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La dimensión transnacional de la izquierda armada

Martínez Álvarez, Alberto; Rey Tristán, Eduardo

Abstract

El artículo plantea una nueva perspectiva de análisis de la izquierda armada, situándola en el marco de una oleada global de movimientos antisistémicos surgida desde finales de la década de los cincuenta del pasado siglo. Adicionalmente, el trabajo contribuye a esclarecer algunos de los mecanismos de interacción transnacional característicos de este conjunto de movimientos y analiza algunos de los rasgos básicos de su proceso de desarrollo. En conjunto, el artículo constituye un primer paso en la construcción de una perspectiva global del surgimiento, desarrollo y desaparición de la izquierda armada.

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ISSN: 1130-2887 - eISSN: 2340-4396 DOI: https://doi.org/10.14201/alh201880928 Ediciones Universidad de Salamanca / CC BY-NC-ND América Latina Hoy, 80, 2018, pp. 9-28 LA DIMENSIÓN TRANSNACIONAL DE LA IZQUIERDA ARMADA The transnational dimension of the armed left Alberto MARTÍN ÁLVAREZ Instituto Mora, México  [email protected] Eduardo REY TRISTÁN Universidad de Santiago de Compostela, España  eduardo.r[email protected] Fecha de recepción: 13 de octubre de 2018 Fecha de aceptación y versión final: 30 de noviembre de 2018 RESUMEN: El artículo plantea una nueva perspectiva de análisis de la izquierda armada, situándola en el marco de una oleada global de movimientos antisistémicos surgida desde finales de la década de los cincuenta del pasado siglo. Adicionalmente, el trabajo contribuye a esclarecer algunos de los mecanismos de interacción transnacional característicos de este conjunto de movimientos y analiza algunos de los rasgos básicos de su proceso de desarrollo. En conjunto, el artículo constituye un primer paso en la construcción de una perspectiva global del surgimiento, desarrollo y desaparición de la izquierda armada. Palabras clave: izquierda armada; interacción transnacional; olas de acción colectiva; movimientos antisistémicos; revolución. ABSTRACT: The article sets out a new perspective of analysis of the armed left within the framework of a global wave of anti-systemic movements that emerged since the end of the 1950s. Additionally, the work shows some of the mechanisms of transnational interaction that characterized this set of movements and analyses the basic features of its development process. Overall, the article is a first step in the process of building a global perspective of the emergence, development and disappearance of the armed left. Key words: armed left; transnational interaction; waves of collective action; anti-systemic movements; revolution. Ediciones Universidad de Salamanca / CC BY-NC-ND América Latina Hoy, 80, 2018, pp. 9-28 ALBERTO MARTÍN ÁLVAREZ Y EDUARDO REY TRISTÁN LA DIMENSIÓN TRANSNACIONAL DE LA IZQUIERDA ARMADA 10 I. INTRODUCCIÓN1 El interés académico por el estudio del activismo transnacional surgió con fuerza a mediados de la década de los noventa del siglo pasado, en el marco de la aparición del movimiento por la justicia global. La creación de espacios políticos con niveles diversos de institucionalización, el surgimiento de redes de comunicación transnacionales o la intensificación de los intercambios materiales y simbólicos entre militantes y activistas de distintos países y continentes son procesos típicamente asociados al surgimiento de oleadas de movimientos antisistémicos de alcance global (Martin 2008). Movimientos que, al menos desde mediados del siglo XIX, han surgido en distintas oleadas como desafíos radicales a los fundamentos del capitalismo y los poderes hegemónicos y en pos de una transformación total de las estructuras políticas, económicas y sociales y que, en ocasiones, en el marco de una escalada de sus repertorios de acción, han recurrido al empleo de la violencia en sus confrontaciones con el Estado. La primera oleada histórica de movilización transnacional antisistémica fue impulsada y protagonizada por el movimiento obrero desde mediados del siglo XIX, como expresión de una protesta anticapitalista radical de escala virtualmente global. Desde esta perspectiva, la fundación de las distintas internacionales obreras (1864, 1889, 1919, 1938) se puede interpretar como una sucesión de intentos de formalización e institucionalización de las distintas expresiones y escisiones de este movimiento antisistémico. Sin embargo, desde finales de la década de los cincuenta del siglo XX, el colapso de la estrategia y las formas de organización características de esta oleada de movimientos parecía evidente a los ojos de las nuevas generaciones de activistas radicales. Activistas que se socializaron políticamente en el contexto del surgimiento del tercermundismo como proyecto político y de las manifestaciones del imperialismo soviético en los países del Bloque del Este. Es en este contexto en el que surge la Nueva Izquierda, como un amplio y heterogéneo «movimiento de movimientos» 2 contrahegemónico que produjo en cada país una miríada de expresiones organizativas guiadas por distintas estrategias –desde las movilizaciones pacíficas hasta la lucha armada–, que, si bien diferían ideológicamente en aspectos concretos, compartían también una serie de principios e ideas básicas. Se puede señalar con Katsiaficas (1987: 23-27) que sus rasgos característicos fueron, fundamentalmente: el énfasis en la acción directa; la oposición a la dominación política, patriarcal y racial y a la explotación económica; la aspiración a una extensión 1. Este trabajo es una revisión y actualización de la introducción a nuestra obra Revolutionary Violence and the New Left. Transnational Perspectives (New York: Routledge, 2016). Ha sido realizado en el marco del Proyecto HAR2016-77828-R, financiado por el Ministerio de Economía, Industria y Competitividad-Agencia Estatal de Investigación (España) y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER), y en el marco del Grupo de Investigación HistAmérica de la Universidad de Santiago de Compostela, financiado por la Xunta de Galicia (Plan Galego I+D+I, 2017 GPC GI-1661). 2. V. GOSSE (2008) rescató el concepto de «movimiento de movimientos» previamente utilizado en el marco del movimiento por la justicia global, para referirse a la Nueva Izquierda de los Estados Unidos. Con ello propone una definición inclusiva que incluye la amplia constelación de movimientos, coaliciones y facciones que emergieron desde finales de los años cincuenta en aquel país. Ediciones Universidad de Salamanca / CC BY-NC-ND América Latina Hoy, 80, 2018, pp. 9-28 ALBERTO MARTÍN ÁLVAREZ Y EDUARDO REY TRISTÁN LA DIMENSIÓN TRANSNACIONAL DE LA IZQUIERDA ARMADA 11 del proceso democrático a todas las esferas de la vida social y política, y la búsqueda de nuevos sujetos políticos revolucionarios. A estos rasgos, habría que añadir algunos más difundidos en el seno de la Nueva Izquierda del Sur Global como el anticolonialismo, el antiimperialismo y el tercermundismo. Este artículo se centra exclusivamente en el análisis de un conjunto específico de organizaciones y movimientos surgidos en el seno de esta oleada de movilización transnacional antisistémica. Se trata de aquellos que recurrieron a diversas estrategias de lucha armada –desde la guerra de guerrillas rural hasta el terrorismo– con el fin de conseguir fines políticos. El trabajo constituye un primer esfuerzo, fundamentalmente descriptivo, de la dinámica de este conjunto de movimientos y de algunos de sus patrones de interacción transnacional. El objetivo fundamental del artículo es contribuir a construir una nueva perspectiva de análisis de la izquierda armada que surgió, se desarrolló y desapareció a lo largo de las últimas décadas del siglo XX. II. LA NUEVA IZQUIERDA Y LA VIOLENCIA REVOLUCIONARIA Las últimas décadas del pasado siglo fueron testigo del surgimiento, desarrollo y desaparición de la violencia revolucionaria de la Nueva Izquierda. Utilizando diferentes estrategias, pero guiadas por un marco ideológico común, decenas de organizaciones armadas –principalmente en América Latina y Europa, pero también en los Estados Unidos, Asia y África– recurrieron a la violencia con el objetivo último de establecer algún tipo de utopía revolucionaria. Si bien surgieron en contextos sociopolíticos diversos y geográficamente distantes, los grupos armados de izquierda utilizaron repertorios de acción, marcos de interpretación de la realidad y estructuras organizativas comunes. Estas concepciones, ideas y formas de acción se desarrollaron en una estrecha interacción principalmente simbólica –pero en ocasiones también material y personal– entre organizaciones y movimientos revolucionarios de todo el mundo. Sus líderes tuvieron referencias intelectuales compartidas y en no pocas ocasiones mantuvieron contactos frecuentes entre sí, llegando incluso a sostener relaciones de colaboración estables. Sin embargo, hasta el momento la investigación sobre la difusión transnacional de las ideas y repertorios de acción de los grupos armados de izquierda de las últimas décadas del siglo XX es aún escasa. Si bien hay ya un cierto número de publicaciones sobre los vínculos entre los movimientos estudiantiles que confluyeron en las movilizaciones de 1968 (Davis et al. 2010; Horn 2007; Klimke 2010; Klimke y Sharloth 2008) y que se encuentran en el origen de buena parte de las organizaciones armadas de izquierda europeas y norteamericanas, no existen prácticamente trabajos sobre las relaciones e influencias mutuas entre estas últimas. Además, y pese a su enorme interés, las escasas obras publicadas (Karmon 2005; Varon 2004) se limitan al estudio de los grupos armados de Europa y los Estados Unidos, no habiendo hasta el momento trabajos que aporten una mirada más amplia de un fenómeno que tuvo un carácter verdaderamente global. Esto último probablemente se relaciona con la falta de comunicación entre los enfoques y líneas de investigación que sobre la izquierda armada se han desarrollado Ediciones Universidad de Salamanca / CC BY-NC-ND América Latina Hoy, 80, 2018, pp. 9-28 ALBERTO MARTÍN ÁLVAREZ Y EDUARDO REY TRISTÁN LA DIMENSIÓN TRANSNACIONAL DE LA IZQUIERDA ARMADA 12 hasta el momento en distintas disciplinas y en distintos continentes. Específicamente entre la investigación internacional sobre los grupos terroristas europeos de los años setenta y ochenta, de una parte (Alexander y Pluchinsky 1992; Aust 2009; Bloom y Martin 2013; Bowyer Bell 2000; Burrough 2015; Chamberlin 2012; Cubert 1997; Dartnell 1995; Della Porta 1995; Gómez Parra 1991; Orsini 2011; Reinares 2001; Varon 2004), y los estudios sobre la guerrilla y los grupos armados de izquierda en América Latina, de otra (Wickham-Crowley 1992; Gott 1971; Lamberg 1979; Marchesi 2018; Pereyra 1994; Radu y Tismaneanu 1990)3. Hasta el momento, el terrorismo de izquierda en los países del norte y la guerrilla en el Sur Global han sido considerados como dos fenómenos diferentes sin relación aparente, excepción hecha del trabajo pionero de David C. Rapoport (2004), quien planteó tempranamente un marco de análisis capaz de ofrecer una perspectiva más abarcadora. Ciertamente, las estructuras políticas, económicas y sociales donde emergieron los grupos de la izquierda armada, así como la naturaleza de los conflictos de los que surgieron, fueron muy distintas y de carácter netamente local. Sin embargo, y como sugiere el propio Rapoport (2004), la elección de sus repertorios de acción y formas de organización, así como la construcción de marcos de interpretación y de las ideologías revolucionarias, se produjo en un proceso de interacción entre grupos y organizaciones afines de muy distintas latitudes. Definimos a esta oleada de movimientos armados como de Nueva Izquierda, siendo conscientes de que este es un término que está sujeto a diferentes interpretaciones, sobre el que no existe consenso académico y que alude en cada país a actores diferentes. Haciendo referencia a Europa y los Estados Unidos, Artaraz (2006: 6) propone una amplia y útil definición de la Nueva Izquierda cuando afirma que fue un movimiento político dominado por el pensamiento de izquierda, incluido el marxista, cuyos orígenes se remontan a finales de la década de los cincuenta y que fue articulado de manera diferente en cada país, de acuerdo con cada cultura política local. En Europa occidental, Estados Unidos o Japón, el término ha hecho referencia habitualmente a la constelación de movimientos sociales radicales y revolucionarios surgidos a mediados de los años sesenta. Frente a ello, la interpretación convencional de la Nueva Izquierda en América Latina –denominada si cabe con mayor frecuencia izquierda revolucionaria– ha sido más restrictiva y ha aludido típicamente a los grupos armados surgidos por toda la región tras el triunfo de la Revolución cubana. En este último caso, sin embargo, desde hace algunos años algunos autores vienen enfatizando la necesidad de ampliar el significado del concepto para incluir también a los movimientos sociales latinoamericanos de los años sesenta (Zolov 2008; Markarian 2017). Con ello se pone de manifiesto la existencia durante ese periodo de movimientos en la región con propuestas de transformación también en los ámbitos de la cultura y de la vida cotidiana. El centro de interés de este trabajo lo constituyen los grupos armados de izquierda que emergieron desde los primeros años sesenta del seno de ese «movimiento de movimientos» transnacional que constituyó la Nueva Izquierda. Aunque hubo un número 3. Para un análisis detallado de la producción sobre el tema en América Latina, véase V. OIKIÓN, E. REY y E. LÓPEZ (2014). Ediciones Universidad de Salamanca / CC BY-NC-ND América Latina Hoy, 80, 2018, pp. 9-28 ALBERTO MARTÍN ÁLVAREZ Y EDUARDO REY TRISTÁN LA DIMENSIÓN TRANSNACIONAL DE LA IZQUIERDA ARMADA 13 considerable de excepciones, buena parte de estos grupos surgieron en la fase descendente de los ciclos de protesta que tuvieron lugar en numerosos países a finales de los años sesenta y primeros años setenta (Della Porta y Tarrow 1986; Sánchez Cuenca y Aguilar 2009). Como afirma Donatella Della Porta (2008: 222), ciertos sectores en los márgenes de los movimientos sociales que protagonizaron estos ciclos de protesta «escalaron» sus repertorios de acción, recurriendo a la violencia. El hecho interesante aquí es que ese proceso de escalada hacia la violencia política y el terrorismo se produjo prácticamente de forma simultánea en varios países europeos (notablemente en Alemania, Italia, Irlanda del Norte, España, Grecia) y en los Estados Unidos, Japón, Filipinas y Turquía, entre otros. La transformación de la protesta en resistencia y de esta en «resistencia armada» (Bauer 2010: 183), como los propios militantes lo definieron, se produjo paralelamente en múltiples escenarios nacionales. No menos importante es el hecho de que los marcos ideológicos, las tácticas y los repertorios de acción empleados en el marco de esa escalada fueron también similares en todos los casos (Swerman, Steinhoff y Della Porta 2000: 87-88). Esto último nos vincula con lo sucedido en América Latina, cuya importancia es central para entender este proceso de difusión del repertorio de acción de la lucha armada a escala global. En esa región y de forma un tanto excepcional, el surgimiento de la primera onda de la Nueva Izquierda se remonta a los primeros años sesenta y no está vinculado a amplios ciclos de protesta social, sino más bien, y como se verá más abajo, a la influencia de un evento político transformador: la Revolución cubana (1959). El caso de la segunda onda de la Nueva Izquierda latinoamericana –lo que en la historiografía latinoamericana se ha denominado convencionalmente la segunda ola de la guerrilla (Martín y Rey 2012)– es, sin embargo, mucho más similar a lo sucedido en Europa y Estados Unidos alrededor de 1968. Como en estos casos, en varios países de la región se produjeron importantes protestas contra los regímenes vigentes –autoritarios en su mayoría, pero no en su totalidad– a finales de los años sesenta (Gould 2009) y primeros setenta, cuya escalada devino en la formación de organizaciones de «guerrilla urbana». México (1968 a 1971), Argentina (1969) y El Salvador (1967 a 1971), por solo citar algunos casos nacionales, constituyen ejemplos de ello. A su vez, América Latina –junto a Vietnam y Argelia– proveyó las ideas y los repertorios de acción de la lucha armada que se difundieron a escala global, como se verá más adelante. Partiendo de estas premisas, incluimos en este análisis tanto a aquellas organizaciones armadas que se identificaban a sí mismas como comunistas o socialistas en sus diversas variantes, como a aquellos grupos o movimientos separatistas cuyas ideas representaban algún tipo de amalgama entre marxismo y nacionalismo. Pese a sus diferencias, estas organizaciones mantuvieron, con frecuencia, canales de colaboración y comunicación e, incluso, en ocasiones sus acciones y formas organizativas constituyeron ejemplos a seguir por otros grupos surgidos más tarde. La evidencia empírica a este respecto es creciente e incluye, por ejemplo, la colaboración entre grupos palestinos y organizaciones armadas latinoamericanas y europeas (Chamberlin 2012; Karmon 2005) o entre militantes de ETA y grupos revolucionarios centroamericanos. Asimismo, se puede mencionar el impacto que produjeron la figura de Che Guevara, Ediciones Universidad de Salamanca / CC BY-NC-ND América Latina Hoy, 80, 2018, pp. 9-28 ALBERTO MARTÍN ÁLVAREZ Y EDUARDO REY TRISTÁN LA DIMENSIÓN TRANSNACIONAL DE LA IZQUIERDA ARMADA 14 las acciones de los Tupamaros uruguayos o los escritos de Carlos Marighella o Regis Debray entre los militantes radicalizados de movimientos estudiantiles que fundaron grupos tales como la Fracción del Ejército Rojo, The Weathermen, la Organización Revolucionaria 17 de Noviembre o Iparretarrak (Bidegain 2011: 37; Scott Brown 2013; Slobodian 2012; Varon 2004: 56-57) o en sectores del republicanismo irlandés (OIRA, INLA) o de ETA (Hanley y Miller 2009: 29, 93; Jáuregui 1981; Letamendía 1994). El antiimperialismo –reflejado sobre todo en su reacción y crítica contra Estados Unidos– y el anticapitalismo, así como sus aspiraciones de transformación radical de la sociedad, fueron rasgos definitorios comunes de la práctica totalidad de los grupos armados de izquierda. Esos elementos constituyeron, además, el fundamento ideológico que permitió el reconocimiento mutuo y la constitución de una comunidad imaginada transnacional de militantes revolucionarios. Desde nuestra perspectiva, la oleada de la Nueva Izquierda se relaciona con la presencia de hitos, coyunturas políticas o eventos transformadores de importancia internacional que estimulan la formación de organizaciones armadas. Destaca aquí el protagonismo en el desencadenamiento de estos eventos de «movimientos catalizadores» –utilizando el concepto acuñado por McAdam (1997: 59)–, cuyos repertorios tácticos, ideología y estrategia se difunden a través de las fronteras tras su primer éxito inicial. Estos movimientos catalizadores (como el M-26 cubano o el FLN argelino) contribuyen a explicar la capacidad, ya observada por William H. Sewell (1996: 843), que ciertos eventos históricos tienen para producir cambios de carácter estructural y, en particular, cambios en los esquemas culturales. En nuestra interpretación, estos eventos –como por ejemplo la propia Revolución cubana– contribuyen a difundir repertorios concretos de acción colectiva, marcos de interpretación y formas de organización, que son reinterpretados y adaptados por activistas de grupos de oposición alrededor del mundo. Los conflictos locales pueden ser reinterpretados por los activistas a la luz de las nuevas visiones del mundo transmitidas por los revolucionarios de otras latitudes. Cuba, la guerra de Vietnam o la Revolución nicaragüense constituyen ejemplos arquetípicos de eventos desencadenantes, capaces de producir –a distinta escala en cada caso– cambios en el repertorio cultural de la acción colectiva. El impacto de estos eventos tuvo alcances geográficos disímiles, global en el caso de Cuba y Vietnam y más localizado y regional en el caso de Argelia o Nicaragua. A pesar de la distancia temporal que los separa, su efecto acumulado contribuyó a la difusión de un repertorio de acción –la lucha armada en sus distintas variantes–; de las ideas de revolución, socialismo y antiimperialismo, y de formas de organización clandestina y paramilitar. Estos eventos constituyeron, a su vez, reacciones locales contra el capitalismo global y los poderes hegemónicos prevalecientes en ese momento histórico. Junto a la importancia de estos eventos transformadores, hay que poner de relieve que el origen de las ideas y prácticas políticas características de la Nueva Izquierda se relaciona también con el efecto de procesos y cambios estructurales más profundos. La expansión económica de postguerra y la colonización creciente de la vida social por la lógica de la sociedad de consumo provocaron el surgimiento de críticas radicales a la alienación de la vida cotidiana (ejemplificados en los escritos de Henri Lefevbre, Ediciones Universidad de Salamanca / CC BY-NC-ND América Latina Hoy, 80, 2018, pp. 9-28 ALBERTO MARTÍN ÁLVAREZ Y EDUARDO REY TRISTÁN LA DIMENSIÓN TRANSNACIONAL DE LA IZQUIERDA ARMADA 15 Herbert Marcuse o Guy Debord) y la construcción de propuestas alternativas de organización de la cultura, la vida familiar, las relaciones étnicas o de género. La emergencia de esta crítica radical y, sobre todo, de su capacidad de difusión se relaciona estrechamente con el incremento en los niveles de cualificación de las generaciones más jóvenes, en un contexto en el que las formas de dominación –en la escuela, el trabajo o la familia– permanecieron inalteradas (Therborn 1987: 38-40). El crecimiento exponencial de la educación superior que se produjo en Europa, Estados Unidos y América Latina tras la Segunda Guerra Mundial convirtió a las universidades en centros de producción y difusión de ideologías contrahegemónicas y en espacios de socialización política, de organización y militancia. No en vano, la base social de la Nueva Izquierda como movimiento político estuvo constituida de forma predominante –que no exclusiva– por estudiantes. Mientras que, en algunos casos, el énfasis de ciertos movimientos a nivel local se produjo, sobre todo, en el campo de la transformación de la vida cotidiana y en la producción de propuestas culturales alternativas, en otros, sus acciones principales estuvieron dirigidas hacia la lucha política con el fin último de la toma del poder del Estado. No es menos cierto que, en el imaginario de la Nueva Izquierda, el objetivo de transformación total de la realidad que perseguían sus militantes y activistas fue entendido de una forma integral y pretendía modificar radicalmente todas las esferas de la vida social y política, desde los antagonismos de clase, hasta las relaciones de género, pasando por las relaciones de dependencia del Tercer Mundo respecto de las potencias occidentales. Además, y como apunta Katsiaficas (1987: 36-37), frente a la posición del movimiento comunista de filiación soviética, que situaba la transformación de la vida cotidiana en un momento posterior a la toma del poder del Estado, la Nueva Izquierda apostaba por la acción directa y por una revolución que debía ser, al mismo tiempo, política pero también cultural y en este objetivo, tanto las guerrillas del Tercer Mundo como los movimientos radicales de los países industriales avanzados debían actuar coordinadamente. III. LA DINÁMICA DE LA OLEADA DE LA NUEVA IZQUIERDA La oleada de la Nueva Izquierda fue estimulada en su surgimiento y posterior desarrollo por varios eventos desencadenantes. El triunfo de la Revolución cubana en enero de 1959 fue el primero de ellos. Como es sabido, esta produjo un cambio de larga duración en el repertorio cultural de la acción colectiva en América Latina (WickhamCrowley 1992). Cuba contribuyó a difundir la idea de que la revolución era posible y que para lograrla no era necesaria una lenta y prolongada acumulación de fuerzas, sino que un pequeño grupo de revolucionarios decididos y dispuestos al sacrificio podían crear las condiciones para el triunfo. El énfasis en los elementos subjetivos de la movilización revolucionaria, la juventud de los líderes cubanos, su inteligente manejo de los medios de comunicación internacionales (Calvo 2014) constituyeron elementos clave en la enorme popularidad global adquirida por los barbudos de Sierra Maestra y en su capacidad para convertirse en un verdadero fenómeno generacional. Ediciones Universidad de Salamanca / CC BY-NC-ND América Latina Hoy, 80, 2018, pp. 9-28 ALBERTO MARTÍN ÁLVAREZ Y EDUARDO REY TRISTÁN LA DIMENSIÓN TRANSNACIONAL DE LA IZQUIERDA ARMADA 16 El triunfo de Cuba permitió además la difusión en América Latina de un marco ideológico4 caracterizado por las ideas de antiimperialismo, liberación nacional, revolución y lucha armada. Este nuevo marco resonó positivamente en actores de oposición de toda la región. Esa resonancia fue facilitada por las similitudes existentes tanto en la posición social y generacional de dichos actores, como en los contextos sociopolíticos en los que estos –y previamente los revolucionarios cubanos– se desenvolvían. Los fundadores de las primeras organizaciones de la izquierda revolucionaria en aparecer en el continente –Paraguay, Argentina, República Dominicana, México, Guatemala, Perú, Venezuela, Nicaragua y Colombia– fueron jóvenes de clase media, nacidos en la década de los treinta o primeros años cuarenta, con frecuencia estudiantes universitarios o disidentes de partidos de izquierda –comunistas en gran medida– o centro-izquierda. Parte de ellos compartían además la experiencia de vida en sociedades autoritarias y excluyentes, con una presencia recurrente de gobiernos autoritarios protegidos, cuando no impuestos, por los Estados Unidos. De otra parte, hay que mencionar que el triunfo cubano llegaba pocos años después de que el Discurso Secreto de Khrushchev de febrero de 1956 diera a conocer a los militantes comunistas de todo el mundo los crímenes de Stalin, y de que la represión soviética de la revuelta húngara en noviembre de ese mismo año pusiera de manifiesto el carácter imperialista de la política exterior de la URSS en Europa del Este. Ambos acontecimientos provocaron el repudio de notables intelectuales comunistas europeos y el abandono del partido por parte de importantes contingentes de militantes. La Revolución cubana apareció ante estos grupos disidentes como el ejemplo de un nuevo tipo de revolución antiautoritaria, verdaderamente popular y democrática. Por su parte, entre algunos sectores de la intelectualidad latinoamericana de izquierda también surgieron a finales de los años cincuenta pequeños núcleos marxistas alejados de los partidos comunistas. En Argentina, Brasil, Venezuela y Chile, grupos sobre todo de universitarios, pero también con alguna presencia de obreros, empezaron a construir nuevos colectivos marxistas, desafiando el virtual monopolio que sobre el marxismo tenían hasta aquel momento los partidos comunistas de sus países (Marini 2012: 190-192). El desacuerdo fundamental que los jóvenes militantes comunistas latinoamericanos tenían con sus organizaciones de origen radicaba en la estrategia revolucionaria que los partidos comunistas de la región propugnaban. Esta estrategia, en línea con la política de «coexistencia pacífica» adoptada por la URSS desde 1955, abogaba por la colaboración con las que denominaban burguesías locales en pos de una revolución democrático-burguesa cuyo objetivo primordial sería desplazar a las oligarquías locales, como primer paso de una larga transición hacia el socialismo. Para los comunistas, la tarea fundamental en aquella coyuntura era la lenta acumulación de fuerzas hasta el momento en que las condiciones para la revolución estuvieran maduras. Frente a ello, Cuba afirmaba la necesidad de la violencia revolucionaria, proclamaba el carácter continental de las luchas antiimperialistas y de liberación y hacía un llamamiento 4. Tomamos prestado el término del trabajo de G. ZWERMAN et al. (2000: 93). Ediciones Universidad de Salamanca / CC BY-NC-ND América Latina Hoy, 80, 2018, pp. 9-28 ALBERTO MARTÍN ÁLVAREZ Y EDUARDO REY TRISTÁN LA DIMENSIÓN TRANSNACIONAL DE LA IZQUIERDA ARMADA 17 urgente a la acción, la cual constituía la verdadera esencia de los revolucionarios («el deber de todo revolucionario es hacer la revolución», estableció Fidel Castro en la Segunda Declaración de La Habana, 1962). Con el derrocamiento de Batista, los cubanos contribuyeron a difundir un nuevo repertorio de acción (la guerrilla revolucionaria) que, como cualquier otra innovación exitosa en el repertorio de contestación (Tilly 2002: 33), fue adaptado rápidamente por militantes de izquierda de toda la región. No se trataba de una innovación radical, sino que se inspiraba a su vez en las formas de acción de los líderes de las luchas por la independencia que habían tenido lugar en Cuba desde finales del siglo XIX. Este repertorio en esencia consistía en la introducción de un pequeño grupo armado en una zona montañosa o selvática –el foco guerrillero–, desde la que se debía expandir a otras zonas del país hasta lograr una derrota militar del régimen. Hay que señalar que el foco no constituía un reflejo fiel de la estrategia que los revolucionarios cubanos habían utilizado durante su lucha contra Batista. En realidad, en el combate contra la dictadura la guerrilla había contado con el apoyo de una amplia red clandestina en las principales ciudades que, además de proveer logística, se encargó de vertebrar el movimiento insurreccional en todo el territorio (Childs 1995). El nuevo canon revolucionario difundido por los cubanos, y en particular por los escritos primero de Che Guevara y más tarde de Regis Debray, hacía énfasis en los aspectos subjetivos, en la voluntad de los propios revolucionarios y en su capacidad para crear las condiciones para la revolución. Esto es, toda vez que las condiciones objetivas para la revolución se suponía que estaban presentes en toda América Latina, lo que se requería era la confianza difundida entre la población de la posibilidad de la misma y esta podía ser generada por el ejemplo de los propios revolucionarios a través de la lucha armada (el foco). Asimismo, frente al énfasis que los partidos comunistas ponían en la clase obrera como sujeto revolucionario, la Revolución cubana ponía su atención en el campesinado como fuerza motriz de la revolución, en alianza con obreros, estudiantes y los «sectores progresistas». La Nueva Izquierda latinoamericana de los primeros años sesenta va a dirigir sus esfuerzos fundamentalmente al campo, donde esperaba encontrar a una población campesina receptiva a su llamado a organizarse para la lucha armada revolucionaria. Por otra parte, el propio proyecto revolucionario cubano fue evolucionando rápidamente, desde sus orígenes como una insurrección nacionalista y antidictatorial, hacia una revolución que se definió como socialista ya en 1961. A partir de ese momento y hasta la muerte de Guevara en 1967, el foco fue proyectado desde Cuba ya no solo como una estrategia para derribar a un dictador y realizar una revolución democrática, antiimperialista y antioligárquica, sino como el camino correcto para la revolución socialista y para la exportación de esta al resto del continente. Esto hizo que, desde el punto de vista ideológico, el marxismo se convirtiera en el punto de referencia fundamental de la nueva izquierda latinoamericana (Marini 2012: 192). En la lucha por la toma del poder y la construcción del socialismo, el foco guerrillero debía asumir el papel de conducción política y militar que correspondía naturalmente al partido de vanguardia en la tradición marxista-leninista (Debray 1967: 106). El llamado del Che a crear «uno, dos, tres Vietnam» para dividir y socavar a las fuerzas Ediciones Universidad de Salamanca / CC BY-NC-ND América Latina Hoy, 80, 2018, pp. 9-28 ALBERTO MARTÍN ÁLVAREZ Y EDUARDO REY TRISTÁN LA DIMENSIÓN TRANSNACIONAL DE LA IZQUIERDA ARMADA 24 en sus primeros años es probablemente la excepción más significativa–, el maoísmo europeo no recurrió a la lucha armada. De forma similar, en América Latina, los grupos armados de izquierda guiados por las ideas de Mao fueron escasos, siendo probablemente el más importante Sendero Luminoso. Por su parte, en Japón la oleada de protestas de finales de los sesenta tuvo también uno de sus leitmotivs en la oposición a la guerra de Vietnam (Steinhoff 2016). Junto a ello, los estudiantes universitarios se alzaron contra las políticas y las estructuras universitarias. Como en otros casos mencionados más arriba, la izquierda armada surgió de la radicalización de esa nueva izquierda estudiantil que se identificó con las luchas de liberación nacional y persiguió sentar las bases de una revolución mundial. En julio de 1979, un nuevo evento internacional vino a revitalizar la oleada de la Nueva Izquierda en América Latina. El triunfo de la revolución en Nicaragua dio un nuevo ímpetu a los grupos revolucionarios centroamericanos y sudamericanos surgidos a inicios de esa década, estimulándolos a emular el triunfo del Frente Sandinista de Liberación Nacional. El gobierno cubano, ante ese acontecimiento, reforzó también su apoyo a dichos movimientos armados y comprometió personal y recursos en el entrenamiento y apoyo logístico a los mismos. De otra parte, el triunfo nicaragüense estimuló también cambios de estrategia en grupos y colectivos de izquierda de toda América Latina, inclinando la balanza hacia el comienzo de la lucha armada. El Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) de Perú, Alfaro Vive Carajo (Ecuador) o el Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) en Chile iniciaron sus acciones armadas en este contexto de reconsideración de la viabilidad de la lucha armada estimulada, entre otros factores, por la victoria nicaragüense. Hay que señalar que muchos militantes de la nueva izquierda europea o norteamericana en los sesenta y setenta se vincularon en los ochenta con campañas internacionales y grupos de solidaridad con la Revolución nicaragüense o con las organizaciones revolucionarias salvadoreñas y guatemaltecas. A diferencia de las ondas anteriores de la guerrilla latinoamericana, esta dio inicio en el contexto del inicio de la oleada democratizadora que acabaría por afectar a todo el continente. En el momento de la emergencia de estos últimos grupos armados, varios de los regímenes de la región estaban ya efectivamente transitando por una fase de liberalización o de verdadera transición hacia una poliarquía. Junto a ello, la caída del Muro de Berlín en 1989, la derrota sandinista en las urnas en 1990 y la dramática crisis económica que atravesó Cuba desde 1990 como consecuencia del fin del apoyo de la Unión Soviética limitaron el apoyo externo a los grupos armados de izquierda. De otro lado, los propios grupos de izquierda que alcanzaron un mayor desarrollo de su aparato militar (Sendero Luminoso, Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional –FMLN– de El Salvador, Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia –FARC–) fueron incapaces de derrotar a los Estados a los que se enfrentaron. El final de esta onda de actividad de la izquierda armada llegó generalmente a través de la derrota y en unos pocos casos a través de la negociación. De forma parecida, en Europa y los Estados Unidos, en su mayor parte las organizaciones fueron poco a poco desmanteladas por los servicios de seguridad o abandonaron las actividades armadas por iniciativa propia. Ediciones Universidad de Salamanca / CC BY-NC-ND América Latina Hoy, 80, 2018, pp. 9-28 ALBERTO MARTÍN ÁLVAREZ Y EDUARDO REY TRISTÁN LA DIMENSIÓN TRANSNACIONAL DE LA IZQUIERDA ARMADA 25 El final de esta oleada de movimientos antisistémicos llegó de forma paulatina por un cúmulo de factores. El agotamiento o la eliminación de sus militantes, la revalorización de la democracia en el seno de la izquierda con la consiguiente transformación en partidos políticos de algunas organizaciones armadas, la crisis del marxismo en la década de los noventa, el cambio generacional y la emergencia de nuevos valores son algunas de las razones que explican este proceso de desaparición, si bien su análisis exhaustivo está fuera de las posibilidades de este trabajo. IV. CONCLUSIONES La izquierda armada fue parte de una oleada de movimientos antisistémicos surgidos desde la década de los sesenta con un objetivo de transformación total de la sociedad, la economía y la política. El advenimiento de eventos políticos transformadores protagonizados por movimientos catalizadores facilitó la difusión de un repertorio de acción característico (la lucha armada) y del antiimperialismo y el socialismo como ideologías movilizadoras fundamentales de este movimiento contrahegemónico. A su vez, la llegada al poder de gobiernos revolucionarios –principalmente Cuba y Argelia– facilitó recursos estratégicos que incrementaron el nivel de interacción transnacional entre militantes y activistas de distintos países. De otra parte, la difusión de sus ideas, repertorios y estrategias fue posible también por la construcción de una red semiestructurada de publicaciones y editores de izquierda que contribuyeron a la transmisión global del pensamiento de líderes revolucionarios e intelectuales clave. A lo largo de estas páginas, este trabajo ha tratado de mostrar que el surgimiento y desarrollo de la izquierda armada a escala global se produjo en forma de varias ondas de actividad o periodos de movilización intensa relacionados con los eventos políticos transformadores mencionados más arriba. La utilidad de concebir a la izquierda armada –con sus particularidades y rasgos únicos en cada caso– como parte de un conjunto de movimientos antisistémicos con rasgos comunes clave reside en la posibilidad de emprender nuevas investigaciones centradas en los procesos de cambio cultural, económico y político a gran escala que la hicieron posible, ya que estos cambios parecen estar detrás de cada oleada de movilización transnacional antisistémica a lo largo del último siglo y medio. Tratar de responder a la pregunta de por qué miles de jóvenes viviendo en contextos sociales y políticos muy diferentes llegaron a concebir la lucha política en los mismos términos y con los mismos objetivos, a partir de las mismas ideas y utilizando estrategias de movilización de alto riesgo que incluyeron el uso intensivo de la violencia, continúa siendo todavía hoy un reto. Este artículo pretende, al menos, contribuir a dar los primeros pasos para elaborar algunas respuestas tentativas. V. BIBLIOGRAFÍA ALEXANDER, Yonah y PLUCHINSKI, Dennis A. Europe’s Red Terrorists. The Fighting Communist Organizations. London: Frank Cass, 1992. Ediciones Universidad de Salamanca / CC BY-NC-ND América Latina Hoy, 80, 2018, pp. 9-28 ALBERTO MARTÍN ÁLVAREZ Y EDUARDO REY TRISTÁN LA DIMENSIÓN TRANSNACIONAL DE LA IZQUIERDA ARMADA 26 ARTARAZ, Kepa. El ejercicio de pensar: The Rise and Fall of Pensamiento Crítico. Bulletin of Latin American Research, 2005, vol. 24 (3): 348-366. ARTARAZ, Kepa. Cuba and Western Intellectuals since 1959. New York: Palgrave McMillan, 2009. AUST, Stefan. Baader-Meinhof. The Inside Story of the R.A.F. New York: Oxford University Press, 2009. BAUER, Karin. From Protest to Resistance. Ulrike Meinhof and the Transatlantic Movement of Ideas. En DAVIS, Belinda; MAUSBACH, Wilfried; KLIMKE, Martin y MACDOUGALL, Carla (eds.). Changing the World Changing Oneself. Political Protest and Collective Identities in West Germany and the U.S. in the 1960s and 1970s. 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