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ISSN: 1130-3743 LA FUNCIÓN DE LA UNIVERSIDAD. DE LA ESTRATEGIA POLÍTICA A LA POLÍTICA ESTRATÉGICA The function of the university. From policy strategy to strategic policy José Manuel TOURIÑÁN LÓPEZ, Miguel Ángel SANTOS REGO, Antonio RODRÍGUEZ MARTÍNEZ y María del Mar LORENZO MOLEDO Universidad de Santiago de Compostela. Facultad de Ciencias de la Educación. Departamento de Teoria e Historia de la Educación. Campus Sur s/n., 15706 Santiago de Compostela BIBLID [(1130-3743) 10, 1998, 13-35] RESUMEN En este artículo examinamos la compleja relación entre política y universidad, dos conceptos con significado propio y que sólo en parte se fusionan respecto de la función de la universidad, que es el objeto principal de este estudio. Una vez delimitado el sentido de la contribución abordamos el marco de la coordinación competencial en nuestro país, junto con las directrices de la educación superior en el marco europeo y el énfasis actual en la búsqueda de la calidad universitaria como vía de desarrollo estratégico. Es justamente la cultura de la evaluación en la educación superior la que favorece un renovado análisis de la calidad en el contexto de una universidad de masas. Acorde con el notable reto derivado del Tratado de Maastricht, nos ocupamos del desarrollo de sistemas universitarios regionales y las políticas estratégicas asociadas a la definición de perfiles en las universidades. Finalmente, referimos algunos elementos importantes para una articulación de funciones que la universidad tendrá que plantearse en el nuevo siglo. SUMMARY The main objective of this article is to examine the complex relationship between policies and the university, two concepts, each with their own meanings that fuse only in part, with respect to the function of the universities themselves. © Ediciones Universidad de Salamanca Teor. educ. 10, 1998, pp. 13-35
JOSÉ M. TOURIÑÁN, MIGUEL Á. SANTOS, ANTONIO RODRÍGUEZ Y M.a DEL MAR LORENZO 14 LA FUNCIÓN DE LA UNIVERSIDAD. DE LA ESTRATEGIA POLÍTICA A LA POLÍTICA... Once the sense of this article has been established, we will analyse the framework given to the co-ordination of what should be done, why and by whom at the different Spanish universities. We will also analyse the guidelines for higher education within the European framework and the current emphasis given to the search for quality in universities, as a means to achieving a strategic development. It is precisely the «culture» of evaluation in higher education that helps towards a renewed analysis of this quality within the context of mass universities. In correlation with the important challenge derived from the Maastricht Treaty, we will deal with the development of regional university systems, as well as the strategic policies related to the definition of university profiles. Finally, we make reference to some important elements for the articulation of functions which universities will have to face in the next millennium. 1. INTRODUCCIÓN Dialogar sobre política y universidad implica la necesaria clarificación de cuestiones importantes acerca de la vida pública y de la democracia participativa, difícilmente agotables en este artículo que pretende acercarnos determinadas ideas y pautas estratégicas de análisis en las que podamos reconocer algunos hechos y retos que van asomando por las puertas de la institución en la relación política y universidad ante la cuestión de la función de la universidad. La universidad como problema y también como solución es simplemente una referencia conceptual y filosófica, con toda su carga simbólica y su expresividad cultural a lo largo de las épocas. No en vano se trata de una institución comprensible según modelos que hunden sus raíces en determinadas visiones del mundo y del hombre (Matteucci, 1991; Sánchez-Salorio, 1994), felizmente tensionada en su historia por la febril apuesta entre paradigmas, con ensamblajes político-administrativos en absoluto ajenos a las respectivas tradiciones y «ethos» culturales, pero casi nunca insensible a los cambios sociales y económicos de las centurias pasadas y de esta que ya va feneciendo. La universidad es parte sustantiva, pero sólo parte al fin, de la sociedad. La mutua imbricación es desigual y aún asimétrica en no pocos de sus contornos. Es indudable que la política de gobierno general influye mucho más sobre la universidad que lo que es el caso en sentido inverso (Barber, 1998), pero también es cierto que la universidad es uno de los escenarios donde con más fuerza se proyectan recurrentes inquietudes y contradicciones sociales o, diciéndolo de otra forma, se representa con toda suerte de matices la gama de anhelos que circundan un diagnóstico crítico de la comunidad en su conjunto. Tal vez encuentre aquí acomodo la persistente noción de que la educación universitaria contribuye, en cierto modo, a elevar la «sabiduría» política y moral (ver O'Brien, 1998). Puesto que, en apreciable medida, reflejamos el tipo de sociedad en la que estamos instalados, es obvio colegir que nuestra institución participa de aquellas virtudes, pero también de los vicios que, al menos sobre el papel, expresan tópicamente un estado de cosas en el ambiente. En tal sentido, es singularmente curioso reparar en la presencia de un sistemático correlato, dentro del sistema © Ediciones Universidad de Salamanca Teor. educ. 10, 1998, pp. 13-35
JOSÉ M. TOURIÑÁN, MIGUEL Á. SANTOS, ANTONIO RODRÍGUEZ Y M.a DEL MAR LORENZO LA FUNCIÓN DE LA UNIVERSIDAD. DE LA ESTRATEGIA POLÍTICA A LA POLÍTICA... 15 social imperante en lo que llamamos Occidente, entre formas organizativo-administrativas en las instancias de gobierno político general y representación de poder en el organigrama universitario. El proceso que rige la toma de decisiones pone de manifiesto tan ostensible parangón. Justamente el conocimiento de las diferencias por países y sistemas universitarios es el que nos permite comprender las mayores o menores cotas de funcionalidad y de responsabilidad en la decisión. En la sociedad actual nadie pone en duda el valor de la inversión en capital humano, el valor económico de la educación, la importancia de la subsidiariedad, la necesidad de autonomía en la universidad, el rendimiento efectivo de la institución universitaria y la responsabilidad social compartida acerca de la universidad (Touriñán, 1993a). La universidad se predica como un recurso tecnológico de primer orden y su desarrollo es un instrumento estratégico de innovación. De ahí que, en el marco de este trabajo, el estudio, la docencia, la investigación, la profesionalización, la cultura y la conciencia social crítica -que son funciones inherentes al concepto de universidadtengan que ser integradas o reinstaladas dentro del marco de la relación entre política y universidad. El indicador básico de ese nexo es el modo en que se resuelve en cada caso concreto el juego de la relación entre autonomía universitaria y coordinación; porque la universidad tiende a sus fines y, habida cuenta de las competencias que correspondan a las administraciones, así como del valor estratégico de la universidad, la prestación de un servicio social, que es público, puede convertirse en el objetivo de la pública intromisión en el derecho de la Academia a disponer y generar, rindiendo cuentas, un espacio para la docencia y la investigación de calidad. En el fondo, la crisis permanente de la universidad, tiene siempre que pasar por la lúcida barrera conceptual orteguiana; la crisis no es sinónimo de decadencia, ni de simple necesidad de corrección de abusos. La crisis en la universidad es sinónimo de generación de nuevos usos porque, necesariamente, para cumplir su misión tiene que estar a la altura de los tiempos en sus cambiantes circunstancias. Éste es el reto de la universidad, aunque sólo sea para no dejarse arrebatar lo que debe seguir siendo un irrenunciable puesto de mando en la dinámica de innovación y de conocimiento en esta sociedad de la información, ya digitalizada, con nuevos marcos y relaciones estratégicas en el mundo del trabajo, pero sobre todo asistiendo a una imparable revisión de valores en una marcha cultural, tecnológicamente instigada, que reclama nuestro protagonismo; con apoyo social, pero también con nuevas ideas, despues de Maastricht (Touriñán, 1996a; Huntington, 1997; Quintanüla, 1998). 2. POLÍTICA Y UNIVERSIDAD: EL MARCO DE LA COORDINACIÓN COMPETENCIAL En nuestro país se diferencia, administrativamente hablando, educación superior y educación universitaria. Sobre esa base, es legítimo decir que, en líneas © Ediciones Universidad de Salamanca Teor. educ. 10, 1998, pp. 13-35
JOSÉ M. TOURIÑÁN, MIGUEL Á. SANTOS, ANTONIO RODRÍGUEZ Y M.â DEL MAR LORENZO l6 LA FUNCIÓN DE LA UNIVERSIDAD. DE LA ESTRATEGIA POLÍTICA A LA POLÍTICA... generales, la circunstancia más peculiar del marco legal vigente es que la Ley de Reforma Universitaria (LRU) se aprobó pensando en una realidad universitaria (la específica del año 1983) y que esa realidad legislada se modificó posteriormente con el proceso de transferencia de competencias a las Comunidades. Es decir, que la legislación actual permite elaborar la política universitaria desde tres instancias: el Estado, las Comunidades Autónomas (que tienen transferidas las competencias en materia de educación superior y universidades) y las universidades, como se desprende de los artículos 2 (derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones) y el 27.10 (reconocimiento de la autonomía universitaria) de la Constitución Española y del artículo 3-2 de la LRU, que establece las competencias propias de la autonomía universitaria. Así pues, la existencia de estos tres niveles distintos está diseñada teóricamente para respetar la autonomía universitaria, entendida ésta como capacidad de autonormación, y postula, como sabemos, una exigencia de coordinación en dos niveles: el Consejo de Universidades, a nivel nacional, y el Consejo Universitario de cada Autonomía con competencias en materia de universidades. Cabe afirmar, sintéticamente, que el Sistema Universitario, desde la perspectiva de la política universitaria, está diseñado para tratar de conjugar el respeto a la autonomía de cada universidad y la voluntad de ejercer las competencias propias de las Administraciones (Touriñán, 1993). Por otra parte, creemos que esta situación general del marco legal está especialmente afectada por el proceso de transferencias hasta tal extremo de que, suponiendo la LRU un marco legal anterior a las transferencias, se hacen patentes las dificultades para coordinar el sistema universitario una vez acabado el proceso de transferencia de las universidades. Conviene, pues, introducir racionalidad en los procesos de creación y desarrollo de un Sistema Universitario, desde unas competencias «compartidas» (término más adecuado que el eufemismo de «plenas»), hoy por hoy atadas por un marco legal manifiestamente mejorable, pensando en los conceptos básicos de racionalidad, calidad y competitividad o eficacia, que son los que marcan en este fin de siglo las mejores expectativas de un proyecto universitario. Es claro que, como consecuencia de los procesos de transferencia de competencias, el sistema de enseñanza superior en España se ve por: - La disminución y remodelación cuantitativa y cualitativa de las funciones del Ministerio de Educación. - La posible descoordinación entre las distintas Comunidades con competencias transferidas e incremento de la dificultad de realizar una planificación nacional de la enseñanza superior. - La posibilidad de ir aumentando poco a poco la diferenciación entre universidades en las distintas Comunidades Autónomas. Naturalmente, la descoordinación entre Comunidades puede ser el fruto temprano del ejercicio de la autonomía en materia de educación. Pero esa actuación está llevando a duplicidades en la necesidad de recursos y a una falta de especialización, con el peligro de que el proceso de desarrollo de cada Comunidad Autónoma llegue a convertirse en un proceso mimètico, sin nítida visión de futu- © Ediciones Universidad de Salamanca Teor. educ. 10, 1998, pp. 13-35
JOSÉ M. TOURIÑÁN, MIGUEL Á. SANTOS, ANTONIO RODRÍGUEZ Y M.a DEL MAR LORENZO LA FUNCIÓN DE LA UNIVERSIDAD. DE LA ESTRATEGIA POLÍTICA A LA POLÍTICA... 17 ro, y con un alto grado de vulnerabilidad ante las universidades de otros países, por no tener una conciencia de identidad particular de la enseñanza superior en cada Comunidad. Esta dificultad para llevar a cabo una planificación de la enseñanza superior en España podría provocar, si no se establecen mecanismos de control y coordinación adecuados, un desajuste entre la oferta global y la demanda que va a afectar a la política general de movilidad estudiantil. Las realidades internas y externas de hoy están presionando para modificar la universidad y deshacer sus deficiencias. Con el objeto de hacer frente a las mismas se están activando a nivel nacional diversos mecanismos que se dirigen a modificar la institución, siendo posible referir cuatro líneas de acción al respecto: 1) La reorganización general de la enseñanza mediante la reforma de los planes de estudios. 2) La evaluación de la calidad de las universidades y del rendimiento del profesorado. 3) Los nuevos mecanismos de financiación. Tales acontecimientos y observaciones son manifestaciones diversas de una idea genérica de crisis de gestión en la universidad (Touriñán, 1997) que se enfrenta ahora de manera muy particular, no a la corrección de abusos, sino a la creación de nuevos usos en un ámbito de responsabilidad compartida, que además es un ámbito de exigencias diferenciadas. 3. LAS DIRECTRICES DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR EN EL MARCO EUROPEO Recordemos de entrada que el Tratado de la Unión Europea (TUE) supuso la segunda gran revisión a la que se vio sometida la Comunidad Europea. La primera, desde su construcción, fue el Acta Única Europea (AUE) de 1986, que consagró la llamada «Europa de los mercaderes» al abrir la puerta de los doce países socios en ese momento al mercado único. Con esta segunda gran revisión, por medio del TUE, pueden destacarse cinco presupuestos de interés para el contexto educativo (Touriñán, 1997b): a) Reafirmación de la voluntad de una política común más allá de lo económico. No en vano el Tratado de Maastricht suprime de la CE el calificativo de «económica», permanente desde los acuerdos de 1957. b) Promoción de la educación de calidad a través de la cooperación entre los Estados miembros. Cierto que la mención a la educación es corta pero lo importante es que aparece por vez primera un capítulo educativo en texto comunitario de tan alto significado. c) Soberanía de los Estados y Subsidiariedad. Relevancia de la coordinación y política de progreso social bajo el principio de asociación cooperativa de los estados miembros, los interlocutores sociales y los ciudadanos, cuya clave debe ser el concepto activo y positivo de la subsidiariedad (ver Santos Regó, 1997). Es decir, la UE emprenderá una acción si los objetivos no pueden ser alcanzados suficientemente por (o dentro de) los propios Estados miembros. © Ediciones Universidad de Salamanca Teor. educ. 10, 1998, pp. 13-35
JOSÉ M. TOURIÑÁN, MIGUEL Á. SANTOS, ANTONIO RODRÍGUEZ Y M.a DEL MAR LORENZO 18 LA FUNCIÓN DE LA UNIVERSIDAD. DE LA ESTRATEGIA POLÍTICA A LA POLÍTICA... d) El procedimiento de la cooperación se aplicará, gracias al TUE, tanto a las disposiciones del fondo social y regional como a la formación profesional y a la cooperación para el desarrollo, a la política social, al medio ambiente y al mercado de trabajo. Desde la perspectiva de la educación, el procedimiento abre un lugar específico para el consenso, que estará en las bases de las estrategias de persuasión, cooperación y conciliación entre los Estados miembros. e) El TUE no es un documento definitivo en su contenido. De hecho, ya se ha producido su revisión en 1996, una vez producida la incorporación efectiva de tres nuevos socios: Austria, Finlandia y Suecia. Es el título VIII de la tercera parte del TUE, dedicado a las políticas sociales, el que establece en su capítulo tres las directrices comunes a la educación, la formación profesional y la juventud. El título XV de esta tercera parte se dedica a investigación y desarrollo tecnológico. Así pues, educación e investigación constituyen los dos ejes desde los que se construyen en la UE las directrices para la enseñanza superior. Los contenidos conceptuales básicos que aparecen en el texto articulado abarcan temas como la educación de calidad, el fomento de la cooperación entre Estados, el respeto a los sistemas educativos de los Estados y la diversidad cultural y lingüística, el fomento de la movilidad y el intercambio, el desarrollo de la dimensión europea de la educación, el fomento y desarrollo de la educación a distancia, el desarrollo de la competitividad, la estimulación de la IDT de alta calidad, así como la difusión y explotación de resultados de investigación y transferencia de tecnología (Comisión de las Comunidades Europeas, 1993, 1994) Estos conceptos, que forman parte del contenido de los artículos 118, 126, 127 y 130F conforman el sistema conceptual presente en los «libros blancos» que la UE ha impulsado en el contexto de la educación y la investigación. Nos referimos ahora al libro blanco de «crecimiento, competitividad y empleo» y al de «política social europea», destacando los siguientes principios generales: - El empleo es la clave de la integración social y económica (Política Social). - La competitividad y progreso social son dos caras de la misma moneda (Política Social). - La convergencia de objetivos respeta la diversidad (Política Social). - La armonización total de políticas sociales no es un objetivo de la Unión (Política Social). - La creación de servicios básicos transeuropeos y el desarrollo y formación en nuevas tecnologías es fuente de competitividad (Crecimiento). - La libre circulación de trabajadores obliga a plantear de manera prioritaria la correspondencia de cualificaciones y el reconocimiento mutuo de títulos (Política Social). - El fomento de la cooperación entre las políticas de investigación de los países miembros y las empresas es la garantía para tener en cuenta las potencialidades del mercado (Crecimiento). Coincidiendo el grupo con una perspectiva ya expresada (Touriñán, 1997b; Santos Regó, 1997a), afirmamos que el TUE sienta las bases para la construcción © Ediciones Universidad de Salamanca Teor. educ. 10, 1998, pp. 13-35
JOSÉ M. TOURIÑÁN, MIGUEL Á. SANTOS, ANTONIO RODRÍGUEZ Y M.a DEL MAR LORENZO LA FUNCIÓN DE LA UNIVERSIDAD. DE LA ESTRATEGIA POLÍTICA A LA POLÍTICA... 19 de un proyecto educativo común, aceptando y asumiendo la pluralidad nacional existente a través de la coordinación de tareas en la construcción de la Unión. En otras palabras, un proyecto de integración no excluyente de la diversidad y respetuoso con la soberanía de cada Estado. Con el TUE, los millones de estudiantes de los 15 Estados de la Unión afrontan una situación general de los sistemas de enseñanza superior europea caracterizada en común por la diversidad lingüística, la diversidad administrativa y estructural de sistemas, la diversidad de situaciones y niveles de desarrollo socio-económico y la diversidad de lugares y exigencias (Malosse, 1994; Touriñán, 1997c; Santos Regó, 1997). En tal situación, la tendencia sigue apuntando a la expansión cuantitativa, que se ve acompañada por restricciones financieras que obligarán a las partes a plantearse, en palabras de la Unesco, un pacto académico en el que las universidades logren un desarrollo humano sostenible a través de la educación. Puede decirse que el marco educativo de la UE se corresponde con un ente descentralizado que postula la autonomía escolar, la libertad académica y la identidad europea definida dentro de sistemas educativos estatales, regionales y locales diversos. Junto con la profesionalización, la descentralización educativa (que se traduce en fórmulas organizativas que postulan la convergencia desde la diversidad) aparece como el acontecimiento estructural más relevante en el análisis socio-político de los sistemas educativos. La descentralización reclama la existencia de órganos de gobierno con competencias en cada territorio, pues una organización descentralizada no es simplemente lo que acerca el poder a cada demarcación de influencia, sino la que desarrolla una organización horizontal del poder con lazos de interdependencia coordinados bajo el principio de atribución territorial de autonomía de decisión. Del mismo modo, no sería muy realista trasvasar las experiencias concretas de descentralización de un país a otro. Cada alternativa de descentralización nace en una circunstancia socio-histórica desde la que se debe construir la posición descentralizada de equilibrio siempre entre elementos antinómicos que, por tener ese carácter, son imprescindibles. Touriñán (1995) ha identificado los siguientes elementos antinómicos de los sistemas educativos descentralizados: - La alternativa regionalización-internacionalización. - La alternativa heterogeneidad-homogeneidad. - La alternativa diversificación cultural-equivalencia internacional de sistemas educativos. - La alternativa autoidentificación del sistema en la Comunidad Regional-uniformidad inter e intra Comunidad. - La alternativa determinación aislada del sistema en la Comunidad Regionaldesarrollo educativo solidario entre Comunidades. Este equilibrio de opciones antinómicas forma parte sustantiva de la alternativa de descentralización, que se ve delimitada por dos extremos: la uniformidad total de un centralismo utópico y el aislamiento o cierre sobre sí mismo de la descentralización radicalizada. La solución ha de encontrarse en las sinergias y líneas © Ediciones Universidad de Salamanca Teor. educ. 10, 1998, pp. 13-35
JOSÉ M. TOURIÑÁN, MIGUEL Á. SANTOS, ANTONIO RODRÍGUEZ Y M.a DEL MAR LORENZO 20 LA FUNCIÓN DE LA UNIVERSIDAD. DE LA ESTRATEGIA POLÍTICA A LA POLÍTICA... de convergencia que reconozcan el desarrollo de los sistemas universitarios y de las comunidades científicas como instrumentos de innovación y desarrollo. Hace ya seis años que se marcaron, con motivo de un coloquio sobre la enseñanza superior pensando en el 2000 (EOLAS, 1992) unas áreas decisivas para la educación universitaria europea. Dichas áreas abarcan desde la participación y acceso a la enseñanza superior hasta la dimensión europea de la misma, pasando por la colaboración con el mundo empresarial, la formación continua, y la educación a distancia. Especialmente interesante aparecía la dimensión europea de la enseñanza superior, incluyéndose ahí, entre otras, la movilidad de los estudiantes, la cooperación entre instituciones, la idea de Europa en el programa de estudios, la importancia capital de los idiomas, la formación del profesorado, el reconocimiento de cualificaciones y períodos de estudios, el análisis de la información y de las políticas, o la convergencia de programas. 4. POLÍTICA DE CALIDAD Y UNIVERSIDAD DE MASAS En los últimos tres o cuatro años han proliferado no sólo publicaciones, sino eventos académicos y foros de distinta índole articulados en su propósito de convocatoria alrededor de las preguntas, y no siempre coincidentes respuestas, acerca de cómo plantear y conseguir más calidad en la universidad. En nuestra opinión, estamos ante una corriente en absoluto ajena al final de un modelo y la irrupción de otro más identificado con lo que se ha convenido en llamar «la gestión estratégica y de calidad», donde asoman, naturalmente, valores, objetivos y procedimientos distantes y distintos de los convencionalmente establecidos en los pabellones de gobierno universitarios. A esto se han referido la veintena de ponencias que han circunvalado el programa del muy reciente Seminario Internacional sobre «dirección estratégica y calidad de las universidades» (Universidad Politécnica de Cataluña, enero de 1998). Recogiendo el propio marchamo del evento, las estrategias de avance han de pasar por dibujar y lograr un marco de realidad (virtual y no virtual) propicio al diseño instrumental y evaluación de la calidad en aquello que hacemos en nuestro trabajo. Calidad al servicio de la sociedad, reza el título del documento que sobre el particular acaba de hacer público la antes citada Universidad Politécnica de Cataluña. Planteada como «misión», concita una voluntad de solvencia y excelencia cuyos objetivos no pueden ser supeditados sin más, cual letanía paralizadora, a las tasas de crecimiento en estudiantes, personal docente, no docente, etc. Es preciso liderar el reto y solución de problemas dentro de la institución, pero también es preciso convertir a la universidad en punto de inevitable referencia dentro de la comunidad social. Esa capacidad de liderazgo está presente hoy, y lo estará mucho más, en el sentido de la calidad que, nos guste o no, se vislumbra parcialmente en torno a nuestros activos culturales y científicos de competitividad estructural, departamental y personal. Estas propuestas, como ha apuntado el profesor Touriñán (1997a) nacen del reconocimiento de la universidad como servicio social público, que tiene como cliente al estudiante y, al mismo tiempo, a la sociedad concienciada de la impor- © Ediciones Universidad de Salamanca Teor. educ. 10, 1998, pp. 13-35
JOSÉ M. TOURIÑÁN, MIGUEL Á. SANTOS, ANTONIO RODRÍGUEZ Y M.a DEL MAR LORENZO LA FUNCIÓN DE LA UNIVERSIDAD. DE LA ESTRATEGIA POLÍTICA A LA POLÍTICA... 21 tancia de rendir cuentas en la cultura de la calidad total en el sistema universidadsociedad-empresa y en el sistema ciencia-tecnología-sociedad. Así pues, la exigencia de calidad parece convertirse en estandarte emblemático, referente de una nueva cultura y política universitaria de los países desarrollados. En cada lugar y contexto, según su historia, condiciones y circunstancias, este y no otro es el objetivo a definir y perseguir en el sistema, entre otras razones, porque sin mejorar la calidad no podremos disponer de elementos de juicio en la adopción política -y no simplemente tecnocràticade las decisiones que convengan, para que la sociedad sepa del rendimiento académico y científico de los recursos que nos proporciona. Es edificante, por otra parte, que entre los resultados del grupo de trabajo sobre «Universidades y Poderes Públicos», establecido a raíz de la reciente crisis doméstica Ministerio de Educación y Cultura-Rectores, se afirme con rotundidad (punto 5) «la extensión del principio de calidad, como exigencia básica para la evaluación docente e investigadora de las universidades, al nivel de aptitud y actitudes por parte de los estudiantes que se incorporan al sistema, lo que con toda certeza representará un reexamen en profundidad de los criterios de acceso a la universidad y de permanencia en ella, así como de las ofertas correspondientes a otras modalidades de enseñanza profesional superior no universitaria que se puedan presentar a la ciudadanía». Valga la cita del importante documento consensuado para poner de relieve el sentido extensivo que se está imponiendo al hablar de calidad en el territorio español, con una trascendencia y alcance que va más allá de las aulas. Idéntico énfasis fue el transmitido, a nivel supranacional, por el interesante documento de política para el cambio y el desarrollo en la educación superior (Unesco, 1995). Proclamando una «universidad pro-activa» firmemente anclada en las circunstancias locales, pero plenamente comprometida en la búsqueda universal de la verdad y el progreso del conocimiento, la calidad ocupa sitial de honor entre los desafíos planteados dentro del proceso de cambio, junto a la pertinencia (papel y lugar de la educación superior en la sociedad, abarcando programas, contenidos, equidad, responsabilidad, libertad académica, autonomía institucional, etc.) y a la internacionalización (aumento de la movilidad docente y discente, comprensible a la luz de la importancia estratégica de la comunicación intercultural en una sociedad dominada por las tecnologías de la información). Las facetas de la calidad universitaria difícilmente pueden abarcar otras que no estén subsumidas en el buen hacer de la enseñanza (calidad del personal docente y de los procesos de selección, de los programas y, como corolario, del aprendizaje), en la investigación (calidad de los proyectos, de los programas de tercer ciclo...) en la gestión y administración de los recursos, en las infraestructuras, etc., (para un análisis de este punto en perspectiva europea, ver Vorbeck, 1998). Pero veamos, antes de adentrarnos en aspectos más concretos sobre el tema de la calidad, algunas directrices surgidas en el entorno comunitario. Es a partir de finales de los sesenta y comienzos de los setenta cuando la transformación socio-económica de España y una «nueva» política escolar (Ley General de Educación) conducen progresivamente a una sustitución de la uni- © Ediciones Universidad de Salamanca Teor. educ. 10, 1998, pp. 13-35
JOSÉ M. TOURIÑÁN, MIGUEL Á. SANTOS, ANTONIO RODRÍGUEZ Y M.a DEL MAR LORENZO 28 LA FUNCIÓN DE LA UNIVERSIDAD. DE LA ESTRATEGIA POLÍTICA A LA POLÍTICA... • Potencian los sistemas de información relacionados con la gestión de alumnos y el seguimiento académico de los mismos. • Fortalecen las actividades de extensión cultural que favorecen la imagen de la universidad en la Comunidad. • Orientan sus titulaciones y exigencias académicas hacia los sectores medios del mercado, centrándose en las titulaciones consolidadas. • Fortalecen el primer y segundo ciclo, y en especial las diplomaturas, intentando evitar el desarrollo de cursos master altamente especializados. • Planifican periódicamente sus necesidades de instalaciones físicas, así como las potenciales inversiones en nuevos activos fijos. • Se orientan hacia la captación de fondos públicos para equilibrar su incremento progresivo de gastos. Por su parte, la identificación de modelos estratégicos de concentración y exclusividad pasaría, entre otras, por las notas que a continuación se indican: • Se orientan hacia la captación de personal académico de muy alta calidad. • Derivan grandes recursos de la universidad, especialmente tecnológicos, hacia el desarrollo de la investigación, aprovechando ésta para la implantación de programas de cooperación con empresas privadas. • Interrelacionan la investigación con la docencia, mediante el procesamiento de los resultados de la investigación científica. • Crean una cultura corporativa de diferenciación. • Se orientan hacia los criterios de rentabilidad y autofinanciación, así como a establecer mecanismos de autocrítica. • Se orientan hacia el valor añadido de todos los servicios de la universidad, estableciendo mecanismos que aseguren la calidad de los mismos. • Desarrollan estrategias de control del crecimiento, para alcanzar una efectiva ratio profesor/alumnos. • Alcanzan una alta selección académica de sus alumnos, ya sea tendiendo a altas notas medias de acceso a la universidad, o por medio de una mayor exigencia en la actividad académica de los estudiantes. • Profesionalizan la estructura organizativa de la universidad, dotándola de los adecuados niveles de gestión. • Proyectan una imagen de calidad y exigencia en el mercado. • Controlan la diversificación, orientando la oferta académica hacia las titulaciones estrella y los terceros ciclos de calidad. 6. ACERCA DE LA UNIVERSIDAD QUE VIENE: UNIR VIEJAS FUNCIONES CON NUEVOS RETOS El problema de la universidad del futuro no es su democratización o la inserción de nuestra universidad en su medio social, «sino mantener una tensión permanente por la mejora de la calidad» (Quintanilla, 1998, p. 343). Si se nos permite, ¿qué otra utopía pertinente puede movilizar nuestra ilusión y esfuerzo hacia el © Ediciones Universidad de Salamanca Teor. educ. 10, 1998, pp. 13-35
JOSÉ M. TOURIÑÁN, MIGUEL Á. SANTOS, ANTONIO RODRÍGUEZ Y M.a DEL MAR LORENZO LA FUNCIÓN DE LA UNIVERSIDAD. DE LA ESTRATEGIA POLÍTICA A LA POLÍTICA... 29 futuro? También nosotros estamos convencidos de que la universidad del siglo XXI se caracterizará por una exigencia de calidad más que de cantidad. Las funciones de la universidad seguirán coincidiendo, en lo fundamental, con las que afirmaba el maestro Ortega hace más de medio siglo. Funciones, por cierto, concisamente enunciadas en el texto de nuestra Ley de Reforma Universitaria, de 1983, cuya aplicación y desarrollo ha producido, por motivos diversos, no pocas disfunciones y desequilibrios (Ortega Castro, 1996). Pero es la sociedad en la que se inserta la universidad la que irá marcando, sin duda, la (re)definición de funciones en cada situación, aunque sigan pivotando en torno a la creación, desarrollo, transmisión y crítica de la ciencia, de la técnica y de la preparación para el ejercicio de una profesión, de la creación artística y cultural en general, etc. (Villapalos, 1998). Sabemos que todas las universidades desarrollan, en mayor o menor proporción, esas funciones genéricas. La historia, condiciones y circunstancias de cada institución modularían, desde luego, el análisis evaluativo acerca de su funcionalidad programática en el servicio a sus «clientes» y a la Comunidad de la que recibe sus recursos. La definitiva incorporación al proyecto europeo, del que las universidades forman parte, deberá obligar a planes rigurosos, incrustados en un dimensionamiento estratégico de la actividad universitaria a realizar en los próximos años, cuyo epicentro tiene que ser la mejora de la calidad de la enseñanza y de la investigación, al lado de una permanente búsqueda de la eficacia en la prestación del servicio público de la enseñanza superior. Un recurso educativo de la universidad en nuestro entorno se conecta positivamente con la diversidad de la cultura europea. Además, lo que parece una inevitable tendencia a la globalización social y económica determinará una fuerte apuesta de las universidades por políticas favorables a la internacionalización, de donde se derivará alguna que otra medida del gradiente de competitividad y calidad que es capaz de desarrollar cada institución. La internacionalización universitaria, con sus manifestaciones de trabajo en red y creciente movilidad docente y discente está siendo catapultada gracias a la imparable fuerza de la comunicación electrónica por todo el mundo (cfr. Castells, 1997). Es evidente que la comunicación vía ordenador acompaña ya parte sustantiva del intercambio universitario a nivel internacional. Tal realidad optimizará en el futuro, aún más, el rol de las universidades como agentes de difusión de la innovación social, puesto que los egresados de sus aulas y laboratorios llevarán a todo tipo de organismos y empresas el mensaje mediático de la cultura de la comunicación. Pero las comunidades virtuales o del ciberespacio no podrán sustituir a la comunidad de profesores y estudiantes de cada universidad, sencillamente porque, como acaba de señalar Rhodes (1998, p. 13) «we need the stimulus of face-to-face communication and shoulder-to-shoulder cooperation in our own campuses». Todo ello ha contribuido a poner de manifiesto el valor del desarrollo y diseño de infraestructuras compartidas y servicios comunes en la solución futura que haga compatible calidad y cantidad. Pues, no © Ediciones Universidad de Salamanca Teor. educ. 10, 1998, pp. 13-35
JOSÉ M. TOURIÑÁN, MIGUEL Á. SANTOS, ANTONIO RODRÍGUEZ Y M.a DEL MAR LORENZO 30 LA FUNCIÓN DE LA UNIVERSIDAD. DE LA ESTRATEGIA POLÍTICA A LA POLÍTICA... nos engañemos, la universidad en España es de modelo extenso (esto es, de masas y no masificada). Entretanto, es preciso que la universidad recupere su protagonismo como agencia capaz de liderar, desde posiciones de independencia, estilos y pautas de pensamiento cultural y científico, susceptibles de influir, críticamente, en la construcción de la nueva sociedad. Su papel como institución que marca la diferencia en una senda de progreso individual y colectivo desde la sociedad civil debe ser apoyado sin reservas por quienes tienen la oportunidad de influir en la orientación de las políticas públicas. Como dijo en Compostela un buen conocedor de la universidad europea, la universidad no existe por ella misma, ni siquiera existe sólo por la ciencia: «L'université existe exclusivement pour la société et particulièrement, mais sans exclusive, compte tenu de sa responsabilité internationale, pour telle société, c'est-à-dire pour l'homme, non pas pour l'homme abstrait, mais bien en premier lieu pour l'homme de cette partie du monde dans laquelle elle se trouve» (Thorens, 1996, p. 44). Resulta necesario dar credibilidad a una proyección estratégica de la docencia y de su calidad, como exponente principal de compromiso con su principal cliente, el alumno, que es el auténtico protagonista de su propio proceso de aprendizaje, pero al que el profesorado debe atender mejor, sin obsesiones estériles mas con preocupación por utilizar metodologías apropiadas, a fin de no incidir en una información repetitiva y sí en el desarrollo de capacidades, hábitos y actitudes. La universidad debe reflexionar más acerca de lo que se reconoce como excesiva especialización en los estudios, cuya única meta está siendo la de lograr mayor cercanía al mercado de trabajo, meta algo ingenua porque olvida algo tan sencillo como el hecho de que el empleo no depende, sin más, de la especialización en la formación que reciben los estudiantes. El agobio que producen ciertas situaciones coyunturales no puede nublar la vista sobre el alcance de la misión universitaria en una sociedad digitalizada, donde la educación para el aprendizaje a lo largo de la vida será piedra de toque fundamental. Y los pedagogos tenemos que situarnos en la vanguardia de un proceso que, además, se está enfatizando desde todo tipo de instancias sociales y profesionales. Esa demanda tiene que ver también con otro importante reto, como son los estudios de tercer ciclo y, en general, todo lo relacionado con las enseñanzas de postgrado, vinculándolas a planes de formación continua, favoreciendo la adaptación al cambio veloz que impone el desarrollo científico y tecnológico, o el que deriva de la irrupción de nuevas profesiones y ocupaciones en un mercado cada vez más abierto, interactivo y, por supuesto, competitivo. Todo lo cual tiene que ver con una función de la universidad, difícil, peculiar y compleja, pero de inequívoca importancia: gestionar el cambio y proyección de sí misma, para seguir fiel a su esencia y cometido histórico. Aunque, ahora, el cometido no sea otro que, recogiendo la brillante idea de Kerr (1995) consolidar la idea de la universidad como «multiversidad». No menos importante será prestar atención a la creciente demanda de formación cultural en distintos ámbitos y campos de conocimiento, junto con una formación para el ocio y el mayor tiempo libre en un segmento clave y crecien- © Ediciones Universidad de Salamanca Teor. educ. 10, 1998, pp. 13-35
JOSÉ M. TOURIÑÁN, MIGUEL Á. SANTOS, ANTONIO RODRÍGUEZ Y M.a DEL MAR LORENZO LA FUNCIÓN DE LA UNIVERSIDAD. DE LA ESTRATEGIA POLÍTICA A LA POLÍTICA... 31 te de la población como es la llamada «tercera edad». Tal función formativa, de extensión y animación cultural, ya ha empezado a ser ejercida, con inusitada expectación, por bastantes universidades dentro de nuestro marco de referencia, rotulando esas actividades de manera diversa («cuarto ciclo», «universidad de la experiencia», etc.). Asimismo, tenemos en la formación para la investigación, que debe diferenciarse de la formación para la especialización, otro reto notorio y, por supuesto, funciones a replantear. Existe plena coincidencia en la necesidad de cambiar el enfoque y los estudios del tercer ciclo, devaluados de un tiempo a esta parte en nuestro entorno, con muchos estudiantes matriculados en los programas de doctorado sin vocación auténtica ni preparación adecuada para la realización de tesis doctorales que puedan contribuir a abrir líneas novedosas de indagación científica. No estaría mal fortalecer programas de doctorado de calidad, empezando por áreas bien dotadas y aquellas otras que se consideren de interés estratégico para la universidad y la sociedad en su conjunto. Sin olvidar que también será una función de la universidad, recuperando parte de un edificante legado, la búsqueda de equilibrios entre la investigación básica y la investigación aplicada, hoy bastante sesgada a favor de ésta, ya que es ahí donde el profesorado ve recompensadas, en general, sus peticiones de financiación para proyectos e iniciativas investigadoras. Pero si la calidad, finalmente, se asume de verdad como el gran pivote a circundar la siempre delicada relación entre política y universidad, ha de promoverse su articulación procesual de modo tal que, lejos de marginar la mejora real de la docencia, suponga su definitiva expresión de excelencia en la universidad. Esto exige sistemas de control de la calidad que sean efectivos y, por tanto, creíbles en el seno de la comunidad universitaria, pero no es menos cierto que debe plantearse, al mismo tiempo, en un marco más amplio, estratégicamente proyectado, de cambio en las cuestiones que afectan a los procesos que rigen actualmente la formación, selección y promoción del profesorado. Sabemos de las razones que han llevado a desequilibrar en favor de la investigación la imprescindible sintonía entre este vector de trabajo universitario y el de la docencia, y por eso no es extraño que hoy surja con fuerza propia la necesidad de replantearse, inserta en el mismo anhelo proclive al objetivo de la calidad, una reflexión profunda sobre la estructura de gobierno universitario. La inquietud social que a veces provoca la constatación de algunos acontecimientos en el seno de la universidad se alienta precisamente con la desidia en el afrontamiento de tamañas cuestiones. Estamos convencidos, a la luz de todo lo anterior, que la política estratégica de la universidad para los próximos lustros debe empezar por una clara definición de bases, que permita restituir a la razón docente todo su valor en la prestación del servicio universitario a la ciudadanía y ello pone nuevos marcos a la cuestión política de la financiación de la universidad que es una responsabilidad social compartida inherente al derecho a la autonomía universitaria. © Ediciones Universidad de Salamanca Teor. educ. 10, 1998, pp. 13-35
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