El espectador de la imagen digital: ¿Un nuevo agente del proceso comunicativo?
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EL ESPECTADOR DE LA IMAGEN DIGITAL: ¿UN NUEVO AGENTE DEL PROCESO COMUNICATIVO? JESSICA IZQUIERDO CASTILLO Universitat Jaume I, Castellón INTRODUCCIÓN El planteamiento procesal de la comunicación de Lasswell: quién dice qué a quién , mediante qué canal y con qué efecto ; reproduce la comunicación como un proceso de transmisión lineal de un mensaje que parte del emisor hacia el receptor a través de un canal apropiado y con el código correspondientemente compartido por ambos agentes: Los modelos posteriores profundizan acerca del feedback , fundamental para poder hablar de comunicación más allá de la mera transmisión de información. En la fotografía, el fotógrafo (emisor) configura un mensaje (imagen fotográfica) que tiene como destinatario un receptor (consumidor de imágenes fotográficas). La presente comunicación pretende recoger precisamente esta disposición de la figura del receptor como espectador-consumidor de los medios audiovisuales, para tratar de analizar qué papel se concreta como destinatario de la imagen fotográfica, especialmente en la transición de esta última del proceso analógico-fotoquímico al digital.
El debate de lo digital sobre lo fotográfico se viene desarrollando en dos niveles. Por un lado el nivel de lo particular y lo local, referido al trabajo tradicional de los fotógrafos y las consecuencias que pueda tener en su significado y en la manera de percibir de los consumidores, así como las amenazas que pudiera representar. Por otro lado, el nivel global y temporal se cierra sobre los cambios históricos en la ciencia, la tecnología y la cultura visual (Lister, 1997: 15). Esta comunicación se centrará en el primer nivel. Un texto, una imagen estática o en movimiento, la producción de sonido..., todos los mensajes audiovisuales están concebidos por un creador con el fin de ser percibidos por una audiencia. Son numerosos los trabajos que focalizan el objeto de análisis en la configuración del espectador por parte del mensaje y su autor. Así, la elección de un encuadre, la iluminación, la partitura, son elementos concebidos a priori para un determinado receptor pre-configurado. El receptor está presente en la propia concepción del mensaje, como elemento intrínseco y necesario para que se cumpla la funcionalidad del mismo, es decir, comunicar (un sentimiento, una información, un peligro, etc). Esta comunicación también intentará poner sobre la mesa la cuestión del espectador en su nuevo papel de receptor de la imagen digital, en relación con su anterior estatuto pasivo, y de cómo esta nueva función puede modificar la concepción de la fotografía como mensaje en transmisión. LA MANIPULACIÓN ILIMITADA DE LA IMAGEN DIGITAL La nuestra es una sociedad envuelta en imágenes. Desde que la fotografía nos introdujo en la era de la reproductibilidad técnica a la que se refiere W. Benjamin (1982), la captación de la realidad mediante imágenes ha sido la manera de recoger testigos de nuestro presente para que hicieran la función de recordatorio para el futuro. Así, hay quien opina que hemos ido construyendo una realidad alternativa, construida sobre imágenes, que en el peor de los casos estaría desvirtuando lo real mediante el simulacro. De esta manera, la producción y el consu- JESSICA IZQUIERDO CASTILLO 431
mo de imágenes se ha convertido, como afirma Susan Sontag (1979: 16), en el sustituto de la experiencia de primera mano, y en esta sociedad de la información, donde los mensajes se multiplican exponencialmente a cada segundo, el afán por estar informados de todo ha hecho que caigamos en la necesidad de recurrir a la plasmación bidimensional de fragmentos de realidad. Por estos motivos, es fácilmente comprensible el estatuto de veracidad que le hemos otorgado durante años a la fotografía. Por muchas manipulaciones que se pudieran realizar sobre la fotografía analógica, ésta siempre nos dejaba el negativo como testigo. Ahora la tecnología digital borra las huellas. Hasta ahora, podría considerarse que el consumidor de imágenes fotográficas ha estado en una posición pasiva. El carácter periodístico de la fotografía ha ayudado a entender ésta como el testigo de la verdad. Pero la revolución digital ha abierto la veda a un espacio ilimitado de posibilidades creativas que permiten la manipulación completa de la imagen. La manipulación es algo que ha acompañado a la imagen desde siempre. Y la fotografía no ha supuesto una excepción. Desde el momen- to en que el fotógrafo selecciona del campo visual una porción para reencuadrar la fotografía se produce una selección subjetiva que condiciona la representación de esa realidad recogida del campo visual del ojo humano. Cuando a esto se le añaden otras circunstancias, tales como el ángulo, el objetivo o el foco, hablar de manipulación ya desde la toma misma parece inevitable. Después se podría hablar de manipulaciones más «conscientes» que son las que se realizan sobre el negativo o el positivo para falsear la toma realizada directamente de la realidad. Esta manipulación ha requerido de un proceso mecánico, que limitaba la capacidad de falseamiento a una parcela restringida de profesionales que, en el caso de la prensa, por ejemplo, se les suponía un respaldo de veracidad. Con la tecnología digital esta manipulación se «democratiza» y, gracias a la facilidad y accesibilidad del software informático, cualquier persona puede en pocas horas modificar por completo una fotografía (desde retoques de perfeccionamiento de la toma a descontextualizaciones completas de los objetos o sujetos fotografiados). 432 EL ESPECTADOR DE LA IMAGEN DIGITAL
Consecuencias de la manipulación: escepticismo y creatividad La pérdida de la confianza Ésta parece ser la primera consecuencia que se adivina a la imagen en esta nueva era digital. El estrato de veracidad que esta sociedad de la información le ha conferido a la fotografía es ahora fuertemente cuestionado, ya que el agente que más ha influido en conferir a la imagen este carácter testimonial se ha apuntado a las maravillas de la digitalización. Nos referimos a la prensa. En los últimos años no nos ha sido difícil observar «fotomontajes» digitales en los diarios, incluso en portada. Además, es la propia prensa especializada y los periódicos los que han dado cuenta de lo que se ha bautizado ya como «la muerte de la fotografía», lanzando advertencias acerca de la duda frente a lo que vemos. Para el consumidor de imágenes fotográficas se le presenta como un ingenuo esfuerzo de fe el hecho de mantener la creencia en un vínculo significativo entre la apariencia del mundo y la configuración concreta de una imagen material. Afirmar eso supone una convulsión importante, cuyas consecuencias están todavía por estudiar. De momento, Lister (1997: 17) ya habla de una transformación de la cultura visual sustentada no sólo en el cambio tecnológico: «los cambios de naturaleza en el modo de plasmar el mundo en imágenes se consideran (aunque no sin problemas) cambios en el modo de ver el mundo. Y, a su vez, se cree que estos cambios ideológicos están relacionados con los cambios en el modo de conocer el mundo». Por lo tanto, se produciría una escisión en la forma de reproducir imágenes que abriría un camino paralelo en la forma de configurar nuestra percepción y consciencia del mundo. Pero, ¿qué pasará con la línea analógica? ¿Se mantendrá o quedará pronto abandonada en el olvido? ¿Supondrá esto la desaparición total de la confianza en la representación fotográfica testimonial? JESSICA IZQUIERDO CASTILLO 433
Nuevas exigencias creativas Las nuevas posibilidades de manipulación ofrecen, por otra parte, una herramienta valiosísima en función de la creatividad. Ya no existe una imagen imposible, todo se puede transformar y, en el caso de no tener un mínimo referente en lo real, se puede recurrir a la virtualidad. El aumento de demanda creativa se puede observar sobre todo en la publicidad. El espectador recibe miles de imágenes diarias, y cada vez es más difícil poder ofrecerle algo que llame su atención. Éste es el gran reto que se le plantea a la publicidad hoy, y lo hace en dos niveles. En primer lugar está la creatividad, que debe concebir la imagen más espectacular, más llamativa y al mismo tiempo, más eficaz para vender el producto. En segundo lugar, las nuevas acciones comunicativas (relaciones públicas, publicidad exterior, etc.) que buscan la mejor contextualización y ubicación de la imagen para que ésta cumpla con los objetivos marcados en la campaña. La fotografía digital puede suponer un cambio en la forma de relacionarnos con las fotografías publicitarias, donde este cansancio ante el imaginario ofrecido obliga a un trabajo de reciclaje continuado. Por otra parte, ya hay autores –como Robins (en Lister, 1997: 49)– que advierten contra la trampa del progreso metafísico, donde siguiendo la lógica del proceso acumulativo, cualquier cosa que venga después es necesariamente mejor que la anterior. La cultura digital es de momen- to poco imaginativa y tristemente repetitiva para algunos, que la consideran atrapada en su visión teleológica. 434 EL ESPECTADOR DE LA IMAGEN DIGITAL
Construyendo una actitud crítica que combata el escepticismo Comportamiento ético Corremos el riesgo de caer en la manipulación indiscriminada, ya sea de forma activa como pasiva, lo que plantea nuevos problemas éticos que no tienen reflejo en los códigos éticos ni en los libros de estilo periodísticos. Es la prensa, en su estatus de vigilante de la verdad, la que debe considerar en primer lugar la cuestión ética, estableciendo límites que permitan el uso de las nuevas tecnologías sin abandonar el comportamiento ético ni la función testimonial y crítica de la fotografía en esta parcela de la verdad. En EE UU, la Asociación Nacional de Fotógrafos de Prensa son pioneros en pronunciarse al respecto: «no debería tolerarse ninguna manipulación que no pudiese hacerse fácilmente en el laboratorio tradicional». Ni que decir tiene que esta regla es totalmente transgredida. Debería plantearse si el hecho de que se puedan utilizar nuevas formas de manipulación en la imagen obliga a su uso. Alfabetización visual Queda expuesto que la revolución digital no está suponiendo únicamente un paso más de perfeccionamiento tecnológico, sino una nueva forma de relacionarnos con el mundo. Hasta ahora la fotografía ha estado ligada a la realidad, y ahora la habilidad para procesar y manipular las imágenes llena de escepticismo nuestra mirada hacia las imágenes. Por este motivo, al igual que tuvimos que aprender el abecedario, nos instruimos en la pintura y nos familiarizamos con las imágenes analógicas, debemos ser conscientes de la necesidad de una preparación para poder desenvolvernos en el nuevo escenario digital sin caer en el escepticismo absoluto. Es necesaria una actualización en la educación visual para conocer la nueva naturaleza y estatus de la imagen (especialmente la informativa). Gracias a este acercamiento, el usuario estará en posi- JESSICA IZQUIERDO CASTILLO 435
ción de desarrollar una actitud crítica, la cual será una herramienta indispensable para poder enfrentarse y tomar parte activa en la vorágine de información visual a la que nos exponemos diariamente. Lister (1997: 17) apunta más lejos, y habla de una «transformación de la cultura visual», mientras que Tim Drukery (Lister, 1997: 18) advierte sobre la otra cara de la moneda: Los medios electrónicos no pueden simplemente ignorar cuestiones teóricas de la representación por las que ha trabajado durante las dos últimas décadas desde los campos de la fotografía y el cine. A medida que la representación se envuelve en algoritmos [...] la teoría se vuelve más esencial que nunca. Los alumnos deben ser instruidos en la imagen digital sin olvidar unas premisas teóricas y unas directrices de análisis. UN NUEVO AGENTE EN EL PROCESO COMUNICATIVO: EL NUEVO USUARIO DE LA IMAGEN La interactividad Con la aparición de la tecnología digital, la posición del espectador se ha visto modificada por las nuevas posibilidades que esta representa. Ha sido la revolución digital la que ha abierto la puerta para poder conferir un poder al espectador que traspase la tan nombrada retroalimentación que no ha llegado nunca a darse de una forma equitativa entre los dos agentes primarios implicados en el proceso comunicativo. La interactividad presupone ahora al espectador una capacidad de decisión en la recepción del mensaje. En el texto multimedia el consumidor o usuario tiene la posibilidad de «navegar a través de una extensión de conocimiento e información potencialmente inmensa. Al hacer sus propias conexiones, escoger sus propios caminos, y ser activo al producir su propio sentido de lo material, se le incluye por primera 436 EL ESPECTADOR DE LA IMAGEN DIGITAL
vez en la construcción del significado» (Lister, 1997: 34). Gracias a esto, la fotografía se convierte en un mensaje cargado de una riqueza potencial que espera a ser descubierta. La interactividad otorga la «opción» al consumidor, pero ¿qué opción? ¿Es tan amplio el abanico de posibilidades que nos ofrece la tecnología para determinar lo que queremos ver? ¿O se trata sencillamente de un número limitado de posibilidades, de entre las cuales habrá que elegir una y que, normalmente, constituirán un número bastante reducido? La respuesta parece obvia. La opción de elegir está ahí, sí, pero no la de crear. La interactividad digital tiene lugar dentro de unas condiciones, estructuras y límites ya establecidos de antemano. El nuevo usuario de la imagen fotográfica Con la llegada de la prensa, el público tuvo una nueva forma de abrirse al mundo y conocerlo, desligándose de las perspectivas literarias de unos pocos escritores. Pronto, el nuevo medio ofreció la oportunidad a sus lectores de disfrutar de una pequeña parcela en el otro lado, y publicó algunas de sus opiniones y sugerencias, convirtiéndolos en pequeños productores de la representación. Cuando aparece la fotografía, pronto adquiere un carácter popular ya que, si bien no estaba al alcance más que de unos pocos privilegiados el poder estar en posesión de una imagen fotografiada, sí que se observaban imágenes publicadas sobre todo en carteles y prensa. Poco a poco se fue haciendo más doméstica y, aunque su carácter mecánico y químico la mantenía al recaudo de los profesionales, la industrialización masiva de las cámaras domésticas, de fácil uso, nos convirtió a todos en captadores de imágenes (que no fotógrafos). Volviendo al esquema del proceso comunicativo, el usuario de fotografías analógicas, transmitidas en canales gráficos impresos, es un receptor pasivo en cuanto a la actividad comunicativa. Su aportación al proceso se limita a la descodificación del mensaje fotográfico. El usuario de fotografías digitales mediante canales digitales es un nuevo agente en el JESSICA IZQUIERDO CASTILLO 437