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Luis de Estrada y Arias Montano

Fernández Tejero, Emilia,Fernández Marcos, Natalio

Abstract

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LUIS DE ESTRADA Y ARIAS MONTANO EMlLIA FERNANDEZ TEJERO y NATALIO FERNANDEZ MARCOS Instituto Arias MontanoEn junio de 1981 se cumplía el cuarto centenario de la muerte cte Fray Luis de Estrada, teólogo cisterciense oriundo de Avila, que fue ra en tres ocasiones abad del Monasterio de Santa María de Huerta (Soria) y en cuatro rector del colegio de Alcalá 1. La relación de Fray Luis de Estrada y Benito Arias Montano,. dos importantes personajes del siglo XVI español, ha quedado obscu recida por la rica biografía particular de cada uno de ellos. Si Estrada es conocido y estudiado como abad del Monasterio de Huerta, como profesor y teólogo de la universidad de Alcalá, por su descubrimiento de las tumbas de Don Rodrigo Jiménez de Rada, arzobispo de Toledo, de San Martín de Finojosa y de la madre de éste, Doña Sancha Gómez, por sus cartas y sermones, por sus escri tos en defensa de los jesuítas y de Francisco de Mendoza, arzobisp de Burgos, por sus tratados sobre la recitación del rosario o la regla de San Benito 2, Arias Montano ha pasado a la posteridad por el papel' que desemepeñó en la Biblia Regia, por sus numerosos escritos en. distintos campos bíblicos, por su participación en el concilio de Tren to, por su relación con los «iluminados», por su intervención en la política española en Flandes y por sus disputas con los miembros más· recalcitrantes de la teología española de finales del siglo XVI 3• 1 Vid. P. Guerin, Estrada, «Diccionario de historia Eclesiástica de España, di. rigido por Quintín Aldea Vaquero, Tomás Marín Martínez y José Vives Gatell, vol. II, Madrid 1972, cols. 880-881. 2 Para la bibliografía sobre Luis de Estrada vid. la detallada recopilació!l' 1ealizada por Julio Gómez de Salazar y Alonso, Luis de Estrada. Testas e imá genes recopilados por --, Centro de Estudios del Monasterio Cisterciense de· Santa María de Huerta (Soria), 1981, 2 vals. 3 Sobre Benito Arias Montano vid. T. González Carvajal, Elogio histórico del D�tor Benito Arias Montano, «Memorias de la Real Academia de la Histo ria, 7 (1002) 1-199; A. F. G. Bell, Benito Arias Montano, Oxford 1922; L. Mo rales Oliver, Arias Montano y la política de Felipe II en Flandes, Madrid 1927; E. FERNÁNDEZ TEJERO Y N. FERNÁNDEZ MARCOS Sin embargo, existe un documento fundamental acerca de la rela -ción de ambos personajes, utilizado solo parcial y esporádicamente _por los estudiosos', que es de excepcional importancia no sólo para la historia de la Biglia Regia, sino también para el conocimiento de la situación y problemática de los estudios bíblicos españoles a finales ,del siglo XVI. Nos referimos a la Carta y Discurso del Maestro Fr. Luis de ,Bstra-.da sobre la aprobación de la Biblia Regia y sus versiones; y _juicio de la que hizo del Nuevo Testamento Benito Arias Montano 5• Y es que, efectivamente, la relación de Estrada y Arias Montano, -enmarcada en la amistad, profunda amistad, -::orno veremos, que los unió, se centra, por lo que los documentos a nuestro alcance permi ten deducir, en el papel que aquél desempeñó en la gestación, pu blicación y polémica suscitada por la llamada «Biblia Regia de Arias Montano)) o «Políglota de Amberes)), impresa por Plautino entre 1568 -y 1572 y dirigida por Arias Montano •. "Nvmero-homenaje a B. Arias Montano de la •Revista Española de Estudios Bí blicos» 111 (1928) ; el Homenaje a Benito Arias Montano en la •Revista del Cen tro de Estudios Extremeños» II/II (enero-agosto 1928); F. Cantera Burgos, Arias Montano y Fray Luis de Le6n, ,Boletín de la Biblioteca de Menéndez Pelayo» ·22j4 (1946) 299-388; B. Rekers, Benito Arias Montano, Londres/Leiden 1972; F. Pérez Castro y L. Voet, La Biblia Políglota de Amberes, Madrid 1973 y K. ·Reinhardt, Bibelkommentarc spanischer Autoren des 16. und 1'1. Jahrhunderts: .Autoren A, «Revista Española de Teología-. 41/1 (1981) 122-184. -' Vid., por ejemplo, T. González Carvajal, Elogio histórico ... , págs. 9, 11-12, ·27 y 77; Prudencio J. Conde, Arias Montano y la cuestión bíblica de su tiempo, . er. el citado vol. de la «Revista del Centro de Estudios Extremeños-., pág. 418 ; Domicio Ramos Frechilla, La Poligloto de Arias Montano, ib. pág. M y B. Re kers, Benito, Arias Montano, documento núm. 54, pág. 145. a Manuscrito del archivo de Gaspar lbáñez de Segovia, marqués de Agrópo •fü y editada por Joseph Rodríguez de Castro, Carta y discurso del Maestro Fr. Luis de Estrada sobre la aprobación de la Bibli/J Regia y sus versiones; y j14icfo de la que hi•o del Nuevo Testamento Benito Arias Montano, en cBiblioteca Española-., tomo primero, Madrid 1781, con notas de Juan Antonio Pellicer y 'Shforcada y, posteriormente, por Roberto Muñiz, Carta apologftica del sabio cisterciense Fr. Luis de Estrada por el mlrito y arreglo de la cllebre Biblia Regia .d,e Arias Montano y sus versiones ... Burgos 1794. En nuestras citas de la carta -,eguimos la edición de Rodríguez de Castro, indicando por Pellicer o Muñiz las r.otas de una u otra edición. Las remisiones al texto se han limitado a casos de -excepcional importancia. •Luis de Estrada es citado expresamente en el Prólogo segundo del tomo I -de la Biblia Regia, dedicado a destacar las diversas colaboraciones, en el siguien- -te párrafo: cPetrus Serranus Cordubensis, in Complutensi Academia Theologiae LUIS DE ESTRADA Y ARIAS MONTANO 41 Analicemos en primel lugar algunas particularidades de esta Po líglota, considerada por unos «Opus vere Regium)) r o «Miraculum Orbis» 8, por otros una simple «reedición de la Complutense» 9, por -otros, finalmente, «bandera de la sinagoga» 10• Debido al éxito editorial de la Biblia Políglota Complutense del Cardenal Cisneros, cuyos 600 o más ejemplares 11 habíanse práctica mente agotado en 1568 12, Cristobal Plantino, humanista francés, esta blecido como tipógrafo en Amberes, concibe en 1565 13 o 1566 14 la -idea de publicar una nueva Políglota, reedición ampliada de la Com plutense. Tras reunir un equipo de colaboradores, especialistas en cada una de las lenguas que habían de integrarla, recurre a los príncipes y magnates alemanes en busca del patrocinio económico y de prestigio adecuado. La negativa de éstos y la delicada situación de la política flamenca le hacen presentar finalmente su oferta al rey de España, Felipe II, quien, aconsejado por los teólogos de Alcalá y Salamanca, -decide, a finales de 1567, aceptar la propuesta. En 1568 Arias Montano llega a Flandes provisto de toda suerte -de credenciales que lo presentan como persona especializada y de la -entera confianza del monarca 13, con la misión de dirigir «científica Doctor, F. Ludovicus Strada Theologus Abulensis, Ambt'osius Mo,-us Cordubensis •C\mni disciplinarum genere ornatus, et Gabriel Zayas rcgiorum (quos vocant) sta tuum a secretis, suis votis et diligenti procuratione, ut hoc opus quale est, in ·tucem prodiret, pro viribus effecerunb. T Vid. Documento de Gregario XIII a Felipe II, fechado el 23 de agosto -de 1572, citado por D. Ramos Frechilla, La Polfglota de Arias Montano, pág. 51. 8 Así calificada por los contemporáneos de Arias Montano. Vid. T. González •Carvajal, Elogio hist6,-ico ... , pág. 52. 9 Vid. F. Pérez Castro y L. Voet, La Biblia Pol!glota ... , pág. 16, aludiendo . a B. Rekers, Benito At'ias montano, pág. 48. u, Carta de León de Castro a Felipe II, desde Valladolid, 9 de noviembre de 11'.176: ,Aunque no fuere sino la honra de S. M., se debía remediar que un Rey ·D. Felipe, tan católico, que sustenta en sus tiempos la Christiandad, sufra que se ·llamen las Filipinas y la Biblia Real esas Biblias que parecen ... bandera de la Si . nagoga». Vid. P. J. Conde, At'ias Montano y la cuesti6n biblica ... , pág. 488. 11 M. Revilla Rico, La Poliglota de Alcal6, Madrid 1917, pág. 48. 12 T. González Carvajal, Elogio l1ist6rico ... , págs. 140 ss. y M. Revilla Rico, tJLa Poliglota de Alcal6, pág. 44. 13 B. Rekers, B1nito A,-ias Montano, pág. 41i. uD. Ramos Frechilla, La poUglota de A,-ias Montano, pág. 29. ulb. ib., pág. 88. 44 E. FERNÁNDEZ TEJERO Y N. FERNÁNDEZ MARCOS y doctrinalmente la obra» 16, y con un «importante legado filológico, Complutense del cual... resultó heredero directo» 11• Arias Montano no será el «fierce inquisitorn que Plantino había temido. Como dice Rekers, surgió una inmediata simpatía entre los humanistas flamencos y el español, «probably due to Montano's edu cation which had steeped him in Erasmus' Enchiridion» 18• La con tribución de Arias Montano a la obra fue inmensa. «No sólo aportó .. al proyecto primitivo fraguado en torno a Plautino todo el bagaje filológico y textual reunido por los complutenses, ... sino que con su gran autoridad científica, como director responsable de la obra, y con su fino sentido filológico, hizo posible incorparar a él las nuevas aportaciones de la ciencia bíblica de su tiempo» 19• Sobre el contenido, estructura, textos, colaboradores y novedades de la Biblia Regia, por comparación con la Complutense, hay tanto · escrito que no parece necesario tratarlo aquí. Baste recordar, por lo que tendrá de incidencia en la carta de Estrada que comentaremos a continuación, que fueron precisamente las novedades introducidas por Arias Montano en esta Políglota las que originaron su polémica con los teólogos españoles más tradicionalistas, en especial León de· Castro, crearon dificultades a la hora de conseguir la oportuna apro bación papal 20 y, en última instancia, hicieron que Plautino no pu diera resarcirse de los gastos editoriales. De entre estas novedades citaremos, precisamente porque apare cen mencionadas en la carta de Estrada, seis significativas: 1) Traducción latina del texto del Antiguo Testamento a partir del original hehreo (a diferencia de la Complutense que tradujo del texto griego de Septuaginta). 2) Esta traduci6n latina, incluída en uno de los tomos de aparato · y no junto al texto hebreo del vol. I como se pretendiera en un prin cipio, es la versión de San tes Pagnino 21, revisada por el mismo Arias . Montano. 11 lb. ib., pág. 31. 11 F. Pérez Castro y L. Voet, La Biblia Políglota ... , pág. 18. uB. Rekers, Benito Arias Montano, pág. 48. uF. Pérez Castro y L. Voet, La Biblia Políglota ... , pág. 19. 20 Reflejadas en la carta de 4 de febrero de 1572 dirigida a Felipe II por el · embajador en Roma D. Juan de Zúñiga en T. González Carvajal, Elogio histó rico ... , documento núm. 87, págs. 159-160. 21 La Biblia del dominico Sanctes Pagnino, es decir, la primera traducción , LUIS DE ESTRADA Y ARIAS MONTANO 3) Edición de los Targumím arameos de Profetas y Hagiógrafos, :no incluídos en la Complutense, en donde la versión aramea aparece .sólo en el Pentateuco. 4) Edición de la versión siriaca del Nuevo Testamento, Pesifta, -de la que carecía la Complutense. 5) Tradución latina del Nuevo Testamento griego, obra también •de Arias Montano, con indicación marginal de las discrepancias de la Vulgata. 6) Inclusión en los tomos VII y VIII, Apparatus, de una serie • de diccionarios y tratados de vario contenido, buena parte de los cua les se deben también al biblista español. Veamos ahora la luz que la carta de Estrada arroja sobre estas •cuestiones. Nos hemos centrado en aquellos puntos que afectan más directamente a nuestro habitual campo de trabajo, la crítica textual bíblica, pero no hemos podido evitar el traer a colación algún que •otro aspecto del texto, cuando el vivo y jugoso estilo del cisterciense -quiebra las rígidas barreras de lo estrictamente científico. La carta comienza con una sentida disculpa de Estrada por su . ausencia cuando Arias Montano visitó el monasterio de Huerta (julio, probablemente de 1573, al regreso de Flandes), ausencia motivada por la salud del abad que hubo de trasladarse a Alhama «á recibir solo -el vapor que sale del agua en cierta manera de estufa)). Un año llevaba el monje sin salir del monasterio, pero en los baños, cuyos procedi mientos terapéuticos renovó -«pero el vapor que della sale hace su dar á personas estandose vestidos y calzados, y sentados en una silla por espacio de una hora, la qual invencion inventé yo acaso el año pasado, entendiendo que el agua del baño me sería muy perjudicial, y la invención fue de tan buen suceso que ha hecho el baño célebre, siendo la cosa mas olvidada que babia en el mundo, y á mi sin otros medicas ni medicinas me ha sobremanera rescatado de grandes tra ·bajos que solia tener»- recobró la salud «mediante nuestro Señonl. El tono y contenido de la carta es fiel reflejo de la amistad exis tente entre ambos personajes. Estrada reconoce que «tuviera yo por del original al latín en tiempos modernos, publicada en Lyon 1527, muy literal, discrepante, por tanto, de la Vulgata. Vid. Waltcr Arthur Copinger, Tite Bible "and its Transmi.r.rion, Londrés 1897, págs. 249 ss.; D. Ramos Frechitla, La Po ,lfglota d, Arias Montano, pág. 34, n. 1 y K. Reinhardt, Die bibli.rclle,s Autoru .Spanien.r bis 6Nm Konlil von Trient, Salamanca 1976, pág. 1'16. E. FERNÁNDEZ TEJERO Y N. FERNÁNDEZ MARCOS mejor baño para mi contentamiento y salud haber besado las manos. á Vm. en esta santa Casa, que no que el que recibí en Alhama, y que si yo supiera que Vm. habia de venir, ni saliera de casa, ni tratara de baño>), y se lamenta además de no haber podido encontrarse tampoco con Arias Montano cuando éste «pasó junto al aposento en que yo estaba en el mesmo pueblo)). El interés de Estrada por entrevistarse con Arias Montano no era, sin embargo, fruto exclusivo de su antigua amistad . De hecho, lleva ban varios años sin tratarse, e incluso algún mal entendido había sur gido entre ellos por el «negocio del Prólogo» en el que se reflejó el dictamen de una junta de tres teólogos, uno de los cuales era el Padre Estrada, incluí do en el tomo I de la Biblia Regia 22• En efecto, por motivaciones unas veces científicas y otras de tipo personal, se habían ido creando en España en contra de la Biblia Regia, aún antes de que se iniciase su publicación, una atmósfera de descon fianza y suspicacia, apropiada para aseveraciones como que «la Biblia estaba detenida porque babia ciertos errores en ella)) o que «en la misma Emprenta sin ser sentidos los Hereges habian introducid traición». Estrada pide, pues, a Arias Montano mayor información al res pecto y, tras apenarse de que no se defienda «con razones firmisimas. contra los guzquexos» .u que le atacan, pasa a pormenorizar los «ru mores)> que circulaban por España contra la obra de Plantino. Una de las acusaciones fundamentales de León de Castro, cate drático de griego de la Universidad de Salamanca y principal anta gonista de Arias Montano 9", era la de que se empleasen en la Polí glota originales hebreos y arameos, a los que calificaba de viciados y corrompidos, al tiempo que acusaba de judaizantes a los que trata- ran de «Hebreos 6 Rabinos)). Alude Estrada entre los puntos tildados. de corruptos a uno de los más aireados en la apologética de los pri meros siglos, recogida ya por Justino, y admite que lo que Justino dice· ss Primer Prólogo del tomo I de la Biblia Regia. Felipe II mandó que este Prólogo fuese examinado por una junta de tres teólogos, uno de los cuales era Estrada. Vid. nota 4 de Pellicer. u«Perro pequefio muy ladrador». Cf. J. Corominas-J. A. Pascual, Dicciona- rio Critico Etimológico CtJSttllano e Hispdnico, Madrid 1980, sub voce cguzquexo,. N Sobre León de Castro y su época puede consultarse la monografía deJ. López Rueda, H,lenistas espaiioles del siglo XVI, Madrid 1978, págs. 78-87- LUIS DE ESTRADA Y ARIAS MONTANO «pudo acontecer en algun volumen particular» 25• En cuanto al valor de los originales, niega que los escribas y fariseos «hubiesen falsado, las Escrituras» 26• 25 Alusión a la polémica judeocristiana sobre la transmisión de las Escrituras. reflejada en el Diálogo con Trifón. Mantenía Justino que los judíos habían sus tituido el 1tap&évo:; (virgen) de la profecía de Emmanuel en Is 7,14, según la LXX, por vsavtc; (doncella), hebreo l'll:i?JI (Diálogo con Trif6n, 71,3), para inva lidar la profecía del nacimiento de Jesucristo (Mt. 1,23). Igualmente sostenía que en el Salmo 95,10 habían eliminado la frase a1to 'toÜ EúA.r¡u del verso ó xúp10:; É�aatleuaa con el mismo fin de obviar la alusión a Cristo crucificado (Diálogo con Trifón,. 73,1). En el primer caso es posible que los traductores judíos más recientes (Aqui la, Símaco y Tedoción) eligieran v1avt<; para distanciarse de la LXX adoptadJ. como Biblia oficial por la Iglesia (vid. N. Fernández Marcos, Introducción a las versiones griegas de la Biblia, Madrid 1979, 93-94); mas en el segundo se trata. probablemente de una interpolación cristiana que falta en la mayoría de los ma nuscritos griegos, y que A. Rahlfs, al editar los Salmos, relega acertadamente :il aparato. Lejos por tanto de que los judíos corrigieran los originales hebreo por motivos teológicos -extremo que hoy nadie admite, ya que los hallazgos de Qumran nos han desvelado textos prácticamente idénticos a los de los manus critos medievales, si prescindimos del problema del pluralismo textual, cf. infra,. nota 28-en el libro de los Salmos hay testimonios de lo contrario, es decir, de alguna interpolación cristiana esporádica. En el ardor de la polémica antijudí� que tenía como centro el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento• en Jesucristo, algunos copistas añadieron esta o aquella palabra para hacer más patente la referencia del pasaje del Antiguo Testamento al Nuevo. (Vid. para este· y otros ejémplos A. Rahlfs, Septuaginta. Vetus Testamentum Graecum Aucto tate academiae Litterarum Gottingensis editum, Gotinga 1001 [2.& ed. 1007], 30-32. Sin embargo, recientes investigaciones en torno a la transmisión cristiana de tas. Escrituras judías han llegado a la conclusión de que hay que ser muy cautos rto<i• pecto al origen de estos añadidos o interpolaciones puesto que el problema es muy· complejo y está poco estudiada la historia de dicha transmisión. (Vid. Robert A. Kraft, Christian Transmission of Gretk J ewish Scripturts, en 1:Paganisme, Judaiss me, Christianisme. Mélanges offerts a Marce! Simon», París 1978, 207-226, en es- pedal pág. 216.) 11 Anota aquí Pellicer que 1:Convienen los críticos en que en tiempo de nues tro Redentor no estaba viciado en parte sustancial el texto de la sagrada Escri • tura, sino que padecía aquellos defectos leves á que suelen estár sujetas las copia• de las obras de qualesquiera otros autores ; y su divina Magestad no babia d reprehender á los Judíos estas faltas materiales; lo uno, porque no influían en l principal: y lo otro, porque como en prueba de sumision y naturaleza divina le• alegaba los testimonios de esa misma Escritura, si haciendo de critico, notab� estos defectos, les hubiera dado ocasion, y mas á ellos que eran y son gent cavilosa y de mala ralea, para que dixesen que violentaba las Escrituras, obligan dolas á que hablasen de sí, para que se verificasen en su persona sacratisimu, y Muliiz agrega: 1:EI Emo. Goti aflade que no solo en tiempo de nuestro Reden E. FERNÁNDEZ TEJERO Y N. FERNÁNDEZ MARCOS Niega también Estrada que la Escritura se corrompiera después de Cristo y, de forma un tanto peregrina, afirma que «la Biblia de Alcalá es hija de originales tan antiguos que fueron vivos en tiempos -de Cristo» 27• ·tor, sino siempre: Textum Hebreum intactum remansisse, nec fuisse de industria .adulteratum, aut interpolatum: Sed vitia quae in eum irrepserunt, ex in curia, ac -oscitantia Scriptorum contigisse». Vicenzo Ludovico Gotti, O. P., 1664-1742, fue cardenal y miembro de varias congregaciones romanas y publicó en Roma (17351740) una obra de doce volúmenes, titulada Veritas Religionis Christianae. Vid. A. Walz, Gotti, en «Lexicon fiir Theologie und Kirche», ed. J. Hófer y K. Rah 'tler, 2.• ed., Friburgo Brisg. 1960, col. 1142. 27 Pellicer anota aquí que «si hoy se hallase un Codice Hebreo escrito de mil años a esta parte, se tendría por un fenomeno Literario Rabinico», pero Muñiz .tidmite la posibilidad de que existan. Veamos el estado actual de la cuestión. El texto hebreo del Antiguo Testamento está formado por dos elementos: consonantes y signos de puntuación (vocales y acentos). En el siglo I d. C., pro ·t>ablemente en el concilio de Yamnia, los rabinos fijaron el texto cosonántico pot la selección de las distintas tradiciones textuales existentes a las que luego .aludiremos. En esta forma exclusivamente consonántica se transmitió hasta el ,siglo vr d. C., época en la que fueron incorporados los signos de puntuación mer ..ced a la obra de los masoretas de Palestina y Babilonia, quienes intentaron reflejar la forma correcta para la lectura del texto bíblico creando diversos sistemas, su pralineales o infralineales, de entre los que triunfó el de la escuela tiberiense. De cuáles eran esas corrientes textuales existentes en la época de Cristo no hemos tenido noticia clara hasta el descubrimiento, en 1947, de los manuscritos -de Qumran, sede de una comunidad religiosa poseedora de diversos textos, bíblico5 y no bíblicos. El estudio de los mismos ha permitido deducir que en tiempos de Cristo exis tían al menos tres tipos textuales diferentes: uno de origen palestinense, de ca l'ácter expansionista ; un segundo, egipcio, emparentado con el anterior y un tercero babilónico, de carácter conservador en el Pentateuco, pero pobre en otros libros, como Samuel. Los textos a base de los cuales se realizó la versión de Septuaginta, el Pcn ·tateuco Samaritano o el que más tarde dará lugar al imprecisamente llamado -«Texto masorético• están emparentados con una u otra de estas familias textuales. Del proceso selectivo de estas familias surgió el texto consonántico canonizado -en Yamnia, que, en adelante, fue transmitido fielmente. Pese al rigor con que in tentó imponerse este único texto hebreo, no fue posible evitar que en las versio -nes griegas de los siglo➔ n-nr d. C., Aquila, Símaco y Teodoción, se conservaran variantes de los tipos textuales aún no totalmente desaparecidos. Huellas de estas '\-ariantes, a las que han de unirse los errores surgidos en la tradición manuscrita �edieval, fueron manteniéndose hasta la edición de Jacob ben l;fayyim quien en -su Biblia Rabinica (Venecia 1621'1), tras el estudio y selección de gran número de manuscritos, editó el desde entonces conocido como Te.dus Recept1u. Al margen de los textos fragmentarios de Qumran, los manuscritos hebreos LUIS DE ESTRADA Y ARIAS MONTANO 49 Respecto a las discrepancias existentes entre los códices judíos y sus correspondientes traducciones, las achaca Estrada más a «diverso modo de leer y apuntar» que a «corrupción de letras textuales» 28, pese a lo cual pide a Arias Montano que le «avise qué lugares hay -corrompidos en estos originales, para que nos guardemos dellos; por que cierto yo no sé sino que los tengo por linpios y seguros». El segundo punto que pretende aclarar Estrada es el motivo de la campaña contra la introducción de la versión latina de Pagnino. Estrada describe esta versión como realizada «á la cuenta del trillo (como dicen) en cada agugero su piedra, interpretando palabra por palabra, y aquello era texto, y lo que canta la Iglesia es como para frasi de aquel verdadero sentido que á mi juicio estaba llanísimo en el mismo texto Hebrayco)). En este punto va incluso más allá que el mismo Arias Montano quien, según Copinger, «revisó en tal manera la traducción de Pagnino que en la práctica puede considerarse una nueva versión» 29, mientras que Estrada afirma, al menos en lo que :i Job 16,25 se refiere, que «yo nunca diera a torcer mi brazo)) en su postura favorable al dominico italiano 11·0, e incluso acusa a Arias Monbíhlicos más antiguos que hoy conocemos, atribuidos a la citada escuela tiberien �e, son los siguientes: Or4445 del British Museum, que comprende el Pentateuco y suele datarse a comienzos del siglo rx; el Códice de Profetas de El Cairo, de rinales del siglo 1x, que abarca de Josué a Malaquías; el Códice de Aleppo, de principios del siglo x que, aunque actualmente mutilado, comprendía todo el An• tiguo Testamento y el manuscrito B19a de Leningrado, del siglo XI, que abarca el Antiguo Testamento en su totalidad. (Vid. F. M. Cross, The History of the Biblical Text in the Light of Discoveries in tite Judean Desert, «Harvard Theo !fJgical Review» 57 (1964), 4, 281-299 y F. Pérez Castro, La transmisión del texto del Antiguo Testamento hebreo, en Sagrada Biblia ... por Francisco Cantera Bur gos y Manuel Iglesias González, Madrid 1975, XV-XXXVII, donde se encontrará un pormenorizado análisis del tema y una bibliografía selecta.) '28 Menciona aqui como ejemplo el pasaje de Ps 22,17, donde el texto hebreo lee ka'arl, 'como el le6n' en vez del kara («han traspasado») que requiere la interpre· tación tradicional, con lo que queda anulada la lectura profética sobre la muerte de ·Cristo. 21 W. A. Copinger, The Bible and its Transmission, pág. 252. 36 Job 19 ,25-27. Alusión al controvertido pasaje traducido con matiz resurrec cionista en la Vulgata. Arias Montano lo traducía, siguiendo a Pagnino: •Et ego novi redemptorem meum vivum, et novissimo super pulverem (Pagnino 'super terram') statutum. Et postquam pellem meam contriverint hanc: et de carne mea videbo Deum. Quem ego visurus sum mihi, et oculi mei viderunt (Pagnino 'vide bunt') et non alienus. Vid. J. Conde, Arias Montano. y la cuesti<Jn bíblica ... , pá• ginas 477-478. E. FERNÁNDEZ TEJERO Y N. FERNÁNDEZ MARCOS la filología bíblica versus teología, no sólo en España sino también en, el marco geográfico europeo que fue campo de batalla entre protestan tes y católicos a partir sobre todo del concilio de Trento. Es opinión bastante generalizada, y difundida en especial a partir de la publicación de la monografía de Rekers, que la concepción, ela boración y aportaciones más significativas de la Biblia Regia fueron obra de los círculos sapienciales flamencos (el impresor Plantino, los diferentes editores y traductores que con él colaboraron, las opiniones teológicas emitidas desde la Universidad de Lovaina), reservándose para España el papel de país obscurantista, atento a frenar cualquier impulso renovador surgido en Flandes. Es éste un planteamiento excesivamente simplificador, contra el que puede esgrimirse la carta de Estrada. Y es que hay que diferenciar la postura de Felipe II (plasmada en sus instrucciones a Arias Montano en carta de 25 de marzo de 1568), León de Castro y otros teólogos de su grupo, de la de otro círculo, si bien reducido, de alto prestigio en las esferas científicas y religiosas, del que Estrada fue destacado miem bro y cuyas opiniones innovadoras pueden compararse sin desdoro a las defendidas desde Amberes. Así hemos visto a Estrada -y en esto va más allá que el propio• Pedro Serrano ,u_ defender la utilización de los textos originales, he breo para el Antiguo Testamento y griego para el Nuevo ; preconizar la inclusión de textos arameos en un ámbito mayor del utilizado por la Complutense y, lo que es más significativo, dado el ambiente teológico, del siglo DCVI, romper lanzas en favor de la tradución latina de Pag nino, contra la Vulgata, declarada en Trento versión oficial y auténtica. Bien es verdad que en ocasiones hubo de aconsejar prudencia y sumisión a las más altas instancias eclesiásticas. Así las varias veces. en que previene a Arias Montano de posibles acusaciones de «judai nnte)) o su consejo de carácter meramente diplomático, sugiriendo que· se consulte «al Pontífice Sumo... y hacer muy particular mención de SSd en esta prefacióm> ,u. Pero esta cautela no ha de sorprender si se tiene en cuenta el tenso clima teológico de la Espafia del siglo rxvr, con una Inquisición dispuesta a estirpar cualquier resto del judaísmo que· tanto arraigo tuviera en la península -baste recordar el proceso incoa- " Vid. carta de Pedro Serrano a Zayas, secretario de Felipe II, de 6 de no viembre de 1500, citada por B. Rekers, pág. 143. ,11 Carta a Zayas, de 21 de julio de 1500, citada por B. Rekers, pág. M:l LUIS DE ESTRADA Y ARIAS MONTANO sr do en 1572 contra los «hebraizantes» de Salamanca, el encarcelamiento de Fray Luis de León, Grajal, Cantalapiedra y Gudiel y el mismo pro ceso que hubo de sufrir Arias Montano (1576-80)- así como a evitar la difusión de las ideas protestantes condenadas en Trento. Este ha ·sido, pues, el esbozo del perfil con junto de dos humanis tas españoles del siglo XVI de quienes si bien puede decirse con el Eclesiastés (], 18) «el que añade ciencia, añade dolor», es también predicable la frase de Proverbios (13, 14) «la enseñanza del sabio• es fuente de vida». SUMMARY The relationship existing between Luis de Estrada and Arias Montano -tw relevant personalities of the Spanish XVIth Centuryis analysed far the first time throughout an almost unknown document: Estrada's letter to Arias Montano on the so-called «Biblia Regia». Thanks to this document the authors have been abl to outline the main problems which arase in Spain as a result of the edition of this. Polyglot Bible, as well as the theological atmosphere in which biblical studies oí the second half of the XVIth Century developed.