Relación del Conde Alarcos ; Coplas de la bella Célia, que adora, y su respuesta
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alegría -ala, ¡rada enta sshecho, 63 a pureza, noma, oñadas, ra entera: vir. Irgue licias caricias luir: • alcance ;xliala : ala: r, DEL CONDE ALA CQS. ïa e: torir: nsias; ntento; nto; r. I canto amante; ante, ir : i espira R etirada está la Infanta' bien asi como solia, viviendo muy descontenta de la vida que tenía, viendo que se la pasaba toda la flor de su vida, y que el Rey no la casaba, ni tal cuida,.lo tenia. Entre si estaba pensando á'quien se descubriría: acordó llamar al Rey, come siempre hacer soliax por decirle su secreto> y la intencion que tenis. Vino el Rey siendo llamado,. que no tardó su venida: vidola estar apartada; sola está y sin compañia: su lindo rostro mostraba ser mas triste que solía. Conociera luego el Rey el enojo que tenia: ¿Qué es aquesto, la ,Infiinta? ¿que es ãquest o, hija ir 'a? contadane vuestros 'enojosa tengáis melancolial 27.
que so donde No pu aquest que en una qu si muy mu ahoraU i mas po Quien Estas l vido el y para de entr l;íjole hablan( convida para m; que po por ten Que se lo que beso tul por la b de tener aunque que la (;. segun la Otro dia el Rey ú asentar°. no por 8: no. por lo que b; Allí fuel como al . ltespues toda la g quedoso i ea: la cua em pezó á que en sabiendo la verdad, todo se remediaría. Menester será buen Rey, remediar la vida mia que á vos queda encomendada de la madre que tenía. Ilarasme, buen Rey, marido, que mi edad lo requería; con vergüencia os lo demando, no con gana que tenia, que aquestos cuidados tales á vos, Rey, pertenecian. Escuchada ' su demanda e!.bueu Rey la respondía: esa culpa, la Infanta, vuestra era que no mia que ya fuérades'casada con el Príncipe de Ungría: no quisisteis escuchar la embajada que os venia, pues acá en las nuestras Cortes mal recaudo hija, habia, porque en todos los más reinos vuestro par igual no habia, sino era el Conde Alarcos, hijos y mujer tenia. Combidarle vos, el Rey, al Conde Alarcos un dia, y despues que hayáis comido, decidle de parte mía, pues decirle pie se acuerde de la fe que de él tenia, la cual' él me prometiera, que yo no . -se la pedía, de ser siempre mi marido, yo que su mujer sería; soy yo de eso muy contenta, y no me arrepentiría; si casó con la Condesa, que mirase lo que hacia, que yo por el no casé con ,e1 Príncipe de ITngria, si la Condesa es burlada, de ella es culpa y no mía. Perdiera el Rey en oirlo el sentido que tenia; mas despues en sí tornando, con enojo respon€ïia: no soda esos los consejos que vuestra madre os decía; mal mirasteis vos, la Infanta, do era la honra Hija: si ve, dad es todo eso, vuestra honra ya es perdida. No podeis ser vos casada, siendo la Condesa viva; si se hace el casamiento por razon, ó por justicia, en el decir de las gentes, por mala sereis tenida. Dadme vos, bija consejo, 'que el mio no bastaría, -que ya es muerta vuestra madre, á quien consejos pedía. Yo os lo daré, buen Rey, de este poco que tenia. Mate el Conde á la Condesa, ' que ninguno lo baria; eche fama que ella es muerta de un cierto mal que tenia, y tratarse el casamiento como cosa no sabida: de esta manera, buen Rey, ml úonra se guardaria. De allí se sale el buen Rey, no con placer que tenia, - lleno va de pensamientos con la nueva que traia. Vido -estar cl Conde Alarcos entre muchos que decía: .¿Qué aprovecha, caballeros, amar, y servir amiga.
lo, la. ladre, sa, ta I8 a; uta, que son servicios perdidos, donde firmeza no habia? 11 T o puede por mi decirse, aquesto que yo decia, que en tiempo que y o serví una que tanto valía, si muy bien la quise entonces, ahora mas la (verla; mas por mi pudran decir: Quien bien quiere tarde olvida. Estas palabras diciendo,. vido el buen Rey que venia, y para hablar con el Rey, de entre todos se salla. híjole el buen Rey al•Conde, hablando con cortesía, convidaron 'quiero, Conde, para mañana aquel día que querais comer con migo, Q por tenerme compañía. ue se haga de buen grado lo que su Alteza pedia: beso tus reales manos, por la buena cortesía de tenerme aqui mañana, aunque estaba de partida, que la Condesa me espera, segun la carta que me envi-. Otro día de mañana, el Rey de misa salía, as entaronse á comer, no por gana que tenia,, sino.por baldar al Conde - lo quo hablarle quería. Allí fueron, bien servidos como .al Rey pertenecía. Ilespucs que hubieron comido,. toda la gente salir quedoso el Rey con el Conde en la cuadra do comian, e mpero á hablar cl Reir la embajada que fraia: unas nuebas tramo, Conde, que de ellas no me placía, por las cuales yo me quejo de vuestra descortesía. Prometistes á la Infanta lo que ella no vos pedía, de siempre ser su marido, y á ella que la placía; y si otras cosas pasasteis, no entro en esta porfia, que no se lo demandé, ni selo demandaría. Otra cosa os digo, Conde, denlas que os pesaría. que mateis á la Condesa, que cumple la honra mia, y echeis fama que ella es muerta de un cierto mal que tenia, y tratarse el casamiento como cosa no sabida, porque no sea deshonrada hija que tanto quería. Oidas estas razones, el buen, Conde respondía: no puedo negar; el Rey, lo que la Infanta decia, - sino que es todo verdad todo cuanto le pedía:. Por. miedo .de vos, el Rey,. aun casé eOn'quien deeia, no pensé que vuestra Alteza en ello consentiría. De casarme con la infanta, yo, Señor, bien asacria, mas matar á la Condesa, yo, Sta"or, no lo baria, porque no debe morir la que no lo merecía, IDe morir tiene él, buen Conde, por salvar la honra litio,
ices no mirasteis primero lo que mirar se debia. Si no muere la condesa; á vos costará la vida, que por honra de los Reyes muchos sin culpa morian, pues que'inuera la Condesa, no es mucha la maravilla. Yo la mataré, buen Rey mas no será culpa mia, vos os avendrás con Dios en el hin de vuestra vida. Y prometo á vuestra Alteza á fe de eaballer¡a,, que me escriba por traidor, si lo dicho no enmplia de matar á la Condesa, aunque mal no merecia. Iluen Rey , si e:e dais licencia, yo luego me partiría. Idos con Dios, el buen Conde, ordenad vuestra partida, Llorando se parte el Condc, llorando sin alegria, llorando por la•Condesa, que mas que á sí la queda. Lloraba ' tamhien el Conde, por tres-hijos que tenia, cl uno era de pecho, -fue , la Condesa lo crin, que no• gaecia mamar ^!e tres a nas que tenia, si no .era de su madre que muy bien la -conociá. Los otros eran pequeños, poco sentido tenian. Antes que' llegase el Conde estas razones 'decia: ¡Quien podrá miiuo , Condesa, N uestra cara çlt .^!, ► ; .ría, • que saldreis á recibirme á el fin de vuestra vida! Yo soy el triste culpado, esta culpa toda es mia. En diciendo, estas palabras, la Condesa ya salia, que un pago la habia dicho como el Conde ya venia. Vido la Condesa al Coade la tristeza que traia, viále lo ojos llorosos, que mellados los traia de llorar por el camino, mirando el bien que perdis. Dijo la Condesa al Conde: bien vengais, bien de mi vida. ¿Qué habeis, el Conde .Alarcos? ¿Por qué llorais, vida mia, que venis tan demudado, que cierto no os conocia? No parece vuestra cara aquella que ser solia. Dadme parte del enojo, como dais de la alegria; •decidmelo luego, Conde, no m°.iteis la vida mia. Yo vos lo diré, Condesa, cuando la llora seria, Si no roe lo decis, Conde, cierto vo revenlaria. No me fatigues, Se lora, .que. no es la hora venida. Curemos in j o; Condesa, de v-riella que en casa Babia. Apar, ,lo está,-Conde, ,eomo otras veces solia, ,Sentóse el Conde á la mesa, ano cenaba, ni podia. Ton sus hijos al costado, que muy,..nrueho .los quería. Echóse hizo coro de 'agrie toda la u Mira bale que la ea no le prc que no o: Levantós dijo que dijo talud que ella mas entr si la verc IJánse el á dormir dejan los que el C Lleváror el que la cerrara e lo que h; Empezo con dolos ¡O desdic gran fué No soy por dicho solo en si esta fué Si bien s es vuestra Sabed qu yo amé á la cual er por desdi Prometí yá ella q demandó, por la fé púlelo m
vida. arcos? 19 a. a, Echóse sobre los brazos, hizo como que dormía, de lágrimas en sus hojos toda la mesa cubria. Mirábalo la Condesa, que la causa no sabia: no le preguntaba nada, que no osaba ni podia. Levantóse luego el Conde dijo que dormir quería, dijo taanbieu la Condesa, que ella tambien dormiria: mas entre ellos no habia sueño; si la verdad se-decia. ZJánse el Conde y la Condesa á dormir como solían, dejan los niños de fuera, que el Conde no los quería. Lleváronse el mas chiquito, el que la Condesa cria; cerrara el Conde las puertas, lo que hacer nunca solía. Empezo de hablar el Conde con dolor y con mancilla; ¡O desdichada Condesa, gran fué la tu desdicha. No soy desdichada Conde, por dichosa me tenia: solo en ser vuestra muger, esta fué gran dicha mia. Si bien sabeis la Condesa, es vuestra desdicha niia. Sabed que en tiempo pasado yo amé á quien me quería, la cual era la infanta, por desdicha vuestra y mia. Prometí casar' con y á ella que la•placïa. demandóme por marido, por la fé que me tenia: púlelo muy bien hacer dij de razon y de justicia: omelo el Rey su padre, porque de ella lo sabia. Otra cosa manda el Rey, que lastima el alma mia: manda que muerta seais por la honra de su hija, que no puede tener honra, siendo vos Condesa, viva, Desque esto oyó la Condesa, cayó en tierra amortecida: mas despues en si tornando, estas palabras decia: pago son de mis servicios, Conde, que os servia; si no me matais, el Conde, bien os aconsejaría. Emviasme á las mis tierras, que mi padre me tenia; yo criaré á vuestros hijos mejor que la que venia, y os mantendre lealtad, como siempre os mantenia, De morir teneis Condesa, aun antes que llegue el dia. Bien parece el Conde Marcos, yo ser sola en esta vida, porque tengo el padre viejo, mi madre ya es fallecida, y mataron á mi hermano e! buen Conde Ron García, que el Rey lo mandó matar, por miedo que de él'tenia. No pesa de mi muerte, por que yo nió"rir-tenia; mas me pesa de mis hijos, que pierden mi compañía., llacédmelos venir, Conde, y vereis mi despedida, No los verais mas, Ca.ndesa, eu dias de vuestra vidal
FI N. abrazad á este chiquito, que aqueste es el que pedia: encomendaos á Dios, que esto de hacerse tenia. .Dejadme decir, Conde, una oracion que sabia; decidla presto, Condesa, antes que se venga el dia. Presto la habré dicho, Conde, no estaré un Ave María. Hincó la rodilla en tierra, y aquesta oracion decia: en las tus manos señor. encomiendo el alma mía. No me juzgueis mis pecados segun que yo merecia, mas segun tu.grán piedad, y la tu gracia infinita. Acabada es va, buen Conde, la oracion que yo sabia: abrazares quiero Conde, por el amor que os tenia. Dadme acá aquese hijo, mamará por despedida; no lo disperteis, Condesa, dejadle estar que dormia; solo os mando perdon, porque ya se viene el dia, A vos yo perdono; Conde, por el amor que os tenia; mas yo no perdono al Rey, ni á la Infanta su hija, sinci que quedan citados delante la alta justicia, de allá vayan á juicio dentro de los treinta Bias: estas palabras diciendo, el Conde se apercibia; échale por la garganta una toca que tenia; apretó con las dos manos, con la fuerza que tenia; no la aflojó la garganta mientras que vida tenia. Cuando ya la vide el Conde traspasada y fallecida, desnudole los vestidos, y la ropa que tenia: echóla en cima la cama, cabriola como solia, desnudase á su costado, obra de un Ave María. Lebantose dando voces á la gente que tenia: socorred mis escuderos, que la Condesa ya fina. Hallan la Condesa muerta los que á socorrer venían, Asi murió la Condesa, sin razon y sin Justicia; mas tarnbien todos murieron antes de los treinta Bias. Los doce dios pasados la Infanta ya se moria,. el Rey á los veinte y cinc®, el Conde al tercero dia. Allá fueron á contar con la Justicia Divina;. acá nos de Dios su Gracia, y allá la Gloria cumplida. ca La bell un Balan por eumpl fuese á un Hincad, delante ut y á confes de esta m: Padre, en vuestro que son pi de este tir. Escucha que trae el mil lanzas dándole de Por un metido en be venido todos los c En el p1 que no am porque qui mas que á En el se con mas de de no olvic ni sacarle En el tei que cuando no estoy at porque en ysinole v en el pongo En el cu
S: COPLAS DE LA BELLA CÉLIA, que adora, y su respuesta. L a bella Celia que adora nda ron s, un B alan á lo moderno, por cumplir con la parroquia, fuese á un cierto mouasterio. Hincada está de rodillas delante un Padre supremo, y á confesarse comienza, de esta manera diciendo: Padre, si de amor supisteis en vuestros Míos primeros, que son pocos los que escapan de este tirano soberbio: Escuchad á una'muger, que trae dentro su pecho mil lanzas atravesadas, dándole dolor eterno. Por un pecado de amor, metido en el alma % cuerpo, he venido á quebrantar todos los diez Mandamientos. En el primero me acuso, que no amo á Dios como debo, porque quiero tanto á un hombre, mas que á mi vida le quiero. En el segundo he jurado con mas de mil juramentos, de no olvidarle jamas, ni sacarle de mi pecho, En el tercero me acuso, que cuando estoy en el templo, no estoy atenta á la Misa, porque en verle me divierto; y si no le veo allí, en el pongo el pensamiento. En el cuarto no he guardado á mis padres el respeto; porque le amo tan loca, que solo á el obedezco, En el quinto he deseado la muerte á infinitos necios, que han procurado apartarme de mi amor por muchos medios. Pues sois tan discreto Padre, no hay que decir en el sesto, pues por lo mismo sabreis, que obré tenido deseos. El sétimo no se pasa sin tener parte en los Yerros, porque hurto para hablarle todos los ratos que puedo. Ya estamos en el octavo, y en este tambien confieso, que he mentido muchas veces, porque importa al amor nuestro. Solamente mi apetito no ha tocado en el noveno, porque no ha habido ocasion, ni habla con migo el precepto. El décimo, que he deseado todos los vienes agenos, por entregarselos juntos á quien el alma le entrego. Y el amor mal que yo siento, de que Padre, me confieso, es que no se si tendré de amarle arrepentimiento. En esto se desmayó, perdiendo color y aliento en las rosas de su cara por el desvanecimiento.
Valladolid: Imprenta de Pastor RESPUESTA. fí jele: volved mañana: que yo ya pensaré en ello, y el dia que concertaron volvió Celia al monasterio. Pidió por elmismo Padre, y púsose en su presencia, aguardando la absolbiese los hojos puestos en tierra. No es menester, hija mia, le dice el Padre, que vuelva á decirme los pecados, que de ellos bien se me acuerda. Es el amor natural de nuestra naturaleza, y para bien resisterle es mester mucha tuerza. Pidale la suya á Dios, que no es bastante la nuestra, que os valiente el enemigo, y en nuestra casa se encierra. Bien puede tener amor á un hombre, con tal que sea con fin tan bueno y tau santo, que la ley de Dios no ofenda, Porque llevando este fin podrá y siendo discreta, amarle de eorazon, y cumplir la penitencia. No j ure no ha de querer, aunque ahora lo parezca, que son las mugeres flacas, y á la mudanza sugetas. Un rato que Dios te pide, hija, el dia de fiesta, que estés, cuando oyes Misa, ea el sacrificio atenta. A los padres, hija mia, obedezca con prudencia, que no tendrá buen suceso si los niega la obediencia. Los que intentan apartarla de aquesta correspondiencia la quieren bien y hace mal si la muerte les desea. No haga por eso deseo le priven de aquesta prenda. que es á los ojos de Dios. muy agradable y acepta. Y que para su marido se guarde virgen entera, no pierda el respeto á Dios. dejando de ser doncella. No es pecado nauv grave hurtar los ratos que pueda para hablar con su gafan, si de Dios no hubiere ofensa. Procure, asi Dios la guarde,. de no mentir; cuando mienta, que le importe hacerlo, mire que á ninguno en ello ofenda. Si por dar á su Balan bienes agenos quisiera, estará próspera y rica, si mis consejos observa.. Por todos estos pecados diga hija en penitencia aquí ó en cualquiera parte, del Rosario una tercera. Diga tres veces Jesus, mientras que yo la absuelva, h no vuelva á pecar mas, ágala mi Dios su sierva. Médico. solame la mut que ay ¿Qué c para a morir ;Y qué ¿Vió N Enferme! Méd. iQn ¿Esput Enf. £to Méd. ¿Le Enf. Si Méd. Am no me