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HISPANIA. Revista Española de Historia, 2008, vol. LXVIII, núm. 228, enero-abril, págs. 193-210, ISSN: 0018-2141 RAMÓN DE LA SAGRA. UN PROTOSOCIALISTA HISPANO ANTE EL DESARROLLO EDUCATIVO. LECTURAS Y PRECISIONES ANTÓN COSTA RICO Universidade de Santiago de Compostela RESUMEN: La presente contribución analiza la figura del ideólogo, teórico social, economista y estudioso de la educación comparada internacional Ramón de la Sagra (17981871). De origen gallego e iniciados sus estudios universitarios en Santiago, pronto su escenario se trasladará a Madrid, donde será uno de los fundadores del Ateneo. Profesor universitario y naturalista en La Habana. Observador de las reformas sociales en los EEUU (1835). Viajero, luego, por Europa en busca de las diversas expresiones de reforma social. Escritor. Estudioso y difusor, además de «contertulio», de Arhens, Cousin, Hippolyte Colins, Engels o Proudhon (con quien mantuvo empresas sociales comunes en los días de París de 1848-1849), entre otras figuras reconocibles en el campo de la economía política y de la teoría social. Diputado liberal español. Promotor en Madrid de las primeras escuelas infantiles (1839-1842). Un reformador idealista: una figura atractiva y compleja. Uno de los más destacados intelectuales hispanos del siglo XIX y, sin embargo, casi «un desconocido». PALABRAS CLAVE: Viajero y estudioso social. Reforma social. Socialismo utópico. Liberalismo. Educación popular. Escuela infantil. RAMÓN DE LA SAGRA: EARLY SPANISH SOCIALISM AND EDUCATIONAL REFORM ABSTRACT: The present contribution analyses the figure of the ideologist, social theoretician, economist and international comparative education scholar, Ramón de la Sagra (1798-1871). Originally from Galicia and having begun his university studies in Santiago, he soon moved to Madrid, where he would become one of the founders of the Ateneo. University professor and naturalist in Havana. Observer of social reforms in the U.S.A. (1835). Later, he travelled through Europe comparing various attempts at social reform. Writer. Scholar and propagator, as well as a keen attender at intellectual salons, alongside Arhens, Cousin, Hippolyte Colins, Engels, or Proudhon (with whom he was involved in a variety of social undertakings in Paris between 1848 to 1849), as well as other well-known characters in the field of political economy and of social theory. Liberal Spanish member of parliament.
ANTÓN COSTA RICO Hispania, 2008, vol. LXVIII, nº. 228, enero-abril, 193-210, ISSN: 0018-2141 194 Promoter of the first infant schools in Madrid (1839-1842). An idealistic reformer: an attractive and complex figure. One of the most outstanding Spanish intellectuals of the 19th Century but until now largely unknown. KEY WORDS: Traveller and social studious. Social reform. Utopian socialism. Liberalism. Popular education. Infant school. EN LOS ALBORES DE LA EDUCACIÓN INFANTIL: LA CONTRIBUCIÓN DE LA SAGRA Corresponde al mejor liberalismo una renovada preocupación por la educación primaria y aún por la educación infantil, de cuya mano se llevaba también la educación de la mujer, como nos recuerda Sama1 en un texto multicitado, en el que una vez más se destaca la personalidad de Pablo Montesino y su fundamental papel en el desarrollo educativo hispano de los años treinta del siglo XIX2. Al respecto, alude Sama igualmente a la filosofía educativa que presidía los empeños de Montesino: una firme conexión de la educación con la felicidad social, con la mejora de las costumbres públicas y con la consolidación de las «buenas instituciones políticas», tal como se percibe no sólo en sus escritos, sino también en los textos legales por él inspirados, como el R.D. de 31 de agosto de 1836 a favor de la educación primaria, de la educación infantil y de la educación de la mujer, todo lo cual haría recomendable adoptar una óptica integral, acogedora de la perspectiva moral, física e intelectual de tal educación, bajo influencias filosófico-pedagógicas que encontrarían su matriz en Rousseau, en Montesquieu, en Basedow y en Pestalozzi3, particularmente en estos dos últimos. En todo ello, Pablo Montesino, que contaba con la aquiescencia del Ministro de Fomento, masón y gallego, Moscoso de Altamira, no estaba solo, como bien sabemos, ni era la primera vez que algunas de estas cuestiones se planteaban, en tanto que ya desde los primeros años del siglo se detectan una reducida influencia pedagógica pestalozziana, tal como Bernat Sureda, entre otros, ha puesto de manifiesto4, así como también un cierto desarrollo de la metodología de enseñanza mutua, según los criterios expuestos por Andrew Bell y Joseph ———— 1 SAMA, J.: Montesino y sus doctrinas pedagógicas, Barcelona, 1888, pp. 43-56/124-127. 2 Entre otros, destacaron su importancia: MARTÍNEZ NAVARRO, A. (ed.): Pablo Montesino. Curso de Educación. Métodos de enseñanza y pedagogía, Madrid, Centro de Publicaciones del MEC, 1988, pp. 9-53; SUREDA, B.: Pablo Montesino. Liberalismo y educación en España, Palma, J. Luna, 1988; SANCHIDRIÁN BLANCO, Mª.C.: «Influencia de Pestalozzi en Pablo Montesino. Repercusiones en la educación española decimonónica» en Historia de la Educación (Salamanca) 4 (1985) pp. 63-71. 3 SAMA, J.: op. cit., p. 51. 4 SUREDA GARCÍA, B.: «Los inicios de la difusión del método de Pestalozzi en España. El papel de los diplomáticos españoles en Suiza y de la prensa periódica» en Historia de la Educación (Salamanca) 4 (1985) pp. 35-62. Véase, también, MORF, H.: Pestalozzi en España, Madrid, Museo Pedagógico Nacional, 1928.
RAMÓN DE LA SAGRA. UN PROTOSOCIALISTA HISPANO ANTE EL DESARROLLO EDUCATIVO Hispania, 2008, vol. LXVIII, nº. 228, enero-abril, 193-210, ISSN: 0018-2141 195 Lancaster, a partir de la experiencia madrileña de 1818, a lo que se refirió Anastasio Martínez Navarro5. A pesar de todo esto, las intenciones del legislador definidas en 1836 con atención al primer desarrollo oficial de la educación de párvulos no terminaban de cuajar, y fue por ello necesario avivar un clima de opinión social favorable; al respecto, dice Sama: «vista la ineficacia de aquella Real Orden (de 1836) se pretende por D. Ramón de la Sagra mover la opinión pública en el Ateneo de Madrid a favor de las proyectadas escuelas»6, dedicándose también a esto el Semanario Pintoresco de Mesonero Romanos, después de lo cual, y ya más ilustrada la opinión, se apeló por R.O. de 24 de mayo de 1838 a la iniciativa de la Sociedad Económica Matritense, donde se fundó aquel mismo año la «Sociedad para propagar y mejorar la educación del pueblo»7, que con los recursos de sus setecientos suscriptores fundó un total de cinco escuelas en los años de 1839 y 1840, una de ellas, la conocida como de Virio, entregada luego al Gobierno, que la convirtió en 1850 en Escuela Normal para la enseñanza de maestros de párvulos8, siendo la única que permanecía abierta de todas las anteriormente señaladas. Pablo Montesino aparece en la historiografía como el impulsor de la creación de la «Sociedad» citada, constituida quizás a imagen de varias Sociedades operantes en distintos países europeos con intencionalidad similar. El mismo Montesino aparece como impulsor de la enseñanza mutua en 1834, y esta metodología va a estar presente en su Manual para los maestros de escuelas de párvulos, «escrito en virtud de acuerdo de la Sociedad encargada de propagar y mejorar la educación del pueblo»9 y dado a la luz en 1840. La figura que se destaca en estos procesos es la de Pablo Montesino, aunque también aparece, entre otras, la de Ramón de la Sagra, tal como refirió Sama. Es oportuno señalar que hace una veintena de años, para más precisión en 1984, Bernat Sureda se refería a Ramón de la Sagra como inspirador en 184210 de la Escuela de Párvulos de la Fábrica de Tabacos de Madrid «influenciado ———— 5 MARTÍNEZ NAVARRO (ed.): op. cit., p. 28. 6 SAMA, J.: op. cit., p. 126. Las precisiones sobre todo esto las estudió SANCHIDRIÁN BLANCO, Mª.C.: «Funciones de la escolarización de la infancia: objetivos y creación de las primeras escuelas de párvulos en España» en Historia de la Educación (Salamanca) 10 (1991) pp. 72-77. 7 Al estilo de otras iniciativas, como la Asociación creada en Francia hacia fines de 1815, con la intervención de los sansimonianos, que entendían el desarrollo educativo como una función pública eminente, o aquella otra Association pour l´Éducation du Peuple, de la que Etiénne Cavet fue nombrado presidente en 1833. 8 SANCHIDRIÁN BLANCO, Mª.C.: «Funciones de la escolarización…», pp. 72-77. 9 Existe una edición actual: MONTESINO, P.: Manual para los maestros de escuelas de párvulos, Madrid, CEPE, 1992. 10 SUREDA, B.: Pablo Montesino…, p. 20.
ANTÓN COSTA RICO Hispania, 2008, vol. LXVIII, nº. 228, enero-abril, 193-210, ISSN: 0018-2141 196 seguramente por Owen11 y por Oberlin12». También lo hizo MªC. Sanchidrián, al señalar que en 1840 el superintendente de la Fábrica Nacional de Tabacos de Madrid, Groizart, «ayudado por De la Sagra», estableció en ella una escuela primaria de niños, otra de niñas y una escuela de párvulos para los niños familiares de las operarias, bajo la inspección de la «Sociedad para preparar y mejorar la educación del pueblo»13, una iniciativa a la que también se refirió González Agápito, quien resalta el carácter impulsor de Ramón de la Sagra14. ¿Quién era este Ramón de la Sagra? Para nosotros era conocido, fundamentalmente, como un botánico gallego e incluso un pensador social que había revisado cuestiones más o menos relevantes de la economía política desde una posición reformista, pero aún con acentos ilustrados. En su momento (1987), Francesc Pedró había situado a justo título a La Sagra entre los más destacados precursores españoles de la educación comparada15: «un personaje cautivador, que evolucionó desde posiciones moderadas hasta Proudhon, ya al final de su vida». Pedró, además de realizar una sumaria indicación de los rasgos prosopográficos del personaje, se centraba en varias de sus obras escritas relacionadas con el campo de la educación comparada: Cinco meses en los Estados Unidos y Voyage en Hollande et en Belgique, elaboradas como consecuencia de sus viajes a tales entornos en los años 1835 y 1838 respectivamente, anotando que esta obra última que aquí citamos «es perfectamente equiparable a la (canónica) de Cousin»16, en cuanto a metodología comparativa. Esta valoración hacía notar ya el interés del personaje también desde el campo pedagógico. La confirmación vino, en nuestro caso, de la mano de Juan Antonio García Fraile17 al hacerse eco de lo que escribiera Gil de Zárate: ———— 11 Recordemos que Robert Owen (1771-1858) fue el impulsor desde 1816 de una Infant School en New Lanark (cerca de Glasgow), regida sobre todo por principios lancasterianos, si bien Owen, que había estado en 1810 en Burgdorf, conocía los planteamientos pestalozzianos. La influencia de Owen se extenderá a Londres y a otras tierras inglesas, a través de sus colaboradores James Buchanan, docente de New Lanark, que funda una Infant School en Londres, y de Samuel Wilderspin, que popularizó en la ciudad estas escuelas pre-primarias, mediante la «Infant School Society» fundada en 1824, momento éste en que Owen inicia el socialismo inglés de carácter cooperativo, ensayado en New Harmony (Indiana), promoviendo la regeneración social, por medio de una educación que quería ser integral y favorecedora del conocimiento útil y práctico. 12 Friedrich Oberlin (1740-1826) creó en 1770 una escuela de párvulos en la localidad alsaciana de Ban de la Roche, dentro de un plan para favorecer el desarrollo social de la localidad; experiencia ésta conocida por Basedow, quien la tomó en consideración para la puesta en práctica del Philanthropinum de Dessau, desde 1774. 13 SANCHIDRIÁN BLANCO, Mª.C.: «Funciones de la escolarización de la infancia…», p. 76. La autora ya había aludido a esta escuela en «Las escuelas de párvulos de la Fábrica Nacional de Tabacos de Madrid (1841-1859) en Historia de la Educación, 2 (l983) pp.73-86. 14 GONZÁLEZ-AGAPITO, J.: La educación infantil. Lecturas de un proceso histórico en Europa, Barcelona, Octaedro/Rosa Sensat, 2003, p. 34. 15 PEDRÓ, F.: Los precursores españoles de la educación comparada, Madrid, Breviarios de educación/MEC, 1987, pp. 124-127/259-263/468-473. 16 Ibidem, p. 126. 17 GARCÍA FRAILE, J.A. et alii: «La influencia del pensamiento pedagógico de Pestalozzi en las concepciones educativas del socialismo utópico español: el caso de Ramón de la Sagra (1798-1871)»
RAMÓN DE LA SAGRA. UN PROTOSOCIALISTA HISPANO ANTE EL DESARROLLO EDUCATIVO Hispania, 2008, vol. LXVIII, nº. 228, enero-abril, 193-210, ISSN: 0018-2141 197 «Afortunadamente, por el año de 1838, vino a Madrid D. Ramón de la Sagra, y en unas lecciones que pronunció en el Ateneo, habló largamente de estas escuelas (de párvulos) y de su utilidad, causando bastante sensación en aquella sociedad compuesta de las personas que más influencia ejercían entonces en los negocios públicos. Al mismo tiempo se publicaron varios artículos sobre el propio objeto en el Semanario Pintoresco que dirigía D. Ramón de Mesoneros Romanos; y ya empezó la opinión pública a ilustrarse, naciendo el deseo de que también participásemos los españoles de este nuevo beneficio»18. Ocurría esto en el año en el que, por iniciativa de Montesino, comenzaba su andadura la «Sociedad para propagar y mejorar la educación del pueblo», y dice García Fraile que La Sagra intentaría concienciar a lo más granado del exilio liberal hispano, que acaba de regresar a la capital española por estas fechas, y a los socios más ilustrados de la misma, de la necesidad de trasplantar a nuestro país la experiencia educativa que él había conocido en Francia: las denominadas salles d'asile. De esta forma, por la vía de la influencia francesa y centroeuropea llegó Ramón de la Sagra a similares conclusiones pedagógicas que Pablo Montesino, quien fruto de su exilio, había asimilado la influencia inglesa, a través de la experiencia desarrollada por Owen y Wilderspin sobre todo. En sus conferencias en el Ateneo madrileño19 La Sagra se refiere al pauperismo de las clases populares y a la necesidad de iniciar una reforma social, procurando la mejora del nuevo orden social por medio de la instrucción temprana de la generación futura, como sostuvo en la primera de sus conferencias: «(...) no dejaré de anunciar a Vds. la clave de mis principios, que he publicado ya en la introducción de mi Viaje a los Estados Unidos; es a saber, que la mejora en la condición social del pueblo español requiere como preliminares la educación primaria moral y religiosa a todas las clases que la necesitan, y la reforma y corrección de las viciosas y criminales. Pero antes de instruir y reformar, se necesita empezar por asegurar la subsistencia a las clases infelices (...). Restablecida, con los medios de subsistencia, la tranquilidad en la familia del proletario, se podrá pensar en instruirle y en reformar su moral, y al mismo tiempo se pueden adoptar los medios de corrección y disciplina para los criminales. Pero, Señores, no esperemos grandes mejoras morales de la generación actual: contentémonos con que sea a lo menos laboriosa y económica; pero esperemos si mucho de la generación futura (...). Aquí es donde debemos consagrar todos nuestros esfuerzos, todos los recursos de la ciencia, el patriotismo y de la caridad. Para ello tomemos al niño en ———— en RUIZ BERRIO, J. et alii: La recepción de la pedagogía pestalozziana en las sociedades latinas, Madrid, Endymión, 1998, pp. 196-210. 18 GIL DE ZÁRATE, A.: De la Instrucción Pública en España, Madrid, Imprenta del Colegio de Sordomudos, 1855, T.I., p. 354. 19 Sobre los artículos publicados en el Semanario Pintoresco. Cfr. MESONERO ROMANOS, R.: «Discurso pronunciado por el Sr. Catedrático Don Ramón de la Sagra en la noche del 21 de Febrero» en Semanario Pintoresco, T. III (1838) pp. 514-516, e Ibid., «Discurso pronunciado por el señor Catedrático Don Ramón de la Sagra en la noche del 7 de Marzo» en Semanario Pintoresco, T. III (1838) pp. 528-530.
ANTÓN COSTA RICO Hispania, 2008, vol. LXVIII, nº. 228, enero-abril, 193-210, ISSN: 0018-2141 198 la edad más tierna, y dirigiendo su educación física, moral e intelectual desde el momento mismo en que empieza a ejercitar sus sentidos, legaremos a la posteridad el mas bello y noble resultado de nuestros esfuerzos» (T.III, p. 516). Esta debía ser la tarea encomendada a las «Salas de Asilo», según su experiencia y reconocimiento de diversos ejemplos europeos, procurando que fuesen centros educativos integrales, no sólo de enseñanza moral y religiosa, sino también de educación del entendimiento, combinando las nociones útiles y necesarias para la vida, con tal educación moral, a través de adecuados ejercicios, con la inclusión de juegos, canciones y movimientos físicos, ya que a través de tales prácticas, —dice La Sagra—: «(…) resultan los hechos de la obediencia sin sujeción, de la docilidad sin castigo, de la justicia, de la veracidad, de la probidad, de la decencia, del decoro, del aseo, del orden, de la urbanidad, de la benevolencia mutua y de la dignidad. Estos son Sres. los resultados admirables de la organización filosófica de las Salas de Asilo que sólo son creíbles cuando se han visto (...)» (Ibidem, p. 529). La trascendencia social de esta acción era relevante, según La Sagra, dada la influencia que estos niños, así educados, habrían de tener sobre sus propios padres. Además, esto tendría inmediatas consecuencias en el desarrollo mismo de la educación primaria, así como en la reducción de las situaciones de abandono y miseria en la infancia, con lo que incluso nacería un sentimiento de gratitud de los sectores populares hacia los benefactores burgueses creadores de tales instituciones. Estas convicciones las volvería a hacer presentes La Sagra en su intervención ante la Sociedad el 25 de abril de 1841: «Es reconocido por todas las personas instruidas en España que el sistema de educación y enseñanza pública reclama una reforma general, así en los métodos, como en la tendencia o dirección que debe dársele. (…) las escuelas primarias adolecen todas del más íntimo y trascendental defecto, el de no estar fundadas sobre un principio filosófico, y el de ocuparse más de la instrucción que de la educación y del destino futuro de los alumnos, bajo el punto de vista complejo e indivisible de la sociedad y de la religión. (…) Si, pues, la reforma de la educación pública es urgente, y si las escuelas de párvulos forman el primer eslabón de la cadena de establecimientos donde aquella debe procurarse, es indudable que todos los existentes deben someterse a un plan uniforme de mejoras, fundado en los mismos principios que sirven de base a dichas escuelas; es decir, que deben ponerse en armonía con ellas todas las escuelas primarias y los demás establecimientos de instrucción pública. De no hacerlo así, no tan sólo se retardará la mejora de esta en España, sino que se perderá todo el fruto precioso que las escuelas de párvulos están destinadas a ofrecer»20. ———— 20 SAGRA, R. de la: «Intervención en la sesión de la Junta Directiva de la Sociedad…» en el Boletín Oficial de Instrucción Pública (Madrid) T. I (1841) pp. 326-331.
RAMÓN DE LA SAGRA. UN PROTOSOCIALISTA HISPANO ANTE EL DESARROLLO EDUCATIVO Hispania, 2008, vol. LXVIII, nº. 228, enero-abril, 193-210, ISSN: 0018-2141 199 Con estos pensamientos, La Sagra influye desde 1840 en la creación de una escuela de párvulos en la Fábrica de Tabacos, como se lee en el Acta de la Junta General de la Sociedad, según recoge García Fraile21, desde el momento en que, con el cargo de inspector de la escuela de párvulos de la calle de Atocha, tuvo necesidad de visitar a algunas de las familias miserables de los escolares, tal como expresó en su Noticia de 184222, llevándole a proponer la creación del citado establecimiento benéfico con tres secciones: una «Sala de Lactancia», una «Escuela o Asilo» para los parvulitos y las «Escuelas Primarias» separadas para niños y niñas, debiendo acoger la Escuela de Párvulos a los niños comprendidos entre los dos y los seis años, que luego irían a las Escuelas Primarias. Éstas tendrían como finalidad ofrecer junto a la instrucción elemental: «(...) clases preparatorias para la industria mecánica y para la industria casera, de las cuales saldrán los niños y niñas aptos para ser útiles a sí mismos y a sus familias, en los talleres, y en sus casas»23. En el mes de Noviembre de 1840, tras una circular previa enviada a las trabajadoras de la fábrica de cigarros, se había establecido ya la «Escuela de Párvulos» según recoge García Fraile y se desprende de las Actas de la Sociedad24. A finales de 1841, una vez creados los otros dos establecimientos, de lactancia y de educación primaria, el propio Ramón de la Sagra nos ofrece la siguiente estadística de asistencia: «Las tres escuelas de la fábrica de cigarros contienen en el día en sus matrículas unos quinientos niños, a saber: unos doscientos en la escuela de párvulos; ciento treinta en la primaria de varones y ciento sesenta en la primaria de niñas»25. Carecemos, de momento, de referencias históricas precisas sobre el discurrir de estas escuelas de párvulos a lo largo de los años cuarenta, y aunque parece que, con excepción de la de Virio, más conocida, ya no existían en 1850, sin embargo, en este momento la semilla había prendido, al punto de ser más de noventa las escuelas de párvulos existentes en toda la geografía española26. ———— 21 GARCIA FRAILE, J.A. et alii : op. cit., pp. 205-206. 22 SAGRA, R. de la: «Noticia sobre el establecimiento de educación formado recientemente en la Fábrica de Cigarros de Madrid para los niños de sus operarias» en Boletín Oficial de Instrucción Pública, de 15 de enero de 1842, Tomo III, pp. 35-40. Existe el documento editado como folleto. 23 Ibidem. 24 SOCIEDAD PARA PROPAGAR Y MEJORAR LA EDUCACIÓN DEL PUEBLO: Acta de la Junta General de la… celebrada el día 14 de Febrero de 1841, Madrid, Imprenta del Colegio de Sordomudos, 1841. 25 SAGRA, R. de la: «Noticia sobre el establecimiento…», p. 39. 26 GONZÁLEZ-AGAPITO, J.: op. cit., p. 35. De ellas 41 de carácter público. Ascendían a un total de 220 en 1860, siendo 125 de carácter público.
ANTÓN COSTA RICO Hispania, 2008, vol. LXVIII, nº. 228, enero-abril, 193-210, ISSN: 0018-2141 200 Pablo Montesino no estaba sólo en los albores de la educación de párvulos en España. Junto a él, entre otros, estaban el maestro D. José Bonilla, Mateo Seoane desde la «Sociedad…», y D. Ramón de la Sagra. ¿Qué méritos concurrían en este personaje, y de dónde provenía su preocupación manifiesta por la cuestión educativa? De ello nos proponemos hablar en lo que sigue. D. RAMÓN DE LA SAGRA: «UN PERSONAJE CAUTIVADOR», PERO TAMBIÉN COMPLEJO Merece la pena que conozcamos los rasgos biográficos más notables27 de quien depositaba tantas confianzas en el desarrollo de una nueva educación, de orientación pestalozziana, como instrumento al servicio de la reforma social, por cuanto su biografía no ha sido suficientemente presentada a los lectores hispanos, en atención a esta su vertiente educacional28. Ramón de la Sagra Períz nace el 8 de abril de 1798 en A Coruña, siendo hijo de comerciante ligado a las actividades del Consulado del Mar de la ciudad, con algunas propiedades en el Virreinato del Río de la Plata. En su niñez y adolescencia estudia primeras letras y humanidades en el Colegio de San Agustín de los Agustinos en su ciudad natal y posteriormente, en los años 1812 y 1813, matemáticas, navegación y dibujo científico en la Escuela de Náutica del Consulado del Mar, pasando luego al Colegio Militar de Cadetes establecido en la ciudad de Santiago, siendo en 1815 alumno del Real Colegio de Farmacia de esta ciudad, llegando a matricularse en el curso 1817-18 en la Facultad de Medicina de la Universidad Compostelana, aunque en abril de 1918 solicita trasladarse a Alcalá de Henares, con la intención de examinarse para poder ingresar en el Real Cuerpo de Ingenieros, recordando al respecto que era alumno-cadete del Colegio Militar de Santiago, según ha estudiado la investigadora Asunción Cambrón29, si bien se desconoce a día de hoy su particular itinerario académico complutense o madrileño. ———— 27 Nuestra reconstrucción toma en consideración muy distintas aportaciones, en particular, las que a continuación indicamos: GONZÁLEZ LÓPEZ, E.: D. Ramón de la Sagra: naturalista, historiador, sociólogo y economista, A Coruña, Caixa Galicia, 1983; CAMBRÓN INFANTE, A.: El socialismo racional de Ramón de la Sagra, A Coruña, Deputación Provincial, 1989, y CAMBRÓN INFANTE, A.: Ramón de la Sagra, el poder de la razón, A Coruña, Vía Láctea, 1994; CORES TRASMONTE, B.: Ramón de la Sagra, Santiago, Xunta de Galicia, 1998; PÉREZ LEIRA, L.: «Ramón de la Sagra» en Enciclopedia da Emigración, www.cigmigracion.com (18-04-08). 28 La figura de La Sagra en cuanto teórico social fue considerada en varios momentos por autores como NÚÑEZ DE ARENAS, Manuel (D. Ramón de la Sagra, reformador social, Tours, 1924), MALUQUER DE MOTES Y BERNET (El socialismo en España, Barcelona, 1977) o ELORZA, A. (Socialismo utópico español, Madrid, 1970). Su presentación en la Enciclopedia Universal Ilustrada de Espasa-Calpe, rica a la hora de hablar del científico, contiene, sin embargo, limitaciones e inexactitudes desde otros puntos de vista. 29 CAMBRÓN INFANTE, A.: El socialismo racional de…, p. 67.
RAMÓN DE LA SAGRA. UN PROTOSOCIALISTA HISPANO ANTE EL DESARROLLO EDUCATIVO Hispania, 2008, vol. LXVIII, nº. 228, enero-abril, 193-210, ISSN: 0018-2141 201 En su marcha de Compostela, y en su presencia confirmada en Madrid en 1819, quizás haya podido influir el rigor de la Inquisición ante la probable relación de La Sagra con las sociedades secretas en Galicia. Comienza en ese año a colaborar en El Constitucional, o sea Crónica Científica, Literaria y Política dirigida por el masón Joaquín de Mora, publicando ahí la que se considera la primera reseña sobre el pensamiento de Kant escrita en castellano, pero en donde, y en todo caso valiéndose de Kant, combate la filosofía empirista30. Un año más tarde La Sagra participa en la fundación del Ateneo Científico y Literario, en el momento en el que se abre el período del Trienio Liberal. Entre tanto, uno de sus hermanos, Joaquín, nacido en 1784, y con el que mantiene contacto epistolar, se había trasladado a Río de la Plata para atender los negocios familiares, había vivido ya en Río de la Plata, en Buenos Aires, en Río de Janeiro y lo hacía ahora en Uruguay, donde llegará a ser diputado de la República y miembro de la logia masónica «Les Amis de la Patrie»31, además de maestro masón y autor del texto Manual de iniciación del aprendiz. En 1821 Ramón de la Sagra, que aparece asociado a alguno de los liberales doceañistas, se traslada a La Habana en una breve misión comercial gubernamental; de nuevo en Galicia, se casa en 1822 con Manuela Turnes del Río Maldonado y con ella, en 1823, volverá a La Habana, ahora como director del Jardín Botánico de la ciudad y como titular de la Cátedra de Botánica de la Escuela de Agricultura desde 182432. En este campo desarrollará una amplia actuación científica y aún también en el campo de la mineralogía y la geología, manifestándolo así en considerables publicaciones, a través de las que llega a ser nombrado miembro de distintas Sociedades y Academias, como la Linneana de París, la de Física y de Historia Natural de Ginebra, la de Ciencias Naturales de Filadelfia o el Museo Real de Historia de París. Entre los años 1827 y 1831 funda y dirige en La Habana los Anales de Ciencia, Agricultura, Comercio y Artes33, en donde ya deja entrever lo que serán sus preocupaciones intelectuales dominantes a partir de 1835, mantiene interesante correspondencia con figuras como Lagasca, Cavanilles, A. von Humboldt, De Candolle, o F. Aragó34 y publica en 1831 su Historia económica, política y estadística de la Isla de Cuba. Viaja a los Estados Unidos donde se confronta con los problemas sociales suscitados por la esclavitud, y en Cuba conoce las ideas de «socialismo racional» del belga y exiliado barón de Colins35. ———— 30 Ibidem, p. 70. 31 ZUBILLAGA, C.A.: «Epistolario americano de los Hermanos La Sagra» en Grial. Revista galega de cultura (Vigo) 22 (1968) pp. 433-450. 32 PUIG-SAMPER, M.A.: «Ramón de la Sagra, director del Jardín Botánico de La Habana» en CAMBRÓN INFANTE, A., ESTRADE, P. y LECUYER, Mª.C.: Ramón de la Sagra y Cuba. Actas del Congreso celebrado en París, Sada, Edicións do Castro, 1992, T. I, pp. 61-80. 33 Desde 1830 esta cabecera será cambiada por la de Anales de Agricultura e Industria Rural. 34 MALUQUER DE MOTES Y BERNET, J.: «Prólogo» a CAMBRÓN INFANTE, A.: El socialismo racional de…, p. 6. 35 Jean Hippolyte Colins (Bruselas, 1783-París, 1859) fue en la etapa de formación de los idearios socialistas uno de los más destacados teóricos, si bien en una perspectiva de menor impulso
ANTÓN COSTA RICO Hispania, 2008, vol. LXVIII, nº. 228, enero-abril, 193-210, ISSN: 0018-2141 208 porque esta igualdad es ilusoria ante la desigualdad de condiciones, que son inherentes hoy a la ley orgánica del trabajo»59. Ante ello, se imponía la organización racional del trabajo, que exige entre otros extremos «una instrucción gratuita y universal dada a todos»60. En estas circunstancias, sin embargo, también está a punto de producirse alguna evidente tormenta en el ideario vulnerable y «en construcción» de La Sagra, de lo que deja constancia en su primera y no definitiva edición en 1848 de sus Aphorismes Sociaux61; un año más tarde publicará su Non contingent a l’Académie. Memoire sur les conditions de l’ordre et des reformes sociales; y en ambos textos se observa su deuda con la filosofía idealista alemana y su rechazo a la alternativa comunista. Su presencia en París resultaba, por otra parte, incómoda a las autoridades francesas tras los sucesos revolucionarios de 1848. Le impiden la lectura de su trabajo en la Academia, por lo que presenta su dimisión como miembro de ella, y lo expulsan de Francia, regresando en 1849 a Madrid, luego de haber criticado al conjunto de la clase política española. En una situación de desdén y de incomprensión vivirá en Madrid en los siguientes años. Visitará la Exposición Universal londinense de 1851 como enviado gubernamental, trayendo consigo diversos objetos destinados a formar en Madrid un museo industrial. En el 1854 consigue de nuevo acta de Diputado por Lugo por los moderados, dentro de su deriva hacia un pensamiento conservador y temeroso de la anarquía social, aunque no exento sin embargo de idealistas posiciones de reforma social. Con una experiencia parlamentaria negativa se traslada de nuevo a París en 1856, en situación de extrema precariedad económica y con abandono de la idea de la reforma social, a favor de nuevas reflexiones filosófico-metafísicas sobre la superioridad de los principios morales y del orden moral religioso sobre la fuerza de la razón y el progreso material, como deja constancia en una contribución suya, de 1857, publicada en La razón católica, como manifestación de un cambio temático duramente criticado en los círculos progresistas. Entra ahora en un tiempo más silencioso de su vida. Editados de nuevo en Francia los Aforismos Sociales en 1859, en el mismo año que vuelve a Cuba por un período de diez meses. Nada especialmente relevante observamos hasta 1866, cuando habiendo sido nombrado para una Comisión Oficial española a fin de proponer reformas en Cuba y Puerto Rico se posicionó una vez más como contradictorio crítico con aspectos de la política esclavista, granjeándose con ello la enemistad con el gobierno español y con sus propuestas al respecto. ———— 59 SAGRA, R. de la: Banque du Peuple…, pp. 92-93. 60 SAGRA, R. de la: Banque du Peuple…, p. 97. 61 Este texto conoció su primera edición en España (Aforismos sociales) en 1844. La edición francesa la hizo en 1848: Le mal et le renmede. Aphorismes sociaux. Profession de foi, (chez l’Auteur) vertiendo una doctrina esencialmente religiosa y un enfoque científico espiritualista en contra del materialismo. La edición definitiva será hecha en 1859, en la casa parisina Germer Baillère.
RAMÓN DE LA SAGRA. UN PROTOSOCIALISTA HISPANO ANTE EL DESARROLLO EDUCATIVO Hispania, 2008, vol. LXVIII, nº. 228, enero-abril, 193-210, ISSN: 0018-2141 209 En este mismo año traduce de su séptima edición y publica la obra de B. Boutet de Monvel Nociones de física62. Parece que con esta edición contribuyó a sufragar los gastos de entierro de su esposa, muerta en París en 1867. En este mismo año de 1866, del que venimos hablando, aparece, sin embargo, y otra vez, como colaborador habitual de La Solidarité, un mensual de filosofía racionalista, de librepensamiento y de lucha por la emancipación de las mujeres, dirigido desde París por Ch. Fauvety, y que a fines de 1868 se ve obligado a transferirse a Bruselas. En medio de la cada vez más aguda problemática social que llevaría a la Comuna de París en 1871, parece que transcurrieron en un cierto anonimato los días últimos de La Sagra. A finales de 1870 se traslada a Suiza, desde donde continuará enviando colaboraciones para el Diario de la Marina de La Habana, yendo a vivir a la casa de Hugentobler (1810-1890), amigo y propagador de las ideas sociales de Colins, en Cortaillod (Neuchâtel), en la que también este último había residido, donde moriría el 25 de mayo de 1871. Dos años más tarde se colocaría allí en su tumba una lápida. El tiempo no la ha respetado, perdiéndose también los rastros documentales de sus últimos años, así como su estimable alta correspondencia63. Moría un defensor de la educación pública y específicamente de la educación de párvulos, solidario siempre con los desheredados, aunque no acertase en las profundas transformaciones a realizar para evitar los males sociales. Un personaje con alguna complejidad64; un racionalista y un idealista, que en el curso de la vida acentúa un progresismo social del que más tarde dimite, para buscar refugio en posiciones religiosas católicas y conservadoras, en alguna medida también presentes en el ideario de Colins, en sus tesis puramente deductivas referidas a la existencia de un logos, o eterna razón o eterna justicia, que tomaba el lugar de las viejas religiones reveladas. Un pensador idealista en el escenario de las «revoluciones burguesas»; un reformador social burgués (en expresión de Manuel Núñez de Arenas y de Emilio González López) —tesis no compartida por Maluquer que ve en él fundamentalmente a un antiliberal, y que parece más acertado compartir, después de un seguimiento crítico de sus escritos—, que bajo la influencia de seguidores de Saint-Simon —en el campo del socialismo utópico— como M. Chevalier, E. Ducpetiaux o el barón de Colins, descarta la beneficencia como un medio idóneo para solucionar los problemas sociales, a favor de un progresismo económico que exigía la revisión estructural, en una perspectiva finalmente más próxima del despotismo ilustrado, y en oposición a las transformaciones socio-políticas y económicas sugeridas desde el socialismo marxista, ante el temor a la anarquía social. ———— 62 París, Lib. Hachette, 1866, con numerosos grabados. 63 TEIJEIRO, J.F.: «Aspectos inéditos de la vida y de la obra de D. Ramón de La Sagra» en Museo de Pontevedra (Pontevedra) T. XXXI (1977). 64 También lo señala Jordi Maluquer, al decir de él que es una figura «compleja y controvertida», lo que haría difícil distinguir su legado; en MALUQUER DE MOTES, J.: «Prólogo» a CAMBRÓN INFANTE, A.: El socialismo racional…, p. 7.
ANTÓN COSTA RICO Hispania, 2008, vol. LXVIII, nº. 228, enero-abril, 193-210, ISSN: 0018-2141 210 En este sentido, en 1844 en la Revista de los intereses morales y materiales se autopresentaba como un racionalista filosófico, distante de los partidos políticos, crítico con la sociedad de su tiempo («viciosamente constituida»), ni absolutista, ni demócrata, ni tampoco liberal («porque atacamos el principio de las mayorías»), que trataba de formular un modelo humanitario para la sociedad futura, asentado sobre la religiosidad como principio orgánico65. Da la impresión que en los últimos años cuarenta su pensamiento se haya modulado en un sentido menos idealista y metafísico, en el escenario sociológico parisino, para finalmente precipitarse en posiciones metafísicas y de un cierto hermetismo, tal como reflejan sus Aphorismes sociaux de 1859. Estamos ante un pensador ilustrado, cosmopolita y crítico, que analizó los problemas sociales derivados de la forma capitalista de producción, que compartía puntos de vista con progresistas y doctrinarios, sobre una base filosófica de tradición racionalista, aunque su preocupación no se situaba tanto en la búsqueda de la igualdad y de la justicia, cuanto en la recomposición de la vida moral de los individuos y de la sociedad, quizás en deuda con el imperativo ético kantiano, con la filosofía de la historia de raíz hegeliana, y con posiciones de Krause. Sus propuestas de reformas pacíficas, que concedían amplio lugar a la educación, encaminaron su reflexión hacia un «socialismo racional» con acentos de misticismo religioso. Recibido: 04-05-2007 Aceptado: 11-04-2008 ———— 65 SAGRA, R. de la: en Revista de los intereses morales…, p. 57 y ss.