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La sociología de los trastornos de la conducta alimentaria, los Mass Media y las redes sociales: las subculturas de las identidades Pro-TCA

Labora González, Juan José; Rodríguez Fernández, Irene; Cervera-Sainz, Olga; Fernández Vilas, Enrique

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CAPÍTULO 10 LA SOCIOLOGÍA DE LOS TRASTORNOS DE LA CONDUCTA ALIMENTARIA, LOS MASS MEDIA Y LAS REDES SOCIALES: LAS SUBCULTURAS DE LAS IDENTIDADES PRO-TCA JUAN JOSÉ LABORA-GONZÁLEZ Universidad de Santiago de Compostela IRENE RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ Universidad Internacional de la Rioja OLGA CERVERA-SAINZ Universidad de Sevilla ENRIQUE FERNÁNDEZ-VILAS Universidad de Valladolid 1. INTRODUCCIÓN Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (en adelante, TCA) son, por definición, entidades de carácter tremendamente complejo cuando intentamos explicar su etiología. Así pues, los modelos explicativos de los factores de riesgo de los TCA suelen basarse en una división de estos en: predisponentes, desencadenantes y mantenedores; apoyándose en el modo propuesto en los ochenta por Garner y Garfinkel (1984). A este modelo responderían determinadas clasificaciones (e. g. Baños y Miragall, 2015; Jáuregui Lobera, 2006; Toro, 2004). Es decir, las explicaciones deben de ser de carácter multicausal y multidimensional (Cervera, 2007; Garfinkel y Garner, 1982). En este tipo de modelos -de tipo multidimensional-, los factores predisponentes serían los que responden más claramente a la definición de riesgo, así pues, hacen aparición antes de la presencia de la enfermedad. Estos se corresponden con situaciones, características, etc. que individualmente, o sumadas, hacen más probable que la enfermedad aparezca. Los factores precipitantes se concretan en situaciones que se convierten en la espoleta que prende la llama de la enfermedad. Por último, los factores mantenedores serían aquellos que una vez una persona tiene un TCA, facilitan que este siga presente y no se produzca una mejora o la curación. Por otro lado, en estos modelos explicativos se distinguen factores individuales: factores genéticos, formas de pensar, temperamento, estilo cognitivo perfeccionista y/ obsesivo, formas de sentir como la personalidad, la autoestima baja, el nivel de inseguridad, el uso de la evitación, el uso de la comida como elemento compensador, las reacciones emocionales extremas ante amenazas reales y las emociones negativas. A esto se sumarían los hábitos alimentarios, la realización de una posible dieta, la realización de actividad física excesiva y la insatisfacción corporal sentida por la persona. Finalmente, se señalan distintas formas de actuar como la motivación para actuar en sentimientos de falta de valía, la necesidad de aprobación y las alteraciones comportamentales. Asimismo, se proponen factores familiares como los antecedentes de enfermedad mental, el ambiente familiar de presión sobre la imagen corporal y el funcionamiento familiar (Jáuregui Lobera, 2006; Jáuregui-Lobera y Martínez-Quiñones, 2024). Los factores individuales se complementan con otros de carácter social como: el modelo ideal de delgadez, la delgadez como símbolo de estatus social, la influencia de los medios de comunicación, la redes sociales, los grupos de iguales (dificultades para establecer, o mantener, relaciones sociales, historia previa de burlas, acoso, etc.), la cosificación de la imagen de la mujer y la pertenencia a determinados grupos profesionales: gimnastas, bailarinas, deportistas, modelos, o similares, la presencia de determinados estresores ambientales (problemas académicos, laborales y personales) (Jáuregui Lobera, 2006; Jáuregui-Lobera y Martínez-Quiñones, 2024). En resumen, se puede decir que: La evidencia científica apoya un modelo interactivo de influencias biosicosociales en la etiología de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA). Los nuevos estudios de asociación de genoma completo sugieren una base de desregulación metabólica en la anorexia nerviosa. Entre los factores psicológicos la insatisfacción corporal (IC) puede considerarse el predictor más consistente, principalmente en el género femenino. Baja autoestima, afecto negative e interiorización del ideal de delgadez determinan la IC. Ciertos rasgos de personalidad y otros factores individuales como un alto índice de masa corporal, problemas emocionales y algunas enfermedades metabólicas y digestivas, factores sociales como algunas actividades deportivas o profesionales centradas en la presión por la figura corporal, características del entorno familiar, y presiones sociales y del grupo de pares por estar delgada mediado actualmente por el uso/abuso de las redes sociales, actúan como condicionantes de riesgo en los TCA (Canals y Arija Vals, 2022, p. 16). 2. OBJETIVOS – Analizar el concepto de imagen, estableciendo algunas precisiones en relación a conceptos conexos como: cuerpo, percepción e imagen. – Estudiar la posible influencia que pueden tener los medios de comunicación en la imagen que tenemos de nosotros/as mismos/as y/o de los/as demás. – Investigar el papel que pueden estar jugando las redes sociales en el aumento de la prevalencia que se viene dando en los últimos años en los TCA, así como en la conformación de un movimiento social pro-trastornos de la conducta alimentaria que se vehicula a través de la socialización a la que se somete a las personas en las comunidades que pueblan las páginas proTCA. 3. METODOLOGÍA Este trabajo expone los resultados de una revisión bibliográfica sobre la etiología de los TCA y el posible papel jugado por los medios de comunicación y las redes sociales en relación a los mismos. Para la parte del marco teórico se ha revisado literatura científica sobre los modelos explicativos de los TCA, en este caso, sin límite de fecha. Por otro lado, las búsquedas en relación a las las redes sociales se ha revisado textos a partir de 1990, primando la calidad de las revistas que hicieron la publicación. Se utilizaron como bases, y motores de búsqueda, Google Scholar, Scopus, PudMed y Dialnet. Los términos para las búsquedas fueron Mass Media + Eating Disorder, Mass Media + Image, Mass Media + Body, ProAna + Social Networks, ProMia + Social Networks. 4. RESULTADOS 4.1. CUERPO, PERCEPCIÓN E IMAGEN El concepto de imagen corporal es un concepto evanescente y tremendamente complejo. En principio tendríamos nuestro cuerpo (cuerpo-objeto). A él se sumaría la autopercepción que de él podamos tener (cuerpo-sujeto). Ahora bien, este último se abriría a la necesidad de establecer varias precisiones: en primer lugar, el cuerpo-objeto no tiene por qué coincidir con la percepción que de él tenga cada persona. Además, la autopercepción está influida por el universo simbólico: los imaginarios sociales y el canon de belleza, así como el resto de los elementos culturales que vertebran una sociedad. En este sentido, la valoración del cuerpo ha ido cambiando a lo largo de la historia, pudiéndose considerar que este ha pasado por varios procesos a lo largo de la misma evolucionando de la sacralización a la secularización, a un paulatino binarismo (cuerpo-alma), medicalización, fluidificación y -en los últimos tiempos-, a una progresiva tecnificación (Labora González y Fernández Vilas, 2023). A esto habría que sumar que el cuerpo y la imagen se ven influidos por las relaciones e intercambios sociales que establezca cada persona. Por otro lado, la propia posición, rol y estatus social pueden incidir en el cuerpo y en las imágenes que de él se haga cada individuo. Así, por ejemplo, existen investigaciones que concluyen que los propios profesionales vinculan una imagen de un cuerpo delgado al éxito social de la persona y que los/as profesionales no son inmunes a los patrones sociales de belleza (Labora González, 2018; Poo Figueroa et al., 2022). Así pues, es importante situar el papel de la socialización y la comunicación social en relación a los TCA, en concreto, en las redes sociales (Friero Padín et al., 2021). Finalmente, la percepción tendría su dimensión individual en la que tendrían su papel: la autoestima, las actitudes, creencias, opiniones, prejuicios, y demás características que pudiera tener cada persona. Raich (2000), desde el ámbito de la psicología define la imagen corporal como “la representación del cuerpo que cada individuo construye en su mente” (p. 23). Aunque esta definición es en exceso simplificadora de lo que pretende definir. Quizás responde más apropiadamente los límites de este concepto lo que mencionan Rodríguez Testal y Senín cuando dicen que “La imagen corporal es una representación mental compleja (con su correlato y organización neural), multifacética, estable, aunque en constante actualización acerca de nuestro cuerpo y su experiencia emocional” (2013, p. 18). Aunque también esta puede adolecer de ser demasiado individualista y reconcentrada en el yo, dejando de lado la condición social del ser humano. El cuerpo, como se viene advirtiendo desde el ámbito de las ciencias sociales es una estructura biológica en la que se materializan los discursos sociales, así pues, es necesario entender que el cuerpo entendido desde un punto de vista social está construido por los imaginarios sociales (Labora González, 2018; Le Breton, 2018; Moraña, 2021; Toro, 2015). El cuerpo, en este sentido, encarna la subjetividad, es el lugar de la presencia y articulación de las prácticas (tanto sociales, como culturales, como corporales) y de las representaciones sociales hegemónicas que generan los imaginarios de las distintas sociedades (Suárez Alcántara, 2018), en definitiva, el cuerpo es fuente de identidad. En general, en la imagen corporal se distinguen cuatro componentes (Ashikali y Dittmar, 2010; Borkoles et al., 2010; Haedt-Matta et al., 2012; Rodríguez Testal y Senín, 2013). Y se puede decir que la investigación asume un nivel de insatisfacción con la imagen del cuerpo que ronda el 50% (Berengüí et al., 2016; Cash, 2002; Tiggermann, 2011) y que la mayoría de las mujeres han sentido insatisfacción con su cuerpo en alguna ocasión (Infante Faura y Ramírez Luna, 2017). Este nivel de insatisfacción es tan alto, que Rodin, Silberstein y Striegel-Moore (1984) establecieron la categoría de descontento normativo. Es decir, se distingue un fenómeno subclínico -y, por lo tanto, no patológico-, en el que la situación general de la población coincidiría con la insatisfacción hacia el propio cuerpo, dicho de otro modo, lo normal es que no nos guste nuestro cuerpo. Además, hay investigaciones que han podido afirmar que, en los seis meses previos a la realización del estudio, el 31,06% de la muestra utilizada en el estudio reconocía la práctica de una conducta alimentaria de riesgo, mientras que el 35,23% reconocía haber llevado a cabo dos prácticas calificadas como conductas alimentarias de riesgo y el 6,82% admitía haber realizado 3 o 4 conductas alimentarias de riesgo (Berengüí et al., 2016). Esto es importante dado que la satisfacción con el propio cuerpo es considerada como predictora de una mejor salud mental y calidad de vida, protegiendo de la depresión y aumentando la autoestima (Linardon et al., 2023). En cualquier caso, se ha identificado como factor de riesgo sociocultural a los medios de comunicación, especialmente la televisión y las redes sociales, sobre todo a través de la influencia ejercida por la publicidad (García Ruiz y González Romero, 2019). Por otro lado, alguna revisión de las investigaciones existentes sobre los estereotipos de belleza, y su influencia en el desarrollo de los TCA, concluye que el 90% de los documentos revisados responsabilizan a los medios de crear, e influir, en el canon estético y que el 85% de las adolescentes aspiran a parecerse al prototipo socialmente fijado de belleza para ser aceptadas socialmente (Gualdron Castañeda, 2020). Si introducimos la perspectiva de género en el análisis que estamos llevando a cabo la insatisfacción, en el caso de las mujeres, se centraría más en su peso y las conduciría a realizar intentos de reducir este; ya sea dejando de comer y/o mediante el uso de técnicas purgativas. Mientras que, en el caso de los hombres, la insatisfacción se focalizaría más en la forma y contorno (imagen) del cuerpo que en su peso; tomando medidas como la realización excesiva de ejercicio físico, el intento de aumento de la masa muscular a través del uso de esteroides (aunque sin perder la esbeltez de la figura), prefiriendo prácticas como la de los vómitos frente al uso de laxantes o diuréticos (Rodríguez Testal y Senín, 2013). En relación, a la imagen mostrada en los medios Galán (2007), señala que las investigaciones realizadas en el campo de la publicidad [las mujeres] siguen siendo representadas bajo los mismos tópicos y estereotipos asociados, a menudo, al mundo de las emociones, la pasividad, la maternidad y la sexualidad, en entornos privados o íntimos como el hogar, mientras que a los hombres se les siguió otorgando, de una forma mayoritaria, atributos como el raciocinio, el liderazgo y la acción, ubicándolos, normalmente en ámbitos públicos (p. 15). También la imagen femenina mostrada en el cine y en los videojuegos sigue utilizando patrones prototípicos que vinculan a la mujer con la pasividad (ver Tabla 1). TABLA 1. Estereotipos de la imagen femenina en los videojuegos y en el cine Estereotipo Descripción La “madama en el congelador” La mujer como eterna víctima del asesinato, que dado que no fue protegida carga la losa de la venganza sobre los hombros del personaje masculino, interpretado como un activo héroe vengador de su amada. La “madama eutanasiada” En este caso la mujer no solo muere si no que lo hace a manos de su pareja en aras del beneficio de este. Se da pues una justificación de la violencia sobre la propia pareja. La “madama en apuros” La mujer incapaz de cuidarse por sí misma, necesitada de ayuda debido a verse acosada por determinadas circunstancias o personas de las que no puede zafarse. Por supuesto, todo esto supone que debe aparecer un hombre que asuma el rol de salvador-activo y haga lo propio por la chica en cuestión. Fuente: Adaptado de: Tur, D. (2016). La evolución de la imagen de la mujer en los videojuegos. En E. Alba, B. Ginés y L. Pérez Ochando (Eds.), De-construyendo identidades. La imagen de la mujer desde la modernidad (pp. 301-320). Universidad de Valencia Así pues, la imagen femenina sigue siendo objetivada, esto puede producir un tipo de imagen construida para el otro-masculino que la mira (Gil Calvo, 2000). Una imagen que adquiere la condición de dependencia y desustanciación que pasa a ser asumida por el uno-masculino. 4.2. LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y LA CONSTRUCCIÓN DE LA IMAGEN A lo largo del tiempo se han ido desarrollando una serie de teorías sociológicas para explicar la influencia de los medios de comunicación (ver Tabla 2). ‒ 2TO ‒ TABLA 2. Teorías sociológicas explicativas de la influencia de los medios de comunicación en alteraciones de la imagen y de la conducta alimentaria Teorías Descripción Teoría de la cultivación o del cultivo (Gerbner et al., 1994) El uso de los medios cultiva una visión de la realidad que es diferente de la del mundo real y que incorpora a la delgadez significados como el del éxito, haciendo que se acepten como reales modelos corporales poco realistas sin crítica alguna Teoría de la Objetivación (Frederickson y Roberts, 1997) Las mujeres son socializadas para que se vean como objetos mirados por los demás. La definición primaria de la mujer es el de un cuerpo-objeto. Los medios son el principal vehículo de transmisión de esta objetivación Teoría de la Interiorización (Heinberg et al., 1995) Los medios permiten dar a conocer el estándar de cuerpo a alcanzar; y transmiten el mensaje de que es importante alcanzarlo Fuente: Adaptado de: Calado, M. y Lameiras, M. (2014). Alteraciones de la imagen corporal, la alimentación y el peso. Tirant Humanidades Algo en lo que coincide toda la investigación hecha hasta ahora, es que un factor de los que juega un papel más relevante en la imagen es el canon de belleza actual. Este canon estaría vinculado a la extrema delgadez y se internalizaría a edades muy tempranas en el caso de las mujeres. De hecho, alguna investigación expone que esta internalización se produciría a los tres años de edad (Dittmar et al., 2006). Esa internalización permite que se active el mecanismo de comparación que, a su vez, puede llegar a incidir en la insatisfacción con nuestro cuerpo (Keery et al., 2004; Mader et al., 2023; Rogers et al., 2015; Tiggermann, 2011). La evidencia surgida de 50 estudios de 17 países indica que el uso de los medios de comunicación social conduce a la inquietud con la imagen corporal y riesgos de desarrollar un TCA, ya que la comparación, la internalización del ideal de belleza y la autoobjetivación son los mecanismos que pondría en marcha el mencionado uso. Algo que estaría mediado por las especificidades del medio al que uno se expone, el género o el sufrir inquietudes previas con la propia imagen. Mientras que los elementos protectores serían la alfabetización en el uso de los medios o la apreciación del propio cuerpo (Dane y Bhatia, 2023). En cualquier caso, el canon de belleza es muy importante y recibe mucho refuerzo social (Jiménez-Rodríguez, 2007), al punto que los ‒ 2TT ‒ adolescentes diseñan su imagen corporal a través de los medios y sobrevaloran su apariencia (Lozano Sánchez, 2012). La investigación, por otra parte, advierte que los medios muestran el cuerpo femenino distorsionado (Seva Ruiz y Casadó Marín, 2015) con todo lo que eso significa debido al bombardeo continuo de imágenes que implica el tipo de sociedad hiperconectada y saturada de información en la que vivimos. Se puede concluir que “los medios de comunicación son una fuente extremadamente importante, sino la principal, de la información y refuerzo en relación con la naturaleza del ideal de belleza/delgadez, su importancia y como atenerse a él" (López Guimerá et al., 2010, p. 406). Además, la influencia de los medios de comunicación no sería la misma en toda la población, existirían sectores más vulnerables a este tipo de influencia. Por ejemplo, las chicas jóvenes y con un nivel de apoyo social reducido son más vulnerables a este tipo de influencia (Helgeson, 2009; Stice, 2002). Por el contrario, la etnicidad parece ser un factor protector ante el riesgo de insatisfacción con la propia imagen, y por lo tanto de que acaben desarrollando un TCA (López Guimerá et al., 2010). Es decir, las mujeres afroamericanas suelen mostrar un grado de satisfacción con su cuerpo más alto que las mujeres caucásicas, pero la investigación revela que según se va produciendo una aculturación de la población latina, afroamericana y asiática en el estándar cultural del canon de belleza de la sociedad occidental blanca, los niveles de insatisfacción crecen (Perloff, 2014). En el caso de los hombres, la influencia se centra en la satisfacción con el propio cuerpo, la autoestima hacia este, la posibilidad de aumentar el riesgo de desarrollar determinados trastornos como la depresión y el desarrollo de determinadas conductas -por ejemplo-, pautas de ejercicio excesivo. En el caso masculino la influencia de los medios es más acusada en la población universitaria que en el caso de los varones adolescentes; se puede especular que los chicos un poco mayores están más expuestos a los medios que los más jóvenes o que aún no pasaron la pubertad, que alguna investigación cita como factor biológico que perjudica la influencia de los medios. La imagen mostrada no tiene por qué ser especialmente musculada para que se ponga en marcha el proceso ‒ 2T8 ‒ (Mikhail, 2023). Pero, además, se ha complicado la manera en que se presentan este tipo de trastornos ya que una “proporción más alta de pacientes con trastornos de la conducta alimentaria en 2020 tuvieron ideaciones suicidas (ratio de peligro (hazard ratio) HR = 1.30, 1.161.47) o intentos de suicidio (HR = 1.69, 1.21-2.35)” (Taquet et al., 2021, p.3). Algo que se mantiene hasta la actualidad en la que los pacientes de TCAs “presentan mayor riesgo de exacerbación de sintomatología y riesgo de autolesiones y suicidio” (Huete Cordova, 2022, p. 70). De hecho, la prevalencia de autolesiones no suicidas (NSSI) en los TCA sería de un 34,59%, siendo en todos los TCA superior al 20% (Kirkpatrick et al., 2024). Estos aumentos en las prevalencias de los TCA son tan grandes, y la evidencia científica se está acumulando a tal velocidad, que alguna investigación ha puesto en duda las metodologías utilizadas (Kirkpatrick et al., 2024). En resumen, se puede decir que las redes sociales han ocupado el espacio de los medios de comunicación tradicionales, por lo que han asumido su papel y perpetúan el problema de los estereotipos de belleza ya existentes, pero añadiéndole el factor social del que los anteriores carecían. También se concluyó que no es posible hablar de redes sociales, en general, puesto que estas son muy heterogéneas, siendo Facebook e Instagram las más relacionadas con la anorexia y la bulimia nerviosas (Villar del Saz Bedmar y Baile Ayensa, 2023, p. 141). 5. CONCLUSIONES Se puede concluir que los TCAs son trastornos con una etiología compleja. Entre los factores que influyen en esta, desde un punto de vista social, se distinguen dos conceptos vinculados. El concepto de imagen y el de cuerpo, y la percepción y autopercepción que pueden generar. Ambos se ven afectados por la diferencia establecida por el género al que pertenece cada persona. En cualquier caso, los medios de comunicación transmiten a la sociedad la estructuración del eje interpretativo de género en relación a la imagen de las personas. Asimismo, son estos los que agravan el nivel de descontento normativo, y facilitar la comparación de los diferentes cuerpos con un canon de belleza que no se corresponde con la realidad, lo que se puede convertir en un factor de riesgo en relación al aumento de la ‒ 2T9 ‒ incidencia de los TCAs, dado el papel de las redes sociales como factor de riesgo para el desarrollo de estos trastornos como se ha visto a lo largo de este capítulo. Así pues, debe de tenerse en cuenta la importancia de los propios medios de comunicación como creadores de realidad y de las nuevas tecnologías que facilitan que los mensajes “inunden” la sociedad. Estos mensajes sobre la imagen y el cuerpo en los últimos tiempos suelen vehicularse a la alimentación como práctica que, como se ha visto, puede acabar configurando comunidades online que son verdaderas subculturas que socializan a las personas a través de identidades proTCA lo que habría que intentar frenar, a través del aumento del control de las redes sociales, a través de programas de alfabetización en el uso de las redes sociales, el desarrollo de campañas que rompiesen con la canon normativo de belleza, que hoy día es patológico, y la difusión de las corporalidades no hegemónicas para no estigmatizar la diferencia, para, finalmente, implementar políticas públicas que intenten frenar el aumento de la prevalencia de trastornos como los TCAs que ponen en riesgo el bienestar y la propia vida de las personas. 6. AGRADECIMIENTOS/APOYOS Esta investigación se ha llevado a cabo con la financiación de la Xunta de Galicia a través de las Ayudas para Grupos de investigación con potencial de crecimiento: ED431B 2022/31. También ha recibido el apoyo del «Programa de captación de talento investigador EMERGIA». Consejería de Transformación Económica, Industria, Conocimiento y Universidades. Secretaría General de Universidades, Investigación y Tecnología, Junta de Andalucía: EMERGIA EMC21_00331. 7. REFERENCIAS Arroyo, A. y Brunner, S. R. (2016). Negative body talk as an outcome of friends’ fitness posts on social networking sites: body surveillance and social comparison as potential moderators. Journal of Applied Communication Research, 44, 216–235. https://doi.org/10.1080/00909882.2016.1192293 ‒ 22O ‒ Ashikali, E. M. y Dittmar, H. (2010). Body image and restrained eating in blind and sighted women: A preliminary study. Body Image, 7, 172-175. https://doi.org/10.1016/j.bodyim.2010.01.002 Baños, R. 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