Notas de un simulador kafkiano: Calvert Casey
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Notas de un simulador kafkiano: Calvert Casey Vicente Cervera Salinas Universidad de Murcia [email protected] NOTES FROM AKAFKAESQUE SIMULATOR: CALVERT CASEY The narrative work of Cuban Calvert Casey (1924–1969) receives adecided influence from the literary and metaphysical world of the great Franz Kafka. This article shows some of the Kafkaesque constants that populate Casey’s stories. Atmospheres, symbols, characters, simulated attitudes, feelings of threat and hostility build the work of one of the most courageous and original Cuban writers of the sixties, who would also dedicate one of his essays to the author of The Metamorphosis. PALABRAS CLAVE: Calvert Casey— Franz Kafka— años sesenta— simulación— homesexualidad Calvert Casey— Franz Kafka— sixties— simulation— homesexuality DOI https://doi.org/10.14712/23366729.2023.3.6 En el invierno cubano de 1945, inserto en el número octavo de Orígenes, publicaba Virgilio Piñera “El secreto de Kafka”. Seis años más tarde, en 1951, en el diario La Nación, Jorge Luis Borges daba ala imprenta su famoso “Kafka ysus precursores”.1 Ambos textos plantean de modo irrefutable la perdurabilidad del genio de Praga, bien en su vertiente más humana, bien en una dimensión invertida de la “ansiedad de las influencias” que pauta la historia de la recepción literaria. Si para el autor de Electra Garrigó la clave íntima de la genialidad kafkiana estriba en su cualidad intrínseca de literato, en cuanto plenitud inventiva yfacultad de componer ficciones através del “tapiz volador” de la imaginación creadora, allí donde “las cargas de actualidad” quedan subsumidas en dicho talento, su secreto,2 para el creador de El Aleph dicha capacidad lo erige en cifra supratemporal que posibilita otro modo de asimilar la historia de la literatura: la fundación de un modelo de lectura que, avanzando “hacia atrás”, posibilite la identificación de un estilo, el kafkiano, previo ala existencia de su propia obra. En ambos casos, tanto en Piñera como en Borges, Franz Kafka denota una excep1 Si bien, como sabemos, no sería incluido en la colección Otras inquisiciones hasta un año más tarde. Sobre los avatares del manuscrito, uno de los más completos conservados en los archivos de Borges, véase Balderston 2011. 2 Piñera 1945, p.45. OPEN ACCESS
62 SVĚT LITERATURY / EL MUNDO DE LA LITERATURA cionalidad de estatura cenital, pues ya no se trata solo de considerar aun escritor de raro genio yde profundo calado sino de presentarlo como una suerte de figura equiparada ala propia idea platónica de literato y, por tanto, de una potencia que derriba las barreras del tiempo ylas meras lecturas coyunturales de la materia literaria, en correspondencia con los dominios de su genio. Una década más tarde, hacia 1960, el también cubano Calvert Casey publica en la mítica, yrevolucionariamente renacida, revista “Bohemia” su particular visión ensayística sobre el autor checo.3 Se trata de un texto titulado simplemente “Kafka”, donde de un modo muy conciso yclaro expresa la honda impresión que la lectura de obras como El castillo oAmérica ha producido en su sensibilidad, hasta el punto de considerar, en la línea de sus antecesores, que con él, con Kafka, se establecía un antes ydespués en la escritura de ficción, ponderando como vital el “instrumento de observación” kafkiano en sus relatos, es decir, la perspectiva física en la narración de los hechos, pero también la perspectiva humana en lo tocante ala visión del mundo que dicho ángulo de visión comporta eimprime como patrimonio existencial.4 Por ello, la obra kafkiana queda asimilada ala edad moderna como atributo inalienable ypermanente, una suerte de tejido celular yde conexión neuronal imposibles de extirpar apartir de su conocimiento. Leer aKafka, viene adecirnos Calvert Casey, supone aprender un nuevo lenguaje con el que leer la realidad ytambién con el que nominarla. Un lenguaje que previamente no habíamos conocido yque ya formará parte de nuestro modo de conceptualizar imaginativa ynominalmente tanto el mundo objetivo de los hechos como el espacio privado de la subjetividad: “Acabo de leer El castillo”, arranca directamente el cubano en su nota de lectura: “una de las pocas novelas que pueden realmente llamarse grandes”. “Pienso” —añade— “en las novelas que más me han impresionado: Moby Dick, de Melville; Viaje ala India, de E.M.Forster; La Cartuja de Parma, de Stendhal; El hombre que murió, de D.H.Lawrence; Los hermanos Karamazov, de Dostoievski”. Yremata su ponderativo de su canon: “Ninguna excede en profundidad aesta novela de Franz Kafka. Sólo Lawrence […] trabaja con tal economía de medios.”5 3 En el prólogo aMemorias de una isla (1964), el primer volumen que recopiló su material ensayístico yperiodístico, editado en La Habana, comentaba el autor: “Excepción hecha de las Notas sobre pornografía, publicadas en la revista Ciclón en 1955, ydel comentario aun libro de Pedro Henríquez Ureña, el resto del material fue publicado apartir de 1959. El ensayo sobre Meza apareció en la Revista de la Comisión Nacional Cubana de la UNESCO; el artículo sobre Franz Kakfa en la revista Bohemia. Todos los demás artículos yensayos fueron publicados en el periódico Revolución yen el magazine literario Lunes de Revolución.” (Casey 1964, p.12.). 4 Para una prehistoria kafkiana de Calvert Casey, habría que citar un temprano ybreve ensayo de 1956, publicado en la revista Ciclón, que es una de las primeras colaboraciones literarias del autor, donde ya hace gala de su singular comprensión del tema de la identidad cubana, apropósito de una kafkiana reflexión sobre el mundo moderno (cifrado en el espacio de los aeropuertos) que le permite contraponer los modos de vida norteamericanos ehispanoamericanos, en la línea que había forjado Octavio Paz en El laberinto de la soledad tan solo un lustro antes. El título del ensayo es “Apuntes de vuelo”, ysin duda merece una consideración independiente ysosegada. 5 Casey 1997, p.253. OPEN ACCESS
VICENTE CERVERA SALINAS 63 Dos cualidades más incorpora la lectura de Casey sobre Kakfa: una visión radicalmente novedosa acerca del mundo circundante yla ambivalencia esencial que impregna su territorio de imaginación, donde el deseo de comunicación religioso se trunca con la sordera oincomunicación resultantes. Aconsecuencia de ello, la obra kafkiana se halla atravesada por el estigma de la alienación pero también por un marcado sentido del humor, no exento en la naturaleza de lo absurdo que, como bien sabemos, tan ligado ha estado en la historia al de lo trágico-existencial. “Ciertos pasajes de El castillo que el escritor leía en voz alta asus amigos” —nos recuerda Casey— “provocaban en ellos sonoras carcajadas. Para tratar de los temas que le obsedían escribió grandes sátiras, que es lo que son en realidad sus grandes novelas.” Así sucede, según su penetrante estimación crítica, con la novela Amerika, “en la que Kafka describe con cómica inexactitud física, pero sorprendente exactitud poética, un continente que jamás visitó”, penetrando su plasmación “de una atmósfera de teatro burlesco”.6 En la antología de ensayos articulada por el propio Casey en 1964 para Ediciones R en La Habana, bajo el título de Memorias de una isla, donde aparece por segunda vez este texto dedicado aFranz Kafka, comentaba acerca del mismo en su prólogo: “Las notas sobre Franz Kakfa no tuvieron al ser publicadas otra pretensión que la de divulgar una obra yuna figura poco conocidas en Cuba por el gran público. Su redacción la inspiró en parte el temor de que las nuevas evaluaciones que se hacen del gran escritor tiendan aempobrecer la complejidad yla ambigüedad esenciales de su obra.”7 Una recuperación de la figura del escritor cubano apartir de su vínculo con el genio de Praga vendría hoy arealzar la “complejidad yla ambigüedad esenciales de su obra”, siempre amenazada por el estigma del olvido oel desdén: los de quienes no conforman un engranaje político-cultural de pervivencia yde ubicación generacional, en virtud de su marginalidad osu renuencia alos imperativos del sistema de integración en los estándares de la cultura. Calvert Casey, una de las más originales eindependientes figuras de las letras cubanas de los años sesenta ysetenta había nacido en Baltimore, la misma ciudad en que falleciera Edgard Allan Poe en 1849, siendo hijo de cubana ynorteamericano. Su año de nacimiento fue 1924, doce años después de Virgilio Piñera ycatorce de José Lezama Lima. Once años después nacería Antón Arrufat, aquien Casey dedica en 1962 su colección El regreso yotros relatos, haciéndolo merecedor de ello “por su estímulo”.8 En cuanto al deceso de Casey, la datación es concreta ysórdida, habiendo sido hallado difunto el 16 de mayo de 1969 en su apartamento romano. “La suya”, nos confirma Carlos Espinosa, “no fue una muerte natural, sino provocada por mano propia.”9 Cabría calificar la existencia de Calvert como azarosa ycasi nómada. “En general, son muchas las incertidumbres biográficas que hay en la breve vida de Calvert Casey (no usaba el apellido materno, que era Fernández). Una vida que estuvo hecha de llegadas ypartidas, yen la cual, como ha señalado el escritor chileno Rafael Gumucio, todo es impreciso einasible.”10 Residió en lugares de Europa yAmérica como Roma, Ginebra, 6 Ibid., p.257. 7 Casey 1964, p.13. 8 Casey 1967, p.7. 9 Espinosa 2014, s/p. 10 Ibid. OPEN ACCESS
64 SVĚT LITERATURY / EL MUNDO DE LA LITERATURA París, Nueva York —donde se instaló apartir de 1946 ycomenzó su andadura como escritor—,11 pero también en México oHaití, sin contar con la amada capital cubana, acuyo regreso afinales de los cincuenta dedicaría el famoso relato homónimo al que más tarde me referiré, compartiendo una alborozada generación de escritores de entusiástica participación en el fogonazo revolucionario.12 “Amuchos de los nombres ya conocidos se incorporaron otros nuevos: Jesús Díaz, Norberto Fuentes, Eduardo Heras León, Manuel Cofiño, Antonio Benítez Rojo, Calvert Casey, Reinaldo Arenas, Guillermo Cabrera Infante yHumerto Arenal”, añade Espinosa en otro artículo, “quienes marcaron los nuevos rumbos de la prosa de ficción eintrodujeron personajes yasuntos nuevos”.13 Las publicaciones de Casey tampoco fueron excesivas alo largo de sus casi cuarenta ycinco años de vida. Junto alas ya mencionadas colecciones de ensayos ycuentos de comienzos de los sesenta (El regreso yotros relatos yMemorias de una isla), más sus traducciones de los cuentos de Lovecraft, escribió una novela corta, Notas de un simulador,14 publicada en España en 1969 junto al relato “In Partenza”, poco antes de la 11 “Vivió [en Baltimore] hasta 1941, año cuando se fue aLa Habana con su madre ysu hermana. Hacia 1946 —por lo que antes apunté, aclaro que algunas fechas deben tomarse con cautela— salió de Cuba, viajó por Europa yfinalmente se asentó en Nueva York. Fue en esa ciudad donde comenzó aescribir opor lo menos donde redactó en inglés su primer cuento conocido, “The Walk”. Con él ganó un concurso convocado por la editorial Doubleday. Fue publicado en el número de invierno 1954–1955 de la revista New Mexico Quaterly, yen la ficha biográfica que la acompañaba se puede leer: “Calvert Casey hasta el año 1946 vivió yse educó en Cuba, su tierra natal. Ha trabajado como traductor en el Canadá yen Suiza y, durante seis años, en este país (Nueva York). Este es su primer cuento”. Reproduzco la traducción hecha por Gustavo Pérez Firmat, que aparece en su excelente ensayo “Balance del bilingüismo en Calvert Casey”. También de la etapa cuando residía en Nueva York son las colaboraciones que Casey envió ala revista Ciclón, que editaba en La Habana José Rodríguez Feo.” (Espinosa 2014, s/p). 12 Alrededor de 1957, Casey retornó aCuba. En La Habana fue empleado de la Cuban Telephone Company. En “¿Quién mató aCalvert Casey?”, Guillermo Cabrera Infante recordó que también se ganó la vida “trabajando en el más habanero de los comercios, una quincalla”. Fue apartir de 1959, cuando pasó adesarrollar una intensa actividad periodística ycreativa. Hizo crítica teatral yliteraria en los periódicos Pueblo, La Calle, La Tarde yRevolución, así como en las revistas Casa de las Américas, Bohemia, La Gaceta de Cuba. Asimismo formó parte del grupo de intelectuales nucleados en torno al suplemento Lunes de Revolución, del cual fue colaborador regular. Acerca de ello, Cabrera Infante comentó: “Ciertamente Calvert salvó con uno de sus raros artículos osus penetrantes ensayos más de un número del magazine, rescatable del olvido porque Calvert Casey aparece ahí”. En esta época, se relacionó con escritores como Antón Arrufat, Virgilio Piñera, Humberto Arenal yLuis Agüero. Después de 1961, cuando cesó Lunes de Revolución, fue atrabajar ala Casa de las Américas. Allí se ocupó de la Colección Literatura Latinoamericana. Aesos años pertenece el prólogo que redactó para la edición de La vorágine, de José Eustasio Rivera, así como la compilación de Cuba: transformación del hombre (1961).” (Espinosa 2014, s/p.) 13 Espinosa 1999, p.170. 14 “Dividido en 19 capítulos, “Notas de un simulador” puede considerarse un cuento extenso más que una novela corta. Basada su construcción, como es habitual en otras narraciones de Calvert Casey, en el procedimiento acumulativo (desfiles, paseos), desarrolla el asunto, OPEN ACCESS
VICENTE CERVERA SALINAS 65 muerte de su autor. También Seix Barral se encargaría de editar en España dos años antes El regreso yotros relatos, aprovechando de algún modo el efecto catalizador del boom, aunque, justo es decirlo, con poca efectividad. Entre paréntesis cabría apuntar que no sólo fueron las mujeres las grandes ausentes de este estallido editorial sino que también el ámbito homosexual, al menos el abiertamente reconocido, fue privado del festín triunfal de sus correligionarios de generación, lo cual explicaría el espacio marginal que en dicho fenómeno tendrían en su momento nombres como Virgilio Piñera oel mismo Lezama Lima, en cuanto ala literatura cubana, oManuel Mujica Láinez en el caso argentino. Pareja suerte tuvo Calvert Casey, que también redactó en inglés otra novela titulada Gianni, que él mismo quiso “kafkianamente” destruir antes de morir arrojándolo alas aguas del Tíber, pero de la que afortunadamente conservamos al menos un capítulo.15 El capítulo fue traducido por Vicente Molina Foix, uno de los mayores “calvertianos” de la intelectualidad española, yfue publicado con el título de “Piazza Morgana” en la revista Quimera eincorporado más tarde ala edición de Notas de un simulador, una excelente antología de textos “calvertianos” editada en España, en el año 1997.16 Este texto, de una hiperbólica radicalidad expresiva yreferencial, revela las dotes imaginativas yla genialidad estilística de una prosa prodigiosa yabiertamente carnal, leucocitaria yorgánicamente líquida, como la de nuestro “simulador kafkiano”: el autor que fue regando de signos gráficos ynotas dispersas una vida de febril intensidad, una de esas vidas “para ser leídas”, que compilase con no menos fervor su compatriota ycoetáneo Guillermo Cabrera Infante. Recuperar el arranque yla conya presente en “El amorcito”, del tránsito hacia el ambiente de los vagabundos ymendigos y, como en “El sol”, de los enfermos.” (Merlino 1997, p.25.) 15 “Es el único capítulo sobreviviente de una novela que, según testimonio del escritor español Rafael Martínez Nadal, Calvert consideraba como su obra más original yhonesta, porque allí estaba “al desnudo, mi íntima verdad…” Agobiado al parecer por las opiniones de quienes lo leyeron yconsideraron impublicable, decidió destruirla, entregando el resto aMartínez Nadal el día veintitrés de abril de 1969.” (Vega 1993, p.31.) 16 Fue publicada por el sello Montesinos bajo el cuidado de Mario Merlino, yel título de la antología era homónimo al de la noveleta de 1969. En la nota al texto de esta edición de Notas de un simulador, añade Merlino: “El presente texto llegó ala redacción de Quimera con este título. Algunas referencias cubanas indican que el título podría ser Piazza Margana en lugar de Piazza Morgana”. (Merlino en Casey 1997, p.244). Acerca de Molina Foix, señala Carlos Espinosa: “Por cierto, Molina Foix es una de las personas que más ha contribuido al rescate de la obra de Casey. Pocas semanas después de su suicidio, publicó en la revista Ínsula (números 272–273, julio—agosto 1969) un largo ymagnífico artículo titulado “En la muerte de Calvert Casey”. Parte de aquel texto sirvió de introducción al impagable dossier que la revista Quimera dedicó al escritor cubano en 1982. Ycuando en 1997 se publicó en España la antología Notas de un simulador, Molina Foix comentó su salida en el diario El País. Personalmente puedo además dar fe de la admiración que profesa aCasey. Cuando yo vivía en Madrid, me tocó entrevistarlo apropósito del estreno de su pieza teatral Don Juan último. En esa ocasión hablamos de quien fue su amigo yme confesó que en un viaje que había hecho aBuenos Aires compró los ejemplares de la edición española de El regreso que halló en una librería, para ir regalándoselos asus amigos. Entonces tuvo la amabilidad de obsequiarme uno de ellos yhasta hoy lo conservo.” (Espinosa 2014, s/p.) OPEN ACCESS
66 SVĚT LITERATURY / EL MUNDO DE LA LITERATURA clusión de este texto inspirado en el “logos espermatikós”, de progenie lezamiana, es penetrar en la corriente sanguínea de la escritura “calvertiana” y, al mismo tiempo, en la propia perspectiva física de un narrador que alcanza la dicha suprema yel gozo paradisíaco al introducirse en el cuerpo del amado ysentir como su ser se desliza por los ríos profundos de sus venas, transfundido somáticamente con su ser: Ya he entrado en tu corriente sanguínea. He rebasado la orina, el excremento, con su sabor dulce yacre, yal fin me he perdido en los cálidos huecos de tu cuerpo. He venido aquedarme. Nunca me marcharé. Desde este puesto de observación, donde finamente he logrado la dicha suprema, veo el mundo através de tus ojos […]. He entrado en el Reino de los Cielos yhe tomado posesión de él con todo orgullo. Esta es mi concesión privada, mi heredad, mi feudo. No me marcharé.17 Precisamente, uno de los más inspirados textos que he leído dedicados asu persona, “¿Quién mató aCalvert Casey?”, fue escrito por Cabrera en Londres en 1980. Infante se asoma por los balcones del escritor para indagar las claves de su mente yde su alma, recreando la historia de una amistad que comenzara en 1960, cuando Arrufat acompañó aCasey hasta las oficinas de Lunes de Revolución, que ala sazón dirigía el autor de Tres tristes tigres yque perduraría, fiel, hasta el suicidio de Calvert yaún más allá, en la impresión de genialidad literaria yhumana que había cuajado en el espíritu de Cabrera Infante. No en vano afirmará que “Calvert fue el más osado de todos nosotros, hombres que fuimos Lunes, el que viajó más lejos, aventurero audaz. Tímido ytartamudo, Calvert fue elocuente hasta el final. Su testamento literario muestra que eran tan resistente como para poder morir por las palabras yempezar avivir en el lenguaje —¿oes en la lengua?”18 Yes precisamente dicho testamento literario el capítulo de esa novela semidestruida, donde inventa un espacio de supervivencia resistente einasible ala delación, ala detención oal exilio, diversas instancias en que este simulador se vio requerido kafkianamente en su errancia existencial: “Ese destino”, afirma el amigo extraditado en Londres, “está en ese texto único, último, escrito en Roma en el implacable inglés en que recobra su lengua paterna, la autoridad, después que muere su madre, transmisora de las voces de la tribu yseñala con signos insólitos que para él vivir significa morir”19 y“que solamente podía estar vivo como un homúnculo erótico, 17 Casey 1967, pp.243–244. Llega adecirle al amado, aquien apostrofa el texto amodo de invocación: “No has de tener miedo, nunca volveremos asentir la soledad, la terrible, vergonzosa soledad de la carne. La soledad se ha ido para siempre, desechada, expulsada, suprimida, quemada, enterrada. ¿Me estás oyendo?” (Casey 1997, p.241.) Tal vez esa soledad de la carne sea la misma aque Franz Kafka sometiese dolorosamente amuchas de sus criaturas de ficción. ¿No es ese el tipo de soledad supremo que sintió Gregorio Samsa cuando despertó convertido en un enorme insecto? 18 Cabrera Infante 1982, p.53. 19 En cuanto ala relación con su madre, sostiene Jesús Vega: “Me atrevo aasegurar que en el momento que Calvert escribió esto” (se refiere aPiazza Morgana), ya estaba un poco “in partenza”. Según se cuenta, había manifestado que se suicidaría cuando muriera su madre.” (Vega, 1993: 25). Según el testimonio de su amigo cubano Juan Arcocha, cabría coOPEN ACCESS
VICENTE CERVERA SALINAS 67 increíblemente reducido asu ínfima potencia, que ya no cree en el dios del amor más que dentro de su amante, virus venéreo que vive en la anatomía amada tanto como en su misma mente”.20 Como también reconoce Jesús Vega, escritor cubano especialista en la obra de Casey, “Piazza Morgana es la concreción de lo escrito hasta entonces” por el autor, yen ella “concluye su ciclo de búsquedas en pos de las formas últimas de fusión amatoria. Pero hasta en esto trasciende su obra, pues va más allá del amor, ya que ese viaje es también como un retorno ala matriz, al seno materno, al comienzo de los comienzos”.21 La solución vital de integración corpórea, ideada como expresión paradisíaca en el capítulo de la novela, difumina en su singular condición de éxtasis un quiebre final, por vía literaria —aquella que, según Piñera, definiría en suma el “secreto de Kafka”— de todo un recorrido humano ytextual dominado más bien por el sentimiento de confusión, inestabilidad, soledad, desplazamiento yexcentricidad —en sentido lato— propios más bien de un sujeto dominado por el sufrimiento yla perplejidad, de exquisita capacidad perceptiva y, al mismo tiempo, de suma fatalidad ejecutiva. Así pues, la impronta kafkiana domina buena parte de su cosmovisión, entendida al menos como un sentimiento obsesivo que padece el temor continuo hacia la acción externa, hacia un mundo de dimensión hostil que amenaza con sus fuerzas oscuras la integridad espiritual yaun la vida del ser. Así, pues, no sólo deja Calvert Casey expresión literal de la huella del escritor checo en el ensayo que comentaba al comienzo de estas páginas, el titulado “Kafka”. Alo largo de su breve pero muy intensa narrativa hallamos signos evidentes del sentimiento kafkiano que sobrevuela yal mismo tiempo enraíza la literatura del cubano. Cabría definir éste como un sentimiento atenazador yuna insoportable ansiedad ante un mundo que se antoja hostil ydespiadado frente al sujeto inerme. Un universo donde los deseos se postergan infinitamente ysolo se materializan de manera imaginaria oilusa. Un lugar sin límites desde la conciencia atenta y, al mismo tiempo, amedrentada por la convicción de que las fuerzas personales son siempre exiguas ytorpes ante el despropósito del espectro institucional que rodea al sujeto, bien sean las fuerzas estatales, las familiares olas religiosas, entendidas como imposiciones coercitivas ydominantes, ya que, como el cubano afirma, “Kafka era un hombre religioso” o, dicho en términos tomados del prólogo de Thomas Mann aEl castillo, “un humorista religioso”.22 Refiriéndose precisamente aesta novela, argumenta Casey de modo muy claro ycontundente: Se dirá que la situación es irreal. Lo cierto es que Kafka sólo llevó una situación real asus últimos extremos, agudizándola para convertirla en símbolo. ¿No hay mujeres que pasan su vida esperando aun amante que nunca se casará con ellas? ¿No hemos amado alguna vez aalguien que apenas se percata de nuestra presencia? ¿No hemos soñado con un viaje que nunca podremos rroborarlo: “Querido Juan, mi madre acaba de morir en La Habana… Ya puedo suicidarme sin remordimientos.” (Valdés-Zamora 2021,s/p.) 20 Ibid. 21 Vega 1993, p.31. 22 Casey 1997, p.255. OPEN ACCESS
68 SVĚT LITERATURY / EL MUNDO DE LA LITERATURA dar? ¿No caen fatales sospechas sobre un hombre por un crimen que jamás cometió?23 De este modo, si para el cubano, “(t)oda la obra de Kafka consiste en esta agudización, esta exasperación de situaciones reales”,24 los relatos que él concibió se revelan permeados por este mismo incremento de las sensaciones que experimentan sus protagonistas ylos conducen inexorablemente hacia la confirmación atónita de dicha exasperación, sembrada de una imposible intuición verdadera, como sucede en el relato del checo, “El buitre”. En él se relata, como si de una pesadilla se tratase, el proceso tan absurdo como irrebatible en que un hombre es picoteado en sus pies por el ave carroñera que terminará devorándolo ante la atónita indefensión del personaje. Algo similar se nos muestra en el cuento “La ejecución”, incluido en la edición española de 1967, uno de los que el autor añadió apartir de la primera publicación habanera de 1962. Ya el paratexto escogido por Calvert remite ala novela El proceso, capítulo VII, en el episodio que Joseph K. experimenta en el estudio del pintor, de donde se extrae esta inquietante conversación: “– ¿Yel proceso comienza de nuevo? —preguntó K… casi incrédulo—. Evidentemente —respondió el pintor.”25 La impresión de que ese “proceso”, que de algún modo es la alegoría de la existencia humana, parece en ocasiones atenuarse eincluso desaparecer ante la ilusión de novedad que en ocasiones ofrece la vida, pero que en el fondo siempre retorna fatal yamargamente, de manera “evidente”, como en la respuesta del pintor aJosephK., insemina el argumento de esta “ejecución” ideada por el cubano. Aquí, la incomprensible detención policial del señor Mayer, tras responder auna llamada telefónica atravesada por un silencio inquietante, marca la clara dimensión kafkiana del relato, un verdadero homenaje abierto asu maestro checo. Todo parece determinar la marca kafkiana del relato: la atmósfera de pesadilla, la inclusión inesperada de rasgos de naturaleza cómica en el mismo corazón de la experiencia trágica, la ausencia de vínculos afectivos eincluso humanos entre la víctima ylos victimarios, los espacios opresivos, la sensación creciente de incomodidad física y, por ende, espiritual que se va apoderando del protagonista, la impresión de asepsia desnaturalizada que preside el ámbito donde el proceso se desarrolla ola precisa observación por parte del mismo sujeto de todo un universo de detalles que pueblan las escenas, convertidos así en la esencia de lo percibido, más allá de la posible comprensión de los mismos hechos. Este mismo rasgo recién referido, la acuciosa atención en el detalle como modo de captación de la realidad, revela la entidad onírica de lo narrado, su dimensión de sueño, allí donde la fenomenología de las sensaciones físicas domina sobre la estructura hermenéutica de lo experimentado. En efecto, narrar un sueño, una pesadilla, implica detenerse en las visiones, en los detalles percibidos y, en general, en esa suma de perceptos que inundan la mente impidiendo, en su potencia semiótica, dar el paso ala interpretación racional de lo sentido. Narrar una pesadilla es revivir por vía racional ese cúmulo de percepciones ydetalles, allí donde la razón aún permanece aherrojada yel relato se resuelve por la vía descriptiva ypor la voluntad de recrear las 23 Ibid. 24 Ibid. 25 Casey 1997, p.142. OPEN ACCESS
VICENTE CERVERA SALINAS 69 impresiones recibidas. En “La ejecución”, el señor Mayer, el acusado, revivirá lo acontecido hasta el momento final yfatal que desde la inesperada llamada telefónica se ha incoado en el relato yque no puede detenerse, como la picadura del buitre kafkiano, aunque resulte incomprensible yabsurdo su desarrollo. El texto parece convertirse en ocasiones en un acúmulo de anotaciones mentales, las notas que van registrándose en el observador atónito, en el simulador kafkiano, en el sujeto que solo espera que el proceso culmine para así concluir su agonía. Impresiones sensitivas como la fotofobia que padece el protagonista ola reminiscencia del sujeto amado poco antes de su ejecución, activado por la súbita aparición de la lluvia, modulan el tránsito hacia una conclusión no menos kafkiana por paradójica y, por lo tanto, coherente con el proceso gradual eirrevocable que ideara Calvert Casey: “Mayer tuvo, con más claridad que en ningún otro momento, la sensación de hallarse, como una criatura pequeña eindefensa, en el vientre seguro, inmenso yfecundo de la iniquidad, perfectamente protegido —¡para siempre, se dijo, para siempre!— de todas las iniquidades posibles.”26 La paradoja como resolución última del dilema existencial produce en el lector un extraño golpe de efecto que combina el sentimiento de liberación con esa “insoportable levedad del ser” que en el deceso supone agradecer el fin, sin que ese fin conduzca aotra felicidad más que ala mera extinción de lo vivido. Aparente liberación de timbre kakfiano, como el cierre del relato “Ante la ley”, que el genio praguense incluyó en la novela El proceso, aunque se haya editado en numerosas ocasiones de manera exenta. Cerrar un caso supone, en efecto, un descanso tras el pormenorizado desarrollo de unos acontecimientos fatales, una cadena de tropiezos que solo conduce aun empeoramiento progresivo del suceso principal con el que se inicia dicha cadena sin que en ningún caso revierta en mejoría. Un descanso, sí, pero con un irremediable sabor aderrota yamargura. Deshacerse de Gregorio Samsa en La metamorfosis implica algo semejante: la monstruosidad del extraño que, dentro del seno familiar, sólo puede resolverse extinguiendo su presencia, aunque la tragedia asome entre el descanso yel alivio como suspensión fatal de la incredulidad. También de entraña kafkiana resulta el imperativo omnímodo de la autoridad, evidente en el relato “La ejecución”, ycomo un circuito casi invisible pero siempre latente yacechante en otro de los títulos del cubano, tal vez el más reconocido yvalorado por la crítica, el famoso “El regreso”, manifestación literaria del histórico retorno del autor aLa Habana en 1957, yque daría título genérico ala primera colección de cuentos aparecida en 1962. Ya María Zambrano, en su ensayo sobre el cubano, que incluyó en el dossier de la revista Quimera dedicado al cubano en 1982, inspiradamente titulado “Calvert Casey, el indefenso entre el ser yla vida”, ponderaba la condición metafísica de sujeto situado “en el confín mismo de la vida”.27 Retrataba auna criatura que sentía en sí misma, como confirma el narrador de “El regreso”, “como si entre él ycada uno de los episodios de su vida, entre él ylas gentes que conocía yque parecían tenerle cierto apego, se interpusiera un vacío del que hubieran extraído el aire”, provocando así que el sujeto contemplara dichos episodios yseres “del lado de allá, lejanos, como objetos tumefactos alos pocos segundos de nacer, incapaz de 26 Ibid., s.159. 27 Zambrano 1982, p.57. OPEN ACCESS