. Cartografía © Instituto Geográfico Nacional de España. PNOA cedido por © Instituto Geográfico Nacional de España. 24 Fábrega Álvarez, Poblamiento y territorio. Fernández Ochoa, “Materiales arqueológicos”, III, pp. 173-188. Fernández Ochoa y Morillo Cerdán, “La ruta marítima”, pp. 225-231. Maciñeira y Pardo de Lama, Bares. Novo Güisán, “Las ruinas de la playa de Area”, pp. 467-505. Ramil González, Historia de Cariño. Inventario do patrimonio cultural. “Intervención arqueolóxica”, pp. 175-178. “I Campaña de excavación”, pp. 215218. Ramil González y Picos Brage, Escavación arqueolóxica. Ramil González… [et al.], “Villa romana de Bares”, pp. 185-224. Ramil Rego… [et al.], “El yacimiento de Punta do Castro”, pp. 87-115. Rodríguez López, Vázquez Varela y Camino Mayor, “Concheros castreños y romanos”, pp. 61-73. Rodríguez Resino, Do Imperio Romano á Alta Idade Media, pp. 56-58 y 165-166. Romero Masiá, “Asentamentos castrexos costeiros”, pp. 61-80. Vázquez Varela y Rodríguez López, “Nuevos datos”, pp. 91-123. “El aprovechamiento de los recursos marinos”, pp. 335-365. Baliñas Pérez, C.; González Paz, C.A. En Esp. mediev. 40 2017: 375-407 381 nivel del mar y elevación de la línea de la costa, causa de la mayor incidencia de los temporales marítimos sobre las estructuras naturales y antrópicas) y a la transformación del mar en una amenaza (ataques piráticos)25, y su reocupación efectiva tras la normalización de la situación a partir de mediados del siglo VI26. Por otra parte, el transvase del hábitat antropogénico desde la línea de la costa al inmediato interior –la seguridad se buscaba en la distancia relativa del litoral27–, eso sí, sin que los nuevos emplazamientos acostumbrasen a desvincularse económicamente del medio marino. Dentro de estos parámetros, como se expondrá a continuación, se podría enmarcar la evolución de este sector concreto del litoral cantábrico en las centurias altomedievales. Figura 4. Castro de O Campón28. 25 Sobre dos ataques hérulos a las costas lucenses –Lucensi litore y maritima conuentus Lucensis loca–, acaecidos en los años 455 y 459, véase: Hydace, Chronique, § 171 y 194, Tranoy, I, pp. 152-153 y 162-163, II, pp. 102-103 y 111. Por cierto, una propuesta de localización del primer enfrentamiento se encuentra en: Erkoreka [Barrena], “A furore normanorum”, p. 22. 26 González Paz, O bispado de Mondoñedo, pp. 182-184. 27 El desplazamiento se cuantifica entre los 0,5 y 2 kilómetros en los ejemplos documentados. 28 Mapa Topográfico Nacional 1:50.000 (MTN50). 1ª ed. Cartografía © Instituto Geográfico Nacional de España. PNOA cedido por © Instituto Geográfico Nacional de España. Baliñas Pérez, C.; González Paz, C.A. En Esp. mediev. 40 2017: 375-407382 2. Las unidades de ocupación y estructuración del paisaje histórico local en la Alta y Plena Edad Media (siglos X-XII) Tras un hiato de varios siglos de oscuridad informativa –ocasionado por la ausencia de testimonios escritos y materiales–, el cartulario monástico de San Salvador de Lourenzá (Lourenzá, Lugo) nos muestra la existencia a la altura de la segunda mitad del siglo X de la villa de Superato de Burela, núcleo de ocupación, población y producción situado en la falda de una elevación montañosa conocida como montem Aquilare29, entre los arroyos Torrentes y Pumeda, y localizado a menos de un kilómetro de distancia (en línea recta) del asentamiento romano de O Campón. Esa referencia documental a la primitiva villa de Burela –obviamente escueta, pero significativa– se encuentra en la noticia de la extensa hacienda que el dux Gutier Osóriz30 –hijo del conde Osorio Gutiérrez, fundador del monasterio– habría donado a la comunidad monacal entre finales del siglo X y principios del siglo XI31. Su laconismo no resulta óbice en el reconocimiento de dos cuestiones de interés respecto de la villa burelense: aún ignorándose sus orígenes materiales y temporales concretos, su realidad efectiva a esa altura temporal y, aún desconociéndose el mecanismo jurídico de adquisición, su integración previa en el patrimonio aristocrático de los Osóriz, desde el cual revierte en el dominio del cenobio familiar como fruto de la liberalidad del magnate laurentino32. Actualmente, ante la inexistencia de datos arqueológicos o documentales específicos, no es posible reconstruir con precisión los elementos constituyentes de la villa de Superato de Burela. Ante el silencio de la arqueología, resultaría factible acudir a la tradición historiográfica y atribuir a este asentamiento una serie de características internas y externas que, a buen seguro, se aproximarían –cuando menos de manera 29 El 21 de agosto de 1096 el conde Raimundo de Borgoña y su esposa, la infanta Urraca de Castilla, entregaban al obispo Gonzalo Froilaz [de Traba] y a la sede dumiense-mindoniense la mitad de la iglesia de San Xiao de Nois (Foz, Lugo), especificándose que habet iacentiam litore maris inter Burellum et Aurium subtus montem Aquilare et Faro. Cal Pardo, Colección diplomática medieval, doc. 9, pp. 22-23. En la actualidad, el montem Aquilare se conoce oficial y localmente como Monte Castelo, significativo orónimo cuyo empleo se registra desde el siglo XIX. Madoz [Ibáñez], Diccionario, IV, p. 502. Sin embargo, por ejemplo, en las respuestas generales del Catastro de Ensenada correspondientes a la feligresía de Santa María de Burela (16/12/1752) se denomina “Castelo das Eiras”. Archivo General de Simancas (en adelante AGS), Catastro de Ensenada (en adelante CE), Respuestas Generales (en adelante RG), l. 206, f. 341v. Por otra parte, la primera referencia documentada del monte Faro se adelantaría al 5 de julio de 1077, cuando García Eníguiz intercambiaba ciertos bienes radicados en la uilla uocitata Marçani (Foz, Lugo) con el monasterio de Vilanova de Lourenzá, explicándose que se hallaba suptus monte Faro, prope aulam Beati Martini episcopi dumiensis sedis, discurrente ad ecclesia Sancti Iacobi, ripa Masme. Rodríguez González y Rey Caiña, “Tumbo de Lorenzana”, doc. 81, pp. 119-120. Aún a mediados del siglo XVIII, el “Pico de Faro” se señala como hito de delimitación del término parroquial de San Pedro de Cangas (Foz, Lugo). AGS, CE, RG, l. 206, f. 422r. 30 Con respecto a este magnate –de existencia documentada entre los años 952 y 999 y que seguramente falleció a comienzos del siglo XI–, y en general, sobre el grupo magnaticio Osóriz y su relevancia en el entramado del reino astur-leonés, pueden consultarse: Sáez [Sánchez], “Los ascendientes de San Rosendo”, pp. 3-75 y 179233. Carro Otero y Varela Ogando, “Estudio anatonomo-antropológico”, pp. 79-114. Torres Sevilla-Quiñones de León, Linajes nobiliarios, pp. 299-300 y 307-311. Andrade Cernadas, “O “conde santo” Osorio Gutiérrez”, pp. 315-324. González Paz, Osorio Gutiérrez. 31 “Tumbo de Lorenzana”, doc. 13C, pp. 43-45. De esta forma seguía la senda paterna, ya que el conde Osorio Gutiérrez había concedido un extenso patrimonio fundiario a la comunidad monacal laurentina el 17 de junio de 969, asistiendo sus hijos Gutier y Ordoño Osóriz. Ibidem, docs. 1-2, p. 25. 32 Ningún elemento señalado desentonaría en las coordenadas del binomio época/territorio y el ámbito de los monasterios de fundación familiar magnaticia: Portela Silva y Pallares Méndez, “Os mosteiros”, pp. 51-71, especialmente 52-59. Baliñas Pérez, C.; González Paz, C.A. En Esp. mediev. 40 2017: 375-407 383 relativa– a su realidad morfológica33. Sin embargo, en esta ocasión se recurrirá a la aplicación del procedimiento analógico, empleándose como fuente de información varios casos registrados en coordenadas geográficas y temporales semejantes. De resultas de ese análisis, se infiere que la villa sería una entidad de población –al unísono, un lugar de residencia y un centro de explotación del medio natural– heterogénea34, configurada en diferentes áreas funcionales de ocupación antrópica y niveles de transformación antropogénica35, de extensión y dimensiones variables, que mantendría una relación multiforme con el litoral –desde marco de referencia espacial36 a fuente de recursos económicos37en un ecosistema productivo mixto de carácter agropecuario y marino. Con todo, esta célula básica de la organización socioeconómica del territorio no era una isla en el hábitat altomedieval de este sector costero cantábrico gallego pues, según se desprende de la lectura del apeo patrimonial laurentino, el escenario se 33 Sobre el concepto y la semántica de villa en esta época, debe señalarse la existencia de cierta tradición entre el medievalismo gallego, destacándose a continuación dos obras caracterizadoras de dos momentos concretos: Pallares Méndez y Portela Silva, “Aproximación al estudio de las explotaciones agrarias”, pp. 95-113, especialmente 99-108. Baliñas Pérez, Do mito á realidade, pp. 209-230. Otros referentes serían: Pallares [Méndez] y Portela [Silva], “De la villa del siglo IX a la aldea del siglo XIII”, pp. 47-69. Baliñas Pérez, Gallegos del año mil, pp. 111-135. Portela [Silva] y Pallares [Méndez], “La villa, por dentro”, pp. 13-43. Pallares [Méndez] y Portela [Silva], “El lugar de los campesinos”, pp. 61-87. Por último, entre las síntesis más recientes se encontraría: López Sabatel, “La villa altomedieval gallega”, pp. 78-100. 34 Sin duda, esa heterogeneidad se comprueba en factores como la denominación, titularidad y caracterización cuando se observan, por ejemplo, la dotación testamentaria del conde Osorio Gutiérrez o la extensa noticia de villas de Guterri Osoriz que dedit monasterio Villenoue. “Tumbo de Lorenzana”, docs. 1-2 y 13C, pp. 21-26 y 43-45. 35 Como se observaría, por ejemplo, en el caso de la villa de Marzán (Santiago de Foz, Foz, Lugo). Así, el 31 de agosto de 1015 Guntina vendía la uilla que uocitant Marzam, locum predictum ipso casale ubi ipsos meos parentes habitauerunt, Estofredo et Cognomia. Do tibi ipso casale et ipsa cortina sub ipso casale –es decir, el casal y su huerta– ab integro cum omnia sua prestancia, así como terras et pumares, arbores fructuosas et infructuosas, petras mobiles et inmobiles, bouzas, montes, fontes, accessu uel recessu in ipsa uilla de Marzany. Dos años más tarde, concretamente el 1 de noviembre de 1017, Vega y su nieto Vermudo entregaban de casale nostro proprio quod habemus in uilla Marçan, locum predictum inter casa ubi nos habitamus et de casa de Froyla Citiz, ipso casale quod dicent Uiciar, medietate de ipso casale et de ipsas parietes et terra calua que est aretore ipso casale, de parte occidentale per illa seara et propre de illa arena usque illo uallo et de parte orietale per termino de terra de ipse Froyla Uitiz per alia usque agro quod tibi dedi ipse Froyla. Damus tibi ipso casale cum suo exitu et cum suos ortales in toto per suo termino. Por su parte, el 5 de julio de 1077 García Eníguiz permutaba, de la uilla uocitata Marçani, casales cum suos solidos, quinta de Froyla Garsia et quinta de Gundisaluo Garsia et quinta de Acenar Garsia et tercia de quinta de Enego Garsia. Id est, do uobis in ipsa uilla terras cultas uel incultas, petras mobiles uel fictiles, arbores fructuosas uel infructuosas, montes, fontes, platis, pascuis, paludibus, existus moncium et regressus, aquis aquarum cum eductibus suis. Ibidem, docs. 51 y 80-81, pp. 87-88 y 118-120. Sobre el casal y su compleja semántica, véanse: Ríos Rodríguez, “El casal medieval gallego”, pp. 109-128. Marques, O casal. 36 El 22 de julio de 927 el confessus Egica concedía la uilla que uocitant Masma secus littora maris ubi habitauit auus meus Ermemirus a domno Gutier et domna Ilduncia. A su vez, el 8 de junio de 1089 Gutier Osóriz donaba una uilla in territorio Uille Plane, id est, Uilla Uoliz, discurrente ad ecclesiam Sancte Eulalie, prope litus maris. “Tumbo de Lorenzana”, docs. 124 y 195, pp. 162-163 y 247. La segunda entidad se correspondería con el lugar de Vilagoíz (Santalla da Devesa, Ribadeo, Lugo), ubicado a 1,5 kilómetros de la actual línea de costa. 37 En ese sentido, por ejemplo, el 18 de julio de 916 el rey Ordoño II otorgaba a la sede dumiense-mindoniense la uillam nomine Uaris (A Vila de Bares, Santa María de Bares, Mañón, A Coruña) cum familia sibi pertinenti per terminum de aqua de ectario et inde per montem dominicum ast per pennam Iuliani et per Montarion usque ad illum portum de Delfino atque Sauris siue ostrarias uel diuesas seu piscarias. Cal Pardo, Colección diplomática medieval, doc. 2, pp. 12-13. Asimismo, el 3 de marzo de 1078 el monasterio laurentino recibía la villa que uocitant Pumar Ruiino, situada in territorio inter Euue et Masma, discurrente ad ecclesia Sancti Michaelis (Pumarrubín, San Miguel de Reinante, Barreiros, Lugo), con sus solares, casas coopertas uel incoopertas, petras mobiles uel inmobiles, arbores fructuosas uel infructuosas, terras cultas uel incultas, aquas aquarum et sessigas molinarum cum eductibus aquarum earum, siue portum maris, piscarium, siue sessicas salinarum cum eductibus lignarum. “Tumbo de Lorenzana”, doc. 53, pp. 90-91. Baliñas Pérez, C.; González Paz, C.A. En Esp. mediev. 40 2017: 375-407390 Castro65. Este acontecimiento llevó a las autoridades catedralicias mindonienses a reclamar judicialmente la devolución del conjunto patrimonial de la “Suçesion de Burela”66. El 30 de octubre de 1482 García de la Parra, alcalde mayor en el obispado de Mondoñedo a nombramiento del “sennor don Ferrnando d-Acunna justiçia mayor en este reyno de Galizia”, sentenciaba contra los intereses del “sennor et honrrado caballero Pedro de Volanno”, a quien se ordenaba reintegrar los bienes y rentas usurpados al deán y cabildo de Mondoñedo67. Frente a esta resolución desfavorable, Pedro Fernández de Bolaño siguió dos caminos: conserva la posesión efectiva del patrimonio, mientras apela a una instancia judicial superior. Ante los oidores de la audiencia vallisoletana, los procuradores del magnate lucense alegaron que el período de administración de su hermano Martín Vázquez de Vaamonde no debería ser contabilizado como segunda “persona del fuero”, ya que esa posición correspondía a su representado como “fijo primogenito mayor” de Mayor Martínez de Vaamonde. Con todo, las autoridades judiciales no consideraron válidos sus argumentos, ni fiables sus probanzas, y confirmaron el veredicto de García de la Parra, como consta en la sentencia de revista de 15 de octubre de 148468. Después de tres años de litigio, el caballero Pedro Fernández de Bolaño observaba cómo se cerraba la vía judicial con un serio revés a sus intereses, al mismo tiempo que comprobaba cómo el cabildo de Mondoñedo demandaba la ejecución del dictamen de la chancillería. En ese sentido, el 5 de febrero de 1485 el gobernador Diego López de Haro ordenaba a Fernán Pérez de Gijón, corregidor de Mondoñedo, y Fernando Cerón, corregidor de Viveiro, que cumpliesen con el contenido de la sentencia y apoderasen a los canónigos mindonienses en la posesión de la “Suçesion de Burela”69. Finalmente, en la segunda quincena de marzo de 1485, el alguacil Alonso de Astudillo acompañaba a Ruy Basanta y Álvaro de Marco, representantes capitulares, otorgándoles la posesión de los bienes, frutos, rentas y beneficios vinculados a la “suçesion”. El periplo se iniciaba en la “feligresia de Santaalla” y proseguía en las “feligresias de Fozdouro et Burela et Lieyro et Portezelo et Çelero”70. No obstante, la efectividad real de esta medida resultó limitada, debido a las acciones de Pedro Fernández de Bolaño y su esposa Beatriz de Castro, que no se plegaban completamente a los términos de las sentencias71. 65 Aponte, Recuento, p. 142, núm. 114. 66 Como paso previo a la vía judicial, el 14 de marzo de 1482 el cabildo mindoniense retiraba formalmente la “suçesion de Burela de manos del sennor Pedro de Volanno ou de outro qualquer ocupador et leuador que la lieue et queser lebar o ocupar segun que la tenia aforada Ares Vasques de Vaamonde”, integrándose entre los bienes del “comunete”, que habían arrendado los canónigos Vasco Martínez y Álvaro González da Pena. Cal Pardo, Mondoñedo –catedral, cidade, bispado–, docs. 229 y 241, pp. 323-325 y 339-341. 67 Cal Pardo, Colección diplomática medieval, doc. 201B, pp. 401-403. 68 Ibidem, docs. 202A y 202B, pp. 405-416. 69 Ibidem, doc. 202C, pp. 416-417. 70 Ibidem, docs. 203A y 203B, pp. 418-420. 71 En el contexto de la visita de los Reyes Católicos a la “çibdad de Santiago de Galizia” en la segunda mitad del año 1486, el cabildo de la iglesia de Mondoñedo demandó a Beatriz de Castro ante los monarcas, siendo acusada de usurpar las “heredades de Cristoboo et Portoselo et las terrarias de los dichos logares” que pertenecían a la “Suçesion de Burela”. Ibidem, doc. 205C, pp. 425-426. (05/10/1486). Con todo, en el marco de un escenario histórico y biográfico-familiar sumamente complejo y convulso [García Oro y Portela Silva, “Osorios, Bolaños, Pardos y Ribadeneiras”, pp. 151-180], se testimonia finalmente el acceso de las autoridades capitulares mindonienses al control efectivo de un sector (cuantitativamente reducido y atomizado) de los bienes y rentas englobados en la “suçeson de Burela”, distribuidos “desde la ponte da Espineyra fasta la vyla de Vyueyro”. Cal Pardo, Mondoñedo –catedral, cidade, bispado–, docs. 277 (28/07/1486), 288 (15/07/1487), 291 (04/07/1487), 292 (14/08/1487), 293 (07/11/1487), 297 (07/07/1488) y 341 (17/04/1493), pp. 388-389, 401, 404-411, 416- Baliñas Pérez, C.; González Paz, C.A. En Esp. mediev. 40 2017: 375-407 391 Sin duda, el máximo exponente de este desacato se encuentra en las cláusulas del testamento de Pedro Fernández de Bolaño -“Pedro de Bolaño e de Balboa” en este texto–, otorgado el 20 de agosto de 1491. Entre sus mandas, se estipulaba la entrega a su hijo Bernardo de Bolaño de los “vasallos que yo he e me pertenesçen en el obispado de Mondoñedo por suçesion e herençia de Doña Mayor de Vaamonde mi señora madre, asy propios como fueros, segun e en la manera que me los mando e dexo Martin Vazquez de Vaamonde, mi hermano, que santa gloria aya, de quien las herede e ove”, así como la concesión a su hija Mayor de Bolaño de “mi casa e porto de Burela con todos sus heredamientos e rentas”72. Aparentemente, con este acto de última disposición –claramente contrario a las diferentes resoluciones judiciales y órdenes regias– se cerraba el proceso de patrimonialización de una parte cualitativamente sustancial de los bienes integrados en la “Suçesion de Burela” –con la localidad homónima, verdadera joya de la corona, ejerciendo como centro de referencia y base de operaciones–, como culminación de una dinámica basada en el control señorial efectivo alegal y la preeminencia de los hechos consumados. Con todo, aún restaba un epílogo, cuyos protagonistas fueron Leonor de Bolaño y Alfonso Vázquez de Cabarcos. Entre la progenie de Pedro Fernández de Bolaño se encuentra una hija ilegítima, Leonor de Bolaño, cuya unión matrimonial se concertó con Alfonso Vázquez de Cabarcos73. Entre las disposiciones de la carta de dote –otorgada el 18 de febrero de 1482 en la localidad de Torés74–, se establecía como garantía de cumplimiento de los términos materiales acordados –consistentes en un juro de heredad de treinta cargas de pan anuales y una entrega de veinte mil maravedíes– sus bienes situados “desde la puente de la Espiñera y mariñas de Vibero fasta la villa de Vibero”. Pues bien, ante la aparente inobservancia de las disposiciones incluidas en el pacto dotal, se habrían activado las cláusulas indemnizatorias, y Alfonso Vázquez de Cabarcos se habría adueñado del “puerto de Burela con su torre y casa y casas y casares y cavanas de pescadores y viñas, con la presentaçión del benefiçio, censos, pechos y derechos y lutuosas y señorío y juridiçión”75. Sin duda, con esta acción se quebrantaban 417 y 469-470. En este último documento, el escudero Juan Abad, “vessino de la Marinna de Biueyro”, recibía el arrendamiento de la “Subçesion de Burela que solia leuar donna Mayor de Vaamonde con los çeleeros de Pedroso et Portisuelo et terrarias de Vilachaa et Sumoas”. 72 García Oro, “Viveiro y la familia de los Pardo de Cela”, doc. 14, pp. 195-198. El contenido del testamento se glosa brevemente en: Presedo Garazo, “Elite hidalga y poder señorial”, p. 131. 73 Este hidalgo mindoniense se testimonia en la órbita social, incluso familiar, del mariscal Pedro Pardo de Cela. Así, por ejemplo, el 25 de octubre de 1464 Álvaro de Cedofeita, abad del monasterio benedictino de Vilanova de Lourenzá, aforó a Pedro Pardo de Cela y a su esposa Isabel de Castro los lugares de Galgao, Quende y Bembibre (Abadín, Lugo) y “o noso çelero de Murinaos” (Barreiros, Lugo). Entre los testigos asistentes a este acto jurídico se refieren Juan Fernández de Cabarcos y su hermano Alfonso Vázquez de Cabarcos. AHN, Códices, l. 181, ff. 14v-15v. Por otra parte, de su cursus honorum consta que el 15 de mayo de 1473 desempeñaba el oficio de “meyrino enna dita çibdade de Vylamayor por meu sennor Pedro Pardo et seu lugartenente”. CAL PARDO, Tumbo Pechado, doc. 446, pp. 402-403. Por cierto, el 29 de julio de 1474 el clérigo Pedro Gil accedía a la canonjía que había quedado vacante tras la renuncia forzosa de Juan González Saco “por la grande treyçon que tyna ordenada con Fernando Dias Teyxeyro de tomaren a iglesia de Mondonnedo et mataren ao sennor mariscal et Afonso Vasques de Cabarcos et poeren a sacomano a çibdade”. Cal Pardo, Mondoñedo –catedral, cidade, bispado–, doc. 136, pp. 203-204. Además, el 11 de agosto de 1482 firmaba el acuerdo que subscribía un sector significativo de la nobleza gallega en defensa de los patronatos laicos sobre los beneficios eclesiásticos: “Alfonso Vasques de Cabarcos por sy e por Pedro de Cabarcos e Constanza Lopes su hermana”. García Oro, Galicia en la Baja Edad Media, doc. XI, pp. 314-320. 74 San Xoán de Torés, As Nogais (Lugo). 75 Archivo de la Real Chancillería de Valladolid (en adelante ARChV), Registro de Ejecutorias (en adelante RE), c. 311, núm. 51, ff. 1r-16v. (Año 1516). Baliñas Pérez, C.; González Paz, C.A. En Esp. mediev. 40 2017: 375-407392 los términos del testamento de Pedro Fernández de Bolaño, quien había otorgado su “casa e porto de Burela” a su hija Mayor de Bolaño. A comienzos del siglo XVI, y a consecuencia de ese conflicto de intereses, se iniciaba un largo pleito entre Mayor de Bolaño –junto con su esposo Bernardino de Castellanos– y Alfonso Vázquez de Cabarcos, acusado éste de usurpación. La denunciante apelaba a su condición de hija legítima y heredera de Pedro Fernández de Bolaño y reclamaba la entrega efectiva del señorío y tenencia del puerto de Burela. En las sucesivas instancias judiciales, se reconocieron los derechos de la demandante, compeliéndose a que fuese posesionada en esos bienes radicados en el septentrión lucense pero, una vez más, se impuso la fuerza de los hechos, y ese patrimonio continuó bajo control de los sucesores de Leonor de Bolaño y Alfonso Vázquez de Cabarcos76. Así culminaba el proceso de señorialización laica y patrimonialización nobiliaria de un área territorial y jurisdiccional perteneciente al dominio capitular mindoniense. En el transcurso del siglo XV, la combinación de factores generales –como la inestabilidad política y social regional– y circunstancias concretas –como la presencia de deudos y parientes entre las altas dignidades catedralicias, incluso en el episcopado (Álvaro Núñez de Isorna o Pedro Ares de Vaamonde), o en el ejercicio de la encomienda laica (Pedro Pardo de Cela)- favoreció el acceso de representantes de la nobleza local a determinados bienes eclesiásticos, cuyo control lograron mantener y transmitir a sucesivas generaciones hasta su enajenación, asunción e integración, arrostrando con fuerza y hechos los continuos, aunque infructuosos, intentos de recuperación de la iglesia de Mondoñedo. 4. El paisaje histórico local tardomedieval (siglos XV-XVI): la evolución y configuración territorial de una entidad polinuclear (Burela do Cabo, Vila do Medio, Puerto de Burela y Vilar) A continuación de la exposición de los principales episodios relacionados con la institución y evolución histórica de la “Suçesion de Burela”, resulta indispensable el abordaje de la configuración territorial local en los últimos compases de las centurias tardomedievales. ¿Se testimonia el impacto del proceso de señorialización y patrimonialización, con sus múltiples derivadas, en el entramado de ocupación y organización del espacio? La respuesta a esta cuestión debe ser claramente afirmativa, 76 De la unión matrimonial de Leonor de Bolaño y Alfonso Vázquez de Cabarcos nacieron al menos tres vástagos: * Fernán Díaz de Ribadeneira, ** Pedro de Bolaño y *** Ana Vázquez. * Homónimo del bisabuelo materno y del hermanastro paterno de su madre. Avecindamiento: San Xusto de Cabarcos (Barreiros, Lugo). Primera esposa: María Fernández de Saavedra. Hijos: Fernán Ares de Saavedra (casado con Catalina Osorio), Ares Pérez Pardo y Leonor de Bolaño. Carta de vínculo: 22 de agosto de 1559. Archivo Histórico Diocesano de Mondoñedo (en adelante AHDM), Burela, 1740, ff. 115v-116r, 131r y 132r-135r. AHN, Órdenes MilitaresCaballeros_Santiago (en adelante OM-CS), exp. 5329 (“Fernando de Miranda y Ossorio”, nieto materno de “Fernando Arias de Savedra y Rivadeneyra” y “Catalina Ossorio”. Años 1630/1631), ff. 23r-32v. ** Homónimo de su abuelo materno. Esposa: Mayor Martínez. Hijo: Ares Vázquez de Bolaño, casado con Bárbara Osorio. Sobrino: Pedro Gutiérrez de Cabarcos, que residió en su “casa del puerto de Burela”. Testamento: 18 de junio de 1560 [Ordena la entrega de un real de plata al “Hospital de Santiago de España”]. Codicilo: 8 de enero de 1561 [Recuerda la manda de “Alonso Vázquez de Cabarcos mi padre” destinada a “Pedro Pardo de Cavarcos su sobrino”]. Defunción: c. 20 de enero de 1561. Lugar de enterramiento: Iglesia de Santa María de Burela. ARChV, RE, c. 3313, núm. 5, ff. 1r-6v. *** El 31 de enero de 1533 fray Juan de Valderrama, abad del monasterio de San Salvador de Vilanova de Lourenzá, aforó a Fernán Díaz de Ribadeneira y a “Ana Vasques, fija de Afonso Vasques de Cabarcos” las rentas monásticas en Santa María Madalena de Cedofeita, Santiago da Castiñeira y Vilamariz (Ribadeo, Lugo) “segundo lo solía llevar Afonso Vazques de Cabarcos”. AHN, Códices, l. 181, f. 30r. Baliñas Pérez, C.; González Paz, C.A. En Esp. mediev. 40 2017: 375-407 393 registrándose, sobre todo en la etapa cenital, una serie de continuidades, evoluciones y mutaciones en el tejido burelense, en ocasiones estrechamente vinculadas con los actores y factores referidos anteriormente. El territorio de la antigua villa de Superato de Burela altomedieval se muestra sometido a un doble proceso de fragmentación y recomposición, constatándose el surgimiento del núcleo de “Burela de Cavo”, que se desarrolla como entidad poblacional en el sector nororiental de la falda del Monte Castelo. En el transcurso de la segunda mitad del siglo XV, la fisonomía de este entorno resultaba alterada con la introducción de una edificación singular –la “torre de Burela de Cavo”77, o “casa fuerte de Burela”78–, un elemento nuevo en que se concentran múltiples semánticas. Entre otras formas, descrita como una “cassa fuerte con su torre de omenaje”79, se trataría de un claro ejemplo de fortaleza señorial80, en la cual se combinan los elementos militares y residenciales81, actuando a la vez como morada de miembros del linaje titular –o de sus oficiales–, representación de su nobleza82 y símbolo de su dominio83. Asimismo, esta casa fuerte burelense podría ser considerada como el resultante local de una dinámica tardomedieval consistente en la “bajada al llano” de los recintos fortificados84. Mientras el castello Aquilar representaba aquellos “castellares viejos” que, construidos en “las pennas brauas e los oteros”85, se mostraban obsoletos en el nuevo contexto político, socioeconómico y jurisdiccional, este nuevo tipo de fortificaciones señoriales lograba imbricarse en la multiforme configuración de las entidades de población, manteniéndose en contacto directo con su territorio dependiente, sus habitantes y recursos86. En ese sentido, la presencia de la torre de Burela do Cabo sería susceptible de relacionarse con el control y la defensa del Puerto de Burela y su actividad económica87. 77 AHDM, Burela, 1740, ff. 136v-137r. 78 AHN, OM-CS, exp. 5329, ff. 30r y 32r. 79 Ibidem, f. 1r. 80 Con respecto a esta tipología, suscribimos las consideraciones expresadas en: Pérez de Tudela y Velasco, “El castillo señorial”, pp. 163-176; si bien aplicadas a una esfera territorial y señorial de menores dimensiones. 81 Precisamente en relación con ese aspecto habitacional, cabría señalar que asimismo aparece referida como “casa y palaçio de Burela”. AHN, OM-CS, exp. 5329, f. 31r. 82 Desde una perspectiva representacional, esta fortaleza señorial se transformó en muestra pétrea de la “limpia, ilustre y antigua nobleza” de su linaje titular, no en vano, un declarante vecino de Santa María de Burela señalaba que “tienen en esta feligresía su casa fuerte y estas diçe el testigo no las be salvo a grandes cavalleros como son los condes de Rivadeo, don Alonso Ordóñez y otros de cuyos nombres no tiene memoria”. Ibidem, ff. 1r y 25r. 83 En 1582, Fernán Ares “O Novo” recibía la herencia paterna y, en el transcurso del acto jurídico y simbólico de toma de posesión, se le “metió dentro de la cassa e lugar de Burela de Cabo contenido y declarado en la dicha scriptura de vínculo del qual a boz de la torre e solar, guerta, cortiñas, heredades e vozes de montes e derecho de apresentar, luctuosas, demás derechos e acziones y heredades e prados, e metad del Puerto de Burela, casas e territorio, aviendo con él cerrado las puertas de la dicha cassa e lugar e aviéndole echado en el regazo tierra, piedra, madera, lossa e teja (…)”. AHDM, Burela, 1740, ff. 139r-140r. Así culminaba un proceso sostenido entre madre e hijo, en el cual se ventilaba la cantidad y calidad de los bienes que supuestamente constituyeron la dote de Catalina Osorio. Varios testigos de las probanzas coinciden en afirmar que la parte sustancial del patrimonio vinculado de Fernán Ares de Saavedra se conformaba con “la mitad del Puerto de Burela con sus cassas e la cassa e torre de Burela de Cavo con sus corrales y heredades, árboles […] arboledo según está zercada” (Alonso Yáñez, herrero) o “la metad del Puerto de Burela juntamente con la torre e lugar y eredades que dizen e nonbran Burela de Cabo” (Rodrigo de Marrube). Ibidem, ff. 137v-138v. 84 Avello Álvarez, Las torres señoriales, pp. 48-52. 85 Ordenamientos de las Cortes de Valladolid de 1325. Cortes de los antiguos reinos, I, p. 381. 86 Avello Álvarez, Las torres señoriales, p. 61. 87 De Fernán Díaz de Ribadeneira, señor de la casa fuerte de Burela en la primera mitad del siglo XVI, se afirma Baliñas Pérez, C.; González Paz, C.A. En Esp. mediev. 40 2017: 375-407394 Figura 6. Escudo de la torre de Burela do Cabo, con sus anzuelos como característica88. Sin duda, en términos globales, la evolución registrada en el caso de la “yglesia de Burela”, templo y feligresía ahora incardinados en el “arçidianadgo de Vyueiro”89, aún resulta más espectacular. En el transcurso de las últimas centurias medievales, se constata la conformación de un núcleo de población en su entorno que, seguramente debido a su localización entre los enclaves de Burela do Cabo y Vilar, recibió la denominación de Vila do Medio90. Al presente, prácticamente no se conservan trazas de su antigua morfología, ni en el barrio ni en la vieja iglesia, ambos elementos desdibujados a causa de la desordenada transformación urbana acaecida en la segunda mitad del siglo XX91. Entre los testimonios supervivientes, se encuentran las pinturas murales conservadas en el interior del templo. Atribuidas a la órbita artística del “Maestro de Mondoñedo” y temáticamente centradas en la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, han sido fechadas a mediados del siglo XVI92, precisamente cuando Pedro de Bolaño –titular del señorío y patronato del beneficio curado– resolvió ser sepultado en la “yglesia de Santa María de Vurela”93, iniciándose así una larga tradición familiar. que “es común opinión mantubo gran lustre y familia armada que le servía en defensa del Puerto de Burela”. AHN, OM-CS, exp. 5329, f. 30rv. 88 Dibujo de Xosé Antón García González-Ledo, 2005. © Instituto de Estudios Gallegos Padre Sarmiento (Consejo Superior de Investigaciones Científicas). 89 Cal Pardo, Colección diplomática medieval, doc. 206, pp. 431-432. 90 Este asentamiento se encuentra catalogado, atribuyéndosele una adscripción cronológica medieval y una tipología cultural poblacional. Xunta de Galicia, GA27902005. Concello de Burela, 105. 91 Río Otero, “Burela: de aldea a cidade”, pp. 319-342. 92 Pardo Fernández, “La Pasión de Cristo”, pp. 215-218. 93 “Ytem mando mi cuerpo a la tierra donde fue formado, e quiero y es mi boluntad sea sepultado en la yglesia de Santa María de Vurela, donde soy feligrés, delante el altar de Nuestra Señora, en el qual dicho lugar y entierro mando e querría que se me hiciese mi entierro e sepultura como pertenecze a mi estado, e por la dote de ella mando a la fábrica de la dicha yglesia la mitad de un tarreo y heredad que tengo de por medio con la dicha Baliñas Pérez, C.; González Paz, C.A. En Esp. mediev. 40 2017: 375-407 395 Figura 7. Iglesia de Santa María de Burela. Documentado desde finales del siglo XV, concretamente desde su referencia en las últimas voluntades de Pedro Fernández de Bolaño, la existencia del “porto de Burela” se incardina en un marco histórico determinado: el surgimiento de una serie de áreas portuarias señoriales en el litoral cantábrico mindoniense, más concretamente, en la marina comprendida inicialmente “desde la agua que dizen d’Amasma fasta el Estero de Llouia”94, pero extendida ulteriormente “desde el rio de la Masma fasta Aguillos de Ortigueira”95. Se trata de una franja costera amplia, situada bajo el dominio fáctico de las autoridades de la villa de Viveiro, que consideraban ese sector territorial una zona de extensión económica exclusiva. Precisamente, el factor favorecedor de la aparición de este tipo de establecimientos portuarios fue el acceso señorial al control de los resortes de poder local. En ese sentido, las coordenadas históricas confluyen en la figura de Pedro Pardo de Cela quien, el 23 de mayo de 1464, se intitulaba “alcalde ena villa de Vivero por el Rey noso señor justicia et comendeyro do obispado de Mondoñedo”, refrendándose textualmente su condición de alcalde regio del “concello e sua terra e jurdiçon” el 27 de julio de 146596. Aunque con altibajos más o menos pronunciados97, logró capear yglesia”. ARChV, RE, c. 3313, núm. 5, ff. 4v-5r. 94 Hernández, Las rentas del rey, I, p. 260. (24/02/1290). 95 García Oro y Romaní [Martínez], “Viveiro en el siglo XVI”, doc. 40, pp. 138-139. (02/03/1532). 96 Esta cita se encuentra en: Villaamil y Castro, “El mariscal Pardo de Cela”, p. 93. 97 Sobre esta cuestión, entre las síntesis recientes podría señalarse: Rubio Martínez, “Los primeros vizcondes de Altamira”, pp. 95-114, especialmente 101-106. Baliñas Pérez, C.; González Paz, C.A. En Esp. mediev. 40 2017: 375-407396 sucesivos temporales y mantener su influencia en esta área de la geografía económica mindoniense hasta el año 147898. Pues bien, durante ese período de tres lustros, el mariscal Pardo de Cela se sirvió instrumentalmente de la coyuntura general y de su dominio del escenario local y llevó a cabo la instauración de los puertos de Masma99 (Lugo) y Bares100 (A Coruña), ambos abiertos contra legem a la actividad mercantil, y seguramente también Morás101 (Lugo). Asimismo, si se atiende a la concurrencia de determinados elementos –como la coincidencia cronológica (en el último cuarto del siglo XV), la localización (dentro del área de acción de la villa de Viveiro), o las relaciones de parentesco existentes entre los linajes de Pedro Pardo de Cela y Pedro Fernández de Bolaño (suegro y yerno, respectivamente)–, no resultaría aventurado hipotetizar que el “porto de Burela” 98 El momento álgido del ocaso de la hegemonía del mariscal en la villa de Viveiro se alcanzaba el 26 de junio de 1478, cuando el rey Fernando indicaba a “vos el Mariscal Pero Pardo de Cela, mi vasallo, e a todos vuestros escuderos, e omes e criados e apaniaguados” que “entendiendo ser asy complidero a mi señorio e a la execuçion de mi justiçia e al pro e bien comun e pas e sosiego de la villa de Vivero, mi merçed e voluntad es que por el presente vosotros ni alguno de vos non entredes ni estedes en ella, nin en su tierra e termino e jurediçión, fasta tanto que para ello ayades mi carta e liçençia e espeçial mandado”. García Oro, “Viveiro y la familia de los Pardo de Cela”, doc. 2, pp. 181-182. 99 El 26 de junio de 1478 el rey Fernando anunciaba a Pedro Pardo de Cela que había sido informado de que, sin su preceptiva autorización, “avedes fecho y abierto puertos nuevos y fecho cargo y descargo de navíos y barcas y fustas en La Masma y en Vares”, contraviniéndose de esta forma los privilegios, franquicias y libertades de la villa de Viveiro. De resultas, se conmina al mariscal a que “non fagades nin consintades façer el dicho cargo y descargo en los dichos puertos de Masma y Vares que asy disen nuevamente avedes abierto”. AGS, Registro General del Sello, l. 147806, f. 73rv. Casi treinta años más tarde, concretamente el 7 de diciembre de 1506, el conde Pedro de Villandrando y las autoridades municipales de la villa de Ribadeo recibían una carta real, en la cual se informaba de la denuncia de Rodrigo [de] Carranza “arrendador e recaudador mayor de las rentas de las alcavalas e diesmos e alfolies de la villa de Vivero”. Se indicaba que entre la “villa de Ribadeo e Vivero ay un rio que se llama La Masma”, en donde se realizaba carga y descarga, incurriéndose en quebrantamiento de la legislación fiscal y perjuicio del puerto de Viveiro, de titularidad regia. Ante esta situación, la reina prohibió el desarrollo de esa actividad en la “ria de La Masma”. García Oro, “Viveiro y la familia de los Pardo de Cela”, doc. 23, pp. 214-215. Por cierto, aún resulta escasamente conocido el grado de implicación del mariscal Pardo de Cela en el tejido productivo de la economía mindoniense medieval. Sin embargo, por ejemplo, quince kilómetros al este del puerto de Masma –concretamente en el término de la feligresía de San Miguel de Reinante (Barreiros, Lugo), en donde aún se conserva el topónimo A Ferrería–, contaba con unas herrerías hidráulicas, entregadas a Alfonso Vázquez de Cabarcos en 1482. Así, se afirma que este “senor de basallos” recibió del “mariscal Pedro Pardo las ferrerías de San Miguel de Reynante, convenía a saber los tres quartos dellas mobientes y corrientes con los beneros y venas de hierro y aparejos pertenesçientes a las dichas ferrerías con todo el señorío”. ARChV, RE, c. 311, núm. 51, f. 15r. 100 Las noticias relativas a la existencia de un área portuaria, así como de una explotación económica del medio marino litoral, se remontan al 18 de julio de 916, cuando el rey Ordoño II entregaba al obispo dumiensemindoniense Sabarico uillam nomine Uaris cum familia sibi pertinenti per terminum de aqua de ectario et inde per montem dominicum ast per pennam Iuliani et per Montarion usque ad illum portum de Delfino atque Sauris siue ostrarias uel diuesas seu piscarias per aquam de Uilare Berilli. Cal Pardo, Colección diplomática medieval, doc. 2, pp. 12-13. Tres siglos más tarde, se testimonia el desarrollo local de una actividad productiva específica: la pesca de la ballena. Así, en 1291 se refieren los “baleeyros de Vares”. Ibidem, doc. 56, pp. 74-80. Sobre esta cuestión, resulta de interés la consulta de: Valdés Hansen, “Origen y consolidación”, pp. 441-475, especialmente 452-469. 101 El 19 de mayo de 1484 los Reyes Católicos comunicaban a sus principales agentes en el reino de Galicia –Diego López de Haro, su justicia mayor, y Sancho García del Espinar, su alcalde mayor– “que por parte de Doña Isabel de Castro, muger del Mariscal Pero Pardo de Cela, nos fue fecha relaçion que despues de la fin e muerte del mariscal su marido, Don Fernando de Acuña, nuestro justiçia mayor del dicho Reyno, tomo e secresto e confisco todos los bienes muebles e rayses al dicho mariscal pertenesçientes, a buelta de los quales dis que le tomo e confisco el su puerto de Morales con l’asiento e palaçio de la Reguera de Ferrol que le avia obligados e ypotecados por quantia de tres mill florines que valian las arras e dote quella troxiera a su poder que Galaor Mosquera su primero marido le diera al tiempo que con el casara”. Sin embargo, entre los oficiales reales se sospechaba firmemente que esa alegación era falsa, y que los bienes reclamados como dotales habían pertenecido a la hacienda personal del mariscal Pardo de Cela. García Oro, “Viveiro y la familia de los Pardo de Cela”, doc. 10, pp. 190-191. Baliñas Pérez, C.; González Paz, C.A. En Esp. mediev. 40 2017: 375-407 397 se hubiese establecido definitivamente en ese abanico temporal (años 1464-1478), al socaire de las otras fundaciones mariscalianas102. Otro argumento a favor del carácter reciente de sus orígenes sería su configuración a comienzos del siglo XVI, cuando el “puerto de Burela” se muestra como un núcleo dotado de una estructura sencilla, con sus casas, casares y cabañas de pescadores103, cuya base económica se concentraría seguramente en la pesquería costera endógena104 –en la cual alcanzaría una especial relevancia la sardina–, que coexistiría (de forma más o menos pacífica) con la caza de ballenas, de naturaleza exógena, que efectuaban “muchos estrangeros del Reyno de Françia e de otros reynos e de la provinçia de Guipuzcoa e del condado de Vizcaya”105. Sin duda, la significativa productividad de la actividad ballenera106 atrajo la atención y el interés de los titulares del puerto de Burela -“con sus casas, terretorio y heredades”- que, a mediados del siglo XVI, eran los hermanos Fernán Díaz de Ribadeneira y Pedro de Bolaño, quienes incluyeron en su configuración una nueva infraestructura especializada, relacionada con la captura de los cetáceos: la atalaya107. Así se completaba la fisonomía material de un núcleo dotado de un marcado carácter marinero inicial, que se fue transformando, mestizándose con usos agrarios y artesanales según avanzaban los siglos de la Edad Moderna108. 102 La primera referencia gráfica conocida del “porto de Burela” se encuentra en el portulano del cartógrafo italiano Grazioso Benincasa, datado en 1466, en el cual aparece como “Virella”. Atlas nautique de l’océan Atlantique Nord-Est, de la mer Méditerranée et de la mer Noire. BNF, département des Cartes et plans, CPL GE DD-2779 (RES). 103 ARChV, RE, c. 311, núm. 51, ff. 1v-2r, 9r y 10r. 104 En el recuento de 1571, al describirse la partida del “Calendario de San Cebrian”, se indica que “tienen dos puertos de mar donde hay pescadores que matan pescado y no hay navio para navegar. El uno dellos se dice San Cebrian, que tendrá hasta cuarenta vecinos, el otro Burela que tendrá hasta diez. Estos vecinos tienen por oficio de pescar”. González Muñoz, Galicia en 1571, p. 203. 105 García Oro y Romaní [Martínez], “Viveiro en el siglo XVI”, doc. 40, pp. 138-139. (02/03/1532). El vínculo del área portuaria burelense con la captura de ballenas se testimonia desde el año 1527, cuando Pedro Grande –representante de la villa y concejo de Viveiro, así como procurador de Juan de Chaves, capitán de la nao “San Nicolás”- alegaba que el “puerto de San Cibrao, y Burela, y Masma y Bares eran terminos de la villa de Vivero, por privilegios antepasados de su Cesarea Magestad, y siempre, desde tiempo inmemorial a esta parte, los valeneros y chalupas y otras qualesquier personas que venian a pescar a los dichos puertos y faser carga y descarga y anclage”. Ibidem, doc. 114, pp. 247-249. 106 Según el testimonio de Juan Abad, regidor de Mondoñedo y arrendatario de los préstamos de Burela y Lieiro, en el transcurso del año 1546 se habrían matado unas 30 ballenas en los puertos de Burela y San Cibrao –frente a los 8/9 cetáceos pescados en el puerto de Bares–, cuyo valor ascendería a 3.000 ducados. Cal Pardo, Mondoñedo –catedral, ciudad, obispado–, doc. 3517, pp. 758-759. 107 ARChV, RE, c. 3313, núm. 5, ff. 4v-6v y 18v. El 10 de agosto de 1762 Juan Antonio Vázquez Osorio y Bolaño prestaba testimonio, ofreciendo interesante información acerca de las múltiples utilidades de esta construcción. Afirma que “havía una que comúnmente se llamaba y llama atalaya a imitación de una guarita y puesta en un sitio repechoso y alto, desde la qual se rexistra hacia a la mar y también se reconoce a y reconoze el mismo puerto, y el sitio donde se halla tiene el nombre de Atalaya, sin que en el motibado puerto haya otra significación de tal más que tan solamente una casupa que aora se alla desmoronada, y según noticias que tubo el que declara, servía en otro tiempo en el rial (sic) de dispensas, y para el fin de recojerse los vizcaínos cuando cojían alguna ballena y juntamente la carne y grasa de esta, y la espresada atalaya también en otro tiempo servía para en los vizcaínos reconocer las vallenas que pasaban por la mar para cojerlas, y tamvién servía para desde ella rexistrar los bientos, y al presente lo mismo sirbe la motibada atalaya para la coortificación (sic, fortificación) de dicho puerto”. Ibidem, f. 65r. 108 El 10 de agosto de 1762 Juan Antonio Vázquez Osorio y Bolaño, vecino de Santa María de Burela, señalaba cómo en las casas del área portuaria “viben personas de distintos oficios y entre ellos también labradores, y en otro tiempo lo executaron marineros, y el producto de dichas casas, huertas y heredades que a ellos se hallan sujetas en el referido tiempo, era mui mayor que a el presente por distintos comercios que havía en el motibado puerto de Burela, como era en armar a las ballenas”. Ibidem, ff. 64v-65r. Sobre la evolución, las implicaciones y los impactos de esta actividad económica en este sector territorial cantábrico-mindoniense, resulta recomendable la consulta de: Canoura Quintana, A pesca da balea en Galicia, y Valdés Hansen, Los balleneros en Galicia. Baliñas Pérez, C.; González Paz, C.A. En Esp. mediev. 40 2017: 375-407398 Finalmente, entre las centurias medievales y modernas, el tejido organizativo territorial local se completaba con el resultado evolutivo del antiguo “villar de Burela”. Transformado en el “lugar de Vilar”, a mediados del siglo XVI seguía mostrándose como un enclave suburbial, que gravitaba alrededor del “Pazo de Vilar”109. La revisión de los apeos patrimoniales referidos a las “casas de el Pazo de Vilar, sittas en la feligresía de Burela con sus cortinas, huerttas, tarreos de sus casas con sus testtadas, entradas y salidas”110 revela su carácter complejo, en el cual coexistían su naturaleza de residencia señorial –como morada de Pedro de Bolaño y un buen número de su descendencia inmediata– y su función económica, constituyéndose en el centro de una gran explotación agropecuaria, que contaba con múltiples heredades dedicadas a la cerealicultura111, una porción del “molino da Longoyra” –sin duda destinado a la transformación primaria del referido cereal112y el castañar de Pumeda –fuente de frutos, leña y madera-113. Figura 8. Pazo de Vilar114. 109 De su configuración material, se conoce la existencia de una casa principal rodeada de un muro alto. En el interior del espacio cercado, se hallaban la casucha del ganado, la parra, la huerta de los laureles, la huerta de los limones, etc. Este complejo residencial y productivo limitaba con una parte del sistema viario local, mencionándose el “camino que bá al puerto”. ARChV, RE, c. 3313, núm. 5, f. 20r. 110 Ibidem, f. 19v. 111 Se localizaban en A Abesada, A Atalaya, A Barreira, A Cancela de Vilar, A Costa de Pumariño, A Cova, A Ferrería, A Fontela, A Lagoa, A Pena da Aguia, A Veiga da Vila, A Veiga do Castro, Areamarosa, As Cortiñas, As Figueiras, Atallo, Espiñeiro, Milleral, O Camineiro, O Carreiro de Vilar, O Cómaro da Abesada, O Foxo, O Liño, O Outeiro, O Valado, Os Corgos, Portelo y Pumeda. 112 Sobre los cereales cultivados, quizás sea indicio el hecho de que “donna Mayor de Vaamonde que soya lebar esta Suçeson” recibió de Juan Alfonso, clérigo de la iglesia de Burela, “quatro moyos de pan que son quatro carregas de pan huna de trigo et outra de çenteo et outra d-orjo et outra de millo” (es decir, trigo, centeno, cebada y mijo). Cal Pardo, Mondoñedo –catedral, cidade, bispado–, doc. 293, p. 410. 113 ARChV, RE, c. 3313, núm. 5, ff. 6r, 7v-8r, 9r, 19r-20r y 24v-26r. 114 Esta antigua fotografía se encuentra en: Pena Domínguez, Burela: apuntes históricos, p. 74. Agradecemos sinceramente la autorización de reproducción de la imagen al Sr. D. Jesús Rodríguez Pena, y sus gestiones a la Dra. Herminia Pernas Oroza y al Sr. D. José Díaz García. Baliñas Pérez, C.; González Paz, C.A. En Esp. mediev. 40 2017: 375-407 399 A finales del siglo XVI, colofón cronológico de esta secuencia histórica, la villa de Burela se muestra como un asentamiento unitario de estructura polinuclear, en el cual se constatan cuatro focos imbricados socioeconómica y funcionalmente, actuando la red viaria como nexo interno. En primer lugar, Burela do Cabo, sede del poder señorial local, que se simboliza en su torre; en segundo lugar, la Vila do Medio, donde se encuentra la iglesia de Santa María, centro territorial de la feligresía y espiritual de la vida religiosa de sus habitantes; el Puerto de Burela, que irá capitalizando progresivamente la actividad productiva de este enclave del litoral cantábrico gallego y, finalmente, el Vilar, un microcosmos en el que se concretan, a escala reducida, los mismos elementos y mecanismos presentes en la célula madre, respecto de la cual nunca llegó a seccionarse el cordón umbilical115. Figura 9. La configuración polinuclear de Burela aún resultaba constatable a mediados del siglo XX116. A lo largo de estas páginas, hemos asistido a la evolución histórica, conceptuada como las continuas transformaciones experimentadas en los elementos constitutivos del paisaje antrópico, de un sector concreto del litoral cantábrico gallego, de aquella pars maritima Gallecie alfonsina de las crónicas asturianas117. La sinergia de testimonios procedentes de diferentes fuentes de información y disciplinas científicas ha 115 Esa configuración territorial polinuclear, mas funcionalmente unitaria, se consolida y mantiene durante centurias, como se puede comprobar, por ejemplo, en la entrada correspondiente a la feligresía de “Santa María de Burela” del Diccionario de Madoz, en la cual se señala que “comprende los burgos ó l. de Burela de Cabo, Puerto, Vila do medio y Vilar”. Madoz [Ibáñez], Diccionario, IV, p. 502. 116 Mapa Topográfico Nacional 1:50.000 (MTN50). 1ª ed. Cartografía © Instituto Geográfico Nacional de España. 117 Adefonsi Tertii Chronica, Ad Sebastianum, núm. 14, Crónicas Asturianas, p. 133. Baliñas Pérez, C.; González Paz, C.A. En Esp. mediev. 40 2017: 375-407406 Ríos Rodríguez, María Luz, “El casal medieval gallego: contribución al estudio de una unidad de poblamiento y explotación (siglos XI a XIII)”, El Museo de Pontevedra, XLIII (1989), pp. 109-128. Rodríguez Colmenero, Antonio, Ferrer Sierra, Santiago y Álvarez Asorey, Rubén D., Miliarios e outras inscricións viarias romanas do Noroeste hispánico (conventos bracarense, lucense e asturicense), Santiago de Compostela: Consello da Cultura Galega, 2004. Rodríguez Galdo, María Xosé, Señores y campesinos en Galicia. Siglos XIV-XVI, Santiago de Compostela: Pico Sacro, 1976. Rodríguez González, Ángel, Las fortalezas de la mitra compostelana y los “irmandiños”. Pleito Tabera-Fonseca, [Santiago de Compostela]: Fundación Pedro Barrié de la Maza, 1984, 2 vols. 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